LA CASA DEL LAGO // ADAPTACIÓN

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LA CASA DEL LAGO // ADAPTACIÓN

Mensaje por SandyQueen el Sáb Ago 20, 2016 8:34 pm

CAPÍTULO I





MALOS ENTENDIDOS





El tiempo es relativo. ¿Cómo para unas personas se les puede ir como agua entre los dedos? ¿Cómo para otras es como si no pasara? El tiempo te puede acercar a lugares, momentos, experiencias, satisfacciones, personas e indiscutiblemente también te puede alejar de todo esto… es como un arma con dos filos. Las personas adoran tener el tiempo bajo control y piensan que todos los eventos de su vida pueden decidirlos. La gente piensa que el tiempo y el mismo universo gira en torno a ellos y para todo debe de haber una explicación. Si una persona no organiza lo que deberá tener en 1, 3, 6 o más años, entonces su vida no sirve. Si no son capaces de tener certeza en algo, entonces prefieren abandonarlo. Es un error decir que la vida sucede día a día porque, de hecho, es instante tras instante.
Sin duda alguna era un precioso lugar: Mi perra Lucky, el lago, la casa y yo. Sin embargo, Lucky y yo partimos con un rumbo fijo; un cambio de vida. Estaba convencida que a nadie le venía mal alguna vez en su vida, o probablemente más de una...  Meditaba mientras tomaba una taza con café cappuccino para despertarme. Argumentaba que mudarme era lo que necesitaba para encontrarle ese sentido a mi vida, el cual había perdido entre el bullicio de las largas filas de pacientes, pidiendo una explicación del por qué a sus enfermedades. Dejé mis reflexiones y pensamientos para vestirme rápidamente. Eran casi las ocho de la mañana y aún tenía que conducir hasta la calle 6 de Marata UI, para llegar al hospital “MEDEM International Clinic and Hospital”.  Me coloqué mi pantalón impecablemente blanco, busqué una blusa de tela delgada con manga sencilla y tomé mi bata también de color blanco. Coloqué mi credencial de acceso en el bolsillo de la bata y antes de salir, dejé comida y agua para mi bella Lucky. Quizá no la vería sino hasta el día siguiente, si bien me iba.

LENA: Lucky, ya sabes, cuando regrese jugaré contigo y de verdad prometo llevarte a dar un paseo por las calles de esta gran ciudad… Será hermoso, ya verás que no extrañaremos nada de Moscú, de Irkutsk y del lago Baikal. -Me despedí de ella y tomé mi mochila y mi llavero; eché un vistazo dentro del departamento para comprobar que todo estaba perfectamente cerrado y en orden. Entonces abrí la puerta para salir velozmente. -

El hospital MEDEM era un hospital de prestigio en Rusia; era mi primer día y me presentaría con la Dra. Mila Sidorova, la mejor internista del equipo con el cual comenzaría a trabajar.

MILA: Hola, Qué tal, Srita... Katina, ¿Verdad? -Extendí mi mano para saludarle. Estaba un poco nerviosa, pero tenía la experiencia suficiente para asumir los retos en la institución. – No se sienta, nerviosa, Katina. Le ayudaré lo más que pueda, pero sí le demandaré por favor, su compromiso y preparación para sacar adelante los casos que se nos presenten. Como verá aquí siempre hay mucho trabajo pues somos de los mejores hospitales en todo Rusia. Bienvenida, le enseñaré rápidamente el hospital y le asignaré su primer paciente. Siéntase en confianza, Katina.

Me sorprendí al comprobar que MEDEM era una institución muy grande y destacable. Siempre había tanto trabajo que las siguientes cuatro semanas de enero, el tiempo me pareció escurridizo, de hecho, de manera extraña, ni siquiera tenía noción del tiempo. Trabajaba más de 48 hrs seguidas, regresaba a casa a tratar de seguir con mi vida, pero por más que me esforzaba, no lo lograba.  Estaba realmente aturdida y cansada por las largas jornadas de estar en el hospital; para variar, se aproximaba otro Día de San Valentín más y constantemente pensaba en la cantidad de personas que gozarían del amor de tener a alguien a su lado, mientras que yo me encontraba alejada de todo el mundo y con el tiempo justo sólo para tratar problemas médicos y nada más. Recuerdo que ese día había llegado “temprano” a mi casa, no obstante, acribillada de los pies, espalda y hombros. Justo al entrar Lucky me recibió con mucha alegría como siempre y encontré un puñado de correspondencia. Pensé que ya tenía ahí varios días acumulándose. En realidad, no me había dado cuenta y no lo recordaba. Comencé a abrir sobre tras sobre y paré sólo porque caí en la cuenta que, al mudarme a San Petersburgo, no actualicé mi domicilio para recibir cartas así que decidí escribir al nuevo dueño o dueña para pedirle por favor que revisara el buzón por mí. Tomé un bolígrafo y una hoja blanca:

Querido(a) inquilino(a). Bienvenido a esta casa… Quizá encuentres un gran desorden, sin embargo, espero que disfrutes tu estancia. Creo que encontrarás correo para mí, por favor, ¿Podrías hacérmelo llegar? Te anexo mi dirección abajo. Gracias y disculpa las molestias, incluyendo las pisadas de perro; en realidad cuando yo llegué ya se encontraban ahí.
Atte. Dra. Elena Katina
Rubinshteyna, 8, San Petersburgo, San Petersburgo, Rusia
Febrero, 2006.

Aproveché que debía de pasar al supermercado por algo para preparar la cena, para dejar en el buzón del edificio de departamentos, la carta que escribí. En realidad, no creía tener respuesta pronto ya que ni siquiera sabía si el nuevo inquilino se tomaría realmente la molestia en hacer el favor que le pedí, pero si lo hacía estaría realmente agradecida. Le llamé a Lucky para que me acompañara y darle un paseo para distraerla. Tenía días de no hacerlo y ella también necesitaba un breve espacio de distracción. El paseo de Lucky lo convertí en un distractor para mí también ya que llevaba tiempo encerrada entre paredes blancas. Mis pensamientos si de por sí ya muy distraídos, fueron alterados más, con el sonido tan escandaloso de mi teléfono. Era una llamada de mi madre.

INESSA: Hola, Lena. Oye, mañana me gustaría verte en La Plaza de la Catedral de Kazan. Podríamos comer juntas y luego ir de compras, ¿Qué te parece?

LENA: Madre… En serio… Mañana no por favor… No me obligues. Sabes que es San Valentín y no siento deseos de salir a ver todas esas felices parejas… -Me interrumpió antes de seguir con mi sermón antisocial. -

INESSA: Tu padre ya no está con nosotras; tú vas a estar descansando ¿Cierto? Me habías comentado que mañana definitivamente no trabajarás; por último, tú no tienes planes para mañana y no quiero sentirme sola otro año. Así que, por favor hija acompáñame. -No tuve otra opción. Sólo asentí y fijé una hora para vernos en el lugar ya acordado-. Vamos antes de mediodía, a las once. ¿Te parece?

LENA: Ok. Mañana a las once en la plaza. Buenas noches mamá. -Nos despedimos y llevé a Lucky de regreso a casa. Tomé una ducha bastante relajante en la bañera y decidí leer un poco de una obra de Jean Austen, antes de permitir que el cansancio acumulado me venciera.

Al día siguiente estaba en punto en la plaza esperando a mi madre. No demoró mucho en arribar. Nos saludamos y decidimos sentarnos en una banca con vista hacia la parte frontal o principal, del lugar. El calor era tremendo para ser febrero en St. Petersburgo. Nos abrazamos y entonces decidimos platicar un poco.

INESSA: Por dios, es verdad que el calentamiento global está empeorando.

LENA: Así es. Quién lo diría, en pleno St. Petersburgo y a 15° de temperatura.

INESSA: ¿Cómo te ha ido, hija? Desde que te mudaste aquí no he sabido básicamente nada de ti. Me prometiste llamar, pero, no sé si tu trabajo realmente te esté absorbiendo tanto como para no hacerlo.

