DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

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DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por magiie_15 el Miér Jul 01, 2015 10:35 am

Sorpresa! xD cómo están? Bueno, venia a dejarles la segunda parte del libro "Desnuda" disfrútenla... Y tengan un lindo día... :3

TODO O NADA

Julia Volkova tiene problemas. Ha perdido de la mujer que ama y ella la ha dejado. Sin embargo, Julia no se dará por vencida —Está determinada a conseguir a su chica de regreso. Su pasión es explosiva, pero sus secretos son más oscuros y más aterradores. Con amenazas políticas dirigidas a Lena, Julia no tiene otra opción que pelear por ella, para ganar su amor, y protegerla de los peligros que podrían alejarla de ella para siempre. Está dispuesta a arriesgar todo por tener a Lena y mantenerla a salvo. Ella va por todo…

PRÓLOGO

Junio, 2012 Londres

Dejé a Julia en los ascensores, rogándome que no me fuera. Irme fue la cosa más dura que he tenido que hacer en mucho tiempo. Pero yo la dejé entrar. Le abrí mi corazón a Julia y conseguí que lo pisoteara. La oí decirme que me amaba y la oí cuando dijo que sólo trataba de protegerme de mi pasado. La oí fuerte y claro. Pero eso no cambiaba el hecho de que yo necesitaba alejarme de ella.

Todo lo que podía pensar es en la misma aterradora idea una y otra vez.

“Julia lo sabe”.

Pero las cosas no siempre son lo que parecen. Se juzga sin tener toda la información completa. Las ideas son formas basadas en emociones y no en hechos reales. Ese era el caso entre Julia y yo. Encontraría la manera de salir de esto más tarde, por supuesto, y con el tiempo, cuando pudiera mirar hacia atrás a los eventos que me rodearon, yo sería capaz de ver la situación un poco diferente.

Con Julia todo era rápido, intenso… explosivo. Desde el principio, me dijo cosas. Me dijo que me quería. Y sí, incluso dijo que me amaba. No tenía problemas en decirme lo que quería de mí, o como se sentía por mí. Y no me refiero solo al sexo. Eso era una gran parte de nuestra conexión, pero eso no era todo con Julia. Ella puede compartir sus sentimientos fácilmente. Es a su manera… no necesariamente la mía.

Siento como Julia quiere consumirme algunas veces. Me abrumó desde el principio y fue definitivamente una amante exigente, pero una cosa era cierta, yo quería todo lo que ella quisiera darme.

Lo descubrí una vez que la dejé.

Julia me dio un poco de paz y seguridad de una manera que yo nunca realmente sentí siendo una adulta, y ciertamente nunca antes en cuanto a mi sexualidad. Esa no era su personalidad, creo que ahora lo entiendo. Ella no era exigente y controladora porque quisiera dominarme, era así conmigo porque sabía que eso era lo que yo necesitaba. Julia trataba de darme algo que yo necesitaba para que nuestra relación funcionara.

Así que, mientras los días sin ella eran una agonía, la solicitud que hice era fundamental para mí. Nuestro apasionado fuego me quemaba al rojo vivo, y ambas nos quemamos por el fuego que rápidamente se encendía cuando estábamos juntas. Sé que un tiempo sanador era necesario para mí, pero eso no hacía que el dolor rescindiera. Seguía regresando al mismo pensamiento que tuve cuando descubrí lo que ella estaba haciendo.

“Julia sabe lo que me ocurrió y no hay ninguna manera posible de que me ame ahora”.
Continuará...

Eso es todo por hoy, gracias nos leemos pronto Smile

magiie_15

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Aleinads el Miér Jul 01, 2015 2:24 pm

Gracias por subir la continuación!! Very Happy Very Happy Smile Wink

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Monyk el Vie Jul 03, 2015 1:26 am

Siiiii, tenemos la continuación de la historia!!
Gracias por tu trabajo Very Happy

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por flakita volkatina el Mar Jul 07, 2015 11:49 pm

Masssssss jajajaja d verdd quiero mas

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Corsca45 el Mar Ago 25, 2015 11:26 pm

Acabado de terminar de leer desnuda esta muy padre, cuando continuas este ,esta muy bueno

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por MC VOLKATIN el Miér Ago 26, 2015 1:42 pm

Hay que super Extrañe tu fic Very Happy
No te tardes con la conti... Cool

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por piscis2889 el Lun Sep 21, 2015 5:36 pm

genial la historia, no tardes en subir mas capítulos por fa

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por piscis2889 el Lun Sep 21, 2015 5:36 pm

genial la historia, no tardes en subir mas capítulos por fa

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Hunter el Miér Oct 21, 2015 12:21 pm

de maravilla.. ojala pronto la continúes

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por katina4ever el Sáb Dic 26, 2015 10:40 pm

Queee!!! No puede ser, continúa pronto!! Por favor!

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por katina4ever el Sáb Dic 26, 2015 10:41 pm

Queee!!! No puede ser, continúa pronto!! Por favor!

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por magiie_15 el Mar Feb 09, 2016 8:59 am

1

Mi mano latía al ritmo de mi corazón. Todo lo que pude hacer fue respirar contra las puertas ya cerradas del ascensor que se la llevaba lejos de mí. Piensa. Perseguirla no era una opción, así que abandoné el vestíbulo y me fui a la sala de descanso. Allí se encontraba Elaina preparándose un café. Mantuvo la cabeza agachada e hizo como si yo no estuviera. Una mujer inteligente.

Espero que esos idiotas de la planta hagan lo mismo o van a tener que buscarse otro trabajo. Eché algo de hielo en una bolsa de plástico y metí la mano dentro. Joder, cómo escocía. Tenía sangre en los nudillos y estaba segura de que también habría en la pared junto al ascensor. Volví a mi despacho con la mano en la bolsa de hielo. Le dije a Katya que llamara a la gente de mantenimiento para que viniesen a arreglar la maldita abolladura de la pared. Katya asintió con la cabeza y miró la bolsa de hielo al final de mi brazo.

— ¿Necesitas hacerte una radiografía? —preguntó con la expresión típica de una madre. O al menos como yo me imaginaba que sería una madre. Apenas recuerdo a la mía, así que probablemente solo estoy proyectando mis ideas sobre ella.

—No. —

Necesito que vuelva mi chica, no una jodida radiografía de mierda. Me fui directo a mi despacho y me encerré allí. Saqué una botella de Van Gogh del mueble bar y la destapé. Abrí el cajón de mi escritorio y busqué a tientas el paquete de Djarum Blacks y el mechero que me gustaba tener ahí guardados. Desde que conocí a Lena fumaba muchísimo. Tenía que acordarme de comprar más.

Ahora solo necesitaba un vaso para el vodka, o igual no. La botella me serviría. Me tomé un trago con la mano destrozada y agradecí el dolor. A la mierda la mano; lo que tengo roto es el corazón. Me quedé mirando su foto. La que le hice en el trabajo cuando me enseñó el cuadro de lady Perceval con el libro. La había hecho con el móvil. No importaba que fuera solo la cámara de un teléfono, Lena salía preciosa a través de cualquier lente. Sobre todo las lentes de mis ojos. La foto había quedado tan bonita que me la descargué y pedí una copia para mi despacho. Recordé aquella mañana con ella.

Podía verla perfectamente en mi cabeza, lo contenta que estaba cuando tomé la sonriente imagen junto a aquel viejo cuadro…
“Aparqué en el garaje de la Galería Rothvale y apagué el motor. Era un día gris, lloviznaba y hacía frío, pero no dentro de mi coche. Tener a Lena sentada a mi lado, vestida para ir a trabajar, preciosa, sexy y sonriente, me levantaba el ánimo, pero saber lo que habíamos compartido esa misma mañana era la polla. Y no estaba hablando de sexo. Recordar la ducha y lo que habíamos hecho allí me ayudaría a sobrellevar el día, solo un poco, porque lo que sobre todo me ayudaba era saber que la vería otra vez esa noche, que estaríamos juntas, que era mía, y que podía llevarla a la cama y demostrárselo de nuevo. También me ayudaba la conversación que habíamos tenido. Sentía que por fin me había abierto un poco su corazón. Que yo le importaba igual que ella a mí. Y era el momento de empezar a hablar de nuestro futuro. Quería compartir tantas cosas con ella…

— ¿Te he dicho alguna vez lo mucho que me gusta que me sonrías, Julia?

—No —contesté, y dejé de sonreír —, dime.

Ella negó con la cabeza al ver mi reacción y miró la lluvia a través de la ventanilla.
—Siempre me he sentido especial cuando lo haces porque creo que no sonríes mucho en público. Diría que eres reservada. Así que cuando me sonríes me…, me desarmas.

—Mírame. —

Esperé a que lo hiciera, sabedora de que así sería. Esa era una de las cosas de las que teníamos que hablar y que había quedado bien claro desde el principio. Lena era sumisa conmigo por naturaleza. Aceptaba lo que le diera; la controladora que llevo dentro había encontrado a su musa y era solo una razón más por la que hacíamos una pareja perfecta.

Levantó sus ojos verdes grises hacia mí y esperó. Mi sexo palpitaba debajo de mis pantalones. Podría poseerla ahí mismo, en el coche, y seguir deseándola minutos más tarde. Era mi adicción, de eso no había duda.

—Dios, estás preciosa cuando haces eso.

— ¿Cuando hago qué, Julia?

Le puse un mechón de su rizado pelo detrás de la oreja y volví a sonreír.

—Nada. Que me haces feliz, eso es todo. Me encanta traerte al trabajo después de tenerte toda la noche para mí.

Se ruborizó y habría querido follármela otra vez.

No, eso no es verdad. Quería hacerle el amor…, despacio. Podía imaginarme perfectamente su precioso cuerpo extendido y desnudo para darle placer de todas las formas posibles. Toda mía. Para mí sola. Lena me hacía sentir que todo…

— ¿Quieres entrar y ver en lo que estoy trabajando? ¿Tienes tiempo? —

Me llevé su mano a los labios y respiré el aroma de su piel.

—Pensé que nunca me lo pedirías. Usted primero, profesora Katina.

Ella se rio.

—Puede que algún día lo sea. Llevaré una de esas gafas y bata negra y el pelo en un moño. Daré clases sobre técnicas de restauración, y tú podrás sentarte al fondo y distraerme con comentarios inapropiados y miradas lascivas.

—Ahhh, y entonces ¿me llamarás a tu despacho para castigarme? ¿Me castigarás, profesora Katina? Estoy segura de que podemos negociar un trato para que pague por mi comportamiento irrespetuoso. —Bajé la cabeza hacia su regazo.

—Estás loca —me dijo mientras le entraba la risa tonta y me apartaba de un empujón—. Vamos para dentro.

Corrimos bajo la lluvia, resguardadas en mi paraguas, y su delgada figura arropada junto a mí, unido a su olor a flores y primavera, hacían que me sintiese la mujer más afortunada del planeta. Me presentó al viejo guardia de seguridad, que era evidente que estaba enamorado de ella, y me llevó hasta una gran habitación, una especie de taller. Tenía amplias mesas y caballetes con buena iluminación y mucho espacio abierto. Me enseñó una gran pintura al óleo de una mujer solemne de pelo oscuro con deslumbrantes ojos azules y un libro en la mano.

—Julia, por favor, saluda a lady Perceval. Lady Perceval, mi novia, Julia Volkova. —Lena sonrió al cuadro como si fuesen amigas íntimas.

Le ofrecí una media reverencia a la pintura y dije:

—Señora.

— ¿No es increíble? —preguntó Lena. Estudié la imagen con atención.

—Pues sí, es una figura fascinante, no hay duda. Parece que esconde una gran historia detrás de esos ojos azules. —

Me acerqué para ver el libro que sostenía con la cubierta visible. Las palabras eran difíciles de leer, pero en cuanto me di cuenta de que estaban en francés resultó algo más fácil.

—He estado trabajando en la parte del libro en particular —explicó Lena —. Sufrió daños en un incendio hace décadas y ha sido un suplicio quitarle el barniz quemado de encima a ese libro. Es especial, lo sé.

Volví a mirar y descifré la palabra «Chrétien».

—Está en francés. Eso que pone ahí es el nombre de Christian —señalé.

Sus ojos se agrandaron y su voz se entusiasmó. — ¿De verdad?

