EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Sep 20, 2015 12:33 am

- Entonces, ¿usted es la mamá de Lena?- sonrió Margaret, totalmente una mujer distinta a la de hacía un año para Año Nuevo, pues llevaba maquillaje y un peinado perfecto, así como siempre y todos los días, y vestía muy parecido a Inessa, sólo que pantalón de pierna ancha que cubría sus Stilettos de gamuza negra y, sobre la camisa verde esmeralda, llevaba una chaqueta dorada. - ¿Es primera vez que viene a Nueva York?- le preguntó a Inessa al haber asentido.

- No, vine el año pasado también

- ¿Y por qué no la conocí el año pasado?- sonrió con travesura, pues así eran todas sus sonrisas, que nunca se sabía si era sonrisa honesta o sonrisa burlona.

- Pasé Navidad con Lena donde unos amigos muy cercanos

- Pero usted también es de Roma, ¿no?- Inessa asintió un tanto incómoda, es que Margaret y su voz monótona e indiferente la intimidaban. – Pues, cuando quiera venir, y no quiera incomodar a Yulia y a Lena, sabe que tiene un lugar dónde quedarse- le acarició el antebrazo.

- Muchísimas gracias, igual si usted va a Roma algún día- dijo por educación, pues sabía que Margaret era de las que se quedaba en el hotel más caro y más cerca de todo, aunque, en dado caso, prefería quedarse en casa de Larissa y no de Inessa porque no la conocía mucho, aunque le parecía conocible.

- Muchas gracias- sonrió Margaret de regreso. – Cuénteme… ¿usted en qué trabaja?- y se la llevó Dios sabe dónde para platicar, pues ya estaba harta de los amigos de Romeo que sólo tenían tres temas en la boca: dinero, leyes y golf.

- Tranquila, Lena- sonrió Natasha, que estaba sentada sobre las piernas de Phillip. – Mi mamá anda de buen humor ahora

- ¿Alguna razón en especial?- bromeó Yulia.

- Se va a ir de viaje con mi papá… a Aruba o a un lugar así

- Creí que tus papás no viajaban- dijo Yulia, tomando a Lena de la cintura para que no se sentara al lado de Phillip sino que imitara a Natasha.

- Ellos no lo hacen, mamá odia volar… pero nada que con un par de joyas y un par de Paloma Cocktails no solucionen… Tequila, Toronja y agua con gas, antes de que pregunten

- Dime que habrá de esos más tarde- suspiró Lena, pues estaba nerviosa por Katya, que había desaparecido igual que su mamá, y porque Matt llegaría en algún momento.

- Hay de esos, Sangría de fresa y albahaca, Mojito de toronja y champán, Shirley Temple, Pink Lemonade Margaritas y, a las doce, van a servir Champagne Floats… y hay Whisky, mucho Whisky y mucho, mucho Vodka

- ¿Cuál es el más criminal?- preguntó Yulia, pues era la señal clave para hacerle saber a Lena que no bebería de esos.

- Creo que los Paloma, no estoy segura- respondió Natasha llevando su Margarita a sus labios.

- Ya sabemos cual no vas a beber- rió Yulia, dándole un sorbo a su vaso de Grey Goose.

- Mrs.-pronto-Volkova – rió Phillip, refiriéndose claramente a Lena. - ¿Qué dices si me acompañas a buscar esos pinchos de entraña que andaban paseando por ahí?- Lena rió y le dio la razón, y es que ellos eran los más comelones. – Deberías relajarte un poco- le dijo al oído.

- Por alguna extraña razón no lo logro

- ¿Es por tu mamá y Margaret o por tu hermana o por el-que-no-debe-ser-nombrado?

- Fuck- suspiró. – Ahora sí estoy estresada

- Bueno, ese perro no viene- dijo en su tono de Lashonda y chasqueó sus dedos tres veces, haciendo que Lena soltara una carcajada histérica, pues no había nada más gracioso que eso. – Lo dejé amarrado a una silla- guiñó su ojo.

- No te creo

- No, no soy capaz de hacer algo así, pero soy capaz de dejarlo estéril y, por esa misma razón, lo visité en su lugar de trabajo para ofrecerle un negocio que no podía rechazar

- ¿Ese trabaja?

- Y tú tienes Doctorado en Microbiología- sonrió. – Sólo averigüé su estado financiero, que no fue difícil con mi fuente fidedigna- resopló, tirando la mirada hacia donde Natasha y Yulia hablaban de alguna cosa interesante, tan interesante que Yulia ensanchaba la mirada ante lo que Natasha efusivamente le contaba, pero no hablaban de ningún conflicto, sólo de que había sobornado al Comité de Filántropos de Nueva York para que le cedieran el salón que ella quería para la fecha estipulada: nadie le iba a robar la perfección, así le costara un cheque de seis cifras para contribuir con alguna mierda de Central Park. – Sólo hice que, por alguna razón, se ganara un viaje de diez días a Las Vegas, viaje para dos personas y estadía en el Wynn

- No debiste, suena a demasiado dinero

- No gasté ni un centavo, Len- la abrazó mientras le acercaba un pincho a la boca. – Me deben favores en CitiTourism

-Gracias, Pipe- mordió el pincho, terminó por sacar lo que el sabor podía hacerle a su boca y le dio un beso en la mejilla, el cual él recibió con una sonrisa tierna y cosquillosa. - ¿Cómo estás?

- Sabes, estoy bien, mejor de lo que esperaba- mordió el pincho y colocó el palillo en un recipiente de aluminio que estaba un tanto escondido. – Es primera Navidad en la que Natasha y yo nos vemos en ese dilema de si ir a Corpus Cristi o quedarnos aquí, porque no sólo por lo que ha pasado es que no podemos separarnos como cuando éramos novios. Le agradezco a Natasha que haya querido interceder por mi familia y que quería ir a Corpus Cristi para Navidad si pasábamos Año Nuevo aquí, así como todos los años. Y le tengo respeto- tragó con dificultad y alcanzó otro pincho, que Lena lo empujó un poco hacia un lado porque había alguien más que quería tomar uno y ellos se habían apoderado de la bandeja. – Ella sabe lo que mi mamá me dijo, y, ni así, con todo el enojo y frustración que sé que tiene adentro, se deshizo en insultos y ofensas hacia mi mamá. Pero ya no quiero ser un Mama’s Boy. Si mis papás me dejaron aquí cuando tenía quince, aquí está mi casa, aquí trabajo, aquí tengo a mi esposa, aquí vivo con mi esposa, ¿por qué carajos me voy a ir a meter a Corpus Cristi con gente de la que no sé nada en todo el año y, en el momento en el que me ven, me preguntan si puedo ayudarles con un financiamiento? Lo peor de todo, Len, que no sé si es peor, es que Margaret y Romeo, que se supone que me tendrían que dar guerra, se han portado más como papás conmigo que mis propios papás: mi papá que le regaló las pelotas a mi mamá y ella que las usa de pendientes. Estoy un poco harto, y, aunque no lo creas, sufrí un ataque de éxtasis cuando supe que Yulia y tú se quedaban… porque ustedes son mi familia, la familia que tengo con Natasha

- ¿Qué te puedo decir, Pipe?- suspiró. – Mis papás tampoco son para alardear, pero no dejan de ser mis papás, pero sí te doy la razón… después de un tiempo, tu percepción de "familia" cambia totalmente. Mi familia es más disfuncional que las Kardashians

- No es por cortesía, pero yo creo que tu mamá es una mujer muy dulce, muy maternal también, me agrada a pesar de que casi no la conozco, y, aunque no pueda decir nada de tu papá porque no lo conozco, diría que debe haber sido un buen hombre y un buen papá como para que hayas resultado lo que eres, ¿no crees?

- Puedes guardar un secreto?

- Fo’ sho, babe- volvió a decir en su acento de Lashonda.

- Tú sí conoces a mi papá

- Bueno, bueno, he leído sobre el Congresista Sergeevich pero nunca he tenido el placer de hablar con él así como lo he hecho con tu mamá

- No, has hecho negocios con mi papá- resopló, tomando unos Puffs de mozzarella y albahaca de una de las bandejas. – Llevo los genes de Volterra

- Fuck me- dijo sorprendido. - ¿En serio?

- Es lo malo de cuando mi teléfono es igual al de él- rió. – Me dio una reacción alérgica en Londres, aparentemente soy alérgica a los cacahuates y yo ni enterada, quizás porque no me gustan, pero como confundimos teléfonos, mi mamá le decía a Volterra, en un vil WhatsApp, que si yo tenía esa reacción, lo más seguro era que él también, porque esa alergia es genética

- Linda, hermosa manera de darte cuenta, ¿o ya sabías?

- La veía venir con bastante posibilidad desde que un poco después de su boda, que fue que me dijo algo como que: "si yo fuera tu papá" y me regañó por algo de la oficina, no me acuerdo bien, pero se puso todo nervioso y me dijo como diez veces "pero no lo soy, no soy tu papá"

- ¿Yulia sabe?

- Sí, sabe pero no porque yo se lo dijera… y no sé si Natasha sabe

- No creo que sepa, esa noticia habría volado, ¿no crees?- rió. – Comemos del mismo plato

- Cierto- ambos volvieron a ver a sus respectivas mujeres, que seguían en la misma intensa plática, pero habían empezado a hablar de otra cosa, algo con colores. – Oye, yo no sé cómo funciona exactamente, pero… ¿quisieras ser Testigo en mi boda?

- Será un honor, Lena- le hizo una reverencia medieval que le provocó más risa que "honor". - ¿Quién será mi acompañante? Supongo que Natasha está más que para Yulia

- Si por Yulia fuera, Natasha oficiaría la cosa- rió. – Pero mi hermana

- ¿No quisieras que fueran tu hermana y tu mamá? Digo, no es compromiso, para nada

- Es complicado explicarlo, pero mi mamá siempre será mi mamá

- Está bien, pero, si cambias de parecer, me lo dices, ¿de acuerdo?

- Claro que sí- sonrió. – Por cierto, no sé si Yulia ya le dijo a Natasha o como sea, que el dos de enero nos vamos a Los Ángeles

- ¿Y eso?

- Yulia tiene que ver unas cosas de Trump en Malibú y tiene una cita con no-sé-quién para no-sé-qué, y quizás, si tienes tiempo y ganas, puedes venir con tu esposa

- Claro, sólo denme la información y yo me encargo de lo mío y… creo que tu hermana no está desaparecida, sólo está fumándose la Marlboro entera- rió mientras veía a través de las puertas de vidrio que daban a la terraza. – Creí que no fumaba

- Fuma cuando tiene frío, pero estar afuera da frío- resopló. – Oye… ¿qué tanto sabes de joyas?

- Paso por joyero cuando no paso por afeminado, ¿por qué?- Lena levantó su mano izquierda, pues pretendió dejar ciego a Phillip con el destello del brillo de su anillo. – Si esperas que te diga cuánto costó… no te voy a decir

- No, idiota- sacudió la cabeza.

- ¡Ah! ¿Quieres uno para Yulia?

- Pero no puede ser sólo "uno", tiene que ser "Yulia"… y lo tengo en mi cabeza pero no creo que exista

- ¿Por qué no lo haces?

- Porque no soy diseñadora de joyas, ni practico la orfebrería, ni tengo los materiales

- Lena, vives en Nueva York, ¿tú crees que hay algo que sea imposible en esta ciudad?- ella sólo lo vio a los ojos. - ¿Qué te parece si un día de estos salimos tú y yo y visitamos a Mr. Batton?

- ¿Y ese quién es?

- El que puede traer tu diseño a la vida real- guiñó su ojo. – Y ya sé a qué va Yulia a Los Ángeles- rió. – Ya me acordé

- ¿A qué?

- A lo mismo que tú vas conmigo, pero ella con su vestido

- Ca.ra.jo, no había pensado en el vestido… en realidad, No sé una mierda sobre mi propia boda- rió.

- Beverly Hills, Len… no quiero ni saber con cuánto equipaje voy a regresar

- ¿Bromeas? ¿Cuál es la diferencia entre la Quinta Avenida y Beverly Hills?- resopló. – Las mismas marcas que hay aquí son las que hay allá

- Supongo que nunca has estado en LA- sonrió, alcanzándole un bollo de queso que había sumergido en salsa de vino tinto.

- A mí háblame de Georgia, y de allí sólo de Savannah y de Atlanta, luego puedes hablarme de Jacksonville, Tampa, Orlando y Fort Lauderdale, San Antonio y Houston

- California es el infierno- le dijo con mirada de preocupación, que Lena mordía el bollo desde los dedos de Phillip. – Natasha lo llama "Síndrome Hollywoodense"

- ¿A qué?

- A que, cuando estás en California, inconscientemente intentas acercarte a ser superestrella- rió. – Aunque sea por turismo, o curiosidad, vas a parar a Rodeo Drive, el distrito del fucking shopping, y está comprobado que, de ahí, no sales con las manos vacías

- Eso es para las mentes débiles

- A ver, déjame preguntarte algo, y respóndeme con sinceridad…- metió el resto del bollo a su boca y alcanzó otro. Qué buenos que estaban. - ¿Prefieres Bergdorf’s o Barney’s?

- Depende, ¿para qué?

- En general

- Bergdorf’s, tiene más cosas

- Pues así es Rodeo Drive- sonrió. – Es un Bergdorf’s gigantesco, así que no dudo que tú o yo seamos la excepción. Barney’s es la Quinta Avenida, más selecto- guiñó su ojo.

- Pipe…- suspiró. – Tú ya te casaste- Phillip la volvió a ver sorprendido, quizás era el tono que había utilizado.

- Sí, dos veces- dijo, refiriéndose a la civil y a la religiosa.

- ¿Quieres ser mi Dama de honor?

- Ya vi esa película- rió. – Y no tenemos futuro con eso

- Pues, es que Natasha es evidente que trabaja con Yulia, y tú conoces a Yulia y me conoces a mí, ¿qué podría salir mal?

- ¿El hecho de que soy hombre y no tengo idea de esas cosas no te suena problemático?

- Y yo soy el hombre de mi boda- rió. - ¿No ves lo perfecto que eso es?

- ¿Cómo puedes ser el hombre?

- No sé una mierda de mi propia boda- repitió. – Supongo que tú tampoco sabías

- Sabía menos que una mierda, yo sólo hice lo que me dijeron que tenía que hacer… ese mundo es peligroso, tú sabes… flores, música, comida: bitch fight

- ¿Ves? Sólo ayúdame con lo básico, lo "peligroso" lo resolveré por mi cuenta

- ¿Y qué es lo básico?

- ¿Qué le regalo a Yulia?- rió.

- A-e-i-o-uh- inhaló ridículamente. – Eso es un nivel astral de asistencia

- Vamos, tú tienes una Insider- dijo, volviendo a ver a Natasha, que seguía en las mismas con Yulia.

- Eso es trampa, Len

- Es una oportunidad sana, ¿por qué no debería tomarla? Además, Yulia te ayudó a escoger los anillos y te ayudó con tu traje

- Punto justo bien hecho- frunció su ceño.

- Además, tú ya has de saber qué me va a regalar Yulia

- Y si lo supiera no te lo dijera- aunque él ya sabía, y sabía desde muchísimo antes que Lena siquiera oliera todo.

- No te estoy pidiendo que me lo digas, me gusta que me sorprenda…además, sabrá Dios y ella qué me va a regalar. Seguramente no puedo igualarlo o superarlo, ya sea por precio o por magnitud

- No se trata de qué tan caro sea, se trata de lo que significa- sonrió y la abrazó por el hombro y volvió a ver a su alrededor para asegurarse de que nadie lo viera ni lo escuchara. – Natasha, por ejemplo, me regaló dos cosas, que seguramente ya sabes

- ¿Las mancuernillas?

- ¿Lo otro?

- No

- Bueno, querida e inocente Lena- suspiró. – Sólo porque eres tú y porque confío en que no vas a decir que te lo dije, te lo diré- se acercó a su oído. – Me dio las mancuernillas para que las utilizara en la boda religiosa, y me regaló su behind…- Lena se asombró. – Me dijo: "poseeme", y, contrario a lo que cualquiera piense, no es que ella sea mía sino yo suyo- rió. – Yo termino haciendo lo que ella quiere. Y las mancuernillas pueden haber costado veinticinco mil dólares, lo otro fue gratis pero, para mí, significó más que todo lo que pudo haberme dado

- Problema técnico- rió. – Yulia ya lo tuvo

- ¡Len!- siseó incómodamente. – Detalles de eso no necesito- se sonrojó.

- Te sonrojas- se burló.

- No te estoy diciendo que copies la idea de Natasha, te estoy dando un ejemplo- le cambió el tema. – Pero será un placer… un gusto- se corrigió, pues "placer" no le sonaba muy bien después de aquella rápida conversación. – Sí, será un gusto poder ayudarte con eso. ¿Algo más?

- Sé cuánto le gusta a Yulia quedarse en el Plaza

- Oh- rió. - ¿Quieres una habitación en el Plaza?

- No quiero caminar hasta el 680

- Como si quedara tan lejos- rió. – Pero, creo que sería un bonito detalle, más si consideras que estarás ebria, toda la noche en Stilettos y tendrás ganas de consumar el proceso. ¿Qué necesitas que haga?

- ¿Cuál es la mejor habitación?

- Bueno, depende… ¿para qué?

- Necesito que sea cómoda, espaciosa porque ya sabes cómo es Yulia con la accesibilidad y la movilidad, y necesito que tenga buena vista a Central Park, que se vea el Pond de ser posible

- Necesitas una habitación en el décimo séptimo u octavo piso- dijo pensativo. – El décimo noveno piso es para la Suite Royal, que es demasiado grande, demasiado cara y, para lo que la quieres, no vale la pena. Creo que una Edwardian o una Terrace. La Edwardian es de un piso, sala de estar, habitación principal y baño, no tiene terraza pero tiene vista a Central Park. La Terrace es de dos pisos. Tiene estudio, sala de estar y baño en el primer piso, y, en el segundo, tiene la habitación principal un súper baño y la terraza pero no sé si la terraza da a Central Park, no me acuerdo… pero ahí solía quedarme cuando me sacaban de mi apartamento- sonrió. – La Edwardian si sé que tiene vista a Central Park si así la pides, la diferencia es como de quinientos dolores pero, si te quedas más de cinco noches, te hacen el quince por ciento de descuento en la sexta y el veinte de la séptima en adelante, ¿cuánto tiempo piensas encuevarte?

- Menos de una semana, tengo un trabajo- rió. – Y un jefe que…- sólo ahogó su frustración en un gruñido.

- ¿Esa es tu luna de miel o es simplemente un tiempo para joder-mucho?

- Joder- suspiró, y Phillip se rió. – No, no, no para "joder-mucho", es que no había pensado en la luna de miel- y hundió su rostro en sus manos.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por Monyk el Lun Sep 21, 2015 2:31 am

Muy buena conti!
Gracias

Monyk

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 26, 2015 12:32 am

CAPITULO 11 Syrtaki y Citrato de Sildenafilo



- Aquí nadie me conoce- rio Larissa al micrófono, pero todos los que no sabían quién era asumieron que era la mamá de Yulia, la mamá de la gran Arquitecta Volkova, la de apellido difícil de recordar. – Por la cara que tiene Yulia, supongo que no sabía que iba a estar aquí- todos volvieron a ver a Yulia y, en efecto, tenía cara de susto. – Seré breve y concisa para ahorrarte el estrés- los compañeros de trabajo de Yulia y sus amigos, que se resumían a todos los invitados que la acosaban con la mirada, rieron al verla, por primera vez, sumergida en un estrés del que apenas podía patalear para salir a la superficie. – Para mí es un honor estar aquí, y lo es porque nunca creí que un día como este llegaría a ser parte de tu vida- le hablaba directamente a Yulia. – Y es un honor que lo hayas decidido compartir conmigo y con tus amigos, porque sólo así podemos tener una idea de quién es Yulia bajo el ala de la Arquitecta Volkova. Señora y Arquitecta Volkova, ahora eres una esposa y sin duda será la esposa perfecta, al lado de una mujer que logró impresionar- sonrió para Lena. – Arquitecta Volkova, usted es la hija que todo papá espera tener, la hija que, como mamá, soñé aspirar para criarla- Yulia respiró hondo, así como si quisiera succionar todo el oxígeno del salón, no quería llorar. – Licenciada Katina. Lena. Mi nuera. Creo que usted es lo que todo papá espera para que su hija conozca y se enamore por el resto de su vida. No sólo se ha ganado el corazón de mi hija sino el mío también- Lena volvió a ver a Yulia y sólo le tomó la mano. Yulia estaba muy sentimental, y Lena podía ver cómo intentaba aguantar la secreción líquida de sus lagrimales sobre sus córneas. – Me alegra haber sido testigo del desarrollo de su relación, una relación que no me preocupa, sino me gusta: es sana, divertida y se apoyan mutuamente. Y, ahora, me gustaría darles siete palabras que espero que ambas recuerden siempre: Mia kardiá pou agapá eínai pánta néa. – Larissa no levantó su copa, pues no era el brindis principal, pero brindó con su hija y con su nuera desde lo lejos y fue directo a darles un abrazo. Fotografías y más fotografías.

- Para los que no hablan griego- rio Phillip al micrófono, mientras se acercaba a Yulia y a Lena. - Significa que Yulia y Lena serán siempre jóvenes- sonrió. – Pues, perdón que no me he presentado. No sé cuántos aquí me conocen y cuántos no. Yo soy Pipe para Len, Felipe para Julia Maria, pero me llamo Phillip. Y yo voy a hablar por las dos- sonrió para ambas y le acarició el hombro a Yulia. – A Yulia la conocí en modo "mujer de negocios" antes de que otra cosa sucediera y, de no ser por mi esposa… a quien no veo en este momento- la buscó con la mirada para no encontrarla. – No habría entablado una amistad como la que tengo hoy contigo- se dirigió directamente a Yulia, olvidándose del resto. – Yulia, te admiro- le dijo con una mirada sincera. – Eres hermosa, no más hermosa que mi esposa- dijo con una expresión de "me va a matar si digo que es la más hermosa del mundo". – Tienes una vida interesante, llena de Louboutin y Monique Lhuillier, llena de Minimalismos y Clasicismos, de diseños y distribuciones, de Roma y Nueva York, llena de Chopin y de amor. Eres una persona a la que yo considero que tiene una vida realmente Vogue, y considero que la tienes desde el ocho de octubre del dos mil doce- sonrió para Lena. – Día en el que… ¡pam, pam, pam!- hizo sus típicos efectos especiales. – La Licenciada Lena Katina usurpó tu espacio laboral: invadió tu oficina con escritorio incluido para robarte tu oxígeno de oro- todos los del Estudio rieron, pues se acordaban de cuando Yulia había sido la primera en casi cometer suicidio ante la noticia de una diseñadora de muebles. – Lena- se volvió a ella. – Len- sonrió con cariño. – Me acuerdo cuando te conocí. No te conocí como a Yulia, no entre dinero y finanzas, sino en una fiesta, así como Yulia conoció a Natasha, ¿ironía? No creo. Te he visto terminar de crecer. Te he visto entrar a Bergdorf’s para salir sin nada, y te he visto entrar a Bergdorf’s con una bolsa que contiene unos Stilettos que gritan "Yulia" entre el patrón de leopardo. Te he visto amar a Yulia, y te he visto pedirle perdón, así como he visto a Yulia regañar a su Ego y a su Orgullo cuando algo tiene que ver contigo. Nunca pensé, ni en mis más locas ocurrencias, que ustedes dos serían tan disparejas, tan diferentes, que eso las haría ser completamente compatibles. Nunca creí que a alguien le pareciera sexy el Ego de Yulia, y tampoco creí estar en el momento en el que Yulia se hiciera humana por celos. Ustedes son las dueñas de mis "nunca creí", a ustedes les debo un cambio de mentalidad, y se los agradezco. Y les agradezco que, gracias a ustedes, conocí la vida más allá del apoyo mutuo y de la familia. Yulia, eres mi familia y la de mi esposa, eres mi cuñada y mi hermana. Lena, eres mi familia, mi hermana. Las quiero mucho a las dos, y sé que van a ser muy felices, más de lo que ya lo eran hace media hora. Ahora, en honor a lo que alguna vez vivimos juntos- sonrió mientras se retiraba y le daba la mano a Katya y a Inessa. – No podemos olvidar quiénes son- Natasha emergió y se llevó a Yulia, pues Yulia era parte de eso. Lena no entendía. – No podemos olvidar quién eres, Len. Ni de dónde vienes, ni qué te describe. Esto es con amor y para que, probablemente, te mueras de la vergüenza- sonrió, y le alcanzó el micrófono a uno de los meseros que llevaba una bandeja repleta de Ouzo.

Eran grupos de tres, eran tres, pero uno sólo era de dos. Yulia estaba entre Inessa y Katya, como buena familia recién formada. Natasha tenía a Clark, sólo porque le fascinaba bailar y estaba más que encantado de poder hacerlo, y tenía a Volterra. Phillip tenía a Larissa. La guitarra empezó y Lena se carcajeó, sólo necesito un segundo para reconocerlo. Se carcajeaba sin cesar. ¿En qué momento habían decidido bailar Syrtaki? Ah, qué risa. Todos coordinados, así como si hubieran decidido ensayar por meses. Todo buen griego lo conocía y lo sabía bailar, sino no era griego (aunque ella es mitad griego y rusa). Todavía era lento, lentísimo, y casi nadie entendía, bueno, nadie entendía, sólo veían a Lena reírse y cubrirse el rostro ante la exacta ridícula vergüenza de la que Phillip había hablado. Le gustaba ver a Yulia, tan elegante y bailando Syrtaki, ¡qué ridículo! Y la cara de Phillip, como si le gustara bailarlo, porque le había gustado demasiado aprenderlo. Culpa de Katya, idea de Phillip y Yulia entre una estupenda loquera y borrachera remota, una broma que se había enseriado. Justo cuando empezó a acelerarse el ritmo, Lena se puso de pie y se unió al baile, pues le acordaba a su época del colegio, a cuando no tenía idea de que un día como ese llegaría a su vida, y se colocó entre Phillip y Larissa. Sabían sólo ellos, los que bailaban, lo que eso significaba. Ni un cabello se les movió de lugar, sólo eran risas, pasos, rodillas flexionadas, y ahora un círculo. Una ridiculización pero una sensación de hogar como nunca antes, algo tan suyo, algo tan de ella, algo para ella.

- Si fueran todos tan amables de tomar su Ouzo y el plato que tienen enfrente- dijo Natasha un poco agitada por el baile. – Les pido que, por favor, se unan con nosotros a la pista- meseros llevaron platos para los que no habían llevado, para los que habían bailado, y un shot de Ouzo, un shot doble para empezar la noche.

Eran platos de porcelana, finos, diseñados y comprados sólo para lo que vendría a continuación. Eran blancos del centro, azul marino de las gruesas orillas y, en un extremo, tenían el "Yulia" en dorado, y, en el otro, "Lena" también en dorado. El que Yulia sostenía decía "Lena" en el centro, el de Lena decía "Yulia", eran únicos.

- ¿En serio? ¿Syrtaki?- rio Lena para Yulia, quien sólo guiñó su ojo para ella con esa sonrisa de complicidad. – Gracias- se sonrojó, recibiendo los platos cada una y el shot de Ouzo en la mano derecha. - ¿Ouzo?- uno de los meseros colocó una caja de fibra de vidrio frente a Yulia y a Lena, una caja un poco profunda que estaba recubierta de tela azul marino.

- Bienvenida a casa- sonrió Yulia.

- Porque mi hermana y mi mejor amiga, Yulia, sea feliz con la mejor mujer que puede existir, junto con Yulia y conmigo- dijo con el mismo Ego de Yulia. – Por Lena y por Yulia, porque sean felices- levantó Natasha el shot de Ouzo.

- Evíva, se mas - levantó Lena su shot.

- Se séna- sonrió Yulia, que chocó suavemente los vidrios y bebieron aquel etanol que Dios mío, qué fuerte.

- Evíva!- corearon los que sabían, y las imitaron. Yulia tomó a Lena de la cintura, la acercó a ella y, entonces sí, la besó en sus labios en pleno público mientras el flash de la cámara empezaba a caer como una ráfaga, y ambas arrojaron el plato, entre su beso, a la caja. – Opa!- corearon de nuevo, y las imitaron pero por sobre la superficie recubierta de la pista de baile mientras Yulia y Lena se seguían besando, momento Kodak de verdad.

- ¿Compraste una vajilla de porcelana sólo para quebrarla?- rio Lena a ras de sus labios.

- Era una vajilla especial- sonrió, envolviéndola entre sus brazos. – El mundo está tan loco, tan trastornado, que un poco de tradición no nos vendría mal- y le dio un beso en su cabeza.

- Eso se quiebra en la puerta de la casa

- Lo sé, pero prefiero ahuyentar todo lo malo entre los que nos rodean- guiñó su ojo. – Además, una vajilla rota- recibió un plato de uno de los meseros, el único que había sobrado, y le mostró que sus nombres estaban separados. – Significa una vajilla nueva…

- ¿Y tenías que quebrar una para comprar otra?- bromeó.

- Tenía que quebrar la separación entre nosotras- quebró el plato junto con el resto, no en la caja, y susurró un "Opa!" que se me hace imposible describirlo de tan cariñoso y sensual que se escuchó. Lena sólo entrecerró sus ojos y rio nasalmente. - ¿Qué?- resopló al entregarle los shots vacíos a un mesero que se les acercó.

- Acabo de casarme- la señaló con su dedo índice y la punzó en su hombro desnudo. – Tú- susurró. Yulia frunció su ceño, no entendiendo qué significaba eso en realidad. Lena llevó sus manos a su nuca y desató la cadena de la que pendía el anillo de compromiso. Lo sacó y lo vio por unos segundos. Yulia se asustó, y se asustó más al ver que sacaba su anillo de matrimonio, el que acababa de deslizarle.

- ¿Qué piensas? - preguntó con miedo.

- Es surreal- Yulia pudo respirar tranquila al ver que sólo lo había sacado para ponerse el anillo de compromiso antes que el de matrimonio. Lena sonrió, le gustaba cómo se veía aquello: primero compromiso y luego matrimonio. Doble compromiso: evolución, proceso, desarrollo. – Se siente diferente

- ¿Sabes por qué?- sonrió, llamando a un mesero, que colocaba un plato nuevo sobre cada puesto. Lena sacudió la cabeza. – Porque ya no somos "Yulia" y "Lena"- tomó uno de los platos que el mesero tenía en su bandeja y le agradeció con la cabeza. – Somos "Yulia y Lena"- y le mostró que, en los platos nuevos, platos blancos con un anillo azul marino que dividía la base de la orilla y un anillo que recorría el contorno, sus nombres estaban juntos y entrelazados en el centro en Sverige Decorado y en dorado, que la "Y" de su nombre se entrelazaba con la "L" de su esposa. – Estábamos en punto cero, por eso te besé, porque fue lo único que une los antecedentes a las sucesiones: antes y después de la vajilla rota.

- Detallista nivel "Yulia Volkova"- tomó el plato en sus manos y acarició los nombres.

- Ven. Annie probablemente tiene que irse pronto- la tomó de la mano y le devolvió el plato al mesero que tan diligentemente la esperaba. – Un par de fotografías y todos felices… y tienen que limpiar los platos rotos- rio.

- ¿Por qué los nuestros están en cajas?

- Porque esos platos son nuestros- sonrió.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 26, 2015 12:34 am

*

- Adelante- dijo Yulia ante el llamado de la puerta, que bajó el volumen de su música, de su "Tunnel Vision", pues estaba en pleno desborde de inspiración y terminaba de diseñarse el vestido que creía perfecto: serio e interesante y que cayera en la categoría de "elegancia" pero que no fuera difícil de arrancar si pensaba más en algo post-recepción-de-boda.

- ¿Estás ocupada?- le preguntó Inessa desde la puerta.

- No, pase adelante, por favor- sonrió, poniéndose de pie de su silla de cuero para apagar la luz de la lámpara. – Creí que se iban a tardar más

- Lena me dio la llave, ella y Katya se quedaron- dijo, que se sentó donde Yulia le señalaba. – Creo que si veía un zapato más, pierdo la cabeza- se detuvo la frente y sacudió la cabeza.

- Qué bueno que no estoy usando zapatos- resopló Yulia. Se sentó a su lado. – Inessa- suspiró. – No sé de qué quiere hablarme pero, entre más pronto lo hagamos, mejor… que no me gusta picarme la curiosidad porque sin hígado nadie vive y a usted le urge tener respuestas- Inessa ensanchó la mirada.

- Hay varias cosas que quisiera hablar contigo

- Soy toda oídos, y deberíamos aprovechar que Lena no está para que no se estrese- sonrió.

- Sé que sabes que Alessandro es el papá de Lena- lo dijo como una afirmación, no como una pregunta.

- Y tiene que saber que, así como se lo dije a él en su debido momento, yo no voy a decirle nada a Lena. No me corresponde a mí decirle algo así

- No es eso lo que yo quiero pedirte

- ¿No?

- Creo que, en este momento, tú conoces a Lena muchísimo mejor que yo- suspiró. – La manera en cómo hemos intentado tapar el sol con un dedo ha sido simplemente… un fracaso- Yulia quiso no asentir, pero asintió. – Lena ya no me cuenta la misma cantidad de cosas que antes, y sé que es porque prefiere ahorrarse lo que implica contármelo y, al no poder hablarle con la verdad, con el único que puedo hablar es con Alessandro, y él conmigo

- Lena ya no está en edad para aguantarse regaños de todos los "adultos" en la habitación cuando sabe,soprattutto, que hay un elefante enorme y que es rosado en la misma habitación que comparte con usted y Volterra- le dijo Yulia con una ceja hacia el cielo. – Y no son los regaños en sí los que le molestan, sino cómo juegan con la información y cómo deciden lidiar con ella

- No te entiendo

- Todo lo que Lena haga con usted, Volterra lo sabe. Todo lo que Lena haga con Volterra, usted lo sabe. No tiene privacidad con su jefe porque va directo a contarle a su mamá. No tiene privacidad con su mamá porque su jefe lo sabe. Y ese es el problema. Con el debido respeto, Inessa, el hecho de que Volterra esté estúpidamente enamorado de usted, y viceversa, no le da más derecho a sentirse más papá… usted le puede contar hasta al Papa si quiere, Volterra también, porque el Papa se ve bastante amable, pero Volterra no puede jugar a ser Papá cuando es Jefe: se ve mal y lastima a Lena, y la lastima porque siente como si usted mandara a Volterra a arreglar cualquier disgusto. Se toma atribuciones que, socialmente y ante los ojos de Lena, no le corresponden

- Eso no lo sabía, no me lo dice

- Lena está un poco cansada ya, y mejor prueba de eso no hay sino que renunció

- Alessandro me dijo lo que había pasado- dijo, acordándose de las palabras de aquel hombre: "Mi hija… en una mesa, ¡teniendo relaciones sexuales en el trabajo!".

- ¿Le dijo por qué había renunciado Lena?

- Porque le gritó… y no lo culpo, sé lo que hicieron

- Y ese es el problema, Inessa- suspiró. – Si hubiera sido yo y alguien más, alguien que no fuera Lena, Alec no hubiera puesto el grito en PageSix. Alec me trata diferente a los demás trabajadores porque soy su socia, no por otra cosa, pero Lena es una más si él no encuentra las pelotas para decirle a Lena por qué se toma tantas atribuciones. Lo que Alec hace se llama "nepotismo", y eso, aquí y probablemente en todo el mundo, si Lena quiere y Alec no se tranquiliza, Lena puede, feliz de la vida, alegar acoso…

- Pero no renunció porque Alessandro la acosa, ¿o sí?

- No exactamente- sonrió. – Renunció porque se cansó de que Volterra se sintiera con más derecho sobre ella, como si fuera su papá, que ni su papá le hablaba así, hablando de Sergey. El problema fue que Volterra reaccionó como papá, porque le juro que si hubiera sido otra persona del Estudio, que me consta que ha habido, sólo llama la atención y ya porque, para empezar, no era en horas de trabajo y la "evidencia" podíamos usarla ambas partes a favor nuestro. La clara muestra es que conmigo no se enojó, y no se enojó porque, con el perdón del francés, soy dueña de su trasero y hasta más… pero Lena es su hija, y por mucho que supiera o no que está conmigo, y a qué nivel lo está, eso fue lo que lo hizo perder la cordura, y no lo culpo, no ha de ser fácil ver a su hija en esas cosas… además, Inessa- suspiró. – En el video sólo se veía lo suficiente para entender lo que estaba pasando, no es como que hicimos una película pornográfica

- Es culpa de Alessandro, entonces- suspiró con alivio, que Yulia frunció su ceño en desaprobación.

- La culpa no es de Volterra- le dijo con el ceño todavía más fruncido, pues la culpa la tenían todos, hasta ella. – Todo fuera más fácil si Lena supiera la verdad- aunque ya la sabe.

- ¿Qué pasa si nos da la espalda?

- Con el debido respeto, Inessa- resopló. – Lena ya está grande y puede tragarse una noticia así. A la larga, si Sergey o Alec es su papá, da igual… y Volterra no me cree cuando se lo digo, pero le dará vergüenza el día en el que Lena se dé cuenta por sí misma, porque entonces quedará de mentiroso y de cobarde, que para Lena, eso es peor- Inessa se quedó en silencio, y es que sabía que estaba sumergida en algo de lo que no sabía cómo salir. Además, Yulia tenía razón, y Volterra no era el único a quién culpar. – Yo sólo quiero que Lena tenga lo que se merece, y quiero que tenga una mamá y un papá, así sea que siga llamando "papá" a Sergey o lo cambie por Volterra… nadie tiene por qué perder si las cosas se dicen de frente, pero todo a su tiempo y cuando se arme de valor

- Te debo una disculpa, te juzgué mal

- No se preocupe, yo sólo quiero lo mejor para Lena, y sé que, lo mejor, es cuando usted está en buenos términos con ella- sonrió.

- No, no es por eso

- ¿Por qué?- ensanchó la mirada.

- Creí que no ibas muy en serio con Lena- dijo en su pequeñísima voz. – Creí que era tu experimento

- Soy maquiavélica pero no tanto- resopló.

- Lo siento

- ¿Hice algo mal?

- Creo que eres exactamente lo que necesitaba para encontrarse, y por eso te respeto y te he tomado cariño a pesar de que no tenemos un trato directo o constante…

- Inessa, sé que hice mal al no pedirle permiso para proponerle a Lena que se casara conmigo, sé que no he actuado de la mejor manera entre que he acaparado a Lena en mi vida y en mi mundo y que he dejado que Lena ceda a lo que me rodea… pero tiene que saber que mis intenciones, para con Lena, son las más sinceras y las más sanas- sonrió. – No sé si para usted todo ha sucedido muy rápido, y me disculpo por eso, es sólo que estoy segura, y podría jurarlo sobre la Biblia, que Lena es con quien yo quiero estar porque me hace feliz, muy, muy feliz, y, lo que me da Lena, yo lo respondo con respeto, con protección y con amor, yo no tengo intenciones de lastimar a Lena porque no tengo corazón para verla descompuesta. Eso ya lo hice una vez y es algo que sólo una vez quiero ver en los días conscientes que me quedan

- ¿Es necesario que se casen?- preguntó, pues eso era algo que no entendía. – Digo, ¿no podrían sólo seguir viviendo juntas?

- ¿Le molesta que nos casemos? Porque, de ser así, no lo hago- dijo un tanto frustrada y adolorida. – No quiero que haya alguien en desacuerdo, no alguien tan importante para Lena

- No, es sólo que quiero entender por qué quieres casarte si Lena…- y calló.

- No cabe duda que Lena es igual a usted- rio divertida. – Quizás sea sólo un papel lo que nos una, porque, más allá de eso, no podemos hacer nada y, aunque pudiera, no lo hiciera, porque no me interesa eso, me interesa gozar de los beneficios que eso trae

- ¿Beneficios?

- Va más que todo en términos de salud- sonrió. – Dios no lo quiera pero si a mí me llega a pasar algo no quiero que todo lo que tengo se vaya a ninguna parte, me gustaría asegurar a Lena. De la misma manera en que si a Lena o a mí nos pasa algo y estamos en el Hospital, Lena y yo no somos familia, no podemos tomar una decisión sobre la otra, no se hable de algo tan sencillo como las visitas cuando sólo dejan entrar a los familiares. Legalmente nos facilita la existencia…

- Bueno, en eso tienes razón

- Además, ni Lena ni yo tenemos por qué escondernos en estas cuatro paredes- dijo, haciendo un recuadro imaginario con su dedo índice. – Yo quiero una relación normal, y creo que Lena se merece una también… creo que el mundo está demasiado alterado y acelerado, un poco de convencionalidad no le viene mal a nadie

- ¿Firmarán un acuerdo prenupcial?

- Sólo uno en el que se haga constar que todo lo mío es de Lena también… todo lo que tengo… no sé cómo comérmelo yo sola- sonrió. – Quiero compartirlo todo con ella- se sonrojó. – Desde mi clóset hasta mi cuenta bancaria, desde mi oxígeno hasta mi mano- Inessa sólo sonrió. – Y me gustaría muchísimo que ustedes aceptaran que las traiga para la Boda, así como todo lo que ustedes necesiten; desde un viaje en vacaciones hasta una cuenta de teléfono, desde un auto y gasolina hasta algo hospitalario… lo que sea para que Lena esté tranquila a sabiendas de que ustedes están perfectamente bien y con el apoyo que necesiten

- ¿Lena está al tanto de eso?

- Ella me ha dicho que haga la Boda como quiera- rio, omitiendo la parte de Las Vegas. – Así que, yo quisiera traerla a usted y a Katya, así como voy a traer a mi mamá

- Me refiero a lo otro

- No estoy segura- sonrió ampliamente para librarse de toda culpa. – Pero ya lo hablaremos

- ¿Han escogido fecha?

- El treinta de mayo. Es viernes…

- ¿Es por algo en especial?

- El clima nada más- rio, sabiendo que era porque ninguna de ellas dos estaría siendo víctima de un asesino en serie. – Es algo semi-formal, por la tarde-noche, pero creo que Lena les hablará más de eso en un par de semanas

- ¿Qué te gustaría que les regalara?- sonrió, que con eso les daba la completa bendición.

- En realidad, no quiero regalos- sonrió de regreso. – Quiero que me ayude a regalarle algo

- Está bien…- murmuró. - ¿Quieres contarme?

- Quiero que tenga parte del Estudio- la mirada de Inessa se perdió en tiempo y espacio.

- Tengo entendido que eso, con lo de Trump, es carísimo

- Obviemos el dinero, por favor- se sonrojó, pues le incomodaba aquel tema, más cuando no estaba segura si Inessa sabía cuánto tenía en su cuenta bancaria. – Tengo el setenta y cinco por ciento, Alec tiene el resto… en teoría, dos partes son mías, una de Natasha, pero en la práctica son tres mías, ella sólo es un plan de apoyo, y me gustaría poder dirigir el Estudio en varias direcciones, más en la rama en la que Lena no suele explotar, la cual creo que tiene mucho potencial para ser una nueva etapa. El diseño de muebles tiene un futuro prometedor porque es personalizado

- Me imagino que Lena no sabe nada de esto, ¿verdad?

- No, me pidió que no le regalara joyas nada más- rio. – Pero mi regalo viene desde antes, lo compré pensando en ella… porque creo en ella

- ¿Qué necesitas que haga?

- Necesito que le regale un número cinco

- ¿Un cinco?

- Sí, ya sea en papel, en metal, en lo que sea… sólo un cinco. Yo le daré un cuatro, mi mamá le dará un seis, Natasha un ocho, Phillip un tres, Volterra un nueve, Margaret y Romeo le regalarán un seis y Katya un ocho

- Entonces, ¿un cinco y un ocho?

- Sí

- ¿Qué significa?

- Lena lo sabrá- sonrió.

- ¿Han hablado de qué harán después de la Boda?

- ¿De una luna de miel?

- Sí

- No, pero me gustaría llevarla lejos de todo- se sonrojó. – Para desconectarnos totalmente y poder estar juntas- y no se dio cuenta de que eso sonaba a "sexo". – Una playa, para poder descansar también, que se nos vienen unos meses ajetreados… quizás Bora Bora y el Four Seasons

- ¿No es muy caro eso?

- Lena se merece lo mejor

- Tú no conoces límites, ¿verdad?- rio Inessa muy encantada.

- No tengo- guiñó su ojo. – Mucho menos cuando se trata de Lena, de su comodidad y de su relajación

*

- ¿Quieres quitar esa cara, por favor?- ladró Inessa junto con un puntapié bajo la mesa.

- Es la única que tengo, acostúmbrate- gruñó. – Yulia me debe una buena explicación y una enorme disculpa- se cruzó de brazos como un niño pequeño.

- ¿Qué te hace pensar que Yulia le dijo?

- ¡Es la única que sabía!- y gruñó letras, consonantes y vocales entre sus dientes, con sus puños cerrados, así como José Mourinho reaccionó en el juego del Real Madrid contra la Real Sociedad.

- Te juro, Alessandro, que si les arruinas la noche… te va a ir mal, muy mal- le advirtió con esa mirada que sólo una mamá podía poner. – Cambia esa cara YA- Volterra sólo gruñó calladamente. – Lo digo en serio

- ¿Por qué no reaccionas ante lo que acaba de pasar?- refunfuñó.

- Porque Lena iba a saberlo de mí- Volterra dejó caer la quijada.

- ¿Y no se te ocurrió decirme?

- ¿Para que me dijeras que "no, ¿y si se enoja?"?- rio. – La que se lo ocultó fui yo, tú eres una cosa colateral nada más. Si se va a enojar, que se enoje conmigo

- Soy su papá

- Entonces empieza a actuar como uno- levantó su ceja. Volterra la vio penetrantemente y se levantó de golpe. - ¿A dónde crees que vas?

- A hablar con Yulia

- No, tú no vas a ninguna parte- ladró, deteniéndolo de la mano, pero él se la arrebató. – ¡Alessandro!- le siseó a una espalda ya distante y que caminaba hacia donde estaba Yulia y Lena con Margaret, que se sacaban un par de fotografías, literalmente para el recuerdo, mientras los meseros empezaban a servir comida y bebidas.

- Veré yo misma después de tomársela a los invitados- le dijo Annie a Yulia.

- No por favor tenga algo de beber y comer, cualquier cosa que usted quiera o necesite- sonrió Yulia, extendiéndole la mano. – Su transporte debe estar esperando para que usted pueda tomar al aeropuerto, y su nombre debe estar en la lista para cualquier vuelo de su elección con American Airlines

 

- Les deseo a ambas lo mejor- sonrió, estrechándole la mano. – debería estar entregando las tomas dentro de una semana o dos

- Tómate todo el tiempo que necesites- resopló Yulia, viendo que Volterra se acercaba con cara de querer asesinarla. Margaret se robó a Annie y la hizo desaparecer de su vista, que, de no ser por el flash de la cámara, no hubiera sabido si seguía ahí o no. – No se ve muy contento- susurró Yulia para Lena, quien le tomaba la mano y le besaba los nudillos. Lena sólo se encogió entre sus hombros y no le dio importancia alguna.

- Yulia- gruñó Volterra. - ¿Podría robarte a tu esposa por un momento?

- Ya regreso- sonrió Lena y le dio un beso corto y rápido en sus labios para el enojo de Volterra. – Ajá, Alessandro- sonrió, tomándolo del brazo con el suyo mientras se dejaba guiar por él hacia donde sea que la llevaba. - ¿Qué se te ofrece?

- ¿Bailarías conmigo?- murmuró ya más relajado.

- No hay música- Volterra la empujó suavemente y la volvió a atrapar entre sus brazos, ya en la posición de baile.

- Paupérrima excusa para no bailar conmigo. Muévete- sonrió.

- Guíame- rio, pues no debía guiar ella sino él, y Volterra se empezó a mover, que no era un buen bailarín, sino un buen bailador. - ¿Con quién estoy bailando; con mi jefe, con el ex-novio de mi mamá, con mi "tío" o con mi papá?

- Tengo ese síndrome de personalidades múltiples- sonrió. – Pero estás bailando con el ex-novio de tu mamá, a quien alguna vez conociste fuera de todo esto y llamaste "tío", y luego fui tu papá, por último tu jefe. Supongo que es una síntesis de todo… y espero no haber arruinado las fotografías con mi cara de asombro- sonrió incómodamente.

- Te mata Natasha… o Margaret, que le salió caro que Leibovitz tomara las fotografías

- Nunca entendí cómo es que hacen esas cosas

- ¿Cuáles?

- ¿No te parece todo muy "over the top"?

- ¿Todo qué?

- Todo, tu vida, la vida que llevas con Yulia

- ¿Escoges el día de mi boda para decirme que tengo un Alterego Consumista y que mi vida es superficial y materialista y no exactamente en el sentido filosófico de la palabra?

- Te casas en el Plaza, tienes a un ultra Chef cocinando para menos de cincuenta personas, el mismo que cocina para los Oscares, te casa la misma mujer que divorció y casó a Donald Trump y a todos los Trump, tienes una vajilla sólo para quebrarla, Vanity Fair te toma fotografías, creo que lo que tienes encima, en ropa, zapatos y joyas… ¿no te parece demasiado?

- Vamos por pasos- sonrió resentidamente. – Se llaman "Oscars", no "Oscares", y ni así, son los Premios de la Academia, y se llama "Wolfgang Puck" y no está cocinando allá atrás. Vanity Fair no tomó las fotografías- rio. – Leibovitz fue regalo de Margaret, Helena fue recomendación de Romeo… what the fuck, no sé por qué te tengo que dar explicaciones de cómo gasto mi dinero o de los regalos que me dan…- frunció su ceño. – Ahora bien- sonrió para intentar relajarse. – Es mi boda, mi esposa está sola, estoy bailando sin música como idiota con el hombre que, a pesar de que ya le dije que sé que es mi papá, no me dice nada y, por si eso fuera poco, me está criticando mi boda… bastante irrespetuoso diría yo. Así que, yo voy a ir a disfrutar mi noche, mi matrimonio, y a mi esposa con mis amigos y mi familia, si quieres ser parte de mis amigos o mi familia, que al menos se quedan sus críticas para sí mismos, eres más que bienvenido para quedarte pero, si no te consideras parte de mi familia o capaz de mantenerte esas cosas para ti, pues, hay varias puertas por las que puedes salir- auch. Le dio un beso en cada mejilla, lo tomó por los hombros y le sonrió. – Gracias por el baile- se despegó de él con la misma frustrante sonrisa, y, al darse la vuelta, se dio cuenta que todos la veían dejar a su papá solo, que todos sabían, no porque Yulia o Lena lo hicieran evidente sino porque era más que obvio desde el momento en el que la contrató de la nada, más cuando usó al fracaso de Harris para cubrir la pronta contratación de Lena cuando el mercado no estaba preparado para diseño de muebles a tan alto nivel.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 26, 2015 12:36 am

*

- Buenos días- sonrió mientras veía saltar las rodajas de pan integral de la tostadora.

- Tú no duermes, ¿verdad?- resopló Katya en su adormitada voz alrededor de su alborotado cabello. Yulia sólo guiñó su ojo.

- ¿Qué te puedo ofrecer de desayuno?- Katya sólo bostezó y sacudió su cabeza. – Bueno, no es tanto desayuno si son las once de la mañana… así que…- sonrió, colocando ambas rodajas de pan en un plato pequeño para luego esparcirle una generosa capa de mermelada de fresa sobre una mísera capa de mantequilla. – Puedo ofrecerte un par de Toast o un Panino con Pomodoro, Mozzarella e Funghi

- Una Pizzetta?- resopló.

- ¿Quieres una?

- Bueno- frunció su ceño. – Supongo que sí- murmuró con extrañeza y vio a Yulia sacar un paquete de rodajas de queso y un tarro con una especie de pasta roja. – Pasta de tomate seco- sonrió. - ¿Champiñones?

- Sí, gracias- sonrió, notando cómo sacaba sólo dos de uno de los cajones.

- ¿Dormiste bien?

- No sé qué tiene esa cama que me hace dormir demasiado bien, ¿y tú? ¿Tu cama no es lo suficientemente…cómoda?- rio nasalmente con la picardía de un sentido alternativo, que podía ser cualquier cosa relacionada con Lena. ¿Relacionada? Jaja, sí.

- Mi cama, querida cuñada- resopló, alcanzando la bolsa de papel que tenía enfrente mientras encendía el horno. – Es perfectamente cómoda

- ¿Cómo es que no duermes, entonces?

- Estoy acostumbrada a dormir poco

- ¿Cosas de la perturbada consciencia?

- ¿Perturbada? No- sacudió la cabeza con aquella expresión de burla.

- ¿Mucho sexo?- rio.

- Katya… nunca me ha gustado que me den un consejo cuando no lo he pedido, es una de las tres cosas que odio en realidad, pero voy a escupir hacia arriba y voy a dejar que mi odio hable

- Me vas a dar un consejo

- Consejo…no, advertencia mejor- sonrió, esparciendo la pasta de tomate sobre la rodaja inferior de pan. – La curiosidad, conmigo, no tiene límites

- ¿A qué te refieres?

- Lo que sea que me preguntes, sea por travesura, por curiosidad o simplemente porque te pongo nerviosa, porque sé que lo hago- sonrió. – Pero, lo que sea que me preguntes, te lo voy a responder… así que piensa bien en lo que me vas a preguntar, porque voy a seguirte el juego

- ¿Cuáles son las otras dos cosas que odias? ¿Semana sin sexo y tener a tu suegra al otro lado del pasillo?

- Dos preguntas: ¿por qué Lena y tú creen que mi familia política es algo que me preocupa? Y, ¿por qué todo tiene que ver con sexo?

- ¿Qué es lo que no tiene que ver con sexo?- sonrió. – Todo en esta vida tiene que ver con sexo: la comida, la bebida, la risa, todo tiene que ver con sexo

- No, tiene que ver con placer, no con sexo. Y, la familia política, ¿quién no lo odiaría? Yo sé que yo sí lo odiaría, hasta lo evitaría

- Odio cuando me insisten, cuando me quieren convertir o me quieren obligar a hacerme cambiar de opinión- la volvió a ver mientras, con destreza, cortaba los champiñones en rodajas para colocarlo sobre la pasta de tomate. – Y odio cuando tu hermana no está feliz

- ¿Es feliz?- murmuró, mostrándole la primera mirada de preocupación por su hermana. - ¿Tú la haces feliz?

- No sé si soy yo, no sé si yo sea el factor especial, pero sí es feliz

- ¿Lo eres tú?

- ¿Alguna vez soñaste con algo perfecto?- sonrió, volviéndose al otro champiñón. - ¿Alguna vez creíste que puedes tener algo perfecto, algo que puedes describir únicamente como "perfecto"?

- La perfección no existe- susurró. – Todo tiene defectos

- ¿Qué te hace pensar que los defectos no son parte de la perfección?

- ¿Tú crees que tu vida es perfecta?

- Nunca ha estado tan bien, está como lo que conozco bajo "perfecta": tengo una familia, tengo amigos, tengo trabajo, tengo salud… tengo a tu hermana, ¿qué más puedo querer de la vida? ¿Qué más puedo esperar de mi vida? Lo tengo todo, hasta más

- Debes odiar la pregunta, yo sé que mi hermana la detesta- suspiró, abriendo la puerta del congelador para sacar el jugo de naranja. - ¿Qué hay de tener hijos? Yo quiero tenerlos algún día

- Y me alegra el hecho de que quieras tenerlos, de verdad- sonrió. – Pero aquí estamos con tu hermana; ella que cree en la naturaleza de las cosas, y se lo respeto

- Y tú, ¿qué hay de lo que tú quieres, de lo que tú crees?

- No puedo tener hijos- se volvió a ella y dejó de rebanar.

- Vamos, todo papá ha dicho eso en algún momento, todos se han preguntado si serán o no buenos, si serán ellos o sus hijos los que sean una Santa Cagada… pero eso no significa que hay que tenerle miedo

- ¿Qué te hace pensar que le tengo miedo a ser una Santa Cagada?

- Todos le tienen miedo a eso, pero, al final, todos son buenos y todos adoramos a nuestros papás, hagan lo que hagan, la caguen cero, una o mil veces. Es el miedo a la responsabilidad

- No le tengo miedo a la responsabilidad, tengo varias responsabilidades muy grandes en mi vida y creo que he logrado llevarlas sin mucho problema

- ¿Responsabilidades como cuáles?- sonrió desafiantemente. ¿Quiere guerra? Guerra tendrá, carajo.

- Tengo responsabilidades en el trabajo: ser eficiente, innovadora, mi responsabilidad es ser responsable y ser creativa. En casa tengo que pagar cuentas, en la familia estoy al pendiente de todos, hasta de ti cuando, en realidad, no tengo ninguna obligación para contigo, y tengo responsabilidades con tu hermana

- Y, aun así, ninguna es tan grande como criar a un hijo… ¿por qué estás tan a la defensiva con la idea? Ni mi hermana se pone así

- Bueno, tú lo pediste- suspiró, sacando la bandeja del horno para colocar el Panino, o Pizzetta con tapadera, sobre ella. – No puedo tener hijos porque soy estéril. Eso es en el ámbito biológico, clínico, físico, como quieras llamarle. No quiero tener hijos porque no voy a arriesgarme a convertirme en el ser abusador que era mi papá, no le voy a dar pie a eso, eso termina conmigo: ámbito psicológico, mental, emocional. No necesito tener hijos porque no me siento vacía, porque no es obligación, porque no está escrito en piedra que cada mujer debe ser mamá, o que cada matrimonio debe tener hijos… y eso, Katya, es en la parte social

- Yulia, lo siento- susurró con su mirada perdida. – Yo no sabía

- Aprendes a vivir con tu naturaleza, así como tu hermana dice. No puedes forzarla: el mundo está como está porque jugamos a ser omnipotentes, jugamos con las leyes de la naturaleza… y no me voy a morir si el cliché no se cumple. Además, si pudiera tener un hijo, sería tenerlo de tu hermana

- Pero eso no se puede

- Y me alegra que me entendieras- sonrió.

- Pero, ¿no quieres niños a los cuales cantarles el Happy Birthday, a los que hay que cambiarles pañales y darles de comer papilla?

- Por eso seré la mejor tía que pueda existir. Para eso tengo a Natasha, tengo a mi hermana que no tarda en salir embarazada al paso que va, y te tengo a ti… en tiempo eventual. Que no sean mis hijos no significa que no me gusten los niños

- Y, entonces, cuando te cases con mi hermana, ¿qué va a pasar?

- ¿A qué te refieres con "qué va a pasar"?

- ¿Qué van a esperar? ¿Qué van a desear?

- Todavía no te entiendo con claridad

- ¿No va a haber ningún cambio? Digo, ¿se van a apegar a la rutina?

- ¿Tendría que cambiar? – resopló.

- ¿Se van a casar y van a seguir igual?

- Por eso, Katya, ¿qué tiene que cambiar?- suspiró. - ¿Tiene que cambiar algo en general?

- No lo sé, es sólo que me parece un poco aburrido, como si no fueran a empezar desde cero- se encogió entre sus brazos.

- Ese es el problema- sonrió, doblando una de sus ya frías tostadas para llevarla a su boca. – El único que se aburre es el que no sabe divertirse con lo que tiene, y el único que necesita empezar desde cero es el que ha sido víctima de la única moraleja de Esopo que vale la pena contar: No cagar donde se come- rio, no sabiendo en realidad si tenía algo que ver con Esopo o con alguna de sus camisetas obscenas.

- No creo que te estoy entendiendo

- ¿Por qué voy a empezar desde cero si quiero darle seguimiento a lo que ya tengo?

- Entonces, ¿no hay nada que quieras cambiar?

- ¿Es tan difícil creer que no, que todo está bien?

- ¿Ni para mejorar?

- Todo es perfecto, Katya- sonrió. – No hay nada que quiera cambiar, de verdad

- Realmente tengo un poco de envidia- se sonrojó.

- ¿Todo bien con tu vida amorosa?

- No tengo una- balbuceó suavemente.

- Uno reconoce a los de su clase, así como un Payaso reconoce a otro Payaso

- De verdad, no tengo una vida amorosa

- ¿Cómo se llama? – Katya sólo rio nasalmente y sacudió su cabeza. – El hecho de que no tengas una vida amorosa no significa que no haya una persona de interés, so, ¿cómo se llama? – volvió a sacudir la cabeza. - Asumo que tu mamá no sabe y tu hermana tampoco, ¿verdad?

- No

- ¿Por qué no?

- ¿Por qué sí?

- Es cómodo cuando puedes ser quien eres con tu familia

- ¿Tú hablas con tu familia de Lena?

- Con mi mamá, sí. Mis hermanos y yo no tenemos la cercanía que tienes tú con tu hermana… por eso cuento con Natasha y con Phillip; ellos también son mi familia

- Todavía no estoy lista para decirle a mi mamá

- ¿Crees que no va a entender?

- ¿Tú logras entender que me gustan ambos?

- No veo por qué no, no tiene nada de complicado

- ¿No lo ves como una indecisión o una confusión?- Yulia sólo sacudió la cabeza. – Es que pienso que es difícil, mi hermana es lesbiana, sólo le gustan las mujeres

- Sin embargo, estuvo con Dima de Mierda- sonrió.

- A lo que voy es que ella puede categorizarse como "homosexual", así como Natasha puede categorizarse "heterosexual"…

- Mmm… ya veo- sonrió de nuevo. – ¿No te parece normal que te gusten los dos?

- No te pueden gustar los dos, tiene que gustarte uno más que el otro, ¿no?- Katya asintió suavemente. – No todo es blanco y negro, Katya

- ¿Tú te consideras bisexual, entonces?

- Te lo puedo plantear así: fui heterosexual porque me acostaba con hombres pero no porque me gustara estar con ellos, era bisexual porque pasé de estar con un hombre a estar con una mujer, soy lesbiana porque estoy con tu hermana y me voy a casar con ella. Si eso me hace lesbiana, bisexual, o confundida, pues eso soy. No tiene nada de malo porque no es que no sepas qué te gusta y qué no, eso sí lo sabes, te gustan ambos pero pesa más quién es y no su género

- ¿Cómo le explicas a tu mamá que te puede gustar cualquiera, hombre o mujer? ¿Cómo haces que entienda que no ves hacia la derecha sino también hacia la izquierda?

- ¿Es difícil explicarlo o aceptarlo?- murmuró, doblando la otra tostada para comerla.

- Pero yo sé que me gustan ambos

- Saber no es lo mismo que aceptarlo- sonrió.

- ¿Tú le dijiste a tu mamá quién eras?

- No salí realmente del clóset- suspiró. – Pero sí le dije quién era tu hermana, y no le he mantenido nada importante en secreto

- ¿Nada importante?

- No- sonrió de nuevo. – Nada… hasta en el sentido sexual

- ¿Cómo puedes hacer eso?- siseó con sorpresa. - ¿Cómo puedes hablar de sexo con tu mamá?

- ¿Tengo algo de qué avergonzarme?

- Le cuentas de tus experiencias sexuales, eso no es normal- susurró. - ¿No te da algo cuando le estás contando?

- No es como que le cuento que me gusta hacer que tu hermana pierda el control ante éstos - sonrió con picardía y levantó su dedo índice y medio de la mano derecha, que Katya dejó caer su quijada. – Le cuento lo suficiente como para que sepa por qué estoy bien o por qué estoy mal, le cuento para que sepa que mi relación con tu hermana es sana

- Tu mamá es más cool que la mía, de eso doy fe

- ¿Y eso por qué es?

- La vez que conocí a tu mamá, no sé- rio.

- ¿Qué hizo?- preguntó un tanto avergonzada en anticipación con su mano sobre sus ojos para esconderse de su misma vergüenza.

- Nada, es sólo que me dio esa impresión

- Tu mamá también es bastante afable, inspira confianza… yo se la tengo

- Es irónico que tú se la tengas y sus hijas no

- No estoy en posición de opinar sobre la naturaleza de la relación que hay entre su mamá y ustedes dos- dijo, sacudiéndose las migajas y el problema de las manos.

- Al menos mi hermana tiene buenas razones para no confiar tanto en ella, yo no gozo de ese lujo

- Eso me suena a excusa, a que necesitas algo para no confiar en ella, para no contarle

- Es realidad

- ¿A qué te refieres, entonces?

- Hablo de Volterra y mi hermana- se acercó a ella con susurros mientras veía de reojo hacia el pasillo para asegurarse que nadie viniera.

- ¿De las peleítas en la oficina?

- Yo sé que tú sabes que no es eso a lo que me refiero… yo sé que tú sabes que mi hermana y yo no compartimos el mismo…- volvió a ver sobre su hombro y agachó la mirada. – El mismo papá

- ¿Y tú cómo sabes eso?

- Mi papá me lo dijo cuando se dio cuenta que mi hermana estaba trabajando con él - rio nasalmente. – Eso no cambia la forma en cómo veo yo a mi hermana, o en cómo aprecio a mi mamá… es sólo que mi hermana, que no sé si sabe pero sé que tú sí, tiene la excusa perfecta para no contarle las cosas a mi mamá con el mantra ese de "No mentir a los que confían en ti, no confían en los que te mienten a ti"

 

- Entonces, ¿tú quieres contarle pero también quieres una excusa para no contarle?

- Quisiera no tener que contarle- la corrigió.

- Pero no tienes que contarle a nadie, creí que le querías contar para sentirte aliviada

- No, eso es algo que tú trajiste a la mesa- sonrió, confundiéndonos a las dos. Era buena. – En fin, me parece admirable que puedas contarle muchas cosas a tu mamá, más cosas así de íntimas

- Te vas a cansar de mentir, de inventar excusas para poder estar con esa persona, de hacer planes maestros para que no descubra nada, pero vas a estar perdiendo el tiempo porque ningún papá es tonto; siempre han sabido y siempre sabrán…

- Son cosas que todavía no entiendo a profundidad, ¿tú cómo hiciste para entender lo que te pasaba?

- Tuve que ceder… más bien tuve que aprender a ceder

- ¿A qué te refieres?

- Me gusta el control, nada puede salir mal si todo está bajo control, y siempre he tenido control sobre las cosas que hago, sólo las veces en las que me he equivocado es cuando no he sabido controlar todo lo que suelo controlar. Con "control" me refiero al control de todo, pues si pudiera controlar el clima, hasta eso controlaría. Control de espacio, control de situación, control de emociones, todo prácticamente racional. Y, de la nada, llega tu hermana

- ¿Y cuál es el problema con mi hermana?

- Yo era la única Diseñadora de Interiores en el Estudio y, de la nada, llega tu hermana, o sea… ¿qué carajos? Ese fue el primer problema, la pérdida de control sobre todo trabajo que tuviera que ver con Ambientación. Egoísta, yo sé, pero así es el trabajo, nadie quiere que le roben cuota ni de broma. Luego, tengo que ceder espacio en mi oficina para que tu hermana pueda tener un espacio también, y eso es pérdida de control laboral casi total, sólo me faltaba darle un porcentaje de mi salario y ya era absoluto. Digamos que en el trabajo ya no tenía control más que en lo que aterrizaba en mi regazo… y, no sé, perder el control me enoja, me frustra, necesito tener el control para tener tranquilidad, porque lo único que tengo seguro es mi trabajo, mi nombre en el gremio, lo demás es fluctuante y no es constante. En fin, eso cambió porque ningún cambio me había sentado tan bien: menos carga laboral al tener con quién compartir proyectos, alguien con quién platicar sin tener que salir de mi oficina, alguien con quién platicar en ruso y alguien con quién consultar mis ideas. Me molestó cuando empecé a perder el control de lo que no era el trabajo

- ¿Emociones, sentimientos?

- Hasta fui al Psicólogo- sonrió, como si aquello fuera problema o fuera gracioso.

- ¿Fuiste porque estaba atentando contra el control que te gusta tener sobre tu racionalidad o porque era mujer?

- Punto clave: una mujer me estaba llevando a hacer combustión- sonrió. – Y voy a ser tan honesta como fui con tu hermana… me metí con tu hermana porque me dio curiosidad, porque tenía ganas, porque, de tan incorrecto que sonaba, sonaba correcto. Claro, cuesta darte cuenta de lo que está pasando cuando lo único que puedes ver es que alguien te está robando todo tu control, cuando ves que alguien te hace contarle cosas de tu vida que no le has contado a nadie, cuando te das cuenta de que tu control tiene fallas por las que sólo alguien tan inteligente como tu hermana puede meterse, que es que se mete en esas fallas y las va haciendo más grandes hasta que hace que tu control explote y ya no tengas más de eso. Empiezas a dejarte llevar por algo que no conoces, que por no conocerlo lo catalogas como peligroso, de eso que te hace caer sobre tus rodillas ante sus pies cuando antes pretendías que un par de centímetros en un Stiletto hicieran la diferencia de un Ego en desesperación por autopreservación. Entendí lo que me estaba pasando cuando todo lo que hacía tenía que ver con tu hermana, y terminé de comprenderlo cuando se enojó conmigo. Ha sido de las cosas que más me han dolido en mi vida, que me han marcado a tal grado que no quiero que nunca más se enoje conmigo de esa manera…

- No entiendo mucho

- Sólo alguien a quien quieres de esa manera, con esa intensidad, puede lastimarte tanto

- ¿Te lastimó y sigues con ella?- siseó sorprendida.

- Y yo a ella, pero eso se llama "perdón", que es algo que también aprendí a pedirle a un "extraño"

- Entonces, mi hermana te quitó todo tu autocontrol y así es como entendiste lo que te pasaba

- Sé que tu hermana es la persona indicada para mí porque es la única que sabe devolverme el control, que me deja tener el control, alguien a quien le gusta como soy y que me quiere como soy, porque intentó cambiarme y yo a ella y eso no nos llevó a nada bueno. Aprendimos a convivir, no a vivir con la otra nada más. Y te digo todo esto porque tu hermana es alguien de quien vale la pena alardear

- ¿Alardear?

- Me cansé de quererla en secreto, me cansé de inventar excusas para poder estar con ella, me cansé de llevar una doble vida… y no es justo para tu hermana, que siendo quién es para mí, no tenga el lugar que se merece en mi vida y en la suya. Llegué al punto en el que no me interesa dejar de vivir por cuidar algo tan privado, algo de lo que la gente no tiene por qué opinar porque no conoce, sino me interesa tener sólo una vida, una mezcla de vida privada y vida pública, que sepan que Lena es mi novia pero que no tienen que saber qué es lo que pasa a puerta cerrada, así como cualquier otra pareja en cualquier parte del mundo

- Pero tú haces eso porque puedes

- Sí, porque me doy el lujo de poder querer hacerlo, y, porque quiero, puedo- sonrió, abriendo el horno para sacar la comida de Katya. – Eso no significa que voy a gritarlo por un megáfono por toda la Octava y la Quinta Avenida- suspiró, como si aquello naciera en el fondo de sus entrañas.

- Pero fácilmente podrías ahorrarte todos esos comentarios ignorantes

- Siempre van a haber comentarios ignorantes, Katya, seas así o asá, no importa lo que hagas, siempre están. Es sólo que no quiero tener que estar en mi casa para poder tomar a tu hermana de la mano, para poder abrazarla por la cintura, para poder darle un beso…

- Pero, para eso, no necesitas el permiso de la gente, Yulia, ¿o sí?

- No, no tú no lo necesitas, aunque, probablemente, la gente piensa que sí, no lo sé… es cuestión de apreciación de las cosas

- ¿Cómo?

- No es lo mismo que te acepten a que te den permiso de desinhibirte porque, como todo humano, la desinhibición corre a distintos niveles; desde pasividad hasta locura extrema. Pero, por pasos, si tú no te aceptas y no te entiendes, si tú no te comprendes, ¿cómo esperas que los demás lo hagan? Es lo mismo con el respeto. Y quizás no necesitas el permiso de la gente, pero la sensación de tenerlo creo que te facilita tu existencia- sonrió. – Date permiso de hacer las cosas como los demás pero con el respeto que los ajenos a tu vida se merecen

- Me hablas como en código

- No puedes esperar que todos reaccionen positivamente ante quién eres, pero si tú respetas el ambiente es más probable que te toleren, que eso es lo que ha pasado en la oficina… apenas y mi Asistente sabía, junto con Volterra, pero nunca incomodamos al resto y tampoco pretendemos darles un vistazo a nuestra vida privada, algo no más allá que un beso o una mirada no afecte

- Entonces tengo que conocerme para que me conozcan, en pocas palabras, ¿no?