LENA: Créelo, madre. Estas semanas han sido de locos; para lo único que he tenido tiempo es para agrandar el tiempo de vida de mis pacientes en urgencias. Pero no quiero hablar de ello ahora, es San Valentín. Mejor dime, ¿Qué traes ahí?

INESSA: ¿Esto? Ahh sólo un libro. Era de tu padre. Es Dostoievski, “Crimen y castigo.”

LENA: Interesante… ¿Y de qué trata?

INESSA: Es sobre un sujeto que le rompe el cuello a una mujer con un hacha, y hasta ahora va ahí, lamentándolo. ¿En qué piensas?

LENA: Absolutamente nada…

INESSA: Cuando tu padre murió fue duro... Y aún lo es. Al leer sus libros es como sentir que aún está conmigo, sabiendo que recorrió las mismas páginas y leyó las mismas palabras… -El sonido desesperado del claxon de un camión y un estruendo choque enseguida, nos alertaron. Brinqué de mi lugar por instinto, comenzando a correr hacia el accidente. Mi deseo natural por ayudar y salvar fue rebasado por una multitud que también se abalanzó para mirar. Al acercarme la vi ahí… Una mujer jovial sobre el asfalto. No pude verle la cara, en realidad no quise moverle. Tomé mi teléfono y pedí con urgencia y con voz alterada, una ambulancia. -

LENA: ¡NECESITO UNA AMBULANCIA DE INMEDIATO, MUJER JOVEN ATROPELLADA! ESTAMOS EN… EN LA PLAZA DE LA CATEDRAL DE KAZAN, POR FAVOR DENSE PRISA! -Fueron los minutos más largos de mi vida. Por algún motivo me fue imposible auxiliarle. Mi cuerpo no respondía, yo no sabía qué hacer. Al llegar la ambulancia, mi madre me jaló como pudo, del cuerpo de esa mujer. Aún con la adrenalina corriendo por cada centímetro de mi cuerpo, le pedí a mi madre que me disculpara. Saqué las llaves de mi auto y corrí a buscarlo para arrancar hacia el hospital. El acelerador me quedó corto. Yo estaba muy aturdida y confundida; me urgía saber cómo se encontraba la mujer, sin embargo, no entendía en ese momento el por qué mi desesperante búsqueda. Al llegar busqué a la Dra. Sidorova y le pregunté por ella. No me dijo más y alejándose me dijo que me esperara para traerme información. Pasó un largo rato antes de que lo hiciera. Pasó realmente mucho tiempo o por lo menos así lo sentí yo.

MILA: Hola, Lena… ¿Cómo estás?

LENA: Quiero saber cómo está ella. -La Dra. Hizo esa mirada que de antemano me hacía saber que las cosas no estarían bien. -

MILA: No podré engañarte ni decirte esto de otra forma. Intentaron reanimarla, pero no pudieron. En este momento están avisando a sus familiares… ¿Era algo tuyo?

LENA: No… No, pero… Esto ha sido mucho para mí. -De mis ojos comenzaron a brotar largas lágrimas que poco a poco se fueron haciendo abundantes. Fue incontrolable el llanto para mí. -

MILA: Lena, le voy a decir lo que le digo a los doctores jóvenes; en su día libre váyase lejos de este lugar. Le servirá. Pero debe irse a un lugar donde se sienta totalmente libre… -Por un momento, las lágrimas cesaron al pensar inmediatamente en La Casa del Lago. -

Al llegar a la casa, para mi sorpresa la serenidad cayó sobre mí. Comencé a caminar alrededor para apreciar aquellos árboles que parecían estar siempre volteando hacia el agua pasible del lago. Lucky me acompañó a disfrutar de esa nuestra casa. Regresé un poco a la realidad al percatarme que la casa aún no estaba habitada… O por lo menos en ese momento no vivía nadie. Pero llamó mi atención el buzón, el cual aparentemente tenía una carta dentro. Para saciar mi curiosidad me acerqué y saqué el sobre dentro. Temí un poco, sintiéndome como niña pequeña apunto de abrir una carta la cual no es suya y no debe leer. Mis ojos se desorbitaron al descubrir el contenido…

“Estimada, Srita. Elena Katina; recibí su nota y me temo que debe haber un mal entendido. Hasta donde sé, la casa del lago ha estado desocupada por varios años. Quizá su nota era para la casa más cerca a ésta, a unos… 2kms de distancia, ya que, en esta casa, nadie ha vivido en años. Lo que me extraña son las patas del perro…”
Atte. Yulia Volkova.
Febrero, 2004.

-Pero… ¿Qué diablos? - Me pareció de mal gusto. Un juego de niños completamente. Alguien quería jugarme una broma… quizás. Mi mente estaba completamente confundida. Busqué rápido un bolígrafo en mi auto. Tomé una hoja de mi libreta de notas y redacté la respuesta para mi extraña amiga misteriosa.

Llegando a ese lugar tan sólo me doy cuenta de lo vieja y maltratada de la casa. - ¿Realmente acepté esto? - Me reprocho esto una y otra vez. Quizá sí soy muy testaruda y aferrada como lo decía mi madre, sin embargo, soy arquitecto y tengo el propósito de darle mantenimiento a este lugar. Cuando la adquirí estaba pensando en darle un cambio de estilo a mi propia vida; me paso días enteros decidiendo cómo lucirá una villa, un fraccionamiento, un residencial y un condominio. Al cabo de estas asesorías, mi vida no tiene nada de especial. No tengo novia, no tengo ninguna mascota, realmente no tengo una vida social tan activa y mucho menos tengo familia. Mi única familia era mi madre que falleció a causa de una enfermedad; mi padre que en realidad nos abandonó desde que yo estaba muy pequeño, y mi hermano mayor Vladik Volkov, quien también demostró amor por la arquitectura.

Ese día decidí madrugar para ir a la obra, el último gran y categórico edificio de departamentos que vería surgir Moscú. Mi gente tenía la costumbre de llegar tarde o bien, sencillamente llegar y no poner manos a la obra. Estaba decidida a terminar la villa de departamentos, en tiempo y forma. Tendría que motivar a la gente, sin embargo, me tomaría tiempo. Estaba en otro día más de trabajo en la gran obra que dirijo; mi desquiciada pretendiente estaba como siempre tras de mí. Amo mi trabajo y ella se da cuenta.  Creo que quisiera que yo también la amara a ella.

Al final del día, cuando por fin pude retirarme a mi nuevo hogar para descansar, me detuve para tomar del buzón de correo, correspondencia que había llegado. Me sorprendió, pero de igual manera lo tomé. Realmente había sido un día muy agotador. Debía recuperar energía ya que la casa que recién había adquirido, se encontraba muy maltratada. En realidad, necesitaría mucho trabajo ya que jamás había tenido un dueño en bastantes años. Antes de quedarme dormida, decidí abrir el correo que recogí al llegar. El contenido me desorbitó y me confundió por completo:

Querido(a) inquilino(a). Bienvenido a esta casa… Quizá encuentres un gran desorden, sin embargo, espero que disfrutes tu estancia. Creo que encontrarás correo para mí, por favor, ¿Podrías hacérmelo llegar? Te anexo mi dirección abajo. Gracias y disculpa las molestias, incluyendo las pisadas de perro; en realidad cuando yo llegué ya se encontraban ahí.
Atte. Dra. Elena Katina
Rubinshteyna, 8, San Petersburgo, San Petersburgo, Rusia
Febrero, 2006.


- ¿En serio? Esto no puede ser verdad. ¿Está loca? La casa vecina será… Quizá la más cercana que está a 2 kms de aquí… Se confundió, creo. ¿Pisadas de perro? Aquí ni siquiera hay perros. Qué tonterías dice la gente sin darse cuenta. - Decidí no perder más de mi tiempo y apagué las luces para irme a descansar. Al día siguiente habría mucho trabajo por hacer.

