LA SALVAJE

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LA SALVAJE

Mensaje por Hollsteinvanman el Vie Ago 28, 2015 9:56 pm

Hola a todos, de nuevo yo aquí con una nueva historia adaptada que espero sea de su agrado. Very Happy 




"LA SALVAJE"


Prólogo


Desde la muerte inesperada de su marido, Elena Katina ha tenido poco tiempo para pensar en otra cosa que no fueran las necesidades de sus dos hijos pequeños y sacar adelante su floreciente negocio de paisajismo.
Yulia es una superviviente a la que la vida le ha jugado muchas malas pasadas. Convertida en la adorable oveja negra de la ciudad, fue condenada a prisión doce años atrás por una desafortunada tragedia.
En libertad condicional, Yulia busca trabajo y Elena necesita personal.
Lena sabe que, si le echa un cable a Yulia, revolucionará el vecindario, pero lo que no se espera es el modo en que ella le revolucionará el corazón o cómo el deseo salvaje de Yulia le cambiará la vida, para siempre.








CAPÍTULO 1


—¡Llego tarde! ¡Llego tarde! ¡Llego tarde! —Lena Katina lanzó el bolso sobre el sofá y se sentó en la silla que había libre en la mesa de juego—. Lo siento.
—Que alguien le dé un reloj de bolsillo y un par de orejotas y quedará perfecta como Conejo Blanco — exclamó Colleen, una prima de Lena
Lena se unió a las carcajadas.
—Lo siento mucho, de verdad. Sé que la partida se ha retrasado por mi culpa.
—Tranquila, cielo —le dijo Sandy, su prima pequeña, mientras barajaba las cartas.
—Bueno, ¿y que ha sido eso tan importante que ha alterado tu impecable puntualidad habitual? —le preguntó Colleen.
—¿Impecable puntualidad? ¿A qué viene eso? Ya sabes que me paso el día corriendo de un lado a otro, rezando para que los zapatos me aguanten.
—No le hagas caso a Colleen, cielo. Mi hermana no puede evitar ser sarcástica. Nació así. Por suerte, no le viene de familia —intervino Sandy, que seguía barajando—. De todas maneras, ¿qué te ha hecho llegar tarde esta vez?
Lena puso los ojos en blanco.
—He tenido que pasar por el trabajo antes de venir.
—¿Otra vez trabajando en tu día libre? —exclamó Rhonda, la cuarta integrante de su club de bridge, con el que se reunía cada quince días—. Eso no se hace, Elena.
—Ya, pero es que vamos muy retrasados. —Lena frunció el entrecejo—. Si no contrato a más gente pronto la cosa se pondrá fea de verdad. No soporto fallarles a los clientes. Colleen enarcó las cejas.
—Creía que habías dicho que la semana pasada empezaba a trabajar un chico.
—Lo dije. Y, aunque no las tenía todas conmigo respecto a él, pensé que funcionaría. —Lena hizo una mueca—. Tendría que haberme fiado de mi intuición. Duro dos días.
Las demás la miraron con cara de sorpresa y Lena se encogió de hombros.
—Al parecer no se había dado cuenta de que tendría que ensuciarse las manos.
—Claro —apunto Colleen, incrédula—. ¿Trabajando en un negocio de jardinería y paisajismo? Ese tipo tenía que ser más tonto que un zapato.
—Dijo que había creído que estaría detrás del mostrador, cogiendo el dinero —explico Lena con voz cansada.
—¿Cuantos años tenía?
—Treinta y tantos. Lo suficientemente mayor como para tener dos dedos de frente si de verdad le hubiera interesado el trabajo.
Lena se pasó la mano por el rojizo y rizado cabello y, por un instante, se sorprendió de lo corto que lo llevaba.
Solo hacía dos semanas que se lo había cortado y todavía no se había acostumbrado al nuevo estilo, ya que había llevado el pelo largo hasta la cintura desde que era adolescente. Dado el ritmo frenético que había cobrado su vida en los últimos tiempos, había decidido que llevar el pelo un poco mas corto hasta mitad del cuello le quitaría preocupaciones de encima.
—Total —continuó—, que se despidió cuando Phil le pidió que lo ayudara a trasplantar unos esquejes. Así que estoy como al principio. No sé lo que haría sin Phil, Ken y el viejo Dave.
—¿No puedes contratar a más gente a tiempo parcial?—sugirió Rhonda—. Comentaste que el hijo de Colleen y su amigo te trabajaban bien, ¿no?
—Así es —admitió Lena—. Pero todavía están estudiando y solo pueden trabajar los fines de semana. Los sábados y domingos va muy bien, pero al parecer nadie quiere trabajar a media jornada los días laborables. Lo que de verdad necesito es a un par de hombres físicamente capacitados: uno que trabaje en el vivero y en el centro de suministros con Phil y el viejo Dave, y otro que ayude a Ken con los jardines. Si no encuentro a alguien pronto tendremos que empezar a rechazar encargos nuevos. Ahora mismo ya vamos con un mes de retraso con los encargos que tenemos.
—La verdad, con tanta noticia de que si el paro y el número de desempleados para arriba y para abajo, una se sorprende de que sea tan difícil encontrar personal—comentó Sandy—. Pero supongo que no todo el mundo quiere trabajar al aire libre, con plantas y todo eso.
—Y supongo que no todo el mundo tiene la misma facilidad —añadió Rhonda.
—Bueno, yo personalmente daría lo que fuera por trabajar al aire libre en lugar de estar encerrada en una clase con treinta niños de doce años, te lo aseguro —afirmó Colleen con vehemencia—. No se cómo me las arreglé para hacerlo a tiempo completo durante tantos años. Hasta que no reduje mi jornada no me di cuenta de lo estresante que era en realidad.
—¿Significa eso que te puedo poner en nómina en R&R Jardinería y Paisajismo? —le preguntó
Lena, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Ah, por supuesto. Y llenarme de tierra y porquería estas manitas de azucena —Colleen le guiñó un
ojo a Lena—. En fin, como Sandy siga barajando les va a borrar el número a las cartas, así que ¿qué tal si empezamos la partida?
Las cuatro amigas se enfrascaron en el juego durante un par de horas, hasta que pararon para comer.
—La quiche está lista —las llamó Rhonda desde la cocina—. Id pasando a la terraza. He preparado la mesa para comer allí. 
Lena, Colleen y Sandy se levantaron y atravesaron el comedor para salir a la terraza. Rhonda las siguió con la quiche, la colocó en una tabla para que se mantuviera caliente y repartió generosas porciones.
Cada vez que se reunían para jugar al bridge lo hacían en casa de una de las cuatro y la comida corría a cuenta de la anfitriona.
—Me alegro de que nos turnemos para hacer de madre —dijo Sandy—. Si no me sentiría muy culpable de estar aquí sentada, dejando que nos mimes así, Rhonda.
—¿Ah, sí? —Colleen tomó asiento a la mesa de la terraza—. Yo diría que te encanta, como a todas.
—Calentar una quiche no es que pueda llamarse mimar a alguien —dijo Rhonda con una carcajada—.Servíos ensalada.
—Hace un día precioso. Hace calorcito, pero no demasiado —Sandy se sirvió una ración de lechuga, fresca y crujiente—. Un día perfecto para comer en la terraza. Además, el jardín está precioso, Rhonda.
Rhonda le sonrió a Lena.
—Otro éxito de Ken. Me alegro de que se me ocurriera llamarlo para que lo arreglara. No sé cómo no se me había ocurrido antes. Es un genio.
Lena sonrió.
—Es muy bueno en su trabajo. Me aterroriza pensar que quiera dejarnos para montar un negocio por su cuenta.
—A lo mejor deberías casarte con él y atarlo a la familia —sugirió Colleen con sequedad.
Lena se atraganto con el té.
—¿Casarme con él? Por amor de Dios, Col, si podría ser su madre.
—¡Tonterías! Él debe ir para los treinta y tú solo tienes. . ¿Qué? ¿Treinta y pocos?
—Treinta y tres. Once meses más joven que tú —apuntó Lena con deleite.
—Ese es el problema de los pueblos, ¿verdad? —se rió Sandy—. Todo el mundo lo sabe todo de ti.
—Eso es verdad. No hay muchos secretos por aquí —Rhonda le pasó a Colleen el azúcar para el café —.Pero, Sandy, ¿no eras tú la que estabas empeñada en emparejar a Lena con tu cuñado Phil? Creo recordar que decías que Lena y Phil estaban hechos el uno para el otro.
—Sandy lleva intentando juntarlos desde que Phil volvió a la ciudad —Colleen le hizo una mueca  su prima—. Pero no funcionará. Lena resistirá.