- Sí…y, créeme, Katya, la vida sin mentiras es más fácil. Además, tu mamá no ha tenido una mala reacción en cuanto a tu hermana, ¿por qué la tendría contigo?

- Porque yo no soy parte de ningún error al que tiene que compensarle todo- se encogió entre sus hombros.

- Ni Lena ni tú son un error, y tu mamá no creo que le esté compensando algo a tu hermana. Ella va a entender, o va a intentar entender en el mejor de los casos…

- ¿Tú crees?

- Lo poco que conozco a tu mamá, creo que no es una persona a la que un enojo se le puede ver con claridad- sonrió. – No me la imagino enojada, mucho menos por algo que no es tu culpa

- En eso tienes razón…

- Siempre la tengo- sonrió kilométricamente con un poco de burla. – Pero, bueno, ¿cómo se llama?

- Clarissa

- ¿Y?

- Nada, sólo estamos saliendo, nada grave, nada serio

- ¿Qué estudia? ¿Cuántos años tiene?

- Química y Farmacia, tiene veintidós

- ¿Lo has hablado con tu hermana? – ella sacudió su cabeza. - ¿Por qué no?

- Por lo mismo que te dije la vez pasada- suspiró con frustración. – Pasé mucho tiempo burlándome de mi hermana porque le gustaban las mujeres

- No cagar donde se come- rio Emma, abriendo la lavadora de platos para colocar su plato y su vaso en ella.

- Por eso vengo a ti

- Te agradezco mucho la confianza, Katya, de verdad… pero creo que son cosas que a tu hermana le gustaría saber, así como ella alguna vez te dijo que le gustaban las mujeres

- Me gusta hablar contigo- se sonrojó, pero no por atracción sexual, sino por algo que no sabía qué nombre darle. – Pues, no es como que hablemos mucho pero me gusta- Yulia sólo rio nasalmente con una sonrisa y sintió cómo su nerviosismo se materializaba en sus venas.

- ¿Por qué?- susurró con la resaca de su sorpresa.

- Porque creo que no cualquiera logra arrancarte una conversación- elevó sus cejas y sacudió su cabeza, como si no entendiera que Yulia no entendía. - ¿Puedo preguntarte algo?

- La pregunta debe ser bastante excéntrica como para que me estés preguntando si puedes

- Me da vergüenza preguntarlo

- ¿Por qué no se lo preguntas a tu hermana, entonces?

- Porque eso implica doble vergüenza

- Oh… bueno, adelante

- ¿Qué tanta diferencia hay entre un hombre y una mujer?

- Además del hecho de que el hombre tiene un pene y la mujer tiene una vagina…- se carcajeó, haciendo su respectiva mirada de "yo sé a qué te refieres, pero ríete de la vida". – Es muy sencillo

 

- Sencillo?

- Sì- sonrió. – Me gusta mejor con tu hermana, entonces una mujer

- ¿De verdad?- suspiró con la boca llena de Panino.

- Bueno, es que depende a qué te refieras…- Katya sólo ensanchó la mirada y Yulia comprendió. - ¿Ya has estado con un hombre?- ella sacudió la cabeza pero luego asintió. - ¿Sí o no?

- Olvídalo- sacudió su cabeza sonrojada. – Mal tema de conversación

- Sexo anal, entiendo- resopló sólo para provocarla.

- ¡No!- siseó escandalizada y tan roja como el suéter que llevaba Yulia esa nublada y nevada mañana. - ¡Ahhh! ¡Asco!- gruñó, sacudiéndose de la espalda mientras se tapaba el enrojecido rostro entre sus manos, que Yulia sólo supo reírse con una carcajada que procuró mantener muda.

- Cálmate- dijo todavía con su risa de por medio. – Sólo bromeaba- la tranquilizó con su mano sobre su hombro, que era la primera vez que la tocaba por voluntad propia si no era para saludarla de beso. – Cuéntame, que no te dé vergüenza… que yo tampoco he sido Santa

- Sólo fue… tú sabes… él a mí, yo a él

- ¿Felación y Cunnilingus?

- Mi hermana me dijo algo de que eras un poco rígida con las palabras- murmuró como para sí misma.

- Me corrijo: ¿sexo oral?- Katya asintió. - ¿Te gustó?

- Esa es una pregunta un poco personal, ¿no te parece?- se sonrojó con la mirada cuadrada.

- Tiene su objetivo

- No soy fanática de chuparlo- Yulia sólo consiguió reprimir su reacción de asesinato auditivo ante el verbo "chupar", pues no sabía por qué pero le sonaba raramente sucio, y kinky.

- No era la respuesta que buscaba, pero no necesito la respuesta, ya no- rio. – Sólo piensa que cuando estás con una mujer, el setenta u ochenta por ciento del tiempo es Cunnilingus y las posiciones son menos, todo el tiempo utilizas las manos… la resistencia es distinta

- ¿Resistencia? Suena a deporte

- Es, quizás, una disciplina que debería ser considerada para los Juegos Olímpicos- sonrió burlonamente. – Y me refiero a que los movimientos son distintos…la mayor parte del tiempo, dependiendo qué tipo de relación estés teniendo, supongo

- ¿De qué hablas?

- Tú no cabalgas a una mujer, eso es básicamente imposible si es natural…

- ¿Natural?

- Creo que esto mejor lo discutes con tu hermana- dijo ya incómodamente, pues eran demasiados detalles y no sabía cómo explicar para no darle una idea de cómo era su vida en la cama.

- El día que mi hermana y yo hablemos de sexo… va a nevar en Venecia- Yulia sólo lanzó otra graciosa carcajada y sacudió la cabeza. – Y buscarlo en Google es un tanto vergonzoso, prefiero avergonzarme contigo

- Es que hablarte de eso es como hablarte de lo que hago yo- susurró con un poco de pudor.

- Ah, todavía logro incomodarte- rio.

- Ni una palabra a tu hermana, ¿de acuerdo?- dijo ante el reto, que había caído en la trampa de Katya.

- Lo prometo

- Penetrar- levantó su dedo índice de la mano derecha. – O Penetrar- resopló, levantando su dedo del medio también. – Penetrar- hizo el mismo movimiento que el verbo implicaba. – O Eyacular- repitió, sólo que ahora era la mímica para lo que se sobreentendía. – Clítoris- cerró su mano en puño y señaló uno de sus nudillos, sólo para agregarle sentido figurado. – Frotar- lo hizo circularmente. – O Frotar- cambió el movimiento a uno vertical y luego horizontal. – Clítoris- repitió. – Lamer, succionar, mordisquear, ojo, mordisquear, no morder. Besar- Katya asintió con su sonrisa sonrojada. – Eso último aplica para todo lo que hay alrededor y para…- señaló sus propios senos con sus dedos índices. – Orgasmo clitorial: por sexo oral- susurró. – Por masturbación

- ¿Para qué me voy a masturbar si estoy con alguien?- susurró de regreso mientras ambas veían sobre sus hombros.

- Ella a ti o tú a ella- y asintió. – Por roce- separó su dedo índice del medio, creando un dos americano y frotó la coyuntura contra su dedo índice izquierdo. – O por roce- resopló, creando aquella entrelazada posición con ambos pares de dedos.

- ¿Qué más?- preguntó al ver que Yulia se quedaba como si ya no tuviera información.

- Eso es lo básico, no es tanta ciencia… es como de sentido común, en realidad…

- Yo carezco de sentido común- gimió caprichosamente.

- Mira un poco de pornografía, qué se yo, amplía el conocimiento- dijo en su tono desesperado, pero Katya sólo se sonrojó. - Esto es verdaderamente incómodo porque ya dejo de hablar de mí- suspiró. – Pero, lo que nos funciona a nosotras es que nos hablamos

- ¿Sobre qué?- Yulia sólo llevó su mano a su frente y se dio un golpe, pues creyó que aquello era evidente. - ¿Sobre Vogue?

- Sobre "más a la izquierda" o "más fuerte" o "más rápido"… o, bueno… tú me entiendes- sonrió.

- Es un poco perturbador saber que o tú estás abajo o mi hermana está abajo…- se sacudió.

- La diferencia fundamental- dijo, aclarándose la garganta ante la incomodidad del asunto. – Es si te gusta o no

- ¿A ti te gusta?

- Siempre me consideré una persona relativamente asexual, o quizás con muy poco apetito sexual… pero, cuando llegué a tu hermana…- rio nasalmente y sacudió lentamente la cabeza. – Realmente se me antoja

- Incómodo- rio.

- A lo que me refiero es a que me siento más cómoda conmigo misma y con alguien más si es una mujer, pues, tu hermana…pero para generalizarlo- sonrió nerviosamente. – Ya no me imagino estando con un hombre

- ¿Por qué?

- ¿De verdad quieres saber?- Katya asintió. – Porque me gusta el cuerpo de una mujer y no lo sabía- sonrió. – Y, hablando lo que es y cómo es, con los verbos que encajan en la situación, ¿de acuerdo?

- Por favor

- Me gusta el cuerpo de tu hermana; es delicado, esculpido, fino. Es suave, liviano, justo para poder apreciarlo y acariciarlo… es digno de adorarlo. Me gusta sostenerlo y detenerlo, me enloquece hacerlo temblar y me gusta protegerlo, porque eso se merece; se merece respeto. Porque con tu hermana conocí el respeto en la cama, nunca me ha hecho algo que no me guste, y es muy justa. Tiene olor y sabor a mujer, y me gusta que se ve como una, una que me encanta aunque quizás no pueda hablar con propiedad por ser la única mujer con la que he estado, pero no quisiera estar con nadie más, ni hombre ni mujer, porque es como la Heroína: una vez la probé y me volví una adicta. No puedo detenerme, no puedo no tocarla, no puedo no besarla, no puedo no darle amor- se sonrojó.

- ¿No será que ves a mi hermana perfecta porque estás estúpidamente enamorada de ella?

- Puede ser, pero eso no tiene nada de malo- sonrió. – Lo que te estoy diciendo es que adoro el cuerpo de tu hermana, y amo a tu hermana, es como la combinación perfecta… no necesito más

- Suena a como si se dan caña todos los días y un par de veces al día

- Por sorprendente que te parezca- resopló. – No

- Entonces, ¿qué? ¿Quieres que piense que ven alguna película por las noches y se abrazan hasta dormirse?

- Eso, o hablamos de cualquier cosa… ni tu hermana ni yo somos fanáticas de la televisión- sonrió. – Y no todos los días tenemos ganas, tampoco somos hornos

- Si te gusta el control… ¿Christian Grey?- pero Yulia sólo rio. - ¿Sí?

- Y el "Red Room of Pain" es la habitación en la que ustedes duermen, y nuestra safeword es "Apples"- sonrió.

- Lo siento, no quise insinuar que…

- No te preocupes. Es una pregunta justa… y la respuesta real es que no. Me gusta el control pero ya no lo tengo

- ¿Ya no lo tienes?

- No, ya no soy sólo yo y mis decisiones afectan a tu hermana también, sólo lo que tenga que ver conmigo, y por ningún lado con tu hermana, sólo en esas cosas me gusta tener el control

- Tu Ego no es tan grande por lo visto- resopló.

- ¿Qué te hace pensar eso?

- Piensas en mi hermana, la tomas en cuenta

- Ah, es que soy Egocéntrica, no Egoísta… yo soy el centro de todo acontecimiento pero no soy sólo yo

- ¿Eso te funciona?- Yulia no entendió y sólo entrecerró los ojos entre su ceño fruncido y una ceja elevada. Una expresión bastante compleja. – Lo del Ego, ¿es sexy?

- En realidad, lo de mi Ego es relativamente nuevo, no siempre fui así

- ¿Cómo empezó?

- En una pelea con mi hermano, en el dos mil cinco- sonrió, no con nostalgia sino con orgullo. – Él estaba enojado y me dijo que me fuera a follar con lo más patético que tenía, mi grandioso y sensual Ego

- Entonces, ¿es un inside joke?

- Algo así

- Y te lo creíste

- Lo que no mata- sonrió, notando a Lena emerger del pasillo.

- ¿Engorda?- rio Katya, tanto por su referencia como por la mirada idiotizada que Yulia había instalado para Lena.

- Algo así- repitió en un susurro.

- ¿Y mi mamá?- preguntó Lena en su sensual y mimada voz, que se acercaba a pasos pequeños en una bata violeta que cubría lo mismo de siempre y en el color de siempre, todo mientras peinaba su cabello ya seco después de una ronda de secado a calor. Recién bañada. Con una sonrisa.

- Dormida, todavía- sonrió Yulia, pero eso sólo logró ponerle una sonrisa amplia y blanca que la hizo dar dos o tres pasos rápidos y, de un salto, caer con sus piernas alrededor de la cadera de Yulia. Linda. Con esa sonrisa y ese suave y corto grito de emocionado amor. – Buenos días, mi amor- canturreó en un susurro, lo cual fue el punto de partida para el beso que Lena le daba.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 26, 2015 12:40 am

- Buenos días- susurró Lena de regreso a ras de sus labios. – Y buenos días a ti también, Sirenita- resopló, volviéndose a ella mientras su mejilla quedaba al roce de los labios de Yulia, quien la seguía besando mientras la bajaba para ponerla de pie.

- Veo que dormiste bien- sonrió Katya.

- No mejor que mi mamá- resopló.

- Mi amor, ¿quisieras algo para desayunar?- interrumpió Yulia, tomándole la mano para besársela.

- Y esa es mi señal- canturreó Katya, levantando los brazos para librarse de la situación. – Me voy a ir a bañar

- Sería bueno, que no sé cómo mi mamá puede dormir con ese perfume con olor a destilación

- ¿Tanto se me nota?

- No se te nota, se te huele- rio Lena con una carcajada. – Ve a ducharte, luego veremos qué vamos a hacer, pues, cuando mi mamá se despierte- Katya sólo asintió y se retiró. – Hola- sonrió para Yulia.

- Hola, mi amor- la tomó por la cadera y la subió a la encimera. - ¿Qué tal amaneciste?

- Muy bien, ¿y tú?

- Mmm…amanecí sin ropa- se acercó a ella todavía más al Lena abrir sus piernas, y Lena que la abrazaba por el cuello con sus muñecas mientras le sonreía. - Recostada sobre tu pecho… que lo primero que vi, ¿sabes qué fue?

- Mmm… déjame adivinar… ¿circulares?

- Mjm…- canturreó suavemente mientras quitaba su cabello de su camino para poder besar su cuello.

- ¿Protuberantes?

- Mjm…

- ¿Pequeños?

- Mjm…- rio nasalmente mientras sus labios seguían su camino como si tuvieran vida propia y sus manos desataban la laza que amarraba su bata a su torso.

- ¿Hermosos?

- Perfectos- susurró con una sonrisa y mordisqueó su lóbulo izquierdo.

- ¡Mis hermosos ojos verdegrises!- siseó con una risa de cosquillas.

- Son hermosos, sí, pero estaban cerrados

- My dimples?

- Estabas sonriendo un poco, sí, eso es cierto- sonrió, subiendo sus manos por su torso para deslizar suavemente la bata hacia afuera y, así, deslizarse con sus labios hacia sus hombros. - ¿Sueños húmedos?

- Húmedos…- suspiró. – ¿Con "húmedos" es suficiente como para estarme muriendo de ganas por masturbarme?

- ¿Masturbarte?- ensanchó la mirada y se la clavó directamente a la suya.

- ¿Qué fue lo primero que viste?- le preguntó con la mejor de las evasivas.

- ¡No me hagas esto!- siseó con una risa. - ¿Quieres masturbarte?

- ¿Qué fue lo primero que viste?- repitió. Yulia sólo tomó los elásticos de su sostén y, abruptamente, los tiró hacia abajo hasta sacar sus senos al frío aire de invierno que no era opacado por la calefacción central.

- Estos- sonrió sin quitarle la vista de la suya mientras acariciaba suavemente sus areolas con sus dedos; dibujaba círculos.

- ¿Qué tenías ganas de hacerles?

- ¿Quieres masturbarte?- sonrió traviesamente, dándole a entender que era un flujo de información recíproca.

- ¿Qué me dijeras si te digo que ya me masturbé?

- Te pediría permiso para almorzar

- ¿Almorzar?- resopló.

- Corrida

- Mmm…- suspiró y sacudió la cabeza. – No vas a encontrar una corrida

- Entonces no te has masturbado

- Nop- sacudió juguetonamente la cabeza. – Bueno, no me he corrido, que es otra cosa. ¿Qué tenías ganas de hacerles?- repitió con la misma sonrisa, que cerró los ojos al debilitarse en cuanto Yulia pellizcó sus pezones. – Fuck…- gimió hermosamente al Yulia aplicar más fuerza y tirar un poco de ellos.

- ¿Duele?

- Me gusta- se sonrojó.

- ¿Sigo?

- ¿Eso querías hacerme?

- No, quería besarlos- los soltó y Lena gimió ante la sensación de picante hormigueo que nacía en sus pezones, que realmente sus pezones se habían tornado un tanto rojos de donde Yulia los había tomado.

- Mmm…- sonrió en ese tono provocador. Llevó sus manos a sus senos para tomarlos con erotismo, entre sus dedos índice y medio atrapó su pezón. – Es eso así?- Yulia sacó su lengua con una sonrisa en la mirada y, con lentitud, se acercó a su pezón izquierdo para darle un lengüetazo puntiagudo sólo al pezón por entre sus dedos. – Yulia…- suspiró, aplicando presión ella misma a su pezón con sus dedos mientras Yulia hacía de las suyas con lengüetazos rápidos y despiadados.

- Dígame, Licenciada Katina

- Ya sé qué quiero de regalo de bodas- susurró.

- Lo que usted quiera

- Te diré el otro año- guiñó su ojo. ¿Doce horas más? Claro que aguantaría.

- ¿Quieres masturbarte o quieres que te lleve a la cama y te haga gritar?

- ¿Quieres que me masturbe?

- Nunca me quejo cuando tienes ganas de masturbarte, mucho menos cuando es frente a mí- y atacó sus labios con los suyos sólo para saciarse la sed. Llevó su mano derecha a su entrepierna y, con paciencia y malas pero buenas intenciones, deslizó su tanga hacia un lado e introdujo sus dedos entre sus labios mayores para acariciar su clítoris. Estaba demasiado mojada, parecía mentira. Llevó sus empapados dedos a su pezón izquierdo, que se encargó de limpiarlos en él, o quizás era para lubricarlo. Lena se concentró en ver los dedos de Yulia, en cómo le hacía ese masaje suave, pausado y erótico, que eso le excitaba todavía más y sólo acrecentaba sus ganas de tocarse o de que la tocara Yulia, pero algo tenía que pasar, sino haría combustión. - ¿Qué quieres que te haga?- sonrió, todavía esparciendo su lubricante por su pezón y que ya lo empezaba a absorber.

- ¿Quieres que me masturbe?- repitió calladamente a su oído.

Yulia sólo rio nasalmente y se sonrojó, pero Lena sonrió, le dio un beso en la punta de su nariz y llevó su mano a su entrepierna para empezar a masturbarse. Yulia llevó sus labios a los pezones de Lena, y, de pronto, cada quien estaba obteniendo lo que quería a pesar de que estaban en la cocina y corriendo peligro de que Inessa o Katya las encontraran in fraganti, pero no les importaba, simplemente estaban en completa libertad. No siendo conocida por conformarse con poco, Yulia llevó nuevamente sus dedos a la entrepierna de Lena en donde colocó sus dedos sobre los suyos para conocer el movimiento que le generaba tanto placer junto a las succiones en sus pezones. Era raro pero sexy, o así lo consideraban ambas y por distintas y evidentes razones, ¿por qué querría Lena masturbarse y no dejar que Yulia lo hiciera? ¿Por qué masturbarse cuando podía pedirle a Yulia que la llevara a la cama y le hiciera el amor? No, pero es que no quería hacer el amor, ella sólo quería correrse gracias a su perturbador pero hermoso sueño, sueño en el que su regalo de bodas se había revelado. En realidad, a Lena, lo que le gustaba y le excitaba, era que sabía que a Yulia le gustaba saber que se estaba masturbando, cosa que no entendía por qué no le daba ciertos celos que no le regalara su placer y quisiera hacerlo sola. Quizás porque no lo estaba haciendo sola ni a escondidas, sino con ella presente y en completo deleite. Yulia no se conformó sólo con conocer el movimiento circular rápido que Lena ejercía sobre su clítoris, ese movimiento tan sencillo pero que le sacaba hasta la última gota de sus gemidos más femeninos. Llevó sus dedos, dejando atrás a los de Lena, y, sin previo aviso, los introdujo en su vagina con un poco de dificultad por la posición en la que estaba sentada; nada que reclinarse un poco hacia atrás no arreglaba. Y ahí estaban las dos, Lena masturbándose, Yulia penetrándola con dos dedos mientras hacía un hermoso rosado de los pezones de su prometida.

- Me vas a hacer chorro…- susurró entre sus jadeos mientras tomaba a Yulia de su nuca, que Yulia se despegó de sus pezones y llegó a sus labios al halar a Lena todavía más al borde de la encimera para poder seguirla penetrando y besando al mismo tiempo.

- Chorrea en mi- mordisqueó su labio inferior, lo tiró y lo soltó, sólo para besarla de nuevo mientras Lena ya la abrazaba con sus piernas por su cadera y la penetración se hacía más difícil pero más rica al ser hacia arriba y sin interrumpir su autoestimulación. – Eres tan bella…- suspiró mientras Lena se encargaba de retrasar su orgasmo sólo porque le encantaba ese momento de completa inflamación por excitación, ese momento exactamente previo al clímax; sus labios mayores esponjados e inflamados, sus labios menores muy tensos, su clítoris rígido, y los dedos de Yulia que hacían de su vagina, y del mínimo roce con su GSpot, una verdadera fantasía de placer. Se frotó todavía más rápido, proporcional al mordisco que Yulia le daba entre el beso que compartían, y con los dedos de Yulia hasta donde pudieran alcanzar, que ya se empezaban a mover dentro de ella hacia adelante y hacia atrás, se aferró fuertemente del cuello de Yulia, dejándola de besar para poder adoptar una mejor posición, frente contra frente era cómodo para ambas, y era más cómodo con la mano de Yulia dándole soporte a la suya. Demasiado bueno. Demasiado rico. - ¿Rico?

- No te detengas- suspiró, y eso sólo sirvió para que Yulia acelerara su movimiento, recíproco al del frote extremo de sus dedos, tensó la mandíbula, gruñó tan fuerte como su próximo orgasmo, no, orgasmo no, eyaculación extrema. - ¡Yulia!- gimió, poniéndole nombre a la eyaculación que la hacía temblar y mecerse de adelante hacia atrás, de arriba abajo, y llenaba y rebalsaba la concavidad de la mano de Yulia con el orgasmo que no cesaba por el simple hecho de que todavía frotaba rápidamente su clítoris porque no tenía razón para dejar de hacerlo, no sabía cómo detenerse y tampoco sabía por qué lo haría si se sentía demasiado bien, quizás porque Yulia la detenía con fuerzas mientras todo se venía abajo pero en el buen sentido de la sensación, o quizás porque Yulia no le había dejado de susurrar sinfines "te amo", o quizás era la combinación de ambas cosas.

- Lenis…- susurró agitada, no sólo escuchando el descontrol en su pesada y jadeante respiración, sino sintiéndola con su mano en su espalda. – Respira, mi amor- resopló calladamente mientras le daba besos en su cabello y Lena intentaba pescar un poco de oxígeno.

- ¿Me das un abrazo?- jadeó con sus ojos cerrados, sacando su mano de su entrepierna para impulsarse hacia el interior de la encimera donde estaba sentada, que Yulia también retiró su mano y dejó que Lena se deslizara por el granito; se deslizó con facilidad al estar empapada totalmente de su entrepierna, un poco de sus muslos y de su trasero.

- ¿Estás bien?- murmuró, dándole un abrazo verdadero, tal y como se lo había pedido, aunque odiaba que se lo tenía que pedir. Ella asintió. - ¿Bajón hormonal?

- No sé

- Háblame- dijo en ese tono preocupado que sólo reflejaba un corazón roto por la clara caída emocional.

- No sé qué me está pasando

- ¿De qué hablas, mi amor?- le preguntó mientras alcanzaba una servilleta y la humedecía con el poco de agua que quedaba en la botella de Pellegrino que se había bebido durante la madrugada para no amanecer con resaca.

- Tengo demasiadas ganas

- ¿De hacer el amor?- preguntó, paseando la servilleta por sus pezones para limpiarlos. – Porque puedo llevarte a la cama y complacerte cada orgasmo que quieras tener, el número que necesites, mi amor

- ¿Por qué necesito tantos?

- Estás ovulando, eso lo sé, pero…- devolvió las copas del sostén a su lugar y, con gentileza, regresó los elásticos a sus hombros y, con una sonrisa, arregló sus senos dentro del sostén. - ¿No estarás demasiado estresada?

- ¿Por mi mamá?

- Puede ser… pero, no sé, me siento como si me hubiera tomado un frasco entero de Viagra

- ¿Así de caliente?

- Demasiado, ¿no te parece?

- ¿Te da vergüenza?

- Es sólo que no sé por qué estoy tan necesitada, ¿alguna vez te has sentido así?- le abrió más las piernas, pues la intención de Yulia no era otra más que limpiarla con la servilleta en vista de que no podía hacerlo con su lengua.

- ¿Insaciable?- Lena asintió. – Sí

- ¿Conmigo?

- Sí

- ¿Por qué nunca me dijiste?

- ¿En el crucero?- elevó la ceja, tomando la decisión de quitarle la tanga a Lena por estar demasiado mojada. – Creí que se había sobreentendido

- ¿Entre alcohol y desnudez cómo se supone que voy a identificar qué noche o qué día?

- Precisamente, mi amor- sonrió, abrazándola por la cintura para bajarla de la encimera.

- ¿Todas?

- Todas. Así que, si tienes ganas de más, o de hacer algo en especial…lo hacemos, yo encantada

- ¿No es algo malo?

- ¿Malo? No- sonrió. - ¿Por qué sería malo?

- Si tienes ganas, ¿no es porque no soy lo suficientemente hábil como para complacerte?

- Eso significaría que yo también soy ineficiente- resopló.

- Eso es imposible

- Yo quisiera no irritarme y no cansarme nunca para hacer el amor todo el día

- Se van mañana- sonrió, tomándola de la mano para llevarla a la habitación, pero Yulia se detuvo al arrojar la servilleta al suelo, pues sólo quería limpiar los restos de eyaculación.

- ¿Power hour?- sugirió con una sonrisa mientras se agachaba para recoger la servilleta.

- ¿Eso no es un shot de cerveza por cada minuto?

- Power day, entonces- sonrió. – Un orgasmo cada hora, o en su proporción

- ¿Doce y doce o veinticuatro y veinticuatro?

- Comencemos con doce y doce, se escucha más humano, ¿no crees?

- ¿Este cuenta?

- Licenciada Katina- resopló, dejándose guiar a su habitación por la vista de las piernas desnudas de Lena, más bien su parte frontal, pues Lena caminaba hacia atrás y dejaba que viera su desnuda entrepierna. – En escala del uno al diez, ¿qué tantas ganas tiene?

- Mil- sonrió. – Me estoy quemando por dentro

- ¿Qué carajos comiste o bebiste?- rio, cerrando la puerta mientras Lena caía sobre la cama y abría sus piernas.

- No lo sé

- No, en serio- sonrió, colocándose sobre ella, abrazándola por la cintura para empujarla hasta las almohadas. – Viagra

- ¿Existe para las mujeres?

- Allegedly- abrió la bata de Lena, que no era que estuviera cerrada, simplemente quería descubrirla. – Realmente parece que estás bajo el efecto de un poco de Viagra- dijo al acariciar su entrepierna con sus dedos.

- ¿Por qué lo dices?

- Clítoris rígido todavía, labios mayores hinchados, labios menores tensos, no dejas de mojarte… supongo que debe ser el equivalente a una erección fálica, por fea que se escuche la comparación

- Pero lo único que tomo son vitaminas

- ¿Desde cuándo tomas vitaminas?- preguntó asombrada, pues nunca la había visto tomarlas, no que ella supiera.

- Desde que… no sé, mi hermana insiste en que las tome, dice que blah-blah-blah, el sol, el calcio, la nieve, no sé… no le presté atención porque te estaba viendo el trasero- sonrió. – Guilty!- se declaró.

- ¿Dónde están?- Lena sólo volvió a ver su mesa de noche para señalarle el frasco negro. Yulia lo tomó y empezó a leer los componentes de cada cápsula mientras Lena le quitaba el suéter y empezaba a besar su pecho. – Lena- rio.

- ¿Qué?

- ¿Qué dice aquí?- le señaló con el pulgar el nombre de un componente.

- Citrato di Sildenafil, ¿qué es eso?- Yulia lanzó la carcajada del Siglo, la que delataba la picardía de Katya. - ¿100 miligramos de eso? ¿Eso es bastante?

- Son 100 miligramos de Viagra- rio. – Has sido víctima de tu hermana

- ¿Cómo va a ser efectivo el Viagra en una mujer?- frunció su ceño con escepticismo.

- Supongo que sólo hay una manera de saberlo- sonrió, y abrió el frasco para depositar dos cápsulas en su mano y beberlas con el agua que tenía Lena a la mano. – Ojalá y entremos en sintonía

- Te acabas de tomar 200 miligramos de eso- rio.

- Y, si el Viagra tiene efecto alguno en la mujer, pues arderé en el infierno

- Mejor entre mis piernas, ¿no te parece?

- ¿Piernas entre piernas?

- Y con roce- añadió positivamente. – Digo, para "hacer combustión"
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 02, 2015 10:43 pm

CAPITULO 12 Los accidentes.



- Exactamente, ¿qué es lo que tiene de especial todo esto?- suspiró Lena mientras inhalaba su congestión nasal, la cual no era por un simple resfriado sino por el infernal invierno del nuevo enero.

- Es todo un ritual- sonrió. - ¿No lo ves?

- No estoy segura- sopló sus manos a través de sus guantes, ¿por qué estaba utilizando guantes? Ah, sí, porque Yulia necesitaba salir por aire rejodidamente fresco luego de tanta actividad sexual y de haberse despedido de su mamá, que le había dicho: "no quiero estar tanto tiempo en este olor porque puedo empacharme". - ¿Costumbre?

- La costumbre la terminas haciendo de mala gana- Lena se volvió hacia el estanque, viendo las espaldas de las dos mujeres, una con tendencia a ser rubia y con un abrigo corto de cuero marrón con interior de piel de oveja, la otra, la de cabello oscuro y atrapado en un gorro de cachemira azul marino que combinaba con su abrigo largo Saint Laurent y que le terminaba de dar la postura recta y cuadrada que su mala postura de parado le daba al no permitirse estar en Stilettos, igual que la potencial rubia, sólo que ella sí tenía una postura recta por definición de enseñanza de abuela; por libros sobre la cabeza, por el palo de la escoba que le ayudó con su postura para entrar al equipo de Esgrima en su debido momento. – Y, si las ves a las dos… sólo hay una que lo disfruta

- Y nosotros dos- rio.

- Que no somos parte de la costumbre ni de la tolerancia que comparten ellas dos- sonrió. – Somos parte de la paciencia colateral- Lena sólo rio nasalmente e introdujo sus manos en los bolsillos para calentarlas. - ¿Sabes por qué es tan importante, por qué es tan especial?

- Ilumíname, por favor- se inclinó y se recostó sobre su hombro, que Phillip la abrazó para darle un poco más de calor, pues eso no estaba mal bajo ningún código de "what not to do" en lo que a los celos se refería, no en el código de Natasha, no en el de Phillip, no en el de Lena, y definitivamente en el de Yulia tampoco. Hermandad pura.

- Hija única, no por abstinencia ni por elección, sino porque ya no resultó naturaleza para un hermano o una hermana. Dice que, de haber tenido un hermano, lo habrían llamado "Renard" y, de haber tenido una hermana, la habrían llamado "Fiona". Margaret y Romeo querían muchos hijos, ¿te imaginas?- Lena sólo supo sonreír. - Margaret es una mujer especial, y todos sabemos que es ella quien manda, ella tiene más pantalones que Romeo y no sólo en el clóset- rio. – Lo que no todos saben es que Romeo le pone los pantalones, y todos creerían que Romeo era el ausente pero no, era Margaret. Dice Natasha que ella se acuerda de sus papás en todas las cosas que tuvieran que ver con ella; en el Kinder, en el colegio, en lo extracurricular, en todo, pero que, en la casa, del que más se acuerda es de Romeo porque era el que más tiempo pasaba allí pero que no era mucho tampoco. Un día a la semana, el miércoles por la tarde, Margaret llegaba temprano del trabajo, almorzaba con Romeo, iba a recoger personalmente a Natasha al Kinder a las cuatro de la tarde, Margaret llevaba el pan que había sobrado de la semana anterior, venían al carrousel y, a la salida de las cinco veces que subían, les daban de comer a los patos

- No sabía que significaba tanto- susurró. – Creí que era algo que había surgido de la nada

- Bueno, sí surgió de la nada- rio. – Margaret prefería darle el pan viejo a los patos a botarlo a la basura… en esa casa nunca se bota la comida, o se la comen hasta que se acabe, o Margaret la manda a algún refugio. Además, ese momento era en el que estaban sólo ellas dos y, si tú le preguntas a Natasha cuál era el mejor momento de su semana, era ese día

- No logro comprender la naturaleza de la relación de tu esposa con tu suegra

- ¿Se quieren pero se odian?

- Sí

- No le resiente nada en especial porque estuvo presente en todo lo importante; desde los cumpleaños hasta los juegos de lacrosse y los campeonatos de esgrima, pero sí le resiente, en la medida de lo normal, que no la conozca tanto o que quiera imponerle ciertas cosas. Hoy ya no es tanto, pero solía corregirle todo; la postura, la ropa, la comida, todo. Pero Natasha sabe que tiene una mamá espectacular, que se preocupa por ella y que está para ella en todo momento, que si Natasha bota su arete en el Pond ella hará que Bloomberg autorice que lo vacíen para poder sacarlo- sonrió. – Y quizás Natasha parezca ser un poco distante con Margaret, pero yo sé que es capaz de matar por su mamá, y viceversa…

- Yo mataría por la mía, ¿y tú?

- No, yo no- Lena levantó la mirada con extrañeza y vio a Phillip ver al vacío, como si tuviera una proyección visual imaginaria de los hechos. – No puedo cambiar a mi mamá, no puedo cambiarme, pero desde hace un tiempo me pregunto si hice algo mal o si no soy quien debería ser para que mi mamá sea realmente distante… todo me hace envidiar a Natasha, a Yulia, a ti, porque ustedes tienen una buena relación con sus respectivas progenitoras

- No has hecho nada mal y eres quien debes ser, así tiene que ser- sonrió, colocando su mano sobre su nuca para acariciar aquellos microscópicos cabellos negros que se salían de los límites del gorro negro, cosa que nunca sucedía con él, pero esa vez sí porque había perdido una apuesta con su esposa y había terminado rapado. – Ninguna mamá es perfecta, Phillip

- Pero tu mamá es de las que te abrazan, igual Larissa a Yulia…

- Hablando lo que es, ¿te gustaría que tu mamá te abrazara a medio Bergdorf’s y te atacara a besos?- Phillip sólo rio un poco incómodo y sacudió su cabeza. – Tenemos eso pero nos faltan muchas otras cosas… mírame a mí, tengo una mamá muy buena pero que no tiene las pelotas para decirme algo que ya sé, y tengo un papá que tiene diez veces menos pelotas que mi mamá, y tengo un papá de quien me sentía más cómoda siendo hija… y luego tienes a Yulia, que no tiene papá, que no tiene hermanos, sólo tiene a su mamá como persona fija y sabe que eso se acaba…

- ¿Tú serías más cómoda siendo hija de Sergey?

- Yo soy su hija- sonrió nostálgicamente. – No importa si Alec puso el nadador, con quien yo crecí fue con Sergey, él me dio todo a pesar de que no tenía por qué dármelo, y me dio hasta más de lo que le ha dado a mi hermana aunque haya sido para no verme o por la razón que sea… pero, la verdad, Phillip, es que yo no necesito un papá cuando tengo a mi mamá, quiero un papá por el arte de quererlo, pero el que deba ser mi papá, a la larga, es el que quiera serlo… y yo sé que Alec quiere, pero entre su torpeza de quererlo, no se da cuenta de que me asusta- rio. – Todo sería más fácil si fuera blanco o negro… resulta que no es y no puedo tener sólo un papá, sino que tengo dos a pesar de que mi mamá escogió a mi papá por mí, y no sólo una vez sino dos veces

- Y, de poder escoger a uno, ¿a quién escogerías?

- Los escogería a los dos… no cambiaría una mierda- rio un tanto confundida o para confundir. – Todo eso es la razón por la cual yo estoy aquí un primero de enero, congelándome hasta el colon, pero soy feliz… ¿quién necesita más cuando tienes una familia como la que tenemos nosotros entre nosotros?

- ¿Esta orgía de amistades dices tú?- Lena soltó una carcajada y le dio un golpe suave en el pecho por bromear. - En realidad, yo salgo adelante por ustedes… que no sé por qué estar con mujeres me resulta mejor que estar con hombres

- Eso se llama heterosexualidad- rio. – Es broma… pero, aunque no lo creas, a mí también se me facilita más estar con mujeres que con hombres

- Eso se llama homosexualidad- le regresó la broma. – Ustedes es entendible, hablan ese código en el que nunca es lo que realmente es- frunció su ceño ante la filosófica aseveración.

- No creas, cada mujer tiene su propio código. El "quizás" de Natasha es un "sí", pero su "tal vez" es un "no", y nada de duda del cincuenta por ciento sí o no, así es. Mi "quizás" es sinónimo de "tal vez" y significa "no sé" o "existe la posibilidad"

- ¿Y cómo se entienden?

- ¿Quién dijo que nos entendíamos?- se carcajeó. – Yo hay cosas que no entiendo y no quiero entender

- ¿Y cómo haces con Yulia?

- Ah, no… es que con Yulia es especial… a Yulia le tienes que decir las cosas como son, con ella no hay código, ella es como simplista- sonrió. – No le puedes decir "azul" porque eso puede ser infinitas posibilidades de tonos de azul aun cuando se sobreentiende que hablas de "azul marino". A ella le tienes que decir "sí" para sí y "no" para no, le tienes que decir que eso no te gusta o que sí te gusta… nada de metáforas, directo y natural

- Quiere ir en contra de la naturaleza de la mujer

- Naturaleza tal vez no, estereotipo quizás sí

- "Tal vez", "quizás"…- rio confundido. – Cambiando el tema, ¿has pensado lo del anillo?

- Sí, pero no sé si existe

- Ese es el punto de diseñarlo tú misma, que será único en su clase. ¿Cómo lo quieres?

- Estuve investigando un poco sobre diamantes, porque los diamantes son los mejores amigos de las mujeres, ¿no?- Phillip asintió. – Y encontré, entre los tintados, uno que es del color del cognac y otro del champán- se irguió y le tomó la mano izquierda a Phillip para quitarle su anillo. – Supongamos que es un poco más grueso, digamos que de un centímetro, con el diamante circular, de cinco milímetros de diámetro, exactamente en el centro. Quiero que sea de madera

- ¿Madera?

- No voy a llegar a las estrellas, eso te lo puedo asegurar… pero no sé si hacerlo con madera de agar o con chittum

- No tengo la menor idea de qué tipo de madera son esas- rio. – Pero, ¿qué con el diseño?

- Va, va… tiene que tener una base de metal para poder ensamblarlo con la madera. Estaba pensando en un bezel de platino u oro blanco

- Entonces, déjame ver si entiendo- murmuró, tomando su anillo entre sus dedos. – Quieres que, por fuera, vaya la madera, por dentro el metal y que el diamante vaya incrustado en la madera

- Sí

- ¿Madera? – repitió con escepticismo.

- Una libra de agar cuesta como cinco mil dólares, la de chittum como dos mil

- ¿Y de qué está hecha?- se escandalizó. - ¿De cagada de los dioses del Olimpo?

- No sé por qué pensé que dirías algo así- lanzó una suave carcajada interrumpida.

- Es que, Len, ¿qué tienen de especial esas maderas? ¿No puedes ir por algo más normal como el pino o qué se yo?

- El clóset de tu esposa es de madera de agar

- ¡Con razón salió tan cariñoso!- Lena sólo rio, pues no era del todo cierto, sólo los bordes de la zapatera. - ¿No crees que madera de clóset y madera de anillo es un poco…tú sabes?

- Buen punto, además, trabajar con agar… prefiero que el IRS me venga a buscar- sonrió.

- ¿Qué tiene de especial la otra madera que mencionaste?

- Sólo que se vería bien con el diamante- sonrió ampliamente.

- ¿Qué hay de la madera favorita de Yulia?- Lena frunció su ceño, pues en eso no había pensado.

- Le fascina el nogal- murmuró.

- ¿Y el cognac se vería bien en nogal?

- Si es oscuro sí, pero el champán se vería excelente

- ¿Por qué no lo haces en nogal, entonces?

- Este tal Señor Batton- suspiró. - ¿Es una persona particular o trabaja en algún lugar?

- Depende de cuánto quieras pagar- sonrió. – Es más caro si lo buscas a él como persona particular, como si lo estuvieras contratando a él, pero él te asegura un trabajo impecable y un diseño único, pero si tú vas a Tiffany, donde él trabaja durante el día, el diseño queda registrado en Tiffany

- ¿De cuánto estamos hablando?

- Cinco como contrato base, el cual te incluye exclusividad de diseño y mano de obra del ensamble, luego te cobra los materiales más la comisión en caso de que no los consigas tú y, si hay que cortar el diamante, te lo cobra también

- ¿Crees que hace la base de madera también o la tendría que hacer yo?

- Sería de preguntarle, ¿por qué no le preguntamos si podemos visitarlo cuando regresemos?- sonrió, sacando su iPhone para darle una llamada si Lena accedía.

- Antes de meterme en todo esto, tú que conoces mis finanzas, ¿crees que me alcanza?

- No veo por qué no, y, si no te alcanza, para eso estoy yo

- Jamás- se sonrojó. – No voy a dejar que compres el anillo de mi novia

- Lánzame un presupuesto

- ¿Ahora, aquí?

- Sí, así te digo si te alcanza o no… pero infla los precios

- Sesenta… ochenta… digamos que noventa

- Len, ¿noventa qué? – ensanchó la mirada.

- Noventa aguacates, por supuesto- dijo con sarcasmo. – Dólares, miles. Ahí va el Plaza, el vestido, los zapatos… todo lo que no es el anillo, ¿cómo estoy con eso?

- Los zapatos te los regalaré yo- rio. – Pero estás bien, no creo que quedes en bancarrota

- ¿Estás seguro?

- Sí, además, ya te debería haber entrado el bono de fin de Año de parte del Estudio, ¿no?

- ¿Bono?

- Sí, el diez por ciento del profit de tu año laboral… tuyos son como veinticinco si no me equivoco

- Nunca escuché de ese bono, ¿no será el bono Yulia Volkova?

- No, se llama estrategia de impuestos- rio. – El Estudio paga menos impuestos si les ofrece un bono porque cuenta como paga

- Entonces nosotros declaramos los impuestos- sonrió.

- Exactamente, es injusto, yo sé, pero así funciona el mundo de las sucias finanzas

- Por cierto, cambiando el tema, a Yulia le ofrecieron la ciudadanía

- Tienen tres años de estársela ofreciendo- rio. – Como que no han entendido que no quiere

- ¿Eso no trae ningún tipo de problema?

- No, ella está legalmente como residente por trabajo

- ¿No necesita ser ciudadana para ser dueña del Estudio?

- No lo es- sonrió. – El dueño es Volterra aunque ella sea dueña hasta de su culo. Está catalogado como inversión extranjera, que baja impuestos también

- Creí que tenías que haber vivido diez años o algo así para poder optar a la ciudadanía

- El dinero mueve las leyes también, Len. Si Yulia se convierte en ciudadana, la tasa de impuestos se estandariza y la harían declarar impuestos por sobre el dinero que ni siquiera está en el país pero que ha sido administrado aquí por medio de una banca internacional… al Estado le conviene que Yulia se naturalice para soltarles una jugosa cantidad de dinero, cosa que no va a hacer porque no quiere ser estadounidense, prefiere ser italo-rusa

- No sabía que era rusa, pues, de pasaporte

- No tiene ninguna ventaja en ninguna parte- rio. – Pero la mantiene para ponerles un alto a los de aquí, la triple nacionalidad no se puede en ninguna parte del mundo. Además, ¿tú crees que Yulia se quiere quedar aquí hasta el fin de los tiempos?

- ¿De qué hablas?

- ¿Te acuerdas de cómo era Yulia en Roma?

- Felipe, háblame claro… pareces mujer- rio, sacando su lengua.

- ¿Cómo te sentiste tú cuando estuvimos en Mýkonos?

- Como si estuviera en casa- frunció su ceño, pues ya empezaba a entender a lo que Phillip se refería.

- Sin embargo, Len, no estabas en casa. La diferencia entre tú y Yulia es que Yulia sólo ha tenido dos casas, por así decirlo, tú has tenido cuatro. Yulia vivió en Italia, ¿qué, hasta los veintidós años, casi veintitrés?- Lena asintió. – Fuera Roma, Florencia, Milán, Nápoles… Italia es Italia por demasiado tiempo. Tú, al contrario, creciste en Grecia, viniste a Georgia por cinco o seis años, qué se yo, no regresaste a casa sino fuiste a Milán, luego a Roma, luego regresaste pero a Nueva York… y, ahora, te pregunto, ¿tienes raíces en algún lugar?

- En Grecia… y en Roma porque allí está mi mamá y mi hermana, aquí está mi trabajo y Yulia

- Y te pregunto, ¿te molestaría irte?

- ¿A dónde?

- A casa

- A-ah…- suspiró. – Ya te entendí

- Quizás no sea algo de los próximos años, no mientras su trabajo le guste y le guste la ciudad, pero apostaría lo que sea por que Yulia, en algún momento, se regresará porque no tiene por qué soportar la política al extranjero, tampoco el clima, tampoco la cultura cuando tiene un Plan A, siendo éste su plan B… además, tiene casa en Roma, material suficiente para dar clases en su adorada Sapienza, una casa en Varenna… y muchísimos más euros que dólares

- Te olvidas de que nunca se iría del lado de tu esposa

- ¿Y crees que mi esposa no me va a decir de irme a Italia si Yulia así lo decide?

- ¿Lo harías?

- Lo he pensado muchas veces, hasta ya me hice a la idea de que eso es lo que va a suceder- sonrió. – Y, sí, lo haría

- ¿Y dejarías tu vida?

- A diferencia de Yulia y tú, yo no he tenido un comienzo desde cero- se volvió a ella con una sonrisa tímida y anhelante que empezaba a conmoverla. – Mi vida ha sido Corpus Cristi, Manhattan, ni siquiera Nueva York, y Princeton… podría retirarme en diez años y vivir el resto de mis días de lo que he ahorrado desde que mis abuelos me depositaban la "mesada"- rio. – El dinero no me preocupa, tengo suficiente, y tendré más para ese entonces. Podría pedir un traslado, podría ver si consigo un trabajo allá, pero yo, por Natasha, créeme que me voy hasta a Taiwán si ella así lo quiere. No me molestaría que mis hijos crecieran en Italia, o en otro país

- Phillip- sonrió, obviando casi todo. - ¿Hijos?

- De que se puede, se puede- se encogió entre sus hombros con una suave sonrisa. – Pero de que va a costar, va a costar

- Me alegra escuchar eso… pues, no de que va a costar sino de que se puede

- Por ahora nos dijeron que era mejor que no quedara embarazada, que le diéramos tiempo al tiempo, entre cuatro y cinco…- se quedó callado y se sonrojó.

- ¿Menstruaciones?- preguntó, intentando ocultar su risa.

- Sí, eso… cuatro o cinco y tengo prohibido… tú sabes

- No

- No me hagas decirlo

- No me lo digas, entonces- rio.

- Eres la primera persona con la que hablo de esto

- Todos necesitamos alguien con quien hablar, supongo

- Nunca he hablado de mi relación con Natasha de una manera tan abierta

- Y te sorprendería saber que no es tan abierta

- ¿No?

- Creería que tú sabes perfectamente lo que pasa en mi relación con Yulia a puerta cerrada

- Con demasiado detalle quizás… pero eso es porque ustedes se cuentan todo

- ¿Sabes por qué nos contamos todo?

- ¿Por qué les encantan los chismes?- rio, encogiéndose entre sus hombros, que Lena no pudo contenerse y le soltó un manotazo en el hombro. – Yo qué sé, carajo

- Se llama "catarsis" y siempre un input o un feedback cae bien, pues, de alguien como Natasha que ve nuestra relación con relativismos, es la que piensa con la cabeza fría y a quien puedo pedirle un consejo porque conoce a Yulia

- Siempre creí que hablar de mis relaciones era algo de un no-caballero- suspiró. – Algo malo, algo de irrespeto

- Depende de cómo hablas de esa relación… ¿o te parece que yo irrespeto a Yulia si te digo que nuestro hobby es hacer el amor?- Phillip se ahogó en su propia saliva al mismo tiempo de que su risa nerviosa atacaba, lo cual lo hizo toser. – Muy distinto sería irrespetar mi relación y lo que hacemos si te cuento con lujo de detalle y doy a conocer cosas de mi mujer, cosas que no tiene por qué saber nadie más que ella y yo en nuestro kinky vida sexual pero apasionada y elegante

- ¿Kinky?

- Nada de qué preocuparse… sabes que con Yyulia, la sola idea del BDSM es como mencionarle al diablo

- No me vas a creer, pero, ¿qué es BDSM?

- "B" es de Bondage, "D" es de Dominación y Disciplina, "S" de Sumisión y Sadismo, "M" de Sadomasoquismo

- Ah- rio. – No sabía que así se llamaba eso

- Digamos que te creo, Felipe

- La pornografía y yo no nos llevamos muy bien, desde nunca… hasta creería que mi esposa ha visto más pornografía que yo

- Y, por lo visto, yo también- se sonrojó. – No sé cómo es que sé qué significa cada letra

- Digamos que es cultura general- guiñó su ojo. – Pero, como sea… se siente bien poder hablar con alguien sobre esas cosas, y no con alguien que va a lanzar el comentario más grosero u obsceno del repertorio

- Puedo pensar como mujer… y, como una mujer a la que los hombres no le atraen en el sentido sexual, no puedo criticarte

- ¿Puedo preguntarte algo realmente personal?

- Por favor

- ¿Qué tiene Yulia que no tenga un soltero codiciado? Digo, ¿qué tienen las mujeres que no tengan los hombres para ti?

- Creo que no has logrado entender que tú y yo tenemos los mismos gustos- resopló. – A los dos nos gustan las mujeres… así que, eso es como que yo te pregunte, ¿por qué te gustan a ti las mujeres?

- ¿Porque me atraen física, emocional y sexualmente?

- Y ahí lo tienes- sonrió. – No todas las mujeres son iguales, pero Yulia me entiende, o al menos pone cara de que me entiende. Es femme fatale. Nunca fui capaz de tener sexo casual con nadie, quizás nunca tuve la oportunidad de tenerlo, quizás sí, no sé, pero nunca nadie me había atraído tanto como Yulia, y es frustrante cuando quien te atrae, de esa tan fatalista manera, no corresponde a tus gustos

- Pero Yulia te ha correspondido. Mierda, hasta se van a casar, ¿no es eso suficiente correspondencia?

- Y tú te casaste con tu Scherbatsky- sacó su lengua. – Es simplemente buena suerte que te correspondan

- Lo mío fue acoso

- Y fue buena suerte que no te denunciara por acoso sexual, ¿no crees?

- Buen punto, como siempre, Len
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 02, 2015 10:47 pm

- ¿Qué vamos a hacer más tarde?- suspiró Yulia mientras se encargaba de arrojar rocas planas al agua para hacerlas saltar, o no.

- No tengo planes, ¿y tú?

- ¿No quieren venir a cenar donde nosotros?

- Sure. ¿No sale muy temprano tu vuelo?

- A las nueve sale, no es mayor problema- bostezó ampliamente entre sus manos, que sus ojos se aguaron por el cansancio.

- ¿Tú bostezas?- se carcajeó Natasha, pues era primera vez que la veía hacerlo, eso era verdadero y puro cansancio.

- Casi no he dormido

- Te ves cansada- rio mientras partía un pedazo de pan con dificultad.

- No jodas, Sherlock ...

- Nunca te había visto así, ¿algo de lo que quieras hablar?

- Me da escalofríos de sólo pensarlo- rio.

- Bueno, no puede ser tan malo si te estás riendo

- Es intenso- se agachó para recoger más piedras en su mano, pues ya había encontrado la manera de tolerar el pasatiempo de Natasha; si ella alimentaba a los perros, perdón, patos, de Central Park, ella podía inundar el Pond con un sano pasatiempo de aburrimiento al comprar, por cinco dólares, un saco de cincuenta libras en piedras planas, las cuales habían sido descubiertas durante un vistazo en Google y una pecera. – Tuve la jornada de sexo más intensa

- ¡Yulia!- siseó un tanto escandalizada. Eso no lo vio venir.

- No me digas que recuperaste tu virginal pudor

- Es sólo que me tomaste desprevenida, pero, por favor, no te contengas los detalles

- Katya es una maestra para las bromas

- ¿Qué hizo ahora?

- Le estaba dando Viagra a Lena- rio.

- ¿Qué?

- Citrato de Sidenafilo- suspiró frustrada al no poder hacer que la piedra, que lanzaba, rebotara sobre el agua. – Mejor conocido como Viagra, también afecta a la mujer. Me duele la quijada, siento los labios como si fuera la hermana perdida de Angelina Jolie, me duele la mano, creo que tengo algo en el túnel carpiano, siento los dedos hechos polvo… y ni hablar de mi aparato sexual

- ¿Qué pasa con él? ¿Te lastimaste?

- Tuve que comprar Replens

- ¿Y eso qué es?

- ¡Humectante vaginal!- elevó su voz, que Natasha la calló mientras veían a su alrededor y no veían a nadie cerca, sólo las espaldas de Phillip y Lena que se alejaban en dirección al carrito de comida. – Humectante vaginal- susurró.

- Sabes, la resequedad es un problema muy común… ¿por qué no vas al ginecólogo?

- No es problema de resequedad per se

- ¿Entonces?

- Follamos demasiado...

- Fucked?

- Sí…- asintió con su mirada sorprendida. – Sólo queríamos más, y más, y más

- ¿Quién eres y qué hiciste con Yulia?

- Me tomé dos cápsulas de las que Katya le había dado a Lena, sólo por bromear porque no creía en los efectos, pero cuarenta minutos después me tenías con Lena entre las piernas

- Está extremo

- Un orgasmo por hora, por veinticuatro horas, repartidos entre las dos

- ¿Te corriste doce veces?

- No, sólo diez… es que ya no aguanté más, ahí como que si es aftermath de Hiroshima y Nagasaki juntas. Lena se corrió más que yo

- Moraleja: no jugar con Katya

- Yo qué sé, Natalia… el punto es que estoy hipersensible de todos lados

- ¿Todos lados?

- Mi pezones picaban contra mi sostén, mi clítoris arde como un hijo de puta ... y mi vagina, oh Señor, mi vagina- canturreó entre su catártico berrinche. – La siento como si me hubiera cogido Mandingo- y se ahorró la parte en la que sólo se sentía con vida si estaba sentada al bidet y con agua más fría que tibia.

- ¡Yulia Maria!- sollozó, sacudiéndose con asco ante la imagen que se había visto obligada a materializar.

- Lo siento, es sólo que me duele

- ¿Por eso la falta de Stilettos?

- Me subí a unas botas y casi que se me revienta el GSpot- rio. – Los Samba no están mal tampoco

- Como quien dice… "te dejaron bien cogida"

- Me sobra para la semana

- Ni tú te la crees

- En serio, deberías haberme visto… estoy roja

- ¿Roja de irritada o roja de qué?

- Donde suele ser rosado por naturaleza… mierda, parece rojo vermillion

- ¿Te sientes bien?

- No tengo fiebre, no me duele nada alarmante, sólo estoy demasiado sensible… eso me lo tuve que lavar en el bidet porque, ¿pasarme la mano? Ni que me paguen

- ¿Y Lena?

- Ahí donde la ves- rio. – Anda con cuatro analgésicos encima y el humectante. Yo no tuve las pelotas para ponerme el humectante, lo tuvo que hacer Lena y con guantes

- Lo que ningún hombre te hizo, te lo hizo Lena- bromeó, arrojándole el último pedazo de pan a los patos, que, por mala suerte, cayó sobre el zapato de Yulia y, cuando se lo sacudió, alborotó a los cinco patos que tenía alrededor. Creó un graznido colectivo, un revoloteo nervioso, y nadie supo qué pasó ni cómo pasó, pero uno de los perros, perdón, patos, se confundió de alguna extraña manera y terminó por morder el denim de su jeans, el cual no habría podido morder si Yulia se hubiera puesto el Skinny de la noche anterior, pero no porque olía a comida y a cigarro, y a orgasmos que se habían rebalsado de los límites de su tanga. Yulia se sacudió suavemente para hacer que el pato la soltara, y no la soltó, se sacudió más fuerte y sólo logró alborotar más al resto de los patos. Dio una patada al aire, una patada lo suficientemente fuerte junto con "Pedazo de mierda, imbécil! Te voy a matar, hijo de puta! " y el pato se desprendió entre graznidos asustados hasta que cayó al agua fría del Pond por el impulso. - ¿Estás bien?- rio, viendo a Yulia con cara de asesina en serie.

- ¡Pato hijo.de.cien.putas!- gruñó, que Natasha se asustó por la clase de insulto que aquello era. Nunca la había escuchado decir algo parecido, no en otro idioma que no fuera italiano o ruso. - ¡Es un Balmain!- suspiró con odio mientras se veía aquel desgarre en su jeans.

- Tu Balmain será recordado por su gran labor y su perfecto servicio a la humanidad con su impecable estética. Pero, ¿estás bien?

- Perfectamente enojada- gruñó, empuñando su propia piel mientras tensaba la mandíbula y respiraba tan hondo como se podía para relajarse.

- Pues, si quieres podemos llamar a Animal Control- sonrió, alcanzándole su teléfono por iniciativa.

- No, ese pato tendrá otro destino- sonrió como si Maquiavelo la hubiera poseído. – En fin, y como sea…

- No lo vas a matar

- ¿Al pato?- resopló.

- No, al Papa

- Ha.Ha. muy divertido, Nate- entrecerró los ojos con una sonrisa perturbada.

- No tienes complejo de asesina

- ¿No me crees capaz de matar?

- Sí te creo capaz, pero no a un pato y no por un jeans…- Yulia la volvió a ver con mirada desafiante. Vaya enojo. – Vamos, si no mataste a Matthew por lo que le intentó hacer a Lena, ¿de verdad esperas que te crea capaz de hacerle algo a un pato y por un jeans?

- No me subestimes

- Está bien- rio escépticamente. – Sabes… voy a cambiarte el tema

- ¿Más sobre la decoración y la comida?

- No, ya todo lo que tenía que ver con eso te lo he dicho- se asombró al verla bostezar de nuevo, y pensó que quizás era el cansancio acumulado y no precisamente por sexo.

- Confío ciegamente en tus gustos, dah-ling

- ¿Dah-ling?- resopló. – Mariah Carey, devuélveme a mi amiga

- Y este es el momento en el que yo te pongo cara de que no tengo idea de qué estás hablando y tú te ríes y me dices: "olvídalo", ¿verdad?

- ¿Podríamos olvidarnos de tu jeans por un momento?- murmuró, apuñando la bolsa de papel en su mano y volviéndose a ella con vergüenza que no debía ser vergüenza.

- ¿Qué pasa, Nate?- frunció su ceño al ver su mirada. – Esa mirada sí que me asusta

- Han pasado, ¿qué se yo? ¿Dos meses?- Yulia sólo elevó su ceja derecha al no entender por dónde iba aquello, pues le había prometido a Natasha que iba a borrar aquel evento de su cabeza, que sólo recordaría el episodio si ella se lo pedía. – Pues, el primer mes no se podía por instrucciones del Gyno

- Nate- tarareo suavemente. – Ilumina mi camino, por favor

- Tengo a Phillip en peligro de extinción

- ¿Perdón?

- Lo que tú hiciste con Lena… no consigo hacerlo con él

- Y asumo que ya sabes por qué tras un autodiagnóstico, ¿no? – Natasha asintió. – Y, ¿a qué conclusión llegaste?

- No puedo

- Esa no es una conclusión digna de Natasha Roberts

- No, en serio, no puedo

- ¿Quieres de las "vitaminas" que Katya le dio a Lena?

- La vez pasada estuvimos a punto de hacerlo, y tú sabes cómo es todo después de demasiado tiempo de no hacerlo

- ¿Lo violaste?

- Al contrario, me puse tan nerviosa, más nerviosa que mi primera vez, y no se pudo

- ¿Cómo que no se pudo?

- No conseguí estar dentro- se sonrojó. – Ni él arriba, ni yo arriba… ni siquiera con las piernas a los hombros

- ¿Dolía?

- Demasiado, y a eso fui anteayer porque creí que era un problema grave

- ¿Y lo es?

- Mi nerviosismo extremo lo es- resopló. – Pero necesito recuperar mi vida… año nuevo es vida nueva, ¿no?

- Poco a poco, Nate- sonrió, abrazándola por los hombros y dejando que su sien se recostara sobre la suya mientras veían hacia la infinidad imaginada del Pond. – Debe ser algo bueno, muy bueno, el sólo hecho que hayan intentado, ¿no te parece?

- Supongo que sí, pero haberle provocado una hipertensión del epidídimo no fue nada bueno

- ¿Y eso qué es?

- Blue Balls

- Auch- sacudió su cabeza. – ¿Se enojó por eso?

- Se enojó porque quise remediarlo- Yulia sólo frunció su ceño y no necesitó preguntar nada para obtener la respuesta que quería y no quería saber. – Sé por hecho científico, gracias a cualquier artículo que leí alguna vez sobre eso, que es algo que duele y puede tener efectos secundarios más allá que un orgullo mallugado y una excitación herida, además, ¿cómo voy a dejar a mi esposo con las ganas? Lo que nunca me dijo ningún artículo, o perversión escuchada en las esquinas de esta chismosa ciudad, es que se negaría a un plan B

- ¿"Plan B"? ¿La "B" representa "blowjob"?

- Ha.Ha. muy divertido, Yul- la remedó. – Pero, sí… uno de esos, o las manos, o cualquier medio que no fuera mi aparato reproductor femenino- sonrió, haciéndole saber que, en esa ocasión, le incomodaba parcialmente llamarle de otra manera a su entrepierna. - ¿Es legal que un hombre se niegue a cualquiera de esas alternativas? No debería serlo, ¿no crees?- Yulia se encogió entre sus hombros. - ¿Cómo es que prefiere quedarse con las ganas a que le ayudes? Además, no es primera vez que le doy un…- e hizo ese movimiento con su mano, aquel que simbolizaba una felación.

- Eso es porque no eres su juguete, deberías estar orgullosa de él y muy alegre por la salud mental-sexual de ambos, Nate… te respeta, y no sé por qué me da la impresión de que tú no estabas en tu mejor momento tampoco

- ¿Cómo sabes eso?

- Te conozco- sonrió, evitando decirle "debió ser frustrante, más para ti".

- Sí, no estaba muy contenta que se diga, estaba más bien upset conmigo misma, y lo suyo sólo terminó por frustrarme. Luego vino la culpa

- Ya llegará el momento en el que suceda, Dah-ling.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 02, 2015 10:49 pm

*

- Todo bien?- sonrió Yulia al ver a Lena llegar a su lado, que la tomó de la mano para ayudarle a sentarse.

- Todo bien- le sonrió de regreso.

- ¿Te gustaría una copa de Champán?- Lena asintió. – Eso pensé- y le deslizó una copa, y Lena supo que era Bollinger, que no era la mejor del mundo, que la que bebía Natasha y el resto era mejor por ser más cara, pero a ella esa era la que le gustaba.

- Aw- dijo James, llevando sus manos a su pecho, ejerciendo una arruga en su corbata violeta que a Natasha le perturbaba, pues no sólo la veía, sino la sentía en el ambiente como una arruga, una falla de dióxido de carbono entre la franja de oxígeno, y la escuchaba entre la seda de calidad media, y la podía oler, pues era nueva. – No es adorable?- dijo en ese tono risueño pero ridículo.

- ¿Celoso?- bromeó Yulia golpeando suavemente el borde de su vaso, que estaba lleno de Grey Goose, y hielo con un torniquete de cáscara de limón.

- Tampoco te pavonees, Darling- rio al mismo tiempo que Lena y Yulia se guiñaban un "salud" con una sonrisa.

- Yo quiero saber cómo es que todos se casan menos ustedes- dijo Thomas, refiriéndose a Marie y a James con aquella sonrisa que volaría en mil pedazos si no la quitaba.

- Y yo no sé cómo es que todos tenemos a alguien que nos dura más de dos semanas menos tú- ladró Marie en plan de resentimiento supremo.

- Tengo que probarlas a todas antes de decidirme- dijo, haciendo reír a todos porque sabían que era la peor excusa para respaldar que ninguna mujer lo lograba soportar.

- Yo empezaría a buscar en primer año en Columbia o en NYU- rio Natasha. – Jóvenes, con mayor probabilidad de ser estúpidas o con un English Major, de tu misma edad mental y con la emoción de estar dating a un hombre mayor, con dinero y que no está tan feo

- ¿Feo?- resopló. – Soy el más hermoso de la mesa, de todo Nueva York

- Y por eso es que "hermoso" es un término sobrevalorado- rio Yulia. - Totalmente desgastado y malinterpretado… nadie lo comprende

- ¿Y cómo sabrías tú algo sobre eso, Volk?- intervino Luca, que arrastraba una silla para colocarla al lado de Yulia. Todas las cabezas se volvieron a él, miradas de "¿Qué carajo que acaba de decir?" se le clavaron entre la sonrisa traviesa, que Yulia no supo si había malinterpretado el comentario o si era la intención concreta de la que debía preocuparse. – Digo, jamás te escuché decir que alguien era "hermoso"

- Y, precisamente por eso- arqueó su ceja derecha. – No conozco a ningún hombre hermoso

- Ah, entiendo- resopló, y Natasha sólo entrecerró el ojo izquierdo con una furia que empezaba a invadirla, furia y desprecio en cuanto al italiano pendejo, pues el comentario que estaba a punto de salir de su boca no era nada bueno. – Sólo a mujeres- motherfucker.

- Yo creo que es difícil para Yulia reconocer que alguien es "hermoso" porque se rodea únicamente de gente hermosa- y es por eso que tú no estás alrededor, rio Phillip, cosa por la cual Natasha no sintió ni la más mínima sensación de celos al ser un comentario inofensivo con la única intención de sacarla de ahí. – Phillip Noltenius- se presentó, alcanzándole la mano sobre la mesa.

- No tienes cara de Arquitecto- resopló Luca, que Lena sólo volvió a ver a Yulia con ganas de aniquilarlo. Repugnante.

- Me reflejo- sonrió con un poco de odio.

- Como sea…- suspiró Marie con incomodidad al notar la verdadera riña entre Phillip y el intruso. - ¿Cuáles son sus planes?

- ¿Planes?- resopló Yulia, pues aquello se escuchó demasiado parecido a "planos".

- Sí, ¿Luna de miel? ¿Vacaciones al dos por uno? ¿Nada? ¿Hijos?- sonrió James.

- ¿Un encerrón sexual?- opinó Thomas, recibiendo un manotazo de parte de Natasha para hacerlo callar, que, con ese comentario, Luca volvió a ver a Yulia y a Lena y realmente las empezó a considerar como lo que eran: una pareja, y era evidente que una pareja no podía sobrevivir sin una conexión sexual, al menos no una en la que no se convirtiera en relación sexual física. ¿Cómo serían esas relaciones? El sólo pensamiento lo hizo sonreír de manera estúpida, pero no estaba solo, pues Natasha estaba con él; ella sabía lo que estaba pensando, algo tan enfermo y tan íntimo y ajeno que no le pertenecía y que no debía pensar, así como el resto de los que estaban en esa mesa, que veían a Yulia y a Lena como lo que eran, no como una categoría pornográfica llena de morbo por ser diferente. – ¿Un encerrón sexual durante su Luna de miel?- dijo rápidamente antes de que pudieran contestarle algo, que trajo a todos a reír menos a Luca.

- Serás el primero en saber si rompemos alguna hamaca- rio Yulia.

- Eres una perver…- susurró James, pero Luca era todavía más. No le había quitado la mirada de encima a Yulia y a Lena, pues necesitaba referencia visual para desvestirlas lentamente y, así, poder jugar a una versión perversa de cuando sólo había dos Barbies y ningún Ken que ofreciera servicios fálicos en la historia ficticia. ¿Cómo lo harían? ¿Quién dominaba a quién? Oh, y Natasha que sabía imagen a imagen lo que pensaba, sabía cómo se le ocurría la secuencia progresiva de irrespeto al género femenino y a la mujer que supuestamente alguna vez fue su amiga. – No respetas pero ni a tu propia madre

- ¿Qué te puedo decir? Por algo me echaron de mi casa, ¿no crees?- resopló Thomas. – Y, como sea, la tercera boda es la de ustedes, ¿no?- se volvió a Marie. – Estar comprometidos por tanto tiempo no es sano, seguro termina en divorcio

- El experto ha hablado- rio James.

- No me urge casarme

- Ah, pero cuando James y Marie se casen… la presión de grupo, por principio psicológico, así sea que no te presionemos, te va a urgir sentar cabeza…- murmuró Natasha, todavía sin quitarle la mirada de encima a Luca, quien estaba perdido en el vacío de sus pensamientos gráficos mientras se las imaginaba todo lo contrario a lo que eran debido a la personalidad que creía conocer de Yulia y que suponía de Lena: fuerte, rudo, sin cariño, con Yulia tomando el control sobre toda situación y toda posición, ¿qué posición les gustaría más? ¿Lo harían más por los días o por las noches? ¿Cuántas veces lo harían al día, a la semana, al mes? ¿Con luz o sin luz? ¿Gritarían? Tantas preguntas para una sonrisa tan enferma. – Y, como sea- tomó su copa y golpeó suavemente el vaso de Whisky de Phillip para despertar a Luca. – El tema no es Thomas

- Toda la razón- sonrió Marie. – Así que, ¿qué será?

- Dos semanas de agua cristalina y silencio- dijo Lena al mismo tiempo que una suave música empezaba a sonar en el fondo; un poco de Bossa Nova quizás, no se distinguía.

- ¿Islas Vírgenes?- preguntó James.

- ¿Bromeas?- resopló Thomas.

- ¿Qué tiene de malo una Luna de Miel en las Islas Vírgenes?- frunció su ceño Natasha.

- Vírgenes- dijo en ese tono de "¿No es evidente?", que Luca Perlotta casi se ahoga por el comentario, pero su problema era Yulia y su amor estúpido, juvenil e irracional amor platónico e imposible por ella. Y es que era demasiado "hermosa" para él, era perfecta, más ese día, que lo único que le molestaba era ese brazo que envolvía a Lena a pesar de que entendía la naturaleza de su atracción sexual y su recién-hace-quince-minutos-legal-matrimonio-civil. – Por eso es que los Señores Noltenius no visitaron las mencionadas islas, hay que mantener el nombre lo más intacto que se pueda

- Muy divertido, Thomas- sonrió Yulia.

- Son sólo celos- bromeó Lena. Rico, picante humor confianzudo, pero eso les gustaba a todos en la mesa, menos a Luca Perlotta. El intruso, el verdadero intruso. - ¿O no?- sonrió para Yulia, quien volvió su rostro hacia ella y le dio un beso sonriente en plena vista.

- Amén, Len- levantó Phillip su vaso.

*

- Disculpen, Señora Volkova y Señora Katina- se acercó una de las aeromoza en su inmaculado y tedioso uniforme azul marino con la mascada roja al cuello, y esa sonrisa tan… eso no era para nada bueno. – Me temo que tenemos un inconveniente

- ¿Qué clase de inconveniente?- sonrió Yulia con pesadez mientras cruzaba su pierna y unía sus manos sobre su regazo.

