EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

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Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 22, 2015 12:31 am

Capitulo 6 "The Great Gatsby", Natasha y Yulia, la primera aparición de Alastor Thaddeus y la manera en cómo Inessa y Lena se incomodan mutuamente.


Septiembre dos mil doce. Lena terminaba de ensamblar su obra maestra, su cama, en el taller de Davidson Avenue, en donde realmente esperaba ver a Yulia para recordar su cara, que con el tiempo se le había olvidado, pero nunca la vio, quizás Yulia nunca iba al taller, pues era eso, nunca iba, no le gustaba ir, no tenía por qué ir, si todas sus piezas eran compradas y no hechas, eran las ventajas de tener todo comprado, de convencer al cliente de comprar todo o de restaurar los que ya se tenían y no querían perder. O iba una vez a las aburridas a las ocho de la mañana, cuando recién abrían. No veía el día en que podía comenzar realmente a trabajar, que las preguntas la invadían, ¿cómo sería el ambiente? ¿Serían todos como en Armani Casa? ¿Serían todos juntos pero no mezclados? ¿Cómo se manejaban las cosas? ¿Qué pasaba si no encajaba? Lena nunca había estado tan insegura en toda su vida, pero hacía lo que su mamá le había dicho, lo que le había aconsejado, aquella frase de "déjate llevar, deja que las cosas sigan su curso" era lo que la había llevado a Manhattan, aunque no podía negar que era difícil, sin conocer a otra persona además de Volterra, con quien se veía un par de veces a la semana para cenar, y era cuando mejor se lo pasaba, al menos podía hablar cómodamente con alguien que conocía, y que le caía bien, pues Volterra era gracioso, se interesaba por saber cómo estaba, cómo se sentía, las preguntas básicas que tenían que ver con el estado emocional. Y aquella noche, que no se vio con Volterra, pues estaba en Pittsburgh, decidió salir de su apartamento, que a veces el piso cuarenta y uno, al ver hacia abajo, no le aterraba, pero la hacía cuestionar la expresión: "mientras más alto, más duele el golpe", y era porque creía que, a cuarenta y un pisos sobre la calle, el golpe ni se sentiría. Salió a cenar, sola, pues no conocía a nadie más que a los del taller y a Volterra, a un par de calles y avenidas de su edificio, a comer un poco de italiano, lo que ya extrañaba, pues tampoco era como que el neoyorquino cocinaba, lo podía notar por el tamaño de su cocina, aunque procuraba tener comida que no se tuviera que cocinar; entre una dieta de frutas y verduras, sopas instantáneas y quesos y embutidos, y, claro, un poco de pan. Y, después de una Minestrone y una Dr. Pepper, vaya combinación, caminó de nuevo hasta su apartamento, fumando su cigarrillo entre la noche fresca, que podía empezar a sentir el frío, el potencial frío.

- Estás loca- rió en aquella voz áspera y desinhibida, dos tonos por arriba del volumen promedio pero sin gritar, era porque la otra mujer la arrastraba, y hablaba entre risas, voz sin restricción de una perfecta gesticulación y pronunciación de cada palabra, de cada ausencia de palabras, en un tono creado entre la nariz y la epiglotis, en pausas toscas y marcadas por un acento foráneo. - ¿Me vas a meter ahí?- volvió a reír, en su voz suelta y carrasposa, en su acento británico.

- Vamos, sólo entra- reía la otra, que Lena no sabía como era, . – Tengo muchísimos billetes de un dólar- remedaba su acento británico.

- ¿Cómo voy a entrar a un Stripclub?- "por la puerta", pensó Lena, pero la otra la seguía arrastrando hacia donde había dos hombres, enormes, de enormes músculos que guardaban una puerta con aspecto de entrada de perdición femenina, como si hubiera sido la inspiración de "Magic Mike".

- Sólo disfruta de los machos- reía, acordándose de las palabras de Phillip: "Macho sólo hay uno: yo. Pero puedes llevar a Yulia a que vea que hay más hombres además de Fucker", y le había alcanzado un rollo de billetes de un dólar.

Y Lena no las seguía, simplemente ellas caminaban, o se arrastraban, a lo largo de la acera contraria, pero Lena, ante su discapacidad de poder ver de lejos sin gafas, no logró reconocer a ninguna de las mujeres, más porque era de noche, y la iluminación no ayudaba en lo absoluto, y por eso sólo siguió caminando, inhalando su cigarrillo hasta su edificio, en donde, a falta de televisor y sólo con Wi-Fi, decidió desempacar su nueva MacBook Pro de quince pulgadas, que era más potente que casi cualquier portátil, pues era el único que podía correr AutoCad y SketchUp sin mayores dificultades, al menos las últimas versiones, que eran las más completas. Y, al haber comprobado el sistema operativo, haberle instalado todos los programas que tenía que tener, habiéndole dado las ocho de la mañana del siguiente día, tirada sobre su colchón inflable, se dispuso a colocarle los respectivos cobertores a su portátil, que el de la tapa era la Snow White’s Evil Witch, que sostenía la manzana, por encima un cobertor transparente para proteger el aluminio. Terminó por caer muerta mientras esperaba las veinticuatro horas de reposo del protector líquido.

- Buenas tardes, Arquitecta- se asomó Volterra a la oficina de Yulia.

- Hola, Alec, pasa adelante, por favor- sonrió, con la sonrisa más cansada de toda su vida, pues habían salido, con Natasha, de aquel Stripclub a eso de las cuatro de la mañana. - ¿Cómo va todo en Pittsburg?

- Mejor que con tu cara- rió, burlándose de las ojeras y de la expresión de resaca que tenía Yulia. - ¿Noche difícil?

- Ni quiero acordarme- suspiró, terminando de escribir un e-mail a los corresponsales del proyecto de Louis Vuitton. No era que no quería acordarse, es que no se acordaba.

- ¿O es que no te acuerdas?

- Sólo quiero irme a dormir- sollozó, viendo la hora, que apenas eran las dos de la tarde.

- Vete a casa, necesitas descansar… será nuestro secreto

- A ver… ¿qué ocurre?

- Nada, ¿por qué?

- Tú no eres así a menos que tengas algo que decirme o algo que pedirme

- Bueno, quería consultarte sobre una contratación, de un Arquitecto novato, recién graduado

- Contrátalo si quieres… sabes que en eso no me meto, contrata a Manhattan entero, siempre y cuando no me lleves a la quiebra, adelante, no me lo consultes, confío en tu juicio- sonrió, viendo su reloj, que no había pasado ni un minuto. - Trae el contrato y lo firmo

- Está bien- rió. – Ve a casa, descansa, ¿está bien?

- A veces siento que te adoro, Alec

- No me vas a adorar dentro de poco- guiñó su ojo, pero a Yulia le pudo importar mil carajos, sólo tomó su bolso y, pasando por el pasillo, despachó a Gaby, que al fin la tenía de regreso, pues no sabía cómo había sobrevivido sin su enorme ayuda por tanto tiempo.

Octubre dos mil doce. Siete de octubre para ser exacta. Yulia se levantó después de los alcoholizados días, viernes y sábado, pues el viernes había cumplido años Natasha, y, el efecto del alcohol, le había durado tanto, que había pasado todo el sábado en la cama, sin levantarse, sin comer, sólo tomando de las seis botellas de Pellegrino que había logrado ir a traer por la mañana, que ahora estaban tiradas sobre la alfombra, vacías, arrojadas sin cuidado, y eran las tres de la tarde, que, después de un día sin bañarse, Yulia no se sentía tan sucia, por primera vez en su vida, pero se arrastró, todavía con un leve dolor de cabeza, hacia su walk-in-closet, en donde admiró la repletitud de él y amó las dimensiones de aquello, y caminó hacia el interior para deslizarse en ropa deportiva, pues, por alguna razón, tuvo antojo de trotar por Central Park, ir a visitar a sus amigos los patos, que eran tan grandes, que parecían perros, y era culpa de Ella Natasha Roberts. Se metió en su sostén deportivo Supernova, en esta ocasión rosado, seguido por una ajustada camisa amarilla desmangada, leggings de entrenamiento, un suéter ajustado, en total desproporción cromática, y en sus zapatillas Stella McCartney, que Natasha siempre la molestaba porque decía que ni para correr dejaba aparte las marcas, pero para Yulia no había nada como una fusión de un buen zapato, cómodo, funcional, y bonito. Y salió de su apartamento, con su cabello, sucio, pero ¿para qué lavarlo antes? Lo atrapó en el único tipo de gorro que se ponía, de esos de invierno, y, con las llaves del apartamento en el bolsillo de sus leggings, trotó, desde su edificio hasta el MET, atravesándose Central Park por Transverse Road hasta el museo de Historia de Historia Natural, llegando hasta Lincoln Square, yéndose por Amsterdam Avenue hasta que se convirtiera en la décima avenida, pasando Hell’s Kitchen de largo, mientras escuchaba música inalámbricamente, pues su iPod se encontraba amarrado a su brazo por debajo de suéter, y llegando a la cuarenta y dos, corriendo a lo largo con "Show Me The Money" de Petey Pablo en sus oídos, pasando Bryant Park de largo hasta incorporarse a Madison Avenue pero para bajar hasta Madison Square Park, irse por la veintiséis hasta la segunda avenida, con Flo Rida de fondo, hasta la cincuenta, y correr la cincuenta hasta llegar a Rockefeller Center, para incorporarse nuevamente a Madison y subir, desde la cincuenta, hasta la sesenta y dos, y "Summertime Sadness" sonaba, y a Yulia sólo le daban ganas de llorar, no sabía por qué, pero quería estar en Roma, penosamente enrollada en una cobija en la cama de Larissa, que la abrazara. Hormonas. Casi tres horas después llegó a su punto de partida, muerta, sin aliento, famélica y sedienta, que terminó comprando tres hot dogs del carro frente a su edificio, que, para cuando llegara a la puerta de su apartamento, todo estuviera en su estómago ya.

Se arrojó a la ducha, no sin antes odiando tanto sudor, que fácilmente podría haber podido exprimir hasta el suéter, y se sentó en la ducha, en su nueva ducha, con paredes de vidrio, con un grosor de dos pulgadas, que estaban perfectamente instaladas, por fin, y lavó su cabello mientras escuchaba a Snow Patrol salir de los parlantes impermeables de la ducha, mientras lavaba su cuerpo con el jabón Jo Malone, y cantaba, a pulmón vivo y flojo "Hang Over" de Taio Cruz. Salió de la ducha, estirándose antes, sabiendo que tenía que darse un shock de potasio antes de que le dolieran sus oxidados músculos, y, en vista de que todavía tenía hambre y tenía cuatro bananos, que nunca tenía bananos, se los devoró, no sin antes pensar, o imaginarse, lo que Natasha diría si la viera comiendo bananos, no en rodajas, sino desde la cáscara; pues Natasha tenía un método bastante peculiar para comer bananos, para no verse muy sexual: cortaba la mitad de la cáscara, a lo largo y se lo comía a cucharadas. Y se encontró sin anda por hacer, su rompecabezas de cinco mil piezas ya lo había terminado, por lo que lo desarmó y lo guardó en su respectiva caja, para guardarlo en la habitación del piano junto con los demás, con los otros dieciséis que ya había armado y se detuvo a ver su piano, el Steinway A que Margaret le había regalado. Sacó el banquillo y se sentó, acariciando la cobertura de las teclas con ambas manos, y lo abrió. Acarició las teclas, sintiendo que las manos le ardían, como todas las veces que se acercaba a un piano, que el ardor psicológico y físico en sus manos se hacía más fuerte a medida que lo tocaba, pero que dejaba de arder al tocar una pieza sin ningún error. Empezó despacio, acorde fuerte, y acordes suaves y tiernos, acordándole de una tergiversación de recuerdos, que no sabía si era película de Disney o qué, pero la tocó, con sus ojos cerrados, llena de sentimiento, pues sólo le acordaba a que aquella canción sonaba en el fondo cuando vio a su mamá sonreír amplia y verdaderamente por primera vez; que dibujaba una "L" muy ancha, que la curvatura superior era cerrada, pues una línea recta salía tangencialmente a ella, formando una "V", para luego escribir "olkova" en una letra ancha y suelta, como si fueran rizos alocados, terminando con una curva, estilo Nike, invertido que subrayaba aquel garabato.

Y se acordó de la letra de aquella canción, "It’s All Coming Back To Me", y balbuceó mentalmente, entre su furia, "But if I touch you like this, and if you kiss me like that, It was so long ago, but it’s all coming back to me now", y dio un golpe iracundo a las teclas, causando un estruendo que, al tener presionado el Sostenuto, se alargó, y duró lo que su ahogo mental y psicológico duró, pues aquella canción de un melancólico amor, también podía verlo de la otra manera, de la manera dolorosa, que había logrado mantener alejada desde que le había vendido, por un dólar, la glock diecisiete a Romeo. Quitó el pie del pedal, cerró las teclas y salió de la habitación, con una furia y un inmenso dolor, que le dolía hasta que le doliera el recuerdo, un dolor de orgullo, y se sirvió un vaso de Grey Goose puro, sólo con hielo, sin agua, sin nada, y se lo llevó a su habitación, en donde se enrolló en las sábanas violetas y se dispuso a ver "crappy TV", como ella y Natasha le llamaban a la programación de los domingos por la noche, la programación más grisácea y aburrida de toda la semana, cuando, en realidad, se suponía que debía ser la mejor programación. Y pasó de largo los deportes, aburrido, nada que ver, VH1 y un documental sobre Pitbull, adiós, "The E! True Hollywood Story: Courtney Love", no, gracias, TNT Nitro: Steven Seagal Special, nunca, Noticieros: El programa de Comida Saludable en las escuelas de Michelle Obama, rumores entre la pareja de Twilight, blah, blah, blah, cayó en la repetición de Project Runway, que no era su programa favorito por el simple hecho de que no tenía tiempo para verlo, ni Natasha lo veía, aunque era estúpido, pues Natasha ya sabía lo que pasaba, y Yulia también a pesar de que firmaban un contrato de confidencialidad.

Se quedó dormida, y tuvo una de las peores noches desde hacía mucho tiempo, de dormir de bloque en bloque, despertándose entre asustada y afligida, pues los sueños evolucionaron, de no pasar nada, a realmente pasar algo, no importaba si se despertaba, si se relajaba, pero siempre terminaba mal, en su sueño, hasta el último sueño, que fue que ella tomó el control de la situación y decidió terminar con ella misma antes de que Oleg lo hiciera. Y se despertó enojada, enojada con el cosmos, con la vida, con su inconsciente, preguntándose cuándo carajos dormiría bien por primera vez, de verdad dormir, de eso de no despertarse en toda la noche, de no despertarse con una pesadez moral todas las mañanas, o con una melancolía aguda, y declaró que dormir era una pérdida de tiempo, de profunda inquietud, pues eran las horas en las que el ser humano era totalmente indefenso: sujeto y víctima del subconsciente bajo el secuestro del inconsciente, que el subconsciente goza, disfruta del estado inerte del ser humano, de la muerta consciencia, de la inútil capacidad de razonar, y, mientras el inconsciente nos detiene, nos retiene por los brazos, quizás amarrados a una silla, o a una barra, el subconsciente nos apuñala lenta y sabrosamente en la espalda, nos traiciona con los recuerdos que todos quisiéramos olvidar, con aquel recuerdo tan oscuro y tan mortal que hemos decidido creer que fue mentira, que fue producto de la imaginación, pero el inconsciente lo revive, y se lo presenta en una imagen viva, acordándole de cómo la empujaba, de con la sonrisa sádica con la que le pegaba, las palabras que escogía al gritarle, y ella simplemente no podía gritarle; porque nunca quiso ser como él.

Se levantó con pereza, con cansancio, y se detuvo de los bordes del lavabo derecho, preguntándose si algún día habría alguien que utilizara el lavabo de la izquierda, y vio por la ventana, un día de hermosa transición verano-otoño, porque no quería engañar a nadie, el invierno no le gustaba, era una falsa imagen que Hollywood vendía, pues hacía frío, y no se podía andar en Stilettos porque sino terminaría sin dientes en cualquier acera, y se sorprendió: "¿Tan superficial soy?", y sacudió la cabeza con su ceño fruncido, en autodesaprobación. Levantó la mirada y vio a una mujer que la acechaba, alta, con las clavículas saltadas, con expresión de ningún amigo, y le clavó la mirada azul en la suya, en una mirada cansada, diciéndole "no me mires a mí, es tu culpa que estés así", y respiró hondo, asintiendo, dándole la razón, pues podría quedarse durmiendo todo el día, en modo sedentario, porque, después de todo, era su propia dueña, eran los beneficios de ser Socia de Volterra, pero había una desventaja: si se quedaba, no saldría nunca más, o así lo creía. Se arrancó la ropa como pudo, mientras la mujer que la acechaba la veía de reojo por el espejo, burlándose de Yulia por intentar quitarse, con un esfuerzo sobrenatural, una camisa desmangada: "levantar y tirar hacia afuera" susurró la mujer, una y otra vez, hasta que Yulia la escuchó, y le hizo caso, y sólo así pudo quitarse la camisa. Encendió el agua de la ducha, y se metió en ella, entre el vapor y las paredes cubiertas de azulejo marmoleado, beige y marrón, y los gruesos vidrios, y el agua le quemaba los pies, y supo que le iba a quemar la espalda, pero no le importó, se metió bajo la cascada, intentando no gritar ante el ardor, y, para olvidarse de aquello, aplaude fuertemente para que la música inunde la ducha, "Shoot Him Down!", canción que le levantaba el ánimo, por obvias razones, y se reía, sabiendo que la imaginación era su mejor aliada, pero el recuerdo de la prueba de italiano le invadió la mente.

//






- Papi, papi- corrió hacia Oleg, quien le sonreía a la entrada de la puerta del apartamento.





- Tesorino!- la abrazó. - ¿Cómo te fue en el colegio ahora?- y la levantó, cargándola a sus siete años en sus brazos.

- Bien- y le sonreía con su risa, falta de un diente, muy graciosa.

- ¿Qué aprendiste ahora?- caminó por el pasillo hacia la habitación de Yulia.

- La Universidad de Roma, le llaman "La Sapienza" porque significa "Sabiduría", y es la Universidad más grande de toda Europa, tiene muchísimos estudiantes

- ¿Y sabes que "La Sapienza" fue fundada en mil trescientos tres por la Iglesia Católica?- Yulia sacudió la cabeza, pero todavía sonreía. – Le puedes decir eso a tu profesor de Cultura General, seguramente te pone un A+

- ¿Adivina qué?

- Dime, Tesorino- la bajó al borde de su cama, ayudándole a quitarse su Backpack, que ya no era más grande que ella, pues estaba muy alta.

- Tengo una "A" en italiano- sonrió.

- ¿Una "A"?- Yulia asintió con la sonrisa más tierna del mundo. - ¿Por qué no tienes una "A+"?

- Me equivoqué en dos palabras, se me olvidó cómo se escribía "Pinocchio" y "Passeggiata"- su mirada se apagó, vio hacia el suelo.

- Deletréalas para papá, por favor- sonrió, agachándose frente a ella, abriendo con su mano una de las gavetas de ropa de Yulia, sacando una camisa limpia.

- Pinocchio: P.I.N.O.C.H.I.O, Passeggiata: P.A.S.E.G.I.A.T.T.A- sonrió, creyendo que lo había dicho bien.

- No, Tesorino, Pinocchio tiene doble "c", y Passeggiata tiene doble "s", doble "g" y sólo una "t", ¿te quitas la camisa, por favor? Tengo que cambiarte para llevarte a donde la abuela- sonrió. Yulia se quitó la camisa frente a él, y se dio la vuelta para tomar su camisa limpia, pero fue cuando se descuidó, y Oleg le pegó una vez en la espalda media, sacándole el aire, y las lágrimas silenciosas.

- Papi- interrumpió Aleksei en el cuarto de Yulia, justo cuando Oleg le pegaba la segunda vez, él se petrificó al ver cómo Oleg le pegaba a su hermanita, que, a pesar que no era de su agrado, le molestó, se asustó.

- Aleksei, espérame afuera, por favor, tu hermana se está vistiendo- sonrió, y Aleksei se retiró, pero sólo se colocó al lado del marco de la puerta.

- Esas dos palabras ya no se te olvidan, ¿verdad?- susurró risiblemente, Aleksei lo escuchó. – Cada vez que te equivoques en una palabra, te voy a pegar… estudia más para la próxima prueba- se puso de pie y salió, dejando a una Yulia muda, intentando no quejarse, porque, si sollozaba, le volvería a pegar, ya le había pasado. – Aleksei, ¿qué pasó? ¿Por qué no estás listo?

- Alina quiere que vayas, no me hace caso- le dijo temblorosamente. Oleg acarició el cabello rubio de Aleksei, revolviéndoselo, revolviéndole los rizos flojos, y se marchó hacia la habitación de Alina. – Yulka…- murmuró Aleksei a espaldas de su hermana. Así la llamó siempre y para siempre, apodo que nadie se podía explicar. - ¿Estás bien?- le acarició la espalda desnuda, en donde Oleg recién le pegaba, a Yulia le ardía.

- Sí, estoy bien- murmuró, apartándose de la mano de Aleksei, extendiendo la camisa para deslizarse en ella.

- Papá te pegó… ¿qué hiciste?

- Me equivoqué en dos palabras en mi prueba de italiano…

- Tienes que hacerte más inteligente entonces- dijo aquel niño, ayudándole a ponerse su camisa. – Aunque eso va a estar difícil

//

Y, Yulia, ante el recuerdo, salió de la ducha sin apagar el agua, deslizándose por el agua en sus pies, cayendo de rodillas exactamente al inodoro, en donde vomitó, y vomitó, y volvió a vomitar, el sólo recuerdo la enfermaba. Dejó ir la cadena, más bien presionó el panel en la pared, y se puso de pie, sintiendo el ácido quemarle en su esófago, se metió a la ducha de nuevo, sólo para enjuagarse, y salió, secándose cuidadosamente su espalda, que le dolía, psicológicamente, al tacto. Subió la toalla a su cabello, y lo sacudió para secarlo, para quitarle el exceso de agua, y tomó el Spray, aplicándoselo por diez segundos, sobre el cabello húmedo, y lo peinó con sus dedos, para luego retorcerlo en la toalla por dos minutos; manera más fácil de moldear su cabello en sus típicos lisos. Caminó hacia su clóset, y vio su ropa, paseándose por aquellos montones de ropa, pantalones, jeans, y tomó una falda gris, pensando en que seguramente Segrate acosaría su trasero, con lo descarado que era, y pensó en lo que seguramente ya había pensado antes, o alguien le había dicho, o lo había soñado quizás: "Entre Mischa y Segrate, entre la mentira sin sentido y el acoso sexual, prefiero tener una vida amorosa inexistente a tener una vida amorosa de tipo miserable". Se deslizó en su típica tanga negra, luego en unas medias negras, para meterse en su falda, se quitó la toalla de la cabeza y aflojó su cabello con sus dedos, sin peinarse, y pensó que, por su forma de vestirse, podía pasar por abogada, o por trabajadora social, pero a quién le importaba si no era a ella. Se colocó su sostén reductor, pues si iba a mostrar trasero, no mostraría busto, no era cosa de 2x1, y se metió en una blusa Burberry, en un patrón de café con beige, de seda georgette, un tanto floja, y se arrojó una chaqueta Helmut Lang, estilo tuxedo de solapa redonda, en gris, y se retiró a la cocina a servirse un tazón de granola con yogurt, para comerlo mientras se maquillaba.

Deslizó el panel del maquillaje, que se encendían unas luces y revelaba un espejo, y, entre cucharadas de desayuno, que eran diez cucharadas, contadas, pues Yulia era de cavidad bucal ancha, por así decirlo, pero era la prisa nada más, se aplicó lo mismo de todos los días: delineador negro, más ancho en el párpado superior, mascara, un poco de Blush y, al terminar su desayuno, el Lipstick, y, justo cuando iba a deslizar el panel para guardarlo todo, ubicó la fotografía, que la había escondido meses atrás ahí y que nunca, desde ese entonces, la había visto hasta ese día, la tomó en sus manos: Oleg y Yulia, pequeña, abrazados, con sonrisas, y, por impulsos iracundos, la arrojó al suelo, y la alfombra no puso resistencia alguna, el marco se quebró, así como el vidrio, y se sintió mejor, un poco más liberada. Caminó, sin recoger la fotografía, hacia los cilindros de sus zapatos, y movió las secciones hasta que aparecieron sus Chiarana Louboutin: el perfecto cut-out shoe, en pie de pitón, puntiagudo en lo más mínimo, el par que toda mujer debía tener. Y se dirigió, a pie, hacia el Estudio, pues le gustaba caminar para despejar su mente, por eso salía más temprano, para estar, a más tardar, a las siete y quince en su oficina, tomando su taza de té, y siempre escuchando música en su iPhone, veinte minutos sobre Stilettos, quince sobre tacones mortales, "The Voice Within", "Mama", "La Solitudine: Napoli" y "How To Love", lo suficiente para llegar hasta su oficina, saludando únicamente, con un "buenos días", que de "buenos" no tenían nada", a Gaby. Moses ya le tenía, sobre su escritorio, una taza de humeante té de vainilla, infusión de vainilla y durazno en realidad, que la tomaba, todos los días, viendo hacia la ventana.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 22, 2015 12:33 am

- Sin palabras…- suspiró Yulia, poniéndose de pie, viendo a Lena, en su vestido Elie Saab, caminar hacia ella. – Oh, mi Dios…- sonrió para ella, pues Lena venía muy lejos todavía. – Irreconocible…

- Estás… wow…- suspiró Lena, abrazándola fuertemente. – Magnífica, ridículamente apuesta- susurró a su oído.

- Zoolander youself- rió Yulia, despegándose de Lena para verla bien. – Te extrañé

- La espera valió la pena…- Yulia se sonrojó. – Sólo quiero besarte- sonrió, como si estuviera diciendo cualquier cosa, menos algo así. Yulia le alcanzó su Whisky.

- ¿Estás bien?

- Sí, ¿y tú?

- Un poco nerviosa, ¿tú no?

- Pues…sí, bastante- rió. – Sino pregúntale al otro vestido…

- No es sobre el vestido... no importa si estuviera vistiendo pantalones vaqueros y chanclas... sabes que estás aquí,?

- Estás aquí, también … mirandote tan magnífica como alguna vez…

- Te amo … realmente te amo… enferma y obsesivamente, te amo- susurró Yulia, tomando las manos de su novia en las suyas.

- Yul… yo también te amo… - azul y verdegris se encontraron a la misma cóncava altura, y sin sonrisas, sólo una mirada.

- ¿Qué estamos haciendo?- murmuró Yulia, frunciendo su ceño en total y completa confusión.

- Caímos en la convencionalidad- sonrió Lena. - ¿Qué quieres hacer?

- Hay tantas cosas que quiero hacer…

- Dímelas… todas… por favor- dijo, bebiendo aquellas dos onzas de Whisky de un trago.

- Hay una verdad universal… ¿sabes?- Lena la vio con desconcierto. – Todo tiene su final, queramos o no, todo tiene su final… y, personalmente, no me gustan los finales- a Lena se le agujeró el alma, creyó que estaba a punto de cancelarlo todo, que no importaría con tal de que Yulia siguiera con ella. – No me gusta el último día de la semana, el domingo, porque significa que el lunes voy a trabajar de nuevo, no me gusta el último día del verano, porque no me gusta el invierno, no me gusta el último capítulo de "The Great Gatsby" porque ya no hay otro capítulo, no me gusta decir "adiós", porque el "adiós" es definitivo, prefiero el "hasta luego"… - Lena tenía dificultades para respirar, las manos de Yulia envolvían las suyas, sus dedos largos se entrelazaban con los suyos, tibios y delgados. – No llores, déjame terminar… por favor…- Lena asintió, viéndola a los ojos. – Lo gracioso es que me gustan los finales, también me gustan, porque significa que hay un comienzo, el capítulo de un nuevo libro, el lunes, que me acuerda que tengo un trabajo que me gusta, el final del día, porque estoy segura que me voy a dormir a tu lado… porque no concibo el día en el que eso no suceda… lo que intento decirte es que no me importa si es convencional o no, y hay muchas cosas que quiero hacer, pero que no quiero hacerlas si no es contigo, cosas importantes, para mí y para ti… - abrió su bolso y buscó la cajita. – No es exactamente el regalo de Bodas que esperabas, y, si no lo quieres, yo lo entenderé, sólo tienes que decirlo…

- Es…un…número… ¿estás jugando conmigo otra vez?- Yulia asintió. - ¿Qué vas a hacer ahora, en un rato?

- Pues… no sé, quizás tú tengas una idea más interesante…

- Tengo una boda, aburrida, que tengo que estar presente… Soy la clase de…uhm… importante… y estoy un poco nerviosa- susurró.

- Siempre voy a tener la espalda… - sonrió, tendiéndole la mano a Lena. – Voy a tomarte de la mano todo el tiempo
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 22, 2015 12:34 am

Ocho de octubre. Lena firmó su contrato el día anterior, pues hasta el día anterior, su contrato tuvo el sello de aprobación migratoria, y, ese día, en un pantalón negro de pierna semi-ancha, camisa negra desmangada, en un cárdigan de botones, negro y de coderas café, tal y como iba a trabajar a Armani Casa, con sus Jason Wu de gamuza cian, peep toe, tacón grueso pero de la altura de un Stiletto, se dirigió a las seis y media de la mañana al Upper East Side a recoger su iPhone, que lo había dejado en el apartamento de Volterra el día anterior, y lo necesitaba, por alguna razón lo necesitaba. Pero había algo con lo que Lena no contaba: el malestar estomacal. Era una fusión del Kebap de la noche anterior, con mucha salsa, mucho chile, y el nerviosismo de la aceptación en el Estudio. Iba a salir con Volterra, al mismo tiempo, pero se adelantó a la farmacia más cercana, a Duane & Reade de Madison y cincuenta y ocho, pues necesitaba algún tipo de mezcla de Valeriana con Dramamine, y buscó, en todos los pasillos hasta que encontró para las náuseas, menos la Valeriana, y se hizo camino hasta la fila. Le dieron más ganas de vomitar en cuanto, acercándose, una mujer se le metió a la fila, pues, sólo llegó antes que ella, pues todavía iba en un pasillo cuando ella se colocó en su lugar. Y la analizó desde atrás: pantalón ajustado gris, chaqueta rosado claro, Louboutins en alguna piel entre marrón, plata, gris y algo enmedio. Lena inhaló su aroma, olía a limpio, a elegancia, a belleza. Y rió al ver que, de su mano izquierda, se suspendía un paquete de tampones sin aplicador, cincuenta y seis tampones. Y el anillo, un anillo plateado, reluciente, con un rubí, quizás, una piedra roja, brillante, en una mano muy femenina. Volvió a reír, pero le dolió el estómago.

"Mier…da", pensó, al ver que aquella mujer se daba la vuelta con su cuello y la analizaba de pies a cabeza, con una mirada denigrante, quizás se había molestado por su risa. Pero no, simplemente se devolvió. Y esa cara, a Lena esa cara, denigrante, con autoridad, como si fuera suprema, se le hacía conocida, quizás era una modelo, o una actriz, todo podía ocurrir, más en Manhattan, pues no sería la primera que veía, por Central Park se paseaban algunas, a veces. Lena bajó la mirada, viendo las infinitas piernas de aquella mujer, que se acercaba a la caja con pasos seguros y femeninos, con un manejo seguro de sus quince centímetros, como mínimo, como máximo dieciséis. Escuchó una canción que se le hacía familiar, en algún lugar la había escuchado, sí, en el taller de Davidson Avenue, era "Your Song", de Elton John, y, de manera inconsciente, tarareó aquellos versos: "Yours are the sweetest eyes I’ve ever seen, and you can tell everybody that this is your song", y aquella mujer se volvió hacia ella, ahora con una mirada más tranquila, más pacífica, más humana, pero se devolvió para avanzar en la fila. Se le notaba incómoda, quizás por cómo Lena no podía quitarle la mirada de encima, quizás por el vapor maloliente que despedían los corredores mañaneros.

- Next!- gritó la asiática de la caja registradora. Aquella mujer, tan altanera, pero tan hermosa, ¿qué tenía? Que la hacía tan inalcanzable, en altura, y en sociedad, pero que la hacía tan humana al darle el puesto a Lena, dando un paso hacia un lado, abriéndole paso con la mano derecha, agachando suavemente la cabeza.

- Gracias- le susurró Lena, aunque estaba segura que no la había escuchado, pues tenía el volumen de la música muy alto, podía distinguir un piano.

Salió de aquella farmacia, sin mirar atrás. "Mierda" susurró en lo alto, dejando caer la bolsa plástica al suelo, sintiéndose en una toma cinematográfica circular, ella como centro. "Mierda, mierda, mierda, mierda", sacó un cigarrillo mientras recogía la bolsa del suelo, y la vio caminar lentamente hacia la otra dirección, Lena simplemente aceleró su paso, olvidándose por completo de que Volterra la recogería en la farmacia, y caminó en dirección a Rockefeller Center, olvidándose por completo de tomarse el Dramamine, sintiéndose más repuesta sólo de la impresión, sin poder quitarse aquel rostro de la cabeza, aquella grandeza. "¿Qué coño tiene conmigo? ".Y se detuvo de golpe a contestar su iPhone, era Volterra, que dónde estaba, que fue exactamente cuando Yulia la vio del otro lado de la acera, y se alegró de verla más repuesta, pero pasó de largo, pues iba tarde ya, y sonrió, sonrió todo el camino, sonrió a todos a su paso, sonrió a los del Lobby, a los conserjes, a los del servicio de limpieza, a todos, hasta a Segrate. Y vio su oficina, ya transformada para que fuera invadida, tomó su taza de té y la bebió como todos los días. Volterra se reunió con Lena exactamente en el Lobby del edificio, tomándola con una sonrisa, acompañándola en el ascensor, notando su nerviosismo.

- Tranquila, Lena… es como cualquier otro trabajo- sonrió Volterra. – Estarás a salvo, en las mejores manos

- Gracias, tío… ¿o debería decir "Arquitecto"?

- Como tú quieras…

- Tío, tengo una pregunta

- Dime

- ¿Trabajaría con alguien en especial?

- Todos trabajamos con todos, depende del proyecto, como te dije ayer por la noche… pero supongo que, por estar en la misma oficina que Yulia- y Lena dejó de escucharlo, sólo escuchaba murmullos que no podía distinguir. "¿En su misma oficina? Mierda." – No trabaja muy bien en equipo, entre menos gente, mejor- eso sí lo escuchó. – Pero, tranquila, no muerde- sonrió. "¿Y si quiero que me muerda? ¡Lena! ¿Qué te pasa?"

- Vamos a hacer esto- suspiró, saliendo del ascensor, pasando por entre la puerta de vidrio que Volterra le abría, la que daba entrada principal al Estudio Volterra-Vensabene, en donde se encontraba un escritorio cóncavo, o bien, convexo, con una mujer sentada detrás de él, con el típico headset y micrófono, que sonrió ampliamente para Volterra y para Lena con un "Buenos días, Arquitecto", y para Lena, todo eso, era como en cámara lenta, con "Consoler Of The Lonely" de fondo, con caminado de rockstar, que todos saludaban a Volterra tras los vidrios que formaban el pasillo del ala derecha.

- Ingenieros- se anunció, abriendo la primera puerta de la izquierda del pasillo. – Quiero presentarles a mi sobrina- dijo, marcando el primer límite, colocándole la etiqueta de "intocable" a Lena. – La Licenciada Katina

- Hola, mucho gusto- sonrió, estrechando las manos de todos.

- Ah, la que invadirá la boca del lobo- rió Bellano. – Bellano- sonrió, presentándose.

- Querrás decir… "la belleza en persona"- lo corrigió Segrate. – Anatoly Segrate, jefe de Ingenieros

- Bienvenida, soy Robert… Pennington- tartamudeó aquel hombre.

- Cero bromas pesadas, ¿eh?- advirtió Volterra. – Que es cinta negra- mintió, y las sonrisas de Bellano y Segrate se volvieron en un trago grueso. – Sigamos con el recorrido- y salieron de aquella oficina, a la que Yulia llamaba "el Prostíbulo", pues allí se llevaban a cabo todas las ventas de cuerpo, del tipo de "si me haces la pared, te llevo los planos un mes entero". – No les hagas caso, son un tanto imbéciles…

- Me parecieron graciosos- sonrió Lena, en un tono de voz muy tímido.

- Ten el menor contacto posible, cero físico de ser posible, por favor- rió. – Arquitecto Harris- abrió otra puerta de vidrio.

- Ah, Licenciada Katina, bienvenida- dijo, estrechándole la mano, casi arrancándosela. – Marcus Harris, para lo que necesite

- Gracias, mucho gusto- ah, qué tedio, qué vergüenza presentarse.

- A seguir, que tienes que llegar al destino final- rió. – Harris, el concreto- le murmuró, Lena saliendo por la puerta. Harris asintió. – Aquí está mi oficina- dijo, apuntando a la puerta de sólida, de madera, del final del pasillo.

- ¿Por qué es la única de madera?- preguntó, acordándose que hace algunos veranos había querido preguntar lo mismo pero con la oficina de Yulia.

- Porque las de vidrio son instalaciones, eran espacios abiertos que hemos cerrado para mayor comodidad y discreción- guiñó su ojo. – Esa de ahí- dijo, señalando la puerta de vidrio al lado izquierdo de su oficina. – Es la sala de reuniones… todas las semanas hay una reunión, por lo general sólo es una, a veces son dos, a veces ninguna, depende de la cantidad de trabajo… pero sigamos- y se devolvieron hacia la izquierda, volviendo a pasar por el escritorio de la entrada, para abrir la primera puerta de vidrio. – Arquitectas, mi sobrina- sonrió, mostrando a Lena.

- Belinda Hayek- sonrió, extendiéndole la mano. – Mucho gusto

- Mucho gusto, Lena- sonrió.

- Nicole Ross- se presentó la otra. – Bienvenida

- Gracias- le estrechó la mano.

- Cualquier cosa, cuentas con nosotras- sonrió la Arquitecta Hayek.

- Gracias- sonrió tímidamente Lena, saliendo de la oficina. – Todos son muy amables aquí

- No suelo tener a ogros en mi Estudio, Lena- rió, pasando de largo un escritorio vacío en un espacio abierto. – Ahí va la secretaria de las Arquitectas, Hayek y Ross, y de Fox, quien no está ahora porque tenía una reunión en Hell’s Kitchen y la secretaria no sé dónde está- sonrió. – Gaby- llegó al escritorio que estaba en un espacio abierto, luego de un cuarto que parecía cocina, porque lo era. – Mi sobrina, Lena

- Mucho gusto- sonrió Gaby, con su voz jovial y su sonrisa sincera. – Yo me encargaré de su récord- la sonrisa imborrable, ¿qué pasaba en ese Estudio que todos estaban de tan buen humor?

- No creo que sea necesario, lo llevaré yo…cuando tenga uno- murmuró. – Pero gracias

- Para lo que necesite, Licenciada- y tomó asiento.

- Ahora sí, ¿lista?- bromeó. Lena asintió, y Volterra llamó a la puerta, golpeando tres veces, lentamente, con sus nudillos y abriendo la puerta al mismo tiempo. – Yulia, mi Arquitecta estrella, ¿tienes un momento?- asomó la cabeza por la puerta entreabierta.

- Buenos días, Alec, pasa adelante, por favor- dijo aquella voz, la misma de aquella noche, el acento británico, la voz, el tono, "Dios mío…".

- Vengo a presentarte a tu compañera de oficina, la Licenciada Katina- sonrió, y Lena entró a la oficina, era tal y como se acordaba, sólo que ahora la adornaba Yulia.

- Mucho gusto, Yulia Volkova- sonrió, un tanto con su voz pegada, pero le extendió la mano.

- Gracias por el favor de Duane- sonrió, igual que Yulia, y, de una brutal forma inconsciente, guiñó su ojo. "¿Qué me pasa?"

Lo siguiente que Lena supo, era que Yulia se sentaba a su mesa de dibujo y, apretando "play" en el iPod Nano, y una música extraña pero relajante salía del parlante, era como muy circense, pero electrónica, y, aunque Lena no lo supiera, era Bob Sinclar. Y veía a Yulia, en su inmensa perfección, con su pierna cruzada, sentada sobre el banquillo alto, que su Stiletto se detenía del tubo de apoyo del banquillo, sin su chaqueta rosado pálido, con su espalda cubierta sólo por aquella camisa manga larga blanca, que se le ajustaba a cada milímetro de su torso, que se le notaban los omóplatos cuando trazaba líneas largas, que a veces se detenía, erguía su postura y jugaba, con su pulgar, con su anillo en su dedo anular, definitivamente era un rubí, y le daba vuelta, lo giraba. Y Lena no pudo evitar ver su reloj, muy fuera de lo común, pues era de un dorado que no era ni amarillo ni opaco, tampoco era rosado, pero se veía muy fino como para ser una réplica, el brazalete era de cuero de pitón café, de escamas anchas, y luego, el reloj en sí, rodeado de diamantes, la circunferencia, y la cara era café, como un marrón quemado, y tenía dos relojes dentro del reloj, un cronómetro de un minuto y el de las horas del día en curso, con una pequeña ventanita para la fecha, las agujas en el mismo dorado, números romanos. Y tampoco supo Lena en qué momento Yulia la había invitado a sentarse con ella, era como la sensación de sentarse con los populares en el colegio, una autorrealización extrema, y entablaron una conversación, y tampoco supo qué la poseyó como para que le dijera: "Así está mejor, tienes unos ojos muy bonitos, déjame verlos". Trá-game Tie-rra.

Día siguiente.

- Buenos días- sonrió Lena, entrando a Louis Vuitton de Rockefeller Plaza, que era al otro lado del edificio y Yulia se encontraba montando la vitrina de Halloween. – Traje café- sonrió de nuevo, levantando las dos bandejas, con cinco vasos herméticos cada una.

- Buenos días, Licenciada- sonrió Yulia, sabiendo que la intención de Lena estaba en orden, pero que tendría que rechazar la oferta del café, pues no bebía café.

- Té, para ti- sonrió. – De vainilla y durazno… Gaby me lo dijo- dijo, alcanzándole el único vaso que tenía, entre la tapadera y el vaso, un delgado cordón, el de la bolsa de té.

- Muchísimas gracias, Licenciada- sonrió, acariciando su mano al tomar el vaso en su mano. – Very… thoughtful- murmuró para sí misma, asombrándose.

- Supuse que, si sería tu sombra, al menos te debería traer lo que sueles tomar, ¿no?- Yulia sólo sonrió, sacando la bolsa de té y colocándola sobre la tapa. – Ah, ten- murmuró, sacando un paquete de miel de abeja de su bolsillo.

- Wow- rió Yulia. – Gracias

- Arquitecta, ¿la pieza de vidrio cómo la instalamos?- interrumpió uno de los trabajadores.

- ¿El pulpo o las llamas?- se volvió a Aaron, el jefe de construcción, el que le ayudaba en todo trabajo; grande o pequeño.

- Las llamas

- Primero el Pulpo, porque es más grande, va colgado… sólo son tres tornillos en la forma de arriba, los nudos los haré yo- Aaron agachó la cabeza y se retiró.

- ¿Pulpos? ¿Llamas?- preguntó Lena.

- Te explico- rió, volviéndose a una mesa en la que tenía el diseño extendido, colocándose al otro lado de la mesa, dejando que Lena viera el diseño. – Louis Vuitton se caracteriza por pensar fuera de la caja pero sin ceder a la locura… se basan en una idea, de la que tiene que estar gráficamente plasmada, que se note lo que es, ¿qué ves aquí?- murmuró, apoyándose con sus manos separadas de los bordes de la mesa.

- Es… Disney- rió.

- No cualquier Disney… mira de cerca- murmuró, inclinándose un poco sobre la mesa, que el cuello redondo de su blusa, que le quedaba holgado, se despegó de su piel, y Lena vio, disimuladamente, el sostén de Yulia, que albergaba el par de senos que tanto se le antojaron en ese momento, que, en el pestañeo, se imaginó entre ellos, besándolos, acariciándolos, mordiéndolos. "¿Qué me pasa con ella?" y sacudía la cabeza para ahuyentar los pensamientos sexuales. Era la primera mujer que le despertaba tales cosas, que hacía que su corazón latiera rápidamente, sin descanso, como si quisiera reventar su pecho, salir corriendo.

- Son los villanos, ¿no?- susurró. – El pulpo es Úrsula, el maniquí de las llamas es Hades, la de los cuernos es Maléfica, la del afro es Cruella…Jafar…

- Exacto…- susurró Yulia, no comprendiendo por qué susurraba Lena.

- ¿Cómo se te ocurren estas cosas?

- Villanos son más fríos que Héroes- rió, levantando su ceja derecha, bajando la izquierda, guiñando su ojo izquierdo y llevando su mano izquierda a su cadera, al borde de su falda negra, y su mano derecha tomaba el vaso de té caliente.

- ¿Cómo hiciste para hacer algo así?

- Hacen un concurso anual, las vitrinas de la Quinta Avenida son distintas a las de las otras cinco tiendas, siguen la misma idea, pero les interesa más que éstas sean las que causen más impresión, porque tienen la competencia inmediata del resto de tiendas a lo largo de la avenida… y te dan un catálogo de la ropa que estará en Otoño en la tienda, para que lo puedas utilizar, porque tienen que tener ropa, obviamente… y así es como, por ejemplo, Cruella se me ocurrió con el abrigo blanco, Maléfica con este abrigo negro con violeta, Úrsula con este vestido negro, Jafar con el chaleco y el pantalón, aún el cinturón, Hades por la toga… y, revisando los convenios, Louis Vuitton tiene convenio con Disney, por lo que no se me hizo tan difícil

- Sí que tienes imaginación- rió. – A mí nunca se me hubiera ocurrido hacer algo así… mucho menos con vidrio, me daría miedo, por si se quiebra

- Ir a lo grande o ir a la casa, así funciona todo aquí… sino los demás te pisotean, créeme…- Lena sólo tomó un sorbo de su chocolate caliente. – Y con la imaginación… pues, leí en algún lado que Angelina Jolie está filmando una película en el papel de Maléfica, y me acordé que Annie Leibovitz ha hecho como una compilación de Disney, de famosos posando como los distintos personajes, David Beckham es el Príncipe Felipe, Penélope Cruz es Bella, Julianne Moore es Ariel, Queen Latifah es Úrsula…

- No sé qué decir… es como transformarlo todo

- Cuidado con el plagio- guiñó nuevamente su ojo. – Ayúdame a vestir los maniquíes si quieres- Lena asintió, viendo a Yulia beber su té hasta el fondo. "¿Cómo diablos no se quema?".

Yulia se movía con facilidad sobre sus Christian Louboutin Chiarana, movía a los maniquíes con facilidad también, desenroscaba las partes, los vestía y los armaba como si nada, y a Lena le gustaba ver cómo les ponía los zapatos, pues se agachaba, y, en esa falda, que Dios perdonara sus pecados, porque lo único que quería era tocar su trasero, le intrigaba saber qué tipo de panties usaba Yulia, la gran Arquitecta Volkova, que trabajaba para su ídolo, Meryl Streep, que no se imaginaba trabajando para ella, seguramente se desmayaría al verla, ¿utilizaría tangas? ¿G-String? ¿Nada? Y no podía evitar sonrojarse ella sola. Además, Lena casi se muere cuando vio a Yulia tomar el martillo y clavar ella misma un par de tornillos para luego atornillarlos en la base falsa que se sostenía de las columnas. Se trasladaron a Louis Vuitton de la cincuenta y siete, antes del medio día, en donde se tardarían un poco más en montar la vitrina, pues el flujo de gente era mayor y no podían abarcar tanto espacio.

- Asi…Quien quiere unos Hot Dog?- sonrió Yulia, dando dos aplausos para llamar la atención de sus trabajadores. – Pasen una lista de cómo los quieren y qué quieren de tomar, por favor- le alcanzó un pedazo de papel a Aaron. - ¿Y tú? ¿Comes Hot Dogs?- la miró con escepticismo.

- ¿Por qué no comería?

- Es comida chatarra- rió, alcanzándole tres tornillos a uno de los trabajadores.

- Pues… ¿y?

- Digo, cuidas la figura, supongo- sonrió. – No creo que comiendo Hot Dogs seas así de delgada

- Te sorprenderías- guiñó su ojo, y Yulia sintió cómo su corazón dio un vuelco. – Creo que eres tú la que no come de esas cosas

- Te sorprenderías- rió, agarrándose el "exceso" de grasa del abdomen. – Chilli Dogs con Cheese Whiz

- Que sean dos

- Dos me como yo- rió Yulia, reacomodando su blusa para alcanzarle el hilo al trabajador.

- Yo también, por eso dije "que sean dos"… para mí

- Muy bien- y le sonrió, pero se le quedó viendo, analizando su rostro, que se apresuró en quitar la mirada para no ser tan obvia. – Gracias- murmuró, tomando la lista de la comida. – Necesito un par de manos extras, ¿me ayudas?- Lena asintió, viendo a Yulia tomar su bolso y escribir algo más en el papel mientras salían de la tienda y caminaban en dirección a Miu Miu, en donde estaba el carro. – Y… entonces, ¿SCAD?

- Sí, Bachelor y Master… seis años, desde que me gradué del colegio… no esperé, no tomé año sabático ni nada, apliqué de una vez

- ¿Y de qué colegio te graduaste?- era simplemente conversación educada, para que no las atacara el silencio incómodo.

- Scholi Moriati

- Eso no es aquí, ¿cierto?- Lena veía la rapidez con la que Yulia caminaba en esos quince centímetros, no era caminado de pasarela, pero era una pisada recta y de largo proporcional, que se contoneaba un delicioso trasero en esa falda negra, que seguramente no era de Gap.

- No, es en Atenas… digamos que soy mitad griega, mitad rusa

- Ah, qué interesante, Licenciada Katina- sonrió. – ¿es un apellido común?

- No lo sé, hay muchos rusos- rió Lena.

- Soy muy consciente- la volvió a ver y le guiñó su ojo derecho. – Soy italiana, digamos que cien por ciento

- Pero tu apellido no suena a italiano- llegaron al carro de Hot Dogs.

- Me gustaría un Doggy-Bag, por favor- dijo al hombre del carro, quien tomaba la lista que Yulia le alcanzaba. –aparte Chilli Dogs, por favor…- dijo, materializando en su mano izquierda una bolsa de tela, que la utilizaría para meter las bebidas, latas y latas. – No, no es italiano… es ruso, pero mi papá es italiano, mi abuelo era ruso… pero, volviendo al tema, ¿es un apellido común?

- No lo sé, como te dije, hay muchos rusos- rió. - ¿En dónde lo escuchaste?

- Esa pregunta me confunde… porque a veces pienso que lo he escuchado, en algun lugar en el que ya estuve, pero no me acuerdo en dónde

- Ah, Arquitecta, ¿ha estado en muchos lugares?

- Por aquí y por allá- sonrió. – Aunque Roma es donde siempre quisiera estar… es muy especial- murmuró, contando las latas y las botellas. - ¿Qué quieres de tomar?

- Agua estaría bien

- ¿Con gas, sin gas?

- Sin, por favor

- Sólo con gas si tienen sabor, entiendo- sonrió, metiendo una botella de agua fría a la bolsa y una Dr. Pepper para ella. Lena asintió, recibiendo la primera bolsa del hombre del carro. – En Roma- dijo para sí misma. – Claro… en Roma… ¿no te llamas Allegra, o si?

- Allegra es mi mamá… pero todos le dicen Inessa- se explicó, recibiendo la segunda bolsa.

- Sí, "via dei Foraggi"… cierto… le dejé un paquete a tu mamá, entonces- rió, sacando un billete de cincuenta dólares de enmedio de sus dedos para pagarle al hombre contra la entrega de los Chilli Dogs, que iban en un hermético desechable en otra bolsa. A Lena se le vino a la mente aquella imagen, de aquella mujer sin rostro, o con rostro, pero el recuerdo estaba más que distorsionado.

- También es un lugar en Venecia- dijo Lena, saliéndose rápidamente del tema.

- Cierto, el puente del gran Canal…- Lena asintió. – Sin ofenderte, Venecia no me gusta- murmuró, reanudando la marcha antes de que el hombre pudiera darle el cambio.

- A mí tampoco- rió. – Prefiero Roma, o Nápoles…el Vaticano sobre Venecia…

- El Vaticano es aburrido, la Plaza San Pedro es muy grande, demasiado…

- ¿Tú vivías en Roma?

- Sí, pues, toda mi vida viví en Roma, ahí fui al colegio, fui a la Sapienza… sólo me moví a Milán año y medio para hacer mi Máster y luego vine aquí. - ¿Tú viviste en Roma?

- Sí, antes de venir, con mi mamá…sólo un par de meses, en lo que conseguía trabajo… ¿vivías en la ciudad?

- Al principio sí, vivía cerca del Centro Histórico, cerca de la Plaza España… y luego viví en Castel Gandolfo, primero del lado Valle San Lorenzo y luego un poco más a la orilla del lago…- Lena tuvo la sensación que Yulia era pudiente, pero quizás de clase media-alta que tenía el suficiente dinero para costearse una casa en Castel Gandolfo, un chalet, pues era lo más común allí.

- Creo que una vez fui al Lago Albano, pero en algún verano hace años ya

- No es el Lago Como- rió. – Pero relaja ver agua

- Digamos que el Hudson no me relaja mucho

- Ah, vives de ese lado- sonrió, deteniéndose para rascarse la pantorrilla derecha con el empeine izquierdo.

- ¿Es mala zona?

- Nunca he vivido ahí pero he arreglado un par de apartamentos en Chelsea y en Greenwich, cosas pequeñas, pero no me parece una mala zona…

- Supongo que tú vives en el Upper West Side o en Lower Manhattan

- No, vivo en el Upper East Side- sonrió, colocándose frente a la vitrina y haciéndoles una seña, a los trabajadores, se que salieran a comer.

- Estamos en el Upper East Side, ¿no?- Yulia asintió.

- Buen provecho, Señores- sonrió, poniéndoles la bolsa de tela en el suelo, sacando ella la botella de agua y la lata de Dr. Pepper. – Se me olvidaba- sonrió. – Aaron, meta la mano en mi bolso y saque la cajetilla, por favor- le extendió el brazo con mucha confianza, y Aaron metió la mano, sacando dos cajetillas. – La de Marlboro déjela, que esa es mía… o tómela, creo que hay suficientes para los cinco- sonrió y volvió a acomodar su bolso en su hombro, volviéndose a Lena.

- Eres como que…muy amable con los trabajadores- susurró. – Como que muy, muy amable

- Como te dije ayer, es cuestión de mantenerlos contentos para que trabajen bien… y, pues, piensa, ¿cómo te negarías a trabajar si hay buena paga y buena comida?

- Les diste tus cigarrillos, no creas que no me di cuenta

- Y pagué un almuerzo que el Estudio no paga… además, si le hubiera quitado la cajetilla de Marlboro, hubiera marcado todavía más la diferencia entre ellos y yo, y lo que intento es que sea lo más fina posible, que lo único que la marque sea la obediencia y el respeto, claro, la autoridad viene como plus

- Lo tomaré en cuenta- sonrió, abriendo el empaque y apoyándolo de un banco que uno de los trabajadores había sacado. – So…

- Scholi Moriati, por ahí íbamos, creo

- Supongo- dio una mordida Lena. – Toda mi vida ahí…desde esos años en los que empiezas a caminar hasta que te gradúas

- Dekaéxi olókli̱ra chrónia?

- Claro que también hablas griego- rió Lena, un tanto sorprendida, pues italiano, inglés y griego ya era bastante, y no exactamente la combinación más común.

- Pues, depende de con quién sea, supongo- dijo, con su boca llena, pero enseñando nada de comida, sin mancharse su camisa color crema, qué riesgo, qué agallas comer Chilli con Carne y Cheese Whiz con una camisa así de susceptible. – Disculpa la pregunta, pero, ¿cuántos años tienes?

- Veintisiete… ¿por qué?

- Simple curiosidad, Licenciada…

- Tengo una pregunta

- ¿De respuesta elaborada?- rió Yulia, volviendo a morder su Hot Dog. Lena sacudió la cabeza mientras terminaba de tragar.

- Harris…el que tiene cara de asustado… ¿es Licenciado o Arquitecto? – Yulia rió nasalmente mientras terminaba, de una enorme mordida, su primer Hot Dog.

- Depende de cómo lo veas…es las dos cosas…tiene un major en Fine Arts y un minor en Arquitectural Landscape Design… pero, para mí, es Licenciado- dijo en un tono indiferente, como si ser "Licenciado" fuera lo peor del mundo.

- Suena como que si el título te diera problemas… o es porque el título de Arquitecto es muy preciado para ti

- Es una profesión que busco preservar

- ¿Por qué?

- ¿Alguna vez te despertaste y viste a tu alrededor algo que no tenía sentido?- Lena asintió. – Bueno, pues a mí me pasó desde pequeña, que no me terminaba de gustar mi casa, nunca, y me preguntaba "¿Por qué no hay un mueble así? ¿O un color aquí? ¿O una forma acá?"… y me pareció la forma más coherente de hacer lo que me gusta, fusionando la Arquitectura, que es la parte de crear y construir, para complementarla con el diseño de interiores…porque, a veces, una buena ambientación no termina de quitarle el mal gusto a una estructura…

- Te entiendo perfectamente…- sonrió, viendo cómo se devoraba, en tres mordidas, el segundo Hot Dog.

- ¿Y tú? ¿Por qué la combinación?- le preguntó, limpiando sus labios a pesar de que no tenía nada que limpiar, y limpió sus manos, que tendría que lavárselas, o bañarlas en Purell para que se le quitara el olor a callejero, que era lo que no le gustaba de comer con las manos.

- Como tú, nunca me gustaban los lugares…siempre creí en que una estructura podía ser muy fea por fuera pero una sorpresa por dentro… pero, estudiando Diseño de Interiores, te das cuenta que no existe el mueble perfecto, ese que cabe en una esquina específica, con los colores y el acabado que necesitas… y por eso me especialicé en eso… aunque después me di cuenta de eso que dices, que las estructuras…pues, hay unas que no tienen salvación, necesitarías un milagro, que por más que le pongas y le quites, se van a ver raras…

- Suele suceder… y, por experiencia, te digo que yo también he cometido errores arquitectónicos, de creación… y vivir con eso en la conciencia es… fa-tal - rió, buscando en su bolso su teléfono. – Un segundo- sonrió, agachándose para tomar la lata de Dr. Pepper que tenía entre los pies. – Hello!- saludó efusivamente. – Estoy supervisando Louis ahora… acabo de almorzar… Chilli Dogs- rió, Lena sólo la veía reír, y le encantaba verla, era como si cada movimiento que hacía era diferente. – Creo que si lo compras tú y Donatella se da cuenta, te odiará de por vida… además, los diseños de Donatella te van bien… aunque no te puedes vestir toda la vida de Donna Karan y de Donatella… varía un poco, ¿si?...- Esos nombres le sonaban a Lena tan de amistad, la manera en cómo se refería a ellas, a Donatella Versace y a Donna Karan, ¿quién era esa mujer? ¿O con quién hablaba? – Amor, ahora estoy libre- rió. – Podemos cenar a las ocho… Está bien, Brasserie a las ocho… yo también, Amor, Bye- sonrió, y Lena lo malinterpretó todo, era Natasha quien hablaba, y no sabía que se trataban así de cariñoso, y, según Lena, ese "yo también" sólo correspondía a un "Te amo", que no sabía por qué le costaba respirar ante la idea. Yo sí sabía, intenté hacérselo saber, pero no pude. – Lo siento… los colapsos nerviosos- rió Yulia, abriendo la lata de Dr. Pepper al haber arrojado el iPhone a su bolso.

Lena sólo sonrió y terminó de comer en silencio, intentando descifrar por qué le daba tanta "rabia" que Yulia llamara a alguien "mi amor", o le contestara un "te amo". ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué con Yulia sentía que no tenía ninguna fuerza? "No puede ser", Si, Lena, sí puede ser. "No puede ser, simplemente no puede ser… no a mí, no ahorita, no con ella", pero sí, Lena, si puede ser, simplemente sí puede ser, a ti, a cualquiera, en cualquier momento y con cualquier persona, es la ley de la vida: "Expect the Unexpected", ah, no, ese es el slogan de Bleu de Chanel, la fragancia para hombres. "¿Cómo me desenamoro?", no te puedes desenamorar, Lena, no estoy segura siquiera si la palabra existe, pero no se puede. Pues, le habían gustado tantas mujeres como a Larissa Volkova le gustaba la berenjena, nada, ninguna, le gustaban de vista, pero no para comérsela, en un sentido figurado…o literal, pero había llegado su "nunca", y, así como Larissa Volkova comía, en aquel momento, Penne alla putanesca e melanzana, o sea con berenjena, y le parecía lo más rico que había comido en aquel restaurante con su mejor amiga, Carmen, y Lena supo, en el momento en el que Yulia se despidió de ella, de un beso en cada mejilla, al final del día, que por fin habían terminado de instalar las vitrinas en la cincuenta y siete, que no quería besos en las mejillas, sino besar sus labios, besar su cuello, enterrar su nariz entre su cabello y su cuello mientras mordisqueaba por aquí y por allá: un enamoramiento que, en escala del uno al diez, siendo el diez el mayor puntaje, era un verdadero e insuperable "Shakespeare".

- Good Evening, Double-O-Seven- rió Yulia, pues el número de teléfono de Natasha terminaba con "007".

- Good Evening, Yul- rió, refiriéndose a "M".

- ¿Cómo estás?- sonrió, abrazando a su mejor amiga mientras tambaleaba su cabeza de lado a lado. - ¿No viene tu hombre?

- Quizás más tarde, tenía que trabajar bastante… sólo fui a darle la fuerza que necesitaba

- Dios mío…estás bañada en pecado, Anticristo- rió Yulia, tomándola de los hombros para entrar a Brasserie.

- No, hoy no me bañó… usamos casi que tres condones por vez

- Agh, por favor, no hablemos de cosas que tengan que ver con semen, por favor…- frunció su ceño, con un poco de asco. – Pensaba comer un Croque Madame con Bechamel…ahora eso ya no será posible

- Está bien, está bien…- murmuró, sentándose a la mesa. – Traiganme el Filet Mignon medio por favor

- Tráiganme un Steak Frites medio bien- ordenó Yulia. – Y Brasserie Signature Martinis, Olives on the side, Please…and keep them coming- sonrió ante el asustado mesero, que era su primer día y ya lo habían bombardeado con una orden complicada, o así le pareció, pues no pudo concentrarse por la belleza de las dos mujeres.

- Oye, Yul, de verdad, perdona que no puedo invitarte a lo de mamá el otro sábado, sólo puedo invitar a dos… y James se muere por conocer al comité gastronómico

- Nate, tú tranquila, ¿sí?- sonrió, estirando la servilleta de tela sobre su regazo, sobre sus piernas cruzadas. – Me quedaré armando mi rompecabezas

- A veces no sé si me das lástima o te admiro

- Ouch- rió.

- No quise decirlo así…

- Lo sé, lo sé…tienes razón… tengo que terminar a Mischa, ya… el viernes de la otra semana…o cuando lo vea…- suspiró, viendo cómo el agua fría caía en las copas que llenaba el mesero.

- No hablemos de ese, mejor- rió. - ¿Cómo va todo con tu intrusa?

- Se llama Lena Katina - le dijo, atravesando su burla con la mirada.

- Ah… ¿cómo es Lena?- preguntó, haciendo una nota mental de averiguar cosas sobre Lena.

- Es mi sombra, por ahora

- ¿No te molesta que te ande siguiendo cual perro?

- No me molesta que me siga un perro así de guapo- rió. – Y no es un perro, es bastante humana, de hecho…

- ¿Guapa?

- Supongo, sí… pelirroja, como de mi estatura, delgada…

- ¿Barbie?

- No, no Barbie…es distinta, supongo… no sé, Nate, su presencia no me molesta…además, siendo la sobrina de Volterra, Segrate se ha alejado de mi oficina, al parecer Volterra le dijo que era cinta negra- rió.

- ¿Y eso es gracioso porque…?

- Porque Lena no parece que mate a una mosca, debe ser mentira

- Nunca subestimes a una mujer

- No la subestimo, simplemente es…humana, no sé…tranquila, graciosa, puedes conversar con ella fácilmente, no estorba, que es lo más importante

- Suena como que ella es cool…- murmuró, notando la manera en cómo Yulia cambiaba el tono de su mirada cuando hablaba de la tal Lena. – Al menos te ha alejado al imbécil de Anatoly.

- No es lo más rico que ha hecho, y eso que sólo ha estado ahí dos días

- ¿Rico?- rió Natasha, echándose con su espalda sobre el respaldo de la silla. – Vamos, Yul… ¿qué clase de palabra es esa?

- Tiene manos suaves- Natasha soltó una carcajada. – Oye, es cierto…tiene manos suaves, ¿qué le voy a hacer?

- Ay, qué descaro…- sacudió su cabeza.

- ¿Y cómo te fue ahora?- sonrió Volterra. - ¿Cómo va todo con Yulia? Me enteré por ahí que eres su sombra- comían en "Il Vagabondo", un poco de italiano y vino tinto.

- Bien, todo va bien- sonrió, clavándole el tenedor a su ensalada.

- ¿Qué tal te parece Yulia? ¿Es la boca del lobo como dicen?

- No creo, es muy humana…pues, tiene sus aires de grandeza, un ego generosamente grande, pero es amable, es muy afable su compañía, conversa conmigo, me explica todo lo que hace, por qué lo hace así, cómo decidió hacerlo así… me impresiona, la verdad

- ¿Por qué?

- Tiene mi edad, me considero joven, y creo que el ego que tiene es justificable, no cualquiera trabaja con Louis Vuitton, o con Meryl Streep… tienes que ser alguien para que te busquen, ¿no cree?- Volterra asintió pensativamente. – Me parece una persona interesante además…

- Yulia es una persona complicada, quizás no complicada, pero si compleja, no acomplejada…

- ¿A qué se refiere?

- Tiene muy claro lo que quiere y cómo lo quiere, y le molesta que interrumpas su proceso…le gusta que se hagan las cosas como ella dice, que debo admitir que es raro que se equivoque con algo, si tiene dudas pregunta, pero siempre acierta…sólo una vez ha tenido un error, y fue porque la Arquitecta Fox le dio un consejo que no era el más de acuerdo a lo que Yulia hacía, por eso, en lo que a su trabajo se refiere, Yulia es muy cerrada… y es la única que no le pasa sus diseños a Harris…pero tiene su carácter, Lena, le gusta el control, porque sabe que es muy buena teniendo el control de las cosas, sólo así puede lograr la perfección, que es perfeccionista en todo sentido, ¿no has visto cómo se viste?- Lena asintió. – Según Yulia todo tiene su momento, su lugar, su razón de ser, pero el momento correcto…

 

- No es muy flexible, entonces- murmuró Lena, clavando nuevamente su tenedor entre la lechuga y el tomate. – No le quita lo interesante, tío… es como muy madura para su edad, como que creció y se quedó joven, aparte que se ve como de veintitrés años…¿no cree que para alcanzar ese nivel de conocimiento se necesita madurez antes que experiencia?- Volterra asintió pero un tanto dudoso. – Digo, el nivel de seguridad en sí misma que tiene…no sé, me hace admirarla… - pero Volterra ya sabía que no era admiración, que era algo más. – Sólo digo, es una persona interesante, pareciera que ha vivido tanto que no ha vivido nada… es como…perfecta- suspiró.

- ¿Perfecta?- Lena asintió, bebiendo de su copa. – Yulia quiere alcanzar la perfección, pero sabe que no es perfecta… yo creo que por eso su obsesión con la perfección laboral, pues es lo único que está perfecto siempre, su trabajo, los resultados de su trabajo…lejos de eso, no la conozco en un sentido muy personal, pero sé que hay cosas que no la dejan vivir en paz

- Lo tiene todo, tío… un trabajo, un buen trabajo, pues dudo que Yulia gane lo que yo gano, tiene un novio, vive en el Upper East Side…exitosa en todo sentido

- ¿Novio?- rió. – Yulia no tiene novio, al menos no que yo sepa… anduvo saliendo con un alguien pero ya no, al menos ya no la he escuchado mencionarlo desde hace mucho

- ¿Ah, no?- sonrió, intentando disimular la sonrisa, pero no pudo.

- Yulia, el único novio que tiene, es su trabajo… tú crees que teniendo novio, ¿se iría de la oficina a las seis de la tarde?- Lena se encogió de hombros. – Busca una excusa para no ir a su apartamento…vive cerca de Louis Vuitton de la cincuenta y siete, por cierto…así de "en el Upper East Side" vive…

- Entonces es como que trabaja por hobby o gana tan bien que puede costearse la vida ahí, gana tan bien como usted

- A veces Yulia gana más, depende del proyecto…el proyecto jugoso que tiene es el de Boston…no me acuerdo cuánto le están pagando…oye, qué falta de ética de trabajo tengo contigo- rió, sabiendo que era porque era su hija. – Ya no más Yulia por la cena, ¿de acuerdo?- Lena rió. – La verás el viernes y así puedes preguntarle lo que quieras, directamente a tu sujeto de estudio

- ¿Hasta el viernes?- Volterra asintió, terminándose su pizza de pepperoni. - ¿Qué voy a hacer mañana entonces?

- Puedes trabajar en lo de los Hatcher, que Yulia me dijo que te habían contratado- sonrió. – Puedes ir al taller, a comprar materiales…

- O me puede decir dónde estará…- Volterra supo que Lena simplemente se había enamorado, ¿era raro? Y fue cuando Volterra consideró sus opciones, entre proteger a Lena de una manera descontrolada, o mantenerla protegida con alguien que conocía, con Yulia, pero le parecía un poco difícil imaginarse a Lena tan enamorada de Yulia, imposible imaginarse a Yulia correspondiéndole, pero, ¿qué lugar más seguro que Yulia?

– Prada…- suspiró. – En Soho, sobre Prince Street y Broadway- notó la sonrisa de Lena, que crecía cada vez más. – Estará supervisando el mantenimiento de la fachada…

- ¿Mantenimiento?

- Es Patrimonio Cultural, se le tiene que dar mantenimiento… y es todos los años, antes del invierno, para evitar mayores daños en el invierno, y para que, con el cambio de temperaturas y humedad entre primavera y verano del otro año, contando con que bajo Prada hay una estación de subterráneo, no haya un daño de tipo "multa"
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VIVALENZ28

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 22, 2015 12:37 am

Lena y Yulia caminaron de la mano hacia el salón, volviéndose a ver por momentos, Yulia admirando la belleza que despedía su pelirroja favorita, con su cuello delgado, que colgaba tiernamente el anillo de él, los aretes que Natasha le había regalado, el toque perfecto para el Elie Saab, que no era el vestido que hacía ver bien a Lena, sino al revés, Lena hacía ver bien al vestido. La licenciada veía la felicidad con la que Yulia la veía de regreso, esos ojos azules nunca se vieron más puros, bueno, sólo un par de veces, cuando le dijo que la amaba, cuando se reconciliaron en la oscuridad de la víspera de año nuevo del dos mil doce, y cuando le pidió, de aquella tan rara pero interesante manera que se casara con ella, y no podía evitar ver su sonrisa, disimulada y tirada del lado derecho, que invitaba a comer de la comisura de sus labios, a besarlos, a simplemente firmar el papel y hacer el amor, hacer el amor una y otra, y otra vez, sentir su piel así como la primera vez, así como la noche de la reconciliación, así como la noche de la propuesta, así como esas veces que no se daban un orgasmo, sino que sólo sentían sus pieles rozarse, sus alientos mezclarse y sus labios unirse, entre caricias tiernas y apasionadas, que sólo querían sentirse cerca. Lena desvió su mirada hacia el hombro desnudo de Yulia, qué hombro para gustarle, con esas pecas dispersas, pocas pero sensuales, sus antebrazos, la clavícula que se le saltaba, el calor de su mano que envolvía la suya, su pulgar que acariciaba el costado del suyo, pero, al ver nuevamente hacia el frente, Lena se detuvo.

- ¿Qué pasa, mi amor?

- Voy a ir por mi mamá- rió. – Se me había olvidado que iría por ella y por mi hermana

- No sé si ya están aquí, mi amor… déjame preguntarle a Phillip, ¿sí?- Lena asintió, viendo a Yulia buscar su iPhone.

