ENTRENANDO A LA JEFA

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ENTRENANDO A LA JEFA

Mensaje por Hollsteinvanman el Vie Jul 10, 2015 9:22 pm

ENTRENANDO A LA JEFA


Prólogo


Desde el momento en que Yulia entró en su oficina, Lena supo que su nueva secretaria sería un problema. Yulia era sensual y se impuso desde el primer momento como la que iba a tener el control.
Lena rápidamente se vio fantaseando con Yulia tomando el control de ella en lo emocional y sexual. La fantasía crece hasta el punto irresistible y Lena se pregunta cómo pudo perder el control, o si alguna vez lo tuvo. Arrodillada, ella ya no es la jefa, y se pregunta qué le demandará Yulia sabiendo que a cualquier cosa que pida ella le obedecerá.
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Re: ENTRENANDO A LA JEFA

Mensaje por Hollsteinvanman el Vie Jul 10, 2015 9:50 pm

ENTRENANDO A LA JEFA





La nueva secretaria empezaría esta mañana y Lena se descubrió mordiéndose el labio pensando en su llegada. La mujer estaba altamente calificada y se había defendido fantásticamente en la entrevista, pero había algo más. Lena no podía adivinar qué era, pero se encontró pensando en la mujer de cabello oscuro, ojos azules y labios rojos todo el fin de semana, más de lo que le hubiera gustado.
Oyó el golpeteo de los tacones de la nueva secretaria a través del suelo y,
repentinamente, sintió el estómago anudado, su rostro estaba cálido y sus manos se
sentían calientes y pegajosas.
Lena sacudió un poco su cabeza antes de prestarle atención a la chica. Soy su
jefa, después de todo, ella es quien debería estar nerviosa. Sonrió y extendió su mano para saludarla: “Yulia, buenos días y bienvenida. ¿Estás lista para comenzar?”
Se percató, inmediatamente, que llamarla “chica” era un error. Si bien Yulia no era más alta que ella con los negros tacones de aguja le pasaba unos centímetros e imponía respeto, y Lena se encontró a sí misma levantando la mirada para observar el rostro una vez más. El cabello negro de la mujer estaba recogido en un apretado moño, sus ojos azules y las largas pestañas que los enmarcaban eran fascinantes, los labios rojos sonrieron mientras Yulia observaba, ella debió saber que su jefa estaba percibiéndolo todo. Su diminuta cintura estaba ceñida por el cinturón negro que vestía, con curvas bastantes bien formadas arriba y abajo. Lena se perdía mirando a la nueva muchacha y suspiró mientras Yulia aún  sostenía su mano. “Estoy lista para empezar, Lena”. Respondió la secretaria, luego de la prolongada pausa. Lena escuchó la familiaridad en su tono y su corazón latió rápidamente al decirle a Yulia: “En la oficina soy la señora Elena Katina”.
“Seguro”, Yulia sonrío con desdén, “¿Querías darme esa presentación?”. Era como si la nueva secretaria hubiera tomado el mando y Lena no estaba muy segura de cómo detenerla.
“Si”, ella mantendría el control, como si hubiese sido su idea después de todo.
“Déjeme mostrarle”, le hizo un gesto a Lena para que se acercase y así pudiera pasar las páginas una por una. La mujer se inclinó tan cerca que su respiración acariciaba el cuello de Lena, el escote de su vestido mostraba completamente la parte superior de sus senos. Lena se avergonzó de haber mirado.
“Ok, me parece bien”. Yulia tomó los papeles consigo mientras taconeaba de
vuelta a través de la oficina; incluso el sonido que provenía de ella era intimidante. ‘Voy por café, ¿quieres un poco, Lena? En ese momento se dio cuenta de que para nada seguiría su plan, por ese petulante uso de su nombre.
“No, gracias”. Lena estaba confundida mientras miraba a la mujer irse, incapaz
de despegar la mirada de sus curvas mientras se alejaban.