- Me temo que no podemos brindarles servicio de Primera Clase el día de hoy- Lena sólo cerró los ojos y sólo tuvo la intención de decirle a la aeromoza que corriera por su vida y que le rogara al cielo porque a Yulia, algo así, le caía como kryptonita a Superman, pero los abrió rápidamente para ver a Yulia, quien soltaba una risa de bucal y de vocal "A" pero muda, como un suspiro cínico que pasaba por sonrisa de "no lo puedo creer" cuando en realidad era un "no lo puedo creer" pero con intenciones asesinas.

- ¿Cómo que no?- preguntó con la misma sonrisa, esa sonrisa que a Lena le daba pánico porque era un absoluto enojo: posible combustión.

- Me temo que contamos con la presencia de tres Generales del Ejército de los Estados Unidos de América- sonrió en respuesta a la sonrisa que no sabía qué significaba en realidad.

- Qué bueno- ladeó su cabeza hacia el lado izquierdo, y Lena que ya empezaba a buscar refugio. - ¿Y eso qué tiene que ver con mi asiento y el de mi socia?- ladeó la cabeza hacia el lado derecho.

- Me temo…

- No se tema más- la interrumpió sonrientemente.

- Disculpe, Señora Katina- sonrió complacientemente.

- Ah, Lena, es contigo la cosa, entonces- la volvió a ver divertidamente. – Yo soy la Señora Volkova- se volvió a la aeromoza.

- Siento mucho la confusión, Señora Volkova, mi error- y Yulia asintió, que Lena ya sabía que Yulia pensaba en un elocuente y educado: "No jodas, Sherlock!". – Bueno, Señora Volkova- dijo en tono de autocorrección. – Los señores Generales necesitan un asiento

- Ni modo que vayan de pie todo el vuelo- resopló, haciendo que la aeromoza se riera educadamente, no porque le hubiera dado risa sino porque sabía que no era nada bueno, como por querer simpatizar con ella. – Supongo que va en contra de alguna ley

- Sucede que tendré que desplazarla, junto con la Señora Katina, a Economy

- ¿Qué?- siseó Yulia, sacudiendo su cabeza una única vez y con sus ojos cerrados.

- No tenemos asientos disponibles para los caballeros- sonrió.

- ¿Por qué nuestros asientos y no los de alguien más?- sonrió Yulia de regreso, que ya la vena del cuello se le empezaba a saltar, así como las venas de sus manos y empezaba a frotar las cutículas de sus pulgares con sus dedos índices.

- Me temo que ustedes dos son las únicas que no son parte de nuestro "AAdvantage Program"- suspiró como si quisiera explicarle lo que para Yulia no tenía explicación.

- ¿Y eso me obliga a mí…- dijo, apuntándose con sus manos hacia su pecho con una clara molestia. - … a moverme de asiento?

- Lo sentimos mucho, Señora Volkova, pero son los beneficios de nuestro Programa de Viajero Frecuente- sonrió. – Si gusta, una vez esté en su nuevo asiento, puedo ofrecerle, por su amabilidad con los Señores Generales del Ejército de los Estados Unidos de América, un paquete de millas para que pueda aplicar al Estatus de Oro

- Sus millas no me interesan- dijo lentamente. – Me interesa más saber si nos van a devolver la diferencia que hay entre el inmerecido asiento de Primera Clase y el despreciado de Economy- murmuró, que ni eso le interesaba, sólo esperaba que le dijera que no, así podía rehusarse a quitarse de su asiento.

- American Airlines se encargará de reembolsarle el monto completo de su viaje ida y vuelta, es un viaje patrocinado por nosotros y, aun en Economy, gozará de los Servicios de Primera Clase que había comprado en un principio y, en su vuelo de regreso, nos aseguraremos de que goce de nuestra zona de Primera Clase junto con los Servicios adquiridos - sonrió patéticamente, pues la sonrisa de Yulia le estaba ganando la estabilidad emocional. Bully. – Sino, puedo ofrecerle dos asientos en Primera Clase para el siguiente vuelo con destino a Los Ángeles que sale en una hora y treinta minutos

- ¿Y usted le va a explicar a mis clientes y a mis jefes por qué llegué tarde a mi reunión de la una y treinta?- sonrió, que logró cohibir completamente a la mujer, pobre mujer. – No es nada personal- aclaró.

- Entiendo la incomodidad de la situación, Señora Volkova- suspiró.

- No, no la entiende- repuso Yulia al mismo tiempo que Lena lo pensaba. – Pero, como sea, Señora Cooper- murmuró al leer su nombre de la placa de su uniforme. – Me urge llegar a Los Ángeles, así que… lo que usted quiera- tomó su bolso The Row de piel de cocodrilo negra, aquella que costaba un riñón y un pulmón en el mercado negro, y, con una sonrisa de suprema furia iracunda, se puso de pie. – Con su permiso- la apartó hacia un lado para abrir el compartimento superior para sacar las dos maletas.

- No se preocupe, Señora Volkova- la detuvo la aeromoza. – Su equipaje de mano y su abrigo puede quedarse, sólo es el asiento el que necesitamos- sonrió.

- Al menos…- suspiró Yulia, colocándose el bolso al hombro y alcanzándole la mano a Lena para que se la tomara.

- Por aquí- pasó hacia adelante la aeromoza, atravesando la zona de Business para llegar a la zona de Economy.
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VIVALENZ28

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 02, 2015 10:56 pm

- Tranquilla, ma chérie- susurró Lena mientras caminaba tras una iracunda Yulia, que no podía negar que, en ese estado, se veía más guapa de lo normal. O quizás eran esas piernas en aquel pantalón The Row gris pálido que no se sabía si le llegaba a la cintura o qué, pues alrededor de la cintura llevaba una banda gruesa y más oscura que fundía una ajustada blusa Carolina Herrera negra que hacía la clara distinción de corset frontal sólido y cuello, mangas y espalda de encaje, aunque el encaje no se notaba por la chaqueta bolero a juego de color con su pantalón. O quizás era porque había visto cómo se había deslizado aquella Kiki de Montparnasse negra pero transparente, peor porque se había paseado por el clóset sólo en esa Tanga y en sus Corneille Louboutin de diez centímetros de satín negro mientras se pegaba las copas de látex a sus senos. – Son sólo seis horas

- No me ayudes- suspiró.

- Seis horas conmigo?-sonrió risueñamente al llegar al asiento, que Yulia sólo rio nasalmente y asintió, pues eso sí era bueno.

- Al menos- levantó la ceja con una sonrisa sincera y calmada.

- Asientos veintisiete C y G- sonrió la aeromoza, que el color verde le volvió a Yulia al ver que estaba en el bloque del medio y no al costado sin posibilidad de ventana cerca.

- ¿No podemos sentarnos en el H y J?- le preguntó, señalándole que estaban vacíos.

- Están ocupados, Señora Volkova- se apartó para darle paso a una señora con un niño de no más de cuatro años que venían del baño, los dueños de dichos asientos.

- ¿Qué hay de dos asientos contiguos? ¿El E y el C, o el E y el G?- preguntó desganada y frustrada al ver que tendría a un niño cerca, que vio a su alrededor y el vuelo tenía a varias promesas infantiles. Mierda.

- El asiento E está asignado para un Mayor- sonrió, y Yulia sólo respiró hondo.

- Está bien, gracias- murmuró.

- ¿Puedo ofrecerles algo antes del despegue?- Lena y Yulia sacudieron la cabeza.

- Ni siquiera- protestó Yulia en referencia al "al menos" que había dicho hacía unos segundos.

- Si quieres quedarte cerca del niño- sonrió Sophia.

- No te preocupes- le abrió paso para que se sentara al otro lado del pasillo. – Son sólo seis horas…- suspiró, y se dejó caer en su minúsculo e incómodo asiento.

Podría haber sido capricho infantil del que estaba sufriendo Yulia, podría haber sido inhumano, ¿cuál era la gana de no querer sentarse en Economy? Bueno, Yulia tenía sus razones, y la primera era el factor de la gente con la que compartía su zona, la cual no le importaba si eran Narcotraficantes o Empresarios o Suertudos, simplemente se resumía a la regla de la ausencia de niños. Luego, por si aquello no fuera suficiente, era el espacio que tenía para colocar sus proporciones talla cuatro en un asiento, la comodidad del asiento y el hecho de no tener que compartir los brazos del asiento mismo al haber suficiente espacio para dos codos y no sólo uno. Esas dos cosas, comodidad y privación de infantes, no tenían precio, ni siquiera que la aerolínea le patrocinara un vuelo de ida y vuelta, a ella y a Lena, valorado en más de trece mil dólares. Además, antes de Lena, Yulia era capaz de comprar el asiento a su lado sólo para ahorrarse la indeseada compañía, esas pláticas que no llevaban a ninguna parte más que a su misma desesperación, esa desesperación que alguna vez la llevó a decirle a una pobre señora, ya mayor y que le acordaba a Larissa, durante un vuelo a Boston"¿Podría por favor, por favor, por favor, estar en silencio?"o quizás había utilizado el "Cállate la boca", no me acuerdo. Pero ahora, con Lena, todo aquello se había arreglado, pues Lena no era sinónimo de charlas indeseadas y le gustaba más sentarse junto al pasillo y no junto a la ventana por la misma razón de que no le gustaba despertar a Yulia, nunca, en caso de que se durmiera, que era algo que no solía suceder, pero no la despertaría sólo porque tenía que ir al baño.

- Veintisiete E- dijo en su grave voz, con aliento pesado, tan pesado como el de un toro, y se plantó al lado de Yulia, incomodándola con tanta cercanía que no le gustaba con ningún hombre que no fuera Phillip porque sabía que era totalmente inofensivo. – Sólo será un momento- le sonrió a Yulia, quien no se dignaba ni a darle una mirada al estar sumergida en un tipo de mantra mental para no descomponerse ante el roce del muslo de aquel hombre contra su antebrazo, y Lena la veía con preocupación pero sabía que no era momento para tocarla, ni siquiera para acariciar su mano. El hombre tomó su maletín y lo colocó en el compartimento que estaba sobre Yulia, quien, al terminar aquello, pretendió ponerse de pie para darle paso al asiento que le correspondía. – No, no se preocupe- respiró en aquella densidad que a Yulia sólo le pudo acordar a Mischa, y no supo exactamente por qué pero no le gustó. – No se levante, puedo pasar- y, metafóricamente violando las rodillas de Yulia al pasar por entre ellas y el respaldo del asiento de adelante, se dejó caer pesadamente sobre el asiento mientras su respiración pesada, ruidosa e intranquila provocaba una exagerada tensión en la mandíbula de Yulia, quien mantenía los ojos cerrados y se aferraba a los brazos de los asientos como si pudiera apuñarlos. – Listo. Señoritas- se dirigió a Lena y a Yulia, interrumpiendo aquel intento de relajación por parte de Yulia. - ¿El cinturón de seguridad?- sonrió, viendo hacia ambas caderas para ver que lo tenían abrochado. – La seguridad ante todo- resopló. Broma de mal gusto, señor. – Jefferson Osborne- se presentó, extendiéndole la mano a Lena primero. – Mucho gusto

- Nina- sonrió, estrechándole la mano y utilizando su obsoleto nombre porque siempre le sonaba aquella voz de su papá, de Sergey: "no hables con extraños así sea el Papa".

- Jefferson Osborne- se volvió a Yulia, que la vio con los ojos cerrados todavía. – Oiga, no se preocupe, el avión no se va a caer- Lena casi combustiona en una risa, pues a Yulia no le daba miedo volar, sino le incomodaba la presencia de el mismo Major Osborne.

- No tengo miedo de volar- murmuró Yulia, abriendo los ojos con indisposición.

- Claro que no- resopló como si no le creyera. – Jefferson Osborne- repitió y le alcanzó la mano.

- Mucho gusto- dijo incómodamente.

- Lo siento, no percibí su nombre- sonrió ladeadamente.

- Eso es porque no lo dije- y volvió a cerrar los ojos, dándole un fin a la conversación que no quería que se materializara.

- Señora Volkova- se acercó la aeromoza, haciendo que Yulia entrara al borde del colapso temperamental porque nadie la estaba dejando relajarse más que Lena. – Una bebida antes de despegar- sonrió, mostrándole la charola con dos copas de champán.

- Dios la bendiga- susurró con una sonrisa como si fuera alcohólica anónima que revelaba su anonimato en ese momento.

- Señora Katina- le alcanzó la copa a Lena, quien le agradecía con una sonrisa. - ¿Les puedo ofrecer algo más de beber o de comer? ¿Un tentempié quizás? ¿Un brioche simple y Nutella?

- Estaría bien, muchas gracias- sonrió Lena, que Yulia ya había colocado su copa vacía de regreso en la charola.

- Señora Volkova, ¿desea algo más de beber?

- Jugo de tomate, limón, sal y pimienta, y un poco de vodka- balbuceó, y la aeromoza simplemente se retiró.

- Arquitecta- murmuró Lena, asomándose por delante del ancho pecho del uniformado que la apartaba de su novia. – Tha boroúsa na ton rotíso an tha alláxei thési me eména… I tha thélate- sonrió.

- Está bien así, no te preocupes- sonrió, dándole a entender que no había por qué molestar al robusto hombre.

- S ‘agapó- le dijo con una sonrisa ladeada que lograba marcar sus camanances con ternura y que sus ojos verdigrises brillaban.

- Anch’io- sonrió de la misma manera pero guiñó su ojo porque no iba a lanzarle un beso aéreo entre la resaca de su furia. Lena sólo regresó a su respaldo y, cruzando su pierna enfundada en aquel pantalón blanco de pierna ancha sólo para que se viera su pie enfundado en sus Pigalle Louboutin negros, zapato que le llamó la atención al Mayor. – Dice Natasha que si necesitas algo, que le avises- Yulia sólo asintió en silencio.

- Disculpe el atrevimiento- le dijo el uniformado a Lena, viendo cómo escribía de rápido en aquel iMessage.

- Ya, ya, ya lo apagué- dijo sin pensarlo, pues supuso que, por el comentario del cinturón de seguridad, le diría que apagara el teléfono.

- No, no era eso- rio nasalmente. – Es sólo que no pude evitar notar el idioma que estaban hablando entre ustedes, ¿qué es lo que hablan?

- Una mezcla rara entre griego, italiano e inglés- resopló. – A como salga

- ¿Para que nadie más entienda?

- En esencia, sí- asintió, llevando la copa a sus labios. – Pero es la costumbre- suspiró, agradeciendo que, por fin, el avión ya se movía y se alistaba para despegar.

- Griego- susurró para sí mismo. – Es un idioma complicado, ¿no es así?

- No le sabría decir, lo aprendí así como supongo que usted aprendió el inglés- se encogió entre sus hombros y llevó la copa a sus labios para terminarse aquel champán.

- ¿Su apellido es "Katina"?- Lena asintió. – Pero su idioma materno es ruso

- En parte soy italiana,rusa y griega - lo corrigió, pues, por primera vez, tomó en cuenta la genética y se consideró mitad italiana y mitad rusa a pesar de que,culturamente era griega/rusa y por partes desiguales: veinticinco Rusia, setenta y cinco Grecia.

- Entonces, ¿creció en Rusia o en Grecia o aquí?

- En Grecia- sonrió. – El italiano se aprende por la familia y por el trabajo, el inglés porque es básico

- Y yo que no paso del inglés- rio avergonzado.

- Seguramente tiene otras gracias- dijo, sólo para hacerlo sentir bien. – Digo, en el Army tiene que haber estudiado algo interesante

- Física e Ingeniería Nuclear

- ¿Ve? Yo no pasé de los dibujos y del desvarío- sonrió. – Soy Diseñadora

- ¿De modas?

- De Interiores y de Muebles

- Me la habría imaginado más de modas- dijo, pensando que era un halago.

- ¿Por qué?

- Por sus zapatos- los señaló. – Creo que asocio esas cosas raras con ese mundo

- ¿Qué tienen de raro mis zapatos?- frunció su ceño, volviendo a verlos un tanto extrañada.

- Las espinas- Lena sólo rio nasalmente y levantó rápidamente la ceja con diversión al escuchar el grito mental de Yulia: "No son espinas, son púas. Mente aguda.". - ¿Punzan?

- No- rio. – No son un arma, son de cuero

- Interesante zapato, mínimo cuesta un ojo de la cara

- Tengo mis dos ojos todavía- sonrió divertida. – Pues, con miopía pero los tengo. Hay para hombres también

- Pero no con tacón, ¿verdad?- Lena sólo dejó caer su cabeza para no hacer algo tan evidente de su risa burlona. – Sin tacón- dijo el hombre ante la risa de la pelirroja y simpática compañera de vuelo.

- Supongo que si quiere con tacón- dijo, riéndose con el pecho y los labios fruncidos, risa que era idéntica a la de Sergey Sergeevich. – Para eso tendría que hablar con ella- le señaló a Yulia.

- ¿Son su creación?- ensanchó la mirada, pero era como una sorpresa agradable, como si estuviera fascinado.

- No, ella sabe cómo hacer que el diseñador haga un zapato a su gusto y de acuerdo a la forma de su pie- resopló, viendo a Yulia dibujar una sonrisa que daban ganas de besarle.

El hombre, avergonzado pero divertido, se quedó en silencio hasta que el avión empezó a acelerar para despegar, el momento más preciado para Yulia, el momento que le sabía a paradoja: su gusto, hasta emoción, y el miedo o estrés de los que no gozaban del ruido del temblor de la cabina. Le gustaba tocar "Habana Twist" en su cabeza mientras cerraba sus ojos, se cruzaba de brazos y empezaba a marcar el ritmo de aquella música con sus dedos de la mano derecha en su antebrazo izquierdo, así como el temblor del pie izquierdo, el que le colgaba al tener la pierna cruzada, el que marcaba los tambores de aquella canción. Y era demasiado bueno para ser verdad. Yulia respiró hondo, abrió los ojos y no cruzó su pierna izquierda sobre la derecha, sino al revés, no cruzó los brazos, sino tensó sus dedos índices contra las cutículas de sus pulgares, y no tocó "Haban Twist", sino todo lo contrario, la canción que más despreciaba desde los tres años y de manera consciente, inconsciente y subconsciente, "Bamboleo" de los Gipsy Kings, todo porque el tío Salvatore, el hermano de Oleg, se había pasado todo el verano en Cagliari con la puta canción, y esa canción sólo le inspiraba violencia verbal, de esa de: "Alla cazzo di cane, cazzata! Stronzo, testa di cazzo! Porco di mignotta! Figlio di Puttana, pezzo di merda! Fotti tua madre! Scopa!". Todo porque el niño, que no podía sentarse al lado de la ventana sino a su lado, claro, a su lado inmediato, empezó a llorar como si el mismísimo Satanás se estuviera vengando de Yulia por el abuso del Citrato de Sildenafilo, por esa folladera/fornicadera/cogedera que se trajo con Lena como si quisiera empezar mal el año, y que lo había empezado mal con ese dolor de entrañas, dolor que ya se había disipado de manera aparente. Y el llanto del stronzino se contagió por la cabina y lloraron tres más. ¿Cómo es posible que cuando a uno le dicen "un bebé" todos se derriten pero prefieren tener a un dragón de komodo y no a un bebé, o niño/infante, al lado todo el vuelo? ¿Cómo, en qué mundo, en qué cabeza todos prefieren un depredador y no un bebé? Y Yulia no supo qué la poseyó en ese momento y, tres, dos, uno:
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 02, 2015 10:58 pm

- Callate!- gruñó para el niño a pesar de que no lo vio, y sólo Lena entendió que ese era el acabose de la cordura mental de Yulia. – Scopa…- siseó repetidamente mientras sacudía su cabeza. Menos mal que la madre del ofendido, o que no era tan ofendido sino más bien que había sido callado sin la más mínima de las consideraciones de la elocuencia y le retórica, no sabía hablar italiano, menos por cómo lo había dicho Yulia entre sus dientes. Esos cinco minutos que se tardaron en apagar la señal del cinturón de seguridad fueron eternos, más eternos que el "sí" que Lena le había podido regalar al aceptar su propuesta. Violentamente se quitó el cinturón de seguridad y, literalmente, corrió hacia el baño como si estuviera completamente desubicada, y Lena, en su inmenso súper disimulo, la siguió con pasos calmados y actitud de "aquí no ha pasado nada, nada que ustedes sepan". - ¿Podría tener un poco de agua?- preguntó a las dos aeromozas que no hacían nada por sus vidas en ese momento, que ella sabía y comprendía que se le había olvidado el "Disculpe" y el "por favor", pero sólo quería agua.

- El carrito con las bebidas pasará en unos momentos- sonrió la del acento sureño.

- Sólo un poco de agua- casi se los implora, que yo creo que si les hubiera dicho: "Agua o asesino al niño que estaba llorando a mi lado, a los Generales que me robaron mi asiento y a cualquiera que me saque de mis casillas zen".

- Tome asiento, Señora- le dijo la otra, que Lena ya había llegado y había escuchado el tono de "por favor" de Yulia.

- Disculpe, ¿me podría dar un vaso, por favor?- sonrió Lena, que la sureña, amablemente, le alcanzó un vaso de plástico. – Gracias- le dijo, y se acercó a Yulia. – Inspirare… espirare- le dijo, tomándola de la mano frente a las aeromozas que las veían desconcertadas. – Inspirare… espirare…- y Yulia que le hacía caso, que, en otras circunstancias y con alguien más que no fuera Lena, eso de "inhala, exhala" habría sido que le metía el "Inhala" y la mitad del "Exhala" por donde todos sabemos. – Inspirare…- y se retiró al baño sólo para llenar el vaso con el agua que le habían negado aquellas dos insípidas mujeres, que sabía que no era el agua más potable de todas pero nunca como el agua que había salido de aquel lavamanos en Boston, entre eso y la del avión: la del avión. – Aquí tienes, mi amor- le alcanzó el vaso y Yulia, con mirada agradecida, bebió el agua que tenía sabor a Pellegrino sin gas.

- Gracias- suspiró, llevando su mano a sus ojos para presionar sus lagrimales, pues eso, extrañamente, la relajaba un poco.

- ¿Te sientes mejor?- tomó el vaso de su mano y se lo alcanzó a una de las aeromozas, a la que estaba siendo testigo de todo aquello desde el "mi amor".

- No realmente- murmuró pequeñamente.

- En escala de Toro de Encierro en Pamplona a la Crisis de Octubre del ’62, ¿qué tan enojada estás?

- No estoy enojada, estoy Gorbachev después del Chernobyl- suspiró.

- Fuck- resopló Lena y sólo la envolvió entre sus brazos.

- Disculpe- llegó la mujer que se sentaba al lado del diablito que había interrumpido el momento zen de despegue de Yulia. - ¿Podría comprar un yogurt para mi hijo?- Yulia y Lena vieron aquella injusticia suceder.

- No se preocupe, cortesía- sonrió la aeromoza que le había negado un vil vaso con agua a Yulia, y le alcanzó el yogurt ese de asqueroso sabor a "blueberry chewing gum".

- Mi amor- susurró Lena para Yulia, que ya le veía las ganas de ahorcar a la cagna esa, y volvió a llamar la atención de ambas aeromozas. – Tranquila, ¿sí?- y le dejó ir un beso suave en los labios que escandalizó a las que menos les podía importar pero, después de todo, era un espacio público.

- Disculpen, pero no pueden hacer eso a bordo- las interrumpió la sureña, la que recibió la sentencia de muerte de parte de la mirada y la ceja elevada de Yulia junto con los ojos cerrados, fuertemente, de Lena. – Tomen asiento, por favor- pero Yulia, entre su berrinche, su enojo, su desesperación, su indignación y su bien puesta altanería, le dejó ir un beso a Lena con toda la mala intención. – Por favor, sino tendré que llamar al Capitán para que las sancione

- Whatever…- suspiró Yulia, dándole un beso en la frente a Lena y retirándose por el pasillo, que Lena la siguió porque iba decidida a pedirle, sino a rogarle, al Mayor Jefferson Osborne el favor de su vida, pues, para salvarle su vida, la vida que no había perdido en algún Tour.

- Mayor Osborne- se dirigió a él con una sonrisa carismática, que Yulia estaba de pie frente al asiento y Lena más hacia la fila de adelante. - ¿Usted cree que sería posible si usted y yo cambiamos asientos?- "por el bien y la seguridad de todas las vidas en este avión, haga algo sensato y acceda".

- Claro, claro- sonrió.

Se quitó el cinturón de seguridad y se tomó su tiempo para deslizarse al asiento de Lena, pues antes tuvo el detalle de cambiar el bolso de Lena de asiento, pero, en ese preciso momento, los Dioses del mal Karma y del malhumor decidieron desatar su furia contra Yulia: el niño entró en completa necedad de que no quería soltar el recipiente de yogurt azul-vómito-de-Listerine porque quería comerlo él con su propia independencia, pero la mamá se lo peleaba a tirones porque no quería que manchara los asientos con el desastre que solía hacer y, de tirón en tirón, la racional mamá soltó el recipiente y el niño tiró con fuerza hasta que el recipiente cayó estratégicamente sobre el pantalón y el Stiletto de Yulia. EL DIABLO ESTÁ A BORDO. Yulia cerró los ojos y respiró hondo, que clavó sus uñas de sus dedos índices en las cutículas de sus pulgares hasta casi arrancarse los dedos involucrados, y abrió los ojos mientras escuchaba un: "¡Por Dios, Aiden! ¡Mira lo que has hecho!" y, claro, la adulta responsable se enojó, como si fuera sólo culpa del niño.

- Discúlpelo, por favor- salió aquella mujer con un paño húmedo con olor a infante-que-todavía-usa-pañales y pretendió limpiarle el pantalón y el Stiletto a Yulia mientras el Infierno se desataba con el niño, el tal "Aiden", llorando por haber sido regañado y por haber tirado su yogurt.

- No se preocupe- murmuró Yulia, que no quería que la tocara, mucho menos con aquel olor impregnado en aquel paño, pero la mujer la limpió. – No- intentó no gruñir. – No se preocupe

- De verdad, discúlpelo

- No se preocupe- repitió.

- Aiden- le llamó la atención. – Pídele una disculpa a la Señora

- No hace falta- resopló inundada en incomodidad, que se agachó para detener a la mujer y a su mano que limpiaba sin cuidado alguno su ya-de-por-vida-arruinado-Louboutin. – Por favor, no hace falta- le clavó la mirada en los ojos, una mirada turbia de "deténgase". – Me voy a cambiar- susurró Yulia para Lena, quien sabía que tenía que cambiarse porque no soportaba el olor al yogurt, por eso lo comía muy rápido y con granola y miel, para opacar el molesto y ácido olor.

No era precisamente por eventos desafortunados e inesperados como esos que Yulia llevaba cambio de ropa a la mano y no en su Pégase sino en su Keepal, mismo maletín donde guardaba su portátil, su iPad y todo su arsenal de cargadores y cables necesarios. Caminó hasta donde debió ser su asiento desde el momento en el que lo compró, que ahora se sentaba un General del Ejército al que ella mantenía con sus impuestos. Irónico, ella pagando impuestos, ella dándoles el salario, y ellos quitándole su asiento, asiento que, de haberlo tenido, no habría pasado nada y su pantalón habría quedado intacto, al igual que su hígado, que era peor un enojo Volkova que una intoxicación por alcohol. Tomó su maletín y, esparciendo aquel sabroso olor a yogurt de asqueroso sabor, ese olor que provocó náuseas en los Generales, y con qué gusto. Se dirigió al baño de Primera Clase porque era su baño también y, mierda, una falda y no un pantalón para los 17°C que le esperaban, que en Fahrenheit nunca le había interesado saber porque su cuerpo no lo comprendía, y, ni modo, se sacó el pantalón sólo para darse cuenta de que esa falda no le daría oportunidad alguna de abusar de la presencia de un inofensivo G-String porque se le notaba al ser una falda hasta la cintura y sin la banda elástica del otro pantalón; esta falda tenía dos línea de dos botones cubiertos al frente, cubiertos de la misma manera que su chaqueta. Se subió a sus Manolos negros, que eran de patrón de leopardo negro sobre base negra, muy meticulosos y juguetones, y, luego de haber intentado salvar sus Louboutins con agua y jabón, que los dio por perdidos hasta que los pudiera llevar a Bergdorf’s para que los curaran, salió de aquel baño como si nada hubiera pasado. Lo único que no se pudo quitar fue el enojo.

- Qué guapa, Arquitecta- le susurró Lena en cuanto se puso de pie para darle el asiento del centro, que no era que a Yulia le gustara, sino que era para mantenerla a su lado pero lo más lejos posible del niño.

- Gracias, Licenciada- sonrió sinceramente ante el halago, pues el enojo no era con ella, era con el resto del universo. – Gracias por el asiento, Mayor Osborne- sonrió para él mientras se abrochaba su cinturón de seguridad. – Yulia Volkova- se presentó, alcanzándole la mano, que creyó que era lo más justo después de la amabilidad que había tenido con ellas.

- Mucho gusto, Yulia Volkova- sonrió. - ¿Italiana también o usted es la rusa?

- Nunca escuché un apellido que terminara en una "ova" romana

- Eso es porque probablemente habrá escuchado apellidos, o palabras, que terminan en "ovna que se da en el ruso, y probablemente ha escuchado que terminan en "evna"que eso básicamente sucede también. Ambos suenan casi igual,que en ese caso fuera "Volkova" o "Volkovna" pero no.– Aclaro, no estoy para discriminar, simplemente es cuestión de patriotismo, Le preguntaba porque, a la única que conozco con ese apellido, es a Valeriya Volkova

- La que es modelo ¿cierto?- él asintió. – Rusa/Israelí sino me equivoco- sonrió.

- Sí, pero aquí le quitan el acento y lo siguen pronunciando igual… supongo que una clase de cultura o de orígenes y gramática u ortografía es lo que nos falta

- Son errores comunes que no creo que insulten, es como el "Greenwich"- sonrió. – Las pronunciaciones varían, el punto es que se entienda

- Sí, como "Bowner"- comentó, sonando aquello como "Boner" y haciendo que Yulia se riera. – Esa es la típica reacción ante el apellido de uno de los Generales- patético, un General de apellido pronunciado "Erección Fálica" le había robado su asiento.

- Y, ¿el suyo?

- También entra en esa categoría de múltiples pronunciaciones, pero nada como "Bowner"- sonrió. – Pero, como sea, Yulia Volkova- sonrió, pronunciando el apellido de Yulia como era para ella. – A usted sí la veo como diseñadora de modas

- Mmm…- tambaleó su cabeza. – Interiores

- Definitivamente nunca conocí a Diseñadoras de Interiores- resopló. – Son una rareza

- ¿Por qué es eso?- frunció su ceño y ladeó su cabeza.

- Bueno, con todo el respeto que puedo exteriorizar- dijo, que Yulia supo que estaba nervioso por las palabras de "niño grande". – Nunca creí que una Diseñadora de Interiores sería tan guapa- y la alarma de Lena se activó. – Pues, siempre me las imaginé un poco bohemias, no sé por qué… pero hoy me doy cuenta que mi teoría está mal con usted… muy guapa, muy sofisticada

- El gusto se adquiere, Señor Osborne, y lo que usted tiene es un estereotipo un tanto extravagante- sonrió. – Si le dijera que soy Arquitecta, ¿qué esperaría?

- Me diga lo que me diga, yo creo que usted debería ser modelo- le dijo, que Lena pasó la página sin necesidad de hacerlo y la rompió de aquello que ya hervía en ella.

- ¿Modelo? ¿Yo?- resopló Yulia mientras sacudía la cabeza.

- No quiero ofenderla- sonrió aquel hombre que ya tenía sonrisa coqueta y mirada de intento de seducción. – Pero yo creo que usted estaría perfecta para ser modelo de Victoria’s Secret- patético, se merece Valentino. Yulia rio con una suave carcajada, y si no hubiera sido porque el comentario le sonrojaba, Lena no habría roto la segunda página. – Sin ofender, de verdad, pero yo fuera a Victoria’s Secret sólo para ver sus posters, o me subscribiera al catálogo mensual si es que hay uno

- Es usted muy amable- resopló Yulia. – Pero me quedo con mi carrera de Arquitectura y Diseño de Interiores, que mi cara me va a dejar de dar de comer cuando se me agudicen las arrugas- señaló aquellas leves y superficiales marcas de felicidad alrededor de sus labios, aquellas que se formaban únicamente cuando sonreía. Culpemos al cigarrillo, aunque le exceso de sol romano también tenía la culpa, pero no era nada que, si Yulia no lo mencionaba, no se notaba.

- Seguramente ganaría muchísimo como modelo- comentó. – He escuchado que ganan alrededor de diez millones de dólares- sonrió, ¡error! Depende de quién hablemos. – Podría costearse un asiento en Primera Clase y se evitaría accidentes como los del yogurt- ¡doble error! Yulia sólo rio nasalmente. - ¿Verdad que eso suena atractivo?

- Sin ofender- lo remedó. - ¿Por qué cree que estoy en este asiento y no en Primera Clase?

- Bueno, no quisiera insinuar nada, pero quizás es porque no puede costearse un asiento en Primera Clase, cosa que, si ganara diez millones al año, supongo que pudiera hacerlo

- Señora Volkova, disculpe- la interrumpió la aeromoza con las bebidas y el brioche que les había prometido. – Tengo el formulario para el reembolso y las especificaciones para su vuelo de regreso, sólo necesita llenarlo. Usted también, Señora Katina- sonrió, alcanzándoles dos páginas blancas con copia adjunta en amarillo.

- ¿No podemos hacer sólo uno?- preguntó Yulia, desconcertando a la aeromoza. – Fue un pago nada más

- Ah, bueno, en ese caso sí- sonrió, recibiendo el formulario de las manos de Lena mientras Yulia colocaba sus bebidas en la mesilla de Lena para tener espacio para llenar aquel formulario. – Y aquí tengo la declaración de las veinticinco mil millas para que usted pueda ser parte de nuestro AAdvantage Gold Membership- le alcanzó un folder. – Puede leerlo, tómese el tiempo que necesite para leerlo, y si le agrada la oferta y los beneficios… por favor, nos daría gusto tenerla en nuestro selecto grupo- sonrió. – También para usted, Señora Katina- le alcanzó uno a Lena. - ¿Puedo ofrecerles algo más?

- Sí- asintió Yulia, materializando el gemelo de aquella pluma fuente Tibaldi con la que tomaba todos los apuntes, pero éste era un bolígrafo, igual en azul imperial y con comodidad para escribir en tinta negra, pues cómo odiaba Yulia escribir con un bolígrafo en tinta azul, eso sólo para las plumas fuente. – Un yogurt para el Señor de al lado- señaló al niño, que llamó la atención de la mamá, quien sólo le sonrió.

- Y otro jugo de tomate, igual- añadió Lena. – Por favor- la mujer agachó la cabeza y se retiró. – Haz lo tuyo, si te parece bien, lo firmaré yo también- susurró para Yulia, quien ya estaba llenando aquel formulario con sus típicas letras pequeñamente mayúsculas.

- Porque estás tan enojada?- murmuró mientras sacaba su cartera para apuntar los datos de su tarjeta de crédito, que el uniformado se sorprendió en cuanto vio que era una American Express Platinum, aquella que había escuchado que era perfecta para los que viajaban, que era así como Yulia conseguía comodidades en casi cualquier hotel y en casi cualquier vuelo.

- No estoy enojada- respondió, guardando la revista en el respaldo del asiento frente a ella para poder prepararle la bebida a su novia: antes del jugo de tomate, que le habían llevado la lata, dejó ir los cincuenta mililitros de Absolut Vodka, qué asco para Yulia pero no había Grey Goose, luego la sal, la pimienta, el gajo de limón y, por último, el jugo de tomate.

- Disculpe la pregunta incómoda- le dijo el uniformado a Yulia mientras abría su pasaporte para apuntar los números que no sabía de memoria. - ¿Por qué le están reembolsando?

- Porque no estoy en Primera Clase sino aquí- murmuró, abriendo aquel documento en la página de la fotografía. Yulia era mortal, hasta en ese tipo de fotografías salía mal. – Que, en realidad, deberían estarme reembolsando casi catorce mil dólares, que es lo que me están reembolsando aquí- y le señaló el monto que ya la aeromoza había escrito en el documento. – Y los mil trecientos que cuesta mi pantalón, más los seiscientos cincuenta que cuestan mis zapatos, y entonces sí sería un completo reembolso- dijo, que no era para que conociera el precio de su vestimenta sino porque era su manera de desahogar el asesinato de su The Row y sus Loubis, cosas que no tenían precio, así como su tranquilidad durante un vuelo de seis horas con dos horas ganadas o perdidas. - ¿Por qué el reembolso?- preguntó retóricamente y le otorgó un poco de su verde mirada. – Porque American Airlines, por muy orientada al cliente que sea, por muchos beneficios que crean que tienen, es una Empresa tonta, tonta- sonrió. – Y es tonta porque deja que un par de Generales del Ejército, a quienes yo les pago el alto salario con mis perfectamente declarados impuestos, nos usurpen nuestros asientos en Primera Clase- y Lena sólo rio internamente entre la mordida que le daba a aquel Brioche con Nutella. – Yo entiendo que sean personas importantes, seguramente hacen un espléndido trabajo, pero no son más importantes que yo cuando yo no sólo pago sus salarios sino también mi cómodo asiento, privado de niños y generoso en silencio. Ahora, usted dígame a mí, ¿qué los hace a ustedes más importantes que yo? ¿La Guerra en Iraq?- resopló. – Sin ofender, ustedes mandan a buenos hombres a su propia perdición, física y/o psicológica. Yo, por el otro lado, me encargo de asegurarme que, lo que sea que yo diseñe, sea construido con seguridad para los habitantes de dichas casas, apartamentos u oficinas. Yo no ordeno la muerte a largo plazo de un batallón, yo me encargo de darles un hogar seguro a los civiles que se supone que ustedes paranoicamente protegen…a los civiles que, aparentemente, ven de menos por tomarse atribuciones como las de usurpar mi asiento en un vuelo porque usted es General y yo una simple Arquitecta rusa/italiana que ha rechazado la ciudadanía norteamericana, no la de Canadá, porque ellos no son Norteamericanos, no- sacudió la cabeza con sarcasmo. – Y que la ha rechazado porque me gusta que me dé, pero no que me quite y, el día de hoy, me han quitado un buen pantalón, un buen par de Stilettos y un asiento en un vuelo que el Ejército no pudo auspiciarles costosamente en un avioncito aparte. – y eso fue lo que quería decir, eso era lo que necesitaba decir, pero había algo que su propio papá, aquel hombre que le había otorgado, por parentesco inmediato, un pasaporte diplomático a pesar de ya no estar en el mundo carnal, le había enseñado: "Yulia, Tesorino; la diplomacia es la clave del éxito: decirle a un burro como no es tan inteligente. "y eso hizo. – Nos movieron para que los Generales del Ejército pudieran viajar cómodamente- sonrió, que el sarcasmo fue algo que no pudo evitarse.

- Lamento mucho que hayan tenido que moverse de asiento- suspiró. – Me disculpo en nombre de mis Generales

- Se puede disculpar todo lo que quiera- le dijo entre un suspiro. – Pero no creo que lo lamente en realidad- y ella iba más por la línea de "no creo que les importe mover a otras personas sólo porque ahí vienen ustedes".

- No, en realidad no lo lamento- sonrió, bajando la mesilla para apoyarse con su codo de ella, así se apoyaría de su mano para entrar en modo coqueteo sin piedad, que no sabía por qué pero la idea de que se pudiera costear Primera Clase le otorgado cierta plusvalía, y, por si eso fuera poco, el hecho de que se hubiera movido, pues, para él, aquello significaba que respetaba al Ejército tanto como él. – No lo lamento porque la he conocido a usted- a Lena no le dio cáncer de hígado en ese momento porque la serotonina de la Nutella se encargó de combatir su iracunda combustión. – Nunca me imaginé que iba a conocer a una mujer tan hermosa, mucho menos en un avión- ¿cuándo va a soltar la bomba de "¿Estás bien? ¿Te golpeaste? Es que creo que te caíste del cielo"?

- Sí, cuáles son las probabilidades, ¿no?- resopló Yulia, no dándose cuenta de que, con eso, sólo le daba alas al uniformado y traspasaba su enojo a Lena, pero, en realidad, Yulia no le estaba prestando atención.

- ¿Cuántos años tienes?- le preguntó con una estúpida sonrisa. – Porque te puedo tutear, ¿verdad?

- Me gusta más cuando me tratan de "usted"- sonrió, pues sólo aquellos que la conocían más o menos bien podían tutearla.

- ¿Cuántos años tiene, Licenciada Volkova?- se corrigió, pero lo hizo mal, cosa que a Lena le gustó porque sabía cómo a Yulia le molestaba que la llamaran "Licenciada" cuando no lo era, pues, en dado caso, que la llamaran "Máster Volkova" porque su Máster era en Diseño de Interiores, lo que todos asumían que era su Grado, su Licenciatura.

- Arquitecta- lo corrigió con un suspiró. – Arquitecta Volkova- reafirmó.

- Pues, de verdad se equivocó de carrera, Arquitecta Volkova- comentó en aquel tono coqueto que a Yulia no le hacía pero ni cosquillas para reírse. – Debería optar por el modelaje, por la lencería… ¿o es menor de edad?- resopló, pues cómo quería él saber su edad.

- Tengo edad suficiente para decidir mi camino, la he tenido desde que nací, desde que escogí ser Arquitecta- cerró su pasaporte y, una ligera pesca en el bolso de Lena después, sacó su pasaporte, pues debía justificar ambos pasajeros para el reembolso de ambos asientos.

- Mujer con decisión- creyó halagarla, que Lena le otorgó un "alago", sin "h", de tan estúpido que aquello era. – Me gusta cuando las mujeres son así

- El setenta y tres por ciento de los hombres dicen que les gustan las mujeres de carácter fuerte, que se puedan cuidar solas, pero, en realidad, sólo el veintisiete por ciento lo dice en serio- murmuró Yulia, sonriendo ante la fotografía del pasaporte de Lena.

- Yo le juro que soy del veintisiete por ciento- dijo con orgullo.

- Seguramente, en el Ejército- dijo, colocándole un peso sarcástico a la institución. – Sólo hay mujeres así; con carácter, fuertes, independientes

- Pero nunca tan guapas como usted- Yulia rio nasalmente y, revisando que todo estuviera en orden, plasmó su intricada firma en la esquina inferior derecha. – Es en serio- dijo, como si Yulia no le hubiera creído, aunque ella sabía que no era fea, que algo tenía.

- Gracias- levantó la ceja derecha, colocando el folder sobre aquel formulario para sacar el regalo de veinticinco mil millas que a Yulia ni le iban ni le venían. Tomó el jugo de tomate en su mano y, con una sonrisa para Lena, quien se evidenciaba entre su arrabbiatismo, así como diría Phillip para decir "enojo", cerró cariñosamente sus ojos, así como si le estuviera dando un beso y un "gracias" por su jugo de tomate, pues así lo veía el niño de al lado, pero era una "Maldita María", o una "Sangrienta María", dependiendo de cómo se veía la situación, bueno, un "Bloody Mary" en la jerga adulta. – Excelente- levantó su ceja en felicitaciones para la Mixóloga por accidente, quien sólo agachaba la cabeza mientras embadurnaba su Brioche con más Nutella.

- Entonces, usted es Arquitecta- dijo, como si aquello era un descubrimiento para Yulia, pues la memoria no la había perdido, no todavía. Ella asintió. - ¿Qué tipo de Arquitecta?

- Pues…- resopló. – Del tipo que diseña y le hace la vida imposible a los Ingenieros por hobby cuando están construyendo

- Y… ¿qué tipo de cosas diseña? ¿Muebles también?

- No, el mundo de los muebles no es tan sencillo como parece- dijo, elogiando a Lena de manera indirecta. – No sólo es poder diseñarlos sino también poder construirlos o ensamblarlos

- Pero, vamos, usted es Arquitecta y Diseñadora de Interiores, ¿por qué no?

- Porque hasta para trabajar la madera de una silla es un proceso distinto al que yo utilizo para inventar poner una viga de la misma madera

- Dios no quiera que se arruinen esas manitas- Yulia rio en sus adentros, de esas risas con el abdomen, y Lena que introdujo el resto del Brioche a su boca para no estallar en una carcajada. – Ha de salir caro el manicure… y me imagino que no sólo el manicure, sino también un pedicure y un facial, quizás- Yulia tambaleó la cabeza, pues los faciales, por el hecho de involucrar manos ajenas en su rostro, estaban más que prohibidos. - ¿Le gustan los manicures y los pedicures?

- Si son los sábados después de una noche de buen sueño y descanso y un brunch en perfecta compañía…- sonrió, refiriéndose a las noches de viernes que solían involucrar sexo, lo idílico para caer muerta entre los brazos de Lena, pues no sabía por qué los viernes le gustaba dormir entre sus brazos, por qué los viernes en especial. Los sábados, que eran despertarse entre ocho y nueve, a las siete y media en el peor de los casos, y era cuando se quedaba en modo "haraganeo" con su cabeza sobre el pecho de su pelirroja prometida, que a veces platicaban, a veces sólo se quedaban en silencio y con sus ojos cerrados, a veces eran incapaces de no tenerse ganas, a veces se quedaban estancadas en el beso de "buenos días" como por quince minutos o hasta que les dolieran los labios y las mandíbulas. Y, la perfecta compañía de brunch, eran por supuesto los Noltenius y Lena en dominio Noltenius o en dominio Roberts, o sólo con Lena y los buttermilk pancakes, que tanto le gustaban a la perfecta compañía. – Claro que sí

- Me imagino que una mujer como usted, así de guapa- Lena casi vomita. – Debe pagar millones por su apariencia

- Ah, pero no tengo millones porque no soy modelo- sonrió satíricamente.

- Pero debe invertir mucho en su imagen

- Me sale más caro cortarme el cabello

- ¿Sí?- Yulia asintió. – Si no es indiscreción de mi parte, ¿cómo cuánto le cuesta su belleza?- y Yulia, no sabiendo exactamente por qué, se sintió un tanto prostituizada, si es que la palabra existía. - ¿Cincuenta dólares?

- Mmm…- sonrió, colocando la dirección del Estudio en aquel regalo de millas aéreas para que todo le llegara al Estudio y no al apartamento, todo porque no quería recibir llamadas de "Buenos días, Señora Volkova, habla Fulano de American Airlines, del programa de viajero frecuente AAdvantage y quería saber si me podría regalar un minuto de su tiempo", llamadas que Gaby, muy amablemente, colgaba en su debido momento. - Un poco más

- ¿Sesenta?

- Cuando es manicure y pedicure- suspiró. – Cada quince días

- Y cuando se corta el cabello, ¿ochenta?

- Ciento dos- sonrió, no sabiendo por qué la respuesta le había salido tan automática, quizás porque estaba más concentrada en escribir sus datos personales en aquel papel.

- ¿Ciento dos por un corte de cabello?- murmuró escandalizado, pero Yulia no respondió por estar escribiendo. – Debe ser un genio el que le corta el cabello, Arquitec…ta- suspiró, pues Yulia elevó su ceja y mordió su labio inferior; manía de cuando escribía, como si escribiera con la boca, aunque sólo lo hacía cuando escribía números.

- Manhattan es caro para cortarse el cabello, sea quien sea que se lo corte, así sea que se gane cortando arbustos con tijeras de podar y le maltrate el cabello

- A mí me lo cortan en la Base

- Más bien se lo quitan- sonrió.

- Usted tiene un cabello muy bonito- continuó con sus halagos que no tenían sentido más que para una sufrida Lena, ¿por qué Yulia no le decía nada? ¿Por qué no le ponía un alto? ¿Acaso le gustaba que le coquetearan? ¿Acaso le gustaba que le coqueteara él? Una mente entre los celos podía pensar cualquier cosa, cualquier cosa que no fuera racional o coherente. – Y no sólo el cabello- Yulia sólo rio, nuevamente con su abdomen y su pecho, pero la risa no hizo ningún sonido. – Y… bueno, ¿qué le gusta hacer en tu tiempo libre?

- Pues, lo normal… lo usual- sonrió, cerrando el folder para quitarle las cosas a Lena de su mesilla, así ella podía declarar que recibiría el Estatus de Oro por millas aéreas que le cayeron sobre el regazo, literalmente, del cielo.

- Y… ¿alguna vez ha estado en Los Ángeles?- sonrió, introduciendo su mano en el bolsillo exterior de su chaqueta mientras se quitaba la boina.

- Sí

- ¿Cuánto tiempo se queda?

- El suficiente- respondió con la mejor de las evasivas.

- ¿Es usted una mujer más de vino tinto o vino blanco?- Yulia ladeó su cabeza. - ¿Cerveza?

- No soy afín a la cerveza- levantó la ceja. – Grey Goose

- ¿En algún Martini?

- O en las rocas

- Bueno- sonrió, tomando el bolígrafo de Yulia, sin su permiso, para escribir algo en el reverso de una tarjeta que había materializado. Yulia se petrificó ante aquel abuso de confianza, que eso sí que era abuso, debía ser ilegal. – Si le interesa, Arquitecta- le alcanzó la tarjeta junto con el bolígrafo, que Yulia sólo le tomó la tarjeta y le clavó la mirada a la parte brillante del bolígrafo en donde lograba ver las huellas digitales de aquel abuso, y, como no supo tomárselo, él lo colocó sobre el folder de donde lo había tomado. – Puedo darle un tour por mi ciudad, quizás podría invitarla al mejor Martini de California, al mejor Martini de su vida- Yulia elevó su ceja hasta casi la Exósfera al ver que era su número telefónico. Lena dejó de escribir y ahogó su gruñido de furia histórica, que jamás, nunca, nunca de los nunca, jamás de los jamás, nunca-jamás se sintió tan con el Diablo adentro, tan enojada, tan violenta, tan bélica.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por Kano chan el Sáb Oct 03, 2015 2:45 pm

Wow amo esta parte Very Happy excelente adaptación !!! me encanta esta autora !!!! Smile
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Oct 11, 2015 12:04 am

CAPITULO 13 : Los Celos y sus Secuelas.



- ¿Personal?- intentó no tartamudear, pero esas cosas sí lograban impresionarla, que sí lograban privarla de habla.

- Usted es libre de escoger a su equipo, sabemos, por experiencia, que un Arquitecto, en su caso Arquitecta, suele traer consigo a uno o dos Arquitectos o Arquitectas adicionales. Claro, si usted prefiere trabajar sola, nosotros no tenemos ningún problema siempre y cuando el proyecto salga a tiempo y la cotización sea cariñosa. Sólo tiene que revisar el proyecto- y le deslizó un folder a través de la mesa. – Todas las especificaciones están ahí dentro. En cuanto a usted, Licenciada Katina- se volvió a Lena, quien llevaba su copa de vino de regreso a la mesa, y le alcanzó otro folder. – Lo mismo; usted estaría a cargo de la ambientación y puede hacerlo sola o con alguien más, que puede escogerlo entre nuestros diseñadores o, más inmediato, con su compañera de trabajo- le señaló a Yulia. – Ustedes estarían a cargo de todo menos de la construcción, pero, para el resto, tienen al equipo de TO West Coast a su disposición: Ingenieros, Paisajistas, Diseñadores, etc., sin costo alguno… pero eso es algo que va en las especificaciones- sonrió.

- Una pregunta un tanto ilógica, supongo- frunció Yulia su ceño. - ¿Por qué no hacerlo a través del Estudio? Sería más barato

- Y se tardaría más- sonrió. – Tienen suficientes proyectos como para no entrar de lleno a éste, y, por lo que tengo entendido, usted tiene pendientes en Providence, Newport y Malibú con nosotros, pero son proyectos que ya no le quitan tanto el sueño… además, creo que la repartición del cobro no sería igual- sonrió, sabiendo exactamente que, de hacerlo a través del Estudio, todos ganarían básicamente por igual. – Y están basados en Nueva York, mover un Estudio entero no se puede; es más fácil mover sólo a unos cuantos- sonrió. - Por otro lado, Licenciada Katina, usted no está tan cargada de trabajo tampoco, y su parte sería más profunda por ser más extensa porque entregaría hasta muchísimo después de su compañera- Yulia y Lena se volvieron a ver. – Bueno, ¿creen que para el lunes podríamos tener una respuesta sencilla de "sí" o "no"?- la telepatía no les funcionaba tan bien en ese momento. – Tomen el fin de semana para pensarlo, para leer las especificaciones, lo que necesiten

- Pregunta; si la Arquitecta Volkova no acepta el proyecto, ¿eso significa que no lo aceptamos las dos?- murmuró Lena.

- No, vamos, claro que no- sonrió él.

- Bueno, en ese caso, revisaré las especificaciones en estos días pero, de entrada, le podría decir que sí- sonrió la pelirroja, que Yulia la volvió a ver con su ceja levantada, como si aquello no le hubiera gustado.

- Me alegra escuchar eso, Licenciada Katina- sonrió, llevó su vaso con agua a su garganta y se puso de pie. – Ahora debo irme- y ambas mujeres se pusieron de pie, por respeto quizás. – Pero el lunes, a la misma hora y aquí- ladeó su cabeza hacia el lado derecho mientras veía a Yulia con la sonrisa carismática.

- Aquí estaremos- repuso Yulia, alcanzándole la mano para cerrar la reunión con una simple formalidad que no fuera el vino tinto.

- Siempre es un placer, Arquitecta- le estrechó la mano pero colocó su mano izquierda sobre la suya también, algo que a Yulia le molestaba porque tenía las manos demasiado calientes. – Licenciada Katina- sonrió para ella, reciclando el apretón de manos como con Yulia. – Que tengan un buen fin de semana

- Igualmente- corearon las dos, y vieron cuando él sólo sonrió, asintió y, educadamente, abrochó su saco, se dio la vuelta y desapareció por entre las puertas de Catch, restaurante del hotel donde Yulia y Lena se hospedaban.

Yulia sólo firmó la cuenta de la comida y la bebida, que no había sido gran cosa, nada que unas copas de vino para ellas y una Bruschetta para él no hicieran. En silencio se dirigieron al ascensor, en un silencio intenso y tenso.

- ¿Qué fue eso?- espetó Yulia, indignada por la movida de Lena, casi apuñalada en la espalda.

- ¿Qué fue qué?- sonrió, recostando su espalda contra la pared del ascensor y soplándose aire con el folder entre su mano derecha.

- ¿Qué fue qué?- preguntó Yulia como si no pudiera creer el cinismo que no existía.

- Sea lo que sea, no estoy siguiendo- resopló Lena.

- ¿En dónde quedó la palabra teamwork?- murmuró, cruzando sus brazos y llevando sus dedos índices a las cutículas de sus dedos pulgares. – No hay "yo" en el "trabajo en equipo", ¿no es así?- añadió con lastimada seriedad.

- No hay trabajo en equipo, Yulia- repuso, dando el primer paso hacia adelante en cuanto la puerta del ascensor se abrió en el piso en el que se hospedaban. – Si yo te pido que seas parte de mi séquito de Ambientadores auxiliares, entonces sí hablaremos de "teamwork"… para empezar, de "team"- sonrió.

- ¿Y qué si no trabajo contigo?- llevó sus puños a su cadera, así como alguna vez su abuela la había regañado.

- ¿Qué?- se encogió entre sus hombros. - ¿Se va a acabar el mundo? ¿Vamos a vivir un híbrido de "Deep Impact" y "Armaggedon"? – sacó la llave y, en cortos segundos, empujó la puerta para abrirla.

- ¿Cuál es tu problema?- susurró, arrojando el folder sobre el sillón y escuchando luego la puerta cerrarse automáticamente.

- ¿Mi problema?- se volvió a Yulia antes de caer sentada en el sofá y sólo arrojó su folder a la mesa lateral. - ¿Tú me preguntas a mí cuál es mi problema?- se apuntó con su dedo índice derecho a su pecho y su mirada se entrecerró; claramente la indignación más grande era la de Lena

- Pues no veo a otra Lena aquí- siseó, y sin sonrisa. – Yo no acepto nada sin antes consultarlo contigo

- ¿No?- abrió sus brazos y vio hacia arriba, aquella jugada cínica pero enojada. – Refréscame la memoria, por favor, pues, con Providence, con Newport, con Malibú, que yo me acuerdo que tu consulta fue más bien un "Es un proyecto interesante, lo tomé", ¿o me equivoco?

- ¿Ahí empieza tu problema conmigo?- ensanchó la mirada y llevó sus dedos a enterrarlos entre su cabello para peinarlo hacia atrás, que no importaba, pues luego se le acomodaría con una división por su lado derecho y caería casi con las mismos lisos nuevamente.

- Bueno, sabes, mi problema empieza con tu mal humor- dijo, paseando sus dedos por entre su cabello. – Te alteras porque las cosas no salen como las planeaste tú para ti, si algo no tiene sentido, tu mundo se vuelve un cataclismo de proporciones bíblicas, y Dios nos libre a todos los seres humanos alrededor tuyo cuando algo no sale de acuerdo a tu plan. ¿En dónde queda la flexibilidad, Arquitec…ta?- remedó al uniformado del vuelo de hacía un par de horas. – Yo entiendo que todo gire alrededor suyo, porque así es, porque así he dejado yo que sea- y en eso tenía razón; Yulia podía creer que tenía el control pero, desde el momento en el que Lena le admitía: "sí, Lena, tú tienes el control", era porque ella lo tenía, pues, ¿quién no iba a tener el control sino el que le hacía creer al otro que lo tenía? – A mí no me importa si asesinas a una aeromoza que sólo hace lo que le dicen, a mí no me importa si asesinas a un niño que no deja de llorar en todo el vuelo, pero, lo que me importa es que dejes que un imbécil te coquetee descaradamente y tú no lo detengas desde el principio, o en el medio, o en el final, sino que ahí lo tienes por me-importa-un-carajo-cuántas-horas, que te está hablando mierda y tú sólo te sigues el juego como colegiala, como si te gustara…- Yulia cambió su expresión facial, de alguien enojado y con razón de estarlo a un regaño como nunca en su vida. – Nunca creí decir esto- suspiró. – Pero ahora entiendo a mi mamá con mi papá- ¿Sergey o Volterra? – Es preferible no saberlo, porque, si lo sabes, es como que te estén matando lentamente… peor cuando lo hacen frente a ti

- Estás celosa…- susurró anonadada.

- No mierda, Sherlock!- siseó. – Y no sólo eso- sacudió su cabeza. – Estoy furiosa… mi trabajo no es propiedad tuya, que si yo no estuviera contigo, de ninguna manera, yo estuviera comiendo mierda, ¡eso lo reconozco! Y gracias por el empujón tan cariñoso, pero yo no soy sinónimo tuyo, yo no me voy a mover porque tú te moviste y no me voy a detener porque a ti se te dio la gana detenerte; no en un proyecto. ¿Qué hubieras hecho si Junior se hubiera acercado sólo a mí y no a ti también?- levantó las manos. - ¿Acaso no puedo trabajar con otros Arquitectos? ¿Acaso no puedo trabajar fuera de lo que tenga que ver contigo?- estaba roja del rostro, roja del poco pecho que mostraba entre los botones abiertos de su camisa blanca, estaba furiosa, furiosísima.

- Lena…- se acercó con pasos cautelosos hacia ella.

- ¡No! ¡Nada de Lena!- imitó su tono, acercándose a ella y provocándole pasos en retroceso por las cosquillas de miedo que le tenía a esa mirada.

- Lena, sólo tomemos las cosas con calma… vamos a tranquilizarnos…- dijo con sus manos como si quisiera poner distancia entre la fiera y ella a falta de látigo y protección, pero se encontró acorralada entre la pelirroja, hermosa e iracunda fiera y la pared. Analizó sus rutas de escape y, como si por chiste fuera, hasta la puerta la ventana le quedaba lejos. - ¿Lena?- murmuró al ver que ella no se detenía.

- Nada de Lena- repitió en un susurro colérico.

- Solo..tomalo con calma- balbuceó, pero Lena le cayó con sus manos a la pared para encerrar su cabeza entre ellas. – Yo sé que estás enojada, Lenis- y Lena simplemente le arrancó un beso que no se esperaba, un beso que la tomó por los muslos en cuanto liberó su cabeza. Sus manos recogieron sus piernas hasta hacerlas abrazar su cadera entre aquel violento beso del que Lena tenía el control, un beso mordido y tirado que enrojeció los labios de Yulia en un dos-por-tres mientras la presionaba más contra la pared como si fuera a tumbarla con la espalda de la única persona a la que había celado en toda su vida, porque hasta para eso era perfecta Yulia, hasta la hacía sentir insegura. – Mi amor…- gimió entre asustada y confundida.

- Ése es mi nombre- gruñó, bajándose de sus Stilettos y la volvió a besar, sólo para escuchar que Yulia dejaba caer sus Stilettos al suelo de madera. – Mi amor- jadeó contra su cuello para luego mordisquearlo un tanto fuerte. Hizo que Yulia gruñera. – Mía, mía… mía, y de nadie más- la embistió contra la pared, pelvis contra pubis hasta donde la falda la dejara. – Mía- repitió, volviendo a embestirla y recogiendo su falda entre sus dedos para empujarla hacia su cadera para poder embestirla con más cercanía. – Sólo mía- la despegó de la pared logró caer sentada en el sofá en el que había pretendido sentarse hacía unos segundos. – Mine- gruñó como si estuviera asesinando al Mayor Osborne con aquella palabra, con aquel pronombre posesivo.

- Mi amor…- la detuvo Yulia por las mejillas con ambas manos. – Mi amor, no Lena- susurró, paseando su pulgar por el labio inferior de su novia. – Te amo- le dijo mientras la veía a los ojos. – Te quiero… solo a ti, solo a ti- se acercó lentamente a sus labios hasta rozarlos con los suyos. –Unicamente… solamente… puramente a ti- y fue incrustándole el beso a medida que iba de menos a más, un beso para calmarla, para anestesiarla, para… bueno, Lena llevó sus manos a su falda y, con la furia que no podía desatar, tomó aquella abertura que se materializaba en la parte trasera de esta, la tomó entre ambas manos y dejó que Yulia la besara como sólo sabía besarla a ella, así, con esa mano que la envolvía desde la nuca hasta la mejilla mientras el pulgar le acariciaba el pómulo. Lena tiró de aquella abertura en direcciones apuestas, ocasionando un provocado accidente de ruptura textil, un asesinato de una falda Dolce & Gabbana; el primer asesinato, el que le daría pie a convertirse en asesina en serie, pues, el requisito para serlo, eran tres muertes como mínimo y con el mismo modus operandi. - Puedes hacer lo que quieras conmigo…- susurró sin el menor indicio de enojo, sino inundada de cariño y ternura, ternura que quizás nadie podía explicarse. – Solo tuya

- Mia- repuso, tirando nuevamente de la falda hasta llegar romperla hasta a la banda que abrazaba la cintura de Yulia.

- Solo tuya…- jadeó, dándole besos a su labio inferior mientras peinaba su rojo flequillo hacia su oreja y la veía con esa mirada de adoración y veneración, como si estuviera viendo algo perfecto; lo único perfecto. – Y no de cualquier otra persona ... o cualquier persona

- No se puede ser- la pizca de desesperación era notable, esa pizca de "no" era todavía más. – Yo pertenezco a ti- gimió entre dientes, pero no era un gemido de excitación, sino de esos que salían por enojo y frustración.

- Y yo a ti, a ti- murmuró con intenciones de que entendiera que no tenía por qué estar celosa, que no tenía que dudar de nada. – Perdón- le dio un beso en la frente. – Perdón- besó su entrecejo. – Perdón- su tabique y, así, beso a beso, por la punta de su nariz, su labio superior, su labio inferior, su mentón y de regreso a sus labios. – Perdón

- Ya…- susurró, colocándole el dedo índice sobre sus labios para que, por un carajo y la mitad del otro, así como decía Natasha y pensaba Yulia, cállate la boca. Agresiva, pero linda, sensible y susceptible, humana; la calló porque el perdón le dolía y le enojaba más que los celos, y le enojaba más porque si le estaba pidiendo perdón era porque lo decía en serio, y lo pidió varias veces, o sea varios dolores y varios enojos, ¿cómo pudo tenerle celos al uniformado si era ella quien tenía a Yulia? - ¿Por qué andas commando?- paseó sus manos por su desnudo trasero, por aquel trasero que debía estar cubierto por la lana de la ahora difunta falda.

- Estética…- se ahogó ante una nalgada que no esperaba. – Textil- recibió otra pero en su glúteo izquierdo. - ¿Te gusta?- mezcló un gemido con un gruñido ante la tercera nalgada, nalgada que había sido más fuerte que la anterior y, definitivamente, doblemente más fuerte que la primera.

- Me gustas tú- la vio a los ojos, Yulia todavía con su mano a la mejilla de quien le regalaba una cuarta nalgada. Gruñó. – Me fascinas- la quinta nalgada y ya se acercó al límite de aquello intangible, y ella lo sabía. – Me gustas más sin ropa- azotó por sexta vez, sacándole a Yulia un gemido muy marcado y relativamente fuerte, de esos gemidos que ya se escapaban de lo sabroso y caían en manos del dolor. Yulia llevó sus manos a su chaqueta y, rápidamente, la hizo desaparecer de su torso, quedándose sólo envuelta en aquella blusa que fácilmente pudo haberla cubierta únicamente en encaje hasta las muñecas, pero no, sólo el frente de su torso era sólido. - ¿Donna Karan?- susurró, subiendo sus manos por su espalda para acariciarla a través del encaje. Yulia sacudió la cabeza. – Tú no usas Michael Kors… eso es para nosotros los mortales- entrecerró la mirada y dibujó una sonrisa tanto en su rostro como en el de Yulia. Paseó sus manos a su abdomen para sentir esa mezcla negra de algodón, spándex y poliamida, acarició su abdomen, al menos lo que la banda del esqueleto de la falda le permitía, subió sus manos hasta sus senos, todavía cubiertos en sólido y los apretujó suavemente. - ¿Carolina Herrera?- sonrió, sabiendo que había acertado aun sin Yulia haber respondido, pues el encaje del pecho se lo dijo, más el borde que no llegaba a sus clavículas.

- Sí, es Carolina…- y calló ante la acción de Lena: tomó la blusa del cuello y, con fuerza bruta, pero no de bruta, la tiró hacia abajo para liberar el torso de Yulia. Segundo asesinato. – Era- se corrigió pero sin enojo a pesar de que era primera vez que se ponía aquella blusa, la primera y la única. – Rompiste mi falda y mi blusa- susurró con una sonrisa que revelaba su diversión.

- Rompiste mi paciencia y mi estado invicto de nunca tener celos- dijo, tomando aquel sostén adherido a ella. – Y arruinaste el bolígrafo que me robé del Plaza- sonrió, rompiendo aquellas copas de silicón. – Escribía rico

- ¿Estamos a mano?- resopló, viéndose obligada a abrazar a Lena por su cabeza al ella traer su pezón izquierdo a sus labios. Lena succionó su areola, que se tradujo a un "no, no todavía" y, con su mano derecha, le dejó ir la última nalgada, la que sabía que era para plantarse al borde del colapso; estaba jugando con fuego y con los límites, era venganza un tanto maquiavélica pero que se podía ver desde ambos puntos de vista y que no necesariamente eran "bueno y malo", sino que eran: tentar los límites de Yulia para que supiera cómo se estaba sintiendo ella, así de lastimada, así de ardida, o empujarla hasta su límite pero mostrándole que sabía dónde estaba dicho límite, señal de que le importaba y la respetaba. O simplemente, quizás, tenía ganas de darle nalgadas, kinky side y de ambas. Yulia gimió, ahora sí de excitación pero con ardor en su glúteo izquierdo. - ¿Estás lista después de que alegabas que era como andar el infierno entre las piernas?- resopló, bajando la cremallera trasera de la banda que envolvía su cintura, que ahora, la presunta falda, pendía, literalmente, de un hilo, hilo que Lena, muy salvajemente, rompió.

- Era Dolce- sonrió con la boca llena, mostrándole a Yulia los restos de aquella falda entre su puño.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Oct 11, 2015 12:24 am

Y no respondió la pregunta, pues, así como le había dicho Yulia por la mañana, "con ese cuerpower, ¿quién no se recupera rápido?". San Replens y San Ibuprofeno, que ya luego lidiarían con las consecuencias en el hígado. La tomó por la cintura, la abrazó fuertemente y, con la furia que no podía sacar más que consigo misma, por insegura, se puso de pie para llevar a Yulia hasta la cama. La tumbó entre aquella comodidad que pareció abrazarla con un perfecto amortiguamiento y ella, colocándose sobre Yulia, quien ya se había quitado su blusa y estaba totalmente desnuda y vulnerable, pero sensual, ante sus ojos, tomó cada solapa de su camisa por los botones que no estaban abrochados y, con la misma técnica rompe-faldas, tiró de ella hasta hacer que los botones salieran cual explosión de M&M’s; asesina en serie. A Yulia se le iluminó la mirada, así como cuando le ponían la versión en vivo de "Strani Amori" o de "E Poi", pero la versión de Laura Pausini. Se irguió hasta sentarse y detuvo a Lena, que tenía prisa por quitarse la camisa, pero no, Yulia no tenía prisa, no para lo que no tenía planeado. Le tomó las manos y, con una leve sonrisa, vio aquel dedo anular con aquel anillo; lo acarició y lo besó, así como se solía, y se suele, besar al anillo Papal, luego pasó a besar cada uno de sus nudillos, de las yemas de sus dedos, de sus palmas. Eran las manos perfectas; eran hasta perfectas para pegarle, eran las únicas manos que podían pegarle, de las únicas manos que podían violentarla con cariño. Y ella estaba entre esas manos. ¿Control? Eso ya se lo había aclarado a Katya: no lo tenía, y no lo tuvo desde que Lena casi le vomitaba los Chiarana Louboutin en Duane & Reade, no desde aquel moribundo tarareo de "Your Song".

¿Demagogia? Quizás sí, pues entre el carisma que trazaban sus dedos al rozar sus clavículas y la retórica que utilizaban sus ojos, podía mover masas, pero, a falta de masas, sólo quiso mantener a Lena así, hincada y estando sobre ella, como debía ser, todo para abrazarla con su brazo izquierdo mientras recorría su piel y empezaba a instalarle besos por donde su dedo había pasado. No era un momento de docere, delectare, movere, no. No era una estrategia que repetiría cada vez que a Lena le dieran celos porque se estaba prometiendo agudizar sus sentidos para no dejar que aquello sucediera de nuevo, al menos que no se diera por ella no darse cuenta de lo que realmente pasaba. ¿Por qué no se dio cuenta? Quizás porque el mal humor le había nublado la alarma, quizás porque, al estar con Lena, nada de lo que le dijeran podía seducirla. Sólo tenía ojos para Lena. Tomó aquella tarjeta sólo por educación y no porque tenía intenciones de llamarlo, y en ese momento se había incomodado, por lo cual había decidido ir al baño sin necesidad de hacerlo, en donde dejó ir la tarjeta que recién le daban en el basurero. No quiso ser grosera con el hombre que le había dado su asiento. Diplomática.

La abrazó con ambos brazos por su cintura, por debajo de aquella camisa Ralph Lauren y besó sus senos o al menos hasta donde el sostén rosado pálido, el cual, por motivos de diseño, era tan inocente y virginal como provocador; puramente spándex en donde no fueran las copas, pues ahí todo se resumía a encaje pero a dos tiempos, los cuales se dividían por una diagonal que viajaba como bisectriz del segundo al cuarto cuadrante en un plano cartesiano, todo lo que estaba bajo la diagonal era de encaje sólido y, todo lo que estaba sobre ella era de encaje transparente: la diagonal cortaba visualmente su casi invisible areola pero dejaba su erecto pezón en lo transparente. Era como para ahogarse de la mezcla de nervios y tentación, pero todo tenía solución en la vida de Yulia; lo que no se solucionaba con un vilipendio, ni con una risa, ni con dinero, se solucionaba con el uso de razón intricado de nivel dos: en este caso aprovechar el encaje ligero.