—Phil trabaja para mí y lo hace muy bien. Sencillamente, no me parece una buena idea mezclar los negocios con el placer.
—Bueno, al menos es un paso en la buena dirección, ¿eh, Sandy—Colleen se dirigió a su hermana —. Al menos ahora ya admite que es placer. Rhonda le dio una palmadita a Lena en la rodilla.
—Dejad a la pobre Lena en paz. Solo hace cuatro años que murió Rob y primero tiene que hacerse
a la idea. Ya sabrá ella cuando está preparada para comprometerse con otra relación.
Lena dio otro bocado de la deliciosa quiche de Rhonda y se preguntó si en verdad sería tan simple.
Desde que su marido Rob había muerto en un accidente de coche, tras siete años de matrimonio, Lena se sentía incapaz de sentir nada por nadie. Era como si el mundo que la rodeaba estuviera
teñido de irrealidad. Tampoco es que hubiera tenido mucho tiempo de profundizar en sus sentimientos. Con dos hijos pequeños y un negocio que sacar adelante, la vida había seguido su curso sin contemplaciones. Era cuestión de poner un pie delante del otro y no quedarse atrás.
Lena se estremeció internamente. Pensar así la hacía sentir como una mártir de la vida moderna. Pero ese no había sido el caso. Simplemente no había tenido tiempo de pensar demasiado y ahora parecía incapaz de hacer planes a largo plazo.
Lo que más la preocupaba era que últimamente había empezado a sentirse como si su matrimonio no hubiera existido nunca y hubiera sido cosa de su imaginación. A menudo le costaba trabajo recordar a Rob, lo que sentía por él y por su matrimonio.
Es decir, sabía que no había sido un mal matrimonio. Aunque no le había disparado el corazón ni le había robado el aire, como pasaba en las novelas románticas, sabía que Rob había sido un buen hombre y ella lo había amado. Sabía que sí. Si no, no se habría casado con él, ¿verdad?
—Ay, casi me olvido. —La voz de Sandy distrajo a Lena de sus cavilaciones—. Adivinad a quien vio Steve en la ciudad el otro día.
—Tu marido nunca ve a nadie, Sandy —espetó Colleen—. La semana pasada sin ir mas lejos pasó por delante de mí y ni siquiera pestañeó. Es el contable más distraído que he conocido.
—Ya lo sé —Sandy suspiró en señal de acuerdo—. A veces no sé qué hacer con él. Se pasa la semana en el centro, en su oficina, y nunca, pero nunca, se entera de ningún cotilleo interesante. O, bueno, a lo mejor sí se entera, pero después no me los cuenta. Si no fuera por nuestras partidas de bridge no podría cotillear con nadie.
—Y eso sería inconcebible, ¿verdad? —espetó Lena, irónica.
—Mira quien va a hablar, Lena —replicó Colleen—. Tu eres casi peor que Steve: nunca sueltas prenda. Así que no interrumpáis a Sandy. —Colleen se volvió hacia su hermana—. ¿Y bien? ¿A quién vio Steve el otro día que le causó tamaña impresión que rompió su silencio y te lo conto todo? Vamos, es que casi no me imagino a Steve charlando con alguien en la acera y después corriendo a casa para contártelo, Sandy.
—Bueno, es que las circunstancias eran especiales. Había ido al colegio con él.
—Eso reduce las posibilidades —rió Rhonda—. Así que, ¿a quien conocemos que sea varón, se haya quedado en la ciudad después del colegio y sea de la edad de Steve?
—Así, de buenas a primeras, ya se me ocurren como dos o tres nombres —dijo Colleen—. Danos más pistas.
—Bueno, en realidad es mayor que Steve.
—¡Sandy! ¡Al grano! —le ordenó su hermana, con su mejor tono de profesora de instituto.
—Johnno Volkov —anunció Sandy sin más preámbulos.
—¿Y? —la instó Colleen—. Veo a Johnno por ahí a menudo. A los hermanos Volkov les ha ido bastante bien desde que se pusieron al frente del negocio de su padre. Se puede decir que han triunfado. He aquí una historia con final feliz.
—Johnno lleva el despacho, pero Liam sigue conduciendo los camiones, ¿no es cierto? —preguntó Rhonda.
Sandy asintió.
—Es raro, ¿verdad? Tanto Johnno como Liam Volkov están casados y se han construido una buena vida. Teniendo en cuenta su pasado familiar, no habría sido ninguna sorpresa que hubieran acabado mal.
—Los malos genes sí que vienen de familia —apuntó Colleen.
—Bueno, Becky, la hermana mayor, aún trabaja en el hospital —añadió Rhonda—. La veo de vez en cuando.
Es una trabajadora honrada, casada y madre de tres hijos. Es una mujer muy agradable.
—Supongo que tres buenos de cuatro no está mal para una familia tan jodida —concluyó Colleen, en un tono cáustico.
Lena dio un sorbo de té. De repente se sentía extraña, aunque no estaba segura de por qué. Se sentía desconectada de la realidad, como si la conversación se desarrollara a su alrededor y ella no formara parte de esta.
Por supuesto, Lena conocía la historia de los Volkov. Todo el mundo la conocía. La familia había sido blanco de los cotilleos locales desde que Lena podía recordar. De todos era sabido que el viejo Oleg Volkov, el abuelo de Johnno, había sido un borracho con la mano muy suelta. A menudo, como Lena había oído que su madre le contaba a alguien en una ocasión, se achacaban sus hazañas a lo mal que lo había pasado en la guerra. Se decía que desde entonces sufría de algún tipo de neurosis.
Sin embargo, Lena dudaba que eso fuera una excusa aceptable para pegarles a su mujer y a sus hijos.
Las hijas del viejo Oleg se marcharon de la ciudad en cuanto tuvieron edad suficiente, pero Oleg hijo, su único hijo varón, se quedó y se dedicó a conducir camiones para el negocio de su padre. Empezó a beber y a meterse en peleas como él. Así que, cuando Oleg hijo empezó a cortejar a una jovencísima Larissa Vasilieva, nadie creyó que ella aceptara salir con él. Oleg le sacaba seis años y tenía fama de ser un salvaje. No obstante, Larissa y Oleg se casaron y el siguió alimentando las habladurías hasta su muerte, que había tenido lugar hacia tan solo un año.
—¿Quieres decir que ha vuelto?
Hubo un momento de silencio y sorpresa. Lena pestañeó. Era evidente que se había perdido algo de la conversación mientras soñaba despierta.
—¿Quién? —preguntó, sin alterar la voz, en un valeroso intento de ignorar que un vacío indefinido empezaba a crecer en su interior, como la semilla de un presentimiento inquietante en la boca del estómago—. ¿Quién ha vuelto?
Colleen arqueó las cejas.
—¿Que quien ha vuelto? Presta atención, Lena. Yulia Volkova. Ella es quien ha vuelto.
—Ella. . —Lena tragó saliva—. ¿Ha vuelto?
—Eso le dijo Johnno a Steve —explicó Sandy.
—Guau —exclamó Rhonda—. ¿Así que por fin ha salido de la cárcel?
Sandy frunció el entrecejo.
—Diría que no. ¿Cuánto hace que pasó todo? ¿Diez, doce años? Solo le cayeron tres años, ¿no?
—Sí, creo que fueron tres años —dijo Lena con cautela—. Así que tendría que haber salido de la cárcel hace años.
—Lo lógico habría sido que, si tenía intención de volver, lo hubiera hecho cuando murió su madre, hace dos años —comentó Rhonda, mientras empezaba a retirar los platos.
—Esa chica le destrozó el corazón a su madre —suspiró Colleen.
—Era joven —intervino Lena sin poder contenerse. Su prima se volvió hacia ella.
—Tu siempre la defendías, Len, y nunca he podido entender por qué.
Lena se encogió de hombros.
—Simplemente creo que tuvo muy mala suerte. No debió de ser fácil crecer en esa casa, con un padre como Oleg Volkov.
Sandy asintió.
—Yo habría detestado que todo el mundo supiera que mi padre era un borracho fracasado que le pegaba a mi madre. Solo Dios sabe por lo que tuvieron que pasar esos niños. No me extraña que Yulia tuviera problemas.
—¿Problemas? —Colleen sacudió la cabeza—. Esa chica estuvo fuera de control desde el momento en que empezó a caminar. La tuve de alumna un año y créeme cuando te digo que no era ningún angelito.
—Lo único que digo es que era muy lista y que podría haber llegado muy lejos —dijo Lena—. Fue una pena que todo acabara como acabo. Una verdadera lástima.
—Ah, sí. Yulia era muy lista. Quizá demasiado. —Colleen se levantó y ayudó a Rhonda a recoger la mesa
— . Desde mi punto de vista, lo peor fue que heredó los genes malos de la familia. Yulia Volkova era igualita que su padre y que su abuelo. Era una salvaje.