El día continuó y Lena no dejaba de mirar, frecuentemente, a través de la ventana

a Yulia. Observaba mientras la belleza de cabello oscuro se inclinaba para tensar las
costuras de sus medias negras por la parte de atrás de sus piernas, hasta llegar por debajo de su vestido. Lena miraba todo como en cámara lenta, mientras se imaginaba las curvas de su trasero bajo la ropa. A las cinco en punto decidió que ningún trabajo sería terminado ese día, así que empacó todo en su maletín para irse a casa.
Se detuvo frente al escritorio de Yulia antes de salir. “Bueno, feliz noche.
Espero hayas tenido un agradable primer día”. Su mano posada en el escritorio le ofrecía un apoyo necesario. El vestido de Yulia tenía desabrochado un botón más, y con cada inhalación su escote se acentuaba más.
“Lo fue, Lena, gracias”. Yulia levantó su mirada hacia sus ojos verdigrises y Lena
sintió la suave palma de ella tocar su mano, algo se derritió en su interior. Se disculpó y apresuradamente se dirigió a la salida. Durante todo el camino a casa pudo sentir el rastro de la mano de esa mujer en su piel.
Las imágenes y el recuerdo de su mano con la de ella no habían abandonado sus
pensamientos, aún después de haberse acostado a dormir. Lena no podía decidir si este nuevo deseo era más poderoso que la vergüenza de sentirlo, pero era incapaz de resolver ese debate con la explosión de sensaciones en su cuerpo. Su esposo dormía desde hacía horas, los ronquidos a solo centímetros de su oído no podrían distraerla de su idea particular. Después de buscar su juguete en la gaveta de la mesita de noche, se escabulló de la cama para dirigirse a través de la obscuridad hacia la oficina que tenía en casa.
Lena no encendió las luces y se dirigió al sofá de cuero. Hundiéndose entre los
cojines se quitó el camisón afanosamente, se había convertido en algo muy urgente como para esperar más. Yulia estaba allí en su mente, vestida aún, cada curva a la vista, los tacones resonaron mientras se acercaba a ella en el sofá. Lena sintió unas manos calientes tomando las suyas mientras le arrebataban el juguete. Observó cómo encendía el vibrador y lo pasaba con rapidez por su húmeda raja, con una pericia tal que le hizo jadear. ¿Cómo podía saber tan fácilmente lo que su cuerpo había ansiado por tanto tiempo? Las caricias fuertes, pero delicadas, acariciando su cuerpo con dedos expertos, la llevaron al borde de un orgasmo por el cual tendría que suplicar “Por favor”. Lena se encontró a sí misma pidiéndole a la mujer de cabellos negros que controlaba el ritmo de las caricias sobre su clítoris palpitante, “por favor, eso se siente muy rico”.
“¿Quieres venirte, Lena?” La mujer se burlaba y la seducía al mismo tiempo.
“Dios, si, por favor”. Las palabras eran humillantes, pero no podía reprimirlas.
El juguete estaba presionado contra su lugar más sensible y sus muslos se estremecían mientras la sensación viajaba desde su entrepierna y caderas hasta el resto de su cuerpo. “Deberás tener mi permiso para venirte de ahora en adelante”. La secretaria susurró, y esperó al tiempo que sus rojos y húmedos labios se posaban muy cerca de los suyos. Lena deseó que la hubiese besado.
“Lo haré”. Vacilaba, la pulsación de su clítoris la controlaba y Yulia lo permitía
con una sonrisa.
“Entonces puedes venirte”. Y la electricidad se disparó por cada nervio, mientras
Lena mordía el dorso de su mano para evitar que el grito explotara, y sintió cada
espasmo cuando el clímax fluyó a través de todo su cuerpo. Sus muslos temblaban y su respiración se aceleraba cada vez más al sentir el goteo de sus fluidos mojando el cojín debajo de ella. Al cabo de un momento estaba agotada.
Su mano estaba adolorida por el mordisco y supo que le quedaría una marca al día
siguiente. También supo que la marca mantendría su ropa interior húmeda y sus mejillas sonrojadas, y no sabía si estaría más mortificada o excitada por el hecho de que Yulia lo intuyera.
 