No le interesó quitar nada de su camino, sino que se dedicó a besar y a mordisquear, a lamer y a succionar por encima del encaje mientras sus manos viajaban por toda la espalda de Lena y repasaban cada vértebra, se deslizaban hasta su cintura para sentir la ligera femineidad de aquellas minúsculas pero marcadas curvas, se escabullían más hacia el sur hasta acariciar su trasero. No era que Yulia estaba reclamando lo que era suyo, porque suyo no era nada, sino todo era de Lena, todo, todo, todo, hasta ese momento en el que alguna faceta de la misma Yulia podía haber jurado y perjurado que lo era, pero no era más que la veneración y la adoración que Lena, sin pedirlo, obtenía. Lena era dueña de todo, de toda Yulia, y era tan importante y trascendental que podía decirle a Yulia que saltara y Yulia no la cuestionaría, simplemente le preguntaría: "¿De qué edificio quieres que salte, mi amor?". Así.

- Que quieres? dijo entre los besos que le colocaba entre aquellos B’s.

- Quisiera tener una de esas cosas que usan para marcar el ganado vacuno- resopló, y rio ante la expresión de Yulia. – Para marcar lo que es mío de por vida

- Perdón, ¿qué es lo que vas a marcar?- siseó incrédula pero sorprendida y la volcó sobre su espalda.

- Tu co*o- rio. – Quisiera ponerle un "Propiedad de Lena Katina"

- ¿De verdad?- Lena asintió con una sonrisa por estar viendo la escéptica mirada de Yulia. – Mmm…- musitó y se retiró de la cama, que Lena se irguió sólo con sus codos para seguirla con la mirada.

- O sea, es una metáfora

- Si tuvieras ese hierro medieval…- dijo, sumergiendo su mano en el maletín en el que todavía estaba su accidentado y obsoleto pantalón The Row junto con sus desgraciados Louboutin, pues, como toda buena Diseñadora de Interiores, llevaba un pequeño recurso de Prismacolor de colores primarios y secundarios, pero no era eso lo que buscaba, sino su recurso de Sharpie de doble punta en negro para las notas, en rojo para las correcciones, en azul para las adiciones. – Me dejaría

- ¿Por qué?- frunció su ceño, pues ahora la confundida era ella.

- Porque es tuya- sonrió, logrando sacar aquel Sharpie negro. – Ten- se lo alcanzó y se tumbó a su lado con sus piernas abiertas.

- Podemos decirle a Natasha que nos traiga nuestro dildo- rio, no sabiendo qué hacer con aquel Sharpie, pues lo único que se le ocurría era lo que su comentario implicaba pero, para eso, estaban sus dedos.

- Puedes decirle si quieres o podemos comprar uno aquí, como sea tu voluntad- sonrió, tomando el Sharpie en sus manos sólo para destaparlo y colocar la tapa en la punta contraria. – Márcame- se lo volvió a alcanzar, que Lena lo tomó y frunció su ceño. – A falta de hierro…- le señaló su pubis.

- ¿Quieres un autógrafo?- sonrió, colocándose entre sus piernas para marcar su territorio.

- El autógrafo luego… por favor, Licenciada Katina, le pido que tome posesión, por escrito, de lo que le pertenece- dijo en un tono ceremonioso.

- Pro…- comenzó a escribir, pero Yulia empezó a carcajearse por las cosquillas que aquel marcador le provocaban. – Quieta, Arquitecta… sino habrá castigo

- ¿Qué tipo de castigo?- resopló intrigada.

- Me cogeré las luces del día que viven fuera de ti- sonrió como si hubiera dicho que π era un número infinito, y Yulia que sólo supo tragar la saliva hasta del siguiente año. – Ahora, quieta- repitió, reanudando aquella declaración de patrimonio. – Propie…- y empezó la risa de nuevo pero no movió las piernas, simplemente apuñó las sábanas. – Propiedad de…- bajó al siguiente renglón imaginario, el cual ya quedaba interrumpido por el yacimiento de los labios mayores de Yulia. – Lena…- utilizó el yacimiento como espacio. – Katina- pero no se detuvo, simplemente siguió escribiendo pero ya no leía.

- El testamento lo podemos hacer en un papel aparte, mi amor- resopló Yulia al sentir la tinta ya hasta su muslo y que Lena no se detenía.

- ¿Es legal si yo digo en mi testamento que, de morirme yo antes que tú, que no puedas estar con alguien más?- preguntó mientras seguía escribiendo. – Pues, en un sentido sexual

- ¿Es legal si yo digo en el mío, de morirme yo antes que tú, que tienes la obligación de ser feliz así sea que estés con otra persona?- frunció su ceño, pues lo que le interesaba era la felicidad de Lena. Con los celos lidiaría en el más allá.

- Me tomo un coctel de arsénico y Ouzo si te mueres antes que yo- sonrió, marcando el punto final de aquella declaración. - ¿Así o más Shakespeare?

- ¿Qué dice?

- Propiedad de Lena Katina. Futura esposa de la dueña del presunto y ya señalado aparato reproductor femenino. Mía, toda mía- sonrió y subió a sus senos, que, sin preguntar, firmó cada uno de ellos: el derecho por arriba de la areola, el izquierdo por debajo de esta.

- ¿Qué más quieres declarar como tuyo?- sonrió cosquillosamente mientras Lena terminaba de firmar su seno izquierdo.

- Date la vuelta- y Yulia, muy obediente, se volcó sobre su abdomen, pues ya sabía que eso también iría con firma. – Mmm…- suspiró a ras de aquella piel.

- ¿Está rojo?

- Tampoco soy tan mala- rio, pasando a su glúteo derecho. – Sí sabes que no se te va a quitar con la primera pasada de jabón que te des en la ducha, ¿verdad?

- Sí sabes que no tengo la intención de borrarlo, ¿verdad?- sonrió, sintiendo el punto que Lena dibujaba, el punto que siempre iba sobre el "Katina" pero nunca sobre el "Lena".

- Listo- le informó, dándole un beso rápido a cada rosado glúteo. Rosado y no rojo. Yulia se dio la vuelta con una sonrisa y le alzó los brazos, así como Katya le alzaba los brazos para que la cargara cuando tenía menos de un año.

- ¿Algo más?

- Sí- murmuró, arrojando el Sharpie a ciegas.

- Tú dirás- pero Lena no contestó, simplemente le clavó un beso suave y apasionado que se encargó de recorrer cada esquina y curvatura del interior de su boca. – Mi amor- rio nasalmente con una sonrisa, atrapándola entre sus brazos para acortar la proxémica a cero. – Dios ... eres tan hermosa- susurró en ese tono en el que siempre se lo había susurrado, con la misma mirada, con el mismo gesto de recoger su flequillo tras su oreja. - ¿Cómo quieres que me fije en alguien más si contigo lo tengo todo?

- ¿No te falta nada?

- Absolutamente nada; lo tengo todo contigo. Tengo un hogar al que me gusta llegar, por el que me desespero por llegar todos los días, tengo una hermosa novia con quien voy a la cama todas las noches para dormir y despertarme junto a ella, con ella entre mis brazos o yo entre los suyos, tengo comida, tengo bebida, tengo dinero, tengo como mil canciones de Laura Pausini en mi iPod… ¿qué me puede faltar? – Lena sonrió y sacudió su cabeza, ¿cómo era posible que le quitara todo su enojo tan rápido? ¿Cómo hacía para evaporarlo y ponerle sonrisas y risas? Y, ¿Laura Pausini? Yulia é italianissima. – Mi amor…- sonrió, volcándola sobre su espalda para colocarse sobre ella.

- Suena mejor que "Lena"- pensó en voz alta.

- Pero tu nombre me gusta- frunció su ceño. – Quizás tenga más significado para mí que sólo su significado en griego/ruso… - recalcó con una sonrisa.

- ¿Ah, sí?- Yulia asintió. - ¿Qué más significa para ti?

 

- La primera Vogue que tuve en mis manos fue una en la que Lena Lombardi estaba en la portada. No era la gran cosa como para que te llamara la atención, pero era Lena Lombardi y en una portada de Vogue US… creo que es de las pocas portadas de las que me acuerdo con tanta exactitud; la fotografía era básicamente como un busto como en una escultura, en fondo blanco y con ella con su bronceado salvaje y que se notaba que la habían maquillado con más dorado que lo que su cuello tenía porque, al cuello, tenía un… no sé si a eso puedes llamarle "collar"- resopló. – Pero todo era en dorado, hasta las letras de la portada eran como en un dorado-olivo, era excesivo. A lo que voy es a que esa sensación que tuve al lograr tener la revista en mis manos- y sonrió con nostalgia. – Estaba en inglés porque era la versión estadounidense, y era cara, me costó la mitad de mi mesada: casi catorce mil liras. Pero jamás me sentí tan intrigada, tan emocionada, tan satisfecha y es, quizás, de las cosas de las que mejor y con más cariño me acuerdo… y me ha gustado el nombre "Lena" desde entonces- sonrió. – Quizás porque lo vi más grande que sólo como un sinónimo de la actriz mejor pagada y más reconocida de Italia, quizás porque lo vi importante al estar en la portada de algo de otro país… y creo que era por eso que yo no podía tener una conversación civilizada con Lena Napolitani en el colegio, o que nunca me terminó de emocionar mi clase de "Planificazione del territorio e del paesaggio I" con la tal Lena Rossi… tuve que cambiarme a la clase de Manuela Ricci, que era a las ocho de la mañana, para que me gustara- rio. – Y me acabo de dar cuenta que soy la persona más rara que conozco- se sonrojó, pues aquello nunca lo había dicho en voz alta.

 

- Eres un poco rara- resopló, repasando las pecas de los hombros de Yulia con sus dedos. – Pero es lo que te hace interesante- sonrió.

- Lena Katina, mi amor…- hizo una pausa al sacudirse entre los escalofríos cosquillosos que Lena le provisionaba con su roce. – Quieres casarte conmigo?

- ¿Todavía quieres que me case contigo?

- ¿Por qué? ¿No debería quererlo?

- Digo, ¿después de este ataque de celos?- se sonrojó. - ¿Después de que asesiné tu ropa?

- Te lo dije en Roma, cuando estábamos en la ducha: puedes quebrar, romper, arruinar cualquier cosa

- Pero no lo más caro y preciado que tengo- completó aquella cita.

- No me importa si incendias mi clóset con todo adentro… eso no disminuye lo que yo siento por ti ni lo que siento cuando estoy contigo- así, ¿quién no? – ¿Te casarías conmigo?

- Hoy mismo en el Ayuntamiento- sonrió con esa sonrisa que daban ganas de comérsela a besos, esa sonrisa que era más bien una mordida sonriente de su labio inferior.

- ¿Sí?- levantó la ceja derecha y analizó su alrededor para ubicar aquel Sharpie, el cual estaba, gracias a la loca y confundida fuerza de Lena, a su alcance.

- Sí- asintió, deteniendo a Yulia, más bien a su pereza de no querer ponerse de pie para alcanzar el marcador.

- Bueno…- sonrió, mostrándole el Sharpie. – Cásate conmigo

- What?- espetó sin enojo pero con confusión mientras tomaba el Sharpie de la mano de Yulia.

- Sí, cásate conmigo… ya mismo si quieres

- ¿Y qué hay de la boda?

- Será una formalidad muy bonita- sonrió.

- Pero no tenemos un abogado

- Ay, ¿pero quién está pensando en eso?- rio burlonamente, pues Lena era quien quería correr a Las Vegas por hacerlo en ese momento.

- No molestes- bromeó.

- Las que nos vamos a casar somos tú y yo, indirectamente con nuestras familias políticas pero eso es un efecto secundario- resopló. – No nos estamos casando ni con Belinda, ni con los Noltenius, ni con los Roberts, ni con nadie que no seamos nosotras mismas… so, ¿cuál es el problema? Lo que yo necesito es un papel que diga que eres mi esposa para que el mundo de asuma y te absorba como tal, yo no necesito de ese papel para yo saberte mi esposa

- Skatá- suspiró.

- Mmm… Licenciada Katina, ¿con esa boca besa a su madre?- resopló, acariciando su labio inferior con su pulgar.

- Con la misma con la que te beso aquí- colocó su índice sobre sus labios sonrientes. – Con la misma con la que te beso aquí y aquí- murmuró, deslizando su mano hasta llegar a sus senos. – Exactamente con la misma con la que te beso aquí- acarició suavemente su entrepierna. – Pero, sobre todo,, Arquitecta Volkova, con la que la beso- sonrió traviesamente. – Aquí- alcanzó a rozar aquel agujerito que se contrajo ante ello. – Así que, sí, con la misma boca con la que te beso a ti, con la misma boca con la que me rebalso en obscenidades, con esa misma boca beso a la mia mamma, no una, sino dos veces- rio burlonamente. - ¿Te quieres casar con esta boca tan… soez y obscena?- Yulia se acercó a su oído izquierdo y, permitiéndose inhalar aquella fragancia a té verde de sus rojas ondas, dio un beso a su cuello, en donde alcanzaba a saborear nasalmente el Violet Blonde que tan bien le sentaba.

- Absolutamente- susurró a su oído, y Lena sólo materializó un gruñido que se convirtió en risa nerviosa. – Cásate conmigo- sonrió ya dándole la sonrisa y la mirada de frente.

- Yulia María- resopló, irguiéndose con su torso para sentarse sobre la cama y para obligar a Yulia a quedar sobre sus rodillas, así como ella había estado antes. – Arquitecta Volkova- tomó su dedo anular izquierdo y, mordiendo la tapa de la punta fina del Sharpie, tiró de él para empezar a dibujar. – Mi amante, mi cómplice y mi modelo de Victoria’s Secret- rio nasalmente, remedando al uniformado mientras dibujaba dos líneas paralelas que simulaban un anillo. – Soy su mayor admiradora, su compañía y su teammate- empezó a rellenar aquel espacio con manchas que parecían ser un patrón de cebra. – Prometo ser celosa, impuntual y mantener mi culo torpe que tanto le divierte- levantó la palma de su mano y, en el reverso de su dedo anular, empezó a escribir algo que, aparentemente, sólo ella sabía lo que decía. – Porque te amo,Yul- sonrió al terminar de escribir aquello y le dio un beso en la punta de su dedo.

- Licenciada Katina- sonrió, tomando el Sharpie de la mano de Lena y tomando su mano izquierda para empujar su anillo de compromiso hacia abajo, así podría dibujar. – También conocida como "la intrusa más guapa y más perfecta"- resopló, trazando las mismas líneas que había trazado Lena pero con una mínima mayor distancia. – Usted es mi todo- dibujó un círculo en el centro y llenó de círculos más pequeños los alrededores. – Quiero ser lo que te vuelva loca, tu egocentrismo y to egoísmo, tu jefa y tu esclava. Quiero ser, para ti, lo que desconozco que conozco y lo que sé que no sé. Porque haces que me sienta bien conmigo misma, me haces sentir que soy una buena persona- Lena se ahogó en ternura.

- Reclámalo- susurró llena del rojo favorito de Yulia, de ese rojo vermillion que tanto le gustaba nombrar para exagerar el tono.

- No me gusta pedir perdón porque significa que me equivoqué- suspiró, levantando la palma de Lena para escribirle, probablemente, lo mismo que ella le había escrito. – Y no me gusta equivocarme, al menos no contigo porque sé que te lastima… eso es todo- explicó. – Pero reconozco cuando me equivoco, y hoy me equivoqué. Lo siento mucho, mi amor

- Shhh… está bien…- susurró.

- Soy tuya- sonrió, que sonrió doble por haber terminado de dibujar y por lo que había dicho. Levantó la mirada y se encontró con la sonrisa que más le gustaba, la sonrisa de Lena. – Te amo- imitó el beso en su dedo mientras deslizaba el anillo de compromiso a su posición original.

- Yo también te amo- sonrió ladeadamente y se lanzó en un beso que la llevó hasta recostarla sobre la cama.

- Me gusta mi anillo de H&M- sonrió.

- No es de H&M, es de Forever21- resopló burlonamente.

- Mejor, más de aquí- rio, y vio el interior de su dedo. - ¿Son trazos al azar o significa algo en especial?

- Lena- sonrió. – Es mi dedo, es mi esposa, ¿no?

- ¿En qué idioma está?- frunció su ceño.

- Hebreo

- ¿Y desde cuándo sabes hebreo?

- Tranquila, sólo sé escribir mi nombre en varias escrituras- sonrió, viendo ella el interior de su dedo. – Hablando de escrituras- rio al ver lo que había escrito.

- Para que me lleves contigo a donde quiera que vayas- sonrió tiernamente.

- ¿Por qué en sánscrito?

- Porque me gusta la impresión que me diste para mi cumpleaños- sonrió.

- Me costó los dedos hacer esa placa y las pestañas encontrar el preciso color, más te vale que te guste- le advirtió serena y divertidamente.

- ¿Por qué crees que sé cómo se escribe mi nombre en sánscrito?- levantó su ceja. – Y ese malachite Green te quedó perfecto

- Uy, Arquitecta- rio nasalmente. – Sabe, yo no podría estar con alguien que no reconociera los colores por su nombre

- ¿Es algo que le excita, Licenciada?- Lena asintió. - Gamboge yellow- sonrió. – Razzmatazz pink, Arsenic gray, Caput Mortuum violet- dijo en ese tono seductor que daba risa.

- ¡Ah!- jadeó aireadamente con una leve risa de por medio. – Orgasmo cromático de Diseñador de Interiores- se sacudió juguetonamente. Yulia rio con una carcajada que no era más que un sinónimo de alivio al notar que a Lena ya se le había evaporado aquella furia. Ojalá y no regresara nunca. Ojalá y nunca le diera pie a eso.

- ¿Qué pasa?- murmuró, extrañada de que Lena se había quedado sin palabras o con la palabra en la boca y no la podía sacar. - ¿Estás bien?

- ¿Qué quieres que te regale el treinta de mayo?

- Eso me acuerda, tú no me has dicho qué quieres que te regale tampoco- frunció su ceño, y Lena que terminó tumbada a su lado, sobre su espalda, y riéndose hasta casi llorar. – Bueno, ¿quieres compartir el chiste?

- ¿De verdad quieres saber?

- Sino te voy a dar algo que no quieras o que no te interese tener- frunció su ceño.

- Bien,bien- se acercó a su oído y, tan bajo como pudo, le dijo exactamente lo que quería, paso a paso, minuto a minuto, todo, se lo dijo todo, y me dio vergüenza preguntarles luego qué había sido porque no había podido escuchar. Yulia se fue coloreando de rojo y fue dibujando una sonrisa de anticipantes y actuales nervios, ¿qué podría ser?- ¿Qué dices?- rio. - ¿Se puede o no se puede?

- De que se puede, se puede, mi amor- rio, cubriéndose los ojos con sus manos.

- ¿Quieres?- pero Yulia se desplomó en una carcajada histérica e inestable que, de un movimiento risible y ridículo, terminó en el suelo y riéndose todavía más, de lo que quería Lena y de su caída triunfal. - ¿Estás bien?- rio, intentando no reírse por la caída, pero no pudo contenerse la risa al ver que Yulia lloraba a causa de la misma.

- Fuck…- se quejó entre su risa, frotándose el antebrazo izquierdo, pues había caído sobre él. Lena se bajó de la cama y se colocó sobre Yulia para acariciarle ella su antebrazo.

- Sana, sana… que sino, San Ibuprofeno mañana- resopló, dándole besos suaves.

- Gracias, mucho mejor- sonrió. – Ahora, volviendo al tema anterior… ¿de verdad quieres eso?

- A veces uno se pregunta, y te preguntas la pregunta. Yo sé la respuesta, pero te estoy haciendo la pregunta- murmuró sin quitarle sus verdegrises ojos de los suyos azules.

- Sabes que no puedo negarte algo así

- Yo sólo te estoy dando la opción de acceder o negarte, que, hagas lo que hagas, yo no me voy a enojar, ¿entendido?- Yulia asintió. – Piénsalo… que tienes hasta el treinta de mayo para pensarlo… pero tick-tick-tick, el tiempo corre- rio.

- Y, en caso de que me niegue, ¿qué te regalo?

- Ya dije, lo que sea menos joyas- sonrió.

- Bien,bien- la volcó sobre su espalda y se recostó sobre su costado, apoyando su cabeza con su mano. – Lo pensaré, ¿de acuerdo?

- Pero no me digas nada

- ¿No?

- No, no quiero saber si me lo vas a regalar o no- Yulia asintió. – Ahora, ¿qué quieres tú?

- Pongamos las cosas sobre la mesa- suspiró, y se quedó viendo al vacío.

- ¿Qué?

- Necesito un papel- dijo todavía con la mirada perdida.

- ¿Para?

- Notas y un sketch del hotel- murmuró, volcándose sobre su abdomen para ponerse de pie, que no supo por qué no sólo se sentó y se puso de pie.

- Oye, oye, oye- la detuvo del brazo. – No le huyas a tu regalo de bodas- frunció su ceño.

- No le estoy huyendo, es sólo que se me va a olvidar lo que se me ha ocurrido- hizo una expresión graciosa con sus labios.

- Espera- sonrió, alcanzando el siempre presente Sharpie. – Ten, dibuja

- No tengo papel

- ¿Necesitas?- se volcó sobre su espalda y retiró las solapas de su camisa de su abdomen.

- ¿Es en serio?

- ¿O prefieres mi espalda?- sonrió.

- Lo que sea- balbuceó rápidamente, y se colocó entre sus piernas con la punta fina del Sharpie lista para victimizar el abdomen de Lena.

- Ahora: tu regalo

- Ya dije que pongamos las cosas sobre la mesa- empezó a dibujar las líneas rectas con las que siempre empezaba en completo Coup d’état con el punto de fuga.

- Yo pago el Plaza

- Yo el viaje a Bora Bora

- Y la boda- añadió.

- Y la boda- sonrió, viendo a Lena que se acomodaba, feliz de la vida, con sus brazos tras su cabeza.

- ¿Qué quieres que te regale, entonces? ¿Quieres una colección de Louboutin?

- Bienes mancomunados… bueno, lo mío es tuyo, que puedes quitarme lo que quieras- resopló. – Yo te aseguro que no voy a quitarte nada de lo que te pertenece

- Pero eso ya lo habíamos acordado- frunció su ceño.

- Y habíamos acordado que iba a tener firma pero que iba a necesitar autorización tuya para cada movimiento mayor a "x" cantidad

- Olvida la autorización, a eso me refiero…

- No me siento muy cómoda sabiendo que puedo hacer lo que quiera con algo que no es mío

- Te lo doy para que lo uses a tu gusto- sonrió. – No me importa si lo usas para comprar tampones o si lo usas para comprarte un auto, eso es tuyo y lo usas para lo que quieras… para darle fuego si quieres

- No voy a darle fuego- susurró. – Es sólo que no me siento cómoda… pero, si eso es lo que quieres que te regale, lo haré

- Confío en que tampoco me vas a dejar en la calle… y, no sé, es como para compartir todo lo que es mío contigo, todo, todo

- Lo firmaré, mi amor, pero no me parece que sea proporcional

- Hay algo más- sonrió, y, claro que había algo más. – Como será tu dinero, por favor, hazte cargo totalmente de la tranquilidad y de la comodidad de tu mamá y tu hermana

- ¿Con tu dinero?

- Nuestro dinero- la corrigió. – Y quiero que tu mamá y tu hermana estén cómodas, sin preocupaciones de nada, viviendo en una buena zona y viviendo bien… porque sé que eso te va a dar tranquilidad

- Pero se supone que es un regalo para ti, no para mí

- Y para mí es un regalo verte tranquila, ¿sí?

- Perdón que me poseyó el diablo…- susurró.

- Me gusta cuando estás enojada… pero no conmigo- susurró de regreso. – Pero hoy, no sé, te viste linda- sonrió. – Y supongo que me lo merecía

- Sólo necesito que me respondas una cosa

- Las que quieras

- ¿Te diste cuenta de que te estaba coqueteando?

- No le estaba prestando atención, pero sí me di cuenta cuando me dio su tarjeta… por eso me puse de pie y fui al baño, cosa que hice sólo porque no supe qué más hacer, y, cuando regresé, tú estabas reventándote los oídos con Robbie Williams y parecías estar dormida. Ahora, si te preguntas por qué no le dije que me dejara en paz, o no le dije que estaba contigo, fue simplemente porque es la táctica que sé que no funciona con un hombre, no cuando es así como él… de haberlo hecho, habríamos terminado siendo dueñas de sus mayores fantasías sexuales

- ¿Cómo puede estar tan segura?

- Porque hay estudios que demuestran que el ochenta por ciento de hombres heterosexuales, o sea ocho de cada diez, tienen alguna fantasía que involucra a dos mujeres. De esos ocho hombres, por lo menos tres tienen una mayor susceptibilidad si se trata de una pareja ya existente de mujeres

- Y esos datos, ¿te los acabas de inventar o existen de verdad?

- A mí háblame de inventarme un edificio, no una cifra estadística- sonrió. – Estaba en el último artículo de la edición de Vogue de Mayo pasado

- ¿Cómo es que te acuerdas de lo que había en la edición de Vogue del Mayo pasado?

- Porque estaba todo sobre la horrible película de "The Great Gatsby"- sonrió de nuevo. – Carey Mulligan, o Daisy Buchanan, estaba en la portada, en un vestido Prada de terciopelo yellow-green… No me gustó la portada … tal vez porque no me gusta ella- resopló.

- ¿Porque arruinó a Daisy Buchanan?

- No arruinó al personaje, simplemente Mia Farrow hizo un mejor trabajo, bueno, a ella la dirigieron mejor quizás, o simplemente era mejor actriz, quién sabe… pero no sé, igual de fastidiosa que Scarlett Johansson y Jessica Alba… hasta Lindsay Lohan es más entretenida

- Quizás porque no le dan papeles tan trascendentales para tus gustos

- Cierto, aunque su mejor papel ha sido el de Hermione Granger en SNL hace como diez años- levantó la mirada con sorpresa. – Fuck, estoy vieja- rio.
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VIVALENZ28

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Oct 11, 2015 12:27 am

- ¿Cómo era Yulia hace una década?

- Irresistible, como siempre. Adicta a los cigarrillos… creo que ese fue el año que fumé dos cajetillas de cigarrillos en un día mientras reproducía el modelo de la Torre pendente di Pisa. En Converse blancos casi todo el tiempo, jeans Armani porque eran los únicos que estaban diseñados, por la posición de los bolsillos traseros, para esconder una tanga o para recogerte y asegurarte el trasero si se te ocurría no ponerte ni siquiera eso. Camisas Benetton en su mayoría, todo lo que fuera para el frío debía ser Versace porque Armani me hacía ver sin cintura, cosa que tú sabes que no tengo tanta- resopló. – Pluma fuente Tibaldi, regalo de graduación de colegio de mi mamá, y con tinta azul porque la tinta negra me ponía de mal humor, y una fanática devota de Laura Pausini- guiñó su ojo.

- ¿Por qué te pone de mal humor la tinta negra? Es algo que no he logrado entender

- Son varias cosas- sonrió entre su concentrada mirada, la cual seguía sus trazos cortos sobre el vientre de Lena.

- Tenemos tiempo, ¿tienes ganas?

- Mis hermanos no se graduaron de mi mismo colegio, ellos fueron al Britannia

- ¿Alguna razón en especial?

- Yo no era que muy habladora- dijo con un suspiro. – Llegué a los tres años no en completa omisión de la verbalización conceptual porque sí hablaba pero no decía más que lo necesario

- ¿Alguna razón en especial?- repitió ya más atenta.

- No te sabría decir- retiró el marcador y, sosteniéndolo entre sus dedos como si fuera un cigarrillo, retiró el flequillo que le obstruía su memoria y su vista. – En el Britannia no me aceptaron porque, a falta de habla hasta por los codos como todo niño de tres años y el inicio de sus preguntas de "por qué", la superestrella de la psicóloga que estaba, supongo yo que en el examen de admisión, me diagnosticó lento aprendizaje, me rechazaron la admisión porque ellos no tenían ningún tipo de "educación especial"- resopló. – Al mismo tiempo hice el examen de admisión en la AOS y ellos sí me aceptaron, claro, vieron que yo no era tan apasionada con el habla y simplemente le dijeron a mi mamá que, bueno… por la plata baila el mono- rio. – Si pagaba el año completo en el primer pago, que no iban a tener ningún problema para aceptarme aunque ellos se reservaban el derecho de asesorarme dejar Pre-Kinder o de aprobármelo…

- ¿Todo porque no hablabas?

- O sea, sí hablaba- rio. – Es sólo que… no sé, no sé por qué no me gustaba hablar

- ¿Te gusta hablar ahora?

- No me voy a morir si no hablo- sonrió. – Puedo estar mucho tiempo en silencio, me gusta el silencio, aunque no es el silencio en sí sino los sonidos… si son un mismo sonido, un ritmo, no me importa; así como si es el de un taladro o el de un martillo, pero cuando un niño llora… me desespera, esos ruidos que fluctúan en tono… no sé

- ¿Y la música?

- Contradictoriamente me hace colocar mi mente en blanco… soy rara, ya te lo he dicho, pero, volviendo al tema de la tinta negra- rio.

- No, no, sólo dime si te aprobaron Pre-Kinder al menos- mordió su labio inferior, entre burla y ternura.

- Dice mi mamá que, como dos semanas después de que ya había pagado como veinticinco mil Liras- rio, pues era demasiado dinero, aun en conversión a euros, peor a dólares. – Íbamos camino a donde mis abuelos paternos, en auto, travesía total, y que yo no pude cerrar la boca en todo el camino- Lena estalló en una carcajada que obligó a Yulia a dejar de dibujar. – Doce horas sin parar

- ¿Sin parar de hablar o de conducir?

- Pues, no dejaron de conducir para hacer que mi verborrea durara menos- rio, y Lena que sólo pudo incrementar su carcajada. – Dice mi mamá que me decía: "Yulia, juguemos de estar callados, gana el que se quede callado más tiempo"- y Lena reía más, y más, y más. – Y dice que le decía: "Ay, mami, ya perdí" y seguía hablando

- ¿Qué tanto podías decir?

- Todo lo que no había dicho, supongo- rio. – No me acuerdo de eso- su mirada se apagó, cerró los ojos y sacudió la cabeza.

- Pero sí te acuerdas de ese día, ¿verdad?- asintió. – Bueno, cuéntame de la tinta negra, mejor

- Entonces- suspiró, reanudando sus trazos pero con la punta fina del marcador. – Cuando estábamos aprendiendo a escribir utilizábamos lápices, a partir de primer grado comenzabas a utilizar pluma fuente para detener el trazo que, si utilizabas bolígrafo…

- Se deslizaba y terminabas con una "fatal caligrafía"- concluyó Lena, pues ella también había tenido ese método.

- Conmigo eso no funcionó mucho- rio. – El punto es que todos escribíamos con tinta azul porque era la que vendían en el colegio por si se te acababan los repuestos, y yo me acostumbré al azul. A partir de quinto grado ya podías abortar la pluma fuente y podías pasar a ser un niño grande que escribía con bolígrafo. Yo me quedé con la pluma fuente, no por efectos de la caligrafía sino por cómo escribía en el papel. Mi hermano solía jugarme la broma de que le colocaba un repuesto de tinta negra en vez de una azul… travesura, broma, no sé, pero ese azul sucio que quedaba luego… opté por comprar pluma fuente Lamy, y muchas, así, por cada travesura cíclica de mi hermano, yo podía seguir escribiendo con tinta azul mientras lavaba y limpiaba la que había sido víctima suya

- ¿Él utilizaba tinta negra?

- La utilizaba porque papá la utilizaba para firmarle los reportes de calificaciones- ladeó su cabeza y le gustó lo que vio a pesar de no estar ni remotamente terminado. – El día que mis papás firmaron el divorcio, mi papá tomó mi pluma fuente para firmarlo porque su bolígrafo no tenía tinta

- No creo que sea que la tinta negra no te guste, simplemente te gusta más la tinta azul

- Probablemente- sonrió como si tuviera cierto recuerdo que le pasaba cual película ante sus verdes azules, así como si se hubiera transportado a aquel momento, ¿por qué habían estado ella y sus hermanos presentes? Ah, ya se acordaba por qué. – Y la tinta negra me gusta sólo en los bolígrafos porque, cuando es azul, es un dolor de ovarios conseguir dos del mismo tono de azul si son de distintas marcas- pero suspiró y se quedó atrapada en el tiempo de su memoria; eso sí era input de Oleg.

- ¿En qué piensas?- susurró con una leve sonrisa y unos superficiales camanances que la adornaban. - ¿Yul?- ladeó su cabeza y la tomó por la mejilla al no conseguir respuesta.

- Como te decía- resopló, sacudiendo su cabeza suavemente y cerrando sus ojos mientras fruncía su ceño y sus labios. - ¿Qué era lo que te estaba diciendo?

- ¿Te sientes bien?

- Sí- asintió, pero era ese "sí" que le daba sólo por decirle que sí. Lena sólo sonrió y se volvió e recostar para que Yulia pudiera seguir dibujando.

- Tengo una pregunta para ti

- ¿De respuesta elaborada?- resopló, acordándose de aquellos principios de bromas pero verdades.

- No estoy segura

- Bueno, adelante

- ¿En dónde te ves en diez años?

- ¿En qué aspecto?- Lena sólo levantó las manos. – ¿Quieres una respuesta a lo Miss Rhode Island en "Miss Congeniality" o una respuesta improvisada?

- La que te venga mejor

- Son las…- murmuró, elevando su muñeca izquierda para leer la hora del reloj que Margaret y Romeo le habían regalado de Navidad, que el de ella era en fondo negro y el de Lena era blanco-grisáceo, ambos ediciones especiales y de treinta y cuatro milímetros de diámetro. – Dos y cincuenta y cuatro minutos, hora los Ángeles… eso es, en hora Nueva York, las cinco y cincuenta y cuatro minutos- suspiró y se quedó en silencio unos segundos.

- Phillip y Natasha ya estarán en el aeropuerto- comentó abruptamente.

- Seguramente sus traseros vendrán en Primera Clase- dijo con un poco de cinismo. – Y tu oportunidad de pedirle a Natasha que nos trajera nuestro dildo se ha esfumado

- Estoy segura que Los Ángeles tendrá su gracia también- sacó su lengua. – Pero ese no era el tema… aparte, yo no quiero ver un dildo en cualquier momento

- ¿Qué tanto es "en cualquier momento", una semana, un mes?

- Por lo menos mientras estemos aquí- sonrió, y Yulia rio. – Como sea, ¿en diez años a las cinco y cincuenta y cuatro hora Nueva York?

- Ah, sí- asintió, irguiéndose un poco para ver un poco más de lejos el dibujo. – En diez años… será martes, ¿en dónde te ves tú un martes en diez años?

- Yo te lo pregunté primero

- Y yo luego, ¿qué diferencia hace?- rio.

- No sé si quiero mi propia marca de muebles, pero no quiero dejarlo, prefiero dejar el Diseño de Interiores y no el Diseño de Muebles

- ¿Qué más?

- Quiero estar en casa, que eso no significa que no voy a estar trabajando, dependerá de la hora que sea, supongo. Hogar… cómoda, feliz… ¿y tú?

- Te podría decir que estaría entrando al apartamento, que arrojaría la bufanda sobre el respaldo del sillón que le da la espalda a la puerta principal, te llamaría sólo para que emergieras con esa sonrisa que tanto me mata y con un Martini en cada mano; uno para ti y uno para mí, te lo agradecería con una sonrisa y con un beso, pero te diera dos besos porque uno es para saludarte y el otro para agradecerte, brindaría quién-sabe-por-qué o quizás sólo en silencio, y lo bebería rápido de cuatro tragos. Me quitarías la copa, me quitaría el abrigo, te preguntaría si tienes hambre; si tienes ganas de que cocine, de que cocinemos, de cocinar o de que alguien más cocine; alguien como Smith & Wollensky- sonrió. – Cenaríamos como todas las noches, en la barra, yo a tu izquierda. Quizás usaríamos la chimenea, sólo para no tener frío, y beberíamos una copa de vino mientras hablamos quién-sabe-de-qué. Me gustaría hacerte el amor hasta que el silencio nos inunde y sólo veamos el contraste del fuego y la nieve, y quedarnos en el sofá, con cobijas y la botella de vino hasta quedarnos dormidas hasta el día siguiente- Lena dibujó una sonrisa que intentó comprimir entre sus labios, una sonrisa de la enorme represión de ganas de arrojársele para comérsela a besos, para querer estar en ese momento que, por más que sólo fueran palabras cortadas, sonaba perfecto. – O podría decirte que eres tú quien llega a casa, y yo te recibo con una copa de Bollinger sólo porque sí, o podría decirte que llegamos juntas y cada quien se sirve lo que quiere beber, o podría decirte que estaríamos cenando donde los Noltenius, quizás y no sólo estaríamos cuatro sentados a la mesa, quizás y seríamos cinco, seis, o siete, quién sabe- se encogió entre hombros. – O podría decirte que estaría en cama por un resfriado fuera de serie, o quizás esté sola, sentada en un sillón en un hotel… yo no sé dónde voy a estar en diez años- sonrió dubitativamente. – Pero no me importa si es A, B, C, y las letras que existen hasta llegar a la Z, tomando en cuenta las letras que ya no pertenecen al alfabeto, y no me importa porque lo que sí quiero saber, en ese momento, es que no me faltas, que sea donde sea que esté, contigo o sin ti, que no voy a estar sin ti… no sé si me explico

 

- Mi amor…- resopló sonrojada, y quizás resopló para enmascarar su conmoción.

- No sé en dónde voy a estar en diez años, no sé si voy a estar en esta habitación y recordando este momento, no sé si voy a estar haciéndote el amor en nuestra cama… que nuestra cama puede estar en Nueva York, en Florencia, en Roma, en el Lago Como, en Atenas, en Mýkonos… no sé en dónde estaré, pero sé que mi denominador común eres tú; en todo lo que haga y a donde sea que vaya

- Para no hablar, para que no te guste hablar, hablas demasiado perfecto- sacudió lentamente su cabeza con cierto regocijo, como si aquello le fascinara, porque así era.

- Es que, para no tener nada bueno o relevante que decir, mejor cerrar el pico- sonrió de esa picante manera, que era la sonrisa tirada más hacia su derecha al mismo tiempo que elevaba la ceja del mismo lado. – Pues, si quieres que te hable estupideces… emborráchame

- ¿Quién te ha dicho que hablas estupideces cuando estás ebria?- ladeó su cabeza con una sonrisita divertida e inocente.

- Bueno, es que no estoy segura si se ríen de mí o se ríen conmigo- rio nasalmente, como si lo encontrara divertido.

- No hablas estupideces, simplemente… creería que, por lo menos, el noventa por ciento de las cosas te da risa, y te pones muy, muy, muy caliente

- ¿Caliente en temperatura corporal o caliente de "caliente"?

- Supongo que por estar caliente es que te pones caliente, ¿no?- Yulia tambaleó su cabeza, pero terminó por darle la razón. – Y te entra tu modo bailarín

- Eso sí, yo no bailaría sobria, jamás

- ¿Por qué no? No bailas mal

- Yo sé que no bailo mal- guiñó su ojo, Lena sólo gruñó graciosamente ante lo sensual de su ego, Ego. – Problemas de autoestima, supongo

- ¿Yulia Volkova tiene problemas de autoestima?- resopló. – No me lo creo, ni tú te lo crees

- No me divierte bailar si no estoy un poco happy

- Y no hay nada como verte bailar Footloose con Thomas, o verte en plena coreografía de Single Ladies con Natasha y Marie- resopló.

- Prefiero bailar Flight Attendant contigo

- Con esa terminamos en el pasillo. Qué pérdida de porte y elegancia- rio.

- No dije que era sinónimo de seguridad, de preservación de integridad física- sonrió, y se retiró para ver su bosquejo desde más lejos. – Es una canción que excita, supongo

- Aunque, en teoría, "Bolero" de Ravel es la canción, si así quieres llamarla, que hace que una mujer se excite más rápido

- Y, aun así, tú lograste, no sé cómo, excitarme con Orff… y tampoco sé cómo no me mataste del susto

- Si mis intenciones hubieran sido matarte… te habría puesto un poco de Leona Lewis

- Me conoces bien- se acercó nuevamente y retocó aquella parte que casi rozaba el sostén de Lena. Mierda, necesitaba más espacio. Debió calcular mejor.

- ¿Qué tanto espacio te hace falta?- le preguntó al leerlo de sus ojos.

- Dos-que-tres pulgadas, quizás menos… pero lo completaré luego, no pasa nada

- Se te va a olvidar- resopló, irguiéndose con cuidado para no rozar su piel contra la punta del marcador, se quitó la camisa y, acto seguido, hizo desaparecer su sostén. – Sigue dibujando- se volvió a recostar y llevó sus brazos tras su cabeza para tirar sus senos hacia arriba.

- ¿Segura?

- No veo por qué no- rio, que su risa escaló a carcajada incoherente hasta encogerla en posición fetal.

- Comparte el chiste, que también quiero reírme

- Pintame como una de tus chicas francesas- dijo entre su risa. – No tiene sentido ni referencia, yo sé, sólo me dio risa

- Las francesas no son mis favoritas, tuve un par de compañeras en el colegio y en la universidad, más en Milán… quizás es porque no me gusta el francés para empezar- sonrió. – Pero con gusto pinto a mi rusa/griega favorita. ¿Puedo quitarte el pantalón? No quiero mancharlo- Lena asintió todavía con su risita mal puesta y, dejando que Yulia desabrochara ambos invisibles botones, levantó su trasero para que se lo sacara, pero Yulia también retiró el seamless Culotte de encaje, pues no quería mancharlo ni por roce.

- ¿Estás con el de Santa Mónica o con el de Beverly Hills?

- Beverly Hills. Para el de aquí tendría que ver todos los hoteles que dan a la playa para no hacer algo remotamente parecido y que sea diferente…

- ¿Qué piensas para el de Beverly Hills? ¿Lounge o minimalista?

- Le viene mejor un lounge creería yo, pero es de retocarlo todo y de que nos acepten la propuesta inicial

- Mi amor- dijo, viendo hacia el techo, que siempre se había preguntado por qué siempre debía ser blanco.

- Dime- murmuró entre su concentración al estar ya dibujando sobre sus senos.

- ¿Me perdonas?

- ¿Por?

- Por lo que hice con Junior, fue un poco traicionero de mi parte

- No, no lo fue- suspiró, frunciendo su ceño ante el siguiente trazo, ese trazo que tenía mucho tiempo de no experimentar, ese trazo que dudaba, ¿por qué? Ah, es que no estaba dentro de su ritual: ella sentada sobre el Safco, pierna izquierda sobre la derecha, que su Stiletto quedaba exactamente atrapado en la barra que rodeaba el banquillo a media altura, rectamente inclinada sobre la Alvin Craftmaster modificada, su mano izquierda deteniendo el papel y algún tipo de instrumento de precisión gráfica, pues, con su mano derecha, y con el Ambition Faber Castell de madera de coco, trazaba las líneas que ahora trazaba al tembloroso cálculo por ser sobre Lena, pues no quería ensartarle la punta de aquel marcador, y, de fondo, quizás no tendría a Mozart, o a Beethoven, ni a Chopin, sino algo con más sabor, algo más lounge, algo que sonara chic, de eso que se metiera bajo la piel y que se sublimara de alguna extraña manera, "Early Daiquiris" de Maxim Illion, sí. – Tienes razón, yo no soy dueña de tu trabajo

- Pero pasa que me gusta trabajar contigo

- Licenciada Katina- resopló un tanto divertida, que casi se tira del balcón al haber trazado lo que no le convencía, que no era el trazo en sí sino la falsedad de él sobre la perfecta piel de su Lena. – No me diga que quiere que trabajemos juntas

- La diferencia entre Providence, Newport y Malibú, y éste proyecto, o proyectos, no sé, es que esos tres te los dieron a ti y no tienen nada que ver conmigo, pero, en este caso, Beverly Hills y Santa Mónica sí, es como con la casa de los Hatcher… mi pregunta es: si estás haciendo un boceto del hotel, ¿eso significa que sí lo tomarás?

- Te lo pongo así como funciona una agencia de modelos- murmuró seriamente. – Ellos administran y representan a las modelos hasta cierto punto, pues, la que tiene la última palabra es la modelo: ella dará su cara por la marca, lo que significa que no cualquiera puede contratarla. Transformemos el proceso a nuestro gremio- sonrió. – El Estudio nos administra a pesar de ser relativamente independientes, si el cliente llega al Estudio, entonces el proyecto se le arroja a cualquiera que esté libre a menos de que el cliente sepa con quién quiere, en ese caso, si el proyecto llega a mí, yo estoy en todo mi derecho de negarme a trabajar con el cliente; como en el caso del primo de Natasha. Aquí nada de proxenetas y prostitutas- resopló. – El hecho de que trabaje con los Roberts no le da acceso directo a Blair, o el hecho de que haya trabajado con los Hatcher no significa que, automáticamente, voy a aceptar un proyecto con algún familiar. Ahora, si hablamos de la Señora Gummer, del Señor Trump, de la Señora Close… no es porque son ellos, porque son grandes, sino porque sé que no me van a hacer ninguna estupidez que me haga tropezar en el camino; sé cómo trabajan, sé cómo piensan, sé cómo les gustan las cosas. Entonces, si Junior se levanta con una idea como la de su papá, una idea de "remodelemos todo", lo haría si las condiciones laborales me lo permiten, porque tampoco voy a tomar doce proyectos… esas mierdas se caen si tengo demasiado, y llevo treinta y nueve proyectos exitosos en mi récord, cinco que están pendientes, no necesito que se me caiga una casa

- Entonces, ¿ni te había ofrecido el proyecto y ya lo habías aceptado?- murmuró.

- Claro, en mi cabeza sí, porque me gusta trabajar con ellos, es como que no tengas límites para nada- suspiró. – Pero, sin ofender porque probablemente suene raro o grosero, la diferencia entre tú y yo, no sólo es una sino varias

- ¿Cuáles son?
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Dom Oct 11, 2015 12:29 am

- Digo dos puntos: primero, tú vas a tomar tu punto de partida a partir de lo que yo decida hacer con la infraestructura, tú dependes de mí en un setenta por ciento, el treinta restante es donde se vuelve negociable pero yo no dependo de ti. Segundo, tú no puedes ser parte de mi equipo en el caso que decidiera tener un apoyo, pero yo sí puedo ser parte del tuyo; esas dos diferencias se resumen en un desbalance… y, tercero, es un proyecto que nos va a tomar un año, año y medio si se cae el mundo- rio. – Yo tengo los tres proyectos ya mencionados a mi cargo y tengo la asistencia con Volterra para la TO, nos vamos a casar en abril, tiempo para el que sé que sólo Providence estará terminado, para mayo estará Newport, y luego queda Malibú que va para octubre marzo del otro año, la TO poco a poco y para terminarlo antes de la temporada alta, o sea abril, mayo a más tardar, dependiendo del movimiento que tengan ellos, y, si tomo este proyecto, que son dos en uno y no son simplemente casas sino edificios que no pueden ser ni parecidos al de Malibú ni similares entre sí, lo tiramos para marzo del dos mil dieciocho, lo cual asegura trabajo hasta esa fecha pero también asegura estrés y todo lo que eso implica. Lo había aceptado, pero quería consultarlo contigo, pues, sólo exponerte los casos… y no porque quiera que sólo trabajes conmigo, sino porque quería saber qué pensabas al respecto

- Fuck- suspiró con arrepentimiento.

- Pues, quería preguntarte si te parecía conveniente que me hiciera cargo de lo que me ofrecen o si te gustaría que fuera parte de tu equipo; básicamente a eso se reducía

- Yo sí te quiero en mi equipo, pero es decisión tuya si aceptas estar a cargo o no y si aceptas, encima de eso, estar en mi equipo

- Si acepto estar en tu equipo, que también me gustaría mucho, tendría que recurrir a apoyo, que no me molesta en lo absoluto…

- ¿Volterra?

- Pensaba más en Belinda, quizás y Nicole también para repartir la carga de trabajo, así me quedaría más espacio para trabajar más de cerca contigo, ¿te gustaría eso?

- ¿De verdad harías eso?

- ¿Por qué no?

- Porque sé que no te gusta trabajar tanto en equipo

- No soy fanática, pero con Belinda ya he trabajado varias veces, y Nicole, entre Belinda y yo, no tiene mayor opción más que la de no cuestionarnos y hacer lo que le decimos- rio. – Además, contigo sí me gusta trabajar

- Por eso dije "tanto"- tosió entre un bostezo y un estiramiento de brazos y piernas al ver que Yulia ya tapaba el marcador y se ponía de pie para verlo desde arriba. - ¿Por qué no Volterra?

- Se reserva sólo para la otra costa, además, es una manera de no involucrarte con él por tanto tiempo

- De no ser por eso, ¿lo escogerías a él?

- Probablemente no- resopló, dándole la mano para ayudarle a ponerse de pie. – No le gustan los edificios, se estresa demasiado

- Sólo no quiero que por mí hagas esas cosas, tampoco es como que no lo puedo ver ni en pintura… le ha bajado la intensidad

- No lo hago por ti, lo hago por la salud mental de todos; ¿Volterra y dos edificios? Sálvese quien pueda- Lena rio. - ¿Le puedo tomar una fotografía al dibujo?

- Había dado por sentado que lo harías- sonrió. - ¿Me quieres de pie o acostada?

- Acuéstate- murmuró, yendo en dirección a su bolso para sacar su teléfono.

- Entonces, ¿qué será; serás parte de mi equipo?

- Sería un gran honor- sonrió, subiéndose a la cama para terminar con aquello.

- ¿Vas a hacerte cargo del proyecto?

- Sí, y voy a ver con Belinda y Nicole, con Pennington y Clark también- sonrió, enfocando aquel boceto. – Mmm…

- ¿Qué pasó?

- No logro que sólo salga el dibujo

- ¿Salen mis pezones?

- Y otras partes también- rio.

- Pues, si son para tu uso personal, ¿por qué no?

- ¿Es en serio?

- Confío en ti- sonrió, halando una almohada hasta colocársela bajo la cabeza. Más cómoda. – Puedes tomarme todas las fotografías que quieras

- Parecería que quieres que te las tome

- Me gustaría más enseñártelo en vivo y en directo cada vez pero, si es algo que tú quieres, ¿por qué no?

- Creo que es una agradable oferta para cualquier otra persona que no sea yo- sonrió. – No te preocupes, censuraré tus partes de las fotografías y luego me desharé de ellas, ¡puf! Como si nunca existieron. Prefiero quitarte la ropa- sonrió, y arrojó el teléfono sobre la cama para arrodillarse sobre ella. – Hablando de ropa…- se colocó exactamente con sus piernas entre las suyas y reposó su frente contra la suya. Lena cerró los ojos, así como si Yulia tuviera la intención de regañarla. – No vas a incendiar mi clóset, ¿verdad?

- No, eso implicaría incendiar mi ropa también- bromeó todavía con sus ojos cerrados, Yulia sólo rio nasalmente y dejó caer un poco más de su peso sobre ella. – Tengo una pregunta

- Mjm…- murmuró guturalmente mientras se encargaba de darle besos en su mejilla derecha, que el trayecto estaba diseñado hacia sus labios.

- ¿Puedo acompañarte mañana?

- ¿A lo del vestido?

- Sí

- ¿Por qué no?

- ¿No es como que de mala suerte?

- No estoy segura porque eso sólo lo he escuchado cuando hay un vestido blanco implicado

- Y tú no eres ni virgen y el blanco no te gusta en los vestidos…

- Exacto- rio, y mordisqueó su quijada. – Mi vestido no sé si será negro…

- Phillip y yo tenemos cosas que hacer

- No quieren acompañarnos, eso es, ¿verdad?

- No, no es eso- resopló. – Aunque, si encuentro un vestido que me guste aquí, no veo por qué no comprarlo, ¿no crees?

- Y, ¿en qué has pensado, mi amor? ¿Vas por la línea de la psicología del color o simplemente por la estética?

- Esperaba que me ayudaras tú… porque quiero verme bien para ti

- Siempre te ves bien para mí- sonrió, llevando su nariz a la suya para rozarla contra ella.

- No, pero quiero verme especialmente bien

- Quiero verte cómoda y feliz, el vestido que pueda contribuir a eso es el acertado… porque me gustaría verte sin ropa, aunque no sé qué tan apto para todo público eso sea- rio.

- Quiero que me quieras arrancar el vestido- susurró y, de manera inconsciente, abrió un poco más sus piernas. – Quiero que me quieras hasta la desesperación

- Siempre me desespero por tenerte- besó su cuello y llevó su mano derecha a aquella entrepierna que tanto quería su atención.

- Puedes tenerme donde quieras y cuando quieras, eso ya lo sabes- se ahogó ante la suave y superficial caricia circular que los dedos de Yulia hacían sobre sus labios mayores que, al ejercer un poco de presión, llegaban a su clítoris. – En tu oficina, en tu escritorio para ser más específica…

- Si me acuerdo bien- susurró a su oído. – Ambas veces fueron porque tú querías

- ¿Qué te puedo decir? Tu oficina tiene algo que me pone mal- suspiró hacia adentro al Yulia rozar directamente su clítoris.

- ¿Arde todavía?

- Se gentil

*

- Hey…- murmuró con una sonrisa al salir al mismo balcón en el que había tenido la última plática con el respetable Señor Matthew Blair, o, como Phillip solía llamarlo, "Mateo". – Te estaba buscando

- ¿Para qué soy bueno?- sonrió, dejando salir el humo del cigarrillo por entre sus dientes. Era la pregunta que siempre le hacía, y la respuesta era siempre la misma: una sonrisa y risa pulmonar, una sacudida horizontal de cabeza y nunca una respuesta verbal. - ¿Estás segura que no quieres uno?- le mostró nuevamente la cajetilla.

- Totalmente, gracias- sonrió, apoyándose de la baranda con sus manos.

- ¿Cuándo lo dejaste?

- Hace como un año

- ¿Por qué lo dejaste, por salud? O… ¿te levantaste un día y lo decidiste?

- No, no sé exactamente por qué lo dejé…al principio creí que era por el sabor de la comida…aunque creo que sólo necesitaba la excusa para dejarlo. A veces me dan ganas de fumar, y de fumar una cajetilla entera, de fumarme hasta el cartoncillo de la cajetilla- resopló.

- No sé si admirarte por tener fuerza de voluntad para no hacerlo o si preguntarte lo obvio

- ¿Qué sería lo obvio?

- ¿Por qué no lo has hecho?- Yulia rio nasalmente y asintió dos veces, sí que era obvio.

- Las arrugas- respondió con una risa interna al acordarse de la verdadera razón.

- No has cambiado mucho- sonrió, acordándose de aquella vez que estaban sentados bajo el sol de verano en la Plaza España mientras se comían un gelato con Andrea, su hermano menor y a quien Yulia solía cuidar, que Yulia se cubría el rostro del sol con la capucha de su sudadera entre aquel calor, todo porque no quería acelerar las arrugas que empezaban a ahondársele. Yulia no respondió, sólo vio sus uñas, algo que solía hacer en un momento de incomodidad total. – Entonces… te casaste- asintió en silencio y con pausas alargadas de por medio. – Nunca creí que cambiarías de parecer…- Yulia lo volvió a ver con una mirada escéptica pero desconcertada. – Me acuerdo cuando me dijiste que nunca te casarías porque no creías en el matrimonio, ¿no te acuerdas tú?

- Parco di Colle Oppio- murmuró, acordándose de aquella noche en la que, muy ebria, de las pocas veces que se había embriagado como estudiante en Roma, había estallado en lo que ahora Natasha le había enseñado a nombrar como: "C2H6O" y no simplemente "alcohol", pues la fórmula química ya decía mucho de la seriedad del asunto. – Después del final de Scienza delle Costruzioni- añadió.

Se vio de pie sobre aquel césped verde perfecto, que tenía una botella de Grey Goose en la mano izquierda, la cual sostenía sin la menor pizca de etiqueta al tomarla por el tallo y con el puño y por estarla bebiendo directamente de la boquilla, y, en la mano derecha, la mitad del cigarrillo que fumaba sin piedad al darle la espalda al iluminado Coliseo y darle la frustrada y enfurecida frente a Luca, quien estaba tendido sobre el césped y la veía como si fuera su entretenimiento personal, que quizás era la combinación de aquella desinhibición y la Topvar que Oleg le había traído a Yulia de Bratislava pero que ella se la había regalado a él porque ella no bebía cerveza. Después de mucho Prosecco de mala calidad, de calidad de estudiante de segundo semestre, que la mitad de aquella bebida había sido absorbida por su cabello, por su camisa a cuadros y por sus típicos Converse blancos, después de muchos cigarrillos y la fiesta en la que había gozado como nunca en su vida, algo de lo que ya se sentía culpable, había terminado en el parque con Luca porque él no se acordaba dónde había dejado su auto; así de tóxico había sido aquello. Estaba en algo a lo que Luca le llamaba "trance", pues, con el Coliseo iluminado y la transición de noche al amanecer, Yulia se había desinhibido en la molestia del matrimonio fallido de sus papás y de las mentiras que rodeaban hasta el divorcio porque cada parte se protegía de la contraria pero también la protegían. ¿Cómo creer en algo que no podía funcionar con normalidad, como algo que funcionara como un negocio? ¿Cómo creer en algo en lo que había visto ser disfuncional en todo sentido? ¿Cómo seguir los mismos pasos de sus papás?

- Pero una Yulia de dieciocho-diecinueve años no es la misma de hoy- sonrió él, viéndola como con nostalgia. – Sabes… a Lena nunca la conocí por más que nuestros papás fueran amigos- suspiró. – No es ni tema de conversación cuando Inessa llega a almorzar o a cenar a casa de mis papás… y tampoco sabía que era… bueno, tú sabes- sonrió avergonzado por el término que parecía no poder verbalizar. – Nunca imaginé que preferías a las pelirrojas- la molestó con un codazo suave. – Tiene la personalidad de Donatella Torri, eso sí lo sabes, ¿verdad?

- ¿De la que nos daba Física I, II y III?- rio.

- La única. Me acuerdo cómo te gustaba ir a esas clases, y eso que eran a las ocho de la mañana los lunes

- Sí, las clases a las que no llegabas y, si llegabas, era como una hora tarde

- Y quizás por eso me tardé tanto en terminar la carrera- rio.

- Tampoco te urgía terminarla- sonrió.

- A ti tampoco, pero hiciste cuatro años y medio en tres, con laboratorios, semestre fuera y prácticas

- Y ahora dura tres- resopló. – Irónico

- Lo harías en dos años, quizás

- Pero no me dejarían tomar Física II al mismo tiempo de la I- rio. – Ya Santonelli no es el decano y mi papá no puede enamorarlo con una sesión de Whisky, golf y un excelente servicio de te…- lanzó la carcajada antes de terminar aquella expresión tan de ellos, tan vulgar y tan ordinaria, tan obscena. Y luego vino el silencio. Además, había sido el semestre en Bratislava el que le había ayudado a sacar todas las materias que no se llevaban en la Sapienza hasta el tercer año, o sea "Elementi di restauro", "Scienza delle Costruzioni", "Progettazione urbanistica II" e "Processo edilizio e tecnologie realizzative", clases que tuvo que tomar porque sí pero que sólo iba por firmar la asistencia, pues, el examen, lo tendría por pan comido.

- Volk…- murmuró, colocando su mano sobre su hombro desnudo mientras hacía desaparecer la colilla del cigarrillo. – Sé que las condolencias no te van bien, pero siento mucho lo del Doctor- dijo, refiriéndose a Oleg como si en realidad lo lamentara a pesar de que no. "Doctor", buen apodo aunque no era más que su título. – Quise llamar… pero supuse que no querías que te lloviera sobre mojado

- No fue nada

- La intención es la que cuenta- sonrió comprimidamente como si quisiera sacudirse esa mala pasada de las manos. - Es que no sabía cómo contactarte, y, si lo hacía, no sabía qué te diría

- ¿No sabías cómo contactarme?- resopló, apoyándose con ambas manos de la baranda y dejando caer su rostro hacia el suelo.

- No encontré la manera, no se me ocurrió nada

- Sabes- sacudió su cabeza. – Hablo con tu papá, por lo menos, dos veces al año: para su cumpleaños el veinte de julio y para Navidad. Hablo con tu hermano para su cumpleaños el nueve de agosto y para Navidad, que, para Navidad, es la misma llamada para los dos porque llamo a tu casa, casa en la que sé que sigues viviendo porque siempre le pregunto a tu papá cómo estás, porque por eso es que, año con año, no hay tarjeta de Año Nuevo que no falte, así como solíamos dárnoslas cuando estábamos en la Universidad. Te felicito para tu cumpleaños, el nueve de noviembre, porque nunca se me olvida que es un día después de mi cumpleaños, porque nunca se me va a olvidar la confusión del "9/11"- resopló. – Para ti es tu cumpleaños, para los habitantes de esta ciudad, y de éste país, es otra cosa porque leen raro la fecha. Te felicito por e-mail, así te he felicitado desde que me acuerdo, desde que se lo pedí a tu papá. Pero, después de todo, supongo que la intención cuenta todavía más- sonrió, y, por primera vez, Yulia supo lo que era el verdadero resentimiento.

- Estaba enojado, lo siento- se disculpó sinceramente, con toda la sinceridad que podía tener en su confundida cabeza. – Y aquí estoy- sonrió, intentando buscar su mirada. – El día de tu Apocalipsis, por así decirlo- resopló.

- No, el Apocalipsis ya pasó… y no estabas ahí- lo volvió a ver con comprensión a pesar de la falta que le había hecho en ese momento.

- Sabes, me enteré muy tarde de que te habías venido a trabajar aquí- suspiró. – Mi papá me lo contó como una cosa más, ni siquiera me lo contó sino me lo comentó. Todo fue tan… de repente- frunció su ceño. – Y fui a tu casa pero nadie me abrió, supuse que tu mamá estaría trabajando, y la busqué en el Vaticano

- Sí, me lo dijo

- Me dijo que no estabas bien, que habías tenido un problemita y que la pasantía con Alec te había caído como del cielo… me insinuó que necesitabas espacio, de tiempo y de espacio físico, por eso no te busqué más, más porque me dijo que sólo era por unos meses y que regresarías porque estabas pensando en hacer los exámenes en Milán, los últimos tres que te faltaban, y luego volverías a la Sapienza a estudiar el Magistrale en Arquitectura del Paisaje… te esperé y te quedaste aquí, ¿por qué no regresaste?

- ¿Para qué iba a regresar?- se encogió entre sus hombros. – No tenía nada que me atara más que del cuello para ahorcarme

- ¿Qué hay de tu mamá?

- Fue hora de crecer- sonrió. – Y aquí, por lo menos, hacía lo que me gustaba… y estaba lejos de lo que no me gustaba

- Y has crecido bien, Volk- la abrazó con su brazo, así como solía hacerlo cuando eran amigos. - ¿Estás bien?

- Mejor que nunca- apoyó su sien sobre el hombro de aquel hombre del que ya era de su estatura. – Gracias por venir… bonita sorpresa

- Siento mucho que me haya tomado demasiado tiempo

- Mejor tarde que nunca

- Y siento mucho no haber estado para ti por algo que hasta hoy no entendí

- ¿Qué se supone que significa eso?- resopló.

- Cuando me dijiste lo que me dijiste- dijo, refiriéndose a cuando Yulia lo había detenido sin previo aviso al él, literalmente, confesarle su amor. – No entendí por qué… y me enojó lo que me dijiste, fue como la respuesta más famosa para evadir a alguien, es el típico "no eres tú, soy yo", pero realmente no sabía de qué hablabas, creí que era por Ferrazzano- o sea Marco. – Que era porque, no sé, que todavía pensabas en él, y me enojaba no saber por qué él era mejor que yo, qué tenía él para tener tu atención, qué tenía él que no tenía yo- rio nasalmente y sacudió su cabeza. - Sólo habría querido que me lo dijeras- rio. – Me tomó un poco mal parado esto de Lena y tú

- Lo de Ferrazzano es un poco tabú en mi vida- suspiró. – Y, te lo dije en esa ocasión, que eras un buen hombre, que eras muy bueno, y que te quería muchísimo… pero que yo no era para ti, que eso no iba a funcionar por mí

- Por eso, habría sido más fácil que me dijeras "por qué" y no sólo que no eras para mí… toda mi frustración no habría sucedido y tú y yo no habríamos tenido ningún problema

- Yo no tengo ningún problema contigo- rio. – Sólo te resiento la omisión, pero aquí estás… entonces se compensa

- ¿Por qué no me dijiste que no era yo el problema sino los hombres en general?

- Porque no son un problema- rio. – No tengo ningún problema con tu género, tengo problema con la gente en general

- Pero estás con una mujer, algo tiene que carecer un hombre… que no sea longitud porque está difícil que con una mujer lo logres- bromeó, aunque, si de longitud se trataba, Lena le daba los orgasmos más largos que podía experimentar, y eso ya era longitud.

- Pero no porque tenga un problema con el género contrario- rio de nuevo. – Ni porque tengan… pues… pene pequeño, tú sabes- dijo como si no hablaran de nada extraño.

- ¿Sigues llamando las cosas por sus nombres?

- La mayor parte del tiempo, sí- se encogió entre sus hombros.

- Bueno, llamemos las cosas alla Volkova y preguntemos las cosas como son: ¿por qué no me dijiste que eras lesbiana?

- ¿Porque no lo sabía?- resopló.

- Vamos, Volk, ¿a los veintitantos y no sabías? Eso ni Ricky Martin se lo cree

- Me gustan los hombres

- Pero de lejos- completó su idea.

- Exacto- asintió. – Esto es lo más cerca que un hombre logra conmigo desde hace ya un buen tiempo- dijo, refiriéndose al semiabrazo que recibía.

- ¿Y mujeres?

- Sólo Lena

- ¿Qué te da Lena?

- Lo que necesito; ella me entiende a un nivel que ni siquiera yo me entiendo- sonrió para sí misma.

- Sabes, creo que nunca te vi tan feliz como cuando te estaban sacando del mercado- dijo entre su metáfora. – Me alegro que exista ese alguien que pueda conocerte sin conocerte y que pueda comprenderte sin conocerte- le dio un beso en su frente y la dejó de abrazar. – Realmente te deseo lo mejor

- Gracias

- No hay de qué- resopló. – Pero, a lo que viniste… mejor dicho, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar adentro con Lena y tus amigos? Esos amigos que se ven a distancia de brazo pero que te conocen más que yo

- Debería, pero la vejiga de una mujer también tiene sus manías- sonrió. – Y no digas eso de mis amigos, que tú también puedes conocerme… conocerme de nuevo, así como yo a ti, porque no sé quién eres

- Luca Perlotta, socio en "Perlotta e Trentini"… sólo Arquitecto, soltero, vivo con mis papás todavía… y me gusta beber Topvar porque me acuerda a una de las personas que marcó mis vida, me gusta sentarme en las escaleras de la Plaza España mientras me como un gelato; due limone, y veo cómo los turistas arrojan sus monedas a la fuente, me detengo a ver las vitrinas de Dolce & Gabbana y sonrío ante el suspiro o el gruñido que saldría de la persona que se vería contra el reflejo de la vitrina para saber cómo se le vería tal blusa o tal falda, no me gusta el café porque me gusta el té de durazno y vainilla, y suelo reírme cuando estoy pidiendo el scontrino y escucho a los turistas decir "un café", porque sólo me acuerdo de cuando tú, un tanto ebria, hiciste la aclaración de que "un café" no significaba nada más que una aberración de la traducción, porque en Italia no existe simplemente "un café", porque eso es agua sucia, como la que beben aquí, porque en Italia se pide el café como es: "un latte", "un espresso". Y me enoja cuando la Roma le gana a la Lazio, pero me da risa cuando escucho a los hinchas cantar el himno de la Roma… y no Alfa Romeo que no vea con nostalgia, o Martini al que no le saque la aceituna, o vez que llame "Fumicio" al "Fiumicino", o canción de Laura Pausini que no me haga recordar a una poseída mujer que cantaba cada canción con los pulmones en las manos y el corazón en la boca; en especial "Strani Amori", "La Solitudine", "La Mia Banda Suona Il Rock" e "Le Cose Che Vivi"… pero, aparte de eso, tú sabes: cenas románticas, trabajo comunitario y largos paseos por la playa- dijo con tono de moderador de Concurso de Belleza. – Ah, y no puedo evitar decir que Nek canta "Almeno Travolta" gracias a ti- ambos se carcajearon como solían hacerlo.

- No he cambiado mucho

- Ahora eres Arquitecta Yulia Volkova, ya no simplemente "Volk" o "Volkovini"- resopló, que el segundo era cómo le canturreaba él desde la puerta de su casa para que supiera que ya había llegado por ella. "Volko-cinii". – Socia en "Volterra-Volkova" porque ni Flavio Vensabene pudo contigo, ni siquiera muerto- bromeó. – Tienes un aura que te resume a la música que ponían en "Black Label"; muy chic, elegante y pulcra, lounge, subida en agujas de metal, uñas y bronceado perfecto, cabello de envidia, sonrisa asesina, futones blancos y luces verdes, violetas y azules, una blanca entre ellas para poder verte con precisión: diva- Yulia no supo qué hacer más que carcajearse. – Inalcanzable para todo pobre mortal espectador que vea la suavidad con la que te mueves, porque flotas, y pareciera que, quien te está haciendo reír, no te saca una risa de medio-risa, sino que sólo genera más intriga porque lo seduce. Pero quien te hace reír es una mujer, que cualquiera pensaría que es tu mejor amiga por la cercanía física, pero es por la iluminación que no se distingue la cercanía visual, y es entonces cuando ambas se convierten en la pesadilla de las fantasías y los desvaríos que son inevitables abrazar por mayor intento de racionalización

- ¿Estás seguro que fumabas tabaco y no lo que estaban fumando en casa de Giuliana?- rio, acordándose de aquella nube densa que le había afectado hasta a ella y que era por esa vez que había descubierto que podía alojar seis quesoburguesas del McDonald’s en su estómago, eso más la bebida más grande, que debía ser agua con gas, y el respectivo McFlurry, ah, y las papatinas enormes.

- Una vez vi una mujer así en un Lounge en Londres, y ahora te veo a ti en esa posición- sonrió. – Con la diferencia de que sé que no eres fanática de los clubes y de que te veo completa y no vacía como a aquella mujer, y te veo feliz, esa risa de risa llena y sonrisa, y casada- sonrió de nuevo. – Como sea, Volk- sacudió su cabeza. – Si quieres intentar tener una amistad, porque eso es lo que puedes darme, considérame presente y, por efecto inmediato, con llamadas para el cumpleaños y para Navidad la tarjeta

- Tienes que conocerme de nuevo, saber que hay cosas a las que les doy más importancia y a otras a las que no, que tengo otras costumbres y otro modus operandi

- Suena justo- sonrió. – Ahora, dime que, entre todas las mujeres accesibles y proporcionales a mi edad que están en ese salón, hay por lo menos una soltera

- ¿Katya?- rio. – La hermana de Lena

- No soy tu amigo ese que anda buscando en las incubadoras de Maternidad a su futura novia- rio.

- Entonces no, no hay solteras creo yo

- Con Katya será

- Bien- asintió y despegó sus manos de la baranda. – Por cierto, grandísimo sucio y pervertido- rio como si le divirtiera llamarlo así. – No creas que no me di cuenta cómo estabas maquinando una película pornográfica en tu cabeza cuando nos estaban molestando- le dio un golpe con el dorso de su mano y, con una sonrisa, entró al espacio cerrado y ventilado.

- Me tomaron por sorpresa, no había modificado mis ajustes de Software, no pude evitarlo, perdón- se encogió entre sus hombros.

- Descarado- rio con su abdomen y sacudió su cabeza.

- Dejaría de ser yo si no fuera tan descarado

- Eres el descaro con piernas

- Y otras cosas más

- ¡Ah!- gruñó con asco. – Por favor, dejemos a tu pene fuera de la conversación

- ¿Ves cómo sigues siendo tú la sucia?- rio, dándole el típico codazo.

- ¿Yo?- resopló con cinismo divertido y no tuvo que sacudir la cabeza para obtener la reverencia de su amigo.

- Entonces… Señora Volkova, ¿qué puede decir en su defensa?

- Tengo personalidades múltiples

- Volk- suspiró graciosamente. – Ni me digas que estallo en lo que no te gustaría

- Nada que ver- frunció su ceño. – No he tenido nada con Lena todavía

- ¿Te casaste con alguien con quien nunca has…?- se plantó a medio pasillo.

- En realidad, aparte de que fui al baño, salí a avisarte que la comida ya estaba por ser servida- resopló, dándole unas palmadas cariñosas en su hombro izquierdo.

