ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Mayo 10, 2017 12:55 am

Oh Pei me he releído la historia y cada capítulo es inquietante no tardes en postear por favor que me dejas con el pendiente de que pasó con Yulia y su mamá
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VIVALENZ28

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por pei_17 el Mar Mayo 16, 2017 10:53 pm

Kano chan: que bueno que te guste, acá dejo un poco mas, espero sepas disculpar el tiempo. Se hace lo que se puede. Saludos
Zaninivolk: Pido disculpas por el tiempo, voy a hacer el intento de no extenderme tanto. Gracias por seguir al pie la historia, espero te siga gustando. Saludos.
VIVALENZ28: Gracias por comentar, la historia va a tener muchas cosas y van a estar sus cambios. Acá dejo mas continuación y se termina la intriga de eso. Saludos.



Alemania, Berlín




-Kasia ¿Ya tienes todo listo?

-Creo que sí, esto es todo-afirmo.

-¿Y las cosas de Lila?

-Junto a la puerta-señalo- prepare todo lo de ella antes.

-Muy bien- apremio Adila dándole un beso en la frente- yo ya tengo listas las cosas de tu padre.

-¿Todo bien por aquí?-pregunto Eryk entrando.

-Eso quisiéramos creer- murmuro Adila.

-Oh Adila…- dijo acercándose a ella- siento tanto esto, pero…

-Lo sé Eryk- interrumpiéndolo- lo sé. Siento tanto causar tantas molestias, si no fuera por toda esta locura…

-Oye, nada de eso importa-acariciando se rustro- somos familia Adila, recuerda eso siempre. Quiero que estén bien. Quiero que todos lo estemos- dijo.

-El auto ya está aquí, Eryk- afirmo su esposa entrando.

-Bien- asintió.

-Iré por Lila ahora mismo- dijo Kasia antes de salir.

-Déjame ayudarte con las maletas- dijo Eryk- Patryk ya está esperando abajo- comento. Adila simplemente asintió en silencio, dando un último vistazo alrededor antes de marcharse.

Adam les había dado la valiosa información que pronto una vez más, la fábrica seria visitada por los nazis. No sabía exactamente  cuando eso iba a suceder, pero era mejor actuar en cuanto antes y no llevarse una sorpresa. Milagrosamente Eryk no estaba bajo ninguna sospecha esta vez, solo que había ciertos rumores de algunos de sus empleados, así que irían por ellos y seguramente en busca de alguna cosa más en aquella fabrica de la escuchaban tantos rumores. Eryk y los demás ahora veían lo afortunados que eran al tener a Adam para que les comunicara las cosas y ellos poder estar un paso antes. Aunque eso no podía garantizarles demasiado.

-No se olvidan nada ¿cierto?-pregunto Eryk.

-Como si nunca hubiéramos estado- comento Adila viendo entrar a Kasia junto con Lila.

-Bien, supongo que eso es todo- dijo Patryk.

-Los Milch son buenas personas hermano, se sentirán como en casa- comento haciendo sonreír a Adila de manera extraña.

-Eryk…- murmuro su esposa.

-Lo sé, lo sé- asintió- vamos a seguir en contacto, no duden de eso. En cuanto las cosas aquí se calmen se lo haremos saber.

-Está bien- asintió Patryk antes de abrazarlo. Los demás también se tomaron su tiempo para despedirse.

Toda la familia Borek ya había partido por la parte trasera de la fábrica, Eryk se decidió de darles un último vistazo cuando el sonido de un puerta al abrirse lo sobresalto.

-Padre…- entro Adam agitando. Eryk no necesito de muchas explicaciones, simplemente los ojos de terror de su hijo confirmaba aquello incierto para todos.

-¿Donde?-pregunto yendo hacia él.

-Esperándote… tu oficina- respondió recuperando el aliento. El hombre asintió y giro observando a su esposa y comunicándose solo con eso. La mujer espero unos prudentes segundos y salió escabulléndose hacia detrás de la fabrica. Tenía que asegurarse de que todo marchara de acuerdo al plan.

El auto estaba esperando a un costado en silencio. No había demasiada gente merodeando a los alrededores y eso era demasiada suerte para ese día. Los Milch se bajaron del auto y observaban disimuladamente aquellos detalles que pasarían desapercibidos para cualquiera con más atención de lo normal. Estaban a punto de dudar si quizás se habían equivocado con la hora cuando observaron a una familia de cuatro integrantes con maletas ir directo hacia ellos.

-¿Los Borek?- se adelanto el hombre.

-Si- asintió Patryk tomando la palabra- supongo que son los Milch.

-Así es ¿Son todos?-pregunto observándolos. Patryk volvió a asentir- andando, no debemos perder el tiempo- dijo abriendo la puerta. Los demás copiaron la acción y pronto ya estaban todos encaminándose a quien sabe dónde. El silencio era poderosamente incomodo, pero nadie hacia nada por romperlo. Todos tenían sus propios pensamientos ocupándolo todo.  Después de todo ¿Qué tanto habría para decir?
Habían pasado, quizás, muchos o pocos minutos, pero el auto se había detenido. La familia Borek nuevamente estaba observando a su alrededor encontrándose con no más que un sitio extraño.

 
-Síganos- ordeno el hombre caminando al lado de, la que ellos suponían, era su esposa. Los demás lo hicieron sin preguntas y pronto ya estaban adentrándose a un edificio. Fue extraño cuando subieron las escaleras y no eran más que el sonido de sus pasos lo que escuchaban. También cuando Patryk había pasado justo frente a una puerta y esta se había abierto asustándolo, una mujer apenas se asomo y luego, tan pronto como apareció, la puerta volvió a cerrarse frente a sí. Tenía varias teorías acerca de eso.
La desconocida mujer saco una llave, y abrió la puerta, con las manos visiblemente nerviosas. Entraron todos casi apresuradamente, y solo después de haber entrado, el ambiente denso y  misterioso se espumo con el sonido de la puerta al cerrarse.

-Sanos y salvos- tomo la palabra el hombre suspirando- lo mejor fue que no los han visto aquí- agrego. Patryk recordó la mujer que lo observo, como sabiendo quien era, pero el hombre se adelanto- pero tampoco se preocupen por los vecinos, ellos… no dirán nada. Soy Frederick, por cierto, y ella es mi esposa Gerda.  Aunque supongo que Eryk los puso al tanto.

-Soy Patryk- correspondiendo el saludo- ella es mi esposa Adila y mis hijas, Kasia y Lila.

-Es un placer-sonrió Gerda- que bonitas niñas.

-Antes que nada, queríamos agradecerles lo que hacen por nosotros. Sabemos lo peligroso que es esto, somos unos extraños para ustedes y…

-Nada de eso, Adila- la interrumpió Gerda- antes que nada ustedes también deben saber que nosotros no estamos para nada de acuerdo con todo esto.

-Exacto-secundo su esposo- además, conozco a Eryk de años, es un buen amigo. No dude en darle una mano con esto, y lo volvería a hacer cuantas veces sea necesario.

-Gracias- dijo Patryk.

-Supongo que quieren descansar también-dijo Gerda- acompáñenme, les enseñare sus habitaciones- ayudándolos. Todas las mujeres la siguieron en silencio.

-Así que, Patryk- dijo Frederick acercándose a él- si no fuera por todo esto, Eryk jamás me hubiera revelado de tu existencia. Creía que era hijo único.

-Creo que no podría culparlo por eso- sonriendo de lado.

-Tonterías- abrazándolo por los hombros- ¿te apetece una copa?-pregunto calmadamente. Patryk solo en ese momento fue consciente de la tensión que habían cargado durante el pequeño viaje que había hecho hasta allí.

-Sí, me gustaría. Mucho.

-Que bueno oírlo- asintió guiándolo.

Más tarde, cuando la cena tenía tiempo de ya haber terminado, las conversaciones siguieron para conocerse entre familias. Queriendo olvidar la difícil situación que estaba sobre ellos, se abrieron ante sus anfitriones. Patryk estaba seguro que no había demasiada diferencia de edad entre ellos, si es que no estaban en iguales condiciones. Efectivamente Frederick tenía una gran amistad con su hermano, y suponía que aquello le había dado confianza para tenerlo a él y a su familia allí y estaba muy agradecido por eso. Gerda estaba especialmente interesada en sus hijas, preferentemente de la pequeña Lila, quien de vez en cuando la hacia sonreír con algún comentario. Más tarde supo el porqué de aquello. Gerda les había confesado que no podía tener hijos, así que simplemente eran ellos dos en aquel departamento. Aunque eso no quitaba el hecho de que le encantaran los niños y eso estaba demostrado con las atenciones que recibía la pequeña Lila.

-¿Mamá, podríamos acostarnos? Estamos demasiada cansadas- dijo Kasia señalando a Lila, quien tenía notablemente los parpados pesados.

-Oh, cuando lo siento-se levanto Gerda- supongo que nos hemos extendido demasiado con nuestras conversaciones- sonriendo en disculpa.
-No se preocupen, Lila está demasiado acostumbrada a sus horarios- contesto Adila cargándola- gracias de nuevo, la cena estuvo magnifica.

-Así es- dijo Patryk levantándose- pasen buenas noches.

-Buenas noches- contesto el matrimonio.

Los Borek se encaminaron a sus habitaciones correspondientes, sin tener idea de cuánto tiempo se extendería su estadía ahí. La fábrica tampoco era el lugar más seguro, pero estaban en familia y eso los reconfortaba a todos.   No dudaba de las intenciones de los Milch, pero entendía lo mucho que se estaban arriesgando y eso era demasiado. Cuanto deseaba volver a la comodidad de su hogar. Cuanto quería que todo aquello llegara a su fin de una vez. Pero aquello era un deseo demasiado imposible y lo sabía.

-La pequeña es adorable- sonrió Gerda desde su asiento. El matrimonio se había trasladado a la sala minutos después- me recuerda mucho a mi a esa edad, era exactamente de esa manera-comento. Su esposo simplemente la observo en silencio.

-Sé lo que tramas y olvídalo- dijo levantándose para servirse un trago- no olvides de donde vienen y quiénes son.

-Lo sé- bajo la mirada triste- es solo que…

-Lo sé Gerda, lo sé-la interrumpió- pero esa no es la manera. Hay otras formas, lo sabes. Debes entenderlo de una vez.

-Y lo hago- observando al techo- ¿Crees que ya estén dormidos?

-Supongo que sí- observado la hora- seguramente todo este movimiento los ha agotado.

-¿Entonces qué esperas? Haz la llamada de una vez- comento recordándoselo.

-Enseguida- asintió antes de ir en busca del teléfono.




* * * * *

Yulia hizo el intento de ir hacia la puerta y paso exactamente lo que esperaba que sucediera. El uniformado hombre dio un paso al costado y eso fue suficiente para que le estorbara todo el paso. Tenía ambas manos puestas al frente y no se había cambiado de aquella posición desde que habían entrado juntos en la habitación. La mirada sobre ella la ponía nerviosa, junto con su rostro inescrutable que parecía que nada lo perturbaba, ni siquiera cuando se oían los gritos abajo

-Déjame salir- pidió una vez más. Aunque ya sabía que era inútil, ninguna de las veces había sido contestada. Solamente recibía aquella mirada y el silencio, que pronto era opacado por la discusión que se desataba abajo- déjame salir, por favor- intento con suavizar el tono. Solo por esta vez, el hombre simplemente se limito a negar con la cabeza. Frustrada se dejo caer en la cama. Solo esperaba que su madre estuviera bien.

-¡¿Me crees estúpido, Anette?!- grito empujándola- ¡¿Crees que tengo el maldito tiempo para lidiar con estas cosas?!

-Rudolf, por favor. Calmarte, debes calmarte y…

-¡Nada!-la interrumpo- ¡No me calmo nada! ¿Y sabes por qué? ¡Porque esta es tu maldita culpa!-señalándola.

-Rudolf… Yulia, ella…

-¡Ella debería obedecerme!-exploto- pero no, tuve que dejarla en tus manos e hiciste lo que quisiste con ella ¡maldito sea el momento!

-Es solo una niña, Rudolf- llorando- nuestra hija… ella no…

-¡Es tu maldita culpa que ella sea como es!- abofeteándola- y vas a pagarlo Anette, pagaras las consecuencias.

-Por favor no… Rudolf… Rudolf…- llorando.

-Tráela- ordeno el hombre que estaba parando en la puerta como si nada pasara.

-Enseguida- asintió antes de subir las escaleras.

-Rudolf… no hagas ninguna tontería.

-Por supuesto que no- contesto mirándola- de ahora más las cosas serán a mi manera. Ella vino hasta ti, pues bien, que se quede con su maldita madre- dijo antes de salir.

Anette observo como más hombres entraban y se llevaban las maletas que ella y Yulia habían preparado cuando estuvieron a punto de irse. Había hecho tiempo de limpiarse el rostro cuando observo bajar  a Yulia escoltada de dos hombres.

-¡Mamá!-yendo hacia ella- ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?

-No es nada cielo, estoy bien-contesto- estoy bien.

-¿Estás segura?-dudosa.  

-No hay nada de qué preocuparse- mintió. Yulia lo supo muy bien, el temblor en sus brazos no podría significar nada bueno.

-El auto está listo- aviso un hombre asustándolas- deben venir- ordeno.

Tanto Yulia como Anette se observaron confundidas, pero decidieron no tentar a su suerte y entonces salieron. Efectivamente estaban esperándolas a ellas, ya que un auto se encontraba con la puerta abierta con un soldado a su lado.

-Caminen- las asusto una voz detrás de ella. Era Rudolf quien apareció- por nada en el mundo pienso perder el tren- comento. Apenas había hecho presión en el brazo de Anette cuando esta comenzó a caminar llevándose a Yulia consigo, quien no emitía palabra alguna. De alguna manera su madre le había contagiado el mismo miedo.
Rudolf estaba parado frente a la puerta observándolas dentro, Yulia no le había quitado la mirada de encima, a diferencia de Anette quien simplemente se limitaba a mirar el suelo.

-Era a la buena o a la mala, Yulia- pronuncio retrocediendo- y tú ya has elegido- dando un portazo.

Para tranquilidad de ambas, Rudolf se subió a otro auto. Tan pronto como todos estuvieron listos, dieron marcha hacia su destino. Rudolf sabía que estaban con el tiempo justo, así que ni bien habían parado sobre la estación del tren, este ya estaba listo. Dio unas órdenes a dos de sus hombres y estos se encargaron de llevar a Yulia y a Anette hasta dentro de tren, donde obviamente fueron llevadas a una parte privada donde ellos pudieran quedarse en la puerta por si intentaban cualquier cosa.

-Está llevándonos con el- susurro con la mirada perdida- Yulia- la llamo.

-¿Qué sucede madre?-pregunto sentándose a su lado.

-Ya no sé que es peor- mirándola- si lo que pueda suceder si no lo obedecemos, o lo que puedas hacer tú por obedecerlo-  negó.

Por las siguientes horas Anette estuvo lamentándose por lo mismo. Aquello le dio a Yulia ideas de lo que estaba haciendo su propio padre y lo que quería el que hiciera ¿no tenia poder decisión a caso? Estaba prácticamente obligándola, aquello era demasiado obvio cuando estaban viajando, seguramente de donde se había escapado. Sabía que, aunque lo detestara, no tenía poder de negarse. Rudolf era poderoso y respetado, y ella, ella no tenía nada.


Ninguna de las dos fue consciente del momento en el que se quedaron dormidas, así como tampoco cuando tiempo fue el que había pasado. El frio estaba presente junto con la llegada de la noche y  ellos ya se habían detenido en la estación.
Así como lo fue en el viaje de ida, Rudolf no fue con ellas en el mismo auto mientras se trasladaban. Yulia luego de unos cuantos minutos, noto que no estaba llevándolas donde había estado antes. Decidió callar, no sabía las intenciones de su padre y tampoco quería asustar a su madre por nada. Comenzó a mirar por la ventana y poco a poco noto que comenzaron a adentrarse en más naturaleza. Anette también había notado esto, así que cuando levanto la vista se encontró con una casa entre tantos arboles.

-Por aquí- dijo el hombre que bajaba con las maletas de ambas. Yulia estaba llegando a la puerta cuando un fuerte brazo la retuvo.

-Descansa esta noche porque mañana vendré por ti. No hagan ninguna estupidez- Fue todo lo que dijo Rudolf antes de marcharse. Yulia sabía que no necesitaba de su respuesta, había sido completamente una orden.

Le habían enseñado la casa por dentro, donde estaba cada cosa. Luego de conocer sus habitaciones, ambas notaron que no iban a estar simplemente en compañía de la otra. Los otros hombres no parecían marcharse pronto y estaban seguras de que Rudolf tenía mucho que ver en eso. Aquella iba a ser su nueva casa a partir de ahora.

* * * * *

Polonia, Varsovia.

-¿Y qué tal? ¿Ha regresado tu retoño?-pregunto Paul nada más verlo.

-Así es-contesto- le encontré justo donde creí, fue una completa locura lo que hizo-negando.

- ¿Y qué esperabas? ¿Qué aceptara como si nada?-riendo- eso porque eres un maldito blando Rudolf, ya te lo he dicho. Quien manda eres tú, no tu caprichosa hija.

-Debí seguir metiéndola con el papeleo, ir involucrándola de a poco, y ahí, cuando menos se lo esperara…- suspiro.

-Esto que ha sucedido-levantándose- no ha sido más que por tu maldita culpa-señalándolo- veremos ahora que es lo que haces.

-Pues se hará todo lo que yo ordene-observándolo- ya lo veras.

-Ya lo veremos-repitió- ahora debo irme, yo si iré a divertirme con mi hija que si estará junto a su padre-sonriendo.

-No tientes tu suerte- murmuro Rudolf concentrado en otras cosas haciendo reír a Paul.

Paul salió de la oficina de Rudolf y se dirigió hacia afuera. Encontrándose con varios autos ya marchándose. Estuvo esperando algunos minutos, hasta que se acerco a otro hombre que tenía tiempo de estar ahí.

-¿Has visto a Lucy?-pregunto.

-Sí, tiene tiempo de haberse ido.

-¿Irse? ¿Dónde?

-Con Nicole- respondió- fueron una de las primeras, de hecho.

-Ya veo- murmuro Paul dirigiéndose a un auto.

Las calles del otro lado de aquel muro en construcción, estaban como siempre, desiertas. Pero Paul no era el único que suponía que aun había ratas escondidas donde seguramente nadie lo esperaría. Estuvo buscando por un buen rato hasta que encontró a lo lejos lo que quería.


-¿Encontraste algo?-grito Nicole desde las escaleras.

-Nada-afirmo Lucy mirando a su alrededor. Estaba en una habitación, admirando las pinturas de los enormes cuadros que colgaban en las paredes. Estaba segura que a la familia que habito en aquel lugar eran unos grandes fanáticos del arte y tenían un muy buen gusto, al menos a ella también la gustaban.

-Mira esto- apareció Nicole alzando unas cuantas prendas de mujer- ¿crees que me quedarían bien?-sonriendo.

-Estoy segura que si- respondió la castaña sin si quiera mirarla.

-Ni siquiera las miraste- le reprocho- ¿Qué tanto ves?-acercándose.

-Los cuadros- señalo- no están mal.

- La verdad es que no- observando- pero seguramente los hizo alguno de ellos, de tener algún valor se lo hubieran llevado.

-¿Y de que hubiera servido?-pregunto mirándola- he visto donde están las cosas de valor, ninguno de ellos volverá a ver nada de esto.

-Cierto-riendo- pero te sorprenderías la manera en la que se apegan las personas a algunas cosas. De todas maneras no los culpo, hay demasiadas…-mirándola- tentaciones por todos lados.

-Ya lo creo- sonriendo. Lucy  sorprendió a la rubia y  a ella misma por los cortos segundos en los que correspondió a esa sonrisa, luego decidió alejarse antes de que Nicole haga algún otro acercamiento.

-Bien, nada aquí- cambiando su postura- ¿revisamos en la siguiente?-pregunto adelantándose. Lucy simplemente la siguió. Quizás estaba molesta.

Se adentraron en el siguiente edificio, Nicole como comúnmente hacia subió por las escaleras. Lucy simplemente se quedo en la primera planta observando varias cosas tiradas descuidadamente en el suelo. Aquel seguramente habría sido un muy bonito restaurante. Casi podía sentir el murmullo de la gente en aquel enorme lugar.
Estaba pasando distraídamente por lo que seguramente era la parte del bar cuando escucho una botella romperse. Rápidamente se puso en alerta y avanzo, lo más seguro es que fuera alguna rata escabulléndose  o algún otro roedor. Ya que cuando llego al lugar no encontró nada, giro sobre sus talones y apenas dio un paso cuando un chillido vino desde el suelo. La castaña observo sus pies y  repitió la misma presión cuando volvió a escuchar el mismo sonido. Aquello le llamo poderosamente la atención y se agacho, Lucy no sabía que la llevo a hacerlo, pero sujeto una madera y tiro de ella, llevándose un gran susto inesperado en el proceso.

-Por favor, por favor- suplico el hombre. El terror se reflejo en sus ojos ni bien observo su uniforme. Rápidamente se deshizo en suplicas- por favor, no me mate, no me mate- las lagrimas rápidamente salieron sin control. Lucy se paro rápidamente respirando agitada.

-¿Encontraste algo?- llego el típico grito de Nicole desde arriba. La castaña observo que la rubia no estaba por allí cerca.

-Silencio- ordeno al hombre que se callara.


-Por favor, no quiero morir, no me quiero morir- pidió sollozando.

-¡Nada!- grito Lucy opacando las suplicas- he dicho que te calles, maldita sea- siseo.

-Tengo… tengo dinero- dijo dejándole unas cuantas monedas en el suelo- tome, tome-  comenzó a darle con las manos temblorosas, logrando que varias hicieran ruido al caer en conjunto. Lucy pensó que aquel ruido seguramente atraería a la rubia, pero afortunadamente aquello no sucedió.

-Silencio- volvió a repetir enojada- si no te callas de una vez, lo hare yo misma- dijo apuntándole. Aunque el hombre no paro de temblar en ningún momento, aquello sirvió para que finalmente guardara silencio- bien- asintió relajándose. Comenzó a juntar las monedas y a guardarlas. Después de todo aquello jamás venia mal. Lucy se irguió y observo los ojos del hombre, ya había visto muchas veces antes esa mirada, pero aquello no quitaba que siempre la hicieran sentir igual.
Volvió a dar un vistazo a su alrededor y aun no había rastros de Nicole por ahí cerca, así que ¿era necesario hacer lo que se supone que debería hacer ahí? Después de todo nadie podía estar ahí para verla ¿cierto? Observo una vez más al hombre y este aun seguía quieto en su lugar, después de todo seguramente no tenía mucho espacio ahí abajo, parecía que inclusive retenía su respiración, esperando a saber qué era lo que ella iba a hacer con su vida, seguramente.

-Voy a volver la tabla a su sitio ¿de acuerdo?- dijo lentamente. El hombre primero parecía querer procesar lo dicho, seguramente aun no creía que acabaran de perdonar su vida. Unos segundos después asintió  y Lucy creyó ver lo que fue un atisbo de sonrisa. Ella también asintió y luego cumplió con su palabra. Se sacudió las manos y estaba lista para ir en busca de Nicole y hacer como si nada pasara.

-¿Qué hay debajo de la tabla?-pregunto una voz logrando que diera un brinco.

-Pa- padre…- murmuro volteando sorprendida- no esperaba… no creí que hoy vinieras también…

-Pregunte que hay debajo de esa tabla- repitió interrumpiéndola- algo has ocultado, Lucy.

-No… es… No, yo…

-¿No?-pregunto Paul- No ¿Qué? Lucy.

-Yo, no es…

-Levántala- ordeno.

-Padre…

-¡Que la levantes, te dije!- grito asustándola. La castaña trago pesado y precedió a levantar la tabla. Quedando nuevamente expuesto el hombre escondido, seguramente había escuchado todo, así que no fue sorpresa cuando vio nuevamente el miedo en los ojos, que miraban a su padre y luego a ella, una y otra vez- pero mira nada mas- silbo Paul- sorpresa, sorpresa- sonriéndole al hombre.

-Por favor, por favor- volvió a suplicar- no quiero morir, tengo… tengo aquí- buscando algo detrás de su espalda. Paul rápidamente se puso alerta- por favor, señor… por favor- alzando una pequeña bolsa.

-¿Qué es eso?-pregunto Paul alarmado.

-Es… es para usted. Todo- dijo temblando. Deposito la bolsa en el sueño y Paul la sujeto con desconfianza, aunque aquello rápidamente cambio cuando observo se encontró con dinero dentro.

-Ahora entiendo- dijo riendo para mirar a Lucy- el te ha comprado con esto ¿cierto?- comento. La castaña observo el suelo- aunque no está mal recibir- dijo mientras se lo guardaba- pero debes cumplir con tu debe de todas formas- cargando su arma. Lucy pensó por un momento que su padre habría aceptado aquello, pero la idea se esfumo tan rápido como la tranquilidad que seguramente sintió el hombre por unos cortos segundos.

-No, espere… espere- pidió- tengo más, puedo darle más… solo… solo…

-Ni porque traigas mas de eso hará que te salves, judío- apuntándolo- di tus últimas palabras.

-No, por favor… por favor, piedad…- y el sonido llego.

Lucy había querido concentrarse en mirar a cualquier sitio y no el rostro de aquel hombre, así que al estar desatenta de todo, no fue sorpresa cuando el golpe del arma de su padre impacto en su rostro quitándole el equilibrio. El labio rápidamente sangro y ella aun seguía en el suelo intentando asimilar todo.

-Vuelvo a descubrir que haces una cosa como esta y te daré una paliza tan grande que no volverás a estar de pie- amenazo- ¿me escuchaste? Obedece Lucy, o ya verás- murmuro antes de marcharse de ahí.