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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Grd el Vie Ago 28, 2015 10:09 pm

No tardes con la conti! Se lee buena cheers
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Grd

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Re: LA SALVAJE

Mensaje por liaesc el Vie Ago 28, 2015 10:46 pm

Estoy intrigada, espero la proxima.... me gusta

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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Kano chan el Sáb Ago 29, 2015 12:48 am

Bueno bueno esta adaptación parece ser muy porometedora asique por favor no demores en la conti !!!!
excelente trabajo ! Razz
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Aleinads el Sáb Ago 29, 2015 11:28 am

Muy buen capitulo, ya espero la conti... Interesante historia! Smile
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por nat_volkatin el Lun Ago 31, 2015 7:25 am

viviré pegada a mi computadora y ni celular para seguir leyendo.... muy buen capitulo Razz Razz
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Hollsteinvanman el Mar Sep 01, 2015 5:18 pm

Hola a todos, yo de nuevo aquí con la conti de esta historia. Gracias a todos los que comentaron Grd, liaesc, Kano chan, Aleinads y nat_volkatin, y a los que no comentaron pero leyeron también gracias. Espero siga siendo de su agrado. Very Happy



LA SALVAJE



Capítulo 2

Lena tenía planeado pasarse por la oficina un par de horitas, después de la partida de bridge, pero al final decidió irse a casa. Por alguna razón, se sentía completamente exhausta. Pulsó el número de marcación rápida de Phil y esperó a que descolgara.
—Phil al habla. —La voz profunda de Phillip Stevens resonó, metálica, en el interior del coche.
—Oh, hola, Phil. Soy Lena. Solo quería preguntarte si habían llamado de Kirby para confirmar que han recibido las plántulas bien.
—Sí. Llamaron justo después de comer. Otro cliente satisfecho.
—Qué alivio. Me alegro de que hayan quedado contentos.
—¿Por qué no iban a quedar contentos? —preguntó Phil—. Han conseguido un buen material a buen precio.
—Igual que hicimos nosotros, amigo mío —suspiró Lena—. En fin. Nos vemos mañana.
—¿Lena? Espera un segundo.
—¿Hay algo más?
—Sí. Ha venido una persona buscando trabajo.
Lena detuvo el coche ante una señal de stop.
—¿Ah, sí? ¿Quién?
El teléfono empezó a captar interferencias y el sonido se distorsionó.
—.Entró justo después de que te fueras, estaba con un cliente, así que no, el viejo Dave le dijo que por la mañana a las nueve y media. ¿Te parece bien?
—No te oigo bien. ¿A las nueve y media para una entrevista?
—Sí. Te he dejado el curriculum en el primer cajón de tú mesa. ¿De acuerdo?
—Muy bien, Phil. Le echaré un vistazo cuando llegue. Gracias de nuevo.
—No hay de qué. Adiós.
Lena apagó el móvil. No quería ilusionarse con lo del posible empleado. Tras el último fiasco, empezaba a dudar de su buen ojo con las personas.
En ocasiones como aquella echaba de menos a Rob. Él se tomaba ese tipo de cosas con más calma. En un momento lo habría tenido todo por la mano sin despeinarse. Echaba de menos eso.
De repente, sintió una punzada de culpabilidad. ¿Solo en momentos como aquel echaba de menos a su difunto marido? ¿Cuándo necesitaba ayuda para hacer algo que no le gustaba hacer, como llevar a los niños al dentista o entrevistar a aspirantes?
Bueno, no era del todo cierto, se dijo. En realidad sabía que en ocasiones habían discutido porque Lena pensaba que Rob nunca se tomaba las cosas en serio. Siempre parecía que no le importaban las deudas —y las habían tenido en los primeros años—, ni la hipoteca, ni los zapatos nuevos que había que comprarles a los niños.
Lena también sabía que ella ya se preocupaba bastante por los dos y a veces sentía que Rob se aprovechaba de ella en ese sentido. Le costó mucho tiempo controlar su tendencia a angustiarse por todo. Seguramente el dinero que heredó a la muerte de su padre la ayudó en este aspecto.
No es que fuera una fortuna, pero había pagado la hipoteca de la casa y la mayoría de las facturas. Dejando aparte el préstamo que habían pedido para abrir el negocio, con el dinero de la herencia habían conseguido quedar libres de deudas por primera vez desde que se casaron. También habían hecho algunas reformas en la casa para que la madre de Rob, que había quedadoviuda, pudiera instalarse con ellos en una especie de apartamento independiente, con baño y cocina propios, adosado a su casa. La madre de Rob la había ayudado mucho con los niños cuando Lena tenia que ir a trabajar al vivero, así que el arreglo había funcionado muy bien para todos.
Para cuando la madre de Rob volvió a casarse, un año antes de que muriera Rob, los niños ya eran lo bastante mayores para poder quedarse con una canguro de confianza al salir del colegio.
Lena enfiló el camino de la entrada con su coche familiar y se tomó un segundo para contemplar la casa. Se había enamorado de ella nada más verla, poco antes de que Rob y ella se casaran.
Se trataba de una casa de dos pisos hecha de ladrillos, en una manzana de nueva construcción. Diez años más tarde, la urbanización se había convertido en un pequeño asentamiento de casas de medio y alto standing. Los jardines que Lena había diseñado y plantado amorosamente habían echado raíces.
Además, justo antes de que Rob muriera, habían construido una piscina en la parte trasera.
A decir verdad, la casa era demasiado grande para ellos, se dijo Lena mientras esperaba que se abriera la puerta del doble garaje, pero aun así le encantaba el sitio. Siempre que llegaba a casa la invadía una agradable sensación de bienestar y toda la tensión del día se desvanecía por completo.
Aparcó el coche en el garaje y la puerta se cerró tras ella. El espacio destinado al otro coche estaba vacío, incluso más que de costumbre, dado que las bicicletas de los niños no estaban. Fliss y Adam habían ido a pasar unos días a la granja de su abuela y del esposo de esta. A los niños les encantaba visitar la granja y pasaban allí gran parte de las vacaciones escolares, siempre que Lena lo permitía.
Mientras esperaba que hirviera el agua para el té, Lena comprobó el correo. Después se llevó el té a la sala de estar y se arrellanó en su butaca favorita. Se quitó los zapatos y estiró los pies desnudos sobre la mesa de café. Hizo una mueca. Definitivamente no era la postura mas elegante que se le ocurría, pero ¿a quién le importaba?
Lena dejo el correo a un lado; no había nada interesante.
Dio un sorbito de té, rodeada de quietud. Empezaba a pensar que a lo mejor debería hacer algo con el apartamentito adosado, como alquilarlo otra vez.
Echó un vistazo a la puerta de la salita que daba al apartamento, consistente en un dormitorio grande, con baño, una cocina y una salita de estar.
Los últimos inquilinos, dos jóvenes estudiantes de la Facultad de Agricultura, lo habían alquilado durante el curso, pero hacía semanas que las clases habían acabado y se habían marchado a casa o a trabajar a otro lugar.
Al cabo de pocas semanas volvería a llegar una oleada de estudiantes a la ciudad, así que Lena sabía que no tendría problemas para encontrar nuevos inquilinos.
Su madre le decía que era demasiado arriesgado meter a extraños en casa, pero hasta el momento Lena no había tenido ningún problema. Además, tener el apartamento ocupado hacia que la casa pareciera. ., en fin, más viva. Desde la muerte de Rob, la casa parecía vacía. Físicamente, Rob había sido un hombre alto, de anchos hombros, y en cierta manera era como si llenara la casa con su sola presencia.
Era una sensación extraña, pero, durante el tiempo que estuvieron casados, Lena se había sentido a menudo abrumada por Rob, como si se ahogara. Allá donde fuera, Rob siempre estaba rodeado de ruido. Tras su muerte, Lena se sentía culpable al descubrir que disfrutaba del silencio. Sin embargo, solo saber que había alguien viviendo en el apartamento le hacía sentir la casa habitada. Puede que apreciara el silencio, pero añoraba la presencia de otro ser humano. En definitiva, lo que quería era lo mejor de ambos mundos.
Se levantó y volvió a la cocina y se preparó algo para picar. Después de la copiosa comida con el club de bridge no le apetecía nada pesado, así que optó por una ensalada ligera y se llevó el plato al comedor.
Estaba a media ensalada cuando se descubrió a si misma pensando en Yulia Volkova. Dejó el tenedor en la mesa y apoyó la barbilla en la mano.
Si era del todo sincera consigo misma, tenía que admitir que Yulia Volkova había estado
revoloteando en la periferia de sus pensamientos desde que Sandy había mencionado su regreso.
Lena recordaba a Yulia con tanta claridad como si la hubiera visto el día anterior, en lugar de casi doce años atrás. «¿Por qué no iba a recordarla?», se preguntó. Conocía a Yulia de toda la vida.
Bueno, de casi toda la vida: desde que Lena había vuelto con su madre a la ciudad natal de esta, después de que sus padres se divorciaran. En aquella época Lena tenia once años, así que, en resumidas cuentas, podía considerarse la mayor parte de su vida.
Yulia y ella habían estudiado en el mismo colegio, aunque Yulia iba tres cursos por detrás. Habían ido a institutos diferentes: Yulia, al instituto público y Lena, a una escuela privada para chicas, en Ipswich. De vez en cuando se cruzaban por la calle o se veían en los certámenes deportivos interescolares.
Yulia era toda una atleta, una de las estrellas de su instituto, mientras que Lena era un desastre con los deportes. No obstante, Lena siempre se quedaba a mirar los partidos y las competiciones en las que participaba Yulia. Netball, softball, hockey, natación. A lo largo de los años Yulia había sido miembro de todos los equipos. Lena se preguntaba a menudo de donde sacaría el tiempo para ir a todos los entrenamientos y, aun así, mantenerse al día con las tareas escolares, ya que también le iba relativamente bien en clase. Era ¿cómo se le podía llamar? Polifacética. Yulia Volkova era buena en todo lo que hacía.
Perdieron el contacto cuando Lena se marchó a la universidad, pero, cuando la enviaron al instituto público de la ciudad para hacer las prácticas de profesora, la primera cara que destacó de entre la marea de alumnos fue la de Yulia Volkova, con su cabello de punta teñido de negro, una sonrisa pícara en sus labios carnosos y unos ojos azules que estudiaban a Lena con serenidad.
Lena estaba terriblemente nerviosa el primer día y, por supuesto, tratándose de una clase de
alumnos de dieciséis y diecisiete años, estos se dieron cuenta del miedo que sentía. Lena supo que pretendían hacérselas pasar canutas y a punto estuvo de salir corriendo, presa de un ataque de pánico. Sin embargo, se las arregló para mantener la compostura el tiempo suficiente para presentarse.
Después de eso, Yulia la salvó, o eso sospechaba Lena. Yulia se levantó y le dio la bienvenida.
Entonces les recordó a sus compañeros que Lena había ido al colegio con sus hermanos y lo hizo sonar como si Lena fuera «una de los suyos». A partir de entonces las cosas fueron bastante bien. Todo gracias a Yulia Volkova.
Más tarde, en la sala de profesores, una compañera se interesó por cómo le había ido a Lena con la clase en su primer día. Cuando Lena contó lo mucho que tenía que agradecer a las amables palabras de Yulia Volkova, se hizo el silencio entre los demás profesores, antes de que prorrumpieran en exclamaciones de incredulidad.
—¿Yulia Volkova? —exclamó uno—. No te líes de esa pequeña descarada. Lo que quiere es engatusarte y que te confíes.
—Menuda alborotadora está hecha esa —estuvo de acuerdo otro.
La única que hizo un comentario medianamente positivo sobre Yulia fue May Stokes, la profesora de mayor edad del colegio.
—Yulia no es tan mala, dentro de lo que cabe —le dijo, mirándola por encima de sus gafas de media luna.
Los demás se rieron con escepticismo. Más adelante, May Stokes le explicó lo que había querido decir, mientras estaba sentada junto a Lena en el juicio.
¿Quién podía culpar a la niña? May Stokes le explicó a Lena que Yulia le daba mucha pena. Su hogar estaba destrozado. Su padre era un alcohólico y un maltratador, que se pasaba media vida en la cárcel. A su familia le traía sin cuidado con qué tipo de compañías alternaba Yulia, que hacía o adónde iba. No era de extrañar que Yulia Volkova se hubiera ganado el espantoso sobrenombre de la Salvaje.
 