- ¿Qué se supone que haga con un ocho?- rió, refiriéndose al número que le había dado Yulia, quien se encogía de hombros mientras desbloqueaba su iPhone. - ¿Es el número de orgasmos que me vas a dar?- Yulia rió a carcajadas. - ¿Las veces que Darth Vader ha desgraciado el piso?

- Pipito- saludó a Phillip por el teléfono, sacudiendo su cabeza con una sonrisa para responderle a Lena. – Una pregunta, ¿Inessa y Katya ya están ahí?... Roger that, Sarge. Volkova, Out. – y colgó. – Te espero en el salón, ¿está bien?- dijo, volviéndose a una sonriente Sophia.

- Hubiera sido más fácil si estuvieran ya abajo- rió.

- ¿Por?

- Seguro me da "the talk"

- Esa "talk" me la dieron a los catorce, y luego a los dieciséis, y luego a los diecisiete… ¿no estás un poco mayor para eso?- rió Yulia. – Digo, a los veintinueve como que no esperan que seas virgen- rió a carcajadas descaradas.

- ¡Ay!- canturreó, riéndose por el buen humor de su novia. – Esa nunca me la dio porque me incomodaba demasiado… y le he huido por veintinueve años, Arquitecta, no voy a dejar de huirle ahora.

- Creo que, en realidad, tienes miedo de confesarle a tu mamá que eres una ninfómana- murmuró, tomándola de la mano y acercándola a ella lentamente. – Y de confesarle que te encanta cuando me como tu clítoris…- y aquel murmullo se iba convirtiendo, con el paso de las palabras, en un susurro juguetón y coqueto. – O… cómo te gusta que te hago eyacular…- susurró a ras de su oído, Lena con la piel erizada y tratando de tragar con normalidad. – Mientras penetro tu…- respiró, cayendo su exhalación tibia sobre el cuello y el hombro de Lena, que sintió cómo Lena apretujaba su mano, intentando decirle "¿mi qué?". – Ano

- Holy.Fuck- resopló Lena entre su ahogo, respirando por fin, soltando el aire que tenía estancado en sus pulmones, pero, al mismo tiempo que lograba respirar, resolvía sonrojarse del color de la alfombra del Radio City Music Hall.

- Santo es tu pequeño culo pequeño y apretado- sonrió Yulia, despegándose de su oído y clavándole los ojos en los suyos. – Te estaré esperando…- sonrió, dando el primer paso hacia el final del pasillo, en donde, a la izquierda, se encontraba el salón.

- Espera,espera…- Yulia se detuvo, y Lena vio cómo respiraba hondo. La tomó de la mano y la haló hacia ella. – Vas a lamentar esto- rió, dándole un beso fugaz en sus labios.

- No te tengo miedo- sonrió, que Lena le soltaba la mano y se daba la vuelta para salir por el pasillo principal hacia los ascensores.

- ¡Deberías!- elevó su voz junto con su dedo índice derecho, como haciendo la típica seña de regaño paternal, de una amenaza de "no lo vuelvas a hacer", y desapareció al cruzar hacia la izquierda.

*

Octubre doce, viernes, dos mil doce. Ya era relativamente tarde, al menos ya no había sol, y era el fin de una larga y extraña semana para Natasha, había tenido que despedir a alguien por primera vez, y no le había gustado, pues había visto la preocupación de aquel hombre, el qué haría entonces, y, peor aún, cuando se había puesto a llorar, rogándole que le diera una segunda oportunidad, y fue que Natasha no supo si le daba lástima, miedo, asco, o qué, pero no sabía ni cómo consolarlo, sólo le pasó la caja de Kleenex, e intentó con todas su fuerzas no verlo, pues le incomodaba, no era decisión suya despedirlo o no, eso era lo que el hombre no entendía, era decisión de producción, pues, últimamente, el equipo llegaba incompleto a Parsons, siempre estaba incompleto, que eran cables de extensión, o conectores de cámara a monitor, o cualquier cosa, y Natasha simplemente hacía su trabajo, despedirlo, cumplir con la orden que venía del departamento de su mismo nivel, que tenía que rendir hacia abajo al despedirlo, hacia la derecha para contratar a un nuevo técnico. Qué momento más incómodo, e hiriente también, pues la mirada de ese hombre, de preocupación y ruego, se convirtió en una mirada de odio otorgado por casualidad al Natasha decirle "lo siento, Mr. Fields, pero no hay nada que yo pueda hacer". Y esa secuencia de imágenes se repetía en su cabeza, una y otra vez, sin descanso, intentando descifrar la reacción del hombre, por qué la odiaba a ella y no a los que habían tomado la decisión de despedirlo en un principio. Salió de su oficina, taconeando sobre sus botas, hasta por debajo de la rodilla, rojas, de gamuza y cuero Louboutin, que enfundaban su skinny Jeans The Row, cubierto por los bordes de un abrigo negro de otoño, largo, hasta por arriba de la rodilla, que guardaba una camisa formal, de manga larga, de lino, color crema, a rayas distanciadas y gruesas, azules con contornos blancos.

- Miss Roberts- la saludó Hugh, abriéndole la puerta trasera de aquel Mercedes Benz.

- Hugh, buenas noches- sonrió entre su cansancio, arrojando su bolso Narciso Rodriguez de golpe al asiento para luego meterse ella, Hugh cerrándole la puerta, ella apoyándose con su codo de aquel corto espacio que había entre la ventana y el vacío, llevando su mano a su cara, deteniéndolo desde su frente, escuchando a Hugh subirse al auto, encendiéndolo, ella apoyando la cabeza contra el vidrio.

- ¿Miss Roberts? ¿Está todo bien?- preguntó en su voz preocupada al verla así a través del espejo retrovisor, manía que tenía de todos los días desde aquel día que Natasha iba llorando, en silencio, como siempre le había gustado. Tenía once, o doce, aquella vez, mal día en el colegio.

- Sí, todo está bien, Hugh- murmuró, pero sin dirigirle la mirada, ni el más mínimo y considerado reojo.

- Recogí el paquete de la oficina de Mr. Shaw- murmuró, alcanzándole el sobre manila por entre los asientos.

- ¿Y qué dijo?- lo tomó con su mano izquierda, irguiéndose para sacar lo que había dentro.

- Nada en especial, que esperaba tener el resto del pago cuanto antes y que el Señor Romeo nunca se enterará, como acordado- puso el vehículo en marcha. - ¿A Kips Bay?

- No, a donde Phillip, por favor…

- Con mucho gusto, Miss Roberts- sonrió, ya con la corbata un poco floja y con su camisa desabotonada al primer botón. - ¿A Watch Group?

- No, a Beaver House, por favor- murmuró, revisando la cantidad de papeles que aquel sobre contenía, un merecido diez para Shaw, el P.I de Romeo. Guardó los documentos en el sobre y los metió en su bolso, preguntándose de dónde había sacado tanta información, ¿qué tanto podía existir sobre alguien? Y no había algo que Natasha odiara más que los semáforos en rojo, todos en rojo, pues no sólo estaba cansada, sino que estaba ansiosa por revisar los documentos, y tenía hambre, y ganas de verlos con Phillip. – Si, hola, uhm… me gustaría una Carne Asada Quesadilla, dos Puerco Burritos, un Puerco Torta, un Tamarindo y un Jamaica, para William Beaver House, 47th Floor, por favor… Voy a pagar en efectivo, y veinte dólares extra si puede hacerlo en menos de media hora, ok?... Ok- y colgó, viendo, a lo lejos, el edificio de su príncipe azul, pero no alcanzaba a ver si las luces estaban encendidas, que nunca lo había logrado.

- Creí que no te vería ahora- sonrió Phillip al abrirse el ascensor.

- ¿Ya comiste?- caminó, arrojando su bolso sobre la mesa de la entrada para quitarse, en el trayecto hacia Phillip, su abrigo.

- No, estaba a punto de ordenar- sonrió, recibiéndola entre sus brazos, abrazándola por la cintura mientras Natasha lo abrazaba, con sus muñecas, por su cuello para saludarlo con el típico beso.

- Olvídalo, Guapo… ya ordené, mexicano para los dos, uno de esos de Tamarindo que tanto te gustan- sonrió, volviendo a darle un beso, enterrando sus dedos entre su cabello.

- ¿Sucede algo?- murmuró, notando la falta de espíritu de Natasha.

- Mal día en la oficina, nada más- sonrió de nuevo, dándole otro beso, este fugaz y corto, despegándose de él para colgar su abrigo en el closet de la entrada.

- ¿Algo de lo que quieras hablar?

- Tuve que despedir a alguien… no es gran cosa, para mí, por supuesto... para él... Sabes- suspiró, sacando el sobre de su bolso y volviéndose hacia él.

- Me imagino que no fue fácil… me asustaría si lo hubieras disfrutado… ¿qué tienes ahí?

- Toda la información sobre la nueva compañera de trabajo de Yulia

- ¿La Intrusa?

- Esa misma…

- Oye… ¿no es invasión a la privacidad eso? ¿No va en contra de algún reglamento femenino?

- Tengo la demencial teoría de que a Yulia le gusta- susurró, tomándolo de la corbata y halándolo hacia ella.

- ¿Le gusta de que le gusta trabajar con ella o de que le gusta físicamente?

- Las dos cosas… sólo que la segunda opción no la sabe todavía

- Y…esta demencial teoría, como tú le llamas… ¿de qué comentario de Yulia parte? ¿O es simplemente que estás perdiendo la cabeza?

- Oye, respétame- rió, dándole un golpe burlón con el sobre en la cabeza. – Tú sabes cómo es Yulia…te conté cómo estaba porque le iban a invadir la oficina… pues ese turbo-cabreo que tenía se le evaporó ante la guapísima mujer que invadió su oficina… que no sé qué tan guapa sea, pero Yulia habla grandezas de ella, laborales, físicas…hasta me dijo que sus manos eran suaves

- Tal vez sólo le ha caído bien, tal vez sólo son compatibles- trató de razonar con Natasha, como si él tuviera integridad, al menos más que Natasha. -Dame ese sobre- rió ante su curiosidad, perdiendo toda moral que el diablo podía robarle.

- Así me gusta, Phillip Charles- sonrió, pegando el sobre a su pecho para que lo tomara y ella caminó hacia el sofá de la sala de estar, un comodísimo sofá de cuero, ancho y cómodo, negro, como todos los muebles en ese Penthouse, y se dejó caer de espaldas, con sus pies colgando del brazo. – Mi amor…

- Dime- dijo, sacándole las botas, cosa que Natasha no le había pedido, pero él, por atención personalizada, lo hacía.

- ¿Qué tan bueno eres dando masajes?

- No lo sé, pero supongo que podría intentar contigo… Consentida- susurró, bromeando.

- No pienso salir de aquí hasta el lunes por la mañana, ¿sabes?

- ¿Y qué hay de Yulia? ¿No tenías una riña en el Fencing Center programada para mañana?

- Ya no, Yulia me canceló… - suspiró, sintiendo a Phillip quitarle sus cortos calcetines.

- ¿Qué podría ser mejor que estar contigo?- sonrió, subiendo sus manos a los bordes del jeans de su novia, sabiendo que el botón sólo era adorno, pues era Denim con Spandex, lo que lo hacía retirable, y lo retiró. – Pues, ¿más importante?

- Mmm… Guapo, así me gusta- rió, tanto por su pregunta como porque la estaba desvistiendo. – No es mejor en calidad de tiempo, pero es mejor para ella

- ¿A qué te refieres?

- Soy mala influencia- sonrió con diversión.

- Ay, no seas mala- le reprochó en tono mimado, cómo le daba risa a Natasha cuando hablaba así. Phillip tenía la habilidad de hacerla reír en tres segundos, o menos, cuando hablaba y se movía como un homosexual que se había potencializado al lado femenino, así como Ross Matthews, que sacaba la mujer más mujer que llevaba dentro, o cuando hablaba como afroamericana, con todo y gestos, que su nombre era artístico era Lashonda o Shaniqua, y esa habilidad la había aprendido de las adorables secretarias del área de Mergers & Acquisitions, que eran otro tipo de consultores. - Dime

- Guapo, la curiosidad no es buena- sonrió, sintiendo a Phillip desabotonarle la camisa, y sólo sintiéndolo, pues tenía sus ojos cerrados.

- ¿Y me lo dices tú? ¿La que ha mandado a investigar a la mujer esa?- rió.

- Touché, touché…

- Vamos, dime, no le voy a decir a nadie- terminó por desabotonar aquella camisa, viendo la unión de su sostén del mismo color de su piel.

- Le di el teléfono de Alastor

- ¿Quién es Alastor?

- Alastor Thaddeus, Psicólogo funcionalista… es un Dios para resolver los traumas

- Dos cosas- dijo, abriendo la camisa de su novia mientras acariciaba, con sus dedos, el contorno de su sostén de encaje. - ¿Por qué sabes tú de ese psicólogo y en traumas? Y, ¿por qué necesita Yulia un psicólogo? Ella está bien?

- Muchos de mis compañeras en NYU decían que estaban traumadas, por A o por B motivo, y terminaban en el consultorio de Alastor, y es un poco famoso por arreglar traumas sin remitirte a un Psiquiatra… y Yulia está bien, sólo necesita saber algo, supongo… no sé con exactitud, ella simplemente preguntó si sabía de un buen psicólogo que no fuera tan psicólogo

- Tú eres psicóloga, ¿no podías ayudarle tú?

- No soy psicóloga clínica… mi minor es en Psicología Clínica y Criminalidad, pero no me hace una psicóloga con la capacidad de hacer ni la mitad de lo que un psicólogo clínico hace

- Pero, digo, eres su mejor amiga… algo sabes de eso

- Guapo, a veces es más fácil contarle tus problemas a alguien que no conoces y que, como profesional, no te juzgará… yo puedo decirle muchas cosas, pero siempre la relación de amistad va a interferir en mi distanciamiento

- ¿Y… lo que le pasa a Yulia no tiene nada que ver con tu humor?

- Un poco, sí, es justo preocuparse, ¿no?

- Ustedes viven como en simbiosis, ¿no?

- Pretty much… pero dejemos de hablar de Yulia, que íbamos por buen camino, se me había olvidado que estaba preocupada por ella también- suspiró, abriendo sus ojos, viendo los ojos grises de Phillip, sonriéndole con ternura, como si quisiera pedirle algo. – Sólo pregunta

- No, no quiero preguntarte… quiero decirte lo que quiero

- Ay, Guapo… así me gusta, mi oposición oficial- gruñó cariñosa y juguetonamente, sentándose, recostando su espalda sobre el respaldo.

- No sé qué quiero, en realidad…

- Y estamos de vuelta al punto de partida- rió. - ¿Quieres casarte conmigo?- sonrió, levantando su mano derecha, mostrándole el anillo y el cordón rojo alrededor de su muñeca, que había sido recientemente renovado, y el anillo no se lo quitaba ni para ducharse.

- Desde hace mucho tiempo, mi amor

- ¿Tienes una propuesta más interesante?- Phillip asintió, pero luego dudó y tambaleó su cabeza. – Aclárate, ¿sí?- y sacudió la cabeza. – Oh, se trata de tus fantasías, ¿no?- y asintió. - ¿Quieres que las adivine?- volvió a asentir. – Quieres que me masturbe para ti… y quieres saber si estoy dispuesta a tener sexo anal, ¿cierto?

- La primera si es fantasía… pero… la segunda no, no podría hacerte eso

- Si puedes… sólo tienes que pedirlo… aunque pedirlo es lo que te da problemas…- murmuró, guiando su mano, por la verticalidad de su abdomen, hasta su sexo, introduciendo su mano dentro de su tanga, la típica tanga negra.

- Tiene que ser una jodida broma- gruñó ante el timbre del Lobby.

- No te preocupes, Guapo… que sí me masturbaré para ti… sólo si te quitas las ganas anales que me traes

- No tengo lubricante

- Pero yo sí

- ¿Anal?- su mirada se abrió de par en par, casi se le salen los ojos.

- ¡No!-soltó una carcajada mientras se ponía de pie sobre el sofá y saltaba por el respaldo para caer sobre el suelo. – Piénsalo- sonrió. - Yo invito- dijo, desapareciendo por el pasillo, no para vestirse, sino para que el hombre del servicio a domicilio no la viera semi-en-pelotas. Phillip ya había aprendido que, cuando Natasha decía que ella invitaba, era porque ella invitaba, pues, al principio, Phillip no la dejaba gastar en nada, y Natasha, un día, decidió rebelarse contra el sistema de gastos y le regaló un Yacht-Master, un Rolex de platino, con una nota que decía: "Mi amor, ¿prefieres que gaste quince mil veces más que lo de la cena del sábado, o lo de la cena del sábado? Con advertencia y amor, Natasha", e hizo que se lo fueran a dejar un Payaso, una enfermera sexy, y Fabio, pues, un doble de Fabio. Y él no quería repetir aquella vergüenza, que le dio risa, pero lo hizo entender. – Aquí- sonrió, alcanzándole un Adizero Bermuda gris. – Yo ordeno- dijo, refiriéndose a la cena.

- Gracias

- Tomaría una bala por ti

- No digas eso, Natasha…- suspiró, imaginándose esa escena, y no la pudo digerir, se quitaba su camisa junto con su corbata. – Nadie me va a disparar… nunca

- Pues, sólo mi papá- rió, sacando las servilletas de uno de los gabinetes.

La cocina de Phillip era lo único que no le gustaba, pues sólo estaba ahí puesta, contra la única pared que no era completamente de vidrio, y no tenía pared que le diera privacidad, simplemente estaba a la vista pública dentro del Penthouse; era lo que Yulia decía: "mi apartamento lo compré porque tenía una cocina grande y no era completamente abierta, no entiendo por qué los neoyorquinos no cocinan en sus casas", y Yulia tampoco cocinaba, al menos no muy seguido, pero esa noche sí, cocinaba vieiras y cola de langosta a la mantequilla y al limón, con un toque de ajo y cebolla, y el ingrediente secreto de Larissa, nuez moscada y un poco de Bourbon para flambear aquellos mariscos, y servirlos al lado de una generosa porción de arroz al vapor, con un vaso alto de Grey Goose con Pellegrino, un toque de menta y limón, y, junto a Coldplay en los parlantes de la habitación del piano, a puerta cerrada para no perturbar a los vecinos, se dispuso a terminar de armar su rompecabezas de mil quinientas piezas, aquella imagen de Van Gogh.

- ¿Tienes algo?- preguntó Phillip. Estaban acostados en su cama, en su, Foglia de roble, un diseño de Armani Casa, que en un principio fue concepción de Lena pero que había sido de los muebles modificados por Gio o Francesco, que fue que sólo le agregaron una curvatura a la parte final de la cama.

- Pues… cuando Yulia me dijo que estaba guapa… no me dijo que estaba así…- dijo, mostrándole una fotografía de Lena saliendo del edificio en Rockefeller Center. – De guapa

- Con el debido respeto que te mereces, mi amor…

- Lo sé, lo sé… está guapísima

- ¿Es normal que una Arquitecta sea así de guapa?- rió, volviendo a sus páginas. – Digo, Yulia es guapa, es diferente, no las puedo comparar

- No es Arquitecta- sonrió, dándole la hoja de vida de Lena. – Es Diseñadora de Interiores y de Muebles

- ¿Diseñar muebles es una profesión?- resopló. – Debe ser buena para que haya trabajado tanto tiempo en Armani Casa

- Una pregunta… ¿en qué caso pagarían de dos cuentas distintas el mismo fin?

- ¿A qué te refieres?

- Lena está bajo el seguro financiero, por ahora, según esto… y el pago viene, con normalidad, de Volterra-Vensabene, pero, el apartamento en Chelsea… vale dos mil quinientos mensuales, no lo paga ella

- No, eso no puede ser… el seguro mensual, por cada trabajador, cubre hasta cinco mil dólares, dos mil quinientos más necesitaría la firma de Yulia y de Volterra, y eso pasaría por el contador y luego por mí… ¿dice quién lo está pagando?

- No, sólo dice que es una transferencia que se ha programado por los próximos seis meses, para que se haga el depósito a la administración de Clever Tower…- hizo una pausa y rió. – Desde la cuenta de Volterra

- No está haciendo nada malo, entonces- sonrió, pasando las páginas. – Es su cuenta personal, no tiene nada que ver con el Estudio

- ¿Por qué harías algo así? Digo, Volterra no le pagó un apartamento a Yulia cuando recién llegaba… ¿o sí?

- Mi amor, tal vez sólo trata de ser amable, dos mil quinientos dólares para Volterra… ni los nota al final del mes… oh, escucha esto: hija de Inessa Katina Rialto y Sergey Sergeevich, congresista y secretario general de la fracción del Movimiento Panhelénico Socialista, Elena Sergeyevna  Katina, sus primeros tres años de vida tuvo el primer nombre por "Lina", que fue removido en el ochenta y ocho, fue declarado como una confusión estatal, tiene una hermana, se llama Ekaterina Katina, es bisnieta de Leopoldo Rialto, uno de los cinco ingenieros que implementaron el sistema de trenes rápidos en Italia, su abuela materna era actriz de teatro, su abuelo dos veces medallista olímpico de plata en Shooting…

- Suena como que si Lena tuviera mucho dinero, Phillip

- Sus papás se divorciaron el verano pasado y luego la dejó, a ella, y a su mamá sin un centavo

- Pues, sí, supongo… porque Savannah College por seis años no creo que sea barato…

- Creo que cuesta más o menos cuarenta mil al año, pues, sin costos de vida, claro… Summa Cum Laude en su Bachelor y Cum Laude en su Master… la niña es superdotada- rió, poniendo los papeles sobre el suelo.

- Tiene veintisiete, niña no es… y Yulia tiene Summa Cum Laude en ambas cosas- dijo, saltando a la defensiva de su mejor amiga.

- ¿Por qué hiciste que investigaran sobre ella? ¿Tienes celos?

- No, no son celos, es sólo que…

- ¿Qué?- murmuró, quitándole las páginas de las manos y tirándolas, a ciegas, sobre el suelo. – Dime…

- Yulia no es feliz, quizás un poco de amor le ayude

- ¿Amor? ¿Qué se supone que tiene con Fucker?- dijo, refiriéndose de tal manera a Mischa, porque él sí pensaba que Mischa era un verdadero Fucker, un Fucked up Fucker, había algo en él, más allá de su comportamiento y de su historia, que no le terminaba de agradar.

- Con Fucker no tiene nada- rió Natasha, acomodándose entre los brazos de Phillip.

- Tú lo que quieres es saber si, por cómo Yulia habla de Lena, es que inconscientemente hay cierto coqueteo, ¿no?- Natasha asintió, paseando su mano por el pecho de Phillip, que le gustaba que tuviera vellos, pues no eran muchos y no era una jungla densa. – Solo darle un pequeño impulso en el momento justo… ambas son una preciosidad…

- Yulia no es tan lesbiana, mi amor

- Get her drunk

- Tú sabes algo que yo no sé, Phillip Charles

- El alcohol es el suero de la verdad, vaya para ella

- Está bien… está bien… ahora, tema concluido… tengo ganas de algo, un antojito

- Nate, ¿no comiste suficiente?

- No es eso… - sonrió, con una risa nasal, despegándose de los brazos de su hombre y quitándose su sostén. – Te debo algo, que será un literal placer dártelo- se colocó entre las piernas de Phillip, encarándolo, abriendo sus piernas sobre las de él.

- ¿Es en serio?

- Yo no bromeo con esas cosas, mi amor… pero…- susurró, irguiéndose hasta topar su frente con la de Phillip. – Quiero que lo saques pero que no lo toques- y atrapó su labio inferior con sus dientes.

Natasha también podía ser traviesamente picante. Phillip se quitó sus pantaloncillos junto con su bóxer, dejando su miembro, suavemente flácido, a la vista de su novia, quien se había recostado, con sus piernas abiertas, frente a Phillip, pero deteniéndose con su codo izquierdo para ver el panorama. Acarició su vientre con sus dedos, juntos y suaves, guiando la caricia con sus uñas, manicuradas al natural, hasta su monte de Venus, en donde Phillip tuvo que intervenir y le ayudó a quitarse lo único que separaba su vista de aquella masturbación. Llevó sus dedos, sus cuatro dedos hasta cubrir por completo su sexo, acariciándolo totalmente, de arriba abajo, lento, sólo para que Phillip viera que ella se trataba con cariño también. Y, con su dedo medio e índice, introducidos levemente entre sus labios mayores, acarició, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, desde su perineo hasta su clítoris, lentamente, gozando su momento, pues no engañaba a nadie, ni a sí misma, simplemente le gustaba que Phillip estuviera viendo. Presionó su clítoris con su dedo de enmedio, liberando aquellos sonidos húmedos de cuando su dedo se despegaba de su pequeño clítoris, sonidos sensuales y tiernos, bueno, tiernos quizás no, pero eran lindos, según Phillip. Natasha no solía gemir cuando se masturbaba, pues en la oscuridad de su habitación, ella sola, ella y su vívida imaginación, no podía hacerse gemir ella sola, pero ahora, masturbándose frente a Phillip, sí que podía gemir, por morbo, por excitación, por excitarlo a él, que era notable, pues su pene, conforme los segundos pasaban, se iba acomodando a una hermosa y recta erección.

Phillip veía el cambio en el cuerpo de Natasha, haciendo el recuento de lo raquítica que solía ser cuando la conoció, cuando la vio por primera vez, que quizás era talla cero, o talla dos, pero ahora, en su hermosa talla cuatro, que seguía siendo pequeña, en estatura, en proporción a él, y en peso, era muy liviana todavía, pues Phillip solía levantar doscientas libras en pesas todas las mañanas, ciento veinticinco libras no eran nada. Y el cambio físico momentáneo también lo pudo apreciar, aquello de que los pequeños pezones de su novia se hicieron todavía más pequeños, más rígidos, que se concentraban tímidamente en el centro de cada seno, sus senos que descansaban sobre la parte más alta de su abdomen plano, grandes, pero no enormes, dignos de un escote que casi nunca mostraba, a menos que fuera para él, el rubor de sus mejillas y de su cuello, parte de su pecho, a la altura de sus clavículas, sus ojos café transparentes, bordeados de un maquillaje en negro, lo miraban con lascivia, con excitación, su ceño fruncido mientras mordía el interior de su labio inferior por la parte derecha. No se diga la parte de su cuerpo que tocaba con tanto cariño, con tanta delicadeza, sus labios mayores hinchados, apenas brillosos por sus jugos, pues al no ser muy carnosos ni envolventes, sus jugos tendían a salirse fácilmente, lo que enloquecía a la testosterona ahí presente. Introdujo su dedo, pausadamente, acariciando sus adentros como lo hacía cuando no podía estar con Phillip por razones temperamentales, que eran los cuatro días que dormía con Yulia, pero que utilizaba la ducha nocturna para darse placer, y así, junto con su tampón, dormir plácidamente al lado de Yulia. Y acariciándose, o frotándose, suavemente su GSpot, dejó salir un gemido liberador junto con su orgasmo, que la intensidad se creaba al compás del frote de Natasha en su clítoris, para alargarlo.

- ¿Cumplí tus expectativas?- sonrió, todavía un poco agitada por su orgasmo, Phillip, en estado mudo, asintió lentamente. – Sabes…- se acercó a él con su espalda. – Tienes un pene tan lindo…- sonrió, tomando aquella erección en sus manos, sólo atrapándolo en ambas manos. – Tan lindo que me dan ganas de comérmelo a besos

- No sé cuánto tiempo aguante- balbuceó, sintiendo que Natasha cerraba un poco más sus manos.

- ¿Quieres que me lo coma? ¿Lo quieres aquí enmedio?- susurró, poniendo su mano entre sus senos. – O ... ¿quieres follarme?

- Ponte en cuatro- le susurró con una sonrisa y Natasha, creyendo que iba a sacarle los ojos de la magnitud de aquella violación, obedeció con una sonrisa, le encantaba cuando Phillip le decía qué hacer.

- Oh my God- suspiró al sentir la lengua de Phillip entre sus glúteos. Era una sensación extraña, pero sabrosa, le gustaba, y supo por qué no había dejado que Enzo lo hiciera, porque no era suyo, y dejó caer su rostro sobre la cama, rindiéndose ante la sensación, la barba suave de Phillip rozándole su trasero, la lengua que era rígida y se paseaba verticalmente por su agujerito, que se fueran al carajo las normas sexuales "normales", eso se sentía demasiado bien.

- ¿Te gustó?- suspiró, irguiéndose y alcanzando el típico y molesto condón, para ambos, para colocárselo sin que Natasha lo viera, pues simplemente no le gustaba.

- Para ser la primera vez… creo que me mojé muchísimo más

- Primera vez para ambos entonces- y rozó su miembro contra el interior de los labios mayores de Natasha, para lubricarlo, para luego meterlo lentamente. Phillip nunca había contemplado la idea, menos con Natasha, a quien tanto respetaba, pero es que veía hermoso hasta su agujerito rosado, y, como sabía lo pulcra que era Natasha, se había decidido a probarlo, y no supo qué le había gustado más, si la combinación de el calor, el sabor y la textura, o lo que había provocado en Natasha, o la combinación de ambas cosas. Y empezó a penetrarla, tal y como a Natasha le gustaba, el consenso del placer, que era rápido para Phillip pero suave para Natasha, el punto perfecto y, viendo aquella espalda, con los omóplatos saltados por estarse deteniendo de la cama, con el cabello a lo California Invertido, es decir rubio de la raíz, difuminándose a castaño hacia las puntas, y su trasero, que se movía agraciadamente con cada embestida, Phillip no pudo contenerse al agujerito, era mágico, y lubricó su pulgar para acariciarlo con él. – Eres tan perfecta…- gruñó, acariciando el agujerito circularmente mientras la penetraba, Natasha se autoestimulaba, tanto de sus pezones, con su mano izquierda, como de su clítoris con su mano derecha. Y empujó lentamente su pulgar dentro de Natasha, sintiendo que lo estrujaba, que ponía un poco de resistencia.

- Más… más…- gemía Natasha, diciéndole "más rápido, más duro, más adentro". Y Phillip enterró completamente su dedo en el agujerito, Natasha gemía de placer, gemía doble si dibujaba círculos dentro suyo, y le gustaba, Dios mío que sí le gustaba, tanto que se corrió, se corrió tan fuerte que Phillip, entre los espasmos vaginales de Natasha, se corrió dentro de ella, con la barrera del látex por supuesto. Se salió de Natasha, tomándola delicadamente por la cintura para traerla junto a él. – Lo disfruté muchísimo- jadeó, tomando el miembro de Phillip para deslizarle el condón hacia afuera.

- Yo lo haré- dijo, evitando que ella lo anudara y lo botara.

- Es lo menos que puedo hacer por ti, mi guapísimo Semental- sonrió, deslizándolo hacia afuera y tomándolo entre sus dedos mientras se levantaba de la cama y se dirigía hacia el baño. – Hey… Quiero preguntarte algo…- murmuró, acostándose a su lado bajo las sábanas, acomodándose entre sus brazos.

- Las preguntas que quieras

- ¿Qué piensas de tener hijos?

- Oh… bueno…- resopló, quedó pensativo un momento, en un sonido gutural del génesis de la tierra. – Siempre y cuando salgan de ti, ¿por qué no?

- ¿Cuántos quieres?

- Los que tú quieras tener… porque sé que ahorita puedes pensar que quieres tener diez, porque sé que te gustan los niños, no creas que no te he visto jugar con Leni, o con Henry cuando los llevan a Lifetime…pero creo que, después de unos cuantos ya el cuerpo no te rinde para más

- Pues, mi amor, yo quiero dos o tres… porque no me gusta ser hija única

- ¿Por qué no? Tienes la atención absoluta de tus papás, no tienes que pelear con alguien que te acusa de algo que no hiciste…

- Y te sientes solo… aunque Adrienne no lo acepte, se le nota que te adora… yo aprendí a adorar a Greg, porque era el primo mayor, del lado de mi mamá, claro, y era popular… pero nunca tuve que compartir, ni cosas así

- La razón de por qué no quieres compartir a Yulia- rió, haciéndole cosquillas a Natasha.

- Si la comparto, no seas grosero- gimió entre risas.

Lena no se sentía mal, pero, por alguna razón, todavía no terminaba de sentirse bien. No esperaba que la gente de la estudio la incluyeran de inmediato, pues, Yulia sí lo hizo, pero en un sentido laboral, en un sentido personal no, era la barrera que Yulia había construido entre ellas, y Lena no sabía cómo o qué hacer para que no le doliera esa cercanía tan distante, que era entendible, pues el hecho de que ella estuviera interesada en Yulia, no significaba que hubiera reciprocidad. Y, tras dos horas de estar dando vueltas a la cama, pensando en qué estaría haciendo Yulia, en cómo sería su vida fuera del trabajo: quizás Yulia trabajaba todo el fin de semana sin descanso, quizás salía con sus amigos, pero, a las tres de la mañana, hora en la que Lena estaba en su cama, intentando dormir, pero no pudiendo ante el bombardeo mental de quién era Yulia, se la imaginó yendo a la cama, sola. Todavía fue capaz de verla desvestirse, mucha imaginación; frente a un espejo de cuerpo entero, desabotonando su camisa negra, botón a botón, con una mirada ya cansada, invadida de sueño, retirándola, dejándola caer sobre el suelo, y se imaginaba aquella estructura de su torso, hombros cuadrados pero femeninos, no de tenista, con las clavículas saltadas, con la cadena que llevaba ese día; fina, con un pendiente de una bolita estática, y un abdomen plano, quizás tenía un arete, quizás no, pero se la imaginó en un sostén negro. Y se desabrochaba su pantalón blanco, dejándolo caer sobre el suelo, saliéndose a pasos de él, quedando sólo en su sostén y en su tanga, porque usaba tangas; se la había visto a través del pantalón en cuanto se había agachado, pero no pudo distinguir el color, por lo que creyó que era negra también, o nude.

Y cuando menos sintió tenía su mano adentro de su pantalón de pijama, imaginándose a Yulia quitarse lentamente su sostén, liberando sus senos, ¿cómo serían sus pezones? Juzgando por el color de sus labios, debían ser rosado pálido, un poco más oscuros que los suyos, o café muy pálido, quizás no muy pequeños, pero, "¿Por qué los quiero tanto?", y sacudía la cabeza para volver a su imaginación, que era cuando Yulia tomaba su tanga por los elásticos de la cadera y lentamente la deslizaba hacia abajo, y gimió, algo que era nuevo para ella, y volvió a gemir en cuanto se imaginó a Yulia verse en el espejo, pero su imaginación la traicionó, pues vistió a Yulia en algo que lograba tapar cada milímetro de su piel, hasta abrió los ojos y se dio cuenta de que se estaba masturbando, pensando en Yulia, y casi muere de la vergüenza, pues nunca se había masturbado pensando en alguien, no así. Y se sentó de golpe sobre la cama, poniéndose de pie para salir a su diminuta terraza para devorar tres cigarrillos, para calmarse, uno tras otro, viendo la oscuridad neoyorquina, concentrándose en no pensar en Yulia, pero no podía, pues, viendo al Hudson, las palabras de Yulia le sonaban una y otra vez en su cabeza: "Relaja ver agua". ¿Qué tenía su voz que no podía encontrarle un defecto? ¿Era la seguridad con la que hablaba? ¿Era la manera en cómo gesticulaba y pronunciaba las palabras? ¿La manera en cómo utilizaba su boca como medio para expresar más allá que una palabra? ¿Era cómo mordía su labio inferior por el lado izquierdo cuando trazaba una línea recta muy larga? ¿Era cuando sonreía? ¿Las pocas veces que sonreía? ¿O los momentos en los que sonreía? ¿Era la manera en cómo se paraba: sus piernas estiradas, la izquierda siempre de apoyo, recto, a noventa grados sobre el suelo, su pie derecho apenas apoyado sobre el suelo, formando un ángulo de treinta grados entre ambas piernas, y su mano izquierda a su cadera, a veces ponía la derecha sobre la izquierda, erguida y con firmeza? ¿O era la manera en que gritaba por dentro lo que no decía? Sí, tal vez eso era, el enigma de lo que era, de lo que escondía tras sus turbulentos ojos azules, de la fachada. Pero su cabello, en esas lisos negros que se mezclaban sin temor. Y ese día, se veía diez años menor de lo que era, pues llevaba su cabello partido por el costado izquierdo, apenas había tomado su flequillo por el lado derecho con un Bobby Pin que habría jurado que estaba forrado de listón negro.

Pero Yulia no, Yulia estaba dormida, totalmente muerta bajo sus sábanas, que la cubría de pies a cabeza mientras abrazaba, bajo su cabeza, una almohada, y descansaba su rostro sobre su mejilla izquierda, con su rodilla derecha flexionada; totalmente cómoda. Y soñaba lo que los últimos días soñaba; que estaba sentada en una de las butacas del Radio City Music Hall, en aquellas butacas rojas, ella sola en la parte superior, la parte baja también estaba vacía, sólo había dos o tres personas que veían lo mismo que Yulia: una mujer, de estatura media, piel blanca, cabello rojo natural, Yulia sabía quién era, y escuchaba su voz, cerraba los ojos para tomar ese glorioso momento, literalmente música para sus oídos, y era porque se había dormido con la música encendida, con "My Kind Of Love" en el fondo, y soñaba eso, sólo disfrutando de la música, del ensayo, la prueba de sonido, o como aquello se llamara, y sentía una mano rodear su cuello, suave y cariñosamente, como si no quisieran asustarla o interrumpir su momento, la mano la tomaba por el hombro derecho, y tenía miedo de abrir los ojos porque no quería saber quién era, porque sabía que era un sueño, como cosa extraña, y sabía que si no abría los ojos nada pasaría, pero sintió una segunda mano tomarle su hombro izquierdo, y masajeaba sus hombros, suave y pacientemente, no eran las manos a las que le temía y, poco a poco, abrió los ojos, en el sueño, y vio a Lena, sonriéndole entre ese par de camanances mientras le acariciaba sus hombros. Yulia se hizo hacia atrás, para saludarla, y Lena se acercó a ella, pues estaba sentada en la butaca de atrás. Y, aún sabiendo que era un sueño, y sabiendo que era porque sabía que era un sueño, la tomó por su cabeza con su mano, acercándola lentamente a su rostro, y la besó, lenta y apasionadamente, liberando vapor, liberando esas intensas ganas que tenía, saboreando la suavidad de sus labios, succionando suavemente su labio inferior mientras la tomaba gentilmente del cuello. Y el beso fue dulce, que Yulia no quería que se detuviera, sólo quería mantener sus labios en los de Lena. Se despertó de golpe, abriendo sus ojos, escuchando que "I Kissed A Girl", pero en versión acústica, sonaba en el fondo, y se rió, pues le atribuyó aquel sueño a la canción, qué coincidencia.

Aplaudió una vez, que era lo que daba espacio a un comando y dijo: "Playlist: Classic: Prokofiev", y empezaron los trombones y las tubas junto con las violas, los cellos y los violines, Yulia respiró hondo, inhalando aquella composición tan maestra, que no era alegre, ni relajante, sino que inspiraba tensión, y hasta un poco de terror y desesperación, pues básicamente así le gustaban, no las alegres, no el Lago de los Cisnes, porque se escuchaba a dulces y a rosado, sino "Suffocate", "Tristesse", "Requiem"; de preferencia "Introitus", "Lacrimosa Dies Illa" y "Dies Irae", hasta le gustaba la Marcha Funeral de Chopin, o la Séptima Sinfonía de Beethoven, el Segundo Movimiento para ser precisa, y no se diga un poco de Orff y su "Carmina Burana: O Fortuna". Se puso de pie, vio la hora, apenas las tres y media de la madrugada, y, ¿qué hacer? Pues no iba a volver a dormir, eso ya lo sabía, hasta mucho había dormido, cuatro horas era demasiado para los últimos días. Se metió en su típico sostén deportivo, un Supernova negro, pues tenía uno en cada color, y se volvió a meter en su camiseta negra, se deslizó un par de calcetines y se metió en sus zapatillas tennis, se hizo un moño alto y fijo, se lavó los dientes, tomó sus botellas de agua, una fría y una con agua tibia, y se dirigió, con su iPod y sus llaves, apagando la música, hacia el octavo piso, en donde había un gimnasio, pues, a las tres de la madrugada, ¿quién estaría utilizando la banda sin fin? Y llegó, directamente a la banda, primero a caminar, en nivel uno, nivel dos, a marchar, en nivel tres, nivel cuatro, a trotar en nivel cinco, correr en nivel seis, hasta alcanzar el nivel siete tras una hora, y media hora de nivel siete, hasta que la camisa la tuviera sudada completamente, que el iPod llegara al punto de terminar la lista de música clásica para pasarse al pop, rock, y demás; "Silhouettes" en ese caso.

Subió nuevamente a su apartamento, a comer su desayuno sabatino: dos pancakes con miel de maple, un huevo revuelto con jamón de pavo y una mimosa mediterránea; en vez de jugo de naranja era jugo de durazno. No era de todos los sábados, sólo cuando necesitaba matar el tiempo, y, sabiendo que no iba a poder dormir, pues a las ocho tenía la cita con Alastor, que no sabía si ir o no ir, más porque le cobraría doscientos dólares por la media hora, y, normalmente, un psicólogo tomaba una hora, por lo que eran cuatrocientos dólares seguros, se devoró su creación culinaria en la barra del desayunador en compañía de un poco de George Michael, para cambiar el ambiente de música clásica, y la edición de Vogue USA de octubre para luego ducharse e irse.


Última edición por VIVALENZ28 el Lun Ago 24, 2015 9:08 pm, editado 1 vez
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 22, 2015 12:38 am

- Increíble- sonrió Katya al abrir la puerta. – Estás… - y se lanzó en un abrazo, sin encontrar una palabra que describiera lo que quería decir.

- Gracias, Kat- sonrió, correspondiéndole el abrazo, un poco asfixiada por el abrazo. - ¿Estás lista ya?- murmuró, despegándose de Katya para verla. Ella asintió. – Estás guapísima, Kat- sonrió, acariciándole los antebrazos a su hermana menor.

- No más que la novia- rió. – Y me refiero a ti, no a Yulia- "Eso es porque no la has visto" pensó Lena con una carcajada interna mientras asentía para traducir el "gracias".

- ¿Y mamá?

- En el baño

- Kat…si quieres baja, Yulia ya está ahí, Phillip y Natasha también…- Katya asintió. – Mamá y yo bajamos en un segundo- y entró a la habitación mientras Katya tomaba la cámara digital, que ya había tenido la advertencia mundial de "ni facebook, ni twitter, ni instagram, ni ninguna red social", y salió de la habitación en sus Stilettos, que le costaba caminar en ellos pero no habría otra ocasión tan cercana o tan importante como para hacerlo, más por ser amante de las zapatillas deportivas y las flip flops, la culpa era del tennis, según ella.

- Lenis- sonrió Inessa al abrir la puerta del baño y verla cómodamente sentada, recostada sobre el respaldo del sofá, con su pierna derecha sobre la rodilla izquierda. – Estás preciosa, hija- le dio un beso en la cabeza, cuidando de no desarreglarla.

- Tú también estás muy guapa, mamá…- sonrió, ofreciéndole asiento frente a ella. - ¿Algo que me quieras decir?

- ¿Algo como qué?

- No sé, alguna charla, o sermón, o lo que sea…

- A estas alturas de tu vida, creo que un sermón, sobre lo que sea, es un poco inútil- sonrió cariñosamente para Lena. – Nunca quisiste un sermón… ¿quieres que te lo de ahora?- Lena asintió. Inessa se puso de pie y buscó algo en su bolso, sacó dos sobres. – Este- dijo, alcanzándole un diminuto sobre. – Es tu regalo de bodas

- Mamá, dijimos que no queríamos regalos- sonrió, tomando el sobre en su mano.

- No es nada- sonrió. – Y… este- dijo, alcanzándole un sobre más grande. – Es un sermón… que no puedes leer hasta después de la boda

- ¿Cómo? ¿Me vas a dejar con el hígado curioso?- murmuró, notando que había algo sólido dentro del sobre. Inessa asintió. - ¿Yulia te obligó a esto?

- Yulia te ama, Lena… y quiere que todos seamos parte de eso, que no se quede en que fuimos sólo invitados

- ¿Todos? ¿En qué los ha metido ahora?- rió, pero Inessa se encogió de hombros. – Como sea… ¿algo que quieras decir?

- Ya dije todo lo que tenía que decir

- ¿Segura?

- ¿Hay algo en especial que quieres que te diga?

- No lo sé, eres la mamá de la novia… ¿no se supone que tienes que decirme algo?

- ¿Algo como qué?

- Yo no sé, tú eres la que lo tienes que decir

- Uhm…está bien…- se quedó pensativa por un momento, viendo a Lena a los ojos. - ¿Tienes buen sexo?- y lo hizo porque quería incomodar a Lena, porque no tenía nada que decirle, todo lo decía en su sermón sellado.

- ¡Ay, mira la hora!- resopló Lena, viéndose la muñeca equivocada, pues en la muñeca derecha no tenía su DateJust Special Edition en oro blanco y diamantes.

- Tú querías un tema incómodo, yo te lo estoy dando

- ¿Quieres que discuta mi vida sexual contigo?- siseó incrédulamente aquella pelirroja Afrodita. Lo que hubiera dado Afrodita por verse así.

- Llega un momento, en todo matrimonio, en el que el sexo es prácticamente lo único que te mantiene en cierta sintonía… y ustedes, por lo que sé, no van a tener hijos… ¿tienes buen sexo?

- No, me he estado guardando para este día- Inessa la vio con escepticismo. – Me da nervios pensar en lo distinto que es el sexo con otra mujer… ¿te imaginas? ¿Te imaginas cómo será mi noche de bodas?- Lena se merecía un premio por tal actuación, pues el descaro con el que hablaba sobre aquel-alguna-vez-tema-tabú, la falsa indignación, era digna de aplaudir. - ¿Te imaginas a dos mujeres desnudas pretendiendo hacer lo que hacen un hombre y una mujer en la cama?- la mirada de Inessa simplemente se abría cada vez más, una mirada de desconcierto y confusión. – Yo tampoco puedo imaginarme eso, porque es distinto, mamá… y eso es todo lo que tienes que saber sobre mi vida sexual, ¿o quieres que te cuente lo que hacemos por las noches? ¿O a veces por las mañanas, antes de ir a trabajar?

- ¡Ya, ya, ya! ¡No estoy oyendo nada!- elevó su voz, tapándose los oídos.

- Hay placeres que deberías explorar, Ine- sonrió, haciendo una descarada referencia, en tono y en expresión, a Volterra. - ¿Quién es la incómoda ahora?- levantó su ceja derecha y sonrió del lado.

- Creo que sí es hora de que bajemos, Lena- balbuceó entre sus mejillas sonrojadas, poniéndose de pie.

*

Sábado trece de octubre de dos mil doce. Yulia por fin regresaba a casa, había salido a las siete y media de la mañana hacia el consultorio de Alastor, en su look de sábado; un super skinny jeans de YSL, suéter de patrón de leopardo, Peacoat corto y azul de otoño y en sus Pitou Louboutin, nada que un bolso Chanel color crema no pudiera hacer funcionar, pero Alastor, quizás no había sido una pérdida de tiempo, pero entendía por qué tenía tanta clientela con traumas, pues ella se imaginaba a un anciano, casi de bastón, de esos que irradiaban psicología, pero no, era un Brendan Frasier de la época de "George Of The Jungle", un poco bohemio, con ese bronceado que a Yulia se le encendió su "gaydar", que la hizo comprender por qué era tan caro, si era un deleite visual, para todas quizás, pero Yulia sólo reconoció que estaba guapo y simplemente le contó lo que quería contarle.

- Tomémoslo despacio, ¿quiere?- sonrió, indicándole que se sentara. – Las pesadillas, Señorita Volkova, ¿cuán frecuentes son?

- Depende, hay veces en las que son todos los días y por un período generoso, como de una semana, o dos, pero a veces son pocos días, y me despierto, para volverme a dormir y seguir con la pesadilla o empezarla de nuevo

- ¿Tiene usted un buen ambiente laboral?

- El mejor

- ¿Un ambiente personal?- Yulia ladeó su cabeza en desentendimiento. – Pues, en su casa

- Vivo sola, supongo que sí

- ¿Y en su vida personal?- Yulia ladeó nuevamente su cabeza pero hacia el otro lado. - Sus amigos, su familia, su vida amorosa

- Con mis amigos estoy bien, tengo pocos pero buenos amigos, con mi familia estoy como siempre, y vida amorosa no tengo

- ¿Por qué tiene pocos amigos?

- No soy muy sociable

- Explíquese, por favor

- Pues, usted dígame…- rió. – No me gusta mezclarme con cualquiera, soy muy selectiva con mis amistades… llámele altanería o arrogancia, pero no me interesa ser amiga de medio mundo

- ¿Alguna razón en especial?

- Prefiero tener pocos a tener miles que no sean mis verdaderos amigos, por muy trillado que eso suene, supongo

- ¿Y su familia?

- Disfuncional; papás divorciados, mi hermano mayor vive con mi padre, o algo así, mi hermana se casó hace cuatro años, o tres, y no vive en casa, y mi mamá, vive en el extranjero

- ¿Por qué la diferencia para referirse a su papá? ¿Padre y mamá? – Yulia se encogió de hombros, era la primera vez que lo hacía y la única vez que lo hizo en toda su vida, lo hizo sin intención alguna, simplemente salió. – No necesita decirme que hay cierto distanciamiento entre usted y su papá

- No hablamos, si es eso lo que quiere saber…

- ¿Alguna razón en especial?- preguntó de nuevo.

- Agresión- dijo con una sonrisa mientras exhalaba. Una sonrisa falsa, de incomodidad. - Y sé que mis pesadillas tienen que ver con él, y que sólo aparecen cuando me acuerdo de él… lo que yo quiero es dormir bien, dormir más de tres horas seguidas, o más de cinco en total

- ¿Últimamente tiene esas pesadillas?- Yulia tambaleó la cabeza. - ¿Las tenía y terminaron o no han empezado o las tiene desde hace varios días?

- Desde finales de septiembre hasta lunes, martes por la madrugada se puede decir

- ¿Es normal eso?

- No lo sé, vienen y van, no son constantes…

- ¿Sueña otras cosas?

- Bueno…- resopló.

- Dígame, Señorita Volkova, pierda la vergüenza

- No me acuerdo bien de lo que soñé los últimos días, sólo sé que fue diferente…

- ¿Algún tipo de sueño en especial?- preguntó, entre lazando sus dedos y viéndola sonrojarse. – Si lo tuviera que poner en una categoría cinematográfica, ¿en qué categoría lo pondría?

- Entre comedia romántica y romance

- La pornografía también es un género, Señorita Volkova- sonrió aquel hombre, al que Yulia simplemente le quiso arrancar la cabeza en ese momento, ¿qué le importaba al pervertido ese si tenía sueños "mojados"?

- No creo que haya tenido uno de esos- dijo a secas un tanto a la defensiva.

- No necesariamente tiene que haber explícitamente una relación sexual, o un roce sexual en el sueño, lo que tenga una respuesta fisiológica en usted, eso es lo que cuenta

- Bueno… supongo que sí, ahora en la madrugada

- ¿Alguna persona en especial?- Yulia se ruborizó como nunca antes en su vida. - ¿Es una fantasía o es una realidad? Digo, ¿es una persona que usted conoce o es una fantasía sexual?

- La conozco

- Señorita Volkova, hay cosas que nosotros mismos sabemos y no queremos aceptar, y en este momento usted está en completa negación de lo que quiere, ¿de qué tiene miedo? ¿De que no le corresponda?

- Yo no quiero nada con esa persona- frunció su ceño. "I don’t?".

- Usted verá, Señorita Volkova, un sueño de ese tipo, suele suceder más cuando no tenemos a la persona con la que queremos estar, tendemos a querer lo que no tenemos; por eso resulta fácil, porque no hay una conexión sentimental, el respeto no es tan grande como cuando tenemos esa conexión… nos convertimos en lo que quisiéramos ser porque sabemos que no podemos lastimar a esa persona

- Yo sólo quiero que me diga qué hacer para dormir mejor, o cómo dormirme nuevamente- sonrió, intentando cortar el tema antes de que empezara la segunda media hora.

- ¿No debería haber ido a un neurólogo para eso?- sonrió sarcásticamente el hombre.

- No lo sé, usted dígame- sonrió en respuesta Yulia, poniéndose de pie.- No soy una persona a la que le excitan las medicinas, o los doctores, o los exámenes médicos…

- Usualmente, cuando despertamos de una pesadilla, estamos llenos de tensión aunque no lo parezca, y, el error que comete la mayoría de personas es que se levanta, por un vaso con agua, o al baño, a lo que sea, no se levante, pierda la tensión sin levantarse de la cama, relájese e intente dormir… hay un método, que no sé si le va a servir: imagínese un pizarrón blanco, y tiene dos marcadores, uno azul y uno rojo, con el azul dibuje un círculo grande, con el rojo un noventa y nueve, y luego bórrelo sin borrar el círculo, y escriba el noventa y ocho, y así sucesivamente…

- Bien, lo pondré en práctica- sonrió. – Muchísimas gracias- le alcanzó la mano.

- ¿Cita el otro sábado a la misma hora?

- Ya lo veremos- guiñó su ojo mientras le estrechaba la mano. – Ha sido de gran ayuda- salió del consultorio, pero sólo para hacer cita para el miércoles de la semana entrante, no para el sábado.

Y salió de ahí, justo para ir a cortarse el cabello, como cada quince días, que ya le estaba empezando a dar pereza, por lo que decidió, con ayuda de su asesor de imagen, Oskar, parte de lo que le había aprendido a Natasha: nada mejor que tener un asesor de imagen, no para que asesoraran, sino para que uno sólo llegue y él busque, comprar en Bergdorf’s sin mover un dedo, o pocos, que debía cortarse el cabello una vez al mes nada más, quizás hasta una vez cada dos meses, pues Yulia no se maltrataba el cabello con una plancha o con una secadora, y, luego de un corte de cabello, "mani y pedi", lo usual, , almorzó en el Plaza, se dedicó a repasar cada tienda de la Quinta Avenida, sólo para liberar vapor de la olla de presión, y terminó con dos bolsos nuevos, un par de pantalones, un vestido casual, un abrigo y cuatro pares de zapatos; entre Vivienne Westwood, Christian Louboutin y Lanvin. Y concluyó su día al cenar, tras haber dejado las bolsas en su apartamento, en Moralda, el mejor lugar que conocía para comerse un Philly Cheese Steak. Regresó a su apartamento, a guardar sus compras y, con una pinta de Peach Cobbler de Ben & Jerry’s y uno que otro cigarrillo, se pasó la mayor parte de la tarde y noche en el balcón de la habitación del piano, escuchando su música vergonzosa; desde Jennifer Lopez hasta Nicki Minaj, desde LMFAO hasta Britney Spears, que disfrutaba en el silencio provocado, aislado por sus audífonos mientras jugaba Angry Birds, porque simplemente le daba la gana de no hacer nada, porque podía, y era porque necesitaba el tiempo para pensar en lo que el Psicólogo Bohemio le había dicho sobre Lena, pues no era primer sueño que tenía, pero sólo en el último le había visto la cara, en los anteriores se sentía a ella, y por eso la había besado con tantas ganas en ese sueño. Así como Yulia lo veía, sólo tenía dos opciones, dos puntos: opción uno, extrapolar su sueño a su realidad, explorarlo dentro de su vida diaria con Lena, ¿sería que realmente quería besarla? U opción dos, quitarse las ganas en cuanto a Lena al entrar en un estado de negligencia aprendida.

- Hey- saludó a través del teléfono, con una voz baja.

- Hola, amor, ¿cómo estás?- sonrió Yulia, volviendo a sus Angry Birds.

- Muy bien, ¿y tú?

- Bien, también…

- ¿Qué haces?

- Pues, nada, estoy en el balcón, con una cobija, con helado y música, ¿y tú?

- Estoy frente a tu puerta… se me olvidó llamarte antes- rió vergonzosamente, pues sabía que Yulia odiaba las visitas espontáneas.

- Espera, te abro- rió nasalmente, apagando el cigarrillo y poniéndose de pie para hacerse camino hacia la puerta principal. – Qué hermosa sorpresa- sonrió, viendo a Natasha en su abrigo azul pero en ropa de Phillip.

- Puedo interrumpir en tu lugar?- Yulia la vio escépticamente. – Traje Tequila- sonrió, sacando una botella de su bolso.

- Pasa adelante, por favor- rió haciendo énfasis en el "por favor", como si ella también necesitara esa botella de tequila. -¿Pasó algo con Phillip?

- No, ¿por qué?

- Creí que te quedarías todo el fin de semana con él…

- Y yo creí que el pan engordaba más en la mañana- sonrió, quitándose su abrigo y guardándolo en el closet de la entrada.

- El pan es pan, engorda a toda hora, pero es rico, así que no me importa una sola mierda

- No te dan una mierda de nada,verdad?

- Me importa... pero sólo para cosas que valen la pena- sonrió, caminando hacia la cocina para sacar un cuchillo, para cortar las limas.

- ¿Y qué es lo que vale la pena?- murmuró, sacando sal para ponerla en un recipiente.

- Tú, Phillip, el Popurrí, mi mamá, extrañamente mi hermana también…

- ¿Y tú? ¿No te importas?

- Particularmente no me importo, pero me gusta importar, ¿a quién no?- "Qué plática más profunda".

- A mí me importan mis papás, mi trabajo…Phillip y tú, son las cuatro cosas por las que realmente me preocupo- abrió la botella de tequila, pero se dio cuenta que no había sacado los copitos.

- Mi trabajo…sí, también me importa mi trabajo- rió, sacudiendo suavemente su cabeza.

- ¿Qué te importa del trabajo? ¿La profesión, el ambiente, la imagen, la paga?

- Me importa rendirle honores a la profesión que, con eso, mantengo la imagen… la paga me da igual, no me quejo, definitivamente no me quejo… el ambiente de trabajo me importa tanto como para preferir trabajar sola

- O con la Intrusa- rió, no dándose cuenta que implicaba lo que no quería implicar.

- Se llama Lena…- la corrigió, como todas las veces que Natasha se refería a ella. – Y con ella es diferente, antes de que preguntes, no es un avance pero tampoco es un obstáculo, no me muero por trabajar con ella, pero no me molesta hacerlo, supongo…

- Bueno, entonces… brindemos por…- murmuró, alargando la última palabra mientras servía quizás dos onzas en cada copito. – Porque nos importa lo que nos importa y porque no nos importa lo demás- sonrió, hundiendo su gajo de lima en la sal, imitando a Yulia, y chocaron los copitos, lamieron la sal, bebieron el tequila y mordieron el gajo de lima.

- Entonces… ¿qué pasa con todo el tequila ?-preguntó, sin hacer ninguna expresión de dolor esofágico luego del tequila.

- Supuse que podíamos emborracharnos, ¿no quieres?

- Tiene que haber una razón, ¿no?- sonrió Yulia sirviendo tequila en los copitos.

- Tengo un problema…- Yulia la volvió a ver mientras le alcanzaba otro gajo de lima, preguntándole con la mirada. – No sé cómo describirlo…

- Pues, tal vez con un poco más de tequila se te afloje el cerebro y después la lengua- sonrió, hundiendo su gajo en la sal para repetir el proceso. – Por la solución de tus problemas, amor- guiñó su ojo y bebió el tequila. – Está riquísimo…- suspiró con una sonrisa, sirviendo un poco más.

- Son…quizás once o doce shots cada una, ¿no?- Yulia asintió, partiendo otra lima, que no era que los gajos se habían acabado, es sólo que pensó que, tras otros nueve o diez shots más, no tendría la habilidad de cortar la lima sino de amputarse la mano. – A veces te envidio

- ¿Por qué?

- Porque todo te importa un carajo

- Creí que ya habíamos establecido que hay cosas que si me importan- rió nasalmente, tomando la tercera lima para cortarla.

- Tú te importas un carajo… eso es envidiable

- O sea… no me puedo tomar muy en serio, sino no avanzo… me importa lo que la gente piense de mí, ¿a quién no? Y trabajo mucho en no tomármelo en serio, porque a veces pienso demasiado las cosas, y es cuando no logro avanzar… es raro, porque puedo tomar una decisión grande, como venir a vivir aquí, sin conocer a nadie, choque cultural al máximo, trabajo nuevo… pero no logro tomar una decisión tan pequeña como en dónde poner esa escultura- rió, apuntando a una escultura de una mujer desnuda. – No sé si clavarla a la pared, porque es demasiado pesada, o diseñarle un tipo pedestal para ponerla sobre él, o simplemente deshacerme de ella

- Creo que entonces sí te importas, y mucho… ya no te envidio- rió, chocando suavemente su copito contra el de Yulia, y, con el ritual, el tequila para adentro. – Si no te tomaras en serio, no hubieras huido de Roma

- En realidad, mis planes eran muy concretos… quería examinarme, al fin, para diseño de modas… pero no lo hice

- ¿Estudiaste diseño de modas o querías estudiarlo?

- Es raro que nunca te haya contado esto- rió, sirviendo más tequila. – Lo estudié pero no lo examiné, eran demasiados exámenes en Diseño de Interiores, los prácticos eran pesadísimos… y decidí posponer los exámenes de la otra carrera por un semestre, que nunca llegué a hacer porque me vine

- El gusto es adquirido, estudiado y agregado, ¿no?- Yulia asintió con una sonrisa. – Sólo los exámenes te hacen falta, ¿por qué no lo absuelves?

- Tendría que volver a cursarlo, el año entero para tener derecho a examinarme, sólo lo puedes posponer por cuatro semestres, y ahora no me apetece ni puedo ir a Milán – sirvió otro tequila, y aplaudió para que la música empezara a salir de los parlantes de la sala de estar y de la cocina, aplaudió de nuevo para abrir el comando. – All songs, random- y salió "Killing Me Softly" de The Fugees. – Como te decía, antes, cuando no tenía un trabajo, me gustaba estudiar, hubiera pasado toda mi vida estudiando todos los tipos de diseños y arquitecturas que existen, hasta hubiera experimentado con la ingeniería… pero porque me sobraba el tiempo, pero una vez empecé a trabajar, never in my life vuelvo a estudiar… siempre estoy estudiando, pero no desde cero, sólo ampliando lo que le dicen "el conocimiento"- rió, levantando su copito.

- Por la hagaranería- rió Natasha, tomando su tequila y golpeándolo contra el granito de la barra.

- Haraganería- rió Yulia a carcajadas, sirviendo más.

- Suele suceder que el de habla materna habla peor que el de habla aprendida- dijo, falsamente resentida.

- No es que se me olvide el italiano, pero a veces escribo un poco mal- rió, tratando de suavizar el momento.

- No sé, mi querida…- llenó de sal otro gajo de lima y levantó su copito. – Por no hablar correctamente

- Salud- murmuró Yulia, lamiendo la sal de su gajo, deslizando el tequila por su esófago, ya sintiendo que le quemaba, pero qué sensación más rica y mordió la lima. – Ya sabes, el francés no es sexy

- Creí que era la única que creía eso- rió, sirviendo más, llegando casi a la mitad de la botella. – Es el portugués

- Es sexy, pero no es salaz como el italiano

- Amén por eso, hermana- levantó el copito, y Yulia, a diferencia de Natasha, lo bebió puro. – El portugués es seductor

- Un baile sensual, sí…- gruñó Natasha pero en un sentido sensual y juguetón. – Pero el italiano es sexo, apasionado e intenso, con sudor, gemidos, ¡uf!- Yulia sonrió y levantó su copito, llevándoselo a sus labios, igual que Natasha, sin sal y sin lima.

- No entiendo cómo puedes estar así todo el tiempo- rió Yulia, limpiando los restos de tequila que se había derramado sobre su barbilla.

- ¿Así cómo?- preguntó, sólo para provocar la respuesta, pues sabía que Yulia tenía, el noventa por ciento del tiempo, demasiado pudor encima como para hablar de sexo.

- Así como con ganas

- ¿Con ganas de qué?

- Ay…tú sabes- dijo, notándosele la inmensa incomodidad, sirviéndose más, pero sólo para ella, obviando el copito de Natasha, y lo llevó a sus labios al ver que Natasha se negaba con la cabeza. – Así…- gimió en su tono de desesperación, sintiendo ese calor recorrerle las venas, y esa anestesia general que reinaba en su cabeza. – Con esas ganas de tú sabes- y sirvió más tequila, esta vez sí en los dos copitos.

- ¿De coger?

- ¡Ay!- gimió, llevando sus manos a su pecho, como si la palabra le doliera. – No le llames así- rió infantilmente, con todo el pudor del mundo, pues a pesar de que había utilizado la misma palabra con Mischa, había sido porque ese era el lenguaje de él, pero no era el suyo, y odiaba llamar así a esa acción.

- Perdón, me corrijo, y digo dos puntos: acto en el que se une un pene y una vagina, en penetración; usualmente acompañado por sexo oral; felación y cunnilingus, en otros casos, entre parejas más experimentadas y con más confianza, o en la pornografía, sexo anal, ¿qué te parece esa definición?- Yulia simplemente sacudió su espalda, pues se había puesto nerviosa. - ¿Qué? ¿Me vas a decir que nunca te excitas y no hablas sucio?

- ¡Sh!- rió Yulia, sumergida en la incomodidad del asunto.

- Oh, vamos! Tus secretos están a salvo conmigo- sonrió, viendo a Yulia empinarse la botella de 1800 y beber cuatro tragos seguidos, poniéndola de nuevo sobre la mesa, con una expresión facial de asco, pues claro.

- A veces… no soy una persona muy sexual

- Eso es imposible, te acostabas con Mischa

- Pues, sí… es bastante…"considerado", por así decirlo, para el sexo oral- sonrió, no sabiendo de dónde le había nacido decir algo así.

- Ah, ¿te gusta el sexo oral?- sonrió, levantando su ceja, sabiendo que ya había entrado al tema de clavado, y que era muy poco probable que aquello terminara.

- ¿A quién no?- resopló, sirviendo más tequila en los copitos. – Es más, te confesaré que Mischa ha sido el único que me ha visto tan de cerca de por ahí

- ¿Nunca te habían dado sexo oral?- eso sí que era una noticia impactante para Natasha. Yulia sacudió la cabeza lentamente mientras llenaba otro gajo de lima con sal. – Pues, entonces, ahora que no estás con Mischa, en teoría, supongo, porque lo suyo es como la peor de las relaciones que he conocido… ¿qué haces?

- Ocasionalmente me toco…

- ¿Ocasionalmente?- murmuró, llenando su gajo de lima en la sal también.

-Sí, allá a las… mil- susurró con la mirada al vacío, lo que le demostraba a Natasha que el "ocasionalmente" era una vez cada nunca.

- "Ocasionalmente" suena a problema vaginal- rió.

- Sí, pues… no soy de las de grifo abierto, ¿sabes?- Natasha la vio con confusión, su mirada ya estaba un tanto apagada, qué rápido efecto de tanto alcohol. – No me lubrico… ni fácil, ni mucho- y lamió la sal del gajo, bebió el copito y mordió el gajo, sacudiendo su cabeza mientras exhalaba el fuego que aquella bebida reposada le provocaba en su esófago.

- Entonces… ¿cómo haces? Porque ya me dijiste que te aburriste del vibrador que te regaló Marie…

- Me aburrí de él porque no me hacía nada…

- Ay, Arqui, su clítoris es de hacerse rogar entonces- rió Natasha, sirviendo los últimos dos copitos que tenía la botella para ofrecer.

- Un poco… pero a veces logro lubricarme

- Yulia, no digas "lubricarme", por favor

- ¿Y cómo se dice?

- Mojar- dijo frescamente, levantando los brazos, como si quisiera decir "es que así se dice".

- Ay, no… se oye muy… ordinario- susurró en indignación, ah, qué pudor, qué contradicción. Natasha sólo le lanzó la mirada de "dilo", y Yulia respiró hondo. – Me cuesta mojarme, ¿de acuerdo?- Natasha asintió lentamente con una sonrisa.

- Tienes que tener un plan de apoyo- rió, levantando sus cejas, sintiéndose ya un poco ajena a su propia racionalidad, aunque Yulia estaba peor, motivo de su sonrisa. – Como la pornografía- Yulia se carcajeó en su cara, Natasha no se explicaba por qué. – Comparte el chiste, ¿sí?

- ¿Sabes que una persona de cada cinco, que ven pornografía, es mujer?- Natasha se negó lentamente con la cabeza. – No te voy a negar que alguna vez he visto… pero puedes revisar mi laptop, cero pornografía

- ¿Y tu iPhone?

- ¿Puedes ver pornografía en el iPhone?- sonrió graciosamente, intentando no soltar la carcajada.

- Pero eso es algo que ya sabías… eres una malísima mentirosa

- Salud, hermana, porque soy una mala mentirosa- sonrió, levantando el último copito de tequila.

- Espera…

- ¿Qué?

- ¿Qué categorías te gustan?- sonrió pícaramente, tratando de hacer lo que Phillip le había dicho la noche anterior.

- No sé ni un carajo de categorías

- Entonces, ¿debo suponer que te gustan los videos de sexo anal, sexo con maduras, interracial y zoofilia?- Yulia soltó la carcajada ebria del siglo.

- Está bien… uhm…- se quedó un momento pensativa, haciendo un breve recuento de los videos que alguna vez había visto, y se dio cuenta de que no eran tan especiales, ni tan alarmantes, ni tan nada. – Usualmente sólo veo la parte del cunnilingus

- Oh, ¿te gusta ver a la mujer recibiendo placer o al hombre dándolo?

- Yo qué sé… es mi parte favorita del sexo, ¿qué quieres que haga?- sonrió, levantando nuevamente el copito para beberlo.

- Wait…- susurró Natasha. - Ya no puedo, voy a vomitar- sonrió, deteniéndose el estómago.

- Eres un coño- se bebió el suyo y, de ipso facto, bebió el de Natasha también. – Mañana voy a tener una Señora Doña Resaca…- murmuró para sí misma, luego exhalando el calor que el tequila le había dado. – Pregunta, ¿qué con la ropa de Phillip?- rió, acordándose que andaba en un pantalón deportivo holgado, que definitivamente no era nada ella.

- Ah, es parte de mi problema

- ¿Me quieres contar sobre tu problema?- Natasha se quedó pensativa. – Vamos, yo te acabo de decir que no me mojo y que veo pornografía…"porno"- se corrigió.- Para que estés más contenta con mi lenguaje- sonrió.

- Tendría que quitarme el pantalón

- ¿Y cuándo ha sido eso un impedimento, Natasha?- rió ebriamente, tomando las limas en sus manos para botarlas.

- Está bien, está bien…- suspiró. – Vamos al baño…- se puso de pie y tomó a Yulia de la mano. – A lavarse las manos- susurró, abriendo el grifo del lavamanos de Yulia y colocándole un poco de jabón líquido en las manos. – Bien lavadas- y la acompañó, entre imitándola y guiándola, pues Yulia sí que estaba borracha, hasta tenía los ojos rojos, seguramente no estaba de tan buen humor y por eso le había afectado tanto y tan rápido. Natasha se secó las manos y le alcanzó la toalla a Yulia, para que, cuando Yulia volviera a ver, viera a su mejor amiga bajarse los pantalones.

- Oh… entonces no era broma- rió. – Do you usually go regimental?

- ¿Qué coño significa eso? -dijo, saliéndose del pantalón, quedando desnuda de la cadera hacia abajo.

- Que no usas panties

- Ah, no, es parte del problema…

- A ver… ¿qué tienes?- sonrió un tanto burlonamente, pues, ¿qué podría tener como para andar así? ¿Herpes? – Natasha se acercó a los lavabos y, apoyándose de sus brazos, se impulsó hacia arriba para sentarse entre ambos lavabos.

- Estoy un poco… lastimada- susurró, abriendo sus piernas, no en ese sentido, pero sí para Yulia. – Mira

- ¿Tú pretendes que yo vea tu aparato reproductor?- murmuró graciosamente y entrando en una faceta de confusión.

- Bueno, tú preguntaste qué tenía, es tu decisión si ves o no

- ¿Herpes?

- ¡Ay, no!- rió Natasha. – Dije que estoy lastimada, no que tengo una infección de transmisión sexual

- Bueno, bueno… ¿qué tienes?- preguntó, todavía guardando la distancia, pues no estaba entendiendo del todo.

- Realmente esperaba que tú me lo dijeras

- What the fuck? ¿No es trabajo de tu novio verte ahí?

- ¿Conoces el término "te confío mi vida"?- Yulia asintió. – Pues esta soy yo, confiándote no sólo mi vida, sino también mi "aparato reproductor"

- Es un tremendo honor- rió. – Pero, ¿qué quieres que haga?