Saqué algunos botes para comenzar a pintar la casa. Era un día muy soleado y debía aprovecharlo. Al girar, me topé con una gran sorpresa; - ¿Ella? ¿Él? –¡Hey! - Comencé a correr detrás. - ¿De dónde diablos salió? – Efectivamente, a mi vida en ese instante había llegado una hermosa perrita. No lucía descuidada y me hizo preguntarme si quizá se encontraba perdida. Corrí lo mejor que pude, pero no la alcancé. Decidí entonces continuar con la actividad laboriosa de pintar la fachada de esa casa casi de terror… Poco a poco luciría mejor. Después de un largo rato de estar pintando y para mi sorpresa mi nuevo amigo o amiga volvió. - ¡Hey! - Comencé a gritar como loca. - ¡Oye! ¡Ven aquí pequeño! ¡No vayas a…! Qué bien… Ahora tienes las patas pintadas y las acabas de dejar justo en la entrada de mi casa… ¿Huellas?... Tú…- Recordé la correspondencia de la noche anterior… Huellas. Entré en la casa para darle algo de comer a mi nuevo inquilino, o mejor dicho inquilina. Busqué un bolígrafo y respondí al mensaje de la carta misteriosa. Lo que sea que haya sucedido no se repetiría; aclararía de una vez el mal entendido con la remitente.

Esa noche me quedé pensativa, con mi mirada perdida atravesando los ventanales de cristal grandes mediante los cuales la noche entraba a la casa. La correspondencia, el comentario sobre las pisadas e inclusive la fecha, me ocasionaba mucha inquietud. No le di más oportunidad a mis pensamientos; tenía que dormir ya que al día siguiente tenía decidido ir en busca de mi hermano Vladik Volkov. Hacía tanto que no nos veíamos… Para ser exactos desde que mi padre lo invitó a su negocio como súper asesor en diseño de edificios de súper lujo. Tenía ganas de verlo para comenzar a contarle lo poco y extraño que había estado sucediendo en mi vida.

Llegué a “Agence Moatti et Rivière”, no hizo falta entrar. A la distancia Vladik venía saliendo acompañado de una bella dama y le pidió disculpas para abrirse paso. Ante mis ojos mi gran hermano me sonreía. Estaba asombrado al igual que yo. Me acerqué para darle un fuerte e inmenso abrazo. La señorita que le acompañaba se acercó a nosotros y Vladik aprovechó para presentarnos:

VLADIK: Hermana, ella es mi novia, Milenka Simirnova, trabaja también aquí.

MILENKA: Qué bella eres; me da mucho gusto conocerte. Vladik ya me había hablado de ti, pero no había tenido la fortuna de conocernos. -Extendí mi mano para saludarle cordialmente. -

VLADIK: ¿Por qué nunca me dijiste a dónde te ibas? Pude haberme ido contigo. Estuve mucho tiempo esperando saber de ti hasta que papá me pidió unirme a su proyecto, desde entonces aquí estoy, Yulia yo creo que deberías… -Lo interrumpí de tajo. –

YULIA: Hermano, por favor, no menciones eso ahora. Me da gusto verte, saludarte, saber de ti después de tanto tiempo. ¡Te extrañaba tanto!

VLADIK: En verdad eres una mentirosa… -Me sonrió y correspondí a su gesto con un leve golpe de mi brazo contra el suyo. Me invitó a seguirlos hasta su departamento para tomar algo. Sin embargo, antes de ponernos de acuerdo, mi padre salió como bala del edificio. Ni siquiera se limitó a sonreír o hacer un saludo desde lejos. Como siempre el Sr. Oleg Volkov haciéndose el importante y desaprovechando cada momento con sus hijos. -

YULIA: Hace mucho que no lo veía…

VLADIK: Sigue siendo igual de necio, pero no le hagas caso. Te acaba de hacer una invitación. ¿Qué dices? ¿Nos acompañas a mi departamento?

YULIA: ¿Qué te parece si lo dejamos para mañana? Después de salir de la obra, paso por ti y nos perdemos un rato. -Mi hermano asintió y entonces nos despedimos sin querer en realidad. -   Al regresar a casa, lo más reconfortable fue la bienvenida de mi nueva amiga a quien… aún no podía llamarle de ninguna manera. Enseguida, lo que captó mi atención fue mi buzón con aviso de correo nuevo. Con la prerrogativa en mi mente, avancé con decisión para tomar la nota adentro y leerla sin más demora. Mi sorpresa fue, total. Esto no podía estar sucediendo…

Estimada, Srita. Yulia Volkova.
Conozco bien la cabaña a la que se refiere. Exactamente a 2 kms de distancia y le aseguro que jamás viví ahí. Soy muy tradicional pero no creo que una cabaña deba medir más de 500 mts, cuadrados. Así que lo voy a repetir, solía vivir en la casa del lago y me mudé. Ahora vivo en Rubinshteyna, 8, San Petersburgo, y le agradeceré que me reenvíe mi correspondencia si es que le llegara. Por cierto, estamos en el 2006, ha sido así todo el año. Puede preguntarle a cualquiera.


Última edición por SandyQueen el Miér Oct 05, 2016 1:33 pm, editado 1 vez

SandyQueen

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Re: LA CASA DEL LAGO // ADAPTACIÓN

Mensaje por Aleinads el Lun Ago 22, 2016 8:01 am

Demasiado perfecto para ser verdad!!! *-* No puedo esperar para el siguiente capítulo ♥ Lo esperaré con ansias! Smile Very Happy cheers

Aleinads

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Re: LA CASA DEL LAGO // ADAPTACIÓN

Mensaje por andyvolkatin el Mar Ago 23, 2016 9:30 pm

Hola Very Happy
que buen capitulo
todo es muy misterioso
espero subas capitulo pronto

andyvolkatin

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Re: LA CASA DEL LAGO // ADAPTACIÓN

Mensaje por SandyQueen el Vie Oct 28, 2016 10:21 pm

Hola!! Después de que transcurrieron siglos xD Les traigo el capítulo II. De antemano muchas gracias por su paciencia andyvolkatin y  Aleinads. Espero que les guste Very Happy