Era más temprano de lo normal, pero Lena había estado despierta desde hacía
horas y decidió que quizás podría ser capaz de recuperar un poco del control si se
mostraba fuerte en el trabajo mucho antes de que la secretaria continuara con su lenta provocación. Cuando revisaba el correo electrónico llamó su atención uno que provenía de una dirección desconocida y que contenía un archivo adjunto. Lena le dio click al video y perdió su compostura.
Había una mujer pelirroja, su espalda desnuda frente a la cámara, sus manos estaban atadas por detrás y su largo cabello caía sobre su piel como una cascada. Lena no pudo negar la similitud entre ella y la esclava de rodillas. La mujer de pie frente a ella vestía un corset de cuero negro, su cabeza estaba girada contemplándola; sus largas botas negras cubrían la mayor parte de sus piernas, con un tacón en el suelo y el otro apoyado arriba, quedando expuestos sus labios menores,estaba claro que la mujer con botas estaba exigiendo que la pelirroja le obedeciera, pero era aún más tentador el hecho de que la esclava no deseaba nada más que besar cada centímetro del precioso cuerpo de la hermosa mujer que lo exigía. Escalofríos recorrieron la espalda de Lena pensando en asumir esa posición frente a Yulia. La imagen no se había desvanecido cuando su secretaria entró caminando a la oficina, sin siquiera tocar a la puerta, llegando directamente a su escritorio. Su sonrisa era sugerente y perfecta, el  vestido rojo que llevaba puesto era aún más corto y revelador que el del día anterior.
Lena casi no podía hablar.
“Buenos días, Lena” tenia algo entre sus manos un bolso pequeño, que le
entregó diciéndole: “Lleva esto contigo al baño de señoritas. Las instrucciones están
adentro”. Lena negó con su cabeza, “no necesito ir al baño”. Era la cosa más ridícula
que pudo haber dicho, pero era muy tarde.
“Por supuesto que sí”. Yulia levantó sus cejas y su mirada fue más que
sugerente.
Por razones desconocidas, Lena obedeció y sostuvo el bolso en sus nerviosas
manos hasta que llegó al cubículo del lavado, lejos de las miradas entrometidas.
Había una caja pequeña, en su interior un pequeño artilugio con cintas elásticas que
formaban un círculo. Lena no tenía idea de qué hacer con él, pero tocó el pequeño bulto con sus dedos, tenía pequeños picos y nada más que una nota. Leyó las instrucciones: “Lena, quítate la tanga y ponte esto sobre tus caderas, el vibrador va donde crees que va. Vuelve a colocarte tu ropa interior. Te quiero dócil y mojada”.
Su pulso se aceleró y comenzó el debate en su cabeza, ¿cómo podía decir sí a todo
esto? En el mejor de los casos esto era acoso sexual en el trabajo; ¿quién se creía esta mujer? Lena pensó en qué hacer y procedió a seguir las instrucciones al pie de la letra: deslizando sus trasparentes y negras pantaletas hasta el suelo, luego subiendo las cintas elásticas por sus muslos hasta colocarlas alrededor de sus caderas dejando que el vibrador reposara cómodamente sobre su clítoris, el cual todavía dolía por la actividad de anoche.
Las pantaletas ya estaban en su sitio otra vez y su falda impecable antes de irse de allí.

Mientras caminaba por el pasillo de regreso, lentamente, hacia su escritorio, sentía