- Que veas, carajo, que veas qué carajos tengo

- Esta es la cosa más difícil que he hecho- resopló, hincándose entre las piernas de Natasha. – Gira el regulador hacia la derecha para más luz, por favor- le dijo a Natasha, acercando su rostro cada vez más a la entrepierna de su mejor amiga.

- ¿Arriba o abajo?

- Arriba, creo- murmuró Natasha, refiriéndose a que le dolía, o le ardía, o le quemaba algo alrededor de su clítoris. - ¿Qué ves?

- Aparte de lo que ya había visto, pero de lejos… nada- sonrió.

- Vamos, Yul…estoy jodidamente quemada

- ¿A dónde?

- No sé, si supiera te lo dijera- dijo, haciendo una expresión de "¡Duh!".

- Está bien- respiró hondo. – Ábrela…supongo- y Natasha, ruborizada por primera vez ante Yulia, abrió su intimidad, y vio a Yulia hacer su labor de… ¿de qué? ¿Eso era lo que una amiga hacía? ¿O una hermana? Pues Natasha no sabía, nunca había tenido una hermana, y con Yulia no le daba tanta vergüenza. – No veo nada fuera de lo común- murmuró. – Pero, con el debido respeto que te mereces tú, y tu vida, y tu aparato reproductor se merecen…- volvió a respirar hondo, llevando su pulgar al cuerpo clitoriano, sólo para dar un vistazo, en plan médico, alrededor del glande clitoriano. – Sinceramente… no veo nada, amor- por lo visto no era nada grave, pero eso no le quitaba el ardor a Natasha que, cuando Yulia deslizó, realmente por accidente, su pulgar hacia abajo, Natasha sintió morirse entre el ardor, la quemadura y no pudo evitar gemir de dolor. – Perdón, perdón, perdón, perdón…- dijo rápidamente Yulia.

- Sweet Motherfuckers…- respiró hondo. – Ahí, ¿qué mierda tengo ahí?- Yulia sacó su iPhone y, tras unos cuantos juegos con su pulgar, encendió el flash de la cámara; bendito sea el iPhone5, y, con ayuda de aquella resplandeciente luz, alcanzó a ver un diminuto rasguño, que era quizás de un milímetro de largo y de un tono de rojo bastante perdido.

- ¿Nunca te dijeron que no te lavaras tan exhaustivamente?- rió Yulia. – Tienes un rasguño más pequeño que el grosor de un Penny

- No me lavé exhaustivamente… ha de haber sido en mi intento desesperado por quitarle la mano a Phillip de ahí

- Bueno- sonrió, dando un beso a sus dedos. – No se te va a salir el cerebro por ahí- y puso sus dedos en el aparato reproductor de su mejor amiga, en realidad dándole un beso de manera indirecta. – Sana, sana…- susurró. – Seguramente para mañana ya se te ha quitado

- ¿No hay un tipo de ungüento que me pueda poner?

- Mi casa no es farmacia, Natalia- rió Yulia a carcajadas, poniéndose de pie. – Además, es un área bastante susceptible, no querrás una infección por ponerte cualquier cosa, ¿cierto?

- Creo que me duele menos ya…

- Pues, claro, ahora que ya sabes que no es un hematoma, o un rasguño del tamaño de mi cicatriz, claro que ya no te duele tanto- rió, ayudándole a bajarse de aquella encimera.

- ¿Cómo te hiciste esa cicatriz?- preguntó, siguiendo a Yulia hacia la habitación, pues ya había apagado la luz.

- Ah- rió. – Fue el motherfucker supremo- balbuceó, halando las sábanas. – Vamos, desnuda ese culo, vamos a dormir un poco- sonrió, tratando de evitar el tema de su papá. Aplaudió dos veces para apagar la música y salió rápidamente a apagar la luz de la cocina y la sala de estar, para luego apagar la luz del balcón de la habitación del piano y meterse a la cama con Natasha, la del trasero desnudo.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por flakita volkatina el Lun Ago 24, 2015 12:18 am

Jajajajajaja este par d locas son un caso
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 29, 2015 12:35 am

Capitulo 7 "Lena" y "Arquitecta Volkova", no "Yulia". El suegro . Los estereotipos, el Latte, el empuje de Natasha y el detonante que concretó todo.




Lena se despertó aquel domingo por la mañana con un poco de resaca después de haber recaído en beberse una botella de Smirnoff No. 57, pero qué hermoso era dormir diez horas seguidas: era perder el tiempo, el tiempo que valía la pena perder, porque era el tiempo en el que no veía a Yulia, a la hermosa Diva que se paseaba en Stilettos todo el día, la que le robaba la razón, la que le impedía pensar con coherencia cuando le clavaba la mirada en la suya. ¿Por qué Yulia, cuando le hablaba, sólo podía verla a los ojos? Era como si atravesara su alma, pues tenía tanta autoridad y seguridad concentrada en su mirada que terminaba por cruzar cualquier barrera que Lena le pusiera, pero Lena no podía hacerle lo mismo, pues Yulia sólo la miraba a los ojos cuando quería saber algo de ella, pero, cuando Lena quería saber algo de Yulia, era como si el azul tan claro de sus ojos se volviera turbio, como si fuera un mecanismo para distraer al oponente; a veces desviaba la mirada, o simplemente cambiaba de tema, aunque Lena nunca había logrado preguntarle algo personal directamente, pues, cuando Yulia sentía que la pregunta incómoda se avecinaba, manipulaba el ambiente de la conversación y la sacaba por una perfecta y calculada tangente. Y se levantó a eso de las tres de la tarde, con hambre de desayuno a la hora de un almuerzo tardío, pero, antes que cualquier cosa sucediera, entre bostezos y dedos en el cabello, Lena salió al sol otoñal, a su balcón, a fumar un cigarrillo, porque nada mejor que un cigarrillo para bajar de tono una maligna resaca. Lena fumaba su cigarrillo de una particular manera; lo ponía entre sus labios, flojo, apenas para detenerlo, y luego lo presionaba a medida que acercaba el encendedor, un mortal Zippo rojo, y ampliaba su cavidad bucal sin abrir la boca, creando un par de hoyuelos poco profundos en sus mejillas a medida que inhalaba la primera vez, y luego soltaba el cigarrillo de sus labios, tomándolo entre su dedo índice y medio de la mano derecha, entre la unión de las falanges medias y distales, y colocaba su pulgar en su pómulo derecho y su dedo anular y meñique sobre su tabique mientras exhalaba el humo por la nariz.

Y terminó su cigarrillo, que después de encenderlo era toda exhalación de humo por la boca, y rápida, nada de direccionar el humo hacia algún lado o jugar con él a hacer el "fantasmita" o a hacer aros, simplemente lo fumaba, como si fuera por rutina y no por placer, pues era costumbre, fumaba uno al día, dos como máximo porque el olor no le gustaba mucho, ese olor que no se quitaba con nada y, por lo mismo, siempre apagaba su cigarrillo muchísimo antes de que llegara cerca de sus dedos, o lo tomaba entre las puntas de su pulgar y su índice por si quería fumar tres inhalaciones más. Analizó su situación culinaria, qué tenía y qué quería, pues no había nada que diera para mucho: tenía jamón de york y provolone pero no tenía pan, tenía harina para empanar, pero no tenía carne de ningún tipo para empanar, y tenía patatas fritas. "Viva el TransFat", y vació la botella de aceite en una olla mientras que, al jamón de york, le colocaba un rollo de provolone enmedio para luego enrollarlo, pasarlo por harina con paprika, luego por huevo, y luego por la harina para empanar, así por cuatro rollos, más con una coca cola de dos litros, que sabía que se la terminaría en menos de dos horas, y puso a freírlo todo, las patatas y los rollos improvisados, y, en cuestión de cinco minutos, Lena estaba ingiriendo una arterioesclerosis junto con una hipertensión, no se digan las úlceras estomacales.

Lo que le gustaba a Yulia de beber tanto era precisamente que dormía como una bebé, dormía por siete horas y, que ella supiera, no soñaba absolutamente nada, aunque la parte difícil era quitarse la resaca, pero para eso había remedio, que ella y Natasha, ya más repuesta de su lesión, relativamente bañadas, se dirigieron a la séptima y cuarenta y cuatro, al mejor lugar, en el que con sólo entrar, por el olor, la resaca se bajaba en un cincuenta por ciento, Bubba Gump Shrimp Co. aquello era. Yulia siempre pedía un Forrest’s Seafood Feast, que no era nada más que camarones y pescado empanizado con patatas fritas, un poco de salsa tártara, que no la comía, tampoco la "ensalada" que goteaba mayonesa tibia, y Natasha variaba entre Mama’s Southern Fried Chicken y Steamed Crab Legs pero siempre con patatas fritas. Ambas acompañaban su comida con Strawberry Moscow Mules para que todo cayera en su lugar y por su propio peso, pues siempre disfrutaban de un Key Lime Pie, porque el postre era lo que engordaba, y por eso siempre ordenaban, tras haberse devorado el Key Lime Pie, un Ice Cream Caramel Spice Cake junto con un batido de Oreo, ese sí era compartido, sino explotaban. Y salían de aquel lugar, con las gafas de sol, ambas oversized, tomadas del brazo, que Natasha solía caminar a la derecha de Yulia, pues Yulia, al ser más alta que ella, la tomaba siempre, con su brazo derecho, por sus hombros, y ella la abrazaba, con su brazo izquierdo, por su cintura. Caminaban por Broadway hasta la treinta y tres, en donde tomaban línea recta hasta el Archstone de Kips Bay, un paseo justo para digerir la comida de más o menos treinta minutos. Yulia en sus ballerinas Lanvin de piel de pitón, y Natasha en el único par de zapatos que le quedaban de los de Yulia, unas ballerinas Fendi que Yulia, al estar distraída, las tomó en treinta y siete, no en treinta y ocho, que era lo que Yulia solía calzar de no ser en flip flops, que era treinta y nueve por cuestiones estéticas y de comodidad. Luego de dejar a Natasha en Kips Bay, en donde Phillip la esperaba, que había ido a dejarle sus botas y su ropa ya limpia, Yulia se dirigió hacia su apartamento que, a las seis y media de la tarde, con una brisa fría, no le pareció mala idea caminar hasta allí, una caminable distancia, más cuando le daba tiempo para cansarse pues, al haberse despertado tan tarde, seguramente le costaría dormirse, pero aquellos cuarenta y cinco minutos que le tomó en llegar, junto con tres cigarrillos y una botella de Power-C Vitamin Water, nada podían ser tan malos, menos porque nunca se cansaba de apreciar la Arquitectura preguerra entre aquellos edificios postguerra.

- Buenos días, Licenciada-sonrió al ver a Lena abrir la puerta.

- Buenos días, Arquitecta- sonrió, viéndola de pie, en un vestido azul marino, muy ajustado, cuello alto pero elíptico que rodeaba su cuello, no lo abrazaba, de tres cuartos de manga, nada muy escandaloso, muy conservador en realidad, aunque, ¿era lo mismo conservador que elegante?

- ¿Qué tal tu fin de semana?- murmuró, volviéndose al ventanal mientras bebía su típica taza de té, mostrándole la espalda de su vestido a Lena, que ese escote hubiera querido que fuera frontal y no trasero, pues bajaba triangular e invertidamente por su espalda, y no se diga lo que había en la parte alta de aquella esbelta espalda. Fue la primera vez que Lena vio las pecas de Yulia, pecas dispersas y sensuales, eran como un factor sorpresa, pues eran muchas pero pocas, las suficientes para notarse y para inspirar besos fantasiosos en Lena, pero no las suficientes para llegar hasta sus antebrazos, ¿o sí? No. Ni a su pecho.

- Pues… normal, ¿y el tuyo?- sonrió sin quitarle la vista a su espalda, preguntándose si llevaría sostén puesto porque no tenía ningún elástico por su espalda.

- No me quejo- dijo con sus labios dentro de la taza, como si estuviera enfriando, a soplos, su té. – Aunque definitivamente mejor que el anterior- sonrió, y Lena llegó a su escritorio, que se posicionaba ortogonal al de Yulia por el lado derecho, formando una "T" o una "L", depende de cómo lo viera cada quien.

- Eso es bueno- murmuró, viendo que el vestido de Yulia llegaba hasta entre sus rodillas y medio muslo, dejando ver una generosa longitud de sus infinitas piernas, que se elevaban en unos Stilettos de patrón de leopardo que dejaban ver sus dedos perfectamente pedicurados.

- Buenos días, Arquitecta, disculpe la tardanza- dijo Gaby desde la puerta.

- Ah, Gaby, buenos días, pasa adelante, por favor- sonrió, dándose la vuelta. – Toma asiento, por favor- Gaby iba lista para la primera ronda de encargos del día. - ¿Me trajiste lo que te pedí?

- Oh, sí, déjeme y lo voy a traer- sonrió nerviosamente, volviendo a ver a Lena de reojo.

Yulia se sentó sobre su silla, reclinando un poco el respaldo hacia atrás, pero sólo por la posición de su espalda, y, mientras sostenía la taza de una peculiar manera; su dedo medio y anular dentro del agarradero, su índice sobre el agarradero, su meñique bajo él, su pulgar abrazando la taza, cruzó su pierna izquierda sobre la derecha, alejándose un poco del escritorio, dejando que Lena viera la perfección con la que podía sentarse. Esperaba a por Gaby, pero Lena no podía quitarle la mirada de encima, ¿por qué era tan perfecta? Su nariz recta, sin el más mínimo relieve del tabique, un tanto respingada, al dos por ciento quizás, que, al igual que su labio superior, tenía una leve hendidura, mínima. Sus ojos decorados con pestañas largas y coloreadas de negro, al igual que sus párpados, y no se diga la perfección con la que la curvatura de sus cejas se formaba, la degradación progresiva, que todo daba elegancia y, al mismo tiempo, ternura a aquel par de ojos azules que no estaban delineados por un verde más oscuro, eran simplemente de un tono que podía tender a turquesa pero que seguían siendo verdes. Sus labios, rosado cálido, de un tono amable y apetecible, el labio superior definido en una simple ecuación trigonométrica: f(x)= 0.5cos(x), y su labio inferior g(x)= 0.01x^2. Y ni hablar de las leves marcas que encerraban las comisuras de sus labios a cada lado, formando unos sensuales paréntesis de felicidad, apenas una ligera y corta línea. Boca que, al abrirse, pues la taza de té iba a sus labios, dejaba ver la rectitud blanca de su dentadura superior. Su cabello caía por sus hombros, en esos lisos que se notaban húmedos todavía, con el flequillo direccionado con precisión hacia la derecha, creando un camino corto y hasta un tanto jovial.

- Gracias- sonrió, tomando el folder de Gaby con su mano izquierda, colocándolo suavemente sobre su escritorio, y lo abrió, lo hojeó lentamente en silencio mientras sostenía la taza de la misma manera, en lo alto, pues se apoyaba del brazo de su silla con su codo. – Perfecto- murmuró, cerrando el folder, agitando su pie izquierdo sobre el aire. – Necesito que me avisen los de Mood cuando tengan la tela que pedí, que me compres tres entradas para "Sister Act", abajo, no tan cerca del escenario y hacia el pasillo de en medio, para el jueves, si es que encuentras, sino no… que llames a Aaron y que le digas que quiero anclar algo a una de las paredes de mi apartamento, que dicho objeto pesa un…montón y que, para anclar, ya tiene siete anclas de hierro… confirma que sí para la fiesta de "PDF", y averigua cuándo puedo reunirme con Meryl lo antes posible, por favor

- ¿Es todo?- sonrió, terminando de apuntarlo todo en su libreta. Yulia asintió. – Licenciada Katina, ¿se le ofrece algo?

- No, Gaby, gracias…- sonrió, encendiendo su portátil, haciendo aquel típico sonido Macintosh.

- Con su permiso- murmuró, poniéndose de pie para salir.

- ¿Tienes algo que hacer ahora?- murmuró Yulia, viendo a Lena de reojo mientras escribía, en el ordenador, la clave.

- Sólo darle tres diseños de lámparas de pedestal a Mrs. Hatcher, para la sala de cine, que dijo que tú le habías dado permiso de poner dos lámparas, una a cada lado de la pantalla- sonrió, viendo la taza de Yulia, que la ponía sobre el escritorio, y se fijó en una pulsera que no había tenido la semana anterior; fina de grosor, una simple cadena, que era interrumpida, cada centímetro y medio, quizás, por una bolita brillante y, cuando Yulia irguió el brazo para rascarse el hombro derecho con la mano, Lena alcanzó a ver que bajaba, del broche de la pulsera, una pequeña adjunción que desembocaba en una cruz, pequeña. Oh, ¿católica?

- Y… supongo que ya tienes el diseño de la sala de cine, ¿verdad?- sonrió Yulia, volviéndose con su silla hacia el escritorio de Lena, que fue cuando Lena vio que no era su reloj raro, aquel café, sino que este era de cara pequeña, todo en color plata, con el mismo contorno de brillantes, sólo con una ventanilla para la fecha y no los diez relojes que tenía el otro.

- Oh, yo sabía que algo se me olvidaba- sonrió sonrojada, pues, ¿cómo pensaba diseñar algo acorde a la ambientación si no tenía una idea de cómo era la ambientación? Bueno, es que en Armani Casa todo se diseñaba sin una base, a lo que cayera.

- Le pasa a cualquiera, es cuestión de costumbre, supongo- sonrió Yulia, abriendo una gaveta de su escritorio y sacando una especie de corcho de botella de vino tinto. Lo abrió, era un USB-Drive, qué ingenioso, y lo conectó a su ordenador, empezando a dar clicks y más clicks. – Por cierto, tenemos que hacer un pedido nuevo de iMac, la información sobre los Especificaciones Técnicas ya están en la página web, y me aseguré de que tuvieras una, pues tu contrato va por un año, no puedes estar un año trayendo y llevando tu MacBook, ¿cierto?

- No me molesta, pero gracias

- No me lo agradezcas… uhm… esto no lo sabe el resto del Estudio, pero te lo estoy diciendo para que tengas lo que quieres… revisa ahora los TechSpecs, entra al dominio de Volterra-Vensabene, a la carpeta de "Memos", hay un archivo que se llama "Pedidos", entra ahí, y luego a uno que se llama "Technología", luego a "Hardware", y elige las especificaciones que más se te ajusten, hazlo rápido porque hay un presupuesto, y aquí es Darwinismo en ese sentido…

- ¿La pido como quiera?- murmuró sorprendida.

- Sí, si la quieres de veintiún o veintisiete pulgadas, de cuánto quieres el quad-core…todo eso, aunque te recomiendo que la pidas con i7, con un Tera de Fusion Drive, con Magic Mouse y Magic Trackpad, wireless keyboard, con Pages, Keynote y Numbers, con AppleCare, sin One to One, y pide un impresor también… y hay, debajo de todo lo que quieres, un espacio para que escribas los programas adicionales, pues, hay casillas que rellenas, por ejemplo con SketchUp, no sé si la Trifecta tiene AutoCad, que supongo que lo utilizas… es de revisar, porque para AutoCad necesitas Microsoft, entonces es de ver si ya hay Microsoft para el nuevo sistema operativo- sonrió, viéndola a los ojos, pero, una vez terminó de decir aquello, se devolvió al ordenador para sacar el Flashdrive. – Ten, aquí está toda la casa- dijo, alcanzándoselo con una sonrisa. – Creo que la sala de cine es la séptima etapa

- Gracias- tartamudeó. ¿Por qué Yulia le ayudaría tanto? ¿No se suponía que era un ogro?

- Anytime- suspiró, recogiendo su taza, poniéndose de pie y caminando hacia afuera, siendo acosada, por la espalda, por la mirada de Lena, quien por fin pudo respirar con normalidad. - ¿Quieres algo de tomar? ¿Un café? ¿Un té?- preguntó estando justo bajo el marco de la puerta, preguntándose dos cosas: "¿Por qué no le ofrecí nada de tomar los días anteriores? ¿Por qué le ofrezco en realidad?".

- No te preocupes, lo traeré yo después

- Vamos, aprovecha- sonrió, girando su cabeza para verla de reojo mientras veía hacia el exterior de la oficina, hacia el pasillo, y veía a Harris coquetearle a una de las secretarias.

- Café estaría bien, gracias- sonrió.

- ¿Con leche, sin leche, con azúcar, sin azúcar? ¿Con toque o sin toque?- rió nasalmente, que Lena no comprendió a qué se refería con "toque". Harris no era Segrate, pero parecía.

- Media taza de café, un tercio de leche, sin azúcar- dijo, no pensando en que eso sonaba demasiado exhortativo, pero a Yulia eso le gustó, que fuera específica, y sólo sonrió graciosamente, como si le hubiera divertido, porque así era. Y Yulia se metió a la cocina, pues Moses, por alguna extraña razón, no había llegado, y Gaby no era la que debía hacer ese trabajo. Sacó la taza que había llevado para Lena aquella mañana, pues pensó que sería un bonito detalle de bienvenida si tuviera su propia taza, así como ella, así como todos los demás, pues tomar de una taza blanca, no era digno de un Diseñador de Interiores, mucho menos de alguien perteneciente a Volterra-Vensabene. Y siguió las indicaciones de Lena, hasta le puso un poco de espuma encima, con un poco de canela, sólo para que se viera bien, ella sacó un vaso y una botella de Pellegrino.

– Aquí tiene, Licenciada, bienvenida al Estudio- sonrió Yulia, alcanzándole aquella taza negra que decía, a letras blancas "To Save Time, Let’s Just Assume I Know Everything". Lena la vio con escepticismo. – La compré en negro porque, eventualmente, las blancas se terminan manchando- sonrió.

- Gracias- era la única palabra que podía decir, la única que le salía. – Eres como…muy agradable conmigo

- Porque no podia ser amable contigo? -murmuró, abriendo su botella de Pellegrino y vertiendo aquella bebida espumante en el vaso.

- Pues, invadí tu oficina… supongo que eso no te cayó como un rico desayuno en ayuno

- No miento, porque me dijeron durante el fin de semana que soy malísima para eso…- dijo, tomando un poco de agua del vaso. – No fue la idea que más me gustó… pero entiendo por qué Alec lo quiso así

- ¿En serio?- reaccionó, pues Volterra no le había dado ninguna explicación, simplemente "ahí había espacio", pero había espacio con las demás Arquitectas.

- Sí, eres su sobrina… y no sólo eres de mi misma profesión, pues era la única diseñadora de Interiores aquí, sino que también eres muy bonita- sonrió, no sabiendo exactamente cómo o por qué había dicho aquello, simplemente salió corriendo en libertad.- Te protege de los Depredadores

- Gracias- resopló ruborizada, pues esas últimas tres palabras habían causado una tremenda sonrisa, tanto interna como externa.

Yulia simplemente sonrió un tanto sonrojada, ¿qué? ¿Yulia, sonrojada? Jamás, nunca, pero ahí estaba, sonrojada, con una sonrisa culpable y flagelante que sólo lograba interrumpirla cuando llevaba el vaso a sus labios. Se sentó a la mesa de dibujo, que fue entonces que Lena vio que estaba llena de materiales, que Yulia los quitó poco a poco, más bien los deslizó hacia un lado, y, con el mayor de los cuidados, levantó la superficie de la mesa para volverla recta y no inclinada. Abrió una de las cajas que había movido y sacó rectángulos y cuadrados de un fino plywood, con lo que daba a entender que estaba a punto de materializar un modelo a real escala sobre algún diseño, que no era suyo, sino de Volterra; porque a Volterra no le gustaba hacer manualidades, a Yulia sí, y a Yulia no le gustaba revisar las conexiones eléctricas, mucho menos las de gas, que a Volterra eso le daba igual, y era por eso que intercambiaban. Yulia empezó a empujar con sus dedos porque las piezas ya venían cortadas, pues mandaban los diseños de SketchUp a "MakeItHappen" y era en donde daban los diminutos paneles, pero sin pintar. Yulia, como siempre, con su sentado de pierna cruzada. Se quitó su reloj, su pulsera y su anillo, los colocó a un lado y, tomando la base, empezó a ensamblar aquel modelo, que era como un rompecabezas armado a presión, Lena la veía a ratos y, cada vez que la volvía a ver, había avanzado muchísimo más, terminando, base a base, pues era un modelo desmontable por pisos, cada parte de la casa. Pero, Yulia, como siempre, escuchando a Lena escribir en su portátil, así como lo hago yo ahora, sólo que Lena escribía un poco más rápido y menos tosco porque sabía de mecanografía, yo también pero escribo más rápido a mi manera. En fin, Yulia no podía concentrarse, y fue por eso que decidió poner música, más bien pidió permiso.

- Licenciada Katina, ¿le molesta si pongo música?- preguntó, ¿desde cuándo Yulia Volkova pedía permiso para algo así? Al menos la semana pasada no lo había pedido.

- En lo absoluto, Arquitecta- sonrió, y Yulia, con una sonrisa, dibujó un "gracias" con sus labios, presionó "play" en el iPod que mantenía en el Estudio y Mozart le hizo el favor de llenar aquella oficina. – Esa ya la he escuchado, creo yo- murmuró Lena.

- Me sorprendería si no la hubieras escuchado nunca

- ¿Quién es?

- Mozart, es la última parte de la Sequentia di Requiem, Lacrimosa dies illia- murmuró, terminando de ensamblar el techo desmontable, Dios bendiga el momento en el que a Yulia se le ocurrió hacer todo con una base en aquel plywood de tres milímetros de grosor, pues era ensamblable y sin utilizar pegamento, que era lo que a Yulia no le gustaba; supongo que el hecho de ser muy exigente en ese sentido la había llevado a una invención personal.

- ¿Sabes latín también?- rió Lena, viendo el modelo de la lámpara en AutoCad, dándole un vistazo a trescientos sesenta grados. Lindo sólido de revolución, Lena.

- No, pero es de mis movimientos favoritos

- ¿Por qué?

- No sé, no es porque sea religiosa o algo así, simplemente me parece saturado de emoción, es la forma en cómo el D Menor lo hace más significativo- Lena la escuchaba hablar, ¿qué era D Menor? ¿Emoción? Si era una canción fúnebre, que digo canción, obra, composición, movimiento, como sea, bueno, y de fúnebre, Lena lo asociaba con algo funesto. – Es intensa, tanto en composición rítmica como en la maravilla que hace el coro

- ¿Es por la letra?- sólo quería que Yulia siguiera hablando, no importaba si era de astrofísica, que seguramente sabía algo de eso, pues si sabía algo de D Menor, algo de todo tenía que saber.

- No, acuérdate que Requiem es una misa de difuntos, nada interesante puede salir de los versos, pues, sólo dice que el día está cubierto en lágrimas, pues, el día en el que el difunto resurja de las cenizas para ser juzgado ante Dios, y piden por la misericordia, que sea gentil y que le dé, al difunto, un eterno descanso y "Amén"… pero es cómo lo cantan, en realidad, llámame loca, pero me gusta

- Creo que es un gusto musical casi extinto- murmuró, escuchando el cambio de ritmo, a otro que ya conocía, pero no quiso parecer una ignorante ante Yulia y por eso no preguntó.

La mañana se pasó, y Moses sin aparecer, por lo que Yulia supo que tendría que salir a comer algo en vez de comer ahí, pero antes, a terminar de pintar las paredes internas de la habitación que tenía en sus manos, que las pintaba, sí, con pintura real, nada de spray, sino con témperas y pinceles planos de la serie veintidós. Y pintaba todo cuando ya estaba construido, así, las habitaciones con el mismo color, que también eran desmontables, podían ser pintadas de una vez. Pintaba aquella habitación con un marrón "Gold Fusion", que era más bien beige, pero qué le iba a hacer Yulia al nombre del color sino repetirlo, y hacía los colores a cálculo visual, comparándolo con la paleta de Pantone que sostenía en su mano izquierda, otra razón para pintar todas las habitaciones del mismo color al mismo tiempo. Era divertido, era como regresar al Kindergarten, que no era fácil, pero era pintar, y se sentía toda una Badass por hacerlo sin gabacha y que podía manchar su vestido Armani, pero no, tenía cuidado, aunque ya le había pasado que sí se había manchado. Se detuvo, sólo faltándole una habitación de color "Creamy Peach" y los baños, que los cuatro baños eran de "Pale Periwinkle Blue", entrelazó sus manos y estiró sus brazos hacia el frente y luego hacia arriba junto con respiraciones profundas. Se puso de pie y, viendo que Moses llegaba con paquetes, entendió que estaba cumpliendo con los encargos de las diferentes áreas del Estudio, y sólo dejó el trío de recipientes plásticos, en los que enjuagaba los pinceles, con los pinceles adentro, y la paleta plástica en donde había mezclado los colores, sólo para que las lavara.

- ¿Qué haces?- murmuró Yulia al entrar a la oficina de nuevo, viendo a Lena, y, oh Dios mío, Yulia pecó, ¿de verdad pecó? Pues ella, al no creer realmente en los pecados, simplemente la vio sensual y empezó a desvestirla en su mente, pero se detuvo en cuanto le quitó la camisa.

- No estoy muy segura con mis diseños

- ¿Me dejas ver?- sonrió, Lena asintió y Yulia se colocó tras ella, inclinándose sobre su hombro, rozando su busto, sin intención alguna, contra el hombro de Lena, no pudiendo evitar inhalar su perfume, floral pero con una pincelada cítrica, olía a limpio, un tanto suave pero intenso, la mezcla perfecta, y eso que a Yulia no le gustaban los florales, pues, a pesar de que el Chanel No. 5 era floral, era más bien con un tono como de madera, entre terroso y pulcro. – Me gusta el primero y el tercero- murmuró, volviéndose hacia Lena, viendo de cerca sus ojos, desviando rápidamente su mirada, pero falló, pues cayó en sus labios, y se acordó de su sueño, y quiso besarla, atacarla a besos, tumbarla de su silla al suelo para besarla, qué ganas le traía.

- Se los mandaré a Lilly para que me diga lo que piensa…- dijo en su voz pegajosa, viendo, más cerca que nunca, las facciones perfectas y tersas de Yulia.

- A mí me gustan- guiñó su ojo, sintiendo el calor del aliento de Lena rozarle sus labios y la punta de su nariz. Qué poder para resistirse. – Y, usualmente, si a mí me gusta algo, a Lilly también- sonrió, y, wow, qué ego, pero era cierto, Lilly Hatcher confiaba en el gusto de Yulia, sólo le hacía cambios de tipo, no de gusto.

- ¿Usas lentes de contacto?- murmuró, obviando el comentario de Yulia.

- No, ¿por qué? ¿Se me pusieron amarillos como a Cullen?- rió.

- No- resopló Lena, devolviendo la mirada al portátil para mandarle las imágenes a Mrs. Hatcher. – Tu iris es todo del mismo tono

- ¿No se supone que así es?

- No lo sé, mi iris es más oscuro del contorno, creí que así era siempre- se encogió de hombros, pero vio a Yulia analizar su ojo, y no supo si era incómodo o qué, no le molestaba, en realidad le incomodaba la inhabilidad de no poder besar esa sonrisa traviesa, ladeada hacia la derecha.

- Pues, tus ojos están bien… tienen aire de Stepford Wife- sonrió para molestarla. - ¿Tienes hambre?

- Un poco, sí

- Ven, te invito a comer

- Claro, claro- sonrió, respirando con normalidad en cuanto Yulia se retiró para ir por su abrigo y su bolso. "Qué piernas, Dios mío". Le mandó las imágenes a Lilly y, luego de haber cerrado su portátil, que la manzana se apagó en la mano de la Evil Witch, tomó su bolso y su típico abrigo negro, siguió a Yulia hasta el ascensor. - ¿A dónde vamos?

- Pues a almorzar, como todo mortal a las dos de la tarde- sonrió, subiendo al ascensor mientras escribía rápidamente en su iPhone, se notaba que era WhatsApp, y escribía con una sonrisa, y se reía nasalmente con cada respuesta, que sólo vibraba, no sonaba. – Perdón- murmuró. – Me acaban de cancelar el almuerzo- rió mientras sacudía su cabeza en inmensa diversión, pues comería con Natasha, y ahora Lena, pero Natasha había decidido almorzar con Phillip, por lo que ahora serían sólo ella y Lena. – Te iba a presentar a mi mejor amiga, pero le surgió una longitud extrema de trabajo y no puede venir, así que seremos tú y yo nada más- sonrió, refiriéndose, con "longitud", a la longitud del miembro masculino de Phillip.

- No sabía que venía tu amiga, pues, que iba a venir…- murmuró sonrojada.

- Pues, no sé, es mejor, puedo comer con mayor tranquilidad- rió. – Ella sólo tiene una hora para almorzar, y siempre que nos reunimos a almorzar termino con la comida hasta aquí- dijo, poniendo su mano en su garganta. – De tan rápido que me hace comer

- ¿Y tú no tienes una hora también?

- En teoría sí, pero en la práctica no… pues, imagínate, si me tomo sólo una hora para almorzar y llego apresurada a la oficina, ¿qué hago? Si la pintura no se ha secado no puedo seguir trabajando… además, a tu tío no le importa cuánto te tomes para almorzar, la Arquitecta Hayek almuerza todos los días con sus hijos en el Upper West Side, se toma dos horas y media, pero siempre rinde, que es lo que a tu tío le importa- se detuvieron en el vigésimo primer piso, en donde se subieron dos hombres, de General Electric.

- Arquitecta- suspiró uno. - ¿A almorzar tan tarde?

- No, ya voy a casa- mintió. Lena no dijo nada.

- Cómo quisiera tener un trabajo en el que no se hace nada- bromeó aquel hombre.

- Pues, ¿qué le puedo decir, Licenciado Smith?, es una pena que, por no hacer nada me paguen, por proyecto, el doble de lo que usted gana al año- rió.

- Touché- rió el otro. - ¿Cómo va el negocio, Arquitecta?

- Generoso, no me quejo, siempre hay algo que hacer- sonrió Yulia, dándole gracias a Dios por que el timbre del Lobby ya sonaba. – Espero que todo bien en ventas- rió, saliendo del ascensor, tomando a Lena gentilmente del brazo.

- ¡Buen provecho!- gritó el que Yulia había pisoteado con su tan modesto argumento.

- Del piso cuarenta hacia abajo, es todo de General Electric, los primeros diez son de ventas, los siguientes son de desarrollo técnico, los siguientes diez son de estrategia y los siguientes diez son de administración central, y esos dos- rió Yulia, saludando con la mano, que también era un "gracias", al Agente de Seguridad que le abría la puerta. – El trabajo de esos dos es encontrar la manera de cómo arruinar los productos, en el menor tiempo posible

- Es eso incluso un trabajo?- resopló Lena, caminando a la izquierda de Yulia, cosa que a Yulia no le gustaba, le gustaba ver más hacia la derecha que hacia la izquierda.

- Bienvenida a Nueva York- sonrió Yulia, pasándose a la izquierda de Lena, quien no entendió exactamente por qué lo hacía.

- Gracias, supongo- rió Lena, no sabiendo hacia dónde se dirigían, ella sólo seguía a Yulia. - ¿Puedo preguntarte algo?- Yulia emitió su típico "mjm" gutural mientras atravesaban la calle. - ¿No tienes frío?

- No, ¿por qué?

- Digo, estamos a diez grados y tú andas en vestido…

- Te acostumbras al frío, usualmente, a partir de mediados de noviembre, empiezo a llevar sólo pantalón, pero todavía está agradable el clima… la nieve es lo que no me gusta

- Es lo que a la mayoría de gente le gusta, ¿no?

- Supongo que sí, pero en la nieve no puedes caminar en Stilettos- rió, caminando a lo largo de la cuarenta y nueve, en dirección a la Quinta Avenida. – No es tanto por eso, es el frío que no puedes evitar tener, porque, por muy grueso que sea tu abrigo, siempre hay algo que te da frío, y, vamos, Licenciada, una que viene del paraíso Romano… ¿qué carajo sabe del frío?- rió, paseando su mano por su cabello, pues había una ventisca un tanto incómoda.

- Yo ahora tengo frío, no sé cómo haré más adelante

- Tendrás que comprarte un buen abrigo, y térmicos, y de esas botas para andar en la nieve y en lo mojado

- ¿No son muy feas?

- Pues, Licenciada Katina, nadie dijo que el invierno era glamuroso- rió Yulia, apuntándole con el dedo que iban a cruzar a la derecha.

- Bueno, al menos sé que no seré la única que las use- sonrió, viendo que Yulia se cambiaba de brazo su bolso, revelando las "C" encajadas, que sólo podían significar "Chanel".

- Es decisión de cada quien, supongo, no juzgo- sonrió un tanto forzadamente, pues sintió que había sido un poco altanera, que no era su intención.

- Eso quiere decir que tú no usas- rió la Licenciada, viendo hacia el suelo.

- A veces siento que no puedo caminar bien en zapatos sin tacón- frunció su ceño, pues era la primera vez que lo decía, y era cierto. – Pero sé que tengo que usar zapato bajo para descansar los Metatarsianos, que nadie quiere un juanete- Lena se rió a carcajadas. - ¿Te parece gracioso tener juanetes?

- Pues no, pero es la manera en cómo lo dices, como si fuera el fin del mundo tener un juanete

- Mi hermana tiene, y sé que duelen- rió.

- Y supongo que también sabes que los zapatos muy altos y de punta afilada son causas de juanetes también, ¿cierto?- murmuró, haciendo un alto, pues Yulia abría la puerta de T.G.I Friday’s.

- Pues, claro que lo sé, pero es más probable por genética y por mal uso del calzado, entiéndase un zapato muy pequeño o muy angosto; la altura no ha sido el factor más trascendental en ello- sonrió. – Roberts, mesa para dos- le sonrió al host, quien buscó aquel nombre en la lista y asintió, tomando dos menús y abriéndose paso en aquel atestado lugar, justo para una mesa de esquina en el área con menos ruido; la privilegiada mesa que Natasha siempre pedía. – Traigáme un Ultimate Mojito, por favor… and keep them coming- sonrió Yulia para el mesero mientras abría el menú. "Wow, qué profesional, jaja, bebiendo en horas laborales…aunque, técnicamente, esta no es una hora laboral".

- Traiga una coca cola por favor… y uhm, podría por favor conseguir jugo de limón en lado por favor?- El mesero asintió con una sonrisa y se retiró. "Aw, ella es tan dulce" pensó Yulia con una sonrisa.

- ¿Coca cola? Ahora me siento mal- rió Yulia, cerrando el menú, pues no sabía ni por qué lo había abierto si ya sabía lo que pediría.

- ¿Por qué?

- Como que soy un poco alcohólica- sonrió, quitándose el abrigo, que no sabía por qué lo tenía puesto todavía, lo dobló por el medio hacia el exterior y lo colocó sobre el respaldo de la silla de la par.

- No soy nadie para juzgarte- "Sólo para enseñarte qué es alcoholizarse de verdad, y arrancarte ese vestido". – Todos bebemos- sonrió. – Quizás no a las dos de la tarde, un lunes, pero lo hacemos

- Dime algo, Lena- sonrió, inclinándose sobre la mesa, intentando buscar su mirada con la suya. Oh, la primera vez que la llamaba por su nombre, y lo decía tan bien, era como si lo acariciara. - ¿Hay alguna razón en especial por la cual te vistas de negro?

- ¿A qué te refieres?

- Digo, todos los días que te he visto, te he visto de negro, lo único que cambias son tus zapatos

- No me había dado cuenta- mintió. – Supongo que tengo mucha ropa negra nada más… y supongo que es fácil ponerte sólo negro, supongo que es inconsciente- sonrió.

- El negro es un arma mortal si lo sabes usar, y debo decir que te ves muy elegante en negro- sonrió Yulia, con una sonrisa tierna que volvía loca a Lena.

- Gracias, tú también te ves muy elegante… en el color que sea- le respondió la sonrisa y el halago, pero Yulia sólo podía concentrarse en no ver el pecho de Lena, pues su cárdigan negro, de cuello triangular, tenía tres botones, que, entre el primero y el segundo, de abajo hacia arriba, se creaba un agujero sensual que dejaba ver una pequeña parte de su inocente y tierno sostén; blanco y rosado a rayas, que se notaba que era Victoria’s Secret. Yulia simplemente podía tragar saliva, ¿por qué quería hacerle tantas cosas?

- Gracias- frunció su ceño, desviando la mirada de golpe, respirando hondo. - ¿Ya sabes qué vas a pedir?

- No estoy segura, ¿y tú?

- Chicken Fingers, así me queda espacio para postre- rió, tomando su cabello entre sus manos, desde su flequillo, y empezó a trenzarlo, tomando cada vez un poco más de cabello, no dejando de trenzarlo hasta que tuvo una trenza floja y ancha, que luego la unión con el resto de su cabello, lo tomó en su mano y, ágilmente, lo retorció con su dedo índice hasta dejarlo enrollado, en espiral, a media altura, que lo fijó con una banda elástica que materializó de por debajo de su reloj, y, ah, era un Rolex.

- Era una de mis opciones, ¿son ricos?- Yulia asintió. - ¿Qué pides de postre?

- Salted Caramel Cake… es una porción de torta de vainilla caliente, que es de la textura perfecta, es flaky, y cremosa al mismo tiempo, y viene con una bola de helado de vainilla, que es como la muerte en vida, la resurrección, al unir lo caliente de la torta y lo frío del helado, y viene bañado en salsa de caramelo, que hasta le sientes una pequeña patada de picante, como todo verdadero caramelo- y esa descripción, Lena sentía como si la estaba desvistiendo lenta y tortuosamente, y es que Yulia estaba coqueteando con ella, pues la manera lasciva en cómo cerraba sus dientes para pronunciar las palabras, y la manera en cómo le daba forma a las palabras con sus labios, el tono, la gracia que le ponía con el lenguaje de su mirada, Lena tragó grueso y respiró hondo.

- Suena rico- sonrió.

- Lo es…pero…- "Pero te quisiera a ti de postre…más que a eso otro".

- ¿Pero?

- ¿Dónde están nuestras bebidas?- dijo, desviándose del tema.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 29, 2015 12:37 am

Y almorzaron juntas, como lo harían muchas veces desde entonces, entre risas, anécdotas del Estudio más que nada, a veces Lena abriéndole un poco de su mundo a Yulia, pero ella no dejaba que Lena entrara, no dejaba que entrara nadie, era un milagro que dejara entrar, a veces, a Natasha. Compartieron aquel sexual y orgásmico postre, la primera vez que Yulia compartía su postre con alguien que no era Natasha, y no se sintió tan mal, quizás porque era Lena. Y le gustaba ver cómo comía, a bocados pequeños pero rápidos, con sus labios cerrados, intentando no hablar mientras tenía la boca llena, pues ella no tenía aquella habilidad que Yulia tenía para esconder la comida y hablar con naturalidad. Lena también se divertía al ver comer a Yulia, pues no era que comiera en "seco", pero le había dado su salsa de mostaza, porque no le gustaba y a ella sí, sólo se había quedado con la salsa barbacoa, y no exactamente para hundir las pechugas de pollo en ella, sino las patatas fritas, que todo iba detenido del tenedor y era cortado con el cuchillo, y Lena se asombró de que alguien bebiera más que ella, por costumbre, pues Yulia se había tragado tres Mojitos y una Limonada, para que, con el postre, se tragara un vaso de veinte onzas de agua con gas. Y sucedió aquella cosa que, por ser la primera vez, de manera tan personal, no le enojó a Lena, pues Yulia la invitó. Volvieron a la oficina, en donde Yulia siguió con sus manualidades mientras seguía con su repertorio musical, pero ya no era clásico, pues tuvo compasión de Lena, y le puso algo más comercial y más actual, pero que igual Lena no conocía, un poco de Seu Jorge para animar aquella oficina, y pintaba, tarareando suavemente, "Seu cabelo me alucina, sua boca me devora, sua voz me ilumina, seu olhar me apavora, me perdi no seu sorriso, nem preciso me encontrar, não me mostre o paraíso, que se eu for, não vou voltar", y Lena simplemente la escuchaba mientras jugaba en su iPhone, pues no había obtenido respuesta de Lilly, y no tenía nada que hacer, y tampoco quería irse hasta que Yulia se fuera, pues sólo con verla era suficiente.

Martes dieciséis de octubre de dos mil doce. Lena entró a las siete y media a la oficina, iba tarde, por supuesto, como siempre, pero en el Estudio no había un horario fijo, simplemente todos preferían entrar temprano para salir temprano. Y entró en su desesperación por llegar tarde, saludando secamente a Gaby a la entrada, y abrió la puerta, para ver algo que simplemente hubiera querido no ver, o quizás sí. Era Yulia, de espaldas, apoyada con sus brazos de la mesa en la que estaba la caja de luz, con sus brazos separados, inclinándose hacia adelante con su torso, sacando un poco su trasero en una falda blanca y ajustada de encaje, hasta por exactamente arriba de la rodilla, de medias negras de grado diez o veinte, muy livianas en densidad y que se detenían por un elástico de encaje negro a medio muslo, algo que Lena no podía ver y que seguramente, si lo veía, le daba un paro cardíaco. Y, del torso, una chaqueta ajustada, azul marino, que no sabía Lena si llevaba camisa manga larga o eran los bordes de aquella chaqueta los que eran rosado cosmético, que eran los bordes, pues la blusa era de cuello alto y elíptico, como el vestido del día anterior, pero bajaba en un plisado que partía del centro hacia el exterior y que se concentraba únicamente entre la posición de sus pezones, manga tres cuartos y una costura que marcaba la cintura, pero sus Stilettos, es que tenía cada par, tan único y tan perfecto, tan envidiable, unos Sergio Rossi de diez centímetros, no muy altos, pero de piel de pitón negra, puntiagudos. Lena no supo si eran las medias, o su trasero, o que sólo quería llegar y levantarle la falda para verle lo que tenía debajo. "Qué pervertida soy", y sí, pero sólo es pecado si lo consideras pecado, querida Lena. Y le pareció tierno el moño que llevaba Yulia, pues era normal, de esos que se toman todo el cabello de una vez, se retuercen y se fijan, nada de trenzas, nada de flequillo a un lado, simplemente tirado hacia atrás.

- Buenos días, Arquitecta- sonrió, entrando por fin a la oficina, viendo que la esperaba una taza de café ya preparada, como el día anterior, sobre el escritorio.

- Buenos días, Lena- y otra vez, aquella pronunciación, aquella caricia irresistible. - ¿Qué tal la noche?

- Bien, como todas las anteriores, nada nuevo- sonrió, viendo una carpeta negra bajo la taza de café. - ¿Y la tuya?

- Bien, también, como todas las anteriores, nada nuevo- la remedó, pues no quiso decirle: "Estuvo tan bien que casi me masturbo pensando en ti, todo por culpa de ese botón traicionero que me dejaba ver tu sostén".

- Te levantaste de buen humor

- Siempre, Lena, siempre- sonrió, irguiéndose y llevando sus manos a su cadera. – Hm…- tarareó pensativamente mientras veía un plano sobre el otro, como si algo no le terminaba de parecer correcto. – Oye, ¿tú alguna vez has visto algún plano?

- Pues, sí- rió.

- ¿Con tuberías y toda la cosa?

- Ah, no, con eso no… sólo los planos primarios, a lo mucho y cableado eléctrico

- Es suficiente- dijo. – Hazme un favor, por favor- murmuró, notando lo raro que eso se escuchaba. – Ven aquí y dime qué es lo que no está bien, por favor, que no logro verlo- y Lena se colocó tras ella, pues, un tanto a su lado, viendo hacia la caja de luz. – No, pues, más de cerca- sonrió, tomándola con su mano derecha por la cadera, sobre el yacimiento de su trasero en aquel pantalón negro, que ambas sintieron esa corriente, pero ninguna dijo algo al respecto. - ¿Ves algo?

- Mmm…- suspiró, viendo las líneas negras sobre las rojas, que era la manera en cómo se distinguían el original de la copia en cuestión, que era la copia sobre la que se ejercían los cambios, la de líneas negras. – Aquí- dijo, señalando con su dedo, que tenía laca roja, y a Yulia le gustó eso a pesar de que no le gustara para ella, para tenerlo en ella. – Falta la caja térmica

- Sí… eso era- murmuró son una sonrisa, preguntándose si necesitaba gafas o qué si lo tenía enfrente. – Gracias, Lena

- De nada, Arquitecta… Gracias por el café

- No me des las gracias a mí, sino a Moses- sonrió, y Lena se ruborizó, pues, claro, ¿en qué mundo volvería Yulia a prepararle un café?

- Cuando lo vea será- murmuró. - ¿Y esto?- dijo, refiriéndose a la carpeta negra.

- Ah, es un proyecto pequeño… es de ambientar una cosa en Amsterdam y Sesenta y Cuatro… y es tuyo- sí, el consultorio/oficina de Alastor Thaddeus.

- Supongo que era tuyo y me lo pasaste

- Tienes que hacerte tu reputación de alguna manera, ¿no?- dijo Yulia, apagando la caja de luz y llevando los planos a la mesa de dibujo, en donde los fijó con tachuelas y deslizó la superficie hacia arriba, a manera de pizarrón. - ¿O pensabas hacértela de la nada?

- Gracias… de verdad, muchas gracias

- No me des las gracias, sólo impáctalo con tus diseños- sonrió, conectando la pistola de silicón a la electricidad, pues empezaba la parte del modelo del día anterior que no le gustaba; pegar la parte del paisajismo, no se diga lo de pegar los pisos y las escaleras, pero alguien debía hacer el trabajo sucio. – Ay, ¿a qué se debe este honor tan temprano?- rió Yulia al contestar su teléfono.

- Estoy pudriéndome, ¡sálvame!- gimió Natasha, tendida sobre la silla de su oficina, tapándose el rostro con la revisión de eficiencia de personal por parte de cada área, eran no más de cien páginas en total, toda una novela.

- ¿Qué pasa, amor?- rió Yulia, pegando los arbustos entre las líneas que había dibujado en la base.

- Me estoy pudriendo, ¿te parece poco?

- Apenas son las diez de la mañana- rió a carcajadas. - ¿Qué sugieres que haga, Nate? ¿Qué salga corriendo a contarte un cuento?

- Pues… en realidad pensaba en que me entretuvieras con tus anécdotas con la Licenciada

- ¿Perdón?- volvió a ver a Lena de reojo, quien estaba muy concentrada en elevar y traer a tercera dimensión los planos de aquella oficina.

- Está ahí en la oficina, ¿cierto?

- Es correcto, Nate, ¿cuándo te volviste tan inteligente?- sonrió, escuchando una leve sonrisa nasal de Lena, pues su sarcasmo era evidente.

- Ay, bueno… te llamaba para otra cosa, también…

- Dime, amor

- A que no adivinas a quién voy a entrevistar

- ¿Hombre o mujer?- y aquella pregunta confundió a Lena y, sin la mayor intención de entrometerse, agudizó su audición.

- Hombre

- ¿Está guapo?

- Está "Yulia-mente" guapo- rió, y Lena alcanzó a escuchar aquello, y supo que Yulia no era para ella, pero estaba confundida, pues Yulia claramente flirteaba con ella, a no ser que su personalidad fuera así de "graciosa".

- ¿Es actor, cantante o filántropo?

- Es actor

- ¿A Reynolds?- y Lena alcanzó a escuchar aquel "mjm" afroamericano que salía de la voz de Natasha. "Pero es una mujer con la que habla, ¿Nate? No, debe ser algún Nathaniel con voz de mujer, seguramente un particular prójimo homosexual". – Está guapo, pero, ¿por qué me dices esto?

- Por si quieres venir, por accidente, a mi oficina

-Voy a tener que dejar ir esta… lo prefiero idealizado y de lejos- sonrió, pensando en que lo único que quería era que Lena se inclinara sobre la mesa para que el cuello ancho de su camisa se despegara de su piel y ella pudiera ver el sostén que llevaba.

- Bueno, está bien, no digas que no te lo ofrecí- rió. - ¿Qué vas a hacer ahora por la noche?

- Tenía pensado trotar una hora, o dos, antes de mi cita con Petrus y Camus, ¿tienes algo mejor para mí?- Lena simplemente pensó que tendría una cita doble, pero "Camus" le sonaba conocido, ¿cantante? ¿Actor? Y era algo a lo que le daría vueltas por muchas horas.

- Ir a darle de comer a los patos a Central Park- pudo sentir que sonreía al otro lado del teléfono. – Tengo medio paquete de pan ya un poco pasado, que no planeo botar, prefiero dárselo a los patos

- Nate, esos patos, si los sigues alimentando, van a parecer perros, llevo años diciéndotelo… además, hay un rótulo muy claro que dice "No Alimentar a los Patos"

- Lo sé, lo sé… pero es mi pasatiempo favorito- suspiró, quitándose los papeles del rostro para erguirse de una buena vez.

- Está bien, voy a trotar de cuatro a cinco y media y te veo en el Pond, ¿de acuerdo?

- Excelente, ahora tendré algo que esperar por el resto del día, porque podrirme no estaba en mis planes

- ¿Y tu hombre?- y Lena creyó confirmar la teoría que aquella voz era de un agudo homosexual.

- En Boston hasta el viernes por la mañana

- Está bien, supongo que podemos tener juntas una cita con Petrus, pero sin Camus porque sé que no te agrada la literatura francesa… sólo un poco de televisión, ¿está bien?

- Perfecto, será una fiesta de pijama!- rió, viendo que el jefe de administración caminaba hacia su oficina. – Aquí viene Satanás, me tengo que ir, te veo luego- y colgó antes de que Yulia pudiera despedirse.

- Sí…te veo luego- susurró a su iPhone, golpeándolo suavemente contra la palma de su mano, como con una pesadez emocional.

- ¿Todo bien?- preguntó Lena, viendo cómo le había cambiado el humor a Yulia.

- Sí, sí…- dijo, recomponiéndose sobre el banquillo para volver a tomar la pistola de silicón, que odiaba que le quedaran esos finos hilos que, al enfriarse, se notaban demasiado. – Agh…- suspiró, por la frustración.

- ¿Puedo ayudarte en algo?

- Si tienes alguna solución para que no me quede silicón en la base, te lo agradecería- suspiró.

- Déjame ver los arbustos- dijo, poniéndose de pie, rozando la mano de Yulia al tomar el arbusto. - ¿Tienes Mounting Tape?

- Sí, creo que sí- murmuró, abriendo las gavetas para buscar aquella específica cinta adhesiva. – Aquí tienes- dijo, alcanzándole el rollo de cinta adhesiva. Lena tomó una de las tijeras de Yulia y cortó un trozo, lo suficientemente grande como para pegarlo en el fondo de la base, pues el arbusto era simplemente un recubrimiento de un diminuto recipiente vacío, y tenía un fondo falso, en donde Lena, con tres trozos del mismo tamaño de cinta adhesiva, cubrió el agujero y lo pegó entre las líneas que Yulia había dibujado. Yulia la veía con asombro, pues eso nunca se le hubiera ocurrido, y era más fácil que deshacerse los dedos al intentar llenar los bordes de silicona. Y, justo cuando Lena se inclinó al lado de Yulia para pegar el arbusto, no sólo inhaló aquel floral perfume que a Lena le sentaba de maravilla, sino que también sintió el busto de Lena repasarle, realmente por accidente, su hombro.

- ¿Es acrílico o témpera?

- Témpera

- Ah, pues… entonces es fácil… ¿cómo sueles quitarte la silicona de los dedos cuando se te enfría?

- Te sonará raro…pero con chapstick, algo con grasa

- Sí, y la témpera es soluble en agua, no en aceite… sólo para que no lo vuelvas a pintar- sonrió, alcanzando a inhalar el aroma del cabello de Yulia, un aroma nuevo y diferente, pero limpio, como para enterrar la nariz ahí mientras le daba besos, besos que, con cada minuto que pasaba, intentaba contenerlo más.

- Wow…- suspiró, volviendo a ver a Lena, que si no es porque Lena se aparta, Yulia roza su nariz con su mejilla. – Gracias, Lena- "Y pelirroja pero no bruta, ¡toma, estereotipo!".

- Es un placer, Arquitecta- sonrió, regresando a su portátil para seguir levantando aquella construcción digitalmente. "Aunque sería un mayor placer besarte".

Yulia siguió el método de Lena, apilando tres cuadros de cinta adhesiva para pegarlos dentro del recipiente de los arbustos, y luego, por Lena también, logró quitar aquellos hilos molestos de silicona. Y terminó el modelo, justo para llevárselo a Volterra, dos días antes de que se lo pidiera. Volvió a entrar a la oficina, a limpiar la mesa de dibujo, que en realidad era mesa para todo. Escuchaba los suspiros de Lena, como si estuviera cansada, porque lo estaba, no había estado durmiendo bien, pues sólo podía pensar en Yulia, en su enferma obsesión por ella, y en aquella remota imagen de su espalda del día anterior, de aquellas pecas, de aquella marca blanca en el ligero bronceado de aquella blanca piel, que sólo había visto una parte de aquella cicatriz, y una parte muy pequeña. Lena simplemente esperaba a que el archivo terminara de convertirse a un formato que fuera menos pesado, pues con los retoques de ambientación sería muy pesado. Mientras esperaba, Yulia limpiaba, sacó un cubo Rubik de su bolso, de cuatro por cuatro, y fue un ruido que a Yulia le llamó la atención, pues Lena no lo hacía por alardear de su "inteligencia", pues era algo que con algoritmos se podía resolver fácilmente, pero ver la agilidad, con la que Lena movía las caras, era impresionante, hasta parecía que no pensaba los movimientos, que simplemente movía, y, antes de que Yulia terminara de limpiar, que no se tardó más de dos minutos, Lena ya había completado el cubo, y "Wow", para desordenarlo de nuevo, ahora sin ver mientras veía, en la pantalla de su portátil, que faltaban treinta y dos minutos para que la conversión terminara. Yulia salió a traer un poco de agua, que Moses le preparaba en menos de treinta segundos, y regresó a su oficina, sólo para caer de golpe sobre su silla, que fue lo que hizo que Lena reaccionara mientras Yulia clavaba su concentración en el monitor de su ordenador, a contestar e-mails.

Pero Lena no pudo quitarle la vista a Yulia de encima, hasta desordenaba realmente sin sentido, pues su concentración estaba total y completamente en el muslo de Yulia, que su falda se había subido y ella no se había dado cuenta, dejando que Lena viera el encaje elástico de sus medias, y era algo que a Lena le robaba la cordura, al punto de que el cubo se le salió de las manos, que realmente saltó de ellas y cayó del lado del escritorio de Yulia. Yulia volvió a ver al cubo y, con una sonrisa, alcanzó el cubo en cámara lenta, con sensualidad. Lena sólo quería hacerle todo lo que nunca le había querido hacer a nadie, ni a un hombre ni a una mujer, ¿por qué a Yulia sí?, esa era una pregunta que a Lena no se le quitaba de la cabeza. Ya sabía que estaba enamorada físicamente de ella, que era la mitad de la explicación de por qué quería besarla tanto, de por qué quería probarla, pero no se sentía capaz de siquiera pensar en probarla sin ropa, aunque eso no la libraba de imaginársela sin ropa. La otra mitad era lo de antes, una idealización de Yulia, la que había tenido aquel verano olvidado, pero ahora se daba cuenta de que su idealización no estaba muy lejos de ser la realidad; mujer con un ego impresionante, con autoridad, con carácter, pero con la capacidad de ser amable, aunque también tenía la capacidad para ser un ogro, esa ambigüedad salía por cada poro de su piel. Pero también era la intriga de quién era en realidad, porque más allá de ser Arquitecta y Diseñadora de Interiores, más allá de ser rusa-italiana, y todavía más allá de sus Christian Louboutin y su bolso Chanel, tenía que tener una historia, así como todos en esta vida, ¿cuál sería su historia? ¿Cuál sería la historia de aquel anillo que a veces utilizaba en su dedo anular y a veces en su dedo índice? ¿O cuál sería la historia de su acento? ¿O del verdadero "¿qué hace aquí?"?
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 29, 2015 12:39 am

Miércoles diecisiete de octubre de dos mil doce.


- Regresó- sonrió Alastor para Yulia.

- Pues, si no quiere atenderme…puedo irme también- sonrió Yulia, tomando asiento en aquel sofá de cuero rojo, que no era feo porque era relativamente cómodo.

- No, no me malinterprete, Señorita Volkova… es sólo que creí que no volvería, que la sesión del sábado le había incomodado

- Mi vida es incómoda, Doctor Thaddeus, y aún así la vivo lo mejor que pueda

- ¿Se considera usted existencialista, Señorita Volkova?

- ¿Yo?- resopló sacudiendo su cabeza, girando el Venti de un Iced Passion Tea Lemonade de Starbuck’s, el cual había comprado ante la eminente sed después del trabajo. El psicólogo asintió lentamente, con sus dedos entrelazados sobre su abdomen, viéndola con serenidad sonriente. – Ninguna vida es perfecta, Doctor Thaddeus- dijo Yulia. – Pero la mía es casi perfecta… y me gusta mi vida, con todo lo malo y todo lo bueno; estoy con vida, mi familia está con vida, estoy saludable al igual que mi familia, tengo oxígeno en mis pulmones, sangre en mi sistema circulatorio, una sonrisa que regalarle a todo peatón que me vea a los ojos, un saludo de buenos días, buenas tardes o buenas noches, para todo aquel que me atienda o me lo desee primero, tengo techo, tengo trabajo, tengo amigos, tengo dinero suficiente como para no preocuparme si el día de mañana me quedo sin trabajo… dígame usted, ¿qué tan mal le suena mi vida?

- Nada mal, Señorita Volkova, nada mal… pero usted dijo que su vida es "casi perfecta", lo que implica que no lo es, no lo es para usted… y me confunde, porque lo que me acaba de decir me lo diría una persona feliz, no una persona a quien le incomoda vivir su vida

- Touché, touché- sonrió. – Pero la felicidad es pasajera

- ¿Me quisiera explicar?

- Siempre que le pasa algo que lo hace feliz, aquello que le pone una sonrisa genuina en su rostro, aquello que lo hace ver la vida sólo con positivismo, como si todo fuera bueno y correcto, como si lo malo y lo incorrecto fuera mentira, pero la más mínima cosa le borra la sonrisa, le quita todo aquello, dígame usted si no le ha pasado

- ¿Y en la adversidad no se puede ser feliz?

- Se puede ser feliz, es una decisión, pero a veces los factores externos no ayudan a los internos, no lo suficiente como para que la decisión sea la acertada… aunque yo sí soy feliz, aunque a veces me siento miserable… no en el sentido de desdicha, sino de aflicción, sin fuerza, sin valor- suspiró, para luego dar un par de tragos fríos a su té.

- ¿En qué momentos se siente "miserable"?

- No lo sé… no es siempre, ni todos los días…es esporádico, momentáneo…pues, igual que la felicidad, la miseria es pasajera

- Dígame algo, ¿qué le parece si cambiamos de tema?- Yulia asintió. - ¿Cómo va el sueño?

- Bien, bien

- ¿Ha estado durmiendo bien, bastante, o bien y bastante o bastante bien?

- Pues, el sábado que vine, mi mejor amiga y yo nos tomamos una botella de tequila y dormí como un bebé- Alastor asintió para que le siguiera contando. – El domingo me desperté un par de veces, pero me logré dormir, el lunes dormí poco pero bien... y, lo que dormí, realmente lo dormí bien

- ¿Por qué?

- Fue un día bastante bueno, en un sentido general, sin tensiones, sin estrés en el trabajo, un par de risas por aquí y por allá…

- ¿Algo en particular que haya soñado?- Yulia se sonrojó. – No tiene que decírmelo, pues no sé a qué ha venido este día, pero seguramente las respuestas que busca las encontramos en lo más mínimo de sus respuestas

- La semana pasada llegó una compañera nueva de trabajo- suspiró, poniéndose de pie y bebiendo un poco más de su ácido té. – Es la sobrina de mi jefe…

- ¿Tiene problemas con ella?

- Mi trabajo es muy especial… somos pocos en el Estudio, soy la dueña de una parte del Estudio, no sé si los demás trabajadores lo saben o no, pero soy dueña del veinticinco por ciento, y mi jefe es mi socio, le sigo llamando "jefe" por costumbre… el punto es que yo tengo una oficina personal, como mi jefe, la mía es un poco más grande, y da a St. Patrick’s Cathedral, es la oficina de ensueño, se lo juro… y, bueno, hace un mes, más o menos, me consultó sobre una contratación, yo no suelo meterme en cuestiones administrativas, en el sentido de personal y esas cosas, por lo que le dije que ese tipo de cosas las hiciera él solo, que confiaba en su criterio… y, bueno, el lunes pasado anunció que tendríamos una nueva compañera

- ¿Qué tiene de especial ella?

- Que está en mi oficina, ahí la han metido porque no había otro espacio… pero yo no sabía que era la sobrina de mi jefe en ese entonces, ahora sí lo sé

- ¿Eso cambia las cosas?

- Sí y no- la vio con una mirada de "explíquese". – Cambia las cosas porque yo a mi jefe lo respeto mucho, y respeto a su sobrina también, pero eso no me quita la sensación de que es mi oficina… es egoísta, yo lo sé… pero no es porque sea la sobrina de mi jefe que la respeto y la tolero…porque hasta me gusta tenerla en la oficina; es graciosa, amable, muy inteligente…

- Señorita Volkova, a veces nos cerramos a las posibilidades más relevantes de nuestras vidas, por egoísmo…quizás puede encontrar, en la sobrina de su jefe, una nueva amiga

- Entonces- dijo, obviando el comentario del psicólogo bohemio. – No sé qué me pasó… pero desde el momento en el que la vi, que estreché su mano, no sé, no me siento yo, no me siento como siempre me sentí… y los días pasan y me siento más ajena a lo que conozco de mí

- ¿Me quisiera explicar bien, por favor?

- Agh…- suspiró Yulia, cayendo de golpe sobre el sofá, bebiendo hasta el fondo su té. – Lena es especial… es como si, cada vez que la veo a los ojos, veo un poco de su vida, veo un dolor que no ha sanado, es como si tuviera mil preguntas por hacer y no se siente capaz de hacerlas… pero es la forma en la que sonríe, lo genuino de su sonrisa, es como si viviera el momento porque no puede mirar al pasado… porque le duele aceptar muchas cosas, o porque no quiere darse cuenta de muchas otras

- Dígame una cosa, Señorita Volkova… ¿hablamos de Lena, la sobrina de su jefe, o de usted?- sonrió, cambiando de pierna. Yulia frunció su ceño, como si no entendiera la pregunta. – A ver…- suspiró. – Volvamos al sueño, ¿le parece?

- Lena… desde el día en el que la vi…desde entonces sueño con ella, a veces no le veo la cara, pero sé que es ella, o me gusta pensar que es ella… es reconfortante, es cálida, me hace sentir segura…

- ¿En el sueño o en la vida real?

- Definitivamente en el sueño- asintió.

- Y en la vida real, ¿cómo la hace sentir?

- Siempre llega tarde, después que yo, entre quince y veinte minutos después que yo… y me enoja su impuntualidad, de verdad me enoja- suspiró, poniéndose nuevamente de pie, qué inquieta. – Pero cuando llega, y veo que está bien, que está sana, y que sólo se quedó dormida o se tardó en bañarse o tomó un taxi muy tarde, me invade la paz… es como una cajita intrigante que contiene sólo inquietudes, curiosidades y muchas cosas por decir y por hacer… y es como si guardara la calma, como si estuviera en su zen todo el tiempo, tomando las cosas con calma, encontrando soluciones sin perder la cabeza… como si tomara su vida entre su sonrisa…

- A ver, déjeme ver si entiendo- sonrió, irguiéndose y poniendo ambos pies sobre la alfombra. – No le molesta la impuntualidad en sí, sino porque cree que algo le ha pasado- Yulia tambaleó la cabeza, entre sí y no, pero ambas respuestas eran correctas. - Y, con su sola presencia, la contagia de su serenidad- entonces asintió. – Señorita Volkova… ¿qué tipo de sueños tiene con Lena?

- Pues, al principio eran como el final tranquilo a mis pesadillas, pues empezaba con pesadillas, pero llegaba un momento en que aparecía alguien que hacía que la pesadilla terminara, pero del sábado para ahora, se han intensificado…

- ¿En qué sentido se intensifican?

- Al principio eran sólo besos

- ¿Besos en dónde?

- En la mejilla, en las manos…

- ¿Y luego?- sonrió, viendo que a Yulia le costaba demasiado trabajo hablar sobre aquello que él ya sabía, pero de nada servía saberlo si Yulia no lo decía, pues, al decirlo, contemplaría aceptarlo.

- Besos en los labios

- ¿Y cómo eran esos besos?

- Eran tiernos y lentos… era la necesidad de besarla, de no dejar de besarla

- ¿Quién comienza los besos?

- Yo…

- Entiendo- suspiró. - ¿Hay algo más que sólo besos?

- Pues…- resopló, sentándose de nuevo, recostándose y apoyando los pies sobre el brazo contrario. – Cada vez escalan, más y más… y los besos se vuelven caricias, caricias que tienen repercusiones físicas en la vida real, caricias que, en el sueño, son íntimas, caricias que se vuelven acciones imposibles en la vida real, pero que en el sueño son tan posibles como que no quiero despertarme… y me enoja despertarme… es como si estuviera obsesionada con ella- le hablaba al techo blanco, intentaba no hacer contacto visual con aquel hombre, se le hacía más fácil así, evitando el contacto visual.

- El término "obsesión", Señorita Volkova, no es tan simple como una idea con la que su mente la asalta constantemente, es un término muy fuerte… y no creo que usted esté obsesionada con ella

- ¿Ah, no?

- No, Señorita Volkova…- sonrió. – Dígame, en esta semana que han trabajado juntas, ¿ha habido algún tipo de roce fuera de lo común?

- No que yo sepa

- ¿Ve? Si usted tuviera una obsesión con ella, buscaría hasta la más mínima excusa para tocarla, para convencerla de hacer lo que su inconsciente y su subconsciente hacen en sus sueños…- Yulia respiró hondo, como si estuviera aliviada, pues, no estar obsesionada era algo bueno. – Una pregunta, ¿ha tenido algún acercamiento personal con ella? Como de hablar de sus vidas, salir fuera de las horas de trabajo…

- No, para nada… no tengo tanta confianza con ella como para hablarle de mi vida personal…

- ¿Ella lo ha hecho?

- Pues, sí, lo que sea que le pregunte, me lo responde…

- ¿No lo ve?- Yulia frunció su ceño en confusión. – Ella le está confiando a usted su vida, aspectos de su vida personal, y usted no…

- No puedo simplemente abrirme con ella sólo porque sueño con ella a diario

- Sabe, Señorita Volkova… a veces, las mejores cosas, las cosas que cambian nuestras vidas para bien, son las que nos perdemos por cerrarnos a cualquier alternativa, por no contemplar el hecho de considerar las opciones que tiene… a veces tenemos que dejar el orgullo a un lado, dejar el lado racional a un lado y simplemente considerar el lado irracional de las cosas… le soy muy sincero, Señorita Volkova, yo pienso que a usted le gusta Lena, más de lo que cree y más de lo que conoce, por eso le está costando trabajo aceptar que tiene emociones comprometidas con ella… pues si sólo fuera una relación laboral, sea recíproca o no, usted, siendo su jefa, porque eso es lo que es, podría reprenderla por ser impuntual, en cambio, no lo hace y se tranquiliza al ver que llega sana y salva…

- ¿En conclusión?- murmuró, sentándose sobre el sofá y apoyando sus codos sobre sus muslos, fijando su mirada en el arreglo floral de la mesa que dividía el sillón de Alastor y su sofá.

- Lo que usted ve en Lena, lo que usted dice que ve en sus ojos, es lo que usted ve en usted misma… quizás por eso le da tanta curiosidad, porque es como verse frente a un espejo, en esencia, porque no lo es, pues quizás usted está malinterpretando lo que ve en sus ojos, quizás no es lo que ella es, sino un reflejo de lo que usted es, de todo lo que usted quiere ser, quiere hacer, quiere decir y quiere sentir, y usted misma no se lo permite…- sonrió, viendo a Yulia hundir su rostro en sus manos. – Hay cosas que toman tiempo, unas más que otras, sanar heridas del pasado no es lo mismo que aceptar los hechos del pasado, y no va a ser fácil ni rápido indagar en su pasado para encontrar las respuestas de lo que está pasando en su presente… todo es una cadena de eventos, Señorita Volkova, todo lo que uno cree que no le afecta, quizás no le afecte en ese momento, pero quizás le afecte mucho tiempo después, o quizás no le afecte nunca, o tal vez ni cuenta nos damos que nos afectó o que nos está afectando…- Yulia enterró sus dedos en su cabello, deteniendo su cabeza entre sus manos, respirando hondo y no porque estaba enojada. – Como usted me dijo al principio, su vida es casi perfecta, mencionó muchas cosas, pero no mencionó al amor, y, dejando a un lado el romanticismo, todo ser humano necesita amor, es un mito que el ser humano puede vivir en la soledad, la soledad mata como un café con arsénico todas las mañanas… lento, sin dolor, hasta el momento en el que termina con nuestras vidas.