- Volk, yo te conté de cuando la mujer de inglés me violó- y aquel recuerdo voló por la memoria de Yulia, provocándole una risa al abrir la puerta ese día por la noche, noche en la que Elizabeth Arthur, la que impartía el curso de inglés para no-tan-de-nivel-medio durante el primer año, había, literalmente, ordeñado al joven en cuestión.

- Materia que aprobaste porque dejaste que te violara a su gusto todo el segundo semestre- rio. Materia que Yulia no tuvo que llevar nunca durante toda la carrera a pesar de que sí hacía exámenes.

- Y así me enseñó a hablar inglés

- Y así hablo yo un poco más de griego- murmuró mientras abría la puerta y lo dejaba en estado de potencial explosión masculina al saberlo cierto. Así eran varias de las pláticas que tenían cuando jóvenes; graciosas, de insinuaciones, bastante sexuales sólo por hobby, por ser inmaduros o porque el tema les gustaba. Todos sabemos cómo es eso.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 16, 2015 12:33 am

CAPITULO 14 : Para jugar con fuego


- ¡Yulia, Tesoro!- gritó burlonamente al abrir la puerta de par en par. A Yulia se le fueron los colores luego de que los colores del arcoíris le pasaran por su cara, no por miedo sino por vergüenza.

- Arquitecta, perdón- se escabulló Gaby entre los brazos extendidos de aquel hombre que simulaba algún tipo de grandeza bíblica con ellos.

- Señora der Bosse- sonrió Yulia avergonzada. - ¿Me disculpa un momento?

- Claro- dijo con las huellas de aquel sobresalto.

- Si gusta, puede hojear los portafolios para encontrar un estilo que se acerque a lo que le interesa- sonrió de nuevo, abriéndole las dos carpetas rojas. Ella sólo asintió mientras veía su reloj, algo que, en el mundo de Yulia, no era nada bueno. Yulia se puso de pie y, con un sobresalto vuelto perfecto enojo, no enojo de verlo sino enojo por esa entrada de campeonato, como si se tratara de Pedro por su casa luego de la Guerra caminó hacia él. – Tú- gruñó, y lo tomó del brazo para sacarlo de su espacio laboral y cerrar la puerta tras ella. - ¿Qué demonios haces aquí?

- Tesoro- sonrió grandiosamente. - ¿Cómo estás?- la tomó de las manos y estuvo a punto de besarlas, pero Yulia jamás, ¡jamás!, se dejaría besar por él, por esa cosa.

- De pie- espetó. - ¿Qué buscas aquí, Anatoly?

- Arquitecta, ¿quisiera que llame a Seguridad?- preguntó Gaby en una pequeña vocecita de no saber si hacía lo correcto o no, no por Yulia sino por él, pues nunca le cayó bien y nunca la había tratado bien, más que todo porque siempre se refirió a ella como La Secretaria: "Secretaria, comunícame con Yulia."

- Gabriela- espetó él, y ambas, Gaby y Yulia, espetaron un "Gabrielle" en sus mentes. – Sólo será un minuto

- Mi paciencia está a punto de terminarse, Anatoly. Así que te pregunto de nuevo…- dijo entre un suspiro.

- Ya sé, ya sé- la interrumpió, y cómo odiaba eso Yulia. – "Qué hago aquí"- murmuró como para sí mismo. – Sólo vine a avisarte, personalmente, que estoy muy alegre que estaremos trabajando juntos de nuevo- Yulia sólo respiro hondo, con una pesadez que tenía nombre: "Volterra". – Pues, en el mismo aire, al menos- sonrió. - ¿No me das un abrazo de bienvenida?

- Escúchame bien- se acercó a su rostro con furia. – Aquí las cosas ya no funcionan como cuando te fuiste, aquí las cosas funcionan como yo digo. Aquí la que manda soy yo, así que no me interesa cómo es tu contrato pero date por informado que, con la primera cagada, por más mínima que sea, conmigo, con algún proyecto o con cualquiera en el Estudio, no voy a dudar ni un segundo en sacarte de nuevo, ¿me entendiste?

- Entendido, preciosa- sonrió. – Ahora, ¿qué dices si, cuando termines con tu cliente, vienes conmigo a celebrar con unas copas?

- Y la cagada cuenta en mi vida fuera del trabajo también

- Sabes que no puedes despedirme por una cuestión personal; ya dos veces sería abusar

- No cuando es sexual harrassment, porque la segunda ya sería más difícil de sacudir- sonrió, y Anatoly se dio por enterado que no estaba jugando. – Además, será mi palabra contra la tuya, así que ten cuidado- él levantó las manos para librarse de una anticipada culpa.

- En ese caso, Arquitecta Volkova, la veré el lunes a primera hora, ¿verdad?- sonrió, que intentó ser el altanero de siempre, pero hoy ya no tenía cómo escudarse en nadie, ni siquiera en Bellano porque ya no estaba.

- Gaby, que el Ingeniero Segrate vea la salida del edificio hasta el lunes por la mañana- dijo suavemente sin quitarle la mirada desafiante de la suya.

- Ingeniero- dijo Gaby. – ¿Sería tan amable de acompañarme?

- Con todo gusto, Gabriela- asintió de esa manera que era evidente para el agrado de Yulia y él y sus protuberantes entradas de denso cabello negro, cabello al que Yulia alguna vez lo vio parecido al cabello de un Ken que alguna vez tuvo su hermana, le dieron la espalda y se alejaron por el pasillo.

- Disculpe la molestia, Señora der Bosse- se disculpó sinceramente ante la mujer de cabello rubio-blancuzco y de ojos penetrantemente grises, más que los de Lena, y se asustó al ver que no había tocado ningún portafolio y la esperaba con mirada tensa, espalda rígida y pierna cruzada sobre la cual reposaban sus manos. - ¿Encontró algo que le guste? – ella sólo frunció sus labios por el lado izquierdo y empujó sus perfectas gafas Tiffany.

- ¿Su… novio?- preguntó con un poco de indiferencia, pero fue la pregunta la que le pareció extraña a Yulia.

- Compañero de trabajo- sonrió, volviendo a la hoja de apuntes en donde tenía únicamente el nombre de aquella mujer en tinta azul de su pluma fuente: "Victoria Genevieve der Bosse", y el tipo de vivienda a remodelar y ambientar: "Condo". Ni dirección, ni número de habitaciones, ni presupuesto, sólo a esa mujer que, de ponerle un sombrero, podría pasar por Victoria, Duchess of Whatever-the-place-would-be.

- ¿Su novio?- repitió, y Yulia entendió que la respuesta que le había dado no era adecuada para lo que quería saber.

- No- sonrió con paciencia, y la mirada de aquella rígida mujer, tres niveles más que Katherine y con, quizás, cien millones de razones más, se dirigió a las manos de Yulia. – Tampoco es mi prometido- y qué le importa, resopló.

- Tampoco está casada- ¿a dónde va esto?

- No- sacudió sus dedos para reafirmarle aquello.

- ¿Más o menos cuánto se tarda en entregar su trabajo?

- Bueno, eso dependerá de los ajustes que se acuerden para la remodelación, que es lo más tardado. La parte de ambientación y decor toma más o menos diez días si invadimos

- ¿Un estimado?

- ¿La remodelación incluye derribar una que otra pared?

- Quizás

- ¿La cocina y/o los baños deben ser modificados?

- Sí

- En escala del uno al diez, siendo diez bastante, ¿qué tanto considera usted que se tenga que remodelar?

- Siete

- Dependiendo de su presupuesto, mínimo seis semanas- sonrió con la seguridad que necesitaba aquella mujer.

- ¿Por qué debería escogerla a usted y no a los de Bergman?- sonrió de regreso.

- Señora der Bosse- suspiró Yulia con una disimulada impaciencia. – Yo no le voy a decir que soy su mejor opción por dos razones- y se ahorró el "y digo dos puntos". – La primera es que no conozco a los Ambientadores de Bergman, la competencia no es algo que me apasiona, ni para saber quiénes son y para saber cómo superarlos, ni para boicotearlos; prefiero jugar limpio y bajo mi propio estilo y mis principios. La segunda es que no puedo darle una opinión acertada cuando no sé si su Condo es parte de una casa, tipo Townhouse, o si es parte de un edificio como un apartamento, penthouse o no. Tampoco sé qué estilo le gustaría para su comodidad, y no sé si puedo darle lo que quiere con el presupuesto que tenga- sonrió.

- Piso treinta y ocho y treinta y nueve del 515- dijo con una mirada más relajada y suave.

- Lenox Hill, ¿cierto?- destapó su pluma fuente y empezó a anotar todas las especificaciones.

- Cinco habitaciones, cuatro punto cinco baños, sala de estar, comedor, cocina, cuarto de lavandería y Servidumbre- asintió.

- ¿Chimenea?

- ¿Quiero o tiene?

- ¿Tiene?

- No

- ¿Quiere?

- No estaría mal- sonrió, y Yulia, con la misma sonrisa, asintió mientras apuntaba aquello en la página del lado derecho, en donde se apuntaban los deseos del cliente, pues, en la de la izquierda, eran datos generales.

- ¿Más o menos cuántos metros cuadrados?

- Doscientos cincuenta, quizás

- ¿Algo en especial que quiera que se cotice con anterioridad?

- No tengo prisa- suspiró, sumergiendo su mano en su impecable Birkin Bag negra para sacar una memoria USB. – Aquí están los planos y fotografías de cómo era mi Condominio anterior

- ¿Le gustaría algo similar a su Condominio anterior?

- Estoy abierta a estilos nuevos, pero los colores me gustaría preservarlos

- Entiendo- sonrió y elevó la mirada al terminar de apuntar aquello. - ¿Cambio de piso, alfombrado, cambio de azulejo, cambio de superficies, cambio de escaleras?

- Me gustaría quitar todas las molduras, me gustan las paredes lisas

- Señora der Bosse, tendré que darle un vistazo a las cláusulas del contrato de compra o arrendamiento del Condominio, pues, usted entenderá que se tiene que jugar bajo las reglas de la administración de cada edificio, más cuando es arrendado

- Mi esposo es el dueño del Condominio, pero supongo que puedo darle una copia del anexo de mantenimiento

- Eso será más que suficiente

- ¿Eso significa que sí hará la remodelación?

- Yo le puedo decir que sí, pero no sé si usted quiera adquirir mis servicios

- Si es por el precio no se preocupe- murmuró, volviendo a ver su reloj con un poco de impaciencia.

- ¿Quisiera una cotización antes de establecer los parámetros del contrato por el proyecto?

- ¿Hay variaciones de precio?

- Sí

- ¿Es primera vez que busca a un ambientador, verdad?

- Unos amigos nos dieron el contacto de ustedes y nos dijeron que habían trabajado muy bien y muy rápido, mi esposo sólo sabía de Bergman y, como somos nuevos en la ciudad, mejor buscar una segunda opinión también

- ¿De dónde viene, Señora der Bosse?- le preguntó con amabilidad mientras insertaba la memoria USB en su iMac.

- Chicago, a mi esposo lo van a transferir en unos meses. Trabajará en éste edificio

- Ah, ¿General Electric?

- Sí

- Me imagino que no es primera vez que viene a la ciudad

- No como turista

- ¿Le gusta para vivir?

- Es igual de ajetreado que Chicago sólo que con menos viento- sonrió.

- Nunca he estado en Chicago- suspiró, volviéndose a la pantalla para copiar los archivos a una carpeta roja. Pero estoy al tanto del vibrador gigante llamado "Cloud Gate", pervertidos.

- ¿Tiene mucho tiempo viviendo aquí?

- Mmm… un poco más de seis años

- Pero usted no es de por aquí, ¿verdad? – Yulia sacudió su cabeza con una sonrisa. - ¿Inglesa?

- Soy mitad rusa y mitad italiana- resopló.

- Ah, disculpe, es que el acento

- Fue el acento que aprendí de pequeña- sonrió. – Señora der Bosse- le alcanzó la memoria USB. – Yo no pretendo aprovecharme de usted y no sé si tiene más opciones o si buscará más opciones, o si tomará en cuenta a Bergman también. Le recomiendo que vayamos por partes hasta que sepa con seguridad si quiere que le haga el trabajo; primero una cotización junto con uno o varios diseños preliminares, luego las modificaciones, luego la remodelación y, por último, la ambientación

- ¿Y qué necesitaría para la cotización?

- Tomar medidas extras, que me diga lo que quiere y cómo lo quiere, qué pared quiere que derribemos, etc.

- ¿Cuándo tiene tiempo?

- ¿Le parece bien lunes o martes?- sonrió, alcanzando el teléfono para llamar a Gaby.

- Estaré fuera de Manhattan, regreso el veintitrés. El veinticuatro estaría bien si es por la mañana

- Gaby, ¿qué tengo a partir del veintitrés de este mes?...- vio la hora en su reloj y sólo supo sonreír. - ¿Y por la mañana?...- y cubrió el teléfono con su mano. - ¿Le parece bien a las nueve de la mañana el viernes veinticuatro?- le preguntó a la Señora der Bosse, quien asintió. – Gaby anótame a la Señora der Bosse a esa hora, por favor. Gracias- y colgó. – Para ese entonces ya habré visto los planos y tendré una que otra idea de lo que usted quiere, una vez vea el espacio físico será más fácil, supongo

- ¿Cómo le entrego el anexo del contrato?

- Si gusta puede enviármelo de manera digital a mi correo electrónico o tenerlo físico - dijo, alcanzándole una tarjeta de presentación. – O, si gusta me hace saber, por correo electrónico o por teléfono, en dónde dejará la copia para que la recojan de aquí del Estudio

- Entonces…- murmuró mientras leía aquella tarjeta. - ¿El viernes veinticuatro a las nueve en el Condominio? – preguntó, poniéndose de pie y llevando su bolso a su brazo.

- ¿Le gustaría que le acordáramos con anterioridad? - dijo luego de asentir mientras se ponía de pie.

- Estaría muy bien

- ¿Con dos días de anticipación estaría bien?

- Estaría perfecto- sonrió.

- Cualquier cosa que necesite, o que se le ocurra, por favor, no dude en llamarme o en escribirme

- Muchas gracias, Arquitecta- le tendió la mano y Yulia, con una sonrisa, se la estrechó como si le hubiera acordado un poco a su mamá.

- Lo que sea que necesite- dijo con ese gesto que era demasiado de Yulia, ese aplanamiento de aire con sus manos mientras sostenía la pluma fuente entre su pulgar y su índice derecho. La encaminó hacia la salida y le abrió la puerta. – Por cierto, Señora der Bosse, ¿puedo saber quién la refirió?

- Los Hatcher tienen una casa muy bonita- sonrió y siguió su camino, Yulia sólo supo sonreír y se aplaudió mentalmente. Claro que tenían una casa hermosa, ¿quién la había diseñado? ¿Quién sino ella?

- Qué tenga un buen día- le dijo a aquella espalda con hombreras que cada vez se alejaba más por el pasillo, que parecía estar desfilando por una pasarela infinita. Bajó su cabeza y, con la misma pensativa sonrisa, cerró la puerta de madera y se dirigió a su escritorio, o esa intención tuvo, pues se quedó de pie mientras veía el diluvio inundar su pereza.

- Arquitecta- la llamó Gaby al Yulia no atender al llamado a la puerta. - ¿Arquitecta?- se acercó lentamente hacia donde estaba frente a la ventana, y lo hizo con cautela, pues creyó que estaba enojada. – Arquitecta, ¿está bien?- le tocó el hombro y sintió cómo reaccionaba aquella mujer.

- Gaby- sacudió su cabeza mientras pestañeaba de esa manera que delataba su viaje al remoto vacío y, para la sorpresa de Gaby, Yulia la abrazó por sus hombros, como si fueran amigas de toda la vida. – Tuve un lapso de perdición- resopló, no sabiendo exactamente por qué le explicaba eso. - ¿Me decías algo?

- Sólo quería disculparme de nuevo por la interrupción del Ingeniero- dijo sonrojada. Yulia entendió que era por el abrazo, WTF, y, con la sonrisa de "no te preocupes" junto con una sacudida de cabeza, puso el abrazo incómodo en el pasado.

- ¿Lena ya salió?

- Sigue en reunión- Yulia frunció sus labios y respiró muy hondo, estaba aburrida.

- Necesito que imprimas lo que hay en la carpeta roja, dos copias - dijo, idiotizada nuevamente por la vista.

- ¿Algo más?

- Dile a Volterra que quiero hablar con él, ya sea que él venga a mi oficina o que yo vaya a la suya- Gaby asintió como si tomara nota mental. – Necesito que, en el momento en el que Lena salga de esa sala, a lo que sea, que la interceptes y le preguntes si tiene ganas de cocinar, por favor. Y, por favor, un poco de agua- Gaby asintió una última vez y, en silencio, se retiró junto con la mirada acosadora de Yulia, que sólo sonreía ante la satisfacción de que Gaby tuviera buen gusto para comprar un tacón. Tomó el teléfono y, sin llevarlo a su oreja, marcó el número tres para luego dejarse caer en su silla mientras llevaba el teléfono a su oreja. Y esperó un tono, dos, tres. Cuatro.

- ¡Aló!- jadeó Natasha del otro lado.

- Oh, por favor, dime que no interrumpí cualquier proceso de procreación- resopló un tanto sonrojada, pues aquel jadeo era tan familiar y conocido desde que supo cómo era que Phillip y Natasha buscaban preservar la especie a pesar de que no la preservaran en ese momento.

- Estoy con Thomas- gruñó, y se escuchó cómo pujaba y dejaba caer algo pesado sobre el suelo. - Fuck- suspiró, todavía agitada. – What’s up?

- Además del techo…- resopló. - ¿En qué andas?

- Ando en Reebok- bromeó. – Estoy haciendo lo que Jõao llama "brazilian butt lift"… un tipo de cardio que me dio risa todo el tiempo porque era de sacar y meter el culo y, ahora, básicamente levantar pesas con el culo- rio.

- ¿No será con las piernas?

- Con los muslos, casi culo, es lo mismo- inhaló la típica congestión nasal que la atacaba cuando sudaba más de lo que se catalogaba como "sexy". – Estoy por terminar

- ¿Thomas está haciendo lo mismo?

- No- tosió sin aire. – Está intentando conquistar a la tercera candidata en la banda sin fin- resopló. – Esta sí le ha hecho caso, ahí lo tiene hablando de lo mucho que le gusta Bruno Mars

- Y me imagino que a Thomas le encanta y ya están planeando ir a verlo en concierto y todo eso

- Y te imaginas bien, seguramente al rato se le pasa la mano y le dan la tercera bofetada metafórica de la tarde

- Pobre, dile que digo yo que le doy un diez por esfuerzo y perseverancia, pero que está más que claro que no está buscando en el lugar adecuado

- Déjalo soñar- resopló, sentándose contra la pared mientras abría una botella de Vitamin Water Revive. Viva el potasio. – Dice que si Phillip pudo conmigo, y cito textualmente lo que piensa de mí: "una mujer con complejo de mírame y ni se te ocurra mirarme más, mucho menos acercarte, peor tocarme y mimada hasta del culo"- Yulia resopló. – Que si él pudo conmigo, con esta magnificamente-perfecta-engreída-arrogante-exagerada-vana-estirada-perra- respiró hondo al quedar sin aliento. – Él puede, en sus palabras, con "cualquiera"

- Si te das cuenta que cinco o seis de esos adjetivos que te atribuiste son explícitamente sinónimos de "fatuo", ¿verdad?

- Y ese no era el punto, cariño- rio. – El punto era que si Phillip pudo conmigo, él puede con cualquiera

- Se le olvida el punto clave

- ¿Y ese cuál sería?

- Que Phillip sólo tenía que mirarte, así, de reojo, para que tú suspiraras muchas mariposas y glitter y todo lo mawkish que se te ocurra

- Oh, Shakespeare, por favor, aclárame el término "mawkish" que esta pobre y analfabeta mortal no ha comprendido- dijo en tono melodramático.

- Aclaremos algo primero- rio. – "Pobre" ni de pobreza ni de desdicha, "analfabeta" no eres porque sabes leer y escribir

- Ah, pero "analfabeta" también implica las siguientes variaciones, y digo dos puntos: ignorante. Sin Cultura, mejor conocido como el término "inculto". Profana en alguna disciplina

- Y es por eso, Ella Natasha, que, con esa definición de diccionario, no cabes en la tasa de analfabetismo- rio.

- Touché, touché. Pero, ¿qué es "mawkish"?

- Cursi,cursi, marica… - sólo escuchó que lanzó una carcajada descarada que la contagiaba.

- Sabes- dijo entre su risa en decrescendo. – Ya te extrañaba

- Que tanto?- dijo en ese tono juguetón, como si no fueran amigas sino algo más, pero no era más que una broma.

- Muchísimo, amor- sonrió, y pudo sentir cómo mordía su labio inferior por la misma burla del momento.

- ¿Tienes ganas de verme?

- Si te veo no respondo- dijo con esa "r" enrollada que implicaba erotismo.

- ¿Qué me vas a hacer cuando me veas?- rio, siguiéndole la broma.

- La pregunta es "¿qué no te voy a hacer?"- resopló, y, por primera vez, bebió de aquel líquido violetamente granate.

- ¿Tienes planes para hoy por la tarde-que-noche?

- Mmm- se saboreó el líquido, pero Yulia estaba aguantándose la risa al imaginarse cómo todo aquello sonaría. - ¿Qué planes me tienes? – preguntó con un susurro lascivo, así como si estuviera a punto de tener phonesex, cosa que ya había tenido en múltiples ocasiones pero sólo con Phillip porque sabía Dios qué glándula o qué botón le había oprimido para colocarla en modo sexual-activo desde que se acostaron la primera vez.

- ¡Uf!- siseó con una sonrisa divertida. – Cena romántica, unas copas, un par de risas cómplices… quién sabe en qué termine

- ¡Yulia!- gimió calladamente como si estuviera en el apogeo de un inventado y ridículo clímax. - ¿Qué te llevo de postre?

- Ahora estas hablando- rio.

- ¿Qué vamos a cenar?

- Es sorpresa, Darling

- ¿Y cómo voy a saber qué llevarte de postre?

- ¿Qué tienes ganas de comer de postre, Nathaniel?- suspiró, que se llevó un sobresalto al Lena abrir la puerta de golpe, pero sólo sonrió para su sonrisa de "justo a quien quería ver".

- Ahora estoy en el gimnasio, y creo que, por lo mismo, se me antoja todo lo que sea más dulce que aquella torta que te hizo vomitar de tan dulce que era

- Siempre tan linda que me acuerdas de mis malos ratos- resopló, no quitándole la vista de encima a Lena, quien se dejaba caer en su silla para estirarse únicamente de sus brazos y, ya más relajada, quitarse sus gafas para limpiarlas así como siempre las limpió, así como a Yulia le daba un minúsculo paro cardíaco por verla demasiado parecida a Volterra.

- ¿Qué te parecen unos éclairs de Veniero’s?

- No creo que quieras comer algún tipo de crema- resopló.

- ¿Me vas a dar algo picante? Porque sabes que para eso soy un poco marica, más conociéndote, que no me sacas tabasco o un jalapeñito, sino que, sólo por atentar contra mi colon, me sacas un Trinidad Moruga Escorpión

- Para eso mejor te esperas a mañana, que sale la columna de tu mamá- rio.

- Ha-ha, muy divertida. ¿Me vas a dar algo picante?

- Quizás picante no, condimentado sí- Natasha sólo se quedó en silencio. – Y allá va la diarrea mental

- ¿Podrías ser un poco menos asquerosa?

- Bueno: "y allá van los problemas gastro-intestinales agudos"- rio con burla extrema, haciendo que Lena se riera nasalmente a pesar de no saber de qué hablaban exactamente.

- Está bien, mi querida matapasiones- resopló. – Ya entendí

- Oye, yo con eufemismos no merezco que me trates con disfemismos

- Como sea, ¿qué te parece un cinnamon pull-apart bread?

- Esa es la actitud que esperaba de alguien tan grandioso como tú, oh, gran Nathaniel- dijo burlonamente.

- Yulia, te diré lo que siempre he querido decirte: "las mejores amistades están basadas en la impertinencia, la inadecuación y el sarcasmo"

- Pues, Natalia, supongo que nuestra amistad está con la base más sólida que pueda existir- se carcajeó.

- I love you, Yul

- I love you, too- sonrió sonrojada mientras escondía su mirada entre sus uñas. Lena no sintió celos, simplemente le nació una sonrisa de ternura y de alegría sana al saber que Yulia le podía decir a su mejor amiga eso que no sabía cómo traducirlo: "yo también te amo" o "yo también te quiero", maldito inglés y su sencillez, pero, fuera amor o profundo cariño, sinónimo de "te quiero", también tenía derecho a sentirlo por alguien más que no sólo fuera ella, más cuando se trataba de alguien como Natasha, que era como su otro pulmón, la mitad de su consciencia y un cuarto de su tranquilidad. – Y lo digo en serio

- Y me has hecho la mujer más feliz en éste gimnasio- susurró con una risita de chiste colegial.

- Eso no me dice nada bueno

- ¿Por qué no?

- Porque no hay lugar más estresante y descompensado, a nivel hormonal, emocional y físico, que un gimnasio

- Cierto- resopló. – Pero, como sea, I love you, you idiot

- Los insultos son necesarios para el perfecto mantenimiento de nuestra amistad, ¿no?

- Pero así me adoras

- Eso es cierto, Dah-ling

- Entonces- dijo, antes de que el silencio incómodo entrara a la escena. - ¿A qué hora me quieres para nuestra cena romántica?

- Seis… pues, para ejercitar un poco la lengua- resopló, como si no les hubiera bastado todo lo que habían acribillado en Los Ángeles.

- ¿Es cosa de infieles, de trío masculino, de trío femenino o de cuarteto-o-sea-orgía?- rio.

- Orgía, orgía- dijo en ese tono de aclaración pero no se dio cuenta de cómo eso sonaba de mal, tan mal y extraño, y extraviado, que Lena ensanchó la mirada y la volvió a ver.

- Perfecto, entonces estaré ahí a las seis-y-media-siete, con un cinnamon pull-apart bread y con mi señor esposo

- Ahí te esperaremos, cariño- sonrió y, sin decirse adiós o algo parecido, ambas colgaron.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 16, 2015 12:41 am

- Creo que me perdí de algo- dijo Lena, que Yulia sonrió para Gaby, que por fin entraba con su agua.

- Gaby, eres una caridad del cielo- le agradeció Yulia, llevando el vaso con agua a sus labios y, con su dedo índice levantado, le pidió que se esperara un momento.

- Licenciada Katina, ¿quisiera algo de beber?

- Un café, si eres tan amable, Gaby- sonrió, dejando caer sus hombros como si le estuviera pidiendo en forma de plegaria. – Por favor

- Claro que sí, Licenciada. ¿Con leche?- sonrió de regreso, Lena asintió, y se volvió a Yulia, quien terminaba su agua y le alcanzaba el vaso. - ¿Más?

- Por favor- asintió con los ojos vidriosos por el gas de aquella recién abierta botella de Pellegrino.

- Enseguida- y se retiró por donde entró.

- Invité a Natasha a cenar, y me estaba preguntando, a su manera, si era infidelidad, trío u orgía- murmuró, girándose sobre su silla para terminar en el escritorio de Lena.

- Swingers, entonces- sonrió, pues ella también podía jugar a eso.

- Justo el punto perfecto, Signorina Katina- guiñó su ojo derecho. Eso derretía a cualquiera. - ¿Café?

- Estoy que me duermo- suspiró con una sonrisa, cruzando sus brazos sobre el escritorio e inclinándose sobre él con su torso para acercarse a Yulia.

- Pero, ¿un café?- resopló burlonamente.

- Sí, agua sucia- susurró juguetonamente. – Porque eso hace la cafetera que trajo Volterra, ya se acostumbró demasiado al café local

- Pero usted, Licenciada Katina- adoptó la misma posición que Lena y se acercó a su rostro con el suyo. – Usted quiere un Latte, ¿no?

- Primero quiero ahorcar a Alec por haber querido jugar a ser Barista y haber terminado jodiendo la Cimbali- dijo una suave risa nasal y esofágica que lograba enamorar a Yulia, más por cómo gesticulaba aquello, como si quisiera morderle los labios, que esa era la intención. – Y, sí, me hace falta mi Latte… el café se me congela de lo asqueroso que sabe, parece una decantación asquerosa, es como si le pudieras sentir las partículas de café entre el agua. Agua sucia

- ¿Y te conformas con agua sucia?

- Es lo que hay: cafeína o no cafeína, créeme que funciono mejor con cafeína, más en un día como éste- sonrió minúsculamente, lo suficiente como para mostrarle una pizca de la blancura de su dentadura. – Pero no creo que Alec quiera volver a escuchar algún comentario alusivo a la cafetera- resopló, acordándose de la reunión que habían tenido el día anterior, que había explotado en enojo al sentirse agredido después de los inofensivos comentarios de la avería de la Cimbali, de la adorada Cimbali, a quien le llamaban "Doña Cimbali" porque se merecía respeto histórico por hacer el mejor café matutino, que Rebecca y Nicole bebían un Capuccino, Lena y Volterra un Latte, aunque Volterra era más de café con leche alla americana, y, el resto, o un americano, que era en realidad un Lungo. – No quiero que me acribille así como lo hizo con Clark

- ¿Quieres un Latte?

- No le voy a decir a Gaby que corra a Starbuck’s a que me compre uno

- Yo podría ir a comprártelo

- No, no

- Sólo tengo que salir y ya estoy casi que haciendo fila- sonrió con esa sonrisa que decía "si tanto se te antoja un Latte, te juro que contrato a alguien para que sólo se encargue de subírtelo".

- Cafeína, eso es todo- rozó la punta de su nariz contra la de Yulia, y Gaby tuvo que llamar a la puerta, a pesar de estar abierta, para no interrumpir nada que cayera en la categoría de "para mayores de veintiún años". – Gaby, eres un ángel- sonrió con la misma caída de hombros, y es que no puedo explicar cómo o qué denotaba o connotaba. – Gracias- suspiró, tomando la taza como siempre la tomaba; con su dedo medio y anular en la oreja, su dedo índice sobre ella, su meñique bajo ella, su pulgar abrazando el resto. Era la taza que Phillip le había regalado "sólo porque sí", pues había pensado en ella en cuanto la vio: era básicamente un beaker con capacidad de medir trescientos cincuenta mililitros de líquido y que, contra líquido oscuro, o sea café, se dibujaba la molécula de cafeína.

- Gracias, Gaby- asintió Yulia, tomando el vaso en su mano.

- ¿Necesitan algo más?

- Yo no, gracias- sacudió Lena su cabeza a ras de la taza y luego bebió aquello que sabía a un cuarto de lo que un Latte podía saber.

- ¿Arquitecta?- sólo para asegurarse.

- Gaby, tú que todo lo sabes- se volvió a ella completamente de frente con una sonrisa que, o daba miedo, o daba risa. - ¿Cuál es la súper máquina para hacer café que tienen los del piso de arriba?

- No tengo idea, Arquitecta- dijo con miedo de que reventara con ella. – Pero puedo averiguar

- No, no te preocupes- suspiró. – Sólo quiero que busques alguna máquina para hacer café, que haga Capuccino y Latte sin mayor problema

- ¿Así como Doña Cimbali o como las de Starbuck’s?

- ¿Cómo son las de Starbuck’s?

- Pues, hay unas que vienen para hacerlo de Pods y no de café recién molido como Doña Cimbali

- ¿Has probado los de Pods? – Gaby asintió. - Entre Pods y café recién molido, ¿qué prefieres?

- Yul, yo creo que no hay nada como café recién molido- intervino Lena al ver que Gaby se ahogaba en el intento, todo porque sabía que de su respuesta dependería lo que haría la compulsiva de Yulia.

- Yo no bebo café, por eso pregunto- sonrió para Gaby. - ¿Es mejor el café recién molido?

- Y supongo que más barato también- asintió.

- Búscame otra Doña Cimbali, entonces, y que la vengan a instalar y con mantenimiento, igual que la anterior y, por la gracia de Dios, inclúyele una garantía de más de un año, por favor

- ¿Quiere que la compre?

- La donaré a los consumistas de café- sonrió.

- Ah, ¿con su cuenta? – Yulia asintió. – Como usted diga, Arquitecta. ¿Algo más?

- Sólo lo de Alec, por favor- suspiró, y Gaby, con una leve sonrisa, se retiró, cerrando tras ella la puerta. – So, los días de agua sucia están contados, mi guapísima Licenciada Katina- sonrió en voz baja al acercarse a ella.

- Todo lo haces ver tan fácil- dijo como si todavía no terminara de comprender la profundidad de las superficialidades de las decisiones de Yulia, esas decisiones que no consideraban todas las variables, sólo un "la compro de Pods o compro La Cimbali", ese era el dilema.

- Porque lo es- susurró con esa sonrisa estúpida que no podía lograr quitarse. – Además, sé cuánto te gusta el Latte y, si en mis manos… - Lena entrecerró la mirada mientras bebía un sorbo generoso que le calentaba las entrañas. – Y, si en mi bolsillo está- se corrigió con una sonrisa y Lena se lo agradeció. – Poder darte un Latte como te gusta, ¿por qué no?

- Cómo podría no amarte?- susurró, volviendo a cruzarse de brazos y acercando su rostro al de Yulia.

- No sé- mordió su labio inferior y vio angelical pero pícaramente hacia arriba. – Soy jodidamente irresistible- dirigió su mirada, ahora picante y seductora, quizás por la ceja arqueada, a la mirada de Lena.

- Jodida eres- susurró más bajo y se acercó lo suficiente para unir sus labios a los de Yulia.

- No sabes cómo quisiera subirte aquí- dio unas palmadas a su escritorio. – Bajarte ese pantalón que tanto me está estorbando- dijo contra sus labios y, con el roce de su pantorrilla desnuda en la pantorrilla cubierta de Lena, logró hacer que cerrara los ojos. - ¿Qué tienes bajo el pantalón?- le preguntó casi inaudiblemente, que sus labios rozaban los suyos al gesticular.

- Adivina- la provocó, paseando sus dientes por sus labios, pues cómo quería arrancarle besos y demás. – Y adivina el color también

- Sino, ¿qué? – sonrió, devolviéndole las incompletas mordidas.

- ¿Me estás retando?- resopló.

- Eso es precisamente lo que estoy haciendo

- Mmm…- suspiró pesadamente, como si quisiera tragarse sus palabras y simplemente arrojársele en un beso. Era demasiado intenso para ella, intenso para los cinco días que llevaba sin que Yulia la tocara porque, para su desgraciada sorpresa, sus días femeninos habían decidido adelantarse y no para bien, no con el mismo modus operandi de asesinar dentro de los límites de la mutilación, pues aquello había parecido un cierto tipo de hemorragia por genocidio uterino. - ¿Qué quieres si tú ganas?

- Te lo diré luego

- No, ya

- Mandona- murmuró para sí misma. – Me gusta cuando te pones así

- Ah, ¿a Yulia Volkova, a la fiera indomable, le gusta cuando la dirigen y le exhortan?

- Me gusta cuando me dices "no" con esa seriedad que sólo sabes poner en ese momento, o cuando me dices "tócate"- dijo, y empezó a darle besos cortos sobre sus labios. – Me parece muy sexy- dijo en tono de voz normal y se despegó de ella para tomar su vaso con agua.

- ¿Eso quieres si ganas?

- Eso es lo que quiero- asintió. – Y, si ganas tú, ¿qué quieres?- y llevó el agua a su garganta.

- Yo quiero montar en tu cara- Yulia se ahogó con aquel agua, entre risa y un "fuck" sonriente que era culpa de lo naughty que eso sonaba. Y Lena que no pudo contenerse la risa burlona por el ahogo de sorpresa.

- Eso puedes hacerlo cuando quieras- tosió, aunque quiso decirle "hazlo aunque gane, porque voy a ganar".

- Y también puedo decirte que "no" cuando quiera- repuso con la sonrisa maquiavélica que personificaba a su ego. Ego, "ego", con "e" minúscula. – Pero esto es un acuerdo

- ¿Cuántos intentos tengo?

- Tres

- Tres para color y tres para tipo, ¿verdad?

- No, sólo tres para los dos, ¿para qué quieres más?- resopló.

- No es muy justo, quieres ganar

- Está bien, te doy cinco características

- ¿Encaje?- Lena llevó la taza a sus labios y asintió suavemente. - ¿Menos de dos colores?- sacudió la cabeza. - ¿Dos colores?- asintió pero con su dedo índice. - ¿Colores primarios oscuros?- sacudió su cabeza. – En escala del uno al diez, ¿qué tan cómodo le sienta a tu…?- respiró hondo, considerando la palabra "trasero" un poco fuera de suavidad.

- ¿A mi…?

- Tú sabes

- No sé si estamos hablando de mi coño o sobre mi culo

- Detrás - sonrió.

- Mmm…- bebió de su agua y, ante el llamado a la puerta, dejó caer su cabeza en un "fuck this moment", y lo quiso hacer doble al ver que era Volterra.

- ¿Se puede?

- Pasa adelante, por favor- le dijo Yulia, que, si le pedía un segundo con Lena, seguramente ardería Troya. – Tiene que ser Kiki de Montparnasse- le dijo a Lena, que se ponía de pie para dejarlos a solas. – Y así- introdujo su dedo índice derecho entre su índice y dedo del medio de la mano izquierda: tanga. Ella sólo rio.

- No quiero ser inoportuno- dijo Volterra, no entendiendo de qué hablaban, pues no debía entender. – Puedo regresar luego si están trabajando

- No, yo voy a llenar mi taza con más café nada más- sonrió Lena, pero Yulia le lanzó la telepática mirada de "regresas, por favor".

- Me dijo Gaby que querías hablar conmigo- le dijo Volterra con sus manos en sus bolsillos, como si le hubieran succionado toda la autoridad o jefatura con el cruzar la puerta.

- Siéntate, por favor- frunció su ceño y apartó su vaso con agua.

- Gracias- haló la butaca en la que aquella Señora se había sentado con anterioridad y se dejó caer con suavidad. - ¿De qué querías hablar conmigo?

- Primero te quiero decir que voy a donar una Doña Cimbali al Estudio

- ¿Está bien?- dijo entre afirmación y pregunta, ¿qué se suponía que debía responder a eso?

- Sólo para que estés al tanto de que no estoy utilizando fondos de VP

- Supongo que nos alcanza para una cafetera, ¿no? Digo, no creo que haya necesidad de que la pagues de tu bolsillo si debemos tener suficiente para una

- Que se siga utilizando para el café en sí, que tampoco es lo más barato del mundo

- Como tú digas, eso es de hablarlo con Moses. Por cierto, ¿en dónde está? No lo he visto en todo el día

- Está recogiendo unos planos para Belinda y para Rebecca

- Ah, ya veo- suspiró, y dio las típicas palmadas a sus rodillas. Señal de incomodidad.

- Ayer en la reunión dijiste que, a raíz de lo de TO y Washington, que los Ingenieros iban a tener las manos llenas- comenzó diciendo.

- Puedo explicarlo- la interrumpió.

- Por favor- tomó el vaso en su mano y, recostándose sobre el respaldo de la silla, se dedicó a escucharlo.

- Anatoly sólo tiene un contrato temporal para ayudarme a mí, son cuatro meses nada más y por cuatro meses le he dado el contrato, sólo cuatro meses- sí, ya entendí que sólo por cuatro meses. – Me cayó una casa en los Hamptons y no veo por qué molestar a los Ingenieros cuando ya tienen suficiente trabajo

- Y, dentro de todos los Ingenieros habidos y por haber en esta ciudad, Anatoly Segrate fue tu elección

- Ya he trabajado con él, conocemos cómo trabajamos, y sólo serán cuatro meses… o mientras la construcción se termine

- Yo sólo quiero que sepas que, así como se lo dije a Anatoly, a la primera cagada, por muy mínima que sea, yo no voy a dudar ni un segundo en sacarlo de planilla

- Yulia, pero es un buen Ingeniero

- Y no lo dudo, pero hay algo que va más allá de lo que pueda saber hacer- Lena emergió en silencio y Yulia, siguiéndola con la mirada para saber si podía confirmar sus sospechas de tanga, la vio sentarse con un poco de incomodidad. – Pero yo no lo quiero alrededor mío, ni laboralmente ni personalmente, que ya le dejé claro que no tengo ningún problema con decirle a Romeo que me ayude a ponerle una demanda por acoso

- No te atreverías- suspiró con una suave sonrisa.

- Cuando me dijiste el año pasado si podías contratar a Segrate de nuevo, te dije que prefería darle fuego a su salario a pagárselo, y no porque sea un mal Ingeniero, porque no lo es, pero mi paciencia como mujer tiene sus límites y él los sobrepasó quizás antes de tiempo

- Lo despediste por una razón personal, no por una razón profesional- intentó razonar lo irrazonable.

- Revisa tus parámetros de profesionalismo intralaboral

- Revisa los tuyos también- contraatacó, y se sabía que se refería a aquel episodio que nunca debió pasar pero pasó.

- Alec, no es nada personal… pero si lo quieres hacer personal, créeme que también puedo hacerlo personal

- No quise decirlo así- dijo defensivamente, pues ya veía su futuro en esa conversación, más con la sonrisa que empezaba a crecer en Yulia. Ya le sonaba un "el pecado es que me metí con tu hija, eso es lo que te tiene ardido", pero esas no eran ni las palabras ni las intenciones de Yulia.

- Sólo quiero que le dejes claro a Segrate, como quien lo contrató, que es tu proyecto nada más, que no crea que lo vamos a contratar de nuevo… y pregúntale por qué lo sacaron de Bergman- sonrió. – Tal vez así te desanimas

- Ya le pregunté y dijo que fue un malentendido

- Así como con lo mío- asintió. – Pídeles una recomendación a los de Bergman y date cuenta de qué hizo… y pesará en tus hombros si lo hace aquí también

- No sé de qué estás hablando

- El hombre tiene que comer- sonrió, y, gracias al cielo, le sonó el teléfono. – Un momento- y recogió el teléfono para contestarlo, pues era una llamada que no podía perderse, llamada de trabajo.

- Hola, Lena- se volvió a ella.

- Hola- sonrió un tanto incómoda.

- ¿Cómo te fue en Los Ángeles? – susurró, cambiándose de butaca para quedar más cercano a ella.

- Bien, bien… ¿por qué?

- Ah, pues, pregunta, ganas de saber- Lena arqueó sus cejas y, con un resoplido, llevó su taza de café, que era el mismo de hacía rato, a sus labios para darle un trago generoso. Asco. - ¿Puedo saber a qué fueron?

- A una reunión de trabajo- respondió, pues no quiso hacerlo de manera irrespetuosa o responder con ese tono de "¿no es obvio?", y todo porque el tono de Volterra fue como de una curiosidad disfrazada. Y él como si lo hubieran regañado; cabizbajo y mudo. – Junior quiere que ambiente lo que va a diseñar Yulia

- ¿Las dos torres?

- Pues, todavía no sé si serán dos o más

- Creí que ya lo habían hablado eso- frunció su ceño. – Digo, esos eran los planos que vi

- No hay planos de eso todavía- susurró, y fue entonces que comprendió. – Junior quiere dos hoteles

- Ah, eso no lo sabía

- A eso fuimos

- ¿Y se los dieron? – asintió. – Felicidades- sonrió él, incomodándose de nuevo.

- Y… ¿cómo estás? – la mirada se le iluminó de regocijo. - ¿Qué hiciste para Navidad y Año Nuevo?

- Nada en especial, sólo Napoli con mi hermana

- ¿Tienes hermana?- siseó sorprendida.

- Elsa, y mi cuñado se llama Ariosto

- ¿Sobrinos?- ¿primos?

- Giordano, Mariano, Rossana y Cassandra

- ¡Cuatro!- siseó con una sonrisa, y le alegró saber que, al menos, tenía cuatro primos a pesar de que no los conocía, pues Helena y Melania no habían querido hablarle desde que, supuestamente, desconoció a Sergey como su papá.

- Casa llena

- Mi mamá nunca me dijo que tenías una hermana

- Es mucho menor que yo, casi diez años, creo que nunca la conoció- Lena dibujó una "o" con sus labios y no supo qué más decir.

- Perdón por la interrupción, Alec- dijo Yulia, relajando a Lena al rescatarle de aquella incomodidad. – Como te decía… ¿qué era lo que te estaba diciendo?

- No sé, pero ya averiguaré bien sobre Anatoly y no te preocupes por él, ¿de acuerdo?

- Confío en ti que no pasará nada- él asintió y, con un impulso de brazos, se puso de pie.

- Bien. Uhm… yo voy a ir a mi oficina que tengo cosas que hacer

- Yo en un rato me voy a ir- le dijo Yulia, sólo para informarle que saldría a las cuatro y treinta.

- Acuérdense de mañana- Yulia sólo asintió y lo vio retirarse y cerrar la puerta tras él.

- ¿Qué hay mañana?

- No sé qué número de cumpleaños sería el de Flavio Vensabene- suspiró. – Para mí es vacación- se volvió a ella con su ceja arqueada hasta el cielo. – Entonces… es tanga y es negra

- No- sonrió, tomando su taza de café para darle el último asqueroso sorbo.

- Culotte y negro- frunció su ceño, ¿en qué momento se le ocurrió que era Culotte? Lena sacudió su cabeza. – Commando- susurró.

- Creo que perdiste- sonrió al tragar.

- No puede ser, tiene que ser trampa

- No- sacudió su cabeza con una sonrisa triunfal. – Nada de trampa, simplemente no ganaste

- ¿Es azul marino?

- No

- Pero es tanga

- No- sacudió su cabeza una tan sola vez y se puso de pie.

- ¿A dónde vas?

- A ninguna parte- resopló, quitándose su cárdigan amatista y lo arrojó sobre el respaldo de su silla. Llevó su mano al primer broche del pantalón, que era una lengua que cubría el botón, y, desabotonándoselo y bajando la cremallera, se dio la vuelta y dejó que Yulia viera aquello.

- ¿Garter?

- Yo sé que sabes que no es Garter- dijo, subiendo su pantalón para abrocharlo cuanto antes.

- Pero sí era negro- argumentó como si no hubiera escuchado lo último. – Eso es la mitad correcto- Lena se dio la vuelta y, con travesura en la mirada, se apoyó sobre su escritorio con sus brazos y sus manos, dejando que su roja cabellera cayera sobre sus hombros forrados de blanco.

- ¿Y eso qué significa, Arquitecta?- susurró lascivamente.

- No sé- balbuceó, dándole atención visual al escote de Lena, que no era prominente, en lo absoluto, simplemente tenía un botón que ya dejaba poco menos a la imaginación. – Yo no puse las reglas del juego, pero están inconclusas- murmuró, introduciendo su dedo en aquel botón que no la dejaba apreciar completamente su escote y, de un tirón, liberó el botón. Gruñó al ver el sostén negro que abrazaba con tanto cariño aquellos abultados senos, que no eran sinónimo de ningún Wonderbra sino de un buen sostén.

- ¿Cincuenta y cincuenta?- juntó sus brazos para juntar sus senos y Yulia dejó caer la quijada hasta el Lobby; treinta y ocho pisos.

- S-sure- balbuceó sin concentrarse en aquello al tener toda su concentración en el ajustado y abultado escote de su novia.

- ¿Qué ves?- lo apretó todavía más.

- El comienzo del Paraíso- susurró, llevando su dedo índice a aquella piel para rozarla. – Como te iba diciendo…- suspiró, introduciendo apenas su dedo entre el sostén y su piel. – Subirte a tu escritorio, bajarte el pantalón, inspeccionar como-se-llame-lo-que-tengas-bajo-él, y comerte

- Del uno al diez, ¿qué tantas ganas tienes de comerme?

- Cien- susurró para sí misma, pues estaba desconcentrada, y era culpa de su dedo, el cual se introducía lentamente hacia adentro de la copa y ya alcanzaba a rozar cierta piel de especial textura. – Mil… un millón

- Sí sabes que después de mis días soy de correrme muy rápido, ¿verdad?

- Sí sabes que después de tus días estoy que asesino por comerte, ¿verdad? - rio con su garganta y, ante la risa, Lena se irguió y se volvió a abotonar la barrera que bloqueaba la imaginación de Yulia.

- No- gimió como si estuviera en medio de un berrinche. - ¿A dónde vas?

- Al baño- sacudió sus hombros ante un escalofrío y tomó su cárdigan; era culpa del frío.

- Feliz evacuación urinaria- sonrió desde lejos.

- ¿Quién dijo que iba a eso?- mordió su lengua por fuera y Yulia, con un gruñido que no logró sacar, se dio cuenta que aquello no había sido totalmente justo, ¿a qué había aceptado con cincuenta-cincuenta?
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 16, 2015 12:45 am

Tomó su agua y, viendo cómo se reventaban las burbujas al salir a la superficie, se acordó de cuando Lena le había insinuado que lo de ellas era una burbuja y que eventually, it’d pop. Respiró hondo ante el amargo sabor que aquello le dejaba, o quizás sólo era el sabor escondido del agua gasificada. "It would pop" susurró mentalmente entre los tragos de agua, ¿por qué estaba tan sedienta? Bueno, ese no era el punto. "Would" fue lo que le llamó la atención. "It" stands for "bubble", "pop" is a verb, hence an action: to burst, to explode, to break open; eso estaba claro. "Would" es subjunctive imperfect: "se rompería", pero también es past tense "se rompió". ¿O había dicho "it could eventually pop" y ella lo había transformado a "it would"? Porque, de ser "could" significaría que "podría romperse" pero no era un hecho. "Could"≠ "Would". Posibilidad ≠ Hecho seguro. Bueno, pero Pellegrino estaba diseñado para que las burbujas reventaran en la superficie, era el viaje del fondo a la superficie lo que le tomaba tiempo a cada burbuja, y siempre era un viaje de distinta duración, pues había unas que iban suicidamente hacia la superficie, como si les urgiera, como si fuera competencia, pero había otras, no se sabía si inteligentes o cobardes, que se aferraban al vaso y no era hasta que la superficie las alcanzaba y las hacía reventar. Colocó el vaso sobre la mesa y, con el golpe, vio cómo las burbujas que estaban aferradas a las paredes del vaso, se desprendían y se reventaban en la superficie. Frunció su ceño y sus labios para sólo saber cruzarse de brazos al ver aquel atentado terrorista.

- Jamás te vi tan interesada en el agua- dijo con una leve risa al entrar nuevamente a la oficina Yulia sólo sonrió. - ¿En qué piensas?

- Sólo me estaba poniendo en el lugar de las burbujas- respondió, notando, de ipso facto, que aquella respuesta sonaba o muy filosófica o bajo el efecto de alguna droga. – Pues, que hay unas que se aferran al vaso y hay otras que se dejan ir

- Todas son burbujas, ¿por qué las diferencias?

- Porque hay unas que tardan más en reventarse

- Pues, eso es lo que hace una burbuja, ¿no?- sonrió cariñosamente y sin ganas de ofenderla. – Se infla para desinflarse: todo lo que sube tiene que bajar

- Sí, eventualmente todas se revientan, es sólo que hay unas que van directo a reventarse y otras que no, que, a menos que hagas que la superficie llegue a ellas, se revientan

- Y el hecho de que se revienten es algo malo, supongo, por cómo lo dices

- Dejan de ser burbujas, pierden la forma… explotan

- Mmm… míralo así- sonrió, acercándose con su silla más al interior de su escritorio para tener su teclado más cerca. – La burbuja sube a la superficie porque oxígeno pertenece con oxígeno, hidrógeno con hidrógeno, y digamos que hablamos a un nivel de completa sencillez

- Dejando el lado químico-reactivo a un lado, eso es como que digas que la burbuja se revienta por voluntad propia porque necesita estar con los de su clase

- No es porque "necesita estar con los de su clase", es porque… imagínate cómo es estar bajo el agua, ¿no te ahogas? Pues, por eso subes a la superficie, para tomar aire, ¿no?

- Aún así explota

- Cuando dices que te pones en el lugar de las burbujas, ¿estás dentro de una o tú eres la burbuja?

- ¿Cuál sería la diferencia?

- Si estás dentro de la burbuja, siempre puedes nadar- dijo mientras abría el archivo que había llevado luego de su reunión, el mismo que Yulia empezaría con la Señora der Bosse, y Yulia, sabiendo que Lena no sabía exactamente por qué el tema con las burbujas, se sintió más tranquila, pues eso era cierto: podía nadar. – Cambiando el tema, ¿cómo te fue con Mrs. der Bosse?

- Es de esos clientes que no sabes si son bipolares o simplemente son extraños- resopló, halando los portafolios, que seguían abiertos, y los cerró para colocarlos nuevamente sobre el estante.

- ¿De los que te desesperan?

- De los que medio me desesperan

- Buena suerte- resopló, presionando un claro "enter" en el teclado y se escuchó el impresor en trabajo.

- ¿Y tú?

- Para el catorce de febrero, a las seis de la tarde, tengo que haber parido un Penthouse entero

- Scusi?- sollozó sorprendida.

- 15 Central Park West

- ¡Mierda!- canturreó en un susurro. – Ese es de Triple Mint

- ¿Eso qué significa?

- ¿Que son enormes?

- Cinco habitaciones, cinco baños completos, doce espacios… sí, es un monstruo- resopló.

- ¿Y qué quiere?

- La esposa se enamoró de una sala de estar, así que alrededor de eso voy a hacerlo todo. Me ha dado completa libertad para hacer lo que se me ocurra, claro, después de que me apruebe el diseño inicial

- ¿Cuándo tienes que entregárselo?

- Hasta el lunes voy a poder ir al penthouse porque ese día se va la esposa de viaje con la hija, entonces una semana después como máximo, ¿por qué?

- Suena a que es bastante trabajo

- Me dijo, como si no entendiera por qué, que había ido a dos ambientadores más antes de venir aquí y que le habían dicho que era imposible, que con tan poco tiempo no podían hacerlo. Dijo que el dinero no agilizaba las cosas tanto como creía

- Seguramente fue a consultar con particulares o de fracciones pequeñas, no con un Estudio

- Me dijo los nombres pero no eran de ninguna fracción

- Hence, aquí si funciona porque tenemos a Aaron, a Chris y a Jack, que ambos son expansibles

- ¿Tú necesitas a Aaron?

- Depende de la Señora der Bosse, pero tómalo que es por orden de llegada- sonrió.

- Es que si lo necesitas convoco a Jack

- Empieza tú con Aaron, y, si me sale lo de la Señora der Bosse, voy a necesitarlo pero para remodelar, que ese grupo de trabajadores no lo utilizarás tú, ¿o sí?

- No, yo sólo imagen, no espacio

- ¿Ves? Cuando tú estés saliendo de lo tuyo, yo estaré empezando quizás o estaré remodelando- Lena tomó el teléfono y presionó el primer botón de la columna. – Toma a Aaron, que sé que te gusta trabajar con él- y bajó el teléfono.

- Arquitecta, es usted muy amable- sonrió, escuchando el llamado a la puerta.

- Los planos se están terminando de imprimir, Arquitecta- irrumpió Gaby, creyendo que por eso la llamaba Yulia.

- Gracias, pero no era yo, ella- señaló Yulia a Lena para Gaby.

- Dígame, Licenciada

- ¿Aaron está libre?

- Sí- y sacó la libreta, ya sabía. – Necesito a Aaron y a Marcel, que me acompañen el lunes a las diez y media a la ochenta y tres y Park, al quince. Necesito tomar medidas extras. Que me vean en la entrada, en el Lobby, y que sea en punto. Diles que la fecha es el catorce de febrero al mediodía, por favor- sonrió.

- ¿Algo más?

- Sólo averíguame si hay mármol negro y a qué precio lo tienen

- ¿Sino granito negro?

- Exactamente- sonrió.

- ¿Eso es todo?

- Gracias, Gaby- asintió.

- So, estaba pensando… si quieres te puedo ayudar- se volvió Yulia a Lena.

- ¿No tienes mucho trabajo?

- La próxima semana la tengo sin nada

- ¿Sin nada?- sonrió traviesamente por el doble sentido de aquello.

- Absolutamente sin nada- respondió con lascivia. – Pues, tengo que revisar los planos de la Señora der Bosse e inventarme alguna cosa, que casi igual que tu cliente, la Doña quiere conservar los colores de su antiguo Condo pero está abierta a nuevos diseños

- Sí sabes que eso es sinónimo de muchas cosas, ¿verdad?

- De "quiero que sea idéntico", de "no sé qué quiero", de "diseñe cien cosas y le voy a decir que no a todas porque lo quiero idéntico", de "quiero diseñarlo yo pero no puedo dibujar y no tengo el conocimiento de contactos y proveedores", etc., etc., etc.- Lena sólo rio y se dirigió al impresor. – Si me dio los planos y las fotografías de su Condominio anterior, eso debe contar para algo

- ¿Era bonito?

- Es claco pero con cierto toque actual; colores tierra, un azul marino por aquí, un granate por allá, un ocre… no hay nada blanco, ni los muebles, y los muebles son de esquinas suavizadas, de madera lisa y tinte uniforme, podría pasar por nogal pero es demasiado sólido el color… no era feo, era habitable, pero demasiado oscuro para mi gusto

- Y el Condo de aquí, ¿tiene más iluminación natural?

- Y una vista impresionante- resopló. – En Lenox, pisos treinta y ocho y treinta y nueve. Son dos Condos en esos dos pisos, arriba el Penthouse que es más pequeño

- Tengo la leve impresión que ya has trabajado en ese edificio

- Cuando vine, al principio, Alec estaba remodelando el Penthouse

- Interesante- dijo por no saber qué más decir. – Entonces, Arquitecta Volkova, ¿cuánto me costará su ayuda?

- ¿Cuánto es su presupuesto?

- Le di Hourly Flatrate

- Ah- rio. – Te gustó mi tarifa, ¿verdad?

Y explico: el proceso de cómo Yulia estimaba su ganancia (Diseño de Interiores).

0. Iniciación del proyecto: cotización y diseños primarios tenían una tarifa base de, siempre, quince mil dólares.

1. Flatrate per Item: por un proyecto que excedía un presupuesto inicial de cincuenta mil dólares, en especial los que eran de cartera abierta, fuera con buen o mal gusto, se le cobraba el 45% de comisión por todo lo comprado y adquirido, y no necesariamente compraba lo más caro, le gustaba más la calidad. Ese era el precio de lo que estaba en la lista de servicios, pues, cosas como las horas extras, teniendo una base de ocho de la mañana a cinco de la tarde, costaban seiscientos dólares por sobre la base. Eso más lo que se llamaba Manpower Rate, que variaba por la cantidad de hombres que se necesitaban y el tiempo, pero sólo cobraba el 75%, el resto lo ponía ella de su ganancia. Y lo hacía así por si el cliente tenía su propia mano de obra.

2. Hourly Flatrate: trabajaba en base a horas, siempre de ocho de la mañana a cinco de la tarde, sólo que ya por mil dólares dentro de ese margen de tiempo, todo porque caía en los siguientes parámetros: con licencia y acreditación nacional, había tenido ya tres publicaciones, se acomodaba completamente al estilo y al tipo de proyecto y había caído bajo el estatus de "Premium" por haber trabajado con una que otra personalidad de uno que otro gremio, porque era miembro ad libitum de ElleDecor y porque pertenecía a TO. Y mil dólares era hasta poco para Manhattan y para sus parámetros. Las horas extras se marcaban por mil cien. Eso más el 75% del Manpower Rate.

3. Area Rate: exclusivamente para espacios comerciales, así como lo hacía con la TO, y cobraba, por pie cuadrado, quince dólares. En asuntos comerciales no se incluía la mano de obra porque la ponían los clientes; una preocupación menos.

El proceso de cómo Yulia estimaba su ganancia (Arquitectura).

Aquí no me voy a meter mucho porque se ajustaba para cada cliente, pues estaba la cotización inicial, la misma que para Diseño de Interiores, pero a eso se le agregaba el precio de cada plano y el precio del modelo a escala en caso que el cliente lo necesitara. Luego, no solía estimarlo por una tarifa por hora, pues entonces cobraría mil setecientos como mínimo aunque había clientes que así lo preferían, sino solía hacerlo sobre un porcentaje, y el porcentaje se estimaba a partir del valor del proyecto, de la época del año, del tiempo invertido, etc. Era una tabla que Flavio Vensabene había diseñado, y funcionaba con amabilidad para ambas partes, pues se trataba de una oscilación entre el 5% y el 65%.

- Le sale más barato pagarme por hora que pagar por ítem si todo es nuevo- resopló.

- Entonces, Licenciada, ¿de cuánto es su presupuesto?

- De…- suspiró y llevó su mano a su cabello.

- ¿Cuánto le estás cobrando por hora?

- Quinientos

- ¿Cuántas horas por día laboral?

- Diez; de ocho a seis

- Eso es…- vio hacia arriba con su ojo izquierdo cerrado con fuerza y sus labios fruncidos y tirados hacia el lado izquierdo: la típica muestra de la calculadora mental de Yulia. – Ciento veinticinco mil

- Y creo que voy a tener que trabajar los sábados también

- ¿A cuánto los das?

- A seiscientos cincuenta, igual diez horas

- Ciento cincuenta y un mil- suspiró. A Lena le dio risa, risa nerviosa, pues el cálculo no lo había hecho. - ¿Y si cobraras por área?

- Son cinco mil seiscientos pies cuadrados

- ¿Y tu tarifa por pie cuadrado es…?

- Nueve

- ¡Pf!- rio. – Por un Extreme Makeover no vas a cobrar cincuenta mil, menos por lo compacto del tiempo y lo monstruoso del área- sacudió su cabeza. – Quédate con la que tienes, así me invitas a un Kebap- guiñó su ojo.

- Te invito cuando quieras, mi amor- sonrió, formando aquellos camanances to die for. - ¿Cuánto me cobras por ayuda en la primera semana?

- Bueno, eso se resume a los diseños y a un presupuesto bastante vago, ¿verdad?- ella asintió mientras le daba los golpes a las páginas que tenía entre las manos para alinearlas y, así, poderlas perforar para incluirlas al archivo de Preston Emmett Carter III. – Mmm…

- Vamos, Arquitecta- rio sin verla. – Póngase precio

- ¿Tienes ganas de cocinar?- sonrió.

- ¿Hoy?

- Sí, la cena

- ¿Y qué estaré cocinando?- se apoyó del escritorio así como se había apoyado hacía unos minutos y sonrió. - ¿Qué se le antoja a mi Yulia?

- Se me antoja una venganza

- Pero la venganza es dulce, y escuché que Natasha lleva el postre

- Pero la venganza también se sirve fría- sonrió.

- ¿Desde cuándo el helado es sinónimo de venganza?- ambas se carcajearon, una porque se dio cuenta de lo estúpido que era lo que recién decía y la otra porque la analogía estaba demasiado acertada. – De todos modos, ¿qué quieres que cocine?

- Arquitecta, disculpe- dijo Gaby al compás del llamado a la puerta, pues había quedado abierta.

- Pasa adelante, Gaby- sonrió.

- ¿En dónde quisiera que los guardara?- venía con los planos en las manos, así como a Yulia le gustaba que los trataran, y era una de las cosas que hacían que apreciara a Gaby por sobre Liz, la Secretaria/Asistente de Volterra, pues ella solía dejarle marcas de pliegues ligeros a los planos.

- Me voy a llevar un set- dijo, estirando su brazo para alcanzar uno de los tubos; escogió el de cuero negro. - ¿Puedes guardar el otro?

- ¿En el armario, en la pared o ahí?- preguntó, señalándole el mueble donde tenía ya unos cuantos enrollados y verticales.

- Ahí está bien- sonrió, recibiendo de Gaby el set de cuatro planos para enrollarlos y dejarlos ir en el tubo. – Gracias

- Licenciada, ya hablé con Aaron y Marcel

- ¿Dijeron que sí?

- Sí, sólo que Aaron me dijo que sólo tenía a catorce hombres, y Marcel dijo que ya había llegado su Walnut Dowel y que si necesitaba el taller que lo tenían libre

- Gracias- balbuceó, intentando no sudar ni ponerse muy nerviosa para que Yulia no le preguntara sobre el Dowel. – Entonces, ¿qué?- se volvió a Yulia.

- ¿Qué de qué?

- No sé, no me dijiste qué querías

- Ah- resopló. – Tengo ganas de comer pan

- ¿Pan?- Yulia asintió. – Pero si comes pan casi todos los días, ¿cuál es la ocasión tan especial?

- No, no pan de pan- dijo con esa movida de cabeza para marcar el término. – Knedlíky

- Ah, sí- rio burlonamente mientras daba un click para apagar su iMac. - ¿Sabes en dónde lo venden?

- Aparte de que lo venden en cada esquina y con cada comida que se te ocurra en la República Checa… no

- Creí que eras Eslovaca, no Rusa

- Bueno, Rusa-checa- rio, y Gaby, notando cómo era el trato entre ellas dos, tan normal y tan de amigas, rio nasalmente y dejó ir el plano, pues se tardaba en enrollarlos por no tener la destreza de Yulia. – Hasta hace veintiún años era lo mismo

- Bien, bien. Entonces, ¿Qué es un Kennedy?- rio, sabiendo muy bien lo que decía, y Yulia que, junto con el dolor mental de aquello, se unió a su carcajada, que no fue por eso que Gaby salió de aquella oficina sino porque ya no tenía nada que hacer ahí.

- Knedlíky- pronunció lentamente.

- ¿Y qué dije?- mordió su lengua por fuera.

- Quieres montar mi cara - guiñó su ojo y, viendo que la pantalla de su iMac se apagaba, se puso de pie y metió la silla en el escritorio.

- ¡Mi amor!- siseó sonrojada y se sacudió de hombros ante el escalofrío que la recorrió de sólo imaginarse, fugazmente, en aquella acción. Yulia sólo sonrió, tomó su teléfono y lo arrojó a su bolso.

- ¿Nos vamos?- asintió. – Un Knedlíky es un dumpling checo

- ¿Diferente al dumpling que se conoce como "dumpling"?- preguntó, caminando hacia el perchero en donde Yulia la esperaba con su abrigo abierto y listo para que sólo colocara sus brazos hacia atrás y ella poder deslizárselo.

- Es un pan hervido, al vapor, como quieras verlo

- Suena lógico y racional- murmuró, deteniendo las mangas de su cárdigan con la punta de sus dedos para que no se le subieran al enfundarse las mangas del perfecto Ralph Lauren negro. – Pero presiento un "pero"

- Tradicionalmente arrojan la masa al agua, pero queda un poco viscoso por fuera

- Y no te gusta- murmuró, dejado que Yulia le colocara el abrigo y aplanara las minúsculas hombreras.

- No

- Eso supongo que se puede arreglar- suspiró, sacando su cabello del abrigo, el que había quedado atrapado y se dio la vuelta.

- ¿De verdad?

- Lo envuelves en Saran Wrap, lo empujas un par de veces y lo arrojas al agua; asumo que tendrá el mismo efecto- sonrió, viendo cómo Yulia se abrochaba el blazer negro al botón que estaba justamente bajo su seno izquierdo y dejaba ver, por entre el triángulo que se formaba, únicamente una porción del detalle negro que se esparcía por el ajustado algodón azul marino que cubría su torso. No vamos a llamarle camisa, ni blusa, ni corset, pues era otra cosa, quizás una elegante y estilizada camisa muy ajustada. Tomó su bufanda, de casualidad negra, la extendió y unió puntas opuestas para crear un triángulo largo y pesado, el cual llevó a su cuello y terminó por enrollar sus puntas en sentidos opuestos. - ¿Se hace de la misma manera que un pan normal?

- Asumiría que sí, pues; harina que es tres cuartos semolina y un cuarto cake flour, huevo, un splash de buttermilk, agua y levadura… y, si es tradicionalísimo, envuelves pan en trozos con la masa

- ¿Pan-inception?- resopló, observando la destreza de Yulia para enrollarse las cosas, tenderse otras, enfundarse en un Lanvin que ya era segundo invierno que la protegía del frío, y mantener la compostura de sus manos y sus muñecas.

- Exactamente, Licenciada Katina

- Pues, lo que usted quiera, Arquitecta… no prometo que me quede como probablemente lo comía en casa de su abuelo pero haré el intento- dijo mientras se enrollaba su bufanda, de manera literal, al cuello, pues a ella no le importaba tanto la estética, o quizás Yulia la había enrollado así para cubrirse el pecho.

- Todavía no me has dado algo de comer que no tenga buen sabor, no veo cómo un pan hervido puede ganarte

- Las cosas más sencillas son las que más cuesta que salgan bien… o algo así dijo el que nos daba clases- rio, tomando su bolso y esperando a que Yulia terminara de abrocharse su abrigo.

- No me imagino cómo un pan hervido puede salir mal

- Bueno, es cierto, no se te puede quemar, pero sí se te puede cocinar demasiado supongo

- Quizás, pero sé que lo vas a hacer bien- sonrió, tomando su bolso y el tubo con los planos. Se acercó a Lena y, tomándola torpemente por la cintura, la trajo hacia ella. – Te he extrañado- susurró, y le clavó un beso de aquellos que hacían gruñir de lo rico que se sentía, de aquellos suaves pero con pinceladas de sexualidad adormitada pero activa.

- Yo también, pero si me vuelves a besar así juro por Dios que no me hago responsable- susurró, y simplemente le dio un beso corto pero estratégicamente aplicado para dejarla queriendo más para luego abrir la puerta y salir hacia su camino a casa.

- Gaby, yo creo que si no tienes nada más que hacer puedes irte- sonrió Yulia mientras pasaba por su escritorio en el pasillo.

- Gracias- asintió. – Que tengan buen día

- Igualmente- suspiró Lena, buscando su teléfono, que sonaba al compás de lo que representaba musicalmente a la creación de Ian Flemming.

- Nos vemos el lunes- le dijo Yulia con una sonrisa.

- ¿El lunes?

- Sí, no me acordaba que teníamos libre- arqueó sus cejas. – Como sea, seguramente a Peter le agradará que estés en casa

- Muchas gracias, Arquitecta- sonrió, no sabiendo exactamente por qué pero que no le gustaría trabajar en ningún otro lugar que no fuera el Estudio, más bien para ninguna otra persona que no fuera Yulia. – Aunque tengo que venir porque va a venir Aaron a instalar la Ultra Latch a las diez

- Pregúntale si no puede hacerlo el lunes antes de que vaya con Lena a donde sea que tengan que ir, sino hasta el martes. No me urge que la ponga- Gaby asintió. - ¿Taxi, por favor?- preguntó con una sonrisa imploradora, Gaby sonrió y llevó su teléfono a su oído, marcando el botón azul, para llamar al Lobby y, así, que le tuvieran listo un Taxi a su jefa. – Nos vemos el lunes- Gaby sólo volvió a asentir con una sonrisa, pues ya estaba en lo del Taxi.

- ¿Mañana a las cinco?- dijo Lena al teléfono con expresión de "mierda, no puede ser", y Yulia la abrazó por sus hombros para empezar a caminar por el pasillo, que sólo se despidió de Belinda y de lejos por estar ella al teléfono, pues Nicole y Rebecca brillaban por su ausencia en esa área pero aburrían a los Ingenieros. – No, no hay ningún problema- resopló. – De cualquier modo, hablamos de esto en un rato que te espero para cenar y no me preguntes qué te voy a dar de comer porque ni yo sé- dijo antes de que Phillip pudiera preguntarle porque cuando se trataba de algo que tuviera que ver con pimientos enteros o atún prefería hacer una pequeña escala en el McDonald’s del Flatiron District por one Bacon & Cheese Quarter Pound sin cebollas, sin ketchup, sin encurtidos. – Sí, sí, sí…- dijo como si la estuviera regañando, así como se solía responder de adolescente, pero no era por regaño, era actuación. – Te veo cuando tu mujer te lleve- mordió su lengua, cosa que Phillip pudo sentir y colgó.

- ¿Qué hay mañana a las cinco?- le preguntó mientras esperaban por uno de los cuatro ascensores.

- Voy a acompañar a Phillip a escoger un par de zapatos- suspiró, arrojando el teléfono en el interior de su bolso.

- Sabes, desde que conozco a Phillip, siempre lo he visto en los mismos zapatos- resopló. – Ralph Lauren para trabajar, Tom Ford para semiformal, Ferragamo o John Lobb en Black Tie y Varvatos para casual medio serio

- Y, aparte, está su Nacho Figueras-look

- Creo que en el tiempo que tengo de conocerlo nunca lo he visto jugar polo o en su Nacho Figueras-look- dieron un paso hacia el interior del ascensor. - ¿Tú sí?