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Re: LA SALVAJE

Mensaje por liaesc el Mar Sep 01, 2015 5:53 pm

Me esta gustando mucho esta historia, ya pronto aparece Volkova en escena..... felicidades

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Re: LA SALVAJE

Mensaje por flakita volkatina el Mar Sep 01, 2015 7:06 pm

Ohhhhhh mas mas mas
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Aleinads el Mar Sep 01, 2015 7:58 pm

Bueno, muy bueno... Aparece de a poco Yulia y se me hace mas intrigante el momento.
Gracias por la conti! Smile cheers
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Grd el Miér Sep 02, 2015 12:44 am

Como siempre la gente juzga sin conocer pobre yulia !
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por wendra222 el Miér Sep 02, 2015 12:48 am

Muy bueno no demores en la conti

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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Hollsteinvanman el Sáb Sep 05, 2015 9:07 pm

Hola, aquí con un capítulo más, se que es cortó, pero algo es algo no? prometo subir uno más mañana. Gracias a todos por comentar la historia. Espero les siga gustando Smile



LA SALVAJE



Capítulo 3

Lena cerró las puertas de su coche y corrió al despacho. Como siempre, Phil tenia café recién hecho. Lena exhaló un suspiro de agradecimiento.
—Huele de maravilla —dijo, mientras Phil le pasaba una taza humeante.
—Te he visto entrar en el aparcamiento y he supuesto que habías venido otra vez sin desayunar.
—¿Que te hace pensar eso? —le preguntó Lena, tras dar un sorbo de café—. ¿Y qué quieres decir con «otra vez»?
—Oía el ruido de tus tripas desde aquí.
Lena se puso la mano en la barriga.
—¡Eso no es verdad! A mí nunca me hacen ruido las tripas.
—Lo que tú digas, jefa. —Phil se encogió de hombros y le ofreció una bandeja de muffins recién hechos—.
Aparte de eso, los niños están con los abuelos, así que me imaginaba que no perderías el tiempo preparándote el desayuno.
Lena contempló los muffins. Eran de arándanos, sus favoritos, y no tardó ni un segundo en hincarle el diente, tras farfullar su agradecimiento. ¡Estaban tan tiernos!
—Ya sé que no es la primera vez que te lo digo, Phil, pero haces los mejores muffins del mundo.
Solo Dios sabe de dónde sacas el tiempo.
—Es solo cuestión de planificación y organización —dijo, masticando su propio muffin—. Y, hablando de planificación y organización, sería mejor para ti que te tomaras tiempo para desayunar tranquila. Con que pases a echarle un ojo a Ken durante las horas de trabajo ya vale. O, aun mejor, llámalo por teléfono. Ya sabes que la tienda la puedo abrir yo, no hace falta que vayas con prisas. El desayuno es la comida más importante del día.
—Es la primera vez que me salto el desayuno en toda la semana —le cortó Lena—. Y solo ha sido porque me he dormido.
Y la razón por la que se había dormido era porque había estado horas dando vueltas en la cama hasta que el sueño la había vencido. Le había costado mucho relajarse. Sus pensamientos no dejaban de volar hacia Yulia Volkova.
Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Yulia. Su cuerpo esbelto y flexible. Sus claros ojos azules. Y
su boca, con aquella sonrisa sardónica que era, al mismo tiempo, joven y adulta, ingenua y cínica.
Al evocar de nuevo todos los recuerdos que la habían mantenido desvelada durante la noche, una sensación cálida se le extendió por la boca del estómago. Lena se obligó a sí misma a volver a la realidad.
—Y a todo esto, ¿cómo sabes que he ido a ver a Ken? —le pregunto a Phil.
Phil se llevó un dedo a la nariz y sonrió ampliamente.
—Porque ha llamado Ken para decir que se ha olvidado de comentarte que necesitará la excavadora mañana en casa de los Grainger.
—Ya lo he arreglado. —Lena se lamió las últimas migajas de muffin de los dedos—. Ayer llame a Bill Parsons y me dijo que estaría allí a las ocho y media de la mañana. Tiene que hacer otro trabajo a primera hora, pero no le llevará mucho tiempo. Después vendrá directamente a hacer el nuestro. —Lena dio otro sorbo de café y dejó la taza sobre la mesa—. Llamaré a Ken para decírselo.
—Ya lo llamo yo. Tú acábate el café antes de que nos entre la primera tromba de clientes.
En aquel momento, un utilitario oxidado entró en el aparcamiento y Phil torció el gesto.
—¡Ay! ¡Demasiado tarde! Engulle el café que yo llamare a Ken. Día nuevo, dinero fresco.
Lena soltó una carcajada y salió a atender a uno de sus clientes habituales.
Una hora más tarde, Lena seguía atendiendo al flujo de clientes que no cesaba de llegar desde primera hora de la mañana. El último de ellos, la anciana señora Jorgenson, había comprado cubierta vegetal nueva para su galardonado jardín.
—Deje que le lleve esta al coche —se ofreció Lena.
Cogió una caja de cartón llena de mantillo de rosa con plantas y acompañó a la anciana al aparcamiento.
—Eres muy amable, Lena —le agradeció la señora Jorgenson con una sonrisa radiante.
Abrió el maletero de su viejo Ford y Lena depositó la caja con cuidado sobre la alfombrilla original.
Después cerró la puerta.
—En cuanto les aplique su magia, florecerán antes de que se dé cuenta.
—Magia o no, hay una única razón para que siempre venga a comprar aquí, Lena. Ya sé que soy la madre de una de tus amigas, pero vengo porque tus plantas son de buena calidad, cariño. Es lo que marca la diferencia. Y tu mantillo de rosa especial es uno de los secretos mejor guardados de mi jardín. Por supuesto, también vengo por el servicio —añadió con una sonrisa. La pelirroja se la devolvió.
—Estamos para servirla, señora.
—Todos tendrían que ser como tú, Lena —dijo la señora Jorgenson mientras se sentaba al volante
—. Hoy en día la gente ya no sabe tratar a los clientes.
La señora Jorgenson la saludó con la mano y se alejó en su coche. El aparcamiento se quedó vacío por primera vez desde que habían abierto. Lena exhaló un suspiro de alivio y volvió adentro. A lo mejor por fin podría acabarse el café, aunque estuviera frío.
En aquel instante, un gran estruendo la hizo parar en seco y, al volverse para detectar su procedencia, vio que un Gemini amarillo —que sin duda había visto mejores días— atravesaba la verja de entrada.
—Eso sí que es una entrada triunfal. . —murmuró Lena entre dientes.
Era evidente que el coche tenía roto el silenciador y no pasaría una inspección técnica obligatoria.
Lena volvió a su oficina y miró por la ventana, pero solo llegó a vislumbrar una pierna enfundada en unos vaqueros cuando el conductor del Gemini atravesó las puertas. Lena echo un vistazo al reloj. Eran las nueve y veinticinco. Y eso que parecía que no había ni un momento que había llegado al trabajo. ¿A dónde había ido a parar la última hora y media? ¿Las nueve y veinticinco? ¡Oh, no! Se había olvidado por completo de la entrevista de trabajo que había programado Phil. Phil debía de haberse olvidado también, porque, de lo contrario, se lo habría recordado. El candidato llegaría de un momento a otro y ella ni siquiera se había mirado el curriculum que le había dejado.
Lena tomó asiento, abrió el cajón y apenas tuvo tiempo de sacar el curriculum y dejarlo encima de la mesa antes de que llamaran a la puerta. Phil asomo la cabeza.
—Por suerte, las cosas se han calmado un poco. —Hizo una mueca de disculpa—. Ha llegado la persona que busca trabajo.
—¿Ya? —Lena gimió—. Si ni siquiera he podido. . —Suspiró con resignación—. Está bien, que pase, espero que sea bueno.
—Buena, en realidad —repuso una voz profunda. Una mujer de baja estatura pasó junto a Phil y entró en la oficina.
 
 
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Aleinads el Sáb Sep 05, 2015 10:07 pm

Cortito pero bonito, gracias por subir cap esta cada vez mejor... Quiero seguir leyendo, saber como sera el chisme en el pueblo que tiene mal parada a Yuli u.u
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Grd el Dom Sep 06, 2015 4:54 am

Uy esa misteriosa mujer es yulia! Smile No demores mucho con la conti please bounce
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por liaesc el Dom Sep 06, 2015 4:23 pm

Vaya escna triunfal, aqui esperando mas de esta historia, soon

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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Hollsteinvanman el Lun Sep 07, 2015 8:57 pm