- ¿Qué hago?- balbuceó sin despegarle la mirada al suelo.

- Yo no puedo decirle qué hacer, eso sólo usted puede decidirlo… pero puedo aconsejarle que considere sus opciones, que deje, por un momento, las normas sociales y su orgullo, sólo para considerar sus opciones con claridad, pero no aparte sus principios morales, mucho menos sus deseos… todo ser humano busca la autorrealización, todo ser humano quiere ser feliz… y, si me pregunta, Señorita Volkova, en la vida que los humanos mismos hemos construido en conjunto, hasta la felicidad tiene su precio… el camino que tome para ser feliz, abandone lo que tenga que abandonar para ser feliz, siempre habrá gente que la juzgue, pues de los juicios nadie se salva…reflexione las cosas…quizás Lena no sea la solución, pero al menos habrá aceptado que una mujer tiene la capacidad de contagiarle paz y tranquilidad, y eso ya es un comienzo… piérdale el miedo a los riesgos- sonrió, viendo a una Yulia indefensa, como si hubiera quebrado su armadura, que seguramente la tendría intacta al cruzar la calle, pero al menos las palabras habían penetrado aquella armadura tan densa. - ¿Tiene miedo de que sea un error?

- No sólo de que sea un error, sino de que sea una equivocación, de ambos lados…

- ¿Usted alguna vez cometió un error que le diera felicidad cometerlo?- Yulia asintió. – Usted dice que la felicidad es pasajera, pero así como ese error que cometió, ¿qué pasaría si el error no fuera fugaz, sino eterno o repetitivo para que la felicidad durara hasta que usted decidiera no tenerla más?

- Sí…- dijo en su voz pegajosa. – Supongo que tiene razón…

- Lo que sea que le haya hecho, el que se lo haya hecho, me da la impresión que ya no está en su vida- sonrió, viéndola ponerse de pie. – Aproveche la ausencia del pasado, pero no lo olvide

- Ya va a ser la media hora…y tengo que irme…- suspiró Yulia, intentando no escucharlo más.

- ¿Cita para la otra semana?- sonrió, poniéndose de pie.

- Ya lo veremos- dijo, aclarándose la garganta y extendiéndole la mano. – Ha sido de mucha ayuda- sonrió, estrechándosela, tal y como lo había hecho el sábado anterior.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 29, 2015 12:42 am

Jueves dieciocho de octubre de dos mil doce.

Yulia no había podido dormir, pues las palabras de Alastor le rebotaban, le hacían eco, hasta le gritaban, y no sólo eso, sino que también su subconsciente le decía "tiene razón, no seas tan testaruda, ¿qué puede salir mal", pero Yulia sabía que si salía mal, saldría muy mal, muy, muy mal, irremediablemente mal, pero quería intentarlo, quería intentar algo, pero no sabía ni qué ni cómo. Llegó a la misma hora de siempre, a las siete y cinco, sólo porque se había detenido a comprar cigarrillos, Marlboro rojos, pues no podía fumar Light, no tenían el mismo efecto relajante en ella, necesitaba tres Light para suplir uno rojo, o quizás era psicológico, pues fumar rojos desde los diecisiete tenía que ser una costumbre, diez años, casi once. Veía St. Patrick’s Cathedral a lo lejos mientras tomaba su típico té en su taza negra, con contornos blancos, que detallaban a Darth Vader. Y, pensando en lo que Alastor le había dicho, cosa que no podía apartar de su mente ni por un segundo, vio su reloj, su Patek Philippe, que el segundero se movía tan lento, como si no tuviera prisa por hacer que el minutero llegara a las siete y veinte, hora a la que Lena llegaba usualmente, y pensaba en lo que ella misma había dicho, en la preocupación que tenía por Lena, de si llegaba bien, en una pieza, que la impuntualidad le enojaba, pero que le dejaba de enojar cuando Lena llegaba con vida, como si fuera mayor aventura tomar el Taxi. Vestía camisa desmangada negra, ajustada a su torso, pero era de algodón de noventa por ciento, lo que evitaba que su ombligo se marcara, algo que Yulia odiaba en una camisa, pantalón negro, no muy ajustado a las piernas, pero tampoco de pierna ancha o recta, ahora elevada en Karung Zalou Louboutin, dieciséis centímetros, no era la gran cosa. Escuchó aquel taconeo sordo sobre la alfombra, las siete y dieciséis, y volvió a ver hacia el pasillo para corroborarlo, y, en efecto, era Lena, que caminaba entre sus alborotadas pero sensuales ondas rojas, hasta la oficina, en donde Yulia la esperaba con la puerta abierta. Yulia caminó hacia la puerta, Gaby todavía no había regresado de la oficina de la Trifecta, pues Yulia necesitaba cualquier cosa, sólo quería quitarla del escritorio.

- Buenos días, Lena- sonrió Yulia, con una sonrisa interna y externa, corroborando que le daba paz ver a Lena en una pieza, caminando con la sonrisa que la caracterizaba, más entre sus camanances.

- Buenos días, Arquitecta- sonrió de regreso, llegando a dónde Yulia, que Yulia, tímida y calculadoramente, le dio un beso en la mejilla, pero se arrepintió al momento que se lo daba, por lo que se movió a la otra mejilla, para completar aquel beso, que no decía mucho, sólo una potencial amistad, aunque Lena casi se derrite. - ¿Cómo estás?- dijo, dándose la vuelta, mostrándole a Lena sus pecas, plagando elegantemente sus hombros también.

- Bien, ¿y tú? ¿Qué tal tu noche?

- Bien- suspiró, alcanzándole la taza con café, que había jugado a ser Barista y había logrado lo "único" que sabía hacer; una hoja. - ¿Y la tuya?

- Caí muerta- rió. – Increíble lo que Lilly Hatcher puede cansarte con tanta información… gracias- sonrió, tomando la taza y notando la hoja. – Moses jugando a ser Barista, qué lindo- y Yulia sonrió, pero Lena notó que algo no estaba bien. - ¿Está todo bien?

- Sí, sí… un poco desvelada…solamente- sonrió apagadamente, sentándose en su silla y encendiendo el monitor de su iMac.

- ¿Quieres uvas?- sonrió, sacando un hermético con uvas.

- ¿Verdes y sin semillas?- Lena asintió. – Te quitaré dos- sonrió forzadamente, sólo por no ser descortés. – Gracias- y las metió a su boca, masticándolas sin ganas de sentir sabor, ni textura.

La mañana fue eterna para ambas, pues no cruzaron ni una tan sola palabra, Yulia haciendo ajustes a la casa de los Hatcher, Lena terminando las propuestas para aquella oficina, simplemente cada uno en lo suyo, tal y como Lena imaginó que el ambiente de trabajo sería, así como en Armani Casa, todos juntos pero, al mismo tiempo, separados, cada quien en lo suyo, viendo hacia el frente, sin detenerse a mirar alrededor. Pero Lena no era así. A veces se detenía para ver a Yulia, trabajando seriamente, con su ceño fruncido, a veces frunciendo los labios, dando clicks colocados, apretando teclas junto con clicks, o cuando se daba la vuelta en su silla, bebiendo agua con gas, y veía hacia afuera con la pierna cruzada, "Si tan sólo me tuvieras confianza para decirme lo que te pasa", y Lena seguía trabajando, viendo a aquella diva en pleno apagón, físico, mental y emocional, como si quisiera simplemente irse. No salieron a comer, Yulia ni siquiera comió, simplemente se pasó entre su ordenador y su iPhone, por lo que Lena cayó en lo mismo de antes, ir a almorzar sola y, en vista que no conocía exactamente la ubicación de tantos restaurantes, ni tenía reservaciones para la hora de almuerzo, terminó almorzando en Dean & DeLuca, que quedaba en el edificio prácticamente, sola y pensativa, acariciándose las mejillas ante el recuerdo de los besos de Yulia, ¿de dónde le había nacido aquello? Era un acercamiento bastante sorpresivo, pues Lena no esperaba que la besara. ¿Y qué tenía aquella mujer que le gustaba tanto? Lena le daba vueltas a sus pensamientos, intentaba descifrarlo pero no podía y, entre más pensaba en el humor extraño de Yulia, más quería acercarse y preguntarle qué le pasaba, más quería acercarse y succionarle sus problemas a través de un beso. Y es que Yulia la confundía, era como si le coqueteara constantemente, accidental o intencionalmente, coqueteo era coqueteo, pero luego actuaba así de fría, es que Yulia no podía ser lesbiana, jamás, nunca, una Diva así, de ese calibre, debía tener un novio secreto igual de Divo, igual de hermoso, alguien con quien tuviera noches de pasión desaforada, llenas de sudor, besos y gemidos, una relación heterosexual. Pero Lena no podía dejar de pensar en una Yulia en ese tipo de situaciones, en las que la lujuria la invadía, ¿cómo se transformaría su humor, su mirada, su lenguaje corporal? ¿Cómo sería despertarse junto a ella? ¿Sería de despertarla con besos? ¿Dormiría desnuda, apreciando la perfección de cuerpo que tenía, o dormiría con alguna pijama sensual? No, Lena no podía contenerse los pensamientos, ni podía evitar imaginarse a Yulia con ella, pues era algo imposible, más después de la frialdad de Yulia, soñar no costaba nada.

- Arquitecta- sonrió Lena al verla caminando por el Lobby que iba hacia afuera. - ¿Vas al apartamento de Meryl?- pues pensó en preguntarle si podía acompañarla.

- No… voy a casa ya- murmuró, enrollando una bufanda de seda, blanca con negro, en las mismas proporciones, alrededor de su cuello.

- Que te vaya bien- sonrió, acercándose a ella, y le dio un beso en ambas mejillas, así como Yulia lo había hecho hacía un par de horas. – Espero que te mejores- murmuró, acariciando cariñosamente su hombro sobre aquel abrigo Altuzarra negro.

- Gracias, Lena- sonrió. – Te veo mañana- y reanudo los pasos hacia el exterior.

Bueno, al menos la vería al día siguiente. Y acarició sus labios, pues había besado las suaves mejillas de aquella Arquitecta a la que estaba segura que no sólo ella se la quería comer entera con tantas ganas, es que, según Lena, no había nada que besos sinceros no podían arreglar, que fue cuando se le ocurrió que Yulia estaba de luto, pues vestía toda de negro, desde su bolso hasta sus zapatos, toda su ropa, hasta su bufanda era blanco y negro, pero no, Yulia no estaba de luto, simplemente había sido lo primera que había visto por la mañana. Lena subió a la oficina, viéndola vacía sin Yulia, y le dijo a Gaby que, si no tenía nada por hacer para Yulia, que podía retirarse, pues Lena no estaba acostumbrada a tener secretaria o asistente personal, y tampoco era como que inundarían de llamadas telefónicas, ¿o sí? Lo hecho, hecho estaba, y Lena se encerró en aquella oficina, contemplando el poder que tenía Yulia para llenar con su presencia aquel espacio, y trabajó en silencio, y trabajó más y más, tanto que ni se dio cuenta a qué hora el sol ya no estaba. Y se encontró sola en la oficina, de no ser por Volterra, quien trabajaba exhaustivamente en el proyecto de Pittsburgh todavía, hubiera estado realmente sola. Se dirigió a su apartamento, en plena inhabilidad de poder quitarse de la mente a la tristeza de Yulia, al humor amargo de aquella mujer, de aquella hermosa mujer, la que le coqueteaba pero la rechazaba, todo sin saberlo, lo que daría por darle un beso, por tenerla entre sus brazos, por estar ella entre sus brazos, por hundirse entre sus labios, por..."por hacerle el amor, el amor más sincero y apasionado que exista, que no conozco, pero lo inventaría en ese momento". Salió a fumar un cigarrillo mientras escuchaba música, le gustaba The Raconteurs, un grupo bastante inusual, pero que contagiaba. "And maybe I just don’t see the reason, but in the corner of my heart your ignorance is treason", eso era lo que aquella canción decía, que Lena le encontraba un significado propio, se sentía identificada con aquello, pero también se sentía identificada, y no en el buen sentido, cuando decían "you don’t understand me, but if the feeling was right, you might comprehend me", se apegaba más a Yulia, pues era cierto, Lena no conocía a Yulia, no podía comprenderla, lejos de comprender lo que sentía, lejos de todo eso, necesitaba que Yulia se abriera con ella, que confiara en ella, aunque sabía que Yulia no era lesbiana, es que respiraba heterosexualidad, pero luego, Lena sentía que sí podía tener una oportunidad, con cualquiera, pues todos eran corruptibles: "and I don’t claim to understand you, but I’ve been looking around and I haven’t found anybody like you", aunque quizás debía medir el nivel de corruptibilidad de Yulia, saber un poco más sobre ella.

Yulia, por el otro lado, simplemente vio a Lena tan lejos que decidió ponerle fin, tosco y de ipso facto, a aquellas ridículas y demenciales ideas de besarla, de tocarla, de acariciarla, de rozar su piel contra la suya, así como en sus sueños, así de candente, de apasionado, pues no sabía si eso era hacer el amor, nunca había hecho el amor, no como lo describían, así, con esa conexión sentimental en ese momento, que era más una sinfonía de jadeos y de "te amo" que otra cosa, además, nunca se le había ocurrido, ni siquiera había contemplado la idea de que Lena fuera heterosexual, además, ¡Volterra!

- Es su sobrina, carajo, no te vas a meter con la sobrina de tu jefe

- ¿Y qué pasa si Alastor tiene razón?- aquella mujer enojada de ojos azules la vio a través del espejo del baño mientras Yulia se detenía de los bordes del lavabo. – No soy feliz…- gruñó, ejerciendo fuerza sobre el lavabo, como si quisiera tirarlo contra el suelo, pero sólo creó una reacción de rebote, quedando de pie, erguida ante el espejo, haciendo contacto visual con aquella mujer que tenía el descaro de sólo aparecer cuando no quería que apareciera.

- Si lo eres, eres feliz así… meterte con Lena es firmar el consentimiento de tu propia desgracia. Dime, ¿te falta algo? Y "amor" no es una respuesta válida, porque tienes amor, tienes a Natasha, a mamá…

- Tú…- suspiró con mirada incrédula. – Tú no entiendes, ¿verdad?

- Aparentemente no

- Ya me aburrí de ser "Yulia", "Arquitecta Volkova", ya me aburrí de ser "Tesoro", de ser "Nena"… necesito que alguien me llame "mi amor"

- Natasha te llama así y tú a ella, ¿cuál es el problema?

- Que necesito a alguien que me abrace, que me bese, que me lleve a la cama, ¿es tan difícil eso de entender? Alguien que me quiera diferente, que me tenga un amor de romance, no de amistad, no de fraternidad

- Yulia, Yulia, Yulia…- suspiró, tomándola de los hombros con delicadeza. – Eso no lo vas a encontrar en Lena, y lo sabes…

- Entonces explícame por qué me gusta tanto Lena, ¿sí?

- Tienes una atracción física por ella, nada más- la abrazó, envolviendo sus brazos con los suyos. – Tú sabes que, aunque Lena te corresponda, no la dejarás entrar aquí- dijo, poniendo su mano sobre su corazón. – Así como no dejas entrar a nadie, a veces ni a ti misma… ¿por qué crees que Lena sería la excepción?- sonrió, en aquel tono que Larissa le solía poner para hacerla cambiar con cariño.

- Porque no me gustaría tanto si no fuera la excepción… es más, no sé si alguien me ha gustado tanto como ella, si me ha intrigado tanto… ni siquiera Marco… nadie

- Yulia, deja de buscar el amor, deja que el amor venga a ti…eventualmente encontrarás a alguien que satisfaga tus necesidades- le dio un beso en la mejilla.

- Pero si ya vino, está ahí, en mi oficina… dejé que viniera a mí, sería estúpido no "pelear" por él, ¿no crees?

- Pero no la vas a dejar entrar… ni siquiera eres capaz de abrirte a un nivel superficial con ella, ¿así quieres que te ame?- resopló, soltando a Yulia, quien se volvía a detener de los bordes del lavabo. – Tú sólo tienes curiosidad sexual, tú quieres saber a qué sabe Lena Katina, te arde por saber

- ¿Y cómo explicas el hecho de que sea una mujer?

- Eso lo sabes tú, lo sabes y no lo quieres aceptar… tal vez, quizás, el día que aceptes el "por qué", puedas hacerte la vida más fácil- Yulia la volvió a ver con rabia, pues no había hecho más que confundirla. – Llévala a la cama si quieres, ten tu diversión, pero te acordarás de mí el día en el que eso termine mal…- le dio un beso en el hombro y Yulia la vio desaparecer, y desapareció porque su iPhone estaba sonando, y caminó, en toalla, pues terminaba su ducha, y ahora la discusión con su jodida consciencia, hasta su bolso.

- Hola, Mami- sonrió, dejándose caer a la cama.

- Hola, Tesoro. ¿Cómo estás?

- Bien, ¿y tú?- se dejó caer sobre su espalda, escuchar a Larissa era lo único que la tranquilizaba.

- Muy bien, ¿cómo va todo en el trabajo?

- Pues muy bien, muy bien, tengo una nueva compañera de trabajo- sonrió, no sabiendo por qué le contaba eso a Larissa, pues en el caso de Harris no le había contado.

- Cuéntame

- Pues, nada, compartimos oficina- Larissa soltó un sonido de incredulidad. – Yo sé, yo sé, pero comparto civilizadamente, tal y como me enseñaste

- Yo sé que no te gusta compartir, pero me alegra mucho que lo hagas- sonrió. - ¿Cómo se llama? ¿Es amable?

- Se llama Lena y, sí, es amable, muy amable… es la sobrina de Volterra, pero, bueno, ese es otro tema, ¿cómo va todo en la Capilla Sixtina? ¿Ya terminaron de curar el techo?

- Ahora está muy húmedo, eso nos atrasa demasiado, pero ya la cantidad de turistas bajó, podemos cerrar la Capilla un día a la semana, lo que les da tiempo de avanzar

- Al menos avanzan- rió Yulia. – Oye, te quería decir algo… llego hasta el dieciséis de diciembre, quería llegar un día antes… pero no había espacio en vuelo directo ya, salgo en la mañana de aquí, a eso de las cuatro y cincuenta y cinco, estaría llegando a las seis o siete a Roma

- Tú sabes que me gusta que vengas- sonrió. – Pero si alguna vez quieres quedarte, sólo tienes que decirlo

- No veo por qué querría quedarme, mamá… creo que dos festividades con Natasha serían demasiado- rió. – Es suficiente con Año Nuevo… además, nunca logro que vengas, y tampoco puedo dejar de verte por tanto tiempo, un año es bastante, no tengo la capacidad de imaginarme que pases la navidad sola, nadie debería pasarlo solo, ¿no crees?

- Para que seas un poquito antinavidad… creo que tienes razón. ¿Qué quieres que te regale de navidad?

- Lo mismo de todos los años, por favor, ¿y tú? De navidad y de cumpleaños por separado

- Me caería bien una cartera, como todos los años, que no sé qué les hago que las destruyo- rió a carcajadas mientras digitaba la clave de la alarma central. – Y de navidad, como siempre, que cocines tú

- ¿Ves cómo nos ponemos de acuerdo?- rió Yulia. – Ojalá y todo fuera así de fácil

- ¿Está todo bien? ¿Todo bien con Mischa? ¿Con tu mejor amiga?

- Mamá- rió. – Mi mejor amiga se llama "Natasha"

- Tú sabes que los nombres no son mi fuerte

- Eso es selectivo creo yo, porque, vamos, mamá, ¿confundir a Piccolo con Oleg? Está difícil- rió. – Ese es el subconsciente hablando en voz alta

- Bueno, ¿y quién dice que el subconsciente no se equivoca?- rió Larissa, no sabiendo que le daba a Yulia una pequeña esperanza para con Lena. – Aunque, bueno, tal vez en este caso no se equivocó- y la esperanza se acabó.

- Trata a Piccolo con amor, ¿sí?- sonrió, pensando en que Piccolo era más humano y más hombre que Oleg.

- Claro que sí, Tesoro… pero, contesta a mi pregunta, ¿está todo bien?

- Sí, claro que sí, con mucho trabajo nada más- suspiró. – Tengo un proyecto al que le cambian cada cosa cada tres segundos, es increíble…

- Bueno, intenta relajarte siempre que puedas

- Sí, ahora regresé temprano de la oficina y fui a trotar un rato al gimnasio del edificio…

- Ah, ¿cómo está la resistencia? ¿Bien?

- Pues, sí, como siempre- sonrió. – Algún día dejaré el vicio, Santa Madre- rió, refiriéndose al vicio de los cigarrillos.

- Ojalá, ojalá, que sabes que no es algo que me guste para ti…

- Lo sé, madre- dijo, que sólo utilizaba el "madre" cuando algo le incomodaba. – Te haré orgullosa algún día no muy lejano

- Ya estoy orgullosa de ti, Tesoro- sonrió. – Y, bueno, ya es tarde aquí, son casi las dos de la madrugada, tengo una reunión a las ocho, ¿nos hablamos pronto?

- Cuando quieras, sabes que puedes hablarme en horas de oficina también… aunque ya sé que no te gusta interrumpirme en mi trabajo, pero es sólo para que lo sepas… te quiero mucho, mami

- Yo a ti, Tesoro, cuídate mucho, ¿si?

- Tú también, pasa buenas noches

- Buenas noches, Tesoro- colgó.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Ago 29, 2015 12:44 am

Viernes diecinueve de dos mil doce

D-Day, o algo así. Como todos los días, Yulia tomaba su té mientras veía hacia abajo, a veces hacia St. Patrick’s Cathedral, que quedaba a la izquierda de su oficina, pues veía con mayor facilidad el Empire State de frente, en donde a veces se imaginaba a Natasha bajarse de un Bentley, ah, cuántas veces habían hablado de eso ya, con un vestido único, definitivamente Versace, o Donna Karan, pues eran como sus tías, y la ola de invitados, unos famosos, otros súper famosos, otros turbo famosos, otros, como Yulia, para nada famosos, y nada de marcha nupcial, nada de Mendelssohn, sino de Johann Pachelbel, y Yulia sonreía ante las últimas pláticas con Phillip, que habían sido confidenciales en su totalidad, pues se trataban sobre el anillo de Natasha, el anillo decisivo, aquel que toda la gente vería en su dedo y sabría que aquello pasaría, y Phillip, al no saber mucho sobre joyas femeninas, había recurrido a Yulia, desde para saber qué tipo de anillo, hasta la marca y el color, y habían considerado todas y cada una de las Top Ten Brands para Engagement Rings, desde volar a París para comprar un Chopard único en su especie, hasta comprar uno en Tiffany, que no importaba el precio, pero tenía que gritar "Natasha Roberts", así como en Harry Potter, que la varita escogía al mago. Vestía un suéter gris de angora, con su cabello recogido en un moño estilizado, falda negra, bombacha a lo más mínimo, que llegaba hasta por arriba de la rodilla, midiendo un metro y ochenta y seis centímetros en sus Flo Orlato Louboutin de patrón de leopardo. Y todo aquello se coronaba con una mirada confundida y confusa, que no había descansado en lo absoluto, sino que había pasado toda la noche escuchando su colección de Laura Pausini mientras terminaba el rompecabezas que había comprado la semana anterior, le dolía la cabeza, le ardía la luz en sus ojos, escuchaba el ruido de una construcción pesada; taladros, martillos, demoledoras, todo en su cabeza, que demolía cada pensamiento relacionado a Lena, pero que había otra parte que reponía lo que demolían, era la demoledora moral y la reponedora razón, la dinamita de lo incorrecto, las tijeras para cortar la mecha de la dinamita de la irracionalidad, "Supongo que lo tendré que hablar con Natasha…ella suele aclararme mejor las cosas, mejor que yo", y respiró profundo, bebiendo su caliente taza de té.

- Gaby, que venga Moses, por favor- dijo por intercomunicador, viendo que eran las siete y quince y Lena no llegaba, típico.

- Buenos días, Arquitecta- dijo aquel afroamericano, que tenía la sonrisa más tímida y blanca de la historia.

- Buenos días, Moses, gracias por mi té- sonrió Yulia.

- ¿Quisiera otro?

- No se preocupe…

- ¿Qué puedo hacer por usted, entonces?- a Yulia le gustaba Moses, en el sentido de que era como un niño grande, no tenía más de treinta años, y siempre vestía camisa de botones y de manga corta, con la distinguida camisa blanca por debajo, que ambas camisas iban dentro del jeans, y siempre usaba zapatillas deportivas, usualmente eran café y de cuero.

- ¿Tiene cosas que hacer?- Moses se negó con la cabeza. – Necesito que vaya a alguna farmacia y me compre Migergot, o algo que me quite la migraña en un segundo, por favor- le alcanzó un billete de cincuenta dólares, que había sido el primer billete que había sacado.

- Arquitecta, esa migraña se le quitaría con un poco de descanso- dijo con su tono de consejo.

- Prefiero las tabletas- sonrió, agitándole el billete para que lo tomara. – Y si pudiera comprarme un Bagel de Cheddar y Mozzarella en el camino, se lo agradecería mucho- dijo en su baja voz. – Si no le alcanza, yo se lo repongo al regresar

- Vuelvo enseguida- dijo en su voz grave y profunda, se dio la vuelta, guardando el billete en su cartera, y tomando su abrigo del perchero que compartían él y Gaby.

- Gaby- dijo, asomándose a su escritorio. - ¿Puedes imprimir lo que hay aquí, por favor?- le alcanzó un Flashdrive, el mismo que le había alcanzado a Lena unos días antes. – Fíjate bien que no salga la línea esa en el centro… sino tendremos que llamar al técnico para que limpie el plotter- Gaby tomó el Flashdrive y se dirigió al salón donde Harris tenía su escritorio, pues era el que revisaba todos los planos, menos los de Yulia.

- Y pensar que tengo que ir al aniversario de "PDM"- suspiró Yulia en voz alta, como si sus pensamientos fueran automáticamente vocalizados por el cansancio.

"PDM" era el club mortal en el que Mischa era inversionista, pues, socio, o como se llamara aquello que era Mischa, y las siglas eran "Preston-David-Mischa", qué inteligentes. Era un club de mal gusto y de mala muerte, realmente Underground, pues estaba en un sótano, y era el lugar de distribución masiva de cocaína, pero sólo entre la élite social, libre de leyes, libre de todo, y sólo iba porque quería terminar a Mischa y porque Natasha quería ir, todo por ver aquel mitificado lugar al que nunca había ido. Se dirigió a la cocina, en donde enjuagó su taza, la secó con una toalla y, conectando la tetera eléctrica, espero un minuto a que hirviera, quitó la jarra y vertió el agua en su taza, arrojándole la bolsa de té de vainilla y durazno dentro, dándole vuelta al reloj de arena para marcar los cuatro minutos de difusión. Asomó la cabeza por el pasillo, hasta su oficina y no vio a Lena, pero llegaría en cualquier momento. Tomó el Portafilter y lo colocó bajo el dispensador del café recién molido y haló la palanca hacia ella para que cayera, en el Portafilter, la cantidad óptima de café molido. Le dio un par de golpes con la mano, sólo para que la montaña de café se aplacara y presionó el café con el Tamper, para luego introducirlo en la Group head hasta girarlo y asegurarlo. Colocó la taza de Lena bajo el filtro, apretó el botón, y escuchó cómo el ruido de aquella máquina le taladraba el cerebro, maldito dolor de cabeza. Vertió un poco de leche fría en la jarra de aluminio para vaporizarla y, al introducirla, el ruido del vapor, de la ebullición de la leche, era peor que la de la cafetera. Pero aquello cesó.

- Buenos días- sonrió Lena, asomándose juguetonamente por entre la puerta de la cocina.

- Buenos días, Lena- sonrió Yulia, sacando la jarra del vaporizador.

- ¿Cómo te sientes?

- No muy bien, pero aquí estoy- murmuró, dándole unos golpes a la jarra contra la encimera de madera. - ¿Café?

- Eso estaría muy bien- sonrió.

- Oye, disculpa por ayer, no me he estado sintiendo muy bien… de salud- dijo, como si tuviera que darle alguna explicación a Lena, cosa que odiaba, dar y recibir explicaciones que nadie pedía.

- No te preocupes, yo entiendo

- ¿Cuál es tu animal favorito?- sonrió Yulia, tomando la taza de café en una mano y la jarra en la otra. Qué pregunta más rara.

- Pues…- rió. – Me gustan los leones, ¿por qué?

- Pregunta- sonrió, inclinando la taza de café y vertiendo la leche en círculos, para luego dejar la jarra de leche estática y crear un círculo blanco en el café, hizo una pausa y siguió, ya a ras del contorno se detuvo, corriendo la leche hacia el centro, desde afuera hacia adentro, creando, dentro de los dos círculos, una línea al centro. – Es curioso, ¿sabes?- Lena se le quedó viendo con expresión inocente de incógnita. – Siempre que le preguntas a alguien cuál es su animal favorito, el cincuenta por ciento dice que los perros, el quince por ciento dice que los peces, sea de la especie que sea, el trece por ciento dice que las aves, de la especie que sea, el cinco por ciento los reptiles o los anfibios, como las iguanas, las salamandras, las ranas, y sólo el dos por ciento admite que le gustan los felinos, que usualmente son personas arriba de cincuenta y tres años- tomó un palillo y lo sumergió en la parte oscura, en la que no estaba ninguno de los dos círculos, y empezó a dibujar, alrededor de la línea, dos semicírculos contrarios. – Los felinos no suelen ser los preferidos, porque son distantes, hasta un poco violentos, muchísimo más que la familia de los canes, aunque si preguntas si prefieren baby dogs or baby kittens, tendrás cincuenta y cincuenta- introdujo el palillo en la parte de café y luego en donde la línea y los dos semicírculos se unían, creando un círculo café. – Usualmente la gente no admite que le gustan los gatos porque se asocia con el estereotipo de la mujer mayor, viuda, que vive con sus quince gatos- rió, dibujando líneas de café que partían de los semicírculos hacia afuera, tres líneas de cada lado, y luego un punto sobre cada semicírculo, dos líneas finas sobre los puntos recién hechos, se empezaba a ver la cara. – Claro, ese es un estereotipo estadounidense, no te alarmes… pero me parece bastante…"especial", por así decirlo- murmuró, creando unas ondas que salían del círculo más grande de leche, creándole una melena a aquella cara. – Que te gusten los leones y no los tigres, porque, supuestamente, se dice que los tigres, su pelaje, su patrón de rayas, es una seducción, es la manera en cómo seducen a su presa, que es lo que pasa con el ojo humano, lo seducen- tomó la taza en ambas manos y se la alcanzó a Lena, mostrándole que le había dibujado, cual Barista, gracias a Larissa y a su curso intensivo de "cómo hacer café aunque no te guste", un león un tanto caricaturizado. – Pero a ti te gustan los leones- sonrió, viendo la sonrisa de Lena al ver el dibujo. – Que son peligrosos, y grandes, pero no más grandes que los tigres… no son más rápidos, ni más peligrosos, y, aún así, un león sigue teniendo el título de "Rey de la Selva"

- Wow…- resopló Lena, abrazando su taza con sus manos. – Interesting facts- rió, viendo a Yulia quitar el Portafilter y dándole unos golpes contra un recipiente que ya tenía café usado dentro. - ¿Qué hubiera pasado si te hubiera dicho que me gustaban los tiburones? ¿Me hubieras hecho un tiburón?

- Tampoco- rió Yulia, colocando el Portafilter sobre la rejilla de la cafetera y enjuagando la jarra de leche. – Te hubiera hecho una hoja y te hubiera dicho que a mí también me gustan los tiburones- guiñó su ojo, que sólo logró coronar aquel momento de enamoramiento total de Lena. Y Lena entendió que no había sido Moses el de la hoja en su Latte el día anterior, sino Yulia.

- ¿Es tu animal favorito?

- Me gustan los perros, pero no tengo uno porque vivo en un apartamento… y trabajo, no podría darle la atención necesaria… me gustan muchísimo los peces, todo lo que tenga que ver con agua - sonrió, sacando la bolsa de té de su taza para luego dejarle ir un chorro de miel. – Pero tampoco tengo una pecera, porque los peces que me gustan no los puedo poner en una pecera…

- ¿Qué tipo de peces te gustan?

- No sé si le puedes llamar peces, pero me gusta el tiburón martillo, las medusas y las mantarrayas

- Te gustan los peligrosos- rió Lena, viendo a Yulia pasar de largo hacia la oficina.

- Como te dije, "Villains are cooler than Heroes"… además, no es como que a ti te guste la seguridad con tu león- rió, notando que su dolor de cabeza, a pesar de que seguía ahí, era menor. - ¿Has ido al zoológico?

- ¿Al de Central Park o al del Bronx?

- A cualquiera- Lena sacudió su cabeza. – Tengo un buen tiempo de no ir, cuando quieras, podemos ir- sonrió, volviéndose a su silla para dejarse caer y empezar con el trabajo, a revisar los cambios de Lilly Hatcher.

- Sí, claro- sonrió Lena, y sonrió con ganas, con ansias, con emoción genuina. – Cuando quieras- cayó sobre su silla, viendo el dibujo caricaturizado del león de su latte. – Gracias por el café… y por el león

- En cualquier momento- sonrió.

- Oh…my…what…the…oh…no…- suspiró Lena. – Lilly entró en un estado de demencia total

- ¿Qué pasó?- Yulia la volvió a ver, Lena restregaba sus ojos en desesperación. - ¿Cuántos muebles más te ha pedido?

- No es cuántos muebles más, aunque ya veinticuatro distintos y sesenta y uno en total es bastante… escucha esto- rió. – Licenciada Katina, mi hija Penelope es fanática de Barbie, y se preguntaba si existe la posibilidad de que pudiera tener un modelo a escala, de nuestra casa, para sus muñecas, lo suficientemente grande para que las muñecas quepan de pie, con todos los muebles a escala proporcional. El espacio, para poner dicho modelo, lo arreglaré con la Arquitecta Volkova pues pienso que se podría poner sobre el mueble que yace de la ventana. Espero su respuesta, un saludo, Lillian Claire Hatcher.

- Oficialmente…esa mujer está bajo el efecto de alguna droga- rió Yulia a carcajadas. – La pregunta es si lo harás

- Pues, la oferta está bastante divertida…pero, ¿te imaginas construir cada miniatura? ¿Cada gabinete de la cocina, cada ventana, cada cama? Me vuelvo ciega y me quedo sin dedos- rió.

- A ver, si lo vas a hacer, yo puedo ayudarte… pues, tú me dices si necesitas granito para la cocina, o qué, si es que lo quieres hacer al cien por ciento… y, si decides tomarlo, en ese momento agrego dos metros cuadrados de cada textil que se utilizará en esa casa

- ¿Y cómo haré con los acabados de las paredes de la sala de estar o de la sala de cine?

- Licenciada Katina, se le olvida que habla con la que le hace todos los modelos a Volterra, eso se hace con arcilla y un molde a escala, o con moldes de plástico, cubiertos de pintura para plástico… sólo tiene que pensarlo como un modelo, como el que hice hace unos días, y tiene que pensar que la desgraciada casa tiene que poder desplegarse hacia los lados, el techo hacia arriba, etc.

- Le responderé a Lilly que sí- sonrió.

- Si necesitas ayuda, estaría más que complacida en brindártela- sonrió Yulia, viendo a Moses entrar, por fin, a la oficina, pues estaba con la puerta abierta.

- Arquitecta, con su permiso- sonrió Moses, entrando a la oficina con una bolsa plástica y una bolsa de papel. – Aquí están las tabletas, le compré Vitamin Water, me dijeron en Duane que servía mucho para los dolores de resaca, que son muy similares a los de la migraña, y aquí está su Bagel, y su cambio- dijo, sacándose unas monedas y unos billetes del bolsillo.

- Quédeselo, Moses, almuerce algo rico- sonrió, sacando una Vitamin Water Revive de la bolsa plástica, pescando al mismo tiempo la caja de sus tabletas. – Gracias- dijo, abriendo la botella y luego la caja.

- Para lo que necesite, Arquitecta- dijo. – Licenciada Katina, buenos días

- Buenos días, Moses

- ¿Se le ofrece algo?

- No, gracias, muy amable- sonrió, sonrojando a aquel hombre de enorme tamaño, pero que era tenía aire de ser muy cariñoso.

- Con su permiso, entonces- dijo, dándose la vuelta y retirándose por entre la puerta para desaparecer en la cocina, a lavar las tazas que ya habían ido a dejar, lo que Yulia había utilizado.

- Sabes, con lo de la migraña- dijo Lena luego de haber bebido un poco de aquel café. – Yo me la quito con Vodka- rió, Yulia casi escupe el agua vitaminada de la risa.

- Eso es como caer nuevamente en la alcoholización

- Pues, claro… la única manera de evitar la resaca es quedarse ebrio- rió, levantando su taza al estilo de "True Story".

- Lo tomaré en cuenta, aunque ahora no estoy de resaca, sólo de dolor de cabeza

- Cierto, muy cierto, pero el Vodka me lo quita a mí

- ¿Qué insinúa, Licenciada? – sonrió Yulia un tanto divertida.

- No sé, no suelo beber en el almuerzo

- Ah, pero yo sí- guiñó su ojo. – Un segundo- dijo, tomando el teléfono de la oficina en su mano y levantándolo a su oreja, pues, como Gaby no estaba, había sonado directamente. - Estudio Volterra-Vensabene, habla Yulia Volkova- dijo, y, ¡ah!, eso a Lena la mató, la mató de sensualidad, pues el tono de Yulia era como pregrabado, automático, sensual. – Ah, sí- rió nasalmente. – Dígame que Mrs. Gummer estará pronto en la ciudad… claro que sí, en este momento le mando directamente las fotografías del progreso del apartamento… pues, sí, pero necesito que me apruebe alguna propuesta, que se sienta libre de llamarme, o de darme un feedback, estaré encantada de trabajar para su gusto- era un tanto hipócrita, pues, el tono, pero era el cliente, o la asistente del cliente. – Está bien, con muchísimo gusto… sí, sí… claro, sí… téngalo por seguro… sí, una cosa más, dígale a Mrs. Gummer que tenemos el servicio de manufacturación de muebles personalizados a su disposición… excelente… sólo las fotografías de las esculturas, por favor…bien, sí, sí… bueno, un placer, adiós- y se contuvo para reventar el teléfono contra la base. - ¿Qué dices si trabajas con Meryl Streep?- se volvió a Lena.

- Oh, ¿Mrs. Gummer es Mrs. Streep?- Yulia asintió. – Pues, claro, ¿cómo negarme?

Aquella jornada laboral fluyó mejor que la anterior, no era que hablaran sin parar, pero al menos se hablaban, en especial para reírse y no enojarse ambas de los cambios de Lilly Hatcher, Yulia rediseñando la habitación de Penelope para que el modelo de la casa cupiera al lado de la ventana, que sí iba a caber, pero ya no tendría una cama extra, sino una plataforma. De paso, Yulia mandó a Moses a que le comprara dos Barbies, pues, una Barbie y un Ken, sólo para medir las dimensiones de aquella casa, para ayudarle a Lena, pues Yulia no tenía mucho que hacer y, por ayudarle a Lena, entre risas y sonrisas, criticando a las Barbies actuales por ser extremadamente plásticas, no como las de su época, que tenían curvas reales por lo menos, envió las dimensiones de los distintos plywood, junto con los modelos que quería en moldes de plástico para las paredes que tenían relieves a "MakeItHappen", para hacerle la vida más fácil a Lena, ordenó el granito a "Soap & Stones", hasta se dispuso a buscar, en "My Miniature World", la flora que adornaría los jardines de aquella casa. Almorzaron juntas entre aquella aventura infantil, Yulia su Mac & Cheese con langosta, Lena un sandwich Capresse, a Yulia se le había pasado el dolor de cabeza pero no el cansancio, sólo quería dormir, y quería dormir con Lena. Lena, por el otro lado, veía a Yulia trabajar con sus manos, digitar las búsquedas rápidamente, con sus uñas perfectas, ahora sólo con su reloj, ¿en dónde estaría aquella pulsera? Y aquello se alargó hasta las seis de la tarde, entre Lena comiendo manzanas verdes de la cocina del Estudio y Yulia con cuatro botellas de Pellegrino encima, Yulia con las mangas de su suéter recogidas hasta sus codos, su cabello en un moño suelto y desordenado, pero con orden y elegancia, el maquillaje un tanto denso ya, el cansancio notándosele cada vez más. Y Lena con tres botones abiertos en su camisa, que ocasionaban en Yulia algo más que un deleite visual: un goce interno que saboreaba, en su imaginación, con sus labios y sus dientes, que arrancaba aquel sostén negro con sus manos, más porque veía aquel abultamiento femenino, que no era de prominente tamaño, pero sí que era generoso.

-Oh, Dios- suspiró Yulia viendo su reloj. – Ya es tarde- dejó caer su cabeza en resignación mientras se apoyaba con su brazo derecho del escritorio de Lena y veía las opciones de despliegues de aquella casa infantil, que no lograban encontrar la manera ideal para la accesibilidad de Penelope, y de sus muñecas. – Sweet lord- gimió.

- ¿Qué pasó?

- ¡La piscina!- dijo, con sus ojos anchos y tapándose la boca en desesperación. – La piscina, la piscina, la piscina…- susurraba para sí misma mientras caminaba rápidamente a su escritorio y se daba golpes suaves con sus dedos en su frente.

- ¿Qué pasa con la piscina?- murmuró Lena, admirando la belleza que irradiaba Yulia cuando estaba estresada, le daba ternura, sólo quería besarla y decirle que todo iba a estar bien aunque no lo estuviera.

- Lilly no pretende que tu casa tenga una piscina, ¿o sí?

- Holy…

- Exacto- rió Yulia. – Porque si quiere una jodida piscina… que la haga ella- rió a carcajadas, contagiando a Lena. – No, no, no… ya sé qué voy a hacer…- respiró hondo. – Haz la casa como es, sólo vamos a deslizar paneles por paredes exteriores, y pisos desmontables… así hago que, donde esté la casa, sea una plataforma circular que sea giratoria, y así puedo hacer el mueble hueco, con un recipiente que sea piscina…- Yulia hablaba como si estuviera pensando en voz alta.

- Explícame mejor, por favor

- A ver…- suspiró. – Imagínate un círculo que puedes girar con facilidad, como las de un restaurante chino, pero de tal manera que la plataforma quede a nivel del resto de la superficie, como si estuviera incrustada, sin mayor espacio entre lo que gira y lo estático, la suspensión y el giro lo cubro yo… el punto es que en la misma plataforma que giraría, hago un hueco, un recipiente, como le quieras llamar, que sería la piscina… y el círculo nos daría espacio para que, si quiere meter a la maldita Barbie en el estudio de Lilly, que la pueda meter… es como que si las paredes hicieran que el juego estuviera guardado, en una caja

- Entonces… tú quieres que la estructura exterior, el soporte, tenga una ranura para deslizar el panel, para "guardar" el juego, ¿no?- Yulia asintió. – Pero esa superficie giratoria de la que hablas… ¿no sería difícil hacer la suspensión si hay un recipiente que se salga del resto de la superficie?

- No si haces la superficie giratoria del mismo grosor que el recipiente, de la misma profundidad, ¿me explico?

- O sea, ¿tú quieres hacer una superficie giratoria de veinte centímetros de altura?

- Es como una caja… no te preocupes, sí se puede hacer- sonrió. – Casi me muero con la tal piscina

- No, no te mueras, por favor- murmuró Lena, regañándose a sí misma por haber dicho eso. – No voy a poder hacer esto sin tu ayuda- sonrió, matándole a Yulia toda ternura. "Bueno, al menos no quiere que me muera". – Digo…agh…tú me entiendes- se sonrojó.

- Sí, tranquila- resopló, apagando el ordenador. – Te entiendo

- Bien- suspiró, materializando el primer bostezo.

- Licenciada- rió Yulia. – Creo que es hora de que usted y yo nos vayamos a casa

- Desgraciadamente no voy a casa, tengo que esperar a Alec…y Dios y él saben a qué hora iré a casa- sonrió, viendo a Yulia ponerse de pie para ir a por su abrigo Burberry azul marino, un Trench Coat más bien.

- Bueno, yo sí ya me voy, tengo cosas que hacer- sonrió caminando hacia Lena, quien la veía acercarse mientras arreglaba el cuello del abrigo. – Espero que pueda ir a descansar pronto- se inclinó y le besó la mejilla, pues, no labios contra mejilla, más bien mejilla contra mejilla, soltando aquel ruido pasional de un beso, que habría querido darle en los labios, cerca de su oído, poniendo la piel, de aquella Licenciada, de punta.

- Que tengas una linda noche, que te diviertas- balbuceó, viendo una sonrisa Volkova desvanecerse por el pasillo, mientras que, de su mano, colgaba su bolso Chanel. -¡Lleva paraguas!- alcanzó a gritar, pues el cielo era hasta con un tono de rojo de lo nublado que estaba.

Yulia tomó un Taxi, pues estaba con prisa, Natasha pasaría por ella a eso de las siete, y Natasha solía hacer la aclaración de "a eso de…" porque con Yulia había que ser puntuales, pues odiaba que a ella la hicieran trabajar para estar lista a cierta hora, y ellos no, así a quién no le molesta. Se desvistió y se dio una ducha rápida, con agua muy caliente, evitando que su cabello se mojara, pues lo había subido todo a un moño sobre su cabeza, nada sensual, nada atractivo, simplemente por efectos de efectividad. Se colocó su maquillaje nocturno, que no era tan distinto al diurno, sólo aplicaba un poco más de negro para crear Smokey Eyes, lo cual acentuaba sus azules ojos, más con un poco de mascara que alargaba dramáticamente sus pestañas. Y, luego de haberse rociado un poco de su Insolence de Guerlain, se metió en una camisa blanca de algodón, ajustada a su torso, desmangada y de cuello cuadrado, pero no se puso sostén, pues, encima de su camisa, arrojó otra blusa desmangada, de lentejuelas doradas, era una explosión de brillante, se deslizó en sus Skinny Jeans Burberry, elevándose dieciséis centímetros, midiendo exactamente un metro y noventa centímetros, lo que la hacía más alta que Phillip, lo cual le daba risa, qué adorables eran sus Highness Strass Louboutin, una de las adquisiciones de hacía una semana. Arregló su cabello, estilizó sus lisos sobre sus hombros, pero apartó su flequillo, hacia la derecha, fijándolo con un Bobby Pin, viéndose inocente pero sensual, una mezcla matadora. Y, justo cuando terminaba de subirse en sus Louboutins, Natasha le mandó un WhatsApp de "Ya estoy aquí", y Yulia tomó su abrigo negro Altuzarra. Iba sin bolso, sólo con dinero líquido, identificación y una tarjeta de débito en su bolsillo, en el otro bolsillo iba con su iPhone y las llaves del apartamento. Pero una vez cerró la puerta, se sintió vacía, quizás porque le habría gustado tener a Lena ahí, o quizás porque no quería ir a esa fiesta, no quería ver a Mischa, porque verlo significaba terminarlo, y era demasiado cobarde, sólo quería estar en Roma, cobardemente, escondida en donde nadie se acordaba de ella, ya no más, sólo Larissa, que no la juzgaba, sólo la protegía, y quizás Larissa podría terminar a Mischa por ella, y rió ante el pensamiento, pero no era mentira que quería estar con Larissa, era la mamitis, el homesick, de esos sufrimientos incesables, latentes, a veces estallaban.

- Julia, qué guapa- sonrió Phillip, abriéndole la puerta del Mercedes a Yulia.

- Felipe, no tan mal como tú mismo- rió, dándole un beso en aquella mejilla barbuda, pero cuidada, que no le gustaba mucho. Pues, claro, ¿qué hombre se ve mal en un jeans azul oscuro y en una camisa celeste que no tenía la necesidad de decir la marca para saber que era Burberry? Además, a Phillip no le sentaban mal los jeans ajustados a sus piernas, pues, no Skinny Jeans, pero tampoco de pierna recta, y Yulia podía decir que Phillip tenía el mejor gusto en zapatos masculinos, aunque él decía que era Natasha, el hombre tenía buen gusto y punto, nadie podía quedar mal en unos Byron by Jimmy Choo, menos con un Blazer Ralph Lauren, una chaqueta que Yulia le quería robar por ser perfecta, pues quería que Ralph Lauren tuviera una así pero para mujer, que no tenía. – Hola, amor- sonrió al entrar al auto, escuchando el cierre de la puerta tras ella, Phillip siempre se sentaba adelante cuando iban las dos, por respeto a la amistad.

- Hola, preciosa- sonrió, dándole un beso en su mejilla, que, al contacto con sus labios, se expandió hasta la comisura de sus labios. - ¿Todo bien?

- Sin contar que tengo muchas horas sin dormir, sí, todo bien- sonrió. – Buenas noches, Hugh

- Buenas noches, Señorita Volkova- respondió el saludo mientras se incorporaba a Madison.

- Te juro que no creo que dure mucho… menos en ese sótano- murmuró Yulia.

- Relax, cariño, sólo bebamos Martinis a costillas de Mischa

- Whisky- agregó Phillip con una sonrisa.

- Y esa cosa también, nada puede salir mal- sonrió Natasha. – Además, Phillip me ha reglado una dotación muy generosa de Black &Gold Cigarettes

- Me costó conseguirlos, así que disfrútenlos- rió Phillip mientras jugaba Angry Birds en su iPhone.

- Eres un exagerado, esos se encuentran en cualquier tabaquería- rió Yulia, tomándolo por el cuello, con cariño, por el asiento.

- ¿Y que yo voy de tabaquería en tabaquería?- rió. – Como que fuera trabajo

- Pues si no es de dinero no te interesa, cierto- bromeó Yulia, rascándole la barba, haciéndole cosquillas.

- Si no es de hacer manualidades tampoco te interesa- dijo Phillip, mordiéndole el dedo suavemente.

- Hago manualidades a grandes escalas, Felipe… tus suegros no tuvieran una casa tan exquisita, me permito decir, si no fuera por mis manualidades

- Touché- rió Natasha.

- Pero mis manos no sirven sólo para manualidades- rió Yulia, llevando a todos en el auto a pensar en algo sexual. – Pues con algo tengo que batir tus records en Angry Birds, ¿no? Con la lengua no se puede- y todos respiraron hondo, hasta se rieron, hasta Hugh.

Lena llegó a su apartamento y, justo cuando salía del ascensor, la electricidad se cortó, que dio gracias a Dios y a todos los dioses por haberla dejado subir en ascensor, no haberla dejado atrapada, y no haberla hecho subir cuarenta y un pisos con sus piernas, pues no estaba en forma, nunca lo estuvo, no para eso, no para subir veintidós gradas por piso. Dio gracias también por haber inventado una luz tan intensa para el iPhone, pues en ese momento le sirvió para no quebrarse la dentadura con lo que se pusiera a su paso. Y, ante la carencia de electricidad, el aburrimiento que "Where’s My Water?" le llevó al terminar todos los niveles disponibles, quedó dormida, y durmió por un par de horas, hasta la una de la madrugada, mientras Yulia y Natasha bailaban "Let Me Clear My Throat" y "Teach Me How to Dougie", graciosas y ridículas bajo el efecto del alcohol, qué fiesta más mala, realmente era decadente, lo único bueno eran los Martinis, pues eran como a Yulia le gustaba. Mischa había tenido el detalle de ponerle el nombre en honor a Yulia, el Martini de la casa se llamaba "Sexy Architect", un nombre un tanto perdido y desubicado, pero Yulia quizás se sentía halagada, quizás no. Y estaban bailando de lo más cómodas, haciéndose burla, riéndose por recuerdos, Phillip platicando con los pocos sobrios y conscientes, pues ahí había tanta cocaína como la que le quemaron a Pablo Emilio Escobar Gaviria, y, en aquel humor drogado, Mischa se acercó a Yulia y no sólo la tomó de sus senos, que sintió que estaban libres, y los extrañó, pero, al creer que Yulia se había dejado de aquello, Mischa creyó que Yulia había recapacitado y lo aceptaría de nuevo, pero no fue así, Yulia se sintió denigrada, no se sintió bien, sólo quiso llorar, salir corriendo de ahí, pero no, no iba a darle ese gusto a Mischa. Se sentó a la barra, pidió un Martini, que se rehusó a pedir un "Sexy Architect", pues realmente estaba molesta con Mischa. "Si tuviera algo con Lena, ¿sería así como con Mischa? ¿Así de distante, llena de rechazos, de repulsiones? No, Lena no tiene el carácter como para denigrarme de esa manera… ¿y qué carajo hago pensando en Lena? No puedo dejar de pensar en ella, no puedo. Natasha. Sí, Natasha tiene que saber qué hacer. Natasha sabe, tiene que saber. Bingo, ahí viene".

Lena se despertó, notando que la luz eléctrica todavía no había sido arreglada, por lo que, a oscuras, se levantó para desmaquillarse, pues se había quedado dormida en la ropa de trabajo, y, una vez desmaquillada, se desnudó, pensando en lo bien que lo estaría pasando Yulia, quizás bailando con su novio, o quizás ya estaría dormida después de haber tenido un relajante orgasmo, ¿Yulia tenía orgasmos? Varios según Lena. Y se metió en un pantalón de pijama en plena libertad de entrepierna, pues no le gustaba dormir así, le gustaba dormir libre pero, por el frío, dormía con pantalón, cosa que en Milán no podía hacer porque no estaba sola, sólo cuando dormía en el taller. Se metió en una camisa negra de manga corta y, paseando sus dedos por su cabello, regresó a su cama, en donde se sentó un momento y repasó su día, el discurso de Yulia sobre el león, sus risas y sus sonrisas, el beso que le había dado en la mejilla, el sonido que se había escapado de sus labios, y repasó su mejilla con su mano, que le resonaba aquel sensual y tierno sonido. Yulia se metió en un Taxi y regresó a su apartamento, para encontrarse sola y miserable por su pasado con Mischa, por la falsedad de todo aquello, por la denigración de todo, en medio de su desmesurada frustración y latente enojo, se quitó la camisa de lentejuelas, como si aquello fuera lo que reflejaba a Mischa, y la pateó con la aguja del Stiletto, adiós Alberta Ferretti, un agujero de repulsión, pues aquella camisa sólo le acordaría al toqueteo abusivo de Mischa, que habría querido despellejarse, pero tuvo un momento de lucidez y buscó su iPhone en su bolsillo. Lena se puso de pie de nuevo, pues fue a por un vaso con agua a la cocina, un vaso de agua frío que lo bebió rápidamente, eso solía relajarla, solía regresarle el sueño, y se devolvió a la habitación, a volver a sentarse, sonriendo por las sonrisas de Yulia, esas sonrisas blancas, esas marcas por sonreír, que debía sonreír mucho. Y rió nasalmente, sacudió la cabeza y se metió en las sábanas, acostándose sobre su costado derecho, pasando su mano por debajo de la almohada, de tal manera que quedara sobre su codo, recogió sus piernas y cerró los ojos. Y su iPhone vibró, sonó al compás de un singular golpe sobre aluminio y la luz se encendió.WhatsApp. "Yulia Volkova: ¿Qué hace mi compañera de oficina un viernes por la noche y ya metida en su cama lista para dormirse?", wow, qué precisión. El resto lo saben. Aunque creo que no todo.



*

- ¿Y Lena?

- Hola, Alec, buenas tardes, ¿cómo estás?- sonrió Yulia sarcásticamente.

- Perdón, Yulia. Qué guapa estás- sonrió. - ¿Cómo estás?

- Lena ya bajará con Inessa- guiñó su ojo. – Ven, deja que te arregle la corbata- murmuró, tomándolo del nudo y apartándolo de la puerta.

- ¿Qué tiene de malo mi corbata?

- Sabes, ser hombre es difícil- dijo con sarcasmo. - Supremacía social, autoridad hereditaria, proveedor y figura primordial en la familia, a un nivel social, en un nivel económico son los que más ganan alrededor del mundo, menos en Suecia y en Dinamarca, que van igual- le deshizo el nudo. – En un nivel político, la mayoría de senadores, congresistas, diputados, parlamentarios, presidentes, ministros, cancilleres, etc., son hombres, nuestra vida está plagada de hombres, hombres que hacen grandes cosas, mujeres que los siguen, y lo más sencillo que un hombre tiene que hacer es vestirse bien, y nada que un traje no pueda satisfacer, y lo más sencillo no lo pueden hacer, pueden gobernar un país, llevar abajo la economía, dirigir un batallón, pero no pueden anudarse correctamente una corbata- suspiró en frustración ridícula mientras sonría y le anudaba un Windsor. – Camisas de cuello separado y, especialmente, hombres con cuello largo como el tuyo, se hacen un Windsor, no un Four in Hand- levantó su ceja y haló la corbata hasta llevar el nudo a su cuello. – Y ya está; las cuatro personas que te componen, se ven mejor y más presentables para la boda de su hija

- ¿Las cuatro personas?- murmuró confusamente.

- Jefe, Socio, Mentor… y, la cuarta persona, la sabes tú- sonrió, asegurándole la corbata con el clip y abotonándole el saco. – Por cierto, la regla de un saco de tres botones es la siguiente: "A veces el primero, Siempre el segundo, Nunca el tercero"

-Gracias, Yulia- sonrió, trayéndola a sus brazos para un abrazo cálido.

- ¿Algo que quieras decirme?

- ¿Algo como qué?

- No lo sé…lo que tú quieras… supongo que ahora es el momento- sonrió.

- Bueno, Arquitecta, sí…hay algo que quiero decirle- suspiró. – Quiero que me disculpes por creer que todo era un chiste para ti, por creer que la ibas a lastimar… Supongo que todos cometemos errores

- Unos más que otros, sí…- sonrió Yulia. – Y, Alec, hay errores que si su solución se posterga una y otra, y otra vez, salen caros…

- ¿A qué te refieres?

- Tú lo sabes… ahora, si me disculpas…- murmuró, desviando lentamente su rostro y su cuerpo hacia la izquierda. – Tengo invitados que saludar
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VIVALENZ28

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por Monyk el Sáb Ago 29, 2015 10:05 am

Siiii, muy buena conti!

Monyk

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 05, 2015 1:11 am

CAPITULO 8 : Sí.

Miércoles veinticuatro de octubre de dos mil doce.





Yulia se despertó a las seis en punto, sin despertador, sin nada, simplemente por costumbre, se estiró y abrió los ojos, viendo hacia la izquierda, hacia el lado izquierdo de la cama, y no vio a Lena. Se sintió rara al no despertar junto a ella, pero, ¿por qué? Sólo había dormido con ella un par de veces, tal vez era la obsesión, pero no, no, "obsesión" es un término muy fuerte. ¿Qué tenía Lena que la embriagaba tanto? Le robaba la razón. ¿Era eso enamorarse? Sí, sí, enamorarse era ser tonto, pues, ciego y tonto, ceder a lo que no cedía normalmente, pero con Lena quería muchas cosas, pero no, no, y nuevamente no, "¿Le pedí que se mudara conmigo? Holy…fuck." suspiró, irguiéndose de golpe sobre la cama, encontrándose desnuda, y sí, aquello no había sido un sueño caliente, ¿en qué momento se le había ocurrido aquello? ¿Habría sido la remota ebriedad? ¿O era precisamente que estaba enamorada, en tal profundidad, que hacía cosas tontas? Y se levantó, tomó su iPhone y llamó, a plenas seis y tres de la mañana, a Alastor Thaddeus.

- Alastor- contestó, no sonaba a que lo hubiera despertado.

- Doctor Thaddeus, habla Yulia Volkova- suspiró, encendiendo la luz de su walk-in-closet para buscar la ropa que se pondría.

- Ah, sí, buenos días, Señorita Volkova- lo sintió sonreír con ironía. - ¿En qué le puedo ayudar?

- Perdón por llamar a esta hora, para empezar…- sacó una camisa formal, amarilla y de manga larga, Burberry, al típico cuadriculado pero en negro y blanco. – Quería saber si tiene tiempo ahora, necesito hablar

- Tengo la primera cita a las siete, el día lo tengo lleno… pero, si va a ser como las otras veces que sólo se toma la primera media hora, supongo que puedo recibirla a las seis y media

- Ahí estaré- dijo Yulia. – Gracias, lo veo en un momento- y colgó, sacando un jeans y luego unos Ferragamo del cilindro.

Se dirigió al mueble de ropa casual, abriendo la primera gaveta para deslizarse en la primera tanga que tomó, luego, la segunda gaveta, sacó un sostén deportivo, se metió en un short Supernova, en una mezcla obscena de cian y magenta, algo que sólo en los deportes se podía ver bien, se metió en una camiseta del Hombre de Vitruvio, que la tenía en todos los colores habidos y por haber, pues era, quizás, una de las imágenes que más le gustaban, pues era la supuesta perfección, o quizás estaba en el mismo nivel de sus camisetas sarcásticas, como la de "I’m NOT insulting you. I’m describing you" o "I’m fairly certain ‘YOLO’ is ‘Carpe Diem’ for stupid people", camisetas que casi nunca se ponía, pero que era el chiste de su closet. Se enfundó un par de calcetines, se metió en sus zapatillas deportivas, sin desamarrarlas, como ya alguna vez expliqué, y, colocando su iPhone en la banda del brazo, se colocó sus audífonos y presionó "play", un poco de Tchaikovsky y su Obertura 1812. Introdujo su identificación, su tarjeta de crédito y unos billetes, junto con sus llaves, en el bolsillo interior del short. Se lavó rápidamente los dientes y la cara, se hizo un moño rápido pero tenso, se deslizó en una sudadera gris con rojo, se puso su reloj deportivo y, saliendo por la puerta del apartamento, enfundó su cabeza en un gorro. Salió del edificio, respiró hondo y, tomando dirección hacia Central Park, bordeándolo hasta incorporarse a la sesenta y cinco, la primera calle que atravesaba Central Park, corrió hasta Central Park West, o sea, lo atravesó, y buscó la calle sesenta y cuatro y llegó a la residencia catorce.

- Buenos días, Señorita Volkova- sonrió Alastor al abrirle la puerta, pues la secretaria no había llegado todavía. - ¿Agua?- sonrió de nuevo, viéndola sudando, casi sin aliento, pues había atravesado Central Park en diecinueve minutos, tiempo suficiente para que Tchaikovsky se terminara y Liszt también.

- Por favor- dijo, quitándose el gorro y bajando la cremallera de su sudadera. Aquel hombre se movía con tanta serenidad, sin ninguna preocupación. ¿Cómo sería la vida de un psicólogo clínico? ¿Irían ellos también a un psicólogo? No, mucho "In Treatment". – Gracias- dijo, sentándose en el sofá, en el de las últimas dos veces, y tragó el vaso con agua tibia.

- La veo diferente- sonrió. – Sonaba aturdida al teléfono, pero no la veo precisamente aturdida, ¿o me equivoco?

- No lo sé…

- A ver, despacio y desde el principio, como siempre. ¿Qué ha pasado?

- Bueno…- suspiró, quitándose la sudadera y arrancándose la banda con su iPhone del brazo. – Pensé en lo que me dijo la semana pasada… en lo de que me podía perder de muchas cosas buenas si me cerraba… y, bueno, hasta mi mejor amiga me alentó, como si ya supiera lo que pasaba…

- Señorita Volkova- resopló. – A veces creemos que somos disimulados, que nos guardamos muchas cosas, pero no es así, todo lo decimos de alguna manera, por el lenguaje corporal, o por las palabras que escogemos para expresarnos, aún por las más mínimas acciones… y no dudo que su mejor amiga la conozca muy bien a pesar de que no se abre mucho con ella

- Pues, tiene un minor en perfiles criminales

- Ah- rió nasalmente. – Entonces su mejor amiga la conoce mejor que lo que usted se conoce a sí misma

- Quizás sí, quizás no, no lo sé…- se encogió de hombros.

- En fin… ¿qué ha pasado?

- Esto no es fácil- susurró.

- Yo sé que no es fácil, Señorita Volkova… pero, como le dije, a veces tenemos que decir las cosas en voz alta para considerar aceptarlas- sonrió.

- Bueno… el viernes fue un día bastante especial, por así decirlo, tuve un fiesta, no me sentía bien, le conté a mi mejor amiga… regresé a mi apartamento y le hablé a Lena, terminamos comiendo un Kebap en el carro de la cincuenta y cinco y la sexta…

- Oh, esos son muy ricos- rió, sólo para aflojar el momento, que Yulia tomara la declaración como algo ligero. – Debería probar el que va en una tortilla de trigo

- Son buenísimos- rió Yulia de regreso, sintiéndose un poco más relajada por sólo reírse. – Pero no me desvíe del tema que no tenemos mucho tiempo… el punto es que comenzó a llover y llevé a Lena a mi apartamento, porque el Taxista no quería bajar hasta Chelsea, estaba lloviendo demasiado fuerte, y, estando en el apartamento, llegó mi ex-novio, que quería tener relaciones sexuales, pero, por más que le dijera que no, no entendía… y Lena estaba ahí, y me besó frente a él- cerró los ojos, acordándose de aquel beso con una sonrisa. – El hombre se fue, Lena me dio a entender que no era nada… y, bueno, la lluvia no terminó, y se quedó a dormir en mi apartamento… pero, como yo me despierto a cada rato, no sé en qué momento se me ocurrió abrazarla… se veía tan frágil, tan desprotegida, con frío, y sólo quería abrazarla y hacerla sentir segura… no sé por qué, de verdad que no sé…

- Una pregunta, antes de que siga- sonrió con su ceño fruncido. – Bueno, dos… ¿la abrazó porque la vio desprotegida y frágil o porque quería abrazarla? Pues, no sé si usted vive en una zona peligrosa, aunque, por lo que me dice, tiene que vivir cerca de la cincuenta y cinco y sexta para que el Taxista se haya negado a bajar "hasta" Chelsea… y, la segunda pregunta, ¿qué sintió al abrazarla?

- Es que ese beso que me dio, me revolvió el estómago, me quitó el enojo por el desafortunado evento con mi ex-novio… me fui a bañar y dejé la puerta abierta para que entrara si quería, pero no entró, me esperó afuera… y ella no se bañó, no quería que se enfermara, y simplemente era algo que me daba ganas… y, cuando la abracé, no sé, sólo quería apretarla fuertemente contra mí, no sólo abrazarla con un brazo, sino con los dos, pero se hubiera despertado…y me daba demasiada tentación meter la mano en lugares inapropiados, pero me conformé con besar su hombro. Y, por lo mismo de que no puedo dormir, me quedé ahí, escuchándola respirar, en eterna tranquilidad, no sé si envidiándola por poder dormir así de profundo y sin moverse, sin despertarse… pero, no sé, me quedé dormida, dormí como por cuatro horas, sentí cuando puso su mano sobre la mía…

- ¿Y luego qué pasó?

- Llegó mi mejor amiga, que uno de sus amigos le había cancelado a último momento ir a la fiesta de su mamá, y quería saber si yo quería ir, porque su mamá sólo le había dado dos puestos… y vio a Lena en el apartamento y nos invitó a las dos… y, pues, íbamos en el auto hacia la fiesta cuando le volví a preguntar el hombre que le gustaba, y no me dijo "él es así, y aquí, y allá", sino que me dijo que le llamara "persona", porque era de otro mundo, o algo así… y, bueno, yo estaba fumando un cigarrillo y me dijo que, lo que más le gustaba de esa persona, era cómo fumaba su cigarrillo- se puso de pie y empezó a caminar de lado a lado.

- Supongo que entonces se dio cuenta que el beso que le había dado la noche anterior no era sólo "cualquier" beso, ¿cierto?

- Pues, llevé a Lena a la mejor habitación de la casa, que sabía que era la mejor porque yo la hice, la que tenía mejor vista… y la besé… no me diga nada todavía- dijo, viendo que abría su boca para sacar alguna pregunta o comentario. – Bueno, para no alargarlo más… volvimos a mi apartamento, ya de madrugada, pasó lo que pasó, y amanecimos juntas, pasó lo que pasó, luego, el lunes, dije tantas estupideces, como que estaba comprometida de corazón con ella, y ella me dijo que me amaba, y ayer por la mañana, que amanecí en su apartamento, no sé si cabe en relaciones sexuales pero algo de eso pasó, y ayer por la noche tuvimos Face-Time-Sex… y le dije que se mudara conmigo- cayó sentada sobre el sofá, sin aliento, pues todo aquello lo había dicho en un respirar, rápido, como si no quisiera que la juzgaran, pues no quería eso.

- Vamos, por partes, ¿le parece?- sonrió, y Yulia asintió, viendo en su reloj que eran las seis y cuarenta y uno. – La parte del sexo, la primera vez, ¿qué tan cómoda se sintió?

- Muy cómoda, era como si supiera lo que estaba haciendo… no tenía ni idea de qué hacía, sólo pensaba en cómo me gustaría a mí que me hicieran las cosas… y sólo quería comerla a besos, que lo hice… o no me acuerdo, no sé… tenía muchísimo champán encima

- ¿Y las siguientes veces?

- No me dio vergüenza que me viera desnuda, tampoco me importó que ella fuera mujer, sentía que no era tan incorrecto

- Y, en comparación a sus relaciones sexuales con un hombre, ¿cómo siente eso?

- Me encanta el cuerpo de Lena, no me da asco tocarlo, ni abrazarlo, pegarlo al mío, quiero abrazarla, mimarla, besarla todo el tiempo… la quiero sólo para mí y eso me asusta

- Dejemos eso a un lado, por ahora…- sonrió. – Señorita Volkova, a usted qué le parece más íntimo, ¿un beso o una relación sexual?

- Ahora que lo pienso… un beso

- Y usted le dio un beso a Lena, le entregó su intimidad real… no es que el sexo implica besos, es que el beso implica, a corto o largo plazo, una relación sexual… tiene que considerar todos los factores, pues eso que le dijo, que estaba comprometida de corazón, es cierto, lo está. Usted le entregó no sólo su intimidad en un beso, sino que le entregó su cuerpo en ya un par de ocasiones, lo que significa que a usted le gusta, a ella también, que no fue algo de sólo una vez… y usted siente algo por Lena, algo que quizás nunca ha sentido, quizás porque no ha sentido o quizás porque tiene miedo de sentirlo… eso no fue una estupidez, como usted le llama, eso es lo que usted siente, porque le ha entregado dos cosas muy importantes; su cuerpo y su "alma", si así quiere llamarle… le falta entregarle su "mente", que es lo que comprende todo su pasado, su presente y su futuro, su esencia, el por qué de su modo de actuar- sonrió. – Ahora, ella le dijo que la amaba… y, por cómo usted lo ha dicho, creo que lo ha tomado en broma… quizás Lena esté confundida, o quizás no, usted no conoce los sentimientos de Lena… quizás, para ella, usted es la persona correcta, la persona que ella quiere para hacer muchas cosas, para dejar de hacer muchas otras… a usted le puede tomar tiempo, mucho o poco, saber si Lena es, para usted, esa persona… quizás ya lo sepa y no lo quiere aceptar, quizás no lo sepa, lo dude, pero llegará el momento en el que todo lo tendrá claro

- Pero todo está sucediendo muy rápido

- Señorita Volkova, se lo digo por experiencia personal, a veces el tiempo que dura una relación no asegura el éxito de ésta, no se puede juzgar, mi esposa y yo nos conocimos, un mes después ya estábamos comprometidos y no porque estaba embarazada, sino porque se sentía correcto, y, pues, llevamos ocho años de casados, sin problemas de ningún tipo… y le digo esto por lo que usted le dijo a Lena, que se mudara con usted. Usted dijo que ella era la sobrina de su jefe, ¿cierto?