—Sí. Y estoy segura de que aquí pone «Le Conte du Graal». ¿El cuento del Grial? —Miré a Lena y me encogí de hombros—. La mujer de la pintura se llama lady Perceval, ¿verdad? ¿No es Perceval el caballero que encontró el Santo Grial en la leyenda del rey Arturo?

— ¡Oh, Dios mío, Julia — Me agarró el brazo de la emoción—. ¡Por supuesto! Perceval…, es su historia. ¡La has resuelto! Lady Perceval sostiene en efecto un libro muy poco común. ¡Lo sabía! Una de las primeras historias del rey Arturo jamás escritas; se remonta al siglo XII. Ese libro es de Chrétien de Troyes, Perceval o el cuento del Grial. —Miró el cuadro fijamente y su cara irradiaba felicidad y pura alegría.

Cogí el móvil y le hice una foto. Una magnífica foto de perfil de Lena sonriendo a su lady Perceval. —Bueno, me alegro de haber podido ayudarte, nena.

Se abalanzó sobre mí y me besó en los labios, envolviéndome con sus brazos con fuerza. Fue la sensación más increíble del mundo.

— ¡Y tanto! Me has ayudado muchísimo. Voy a llamar a la Mallerton Society hoy mismo para decirles lo que has descubierto. Estoy segura de que les va a interesar. Hay una exposición por el aniversario de su nacimiento dentro de unas pocas semanas…, me pregunto si querrán incluirlo…

Lena se puso a divagar, a contarme entusiasmada todo lo que siempre quise saber sobre libros raros, pinturas de libros raros y sobre la restauración de pinturas de libros raros.

Se le puso la cara roja por la emoción de resolver un misterio, y esa sonrisa y ese beso valían su peso en oro para mí.”


… Abrí los ojos e intenté ubicarme. Tenía la cabeza como si me hubiesen dado una paliza. Una botella de Van Gogh medio vacía me miraba. Las colillas de Djarum esparcidas sobre mi escritorio, donde tenía la mejilla bien pegada, me impregnaban la nariz de un olor a clavo rancio y tabaco. Despegué la cara del escritorio y me sujeté la cabeza con las manos, apoyada con fuerza sobre los codos.

El mismo escritorio donde la había tumbado y follado solo unas horas antes. Sí, follado. Había sido follar, claramente y sin excusas, y fue tan increíble que me ardían los ojos de pensarlo. La luz de mi móvil parpadeaba como loco. Le di la vuelta para no tener que verla. Sabía que en cualquier caso ninguna de las llamadas era suya. Lena no me llamaría. De eso estaba segura.

La única pregunta era cuánto tardaría en intentar llamarla yo. Ya era de noche. Fuera estaba oscuro. ¿Dónde se encontraría? ¿Estaría terriblemente dolida y disgustada? ¿Llorando? ¿La estarían consolando sus amigos? ¿Me odiaría? Sí, todas esas cosas eran probables, y yo por mi parte no podía acercarme a ella y hacerla sentir mejor. No quiere saber nada de ti. Así que esto es lo que se siente. Cuando se está enamorada. Era hora de enfrentarme a la verdad y a lo que le había hecho a Lena. De modo que me quedé en mi despacho y lo afronté. No podía irme a casa. Allí había demasiados recuerdos de ella, y ver sus cosas solo conseguiría volverme completamente loca. Me quedaría aquí esta noche y dormiría entre sábanas que no olieran a ella. En las que no hubiera estado ella.

Me invadió una ola de pánico y me tuve que mover. Levanté el culo de la silla y me puse de pie. Vi un trocito de tela rosa en el suelo a mis pies e inmediatamente supe lo que era: las bragas de encaje que le había quitado durante nuestro encuentro en mi escritorio. ¡Mierda! Recordé dónde me encontraba cuando su padre dejó ese mensaje. Hundido dentro de ella. Era desesperante tocar algo que acababa de estar contra su piel. Toqueteé la tela y me la guardé en el bolsillo. La ducha me llamaba. Accedí por la puerta trasera a la habitación contigua, que contaba con una cama, un baño, una tele y una pequeña cocina, todo de primerísima calidad.

El apartamento de soltera perfecta para la ejecutiva que trabaja hasta tan tarde que no le merece la pena conducir hasta casa. O más un picadero. Aquí es donde traía a las mujeres cuando me las quería tirar. Siempre fuera del horario de oficina, por supuesto, y nunca se quedaban toda la noche. Hacía que mis «rollos» se largaran mucho antes del amanecer. Todo esto era antes de encontrar a Lena. Nunca quise traerla aquí. Ella era diferente desde el principio. Especial. Mi preciosa chica rusa.

Lena ni siquiera sabía de la existencia de esta habitación. Lo habría pillado en dos segundos y me habría odiado por traerla aquí. Me froté el pecho y traté de calmar el dolor que me abrasaba. Abrí la ducha y me desvestí. Mientras el agua caliente caía sobre mí me apoyé en los azulejos y me enfrenté a la realidad. ¡No estás con ella! La has cagado otra vez y ahora no quiere nada contigo. Mi Lena me había dejado por segunda vez. En la primera ocasión lo hizo de manera sigilosa en mitad de la noche porque estaba aterrorizada por una pesadilla. Esta vez simplemente se dio la vuelta y se alejó de mí sin mirar atrás. Pude verlo en su cara: no era el miedo lo que hizo que se marchara. Era la completa devastación por la traición que había sentido al descubrir que le había estado ocultando la verdad. Había traicionado su confianza. Había apostado demasiado alto y había perdido. El impulso de retenerla y hacer que se quedara fue tan grande que le di un puñetazo a la pared y seguramente me rompí algo por evitar agarrarla a ella. Me dijo que nunca volviera a ponerme en contacto con ella. Cerré la ducha y salí; el sonido desolado del agua colándose por el desagüe hizo que me doliera aún más el pecho ante tal vacío. Cogí una toalla y me cubrí la cabeza. Me miré en el espejo mientras me destapaba la cara.

Desnuda, mojada y amargada. Sola. Me di cuenta de esa realidad mientras miraba fijamente a la cabrona gilipollas del espejo. Nunca es mucho tiempo. Tal vez podría estar alejado de ella un día o dos, pero nunca era definitivamente impensable. Tampoco había cambiado el hecho de que ella aún necesitaba protección ante una amenaza que podía resultar peligrosa. No iba a permitir que le ocurriera nada a la mujer que amaba. Nunca. Sonreí ante el espejo, hasta en ese penoso estado me hizo gracia mi lucidez; porque acababa de encontrar un ejemplo perfecto del uso adecuado de la palabra nunca.

Continuará...

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Mensaje por lamenor324@gmail.com el Mar Feb 09, 2016 11:18 am

Porrrrrrrrrrr fffiiiiinnnnn la continuasion tanto tiempo que espere por esto(• _•)

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Aleinads el Mar Feb 09, 2016 11:24 am

OMG!! has regresado!! Superrr cheers ... Con esta continuacion solo dejas espacio para querer mas, muuucho mas! *-*

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por flakita volkatina el Mar Feb 09, 2016 4:58 pm

Ahhhhh diossss x fin vuelvo a leer mas d esto... espero y n tnga q pasar much mas tiempo para q subas mas conti... saludos y gracias

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Monyk el Vie Feb 12, 2016 12:47 pm

Siiiiii, tenemos conti.
Espero que puedas subir más de esta historia muy pronto!!
Lo dejaste en un punto crítico, porfa no seas cruel y nos dejes mucho tiempo sin leerte bounce
Saludos!!

Monyk

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por katina4ever el Sáb Feb 13, 2016 5:27 am

Woow! Genial, continúa! Excelente esperaremos con gusto e siguiente capítulo! Saludos!!

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por magiie_15 el Miér Feb 17, 2016 1:31 pm

2

Día número dos de mi exilio de Lena y todo daba asco. Estuve yendo de un lado a otro haciendo cosas pero nada tenía sentido. ¿Durante cuánto tiempo iba a estar así? ¿Debería llamarla? Si pensaba demasiado en mi situación, la ansiedad se apoderaba de mí, por lo que traté de evitarlo. Procuré no pensar en ella. El vacío dentro de mí me empujaba a actuar, pero sabía que era demasiado pronto para intentar ir a buscarla. Necesitaba algo de tiempo y ya había cometido ese error con anterioridad. Presionarla mucho. Y ser una completa gilipollas egoísta.  

Aparqué en la calle junto a la casa que me había visto crecer. El jardín se hallaba muy cuidado, la verja bien recta y los arbustos podados tal y como habían estado siempre. Mi padre nunca abandonaría ese lugar. No se iría del hogar que había forjado con mi madre.

El término «viejo cabezota» se quedaba corto con mi padre y este era el lugar en el que moriría cuando llegara su día.  

Cogí las cervezas frías del asiento y accedí por la verja del jardín. Un gato negro corrió delante de mí y esperó. No era un gatito pequeño ni tampoco uno adulto. Era la versión en gato de un adolescente. Se sentó justo delante de la puerta, se giró y me miró. Sus brillantes ojos verdes parpadeaban como si me dijeran: «Mueve tu culo lento y déjame entrar en la casa». ¿Desde cuándo mi padre tenía un gato, maldita sea?  

Llamé a la puerta y a continuación abrí y asomé la cabeza.  

— ¿Papá? —El gato se coló dentro de la casa más rápido que la velocidad de la luz y lo único que pude hacer fue mirar fijamente al frente—. ¿Ahora tienes un gato? —grité, y entré en la cocina. Metí las cervezas en la nevera y me tiré en el sofá.  

Apunté con el mando a la tele y la encendí. La Eurocopa. Perfecto, sí señor. Podría centrarme por completo en el fútbol durante un par de horas y con un poco de suerte beberme cuatro de las seis cervezas que había traído y olvidarme de mi chica un buen rato. Y llorarle a mi padre.  

Eché la cabeza hacia atrás y cerré los ojos. Algo suave y peludo saltó sobre mi regazo. El gato estaba aquí de nuevo.    

—Ahh, así que ya estás aquí…, y veo que has conocido a Soot. —Mi padre se acercaba por detrás de mí.    

— ¿Cómo es que te has hecho con un gato? —Me moría de curiosidad por oír su respuesta. Nunca habíamos tenido gatos cuando era pequeña.  

Mi padre resopló y se sentó en la silla.  

—No lo hice. Se puede decir que él se ha hecho conmigo.  

—Me puedo hacer una idea. —Acaricié el cuerpo sedoso de Soot—. En cuanto abrí la puerta principal entró en casa como si fuera el dueño.  

—Mi vecina me pidió que le diera de comer mientras estaba fuera cuidando a su madre, que está muy enferma. Al final se ha tenido que mudar a casa de su madre y me he quedado con él. Nos entendemos, creo yo.  

— ¿La vecina y tú o el gato y tú?  

Mi padre me miró de manera calculadora y sus ojos se entrecerraron. Oleg Volkov era muy perspicaz por naturaleza. Siempre lo había sido. No le podía ocultar nada. Cuando yo era chica él siempre sabía si llegaba a casa borracha o si había empezado a fumar, o si me metía en líos. Imagino que era así porque la mayor parte de nuestra vida estuvo solo. Mi hermana Hannah y yo nunca nos sentimos descuidados a pesar de haber perdido a nuestra madre. Los sentidos de mi padre se agudizaron de tal modo que podía percibir los problemas como un sabueso. Ahora lo estaba haciendo de nuevo.  

— ¿Qué demonios te ha pasado, hija?  

Se llama Lena.

— ¿Es tan evidente, eh? —El gato empezó a ronronear en mi regazo.    

—Conozco a mi propia hija y sé cuándo algo va mal. —Mi padre salió del salón un minuto. Volvió con dos cervezas abiertas y me dio una—. ¿Cerveza mexicana? —Arqueó una ceja y me pregunté si cuando yo lo hacía me parecería a él. Lena había mencionado lo de mi movimiento de ceja más de una vez.  

—Sí, está muy buena con una rodaja de limón metida en el cuello de la botella. —Le di un trago y acaricié a mi nuevo amigo de color ébano—. Es por una chica. Lena. La conocí, me enamoré y ahora me ha dejado. —Una respuesta corta y concisa. ¿Qué más le podía contar a mi propio padre? Eso era todo lo que importaba o todo en lo que podía pensar. Me moría por ella y ella me había dejado.  