Capítulo II


Pasé toda la tarde dándole vueltas al mismo tema: -¿2006? ¿Escribió 2006! ¡Cómo se atreve a decir que estamos en el 2006! ¡Está loca!.. - Me asombraba y a la vez me molestaba que lo dijera con una tremenda seguridad.  -¿Entonces yo soy la demente?- De seguro esa mujer, o ese alguien, estaba jugando una broma de muy mal gusto. Fue entonces que decidí comprobarlo. Al día siguiente tendría una cita con mi hermano Vladik a un pequeño y agradable bar en lo profundo y solitario de San Petersburgo. Al cabo de nuestra reunión, estaba totalmente segura en ir en búsqueda de la dirección de aquella mujer pese a que realmente, no esperaba encontrarla. Detuve mis pensamientos repetitivos para limpiar el desastre de la tubería del lavadero que me encontraba reparando…  - ¡Rayos! Lo que me faltaba…- Bufé con frustración al empaparme con el agua bastante sucia y olorosa-.
Llegamos al bar; un lugar estilo pequeña taberna americana. Nada comparado con los bares contemporáneos de la ciudad. Decidimos tomar lugar frente a la barra. La música de fondo era perfecta, algo increíble y que no había escuchado en años. Algo de Frank Sinatra, “I Love You Baby”. Ordené una Baltika 4, mientras que Vladik prefirió una Baltika 3.  La canción de Sinatra seguía avanzando y nosotros entonábamos mientras nos hacían llegar las bebidas.
El gran junior Vokov siempre fue muy introvertido. Se distinguía por su nerviosismo para dirigirse a las personas en general. Siempre prefirió el silencio en lugar de objetar. Su juego, actividad, pasatiempo, vocación, fanatismo y pasión, fue dibujar. En realidad éramos muy pequeños aún cuando sufrimos el desquebraje de nuestra familia; por un lado por la maldita pedantería del reconocido Arquitecto, Oleg Volkov, así como la salud de mi madre que fue acabándose hasta que ya no la dejó seguir… Después de eso, fueron tristes y solitarias nuestras vidas. Me retiré de lo que quedaba como mi “familia”, agradeciendo lo último que me brindó mi padre: mis estudios de Ingeniería Civil. Fue como un golpe de suerte porque el Sr. Volkov jamás me creyó capaz de distinguirme dentro de los ingenieros de la construcción. Su arrogancia trató de sobrepasarme en muchas ocasiones, asegurando que sólo los arquitectos (pero distinguidos arquitectos), eran los únicos capaces de hacer brillar un espacio y que sólo ellos, eran los verdaderos conquistadores del sentido y estilo de vida, de la humanidad entera. Sin embargo, mi hermano Vladik, tuvo la fortaleza y habilidad de soportar quedarse a su lado. Desde esa separación de metas y vidas, no había conocido mucho de la vida de los dos, sobre todo de Vlad, a quien en los últimos cuatro años que no había frecuentado, verdaderamente día tras día echaba menos. Mi hermano se percató de la turbulencia de mis pensamientos ya que estaba completamente desconectada, sosteniendo la cerveza sin terminar de llevármela a la boca para beber. Me interrumpió generando conversación:
VLADIK: Así que… una Ingeniero que está a punto de terminar una Villa en el gran San Petersburgo, hermana. Siempre fuiste un desastre, debí imaginarme que esa era tu vocación. Hacer desastre pero terminar creando cosas útiles. –Sonreí y le di un sorbete a mi bebida.-
YULIA: Salud hermano, sí, ya lo sabías. Eres muy listo. ¿Tú qué me dices?
VLADIK: Apartamentos.
YULIA: Llevo casi 4 años fuera y me lo sueltas así…
VLADIK: Es Urbanización Volkov.
YULIA: ¿Bromeas?
VLADIK: Ohhh vamos, hermana… -Le interrumpí terminando de tomar un trago más a mi cerveza.-
YULIA: Mi hermano pequeño se cree el nuevo Lord Volkov. –Soltó un quejido por supuesto de disgusto y desacuerdo.- Admítelo hermano, papá te tiene encerrado en su mundo de sueños, y tú no has fabricado nada propio, si quiera una cabina telefónica o una jaula para hámster. –Cambió su expresión de disgusto a una con gracia y levantó su botella para chocarla contra la mía.-
VLADIK: De hecho, había pensado en construir toda una urbanización de casas para hámster pre-fabricadas y sin cimientos… -Reímos y los dos dimos sorbos rápidos a las bebidas.-
YULIA: ¿Ves? A eso me refiero hermano, tú tienes visión… -Recordé los últimos acontecimientos que se habían suscitado en mi vida y quise aprovechar el momento para hacérselos saber a Vlad.- Hablando de casas… Quiero que sepas que… Me he comprado una casa.
VLADIK: ¿En dónde?
YULIA: En el lago…
VLADIK: Vaya… estás ganando mucho rublo…
YULIA: No molestes. Está fatal. Lleva años abandonada.
VLADIK: ¡Ohh, maravilloso! Has comprado una casa abandonada. Esa es una buena razón para olvidarte de tus principios y unirte a los promotores corruptos y gordinflones.
YULIA: No es todo… Y además, tengo  un perro.
VLADIK: ¿Un perro?
YULIA: Sí, sólo apareció de repente. De la nada. Así. Y unas cartas extrañas han estado llegando pero… -Le di un sorbo más a mi cerveza.- por el momento quiero pedirte que me acompañes a una dirección al salir de aquí. Sólo pregunto por una persona y nos retiramos, ¿Vale? –Su cara era de total extrañeza, pero aún así, aceptó hacerlo sin ningún problema. También se limitó a cuestionar la visita y aquello de las cartas misteriosas. Conversamos por un lapso más antes de ordenar la cuenta y retirarnos del bar.
Discutimos un poco para abordar mi camioneta Chevrolet Pick-up apache 60; mi hermano en realidad siempre había sido una persona de gustos muy refinados. Constantemente discutíamos (sin llegar a la exageración ni perdiendo el control), sobre asuntos efímeros de la rutina mundana; el tipo de marca de la ropa a vestir, las profesiones más empoderadas, la música de moda, los finos relojes, los destinos más afamados para vacacionar, los autos de lujo…) Y precisamente, en ese momento, mi camioneta, no le pareció la mejor opción, sin embargo, y tal como siempre sucedía, llegamos a una mutua tregua. Subió a mi camioneta y nos pusimos en marcha a la dirección que venía marcada en la última y hasta ahora misteriosa carta que recibí el día anterior. Se tornaba complicada la búsqueda debido a que era realmente noche para andar en las calles; observé mi reloj y marcaba la 1:33 a.m. No había nadie a la redonda a quien solicitar su apoyo para ubicar el domicilio. Sin embargo, el Arquitecto de la familia fue de gran ayuda y logró llevarme al lugar. Por un momento no me la creía. Detuve frenéticamente la camioneta y bajé con un rostro despavorido. Por fin podía ver el #8 de Rubinshteyna … Quizá en un futuro, el complejo de apartamentos de lujos, serían fabulosos. -¡Vaya! ¡Ahí tienes Volkova! ¡El #8 de Rubinshteyna aún en obra negra! ¡Fabuloso! ¡Qué necia y qué estúpida!- Me reproché al darme cuenta de lo incongruente de la dirección…
VLADIK: ¿Qué hacemos aquí, Yulia?
YULIA: Debo entregar una carta… Creo que sí es aquí: Rubinshteyna, 8. -O por lo menos esa era la intención. Nuevamente había caído en un juego absurdo… Sostuve la carta en mis manos para volver a leer el contenido. Estaba muy confundida-.
VLADIK: Pero… No hay nada aquí… ¿Te verás con alguien o alguien vive aquí?! –Exclamó mi hermano sarcásticamente-.
YULIA: ¡Sí! -Eso creí…-
VLADIK: ¿Toco el timbre? –Volteé mi mirada a mi hermano para fulminarlo.- Ya, no te molestes. Mejor vámonos. Llévame a casa, es hora de que tú también regreses. –Asentí y aún confundida, subí a la camioneta, la encendí y arranqué. ¿Por qué me dio esa dirección?... Pensé.-
Algo estaba sucediendo. Traté de dormir lo mejor que pude aunque no lo logré del todo. Lo que sí conseguí fue hablar conmigo misma acerca del tema de las cartas y los pequeños eventos raros en mi vida precisamente desde que abrí esa primera carta al llegar a la casa del lago. Sentía que estaba llamando mi atención tanto el tema y… por algún motivo… esa aún misteriosa mujer… aunque no lograba determinar con exactitud por qué ella. Lo único seguro (entre comillas), que sabía del origen de las cartas, era el nombre de esa dama. No dudaba mucho de que fuera real porque, su manera de escribir las cartas y el estilo de su letra, encajaban perfectamente en el perfil de una fémina. El abrumador debate conmigo comenzó al llegar a la parte de explicar el por qué el domicilio que me brindó no fue correcto, así como la rareza de los eventos atrás: la aparición del perro, sus huellas, una carta que encontré en el ático, la incongruente fecha en las cartas y ahora el domicilio.
Me tuve que levantar a las 07:00 a.m. en punto. En realidad ya iba atrasada. La obra que estaba dirigiendo tenía el tiempo encima para concluirse, y eso requería de mi presencia para atormentar a los trabajadores holgazanes que creían verme la cara. Me duché, preparé café, desayuné rápidamente, tomé mis cosas y salí a dejar una carta a mi buzón. Como siempre llevaban mi dirección pero continuaba sin escribirle dirección de destino… Otro desconcierto más, ya que sin destinatario, o alguien estaba recogiendo mis cartas y colocando las respuestas, o bien, ya no sabía qué sucedía… Le remarqué la fecha en la carta (2004), y esta vez fui directa y precisa. Cerré el buzón y me retiré para atender mis otros asuntos que también aguardaban y ya urgían.