-¡Lucy!- escucho a Nicole -¿Lucy que fue eso?-pregunto llegando hasta ella- cielos ¿Qué sucedió aquí? ¿Qué fue ese disparo?- pregunto alarmada. Ayudo a la castaña a estar de pie y rápidamente noto la sangre en su labio, luego observo el hombre muerto con un evidente disparo en la frente- ¿estás bien? ¿Qué te ocurrió?

-Nada, estoy bien- respondió apretando sus puños. Nicole observo su boca e hizo una mueca.

-Pues déjame decirte que no lo parece-contesto- ¿intento agredirte?-pregunto. Lucy tardo en entender que quizás Nicole pensaba que había tenido una pelea con el hombre muerto en el suelo.

-Algo así- contesto para marcharse por el mismo sitio que su padre. Nicole al parecer no lo había visto y era mejor así, no tenía ánimos de dar explicaciones, mejor que la rubia interpretara lo que quisiera y fin del asunto.

Durante todo el viaje de regreso había estado conteniendo la rabia, los constantes golpes de su padre comenzaban a hartarla. Después de todo estaba ahí con él, había hecho cosas que ni en sus peores sueños hubiera imaginado. Pero ahí estaba ¿Por qué siempre tenía que arremeter con ella de esa manera? Ya no importaba lo que la uniera a su padre, ni siquiera su maldita sangre, solo estaba logrando que cada vez que lo mirara causara un enorme desprecio por su parte. Ni hablar en aquellos instantes en los que la golpeaba como si ella no fuera nada para él.

-Obedecer- murmuro levantándose de su cama- eso es todo lo que he hecho hasta ahora ¿y qué consigo de ti, padre?-se pregunto a ella misma. Salió de su habitación y fue directamente hacia otra que no estaba muy lejos de la suya- no importa lo que haga, recibiré lo mismo de ti siempre. Obedecer- rio entrando directamente.

-¡Lucy! Que susto- dijo tocándose el pecho.

-Obedecer… estoy harta de eso-avanzando.

-¿Qué dijiste?-pregunto confundida Nicole- oye estas bien o…- ya no pudo hablar. Lucy la había besado.


Última edición por pei_17 el Mar Jun 06, 2017 8:14 pm, editado 2 veces

pei_17

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Volviste!

Mensaje por Zaninivolk el Jue Mayo 18, 2017 11:27 pm

Pei,que bueno que volviste y de que manera déjame decirte que este capítulo ha estado buenísimo,ya todo empieza a a tomar rumbo.
Que les espera a cada una de las chicas?eso lo sabremos con los días .
Y me alegra muchísimo que estés de vuelta ❤️❤️❤️

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Volviste!

Mensaje por Zaninivolk el Jue Mayo 18, 2017 11:28 pm

Pei,que bueno que volviste y de que manera déjame decirte que este capítulo ha estado buenísimo,ya todo empieza a a tomar rumbo.
Que les espera a cada una de las chicas?eso lo sabremos con los días .
Y me alegra muchísimo que estés de vuelta ❤️❤️❤️

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por pei_17 el Mar Jun 06, 2017 8:10 pm

Zaninivolk: me alegra muchisimo que el cap. te gustara! la verdad que si, las cosas estan un tanto aceleradas para algunas, y para otras no tanto. Pero ya va a haber de todo. Gracias por siempre seguir. Que andes bien, un abrazo!



Rusia, Moscú.
22 de Noviembre de 1940.



El hombre  se encontraba leyendo tranquilamente en la comodidad de su oficina, estaba, como siempre, haciendo algunas correcciones. Tenía varias hojas esparcidas a lo largo de su escritorio que ocupaban todo desacomodadamente, haciendo notar visiblemente la falta de organización. Se encontraba buscando una hoja entre tantas cuando el sonido de la puerta lo interrumpió.

-Adelante- respondió sin quitar la vista de éstas.

-Anton- se asomo la mujer para luego entrar.

-¿Si? Oh Santo cielo… -murmuro sorprendido al mirarla- maldita lunática- apenas susurro, pero la mujer lo escucho y sonrió por ello.

-Creo que comienzo a acostumbrarme a que me llames así- asintió- ¿Y cómo me veo?

-¿Para serte sincero?-pregunto a la vez que se quitaba sus lentes- el rubio no te favorece.

-Se que lo dices para molestarme- apenas rio- es una idea que se me ha ocurrido justo anoche.

-Pensé que habías cambiado de opinión con respecto a toda esta locura que se te ocurrió- comento. La mujer quiso decir algo, pero el levanto la mano para impedírselo- te di varios días para que lo pensaras, incluso no quise preguntarte nada ni sacar algún tema al respecto para que no creas que estoy apoyándote, aunque creo que mi negativa de todo esto ha quedado más que clara. Pero al parecer me equivoque, el hecho de que no dijeras nada, no significaba que todo esto hubiera terminado para ti. No puedo creerlo- negando.

-Estas en lo cierto, Anton- sentándose frente a él- yo solo estuve organizándome con algunas cosas, pero jamás he dicho que daré un paso atrás en todo esto. Jamás he estado tan segura.

-¿Qué hay de tus padres?-pregunto- ¿Qué opinan de todo esto?- la mujer simplemente desvió la mirada. Anton suspiro- no les has dicho nada ¿cierto?- esta simplemente negó.

-Simplemente saben que estaré ausente un tiempo. Nada más.

-Estarás sola allí- apunto.

-No, ya te he dicho que viviré con unos tíos. Son mi familia, estaré protegida.

-No es así y lo sabes- negó-  quizás quieras convencerte de eso, pero no es tan sencillo. Solo te pones en peligro tu, y a ellos también.

-Anton…

-¡Anton nada!-interrumpió parándote- ¿Quién sabe lo que estás haciendo? ¿Y si algo malo llegara a suceder?

-Lo sabes tú, y para mí eso es más que suficiente- contesto- estaré siempre escribiéndote, estarás al tanto de todo.

-¿Y si llegara el día que ya no reciba noticias de ti?-pregunto parándose- ¿Qué se supone que tengo que hacer, Lena?

-Al menos sabrás que algo ha salido mal- contesto como si nada. Anton la miro sin poder creerlo, ella seguramente no tenía una idea al peligro al que se enfrentaba. Despeino aun más su cabello y se dirigió a una ventana, cerró los ojos suspirando vencido. Ya nada podía hacer.

-Por favor, solo encárgate de mantenerme informado como prometiste- contesto haciéndola sonreír- aunque sabes- girando para mirarla- aun así, si ya no recibo noticias tuyas, debes entender que desde aquí no puedo hacer demasiado ¿cierto?

-No te preocupes Anton, se que harás lo correcto. Pero te escribiré siempre.

-También se que es inútil decírtelo, y más teniendo en cuenta lo que vas a hacer. Pero por favor, se cuidadosa. No te arriesgues demasiado, tienes mucho futuro aquí, y no digo esto solo por decirlo.

-También se eso- sonriéndole- te preocupas demasiado.

-O tu demasiado poco- contesto mirándola fijamente- ¿Cuándo piensas irte?

-Ya he recibido la respuesta de mis tíos, solo necesito unos días para terminar lo mío aquí, así que no te preocupes. Supongo que pasare mi primera navidad nazi – levantando sus hombros- debo aprender demasiadas cosas.

-Ya lo creo- asintió- aunque ya has comenzado y eso es…- observando su cabello.

-¿Qué?

-Maldición Lena, es espantoso- dijo haciéndola reír.

-No esperaba menos de ti- levantándose- te he traído algunas cosas para que veas -alcanzándole algunas hojas- supongo que estará todo listo para la próxima semana.

-Está bien, aunque ahora…- observando su escritorio- no quisiera mezclar esto, además debemos juntarlo con lo de la semana pasada. Últimamente las cosas se han acelerado un poco aquí.

-Puedo ayudarte si quieres ¿Dónde está lo demás?

-En mis archivos- colocándose los lentes- donde siempre. Ahora los traeré.

-No te preocupes, lo hare yo- caminando. Lena se dirigió hacia otra pequeña oficina que estaba detrás de Anton. No se molesto en cerrar la puerta, ya que imagino que no se tardaría mucho ahí dentro.

Anton apenas estaba comenzando a leer cuando la puerta de su oficina siendo abierta de manera precipitada lo asusto.

-Está muerto- anuncio el hombre entrando- el maldito está muerto- repitió con la mirada perdida.

-¿Quién?-pregunto confundido Anton.

-Roschmann- respondió- el maldito de Roschmann está muerto. Lo alcanzo una bomba-quitando su boina para despeinar su cabello.

-No puede ser- murmuro Anton cayendo de lleno sobre su silla.

-La única pista, la única maldita pista y el maldito se muere- se lamento el hombre- estaba tan cerca ¡lo presentía!-levantándose- ya podía imaginarme la cosas que podría hacerle para hacerlo hablar, ya podía sentirla en mis brazos- murmuro.

-Oye…

-¡Y nada! ¡Ya no tengo nada!-caminando de un lado a otro. El hombre siguió gritando más cosas, Lena hacia tiempo había dejado de buscar cuando escucho los primeros anuncios. Desde el lugar en el que estaba, podía ver bien al uniformado hombre que se mostraba desesperado.

-El no tuvo familia ¿cierto?

-No-negó- y tu bien sabes porque- respondió mirándolo- pero seguiré investigando, se que él no se la quedo, lo haré Anton. Sé que llegara ese día.

-Sabes que si necesitas algo y está en mi poder hacerlo, lo haré.

-Lo sé- apenas sonrió- solo quería venir a decírtelo primero.

-Ella no lo sabe aun ¿cierto?

-No. Pero en cuanto termine algunos pendientes se que tendré que hacerlo.

-Maldita suerte- murmuro enojado- no sabes cuánto lo siento.

-No más que yo- levantándose- siento… interrumpir así si estabas ocupado. Solo es que… quería sacarlo ¿sabes?

-No te preocupes, aquí estaré siempre que quieras contar conmigo- levantándose- para lo que sea.

-Gracias- asintiendo- ahora si- colocando nuevamente su boina- tengo cosas que hacer, solo quería que lo sepas.

-Espera- pidió. Fue hasta él y lo abrazo, teniendo una respuesta inmediata- yo también se que llegara ese día, comandante- dijo retrocediendo. El hombre asintió golpeando ligeramente su brazo y luego se marcho sin decir otra palabra.

Anton volvió a caer en si silla y suspiro pesadamente. Aquello jamás pudo habérselo imaginado.

-¿Anton?-pregunto Lena saliendo finalmente de su sitio- ¿está todo bien?

-No en realidad- respondió- y no para él, claramente.

-¿Quién era ese hombre?-pregunto curiosa- el era muy parecido…

-Lo sé- riendo- es mi hermano- respondió sorprendiéndola.

-No sabía que tuvieras un hermano- colocándose frente a él atenta.

-Es el único. Habrás notado su uniforme supongo, tan distintos- rió- el tan valiente y yo… detrás de un simple escritorio.

-No seas duro contigo- dijo- el lucía muy mal.

-Tiene sus razones- acomodándose- veo que el bicho de la curiosidad te ha picado. Es una larga historia, si traes café prometo contarte todo, realmente lo necesito en este momento- tomando su cabeza.

-Hecho- asintió la ahora rubia y se marcho en busca del pedido.

* * * * *


Polonia, Varsovia.
23 de noviembre de 1940.



Lo días habían concurrido estresantes, pero algo tranquilos, normales no era la palabra con la que Yulia lo describiría. Aunque si tenía que confesar que algunas cosas se las había imaginado mucho peor de lo que realmente eran. Aunque no estaba segura si era por tener la presencia de su madre cerca, o porque Rudolf llevaba las cosas de manera extraña.
Algunas tardes venia a buscarla como prometió el primer día que las trajo a ella a Anette, su madre la esperaba preocupada imaginándose todo tipo de cosas que su esposo podría llegar a obligarla a hacer, pero Yulia lograba dejarla tranquila cuando  le relataba que simplemente estaba haciendo aquellas mismas cosas que hacia cuando estaban en Berlín. Aunque Anette dudaba que aquello siempre fuera así.

Rudolf apenas tenía unos días que se había casi mudado a la casa con ellas, así que algunas noches las pasaba ahí. Ninguna de las dos tenía idea que traía entre manos, pero tampoco se arriesgarían a preguntar. Así como tampoco habían hecho pregunta alguna cuando Rudolf junto con algunos soldados habían llevado alrededor de diez personas. Anette sabía de antemano que no estaban ahí por su propia voluntad, y a juzgar por la vestimenta sabía exactamente de quienes se trataban. Tanto ella como Yulia de pronto se vieron acompañadas por aquellas personas que tomaron cada una algún que hacer de la casa. Rudolf seguramente tomaría aquello como una atención para con ellas, pero Anette no se sentía del todo tranquila. No cuando ellos ni siquiera se atrevían a mirarlas a los ojos, ni tampoco mencionar el hecho de que siempre parecían temerles cada vez que ella daba alguna orden. Estaba segura que su esposo tenía que ver en eso, como en otras cosas más que ni siquiera quería ponerse a imaginar.

-¡Es una broma!- exploto Rudolf tirando la carta- ¡Díganme que es una maldita broma!

-Lo siento mucho, oficial- respondió el soldado- no había mucho por hacer, dicen que fue al instante y…

-¡No quiero saber más!- interrumpió- ¡Maldita sea!

-Señor, todo les damos nuestras condolencias y…

-El cuerpo- volvió a interrumpir agitado- ¿Qué sucedió con el cuerpo?

-Lo enviaran, señor- aseguro el soldado- lo más seguro es que llegue temprano en la mañana.

-Bien. Ahora encárgate de dar la noticia.

-Así será, señor ¿Necesita alguna otra cosa o…?

-No.  Largo de mi vista- ordeno.

-¡Heil Hitler!- saludo el soldado y se marcho rápidamente de ahí. El joven apenas se encontraba bajando las escaleras cuando el sonido de objetos comenzó a escucharse. Aquello obviamente no paso desapercibido para nadie en la casa, incluyendo a Anette y a Yulia.

-Soldado- lo llamo Anette antes de que se marchara.

-Señora- dijo este a modo de saludo.

-¿Qué sucedió?-pregunto.

-Señora, quizás el oficial sea quien…

-Solo responda, soldado- lo interrumpió- mi esposo no está para hablar ahora mismo, eso es claramente notorio.

-El… el hermano del oficial falleció- informo. Anette tapo su rostro- lo alcanzo una bomba, nada  pudieron hacer por el- agrego- con su permiso.

-No puede ser…- murmuro Anette finalmente. Yulia la abrazo. Tenía algún que otro recuerdo de su tío. El estaba constantemente yendo de un lugar a otro y es por eso que no lo veían con frecuencia. Aquello ni siquiera la afectaba, aunque su madre obviamente lo conocía de más tiempo. Sabía lo que significaba aquella noticia.  


Al día siguiente, decir que las cosas estaban difíciles con Rudolf, era demasiado escaso. Era temprano en la mañana y la casa ya se encontraba llena de hombres uniformados. Durante todo el funeral, ellas ni siquiera habían cruzado palabra con Rudolf, aunque no se habían apartado de él en ningún momento. Ante la vista de los demás, ellos eran una familia cualquiera que se encontraba unida en esta desgracia. Anette quería darle una palabra de aliento a su esposo, sabía que había sido cruel con ellas, pero aquello era demasiado delicado para cualquiera, pero aquello no le nació. Simplemente se limito a estar a su lado  y tomar su brazo de a momentos. Rudolf tampoco hacía demasiado por querer dejarse consolar. Su rostro, normalmente neutro, ahora tenía una mirada que todo lo atravesaba.

-Malditos ingleses- murmuro Paul a su lado- el era un gran hombre.

-Lo era- asintió Rudolf con la mirada perdida- ¿sabes? El me había escrito hace algunas semanas. Posiblemente íbamos a estar juntos en familia durante la navidad, y ahora…- suspirando.

-Van a pagarla, debes estar seguro de eso- tocando su hombro. Paul observo hacia atrás y se encontró con Lucy algunos metros alejada, Nicole se encontraba a su lado en esos momentos. Últimamente las veía pasar demasiado tiempo juntas, aunque a Paul aquello no le molestaba, sabía que Nicole iba a ser la mejor para enseñarle cosas a Lucy.

Cuando todo finalmente termino, la familia Roschmann se encontraba regresando a casa y no eran los únicos. Anette estaba segura que esa noche durante la cena no iban a ser solamente ellos. Se habían quedado los soldados más cercanos a Rudolf y otros oficiales de rangos altos. Aquello lo confirmo cuando Rudolf se dirigió directamente hacia la cocina y dio las órdenes pertinentes. Yulia había sido prácticamente obligada a cambiarse la ropa, había querido protestar pero su madre solamente la observo para que obedeciera. Llevarle la contraria a Rudolf en estos momentos no sonaba a algo realmente bueno para hacer.
Anette se encargo simplemente de ser una buena anfitriona y Yulia no tuvo de otra que imitarla.

-Los funerales son deprimentes- había dicho Nicole observando el jardín.

-Son funerales- dijo Lucy mirándola- ¿Qué esperas? ¿Qué sea un circo?

-Lo sé, solo es que no me agradan- levantando sus hombros- nunca me gustaron.

-No tienen porque gustarte- mirando al frente.

-Y ahí vas de nuevo- sonriendo.

-¿Qué?

-Nada-acercándose.

-Pueden vernos aquí- retrocediendo.

-En ese caso…- tomando su mano. Nicole volvió a sonreír cuando no encontró resistencia alguna. Lucy la había estado sorprendiendo gratamente en estos últimos días y ella iba a aprovechar aquello, no sabía cuánto podría dudar eso.

Se detuvieron justo detrás de un gran árbol. Si alguien salía al jardín, tendría que rodearlo para poder observarlas y eso las dejó tranquilas.

-Bésame- demando Nicole agitada.  

La castaña no dudo un segundo en obedecer. Nicole era bella, demasiada a decir verdad, y lo que habían estado haciendo últimamente no le supo una molestia alguna. Ni siquiera aquella primera vez, en la que había entrado a su habitación tan enojada. La rubia le había enseñado todo de cómo tratar su propio cuerpo y el de ella, Lucy ni siquiera sabía que pudieran existir tantas sensaciones como había experimentado junto a Nicole. Y no estaba dispuesta a abandonar aquello demasiado pronto.

-Oh Lucy- murmuro agitada. La rubia tomo su mano y la coloco sobre su pecho. La castaña entendió y comenzó a acariciarla sobre el uniforme- si no paramos ahora…

-¿Tu quieres hacerlo?-pregunto besando su cuello. Nicole soltó un suspiro y negó como pudo. La rubia estaba demasiado entretenida disfrutando de aquello, que no supo cómo es que Lucy había logrado meter una mano dentro de su uniforme. Abrió los ojos con sorpresa.

-Siempre te encuentro igual- murmuro la castaña mordiéndose los labios. No tenía idea de donde salía aquello, ni tampoco porque hacia eso con Nicole, pero le gustaba.

-Lucy- dijo sorprendida colgándose de sus hombros- aprendes tan rápido- puso una mano en su mejilla- todo lo aprendes rápido.

-Tuve una buena maestra- sonrió en su oído. La castaña decidió no esperar más tiempo y se adentro en ella, no encontrando ningún tipo de resistencia. Callo la boca de Nicole con un beso ante cualquier sonido que pudiera esta emitir. La rubia separo un poco más las piernas y se oculto en el cuello de la castaña, entreteniéndose con él y limitándose a sentir lo que Lucy le ofrecía.

Lucy no tuvo que esforzarse demasiado, los temblores de la rubia le avisaban que aquello estaba a punto de terminar así que apresuro sus movimientos. Tuvo que sostenerla contra el árbol y su mano libre cuando la rubia comenzó a temblar contra su cuerpo. Espero paciente unos momentos y luego se retiro. Beso su frente sonriendo.

-Eso fue rápido- comento. Nicole se sonrojo observando el suelo.

-Sera porque me gustas mucho- acariciando su mejilla

-O soy demasiado buena- retrocediendo- tu los has dicho, aprendo rápido- sonriendo

-Eso es cierto- asintió- comienza a hacer frió ¿entramos?- pregunto. Lucy asintió y ambas comenzaron a caminar hacia la entrada. Ambas estaban riendo de algo que habían dicho cuando de pronto alguien se les puso en frente callándolas.

-¿Dónde estaban?-pregunto Paul mirándolas. Tanto Lucy como Nicole se habían quedado mudas sin saber que responder- las he estado buscando. Vamos, la cena ya está por servirse- dijo para después girar. Lucy observo a la rubia que estaba igual que ella, suspiraron para tranquilizarse y luego fueron detrás de Paul para no seguir tardándose. Eso estuvo cerca.

Al entrar adentro, cada uno se posiciono en un lugar. La mesa era larga, así que todos entraron cómodamente en ella. Anette había sido la encargada de llevar la comida a la mesa, por lo demás, eran las otras personas quienes se encargaban de servirles.

-Bien, antes de comenzar quisiera decir algunas palabras antes- dijo Rudolf levantándose. Todos los demás escucharon atentos- ante todo quiero agradecer la presencia y el apoyo de ustedes, mis buenos amigos. He sufrido la pérdida de un hermano, mi único hermano y no saben cuan doloroso está siendo esto para mí. Sé que ya no lo voy a recuperar, haga lo que haga, y eso esta matándome lentamente. Solo espero que este donde este, mi querido hermano, pueda estar finalmente en paz, porque se lo merece, ha sido un gran hombre y magnifica persona. Así que si me permiten, esto será en su honor- levantando su copa- quiero brindar por él, por Albert Roschmann ¡Salud!

-¡Salud!- respondieron todos imitándolo.

-Ahora sí, pueden comenzar a cenar- ordeno sentándose.

Para más de una persona no había pasado desapercibido que Rudolf ni siquiera había probado bocado, pero si una y otra vez, pedía que volvieran a llenar su vaso. Las conversaciones iban y venían acerca de todo tipo de halagos hacia su difunto hermano, pero él estaba demasiado lejos de ese lugar como para ser partícipe de ellas. Simplemente se limito a quedarse en silencio con sus pensamientos.

-Esto no es tan diferente al funeral- murmuro Nicole.

-Su hermano esta muerto ¿Qué esperas?- pregunto Lucy de igual manera.

-Silencio- demando Paul observándolas. Estas se vieron sorprendidas pensando que no estaba escuchándolas- no me dejan escuchar- agrego tranquilizándolas una vez más.

-¡¿Pero qué…?!- se escucho llamando la atención de todos. Rudolf se levanto tan rápido como pudo.

-Lo siento, señor. Lo siento mucho… no fue a propósito, fue un accidente…

-¡Claro que fue a propósito!- la interrumpió- No te gusta estar aquí ¿cierto?-tomándola del cabello- ¿quieres terminar como los demás?

-Rudolf…- murmuro Anette.

-Señor, por favor, no la lastime- se acerco un hombre- prometo que no volverá a suceder. Le doy mi palabra.

-¿Qué no volverá a suceder?-pregunto mirándolo- tu palabra no vale nada para mi, se que esta mocosa lo ha hecho a propósito ¿verdad? ¡Dime que fue a propósito!

-No es así- quejándose- fue un accidente…

-Señor, si gusta ella ya no le servirá, puedo hacerlo yo. Ella estará en la cocina- suplico el hombre- por favor… por favor, es la única hija que me queda- pidió. Rudolf rio. Hacia algunos días había sucedido algo similar con el café, solo que ese día no se encontraba de buen humor y se encargo de que la chica tuviera su merecido.

-Lo siento, lo siento mucho- se disculpo con dolor. Rudolf no la había soltado en ningún momento.

-Por favor, señor. Se lo suplico- volvió a pedir el hombre.

-¿Qué se supone que debo hacer?-pregunto Rudolf en general. Algunos levantaron sus hombros, otros simplemente sonrieron cómplices.

-Siendo que estamos todos en tu casa, la decisión queda completamente en tus manos, amigo- dijo Paul levantando su copa.

-Lo sé- asintió sonriendo.

-Rudolf… no es necesario- murmuro Anette mirándolo.

-Claro que lo es- contradijo- vengan los que quieran- dijo antes de caminar con la chica aun sujetándola.

-¡No!-grito- ¡por favor, por favor!

-Piedad ¡piedad con mi hija!- pidió el hombre siguiéndolos.

-¡Quítenlo de mi vista!- ordeno Rudolf. Dos hombres se levantaron rápidamente sujetándolo.

Los demás siguieron a Rudolf hacia afuera. Lucy se levanto tan pronto como su padre lo hizo, estaba muy segura que él quería que estuviera ahí con él. Aunque para nada quería presenciar aquello. Nicole la imito, simplemente porque no quería quedarse a solas con la esposa e hija de Rudolf. Aquello seria una escena muy incómoda.

-¡El arma!- grito a la vez que empujaba la chica al suelo. Esta rápidamente se abalanzo a sus pies.

-Piedad, piedad por favor- lloro sujetándolo.

-¡Quítate!- volvió a gritar pateándola, pero la chica rápidamente pudo regresar para sujetarlo una vez más- hacer esto en honor a mi hermano- dijo negando- ¡quítenmela imbéciles, no se queden ahí mirando!- ordeno. Los hombres, luego de luchar por unos instantes lograron que la joven se desprendiera finalmente de sus piernas. Rudolf ordeno que la acostaran en al suelo con ambas manos atrás. Esta simplemente se quedo murmurando algo mientras lloraba, seguramente estaría rezando. Rudolf cargo el arma y esta tan pronto estuvo lista, no dudo un segundo en jalar el gatillo apuntando la cabeza de la chica de la que ni siquiera conocía su nombre.

-Volvamos adentro- dijo Paul riendo.