- Fotografías en su oficina

- No suelo ir a su oficina- sonrió. – Queda donde el aire da la vuelta

- Tan exagerada- le tomó la mano y recostó su sien sobre su hombro.

- Todo lo que queda después de Soho ya se me hace lejos

- Para caminar no, eso está claro… te tardarías como una hora y media o dos, dependiendo de tu suerte con los semáforos y de la velocidad que lleves

- Caminando es una eternidad y, en Taxi, me parece una aberración pagar veintiocho dólares por ir a donde los hombres deciden los precios hasta del aire que estoy respirando en este momento

- Metafórico pero cierto. Cambiando el tema- Yulia emitió su típico "mjm". – No tenía idea que Anatoly había regresado

- Sí, regresó por cuatro meses- rio.

- ¿Puedo saber qué es lo que no te agrada de él? Es que no creo que sea porque manchó el piso de los Hatcher o porque te dijo lo que te dijo

- No, con imbéciles se trabaja día con día

- Entonces, ¿por qué lo odias tanto?

- No lo odio, simplemente quisiera que su papá hubiera utilizado condón- sonrió al mismo tiempo que la puerta se abría y Lena se ahogaba en una carcajada interna.

- Definitivamente no es nada personal

- No me gusta él como persona, me acuerda a alguien

- ¿A quién?

- A Marco

- ¿Tu ex?

- Si- Lena no dijo nada, sólo ahogó un "oh". – Y no sé, me incomoda muchísimo su actitud conmigo

- Sé que la primera impresión fue muy mala de acuerdo a tus parámetros, yo me habría reído en su cara, pero, ¿no crees que es su manera de ser chistosamente idiota?

- No sé si lo hace por molestarme, porque sabe que me enoja, o si lo hace porque realmente quiere llevarme a la cama. Además, tengo la leve impresión de que no ha de ser buen amante

- ¿Que lo tiene pequeño?

- O que no sabe usarlo, no importa cuál de las dos o si es las dos- resopló, saliendo al aire frío que le cayó como patada a los pulmones. Cómo extrañaba el cigarrillo en aquella época. – No sé si lo leí en alguna parte, si lo escuché como comentario o lo pienso de manera personal, pero siempre he creído que el hombre que más se jacta es el que menos puede hacer o sabe hacer

- Skatá- gruñó. – Qué frío- se echó el bolso al hombro e introdujo sus manos a los bolsillos de su abrigo.

- Ven aquí- la abrazó con su brazo por la espalda para darle una pizca de calor corporal mientras se acercaban al Taxi. – Además, pienso que tú tienes demasiado uno perfecto y lo sabes usar perfectamente bien- susurró lascivamente a su oído.

- ¡Mi amor!- rio sonrojada, que se confundía por la patada del frío, pero también eran los nervios.

- Y, lo mejor de todo, es que no lo tienes colgando entre las piernas y no tengo que hacer magia para que sirva- sonrió. – Me gusta que no lo tengas y que te lo puedas poner y quitar…

- Sólo una vez lo he usado, no hables como si fuera cosa de todos los días

- No me quejo si lo usas, pero debo decir que disfruto más cuando…- se acercó a su oído mientras abría la puerta trasera del Taxi. – Frotas tu clítoris contra el mío- Lena detuvo la puerta por la parte superior con ambas manos, sólo porque necesitaba apuñar algo, y gruñó sin aire. Casi llegaba al orgasmo. Yulia rio, arrojando el tubo sobre el asiento para meterse. – Setenta y nueve y primera- le dijo al taxista mientras Lena dejaba caer su nerviosismo sobre el asiento y cerraba la puerta. - ¿En qué piensa, Licenciada Katina?- susurró, tomándola de la mano y acariciando sus dedos con su pulgar. Le gustaba verle el anillo en su dedo, y era algo que nunca le había entendido a Natasha o a Phillip, pero era simplemente hermoso, más cuando sabía que Lena no era de cargarse las manos; como mucho la primera pulsera que le había regalado, aquella rosada que tenía un charm de un corazón, su reloj y una eventual banda elástica. La otra pulsera la tenía como una especie de trofeo, o recuerdo, de cuando Yulia se la había completado: "Marry your passions", y le había dado un charm de un Converse, un reloj despertador, una taza, una vespa y un crucero, y sólo ellas sabían qué tenía que ver cada uno con lo de la frase, pues había unos que se sobreentendían y había otros que no. - ¿Todo bien?- Lena sólo deslizó su mano y colocó la mano de Yulia sobre el interior de su muslo izquierdo.

- Todo bien…- colocó su mano sobre la de Yulia y, lentamente, la desapareció por debajo de la parte de abrigo que caía sobre su regazo. – Pero…- la arrastró hasta su entrepierna. – Va a estar mejor

- Rush hour- suspiró frustrado el taxista al ver que todo Park Avenue estaba lleno de vehículos amarillos y uno que otro que se salía de contexto entre las luces rojas de los semáforos.

- Trate sobre la tercera- le dijo como si él no lo hubiera considerado ya, porque no lo había considerado luego de un día demasiado largo y de turistas que le pedían que los llevara a un lugar como si no existieran dos o tres con el mismo nombre en la ciudad, así como el que le dijo "Lléveme a McDonald’s", ¿a cuál de todos si había alrededor de ochenta y sólo en Manhattan? – Y, si no me equivoco, usted puede dar vuelta a la derecha en la 70th- y lo sabía porque Hugh solía tomar esa ruta.

- Usted es la jefa- y le hizo caso.

- Te tengo demasiadas ganas- le susurró al oído y apartó su mano de su entrepierna para abrazarla por sus hombros pero, para no dejarla sola, colocó su mano izquierda en aquel lugar. – Y desde hace rato- exhaló contra su cuello, que había apartado su cabello con su nariz.

- No tienes idea de cuántas ganas te he tenido todos estos días- cerró sus ojos y recostó su cabeza contra el bajo cabezal de aquel Crown Victoria.

- ¿Qué tienes ganas de que te haga?- le comenzó a dar besos suaves sin importarle lo que el taxista pudiera pensar; no estaba haciendo nada malo. – Pide gustos

- Ya te dije

- ¿Y aparte de jugar a que mi boca es toro salvaje?- resopló, ocasionándole un escalofrío que la sacudió graciosamente.

- No quiero que sea toro salvaje, sólo quiero molerlo… tampoco me interesa ahogarte

- ¿Y cómo planeas molerlo?

- Como se supone que se hace: meciéndome de adelante hacia atrás- resopló, sintiendo ya que los dedos de Yulia la recorrían de arriba abajo por encima de aquel pantalón de lana.

- ¿De frente o de espalda?

- Mmm…- resopló guturalmente. – ¿Quieres que lo haga de espalda?

- Lo que usted quiera, Licenciada Katina

- Nunca lo he hecho de espalda

- En teoría sí

- ¿Cuándo?

- Cuando comprobamos que el sessantanove es un fraude- rio, tomándole su entrepierna con fuerza, que si no es porque Lena sabía controlarse, habría gemido. – Año Nuevo del año pasado

- Cierto, pero no es tan fraudulento, simplemente no es equitativo

- Concéntrate en lo importante, Lena- llevó su frente a su sien.

- ¿Que puse mi trasero en tu cara?- rio, sabiendo que eso no sonaba nada romántico ni sensual.

- Ajá, y que me gustó tenerlo tan cerca, y que te gustó lo que te hacía

- Arquitecta- se volvió a ella con una leve sonrisa mientras el taxista se incorporaba a la tercera avenida. - ¿Me está usted insinuando que quiere un sesenta y nueve? – Yulia sólo sonrió y Lena ahogó un gruñido que se traducía a un "la sola idea me vuelve loca en este momento", pues sabía que, con el paso del tiempo, aquello podía variar y podía terminar siendo sobre la mesa del comedor. – Pero tengo una imagen…

- Descríbela- reanudó el roce de sus dedos.

- Es que me gusta sostenerte- se sonrojó, y, por esa reacción, se ganó un beso de Yulia en su mejilla.

- ¿Y mis manos dónde están?

- Yulia…- sacudió su cabeza. – Es demasiado intenso

-¿No puedes?- le dio otro beso en su mejilla. Sonó a reto.

- No estoy segura de dónde están

- ¿Cuáles son las posibilidades?

- Que estén aquí- dijo y, disimuladamente, apretujó sus senos. – Pero fuerte, así como si te estuvieras deteniendo- Yulia suspiró por no gruñir, por no ceder a sus ganas de violarla en ese momento. No sería el primer Taxi. – O en mi espalda baja y mi trasero… quizás deslices un dedo en mí- Yulia apretujó su entrepierna por reflejo. – No sé si lo dejarías dentro o lo sacarías para volver a deslizarlo- apretujó su entrepierna todavía más. – O quizás sólo me abraces por los muslos, así como sueles hacerlo- dijo rápidamente y en tono regular, como para matar la intensidad.

- ¿Por qué no me dijiste de la magnitud de ganas que tenías?

- Es un mal necesario- Yulia le formó la expresión fisionómica de "¿Cómo va a ser eso un mal necesario?" – Es como cuando inflas un globo, lo anudas; le haces un minúsculo agujero y puedes dejar que salga un poco de aire, que sea constante durante los cinco días, o puedes reventarlo

- Estoy así de conseguir violarla esta noche!-celebró con expresión de Sharapova cuando ganaba un quiebre, y el taxista, ante esa enunciación, que "rape" y la celebración no concordaban, casi se ahoga de la sorpresa.

- Fácil ahí,Tiger- la tranquilizó con la voz más dulce que el taxista alguna vez había escuchado, y tomó su mano de su entrepierna, pues la estaba asesinando lenta y tortuosamente. Yulia se sonrojó y sonrió un tanto avergonzada. – Estás de muy buen humor- le susurró, no criticándola sino reconociéndoselo y recalcándoselo.

- ¿He estado de mal humor?- murmuró con preocupación.

- No, es sólo que estás de buen humor a pesar de lo de Anatoly- Yulia asintió. - ¿Te pone de buen humor saber que te tengo demasiadas ganas?

- Sí y no. No es el hecho de que me vas a violar sino el hecho de que quieres violarme; eso significa que me ves atractiva- sonrió. – Me gusta ser atractiva para ti

- ¿Eleva tu ego? – resopló.

- No. Mantiene mi autoestima y la satisfacción conmigo misma de que, a quien yo quiero, me quiere de regreso… pues, "querer", desde cariño y amor hasta hacer cosas de adultos- rio. Lena recostó su cabeza sobre su hombro y sonrió, pues ella sentía lo mismo. Yulia Volkova: humana. – No es tanto la parte del sexo lo que me gusta de estar contigo, eso es un plus, un muy buen y muy grande plus, pero podría pasar días enteros sólo observándote o conversando contigo; sobre tu Celebrity Fuck-List o sobre lo poco que sé de Fórmula 1
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 16, 2015 12:52 am

- ¿Celebrity Fuck-List?- rio. – Por favor de eso no hablemos que me va a dar un ataque de celos

- Y no se hable más de eso, que es primera vez que me pongo mi blazer- sonrió. Lena rio con su abdomen y, en su plan de distraerse, sino sería escoltada en el asiento trasero de un Crown Victoria pero del NYPD por disturbios públicos de tipo "pornografía", metió la mano en su bolso y sacó su divierta y distracción de siempre; el Rubik de 5x5. - ¿Aburrida o nerviosa?

- A punto de hacer combustión nada más- sonrió, desordenando los colores, que no importaba qué tanto esfuerzo le pusiera a aquello, nunca se demoraba más de setenta y cinco segundos en resolverlo si era eso lo único que hacía en ese momento. – Es imposible aburrirse contigo

- ¿Nunca te has aburrido?

- Ni cuando te consumió "Berlin Noir"- resopló, levantando su mirada para encontrar la de Yulia y ver, de reojo, que ya se incorporaban a la primera avenida. – Me gustaba verte leer

- ¿Por qué?

- Te ves… como si estuvieras en lo que estás leyendo, así como si estuvieras en medio de lo que está pasando; como cuando Gatsby dice "I’m Gatsby... ", y no es Nick Carraway el que se asusta y dice "What?" o el que le implora una disculpa, "Pensé que lo sabías, Old Sport. Me temo que no soy un muy buen anfitrión ".y tienes una expresión facial y emocional como si fuera a ti a quien te lo está diciendo, como si te ha disculpado en nombre de Nick Carraway…

- ¿Tanto me absorbe?

- No tiene por qué ser malo, es algo que yo no puedo hacer… pues, me lo tienen que estar describiendo milímetro a milímetro, pero entonces eso sería como los rollos perdidos de Alejandría- rio. – Tu conceptualización es tal que, si yo te digo que dibujes una escena, lo puedes hacer; son más que simples instrucciones o una vaga idea

- Pero eso me pasa con pocos libros, pues, con los que realmente te absorben

- ¿Y qué libro no ha logrado absorber a mi novia?- arqueó su ceja izquierda y, de manera inconsciente, Yulia asoció la ceja izquierda con Inessa y la vio demasiado idéntica, pues Lena solía arquear la derecha, así como ella, y no la arqueaba tanto ni tantas veces como ella, pero bajaba la izquierda y subía la derecha; entre escepticismo y burla.

- ¿Qué libros no ves entre los que tengo?

- Mmm…- el taxi redujo la velocidad para que Yulia le dijera por dónde quería que la dejara.

- Agata & Valentina, please- interrumpió los pensamientos de Lena. $15,48 en el taxímetro, el taxista se orilló, logrando un estratégico puesto y gracias a Dios. – Mantenganlo en funcionamiento- suspiró, tomando el tubo en sus manos mientras Lena, todavía pensando, abría la puerta para salir huyendo hacia el interior del local, que huía del frío. – Cazzo…- se sacudió de frío al salir y expulsar vapor de su nariz y su boca. – No es mentira que está demasiado frío- abrazó a Lena y caminaron hacia el interior de aquel paraíso culinario.

- ¡Twilight!- exclamó al entrar. – No tienes esos libros

- Muy observadora- sonrió, echándose el tubo y el bolso al hombro, igual que Lena, para tomar una canasta cada una. – No me gustó el primer libro y le regalé la trilogía a Gaby

- Tampoco tienes "50 Shades of Grey"

- Ah, pero las películas sí que las voy a ver, así como hice con Twilight- rio.

- ¿Por qué no lees antes los libros? No es como que te tardes una eternidad leyendo algo tan ligero- dejó ir una bolsa de levadura y una de cada harina necesaria en su canasta mientras Yulia tomaba una bolsa de pan del estante.

- Porque ya Natasha se encargó de contármelos, en desorden pero me los contó… y no soy muy fanática de leer cómo el Señorito beats the living shit out of la Señorita

- Pero en la película lo verás

- Es gráfico, y asumo que Hollywood tampoco va a permitir algo tan gráfico por tanto tiempo; vas a saber que está pasando pero no lo vas a ver con tanto detalle… y, por si es demasiado, tengo el recurso de taparme los ojos- sonrió, caminando hacia el mostrador de carnes para buscar lo que se le antojaba. ¿Entraña como siempre? No. – seis de esos- dijo, señalando con su dedo índice a aquellas pieles blancuzcas que albergaban carne roja. – Mi imaginación es mi peor enemiga

- La de cualquiera, mi amor- recostó su quijada sobre su hombro e inhaló su perfume. - ¿Cómo vas a querer que lo prepare?

- ¿Cómo lo prepararías tú?

- Sellado del lado de la piel, luego al horno… claro, crujientes pero jugosa y tierna

- Nunca voy a entender cómo logras darme algo que no esté seco- rio, recostando suavemente su cabeza sobre la de Lena.

- Voy a ir a traer lo que necesite, porque asumo que vas a querer una salsa

- ¿Sería mucho pedir?

- En lo absoluto- le dio un beso en su pómulo. - ¿Tenemos Pomerol?

- Sí, pero no sé si hay frío- que sólo mantenían frío porque lo utilizaban para cocinar.

- No será problema- le volvió a dar un beso y pasó de largo.

Yulia tomó la bolsa que le alcanzaban y, con una sonrisa de agradecimiento, pasó de largo a traer unas cervezas para Phillip y un par de latas de mezcla de Bellini, pues iría en contra de lo que la tradición dictaba; que el Prosecco sólo se bebía en Primavera, pero ella tenía tres botellas de Valdobbiadene Superiore di Cartizze. Además, le había entrado un antojo por un Bellini, algo raro en ella. Quizás le ofrecería Bellinis a Natasha, que le encantaban, aunque a ella le gustaba casi todo lo que fuera alcohol gracias a sus antecedentes de Sorority Sister en la KAΘ (Kappa Alpha Theta), le gustaba todo menos el Sambuca y los cocteles que fueran cremosos, con excepción de la piña colada. Recogió seis paquetes de semillas; dos de caju, uno de almendras, dos de pistacho y uno de piñón. Tomó unos bocadillos de cheddar y un frasco de salsa arrabbiata. Se reunió con Lena para pagar, $188,36 y digno de pedirle a American Express que lo pagara por ella, se dirigieron a casa, pero ahora MasterCard le hizo el favor de pagar $29,31.

- Te traje- murmuró sin verla, mostrándole el par de TOMS, que originalmente debían ser para hombres pero a Lena le habían gustado, que llevaba entre sus dedos y, cuando levantó la mirada, frunció su ceño. – Creí que íbamos a cocinar comida, ¿o es el ingrediente secreto?- rio al ver que Lena mezclaba, en una cubeta transparente, aquel líquido denso, más denso que la pintura cruda, como si fuera flúor dental en gel. Y Yulia sabía qué era pero no entendía por qué.

- No, es que necesito hacer una prueba- sonrió, agregándole más del ingrediente seco al líquido y volviendo a encender el taladro, su taladro, pues Lena tenía un set de herramientas que sólo ella utilizaba, se volvió a la mezcla. – Gracias por los zapatos, ya me los cambiaré

- Permítame- se agachó y, suavemente, levantó el pie derecho de Lena para quitarle el Ferragamo de escamas morning rose y lo colocó cobre el suelo de madera fría. Levantó el pie izquierdo, de la misma forma, y, antes de dejar que lo pusiera sobre la madera, lo presionó en varios puntos, como si le estuviera dando un masaje. Aquello se convirtió en caricia; sus manos se pasearon por su tobillo, decidieron subir por debajo del pantalón para acariciar su pierna y, mientras subían hacia su rodilla, subía el pantalón con el doblez de sus muñecas. Dio unos cuántos besos a aquella pantorrilla mientras le ponía la zapatilla, y repitió el proceso con su otro pie. – Listo- murmuró, poniéndose de pie que, mientras lo hacía, llevó sus manos cada vez más hacia el interior de las piernas de Lena, siempre por detrás de ella. Acarició su trasero y sintió los elásticos de aquella cosa que no era ni tanga, ni bikini, ni garter, ¿qué carajos era? - ¿Quieres algo de beber, her-mo-sa?- sonrió contra su oído y acordándole de aquellas veces, graciosas y juguetonas veces, en las que se llamaron así.

- Mete tu mano- susurró, sacando el mezclador del taladro y colocando el taladro sobre la el dorso para no hacer ningún desorden de mala sanidad.

- Con gusto- llevó su mano por su cintura, acariciándola lentamente para torturarse a sí misma.

- No, no ahí- sonrió en cuanto Yulia iba a por el interior de su pantalón. – Aquí- le señaló la cubeta con una sonrisa sonrojada. – Sólo mójatela antes de meterla- y ambas rieron por el doble sentido de aquello, pero Yulia, en su infinita risa interna de "eso es lo que ella dijo", mojó su mano con el agua que salía del grifo junto a ella. – Separa tus dedos así- le mostró cómo antes de que Yulia la metiera a la cubeta. – No muevas los dedos por cinco minutos- sonrió y le dio un beso en su mejilla.

- ¿Me vas a dejar anclada aquí?- resopló.

- Sólo son cinco minutos- sonrió, abriendo el grifo para lavarse las manos y arrojarse un delantal encima. - ¿Quieres algo de beber? – Yulia asintió con una sonrisa que Lena sabía muy bien lo que quería de beber. – Eso más tarde, ¿sí?- se acercó a ella y, tomándola por las mejillas con amas manos, húmedas y frías, la trajo a un beso sano y sin intenciones de que escalara a algo más. – Yo también quisiera servirte eso en éste momento- murmuró contra sus labios. - ¿Quieres un Martini? – ella sólo asintió.

- So… ¿qué es lo que estás haciendo conmigo?

- Sólo quiero saber si éste es más rápido que el otro, pues de cinco a diez minutos

- ¿Alginate?

- Sí, pero se supone que ese se seca en la mitad del tiempo; es nueva fórmula

- Se ve más denso

- Es que no sé qué me dio la vez pasada por hacerlo todo con yeso… me tardé una eternidad haciendo una réplica

- Y me imagino que era algo que podías meter en alginate

- Sí- Yulia escuchó que el hielo caía en el mixer.

- Esa es un desventaja del alginate, supongo, que no es que puedes arrojar la cubeta contra la pared para sacarle el molde… o tampoco puedes meter la silla para recrear el acabado que tiene el asiento

- Para eso necesitaría una piscina llena de alginate- rio, vertiendo el dash de vermouth y luego la generosa y justa cantidad de gin. - ¿No tienes frío?- le preguntó en cuanto se detuvo a verla: falda negra Oscar de la Renta y blusa azul marino muy ajustada, como si fuera de algodón y spándex; al menos era de manga tres cuartos. Y estaba descalza.

- No- sacudió su cabeza y llevó su mano derecha a su vista para inspeccionarse el ya tan necesitado manicure. El ruido del hielo dentro del mixer atacó el ambiente y, en cuestión de veinte segundos, Yulia ya tenía un Martini en su mano derecha mientras Lena se amarraba el delantal negro que decía un tan-Yulia: "Homo Sapiens: luchó por estar en la cúspide de la cadena alimenticia para ser vegetariano.". Humor ácido decía Natasha, ah, no, es que Margaret le había regalado ese delantal a Lena en cuanto se dio cuenta que cocinaba y que, en realidad, la Tarta Tatin de pera en vino tinto, que le había horneado a Natasha cuando estaba en aquella faceta, había sido la mejor que se había comido en toda su vida, aunque una bola de helado de vainilla había sido lo único que le faltaba, que no era culpa de Lena sino de sus gustos. - ¿Tú?

- Un poco

- Ya encendí la calefacción- se terminó su Martini. Qué poco duraba aquello.

- A ver… tu pan- suspiró, sacando un recipiente de vidrio en donde vertió las medidas de harinas necesaria y al cálculo, pues ya sabía las medidas en base a su mano; una de las primeras cosas que les habían enseñado en las clases de cocina. ¿En qué momento se le ocurrió aprender a cocinar? Ah, sí, cuando se cansó de comer lo mismo y tenía tiempo de sobra. – ¿Es pan normal?

- Sí

- ¿Es Brioche, Baguette, Flatbread?- un poco de levadura.

- Es como un Baguette

- Ajá, ¿y el pan?

- Yo te ayudaré con eso, no te preocupes- sonrió, y Lena, con una risa nasal, dejó ir un poco de sal y una pizca de baking soda. – Creo que, de los placeres más grandes de mi vida, es verte cocinar

- ¿Ah, sí?- resopló, quebrando un huevo con una mano luego de haberlo golpeado contra el granito de la encimera.

- No sé por qué pero me gusta- quizás era el delantal, quizás era el hecho de que podía cocinar algo que no fuera pasta, carne o pescado, o pancakes.

- ¿Me veo sexy?

- Demasiado- Lena aplaudió dos veces. – "Playlist: Lena…"- le dio espacio para que escogiera ella, pero ella sólo rio y no dijo nada.

- Ah, esa canción me gusta- rio, ensuciándose las manos con aquella masa.

- ¿Cuál es?

- "Coffee & TV"… es de Blur

- Me suena el grupo- dijo al escuchar el nombre, pero la guitarra de la canción no le decía nada, menos cuando empezó a cantar aquella voz que no padecía de vibrato. – Pero no es nueva la canción, ¿o sí?

- Uy, no- sacudió su cabeza. – Es como del noventa y ocho o noventa y nueve- a Yulia le dio el ataque de risa ese de "estoy un poco mayor". – En realidad, la canción no me gustaba… me llegó a gustar por el video. Creo que ha sido de los pocos videos de los que me acuerdo… pues, cuando MTV era Music Television y no esos programas que ponen, a la que se embarace más rápido o al que haga el mayor ridículo

- Toda la razón- rio, pues Yulia también había notado el cambio polar que había tenido aquel canal y reconocía que, MTV Europe tenía mejor programación que la cede "Americana". – Pero, ¿de qué trataba el video?

- Es de una leche

- ¿Una leche?

- Sí, un empaque de leche; la cajita. Es de una familia que el hijo ha desaparecido y han puesto el anuncio en las cajas de leche, entonces ésta cajita de leche en especial quiere animar a los papás porque el hijo nada que aparece, pero no lo logra entonces se va a la ciudad a buscar al tipo. En su travesía, aparte de que casi lo matan como diez veces, se enamora de una caja de leche de fresa… pues, la ve al otro lado de la calle y están ahí haciéndose los imbéciles como por media hora y, cuando la leche decide cruzar la calle, a la leche de fresa le ponen un pie encima y la matan; y sale la leche rosada como que es sangre y la leche simple sale corriendo hasta que llega a un callejón oscuro y están todas las latas y los empaques del Guetto. De casualidad encuentra al tipo, que no es que se ha perdido sino que está ensayando la canción con su grupo, ve la caja de leche y se da cuenta que lo están buscando entonces se va a su casa. Llega a la casa y, justamente antes de entrar, se bebe la leche- rio. – Y ves que la leche todavía le queda un poquito de vida y saluda a los papás y está contento porque encontró al fulano, se muere, le salen alas, asciende al cielo y se encuentra con la leche de fresa- Yulia se carcajeó. – Creería que está entre los cincuenta mejores videos de todos los tiempos ( les recomiendo verla es demasiado simpático el video )

- ¿A quién se le ocurre lo de la leche?

- Hay videos de videos- se encogió entre sus hombros. – Desde Coldplay y "The Scientist" hasta Lady Gaga y "Telephone", desde Nirvana y "Heart Shaped Box" hasta Blink182 y "All The Small Things"

- Y tu video favorito, ¿cuál es?

- Ay- sonrió de reojo. – Obviamente que "Call On Me" de Eric Prydz- rio, y Yulia sólo se acordó de aquello tan es-pan-to-so. – Probablemente es ese- señaló hacia arriba. - ¿Y el tuyo? ¿Vogue?

- No- rascó sus labios, asombrándose de la destreza que tenían los dedos de Lena para algo que no fuera de muebles o vaginal, pues trataban aquella masa con el sonido perfecto de una masa perfectamente hecha; con esa elasticidad. – "Runaway"… aunque no es mi favorito, no tengo uno que pueda catalogar como "favorito"

- ¿Kanye?

- Sí. Me gusta el contraste de todo

- Me gusta más cuando la tocas en piano, es más tranquila, es más tú

- ¿Tú me consideras tranquila?

- No eres hiperactiva; eres normal, supongo… ahora estás un poco intensa pero es entendible- resopló. – Yo también quisiera que me bajaras el pantalón aquí, ahora, que me hicieras dejar la masa a un lado y que deslizaras un dedo… o dos, ¿qué prefieres?- la volvió a ver con una sonrisa burlona, y Yulia gruñó. – Tienes razón- asintió ante el gruñido. – Mejor subo una pierna y tú te agachas

- ¡Argh!- gruñó muy fuerte y quiso acercarse a ella, pero la cubeta la detuvo por el peso relativo. – Lena…- suspiró con sus ojos cerrados.

- Esta es la encimera del treinta y uno- rio suavemente y guio su mirada hacia la masa nuevamente. – Hemos follado donde comemos

- Y en donde dormimos, en donde nos duchamos, en donde nos vestimos, en donde lavamos las toallas… y en cada sofá que tengo

- Y en la oficina- sonrió.

- ¿Alguna vez que sea tu favorita?- intentó mover los dedos dentro de aquella composición que ya se había endurecido; definitivamente era más rápida que la versión anterior.

- Cualquier tipo de celebración, festividad o evento, sea cumpleaños de una de nosotras o de alguien más, sea Navidad, cuatro de Julio o la cena anual de Margaret para el comité gastronómico…- se quedó en silencio al acordarse de la primera vez de todas; y fue como sentir a Yulia como aquella vez en esa cocina: hincada y con su lengua sobre sus labios mayores, su nariz que había rozado su perineo, y, ¡Dios mío, suyo y vuestro! – Mierda… todas esas son intensas, aunque, entre esas y el resto, no sabría escoger una favorita; todas han sido especiales a su modo y en todas me he corrido rico- Yulia sólo tragó saliva, mucha saliva, que quiso tener un litro de agua para tener más qué tragar. - ¿Tú tienes una favorita?

- No, sólo tengo una que no me ha gustado mucho

- ¿Cuál?

- En Roma- frunció su ceño, acordándose de aquel accidente. Y logró sacar la mano. Sin preguntarle a Lena, tomó el release agent y, teniendo cuidado de no contaminar demasiado el ambiente culinario, roció donde había sacado su mano para luego, verterle el líquido amarillento al transparente, mezclarlo con unas batidas y verterlo en el interior de aquella forma que había creado su mano. – Literalmente fue por mí y no por ti- se acercó al grifo y se lavó las manos.

- Pero me cuidaste rico también- sonrió, dejando la masa en paz y, cubriéndola con una manta, la guardó en el gabinete inferior.

"A Little Party Never Killed Nobody" comenzó a sonar en el fondo, que esa era la imagen que Lena tenía con aquella parte de "The Great Gatsby", esa parte que a Yulia la tenía tan decepcionada del remake cinematográfico más reciente, esa en la que había participado "El Alquimista", así como le llamaba Yulia a Leonardo DiCaprio. ¿Por qué? Porque, según ella, todo lo que tocaba, o lo hacía oro como en "The Departed", o lo arruinaba como en "The Great Gatsby". Ryan Gosling era físicamente apto para ser Jay Gatsby, y Amanda Seyfried una verdadera Daisy Buchanan. O quizás era que la película, toda su composición, era demasiado nueva e innovadora que se habían perdido en el tiempo de la manera más absurda, como si estuvieran en el presente pero atrapados en un ambiente post-Primera Guerra Mundial. A mucha gente le gustó, pero a ella no. Sólo la música, o esa canción, le había gustado.

- ¿En qué te ayudo?- le preguntó Yulia, viendo cómo Lena colocaba su venganza sobre una tabla de madera y, con minuciosa destreza, hacía incisiones superficiales sobre la piel.

- ¿Prefieres ajo y cebolla o romero, eneldo y thyme?- rio, sabiendo desde ya la respuesta.

- Si me das un traje de esos que usan los de control de radioactividad, entonces sí me aventuraré a la cebolla- dijo al ver que era una cebolla morada, que era la que la convertía en la mujer más susceptible hasta hacerla llorar lo que no tenía por llorar.

- Lo sabía- le alcanzó otra tabla de madera y el cuchillo con el que varias veces soñó asesinar a la Señora Davis a las cuatro de la mañana cuando se disponía a calentar su garganta de Ópera.

- ¿Por qué lo secas?- le preguntó al ver que secaba su venganza-mejor-dicho-broma con papel de cocina.

- Porque si no lo secas hay más vapor de por medio, si lo secas tienes un hermoso dorado crocante- sonrió. – Que supongo que es lo que quieres

- Supones bien… ¿cómo cuánto tiempo se va a tardar?

- ¿Lo quieres bien cocido o tres cuartos?

- ¿No me va a matar la salmonella si me lo como medio crudo?

- No, esto no es pollo- rio. – Puede quedar un poco crudo

- ¿Cómo te gusta a ti?

- Es tu venganza, ¿cómo la quieres, bien cocida o medio cruda?- dijo con ese tono burlón pero que reflejaba mucho de lo que la venganza se trataba. Broma, venganza, como sea.

- Medio cruda- sonrió.

- Media hora, más o menos, entonces

- Ah, no es tanto- frunció su ceño y dejó de picar el romero para encender el agua caliente del grifo, así llenar una olla para su pan, y la colocó sobre la hornilla más grande, la que tenía mayor potencia. – Por cierto, tenemos que hablar sobre dos cosas- Lena se volvió a ella con esa mirada de "tenemos que hablar" no se dice a menos de que sea realmente malo. – Sobre Springbreak y sobre tu cumpleaños

- ¿No falta mucho para las dos cosas?- resopló, volviendo su vista a la cebolla que estaba a punto de ser finamente mutilada.

- El tiempo vuela, y entre trabajo y boda, ¿no crees que es mejor que lo planifiquemos con suficiente tiempo?

- Eso será en el caso de Springbreak, mi cumpleaños se puede improvisar

- Hablemos de Springbreak, ¿a dónde quisieras ir?

- ¿No vienen Phillip y Natasha?

- Será de preguntarles, pero, ¿a dónde quieres ir?

- El año pasado escogí yo, ¿por qué no escoges tú?

- Porque yo escogí Bora Bora- sonrió.

- Y no me quejo, en lo absoluto- dijo, terminando de hacer las incisiones verticales para empezar a cortar. – Pero yo malversé las del año pasado, así que, en compensación, escoge tú

- Y si te dijera que quiero ir a Las Vegas, ¿aceptarías?

- Sí, aunque sé que no quieres ir- sonrió, y no supo en qué momento la música le entró a las venas pero empezó a marcar el ritmo con su cabeza y con el cuchillo.

- Eres tan pop- suspiró bromeando mientras terminaba de picar el romero.

- Tú sabes que mi playlist es como la de una Sorority- rio, indicándole que dejara ir todo; el romero, el eneldo y el tomillo en un recipiente que tenía en una esquina. – Voy desde "¡tienes que escuchar esta canción!" hasta "por favor, no me juzgues"- rio. - ¿Así te quieres casar conmigo?

- ¿De qué hablas?

- Digo, a sabiendas de que escucho desde eso- apuntó con su cuchillo hacia el techo para referirse a la todavía retumbante y pegajosa canción. – Hasta Justin Bieber

- Sólo tienes una canción del niño ese- rio. – Y es Will.I.Am con él, no él con Will.I.Am. Además, como toda buena sobreviviente con uso de plena razón de los 90’s y principios del segundo milenio; me gusta Britney Spears, *N Sync, Backstreet Boys… supongo que tienes permiso de que te guste Bieber

- Corrección: me quedo con la canción, nada más… al niño se lo dejo a Marie que tiene esa fijación con que se lo quiere coger- rio, y Yulia se ahogó al acordarse de aquel comentario de Marie: "ese niño, el Justin que no es el original, el canadiense caprichoso, el que trae locas a las niñas… si me dice: ‘Marie, quiero cogerrrrte’, se me cae la ropa y le abro las piernas en ese segundo. ¡Qué puberto para estar tan lindo!". – A mí háblame más del Justin original, del one and only, de Mr. Suit & Tie

- Ah, ¿a ese sí le abrirías las piernas?

- Lo secuestraría para que me cantara y me bailara- rio. – Para coger… bueno, quizás secuestro a la esposa también para que le haga el favor- Yulia sonrió y se acercó a la mejilla de Lena para darle un beso. – Solo tú puedes follarme- susurró.

- Fuck…- suspiró, poyando su frente contra la sien de Lena.

- Sí, "fuck"- pero no era eso a lo que Yulia se refería.

- Se oye tan… mal- susurró. – Pero tan sexy al mismo tiempo

- Es sólo una palabra- se volvió a ella. – Si la usas bien o mal es decisión tuya… - le dio un beso en la punta de su nariz y, con un suspiro de autocontrol sobrehumano, se volvió hacia su fabulosa cebolla. – Versión pornográfica de "Oh, fuck! Please, folla mi co*o!"- gimió ridículamente, provocando una risa tanto en ella como en Yulia. – "Yes! Yes! Yes, yes, yes! Fuck it harder!"- y todavía más risa. – O puede ser la versión que yo conozco: "Fuck me"- susurró lascivamente, transportando a Yulia a esa vez que se lo había dicho en una combinación de susurro, gemido, balbuceo, jadeo, en esa voz que sólo el sexo podía ponerle a una mujer a la que le estaban frotando su clítoris mientras le besaban los labios. Los ovarios de Yulia explotaron, así como aquella vez, que se acordaba tan bien de la posición en la que estaba en ese momento; entre sábanas blancas, sobre el lado derecho de Lena y con sus piernas entrelazadas para mantener sus piernas abiertas, se acordaba del cabello rojo de Lena; alborotado por las horas de sueño y por ya un orgasmo que Yulia le había arrancado. Sexo mañanero de las diez y media y en altamar, ¿mejor que eso? Casi imposible. – Creo que de actriz porno me muero de hambre… o de actriz en general

- Y allá llegaron los bomberos a apagarme los ovarios- rio, dejando caer su cabeza en frustración. Ah, ese juego las iba a matar.

- Esa era la intención- sonrió, terminando de mutilar la cebolla y retirándose para colocar, sobre otra hornilla, la sartén más grande que Yulia podía tener. Y era grande.

- ¿Por qué me estás torturando?- se quejó calladamente, que Lena vertía un poco de sal en el recipiente donde Yulia había dejado ir las otras especias, y luego le dejó ir un poco de pimienta.

- Es que si dejo que me toques… - tarareó mientras revolvía aquella mezcla y la esparcía sobre la piel de aquella broma con sabor a venganza, o venganza con sabor a broma. Broma en general y en realidad. – Se me quema el agua de tanto que quiero que me des

- ¿Por eso la pierna cruzada?- resopló. Jugando con fuego. Y se quemó, pues Lena sólo arqueó su ceja y sonrió. - ¡Es un Peek-a-boo!

- Pero Kiki de Montparnasse

- Sea de la marca que sea, es un Peek-a-boo

- Es Kiki de Montparnasse- dijo con esa mirada que significaba algo que sólo una repetición.

- No es un Peek-a-boo normal, entonces

- No, no lo es- repuso, terminando de esparcirle la mezcla a aquella piel. Sacó un recipiente rectangular de vidrio y encendió el horno. – Ajá, entonces… tu pan- tomó el pan que habían comprado y lo llevó a la tabla en la que Yulia había picado aquellas especias. - ¿Qué tanto pan se le pone?

- No tengo idea- rio. – Va envuelto, es lo único que sé

- ¿Envuelto entre o envuelto en medio de?

- Entre- supuso.

- Eres una consentida- resopló, sacando cinco rebanadas para quitarles las orillas, pues ya sabía que Yulia le diría un: "mi amor… ¿podrías quitarle las orillas?". – Pon las bromas sobre la piel- le apuntó la sartén, que ya debía estar caliente, pues el error principal de toda carne era que no se colocaba sobre algo realmente caliente.

- ¿Aceite o algo?

- Si quieres tener arterioesclerosis de verdad, ponle… pero no necesita- y qué sonido el de aquellas venganzas al caer sobre el acero inoxidable, y del aroma ni se diga. – Marca cinco minutos y déjalos ahí, ayúdame con una Baker grande y una que le quepa dentro

- Entonces, Licenciada- dijo al asentir ante la sensual orden que le sabía a orden sexual. - ¿A dónde iremos en Springbreak?

- No sé, pero quiero ir a una playa- sonrió, sabiendo que a Yulia eso era lo que le gustaba, y a ella que no le importaba salir o no salir, del país o de la cama. – Si no me falla la neurona que se encarga de esa conversación… ¿no querías ir a Lençóis Maranhenses? ¿O era Fernando de Noronha?

- A Lençóis no, por favor no- rio, pues le encontraba la belleza pero no el entretenimiento, y tampoco le encontraba comodidad como le gustaba. - ¿Dónde queda Fernando de Noronha?

- Brasil también… y, mierda, no era ninguno de esos dos lugares, entonces- rio. - ¿A dónde era que querías ir?

- ¿A Mýkonos?

- No, es que nombraste una playa

- Ah, "Jericoacoara", pero para Springbreak se llena demasiado… ¿qué hay de Fernando de Noronha?

- En la universidad tuve una compañera que toda su vida giraba alrededor de ese lugar; le llamaba "Paraíso Terrenal". Iba todas las vacaciones… creo que su familia tenía un hotel allí, o ella era de allí, no sé, no me acuerdo- terminó de cortar el pan en pequeños cuadros, aunque no le habían quedado tan perfectos como si hubiera decidido usar el cuchillo correcto, pero no valía la pena si igual nadie iba a ver el pan. – Google ahí para ver qué hay- suspiró, sacando aquella masa de aquel gabinete, que sabía que no había crecido casi nada, pero igual lo iba a desinflar.

- Lo veo luego- se irguió, colocando ambos bakers sobre una encimera. - ¿Qué hago con estas dos?

- Coloca la pequeña dentro de la grande y rellena el contorno libre con agua y un poco de hielo.

- Creí que ibas a cocinarlo, no a enfriarlo- resopló, llenando el Baker más grande con un poco de agua para luego dejarle caer el pequeño dentro.

- Es para que no pierda tanto jugo. Si tienes agua, va a haber más vapor, o sea menos probabilidad de que la carne se seque

- Interesante

- Quieres vapor,sin cocer. Así como funciona el método de vaporizar la leche cuando haces un Latte; la leche tiene que estar fría

- Nunca lo había visto- rio. – Pues, no en Iron Chef al menos

- Química en el colegio no era como crees- polveó la encimera con un poco de harina y dejó caer la masa. – Era más práctico que aprender de orbitales s, p, d, f- estiró la masa como si fuera a convertirla en pizza y, en el centro, colocó los trozos de pan. ¿Sentido común? No había manera de equivocarse, no en esa etapa, pues la mayor parte de errores ocurrían al momento de los ingredientes secos y los líquidos, en donde el orden de los sumandos si afectaba el total, y era por eso que existían las tortas que se hundían; en especial el cheesecake. – Pero, el profesor era extremadamente agradable, creo que por eso no deserté el primer año e hice los tres de química

- ¿Tres años de química avanzada?

- Lo puedes ver así o como una clase de cómo hacer tus propias cosas- rio. – Pues, aprendimos a hacer un perfume, a hacer jabones, a cómo hacer un soufflé perfecto porque a la esposa del profesor le encantaban y era su cumpleaños; que ahí fue que aprendimos lo del agua y nos explicó por qué… aunque, claro, a veces sí teníamos clases teóricas, pero también jugábamos con láminas de magnesio y mecheros Bunzen, o jugábamos a arrojar un poco de Sodio al agua, que gracias a eso fue que el último día de colegio decidimos arrojar media libra a la piscina

- Y con honores- rio. – Debes hacer un soufflé excelente

- Nadie se ha quejado todavía- guiñó su ojo. – Y como sé que no eres fanática del chocolate, o de lo dulce en general, no te ofrezco hacerte uno

- ¿No puedes hacerme uno de vainilla?

- En cuestión de hacerlo, puedo- sonrió. - ¿Quieres uno de desayuno?

- Mejor para la cena de mañana, si no es mucho pedir- sonrió, y Lena sacudió su cabeza. – ¿Tienes todo lo que necesitas?

- Revisa si hay vainilla

- Hay beans, pasta, azúcar y extracto- dijo al abrir el gabinete de las especias.

- Entonces sí- sonrió, reanudando su tarea de envolver pan entre masa de pan y Yulia volvió a lo suyo, a lo del hielo. - ¿Cuánto falta para los cinco minutos?

- Ya casi

- Déjalos dos minutos en lo más alto- y Yulia giró la perilla de la hornilla. – Quiérelos- sonrió alcanzándole lo que había sobrado de la mezcla de especias.

- Los querré más cuando los coma- rio y, con una sonrisa que no se podía explicar, roció aquellas hierbas sobre lo que se veía realmente apetitoso. No existía Fergie, ni Blur, ni Bieber, sino una voz que nunca había escuchado antes; mujer, definitivamente afroamericana, pero le ponía cierta vibra extraña al ambiente, que no por ser extraña estaba mal.

- But I gotta believe that this ain’t the end of the road, it’s all a bad dream until you believe…- tarareó calladamente aquella pelirroja que no sabía si lo que hacía estaba bien hecho, pero lo seguía haciendo. Eso era. El ritmo no era sexy pero tenía algo que sabía a noches de invierno de Pomerol y chimenea, con cobija y desnudez; sabía a los besos post-coitales. – And you gotta know, the story is still to be told, just breathe… remember to breathe

- Nunca había escuchado esa canción- interrumpió su modo de cantante.

- No es tan vieja, es como del dos mil ocho o nueve. La canta "Lalah Hathaway"

- Es un poco… sexy- rio, notando los dos minutos que debía esperar y, por instinto o sentido común, que para Yulia no era tan común en otras personas, bajón la intensidad nuevamente a dos y les dio la vuelta.

- Si no le prestas atención a la letra- dijo de cerca, pues se había acercado para sacar el Saran Wrap. – Pero tienes razón, omitiendo la letra, es como para gemirte al oído

- ¡Lena!- rio nerviosamente.

- Y estoy orgullosa de mi nombre- bromeó. – Colócalos sobre la piel en el Baker pequeño y al horno

- ¿Así de rápido?

- Sólo es para sellar, seguramente ya están sellados del otro lado también- Yulia sólo lo consintió e hizo lo que Lena decía, después de todo, Lena era la que sabía. – Marca media hora en el cronómetro de la cocina- dijo, acercándose a ella con la cebolla y dos ajos para prensarlos inmediatamente.

- Eso huele bien- suspiró entre el sonido de la cebolla freírse entre la grasa que había despedido aquella venganza.

- ¿La quieres un poco plana para contrarrestar lo condimentado de la carne o lo quieres un poco refrescante?

- Como quieras- inhaló ya el olor del ajo entre la cebolla. Orgasmo olfativo. – Huele demasiado bien

- Espero que tenga un sabor decente- rio, dejándole ir un generoso chorro de pomerol y un dash de harina.

- ¿Dudas de tus habilidades?

- No, nunca. De tu paladar- rio, alcanzándole una paleta de madera para que empezara a revolver aquello y bajó la intensidad a uno, pues, por mientras, ella picaría las cuatro hojas de menta que llevaba el paquete.

- ¿Qué tiene mi paladar?

- Es tan exigente

- Pero así me quieres- sonrió con inocencia pero reconociendo que tenía razón al decir aquello.

- Te quiero, sí- se acercó y arrojó la menta a lo que ya empezaba a verse más espeso. – Te quiero de "te amo" y te quiero de "te quiero subir la falda y abusar totalmente de tu integridad física"- murmuró, y notó cómo Yulia apretujaba la paleta de madera entre sus dedos. – Pero serás tú quien gima con la canción sexy en el fondo…

- ¿Qué te voy a gemir?- preguntó como si no le afectara tanto, pero sí que lo hacía; de eso era testigo el algodón que arropaba su entrepierna.

- ¿No lo sabes?- Yulia sacudió la cabeza, pero Lena pasó sus manos por si cintura hasta abrazarla y guio una mano a su entrepierna, provocándole a la torturada Arquitecta un gruñido que sabía a gemido también. – Precisamente eso vas a gemir- rio suavemente a su oído y la soltó para regresar al pan, que ya sólo tenía que enrollarlo en el plástico.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 16, 2015 12:54 am

- Me estás matando- se volvió a ella, desatendiendo la salsa, y sólo supo apreciar la silueta de su pelirroja tortura momentánea. Cuántas ganas le sobraban para quitarle ese delantal y dejar que el mundo se quemara entre el horno y las hornillas. Cuántas ganas le sobraban para adorarla con la voz de Diana Krall en el fondo. Cada "Cry Me A River" era distinto. - ¿Qué te hice para que me estés matando así de lento?- se acercó a ella por su espalda y la abrazó por la cintura hasta envolverla completamente entre sus brazos. – Porque podría jurar que te divierte- susurró a su oído y llevó sus labios a su hombro derecho para darle besos sobre la tela de su camisa.

- No me has hecho nada- susurró. – Y tampoco me divierte porque yo también estoy un poco mojada

- No me digas esas cosas- resopló, siguiendo con su vista a las manos de Lena que enrollaban el segundo pan. – Que yo también puedo jugar

- Eso hemos estado haciendo desde hace como dos horas, mi amor… hemos estado jugando con fuego

- Y me estoy quemando viva a pesar de que estoy hecha un océano

- Ah, pero eso es hambre- rio. – Es por el olor de la comida. La salivación es una reacción natural ante el hambre y el estímulo visual y olfativo

- Tienes razón- sonrió traviesamente y se dirigió a la salsa para quitarla de la hornilla. - ¿Quieres probar la salsa?

- Sure- pero lo que no vio es que Yulia, traviesamente, metió su mano en su pantalón y alcanzó a corroborar lo que ya sabía cierto. - ¿El agua está hirviendo ya?

- Sí- se acercó a la olla y, con cuidado, dejó ir ambos proyectiles de carbohidratos en el agua y volvió a tapar la olla.

- Abre- le dijo Yulia y ella, con una sonrisa, abrió sus labios y dejó que Yulia burlara sus expectativas al estar esperando salsa y no su sabor.

- Fuck…- gruñó, y rápidamente tomó la mano de Yulia entre las suyas; no quería dejar ir ese dedo, no hasta quitarle todo su sabor. – Felicitaciones a la cocinera- sonrió al ya no sentir ningún sabor. – En escala del uno al diez, quedó "Oh My God!" de rico

- Me alegra que te guste- guiñó su ojo y llevó la paleta de madera sobre su mano para darle de probar la salsa de verdad. - ¿Te gusta?

- Sabe bien, pero eso no significa que me guste- frunció su ceño.

- ¿Le falta algo?

- No, está bien así… es sólo que me borró el otro sabor- se sonrojó. Llamaron a la puerta. – Dios te ama, Yulia- rio mientras se retiraba hacia la puerta.

- Eso ya lo sabía- sonrió. – Pero, ¿por qué lo dices?

- "Salvada por la campana", literalmente… que te iba a violar

- ¡No!- gritó caprichosamente hermoso.

- Por favor, pasen adelante- rio Lena al abrir la puerta, que Phillip y Natasha no sabían de qué se reía pero seguramente tenía que ver con Yulia, literalmente con Yulia, pues era una risa un tanto burlona.

- Len- sonrió Phillip, alegrándose por su sonrisa, pero dejó pasar primero a su esposa como todo buen caballero.

- Hello, Darling- sonrió Natasha y, deteniéndose para darle un beso en cada mejilla, pasó a la cocina para dejar el postre que venía empacado alla Margaret Roberts’ house para mantenerlo caliente.

- ¿Cómo estás?- murmuró, recibiendo un beso en la frente por parte de Phillip y tomando el paquete que venía envuelto en papel de empaque; seguramente helado de vainilla para los gustos de Natasha, parecidos a los de su mamá y en pleno invierno, o quizás era el glaseado.

- Cansado, he tenido tres días demasiado fuck my job- dijo, quitándose su gorro y su bufanda para colocarlos sobre el respaldo del sillón que le daba la espalda a la puerta principal. - ¿Y tú?

- Cansada, también- resopló, cruzándose de brazos por frío y por estarlo esperando a que se quitara el abrigo Massimo Alba. – He estado a base de café todo el día

- Bienvenida a mi mundo, Len

- No, tú no entiendes- rio. – Café… café americano, café de diez partes de agua para una de café

- Ah- sonrió, quitándose su saco también y arrojándolo sobre el respaldo.

- Sólo hoy bebí como cuatro tazas, y eso no es normal… usualmente un Latte, máximo dos, cumplen con los requisitos

- Estás mal, Len, pero, por lo demás, ¿todo bien?

- Ya tengo la mano… pero no la he sacado del molde y no sé cómo sacarla para mañana porque no vamos a ir a la oficina

- No te preocupes, dámela y yo me la llevo- la abrazó por los hombros y empezaron a caminar hacia la cocina mientras le daba un beso en la cabeza. – ¡Madre de Dios! ¡Aquí huele a comida!- suspiró con inanición.

- Y me asustaría si la cocina oliera a otra cosa- rio Yulia, acercándose a él para pasarle los brazos por el cuello y dejarse dar un abrazo.

- Yulia María- sonrió. – Freddy Krueger me llamó- y Natasha sólo le dejó ir un manotazo de "ni se te ocurra ese comentario".

- Sí, a mí también me llamó- rio. – Dijo que quería su cara de regreso- las tres mujeres se carcajearon e intercambiaron high-5’s. Buena movida para el tiro que le había salido por la culata. – Papito, cuando tú vas, yo ya fui y regresé diez veces y me estoy bebiendo mi tercer Martini- guiñó su ojo mientras le daba unas palmadas en su pecho.

- Mujeres- sacudió su cabeza. – Inteligentes y emocionales: combinación mortal

- Ay- resopló Natasha, abrazándolo como si fuera una niña de tres años y Phillip su gigante oso de felpa. – Dicen que todo lo peligroso es triplemente más atractivo que lo seguro

- Muy cierto- sonrió, agachando su cabeza porque le gustaba que Natasha se la tocara; ya tenía un poco más de cabello pero seguía expuesto al clima. – No me digan que eso es lo que vamos a comer- rio, viendo la cubeta con aquel vomitivo color. Pepto-Bismol. Ese era el color.

- No- rio Lena. – Es una prueba que estaba haciendo

- Ah, ¿y qué es?

- Un molde

- ¿De qué?

- Ah, Phillip- rio Natasha. – Se me había olvidado decirte- volvió a verlo con mirada seria a pesar de que Yulia y Lena ya sabían que estaba a punto de asustarlo o de perturbarlo. – Es que, bueno, tú sabes… Yulia y Lena son mujeres

- Lo sé- asintió.

- Bueno, y…

- ¡No!- suspiró. - ¿El pene de quién tienen ahí?- rio fuertemente.

- No, ahí está mi mano- le dijo Yulia. – Lena estaba haciendo una prueba… de que no tiene daños secundarios para la piel- Lena sólo se dirigió a la cubeta para fruncir sus labios ante la inhabilidad de no poder no reírse.

- Y, uhm…- murmuró Natasha. – Querían saber si, de regalo de bodas, les podías regalar…- el rostro de Phillip se volvió más blanco que de costumbre, sus ojos perdieron ubicación y sintió que la faltó el aire.

- ¿Y tú estás de acuerdo con eso?- balbuceó, que fue cuando Yulia no pudo más y estalló en la carcajada, contagiando así a las otras dos mujeres. - ¿Almorzaron diablito hoy?- suspiró aliviado de que era broma.

- Oh, come on- lo molestó Yulia, volviéndose a la sartén de la salsa para verterla en un recipiente que había sacado previamente. – Acepta que salió bien

- Maestras de la improvisación- las acreditó. – Casi me matan

- Es un poco perturbador saber que eres capaz de creer que te pediríamos algo así- rio Yulia.

- Yo creo que, de querer uno, mi amor, no te lo pedirían a ti porque sería como estar cogiendo contigo- dijo Natasha.

- ¡Por favor! ¡Cambiemos el tema!

- ¿Qué? ¿No te halaga la idea de que quisiéramos el tuyo por sobre el de cualquier otro?- rio Yulia. ¿Qué le pasaba? Estaba con ganas de molestar, de bromear. Ah, era su manera de canalizar su frustración sexual.

- Gracias por considerarlo bonito, al menos- dijo con sus cejas arqueadas. – Muy amables- sonrió. – Pero el tema se clausura a partir de este momento

- Como tú digas- corearon Natasha y Yulia.

- Ahora sí, en son de paz, ¿quieren algo de beber?- sonrió Yulia, viendo a Lena sacar la masa de color que albergaba el molde de su mano. – Tengo Whisky y cerveza para el caballero y, para la distinguida dama, puedo ofrecerle todo lo que no le ofrecí a su esposo. Tengo para hacer Bellini

- Bellini será- sonrió Natasha mientras Yulia caminaba hacia el bar para sacar tres copas.

- Por todos los medios, Felipe, estás en tu casa- bromeó al ver que abría el congelador.

- Gracias, Yulia María- guiñó su ojo y sacó una cerveza.

- ¿Me sirves uno también?- murmuró Lena mientras alcanzaba, de su bolso, la caja de sus gafas, de donde no sacó sus gafas sino un bisturí. Yulia asintió. – Pipe, ¿me ayudas?

- Será un placer- dijo en su burbujeante voz de cerveza.

- Y yo, ¿en qué me hago útil?- balbuceó Natasha, sumergiendo su dedo en la salsa. Estaba para matar y luego morirse. - ¿Todo a la lavadora de platos?- sonrió, que eso sí le gustaba hacer.

- Estás en tu casa, Darling- le dijo Yulia, que vertía la mezcla del Bellini en cada copa para luego abrir la botella de Prosecco. – Por cierto, Springbreak- dijo nada más, y Lena notó cómo, tanto Natasha como Phillip, reaccionaron con una sonrisa.

- ¿Vamos a ir los cuatro siempre?- sonrió Phillip, provocándole ternura a todas.

- Si ustedes no tienen algo planeado, pues, si no van a ir sólo ustedes dos… second Honeymoon, yo qué sé- dijo Lena, clavándole el bisturí a la goma que se había formado alrededor del molde. – Son libres de unirse

- ¿Qué planes hay, Yul?- preguntó Natasha mientras enjuagaba el sartén.

- No sabemos todavía. ¿Cuánto tiempo de vacación tienen?

- Lo mío es abierto- dijo Phillip.

- A mí no me vean que no tengo trabajo- añadió Natasha. - ¿Cuánto tiempo tienen ustedes?

- Diez días laborales, como siempre- sonrió Yulia, deteniendo el corcho del Prosecco a tiempo, sino terminaría contra el techo, contra su hermoso y blanco techo. – Que nos podemos tomar a partir del dieciocho de marzo, pero seguramente no habrá problema si nos tomamos trece días laborales- sonrió, alcanzándole una copa a Natasha.

- Dueñas de su propio tiempo, excitante- rio Phillip, arrancando lo que Lena había cortado con cuidado de no arruinar la mano. - ¿A dónde iremos, familia? ¿En dónde celebraremos los veintiún años de Lena?- le dio un cabezazo suave por broma.

- Nada de rifas malversadas, por favor- les advirtió Yulia.

- ¿Múltiples destinos o sólo uno? – preguntó Lena.

- Supongo que tendrá mucho que ver los lugares a los que queramos ir- dijo Natasha. - ¿A dónde quieres ir, Lena?

- Yo sólo sé que no quiero cruzarme el Atlántico por un par de días- sacudió su cabeza. - ¿Y tú?- le preguntó a Natasha.

- Es invierno, necesito sol, arena y mar… mar al que me pueda meter

- Quizás sería bueno que no fueran a un lugar al que ya fueron- comentó Lena.

- Tailandia, Punta Cana, Las Bahamas, Playa Mujeres, Roma, Mýkonos…- contó Yulia.

- ¡Y el fraude de Venecia!- espetó Natasha, que todavía seguía arrepentida.

- Entonces, ¿qué? ¿Dejamos fuera República Dominicana, Las Bahamas y México?- dijo Phillip.

- En dado caso, las Bahamas sí o sí; el mar es relativamente frío, ¿te acuerdas?- dijo Natasha.

- ¿Qué hay de Cayo Largo, Cuba?- murmuró Yulia.

- Mmm…- sacudió Natasha su cabeza. – Cuba es demasiado complicado para nosotros por ser americans… además, según me estaba diciendo mi papá, hay unas regulaciones relativamente raras; eso de "sedentarismo supremo" no puede ser, aparte que me estaba diciendo que casi no aceptan tarjetas de crédito o débito entonces debes llevar cash… y que no puedes traer ni habanos ni ron- rio.

- Ah, si no se puede importar ron, ¡¿para qué?!- rio Lena, contagiando a Phillip.

- Len, se nos cayó el negocio del ron- bromeó él.

- Cuba queda descartado- sacudió él su cabeza.

- Más por el "dolce far niente" literal que por tu contrabando de ron- rio Yulia.

- Yulia, ¿el año pasado no dijiste algo de Brasil?- se volvió como si hubiera tenido una brillante idea.

- No tiene nada que ver conmigo- le dijo Lena, pues eso se prestaba a que estuvieran, nuevamente, trabajando juntos.

- Cierto, Jericoacoara, Yul- sonrió Natasha, cerrando la lavadora de platos al haberlo metido todo ya.

- Sólo nombré el lugar por poner un ejemplo- explicó. – Pero Lena me ha dicho de "Fernando de Noronha", ¿qué sabes sobre ese lugar?

- Dame cinco minutos y lo sabré todo- rio, sacando su iPhone de su bolsillo. – Yo quiero ir allí- dijo al cabo de diez segundos con tan sólo ver la primera imagen y se la enseñó a Yulia.

- Fuck…- suspiró, y sólo se escuchó un gruñido de Lena en el fondo. – Felipe, Lena, ¿Fernando de Noronha?- les mostró aquella fotografía.

- Yo voy a donde me lleven- sonrió Phillip.

- Yo también… que haya cama y/o hamaca y comida y allá voy- agregó Lena.

- Ah, el problema- dijo Yulia de repente. – Ustedes dos necesitarían visa si no me equivoco

- No sería ningún problema, sólo se saca y ya, y no dudo que mi mamá conozca a alguien en el consulado- dijo Natasha.

- Entonces… ¿Fernando de Noronha?- preguntó Lena sólo por confirmar, y todos asintieron. – Suena perfecto

- El lunes le diré a Gaby que busque todo lo necesario- dijo Yulia, acercándose a la olla para darle vuelta a sus panes, que ya tenían apariencia de como eran en la casa de su abuelo.

- ¿Qué es eso? – le preguntó Natasha al ver aquello tan raro, flotando.

- Carbohidratos, para que engordes un poquito… que estás demasiado flaca- le susurró con la lengua de fuera, y se lo susurró para que no saliera el tema a nivel público.

- Sigo siendo talla cuatro

- ¿Y estás pesando…?

- Ciento catorce libras- agachó la mirada, pero Yulia, en vez de regañarla, la abrazó por los hombros y recostó su cabeza contra la suya. – Mi mamá insiste en que visite a Alastor

- ¿Por qué no me habías contado?

- Porque me lo dijo hoy por la mañana que me vio- sacudió su cabeza. – Odio cuando llega de la nada y entra como Pedro por su puta casa

- Y asumo que estabas en ropas menores o sin ropa como para que digas algo así

- Sabes, en mi casa siempre me dijeron que una puerta cerrada permanecía siempre cerrada a no ser de que se llamara y me dieran permiso para entrar; así funciona todavía cuando yo voy a donde mis papás. Phillip tiene ya unas semanas de estarse yendo a eso de las siete y media al trabajo para llegar a las ocho, eso significa que, a esa hora, todavía no me he duchado y sigo intentando revivir; que ese tema ya lo vamos a tocar, y resulta que hoy mi mamá decide llegar a las ocho en punto porque, como si había despertado a las cuatro de la mañana para terminar de escribir la columna de la otra semana, ya tenía hambre y estaba aburrida. Entra como Pedro por su puta casa, independientemente de que el ascensor abre directamente en el interior del apartamento, pero la puerta de mi habitación se mantiene cerrada, por Agnieszka, desde el momento en el que tenemos la intención de dormirnos hasta el momento en el que ya salgo duchada y lista para que el mundo me vea- resopló. – Pues no, hoy me llega mi mamá y abre la puerta de mi habitación, ve que me estoy bañando y decide sentarse a esperar, pero no se sienta en la sala como la gente normal, no, ella decide sentarse en el diván del clóset. Y, claro, yo duchándome como si me estuviera esterilizando, no vi que estaba ahí por el vapor… y sólo salí de la ducha y me dijo un muy suyo: "Ella Natasha- sacudió su cabeza y bajó sus gafas para verme sobre ellas como con desaprobación- estás demasiado flaca, ya no te ves saludable". Hasta se me cayó la toalla del susto

- ¿Y qué piensas sobre lo de que "no te ves saludable"?

- ¿Me veo saludable?

- Sí- asintió. – Delgada pero saludable, además, sé que estás comiendo como siempre… menos, pero lo de siempre

- Pues, después de que me dijo eso, ¿qué hambre iba a tener? Lastimó mi autoestima- dijo con su mirada de arrogancia elaborada. – Y de ahí salió con que debería ir con Alastor

- ¿Con qué propósito?- resopló. – Si Alastor lo que hace es… yo ni siquiera sé lo que hace el hombre, sólo sé que me cobra por que le cuente mis problemas

- Problemas tenemos todos. ¿Tú crees que debería ir?

- Te lo voy a poner así, y digo dos puntos: si hay cosas que no puedes hablar con Phillip, con tus papás o conmigo, o con alguien de tu confianza, si son cosas que no puedes, no quieres o crees que no debes hablarlas con los previamente mencionados… creo que valdría la pena

- ¿Por eso fuiste donde Alastor la primera vez? quiero decir, ¿porque no podías/querías/creías-que-no-debías hablar cosas conmigo o con tu mamá?

- Necesitaba que alguien ajeno a mi vida me dijera que no estaba mal lo que estaba sintiendo

- Yo te lo podría haber dicho, porque eso pensaba y lo sigo pensando

- Lo sé, pero es algo que habría percibido como que me estabas diciendo lo que quería escuchar, o el apoyo incondicional por ser mi amiga; supongo que no puedo explicarlo, pero se siente diferente… es como si el mundo te está diciendo las cosas, el mundo que no se reduce a los que te rodeamos a diario

- No, no, creo que te entiendo- frunció su ceño. – Es lógico

- Yo sé que el hecho de que tu mamá te haya dicho que fueras con un psicólogo no te agrada cuando eres tú quien tiene un minor en Clinical Forensic Psychology, es como que si a mí me remitieran a un Arquitecto para que analice y critique mi trabajo… no tiene nada de malo con ir a un psicólogo y eso lo sabes… si te remiten a un psiquiatra… pues, eso ya es otra cosa, significaría que estás bien- sonrió suavemente.

- Hay cosas de las que no quiero hablar porque siento como si volviera a abrir la caja

- A veces es mejor abrir la caja, ver qué hay dentro y conocer lo que hay dentro para saber qué hacer si la caja se cae y, por accidente, se abre y sale todo eso rodando por el suelo. Y tú, mejor que nadie, sabes que el psicólogo no te soluciona los problemas, simplemente te guía- Natasha sólo asintió. – ¿Lo has hablado con Phillip?

- Va a pensar que estoy loca- rio, viéndolo de reojo. Lo vio muy guapo, aunque echaba de menos su cabello largamente corto.

- ¿Loca?- resopló. – Loca cuando le arrojas un zapato a un cristiano, loca cuando pagas sesenta mil dólares para prevenir que el hombre que te gusta no quede casi-en-pelotas, loca cuando, con una botella de ron encima, decidiste hacer un mortal y casi te fracturas hasta el…- le hizo la mirada de "ya tú sabes qué". – De igual forma, háblalo con él si quieres, si no quieres tampoco te voy a obligar… pero, hagas lo que hagas, estré allí para ti

- No te digo- resopló. – Por eso te adoro

- Yo sé, yo me adoraría también- guiñó su ojo y recibió un "duh" mental de Natasha. – Ahora, siguiente tema… ¿qué con tus resurrecciones matutinas?

- Ah, otro de los temas salieron sobre el desayuno- rio. – Mi mamá, vergonzosa e incómodamente para mí, no sé para ella, me empezó a preguntar de mi vida sexual… pues, de la falta de

- ¿Fue antes o después de lo de la comida?

- Después, pero me volvió a decir lo de Alastor cuando le insinué que no cuento como persona activa en estos momentos

- ¿Todavía no?

- Estaba en mis días los días anteriores, que creo que ya recuperé el ciclo de veintisiete días- sonrió placenteramente. – Ayer intentamos de nuevo y me volvió a pasar lo mismo, es frustrante… es más frustrante el hecho de que lo dejo con blue balls porque no me deja hacer algo al respecto

- Hacer el amor, no jodas

- Con la emoción que me pone la anticipación y la expectativa- sacudió su cabeza. – Es difícil poder bajarle el tono; sólo quiero follar sus sesos- volvió a verlo y sonrió al ver cómo le ayudaba a Lena mientras hablaban sabía Dios qué.

- Yo también- suspiró con la sonrisa idiota. – Digo, yo a Lena- sacudió su cabeza al comprender por qué Natasha la veía de la manera en la que la veía. – Hemos estado jugando con fuego desde hace rato ya

- ¿Todavía no se han quemado?

- Ya nos quemamos, varias veces, pero no nos hemos curado- sonrió.

- Te envidio tanto… no sabes cuánto- suspiró.

- No tienes nada que envidiarme, Nate- golpeó su copa contra la suya y se vieron a los ojos por la amenaza mundial de "mala suerte" pero que ellas lo habían traducido a "un mes de mal sexo" a pesar de que eran siete años en realidad. – Volverás a lanzarte al estrellato- sonrió, refiriéndose clara y vulgarmente a la pornografía.

- Ojalá, que ya me estoy desesperando

- ¿Qué hay de oral sex?

- Creo que no me escuchaste- rio y bebió de su Bellini. – Prefiere quedarse con blue balls a que le dé uno

- Pero, como te dije antes, no sería primera vez que le das uno

- "Todo o nada"- dijo nada más.

- Goloso, pero respetuoso, supongo- se hundió entre sus hombros. – Pero me refería a que si vas a ir poco a poco… que coño voy a saber, tal vez que él te lo haga a ti; tal vez te relaja

- Me da pánico tenerlo así de cerca entre las piernas

- Con la luz apagada, eso soluciona casi todos los problemas de una mujer- rio.

- Le tengo pánico a correrme también- agachó la mirada, pero alcanzó a ver que Phillip molestaba a Lena, o al revés, pues Lena se había encargado de enseñarle un poco de griego, pero sólo lo que toda persona quisiera saber en otro idioma: cómo rebalsarse en palabras obscenas y soeces. – Siento que se me va a venir hasta el esófago. Y, por favor, no me digas que vaya a un consejero sexual

- No, no te iba a decir eso- resopló. – Te iba a decir que, la solución que le veo, es que o superas tú sola tu miedo o con Phillip, que podrías emborracharte para estar más relajada también

- ¿Ves? ¿Para qué necesito un consejero sexual?- rio. - ¿Esa es tu mano?- se acercó a Phillip y a Lena al ver la blanca mano que desmoldaban.

- Replica exacta- respondió Yulia.

- Demasiado exacta- se asombró Natasha.

- Te sorprenderías de lo que se puede hacer con alginate- le dijo Lena. – Desde piel hasta segmentos de pared de concreto

- Ese mundo que no conozco- resopló Natasha. - ¿Y qué van a hacer con tu mano?- se volvió a Yulia, y todos entendieron a lo que se refería.

- Nada, sólo era una prueba- sonrió Lena. – ¿O la quieres tú?

- No sé para qué la querría- resopló.

- Supongo que puedes hacerme el favor de pasar por el basurero para botarla, ¿verdad?- sonrió Yulia.

- Seguro- sonrió Natasha, y Phillip casi se le arroja encima en un abrazo de agradecimiento, pues le estaba haciendo la vida más fácil y sin saberlo.

- Por cierto- rio Phillip. – Están muy pop- señaló hacia el techo para referirse a la música.

- ¡Ay!- refunfuñó Lena y aplaudió tres veces. – "Playlist: Yulia"- no dijo artista ni canción porque no se le ocurrió nada.

- "Club des Belugas: The Beat Is The Rhythm"- añadió Yulia, y pasó de ser "Cry Me A River" de Timberlake a ser de aquel ritmo relajante pero sensual, como si actuara directamente en el libido de cada uno para con su recíproca pareja. Qué rico ese ritmo.

- ¿Cuánto tiempo le falta a la comida?- murmuró Natasha, pues el olor ya la había cautivado.

- Diez minutos- suspiró Lena.

Y diez minutos pasaron; pan cortado en rebanadas de tres cuartos de pulgada, carne rebanada en media pulgada, salsa sobre la carne. Sólo carne, salsa y pan. Fuera los vegetales. Bueno, de vegetales sólo el ciboulette finamente cortado para agregarle color.

- Fuck me- gruñó Natasha. - ¡Está tan rico!- parecía que nunca había comido en toda su vida.

- ¿Te gusta?- rio Yulia, tomando una rebanada de su adorado pan y, contra todo lo que toda persona pudo haber creído, lo sumergió en la salsa y le dio un glorioso mordisco que le supo a infancia.

- ¿Qué es?- preguntó Phillip.

- Es del clan de los amigos de tu esposa en Central Park- sonrió Yulia y llevó su Bellini a sus labios. Natasha sólo dejó caer su tenedor y su cuchillo y tragó sin masticar.