el dispositivo frío y allí abajo; su pequeño secreto, era excitante. Su corazón palpitaba fuertemente mientras se preguntaba si alguien se daría cuenta. Antes de regresar a trabajar, pasando al lado de Yulia sin decir una palabra, sólo una mirada, sintió el vibrador comenzando a calentarse. Después de sentarse y clickear en la computadora, sintió un suave zumbido al cuál su cuerpo respondió inmediatamente. Su teléfono sonó, repentinamente el ritmo del zumbido se incrementó, el pequeño dispositivo le masajeaba, golpeteándole sutilmente como una lengua que sabía exactamente sus necesidades, jadeó y luego contuvo la respiración para mantenerse en silencio y contestar.
“Elena Katina”, contestó en su forma habitual de hacerlo, como si no estuviese
sintiendo el impacto de las sensaciones en su entrepierna.
Era un cliente y estaba molesto, uno de esos malcriados y exigentes que necesitan
todo pronto si no es ya, y Lena sentía sus muslos estremecerse al tiempo que los
pequeños picos continuaban amasando su parte más vulnerable. Suspiró y sintió gotear sus cálidos fluidos en la pantaleta. “¡¿Estás ahí, Elena!?”, el hombre casi gritaba, “¡Respóndeme!” “Si”, estuvo a punto de morderse la mano de nuevo y justo antes de posar su mano en la boca vio el moretón, la marca que sus dientes habían dejado la noche anterior y la fantasía invadió su pensamiento. “Aquí estoy”, temblaba en su asiento a punto de venirse cuando la vibración cesó.
Le tomó una hora comprender que el dispositivo debía ser controlado remotamente
y que Yulia estaría estrictamente a cargo del placer que recorría su cuerpo,
presionándola, luchando contra ella y derritiéndola. Las cinco en punto habían llegado y ella era una mezcla de muchas sensaciones: culpa, deseo, frustración. No quería mirar por la ventana a la mujer que la atormentaba, pero debía hacerlo.
Yulia esperó a que la oficina permaneciera silenciosa para entrar, abrió la
puerta y se dio una vuelta. Sus zapatos taconearon a través del suelo mientras sostenía visiblemente el control remoto para que Belinda lo apreciara. “¿Te divertiste hoy, Lena?”. Sus labios carmesíes se movían, pero la pelirroja casi ni oyó sus palabras; estaba concentrada intensamente en su boca.
“Si”, se descubrió susurrando “Pensé que podrías”, Yulia hizo un puchero y quitó el teclado del mueble, sus manos barrieron la pila de papeles al suelo antes de sentarse en el escritorio; sus curvas exquisitas estaban a sólo centímetros de distancia, “¿Sabes qué quiero que hagas ahorita?”
preguntó, sus tacones se posaron en los apoyabrazos de la silla de Lena, los extremos de sus medias saltaban a la vista.
“No”, Lena podía ver el negro y brillante liguero con sus cintas, además de una
diminuta tanga roja y sólo pudo desear que le permitiese acercarse más.
“Quiero que me hagas acabar, Lena”. Ahora el vestido estaba subido hasta la
cintura y Yulia se arrecostaba al tiempo que movía su tanga a un lado; su rosada y
descubierta vagina quedaba totalmente expuesta. ¡Eso era todo! Lena no podía hacer nada que no fuese zambullirse allí, dirigir su cara allí e inhalar cada centímetro, “Sé que quieres hacerlo. Demuéstrame cuánto lo quieres y quizás te permita venirte, si eres buena”.
Lena oyó la palabra “buena” y lo demás dejó de importarle. Inclinándose al frente