- Pues, no es la sobrina, es la hija de una novia que mi jefe tuvo hace muchísimos años…

- Pero sabe que si su jefe confía en ella, usted puede confiar en ella… lo que significa, Señorita Volkova, que a usted, Lena le hace sentir confianza, en el sentido de seguridad física, y no sé cómo fue el ambiente en sus relaciones sexuales, pero, si se ha repetido, es porque le gusta, como le dije antes, quizás, lo que usted quiere, es tener a Lena en su apartamento para repetir esas relaciones sexuales, que no tiene nada de malo, quizás es su manera de dejarla entrar a su vida, de decirle usted a ella que usted no está jugando con ella

- Es que no estoy jugando con ella… al principio quería sólo quitarme las ganas de estar con ella, quitarme esa curiosidad, pero, estando en mi cama… créame que la cosa cambió, es que me pregunto cómo no quererla, si es tan tierna, tan considerada… sabe, lo que me impactó es que… bueno, tengo una cicatriz en la espalda… y Lena la besó

- Lena sabe, entonces, que las cicatrices no son causadas por algo que dio risa, sino por algo que significó dolor… y, mientras más grande la cicatriz, más grande fue el dolor… usted lo ha procesado como que ella no quiere sólo sexo, ¿cierto?- Yulia asintió. – Señorita Volkova, no hay una velocidad adecuada, ni correcta, puede hacerlo todo en un día, vivir una vida en un día, o alargar las cosas, igualmente las va a disfrutar o las va a detestar, depende de cómo construya usted la relación… usted sabe qué hacer, sabe si ponerle un alto o si dejar que siga… que no le importe lo que piensen los demás. Piénselo así: aquí, en la universidad, el primer año, todos viven en Dorms, y nadie juzga a nadie, los compañeros de dormitorio ni se conocen… usted conoce más a Lena de lo que usted cree y, si no me lo cree, pregúntese cuántas cosas íntimas sintió usted que Lena le entregaba al tener relaciones sexuales, pregúntese si fue sólo sexo o si fue algo más

- Entonces… ¿qué? ¿Sólo dejo que todo fluya y ya?

- Es una manera de hacerlo, sí- sonrió. – Tal vez la mejor decisión que tome es no pensar las cosas tanto

- Usted suena a Lena- resopló Yulia, volviéndose a poner la sudadera. – Me dijo que me dejara llevar, que sólo hiciera eso… porque quizás yo era de las personas que, si pensaban mucho las cosas, se arrepentían

- ¿Y es así, Señorita Volkova?-sonrió tranquilamente, viendo a Yulia rehacerse el moño. Era una rareza de mujer, definitivamente.

- Sí, así es… lo único que no me gusta de mi trabajo es que tengo que revisar muchas veces lo que hago, por errores, y llega un momento en el que no me gusta, y empiezo a querer cambiar aquí y allá, por eso sólo lo reviso una vez y luego se lo paso a mi jefe- se puso de pie y sacó su American Express del bolsillo interior. - ¿Le puedo pagar con tarjeta a esta hora?

Lena se despertó aquella mañana, con una sonrisa, estirándose de la misma manera que su sonrisa se estiraba, y decidió haraganear cinco minutos más, que no entendía por qué cinco minutos eran tan rápidos. Pero se levantó, dándose cuenta que estaba desnuda, y se acordó de aquel episodio de FaceTime, y, con el simple recuerdo, se mojó, por acordarse de Yulia al masturbarse, ¿qué estaban haciendo? ¿A qué estaban jugando? Pues a Lena le daba risa nada más, pues le gustaba el juego, y cayó de nuevo a la cama, abriendo sus piernas y saciando sus enormes ganas, las ganas que aquel recuerdo travieso le daban, y aquello se sentía tan bien, recorrerse a sí misma por donde Yulia había estado, recorría sus labios menores, donde Yulia había succionado, y había paseado su lengua con tanta lentitud, con tanta dedicación, Yulia no lo sabía, pero le gustaba más de lo que creía, se le notaba en la mirada. Y Lena sonreía al jugar con su cabello y penetrarse, que era algo que Yulia no había hecho, pero que quería que hiciera, con muchas, muchas ganas, quería sentirla adentro, seguramente tendría la misma maestría para penetrar que para lamer y relamer, y succionar, y morder. Gimió. Presionó su clítoris con sus dedos y lo acarició en círculos, rápidamente, sosteniéndose a sí misma al apretujar su seno derecho con su mano izquierda, y se acordó de cuando Yulia se corrió frente a ella la primera vez, que se corrió por ella y para ella, y levantó sus caderas, arqueando su espalda, sin poder despegar sus dedos de su clítoris, que ahora lo frotaban rápidamente para alargar su orgasmo, y rió. Yulia llegó a su apartamento, corriendo como antes, tomándose ese momento para pensar en lo que Alastor le había dicho, y no era mentira, el tiempo de una relación no determinaba su éxito, cada relación era única y tenía su propia naturaleza, pero el problema base de aquella potencial relación era Yulia, sí, porque le tenía miedo al amor, aunque en realidad le tenía miedo a lo que ella creía que era el amor, aquel amor destructivo que le tuvo a Marco. Pero no había manera de saber cómo sería el amor con Lena si no era que lo intentaba. Se metió a la ducha, se lavó el cabello rápidamente, se secó con prisa, se vistió mientras se maquillaba, pues ya estaba tarde, ya eran las siete y media. Y fue la única vez que tomó un Taxi para ir al trabajo, pues, por ir tarde.

- Arquitecta, buenos días- la interceptó Gaby a la entrada del Estudio, que veía a Yulia estresada por llegar tarde.

- Buenos días, Gaby… Buenos días, Liz- saludó a la secretaria de Volterra, la que estaba en el escritorio principal, el de la entrada. - ¿Qué me tienes?

- Reunión el otro viernes con Meryl Streep, los Hatcher quieren un reporte financiero y Project Runway quiere cuatro propuestas para el miércoles de la otra semana, lo quieren moderno pero austero, cómodo… y fueron muy específicos en que hiciera todo lo contrario a lo que la psicología del color le decía, querían intensidad, no armonía- murmuró, intentando seguir el paso de Yulia.

- Está bien, está bien- suspiró y se detuvo frente al escritorio de Gaby, dándose la vuelta hacia ella. – Llámales, pídeles los diseños anteriores y qué quieren cambiar, qué quieren mantener… y cambia la reservación del Commonwealth, para que la Licenciada Katina se quede en mi mismo cuarto, pide una cama adicional nada más… y cero molestias por la próxima media hora, por favor- Gaby asintió, y vio a Yulia abrir la puerta y cerrarla de golpe. "¿Mal humor?" rió Gaby.

Yulia dejó caer su bolso sobre el suelo, y caminó con autoridad hasta la silla donde estaba Lena, la empujó contra la ventana, Lena viéndola a los ojos un tanto asustada, topó contra la ventana, Yulia se subió a la silla, encerrando, con sus rodillas, los muslos de aquella pelirroja, y le plantó un beso feroz, nostálgico, la tomaba del cuello, Lena de su cintura, de su cadera, de su trasero en aquel jeans, y los ruidos de aquel beso húmedo salían de sus labios. Yulia tomó las manos de Lena de su trasero y las llevó a sus senos, quería que la tocara, que la hiciera suya, ahí, en ese momento, y Lena deshacía los botones de aquella blusa, sacando a su vista el sostén negro de Yulia, en el que clavó sus labios, besando ese pequeño lunar, mordisqueando aquellos abultados y sensuales atributos, abrazándola fuertemente por su cintura. Lena le quitó su abrigo, revelando un blazer azul marino, que se lo arrancó también, cayendo sobre sus pies, no dejaba de besar sus senos, de atrapar aquel encaje entre sus dientes. Pero no, el teléfono, el jodido teléfono. Y Yulia tuvo que levantarse, abrochando sus botones en el camino, que habían sido cinco, tenía la camisa abierta hasta su ombligo, y contestó, con una furia increíble.

- ¿Qué?

- Yulia, necesito que vengas, tu secretaria no me deja entrar- dijo Segrate al otro lado del teléfono.

- ¿No puedes esperar un momento?

- No, tenemos un problema- Yulia respiró hondo.

- Está bien, sólo déjame terminar la otra llamada- y colgó, levantó el teléfono y lo volvió a colgar. – Perdón… ataque de furia- sonrió, volviéndose a Lena, que tenía los labios rojos de tanto besarla.

- No te preocupes- balbuceó, todavía en shock del asalto.

- Buenos días, mi amor- sonrió Yulia, caminando hacia ella, halando la silla a su puesto original, pasándole encima a su abrigo y a su chaqueta con las ruedas de la silla.

- Buenos días, mi amor- repuso Lena, pues no sabía exactamente qué había pasado, pero ese asalto sí que la había puesto mal, no sabía que podía mojarse tanto, tan seguido y en tan poco tiempo.

- Regreso en un segundo, ¿sí?- Lena asintió. Caminó hasta la oficina de Segrate, en donde la esperaban Pennington y el susodicho de pie, con expresión de funeral. - ¿Qué pasó?

- Me vas a matar…- suspiró Segrate.

- ¿Qué pasó?- repitió, intentando guardar la calma. "¡Al fin te puedo matar, maldito cabrón!".

- Teníamos que probar la conexión del agua- Yulia se cruzó de brazos, eso no podía ser bueno. – Y la dejaron correr, todo estaba bien… pero…

- ¿Pero qué?- siseó. – Robert, ¿qué pasó?- se volvió, pues el cobarde de Anatoly no le diría.

- En los planos, tú reuniste todas las tuberías aquí- dijo, apuntando un punto sobre el jardín en el plano que se proyectaba sobre la pantalla. – Cuando estaban poniendo las tuberías, había una piedra aquí- señaló otro punto, que estaba sobre una de las tuberías principales. – Y es demasiado grande como para sacarla

- ¿Es?- murmuró, llevando sus manos a su cara.

- Bueno, con Anatoly pensamos que la grúa no estaba en el presupuesto, entonces lo que hicimos fue bordear la piedra

- Robert, Anatoly…- suspiró. – Si bordearon la piedra… significa que la próxima conexión está bajo la casa, bajo la sala de estar, ¿cierto?

- Sí… pero el problema no es ese, sino que no teníamos presupuestadas tres piezas más, para bordear la piedra y que, en efecto, las tuberías se reunieran en el punto que habías planeado… entonces compramos de PVC de cuatro centímetros- Anatoly y Robert cerraron los ojos.

- Adivino… dejaron correr el agua, todo estaba bien pero la conexión de siete centímetros a cuatro se arruinó con la presión y ahora tengo un cráter en la sala de estar, ¿verdad?- susurró, deteniéndose de la mesa de dibujo de Pennington así como se detenía de su lavabo. Y no obtuvo respuesta, pues, en el silencio la tuvo. - ¿Qué tanto dejaron ir el agua?

- Toda

- Dios les ayude… porque ahí hay concreto reventado y techo afectado… no sé cómo van a hacer para arreglar eso, no cuando ya hay toda una estructura alrededor del desastre… porque no pienso llamar a los Hatcher para decirles que se reventó una tubería porque a los genios de mis Ingenieros se les ocurrió dejar correr el agua a cien y no a sesenta y cinco, a la presión normal para Massachusetts… - suspiró, estando realmente molesta, pero le divertía pensar lo idiotas que habían sido. – Estimen el presupuesto para que eso esté arreglado para cuando lleguemos el cinco de Noviembre, estímenlo bien, piensen qué le van a decir a Volterra, pidan que el Espíritu Santo lo ilumine para que no les descuente la pérdida de sus salarios… porque al Estudio, esa estupidez, le va a salir caro… ¿Tienen idea de cuánto cuesta arreglar algo así en semana y media?- siseó.

- Pues, en eso estaba, Yulia- dijo Pennington. – Y… hasta ahora, si tomamos en cuenta que hay que abrir un poco más para arreglar la conexión, que hay que tapar el cráter, que hay que volver a poner concreto y que hay que arreglar el techo… son alrededor de doce mil dólares

- No me digan "alrededor de", díganme cuánto va a salir, porque los Hatcher quieren un reporte financiero para hoy, lo que significa que ustedes van a tener que explicarles un par de cosas…. – Yulia respiró hondo, se irguió y se dirigió hacia la puerta. – Arreglen eso para antes del almuerzo, porque Volterra va a salir a las cuatro para Pittsburgh y dudo que pueda hacer mucho desde allá… - salió de aquella oficina, entre ansiosa, divertida, frustrada y enojada, quizás era tanto su enojo que sólo podía sonreír. – Moses- llamó a la cocina.

- Dígame, Arquitecta

- Deje mi té- sonrió. – Necesito que consiga dos rosarios, dos botellas de agua bendita y dos cruces y dos biblias y que se los lleve a Segrate y a Pennington

- ¿Arquitecta?- rió.

- Los necesito cuanto antes- sonrió. – Pase a mi oficina, por favor- y caminó a su oficina, que Lena ya había recogido su bolso y había colgado su abrigo del perchero y había puesto el blazer en el respaldo de su silla. – Aquí tiene- sonrió, alcanzándole un poco de dinero. – Espere un segundo- murmuró, escribiendo dos Post-Its que decían: "Que Dios los acompañe. Volkova". – Se lo pone a cada paquete, por favor- sonrió.

- ¿Algo más?

- No, no creo. ¿Lena?

- No, absolutamente nada, Moses, gracias

- Con su permiso, entonces- la tarea más rara que alguien le había dado a Moses.

- ¿Qué lo mandaste a hacer que parecía confundido?- preguntó Lena.

- Lo mandé a comprar ayuda espiritual para los Ingenieros

- ¿Qué pasó? ¿Problemas?

- Sólo reventaron el concreto y arruinaron el techo- rió.

- Solamente…- murmuró Lena en tono de burla. – Oye… quiero hablar contigo

- Dime

- Estaba pensando… en lo de mudarme contigo…- Yulia emitió su "mjm". – No me puedo mudar…

- Está bien- suspiró Yulia, sintiendo paz pero incomodidad. – Entonces, si no te mudas conmigo, al menos ven a dormir conmigo algunos días de la semana, ¿sí?- se volvió a ella con una sonrisa.

- ¿No estás enojada?

- ¿Me veo enojada?- sonrió Yulia. ¿Estaba enojada? No, el problema de Segrate y Pennington era más intenso.

- No- rió. – Y… bueno, con lo de irme a dormir contigo, a eso no me puedo negar… pero me gustaría que durmieras en mi apartamento también

- Me parece justo- asintió Yulia en aprobación absoluta. - ¿Empezamos este fin de semana?

- ¿Mi casa o tu casa?

- Rock, Paper, Scissors?

- Dos de tres, donde la que gane- rió Lena, sabiendo que Yulia le ganaría, pues, ¿en qué mundo perdía Yulia a algo tan sencillo como eso?

- Uno- dijo, levantando su puño. – Dos- lo golpeó contra su mano. – Tres- y sacó tijera, Lena papel. – Parece que va a ser en mi casa, Licenciada- rió.

- Otra vez- refunfuñó Lena. – Uno, dos, tres, ¡Ja! ¿Decía, Arquitecta?- rió, sacándole la lengua a Yulia, pues Yulia había sacado papel y Lena tijera.

- La decisiva- rió Yulia. – Um, Dois, Três- y ambas sacaron piedra. – Jeden, Dva, Tri- sacaron papel.

- ¿Qué idioma fue ese?- rió Lena a carcajadas.

- Eslovaco- dijo con una expresión divertida. – Cuenta tú

- Moja, Mbili, Tatu- rió Lena, sacando piedra y matando a la tijera de Yulia. - ¡Eso es!- gimió divertidamente, halando ambos brazos hacia abajo en una descarada victoria.

- ¿Qué idioma es ese?

- Swahili- guiñó su ojo.

- ¿Hablas Swahili?- tosió Yulia.

- No, sólo hablo italiano, griego, inglés y le hago bailes sensuales al español

- Buena mezcla… oye, estaba pensando- sonrió. – Viernes a Domingo en tu apartamento… ¿te parece si vamos al Zoológico el sábado?

- Suena bien, ¿es una cita?- rió nasalmente Lena.

- Será una cita si salimos de ahí con un par de Souvenirs y comemos, aunque sea, un Slurpee… y damos un paseo en los Camellos- rió, haciendo una expresión de saturación de adrenalina en su sistema.

- Suena muy romántico- rió Lena con sarcasmo.

- ¿Romántico?- pensó Yulia en voz alta. - ¿Qué vas a hacer ahora en la noche?

- Pues… nada, en realidad, ¿por qué?

- Me gustaría llevarte a una cita real, sin amigos, sin fiestas, solo tu y yo

- Está bien… cuéntame sobre esta cita

- ¿Te gustan las películas exageradas y de acción?- Lena asintió, pues no tenía un género favorito de películas, no veía mucha televisión en realidad, no tenía televisor, pero nadie se negaba nunca a una buena risa, fuera por gracia o por mentira. – Taken2 está a las seis y veinte

- La primera es demasiado exagerada, seguramente la segunda también- rió. – Claro, suena bien

- Luego… ¿qué te gusta comer?

- Soy omnívora- sonrió. – Pizza, tengo ganas de una buena pizza, grasosa, de esas que te dejan la consciencia contaminada de tanta grasa, pero que no sea italiana, que sea americanizada

- Tengo Sbarro y Pizza Hut en la cercanía del cine

- Sbarro

- Bueno, entonces, este es el plan, dos puntos: Vamos al cine a ver Taken2 a las seis y veinte, que tendríamos que salir a las seis de aquí, cenamos en Sbarro de la séptima y cuarenta y siete, y luego te dejo en tu apartamento, ¿te parece?

- ¿Me vas a dejar pagar algo?- Yulia se negó con la cabeza. – Negociemos- suspiró. – Las entradas al cine o lo que comamos en el cine, porque no pienso morirme de hambre ahí dentro, no en un cine

- Está bien, tu pagas mi enorme Mountain Dew y mi Hot Dog, ¿te parece?

- Es una cita- proclamó con una sonrisa.


Última edición por VIVALENZ28 el Lun Sep 07, 2015 12:47 am, editado 1 vez
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 05, 2015 1:15 am

Viernes veintiséis de octubre, dos mil doce.



Meryl estaba más que concreto, pues a Yulia no le gustaba dar un proyecto por sentado hasta no estrechar la mano del cliente, de manera personal, empezarían a trabajar en el apartamento en cuanto Yulia regresara de Boston, pues a Meryl no le urgía tanto, y prefería que se tardaran a que resultara algo de mala calidad, que, de terminar de mal gusto y/o mala calidad, Yulia era la primera en considerar ponerse una bala a través de los sesos. Lena era diferente, pues había pasado todo el jueves en el taller de Davidson Avenue, cortando madera para ensamblar las camas de todas las habitaciones, que se llevarían en piezas para economizar el espacio de los camiones que llevarían la mayoría de los materiales restantes; los muebles pequeños o que no podían ser transportados en piezas, como las lámparas, o las sillas, sillones, sofás, esos muebles serían los últimos que llevarían, y que no tenían prisa por sacarlos, pues la casa no la entregaban hasta en marzo, y Lilly había accedido a recibir los muebles en una ventana del diez de diciembre al veinte de enero, claro, con la debida notificación previa. Y Lena también había estado todo el viernes en el taller, dejando a Yulia sola por segundo día, día dolorosamente consecutivo, y Yulia se sentía sola, como si el espacio, que alguna vez fue muy pequeño para ella sola, fuera ahora muy grande ante la ausencia de Lena. Veía la silla de Lena, la veía vacía y, en medio de su desvarío, se preguntaba qué tenía Lena que le gustaba tanto, tanto no, demasiado, y se preguntaba, también, sobre la razón de aquel impulso, cuyo origen permanecía desconocido, el por qué decirle que se mudara con ella así de rápido, ¿por qué? La respuesta la sabía y no la sabía y, ante aquel desvarío, dieron las cinco de la tarde, que Yulia sonrió al ver que pasaba de ser las "16:59 p.m." a ser "17:00", se puso de pie, apagó el ordenador, metió su silla en su escritorio, arrojó su teléfono en su bolso, se colocó su Altuzarra negro, se enrolló su bufanda Roberto Cavalli, tomó su bolso, apagó las luces, cerró la puerta de su oficina y, viendo que sólo quedaban Fox, quien estaba al teléfono, y Hayek, quien veía atentamente unos planos en la pared, salió del Estudio, tomando un Taxi hacia su apartamento para cambiarse y preparar lo que llevaría para quedarse, como acordado, donde Lena.

Habían quedado que Yulia llegaría a las seis en punto al apartamento de Lena, sólo a dejar sus cosas e irían a cenar, a un lugar que Yulia solía describir, tras las palabras de Margaret: "no demasiado elegante, pero no bastante cutre"; a Smith & Wollensky, y, claro, Yulia invitaba. Yulia preparó su típico Duffel Louis Vuitton con lo básico; una camisa para dormir, que no estaba segura si la necesitaría, tres tangas, negras todas pero diferentes en diseño, un hipster porque estaba en sus días femeninos, que usualmente le duraba cuatro días y ya iba por el tercero, dos sostenes, un jeans, dos blusas, sus artículos de aseo personal, que intentó limitarlo sólo a su perfume, su cepillo de dientes, su jabón para el rostro, su desodorante y su aceite para humectarse la piel ante la entrada del invierno real y no oficial, pero no era tan brutal como para andar en zapatillas, sus zapatillas negras de cuero Blahnik. Y, exactamente a las seis, Yulia dejaba su Duffel en la habitación de Lena y salía, con aquella pelirroja, hacia el ascensor.

- Entonces- dijo Yulia, cerrando el menú para alcanzárselo al mesero. - ¿De qué hablaremos esta noche, Licenciada Katina?

- Tengo una pregunta- sonrió, tomando su copa de agua en su mano para llevarla a sus labios, Yulia asintió suave y pausadamente para darle a entender que preguntara. - ¿Cuál es tu secreto para mantenerte en forma?

- Digo lo que pienso- resopló, notando en Lena una mirada confundida. – Verás- sonrió. – Mi abuelo me contaba que, en San Petersburgo, donde vivía él, más o menos por mil ochocientos, se decía que la gordura era el reflejo de todo lo que te comías; y no se refería exactamente a comida

- Entonces, ¿qué? ¿Decir lo que piensas es como un laxante?

- Básicamente- asintió. – Él decía que la comida no era tan dañina como la omisión de la verdad…

- Bueno, la mayoría de políticos no son exactamente delgados- rió Lena, pensando en la gordura, por los años, de la que Sergey se había hecho acreedor.

- Lena, le has encontrado otro significado a "pez gordo" en el ámbito de la política- rió Yulia, que no sabía por qué le gustaba escucharla hablar.

- ¿Tienes alguna idea de lo que tu sonrisa me provoca?

- Perdón?- se asustó, pues eso había surgido de la nada.

- Tú te ríes mucho, sonríes bastante, eso se nota… pero no lo haces con cualquiera

- No cualquiera me hace reír o sonreír, Lena

- ¿Qué tengo que hacer para mantener una sonrisa en tu rostro?

- Dejar que te invite- guiñó su ojo con una sonrisa amplia y exagerada, de chantaje total.

- Está bien- rió. – Vaya chantaje

- ¿Qué tengo que hacer yo para que me dejes conocerte?

- Invitarme- sonrió, volviendo a ver al mesero que llevaba sus cervezas en un vaso con orilla dorada, ah, viva Stella Artrois.

- Pregunta- sonrió al irse el mesero. - ¿Tú sabes que te gustan las mujeres, los hombres y las mujeres o soy una aventura de principios curiosos?- Lena la vio con sorpresa. – Perdón, olvida la pregunta… creo que fue un poco tosca

- No, es sólo que fuiste "al grano"

- Pues, ¿para qué perder el tiempo?- sonrió burlonamente, chocando su vaso suavemente con el de aquella pelirroja que tenía frente a ella.

- Te puedo admitir que un hombre está guapo, guapísimo o que es, simplemente, un manjar visual, pero no puedo estar con ellos así como he estado contigo… eso lo he comprobado

- ¿Te dan asco?

- No, no… asco no… no sé… sólo no puedo….

- Pero has tenido novios, ¿no?

- Sí, tuve dos, uno en el colegio y el otro en la universidad, pero ya durante el Máster

- ¿Y novias?

- Ninguna

- Me gustas- dijo Yulia, desviando su mirada para evitar sonrojarse, pues, de ver a Lena, se sonrojaría y le dejaría ver demasiado de su atormentada intimidad sentimental.

- Por cierto me gustas, también- sonrió.

La cena siguió como se esperaba, tranquila y graciosa, llena de risas y sonrisas que eran provocadas por la historia de Lena, de una Lena universitaria, con compañeros de veinte años, que trataba sobre una broma, bastante buena pero grosera, que le habían hecho al asistente de uno de los profesores del módulo de construcción, pues era demasiado altanero y arrogante, a veces hasta se creía el profesor, o con la autoridad que este tenía, pues había llegado a tal grado de "autoridad" que les descontaba créditos, enteros o fracciones, por llegar tarde a la clase, lo cual era injusto. La clase de "Construcción primaria y secundaria" era a los martes a las seis de la tarde, oficialmente empezaba a dicha hora, realmente empezaba quince minutos después, antes de esa clase tenían "Construcción aerodinámica y espacial", que empezaba a las cuatro, en realidad a las cuatro y quince, y terminaba a las cinco y cuarenta y cinco, dichas clases quedaban de punta a punta y ambas eran únicas, pues no había otra opción de otro día u otra hora, ambas eran obligatorias. Pues habiendo aclarado esto, el asistente, sabiendo lo mismo que ustedes, decidía tomar asistencia a la antigua, nada de que cada alumno firmaba al final de la clase, sino que tomaba asistencia quince minutos antes de la hora oficial, o sea a la hora que la clase anterior acababa. Pues, cansados de aquello, los setenta y cinco estudiantes, notando que los trabajos, pues no había exámenes para dicha materia, eran corregidos en dos etapas; la primera etapa era que el asistente los corregía, a lápiz, luego los entregaba a los alumnos para que pudieran revisar la nota prevista, quejarse, preguntar, etc. , y luego lo corregía el profesor, pero pasó que se dieron cuenta que el profesor simplemente sumaba el puntaje que el asistente otorgaba, pues nunca hacía otra anotación y nunca variaba en su nota. Aquellos estudiantes, fraudulentos, cambiaron las anotaciones a lápiz, y se convirtieron en el primer grupo, completo, en aprobar el curso con, por lo menos, una B-. De aquello nunca se dieron cuenta, más que el asistente pero, de decir algo, significaría no sólo su trabajo, sino el de su jefe también.

- Mis relaciones no se caracterizaron por ser exitosas- susurró, abrazándola por la espalda y tomándola por la cintura mientras fumaban un cigarrillo en el balcón del apartamento de Lena. – Que pasa…- susurró, cortando su propio impulso para pensar bien lo que diría a continuación. – No sé... No sé cómo funciona esto realmente

- Yo tampoco- murmuró Lena, exhalando el humo denso mientras Yulia introducía su mano, la que estaba libre de cigarrillo, por debajo de su blusa.

- Qué pasa si nos equivocamos?- llevó el cigarrillo a sus labios e inhaló por última vez el humo del cigarrillo, pues no dejaba que se acercara al filtro, pues eso era lo que causaba los dedos y las uñas de color amarillo.

- Si nos equivocamos … significará que al menos intentamos- sonrió, apagando el cigarrillo en el cenicero, justo al mismo tiempo que Yulia.

- ¿Qué pasa si no trato lo suficiente?

- No trates… Déjalo fluir... déjalo que ser… ¿no quieres saber hasta dónde es capaz de llevarnos nuestra naturaleza?

- ¿Tú crees que somos compatibles?- susurró, que Lena se giraba para encararla, pero siempre con su cintura entre sus brazos.

- Apuesto a que somos más compatibles de lo que creemos- sonrió, juntando sus labios con los de Yulia.

- Algún día voy a averiguar qué es lo que tanto me atrae de ti- murmuró, introduciendo sus manos bajo la camisa de Lena, cada vez más arriba.

- ¿Y si nunca lo averiguas?- murmuró juguetonamente, desabotonando la blusa de Yulia, desde el primer botón de arriba hacia abajo.

- Oh,créeme, averiguaré- sonrió. – Tengo que decirte algo- Lena asintió, terminando de desabotonar su camisa, revelando su sostén negro. "Ella solo usa ropa interior negra?" – Estoy en mis días

- ¿Y?- murmuró, dibujando el contorno de la copa de su sostén con su dedo índice, acariciando el borde de la tela negra y el principio de su piel.

- Nunca me han hecho el amor en mis días

- ¿Te molesta?- llevó sus labios a donde había paseado su dedo.

- No, pero no me siento muy cómoda con la idea de que mi sangre esté por todas partes…- suspiró, considerando ceder si Lena se lo pedía.

- ¿Mañana?- suspiró, que, cuando exhaló, el aire tibio cayó ya frío sobre los senos de Yulia, y notó cómo aquella piel se erizaba suavemente.

- Lo más seguro es que hasta el domingo se pueda- pero Lena introdujo su dedo entre la copa y el seno derecho de Yulia y, lenta y seductoramente, tiró hacia abajo.

- ¿Alguna vez has tenido esa sensación… esas ganas por saberlo todo sobre una persona?- Yulia emitió aquel "mjm" que sólo a ella le podía sonar así de extraordinario, pues era, quizás por su acento, o quizás era sólo la maravillosa capacidad de hacer que todo lo que dijera sonara elegantemente bien.

- Lena…yo…

- Dije que quería saberlo todo…- atrapó su pezón, ya erecto y rígido por la brisa fría de aquel otoñal fin de octubre. – No me gustan las cosas a la fuerza… yo tengo todo el tiempo del mundo- Yulia se estremeció ante la combinación de aquellas palabras, que eran sinónimo de "paciencia eterna", y del lengüetazo plano y húmedo que Lena ejercía en la parte inferior de su areola, levantando suavemente el rígido pezón para terminar de lamer, sólo con la punta de su lengua, hasta la parte superior de la areola. – Quiero saber todo eso que te gustaría decir y no dices… porque todos nos guardamos cosas, no sobre los demás, sino sobre nosotros mismos

- Quiero decírtelo…- suspiró ante el mordisco que atrapaba toda su pequeña y encogida areola izquierda.

- Algún día lo harás- sonrió, regresando el sostén a su posición original.

- Tengo que ir a cambiarme…- murmuró Yulia, apartando suavemente a Lena de su camino y saliendo del balcón, o entrando al apartamento, como ustedes quieran.

- Te espero en la cama- sonrió ante el generoso "mood-swing" de Yulia, tal vez le había incomodado, o tal vez sólo había tocado alguna fina hebra de algo que le evocaba cosas no tan agradables. Se dirigió a la habitación, en donde vio el Duffel de Yulia sobre el suelo y, siendo Louis Vuitton, lo recogió y lo colocó en la silla que había colocado en la esquina de su habitación…quién sabe por qué razón. Se sentó sobre la cama, sobre el lado que solía dormir, el lado izquierdo de la cama, rara vez pasaba al derecho, y no sabía por qué, pero así había sido con Yulia; Yulia durmió del lado derecho y ella del lado izquierdo, y ninguna de las dos se pasó al otro lado, o tal vez sólo para abrazarse, pero aquello era válido.

- No te había preguntado…- llegó Yulia, viendo a Lena sentada, viendo sus manos, que tenía las cutículas dañadas por el filo de la madera que todavía no limaba ni curaba, sino que recién cortaba personalmente y sin guantes, pues sus manos, al ser un poco pequeñas, no había guantes en el taller que le quedaran y se había olvidado de comprar unos de su talla. - ¿Está todo bien?

- Sí, es sólo que me arden los dedos… me los hice polvo en el taller

- Déjame ver- sonrió, hincándose frente a ella y tomando sus manos entre las suyas. – Me gustan tus manos- susurró, extendiendo los dedos de Lena sobre su puño para verlos.

- ¿Por qué?

- Son suaves- dijo, besando cada enrojecido dedo, porque sabía que había una manera de acabar con aquello. – Y es raro…porque te dañas las cutículas pero no la laca- alcanzó su bolso y, después de unos segundos de pesca, sacó una Victorinox plana, la que era una tarjeta, la que le había regalado Phillip, y sacó la diminuta tijera. – No muevas los dedos, por favor- y se dedicó a cortarle, con el mayor de los cuidados, cada nanómetro de de piel astillada, pues, lo que ardía no era exactamente que estuviera astillada, sino la astilla en sí, pues se había encargado de deshidratarse y se atascaba en cada tela. – Adivino…- murmuró, como para sí misma.

- Eres buena adivinando- resopló Lena, dándole la otra mano, sintiéndose consentida, demasiado consentida, y le gustaba pero, al mismo tiempo, se preguntaba si Yulia era realmente así con ella porque le importaba o porque le gustaba lo que pasaba en la cama o por cualquier otra razón que no fuera interés cariñoso.

- Usas negro, mucho negro, porque es casi imposible equivocarse con ese color y porque te da la impresión que el color cambia, a pesar de ser el mismo, si lo pasas de un pantalón a una falda… y es por eso que sólo usas pantalones

- Me considero una "Tomboy" reformada- rió. – No sé cómo es que puedes ir tú a trabajar en esas faldas que te pones, que son ajustadas de todos lados, o en vestido…

- ¿Tú crees que yo no soy una "Tomboy" reformada?

- ¿Con ese gusto? Jamás

- La ropa no es sólo ropa, Lenis… habla por sí sola…- sonrió. – Me gusta verme bien… pero es más porque quiero que mis clientes sepan, sólo con verme, que yo no estoy dispuesta a jugar o a decorarles o diseñarles algo a lo Faux-Pas

- ¿Faux-Pas?

- Un "Faux-Pas" es algo social, es como un evento sin tacto, de mal gusto, ordinario, torpe… si no me equivoco es más que todo para definir algo que va en contra de una norma social o de una costumbre colectiva, quizás puede llegar a afectar las reglas de la "etiqueta universal"- sonrió, besando sus dedos recién librados de cutículas dañadas. – "Faux" significa "falso", "Pas" es "paso"… un paso en falso

- ¿Y cómo sería diseñarles algo a los "Faux-Pas"?

 

- En la industria más superficial- dijo, refiriéndose claramente a la moda. – Hay tres categorías… categorías que se utilizan, según los críticos, para posicionar a un diseñador de acuerdo a la proporcionalidad que el diseñador muestra de su marca, su nombre o lo que sea, en sí mismo… están los "Generales", como Carolina Herrera, Valentino, Tom Ford, Miuccia Prada y Monique Lhuillier, que son los que, al salir ellos a la pasarela, muestran que su colección es tal y como ellos son, luego están los "Oficiales", como Diane von Furstenberg, Vera Wang o Karl Lagerfeld, que siempre se ven igual y que varían entre lo que ellos son y alguna locura, pero no se visten personalmente mal, los Generales y los Oficiales se visten bien, porque son los que piensan que ellos quieren vestir a la sociedad a su modo, ¿qué mejor manera de mostrar que sus creaciones son accesibles al ponérselos ellos mismos? – Lena intentaba entender todo, pero se distraía por cómo Yulia articulaba cada palabra, cada letra, cómo formaba las palabras en aquel acento que tanto le fascinaba. – Y están los "Faux-Pas", que no necesariamente son malos diseñadores, o alocados, pero ellos no tienen nada que ver con la colección que presentan, generalmente son el fenómeno de la "fashion misconception" … en esa categoría cabe Betsey Johnson, John Galliano o Ágatha Ruíz de la Prada

- Entendí la octava parte de lo que dijiste…- resopló, elevando a Yulia hasta ponerse ambas de pie, Yulia sin soltarle las manos, pues no le gustaba que Lena tuviera sus dedos rojos, y sólo quería besarlos y acariciarlos, hacer que se curaran por arte de magia.

- Perdón, me emociono con el tema…- se sonrojó.

- ¿Te gusta mucho la moda, verdad?- Yulia asintió. - ¿Por qué no estudiaste eso?- preguntó, haciendo como si Natasha no le hubiera dicho, pues sería bonito escuchar aquella afirmación salir de aquel acento británico.

- Si lo estudié pero no lo absolví… y lo que estudié no era la parte de "Corte y Confección", sino "Crítica y Diseño de Modas"

- ¿Cuál es la diferencia?

- Yo puedo darte un diseño, dibujarlo, concebirlo en papel… puedo decirte qué está mal y por qué está mal, pero no puedo intervenir para alterar el producto, ni para concebirlo materialmente, sé las costuras principales, sé dónde están y con qué puntada se dan para darle los diferentes efectos, los diferentes acentos, pero yo no sabría colocar la tela bajo la aguja y coserlo…

- Y… en alguna cosa que hayas estudiado sobre ropa… ¿no te enseñaron nada sobre quitar la ropa, de casualidad?- sonrió mientras susurraba a ras de su rostro, encontrando la mirada sonrojada de Yulia, esa mirada sonrojada de sorpresa, tan tierna, tan jovial, tan inocente.

- Tengo un PhD en eso- resopló, halando a Lena entre sus brazos para acercarla a ella y clavar sus labios en su cuello, ladeando su cabeza hacia el lado derecho para bezar la parte izquierda del cuello de su pelirroja favorita, de la única pelirroja, así de pelirroja, que le llamaba la atención.

- Te extrañé- suspiró al sentir aquellos besos en su cuello, que no sabía si había extrañado más a Yulia o a sus besos, pero ambas se implicaban mutuamente, eran recíprocas y simbióticas.

- Aquí estoy- dirigió sus labios hacia detrás de su lóbulo. – Aquí me tienes- y Lena pudo haber sentido mal, como cualquier adolescente enamorado, pues Yulia no le respondió un textual "yo también te extrañé", en vez de eso, sonrió y cerró los ojos en alegría, pues aquellas dos enunciaciones no eran más que sinónimos para decir lo que no dijo, más porque la intención se notaba, y demasiado, pero el Ego y el Orgullo de Yulia Volkova eran más grandes que el querer reventar en un "mi amor, yo también te extrañé", porque Yulia sí la había extrañado, no sólo en su cama, sino también en su oficina, en todo tipo de privacidad que le pudiera quedar. - ¿Puedo tocarte y besarte?- susurró, a ras de su cuello, que no tenía que pedir permiso, no para Lena, además, ya había empezado.

- Todo lo que quieras, por el tiempo que quieras- murmuró, ladeando su cabeza hacia la derecha para que Yulia tuviera un mayor acceso. Pero Yulia levantó su camisa, pues era eso, simplemente una camisa, o camiseta, no sabría decir con exactitud, pero era negra y de algodón, muy ajustada a su torso, que pronunciaba su no-tan-grande-busto y delineaba su plano abdomen, de cuello redondo, que apenas dejaba ver las interioridades de sus huesudas clavículas, delineaba sus torneados antebrazos, más cuando los estiraba, pues sus tríceps se marcaban suavemente, todavía se marcaban, y Lena siempre sonríe cada vez que le digo que todavía se le marcan, las mangas bajaban hasta por arriba de sus codos, ni manga corta ni manga tres cuartos. Reveló un sostén blanco, liso y de algodón, de copa gruesa, que albergaba con cariño aquel par de senos que volvían loco a cualquiera.

Yulia escabulló sus dedos fríos por debajo de los elásticos de aquel sostén, aquellos que lo detenían de los hombros, y volvió con sus labios a su cuello, besando aquel punto en el que el cuello se fusionaba con el hombro, deslizó el elástico derecho; bajándolo por el hombro hacia el antebrazo, rozando el trayecto con su mano, acariciando con sus labios el mismo trayecto que el elástico había recorrido, y repitió el proceso con el elástico izquierdo, haciendo que la excitación de Lena fuera inevitable. Lena tomó a Yulia por sus hombros, en realidad sólo se detuvo de ellos, y se dejó besar; porque le gustaba que la besaran así, que Yulia la besara así, como si le estuviera haciendo el amor a cada milímetro de piel que besaba, que el área que encerraban los labios de aquella eminencia de Arquitecta, el roce de sus labios ahí, despertaba aquella sexualidad sensual que nunca había logrado salir del estado de adormitado letargo, que ahora terminaba por agudizar sus terminaciones nerviosas. A Yulia le gustaba besar aquella piel porque era de Lena, simplemente empezando por eso, y porque era uniforme; blanca, que no era que el color fuera relevante o motivo de gustos o disgustos, pero ésta le fascinaba porque el blanco de Lena Katina no era blanco nórdico, no ese blanco que tendía a tornarse rosa con la más mínima exposición al sol, sino que era un blanco como el color de un diamante cognac, como un bronceado de rangos menores, un dorado pálido, crónico y vitalicio; el color de aquella tibia piel, que aún estaba tibia cuando Lena se quejaba de frío; sí, tibia y suave. No tenía ninguna cicatriz, lo que a Yulia le gustaba demasiado, pues era la señal de que nada físicamente violento le había sucedido a su pelirroja favorita, no tenía muchas pecas, ni lunares, ni manchas de ningún tipo, ni en su rostro, ni en el resto de su cuerpo.

Le gustaba pasar sus brazos por su cintura, abrazándola completamente, sin despegar sus labios de su cuello, moviendo sus manos por su espalda, acariciando, de abajo hacia arriba, por la hendidura que formaba su columna vertebral, hasta llegar al broche de su sostén, el cual, según Yulia, no estaba colocado correctamente, pues estaba demasiado arriba, y eso sólo podía significar un error de compra de índole horma o talla; muy pequeña o inadecuada, pero eso era algo que arreglaría más adelante. De un movimiento suave separó aquel elástico que abrazaba la espalda de Lena, la bordeó por sus brazos y la acarició desde sus omóplatos hasta sus clavículas con la punta de sus dedos, haciendo que aquel sostén cayera sobre los pies de ambas. Con el reverso de sus dedos acarició lenta y ligeramente sus pezones, que, lo único que ocasionó, fue que aquellos rosados y pequeños pezones se erizaran; que se tornaran rígidos y se encogieron todavía más de la areola, lo que a Yulia le parecía tierno, pues el pezoncito se endurecía y se definía por encima del relieve de la ésta. Deslizó sus manos hasta el botón del jeans blanco, primera prenda blanca que le veía a Lena, o de otro color que no fuera negro o que no se utilizara en los pies o en las manos, pues su reloj era rojo granate. Aquel coqueteo físico era algo de lo que ambas gozaban, a Yulia porque le encantaba recorrer a Lena, porque le picaban las manos si no la estaba tocando, y a Lena porque nunca se imaginó que alguien pudiera tocarla de esa manera, de esa manera tan íntima y próxima, de un roce bastante personal y acortado, al punto de excitarse sin hablar y sin verse a los ojos, con el sólo sentir, que ni era un roce totalmente sexual, pues no estaba acariciando nada que pudiera mojarla, dejando fuera a los pezones, claro, que todo aquello le provocaba las mitológicas mariposas en el estómago, aunque también aquel hormigueo entre sus piernas, en el que sentía a su corazón latir entre el aturdimiento nervioso que hacía que sus piernas se debilitaran y, que, como producto final e impulsivo, la hacía simple y sencillamente abrirlas para invitar a Yulia a que abusara, POR FAVOR, de ellas y de todo lo que había en su longitud y exactitud, periférico y central.

Desabrochó el jeans y metió sus manos entre el trasero, cubierto por unos panties de algodón, y el jeans de Lena y lo apretujó suavemente con ambas manos, que fue cuando Lena gimió ligeramente, pues no podía negar que le gustaba que tocaran su trasero, no alocadamente, sino así como Yulia, sensual y suave. Lena se dio cuenta de que a Yulia le gustaba jugar con su trasero, pues era un apretujón delicado y pensó en pedirle una nalgada, sólo por diversión, por conocer la fuerza sexual que podía implicar un golpe en su trasero, un golpe de aquella Arquitecta, con aquella mano tan perfecta, pero su impulso se interrumpió al encontrar la mirada de Yulia, que Yulia ni siquiera la veía, sino veía algún punto perdido en el hombro izquierdo de Lena, y Lena, entre la caricia y el tono de su mirada, entendió que Yulia le decía que su trasero era intocable, que lo acariciaba y nada más. Yulia bajó el jeans y los panties de aquella pelirroja, los sacó de sus pies, y acarició aquellas piernas, brillosas por lo perfectamente humectadas que estaban, y Lena, tras el acariciar de sus pies, de sus pantorrillas, de los besos que Yulia le daba a sus rodillas, de las caricias en sus muslos y del abrazó con el que Yulia culminó todo aquello, un abrazo por su trasero, que acompañó con un beso en su monte de Venus, se dio cuenta que Yulia era totalmente inofensiva, pues alguien que besara y acariciara de esa manera, que respetara su piel, su integridad física de esa manera, simplemente le parecía imposible que pudiera maltratarla, aun en el más simple y minúsculo de los sentidos.

- Lo que no me enseñaron fue a poner la ropa de regreso- susurró, incrustándole un beso en sus labios que fue tan profundo que hasta sintió como si besara más allá de sus labios, como si besara su alma, como si la besara completamente.

- No sé como vaya a sonar lo que voy a decir… porque en mi cabeza suena retorcido- sonrió a ras de sus labios, sintiendo que Yulia acariciaba su labio inferior con su pulgar, como si intentara conocerlo con otra parte de su cuerpo.

- Dilo… así lo pensamos en conjunto

- Contigo no quisiera que hubiera ropa de por medio…

- Wow…- resopló, tomando a Lena nuevamente por su cintura, acercándola a ella a una distancia más allá que personal e íntima, pues sus senos se rozaron, en desventaja los de Lena pero se rozaron con los de Yulia, sus abdómenes también, ahí no había desventaja. – Acabo de descubrir que tu cabeza tiene potencialidad de Santo- rió Yulia, bajando sus manos por el trasero de Lena.

- Perdón?

- Si supieras lo que pasa por mi cabeza… eso sí que es retorcido… lo que tú quieres… es nivel de Kindergarten- y acarició su trasero de una manera lasciva pero todavía respetando su integridad física y moral.

- Que?

- Por primera vez, en mis veinte-casi-ocho años, odio mis días de menstruación- Lena emitió una risa graciosa. - ¿Te parece gracioso?

- Eres rígida con las palabras, sabias?

- Rígida?

- Sí, tú sabes…rígida, cuadrada, linear, correcta- resopló, pero Yulia todavía no entendía.- Cómo se llama a los genitales de un hombre ?

- Penes y testículos?- rió con una sonrisa confusa, levantando un poco su ceja derecha entre la ridiculez de su comentario.

- La gente lo llama verga o polla... y bolas o nueces… ¿cómo les llamas a éstas? - preguntó, colocando las manos de Yulia sobre sus senos, apretujándolos un poco.

- Senos?

- La gente le llama tetas… ¿cómo le llamas a esto?- sonrió, llevando la mano derecha de Yulia a su mojada entrepierna.

- Le llamo…- tomó aire, mucho aire- Lena está excitada, lo que hace que sus glándulas vaginales secreten lubricante, así se lubrica su vulva, preparándola para tener un contacto físico de índole sexual- dijo rápidamente hasta quedarse sin aire.

- La gente lo llama "coño mojado"-rió Lena, aunque no había entendido que Yulia sólo le estaba tomando el pelo. – Pero- dijo, viendo la expresión facial de Yulia, que era de arrogancia sensual total. – Tú no eres "esa gente"… y me gusta que tengas esa rigidez para las palabras

- No creo que sea lo único que tengo rígido- rió a carcajadas ridiculizantes hasta para sí misma. – En fin, Señorita- sonrió- ¿No quieres que la ropa sea un obstáculo?

- No

- Explícate, por favor

- Quiero que, siempre que durmamos juntas, haya la menor cantidad de ropa posible

- Eso es tentar al diablo- sonrió Yulia, quitándose su camisa y, casi que al mismo tiempo, su sostén.

- No soy el diablo… pero te aseguro que no soy Santa

- Y así…- susurró, tomándola por la cintura y acercándola a ella. – Estás perfecta- sonrió, que iba a decir "me encantas", pero no tuvo el coraje para hacerlo.

Lena sólo sonrió y le dio un beso corto y rápido de agradecimiento en los labios. Su objetivo no era quebrar a Yulia, no era desarmarla hasta que quedara lo más humillante y significante de ella pues, si ella insistía, eso pasaría; no era lo mismo a que Yulia decidiera hacer muchas cosas, o a decirle muchas otras, todo porque eso le dejaría a Yulia su dignidad y su integridad intacta, pero, dentro de todo, Lena necesitaba que aquello pasara rápido, todo porque no podía explicarse en qué mundo, o en qué estado demencial, Yulia Volkova estaría ahí con ella en ese momentos o en esas circunstancias; le parecía imposible, un juego o algo que no sabía describir. Y eran las batallas mentales de cada una, pues Lena nunca se había sentido más atraída a alguien, tampoco tan bien con alguien, entre la comodidad y la comprensión, pero la reciprocidad era casi nula. Realmente se cuestionaba la acción de la paciencia que se había proyectado para Yulia, ¿qué tanto podía esperar a que Yulia se decidiera a hablar? ¿Qué tanta paciencia le podía tener? Se dirigió al baño para lavarse el rostro y los dientes, dándole vueltas al asunto de la paciencia, porque Lena era muy paciente, siempre lo fue, pero también tenía su fecha de expiración, ¿qué tanto iba a explotarla Yulia?

- ¿Necesitas algo?- murmuró Lena con una sonrisa al ver a Yulia de pie.

- No, ¿por qué?- levantó su ceja mientras pasaba sus dedos por entre su cabello y Lena veía que el Duffel de Yulia estaba nuevamente sobre el suelo y, sobre él, estaba su camisa y su jeans doblados a la perfección bajo el sostén, que Lena nunca había visto esa forma de guardar un sostén, o de doblarlo, y, a un lado de él, estaba lo que suponía Lena que era su tanga negra, aunque tenía otra puesta, siguiendo flexiblemente la petición de Lena.

- Estás parada nada más…- se encogió de brazos.

- No sé de qué lado duermes tú- sonrió. Lena se le quedó viendo con una genuina expresión de "What?!" pues eso, para ella, no era ningún problema, ¿o sí? – Digo, siempre hay un lado en el que uno se siente más cómodo durmiendo, ¿no crees?

- No sé… siempre he dormido del lado izquierdo- dijo, apuntando frente a ella mientras Yulia tomaba una nota mental de que, a partir de ese día, ella dormiría del lado derecho para que Lena durmiera al lado izquierdo, fuera en la cama que fuera.

- Lado derecho será- sonrió, bordeando la cama para colocar su reloj, su anillo y su cadena sobre la mesa de noche.

- ¿Te molesta dormir del lado derecho? Porque podemos cambiar- le dijo mientras veía con el cuidado que colocaba las cosas; su reloj extendido, su anillo viendo hacia la pared y, en medio de éste, dejó caer lenta y suavemente su cadena.

- El lado derecho es más que perfecto- murmuró con una sonrisa, materializando, literalmente de la nada, su iPhone para colocarlo antes que su reloj y sobre la pantalla.

- ¿Segura?- se acercó ella a la mesa de noche en la que solía poner sus cosas, que para ella no importaba el orden, ni la forma, simplemente que no se cayeran. Yulia asintió suavemente mientras silenciaba su iPhone. - ¿Tienes frío?

- No, ¿y tú?- Lena sacudió su cabeza y se metió a la cama, cosa que le dio luz verde a Yulia para meterse también. - ¿Me estabas esperando para meterte a la cama?

- Es tu cama- sonrió, arreglando las almohadas para poder recostarse.

- Sí, pero la vez pasada no preguntaste nada de eso, ni hiciste nada de eso- murmuró, acomodándose ella también hasta quedar sobre su espalda.

- La vez pasada no se suponía que me iba a quedar a dormir, y tú te dormiste… ¿querías que te despertara para preguntarte?- resopló, pero Lena sólo se le quedó viendo con curiosidad, pues la manera en cómo había dicho lo último le había dado la impresión que eso, para Yulia, era un ultraje.

- Me puedes despertar cuando quieras- dijo suavemente, estirando su brazo para apagar la luz de su lámpara, ahora la de Yulia era la única que estaba encendida. – Desde para preguntarme dónde están los vasos…

- En el gabinete superior, a la derecha de la cocina

- Hasta cómo se reinicia el agua caliente

- Fusible ocho- sonrió.

- ¿Cómo sabes eso?

- Si estudiaste Diseño de Interiores tienes que saber que, por definición, la vajilla va a arriba y los utensilios van abajo; la vajilla va a la derecha de la cocina porque a la izquierda pueden ir las especias, y no es gran ciencia lo del fusible… es un edificio construido en los ochentas, en aquella época, enumeraban los fusibles de acuerdo a su prioridad por área, y, en aquella época, se acostumbraba a poner un fusible por interruptor porque, en caso de que uno hiciera cortocircuito, no era sinónimo de que toda tu conexión eléctrica, o gran parte de ella, se estropearía… pero, volviendo a los interruptores…- sonrió. – Y tienes uno en el pasillo, uno en la cocina, uno en tu habitación, otro en tu closet, otro en el baño, van cinco, y tienes uno en la sala de estar y otro en la terraza, que son siete… tu calefacción es el noveno porque sólo lo utilizas un par de meses al año, por lo tanto, el octavo fusible pertenece a tu agua caliente…

- Eres como, muy inteligente- resopló, viendo a Yulia estirar su brazo para apagar la lámpara.

- Eso es lo que hago para ganarme la vida- murmuró, volviéndose hacia Lena con el cuidado de no golpearla o agredirla por accidente. – Pero, volviendo a lo de despertarte… no creo que valga la pena despertarte si no me estoy muriendo- susurró, abrazando a Lena por sobre su costado, formando una posición de encaje demasiado tierna y tibia que hizo que a Lena no le importara esperar, pues era como si las intenciones de Yulia fueran las más cariñosas posibles; no tenía la obligación de abrazarla, ni siquiera se le había ocurrido a Lena que lo haría, ni pedírselo, y mucho menos los besos que ahora le daba en su hombro desnudo en plena oscuridad mientras la tomaba de la mano para entrelazar sus dedos. - No soy muy fan de despertar a las personas

- ¿Alguna razón en especial?

- Respeto el sueño de los demás… no soy alguien que suele dormir bien, o mucho

- Y… ¿ahora tienes sueño?

- ¿Tú tienes sueño?- repuso con la evasiva más clara de todas.

- Un poco

- ¿Un cuento te ayudaría a dormir?- murmuró Yulia a su oído, causándole escalofríos a Lena, tanto que cada poro de su piel se erizó, hasta su espalda, cosa que le dio escalofríos a Yulia también.

- Oh, ¿Yulia Volkova cuenta cuentos?

- Mmm…- resopló entre un tarareo.

- Vamos, cuéntame un cuento, así te digo si es un cuento de verdad o es algo que has improvisado, ¿te parece?

- Bueno- rió suavemente mientras Lena se daba la vuelta para encararla mientras permanecía abrazada por Yulia. – Había una vez un niño, pequeño, como de seis o siete años, y cenaba con su papá mientras la niñera se hacía cargo de su hermanito de un año y su mamá estaba en la típica cena semanal con sus amigos. Después de haberse comido su porción de pollo frito y de puré de patatas, viendo que sólo el brócoli y la zanahoria le quedaban, decidió emplear la técnica que usaba su mamá cuando quería librarse de algo. "Papá, ¿qué es la política?" le preguntó el niño, notando la sonrisa del papá al ver que su hijo tenía interés en su trabajo, hasta se imaginó que el pequeño Johnny sería congresista como él. Y el papá, bajando el periódico para prestarle atención a su hijo, le respondió: "Hijo, déjame explicártelo de esta manera: yo soy el que trae el pan y el dinero a la casa, llámame ‘Capitalismo’. Tu mamá, ella administra el pan y el dinero, así que llamémosle ‘Gobierno’. Nosotros, tu mamá y yo, estamos para satisfacer tus necesidades, así que a ti te llamaremos ‘la gente’. De paso, llamaremos a Mandy, la niñera, ‘la clase trabajadora’ y, a tu hermanito, le llamaremos ‘el futuro’. Ahora, ve a cepillarte los dientes y a la cama mientras piensas si lo que te he dicho tiene sentido" y el niño se fue con una sonrisa, pues no había tenido que comerse las verduras. – Lena intentaba no reírse, ¿a dónde iba con eso? No sabía qué le daba más risa: si la seriedad con la que Yulia contaba la historia o el contenido de ésta. – Así que el pequeño Johnny se fue a dormir mientras intentaba encontrarle sentido a las palabras de su papá. Por la noche, se despertó porque su hermanito, el pequeño Mike, estaba llorando, entonces se levantó a ver que todo estuviera bien con él. Cuando llegó a la habitación de su hermanito, encendió la luz y se dirigió hacia donde él estaba y lo levantó, que, para su sorpresa, su hermanito lloraba porque su pañal se había rebalsado de sólidos que eran un tanto líquidos. Así que el niño, asqueado y preocupado por su hermanito, fue a la habitación de sus papás y vio que su mamá estaba dormida, no la quiso despertar. – Lena entendió que aquello tenía que ver con Yulia, muchísimo, quizás era un poco de su vida. – Entonces fue a la habitación de la niñera. La puerta estaba cerrada. Como la casa era un tanto antigua, todavía tenía cerrojos anchos, por lo tanto, el pequeño Johnny miró a través del cerrojo y vio a su papá en la cama con la niñera.- Lena agradeció que las luces estuvieran apagadas, pues su expresión de asombro era indisimulable. – Se dio por vencido y se regresó a la cama, además, su hermanito se había callado.



- ¿Qué pasó después?- murmuró Lena, acariciando con sus dedos los dedos de Yulia.

- A la mañana siguiente, el pequeño Johnny se sentó a la mesa con su papá, que leía el periódico de nuevo. La niñera se hacía cargo del pequeño Mike y la mamá servía el desayuno; huevos revueltos, salchichas y tocino para el papá, para el pequeño Johnny y para ella sólo unos hot cakes. La mamá le sirvió jugo de naranja y una taza de café al papá, que fue cuando bajó el periódico y notó al pequeño Johnny sentado frente a él. "Buenos días, campeón" le dijo el papá mientras tomaba la taza de café en su mano. "Papá, creo que ahora entiendo qué es la política" le dijo el niño. El papá, muy emocionado, bajó completamente el periódico y le sonrió, "Hijo, dime en tus propias palabras de qué crees que se trata la política". El niño tomó el jugo de naranja entre sus manos y dio un sorbo, "Bueno… mientras el Capitalismo está jodiendo a la clase trabajadora, el Gobierno está dormido. La gente está siendo ignorada y el futuro está sumergido en mierda."- y Lena no se contuvo y soltó una carcajada que le costó terminar. – Wow, nunca había tenido una reacción así con esa historia tan mala- rió Yulia.

- Era una historia bastante coja- rió. – Pero me dio risa

- Al menos logré una risa- murmuró, dándole un beso de sorpresa a Lena en sus labios.

- Sabes… podemos hablar hasta que te duermas, yo no tengo prisa por dormirme

- No tienes prisa, pero tienes sueño- sonrió, abrazándola fuertemente.

- ¿Vas a velarme el sueño?

- Voy a cerrar los ojos hasta quedarme dormida, así no parecerá que te lo estoy "velando", ¿te parece?

- ¿Te molesta dormir sobre tu costado derecho?

- ¿Es más cómodo para ti dormir sobre tu costado derecho?

- Costumbre, aunque casi siempre me despierto boca abajo y viendo hacia la derecha… y no quisiera despertarte

- Seguramente no estaré dormida- sonrió comprensivamente, abrazándola, porque eso quería hacer. Sí, que Yulia se tomara el tiempo que quisiera.

- ¿A qué hora iremos al Zoológico?

- Abren a las diez

- ¿Cómo te piensas ir? ¿En Taxi?

- ¿Y pagar como cuarenta dólares por eso?- rió. – Jamás

- ¿Teletransportación?

- No, mi amor- sonrió. – El número dos nos lleva desde Times Square hasta Pelham, de la estación al Zoológico son como diez minutos caminando… y sale cada cinco o siete minutos, entonces supongo que como a las nueve y media tendríamos que salir porque se tarda como media hora en llegar

- ¿De verdad esperas que crea que vamos a ir en subterráneo?- sintió a Yulia asentir con sus labios contra su hombro. - ¿Yulia Volkova viaja en subterráneo?

- Si vamos a ir al Bronx Zoo, tiene que ser una experiencia totalmente original- sonrió, volviendo a darle besos en su hombro. – Te digo, con todo y paseo en los camellos, el Slurpee, la fotografía junto a la jirafa de Lego…

- Suena divertido- murmuró, bostezando luego, casi tragando a Yulia de la potencia de aquel bostezo.

- Espero que lo sea- sonrió. – Duerme…

- Buenas noches, Yulia

- Buenas noches, Lenita


Última edición por VIVALENZ28 el Lun Sep 07, 2015 12:48 am, editado 1 vez
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 05, 2015 1:17 am

¿Lenita? Ah, Lena casi se derrite. Yulia se quedó ahí, estática, sin moverse, sólo escuchando a Lena respirar con tranquilidad, y no sabía si era envidia que Lena pudiera dormir así o si le alegraba que lo hiciera. Fue en ese momento en el que Yulia realmente se sintió bien al estar durmiendo con alguien, se sintió bien durmiendo en una cama que no era suya y que no conocía, pues ni en la cama de Natasha podía dormir, prefería que Natasha durmiera donde ella y no al revés. Quizás era porque no tenía el olor al que asociaba con la palabra "hogar", pues todo aquello olía a Tide, y ese era el caos de Natasha, que no era un mal olor, al contrario, era bastante neutral, pero no era el caso de Lena. Sus sábanas olían a ella, a una mezcla del L’Air que rociaba en su cuello y en sus brazos con el perfume de su shampoo y su acondicionador, que Yulia se había sorprendido cuando se había dado cuenta de que eran unas viles botellas de Pantene, no era el mismo olor a lo que ella llamaba "hogar" porque no olía a esa mezcla de lavanda y a Chanel del final del día y de las horas del Jo Malone en su cabello, pero olía a comodidad, y era un olor tibio y fresco que no le molestaba, en el que no se le hacía imposible descansar y bajar la guardia. Y se quedó dormida hasta a eso de las siete y media que se tuvo que despertar ante la opaca luz del cielo gris que se metía por la ventana de la habitación de su pelirroja ¿novia? Como sea, Yulia se salió de la cama, directo a la ducha por sus días femeninos, y dejó a la pelirroja Afrodita muerta en la cama, que abrazaba una almohada bajo su cabeza y se acobijaba hasta media espalda. Veinte minutos después salió del baño, vestida en un jeans de color red tomato que no era tan rojo, sino más rosado, una camisa blanca manga tres cuartos y, encima, un suéter Polo azul marino de cuello en "V", lo que contrastaba perfectamente con sus zapatillas amarillas Alexander McQueen. Le daba un diez porque no había once. Registró el congelador por algo de comida y no encontró mucho, sólo lo suficiente como para prepararle unos Hot Cakes a Lena, que así lo hizo.

El día estaba programado de tal manera que almorzarían en el Zoológico, verían lo que querían, se regresarían para ir al Zoológico de Central Park y luego matarían el tiempo en algún lugar de la Gran Manzana, quizás en Times Square o quizás en Little Italy, o China Town. Pero no. A eso de las dos de la tarde la tormenta las tomó por sorpresa en pleno Zoológico, en medio de aquel sector, frente a los osos polares, y habían quedado empapadas: las zapatillas de Yulia, casi nuevas, habían fallecido, su suéter empapado, el de Lena también, y no tuvieron más remedio que comprar un arsenal de souvenirs de mal gusto: un par de camisetas negras, con una cobra en blanco, que era justo el recuerdo de la cátedra de Yulia en cuanto habían visto una en la casa de los reptiles, y no sólo habían sido las putas camisetas, sino también un suéter que no daba a conocer su origen en lo absoluto con su rótulo de "The Bronx Zoo", pero, ah, como eso no era suficiente, pues por diez dólares más les hacían el veinticinco por ciento de descuento, tomaron dos cosas que según Lena parecían consoladores, y Yulia no sabía ni cómo describirlos, eso y el único paraguas que quedaba. Pues bueno, todo aquello las hizo sentir como unas verdaderas turistas, y turistas con sal, pues cuando habían salido de aquella tienda en donde habían despilfarrado el dinero de Yulia en las horrendas camisetas y demás, empezó a llover más fuerte, lo que las volvió a mojar parcialmente, que de no haber sido por aquel paraguas de gusto espantoso, se habrían mojado completamente. Y las ganas de ir al zoológico de Central Park se apagaron. Yulia simplemente optó por tomar un Taxi y pagar los cuarenta y ocho dólares que costaba hasta el apartamento de Lena, cosa que tenía que hacer por la seguridad de su salud pues, de tardarse mucho en ducharse, se enfermaría casi que de por vida, pues era el complejo Volkova, que se remontaba a cuatro generaciones hacia atrás: nunca se enfermaban pero, cuando lo hacían, terminaba no siendo una gripe cualquiera, sino una neumonía, no un simple dolor de cabeza, sino una migraña, no un esguince, sino una dislocación o una quebradura.

Llegaron al apartamento de Lena, Yulia casi que se desvestía en el trayecto sólo para arrojarse a la ducha, a la diminuta ducha. Llamó a Lena y la haló para que se bañara con ella, era antojo y deseo, Lena lo agradeció y lo recordaría para siempre, más que todo porque Yulia, por no caerse, se agarró de la cortina y la rompió, lo cual fue motivo de carcajadas y de una inundación en el baño. Terminaron apreciando el diluvio por la ventana mientras comían de Blockhead y tomaban cerveza, lo que las dejó repletas hasta el punto de llevarlas a la cama para dormir. Y al día siguiente sólo fue de permanecer en la cama, que sólo habían salido para desayunar, para luego volver a la cama y hacer el amor bajo el cielo gris que expulsaba agua por cada milímetro que tenía.



*



- Yulia, querida- sonrió Margaret, recibiéndola con un abrazo cálido y con una sonrisa de oreja a oreja. Ah, Margaret. Margarita. Maggie. Marge. – Estás… Dios mío- dijo, enrollando sus ojos hacia el techo y llevando su mano a su pecho para luego tirarla hacia atrás. – "Hermosa" no te describe lo suficiente

- Gracias, Margaret- resopló Yulia un tanto sonrojada. – Gracias por venir

- No me lo perdería por nada en el mundo- murmuró, tomándola de las manos y viéndola a los ojos a través de sus ojos grises que se hundían con precisión entre un par de arrugas laterales. - ¿Estás feliz?- sonrió, ahondando sus arrugas alrededor de sus labios. Pues, sí, Margaret no era precisamente una mujer que había sido bonita, pero tenía algo, era quizás la frialdad con la que imponía su presencia, de eso que no movía ni un dedo y todos estaban al pendiente de qué hacía, de cómo se movía, de qué decía y de qué vestía. Era de expresión fría pero con una sonrisa cálida. Su ojos eran turbios, a veces verdes, a veces azules, ahora eran grises, quizás era porque no había podido dormir mucho por estar escribiendo su columna semanal, la cual, semana a semana, tenía el mismo impacto en el New York Times, la publicaban todos los jueves, todo para que entre jueves y viernes sus críticas fueran tomadas en cuenta para el fin de semana, pero, semana a semana, se le dificultaba cada vez más surgir con algo nuevo e interesante, todo porque ya lo había cubierto prácticamente todo, y ahora se había concentrado en la guerra entre los vegetarianos y los omnívoros/carnívoros, que, para ello, había tenido que pasar un mes entero pretendiendo ser vegetariana, todo un martirio para alguien que realmente disfrutaba cada pizca y cada sabor de cada platillo.

- Sí, sí…- murmuró incómodamente.

- Yulia, hija- las interrumpió Romeo. "Ah, gracias, Romeo", y lo abrazó así como había abrazado a Margaret. – Es un gusto verte- sonrió.

- Lo mismo digo- sonrió Yulia, viendo que Romeo era como Phillip, y que Natasha, literalmente, se había casado con su papá, que era lo normal. Y le dio risa. Y era como Phillip porque solía combinar el color de su corbata con el atuendo de Margaret, que en esta ocasión llevaba una corbata rojo cereza sólo porque Margaret llevaba una blusa, muy elegante, del mismo color.

- Helena viene en camino- le informó, cosa que Yulia no necesitaba saber.

- Y Lena está por bajar- sonrió en respuesta. - ¿Me disculpan un momento?- dijo con una sonrisa para los Roberts, quienes asintieron y la dejaron ir. – Viniste…- susurró a su espalda con asombro mientras él veía su teléfono, o al menos eso pretendía hacer, pues estaba tan nervioso que no sabía qué más hacer; no conocía a nadie más que a Volterra, y él no estaba en ese momento.

- ¿Yu-Yulia?- tartamudeó, intentando saber si la misma voz de hacía tantos años pertenecía a esa despampanante mujer de la que hacía más de ocho años no había sabido nada por un capricho suyo y no de ella.

- Hasta donde mi pasaporte lo dice, sí, soy Yulia- resopló. – Creí que no vendrías- se le lanzó en un abrazo caluroso y nostálgico, que él tardó unos momentos en reaccionar.

- Aquí estoy, Volk- dijo mientras paseaba su mano por la espalda de Yulia.

- ¿Desde cuándo estás aquí?

- Hoy vine- se despegaron del abrazo y la examinó disimuladamente.

- ¿Cuándo te vas?

- Creo que el lunes- balbuceó, viendo el rostro perfecto de Yulia, el rostro que con los años había distorsionado para peor, pues sólo quería olvidarla, pero así como él la había distorsionado, Yulia había mejorado, y mil veces más de lo que aquella infantil e inmadura mente varonil, que sufría de despecho crónico, había intentado convencerse.

- ¿Crees?- sonrió.

- Sí, no sé si acortar mi estadía o alargarla- dijo, inhalando aquella fragancia que despedía la mujer de la que, desde que la vio sentada en la segunda fila del aula Magna para la clase de Historia del Arte I, se había enamorado. – Yulia…- dijo por impulso, haciendo una pausa para pensar bien lo que iba a decir. – Te quiero…- alargó la última palabra, oscilando entre "robar de el peor error de tu vida", "secuestrar para que sepas que puedo darte más de lo que el imbécil con el que vas a casarte te ofrece", "decir que es no debería estar aquí", o lo que le dijo a continuación. – Decir… que estás muy guapa- sonrió.

- Tú estás muy guapo también, Lu- sonrió, dándole una palmada amigable en su pecho, justo sobre la solapa de su saco. – Los años no nos han sentado tan mal

- No, no tanto- dijo a secas, viendo que Yulia desviaba su mirada de él y veía hacia atrás, hizo un gesto de "ven aquí" y esperó con una sonrisa.

- ¿Estás bien?

- Si, Volk… debe ser el Jetlag- sonrió, intentando no darse vuelta, todo porque sabía que era el futuro esposo de Yulia, y seguramente le darían ganas de golpearlo hasta matarlo, porque no había hombre lo suficientemente bueno o suficiente para Yulia, probablemente ni él.

- ¿Seguro? Sabes que puedes hablarme- dijo Yulia, acordándose de por qué no habían hablado por tanto tiempo: porque no tenían nada de qué hablar. Y, sí, esa invitación había sido un error, aunque su consciencia estaba tranquila.

- Todo está bien, Volk

- Bueno… Luca- dijo, extendiendo su mano al lado de su brazo para alcanzar la mano de Lena. – Quiero que conozcas a Lena- y la haló para que viera frente a frente al hijo del Arquitecto Perlotta.

- Lena, es un placer conocerte- dijo, dándole un beso en cada mejilla. – He oído de ti por mi papá- porque por Yulia no había escuchado nada nunca de Lena, ni de ella misma, pues Luca había cortado toda la conexión entre ellos en cuanto Yulia lo había rechazado un poco antes de graduarse de Arquitectura.

- Y yo por Yulia- sonrió. – No sabía que venías…

- Aquí estoy- repitió, viendo a Yulia a los ojos. – Espero que no sea mayor problema… me decidí a último minuto

- En lo absoluto- corearon las dos, y él se preguntó por qué Lena tenía voz en aquello, ¿era la Wedding Planner, o qué?

- Puedes sentarte en la mesa de allá, si quieres- dijo Yulia, apuntándole a la mesa en la que estaban Marie y James junto con Thomas y la pareja provisional que, como siempre, tenía planes de matrimonio desde la primera cita. – O en la de allá- apuntó hacia la mesa en la que estaban los que sabían de Yulia y Lena en la oficina. – O, si te quieres sentar con Volterra y el resto de adultos responsables… puedes sentarte en la de allá- sonrió, apuntándole la mesa a la que Larissa se sentaba mientras hablaba con Phillip.

- Ya veré en cuál- dijo a secas. – Volk, ¿cigarrillo?- le ofreció, mostrándole la cajetilla de Marlboro Rojo.

- No, gracias

- Vamos, serán menos de cinco minutos- sonrió, acercándole la cajetilla con la mano.

- No, gracias… ya lo dejé- sonrió, devolviéndole la mano y la cajetilla.