—Ahhh, bueno, eso tiene más sentido. —Mi padre se detuvo un momento como si estuviera asimilándolo todo. Estoy seguro de que le sorprendió lo que le acababa de revelar—. Hija, sé que ya te lo he dicho antes, por lo que esto no es nada nuevo, pero has heredado de tu madre, que en paz descanse, su belleza. Lo único que heredaste de mí fue el nombre y quizá mi constitución. Y lo cierto es que el hecho de que seas una Afrodita te pone las cosas muy fáciles con las mujeres.    

—Nunca he perseguido a ninguna mujer, papá.  

—No he dicho que lo hicieras, pero la cuestión es que nunca has tenido que hacerlo. Ellas te han perseguido a ti. —Sacudió la cabeza al recordar algo—. Dios, las chicas andaban locas por ti. Estaba seguro de que un día de picos pardos te atraparían y me harías abuelo mucho antes de lo que sería adecuado. —Me lanzó una mirada que me sugirió que había pasado mucho más tiempo del debido preocupándose por ese tema—. Pero nunca lo hiciste… —La voz de mi padre se fue apagando y me miró con tristeza. Después del colegio me alisté en el Ejército y me fui de casa. Y se puede decir que en cierta manera ya no regresé más…    

Mi padre me dio una palmadita en la rodilla y bebió un trago de cerveza.  

—Nunca he deseado a alguien como a ella. —Cerré la boca y empecé a beber con ahínco. Alguien metió un gol en el partido y me obligué a mirar y a acariciar al gato.  

Mi padre se mostró paciente durante un rato pero al final preguntó:  

— ¿Qué hiciste para que te dejara?   El mero hecho de escuchar la pregunta dolía.  

—Mentí. Fue una mentira por omisión, pero aun así no le dije la verdad y lo descubrió. —

Aparté con cuidado al gato de mi regazo y fui a la cocina a por otra cerveza. Al final traje dos.    

— ¿Por qué le mentiste, hija?  

Encontré los ojos azules de mi padre y dije algo que no había pronunciado nunca. Que nunca había sido cierto.  

—Porque la quiero. La quiero, y por eso no deseaba hacerle daño sacando a la luz un recuerdo doloroso de su pasado.  

—Así que te has enamorado. —Mi padre afirmó con la cabeza y me miró de arriba abajo—. Lo cierto es que tienes todos los síntomas. Debería haberme dado cuenta en cuanto entraste por la puerta con esa cara de haber dormido bajo un puente.

—Ella me ha dejado, papá. —Empecé la tercera cerveza y volví a poner al gato en mi regazo.  

—Eso ya lo has dicho —habló con sequedad y siguió mirándome como si no fuera su hija sino una extraterrestre impostora—. Entonces ¿por qué le mentiste a la mujer a la que quieres? Es mejor que me lo cuentes, Julia.  

Es mi padre y confío en él más que en nadie en el mundo. Estoy segura de que no hay otra persona a quien se lo pudiera contar, aparte de mi hermana. Cogí aire con fuerza y se lo detallé.  

—Conocí al padre de Lena, Sergey Katin, en un torneo de póquer en Las Vegas hace seis años. Nos caímos bien y era bueno con las cartas. No tan bueno como yo, pero nos hicimos amigos. Se puso en contacto conmigo hace poco y me pidió un favor. No tenía intención de hacerlo. Quiero decir, considerando la cantidad de trabajo que tenía en ese momento. ¡No puedo proteger a una estudiante de arte rusa y además modelo cuando tengo que organizar la seguridad VIP de las jodidas Olimpiadas!  

El gato se estremeció. Mi padre apenas arqueó una ceja y se acomodó en su silla.  

—Pero lo hiciste.  

—Sí, así fue. Vi la foto que me envió y me entró curiosidad. Lena también trabaja como modelo y es... tan guapa. —Me encantaría tener su retrato ya en mi casa. Pero la condición de la venta era que tenía que quedarse expuesto en la Galería Andersen durante seis meses. Mi padre me miró sin más y siguió callado—. Total, que llego a la exposición de la galería y compré el maldito retrato a los pocos segundos de verlo, ¡como si fuera un dichoso poeta o yo qué sé! En cuanto la conocí estuve dispuesta a llamar al pelotón para mantenerla a salvo si fuera necesario. —Negué con la cabeza—. ¿Qué demonios me pasó, papá?  

—A tu madre le encantaba leer a todos los poetas. Keats, Shelley, Byron. —Sonrió levemente—. A veces las cosas suceden así. Encuentras a la persona hecha para ti y punto. El amor fue hecho así desde el principio de los tiempos, hija. Simplemente por fin te ha llegado tu turno. —Mi padre le dio otro trago a la cerveza—. ¿Por qué… Lena necesita protección?  

—El congresista que murió en el accidente de avión ya tiene sustituto. Es el senador Yasinov, de Moscú. Bueno, pues el senador tiene un hijo, Vladislav Yasinov, que solía salir con Lena. Pasó algo… y apareció un vídeo porno… —Hice una pausa y me di cuenta de lo horrible que le debía parecer a mi padre—. Pero ella era muy joven, solo tenía diecisiete años, y esa traición le hizo muchísimo daño. Yasinov fue un completo cabrón con ella. Lena está yendo al psiquiatra… —Mi voz se fue apagando y me pregunté cómo se estaría tomando mi padre todo esto. Bebí un poco más de cerveza antes de contarle la última parte—. Al hijo lo mandaron a Irak y ella se vino a estudiar a la Universidad de Londres. Estudia arte y restaura cuadros, y es absolutamente brillante.  

Me sorprendió que mi padre no reaccionara a todas las cosas tan desagradables que le acababa de contar.  

—Imagino que el senador no quiere que el terrible comportamiento de su hijo aparezca en la prensa. —Parecía enfadado. Mi padre odia a los políticos independientemente de su nacionalidad.  

—Ni el senador ni el poderoso partido que está detrás. Algo así les haría perder las elecciones.  

— ¿Y el partido de la oposición? Estarán buscándolo tan desesperados como la gente de Yasinov estará tratando de esconderlo —dijo mi padre.  

Sacudí la cabeza, pensativa.    

— ¿Por qué no trabajas para mí, papá? Lo entiendes a la primera. Vas más allá. Necesito diez como tú, eso sí —dije con ironía.  

— ¡Ja!, estoy muy contento de ayudarte cuando me necesites, pero no lo hago por dinero.  

—Ya, soy muy consciente de eso —repuse, levantando la mano. Había intentado que trabajara para mí durante mucho tiempo y era una especie de broma entre nosotros. Sin embargo, él nunca aceptaría nada de dinero; un viejo cabezota es lo que era.  

— ¿Ha pasado algo que indique que tu Lena necesita protección? La verdad es que todo esto me parece un poco alarmista. ¿Por qué te lo pidió su padre?  

—Al parecer, el hijo del senador sigue metiéndose en líos. Volvió a casa de permiso y mataron a uno de sus compañeros en un altercado en un bar. El tipo de escándalo que los políticos odian y con motivo. Esto lleva a escarbar en terrenos que no quieren que la gente conozca. Podría tratarse de un incidente aislado, pero el amigo sabía lo del vídeo. Llegado a este punto, el padre de Lena se puso en alerta total. Sus palabras textuales fueron: «Si la gente que sabe de la existencia del vídeo empieza a aparecer muerta, entonces es que necesito proteger a mi hija». —Me encogí de hombros—. Me pidió que le ayudara. Al principio le dije que no y le recomendé otra empresa, pero me mandó un correo electrónico con la foto de ella.  

—Y no pudiste decir que no después de ver su foto. —Mi padre lo formuló con tono de afirmación. Supe entonces que él entendía lo que sentía hacia Lena.  

—No. No pude. —Negué con la cabeza—. Me cautivó. Fui a la exposición de la galería y compré el retrato. Y cuando entró en la sala, papá, no pude apartar los ojos de ella. Tenía intención de caminar hasta el metro en mitad de la noche, así que me presenté y la convencí para que me permitiera llevarla a casa en coche. Después de eso traté de dejarla en paz. Realmente quería…    

Volvió a sonreír.   —Siempre has sido una chica tan protectora…  

—Pero se convirtió en mucho más que en un mero trabajo. Quería estar con Lena… —Miré a mi padre, que permanecía sentado escuchándome en silencio y cuyo corpulento cuerpo seguía en plena forma a pesar de ser un hombre de sesenta y tres años. Sabía que él me entendía. No necesitaba explicarle nada más sobre mis sentimientos y eso era un alivio.  

—Pero ella descubrió que su padre te había contratado para protegerla…  

—Sí. Oyó sin querer una llamada de teléfono en mi oficina. Su padre explotó cuando se enteró de que estábamos saliendo y me lo echó en cara. —Pensé que mi padre también tenía derecho a saber toda esa maldita historia.  

—Imagino que se sintió vulnerable y traicionada. Si su pasado con el hijo del senador o con quienquiera que sea es algo que tú sabes y que no le dijiste que sabías… —Mi padre negó con la cabeza—. ¿En qué estabas pensando? Y a ella le deberían contar lo de la muerte del otro tipo, lo de la posible amenaza sobre ella. Y que tú la quieres. Y que pretendes seguir manteniéndola a salvo. Una mujer necesita la verdad, hija. Tendrás que contarle todo si quieres que ella vuelva a confiar en ti.    

—Se lo conté. —Solté un enorme suspiro y eché la cabeza hacia atrás en el sofá para mirar al techo. Soot se estiró y se volvió a colocar en mi regazo.  

—Bueno, pues entonces inténtalo otra vez. Empieza diciéndole la verdad y a partir de ahí ya veremos. Puede que ella la acepte o que no. Pero no puedes tirar la toalla. Tienes que seguir intentándolo.  

Saqué el móvil y busqué la foto en la que Lena estaba mirando el cuadro y se la enseñé a mi padre. Sonrió mientras estudiaba la imagen a través de sus gafas. Un atisbo de nostalgia en sus ojos me indicó que estaba pensando en mi madre.  

Me la devolvió después de unos segundos.  

—Es una chica adorable, Julia. Espero que tenga la oportunidad de conocerla algún día. —Mi padre me miró directamente a los ojos y me lo soltó así. Sin rodeos, tan solo la cruda realidad—. Tienes que escuchar a tu corazón, hija…, nadie puede hacer eso por ti.          

Me fui de casa de mi padre por la tarde, llegué a mi piso e hice tres horas de ejercicio en mi gimnasio. No paré hasta que no fui más que una masa temblorosa de músculos doloridos con hedor a sudor. Sin embargo, el baño de espuma de después fue agradable. Y los cigarrillos. Ahora fumaba mucho. No era bueno para mi salud y necesitaba bajar el ritmo. Pero, joder, las ganas eran muy fuertes. Estar con Lena me calmaba bastante, por lo que no tenía tantas ganas de fumar, pero ahora que ella me había dejado, fumaba sin parar, como el asesino en serie sobre el que habíamos bromeado que era en nuestra primera conversación.  

Dejé el Djarum colgando de mi labio y miré fijamente a las burbujas.    

A Lena le encantaba darse baños. Ella no los podía disfrutar en su piso y me dijo que lo echaba de menos. Me encantaba la idea de tenerla desnuda en mi bañera. La idea de ella desnuda… Pensar en eso no me hacía ningún bien en absoluto y sin embargo pasaba muchas horas haciéndolo. Y si pensaba en el porqué, me daba cuenta de que era el desencadenante de todo lo que había pasado entre nosotros. Ella desnuda… La fotografía que me envió Sergey Katin era la misma que compré en la exposición. Desde un punto de vista pragmático, solo se trataba de la foto de un precioso cuerpo desnudo que cualquier persona podría apreciar, tanto hombres como mujeres. Pero incluso con lo poco que me había desvelado su padre al principio, sumado a la foto de ella donde mostraba toda su vulnerabilidad, atractivo y pura belleza, la idea de que pudiera estar en peligro o de que alguien pudiera hacerle daño de manera premeditada me motivaron para salir a la calle, meterla en mi coche y mantenerla a salvo. Sencillamente no podía alejarme de ella y tener la conciencia tranquila. Y una vez que nos conocimos mi mente no dejó de fantasear. Todo lo que podía ver en mi cabeza mientras hablábamos era… a ella desnuda.    

Después de una hora mi baño empezó a perder su calor y, como es lógico, su atractivo. Así que salí, me vestí y fui en busca de un libro. Cartas de John Keats a Fanny Brawne.  