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Desde el incidente en la plaza, había estado frecuentando la casa del lago. Mi vida había comenzado a tomar un poco de misterio debido a las extrañas cartas que estaban apareciendo e intercambiando. Cada que me encontraba en el lugar, había una carta ya esperando para mí. En un principio me ocasionaba temor, puesto que no había estado en esa casa desde hace mucho tiempo, sin embargo, esas cartas estaban dirigidas a mí, así que dejé de sentir que estaba allanando. Esa era una mañana muy hermosa; me había dado una vuelta a la casa antes de tener que iniciar mi maratónica jornada médica en el hospital. MEDEM International Clinic and Hospital. Mi perrita Lucky estaba más inquieta de lo normal y por esa razón, estaba a punto de salir para darle un paseo. Pero mi ya enorme curiosidad, tomó más peso. Tomé asiento en la sala, solté la correa de Lucky y abrí la carta. Me quedé boquiabierta y en shock… Esto era todo un fenómeno.

“Estimada Srita. Katina. Fui al #8 de la calle Rubinshteyna… y no es ahí. Es sólo una construcción. Por las fotografías, se verá lindo pero dentro de algunos dieciocho meses. ¿Qué está pasando aquí? Tal vez se equivocó con la dirección; observé que la fecha no es correcta. Atentamente. Yulia Volkova.”


Punto final. Esta vez la carta había sido muy concisa y proporcionalmente precisa. Parecía que, esa tal Yulia Volkova, había escrito verdaderamente con tintes de inconformidad y confusión. Lucky se puso aún más inquieta pero mis pensamientos vagaban en la fecha que le remarcó a la hoja: 04 de Marzo del 2004. Le di bastantes vueltas al tema. Ya no me parecía que pudiese tratarse de una broma. Y fue esa misma idea la que hizo que mi cabeza dejara de buscar respuestas “lógicas”. Busqué en un álbum de fotografías con mucha ansiedad. Estaba abriendo mi mente a una posibilidad que no podría explicarme del todo. Encontré por fin esa fotografía. Sorpresivamente, nevó mucho ese día por todo San Petersburgo y alrededores. Fue una verdadera tormenta de nieve. Esa foto la había capturado a la mañana siguiente, cuando por fin se despejó un poco y pudimos salir de nuestras casas. No quería entrar en el “juego”, pero si ella se encontraba verdaderamente en el año 2004, entonces… -La prevengo-. Me dije, e inmediatamente escribí una carta y salí con Lu. Daríamos un paseo un poco más lejos… a la casa del lago.

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Había tenido un arduo día en la obra. Por fin estábamos logrando concluir las últimas casas que nos permitirían terminar en tiempo y forma el contrato firmado, así que llegué con algo de positivismo a casa. Estacioné mi camioneta y al bajar alcancé a ver que mi buzón al parecer tenía nuevamente, algo para mí. Abrí la pequeña puerta y efectivamente había una carta. La tarde-noche era bastante despejada, fresca, nueva y hermosa. Entré a la casa con la pesadez del día, la sorpresa de tener otra carta más y la belleza sublime de la noche. Tenía bastante sueño pero decidí preparar un poco de sopa para merendar. Pasaron aproximadamente 15 minutos para poder degustar mi cena. Tomé un tazón y con cuidado de no quemarme, vacié la sopa. Había dejado la carta cerca de mí para leerla cuando la cena estuviese lista. Entonces me puse cómoda y procedí a leerla. Afortunadamente no había comenzado a ingerir mi sopa ya que, de haber sido así, mi sorpresiva reacción quizá me hubiera hecho escupir la comida. Esta carta era la más irreverente de todas las anteriores…
“Así que, correspondiente misteriosa, ya entendí. En caso de que realmente esté donde y cuando usted cree, le diré algo: hubo una tormenta de nieve tardía esa tarde de primavera y todos se enfermaron, así que, procure descansar y beba líquidos. Es mi consejo médico. Atte. Elena Katina”
-Nieve… sí claro-. Sonreí sarcásticamente y tomé un sorbo a una cerveza de envase de cristal que había sacado de la nevera. Me levanté de la barra en la que me había sentado para merendar, y preferí ponerme cómoda en la pequeña sala justo frente a los grandes y transparentes ventanales. La noche era fabulosa. Empecé a comer muy hambrienta. Repentinamente tuve que dejar mi tazón a un lado. Mis ojos no lo podían creer. -¿Qué carajos sucede?-. Balbuceé para mí y fijé mi atención en las partículas blancas que caían sin cesar del cielo… -¿Nieve!- Estaba atónita. Efectivamente, era… nieve. Al cabo de una sensación fría en mi cuerpo, por impulso hizo que reaccionara con un estornudo. De la misma manera, me hizo responder inmediatamente para contestar la carta. Tomé un bolígrafo y una hoja blanca para escribir: “
¿Puede estar sucediendo esto realmente?”
La respuesta la dejaría a la mañana siguiente… En cuanto la nieve diera tregua.
Me levanté con pesadez y desánimos de salir. Me sentía agripada y eso me molestaba e incomodaba mucho, sin embargo deseaba poner mi carta en el buzón con urgencia. Realmente me sentía muy mal; tenía la sensación del cuerpo “cortado” y no había descansado pasiblemente. Ese día no tenía que ir al trabajo así que aprovecharía para esperar la respuesta de mi amiga del “futuro”. Mi nueva mascota me acompañó fielmente, a dejar la carta. Deposité ésta con rapidez, me di la media vuelta y caminé para entrar nuevamente. El frío que emanaba la nieve era fuerte, pero me contuvo el sonido de la flecha de correo. Giré mi vista extrañada… -¿Correo? No puede… ser…- Avancé con lentitud de vuelta hacia mi pequeño buzón. Efectivamente, algo o alguien habían levantado esa flecha que indicaba que el buzón contenía correo. Me acerqué. Debo aceptar que en ese momento sentía como nunca, la curiosidad, la duda y al mismo tiempo la incredulidad.

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Re: LA CASA DEL LAGO // ADAPTACIÓN

Mensaje por SandyQueen el Dom Nov 06, 2016 10:01 pm

CAPITULO III

LENA: ¿Por qué no? –Mi corazón latió con fuerza. Ella era real. Lo que estaba sucediendo era totalmente ilógico pero… real.

YULIA: Imposible, lo sé. No es posible pero… está pasando. –Aguardaba parada frente al buzón con muchas ansias, con mucha curiosidad. Sostenía una libreta con muchas hojas en blanco y un bolígrafo (mi favorito). Nuevamente y esta vez ante el análisis detallado de mi mirada, el buzón por sí solo, levantó la flecha indicando más correspondencia. Exhalé. –¡Esto es increíble! -

LENA: ¿En dónde estás?

YULIA: En la casa del lago.

Me desesperó leer esa respuesta porque por supuesto yo también me encontraba en la casa del lago. Exclamé en voz alta y con fastidio. Me di la media vuelta y me subí a mi auto.
Desde esa pequeña “conversación” con la tal Srita. Volkova, estuve pensando seriamente en presentarnos “formalmente”. Definitivamente, algo una anomalía se había asomada a nuestras vidas para ser testigos de algo asombroso. Probablemente su edad y la mía no coincidían si quiera, así como tampoco coincidan nuestro tiempo y espacio. Era un evento etéreo el cual ya se estaba apoderando de mi necesidad por continuar utilizando las cartas para saciar mi necesidad de saber más sobre ella. No sabía si estaba perdiendo el control y pensé en hablar primero con mi madre y mostrarle mis cartas, no obstante me di cuenta que mis deseos por escribirle nuevamente a Yulia Volkova, iban a llegar primero.