LA SALVAJE



Capítulo 4

La mujer llevaba botas oscuras, unos vaqueros rotos, una camisa blanca con la parte de arriba desabrochada y una chaqueta fina de cuadros azul claro. Tenía las piernas más estilizadas que Lena había visto en toda su vida.
Su pelo era de color oscuro. Lo llevaba corto, peinado hacia atrás a los lados y con la parte de arriba despuntada. Sobre la frente le caían algunos mechones sueltos. Lena la habría reconocido en cualquier parte.
Tenía la cara más delgada, había perdido la redondez de la adolescencia, pero aquellos ojos azules claros seguían siendo inconfundibles.
Una vez recuperada de la sorpresa inicial tras volver a verla, Lena empezó a fijarse en lo que si había cambiado con los años. No se trataba solo de que hubiera crecido. Al prestar atención, se apreciaban otros detalles que hablaban también del paso del tiempo. Como, por ejemplo, que, por mucho que sus ojos conservaran aquel llamativo tono azul, parte del brillo ardiente que Lena recordaba se había desvanecido de su mirada y en esta no llegaba a reflejarse la sonrisa prudente que se insinuaba en sus carnosos labios.
Yulia Volkova. Yulia Volkova estaba allí. En busca de trabajo.
De pronto Lena tuvo el impulso de arreglarse el pelo y levantó la mano, aunque disimuló el movimiento ajustándose el cuello de la camisa con nerviosismo.
—Yulia. Hola. Yo. . tú. . —Lena se estremeció internamente e hizo un esfuerzo por recuperar la compostura—. Has vuelto —finalizó, a modo de comentario casual.
—¿Vosotras ya os conocíais? —preguntó Phil, mirándolas alternativamente, sin disimular la curiosidad.
—Más o menos. —Yulia soltó una risita que hizo que a Lena se le pusiera la carne de gallina.
Lena tragó saliva con dificultad. ¿Qué le estaba pasando? Ya sabía que Yulia había vuelto. ¿Qué había de extraño en que estuviera buscando trabajo?
—Fuimos al colegio juntas —le aclaró Yulia a Phil.
—¿Ah, sí? —se sorprendió este.
—Durante poco tiempo —musitó Lena con un hilo de voz. Tragó saliva de nuevo—. Yo iba algunos cursos por delante de Yulia.
—Menuda coincidencia. —Phil le extendió la mano—. Yo soy Phil Stevens. Trabajo aquí. Podría decirse que soy el «primo político» de Lena.
Yulia enarcó las cejas.
—Mi hermano está casado con la prima de Lena —explico Phil.
Yulia asintió.
—Ah. ¿La profesora o Sandy?
—Sandy.
—¿Stevens? —Yulia frunció el entrecejo ligeramente—. Entonces tú debes de ser el hermano mayor que estaba en la Marina y tu hermano debe de ser Steve. ¿Me equivoco?  Phil rió.
—Sí, estuve en la Marina y si, Steve es mi hermano. Mi hermano pequeño. ¿Puedes creerte que mis padres lo llamaran Steve Stevens? Es un alivio que no se les ocurriera cuando nací yo.
Yulia rió de nuevo.
—Me acuerdo de él. Es un tipo agradable.
—Todos los Stevens lo somos —aseguró Phil.
—¿Todos? —bromeó Yulia—. ¿Cuantos hay?
—Solo Steve y yo.
La risa surgió con facilidad entre ellos. Lena movió ligeramente su silla y las ruedas chirriaron. Al punto, tanto Yulia como Phil se volvieron hacia ella y la sonrisa de Yulia vaciló un ápice.
—Así que has venido a buscar trabajo —inquirió Lena en lo que esperaba que sonase a tono profesional.
Yulia inclinó la cabeza.
—Ayer vine a dejar mi curriculum. Hablé con el viejo Dave Smith.
Phil se frotó las palmas de las manos.
—¿Os apetece un café? ¿Lena? ¿Yulia?
Las dos declinaron el ofrecimiento.
—Muy bien. Entonces os dejo para que habléis.
Phil miró a Lena, esperanzado, y arqueó las cejas antes de salir. Una vez se hubo marchado, Lena no pudo evitar el deseo malsano de llamarlo para que regresara. Estaba acalorada y no se sentía nada preparada para realizar aquella entrevista. Ojalá hubiera podido mirar el curriculum de Yulia antes.
Al menos así ya habría estado sobre aviso.
—Siéntate, por favor —le indicó a Yulia.
Esta avanzó y tomó asiento frente a la mesa de Yulia. Una vez sentada, cruzó las piernas con naturalidad y se relajó en la silla.
Lena deseó tener la serenidad de la otra mujer. Estaba hecha un manojo de nervios y se le había encogido el estómago, como si en lugar de la entrevistadora fuera ella la entrevistada. Cierto, aquello le pasaba a menudo, sobre todo desde que había tenido que ponerse al frente del negocio. Sin embargo, en aquella ocasión era algo más.
Y si, Lena había pasado la noche anterior en vela solo por pensar en Yulia, sospechaba que encontrársela cara a cara le iba a provocar varios días de insomnio. Al ver a Yulia la habían asaltado los recuerdos; unos recuerdos que Lena creía haber enterrado para siempre y que no deberían haber vuelto a la superficie.
Yulia Volkova aún era muy atractiva; tan llamativa como siempre. Incluso más, por imposible que pudiera parecer. No obstante, Lena apartó aquel pensamiento de su mente. Ya le daría vueltas a eso luego.
Para disimular su incomodidad, Lena ojeó el curriculum que tenía encima del escritorio. Le echó un vistazo rápido, pero le costaba concentrarse en lo que leía, ya que su atención volvía irremediablemente al nombre de Yulia: Yulia Olegovna Volkova.
—No he podido. ., es decir. . —Lena tragó saliva y dejó el curriculum sobre la mesa—. ¿Por qué no me cuentas. ? —Lena se quedó sin aire y la voz le falló.
—¿Por qué quiero el empleo? —finalizó Yulia sin inmutarse.
Lena se obligó a sonreír y a actuar con normalidad, igual que Yulia.
—Bueno, para empezar.
—De acuerdo. La semana pasada, mi hermana, Becky, estaba hablando con alguien que había estado hablando con tu prima, Sandy, y le dijo a Becky que Sandy le había contado que estabas desesperada por encontrar gente. Y yo estoy desesperada por encontrar trabajo —Yulia puso cara de disculpa—.Me pareció una buena señal. Tú necesitas personal; yo necesito empleo. Además, me gusta trabajar al aire libre, así que sería un trabajo ideal. —Se detuvo y soltó una risita—. Lo que debería estar diciendo es que tengo experiencia en este campo. Lena echó un vistazo al curriculum y después a Yulia. Esta exhaló un suspiro.—Como sabrás, he estado en la cárcel. Cinco años, tres meses, una semana y dos días, para ser precisos.— Torció el gesto y sonrió, avergonzada de sí misma—. Créeme, lo conté. Yulia se irguió un poco en la silla.
—Durante la última parte de mi condena, estuve en la granja de la prisión. Podría decirse que es lo que me mantuvo cuerda y, además, aprendí mucho. Cuando salí, estuve trabajando varios años en un vivero en el norte de Nueva Gales del Sur y, cuando volví a Queensland, también estuve trabajando en un vivero de plantas hidropónicas bastante bien considerado. Eso fue el año pasado. —Señaló el curriculum—. Tengo referencias.
Lena intentó adoptar una actitud profesional.
—¿Y por qué dejaste ese trabajo?
Yulia apenas varió su expresión.
—Cambiaron de dueños y hubo un reajuste de plantilla. Algunos de nosotros, los que trabajábamos allí desde hacía menos tiempo, fuimos despedidos. Pero los dueños anteriores me dieron buenas referencias. Aparece en el curriculum. Aparte de eso, llevaba tiempo queriendo volver a casa, así que me pareció una buena oportunidad.
Lena volvió a fijarse en el curriculum y repaso rápidamente la experiencia laboral de Yulia.
Exceptuando un periodo de cinco meses, Yulia no había dejado de trabajar desde que había salido de prisión. Lena se preguntó por qué no había regresado a la ciudad en cuanto salió de la cárcel. Según el curriculum, ya hacía siete años. Seguro que...
—¿No volviste a casa cuando te pusieron en libertad?—se oyó a si misma preguntar.
Yulia agachó la mirada y se limpió una mota de polvo imaginaria de los pantalones.
—No —contestó.
Volvió a mirar a Lena a los ojos.
—No, en aquel momento no me pareció buena idea.
