Wild adaptado por Natalia (completo)

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Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Vie Oct 24, 2014 8:54 pm

WILD // POR: NATALIA KATINA [ADAPTACIÓN]
Capítulo Uno


Yulia Volkova odiaba a la luna llena. No sólo por lo que le hacía después de que el sol se ponía, sino también la forma en que secuestraba su cuerpo durante las largas horas que precedían a su aparición en el cielo nocturno. Cómo la tenía en su agarre hasta el momento en que se despertaba por la mañana, con la piel muy apretada y las terminaciones nerviosas gritando. Las sensaciones se intensificaron cuando el sol se perdía sobre su cabeza, no había dolor, pero traía un placer tan intenso que estuvo a punto de mutilarla. En el momento en que la escolta llegó una hora antes de la puesta de sol, ella estaba tan excitada que incluso el simple contacto de la tela contra el brazo la amenazaba para anunciar su salvaje liberación, y esto hecho la hacia una cita difícil y absolutamente insoportable. No importa cómo una locura de la luna llena la tenia, follar no era una opción, ni siquiera con una profesional.

En particular, esta noche fue dolorosa. No sólo era el perigeo lunar, el más grande del año, sino que tenia que entrenar a una nueva escolta por primera vez en catorce meses. Ella estaba orgullosa de la última chica por graduarse en la escuela de medicina, pero este cambio en la rutina tenía a Yulia enferma con la preocupación. Ella se había establecido finalmente en una especie de ritmo y odiaba empezar de cero otra vez, especialmente mientras luchaba contra la calentura eso mataría a una persona más débil.

Y debido a que el universo era evidente que la odiaba, la agencia había enviado a una castaña. A una hermosura, con curvas que estaba de pie en su porche rezumando sexo y mirando como si supiera un secreto que la haría feliz para el resto de su vida. Yulia contuvo un gemido de placer desbocado que se disparó directamente hacia abajo a los pies. La próxima vez ella definitivamente pediría que enviaran una rubia. Este ritual mensual era bastante difícil ya de por si.

Reuniendo todas sus fuerzas, Yulia dijo.

-Llegas tarde.
-Lo siento. El tráfico era una pesadilla. -La escolta entró en la casa mirando sutilmente alrededor- Soy Nina, por cierto. No estoy segura si te dijeron que me estaban enviando.
-Es un placer conocerte, Nina. -se quedó tranquila, incluso mientras miraba el reloj de pared. No tenía mucho tiempo para explicar la rutina, pero lo hecho, hecho está. Ahora tenía que concentrarse en hacer la siguiente parte.- Espero que no te importe si comenzamos de inmediato.
-No, en absoluto. -la castaña escudriñó el rostro de Yulia, pero no mostró ninguna reacción otra que la atracción. Ella era muy buena en su trabajo.- ¿Así que usted fue una de los clientes de Sonja?
-Por más de un año, sí, una chica muy agradable. -la pelinegra esperaba que sonara educada y que no fuera obvio que ella estaba luchando para poner un pie en frente al otro mientras conducía a Nina a su dormitorio de invitados.- ¿Qué le han dicho acerca de esta cita?
-Sólo que le gusta ser dominada. Atada.

El olor del champú de Nina brevemente apartó a un lado los pensamientos de la urgencia de la situación. Sería tan fácil para ella empujarla contra la pared, para besar sus labios y deslizar una mano bajo su falda. Para tomarla con fuerza y rápidamente mientras aún tenía tiempo. Podía oler que Nina quería, no sólo porque ella le estaba pagando. Se detuvo frente a la puerta de la habitación de invitados y cerró los ojos, exhalando.

No era una opción.

-Creo que voy a disfrutar atándote, Yulia. -los dedos de Nina se perdían ligeramente hacia abajo el brazo de Yulia- Mucho.

La pelinegra se apartó bruscamente, apretando los dientes cuando su sexo se contrajo y un orgasmo débil rodó a través de su cuerpo.

-Por favor ¡no!
-¿Acabas de...? -la sonrisa de la castaña alcanzó sus ojos.- Wow.

Deseosa de poner cierta distancia entre ellas, Yulia abrió la puerta de la habitación. Luego se volvió a medir la reacción de la castaña a la mesa grande de metal atornillada en el centro. Esta era la parte que odiaba, cuando la escolta tenia su primera noción de que no iba a ser su cliente medio.

-Está bien -Nina brilló con una sonrisa seductora. Era sin duda una profesional. No dudaría en absoluto- ¿Por qué no me dices lo que te gusta?

Yulia desató el cinturón de su bata, dejando que se escape de sus hombros y caer al suelo. Cogió la inhalación tranquila de Nina en la vista de su desnudez, entonces la aceleración del latido del corazón de Nina. Resistirse a ella sería más fácil con la ropa puesta, pero cuando cambiara esta noche, iba a ser muy grande. La ropa se rompería, lo que daría lugar a las preguntas mañana por la mañana. Desnuda, no dejaría pruebas, nada que indique que ella era otra cosa que una mediocre fetichista.

-Es muy simple -sin que su mirada se quedara en la mujer que, obviamente, deseaba darle exactamente lo que ella anhelaba, la pelinegra saltó para sentarse en el borde de la mesa- Quiero que me asegures con las esposas las muñecas y los tobillos, luego atarme con una cuerda lo más apretado como sea posible. Más estrecha de lo que crees que deberías. Pon las llaves de las esposas en tu bolsillo cuando hayas terminado. A continuación, vuelve a casa. Vas a tener la llave de mi casa contigo y ciérrala al salir. Por la mañana deberás volver a las ocho y desbloquear mis limitaciones.
-¿Eso es todo? -la castaña levantó una ceja perfectamente esculpida- ¿no quieres que baje a ti?

Incluso las palabras hicieron a la pelinegra querer venirse. Habían pasado años desde que había estado con alguien, y se quemaba por experimentar esa cercanía nuevamente. Pero había aprendido una dura lección de la última vez que se permitió compartir esa intimidad, lo cual nunca quiso olvidar. El sexo no era puramente físico, al menos no para Yulia, y se negó a hacer cualquier cosa que podría causarle formar conexión con un ser humano. Sólo podría terminar en angustia.

-No -mantuvo su tono de voz tan rápido como fue posible- eso no va conmigo -dijo, y señaló a un fajo de billetes y la llave de la casa que ella había colocado en el extremo de la mesa- la mitad de tu cuota por adelantado, la mitad cuando me sueltes por la mañana.

Nina recogió el dinero. Su garganta se movía cuando ella hojeó a través de los billetes.

-Aquí esta prácticamente mi cuota completa.
-Estoy dispuesta a pagar más por la discreción -tomando una respiración profunda, se echó hacia atrás y levantó los brazos por encima de su cabeza. Ella colocó sus manos en las esquinas de la mesa, a continuación, abrió las piernas, alineando sus pies para arriba con las esposas de tobillo- Y por la cuerda ponla muy, muy apretada -la castaña se embolsó el dinero y la llave.

Su mirada recorrió la longitud del cuerpo de Yulia, luego hacia arriba hasta que se encontró con un par de zafiros, viéndola. Lamiéndose sus labios, Nina murmuró.

-Estás mojada.

Eso fue un eufemismo. El interior de los muslos de Yulia estaban resbaladizos con la excitación, y ella sólo podía imaginarse como se debería ver.

-Me da placer la pérdida de control. -Estaba tan acostumbrada soltando mentiras, que salió de su lengua fácilmente. Sin embargo, todavía avergonzada de decirlo- me gusta saber que estoy indefensa aquí, dependiendo de ti para ponerme en libertad.
-¿Y si me atropella un autobús? -la castaña se rió, pero Yulia escuchó una preocupación genuina detrás de la pregunta- no es que tenga algún plan para morir esta noche, pero ¿no te preocupas por eso?
-Tengo un acuerdo con tu jefe. -miró a la puerta de la habitación, deseando poder ver el cielo de la tarde. No había ventanas aquí, por su propia seguridad. El sol tenia que estar casi abajo ya. Tenían que darse prisa o Nina obtendría un infierno mucho mayor de lo que esperaba- llamaré mañana, después de que me desates. Si no lo hago, enviaran a alguien a hacerlo... y me imagino que perderás tu trabajo.

Los ojos de la castaña se endurecieron un poco, pero Yulia no lo dijo como una amenaza. Ella pagó por escoltas de alto precio de un servicio de buena reputación por una razón: Contaba con su fiabilidad y su voluntad de hacer lo que se requiere sin hacer preguntas. Y ella quería poner a Nina tranquila, para convencerla de que no tenía ninguna razón para temer dejarla indefensa y sola. Nina tenía que seguir sus instrucciones al pie de la letra, por el bien de todos.

-Por favor -pidió en voz baja- tenemos que darnos prisa. ¿Entiendes lo que necesito?
-Sí -agarró la muñeca de la pelinegra y la colocó dentro del manguito metálico unido a la esquina de la mesa. Este contacto era serio no menos potente que la caricia seductora anterior, y Yulia tuvo que apretar los dientes para no reaccionar ante el placer de los dedos calientes en la piel- ¿realmente quieres la cuerda, también? Parece que las esposas son más que suficientes para asegurarse de que no vas a ir a ninguna parte.
-Necesito la cuerda. Sí -las esposas por sí solas no podrían detenerla una vez que a luna llena se levantara y arrancara lo último de su humanidad. Poseía una fuerza temible en estas noches, y esta noche, con el perigeo de la luna y el toque de una bella castaña persistente en la piel, sin duda sería casi imposible de contener.- Tan fuerte como puedas, recuerda. -la castaña aseguró las esposas en la otra muñeca y los tobillos en silencio eficiente.

Luego tomó la cuerda y le dio una mirada cautelosa a Yulia.

-Está bien.

Yulia se concentró en su respiración cuando la castaña tentativamente envolvió la cuerda alrededor de su torso, atándola a la mesa.

-Perfecto.
-¿Te gusta? -tiró de las ataduras con suavidad, luego comenzó a amarrar su primer nudo- ¿Es esto lo suficientemente apretado?
-Más apretado -Nina era demasiado tímida. La última chica no había tenido miedo de prácticamente cortarle su circulación, que era lo que ella requería.

La castaña le estaba tratando como a una muñeca de porcelana que podría romper si se maneja demasiado áspero.

-Te lo dije, más apretado de lo que crees que debería.

Nina apretó la cuerda hacia abajo un poco, pero no lo suficiente.

-Esto tendrá que ser lo suficientemente bueno, Yulia. Me temo que no serás capaz de respirar de lo contrario.

La pelinegra sacudió la cabeza con fuerza.

-No, eso no es suficiente. Has de hacerlo mejor.
-Lo siento.
-Yo estoy pagando por un servicio, Nina. -torció el cuello, viendo como la castaña había atado el nudo- por favor, haz lo que te pido.
-Oye, no me importa lo mucho que me pagues. Y no te molestes con amenazarme sobre mi trabajo de nuevo, tampoco. Tú no eres el que es responsable si algo te sucede. Quieres que te ate y te deje durante horas, está bien. Pero yo voy a estar absolutamente segura de que no te sofoques mientras estoy fuera.

M.a.l.d.i.t.a sea. Nina no tenía la intención de escucharla, y era demasiado tarde para llamar a la agencia para pedir un reemplazo.

Todo lo que podía hacer ahora era poner a Nina en camino tan pronto como sea posible y esperar lo mejor.

-Está bien. Por lo menos amarra las piernas, también ¿Vale?

La castaña apretó los dientes, pero hizo lo que le solicito. Dejó la cuerda tan floja alrededor de la parte inferior del cuerpo de Yulia como lo hizo en su pecho, y ella sabía que estas restricciones no aguantarían esta noche. No con el tire de la luna llena así de fuerte. Su estómago revuelto, tanto por lo que inevitablemente iba a ocurrir y la magnitud del daño que seguro que lo harían causar.

-Ahí lo tienes. Todo listo -miró a Yulia hacia arriba y abajo, a continuación, suspiró- ¿Estás segura de que no quiere que... -su mano se posó en el antebrazo de la pelinegra, haciéndole cosquillas en la piel desnuda y causando una oleada de deseo tan feroz que dejó sin aliento a Yulia de camino.
-No -la voz salió más dura de lo que se proponía, pero la castaña la estaba matando. Y el reloj seguía corriendo- es hora de que te marches. Te veré mañana. A las ocho.

La castaña parpadeó y se apartó de la mesa.

-Bien -se dirigió a la puerta, mirando hacia atrás con una expresión extraña antes de salir de la habitación- voy a estar aquí.

La pelinegra asintió con la cabeza, tratando de ocultar sus lágrimas de frustración. Que ella también estuviese aquí mañana por la mañana era dudoso. Cerró sus ojos y escuchó el sonido de la puerta principal. Sólo cuando oyó a Nina salir de la casa se permitió a sus lágrimas caer.

Estaba tan cansada de esto. Cansada de depender de extraños que nunca podrían comprender las apuestas del juego sexual que ella los contrató para desempeñar. Cansada de preocuparse de que las cuerdas estaban demasiado flojas o que una llave la dejaría libre de unas esposas de metal de una mesa de acero sólido. Cansada de estar sola en el mundo con su terrible secreto, por temor a que podría ser capaz de hacer algo verdaderamente monstruoso. Cansada de la luna m.a.l.d.i.t.a.

Capítulo Dos


Yulia despertó sobresaltada, abriendo sus ojos para contemplar el cielo gris filtrado a través de las ramas oscuras. Una gran roca clavada en la piel desnuda de su espalda y su cuerpo desnudo le dolía por completo. Girando la cabeza hacia un lado, exhaló temblorosamente mientras miraba la hierba y los árboles que le rodea. Dos años sin ningún incidente, y ahora allí estaba ella, despertando una vez más, sin ninguna idea de en que lugar estaba ni lo que había hecho la noche anterior.

El estómago revuelto, luchó para no vomitar. Cerró los ojos y trató de filtrar a través del revoltijo de recuerdos sin sentido que revoloteaban en su mente. Había Nina, por supuesto, dejado floja la cuerda. Lo asustada que había estado en el momento de la transformación, y rápidamente el miedo se disipó cuando la naturaleza asumió el control consciente y el pensamiento se esfumó. Pero en cuanto a su noche al acecho, no tenía más que destellos: la luna, oscuras calles de la ciudad, y los árboles, la bestia de sí mismo siempre buscando. Ella sólo sabía que estaba actualmente en el Parque Chystye Prudy, a menos que ella había corrido muy lejos de hecho.

Yulia se armó de valor, luego se sentó, mirando su cuerpo buscando pruebas de las actividades de la noche. La suciedad y trozos de hojas estaban pegados a su piel y en el pelo, pero no se detectó ninguna sangre. Por lo menos no mucha. Estudió una mancha de color carmesí cerca de su codo. Era probablemente su propia sangre, aunque no pudo encontrar la fuente. Eso no fue una sorpresa, sólo una herida muy reciente aún estaría abierta. Junto con la posibilidad de cambiar de forma, era capaz de curar rápidamente.

Cuando sus padres adoptivos la habían encontrado por la mañana después de su primer cambio sin control, durmiendo cerca de los cuerpos muertos de las ovejas de la familia, Yulia había estado cubierta en sangre. El olor dulce, picante, entonces difícil de lavarse de su piel, apestaba como el final de la infancia, como la ruptura de los lazos humanos. Desde ese día, su mayor temor despertaba en ese olor en la nariz otra vez. Por esto era toda esa rutina, la farsa con las prostitutas. Ella nunca quiso hacer daño a otro ser vivo. La ausencia de sangre ahora, después de una noche en la ciudad, la hizo tener esperanza de que su bestia sí conocía su corazón humano y tenía simplemente que correr libremente entre los árboles, sin lastimar a nadie.

-¿Señorita?

Yulia se sacudió con el sonido de una voz masculina profunda. Su corazón se echó a correr, pegó a sus rodillas contra el pecho, sorprendida al ver a un hombre moreno en camiseta y pantalones deportivos oscuros de pie en un sendero para caminar a menos de quince metros de distancia. Sus sentidos todavía estaban aumentados más allá de lo normal, por lo que no debería haber sido capaz de darle una sorpresa así.

El hombre sostuvo las manos en alto.

-Lo siento. No fue mi intención asustarla. ¿Estás bien? -cambió de peso nerviosamente, incierto sobre cómo interactuar con una mujer sucia, desnuda en público. A juzgar por la actual ligera capa de sudor en su frente, que estaba en medio de una carrera. Mantuvo los ojos clavados en su rostro- te ves como si estuvieras en algún problema. ¿Puedo ayudarte?
-No, estoy bien. -Yulia hizo una mueca al oír el sonido de su voz extranjera dentro de su cabeza. Siempre fue así a la mañana siguiente. Sentía una extraña desconexión con el cuerpo que tan recientemente la había traicionado, sin hablar de la mente que le ocultaba los detalles de lo que ella acababa de ser- estoy bien.
-¿Usted... sabe dónde está su ropa?

La pelinegra exhaló, luego negó con la cabeza. Ella sabía exactamente lo que el hombre pensó que le había sucedido y se dio cuenta que no era probable convencerlo de lo contrario.

Ella no sabía lo que habría preferido que el creyera.

-No. No estoy segura.

El hombre vaciló, luego dijo.

-Yo voy a quitarme la camisa ahora. Pero no voy a hacerte daño. Sólo quiero darle algo de ropa, ¿de acuerdo?

Ella asintió con la cabeza, avergonzada por el gesto amable. Aquí este hombre pensaba ella era una víctima de asalto, cuando en realidad había sido el monstruo más malo acechando en el parque ayer por la noche.

-Gracias.

Acercándose, el hombre le tendió su camisa y examinó su cuerpo. Obviamente, él estaba tratando de ser sutil, pero se acurrucó en sí misma ligeramente. No podía imaginar que vería cualquier cosa que pueda darle pista de su verdadera naturaleza, pero el control la hizo sentirse vulnerable e inquieta.

-¿Sabes quién te hizo esto? -el hombre dejó caer la camisa junto a ella, luego se apartó, apartando los ojos cuando ella la pasó por encima de su cabeza. Cruzó los brazos sobre su pecho desnudo, como si la protegiera de la vista de su piel- tenemos que llamar a la policía.

-¡No! -la ferocidad de la negativa de la pelinegra lo pilló con la guardia baja, por lo que no se sorprendió cuando el hombre se estremeció. Si bien reconoce su preocupación genuina, desde luego no quería a la policía para empezar a hacer preguntas acerca de por qué se había despertado desnuda en el parque- por favor, no lo haga. No quiero hablar con la policía.
-Pero es necesario encontrar al tipo que... te hizo daño.

Para conseguir que se diera marcha atrás, tuvo que apelar a su evidente buena naturaleza. Es evidente que él no quería molestarla, así que dejó la emoción venir al frente. De pie, ella tiró hacia abajo del dobladillo de su camisa, agradecida, que cubría la parte superior de sus muslos.

-Por favor. Después de la noche que acabo de tener... Yo sólo quiero ir a casa. Voy a estar bien allí.
-Pero…
-Es mi decisión. -Yulia jugó con la auténtica culpa que sentía en su engaño, sabiendo que iba a interpretarlo como una situación embarazosa o vergüenza- Por favor.

El hombre echó un vistazo inútilmente de arriba abajo por el camino antes de saludar con la cabeza de mala gana.

-Está bien. Es su decisión. Pero por lo menos déjame asegurarme de que llega bien.
-Eso no va a ser necesario. En serio.

Suspiró y meneó la cabeza. Agarrando la parte posterior de su cuello, preguntó.

-¿Siempre eres tan terca?
-La mayoría de las veces -sonrió la pelinegra. Era ridículo tratar de convencerlo de que ella estaba bien, pero necesitaba que se lo creyera al menos que podría hacer su propio camino a casa. Ella no quería que él supiera de ella más de lo que ya sabía. Ya era bastante malo que la hubiera visto así- mira, yo vivo cerca del parque. Le prometo que puedo llegar por mí misma, no hay problema.

En la forma en que miró el perfil de Yulia la preocupó de que él estuviera empezando a sospechar de su comportamiento. Después de todo, si ella no era una víctima de algo terrible, si realmente estaba bien, ¿por qué iba a estar aquí de esta manera tan temprano en la mañana? Pero luego sus ojos se suavizaron y dejó caer sus manos a la cintura de sus pantalones deportivos.

-Déjame por lo menos darle estos.

Yulia negó con la cabeza. Ella mentía a un hombre que iba literalmente darle sus pantalones. Este fue un nuevo mínimo.

-No. Esto está bien.
-Estaba corriendo con pantalones cortos debajo -el hombre levantó una ceja- mira, quieres que te deje ir sola, lo entiendo. Pero no puedo tener buena conciencia dejándote pasear por el parque sin ropa interior. Tan solo no puedo. Así que, o toma el pantalón o permite que te acompañe a casa. Es tu elección.

No valía la pena discutir otra vez. Y Yulia ya se quedaba en el Parque, mayor era la posibilidad de que alguien más podría verla allí. Ella no tenía idea de qué tipo de devastación había dejado a su paso, y ella no quiso ser relacionada de cualquier modo con lo que su bestia, había hecho.

-Está bien -cedió- Voy a usarlos.

El parpadeó.

-¿Sí? -asintiendo, lentamente se los quitó.

La pelinegra los tomó rápidamente, tirando de ellos, luego apretó el cinturón a su cintura.

-No me gusta quitarte la ropa.
-Voy a estar bien. Mi coche no esta muy lejos de aquí.
-Bien, entonces. -Yulia miró detrás de ella en un grupo de árboles. No tenía idea de en lugar del parque estaba por el momento, pero ella no dejó que su Buen Samaritano lo supiera. Tan pronto como fuese capaz de conseguir su cabeza bien puesta, lo averiguaría- Gracias.
-No hay de qué -el hombre cruzando las manos delante de sus pantalones cortos, mirando a la distancia- cuídate, ¿de acuerdo? Piensa en llamar a la policía.
-Yo -vaciló, luego agrego- ¿Hay alguna manera que pueda devolverte esta ropa?
-No te preocupes por eso. Entonces… ¿cómo te llamas?
-Marina -odiaba a mentir, pero ella no podía hacerle saber siquiera un poco de su identidad.
-Soy Nicolai. Sólo ten cuidado. ¿Vale, Marina?

Yulia asintió con la cabeza.

-Está bien.

Nicolai se quedó mirando un momento más, luego hizo un gesto a su izquierda.

-Así que me voy a ir...
-Gracias. Una vez más.

Con una inclinación de cabeza, Nicolai trotaba por el camino. La pelinegra exhaló cuando ella lo vio alejarse. Agradeció la ropa, sería más difícil evitar llamar la atención si estuviera desnuda. En el peor de los casos, se podría haber cambiado a un perro o incluso un pájaro para el viaje a casa. Pero era mejor que ella no tuviera que hacerlo. El cambio justo después de la luna llena tomó mucho de ella. Y hacerlo en público, incluso cuando sintió que estaba sola, significaba correr el riesgo de exponerse. Rara vez cambió en estos días, demasiado preocupada por mantener sus habilidades en secreto para disfrutar de utilizarlos.

A casa. Yulia hizo una mueca y miró al cielo. La mañana era gris y encapotada, y ella no podía ver el sol a través de las nubes para saber qué hora era. ¿Nina habría ya regresado a su casa para encontrar a sus grilletes rotos, la habitación destruida? Tenía que volver allí rápidamente si era posible Nina no habría descubierto la evidencia hasta ahora. Si ¿Podría coincidir con Nina en la puerta e inventar una historia para explicar por qué ella estaba fuera de sus limitaciones, sería mejor que dejar que Nina viera la destrucción que había dejado atrás.

Yulia corrió hacia el sendero peatonal y partió en la dirección opuesta del sentido de Nicolai. Ella seria capaz de orientarse por sí misma una vez que tuviera la presencia de ánimo para confiar en sus sentidos, pero mientras tanto, quería poner algo de distancia entre ellos. Ojala que fuera capaz de no ver a nadie más.

A sólo treinta metros por el camino, fue golpeada por el asqueroso olor a sangre fresca. Se detuvo a medio paso, y, por un momento, tuvo ganas de vomitar. Ese olor, ella sabía exactamente lo que significaba. Era el mismo que la había cubierto cuando tenía dieciséis años y había sacrificado las ovejas. Ese perfume embriagador, picante no dejó ninguna duda de que había vuelto a matar.

El pensamiento la ponía enferma. Pero no sabía lo que significaba todavía. Tal vez se había desgarrado una ardilla como comida. No era aceptable. A ciencia cierta, pero no tan horrible como matar a un ser humano. Yulia escaneó los árboles y arbustos que la rodeaban, pero no vio nada fuera de lo común. Dio un paso fuera del camino, dejando que su nariz le llevará a la fuente del olor terrible.

Hubiera dado cualquier cosa por no seguir este camino. Pero sus pies se movían por su propia voluntad, aun cuando temía lo que pudiera encontrar. No podía huir. Era probablemente responsable de lo que estaba sangrando. Si todavía estaba vivo, no podía dejarlo sufriendo.

Como ser humano, Yulia tenía sentidos mucho más agudos que los de una persona normal. Prefería seguir como un perro pero podía seguir fácilmente un rastro de olor incluso en su forma natural, especialmente cuando tenía tal irresistible olor trabajando. Se llevó una mano a la nariz cuando el olor se fortaleció, luego patinó hasta detenerse cuando vio el cuerpo acostado en la base de un gran árbol.

Al principio sólo vio la sangre. No la edad o el sexo del cadáver, o incluso la naturaleza de las lesiones. Sólo la sangre, empapando el suelo, manchando cada pedacito de piel visible. Tuvo náuseas, entonces se obligó a tomar aire y mirar más de cerca. Tal vez la persona aún estaba con vida y necesitaba ayuda.

Era una mujer. En los treinta años, tal vez, con la piel blanca y pelo oscuro.

Definitivamente más allá de la ayuda, miraba con los ojos sin vida hacia el cielo. ¿Fue lo último que vio una inexplicablemente enorme criatura, feroz e implacable, bajo la luna llena?

Yulia se tambaleó hacia atrás, perdiendo el equilibrio y cayendo sobre su trasero. Entumecida, simplemente se sentó en el lugar que aterrizó. Durante todos estos años este había sido su mayor temor. Si matar a un par de ovejas la había hecho un monstruo, no tenía idea de lo que era ahora. Una asesina. Un demonio. Se cubrió el rostro con las manos y gimió silenciosamente. Incluso ella misma como bestia, ¿podría realmente haber asesinado a esta mujer?

Ella no sabía lo suficiente acerca de cómo un ataque de animal se vería para decir si fue responsable. Múltiples cortes profundos cubrían el cuerpo de la mujer, pero era difícil para ella determinar si sus dientes o las garras lo pudieron haber hecho. Las ovejas habían parecido desgarradas además de una manera que esta mujer no lo hizo, casi como si lo que la mató había utilizado instrumentos mortales más precisos.

¿A quién estaba tomando el pelo? Se puso de pie con esfuerzo, serpenteando en temblorosas piernas. ¿Cuáles eran las probabilidades de que alguien había matado a esta mujer cuando Yulia se había despertado por la mañana después de una luna llena, ni siquiera a trescientos metros de su cuerpo? Parecía ingenuo esperar que ella no fuera el culpable. Por otra parte, con esta cantidad de sangre, ¿Por qué no estaba cubierta de la sustancia?

No importa lo que había sucedido, ella tenia que llamar a la policía. Con ese pensamiento, sus pies ya estaban en movimiento, caminando de regreso al sendero como si estuviera en piloto automático. Llamar a la policía era lo correcto que hacer. En cuanto a sí misma también podría estar en lo cierto, pero ella no estaba dispuesta a dar ese pasó todavía. No antes de que estuviera completamente segura de su propia culpa. Había pasado demasiado tiempo en la clandestinidad para tirar todo únicamente en probabilidades, no importa lo fuerte que era.