en su silla, besó el vientre de la mujer y oyó la respiración de ella volverse cada vez más fuerte al descender con sus besos hacia su rajita, acariciando con su lengua uno de sus labios y luego el otro, para ascender hasta el comienzo de ellos y volver a descender hasta su húmeda abertura, lámeme, Lena”, Las caderas de Yulia estaban levantadas y cuando Lena abrió su boca, movió frenéticamente su lengua, sintiendo las manos de Yulia en su roja cabellera empujándola hacia abajo.
Cada parte de ella era dulce y tibia, la lengua de Yulia golpeteaba y se deslizaba
por su húmeda línea hasta que llegó al clítoris erecto de la mujer, y se quedó allí,
lamiéndolo suavemente con la punta de su lengua, adelante y atrás, cuando las vibraciones en su entrepierna reiniciaron una vez más.
Lena comenzó un lento movimiento circular con su lengua alrededor del
capuchón del clítoris; lamiendo, provocando y toqueteando a Yulia, saboreando su
calor y sintiendo la suave y aterciopelada piel de la mujer contra su rostro, mientras gemía sobre ella. Yulia la tenía en una posición como si la estuviese alimentando,
manteniéndola allí como si Lena quisiese estar en algún otro lugar. Comenzó a chupar cuando el ritmo del vibrador comenzó a acelerarse.
“Eso es, mi mascota”, ronroneó Yulia, al tiempo que sus manos recorrían el
cabello rojizo de Lena y se balanceaba mojando la boca de ella. “Lo haces muy rico”,
Lena sintió los muslos de la mujer estremecerse y ella redobló sus esfuerzos
chupándola más duro, sintiendo el clítoris completo entre sus labios, lamiéndola tan fuerte que emitía un húmedo sonido, con rapidez, casi sollozando por necesidad al sentir el vibrador entre sus piernas latiendo con fuerza.
“Así, sigue así, Lena”, Yulia se movía con fuerza, su respiración era
estridente y el grito proveniente de sus entrañas fue ensordecedor al acercarse al clímax: “Bébelo todo, si, chúpate todo mi corrida”. Lena saboreó la dulce crema en su lengua y bebió, tragó y tragó aún más, mientras Yulia expulsaba chorros a su boca y lengua.
Los sonidos húmedos se hacían cada vez más fuertes y los suspiros de Yulia sonaban con cada caricia. Lena no pudo contenerse más y llegó al límite, con su lengua aún en el cuerpo de la pelinegra, tembló mientras el juguete de la mujer vibraba en ella, y se vino ruidosamente, gemidos candentes y olas de placer empapando su ropa interior, así como también su falda. Sintió su liberación siguiendo el camino hacia sus pies. Yulia suspiraba satisfecha, su mano simplemente acariciaba el rojizo pelo de Lena, luego descendía hasta su mentón, elevando su rostro para mirarla: Tu cara está llena de mi corrida”, Yulia sonrió una vez más e hizo un puchero con su labio inferior haciendo que Lena desease lanzarse sobre ella y besarla. “Mañana quiero que vistas algo ligero, que pueda sacar mientras te acuesto sobre mis rodillas”.
“¿Por qué?”, Lena pensó que las posibilidades eran infinitas y todas excitantes.
“Porque así lo quiero”, Yulia no iba a dar más explicaciones y Lena
comprendió que no estaba en ninguna posición para hacer preguntas. ‘Y esta noche”, su tono de voz era severo, “nada de tocarte, ¿entendido, Lena?”.
“Si”, asintió y recordó la marca de sus dientes en su mano hecha la otra noche,
¿acaso Yulia sabría algo de aquello? Aún no había podido responder a esa pregunta.
Mucho después de la media noche, sumida a la deriva en un mar de preguntas e imágenes ardientes que repentinamente volvían a la vida.
 