Mi padre mencionó algo que me hizo acordarme de él. Había dicho que a mi madre le encantaba leer a los grandes poetas. Sabía que Lena adoraba a Keats. Había encontrado el libro en el sofá, donde era evidente que había estado leyéndolo, y le pregunté por él. Lena me había confesado que le encantaba y me preguntó cómo es que tenía el libro en mi casa. Le conté que mi padre siempre me daba los libros que la gente se dejaba en su taxi. Odiaba tirarlos, por lo que los traía a casa siempre que encontraba algo decente. Cuando compré mi piso, me dio unas cuantas cajas de libros para llenar las estanterías y este debía de estar incluido en el lote. Fui sincera y le dije que nunca había leído nada de Keats.  

Ahora lo estaba haciendo.    

Estaba descubriendo que Keats era muy bueno con las palabras. Para ser un hombre que murió con tan solo veinticinco años, era evidente que condensaba muchos sentimientos en las cartas que le escribía a su novia cuando estaban separados. Y podía sentir su dolor como si fuera mío. En realidad era mío.  

Decidí escribirle una carta de mi puño y letra. Encontré papel y un sobre bonito en mi despacho y me llevé el libro conmigo.

Simba movió las aletas en el acuario cuando me levanté para irme, siempre a la espera de un regalito.  

Tengo debilidad por los animales que te suplican para que les des comida, así que le tiré un krill congelado y observé cómo lo devoraba.  

—Ella te adora, Simba. Quizá si le digo que estás triste y que se te ha quitado el apetito vuelva. —O sea, que ahora estaba hablando con un pez. ¿En qué momento, maldita sea, había llegado tan bajo? Ignoré las ganas que tenía de fumarme un cigarrillo. Me lavé las manos y me senté a escribir.      

Lena:   «No conozco los límites de mi alma ni los placeres que pueda hallar en esta vida si tu recuerdo me ahoga. Pregúntate, mi amor, si no eres muy cruel por haberme atrapado así en tu cárcel de amor, por haber puesto fin a mi libertad.  
 
… Todos mis pensamientos, estos días y noches tan infelices, me temo, no han curado ni remotamente el amor que siento hacia ti, Belleza, sino que lo han agravado tanto que soy un pobre mísero sin ti… No puedo concebir un amor parecido al que siento por ti más allá de la Belleza». Julio, 1819      

Sé que reconocerás las palabras de Keats. He empezado a leer el libro que tanto te gusta. Ahora puedo decir que entiendo lo que ese hombre trataba de expresarle a la señorita Brawne acerca de lo mucho que había capturado su corazón.  

Igual que tú has capturado el mío, Lena.    

Te echo en falta. No puedo dejar de pensar en ti y si pudiera decírtelo otra vez y conseguir que me creyeras, hallaría algo de consuelo. Lo único que puedo hacer es mostrarte lo que siento.   Lamento muchísimo no haberte dicho que conocía tu pasado ni cómo llegué a saber tu secreto, pero necesito confesarte algo porque es la cruda realidad. No tenía intención de aceptar el trabajo. Tenía pensado darle a tu padre el nombre de otra empresa para que te protegiera. Sin embargo, no pude hacerlo en cuanto te conocí. Quería contarte aquella noche en la calle que tu padre estaba tratando de protegerte, pero cuando vi cómo me mirabas, Lena, sentí algo, una conexión entre tú y yo. Algo se movió dentro de mí y todo encajó en su lugar. ¿La pieza que le faltaba al puzle? No sé lo que fue, solo sé que me ocurrió la noche que nos conocimos. Traté de mantener las distancias y dejar que volvieras a tu vida, pero no pude hacerlo. Me sentí atraída por ti desde el mismo momento en que vi tu retrato. Tenía que conocerte. Y luego tenía que estar contigo. Quería que me miraras y me vieras de verdad. Ahora sé que me enamoré. Me enamoré de una preciosa chica rusa. De ti, Lena.  

He querido contarte muchas veces cómo llegué a encontrarte aquella noche en la galería. Me contuve en cada ocasión porque tenía miedo de hacerte daño. Pude ver lo afectada que estabas cuando te despertaste de aquella pesadilla. Lo único que podía hacer era imaginar las razones, y haría cualquier cosa para evitar que te hicieran daño. Sabía en cierto modo que decirte que tu padre había contratado una empresa de seguridad para protegerte de poderosos enemigos políticos te aterraría. Incluso a mí me aterra pensar que alguien te quiera hacer daño, emocionalmente o de otro modo. Sé que dijiste que estaba despedida, pero si ocurre algo o alguien te asusta quiero que me llames y estaré contigo en un minuto. Hablo totalmente en serio.
Llámame.   Eres alguien muy especial, Lena. Me haces sentir cosas: emociones e ideas y sueños; un profundo entendimiento que me lleva a un lugar que nunca pensé que encontraría con otra persona. Pero yo también tengo mis fantasmas. Me aterra enfrentarme a ellos sin ti. La mayor parte del tiempo no sé lo que hago, pero sí sé lo que siento por ti. E incluso si me odias por lo que hice sigo queriéndote. Aunque no quieras verme, seguiré amándote. Seguiré amándote porque eres mía. Mía, Lena. Lo eres en mi corazón y eso nadie lo puede cambiar. Ni siquiera tú.
     

Pasó una semana antes de que le enviara la carta a Lena. La semana más larga de mi vida, maldita sea.    

Bueno, no es exactamente cierto pero había fumado los suficientes Djarum para o bien arruinarme o bien que me provocaran un cáncer. Le dije a la florista que pusiera flores moradas y que incluyera la carta. Era domingo por la tarde cuando las encargué y la florista me informó de que se entregarían el lunes. Se las envié a su trabajo en vez de a su casa. Sabía que había estado muy liada con la universidad y quería esperar a que terminara los exámenes finales.  

Lena y yo no habíamos terminado. Este es el mantra que seguía repitiéndome a mí misma esos días, pues era lo único que era capaz de aceptar.

Continuará...

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Monyk el Miér Feb 17, 2016 5:07 pm

Woow!!
Linda conti. Espero puedas continuar pronto.
Saludos!!

Monyk

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por flakita volkatina el Sáb Feb 20, 2016 12:02 am

Una conti muy hermosa

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Edirbr el Lun Feb 29, 2016 2:29 pm

Continúa pronto por favor saludos!

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por katina4ever el Vie Mar 11, 2016 5:42 am

Vamos! Esto ha quedado muy bien, muero por seguir leyendo, continúa pronto! Ya quiero saber en dónde se encuentra Lena y cómo la recupera Yulia.
Saludos!

katina4ever

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Hunter el Mar Sep 27, 2016 12:57 pm

3


Te hacen creer cosas que no son ciertas. Te las dicen tantas veces que aceptas que lo que te están contando es real en lugar de una sarta de mentiras. Lo padeces como si fuera la verdad. La tortura más efectiva no es física, sino mental, eso está claro. La mente puede inventar miedos mucho más espantosos de los que jamás podrías aguantar en tus carnes, al igual que la mente es capaz de desconectar del dolor físico cuando este sobrepasa el límite que tu cuerpo es capaz de soportar.

Las terminaciones nerviosas de mi espalda aullaban como si le hubieran echado ácido a mi destrozado cuerpo. El dolor me impedía respirar, era demasiado agudo. Me pregunté cuánto tardaría en desmayarme, y si en caso de hacerlo, me despertaría de nuevo en este mundo. Dudaba de que fuera capaz de caminar más de unos metros. Apenas podía ver debido a la sangre que bañaba mis ojos por los golpes que me habían dado en la cabeza. Moriría aquí, en este infierno, y seguramente sería pronto. Esperaba que fuera pronto. Sin embargo, mi padre y mi hermana no me podían ver así. Ojalá que nunca se enteraran de cómo terminó mi vida. Recé para que no existiera un vídeo de mi ejecución. Por favor, Dios mío, que no haya un vídeo de esto…

Fue cuestión de suerte. No había tenido nada de suerte cuando le tendieron la emboscada a nuestro equipo. Nada de suerte cuando se me encasquilló el arma. Nada de suerte cuando no morí al tratar de evitar que me capturaran. Esos cabrones aprendieron sus técnicas de los rusos. Les encantaba hacerse con prisioneros occidentales. ¿Y encima británico y de las FE? Era la jodida joya de la corona. Y totalmente prescindible para mi país. Cuestión de suerte. Un sacrificio por el bien de todos, de la democracia, de la libertad. A la mierda la libertad. Yo no tenía ninguna.

A mi torturador le encantaba hablar. No paraba de hablar de ella. Deseaba con todas mis fuerzas que cerrara su maldita boca. Ellos no saben dónde está…, no saben cómo encontrarla…, ni siquiera saben cómo se llama. Seguía repitiéndome a mí mismo todas esas cosas porque era lo único que tenía. La primera bofetada me espabiló. Y la siguiente me despertó por completo.

—Cuando la tengamos te haremos presenciarlo todo. Gritará como la puta que es. Una puta americana que posa desnuda para que le hagan fotos. —Me escupió en la cara y me tiró del pelo hacia atrás—. Tus novias son tan repugnantes… que se merecen lo que les sucede. Que las usen como putas. — Se rio en mi cara.
Le miré fijamente y memoricé su rostro. Nunca lo olvidaría, y si se presentase la ocasión le cortaría la lengua antes de matarlo. Aunque solo lo matara con la mente. ¿Cómo podía impedir que la secuestraran? Quise suplicar pero no lo hice. Tan solo miré al frente y se me aceleró el corazón, lo que demostraba que estaba vivo. Por ahora.

—Todos los guardias van a catar sus muslos. Luego, cuando disminuya su deseo, podrá ver cómo te cortamos la cabeza. Eres consciente de que así será tu final, ¿verdad? —Me tiró del cuello hacia atrás y arrastró un dedo por mi garganta—. Pedirás clemencia como el cerdo que eres… justo antes de tu matanza. Entonces no estarás orgulloso. —Se rio en mi cara y sus dientes amarillos relucieron entre su barba—. Y entonces mataremos a tu puta americana del mismo modo.

Me incorporé en la cama con la respiración ahogada y la mano, que estaba empapada de sudor, sobre mi sexo. Me apoyé contra el cabecero y me di cuenta de dónde estaba…, y de dónde, gracias a Dios, no estaba. Ya no estás ahí. Ya no estás ahí . Solo ha sido un sueño. Eso fue hace mucho tiempo. Era el tipo de pesadilla que congrega todo lo malo que te ha ocurrido en la vida y lo agita en una combinación atroz que te ahoga. Cerré los ojos con alivio. Lena no era parte del horror que viví en Afganistán, sino del que me acuciaba ahora. Lena vivía en Londres, trabajaba y estudiaba su posgrado. Solo es tu subconsciente, que está mezclando las cosas malas. Lena está a salvo en la ciudad. Lo único es que ella ya no estaba conmigo.

Bajé la mirada a mi sexo, caliente y duro, y lo envolví en mi mano. Cerré los ojos y empecé a acariciarlo. Si seguía con los ojos cerrados podría recordar aquel día en mi oficina. Necesitaba descargarme en ese mismo momento. Necesitaba correrme para poder poner fin a los malditos temblores que me invadían tras esa terrible pesadilla.

Cualquier cosa servía. Sería una solución temporal, pero tenía que valer. Me acordé. La primera vez que vino a verme. Llevaba puestas unas botas rojas y una falda negra. Le dije que se sentara en mi regazo e hice que se corriera con los dedos. Fue tan sexy, maldita sea, que se presentara en mi oficina. Estaba preciosa cuando se deshizo en mis brazos a raíz de lo que le hacía, de lo que le hacía sentir. Lena había intentado alejarse de mí pero yo no quería que lo hiciera.

Recuerdo que le costó separarse de mi regazo. Pero cuando se puso de rodillas y me tocó por encima de los pantalones, lo entendí. Me dijo que me quería lamer. En ese momento supe que la quería. Lo supe porque ella es sincera y genuinamente generosa. Ella es real y perfecta, y es mía. No, ahora no lo es. Te ha dejado. Mantuve los ojos cerrados y recordé la imagen de sus preciosos labios cerrados sobre el final de mi verga y de cómo me adentraba en ellos.