Fue entonces cuando Luca Perlotta, aquel hombre de treinta años, que nunca fue apuesto hasta que, por despecho, decidió ser apuesto a base de mucho gimnasio y mucho estilo forzado, que se encontraba de pie, incrédulo ante la enunciación de Yulia, vestido en aquel traje Dolce & Gabbana negro, con la corbata más evidente al cuello y sus zapatos que no hacían nada más que hacerlo ver como un maniquí de de la marca misma, no supo quién era Yulia Volkova, pues la que él conocía era una mujer que se vestía bien, pero no tan bien, de expresión seria y tosca que sólo soltaba una sonrisa o una risa pero no eran consecutivas, sin maquillaje, en ocasionales tacones pero nunca tan altos como los Lipsinka que llevaba en ese momento, y ni hablar de los demás accesorios. Además, la Yulia que él conocía era fanática de la Roma, que era de las que se embriagaba en cada partido de la Roma contra la Lazio y que cantaba, a pulmón flojo, "Roma, Roma, Roma, core de ‘sta Città, unico grande amore, de tanta e tanta gente che fai sospirà. Roma, Roma, Roma, lasciace cantà, da sta voce asce un coro so centomila voci c’hai fatto innamorà…" con la camisa de la temporada, siempre autografiada por todos los jugadores, pues era de los beneficios vitalicios de que su abuelo materno hubiera trabajado en la administración de dicho club. Y aquella misma Yulia era la que fumaba tres o cuatro cigarrillos diarios por su cuenta pero que era capaz de acabarse una cajetilla entera si se la ofrecían, más si bebía Moretti. La Yulia que no solía tener amigas mujeres porque la desesperaban, y ahora era amiga de Lena, la hija de Inessa Katina, la que trataba a Volterra con los pies, y amiga, aparentemente muy cercana, de la mujer de cabello oscuro y de la pelirroja que abrazaba con tanta emoción. ¿En qué momento? Pues no, él no conocía a esa Yulia que estaba viendo, haber llegado era un completo error, pues ahora le gustaba más. En aquel entonces le pareció superable que lo rechazara, porque no consideraba que era mal partido, pero ahora se iba a casar, ¿quién de todos ellos era el imbécil? ¿El hombre vestido de negro? ¿El afroamericano? ¿El imbécil que le acariciaba el hombro al mismo tiempo que se lo acariciaba a la pelirroja? No, tenía que ser el imbécil que estaba hablando por teléfono en una esquina, el único imbécil de traje gris carbón y zapatos café, ¿cómo se había podido fijar en él? Transpiraba homosexualidad con su camisa de cuello y muñecas blancas y de fondo celeste con la corbata marrón.


Última edición por VIVALENZ28 el Lun Sep 07, 2015 12:49 am, editado 1 vez
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 05, 2015 1:19 am

- Buenos días, Licenciada- suspiró suavemente en cuanto sintió a Lena despertarse entre sus brazos.

- Buenos días, Arquitecta- resopló, pues se preguntó si habría algún día en el que ella se despertaría antes que Yulia. - ¿Qué hora es?

- Las ocho de la mañana… y tres o cuatro minutos- sonrió, llevando su mano a sus labios, pues se habían dormido con los dedos entrelazados, y empezó a besarla.

- Todavía es ayer

- Quizás en Roma- rió, tomando a Lena de tal manera que la llevó hasta estar sobre ella.

- ¿Cómo es que te despiertas con una sonrisa?- se escabulló entre su cuello y su hombro y se dedicó a besarla, a besarle sus hermosas y llamativas pecas.

- Despertarse no es mi parte favorita- rió. – Pero no es tan malo cuando, lo primero que veo, es a ti

- Mmm… no sé cómo no enamoras a cualquiera- susurró a su oído. – Dices las cosas más…

- ¿Más qué?

- Dulces- sonrió, volviéndose hacia los labios de Yulia para besarla, beso que las llevaría a una ronda sabatina y matutina, de lo mejor.

- Tú no te cansas de hacer el amor, ¿verdad?- resopló, tumbándola a un lado para colocarse ella encima.

- ¿Bromeas?- se mordió su labio inferior con lascivia. – La última vez que tuve la más mínima expresión de sexo fue cuando tenía diecisiete

- ¿Una década sin sexo?- rió y Lena asintió. – Eso es como…

- Como diez años sin sexo- rió Lena y atrapó el labio inferior de Yulia con sus dientes.

- Iba a decir "eternidad", pero "diez años" es lo mismo- y siguió el beso con una sonrisa.

Habían tenido una noche bastante interesante; entre que Lena había accedido, por fin, a que Yulia le ayudara a vestirse, porque Yulia era de la opinión que el negro era elegante, pero también demasiado serio y hasta un poco intimidante, y era por eso que Lena, con la personalidad que poseía, necesitaba proyectar esa felicidad y amabilidad que la caracterizaba, y habían hablado de Yulia, que era algo tan nuevo para Yulia como para Lena, que Yulia no era exactamente la primera vez que lo hablaba, pues ya lo había hecho con Natasha y con Alastor, pero no así, no de esa manera tan detallada, tan profunda, y Lena que había comprendido que ese tema no se tocaba sólo porque sí, eran un tema del que no sabía si prefería saber para comprender a Yulia o si prefería no saber para no conocer las cicatrices emocionales y mentales que aquello tenía. Además, había conocido el lado sencillo de Yulia, el lado que no gritaba Coco Chanel, el lado en el que bebía té de manzanilla, en el que se calzaba unos Converse más arruinados que las manzanas que tenía en su congelador, en el que se sentaba en el dominio público peatonal a comer comida de la calle y no le importaba quedar con el aroma a aquel pincho de carne que nadie quería saber su procedencia. Y, después de todo eso, que se diera por vencida y aceptara el hecho del único sentimiento que no había experimentado nunca antes en su realidad y totalidad: el amor. Ese sentimiento era especial por dos razones: porque era con Lena, una mujer, y porque no veía la capacidad de lastimar en Lena, no la veía en su naturaleza, no entre sus cabellos rojos que esa mañana descansaban sobre la almohada blanca mientras la besaba con amor, con verdadero amor.

El miedo al amor, para Yulia, era quizás comprensible, tenía miedo a amar a alguien tanto, con tal incondicionalidad, porque quería que su vida fuera de lo menos triste posible. Había crecido con la idea de que Dios, sí, Dios, había creado al ser humano para cometer errores y para aprender de ellos, pero que eso no significaba que habían sido creados para sufrir, no para llevar una cruz, no para llevar al mundo en los hombros, claro, eso no significaba que estaba exenta de dolor y frustración y sufrimiento, pero había un límite, el límite que le otorgaba la rutina de silencio al ducharse, que era silencio porque estaba ocupada en otra cosa: Pater Noster, Ave Maria, Gloria Patri, Salve Regina et O Lenis Mater!. Creyente a su modo, pues las iglesias no le gustaban, la religión hecha por el hombre no le gustaba, y no le gustaba porque no la podía comprender como los principios de la Bauhaus, pero su fe la mantenía, por costumbre y por fiel creyente pero no practicante, y sí consideraba los momentos de confesión, dos o tres veces al año, a veces sólo una. Y, pues eso, era su manera de protegerse, y Lena le había dado tanta seguridad en cuanto a eso que Yulia había terminado por quitarse toda su protección, la famosa "armadura" a la que Lena se refería, y había decidido aventurarse a darse una oportunidad en el amor incoherente, insensato y estúpido que tenía por Lena, pero quizás ese era el mejor tipo de amor, el que era irracional.

- ¿Ahí?- susurró con mirada comprensiva.

- Más a la derecha- suspiró Lena. – No, a la izquierda, entonces- ambas rieron. – Oh my God… ahí, sí…- bueno, sí, era el dedo de Yulia, el dedo que abusaba con cariño el clítoris de Lena, el dedo que estaba destinado a oler a Lena en casi todo momento. No, mentira. Pero sí era el dedo que iba a compensar la década sin sexo. Eso sí.

- ¿Así?- jadeó Yulia, que le excitaba ver a Lena así, así de descompuesta, que disfrutaba del roce de lo más pequeño de su cuerpo, la manera en cómo su expresión facial cambiaba, la manera en cómo respiraba y contraía su abdomen al roce del suyo, que Lena movía sus caderas en un vaivén sensual, y que se detenía de su cuello mientras le robaba besos esporádicos para saciar las ganas labiales. Lena sólo pudo asentir, y ni asintió bien, sólo se dio por sentado que lo hizo. - ¿Quieres eyacular?

- ¿En tu cama?- gimió. Le preocupaba arruinar las costosas sábanas que se sentían como nubes cuando la envolvían.

- Las sábanas se lavan- guiñó su ojo. - ¿Quieres eyacular?- y fue inmediato el rubor que invadió a Lena, un "sí" que se sobreentendió aquí, en la China y en Madagascar.

- ¿A dónde vas?- suspiró, viendo que Yulia se iba hacia su entrepierna y succionaba dos de sus dedos, los que introduciría en Lena en tres, dos, uno. – Oh shit… fuck me- jadeó, sintiendo la lengua de Yulia en su clítoris y sus dedos ir de arriba abajo en el interior de su vagina.

Nada que unas succiones de clítoris y la tibia respiración nasal de Yulia, junto con aquella estimulación de GSpot, nada existía que no pudiera ser más que una evidente eyaculación, diez segundos y contando, y parecía como si Yulia estuviera apuñalando a Lena, pero eran los gemidos más genuinos y sensuales que alguien podía emitir desde sus entrañas, que eso a Yulia sólo le ponían una sonrisa. Se quedó sin aire, y Yulia dejó de lamer su clítoris y de penetrarla, pues tenía el tiempo justo para mover su boca a la vagina de aquella a-punto-de-eyacular-rusa, una vagina que, al igual que el resto del interior y parte del exterior de su vulva, era tan rosada como sólo en esas ocasiones: brillante de lubricante, cálida del rosado que explotaba en ella, y candente por la hinchazón natural de la excitación. Yulia sólo tuvo que penetrar su vagina con su lengua y fue lo que le dio luz verde a Lena, lo que hizo que dejara de resistirse a tanta presión vaginal, y terminó por expulsar un moderado chorro, no parecía proyectil ni era tan abundante como el primero de toda su vida, pero Yulia lo bebía mientras aquello terminaba de salir; sabía a la mezcla perfecta entre dulce y suave para el paladar y para la garganta, algo que era como si la cachemira se pudiera tragar. Aquel orgasmo concluyó con un gemido de liberación de parte de Lena, que pudo gemir en cuanto la eyaculación cesó, y Yulia, con una sonrisa, besó su clítoris mientras se controlaba aquella tiritante mujer.

- Diez años…- resopló Yulia mientras subía por su abdomen con mordiscos y besos, un abdomen intranquilo que merecía caricias como esas.

- Valieron la pena- rió, que se contrajo del todo y gimió porque su clítoris y su GSpot todavía estaban intentando estabilizarse.

- ¿Ni masturbarte?- sonrió, deteniéndose un momento para dedicarse a sus pezones.

- Eso sí- sonrió entre las cosquillas que le daban los besos sonrientes de Yulia. – Tampoco soy de piedra

- Definitivamente no, Licenciada- resopló y le dio un beso suave en sus labios para tumbarse a su lado.

- ¿Qué pasa?- murmuró un tanto preocupada, volviéndose hacia Yulia mientras le acariciaba las pecas que se esparcían por su hombro. - ¿Estás bien?

- Si, mi amor, estoy bien- sonrió al volverla a ver.

- ¿En qué piensas?- susurró, llevando sus labios hacia el irresistible hombro de su novia.

- ¿Estás segura que quieres hacerlo?

- ¿Por qué? ¿Lo estás dudando?

- Lenita… es que… es como que le des un juguete nuevo a un niño pequeño

- Déjame ser tu Barbie- guiñó su ojo y le dio un beso en la mejilla. - ¿Ducha?

Hay pocas cosas que describen una personalidad a gritos, aun cuando la persona no dice ni una tan sola palabra: la forma en cómo come, la manera en cómo camina y con qué se viste, independientemente sea marca desconocida o Armani. Y así pues, se demostró, con ajustes a través de generaciones y generaciones, que la personalidad no es algo que se hereda, sino que se aprende, y no necesariamente de una sola persona, sino que termina siendo un popurrí de esencias, un collage de proyecciones visuales y una mezcla bioquímica que se ha administrado internamente para que las cadenas de aminoácidos repitan el proceso todas las veces que la persona las desencadene y de manera inconsciente, y aun siendo aprendidas, son degeneradas o mejoradas por decisión del sujeto. ¿Lo más curioso de todo? Sí, es que todo eso se absorbe en los primeros años de vida, todo porque se desarrolla y se madura con los años, pero no es por eso que se habla de que "fulano no tiene personalidad", no, sino porque no se tiene personalidad cuando se ha hecho una copia exacta de algo o alguien y no se ha dejado lugar para personalizarlo. Personalidad: personalizar. Tiene lógica. Es curioso cómo lo más insignificante puede marcarnos, como Britney Spears en "I’m A Slave 4 U" con sus pantalones de cuero y la tanga/bikini fucsia encima, hasta lo más relevante a nivel histórico, como las consecuencias a largo plazo del Wall Street Crash del ’29 o, para mantenerlo más reciente, el rescate de Ingrid Betancourt, todo nos marca, todo, todo, lo que vivimos y lo que no, las verdades y las teorías de la conspiración.

¿La crisis del ’29? – Se levantaron con la Guerra. ¿Ingrid Betancourt? – Qué bueno que la rescataron, ojalá y haya sido rescate y no parte de algún plan maquiavélico. ¿La tanga de Britney Spears? – La tanga se usa bajo el pantalón, no por encima. Todas esas cosas las absorbía porque no había modo de que no, pero la marca que habían dejado se reducían a ese tipo de comentarios que ni siquiera se atrevía en voz alta para no gastar saliva. ¿Qué fue lo que la marcó? Fue algo tan sencillo como irrelevante para muchos, pero para Yulia eso fue lo que significó su futuro, fue el punto de partida, lo que significó la raíz para quién era ella junto con las ramificaciones, o las implicaciones, de dicho evento. MTV Awards del noventa: Vogue. Los seis minutos y medio que Yulia mejor invirtió alguna vez. No sólo era Madonna, no, no sólo era un tributo a la vogue de Marie Antoinette, porque "Vogue" no sólo era eso, no sólo era una canción, o una presentación, o un video, era una creencia, una convicción, un manual. Al principio no era tapizado de Valentino fotografiado por Testino, no, era una guía para saber cómo vestirse de acuerdo a edad y cuerpo, era precisamente lo que su nombre significaba: "una moda o un estilo que prevalece en el tiempo: ‘el vogue es realismo". La primera Vogue que Yulia sostuvo en sus manos fue la edición de diciembre del noventa, que Sophia Loren estaba en la portada, y había escogido la versión Estadounidense porque Kylie Minogue ni cosquillas le hacía en la memoria y Sophia Loren era italiana. Debía significar algo estar en la portada de una revista estadounidense al ser italiana. Luego, al devorar visualmente la revista, pues a los seis años qué carajo que iba a absorber tal longitud, hizo que Larissa le comprara la edición italiana porque le picaba todo por leer, por entender, y fue cuando descubrió a Edith Head: diseñadora de vestuario, la inspiración para Edna Mora de "Los Increíbles".

Y, pues sí, hablaban de aquella película que era aclamada por muchos, odiada por otros, una película de, quizás, malas actuaciones o simplemente una trama extraña, pero era entretenida, y a Yulia no le gustaba la película, en lo absoluto, la trama le aburría, quizás porque estaba acostumbrada a ver películas de trama más elaborada o más rápida, pero había algo que valía la pena de esa película: el principio, esa escena tan majestuosa. La Quinta Avenida de Nueva York, Tiffany & Co., Audrey Hepburn, que lo único que le interesaba era que quería vestirse como Coco Chanel, y las perlas, los guantes, el peinado, Mancini de fondo, las joyas: magnífico. Esa elegancia, ese porte, era simplemente interesante y llamativo para Yulia, que no era que quería ser Coco Chanel, pero si había ropa así en el mundo, ¿por qué no usarla? Quería sentirse dueña de su elegancia, de su imagen personal, quería inspirar el respeto y la distancia, la autoridad y la imponencia que no tenía con Oleg o con sus hermanos, quería sentirse grande.

Vogue podía ser hasta un sacrilegio o una blasfemia al pretender utilizar términos como "Dios", "Trinidad" y "Divina Concepción", pero todos tenían su razón de ser: Karl Lagerfeld era el diseñador de Chanel, que no eran sinónimos, pero era el Dios de la elegancia, La Trinidad, no era la "Santa Trinidad", sino era un trío de modelos históricas: Christy Turlington, Linda Evangelista y Naomi Campbell, a las que no se les sacaba de la cama por menos de diez mil dólares por un trabajo, a las que Margaret había logrado sacar en el ochenta y dos por menos de la mitad, Divina Concepción no era nada referente a la Virgen María, no, sino que era cada edición de Vogue, pues era única, con contenido único y modas que recién se descubrían, diseñadores recién descubiertos y que prometían un gran futuro, y, todo eso, a Yulia le gustaba tanto como los cannoli de su abuela: la terminología, el diseño, el sonido y el olor de cada página al ser volteada, conocer un poco de historia de la moda, como que los botones fueron invención de Napoleón Bonaparte.

- Yulia- la vio fijamente a los ojos. – Ensenáme como debo vestirme- y le guiñó el ojo, pues estaban en un lugar público, en Bergdorf.

- Hay dos maneras de comprar: deductiva o inductivamente

- ¿Y de qué partes?

- Deduces de la ropa al zapato o induces del zapato a la ropa. Ninguna de las dos es la más correcta, depende de tu forma de comprar

- Oh, Arquitecta, ¿usted cómo compra?

- Del zapato a la ropa

- ¿Por qué?

- Piénsalo: la mayoría de gente compra su ropa y luego se da cuenta de que no tiene un zapato que combine, y es más difícil encontrar un par de zapatos a encontrar un atuendo… por eso yo compro mis zapatos y luego veo cuáles son las posibilidades, aunque casi siempre intento escoger zapatos que sé que pueden ir con más de dos colores

- Soy toda tuya- sonrió. – Y no sólo por lo de hace rato

- ¡Lena!- se carcajeó. – Presta atención y luego arreglamos eso- ensanchó la mirada y le sacó la lengua. - ¿Sabes la diferencia entre un Stiletto y un tacón?

- ¿No se supone que el Stiletto es mayor a diez centímetros?

- Errado, cara Lena- sonrió. – Un Stiletto es la forma del tacón, tiene que ser una aguja; hay Stilettos desde los seis centímetros, normalmente hasta los dieciséis. Tacones son todos. ¿Sabes cómo escoger un tacón?

- Pues, lo que pueda soportar, ¿no?

- No exactamente, quítate los zapatos, por favor- sonrió, y Lena se los quitó. – De puntillas- y Lena se elevó hasta donde sus dedos podían soportarla. – Si un tacón supera esa altura no es para ti, porque eso es lo que hace que una mujer ande caminando como que si es cangrejo recién parido… y se ve espantoso

- ¿Cangrejo recién parido?- rió un tanto fuerte, llamando la atención de todos los Asistentes de Bergdorf’s y la de los compradores. – Espero que nunca hayas visto el parto de un crustáceo, Yulia

- No necesito verlo si puedo ver a Jennifer Garner en tacones- sonrió, alcanzándole un par de Louboutin de dieciséis centímetros sólo para saber si los pies de Lena los soportarían. – De puntillas- le dijo cuando ya se había puesto los Stilettos, y sí, podía elevarse un poco más, lo que significaba que podía utilizar Stilettos de hasta dieciséis centímetros, más allá de eso no tenía expresión de Dios. – Ahora, tú tienes pie angosto, por lo que todo tipo de tacón se te ve bien, aunque, por ser angosto como el mío, tienes que evitar los Slingbacks, porque necesitas soporte en el talón para no hacer el ridículo… entonces te recomiendo que sean cerrados, puntiagudos o no, peep toe o D’Orsay, algo que te de soporte tanto en la punta como en el talón. Escoge quince pares de Stilettos- sonrió, ofreciéndole toda la sala de zapatería femenina, de zapato alto nada más, que tenía Bergdorf Goodman para ella. – Intenta evitar a Steiger, los Stilettos curvos no son la mejor idea- guiñó su ojo.

Yulia se paseó por ahí junto a su Asistente de compras, que Lena tenía la suya, y Yulia, a diferencia de Lena, sabía en qué tipo de Stiletto se sentía más cómoda, más bien en qué diseñadores, porque no cualquiera daba un zapato cómodo, y Louboutin y Ferragamo eran excelentes en comodidad, les seguía Blahnik, Giuseppe Zanotti, Jimmy Choo y McQueen, luego algunos Fendi, algunos Valentino y uno que otro par Lanvin, y, por último, en la categoría de 7 puntos de 10 en comodidad, caían Atwood, Saint Laurent, Prada, Weitzman y los Charlotte Olympia, que eran como la nueva sensación a pesar de que llevaba tiempo en el mercado. Decidió probar unos Gucci que se veían que gritaban su nombre, tres pares de Louboutin, dos pares de botas porque ya se acercaba el invierno y no se podía estar muy confiada, y el repuesto de sus Fendi, que no se mediría ningún zapato porque sabía que en 7.5 le quedarían a la perfección. Yulia no sufría del mal de las actrices, de esas que tenían que inyectarse colágeno en la planta del pie para poder soportar la altura, y era porque no escogían el Stiletto así como le había aconsejado a Lena, quizás sus asesores de imagen se los decían, pero no hacían caso, quién sabía: Yulia sí podía soportar todo el día en dieciséis centímetros, más porque andaba descalza en su casa, todo el tiempo.

- Dime lo que piensas- sonrió Lena, alcanzándole su iPhone para que viera, en la aplicación remota de Bergdorf’s, los que había escogido.

- Te los tienes que medir todos, pueden ser un poco engañosos- sonrió. – Pero me gustan

- ¿Todos?

- Uno de cada diseñador, sólo para que estés segura que es tu talla- y observó a Lena medirse cada uno de los quince pares, caminar sobre ellos, que dio gracias a Dios porque Lena no caminaba como cangrejo recién parido, caminaba bien, lo que era extraño para alguien que no estaba acostumbrada a utilizar Stilettos. - ¿Te quedan todos?

- Sí…

- ¿Pero?

- Hay dos que no me convencen

- Si no te convencen, llévalos arriba, tal vez te terminan de convencer cuando veas algo con lo que puedan combinar- sonrió. – Sino, simplemente los quitas

- Pero tendría que regresar a escoger otros dos

- ¿Por qué?

- Dijiste quince

- Pero no significa que los quince tienes que llevar, Lenita… eran los quince que más te gustaban, pero si sólo te gustan diez, pues sólo diez llevas- volvió a sonreír, y Lena quitó los dos pares de la lista de su iPhone, que se conectaba directamente con la de la asistente de compras. Subieron hasta el segundo piso, en donde estaba todo lo que una persona podía ponerse para cubrir sus piernas, pues, de ropa. – Talla dos hay hasta para regalar aquí- sonrió. – No te será difícil encontrar algo

- ¿No me vas a dar ningún consejo?

- Sabes lo que te gusta y lo que no… pero sí te puedo decir que se te podrían ver bien los que no bajan de la cadera- dijo, apuntándole aquel hueso que a ambas se les saltaba. – Pero sabes que mis pantalones y mis faldas siempre van un poco más arriba de la cadera; son más cómodos, al menos para mí

- ¿Eso es todo? Creí que tú me ibas a ayudar a escoger

- Yo no me voy a poner tu ropa, no me queda- rió suavemente. – Fíjate en los zapatos nada más

Y así, como si sonara la música Lounge de fondo, de esa que caracterizaba a los clubes más chic de Manhattan, esa que relajaba sin éxtasis, esa que hacía que la gente comprara más, Lena aprendió que había faldas, como las Pencil o las rectas, que hacían que sus piernas se vieran más largas y tonificaban sus muslos de tal manera que tenía una figura más femenina que en un pantalón, se veía más sensual, que era lo mismo que pasaba con los vestidos, pues definían y acentuaban sus delicadas curvas, y los colores, que nunca pensó que utilizaría, como el amarillo pollo literal, o el fucsia. Aprendió también que las camisas no son cualquier cosa de "me gusta ésta y me gusta aquella" sino que hay ciertas costuras, como las que Yulia le mostró que iban a la altura de los hombros, que se tenían que respetar, así como la técnica de levantar los brazos a la altura de los hombros para medirse las mangas, o las blusas, que eran especiales, que las asimétricas tenían un límite para caer sobre el hombro desnudo, que las de cuello oblicuo tenían un contorno para mostrar la frontera de cuánta piel era ético mostrar, aun las blusas desmangadas, qué tipo de desmangado y qué tipo de corte era. Y Yulia le mostró, de paso, cómo escoger una chaqueta o un blazer que le acentuara la postura y los hombros: sin hombreras, de solapas largas y angostas, de unión triangular u oblicua, de máximo dos botones, de mangas angostas, pues todo aquello acentuaba el busto de las dimensiones correctas y proporcionaba una línea más pulcra del vestuario, que se veía más femenino que andrógino o unisex.

Le explicó que un abrigo no era sólo un abrigo, que había cierto corte de abrigos que le sentaban mejor a las mujeres angostas de espalda como ella, y que las abrigaban más por lo mismo, que siempre había que tener un abrigo negro, uno blanco, uno beige o café y uno azul marino o rojo, o de todos los colores previamente mencionados. El azul y el rojo, el café y el beige debían ser largos, hasta la rodilla, el negro podía ser hasta la cadera o hasta medio muslo, el blanco hasta medio muslo, y que había que descartar los abrigos holgados, porque pesaban más y porque el aire frío tendía a meterse por entre las mangas, que el mejor tipo de abrigo era el Pea Coat nunca fallaba pero que el Notch-Collar sólo se utilizaba de la rodilla hacia abajo. En cambio, el Trench Coat se podía utilizar de cualquier largo y en cualquier color, puesto que estaba diseñado a no cerrarse casi nunca, y estaba diseñado, también, para ser totalmente impermeable pero no precisamente caliente, pues su objetivo era proteger más de la lluvia que de la nieve y del frío.

- Creí que venía sola- siseó Lena en cuanto Yulia entró al cambiador.

- No creo que sea apropiado que alguien más te ayude con esto- sonrió Yulia, mostrándole la típica bolsa del área de lencería, que era para ayudar al comprador. – Además… - murmuró, y dejó caer la bolsa, tomó a Lena de las manos y la topó contra el espejo, entrelazando sus dedos con los suyos y apretujando suavemente sus manos mientras lo empañaban con las manos el espejo. – Te traigo unas ganas… que creo que soy el diablo ahorita- Lena sólo supo carcajearse, porque tenía razón de reírse.

- Qué diablo más guapo- sonrió, plantándole un beso a Yulia que hacía de aquello una potencial multa y veto del lugar. – Si es así… no me resisto a que me posea el diablo- suspiró al despegarse del beso candente que se dieron, que Yulia hasta subió las manos de Lena por encima de su cabeza y, con su rodilla, acarició abusó del roce que se creaba contra su entrepierna.

- Terminemos con esto y vámonos… que se me ha ocurrido otra forma en la que se puede utilizar la lavadora- rió, pues la vez pasada habían bromeado de lo que Natasha les había contado en los Hamptons, que había visto en "Mil Maneras de Morir", que unas lesbianas se habían muerto por estar cogiendo en la secadora, que había hecho cortocircuito la casa, a lo que Lena preguntó el número de la muerte y Natasha respondió: "No sé, era como la número mil setenta y tres", y Yulia se dio la carcajada del siglo, luego de la que se dio en cuanto Phillip se dio cuenta de que los champiñones estaban podridos: "Los hongos tienen hongos… Hongo-Inception… interesante", todo porque no había mil setenta y tres en mil. – Porque la secadora nos va a quemar

- La lavadora…- sonrió Lena, tomando a Yulia por su trasero, acariciando con su dedo índice donde sabía que estaba aquella unión que al mismo tiempo era separación, la paradoja corporal. O algo así. – Pero tiene que estar lavando algo… ¿no crees?

- Sí… sino no tiene gracia- sonrió, y la tomó de sus muslos, haciendo que diera un respingo para cargarla contra el espejo. – Y creo que ya sé qué vamos a lavar

- ¿Ah, sí?

- Sí

- ¿El qué?

- Ya verás- sonrió, clavando su nariz entre los senos de Lena, que agradeció a todo ente superior por haberle desabotonado la camisa hasta el tercer botón, en donde se sentía lo febril de sus senos, donde se respiraba la inocencia de sus pezones. Le dio un beso a la altura de la tráquea y la bajó. – Fuera camisa… fuera todo, Licenciada Katina

- Arquitecta- resopló. – Le gusta verme desnuda

- No,no solo desnuda- guiñó su ojo, sacando el sostén de la bolsa y desabrochándolo de la espalda.

- Listo- suspiró viéndose al espejo con Yulia tras ella, que ambas veían el reflejo de la Lena-desnuda-del-torso en el espejo.

- Creo que es demasiado criminal que te veas en el espejo así- susurró, extendiéndole el sostén frente a ella para que sólo introdujera los brazos entre los elásticos del soporte.

- ¿Por qué?

- No sé, me parece sexy que te veas desnuda en un espejo- levantó la ceja mientras le abrochaba el sostén. – A lo que vinimos- rió. – Tu talla de sostén está bien, pero tienes que utilizar un treinta y dos en vez de un treinta y cuatro, te queda mejor, ¿ves?- sonrió, arreglándole los senos entre las copas para luego ajustárselo de los elásticos y de la espalda. – Las proporciones de un sostén están diseñadas para que los cuadrantes externos abracen tus omóplatos, por lo que la banda de la espalda debe queda a media espalda, no a la altura de tus senos- le ajustó sus senos por la parte externa de las copas. – Si halas la banda de la espalda hacia abajo, el busto se levanta- y lo levantó hasta donde debía quedar. – Se ve mejor, te da una mejor postura y es más cómodo, tiende a dejar menos margas en los costados también

- La verdad es que…- dijo, colocándose de perfil para ver cómo tenía que colocarse el sostén, qué arte. – Se ve muchísimo mejor- y le dio un beso rápido en los labios sorprendidos, que sólo la hizo sonreír para luego tomar una de las tangas que había tomado. - ¿Qué haces?- rió por nerviosismo, pues le estaba quitando sus panties.

- ¿Qué? ¿Vas a tallarte una tanga sobre un bikini?- levantó la ceja, viéndola a través del espejo.

- Se supone que no puedo hacer eso

- Eres Lena Katina, claro que puedes- mantuvo su ceja en lo alto y bajó aquel bikini rojo para introducir sus pies en las piernas de aquella tanga. – Listo- sonrió, acomodándole aquellos elásticos donde correspondían. - ¿Te gusta cómo te queda?- y Lena se vio en lencería negra, que se veía elegantemente sensual, se veía bien, y asintió. – Espera…- frunció su ceño y tomó aquella parte que se perdía entre los glúteos de Lena.

- ¿Qué pasó?

- No sé, espera- lo volvió a introducir, pero de tal manera que Lena se inclinó hacia adelante y se apoyó con ambas manos del espejo.

- ¿Cómo se ve de atrás?- la provocó Lena.

- No tienes idea- resopló, y no pudo contenerse a besar y mordisquear cada glúteo por separado y por detalle. – Hermoso- y su respiración aterrizó en la horma de su glúteo izquierdo, que le erizó al piel a la pelirroja que se veía en el espejo y se veía cómo su expresión de excitación se iba construyendo, no sólo con palabras, sino con los besos y los mordiscos que Yulia no dejaba de darle. – Los pediremos a Seattle, hay más de donde escoger- sonrió, y le retiró la tanga para arrojarla a la bolsa y ponerse de pie, que con una mano, con destreza profesional, le desabrochó el sostén y Lena se sacudió hasta salirse de él y así quedar completamente desnuda. – Tú preguntaste qué íbamos a lavar, ¿cierto?

- Asumo que las sábanas de hace rato- sonrió a través del espejo mientras Yulia la abrazaba suavemente por el abdomen desde su espalda.

- Prefiero que las laven en la lavandería- susurró, viendo, a través del espejo junto con Lena, cómo su mano, sin restricción alguna, se escabullía hasta la entrepierna de Lena, quien abría sus piernas sin dudar un segundo de la inmoralidad irrelevante del asunto, pues, a mal tiempo: buena cara, y era el peor lugar para jugar con el clítoris de Lena, pero la cara de ambas no era buena, era excelente. - ¡Uf, Lena!- susurró suavemente a su oído mientras que, con su otra mano, la tomaba de uno de sus senos. – Te lubricas tan rápido

- Me mojas tú- la corrigió, que no sabía por qué seguía con los ojos abiertos mientras veía a Yulia tocarla, quizás tenía curiosidad. - ¿Nos vamos?

- Pensé que nunca lo preguntarías - sonrió.


Última edición por VIVALENZ28 el Lun Sep 07, 2015 12:51 am, editado 1 vez
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 05, 2015 1:21 am

- Yulia, Tesoro- le tocó el hombro Larissa, que odiaba interrumpirla cuando estaba con sus amigos, más cuando se veía tan feliz, pero tenía algo importante que enseñarlo, más bien a "alguien". – Quiero presentarte a alguien- dijo al Yulia darse la vuelta.



- Salve- le alcanzó la mano para saludarla de la manera más cordial que pudo encontrar.



- Bruno, es un placer conocerlo- dijo Yulia, omitiendo la mano y le dio un beso en cada mejilla.



- El placer es mío- sonrió. Era un hombre pequeño si se plantaba frente a Yulia, alrededor del metro ochenta, pero Yulia medía unos Lipsinka Louboutin más. Era muy masculino, de cabello café oscuro y casi negro, tenía los rastros de unas cuantas arrugas en la frente y de los ojos a las sienes, sus ojos eran café oscuro, sus cejas, partidas por mitades iguales, sin retocarse, una nariz pequeña y hasta un tanto infantil para ser un hombre que infundía respeto, tenía una barba que se notaba que cuidaba como si fuera lo único que tuviera por cuidar; afeitada sólo para dejarla alrededor de los labios, que la parte inferior se cortaba intencionalmente del bigote, pero lo hacía ver diferente e interesante. Vestía un hermoso traje gris oscuro, con su respectivo chaleco en el mismo color, una camisa blanca a cuadros, de finas líneas azul marino, corbata azul grisáceo a pequeños rombos en un tono más bajo, y, para coronarlo todo con un poco de personalidad, la punta de un pañuelo rojo se le escapaba del bolsillo frontal de la chaqueta. – Se ve usted muy guapa- la halagó, que Yulia casi le da una bofetada por tratarla de "usted". - ¿Me podría presentar a la otra novia?- sonrió, que mostró su blanca dentadura, que no era tan blanca pero pasaba por blanca.



- Un momento, por favor- sonrió amablemente y se dio la vuelta para robarse a Lena, que no podía dejar de pensar en lo hermosa que se veía. – Lena, él es Bruno



- Ah, Bruno, mucho gusto- le dio un beso en cada mejilla, igual que Yulia. Aquella escena la analizaba Luca Perlotta desde el asiento que había tenido que tomar después de darse cuenta de que estaba a punto de perder a Yulia para siempre, mas no sabía que nunca la había tenido, no porque no era buen partido, simplemente porque él no era Lena.



- El gusto es mío, Lena- momento totalmente incómodo, pues sólo a Larissa se le ocurría llegar con su novio de ya, quizás, un año, a la boda de su hija, que no era una boda normal, pero Bruno admiraba a Larissa porque no había dejado de apoyar a Yulia, ¿por qué debería?- Se ve usted muy guapa- sonrió. - ¿Puedo tomarles una fotografía a las dos y luego con Larissa?- ambas asintieron y, simplemente, se abrazaron por la espalda y sonrieron para la cámara, voilà… o "vualá".







*







Y, sí, el tiempo pasó, pasó la pelea, pasó Matt, pasó el arranque de Yulia de querer arrancarle la cabeza, pasó el cumpleaños de Phillip, aquella memorable vez de la que ninguna de las dos se olvidarían nunca a pesar de lo ebrias que estaban, pasó Springbreak: Roma, Oleg y Piccolo, Venecia, Natasha y Katya, Mýkonos, la apuesta estúpida y Dima de mierda, que así le quedó para cuando hablaran entre Yulia y Natasha o entre Yulia y Phillip o entre los Noltenius, que siempre se reían , pues aquel Dima no se podía comer ni aunque les pagaran, no porque fuera pescador, sino porque era un perdedor que había jugado a pellizcarle las pelotas a Phillip, que eso no se hacía, porque una vez Phillip odiaba a alguien, a alguien como Jacqueline, el odio se convertía en infinito y eterno desprecio, así como había pasado con Dima también, y con Oleg, aunque eso nunca se lo dijo a Yulia. Pasó el cumpleaños de Lena, las noches solitarias porque Yulia estaba en los Hamptons terminando de acomodar la casa de los van De Laar, todo lo que tuvo que ver con la boda de Natasha y Phillip, que nunca se dieron cuenta la relevancia que esa boda había tenido, no sólo para los novios sino para todos, pues, a raíz de aquello, Yulia había comprado aquel anillo que ahora colgaba del cuello de Lena, y había ideado toda una idea complicada alrededor de pedirle que se casara con ella, una idea que no tenía sentido por ser demasiado complicada. Pasó la fusión con Trump Organization, que seguía viento en popa, el accidente de Oleg y su muerte, todo lo que eso implicaba para los Volkova, que fue la última vez que Yulia vio a Aleksei en toda su vida. El embarazo de Natasha, los secretos que le rondaron a todo aquello, la verdadera hermandad entre Yulia y Natasha, el apoyo que se brindaban en las buenas y en las malas, en las malas y en las peores.



El hecho de que Yulia descubriera que Volterra era el papá de Lena, las ganas que tenía de decirle a Lena que Seergey no merecía el título de papá, aunque se abstuvo porque Volterra, en ese momento, tampoco lo merecía, o tal vez sí después de que le diera permiso de casarse con su hija. Y, por último, pero no menos importante, la explosión entre Lena y Volterra, aquel episodio en el que Lena, simplemente, se cansó de que le mintieran en la cara y de que la trataran como no estaba dispuesta a ser tratada, porque su dignidad era más valiosa que todo eso. Y, sí, los planes de Yulia con Lena luego de que había renunciado, pues no podía renunciar, no quería que renunciara, porque no supo cómo saber si sobreviviría un tan sólo día sin saber que Lena estaba respirando el mismo aire, y no sólo en el trabajo, sino en su vida también. Quizás no era el momento perfecto, quizás no era ni el momento adecuado, pero así fue, así pasó, simplemente porque Yulia, ese día, supo que era el momento para que Lena decidiera algo grande sin la presión de su papá, sin la presión de su mamá y sin la presión de un trabajo, aún sin la presión de Yulia, simplemente, ese día, Lena sería dueña de su propia presión y de sus propias decisiones, porque así había sido desde el momento en el que había vocalizado aquellas temerosas palabras en aquel violento tono: "¡Re-nun-cio! ¡Renuncio, renuncio, renuncio!", pues se le notó que, el peso de vivir con la hipocresía de sus papás y la insistencia intrusa de su papá, que le agradecía el trabajo y el hecho de haber conocido a Yulia, pero no de las mentiras, porque tenía derecho a saber, todo eso se le hizo vapor y se difundió en la atmósfera hasta el punto de hacer de Alec Volterra el hombre con la consciencia más pesada del Planeta por un par de días.



- Mi amor…- susurró en tono casi mudo y la vio a los ojos con nerviosismo, sí, las dos estaban nerviosas.



- Marry me- susurró, entrando al segundo más eterno de toda su vida, al segundo que duró, según Yulia, dos horas y treinta y siete minutos con doce segundos, el segundo que Lena se tomó para responder, pues aquello, para Lena, había surgido un tanto de la nada, la había tomado por sorpresa.



- ¿Dos de octubre?- suspiró por fin, abrazando a Yulia suavemente y le dio un beso en su mejilla. – Interesante fecha para que te empieces a referir a mí como tu "futura esposa"- susurró a su oído suavemente y le dio un beso nuevamente.



- Sólo corroborando - murmuró en voz temblorosa mientras tomaba a Lena por la cintura y la mantenía así de cerca por si aquella respuesta no era más que un simple comentario más, pues no quería dejarla ir, ni ese día, ni mañana, ni si tenían otra pelea, no.



-Sí- susurró aireada y flojamente y paseó sus manos hasta abrazarla por el cuello, y detenía su sien izquierda contra la sien izquierda de Yulia, Yulia simplemente la abrazó fuertemente y respiró profundamente. – Sí… sí… sí… sí…- repitió suavemente, que cerró los ojos porque sólo quería concentrarse en esa sensación que no podía vivir sin ella: estar entre los brazos de Yulia, respirándola y sintiéndola.



- Gracias- suspiró, colocando sus labios en el cuello de Lena, sólo para apoyarse, pues necesitaba reposar para recomponerse de aquel estrés de tiempo infinito.



- No me lo agradezcas, no es un favor el que te estoy haciendo, ¿o sí?



- Buena suerte es que todo te salga bien, que todo te salga como quieres



- ¿Te das cuenta que tenemos algo con los balcones?- sonrió, introduciendo sus dedos entre el cabello de Yulia para peinarlo suavemente. – Las dos cosas más importantes han pasado en un balcón



- No pensé en eso- resopló Yulia, irguiéndose para, por fin, ver a Lena a los ojos, quien le dio un beso tan extraño, tan cálido, tan diferente, tan como si no fuera simplemente "Lena", el primer beso como que eran futuras esposas una de la otra.



Y ese beso, delicado, amoroso, tan frágil, encajaba perfectamente entre los labios de las dos mujeres, se sentía más allá de los labios, más allá de sus sensaciones, y las obligaba a simplemente no querer abandonar el momento, porque estaban sólo ellas dos y sólo ellas dos sabían lo que pasaba, lo que sentían, cómo y por qué. Era lento, era mutuo, era tan sincero como que no podían abrir los ojos, era tan increíble que no los abrían porque se sentía irreal, como en un sueño, si había que ponerle un color era el celeste: confianza, paz y lealtad pero, más importante, por colectividad y por separado, la integridad; física, moral y emocional. ¿Cuánto podía encerrar un simple beso? Para Yulia era increíble la respuesta de la pregunta, más que todo por el color, pues se sentía bien, se sentía en paz, sí, se lo daba con tal delicadeza porque la respetaba, la amaba, y sabía, confiaba, que Lena le iba a corresponder con las mismas intenciones, un beso que sólo era para Lena, que sólo a Lena había podido darle porque con ella había conocido el amor y el respeto a ella misma, pues no estaba sometida a una relación por obligación, ni porque no sabía qué quería, así como la tuvo con Mischa, Lena jamás la había lastimado físicamente, nunca, y no era capaz, y, la única pelea relevante que habían tenido se había resuelto de manera amorosa y civilizada, ahí no había daño emocional, pero, sobre todo, lo más importante para Yulia era su integridad moral, pues con Lena, o por Lena, se dio cuenta que el amor es realmente ciego: no conoce de edades, ni de profesiones, ni de clases sociales, mucho menos de géneros. Sí, no estaba mal besar a una mujer, no estaba mal amar a una mujer, no estaba mal estar con una mujer, estaba mal no ser feliz, estaba mal no respetar al amor, estaba mal negarse a que la moralidad era relativa y no conservativa.



- Así…- susurró al despegarse de los labios de Yulia, que mantenían sus ojos cerrados y mantenían frente contra frente y nariz contra nariz. – Nos vamos a casar



- Sólo si tú quieres…



- ¿Cómo lo tienes pensado? ¿Las Vegas?- rió, cayendo totalmente entre los brazos de Yulia, por frío y porque nunca se sintió mejor estar así, envuelta en ellos.



- Jamás… tú te mereces algo mejor… aquí, en Manhattan… que no sea rápido, porque no estamos haciendo nada malo ni a escondidas de nadie



- Sabes, yo me podría casar contigo mañana, no necesito tanto



- Podríamos, pero quiero hacer las cosas como las he venido haciendo: bien



- ¿A qué te refieres?



- Quiero tener una vida normal y tranquila, quiero darte una vida normal y tranquila, y la única manera de que sea así, es que aprovechemos las igualdades que nos dan… yo no quiero casarme en Las Vegas porque estoy turbo ebria y necesito casarme contigo aunque mis papás no me dejen, no, a Las Vegas podemos ir a jugar BlackJack o a ver alguna cosa, podemos ir cualquier día… quiero que sea especial, que, cuando nos acordemos de ese día, nos acordemos sin ningún arrepentimiento ni remordimiento… vivimos en Manhattan, ¿por qué no casarnos donde vivimos?



- Sabes que es algo que no tiene tanto peso como un matrimonio heterosexual, ¿verdad?



- Sí, y aún así, tiene más peso casarte por la ley flexible que casarte en Las Vegas en una capilla que sería el equivalente a un Quicky en el sexo



- Entonces… tú quieres hacerme el amor- sonrió mientras soltaba una risa nasal muy suave.



- Sí, quiero darte el lugar que te mereces ante la ley, porque si lo hacemos en Las Vegas, no es tan factible



- Está bien, nos casaremos en Manhattan… pero con una condición- resopló, y ambas abrieron los ojos y se clavaron las miradas.



- Tú dime



- Nada de vestidos blancos, ni velos, ni marchas nupciales, ni nada de eso, ¿de acuerdo?



- ¿Cómo no?- rió con sarcasmo. - ¿Qué más?



- No quiero que sea ni en invierno ni en otoño



- ¿Primavera?- sonrió, y Lena también.



- Natasha y Phillip- susurró Lena.



- Definitivamente- susurró Yulia de regreso. – Tus papás, tu hermana y mi mamá



- ¡Mis papás!- siseó con frustración. – Mi mamá estará bien… pero, ¿mi papá?



- ¿Qué tiene de malo invitar a tu papá?



- No he hablado con él en años, mi amor… además, no creo que le haga gracia alguna que quiera que venga a Manhattan para ver a mi mamá y a mi hermana, y verme a mí, casándome con una mujer



- Lena- suspiró y sacudió la cabeza.



- Ah… ¿te referías a Volterra?- Yulia asintió. - ¿Por qué no sólo preguntas?



- Porque hace rato te entendí que no querías hablar al respecto



- Te debo una, por la de la cicatriz- sonrió.



- Tú sabes que Sergey no es tu papá, y no me dijiste nada… no sé, creí que yo te estaba ocultando algo



- ¿Y estás enojada porque no te lo dije?- Yulia sacudió la cabeza. - ¿Podemos entrar? Me muero de frío- se abrazó a sí misma por debajo de los brazos de Yulia, y Yulia simplemente la dejó entrar a la habitación del piano. – Me di cuenta en Londres, no fue hace mucho, pero, con lo de tu papá, preferí no decírtelo… y, luego, me di cuenta de que no importa si Alec es mi papá o no, el hombre con el que crecí, me haya quitado su apellido o no, ese es mi papá, porque a él fue al que escogió mi mamá para que fuera mi papá, no Alec… no estoy precisamente orgullosa de mi mamá, ni de Alec, porque entiendo que lo que pasó fue un error, pero saber que estoy yo de por medio y seguir pretendiendo como que todo sigue igual no me parece justo, tengo derecho a saber, y no de ti, sino de ellos, porque ellos me tienen que decir la verdad, ellos son los que la han estado ocultando… que se tomen el tiempo que quieran para decírmelo, porque voy a estar esperando el momento, sólo porque sé que es lo correcto… además, piénsalo de esta manera, dos puntos: creciste con tu papá pero años después tu mamá te dice que Bruno es tu verdadero papá, what the fuck, no?- Yulia asintió, pues Lena tenía razón. – Pasé más de un cuarto de siglo creyendo que Sergey era mi papá, y no importa si lo es o no, es una costumbre que no se me va a quitar… a Alec, que acaba de llegar a mi vida, y ha venido como si fuera la primera cita, todo nervioso, ¿cómo voy a verlo? Digo, al hombre lo conocí hace años en dos semanas, y ahora que me dio trabajo, ni siquiera porque me merecía la plaza, seguramente ni me necesitaban… y se lo agradezco, pero, ¿de qué te sirve tanto esfuerzo si no tienes el coraje para decirme la verdad? A Alec puedo verlo como un amigo, como un padrastro, es psicológico creo… no es como que me alivia saber que Sergey no es mi papá, sólo entiendo muchas cosas, pero, con el título de "papá" no se nace, ese título y ese respeto se gana



- Él te quiere mucho… de una manera bastante extraña que no logro comprender, pero te adora



- ¿No sería más sano que nos quisiéramos los dos al comprender totalmente la naturaleza de la relación que tenemos? Digo, Volterra actúa como actúa porque reacciona como jefe pero ejerce de papá, ¿qué coherencia tiene eso?



- Ninguna



- Tengo veintiocho, vuelo directo a los veintinueve, ¿no estoy un poco grande ya para podes absorber una noticia de esas?- simplemente exhaló y se dejó caer en el sofá.



- ¿Te sientes mejor?



- ¡Uf! Definitivamente- rió. – Perdón



- Nada de "perdón"- sonrió Yulia, cayendo a su lado y tomándole la mano. – Me gusta cuando te enojas pero no conmigo



- No estoy enojada contigo, mi amor- sonrió, y se colocó abrazando las piernas de Yulia con las suyas, dándole la cara y pasando sus manos por su cuello. – No torta- susurró.



- ¿Qué?



- No quiero torta- rió.



- ¿Y qué va a dar Lena Katina de postre el día de su boda?- sonrió, peinando suavemente el flequillo de Lena hasta por detrás de su oreja.



- Creí que me iba a convertir en "Lena Volkova"- mordió su labio inferior.



- Me gusta tu apellido, te da algo que no sé qué es



- Pues a ti no te sentaría nada bien el "Katina"- sonrió. – Tienes un Ego demasiado grande para llevarlo con humildad- ambas se carcajearon. – No, yo quiero tu apellido



- Pero a mí me gusta cómo suena "Lena Katina"



- Puedo ponerlo en vez del "Katina"- guiñó su ojo. – "Lena Katina Volkova", es mi oferta final



- Qué miedo- sonrió, jugando rozando su nariz contra la de Lena. - ¿Qué pasa si no la tomo?



- Tú sabes que no pasará nada- le dio un beso en la punta de su nariz.



- La tomo, entonces- sonrió, tomando aquella franja de la camisa de Lena, sí, la que tenía los botones, y que, uno por uno, iban a ser removidos.



- ¿Qué quieres tú?



- Familia y amigos, tampoco voy a imitar la boda de los Noltenius- exhaló, haciendo que a Lena se le erizara la piel, hasta los microscópicos poros de su pecho se elevaron suavemente. – Que no te preocupes por los gastos y que firmes un acuerdo prenupcial



- ¿Me estás haciendo una Ice Queen?- resopló, refiriéndose con ese sobrenombre a la mamá de Phillip, a Katherine.



- Al contrario, her-mo-sa – sonrió, llamándola así porque alguna vez, hacía alrededor de un año, la había llamado así casi que por única vez, pues, después de eso, se convirtió en "mi amor". – Todo lo que es mío es tuyo también- terminó de desabotonar toda la camisa, ocho botones en total, y no la abrió para ver lo que había debajo, no, simplemente trazó una línea vertical con su dedo índice, desde donde empezaba su tráquea hasta su ombligo.



- ¿Y yo qué voy a darte?- susurró, pues estaba consciente de que ella podía tener ciertas comodidades pero no las mismas de Yulia, ella no podía competir contra eso.



- Tú…- sonrió, introduciendo su mano bajo la camisa, sin descubrir nada, para quitarle, suavemente, el Sticky-Bra a Lena. – Tú me vas a dar el placer de ser lo primero y lo último que vea cada día, tú me vas a dar el placer de poder referirme a ti como "mi esposa, Lena", tú me vas a dar algo que no se compra…



- ¿Qué es?



- Felicidad, amor mio- colocó el sostén a un lado, todavía no descubría el torso de Lena. - ¿Qué esperas tú de mí?



- Tendrás que esperar hasta que escuches mi votos- sonrió.



- ¿Votos?- susurró. - ¿Votos a lo Phillip y Natasha?



- ¿Quieres una boda relativamente normal?- le dio un beso en la frente. – No soy fan de los votos, pero que queden registrados y con público- guiñó su ojo.



- Podría avergonzarte si te digo: "no va a haber noche en la que no te saque diez orgasmos"



- Se muere mi mamá- rió. – Está bien…- suspiró y se acercó a su oído para decirle el secreto más silencioso que alguna vez le dijo, secreto que ni yo escuché.



- ¿Eso quieres?- sonrió con ojos de estupidez amorosa, y Lena le robó un beso corto que le afirmó positivamente su pregunta mientras se quitaba su camisa.



- Comeremos luego- resopló Lena, volviendo a besar a Yulia, esta vez como cuando estaban en la terraza, y Yulia se dejó recostar sobre el asiento del sofá, cayendo con Lena encima, sintiendo sus antebrazos fríos y sus labios tibios.



No fue sexo, ni sexo con amor, y tampoco hicieron el amor, creo que traspasaron los parámetros de dicha última acción. Lena se había dejado caer completamente sobre Yulia, rozaban sus cuerpos aun con ropa, que se la terminaron quitando al mismo tiempo que terminaron en el suelo, entre la mesa de café y el sofá, y terminaron volcando la mesa porque necesitaban espacio para besarse, besarse hasta que tuvieran los labios enrojecidos, rozar sus cuerpos desnudos, calentarlos por el mismo roce, las caricias de sus manos. Yulia recorría a Lena lentamente por su espalda, repasaba sus vértebras y luego la abrazaba fuertemente para volcarla y estar ella encima, Lena que, al estar abajo, jugaba con el cabello de su futura esposa, que sentía cómo los cabellos negros de Yulia, los pocos que tenía, se enredaban entre su anillo de compromiso, pero no dolía cuando la seguía peinando, simplemente se besaban más. Fue mejor que tener mil orgasmos, o así confiesan ambas, que terminaron media hora después, o más, con sonrisas en sus rostros, Yulia recostada en un cojín que había halado del sofá, Lena entre las piernas de Yulia, sobre su abdomen, apoyando su quijada sobre su mano derecha mientras ambas admiraban aquel anillo.



- ¿Cómo le voy a decir a mi mamá?- rió Lena, que había depositado el diamante amarillo dentro del ombligo de Yulia y sólo dejaba el anillo que sobresaliera del relieve del abdomen y veía a Yulia a través de aquella circunferencia con un ojo cerrado.



- Puedes hacerlo así como a ti te gustaría que te dijeran que Volterra es tu papá- sonrió, que mantenía sus manos bajo su cabeza, en aquella típica pose de relajación veraniega y paradisíaca total, y veía a Lena a través de la lejana circunferencia de oro blanco, así como ella, con un ojo cerrado y el otro abierto.



- Con madurez, con seriedad- sonrió, que Yulia le arrojaba un beso con un guiño de ojo muy juguetón. - ¿Tendría que viajar a Roma para eso?



- Si tú quieres, mi amor… y puedes hacerlo en estas dos semanas en las que no tienes que ir al Estudio



- Ahora entiendo por qué no me dicen nada- rió. – Soy tan cobarde como ellos



- ¿De qué hablas?



- No sé cómo decirle a mi mamá que me voz a casar- introdujo su dedo en el anillo y lo recogió hasta colocárselo correctamente.



- Pues, arregla todo y dile a tu mamá que viene un par de días a Nueva York y lo hacemos juntas



- ¿Tú no quieres decirle a tu mamá?



- Una llamada bastará…- guiñó su ojo, tomó a Lena de las manos y la haló hacia ella hasta que quedaran torso contra torso y nariz contra nariz.



- ¿Quiénes sabían de tus intenciones?- entrecerró sus ojos.



- Los Noltenius, mi mamá… no dudo que Margaret y Romeo sepan… y…



- Y Volterra- le completó la frase. – Por consiguiente mi mamá ya sabe- rió. – Entonces, una llamada será suficiente.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por flakita volkatina el Jue Sep 10, 2015 10:17 pm

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Sep 13, 2015 12:12 am

CAPITULO 9 Para llorar y reír, y viceversa.



- Julia- se puso Phillip de pie al ver a Yulia y a Lena salir del ascensor, que daba directo a donde él esperaba. – Len- las abrazó a ambas con una sonrisa frustrada, cansada y preocupada. – Gracias por venir

- Pipe, ¿cómo estás?- susurró Lena, como si no quisiera que la escuchara nadie más que Phillip.

- Bien, bien, por favor, tomen asiento- les ofreció la sala de espera, las pocas sillas que estaban vacías, él estaba vacío.

- ¿Está despierta?- murmuró Yulia antes de sentarse en una silla.

- Creo que sí, entra, le alegrará verte- sonrió con la misma sonrisa y mirada cansada.

- Regreso en un momento- suspiró, colocando su bolso en la silla al lado de Lena.

- Len, ¿cómo estás?- se dirigió a ella, quien se sentaba a su lado mientras veían a Yulia desaparecer por el pasillo hacia la habitación de Natasha.

- Bien- sonrió un tanto incómoda, pues era un ambiente incómodo. - ¿Y tú?- Phillip simplemente sacudió la cabeza y Lena, por reflejo, simplemente lo abrazó, y sólo bastó esa muestra de cariño para que Phillip dejara de ser aquel hombre resuelto y bien estructurado, frío de cabeza aún durante un incendio, estalló en dolor, culpa e impotencia. Fue como si se quedara sin aire, como si quisiera gritar hasta romperse las cuerdas vocales, quería patalear como un niño pequeño en medio de un berrinche, quería odiar a todos, a todo el mundo, a todo, pero simplemente apuñó el suéter de Lena, lo apuñó tan fuerte como pudo, y Lena sólo lo abrazó por la espalda y por su mejilla, estaba más inconsolable que Yulia en su peor momento.

Al mismo tiempo que Phillip emitió el primer ahogo gutural, Yulia entró a la habitación en la que, con sólo entrar, le dio más frío que de costumbre, y no sabía por qué, pues todo estaba cerrado, y hasta un poco oscuro para que la luz no penetrara tanto en la habitación. No, en esa habitación no había nada que estuviera bien o que fuera a estar bien, pero Yulia, como optimista, sólo podía esperar que todo iba a estar bien, igual que todos. Caminó sobre sus zapatillas deportivas Samba marrones, pues le había parecido interesante que no fueran negro y blanco como solían ser, y, al llegar al borde de la cama, simplemente rozó el borde lateral con la parte externa de su rodilla y se sentó a la orilla de la cama. Bajó la cabeza y vio la mano de Natasha, realmente delgada y blanca, no era el blanco que la invadía en otoño, era un blanco consumido.

- Hey…- susurró Natasha en cuanto Yulia le tomó la mano, que había abierto los ojos.

- No quería despertarte

- No lo hiciste- sonrió suavemente. - ¿Qué haces aquí?

- Phillip me llamó…- Natasha sólo sonrió mínimamente, pues no podía sonreír, no quería.

- Como te sientes, Nate?- pero ella sólo sacudió la cabeza, una vez hacia la izquierda y una vez hacia la derecha, no le daba para más, inhaló profundamente y lo atrapó en un golpe pulmonar para evitar llorar. – Hey… hey… hey…- susurró comprensivamente Yulia.

- Es sólo que…

Fue todo lo que pudo decir, fue lo último que dijo en casi un mes, se aferró a Yulia, se aferró con pánico, con la misma frustración de Phillip, con dolor físico y emocional, Yulia sólo pudo abrazarla, así como Lena a Phillip, ambos inconsolables. Natasha estaba peor que aquella vez afuera de Jean Georges, estaba diez veces peor, una magnitud que ningún alcohol podía ahogar. Se aferró a Yulia de la misma manera de aquella vez, apuñando la solapa izquierda de su chaqueta, arruinándole el finísimo cuero café de aquella chaqueta Armani, pero a ninguna de las dos le importaba, Yulia simplemente la abrazó, y se quedó con ella entre gemidos, quejas inentendibles, gruñidos y dolores, mares de lágrimas, un desborde, un colapso. ¿Y en dónde carajos estaba Margaret? Yulia esperó, y esperó, la abrazó por un poco menos de una hora, la consoló sin palabras, sólo con su abrazo y los besos que le daba en la cabeza, que no tenía palabras que la pudieran reconfortar, no sabía siquiera qué era que le arrebataran algo tan importante, al que se alimentara de ella, que viviera por ella; de eso no sabía nada, y no lo sabría nunca.

El día después del cumpleaños de Natasha, los dolores habían empezado, no eran precisamente de vientre, pero había empezado a tener dolores corporales generales, todo el tiempo tenía frío y le molestaban las caderas para desplazarse por el apartamento, y eso que había tomado todo muy en serio, había estado llevando una vida bastante tranquila, sin sexo, de buena alimentación y de mucho, mucho reposo, pero no había sido suficiente. A partir de los dolores, le recomendaron reposo absoluto hasta que se sintiera mejor pero ese "mejor" nunca llegaría, pues, con cada día que pasaba, a Natasha le aumentaba el dolor, en especial en la cadera. No retenía nada, ni líquidos ni sólidos ni intermedios, y nada de que le lograban llegar al intestino delgado, nada, bocado que se llevaba al esófago era bocado que vomitaba. Se había empezado a deshidratar de una manera demasiado rápida, por lo que optaron por suero intravenoso, que tuvieron que punzarla cuatro veces para poder dar con la vena, y había empezado a dormir casi todo el día, Phillip había dejado de ir a trabajar por estar con ella. Margaret y Romeo estaban por terminar de mudarse a Manhattan, ese fin de semana se instalarían nuevamente en aquel Penthouse que habían dejado hacía tantos pocos años.

Había sucedido a eso de las cuatro de la madrugada. Phillip no había podido dormir en toda la noche, era cuarto o quinto día que no pegaba el ojo por estar al pendiente de Natasha, a quien le dolía demasiado moverse y había que estarla moviendo cada cierto tiempo de acostada a sentada y a recostada, todo para que la espalda y la cadera no le molestaran tanto. Natasha se había despertado por el frío y por las ganas de ir al baño, que, aparentemente, era una buena señal, pues entre eso de no moverse y no alimentarse, era raro que fuera al baño. Ambos se levantaron, Phillip para ayudarle a sentarse y a pararse, pues para caminar ni se diga, la cargaba hasta el baño entre sus brazos. Estando Natasha sentada y haciendo sus necesidades, le dijo a Phillip que si por favor le podía servir un vaso con agua, pues tenía molestias en la garganta y, sorpresivamente, tenía sed. Habían empezado a mantener agua embotellada en la habitación para que Natasha pudiera beberla rápidamente y, ese día, Phillip no encontró ninguna botella, por lo que salió hacia la alacena a traer una pero, en el camino, se dio cuenta de que la luz de su iPhone se encendió, y tomó el iPhone para revisarlo, pues le parecía raro que alguien le estuviera escribiendo o llamando a esa hora, pero no era un mensaje para él, se habían equivocado de número telefónico. Entró a la alacena y no encontró las botellas, tuvo que regresar al interruptor para ver mejor, las encontró en el tercer estante, que era a su altura y, por sacar dos botellas con una sola mano, se trajo el paquete entero al suelo, que casi le cae en los pies, pero fue más rápido y los apartó. Recogió el paquete y lo volvió a poner en el estante. Apagó la luz y se dirigió con ambas botellas hacia la habitación, pero la luz de su teléfono se volvió a encender y tuvo que revisarlo, por costumbre, le dio un ataque de tos muy fuerte, que, con su voz, era más grave y fuerte en sonido, número equivocado de nuevo, pues él no era "Johnny". Tomó las botellas y se dirigió a la habitación, que sólo tuvo que entrar para saber que algo no estaba bien. Dejó caer las botellas y, cuando entró al baño, sólo vio algo de lo que nunca quería acordarse de nuevo.

Nada en esta vida es una mera coincidencia, todo pasa por algo, y eso era algo con lo que Phillip debía aprender a lidiar después de ese episodio, pues él se atribuía las dos cosas, que Natasha, su esposa, tuviera un aborto totalmente natural, y que se dislocara la clavícula por el golpe contra el lavabo. Fue una serie de culpas. Phillip hablaba por teléfono, Natasha estaba dormida, y Agnieszka se había acercado a él para preguntarle si Natasha tenía agua todavía pero él, al estar más en la discusión de negocios al teléfono que en lo que pasaba alrededor suyo, sólo asintió y Agnieszka no colocó las dos botellas que debían estar ahí. Si tan sólo él hubiera revisado que hubiera agua antes de irse a la cama, si tan sólo no se hubiera detenido a ver el mensaje en su iPhone, si tan sólo hubiera encendido la luz desde el principio, sin tan sólo hubiera sacado una botella primero y la otra después para no botar el paquete entero al suelo, si tan sólo no hubiera revisado una segunda vez su iPhone, si tan sólo no hubiera tosido hubiera escuchado el quejido de Natasha, sólo si tan sólo, si tan sólo hubiera escuchado cuando Yulia le dijo que un lavabo ovalado era más fácil de limpiar que uno rectangular, si, si muchos "si tan sólo", y si algo de eso no hubiera pasado, Phillip creía que Natasha no hubiera tenido que levantarse sola del inodoro, no se hubiera caído, que en la caída se dislocó la clavícula al golpearse contra la esquina del lavabo, y no hubiera tenido el aborto. Si tan sólo. Pero no, no fue la caída lo que causó todo aquello, fue una simple y terminal falta de compatibilidad entre el Frijolito y Natasha, aquello sólo era cuestión de tiempo, una bomba de tiempo que simplemente explotó en ese momento.

- ¿Cómo estás?- le preguntó ese día, una semana después del episodio, que ya habían llevado a Natasha de regreso al Penthouse.

- Bien

- ¿Estás seguro?

- Sí, Yul… no me afecta el hecho de que no voy a ser papá, sino de que Natasha está así de mal

- ¿Qué tan mal?

- Igual… ya no sé qué hacer, casi no come, no se levanta de la cama, llora el tiempo que no está dormida, no puedo cuidarla, no puedo hacer nada, ¡no me deja!- hundió su rostro entre sus manos. – No puedo, ya no puedo, ya no puedo

- ¿No puedes qué, Phillip?- levantó Yulia la ceja al ver que sacaba una cajetilla de cigarrillos.

- Ya no sé qué hacer, ya intenté todo, no me habla, no me ve… ¿qué quieres que haga?- dijo, poniendo un cigarrillo entre sus labios.

- ¿Qué carajo estás diciendo?- le arrebató el cigarrillo de los labios y lo quebró frente a él. - ¿Me estás diciendo que te estás rindiendo?- le pegó a la mano, y la cajetilla cayó veinte pisos hacia abajo hasta la calle.

- ¡No puedo! ¡Yo no entiendo a Natasha!- y nadie lo vio venir, pero Yulia le dio una bofetada.

- Escúchame bien, Phillip- levantó su dedo índice, así como Margaret. – Una vez te lo voy a decir, y sólo una jodida vez, ¿comprendiste?- él la veía con asombro, pues nunca había visto a Yulia dar un tan solo golpe. – Lo que pasó, pasó, y lo siento, debe ser difícil- gruñó, todavía amenazándolo con su dedo índice. – Esa mujer que está ahí es tu esposa, a la que le juraste que ibas a estar para ella en las malas y en las peores, ¿te acuerdas? ¿Te acuerdas?

- Yul…

- No hay nada que puedas hacer para regresar en el tiempo, nada de lo que pasó se puede cambiar, preocúpate por lo que va a pasar. Esa mujer que está en tu cama está deprimida, golpeada por la vida y por la cerámica del lavabo… si tú no estás dispuesto a estar para ella, muévete a un lado y no estorbes, que lo que necesita es saber que estás ahí. Así que si de verdad te importa, vas a ir a estar con ella, la vas a abrazar, vas a aguantarte los golpes que te dé y no la vas a dejar de abrazar hasta que le veas la más mínima mejora, ¿me entendiste?- gruñó, y gruñó feo, estaba enojada. - ¿Me entendiste?

- Sí…- respondió como un niño recién regañado por malas calificaciones.

- No la vas a presionar, no le vas a decir que tú no vas a comer si ella no come, motívala, no la presiones… - sus ojos se volvieron como si tuviera dos vidrios tiritantes frente al azul que tanto los caracterizaba. – Nada, absolutamente nada es más importante que Natasha- Phillip sólo dio un paso hacia adelante y envolvió a Yulia entre sus brazos para darle un abrazo muy fuerte. – No se trata de que lo supere, se trata de que lo acepte

- Estás tan asustada como yo…- murmuró, y Yulia le soltó un golpe en su pecho, un golpe de impotencia, como si estuviera protestando, porque ella tampoco podía hacer algo para alegrar a Natasha.

- El infierno soy… ni para lo de Margaret estuvo así- se limpió rápidamente las lágrimas y respiró profundamente. – Voy a entrar un minuto, luego es toda tuya- se despegó de él sin otorgarle una mirada directa, pues no le gustaba que la vieran a los ojos cuando lloraba.

- Yulia - la detuvo. – Gracias

Yulia agachó la cabeza y entró al Penthouse, tomó el bouquet de lirios entre sus manos y el pequeño sobre blanco entre sus dedos, taconeó sobre sus Louboutin Ron Ron azules, golpeó suavemente la puerta tres veces y la abrió. Sonrió porque extrañaba esa cara, ese cuerpo, extrañaba la presencia de Natasha a pesar de que, en ese momento, era irreconocible entre su depresión, entre su mirada fija al vacío, que veía el tiempo pasar a través de las puertas de vidrio que daban a la terraza de su habitación, en donde había días que no veía el sol porque estaba nublado, o veía la lluvia caer sobre el linóleo de la terraza, veía a los Protonotarios que se paraba en el barandal de hierro, y su estado inerte corporal, que estaba acostada sobre su costado derecho para mantener en reposo su brazo y su clavícula izquierda. Colocó el bouquet en la mesa de noche de su lado, a la que le daba la espalda y, sobre la nota del día anterior, colocó la de ese día. Llevaba cuatro con esa. Tomó el bouquet del día anterior y lo colocó en la terraza, en donde sabía que lo iba a ver con seguridad. Se acercó a la cama, así como aquel día en el hospital, y se sentó a su lado, encarándola, pero Natasha no reaccionó, no la volvió a ver.

- Aquí estoy- le susurró, acariciando su mejilla para luego guardar su flequillo tras su oreja. – Para lo que sea que necesites, Nate…- se inclinó sobre ella y le dio un beso pausado en su sien. – I love you- y le dio un segundo beso, con el que Natasha sólo cerró los ojos pero pareció no reaccionar más allá de eso.

Yulia, desde que la habían llevado de regreso al Penthouse, se había tomado la tarea de llevarle, a diario, un bouquet de Lirios, porque estaba consciente, con su conocimiento paisajista, que los Lirios tenían cierto efecto en las personas que estaban en dolor, físico, mental o emocional, y le llevaba, junto con el bouquet, que siempre cambiaba de color para darle pluralidad a la vista del otoño, llevaba una nota sellada en un sobre pequeño, algo que le escribía todos los días por si, en algún momento, se le daba la gana leerlas, pero ya iban cuatro días y no se le había dado la gana, tendría que llevar quince, para que a la decimosexta, Natasha estuviera lista para hablar con ella la primera vez desde el incidente. Y todos los días hacía lo mismo, a eso de las cinco de la tarde, así se partiera la tierra en mil pedazos, ella llegaría al Penthouse, le dejaría el bouquet en su mesa de noche, colocaría la nota sobre la del día anterior, que todas estaban enumeradas, y llevaría el bouquet del día anterior a la terraza, se sentaría en el mismo lugar, le haría la misma caricia, le susurraría las mismas palabras, le diera los mismos dos besos, y se iría, porque entendía que, para aceptar algo así, se necesitaba tiempo y espacio pero también apoyo, por eso iba todos los días.

- ¿Bueno?- contestó aquella voz a la que muchos le temían pero no Phillip.

- Mamá, hola- dijo mientras Yulia estaba en la habitación con Natasha.

- Phillip, ¿cómo estás?- dijo sin la más mínima alegría en su voz.

- Bien, ¿y usted? ¿Cómo va todo?

- Bien, bien, no te imaginas cómo han subido las ventas, ha sido un mes excelente- y eso sí que pudo sentirse a sonrisa. – Estoy preparando todo para poder ir a visitarlos en dos semanas, me muero por ver cómo está quedando la habitación de mi nieto

- Mamá, hay algo de lo que tenemos que hablar

- Ahora voy a una reunión, ¿hablamos luego?

- No- le dijo, y era primera vez que le decía "no" a la Reina del Hielo. – Es urgente

- Phillip Charles, ¿qué puede ser más importante que una inversión de nueve millones?