-Ustedes dos- dijo Rudolf- encárguense del cuerpo- ordeno. Los hombres asintieron y se llevaron el cadáver hacia la parte trasera de la casa. Ellos sabían o que debían hacer.

Al regresar, la cena transcurrió como si nada. Anette se sorprendía por su esposo, quien estaba sentado a su lado luciendo terriblemente aburrido, o los efectos del alcohol ya estaban actuando en su cuerpo. Se preguntaba cómo es que había hecho aquello y ahora estuviera ahí tan tranquilo ¿Quién era esa persona con la que se había casado? Aquello no era ni la mitad del hombre que ella recordaba, ya ni siquiera podía decir que lo conocía.
Para cuando todo finalmente termino a altas horas de la madrugada, Rudolf ofreció algunas habitaciones para aquellos que quisieran quedarse. Algunos estaban demasiado ebrios y aceptaron el ofrecimiento del oficial sin pensárselo dos veces.

Yulia no perdió un segundo más ahí, en cuanto su padre se distrajo y obviamente ya no requería de su presencia, ni la de su madre, fue directo hacia su habitación. La chica que se había llevado a rastras, jamás regreso. Solamente fueron ellos quienes lo hicieron, y sobre todo, lo hicieron riendo. Sabía lo que había sucedido, aquello no hizo más que aumentar su rechazo ¿las cosas tendrían que ser siempre así? Lo que habia sucedido, que no fue más que un tonto accidente, no justificaba quitar una vida. Pero para ellos, como tantas veces había repetido Rudolf, era obvio que sus vidas no significaban nada para ellos. Ni siquiera las consideraban personas. Ellos eran simplemente una molestia en su camino, e iban a encargarse de aquello a como dieran lugar. Con este ultimo pensamiento, cerro sus ojos quedando rápidamente dormida producto del cansancio de aquel pesado día. Qué locura la que estaba viviendo.


Anette volvió a girar su cuerpo sobre la cama una vez más, sentía su mente muy cargada y el cuerpo pesado, pero por más que lo intentara no lograba poder dormir. Los sucesos de la cena no paraban de de aparecer en su mente una y otra vez. Ella cerró sus ojos con dolor, estaba segura que aquella joven contaba con la misma edad que Yulia.

-Yulia- susurro abriendo sus ojos. Seguramente su hija se encontraba en las mismas condiciones que ella. Eso l preocupo. Anette logro levantarse con mucho cuidado de no hacer ruido, la habitación de Yulia no estaba muy lejos de la suya, así que no tardo demasiado en llegar. Estaba a punto de abrir la puerta cuando una fría mano tapo su boca, evitando el grito por la sorpresa, y luego, sintiendo algo aun más frio y duro ponerse sobre su cuello.

Rudolf estaba sintiendo un fuerte dolor de cabeza, cosa que estaba empeorando su humor al no poder dormir de una buena vez. Extendió su brazo a su derecha y suspiro cuando lo encontró vacio. Aun no entendía porque se habia ido a otra habitación diferente a la de Anette, al menos quería ahorrarle la incomodidad de los primeros días, sabía que tanto ella como Yulia no disfrutaban de su compañía, y si estaban ahí, era simplemente por él. Suspiro. No habían sido siempre la familia más unida, pero él jamás preciso de tratarlas como lo estaba haciendo ¿Qué fue lo que cambio? Simplemente se habia equivocado en cómo empezar las cosas. Se levanto de la cama sin esperar un segundo mas, estaba seguro que su esposa no iba a estar contenta con su visita, pero también sabía que ella no iba a dar alguna queja al respecto. Simplemente quería dormir a su lado, como lo hacían en aquellos tiempos en los que nada se habia arruinado aun.
Estaba preparándose para ver el rostro decepcionado y sorprendido de Anette, pero la sorpresa se la habia llevado él cuando encontró el cuarto completamente vacío. Rápidamente una idea vino a su mente y se encamino directamente hacia otra habitación, con la que interiormente intuía que se encontraría con el mismo panorama. De nuevo sucedía.


Rudolf acelero los pasos en la oscuridad del pasillo, pero un extraño murmullo de garganta le llamo la atención confundiéndolo. Redujo un poco su velocidad y se maldijo por no llevar su arma cuando el panorama frente a sus ojos se presento hasta casi asustarlo.

-Todo- murmuro el hombre- me lo quitaron todo- paseo el cuchillo una vez más por todo lo largo del cuello de Anette mientras las lagrimas caían-  pensaba cobrar con la misma moneda cuando me encuentro con este magnífico regalo- comento- tu vida será pagada con la de mi primera hija- rio muy bajo- y luego será tu hija, voy a dejarlo sin nada, tal cual como me lo hicieron a mi- Anette quiso responder, pero la mano estaba fuertemente sujeta a su boca. Las lagrimas de impotencia también comenzaron a caer, el solo pensar que ella iba a morir no le importaba, lo que dolía que luego iría por Yulia y ella no estaría ahí para defenderla, nadie lo haría  ¿pero como haría para hacerle entender que ellas no tenían nada que ver eso? Si por ella fuera, hace tiempo se hubiera marchado lejos de toda aquella locura. Pero el hombre contenía rabia y tristeza en su interior, sus hijas muertas, ya no le quedaba nada más que la venganza que estaba a punto de obtener- voy a disfrutar tanto de esto, maldita nazi de porquería- saboreo las palabras.

-Hazle un solo rasguño y me encargare personalmente de que quedes irreconocible- dijo una voz asustándolo. El hombre giro tan rápido asustado que casi cae  junto con Anette en el proceso- suéltala- demando Rudolf dando un paso adelante.

-Nunca- respondió sujetándola. Tomo un poco mas de valor al ver que Rudolf estaba solo, y visiblemente desarmado- mala idea oficial, ahora vivirás en carne propia lo que yo sentí.

-¡Suéltala!- volvió a ordenar levantando la voz. Aquello seguramente llamaría la atención de más de uno- ¡Suéltala ahora mismo!

-¡No!- negó el hombre retrocediendo. Estaban haciendo demasiado ruido y sabia que no contaba ya con tiempo. Si no se apresuraba ahora, todo habría sido inútil, sabía que aquello le iba a costar la vida, pero al menos no se  iría con las manos vacías.

-¡Maldita rata inmunda!

Paul se despertó justo en ese momento, y si no se equivocaba, aquella era la voz de Rudolf ¿Qué hacia despierto? Y por sobre todo ¿Por qué estaba gritando? Estaba seguro que el grito provenía desde el pasillo, vacilo por unos momentos, quizás estaba discutiendo con Anette, pero no eran horas y más hacer aquello en pleno pasillo. Estaba a punto de volver a dormir, cuando escucho otro grito. Aquello le resultaba extraño, quizás solo miraría para ver que tanto pasaba y luego volvería a su cama. Las cosas de su matrimonio no le concernían a él.

-Oh maldito judío, no sabes cómo te vas a arrepentir de esto- murmuro enojado.

El hombre retrocedió unos pasos llevándose a Anette consigo, quizás si era rápido, lograría entrar en la habitación en la que estaba seguro que estaba su hija. Podría encerrarse ahí y haría las cosas rápidamente, para cuando ellos logren entrar, ya sería demasiado tarde. Parecía un buen plan, solo debía encargarse de no se acercara demasiado.

-Un paso más y vas a arrepentirte- dijo haciendo presión con su cuchillo. Anette se quejo por eso y comenzó a sentir dolor. Puso su vista el frente, nunca quiso tanto como en esos momentos correr a los brazos de su esposo. Aquello no era más que la consecuencia de sus actos.

-Maldito…- murmuro Rudolf deteniéndose. La vista de Paul algunos metros más atrás lo sorprendió. Rápidamente cambio su postura e intento lucir como si nada, si el maldito judío giraba y lo veía, sabría que ese sería el fin.

-Vas a quedarte donde estas- dijo el hombre dando algunos pasos al costado.

-Ni lo intentes- dijo Rudolf pensando en sus intenciones- vas a suplicar luego de esto maldito judío- Disimuladamente le hizo una señal a Paul, quien rápidamente asintió y comenzó a acercarse al hombre.

-Obsérvame- contesto cuando un pequeño hilo de sangre caía en el cuello de Anette. Aquello lo alarmo.

-¡Paul!- grito mirándolo. El hombre se confundió y justo en el momento que giro su rostro hacia atrás, un fuerte puño impacto en su rostro haciendo que casi pierda el equilibrio. Anette sintió que el agarre aflojo y aprovecho ese momento para librarse finalmente. Yulia habia elegido justo ese momento para salir y ver al hombre caer al suelo luego de que Rudolf también lo golpeara.

-¿Mamá?-pregunto sorprendida al ver.

-¡Yulia!- grito Anette acercándose a ella. Rápidamente la abrazo.

-¿Qué es todo esto?-pregunto para qué solo ella la escuchara, mientras tanto Rudolf y Paul desarmaban al hombre y lo sujetaban. Aquel alboroto logro llamar la atención de los demás y pronto el pasillo estaba lleno- ¿Qué te sucedió en el cuello?-pregunto al ver la sangre. Anette solo en ese momento recordó aquel corte.

-No es nada- la tranquilizo- lo importante es que no ha ocurrido nada- murmuro sobre su cabeza.

-¿Qué no es nada?-pregunto Rudolf- esta escoria estuvo a punto de matar a tu madre, Yulia- revelo para su sorpresa- si no llegaba a tiempo la iba a matar, y seguramente luego lo hubiera hecho contigo.

-¿Qué?-pregunto sorprendida.

-Yulia…

-Así como escuchas ¿ahora entiendes por qué no deberían existir? Iba a matarla Yulia.

-Y lo haría ahora si tú viera la oportunidad- dijo el hombre con valor.

-¡Cállate!- dijo Paul golpeándolo en el estomago.

-¿Lo ves? Tú no le importas, solo te quería muerta. Al igual que con tu madre ¡todos afuera!- ordeno.

Yulia no estaba segura porque, pero decidió ir detrás de ellos. Anette quiso detenerla, pero no logro. Una vez que estaban afuera, el frió impacto en el cuerpo de todos, pero nada de eso los iba a detener. El hombre no se salvo de la paliza recibida  en manos de Rudolf, la sangre estaba presente en todo su rostro y  solo ahí se detuvo, también producto del cansancio. Paul le dio un cuchillo y lo tomo acercándose. Rudolf estaba a punto de divertirse con el cuándo idea se le vino a la mente.

-No- retrocediendo- denme un arma- ordeno. Devolvió el cuchillo y tomo la pistola que un hombre le alcanzo con rapidez- Yulia ven aquí- dijo mirándola. Anette quiso protestar, pero sabía que era inútil. Yulia la observo sin saber que hacer- Yulia- repitió levantando la voz. Su madre asintió muy a su pesar y Yulia se acerco hasta estar a tu lado- tu lo vas a hacer- dijo colocando el arma en su mano.

-¿Yo?

-Si, después de todo el te quería muerta a ti.

-Pero yo… yo no…- intentando devolverle el arma.

-¡El iba a matarte, Yulia!- grito- ¡míralo!- Yulia lo miro, el hombre simplemente se encontraba observando el suelo. Ella comenzó a temblar, producto del frió y de lo que se imaginaba que podría suceder- ¡él iba a matar a tu madre también! ¿Eso es lo que quieres?

-No- negando.

-Pues a él no le iba a importar lo que tú quieras o no, tenía un cuchillo en su garganta, si no llegaba a tiempo su cabeza iba a estar colgando de su mano para cuando fuera por ti- murmuro en su oído. Yulia rápidamente apretó sus ojos con esa imagen en su mente. Giro encontrándose con el rostro de su madre, bajo un poco más y observo en ese momento la sangre que aun tenía en el cuello.

-Pero yo no puedo…- tembló observado el arma. Rudolf siguió poniéndole imágenes en su cabeza, todas eran su de madre muerta. Aquello acelero su respiración al igual que los latidos de su corazón. Si no fuera por Rudolf, su madre estaría muerta por culpa de aquel hombre.

-¡Hazlo Yulia!


Última edición por pei_17 el Jue Jun 08, 2017 2:11 pm, editado 2 veces

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por Kano chan el Miér Jun 07, 2017 9:34 pm

Woooah has vuelto con todo !! Espero que Yulia no lo maté!! Pero ya veremos que pasa !!
Saludos
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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por Rosy el Miér Jun 07, 2017 11:00 pm

Me gusta!! Me hace recordar un libro que leí hace mucho "El pozo de la Soledad". De verdad que tu historia es muy buena. Felicidades.

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Que fuerte!

Mensaje por Zaninivolk el Dom Jun 18, 2017 5:02 pm

Ay Dios mío!
Esto se pone bueno para comerse las uñas
Te la rifaste con este capítulo
Y encima me dejas con ansias d saber que va a suceder
Pei eres la mejor! Yo soy fan de tus historias y esta,está de lo mejor.

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por Lesdrumm el Lun Jul 10, 2017 2:16 am

Por fin termine de leer 3 capítulos que subiste. Demasiados sucesos. Primero de todo no pude evitar angustiarme con la muerte de esa criatura de esa chiquilla, y su bien aquí es ficción sabemos que esto sucedio en la realidad y hubieron tantas asi, es muy angustiante para mi y más si pienso en Kasia y su hermanita si en el futuro las agarrarán. Por otro lado Lucy debería matarlo a esa rata que tiene como padre, es una maldita idiota, la golpea a ella a la madre y ella está ahí como boba, me enerva eso de ella. Y Yulia igual me enervacon su blandes, porque se yace la caprichosa pero no le dan los ovarios para enfrentarse al padre, estamos en las mismas que Lucy. La mama de Yulia es la única que me da pena en toda es mierda y al hombre que casi la mató no puedo decir que no justifico les mataron a todasy familia, quien en sus cinco sentidos no se vengaria, pero eligio mal, hubiera matado a Rudolph y de paso al Paul. Y bueno aparecio Katina, por supuesto como es típico de ella, alguna idiotes ira a hacer. Y por último, la familia Milch con los Borek me dejo una sensación extraña, ojalá no sea mal para ellos, y más cuando la esposa se estusiasmo tanto con Lila. Me gustaría leer más de Kasia pero supongo que todo a su tiempo. Para los lectores es bueno recordarles que 4 protagonistas o 5 si sumamos a Nicole, que creo que tiene un rol no tan secundario. En fin espero el próximo y no tardes tanto aunque nunca se sabe con la señora Pei, algún día date una vuelta por mi historia y dame tu mirada crítica. Jajaja
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Olvidadas

Mensaje por Zaninivolk el Sáb Ago 05, 2017 5:10 pm

Hola querida pei,espero que te encuentres bien,ojalá que si.,solo te quería decir
Por favor no te olvides de nosotras.
Tus fans que esperamos fielmente que regreses y nos des grandes sorpresas.
Please! Ya es mucho tiempo

Zaninivolk
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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por Ila García el Dom Sep 17, 2017 1:26 am

Pei... es un deleite leerte, eres por mucho mi escritora favorita me declaro tu fan... muchas gracias por tus letras, no dejes de escribir, tienes un talento impresionante!

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por pei_17 el Lun Sep 18, 2017 10:27 pm

Kano chan: LAs cosas a medida que avancen se podrán muy diferentes, puede ser todo cambiante en esta historia. Las chicas no tienen demasiada resistencia, supongo que es cuestion de tiempo ver como van mostrandose los cambios. Muchas gracias por leer y tomarte la molestia de comentar, saludos!
Rosy:Me alegra muchisimo que la historia te guste y mas que te recuerde a otra, algo se esta haciendo bien. Gracias por tu plabras y sin mas, dejo mas de la continuación. Saludos.
Zaninivolk: Se que es mi culpa, pero prometo ya no hacer mas extensas estas esperas. Me alegran muchos tus palabras y ver que sigues fielmente la historia, sinceramente ésta cosas inesperadas y espero poder seguirla haciendo interesante para ustedes. Simplemente gracias por el apoyo  y tus comentarios. Que andes bien!
Hollsteinvanman:Es obvio que estan completamente obligadas en la situacion en la que estan, pero ¿que hacer para salirse de eso? quieran o no, opciones no tienen. La familia Borek corre con mucha suerte al resguardarse en la fabrica, pero como esta esta bajo sospechas, es cuestión de ver con el tiempo como seguirá eso para todos ahí. Es bueno que recalques que no solo hay dos personajes acá, se que quizás parece que algunas veces quedan desplazados, pero aun faltan muchos capítulos por venir y todos van a tener su participación por igual, si los  pusiera todos creo que seria demasiado extenso, aunque no creo que tengan problema con eso jaja en fin, me voy a dar la pasadita y ver que tal. Se que las esperas son horribles, pero tampoco es fácil,y el tiempo y las ganas no siempre llegan igual, veremos que se hace. Saludos!
Ila García:Muchas gracias por tus palabras, sinceramente. Me alegra mucho que te guste tanto y  lo hagas saber, espero estar a la altura de eso. Uno lo hace con mucho gusto cuando ve estas cosas, dejo mas continuación para saber que tal. Que andes bien!

Alemania, Berlín




-Gracias, no tengo ni siquiera palabras para agradecer lo que han hecho por nosotros.

-No las des- respondió Gerda abrazándola- lo hemos hecho sin dudar.

-De todas maneras, como he dicho antes, somos unos desconocidos y…

-Ya no lo eres- interrumpió Frederick- eres el hermano de mi amigo, y espero que ahora lo seas también.

-Sin duda- sonriendo mientras correspondía el saludo- pero como ha dicho mi esposa, gracias. Estaremos siempre en deuda con ustedes.

-Sera saldada cuando vuelvan a visitarnos, solo esperemos que sea en otras condiciones-siguió Gerda.

-Esperemos- secundo Adila.

-Y ustedes niñas- mirando a las rubias. Gerda abrazo a Kasia y luego se puso a la altura de la pequeña Lila- y esto es para ti-dándole una muñeca- se que tu le darás mas utilidad.

-Gracias- respondió Lila emocionada.

-Bien, ya no sigamos demorándonos- dijo Frederick- llevare estas valijas, los esperare abajo.

-Te ayudo- lo siguió Patrick.

-Adila, espero sinceramente que las cosas salgan bien con ustedes-tomándola de las manos- tienes unas hijas preciosas, se que ellas estarán bien. Lo sé.

-Muchas gracias, Gerda, yo también espero que sea así. Todo por ellas.

-Lo será, no lo dudes- asintió- ahora ya no pierdan más tiempo aquí, cada minuto cuenta.

-Adiós Gerda, gracias por todo- dijo Kasia.

-No fue nada, siempre contaran con nosotros- dijo. Saludo a la pequeña Lila con su mano y luego vio como las mujeres se marchaban.

Gerda observo desde la ventana como llegaban hasta el auto de su esposo metiéndose apresuradamente, y luego salieron a toda marcha. Habían acordado que ella no iría con ellos, hacer aquello en la noche era demasiado arriesgado y más cuando estaban violando el toque de queda, pero no podían volver a exponerse con la luz del día. Ella solo coloco la mano en su pecho y espero profundamente que su esposo y toda esa familia llegaran bien. Solo eso pedía.

La situación dentro del auto era exactamente igual como aquella vez en la que iban por primera vez sin saber que esperar, los nervios estaban a flor piel y eso aumentaba a medida que cada uno notaba que hacía varias cuadras un auto, al igual que ellos, estaba rondando a ese horario y mas dando la sensación de estar siguiéndolos.

-¿Realmente fue una buena idea hacerlo ahora?-pregunto Adila. Apretó fuertemente una mano sobre la otra, rezando muy bajo por la seguridad de cada uno dentro de aquel auto. Nadie le había respondido en minutos.

-Sé que si- dijo finalmente Frederick. Logro suspirar apretando fuertemente el volante cuando vio por el espejo retrovisor que el auto finalmente doblaba. Ahora solamente debía preocuparse por una sola cosa. Y eso no quitaba el peligro.

Eryk observo la hora y luego bebió de la copa que tenía en frente, había decidido quedarse en la fábrica esa noche. Su esposa, por supuesto no había puesto ninguna queja, ella había querido hacerle compañía, pero por insistencia de este se marcho a casa, esperando también que todo marchara bien. El hombre se paseo por toda la habitación cuando noto que estaban llegando algo tarde, pero su atención se concentro en la ventana cuando escucho indudablemente el sonido de un auto. Ni siquiera se detuvo a observar por la ventana, simplemente bajo las escaleras casi tropezándose, y en cuanto salió, pudo respirar tranquilo al ver a su hermano y a toda su familia a salvo.

-Gracias Frederick, gracias- abrazándolo.

-Eres como un hermano para mi, Eryk. Lo hice, sin dudarlo.

-Lo sé, lo sé- asintiendo. Eryk se separo de él y luego tomo las maletas que cargaba Adila. Esta le agradeció con una sonrisa  y luego se marcho junto a sus hijas rápidamente hacia la fabrica.

Los hombres se despidieron de Frederick, agradeciéndole una última vez y luego entraron en silencio.

-¿Días difíciles?- pregunto Patrick rompiendo el silencio.

-No tienes idea- suspirando- pero ya paso, todo paso. Solo espero que ahora que las cosas están aclaradas, ya no tengamos que hacer esto.

-Esperemos- dijo- vete a descansar, luces terrible.

-Lo sé, nos vemos mañana. Después de todo será un gran día-sonriendo. Patrick también sonrió y luego se marcho a dormir. Su hermano tenía razón, definitivamente seria un grandioso día.  

Lila había tenido el mejor despertar por parte de sus familiares, por supuesto que no se había salvado de las plegarias por la mañana que le había obligado a hacer su madre, pero estaba acostumbrada ya a eso, así que no dudo en pedir sus deseos ya que era su día especial.

-Y esto es para ti- dijo Eryk dándole un regalo de parte de él y su esposa.

-No se hubieran molestado- contesto Adila a ver el regalo.

-Para nada, no todos los días cumples diez años- contesto la esposa de Eryk- la pequeña se lo merece.

-¡Gracias tía!- abrazándola.

-Gracias por todo esto Eryk, será un bonito recuerdo para ella- se acerco su hermano.

-Como ya dijo mi esposa, la pequeña se lo merece. Ahora  ¡A comer! Nuestras esposas se han esmerado demasiado con este banquete.

-Aquí hay comida para tres días mas- sonrió Kasia- quizás nos hemos excedido un poco.

-Di eso mismo cuando acabemos, quiero ver que tanto queda- contesto su padre.

Todos rodearon la mesa mirándose con alegría, el ambiente estaba libre de preocupaciones y solo importaba Lila en su gran día.

-¿Qué tal si dejamos que la cumpleañera haga los honores?- propuso Eryk. Lila asintió emocionada y se coloco en posición, diciendo las primeras palabras que salían de su corazón, tal cual como se lo había enseñado su madre.

-Amén- corearon todos al final.

Y como todos esperaban, el día había pasado sin ningún tipo de problemas. La pequeña Lila iluminaba todo con su alegría y eso no hacía más que contagiar a todos. Había pedido permiso a sus padres para salir a jugar, y estos solo aceptaron si era en compañía de su hermana mayor. Kasia no tuvo ningún problema y la acompaño hasta la parte trasera de la fábrica, observándola como jugaba con sus muñecas nuevas.

-¿No estás un poco grande para seguir jugando con muñecas?- Le pregunto sonriendo. Lila simplemente negó y siguió en lo suyo. Unos cuantos minutos después la observo.

-¿Tú no quieres jugar?- pregunto. Kasia rio.

-No lo creo. Definitivamente estoy grande para eso.

-Por favor, Kasia. Es mi cumpleaños- pidió- prometo no contárselo a nadie- Kasia lo pensó un instante, después de todo ¿Qué importaba? Se acerco a su pequeña hermana y se entretuvo un buen tiempo jugando, a decir verdad aquello ni siquiera era un gran esfuerzo. Disfruto de olvidarse de todo, aunque solo fuera por unos cuantos minutos.

-¿Y ya le has puesto nombre?- pregunto refiriéndose a las muñecas.

-¿Tengo que ponerles?- pregunto interesada.

-No lo sé- levantando sus hombros- cuando yo tenía las mías, cada una tenía un nombre.

-Entonces también les pondré nombre, debes ayudarme- dijo.  Kasia asintió acercándose más cuando el rostro de Lila cambio-¡Mira Kasia, volvió!- grito entusiasmada. Su hermana no entendió y entonces giro para mirar en su misma dirección.

El perro que había entrado ahí hace unos días, se encontraba nuevamente. Estaba olfateando algo en el suelo, seguramente aun no las había notado, sino  hubiera ido en su dirección tan pronto verlas.

-No lo volverás a hacer- dijo Kasia sujetándola del brazo. Lila se había parado y  era clara su intención de ir por el- quédate aquí, Lila.

-Pero Kasia, mira- señalándolo- se va a ir.

-No me importa- siguió en la misma postura- pero no volverás a ir detrás de ese perro, solo si viene a nosotras podrás jugar con él.

-Eres muy mala conmigo- sentándose en el suelo.

-No me importa, pero aquí te quedas- sentencio. Lila observo todo el tiempo al canino, con ganas de que esta las viera y fuera en su dirección, pero grande fue su decepción cuando este salió de la fábrica, tal cual como lo había hecho la última vez. Suspiro enojada y observo seriamente a Kasia.

-Todo es tu culpa- murmuro enojada- se lo diré a mamá- amenazo. La rubia mayor simplemente suspiro y negó.

-¿Cuándo entenderás que esos hombre son malos, Lila?- le pregunto observándola detenidamente. Su hermana aun era pequeña para comprender ciertas cosas, pero era hora de que supiera el peligro que corría. Si algún día ellos no estaban allí para hacérselo saber, necesitaba que su hermana comprendiera cuan cuidadosa debía ser.

-¿Los nazis?-pregunto Lila.