En la primera oportunidad que tuve, después de mis cargadas ocupaciones en el gran hospital de San Petersburgo, tomé un autobús para regresar a casa. Pensé en que sería una gran idea, proponerle a esa mujer del pasado, presentarnos formalmente. Aludí al chofer del autobús detenerse en la siguiente parada para llegar a comprar comida en un restaurante de comida rápida, y para cercenar las esperanzas del pasajero que iba junto a mí y creyó (en su mente retorcida y ridícula), que cuando balbuceé “Deberíamos presentarnos, formalmente”, lo decía para él. Refunfuñé un poco porque me molestó esa “confusión”. Enseguida el autobús se detuvo y pude bajar.
El menú en el restaurante exprés era bastante variado; me costó trabajo elegir pero a final de cuentas opté por una hamburguesa con papas y una soda grande. También le llevé a Lucky su comida, aunque para ella era algo más en forma y sano: croquetas. Tan pronto como llegué a casa, coloqué la comida en la mesa, acomodándola para disponerme a comer. Estaba verdaderamente hambrienta. Quedé satisfecha y entonces decidí comenzar con la presentación “formal”. Por el contrario a lo que pude imaginar, estaba feliz y muy entusiasmada de estar escribiendo. Cada letra que marcaba en mi hoja, la plasmaba con convicción, con sorpresa y un misterio absorto que me estaba haciendo sentir algo extraño. Los siguientes días y semanas, mi vida comenzó a tener una esperanza de convertirse en algo hermoso y estupendo.

LENA: Soy doctora, me dedico a curar a los enfermos… o al menos lo intento.

YULIA: Soy Ingeniero Civil y me gusta construir, y aunque no diría que mi proyecto actual es lo ideal, me permite estar aquí, en este lugar, y es suficiente por ahora. Pero dígame algo, si trabaja en un hospital en San Petersburgo ahora, ¿En dónde estuvo antes, en mi época?

LENA: Hace dos años, en su época, trabajé en medicina interna en Moscú.

YULIA: Hábleme del futuro… ¿Cómo es el año 2006?

LENA: Me temo que el mundo es casi el mismo. Por supuesto vestimos trajes metálicos y relucientes y conducimos autos voladores, y ya nadie habla entre sí porque nos leemos la mente. Pero lo cierto es, mujer del pasado, que no ha cambiado mucho en el 2006. Por cierto, hablando del pasado, he estado pensando, en lo de las huellas del perro, ¿Cómo es eso posible?

YULIA: Pues… parece que tenemos el mismo perro.

LENA: ¿Ah, sí? ¿Cómo es el suyo? Según el veterinario la mía tiene 8 años en mi época, 6 en la suya. Es delgada, tiene ojos tristes, ronca y duerme como una persona. No sé por qué pero la llamo Lucky.
Debo admitir que, mi idea para presentarnos entre la Srita. Volkova y yo, resultó buena. Sin embargo, el hospital siempre terminaba absorbiéndome de principio a fin. Sabía que no iba a poder escribirle de nuevo a la mujer del pasado, sino hasta al cabo de mi último día de trabajo. Por esa razón traté de alistar tan rápido como me fue posible, la entrega de mi turno. Verifiqué por última vez, la condición de mis pacientes. Una de ellas, llamó mi atención y decidí detenerme un poco con ella antes de retirarme. Veía una película romántica. Mi pequeña paciente parecía saber bastante con respecto a las relaciones de los adultos, sobre todo en la larga espera que los adultos dedicamos para encontrar la pareja ideal. Me quedé divagando un poco y por algún motivo, no pude dejar de pensar a su vez en Julia Volkova. Me despedí de la pequeña y entonces me dirigí a vestidores para cambiarme y retirarme.

Al llegar a casa, como cada semana, Lucky se encargó de recibirme. Me sentí feliz por tenerla aunque fuese sólo a ella, aunque, para ser sincera, estaba sintiendo que además, alguien más, en otra época, también me estaría esperando. Tomé aquél bolígrafo que me permitía plasmar las palabras que leería la Srita. Volkova. Escribí como ansiosa. Me dormí pensando en la carta que debía dejar temprano en la mañana en la casa del lago. Quería seguir en contacto con ella, definitivamente…

LENA: Lamento no haber pasado al buzón últimamente, ha sido una larga semana; guardias a diario.

JULIA: Me alegra saber de usted… creí que me había abandonado. Debe saber que es mi única conexión con el futuro… ¿Por qué nunca hablamos de lo que nos gusta?

LENA: Véamos… Leer los clásicos a Lucky.

JULIA: ¿Quién es su favorito?

LENA: Dostoievski.

JULIA: Para mí, esta ciudad en un día cuando hay tanta claridad que se puede tocar cada detalle, cada ladrillo y ventana en los edificios que amo. Acompáñeme, demos un paseo este sábado. Se los mostraré.

LENA: Está loca… ¿Por qué se toma tantas molestias por mí?

JULIA: No es molestia. Llegó el verano…

Decidió dejar un mapa en el buzón con el recorrido que quería mostrarme. Me pareció un poco ridículo e inútil al principio. Pensé que era una pérdida de tiempo. Pero de alguna manera, logró encontrar la forma para hacerme ver el mismo mundo que veía, y que realmente me pareciera muy interesante. La gran cantidad de edificios apilados en la Avenida Nevsky, me hacían perderme en la moderna ciudad; la Plaza del Palacio, Petergoff, el Barrio de Dostoevsky… Todo era fenomenal pero despertó en mí la necesidad de que me acompañara.

JULIA: Ok... Su turno, sus cosas favoritas.

LENA: ¿Por dónde empezar?... Ok... veámos. Cuando huelo las flores antes de verlas. Cuando empieza a llover al terminar un día de campo y, amo el olor de las patas de Lucky.

JULIA: No olvidó mencionar a su esposo… ¿Verdad?

LENA: Por supuesto que amo a mi esposo, quien también es doctor… Cirujano plástico para pequeños animales de granja.

JULIA: Bien… Yo también soy casada. Tengo 8 hijos y ninguno es del mismo hombre… Estoy preocupada, Lena.

LENA: Yo también lo estaría…

JULIA: Soy soltera…

LENA: Yo también… ¡Oh, vaya! El número veintisiete…

JULIA: Es una belleza… Mi padre solía decirme que era la abuela de todas las casas de la ciudad. Solía llevarme a pasear como con usted, ahora.

LENA: Julia…

JULIA: Lena…

LENA: Me habría gustado que camináramos juntas.
Cada árbol, cada piedra, cada nube surcando el cielo, cada partícula de tierra, cada persona caminando y cada estructura erizada sobre el suelo de nuestro paseo, me hacían sentir poco a poco su presencia. Ella supo cómo fulminar el paseo y grabarlo en mi memoria para siempre. Justo al final de la estación del Metro San Petersburgo, un mural con grafiti de color negro, muy remarcado y en letras completamente grandes, me robaron un suspiro junto con mis expectativas:
“Lena, estoy con usted. Gracias por acompañarme a dar este pequeño paseo; estoy siempre con usted”.

Regresé a mi casa esta vez con una sonrisa demasiado grande que no se la pude ocultar a mi madre. Después de una larga espera para poder hablarle de lo que me estaba sucediendo, tocó el timbre del departamento. Había estado privada en mis pensamientos y en Julia… la mujer del pasado. Me levanté ansiosa por abrazar a mi madre e invitarla a un café para hablar más cómoda e inspirada. Me llevé todas las cartas conmigo. Quería su punto de vista. Quería saber si ella realmente creía posible que pudiese suceder lo que me ocurría con Julia…

LENA: Y… ¿Qué dices? –Mi madre se quitó las gafas, me miró sonriente y entonces me respondió-.

INESSA: Es una chica muy buena.

LENA: Vaya… Una buena chica. Ok, ¿Y otra cosa?

INESSA: Tiene una letra pre-cio-sa. –Me desesperé un poco. En realidad mi madre no estaba siendo de ayuda como lo esperaba. Su análisis y opinión estaba siendo bastante superficial, mientras que yo lo que necesitaba era que viera más allá en las cartas. Le extendí la mano para que me diera una de las cartas. La abrí ante ella y le remarqué el dato que más exaltaba en mí: la fecha-.