De repente sonó el teléfono y la pelirroja dio un salto.
—Disculpa un segundo —farfulló, mientras batallaba con el auricular.
—¿Lena? —sonó la voz de su suegra antes de que Lena pudiera responder al aparato.
—Rose. ¿Qué pasa? —Lena agarró el teléfono con más fuerza. ¿Les habría pasado algo a sus hijos?
—No pasa nada, querida. Deja de preocuparte tanto—repuso Rose Danielson—. Sólo te llamaba para
decirte que no hace falta que vengas a recoger a los niños el viernes por la noche. Charlie y yo vamos a bajar a conocer a nuestro nuevo nieto, así que te los llevaremos a casa y te ahorraremos el viaje.
—¿Vicky ya ha tenido al bebe? —se interesó Lena con una sonrisa.
Rose soltó una risita.
—Esta misma mañana. Un niño. Tres kilos seiscientos. Los dos están bien. Están todos contentísimos.
—Me lo imagino. Eso sí, que vida más dura le espera al pobrecito con cuatro hermanas mayores —añadió Lena.
—Eso mismo dijo Charlie. Pero él también está encantado. Solo tiene un nieto más. Aunque ya sabes que adora a las niñas.
—Lo sé. A todas ellas. ¿Cuántas son? ¿Dieciocho, verdad? —rió Lena—. Seguro que es un record.
—Es posible. De todas maneras, iremos a verlos el viernes y hemos pensado que lo mas fácil para ti sería que dejáramos a Fliss y Adam en el vivero después de ir al hospital. Los niños también quieren ver al bebe. ¿Te parece bien?
—Me parece perfecto, Rose. Gracias. Ah, y dales la enhorabuena a Vicki y a Tim de mi parte.
—Lo hare. Adiós, querida.
Lena colgó el teléfono y le sonrió a Yulia.
—Era mi suegra. Hace un par de años, Rose se casó con Charlie Danielson, de la granja Daydawn.  Los dos eran viudos y... —Lena se encogió de hombros—. En resumen, que el hijo de Charlie y su mujer acaban de darle el nieto numero veinte.
—¡Veinte! Tiene que armarse la de Dios cuando se reúne la familia entera.
—Pues si — rió Lena—. Súmale los míos a los veinte de Charlie y ya da para un equipo de fútbol.
Nuestro objetivo es llegar a dos, para poder jugar partidos.
—¿Tienes hijos?
—Sí, dos. ¿Puedes creértelo? Felicity tiene diez años y Adam tiene ocho.
—Yo tengo una hija —dijo Yulia.
Lena se quedó muy sorprendida.
—¿Ah, sí?
—Katie. —La expresión de Yulia se dulcificó—. Solo tiene cinco años. El año que viene empezará el colegio —explicó, con una amplia sonrisa—. Es..., bueno, es una niña estupenda.
Lena también sonrió, mientras se preguntaba si el padre de la niña también habría regresado con Yulia. La idea desató un torbellino de emociones encontradas en su interior. Las dos permanecieron en silencio unos segundos.
—Y tu..., el padre de Katie. . ¿A tu marido le gusta la ciudad? —preguntó Lena, horrorizada por no haberse podido contener.
Yulia se miró las manos.
—El padre de Katie y yo ya no estamos juntos.
—Oh, lo siento.
Yulia asintió.
—No funcionó —Jugueteó, nerviosa, con los hilos del pantalón—. ¿Así que te casaste con Rob Weston?
Lena se puso seria de nuevo.
—Sí, hace casi once años.
—Tenía la impresión de que no te gustaba cuando iba detrás de ti en el instituto.
—¿Te acuerdas de eso? —Lena se encogió de hombros—. Supongo que mejoró con el tiempo —dijo, con toda la naturalidad con la que fue capaz.
—Y su persistencia dio fruto.
Lena hizo una mueca.
—Eso ya no sabría decirte.
—Siempre le gustaste, aunque, como he dicho, no me parecía que su entusiasmo fuera correspondido. Lena volvió a encogerse de hombros.
—Tuvimos un buen matrimonio —dijo con cautela.
Yulia desvió la mirada.
—Becky me dijo que murió hace un par de años.
—Así es.
—Tuvo que ser muy duro para ti.
Lena asintió. Por alguna razón, no quería hablar de Rob con Yulia. La hacía sentirse culpable, aunque no sabía muy bien por qué. Más dueña de sí misma, Lena retomó el curriculum de Yulia.
—Bueno, ¿por dónde íbamos?
—Estaba a punto de empezar a suplicarte que me dieras el trabajo —bromeó Yulia.
El tono profundo y burlón de su voz ejercía un efecto turbador en Lena, muy a su pesar.
—Oh, no. Por favor, no lo hagas. Odio ver suplicar a una mujer —respondió Lena, tratando de
imitar el tono distendido de Yulia.
Yulia se rió y se puso en pie.
—Yo también, especialmente si soy yo.
Caminó hasta la puerta y contempló el vivero.
—Menudo sitio tienes montado aquí. El viejo Dave me enseñó ayer el vivero y me dijo que tenéis suministros de jardinería aquí al lado y también un servicio de paisajismo.
—Así es. Ken Leeson lleva esa parte del negocio y allí también nos falta gente, así que puede que parte del trabajo sea ayudar a Ken. Es un trabajo que requiere esfuerzo físico, me temo.
—Estoy bastante en forma y tengo ganas de aprender.
Lena no pudo evitar darle un repaso rápido al esbelto cuerpo de Yulia. Si que parecía estar en forma.
Y…Lena tragó saliva rápidamente.
—Sí, bueno, la mayor parte del trabajo será aquí. Estamos buscando a alguien que trabaje con Ken a tiempo completo, pero todavía no hemos encontrado a la persona apropiada. A no ser que conozcas a alguien que busque trabajo —preguntó, medio en broma.
Yulia frunció el entrecejo ligeramente.
—De hecho, sí. Mi sobrino, Kerrod, el hijo mayor de Johnno. Acaba de cumplir diecisiete años y ha acabado el instituto este año.
—¿No le interesa el negocio familiar? —preguntó Lena.
—No. Y a Johnno ya le parece bien. Creo que ha puesto todas sus esperanzas en su segundo hijo para que siga con el negocio familiar de los camiones. Si quieres, puedo ver si a mi sobrino le interesa.
—De acuerdo. Dile que me llame.
Lena miró de nuevo el curriculum. Las referencias eran muy buenas, cualquier empresario se daría cuenta.
No obstante, Yulia Volkova había estado en la cárcel.
—Los números de contacto están ahí y todos están actualizados. Cualquiera de las personas que me han dado sus referencias estará encantada de hablarte de cómo trabajo, si quieres comprobarlo —dijo Yulia.
Lena asintió y se ruborizó un poco. Era como si Yulia le hubiera leído el pensamiento. No había razón para que Lena dudará en darle el trabajo a Yulia. Estaba sobradamente cualificada. Sin embargo. .
—Espero que el tiempo que pasé en la cárcel no sea un problema —apuntó Yulia en ese momento Lena levantó la mirada hacia ella.
—No. No, claro que no.
Volvió la página, a sabiendas de que cada vez estaba más sonrojada. Lena sabía que sus reservas no tenían nada que ver con los antecedentes penales de Yulia. Sus dudas tenían una raíz mucho más profunda y secreta.
Si Yulia hubiera sabido que las verdaderas razones de su reticencia no tenían nada que ver con su pasado en prisión. . Ahora bien, siendo justa, Lena sabía que no podía arruinar la oportunidad laboral de Yulia porque ella se sintiera confusa después de tantos años. Lena se obligó a concentrarse en las palabras del curriculum.
—¿Tienes permiso para conducir excavadoras? —se asombró.
—Excavadoras, elevadoras y cargadoras. —Yulia se encogió de hombros—. Soy una mujer de múltiples talentos.
—¿Podrías manejar la cargadora en la sección de suministros?
—Seguro que sí.
—Y, dado que los camiones no te vienen de nuevo, supongo que llevar nuestro camión de reparto no te supondría ningún problema.
Yulia sonrió ampliamente.
—En absoluto.
—Bueno, he de decir que estoy impresionada. —Lena sonrió—. Supongo que no hay nada más que decir, salvo ¿cuándo puedes empezar?
La sonrisa de Yulia se ensanchó aún más. En un par de pasos cubrió la distancia que la separaba de la mesa de Lena.
—¿Qué tal mañana?
—De acuerdo
Lena se puso de pie y, cuando Quinn extendió la mano, ella se la estrechó automáticamente por encima de la mesa. El apretón de manos de Yulia fue firme y Lena fue extremadamente consciente de la calidez de sus dedos: una sensación que conservó durante un buen rato, incluso después de que Yulia la hubiera soltado.
 