A medida que la pelinegra se acercó más al sonido del tráfico de la mañana, finalmente reconoció el lugar. Tal vez un kilómetro calle abajo de su casa, que realmente en efecto lindó con el Parque Chystye Prudy, pero en el otro lado. Suspiró. Esto sería dar un largo paseo sin zapatos. Sería mucho más fácil como un gato, o mejor aún, un pájaro.

Al no tener un reloj, sólo podía adivinar el tiempo que la llevó a volver rápidamente a su casa. Parecieron horas, pero había sido probablemente sólo veinte minutos. Estaba sin aliento cuando llegó a su puerta principal, pero ella se sintió aliviada al verla todavía en una sola pieza, y cerrada con llave.

Es evidente que se había escapado de su habitación de invitados de alguna manera, pero no fue por la parte delantera. Gracias al universo por los pequeños favores. ¿Sus preocupaciones humanas guiaron a su bestia interior? Por mucho que temía una terrible destrucción, aquellas pocas veces que logró soltarse había causado sólo daños menores. Casi como si su propia bestia, sabía que debía ser cautelosa.

Yulia se acercó al lado de su casa. Una ventana atascada en un ángulo extraño mostró que ella había roto un cristal y le arrancó la ventana. Echando un vistazo rápido alrededor, pudo sacar más de un cubo de basura y se subió, impulsándose y facilitando su entrada.

Ahora en su cuarto de baño, inspeccionó el desastre de menor importancia, una toalla tendida en el suelo, cepillo de dientes y el tratamiento facial en el lavabo, derribado el mostrador. Ella había estado en un apuro, pero al menos no había destrozado el lugar. Rápidamente se arregló, y luego se dirigió a la habitación de invitados, fortaleciéndose.

La puerta de madera fue arrancada de las bisagras, no era una sorpresa. Un puerta de acero hubiera sido mejor para mantenerla, pero no podía permitirse el lujo de ese tipo de modificación pagando precios de Moscu, sobre todo cuando probablemente no habría lugar, tampoco. Su mesa de acero seguía anclada al suelo, pero ella había roto las esposas de su superficie y arrojado a un rincón. La inútil cuerda se hallaba esparcida en pedazos por el suelo. Una de las paredes tenía un agujero que tenia necesidad de parche.

-M.a.l.d.i.t.a sea -murmuró.

Para su horror, se llenaron de lágrimas sus ojos. No por su mesa o la puerta o ventana, pero por la pobre mujer muerta en el parque, y por ella misma.

Se dio exactamente diez segundos para experimentar toda la gama de su dolor y la autocompasión, y luego obligó a las lágrimas. Sollozando, mientras caminaba a su armario y sacó un fajo de billetes. El resto del pago de la castaña. No importa cómo la noche había salido, no era culpa de Nina. Ella no había entendido las reglas del juego que había jugado, y mucho menos en las apuestas. Yulia era la única responsable de la violación.

Fue a la cocina y miró el reloj sólo seis y media. Nina no vendría hasta dentro de otra hora y media. Eso le dio tiempo a Yulia para limpiar un poco, y luego hacer lo que más pesaba en su mente. Tenía que llamar a la policía. No con una confesión, todavía no. Con un consejo. Una vez que la policía encontrara el cuerpo y se examinara la escena del crimen, tal vez permitiría a los medios de comunicación para ofrecer algunos detalles sobre lo que había sucedido, sobre todo si se trataba de un ataque animal. Tal vez para entonces ella sabría cómo seguir adelante si realmente había hecho lo impensable.

Si hacia la llamada desde el teléfono público del borde del parque, nadie sería capaz de seguirle el rastro a ella. Se puso los zapatos, apoyada la puerta en ruinas en su habitación de invitados contra el marco astillado y se dirigió a la calle
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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Vie Oct 24, 2014 8:57 pm

Capítulo Tres

Cuando el hombre del pasamontañas surgió de la maleza a su izquierda, la Dra. Elena Katina, o Lena como la llamaban sus allegados, verdaderamente se arrepintió de no escuchar a su ex-novia sobre los peligros del parque Chistye Prudy al amanecer. A Katya nunca le habían gustado sus paseos tempranos por la mañana cuando estaban juntas, por lo que ella los hizo un ritual diario después de que se separaron. Cuando el hombre la interceptó en el sendero, echó hacia atrás el puño con odio en sus ojos, Elena deseaba no haber sentido la necesidad de alardear de su nueva libertad recién descubierta. Incluso con el spray de pimienta en su bolsillo, estaba superada.

Ella iba a sacar el bote cuando el puño del hombre se estrelló contra su nariz. El golpe le arrancó las gafas, robándole su visión, pero no tuvo tiempo de entrar en pánico antes de que un segundo golpe la tirara al suelo. Su mundo se fue a cámara lenta, hasta el momento que su espalda golpeó el pavimento. Entonces todo se aceleró, el hombre agarró un puñado de sus cabellos y la arrastró hacia los árboles, y ella tenia un pensamiento recurrente sobre que Katya estaría tan molesta acerca de lo que probablemente sucedería.

Una vez que estuvieron fuera de la vista del camino, el hombre la tiró en el suelo. Luego se fue encima de ella, presionando el borde afilado de un cuchillo en su garganta.

-¿Tengo que usar esto?

Elena sacudió la cabeza y tragó saliva. Él tenía su brazo atrapado bajo su peso, y nunca alcanzaría el spray de pimienta antes de que le cortara la yugular. Su mejor para pasar esto con vida era cooperar.

Esperó a que el asalto inevitable comenzara. Pero él se quedó, sin embargo, mirándola con penetrantes ojos azules que enviaron un temor enfermo correr a través de ella. Anhelaba volver su rostro, pero no quería moverse. Teniendo en cuenta la fría hoja contra su cuello. Obligada a mirarlo, lo estudió analizando como podía ser su aspecto; pensando ya en la declaración que le daría a la policía si sobreviviera. Él era de raza blanca, no podía ver mucho. Más alto que ella, y más pesado.

-Puedo hacer lo que quiera -su tono dejó claro que él no estaba sólo hablando de aquí y ahora, sino en general. La forma de mirarla, como si fuera menos que un animal, confirmó su certeza de que no dudaría en acabar con su vida- ¿Entiendes?

El estómago de Lena dio un vuelco.

-Tome mi bolso. Por favor, déjame ir.

Dudaba que pudiera hablar con él de lo que había planeado, pero no podía pensar en hacer otra cosa. Por lo menos, obtendría un poco de tiempo, tal vez daría a alguien una oportunidad de descubrirlo e intervenir. Tenía que ser casi las siete, el tráfico de corredores estaba destinado a aumentar. Sólo tenía que seguir hablando.

-Yo no quiero el m.a.l.d.i.t.o bolso -el cuchillo dejó su cuello y su mano libre tomó su lugar. Hundió su dedo pulgar en el centro de su garganta, restringiendo la respiración y enviando pinchazos brillantes de agonía a su cerebro. Justo cuando su visión empezó a atenuarse, la presión disminuyó y ella jadeó de alivio- puedo hacer cualquier cosa. Nadie me va a parar.

Con ardor en los ojos, ella le susurró.

-Tengo dinero. Y un iPod.
-No quiero tu iPod -el hombre parpadeó, luego se inclinó tan cerca que podía sentir su aliento a través de la máscara de algodón negro- yo puedo follarte. Matarte. -Él retrocedió, encontrándose con su mirada de nuevo- hacerte gritar.

El terror invadió la boca del estómago de Lena y se la apretó dolorosamente, soltando una intensa oleada de náusea. Nunca había sentido esto antes, este miedo profundo hasta los huesos: del dolor, la humillación, tal vez incluso su propio fin. Quería gritar, pero el miedo la detuvo. Posiblemente nadie la podría escuchar. Y sin duda, lo haría enojar. Las comisuras de sus ojos arrugadas. Parecía satisfecho.

-¿Asustada? -él arrastró el cuchillo sobre el centro de su pecho, enganchando su camisa con la punta. Sacudiendo la hoja hacia arriba, cortó a través del fino material como si nada. Elena gritó, y luego gimió cuando su mano se levantó y la tomó del rostro- cállate.

Lena volvió la cabeza hacia un lado y cerró los ojos. Las lágrimas amenazaban con caer, pero se negó a darle la satisfacción de verla llorar. Él agarró la parte delantera de la camisa y amplió el desgarro que había hecho con el cuchillo. Esperó a que mutilara los pechos y luego se puso rígida cuando el impío borde de la hoja trazó una ruta de acceso desde la tela que cubría su pezón a la piel desnuda que se elevaba por encima de la copa de su sujetador.

La anticipación fue la peor parte. Imaginar todas las cosas que podía hacer, pero no saber cuál sería su destino. Él podía desnudarla, violarla. O tal vez se quedara en el lento dolor y la cortaría en su lugar. ¿Y si él se saltara los preámbulos y sólo sumergiera el cuchillo profundamente en su corazón?

Un grito se sacudió en la parte posterior de la garganta de Elena, el sonido de puro y total terror, desesperado por escapar. Dándole voz, y el hombre probablemente acabaría con ella velozmente. Incluso ese pensamiento no calmó sus ganas de dejarlo salir. ¿Como más tratar con la amenaza que se cierne, con la certeza súbita de dolor, después la muerte?

-Mírame -el hombre puso la punta del cuchillo sobre su clavícula, y luego colocó el borde contra su garganta- abre los ojos y mírame -ella lo hizo- esto es fácil para mí -corrió el cuchillo entre los pechos. Su mano se mantuvo estable, pero una huella de incertidumbre en sus ojos parpadeó- todo lo que tengo que hacer es apretar el cuchillo y estás muerta.

La visión de Lena estaba enturbiada cuando las lágrimas que había estado conteniendo vinieron al frente.

-Por favor, no.

El hombre se congeló en la parte superior de ella, deteniendo el movimiento de su cuchillo. Elena contuvo el aliento, esperando sentir el escozor de la piel que rajaba. Para su sorpresa, él levantó la cabeza y miró a algo un poco más allá de la línea de visión de Lena. Ella anhelaba ver lo que le había llamado la atención, pero se quedó quieta, demasiado asustada para moverse.

Un profundo, retumbante rugido cortó a través del ruido de los golpes del pulso en los oídos de Elena. Los ojos de su atacante se agrandaron, luego exhaló mientras sacaba el cuchillo de su pecho. Otro gruñido, como jamás había oído, no de cerca, no en la vida real. Tomando una respiración profunda, ella estiró el cuello, se quedó boquiabierta ante el animal de pie a menos de cinco metros de distancia.

Sin las gafas, se podía ver más que una confusa bestia gris, casi con toda seguridad un cánido, pero no un perro. Parecía un lobo, no importa lo improbable que esto fuera el centro de Moscu.

La bestia gruñó, echando hacia atrás los labios para revelar los afilados dientes. El corazón de Elena bombeaba a toda marcha. No tenía idea de cómo reaccionar. Ante un lobo feroz, salvaje y fuera de lugar en el parque Chistye Prudy. De alguna forma era tan peligroso como el hombre enmascarado, sin embargo, su presencia detuvo el asalto.

-No te muevas.-el hombre se desplazó de la parte superior de ella, claramente sopesando su próximo movimiento- no lo provoques.

El lobo se acercó, sus ojos vigilantes fijos en su atacante, desafiándolo. Lena contuvo el aliento, tan asustada de ser mutilada, como era de ser violada y asesinada. Pero el lobo no la miraba a ella. Se centró exclusivamente en el hombre del pasamontañas, convirtiéndose de depredador a presa.

Con un gruñido feroz, el lobo saltó sobre el hombre, tirándolo en el suelo al lado de Lena. En cuanto su peso, salió de su cuerpo, pudo respirar de nuevo. Su cerebro reiniciado finalmente, decidió correr. Luchó con sus pies cuando el hombre y el lobo luchaban por el predominio junto a ella. Un abrasador dolor le atravesó el tobillo tan pronto como se apoyó sobre él. Presa del pánico, se tropezó, después cayó en el duro suelo.

Elena vio impotente cómo el lobo se echó hacia atrás y hundió sus dientes en el brazo del hombre. Gritó de rabia incoherente, acuchillando en el lobo. Su cuchillo cortó el aire en un arco frenético, pero su objetivo estaba lejos y el lobo bailó lejos ileso.

El lobo dio otro paso hacia atrás, casi como si diera al hombre una oportunidad de escapar. Él lo tomó. Con un sonido rápido, furioso, el hombre con el pasamontañas irrumpió en una carrera de obstáculos, desapareciendo entre los árboles y fuera del alcance de la visión de Elena. Ella entrecerró los ojos tras él, entonces le dio la atención a su nuevo problema. El lobo.

Para su sorpresa, estaba sentado frente a ella, mirándola con serena intensidad. Asustada, buscó en su bolsillo y sacó el bote de spray de pimienta.

-No te acerques -su voz vaciló, no fue una sorpresa cuando estuvo a punto de estallar en lágrimas. Levantó el brazo a su objetivo- ¡Vete!

El lobo inclinó la cabeza, luego trotó lejos, como si obedeciera a su mandato. Elena exhaló, ya que se retiró. Cuando ya no pudo reconocer la forma del lobo, de entre los árboles, por fin se atrevió a moverse. Poco a poco, esta vez, se puso de pie. Cuidadosa para mantener el peso fuera de su tobillo, finalmente se levanto sin apoyarlo, pero moverse sin ambos era una tarea mucho más difícil.

Atrapada entre la lógica y la necesidad primitiva, emocional de caerse en pedazos, no sabía qué hacer a continuación. Desesperada quería huir de este lugar tan rápido como su tobillo lesionado la permitiera, pero tenía que encontrar su bolso con su teléfono celular en el interior para poder llamar y pedir ayuda. Sin las gafas, no sería capaz de conducir.

Decidió darse un minuto para encontrar su cartera. Más de sesenta segundos, al infierno con él. No estaba dispuesta a esperar alrededor puesto que el hombre o el lobo podrían volver.

Cojeando en el claro, llevó a cabo una búsqueda frenética antes de la conclusión de que él lo debía de haber tomado cuando salió corriendo. Eso significaba que tenía todas sus cosas más importantes: su cartera, su tarjeta de identificación para el trabajo, llaves del automóvil, la lista de contactos en su smartphone, incluso su tampón de repuesto. Todo.

Elena aguantó la desesperación cuando se dio vuelta en dirección del sendero. No podía pensar en ello ahora. Tenía que mantenerse en movimiento, tenia que buscar ayuda.

Tomando pasos lentos y cautelosos por la maleza, trató de no tropezar con obstáculos ocultos. No había llegado muy lejos antes de que el inconfundible sonido de alguien que se acerca la hiciera entrar en una carrera torpe, con su corazón en la garganta.

-¡Espera!

Ella se detuvo de inmediato ante el sonido de una voz femenina. En cuanto, vio a una mujer salir de detrás de un árbol a su izquierda. A la vista de otra persona, alguien que supuestamente no quería hacerle daño, puso su mano sobre el tronco de un árbol para calmar sus piernas temblorosas.

-Parece que necesita ayuda -la mujer se acercó, levantando las manos como si le pidiera, que no huyera- no voy a hacerle daño.

Lena no podía ubicar el acento de la mujer de cabello oscuro, pero su bajo tono conciliador de inmediato la arrullo en una relativa seguridad. Tragando, contesto.

-Tenemos que salir de aquí. Antes de que él regrese -su voz sonaba áspera a sus propios oídos. Sólo podía imaginar cómo se debería ver, aterrorizada, la sangre corría por su rostro- el hombre que me atacó.

La mujer se redujo la distancia entre ellas. Absolutamente hermosa, con preocupados ojos cual zafiros, le ofreció su mano.

-Vámonos, entonces.

Elena tomó la mano de la mujer, agradecida por la cálida conexión humana, aunque aflojó su control sobre sus emociones, también la mantenían atada firmemente en el ahora. Estaba a salvo.

-He perdido mis gafas cuando él me dio un puñetazo. No puedo ver sin ellas.
-Entonces será mejor encontrarlas -la mujer dio a sus dedos un suave apretón- Yo soy Yulia.
-Elena.
-Elena, ¿dónde estabas cuando te golpeó?
-En el camino -miró por encima del hombro, cuando salieron de entre los árboles, casi esperando verlo- Él salió de la nada. No tuve tiempo de reaccionar.
-Debe haber sido terrible.
-Nunca he estado tan asustada en mi vida -la garganta le dolía al recordar haber sido sujetada por el cuello- pensé que iba a matarme.
-Pero no lo hizo.
-No -Lena respiró hondo cuando se acercaron al camino- Yo sé que suena loco, pero un lobo... lo detuvo, lo ahuyentó.
-¿Un lobo? -Yulia no hizo un buen trabajo ocultando su escepticismo- Yo no vi nada de eso. Así que...
-Se echó a correr antes de que me encontraras. Y parecía un lobo, pero no lo sé. Tal vez alguien en la ciudad lo mantiene de una forma ilegal.
-Lo que importa es que estás a salvo -la pelinegra apretó los dedos sobre Lena mientras se acercaban a la ruta, instando a que se detuviera- ahí están -Yulia se arrodilló y recogió dos objetos. Levantándose, se los ofreció. Uno de los marcos estaba dañado, el otro, con una sola lente- parece que la lente saltó. Podemos arreglar eso. La otra está rayada, de modo que tendrá que ser sustituida.

A la vista de sus gafas rotas, lanzó un suspiro. Severamente corta de vista desde la infancia, había crecido atormentada por el miedo a no poder ver. Hacerse un adulto no había aliviado aquella fobia. Basta con tirar las gafas detrás de la mesilla de noche en la mañana podría causar un leve pánico. Al verlos en pedazos, especialmente después de que acaba de experimentar una insoportable vulnerabilidad, era más que suficiente para romper su control.

Las piernas de Elena cedieron, y se hubiera golpeado contra el suelo si los reflejos de Yulia no fueran de la velocidad del rayo. Inmediatamente, la tenía en sus fuertes brazos, la sostenía como si no pesara nada.

-Shhhh -murmuró, acunándola- está bien, te tengo. Él no puede hacerte daño.
-Tenemos que irnos -A pesar de que lo decía en serio, Elena hundió su rostro en el cuello de la pelinegra y le devolvió el abrazo. La fría parte racional de su cerebro, a la que estaba acostumbrada a depender, retrocedió horrorizado por la forma en que buscó consuelo en una extraña. Pero su instinto primario, todavía aturdida por la amenaza de la masacre brutal, necesitaba a Yulia al igual que sus pulmones necesitaban el aire- podría volver.
-Él no volverá -murmuró la pelinegra. Su mano acarició el pelo de Lena- Esta bien. Tómate un minuto. Entonces podemos caminar.

Elena se permitió cinco segundos más de su crisis, luego dio un paso atrás y se secó las lágrimas.

-Estoy estacionada en la calle Pokrovka, no muy lejos de aquí. Si pudieras ayudarme a llegar mi auto...
-¿Puedes conducir sin tus lentes?
-No -el labio le temblaba cuando recordó que no tenía las llaves del vehículo de todos modos- Y creo que él tomó mi bolso. Así que supongo que no voy a ninguna parte. Tal vez ¿tienes un teléfono celular que pueda usar?

Yulia acarició un mechón de pelo de Elena, metiéndolo detrás de la oreja.

-Ven a mi apartamento. Puedes utilizar mi teléfono, y yo haré lo que pueda para reparar las gafas.
-Gracias -contesto Elena. No iba a rechazar la oferta. Ya su mente corría con las cosas que tenía que hacer: llamar a Katya, pedir nuevas llaves del automóvil, cancelar sus tarjetas de crédito, cambiar la cerradura de su apartamento. Es asombroso cómo cinco minutos en el parque había podido alterar el equilibrio de su vida- me gustaría limpiar mi cara, también.
-Por supuesto -la pelinegra colocó la mano en el brazo de Lena- ¿Puedo llevarte?

Ella asintió con la cabeza y enganchó su brazo en el de Yulia. Apretando los dientes, trató de igualar el ritmo lento de la pelinegra, decidida a no mostrar su dolor.

-Gracias, Yulia. En serio.
-Harías lo mismo por mí. -la miró y sonrió- Que puedo decir.

Elena se sorprendió al devolver la sonrisa.

-Vamos espero que nunca tenga que hacerlo.

Yulia la llevó hasta el borde del parque, donde Lena tuvo a la vez alivio y vergüenza de ver el tráfico moderado en la calle. Aunque la presencia de tantas personas la tranquilizara, vaciló en una poderosa ola de conciencia de sí misma. Utilizó la mano libre para tirar de las dos mitades cerrando la camisa, cubriendo el sujetador que sólo ahora se daba cuenta estaba mostrando.

-Está bien -le dijo Yulia, acercándola más. Ella sintió una oleada de inesperada fortaleza del contacto y se apoyó en la pelinegra esperando más- mi casa está a sólo una manzana de distancia.

Asintiendo con la cabeza, Lena sostenía la cabeza tan alta como podía mientras caminaron por la acera. Las pocas personas que pasaban la miraron con preocupación, pero nadie decia nada. Elena casi se alegró de no estar usando sus gafas, por lo que no tendría que ver las preguntas en sus ojos.

-Aquí estamos -parándose delante de una casa azul clara, Yulia corrió el corto tramo de escaleras y abrió la puerta de entrada- Hogar, dulce hogar.
-¿Dejas por lo general tu puerta abierta? -Lena pasó al interior con cuidado, deseando que todavía tuviese a Yulia a su lado- Por lo menos, espero que lo reconsideres después de lo de esta mañana.

La pelinegra dio una cabezada nerviosa.

-Había apenas salido por un momento. O ése era el plan, de todos modos.

Elena salió cojeando del hall de entrada a un pasillo y miró a su alrededor. Yulia pasó junto a ella, a una habitación con una puerta apoyada libre dentro de su vestíbulo. Parecía avergonzada por el estado de su apartamento, y Lena respiró hondo, cuando una punzada de vergüenza le pegó de lleno en el estómago.

La emoción era tan intensa que casi parecía exterior como si hubiera sido impuesta en ella. Eso la desorientó tan completamente que por un momento no se reconoció a sí misma. ¿Era esta la Elena post-ataque, llena de emociones, volátil, carente de racionalidad? Esperaba que no. Normalmente se aferraba a su sentido del orden y razón, sus emociones controladas, para que pudiera sobresalir en su trabajo. El estudio de los muertos para ayudar a atrapar a sus asesinos no era una carrera para alguien que no pueda separarse de los sentimientos.

-Disculpa el desorden -Yulia colocó la puerta en el marco, bloqueando el punto de vista de Elena de la habitación- Estoy en medio de algunas reparaciones en casa.

Lena hizo un encogimiento de hombros inquieto.

-No me gusta molestar.
-No, en absoluto -caminó a la puerta en el pasillo y empujó para abrirla- aquí está el cuarto de baño. Tómate tu tiempo -se movió a un lado cuando Lena se acercó- voy a buscar una camisa y regreso enseguida.
-Gracias -Lena se detuvo en la puerta, no queriendo especialmente separarse de la pelinegra. Era una tontería, pero su presencia la hizo sentir menos miedo. Estaba nerviosa por lo que sucedería una vez que su anfitriona estuviera fuera de la vista- eres un salvavidas, literalmente.

Las mejillas de Yulia se enrojecieron.

-Todo lo que hice fue caminar a casa.
-Es más que eso -Elena se detuvo, sin saber cómo describir lo que la pelinegra estaba haciendo por ella. A pesar de que normalmente no creía en tales cosas, sintió una conexión inmediata con Yulia y estaba segura de que era lo único que le permitía funcionar en estos momentos- no sé lo que habría hecho si no me hubieras encontrado.

Yulia vaciló y luego tocó la mano de Elena con suavidad.

-Me alegro de haberlo hecho.

La caliente excitación, una extraña bienvenida que Lena no había oído en meses, inexplicablemente se precipitó a través de ella y puso su corazón a palpitar. Con la mano temblorosa, ella se apartó de Yulia y se apoyó en el cuarto de baño.

-Yo también.
-Ya vuelvo -para su alivio, la pelinegra no mostró ninguna señal de que había reconocido por que era la reacción de Lena- ¿Vas a estar bien?

Ella asintió, y luego cerró la puerta del baño. Sola en el interior, cayó de espalda contra la pared y cerró los ojos. Eso fue totalmente diferente a ella. Por lo general no sentía atracción inmediata, sobre todo después de lo que había pasado.

¿Qué fue lo que inspiró Yulia para tal comportamiento inusual?

Fuera lo que fuese, Elena esperaba que pudiera salir del apartamento sin hacer el ridículo. Enderezándose, caminó rígidamente al lavabo y se armó de valor para su primera mirada en el espejo. Decidida a evaluar el daño tan impasiblemente como sea posible, aún tuvo que ahogar un grito de asombro al ver su rostro.

Un pequeño corte sangriento marcaba su frente, y la piel alrededor su ojo hinchada y de color rojo furioso. Para mañana tendría un feo ojo a la funerala. Un rastro de sangre seca en la nariz pintó su labio superior marrón rojizo. Pedazos de hojas y ramas se enredaron en su cabello. Nada de eso incluso dejó entrever el daño que sentía por dentro. No iba a aguantar más caminar al amanecer por el Parque Chistye Prudy o por cualquier otro de los tantos que había en la ciudad. Suprimiendo la necesidad de caer en la autocompasión, abrió el grifo y comenzó a frotar con cuidado la suciedad y la sangre. Domar el pelo era el desafío más grande, pero ella hizo todo lo posible. Sería más fácil poner una cara de valiente que ir a trabajar, si no parecía el lado perdedor que acababa de salir de una pelea y ella definitivamente todavía iría, tan pronto como recogiera un nuevo par de gafas. Tenía que realizar una autopsia esta mañana, por no hablar de la montaña de papeles relacionada con el caso esperando por ella.

Ir a trabajar era algo más que un sentido del deber, por supuesto. En un mundo perfecto había corrido a casa a lamerse las heridas, feliz de no enfrentar a cualquiera. Teniendo en cuenta que tenían un caso de homicidio abierto, Katya haría, casi seguro, acto de presencia en la oficina del médico forense hoy. Elena no podía imaginar verla así. Pero en un mundo perfecto, el hombre que la había atacado no tendría su licencia de conducir y las llaves a su apartamento. Ni siquiera podía pensar en volver a casa hasta que ella llamara a un cerrajero.

Sin embargo, no era todo sobre el miedo de estar en su apartamento. Ella tenía que realizar esa autopsia para probar que no había perdido la esencia de lo que era, que el hombre en el parque no la había robado de ella. Necesitaba tranquilizarse, saber que todavía podía manejar la violencia y la muerte en su vida profesional, incluso después de su terrible personal encuentro con ella. El hecho de que podría haberla dañado de esa manera dolía mucho más que cualquier herida física que él había infligido. Su trabajo era su vida.

Un golpe en la puerta la sobresaltó tan mal que jadeó en voz alta. Con el corazón acelerado, se aferró a los lados del lavabo y exhaló. Cálmate, ella cantaba al compás de su respiración. Cálmate.

-Sólo soy yo, Elena. Tengo las gafas y una camisa -el sonido de la voz de disculpa de Yulia instantáneamente alivió los nervios- no fue mi intención asustarte.

Comprobándose en el espejo por última vez, abrió la puerta del baño.

-No es culpa tuya.

La pelinegra levantó torpemente las gafas de Elena en una mano y una camisa verde en la otra.