- Dime que no es el pato que arruinó tu Balmain- balbuceó con la mirada hacia el infinito, acordándose de las amenazas de muerte de Yulia para con el pato-asesino-de-pantalones.

- Está bien, te diré que "no"- sonrió.

- ¿Cómo me das de comer un pato al que le he dado de comer?

- Supongo que eso te convierte en una versión de la bruja de Hansel y Gretel, y a los patos… pues, eso, los convierte en Hansel y Gretel- rio maquiavélicamente.

- Estás trastornada, Yulia- dijo con asombro, pero Yulia sólo supo carcajearse.

- Vamos, que los compré en Agata y Valentina- dijo entre su carcajada, trayendo a Phillip y a Lena a una risa. – Tómalo como mi venganza por april fools’- sonrió.

- Bromanza de mal gusto- dijo, haciendo un neologismo de broma y venganza. – Además, eso fue hace demasiado tiempo, supéralo

- Por favor, ¡ilumínennos!- rio Phillip.

- ¿De qué april fool’s están hablando?- resopló Lena, dándole el primer mordisco al famoso pan de Yulia, y tenía que aceptar que tenía su encanto, demasiado encanto.

- April fools’ dos mil once: resulta ser viernes; día en el que todo el Estudio Volterra-Vensabene decide tener una reunión de tres horas y tu novia me deja colgada sobre el almuerzo. Tu novia tiene que comer, no se alimentará del aire- dijo Natasha.

- Y, entonces, Ella Natasha, muy amablemente, me dice que no me preocupe, que me va a enviar algo de comida con Hugh porque ella ya estaba almorzando. Pues estábamos hablando sobre la restauración del Radio City, si no me equivoco, y entra una docena de Drag Queens a dejarme un maldito sándwich en frente de todos y me bailaron "New York, New York" pero la versión de Liza Minnelli- Lena y Phillip rieron a carcajadas, Phillip casi muere por ahogo. - ¿Así o más vergonzoso?

- En el dos mil ocho, Project hizo un episodio sobre diseñarles los Stage Costumes a unas Drag Queens… todavía tenía un par de teléfonos y, por un módico precio, avergoncé a mi mejor amiga- sonrió. – Acéptenlo, mi broma fue mejor que la de Yulia- Phillip y Lena se volvieron a ver y prefirieron no tomar parte en eso.

- Yo sólo quiero saber qué dijo mi papá- rio Lena, que todos se petrificaron al escuchar aquello, no porque no lo supieran porque lo sabían perfectamente bien, sino que nunca se imaginaron escuchar aquello. Hasta Lena se extrañó de sí misma, wtf, pero todos encontraron cierto consuelo en distintas cosas; Phillip en el poco de Prosecco, Natasha en su rostro cansado, Yulia en la falta de un buen Latte, Lena en todas las anteriores más en la distracción sexual que tenía a su lado.

- Bueno, imagínate la escena- rio Yulia, omitiendo el "mi papá" por la salud de su noche sexual y de la conversación en sí. – Doce Drag Queens; me acuerdo de Mrs. Templeton, de Charlamange, de Miss Devine Monroe y de La’Niqua Johnson- resopló, acordándose de aquella imagen. – Entraron como si no estuviéramos en reunión, y entraron porque nadie quiso detener a doce de ellos, entraron con una Boom Box con la canción, y empezaron a cantarla. Me pusieron el sándwich en frente y, entre que arrojaron confetti y glitter, me dieron la respectiva serenata. De la vergüenza no pude ver a nadie más, lo único que sé es que Belinda casi se hace de la risa y Bellano que creyó que lo llegaban a buscar a él porque se había acostado con una Stripper y creyó que eran las amigas o qué se yo, no sé- se carcajeó. – Pero del tema no se volvió a hablar en el Estudio

- Yulia en su primer momento de "por favor, Dios, separa la tierra para que me trague"- rio Natasha.

- Y fue ese año que acordamos no bromear nunca más para April Fools’- se volvió Yulia a su mejor amiga. – Pero la venganza quedó latente

- Dale tres años a esta broma- le dijo Phillip a su esposa. – Te dará risa

- Sabias palabras, Felipe Carlos- añadió Yulia. – Vamos, Nathaniel, no seas amargada sobre eso… acepta que te la creíste y que, si te la creíste, es porque fue buena

- No fue buena, fue cruel- sonrió. – Pero estuvo bien pensada

- Tú sabes que lo único que me detiene de asesinar al pato que arruinó mi pantalón es tu amor por los de su especie

- No serías capaz- se burló Natasha, llevando la mitad de un trozo de pato a su boca. Si tan sólo no lo sintiera como pecado, así como estarse comiendo a alguien de su familia, pero estaba demasiado rico; la mezcla perfecta entre lo crocante del exterior con lo tierno y jugoso del interior, ¡y la salsa! – Puede ser que no los soportes con sus graznidos

- Es sólo que no entiendo cómo hay gente que les da de comer aun cuando ven que hay un rótulo que dice "NO alimente a los patos" y es como que les digas "Por favor, amado ciudadano y/o turista, alimente a los patos mil veces al día". Además, parte de tus impuestos municipales van para el mantenimiento de Central Park y tengo entendido que también es para darle de comer a los patos; para darles de comer lo que comen y no pan

- Es una obra de caridad la que se hace, que a mí no me consta que les den de comer adecuadamente- refunfuñó Natasha.

- Compra menos pan y dales de comer lo que comen ellos, no pan

- Son aves, ¿qué puede tener de malo darles pan?

- Como que nunca me has escuchado cuando te digo que es como que le des chips a un niño los tres tiempos de comida- rio. – Así de dañino es. El pato no se trata como ave convencional a la hora de darle de comer, así como el pingüino, ¿o también les vas a dar pan a los pingüinos?

- Entonces, ¿qué? ¿Los estoy matando?

- A veces les das trigo entero- suspiró. – Supongo que no será tan malo…

- Entonces, ¿cuál es el problema?

- Son como las malditas palomas, ¡son una plaga! Pero, como sea- pasó su mano por su rostro para cambiar de tema. – Me han ofrecido dos sillas adicionales para Carolina Herrera, el siete de febrero a las diez de la mañana, ¿te interesa ir?

- ¿Puedo saber cómo lograste entrar?

- Citaré a tu esposo: "Conozco a gente que conoce gente"- rio. – Y tengo tres adicionales para Monique Lhuillier el ocho de febrero a las nueve de la mañana, ambos son en Theater

- Yo sí voy- dijo con una sonrisa. – A los dos

- Felipe, al de Lhuilier te puedo invitar si quieres ir- sonrió. – Digo, de cumpleaños

- Amable tu invitación, pero creo que a mi suegra le vendría mejor- sonrió él, sacudiéndose la invitación por no lograr comprender a veinticinco-que-treinta-y-cinco-mujeres-caminando-veinte-metros.

- A mamá seguramente la invitaron hace meses- suspiró Natasha.

- De todos modos, sino daré el asiento a alguien más- dijo Yulia, llevando su Bellini a sus labios para beberlo completo. – Hablando de cumpleaños, Felipe, ¿cuántos es que cumples?

- Treinta y dos bien vividos años- rio.

- ¿Qué quieres que te regale?- le preguntó entre su habilidad de mezclar un nuevo Bellini de ambos líquidos simultáneamente.

- ¿Va un regalo individual o un regalo de la familia Volkova- Katina?- sonrió con bromista inocencia.

- Aw, Felipe- se desplomó Lena y le soltó un suave golpe con su mirada al tenerlo demasiado lejos, pues, frente a ella. - ¿Quieres uno o dos regalos?

- Lo dejaré a discreción de la familia Volkova- Katina

- Suena bonito- dijo Natasha. - ¿No?- Yulia y Lena se volvieron a ver y sólo pudieron sonreírse y sonrojarse. - Lo voy a tomar como un "sí"

- Suena perfecto- susurró Lena, y tanto a Yulia como a Natasha se les agujeró algo parecido; a Natasha el corazón, a Yulia el cerebro, pero en el buen sentido, en ese sentido que derretía.

- Por cierto- dijo Natasha. – ¿Cuándo pueden reunirse con Helena?

- ¿Y esa quién es?- espetó Yulia, viendo la mirada de sus tres acompañantes, esa mirada de "vaya manera de preguntar".

- ¿La persona que va a hacer que ustedes sean legales?

- Ah- rio Yulia. – No sabía que así se llamaba. ¿Para qué necesitamos reunirnos?

- Para discutir sobre el prenup y, claro, que le den fotocopias de todo lo legal que necesite… que no sé qué es lo que necesita en realidad al ser ustedes ciudadanos no estadounidenses

- Yo creo que la otra semana sale bien- dijo Lena. – Que sólo se deje llegar al Estudio, ¿no?- se volvió a Yulia.

- Si sale bien contigo, claro- sonrió.

- Ya hablaron sobre eso, ¿verdad?- preguntó Natasha con escepticismo.

- Claro- asintió Lena. – Ya eso está más que aclarado

- Perfecto

- De todas manera- se aclaró Emma su garganta. – Treinta y dos- se volvió a Phillip. - ¿Qué quieres hacer para tu cumpleaños? ¿Lo de siempre?

- No- dijo Natasha, hablando por él al él tener demasiado pato en su boca. – En realidad no hemos hablado de eso, pero Phillip hizo esa señal con sus dedos que involucraba a los que estaban presentes.

- Nosotros, Thomas, James y Marie, Patrick y Erin- dijo después de tragar prematuramente. – Harry Cipriani, supongo

- Tu cumpleaños es sábado- le dijo Yulia. – ¿Lo celebramos viernes o sábado?

- Si van a ir a lo de Lhuilier el sábado por la mañana, mejor el sábado por la noche, así no tienen que madrugar ni nada para no perdérselo

- Ah, Felipe, ¿estás pensando en un desorden?- rio Yulia.

- Tocan los treinta y dos tequilas- añadió Lena.

- Cuarenta y ocho onzas- suspiró Natasha.

- Dos botellas de 1800, siete limas y treinta y dos dashes de sal- concluyó Yulia con el cálculo. – estoy tan entusiasmada con ella- rio.

- Sólo quiero que hayan descansado bien, en especial tú que me imagino que vas a tener prueba de vestido luego de la pasarela, ¿no?

- Muy amable de tu parte, Felipe, pero es tu cumpleaños y tú decides

- El sábado por la noche- sonrió. – Eso es lo que quiero… no quiero que vayan destilando tequila a donde estarán todas las personas que se adornan con YSL hasta donde no les da nunca el sol. Y fin de la discusión; lo quiero sábado

- Y sábado lo tendrás- rio Natasha como queriendo calmar a un niño en medio de su berrinche.

- Nate- le dijo Lena, de las pocas y raras veces que se dirigía a ella por su nombre en su presencia.

- ¿Sí, Lenis?- sonrió ella con regocijo.

- Mientras a Yulia le ajustan el ochenta-y-nueve-sesenta-y-uno-ochenta-y-nueve, ¿irías conmigo en un shopping crawl?

- Claro seguro, ¿qué vamos a comprar? Digo, para hacer mis apropiadas investigaciones con anterioridad

- Un vestido

- ¿Un vestido o el vestido?

- La robe- dijo Yulia en esa "r" que le desabotonó la camisa a Lena por completo. – Elle ne voulait pas que je vois la robe jusqu’à ce qu’elle l’a acheté (No veré el vestido hasta que ella lo compre)

- Je ne parle pas français(Yo no hablo frances)- dijo Sophia en un perfecto acento. – Pero supongo que te está diciendo que no quiero que vea el vestido hasta que lo compre

- Para que no lo hables…- rio Natasha, y Yulia que sólo sonreía cabizbaja mientras le ensartaba el tenedor a su ya-no-tan-graciosa-broma porque ya había pasado. - ¿Por qué no quieres que lo vea?

- Porque no sé- se encogió entre sus hombros.

- Bueno, con gusto te ayudaré- sonrió la única mujer de cabello oscuro, que sonreía más por la canción del fondo, un clásico y que le sabía a Yulia de principio a fin. – Nunca la había escuchado en italiano… no es Laura Pausini, ¿verdad?

- No, no- resopló Yulia mientras sacudía su cabeza. – Giorgia

- ¿Y ella quién es?- preguntó Phillip, pues a él que no le hablaran de música porque de eso sabía lo mismo que de cocina: nada. Él sólo escuchaba la música de Natasha porque no le molestaba, y la de Natasha tenía una petrificante base en los 90’s para luego convertirse mayormente en música electrónica porque era lo que le levantaba la adrenalina en el gimnasio, en especial "Turn Up The Night" de Enrique Iglesias; sexy, él, la canción y así la hacía sentir a pesar de que estaba sudando lo que era insudable. - ¿Hermana de Laura Pausini?

- No- rieron Lena y Yulia.

- Las dos empezaron prácticamente con el Festival di Sanremo- dijo Lena.

- O "Festival della canzione italiana di Sanremo", si así lo prefieres y con mayor precisión- añadió Yulia. – Ahí empezó Andrea Bocelli también

- Y Eros Ramazzotti

- Dentro de Italia, siendo italiano y habiendo vivido los noventas como niño o adolescente, tienes que conocer a Giorgia, a Eros y a Laura Pausini. Quizás la Pausini ha tenido mayor éxito por haberse lanzado a otro tipo de mercado, uno más pop y en inglés y en español- explicó Yulia.

- Pero, lo que a ti te puede interesar- se volvió Lena a Phillip. – Es que fuera todo el mundo, fuera de Italia y de los pocos afortunados que saben buscar bien en Google o en YouTube, todos creen que Laura Pausini canta esa canción

- Pero Laura Pausini la habría cantado mejor- sonrió Yulia con un poco de sobrevaloración para su cantante favorita.

- ¿Canta mejor?- preguntó Phillip.

- Ni Giorgia misma puede cantar sus propias canciones como Laura Pausini las canta

- ¿Laura canta mejor las canciones de Giorgia que Giorgia?- frunció su ceño con confusión, ¿cómo podía ser eso?

- Esa es la opinión de Yulia nada más, Pipe- resopló Lena. – Yulia está enamorada de Laura Pausini
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Oct 16, 2015 12:56 am

- Corrección: enamorada de su voz- arqueó su ceja y llevó más pan a su boca; lo único que se atrevía a tomar con las manos para comer por no ser grasoso y dejar nulo olor. - Y sólo como cantante… porque conozco una voz que me vuelve cien veces más loca- se volvió a Lena, quien sabía exactamente a qué se refería. – Y prefiero escuchar esa voz que escuchar la de Laura Pausini- sonrió para Lena, quien estaba más sonrojada que nunca y sólo podía llenarse la boca con todo lo que pudiera.

Y así, entre broma y broma, un tanto grosera o muy ligera, se les pasaron las rebanadas de ese pan que seguramente repetirían con mucha hambre o por gula, el pato se evaporó gracias a Phillip, que parecía como si en su casa nunca le dieran de comer por las ganas con las que había decidido, determinantemente, a terminar con aquella ave que podía dejarse un tanto cruda y sin correr peligro de entablar una amistad caótica con la salmonella, bacteria a la que Yulia y Natasha le tenían pavor por culpa de James, quien les había hablado alguna vez sobre la mala cocción de un pollo en la ICE, lo cual había provocado un brote de dicha bacteria y muchos en el hospital, que lo único que les había dado pánico era el síntoma más extremista, sí, ese, sí, el que tenía que ver con sangre donde no debía haber.

Me acuerdo que todos hicieron la misma expresión y emitieron el mismo sonido gutural de placer sexual-gastronómico al unir aquel postre con el helado de vainilla. Me dio risa pero también se me antojó, y eso que no soy de comer cosas dulces. Fue sorprendente ver que Yulia no sólo se repitió una vez, ni dos, sino terminó comiéndose cuatro rebanadas para dos bolas de helado, pues con el frío no le venía tan bien. Quizás era el mismo invierno, aburrido y frío, el que le daba tanta hambre… o gula, pero Yulia sabía que no podía engordar tanto, no por estética sino porque sabía, basándose en experiencia propia, que lo primero que iba a crecer no sería ni su trasero ni su abdomen sino sus senos, y, en sus propias palabras: "quiero que se me hagan más pequeñas, no más grandes" y fruncía sus labios con el sólo pensamiento. En fin, lo sudaría a la mañana siguiente en la banda sin fin mientras Lena acompañaba a Phillip en su búsqueda por el supuesto par de zapatos.

- Gracias por la cena y por la amable compañía, Señoritas- sonrió Phillip mientras se despedía de Yulia con un beso en la frente y un abrazo que Yulia, muy cariñosamente, le correspondía.

- Siempre es un placer, Felipe- lo apretujó hasta hacerlo pujar por falta de aire. – Nate, estás en completa libertad de dejarte caer mañana si quieres

- Te llamaré, que mi mamá quiere que la acompañe al doctor- repuso, viendo a Phillip despedirse de un amoroso abrazo de Lena.

- Te veo mañana a las cinco en la entrada de Bergdorf, ¿verdad?- le dijo Phillip a Lena.

- Por supuesto- sonrió. – No se te olvide- le alcanzó la cubeta con el molde y la réplica de la mano de Yulia.

- No te preocupes- guiñó su ojo rápidamente, tan rápido que pareció que pestañeaba con ambos ojos, y tomó la cubeta para deshacerse de ella en el camino pero para conservar la mano. – Buenas noches, Volkova-Katina- sonrió, cruzando la puerta hacia el exterior del apartamento y le tomaba la mano a Natasha.

- Buenas noches- murmuraron las dos; Yulia apoyada de la puerta con su mejilla y su pómulo mientras mantenía sus manos en las manijas, y Lena apoyada del marco de la puerta.

- A-ay – suspiró Lena junto con un bostezo de notable cansancio y se retiró del marco de la puerta en cuanto vio a los Noltenius desaparecer en el interior del ascensor y, así, Yulia pudiera cerrar la puerta. – Comí demasiado- rio graciosamente al estarse estirando con sus brazos hacia arriba, como si quisiera tocar el techo, como si quisiera aniquilar a la Señora Davis para que no la despertara en nueve horas.

- Ya somos dos- murmuró Yulia, viendo cómo bajaba sus brazos y se retiraba a la cocina quién sabía a qué si Natasha y Phillip les habían ayudado a limpiar y a ordenar y ya la lavadora de platos estaba haciendo de las suyas. – Mi amor- la alcanzó a tomar de la mano y la haló hacia ella como en un paso de baile relativamente intenso, pues Lena se detuvo de su antebrazo y sus rostros quedaron a corta distancia. Ella sonrió, y se empezó a mover suavemente mientras la abrazaba por la cintura; contoneo un tanto bajo y flexionado y hacia la derecha, hacia la izquierda. Lena pasó sus manos a su cuello y sólo siguió el ritmo que ella le marcaba.

- Dime- susurró, sintiendo las manos de Yulia bajar por su espalda pero que nunca terminaban de llegar a su trasero.

- Estoy sobria- le dijo, apoyando su frente contra la suya y dejaba que Bittersweet Faith se terminara para darle espacio a una canción aleatoria.

- Tú no bailas sobria- cerró sus ojos al escuchar el comienzo de una de tantas canciones que nunca le había escuchado a Yulia, pero era una canción muy versátil; podía servir para una escena pornográfica, para un anuncio de lencería, o de un perfume, o de un lascivo chocolate, quizás hasta de un cigarrillo, o podía ser utilizado para la relajación auditiva de Yulia, pero todo era muy sexy. "Lisa".

- Sí, contigo- sonrió, acortando más la distancia entre sus cuerpos al entrelazar la coordinación de sus pies.

Podía parecer muy tonto desde el punto de vista de alguien ajeno a lo que estaba sucediendo en ese momento y sólo entre ellas; Lena que se dejaba llevar a ciegas porque no le interesaba ver nada con los ojos, prefería conocerlo todo a través de lo que Yulia le enseñaba, del minúsculo y pausado vaivén horizontal de sus caderas, así como si estuviera dibujando una curva de coseno, pero le gustaba la mezcla de la música, de la respiración tranquila de Yulia, del calor con el que la envolvía con sus brazos, del olor que se desprendía del cuello de Yulia. Fue entonces cuando se dio cuenta que había extrañado ese olor, ese aroma que era tan Yulia pero que había pasado mucho tiempo sin sentirlo, quizás por eso era que la encontraba tan completa, tan ella, tan Yulia. Inhaló aquella fragancia que ya costaba apreciar por el pasar del tiempo y del trabajo.

- Te amo- susurró entre el silencio que ahondaba entre canción y canción, que ya "Coffee To Go" sonaba, como si las dos anteriores no fueran suficientes ni suficientemente sexy. – Te amo tanto- le dijo en ese tono de "no te imaginas cuánto".

- Yo no sé cuánto te amo- murmuró, y eso no sonaba tan bien, pero Yulia sabía muy bien lo que decía. – No puedo estimarlo en dinero. No puedo pesarlo, ni en Kilo-Newtons ni en Toneladas, no puedo medirlo en ninguna kilométrica dimensión; no puedo estimar ni área ni volumen, ni puedo calcular con cuántas candelas que ilumina mis momentos más oscuros…- se acercó a su cuello, Lena mantuvo sus ojos cerrados. – El precio que le ponga, lo que le otorgue de masa, lo que calcule por peso, lo que determine en medidas; área y volumen, lo que mida en intensidad lumínica…- le clavó un beso que pareció besarla toda, un beso cariñoso y con todas las escalaciones de amor, un beso lleno de sensación de hogar. – Será muy poco para lo que eres en realidad- murmuró, y le clavó otro beso igual. – No sé cuánto te amo porque no conozco esos números, esas dimensiones, esas magnitudes- cambió de lado y le colocó otro beso que la hizo suspirar. – Y, por primera vez en mi vida, tengo algo que no se puede resolver con dinero, con una fórmula, con una ecuación, con Pantone o con una costura, con una tela, con un estilo…- la abrazó completamente, haciendo que Lena la abrazara por su cabeza como si no quisiera soltarla nunca, porque así era. – Y me disculpo por no poder ponerle ni precio, ni peso, ni medidas, ni un color, ni una textura… pero espero que lo que haga el resto de mi vida te demuestre eso que no sé cómo poner en palabras

- Den me afínoun… - susurró aireadamente, como si se estuviera consolando a sí misma y, de paso, a Yulia también. Yulia se irguió y la vio a los ojos, ¿cómo o por qué pensaría que tenía la capacidad para dejarla? Yulia sabía que si tenía la capacidad para amarla también tenía la capacidad para lastimarla, pero nunca para dejarla. – Después

- No- susurró.

Con mucha delicadeza, logró encajar sus labios con los de Lena; no para arrancarle el beso sino para simplemente ver hacia donde la llevaba Lena. Pero ella sólo correspondió la incertidumbre con un poco de tranquilidad, como si no quisiera ir a ningún lado más que más profundo entre los labios de Yulia. Cómo le gustaban a Yulia esos besos que, después de uno largo, quedaban como pequeñas y húmedas resacas. Sólo se abrazaron, Yulia dejó caer su frente contra su hombro derecho mientras la envolvía completamente entre sus brazos, Lena abrazó el momento como algo verdaderamente perfecto porque no había mayor confianza que la de un abrazo, que la de uno que había nacido de Yulia en especial, de ese que no parecía terminar.

- Me gusta cuando me dejas abrazarte- le dijo mientras le acariciaba la cabeza, pasando sus dedos por entre su cabello, y le daba besos esporádicos.

- ¿Cómo no dejarme?- volvió su rostro hacia su cuello y reanudó sus besos. El problema con los abrazos era que tendía a sentirse atrapada, y así no podía con su tranquilidad; iba más allá de lo que podía impacientarla, pero le gustaba abrazar, más si la otra persona no lo correspondía. Pero Lena sabía que, el noventa por ciento del tiempo que Yulia dejaba que la abrazara, era porque necesitaba uno. – Mmm…- exhaló contra su cuello al presenciar el hermoso bostezo de Lena. – Ven- se irguió y la tomó de la mano. – Vamos a la cama- le dio un beso a sus nudillos y, de un paso, se estiró para apagar las luces de la cocina y el comedor.

- Hueles diferente…- murmuró mientras se dejaba guiar por el pasillo.

- ¿A qué huelo?

- A Chanel No. 5- dijo ya en el interior de la habitación.

- No me logré acostumbrar a ningún otro- susurró, volviendo a atraparla entre sus brazos.

- No me estoy quejando… es sólo que huele a muchas cosas

- ¿Sí?- sonrió, quitando su cabello de su cuello para volver a besarla, y ella asintió. - ¿A qué huele?

- Huele a aquella mañana en Duane & Reade- suspiró. – A tu cumpleaños… al Bronx Zoo- se ahogó y la tomó por la nuca. – A los Hamptons… huele a todas las noches que abracé mis almohadas en el apartamento de Chelsea y a todas las mañanas que me veías con ganas de asesinarme por ser impuntual- atrapó el cabello que cubría su nuca en su puño pero sin lastimarla. – Y a todas las mañanas que me despertabas recién duchada… huele a ahora mismo- inhaló profundamente y llenó su nariz de ese momento. Yulia escabulló sus manos por debajo del cárdigan y la blusa de Lena para acariciar su piel, para abrazarla directamente a ella y no a dos capas de Burberry.

- Sono gocce di memoria queste lacrime nuove, siamo anime in una storia incancillabile- murmuró contra su cuello, que era la canción que sonaba en el fondo. Definitivamente su iPod se estaba poniendo a su favor. – Le infinite volte che mi verrai a cercare nelle mie stanze vuote

- Inestimabile e inafferrabile, la tua assenza che mi appartiene. Siamo indivisibili, siamo uguali e fragili… siamo già così lontani- murmuró de regreso, que ni sabía que conocía con tanta precisión la letra de esa canción porque no le gustaba Giorgia, ella era "Team Laura", y, con el paso al coro, ese cambio de melodía, de menos a más en intensidad, Yulia le dio le vuelta a Lena para abrazarla por la espalda, todavía con sus manos dentro de su blusa y que acariciaban únicamente su abdomen. Lena mantuvo su mano izquierda tras su cuello para aferrarse de la nuca de Yulia, quien en ese momento de "e dimi como posso fare per raggiungerti adesso" alcanzaba sus labios con un beso inocente e inofensivo, ajeno a la intensidad de la canción. – Te amo- susurró, que Yulia tuvo que volver a darle la vuelta para encararla pero Lena ya había llevado sus manos a su cárdigan y lo estaba retirando. Suficiente sufrimiento, suficiente espera, demasiado calor.

- Yo a ti, mi amor- sonrió, llevando su mano a la mejilla de Lena para acariciarla, para ahuecarla, y a Lena que le gustaba esa caricia y no sabía exactamente por qué. Llevó sus manos a la mano de Yulia y, disfrutando de su tacto, la tomó y la llevó a sus labios para besarla. - ¿Puedo?- murmuró, llevando su mano libre a los botones de su blanca blusa.

Lena asintió y soltó su mano para dejar que la desvistiera como sólo ella sabía; sin prisas, despacio, botón a botón, con retiros suaves y despreocupados, pacientes, con sus labios para besar sus hombros desnudos mientras sus dedos retiraban los tirantes de su sostén para poder descubrir completamente los hombros. Lena acariciaba su espalda al caer entre sus brazos, paseaba sus manos como si la conociera a través de sus dedos y a través del ajustado algodón de la blusa de Yulia, que al tacto era más bien cachemira. Sin despegar sus labios de su cuello o sus hombros, la abrazó completamente para desabrochar el Josephine de Odile de Changy y, sin quitárselo, acarició la zona de la que debía ajustarse para alegrarse ante la inexistencia de marcas en su piel; señal de un buen sostén y de una buena talla. A Lena le gustaba que, cuando Yulia quitaba su sostén, su vista no iba directamente a sus senos, sino se quedaba en sus ojos, pues sus manos iban, a ciegas pero con conocimiento topográfico, hacia su pantalón, y lo dejó caer hasta el suelo, que Lena se salió de él al mismo tiempo que se quitaba sus TOMS.

- ¿Puedo ver cómo te desvistes?- le susurró al oído con un rubor demasiado lindo en sus mejillas y en su pecho.

- El amor entonces que, dame una definición- cantó a dueto con Ramazzotti mientras Lena daba pasos hacia atrás para sentarse sobre la cama.

- Combinación química o atracción física, ya sé lo que quieres decir- resopondió.

- Si te gusta estar en una encrucijada de emociones- se llevó las manos a un costado de su falda y empezó a bajar la cremallera. – Inevitablemente, hay explicaciones, y no, por ejemplo, también está claro para mí- la terminó de bajar y empezó a bajarla.

- El amor se dice que cuando se enciende más caliente de su lucha en contra de ellos, pero inevitable, me está pasando - sonrió, viendo a Yulia erguirse con una sonrisa.

- El amor se dijo que si todo lo que necesita, pero no me importa porque, como usted sabe que es inevitable y me pasó a mí como a ti - la señaló y le sacó una risa abdominal y nasal, pues le gustaba cuando Yulia se ponía así de juguetona, así de jovial. – Inevitable- sacudió al ritmo sus caderas con pasos estáticos. – Incluso si se cierra dentro

- No hay necesidad de ocultar, tú sabe que es una cuestión de tiempo, te sorprende, tarde o temprano, tarde o temprano

- Este es el amor que cambia en cada parte de ustedes, terminan en que es inevitable, me está pasando- llevó sus manos al borde de su blusa y, de un rápido movimiento, la estiró hacia arriba para quitársela. – Este amor haciendo maldita y salir de nosotros, estar en su totalidad es inevitable y me pasó a mí como a ti- y, en vez de señalarla, Lena se puso de pie y le tendió la mano, Yulia se la tomó y se dejó llevar hasta la cama, en donde quedó de pie entre las piernas de Lena.

- El amor se dice que cuando se enciende allí es más caliente, luchar contra ellos es inevitable, está pasando por mi culpa- cantó mientras acariciaba su abdomen con el corto borde de sus uñas mientras Yulia se desabrochaba su Andres Sarda de copa completa y lo hacía desaparecer en silencio para escucharla cantar aquello que habían discutido en Londres el año anterior.

- El amor se dice que si todo lo que necesita, pero no me importa porque, como tú sabes que es inevitable y me pasó a mí como a ti- sonrió, elevando su rostro con una caricia en su mentón para que se pusiera de pie, y "Irresistible Bliss" empezó a inundar la habitación, pero Yulia sólo aplaudió para que la música se apagara.

- ¿Demasiado porno?- resopló a ras de sus labios con una sonrisa.

- Sólo quiero escucharte a ti- la cargó con su brazo derecho hasta recostarla sobre la cama, que con ayuda de sus rodillas la llevó hasta las almohadas.

- Está fría- susurró, refiriéndose a la cama.

- ¿Mucho?- le preguntó, pasando su flequillo tras su oreja y viéndola con esa mirada y sonriéndole como eso que se traducía a "Dios, eres tan hermosa".

Lena no contestó, sólo elevó su cabeza para halar a Yulia con un beso. Pacífico, ciego pero conocedor, tibio al roce acomodador de sus pieles, ruidosamente húmedo pero no asqueroso, no nefasto, un beso que, a través de su sonido, se podía saber que estaba siendo dado y recibido recíprocamente con algo más que ganas de lo que venían anticipando toda la tarde, un beso que era pausado, dado y no arrancado ni succionado, sino regalado. Era superficial a nivel lingüístico pero era más profundo a nivel emocional, pues por muy "simple" que fuera el beso, por mucho que implicara en cinco minutos, por muy seco pero húmedo que fuera, simplemente estaba más allá de mi propio entendimiento. Ah, es que esos besos no eran como los que se daban de saludo, de despedida, de "me muero por besarte", no, era más como lo que las aislaba del mundo, era el beso que era tan suyo, y sólo suyo, que sólo podía nacerles en la privacidad del silencio y de sus comodidades, de esos besos que nunca nadie sería testigo, pues cualquiera podía presenciar un beso de "te amo" pero nunca un beso de "te…amo" que se generaba entre un gruñido, un jadeo, un susurro, un abrazo, que nacía en esos momentos de soledad en pareja. Un beso sin intenciones lascivas, sin tacto que incitara al erotismo que sabían que tenían a punto de estallar. Había un momento para todo y, si habían esperado cinco días y toda la tarde, ¿acaso no podían darle espacio a un beso como ese? Sí, sí podían. Y era de las cosas más ricas, en sabor y en valor, que habían conocido entre ellas y para con ellas; sólo el ruido de sus labios, sin gemidos, sin embestidas, sin respiraciones pesadas. Sólo. Sólo. Hasta los ruidos de sus labios se tomaban su tiempo.

Luego, a esos minutos de besos lentos, le siguió un suspiro de Lena, pero fue un suspiro ligero y fue porque Yulia dejó sus labios para volver a su cuello mientras se dejaba caer un poco sobre Lena. Otra sesión de besos lentos y cariñosos, de esos que Yulia colocaba y que Lena le sostenía y le abrazaba con sus manos por su cuello. En otra ocasión le habría dado uno que otro corto lengüetazo por la reacción que eso provocaba en Lena, ese suspiro corto y rápido, pero sólo se encargó de besar cada lado de su cuello hasta llegar a la fusión de sus clavículas, en donde ya el juego cambiaba únicamente de dirección pero no de tono, pues ya empezaba a bajar lenta y verticalmente hasta encontrarse con el dilema inmediato: ¿seguir verticalmente o desviarse de manera horizontal? Difícil, difícil. Bajó por su abdomen, dándole besos a un lado y a otro de su eje de simetría, que no fue que se olvidara de lo que había pasado de largo, simplemente podía esperar. Llegó al elástico de aquello que conocía únicamente por ser Kiki de Montparnasse, que sólo podía significar algo en su conocimiento: lencería sensualmente atrevida o sensualmente conservadora. Besó desde su cadera izquierda hasta su cadera derecha y, con una suave caricia, hizo que Lena se volcara sobre su abdomen.

Infarto cerebral, respiratorio y cardíaco: Kiki de Montparnasse que se resumía en un negro voyeur welcome back panty. ¿En qué momento lo había comprado Lena que no se había dado cuenta Yulia? Lo que de frente podía pasar por Culotte o por tanga, de atrás tenía únicamente el contorno de un Culotte al ser vacío del centro, lo que revelaba toda su hendidura entre los elásticos negros pero que, juguetona y sensualmente, le sentaba bien, aunque, ¿quién se ponía eso en un día de trabajo? Ah, sólo alguien que tenía intenciones secundarias y que no tendría tiempo para cambiarse. Admiró su trasero con cercanía, esparciendo su exhalación sobre su glúteo izquierdo a medida que le daba besos de respeto y preservación de esa parte del cuerpo de Lena, pues cómo le gustaba su trasero; parte que se iba a Tie Break con su vulva y que sólo eran superados por la sonrisa tan sincera y tan perfecta, y en la sonrisa se incluían los ojos que no podían mentir. Le colocó besos superficiales sobre su hendidura, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba para seguir por toda su columna hasta llegar a su desnuda nuca. A eso lo conozco yo como "adoración".

- Lenis…- susurró a su oído como si la estuviera despertando de algún largo sueño, que Lena rio nasalmente con un rubor exagerado al ser rubor de la caricia de su nombre de cariño y el rubor de los mil besos que Yulia le pudo haber colocado. Ella sólo se dio la vuelta entre los brazos de Yulia y, con una sonrisa de recién-besado-cuerpo, suspiró mientras pasaba sus manos por sus costados para sentir su tibieza. – Eres tan hermosa- dijo en ese tono de "es increíble lo hermosa que eres" y flexionó sus brazos para hacer llegar sus labios a la frente de aquella pelirroja y mejorada Afrodita.

- Gracias- murmuró con doble exagerado rubor. – Tú no estás tan mal- le dijo con un guiño de ojo izquierdo en cuanto la vio a los ojos.

- Yo sé que derrito todo lo que toco- sonrió tirado hacia el lado derecho. – Pero, ¿sabes tú lo hermosa que eres?- arqueó su ceja y acarició su mejilla, ahuecándola como a Lena le gustaba, y a ella le gustaba por cómo cerraba sus ojos y se dejaba ahuecar.

- ¡Yulia!- resopló calladamente y cerró sus ojos.

- Hermosa, inteligente, buena persona; sólo con eso ya eres un arma de fuego- sonrió. – Cariñosa, juguetona y salaz; y con eso te conviertes en arma de destrucción masiva- susurró, repasando sus labios con su pulgar para saber su suavidad.

- Yulia- la detuvo con su dedo sobre sus labios y la volcó sobre su espalda para estar ella encima.

- Dimmi- susurró, pero Lena no supo qué contestar y Yulia supo qué hacer; sólo tomarla suavemente por las mejillas para traerla a la reanudación de los besos para luego agregarles lascivas intenciones.

La palabra "dimmi", semplicemente una composizione del verbo "dire" e del pronome reflessivo di "io", in altre parole "mi", era una de las palabras más sencillas pero que más le gustaban a Lena de Yulia y todo porque se le salía la agudeza vocal y una sonrisa a lo "Beatrice Stanhope" en cuanto Ursula le dice que ya no va a casarse con "Lyle van de Groot", pero arqueaba su ceja derecha y la mirada era un tanto burlona, como si la respuesta que esperaba era totalmente para reírse, aunque sólo era la potencial reacción a la ternura o al regocijo de la respuesta, no para burlarse, pues sólo con Lena lanzaba ese "dimmi".

Yulia se irguió con su torso, manteniendo a Lena abrazada por la cintura, y se dedicó a darles la atención, que les había prometido, a los dilatados pezones de la pelirroja que se entregaba más allá que sólo en cuerpo, sino en tiempo y en espacio también, pues las emociones ya las tenía Yulia en su posesión. Hasta eso cambiaba, la manera en cómo se encargaba de ellos; no los mordisqueaba, no los succionaba, simplemente los atrapaba entre sus labios para darles besos y más besos, un ocasional y minúsculo lengüetazo con ojos cerrados, no con la mirada concupiscente y penetrante que solía clavarle en la suya cuando se adueñaba de sus pezones. Las respiraciones bucales de Lena empezaron, así como su temperatura corporal empezó a subir a tal punto que la cama ya no le pareció tan fría. Lentamente la recostó sobre la cama, pero siempre mantuvo sus labios abrazando al ya erecto pezón derecho. Lena se dejó relajar, y la muestra de eso era la posición de sus brazos, que los dejaba reposar sobre su cabeza como en un quinta posición pero floja y más afilada en esquinas, o codos, que la original. La mano derecha de Yulia la recorría por su costado, desde su cintura hasta su muslo para que, como escala, se detuviera para acariciar el respectivo glúteo.

Si había algo que a Lena la mataba era la sensación de los pezones rígidos de Yulia al rozarle su piel; le daba cosquillas y la invadían las ganas de sentirlos con sus manos y con sus labios, más sólo sentir su rigidez contra las palmas de sus manos. Tal vez apretujarlos un poco. Pues, sí, ella era más fanática de esos C que Yulia de sus B, aunque Lena era fanática de lo que abrazaba la Le Fleur Thong de esa ocasión y del resto de piel que conformaba a Yulia; sí, era su fan número uno. Thomas y James alguna vez, ah, sí, para el cumpleaños de Yulia, se dedicaron a hablar de "pezones de la farándula", y determinaron el top10; ubicando a Lindsay Lohan en el puesto número siete, Julianne Moore en la cuarta posición, Constance Jablonski en segundo lugar y, coronada como la mujer de los pezones más apetecibles según ellos, estaba Joanna Krupa. Y, ante una investigación inmediata para que los presentes aceptaran su top10, Lena corroboró que estaban más equivocados que Santa Claus en Semana Santa, pues los pezones perfectos estaban casi siempre en un sostén negro, La Perla o Kiki de Montparnasse y los tenía realmente bajo sus narices; los de Yulia.

La Arquitecta Volkova calculó rápida y mentalmente el lugar perfecto para colocar cada beso al empezar a bajar, que ahora cada beso era precedido por un mordisco, y se tomó su tiempo, torturando a Lena, para llegar nuevamente al borde del Kiki de Montparnasse, en donde no se detuvo y decidió besarlo hasta hundirse entre las piernas de Lena. Sólo tuvo que rozar sus labios contra la seda para saber por qué Lena había sido muy constante en lo de cruzar su pierna. Estaba empapada; de vista, de humedad atmosférica y de estado físico. Yulia besó exactamente donde sabía que estaba su clítoris y, con el roce de aquello, sus labios se alcanzaron a humedecer con lo que había provocado en Lena a lo largo de las horas de tortuosos jugueteos. Lena recogió sus piernas y tomó a Yulia por sus mejillas mientras recibía besos que los sentía directamente a pesar de casi no sentirlos, y casi se muere en un ahogo de esos sensuales cuando Yulia paseó sus dedos de arriba hacia abajo por sus labios mayores, los cuales también estaban empapados. Fue entonces cuando Yulia se dio cuenta que la parte frontal dejaba de existir exactamente en el punto estratégico del medio del perineo y no logró resistirse. Y así, Lena con sus piernas recogidas, sintió la nariz de Yulia recorrerla desde su clítoris hasta su vagina, en donde se detuvo con intenciones de unir ese aroma tan de Lena que le sabía al contraste perfecto entre dulce y la pizca de salado necesario para que le gustara. Sacó su lengua y, bendiciendo en tres segundos al genio que había inventado aquella tanga y a Kiki de Montparnasse por haberla sacado al atrevido mercado, la rozó contra su agujerito, que no la tomó por sorpresa, pero le sacó un gemido sensual, agudo y mimado como si hubiera sido sacado de "Lujon". Voyeur back panty, rio mentalmente, pues claro, para eso era. Repitió el lengüetazo una, y otra, y otra vez hasta que ya no pudo sólo conformarse con lengüetazos verticales y decidió saborearlo como se debía; así como le gustaba a ambas: con besos, caricias de labios, de suaves penetraciones y cariños con la lengua.

No sé cómo supo Lena o cómo le dijo Yulia, el hecho es que Lena terminó sobre sus rodillas y sus piernas un tanto abiertas sobre la cama, no con Yulia entre ellas así como lo habían hablado hacía unas horas; eso venía luego porque a ninguna de las dos se les había olvidado. Yulia llevó sus labios a aquel agujerito que, ya sin vergüenza y sin pudor, agradecía las atenciones y se rendía ante la avidez que quería poseerla. Lena dejó caer su torso sobre la cama, no porque no le gustara mantenerse rígida en postura sino porque no tenía fuerzas para sostenerse; si no podían temblarle las rodillas eran los codos. No había nada que a Yulia le gustara más que esa sensación de rechazo, sí, esa que el agujerito le daba a su lengua en cuanto la invadía sin profundidad alguna; era divertido… y rico. Y ya, Lena ya no aguantaba más; estaba sensible, excitada y con las más colosales ganas de correrse que ni ella podía comprender dicha magnitud, y fue por eso que simplemente se dejó caer sobre la cama y se volcó sobre su espalda. Reveló lo enrojecida que estaba, ese calor que ya no soportaba ni por ser invierno, y Yulia sabía exactamente lo que quería, y ella también quería. Llevó sus manos al elástico de la Kiki de Montparnasse y, dándole besos en sus rodillas y en el interior de sus muslos, la retiró de la manera que más podía matarla, pues Lena juntó sus piernas y recogió ligeramente sus piernas, lo cual actuaba cual compresión de labios mayores, para luego abrir sus piernas y revelar lo brillante que estaba.

Admiró el panorama; la ligera sonrisa sonrojada, los verdegrises ojos entreabiertos, las ondas rojas ya un tanto desubicadas de los revolcones previos, su mano derecha sobre las ya un poco desordenadas sábanas, su mano izquierda sobre su muslo, sus piernas abiertas pero no recogidas, su entrepierna ya encandecida, más encandecida de su clítoris, el cual ya se hacía visible al estar hinchado y probablemente un tanto rígido, sus labios mayores igualmente hinchados hasta el punto de ser relativamente carnosos pero todavía dentro de su delgadez, sus labios menores estaban tensos y no proveían mayor cobertura, al igual que sus labios mayores, a su vagina, la cual se veía apetitosamente estrecha.

Yulia se tumbó a su lado, con su cabeza sobre las almohadas, y Lena comprendió de qué se trataba aquello. Como si a Phillip le hubieran ofrecido Profiteroles, con esa misma sonrisa, con esa misma emoción, en vez de correr al ofrecimiento, se colocó sobre Yulia, dándole primero un beso en sus labios, un beso con sabor a "gracias por consentirme", se colocó exactamente sobre sus labios, dejando que sus hombros descansaran sobre la cama al atraparlos entre sus rodillas abiertas, la tomó por la cabeza para sostenerla. Yulia la abrazó por sus muslos, así como si la estuviera halando hacia abajo, hacia ella, pues quería que la promesa fuera literal, ¿quería cabalgar sus labios? Que los cabalgara. ¿Quería mecerse y frotarse contra ellos? Que así lo hiciera. Lena se empezó a mover en longitudes verticales milimétricas, un vaivén corto y sensual que pretendía ahogar a Yulia con la cantidad exagerada de ganas que había secretado en las horas anteriores. Quizás eran los días los que hacían de ese sabor algo concentrado y rico en pinceladas, quizás eran las horas de secreción, quizás sólo era que Yulia era extranjera después de cinco-cortos-pero-eternos-días de no probarlo. Y lo bebía como si fuera a dejar de existir. Lena había empezado a gemir muy bajo, eso que se traducía a sensualidad gutural y que todavía dejaba la sensación de "Lujon", como si no pudiera existir algo más sensual, fantástico e irreal, pero tan verdadero como que Yulia, cada vez que abría sus ojos y veía hacia arriba, pensaba "oh, Dio! Lei è bellissima! Bellissima come in superlativo assoluto di perfettamente bella".

Se acordó de la imagen que visualizaba Lena, qué mente para tener sus momentos sensualmente retorcidos, y subió sus manos hasta sus senos, tomándola por sorpresa al ella tener sus ojos cerrados por la inhabilidad de poder abrirlos, pues el placer se los cerraba. Los apretujó así como Lena le había descrito, así como si se estuviera deteniendo, aunque más bien la halaba hacia abajo también, y eso sólo hacía que Lena se sintiera extremadamente sensual dentro de la lujuria y el erotismo que la envolvía, ese que ya incrementaba un par de milímetros en su vaivén y que elevaba el volumen de sus gemidos guturales. Yulia tuvo que aceptar que, con el perdón de quien fuera en este momento y del que sea en este, le había gustado apretujar de esa manera tan sin escrúpulos; quizás fue el gruñido que se originó en el clítoris de Lena pero que tomó de sus senos la fuerza que necesitaba para salir de su garganta, o quizás fue el hecho de lo duro dentro de lo suave y sensual. Duro no era sinónimo de rudo o cruel, nota mental. Lena se empezó a perder, a diluir entre gemidos rezagados, y Yulia que sólo notaba un "todavía no, que está demasiado…rico", y por eso no cedía a sus ganas de succionar lo que quería, que ya había calculado qué, cómo y cuándo según la forma del movimiento, la velocidad del mismo, la presión y la dirección.

 

Fue todavía más picante cuando Yulia soltó sus senos para llevarlos nuevamente a sus muslos, o esa era la intención, pues se detuvieron en su trasero por rendirle homenaje a la imagen que Lena había construido en su cabeza. Lo acarició con una mano en cada glúteo, suave y sólo jugando a sentir el movimiento muscular de su vaivén, ese que relajaba y tensaba sus glúteos. Llevó sus dedos a su hendidura y, con suprema lentitud, dejó que se escabulleran hacia el interior y alcanzaron a rozar el húmedo agujerito que resguardaba esa proeza de ajustado trasero. Lena se contrajo ante el roce y, por reacción, clavó más a Yulia contra sus labios mayores y aplicó más fuerza, pero tuvo cuidado de no ahogarla, pues eso de la Necrofilia no era lo suyo y no pretendía enviudar antes de tiempo. Suspiró en cuanto Yulia empezó a masajear el agujerito con uno de sus dedos, que asumió que era el de en medio de la mano derecha porque podía sentir el anillo heredado en la cercanía. Con todo y la estimulación, eso de deslizar media huella dactilar, la humedad pareció consumirse y fue entonces cuando Yulia entró en pánico porque no sabía cómo recoger lubricante de Lena o saliva suya para volver a lubricarlo, pues quería deslizarlo completamente, así como Lena gritaba subliminalmente entre sus sensuales ahogos.

Dejó de estimularlo para hacer lo único que se le ocurrió, para recurrir al plan XYZ. Llevó su mano izquierda al interior de su Le Fleur, pues con la derecha iba a hacerle más cosas a su vagina, y, con la intención de sólo lubricar su dedo, no pudo resistirse y decidió lubricarlo junto con un poco de su propio placer al frotar su clítoris. Lo único malo de aquello era que Yulia era inútil para hacerse correr si estaba así de inundada, a ella eso de la mano izquierda y la más mínima fricción no le funcionaba mucho; prefería humedad y no inundación y la mano derecha. Pero, entre el ahogo de Lena y la casi nula fricción de sus dedos al frotar su clítoris, gimió, y gimió porque era un potencial orgasmo bajo esas circunstancias si no dejaba de jugar con su clítoris. Con sobrehumana fuerza de voluntad, pues no sé de dónde la sacó, retiró su mano y la regresó al trasero de Lena, en donde pudo empezar a deslizar su dedo de en medio en su interior mientras Lena gruñía de genuino placer y soltaba su cabeza para aferrarse al respaldo de la cama. Y, como si Lena gritara un obsceno "gáma lígo maláka mou, parakaló!" entre sus placenteros gemidos, su dedo se deslizaba hacia afuera y hacia adentro con asesina lentitud, no porque así lo quería hacer sino porque era la mano izquierda y no era tan ágil. Tenía que entrenarlo para ocasiones como esas.

Llegó el momento de ahora o nunca. Yulia succionó al paso del vaivén para que Lena misma tirara de sus labios menores, mayores y su clítoris, hacia atrás y hacia adelante para luego soltarlos y volver a succionarla. Se necesitaron cuatro de esas succiones y un gemido largo y cortado, en voz y en movimiento físico, poseyó a la mujer que, de haber existido durante el Gobierno de JFK, podría haber detenido la crisis con esa sonrisa que se le empezaba a dibujar con cada corte muscular, esa sonrisa que borraba la tensión y daba rienda suelta al libre albedrío. Se tomó unos sonrientes segundos para recuperarse mientras Yulia sacaba su dedo y se encargaba de darle besos a lo que sabía que tenía mayor flujo sanguíneo que su carótida en ese momento. Dejó caer su cabeza sobre las almohadas al ver que Lena dejaba caer su quijada hasta su pecho, señal de recuperación, y, con cierto salto de rodillas, se tumbó al lado de Yulia, en realidad se tumbó al lado en el que Yulia solía dormir y, llevando su mano a su frente mientras terminaba de reírse abdominalmente, Yulia se volvió a ella y la abrazo ligeramente.

- Licenciada…- susurró Yulia, apartándole el flequillo del rostro con sus dedos. Lena la volvió a ver con una sonrisa sonrojada post orgásmica que valía la pena guardar en un recuerdo perfecto. – No tiene ni la más remota idea de lo hermosa que se ve en éste momento- logró sonrojarla todavía más, pero Lena volcó a Yulia sobre su espalda y se colocó sobre su costado.

- ¿Estuvo rico?- susurró, recogiendo los restos de la mezcla de lubricante y orgasmo que Yulia tenía sin limpiar alrededor de sus labios.

- Eso te lo debería estar preguntando yo a ti- sonrió, ahogándose al ver que Lena, lo que había recogido, lo limpiaba de sus dedos con su propia lengua.

- No sabe mal- guiñó su ojo.

- No, sabe perfecto- se sonrojó. – Pero, ¿estuvo bien?

- Estuvo perfecto- susurró, acercándose a sus labios para agradecerle sus ocurrencias con un beso sencillamente de labios y de rostros ladeados. – Enséñame tus dedos- sonrió, empujando la punta de su nariz hacia arriba con la suya. – Mmm…- los inspeccionó con un poco de lejanía y terminó por darle un beso a cada dedo. – La otra mano

- ¿Qué esperas encontrar?- le alcanzó la otra mano, la que no tenía anillo, sólo reloj.

- Esto- balbuceó, llegando a los dedos que había utilizado para lubricarla nuevamente. – Éste sabe a mí- susurró, introduciendo todo el dedo del medio en su boca, y Yulia asintió con el corazón y los pulmones en la boca. – Éste sabe diferente- dijo al limpiar el anular. – Y éste sabe igual al anterior- suspiró al limpiar su dedo índice. Yulia la vio con confusión. – No saben a mí

- ¿No?

- Saben a ti- sacudió su cabeza con una sonrisa y se deslizó hasta la cadera de Yulia para poder ella admirar el paisaje también, que le encantaba ver que Yulia, aun acostada, tenía la capacidad de conservar la circular y abultada forma que un par de C podían tener por rigidez. – Gemiste…- sonrió, llevando sus manos a los elásticos de la tanga que dejaba que Yulia no se rebalsara aunque, al ser de encaje de tul, aquello era básicamente imposible. Yulia asintió. - ¿Por qué?- y vio lo impensable: un rubor rojo-carmín que la invadió en menos de un segundo. Lena sólo rio nasalmente y retiró el tul de su camino, que tuvo que suspirar al impresionarse con lo empapada que estaban los labios mayores de su futura esposa, hasta de su ingle por rebalse. Se acercó con una sonrisa a su entrepierna, Yulia sólo la siguió con la mirada, con esa mirada que gritaba el "Parakaló" que Lena había transpirado. Lena alcanzó el tul de nuevo y lo paseó por aquella inundación para drenarla dentro de lo que las capacidades textiles le permitían. - ¿Te estabas masturbando?- le preguntó, volviéndola a ver mientras acariciaba sus labios mayores con su dedo índice y medio; separados y uno en cada labio mayor, y de arriba hacia abajo.

- Necesitaba lubricarte- se sacudió levemente ante la caricia.

- ¿Te masturbaste?- reformuló la pregunta y llevó fue como si hubiera activado sus dedos en modo "retroceso", pues acarició sus labios mayores, de la misma manera, pero son el filo suavizado de sus manicuradas uñas. Yulia asintió. Lena rio nasalmente y se acercó a su entrepierna y, como si la estuviera torturando realmente, le dio un beso al origen superior de sus labios mayores. – Mastúrbate- sonrió, que Yulia ensanchó la mirada, arqueó su ceja y sonrió ante lo "bossy" que le gustaba de Lena. – Para mí, ¿por favor?- sonrió kilométricamente. Así, ¿quién no? Yulia llevó su mano derecha a su entrepierna y, con un suspiro para sacudirse el poco pudor que podía tener, introdujo su dedo medio y anular entre sus labios mayores para empezar a frotar su clítoris. – Más despacio…- murmuró, y Yulia bajó la velocidad de su frote. – No…- tomó sus dedos de su clítoris y los irguió para darles un beso que luego se volvió en succión y lubricación completa. – Así- los colocó sobre su clítoris y, mostrándole el ritmo; un ritmo lento que duraba dos segundos en completar el frote circular, así de lento, Yulia suspiró y dejó salir el primer ahogo verdaderamente suyo.

- Shit…- suspiró sin saber cómo se le había escapado eso del cerebro, quizás había huido por tanta presión, quizás necesitaba ser libre. Eso era intenso.

- Detente- murmuró Lena, y Yulia se sintió un tanto aliviada, hasta agradecida. – No dije que quitaras tus dedos- sonrió. Yulia los volvió a posar sobre su clítoris. – Ábrelos un poco- Yulia así lo hizo; los abrió lo suficiente hasta atraparlo entre ellos, y Lena, viendo aquello con lascivia, y que le divertía por alguna razón, se acercó con sus labios y empezó a darle besos y lengüetazos, haciendo que Yulia se ahogara una que otra vez, pues estaba dándole toda la atención al descubierto glande de su clítoris. – Continúa- sonrió después del primer gemido. Oh, Dio! Yulia volvió a unir sus dedos y reanudó su frote. Se sentía diferente, quizás porque su clítoris estaba más hinchado, o quizás sólo estaba más rígido, o quizás sólo estaba más sensible. – Más lento- le ordenó. – Y más presión

- Fuck…- gimió. Eso era intenso, demasiado intenso, no sólo para Yulia sino para la situación misma.

- Fuck?- resopló Lena. Yulia solo asintió minúsculamente con esa mirada de excitación que derretía a Lena. – Detente- dijo de nuevo, y la Arquitecta Volkova, abusando de su sentido común, abrió sus dedos para atrapar su clítoris entre ellos de nuevo. – Así me gusta- sonrió, y llevó su dedo índice izquierdo al interior de sus labios menores. Lo paseó de abajo hacia arriba, desde su perineo hasta el final del glande de su clítoris y de regreso, y otra vez, y una vez más. Yulia que se ahogaba entre temblores que no quería librar porque no quería perderse ni un milímetro del roce del dedo de Lena. Su dedo llegó nuevamente a su clítoris y, con todas las malas intenciones, lo frotó horizontal y rápidamente, causándole a Yulia un sollozo de tortuoso placer. Se detuvo y lo presionó con un poco más presión de la acostumbrada y, al soltarlo, le dio uno, dos, tres, cuatro golpes suaves, que, con cada golpe, Yulia gemía calladamente y daba un respingo que en realidad era como si el golpe la tirara contra el respaldo de la cama y las almohadas y la fricción de las sábanas la mantuvieran en el mismo lugar.

- Fuck- suspiró temblorosamente.

- Sí…- susurró Lena mientras bajaba su dedo a su vagina. – Fuck- y deslizó su dedo, toda su longitud, en la estrecha vagina de Yulia. – Continúa, por favor- Yulia volvió a obedecer. Tenía que aceptar que, por muy intenso y cruel que fuera eso, de cruel no tenía mucho sino era más bien placentero… y le estaba gustando. – Más rápido- exhortó cariñosamente, que fue cuando se empezaron a escuchar cómo los jugos de Yulia quedaban atrapados en el frote anterior y creaban el sonido húmedamente sensual que acompañaba a sus ahogos agudos. Lena sólo presionaba esporádicamente su GSpot. – Más rápido- repitió, y aquello ya era tempo un-nivel-más-alto-que-normal y, con ese tempo, así incrementaron las presiones en su GSpot. – Más rápido

- Fuck!- jadeó, arqueando su espalda y contrayendo todo en una etapa preorgásmica.

- Detente

Y sabrá Dios y Yulia de dónde sacó las fuerzas para detenerse si estaba tan cerca del orgasmo. Yulia estaba respirando ya agitadamente, su rostro y su pecho se habían coloreado de ese rojo de esfuerzo y excitación, y placer, que sólo Yulia podía colorear para sí misma. Lena sacó su dedo de la vagina de Yulia y lo llevó a su clítoris; estaba lo más hinchado y caliente que podía estar, ya no era el mismo rosado sino de un rosado que se incendiaba por origen espontáneo pero focalizado, tan caliente estaría que Lena podría jurar que por eso no parecía estar lubricado; por evaporación. Acarició su clítoris con la empapada punta de su dedo, en círculos pequeños y lentos y sin presión alguna. Tomó los dedos de Yulia y los guio a su vagina. Primero obligó su dedo anular hacia el interior y lo sacó, luego lo mismo con su dedo medio para estar los dos sumamente lubricados. Los regresó a su clítoris y, mientras Yulia esperaba con ansias el "continúa", Lena llevó su dedo al agujerito que también gritaba por atención. Era increíble ver cómo la excitación de Yulia había llegado, sin esfuerzo y sin eyaculación, hasta las sábanas, lo cual era bueno, pues Lena provocó aquel agujerito y, junto con el "continúa" que tanto había esperado Yulia, introdujo su dedo en su ano.

- Holy fuck…- gruñó.

Y esta vez Lena lo tomó literal, pues empezó a penetrarla, pero era una penetración especial; deslizaba su dedo hasta ya no tener más longitud visible, lo hacía desaparecer, lo dejaba dentro, estático, luego movía la punta sólo de arriba hacia abajo, lo volvía a dejar estático y, por último, lo sacaba por completo para volver a repetir el proceso. Eso de detenerse y continuar era, para Yulia, como cuando estaba en un bar, así como solía ser en Bungalow 8, que los bartenders se encargaban de tardarse cinco minutos en hacerle un maldito Martini, con todos sus trucos y demás. Era esa ansiedad que crecía con cada etapa, esa ansiedad de "esta vez sí me lo da" y no se lo daba porque sacaba otro truco de donde no vamos a mencionar. Lena sí sabía lo que hacía, y Yulia también, pero Lena estaba idiotizada al ver aquella elegante mano darse placer, y ni hablar de la mano izquierda que había encontrado lugar de dónde aferrarse al acordarse de que tenía un par de hermosos y redondos senos para ello.

- Detente- dijo con la intención de que fuera la última vez, pues luego se la comería como si nunca antes lo hubiese hecho. Pero Yulia no se detuvo, simplemente siguió frotando su clítoris. – Detente- repitió.

- No-no… puedo- sollozó. Guerra nuclear en los ovarios de Lena.

- ¿Te vas a correr?- fue una pregunta con respuesta un tanto evidente, aunque sabía que a Yulia le gustaba más el proceso de placer que el orgasmo en sí, aunque el orgasmo nunca lo negaba, simplemente lo postergaba lo más que podía.

- Mhm- gimió agudamente. El mejor "mhm" que Lena alguna vez pudo exteriorizar con sus cuerdas vocales. Situación en los ovarios de Lena: Armagedón.

De repente todo se tornó como si Yulia quisiera salir huyendo, así era su descontrol, sus ganas de huir de su propia mano, de la intensidad que ella misma se provocaba por orgasmo. Lena observaba extasiada, probablemente así como presenció la media libra de sodio en la piscina de su colegio, con ese brillo en sus verdigrises ojos; maravillada, en el cielo. Luchó contra todas las contracciones de Yulia, esas que le estrujaban su dedo, y luchó también contra el descontrol de sus caderas, esas que estaban poseídas por lo que parecían ser cien orgasmos en uno solo. Yulia se dejó de frotar, atrapó aire en su diafragma y, con un gemido de alivio y la reanudación del frote, ahora ya más ligero por estar su clítoris tan rígido como nunca, sucedió aquello que a Lena tanto la había impresionado. Una calmada pero abundante eyaculación se encargó de representar a su más placentero momento en los últimos cinco o seis días, ya había perdido la cuenta, una eyaculación que, sin saber cómo, el dedo de Lena ya no tuvo espacio y terminó saliendo de una muy placentera manera.

Se quedó ahí, sentada frente a Lena mientras la velocidad de su frote disminuía así como los espasmos. Esos espasmos… a Lena la volvían triplemente loca, más en ese momento.

- Perdón- murmuró, abriendo sus ojos y, creyendo lo contrario, se encontró con una sonrisa de genuina felicidad y verdadero entretenimiento alla Katina.

- ¿Por qué?- ladeó su cabeza hacia el lado izquierdo. La sonrisa no se le borraría, quizás, en toda su vida, aunque tendría que quitarla para no parecer una loca.

- No pude detenerme

- No me pidas perdón por eso- resopló, acercándose a ella con su ceño adecuado para la ridiculización de la preocupación. - ¿Estuvo rico? – sonrió, irguiéndose y colocándose tras ella para llevar sus manos a sus hombros.

- Mi libido está muy contento- se sonrojó sobre lo que parecía ya estarse desvaneciendo. Las eyaculaciones cómo solían colorearla hasta de los brazos. - ¿El tuyo?

- Mmm…- dijo de manera gutural mientras apartaba el cabello de Yulia y lo pasaba hacia su pecho. – Está contento también- susurró a su oído y llevó sus labios a las pecas que tanto le gustaban. ¿Acaso había algo que no le gustara de ella? Hasta lo que no le gustaba le terminaba gustando.

- ¿Pero?

- Quisiera postre- mordisqueó su hombro izquierdo.

- ¿Quisieras o quieres? Hay una diferencia

- Quiero… pero no sé si me lo vas a querer cocinar- resopló y pasó su cabello hacia el hombro que recién dejaba, pues se dedicaría a besar y a mordisquear el otro.

- ¿Qué se le antoja, Licenciada?- resopló, inclinando su cabeza hacia la izquierda para darle espacio a Lena.

- ¿Me harías eyacular… por favor?

- ¿Cuántos platillos tiene una cena casual dentro de la etiqueta, Licenciada?

- Tres- resopló un tanto confundida, ¿a qué venía eso? Ah…oh. - ¿Qué te parece si el segundo platillo lo dejamos en manos de…?- mordisqueó un tanto fuerte su hombro y rio.

- ¿En manos de…?- se volvió hacia ella con su cabeza.

- De quien pueda comérselo- sonrió con sus labios un tanto fruncidos y arqueó su ceja. Así, así, ¡así se veía impecable y perfectamente bellísima!

- Mmm…- sonrió Yulia y sonrió de la misma manera que su hermosa rival. - ¿Por qué me suena tan a reto, Signorina Katina?

- No, no es un reto- sacudió su cabeza con sus ojos cerrados y su ceño fruncido mientras batía su dedo índice de lado a lado. Daba cierta risa pero no de burla. – Cuando a Yulia Volkova le dan un reto…- suspiró, halando a Yulia de los hombros para recostarla sobre las almohadas. – Se sabe que el rival nunca fue rival porque perdió antes de siquiera pestañear- resopló, colocándose sobre Yulia, con sus rodillas abrazando sus caderas.

- No siempre gano- sonrió muy consciente de la verdad de esa declaración y colocó sus manos sobre los muslos de Lena.

- Ah, pero eso es sólo el uno por ciento de las veces que se trata de perder o ganar y se debe a las diversas variables aleatorias que puedan influenciar el reto- tomó las manos de Yulia de sus muslos y entrelazó sus dedos entre los suyos. Yulia se sentía, así y por muy extraño que suene o parezca, segura; ese fenómeno de las manos nunca se lo había podido explicar, pero eso de sostenerse las manos era increíble. – Así que, en esta ocasión, no lo llamaremos "reto

- Ah, porque entonces lo habría ganado desde ya, ¿no?- mordió su labio inferior, como si se burlara respetuosamente de las palabras de su Lena.

- Por eso y porque no se trata de ganar

- ¿Y de qué trata entonces?- recogió sus piernas y dejó que Lena apoyara su trasero contra ellas.

- Es que ya perdiste- Yulia rio como si hubiera Coco Chanel la hubiera poseído en ese momento; con esa gracia, con ese carisma, esa diversión un tanto elegante pero altanera. Lena se acercó a su rostro con el suyo, acortando toda lejanía y reduciéndola a cercanía, a esa cercanía que Yulia sólo a Lena le permitía por ser un juego suave y cariñoso de narices.

- Te amo- murmuró, arrebatándole las palabras de los labios y recorriéndole los antebrazos con ambas manos. – Te amo- murmuró de nuevo y le dio un beso en sus labios. – Te amo- otro beso. – Te amo- y otro. – Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo- susurró, volviendo a jugar con su nariz.

- Mi amor…- rio ligeramente sonrojada. – Yo también te amo- sonrió, repasando el labio inferior de Yulia con su pulgar al tenerla tomada por su mejilla.

- ¿Te casarías conmigo?- le preguntó con ese brillo especial en sus ojos, ese brillo que sólo saltaba cuando la pregunta era verbalizada, pues era como si buscara reconfirmación dentro de lo que ya sabía que era cierto, o quizás sólo le gustaba escuchar el "sí".

- Sí- sonrió, tomándola por ambas mejillas y jugando con su nariz de lado a lado. – Sí, sí, sí… siempre sí- terminó por darle un beso que sabía a "sí"… y a ella misma también.

- Ya sé qué quiero de regalo de bodas- sonrió, y sonrió como si hubiera tenido una epifanía.

- ¿De verdad?- ensanchó Lena su mirada y logró sonreír de satisfacción, pues no había algo que le pudiera emocionar más que saber que le podía regalar algo a la mujer que lo tenía todo, aunque, para Yulia, "todo" se resumía en un nombre: Lena Katina. Yulia asintió. – Dime, ¿o tengo que adivinar?

- No, pero es algo que me puedes regalar en este momento- y eso, para Lena, no sonaba tan satisfactorio, pues seguramente era algo que no caía bajo su definición de regalo.

- Nómbralo y yo haré que suceda- sonrió, citando a la mismísima Yulia Volkova ante los clientes de cartera abierta; sus favoritos, y con justa razón.

- Dime lo hermosa que eres- acarició su mejilla. ¿Eso contaba como regalo?

- Algo tengo que tener como para que la mujer más hermosa, o sea tú- colocó rápidamente su dedo sobre la punta de su nariz. – Se fije en mí

- Mi amor… por favor- sonrió seductoramente, y no en el sentido sexual, sino en el sentido de persuasión, esa sonrisa que podía conseguir permisos de modificación estructural, sonrisa o escote pero Yulia prefería sonrisa porque era para un Objetivo unisex, y era la misma sonrisa que dibujaba cuando se salía con la suya.

- Soy hermosa- se sonrojó.

- No lo suficientemente bueno

- Soy muy hermosa

- No ha llegado todavía- sacudió su cabeza. Lena se irguió y se cruzó de brazos como una niña pequeña a punto de empezar un berrinche. – Dime lo hermosa que eres

- Soy la mujer más hermosa- dijo con ese juego de cejas que era la mezcla perfecta entre narcisismo falsificado y razón absoluta de ser.

- Vas por buen camino- sonrió.

- Soy la mujer más hermosa de tu vida

- Mi vida, tu vida ... nuestra vida ... sus vidas - se encogió entre sus hombros y arqueó ambas cejas.

- Soy la mujer más hermosa del mundo- intentó no sonreír, ni reír, pues todo era causa del narcisismo obligado. Pero se sentía bien.

- No te lo creo- sonrió.

- Soy la mujer más hermosa del mundo- repitió, pero Yulia frunció risiblemente sus labios y sacudió su cabeza. – Soy la mujer más hermosa del mundo- elevó su voz y Yulia se quedó pensativa un momento pero sacudió nuevamente su cabeza. – Soy la mujer más hermosa del mundo- elevó todavía más su voz, logrando que Yulia tambaleara su cabeza. - Soy la mujer más bella del mundo! -gritó, alzando sus brazos al cielo como si eso le diera fuerzas para gritar algo tan narcisista. Yulia sonrió y se irguió con su torso para abrazar a Lena. – Yo soy la mujer más hermosa del mundo- susurró sonrientemente ante una cariñosa y abrazadora Yulia.

- Sí, lo eres- murmuró, elevando su rostro a medida que daba besos en el trayecto, todo para encontrarse con la mirada de Lena.
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por flakita volkatina el Sáb Oct 17, 2015 11:23 am

Awwww nc pero esta conti me ah encantado muchisimo... genial
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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Oct 24, 2015 1:38 am

CAPITULO 15 El cubo.


¿Describir o no describir? Ah, ése es el dilema. Decisions, decisions.

Era tarde, o quizás sólo había sido un día horriblemente largo y difícil y, por eso, las seis de la tarde parecían ser las mil y una de la madrugada del primer día del mes siguiente. No tenía nada que ver con el sol, o la falta de, no tenía nada que ver con las nubes grises que habían cubierto más su tranquilidad, su zen, que lo que realmente debían cubrir, o sea el cielo. No tenía nada que ver con que había tenido que escuchar horas, y horas, y horas, e interminables horas del mismo mantra que había inundado su oficina por el simple hecho de que no tenía puerta de manera temporal al haber sufrido un accidente por culpa de los juegos de Segrate con Selvidge, el dueño de los mantras, el dueño de la que alguna vez fue la oficina de Lena. Y ni hablar del primer problema del día, el problema que la recibió al teléfono en ayunas y sin té, sólo para reclamarle de manera pacífica; que Selvidge tenía toda la culpa, pues trataba sobre los cinco robles que había decidido plantarle a la Señora Talbert en su jardín, cinco robles que debían haber sido doce eucaliptos. ¿Por qué no fueron eucaliptos? Simple y sencillamente porque a Selvidge le pareció que los robles se verían mejor, y eso había implicado una pérdida de doce mil dólares, una pérdida pequeña para el Estudio, pero era una pérdida grande por ser árboles y porque se debía a un tipo de negligencia que hacía que Yulia sonriera a lo largo de toda la llamada, con vergüenza, y, cuando terminaba la llamaba, colgaba pacíficamente pero recogía nuevamente el teléfono para reventarlo contra la base, para luego respirar con pesadez y que Gaby se materializara para saber a quién tenía que buscar para hacía diez minutos y Moses para llevarle su té, sus mentas, y su vaso de Pellegrino.