Si se hubiese visto obligada a dar una explicación no habría sido capaz de dar una,
pero Lena fue sumamente cuidadosa con los preparativos. La mañana siguiente se
colocó un vestido rosado completo de puro algodón, mucho más casual que su vestimenta habitual de trabajo, sobre la cama. Su marido silbó al acercarse por la esquina y mirarla únicamente en toalla. “Buenas días, preciosa”, se acercó y le besó en la mejilla rápidamente.
“Buenos días”. Desenrolló la toalla y subió una diminuta y transparente tanga
blanca hasta sus caderas. “¿Qué hay en la agenda para hoy?”, se sentó junto al vestido a la cama, mirándola atentamente.
“Oh, lo usual”, Lena se sonrojó por su mentira, “sólo trabajo”, sabiendo que el
trabajo jamás volvería a ser el mismo. 
Mientras conducía al trabajo, su menté vagó por las cosas que Yulia podría tener reservadas para ella y sintió sus pulsaciones en el cuello, sus manos temblaban sobre el volante al imaginarse en el sofá, los dedos expertos de Yulia viajando sobre su cuerpo, desde sus adoloridos pezones bajando hasta su inundada vagina, subiendo nuevamente, provocándola hasta el umbral del orgasmo, y luego haciéndola esperar con su sensual satisfacción.
Entró caminando a su oficina pensando que sería la primera en llegar, como era
habitual, así que casi gritó al ver a Yulia sentada en su silla. “Lena, buenos días.
Gracias por seguir las instrucciones”, su voz era dulce en vez de severa y Lena sintió
cómo sus pies la transportaban hacia su silla, cayendo de rodillas de alguna manera sin pensarlo.
“Muy dulce de tu parte, mascota”. Las manos de Yulia volvían a acariciar su
cabello rojo, “Pero ahí no es donde te quiero”.
“¿Adónde me quiere, señorita?”, Lena no sabía por qué pero intuyó que debía
mostrarle respeto.
Yulia corrió la silla hacía atrás para abrir espacio, palmeando sus muslos,
“Sobre mi regazo, con tu trasero hacia arriba”.
El rostro de Lena estaba caliente mientras hacía lo solicitado, “Ahora súbete el
vestido”, instruyó Yulia.
Su trasero estaba expuesto, la tanga era sólo un pequeño hilo sobre su raja. Cuando
Yulia tocó bajo la suave curva de una de sus nalgas, un temblor recorrió toda su
pierna. “Oh, estás muy ansiosa, no es así Len? Yulia sabia la respuesta y siguió
acariciando las dos nalgas, un calor se esparció por su cuerpo.
Lena oyó sus propios gemidos y susurró: “Si, por ti”, avergonzada e incapaz de
negarlo todo al mismo tiempo.
“Hoy te daré un pequeño y provocador recordatorio de cuánto me deseas todo el
día”, el pequeño dispositivo en su entrepierna, como ayer, le mantenía a punto de perder el control. Lena no sabía cuánto más podría aguantar, “Pero hoy serán los azotes los que te mantengan recordándome”.
Lena sintió el pánico apoderarse de ella, nunca había sido azotada, ni siquiera de
niña. Se aterrorizaba de solo pensar ser maltratada, aunque fuese por la belleza de cabello negro y ojos azules. “Por favor, no me azotes”, suplicó.
“Oh, sí. Te azotaré”, la voz de Yulia era suave y seria, el sonido de su mano
subiendo por su nalga fue tan ruidoso como el sonido de la bofetada en su glúteo.
Lena aulló y se contoneó en su regazo, tratando de zafarse. El siguiente azote fue
más fuerte que el primero y ella siguió retorciéndose. Los otros dos fueron rápidos y
Lena lloriqueaba, “no más, por favor”, mientras contoneaba sus caderas.
“No más”, Yulia escabulló uno de sus dedos debajo del hilo, encontró su
chorreante hoyito y lo introdujo, “¿dijiste no más, mascotita?”.
Lena se estremeció sintiendo a la mujer dentro suyo, sobando sus húmedas
paredes, acariciándola suavemente, adentro y afuera, hasta que levantó su trasero por más; “Si, más por favor”. Escuchó sus palabras y se dio cuenta de lo que había dicho.
El dedo se mantuvo en su interior mientras la siguiente bofetada no se hacía esperar la combinación de dolor y placer se juntaron y ella levantó sus nalgas en espera de más.
Yulia presionó el dedo aún más adentro, al tiempo que la golpeaba nuevamente y
Lena se oía susurrando: sí, por favor, si, mientras la secretaria la penetraba y golpeaba al mismo tiempo.
Su trasero estaba caliente, ardía, y Lena empapó la parte frontal de su vestido en
cuestión de minutos; no quería que se detuviera. Temerosa de venirse sobre el dedo de Yulia y deseándolo más que nada confesó: “Me voy a venir” en un tono de voz
desesperado que difícilmente pudo reconocer.
“Oh no, aún no lo harás”, susurró Yulia, su voz aún era dura y controladora,
sacando el dedo de su interior y azotando una vez más el trasero de Lena. Tendrás que esperar hasta más tarde, esclava. Ahora levántate y bájate el vestido”, Ordenó Yulia.
Lena sintió sus rodillas flaquear al ponerse de pie, teniendo que sostenerse del
escritorio para no caer. Contemplando el rostro y los labios de Yulia, muriendo por
besarla. Yulia le sonrió antes de mostrarle el dedo que estaba inmerso en sus entrañas, “Abre tu boca”, le ordenó. Cuando hizo lo ordenado, probó sus propios fluidos de la piel de Yulia, y chupó su dedo hasta limpiarlo. “Muy bonita”, dijo la pelinegra. Ahora su voz era ronca, como si mirar a Lena le excitase tanto como consumar el acto camal.
Yulia sacó su dedo de la boca de Lena y se quedó de pie, hablándole a la
Pelirroja en el mismo tono de voz que uno usaría con alguien muy pequeño, “Ahora a
trabajar”, dijo y se alejó taconeando por el pasillo sin decir una sola palabra más, ni mirar hacia atrás.
Cuando Lena se sentó, se avergonzó e inmediatamente entendió por qué había
sido azotada. El pulsante calor en su entrepierna le mantendría concentrada en la mujer que se lo había provocado y las marcas rojas que seguramente tendría serían un recordatorio más tarde.