-Pensé que probablemente querrías tus gafas lo antes posible.
-Tienes razón -Elena las tomó, la gratitud la abrumaba. La recuperación de su visión era el primer paso para volver a sí misma. Poder ver era su fundamento- muchas gracias.
-Los marcos están un poco doblados, y una de las lentes tiene un feo rasguño. Pero es mejor que nada, estoy segura -Yulia cambió su peso con ansiedad
-Las limpiaste muy bien, por cierto.

Elena apartó otra punzada extraña de excitación cuando se colocó las gafas. Luego perdió la batalla con sus hormonas completamente. Borrosa, Yulia había sido hermosa. En un enfoque nítido, era impresionante. Lena había visto a su tipo de belleza morena, sólo en revistas, e incluso entonces, en ninguna parte habían sido tan extraordinarias como la que ahora estaba de pie justo en frente de ella.

Incapaz de hablar, Elena hurgó con la parte delantera de su camisa, tirando se cerró. Su atracción por la pelinegra la hizo sentirse poderosamente tímida, casi tonta. Después de no haber sido suficiente para mantener interesada a Katya, entretenerse con la noción de estar con una mujer que se pareciera a Yulia era positivamente ilusorio.

-Espero que no te avergüence -Yulia hablo en voz baja.

Elena negó con la cabeza, no confiaba en sí para hablar.

-¿Quieres algo más?

Elena sacudió la cabeza otra vez.

-Voy a devolver tu camisa tan pronto como me sea posible. Te lo prometo.
-No te preocupes -la pelinegra arqueó una ceja- tengo más.

Aunque parezca increíble, el buen humor de la pelinegra puso a Lena a gusto. Ella soltó el apretón en su camisa rasgada y tomó la que Yulia le ofreció.

-Aún así te la devolveré.
-Me gustaría eso

Elena tragó. Si no lo supiera, pensaría que la pelinegra estaba coqueteando. Pero eso no era posible, ¿verdad?

-Si no pasa nada, sólo voy a dejar mi camisa en la basura. Yo... no la quiero más.
-Por supuesto. Lo entiendo -la mirada fija de Yulia vagó abajo al pecho de Lena, pero antes de que ella pudiera sentirse avergonzada, los ojos de la pelinegra se abrieron como platos- te cortó.

Ella miró hacia abajo, permitiendo los dos lados de la camisa abrir hueco. Por primera vez vio lo que había llamado la atención de Yulia: a lo largo de la curva de su pecho que se elevaba por encima de la copa de su sujetador. Una línea delgada de sangre había sido levantada, el corte era tan pequeño y poco profundo que no se había dado cuenta de que él lo hizo. Sintiendo como si tuviera una roca en la garganta, Elena luchaba por respirar.

-Oh.
-Yo debería haber estado allí antes -el sentimiento de culpa en la voz de Yulia era palpable, muy fuera de proporción con cualquier sentido razonable de responsabilidad- Ojala lo hubiera sabido antes.
-No puedes culparte -respondió. Por alguna razón, esta, una lesión menor la afectó más que todos los otros cortes y contusiones combinados- Yo fui la idiota que decidió caminar sola por el Parque Chistye Prudy al amanecer.

La pelinegra tiró a Elena en un fuerte abrazo que debería haberla hecho claustrofóbica. Por segunda vez esa mañana, su cuerpo quedó atrapado contra una extraña. Pero el malestar era la última cosa que sentía por la sutil, lujuriosa alegría de estar en los brazos de Yulia.

-Tú no eres una idiota. Lo que pasó no fue culpa tuya -puso su mano sobre el centro de la espalda de Lena- Él no debería haber hecho eso.

Era cierto. Era exactamente lo que Lena le diría a la víctima de un delito violento, independientemente de las circunstancias. Pero eso no lo hizo más fácil de creer.

-Sé que no debo culparme a mí misma. He ayudado a investigar decenas de homicidios, y ni una vez se me ocurrió pensar que alguien merecía ser víctima. Es diferente cuando soy yo, supongo.

La pelinegra se retiró de su abrazo.

-¿Trabajas para la policía?

No se sorprendió por completo al ver una leve reticencia en los ojos de Yulia. Las mujeres rara vez encontraron a su elección de profesión con entusiasmo.

-Soy una patóloga forense de la oficina del examinador médico. Trato con una gran cantidad de asesinatos y muertes accidentales -se detuvo allí, no se trataba de decirle a Yulia acerca de su pequeña celebridad dentro del mundo forense, el resultado de haber ayudado a identificar a uno de los asesinos en serie más retorcidos de Moscu que se había visto nunca. Ese chisme es casi seguro que la alejaría de la mujer que quería llegar a conocer.
-Eso es fascinante -contesto la pelinegra. Parecía interesada, pero Elena podía sentir su malestar- ¿Te gusta tu trabajo?
-Me gusta -sonrojándose, dio un paso atrás en el cuarto de baño- Yo debo cambiarme. Y si pudiera usar el teléfono para llamar a la oficina y dejar que sepan que voy a llegar tarde.
-¿Vas a trabajar? -Yulia buscó sus ojos- Tal vez debas ir a casa y descansar un poco.

Elena sacudió la cabeza.

-No puedo. Él tiene mi bolso, las llaves de mi... -por la mirada de alarma de la pelinegra, dijo- voy a llamar a un cerrajero desde la oficina. Y voy a decirle a la policía lo que pasó. Todo estará bien -no estaba segura de que ella creía eso, pero decirlo había ayudado. La preocupación quedó grabada a través de la cara de Yulia.
-Yo... tengo una cita en una media hora. O si no te ofrecería que te quedes aquí.
-Oh, no -se rió con nerviosismo. Estaba claro que la oferta era sincera, pero no podía dejar de sentir que debía irse. Independientemente de lo que la atrajo de Yulia era como una droga, y ya se preocupó de la retirada. No quería depender de la pelinegra para su comodidad, porque no tendría recursos propios cuando se marchara inevitablemente- Yo necesito ir a trabajar. Cadáveres por examinar, papeleo que llenar.

Yulia asintió con la cabeza educadamente, y una sensación de malestar de disgusto estalló en Elena entonces rápidamente se desvaneció. Otra emoción extranjera, fugaz, tan diferente a cualquier cosa que había sentido antes. Esto fue suficiente para hacerla sentir loca y, peor aún, ilógica.

-¿Me llamarás esta noche y me harás saber que estás bien? -le entregó un teléfono celular- eso es todo lo que pido.

El rostro de Lena se calentó mientras tomaba el teléfono.

-Claro.
-¿Llamas a un taxi? -Yulia miró a sus pies- me gustaría poder llevarte en automóvil, pero con mi cita…
-Has hecho más que suficiente para mí -contesto. Tentativamente, puso su mano sobre el brazo de la pelinegra. El simple toque envió disparos de deseo por su cuerpo para reunirse entre sus piernas. Sorprendida, se apartó- en serio. Gracias. Un taxi es una buena idea.

Yulia levantó la vista y la miró, luego dio un paso atrás.

-Te voy a dejar que te cambies. Y hacer la llamada.

Sacudida por la forma en que su cuerpo y los pensamientos ya no parecían en su control, Elena asintió y cerró rápidamente la puerta del baño. Arrojó la camisa en el mostrador, y luego se quitó la parte superior rota. Tomando una respiración profunda, se miró en el espejo. La imagen patética de sí misma, asustada y medio desnuda y sangrando, la hizo que finalmente se desmoronara y rompiera a llorar.

Capítulo Cuatro

Con el corazón acelerado, Yulia se regresó del cuarto de baño y trató de ignorar el dolor, la tristeza y el deseo persistente que emanaba de detrás de la puerta cerrada. Ella siempre había sido sensible a las emociones humanas, pero nunca había experimentado una profunda conexión empática con nadie. Ni siquiera con su primer amor, Carla. Algo acerca de Elena, literalmente la llamaba, una fuerza que había salvado casi con toda seguridad a Elena de un terrible destino.

Yulia había recibido primero una poderosa ola de miedo. Acababa de colgar el teléfono público después de dejar una denuncia anónima sobre el cuerpo en el parque, y la transmisión la echó un paso atrás cuando el terror se apoderó de su intestino. Por un momento se había preocupado que estuviera, finalmente, perdiendo. Los años de guardar secretos, de preocuparse de lo que su bestia, era capaz de hacer, se derrumbó a su alrededor. Justo en el medio de una resaca lunar. En público. Mientras trataba de recuperar el aliento contra el aumento de pánico, se concentró en mantener el control y en su forma humana. Las emociones fuertes la habían disparado una vez a cambiar, un momento aterrador que no quería volver a repetir.

A continuación, su percepción del miedo había cambiado. Aunque Yulia experimentó con cada pedacito de si misma, ella no era la fuente. La fuente, se dio cuenta, estaba en el Parque Chistye Prudy. Y ella tuvo que ir a ver. No tuvo otra opción.

Había corrido en el parque, siguiendo ese miedo con una exactitud que nunca dudó, se dio cuenta que si alguien había descubierto el cadáver, podría causar que sintiera este terror intenso. Sin embargo, debería haber encendido un breve arranque, el alma desgarrada de terror que rodó a través de ella en olas. Pero era posible que la mujer que había asesinado hubiera sido encontrada. Tal vez no era una buena idea correr para ayudar.

La posibilidad no la había dejado. Tenía que encontrar la fuente del miedo. Nada más importaba. Sabiendo que se iba acercando, se había reducido el tiempo suficiente para estudiar su entorno. Sin encontrar a nadie al alcance de la vista, se quitó la ropa y, aún en movimiento, cambió a un lobo. Ese fue su aspecto para adentrarse y esperando intimidar lo suficiente para repeler una amenaza. Sin saber lo que iba a encontrar, quería cubrirse lo máximo a su favor.

Tan pronto como había visto a ese hombre encima de Elena, usando brutalmente un cuchillo de apariencia afilada para jugar con ella, había conocido que el cambio fue la decisión correcta. Había roto la regla de oro sin pensar, pero cuando ayudó a Elena a interrumpir el golpe el la zona del pecho, no tenía excusas. Bueno, excepto que Elena estaba casi tan temerosa de su lobo, como había sido del atacante.

Ahora que tenía un momento de tranquilidad en la seguridad de su apartamento, Yulia revisó su lucha con el hombre. Había tenido miedo del lobo, también. Se podía oler en él. A pesar que su temor era fuerte, su ira por haber sido interrumpido fue mucho más potente. Ella no quería imaginar los planes que le había arruinado.

Ella no había querido dejar al atacante de Elena irse, había ansiado perseguirlo, para hacerle pagar de alguna manera. Pero el estado turbulento emocional de Elena la retuvo. La mujer se había salvado, quien la había llamado, estaba a punto de desmoronarse. Así que Yulia se había escabullido entre los árboles, encontró su ropa y se vistió para que pudiera correr hacia atrás y cuidar de Elena como un ser humano.

Ahora se preguntaba si esa hubiera sido la decisión correcta.

Elena era peligrosa, no había duda. No sólo porque era hermosa, era la primera mujer en años de la que Yulia no pudo controlar su atracción, pero también a causa de su profesión. Era prácticamente un policía y, probablemente, sería la que examinara a la mujer muerta del parque, tal vez tan pronto como el día de hoy. La disección de la obra de Yulia, iba a tratar de desentrañar cómo un animal de ese tamaño se había abierto camino en el Parque Chistye Prudy.

Yulia se estremeció. Más que ser descubierta, odiaba imaginar a Elena viéndola como sólo otro asesino. Ella había conocido a la mujer por sólo veinte traumáticos minutos, pero ya se preocupaba por lo que Elena pensaría.

Esto fue exactamente por lo que había renunciado al sexo: demasiada conexión emocional. Sin embargo, con Elena, el sexo no era necesario. Elena ya se sentía extrañamente unida a ella.

Yulia se dio la vuelta al sonido de la apertura de la puerta del baño. Elena estaba ahí con su camisa y gafas, haciendo una muy buena impresión de alguien que no se sostiene por un hilo muy delgado. Puso una expresión amable y trató de mantener la calma. Ella sintió que su vínculo de empatía era una calle de doble sentido, que haría sentirse extraño a alguien no acostumbrado a lo sobrenatural. La mejor decisión para su interés era probablemente controlar sus emociones, en el caso de Elena residía mucho tiempo en la idea de que Yulia era de alguna manera diferente de otras mujeres; la pelinegra se centró.

Tomando una respiración profunda, hablo.

-¿Te sientes mejor?
-Mucho -Elena cerró la distancia entre ellas y le devolvió su teléfono celular- El taxi estará aquí aproximadamente en cinco minutos.

El alivio inundó a la pelinegra, luego sintió culpa. Se sintió aliviada de que Elena habría desaparecido antes que Nina regresara a recoger la otra mitad de su dinero y la culpa de la que tenía que preocuparse de aquella situación potencialmente incomodaba del todo.

Elena dio un respingo.

-Yo... tengo que sentarme.
-Por supuesto -la llevó al sofá y se sentó en el brazo; con el dilema de quedarse cerca o mantener una distancia segura. Esto confirmó la sospecha de la pelinegra. Elena no se limitó a transmitir la emoción, ella la recibió y estaba en sintonía con Yulia. Por la expresión perpleja de Elena, supuso que no tenía idea de lo que estaba sucediendo. Eso fue lo mejor. La pelinegra redobló sus esfuerzos por mantenerse neutral.

-¿Dijiste que estabas planeando presentar una denuncia policial? -Yulia se maravilló de la manera en que Elena mantuvo su rostro estoico, incluso cuando emitió una ola de vergüenza- ¿Es eso correcto?
-Yo no creo que tenga mucha elección -Elena miró hacia otro lado- Mi ex es detective. No me dejaría en paz si no presento una denuncia sobre esto.
-Bueno, tiene razón -Yulia habló de lo que esperaba fuera una reconfortante voz. Recordó el temor de Elena cuando habló de que su atacante tenía su bolso. A ella no le gustaba ese hecho, tampoco- Todo estará bien. Lo van a encontrar.

Elena sacudió la cabeza y se encogió de hombros como si fuera una idea agradable, pero es poco probable. Ella tenía razón.

-Bueno, eso espero. Desafortunadamente, no estoy segura de que tengan mucho de mí para seguir adelante. Lo más probable es que van a tener que esperar hasta que lo intente de nuevo. Esperemos que la próxima mujer tenga la misma suerte que yo.

La mandíbula de la pelinegra se apretó cuando rememoró lo que podría haber encontrado si hubiera llegado a la escena pocos minutos después.

-Sí, esperemos.
-Me alegro de que me escucharas -levantó los ojos y se encontró con que Yulia la mirada tímidamente- Tenía tanto miedo de hacerlo enfadar, no creo haber llamado en voz lo suficientemente alta como para llamar la atención. Es un milagro que estuvieras tan cerca.

Yulia no había estado muy cerca en absoluto. Había necesitado tres minutos corriendo antes de llegar a Elena. Pero asintió con la cabeza de todos modos.

-Decidí dar un paseo esta mañana.
-No puedo decir lo mismo. Pero me alegro de que te conociera. -miró a Elena sorprendida cuando las palabras salieron de su boca, y sintió vergüenza como un cuchillo en el estómago.
-Yo también -el teléfono celular sonó en la mano de la pelinegra y lo tomó sin romper el contacto visual. Tras un momento colgó el teléfono- Tu taxi está afuera.

Elena asintió con la cabeza.

-Bueno... gracias de nuevo.
-De nada -la pelinegra resistió a la tentación de estrecharla en otro abrazo. Cual desconcertante fue detectar el estado de ánimo de Elena de forma tan aguda, nada se había sentido tan bien como la posesión de esta hermosa pelirroja en sus brazos- Estás segura.
-Lo estoy -acompañó a Elena a la puerta principal, luego se detuvo con la mano en el pomo- ¿Tal vez voy a verte otra vez?

No sería prudente, pero Yulia quería nada más que decir sí. Forzando una sonrisa casual, respondió.

-Quizás.

La felicidad de la patóloga se apoderó de ella, y no tuvo que esforzarse para mantener la sonrisa.

-Muy bien, entonces. Adiós.

Yulia estaba en la puerta principal abierta y vio a Elena caminar hasta el taxi, no le permitió sentir la desilusión de saber que verla otra vez no era una buena idea, o la preocupación por su seguridad. No era justo para ella cargar con cualquiera de las turbulencias que se agitaba en su estómago. A medida que el conductor del taxi se alejaba de la acera, Elena le dio un hondo último adiós, qué la pelinegra devolvió cortésmente. Una vez que estaba fuera de su vista, ingreso en su casa y cerró la puerta.

Yulia ya la extrañaba.
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Vie Oct 24, 2014 9:00 pm

Capítulo Cinco


El no debería tenerla. Ese fue el primer error de Kirill. Cuando él había llegado con el plan, la idea había sido dejar el parque inmediatamente después de haber hecho la matanza. Alejarse, no perder el tiempo como un mirón. Y, ciertamente, no terminar como fondo de las fotografías de la escena del crimen. The Killers quedó atrapado de esa manera, y se negó a permitir que nadie lo detenga. Eso es lo que el juego estaba a punto: de decirle al mundo, pero especialmente a la Dra. Elena Katina, que podía hacer lo que quisiera, a quien él quería.

Todo lo que tenía que hacer era seguir el plan. Ser lógico. Mantener la calma.

Hoy, en su primer asesinato, que él tenía por completado fracasó estrepitosamente. Cuando Kirill había resistido su ofrenda y se quitó la sudadera con sangre y los guantes que quemaría antes de que se fuera a casa, un oscuro deseo se apoderó de él. La Dra. Elena Katina comenzaría a pasear por la mañana en apenas media hora. La zona del asesinato estaba bastante lejana de su ruta habitual pero podría llegar a esa área del parque en unos treinta minutos, aunque sólo sea para tomar un vistazo.

Se había dicho que es todo lo que quería. Un vistazo.

Él había ardido por ver a Elena pasear por el parque sin saber lo que acababa de ocurrir, sin tener idea que estaba observando desde atrás de un árbol. ¿Se asustaría más tarde al saber de su cercanía a la hora y el lugar del crimen? ¿Se enfadaría? ¿Más decidida a atraparlo a él?

El pensamiento lo enciende. Abandonar a la doctora Elena el cuerpo de una mujer quién podría haber sido muy fácilmente ella misma, tener el conocimiento de un terrible destino tan cerca del lugar por donde caminaba todas las mañanas, era un golpe maestro. Un magnífico gesto de un asesino que no permitiría que la ciencia o la psicología fuera más astuta que él. Kirill amaba los grandes gestos. Probablemente fue una parte de su plan que era imperfecto. ¿Pero cuál era el punto de mostrar al mundo que podía hacer lo que quería si no quieres hacer algo grande?

Y ¿cuál fue el punto de poner en entredicho alguien si tenían miedo de estar cerca de ellos?

Ese pensamiento le hizo desviarse del plan. Él podría hacer todo lo que quisiera, y lo que había querido entonces debía ver a Elena una última vez antes que su juego realmente comenzara. Durante las semanas que pasó aprendiendo su rutina, la había visto desde la distancia, fascinado. Tenían una conexión ahora. Y él quería experimentar un último momento antes de que ella se convirtiera en su adversaria.

En un primer momento se dijo que sólo quería un rápido vistazo para satisfacer su curiosidad. Para tomar una instantánea mental, algo para recordar más tarde. No una gran cosa, desde luego, nada que pusiera en peligro su juego.

Ese había sido el nuevo plan hasta el momento en que la vio.

En lugar de satisfacción, sintió rabia. Excitación. Entusiasmo.

Ella pensaba que era tan inteligente. ¿Por qué? ¿Porque ayudó a atrapar a un asesino en serie? Ivan Dietrich había sido un aficionado, una vergüenza. Él era una chapuza, y por eso ella había descubierto sus patrones.

No como Kirill. Nadie lo detendría, y menos la Dra. Elena Katina.

No recordaba conscientemente la decisión de atacarla. Un momento en que estaba de cuclillas detrás del árbol, entonces al siguiente, él tiraba de su pasamontañas y en movimiento para interceptarla. Cuando echó hacia atrás el puño y le dio un puñetazo en el rostro, realmente se sorprendió a sí mismo. Ese no había sido el plan, y sin embargo allí estaba él, improvisando.

De vuelta en su apartamento, Kirill hizo una mueca y se tocó el brazo, donde los dientes del lobo habían perforado la piel. Improvisar. Ese fue exactamente el tipo de movimiento idiota para que lo atrapen. Precisamente el tipo de paso en falso que siempre criticó a tipos como Ivan Dietrich por hacerlo.

Sin embargo, al ver el miedo en sus ojos le había encantado. Era la más deliciosa emoción que había presenciado jamás. Sin duda lo mejor que jamás había causado. No sólo era un adversario digno, pero nadie le había dado nunca tal suculento terror puro antes.

Él quería experimentarlo de nuevo.

Eso fue un problema. A pesar de que había estado furioso por el lobo en un principio, ahora que estaba en casa de forma segura, se preguntó si la interrupción había sido una señal de que había ido demasiado lejos, que se estaba apartando de su meticulosamente elaborado plan. Tal vez el universo estaba tratando de protegerle de sus propios impulsos y mantenerlo en el camino correcto.

¿Cómo explicar algo tan extraño como un m.a.l.d.i.t.o lobo en el Parque Chistye Prudy?

Era demasiado tarde para cambiar lo que había hecho. Ahora sólo podía esperar y ver cómo sus acciones afectarían al plan. Había agarrado el bolso mientras huía de la escena, no porque necesitaba algo de dentro de el sino porque él esperaba que ella pudiera imaginar su asalto como un simple atraco siendo realistas, él sabía que la amenaza de follarla y hacerla gritar había probablemente negado cualquier paso que pudo haber tomado para hacer lucir su motivo como robo. El robo de su bolso tenía una doble función, sin embargo, no sólo podría esto introducir la duda sobre sus motivos, pero esto también la afectaría mas adelante. Asustándola.

A Kirill le gustó mucho la idea.

Para estar seguro, lo había arrojado a un cubo de basura en el borde del Parque. No hay manera que lo uniese a ella. Él no mantuvo trofeos. En un día en que se había roto tantas reglas, él permaneció firme sobre la estupidez de mantener trofeos. Si la policía descubriera evidencias en su casa; seria como prácticamente confesar y Kirill no quería buscar notoriedad como asesino en serie capturado. Él prefiere un aire de misticismo, como el asesino del zodíaco.

Kirill suspiró y tomó el libro de su mesa de café. Escucha a los muertos: la ciencia forense y los asesinatos en serie de Ivan Dietrich. Por la Dra. Elena Katina.Pasó a la primera página, listo para darle una nueva lectura.

El libro era su Biblia, su plan. Era su arma secreta en la batalla para ser más astuto que Elena Katina.

Y, según él, le ayudaría a olvidarse de lo mucho que había disfrutado del trazado de su cuchillo sobre su piel desnuda, lo mucho que quería hacerlo de nuevo.

Ella era su oponente, no su víctima.

Por lo menos no todavía.

Capítulo Seis


Elena sabía que estaba en problemas en el momento que entró en el depósito de cadáveres. La detective Katya Bodarenko estaba mirando por encima del hombro del Dr. Josef Pudovkin mientras examinaba un nuevo cadáver, un mal hábito que le había hecho siempre poner a Josef nervioso. Katya miró como Lena entraba en el cuarto, los ojos pasaron de preocupados a enojados en un milisegundo. Instantáneamente la detective corrió a su lado.

-¿Qué pasó? -antes de que Elena pudiera reaccionar, Katya le tomó el rostro entre sus manos. Lena miró hacia otro lado cuando la detective examinó sus lesiones, tratando de ignorar que reconfortante encontró el toque familiar de sus dedos- Josef dijo que estabas llegando tarde. Él no me dijo acerca de esto.
-Eso es porque no lo sabía -respondió Josef desde detrás de la detective. Él hizo a un lado la lupa que había estado buscando y se acercó al lado de la detective, con genuina compasión en sus ojos- ¿Ocurrió esto en Chistye Prudy?

Cuando Lena llamó sólo le había dicho a Josef que llegaría tarde y estaría antes del mediodía. Él no había preguntado nada más, pero es evidente que lamentaba la omisión ahora. Elena quería parecer mucho más tranquila de lo que se sentía.

-Estoy bien…
-¿Estás bien? -Katya bajó la mano a la barbilla de Lena, suavemente girándola para hacer encontrarse sus ojos- Esto no está bien. ¿Quién te hizo esto?
-Un hombre me atacó en el parque esta mañana.
-¿Te atacaron? -el pánico y la angustia en los ojos de la detective la golpeó en el estómago, un recordatorio visceral del amor que le angustiaba ver allí todos los días- ¿Qué hizo?

Sonrojándose, Lena dio un paso atrás y ajustó sus gafas. Ella leyó la pregunta tácita en los ojos de Katya y sacudió la cabeza.

-No es eso.
-¿Así que fue un robo?
-Él tomó mi bolso -respondió, tratando de ignorar la expresión de alarma que Katya no reprimió- pero yo no sé si ese era su motivo.
-¿Qué quieres decir?
-Él... -luchaba por volver a esos momentos terribles- Él me amenazó con un cuchillo cuando me tenía en el suelo. Él actuaba como si estuviera intentando hacer salir mi miedo.

La detective tragó y el color parecía escurrirse de su rostro.

-Josef acaba de examinar un cuerpo que se encontró en el Parque Chistye Prudy esta mañana. Parece que fue asesinada con un cuchillo.

Por segunda vez ese día, el tiempo parecía más lento que una tortuga en torno a Elena. Ella tendió la mano, con la esperanza de encontrar algo donde apoyarse antes de que sus piernas dejaran de funcionar. Katya llego a su lado y la condujo al mostrador que sostenía sus instrumentos forenses. Lena miró a su retractor favorito y se obligó a calmarse. Eso no significa necesariamente nada. El asesinato de la víctima y su propio ataque podría ser fácilmente hechos aislados. Estaba realmente dentro de lo posible, la navaja de Occam por la que fue condenado.

-Puede que no sea el mismo tipo -la voz de la detective había pasado de regaños a tranquilizar. Ella siempre había sido buena para saber cuando no empujar- pero definitivamente quiero una declaración tuya. Puede ser útil.
-Por supuesto -dijo. Tomando una respiración profunda, se enderezó y se apartó del mostrador. Se acercó a la mesa de examen rápidamente, no permitiéndose vacilar a la vista de la mujer muerta por heridas violentas.

Múltiples cortes y pinchazos producidos en todo el torso y la cara; lo que significa no cabía duda de los aterradores y dolorosos últimos momentos. Dos feroces cortes en el cuello, lo más probable sea la causa real de muerte.

Podría haber sido ella en esa mesa. ¿Podrían Josef y Katya haber logrado ponerse a examinar ellos mismos su cadáver mutilado?

Katya le tocó la espalda.

-Tal vez deberías tomarte el resto del día libre. Nadie te culparía.

Lena se encogió de hombros lejos de la mano de la detective.

-No seas ridícula. Estoy bien.

Katya la agarró del codo y la acompañó hasta la esquina de la habitación; fuera del alcance del oído de Josef. Para alivio de Lena, dio un paso atrás con el cadáver y continuó su examen. Al menos uno de ellos podría proceder normalmente.

-Lena, no fingiré que no hay una posibilidad que tu atacante sea también nuestro asesino. Después de lo que pasó esta mañana... -la barbilla le tembló y Lena al instante apretó su mandíbula- tienes que cuidar de ti misma. Mirando el cuerpo de esa mujer no te ayudará en estos momentos.
-Claro que sí -el trabajo siempre la ha ayudado. Necesitaba distanciar a la víctima de su propia experiencia, incluso si había conocido al mismo hombre en el parque antes- tengo que hacer algo, Kat. No puedo ir a casa todavía.

La detective asintió de mala gana. Y hablo.

-¿Cómo escapaste?