LENA: Mamá, mira bien. ¿No notas la fecha?...

INESSA: ¿El tiempo? ¿A eso te refieres? Lena, es sólo un detalle…

LENA: ¿Sólo un detalle?! –La conversación había finalizado. No iba a obtener las respuestas que necesitaba con respecto a la diferencia del tiempo en el que aparentemente vivíamos Julia y yo. Tendría que responder mi dilema, por mí misma.

Para empeorar mi situación, las últimas semanas había estado completamente ocupada en el hospital. Se había sucitado tantas emergencias, que estábamos trabajando casi al tope y yo terminaba completamente agotada. Decidí comenzar a tomar pequeños espacios para escribirle de mis días y mis sensaciones a Julia. Mi dilema del tiempo, quizá con más “tiempo” se resolvería. Por el momento lo que deseaba era escribir y tan siquiera, de esa manera, sentirla a mi lado, aunque quizá ella no lo sintiera así o ni siquiera lo imaginase.

LENA: Últimamente he estado muy ocupada, Julia. Mi profesión me absorbe mucho y sólo me hace ver lo solitaria que me ha hecho. No es que me queje, amo mi trabajo, y mi recorrido por San Petersburgo me hizo comprobar la belleza e importancia de este lugar… Pero mi corazón sigue extrañando la casa del lago… Esos árboles… Extraño tanto esos árboles…

Después de jugar una breve partida de ajedrez con Lucky, me quedé rendida y totalmente tendida en mi cama. Al día siguiente al despertar y salir a mi trabajo, pensé que me había quedado soñando, -Julia… realmente estás aquí conmigo. – Balbuceé toda anonadada. No lo podía creer. Ante mis ojos, ella había hecho magia…

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Re: LA CASA DEL LAGO // ADAPTACIÓN

Mensaje por SandyQueen el Dom Ene 29, 2017 4:26 pm

CAPÍTULO IV

Mi vida realmente estaba cambiando. No sabía si lo que iba a tratar de hacer resultaría útil, ya que por muchos años siempre ocurría igual; a lo largo de mi vida, tuve el interés de arreglar las cosas con mi padre, el Sr. Volkov, pero a lo sumo sólo lograba entablar conversación por unos días (si bien iba), aunque regularmente eso sólo ocurría por minutos. Después de ese tiempo, tanto él como yo comenzábamos a discutir sin una salida. Asuntos que se fueron acumulando a lo largo de nuestra relación de padre e hija, eran los detonantes. Jamás pude olvidar cómo nos abandonó a mi madre, mi hermano y a mí. No pude perdonarle que cuando se dignó a regresar, mi madre, la gran pintora Larissa Volkova, yacía muy enferma. Lo mínimo que pudo y que de hecho esperábamos de mi padre, era un poco de respeto y de apoyo en esos momentos tan difíciles. Entonces el gran señor sólo se dignó a marcharse… Después de eso desapareció de nuevo y reapareció años más tarde sólo para entregarnos lo mejor y lo único que pudo hacer por nosotros en la vida: darnos estudios profesionales. Se lo agradecí entre comillas muy grandes, porque el esfuerzo siempre fue de mi hermano y mío.

No sabía si realmente tocar el timbre de su gran departamento estilo ejecutivo; ya había ido en alguna ocasión hasta ese lugar para pedirle alguno que otro apoyo, los cuales por supuesto, siempre me negó. Después de esas ocasiones, no volví jamás a ese lugar. Para mí en ese momento tenía mucho significado tener el atrevimiento de ir. En realidad también fui empujado sólo para poder hacerle entrega de algunos planos que encontré en la casa del lago, y los cuáles no los deseaba en mi ático. Acababa de finalizar mi limpieza y el mantenimiento de la casa. Ahora sólo me dedicaría a restaurar el jardín controlado que yacía en el centro de la casa, el cuál era hermoso pero no estaba concluido.

Por fin me decidí a tocar; el Sr. Oleg enseguida y realmente sin mucha demora, abrió la puerta. Un acogedor departamento. Saludé de manera muy formal. Oleg trató de iniciar conversación.

OLEG: Acerca del otro día… No… No era buen momento… Llevaba mucha prisa. –Me dijo desde el balcón de la segunda planta del departamento. Me encontraba en su cantina viendo de reojo el movimiento de sus manos y su posición, la cuál era de pie evitando observar hacia donde yo me encontraba. Me serví algo de vino tinto, algo que no acostumbraba a tomar pero que me pareció buena idea.
JULIA: Sí, claro. Tienes buena música, Oleg.
OLEG: ¿Ah, sí? Bien… La música es buena, la música ayuda. –Rió un poco tras su comentario y continuó.- Es como dice Nietzsche; la vida no tendría sentido… -Le interrumpí para completar la frase.-
JULIA: Sin la música.
OLEG: Sí, claro. Creo que te lo dije. Quizá en algo te pueda servir…Y a propósito del trago que te serviste, ¿Ya sabes apreciar un buen vino?
JULIA: Por supuesto. –Le di un delicado trago a la copa con vino que me serví. Realmente mi padre sí tenía un fino vino tinto...-
OLEG: Debes perdonar a tu padre por ser curioso pero… ¿Dónde has estado todos estos años? Creí que tus días de nómada habían pasado. –Sus palabras eran las mismas de siempre cuando estamos a punto de finiquitar nuestra conversación. Casi podía verlo venir.-
JULIA: Disculpa, ¿Qué?...
OLEG: ¿Qué?... Ah… ven… Puedes subir si lo deseas. –Di por hecho que mi padre no escuchaba bien, sin embargo aún así sabía que esa conversación no iba a durar ya por mucho tiempo más. Terminé de beber el vino y subí al balcón.-
JULIA: ¿En qué trabajas?
OLEG: Oh, sólo estoy recordando cosas… No es algo tan fácil te lo aseguro. Y no es particularmente inocente en mi caso. Tu padre escribe sus memorias…
JULIA: ¿Estamos en ellas?
OLEG: ¿Tú qué crees? ¿Quieres estar? –Nos observamos sólo por unos instantes…. Entonces reiteré mi posición.-
JULIA: ¿Lo quieres tú?
OLEG: Por supuesto. –Su respuesta me sorprendió un momento, pero sólo por uno.- Ustedes fueron parte de la vida de su padre. –Esa manía de comenzar a hablar en tercera persona como si hablara de alguien más, como si no fuera el mi padre.-
JULIA: ¿Y por qué hablas en tercera persona? –Su primera respuesta fue con un incómodo y molesto quejido.-
OLEG: Pues estoy escribiendo mis memorias… Es normal que hable en tercera persona. ¿Qué, no te agrada? –Me quité los porta planos y avancé hacia su escritorio para colocarlos ahí. Entonces le respondí.-
JULIA: Creí que esto podría gustarte… -Traté de suavizar un poco la incomodidad mostrando sus planos.-
OLEG: ¿Qué es esto, algo en lo que has trabajado?
JULIA: No, son tuyas, de la casa que acabo de comprar… En el lago. –Su expresión cambió aunque no supe si a asombro o más a recuerdos… Me di la media vuelta para observar algunas miniaturas de sus diseños arquitectónicos más famosos. Entonces, el final de la conversación se asomó.-
OLEG: Sí, algo así escuché. Escuché que una astuta constructora de condominios la había comprado. –Me quedé inmóvil, de espaldas a él. Por supuesto él notó mi molestia. Sabía realmente utilizar palabras inocentes para siempre desvalorar mi trabajo, mi esfuerzo, mis decisiones y mi todo.- Ohh vamos, soporta a tu padre… ¡No toleras una pequeña broma por el amor de dios! –Encendió la sangre que corría ya rápidamente por mis venas. Volteé nuevamente para responder con decisión a su última pregunta.- ¡Vámos, dime en dónde has estado. Te juro que quiero saberlo!
JULIA: Trataba de olvidarte… O perdonarte. –Sólo lo miré para responderle y enseguida agaché mi mirada y mi cabeza en una actitud de total decepción.-
OLEG: ¿Lo conseguiste? –Levanté nuevamente mi mirada y entonces respondí:-
JULIA: No. –Comencé a caminar hacia las escaleras para bajar del balcón. La visita y conversación había terminado.- Dime si quieres ayuda con tus memorias.
OLEG: Ahh… Sí… Claro. Lo haré…