Recuerdo lo húmeda y dulce y deliciosa que sentí su boca esa primera vez. Lo bonito que fue cuando se lo tragó todo y me miró de esa manera tan sexy y misteriosa que la caracterizaba. Nunca sé lo que está pensando. Al fin y al cabo es una mujer, al igual que yo, tiene su misterio. Me acordé de todo: de los sonidos que emitió, de su pelo largo extendido sobre su cara, del resbalar húmedo dentro de sus dulces labios, de cómo se agarraba a mi sexo, giraba la mano y me llevaba al interior de su preciosa boca. Recordé ese momento tan especial que pasé con Lena mientras me masturbaba hasta llegar al clímax, tan vacío como mi realidad, patética y solitaria. Tenía que recordarlo o no me correría.

Grité mientras mi semen salía disparado de mi pene en una avalancha casi dolorosa por las sábanas de mi cama, en las que el blanco brillante contrastaba ahora con el negro habitual. ¡Debería ser ella! Resollé contra el cabecero y dejé que mi orgasmo me recorriera el cuerpo, enfadada por haberme hecho una paja pensando en ella como una depravada muerta de desesperación. No podía importarme menos haberlo ensuciado todo. Las sábanas se pueden lavar. Mi mente no. Puedo recordar todas las veces que he estado dentro de ella.

El vacío que me invade roza la crueldad y mi clímax de ninguna manera podía sustituir a la realidad. Completamente hueca e inútil. «¡Ni de broma, Benny! Es demasiado guapa como para tener que recurrir a su mano para tener un orgasmo». Sí, seguro. Me levanté, quité las sábanas y me dirigí a la ducha. Nunca me sentiría completa sin ella. 

Ella me llamó esa tarde al móvil. No vi su llamada por culpa de una estúpida reunión. Quería matar a los imbéciles que me habían entretenido pero en su lugar llamé al buzón de voz.

—Julia, he recibido tu carta. —Su voz sonaba temblorosa y la necesidad de ir junto a ella era tal que no sabía cómo conseguiría mantenerme alejada—. Gracias por enviármela. Las flores también son muy bonitas. Solo…, solo quería decirte que he hablado con mi padre y que me ha contado algunas cosas… —Entonces perdió la entereza. Podía oír sus llantos amortiguados. Sabía que estaba llorando y eso me rompió el corazón en mil pedazos—. Tengo que irme… Quizá podamos hablar más tarde. —La última parte la dijo entre susurros—. Adiós, Julia. —Y entonces colgó.

Pensé que iba a romper la pantalla del teléfono por la fuerza con la que apretaba los botones tratando de pulsar re-llamada, al tiempo que rezaba para que lo cogiera y hablara conmigo. El tiempo se detuvo mientras entraba la llamada y me pareció una eternidad. Uno, dos, tres tonos. Se me aceleró el corazón y cada vez me faltaba más aire.

—Hola. —Solo una palabra. Pero era su voz e iba dirigida a mí. Pude oír ruidos de fondo. Como de tráfico. —Lena… ¿cómo estás? Parecías muy triste en tu mensaje de voz. Estaba en una reunión… —Mi voz se fue apagando y me di cuenta de que había empezado a irme por las ramas. Apreté la boca y deseé con todas mis fuerzas un delicioso cigarrillo negro con olor a clavo. Lena respiraba de manera pesada contra el auricular.

—Julia, dijiste que te llamara si pasaba algo raro.

—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? ¿Dónde estás ahora mismo? —Sentí que se me congelaba la sangre al oír sus palabras y el tono de su voz—. ¿Estás en la calle?

—He salido a correr. Necesitaba desconectar un poco y tomarme un descanso.

—Voy por ti. Dime dónde estás. —Se quedó callada. Podía oír rugir los coches a su alrededor y odiaba la imagen que tenía de ella en ese momento. Sola en la calle. Vulnerable. Desprotegida—. ¿Me lo vas a contar? Necesito verte; tenemos que hablar. Y quiero saber qué es lo que te preocupa tanto como para haberme llamado antes y haberme dejado ese mensaje. — Perduró el silencio—. Nena, no puedo ayudarte si no me haces partícipe de lo que pasa.

—¿Lo has visto? —Su voz cambió, se volvió más seca.

—¿Ver el qué? —Juro que solo quería estar con ella y tenerla entre mis brazos. Al principio no entendí su pregunta. El silencio gélido que pendía al otro lado de la línea me ayudó sin embargo a darme cuenta enseguida de a qué se refería.

—¿Lo has visto, Julia? Responde a mi pregunta

—¿El vídeo obsceno de Oakley y tú? —Oí un sonido de angustia—. ¡Por supuesto que no, joder! Lena… —El mero hecho de que me preguntara algo así me cabreaba—. ¿Por qué iba a haberlo visto?

—¡No es exactamente un vídeo obsceno! —me gritó al oído. Me dolió el pecho como si me acabaran de clavar un cuchillo.

—¡Bueno, eso es lo que me dijo tu padre! —exclamé, confundida por su pregunta y  completamente perdida por la absurda conversación que estábamos teniendo. Si pudiera hablar con ella cara a cara, acercarme a ella, hacer que me mirara a los ojos y que me escuchara, quizá tuviese alguna oportunidad. Pero este asunto no nos estaba llevando a ningún lado. Volví a intentarlo con un tono más sensato—. Lena, por favor, déjame ir a por ti.

Ella estaba llorando otra vez. Podía oír sus suaves sollozos entre el ruido cada más débil del tráfico. Tampoco me gustaba que hubiera salido a correr sola. Los coches de la carretera acelerando junto a ella, los hombres mirándola, los mendigos pidiéndole limosna…

—¿Qué demonios te contó, Julia? ¿Qué te dijo mi padre sobre mí?

—No sé por qué tenemos que hacer esto por teléfono.

—Dí-me-lo. —Y luego vino el silencio.

Cerré los ojos agobiada, consciente de que ella no aceptaría nada más que la cruda verdad, y odiaba con toda mi alma tener que decírsela, aunque sabía que no me quedaba alternativa. ¿Por dónde empezar? La única opción era ser directo. Recé en silencio y le pedí a mi madre que me mandara fuerzas.

—Me dijo que Oakley y tú salíais en el instituto. Cuando tenías diecisiete años, Oakley hizo un vídeo sin que tú lo supieras y lo distribuyó por todas partes. Dejaste el instituto y lo pasaste fatal. El senador mandó a su hijo a Irak y tú viniste aquí a empezar de cero. Ahora el senador está tratando de ganar las elecciones como vicepresidente y quiere asegurarse de que nadie vea nunca ese vídeo… ni que nadie oiga hablar de él. Tu padre me dijo que uno de los compañeros de Oakley ha aparecido muerto en circunstancias extrañas y le preocupa que el blanco sea cualquiera que esté relacionado con el vídeo…, incluida tú. Le inquietó lo bastante como para ponerse en contacto conmigo y pedirme un favor: que te cuidara y vigilara por si alguien se acercaba a ti.- Daría cualquier cosa en este momento por un cigarrillo. El silencio al otro lado de la línea era doloroso y difícil de soportar, pero al cabo de unos segundos interminables oí el agradable sonido de su voz diciendo lo que quería escuchar. Palabras con las que podía actuar. Algo que entendía y con lo que podría hacer algo al respecto.

—Eso me asusta.

El alivio me invadió al oír eso. No el hecho de que ella estuviera asustada, sino que parecía que me necesitaba. Como para dejarme volver a su vida.

—No permitiré que nada ni nadie te haga daño, nena.

—Hace dos días me dejaron un mensaje muy raro. Un hombre. De un periódico. No sabía qué hacer… Y cuando hoy he recibido tu carta, leí…, leí lo que decías de llamarte si alguien me molestaba-.  El sentimiento de alivio se desvaneció al instante.

—¡Ya está bien de toda esta mierda, Lena! ¿Dónde estás en este momento? ¡Voy a por ti! — Habría reptado por el jodido teléfono si las leyes de la física me lo hubieran permitido. Necesitaba llegar hasta ella y eso era todo, punto y final. A la mierda el teléfono. Necesitaba tener a Lena en carne y hueso junto a mí para poder abrazarla.
 

—Estoy en la salida sur del puente de Waterloo-.

Por supuesto. Resoplé. Solo el sonido de la palabra «Waterloo» me dolía.— Salgo ahora mismo. ¿Puedes acercarte al Victoria Embankment y esperarme ahí? Así te encuentro más rápido.

—Vale. Iré al obelisco. —

Parecía encontrarse mejor que yo, menos asustada, y ese sentimiento me venía bien para mi nivel de estrés. Iba a por mi chica. Puede que ella no fuera consciente todavía, pero eso era lo que iba a suceder.

—Genial. Si alguien se acerca a ti solo tienes que quedarte en un espacio abierto donde haya gente a tu lado. —La mantuve al teléfono mientras se aproximaba a la Aguja de Cleopatra a pie y entretanto yo conducía como una loca y esquivaba a la policía.

—Ya estoy aquí —dijo.

—¿Hay gente cerca?

—Sí. Hay un grupo de turistas caminando, algunas parejas y gente paseando a sus perros.

—Genial. Estoy aparcando. Te encontraré. —Cortamos la conversación. 

Me latía el corazón a mil por hora mientras encontraba sitio para aparcar y empezaba a caminar hacia el río. ¿Qué pasaría entre nosotras? ¿Me rechazaría? No quería poner el dedo en la llaga, pero me negaba a que esta maldita situación continuara un día más. Se terminaría ahora. Hoy. Tardara lo que tardara en arreglar este lío, lo resolvería aquí y ahora.

Cuando la vi estaba empezando a atardecer. Sus pantalones cortos abrazaban sus piernas como si fueran una segunda piel. Me estaba dando la espalda apoyada sobre la barandilla y mirando al río, con el viento meciendo su coleta a un lado, una de sus esbeltas piernas doblada hacia la barandilla y sus manos posadas con elegancia en la parte de arriba.

Aminoré el paso porque tan solo quería que su imagen me calase. Por fin la estaba mirando tras una semana de inanición. Se encontraba justo frente a mí. Lena. Necesitaba tocarla. Mis manos morían de ganas de acercarse y acariciarla. Pero ella parecía diferente, más delgada. Según me iba aproximando se hacía más evidente. Dios, ¿se había pasado la última semana sin comer? Debía de haber perdido unos tres kilos. Me detuve y la miré con una mezcla de enfado y preocupación, y comprendí que toda esa mierda de su pasado era mucho más seria de lo que yo pensaba. Estupendo, ahora las dos estamos bien jodidas.

Se dio la vuelta y me vio. Nuestros ojos se encontraron y, de manera extraña y poderosa, conectaron entre la brisa que corría entre nosotros. Lena sabía cómo me sentía. Debería saberlo. Se lo había dicho miles de veces. Ella, sin embargo, nunca me había dicho lo que yo sí le había confesado. Seguía esperando que de su boca salieran esas dos palabras. Te quiero. Ella dijo mi nombre. Le leí los labios. El viento me impidió oírlo pero vi que pronunciaba mi nombre. Parecía tan aliviada como yo cuando vi que estaba a salvo y a escasos pasos de mí.

Y tan guapa como siempre ha sido y será. Pero en ese momento me detuve. Si Lena me quería, tendría que caminar hasta mí y demostrarme lo que sentía. Me moriría si no lo hacía, pero el consejo de mi padre era totalmente certero. Todo el mundo tenía que seguir a su corazón. Yo seguí al mío. Ahora Lena necesitaba hacer lo mismo.

Se separó de la barandilla y me estremecí por dentro cuando se detuvo. Parecía como si estuviera esperando a que yo le hiciera algún gesto o que me acercara a ella. No, nena. No sonreí y ella tampoco, pero era evidente que nos entendíamos con la mirada. Llevaba una camiseta de deporte de color turquesa que cubría sus pechos y que me hizo pensar en ella desnuda bajo mi cuerpo, en mí atrapándola con las manos y la boca. La deseaba con tantas fuerzas que dolía. Imagino que esto es lo que se siente cuando estás enamorado: te duele de un modo que solo hay una cura.

Lena era mi cura. Mientras la esperaba me pasaron por la cabeza imágenes de nosotros haciendo el amor; me perseguían las escenas en las que se desataban mis deseos de manera implacable y con un ansia que me abrasaba de arriba abajo. Lena me abrasaba. El señor Keats sabía con certeza de lo que hablaba en sus poemas.