Elena maldijo su piel justo cuando sintió que sus mejillas enrojecían. Sabía que su historia era un poco increíble y no quiso buscar otra cosa mas que confianza para lo que iba ha decir.

-Un lobo.
-¿Cómo dices?
-Yo no lo sé. Mis gafas se rompieron, pero se veía como un lobo .Tal vez fue un perro. De todos modos, atacó al hombre y lo lanzó lejos de mí. Luego le mordió el brazo y el tipo se escapó.

Katya tragó, mirando como si estuviera enferma.

-Eso es... suerte.
-Lo sé -Elena se estremeció en su memoria por el peso del hombre sobre ella- Yo no sé qué habría hecho si no hubiera aparecido.
-Personalmente, espero que se trataba de un perro -hizo una mueca- Es más fácil para Control de Animales tratar con ellos.
-Podría haber sido, supongo. -se tocó la sien, haciendo una mueca de dolor en la palpitación- Eso tendría más sentido.
-No estoy diciendo que estás equivocada. Incluso en esa situación, estoy segura sabrías la diferencia entre un lobo y un perro.
-Tal vez fue un mala mute. O un lobo híbrido.
-¿Crees que es lo que podría haber matado a nuestra víctima?

Lena sacudió la cabeza.

-No, ella fue apuñalada. Con un cuchillo.
-Me lo figuraba -dijo la detective- Pero pensé que no estaría de más preguntar.
-Además, este lobo fue... -Lena se detuvo, sin saber cómo explicar la forma en que el lobo había sólo parecido interesado en ahuyentar a su atacante- no era agresivo. Al menos no para mí. Saltó sobre el hombre que me hiere, luego lo dejó tan pronto como yo estaba a salvo.

La detective miró fijamente el rostro de la patóloga, probablemente tratando de decidir si su historia era creíble u ocasionada por el trauma. Fue una mirada de policía, Lena la había visto muchas veces.

-¿Por qué no me llamaste? Habría ido a recogerte. Te hubiera llevado a conseguir gafas nuevas.

Había pensado llamarla por sólo un momento. Entonces había decidido que era una cuesta resbaladiza atrás a los brazos de Katya, y era mejor no caer en viejos hábitos.

-Yo no soy más tu responsabilidad ¿Te acuerdas?

El dolor cruzó por los ojos de la detective, y la doctora no pudo decidir la forma en que le hizo sentir. Una pequeña, mezquina parte de ella era feliz. Después de todo Katya la había lastimado peor que alguien alguna vez lo hizo. Pero, la parte de ella que, sin embargo, amaba a Kat retrocedió ante sus palabras impetuosas. No importa lo mal que Katya había arruinado su relación romántica, siempre había estado allí para Elena como una amiga.

-Lo siento -se disculpo con sinceridad Lena- Una mujer en el parque me ayudó a limpiarme y me dejó usar su teléfono. Pensé que debería hablar contigo una vez que llegara a trabajar.

La detective cruzó los brazos sobre el pecho, pareciendo pequeña y triste.

-Ya sabes, a pesar de que no estamos juntas, todavía me importas. Profundamente. Quiero estar allí para ti cuando me necesites, Lena.

Elena mordió de nuevo el primer comentario que le vino a la mente.

-Te necesité el año pasado cuando me engañaste. Necesitaba que me necesitaras, y no lo hiciste… -En lugar de eso dijo- Te lo agradezco.
-¿Cuando vas a hablar con la policía?
-Pensé que lo acabo de hacer.

Katya rozó la parte posterior de los dedos por la mejilla de Elena.

-Para dar una declaración oficial, quiero decir.
-Pronto, supongo. Tal vez podrías venir conmigo.

La garganta de Katya se tensó y sus ojos se llenaron de emoción.

-Claro.
-Gracias. -la doctora se alejó rápidamente. Ella era demasiado frágil para hacer frente a todo lo que Kat dejaba tácito- Eres una buena amiga.

Lena no sabía qué hacer con su amistad en estos días. Al principio de la ruptura, las cosas entre ellas habían sido realmente frías. Estaba avergonzada y enojada por la traición de Katya, y la culpabilidad hizo a la detective irascible y difícil de estar a su alrededor. Tener que seguir viéndose una a la otra profesionalmente había sido un verdadero reto, y más de una vez Elena había puesto en duda si su permanencia en Moscu estaba bien para su propia salud mental. Pero hace unos seis meses, se despertó una mañana dispuesta a dejar ir las cosas. Poco después de eso, la actitud de Katya había cambiado.

Sus conversaciones se había convertido en menos formal, y sus interacciones se habían convertido en caliente de nuevo. Ahora que casi parecía como si algo del viejo amor había regresado a los ojos de su ex. Lena hizo todo lo posible para no verlo. Ella había perdonado a Kat, pero se negó a ser atraída de nuevo por el mismo encanto aquel que la detective había ejercido para seducir a otras mujeres mientras ellas estaban juntas.

-Lena…
-Déjenme echar otra mirada a la víctima antes de irnos ¿Vale? -la patóloga se acercó a la mesa de examen, asintiendo lacónicamente a Josef con mirada comprensiva. Se encauzó, todas las actividades. Esa es la gran cosa sobre él. Entendió que el trabajo era la terapia para ella y siempre le permitió perderse en ello.

-¿Qué tenemos, Dr. Pudovkin?
-La víctima es de unos treinta años. Ella ha muerto alrededor de las seis horas. Presenta heridas múltiples y cortes poco profundos, de hoja de doble filo -Él inclinó la cabeza y estudió su rostro- parece que murió a causa de los cortes en la garganta, aunque no hay evidencia de petequias en la cara y los párpados.

La patóloga evaluó las hemorragias puntiformes que empañó la piel de la mujer, luego echó un vistazo a lo que quedaba de su garganta para confirmar la aparición de moretones.

-Entonces ella fue estrangulada así como apuñalada.
-Sí -dudó Josef, luego dijo- El asesino estaba encima de ella cuando él la asfixió. Dos manos alrededor de su cuello.

Elena tocó su propia garganta donde su atacante había clavado sus pulgares, lo que restringió la respiración. Ella tenía un destello aterrador en la memoria, de ser incapaz de respirar, pensando que estaba a punto de morir. Katya suavemente le frotó la espalda, trayéndola al presente. Elena dejó caer su mano y tomó una respiración profunda.

-No se encontró ninguna identificación en el cuerpo -informo la detective- Nosotros no sabemos quién es. Su cuerpo fue abandonado en una zona boscosa del parque, muy aislado. Dudo que la hubiéramos encontrado si no hubiera sido por la llamada anónima.

Lena se alejó de la detective, fingiendo estudiar las heridas de puñalada. Trató de recordar el cuchillo de su atacante que había usado para cortar su pecho, pero sabía que no sería capaz de determinar si había sido el arma del crimen. Los detalles eran demasiado difusos.

-¿Alguien informó del cuerpo?
-Una mujer -Katya caminaba hacia el otro lado de la mesa para que ella pudiera encontrarse con la mirada de Elena- Ella no dio su nombre. Dijo que estaba dando su carrera matutina cuando encontró el cuerpo.

Escuchando el escepticismo de la detective, Lena pregunto.

-¿No lo crees?
-Esa es una ruta de jogging muy aislada para que una mujer lo haga a las seis y media de la mañana. Ella está mintiendo o es tonta de no creer.

Elena se puso tensa. Katya no fue directamente a su reprensión por haber elegido pasear por el Chistye Prudy sola, pero su voz sostuvo un matiz definido de juicio. Agradecida por el recordatorio de que Kat no era su caballero de brillante armadura, Elena volvió a Josef.

-¿Cualquier evidencia de asalto sexual?

Él negó con la cabeza.

-No. Ella fue encontrada desnuda, pero sin fluidos corporales o pruebas de penetración.
-Está bien. -Lena caminó hacia el mostrador para recoger su bolso, entonces recordó que ya no lo tenía. Sintiéndose desnuda, tiró del dobladillo de su camisa y tomó prestado un momento para serenarse- Inicia con el cabello recogido y las pruebas de fibra. Me voy a ir a hablar con la policía, y voy a estar de vuelta tan pronto como pueda -buscando a Katya, dijo- Vamos a terminar esta parte.

Asintiendo con la cabeza, la detective tentativamente se acercó a ella.

-Lena, lo que he dicho antes, sobre el informante…
-No te preocupes por eso, detective Bodarenko -puso su mejor esfuerzo en poner una expresión neutra, ignorando la forma en que Kat se estremeció ante la formalidad- entiendo.

Katya la dejó salir por la puerta del laboratorio sin hacer comentarios, pero tan pronto como estaban en el pasillo, agarró el brazo de Elena y tiró de ella para detenerla. Sacudida por el contacto inesperado, la doctora se apartó bruscamente.

La detective levantó las manos y dio un paso atrás.

-Lo siento.
-No, yo lo siento -exhaló. Tenía que controlarse. Si quería hacer creer a Kat que estaba bien, tenía que hacer el papel- Estoy todavía un poco sacudida.
-Es comprensible -la detective le dio una mueca arrepentida, agachando la cabeza- Quiero decir que lo siento si te molesté ahí. Sé que solía discutir acerca de tus paseos, pero yo no quiero que pienses…
-Yo no lo hago.
-No fue culpa tuya, Lena. Y me alegro de que estés bien. Ni una vez pasó por mi mente decir, ya lo decía yo o cualquier **** como esa -Kat tiró de un mechón rebelde de su pelo, un gesto nervioso que Lena conocía bien- Te lo prometo.

A pesar de que las promesas de Katya habían dejado de significar algo hace muchísimos meses atrás, Elena le tomó la mano y la apretó suavemente. La soltó después de un solo batir.

-Gracias.
-Debes quedarte en mi casa esta noche -era evidente por la lectura de su reacción que lo sugiriera, entonces Kat dijo- Voy a dormir en el sofá. Totalmente inocente. Yo sólo...no creo que debieras estar sola.

Al calor de la oferta, y más tentada de lo que ella quería admitir, Lena sacudió la cabeza.

-Gracias, pero estoy bien. En serio.
-¿Estás segura?

-Mantente fuerte. -Ella se encontró repitiéndose este mantra en torno a Kat- Mantente fuerte, y haga lo que haga, no le digas que sí.- Estoy segura. Si necesito algo, te llamo.
-Está bien -frunció el ceño- Pero no me gusta.
-Tomo nota. -empujando a un lado sus sentimientos en conflicto, por el momento, la doctora hizo un gesto hacia el pasillo- ¿Vamos a ir a la estación?

Para su alivio, Katya se volvió y abrió el camino.

Capítulo Siete



Yulia no podía concentrarse. Salvó los cambios que había hecho al logotipo de la empresa que estaba diseñando, cerró PhotoShop y luego su computadora. Su plazo era de tres días, pero ella no estaba de humor para seguir fingiendo que pudiera progresar. En este momento, el trabajo era la última cosa en su mente. Negándose a darse un momento de paz, las imágenes del cuerpo en el parque llenó sus pensamientos, junto con la preocupación por la extraña mirada que Nina le había dado esa mañana cuando ella volvió para encontrarla desatada y esperando con el resto de su dinero en la puerta principal. Pero sobre todo, los pensamientos de Elena la distrajeron.

Fiel a su palabra Elena había llamado a la pelinegra a las ocho de la noche antes de hacer el check in, aterrorizada de dejar que las cosas aumentan entre ellas, Yulia había dejado a la llamada ir al buzón de voz. Y lo había lamentado cada minuto desde entonces. Durante quince años había creído que ella simplemente no estaba destinada a estar con nadie, pero la patóloga era sin duda diferente. Tenían una conexión, y Yulia estaba casi segura que fue en ambos sentidos. ¿Sería posible para Elena aceptarla por lo que era, o es que se representaba sin duda, otro desengaño?

No podía saberlo sin permitir a Elena entrar en su vida. Y eso era la única cosa que ella no estaba segura de poder hacer.

Tratando de no pensar en lo mucho que deseaba devolver la llamada, la pelinegra se preguntaba en cambio, sobre el hombre del pasamontañas. ¿Qué había querido? A juzgar por la forma en que no había tratado de eliminar la ropa pasado el desgarro de la camisa de Elena, parecía poco probable que tuviera la intención de violarla. Si lo hubiera hecho, Yulia habría esperado que estuviera trabajando activamente hacia esa meta cuando vino sobre ellos. Pero se había centrado en el seguimiento de su cuchillo sobre el pecho de Elena, viendo su cara. Era evidente que el temor de su victima lo excitaba.

A pesar de que había tomado el bolso de la patóloga, probablemente no tenía la intención de robarla tampoco. El tiempo que había pasado, obviamente con ella en el suelo sugiere que su interés había sido Elena, no su bolso. Él le había recordado a Yulia a un depredador a la caza, y no podía dejar de preocuparse de que su objetivo final había sido un asesinato.

Tal vez ella no había matado a la mujer en el parque. ¿Y si el atacante de Elena lo hizo?

El pensamiento apareció en zigzag, un alivio momentáneo, luego preocupación. En tanto ella no quería creer que era capaz de asesinar a alguien, si que el hombre fue el responsable de la mujer muerta, un asesino había atacado a Elena. Y él sabía dónde vivía.

Yulia se apartó de su escritorio y se levantó. Más que veinticuatro horas habían pasado desde el ataque, pero el tiempo había sido típico de Moscu: fresco y húmedo. Sin duda, su olor todavía estaría allí. No hacer nada no era una opción, así que ella se acercó a su ventana y la abrió ligeramente. Entonces se apartó las cortinas para desvestirse.

Si fuera inteligente, iba a tratar de olvidarse de la patóloga y seguir adelante con su vida. Sobre todo si no había matado a esa pobre mujer en el parque. Todavía podía volver a sumergirse desapercibida entre las sombras, no obstante llamó a la policía. Ella ya había roto sus reglas una vez por Elena, el cambio a la forma de lobo en público. Si ella quería mantener su secreto, necesitaba no hacer de ello un hábito. Simplemente tener algo que ver con Elena violaría su última regla: Las relaciones llevan a la angustia y el dolor, por lo que hay que evitarlas a toda costa, las románticas, en particular.

Una relación con Elena se haría rápidamente romántica. La conexión entre ellas fue intensa, y esa fuerza seguramente tire de ellas juntas físicamente. Yulia no tendría la fuerza para resistirse. Y Elena no se daría cuenta de que debería hacerlo.

Entonces, ¿qué? ¿Cómo le explicaría a Elena por qué siempre desaparecía el día antes de la luna llena, sólo para regresar al día siguiente? Una amante quiere saber esas cosas. Por eso Yulia jamás dejó a sí misma involucrarse.

Pero ella ya estaba involucrada, le gustara o no. Incluso ahora, podía sentir el más leve zumbido de la emoción de la pelirroja en el borde de su conciencia. Trató de no sintonizar con él, no la quería dentro de su cabeza, pero la transmisión fue persistente. También era débil, lo que hizo a Yulia querer centrarse en ella aún más para saber que Elena estaba bien.

-M.a.l.d.i.t.a sea -la pelinegra se sacó la ropa interior y la arrojó sobre el sofá con el resto de su ropa. Echó un vistazo a la ventana, preparando sus nervios antes de romper otra regla- ¿Qué me estás haciendo, Elena?

Quería ver si podía seguir el rastro del hombre a través del Parque Chistye Prudy después de dejar la escena del ataque. No tenía un plan. Lo más probable era que seguiría su aroma hasta el borde del parque sólo para perderlo en la calle o en una parada de tranvía, pero tenía que intentarlo. Incluso se las arregló para no ponerse en contacto con Elena de nuevo, ella quería hacer todo lo posible para protegerla. Este era el único lugar que conocía para empezar.

Tomando una respiración profunda, la pelinegra pasó a un gorrión. Nada llamativo. Salir de su apartamento como un pájaro parecía lo más fácil, la ventana abierta le permitía entrar y salir sin ser detectada. Una vez en el parque, iba a encontrar un área aislada y cambiar a un perro para hacer su seguimiento. Para ser honesta, ese cambio no pudo llegar lo suficientemente pronto. No le gustaba volar.

Sin embargo, cuando se disparó por la ventana y sobre la calle, una poderosa oleada de euforia le pegó. Pasó tanto tiempo odiando el equipaje de su capacidad, una noche al mes cuando perdía el control de la misma por completo, que rara vez se permitió disfrutar de las maravillosas, inofensivas cosas que podía hacer. Ser capaz de experimentar la naturaleza, no ser humano tenía sus ventajas. Lástima que tuviera un precio.

Rápidamente se encontró en el lugar donde Elena había sido atacada y, con una rápida mirada alrededor, se abalanzó a tierra desde el tronco de un gran árbol. Después de no haber visto a nadie al alcance de su vista, inmediatamente cambió a una forma familiar: un perro de caza, con el mejor olfato posible a su disposición. Ella bajó la cabeza hasta el suelo y lo olfateo.

Así como había sospechado, el olor del hombre todavía pesaba en la húmeda sombra de los árboles. Tomó una buena bocanada y curvó sus labios por instinto, entonces enseñó los dientes en un gruñido. La piel en la espalda se levantó e hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo. Si el mal tenía un olor, éste lo era.

Yulia hizo que su nariz la llevará a través de los árboles cerca de donde había rescatado a Elena. Había visto al hombre tropezar lejos en la dirección que la esencia la llevaba, así que estaba en el camino correcto. El olor se mantuvo pasado a lo largo hacia el punto fuerte donde el hombre había desaparecido de la vista de la pelinegra, serpenteando a través de los árboles hacia el borde opuesto del parque. Ella trotaba tras él, sólo necesitó ir más despacio y realmente empezar a poner atención al llegar a la acera en el borde del parque.

El rastro la llevó a un cubo de la basura metálico en la esquina del bloque. La esencia del hombre estaba por todas partes, junto con alguna otra cosa. El débil, dulce olor de la pelirroja. Yulia se levantó en el cubo, colocando sus patas delanteras en la apertura y tomó una buena bocanada. Como ser humano, habría encontrado el olor de la basura podrida. Pero como un perro, bueno, entendió el encanto. En la sobrecarga sensorial, tuvo que tomar unas aspiraciones largas para resolver el vertiginoso despliegue de los olores.

Ella definitivamente había detectado un indicio de Elena. Su bolso. Pero también recogió lo obvio: El cubo de basura había sido vaciado en algún momento recientemente, por lo que el bolso de la pelirroja ya se había ido. Sólo una huella de su olor se mantuvo, así como el olor intenso de café Starbucks descartado.

La pelinegra dio un paso atrás y dejó caer sus patas contra el pavimento. Todo lo que podía hacer era seguir el rastro hasta que desapareciera. Si tenía suerte, el hombre habría andado hasta casa. No tenía idea de lo que iba a decirle a la policía si en realidad lo encontraba, pero se le ocurriría algo. Tenía que hacer lo que pudiera para proteger a la patóloga.

Yulia siguió el rastro en la calle Myasnitskaya, donde desapareció en la parada del trolebús de las líneas 9 y 48. No se sorprendió. El transporte público era una forma común de viajar en la ciudad. Por desgracia, hizo su rastro completamente inútil. No tenía forma de saber en qué coche había entrado, en que parada desembarcó, o incluso si se hubiera trasladado a una estación de metro en algún momento.

En otras palabras, ella tuvo mala suerte.

-Aquí, chica.

Giró la cabeza y vio a una mujer mayor de pie en la entrada de una taquería, se inclinó con la mano extendida. Chasqueó la lengua, Yulia miró y suspiró internamente. Esto era sin duda el inconveniente de ser un perro. Todo el mundo quería rescatarla.

-Está bien, cachorro. ¿Te has perdido?

Yulia dio la vuelta y se lanzó en la dirección del parque. La mujer la estaba llamando, pero no se dio la vuelta. Ella sin duda no necesita a nadie para llevarla al refugio,o peor aún, tener un buen intencionado amante de los animales que la adoptara.

Regreso corriendo al parque, esperó a estar profundamente entre los árboles antes de regresar a la forma de pájaro. Al volar de regreso a su apartamento, se preguntó qué hacer a continuación. Había pocas esperanzas en realidad en la búsqueda del bolso de Elena o el hombre que la atacó. Le interesó saber que él había arrojado su bolso lejos con tanta rapidez, pero no sabía lo que eso significaba. Y ella no podía decirle nada de lo que había encontrado a la pelirroja, por temor de sonar absolutamente loca.

Así que la dejó sin nada que hacer, salvo tratar de olvidarse de la mujer que atormentaba su vigilia, enviándole sin saberlo transmisiones, como un canto de sirena.

La pelinegra estaba acostumbrada a negarse a ella misma cosas que quiso. Esperaba tener la fuerza para ser feliz de velar por Elena desde lejos. Eso tendría que ser suficiente.
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Dom Oct 26, 2014 11:24 am

Capítulo Ocho


Tres días después de su ataque en el Parque Chistye Prudy, Elena estaba frustrada por la falta de progreso sobre su víctima de asesinato. Sabían que su nombre era Svetlana Mikhaylovich y que había sido soltera, pero tenía muy poco que hacer en cuanto a la identificación de su asesino.

El cuerpo había estado libre de cualquier pelo o fibra significativa. La falta de pruebas físicas recogidas en la escena sugiere un asesino cuidadoso, incluso meticuloso. Definitivamente no es un aficionado. A pesar de la cantidad de sangre presente en todo el cuerpo, él no había dejado rastro. Con la excepción de la pobre Svetlana, destrozada, no les dejó una m.a.l.d.i.t.a cosa. En cuanto a la policía y la oficina del médico forense estaban preocupados, había apuñalado a la victima dieciocho veces con un cuchillo, todos menos dos de las heridas demasiado superficiales para realmente haberla matado, entonces desapareció.

Por desgracia, Lena no pudo sacudir la creciente certeza de que ella había caminado casi un kilómetro de distancia para su puñetazo en la cara y arrastrarla entre los árboles. Por mucho que no quiso suscribirse a esta teoría, tenía una cierta lógica. El asesino de Svetlana había limitado su respiración en algún momento, y él había disfrutado obviamente de usar su cuchillo para atormentar y no sólo matar. Al igual que su propio atacante. A pesar de que Katya no lo dijo, la doctora podía ver que había llegado a una conclusión similar. Su atacante y el asesino era casi seguro la misma persona.

No sabía cómo procesar esa información. Esto no la llevó mas cerca a la identificación del hombre, y desde luego la dejó preocupada por las implicaciones. ¿Qué clase de asesino ataca a dos mujeres en un lugar público dentro de una hora, dejando un caos total sangriento en el primer escenario, y luego se las arreglan para escapar sin ser detectado? Si él era el meticuloso asesino en serie que parecía ser, Elena habría esperado que se detuviera en la primera muerte. Si hubiera sido un frenesí, no habría esperado que él se parase en absoluto. Algo no estaba bien en la situación, pero no podía poner su dedo en la llaga. Nada de lo que había pasado tenía sentido por lo menos, del todo, cómo un lobo había aparecido en el Parque Chistye Prudy exactamente en el justo momento para salvarla.

La doctora hizo una anotación en el informe de la víctima, a continuación, luego la tiró cerrada. Ellos no podían descubrir algo más sobre su cuerpo o en la escena, al parecer, por lo que ahora se necesita era dar a la familia de la Sra. Mikhaylovich la comodidad de un entierro apropiado. Lena necesitaba simplemente tratar de tranquilizarse, incluso si el asesino la había atacado, estaba a salvo ahora. Y las posibilidades eran pocas, no se arriesgaría a volver a terminar lo que había comenzado.

Por lo menos no lo esperaba.

-Hola.

Después de bajar la guardia en la seguridad del laboratorio, Elena se sorprendió por la voz de Josef justo detrás de ella. Se giró en su silla y empujó atrás con sus pies, poniendo alguna distancia entre ellos. Josef hizo una mueca con simpatía.

-No lo hagas -estaba cansada de las disculpas, cansada de sentir miedo. Todo el mundo había ido de puntillas a su alrededor, a pesar de que les había dado varias razones para pensar que era necesario. Estaba nerviosa, irritable, y, sobre todo, terriblemente fuera de control de sus emociones. Y ardía por recuperar el control con cada célula de su cuerpo- Estoy bien. Sólo me despisté durante un momento.

Él asintió con la cabeza.

-Tengo el informe sobre el caso Semenov para que puedas revisarlo, cuando tengas una oportunidad -le ofreció una carpeta, que tomó con la mano admirablemente constante.
-Gracias -Por mucho que la doctora odiaba admitirlo, no quería estar en el trabajo. Mientras estudiaba detenidamente los detalles de las muertes de otras personas por lo general la sacó de sus propios problemas, ahora le recordaba a su propia mortalidad. Si no fuera por una vuelta de tuerca del destino, estaría tan muerta como Svetlana Mikhaylocih- Te lo devolveré mañana por la mañana -Josef se reclinó en su silla, mirando con curiosidad cuando ella estuvo de pie y se puso la chaqueta- ¿Sales temprano hoy?

Elena trató de actuar con indiferencia.

-Sí, tengo algunos recados que hacer.
-No hay problema. Yo defenderé el fuerte -Vaciló, y luego le tocó la mano antes de que pudiera alejarse- ¿Si necesitas algo de mí, Dra. Katina?

Aunque su relación era estrictamente profesional, Lena también consideraba a Josef un amigo. No era el tipo de persona que expresa sus emociones con facilidad, pero ella podía ver su preocupación. Reconociendo que ella también no era muy buena dejando entrar a otros, se obligó a abandonar su máscara muy ligeramente.

-Simplemente sigue haciendo lo que estás haciendo -respondió Elena- Eso bastará.

Él inclinó la cabeza.

-Sí, señora.
-Te veré mañana, entonces.
-Nos vemos.

La doctora salió cojeando del edificio de oficinas del médico forense, sin la menor idea de dónde iría. La nueva cerradura se había instalado en su apartamento hace tres días, pero aún no se sentía cómoda yendo a casa. No tenía miedo a que su atacante llegara a su apartamento, pero no podía soportar estar a solas con su imaginación.

Rodeada de los artefactos cotidianos de su vida de vuelta a la soltería, Lena había pasado las últimas dos tardes sentada en el sofá imaginando lo que podría haber sucedido. A pesar de que se había escapado con cortes de poca importancia y contusiones, mentalmente sentía el dolor de la violación, la agonía de las manos fuertes envueltas alrededor de su garganta, el terror de la sangre derramándose en la tierra. Cuando no tenía nada que hacer salvo pensar, la escena se repetía sin cesar, cada escenario de pesadilla era más horrible que el anterior. Todos ellos fueron los resultados probables de no haber aparecido el lobo.

Cuando Elena caminaba hacia el estacionamiento, sacó su llave de repuesto del automóvil de su bolso de repuesto y suspiró. Quería sentirse a salvo de nuevo, para ser la persona que había sido antes de que el hombre le pusiera la vida al revés. Ella quería ser la mujer que no lo pensó dos veces para pasear sola en el parque, pero ya no era esa persona. Y no se había sentido segura desde que salió del apartamento de Yulia.

La pelirroja se metió en el asiento del conductor y arrancó el vehículo. Puso la mano en la palanca de cambios, luego se detuvo. Yulia. La única cosa que podía arrancar lejos de su mente el asalto era el recuerdo de la hermosa mujer del parque. Elena no podía dejar de pensar en ella. No sólo su atracción inexplicable hacia ella, sino también cómo estar con Yulia había hecho que todo parezca mejor.

Fiel a su palabra, llamó al teléfono celular de Yulia después de que ella llegase a casa la noche del ataque. Decepcionada por obtener el buzón de voz de la pelinegra, había dejado un breve mensaje de que estaba bien y le agradeció de nuevo por su amabilidad. Elena tenía la esperanza de recibir una llamada de vuelta, pero no se sorprendió cuando nunca llegó. Sin duda, una mujer como Yulia tendría éxito, una vida muy ocupada, con poco tiempo para los patólogos forenses socialmente torpes.