-Exacto. Ellos son malos, Lila. Y se te ven, pueden hacerte daño, tal cual como se lo hicieron a papá aquella vez ¿recuerdas? ¿Tú quieres que te lo hagan a ti también?

-No-negó eufóricamente- y tampoco quiero que se lo hagan a papá.

-Yo también espero eso, a ninguno de nosotros- comento- pero debes tener cuidado ¿entiendes? Es por eso que estamos ocultos aquí, debemos esperar a que todo esto termine, aquí estamos a salvo.

-Pero ya no podemos regresar, no tenemos casa.

-Eso lo veremos después- acaricio su cabello- pero por el momento debemos preocuparnos por estar juntos y a salvo. Ya no puedes ir por ahí sin tener cuidado, es mejor así. Estar escondidos, sin que nos vean.

-No tienes que preocuparte por eso, Kasia. Ya lo pedí en mis oraciones ¿quieres saber?

-No sé si sea una buena que lo cuentes.

-No te preocupes, yo se que no. Pero los hombres malos no nos harán daño, y todo va a terminar y ya no nos tendremos que esconder. Lo sé porque lo pedí y es mi cumpleaños. Sé que Dios me escucho y lo hará ¿cierto, Kasia? Mamá siempre me dice que el escucha.

Kasia simplemente observo la inocencia de su rostro y no supo que contestar. Simplemente la tomo de sus brazos y la abrazo fuertemente ¿Cómo decirle la verdad más pura? ¿Cómo explicarle a su pequeña hermana que su vida no valía nada allí afuera? ¿Qué cualquiera de ellos podría un día desaparecer si no tenían cuidado y posiblemente nunca más sabrían algo?

-Ese es un muy buen deseo, Lila- cerrando fuertemente los ojos- es muy bueno y por eso se que se cumplirá- intento convencerse. Kasia se pregunto interiormente cuantos pedidos mas como aquel se hacían cada minuto, y por supuesto, cuántos de ellos serán realmente cumplidos. Ya ni siquiera sabía si era suerte realmente con lo que contaban cada día. Lo único que sabía con entera certeza era que tendría que sobrevivir a todo aquello, a como diera lugar.


Se pasaron la tarde entera jugando  y disfrutando de aquel tiempo al aire libre. Kasia observo el cielo y decidió ayudar a Lila a recoger sus cosas para entrar nuevamente a la fábrica. Seguramente su madre iba a necesitar ayuda para la cena.
En cuanto entraron, notaron que Eryk estaba solo, había decidido quedarse esa noche ya que debía encargarse de unos papeles y seguramente le iba a llevar bastante tiempo. Lila se dirigió a un rincón con la intención de seguir jugando, así que Kasia fue con su madre, quien como ya esperaba, estaba cortando algunas verduras para la cena.

No había sido hasta que todos estaban cenando tranquilamente, cuando el sonido brusco de la puerta los asusto a todos. Rápidamente dirigieron la vista en la entrada encontrando a Adam sumamente pálido, tenía los ojos un tanto llorosos y esos los alerto.

-¿Adam, que sucede?-pregunto Eryk parándose. Ni siquiera había llegado a él cuando este cayó de rodillas al suelo vomitando.

* * * * *

Polonia, Varsovia.

Yulia cerró tan fuerte los ojos como pudo y suspiro para calmarse. Su mano no paraba de temblarle, comenzó a sentir muchos nervios y la voz de Rudolf no ayudaba en nada para calmarla.

-¿Qué esperas, Yulia? ¡Hazlo de una vez!- volvió a repetir.

Yulia observo a todos a su alrededor, cada uno estaba expectante a lo que sucedía, y ella estaba segura que todos ahí deseaban que apretara el gatillo de una vez, todos, excepto solo una persona.
Fue ahí entonces que decidió mirar a su madre una vez más, estaba segura que el mismo terror que se reflejaba en los ojos de Anette, estaba puesto en los suyos también ¿Qué hacer? Aquel hombre frente a ella, de rodillas y murmurando algo, había intentando matarla. Su padre había llegado a tiempo para impedirlo ¿estaría ella viva si las cosas hubieran sido diferentes? Sabía la respuesta. Sabía que la razón había sido lo que sucedió en la cena,  y ella, honestamente, no lo culpaba. A pesar de todo, no lo culpaba. Pero ahora ya no había vuelta atrás, ella no tenía la culpa, intentar hacerle entender que ella no tenía nada que ver en todo eso, era inútil. De todas maneras, su venganza no iba a devolverle la vida de sus hijas muertas a manos de su padre.

Rudolf.

Dirigió su mirada a él, quien increíblemente ahora estaba en silencio mirándola. Solo asintió con la cabeza. Yulia sabía lo que eso significaba, tenía su total aprobación en eso, sabía lo que él quería, lo que cada persona ahí quería, pero ella, ella no estaba segura. No quería aquello, desde un principio se lo había hecho saber, pero sin embargo, allí estaba. Era ahora que comprendía que no importaba lo que ella quisiera o no, si con tantas fuerzas se había revelado a todo eso al principio, y de todas maneras ahora se encontraba en esa complicada situación ¿Cuál sería la siguiente? Ella ni siquiera quería imaginárselo. Tenía un padre con poder, era respetado y eso lo sabía, y esa era su condena. Tenía que seguir sus pasos, debía seguir con todo porque eso era lo que le había tocado. Para eso siempre la había preparado y ahora lo entendía.

Observo que Lucy también estaba ahí, mirándola fijamente. Ella si había cedido a los deseo de su padre, a pesar de lo que le había dicho al principio cuando la conoció ¿era así como terminaría ella también? Notaba que no estaba feliz con eso, ni siquiera un poco, pero ahí estaba. Presenciando aquello, seguramente deseando que todo eso termine lo antes posible, no teniendo en cuenta que todo se trataba de la vida que ahora tenía en frente. Una vida que no había deseado aquello, como tampoco sabía que lo merecía. Ahora estaba en sus manos, y ella ni siquiera sabía qué hacer.

-Yulia…- murmuro esta vez Rudolf. Seguramente ya estaba impaciente. Estaba dándole demasiadas vueltas al asunto y su paciencia ya comenzaba a extinguirse.

Pero no podía, ni siquiera lograba imaginarse haciéndolo. No estaba pidiéndole que estudiara determinada cosa, ni que hiciera el deporte que él quería, o lo acompañara en su deber. Estaba exigiéndole que acabara con una vida, nunca hubiera concedido una cosa así. Entonces el hombre finalmente la miro, con el rostro manchando con su propia sangre por la golpiza que le había dado su padre. El mismo hombre al que le habían asesinado a sus dos únicas hijas, el mismo hombre que quería buscar venganza cobrándose la vida de su madre y la suya. Pero ella no tenía nada que ver en eso, pero no importaba. Sus hijas tampoco tenían la culpa y ya no estaban. Yulia comprendía aquello, pero tampoco perdonaba el hecho que su madre podría estar muerta ahora mismo.

-Todos ustedes merecen morir, malditos enfermos- murmuro.

Entonces la mano que sujetaba el arma se alzo, y su pulso se acelero. El cuerpo se le lleno de impaciencia y no sabía si era por el frio que la estremecía. El arma daba directo en la frente de aquel hombre, que parecía ya haberse rendido ante su destino, pero al menos sabía que no se iría sin hacerles saber lo que ellos significaban para el también. Ella también era inocente, al igual que su madre, no estaba de acuerdo con eso. Sin embargo, iban a pagar las consecuencias. Yulia dio un paso al frente, con la decisión marcada en cada parte de su cuerpo. Rudolf también la imito, sorprendido por aquel cambio. Escuchando y viendo como su hija cambiaba su respiración. Iba a suceder. Realmente iba a suceder.
Yulia observo como el hombre cerro sus ojos, preparándose también, ya nada podía hacer. Ella decidió imitarlo, cerrando sus ojos y no escuchando más que los sonidos de la noche. Si lo iba a hacer, prefería no verlo. Respiro hondamente y se preparo, en cuanto exhalara el aire, apretaría el gatillo. Estaba decidido. Rudolf se acerco un poco más al ver eso, conto los segundos y…

-Yulia, no- se escucho.

Todos automáticamente había girado la cabeza para ver de quien provenía esa voz. Yulia abrió los ojos rápidamente y también observo, viendo cómo Anette negaba lentamente con la cabeza. Ella entendió, el brazo poco a poco regreso al costado de su cuerpo. Ya no iba a hacerlo, no quería. No estaba bien.
Rudolf observo a su esposa de la manera más penetrante posible, Anette estaba segura que si las miradas mataran, su corazón ya no estaría latiendo en esos momentos. El hombre suspiro demostrando su enojo, había estado tan cerca.

-¡Dame eso!- le arrebato el arma a Yulia. Prácticamente la había empujado a un costado para tomar su posición, y tan rápido como lo hizo, disparo directo al cráneo del hombre. El sonido seco del cuerpo al caer se escucho, nadie emitía palabra alguna- ¡Saquen su maldito cuerpo de mi vista!- ordeno.

Dos hombres se acercaron y lo levantaron, llevándoselo al fondo de la casa. Yulia ni siquiera lo miraba, sabia porque, y Rudolf no se molesto esta vez por eso, sino que se concentro en otra cosa. Fue directamente hacia Anette, quien había dado un paso hacia atrás de manera involuntaria. El la observo detenidamente, quería recordarle una vez más que aquel hombre iba a matarla a su propia hija también, no iba a importarle absolutamente nada. Sin embargo, no lo hizo. Sabía que de nada serviría, Anette tenía ese capricho de llevarle la contraria desde hace tiempo, pero ahora lo hizo frente a todos, y eso, era algo que ya no podía permitirse.

-Rudolf…

Este se giro, y se alejo de ella. Sin siquiera mostrar la intención de quererla escuchar, de todas maneras no quería. No escucharía una vez mas lo que tuviera para decirle, sus excusas, como manipulaba a Yulia para que fuera débil. Ya no más, esta sería la última vez. Estaba decidido.
Anette camino a paso lento hasta Yulia, quien estaba estática en su sitio. Todos los demás también se fueron adentro, quedando solas en tan solo segundos.

-Mamá…

-Tranquila, tranquila- abrazándola- solo vayamos a dormir, solo eso Yulia- comento. La rubia asintió y ambas regresaron a la casa. De todas maneras ¿Qué había para decir? Todos lo habían visto. No estaba segura ahora de  las consecuencias que eso le traería con su padre.

A la mañana siguiente, Rudolf personalmente fue a despertarla. Yulia no había dado ninguna protesta por haberla despertado tan temprano, se coloco la ropa que él le pidió y fue hasta abajo para desayunar con él. Los oficiales de la noche anterior ya se habían marchado, así que solamente contaban con su compañía mutua.

-Hoy vienes conmigo- aviso observándola- comenzaras con tu primer deber y no esperes volver para dormir porque nos quedaremos allá.

-Sí- solamente asintió. En cuanto su padre termino con el desayuno, se levanto para dar algunas órdenes. Anette había decidido justo bajar en ese momento para verla sola, por supuesto que había notado su vestimenta y entonces lo comprendió muy bien.

-Yulia- la llamo. Esta la observo, sin decir nada, sabía que eso estaría de más. Su madre se acerco hasta ella y la abrazo- no hagas ninguna locura, Yulia. Solo eso- le pidió. La rubia comprendió que su madre ya no lucharía por seguirla manteniendo de la manera en la que estaban, comprendía que era por lo que había sucedido la noche anterior. Rudolf ya no le perdonaría mas desplantes y ellas ya nada podían hacer.

Rudolf apareció justo en ese momento viendo la escena. No le sorprendía.

-Yulia, nos vamos- aviso. Anette había querido decir algo, pero al ver que este ni siquiera la miraba, decidió dejarlo pasar. Seguramente hasta que el enojo se le pasara, ellos podrían hablar. Quizás, solo quizás lograrían llegar a un acuerdo. Aunque eso sonara imposible hasta en sus pensamientos.

Yulia le dio una última mirada y se marcho con él, sin decir ni una sola palabra en todo el camino. Habían llegado al mismo sitio que ya conocía, aquel al que había ido a parar la primera vez al llegar.

-Hoy saldrás con Nicole, ella va a mostrarte como se hace todo- aviso antes de bajarse del auto. Ella lo imito y lo siguió detrás- pero no será hasta en la tarde, mientras tanto puedes seguir conociendo el lugar o bien podrías instruirte con otras cosas- él se detuvo para girar, Yulia lo hizo también si no quería chocar con el- y espero esta vez no tener ninguna sorpresa de tu parte, Yulia ¿estamos claros?

-Sí- asintió.

-Bien- dijo retrocediendo- mientras tanto ven conmigo a mi oficina, quiero mostraste algo.

Ella lo siguió sin decir más, y como Rudolf lo había dicho, se paso horas y horas explicándole muchas cosas. Obviamente había evitado algunos detalles, pero Yulia estaba obviamente en camino hacia aquello y no quería seguir perdiendo el tiempo. El seguía entretenido con algunas cosas cuando escucho el sonido de la puerta, Nicole apareció como siempre uniformada.

-Es la hora- anuncio. Rudolf se fijo en su reloj y efectivamente lo era. Se había olvidado por completo de eso entre tantas explicaciones, el se levanto asintiendo y vio como Yulia también lo hacía.

-Yulia, es momento de que te marches con Nicole. Es su turno, ella va a enseñarte todo- dijo. La rubia asintió y se fue detrás de Nicole, quien parecía a gusto con eso. Yulia le dio una mirada y luego se marcho, son ni siquiera pronunciar una palabra. No tenía ni una mínima idea a lo que iría a enfrentarse.

Rudolf hubiera querido estar presente para observar aquello, pero el deber se lo impedía en ese momento. Se había entretenido unos minutos más con sus cosas cuando Paul apareció, este se había parado en la puerta y lo miraba con una sonrisa. Rudolf sabía perfectamente a que se debía aquello.

-Si vas a hacer algún comentario con respecto a lo que sucedió anoche, ahórratelos. Ahora no estoy de humor- se adelanto. Paul se rio y levanto sus brazos a modo de calma.

-Solamente voy a decir que no entiendo a tu esposa- comento. Rudolf parecía ignorarlo, pero él no iba a detenerse- tantas y tantas mujeres sintiéndose orgullosas de sus esposos, y tu, el gran oficial Rudolf Roschmann es simplemente reducido a nada por su mismísima esposa. Te dije, te advertí que de esa manera no ibas a llegar a ningún lado- negando- ahora todos los demás saben quien lleva los pantalones- sonriendo.

-Yulia está aquí, seguramente te la cruzaste junto con Nicole. Así que ya no digas tonterías.

-Sí, pero no está aquí porque ella así lo quiere. No dudaría que dentro de poco se te volviera a escapar.

-Ella no lo hará- comento decidido.

-¿Y con qué garantía dices eso?-pregunto- mírame a mí, estoy aquí y no estoy preocupándome por nada. En cambio tu…-negando- ella necesita una razón, Rudolf. Una razón muy poderosa y tú aun no supiste dársela.

-¿Y a caso tu si lo sabes?-pregunto parándose- ¿a base de golpes? ¿Golpear a mi propia hija? Vaya manera la tuya.

-Yo solo encontré la manera para que supiera lo que tenía que hacer-dijo- quizás a ti también te resulte ¿Quién sabe?- levantando sus hombros- pero tú tienes el mismo obstáculo de hace tiempo y aun no haces nada-caminando hacia la puerta- y por cierto, si no quieres ser objeto de bromas, te aconsejo que te quedes en tu oficina – aviso antes de salir.

Rudolf se tomo su tiempo para hacer sus cosas, y aun ignorando lo que Paul le había dicho, salió. Debía inspeccionar otras cosas,  mientras lo hacía, no recibió ninguna clase de broma como esperaba, pero la manera en la que era observado si cambiaba las cosas para él. No había necesidad si quiera de escuchar una palabra, estas estaban escritas en el rostro de cada hombre que se cruzaba. Aquello no hizo más que atormentar mas a Rudolf, por supuesto que el pudo evitar todo eso a tiempo, pero sin embargo se había empecinado tanto con otras cosas que no supo ver su real problema. Recordó las palabras de Paul y eso aumento su enojo, por supuesto que no iba a admitirlo frente a él, pero tenía razón. Maldita sea, cuanto le costaba decirlo, pero tenía razón.

Llego hasta afuera y tomo el auto que estaba disponible para él. De una vez y para siempre ahora ya corregiría aquello, eso que tendría que haberlo hecho desde hace mucho tiempo, pero como esperaba que sucediera con Yulia, el también quería que Anette cambiara de parecer, pero aquello no parecía ni siquiera por asomo que así seria. Y como eso jamás iba a pasar, era hora de tenerlo.

Anette observo por la ventana y noto que ya había oscurecido. Observo la hora y se preocupo, Yulia aun no regresaba y a estas alturas dudaba que lo hiciera. No tenía una idea acerca de los planes de Rudolf ahora, pero solo esperaba volver a ver a su hija lo antes posible. Necesitaba hablar con Yulia, necesitaba decirle tantas cosas que no había podido decirle en la mañana. Sabía las intenciones de su esposo, pero solo si tuviera un tiempo a solas con ella quizás podrían idea un plan y marcharse de una vez lejos de toda aquella locura para nunca más volver.

Decidió que no cenaría esta noche, después de todo la angustia le había quitado cualquier apetito.  Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no había escuchado el auto frente a la casa, así como tampoco escucho la puerta principal. Estaba dirigiéndose justo hacia su habitación cuando la voz enojada de Rudolf la detuvo en su sitio.

-¡Te lo advertí, Anette! ¡Te dije una y mil veces que no interfirieras en mis planes!- grito.

-Rudolf…- giro asustada. Su esposo subió las escaleras en pocos pasos largos, llegando hasta ella al instante.

-¡Siempre interfiriendo en lo que sabes que no debes! ¡Ni pienso perdonarte que me hayas dejado en ridículo frente a todos anoche!

-Rudolf, yo…

-¡Rudolf, nada!- interrumpió enojado- ¡Estoy cansado, cansado de tenerte paciencia! ¿Pero sabes qué? Ya no la hay Anette, vas a quedarte en tu sitio cumpliendo con tu deber y no interfiriendo en nada ¿me escuchaste?

-¿Y sino que, Rudolf?- pregunto sorprendiéndolo- a mí nunca me pareció esta locura y no pienso dejar que arrastres a mi hija a eso. Y mientras pueda, seguiré haciéndolo. Yulia será una buena persona.

-No me provoques, Anette. No me provoques- tomándola del rostro- sabes que no me costaría nada darte tu merecido- apretando.

-Rudolf… me lastimas- se quejo. Aquello le dolía, si, pero no tanto como el dolor que sentía por dentro ¿Dónde quedaba el atento hombre del que se enamoro? Aquel ya no era su esposo, el poder y su desquiciada creencia lo había cegado por completo.

-Te lo mereces-mirándola fijamente- he dejado pasar varias, Anette. Pero anoche fue la última, Yulia estaba a punto de hacerlo ¿sabes? Ella quería, se que ella quería. Pero tenias que meterte tú y estropearlo, muy en el fondo ella sabe que eso es lo correcto.

-¿Correcto? ¿Desde cuándo asesinar gente inocente es lo correcto?

-¡¿Gente inocente?!-grito- ahí vas de nuevo, es por eso que ella es así ¡todo por tu culpa!

-¡No dejare que mi hija sea una asesina! ¡Yulia no hará lo que tú haces!

-¿Y quién va a impedirlo? ¡¿Tú?!- Rudolf se soltó y la tomo de ambos brazos sacudiéndola- ¡Ya no mas, Anette! ¡Ya no más!

-¡Siempre, siempre la protegeré!-contesto- ¡Siempre la protegeré de ti!

-¡¿Por qué no lo entiendes de una vez?! ¡Ella será la nueva generación mejorada, lo que realmente se merece este país!

-¡Estás loco Rudolf! ¡Te levaron el cerebro!

-¡Quien lo está eres tú! ¡Nunca lo entendiste!

-¡Me la llevare, me la llevare lejos! ¡Deja que me lleve a Yulia conmigo y ya no nos veras más!

-De ninguna manera ¿me escuchaste? ¡De ninguna manera hare eso! ¡Ella se queda conmigo!

-¡No permitiré que la conviertas en una desquiciada como tú! ¡Ya ni te conozco!

-¡Cállate, Anette! ¡Cállate de una vez!

-¡Nunca! Hare lo que sea para escaparme de ti ¡eres un loco!

-¡Cállate!- grito dándole una gran bofetada.

Rudolf ni siquiera había medido su fuerza, si, también quería que Anette sintiera dolor para que de una vez comprendiera, pero no contaba con que esta perdería el equilibrio, yendo directamente a parar a las escaleras. El observo desde arriba como su esposa se golpeaba escalón por escalón al caer, sin poder hacer nada para ayudarla. Había ido con la clara intención de asustarla, darle una paliza si fuera necesario, pero no contaba con que aquello sucediera. Los segundos de silencio que siguieron después lograron ponerlo nervioso. Anette ni siquiera se movía, y si mal no se equivocaba desde su lugar, no parecía ni siquiera estar respirando.

-¿Anette?

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por Kano chan el Mar Sep 19, 2017 11:20 am

Joder !! Seguro le hecha la culpa a los judios para que Yulia por fin haga lo que el quiere !!!!!!
Y si entiendo el que las circunstancias aveces nos obligan a tomar decisiones que no queremos pero siempre hay que tener esperanza !!!! Smile
Saludos !!! Ya nos leeremos y espero no sea en una eternidad Wink
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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por Rosy el Miér Sep 20, 2017 3:55 pm

Ay Dios mío!! Súper intrigante este capítulo. Espero no tardes mucho con el próximo.

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Me mataste

Mensaje por Zaninivolk el Sáb Sep 23, 2017 12:52 pm

Que manera de volver!!! Dios mío pei,volviste y de qué manera,mujer cada vez me atas más a esta historia y yo me siento muy feliz
Cada personaje va tomando forma
Ay Dios! Espero el próximo con ansias ❤️❤️❤️
*la súper emocionada *

Zaninivolk
Invitado


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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por pei_17 el Lun Nov 06, 2017 9:43 pm

Kano chan: ajaja perdon, se que esperar es horrible, pero uno hace lo que puede. La historia puede tener muchos giros, nunca se sabe. Gracias por la paciencia. Espero que andes bien.
Rosy: Me alegra que te atrape, esperemos sigas conforme con lo que seguira. Un beso!
Zaninivolk: Mi fiel! gracias por tus palabras, la verdad que todo va a ir encaminandose a algo, esperemos siga gustandote tanto como hasta el momento. Supongo que ahora aparecere mas seguido. Un gran abrazo!



Verifico una vez más que todos sus papeles y documentos estuvieran en orden, el aburrimiento logro que esta sea la tercera vez que se fijara en lo mismo, y aun así, con tantas advertencias de Antón, aun sentía la inseguridad de estarle faltando algo. Observo el reloj y bufo cuando noto que ya habían pasado más de quince minutos de retraso. Esperaba no haberse equivocado con las indicaciones de su jefe. Se supone que el auto ya hacía tiempo debió haberla recogido.
Sabia que ningún tren se escucharía cerca hasta dentro de unas horas y estaba segura que si aun así esperara, ninguno la llevaría a donde debía ir. Estaba comenzando a inquietarse cuando desde las penumbras empezó a visualizar unas luces. Lena no quería admitirlo hasta ese momento, pero allí, sola y sin nadie que pudiera estar cerca, cualquiera cosa podía sucederle. Sujeto con fuerza su cartera y espero inmóvil hasta que el auto se detuvo justo en frente de ella. Pasaron alrededor de diez segundos o más, hasta que por fin la puerta se abrió. Seguramente con ella inerte en su sitio, al sujeto no le quedo de otra más que salir.

-¿Lena?-pregunto el portador de la gruesa voz. Ella se permitió suspirar con tranquilidad en ese momento.

Asintió a medida que se acercaba al auto, ni siquiera espero a que el hombre le quisiera abrir la puerta o quisiera ayudarla con su pequeña cartera y maleta. El frio comenzaba a hacer sus apariciones y ella ya tenía varios minutos de haber estado esperando sin ningún tipo de reparos.
El hombre le dio una rápida mirada cuando se sentó a su lado y luego condujo en silencio, a Lena no le importaba el silencio, teniendo en cuenta la manera en la que le gustaba hablar, pero un desconocido con aquel porte, no precisamente le inspiraba una buena charla. Al menos los siguientes minutos por aquellos campos en la noche la hicieron pensar y transportarla que realmente estaba haciendo lo que hacía.

-¿Entonces eres sobrina de Bernard Wagner?- pregunto el sujeto de la nada.

-Así es- asintió apenas. Volvió a sujetar su cartera por costumbre, sabiendo que ahí dentro estaba su nueva identidad y ahora debía convencerse de eso mejor que nadie.

-Nunca escuche de ti- comento mirándola de soslayo- al menos no de otros parientes, siempre han sido Eva y Elías, pero jamás supe  de otros familiares.

-Es medio hermano de mi padre- comento. Agradecía mucho que al menos eso no era una mentira, contaba con demasiada suerte con tener a su tío viviendo allí. Estaba tan concentrada cuidado sus palabras, que descuido algo, algo que el sujeto evidentemente ya había notado.

-Entonces si es medio hermano, tú no eres Wagner- comento. Lena estaba tiesa en su sitio, podría jurar que el tipo tenía una sonrisa a medias en ese momento y no supo como interpretar aquello- no me mires así- dijo casi riendo- no voy a hacerte nada y muchos menos delatarte, Antón me explico algunas cosas, pero supuse que con la locura que quieres hacer una cosa así te sucedería. Debes pensar más de dos veces lo que dices…

-Elena- completo- mi nombre es Elena.