Extendí la mano y fijé los ojos en los de ella, pero mis pies no se movieron. Y entonces vi un atisbo de cambio. Un parpadeo en sus preciosos ojos. Ella comprendió lo que le estaba pidiendo. Lo entendió. Y, de nuevo, me recordó lo bien que estábamos juntas en todos los niveles. Lena me entendía y eso solo hacía que la deseara con más fuerza si cabía.

Siguió acercándose y levantó el brazo. Cada vez más cerca de mí hasta que nuestros dedos se tocaron, hasta que su pequeña y delicada mano descansó sobre la mía, mucho más grande. Mis dedos envolvieron su muñeca y su palma de la mano con firmeza y tiré de ella el resto de la distancia que nos separaba. Justo contra mi pecho, cuerpo contra cuerpo. La envolví con los brazos y enterré la cabeza en su cabello.

El aroma que tan bien conocía y anhelaba inundaba mi olfato y mis sentidos de nuevo. La tenía. Tenía a Lena otra vez. Me eché hacia atrás y cogí su cabeza entre mis manos. La sujeté en esa posición para poder mirarla bien. Sus ojos no flaquearon. Mi chica era valiente. La vida a veces daba asco, pero ella era fuerte y nunca tiraba la toalla. Le miré los labios y supe que la iba a besar quisiera o no. Esperaba que quisiera.

Sus preciosos labios eran tan dulces y suaves como siempre. Más si cabe porque no los había tenido durante mucho tiempo. Sentí como si estuviera en el paraíso al tener mi boca junto a la suya. Sentí como si me fundiera en aquel instante y olvidé que estábamos en público. Como si me fundiera en mi Lena en cuanto ella reaccionó.

Me devolvió el beso y la sensación de su lengua enredada en la mía fue tan placentera que gemí contra su boca. Sabía lo que quería hacer. Y mis requisitos eran pocos. Privacidad. Lena desnuda. Las cosas eran así de simples. Recordé que nos encontrábamos entre una multitud de seres humanos en el Victoria Embankment y, muy a mi pesar, muy lejos de estar a solas. Dejé de besarla y acaricié su labio inferior con mi pulgar.

—Vas a venirte conmigo. Ahora- . Afirmó con la cabeza todavía entre mis manos y me volvió a besar. Un beso con el que me daba las gracias.

No hablamos mientras caminábamos hacia el Range Rover. Pero íbamos de la mano. No la iba a soltar hasta que no me quedara más remedio, cuando entráramos en el coche. En cuanto estuvo en el asiento del copiloto y se cerraron las puertas me giré y la miré bien. Parecía muerta de hambre y eso me enfadó. Recordé la primera noche que nos conocimos y cómo le compré la barrita de proteínas y el agua.

—¿Dónde vamos? —me preguntó.

—¿En primer lugar? A por algo de comida para ti. —Mis palabras fueron un poco más bruscas de lo que pretendía.  Afirmó con la cabeza y luego apartó la mirada y posó la vista fuera de la ventanilla—. Después de que comas vamos a comprarte un teléfono nuevo con otro número. Necesito que me des el viejo para poder rastrear a quien trate de ponerse en contacto contigo. ¿De acuerdo? —Bajó la mirada a su regazo y volvió a asentir con la cabeza. Estuve a punto de tirar de ella y de cogerla entre mis brazos para decirle que todo saldría bien, pero me contuve—. Luego te llevaré a casa. Ahora mi casa es tu casa.

—Julia, eso no es una buena idea —susurró, todavía con la mirada en su regazo.

—A la mierda con las buenas ideas —exploté—. ¿Podrías mirarme a la cara al menos? —Levantó la mirada, fijó los ojos en los míos y ardieron con destellos de un color intenso, lo que les hacía parecer muy verdes. Quería tirar de ella hacia mí y sacudirla, hacerla reaccionar y obligarla a entender que esta mierda de no estar juntos era parte del pasado. Ella iba a venir a casa conmigo, punto y final. Giré la llave y arranqué.

—¿Qué quieres de mí, Julia?

—Eso es muy fácil. —Hice un ruido inapropiado—. Quiero retroceder diez días. Quiero tenerte en mi oficina, ¡follarte en la mesa de mi despacho con tus piernas envueltas en mí! Quiero tu cuerpo debajo del mío y que me mires con unos ojos distintos a los que me pusiste cuando me dejaste frente a los ascensores. —Posé la frente en el volante y cogí aire.

—Vale…, Julia. —Su voz sonaba temblorosa y más que ligeramente entristecida.

—¿Vale, Julia? —la imité—. ¿Eso qué significa? ¿Qué vale que me voy a casa contigo? ¿Qué vale que estamos juntas? ¿Qué vale que me dejes que te proteja? ¿Qué? Necesito más que eso, Lena —hablaba con la mirada posada en el limpiaparabrisas porque tenía miedo de ver su cara en ese preciso momento. Qué pasaría si no era capaz de hacerla entrar en razón… Se inclinó hacia mí y me puso la mano en la pierna.

—Julia, necesito…, necesito…, necesito… que me digas la verdad. Necesito saber qué está pasando a mi alrededor… 

Inmediatamente le cubrí la mano con la mía. —Lo sé, nena. Fue un error no contártelo…

Negó con la cabeza. —No, no lo sabes. Deja que termine de hablar. —Llevó sus dedos a mi boca para callarme—. Siempre me interrumpes.

—Ya me callo. —Cogí sus dedos con mi otra mano y los mantuve en mis labios. Se los besé y no los solté. Mierda, tenía que aprovechar la mínima oportunidad que se me presentara.

—Tu sinceridad y franqueza son una de las cosas que me enamoraron de ti, Julia. Siempre me dijiste lo que querías, lo que pretendías hacer y cómo te sentías. Eras sincera conmigo y eso me daba seguridad. —Ladeó la cabeza y negó con ella—. No tienes ni idea de lo mucho que necesitaba eso de ti. No tenía miedo a lo desconocido porque tú lo hacías tan bien diciéndome exactamente lo que querías que pasara entre nosotras. Eso es justo lo que funciona conmigo. Pero confié en ti de manera incondicional y tú lo estropeaste al no ser sincera, y al no contarme que te habían contratado para protegerme. El hecho de que necesite protección es algo que me vuelve jodidamente loca, así que ¿no crees que tengo el jodido derecho a saberlo todo?

Dios, era tan sexy cuando se encendía y decía palabrotas. Le dejé tener su momento de gloria porque tenía toda la razón. Cuando apartó los dedos de mis labios y me dio permiso para hablar, vocalicé mis palabras más que decirlas: «Lo siento muchísimo». Y lo sentía con toda mi alma. Lo había hecho mal.

Lena necesitaba oír la cruda verdad. Tenía sus motivos; para ella era una necesidad y yo lo había fastidiado todo. Espera un momento. ¿Acababa de decir «una de las cosas que me enamoraron de ti»?

—Pero… desde que he hablado con mi padre y me ha dicho cosas que no sabía hasta ahora, me he dado cuenta de que no es totalmente culpa tuya. Mi padre te ha colocado en una posición que tú no pediste…, y he estado tratando de verlo desde tu punto de vista. Tu carta me ha ayudado a entenderlo.

—Entonces ¿me perdonas y olvidamos todo este maldito lío? — Aunque tenía esperanzas, no las tenía todas conmigo—. Solo me lo tienes que decir directamente y así puedo decidir qué hacer. Me gustaría saberlo.

—Julia, hay muchas cosas que no sabes de mí. No tienes ni idea de lo que me pasó, ¿verdad?- Lena me miró de una manera que revelaba los años de angustia que había vivido. Quería hacer que desapareciera su dolor. Ojalá pudiera decirle que no me importaba saberlo. Si era horrible y le hacía daño contarlo, no tenía por qué hacerlo. Pero sabía que Lena no era así. Necesitaba poner todas las cartas sobre la mesa para poder tirar hacia delante.

—Imagino que no. No me di cuenta de que tu pasado te había marcado tanto y hasta hace tan poco. Pensé que te estaba protegiendo de una posible vigilancia política o de que te vieras expuesta a que alguien te hiciera daño o tratara de sacar dinero de todo esto. Cuando vi que te perseguían tus fantasmas me preocupé hasta el punto de asustarte, o de herirte. Solo quería protegerte y que siguiéramos juntos. — Le hablé a la cara, que se hallaba tan cerca de la mía que me calaban las moléculas de su ser cada vez que inspiraba.

—Lo sé, Julia. Ahora lo comprendo. —Se echó completamente hacia atrás en su asiento—. Pero sigues sin saberlo todo. —Volvió a mirar por la ventanilla—. No vas a querer escucharlo. Puede que no… quieras… estar conmigo después de saberlo.
 

—No me digas eso. Sé perfectamente lo que quiero. —Alargué la mano hasta su barbilla y tiré de ella hacia mí—. Vamos por algo de comida y luego me puedes contar lo que necesites. ¿Sí?- Afirmó con la cabeza ligeramente, de esa manera tan sumisa y característica de ella: la mirada que me ponía me volvía loca hasta tal punto que me sorprendían incluso a mí las ganas que sentía de poseerla.

Era consciente de que estaba dolida y asustada, pero también sabía que era fuerte y que lucharía contra lo que la persiguiera, fuera lo que fuera. Sin embargo, eso no cambiaba lo que sentía por ella. Para mí, era mi preciosa chica rusa y siempre lo sería.

—No me voy a ninguna parte, Lena. No te vas a separar de mí, así que es mejor que te vayas acostumbrando —dije. La besé en los labios y le solté la barbilla.

Esbozó media sonrisa mientras yo daba marcha atrás con el coche. —Te he echado mucho de menos, Julia.—  No te haces una idea. —Alargué la mano y le volví a tocar la cara. No podía evitarlo. Tocarla significaba que realmente estaba aquí conmigo.

Acariciar su piel y su cuerpo cálido me recordaba que no estaba soñando—. Primero la comida. Vas a comer algo sustancioso mientras yo miro y disfruto de cada segundo de tu preciosa boca mientras lo haces. ¿Qué te apetece?

—No sé. ¿Pizza? No voy vestida para ir a un restaurante a cenar, me temo. —Sonrió y señaló su ropa—. Tú vas de traje.

—Cómo vas vestida es la menor de mis preocupaciones, nena. —Llevé su mano a mis labios y besé su suave piel —. Para mí estás preciosa con cualquier cosa…, o sin nada. Sobre todo sin nada. —Traté de bromear.

Se ruborizó un poco. Sentí el palpitar de mi sexo cuando vi su reacción. La quería conmigo en mi casa con todas mis fuerzas. En mi cama, donde podría tenerla toda la noche y saber que no se separaría de mí. No iba a volver a dejarla escapar.

Una vez ella me dijo que le encantaba cuando le besaba la mano. Y sé que es algo que no puedo evitar. Es difícil no tocarla y besarla todo el tiempo porque nunca he sido una persona que haya tenido que renunciar a algo que quisiera. Y la quería a ella. Vocalizó «gracias» en silencio pero seguía pareciendo triste. Seguramente temía la conversación que teníamos pendiente pero sabía que debíamos hacerlo. Por su propio bien necesitaba contarme algo muy duro y yo tenía que escucharla. Si eso era lo que ella necesitaba para que pudiéramos seguir juntos, entonces escucharía lo que fuera.

—Pues pizza entonces. —Tuve que soltarle la mano para conducir, pero podía soportarlo. Por los pelos. Mi chica estaba justo a mi lado, en mi coche. Podía olerla y verla, hasta tocarla si alargaba la mano; así de cerca se encontraba. Y, por primera vez en días, el constante dolor que invadía mi pecho desapareció.

Hunter

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por katina4ever el Sáb Oct 22, 2016 10:34 am

OGM!!! Continúa pronto, ya esperaba el momento de encontrarse y que los misterios se fueran aclarando!!

katina4ever

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

Mensaje por Hunter el Dom Oct 23, 2016 11:16 pm

4

Tomar una pizza a la luz de las velas es algo maravilloso cuando estás con la persona adecuada. En mi caso se encontraba sentada frente a mí y no me importaba dónde estuviéramos siempre que estuviéramos juntos. Pero Lena necesitaba comida y yo necesitaba escuchar su historia, así que el restaurante Bellissima valdría igual que cualquier otro.