Elena se había dicho que debería olvidarse de la pelinegra y seguir adelante. Pero también había lavado la camisa de Yulia y la había colocado en el maletero de su automóvil, por si acaso. Todas las noches desde entonces, pensó en regresar, pero hasta ahora, no había sido capaz de armarse de valor. La pelinegra no le había devuelto la llamada. Eso significaba que no estaba interesada en verla otra vez. ¿Y quién puede culparla? Ella era preciosa, impresionante. Así había sido Yulia en cierto modo cuando ella había necesitado su ayuda.

¿Qué iba a querer con Lena ahora?

Probablemente nada. Pero, ¿quién era para decirlo? Y ella le había prometido devolverle su camisa a Yulia.

Tal vez éste era el primer paso perfecto para recuperar el control sobre su vida. Ella haría algo inusitado y se dejaría caer por casa de su salvadora para darle las gracias de nuevo. Nada más, se lo debía a Yulia, y tal vez un pastel de chocolate.

Decisión tomada, Lena salió del estacionamiento y se dirigió al apartamento de la pelinegra. Era posible que hiciera el tonto por completo de sí misma al presentarse sin previo aviso, pero al ver a la pelinegra volvió a sentirse importante en una forma que no entendía. La atracción hacia Yulia era aún más fuerte que su timidez alrededor de mujeres hermosas.

En otras palabras, era condenadamente abrumadora.

Aquí hay que tomar el control, pensó Lena, y no mirar hacia atrás.



*********************************


Lo último que esperaba ver cuando Yulia abrió la puerta principal era la genuina, descarada alegría. La felicidad de la pelinegra al verla fue palpable, haciendo sentir a la pelirroja como si se reencontrara con una vieja amiga en vez de andar potencialmente perturbando a una desconocida. Todas las dudas por dejar caerse en casa de Yulia desaparecieron al instante.

-Elena -la pelinegra tomó la caja de la panadería de las manos de la pelirroja y la puso sobre una pequeña mesa en la entrada, y luego la sujetó por los hombros y tiró de ella en un abrazo suave- Estoy tan feliz de verte de nuevo. ¿Cómo estás?

Tomada por sorpresa, Elena se sorprendió al regresar el abrazo de la pelinegra fácilmente. Debido a que por lo general no disfrutaba del contacto físico con cualquier persona con excepción de los amigos más íntimos, no entendía por qué el abrazo de Yulia se sentía tan cómodo. Pero lo era. A pesar de las curvas flexibles apretadas contra su cuerpo y el aroma embriagador del pelo oscuro de Yulia, la doctora no se sentía nerviosa. En cambio, se sentía conectada, en paz.

Nada, salvo el trabajo nunca la había llevado a un lugar tan equilibrado. Sacudida por su apego obvio por la pelinegra después de haber pasado sólo alrededor de veinte y cinco minutos con ella, Elena se alejó.

-Siento haberme dejado caer así, pero yo quería devolverte tu camisa…
-Te dije que te la quedaras. -Yulia salió de su abrazo, pero mantuvo sus manos sobre los hombros de Elena.
-Pero yo quería verte. -La cara de la pelirroja se calentó mientras luchaba por explicar cómo ella no podía alejarse- Traje el pastel. Y dime Lena… por favor.

Yulia sonrió lentamente.

-Esa es una excelente razón para dejarse caer, Lena.
-Espero que te guste el chocolate. -hizo un gesto hacia la caja- Es de la panadería que hay calle abajo.
-El chocolate es mi kriptonita -dijo la pelinegra. Tomó la caja e indicó a la doctora que debería seguirla a su interior- Vamos a tomar un trozo.

Yulia la condujo a la pelirroja más profundo en su apartamento, y esta vez Lena tenía el ánimo para mirar alrededor. Las fotografías enmarcadas, en su mayoría fotografías de naturaleza, muchas de ellas espectaculares, cubrían las paredes. En la esquina de la sala había un enorme escritorio cubierto de un ordenador y equipo fotográfico, lo que llevó a Lena a asumir que las fotografías que las rodean eran probablemente el trabajo de la pelinegra. No vio fotos de gente, no habia indicio de la familia o amigos.

-¿Eres fotógrafa? -pregunto la pelirroja, haciendo una pausa para examinar una foto de un lobo gris de gran tamaño. No se veía exactamente igual al que había visto en el parque, pero su mirada penetrante puso a rodar temblores por su espalda- Este es un disparo increíble.
-Gracias. Me gusta tomar fotos, pero no estoy segura de llamarme fotógrafa. -se detuvo con la mano en la puerta de la cocina- Profesionalmente hago diseño gráfico. La fotografía es sólo un hobby.
-Estas son excelentes. Tan buenas como todo lo que he visto en el National Geographic. ¿Alguna vez has tratado de hacerla tu profesión?
-He pensado en ello -contesto- Pero eso significaría viajar mucho, y me gusta estar cerca de casa.

Asintiendo con la cabeza, siguió a su anfitriona por la puerta de la cocina. El lugar estaba impecable, con un leve olor antiséptico que recordó a Elena a su laboratorio. Katya siempre había sido una vaga consumada, por lo que descubrir tal perfección ordenada despertó en la pelirroja más de lo que jamás admitiría en voz alta. Se acercó a la barra y se sentó en un taburete alto, viendo como Yulia abrió la caja.

-Oh, sí. Esta fue una muy buena razón para dejarse caer -la pelinegra sacó un cuchillo de grandes dimensiones del bloque sobre el mostrador y cortó el pastel, en su rostro la imagen del placer pecaminoso- Gracias.

Elena se dio cuenta que estaba mirando con la boca abierta. Con esfuerzo, aparto su atención lejos de lo que decidió fue la más flagrante exhibición de sexualidad inconsciente que jamás había presenciado.

-Es lo menos que podía hacer.

Yulia trasladó una gran porción de pastel en un plato, y luego sacó dos tenedores del cajón al lado del fregadero.

-¿Te importaría compartir?

La pelirroja negó con la cabeza, quedó muda por lo mucho que la idea apeló a ella. Vagamente pensaba en cómo esta situación era inusual para sí, todo lo que persigue una mujer compartir un postre, pero eso no la hizo sentir menos natural. Nada había sido alguna vez tan fácil.

-Eso suena perfecto.

La pelinegra llevó el plato a la mesa y lo puso entre ellas, luego le entregó a Lena un tenedor.

-Entonces, ¿cómo estás? ¿En serio?

Elena esperó a que su anfitriona tome el primer bocado antes de pinchar una pequeña porción por sí misma.

-Estoy bien. Sinceramente.

Buscando la cara de la pelirroja mientras masticaba, Yulia dijo.

-No estas usando tus lentes hoy.
-Oh. -Tocándose el puente de la nariz.- Lo que ocurrió en el parque finalmente me ha inspirado para usar lentes de contacto. Todavía me estoy acostumbrando a ellos.
-Me gusta ser capaz de ver tus ojos. No me di cuenta que eran de un color verde-grisáceos similares al jade, son increíbles.-comento como si nada Yulia.

Con las mejillas ardiéndole, Lena hablo.

-Gracias.

Yulia utilizó el tenedor para apuntar al pastel.

-Esta delicioso.
-Sí, lo esta -la pelirroja le dio otro mordisco. Nunca había comido algo tan increíble. Casi como si estar con Yulia hacia saber todo mejor- Vas a tener que luchar conmigo por el último bocado.

La pelinegra le lanzó una mirada ardiente que estimuló el apetito de Elena por algo más decadente que el chocolate.

-Oh, yo podría llevarte.

El sexo de Lena se apretó y jadeó un poco, bajando la mirada a su tenedor. ¿Desde cuando ella tomaba parte en bromas coquetas e inspiradas en dobles sentidos? Nunca se había sentido cómoda expresándose sexualmente, y la facilidad con la cual Yulia la despertó fue sorprendente. Tomó otro bocado para no tener que responder.

-Dime la verdad -dijo la pelinegra en voz baja- Porque sé que no estás muy bien después de lo ocurrido. ¿Cómo estás?
-Estoy... preocupada -espiró, casi aliviada de que su anfitriona sacase el tema. Ella se alegró de que Josef generalmente la dejara en paz, y no había querido depender demasiado de Kat para admitir lo mal que el ataque la había sacudido, pero agradeció la oportunidad de hablar con alguien. A pesar de se que acababan de conocer, sintió que Yulia era la confidente perfecta- Físicamente me siento mejor, pero emocionalmente... no puedo dejar de pensar en lo que pasó.
-Eso es de esperarse. ¿Estás durmiendo?
-Bastante -respondió, a pesar de que no era del todo cierto. Cuantas noches atrás, el sueño no había sido fácil, y más de una vez las pesadillas la habían arrancado del sueño- Se está haciendo más fácil.
-¿Cambiaste tus cerraduras?
-Lo hice -Lena dio otro bocado al pastel, sorprendida de que todavía tenía su apetito- Ninguna otra cosa ha sucedido, de verdad. Por lo que sé, el tipo quedó atrás.
-Pero todavía estás preocupada. ¿Por qué?
-La policía encontró un cuerpo en el parque la mañana que fui atacada.
-Lo sé -contesto Yulia, y el estómago de la doctora se retorció con una oleada de miedo, aunque no entendía por qué. A pesar de su tema de conversación, se sentía más segura de lo que lo había hecho en días. Increíblemente, sintió que estaba recogiendo la inquietud de la pelinegra- He leído sobre él en el periódico. Una mujer, ¿verdad?
-Sí -Lena la miró detenidamente, tratando de decidir cómo sabía que la pelinegra tenía miedo. Yulia no mostró signos externos de confusión emocional, pero de alguna manera ella lo sintió exactamente igual- No quiero molestarte.
-No -murmuró Yulia, visiblemente relajándose- Es sólo que... es desconcertante. Tan cerca de mi casa y todo.
-Por supuesto.
-El periódico no dijo mucho. Sólo que parecía un homicidio.

Elena dejó el tenedor y Yulia hizo lo mismo.

-La asesinaron por lo menos una hora antes de que yo fuera atacada. La policía recibió una denuncia anónima que los llevó a su cuerpo.

La pelinegra se quedó mirando el plato, estudiando lo último del pastel.

-¿Qué creen que pasó?
-He examinado el cuerpo -comento Lena, de manera casual. Era difícil hablar sobre Svetlana Mikhaylovich. Refugiándose en los hechos fríos y duros ojala le permitan mantener la voz firme- Alguien la apuñaló. Estrangulada, también, pero eso no es lo que la mató.
-Me dijiste que había un lobo en el parque por la mañana. Es posible…
-No. Casi me gustaría que fuera el caso. Quien mató a esa mujer fue sin duda un animal, pero también en gran medida un ser humano.

Yulia tomó el tenedor y le dio otro mordisco tentativo, viendo los ojos de Lena.

-¿Crees que el hombre que asesinó a esa mujer es el misma que te hizo daño?
-Es una clara posibilidad -Trató de actuar de la manera más despreocupada de lo que sentía, la pelirroja clavó otro bocado de su pastel que desapareció. No podía ser sano, lo mucho mejor que el rico postre la hizo sentir- Es difícil de decir. No dejó mucha evidencia atrás.
-¿Y ahora qué? -Yulia tocó el brazo de la pelirroja- ¿Cómo lo atraparán?
-Tal vez tenga suerte -comento. Se encontró con la mirada de la pelinegra y al instante cayó en sus ojos azules. A menos que se equivocara, su atracción no era unilateral. Y de repente el ataque fue la última cosa en su mente- De lo contrario, esperar a que vuelva a matar.
-No vendrá de nuevo por ti -contesto la pelinegra con convicción. Pero Lena podía palpar una astilla de duda corriendo a través de las palabras de su anfitriona- Sería absurdo intentar cualquier cosa ahora que has alertado a la policía.
-Espero que tengas razón -Lena vaciló, y luego cedió a los impulsos y cubrió la mano de Yulia con la suya. El toque fue electrizante- Sino te importa, yo realmente no quiero pensar en eso ahora mismo.
-Por supuesto. -la pelinegra miró hacia abajo a la mano de la doctora y exhaló- Lo siento, no devolví la llamada. Yo estaba tan contenta de tener noticias tuyas, pero yo... no estaba segura de qué decir.

Asombrada por oír la ansiedad de la voz de Yulia, la pelirroja trató de imaginar de donde venía. ¿Cuándo había puesto alguna vez a una mujer nerviosa?

-Espero no haberte molestado, apareciendo así.

Yulia la miró con una calidez que no dejó ninguna duda que dejarse caer había sido lo correcto.

-Sólo en la mejor manera.
-Bien -puso abajo su tenedor, dispuesta a ceder el pedazo final a su anfitriona- Este no es un comportamiento típico en mí. El ser social. Yo no estoy convencida de que tenga lo necesario para tener éxito en eso.
-Eres brillante siendo social -pinchó el restante pedazo de pastel y movió su tenedor cerca de los labios de Lena- Ahora ten el último bocado.

La idea de ser alimentada por Yulia era casi dolorosamente sexy. Lena se mordió los labios y vaciló, sin saber si aceptar la oferta o desviarla con humor. Nada sobre la intensa mirada fija de Yulia sugería que la pelirroja fue leyendo mal el calor inconfundible entre ellas. Aunque Elena se volvía normalmente tímida cuando una mujer llegaba a insinuársele seductoramente, independientemente de lo que la atrajo de la pelinegra también la animó a seguir el juego. Inclinándose hacia delante, tomó cuidadosamente el pastel entre sus dientes, tiró hacia atrás. Masticó lentamente, sin romper el contacto visual. El deseo se encendió en los ojos de Yulia, lo que hacia difícil tragar para la pelirroja.

Tan pronto como pudo formar palabras, Elena le susurró.

-Por favor, dime que sientes esto, también.
-Puedo sentirlo, también.

Antes de que pudiera cuestionar a posteriori el impulso, Lena capturó la boca de Yulia en un beso firme. Más impactante que su propia acción impetuosa fue la pasión con la que respondió la pelinegra. Esta enredó sus manos en el cabello de Lena y le devolvió el beso con entusiasmo, dejando escapar un gemido de puro, carnal placer.

Todo sobre el beso se sentía bien. Sus bocas encajaron entre sí perfectamente, y la pelirroja no sentía duda o incertidumbre que generalmente experimentaba con una nueva amante. Era como si lo hubieran hecho mil veces, sin el nerviosismo del primer beso, y sin embargo, fue también el momento más emocionante de su vida. La excitación feroz, floreció firmemente en su estómago, seguida de una sacudida que se parecía mucho al amor. La intensidad de la sensación que Yulia agitó en el interior de Elena provocó un destello de terror que la hizo realmente perder la mente.

La pelinegra se separó del beso, como si quemara.

-Lo siento mucho, Lena. Perdóname. Yo no quiero asustarte.

La cabeza de la pelirroja giró por el cambio repentino en su estado de ánimo. Todo había sido tan maravilloso, pero de alguna manera su fracción de segundo de duda amenazó con arruinar el momento. Ella ni siquiera había sido consciente de que la había traicionado su ansiedad.

-No lo hiciste.
-Yo no debí haber hecho eso -tocó la mejilla de la pelirroja suavemente. Claramente herida, parecía como si fuera a llorar- Tu rostro incluso no ha sanado todavía. Eso era totalmente inadecuado, después de lo que has pasado.

La autoflagelación de la pelinegra hirió el corazón de Elena. Agarró la mano de Yulia y la apretó.

-Oye. Te besé. ¿Te acuerdas?
-Sí, bueno -Yulia se sonrojó y estudió sus manos- Yo no debí haberme dejado llevar. Se sentía tan…
-Correcto.
-Sí -levantó su rostro, buscando los ojos de Lena- Pero te has asustado.
-Por un momento -reacia a poner sus sentimientos extraños en palabras, murmuró- me sorprendió, eso es todo.
-¿Ser atraída por una mujer?

Elena se rió nerviosamente.

-No, yo siempre me he sentido atraída por mujeres. Nunca he sido tan directa al respecto -O tan al instante, y de forma inexplicable, enamorada.
-Yo tampoco.
-Yo no te calificaría como particularmente tímida -contesto Lena. Se sentó en el taburete, poniendo distancia entre ellas- Eres muy hermosa, debes tener a los hombres y mujeres lanzándose a ti todo el tiempo.

Yulia rodó los ojos y recogió el plato del pastel vacío. Llevándolo al fregadero, esperó hasta estar de espaldas a la pelirroja antes de hablar.

-Yo no tengo una vida social muy activa. Por no decir más.

Lena noto un dejo de tristeza en la voz de su anfitriona.

-Por elección, sin duda.
-Sí -respondió- Por elección -volteo apoyándose en el mostrador, cruzando los brazos por debajo de sus pechos. Su expresión indescifrable hizo latir el corazón de la pelirroja- Pero hay algo en ti.

Elena no entendía cómo podía sentir con tanta fuerza a alguien que apenas conocía. Por el tono de la voz de Yulia, sintió que la confusión era mutua.

-Lo sé.

Yulia rodeo la barra y tomó la mano de la pelirroja.

-Vamos a hablar en la sala de estar.

Elena permitió que la llevara a la sala de estar, aturdida por el giro que habían tomado las cosas. No sabía que esperar de esta visita, pero sin duda no hubiera sido esto. No volvió a besar a una mujer desde la ruptura con Katya, y mucho menos considerado la posibilidad de una nueva relación. Ella había planeado concentrarse en el trabajo un buen tiempo, y preocuparse de las mujeres más tarde. Mucho más tarde.

La visita a Yulia había tirado todo por la ventana. Ahora ella sólo quería sentir la piel desnuda de su anfitriona contra la suya. La pelinegra se estremeció, soltando su mano y señalando el sofá.

-Siéntate -su voz se había reducido a un susurro desnudo- Por favor.

La pelirroja se sentó en un extremo, tanto aliviada y decepcionada cuando Yulia se sentó en el otro. Sin saber qué decir, Lena reunió fuerzas y esbozó una sonrisa casual.

-Espero no haber hecho alguna estupidez.
-No -la pelinegra entrelazó los dedos en su regazo y se enderezó- No en absoluto.

Lena podía sentir la incomodidad de su anfitriona y se desplazó más cerca, con la simple intensión de abrazarla. La idea de que podía poner nerviosa a una mujer como Yulia era divertidísimo, pero la ansiedad de ésta era definitivamente real. El último miedo de Elena se disipó con su deseo de consolarla.

-Estoy segura de que tienes razón -Elena se tocó la garganta, un inconsciente gesto que había notado que sucedía cada vez que pensaba en su ataque- Este es probablemente un momento extraño para mí teniendo estos sentimientos. Pero que no cambia el hecho de que los estoy teniendo.
-¿Y cuáles son esos sentimientos? -la voz de Yulia se había reducido a un susurro. Irradiaba una curiosa combinación de esperanza y temor-¿Exactamente?

No se podía creer que ella se lo admitiera en voz alta, Lena respondió.

-Te quiero.

Yulia se lamió los labios, enviando la excitación a través del cuerpo de Lena haciéndola rizar los dedos de los pies.

-También te quiero.
-No sólo esta noche.

El miedo parpadeó en los ojos de la pelinegra.

-Nunca he hecho esto antes...
-¿Una cita? -se le ocurrió a la pelirroja que en circunstancias normales, la ambivalencia obvia haría que su recién descubierto coraje se marchitaría y moriría. Pero no podía imaginar nada que la disuadiera de seguir con Yulia. Ella no quería simplemente a la pelinegra. La necesitaba, la necesitaba tan desesperadamente que en lugar de la aprehensión, lo único que podía sentir era deliciosa anticipación. Todo se sentía tan correcto que no tenía duda que cambiaría su vida para mejor- Las citas puede ser divertidas. Deberías probarlo.

La risa de Yulia la animó y estabilizó su resolución. Sacudiendo la cabeza, la pelinegra contesto.

-Yo no creo que sería buena para ti -a pesar de su expresión de humor, el tono de se volvió mortalmente sobrio- En serio, Lena. Si fueras inteligente, te pondrías de pie y saldrías en este momento.

Una punzada de desconfianza se flameó en el hueco del estómago de Elena. Después de Katya, estaba aterrorizada de confiar en alguien totalmente otra vez, sólo para que traicionen su confianza. Independientemente lo acertada que sintió a Yulia, ¿no había también sentido acertada a Kat? Ella había pensado que eran felices hasta el momento en que descubrió que Katya la estaba engañando. Más que nada, su relación fracasada con la detective le enseñó que nada era seguro, ni siquiera cuando se cree con todo dentro de sí.

Yulia parecía reconocer que su advertencia había dado en el blanco, pero en lugar de verse aliviada, ella irradiaba tristeza. Pena.

-Yo nunca te haría daño a propósito. Yo sólo…
-Esto te da miedo -no importó qué tan inquietante fue el intento de la pelinegra para alejarla, sintió que la preocupación pura la motivó. Ella también sabía lo que Yulia quiso decir cuando dijo sobre no hacerle daño. Todas sus dudas se desvanecieron, con lo que el deseo vino de vuelta al frente- También me da miedo. Pero no lo suficiente como para hacerme salir por la puerta -se encogió de hombros- Lo siento.
-Bueno, no quiero tener miedo -ahora la pelinegra se aproximo a ella y, tras una breve vacilación, apoyó la mano en Lena- Me siento muy atraída por ti, Lena. Tan increíblemente.

Demasiado avergonzada para admitir hasta qué punto sintió poderosamente la conexión entre ellas, la pelirroja asintió con la cabeza.

-Tal vez si nos besamos otra vez, nos demos cuenta de que todo esto del miedo, es un poco tonto.

La boca de Yulia hizo una mueca, y luego se transformo en una sonrisa que hizo al estómago de Lena revolotear gratamente.

-Es una teoría, por lo menos.
-Bueno, yo soy una científica -dejando a un lado cualquier duda persistente, la pelirroja cerró la distancia entre ellas, haciendo una pausa cuando sus labios estaban a una pulgada- La prueba de teorías es una especialidad mía.
-La mía también -Yulia inició su segundo beso con un gemido gutural que amenazó a la pelirroja de llegar al orgasmo en el instante en que sus bocas se encontraron.

Una vez más, la lujuria y el amor se apoderaron de las venas de Elena, intensificando su deseo a nuevas y desconocidas alturas. El sexo con Katya fue bueno, al menos para ella, pero nunca se había acercado a lo que Yulia la hizo sentir con un simple beso. Todas las inhibiciones que siempre tuvo desaparecieron, y por primera vez en su vida, no quiso nada más que perderse físicamente en alguien más. Por lo general, se enfrentaba a la posibilidad del sexo con más de una pequeña preocupación, pero no ahora, no con Yulia. Ella quería tomar a la pelinegra, y ser tomada por esta, por lo que casi no podía respirar.

Yulia apretó las manos sobre los hombros de Elena y se apartó.

-Tal vez debemos tomar las cosas con calma…
-Si, tenemos que tomarlo con calma, podemos ir despacio -señaló sus palabras con besos húmedos y hambrientos a través de la garganta de Yulia. Ella haría respetar los deseos de su anfitriona, realmente lo haría, pero no sabía cómo parar hasta que la pelinegra absolutamente le ordenó hacerlo- Por lo general tomo las cosas con lentitud. Pero… -rozó sus dientes en el lóbulo de la oreja de Yulia, deleitándose con el temblor que provocó el paso audaz- Mi nueva teoría es que lo lento esta sobrevalorado.
-Así que sobrevalorado -Habiendo decidido por lo visto dejar de luchar contra lo que estaba ocurriendo entre ellas, reclinó a Lena en el sofá y se colocó sobre ella. Esta abrió las piernas por instinto y facilitó a Yulia el espacio entre ellas. Entonces la pelinegra puso una mano en cada lado del rostro de la pelirroja y se quedó mirándola a los ojos- Me dirás si esto es demasiado, ¿verdad?

Lena pasó los dedos por el pelo de Yulia. Sabía exactamente lo que le estaba insinuando. El peso del cuerpo de la pelinegra en el suyo podría avivar los recuerdos del hombre en el parque, pero no lo hizo. Ni siquiera cerca.

-Yo no estoy pensando en él.

Por primera vez desde que ocurrió el ataque, estaba muy lejos de su mente. Mucho más inmediato fue la sensación de humedad entre sus piernas, el dolor fuerte de sus pezones erectos. El contacto de Yulia la mantuvo firmemente en el momento, a salvo del peligro, y ella quería más.

El cuerpo entero de Yulia se relajó. Y besó lentamente a Lena, como si tuviera una eternidad de tiempo para explorarlo, como si la pelirroja no estuviera a punto de explotar. Yulia frotó los pulgares sobre las mejillas de Elena, tocándola con tanta ternura, con tanto amor, calmando su necesidad feroz y sustituyéndolo por la calma, el deseo de hacer de este el último contacto. Era su primera vez juntas, es de esperar el primero de muchos, y Lena quería saborearlo. Ella enredó los brazos alrededor del cuello de Yulia y gimió, pero suficientemente fuerte para que ella lo escuchara. Fue un shock oírse a sí misma hacer un ruido así, pero también la excitó.

Katya lo utilizaba para burlarse de ella por ser silenciosa en la cama, y la pelirroja siempre se había sentido enormemente tímida sobre dar voz a su placer. Pero no ahora. Sólo una forma más de sus sentimientos por Yulia confundiendo todo lo que ella creía que sabía acerca de sí misma.

Lena puso sus manos sobre el pecho de Yulia, presionando suavemente. Cuando la pelinegra se separó, ella murmuró.

-¿Tienes una cama en alguna parte?
-La tengo -mordisqueó el labio inferior de Elena- ¿Estás segura de que eso es lo que quieres?
-Llévame allí y yo voy a mostrarte exactamente lo que quiero.

Capítulo Nueve


Yulia no había tocado el cuerpo de una mujer en quince años, así que cuando introdujo sus manos bajo la camisa de Lena y ahuecó la pesada carga de los pechos de esta en las palmas de sus manos, tomó todo lo que tenía para no venirse. Estar con la pelirroja la hizo sentir como una torpe de dieciséis años de edad, y no era de extrañar. Ella había sido una adolescente la última vez que había hecho el amor con alguien, en lo que parecía otra vida. Sólo tenía vagos recuerdos de haber estado con Carla, principalmente porque la otra chica había sido tan joven e inocente como ella, con un cuerpo delgado que sólo insinuaba la plenitud de mujer de las curvas de la pelirroja. Todo acerca de estar con Elena era diferente.

Sobre todo porque la pelinegra sabía que estaba en juego en esta ocasión. Por abrir su corazón a la doctora, corría el riesgo de una pérdida tan grave que no sabía cómo iba a sobrevivir. Pero apenas tenia elección. No importaba todo lo que trató de resistirse a Lena, no podía. Su unión era demasiado fuerte. Yulia se había trasladado al último quiero necesitar, ni siquiera la posibilidad de un desengaño le impediría reclamar lo que era suyo.

Yulia rompió su beso y tragó saliva por la falta de aire. Elena la miró fijamente con párpados pesados, y subió sus manos acariciando los costados de la morena.

-Se siente tan bien -Lena colocó sus manos sobre las de lapelinegra, animándola a apretar suavemente sus pechos- Nunca he estado tan excitada.

Con la cara ardiéndole, la pelinegra movió sus dedos pulgares por el borde del sujetador de Elena y le acarició los pezones erectos.

-Yo también.
-No nos estamos moviendo demasiado rápido, ¿verdad? -la pelirroja frunció el ceño, como si algo desagradable le acababa de ocurrir- No quiero empujarte.

Yulia sacudió la cabeza y saco la mano de debajo de la camisa de Lena, echándose atrás de modo que ésta pudiera apoyarse sobre sus codos.