Luego estaba el problema de Junior. Ay, Junior. Había llegado a las once de la mañana para revisar los planos preliminares de Los Ángeles, y habían estado hasta hacía dos horas haciendo notas sobre cambios polares y modificaciones mínimas, aunque el parto doloroso, por crítica, regaño y frustración, había sido el problema de la fachada, que Selvidge tampoco había hecho ningún cambio porque no le parecía adecuado. Vaya Paisajista. Y Yulia que nunca había conocido a alguien con mayor gusto sin fundamento o con un Ego más grande que el suyo. Quizás porque era el sobrino, con epíteto censurado, de Flavio Vensabene. Entre mierda y mierda, porque así lo había pensado ella, el proyecto más grande que había tenido hasta esa fecha, o sea Los Ángeles, lo habían colocado en stand by aun después de la revisión de los planos y de los diseños preliminares. Stand by no era tan grave como que ya no iban a colocar ni la primera roca, pero podían estirar el proyecto hasta los veinticuatro meses reglamentarios, por contrato, para meter la excavadora, sino el Estudio estaba en todo su derecho de vender o reproducir los planos y diseños ya concebidos. Todo el día para que terminara en un desgraciado stand by, y, con esa hazaña que no era tan mala, habían caído las que sí eran malas o las que le daban pereza, pues, a partir de ese proyecto, había logrado hacer la jugarreta de rotar los proyectos que ya tenía: Newport que ya estaba prácticamente construido y sólo se encargaría de ambientarlo en-un-dos-por-tres, Providence que se lo había dado a Hayek para que tuviera vacaciones de sus hijos, por muy feo que se escuchara, y se había quedado únicamente con Malibú. A partir de la desaparición, o el stand by, Hayek le había regresado Providence y, como si los planetas se estuvieran alineando en su contra, der Bosse quería su Condominio terminado para finales de marzo y no para finales de mayo, así como en un principio habían pronosticado.

Aparte de eso, TO había pedido que se hiciera una auditoría durante el mes de marzo. ¿Qué significaba eso? Phillip no tenía tiempo para vacaciones al ser el asesor financiero del Estudio, Yulia no tenía tiempo para vacaciones por tener a Lady der Bosse respirándole fuego en la nuca y porque Alec, sin saberlo todavía, le había planteado la idea de darle un mes de vacaciones si no se tomaba las dos semanas de Springbreak porque necesitaban ver lo del tercer socio antes de que el año fiscal terminara, y, durante la auditoría, o antes, o después, quizás era buen momento para hablar sobre ello, pues Natasha no podía ser el socio fantasma por siempre y para siempre; esas jugadas eran temporales y únicas. Y así, entre dinero, favores, trabajo y un "ay, me van a matar cuando llegue a la casa porque no habrá vacaciones", Yulia recogió sus ovarios del suelo de su oficina, pues lágrimas de estrés jamás habrían, y Phillip contempló una cariñosa compra de llamado de piedad en Harry Winston para su esposa mientras se recogía lo mismo que Yulia, pues ambos habían recibido la noticia del futuro financiero hacía no más de una hora. Para inventar mierdas eran profesionales. Phillip que no iba a dejar sola a Yulia, Yulia que no iba a dejar solo a Phillip, trabajo era trabajo y, al trabajar de la mano, quizás el enojo de sus respectivas mujeres sin vacaciones se disiparía un poco y caería repartido entre los dos. ¿Fatalistas? Ya lo creo.

Si tan sólo el día hubiera sido tan bueno como Yulia se había sentido en la mañana mientras, sentada sobre el diván de su clóset, enfundaba sus piernas con pantyhose negras. Lento, sensual, consciente, muy consciente de que Lena la veía desde la cama con sus brazos cruzados y con la mirada divertida. Esa imagen era para fascinarla. Luego de sus piernas, que se puso de pie y, con la misma lascivia entretenedora con la que se había puesto sus medias, le había dado la espalda para que viera su trasero, y, con la misma lentitud, había asegurado el borde de sus medias al garter. Luego vino el sostén. Juguetón striptease a la inversa, muy entretenido, muy sensual. Una camisa desmangada negra, muy ajustada, una pencil skirt de cuero negro que la cubría desde la cintura hasta media rodilla, se subió a unos Manolos de doce centímetros de patrón de leopardo en blanco y negro, se arrojó un tuxedo blazer negro, toda de negro como si anticipara el luto de su sonriente T.G.I.F, y, con un beso prolongado de labios, acarició la mejilla de Lena mientras la veía con derretimiento visual. Le susurró un "Feliz Día de San Valentin, disfruta tu presente", le dio un beso en la frente, se puso de pie y había pretendido caminar hacia su trabajo, pero se detuvo antes de dar el primer paso y le plantó un último beso en los labios a su prometida, un beso que Lena se aseguró que le durara hasta la hora en la que regresara. Y encima cayó su Altuzarra negro. Fácil, sencillo.

Yulia no le había dado rosas, ni la había llenado de chocolates por más que Natasha le insistiera que los chocolates eran parte de una ensalada porque venía del cacao y el cacao de un árbol, o algo así, tampoco había preparado una cena de exceso romanticismo y miel, ni siquiera le había dado un regalo físico de esos que cualquiera podía alardear tangiblemente frente a las amistades. En cambio, Yulia le había regalado, a plenas seis de la mañana, que Lena se había despertado, una caja de cartón con un papel que decía un romántico, aun exhortativo, "Tómate el día libre. Es una orden.". Le había dado el día libre porque recién el día anterior había entregado la versión híbrida de "Extreme Makeover: Home Edition" y "Home: Impossible", proyecto que le había robado dieciséis horas al día, sino es porque dieciocho, y eso había contado tanto para los días hábiles laborales, de lunes a viernes, como para el resto; sábado y domingo. Pero había valido la pena, una paga así definitivamente había valido la pena, pues era el primer proyecto que le dejaba tanto dinero como para poder decir que se cruzaría de brazos por el resto del año para poder disfrutar de Yulia, pero no había nada mejor que verla todo el tiempo, sentada en su escritorio o en su mesa de dibujo. Ah, y volviendo al regalo, Yulia, como su jefa, le había ordenado un día de descanso por haber tenido "n" cantidad de días de cansancio consecutivos, pero, como su novia, había abusado de su poder de jefa para regalarle un día de cama y sueño, y, lo mejor de todo, de fin de semana largo. No era exactamente el regalo más romántico, ni el más esperado, pero era perfecto, inesperado y único.

Entró en silencio al apartamento, que se dio cuenta de que Lena quizás ni había podido ponerse de pie en todo el día, quizás y con suerte se había logrado duchar porque eso era algo que no la dejaba vivir, un día sin bañarse era peor que pegarle a su mamá. No había rastros de luces encendidas, o el típico vaso que dejaba sobre la barra, el vaso en el que se servía agua y bebía enteramente en ese lugar. Yulia, ante las ganas de entrar en modo "fin de semana" y sintiéndose acompañada en soledad espacial, hizo una breve escala en la cocina para abrir el congelador y llenar un vaso alto con hielo y Grey Goose; pero no muchos hielos porque incomodarían al no querer llenar el vaso con él sino con Grey Goose, pues lo bebió así como Lena bebía su agua. Entre lo extremadamente frío del líquido y el hielo, el fuerte pero sedoso sabor, y el ardor en su esófago, no supo por qué pero recurrió al refill. Y, con el vaso en la mano, la botella en el bolso, y taconeando por el piso de madera lo más callado que se podía, llegó a su habitación, ¿cómo decirle a Lena, ese día, que ya no habría vacaciones porque no podía? ¿Cómo decirle a Lena, ese día, que el proyecto más grande que habían tenido, tanto juntas como por separado, había sido colocado en stand by porque decidieron ir en contra de la proyección financiera? Todas las frustraciones, todo el estrés, todas las preocupaciones, todo en lo que no podía ver algo bueno o con armonía, todo eso se le olvidó en cuanto la vio dormida en la cama. Se sintió así como alguna vez vio a Oleg al llegar a casa; cansado, que llegaba directo a la cama, o al sofá, y que se aflojaba la corbata mientras suspiraba la resaca del trabajo y se olvidaba de ese mundo desde ese momento hasta el lunes a las siete de la mañana. Y así lo hizo, sólo que, en vez de aflojarse la corbata, porque no tenía, simplemente bebió más de su vaso mientras sentía cómo el ardor le corría por las venas y le calentaba el poco frío que le quedaba a lo que ella todavía llamaba invierno y nada de primavera o transición de invierno a primavera, eso era febrero, y, en vez de sentarse en la cama, volvió a cerrar la puerta para dejar a Lena dormir y, contrario a su papá, se dirigió a la habitación del piano.

Cerró la puerta tras ella, así como si se estuviera escondiendo, y, contra todo lo que ella sabía y conocía de sí misma, se acercó al piano y deslizó sus dedos a lo largo del teclado cubierto, así como con nostalgia a pesar de que no tenía esa sensación. Dio dos sorbos generosos al líquido que a cualquiera le podía saber denso y demasiado dulce entre lo amargo, tanto hasta crear el reflejo de asco esofágico. Colocó la botella y el vaso sobre la mesa de café, esa, en la que solía armar sus rompecabezas a pesar de que tenía ya más de seis meses de no saber qué era uno, quizás más, quizás desde que Lena había llegado a su vida porque, con su llegada, se había dado cuenta que tenía mejores cosas que hacer. Quizás y no tenía tanto de armar un rompecabezas, quizás y sólo era la sensación. Dejó que su blazer se saliera de su torso y, con un movimiento extraño pero preciso, lo dobló por la mitad vertical, dejando las solapas hacia el exterior, y, con puntería, lo arrojó suavemente sobre el respaldo del sillón que le daba la espalda al escritorio.

Abrió el piano como si tuviera todo el tiempo del mundo, porque lo tenía, y lo hacía así de despacio porque lo disfrutaba; le gustaba abrir la caja y ver el arpa y las llaves de afinación que tanto le había costado manipular, menos mal se había rendido y había terminado por contratar a alguien que lo hiciera por ella. A tanto no había llegado en sus años de tocarlo. Se sentó en el banquillo y admiró las teclas; pristine, y, dándole un último sorbo al vaso, para luego colocarlo sobre el suelo, igual que la botella, en el lado interior de la pata izquierda trasera del banquillo, paseó sus dedos a lo largo del teclado como si estuviera esperando a que sus dedos le dijeran qué tecla presionar.

¿Qué sería de esa pieza sin los pedales? No lo sabía, pues en realidad, a pesar de que notara la diferencia de cuando había pedales y cuando no, no sabía exactamente por qué existían aparte de la función que desempeñaban, y tampoco quería saber qué sería de esa pieza sin ellos. Esa pieza le había costado aprenderla, más por los pedales, pues ella realmente nunca la había tocado, sólo la había escuchado incontables veces cuando era pequeña, y sólo la había tocado únicas veces en su intento de experimentación. Sólo quería saber si podía tocarla, y no fue hasta que logró alcanzar los pedales que su experimentación cesó.

Había tres cosas que reconfortaban a Yulia; esa pieza de Rachmaninoff, el olor a su casa, no a Manhattan, que tendía a oler a eucalipto, sino ese olor característico de la ropa que se lavaba en casa de su mamá, un olor a té verde que estaba impregnado hasta en la tierra, y, sorpresivamente, estar entre los brazos de Lena, pero estar realmente envuelta; aprisionada, más si era mientras dormían. Eran esas tres cosas las que tendían a hacer cierto tipo de borrón y cuenta nueva, esas cosas que la hacían cambiar de la noche a la mañana, de un segundo a otro.

Y Lena, que se había despertado al sentir que ya no estaba sola en casa, y que la habían visitado pero que se habían compadecido de su sueño, había entrado a ese espacio que le pertenecía a Yulia desde el momento en el que hacía sonar la primera nota. Se había quedado de pie, recostada, con su antebrazo derecho, del marco de la puerta, con sus brazos cruzados, su melena alborotada, con una sonrisa de ebriedad de sueño y emociones conmovedoras al ver la lentitud y el silencio en el que la intensidad de la pieza se desarrollaba. No era momento para hablar, no era momento para acercarse e interrumpir el momento de qi interno que se estaba sanando conforme la melodía tomaba cuerpo y forma de una nostalgia a la que le gustaría volver pero que pensaba que era mejor ya no tenerla, que era mejor para ella, y para el mundo, tenerla veintitantos años atrás. Lena sabía que significaba algo más que sólo un recuerdo, pero no sabía qué recuerdo, pues tampoco se atrevía a preguntar por si era un tema delicado. Quizás era la manera en cómo arqueaba su espalda durante los seis minutos y veinte segundos de duración, quizás era la suavidad con la que sus manos se deslizaban por el teclado, quizás eran sus pies al presionar los pedales, quizás y no era nada, quizás y ese nada era todo. Ella sabía muy bien eso, más porque esa pieza tuvo un impacto demasiado grande la primera vez que la escuchó, que en ese momento no le vio y no le escuchó nada en especial, pero luego se dio cuenta de que era de las favoritas de Yulia a pesar de que nunca antes se la había escuchado, no hasta después de que Larissa había llegado hacía casi un año. Antes de eso, las piezas que más le escuchaba, eran básicamente las de Chopin, ese trío de piezas que no sabía qué tenían pero que sonaban tan Yulia.

 

Ahora, después de que se le notaba que le había retomado cariño al piano, pues ya no sólo lo utilizaba para desempolvar las teclas, sino que lo utilizaba como cierto modo de escape y reencuentro, y, a veces empezaba a tocar teclas sin sentido hasta transformarlas en "Summertime Sadness", canción que era perfectamente sencilla, ya sólo se trataba de ella y el piano. A veces comenzaba tocando una tecla, la primera E, la más aguda, quizás porque era rara y a nadie le gustaba, y la tocaba un par de veces hasta desviarse por una E más baja, y luego tres D#, una D# más baja, tres C#, una C# más baja, A, A, G#, E de nuevo, y eso lo repetía entre una máscara de acordes que no sabía de dónde los había sacado pero que hacía de aquello, de ese "let’s have a toast for the douchebags, let’s have a toast for the assholes, let’s have a toast for the scumbags, every one of them that I know. Let’s have a toast for the jerk-offs that’ll never take the work off. Baby, I got a plan: run away as fast as you can. Run away from me, baby, run away. Run away from me baby, run away. It’s about to get crazy, why can’t she just run away?", algo menos soez, menos obsceno, así como si la melodía original y la letra se anularan y sólo quedara la traducción al piano; algo que ella sólo podía definir como algún tipo de "saudade"; un término tan intenso que no tenía traducción exacta en ningún idioma y que tampoco se podía explicar en su propio medio lingüístico con precisión. Y, al mezclar "Runaway" con "Latitude", que no sabía cómo había llegado a ese híbrido, pues tampoco era amante del hip-hop, hacía de aquello una perfecta y conmovedora melodía a pesar de que, sin tipificar, el lenguaje verbal, que se anulaba con el piano, no era ni el más conmovedor, ni el más doloroso, o quizás doloroso sí era pero por cuestiones de semántica y semiótica. Prefería escuchar la letra de "Latitude" en "Touch The Sky", aunque, si de preferencias se trataba, prefería mil veces la versión original de "Touch The Sky", o sea "Move On Up", pero canciones tan alegres, o movidas, no eran de su agrado en cuanto a traducirlas al piano se refería.

Si no sabía qué tocar y no alcanzaba la primera tecla, y quería algo intenso, no le quedaba otra opción que disfrutar "Duel Of Fates", porque le acordaba a cierta parte de su niñez, pues Aleksei había sido siempre fanático de Star Wars, y era por eso que Yulia sabía más que sólo el nivel 2.1 de conocedores de la materia. Era intensa, no movida, no como la única que sabía tocar y que le divertía porque era risible; "Uptown Girl" y que le había gustado a partir de los BRIT Awards del dos mil uno. Sino sólo tocaba la melodía de fondo de "Clown", también a partir de los BRIT del año anterior, y a Lena que, para ponerle una sonrisa, le tocaba el estribillo de "Suit & Tie", aunque también funcionaba "Mirrors", pero esa ya era más de su agrado para tratarla con el piano. Y, si quería seducirla, lanzaba el As bajo la manga y optaba por algo intenso y, desde su punto de vista, erótico; "Cry Me A River", pero la versión del Señor Bublé. Seducción, despecho, tristeza, saudade, tensión, enojo, frustración, conmoción, misterio, miedo, estrés, y de esos términos para abajo. O simplemente que no fuera una traducción de "Don’t Stop Believin’", o de "A Thousand Miles", o de "Fuck You", pero tampoco de "Imagine" de John Lennon, o cualquier cosa de los Beatles, pero sí "Apologize" y "Diamonds", Beyonce estaba prohibida, al igual que Bruno Mars pero con excepción de "Treasure" y en su iPod. "Rolling In The Deep" si estaba de humor para mover rápido las manos. "Stars" de Simply Red, pero esa sólo la tocaba en su cabeza al no conseguir animarse a tocarla porque no encontraba manera coherente para hacerlo en teclas.

Presionó el último "La" con Fermata, que se tomó el tiempo que duró su prolongada inhalación para quitar el pie del pedal y el dedo de la tecla. Se irguió, todavía con sus ojos cerrados, y exhaló todo el aire que sus pulmones habían tenido desde en la mañana que había tenido que ver de dónde se sacaba el dinero para solucionar el problema de los árboles de mierda porque Volterra no estaba en el Estudio. Aflojó su cuello; hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia arriba, hacia abajo, lo giró hacia la izquierda, hacia la derecha, entrelazó sus manos y sus brazos, los estiró hacia arriba y, escuchando que todo le crujía con éxito, sacudió sus hombros al mismo tiempo que soltaba sus manos para aflojarse del todo. Un verdadero T.G.I.F. Thank God It’s Friday. Dibujó una sonrisa y, aflojándose también los dedos al hacérselos crujir, dos veces por cada mano, colocó sus manos en cierta región que podía hacer sonar algo más alegre que "Vocalise", algo como "Clair de Lune", o podía hacer sonar la única pieza que a Lena le partía la compostura emocional en un-dos-por-tres; "Moonlight Sonata". Pero no, la sonrisa era de saber que estaba en su hogar. Porque una casa no era sinónimo de hogar, ni hogar de casa; porque, según Luther Vandross, " a house is not a home when there’s no one there to hold you tight and no one there you can Kiss goodnight".

- Disfrutando la vista también- resopló Yulia antes de presionar las teclas que tenía pensado presionar, pero eso tendría que esperar. Se volvió a Lena con una sonrisa de alegría genuina por verla todavía con actitud de estar en la novena etapa de su sexto sueño, pero su mirada, al contrario de la celeste y fresca de Lena, estaba cansada. - ¿Te desperté?- Lena sólo sacudió la cabeza. Yulia estiró su brazo y le tendió la mano para que se uniera a ella.

La roja melena caminó hasta donde estaba Yulia, y estaba un tanto avergonzada al estar en la bata gris carbón La Perla Baletto, esa que Natasha una vez había hecho pasar por vestido semi-formal de día al rehusarse a ir a un desayuno con las Tías, o sea con las amigas de Margaret, y Margaret la había sacado en pijama, o sea en bata, en esa bata, y sólo le había dado tiempo para subirse en unos decolleté Versace, pues se había maquillado en el auto y había intentado peinarse bajo los gustos de su mamá, esos gustos de nada de cabello en la cara, pero había fallado al no poder conseguirlo frente al reflejo de las puertas de Le Parker Meridien, y sólo había podido hacerse una trenza gruesa para luego intentar sujetarla con una banda elástica en un moño. A diferencia de Natasha, Lena, que hacía lazas para vivir, no se tomaba la molestia de amarrarse ninguna laza más que la de los zapatos cuando tenía que hacerlo, así que, con la bata entreabierta, que dejaba ver una camiseta desmangada blanca y un shorty negro, se sentó sobre las piernas de Yulia sin saber por qué, pues lo acostumbrado era que se sentara a su lado izquierdo. Pasó su brazo izquierdo por detrás de la nuca de Yulia hasta abrazarla más cerca de lo que comprendía un abrazo lateral, y, con su mano derecha, ahuecó la mejilla izquierda de una Yulia que cerró los ojos ante la caricia.

- Buenas noches, Arquitecta- susurró Lena, todavía con voz de sueño descansado.

- Buenos días, Licenciada- sonrió, pasando su brazo derecho por la espalda de Lena hasta abrazarla por la cintura y, con su mano izquierda, la aseguró sobre su regazo. Lena acercó su rostro al de Yulia y, al no tener que advertirle lo que haría, besó sus labios como para quitarse la consciente soledad en la que había dormido; que dormir era rico, y bueno, y demasiado hermoso, pero era incómodo al sentir que el lado de la cama donde dormía Yulia no sólo estaba vacío sino también frío, y había sido por eso que había dormido en su lado, abrazando la almohada que siempre acomodaba la cabeza de la Arquitecta, y había procurado dejar ese espacio, en donde se impregnaba el olor de su cuello al final del día, contra su nariz. Buena táctica para sentirse parcialmente acompañada. – Hola, mi amor- sonrió con sus ojos cerrados al Lena despegar remotamente sus labios de los suyos. Y ahí, en ese momento, estaba por fin en su hogar.

- Hola…- susurró de nuevo, dándole besos cortos pero lentos y pausados en ambos labios. – Todo bien?

- Porque lo preguntas?

- Cambiemos la pregunta…- resopló, continuando con sus besos por aquí y por acá, pero siempre alrededor de sus labios. - ¿Cómo te fue hoy?

- Tengo buenas y malas noticias- vomitó, pues, a mal paso había que darle prisa.

- Las malas primero

- Los Ángeles está en stand by, el lunes nos van a reunir a todos para comunicárnoslo, pero Junior dice que es un hecho

- ¿Malibú también te lo colocaron en stand by?- Yulia se negó de manera gutural. - ¿Qué más?

- Phillip no puede irse de vacaciones

- ¿Y eso?

- Tiene que trabajar

- ¿Natasha viene o se queda?

- Yo tampoco puedo irme de vacaciones, y estoy casi segura que Natasha tampoco- apretó sus ojos, así como si esperara una bofetada imaginaria.

- ¿Qué pasó?- frunció su ceño y alejó su rostro del de Yulia para verla a los ojos.

- Tenemos una auditoría y tenemos que ver lo del siguiente año fiscal para entregarlo con el reporte de la auditoría…

- Ah- resopló. – Creí que Volterra había patinado en estrógeno

- No, para nada- sacudió su cabeza. – Pero, aquí vienen las buenas noticias- sonrió. – Como no puedo tomarme las vacaciones en ese tiempo, Alec me dijo que me podía tomar más tiempo luego

- ¿Navidad?

- O Luna de miel,o verano, o todo lo anterior

- Suena bien, ¿no?- apoyó su frente contra la de Yulia con una sonrisa.

- Lo estás tomando sorprendentemente bien- frunció su ceño.

- ¿Por qué lo tomaría mal? – rio. – Mis vacaciones pueden ser aquí, allá, en donde sea… pero que me pueda despertar un poco tarde

- Lo juro por Dios que te lo voy a compensar

- Todo a su tiempo, Arquitecta- le dio un beso en su nariz y retiró su rostro nuevamente. - ¿Eso te tiene así de tensa?

- En un noventa por ciento- asintió.

- Si es por vacaciones… no sé, estoy segura que podemos arreglar algo de un fin de semana largo en algún lugar, ¿no crees?

- No es por eso- sonrió al verle el anillo de nuevo.

- ¿Entonces?

- ¿Has comido algo en todo el día?

- Yulia- le lanzó el latigazo de mirada, ese que significaba "no me saques una tangente".

- Lena- la remedó.

- ¡Ay!- gruñó con una risa de por medio. – Me comí lo que me vino a dejar Hugh a eso de las dos de la tarde, y me bañé también

- ¿Y dormiste bastante?- asintió. – Hoy sí me sentí con una enorme necesidad de meterme veinte cigarrillos a la boca y fumarlos todos al mismo tiempo- Lena ladeó su cabeza como si no entendiera. – Selvidge hizo una estupidez menor y estuve como mil horas con Junior, haciéndole cambios a los diseños, todo para que al final me dijera que era noventa y nueve por ciento seguro que lo ponían en stand by; me dieron ganas pegarme contra la mesa o de tirarme del edificio

- Ah, ¿por eso la botella?- volvió a ahuecar su mejilla y consiguió que Yulia se recostara en la palma de su mano, algo que no duró mucho, pues le tomó la mano y la movió a sus labios para besarla. - ¿Qué necesitas?

- ¿De qué?

- Estás tensa, cansada, supongo que un poco enojada también… ¿qué puedo hacer?

- Dime que lograste recuperarte un poco hoy

- Sí, descansé mucho, y rico

- Bien- sonrió, devolviéndole la mano a su dueña. - ¿Qué quieres hacer mañana?

- Lo que sea que tú estés haciendo… siento que no te he visto en demasiado tiempo- sonrió, llevando su mano al vaso de Grey Goose y bebió un sorbo que le indicó que tenía el estómago vacío, demasiado vacío.

- Yo sólo quiero que me acompañes a la cincuenta y siete y quinta

- ¿A Tiffany’s?

- Es correcto, Licenciada- apoyó su frente contra el hombro de Lena y la abrazó con ambos brazos. – Quiero que limpien mi anillo y me gustaría, de paso, escoger nuestras bandas de bodas…

- ¿Es una cita?- resopló divertida.

- Ah, Licenciada Katina, ¿qué tiene en mente?

- Si vamos en la mañana, no sé, podemos almorzar por ahí…tal vez tengas ganas de asaltar Barney’s o Saks… yo qué sé

- Suena a que es una cita perfecta- sonrió, levantando su mirada y deteniendo sus labios del hombro de Lena. – Pero, por ahora… ¿qué tienes ganas de cenar?

- ¿Sushi?

- Ah, cómo te cae de bien el descanso en exceso- resopló, pues Lena siempre era de "lo que tú quieras", a lo que Yulia respondía con un "de eso no hay", así como su mamá solía responder. Oh, no. Yulia se estaba volviendo más parecida a Larissa. Bah, qué importaba. - ¿California, Rainbow, Alaska?

- Y tus nigiri- sonrió, materializando su teléfono del bolsillo de la bata para recurrir al mesero a distancia más rápido, a GrubHub para rogarle a Kabuki que les dieran cena en un promedio de cuarenta minutos o menos. - ¿Pago yo o pagas tú? – Yulia se encogió entre sus hombros mientras veía a Lena tocar rápidamente la pantalla de su iPhone. – Pagas tú- resopló, haciendo a Yulia muy feliz por ello.

- Ocho, Uno, Cinco, Uno – sonrió, abriendo un poco la bata de Lena hasta desnudarle el hombro para besárselo mientras terminaba de hacer el pedido.

- Listo- tosió, apartando su iPhone de entre ellas dos para que no hubiera nada que pudiera distraerla. – Ahora, ¿qué?- pero Yulia sólo se encogió entre sus hombros y mordisqueó su hombro. – Dame un momento, ya regreso- se puso de pie, pero Yulia la detuvo y no la dejó irse.

- ¿Tienes que ir al baño?

- No que yo sepa

- Entonces no te vas a ninguna parte- levantó su ceja derecha.

- ¿Y eso por qué?- la provocó, intentando ponerse de pie nuevamente.

- Porque vas a tocar piano conmigo- improvisó.

- Pero yo no toco piano

- Eso es lo que crees tú- sonrió, y regresó el hombro de la bata a su lugar. – Manos sobre las mías- y Lena se volvió sobre su cintura hacia el piano y colocó las manos sobre las de Yulia. - ¿Qué quieres tocar?

- ¿Cuáles son mis opciones?

- Desde "Twinkle Twinkle Little Star" hasta el segundo movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven… ¿cuál será?- Lena frunció sus labios y su ceño, y ladeó la cabeza como si no supiera exactamente de qué hablaba Yulia. - ¿Qué quieres sentir?

- Que no sea Moonlight Sonata

- ¿Quieres algo lento o rápido?

- Rápido es sinónimo de intenso y violento

- Ah, pero a ti te gusta- sonrió, sabiendo que tenía razón. Y le gustaba porque era como tenerla entre las piernas; así de intenso, así de profundo. – Entonces, ¿qué será?- Lena no supo qué responder, pues no lograba encontrar una canción que fuera intensa y en la que Yulia no se descompusiera en cierto nivel.

- Si yo te digo "pasión", ¿qué es lo que se te viene a la mente?

- De color: negro. De olor: canela. De sabor: Pomerol. La pasión es elegante, tiene rectitud, no tiene orden pero tiene respeto, es intensa; como estar jugando con fuego, es erótica, es seductora… escala: va de menos a más. Es violenta pero no de agresión, sino de la calidad de la profundidad de sus matices, es peligrosa porque es steamy, es impredecible- sonrió, empezando a presionar las primeras teclas que conformaban las primeras notas de "Vocalise". – Puede ser romántica: lenta, silenciosa, conmovedora, cansada físicamente- se detuvo y Lena la volvió a ver. – O puede ser románticamente picante: fluctuante; rápida y luego lenta, intensa a nivel físico y emocional, ruidoso, incapaz de contenerse, sensual… traviesa, juguetona, pero ésta es más recta- irguió su espalda y movió sus manos por el teclado. – Y te deja extasiado, con ganas de más; es como catorce RedBulls en un sorbo- empezó a hacer sonar el piso de madera con su pie izquierdo, así como si estuviera haciendo el conteo, aunque eso sólo iba a marcar el ritmo por toda la canción. Presionó múltiples teclas al mismo tiempo.

Era algo que parecía ser más juguetón, de diversión y ridiculez, que seductor y caliente. Bueno, eso sólo aplicó para las primeras notas, pues el ritmo cambiaba constantemente, era violento de la derecha pero era picante de la izquierda, rápido de la derecha y cariñoso de la izquierda. Luego cambió, brevemente, a lo que parecía ser una pausa a tanta recreación intensa cardíaca, así como si hubiera estado diseñada para descansar, aunque estaba diseñada para gozar de la repetición de la escalación de intensidad. Intensa sin descripción de nivel, pero era por encima de diez sobre diez, y lo era no sólo por la melodía, por la aceleración de flujo sanguíneo en Lena, sino que lo era también por cómo Yulia le clavaba los dedos a las teclas, así como si quisiera quebrarlas o adherirlas a lo más bajo del teclado. El ciclo era evidente, era esa fluctuación de la que Yulia hablaba, pues siempre volvía, de alguna manera, al principio calmado pero confuso, y luego volvía a despegar en múltiples tipos de clímax, pues había distintas razones. Y Lena supo que eso era más intenso que una sesión de cama en cuanto la sensación de las manos cambió; la izquierda era repetitiva pero estática, era violenta, pero no era más violenta que la derecha, que había pasado, de ser tranquila y cariñosa toda la pieza, a ser rápida y desesperada, intensa, muy agresiva pero, por alguna razón, la misma agresión era seductora, tan seductora que Lena había decidido quedarse con sus manos para ella sólo para ver la rapidez con la que ambas manos se movían a su modo. Yulia dejó de abrazarla, pues ya el final se acercaba y, pasando sus manos por el abdomen de Lena, terminó aquella persecución de notas violentadas pero excitantes que se acercaban cada vez más a lo más grave. Finalizó con un acorde que parecía no pertenecer, pero no era más que la sensación y la actitud post-clímax, esa que era el acabose y que implicaba, en términos de clímax femenino-sexual, una sonrisa, quizás una risa, y muchos músculos que se contraían en el área abdominal y vaginal.

- Si eso es lo que tú entiendes por "pasión"…- resopló Lena, enrojecida de sus mejillas y de su pecho. – Fuck

- Exceso de basura?- resopló, creyendo que había sido demasiado aire el que había hablado, pero eso era exactamente lo que entendía por "pasión". Ella sacudió la cabeza. - ¿Qué entiendes tú por "pasión"?

- Te vas a reír si te digo

- No creo

- Bien,bien…- murmuró, volviendo a abrazarla por sus hombros. – La pasión italiana ... y mi novia es apasionada, pero, tal vez, mi novia es en parte italiana y tiene el sabor de la pasión que viene de la tanga negra, su voz, su tacto, la seducción de sus ojos ... es la mujer más perfecta; sabor, olor, apariencia ... todo grita "pasión" mi chica, sino también el erotismo, la seducción, el amor, la elegancia y la belleza, así que puedo decir que ella no sólo es apasionante, sino también la propia pasión- Yulia no dijo nada, ni siquiera pudo colorear sus mejillas del "rojo pasión" coloquial, simplemente se quedó en silencio con una sonrisa que gritaba incredulidad. – Demasiado lleno de mierda? – resopló.

- Dios mío… you’re so beautiful- susurró.

- "La más hermosa- la corrigió, haciendo que dibujara una sonrisa kilométrica. – Ésa es la sonrisa que quiero ver- sonrió, presionándole suavemente la punta de su nariz con juguetonería, y entonces Yulia sí se sonrojó. – Nunca te había escuchado tocar esa canción

- Escuchado no- sacudió su cabeza. – Pero varias veces te he hecho cosas con esa canción en la cabeza- a Lena se le cayó la quijada, pero la recogió para tensarla en una carcajada nerviosa. – "Libertango"… de Piazzolla

- Ah, ¿italiano?

- Argentino- sonrió. – Pero la pasión del italiano, según tú, la llevaba en la sangre- guiñó su ojo.

- ¿Y me has "hecho cosas" con esa canción en la cabeza?

- En múltiples ocasiones- sonrió con falsa inocencia y falta de culpa.

- ¿Con qué otras canciones?- preguntó con curiosidad.

- "Eu Tiro A Sua Ropa" fue la más utilizada en las vacaciones en altamar, "Cry Me A River" de Bublé, "Inevitabile", el Segundo Movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven, y "Vocalise"…

- ¿"Vocalise"?- eso no podía ser nada bueno.

- En sinfónica, en violín, en cello, en piano, en saxofón, en clarinete, en voz…

- ¿Hay alguna diferencia?- preguntó con un poco de vergüenza, pues la ignorancia le daba vergüenza.

- La profundidad de la emoción, supongo- se encogió entre sus hombros. - ¿Por qué tienes esa cara?

- Es la única que tengo- bromeó, intentando sacudirse la pregunta de encima. Yulia sólo levantó la ceja derecha. – ¿Te sientes mal cuando estás conmigo?

- ¿Qué?- ensanchó la mirada con preocupación.

- Es que esa canción es tan… triste- susurró, como si no quisiera que nadie escuchara su opinión.

- ¿Te parece triste?- preguntó con suavidad en su mirada.

- Al extremo, por eso pregunto si te sientes mal cuando estás conmigo… digo, si piensas en algo así de triste cuando estás conmigo, no sé, como que no encaja

- Es sentimentalismo- le dijo, pero eso no borró la preocupación del rostro de Lena. – Te explico- sonrió, sentándola a su lado, pues su pierna derecha ya se había empezado a adormecer. – Pero tienes que escucharme hasta el final, ¿de acuerdo?- ella asintió. – Es un tipo de decepcionante melancolía, o de melancólica decepción, quizás y es ambas. No es algo que te obliga a entrar al mundo de la miseria, no es que te haga sentir miserable, aunque eso dependerá de tu interpretación. Pero esa melancolía, esa saudade- suspiró, como si fuera la única palabra que pudiera describir esa emoción. – Sí, esa saudade es mía. Y es una melodía simple, tan simple que seduce, que idiotiza. Es de esas melodías que basta con que la escuches una vez para acordarte de ella toda tu vida, y, lo mejor de todo, es que es una melodía versátil, que su interpretación depende del recuerdo que te evoque. Es difícil que una pieza no tenga tiempo, que sea apta para la eternidad, porque lo que te provoca siempre te lo va a provocar. Para mí no sólo es la saudade, son varios recuerdos, recuerdos que son todos muy distintos, y por eso voy de forma en forma, de saxofón a clarinete, de piano a violín, de soprano a cello, porque cada uno me acuerda a algo distinto. Es algo amargamente intenso, porque una sola melodía te evoca muchas cosas, pero es increíblemente bonito que algo tan sencillo contenga tanto y tengas de dónde escoger a la hora de evocar algo- hizo una pausa y la tomó de la mano para colocarla sobre la suya, pues empezaría a presionar las primeras teclas para hacer sonar esa tan temida canción. – Es triste, es melancólica, está llena de frustración, de muerte en vida; eso es muy cierto… no lo discuto

- Es sólo que lo asocio con que algo está mal- susurró, interrumpiéndola, aunque, por la pausa que había hecho, no contaba como interrupción.

- ¿Sabes por qué me gusta en realidad?

- Espero que no sea porque estás triste y te sientes identificada

- Ni siquiera "Tristesse"- rio nasalmente. – Cuando era pequeña, y hablo de hace una eternidad… que tenía, quizás y con suerte tres o cuatro años… no sé, creo que mi primer recuerdo fue exactamente ese- sonrió ante la evocación del recuerdo y dejó de tocar las teclas. – La casa en la que vivíamos era de tres pisos; en el primero estaba la cocina y el comedor, la sala de estar, el estudio, y, justo frente a las puertas, que daban hacia la terraza y al jardín, mi mamá tenía su Yamaha G. Mi casa se dividía en dos cosas: arte y deporte. Amor por la Roma, amor por Kandinsky, Matisse, Monet, Pavarotti, Chopin y Mozart. Mi papá se encargaba de los deportes, que lo dejaba a nuestra discreción, y mi mamá del arte, también a nuestra discreción. Mi hermano jugaba il calcio y tocaba la guitarra, mi hermana con el Ballet mató dos pájaros de un tiro, y yo en tenis y el piano. El punto es por qué escogí el piano- aflojó su cuello, como si esa razón le provocara cierta tensión indeseada. – Esa noche que no estaba dormida, busqué a mi mamá pero no estaba en su habitación y, cuando bajé a la cocina, porque si no estaba en su habitación estaba en la cocina, vi que estaba tocando el piano. Y es ése momento en el que dices "quiero ser como mi mamá". No me acuerdo qué estaba tocando, probablemente Liszt o Rachmaninoff, son sus favoritos hasta la fecha, y, no sé, simplemente vi lo rápido que movía las manos, que movía las manos y salía música del piano que estaba prohibido tocar, y movía los pies, se movía ella- Lena sólo sonrió ante la sonrisa que apenas se le dibujaba a Yulia, y le fascinaba cómo revivía el momento en su mente con los ojos cerrados.
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VIVALENZ28

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Oct 24, 2015 1:40 am



- Yulia, Tesoro- sonrió Larissa al notar que Yulia estaba bajo el marco de la puerta a su derecha. - ¿Por qué no estás durmiendo? ¿No tienes sueño?- vio hacia arriba para ver la hora en el reloj que colgaba sobre la puerta. No era tarde, eran apenas las nueve de la noche. Yulia sacudió la cabeza. - ¿Quieres que me acueste contigo?- pero Yulia sólo se acercó, así como si el piano la estuviera seduciendo. Se plantó al lado derecho del piano, entre el teclado y Larissa, y veía las relucientes teclas y luego veía a su mamá, así como si les estuviera pidiendo permiso. - ¿Quieres tocarlo?- sonrió, y a Yulia se le iluminó la mirada. – Ven- la tomó por la cintura y la sentó a su lado. – Toca la que quieras- Yulia colocó su mano, demasiado pequeña en aquel entonces, y presionó la primera E de todo el teclado. Apenas sonó, pues la falta de fuerza no permitía un mayor volumen y, con una sonrisa, volvió a ver a una sonriente Larissa que se divertía y se entretenía al ver con la cautela y la emoción con la que Yulia se encargaba de tocar la tecla menos esperada. – Otra vez- le dio permiso, y Yulia la volvió a presionar. Una sonrisa se le dibujó en el rostro. – Otra vez- y la sonrisa se hizo más amplia. – Otra vez- repitió, y, cuando Yulia hizo sonar la tecla, emitió una risa nasal, haciendo que Yulia riera de la misma manera. - ¿Quieres tocar otra o quieres tocar una canción?

- ¿Una canción?- se volvió a ella con miedo. Larissa asintió.

- Yo te enseño- sonrió. - ¿Quieres?- Yulia asintió y, siendo levantada para caer sobre el regazo de Larissa, se sintió en la gloria por haberse quitado la curiosidad del piano. – Pon tus manos sobre las mías y vamos a tocar algo tranquilo, ¿sí?- Yulia asintió de nuevo.



- Me acuerdo demasiado bien, era "Vocalise"- sonrió, abriendo los ojos y viendo a Lena sonreír de la misma manera en la que ella había sonreído aquel día. – Todas las noches, mi mamá la tocaba conmigo en sus piernas, y la tocaba hasta que me quedaba dormida. Cuando tenía seis, ya la tocaba con ella… las dos al piano, cada quien tocando su parte, claro, simplificada y más lenta que de costumbre… terminé de aprender a tocarla cuando tenía once o doce, pero, cuando aprendí a tocarla sola, fue que mis papás se divorciaron y yo me divorcié del piano- resopló. – La pieza no es triste para mí… me hace sentir bien, aunque sea raro. Me hace sentir…

- Especial- sonrió.

- Sí- arrastró la palabra aireadamente, como si hubiera sido la epifanía más relevante de su vida, aunque la epifanía más relevante había sido ese momento en el que había decidido que quería a Lena para ella, y sólo para ella. – Y, cuando la pienso y estoy contigo, no sé… me siento especial, supongo

- Ahora entiendo por qué es tan importante para ti

- ¿Por qué no preguntaste antes?

- Porque sabía que era algo demasiado personal

- Entre tú y yo no hay nada personal- guiñó su ojo. – Puedes preguntar y saber lo que quieras y necesites

- ¿Por qué creías que iba a tomar tan mal lo de las vacaciones?

- Porque íbamos a celebrar tu cumpleaños, ¿o se te olvidó tu cumpleaños?

- Mi cumpleaños pasado lo celebramos aquí- sonrió. – No es motivo de enojo repetir el lugar

- ¿Y qué quieres hacer?- suspiró, cubriendo el teclado al mismo tiempo que se ponía de pie. – Digo, ¿quieres hacer algo en especial? ¿Quieres algo en especial?... ¿Quieres que te haga algo en especial?

- No lo he pensado- tosió, viendo a Yulia estirar el cuero de su falda al agacharse para recoger el vaso y la botella del suelo.

- ¿Y de regalo?- se volvió a ella con una sonrisa traviesa. - ¿Parecido al año pasado?

- Encontrarás la manera de superarte- guiñó su ojo, pero ella no era tan mala. – Llévame a cenar, unas copas y una buena cogida- Yulia sólo la volvió a ver con la mirada cuadrada, eso nunca dejaba de tomarla por sorpresa.

- "Buena cogida"- resopló. – Got it- guiñó su ojo y se sentó en el sofá, más bien se dejó caer y, cruzando su pierna derecha sobre la izquierda admiró la manera en cómo Lena se movía hasta llegar donde ella estaba. Agradeció, de paso, a Luigi Bormioli por haber diseñado la línea Michelangelo, en especial por haber tenido la decencia humana de hacer un vaso de veinte onzas y no sólo de catorce. - ¿Algo más?- preguntó, siguiéndola con la mirada de completo entretenimiento. Cómo le fascinaba observarla.

- ¿Tarta de chocolate blanco? – se dejó caer a su lado y la vio beber de aquello tan puro que ardía.

- ¿Con veintinueve velitas o sólo con una? – Lena levantó su dedo índice. – Una será. ¿Con canción o sin canción?

- Con tal que no sea la tropa de DragQueens a media reunión, Estoy dispuesta a todo menos embarazoso

- Nunca te haría eso- sacudió su cabeza. – Ese momento de no saber qué hacer o qué decir, y de no saber dónde esconderse, no se lo deseo a nadie… mucho menos a ti

- Muchas gracias- Yulia ladeó su cabeza, así como si le estuviera diciendo "no hay de qué", y bebió su Grey Goose hasta el fondo. - ¿Puedo preguntarte algo? – Yulia asintió al todavía tener el último sorbo en su boca y, en vez de colocar el vaso en la palma de su mano, así como solía hacerlo cuando no tenía portavasos al alcance como en esa ocasión, lo colocó porque sí sobre la edición de la "Cosmopolitan" que nunca debió haber recibido, mucho menos de las manos de Selvidge, de ese personaje que entendía, por "moda", algo parecido a la revista más vacía e inadecuada para encerrar ese mundo, pero había sido un bonito gesto, al menos uno hasta cierto punto desinteresado, pues ya estaba muy consciente de que Yulia no lo soportaba, y era por eso que se esforzaba tanto en caerle bien. - ¿Tenis?- rio, recostándose sobre el sofá, con su nuca sobre el brazo de este, y abrió sus piernas para que Yulia se recostara sobre ella.

- Como dije; deportes y arte- suspiró, recostándose sobre el pecho de Lena mientras dejaba que sus Manolos cayeran sobre el suelo de un golpe sin cuidado y sin cariño. – Aunque creo que era más bien deportes y música, porque ninguno de nosotros nos inclinamos nunca a la pintura, o a la actuación

- ¿Estás segura?- la abrazó, más bien la aprisionó con sus brazos y sus piernas. – Porque, hasta donde yo sé, no se necesita ser Monet para considerarse artista plástico de lienzo- rio suavemente a su oído. – Lienzo, acrílico, acuarela… llámale como quieras, pero tú tienes un plano y un portaminas; mismo concepto, mismos aires de grandeza y lapsos de delirio y demencia teatral y artística, bueno… tú me entiendes- le dio un beso en su sien y clavó su nariz entre el cabello flojo que terminaba en el moño.

- Muy cierto, Licenciada Katina- sonrió, levantando su trasero para recoger su falda, pues los elásticos de las medias ya le habían caído en la percepción física y, por motivo psicológico, le apretaban en sus muslos, o quizás eran los broches del garter los que se le estaban clavando en la piel; o quizás ambas cosas. - Pero de mi mutación de gustos hablaremos luego- gruñó, dándose por vencida al no poder subirse la falda, y fue por eso que llevó sus manos al costado para bajar la cremallera y sacársela, que la arrojó sin la mayor delicadeza al sillón donde estaba su chaqueta también. – También me divorcié del Tenis a los doce

- ¿Puedo saber por qué te divorciaste?

- Mi mamá veía esas habilidades adquiridas como algo positivo para nosotros, que quizás nunca lo íbamos a utilizar, pero nunca estaba mal saber un par de cosas más- sonrió ante la libertad de broches de su muslo izquierdo. – Mi papá, por el otro lado, lo veía más como algo de diferenciación con los demás; si éramos economistas, no seríamos cualquier economista al ser integrales en otras áreas y no sólo en algo tan académico… mi mamá era de "si no te gusta, no lo hagas", mi papá era de "si ya lo empezaste, termínalo"; dos opiniones totalmente distintas. El problema es que a mí me gustaba el piano, pero la idea del piano, la idea de "Vocalise" que giraba alrededor de él, pero yo no quería ser una versión actualizada y mejorada de Wilhelm Kempff

- No sé quién es él- susurró, pasando sus manos hacia el broche que, aparentemente, le estaba ganando a Yulia.

- Un pianista increíble- sonrió, volviéndola a ver, que la sien de Lena quedó directamente ante sus ojos y su mejilla rozó su nariz. Ella asintió en entendimiento. – Mi vida habría estado completa si Carlotta De Fiore me hubiera enseñado "Vocalise" aparte de la Ninna Nanna de Brahms

- Y asumo que no fue así- frunció su ceño al no poder desabrocharle la última banda del garter, no podía ganarle a las dos.

- No- rio ante la evidente frustración de los dedos de Lena, los cuales no veía por estar viendo su pómulo de cerca. – Empezamos con "ABC", luego el "Happy Birthday" y "Chopsticks". La primera canción que aprendí a oído, que fue directamente después de "Chopsticks", fue "Linus and Lucy". A los seis, después de que todo había sido Brahms, Liszt y Tchaikovsy, pasamos a Chopin. Después vino Beethoven, Mozart, más Liszt, más Tchaikovsky, menos Chopin y nada de Rachmaninoff. A los ocho aprendí la versión principiante de "Vocalise" y sólo por oído y por mi mamá, a los doce terminé de aprenderla. Cuando mis papás se divorciaron, como yo ya sabía tocar "Vocalise" y mi vida con el piano estaba resuelta y completa y ya podía morir tranquila en ese aspecto, simplemente me divorcié yo también, y, como mi mamá era de "si no te gusta, no lo hagas", dejé el piano; pero, al vivir con ella, ella, muy inteligentemente, siguió tocándola todas las noches- hizo una breve pausa, no porque la posición fuera incómoda para ambas al Lena no poder desabrocharle el garter de las medias, sino que tuvo que darle un beso y un mordisco en la parte exterior de su mejilla, ahí en donde se fundía con su quijada. – Yo no volví a tocar un piano hasta que conocí a Margaret- sonrió contra su mejilla, que Lena ahora sonreía por haber podido desabrochar el **** garter.

- A Margaret ya vamos a llegar; el punto es el divorcio con el piano y el Tenis- chocó suavemente su frente contra la suya, así como si le hubiera ganado al borrarle la Tangente.

- Todos los días tenía clases de piano, menos el domingo, de Tenis tenía de lunes a viernes. Siempre, todos los días después de mi clase de piano, mi papá me sentaba y me decía que le enseñara lo que estaba aprendiendo; si lo hacía bien podía ir a hacer de mi culo un florero por el resto de la tarde si así lo quería, pero, si lo hacía mal, me quedaba en el piano hasta que lo hiciera bien o mi mamá llegara- suspiró, que de eso no iba a hablar a un nivel más profundo por intentar recordar a Oleg con más cariño que con resentimiento. – Cuando aprendí a tocar el "Cascanueces", las primeras tres piezas se convirtieron en lo de todos los días de la semana, de lunes a viernes, porque a mí papá le encantaba Pyotr- dijo, como si hubieran sido amigos, como si hubieran sido familia, con ese abuso de confianza. – De ahí que no me gusten sus composiciones, aparte de que me parece demasiado aburrido. La única que me gusta es la "Obertura 1812" pero con los cañones porque lo asocio con la explosión del Parlamento en "V for Vendetta"; y porque tiene de todo

- Sabes, es cierto, nunca te he escuchado pero ni la "C" del "Cascanueces"- si Yulia habría podido mutar su cara a una smiley cibernética, habría colocado una verde, una a punto de vomitar, o una vomitando. A Lena le dio risa.

- Demasiado juguetón para mi gusto- se sacudió en un escalofrío mientras tomaba el primer borde de encaje elástico para quitarse sus medias. – De "Obertura 1812" me gusta que es intensa en todo sentido; puede aplicar para quince minutos de destrucción masiva, quince minutos de sexo oral lento e intenso que terminen en un orgasmo explosivo, puede ser un sueño, una pesadilla, puede serlo todo. Tiene suspenso, tiene romance, tiene peligro, tiene miedo, tiene risa; entretiene, ¡y los cañones!- abrió sus manos junto con su gruñido para simular una explosión remota. – En fin, ¿en dónde estaba?- resopló, regresando sus manos a su media derecha para seguirla doblando a lo largo de su muslo.

- En que Don Tchaikosvky no te gusta- murmuró entre una risita aireada.

- Ah, sí. Entonces…no sé, la cosa es que, como ya te dije, yo no quería ser pianista profesional… y, como ya podía tocar canciones en piano con sólo escucharlas y experimentar un poco, tenía la imbécil manía de querer tocar hasta "Turn The Beat Around" de Gloria Estefan

- ¡No me digas que te gustaba esa canción!- se carcajeó.

- Nadie dijo que los noventas fueron elegantes- se sonrojó, pero no pudo darle ese latigazo con la mirada de "no me molestes" que sonaba más a plegaria que a reclamo, en cambio, sólo siguió doblando su media, que ya iba por debajo de la rodilla al ir con toda la paciencia que sólo Segrate en sus mejores días sabía robarle. – Como sea, cuando mi papá veía que yo tenía la brillante idea de tocar alguna estupidez de esas en piano, me decía que no, que eso lo hacía la gente ordinaria… y, bueno, quizás antes no te lo dije, pero como había cosas y actitudes en mi papá que eran inevitables, años después me di cuenta que hacía cosas, que sabía que lo iban a enojar, sólo por el hobby de llevarle la contraria; como que la pubertad rebelde me llegó a los nueve o diez y no con el fin de mi vida con tampones. Cabe mencionar que no lo disfrutaba, porque el resultado no era chistoso, pero ese momento de libertad, o de rebeldía, supongo que tuvo que haber valido la pena…

- No hablemos de eso, mejor, ¿te parece?- sonrió, abrazándola significantemente más fuerte, pero Yulia no tenía mayor problema con eso, quizás porque entre ellas, definitivamente, ya no había nada personal.

- No es nada, mi amor- vio hacia arriba, y sólo recibió un beso en su frente. – Mi papá quería que fuéramos los mejores en todo; decía que una persona integral debía ser integral en todo sentido y que, para que nadie nos pisoteara en la vida, teníamos que tomar la vida como un juego de ajedrez; con doce pasos de ventaja sobre el contrincante. Para él, la formación de las tres áreas; física, académica-intelectual, y artística, realmente hacían, de una persona, un ser humano completo. Por eso nos quería perfectos en lo que sea que íbamos o queríamos hacer. Si iba a tocar el piano, no sólo lo iba a tocar, lo tenía que estudiar y tenía que ser pianista. Si iba a jugar Tenis, no sólo tenía que jugarlo, tenía que vivirlo, tenía que ser tenista. Los sábados no iba a clases de Tenis, por eso, los sábados, jugaba contra mi papá. Nunca aborrecí el deporte, no lo aborrezco todavía, pero el día en el que me dijo que iba a competir, y no municipales o regionales…- rio nerviosamente y sacudió su cabeza. – Me acobardé y ya no me gustó

- ¿Cuántos años tenías?

- Los primeros regionales los jugué cuando tenía ocho, cuando me quiso meter a los nacionales… ¡pf!- rio, arrojando la primera media al mismo sillón que estaba sirviendo de perchero. – Soy competitiva pero no tanto. Menos mal que dos semanas antes de los nacionales me "estropeé" la muñeca derecha- resopló, comenzando a doblar la media que le quedaba.

- No sabía que te habías fracturado

- No, no me fracturé. En realidad no tenía nada- rio. – El hijo de uno de los que trabajaba con mi mamá era ortopeda; nada que un favor no pudiera hacer- sonrió. – Hasta tenía placas de rayos-X falsas y todo; la mejor mentira que ha sacado mi mamá hasta la fecha

- ¿Ves? Tu mamá es muy cool

- Estoy segura que la tuya también lo era, al menos con esas veces en las que te llegaba a despertar para ir al colegio y sólo le decías "no tengo ganas de ir", y no ibas- sonrió, volviéndose a Lena para ver su reacción.

- ¿Y tú cómo sabes eso?- se sonrojó.

- Yo lo sé todo- guiñó su ojo.

- ¿Tú hacías lo mismo?

- No, yo sólo faltaba cuando estaba realmente enferma- se acercó a su mejilla y le dio un beso. – Eres una consentida… y te gusta que te consientan

- Lo sé- susurró con una sonrisa, que se acercó a su rostro pero no le dio un beso de comprensión mundial, sino uno que pasaba tanto por esquimal como por provocación, pues parecía que la besaría por cómo abría y buscaba sus labios, pero no la besó, sólo jugó con su nariz. – Pero tú no te quedas atrás- susurró de nuevo, ahora contra sus labios, y se despegó de su rostro para dejarla en stand by.

- Si buscas la palabra "consentido/consentida" en un diccionario, en vez de una definición, saldrá mi nombre- se estiró con su cuello y le arrebató un beso fugaz. – En fin…

- ¿Qué dijo tu papá de esa vez? ¿Nunca las descubrió?

- Después de que me tuvo entrenando dos meses, tres horas al día, asumió que podía ser cierto porque mi entrenador le había dicho que me había caído

- ¿Y fue cierto eso?

- Hasta arruiné mi reloj- dijo, como si eso hubiera sido lo peor de la caída, pues cualquiera habría esperado que el orgullo hubiera sido lo más lastimado o lo más doloroso.

- ¿Tú de verdad esperas que crea que desde los diez-once-doce usabas reloj?

- El primer reloj que tuve, y que no me lo dieron en ninguna Cajita Feliz del McDonald’s, fue cuando tenía siete, cuando logré convencer a mis papás de que leer la hora era tan fácil como sumar todos los números del uno al cien y sin saber nada de Gauss- arrojó la segunda media y respiró tranquilamente al sentirse relativamente libre. Esperaría unos segundos para sacarse el garter de la cadera. – Mi primer reloj fue un Swatch azul oscuro, que me duró dos años hasta que Prometeo se lo comió

- ¿Quién es Prometeo?- rio.

- El Gran Danés que teníamos- levantó su trasero y se quitó el garter, ahora ya sólo quedaba en ropas casi menores pero definitivamente más cómodas. – Cuando cumplí quince, mi mamá me regaló mi primer Cartier

- Y a ese, ¿qué le pasó? ¿Se lo comió Prometeo también?

- No- sacudió su cabeza con una risa nasal. – Lo cambié por el Patek que me regaló mi mamá al terminar la escuela; un Calatrava azul oscuro. Cuando me gradué de Arquitectura, mi papá me regaló un Rolex, uno como el que le había regalado a mi hermano cuando se había graduado de Economía, uno como el que le habría regalado a mi hermana si se hubiera graduado de algo algún día- resopló. – Ese reloj nunca lo usé, lo dejé en la caja y, hasta el día de hoy, no lo he sacado nunca. Cuando me gradué de Diseño de Interiores, mi mamá me regaló el Patek que usaba ella, que lo acababa de arreglar y pulir, y que había sido de mi abuela

- ¿Y éste?- le dio un golpe al vidrio del reloj con su dedo.

- Lo compré el año que vine a Manhattan

- ¿Se te arruinó el de tu abuela?

- No. Cuando vine, vine con un reloj que no me traía buenos recuerdos… supongo que, en mi búsqueda de realmente "empezar de nuevo", hasta el reloj tenía que ver. Ese Omega se lo di a Rebecca

- ¿Por qué a Rebecca?

- Me dijo que le gustaba, le dije que se lo quedara si quería- rio, encogiéndose entre sus hombros. – Me pareció mejor que simplemente botarlo en algún basurero en el trayecto del sofá de Rebecca a la oficina, y viceversa

- ¿Ferrazzano?- Yulia asintió. – Entonces, volvamos al Tenis, mejor- sonrió Lena, llevando sus manos al moño de Yulia para deshacerlo y, así, poder enterrar sus dedos entre los lisos flojos que comprendían ese caótico pero ordenado moño improvisado.

- Mis papás se divorciaron, mi mamá me dijo, que si ya no quería ir a Tenis, que no fuera; así como con el piano… dejé de ir, y nada más- rio nasalmente, pues otra explicación no había.

- ¿Y esgrima?

- No sé, me llamó la atención y eso hice- se volvió a encoger entre sus hombros.

- ¿Y cómo fue que volviste a tocar piano? Digo, ¿por qué fue culpa de Margaret?



- Señora Robinson- sonrió Yulia al Margaret aparecer en la sala de estar en donde la esperaba.

- Yulia, deja las formalidades- sonrió Margaret, acercándose a ella como si tuviera una vida entera de conocerla a pesar de que era segunda vez que la veía, pues, la primera vez, había sido en su oficina, y había sido por recomendación de Natasha que nunca, bajo ninguna circunstancia, la llamara "Señora Roberts" en su presencia, pues entonces la respuesta sería una corrección de apellido y una explicación de cómo ella no era propiedad de Romeo, eso y una sonrisa fingida; de ahí, en adelante, todo iría hacia abajo. - ¿Cómo estás?- le tomó ambas manos en las suyas y la haló hacia un beso en cada mejilla, más bien mejilla con mejilla.

- Muy bien, ¿y usted?- sonrió, agradeciéndole a todos los Santos que había bajado del cielo por haber conspirado para que no la abrazara.

- Muy bien. ¿Todo bien con el camino?- sonrió de regreso, apretujándole un poco más las manos para luego soltárselas, que fue cuando Yulia, igual que la vez anterior, no pudo evitar dejar caer su quijada hasta el núcleo del planeta al ver su anillo en el dedo anular izquierdo, ese que no sabía si era de compromiso o de matrimonio; ese anillo plateado, grueso por delante al tener un rubí rectangularmente ovalado, ese rubí que tendía más a ser violeta que rojo y que estaba rodeado por "n" cantidad de diamantes transparentes en una cúpula baja que sostenía el bisel, anillo que hacía constar que Romeo había sido el primer cliente de Fred Leighton, el cliente que le había dado el dinero, por el anillo, para que abriera su siguiente posición en Madison Avenue.

- Sí, todo bien. Muchas gracias por traerme- cerró su boca y se cruzó de brazos, así como si quisiera esconder el sencillo anillo que ella tenía en su dedo anular derecho, ese que podría haber sido el tataranieto bastardo del anillo de Margaret, que, a pesar de que era un Van Cleef & Arpels, no se comparaba con tanto brillo que era llevado con tanta ligereza en una manicura que no tenía nada de apoteósico ni espectacular; una vil manicura de mantenimiento, sin laca, sin brillo, simplemente era. – Bueno, usted me dice por dónde empezamos- sonrió, tomando su agenda para tomar nota de lo que sea que fuera a salir de esa literaria y pepperónica boca.

- No sé- rio, como si fuera algo ligero y sin importancia lo que había decidido con Romeo: demoler para levantar. - ¿Por dónde te gustaría empezar?

- ¿Qué le parece si empezamos por los lugares en los que suele pasar más tiempo? Así nos aseguramos que sea adecuado para sus necesidades y sus gustos- se encogió entre hombros; no podía negar que Margaret, entre sus arrugas alrededor de los ojos, unas muy bien ganadas arrugas, le intimidaba.

- Eso sería la cocina, la terraza y el jardín, mi habitación y mi oficina- dijo con esa sonrisa que no necesitaba ser ni blanquísima ni rectísima para ser perfecta o seductora pero no en el sentido sexual, sino que era imposible no prestarle atención.

- Usted me guía- sonrió, notando cómo Margaret la analizaba de pies a cabeza y de cabeza a pies. Le daba miedo. – Si quiere empecemos por la habitación- opinó, tal vez así la dejaría de analizar, aunque la mirada de Margaret se suavizó en cuanto la vio en esos Fendi de encaje y laza.

- Mejor por mi oficina- la contradijo suavemente, tomándola del hombro izquierdo para guiarla por las escaleras hasta el segundo piso. – Luego podemos ir en orden, mi oficina es lo que más importa

- ¿Qué tan espaciosa le gusta?

- No es tanto el espacio que necesito para moverme como el espacio que necesito- respondió, tomando la delantera en las escaleras mientras notaba, de reojo maternal, que Yulia sufría del mismo mal de Natasha; no podía ver un pasamanos sin ponerle la mano encima. – Necesito paredes que sean libreras pero sin que sean invasoras, así como las que tengo ahora

- ¿Cuántas libreras tiene ahora?

- Se podría decir que es una nada más- frunció su ceño. – Pero necesito más espacio, supongo que por eso quiero paredes que sean libreras, porque ahora no tengo de esas

- Todo espacio se puede aprovechar, Señora Robinson, sólo es cuestión de cómo se organice para que se puede aprovechar al máximo- dijo al terminar de subir las escaleras, que había contado trece escalones, lo que significaba que había una altura de, más o menos, tres metros y medio, si y sólo si la altura de cada escalón estaba alrededor de los veinticinco centímetros.

- Llámame "Margaret"- la corrigió sin darle tiempo para hacerlo ella. – Cuando me acabé el espacio, supongo que tomé una mala decisión con las otras libreras- sonrió, llegando a la puerta de madera oscura, que giró la perilla y la dejó ir hasta que se detuviera contra el tope. – Por favor- le dio espacio para que entrara.

Era un espacio rectangular que, en un principio, debió haber tenido tan buena luz como tan buena capacidad de espacio para moverse. Medía unos tacaños siete metros de longitud y unos asquerosos tres de ancho; el techo era más bajo en proporción con la altura que había del primer al segundo piso. El piso era de madera, y estaba increíblemente bien cuidado, tan bien cuidado que podía reusarse, más porque era un exquisito Macassar Ebony que recubría, sin tanto gusto, hasta las paredes. La habitación corría de manera horizontal y tenía una vista relativamente paupérrima del mar, algo que Yulia, en lo personal, consideraba que debía ser pecado capital. El primer obstáculo era que la puerta no estaba centrada, sino que más hacia la izquierda, lo que daba, de la proporción psicológica y visual del espacio, una verdadera sensación de incomodidad. Luego estaba la sensación de la invasión que Margaret había mencionado. Era un pasillo, igualmente horizontal, hecho de libreras contiguas que estaban a una corta distancia de la pared, que también estaba hecha de libreras; eso no sólo daba la sensación de esa prisión temporal, sino que, para buscar un libro, o una revista, el tiempo sería realmente demasiado y de manera exponencial al crear sombra a causa de las posiciones de las libreras contra la luz natural del día, y era una lástima, pues la luz natural se aprovechaba de una hermosa manera al tener ventanas tan grandes y sin persianas o cortinas que pudieran obstaculizarla.

- Hmmm…- suspiró Yulia, viendo hacia todos lados mientras pensaba en qué clase de humor viviera ella si su oficina fuera así de mal organizada. Colocó su mano contra el grosor de la librera, sólo para calcular una medida aproximada, quince centímetros, y las revistas se veían espantosas al estar guardadas de manera horizontal y no vertical, aunque eso era cosa de gustos y de su Trastorno Obsesivo-Compulsivo, pues, por el ancho de la librera, seguramente, al ponerlas verticales, se les saldría la quinta parte. – Es una buena idea hacer paredes con libreras- dijo, sabiendo que sí lo era, pues así era en su apartamento también. - ¿Qué tanto espacio le hace falta?

- Demasiado- suspiró. – Esto sólo es del setenta al ochenta, en la habitación de huéspedes del ochenta y uno al ochenta y cinco, en mi habitación del ochenta y seis al noventa y, en Manhattan, del noventa y uno hasta ayer- sonrió.

- Bueno, ya me dijo que quiere ver las dos opciones entre segundo y un posible tercer piso- dijo, abriendo su agenda y destapando su pluma fuente para apuntar sabía Dios quién con esos jeroglíficos a medias y en tres idiomas distintos. – Podríamos hacerlo hacia arriba, así aprovechamos el espacio. En el caso de que sean sólo dos pisos, que el techo sea más alto, ya sea para toda la casa o sólo para esta habitación. Si es de tres pisos… podríamos hacerlo de segundo a tercer piso, así tener dos pisos dentro de su oficina- y le notó la sonrisa de emoción y de aprobación. Tres pisos serían, entonces. – Pero le voy a enseñar las dos opciones- resopló, pues no podía basarse sólo en su oficina, aunque, de ser ella, su casa y su oficina, quizás sí lo haría. – Podemos calcular el espacio que le hace falta y podemos dejar espacio para que lo llene con lo que está por venirle en literatura- sonrió. – Y podemos hacerlo hacia arriba, con espacio para caminar o un verdadero segundo piso interno… pero eso va más adelante. ¿Qué me dice de la ambientación? ¿Le gusta que sea todo de madera oscura?

- Para mi oficina sí, para el resto de la casa, al menos para los pasillos y las áreas comunes, prefiero el blanco, al menos en las paredes; el piso me da igual- Yulia asintió. – Las libreras me gustarían de madera, no me agrada el metal para poner libros- Yulia sonrió, pues ya eran dos cosas en las que se parecían. Y nada como el nogal para albergar literatura valiosa. Ah, Yulia y su fijación con el nogal, como si la palabra misma le excitara.

- Vamos a ver qué más hay aquí- sonrió, caminando hacia adelante y dejando atrás las libreras que tanto le habían impresionado, no por feas, sino porque no estaban bien, simplemente no lo estaban. Y su mirada se iluminó, hasta sintió que levitaba y que el mundo se detenía, que el tiempo era inexistente. – Tiene un Steinway- murmuró, no dándose cuenta que caminaba como por atracción magnética hacia el piano que se mantenía abierto de la caja pero no de las teclas. – Un Henry Z. Steinway- dijo como si no pudiera creerlo, y no pudo contenerse a tocarlo, no a hacerlo sonar, sino a tocarlo, a ponerle las manos encima.

- ¿Perdón?- resopló Margaret al verla tan perdida e impactada.

- Sólo hicieron noventa y un pianos de estos… en conmemoración al cumpleaños número noventa y uno de Henry Z. Steinway- y pensó en el precio. Cuál Yamaha, cuál Fazioli, cuál Bosendorfer. Un Steinway & Sons y edición limitada. – Usted tiene una joya- se volvió a ella con una sonrisa kilométrica, y retiró la mano al volver a caer de golpe en la tierra por la sonrisa burlona que tenía Margaret.

- No cualquiera sabe qué es un Steinway, mucho menos qué es uno de éstos- murmuró, acercándose a ella con una sonrisa que le acordaba a Larissa. - ¿Tocas el piano?

- Tocaba… de pequeña- balbuceó.

- Tocar el piano es como andar en bicicleta: nunca se olvida- guiñó su ojo. – Adelante- sonrió, descubriendo el teclado. – Tócalo- y Yulia tuvo un flashback muy conmovedor a aquella vez que Larissa la había invitado a tocar un vil Yamaha.

- No, no podría- intentó evadirlo, pues, al ver las teclas, las relucientes teclas, se acordó de la última vez que había tenido las manos sobre un piano, esa vez que había querido arruinarlo para nunca más tener que tocarlo, y menos mal que Larissa le pidió el divorcio a Oleg.

- ¿Qué sabes tocar?

- Lo normal- sonrió defensivamente. – No sabía que usted tocara piano

- No, no lo toco- resopló divertidamente. – Romeo sabe tocarlo, fue un regalo- Yulia sólo dibujó una "ah" muy suave y aireada con sus labios. – Vamos, tócalo… yo sé que sí quieres

- No sabría qué tocar

- ¿Qué sabes tocar?- repitió, sacándole el banquillo a Yulia para que tomara asiento.

- Varias cosas- se ahogó, pero logró caer con indiferencia falsa sobre su trasero.

- ¿Qué te gusta tocar?

- Chopin- suspiró, deslizando sus dedos a lo largo del teclado ya descubierto. – Rachmaninoff, Liszt

- ¿Tchaikovsky?- sonrió.

- Una que otra- dijo, refiriéndose a que sabía tocarlo pero que no le gustaba, e hizo sonar la primera tecla, así como aquella vez hacía veinte años.

- Me fascina Tchaikovsky- y rogó mentalmente que no le preguntara si sabía tocar alguna del "Cascanueces".

- A ver si me acuerdo bien de alguna…- resopló nerviosamente, viendo hacia abajo para ver la posición de sus pies al mismo tiempo que hacía crujir sus dedos y sus muñecas para aflojarlos. Hizo sonar las primeras notas, pero las hizo sonar mal, y se detuvo con el corazón en la boca. – Lo siento- Margaret sólo frunció su ceño y sacudió su cabeza con una sonrisa.

- Yo entiendo que los primeros metros en bicicleta, después de tanto tiempo, no son tan fáciles- sonrió.

Yulia respiró hondo y, arqueando su espalda y sus dedos, empezó a apretar teclas con sus ojos cerrados. Era, de todo lo dulce que alguna vez le había gustado, y de Tchaikovsky, "Romance en F Menor", todo porque le acordaba a los viajes que hacía en tren de Milán a Roma, pues, usualmente, esa pieza era la que tendía a sonarle en sus audífonos y no sabía por qué. Pero, una vez alcanzaba a la parte risible y alegre, como si fuera una fiesta, la quitaba, pues dejaba de gustarle, y por eso era el común denominador el disgusto. Margaret le vio ese no-sé-qué, ese respeto completo en cuanto al instrumento, a la pieza, al sentimiento, ese respeto que Romeo solía sólo tenerlo a medias, pues él no era enseñado sino que había aprendido básicamente solo, y, para él, el piano, aparte de ser un instrumento muy hermoso e intricado, no tenía mayor valor sentimental, pues nunca se le había plantado un recuerdo con una conexión parecida a la de Yulia.
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VIVALENZ28

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Re: EL LADO SEXY DE LA ARQUITECTURA PARTE 2

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