La oficina estaba oscura y ella aún esperaba, temerosa de levantarse y caminar hasta la puerta por no tenerlo permitido. Lena se descubrió mirando a través de la ventana a su ama, deseando no ser enviada a su casa en ese estado. Su corazón latió al sentir sus jugos burbujeantes agitándose en su interior, y movió sus dedos como si estuviesen recorriendo sobre cada centímetro del hermoso cuerpo de Yulia.
La puerta se abrió y su boca hizo lo mismo al entrar su ama a la oficina, vestida
como la mujer del video que vio; corset de cuero negro, unas botas del mismo color y material que se elevaban hasta sus muslos, y un arnés alrededor de sus caderas; en el centro de este colgaba un largo y grueso pene negro, balanceándose mientras ella caminaba hasta el escritorio y Lena se sintió hipnotizada, incapaz de mirarla al rostro aun cuando sus tacones dejaron de sonar.
“¿Te encanta esto, verdad?”, preguntó Yulia suavemente.
“Si, señorita”, su clítoris había respondido y palpitaba bajo su arruinada tanga
blanca. “Sostenlo en tu mano, esclava”, ordenó Yulia y los dedos de Lena
envolvieron firmemente el contorno del pene, deslizándolos de arriba hacia abajo como si masturbase a la mujer que adoraba.
“Muy bien, si, lentamente sube y baja”, Yulia se mantuvo de pie con sus manos
sobre sus caderas, mirando a su esclava siguiendo sus órdenes; Lena miró sus ojos
azules mientras continuaba acariciando el miembro.
“¿Quieres chuparlo?”, preguntó y Lena sintió su cabeza asentir antes de abrir sus
labios y lamer la cabeza del pene más grande que había visto jamás. “Suave y con calma, humedécelo”. Los dedos de Yulia acariciaban su cabello rojizo, luego pasaron por su cuello y poco a poco descendieron hasta su espalda, provocándole escalofríos por toda su espalda mientras empezaba a oscilar de arriba a abajo, imaginando cuán delicioso sería tener a Yulia clavada en su interior.
“Mételo todo en tu boca”, ordenó Yulia y Lena sintió que se atoraba al
tiempo que la sólida cabeza empujaba su paladar, se relajó mientras el pene se acercaba hasta su garganta. Luego, con un húmedo plop, Yulia lo sacó completamente y Lena miró mientras ella lo dirigía a su entrepierna y se acariciaba, sus dedos brillaban con sus jugos dulces, los cuales untó en el miembro antes de ponerlo en su posición nuevamente, “pruébalo ahora”. Lena estaba ansiosa por probar los jugos de su ama, rápidamente la cabeza del pene estaba en su garganta, era placentera y sus labios la envolvían firmemente, luego el tronco abriéndose paso hasta las bolas. Estirando sus brazos, sus manos tomaron las caderas de Yulia para que ella pudiera penetrar aún más adentro. Yulia se balanceaba hacia delante y atrás, tomando su placer de la boca de Lena, sus palabras estimulantes seguían saliendo mientras veía a su esclava chupando, lamiendo y jugando con el enorme pene que sería clavado dentro de Lena en un momento. “Suficiente”, le dijo llevando su cabeza hacia atrás, la punta del pene acariciando el labio superior de Lena antes de retirarlo, levántate”, la  pelirroja lo hizo, a continuación Yulia le dijo: “Inclínate sobre la mesa”’, y lo hizo rápidamente. ‘Quítate el vestido y muéstrame tu culo rosado”, Yulia quería ver su obra. “Ahora deshazte de esa húmeda y pequeña tanga”, Lena siguió las instrucciones y sintió las gotas de su deseo escurrirse desde sus entrañas, descendiendo por la suave piel del interior de sus muslos.
‘Oh, sí. ¡Qué sexy!”, arrulló Yulia mientras acariciaba el adolorido trasero de