Teníamos una mesa en un rincón privado y a oscuras, una botella de vino tinto y una enorme pizza de salchichas y champiñones para compartir. Traté de que no se sintiera incómoda y de no mirarla fijamente, pero resultaba muy difícil, maldita sea, porque mis ojos la ansiaban. Con voracidad.

No obstante, hice todo lo que pude para ser una confidente considerada. Enfrente de mí, Lena parecía tener problemas para dilucidar por dónde empezar. Le sonreí y comenté lo rica que estaba la comida. Me di cuenta de que deseaba que comiera un poco más, pero no dije nada al respecto. Sé de sobra que es mejor no ser una idiota.

Crecí con una hermana mayor y las lecciones de Hannah se me habían quedado grabadas después de muchos años. A las mujeres no les gusta que les digan qué deben comer o no. Era mejor dejarla en paz y esperar que todo fuera bien. Parecía estar muy preocupada cuando empezó a hablarme de su vida y no me gustaba la tristeza que desprendía su lenguaje corporal ni el sonido de derrota que tenía su voz, pero todo eso era irrelevante.

LK—Mis padres se separaron cuando yo tenía catorce años. Me temo que no lo llevé muy bien. Soy hija única, por lo que supongo que quise llamar la atención o quizá me comportaba así como venganza por el divorcio. Ni idea, pero ¿sabes qué? En el instituto era un auténtico zorrón. —Levantó los ojos hacia los míos, grises como el acero y decididos a ir al grano—. Es verdad, así era. No elegí bien a los chicos con los que salí y me daba igual mi reputación.
Era una niñata mimada e inmadura, y una imprudente total.
¡En serio! Primera sorpresa de la noche. No podía imaginarme a Lena así, y tampoco quería hacerlo, pero mi lado más práctico se dio cuenta de que todo el mundo tenía un pasado, y mi chica no era diferente. No dije nada. Solo escuché y me impregné de la imagen de ella, tan cerca de mí.
LK—Luego pasó lo de aquella noticia tan sonada en California de hace unos años. Lo del hijo de un sheriff que hizo un vídeo de una chica en una fiesta. Ella estaba borrachísima cuando él y otros dos amigos suyos se la tiraron y jugaron con ella en una mesa de billar.
Sentí cómo se me erizaba el vello de la nuca. No, por favor.
JV—Me acuerdo de eso —le dije, obligándome a escucharla y a no reaccionar demasiado—. El sheriff trató de deshacerse de las pruebas que culpaban a su niño, pero salió a la luz y los hijos de puta fueron condenados de todos modos.
—Sí…, en el caso de esa chica fue así. — Lena bajó la mirada a su pizza y luego volvió a posarla en mí—. Pero no en el mío. —Ella tenía los ojos vidriosos y de repente se me quitaron las ganas de cenar—. Fui a una fiesta con mi amiga Jessica y nos emborrachamos, por supuesto. Estaba tan borracha que no me acuerdo de nada de lo que pasó hasta que me desperté y les oí riéndose y hablando de mí. —Le dio un buen trago al vino antes de continuar—. Lance Oakley fue, es, un completo gilipollas, un pervertido arrogante y con dinero. Su padre en aquel entonces era senador estatal de California. No sé por qué salí con él. Seguramente porque me lo pidió sin más. Como he dicho antes, mi conducta no era la mejor. Me arriesgué demasiado. Así es como cuidaba de mí misma.

Odio esto.
—Él iba a la universidad y yo estaba en el último año de instituto —prosiguió—. Me temo que se creía con derecho a pensar que yo le estaría esperando cuando él volviera a casa por vacaciones, pero no era una relación seria ni mucho menos. Sé que me puso los cuernos. Él simplemente esperaba que yo me muriera por sus huesos y estuviera a su disposición cuando volviese de la universidad. Yo sabía que estaba cabreado conmigo porque salí con otro chico que conocí en una competición de atletismo, pero no tenía ni idea de lo cruel que sería conmigo por culpa de eso.
—¿Ibas a atletismo en el instituto? —pregunté.
—Sí…, corría. —Asintió con la cabeza y volvió a mirar su vaso—. Total, que me desperté en una completa nebulosa e incapaz de mover las extremidades. Creemos que quizá me echaron algo en la bebida… —Bebió con dificultad y continuó con valentía—. Hablaban sobre mí pero al principio no sabía que era yo. Ni lo que me habían hecho. Eran tres y eran las vacaciones de Acción de Gracias. Ni siquiera conocía a los otros dos, solo a Lance. No eran de mi colegio. —Le dio un trago al vino—. Les oía reírse de una chica. Estaban contando cómo le habían metido un palo de billar y una botella…, y cómo se la habían follado con esas cosas…, y cómo esa puta lo pedía a gritos.

Lena cerró los ojos y respiró hondo. Lo sentía por ella. Quería matar a Oakley y a su amigo, y deseaba que el tipo muerto siguiera vivo para matarle a él también. No tenía ni idea de esto. Había dado por hecho que lo que pasó no fue más que un error que cometes de adolescente y que un idiota decidió grabarlo, no una agresión sexual en toda regla a una chica de diecisiete años. Alargué el brazo y le cubrí la mano con la mía. Se quedó paralizada durante un instante y cerró los ojos con fuerza, pero no se derrumbó. De nuevo, su valentía me dio una lección de humildad y esperé a que continuara hablando.
—Aunque no tenía ni idea de que hablaban de mí. Estaba tan trastornada… Cuando conseguí mover las piernas y los brazos forcejeé para ponerme en pie. Se rieron y me dejaron ahí, en la mesa. Supe que había tenido sexo pero no sabía con quién ni qué había pasado. Me sentía fatal y tenía resaca. Solo quería salir de allí, así que me puse la ropa, encontré a Jessica y me llevó a casa.

Me salió un gruñido espontáneo de la garganta. No lo pude evitar. Incluso a mis propios oídos sonaba como un perro. Lena me miró sorprendida durante un segundo y luego observó mi mano, que estaba sobre la suya. Me centré en ella y guardé la compostura.
Perder los nervios no ayudaría a Lena en nada, por lo que pasé el dedo pulgar por su mano lentamente de un lado a otro, esperando con todas mis fuerzas que entendiera lo mucho que me dolía oír que la habían usado así. Mi mente no hacía más que darle vueltas a lo que acababa de compartir conmigo. En el momento de la agresión los responsables eran adultos y ella menor de edad.

Interesante. No podía entender por qué Sergey Katin había omitido ese dato cuando me contrató. Imagino que estaba protegiendo la reputación de su única hija. Normal que perdiera los papeles cuando descubrió que nos estábamos acostando.
—Lo habría olvidado todo si no hubiera sido por el vídeo. No tenía ni idea de lo que me habían hecho ni que me habían grabado. Llegué al instituto el lunes y ahí estaba la gran noticia. Yo era la gran noticia. Me habían visto… desnuda, completamente borracha…, habían visto cómo jugaban conmigo…, cómo me follaban…, cómo me habían utilizado como un objeto. —Las lágrimas rodaron por sus mejillas pero no perdió la entereza. Siguió hablando mientras yo le sujetaba la mano—. Todo el mundo sabía que era yo. La gente había visto el vídeo a lo largo de todo el fin de semana y lo habían rulado. En el vídeo se me veía claramente, pero los chicos estaban fuera de plano, habían doblado el sonido con una canción y le habían quitado el audio, por lo que no podías oír sus voces para identificarlos. —Bajó la voz hasta que se convirtió en un susurro—. Usaron la canción de Nine Inch Nails titulada Closer, la que dice «Quiero follarte como un animal». Hicieron un vídeo con la música y colocaron la letra de la canción a un tamaño muy grande en la pantalla: «Me dejas violarte… Me dejas profanarte, me dejas penetrarte»-. Ella flaqueó y mi corazón se rompió en mil pedazos por todo lo que había sufrido. Solo sabía lo mucho que quería que lo nuestro funcionara. Entonces la detuve. Tenía que hacerlo. No podía escuchar más y ser capaz de contener mi furia en público.

Necesitábamos intimidad. Solo quería llevarla a casa y tenerla cerca. Lo demás lo podíamos decidir más tarde.
Le apreté la mano para que me mirara. Sus enormes ojos luminosos, con colores que se fundían en uno y llenos de lágrimas que quería secar con mis labios, se posaron en los míos.
—Déjame que te lleve a casa, por favor. —Asentí para hacerle entender que era lo que necesitábamos—. Ahora mismo quiero estar a solas contigo, Lena. Lo demás no me importa mucho.
Ella emitió un sonido que me rasgó el corazón. Tan suave, pero herido y todavía en carne viva. Me levanté de la mesa de manera abrupta, tirando de ella, y, gracias a Dios, me siguió sin protestar. Lancé unos cuantos billetes a la mesa, la llevé al coche y la dejé en su asiento.

—¿Estás segura de que eso es lo que quieres, Julia? —me preguntó, con los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas. La miré directamente a la cara.
—Nunca he estado más segura de nada. —Me incliné hacia ella y puse la mano en su nuca para controlar el beso. La besé en los labios con pasión, incluso apreté mi lengua contra sus dientes para que me diera acceso.
Lena necesitaba saber que todavía la deseaba. Sabía que estaba sufriendo con toda esa historia y con el hecho de que yo conociese su pasado. Ella había dado por sentado que ya no la desearía más una vez que supiera todos esos detalles. Mi chica no podía estar más equivocada.
—Todas tus cosas siguen esperándote donde estaban. Solo quiero que sepas esto… —le hablé directamente, a pocos centímetros de la cara, atravesando sus enternecedores ojos—. No tengo ninguna intención de dejarte. —Tragué con dificultad—. Si vienes conmigo te llevas todo el paquete, Lena. No sé ser de otra manera. Todo o nada. Para mí es todo. Y quiero que sea todo para ti.
—¿Todo o nada? —Me cogió la mejilla con la palma de la mano y la mantuvo ahí, y su pregunta sonaba auténtica. Giré la cabeza y llevé los labios a la palma de la mano que tenía en mi cara.
—Es un término que se usa en póquer. Significa que apuestas todo lo que tienes. Tú eres todo lo que tengo. - Cerró los ojos de nuevo y su labio tembló ligeramente.
—No te lo he contado todo. Hay más. —Apartó la mano.
—Abre los ojos y mírame —dije con suavidad pero con firmeza. Ella obedeció al instante y tuve que reprimir un gruñido por lo mucho que me había excitado su gesto—. No me importa lo que no me has contado o lo que me acabas de contar en el restaurante. — Sacudí la cabeza un poco para que me entendiera—. Eso no va a cambiar lo que siento por ti. Sé que hablaremos más del tema y puedes contarme el resto cuando seas capaz… o cuando lo necesites. Lo escucharé. Necesito escucharlo todo en cualquier caso para asegurarme de que estás a salvo. Lo haré, te lo prometo, Lena.
—Oh, Julia. —Su labio inferior tembló mientras me miraba, y era tan guapa así, triste, como cuando estaba contenta.
Me daba cuenta de que a Lena le preocupaban muchas cosas: compartir su pasado, mi reacción, las posibles amenazas contra su seguridad en Londres, mis sentimientos…, y quería desesperadamente borrar esa preocupación de su cara si me fuera posible. Deseaba que se liberara de todas sus cadenas y que estuviera tranquila para vivir su vida en paz, con un poco de suerte conmigo cerca. Nunca he prometido algo con la misma sinceridad que ahora. La mantendría a salvo, pero también quería asegurarme de que entendía lo que sucedería si aceptaba venir a casa conmigo.

—Pero nada de salir corriendo otra vez de mi lado, Lena. Si necesitas un descanso está bien, lo respetaré y te daré algo de espacio. Pero me tienes que dejar ir a verte adonde estés, y tengo que saber que no te irás de repente…, o que no te dará por no querer saber nada de mí. —Le acaricié los labios con el pulgar—. Eso es lo que necesito de ti, nena. ¿Puedes hacer eso?