-Yo quiero esto -murmuró la pelinegra- Te deseo. Desesperadamente. Sólo quise decir... Lo dije en serio cuando te comente que no suelo hacer esto.

Entendiendo Lena suavizó la mirada.

-Ha pasado un tiempo.
-Eso es un eufemismo -incapaz de mantenerse alejada, Yulia acariciaba la suave piel del vientre de la bella mujer recostada frente a ella- eres sólo mi segunda amante. Y la primera... fue hace mucho tiempo.

Elena irradiaba una extraña mezcla de simpatía, interés, y excitación increíblemente ardiente.

-Podemos ir al ritmo que necesites.

La pelinegra agachó la cabeza y cerró los ojos, deseando poder explicarle que su miedo era mucho más profundo que la inseguridad sobre su capacidad sexual. Sintiéndose vulnerable con un ser humano, lo cual iba en contra de todas las reglas que Yulia había adoptado para su supervivencia. Había llegado a una encrucijada entre una vida solitaria de seguridad y la posibilidad de algo más, y aunque francamente no sintiera ninguna opción en el asunto; no estaba segura de cómo proceder.

Unas manos cálidas cubrieron las suyas, esto hizo que abriera los ojos encontrando la sonrisa amable de Lena.

-¿Por qué no me dejas guiarte?

Yulia asintió con la cabeza silenciosamente.

La pelirroja se mordió el labio y sacó su camisa sobre su cabeza, permitiendo a Yulia ver el sujetador de algodón blanco había sentido bajo sus manos pocos minutos atrás. Llevo sus manos a su espalda y se desabrochó el sujetador viendo a los ojos la pelinegra, con una sonrisa de propagación lenta.

-Estoy acostumbrada a ser tímida -comento Lena. Deslizó su sujetador fuera de sus hombros, revelando sus generosos pechos blancos con pezones de color rosa.

Yulia no podía dejar de mirarla fijamente, a pesar de que sintió que Elena se estaba poniendo un poco nerviosa.

-Lo siento -dijo levantando la mirada fija al rostro de la pelirroja.
-No lo hagas -Lena se enderezó, proyectando una onda de confianza que salpicó sobre la pelinegra, envalentonándose ella también- Me gusta no ser tímida.

Adquiriendo fuerzas de la pelirroja, Yulia paso la punta de los dedos sobre la pendiente de un pecho, luego usó su otra mano para tomar a su gemelo.

-Tú eres la cosa más hermosa que he visto -ante la incredulidad irradiaba por la pelirroja, negó con la cabeza para poner fin a la duda- Lo digo en serio, Lena. Eres impresionante. Increíble.
-Me ruborizas -contesto y de hecho, su piel blanca se había vuelto rosa- Viniendo de ti, bueno, eso es increíble.

Yulia sabía que la gente generalmente la encontraba atractiva. Aunque pasó la mayor parte de su tiempo escondiéndose del mundo. Cuando ella se atrevió a salir inevitablemente vieron los complementos y los elogios provenientes de más de unas cuantas personas. Sus facciones eran agradablemente simétricas, pero Yulia sintió otra explicación para su atractivo universal. Lo que la impregnaba con el poder de cambiar de forma, también parecía que le concedía una cierta energía a la que la gente respondió. Pero inspiraba una profunda lujuria, más sexo que interés genuino. Y con Elena, el interés fue más profundo.

Por primera vez en su vida, el universo le estaba dando un regalo. Algo real, algo que esperaba no fuera también una m.a.l.d.i.c.i.ó.n. Eligiendo confiar en cómo esta mujer la hizo sentir en lugar de pensar en lo que podría ocurrir entre ellas en el futuro, se dejó llevar.

Yulia masajeaba suavemente los pechos desnudos de la pelirroja y la besó en el cuello.

-Así que tenme paciencia si estoy un poco oxidada.
-Eres perfecta -poso sus dedos bajo el dobladillo de la camiseta de la pelinegra- ¿Puedo quitar esto?

Ella levantó sus brazos y permitió que Lena lo tirara sobre su cabeza. Las fosas nasales de Lena llamearon en el descubrimiento que a Yulia no llevaba sujetador.

-Yo no esperaba compañía -se rió tontamente, cruzando los brazos sobre sus pechos. Su reacción de niña la sorprendió. Dos personas le habían visto desnuda hace una semana durante la luna llena, pero las circunstancias eran diferentes ahora, y a diferencia de Nina la escolta y Nicolai el corredor, la opinión de la pelirroja le importaba- Debes pensar que soy ridícula.

Elena le dio una sonrisa lasciva.

-Te lo dije. Eres perfecta.

Yulia bajó los brazos, temblando cuando los ojos de la pelirroja se oscurecieron con el deseo. Lena ni siquiera necesitó tocarla para traer su satisfacción, no cuando ella sintió todo la lujuria y el placer de la pelirroja.

-Bésame –murmuró la pelinegra justo cuando ella se levantó en sus rodillas para juntar sus bocas otra vez.

Lena puso sus manos en la garganta de la morena y gimió. Se acercaron hasta que sus torsos se apretaron, tan cerca que Yulia podía sentir el latido del corazón de la pelirroja martillar contra su pecho. La sensación de los pechos de ésta contra los suyos electrificados, encendió un bucle caliente de placer entre sus muslos. Se tambaleó y sus rodillas amenazaron con doblarse, pero Lena deslizó sus manos por su espalda para tomar sus nalgas, manteniéndola firme contra su cuerpo.

El instinto comenzó a asumir el control anulando a su adolescente nerviosismo. Yulia deslizó sus manos entre ellas y encontró el botón de los pantalones de la pelirroja, manoseándolo lo abrió y tiro hacia abajo la cremallera. No se sentía exactamente lo suficientemente audaz para deslizar su mano dentro para encontrar lo que más ansiaba, le agarró las caderas y las apretó, luego deslizó ambas manos en la parte trasera de su ropa interior de algodón. La parte inferior de Lena encajaban perfectamente en sus palmas, completa, cálida y tan sensible al tacto.

La morena cerró los ojos y respiró cuando Lena reaccionó a su caricia. Cada pedacito de placer causado por ella volvió a sí por medio de la reacción visceral de Elena, creando un bucle de realimentación de la sensación que amenazaba con deshacer a Yuia antes de que hubiera empezado.

Lena rompió beso, exhalando con voz temblorosa.

-Creo que la panadería agrego al pastel algún tipo de narcótico o algo así. En serio. Esto es extrañamente... increíble.

La morena se echó a reír.

-Yo siento lo mismo. Pero no creo que hayamos sido drogadas.

Los ojos de Lena estaban entrecerrados y su rostro completamente relajado.

-Sea lo que sea, me gusta -dijo en tono seductor.

Yulia deslizo las manos más abajo, rozando sus dedos cada vez más cerca de la excitación de la pelirroja. No fue necesario tocarla para saber que estaba empapada. Podía olerla y quería aullar.

Las manos de Lena encontraron el botón de los pantalones de la morena y trabajó para abrirlo. Bajando la cremallera con una mano, deslizó con la otra la ropa interior y pasó un dedo por sus labios resbaladizos. Yulia gritó cuando su sexo se convulsionó y las olas de placer dispersadas por todo su cuerpo. Estaba acostumbrada a reaccionar con tanta fuerza durante la luna llena, pero no fuera de ese espacio del mes. Aturdida, la pelinegra retrocedió y se encontró con los ojos color jade, preguntándose si ella lo había sentido, también.

Temblando, Lena le susurró.

-Te viniste.
-Lo siento –contesto Yulia- Simplemente ha sido tanto tiempo y...

Elena sonrió, con un estallido de felicidad genuina que le quitó el aliento.

-No puedo creer que acabo de hacerte venir de esa manera.

Aliviada de que la pelirroja no estaba cuestionando su sincronía asombrosa, mordisqueó el labio inferior de Lena, con los dientes suavemente.

-Supongo que eso significa que eres perfecta, también.

Elena movía los dedos, jugando suavemente con los labios de la morena, y sus muslos temblaron cuando réplicas se despedazaron a través de ella.

-Déjame que te lama -le susurró junto a la oreja de Yulia, arremolinaba los dedos en la humedad de ésta- Quiero probar esto.

Con eso fue suficiente para las rodillas de la morena. Se derrumbó sobre la cama, llevándose a Lena consigo. Esta se tomó el cambio de posición con calma, hábilmente quito la mano de la ropa interior para que pudiera bajar las piernas con sus pantalones.

-Voy a tomar eso como un sí hasta que me digas lo contrario -dijo Lena. Arrojando los jeans al lado de la cama, a continuación, se quito el resto de su ropa, dejando al descubierto a ambas. Yulia contuvo el aliento con la visión de la piel desnuda de Elena.
-Sí -susurró la morena. La pelirroja la saboreó con ojos hambrientos; avivando su deseo increíblemente más alto- Definitivamente sí.

Todavía sonriendo, separo los muslos de Yulia y situó su estómago en el espacio entre ellos. Levantó la pierna de la pelinegra sobre su hombro, acercando su rostro a su sexo. Entonces inhaló profundamente, absorbiendo una embriagadora mezcla de hambre, anticipación y timidez. Esto hacia cada vez más difícil separar los sentimientos de Elena de los propios, y la sobrecarga sensorial resultante hizo girar la cabeza de Yulia.

El primer contacto de la lengua de Lena contra sus labios mayores la encendió. Ella arqueó la espalda y jadeó ante la intensidad del beso íntimo y sabiendo que no podría resistir mucho del gozo al rojo vivo de la boca de la pelirroja en su entrepierna. Era demasiado, y al mismo tiempo nunca podría ser suficiente.

-Oh -gimió Yulia- Oh, sí.

Elena se lanzó más profunda, gimiendo en voz alta mientras succionaba el clítoris suavemente. Deslizó un dedo a lo largo de los labios de la morena, luego empujó dentro de su estrecho orificio con deliberado cuidado. Yulia cerró los ojos y se concentró en la respiración, en no perder el conocimiento. Nunca había sentido nada tan extraordinario.

El ronco, lánguido gemido que se escapó de la pelirroja, desbastó a la morena soltando la última porción de su control. La vibración del propio placer de Elena la condujo hacia su clímax, inclinó la cabeza hacia atrás y le dio voz a la liberación demoledora de su alma. Entre sus piernas, Lena lanzó un grito y se apoderó del muslo con la mano libre cuando ella se estremeció junto con Yulia.

Cuando la pelinegra se recupero, la pelirroja se echó hacia atrás con un jadeo. Se desplomó con su rostro en la parte interna del muslo de la morena y temblaba, respirando pesadamente. Yulia enredó sus dedos en el pelo la doctora y la sostuvo estrechamente.

-Me he venido -susurró Lena- Te lamí y me vine.

La morena cerró los ojos, amando la maravillada voz de la mujer entre sus piernas. Deseando poder ayudarla a comprender lo que había sucedido. Pero no podía explicarle que acababa de hacer el amor con alguien no muy humano. No sin espantarla.

Acariciándole cabello, Yulia murmuró

-¿Crees que podrías hacerlo otra vez?
-¿Qué, venirme?
-Sí.
-Desde luego no me opongo a intentarlo -levantó la cabeza, y la morena abrió los ojos para que pudiera apreciar su mirada- Eso fue increíble. Eres increíble.

La pelinegra tomo los hombros de Elena suavemente, tirando hacia arriba de su cuerpo para estar cara a cara. Entonces coloco la de espalda y separo sus muslos, ocupando su lugar entre ellos.

-Estamos increíbles.

Elena acunó de rostro de la morena en sus manos.

-Tienes razón -susurró- Lo somos.

Yulia bajó la cabeza y derramó hasta la última gota de su emoción besándola. Ambas gimieron simultáneamente, sonidos gemelos de placer casi provoco un nuevo orgasmo en la pelinegra. Presiono su muslo contra el sexo de Elena, deslizándose sobre su humedad, y canturreó cuando ella inhaló bruscamente por el contacto. Aportándose de su boca, la morena arrastró besos sobre su garganta, luego hasta la punta de un perfecto pecho.

Las manos de la pelirroja encontraron la cabeza de Yulia y la sostuvo estrechamente, animándola a lamer y mordisquear, luego tiró con los dientes.

Cuando la morena estimuló el pezón de Elena podía sentir el placer ardiente construirse en su propio estómago, señal de un nuevo clímax. No queriendo venirse antes de que pudiera probar a la pelirroja de la manera que esta la había probado, rápidamente la besó bajando hacia la maravillosa humedad entre sus piernas.

-No sé si podré aguantar esto –exclamó Lena, tirando del cabellos oscuros- Me siento endemoniadamente bien.
-Si puedes –la animo la pelinegra. Abriendo sus muslos y besando suavemente sus labios mayores- Serás capaz.

Gimiendo, Elena apretó los dedos sobre el cuero cabelludo de Yulia. Una corriente eléctrica pareció dispararse de su mano, viajando a lo largo del cuerpo de la pelinegra a la punta de los dedos de sus pies. En combinación con el dulce sabor de los jugos de Lena, era pura felicidad. Succiono y besó los hinchados pliegues, luego su clítoris, hasta que se puso rígida y se vino con un grito ronco. La morena contuvo el sonido de su propio orgasmo lo mejor que pudo, no segura de querer hacer saber a la bella mujer que su placer la había llevado al clímax una vez más. Pero la pelirroja no podía confundirse posiblemente cuando la pelinegra jadeó y se estremeció mientras yacían allí recuperándose.

-Ese fue el mejor sexo que he tenido -murmuró Lena un minuto más tarde, una vez que su respiración se regularizo- Nuestra primera vez. Lo mejor de mi vida.

El pecho de Yulia se infló con orgullo. Beso el cuerpo de la bella mujer en un camino ascendente a sus labios.

Después de delinear la espalda un largo rato, la morena hablo.

-Tú si que sabes cómo hacer que una chica se sienta bien.
-Tú también -respondió la pelirroja levantando una ceja. Ahora que la tensión sexual se había aliviado ligeramente, su rostro pareció más relajado. Todavía estaba magullada desde el ataque. Yulia frunció el ceño, paso sus dedos sobre las marcas de decoloración. Ella sacudió la cabeza- No hablemos de ello.

Asintiendo con la cabeza, la pelinegra se alejó de su cuerpo y se sentó a su lado. Apoyada sobre su codo y le acarició suavemente el estómago con la punta de sus dedos.

-¿Quieres pasar la noche?

Elena le acarició el rostro.

-Simplemente intenta conseguir que me vaya.
-Te das cuenta de que tengo la intención de aprovecharme de ti muchas veces más esta noche, ¿no? –la morena sujetó la mano de la pelirroja y besó sus dedos, introduciendo uno de ellos en su boca. Los ojos de Elena se oscurecieron- Espero que estés preparada.
-Espero que tú lo estés -contesto, con una voz que destilaba seducción. Parpadeó y sonrió tontamente, poniéndose roja- No quiero parecer algo torpe, pero he estado con mi ex por tres años. Pero nunca fue así. Yo nunca fui así.
-¿Cómo? -Yulia le acomodo un mechón de pelo rojizo- ¿Hermosa? ¿Sexy? ¿Emocionante?
-Uh -Elena se rió tontamente otra vez, evitando su mirada- Todo lo contrario, me supongo.
-No lo creo.

Tapándose el rostro con la mano, Lena se veía hermosa con las mejillas profundamente encendidas de color rosa.

-No, es verdad. Yo siempre he sido todo trabajo y nada de diversión. Probablemente por eso nunca he sido capaz de mantener a una mujer mucho tiempo.

Yulia deslizó su mano, hacia el sur, hacia su entre pierna, ahuecándola suavemente.

-No creo que tendrás ningún problema para mantenerme.

Lena extendió sus piernas y dejó caer sus manos para mirar a los ojos zafiros

-Espero que no. Yo podría acostumbrarme a ti.

Yulia pudo oír y sentir la corriente subyacente de amor en la voz de la bella pelirroja, tan fuerte que le apretó el corazón dolorosamente y no lo soltó. Ella probablemente no se sentiría de esa manera si supiera lo que la morena era realmente, pero sus palabras la llenaron de alegría de todos modos. Nadie se había preocupado por ella en un largo tiempo. No esperaba a nadie que la cuide de nuevo. Ahora que tenía la oportunidad con Elena, se comprometió a hacer todo lo posible para no meter la pata.

Incluso si eso significaba esconderse de la única persona en el mundo en quien deseaba confiar.

Deslizándose más cerca de la pelirroja, empujó un sólo dedo dentro de su estrecha abertura con una lentitud insoportable, luego se inclinó para besarla de nuevo. Deleitándose en el sabor del gemido de Lena en sus labios, se aparto lo suficiente para susurrar.

-Yo también podría acostumbrarme a ti
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Dom Oct 26, 2014 11:30 am

Capítulo Diez


Cuando Yulia se despertó temprano a la mañana siguiente, Lena estaba silenciosamente escapando de la cama. Contenta de haberla visto antes de que realizase su fuga, hablo.

-¿Escapando furtivamente?

Sacudida por la sorpresa, Elena miró por encima del hombro.

-No, no conciliaba el sueño, eso es todo. Yo no quería despertarte con mis vueltas en la cama, así que pensé que me gustaría hacer un poco de café.

No estaba dispuesta a perder el calor del cuerpo desnudo de la bella mujer cerca del suyo; la morena la agarró del brazo y tiró de ella suavemente de nuevo bajo las sábanas.

-Ven aquí. El café puede esperar unos minutos.

-Sí, puede -los ojos de Lena brillaban con la luz baja mientras se acomodaba en su lado de la cama frente a Yulia. Pasó una pierna alrededor de su cadera, acercando sus partes inferiores junto con un gemido de satisfacción.

-Voy a estar dolorida hoy.
-Yo también.
-No tienes idea de lo mucho que necesitaba lo de ayer por la noche.

Deslizando la lengua por el labio inferior de la pelirroja, le susurró.

-Creo que tengo una idea bastante buena, en realidad.

Elena sonrió tontamente, moviéndose hacia delante para capturar la boca de la morena en un profundo beso. Cuando se alejó, murmuró.

-Esto es una locura.

Yulia no podía discrepar y la pelirroja no sabía ni la mitad.

El pánico echó raíces en el vientre de la pelinegra cuando consideró las ramificaciones de lo que ellas acababan de hacer. Ella se había unido a Lena ahora y podía sentir hasta las profundidades de su ser. Y todavía no tenía ni idea cómo iba a manejar una relación con un ser humano.

Elena volvió a besarla.

-¿Estás bien?

Sacudida por su inquietud, cambió su enfoque de nuevo a Lena.

-¿Por qué no duermes?

Inmediatamente, una máscara cayó sobre el rostro de la pelirroja. A pesar de que Yulia evidentemente podía sentir su malestar por la pregunta, Lena mantuvo su expresión neutra.

-Sólo una de esas noches, supongo -le dio una sonrisa a la morena que más bien parecía una mueca- ¿Demasiado sexo?

-Eso no es -dijo apartándole un mechón de pelo de su rostro- dímelo.

En lugar de frustrarse por la persistencia de la pelinegra, se relajó totalmente.

Yulia podía sentir su gran alivio, como si una muralla se hubiera roto.

-Una pesadilla.
-Deberías haberme despertado -respondió. Tirando de Elena para un cálido abrazo, acarició su espalda, la besó en la mejilla.

-No hay necesidad para que sufras sola.

Tensándose ligeramente, Lena contesto.

-Nos acabamos de conocer, Yulia. Soy reacia a admitir la cantidad de equipaje que llevo.
-Tonterías -a ella no le importaba cuánto tiempo hacia que se conocían la una a la otra. Teniendo en cuenta cómo se sentía después de sólo una noche, bien podrían haber sido años. Además, las cuestiones de la pelirroja no podían ni siquiera empezar a compararse a su oscuro secreto- Tengo mi propio equipaje, créeme. El tuyo posiblemente no podría asustarme.

Resoplando, Elena murmuró

-Dame una oportunidad.

La pelinegra retrocedió y le guiñó un ojo.

-Ese es el plan.

Lena se ruborizó, apenas ocultando su deleite, y el cálido afecto fluyó de ella como una corriente rápida. Era evidente que Yulia había dicho la cosa correcta.

-¿De dónde vienes? -la voz de la pelirroja tenía una nota de pura pregunta.

La morena sonrió pero no contestó. Francamente, no estaba segura de que decirle, en muchos niveles.

-¿Has estado teniendo muchas pesadillas?
-Algunas -Lena se sentó en la cama, llevando sus rodillas contra el pecho, suspirando profundamente, rodeó con sus brazos sus piernas, como para protegerse a sí misma- no me gusta admitirlo, pero lo que pasó realmente me ha afectado.
-No te culpo -contesto trazando una línea a lo largo de la columna vertebral de la pelirroja con sus dedos- Ser atacada debe ser traumático, por lo menos, es natural que todavía trates de asimilarlo.
-Veo un montón de cosas enfermas, retorcidas en mi lugar de trabajo- comento, desvaneciéndose en el relajante toque en su espalda- No me hago ilusiones en cuanto a lo que los seres humanos son capaces de hacerse el uno al otro. Cuando ese hombre estaba encima de mí, todo lo que pude ver era todas las víctimas de asesinato que he examinado a lo largo de los años. Sus heridas, sus pieles grises manchadas, esos vacíos ojos desorbitados. Podía imaginarme a mí misma tan fácilmente de esa manera, en una mesa de acero en alguna parte…
-Hey -detectando el temor creciente de Elena, se sentó y envolvió su brazo alrededor de sus hombros, tirándola hacia sí- Ahora estás a salvo. Te lo prometo.

Lena parpadeando rápido, presionó los talones de su mano contra sus ojos.

-Yo no quiero ni salir a pasear nunca más. Una de mis cosas favoritas en el mundo, y... -tragó, apartando el rostro lejos de la morena- Él se llevó eso de mí.

La tristeza en la voz de la bella mujer desgarro el corazón de Yulia.

-No para siempre, cariño.

Lena sacudió la cabeza.

-Sólo la idea de ir a uno de mis paseos matutinos... -se estremeció violentamente, y Yulia tuvo que cerrar sus ojos contra la ola de náuseas que envió sobre ella- Apenas quiero salir de casa, especialmente temprano en la mañana.

La morena respiró hondo, estabilizando sus propias emociones. Además de tener que lidiar con el miedo residual de Lena, se esforzaba por mantener su la ira bajo control. Odiaba verla con tanto dolor y más que nada, quería encontrar al hombre que la había atacado y hacerle daño. Sorprendida por la violencia de la fantasía que le pasó por la mente pensando en hacer frente a los ataques de la pelirroja, se concentró en cambio en la proyección de una fuerza tranquilizadora. Manteniendo una actitud positiva era la mejor manera para llevar las emociones tumultuosas de Lena bajo control.

-Te diré algo -contesto, acariciándola en la espalda- Vamos a dar un paseo en estos momentos. Esta mañana. Juntas.

La pelirroja le dio una mirada de pánico.

-No creo que eso sea una buena idea -hizo un gesto hacia la ventana señalando el cielo de la mañana, que apenas empezaba a clarear- Sigue estando oscuro y tengo que ir a trabajar pronto.
-El sol saldrá dentro de treinta minutos. ¿Cuándo entras a trabajar?

Dudando sólo un momento, respondió.

-A las ocho.

Yulia le dio un abrazo tranquilizador.

-Eso nos da tiempo de sobra para un corto paseo. No iremos lejos.

Elena sacudió la cabeza.

-Yo voto por quedarnos en casa y hacer el amor de nuevo.

Eso era muy tentador, pero la morena necesitaba ayudarla a superar sus temores persistentes. Era evidente que Lena era un ser inteligente, lógica, una mujer autosuficiente, y la introducción de miedo sin control en su vida establecida que la había sacudido a fondo.

Incluso habiendo conocido a la pelirroja hace poco tiempo, Yulia no podía soportar verla así.

-Oye -dijo, agarrando la mano de la pelirroja entre las suyas- puedes hacerlo. Te lo prometo, estaré a tu lado. No vamos a ir a ninguna parte cerca de donde ocurrió. Podemos permanecer en el borde del parque, si deseas. Si es demasiado intenso, nos damos la vuelta.
-Vas a obligarme a hacer esto, ¿no?

Preocupada por entrar en una relación completamente nueva, la morena sacudió la cabeza.

-No, si realmente no quieres. Pero vas a ser infeliz hasta que te enfrentes a este miedo de frente. Y tengo muchas ganas de estar ahí para ayudarte a hacer eso.

Los ojos de Elena brillaban por la emoción. Por la mezcla de amor, afecto y entrega Yulia podía sentir la seguridad de que no había empujado demasiado duro.

-Está bien. Vamos a dar un paseo.

-Bien -saltó de la cama, ofreciéndole la mano a Lena- Vamos tendremos un polvo rápido en la ducha antes de salir. Hay una tienda de café un par de cuadras de distancia. Podemos tener nuestra dosis de cafeína de la mañana allí.

Aquella promesa trajo placer genuino a la cara de Lena. Tomó la mano de la pelinegra, permitiéndose ser arrastrada a sus pies, luego se juntó en un abrazo apretado.

-Me gusta como piensas.


***************************


Por el primer bloque, Yulia sintió casi como si estuviera arrastrando a Lena contra su voluntad. Ella se aferraba a su mano con fuerza, manteniéndose cerca suyo y lanzando sus ojos alrededor como si anticipara peligro por todos lados. El estado de miedo de la pelirroja emanaba de sus poros, que casi asfixia a la morena con su intensidad. No era fácil estar relajada ante tal temor fuerte e instintivo, pero era la única manera para aliviar sus preocupaciones. Estaba tan asustada como cuando la había visto inmediatamente después de su ataque.

Como si le leyera el pensamiento, Elena hablo.

-Lo siento. Estoy siendo ridícula.

Yulia le apretó la mano, y luego pasó un brazo alrededor de los hombros.

-No, no lo eres.
-Lógicamente, sé que la posibilidad de que suceda algo malo es prácticamente nula. Pero no puedo dejar de rememorar de nuevo ese momento en el que el hombre vino corriendo hacia mí. Todo sucedió muy rápido, y yo estaba totalmente desprevenida.
-Céntrate en el hecho de que no estás sola en esta ocasión -levantó su mano, y le beso sus nudillos suavemente- Yo no dejaría que nada te suceda. En serio -era un pensamiento aterrador, pero la pelinegra quiso decir lo que dijo. Durante años, permanecer oculta había sido su única prioridad. Pero ella no tenía ninguna duda de que si se da la posibilidad de elegir entre cambiar frente a Elena para salvarla o ver su dolor, se expondría a sí misma en un instante.

Que alguien a quien acababa de conocer ya podía significar tanto para ella la puso nerviosa. A falta de amenaza de muerte o daño físico, jamás quería que Lena conociera la verdad. Sin lugar a dudas la revelación haría poner fin a su relación. Nadie quería estar con un bicho raro, sobre todo, no con quien se convertía en un monstruo real bajo la luz de la luna llena.

-¿Estás bien? -le pregunto la pelirroja, mirándola de soslayo, frotó su pulgar sobre los nudillos de la morena- ¿Dónde estabas?
Yulia se forzó a un encogimiento de hombros indiferente.

-En ninguna parte. Sólo pensando en lo mucho que me gustas.

El último rastro de la ansiedad se disolvió del rostro de Elena.

-También me gustas.
-Bien -se detuvo delante de la cafetería a dos cuadras y media de su casa. Golpeando a Lena con su hombro, agrego- Mira. Lo hemos conseguido.

Elena miró detrás de ellas, como si internamente midiera la distancia que habían recorrido. Luego escaneó su inmediato entorno. A las siete y cuarto de la mañana, las calles estaban activas, si todavía está tranquilo. Un corredor se trasladó a la acera de enfrente, y un par de mujeres mayores esperaban en la esquina la luz verde para cruzar. La morena la observó adaptándose a la normalidad de la situación. Ahora su respiración era calmada y controlada.