-Elena- asintió sabiendo que eso era real- pueden hacerte tantas preguntas que hasta en ese momento puedes confundirte hasta con tu propio nombre. Ten cuidado muchacha, esto no es una de las tantas historias que circulan. Y déjame decirte que aun estas a tiempo de volverte y terminar con esta locura aquí mismo- termino.

-Se que quizás Antón lo ha persuadido para que haga un intento de lo que él no logro, pero con todo respeto señor, ya estoy aquí y no hay marcha atrás.

-Como digas- asintió. La mujer lucia muy decidida y el ya no insistió mas.

Por los siguientes minutos de camino, el hombre se le había pasado dándole consejos a Lena, ella lo escuchaba con demasiada intención, después de todo había cometido su primer error y daba gracias que haya sido en ese momento y no más adelante. Cosas como esas podían costarle caro. Demasiado caro.
Era precisamente que en esos momentos se puso a pensar muy bien lo que haría de ahora en adelante, pero como bien había dicho, ya se encontraba ahí y no había vuelta atrás.  Estaba dispuesta a sacarle el mayor provecho a ese asunto y en cuanto estuviera satisfecha, se volvería tan pronto a Rusia como fuera posible. Solo esperaba que no hubiera ningún inconveniente con la comunicación con Antón mientras tanto, el tenia la solución para su regreso. Aunque aun no le había revelado nada como es que había logrado que alguien la buscara para hacer una cosa como aquella y sobre todo, tenerle confianza al desconocido que estaba a su lado.
El hombre le había indicado cuando estaba ya transitando por las calles de Berlín, Lena se dio la oportunidad de observar atentamente por la ventana y estaba sorprendida al encontrarla de aquella manera. Trago en ese momento siendo observada por el hombre.

-Necesito hacer una parada unas cuantas calles antes de llegar de tu tío Bernard- dijo el sacándola de su concentración- espero que eso no te moleste.

-En absoluto- negó. Aunque la desconfianza ahora crecía en ella de manera sorprendente. Después de todo, tampoco estaba dispuesta a bajarse del auto y caminar. No conocía nada allí, y aquello solo le complicaría las cosas al hacerlo sola en la noche teniendo en cuenta la hora que era.

El hombre se estaciono y se salió sin decir una palabra. Lena lo observo desde su sitio y vio como esta dio varias miradas a su alrededor antes de entrar a una casa. Ella vio perfectamente como otro hombre salía para abrazarlo, cargando un pequeño paquete con él. Apenas hablaron unas cosas cuando se escabulleron dentro, quitándole la posibilidad de ver que es lo que hacían aquellos dos.  Estaba a punto de acomodarse en su asiento cuando el sonido de un auto aproximarse comenzó a escucharse, por simple mecánica, se había encogido en su sitio, de manera que su cabeza no pudiera verse en el interior del auto. El sonido se había acercado de manera que parecía estar a su lado, estaba a punto de querer observar cuando escucho que el sonido del motor se apago. Aquello activo todas sus alertas. Escucho algunas voces y luego sonido de botas.
Ella suspiro y fue entonces que decidió levantar la vista para observar. Se había quedado con la boca abierta cuando efectivamente vio aquel auto estacionado a solo metros de distancia, solo que del lado contrario de la calle. La sorpresa se hubiera quedado ahí si no fuera porque era un auto que lo reconocía perfectamente. Vio como cuatros oficiales hablaban entre ellos mientras señalaban una ventana en particular en aquel edificio, dijeron algunas cosas más que no alcanzo a escuchar cuando todos entraron irrumpiendo.

Lena se había quedado los siguientes minutos en completo silencio, ni siquiera se permitía un solo movimiento. Apenas giro su rostro para poder ver hacia la casa donde el sujeto ya tenía tiempo de haber entrado. Solo esperaba que no se le ocurriera en esos momentos salir porque estarían en problemas. Graves problemas.
Pedía mentalmente aquello cuando las voces volvieron a escucharse. Se asomo con cuidado y vio salir a los cuatro oficiales nuevamente, pero no estaban solamente ellos. Tenían a una pareja mayor a la que efectivamente iban a llevarse con ellos.  Los metieron sin ningún tipo de delicadeza, y de la misma manera que habían aparecido, se marcharon dejando el silencio en aquella calle. Lena agradeció que su conductor todavía no se hubiera decidido a salir, así que solo en ese momento suspiro, quitándose todo el peso que le produjo aquello que vio. Solo esperaba ya estar en casa de su tío para sentir al menos una mínima sensación de más seguridad. Solamente eso.

* * * * *

Alemania, Berlin.


Adam iba en completo silencio en aquel auto. Intentaba ignorar por todos los medios aquello que había hecho, pero nada podía hacer ahora. Ni siquiera había recibido información cuando ya se encontraba dirigiéndose a una dirección, no era la primera vez que hacia una cosa como aquella, pero nada se comparaba cuando había entrado y noto que el par de rostros que lo observaban con temor, también lo habían reconocido.
Escuchar el sollozo de la mujer empeoraba la situación, pero sabía lo que sucedería una vez que llegara a destino, solamente hizo latir su corazón con dolor.

Fue el último en bajarse del auto, todo estaba yendo en cámara lenta a su alrededor, pero el tiempo no iba de la misma manera para aquellas dos personas que eran llevadas a empujones sin ninguna delicadeza.

-¡Silencio!- grito el hombre- traicioneros- murmuro con rencor.

Adam suspiro derrotado, por más que quisiera, el nada podía hacer. Intento irse en otra dirección, el había cumplido con su parte y ya no quería tener nada que ver en eso. Estaba a punto de escabullirse de ahí cuando unos brazos rodearon su hombro impidiéndolo.

-¿A dónde crees que vas?-pregunto otro sonriendo- ven con nosotros, te divertirás al saber como confiesan. Aunque siempre puedes dar tu idea para que lo hagan rápido- agrego. El había querido dar una sonrisa para corresponder, pero solamente sus labios temblaron.

El matrimonio fue llevado a una habitación que estaba especialmente acondicionada para lo que les esperaba. Ellos lo sabían, Adam vio perfectamente sus rostros cuando estos notaron lo que iba a suceder. Y en ese momento, en el desesperado intento de querer aferrarse a la vida, la mujer se soltó de los brazos de su esposo para caer en sus rodillas, y sujetarse fuertemente de sus botas.

-Por favor, por favor, por favor- suplico cerrando fuerte sus ojos. Adam la imito, si ella pronunciaba al menos su nombre, los problemas también podían caer en el- por favor, por favor. Somos buenos alemanes, hemos sido buenos.

-No estarían aquí si así fuera- respondió el hombre soltando a Adam. La mujer cayó sobre su espalda cuando este la pateo. Su esposo corrió al instante a socorrerla- Adam, amárrala a la silla. Vamos a divertirnos primero con él, ya que la mujer tiene ganas de hablar.

El asintió con todo su pesar y la sujeto en brazos, las suplicas de Gerda le llegaron hasta lo profundo de su ser, pero nada podía el hacer. Le dio una última mirada a Frederick, y supo entender en sus ojos que el también lo sabía. Se aparto de ellos y se fue simplemente a un rincón de la habitación, siendo testigo de todo, pero si nada que pudiera hacer para ayudarlos.

Había perdido el sentido del tiempo, por más que cerrara sus ojos para no ver, sabía que jamás quitaría de su memoria los gritos de dolor de Frederick, como tampoco los sollozos y los pedidos inútiles de Gerda porque dejaran de lastimar a su esposo. A pesar de todo, a pesar de saber que ellos nunca saldrían con vida de ahí, Adam estuvo atento que en ningún momento los Milch habían confesado. Su padre tenía el amigo más fiel que se pudiera conseguir y ahora lo estaba probando.

Aquel sujeto estaba demostrando su lealtad pagando con su vida y eso era injusto, no cuando lo hacían de aquella manera tan impune. Abrió los ojos un momento solo para comprobar lo peor. Los gritos de dolor de Frederick tenían tiempo de haberse callado, ahora estaba sustituyéndolos los de Gerda. Quien se mostraba totalmente derrotada al tener a su esposo muerto después de tanto tiempo de tortura. El no pudo resistir eso, ya no podía, no quería seguir en ese sitio que seguramente ya no lo dejaría igual. Comenzó a inquietarse y cuando ya no pudo resistirlo más, giro  y salió tan pronto de ahí como pudo.

Ni siquiera le había dado explicaciones a nadie, se golpeo con la brisa fría de la noche y corrió, corrió y corrió con los gritos y el llanto aun repitiéndose en su mente ¿Por qué tuvo que meterse en eso? ¿En que estaba pensando cuando creyó que él no llegaría a tanto como para ser testigo de una cosa tan aberrante como aquella? Los Milch lo habían visto crecer, ambas familia se habían ayudado mutuamente y el ahora no era más que parte de que ellos hayan recibido el peor de los castigos pagando con su vida. Las lágrimas comenzaron a caer cuando ellos, aun en esa situación, no habían traicionado a su padre. Después de todo ellos sabían a lo que se atenían cuando los habían ayudado, pero obviamente ellos jamás se hubieran imaginado que iban a ser descubiertos de alguna manera. Eso era lo último en lo que todos querían pensar cuando hacían una cosa como esa.

No tenía el valor de dirigirse a su casa aun, no podía mirarla a su madre a los ojos y contarle lo que había visto. No cuando el también había formado parte de eso, sus amigos de toda la vida habían sido capturados por él, encerrados por y los vio morir. Aquello dejo un hueco en su interior, la culpa era demasiado pesada de soportar. Se encamino directo hacia la fabrica, con suerte sus tíos estarían ya durmiendo y el podía desahogarse cuanto quisiera. Apenas había abierto la puerta cuando aquella ilusión se cayó, observo a su padre junto con sus primas y su tía. Todo comenzó a girar a su alrededor.  Su padre fue el primero en verlo, y por su expresión sabia que ya intuía que algo había pasado.

-¿Adam, que sucede? Pregunto yendo hacia él. El chico ni siquiera había podido pronunciar algo cuando el contenido de su estomago salió sin ningún tipo de aviso- ¡Adam!- exclamo Eryk sujetándolo. Adila y Kasia ya estaban atentas a la situación.

-Lo siento, papa, lo siento tanto- pronuncio Adam temblando aun en el suelo- no pude hacer nada, en serio no pude hacer nada- se largo a llorar en sus brazos. Eryk lo abrazo no entendiendo nada, pero sabiendo que algo malo había sucedido.

-Kasia, que Lila vaya a la habitación- demando Adila. La rubia asintió y fue en busca de su pequeña hermana, quien observaba la escena sin entender nada tampoco.

-Ven Lila- tendiéndole la mano. La rubia menor entendiendo que algo malo sucedía, simplemente asintió para ser llevada por Kasia.

Adila fue por un vaso de agua, en cuanto lo obtuvo fue a llevárselo a Eryk. Este lo sujeto agradeciéndole, intentando que Adam lo tomara para que pudiera calmarse. Solo escuchaban sus sollozos y pedir disculpas una y otra vez. La cena había pasado al olvido, tanto Eryk como Adila habían llevado a Adam a recostarlo al sofá más próximo, necesitaban que se calmara para que este pudiera contarles que es lo que había sucedido.

-Lo siento, lo siento tanto- dijo con los suspiros acelerados a causa del llanto

-Adam- sentándose a su lado- debes calmarte hijo, cuéntanos que sucedió ¿Qué lamentas tanto?-pregunto con temor. Adila se sentó en el otro extremo también atenta.

-Que ellos estén… muertos- pronuncio. Los dos adultos escucharon perfectamente eso, mirándose por unos cuantos segundos. El corazón de Eryk comenzó a palpitar fuerte en su pecho, si su hijo estaba así por la muerte de alguien, tenía que ser alguien que lo conociera.

-Adam…- tomo la palabra Adila- ¿Quiénes son?- pregunto con el corazón agitado. El muchacho se limpio el rostro, y solo entonces lo miro a ambos. Dio un suspiro mientras algunas lágrimas seguían cayendo de sus ojos.

-Los Milch- pronuncio con todo su pesar- ellos están muertos. Vi como los torturaron, lo vi todo- tapándose el rostro.

Adila llevo la mano a su boca completamente afectada por aquellas palabras, ella no podía creer lo que escuchaba. Eryk miro hacia la nada con aquellas palabras repitiéndose en su mente. Los Milch estaban muertos. Frederick, su amigo de toda la vida muerto. Gerda, la dulce Gerda también ¿Cómo? ¿Aquello era cierto? Observo a Adam, el no tenía la necesidad de mentir y el claro malestar de su hijo era la prueba de eso. Sus amigos, sus queridos amigos habían sido torturados. Sabia, sabía que estaban pisándole los talones pero no creyó tenerlos tan cerca. Ellos pagaron caro su ayuda. Por el, por ellos, ahora sus amigos estaban muertos.

-Oh no…- se permitió pronunciar antes de que algunas lágrimas cayeran. Aquello dolía. Por su culpa, por haber pedido su ayuda ellos ahora estaban muertos. Que culpable se sentía ahora mismo.

-Adila… Eryk…- apareció Patrick. Su esposa rápidamente fue a abrazarlo, necesitando de su consuelo. Este no pregunto nada por un momento, su hermano estaba abatido y Adam simplemente destrozado.

-Están muertos, Patrick- pronuncio Adila en su oído- los Milch están muertos- este abrió grande sus ojos ante la sorpresa. No haría la estupidez de preguntar si estaban seguros, él deseaba que aquello fuera una equivocación, pero el estado en el que se encontraban todos los bajaban a la triste realidad.


Mientras tanto, en la habitación Kasia estaba sumamente intrigada por lo que estaría pasando. Le había comentado a su padre sobre la aparición de Adam, y este se marcho tan pronto la escucho. Estaba segura que él no regresaría, lo que sea que haya sucedido, se notaba que era grave. Observo a Lila seguir jugando con sus muñecas como si nada pasara, moría de ganas de volver y saber que sucedía, pero sabía que no podía arriesgarse a que Lila la siguiera y escuche algo que no deba escuchar. Los siguientes minutos de incertidumbre la dejaron inquieta en su sitio. Sabía que era algo malo, muy malo.

Eryk con la ayuda de su hermano habían recostado a Adam una vez que lograron calmarlo un poco. Dudo si debía llamar a su esposa para avisarle, pero decidió finalmente que no debía darle la triste noticia aun. Sabía que seguramente no dormiría en toda la noche por ello, así que decidió que en la mañana se lo diría el personalmente.  
-Eryk…- pronuncio Patrick detrás de él- yo… lo siento, lo siento tanto- dijo sincero- ellos nos ayudaron, y por eso… es nuestra culp…

-¡No!- interrumpiéndolo- esto no es tu culpa, de ninguno. De nadie es la culpa-negando- ellos… ellos ya no están y…-cerrando sus ojos- oh santo Dios, aun no puedo creer que estén muertos- se lamento. Eryk fue hasta él y lo abrazo con todas sus fuerzas. Sintiendo el mismo dolor.

Adila los observo a la distancia apretando su pecho. Era la primera vez que escuchaba a Eryk llorar de esa manera, ni siquiera una vez lo había visto triste, y ahora, aquel hombre estaba destrozado. Aunque la situación no era para menos, con los tiempos de ahora, hasta el más fuerte se corrompían con el infierno que todos estaban viviendo.  Las lágrimas cayeron de sus ojos también, se sentía culpable por lo sucedido. Se sentía culpable por lo que le toco ser y las consecuencias que eso traía.

Eryk luego de un tiempo, se durmió aun en los brazos de su hermano sin darse cuenta. Adila  había perdido el apetito junto con su esposo, pero sin embargo fue a la cocina para terminar la cena inconclusa. Sus hijas debían estar fuertes, así que prosiguió con lo suyo aun con miles de pensamientos rondando en su cabeza.
Habían esperado hasta que Lila este dormida para comentarle la situación a Kasia, la rubia de igual manera se entristeció y se sintió culpable. Aquel matrimonio ni siquiera los conocían y habían aceptado sin ningún problema el ayudarlos. Y que caro les había costado.

El día siguiente no había sido menos triste que la noche anterior. La esposa de Eryk había sido recibida con la afligida atmosfera de todos para después recibir la noticia que también la destrozo. Habían logrado que Adam estuviera con ellos unos días, ya que dijeron que el estaba enfermo y por obvias razones estaría ausente por un tiempo.

Adam fue llevado a casa con su madre por orden de Eryk, cualquiera cosa podía levantar la mínima sospecha y el no estaba ya preparado para mas noticias trágicas. Había esperado a que las niñas y Adila se ausentaran para hablar seriamente con Patrick. La situación de peligro parecía querer alcanzarlos más y mas con cada día que pasaba.  Así que colocando todas las cartas sobre la mesa, ellos pensaron con suma delicadeza la próxima decisión.

-¿Qué sucederá ahora, mama?- pregunto Kasia. Adila estaba sentada a su lado observando cómo Lila jugaba a lo lejos con aquel perro que fue a visitarla.

-No lo sé, Kasia. Simplemente ya no se- suspiro- ni siquiera se ya que podría depararnos en los siguientes minutos- con una sonrisa triste.

-Mama- tomando su mano- lo que sucedió con los Milch es horrible, y me siento muy mal por ellos.

-Lo sé- mirándola- es exactamente como me siento yo también, pero estas cosas son así, Kasia. Todos han sido advertidos sobre esto, nosotros lo sabemos muy bien. Aunque no quita que esto sea muy injusto- negando- si antes tenía miedo, ahora ya ni siquiera sé lo que tengo- mirando a Lila- pero no por mí, sino por ustedes.

-Mama…

-Escúchame, Kasia- observándola- tu sabes que tu papa y yo haremos lo que sea, lo que sea para que ustedes estén a salvo- acariciando su rostro- así que tu también debes prometerme que harás cualquier cosa para estar bien, y cuidar a tu pequeña hermana también.

-Ni siquiera tienes que decirlo, mama.

-Bien- asintiendo- debemos estar preparados para todo, para lo que sea, pero no para perder a nuestra familia- mirándola.

Kasia sintió, las demostraciones de que podía sucederles cualquier cosa ya estaban más que demostradas. Aun seguía asustada por aquello que había sucedido con su padre, había sido una enorme suerte que el aun pudiera estar con ellas con vida.
Las mujeres habían estado afuera unos cuantos minutos más cuando Patrick apareció para pedirles que entraran. Lila fue dejada en el interior también, era mejor tenerla vigilada aunque la pequeña diera sus protestas de querer seguir jugando afuera con su amigo, pero ni su molestia haría cambiar de opinión a ninguno ahí.

La familia se reunió en su silencio, y Adila podía adivinar por los rostros de los hombres, que lo siguiente que vendría no sería sencillo. Patrick estaba mirando un punto fijo en el suelo, fue Eryk quien tomo la palabra al levantarse.

-Hemos estado hablando seriamente con Patrick acerca de la decisión que tomamos- mirándolas- no sé qué ha sucedido, Adam no tiene esa información pero está más que claro que mis amigos fueron descubiertos- suspiro pesadamente- no sé si fueron delatados o la misma Gestapo lo descubrió, pero todos aquí sabemos que he estado entre ceja y ceja con ellos y no me sorprendería que vuelvan a tocar mi puerta. Es por eso que con Patrick hemos tomado la decisión de que este sitio ya no es seguro- comento. Adila quiso preguntar, pero en el fondo ella también había pensado en esa posibilidad.

El trágico final de los Milch era la muestra de que ellos estaban cerca, demasiado cerca. Y no faltaba demasiado tiempo para que pudieran adivinar donde podrían estar todos, si descubrieron que habían hospedado a una familia, también podrían averiguar de quienes se trataban e irían directo al sitio más obvio.

-Lo entiendo- asintió Adila. Aunque ahora estaba sumamente preocupada, estar ahí la daba la falsa sensación de seguridad, se sentía a salvo a pesar de que ellos podían interrumpir en cualquier momento. Aunque ningún sitio podía darle la garantía de que no serian atrapados.

-¿Qué vamos a hacer entonces?-pregunto Kasia sin entender. El corazón palpito rápido cuando una idea llego a su mente. Su padre la miro unos segundos antes de contestar.

-Tenemos que marcharnos de la fábrica en cuanto antes.

* * * * *

La respiración de Rudolf se acelero, la imagen a sus pies no era nada buena. Bajo rápidamente casi tropezándose, observo a su alrededor y para su fortuna, nadie estaba por ahí cerca. Si contaba con más suerte, estaba seguro que nadie había visto ni escuchado nada. Observo a Anette, quien seguía en su sitio completamente inmóvil.



-Maldición, no, no, no Anette- acercándose. Estaba a punto de tocarla cuando se detuvo. Aquello no era bueno- ¡Maldición, Anette!- exclamo alejándose.

Fue hasta el teléfono y llamo solicitando inmediatamente a un medico. No tuvo que repetir quien era cuando obedecieron luego de saber la dirección. Rudolf se paseo los siguientes minutos eternos por la sala ¿Qué había hecho? ¿Qué rayos había hecho? Toco su cuello sintiendo la sudoración fría.
Si Anette hubiera obedecido, si nunca se hubiera entrometido más de lo debido, nada de esto le estaría pasando. Pero no, tenía que hacerle frente y olvidar como había empezado todo. Que terca se había vuelto en este último tiempo ¿Por qué tenía la idea de llevarse a Yulia? ¿Desde cuándo había querido planear eso? Tuvo que mencionar eso para que las cosas se salieran de control. Ahí estaban, ahí estaban las consecuencias.

Observo su reloj y el tiempo pasaba. Nadie estaba a su alrededor y eso, al menos entre tanto desastre, era bueno. No podía mirarla, ni siquiera se atrevía ¿Por qué tenía que pasarle esto? La preocupación comenzó a agrandarse. Estaba mal, se sentía mal. Maldición, este último tiempo las cosas se habían arruinado entre ellos, pero era su esposa, a pesar de eso era su esposa. Pero él, el la había arrojado por las escaleras y ahora ella estaba… muerta.

Trago fuerte a la vez que escucho la puerta. Fue directamente hacia la entrada viendo como el médico entraba.

-¿Qué parte de que lo necesitaba rápido no se entiende?-pregunto yendo directamente hacia él.

-Lo siento, Rudolf. Es que…

-¡Solo haz tu trabajo, no me importa tu excusa!- señalo- las escaleras, ve hacia las escaleras- ordeno.

Ni siquiera se atrevió a mirar al hombre cuando este rápidamente encontró el cuerpo de Anette, viéndolo confundido. No iba a responder ninguna preguntar, sabía que el hombre lo quería hacer, tenía la duda en sus ojos, pero supo controlarse aparentemente.

-Respira- comento mirándolo- apenas lo hace, pero respira.

Rudolf no supo cómo, pero logro exhalar todo el peso de su cuerpo de sus pulmones.

-¡Traigan la camilla!- ordeno el médico- y tengan cuidado, por favor.


El se alejo para no estorbar y observo cómo se llevaban el cuerpo de Anette, quien aún seguía viva. Bien. Al menos aun las cosas no se habían arruinado por completo. La situación vendría después una vez que ella esté consciente y lo delate, pero había tiempo para después, mucho después para preocuparse por eso.

-Ha sido una caída terrible- comento el hombre. Rudolf vio salían con la camilla y ya no pudo ver más nada.

-Así es- apenas asintió. Se cruzo de brazos y no hizo ningún intento de querer moverse de ahí.

-Pero no te preocupes, está viva- dijo el hombre- te mantendré informado de todo. Debo marcharme ahora.

-Está bien- volvió a asentir. Los hombres se marcharon del lugar y pronto el silencio volvió a hacerse presente.

Rudolf lo medito por un tiempo y luego se marcho directamente al distrito. Aun tenía demasiadas cosas en la cabeza, de qué manera las cosas se habían ido de control. Esto no era nada de lo que él esperaba. Pero al menos Anette respiraba, estaba viva y eso era un poco de consuelo. Estaba seguro que ahora la controlaría como hace tanto tiempo debió haberlo hecho y todo volvería a ser como antes.
Solo tenía que ver como haría con Yulia. Obviamente que estaría preocupada por su madre, siempre habían sido unidas. Anette estuvo a punto de morir en sus manos, no se imaginaba lo que hubiera sucedido si eso pasaba, pero al menos ahora tenía una idea de cómo llevar las cosas con más precaución.

Se bajo del auto con el rostro completamente serio. Estaba molesto con la situación, no quería seguir pensando en eso, pero si Anette despertaba y hablaba eso sería un gran problema. Esperaba tener la suerte de que algún golpe en la cabeza le hiciera olvidar lo sucedido. Aunque no esperaba ya contar con demasiada, pero eso no vendría nada mal. Esperaba que pasara lo que pasara, el estuviera presente para cuando ella despertaba. Aun quedaba demasiado por hablar y por supuesto que de ahora en mas haría que lo escuche.

-¿Dónde está Yulia?- le pregunto a un hombre parado junto a una puerta.

-Tengo entendido que ella aun no regresa, oficial.

-Bien- asintió siguiendo con su marcha. Aun tenía tiempo de pensar las cosas. Estaba a punto de llegar a su oficina cuando Paul se aparece en su camino.

-Regresaste rápido- dijo acercándose- ¿tus mujeres se siguen rebelando en contra de ti?

-Ahora no, Paul- dijo cerrándole la puerta en la cara. Este quedo sorprendido por su acción, pero viendo claramente el carácter que llevaba, decidió no molestar. Seguramente sería el mismo Rudolf después quien acudiría a él para contarle. No le tomo demasiada importancia al asunto y se marcho de ahí para seguir con lo suyo.


Rudolf se paso el siguiente tiempo meditando a solas. Solo esperaba que las cosas no se estropearan ahora, el tema de Anette lo tenía preocupado y eso lo enojaba ¿Cómo es que había sucedido eso? Al menos las consecuencias ahora le estaban abriendo otro panorama. Estaba pensando acerca de que inventar cuando escucho el sonido de la puerta.