- Natasha- y la sangre le empezó a hervir a Katherine, pues siempre se refería a Natasha como "mi nuera" o "la esposa de Phillip", nunca por su nombre porque no le terminaba de agradar. – Natasha es más importante

- Phillip, si es para hablar de divorcio, lo hablaremos luego, ¿de acuerdo? Conozco un abogado excelente que los puede divorciar en menos de setenta y dos horas

- Mamá, no me estoy divorciando de Natasha- gruñó un tanto desesperado.

- Entonces no le veo la importancia a lo que sea que tengas que decirme, Phillip, hablamos luego

- Mamá, si me cuelga, le juro que me enojo de por vida- gruñó claro y fuerte.

- Phillip Charles, no me hables así que soy tu madre- lo reprendió en su tono tajante.

- Natasha lo perdió- eso era todo lo que quería decir, pues consideraba que ese era el paso que necesitaba dar para aceptar completamente que eso había pasado para, así, preocuparse ya sólo por Natasha, su esposa.

- ¡¿Qué?!- Phillip no pudo verlo, pero su mamá se quedó en blanco. Llevó su mano derecha, que parecía que tenía Parkinson de lo mucho que le temblaba, y así, temblorosamente, se quitó sus gafas. Phillip esperaba alguna de las siguientes cosas:

a) ¿Está bien?

b) ¿Cuándo pasó?

c) ¿Por qué pasó?

d) ¿Necesitan algo?

e) Lo siento mucho, Phillip

f) Llego mañana mismo para poderlos acompañar

g) etc.

h) Todas las anteriores

Pero quizás ese temblor en la mano no era de sorpresa, aunque sí era, pero no de devastación, sino de otra cosa, que no sé cómo se llama exactamente.

- Sí…- murmuró, pues no sabía si repetir aquello.

- ¿Me estás diciendo que ni siquiera un nieto me puede dar?- y pareció que aquello lo había ladrado.

- ¡Mamá!- se sorprendió. - ¿Cómo puede decir eso? No fue su culpa

- ¿Cómo que no fue su culpa? Seguramente tiene algo malo ahí adentro que no se le pega bien- y yo digo: What the fuck?! – Ay, Phillip, yo te dije que esa mujer no era para ti, yo te dije que no era sana, ¿ves cómo sí tenía razón? No puede darme ni un nieto prematuro, vergüenza le debería dar

- ¡Más respeto para mi esposa!- le exigió. – Y sepa que no voy a ir a Corpus Cristi para Navidad, porque voy a pasarlo con mi familia aquí en Nueva York

- ¿Familia?- resopló. – ¡Si ni una familia te puede dar! Tu familia está en Corpus Cristi, Phillip Charles

- Buenas noches, Katherine- dijo en tono seco y terminó la llamada, que dejó a Katherine con el típico "A mí no me hablas así", que, del enojo, apretujó el iPhone en su mano derecha y lo estrelló contra la madera de la terraza en la que se encontraba. – Nota mental, dos puntos: no tomar nada que venga de mi mamá- dijo para sí mismo en voz alta, pues sólo así se le quedaban las cosas más importantes.

¿Iracundo? Sí. ¿Injustificadamente? Jamás, hasta me alegró que exigiera respeto para su esposa, esposa a la que estaba decidido recuperar del silencio y de la ausencia a costa de lo que fuera: no iría a trabajar hasta que se recuperara, se quedaría con ella todo el tiempo, estaría para ella las veinticinco horas del día por los ocho días de la semana. ¿Su misión? Revivirla. Sólo quería saber que no había perdido la voz que tanto le gustaba, quería saber que, en aquella mujer vacía, Natasha seguía llenándola de vida, de travesuras, de la esencia juguetona que la caracterizaba, que estaba la mujer sin escrúpulos, la que era hasta una pizca de vulgar, pero que todo se resumía a la mujer que se le había escapado por entre los dedos por no haber sabido cómo manejar la situación emocional, y si ella había hecho el esfuerzo de mantenerlos juntos, desde la primera vez que le había propuesto matrimonio hasta ese día, él le debía exactamente lo mismo, y nada menos. Entró decidido a recuperarla, a atraparla antes de que se estrellara contra el suelo en un tipo de suicidio emocional, se dirigió a su habitación, en la que no se había encendido la luz desde que había regresado, y no la encendió para respetar la visión de su esposa, pero se acostó a su lado, imitó su posición pero le dio la cara, le tomó la mano izquierda con la derecha y le dio el primer beso desde la noche del incidente, que habría querido dárselo en los labios, pero respetaba demasiado su espacio. Así se quedaron toda la noche, tomados de la mano, pues eso no lo objetó la Señora Noltenius, quien logró dormirse junto a su esposo.

La melodía era tan familiar, tan melancólica y nostálgica, tan triste, que no era sólo la melodía sino también la postura de Yulia, su actitud en cuanto al piano, pues no estaba erguida, y, con cada presión a las teclas, era como si tuviera un intento de erguirse, era como un rebote. Tenía sus ojos cerrados, su respiración se notaba que era apenas esporádica y suave, que respiraba al ritmo de los pausados rebotes que ella misma provocaba. La melodía era limpia y suave, como si un carrete de hilo rodara por un lienzo eterno de seda, pero su expresión facial no era suave, era de preocupación, de terror, porque tenía miedo: no sabía qué hacer para ayudar a Natasha, no sabía si era su deber ayudarla o no, no sabía cómo, o qué hacer, se sentía mal por cómo había tratado a Phillip, pero era la misma impotencia, pues para ella, Natasha era su hermana, no su esposa, pero era igual de importante, no era necesario que no fueran hijas de la misma madre, o que compartieran un tan sólo alelo, simplemente era así, y nadie podía atentar contra esa conexión. Quería arreglar algo y no tenía las herramientas para hacerlo, ni siquiera sabía si lo que estaba haciendo era correcto. Tenía frío, frío en sus manos por las teclas frías, frío en sus pies por los pedales congelados, frío en sus piernas por estar únicamente en panties, frío en sus brazos por estar únicamente en camiseta desmangada, pero el frío era el mismo que había sentido en presencia de Natasha, era como estar con ella, cómo la extrañaba, pero no era momento de pensar en sí misma, sino en su mejor amiga, en su hermana. No supo en qué momento cambió de melodía, pero era más alegre, o menos triste, era más amarilla.

- Look at the stars, look how the shine for you and all the things that you do- cantó suavemente Lena mientras Yulia se deslizaba un poco hacia la izquierda para que ella se sentara a su derecha, y sólo sonrió ante la presencia de su prometida, de su prometida en secreto porque habían acordado no decirle a nadie hasta que Natasha y Phillip lo supieran primero, y eso no era urgente en esos momentos. – Supuse que aquí te encontraría- murmuró en cuanto Yulia terminó la canción.

- No podía dormir

- ¿Quieres hablar?- la tomó de la mano, que a Yulia le gustaba ver que Lena utilizaba el anillo en su dedo, no se lo había quitado desde que se lo había dado hace un poco más de dos semanas, bueno, sólo para ducharse.

- Si tú te acercas a mí con un problema, te ayudo a solucionarlo. Estoy acostumbrada a tener la solución para todo, porque casi siempre tiene que ver con dinero, y eso se me facilita. Pero ahora no veo solución, no veo cómo puedo solucionarlo

- No puedes

- Odio no poder

- No es tu culpa no poder, así como no fue culpa de Natasha, o como no fue culpa de Phillip… no es culpa de nadie, mi amor

- Veo cómo mi mejor amiga se deteriora con el pasar de los días, cómo se va desmejorando física y emocionalmente, que no le veo avance alguno… es como dejar que alguien se muera en las manos aún cuando sabes hacer una perfecta resucitación cardiopulmonar

- Mi amor, el tiempo es el lo único en lo que puedes confiar- se recostó sobre su hombro desnudo y atrapó su mano entre las suyas. – Me parece muy lindo lo que haces todos los días, y no sabría decirte si deberías hacer más o no deberías hacer nada, pero Natasha está en todo su derecho de sufrir en silencio el tiempo que le tome aceptar que necesita hablarlo con alguien y, cuando eso pase, primero será con Phillip, luego verá si decide hacerlo contigo o con Margaret, pues las dos le dirán cosas distintas; tú la tratarás de animar, Margaret la tratará de víctima, así como ha venido tratándola, que no sé si es el mejor trato que le puede dar

- ¿Me quieres acompañar mañana?

- Puedo acompañarte, pero no voy a entrar contigo a ver a Natasha

- ¿Por qué no?

- Porque pienso que es un momento muy íntimo, muy privado, y no cualquiera puede estar ahí, tú no eres cualquier persona, yo sí

- Pero Natasha es tu amiga también

- Lo que pasa es que no quieres entrar sola de nuevo, ¿verdad?

- Me conoces tan bien- asintió lentamente.

- Natasha sabe que estoy para ella pero a quien en verdad va a acudir es a ti, no a mí

Yulia no se dio por vencida, no podía darse ese lujo, porque darse por vencida era como resignarse a algo que no existía en el corazón de Natasha, ni en su corazón ni en su vocabulario, y no podía hacerlo sólo porque sí. Pues pasaron catorce notas de Yulia, catorce bouquets de Lirios, y Natasha seguía igual, que ni siquiera habían podido sacarla de la cama para llevarla a su revisión, no quería saber nada de eso, nada de nada, y tuvo que llegar el médico a hacerle la revisión general y a revisarle el progreso de la clavícula, que había sanado bastante bien porque no se movía, pero le quedarían los dolores reglamentarios mientras no se alimentara bien, pues se había rehusado al suero intravenoso, no otra vez, ya suficiente. Pues ese día llovió como si el cielo fuera a caerse, llovió con furia, como si fuera huracán, el diluvio bíblico; gotas anchas y potentes que hacían mucho ruido al estrellarse contra los vidrios, pues el viento era increíblemente fuerte. El cielo no era gris, era hasta rojizo, daba miedo, daba sensación de traer malas consecuencias. Yulia sólo llegó a dejarle el bouquet número quince, con la respectiva nota y las respectivas palabras, y se largó a su apartamento porque tenía cosas que hablar con Lena, quien ya había vuelto al Estudio y estaba, nuevamente, en la oficina de Yulia, pues la suya había sido usurpada por un especialista en conexiones eléctricas y tuberías, y estaban analizando la posibilidad de que ellas dos se convirtieran del panel de contribuidores de ElleDecor, que harían una crítica, un top10, un artículo y un análisis al año, uno por cada trimestre. La paga era buena, el reconocimiento mejor y era lo que Trump quería para estar orgulloso de que estaba asociado con personas capaces, o algo así.

– Yulia trajo una Tarta Tatin de pera en vino tinto, Lena lo hizo… ella pensó que te gustaría- dijo suavemente mientras estaba acostado al lado de Natasha, quien se volcó sobre su espalda con dicho comentario. Era la primera vez que se movía frente a él. Veía al techo, eran iguales, sin vida, blancos. Posaba su mano izquierda en su vientre y su mano derecha al azar, pero no la soltaba de la de su esposo. Phillip sólo veía su abdomen, ya raquítico, que hasta las costillas se le notaban, cosa que no era normal en ella. – Por cierto, Tía Donna llamó para preguntar si te habían gustado el cárdigan y el suéter que te mandó, le dije que te habían encantado… - Natasha se sentó sobre la cama, le dio la espalda, y se puso de pie, pues tenía ganas de ir al baño. Phillip se puso de pie, aquello le parecía extraño, y no sabía si era bueno o no, pero no le gustaba que lo ignorara más que de costumbre, que le diera la espalda. – Nate…- susurró al ver que se quedaba de pie, estática, al borde del baño, en donde la madera se convertía en el linóleo beige del baño, era la primera vez que intentaba ir a ese baño desde el incidente, estaba frecuentando el del pasillo por mientras. – Nate…- susurró nuevamente al ver que se abrazaba suavemente y se resistía a entrar. – Mi amor…- murmuró en tono amoroso y comprensivo mientras la abrazaba por la cintura. – Entremos…- intentó dar un paso hacia el interior del baño pero Natasha se resistió, no quería entrar. – Estaré contigo todo el tiempo, no me voy a ir- intentó dar el paso pero se volvió a resistir. – Por favor- y decidió utilizar la fuerza bruta, la empujó junto con él hacia el interior, ella sólo se apresuró para querer salir, pero Phillip la detenía, no la dejaba salir, no aunque le estuviera pegando histéricamente en el pecho mientras él la mantenía abrazada.

- ¡No es justo!- sollozó, cansándose de darle golpes a su esposo, que fue que estalló en un llanto tan inconsolable como el de la mañana siguiente al incidente, que apenas se recuperaba del legrado.

- No, no lo es…pero hiciste lo que pudiste, y no es tu culpa- intentó razonar con ella, que ya sólo lloraba amargamente, cosa que le partía el alma, pues odiaba ver a una mujer llorando, lo detestaba.

- Perdón- balbuceó entre su llanto, entre sus lágrimas y sus ahogos, entre su congestión nasal, entre su falta de consuelo, el que empezaba a encontrar entre los brazos de su esposo.

- ¿Por qué me pides perdón, mi amor?

- No sé cómo manejar esto

- No tienes que manejarlo tú sola… déjame manejarlo contigo- le daba besos en su cabeza, la abrazaba con ganas, así como la había extrañado, y le encantaba escuchar su voz; con tan poco y ya sentía a su esposa de regreso.

- Tú no eres el problema, Phillip- le dio un golpe que realmente le dolió, pero no le hizo caso, entendía la rabia, la frustración. – Es como si estuviera tan sucia que no se quiso quedar conmigo

- ¿Sucia?- la abrazó más fuerte y la cargó lo suficiente como para que colocara sus pies sobre los suyos, y caminó lentamente hacia la ducha. – Tú no estabas sucia, no lo estás…y nunca lo estarás- murmuró mientras se metían a la cabina de la ducha. – No fue tu culpa- encendió el agua, y un chorro suave de agua tibia los empezó a bañar, así como estaban, en la misma posición, abrazados y con ropa; Natasha reposando su cabeza sobre el pecho de Phillip, él con sus brazos alrededor suyo, manteniéndola cerca y protegida, apoyando su mejilla sobre su cabeza. – Déjame ayudarte, por favor

Natasha asintió, ya no podía ella sola, ya no quería, se sentía demasiado miserable como para cargar ella sola con tanta miseria, necesitaba un respiro porque estaba por ahogarse, necesitaba eso, ese momento, ese momento en el que sólo el agua de la ducha se escuchaba caer, en el que la ropa les pesaba por el exceso de agua, que goteaban y que no les importaba más que estar juntos y el intento de Phillip por limpiar a su esposa. Lentamente, sin intención lasciva alguna, le quitó la ropa, que fue que se dio cuenta de la vulnerabilidad de su cuerpo; las consecuencias rojas de aquella intervención quirúrgica ambulatoria de la que ninguno de los dos había querido saber mayor cosa, sólo las consecuencias de dicha intervención, que cabía la posibilidad de la esterilidad, pero era por el bien de la Señora Noltenius, la decadencia del cuerpo de su esposa, raquítica, tan raquítica como la primera vez que la había visto en Bergdorf Goodman; sus clavículas saltadas, los rastros del hematoma profundo del golpe, los omóplatos más saltados que de costumbre, sus caderas saltadas, así como sus costillas . Lavó cada milímetro del cuerpo del verdadero amor de su vida, llamándose a sí mismo "Imbécil" por haber pensado en tirar la toalla, paseó el jabón de miel de abejas, avena y leche de almendras por todo su cuerpo, y ella se dejó, le gustó sentirse consentida, más cuando Phillip lavó las partes que eran más delicadas, que no les importó lo rojo, sólo limpiar a la Señora Noltenius. Y lavó su cabello, que aprovechó para hacerle un masaje suave y cariñoso a su esposa.

La cargó hasta la cama, la secó con la toalla más suave que encontró, la humectó, la vistió con la paciencia más grande de los tiempos de la razón, con la debida protección y de la debida manera, la peinó y la metió a la cama. Sólo salió de la habitación para llevarle algo de comer, que regresó con una pequeña porción de la Tarta de Lena, pues había que cuidar su estómago por la falta de costumbre de la comida. Phillip la abrazó mientras comía lentamente aquella mezcla de sabores livianos, y, aunque no cruzaron otra palabra en toda la noche, supo que iban por buen camino, más cuando Natasha se quedó dormida sin la pastilla, la que tiempo después le ofrecería a Lena para relajarla el día de su boda, y se quedó dormida enrollada contra él hasta que fue de mañana y ambos se despertaron distintos, quizás no con infinito positivismo, pero sí sin tanta miseria.

- Bonjour, mon amour- susurró Phillip al ver que Natasha se despertaba, que sólo se despertó y se aferró más a él. – Este es un nuevo día- ella no le correspondió ni el saludo ni las palabras que le siguieron, simplemente intentó empezar volver a la normalidad de su matrimonio, y le dio un beso corto en sus labios, que ambos lo sintieron tan bien como el primero que se dieron mutuamente.

- ¿Qué hora es?

- Casi las nueve- sonrió Phillip, viendo que Natasha se sentaba sobre la mesa y, por primera vez en su conciencia y consciencia, veía el Bouquet de Lirios y la pila de sobres. – Son de Yulia- la vio acercarse al bouquet y darle una probada olfativa a los Lirios.

- ¿Vas a ir a trabajar?

- Mi trabajo es estar contigo- sonrió, viendo a su esposa tomar la pila de sobres, todos iguales y firmados de la misma manera, que no sólo era una "Y.-", así como solía firmar Yulia, sino que decían "Yulia", todos.

- ¿Los has leído?- le preguntó, revirtiendo el orden de los sobres para dejar el primero arriba.

- No, son tuyos…

- ¿Sabes qué dicen?

- No, no le pregunté y tampoco me dijo- bostezó suavemente. - ¿Los vas a leer?

- Después de desayunar y de ducharme- dijo, colocando la pila de sobres nuevamente sobre la mesa de noche para retirar las sábanas y levantarse.

- Espera, le diré a Agnieszka que lo traiga a la cama, no te muevas- dijo, saliéndose rápidamente de la cama, haciendo que se quedara sentada. - ¿Qué quisieras de desayunar?

- Tengo ganas de avena

- ¿Café?

- No, agua, por favor- murmuró, volviéndose a meter a las sábanas, pues afuera hacía frío. Tomó nuevamente los sobres y abrió el primero. – "Lo siento mucho"- leyó en susurros, pues había ciertas cosas que las leía así para protegerse de que su mente divagara y empeorara lo escrito. – "No fue tu culpa"- leyó el segundo. – "No sé cómo te sientes, pero estoy para lo que necesites; cualquier día, cualquier hora, en cualquier momento. Siempre"- ese le causó un leve nudo en la garganta, pero logró contenerlo. – "No tienes que estar bien para nadie, sólo para ti. No hay nada que debas sentir o debas hacer. No encuentro un manual para que sepas cómo lidiar con esto".- Natasha respiró hondo. – "Tómate tu tiempo"- el nudo quiso salir pero, por no salir, sus ojos se llenaron de lágrimas. – "Llora cuando lo necesites porque sé cómo las lágrimas ayudan a afligirse"- las primeras lágrimas recorrieron su rostro por efecto de la gravitación. – "Sé paciente contigo misma y Date tiempo para sanar"- y todavía no sabía qué tenía de especial el número siete, pero casi siempre era el más acertado. – "Estoy aquí.Llámame a cualquier hora del día o de noche.Lloraré contigo,te escucharé y reiré contigo..Traeré los pañuelos de papel"- una lágrima cayó sobre el pequeño papel que leía. – "¿Cómo te sientes hoy? Me gusta pensar que mejor que ayer y no tan bien como mañana"- contuvo la congestión nasal y salió el segundo par de lágrimas. – "Alimenté a los patos del Pond en tu nombre"- y rió con su aliento. Le dio la vuelta al papel porque tenía una flecha que se lo indicaba. – "No tiene nada de malo que te hayas reído hoy".- respiró hondo y ahogó una segunda risa, pero salió en forma de aliento, igual que la anterior. – "Cuando estés lista, te voy a escuchar y no te voy a ver como si hubieras perdido la razón"- asintió suavemente entre un sollozo casi mudo. – "Pero para nosotras también la vida es buena, quizás no ahora, pero pronto"- volvió a reír con su aliento tembloroso. – "Si los problemas parecen que nunca terminan... sólo recuerda mantener la fe."- abrió el número catorce. – "En cualquier momento que tu necesites a un amigo, allí estaré." -abrió el número dieciséis. – "Así que nunca estarás sola, el amor le hará muy bien. "
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VIVALENZ28

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Sep 13, 2015 12:14 am

- Mi amor, ¿está todo bien?- se asustó Phillip al verla con todos los papeles regados por la cama y con lágrimas en los ojos.

- ¿Tenemos pan viejo?- le preguntó mientras se limpiaba las lágrimas con los bordes de las mangas de su suéter.

- Puedo preguntarle a Agnieszka… ¿estás bien?

- Cuando terminemos de comer… y de ducharnos, ¿podrías hacer que Yulia venga, por favor?

- Por supuesto- sonrió, al ver que su esposa tenía la mínima señal de una sonrisa al tener su labio tirado hacia un lado. - ¿Algo más que necesites?

- No me las quiero volver a tomar- dijo, alcanzándole el frasco de Zoloft, que Phillip se lo tomó e inmediatamente las guardó en la caja fuerte, que para Natasha fue suficiente, pues desconocía la combinación. - ¿Vienes conmigo?- lo invitó a la cama al haber guardado todas las notas de Yulia en un solo sobre.

Phillip se volvió a acostar con ella y la volvió a abrazar, ella le dio un beso, un beso más completo que el del día anterior, más ella, más él, más ellos, que se besaron por tanto tiempo que hasta Agnieszka los interrumpió al entrar con la charola del desayuno de ambos, y se alegró de ver a Natasha con más vida a pesar de que sus ojos gritaran frustración y tristeza, pero eso pronto acabaría. Sólo les dejó la charola, el tazón de avena para Natasha, así como le gustaba; con canela, nuez moscada, azúcar moreno y extracto de vainilla, una botella con agua fría, y, para Phillip, un bagel, queso crema y lascas de salmón ahumado. Desayunaron mientras veían, por primera vez en casi un mes, veían la repetición de las noticias del día en la BBC, no había noticias buenas, al menos las malas superaban a las buenas, a las que podían alegrar, pero no les pusieron mucha atención, pues Natasha pidió sus ediciones mensuales de las revistas que solía leer, y Phillip se dedicó a simplemente disfrutar de su esposa, de verla comer, de verla leer usando sus Tom Ford de vidrios súper delgados, que el grosor se reducía a la mitad, y de cuyo lente izquierdo gozaba de +0.50 y el derecho de +0.25, que no era nada pero no quería llegar a ser como Margaret, de +1.50 en cada ojo.

- ¿En qué piensas?- le preguntó Lena al notar que ya llevaba más de media hora en su silla y veía, con pasividad, hacia afuera en una pose bastante desganada.

- ¿Sabes por qué le llaman "The Big Apple" a esta ciudad?

- Ilumíname- sonrió, dejando a un lado el contrato de ElleDecor, pues ella no leía tan rápido como Yulia y le gustaba saber, punto por punto, lo que podía y debía hacer para ser parte del Panel de Expertos.

- A los caballos les gustan las manzanas- resopló. – En los años veinte, un escritor se refirió a Manhattan como "La Gran Manzana" porque todas las compañías quería estar aquí, así como todos los caballos corren tras la manzana

- Interesante dato, mi amor- se puso de pie y caminó hacia ella mientras intentaba no preguntarle si estaba así por Natasha, pues últimamente, para Yulia, el tema de Natasha era un tanto sensible; Lena había vivido, de primera mano, lo que significaba ella para su futura esposa, era como si le hubieran arrancado la mitad de su felicidad, como si estuviera medio presente y medio ausente.

- ¿Te quieres sentar conmigo?- se volvió a ella, y Lena asintió, pero se dirigió hacia la mesa de dibujo para arrastrar el banco hasta colocarlo al lado de Yulia, o eso pretendió hacer. – No, aquí- sonrió, dándose unas palmadas en sus muslos.

- Hace un mes nos regañaron por demostrarnos nuestro afecto en el ojo privado público- dijo, haciendo de la última expresión algo gracioso.

- Llámame irrespetuosa, sin escrúpulos, como quieras- suspiró, recibiendo a Lena sobre su regazo. – Pero, pregúntame cuántos carajos me importa eso- Lena pasó su brazo por la nuca de su hermosa Arquitecta, quien llevaba su cabello recogido en un moño que le había robado dos calles y cinco Bobbypins en hacerlo.

- ¿Cuántos carajos te importa eso?- susurró con una sonrisa, que logró que riera nasalmente.

- Ni uno- sonrió, diciéndolo en serio, que quizás su Ego de Alfa y Omega la había desubicado en cuanto a la moralidad y su relativismo, o quizás era que simplemente podía hacerlo: su Estudio, su oficina, su novia, su boca, sus reglas. Punto.

- Eso es lo que pensé- dijo con una lengua lasciva que terminó por encontrar sus labios, y labios con labios, simplemente abusando terriblemente del espacio que las rodeaba, pues Yulia había entrado ya en la etapa de: "Lena es mi novia, ¿y qué?". – Dime algo, Julia- que sonó a un acento francés de lo más gutural y correcto que existía a pesar de que Lena, de francés, ni un culo sabía, o algo así le había dicho en una borrachera a Yulia, quizás el día antes de renunciar, así se brutal habrá sido la borrachera que ni se acordaba cuándo había sido, algo que sonó a "Julia" y la "J" muy tierna y seductora, y rozaba la punta de su nariz contra la de la poseedora de aquel seductor nombre, que ninguna sabía qué tenía de especial hacer aquello, pero casi siempre lo hacían. – Tu cumpleaños es en diez días

- "Tu cumpleaños es en diez días"- repitió, intentando sacarse una risa, tanto a ella misma como a Lena.

- Ay- rió, y Yulia también, misión cumplida. - ¿Qué quieres hacer para tu cumpleaños? ¿Qué quieres que te regale?

- ¿Qué quieres hacer? ¿Qué me quieres regalar?- levantó la ceja.

- No sé si enojarme o reírme cuando haces eso- dijo con su ceño fruncido y una expresión graciosa, la misma que pone cualquiera con "ay, qué lindo el niño".

- Me gustas enojada… pero no conmigo- sonrió, arrebatándole un mordisco de mentón que le dio cosquillas a Lena.

- No te me alejes del tema

- No fui yo, fuiste tú- se irguió un poco, sólo para poder besar a Lena en su cuello.

- Como sea- suspiró al sentir sus labios detrás de su oreja derecha. - ¿Qué quieres que hacer? ¿Quisieras algo en especial?

- Me gustó mi cumpleaños del año pasado…

- No se vale repetir

- Supérate- rió.

- No quiero hacer algo que no te guste

- No lo harás- dijo entre un suspiro mientras se dedicaba a darle lengüetazos cortos a Lena, lengüetazos amargos por el perfume.

- Tampoco quiero hacer algo demasiado… no sé cómo decirlo…- murmuró, tomando la cabeza de Yulia para mantenerla en ese punto, exactamente sobre la yugular, en donde se debía a la quijada. – No quiero hacer algo muy extremo

- No te tengo miedo- sonrió, que siguió besando ahí.

- Deberías

- Noticia de última hora: Arquitecta muere de tanto coger- se burló Yulia. – Sorpréndeme, porque de tanto coger cualquiera se va feliz a la tumba

- Bien,bien- rió. - ¿Qué quieres que te regale?

- Sorpréndeme

- Me voy a vengar por el rompecabezas ese- rió.

- Véngate… ya te dije, no te tengo miedo- murmuró, elevando su rostro para verla a los ojos.

- Ya te dije que deberías- la tomó con su mano izquierda por la mejilla y la trajo hacia ella, la trajo hacia un beso suave y sedoso, de ojos cerrados y las manos de Yulia abrazando a Lena por la cintura, un beso que las obligaba a seguir besándose porque el segundo que le seguía al segundo presente era mil veces más rico que hace dos segundos.

- ¡Oh!- espetó aquella femenina voz al abrir la puerta y verlas en aquella tertulia. La mirada de Lena se ensanchó, la de Yulia se cerró en modo de autoprotección infantil, como si no la vieran por tener los ojos cerrados. – Perdón, no quería interrumpir… y Gaby no está, perdón- dijo nerviosa.

- Pasa adelante- fue lo primero que se le ocurrió a Lena. – Yo tenía que salir a hacer algo a ese lugar- Yulia seguía con los ojos cerrados. – Quédate- Lena se levantó del regazo de Yulia y, limpiándose el contorno de sus labios, salió de la oficina a un lugar sin lugar, sin rumbo, sólo a intentar reírse histéricamente para no desplomarse en un repertorio poético de palabras soeces.

- Perdón, no quería interrumpir- repitió.

- No te preocupes, Belinda- abrió los ojos y respiró hondo. – Dime- se volvió con la silla completamente hacia ella.

- Necesito que firmes los planos que aprobaste ayer- dijo, colocándole un rollo de quince planos sobre el escritorio.

- ¿Son los de García o los de Henderson? Es que aprobé los dos

- Los de Henderson- suspiró, viendo a Yulia sacar su pluma fuente, no la que tenía el Bentley grabado, pues esa la utilizaba a diario y para casi todo, sino la Omas de madera de olivo que tenía tinta roja y sólo la utilizaba para firmar los planos. - ¿Cómo va lo de Newport?

- No tengo idea, no me encargué de la construcción, sólo de los diseños… cuando la terminen de construir la voy a ambientar- respondió sin volverla a ver mientras levantaba cada esquina inferior derecha para firmar.

- ¿Y Providence?

- No vamos a construir hasta que acabe el invierno, es más barato- le faltaban tres planos por firmar, pero decidió ver a Belinda a los ojos con una sonrisa. - ¿Me vas a preguntar lo que de verdad quieres preguntarme o no?- Belinda ensanchó la mirada porque quería preguntar lo obvio, y no sabía cómo, ni si sus ganas eran tan evidentes. – Está bien, puedes preguntarme… de verdad- sonrió, volviéndose a los planos para terminar de firmarlos.

- Son unas chicas cosa?- obviamente esa era la pregunta más, valga la redundancia, obvia.

- No diría que somos una cosa… ya llevamos casi un año- dijo, firmando el último plano. - ¿Eso te molesta?

- Nunca te imaginé…- murmuró mientras se arreglaba las solapas de su chaqueta, la clásica señal de que estaba nerviosa y/o incómoda.

- ¿Cómo?- sonrió mientras enrollaba los planos.

- Bueno, tú sabes… con una mujer

- No es una mujer, es Lena- la corrigió.

- Bueno, felicidades- resopló. – Supongo

- Gracias, supongo- se puso de pie y le alcanzó los planos. - ¿Algo más?

- ¿Algo como qué?

- Bueno, no sé- se encogió de hombros.

- No, nada- dijo rápidamente al escuchar que el teléfono de Yulia sonaba. – Tu secreto está a salvo conmigo- sonrió.

- No es un secreto- la volvió a corregir, y tomó el teléfono. – Volkova- contestó su iPhone.

- ¿Cabe la posibilidad de que puedas venir, Julia? – le dijo Phillip en una voz que parecía ser de un hombre totalmente diferente.

- Claro, ¿a qué hora me necesitas?

- Ya

 

Yulia se volvió blanca, pálida, sin vida, y sólo colgó. Belinda vio aquella descomposición de aura y sonrisa, sólo la vio ponerse su blazer gris oscuro, que contrastaba divinamente con su camisa celeste Burberry, que nadie sabía qué tenían esas camisas que hacían que cualquier mujer se viera bien en ellas, y le daba un contraste más obtuso por la falda negra que empezaba en su cintura. Taconeó en sus Sexy Strass Louboutin, que muchos, en cuenta Anna Wintour, creían que eran Stilettos para la noche, pero un Louboutin no tenía día y no tenía hora, siempre deslumbraba y despertaba y alborotaba la envidia con su suela roja, pues nadie sabía, tampoco, por qué la suela roja era tan llamativa. Yo sí, y Yulia también. Tomó su bolso y su ligera bufanda Hermès, aquella con la que había vendado a Lena alguna vez, y, en el camino, aparte de cruzarse con Gaby, que Yulia le indicó que saldría un momento con una simple señal de manos al formar una "T" con ellas, se cruzó con Lena, que estaba riéndose con Clark en una de las fuentes de agua, se arrojaron un beso aéreo, pues Clark, por muy macho que se hubiera visto la primera vez, no había tardado tres días más en sacar, en propulsión, su homosexualidad, pues aquella vez, en la oficina, no le estaba admirando el busto a la Licenciada Katina, sino el corte y la silueta que la camisa le daba a su torso. Lena no le preguntó a dónde iba, simplemente, por la cara que llevaba, supo que algo había sucedido con Natasha.

- Julia- sonrió Phillip al abrirse el ascensor justamente en el interior del Penthouse. – Qué rápida- le abrió los brazos. Se veía diferente.

- No sé si, de haber corrido, habría llegado más rápido- dijo, sintiendo a Phillip abrazarla por los hombros mientras la encaminaba hacia la habitación principal.

- ¿En Stilettos?- resopló. – Cuidado y te lastimas, Tigresa- le dio un beso en la cabeza y la apretujó un poco. – Voy a estar en… por ahí- dijo con una sonrisa, dejándola sola frente a la puerta. – Vaya por delante ... ya sabes que ella no muerde- le hizo un gesto de "adelante" con ambas manos, el mismo de "retírate", pero era un gesto raro.

Yulia golpeó suavemente la puerta, tres veces, como siempre, respiró hondo, así como todos los días anteriores, y giró la perilla, exactamente como antes, y empujó la puerta lentamente. La habitación estaba llena de luz relativa, pues no había sol, peor había luz, no como todos los días anteriores, o quizás era la hora a la que llegaba, pues solía llegar a eso de las cinco, no a eso de las diez y media. La cama estaba arreglada, con las almohadas contra el respaldo, apiladas así como a Natasha le gustaban, las sábanas sobresalían por el pliegue del edredón; el color crema se veía estupendo sobre el gris oscuro del edredón, y la banda, a los pies de la cama, en verde olivo, tan tensa como todo lo demás. La puerta del baño estaba cerrada, la del walk-in-closet estaba cerrada también. Se movió por el alfombrado mientras veía todo en su lugar, el mueble de la televisión, el que Lena les había diseñado especialmente para ellos, que tenía cajones en los que se guardaban las sábanas y las toallas, una sala pequeña de tres sillas, una mesa de café entre ellas, dos y una, y una mesa lateral con uno de los bouquets que Yulia había llevado, la decoración en los estantes progresivos; las botellas de colección de Natasha, eran todas rojizas y en distintas formas, veinticinco en total, todas del Met Gala, daban una por cada año. Salió a la terraza y tampoco estaba ahí. Sumergió su mano en su bolso para sacar el sobre del día, pues tuvo la sensación que no había nada que hacer ahí, por lo que le dejaría la nota sobre la mesa de noche, así como todos los días, más tarde regresaría con el bouquet.

-So… - murmuró desde la puerta del walk-in-closet que apenas se abría. Yulia dejó caer la cabeza al escuchar su voz, al escucharla como la típica Natasha y, mientras se volvía hacia ella, levantó la mirada junto con una sonrisa. – No sé cuáles ponerme – dijo, levantando un par de Stilettos en cada mano. – Los Zanotti- sacudió la mano izquierda, mostrándole los botines de gamuza marrón pero que tenían el agrado del descaro de ser peep-toe. – O los Versace- sacudió su mano derecha, mostrándole la gamuza negra y la aguja de metal.

- ¿Cuál es la ocasión?- sonrió, caminando lentamente hacia ella, conteniéndose el abrazo que quería darle, que tenía intensiones de apretujarla con todas sus fuerzas.

- Tú dime- le apuntó, con la mirada, hacia uno de los estantes del mueble de la televisión: una bolsa de papel de la que salía un Baguette.

- Definitivamente los Versace- guiñó su ojo con cierto orgullo, un orgullo que sólo a Larissa le vi alguna vez, esa sonrisa que se contiene en la que intenta presionar los labios contra sí pero la tira hacia un lado y tensiona la nariz.

- Sabía que dirías eso- suspiró, levantando sus pies hacia atrás, flexionando la rodilla para enfundarse los Stilettos mientras Yulia tomaba la bolsa y sentía que no era un Baguette viejo, sino fresco, hasta estaba tibio todavía. - ¿Me harías el honor?- le tendió la mano, y Yulia se la tomó con el sobre, para dárselo personalmente, y terminaron brazo bajo brazo y con la mano en la de la otra mientras se dirigían hacia el Pond, que en todo el camino no dijeron ni una tan sola palabra, sólo caminaron con paz en su mente, sin soltarse la mano ni el brazo, sin soltar el sobre entre sus palmas. Hasta se sentaron así en la banca, juntas, no como siempre, que Yulia se sentaba y la veía darles de comer a los patos, Yulia le alcanzaba la bolsa con el Baguette, lo detenía, y Natasha cortaba un pedazo con su mano: trabajo en equipo. - ¿Novedades?

- Jennifer Lopez perdió la cabeza- sonrió, viendo a Natasha arrojar el primer pedazo. – Ya anunció que está planeando hacer un cover de Vogue

- Está loca

- Lo mismo dije yo- rió. – Pero sólo le van a vender los derechos a Lady Gaga, a Beyonce o a Lana Del Rey… eventual y preferiblemente a Adele, pero ella no hace un up-tempo así, aunque quién sabe

- J.Lo que se quede cantando con el Pitbull… y que se vista como en los Grammys del dos mil: eso NO es Vogue

- Amén, al fin alguien que entiende- rió, que habría querido tener un Martini para brindar por eso.

- Yul…- se volvió a ella sólo con su rostro. Yulia vio la tristeza que todavía tenía, vio que estaba intentando mantenerse a flote, que no estaba bien pero que estaba intentando, y eso era lo que importaba en ese momento. – Perdón

- ¿Por qué me pides perdón?- se sorprendió, pues no era lo que esperaba, esperaba más una plática que cabía entre los parámetros de "irrelevancia mundial, relevancia personal", así como lo de Jennifer Lopez.

-Porque me encasillé

- Nate, no tienes que pedirme perdón… en lo absoluto- murmuró suavemente mientras chocaba suavemente, a manera de apoyo, su frente contra la sien de Natasha. – Estás en todo tu derecho

- Pero te abandoné… aún después de todo lo que has hecho por mí

- Yo te veo y te siento aquí, conmigo, ahora… no veo que me hayas abandonado- apretó un poco su mano. – Además, no se trata sobre mí

- No sabía qué decir, ni qué sentir, ni qué hacer…

- There’s nothing you can make that can’t be made, no one you can save that can’t be saved, nothing you can do but you can learn how to be you in time, it’s easy: All you need is love- citó, que los Beatles no eran de su agrado, ni por cerca, pero era lo único que podía decirle en ese momento.

- Gracias…- suspiró. – Gracias por hacerme saber que no te es suficiente estar para mí, sino estar conmigo… gracias por las flores, por las palabras, por las notas… por todo

- ¿Las leíste todas?

- No, no todas… me falta una- susurró, soltándole la mano a Yulia para tomar el sobre en sus manos.

- Te puedo decir lo que dice- la detuvo, pues le dio ansiedad que la leyera frente a ella.

- Me gusta tu caligrafía- sacó la nota, que estaba doblada, como todas las anteriores, por la mitad. – Esto es, precisamente, lo que pensé al terminar de leer todas tus notas- sonrió. – I love you, too- le dio un beso en su mejilla y terminó por abrazarla.

- ¿Es raro que te quiera más a ti que a mis hermanos?

- No, porque yo soy irresistible, ¿cómo no quererme?- rió nasalmente.

- Toda la razón, Darling, toda la razón- le alcanzó el Baguette y Natasha cortó otro pedazo. - ¿Cómo estás del hombro?

- Me molesta poco, sólo para levantar el brazo, pero nada tan satánico como la vez anterior- sonrió, recostándose sobre el regazo de Yulia, recostándose sobre la banca, todo para que Yulia peinara su cabello, pues eso le gustaba; la relajaba. – Lo que sí me tiene ya un poco desesperada es que a veces me agarra con la guardia abajo esto de la indisposición

- Perdón, me estás hablando en tailandés- dijo, poniéndole un poco de humor al asunto, pues se acordó de cuando habían intentado pedir una dirección en aquel viaje y no habían entendido nada a pesar de que dijeron "¡Claro! ¡Sí! ¡Entendimos!", que se perdieron por una hora.

- Es como esos días del mes… en los que dices "es que estoy en ESE día"- suspiró.

- Pero eso, ¿es normal?

- Las primeras dos semanas, sí

- Pero ya te pasaste de las primeras dos semanas

- Digamos que mi puntualidad femenina está en plena Revolución Sanguinaria… paso tres días sin sangrar, me dejo de poner esas cosas espantosas y me vuelve a caer

- ¿Cuáles cosas espantosas?- rió Yulia por cómo lo había dicho.

- Esas cosas que parecen pañales

- Se me ha olvidado el nombre

- Pero es que son horribles, son como así de grandes- y trazó la distancia entre sus dedos medios, que casi llegaba al metro de longitud imaginaria.

- ¿En serio?- levantó Yulia su ceja con diversión.

- Bueno, tal vez así- y redujo la distancia en tres cuartas partes. – Pero eso sí que me tiene ya un poco fuera de mis paciencias… hasta creo que está resentida porque hay roce todo el día, todos los días

- Como que si nunca utilizaste

- Bueno, después de los catorce no… y de los doce a los catorce… pues, no era roce directo, Si sabes a lo que me refiero- levantó las cejas de horror.

- Pronto dejarás de usar pañales y volverás a la normalidad, a los veintisiete días que te caracterizan…

- ¿Te acuerdas de "eso"?- Yulia asintió y se aclaró la garganta, pues se estaba preparando para entrar al tema. – No sé cómo pude ser tan idiota de haberlo considerado…

- Eran las circunstancias, Nate… muy distintas a las de ahora, y yo sé que no lo hubieras hecho

- ¿Puedo decirte algo?

- Por favor

- La frustración me pasó rápido porque, en el fondo, sabía que iba a pasar, no sé si te acuerdas que te lo dije un día cuando estaba en Westport- Yulia asintió. – Frustra, sí, porque no es real ni tangible hasta que pasa… pero me frustra más el miedo

- ¿A qué le tienes miedo, Nate?

- ¿Qué pasa si vuelvo a perderlo? ¿Qué pasa si no puedo nunca más?

- ¿Te han dicho algo los médicos como para que pienses eso?

- No, pero es algo que no se me quita de la cabeza… tú viste a Phillip cómo estaba de emocionado, viste cómo se puso a pintar la habitación, él, él, él con sus manos… ¿qué pasa si nunca llego a darle un hijo que utilice esa habitación?

- ¿Tienes miedo de que Phillip te deje por eso?- Natasha asintió tímidamente, con miedo, no, no con miedo, con pavor. - ¿Phillip sabe las posibles consecuencias de lo que pasó?- volvió a asentir.

- Quizás no dice nada porque todo es muy reciente, pero no puede ser que no le importe

- No es que no le importe, Nate, simplemente le importas más tú, tu salud… y si algo malo puede pasarte, le importará más tenerte sólo a ti a arriesgarse a que no estés tú. Estoy segura de que Phillip entiende que no es que tú no quieras, él está consciente que no es tu culpa… y te admira por haber tenido los tres meses más difíciles, por haber aguantado tanto- Natasha sólo respiró hondo y cerró sus ojos. – Phillip ya entendió que no es tu culpa, y que tampoco fue su culpa

- Es que él no tiene la culpa

- Pero él, al principio, así como tú, creyó que sí la tenía

- No veo razón para justificar eso

- Él creía que, de haber llegado antes al baño, tú no te hubieras caído y nada de eso hubiera sucedido… que si hubiera hecho algo diferente, nada hubiera sucedido

- Pero si cuando me caí ya había pasado, es más, creo que me desmayé por lo que vi… - aún con los ojos cerrados, a Natasha se le escaparon dos lágrimas, una de cada lado.

- Pues Phillip pudo haber jurado sobre la Biblia que podía haber sido diferente, que nada hubiera pasado, pero ya entendió que no fue su culpa, ni la tuya… por eso está tan tranquilo, tan positivo- Yulia materializó un Kleenex y, con delicadeza, recogió y secó aquella humedad que se escapaba de aquellos ojos que sufrían de ojeras, no por no dormir, sino de tanto llorar. – Llora todo lo que quieras… llora conmigo, llora con Phillip, llora sola, con tu mamá, con tu papá, puedes hacerlo hasta con Lena, todos te vamos a entender… porque sabemos que no es fácil y que necesitas tiempo, pero nadie te va a dar la espalda… llora todos los días, llora cada vez que tengas ganas, no te lo guardes… va a llegar el día en el que ya no vas a querer llorar más, y todos vamos a estar listos para eso también… tienes a tus papás, a tu esposo, me tienes a mí- parecía mamá, repitiéndole lo mismo una y otra vez pero en distintas palabras, pero sólo era para que se le quedara grabado en la memoria. – Podemos hacer lo que hacíamos al principio… me puedo quedar hablando contigo toda la noche, te puedo leer, te puedo contar cosas… o, cuando te sientas sola o no quieras dormir sola en medio del día, llámame… y yo te voy a acompañar en silencio, y voy a estar cuando te despiertes

- No puedo hacerte eso, sería comprometer tu trabajo, tu vida, tu noviazgo con Lena

- Mi trabajo no es más importante que tú, mi vida la llevo a la ligera, ya te lo he dicho, me interesa llevar más en serio la tuya… y, por mi noviazgo con Lena, no te preocupes… ella entiende

- Creo que necesito conseguir un trabajo para poder distraerme y no interferir en la vida de los demás- suspiró.

- ¿Como qué quisieras hacer?

- No sé, algo que me mantenga ocupada, que me dé poco tiempo para pensar

- Nate, sabes que de pensar nunca vas a estar exenta, que tienes que pensar en ello. Pero seguramente encontraremos algo para que hagas, ya verás… quizás sería un buen momento para usar la influencia de "Ella Roberts"

- Me quedo con "Natasha Noltenius" mejor- sonrió suavemente. – Necesito un trabajo como el de Sparks, uno así de ofuscante y absorbente…

- ¿Planner?

- Sí, algo que me mantenga pensando en alcohol, en música, en detalles que no sean de mi vida, algo grande y complicado

- Nate, creo que tengo la idea perfecta- sonrió, y Natasha abrió sus ojos y encontró la mirada perfecta. - ¿Te gustaría planear la Boda que realmente querías y no ese popurrí alla Natasha que se inventaron las madres?

- ¿Y casarme de nuevo?- resopló. – Me gusta estar casada, pero, ¿no es muy pronto para renovar los votos?

- No, no te casarías tú…- Natasha se irguió, se sentó de golpe y se le cayó la quijada hasta que topó contra el asiento de la banca.

- Perdón- suspiró asombrada. – Totalmente egoísta de mi parte al no preguntarte de tu vida

- No me gusta que me preguntes, me gusta que adivines y deduzcas

- ¿Ya?- preguntó con una sonrisa amplia, tan amplia como la Natasha de hacía cuatro meses. Yulia no tuvo que asentir, ni exteriorizar un "sí", simplemente se aflojó el cuello. - ¡Felicidades!- se lanzó en un abrazo tan brusco y cariñoso, tan alegre, que ahuyentó hasta a los patos. - ¿Cuándo? ¿Cómo? ¡Cuenta con detalles!

- ¿Me lo pregunta mi mejor amiga o la encargada de planear mi Boda?- sonrió, con la misma alusión a Jacqueline Hall.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Sep 13, 2015 12:15 am

Las puertas de la Monroe Suite se abrieron y una mujer blanca, de estatura media, caminaba en Stilettos bajos, de, quizás, ocho centímetros, negros igual que su vestido, que sólo Yulia y Natasha sabían que era vestido, los demás podrían haber jurado que era falda, pues, sobre él llevaba una chaqueta roja, que menos mal Lena no se había dejado el Oscar de la Renta, pues era el mismo tono. Era seria pero de rostro cálido, quizás era el peinado lo que la hacía ver menos seria, pues llevaba una trenza angosta que le daba cierta jovialidad, quizás era para detenerse el flequillo en un mal día. En su mano llevaba dos carpetas de cuero rojo, idénticas, así como en las que almacenaban los contratos en el Estudio, pero eran Prada; culpa de Natasha.

De repente, todos se encontraron en silencio, nadie supo cómo o por qué, quizás porque ella se posicionó tras la mesa más alejada y que estaba centrada, la del bouquet distinto, y todos se volvieron hacia ella, todos entendieron. Luca Perlotta, que se había dado cuenta que ya era muy tarde para salir corriendo de ese lugar, simplemente vio alrededor suyo y no vio a ningún hombre fuera de lugar, sólo que el hombre vestido de negro le tomaba la mano a la mujer de rosado jódeme-la-vista, ese no era el ya-casi-esposo de Yulia, tampoco el hombre que había estado hablando por teléfono todo el tiempo, pues ahora estaba en su mesa y le sonreía a las otras cuatro mujeres, a los dos hombres también. En la mesa en la que estaba Alec sólo había vejestorios, nadie fuera de lugar, ¿quién coño era el casi-esposo de Yulia? ¿A quién tenía que darle la golpiza del Siglo por haberle robado al amor de su vida? Y, por eso, siempre digo que hay que leer todo: instrucciones, e-mails, invitaciones, contratos, etc. para no hacer el ridículo, así como lo estaba haciendo Luca en ese momento, que no fue hasta que Yulia se colocó frente a la mesa de la mujer, que recién hacía su entrada triunfal, junto a Lena. Sí, en ese momento comprendió por qué estaba Inessa allí, por qué eran tan cercanas Lena y Yulia, y sólo quiso llorar, pues, al principio, sintió lo mismo que Mischa; que había convertido a Yulia en lesbiana por su reacción infantil en cuanto ella lo rechazó pero, en cuanto Yulia le tomó la mano a Lena, comprendió el verdadero significado oculto, y quizás imaginado, de las palabras de Yulia al rechazarlo: "Luca, eres un buen hombre… pero yo no soy para ti". ¿Yulia lesbiana? Qué desperdicio de mujer. Bueno, lo mismo dicen de los hombres.

- Querido amigos y familiares- empezó diciendo la Abogado, que no le importaba si le escuchaban o no, le importaba que aquel día fuera memorable para Yulia y para Lena, y era culpa de Natasha también, que se había sentado con ella por dos semanas, todos los días, para desarrollar aquel discurso, que tenía que hacerlo ver, para los escépticos y los sonrientes, tan normal y tan puro como una boda heterosexual, que tenían que ser palabras que tocaran alguna fibra sensible, esas palabras que las hicieran iguales ante todos los presentes, que eran los que importaban, esas palabras que las convertían en familia. – Estamos aquí reunidos para presenciar y celebrar la unión, de Yulia y Lena, en matrimonio- ambas nombradas se volvieron a ver con una sonrisa que enterneció a todos los ahí presentes menos a Luca Perlotta, que todavía estaba un poco asombrado. – En el tiempo que han estado juntas, entre su mutuo amor y su mutua comprensión, han crecido y han madurado y, ahora, han decidido vivir juntas sus vidas como esposas- Yulia a la izquierda, Lena a la derecha; así como siempre, pues a Yulia no le gustaba ver hacia la izquierda. – El verdadero matrimonio es más que sólo unir a dos personas en él; es la unión de dos corazones, es lo que nace y vive en el amor mutuo, que nunca envejece y que hace, del día siguiente, un día lleno de prosperidad sentimental.

- Que siempre puedan hablar sobre las cosas que les molesten, que siempre puedan tenerse confianza mutua, que puedan reírse, que puedan disfrutar la vida juntas, que puedan compartir esos momentos de paz y tranquilidad cuando el día ya esté llegando a su final. Que tengan la bendición de una vida llena de felicidad y de un hogar lleno de calidez emocional y comprensión, que siempre se necesiten, no por vacío, sino para comprender su mutua plenitud, que siempre se quieran, pero no porque se faltan. Que siempre puedan abrazarse pero no para cercarse una a la otra, que puedan tener éxito en todas las cosas que quieran, tanto para una como para las dos, y que no fracasen en las pequeñeces de la cotidianidad. Que tengan felicidad, que la encuentren en hacerse felices mutuamente, que tengan amor y que lo encuentren en amarse mutuamente

Nadie sabía si era el deber de la Abogado decir esas palabras, pero a nadie le importaba, más porque nadie sabía que Natasha era la que les deseaba todo aquello, pues le parecía justo que, por no tener derecho a una Religiosa, por lo menos en la Civil, en la que importaba para todo lo que no fuera Espiritual, tuvieran las palabras hermosas; las palabras que Natasha habría querido escuchar, fuera del Abogado o del Obispo. Le dijeron parecidas, pero no esas y, después de todo lo que Yulia, y a la larga Lena, había hecho por ella y por Phillip, ¿cómo no hacerlo? Por otro lado, era interesante ver a la parte de la familia, a la parte adulta mayor a los cuarenta y cinco años; Inessa y Volterra, Margaret y Romeo, Larissa y Bruno. Inessa, desde que vio a Lena frente a la Abogado, simplemente se descompuso en lágrimas que se le escapaban sin mayor esfuerzo, sólo corrían sin hacerla gemir o sin ahogarla, y mantenía el pañuelo que Romeo le había alcanzado al comenzar aquello entre su puño, el cual estaba presionando sus labios. Volterra, que estaba a su lado izquierdo, no sabía si sentirse orgulloso por estar presente en la Boda de su hija, o estar increíblemente enojado por la impotencia que sentía al saber que, luego de la ceremonia, que Yulia le había jurado diez veces que sería corta, la fotografía familiar sería sólo Inessa, Katya y Lena, él estaría fuera, y por cobarde. Pero, sin importar aquello y conmovido por las sonrisas y las miradas tiernas que se daban su hija y su Arquitecta Estrella, su jefa y la dueña del Estudio que él había erigido con Vensabene, y mejor no podía ser, no cuando sabía las intenciones de Yulia, a pesar de que él quedaba, como con la fotografía familiar, fuera del plano.

- Yulia y Lena, este día lo han escogido ustedes para que, frente a sus amigos y familiares, den el primer paso hacia el comienzo de una nueva vida, una vida juntas. Por todos los "mañana" que vienen, ustedes se escogerán de nuevo, pero en la privacidad de sus vidas. Vivan las maravillas del mundo, incluso cómo la paciencia y la sabiduría pueden calmar la inquieta naturaleza del ser humano. Que en los brazos reconfortantes y amorosos siempre encuentren un lugar seguro al que puedan llamar "hogar".

Larissa era otra historia. Ella estaba bien, tenía la sonrisa de orgullo perfectamente instalada, pues nunca creyó que Yulia se casaría, nunca le había visto esas ganas, esas ansias, ni esa emoción, pero se alegraba de que fuera con Lena, alguien con quien realmente le veía paz. Ese día no tenía preocupaciones, ni la que le había surgido aquel día que Yulia le informó de sus planes de casarse con Lena, aquel que tenía nombre y apellido, y no es que se haya alegrado por su muerte, porque no le alegraba, pero sabía lo que eso significaba para cada uno de sus hijos; para Alina era indescriptible, algo que no iba a poder superar en ésta vida, ni en la siguiente, para Aleksei era enojo y hora de crecer y ser independiente, de aprender a vivir con lo que se tiene y no con lo que sebe, para Yulia fue una simple liberación, que le pareció injusto que se muriera, porque dentro de todo lo quería, a su manera pero lo quería, pero comprendió que la naturaleza de su relación había sido, desde hace varios años, como si uno de los dos hubiera estado muerto. Tras ella estaba Bruno, que aquello iba realmente serio, quizás no terminaría en matrimonio pero sí en una relación duradera. Él no era ni homofílico ni homofóbico, simplemente los entendía, y admiraba a Larissa, pues creía que para ningún padre era fácil cuando sus hijos definían sus preferencias, y la admiraba porque estaba ahí, con esa sonrisa, con esa mirada de felicidad, y la admiraba más porque no sólo era que hiciera cosas para mantener una fachada, como muchos podían creer, sino que, cuando a él le había hablado de Yulia, se le habían iluminado los ojos, y había hablado grandeza y proeza de ella; se le notaba el orgullo y el amor.

- Y, así, Yulia y Lena, les quisiera preguntar; Lena, ¿qué te trae aquí hoy?

- Mi amor por Yulia y el deleite de ser su esposa- sonrió, viendo a Yulia un tanto sonrojada, pues ya sabían ambas que eso de decirlo frente a otras personas era simplemente: awkward.

- Y, a ti, Yulia, ¿qué te trae aquí hoy?

- La vida- sonrió. – Y mi amor por Lena y las simples ganas de ser su esposa- guiñó su ojo derecho y ambas intentaron no reírse, pues se habría visto mal, muy mal. Y eran los nervios de lo que venía a continuación.

- Les pregunté qué era lo que las había hecho enamorarse, y cada una tiene una respuesta por aparte. Yulia, ¿te gustaría compartirlo con Lena en este momento?- bueno, tal vez no eran votos, porque los votos eran los mismos casi siempre, mejor eso. Qué vergüenza. Aunque los votos venían después. Vergüenza doble.

- Que tienes agallas para "dejarte llevar", porque es tu deseo vivir la vida al máximo pero sin excesos. Porque no hay montaña rusa tan alta y tan rápida que pueda hacerte sucumbir. Porque tienes la habilidad de no cambiar tu forma de ser ante un mundo que te consume y que te tienta a cambiar. Porque no conoces más límites que los que tú te pones, porque tienes el valor para defender lo que es tuyo y en lo que crees, porque tienes carisma y eres educada; siempre pides las cosas "por favor" y las recibes con "gracias". Porque tienes un corazón bondadoso y porque has aprendido a usar lo que tienes para hacer cosas buenas y para hacerlas bien, así como al C…- se tapó la boca y sólo Phillip y Natasha rieron suavemente porque sabían que se refería a "Carajito". – A Darth Vader- se corrigió a tiempo, que Lena le lanzó la mirada de "¿Ves como ni tú lo llamas ya por su nombre?", pero le dio risa.

- Lena, ¿podrías compartir tu respuesta con Yulia?

- No sé- rió. – Son demasiadas cosas… - se mordió su labio inferior y respiró hondo. – No sé… eres considerada y muy cariñosa, me cuidas en todos los sentidos y en todas las formas que existen; te preocupas por hacerme entender que tú y yo somos tan iguales como diferentes y que, a pesar de estar juntas, vamos por diferentes caminos pero que corren paralelamente, cada quien haciendo lo suyo pero al lado de la otra. Siempre me incluyes en tu mundo, en un mundo en el que soy nueva, te preocupas por mi bienestar, que nada me falte y que nada me afecte; así como cuando me cuidaste cuando estaba enferma- sonrió, que "enferma" encerraba múltiples cosas que no eran precisamente enfermedades, sino otras cosas. – Porque eres generosa y no te vales de ello para hacerte más increíble, porque sabes quién eres y qué quieres. Tu Ego- sacudió lentamente su cabeza mientras soltaba una risa nasal, risa que contagió a todos los que conocían a Yulia y a su Ego, que eran casi todos, todos menos Bruno y Luca, quien no había escuchado nada después de lo que Yulia había dicho de Lena. – Tu ego es enorme- asintió. – Pero su existencia es sabiamente fundamentada, y es tan fascinante que no sólo me hace reír todos los días sino que también me enseña cosas nuevas y me hace reconsiderar mis ideas… todo eso y tu acento britanico- dijo, imitando el acento de Yulia, que logró sacarles una risa a todos, a todos por igual.

 

- Yulia y Lena, esas son las cualidades que atesoran la esencia de su relación- "eso y mucho sexo" pensaron las dos al mismo tiempo. – Acuérdenselas a ustedes mismas todos los días. Una relación exitosa no es sólo amor, pero ayuda mucho. A partir de hoy, su relación se hará más fuerte y más profunda, todavía más llena de amor, pero todos sabemos que eso no borrará las diferencias que hay entre ustedes dos. El matrimonio no cambiará que Lena no desayune y tome un Taxi todos los días por despertarse tarde y tomarse su tiempo para ducharse, no evitará que Yulia quiera tener todo controlado para que sea perfecto, y tampoco cambiará la importancia que Yulia le otorga a la moda, así como tampoco evitará que Lena doble el cubrecama cuando a Yulia le gusta bajo las almohadas. El matrimonio no va a evitarles discusiones diplomáticas en la oficina por una tela; que si es chiffon o que si es charmeuse la mejor opción, o por si es mejor trabajar en secuoya o en ceiba. Tampoco evitará que Yulia no deje que Lena pague las cuentas o que, para Lena, un Kebap sea sinónimo de "la mejor cena del mundo". Sin embargo, saber lo que la otra necesita para ser feliz y tener la voluntad para proveérselo si ayuda al entendimiento, y eso es algo que ya hacen muy bien- "y no sabe cómo funciona eso en la cama" volvieron a pensar, que sabían lo que pensaban por las miradas divertidas que se lanzaban.

- Yulia y Lena, ustedes han decidido caminar, por la vida, tomadas de la mano. No hay declaración de amor más verdadera que esa. Su decisión de estar juntas no fue determinada por un único momento, sino por incontables momentos especiales.- "y muchas primeras veces y muchos primeros orgasmos". - Sepan que el objetivo del matrimonio no es que piensen igual, porque nunca lo harán, pero sí es que piensen juntas. Tienen que estar de acuerdo en que se puede estar en desacuerdo. Ustedes se pertenecen. El fundamento de su amor es una amistad profunda.- ya, para ese entonces, Inessa Katina estaba abrazada por Alessandro Volterra, abrazada así como Margaret se abrazó de Romeo el día de la Boda Civil de su única hija, la que estaba de pie a pocos pasos de Yulia y se veía como una mujer feliz, dueña de sí misma y en control de todo lo que quisiera controlar. – Serían tan amables de tomarse de las manos y verse a los ojos, ¿por favor?

Estas son las manos de tu mejor amiga, llenas de amor para ti, tomando las tuyas en el día de tu boda

Estas son las manos que te rascaran la espalda cuando no te alcancen los brazos y las manos para rascarte tú sola

Estas son las manos que te ayudarán a decorar el apartamento

Estas son las manos que tomarán el teléfono y te enviarán un mensaje de texto diciéndote que te amo aun cuando estemos en la misma habitación

Estas son las manos que, a veces, van a querer estrangularte

Estas son las manos que te van a sostener para reconfortarte y te harán cosquillas para hacerte reír

Estas son las manos que limpiarán lágrimas de tristeza, de estrés y aflicción, y de felicidad

Estas son las manos que van a cargar a Darth Vader para bajarlo de la cama

Estas son las manos que van a trabajar junto con las tuyas para construir un futuro juntas

Estas son las manos que te van a amar y a adorar apasionadamente con el paso de los años

Sí, todo eso lo dijo, y lo dijo tal y como Natasha le había enseñado; el tono, la postura, los gestos, todo, y todo lo había dicho perfectamente a pesar de que a Yulia y a Lena les pareció que faltaban una, dos o tres cosas que le faltaron. ¿En dónde quedó "las manos que te van a abrazar toda la noche" o "las manos que te van a cocinar tu comida favorita"? ¿Qué tal con "las manos que te van a mimar cuando te enfermes" o "las manos que te van levantar cada vez que te caigas? Bueno, bueno, sí, muy lindo todo eso, y qué bueno y qué sano pensaban aquellas dos mujeres de veintinueve años por igual, que poseían la misma inmadura madurez mental, y, aún así, no estaban exentas de desvariar en una línea tenebrosa y obscena aun estando en un momento tan sano. Sí, había faltado mencionar más habilidades: las manos que van a recorrerte completamente, las que van a desvestirte tortuosamente, las que van a acariciar cada milímetro de tu piel con la misma pasión intensa y candente con la que Michael Bublé interpreta "Cry Me A River", las mismas manos que van a traerte hacia mí para poder hacerte el amor, las que te van a hacer gemir, las que te van a hacer alcanzar uno, dos, tres, o los orgasmos que aguantes, y que también tienen la capacidad de hacerte eyacular, que son las mismas manos que te van a detener mientras te sacudas sin control, las que te van a detener la cabeza para que me sigas comiendo, las que te van a mimar hasta que te duermas.

- Les pregunto a las dos: ¿Han venido por voluntad propia?

- Sí- corearon ambas mientras asentían una tan sola vez para respaldar la afirmación.

- Yulia, ahora te pregunto a ti, ¿Aceptas a Lena como tu esposa?

- Sí, acepto- algo pasó que a ambas se les revolvió el estómago, quizás de risa porque siempre se habían burlado del famoso "sí, acepto" y ahora lo estaban diciendo ellas, o fue quizás que todo, en ese momento, se convirtió en realidad.

- Lena, ¿Aceptas tú a Yulia como tu esposa?

- Sí, acepto- dijo por protocolo, pues aquello se sobreentendía, y ni había terminado de decir aquellas palabras cuando Phillip le alcanzaba a la Abogado una caja pequeña y rectangular de cuero negro, sólo para que la abriera y mostrara dos anillos de tres filas de diamantes transparentes que se incrustaban, al estilo pavé, en oro blanco, en cuyo interior se podía leer el nombre de su esposa; el de Lena llevaba grabado "Yulia" en sánscrito, y el de Yulia llevaba "Lena" en hebreo, que tenían sus razones para ser distintos y no en simple escritura estándar.

- Yulia, por favor toma el anillo, ponlo en el dedo de Lena y exprésale tus votos- Yulia tomó el anillo que estaba de su lado y verificó que fuera el de Lena, le tomó la mano izquierda, libre del anillo de compromiso, y colocó el anillo justo para empezar a recorrer su dedo con él.

- Nosotros; yo, Yulia, y mi Ego, te tomamos a ti, Lena- todos rieron, y supuestamente Yulia no iba a decir eso, lo había escrito por molestar, pero en ese momento de nervios se le olvidó olvidarlo. – Para que seas mi esposa, mi compañera en la vida y mi único y verdadero amor. Apreciaré nuestra amistad y te amaré ahora, mañana y para siempre. Confío en ti y te respeto, reiré y lloraré contigo porque sólo tú sabes contagiarme plenamente.- terminó de deslizar el anillo. – Voy a amarte fiel e incondicionalmente, así sea que los tiempos sean buenos, sanos y felices, como los malos, tristes o que estén llenos de indisposiciones. Lo que sea que venga, te prometo que estaré para ti, para siempre, haya prosperidad o pobreza, haya Christian Louboutin o Nine West, haya estilo Clásico o Rústico, porque lo demás no importa si eres lo primero y lo último que veo en el día. – ahora, eso sí supo quebrar a Larissa, pues no era que no supiera cuánto amaba a Lena, pero escucharla decir esas cosas, que quizás podían estar fuera de lugar o podían ser estúpidas para muchos, pero significaban mucho para las dos, y era eso lo que debía importar, que se mantuvieran fieles a sí mismas para mantenerse fieles mutuamente.

- Lena, por favor toma el anillo, ponlo en el dedo de Yulia y exprésale tus votos- Lena imitó a Yulia, sólo que no tuvo que verificarlo, tomó la mano de su ya-casi-esposa en la suya y colocó el anillo en la perfecta posición.

- Yo, Lena, los tomo a ustedes, Yulia y Ego de Yulia, para que sean ¿mis esposas?- resopló, trayendo más humor a la situación, haciendo que ambos padres, ambos en lágrimas, fueran capaces de reírse. – Yulia, para que seas mi esposa, mi compañera en la vida y mi único y verdadero amor- eso era igual, y también era culpa de Natasha, pues no podían decir cosas totalmente fuera de lo que se estipulaba el protocolo. – Uno mi vida a la tuya, no sólo como esposa, sino como tu amiga, tu confidente y tu aliada. Te confío mi inmenso amor por ti, te seré fiel, prometo respetarte, acompañarte y amarte siempre, pase lo que pase, haya prosperidad o pobreza, suenen las Spicegirls o me toques una pieza de Chopin en el piano o me cantes "I’m Coming Out" desde Orlando hasta Port Everglades, así tengas una sonrisa o no, así balbucees en portugués y no te entienda, prometo reírme y hacerte reír hasta que el chiste de la plancha te aburra, no hay nada mejor en el día que ver la perfecta sonrisa que naturalmente construyó mi Arquitecta favorita. – sólo se querían abrazar, se querían besar, se querían tocar más que las manos, se querían sentir, pero, con una mirada de la Abogado, tuvieron que continuar. – Prometemos amarnos la una a la otra y compartir hasta nuestros pensamientos más íntimos- "y retorcidos, y sucios, y sexuales, y obscenos, y no aptos para nadie aquí presente… quizás sólo Natasha".

- Prometemos sostenernos, apreciarnos y valorarnos- dijo Yulia.

- Queremos vivir cada día como si fuera el último- "y hacer el amor como si fuera la última vez".

- Y prometemos nunca acostarnos enfadadas- "pues, claro, con un poco de Vodka o Whisky, sexo y sonrisas, ¿quién lo hace?"-

- Si el dolor entra en nuestras vidas- "como el de esos incómodos días o como cuando le insisto que me penetre con más de un dedo".

- Juntas lo superaremos- sonrió Yulia, "con San Ibuprofeno y masajes".

- Mientras envejezcamos y lentamente cambiemos- "que calculo que a los cuarenta estará más buena que el pan".

- Podremos mirarnos a los ojos y saber que lo que tenemos juntas nunca desaparecerá- "como los jueguitos traviesos, los cubos de hielo, los cumpleaños… etcétera, etcétera, etcétera."

- Y, con cada aliento que exhalemos- "porque sí que me deja sin aire a veces".

- Crecerá nuestro amor- y se escuchó un coro de "Awww…" que luego se convirtió en una risa incómoda colectiva.

La Abogado abrió las dos carpetas al mismo tiempo y, del interior de su chaqueta, sacó una pluma fuente Etoile Montblanc, que cómo odiaba Yulia las plumas fuente de esa marca, porque no eran tan suaves como las Tibaldi al estar en contacto con el papel, las Montblanc terminaban por rasguñarlo, y eso sólo lo podía saber alguien que había tomado el taller de "Escritura, Caligrafía y composición de fuente y papel". Peor aún, la tinta era negra. Pero eso era parte del Trastorno Obsesivo-Compulsivo de la Arquitecta Volkova, pues no se podía ser todo perfecto sin tener un punto débil, pues, eso. Tanto Yulia como Lena firmaron en ambas carpetas, Yulia al lado izquierdo, Lena al lado derecho, bajo la firma de Yulia firmaron Larissa y Natasha como sus testigos, bajo la de Lena se trazaron las de Phillip y Katya, y todo aquello terminó con la firma de la Abogado, que qué-firma-más-fea-válgame-Dios, pero era Abogada, le pagaban para las legalidades, no para que escribiera bonito, y un sello en tinta roja.

- Yulia y Lena- dijo, juntando sus manos, haciéndolas sonar como en un aplauso incómodo. Yulia y Lena apretujaron la mano de la otra, pues Yulia no había dejado de tomarla de su mano izquierda, sólo la había soltado para tomar el anillo. – Por el poder que la legislación del Estado de Nueva York me confiere, y por el permiso que sus amigos y familiares me otorgan, es un privilegio para mí, Helena Miller, estar aquí el treinta de mayo de dos mil catorce, para declararte a ti, Yulia Olegovna Volkova, y a ti, Elena Katina, como esposas de por vida.- Yulia y Lena respiraron, por fin, tranquilamente, como si esos diez o quince minutos hubieran sido la carga más grande de sus vidas, quizás por la emoción, quizás por la ansiedad, quizás por una mezcla de ambas cosas. – No sé quién besa a quién- murmuró la Abogado. – Pero pueden besarse

Y no lo hicieron, simplemente se abrazaron fuertemente. O tal vez sí se besaron, pero no en los labios, sino en ambas mejillas para luego volver a caer en un abrazo cálido y fuerte mientras todos aplaudían, menos Inessa que luchaba contra sus lágrimas y Luca que estaba casi por desmayarse al ver que aquello era real, pues entendía todo, sí, y lo respetaba, pero no lo libraba de la sorpresa, no Señor. Vio cómo Phillip y Natasha se les lanzaban en un abrazo, el flash de una cámara no dejaba de brillar, que había estado presente desde hace tiempo ya, desde el Champagne Bar, pero nadie se había dado cuenta por los nervios, ni Yulia ni Lena lo habían notado durante los quince minutos más pesados de sus vidas. Aunque quizás era la discreción con la que trabajaba la fotógrafa; Annie Leibovitz, amiga desde hace una vida de Margaret, y había accedido a ser la fotógrafa oficial no sólo por la amistad y por la buena paga, sino porque era un evento que ella, en el fondo, siempre quiso experimentar con Susan, y era su manera de hacerlo, pero sola.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por flakita volkatina el Dom Sep 13, 2015 3:47 am

Ohhhh q contiii tan hermosa Smile Smile
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Sep 20, 2015 12:19 am

CAPITULO 10 El cumpleaños



Había sido un día largo, un día de doce horas laborales, casi que de sol a sol y un poco más. Había empezado a las siete en punto, como siempre y, apenas a las nueve de la noche, se dignaba a regresar a su casa, a su adorada casa en donde la esperaba su adorada cama y su adorada futura esposa, que ya era oficial dado a que Natasha y Phillip ya sabían, pues no sé si ya lo dije pero habían tomado la decisión de que el mundo lo supiera hasta después de ellos por el momento por el que pasaban, pues no podían estar tan alegres cuando ellos estaban en un agujero del que no veían salida pronta, pero sí la vieron y, ahora, las familias sabían, hasta Margaret y Romeo, que habían tenido la delicadeza de mandarles una botella de champán del año en el que se habían casado para que celebraran un matrimonio con otro. Volterra sabía, no porque Lena o Yulia le hubieran dicho, sino porque Inessa se lo contó entre gritos histéricos de felicidad, que Volterra había tenido que sentarse y había ido a parar al hospital por un ataque de ansiedad severo. Aunque, claro, ambas se acercaron a él y le dijeron lo que planeaban, así como lo hicieron con los que eran únicamente del Estudio Volterra-Vensabene, perdón, Volterra-Volkova, y Gaby y Moses habían sido los que más se habían alegrado, que no significaba que hubieran recibido rechazos. Cero secretos, y todo lo que tuviera que ver con besos, caricias y demás, ocurría a puerta cerrada o en la privacidad de sus vidas, no en los pasillos o en el ojo público laboral, pues comprendían que era una falta de respeto.