Empezó a respirar con más dificultad, su pecho subía y bajaba bajo esa camiseta apretada de color turquesa y sus ojos parpadeaban mientras le daba vueltas al tema. Me daba cuenta de que estaba asustada, pero Lena tenía que aprender a confiar en mí si quería darle una oportunidad a lo nuestro. Me la jugué con la esperanza de que aceptara mi oferta. Sin embargo, no sabía muy bien qué haría en caso contrario. ¿Desmoronarme? ¿Convertirme en una verdadera acosadora? ¿Apuntarme a psicoterapia?
—Pero… me resulta tan difícil creer en una relación… Tú has llegado mucho más lejos que cualquier otra persona en mi vida. Por primera vez he tenido que elegir entre una relación seria y compleja o estar sola y sin complicaciones emocionales.
Gruñí y la agarré un poco más fuerte. —Sé que estás asustada, pero quiero que nos demos una oportunidad. No estás destinada a estar sola. Estás destinada a estar conmigo. —Mis palabras sonaron un poco bruscas pero era demasiado tarde para dar marcha atrás. Lena me sorprendió con una pequeña sonrisa y negó con la cabeza.
—Eres diferente, Julia Volkova. ¿Siempre has sido así?
—¿Cómo?
—Así de exigente, tajante y directa.
Me encogí de hombros. —Imagino. No sé. Solo sé cómo soy contigo. Contigo quiero cosas que no he querido antes. Te quiero a ti y eso es todo lo que sé. En este momento quiero que vengas a casa conmigo y que estemos juntos. Y quiero que me prometas que no te irás al primer atisbo de problemas. Me darás la oportunidad de arreglarlo y no te cerrarás en banda. —Le sujeté los hombros con las dos manos—. Puedo ser comprensiva si me dices lo que necesitas de mí. Quiero darte lo que necesites, Lena. —Le pasé los pulgares por la nuca y su suave piel bajo mis dedos fue como un imán en cuanto empecé a tocarla. Una vez que había vuelto a sentirla tan cerca no quería perderla. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos durante un instante, sucumbiendo ante nuestra atracción y dándome cierta esperanza. Dijo una palabra. Mi nombre.
—… Julia.
—Sé de lo que hablo. Solo tienes que confiar en mí. —Apreté un poco más—. Elígeme. Elígenos. Ella tembló. Lo vi, y también lo sentí. Lena asintió y vocalizó unas palabras:
—Está bien. Te prometo que no volveré a salir corriendo.- La besé lentamente y mis manos subieron hasta su cara para sujetarla. Empujé la lengua entre sus dulces labios y agradecí que me dejara entrar. Sí. Me abrió paso y me devolvió el beso de un modo que su sedosa y cálida lengua se deslizó contra la mía. El premio gordo. Sabía que había ganado esta batalla. Quería dar un golpe en el volante y darle las gracias en silencio a mi madre en el cielo.

En su lugar seguí invadiendo la boca de Lena. Con ese beso le dejé saber todo lo que sentía, cogiendo sus labios, dándole mordisquitos, tratando de estar dentro de ella. Cuanto más profundo estuviera más difícil sería para ella volver a dejarme. Mi mente funcionaba así con ella. Esto era una estrategia de guerra y podría hacerlo todo el día. No volvería a salir corriendo de mi lado nunca más, no habría escondites, ni excusas. Ella sería mía y dejaría que la amara.
Lena se derritió en mis labios, se volvió dulce y sumisa, encontró el lugar que necesitaba y se acomodó, igual que hice yo al tomar el control. Entre nosotras funcionaba, y muy pero que muy bien. Me eché hacia atrás y suspiré con fuerza.

—Ahora vamos a casa.
—¿Qué ha sido de aquello que dijimos de tomarnos las cosas con calma? —preguntó con dulzura.
—Todo o nada, nena —susurré—, con nosotras no puede ser de otra manera. —Si supiera todo lo que tenía preparado para nosotros de cara al futuro posiblemente se volviera a asustar, así que no podía arriesgarme a contárselo. Habría tiempo de sobra para discutirlo más adelante.
—Todavía tenemos mucho de que hablar —me dijo.
—Y eso es lo que haremos. —Junto a otras cosas.
Se giró en el asiento y se echó hacia atrás para ponerse cómoda y mirarme a la cara mientras yo salía del aparcamiento. Me observó durante todo el trayecto. Me gustaba tener sus ojos en los míos. Mejor dicho, me fascinaba, joder. Me fascinaba que estuviera a mi lado y que pareciera que me deseaba tanto como yo a ella. Yo también la miraba en cuanto podía apartar los ojos de la carretera.
—¿Todo o nada, eh? Creo que tengo que aprender a jugar al póquer.- Me reí.
—Ah, en eso no puedo estar más de acuerdo. No sé por qué pero creo que se te va a dar genial, cariño. —Arqueé las cejas—. ¿Jugamos primero a un strip póquer?
—Estaba esperando que lo mencionaras. Me encanta saber que no me has desilusionado —dijo, resoplando.
Sonreí y la imaginé haciendo un striptease cada vez que perdiese una mano al póquer. Yo también tenía mucha imaginación.

Al final me pidió que parara un momento en su piso para coger sus «pastillas». No estaba segura de si se refería a las anticonceptivas o a las de dormir, pero no tenía ninguna intención de preguntárselo. Lo cierto es que necesitábamos las dos. Así que hice lo que haría cualquier mujer en sus cabales. La llevé a su casa. De nuevo me enorgullecí de no ser una cretina. Esperé mientras hacía la bolsa. Le dije que trajera bastante ropa para varios días. Lo que realmente quería era que se quedara en mi casa de manera indefinida, pero no creía que ese fuera el momento adecuado para abordar el tema; por muy poca idiota que fuera.
Cuando entramos, los recuerdos inundaron mi mente. La pared pegada a la puerta principal estaba grabada en mi memoria. La imagen de ella con ese vestido corto morado no se alejaba de mí. Dios, ella había estado magnífica cuando lo hicimos contra la pared esa noche. Me encanta esa jodida pared. Ingenioso. Me reí por dentro por ese inteligente juego de palabras.
—¿Por qué sonríes ahora? — preguntó Lena mientras salía de la habitación con la bolsa hecha y con mucho mejor aspecto que el que tenía por la tarde. Su personalidad había vuelto.
—Mmmm… Solo estaba pensando en lo mucho que me fascina esa pared. —Moví las cejas lo mejor que pude y le quité la bolsa de la mano.
Los bonitos labios de Lena se abrieron en una expresión de sorpresa que enseguida se volvió una sonrisa.
—Sigues apañándotelas para hacerme reír, Julia, a pesar de todo lo que ha pasado. Tienes un extraño don.
—Gracias. Me gusta compartir contigo los dones que tengo —comenté de manera sugerente, y la rodeé con el brazo mientras salíamos de su piso. Miró de reojo la pared cuando pasamos por delante—. Te he visto —dije.
—¿El qué? —preguntó con inocencia. Ah, desde luego que tenía cara de póquer. Me moría por jugar a las cartas con ella.
—Has mirado la pared y te has acordado del repaso que me diste ahí.- Me dio con el codo en las costillas de manera juguetona mientras caminábamos.
—¡Yo no hice nada por el estilo! Y tú fuiste el que me dio el repaso a mí, no al revés.
—Lo que sea. —Le hice cosquillas y se retorció junto a mí. Era maravilloso volver a tenerla entre mis brazos—. Acepta la verdad, nena, fue un polvo épico el que echamos contra esa pared.

***

Para cuando tuve a Lena dentro de mi piso, la noche veraniega ya se había apoderado de toda la ciudad. De camino habíamos parado una última vez en busca de un teléfono nuevo con otro número para ella. Habíamos necesitado casi una hora para configurarlo pero era necesario. Ahora su viejo móvil se encontraba en mi poder. Quienquiera que llamara a Elena Katina a ese número tendría que hablar conmigo.
Quizá esta noche investigaría a la persona que la había llamado y puede que hablase con Sergey Katin. No era una conversación que me emocionara especialmente, pero tampoco la iba a e s q u i v a r. Hola, Sergey. Me estoy volviendo a tirar a tu hija. Ah, y antes de que lo olvides, tienes que saber que su seguridad está ahora en mis manos. ¿Te he mencionado además que ella es mía? Mía, Sergey. Vigilo muy de cerca todo lo que tengo. Mientras me preguntaba cómo se tomaría la noticia, me di cuenta de que no me importaba mucho. Era él quien había puesto a Lena en mi camino.

Ahora ella era mi prioridad. Me importaba mucho. Solo quería protegerla y mantenerla alejada de cualquier peligro. Él tendría que lidiar con la situación igual que lo hacía yo.
Caminé y me puse detrás de ella, que se encontraba de pie junto la ventana, mirando las luces de la ciudad. La primera vez que la traje a casa me dijo que le encantaban estas vistas. Yo le respondí que a mí me encantaba la vista de ella de pie en mi casa y que no era comparable con nada más. Seguía pensando lo mismo.
La toqué con cuidado y mis labios se posaron en sus hombros, en su oreja.
—¿Qué miras? Vio mi reflejo en el cristal, por lo que no se sorprendió.
—La ciudad. Me encantan las luces por la noche.
—A mí me encanta observarte mientras miras las luces por la noche. — Le aparté el cabello a un lado y le besé el cuello. Ella giró la cabeza para dejarme hueco mientras yo inhalaba el aroma de su piel, que me drogaba y me volvía loca—. Es maravilloso tenerte aquí —susurré.
Cuando ella se hallaba cerca luchaba para controlar mis deseos. Este era un problema que nunca había tenido antes en una relación. Me encantaba la parte del sexo, soy una mujer y tengo mis necesidades. Nunca he tenido problemas a la hora de echarme ligues.

A las chicas les gusto y, como dijo mi padre, eso pone las cosas más fáciles, lo que no significa que sea mejor. Cuando las mujeres van detrás de ti porque piensan que estás buena y porque tienes dinero, las cosas enseguida se reducen a un intercambio muy primario. Cenar algo, un poco de sexo, quizá una segunda cita, es decir, otro polvo. Y entonces… adiós muy buenas. La conclusión es que no me gusta que me usen y me he pasado años viendo cómo las chicas trataban de hacerlo, de modo que se me quitaron las ganas de quedar con ellas solo por sexo. Lena me hacía reaccionar de otra manera y había sido así desde la primera vez que nos vimos. No parecía interesada. Si no la hubiera oído llamarme guapa por el pinganillo aquella noche en la galería, ni siquiera habría sabido que me había visto. Había tocado las teclas justas y por primera vez en la vida me importaba una chica mucho más que el sexo con ella.
Bueno, seguía importándome el sexo, pero ahora era diferente. Mi naturaleza controladora había crecido desde que conocí a Lena, como si ella fuera la fuerza catalizadora. De hecho, sabía que así era. Con ella deseaba cosas que me asustaban porque no quería, o, mejor dicho, no podía soportar perderla.

Lo que había compartido conmigo esta noche me aterraba. También me dejó claro desde el principio su misterioso comportamiento. Sabía por qué seguía huyendo.
—Yo también me alegro de estar aquí. —Respiró con fuerza—. Te he echado muchísimo de menos, Julia. — Se recostó hacia atrás junto a mí y la curva de su trasero se acercó a mis caderas. Dado que su dulce sexo solo estaba cubierto por la licra de sus pantalones cortos, mi miembro reaccionó, listo y dispuesto para ponerse manos a la obra. ¡Dios Santo! Eso fue todo lo que tardé en estar listo. Ella iba a sentir mi erección enseguida y luego ¿qué? No debería presionarla en este momento.

Seguía sintiéndose frágil y necesitaba terminar de contarme su historia. Ojalá le pudiera decir eso a mi polla. Le giré la cabeza a Lena para que se encontrara con la mía y asalté sus labios en un beso muy profundo que provocaba que la lógica fallara. Le mordisqueé y le lamí los labios, tratando de acercarla a mí. Sabía genial. Lena se derritió tal y como yo quería y ya no sería capaz de dar marcha atrás. Necesitaba con todas mis fuerzas recuperar a mi chica de nuevo.

Solo una cretina querría llevársela a la cama y desnudarla en este momento. Por lo que sí, yo era una completa idiota aprovechada. Podía vivir con eso. Lena siempre me decía que le gustaba que fuera directa. Me había asegurado que se sentía mejor cuando yo le decía lo que quería porque así sabía lo que sucedería. Necesitaba eso de mí, así que respiré hondo y le dije lo que quería.
—Lo que quiero en este momento es llevarte a la cama. Quiero tenerte en mis brazos y quiero estar dentro de ti. — Examiné su cara mientras la sujetaba con las dos manos y busqué una respuesta en sus ojos.

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Gracias por leer y comentar!! Nos leemos pronto!!

Hunter

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Re: DESNUDA: Todo o Nada - Raine Miller

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