-Siento la interrupción oficial Roschmann - dijo el mismo joven entrando con una caja- pero ha llegado esto y corresponde que usted lo tenga.

-¿Qué es eso?-pregunto observando la caja.

-Algunas cosas que han llegado del oficial Albert, señor- respondió- ¿Quiere que lo deje aquí o…?

-Si, déjalas aquí- respondió- ponla sobre la mesa y retírate.

-Si señor- obedeciendo- ¡Heil Hitler!

-¡Heil Hitler!- respondió.

Rudolf suspiro meciéndose en su silla con la vista fija en la caja. No esperaba para nada aquello, pero armándose de valor se acerco hasta la caja para observar las pertenencias de su hermano. Se encontró, obviamente, con varios objetos que el cuidaba celosamente. Había muchas fotos, inclusive hasta con el mismo, pero no fue hasta que llego al final cuando apareció de una foto de su hermano junto con una mujer. El nunca la había visto, pero había algo en el rostro de esta que le llamaba poderosamente la atención. Parecía demasiado familiar, pero estaba seguro de nunca haberla visto.
Noto que al final de la caja había varias cartas, entre estas había algunas de que las que ellos se enviaban. Le sorprendía que su hermano conservara  ese tipo de cosas. Estaba observando los nombres cuando encontró una que no contenía demasiados datos. Eso le llamo la atención, así que sin más tardanza comenzó a leerla, con el ceño frunciéndose a medida que leía aquellas palabras de su hermano y entiendo varias cosas que él jamás quiso contarle teniendo la oportunidad.

Mi querida amada:
   
                          Este tiempo sin verte es verdaderamente agonizante para mi, estoy simplemente contando las horas para volver a tu país. Sé que las cosas están demasiado complicadas ahí y tú, como siempre preocupándote por mí, me pides que no regrese. Pero sabes que no lo hare, estoy demasiado nervioso sabiéndote entre tanto caos. Es demasiado peligroso dar este tipo de detalles a través de las cartas, pero los infiltrados ahí están muy bien y sé que pronto mi misión también será ser uno de ellos. Es por eso que te pido que esperes, por favor hazlo. Yo puedo traerte a Alemania, puedo darte una mejor vida lejos del peligro de los rebeldes de ahí. No importa cuánto tu familia se oponga, se que siempre lo dices, pero en cuanto ellos me conozcan se que cambiaran de opinión. Se olvidaran de esos imbéciles con los que tanto quieren que estés.  Solo ten paciencia, solo eso te pido. En cuanto llegue, voy a proponerte algo, se que debes sospecharlo, pero de todas maneras quiero darte la sorpresa. Yo voy a sacarte de allí, es una promesa Larissa. Solo espera por mí.
                                                                                                                                                                       

                                                                                                                                                                          Por siempre tuyo,



                                                                                                                                                                                       
                                                                                                                                                                                                          Albert.

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Muy emocionada!!

Mensaje por Rosy el Mar Nov 07, 2017 1:58 pm

Aún no leo, pero debo decirte que estoy feliz solo de ver que acabas de actualizar. Muchas gracias.

Rosy

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por Kano chan el Miér Nov 08, 2017 8:33 pm

Siii que buen capítulo!! Pero necesito más !!
Saludos !!
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Aplausos!!!

Mensaje por Zaninivolk el Vie Nov 17, 2017 8:20 am

Que gran capítulo!
Gracias por volver,gracias porque esta historia está siendo tan bien contada que mi imaginación vuela a millón
Ya todo va tomando forma
Feliz por tu regreso!
Con ganas de más ????

Zaninivolk
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Que paso?

Mensaje por Zaninivolk el Mar Ene 09, 2018 11:23 pm

Que paso? Nos tienes en el completo olvido,no seas así ☹️

Zaninivolk
Invitado


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Porqué tan cruel?

Mensaje por Zaninivolk el Miér Feb 07, 2018 10:28 pm

Espero que estés bien y nos termines la historia,estamos en el completo olvido ????
Saludos ????

Zaninivolk
Invitado


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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por pei_17 el Vie Mar 16, 2018 6:45 pm

Perdón por la demora, gente. Sinceramente no tengo excusas esta vez. Solo espero que ya las continuaciones no se hagan tan prolongadas, voy a hacer lo posible, espero que sigan disfrutando. Que anden bien!


Alemania, Berlín.


El auto finalmente se detuvo y la familia por simple inercia se observo entre sí. Todos habían estado de acuerdo en el claro estado del edificio frente a ellos.

-Es aquí- anuncio el hombre antes de bajarse. Todos sujetaron sus pertenencias y decidieron seguirlo. Sin perder un segundo de mas para que fueron observados.

Kasia ayudo a su madre con unos bolsos y Patryk sujeto a la pequeña Lila del brazo llevándola con él.
El misterioso hombre no había dicho ni una palabra durante lo que había durado todo el viaje hasta ese lugar. No quería hacerse ideas equivocadas, si Eryk los había enviado con él, era porque era de confianza. Tanto como lo habían sido los difuntos Milch.
Rápidamente entraron al edificio y pudieron notar que la misma imagen que daba por fuera, lo era también por dentro. Las escaleras rechinaban a cada paso que daban y Patrick no hacía más que mirar en todas direcciones en busca de ojos delatores, confiaba ciegamente en su hermano, pero sabía muy bien lo que un pequeño error podía ocasionar, y pagar con la vida de su familia era algo que no iba a permitirse. No mientras siguiera viviendo.

-Este será su apartamento- volvió a anunciar el misterioso hombre deteniéndose frente a una puerta. Observo que toda la familia lo miraba expectante y decidió sacar su llave, para luego abrir- no es un hotel cinco estrellas, así que…

-Gracias- se adelanto Adila. Aquello era lo último en lo que deberían preocuparse. Eso lo sabían ellos mejor que nadie. El hombre asintió y luego entro, con toda la familia siguiéndolo por detrás.

-Tiene la pequeña cocina aquí a mi derecha-señalando- la sala es esta y el baño esta por allí- continuo- deben saber que solo hay una habitación- observándolos. Todos se miraron entre sí.

-Sabremos acomodarnos- asintió Patryk.

-Bien-respondió- estaré aquí cada viernes para ver cómo van las cosas, lo que me mande Eryk lo traeré en cuanto pueda. En cuanto a lo de hoy, espero que sepan esperar por un día, quizás antes del anochecer algo pueda traerles.

-No se preocupe, algo hemos podido traer de la fabrica y la esposa de mi cuñado también nos brindo algo- informo Adila- como ha dicho, por un día podremos apañárnoslas.

-Bien… si eso es todo.

-Gracias- se adelanto Patryk ofreciendo su mano- por lo que está haciendo por nosotros, gracias- repitió.

-No es necesario- correspondió- solo recuerden, nada de ruidos. Los vecinos pueden ser demasiados curiosos aquí y más si no los han visto merodear por ahí. Cerraré con llave y mañana estaré aquí temprano ¿entendido?

-Claro- asintió el matrimonio.

El hombre se marcho, dejando que solo se escuchara como este cerraba la puerta con la llave que solo el tenia y pronto los invadió el silencio.

-Mami, tengo hambre- comento Lila llamando la atención de todos.

-Podemos ver que hay en la cocina- contesto su madre. Patryk se fue junto con Kasia a dejar los bolsos y a acomodar sus cosas.

Adila estuvo contenta cuando encontró las herramientas suficientes en esa pequeña cocina para improvisar algo. Ni siquiera habían tenido demasiados detalles a donde serian enviados  esta vez, que habían olvidado por completo lo esencial para aquel caso. Confiaban en Eryk y en que esta no los enviaría a un lugar cualquiera y ahora podían comprobarlo.
Estaba colocando la mesa con la ayuda de Lila cuando Patrick apareció con Kasia.

-Pueden dormir ustedes en la habitación, ya hemos acomodado todo con Kasia.

-¿Nosotras?- confundida.

-Sí. Yo puedo dormir en aquel sofá- señalando.

-Pero, Patryk…

-No vamos a caber los cuatro ahí Adila, créeme. Además no será ningún problema que duerma en el sofá.

-Yo puedo dormir en el sofá- se adelanto Kasia.

-No- repitió Patryk- lo hare yo y fin del asunto.

Kasia observo a su madre en busca de respuesta, pero en cuanto vio a Adila asentir comprendió. Por supuesto que Patryk no daría su brazo a torcer, así que sería inútil seguir con esa discusión.
El tema de dormir quedo zanjado en ese momento y la familia se dispuso a comer la primera cena en aquel lugar. Hacían todo lo posible para no llamar la atención con demasiados ruidos como había aconsejado al hombre, así que las conversaciones sobre la mesa habían estado demasiado calmadas para la situación actual.


Adila se encargo de limpiar todo esta vez con la ayuda de su esposo. Lila y Kasia se habían dispuesto a recorrer algunas cosas olvidadas que había en aquel departamento. Para ser demasiado pequeño, había varios objetos allí. Ambas estaban observándolo todo a su alrededor cuando fueron a parar frente a una manta algo sucia. Evidentemente estaba cubriendo algo y la curiosidad pudo en ambas rubias que se observaron sonriendo.

-¿Quieres ver que hay debajo?- pregunto Kasia. Lila asintió con entusiasmo, completamente invadida por la curiosidad. Su hermana mayor le cedió el honor y ella tiro de la manta hasta que cayó al suelo dejando ver el misterioso objeto que era extraño frente a sus ojos.

-¿Qué es eso, Kasia?- pregunto sin entender. Su hermana se acerco admirándolo y lo toco para luego sonreír.

-Es un tocadiscos- explico- nunca hemos tenido uno.

-¿Y qué hace el tocadiscos?- pregunto. Kasia rio bajito.

-Podemos escuchar música con el- volvió a explicar.

-¿Música? ¡Si, Kasia, pongamos música!

-Tranquila, tranquila- pidió. Estaba llamando demasiado la atención- no podemos, Lila ¿recuerdas lo que ha dicho el señor?

-Pero podemos escuchar despacio.

-No lo creo-negando. Kasia siguió buscando y efectivamente encontró varios discos de vinilo ahí. Lila seguía con la insistencia de probar aquello, pero su hermana estaba decidida en que no, por mucho que también lo quisiera, no sería la responsable si alguien llegara a escuchar que efectivamente había gente viviendo ahí y vaya a saber qué cosa podía suceder después. Negó con la cabeza y decidió dejar todo como estaba, cubrió el tocadiscos nuevamente bajo la mirada decepcionada de su pequeña hermana- es lo mejor, Lila.

La niña simplemente negó y fue a abrasarse a su madre, quien había observado desde la distancia y entendía el berrinche de su pequeña hija.

-Creo que ya es hora de dormir- dijo- demasiadas adaptaciones para un solo día.

-¿Vamos a regresar a la fabrica, mami?

-No lo sé, Lila. Por el momento solo debemos esperar aquí un tiempo y luego veremos.

-¿Entonces ya no volveré a ver a mi amigo?- refiriéndose al perro que la visitaba en la fabrica- aquí no hay sitio donde jugar y tampoco tengo que hacer mucho ruido.

-Lo sé, cariño- poniéndose a su altura- pero solo será durante un tiempo indefinido, si hacemos como si no estuviéramos aquí quizás podremos irnos a otro sitio donde tengas lugar para jugar.

-¿Lo prometes mami?- pregunto mirándola. Adila simplemente observo los ojos que era su vivo reflejo. Patryk estaba escuchando aquello y se acerco.

-A dormir, pequeña. Ya es tarde para ti- dijo cargándola. Le dio un beso en la frente y luego de avisarle a su esposa, la llevo a que se recostara a la habitación.

-No deberías estar tanto en la ventana- comento Adila mirando a Kasia.

-Lo siento, sólo es que estaba viendo a los alrededores. No lo volveré a hacer.

-No es eso, Kasia,  tu sabes que…

-Lo sé, mama, lo sé- la interrumpió- solo que pensé que ya siendo de noche y… olvídalo- deteniéndose- solo quiero adaptarme a este sitio- observando a su alrededor- ya que supongo que no sabemos hasta cuando estaremos aquí.

-Así es- suspiro sentándose en el sofá- y eso es algo que me inquieta demasiado.

-A mi también- asintió- de alguna manera en la fabrica me sentía diferente, el tío Eryk y los demás… era diferente.

-Te entiendo, el ha sido de gran ayuda todo este tiempo, y ahora el valerlos por nosotros mismos aquí encerrados, en un sitio cada vez más pequeño…- negando- ¿Cuándo va a terminar esto?- susurro. Kasia la escucho.

-¿Tú crees que ese hombre regrese mañana?- pregunto cambiando de tema.

-Tiene que- mirándola- nos dijo que lo haría, además debe reponernos la comida.

-¿Y qué tal si no lo hace?

-Kasia…

-Solo… fue sumamente extraño- dijo- no nos dijo ni una sola palabra durando todo el camino que nos trajo aquí, no nos dio ninguna explicación ¿tu confías en el, mama?

-Tu tío Eryk lo hace y eso para mí es más que suficiente- contesto- luego de los Milch- suspiro- no tengo duda que el hermano de tu padre tiene buenas personas con él. Y si nos ha dejado en sus manos y en este sitio, es porque así debe ser.

-Supongo que sí- quiso convencerse Kasia- solo espero que esto no dure mucho, esto es  demasiado reducido comparado con la fabrica.

-Lo sé- asintió. En eso llego Patryk.

-Es hora de que también me vaya a acostar, descansen.

-Adiós cielo.

-Descansa, hija- respondió Patryk. Este se sentó junto a su esposa para abrazarla – no voy a dejar que les pongan una mano encima, lo sabes ¿Cierto?

-Patrick, prometer eso…

-Antes muerto Adila- dijo apartándose para mirarla- no me importa si debo pasar lo peor por ustedes, lo haría sin dudar. Una y otra vez.

-¿Cómo es que he encontrado a un esposo tan perfecto?- besándolo. Adila se escondió en su cuello sintiéndose abrazada por los brazos de su esposo.

-Esto no puede ser para siempre, cariño- besando su cabello.

Estuvieron hablando de varias cosas más, ni siquiera habían notando en qué momento se habían quedado ambos dormidos en aquella misma posición producto del cansancio. La tranquilidad hubiera seguido de esa manera si no fuera por el fuerte ruido de la puerta que sonó despertándolos asustados

¿Tan pronto habían sido descubiertos?

-Patryk…

-Silencio- callándola. El hombre clavo la vista en la puerta que volvió a sonar tan fuerte como sus corazones en sus pechos.

* * * * *

-¡Ya estás aquí!- escucho antes de sentir los brazos de su tío rodearla. Bernard retrocedió para observar su rostro y luego hizo lo mismo con su cuerpo, aparentemente todo estaba en orden.

-Estoy bien tío, entera como puedes ver- sonriendo.

-Entremos, solo entremos- dijo mirando alrededor. Ayudo a Lena con sus maletas y se metieron a la casa de este.

-Bernard ¿Quién…?- pregunto una mujer saliendo de la cocina.

-Solo era Lena, mi sobrina. Ya está aquí- explico el hombre- aunque a partir de ahora nuestra hija, eso vamos a discutirlo después.

-Mucho gusto, señora- extendiendo su mano- muchas gracias por recibirme.

-El gusto es mío, mi esposo hablo mucho de ti- respondió mirándola- buen alemán, por cierto.

-Gracias- sonriendo.

-¿Donde está Elías?- pregunto Bernard- ¡Elías!- llamándolo.

-Aquí estoy- apareciendo- ¿Qué sucede, papa?

-Lleva estas maletas a la habitación junto a la tuya, tienes hermana a partir de hoy.

-¿Hermana?- pregunto sonriendo. La rubia se planto frente a él.

-Eres igual a mi tío- sonriendo- bueno, a mi padre a partir de ahora. Soy Lena, es un gusto finalmente conocerte, Elías.

-Igualmente- correspondiendo.

-Elías…

-Está bien, está bien- asintió. Cargo las cosas y se dispuso a llevarlas arriba.

-Justo estábamos por cenar- anuncio Eva observándola- la cocina esta aquí.

-Fantástico, ya moría de hambre. Vamos- señalo Bernard. Lena lo siguió aun contemplando la casa a su alrededor.

En cuanto Elías regreso, todos se dispusieron a comenzar. Por supuesto que no faltaron las preguntas de cómo  había sido su viaje. Lena aun impactada les había comentado de lo que había sido testigo de cuando aquel hombre que la llevo se había detenido por unos minutos. El matrimonio se había observado entre sí y  Bernard no perdió el tiempo de advertirle algunas cosas a su sobrina.
Luego de la cena, la charla se había prologando en la sala, donde su tío y ella se aseguraban que no quedara ningún cabo suelto con Lena y toda su documentación pertinente. No había faltado el detalle del cabello, pero como ella se veía tan encantada con aquello, decidir dejarlo pasar.

Lena, aun hablando con su tío y llevándose bien con su primo Elías, no ignoro el hecho de que Eva la observaba constantemente. No había recibido un mal trato de su parte, pero la mujer tenía muchas preguntas dibujadas en su cara y esperaba que con el pasar de los días aquello la dejara. Aun no estaba tan seguro que tan al tanto los había puesto su tío, pero decidieron aclarar algunas cosas antes de cualquiera error. Habían terminado con aquello bastante tarde, pero era al menos para dejarlos a todos tranquilos. Aun, por supuesto, faltaban cosas por aclarar, pero decidieron terminar ya que todos lucían cansados. Lena se despidió de todos, y siendo guiada por su primo, se metió a su habitación. Aun tenía el recuerdo de lo que había visto dando vueltas en su cabeza. Saco su libreta y se puso a redactarlo antes de que comenzara a perder algunos detalles, aunque lo dudaba. La carta para Antón podía esperar hasta mañana, después de todo tampoco es como si pudiera enviarla ahora mismo. Escribió y escribió hasta que los ojos comenzaron a pesarle, decidió terminar por esa noche, así que guardo sus pertenencias y se recostó en la cama, durmiéndose casi al instante producto del viaje y otras emociones.

La mañana siguiente fue totalmente reveladora para la ahora rubia, aun le había costado varios segundos notar que no era su habitación la que la rodeaba, ni su casa, ni su país.
Lena había abajo justo a tiempo para el desayuno, Bernard volvió a repetir algunas cosas de la noche anterior y otras que había olvidado decirle. Elías había terminado de desayunar justo al mismo tiempo que su padre, y cuando menos lo esperaron, ella se quedo a solas con Eva que estaba demasiado entretenida en lavar los utensilios. O eso quería aparentar. Lena aun no olvidaba la manera en la que la observara como si algo quisiera decirle, así que aprovechando aquella oportunidad, no iba a dejarla a pasar. Algo sucedía con la mujer.

-Eva…- la llamo levantándose- ¿Tienes un minuto para que hablemos?- comenzó. La mujer volteo al instante, mirándola casi sorprendida.

-Seguro- asintió. Pero volvió a girarse para seguir con lo suyo. Lena se acerco para observar su perfil, aunque respetando su espacio.

-Quizás solo sea mi imaginación, entre tantas cosas que he pensando o lo que he visto, yo…- negando- olvida eso. Tal vez solo estoy imaginándome cosas que no son- quiso marcharse, pero rápidamente retrocedió- no, no tengo idea cuanto tiempo este aquí y sé que no puedo vivir con esta incomodidad ¿te caigo mal? ¿A caso no te agrada que este aquí?- pregunto directamente. Solo durante 3 segundos Eva se detuvo en lo que estaba haciendo, pero luego siguió.

-Supongo que soy demasiado evidente- suspiro.

-Lo sabía.

-Y no, no es que me caigas mal- negando. Lena la miro confundida.

-¿Entonces…?

-Es que yo no sé qué es lo que estás haciendo aquí- la interrumpió- y se que sabes perfectamente lo que pasa aquí, sino no hubieras venido tan preparada como viniste, confirme eso cuando te escuche hablar con mi esposo ¿es tan grande el motivo de lo que haces para arriesgarte a venir así?

-Eva, lo que sucede es que yo…

-No quiero saberlo- la interrumpió- sea cual sea tu razón, evidentemente es suficientemente fuerte para hacerte venir hasta aquí. Pero debes saberlo que no lo es para mí, y no cuando evidentemente también arriesgas lo mío.

-No lo entiendo.

-Lena…- suspiro mirándola- no me desagrada que estés aquí. Eres la familia de mi esposo, y por lo tanto, también mía ahora. Es solo que tus razones están molestándome. Eres joven, y tienes la curiosidad y energía para hacer las cosas, yo también he pasado por eso, pero jamás me atrevería a hace lo que haces para alcanzar simplemente un reto o lo que sea. Es solo que te observo y no puedo evitar pensar que estas poniéndome en peligro a mí y a mi familia – Lena abrió la boca para responder, pero luego la cerro ya que evidentemente no tenia respuesta a eso- no sé qué tan al tanto este Bernard de eso, pero si él no ha tenido problema o preocupación por su propia familia, creo que corresponde que yo lo haga por los dos.

-Eva- observando el suelo- lo siento, yo…

-No tienes idea de cómo son las cosas, Lena. No la tienes- negando. Eva siguió lavando- créeme que soy la primera aquí que no quiere que nada te suceda, ni a ti ni a mi familia. Solo espero que hayas reparado un solo segundo en pensar en el peligro que nos metes a todos aquí si es que eres descubierta. Solo espero que sea lo que sea a lo que viniste a hacer aquí, lo hagas sin complicaciones, rápido y luego te marches en cuanto puedas- Eva termino de dejar los platos sobre la mesa y la observo- en verdad espero que valga la pena para ti- fue lo último que dijo antes de dejarla sola en la cocina.

Lena se sentó en cuanto Eva salió de su vista. Por supuesto que la mujer tenía toda la razón en todo lo que había dicho, estaba en todo su derecho de preocuparse por los suyos ¿Qué tan egoísta había sido? Ahora recordaba todas las veces que Anton le habían insistido antes de hacer lo que había hecho, ahora comprendía que no solo estaba arriesgándose ella, sino toda la familia de su tío y eso no era algo que estuviera en sus manos. Por supuesto que no podía cargar con aquella carga. Tapo su rostro con ambas manos ¿Por qué estaba complicándose todo ya de repente? Aunque no, ella había sido demasiado terca pensando únicamente en su logro y no en las consecuencias que este podría traer consigo. No culpaba en nada a Eva, no le había dicho nada que no fuera verdad, por algo no había tenido una sola respuesta que darle más que una débil disculpa que ni siquiera quiso escuchar. Y una vez más, ni siquiera la culpaba.                                
                         

Luego de reponerse de esa conversación que solo la dejo con preocupación, decidió que por ese día no saldría a ningún sitio. Aun tenía ideas que acomodar en su cabeza. Subió a la que era ahora su habitación y decidió estar ahí hasta que su tío regresara. Necesitaba tener una charla pendiente con él, y ahora después de escuchar a su esposa, otras tantas que debían arreglar. Por el momento solo se conformaba con pasar el tiempo redactando la carta para Anton, seguramente el hombre estaría lleno de preocupaciones ahora mismo, que si había llegado bien, que si pudo encontrar a su tío, ya podía imaginarse sus preguntas. Por supuesto que había perdido el tiempo con eso, no había dejado pasar la oportunidad de seguir escribiendo lo que había dejado la noche anterior. Dio un suspiro y solo se quedo observando el papel, había sido solo una cosa la que llamo su atención y que la llevo a levantarse y observar por la ventana. Lena ni siquiera pudo imaginarse que le iba a deparar a partir de ahora aquella osadía de la que  ya comenzaba a oscilar. Solo esperaba que las cosas marcharan de manera ligera, tanto como la nieve que comenzaba a caer ahora mismo.

* * * * *

Polonia, Varsovia.

Rudolf volvió a suspirar una vez más, ya ni siquiera tenía en cuenta cuantas veces había hecho eso, pero aun así, su cuerpo seguía tan pesado como en la mañana cuando el doctor pidió hablar con él. Se detuvo otra mirando la puerta, y grande fue su sorpresa cuando esta finalmente se abrió. Ni siquiera estaba listo para la noticia. El hombre se acerco hasta el tan pronto lo vio.

-Ella está bien- fue la primer noticia que decidió dejar salir. Rudolf volvió a suspirar. Un problema menos- afortunadamente no hemos encontrado huesos rotos.

-Que bueno, que bueno- asintió aliviado.

-Aun así- continuo- sucedió algo que no hemos tenido en cuenta. Al parecer la consecuencia de eso, fue que Anette sufrió un golpe en la cabeza demasiado fuerte, Rudolf. M recomendación es que sea transferida inmediatamente, tu sabes cómo es eso.

-¿Consecuencia?- pregunto sorprendido- ¿Qué pasa con mi esposa? ¿Está o no está bien?

-Lo siento, Rudolf- suspiro el hombre- pero Anette ha entrado en coma. Necesita ir a Berlín- informo para su sorpresa.


Lucy suspiro sintiendo la brisa fría que ya comenzaba a notarse cada vez, se observo las manos y ya no hubo sensación alguna que viniera a ella.  Observo a su alrededor y se encontró tan sola como de costumbre. Afortunadamente su padre no estaba cerca para seguir molestándola, después de todo hacia días que ya ni siquiera Paul tenía la necesidad de arremeter contra ella como acostumbraban. Las cosas marchaban considerablemente bien, guiándose por ese hecho.
Aquella tarde decidió dar un paseo a solas, su deber del día lo había hecho al pie de la letra y ya no había nada ni nadie que necesitara ya de sus servicios. Se sorprendió a si misma cuando se noto extrañando a su madre. Era curioso que lo hiciera hasta ese momento, pero no pudo evitar recordar la última vez que se habían visto. El rostro de su madre era algo que jamás iba a olvidar.