Las locuras suceden sin mayores avisos, así como ese día, que el Presidente de Trump Organization, o sea Donald Trump Sr., se había despertado con la idea más intempestiva e irracional de la historia: "Remodelemos y Reambientemos el Hotel". El muy desgraciado había enviado un e-mail a las cuatro y cuarenta y nueve de la mañana, en el que les pedía su asistencia en su oficina a primera hora. Y llegaron los dos, como perros, con las lenguas por fuera por haber salido en literal carrera, que Yulia se había terminado de vestir y maquillar en el Taxi y no había desayunado. Así fue que Lena no pudo disfrutar de su Arquitecta, ni en casa ni en la oficina, pues Yulia estuvo todo el día escuchando las aberraciones que salían de aquella boca, que quería paredes aquí y allá, que derribaran paredes allí y acá, colores, texturas, ¡todo! Doce largas horas de estar escuchando aquello, que lo que se agradecía era la paga y la comida, pues eso sí tenía de bueno.

Yulia sólo respiró hondo y sonrió en cuanto el ascensor la dejó en el onceavo piso. Metió la mano a su bolso, lo sacudió y no escuchó sus llaves. "A la mierda", enrolló sus ojos en frustración y lo inspeccionó detenidamente mientras se apoyaba con la rodilla de una pared para crear una superficie de apoyo. No estaban allí. Tocó los bolsillos de su pantalón azul marino, los bolsillos de su Blazer gris, el bolsillo de su camisa color crema, los bolsillos de su Trenchcoat beige, y no, simplemente las llaves no estaban. Seguramente las había dejado donde Trump. "A la mierda". Respiró hondo nuevamente, sólo porque estaba a punto de correr en dirección a la pared para estrellarse y quedar simplemente inconsciente, pero, en vez de eso, sacó su iPhone del bolsillo delantero derecho de su pantalón y le envió un WhatsApp a Lena de "No tengo llaves, me abres, ¿por favor?" y sólo tuvo que esperar menos de diez segundos para que la puerta se abriera.

- Buenas noches, Arquitecta- levantó la ceja aquella pelirroja.

- Perdón, ¿nos conocemos?- bromeó, un tanto nerviosa, pues su pelirroja favorita vestía, homenajeando al cumpleaños pasado, un corset de cuero negro mate, garter que detenía sus medias en perfecta posición. Llevaba unos Giuseppe Zanotti de quince centímetros, que el empeine lo recorrían triángulos dorados para darle un poco de color al atuendo asesino.

- Soy tu regalo de cumpleaños- sonrió, acercándose a ella, que todavía estaba a un paso del interior del apartamento.

- Si mi prometida te ve, te juro que se pone celosa- sonrió mientras Lena la halaba hacia el interior de su hogar.

- ¿No te da miedo que nos descubra?- murmuró lascivamente mientras le quitaba su Trenchcoat y su Blazer al mismo tiempo.

- No le tengo miedo- guiñó su ojo.

- Deberías- siseó sensualmente.

- ¿Por qué?- rió nerviosamente al sentir una nalgada sorpresiva que hizo que diera un respingo. Lena la empujó contra la puerta, la acorraló entre sus brazos, los cuales la mantenían frente a ella y rodeaban su cabeza rectamente.

- Porque si me llamó a mí es porque es peligrosa- dijo a su oído y luego mordió su lóbulo.

- No te ves peligrosa- la trajo por la cintura hacia ella y le robó un beso. – Feliz cumpleaños para mí- rió con ansiedad, pues, por el momento, le estaba gustando, y todo el día de estar con Trump no era tan malo cuando algo así le abría la puerta.

- Cumpleaños de gemidos y muchos, muchos orgasmos es lo que te espera- tomó a Yulia por sus muslos y la levantó hasta cargarla, hasta tener sus piernas alrededor de su cadera.

- Cuando hablas así… no sabes cómo me gusta- se exaltó al sentir otra nalgada de Lena, que había sido fuerte pero hermosamente rica.

- Te gusta que te diga que voy a hacer que te corras tanto que vas a necesitar terapia psicológica después, que planeo hacerte eyacular hasta que me aburra de probarla al salir de tu vagina, y que voy a darte el mejor sexo oral de toda tu vida… ¿eso es lo que te gusta escuchar?- sonrió, soltándole otra nalgada pero en su otro glúteo. Yulia asintió ya con su rostro enrojecido de la creciente excitación. – Que tengo enormes ganas de comerme tu ano…- paseó sus manos por todo su trasero hasta llegar a aquella zona erógena que estaba ya sensible aun por encima de la tela del pantalón y de la tanga que no tenía, pues había salido con tal prisa que hasta eso se le había olvidado. – De penetrarlo con mi dedo- y paseó únicamente su dedo por la ranura haciendo que Yulia suspirara con acento de sexo. – Con la lengua si quieres- Yulia gruñó, aunque no sabía qué tenía aquello de sensual con exactitud. – Y planeo cogerte… y cogerte… y cogerte… y cogerte otra vez… en todas las posiciones que sé que te gustan y en otras que quizás no hayas hecho conmigo- ¿qué podría ser todo aquello? Joder.

- Hazlo ya, por favor- jadeó, sintiendo cómo su vagina ya secretaba un poco de calientes jugos que terminaban por embadurnarse contra el pantalón.

- No será fácil para ti- la bajó. –Eso te lo advierto

- Por favor, sólo… hazlo- y no se dijo más, Lena la llevó de la mano a la habitación, que, cuando se abrió la puerta, el ambiente más erótico gritó; iluminado a base de velas rojas que despedían olor a canela.

- ¿Confías en mí?- murmuró antes de que Yulia entrara a la habitación.

- Te confío mi vida, mi amor

- Si algo no te gusta, sólo dilo

- Que no me gustará?- resopló, pero Lena simplemente la tumbó sobre la cama al mismo tiempo que cerraba la puerta de golpe. - ¿Mi amor?- murmuró sorprendida, pues no comprendía del todo.

- Aplaude- le dijo, suprimiendo el "por favor" que Lena, la risueña Lena, habría agregado por automaticidad.

Yulia así lo hizo, y Chopin empezó a inundar la habitación, sólo piano, algo suave y tranquilo. Lena había pasado planeando aquello desde que Yulia le había dicho aquello de "supérate", y lo había planeado así como Yulia lo hubiera planeado, cuidando cada detalle, sabiendo sus exactas movidas al tiempo correcto, con puntualidad de juego, pues eso iban a hacer, iban a jugar, y conocía su movidas tan bien como Yulia conocía las suyas a la hora de combinar Loro Piana con Versace, Ferragamo y Roberto Cavalli. La lista de canciones eran la guía del tono de aquel cumpleaños, pues sí, era ocho de noviembre, viernes, el vigésimo noveno cumpleaños de la Arquitecta Yulia Volkova. Lena la abrazó por la cintura y la empujó hasta el centro de la cama y, al ritmo de "Opus 9 No. 3", la besó como si estuviera decidida a hacerle el amor y sólo el amor, un beso apasionado y tierno, sencillo y pulcro. Yulia recorría el cuerpo de su pelirroja con lentitud, al mismo ritmo que Lena la besaba, y su piel se erizaba cuando Lena rozaba su entrepierna con su rodilla, o cuando le respiraba en el cuello al besarla. Sí, ¿a quién no le gustaría tener todo eso?

- ¿Confías en mí?- le susurró cariñosamente al oído.

- Te confío mi vida, mi amor- le repitió mientras escuchaba los últimos acordes de una de sus piezas favoritas.

 

- Siéntate- dijo, volviendo al mismo tono de "aplaude", uno muy diferente al que había tenido hacía un comentario. Lena materializó aquella bufanda Hermès negra, aquella con la que Yulia la había vendado alguna vez, y, sin preguntarle si podía hacerlo, la vendó suavemente mientras Ravel empezaba a sonar con su Bolero. La tomó de la cintura y la recostó sobre las almohadas. Dejó caer sus Stilettos con mucho ruido para que Yulia escuchara que se empezaba a desvestir. Yulia seguía con sus Stilettos. - ¿Ves algo?

Yulia sacudió la cabeza y no pudo ver a Lena sonreír con picardía. Se colocó sobre Yulia, abrazando sus caderas con sus rodillas, tomó sus manos y se recorrió con ellas, haciendo que Yulia la tocara al ritmo que ella le marcaba y con el tono con el que se lo marcaba. Comenzó por su cuello, luego por sus hombros, por su pecho, por sus senos cubiertos por la seda del corset, y ahí se detuvo un momento, pues tenía que jugar con sus senos: levantarlos, apretujarlos, redondearlos, volverlos a apretujar, levantarlos de nuevo. Se deslizó por su cintura y su abdomen, Yulia sintiendo los detalles de la seda en el encaje que rodeaba aquella zona, e intentaba hacer la distinción entre el sonido del roce, el sonido de ambas respiraciones, el Bolero de Ravel, todo. Recorrió sus muslos sobre las medias del cuarenta por ciento, suaves y tersos, su trasero que estaba atrapado minúsculamente en una tanga, o al menos así se sentía. Llevó las manos de Yulia al garter y logró que desabrochara las dos correas que unían el garter con el corset. Las llevó nuevamente a su abdomen y consiguió que sus dedos encontraran las pequeñas correas que ajustaban aquel corset, luego las llevó al centro vertical y logró que Yulia tomara la cremallera, que no tuvo que indicarle que la bajara, pues lo hizo por sentido común. Con la ayuda de las manos de su futura esposa se sacó aquel corset que tenía complejo de chaleco y lo arrojó al suelo con fuerza, para, luego, volver a recorrer su torso ya desnudo.

- No- le dijo en tono plano y tosco en cuanto Yulia quiso erguirse para llevar sus pezones a su boca, y volvió a caer recostada de golpe. – Si quieres algo, lo tienes que pedir… y ya veré yo si te lo concedo

Oh. Oh. Oh. Oh. De eso iban a jugar. Ten cuidado Lena. Hizo que Yulia encontrara los elásticos de su tanga para retirarla, y luego hizo que le quitara las medias. Estaba completamente desnuda, y Yulia lo sabía pero no podía admirar aquello que tanto le gustaba. Se volvió a recorrer, se dio una nalgada con la mano de Yulia y gimió genuinamente, pues aquello a ella también le excitaba a pesar de que sólo sucedería una vez, y eso lo tenía muy claro. Llevó sus manos hacia la parte frontal y, con toda la intención, se masturbó por unos segundos con los dedos de Yulia, que hasta hizo que la penetrara suavemente con un dedo, dedo que Lena después succionó de tal manera que a Yulia se le escapó un gemido, y, de haberlo estado viendo, se habría corrido. Ravel terminó su juguetón Bolero y Orff se encargó de propiciarle un sobresalto a Yulia con su "Carmina Burana", pieza que Yulia conocía pero que casi le da un infarto al corazón al no esperársela. Con el comienzo de la canción no hizo nada pero, cuando empezaron a cantar "Semper crescis aut decrecsis", Lena tomó una de las manos de Yulia y, con una seda igual de suave como la que le vendaba los ojos, la ató al respaldo de la cama, que nunca le había encontrado función al tubo de madera que era parte de él, no hasta ese día, y lo mismo con la otra mano.

- Dije que no sería fácil- le susurró al oído con una sonrisa.

Yulia no le respondió, simplemente tiró de sus manos para saber los límites, y no era tan generoso como habría esperado. No era que no le gustaba, simplemente aquello era extraño, más cuando Lena, con aquella tenebrosa pieza de fondo, empezó a desvestirla. Bueno, ahí si le empezó a gustar, le empezó a encontrar la gracia y la diversión a aquel juego, pues no sólo no ver y no tocar le aceleraban el corazón, sino la pieza también, y de los besos que Lena le daba conforme iba abriendo su camisa poco a poco, o los besos y los mordiscos que le daba en sus senos al simplemente deslizar hacia arriba su sostén, pues le interesaba que sintiera que no estaba completamente desnuda. Se tomó su tiempo para quitarle el pantalón, que simplemente rió nasalmente al ver que no llevaba ningún tipo de panty. Piernas desnudas, torso no tanto. Se acercó al borde de la cama, del lado que ella solía dormir y trajo la hielera portátil, la que parecía mixer de cocktails. La hizo sonar al oído de Yulia y ella se sacudió en un escalofrío sensual que erizó sus pezones.

- Mi amor- jadeó Yulia al sentir que Lena introducía sus dos dedos en su vagina, que estaban fríos por haber tomado la hielera portátil, que era de aluminio. Dejó ir un hielo de tal manera que quedará entre la palma de su mano y el clítoris de Yulia, pues no la iba a penetrar, sólo la iba a hacer eyacular. – Joder!- gimió al sentir el hielo. – Hace frío!

- Lo sé- resopló a ras de su pezón derecho, el cual succionó al mismo tiempo que empezaba a trabajar en aquella eyaculación.

- Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda…- gimió Yulia tan rápido como pudo. Lena dejó su pezón tranquilo y se colocó entre sus piernas, que sacó el hielo y siguió moviendo sus dedos rápidamente, sólo para que, cuando llevara su cálida cavidad bucal a encontrar aquel congelado clítoris, Yulia gritara como nunca antes y expulsara una generosa cantidad de lubricante, el cual Lena atrapó con maestría en su garganta. – Mierda- rió agitadísima, halando sus manos pero siendo retenida por las bufandas.

- Qué malhablada te has vuelto- murmuró Lena, que volvía a introducir sus dedos en Yulia para hacerla eyacular de nuevo.

- Sin hielo, por favor- frunció su ceño tiernamente, como si le tuviera miedo al hielo, pero Lena no tenía ninguna intención de hacerlo de nuevo, sólo era para que ahora sintiera más lo cálido de su lengua conforme su orgasmo se construía en base a gemidos. – Dios mío- jadeó al cabo de treinta segundos. – No, no, no, no…- atrapó el aire en sus pulmones, tiró de sus manos y, con un gruñido feroz, empezó a temblar de todas partes: del cuerpo, del alma, de la voz, del corazón, de la mente, hasta del aura.

- Ese "no" pareció "sí"- le dio un golpe suave en su clítoris mientras se limpiaba las pocas gotas que no había bebido de aquella máxima expresión de mujer. Y ese simple golpecito le sacó un gemido agudo que a Lena casi le provoca un orgasmo, aunque creo que se corrió auditivamente.

- Más- rió temblorosamente.

- En eso estamos de acuerdo, her-mo-sa – sonrió y volvió a llevar sus labios al clítoris de aquella mujer que se estaba dejando más de lo que ella habría creído.

Con su dedo acariciaba aquel agujerito, y Yulia estaba tan fuera de órbita que le abría las piernas, de tal manera, para invitarla a entrar. Se le antojaba demasiado, aunque "demasiado" era demasiado poco para su antojo. Había resuelto juntar sus manos sobre su cabeza, pues era demasiado incómodo tenerlas colgando, si las juntaba caían sobre las almohadas sobre su cabeza. Gemía por impotencia, por lujuria, por placer, pues el mismo sonido de un gemido le excitaba, era como una autoexcitación, y funcionaba bien, pues, aparte de las eyaculaciones, estaba más mojada que todo el agua del planeta, tanto habrá sido que la lengua de Lena le sacaba aquellos sonidos empapados, su dedo, que sólo acariciaba su palpitante ano, le sacaba sonidos húmedos. Y mordisqueaba sus labios mayores, succionaba su clítoris junto a sus labios menores, apenas provocaba su ano con la punta de su dedo, que Yulia ya quería que lo introdujera todo, ¿qué tenía esa zona que eran tan prohibida pero tan placentera? Lena, eso era lo que tenía, o, más bien, su dedo, que se había introducido con parsimonia. Ahogó lo que la mezcla de un gruñido, un gemido y un jadeo hubieran hecho en seis idiomas diferentes, y se contrajo por su propia gana de sentirse estrecha para gozar de aquel dedo y de aquella tensión muscular que ella se provocaba, hasta tiró de las bufandas para tener más fuerza de tensión. El cielo en su cama.

Lena la acariciaba con su mano izquierda mientras trabajaba con gusto en su clítoris, en su casi rojo clítoris, pues estaba tan hinchado y excitado que era simplemente imposible no pasar por alto el color y el tamaño del que se había vuelto, que no era inmenso, ni grande, pero era del tamaño perfecto para que Lena lo atrapara tensamente entre sus labios, como si le estuviera dando un beso, y jugaba con su lengua dentro de los límites que sus propios labios marcaban. Y nada como acelerar las penetraciones, o hacerlas despacio y profundas, pero nunca rápidas y profundas, pues tampoco quería lastimar esas latitudes. Yulia se contraía para relajarse y volverse a contraer con impulso, y lo hacía de tan sabrosa manera que se sentía etérea, así como cuando, lo primero que veía en el día, era el rostro dormido de la mujer que ahora la hacía sentir cosas que nunca había sentido tan agudas, el inocente rostro de la mujer que le enseñaba, en ese momento, a pensar en otras maneras de verla: verla con sus audición, con su olfato y con su tacto, verla a través de la resequedad que inundaba su boca de tanto gemir.

- Dos- gimió.

- ¿Dos qué?

- Dos dedos, por favor- "es ella de verdad?" Sí, lo decía muy en serio, quería otro dedo, y no sabía por qué, simplemente lo sabía, pues se acordó de que se había sentido bien.

- Feliz cumpleaños- le deseó, aunque realmente no quería hacerlo porque sabía que la lastimaría, aunque ganas no le faltaban, pues aquella vez había sido la única vez. Y eso lo dijo ella, y lo dijo Yulia, y lo dije yo. Pero supongo que toda "única vez" se hace "únicas dos veces".

- Oh. My. God! – gruñó al tener ambos dedos en aquel agujerito. – Ni se te ocurra sacarlos- le advirtió con un ahogo de aliento, que Lena los sacó un poco pero sólo para penetrarla, sacándole así un grito sexualmente sensual de placer y molestia, y otra vez, pero, para distraerla de la molestia, succionaba suavemente aquel hinchado botoncito, y lo succionaba como succionaba sus pezones, ah, los pezones estaban totalmente en el olvido. – Muérdelo- gruñó con "A Girl Like You" de fondo, que estaba segura que ese era el punto de la canción. Lena lo mordió y, con un respingo agitado, se contrajo de cada músculo, triturando los dedos de Lena, que supo que era momento de sacarlos para intensificar su orgasmo, logrando así sacarle un "Oh, Mon Dieu!" y ahogarlo en una risa histéricamente orgásmica. - Más- rió con la típica sonrisa de niño pequeño, así como la que le ponía al Tío Salvatore cuando la tomaba y la lanzaba por el aire.

- ¡Ninfómana!- gritó fuertemente, haciendo que Yulia se riera y gimiera por estar todavía bajo el efecto del orgasmo. Si le hubiera quitado la bufanda de los ojos, quizás se habría confundido con la mirada pos-marihuana menos lo rojo.

- Sigo esperando a que me cojas- sonrió, no sabiendo en dónde estaba Lena realmente, pues no la sentía en la cama, hasta que sintió que liberaba sus muñecas de ambas bufandas de seda.

- ¿Cómo lo quieres?

- Sorpréndeme- sonrió.

- Quítate la de los ojos- y Yulia se la arrancó, siendo cegada por la baja luz de las velas pero viendo a Lena a un lado de la cama, sosteniendo un dildo en su mano.

- ¿No era negro nuestro dildo?- preguntó, sentándose para quitarse la camisa y el sostén. – Oh- suspiró al ver que no era cualquier dildo. - ¿Eso cómo se usa?- rió.

- Esto va en mí- dijo, señalando la parte corta. – Esto te lo meto yo a ti- rió, pues aquello sonaba demasiado cruel. – Déjame arreglar eso que se escuchó espantoso- sí, por favor. – Con esta parte te voy a coger- dijo, y ambas volvieron a reír, pues aquello no había sonado nada mejor. - ¿Quieres probarlo?

- Pero, antes, quiero comerte- levantó la ceja, librándose por fin de su sostén.

- Luego me comes- se subió a la cama y se arrodilló frente a las piernas abiertas de Yulia. – Ahora, debo decir que yo no soy hombre, por lo tanto no tengo este don- suspiró al empezar a introducir aquella parte en su vagina. Pues, sí, era como un arnés pero sin arnés. Era la forma de una "L" amorfa, bueno, era un Feeldoe, y era rojo.

- Si supieras lo sensual que te ves haciendo eso- susurró Yulia, que era un pensamiento que debía quedar sólo en su mente pero quizás los orgasmos habían estropeado aquella conexión. Y es que Lena lubricaba aquella parte con sus propios jugos y luego empezaba a introducirlo, suspirando y cerrando sus ojos, deteniéndose por sus labios mayores, atrapando aquel grosor de látex entre sus dedos índice y medio de la mano izquierda, pues con la derecha lo introducía.

- Dios mío- resopló al introducirlo todo, que era corto en comparación al falo inofensivo, quizás la mitad de la longitud.

- ¿Rico?

- Ya me dirás tú- sonrió, acercándose a Yulia, tomando sus piernas en sus brazos para acomodarla. Lo tomó en su mano derecha y lo lubricó un poco al frotarlo contra la humedad excesiva que definía la entrepierna de la Arquitecta Volkova.

Y sólo tuvo que introducirlo lentamente para sacarle aquel gemido a Yulia, el gemido que le había sacado el día de su cumpleaños con un poco de saliva y su pulgar, ese gemido que daban ganas de embotellarlo y venderlo, que daban ganas de grabarlo y hacer una canción de veinticuatro horas con él. Se inclinó sobre la cumpleañera, cuyo cumpleaños era ese día pero lo celebrarían, de manera pública, al día siguiente, y, estando sobre ella, arremetió lentamente aquel artefacto en ella, todo, todo, provocándose, a ambas, un gemido en la misma tonada. Escucharon sus respiraciones excitadas y agitadas, más bien alientos,Lena se detuvo un momento para juntar todo el coraje que tenía, pues para ella no era fácil sentirse tan masculina, mucho menos hacer los movimientos de un macho, y le estaba dando tiempo a Yulia para que se diera cuenta de aquello; las dos en la misma página, pero la curiosidad podía más. La Licenciada tomó un hielo, que ya habían empezado a ser cada vez más pequeños por el calor que inundaba aquella habitación con las veintinueve velas y los dos cuerpos, le quitó el exceso de agua con sus labios y luego lo colocó en los labios de Yulia, que estaban tan ardientes que, instantáneamente, el hielo empezó a derretirse doblemente rápido. Yulia estiró su brazo y alcanzó otro hielo, pues el que Lena le había puesto lo había utilizado para la saciedad de su sed.

Empezó a penetrarla lentamente y no muy profundo, tampoco en mucha longitud, ambas gemían, pues aquel artefacto era tan perfecto que daba placer en ambos GSpots. Yulia colocó el hielo en el cuello de Lena, empezó a derretirse, y recorrió sus hombros, sus clavículas, su pecho, sus pezones. Ah, sus pezones respondían positivamente al hielo, se tornaron rígidos y aun más pequeños con el contacto, que mientras Yulia los provocaba, el hielo se derretía y las gotas caían directamente sobre su pecho, algunas fuera del área al estar Lena penetrándola suavemente. El hielo se derritió completamente, Lena se dejó caer sobre Yulia y se decidió a penetrarla más rápido mientras la abrazaba y la besaba en su cuello, que gran parte del tiempo sólo le respiraba por cansancio. Yulia simplemente la abrazaba y se dejaba, literalmente, coger, pero esta vez no le importaba, hasta le gustaba, pues era Lena quien lo hacía, y lo hacía para su placer y no el de ella, además, un falo de látex no le molestaba tanto a su vista, ni en su vagina. La pelirroja se irguió y subió las piernas de Yulia a sus hombros para poder penetrarla mejor. Las caderas le empezaban a molestar, terrible movimiento al que no estaba acostumbrada y ya sabía que prefería la mano acalambrada que la cadera adolorida.

No había nada mejor que ver a Yulia tan perdida y desubicada en tiempo, espacio y volumen, que sólo tomaba a Lena por la cadera para que le diera más. Ambas habían comenzado a sudar como si fuera verano y hubieran estado tres horas bajo el sol del medio día, tanto por sudor como por lo enrojecido de sus rostros y sus pechos, que a Yulia le terminaba en el yacimiento de sus senos, a Lena también pero se le escabullía por entre sus senos y se le coloreaba parte de su abdomen, sí, tanto esfuerzo era sinónimo de rojo, y ni hablar de sus antebrazos y sus hombros. Divina. Divinas. Lena tomó a Yulia de sus tobillos para, de manera psicológica, poder darle más, que era lo que le pedía entre gemidos y jadeos, y, por si eso no bastara, había una señal que ella había aprendido de primera mano: las manos de una mujer decían mucho, si se posicionaban en la parte frontal de la cadera significaba que bajara el ritmo o que le dolía, pero Yulia la tomaba casi por su trasero, quizás era la bendición de tener brazos largos, o quizás era la posición comprimida en la que estaban, y eso significaba que le diera más.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Sep 20, 2015 12:25 am

- Tócate- gruñó Lena, pues aquello era digno de una ovación; ver a Yulia tocándose no tenía precio, era lo más sensual que había visto, bueno, Yulia y todo lo que hacía y decía y pensaba y comía y bebía y etc. era sensual.

Yulia dejó su mano izquierda en la cadera de Lena y llevó su mano derecha a su entrepierna, que no sabía lo empapada que estaba hasta que su dedo se deslizó sin ella poder frenarlo. Eso, para algunas mujeres, era realmente bueno, para Yulia también, pero no cuando se refería a autoestimularse, pues con tanto desliz no tenía tanta puntería y/o precisión para frotar aquel punto clave, o débil, o que la debilitaba. ¿Alguna vez escucharon "Future Sex Love Sounds"? Digo, la canción. Si la han escuchado, pues pónganla en el fondo de la escena, a Lena penetrando a Yulia con ese ritmo, y que le cante "Just tell me which way you like that, do you like it like this? Do you like it like that? Just tell me which way you like that", porque esa canción sonaba. Y, justo cuando sonaba "I think she’s ready to blow, must be my future sex love sound and when it goes down, Baby, all you gotta do is…" Yulia se corrrrió, sí, con cuádruple "r" porque así de intenso fue. Quizás porque era la versión en vivo en Madison Square de hacía tantos años y se escuchaban los gritos y los aplausos y eso le daba una pincelada de voyeurismo de parte del público inexistente hacia ellas y de exhibicionismo de ellas hacia el público inexistente.

- ¿Otro?- rió Lena, limpiándose el sudor de la frente con su brazo.

- No te tengo miedo- levantó la ceja mientras se acariciaba el abdomen, como si eso la calmaría.

- Deberías- repitió, sacando aquel artefacto empapado, lo cual era raro, pues Yulia tendía a reducir su lubricación tras el segundo orgasmo, pero ninguna de las dos se quejaba si daba para más. – Oh, look- sonrió, mostrándole el inofensivo falo. – Ya veo que no fingiste- rió.

- Nunca he tenido que fingir un orgasmo contigo- se sorprendió, y doble, pues Lena paseó su dedo por aquella sustancia que no era lubricante, sino su orgasmo, y lo llevó a su boca, haciendo el típico sonido de "mmm-mmm-mmm, qué rico" mientras lo succionaba. - ¿Tú conmigo sí?

- Créeme, sabrías si lo hubiera hecho… soy pésima actriz- sonrió, dibujando sus camanances sonrojados, no por esfuerzo, sino por timidez y vergüenza. – Y ahora que quería ser un poco… no sé cómo decirlo

- ¿Un poco… como una "dominatrix"?- se sentó y la abrazó mientras le colocaba besos suaves en su hombro derecho.

- Sí, un poco así… no lo logré del todo… no puedo tratarte así- suspiró, siendo tumbada sobre la cama.

- Al principio te salió bien, y no me molestó, me gustó… pero…- se colocó sobre ella, con sus rodillas encerrando su cadera, sintiendo aquel falo rondar por su trasero, que le daba cosquillas. – Sea de la forma que sea, mi amor, te prefiero a ti… hasta para la violencia te prefiero a ti… prefiero que me pegues tú a que me pegue alguien más- murmuró y luego mordisqueó su mentón.

- No te haría daño- susurró, viendo a Yulia a los ojos mientras ella se erguía y Tolerância sonaba en el fondo, canción que Lena podía entender un poco por ser parecido al español, porque castellano no hablaba.

- No lo harás- guiñó su ojo y volvió su mirada hacia el falo, que ya lo había ajustado hasta que estuviera frente a ella, más cerca de su vagina que de su trasero, pues, a pesar de que dos dedos podían empezar a contar como sexo anal completo, no era lo mismo a tener algo tan largo y uniformemente grueso, no Señor. – Esta cosa se seca demasiado rápido- rió al tomar el Feeldoe en su mano.

- Ni se te ocurra- le advirtió con tono serio, y lo decía con toda la seriedad que tenía en su sistema. Se estiró y abrió el cajón de su mesa de noche. – Ten…

- ¿Lubricante? ¿En serio?- lo tomó en su mano.

- Estaba en promoción, yo qué culpa- levantó las manos en tono de "yo no fui". – No creas que lo compré por aparte

- No he dicho nada- rió, vertiendo un poco de aquella cosa transparente, porque tan líquido no era, en su mano para luego arrojar el botecito a ciegas, que se notaba que era de promoción porque era del tamaño del desinfectante de bolsillo, y lubricó aquella longitud para, muy despacio, volver a introducirla en su vagina, con el mismo gemido, con la misma expresión facial.

- ¿Rico?- sonrió, dándole las dos manos a Yulia para que tuviera de qué sostenerse para cuando se penetrara ella sola.

- Lo que tú tengas que ver con mi vagina…- suspiró, tomando las manos de Lena y cayendo suavemente sobre ella, dejando una corta distancia entre ambos rostros. – Siempre me resulta rico- ahogó un gemido al empezar a cabalgar suavemente, sólo con su trasero, manteniendo las manos de Lena en las suyas y a los lados de la roja cabellera suelta.

- Dios mío- jadeó.

- ¿Qué pasa, mi amor?

- Se siente tan rico- resopló. Y, explico por qué, dos puntos: la forma de un Feeldoe, esa "L" amorfa, tenía mucho que ver, más que todo porque cuando Yulia subía, tiraba la parte que estaba dentro de Lena hacia arriba también, lo que provocaba un jadeo al presionar su GSpot, cuando Yulia bajaba, bajaba la parte dentro de Lena también, entonces, en Lena, se creaba el mismo efecto que como si Yulia estuviera penetrándola con dos de sus dedos, de arriba abajo, para hacerla eyacular.

- Dímelo a mí- susurró.

Continuó penetrándose sensualmente, así como le gustaba que algo tan grande como un falo entrara en su vagina: suave, despacio y con delicadeza. Cabalgaba a Lena al ritmo de la sensual música, que gracias a Dios no era "One More Time" de Daft Punk, pues habría sido la follada del Siglo y de los siguientes tres, pero no, gracias a Dios que era "La Solitudine", que había salido porque la lista de canciones llegaba hasta Tolerância, pero había caído una buena canción, tranquila y conmovedora, más cuando era en vivo. Me gustaba que nada, nunca, iba de acuerdo al plan, pues en el plan no estaba que Lena se resistiera a ser flexible y suave con Yulia, tampoco estaba que terminarían haciendo el amor como en ese momento, o que Yulia le robaría el control que tenía por automaticidad desde que nació, bueno, es que a Lena le gustaba que Yulia tuviera el control, porque así la Arquitecta se sentía más cómoda y ella también.

- Me voy a correr- gimió Lena al sentir aquello tan propio del orgasmo femenino, y que no sabía si era sólo orgasmo u orgasmo eyaculatorio.

Yulia se derritió ante el gemido rojo, griego, ruso, hermoso, perfecto y lujurioso de Lena, y nunca entendió el verdadero motivo del Harlem Shake hasta ese momento, casi un año después, pues el ritmo, luego de "Con los terroristas", encontró el ritmo de la penetración, que la hizo más marcada y un poco más rápido mientras apretujaba las manos de Lena en las suyas y se fundía en un beso para robarle cada gemido, cada suspiro, cada gruñido, cada grito. Nada más sensual que el gemido agudo que se escapó por la nariz de aquella Licenciada en Perfección, el que indicaba, nada más y nada menos, que un orgasmo intenso y duradero, que no era sólo un orgasmo, sino una eyaculación que apenas y lograba salir por los bordes del artefacto hasta mojar la cama, y esa eyaculación no la habría notado Yulia si no hubiera sido porque Lena empezó a temblar sin control y se deshacía en respiraciones profundas y pesadas.

- Eres hermosa- susurró a su oído y luego le dio un beso, y otro, y otro, y la llenó de besos suaves y cariñosos, besos de agradecimiento, por todo su rostro, por su cuello, pero siempre terminando por besar sus labios.

- Feliz cumpleaños- sonrió suavemente, todavía sintiendo aquellos espasmos vaginales y en su clítoris, espasmos en todos lados. - ¿Me superé?

- Mmm… me suena a que se ofendió, Licenciada- se irguió, tirando hacia abajo el Feeldoe en la vagina de Lena, quien se sacudió al sentir aquello.

- No, es sólo que cuesta impresionarla, Arquitecta- se sacudió de nuevo al Yulia sacarse aquel artefacto, pues tiró de él hacia arriba y volvió a presionar su sensible GSpot.

- No hay ni un tan sólo día en el que usted, Licenciada Katina, no me impresione- retiró completamente la cosa esa de la vagina de Lena y se tumbó entre sus piernas. – Todas las mañanas me impresiona la serenidad que tiene cuando duerme- se acomodó justo para estar en su entrepierna. – Y que esa misma serenidad es la que lleva al trabajo, eso es impresionante- abrió sus piernas un poco más e hizo que las flexionara bien. – Me impresiona la manera en la que sonríe sin importar cuán estresado o pesado sea el ambiente que la rodea- comenzó a darle besos en su pubis, besos que se sentían demasiado bien. – Usted, en general, me impresiona- y se hundió entre sus labios mayores, succionando todo el sabor que caracterizaba a la R.I.D (Roja Impresión Diaria). – Y me impresiona que cada día me sepa mejor

Pues, sí. Al fin le había tocado a Yulia, y cómo le encantaba hacerlo. Jamás se imaginó que practicarle sexo oral a una mujer iba a gustarle infinitas veces más que a un hombre, porque a un hombre nunca le gustó, simplemente lo hacía por obligación, y la obligación se le había vuelto costumbre, porque eso era lo que a Marco, aquel ****, le gustaba. Y no era el sexo oral a cualquier mujer, no, era a Lena, porque Lena la "había convertido", así como Thomas le decía, que la había convertido homosexual a través del sexo. Y quizás tenía razón, quizás fue a través del sexo, pero no le podía negar la parte en la que el amor se había vuelto más grande que el sexo, algo que Thomas creía conocer, algo que todos creemos conocer y no sabemos que no lo conocemos hasta que lo conocemos. Elevó las piernas de Lena con sus manos, las empujó hacia adelante con un solo objetivo: poder pasear su lengua sin restricciones, desde su vagina, acariciar su perineo, y terminar en aquel agujerito en el que se concentraría con gentileza y con cariño, que la verdad nunca vi que esa acción, viniendo de cualquiera de las dos para la otra, se viera sucia, quizás porque no era una inundación de saliva y gemidos y locura, no, era delicado, besado, acariciado, era apasionado, sí, pero con respeto, tanto para Lena como para el agujerito.

No sé, había algo de sensual, no sólo la acción, sino que era la música, no sé, no sé cómo explicar lo que inundaba aquella habitación, aparte del olor a canela y a sexo, y de los gemidos de Lena, y los ruidos que Yulia hacía al besar su agujerito, era la melodía que salía por los disimulados parlantes de la habitación, que eran seis y se encontraban en el techo, sí, era también la cooperación de Bach y su concierto para dos violines en D menor, que no era ninguna filarmónica, ni ninguna sinfónica, sino que Itzhak Perlman e Isaac Stern se encargaban de contribuir a aquel sexo oral que, quizás, los hubiera hecho cometer el suicidio al saber que acompañaban algo así con una pieza tan hermosa. Bueno, al menos no era Gusttavo Lima y su Balada Boa, que no tenía nada de malo, sólo un portugués muy básico y la jerga del Tchê tcherere, pero al menos se tenía un gusto más refinado, dejando a un lado a Baauer y a su Harlem Shake, claro está. Pues, no sé, yo creí que era sexy. Yulia se cobró la del agujerito y, con gentileza, le introdujo el dedo, y lo penetraba suavemente mientras se volvía a su clítoris para hacerla temblar nuevamente, que no necesitó de mucho, pues, sin previo aviso, Lena la ahogó contra su entrepierna al traerla hacia ella con sus manos mientras se empezaba a reír por el orgasmo cosquilloso que le proporcionaba su prometida.

- ¿Feliz cumpleaños para mí o para ti?- rió Lena, tapándose el rostro de la vergüenza, pues ella no debía correrse; el plan era que, de tantas ganas que se había guardado, la asaltaría a la mañana siguiente.

- ¿Te urge tener veintinueve?- resopló Yulia, cayendo a su lado pero volviéndose hacia ella para tener la típica conversación post-coital.

- Quizás- se volvió hacia ella, más bien sobre ella, cayendo entre sus piernas, así como le gustaba estar.

- Deberías haber nacido un par de meses antes, entonces- rió en burla suprema, trayendo a Lena a una digamos-que-ofendida-carcajada.

- No, la vetustez te sienta mejor a ti que a mí- le regresó la jugada.

- ¿Vetu-qué?

- Vetustez: de vetusto, o sea "extremadamente viejo y anticuado"- ambas rieron a carcajadas como si nunca se hubieran reído en sus vidas.

- Te amo, Lena- le dijo con la sonrisa ladeada hacia la derecha.

- ¿Aunque te haya dicho Tutankhamun?- se mordió el labio inferior.

- ¡Pf! Eres pelirroja, y hasta por eso te amo- imitó su gesto, y Lena le reconoció que había sido una buena jugada.

- Yo también te amo- rió, restregando rápidamente su nariz contra su vientre, causándole cosquillas infantiles. – Me acaba de surgir una pregunta un poco extraña

- ¿Una pregunta como cuando me preguntaste que por qué "dos más dos es cinco" o una pregunta como cuando me preguntaste sobre la construcción de Central Park?

- No tengo idea- rió.

- Una nueva categoría- aplaudió, que, sin querer, apagó la música. De todas maneras no importaba, INXS podía esperar otra vida.

- ¿Te pudiste depilar con láser?

- Oh- rió con una expresión que Lena jamás le había visto. – Tú quieres saber si soy rubia- asintió con burla pero con respeto por la forma de preguntar.

- ¿Lo eras?- dijo, y lo dijo en pretérito porque ya no lo era, al menos no tenía más piel de la que saliera más rubio que no fuera de su cabeza, y eso que el rubio, ahí, ya no lo tenia porque se pintaba el cabello de negro.

- No, era como café… supongo- rió, tratando de acordarse del color exacto. – Era como del color del barro cuando se está trabajando. – Y usted, Licenciada, ¿se lo pudo hacer con láser o tuvo que recurrir a la electrólisis?

- Con láser- dijo un tanto ofendida, pero falsamente ofendida. – Tan pelirroja no era

- ¿A qué edad?

- Dieciocho, me lo vine a hacer aquí- rió. - ¿Y tú?

- Catorce

- Emma, ¿qué tanto puede tener una niña de catorce?- rió.

- Es lo que la niña de catorce no quería tener- guiñó su ojo. – Además, si tenía que lidiar con algo como con la menstruación, ¿por qué iba a lidiar con la naturaleza púbica?

- Yo a los catorce era como soy ahora- se burló descaradamente mientras deshacía sus manos y se dedicaba a besar el vientre de Yulia.

- Peor, te quedan más menstruaciones que a mí- rió Yulia.

- Ni me lo acuerdes… que ya me tiene que estar visitando en estos días

- Te quería preguntar algo- tembló ante los besos de Lena. Cosquillas y no sabía qué más. - ¿Qué haremos para Navidad y Año Nuevo?

- ¿Haremos?- respiró pesadamente contra su vientre, acordándose de aquella pelea hacía un poco menos de un año.

- ¿Quieres ir a Roma a ver a tu mamá y a tu hermana?

- ¿Por qué me suena a que tú vas por tu lado y yo por el mío?- frunció su ceño al elevar su mirada para encontrar la de Yulia.

- Yo no voy a ir a Roma- sonrió un tanto avergonzada.

- ¿Por qué no? ¿Qué hay de tu mamá?

- Me gustaría quedarme, no tengo ganas de ir a Roma

- A ver…- se irguió hasta sentarse. - ¿Por qué no quieres ir? ¿Pasó algo con tu mamá?

- No- resopló. – Todo está bien con mi mamá… es sólo que no quiero ir

- ¿Y esperas que crea que no tienes ganas de ir cuando pasas todo el año esperando el momento para ir?- sonrió, cayendo al lado de Yulia para abrazarla.

- Son dos cosas, y digo dos puntos: no estoy lista para Roma, porque ir a Roma sería hacer el ritual fúnebre, o sea ver a mis tíos y eso…- se quedó en silencio y simplemente sacudió la cabeza como con asco. – Y también implica que tengo que conocer a Bruno

- ¿Quién es ese?- Yulia se carcajeó y la llenó de besos cosquillosos y sonoros mientras Lena se reía también. – Ya me acordé- dijo con la resaca de la risa. – Eventualmente lo vas a conocer

- Y "eventualmente" no tiene que ser en Navidad…

- Entonces, ¿te quedas con Natasha?- Yulia asintió y se puso de pie para apagar las velas, todo porque la distraían y el olor a canela con sexo ya empezaba a ser demasiado picante. - ¿Hay un espacio más para mí?

- ¿No quieres ir a Roma?

- Roma no va a ninguna parte- rió. – Y la Navidad, a mí, si me gusta… aunque no sé si sea por las razones que deberían gustarme

- ¿Por qué te gusta?

- ¡La comida!- suspiró con sus ojos cerrados y se tomó el abdomen.

- Nunca he pasado una Navidad con los Roberts, así que no sé qué clase de comida sirven

- Comida navideña es comida navideña

- Buen punto… asumo que también te gusta Accion de Gracias- resopló.

- Me gusta más Navidad- sonrió, viendo la espalda de Yulia, un tanto huesuda pero no anoréxica, y todavía con aquella cicatriz que no podía evitar ver.

- Podemos traer a tu mamá y a tu hermana para Navidad y Año Nuevo, para que valga la pena la aplanada de trasero en el avión

- ¿Y tu mamá?

- Hablé con mi hermana- Lena se asombró. – Y con mi mamá también, así que no me pongas esa cara- rió. – Mi hermana llegará con Aristóteles a pasar la Navidad con ella

- ¿Y el Año Nuevo?

- Bruno… y ahórrate los comentarios sexuales, por favor- le advirtió, pues Yulia todavía tenía aquello de no lograr entender que su mamá tenía necesidades sexuales también, quería creer que la edad marchitaba ese tipo de necesidades. Lena hizo el gesto de la cremallera en sus labios y se puso de pie para unirse a Yulia en el baño, la ducha más bien. – Entonces, ¿traemos a tu mamá y a tu hermana?

- Te hará feliz?

- Te pregunto a ti si quieres traerlas

- ¿Qué te parece si les pregunto?

- Está bien…- la abrazó para traerla bajo el agua caliente, que no les importó mojarse el cabello, pues aquello era correr peligro de resfriado, más para Yulia.

- Si dicen que sí…- murmuró Lena con su cabeza recostada en el hombro izquierdo de Yulia. – Regálame eso de Navidad- Yulia rió nasalmente y acarició su cabeza ante el comentario. – No bromeo, Primera Clase

- ¿Y qué más?

- Una cena en Serendipity… una Cheddarburger con Tocino y Chili- canturreó ridículamente como si pudiera saborearlo en su boca.

- Un Footlong Hot Dog con chili y cebolla- le hizo la competencia. – Me gusta cómo piensas

- Es que tengo hambre- rió, alcanzando el jabón para pasearlo por la espalda de Yulia.

- Ya somos dos

- ¿No has comido?

- Y si hubiera comido estaría igual después de lo que me hiciste- rió, robándole un beso que terminó llevando a Lena a estar contra la pared. –Está bien si te doy algo más para la Navidad?

- Lo que quieras- susurró a ras de sus labios, que paseaba el jabón por su trasero y le provocaba una sonrisa idílica al sentirlo tan suyo. – Y yo, ¿qué te regalo?

- Unas Pascalare de cuero, siete y medio

- ¿Qué más?

- Necesito algo para mi iPhone

- ¿"Algo" entiéndase "un protector"?- Yulia asintió.
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VIVALENZ28

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Sep 20, 2015 12:30 am

*

- ¿Qué tal una fotografía con mis papás?- sonrió Lena, tomando a Inessa y a Volterra entre los brazos para posar para algo improvisado, y antes de que los dos pudieran poner la cara de "What the fuck?" salió la fotografía perfecta, con la sonrisa perfecta. – Si tendría que dar un premio para el secreto peor guardado, se los daría a ustedes sin pensarlo dos veces- rió, y desapareció de la escena para hacer la típica movida de Katya: arrojar una granada y salir corriendo.

- Volkova, ¿podemos hablar?- se acercó Luca de nuevo a Yulia al terminar de tomarse una fotografía con Larissa, que ya se había tomado con todos, igual que Lena, sólo por darle el gusto a Natasha, no porque, la única fotografía que realmente les importaba era la obvia.

- ¿Ya te vas?- juntó sus manos y empezó a jugar sus dedos, la típica señal de que Yulia estaba un tanto incómoda por la situación pero sin saber exactamente por qué.

- Te debo una disculpa

- ¿Por qué?

- Porque me lo tomé muy personal- se sonrojó, pero Yulia le hizo el gesto de "no entiendo". – Yo no sabía que te gustaban las mujeres- susurró, como si fuera algo malo. – De haberlo sabido no hubiera actuado como un niño inmaduro… no sabía que, por más que te esperara, no ibas a llegar…

- Eres un buen hombre- dijo, notando lo cliché de esa frase. – Hay mujeres que te van a corresponder- doble cliché. – Y no estoy enojada, ni resentida con lo que pasó… agradezco que hayas venido a mi boda, eso ya muestra que lo has puesto todo atrás, ¿no?

- No sabía que te ibas a casar con una mujer- susurró con una risa nasal.

- ¿Y qué piensas de eso?

- Te veo muy feliz- le abrazó con el cuidado de no estropearle el peinado. – Y espero que lo seas, siendo o no mi amiga

- ¿Eso quiere decir que te quedas a cenar, al menos?- sonrió.

- Yo creo que sí- sonrió. – Pero hay algo que quiero decirte antes

- Dime

- Estás guapísima- suspiró, sabiendo que Yulia entendería que todavía le atraía. – Y Andrea todavía se acuerda de ti- dijo rápidamente, hablando de su hermano menor, aquel al que Yulia había cuidado en sus años de Universidad, hacía nueve años. Andrea debía tener trece ya. – Estaba igual que yo, celoso del hombre con el que te ibas a casar- rió.

- ¿Todavía no lees bien las cosas?- rió Yulia, acordándole de aquel examen de Física II en el que Luca no había respondido toda la última parte al no haber leído que había una segunda parte en el reverso de la última página.

- Creo que nunca aprendí en realidad- le acarició la mejilla y, suavemente, le dio un beso en la frente. – Ve a disfrutar de tu boda- sonrió.

- No te vayas sin despedirte- le advirtió con aquella mirada superior que siempre tuvo, y que era por eso que Luca Perlotta la adoraba tanto, porque era una mujer fuerte y grande, una mujer especial.

- No lo haré- sonrió con sus manos en los bolsillos del pantalón mientras la veía retirarse con pasos hacia atrás con una sonrisa. La vio reunirse con su ahora-cuñada, que se abrazaron, y Luca confirmó que Yulia ya no era la de antes, pues la Yulia de antes odiaba los abrazos.

*

Yulia se despertó de golpe y llevó sus manos a su rostro para masajearlo bruscamente ante el doloroso hecho de estar despierta. Respiró hondo y se volvió, sólo con su cuello, hacia la derecha, pues no sabía ni qué hora era ni si Lena seguía muerta a su lado. Y sí, ahí estaba todavía, con la ligera sonrisa de todas las mañanas, ¿sería que nunca soñaba algo feo? Su cabello rojo estaba un tanto alborotado al no ser la persona más tranquila para dormir si no dormía abrazada a Yulia, que no era que no hubieran dormido abrazadas, pues el frío lo ameritaba, pero Yulia se había levantado al baño en plena madrugada y Lena se había movido: malo para volver a abrazarla. Era lo único bueno de despertarse después de haber estado durmiendo tan bien, ver a Lena todavía dormida no tenía precio ni descripción de sentimiento. Sus brazos estaban por encima de las cobijas y estaban recogidos de tal manera que recogía, de paso, su busto, haciendo que, por entre el escote del misaki babydoll, su pezón derecho se saliera de los límites que marcaba el encaje. Yulia resopló por sus pensamientos, pues, para estar recién despierta, estaba bastante lúcida en cuanto a no quitarle la mirada de encima a aquella areola que cualquiera hubiera pasado por algo por ser casi del mismo tono cromático del resto de su piel. Se volvió hacia la izquierda para tomar su iPhone, sólo para ver la hora, las dos y cuarenta de la tarde. Estaba nublado, podrían haber sido las seis de la mañana. Seguramente nevaba.

- Buenos días, Licenciada- susurró frente a ella, sólo viéndola, nada de propasarse. No tuvo respuesta. – Buenos días, mi amor- volvió a susurrar y le acarició suavemente la mejilla con su pulgar y la palma de su mano, pues el resto de sus dedos caían por su cuello. – Lenis- sonrió al ver que ya se despertaba poco a poco, y se acercó a su rostro para instalarle un beso inundado de ganas de seguir besando a pesar de que Lena no reaccionara tan rápido.

- Tienes el mejor timing de todos- sonrió, trayendo a Yulia encima suyo, que Yulia haló las sábanas para quedar ambas soterradas en ellas.

- ¿Por qué?- se colocó entre sus piernas y la siguió besando.

- ¿Por qué crees?- dijo entre un beso, que llevó su mano al interior de su tanga y sus dedos al interior de sus labios mayores para acariciar su empapado clítoris.

- Es una emergencia de amor?- murmuró juguetonamente.

- Y no, no te preguntas por qué- colocó sus dedos lubricados en los labios de Yulia, quien rió nasalmente ante el aroma y la viscosidad de aquello, y los introdujo a su boca; los succionó con verdadero deleite. – Estoy tan caliente- suspiró, sintiendo a Yulia empezar a embestirla suavemente, directamente su pubis contra su entrepierna.

Cómo le encantaba a Yulia la cara que tenía Lena cuando se despertaba así, que no era muy común, pero, cuando lo hacía, se le derretían hasta los ovarios por la mirada excitada que la dominaba. Y ni hablar de la sensibilidad o hipersensibilidad que el despertarse así le daba, pues el más mínimo roce la hacía ahogar un gemido que gritaba "hacer que me corra". No tuvo mayor problema para, con su nariz y sus labios, retirar el escote de encaje para mordisquear y besar aquellos pálidos pezones que se volvían más pequeños con cada caricia. Lena se frotaba su clítoris mientras Yulia la penetraba suavemente con dos dedos. Qué ganas de correrse. Los gemidos se le escapaban y se le salían de control, y era de esos orgasmos que no quería alcanzar porque las caricias se sentían demasiado bien: el calor que salía en forma de vapor a través de sus alientos y que inundaba aquella cueva que formaba la sábana en la que Yulia las había encerrado, la mezcla de los sonidos era digna de adorar; los besos y las succiones de los labios de Yulia a los pezones de Lena, la inundación vaginal de la Licenciada; tanto por la penetración como por el frote, dos ruidos distintos, el aliento y los gemidos de Lena, el aroma; aroma a mujer excitada. Sa-bro-so. Alargó todo aquello hasta que no pudo más y tuvo que dejarse ir en un temblor general mientras sacudía y agitaba su cadera, penetrándose suavemente con los dedos estáticos de Yulia. Doblemente Sa-bro-so.

- ¿Café?- sonrió Yulia.

- Dime que ya te libraste de Quentin Tarantino- rió, haciendo una breve alusión a los días femeninos de Yulia.

- Mañana, pero sabes que puedes hacerme lo que quieras- le regresó el escote a su puesto. – Todo lo que tienes que hacer es obviar el tampón o sacarlo

- ¿Qué quiere Yulia Volkova?- preguntó con una sonrisa sonrojada al Yulia sacar los dedos de su vagina.

- Lo que Lena Katina quiera- sonrió, llevando sus dedos a los labios de Lena, que en algún momento pensó que eso se veía mal y era de mal gusto, pero podía más el gusto de ver a Lena succionando sus dedos llenos de ella misma.

- Sabes que odio que me hagas eso- dijo, terminando de limpiar el dedo índice de Yulia.

- Y tú sabes que puedes hacerme lo que quieras, que no tengo que querer o tener ganas, sólo lo haces o me dices y ya

- ¿Qué hay de mi dedo en tu…?- rió.

- En escala del uno al diez, ¿qué tanto te gusta mi…?

- Claramente tengo una fijación- rió.

- ¿Desde el punto de vista de Freud o desde el punto de vista de Katina?

- Desde que vi que te gusta y desde que sé lo que te provoca y desde que me gusta su sabor, su textura y su calidad

- Entonces, ¿tu dedo?- Lena asintió un tanto divertida. – Cuando quieras, mi amor- se acercó a su rostro y la empezó a besar en tono de "buenos días". – Feliz Navidad

- Feliz Navidad, Arquitecta- sonrió, volviendo a besarla y paseando sus manos por la espalda cálida de Yulia.

- ¿Café?

- Café- afirmó Lena, irguiéndose y dándola una nalgada a Yulia, qué ganas le tenía. - ¿A cuánto estamos?- preguntó, pues, en invierno, Yulia acostumbraba a revisar, antes que nada, el clima en su teléfono.

- A menos dos- dijo Yulia, regresando el teléfono a la mesa de noche y dándole la espalda a Lena para cargarla. – Tú abres la puerta, ¿de acuerdo?

- Como usted diga, Arquitecta- rió, asegurándose a su cadera con sus piernas mientras Yulia la aseguraba con sus brazos. - ¿Qué tienes ganas de desayunar?

- ¿Vas a cocinar?

- ¿No quieres que cocine?- abrieron la puerta y sintieron el frío del invierno neoyorquino.

- ¿Qué me vas a cocinar?

- Lo que tú quieras- Lena sólo gruñó y decidió reírse. – Pan con Nutella será- rió.

- No creo que haya comprado pan- la bajó antes de entrar a la piscina, dándose cuenta de que, realmente, hacer lista de supermercado era necesario.

- Creo que hay un tubo todavía, sino crepas serán- caminó hacia el congelador pero Yulia no la soltó, la abrazó por la cintura.

- Crepas suenan mejor. ¿Te ayudo?

- ¿Puedes derretir seis cucharadas de mantequilla? – Yulia asintió y recibió el paquete de mantequilla simple en su mano derecha y Lena sacó la leche y tres huevos. – Seis cucharadas son tres onzas- le dijo, pues Yulia no era tan diestra en eso de las medidas, por eso los postres nunca le quedaban perfectos, todo era al cálculo.

- Si no habrías sido tan grande en el Diseño de Interiores… creo que podrías haber llegado lejos en la cocina

- No me gusta mucho cocinar… o sea, si me gusta pero no me muero si no cocino- rió, vertiendo dos tazas de leche en un recipiente para luego, con una mano, quebrar cada huevo. – En cambio, si no estoy diseñando, me desespero

- Pero te quedan bien las cosas, eso es lo que importa

- Me quedan bien porque respeto las medidas- bromeó. – En realidad respeto la receta y el orden de las cosas, supongo que por eso me quedan bien… aunque a ti te quedan bien, también

- Cocinar carne o pasta no es ninguna ciencia, Lena... tampoco un Tiramisú o un Panino de chocolate con queso

- A cualquiera que le digas eso último seguro vomita- rió, viendo a Yulia meter, en un recipiente, la mantequilla al microondas.

- Pero no me interesa cualquiera, sino tú- la volvió a abrazar por la cintura mientras batía la leche y los huevos mientras vertía un poco de agua a la mezcla. – Oye, ¿estás segura que a Katya le gustará lo que le compramos?

- Y si no le gusta tiene dos opciones, dos puntos: aguantarse o cambiarlo- Yulia se despegó de ella para alcanzarle la mantequilla ya derretida y para poner la crepera, una de las mejores compras en el último mes. – No es obligación que tú le regales algo, tampoco yo, pero es un gesto nada más

- Está bien, está bien- renegó falsamente en tono infantil.

- Por cierto, ¿hay código de vestimenta?

- Casual

- ¿Casual a lo mortal o Casual a lo Natasha?

- ¿De qué hablas?- se carcajeó Yulia mientras vertía un poco de aceite en un recipiente para esparcirla con una brocha sobre la crepera.

- Cuando Natasha dice "casual, como yo", no es casual

- ¿Por qué no?

- Casual, para Natasha, es de Stilettos y maquillaje y no sé qué más

- Entonces, el término que buscas es Casual, o sea "Natasha en decadencia"

- ¿Qué te vas a poner tú?

- ¿Por qué siento como si le siguieras teniendo miedo a Margaret?

- ¿Porque la asocio con Margaret Thatcher?- rió, llevando el recipiente de la mezcla a la encimera al lado de la crepera. – No, hablando en serio… no sé- sacó un cucharón y vertió la futura primera crepa mientras Yulia sacaba la Nutella de uno de los gabinetes superiores.

- Sí lo sabes- le arrancó la etiqueta a la jarra de Nutella, manía que tenía, y empezó a llenar el lavabo con agua caliente para suavizar aquella crema.

- ¿Alguna vez has leído una de sus críticas?

- Algunas, sí

- Me intimida que cuando me ve, en su cabeza, construye una crítica así como la que le escribió a Ramayan, que sus días se terminaron apenas dos semanas después de que Margaret comió allí

- Me parece gracioso que te intimide la mamá de Natasha y no la mía

- Ah, no… la tuya…- rió nasalmente al sacudir lentamente su cabeza.

- ¿Le tienes miedo?

- Miedo no… pero intimida, también

- Pero, Lena…- rió, sacando un plato grande de un gabinete. – Mi mamá es la persona menos complicada que existe, hasta su cara te invita a creer que es amable

- Sí, pero tu mamá es como tú… o tú como ella, son tan perfectas que dan miedo

- ¿Te doy miedo?

- ¡Ay!- le golpeó su hombro con el suyo. – Al principio intimidas, y yo sé que te gusta, no me digas que no

- Que no soy payaso, carajo… obviamente que no me gusta que se me acerquen como que fuera atracción de parque de diversiones… y tampoco soy perfecta, Lena… mi mamá tampoco

- No estoy acostumbrada a que mi mamá se lleve a sí misma con esa seguridad, es intimidante pero interesante, no sé si me explico

- A mí tu mamá me cae muy bien, no me da miedo…

- ¿Y si mi mamá fuera como Margaret?

- Está bien, entiendo tu punto… mírale el lado bueno, mi amor, mi mamá vive del otro lado del mundo

- Es que no sé cómo explicártelo, ya me confundí yo también- sacó la primera crepa y la colocó sobre la encimera y no sobre el plato para que Yulia le esparciera un poco de la Nutella ya suavizada y la doblara a su gusto. – Tu mamá se parece a mi profesora de cocina en la personalidad, pero es algo que tiene que ver con cómo te manejas en el espacio que sabes que no es cualquier persona… es como ver dos cosas totalmente distintas, como contigo

- ¿Conmigo?

- Sí, no es lo mismo tu ropa y tu postura de lunes a viernes en época de trabajo a tu ropa y tu postura de fin de semana o de vacaciones… cinco días a la semana, el que te vea en la calle, sabe que eres alguien, el fin de semana no

- ¿Y cómo te gusto más: Alguien o Nadie?

- Me gusta trabajar con Alguien, me encanta… pero me gusta vivir con Nadie, porque es la parte cálida de Alguien

- Sabes que sólo tienes que decir si algo no te gusta, ¿cierto?

- Pero me gustas así porque te conozco… en cambio, dejando a un lado a tu mamá, que padece del mismo fenómeno tuyo de Alguien y Nadie, Margaret es Alguien todo el tiempo

- Ella viene a ser tan fría y poco profunda, sí… pero acuérdate de las bodas, era otra persona totalmente

- Muy cierto- le dio la vuelta a la segunda crepa mientras Yulia doblaba la primera por la mitad para luego enrollarla y comerla, compartida, a mordiscos vulgares.

- Y no puede ser tan mala si nos mandó, de su puño y letra, aquella nota de felicitación, ¿verdad?

- Exacto… - susurró.

- Aunque, en realidad, pienso que estás así porque tu hermana te pone nerviosa y estás cruzando los dedos y hasta la vagina para que no haga alguna pasada a lo Venecia

- Eso y que mi mamá se dé cuenta de la verdadera ostentosidad que me rodea

- ¿Por qué debería ser eso algo malo?

- Porque absorbe, y me gusta que me absorba- rió. - ¿A quién no le gusta vestirse bien y tener cosas como tu closet?

- No tienes idea de las ganas que tengo de hacerte el amor por eso que acabas de decir- sonrió contra su cuello y le ofreció el rollo de crepa, al que Lena le dio dos mordidas. - ¿Le has enseñado nuestro closet?

- Apenas vino ayer… que, por cierto, qué raro que siga dormida… y mi hermana más

- Déjalas, será el Jetlag

- ¿Cuántas más te vas a comer?- Yulia le mostró un dos con sus dedos porque estaba ocupada devorando la primera, y Lena sacó la segunda crepa para colocarla sobre la encimera.

- Sabes, no es lo mismo ser ostentoso y arrogante, un verdadero snob extravagante, así como Oskar a pesar de que no tiene mucho de qué alardear, a ser un ostentoso con un pie en la tierra, así como los Roberts… no creo que los Roberts, ninguno de los dos, incomode a tu mamá de alguna manera… de los que debes tener un poco de cuidado es de los Noltenius

- ¿Por qué?- frunció su ceño, pues para ella eso no tenía sentido.

- Porque Katherine si tiende a ser más como tú ves a Margaret, sólo que elevada a alguna exagerada potencia

- Pero, mi amor, mi mamá no va a conocer a Katherine

- ¿Ah, no?

- ¿En dónde estabas cuando Phillip estaba contando eso?

- ¿Cuándo?

- Hace como un mes- rió. – Ah… no- se carcajeó. – Fue el día de tu cumpleaños, pues, el día que fuimos a celebrar tu cumpleaños con tus amigos, que al final quedábamos sólo los cuatro y brindamos veintinueve shots de Tequila a tu salud

- Sí, y antes de los ocho shots que me tocaban a mí, me tomé como cinco Martinis y cuatro copas de Champán- susurró un tanto avergonzada. – Con razón no me acuerdo de nada- rió.

- Jamás te había visto tan ebria

- Ya, ya- se sonrojó. - ¿Qué pasó con Katherine?

- Buenos días- sonrió Inessa al emerger por el pasillo. – Feliz Navidad

- Buenos días- sonrió Yulia, volviéndose a ella y la saludó con un beso en cada mejilla.

- Buenos días, mamá- murmuró Lena sin despegarse de la crepera, recibió un beso de Inessa. - ¿Qué tal dormiste?

- Bien, de maravilla

- Inessa, ¿un café, un té?

- Lo que sea que tú tomes- sonrió, y Yulia, acordándose del Latte de Lena, se encargó de sacar las tres tazas para preparar cada bebida. - ¿Qué tal durmieron?

- Bien- rió Lena, sacando la tercera crepa. - ¿Crepa con Nutella?

- Está bien. ¿A qué hora regresaron?

- Como a las dos de la madrugada- sonrió Yulia, dejando salir agua hirviendo de la cafetera para que cayera en la taza de Inessa, que ya tenía la bolsa de té dentro. - ¿No tuvieron mucho frío?

- No, para nada… aunque aquí afuera sí hace un poco de frío- se abrazó por sobre la bata blanca que Lena le había dejado en su habitación la noche anterior.

- Ya va a calentar un poco- dijo Yulia al apretar unos botones en un panel electrónico en la pared.

- ¿Y mi hermana?- preguntó Lena mientras engrasaba la crepera.

- Sigue dormida… tú sabes que tu hermana, si no la despiertas, es capaz de dormir todo el día

- Ah, mal de hermanas- rió Yulia, volviendo a recibir un golpe suave de hombro de parte de Lena. – Aquí tiene- le alcanzó el té con un reloj de arena, que indicaba el tiempo exacto de fusión. - ¿Latte, mi amor?

- Por favor- respondió un tanto sonrojada, pues no estaba acostumbrada a ser llamada así frente a su mamá. – Le estaba contando a Yulia que la familia de Phillip no va a venir

- ¿Por qué?- preguntó Yulia mientras vertía un poco de Nutella en la crepa para esperar a que el café terminara de refinarse, sin ruido alguno, en el interior de la cafetera.

- Katherine no tomó muy bien la noticia del aborto de Natasha, se dijeron un par de cosas y Phillip se enojó con ella… hasta arruinó el teléfono

- Por eso es que tiene uno nuevo, entonces- rió Yulia.

- ¿Natasha tuvo un aborto?- interrumpió Inessa, y ambas asintieron mientras le daban la espalda.

- Fue natural- dijo Yulia.

- Pero es tema delicado, mamá… así que ni condolencias ni comentarios alusivos, por favor

- Entendido- sonrió. – Voy a ir a despertar a tu hermana, sino se va a desfasar en el sueño- se levantó y se retiró.

- ¿Cómo no me enteré de eso?- murmuró Yulia, colocando las Crepas en el plato grande que había colocado sobre la hornilla para mantenerlas calientes.

- Sí te enteraste, lo que pasa es que tenías tanto alcohol en el cerebro que se te olvidó- rió.

- ¿Qué fue lo que le dijo Katherine con exactitud?

- Le dijo que a Natasha le debería dar vergüenza no poder darle, ni siquiera, un nieto prematuro… que seguramente tenía alguna enfermedad o algo que hacía que "no se le pudiera pegar bien"

- Esa perra!- suspiraron las dos, pues era lo mismo que Yulia había dicho la primera vez.

- Bueno, entonces no tienes nada de qué preocuparte- sonrió Yulia, tratando de poner el tema en el olvido.

- Dame un beso

- ¿Sólo uno?- rió Yulia, recibiendo la crepa en la encimera mientras Lena engrasaba nuevamente la crepera.

- Los que quieras y donde quieras- susurró, llevando su rostro hacia el de Yulia para poder besarla en esa posición tan incómoda. – Te amo

- Te casarias conmigo?- susurró con una mirada imploradora que daban ganas de abrazar y consentir.

- Estoy tomada- sonrió, levantando su mano izquierda para mostrarle el anillo en su dedo anular.

- Qué celosa estoy- y volvió a darle un beso, de esos duraderos y de mala suerte al ser pillado por Inessa y por Katya.

Todavía veinticuatro de diciembre de dos mil trece, nueve y catorce de la noche, tremenda nevada.

Yulia y Lena caminaban de la mano, Yulia le tomaba la mano izquierda a Lena, ambas sin guantes al estar acostumbradas a ese tipo de frío. Caminaban desde la sesenta y dos hasta la setenta y nueve a lo largo de la Quinta Avenida. Yulia en suéter de cachemira blanco por debajo de su chaqueta azul marino, en un jeans azul gastado, botas café hasta por debajo de la rodilla y sin tacón, encima un abrigo azul marino Carolina Herrera que le daba toda la comodidad de flexibilidad anatómica hasta por debajo de la rodilla y que combinaba, con la misma perfección, con su bufanda rojo sandía de cachemira, muy abrigada al igual que su novia y futura esposa, quien, a diferencia de ella, llevaba un abrigo gris carbón de cuello alto para protegerla de que se le congelada la parte trasera de éste cuando no llevara bufanda, pero en esta ocasión sí llevaba bufanda, era negra y de cachemira. Su abrigo la cubría hasta por arriba de las rodillas, y cubría su camisa blanca por debajo del suéter de lana violeta que caía con escote triangular, y era por eso que se había puesto la bufanda. Llevaba sus legendarios Converse de cuero café, que daban un bonito tono al pantalón blanco. No llevaban bolso, simplemente las llaves del apartamento, un poco de dinero, sus identificaciones y una tarjeta de débito o crédito cada una, sólo por cualquier cosa.

Tras ellas venían las Katinas muertas en frío, más Katya que Inessa, pues Katya, por necedad, había decidido no aceptar el abrigo que Yulia le había ofrecido, y que le hubiera servido. Katya como si la hubieran sacado del catálogo de Abercrombie & Fitch sólo que con el abrigo más chic que pudo tomar prestado del closet de la entrada, uno de esos abrigos que no calentaban a nadie ni a nada, e Inessa, siempre muy conservadora, caminaba con sus manos en los bolsillos de su buen abrigo Armani negro, el que encapsulaba la perfecta manera de vestir de aquella mujer, la que siempre vestía pantalón y nunca falda, tan Lena a pesar de que ella ya había cedido varias veces, y camisa de botones manga larga con cárdigan con coderas, y unos Proenza Schouler negros de cuña. Tanto Katya como Inessa se asombraron del interior del edificio donde vivían los Roberts en el Penthouse, aquel edificio donde Natasha alguna vez vivió también. Se asombraron por la cortesía del Botones de la puerta y el del ascensor, que les desearon Feliz Navidad con una sonrisa y saludaron a Yulia con un sencillo "Señorita Volkova", pues no era primera vez que iba. Desde que Phillip había regresado a trabajar y Natasha se encargaba de su boda, si Lena tenía más trabajo que ella, Yulia iba a casa de los Roberts para estar con Natasha y para discutir los gustos de la boda, hasta ya habían empezado a trabajar con Margaret en el menú, a veces Yulia salía antes con tal de no estar de florero en su propia oficina mientras Lena estaba hasta el tope de cosas por hacer, y se iba a pasar la tarde con ambas Robinson, o Roberts en presencia de Romeo.

El Penthouse se abría directamente en una amplia sala de estar que era, al mismo tiempo y de alguna manera, comedor. Pisos y paredes de madera, la pintura de Van Gogh sobre la chimenea, los muebles de cuero marrón, floreros atestados de pascuas blancas y rojas, un árbol navideño muy elaborado en una esquina, las ventanas que daban a Central Park y a la nieve que lo invadía, las típicas alfombras rojas, daba un sabor a Ambientación Clásica con una pincelada de Vintage. Dejaron sus abrigos y sus bufandas en el closet de la entrada y, con un abrazo de Romeo, fueron recibidas con una copa de Bollinger, la favorita de Margaret porque acompañaba cualquier cosa y cualquier ocasión.
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VIVALENZ28

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