 
 
CONTINUARÁ... Arrow 




Seguramente no se esperaban que Yulia tendría una hija no? Espero les haya gustado. Gracias por leer y comentar Very Happy
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Aleinads el Lun Sep 07, 2015 10:13 pm

De verdad que no me esperaba eso de la hija de Yulia, fue... Una muy grata sorpresa, gracias por la continuación cada vez se pone mejor Smile . Me gusto el primer encuentro después de los años que han pasado, ya quiero saber como va la historia y la convivencia *-* I love you Very Happy
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por flakita volkatina el Miér Sep 09, 2015 8:56 am

Me agrada q julia tnga hija.. sin duda eso lo hara mas q interezante
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Raque el Vie Sep 11, 2015 10:50 pm

No me esperaba una hija de Yul...!! I love you

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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Hollsteinvanman el Sáb Sep 12, 2015 9:32 pm

Gracias a todos por sus comentarios Alenaids, Flakita Volkatina, Raque, me alegra que les guste la historia. Y a todos los que la leen en general. Very Happy



LA SALVAJE



Capítulo 5


—Hay una pila de impresos que rellenar —se apresuró a decir Lena, al tiempo que se volvió hacia un archivador que habla detrás de la mesa.
El corazón le latía con fuerza en el pecho y se tomó más tiempo del necesario para coger los documentos, en un intento de serenarse.
—¿Que sería de nosotras sin papeleo? —comentó Yulia cuando Lena le pasó los impresos.
—Viviríamos más tranquilas. Por lo menos yo, que quieres que te diga. El papeleo me trae de cabeza. ¿Quieres rellenar los impresos ahora?
Yulia se encogió de hombros.
—Claro, ¿por qué no?
—Ay, casi se me olvida. —Lena le pasó a Yulia otro formulario y le explicó que tenía que encargar su uniforme. Todos llevaban pantalones cortos de color verde oscuro y una camisa verde claro en verano, mientras que en invierno llevaban pantalones anchos y chaqueta.
—Los uniformes te los daremos nosotros, así que no te supondrán ningún gasto. La casa que nos los confecciona te tendrá la camisa personalizada con tu nombre en un par de días.
Lena se señaló el pecho, donde llevaba su nombre bordado en verde oscuro sobre el bolsillo de la camisa, justo encima del nombre del establecimiento: R&R Jardinera y Paisajismo. La mirada de Yulia se paseó por el pecho de Lena y, aunque esta era consciente de que el interés de la pelinegra era un reflejo inocente, la atención de la otra mujer le produjo un cosquilleo en el estómago. Enseguida se recompuso.
—¿Por qué no te sientas aquí y usas mi mesa? —añadió en el acto—. Te resultara mas cómodo para rellenar los formularios. Cuando acabes, sal y te daré una vuelta por el complejo. Así veras lo que el viejo Dave no te llegó a enseñar ayer.
—De acuerdo —repuso Yulia con una sonrisa.
Lena giró sobre sus talones, salió del despacho y se dirigió al centro de jardinería a toda prisa, con la cabeza hecha una confusa maraña de pensamientos caóticos.
—Perdón por no recordarte lo de la entrevista. —Phil se materializó junto a Lena y ella se encogió de hombros—. ¿Y bien? —inquirió con interés—. ¿Qué te ha parecido? ¿Servirá?
—Creo que sí —repuso la pelirroja, prudente.
Phil estaba más que entusiasmado. Lena lo miró de reojo. Era un hombre atractivo, tal y como su prima Sandy no cesaba de repetirle. Estaba divorciado y, también según Sandy, era un marido perfecto que se estaba desaprovechando.
—Puede empezar mañana.
—¿Mañana? —Phil sonrió de oreja a oreja—. Eso es genial. ¿Tiene experiencia en este tipo de trabajo?
Lena asintió.
—Ah, sí. Y sabe manejar la cargadora y el camión.
—¿En serio? —La sonrisa de Phil se volvió radiante—. Con lo buena que está y encima sabe conducir un camión. Es el descubrimiento del siglo.
Lena le echó una mirada a Phil. Normalmente no hacia aquel tipo de comentarios machistas. ¿Acaso le gustaba Yulia? ¿Y por qué no iba a gustarle?, se preguntó con ironía. Yulia era verdaderamente arrebatadora. Pequeña pero atractiva. Irradiaba una imagen de salud y buena forma física. Y ni siquiera Lena podía negar que emanaba una gran sensualidad.
Algo se prendió fuego en su interior, un sentimiento indefinido que rehusó analizar. Ni siquiera quiso admitir que no era la primera vez que lo sentía y, en lugar de aceptarlo por lo que era, se despreció a sí misma por ello.
No era asunto suyo quien le gustara a Phil. Y a Yulia Volkova tampoco. Lena recompuso el semblante y se obligó a reír a su vez.
—¿Y encima sabe conducir un camión? ¿Me ha parecido oír un comentario machista, Phil Stevens? ¿Por qué una mujer no va a poder ser atractiva y saber manejar maquinaria pesada?
Phil levantó las manos en un gesto de rendición.
—No tenía intención de parecer machista, lo juro. Ya sabes a qué me refiero.
Lena sospechaba que sí, lo sabía. Mejor de lo que él se imaginaba. Sin embargo, no era el momento de ahondar en sus motivaciones, del mismo modo que no lo había hecho años atrás.
—Esperemos que esta vez hayamos dado en el clavo —apuntó Phil—. Después del último gamberro ya no me fio de mi intuición.
—Se cómo te sientes —confesó Lena—. De todos modos, Yulia también tiene algo de experiencia en paisajismo, así que, a malas, podrá ayudar a Ken.
Phil puso los brazos en jarras.
—Parece demasiado bueno para ser verdad. Pero, al fin y al cabo, estamos desesperados, ¿ No es así?
A caballo regalado no le mires el diente. ¿No crees?
Lena titubeó. ¿Debía hablarle a Phil de los antecedentes penales de Yulia? Después de todo, todo el mundo lo sabía. Sin embargo, Phil estaba en la Marina cuando sucedió todo aquello y, al parecer, si es que alguien le había hablado de ello, estaba claro que lo había olvidado. Lena guardó silencio.
No era asunto de nadie, salvo de Yulia. Yulia ya había pagado por su error y, por lo que a Lena respectaba, no había nada más que decir.
—Eso sí, no creo que debamos dejarla trabajar con Ken —dijo Phil. Lena arqueó las cejas,
sorprendida—. ¿Qué pasa si quiere quedársela? Estaríamos otra vez como al principio.
Lena soltó una risita.
—¿Quieres decir que deberíamos hacernos los suecos y quedárnosla para nosotros solos?
—Exactamente —afirmó Phil, con fingida seriedad—. Mucho mejor quedárnosla solo para el vivero.
Los dos se echaron a reír. En ese momento llegó Yulia y ambos se volvieron hacia ella. Esta los miró alternativamente, con el entrecejo ligeramente fruncido. Lena se preguntó que estaría pensando, pero la expresión de Yulia era inescrutable.
—Le estaba diciendo a Phil que por fin tenemos una nueva empleada —dijo rápidamente. Se volvió hacia Phil—. Y, además, parece ser que Yulia tiene un sobrino que busca trabajo. Va a preguntarle si le interesaría trabajar con Ken.
—¿También tiene tanta experiencia con maquinaria pesada como tú? —preguntó Phil con naturalidad.
Yulia se relajó.
—Bueno, es joven. Pero creo que le gustara el trabajo físico.
Un cliente reclamó la atención de Phil y este se apresuró a salir para atenderlo.
—¿Has acabado con el papeleo?
Yulia asintió.
—Te lo he dejado encima de la mesa.
—Genial. Entonces vamos. Te enseñare todo esto.
Lena abrió la marcha y fue señalando las diversas secciones del vivero, sin ser consciente de que se le iluminaban los ojos cada vez que hablaba de su tema favorito.
Básicamente, había sido ella la que había convencido a Rob de abrir el negocio. Además, aunque en aquella época Rob sabía mucho más de horticultura que Lena, la había necesitado para organizar la parte comercial y para animarlo y mantenerlo motivado. Hasta después de su muerte, Lena no se dio cuenta de cuanta energía le había estado dedicando.
Después de enseñarle a Yulia la distribución del centro de jardinería, atravesaron la verja que llevaba al área de paisajismo y suministros.
Apoyado en el capó de una camioneta abollada, había un hombre de facciones duras, de cuyos labios colgaba un cigarro enrollado de manera descuidada. Cuando Lena y Yulia se aproximaron, se irguió.
—Dios, el viejo Dave se mueve cada vez más rápido últimamente. Creía que tendría que pasarme media hora esperando. —Esbozó una sonrisa dentuda y le pasó a Lena un albarán—. Dos metros del número ocho.
Gracias, Len. ¿Vas a cargarme, cariño?
El hombre estalló en carcajadas ante lo que consideraba un gran chiste. La pelirroja sonrió.
—Ya sabes que esa máquina monstruosa me odia, Jock. —Se volvió hacia Yulia—. A todos les parece la mar de gracioso cuando me subo encima de esta bestia. Todo por un pequeño accidente que tuve hace tiempo, al poco de abrir.
—¿Así que un pequeño accidente? —Jock rió de nuevo—. La compañía de seguros estuvo en un tris de declarar la camioneta de Mike siniestro total.
—Bueno, Lena, se nos presenta la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro —intervino Yulia
—. Yo puedo encargarme de cargar el camión y así tú compruebas mis credenciales. —Extendió la mano—. ¿Tienes las llaves?
Lena sacó las llaves del bolsillo, seleccionó la que correspondía a la cargadora y se la entregó a Yulia.
—Adelante.
—Dios nos libre, una mujer al volante —exclamó Jock.
Yulia se dirigió a la cargadora y se deslizó al interior de la cabina. Lena y Jock la observaron mientras la cargadora se ponía en marcha con un rugido. Yulia manejó la pala con mano experta, la llenó de grava, dio marcha atrás y se dirigió al camión.
—¿Quién es? —quiso saber Jock, por encima del rugido del motor.
—Nuestra nueva empleada, Yulia Volkova.
Jock se volvió para mirar a Lena con los ojos entornados y exhaló una bocanada de humo.
—¿La hija de Oleg Volkov? ¿La que estuvo en el trullo?
Lena asintió. Yulia vació la pala de grava en el remolque de la camioneta, sin que cayera apenas un guijarro.
—¿Cuánto hace que esta fuera? —preguntó Jock, mientras Yulia aparcaba la cargadora con el borde de la pala tocando tierra.
—Unos siete años, creo —contestó Lena.
Yulia apagó el motor. Jock echó un vistazo a la parte de atrás de su camioneta recién cargada y después miró a Yulia. Finalmente le pasó a Lena el albarán para que lo firmara, sin decir una palabra. Con un gruñido indefinido, montó en el camión y se marchó. Yulia volvió junto a Lena y le devolvió la llave con una sonrisa.
—¿Qué? ¿He aprobado?
—Con nota. Has dejado a Jock sin habla —añadió, con aspereza.
Yulia hizo una mueca.
—Pues eso no es cosa fácil. Si no recuerdo mal, Jock trabajó con mi padre y con Johnno hace años.
Las dos regresaron a la oficina.
—No te olvides de pasar por la tienda para encargar tus uniformes —le recordó Lena.
—Aja. ¿A qué hora quieres que empiece mañana? --preguntó Yulia.
—A las ocho y media. Tenemos una lista de turnos y horarios, así que organizaré una nueva para que sepas que días tienes libres. Ah, y somos bastante flexibles en ese sentido, en la medida de lo razonable.
—Muy bien, de acuerdo. —Lena hizo una inclinación de cabeza—. Nos vemos mañana.
—Sí. Bienvenida a bordo —le sonrió Lena—. Tengo muchas ganas de trabajar contigo
—Yo también.  Yulia le dedicó una última sonrisa antes de dar media vuelta y alejarse.
Lena se quedó de pie, contemplándola. Deseaba desesperadamente no haber cometido un error. Y, en ese sentido, el hecho de que Yulia fuera una ex convicta era la menor de sus preocupaciones.
 