<<Lucy termino de empacar las ultimas pertenencias que le quedaban. Había dado una última mirada a su alrededor, todo lo que ella era quedaba en ese sitio para siempre. Había nacido ahí, había crecido y aprendido todo lo que sabía en esa casa, y ahora la dejaba para ser algo completamente diferente a lo que ella había soñado para su vida. Aunque lo odiara con el alma, su padre tenía razón, no tenia elección ya. No después de la manera en la que se lo hizo recordar la última vez.

Dejo la maleta en la sala y noto por la ventana a Paul hablar con otros hombres, sabía que él estaba contando los segundos para marcharse en cuanto antes. Se había acercado al espejo más próximo de la sala, el último regalo de su padre ya ni siquiera podía notarse. Afortunadamente.

-Lucy, hija- escucho detrás de ella sobresaltándola.

-Mama- girando.

-No olvides quien eres Lucy, por favor no lo olvides- fue inevitable que las primeras lagrimas se deslizaran por sus mejillas. La impotencia de no poder hacer nada por su única hija dolía, dolía demasiado. Más que cualquier golpe que pudiera darle su esposo para recordarle el poder que tenía sobre ellas.

-No lo hare mama, lo prometo- abrazándola.

-Solo no lo olvides hija, no me olvides- pidió ocultándose en su cuello. Ella no ya no pudo aguantar el llanto y pronto la imito. Habían perdido total noción del tiempo en ese brazo, si estuviera en manos de ambas, pedirían que aquel momento durase para siempre. Pero era la cruel realidad las que las separaba por mucho de aquel deseo.

-Con que esa era la demora- fue la voz que tantas emociones causaba. Paul se acerco tomando la maleta y apenas las miro- ¿ya estas lista?- pregunto. Camino hacia la puerta, Lucy ni siquiera se había molestando en contestar. Observo los ojos de su madre, tan inundados de lágrimas como amor hacia ella. Luego deslizo la mirada alrededor de su boca, los recordatorios de su padre aun estaban marcados en su piel y ella sintió los vellos de su nuca erizarse- no voy a esperar todo el día- repitió una vez más antes de salir por completo de la casa. La castaña se permitió darle un beso en la frente y fue retrocediendo, tan lentamente para permitirle que cada detalle quedara en su mente.

-Voy a volver- le prometió a su madre casi en susurro- volveré y te llevare lejos de aquí- y se marcho. Apenas había mirado atrás una sola vez, y su madre permaneció en el mismo sitio aun mirándola.

-Siempre voy a esperar aquí- susurro en la soledad de su hogar. Lucy tenía tiempo de haberse marchado ya>>


Las emociones de aquel recuerdo explotaron en su pecho y simplemente pudo dejarlas salir de aquella manera, las lagrimas caían sin descanso alguno inundando su rostro en solo segundos. Cuanta decepcionada estaría su madre ahora su supiera cuan manchada ya tenía sus manos.

-Te falle mama, ya ni siquiera sé quien soy- murmuro observando la nada. Ni siquiera estaba segura si ella la perdonaría alguna vez.

* * * * *

Paul observo a su amigo sorprendido cuando este le dio la noticia. Por supuesto que recordaba el estado en el que esta se encontraba la última vez que lo vio, tenía una leve idea acerca de las cosas, pero o haría preguntas. Tarde o temprano seria el mismo quien se lo contaría.

-¿Y qué harás?- solo pregunto.

-Iré con ella, necesito ver que es lo que me dicen en Berlín.

-Bien- levantándose- buscare a Lucy, ella ira contigo.

-Paul… no es necesario, lo sabes.

-Yulia necesitara de alguien ahora más que nunca. Supongo que será de gran ayuda.

-Quizás tengas razón- asintió Rudolf- demonios, aunque debí decirle.

-Buena suerte- caminando hacia la puerta. Giro y encontró a Rudolf totalmente desganado con ambas manos sobre su escritorio.

-Esto es una maldita porquería- gruño Rudolf- ¿Cuánto todo se fue a la mierda de esta manera?- pregunto. Paul estuvo más seguro esta vez.

-Voy a estar aquí cuando quieras hablar- dijo- iré por Lucy.

Rudolf ni siquiera escucho lo último que había dicho, a esas alturas Paul seguramente estaría haciéndose ideas acerca de lo que verdaderamente había sucedido. Y sabía que pensara lo que pensara, no estaría tan equivocado.
Salió enojado consigo mismo y fue directamente en busca de Yulia. Tenía que saber decir precisamente lo correcto, no esperaba contarle todo hasta que estuvieran en Berlín y la salud de Anette sea algo seguro. La busco y la encontró justamente donde esperaba encontrarla. Nicole estaba con ella.

-¡Heil Hitler!- lo saludo la rubia en cuanto lo vio.

-¡Heil Hitler!- respondió- Yulia, debemos hablar tú y yo ahora mismo.

-Está bien, Yulia. Luego seguiremos con esto- se despidió Nicole- ¡Heil Hitler!

-¡Heil Hitler!- respondió para su sorpresa. Rudolf no pudo contener la emoción de ver eso. Aunque poco duro, cuando su hija lo observo esperando que dijera lo que él había anunciado.

-Yulia, esta tarde sale un tren directo a Berlín. Vendrás conmigo- anuncio.

-¿A Berlín? ¿Regresaremos allá?

-Solo durante un tiempo indeterminado- dijo- todo depende de la respuesta que nos den- acercándose- quiero que me escuches con mucha atención, Yulia- la rubia simplemente asintió completamente intrigada. Rudolf hablaba de una manera diferente y comprendía que el asunto era grave o tenía demasiada importancia para él- tu madre… ella…

-¿Qué le sucedió a mama?- pregunto alarmada.

-Ella tuvo un accidente, Yulia- fue directo- necesita atención medica y no hay mejor sitio para ella que en Berrín
-¿Qué le sucedió? ¿Ella está bien?

-Dentro de lo posible. Por eso debemos irnos en cuanto antes.

-Oh no, mama- murmuro con las emociones a flor de piel.

-Busca tus cosas, estaremos un tiempo allí así que debemos ir listo.

-¿Dónde está?¿Puedo verla?- Rudolf observo en sus ojos la preocupación.

-No podemos Yulia, pero en Berlín te prometo que la veras- dijo. La rubia asintió, haciendo un gran esfuerzo porque las lagrimas no quieran salirse de sus ojos ahora. Rudolf volvió a repetirle lo mismo y esta vez asintió con suma obediencia. No tenía otra cosa en la cabeza que la preocupación por su madre. La escasa información que le brindo su padre no hizo más que preocuparla aun mas.


Estuvo puntual a la hora que le había dicho su padre en la que partiría el tren. Se sorprendió cuando vio a Lucy a su lado, esta le había brindado unas palabras de apoyo, aunque tenían tiempo de ni siquiera dirigirse la palabra después de que ella le negara su amistad apenas había llegado a Polonia, supo contenerse un poco en sus palabras. El momento y la preocupación por su madre se llevaban toda su preocupación, sabía que si tenía a Nicole sobre ella en esos momentos, ni siquiera le importaría. Así de preocupada se sentía.

El viaje a su ciudad no había sido tres veces más largo de lo que fueron las veces anteriores, había intentado varias veces que su padre la diera mas información acerca de su madre, pero este simplemente respondía que los médicos tampoco quisieron decirle demasiado y solo le conto lo que ellos ya le habían comunicado. Yulia le creyó todo y no se atrevió a hacer más preguntas. La cara de Rudolf también reflejaba preocupación, aunque las últimas veces que estuvo junto a ambos padres, estos se las habían pasado de discusión tras discusión comprendía que su padre estuviera también de aquella manera. Si tan solo supiera que tan alejada estaba de la realidad.
Era entrada la noche cuando el tren finalmente se detuvo, Yulia y Rudolf no habían perdido el tiempo ni un minuto en acercarse al hospital. No hubo necesidad de esperar demasiado cuando todo el personal los había observado, sabían my bien de quienes se trataban. Las horas de espera mientras atendían a Anette fueron un total calvario para la pequeña rubia que no podía estar quieta un segundo. Lucy la observaba desde la distancia y comprendía totalmente su estado. Rudolf tenía tiempo de haber desaparecido, y aunque muy poco lo notaron, este parecía tomarse las cosas con otro tiempo.

-¿Roschmann?- pregunto el doctor. Yulia no había tenido idea de donde, pero Rudolf apareció desde la nada.

-¿Qué sucede? ¿Cómo esta?

-Ven adentro, tenemos que hablar- dijo. Yulia se había levantado de su sitio, pero basto que Rudolf solo negara con la cabeza para que ella obedeciera. En cuanto la vio este entro con el doctor. Yulia no podía aguantar un segundo más de espera, pero tuvo que hacerlo muy en contra de su voluntad. Ni siquiera la charla con Lucy o lo cientos de recuerdos con su madre lograban entretenerla del todo.

Su padre salió varios minutos después, y Yulia no perdió un segundo más en cuanto este le dijo que lo siguiera. Cuando finalmente se detuvieron frente a una puerta, el corazón comenzó a palpitarle con fuerza dentro de su pecho. Una extraña sensación le decía que sea lo que sea que estuviera detrás de esa puerta no iba a agradarle. Su padre le cedió el honor de que pasara primero, así que con la mano temblorosa entro y el impacto le dio de lleno en el cuerpo entero.
Anette estaba pálida sobre la cama, Yulia la había visto cientos de veces dormida, pero no entendía porque esta vez aquello se le hacía tan diferente. Se acerco con pasos pausados hasta ella y se sorprendió cuando noto que su mano no estaba cálida como siempre.

-Mama- las lagrimas salieron con facilidad. Sabía, lo presentía muy en fondo de ella que nada estaba bien- ¿Qué fue lo que te sucedió mama? ¿Qué sucedió?- Yulia recargo la cabeza en su torso y decidió dejar ir toda la tristeza que estaba sintiendo en ese momento. Las cosas no estaba nada bien.

Rudolf observo su reloj y noto que ya había sucedido demasiado tiempo. Se acerco hasta la castaña que no se había movido de su sitio aun.

-Vete a casa, Lucy. Estoy seguro que Yulia no querrá irse en toda la noche y la comprendo. Así que no es necesario que estés aquí.

-Está bien- asintió levantándose- ¿está todo bien con su esposa?

-Eso solo el tiempo lo dirá- dijo- descansa, voy a necesitarte mañana con Yulia.

-Estaré temprano- dijo- ¡Heil Hitler!

-¡Heil Hitler!

Rudolf se acerco a la puerta y suspiro largamente antes de entrar. El panorama no lo sorprendió en lo absoluto, Anette seguía en su sitio como la había visto y Yulia estaba completamente dormida con la cabeza en su estomago. Estuvo debatiéndose durante un buen rato, hasta que finalmente es acerco y acaricio sus cabellos. Yulia se despertó al instante y lo observo con los tristes y rojos.

-Yulia…

-¿Por qué, papa? ¿Por qué?- pregunto antes de lanzarse a sus brazos llorando nuevamente. Rudolf se sorprendió por eso, pero rápidamente reacciono y la envolvió con sus brazos. Solo en ese instante una idea fluyo en su cabeza tan potente que no pudo detenerlo en cuanto abrió la boca.

-Hice todo lo que pude Yulia, en serio, pero fue demasiado tarde para cuando yo llegue- se lamento. Yulia se tomo un tiempo antes de dejar de sollozar y se aparto para mirarlo a la cara.

-¿De qué… hablas?- pregunto confundida.

-Les advertí muchas veces a ti y a tu madre que esas no eran personas, pero nunca me escucharon. Ahora no estamos más que sufriendo las consecuencias tú y yo- comentó despacio- pero juro por la vida de tu madre que van a pegarla, van a pagar lo que le han hecho a ella.

-Papa… ¿Qué?- observando a su madre.

-Yulia, hija- tomándola del rostro- se que hice mal en dejarla sola con esas ratas y ellos aprovecharon la oportunidad, pero te juro que en cuanto tenga la oportunidad voy a hacerlos sufrir. Lo que le han hecho a tu madre no tiene perdón. Pero vamos a hacer algo al respecto tu y yo- abrazándola nuevamente- ella ya no va a despertar, Yulia- soltó la bomba-  fueron ellos, esos malditos la han golpeado dejándola así- murmuro con voz doliente en su oído- tu madre ha entrado en coma- volvió a murmurar.

Rudolf fue totalmente consciente en el momento que los sollozos de Yulia dejarlo de moverlo, y entonces supo que sus palabras habían funcionado. Pero lo que este no vio, fue  como esta había cambiado su mirada hacia la nada, y por supuesto que tampoco supo del puño que se presiono fuerte sobre su hombro. Yulia sintió otra nueva emoción apoderarse ahora con fuerza de su cuerpo.

pei_17

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por Kano chan el Sáb Mar 17, 2018 10:09 am

Noooooo !! Me imaginé que algo así pasaría !!! Sad Sad por qué !!!???
Bueno ahora solo resta esperar a ver que decide hacer Yuls!! Y ahora que está en Berlín espero que se encuentre con Lena!!
Saludos !!! Ya extrañaba esta historia!
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Kano chan

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Apareciste!

Mensaje por Zaninivolk el Miér Abr 18, 2018 10:36 pm

Que alegría pei,estás de vuelta,y la historia mejor que nunca ya empieza lo bueno
Por favor no te pierdas tanto tiempo
Te juro que siempre te he tenido fe y ya té extrañábamos ❤️

Zaninivolk
Invitado


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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

Mensaje por pei_17 el Miér Mayo 02, 2018 7:28 pm

Kano chan:taaantas, taaantas cosas pueden pasar. Quien sabe ? jaja gracias por seguir siempre fiel con el seguimiento, dejo mas, espero te guste!! saludos!
Zaninivolk:Que lindas palabras, la verdad que nunca abandonaria esta historia. A mi tambien me gusta jaja dejo aca mas continuacion, supongo que ahora me veran mas seguido por aca. Saludotes!!


Alemania, Berlín.



<<- ¡Invaden mi país, nos quitan nuestro trabajo, nuestro dinero! ¡¿Y pretenden que no haga nada?!- vocifero el hombre fuera de sí. Arremetió contra los objetos del sujeto que tenía en frente, logrando que todas sus pertenencias se cayeran al suelo- pronto, muy pronto todo va a cambiar- sonrió viendo como este se agachaba para juntar sus cosas. Fue en ese momento que se le ocurrió la idea de seguir con aquello, entonces levanto su pie y este fue a parar a la espalda del otro hombre, logrando que cayera al suelo sobre sus cosas. La risa no espero un segundo en aparecer tras la humillación que el mismo estaba creando.
Por supuesto que todos observaban sin decir una palabra, eran espectadores pasivos de aquel abuso, aunque eso no era visto para todos de la misma manera. EL hombre murmuro algo y continúo con su intento de recolectar sus cosas. La joven castaña que estaba observando eso miro a su alrededor, llevándose una gran decepción cuando noto que nadie iba a hacer nada al respecto, inclusive algunos parecían disfrutarlo, tanto como aquel uniformado hombre que seguía riendo frente a ella.

-¿Estás bien?- pregunto  agachándose frente a él. El hombre apenas asintió sin observarla, continuando con su trabajo. Ella no dudo un segundo en ayudarlo.

-¿Qué estás haciendo?- pregunto el hombre dejando de reír- ¡¿Qué se supone que estás haciendo?!

-Hija…- murmuro la mujer que hasta ese momento estaba callada. Observo los ojos de su esposo y supo que nada bueno iba a venir después de aquello. Tendría que haberlo hablado, haberla detenido, pero ni siquiera había tenido tiempo de reaccionar. El accionar de su esposo había sido totalmente sorpresivo y ella aun se encontraba completamente sorprendida, había escuchado cosas, pero jamás lo había visto con sus propios ojos  de esa manera. Y mucho menos venir de su esposo.

-Ayudando- respondió observándolo.

-Levántate- ordeno con la mirada fija- ahora- remarco. Dio apenas un vistazo alrededor y ahora si deseaba ya no tener espectadores. Aquella escena era completamente humillante para él, podría haberlo esperado de cualquiera, pero nunca imagino venir aquello de su propia hija, ni más ni menos.

-Hija… por favor…- repitió la mujer.

-¡Lucy!- grito su padre apretando los puños.

-Yo puedo, no te preocupes- apenas susurro el hombre frente a ella con sus cosas. Ella estaba a punto de contestar cuando se sintió fuertemente jalada de su brazo. Apenas había reaccionado cuando ya estaba sobre ambos pies parada, con la mirada fúrica de su padre frente a ella. Como nunca antes lo había visto.

-Lo que acabas de hacer…- murmuro con la respiración agitada- no sabes lo que acabas de hacer-negando. El hombre no había tenido ninguna contemplación cuando pateo el estomago del otro desde el suelo, lo había hecho tan fuerte que este rodo sobre el suelo sin moverse.

-¡No!- grito viéndolo ¡¿Por qué lo hiciste?!

Aquello, por supuesto que no había tenido una respuesta. El hombre se llevo a su hija de aquel lugar, los ojos no se habían despegados de ellos en ningún momento y el estaba siendo consumido por la vergüenza y la ira. Una combinación peligrosa que amenazaba con estallar tan pronto tuviera la menor oportunidad. Ambas mujeres se habían subido al auto sin decir ni una palabra, el hombre estaba visiblemente enojado y la castaña aun no lograba entender porque su padre había arremetido contra ese desconocido de la nada. Había abierto la boca, se había preparado para seguir con aquello, pero basto que su madre la mirara y supo que debía callar. Al menos por el momento.

En cuanto se detuvieron frente a la casa, los pasos de los tres era lo único que los acompañaba. Junto con los pensamientos que se arremolinaban causando todo tipo de sensaciones. Paul dio un portazo logrando que ambas mujeres dieran un salto. Por supuesto que ahora vendría la consecuencia de lo sucedido.

-¿Se puede saber qué rayos hacías ayudando a esa rata?- pregunto con la mirada clavada en su hija- y por si fuera poco, desafiándome- acercándose peligrosamente a ella- a mí, tu padre, frente a todas esas personas ¿Qué crees que van a pensar?

-Paul… seguramente ella no lo pensó, no…- quiso intervenir su madre.

-¡Por supuesto que no lo hace!- grito callándola- ¡pero tiene que!- mirándola- ¡y ahora vas a entenderlo!- sujeto a la castaña del su brazo llevándosela con él.

-¡Paul, no!- grito su esposa.

-¡No!- quiso resistirse Lucy.

-¡Sí! ¡Sí!- grito el hombre- ¡¿Crees que lo que paso no llegara a oídos de los demás oficiales?! ¡Qué vergüenza! ¡Mi propia hija, mi propia hija haciéndome eso!

La castaña fue arrojada al piso, Paul desapareció de su vista tan pronto lo busco. Su madre venía detrás de ellos, ella sabía de las intenciones de su esposo. Aquello se corroboro cuando su rostro se transformo en pánico puro, ella estaba acostumbrada, ella sabía lo que vendría, pero jamás había sucedido con su hija y ella temía por eso. Por Lucy, por la ira de Paul, debió sujetarla cuando vio sus intenciones, recordarle quien era su padre y remarcarle cual era la nueva situación del país. Se arrepentía enormemente por eso, por querer alejarla de todo ese odio que corría tan libre como el aire, resguardarla de aquel mismo rencor que ahora cegaba a su propio esposo. Cuanto se había equivocado. Cuán grande era el error que ahora estaban pagando.

Pero su instinto protector no sería detenido por el miedo, su única hija no pagaría lo que ella había soportado por años. Así que cuando Paul se apareció nuevamente, solo que esta vez sin las manos vacías, ella corrió frente a él, enfrentándose a la mirada que todo lo atravesaba.

-¡Quítate!

-Paul, por favor… por favor- pidió- no lo hagas. Lucy entenderá, no lo hará nuevamente, ella…

-¡Ella aprenderá lo que debe hacerse y que no! ¡Pero primero pagara por la humillación que me ha hecho pasar!

-¡Es solo una niña, Paul! ¡Ella no lo entiende!

-¡Pues ahora lo va a hacer!- respondió. El no lo entendería jamás, no comprendía cuán grande y puro era el corazón de su hija. Pero por supuesto que eso no era algo que a Paul le gustaría escuchar o si quiera le importara. Su única hija debía regirse estrictamente a las cosas de ahora, y eso no incluía a la escena que había hecho hace poco tiempo atrás. Al menos hubiera sido indiferente como todos los demás, pero nunca logro imaginarse que ella haría lo que hizo.

-Por favor, por favor, Paul- repitió su esposa.

-¡Apártate te dije!- abofeteándola. Lucy era una espectadora a la distancia, conocía el carácter fuerte de su padre, pero nunca había sido testigo de una agresión como aquella. Entre la sorpresa y el temor por su madre, se levanto tan pronto como pudo para enfrentar aquello.

-¡Mama!

-No te acerques, Lucy- pidió la mujer.

-Yo me marcho a servir a mi país y tú te quedas aquí, criando a nuestra hija tan débil como tu- dijo el hombre- pero eso va a cambiar, de ahora en más me voy a encargar yo de todo lo que no has hecho tu-  la mujer no había puesto resistencia alguna cuando este la arrastro con el escaleras arriba. Lucy no dudo un segundo en seguirlos.

-No Lucy, no nos sigas- murmuro la mujer.

-Pero…

-Por favor, hija- sonrió esta débilmente. Lucy se detuvo desde su sitio mirándola.

No supo cuanto tiempo había pasado a los pies de las escaleras, solamente eran los gritos de su madre los que se mezclaban con los pensamientos en su cabeza. Las lágrimas recorrieron sus mejillas sin detenerse un segundo. Su madre estaba pagando caro lo que ella había hecho ¿Por qué era tan injusto? Sabía que la mujer hacia todo eso para que no fuera ella quien sufriera ese dolor, lo hacía precisamente para evitarle cualquier tipo de sufrimiento, así viniera de su propio padre. Aunque poco había durado aquello.

-Mama…- susurro en medio de la oscuridad.

Los gritos ya habían cesado>>



Volvió a levantar  una vez más su puño, y esta vez sí consiguió obtener el valor para tocar la puerta. Escucho perfectamente el sonido en el interior de la casa y su corazón latió con fuerza en su pecho. Habían pasado varios y largos segundos cuando la persona del otro lado la observo, tan sorprendida como ella.

-Lucy…- murmuro rompiendo aquel silencio.

-Mama- respondió. Quiso dar un paso, pero la mujer ya se había adelantado tomándola en un fuerte abrazo. Ella lo correspondió igual o más fuerte, envolviéndola con sus brazos- mama, yo… lo siento, lo siento tanto- el arrepentimiento ahora caía sobre ella llenándola de recuerdos. Recuerdos de las cosas que ella misma había hecho. La mujer la sostuvo aun más fuerte, comprendiendo todo al instante.

-Lo sé, cariño. Lo sé- le respondió. Pero Lucy sabía que ella no estaba ni siquiera cerca de saber las cosas que ella había hecho, las cosas que estaba obligada a hacer. Seguramente si lo supiera, no la estaría abrazando de aquella manera ahora mismo.

Madre e hija se habían tomado el tiempo para separase de aquel abrazo, solo entonces ambas entraron a la casa. La castaña suspiro profundamente, cuanto hubiera querido quedarse ahí hasta que todo fuera diferente.

-Te ves algo delgada, hija- menciono la mujer- ¿Estas comiendo bien?- pregunto observándola. Lucy apenas asintió, sin saber que mas decir ¿que mas podría contar ella, que no fuera las cosas a las que se dedicaba ahora?- ¿tienes hambre? Puedo calentarte la cena si quieres.

-Está bien- apenas asintió. Su madre se perdió en la cocina y ella se sentó en el sofá más cercano. Qué bueno se sentía estar de nuevo en casa, aunque una parte de ella ya comenzaba a verla ajena. Y por supuesto que lo era, en parte porque ya no era enteramente aquella misma persona que era cuando se marcho. Ahora sus manos estaban manchadas.

-Aquí tienes- volvió a aparecer su madre. Lucy la siguió con la mirada y se levanto hasta ir hacia la mesa. Los primeros minutos habían sido en completo silencio, seguramente su madre tenía demasiadas preguntas, pero estaba conteniéndose. Seguramente disfrutando de la compañía de su hija después de tanto tiempo de no saber nada.

-¿Qué sucede?- pregunto Lucy sintiéndose ya incomoda por el silencio. Esperaba que su rostro no reflejara los recuerdos que la atormentaban y su madre pudiera verlos.

-Tú no te has… escapado ¿verdad?

-No-siguió con su comida- la esposa de Rudolf al parecer tuvo un accidente.

-Oh no- se lamento- ¿Qué sucedió con Anette?

-La verdad no lo sé. Rudolf estuvo demasiado misterioso con eso. Paul me dijo que los acompañara, al parecer la situación es grave y tuvimos que venir a Berlín. Supuso que Yulia necesitaría a una “amiga” en estos momentos-menciono. Por supuesto que su madre no había dejado pasar el hecho de que se refirió a su padre por su nombre, y como intuición de madre que no fallaba, la relación entre ellos no había cambiado. Ella ni siquiera se atrevía a preguntar qué era lo que habían estado haciendo todo este tiempo.

-Supongo que no sabes entonces cuánto van a quedarse aquí.

-No, la verdad es que no hemos hablado de eso. Aunque con Rudolf nunca se sabe, supongo que dependerá de la salud de su esposa, Yulia seguramente estará incontrolable- medito- aunque no la culpo, era demasiado unida a ella.