Lena, sus tibios dedos se sentían divinamente sobre su piel caliente. “Ahora, cada
vez que veas tu dulce y pequeño trasero en el espejo pensarás en mis manos sobre él, ¿no es así?”. "Si, señora”, Lena suspiró y elevó sus nalgas, insegura de cuánto más podría soportar esperar.
“Quieres que te penetre, ¿no es así, esclava?”, preguntó. Su voz derritió a la pelirroja y la hizo temblar.
“Si, por favor”, se sostuvo firmemente al escritorio, afianzándose y esperando que
ella introdujera todo el pene en su interior en un solo, fuerte y rápido movimiento.
Lena sintió cómo Yulia acariciaba la húmeda cabeza del pene de arriba a
abajo por su raja y gimió por tan suave roce. El miembro deslizándose sobre su clítoris, luego arriba hacia su vagina y otra vez hacia abajo en su punto sensible. Lena no podía resistirse más, mientras Yulia se dirigía hacia su hoyito una vez más y empujó la redonda y gruesa cabeza adentro.
Lena estaba tan cerca de su liberación, que una vez sintió el tronco en su interior,
comenzó a sacudir y mover frenéticamente sus caderas metiéndolo frenéticamente
adentro suyo. “¿Te encanta, verdad?”, la pelinegra le haría confesarlo.
“Sí, por favor, métemelo. Soy toda tuya”, dijo exactamente lo que su ama quería
oír. “Esto es en lo que has estado pensando, ¿no es así?”. Yulia estaba detrás de ella, entres sus muslos, sus botas empujaban la parte trasera de sus piernas, moviendo el pene adentro y afuera, completamente hasta el fondo.
“¿Debería permitirte acabar, esclava?”, murmuró, considerando la idea de hacerla
esperar, mientras el implacable mete y saca continuaba, casi levantándola del suelo.
“Por favor, señorita, si”, las palabras eran nuevas para ella, pero sabía que las diría
con mucha frecuencia.
‘Eres mía ahora, ¿lo sabes, no es así? Yulia preguntó y Lena entendió que
había sido verdad desde el primer momento en que posó sus ojos verdigrises sobre la mujer de cabello oscuro, ojos azules y brillantes labios rojos. Cada curva, cada mirada, cada respiración; ella le había seducido completamente, y ella no quería nada más que pertenecer a Yulia.
“Sí, ama. Soy suya”. Gimoteó, sintiendo la llegada del clímax desde su interior.
“Entonces puedes venirte, Lena” Yulia lo permitía, sus embestidas se hicieron más
rápidas e incesantes, mientras Lena gemía y se apretaba contra el pene, introduciéndola a ella aún más profundo en su interior, al tiempo que la cubría de su crema.
Cuando acabó, jadeando y temblando, sus manos apenas podían sostenerla por más
tiempo. Sintió a Yulia retirarse de su interior y la escuchó caminar por la oficina en
el extremo opuesto de donde se encontraba. Lena levantó su mirada y vio a su hermosa secretaria quitando el arnés de sus caderas; desnuda y lista para Lena. Le hizo un gesto, ‘Ven aquí, tienes una larga noche por delante, esclava”. Lena suspiró y pensó que no podría ser más feliz, abriéndose paso hasta deslizarse sobre sus rodillas una vez más.
 
 
FIN................................................................................................................






Espero les haya gustado este mini Fan Fic adaptado erótico con toques de BSDM. Gracias por leerlo.  Very Happy
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Re: ENTRENANDO A LA JEFA

Mensaje por Kano chan el Sáb Jul 11, 2015 10:17 pm

He he wow ha estado muy interesante Smile gracias por ese fic !!
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Re: ENTRENANDO A LA JEFA

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