-Has paseado por esta ciudad, cientos de veces, ¿verdad? -Yulia comento tranquilamente- Una vez te sucedió algo malo. Y tal vez no pasees sola nunca más, no en el parque. Pero esta sigue siendo tu ciudad. Él no se ha llevado esto de ti.

Asintiendo con la cabeza, Lena se mordió el labio y sus fosas nasales centellearon.

-Tienes razón -echó los brazos alrededor de la morena, besándola suavemente en el cuello- Gracias.

Yulia le devolvió el abrazo, con su pecho lleno de tanto amor que se sentía como si fuera a estallar. Hacer feliz a la bella mujer fue la mejor cosa que había hecho en su vida. Se agitó respondiendo a la alegría en su corazón, un sentimiento de esperanza y promesa que había estado ausente de su vida durante demasiado tiempo. Y no quería perder esa plenitud intensa en su interior, esa sensación de tener todo su ser entrelazado con otra alma.

Lena se apartó de su abrazo con una sonrisa temblorosa.

-¿Y si tomamos un poco de café?
-El café suena bien -sacudida por la profundidad de sus sentimientos por la pelirroja, corrió a la entrada y abrió la puerta- Después de ti.

Se quedó en silencio al lado de Lena, mientras esperaban a través de la corta cola y ordenaron sus bebidas. La pelirroja tomó su café negro, que no sorprendió a Yulia. Cuando esta se situó en el mostrador vertiendo el azúcar en su café, Elena le dio una sonrisa indulgente.

-Si que te gusta lo dulce, ¿eh?

Yulia se rió entre dientes.

-La mitad del atractivo del pastel de anoche fue compartirlo contigo -colocó la tapa de nuevo en su taza de café y tomó la mano de Lena, caminando hacia la puerta- Pero sí, me encantan las cosas dulces -cuando salieron a la acera, se inclinó para que nadie la oyera por casualidad- Mi favorita eres tu, es saborearte.

Lena se ruborizó furiosamente, tomando un sorbo de su café mientras se aguantaba una sonrisa.

-Wow.

Decidiendo aprovechar la distracción de la pelirroja, la condujo en dirección del cruce peatonal.

-Vamos a pasear de regreso por el otro lado de la calle -podía sentir cuánto amaba Lena el Parque Chistye Prudy y lo molesta que estaba por tener que asociarlo con el miedo y la muerte, Yulia la quiso ayudar a reclamar esa parte de su ciudad, también- Por allí hay mejores vistas -comento, señalando a los altos árboles que se cernían sobre la acera, señalando el borde del parque.

Elena apretó los dedos sobre la mano de Yulia.

-Está bien.

Cruzaron la calle en silencio, y la morena se colocó más cerca de los árboles, cuando comenzaron a pasear de nuevo. Seguramente podría defenderla, si llegaba el momento, por lo que no estaba preocupada por su seguridad. Pero Lena se sentía más segura si no tuviera que preocuparse de alguien corriendo hacia ella desde la maleza, como la última vez.

-Cuando yo era niña, mi padre solía traernos de picnic al Parque Chistye Prudy -dijo Lena, permaneciendo cerca de la pelinegra- Amaba el estanque. Después de comer nos gustaba tomar un bicicleta de agua, él, mi mamá y yo, y pedaleábamos durante horas en el estanque, con los patos y cisnes a nuestro alrededor. Hablando y riendo, sólo estar juntos como una familia.

Sintiendo la melancolía agridulce detrás de los recuerdos, Yulia puso su brazo alrededor de Elena y la apretó.

-¿Tus padres aún viven en el área?
-No, mi padre falleció cuando yo estaba en la secundaria. Fue muy súbito. Mi madre y yo nos despertamos una mañana y lo encontramos muerto en el suelo del baño. Un día saludable y se van al siguiente. La autopsia reveló que había muerto de un aneurisma cerebral. -su voz se mantuvo estable, pero la pelinegra podía sentir su tristeza- Mi madre murió poco después de graduarme de la universidad, durante un robo en la estación de gasolina que utilizaba frecuentemente. Según testigos, el hombre con la pistola entró en pánico y comenzó a disparar. Estaba justo en el lugar equivocado en el momento equivocado.
-Lo siento mucho.
-Yo también -aclaró su garganta y enderezó los hombros- La muerte de mi padre es en realidad lo que me hizo decidir convertirme en un patóloga forense. El impacto de tener a alguien que amas y muere sin saber por qué, es inimaginable. Me gusta ser capaz de responder a las preguntas de las personas. Y ahora, con el trabajo que hago para la policía, siento que también estoy honrando la memoria de mi madre, ayudando a la capturar y condenar a los asesinos. No es que las respuestas o condenas hagan que una pérdida duela menos.

Había algo tan noble en como Lena había usado su dolor personal para que la llevara hacia una carrera que ayudara a aliviar el tormento de los demás. Yulia admiraba el deseo de la bella mujer de retribuir casi tanto como envidiaba el vínculo obvio que había tenido con sus padres.

-Tú eras muy cercana a ellos, ¿eh?
-Lo estaba. Eran probablemente todo lo contrario de lo que hubieras esperado, la medida de lo que se plantearía un pragmático como yo. De mentalidad abierta, espiritual, amante de la naturaleza, si da una idea del tipo de personas que eran -riendo, agrego- Cuando era pequeña me solían sacar al parque y sólo querían que fuera amable con la naturaleza, me gustaba seguir lanzando una pregunta tras otra a ellos. ¿Por qué las hojas cambian de color en el otoño? ¿Los pájaros vuelan de noche? Nunca sabían las respuestas, y creo que lo prefirieron así. Para ellos el mundo era misterioso y mágico, que era exactamente lo que les gustaba. Y, yo siempre quise saber por qué y cómo.

La idea de unas gafas y la curiosidad infantil de Elena calentó a la morena.

-¿Así que harshed la melosa?

Elena irrumpió en risas que hicieron a Yulia feliz por todas partes.

-Supongo que sí -miró hacia el parque, y la morena sintió su cuerpo relajarse un poco- a pesar de que siempre he sido el tipo fríamente racional, tener padres como ellos fue un regalo. Me enseñaron a apreciar la naturaleza y el universo de un modo puramente emocional. Para reconocer que aunque hay cosas en el mundo que nadie puede explicar, debemos estar agradecidos por las cosas, y por ese misterio. Sólo me he dado cuenta en los últimos años cuánto valoro tener esa actitud. Me mantiene más equilibrada que muchos de mis colegas.
-Parece que los extrañas mucho.
-Sí -agitó una mano hacia el parque- Pasar tiempo en él me hace sentir más cerca de ellos. Siempre me sentí segura, como un refugio. Esto es... es difícil.

Yulia comprendió completamente la importancia del refugio lejos del ruido de la vida diaria. Pasar de un lugar a otro, siempre requería estar cerca de la naturaleza. Incluso cuando estaba en forma humana, la vista, el olor de los árboles y la tierra húmeda la tranquilizaba de una manera que nada más lo hacia. Una vez al mes, su bestia interior es llamada poderosamente por la naturaleza y si ella se escapara, lo más probable es que recorriera millas para encontrarla, si es necesario.

Sintiendo una extraña afinidad con Lena, murmuró.

-Nunca supe de mis padres biológicos. Una pareja me adoptó cuando tenía cuatro años de edad, luego nos fuimos a vivir a Italia. Pero yo... los perdí, también. Cuando tenía dieciséis años -esperaba que Lena no preguntara por los detalles, porque no quería mentir. Pero no podía posiblemente decirle que sus padres la habían repudiado después de que asesinó a las ovejas de la familia- No importa cuánto tiempo hace que ocurrió. Todavía duele, ¿verdad?

Elena asintió con la cabeza, se inclino para besar la mejilla de la pelinegra.

-Verdad.

Una llamada distintiva cortó a través de la quieta mañana y Yulia paró, buscando entre las ramas por encima de ellas, hasta que descubrió la fuente.

-Lena, mira -señaló el gran pájaro posado en un árbol justo por delante de ellas- Un halcón de Cooper. ¿No es magnífico?

Lena entornó los ojos por un momento, luego se iluminó.

-Lo veo.
-¿Sabías que el noventa por ciento de las especies de aves son monógamas? -notó el modo que la boca de la pelirroja se movió nerviosamente y el evidente placer que parecía derivar de este hecho- Algunos pájaros tienen compañero sólo por una temporada, o incluso temporadas consecutivas, pero la mayoría de los halcones de Cooper aparean de por vida con el mismo.
-Me gusta eso -respondió- Me pregunto dónde está su compañero.

Yulia le tocó la espalda.

-Tal vez ella no lo ha encontrado todavía, es menor de edad.
-Sabes mucho acerca de las aves -se puso en silencio a su lado, viendo el halcón mientras gritaba de nuevo. Ya no preocupada por estar tan cerca de el parque, parecía genuinamente interesada en el tonto caché de conocimiento de la morena de la vida silvestre- ¿Los observas?

Encogiéndose de hombros, Yulia contesto.

-Me encanta la vida silvestre, incluyendo aves.
-Debí haberlo adivinado, por tus fotos -el halcón voló lejos de repente, dejando la vista fija en el árbol vacío- Debemos probablemente seguir avanzando-recomendó- Tengo que ir a trabajar pronto.

La pelinegra trató de reprimir su decepción al recordar que debían separarse, pero sabía que había fallado cuando los ojos de Elena brillaban con simpatía.

-Yo sé lo que estás pensando -comento empezando a caminar de nuevo- Pasar el día en la cama sería mejor.
-Pasar el día contigo sería mejor –Yulia acoto y frotó la mano sobre el costado de la bella mujer, deleitándose con su calor- ¿Cuando puedo verte otra vez?
-¿Qué tal esta noche?

El estado de ánimo de Yulia se disparó. Debería haberse asustado, tan rápido paso de estar cerca de ser una ermitaña a estar desesperada por la compañía de Lena, pero ahora se sentía demasiado bien como para insistir en las dificultades inevitables e implicadas en tener una relación. Por no mencionar el peligro de preocuparse por alguien que sin duda estaría horrorizado por lo que era.

-Eso sería excelente.
-¿Sí?
-Sí -se encendió la luz en la esquina y la morena las llevó a través de la calle, de vuelta a su puerta- No puedo esperar.
-Yo tampoco -Cuando llegaron al porche, Lena la detuvo antes de que pudiera abrir la puerta, iniciando un profundo y apasionado beso. Después de unos momentos se separó, jadeando pesadamente- Me lo pasé de maravilla, Yulia. Gracias por ese paseo.

A Elena no se le hacía fácil decir adiós.

Apretando los dientes contra el deseo ardiente que golpeó a través de sus venas, la pelinegra respondió.

-Estarás segura hoy, ¿de acuerdo?
-Lo estaré.

Yulia se apartó, ávida de espacio para respirar.

-Llámame si necesitas algo. Lo que sea.

La mirada que Elena le dio era positivamente traviesa.

-Lo que necesito no sería apropiado para una llamada de teléfono en el trabajo.

Exhalando de prisa, la morena respondió.

-Ve a trabajar antes de que te tire dentro y recibas lo tuyo de nuevo.

La pelirroja sonrió, claramente, el placer de ser la causante de tal reacción. Por un momento, pareció como si estuviera pensando en aceptar la invitación de Yulia, sin embargo, se dirigió a su automóvil con un balanceo en su paso.

-Yo salgo entre las cinco y las seis. Voy a estar aquí a las seis y media de la tarde cómo máximo.
-Voy a estar esperándote -Por eso, la morena pensó, voy a contar los segundos.

Cuando vio a Lena entrar en su vehículo y alejarse de la acera, se inclinó contra la puerta de su casa con un profundo suspiro.

Estaba en un gran problema.

Capítulo Once


Más tarde, en el trabajo, Elena estaba dolorida, agotada, y más feliz de lo que había estado en mucho tiempo. Tal vez nunca. Se sentó en su escritorio con el expediente de la víctima del Chistye Prudy extendido a su alrededor, finalizando su informe forense, con una sonrisa en su rostro. El sentirse bien carecía de sentido cuando ella acababa de pasar la última hora mirando la escena del crimen con fotos de una mujer que podría haber sido asesinada por el mismo hombre que la había atacado, pero muy poco tenía sentido en estos días. Las pasadas veinticuatro horas con Yulia había desafiado la lógica del todo, sin embargo, no había dejado de disfrutar de cada segundo de ella.

Toc, toc.

Miró por encima del hombro y saludó a Katya, que estaba entrando por la puerta del laboratorio.

-Hola, tu.
-Hola, a ti también -la detective levantó una ceja cuando entró- ¿Qué pasa?
-Sólo dando los toques finales a tu informe forense -respondió. Su voz sonaba alegre, ¿verdad? Katya definitivamente captó eso. La doctora nunca fue tan alegre, incluso en sus mejores estados de ánimo- Estaré contigo en un momento.
-Gracias -dijo la detective cuidadosamente. Se acercó a la mesa y le dio una mirada de soslayo- Pero yo quería decir ¿qué pasa con el carácter alegre? Estas... brillante.

El rostro de Lena se sonrojo, Katya era detective por una razón, por lo que no podía tratar de ocultar su alegría.

-Tuve una buena noche, eso es todo -miró a su ex- ¿No puede una chica ser feliz?
-Por supuesto -estudió su rostro, probablemente tratando de decidir si la buena noche de la pelirroja era en realidad lo que parecía- Simplemente no lo has sido últimamente. No es que yo te culpo, por supuesto. Con lo que sucedió en el parque y todo... -ladeó la cabeza- ¿Has echado un polvo anoche?

Aclarándose la garganta, Lena hizo un gran show de anotar una nota final en el archivo de Svetlana Mikhaylovich. Se negó a admitir que había pasado toda la tarde de ayer y anoche haciendo el amor con alguien que acababa de conocer.

-No es que sea asunto tuyo, pero... Tenía una cita.
-Estás bromeando.

La doctora frunció el ceño. La incredulidad en la voz de Katya la ofendió. ¿Era realmente tan socialmente torpe que Kat no creía que podría encontrar a alguien que estuviera interesada?

-Caramba, gracias.
-¡No! –la detective sacudió la cabeza, apoyando su cadera en la mesa al lado de la mano de la pelirroja. Estaba tan cerca de ella que podía sentir el calor que irradia de su cuerpo- Eso no es lo que quise decir. Es sólo que... después de lo que acaba de pasar. Me sorprende.
-Bueno, no sé. La vida continúa.
-Al parecer, lo hace -cruzó los brazos sobre el pecho, esperando con claridad por más. Pero tendría que preguntar. La doctora no le suministraría más información de la necesaria. Lo que Lena había compartido con Yulia era demasiado precioso para reducirlo a chismes tediosos. Y algo sobre la discusión de la morena con su ex-novia puso a la patóloga incómoda. Katya se mantuvo por casi treinta segundos esperando antes de preguntar- ¿Quién es ella?
-Sólo una mujer.
-Lo imaginé -dijo, sonriendo con satisfacción- ¿Qué más?
-Ella es la que me ayudado la otra mañana. En el parque, después... ya sabes. Después de...
-Huh -estirando el cuello para coincidir con los ojos de la doctora, Katya le guiñó un ojo- ¿Ella tiene un nombre?
-Yulia -contestó en breve. Estaba a punto de hacer tocar el interrogatorio. Al cerrar el archivo, se lo ofreció a Kat- Ella es muy agradable, pasamos un buen rato. Fin de la historia.
-¿Es así? -pregunto tomando el archivo y lo puso bajo su brazo, sin mirarlo. Obviamente, encontró la vida personal de la patóloga más fascinante que algo tan trivial como la resolución de un asesinato- ¿Dijiste que la encontraste en el parque por la mañana?

Elena suspiró.

-Estoy tratando de decidir por qué la policía de repente me pregunta sobre esto.
-Porque me preocupo por ti -rebatió- Y yo quiero saber ¿Qué estaba haciendo Yulia en el Parque Chistye Prudy tan temprano en la mañana?
-Lo mismo que yo, supongo -el estado de ánimo de Lena se fue disminuyendo rápidamente- Jesús, Kat, ¿no puedes estar contenta de que estoy feliz y seguir adelante?

Mirándola ligeramente disgustada, Katya puso una mano sobre el hombro de la patóloga y apretó.

-Nada me gustaría más que verte feliz. Ya lo sabes. Soy sólo…
-Un policía.

Katya se rió entre dientes.

-Sí. Y alguien que te ama.
-Sí, bueno... -tiro de su silla hacia atrás y se levantó, con ganas de estar a nivel de los ojos con Katya. Se le hizo más fácil para imponerse- Lo aprecio. Pero esto es una especie de algo nuevo, así que prefiero guardármelo para mí por un tiempo.
-Lo entiendo -respondio- Lo siento.

Ahora la detective pareció completamente disgustada y Lena se suavizó.

-Está bien. Lo entiendo
-Cool -cambio a una amplia sonrisa, la que siempre redujo a la pelirroja a jalea cuando estaban juntas- Así que, lo que realmente quise preguntarte es si querías cenar conmigo esta noche. Pensé que podía hacer tu favorita ¿Fajitas de pollo?
-¿Yo tengo una cita y de repente quieres cocinar la cena para mí? -se rió entre dientes para cubrir su duda acerca de los motivos de su ex. No había estado en la casa de la detective para la cenar desde su ruptura. Su tiempo fue sospechoso, por decir poco- ¿Es eso lo que está pasando aquí?
-Tenía la intención de pedirte que cenáramos antes de que enterarme de que saliste con alguien -contesto- se acaba de presentar una oportunidad para mí, ¿recuerdas?
-¿Por qué ahora? Me sentí destruida durante casi un año y, ¿de repente te quieres poner acogedora otra vez?

Katya hizo una mueca de dolor.

-Mira, sé que hemos tenido algunas asperezas a veces. Pero lo que le sucedió en el parque... realmente me hizo pensar. Acerca de lo mucho que significas para mí, en como estaría de perdida si algo te hubiera sucedido -llegando a su mano, la detective entrelazó sus dedos y tiró de la doctora más de cerca- Sólo estoy pidiendo una cena, Lena. Eso es todo, deseo pasar tiempo contigo -era la mirada de Kat amplia y sincera, pero ya no la cautivó- ****, solíamos ser las mejores amigas y sé que estropee todo, pero... eso no significa que no te siga necesitando en mi vida.

La cólera centelleó en el estómago de Lena y se extendió por su cuerpo como fuego incontrolable, luego consumiéndose rápidamente. Durante meses había luchado contra su ruptura, ¿y ahora Kat quería volver a encender algo? Ella no creyó ni durante un segundo que su ex sólo fuera tras la amistad. La mirada en los ojos de la detective era familiar. Elena no la había visto desde que se convirtieron en amantes, y le echó el lazo. Ahora que por fin había terminado con Katya ¿Era digna de ser deseada una vez más? ¿Por la emoción de la caza?

-En realidad, tengo otra cita esta noche -trató de sonar casual, pero sabía que acababa de dejar caer una bomba- Pero gracias de todos modos.

La detective parpadeó.

-¿En serio? ¿Dos noches seguidas? -no estaba ni siquiera tratando de ocultar su falta de entusiasmo- Wow.
-Estoy segura de que has visto mujeres dos noches seguidas -respondió la doctora- Tal vez no la misma mujer, seguro.

Katya se tensó, pero trato de parecer relajada.

-No espero que me creas, pero he cambiado, Lena. He cometido un error y he aprendido mi lección. -alejándose, sacó el expediente del caso de debajo de su brazo y lo coloco en el escritorio- Todo lo que me queda hacer ahora es demostrártelo.

Josef eligió ese momento para volver del almuerzo. Abrió la puerta del laboratorio, y se apresuró a entrar, sin detenerse, incluso cuando vio a Elena y a Katya con una mirada significativa, la doctora se alegró por su ocasional ineptitud social. Esta no era la primera vez que la había salvado de una conversación que ella preferiría no tener.

-Hola, peña -le dio a la doctora un entusiasta saludo de Spock con la mano- ¿De qué estamos hablando?
-Cosas de ciencias torpe -contesto la detective fácilmente- Pero ya estaba saliendo.
-Perfecto –Josef señalo su microscopio en el mostrador- Porque tengo algo que tendría que ver, Dra. Katina. Los gusanos más grandes que jamás hayas visto. Extraídos de algunas carnes necróticas.
-Está bien -exhaló la detective y puso una mano sobre su estómago- Las cosas se pusieron un poco demasiado real para mí aquí -saludando a la pelirroja, corrió a la puerta- Te veré más tarde, Lena -echando un vistazo a Josef, dijo- Tú ...Bueno, gracias por eso.
-Adiós -Él agitó alegremente su mano hasta que Katya cerró la puerta detrás de ella. Entonces rodó los ojos, mirando a su colega- Espero que no haber leído mal que querías que se fuera.

La doctora se rió.

-¿Así que realmente no tienes gusanos gigantes para mí?
-Desafortunadamente, no -contesto- Sin embargo, tengo un poco de carne necrótica.

Elena le dio unas palmaditas en la espalda.

-Eres un buen amigo, doctor Pudovkin. En verdad.

Josef agachó su cabeza, evidentemente satisfecho por los elogios.

-Sí, así somos los geeks tenemos que mantenernos unidos, ¿No?
-Eso está en el manual. Por lo menos la última vez que lo revisé -volvió a su escritorio y se sentó. Ahora que Kat se había ido, estaba decidida a recuperar el buen estado de ánimo que Yulia le había dado. Con ella en su pensamiento su estomago revoloteo agradablemente, se quedo mirándolo fijamente como si estuviera soñando.
-¿Lista para nuestra autopsia de las once? -Josef le pregunto, sin molestarse en ocultar su emoción. Él probablemente disfrutaba de la parte practica de su trabajo un poco demasiado, pero Lena lo entendía. Era mejor que el papeleo.
-Lo estoy -Por primera vez desde el ataque, se desafió a la perspectiva de enfrentarse a un ser humano muerto estando con la curiosidad científica en lugar del temor leve. Yulia le había dado ese don, un retorno a la normalidad. Y también le había dado algo mucho mejor de lo normal. Algo que definitivamente no era normal: la posibilidad de torcer el alma, desafiar la razón y enamorarse locamente.

Elena esperó que pudiera ofrecerle a la morena algo incluso una fracción como obligación a cambio. Al menos tenía la tarde entera para intentarlo.



************************************


Después de su segundo período de sesiones de hacer el amor toda la noche en los últimos dos días, Lena se sentó en su mesa de la cocina viendo la salida del sol por la ventana y se preguntaba cómo había llegado a ser tan afortunada. Vestida con sólo una camisa suelta y ropa interior negra, Yulia estaba en la cocina con una espátula en la mano, cada centímetro de ella personificaba al sexo. Elena no podía dejar de hacer furtivas miradas a las piernas desnudas de la morena, recordando cómo se había sentido envuelta alrededor de ellas sólo treinta minutos antes. Estaba cansada, hambrienta, incluso dolorida, pero por encima de todo, estaba gloriosamente contenta.

-¿Sabes que he tenido más sexo en las últimas cuarenta y ocho horas que todo el resto de mi vida? -Yulia la miró por encima del hombro, teniendo los ojos en sus panqueques, por primera vez desde que los había derramado- En serio. Es fantástico.

Zumbando, la pelirroja inclinó la cabeza y miró con nostalgia las cimas de los muslos musculosos de Yulia. Elena no creería tal increíble declaración de la mayor parte de mujeres tan hermosas como ella. Pero sabía que era totalmente sincera.

-Estamos de acuerdo, entonces. El sexo es fantástico.
-El sexo es sólo la punta del iceberg -transfirió una tortilla de la sartén a un plato, a continuación, puso la espátula sobre el mostrador. Pasó junto a la silla de la pelirroja, las caderas rodando en la más sensual visualización del movimiento que Lena nunca había visto.
-Eres fantástica -le dijo la morena de rodillas junto a la silla de Lena, le dio un beso lento y húmedo- Y creo que me estoy enamorando de ti.

El corazón de Elena dio un vuelco. No porque no se sintiera de la misma manera, ni siquiera porque no había adivinado cómo Yulia sintió. Si hubo dudas ayer en el trabajo, en las últimas dieciocho horas las había borrado todas. Ella sólo estaba reaccionando al simple choque de oír las palabras dichas en voz alta y, más que eso, creer en ellas.

-Yo también -le susurró acortando la distancia entre ellas para robarle un beso.

La pelirroja palpó abriendo los dos botones superiores de la camisa de Yulia y deslizó su mano en el interior. Rozó el pezón erecto y de repente las tortitas eran las últimas cosas en su mente.

-Podemos calentarlas luego -comento la pelinegra, una vez más exactamente en la misma longitud de onda. Siempre parecían estar en sintonía, lo que las hizo estar juntas de una manera fácil como nunca había estado con Katya.

Elena gemía en sus besos.

-Vamos a matarnos. El hambre, la deshidratación... ¿dónde terminará todo esto?
-Satisfacción -susurro cuando Lena le pellizcó los pezones- Un pequeño precio a pagar, creo. Por esto.

La pelirroja abrió la boca para contestar, pero se detuvo cuando una persona llamó a su puerta.

Tiró hacia atrás de la morena, quien fue inmediatamente cautelosa. Nadie trato de entrar. Nadie la visitaba tan temprano. Y por primera vez desde su paseo hasta la tienda de café del otro día, Elena sintió miedo del hombre del parque. No era lógico que llamara, pero eso no impidió que su instinto de huida se hiciera presente.

Yulia parecía acopiar su malestar.

-¿No esperabas a nadie?
-No -se levantó y se obligó a caminar hasta la puerta- Definitivamente no -Alguien probablemente se ha equivocado de apartamento- puso su ojo en la mirilla y se sintió sorprendida, aliviada, y con un poco de rabia al ver a Katya. Abrió un poco la puerta, salio al pasillo y frunció el ceño- ¿Qué haces aquí?
-Buenos días a ti también, cariño -Katya sostenía una familiar caja azul- Bagels. Crema de queso. ¿Qué dices?
-Te digo que ya tengo planes para el desayuno -contesto, aun cuando la detective se introdujo junto a ella en el apartamento- ¡Hey!

Katya se detuvo a sólo unos pasos dentro de su sala de estar. Sintiéndose como si sus mundos se chocan, la pelirroja se dio la vuelta y tragó por la visión de Katya y Yulia que se evalúan la una a la otra.

La morena sonrió cálidamente.

-Hola -saludo, cruzando la habitación y ofreciendo su mano- Yo soy Yulia.
-Katya -respondió tomando la mano de Yulia. Levantó una ceja y sutilmente le escaneo las piernas desnudas- Pido disculpas. No me di cuenta que Lena tuviera compañía.
-Es absolutamente correcto -dijo la morena- ¿Le gustaría quedarse hay panqueques?

Tratando de ocultar su alarma, la doctora cogió el brazo de Katya y tiró hacia la puerta.

-En realidad, Kat tiene que salir.

La detective se encogió de hombros lejos de la mano de Elena.

-Ese es un acento fascinante, Yulia. Insólito. ¿De dónde eres?

Aunque nunca la expresión amigable de la morena vaciló, Lena sintió su malestar.

-Yo nací aquí, pero he vivido en Italia y en muchos diferentes lugares. Sobre todo en Europa. He estado en Moscu por últimos tres años.
-Europa -repitió en voz baja Katya- Ah.

Elena reconoció el tono de Kat. Pensó que estaba en algo, cuando Lena no tenía ni idea de lo que podría ser. Lo único que sabía era que su ex estaba convirtiendo una mañana excelente en algo insoportablemente incómodo.