-Lo eran- afirmo la mujer- cuando Yulia llego a sus vidas Anette no tuvo ojos para nadie más que para ella, jamás entendí porque no han tenido más hijos. Solamente una niña, igual que yo- colocando su mano sobre la de su hija. Lucy bajo la mirada observando aquello, luego se miro a si misma encontrándose aun con el uniforme.

-Lo siento- levantándose- si quieres puedo cambiarme, y…

-Eso solo traería problemas, Lucy y lo sabes. Después de todo, siempre han sido esos los problemas en esta familia. Debemos seguir manteniendo las apariencias, tal cual como lo haces ahora- comento. Lucy entendía exactamente a lo que se refería su madre, aunque no estuviera Paul presente, sabía que podría entrenarse y no quería pensar ni siquiera en la posibilidad de que pudiera hacer algo en contra de su madre creyendo que ella tendría algo que ver en eso- seguramente debes estar cansada, ven, tu habitación sigue como siempre.

Ella la siguió, comprobando que su madre se había encargado de mantener todo como estaba. Lucy esperaba que la soledad no estuviera pesándole, pero si aquello significaba la ausencia de Paul y sus abusos, al menos algo valía.  

-Tus pijamas están donde siempre si prefieres usarlas- comento su madre yendo hacia la ventana- pensé que iba a pasar estas navidades sola, después de tiempo comencé a hacerme muchas ideas ¿sabes?

-Mama, yo…

-Sé que es doloroso Lucy, y créeme, conozco a Paul y se de lo que es capaz y… y… de tan solo pensar que el esta obligándote a hacer cosas que tú no quieres…- el llanto se apodero de ella. Lucy corrió hacia ella para abrazarla.

-Es horrible mama, lo es- sollozo.

-No sé qué cambio hija, pienso y pienso y no sé qué fue lo que paso- murmuro- siento tanto todo esto, lo siento.

-Tú no tienes la culpa, no la tienes- negó- voy a volver, regresare mama- retrocediendo- voy a regresar y entonces tu y yo nos iremos de aquí. Lejos.

-No quiero que te metas en problemas hija- acariciando su rostro- solo no te metas en problemas, Lucy. No arriesgues tu vida, no podría soportar jamás el peso de eso- negó- siento tanto la clase de padre que te he dado, pero no lo provoques, solo no lo hagas ¿sí? Promételo. Prométeme que siempre estarás cuidándote, incluso de el- observándola. Lucy observo sus mismos ojos. Entonces lo decidió, lo haría por ella, por su madre. Haría lo que fuera para regresar a salvo y llevarla lo más lejos del maniático de Paul.

-Lo hare, lo prometo- contesto. Su madre beso su frente y luego se marcho sin decir una palabra más. Lucy después de tanto tiempo, pudo dormir tranquila  y profundamente.

A la mañana siguiente la despertó un aroma que hacia tanto no sentía, pero que tantos recuerdos traía consigo. Sirvió para recordar que ahora estaba en su hogar, junto a su madre. El uniforme que se había quitado, ahora estaba limpio a los pies de la cama y supo que seguramente su madre tenía tiempo de estar despierta.
En cuanto bajo, Lucy pudo notar la decoración que había ignorado la noche anterior. Estaba sorprendida cuando noto las esvásticas a los alrededores, en las paredes y en el mismo árbol navideño. No era como si aquello fuera nuevo para ella, pero estaba sombrada que fuera su madre la que hiciera todo eso estando sola. Se había quedado congelada cuando la vio entrar a la sala, seguramente su rostro aun no cambiaba, así que la mujer entendió cuando observo hacia donde miraba su hija.

- Y tú y yo sabemos muy bien las consecuencias que eso trae. Nos ahorra unos cuantos problemas, créeme. Las apariencias deben seguir Lucy, no importa cuánto nos opongamos a eso - sirvió el desayuno- ¿ya vas a irte?
-Rudolf no me ha dicho nada, pero no quiero que piense que he usado todo como excusa para estar solamente aquí. Algo me dice que voy a encontrármelos en el hospital.

-Está bien, solo quiero que si surge algo me llames. Aun tengo algunas cosas que salir a comprar, si estarás aquí entonces merece ser esto aun mas especial.

-Bien, pero no te preocupes. Voy a volver y pasare la navidad contigo, mama.

Tan pronto como termino su desayuno, Lucy se dirigió hacia el hospital. Y tal y como le había comentado a su madre, se encontró a Rudolf justo en el pasillo.

-¡Heil Hitler!- saludo.

-¡Heil Hitler!- respondió Rudolf- no esperaba encontrarte aquí tan temprano, Lucy.

-Se que no me lo ha pedido señor, pero no me podía quedar en casa pensando que quizás pueda ayudar ¿su esposa no ha mejorado aun?- Lucy sabia que quizás estaba haciendo demasiadas preguntas, no dudaba que si su padre estuviera presente y la escuchara tratando a Rudolf con tanta familiaridad y preguntando cosas personales, no dudaría en callarla. Pero Lucy había observado a Rudolf demasiado y sabia que no era como su padre, al menos nunca había visto nada raro en sus tratos a Yulia.

-La situación de Anette es… delicada, Lucy-suspiro- ella ha entrado en coma.

-Oficial, yo… lo lamento. No lo sabía.

-Lo sé, no te preocupes- tocando su hombro- por supuesto que la noticia no le ha caído nada bien a Yulia, ella estuvo un tanto… inestable anoche, supongo que será una buena idea si la vigilas por mí cuando no estoy.

-No tengo ningún problema con eso, señor. Ayudare en lo que pueda.

-Gracias, Lucy. Ahora debo marcharme, tengo asuntos que resolver. En cuanto a Yulia, no dudo que no salga de esa habitación en todo el día, ha querido venir desde temprano y yo no puedo negarle eso. Vendré en la tarde.

-Aquí me quedare oficial, Roschmann.

-Bien- comenzó a caminar, pero luego se detuvo para observarla- lo había olvidado, esta noche vamos a celebrar la navidad con unos cuantos camaradas, por supuesto que no puedo faltar. Estas invitada si quieres venir con nosotros.

-Yo…- Lucy comenzó a ponerse nerviosa. Ella preferiría quedarse con su madre esa noche, aunque si se negaba y Paul se enteraba de aquello, sabía que habría consecuencias.

-¿Estas quedándote con tu madre?- pregunto Rudolf al notar su rostro. La castaña solamente asintió- lo entiendo, entonces quédate. Seguramente te ha extrañado mucho.

-Sí, pero yo…

-Yo no voy a decir nada, Lucy. No es una obligación contigo, lo entiendo.- la observo. El rostro serio de Rudolf la tranquilizo, sabía que era un hombre de palabra y si decía que no diría nada, pues así seria.  El oficial Roschmann se marcho esta vez sin mirar atrás. Lucy esperaba no tener problemas por eso.


Había pasado un tiempo indefinido desde que se había quedado sola. Se sentía completamente inútil estando ahí sin hacer nada. Lucy no había tenido la oportunidad de conocer a Yulia mas a fondo, pero lo poco que había conocido de ella, sabía que era complicada. Y ahora sumado a lo de su madre, sabía que será aun peor. Después de todo, no la culpaba en lo absoluto. No dudaría que ella también estuviera mal estando en su misma situación. Perder a tu madre de esa manera era injusto para cualquiera.
Se había distraído leyendo el diario cuando observo a varias enfermeras entrar a la habitación, ella estuvo atenta por si algo sucedía y pensó que quizás algo grave había pasado cuando vio a Yulia salir de ahí devastada.

-Yulia- dijo acercándose- ¿está todo bien?- pregunto preocupada. La mencionada la observo con el ceño fruncido y confundida. No esperaba encontrarse con Lucy, observo sobre su hombro y no encontró a su padre. Vaya sorpresa.

Lucy observo los ojos rojos e hinchados, sabía que había tenido una noche fatal, su cara era demasiado evidente. Seguramente había dormido muy poco durante la noche anterior, si es que lo había hecho. Tenía la mirada demasiado triste y cansada. Y no supo porque, pero se acerco hasta ella para tocar su brazo, haciéndole notar que aun estaba ahí. Yulia se había perdido en sus pensamientos aparentemente cuando parecía observar atenta el suelo.

-Van a darle un baño- contesto finalmente- no podía quedarme.

-Ya veo- contesto asintiendo. Ninguna menciono mas nada y Lucy sabía que había demasiado silencio entre ellas- ¿quieres salir afuera?- pregunto. Yulia la observo como si hubiera dicho alguna incoherencia, estaba a punto de abrir la boca, seguramente para negarse, pero la castaña ya había deducido eso, así que no la dejo hablar- Yulia, van a tardarse, además no creo que aun quedándote aquí afuera puedas hacer algo. Vamos, necesitas despejarte un poco- hubiera querido agregar que de todas maneras iban a encontrarse a su madre ahí al regresar, pero aquello era cruel. Nada podía hacer estando en coma.

La rubia apenas asintió y Lucy la guio hasta el patio. No habían dicho ninguna palabra, simplemente se limitaban a observar el paisaje blanco que tenían en frente. La castaña  estaba preguntándose qué estaría pasando por la mente de Yulia justo cuando esta la sorprendió hablando.

-También fue mi culpa- murmuro la rubia con pesar.

-¿Disculpa?- pregunto Lucy confundida.

-Que mi mama haya terminado así, también fue mi culpa. Yo también la deje sola con esos… con esos…- apretando sus puños. Lucy hasta ese momento noto que no se había preguntado como es que Anette había terminado así. Y al parecer Yulia se lo diría ahora.

-Yulia, no creo que tu tengas la culpa de…

-¡Por supuesto que sí!- la interrumpió- mi padre tenía razón, esa noche cuando yo casi… lo escuche, el dijo que lo hubiera hecho de tener la oportunidad, mi padre me advirtió de ellos y yo solo… yo solo…- lloro- no lo escuche, yo no lo escuche y ahora mi madre…

-Yulia…- acercándose.

-¡No!- se alejo - ¡Ellos lo han hecho! ¡Ellos le hicieron eso a mi mama!- limpiándose las lágrimas- ella nunca los lastimo, mi mama era buena, y sin embargo ellos… esos… ¡esos malditos le hicieron eso!-exploto- ¿Es que no lo entiendes, Lucy?- mirándola. La castaña observo sus ojos desorbitados y lo entendió- a ellos no les importa, mi mama incluso los defendió y… y… ¡así le pagaron! ¡Y ellos también lo harán!

-Yulia, no creo que Rudolf no haya hecho nada aun. Tu padre seguramente ya encontró el castigo que ellos se merecen- comento. Lucy recordó perfectamente la noche a la que Yulia se refería. Ella también había sido testigo de todo lo que sucedió en aquella cena, y entonces comprendió la situación. Aunque le resultara extraño que Rudolf dejara a su esposa sola en la casa después de aquello, pero seguramente habían encontrado la forma de lastimar a Anette. Entendió a Yulia y no la culpaba de que este de aquella manera, después de todo si estuviera en su lugar, no dudaría que también reaccionara así o peor.

-Por supuesto que lo hizo- asintió Yulia cambiando su tono de voz- pero no terminara así, Lucy. Ellos, todos ellos son iguales. No lo entiendes aun ¿cierto?- observándola- o son ellos, o somos nosotros. Y por supuesto que yo hare todo lo posible para que seamos nosotros, espero que cuando tu reacciones ya no sea demasiado tarde para ti como lo fue para mí- comento antes de marcharse.

Si Lucy hubiera tenido la oportunidad de decir algo, tampoco lo hubiera podido hacer. Yulia la había tomado completamente por sorpresa con aquella nueva faceta, aunque comprendía que la situación la había hecho cambiar. Estuvo pensando si volver a buscarla o no, cuando decidió que mejor sería dejarla sola. Aquella no era en nada la Yulia rebelde que había conocido que quería escapar de todo eso. Supuso que Rudolf no se enojaría con ella al dejarla sola, así que salió del hospital y entre tanta caminata termino en una plaza.

Lucy se sentó sola para pensar en la situación. Estaba segura que si era su madre la que terminaba así, ella no iba a dudar un segundo en tomar venganza. Entonces no culpaba a Yulia de comportarse de aquella manera, quizás a partir de ahora comenzaría a actuar de diferente manera. Quizás finalmente ella tendría a alguien en su situación en la que apoyarse. Eso solo el tiempo lo diría.
Noto que ya había pasado demasiado tiempo pensando cuando podría pasarlo junto a su madre, después de todo no sabía hasta cuando estaría en Berlín. El tiempo allí tendría que aprovecharlo al máximo. Se había levantado abruptamente con aquella idea en la cabeza, que no había visto venir a alguien demasiado entretenido con su cámara, logrando que el objeto volara lejos. Lucy observo hacia abajo encontrándose con una mujer tirada en el suelo, producto de su reciente golpe.

-Lo siento, no te había visto ¿estás bien?- pregunto Lucy. La rubia simplemente la miro, asombrada y algo más que no supo diferenciar en su rostro. Y por supuesto que Lucy no había ignorado el hecho de que en todo momento ella solo se limitaba a observar su uniforme.


* * * * *

Rusia, Moscú


Anton observo su reloj y suspiro. Entonces decidió que otro cigarrillo no vendría mal para intentar matar un poco más el tiempo.  La situación con Lena lo tenía algo intranquilo, aun no había recibido noticias suyas y eso lo tenía un tanto nervioso. Ni siquiera sabía si había llegado bien a Alemania y su imaginación volaba todo el tiempo. Ahora se arrepentía no haber hablado demasiado sobre su familia, por supuesto que estos notaria demasiado su ausencia y preguntarían. Pero él ni siquiera estaba seguro de que era lo que se suponía que tenía que decir si ellos querían comunicarse con el ¿en qué momento había aceptado apoyar a tal muchacha loca e igualmente irresponsable en una locura como aquella? Solamente le restaba pedir que aquello no tuviera consecuencias graves que lamentar después. En parte el también seria culpable.

-¿Te hice esperar demasiado?- pregunto el hombre parándose frente él.

-No te preocupes, nunca es un mal momento para pensar un poco- respondió aliviado. Al menos ahora ya no le daría tantas vueltas al asunto de Lena. Conociéndola, seguramente tendría noticias de ella algo tarde, como comúnmente hacia- pedí por ti, espero que no te moleste.

-Siempre me fie de tus gustos- sentándose- ¿y qué tal las cosas con el periódico?

-Normales, podría decirse- dijo- me sorprende que tengas un momento así para hablar.

-Siempre tan directo- sonriendo- pero si, por supuesto que esto tiene una razón.

-Siempre tan transparente, comandante- rio- ¿Qué puedo hacer por ti?

-Necesito de tu… consejo ¿podría decirse? Lo siento, es que no se a quien más acudir. Y tú sabes que mi esposa…

-Lo sé, lo entiendo- interrumpiendo al saber de que trataba- ¿averiguaste algo más?

-Eso quiero creer- busco algo en su abrigo- solo dime qué piensas de esto- tiro el sobre en la mesa. Anton no perdió un segundo  lo abrió comenzando a leer.

Mí querida Larissa:
                         Sé que ha pasado mucho tiempo sin escribirte, pero te aseguro que no he pasado ni un día sin pensar en ti. Incluso hasta hace unas semanas atrás, cuando estuve al borde de la muerte, entre tantas cosas en las que pensar, yo solo podía acodarme de ti. Tu recuerdo siempre me da fuerzas.  Espero que no te asustes con esto que te cuento, pero estoy en perfecto estado como puedes ver, sino no podría estar escribiéndote ahora. Mi última misión ha sido algo complicada,  pero he logrado salir ileso. Volví a reencontrarme con mi hermano después de tanto tiempo, no hace más que tener éxito y sé que será un gran oficial algún día como tanto quiere serlo. Estuve a punto de hablarle de ti, pero algo me ha detenido. Quizás no sea este el mejor momento, pero sé que él podrá sernos de gran ayuda si quiero sacarte de ahí. Sé que se llevaran bien, es un hombre de palabra. Como siempre te he dicho, no puedo revelar mi lugar, pero puedo asegurarte que pronto vamos a vernos. Estoy más cerca de lo que puedes creer y pronto ya no habrá distancia que nos separe. Espero pronto tener también noticias tuyas.
                                                                                         Te quiere,
                                                                                                         Albert.



-¿Hermano?- pregunto Anton confundido.

-Sabia que ibas a darte cuenta tan pronto terminaras de leerlo.

-¿Y donde ha estado esto todo este tiempo?

-Larissa lo encontró, ella tampoco recordaba que tuviera eso. Y estoy seguro que debe haber más si seguimos buscando.

-¿Y ahora que harás? Esto puede decir muchas cosas.

-Y me lo dices a mi- suspiro- aun no lo he hablado con mi esposa, pero por supuesto tendré que saber quién es. Tantos años buscando al maldito y siempre estuvo frente a nuestras narices, y cuando finalmente casi lo tengo, se muere. Pero esto me da esperanzas de seguir buscando, se que tendré respuestas, Anton.

-Yo también lo creo- se acomodo- además esto revela demasiado, sabrás directamente donde buscar. No es un simple civil.

-Lo sé, he pensando exactamente lo mismo que tu. Y me da una leve idea a lo que debe dedicarse ahora.

-¿Qué harás?

-Necesito un infiltrado. Yo no puedo hacerlo, necesito a alguien que entienda esta situación, que pueda pasar completamente desapercibido.

-¿Nikolay?

-¿Nikolay? ¿Estás loco? Por supuesto que no. Tengo demasiado ya con la pérdida de un hijo.

-Es algo demasiado arriesgado, hermano ¿Por qué no antes averiguas algo del sujeto? Si es que esta en Alemania, tu sabes cómo es esto, puede que lo hayan enviado a otro país.

-También he pensando en eso, pero ya han pasado demasiados años y yo aquí simplemente averiguando y jamás moviéndome. Y esta vez no voy a detenerme Anton, en cuanto sepa que este sujeto está vivo, nada me detendrá de ir directamente hacia él. Si no es un Roschmann el que me dará respuestas, pues entonces será el otro.

* * * * *

Alemania, Berlín.


-Quizás lo mejor es que la niña se quede aquí, después de todo  está atravesando una situación difícil ¿es que a caso no puedes ver como esta?

-Por favor, madre, ya hemos hablado de esto. No hagas que me arrepienta de mi decisión
-¿Decisión? ¿A caso ibas a privarnos de no ver a nuestra nieta? ¿No apoyarla cuando está pasando por la muerte de su madre?

-Anette no está muerta, madre.

-¡Pero es como si lo estuviera! ¡La pobre solamente está ahí sin moverse!

-¡Madre ella no está muerta! Y voy a pedirte que ni se ocurra decir eso frente a Yulia.

-Ahora te importa ¿cierto? Ni siquiera has estado con ella lo suficiente.

-He tenido deber que cumplir, madre. Yulia ha estado junto a ella durante todo este tiempo- dijo. La mujer estaba a punto de darle su contestación cuando la puerta de la entrada se abrió. Un hombre mayor entro y rápidamente noto aquel ambiente, Yulia apareció detrás de él a los pocos segundos.

-Esperaba verte más tarde, Rudolf- comento el hombre.

-Supongo que todos lo hacíamos- murmuro la mujer.

-Lo sé, papá. Pero he venido más temprano para prepararme – decidió ignorar a su madre- Yulia, sube y prepárate. Esta noche saldremos.

-Está bien- asintió subiendo las escaleras.

-¡No puedo creerlo! ¡Espero que no estés hablando en serio Rudolf Roschmann!

-Tan en serio como ese es mi nombre, madre- dijo- es un deber que debo cumplir y Yulia debe venir conmigo.

-¿Deber? ¡¿Desde cuándo salir de fiesta cuando tienes a tu esposa en coma es un deber?!

-Ines, no comencemos con esto, por favor- quiso intervenir su marido.

-No es una fiesta, madre. Como oficial de la SS corresponde que esté presente ahí.

-Entonces ve tu, tu eres el oficial, no Yulia ¿Por qué le haces eso a tu propia hija, Rudolf? Primero la apartas de nosotros llevándola a otro país, su madre entra en coma y a ti solo se te ocurre meterla en ese maldito círculo de maniáticos como tú. Yo no te he criado así.

-Ines…

-Nunca vas a entenderlo, mama. Por eso es inútil seguir con esta conversación.

-¡Eres tu el que nunca entra en razón! ¡Yo no te he criado así, no te hemos criado así! ¡Maldito el momento en que decidiste meterte en todo esto!

-Ines, ya es suficiente.

-¡No! ¡Siempre queriéndolos convencer de que el país nos necesita, que Alemania nos necesita! ¡Pues yo ya he dado un hijo! ¡¿A caos no es suficiente ya?!

-Mama, pueden escucharte y vamos a tener problemas. Y tú sabes lo que pasa cuando…

-¡No me importa! ¿A caso piensas que puedo sentirme orgullosa, Rudolf? ¿A caso crees que no se las cosas que haces?- pregunto- puede que tu padre siempre se haga el desentendido pero yo no ¿me oíste?  Puede que ya no esté más Anette para velar por su hija ¿pero adivina qué? Aun estoy yo, hijo. Y créeme, puedo ser muy insistente. No voy a dejar sola a Yulia, espero que tengas eso siempre en cuenta- la mujer se marcho de allí tan pronto como pudo.
Jamás acepto aquella decisión de Rudolf, porque esa misma había seguido su siguiente hijo y caro lo había pagado. Las discusiones como aquellas nunca terminaban, y entre la terquedad de su hijo mayor, ella siempre terminaba sin energías ante las respuestas indiferentes que le daba. Aunque no lo demostraba, ella solo se hacía mayor y estaba consciente que cada vez podía dar menos pelea. Pero aun quedaba su nieta por la que luchar y ella no iba a rendirse tan fácil.

-Rudolf, hijo…

-Debería tener más cuidado con lo que dice, tú sabes lo que podría suceder si alguien la escuchara decir aquellas cosas. Ni siquiera estoy seguro si yo podre hacer algo si la descubrieran.

-Tu madre siempre ha sido así, Rudolf. Y tú sabes que así seguirá hasta su último respiro. Solo no la alteres, tú ya sabes que ya estamos mayores y lo de Albert…

-Lo sé, pero al menos ella debería de terminar de convencerse de una vez por todas, padre. Habla con ella, no voy a estar aquí para siempre por si algo sucede.

-Volverás a Polonia ¿cierto?

-Mi deber esta allá, debo encargarme del distrito. Tengo apenas unos días para seguir aquí por lo de Anette.

-Entiendo- asintió- tu y Yulia pueden quedarse aquí todo lo que quieran ¿lo sabes?

-Lo sé, pero en el momento en el que daba volver, ella vendrá conmigo- el hombre estaba  punto de protestar- y no hay nada que pueda convencerme de lo contrario, padre.

-Está bien, hijo- suspiro.

Justo en ese momento Yulia venia bajando por las escaleras. Rudolf se paro al final de estas y la espero, estaba tan emocionado por aquello, pensar que hace tiempo atrás Yulia ni siquiera quería salirse de la habitación y ahora iba a ir a su lado, tal cual cómo iba él.

-Adiós, abuelo- se despidió.

-Adiós, Yulia. Pásenla bien en su reunión.

-Lo haremos- dijo Rudolf.

El auto ya los esperaba afuera, así que Yulia siguió a su padre en silencio. No se había molestando en siquiera en mirar la ventana, de todas maneras ni siquiera sabía a dónde se dirigían. Rudolf no había dicho ni una sola palabra, seguramente estaba tan conforme que no necesitaría de persuadir a su hija de ninguna manera. Si no fuera por lo de Anette, el momento sería perfecto. Muy en el fondo aquella situación con su esposa le dolía.  
El auto finalmente se detuvo y Yulia lo observo, y supo que no sería una simple reunión como menciono su abuelo. No había perdido detalle de las grandes banderas rojas colgado de las paredes, los arreglos navideños y las esvásticas estaban por todos lados. Todos se acercaban a Rudolf para saludarlo y este no perdía oportunidad en presentar a Yulia, quien también era atacada con preguntas. Misteriosamente no estaba presente aquella incomodidad que había sentido una vez entre aquella gente, aunque la preocupación de su madre aun estaba plantada en su mente, Yulia reía cuando lo creía necesario y respondía cuando se le preguntaba.
Las horas habían pasado y ella no se perdió de aquel canto navideño modificado, que casualmente ella se lo conocía a la perfección. Rudolf estuvo en todo momento a su lado observando aquello y supo que las cosas no pudieron jugar más a su favor. Yulia estaba tan entretenida que ni siquiera noto cuando su padre se había desaparecido por un tiempo, para aparecer luciendo contento.

-Ven conmigo Yulia, hay alguien que quiere conocerte, hija- le dijo. Yulia ni siquiera pregunto, simplemente lo siguió para notar que la guiaba a un lugar más apartado del gran salón donde estaba la mayoría de la gente ahí. Habían subido unas escaleras, cruzado un pasillo para finalmente llegar- espera aquí- Rudolf se aparto un poco y hablo con un grupo de personas, todas se hicieron a un lado para permitirle el paso al hombre que estaba en medio. Yulia sintió que se le acorto la respiración en cuanto vio quien se dirigía hacia ella, por supuesto que sabía de quien se trataba. Su padre hablaba mucho de él, lo había visto, lo había escuchado muchas veces en la radio pero jamás imagino que llegaría el día en que lo tuviera frente a frente.

-Yulia, Yulia, Yulia, interesante nombre ¿cierto? Tu padre me comento lo de tu madre, pequeña y lo siento mucho- dijo amablemente. Yulia aun se encontraba sin decir una palabra- puedes hablar y desahogarte con esto tanto como quieras ¿sabes? Yo te entiendo pequeña- tocando su hombro- entiendo perfectamente por lo que estas pasando. Y créeme, no hay nadie mejor que hablar de eso conmigo aquí y ahora.

pei_17

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Re: ENTRE EL AMOR Y LA GUERRA // Pei

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