Salí del departamento de mi padre con una sensación de molestia pero me enfoqué a dejarlo atrás. Tal parecía que nunca iba a poder vencer esa sensación de vacío que me dejó así como jamás podría saber si realmente en mi padre había amor por mí. Ya era tarde. Debía dormirme temprano porque al día siguiente por supuesto que tendría mucho trabajo en la obra. Al llegar a la casa, lo que hice sin demora fue abrir mi buzón para leer la más reciente carta de Lena…Sin embargo el cansancio del día junto con las emociones, me venció. Me quedé con su carta junto a mí, la cual esperaría al amanecer para ser leida.
Últimamente he estado muy ocupada, Julia. Mi profesión me absorbe mucho y sólo me hace ver lo solitaria que me ha hecho. No es que me queje, amo mi trabajo, y mi recorrido por San Petersburgo me hizo comprobar la belleza e importancia de este lugar… Pero mi corazón sigue extrañando la casa del lago… Esos árboles… Extraño tanto esos árboles…
Besos, Lena Katina.

Esa mañana, después de leer esa carta (y de tomar mi café), me detuve a observar por la ventana, los pequeños árboles aún con débiles raíces, que yacían justo a las orillas de la casa del lago. Pensé en que sería una gran idea llevarlos hasta donde Lena pudiera verlos. Recordaría cada día, cada tarde y cada noche, la Casa del Lago. Seguramente le iba a parecer una locura, pero sólo así podría comprobarle que el tiempo no sería una limitante que me impedirá estar con ella tarde o temprano.

Detuve mis ideas para salir por uno de esos pequeños árboles; lo subiría con extremo cuidado a mi camioneta y después de terminar mis pendientes en la obra del fraccionamiento, iría a plantarlo. En el camino a mi trabajo, decidí que el lugar perfecto para dejarlo sería frente a su departamento. Se llegó rápidamente la hora de finalizar las tareas de la obra. Estábamos al borde de terminar. Subí a mi camioneta aprisa y me puse en marcha. La noche estaba cayendo, a lo lejos veía el corazón de San Petersburgo oscureciéndose. Puse un poco de música clásica, algo realmente tranquilo y perfecto para acompañar la hermosa vista. Cuando llegué, la noche ya había caído así que me apresuré cuanto pude a colocar el árbol en la tierra para que comenzara a aferrarse al suelo en los próximos días… De seguro se vería asombroso y muy grande cuando lo viera mi ya querida Lena… -Todo lo que hago por usted… No se preocupe Lena, estaremos juntas. Aunque estemos tan separadas, buscaré la forma de verla, estar cerca de usted y cuidar de usted.- Terminé de escribir y fui a depositar la carta en el buzón. Quizá cuando la leyera ya habría visto la magia que traté de hacer para ella con el árbol que le llevé. Estaba comenzando a sentirme realmente emocionada… Ella me estaba haciendo sentir así.
Page Break

Era muy temprano en la mañana cuando me dirigí a la casa de mi madre. Conduje pensando en lo que Julia Volkova hasta el momento había hecho por y para mí. Me sentía cansada por mi carga de trabajo pero con sus detalles profundos y con sus cartas, estaba logrando hacerme sentir más viva que nunca. De estar en ese momento junto a mí, seguramente me sería muy fácil confiar en ella y… quién sabe… quizá podría florecer una hermosa relación con ella. Frené mis pensamientos al mismo tiempo que pisé el pedal de mi vehículo para estacionarme. Finalmente estaba en casa de mi madre, la Sra. Inessa Katina.

Mi madre me recibió con una gran sonrisa, me abrazó y de inmediato entró en la cocina para sacar la comida recién hecha. El día de hoy serviría Shchi, uno de mis platillos favoritos. Comenzamos a comer y al cabo de un momento, no pude evitar cuestionarla un poco al respecto de su relación con mi padre. Me causaba curiosidad porque estaba pasando por un momento en el que una semi desconocida, estaba atrayéndome fuertemente. Para variar, tenía que añadir la distancia y probablemente la brujería que había detrás de su historia porque aparentemente, yo le llevaba dos años de diferencia en tiempo real. Un caso caótico para mi cabeza.
LENA: Y dime, ¿Ustedes se ecribían? –Mi madre Inessa titubeó un poco y me devolvió una pregunta-
INESSA ¿Quién? ¿Tu padre y yo? –Le aventé una mirada sarcástica-.
LENA: No, tú y Clark Gable… ¡Sí! Tú y papá…
INESSA: Yo… -Dejó de comer y por un momento se mostró pensativa. Al percatarme de esto, traté de alentarla a continuar-.
LENA: ¿Qué pasa? –La comida estaba deliciosa así que yo no me detuve en comer pero le presté atención a mi madre-.
INESSA: Antes de tu padre… Hubo… un joven.
LENA: ¿Lo ambas?
INESSA: Sí. –La mirada de mi mamá se entristeció y la apartó dela comida. Por supuesto no esperaba esa clase de respuesta y me causó asombro. Medité un momento antes de preguntar algo más-.
LENA: Ok, pero… entonces… ¿Por qué no te casaste con él? –Le pregunté con mucha curiosidad. Ella se encargó de revolver aún más mi percepción del amor y las relaciones con su respuesta-.
INESSA: Para que un día me hicieras esta pregunta. –Me sonrió y miró a mí fijamente. En respuesta y por su sinceridad, le devolví la sonrisa. Aunque en realidad la respuesta que buscaba era diferente. Yo pensé que mi padre había sido aquél con el que siempre quiso casarse-.

Creía que quizá me estaba emocionando de más con Julia. Quizá aunque estaba sintiendo tantas cosas que jamás había sentido por alguna persona, debería guardarlas y buscar algo más real, como lo hizo mi madre. A final de cuentas las palabras de ella se manifestaban en algo real; si no hubiese desistido de su relación con aquél joven al cual amaba, yo no habría nacido y punto. Mucho menos habría tenido la oportunidad de estar en el lugar y momento preciso para comenzar a intercambiar las cartas con la Srita. Volkova… Aunque justamente en ese punto, volvía a caer en el mismo cuestionamiento. ¿Será que realmente se trata de un amor verdadero? ¿Será que habrá alguna posibilidad para vivir el mejor romance de nuestra existencia?

Cuando salí de casa de mi madre, dejé mi vehículo y salí a realizar algunas compras. Para regresar a mi casa, decidí tomar el tren ligero para aprovechar el tiempo pensando en Julia… La tarde era bella. Sólo me faltaba una persona. Por instinto algo me hizo caer en la cuenta de la fecha. Realmente no me lo puedo explicar pero fue así. Entonces claramente recordé aquél día… Al día siguiente, se cumplirían dos años de haber perdido mi regalo. Debía aprovechar el tiempo y comunicárselo a mi querida Julia. Tomé mi bolígrafo y mi libreta para escribir:
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Mi muy estimada Srita. Volkova.
¿Estaría dispuesta a jugar algo conmigo? Hoy, hace dos años, tomé el tren 145 de Liubersty en la estación Paveletsky y olvidé algo ahí. Era un obsequio muy añorado porque me lo dio mi padre… Si lo encuentra, ¿Podría dejarlo en el buzón? Significaría mucho.
Suya, Katina.

El día y el momento en el que escribí esa carta fue realmente para mí, un momento de incredulidad. Después de pasar largas jornadas en el hospital, fui a recoger esa carta que aumentó aún más, la seguridad en que quizá podría ilusionarme sin miedo, en tener una relación hermosa con Julia Volkova…

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