 
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Aleinads el Sáb Sep 12, 2015 10:52 pm

Jajaja le preocupan mas esos sentimientos encontrados, y si supiera que no es la única xD ... Buenísima la conti! cheers cheers
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por flakita volkatina el Dom Sep 13, 2015 2:11 am

Jajajajajaja siempre lena en plena contradiccion de lo q siente esa mujer se le hara un nudo en la cabeza... genial la conti... y me has dejado con ganas d mas Smile
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Grd el Dom Sep 13, 2015 3:23 am

Genial! Hasta ahora no noto ninguna actitud de yulia salvaje. Sera su caracter? No demores Smile
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Re: LA SALVAJE

Mensaje por Hollsteinvanman el Vie Sep 18, 2015 10:33 pm

Hola, les dejó mas de esta historia, gracias por sus comentarios. Smile 




LA SALVAJE


Capítulo 6


Lena condujo hasta el vivero, tarareando una melodía de los sesenta que sonaba en la radio. Acababa de pasar por la dirección del ultimo encargo para ver cómo le iba a Ken con la nueva incorporación y había comprobado que Ken estaba encantado con el joven sobrino de Yulia. Ken le había dicho a Lena que, si el tiempo acompañaba, y teniendo en cuenta las vacaciones de Navidad y Año Nuevo, se habrían puesto al día con los encargos a mediados de enero.
Por si fuera poco, Ken acababa de descubrir que el joven Kerrod había trabajado con un especialista en pavimentos durante las últimas vacaciones escolares. Según dijo a Lena, el muchacho era tan competente que iban a acabar el trabajo que tenían entre manos una semana antes de tiempo.
Al parecer había tomado la decisión correcta al darle una oportunidad a Kerrod Volkov. Estaba trabajando muy bien con Ken, al igual que Yulia, a quien también le iba muy bien en el centro de jardinería.
Lena sonrió. El día anterior, sin ir más lejos, el viejo Dave, que normalmente era más bien taciturno, había comentado que no sabía que habría hecho sin la ayuda de Yulia en la sección de suministros. Y Phil, por su parte, no dejaba de cantar sus alabanzas.
La sonrisa de Lena se desdibujó. Lo único malo hasta el momento era la actitud que había mostrado su prima Colleen el día anterior, durante su reunión con el club de bridge. Y, sobre todo, su inquietante revelación, que había caído como una bomba sobre el ánimo de Lena. En aquella ocasión, su partida quincenal había tenido lugar en casa de Colleen y Lena había llegado pronto por primera vez desde hacía siglos.
—¿Y esto? —Colleen fingió estar enormemente sorprendida—. Lena ha llegado antes de que repartamos las cartas. No me lo puedo creer.
Lena echó un vistazo a su reloj de pulsera.
—Solo llego cinco minutos antes. No es para tanto.
—El hecho de que llegues pronto en sí mismo ya es toda una novedad —apuntó Colleen.
—Venga ya, no me riñas, Col —protestó la pelirroja, sin mostrarse enojada—. Ya sabes que no llego tarde a propósito. Es culpa del trabajo.
—Pero no hoy, a nuestra última reunión —dijo Sandy alegremente—. Es una buena manera de acabar el año.
—Cierto —sonrió Lena—. Y otra buena manera de acabar el año es poder decir que me he puesto al día con el papeleo, sobre todo gracias a que hemos solucionado los problemas de personal.
—¿Al final has encontrado a alguien? —se interesó Rhonda, mientras Lena tomaba asiento a la mesa de juego—. Eso es fantástico. ¿Cuándo?
—Al día siguiente de nuestra última partida, ahora que lo mencionas. Phil había concertado una entrevista con una mujer y fue bien, así que. . —Lena se encogió de hombros—. Empezó al día siguiente. Tiene experiencia en el sector y, lo que es aún mejor, sabe conducir esa maldita cargadora.
Sandy arqueó las cejas.
—¿En serio?
—Así que es una mujer. . —intervino Colleen. Rhonda soltó una risita.
—Muy bien, sigamos las pistas. No es un hombre, así que tiene que ser una mujer.
Todas rieron.
—Muy graciosa. —Colleen le dedicó una mueca a Rhonda—. Lo que quería decir es que me sorprende que hayas contratado a una mujer, Lena. A la mayoría de mujeres no les gusta ese tipo de trabajo.
—¿Quiénes son la mayoría de mujeres? ¿Te refieres a alguien en concreto? Piensa lo que quieras, pero resulta que a mí me gusta —respondió Lena—. ¿Y exactamente de qué tipo de trabajo estamos hablando?
—Ya sé que a ti te gusta, Lena, lo único que digo. . Ah, por amor de Dios, ya no se ni lo que digo.
Olvídalo.
¿Quién es ella? ¿Vive por aquí? ¿Cuántos años tiene? ¿la conocemos?
—Y no te olvides de que talla de ropa interior lleva —bromeó Sandy—. Eres la típica profesora,
Colleen.
Preguntas y más preguntas. ¿Y si dejamos que nos lo cuente Lena?
—Es que Lena necesita que le den un empujoncito —repuso Colleen—. Ya sabes que conseguir que nos cuente algún cotilleo es como querer sacarle una muela.
—A esto no se le puede llamar cotilleo, Colleen—empezó Sandy, pero su hermana la silenció con una mirada.
—Sera mejor que desembuches, Lena —sugirió Rhonda—. O no empezaremos la partida hasta mañana.
—Bien. —Lena titubeó, súbitamente reacia a mencionar a Yulia Volkova.
—¿Que os había dicho? —saltó Colleen, encogiéndose de hombros, con las palmas de las manos levantadas—. Como sacarle una muela.
—Déjala hablar, Colleen —la reprendió Sandy, antes de volverse de nuevo hacia Lena, con expresión expectante.
—En realidad —empezó de nuevo Lema—, la conocéis todas. Nació aquí, pero ha estado. . —Lena
volvió a interrumpirse—. Ha estado fuera unos años y acaba de regresar. —la pelirroja tragó saliva.
Colleen sacudió la cabeza.
—¿Y?
—Y se trata de Yulia Volkova.
Por una vez, las demás mujeres se quedaron sin habla.
—Sí que habíamos oído que había vuelto a la ciudad—dijo Sandy, prudente—. Recuerdo que lo comentamos en la última reunión.
—¿Ha estado fuera? —Colleen soltó una risotada—. Solo tú serias capaz de decirlo así, Lena.
Yulia Volkova ha estado fuera en la cárcel, ahí es donde ha estado.
—Ya lo sé, Colleen —se apresuró a decir Lena—. Pero ya ha cumplido su condena y esta. . Bueno, está intentando seguir adelante con su vida.
—Y apuesto a que el joven Mark Herron habría querido seguir con la suya también, si Yulia Volkova no lo hubiera matado. Dicho lo cual, Colleen se puso las gafas y empezó a barajar las cartas. Sandy miró a Lena y puso los ojos en blanco.
—No seas injusta, Colleen. Los demás fueron tan culpables de lo que pasó como Yulia. Todo el mundo llegó a la misma conclusión con el paso del tiempo.
Colleen lanzó un hondo suspiro.
—Entendido, entendido. Supongo que tienes razón —admitió, reacia—. Sencillamente, siempre me pareció que la vida de Yulia Volkova estaba abocada al desastre desde el momento en que nació.
—Me pregunto lo que opinara Laurel Greenwood de que Yulia Volkova haya vuelto a casa. —Rhonda cogió las cartas que Colleen le había repartido—. Nunca ha querido que le saquen el tema y menos ahora que Mike está pensando en meterse en política. No les interesa que siga hablándose tan descaradamente de los deslices de Laurel.
—¿Deslices? Tampoco habría que escarbar mucho —exclamó Colleen con sorna—. Menudo elemento era esa también.
—Se suponía que Laurel era la mejor amiga de Yulia. —Sandy negó con la cabeza—. La verdad, fue muy triste. Nunca entendí por qué no dio la cara en el juicio. Porque no fue, ¿verdad, Lena?
Sandy se volvió hacia su prima. Lena frunció el entrecejo.
—No, no fue. Pero aún estaba en el hospital. Como es natural, le tomaron declaración allí.
—Los pobres padres de Laurel sí que estaban acostumbrados a sufrir. Eran unos expertos en sacar de apuros a esa pequeña delincuente —afirmó Colleen—. Oí decir que fueron ellos los que lo arreglaron para que Laurel se quedara en el hospital. Por lo que yo recuerdo, no estaba tan grave.
—Bueno, de todas maneras tampoco es que tuviera mucha importancia, una vez que Yulia se declaró
culpable —señaló Lena.
—¿Y cómo es Yulia Volkova ahora? —preguntó Rhonda.
Lena se encogió de hombros y mantuvo una expresión indiferente.
—Está igual. Mas mayor, claro está. Tiene buen aspecto; esta en forma.
—Era guapa, eso no lo negaré —Colleen frunció el entrecejo—. Debió de ser hace. . ¿Cuánto dijimos? ¿Doce años? No puede ser que haya pasado en la cárcel todo ese tiempo, ¿o sí?
—No, ha estado trabajando aquí y allá bastante tiempo, hasta que ha decidido volver a casa.
Colleen arrugo aún más el entrecejo, mientras se arreglaba las cartas en la mano.
—¿Y por qué ha vuelto ahora? ¿Por qué no volvió cuando murió su madre? Me parece raro.
Lena guardó silencio y Colleen le echó una mirada por encima de las gafas.
—Me preocupa, Lena.
—¿El qué?
—Que hayas contratado a Yulia Volkova. Todo esto.
—La verdad, no veo por qué —saltó enseguida Lena—. Sus referencias son excelentes y, créeme, no tengo ninguna queja de su trabajo.
—Phil es un hombre sensato. ¿El qué piensa de ella? —quiso saber Sandy.
—Me consta que está de acuerdo conmigo —le respondió Lena.
Por irracional que pudiera parecer, le indignaba que Sandy pudiera creer que la opinión de Phil valía más que la suya.
—La cuestión es: ¿nuestra fierecilla ha perdido al fin las garras? —apuntó Colleen en un tono siniestro . —Como dije antes, Yulia ha sido un imán de problemas toda la vida.
—Ha cumplido su condena, Colleen —le recordó Lena a su prima—. Creo que merece una oportunidad para empezar de cero, si no por ella misma, al menos sí por su hija.
De nuevo se hizo el silencio.
—¿Yulia Volkova tiene una hija? —pregunto Colleen, atónita.
—Se llama Katie y tiene alrededor de cinco años, me parece.
—Bueno, ¿quién se lo iba a imaginar? —comentó Sandy—. ¿Has conocido a su marido, Lena?
—Me dijo que el padre de la niña y ella ya no estaban juntos.
—Vaya, vaya. —Sandy negó con la cabeza—. Yulia Volkova con familia. Es difícil de imaginar. Es decir, yo la recuerdo como una adolescente problemática, pero supongo que ahora tendrá ya unos treinta años. Todas nosotras habíamos formado una familia antes de los treinta, así que, mirándolo de esa manera, no resulta tan extraño.
—Con treinta años o con cuarenta, a mí sí que me sorprende —dijo Colleen—. Dejando a un lado el pasado de Yulia, la verdad es que siempre había pensado que era de la otra acera.
 
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