-En realidad, Kat. Tiene que irse.
-Bueno, fue un placer conocerte -dio a Yulia una amplia, encantadora sonrisa casi tan falsa como el sentimiento- Ustedes disfruten de su desayuno.
-Encantada de conocerte, también, Katya.

La detective levantó una ceja.

-Soy ex de Lena, por cierto.
-Sí, se eso -murmuró la pelinegra- Siento que tengas prisa.

Incapaz de aguantar más, Lena clavó las uñas en el brazo de Katya y la arrastró hasta la puerta. La abrió y la empujó hacia el pasillo, Luego cerró la puerta detrás de ellas.

-¿Qué demonios estás haciendo? -le espeto una vez que Yulia no podía oír.
-Demonios, mujer -la detctive alejó su brazo, frotándose las marcas débiles- Estás de mal humor sorprendentemente para alguien que, obviamente, tuvo otra muy buena noche.
-Mi noche no es de tu incumbencia -siseo con voz tensa- Dejó de ser de tu incumbencia en el momento que elegiste follarte a otras mujeres.

La irritación brilló en el rostro de la detective.

-Mira, yo no sé cuántas veces puedo pedir disculpas, o decir que he cambiado. Pero esto, en este momento, no tiene nada que ver con eso. No tenía idea de que tendrías compañía. Quería traerte panecillos. Como tu amiga.

Elena se obligó a calmarse. Ella realmente no quería luchar con Katya. La adrenalina de su oleada de miedo ante el sonido de los golpes en su puerta había alimentado su furia, y ahora sólo quería dejarlo ir. Siguiendo adelante.

-Aprecio el gesto, Kat. Pero yo te dije que tenía una cita la noche pasada.
-¿Segunda Cita? - Katya suavizó su voz- No me importa lo que dijiste en el laboratorio ayer, yo sinceramente no esperaba que ella te sirviera el desayuno.
-Sí, bueno... -se aclaró la garganta, sabiendo lo fuera de lugar que todo esto era para ella. No era de extrañar que Katya se sorprendiera. Les había costado tres meses para la transición de la amistad a la intimidad. La idea de Lena de dormir con una mujer con tanta rapidez le parecía inconcebible. Antes de hace dos días, que había sido- Ella es especial.
-Pude ver eso -Aún sosteniendo la caja de bagels, se inclinó contra la pared, golpeando lo que probablemente esperaba que fuera una pose casual- Bonita, ¿verdad?

Algo en el tono de su ex irritó a Lena.

-Lo es.
-Entonces, ¿qué sabes de ella? ¿En serio?
-¿Cómo dices? -se cruzó de brazos sobre el pecho- ¿Estas de hecho pretendiendo que nuestra relación es de tu incumbencia?
-¿Su relación? -la detective sacudió la cabeza- Oh, Lena.
-No -la atajo con frialdad. La condescendencia fue el colmo- ¿Quieres ser mi amiga, Kat? Estás sobre hielo muy fino en estos momentos.

Los ojos Katya se suavizaron.

-Lo siento, Lena. Entiendo cómo debe parecer. Comienzas a ver a esta mujer y, de repente, aquí estoy.
-Aquí estás -contesto la pelirroja- Sí, más o menos lo resume todo.
-Sinceramente... –la detective miró a la puerta del apartamento, luego se trasladó a cerrarla- Algo está fuera de lugar con ella. No puedo poner mi dedo en la llaga, pero... realmente, ¿cuál es su fondo?

Elena se puso tensa. Podría haber conocido a Yulia hacia menos de una semana, haber sido su amante durante sólo cuarenta y ocho horas, pero en ese momento se enteró que sabía todo lo que necesitaba saber acerca de Yulia. Tal vez no los íntimos detalles de su vida, pero si las cosas importantes. La morena era una buena persona, y cuando Lena estaba con ella, era parte de algo más grande que sí misma.

Por encima de todo, Yulia la hacía feliz.

-Permiso -puso su mano en el pomo de la puerta- ¿Cómo te atreves?
-Yo no estoy tratando de ser una imbécil. Estoy tratando de ser tu amiga.
-¿Quieres ser mi amiga? Vete. Permíteme terminar mis m.a.l.d.i.t.o.s panqueques con la mujer que me ha hecho sentir mejor conmigo misma en los dos últimos días de lo que nunca lo hice -la terrible sensación por disfrutar del dolor de Kat no fue capaz de ocultar a esa declaración, la pelirroja se centró en la fea alfombra del pasillo y deseó que su pacífica mañana volviera- Sólo déjame tener esto, ¿de acuerdo? Por favor.
-Está bien -contesto. Dio un paso hacia atrás, mirándola afectada- Yo simplemente no quiero que te lastimen.

Ella no sabía si reír o llorar.

-No todas las mujeres me van a dañar, Kat. No como tú lo hiciste.

Parpadeando rápido, la detective dio la vuelta y se dirigió hacia la escalera. Elena la vio marcharse, ya lamentaba lo que había dicho. Por mucho que odiaba los celos de Katya, en realidad no tenía dudas de que aun sentía mucho cariño por ella. Y que al menos algo de su preocupación venía de su lugar de amor. Pero su tiempo juntas había terminado, y había sido la elección de Kat. Alterar el orden de las cosas así como Lena había encontrado a la morena parece innecesariamente cruel.

Exhaló, luego abrió la puerta del apartamento y caminó de regreso al interior.

Yulia se sentó en la mesa de la cocina con las piernas cruzadas, mirando a la puerta. Cuando vio a la pelirroja, se levantó de inmediato, la preocupación estaba grabada en su cara.

-Ella te molestó -dijo- ¿Estás bien?

Elena cruzó la habitación y cayó en sus brazos.

-Lo siento mucho.
-¿Por qué?
-Por Kat.

Riendo, la pelinegra le acarició el cabello.

-Querida, está bien. Ella sólo se preocupa por ti, ¿no?
-Interrumpiendo aquí, cuestionando acerca de tu acento. Interpretación eres sospechosa -frunció el ceño incluso cuando se consoló recorriendo con sus manos las curvas de la morena- Ella es policía.

Yulia se quedó inmóvil.

-¿Sospechosa de qué?
-Probablemente por que una mujer tan ardiente está interesada en mí -se encogió de hombros para ocultar la incertidumbre que Katya había causado- Yo no lo sé. De repente, ella esta celosa o algo así.

Yulia apretó sus brazos alrededor de la cintura de Lena, pero no dijo nada. Suspirando, la pelirroja se echó hacia atrás y miró a los ojos zafiros.

-Me doy cuenta de cómo debe parecer esto. Pero las cosas se resolverán entre Kat y yo, te lo prometo. Al menos en lo que a mí respecta -Odiaba la vaga molestia en el rostro de la pelinegra y juró no dejar a Kat tirar algo como esto otra vez. No le perdonaría si lograra asustar a esta increible mujer- No estoy interesada en cualquier juego que esté jugando.
-No estoy preocupada por eso -contesto suavemente, y a pesar de la inquietud persistente Lena podía sentir la emanación, pero le creyó- Simplemente no me gusta saber que te molesta.
-Me he pasado el año anterior saliendo de una gran cantidad de dolor que ella me causó -Por mucho que odiara hablar sobre su ex con su actual, merecía saber en qué se estaba metiendo. Es evidente que su historia se deslizaba en su relación con Yulia, lo quisiera o no- Me engañó. Mucho, creo. Sé que no era exactamente lo que quería en la cama, así que... -se ruborizó y miró hacia el suelo- Me hizo sentir como si yo no fuera suficiente para ella, pero ahora que puedo encontrar a alguien que parece querer lo que tengo que ofrecer...
-Esta celosa.
-Supongo que sí -no sabía qué hacer con el comportamiento de su ex. ¿Katya realmente quiere volver? ¿O ella simplemente no quería verla pasar?- Me está fastidiando.
-Parece que se dio cuenta que fue una tonta por romper tu corazón. -tocó la mejilla de bella mujer con el dorso de la mano- Aunque no puedo decir que siento que perdiera su oportunidad.

Lena frunció el ceño.

-Odio esto. La última cosa que quise era exponerte al drama de la ex-novia. Al menos no desde el principio. -haciendo una mueca por lo que implicaba sus precipitadas palabras, agrego- No quiero ser presuntuosa. Sobre la vida útil de esto, lo que nos pasa, quiero decir...

El placer obvio de Yulia por sus palabras atrajo a Lena, la hizo sentirse rodeada por el amor.

-No estás siendo presuntuosa. Y en cuanto al drama... Soy una chica grande, puedo manejarlo -sus labios encontraron el cuello de la pelirroja de nuevo- Nada me alejará de ti. Te lo prometo.

Elena inclinó la cabeza, proporcionándole un mejor acceso.

-Esto me está haciendo sentir mejor –murmuró- Eres tan buena en eso. Haces todo mejor.
-¿Entre otras cosas? -la morena retrocedió, con los ojos brillantes. Sus manos encontraron las caderas de la pelirroja, y la condujo hacia atrás hasta que de sus piernas tocaron el sofá. Tirando de los pantalones del pijama, deslizó una mano dentro y la ahuecó entre las piernas- ¿O necesitas un recordatorio?
-Un recordatorio sería bueno.

Y sólo así, Katya quedó en el olvido.
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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Dom Oct 26, 2014 11:33 am

Capítulo Doce

Habían pasado dos semanas desde que Kirill tocara a la Dra. Elena Katina. Dos semanas desde que la sujetó en el suelo y presionara sus pulgares en su garganta. La hizo rogar y temblar, reduciéndola a una patética sombra de la profesional competente que pretendía ser.

Había pasado exactamente catorce días, y Kirill quería hacerlo de nuevo.

Pero esta vez él anhelaba ir más lejos. Para golpearla en la cara hasta que ella gritara. Cortarla. Tal vez incluso trabajar hasta el descaro de su violación. No debido a que se bajó en ese tipo de cosas, sino porque sabía que iba a asustarla.

Y, Cristo, ¿cómo su miedo lo alimentó como nada lo hizo?

Él había planeado burlarse de Elena Katina, No atormentarla. Confundirla, no enfrentarse a ella. Pero ahora que Kirill había visto otra posibilidad de su juego, la idea le consumía. Durante mucho tiempo se había dicho que vendría con un plan brillante, sin salir de él pasara lo que pasara. Esa era la manera de no quedar atrapado. Esa era su manera.

Después de cinco minutos a solas con Elena Katina, Kirill no sabía si así era como él quería hacer cosas en adelante. ¿Dónde estaba la diversión en tener demasiado miedo de improvisar? ¿Demasiado rígido para aprovechar la oportunidad cuando se presenta?

No sería suficiente burlarse de la doctora. No para él. No más. Él quería destruirla. Para ser lo último que viera antes de morir, el monstruo que temía hasta ese día. Él la quería, punto y aparte, porque ella era simplemente la más fuerte, más competente mujer a la que jamás había conocido. Y sin embargo, él podía reducirla a una masa temblorosa de carne.

¿Qué podría ser más emocionante?

Así es que él cambiaria su plan. Nada lo detenía, de verdad. Nada, excepto sus propias expectativas. No importa qué, él no la iba a matar todavía. La expectación era demasiado deliciosa.

Una vez que la matara se terminaría. Él tendría que idear con un nuevo juego. Y en este momento, no podía pensar en otro adversario que quisiera derrotar. Así que iba a tener esto siempre y cuando pueda. En primer lugar iba a matar a otra mujer para que ella la examine, pero luego tal vez pagaría a la buena patóloga forense con una visita.

Tocarla otra vez. Dejándola con su miedo.

Quería destruirla mentalmente por que nunca iba a poder derrotarla con la ciencia, la fría lógica con la que atrapó a Ivan Dietrich. Sólo porque él no siguió el plan original, sólo porque sirvió a sus bajos deseos, él no sería descuidado. No daría un paso en falso.

Él podía hacer lo que jodídamente quisiera. Y lo que más anhelaba en el mundo, hasta más que ser intocable, era aterrorizar a Elena Katina haciéndola vivir el infierno.

Así que lo haría.

Capítulo Trece


Cuando el teléfono de Yulia sonó a las cinco y media de un jueves por la tarde a sólo un poco más de la mitad del ciclo lunar, sabía inmediatamente que estaba en problemas.

Era Lena, y estas llamadas telefónicas se habían convertido en un ritual diario. El estómago de la pelinegra saltaba con alegría de que la doctora hubiese terminado en el trabajo y que estarían pronto juntas. Sin embargo, había una molesta preocupación en la parte posterior de su mente, la conciencia siempre presente que dentro de poco vendrían las noches que no podían estar juntas, hasta tres noches, si Yulia realmente quería jugar a lo seguro. Incluso si no se viera obligada a cambiar el día antes y después de la luna llena, su tirón por lo general, la afectó por unas sólidas setenta y dos horas. Lena sin duda se daría cuenta de que estaba más caliente de lo habitual.

Dar con una excusa para estar lejos de la bella mujer, incluso por una noche sería bastante difícil. Sobre todo cuando se había convertido en la mejor parte de su vida. Yulia simplemente no quería que estuvieran separadas.

Tomando el teléfono, contesto.

-Hola, cariño.
-He estado pensando en ti todo el día.

La morena se excitó por la felicidad que brillaba a través de la voz de Elena.

- También he estado pensando en ti. Sólo cada segundo.
-Buena respuesta -A partir de la elevación leve del ruido de fondo, la pelinegra podría decir que la estaba llamando desde su coche- ¿Quieres salir conmigo esta noche?
-Simplemente deberíamos acordar que no necesitamos fingir que podría decir no -El corazón se encareció ante la idea de estar juntas otra vez, la morena tomó una respiración para estabilizar la necesidad de contener su emoción. Elena hacía muy difícil actuar bien- Por supuesto que quiero pasar el rato. Siempre. A todas horas.

Elena se rió.

-¿Has estado alguna vez en el cine de la plaza Turgenevskaya? Pasan películas viejas.
-No -no podía recordar la última vez que había ido a una sala de cine. Había sido una adolescente, antes de su primera obligada transformación. Una vez que se había ido a la clandestinidad, estar en una habitación llena de gente rodeada por otras personas no apeló a ella. Pero ahora que estaba con la pelirroja, haciendo algo tan dolorosamente normal como ir al cine la intoxicó- ¿Qué pasan?
-Lady Halcón. ¿La has visto?
-No sé.
-Es una de mis favoritas. Es todo... fantasía, romance, humor. Es la tragedia de dos amantes, separados por una m.a.l.d.i.c.i.ó.n.

El entusiasmo de Lena tomó la decisión por ella.

-Suena muy bien.
-¿Sí?
-Me encantaría ir a una cita contigo.

Riéndose entre dientes, la pelirroja contesto.

-Supongo que esto es como una cita, ¿eh? Nuestra verdadera primera cita.
-¿Te refieres a salir y hacer algo divertido, luego llegar a casa y tener sexo? -Yulia estaba segura donde la velada tendría su fin, en la cama- Yo estoy dispuesta si tú lo estás.
-Incluso voy a pagar la cena.

La morena resopló.

-Bien, entonces adivino que tendré que salir.
-Condenadamente cierto -respondió- Mira, estoy a unos cinco minutos de tu casa. Si puedes estar lista rápidamente, podríamos comer algo ahora mismo. Eso nos debe dar el tiempo justo para ver la película.

No podía creer que esta era su vida ahora, Yulia sacudió la cabeza cuando luchó contra la alegría que cruzaba su cara.

-Eso suena perfecto. Me voy a lanzar directamente a mis zapatos y te espero fuera.
-Impresionante -podía oír la anticipación de la pelirroja en su voz- Te veo pronto.
-Adiós -colgó y suspiró profundamente. Las cosas iban tan bien con Lena que odiaba mover el bote. Con una semana y media hasta la próxima luna llena, tenía que encontrar la manera de hacer malabares con una novia y su transición por primera vez. Definitivamente ponía un freno a la emoción de las citas, pero ella no dejaría derribar esta noche.

No cuando estaba a punto de salir y divertirse como una persona normal.

-Una película -murmuró Yulia- Mírenme.


******************************

Dispersándose la concurrida salida del cine de la plaza en las aceras horas más tarde, la morena no podía creer lo que acababa de ver. Dejó que Elena eligiera una película que tan de cerca hacía alusión a la doble naturaleza de Yulia. Como resultó, Lady Halcón fue una película de fantasía acerca de una pareja de enamorados separados debido a una m.a.l.d.i.c.i.ó.n, durante el día ella se transformaba en un halcón, y antes de la noche él cambiaba en un lobo. En consecuencia, nunca podían estar juntos como seres humanos, al menos no hasta el final de la película.

-¿Estás bien? -Le preguntó Lena mientras caminaban por la calle hacia el coche.

La morena ahogó una risa avergonzada. No era alguien que se emociona con las películas con facilidad, pero había vertido lágrimas por su rostro en el momento en que los amantes llegaron a estar juntos. La idea de que un final feliz podría ser posible incluso en el más imposible de las circunstancias definitivamente la movió e hizo su propia situación mucho más dolorosa.

Pero la vida real no era una película. Y aunque la idea de un personaje de ficción que se convirtió en un halcón o un lobo encantó a la doctora, Yulia dudaba de que fuera tan comprensiva acerca de su propia novia fuera capaz de cambiar a cualquier forma de vida a voluntad. Menos aún sobre el hecho de que una vez al mes la morena se convierte en un monstruo que no podía recordar sus actividades nocturnas al día siguiente.

-Debe ser esa época del mes -mintió- Estoy un poco emocional.
-Creo que es dulce. -estrechó la mano de Yulia, enredando sus dedos juntos mientras paseaban por la acera- Es una hermosa historia, ¿no?
-Sí -Vacilante, la morena trataba de decidir si quería ofrecer una explicación de por qué la película la había tocado tanto. Lena parecía contentarse atribuyéndoselo a las hormonas y a una buena historia, y era probablemente lo mejor. Pero a pesar de su necesidad de mantener el secreto, anhelaba una conexión más profunda con la bella mujer a su lado. Quería que entendiera tanto como fuera posible, aunque nunca podría decirle mucho- Es sólo tan triste. Al no tener ningún control sobre su vida y su cuerpo, al punto de que no puedes disfrutar del amor que has logrado encontrar con otra persona... -Consciente de que estaba a punto de romper una vez más, forzó una sonrisa tímida- Me alegro de que fueron capaces de estar juntos al final.
-Yo también.

Exhalando con voz temblorosa, Yulia se limpió los ojos con la mano libre.

-No soy por lo general así de cursi -le dio a Lena una mirada de soslayo- Debe ser consecuencia de todos estos nuevos sentimientos que has inspirado.

Elena se ruborizó, parando en frente de su automóvil.

-Me gusta.
-Eso es un alivio -pasó el brazo alrededor de la pelirroja y la sostuvo con fuerza. Después de soportar dos horas de añoranza tortuosa y cambios de forma que se asemejaban demasiado cerca de la realidad, ella estaba lista para llevar a la pelirroja a casa y perderse en el placer físico- ¿Qué te parece si vamos de nuevo a mi casa y me animas?

Apartándose, Lena dejó caer un beso ligero en la punta de la nariz de la morena.

-Definitivamente podría hacer eso.
-Sé que puedes -No tenía nada que ver con el sexo y todo que ver con la forma en que esta mujer la hacía sentir. Como valía la pena amarla. Como podrían ser de alguna manera normales juntas, aunque Yulia no pudiera completamente entender cómo podría hacer para que esto funcionara.

Pronto la morena tendría que encontrar una excusa para mantener a la bella pelirroja lejos durante su próxima transformación. Y después de eso. Y justo después de eso. No sería fácil, pero tenía que hacerlo.

La vida real no es una película, y Yulia no tenía idea de si un final feliz era posible para su relación con Lena. Pero tenía que tratar de hacerlo realidad.

Capítulo Catorce


Mentir nunca había llegado naturalmente a Yulia. Hasta que tenía dieciséis años, no había querido o necesitado cultivar esa habilidad. Amaba a sus padres adoptivos y en general era una buena chica. Pero la noche de su primer cambio, descontrolado, cuando había matado aquellas ovejas, mentir de repente se convirtió en una necesidad para la supervivencia. Esa noche perdió todo lo importante para ella: su casa, sus padres adoptivos, su novia. Su inocencia. Ganó la aguda conciencia que incluso las personas que profesaban su amor nunca sería aceptada por su verdadera naturaleza, por lo que con el fin de seguir con vida, tuvo que aprender a ocultarse a la vista.

Eso significaba convertirse en una maestra del engaño.

Quince años de práctica la habían hecho muy buena en la vida en las sombras. Sostuvo relación con servicios de escolta, hizo contratos de trabajo para diseño gráfico con numerosos empleadores, y mantuvo un apartamento en una de las ciudades más grandes en Rusia, sin dejar que cualquier persona supiera quién o qué era en realidad. Para una niña que había sido incapaz de vender incluso la más razonable verdad a medias, como un adulto Yulia se destacó en guardar secretos y engañar a la gente.

A ella no le gustaba decir mentiras. Todavía la ponía nerviosa, sin mencionar la culpabilidad. A pesar de que era buena en ocultar ésa confusión emocional a la mayoría de la gente, no sería capaz de ocultarlo a los ojos de Lena.

¿Cómo iba a mentir a una mujer que sentía lo que ella sentía, una mujer que ya había capturado su corazón, que la había demostrado lo que era sentirse amada? No sólo mentir, sería difícil, sino que Yulia simplemente no quería hacerlo. Sabía cómo Elena sentía acerca de la falta de honradez, cómo la confianza rota había sido el meollo de sus problemas con Katya, y temía a la idea de comenzar por ese camino con la mujer que se había convertido rápidamente tan esencial como el aire que respiraba.

Aun así, tenía sólo una semana, hasta la próxima luna llena. Eso significaba que se estaba quedando rápidamente sin tiempo para llegar a una buena historia para no estar juntas esa noche. Debía trabajar en permanecer calmada cuando le dijera esa mentira. Tenía que creerla. De lo contrario Lena percibiría su falta de honradez tan seguro como sintió todo lo demás que ella sentía.

Odiándose a sí misma, la morena colgó su llamada al servicio de escolta que había estado utilizando durante el último año y medio. Acababa de arreglarlo para una chica nueva, alguien que pudiera hacer nudos a su satisfacción. Escapar como su bestia, ya no era una opción esta vez no, cuando ella no estaba segura de ¿A quién o qué puede buscar en su forma más primitiva? ahora que ella había encontrado a una compañera.

Yulia sintió a la bella mujer un momento antes de escuchar un golpe en su puerta principal. Excitada de verla a pesar de su ansiedad, mantuvo una postura ocasional cuando la hizo pasar.

-Estaba pensando en ti.

Lena sonrió.

-En cosas buenas, espero.

Su estado de ánimo brillante se apoderó de la morena, levantándole el ánimo.

-Siempre.
-¿Estás bien? -dijo iclinando su cabeza mientras entró. -Pareces... inquieta.
-No, yo estoy muy bien -la morena la tomó en sus brazos. Su conexión estalló en el fondo de su pecho, calmando sus preocupaciones y reenfocándola en lo que era importante. Esta mujer. Tenía que hacer todo lo necesario para mantener a Lena, y si eso significaba mentir, entonces que así sea.
-¿Estás segura? -la pelirroja puso una mano en la parte posterior de su cabeza y la abrazó, volviendo la cara para que sus frentes se tocaran- Porque es como si pudiera sentir las cosas, ya sabes. Suena ridículo, pero contigo... Yo no lo sé. Supongo que eres fácil de leer- Riendo con timidez, agrego- Siento cosas.

Yulia puso hasta la última gota de su concentración en no reaccionar ante la confesión de la pelirroja. Sabía que tenían un vínculo empático, pero Elena no lo sabía. Científica como era, lo más probable es que ni siquiera creyera en tal concepto. Y sin embargo, aquí estaba Lena, bordeando al filo de articular lo que había entre ellas que hacía su química tan explosiva.

-Sólo te echaba de menos -dijo la morena en voz baja. Se olvidó de cualquier idea de tratar de venderle una historia sobre la noche de la luna llena. La intuición de Lena sobre sus sentimientos la asustó y no quería arriesgar su vínculo recién formado. Todavía no, de todos modos- Me siento mucho mejor ahora.
-Bueno -se rió cuando las manos de Yulia localizaron su trasero, acariciándolo con suavidad- ¿Deberíamos cenar? Podríamos pedir una pizza.
-Se me ocurre algo que preferiría comer -le susurró al oído. Ella sintió el impacto inmediato de sus palabras como un endurecimiento en el abdomen, y luego una oleada de lujuria que parecía fluir directamente de manos de la pelirroja a su cerebro.
-¿Desde cuándo eres tan mala?
-Eres una mala influencia -respondió mientras le mordisqueaba la garganta- Me tienes totalmente corrompida.
-Parece que sí. -Lena echó la cabeza hacia atrás y jadeo cuando la morena deslizó su mano por la parte delantera de sus pantalones, en su ropa interior, los dedos encontraron el calor húmedo por instinto, luego empujó entre sus pliegues- Yo puedo vivir con esto.
-Confía en mí, no me quejo -trabajó con un solo dedo en el interior de la pelirroja, deleitándose en el calor apretado de su intimidad. Amaba la forma como se apretaba allí abajo a su alrededor, la manera en que los dedos de la bella mujer se hundían en sus hombros, como estaba desesperada por estar más cerca- ¿Qué tal si vamos al dormitorio y te preocupas por la cena más tarde?

Elena le mordisqueó la oreja con los dientes afilados.

-Me convenciste.

Yulia sabía que estaba mal distraerse de la tarea necesaria por iniciar el sexo, pero la seducción no fue un movimiento puramente astuto. Hacer el amor era mejor que mentir a la hermosa mujer que adoraba, sin duda, pero ella simplemente no podía dejar de tomar a Lena físicamente, una y otra vez. La atracción emocional entre ellas era tan intensa que la única forma de aliviar la dulce agonía fue a través de la liberación sexual. Aunque esto sólo ofrecía un alivio temporal del deseo desesperado por la doctora que constantemente vibraba por las venas de la pelinegra.

Mentir podía esperar. Esta noche disfrutaría de Elena mientras que todavía tenía la oportunidad.



*************************


En algún momento en el medio de la noche, el teléfono de Elena sonó. Gimiendo, abrió los ojos y tomó el encendido y vibrante objeto, con la esperanza de que no estaba siendo llamada para examinar un cuerpo. Después de horas de actividad física extenuante con Yulia, la idea de arrastrar el trasero de la cama a la escena de un crimen fue espectacularmente poco atractiva. Por lo general, las llamadas nocturnas eran a Josef, quien valoraba un buen cadáver mucho más que al sueño.

Lena miró la pantalla, no reconoció el número. Recogiéndolo, murmuró,

-¿Hola?

Silencio.

-¿Hola? -repitio de nuevo. Aparto el teléfono de la oreja para comprobar que la persona que llama no había colgado. Cuando vio que la conexión todavía estaba activa, se llevó el teléfono a la oreja y escuchó. Oyó el más leve rastro de ruido de la calle, y luego un pitido que señalaba que la persona que llamase había cortado- Bonito.
-¿Todo bien? -Murmuró la morena. Paso un brazo alrededor de la cintura de la pelirroja, trayéndola hacia sí- ¿Qué hora es?

Miró a la pantalla del teléfono.

-Un poco después de la una de la mañana.

Yulia entonó en el reconocimiento. Entonces le besó la garganta, raspando los dientes sobre un punto del pulso.

-¿Necesitas ayuda para poder dormir de nuevo?

Riendo adormilada, consideró seriamente otra ronda antes de reconocer su derrota.

-No estoy segura de que sea capaz físicamente en estos momentos.
-Bien -deslizó su mano entre las piernas de Elena y la ahuecó suavemente- Yo tampoco. No importa lo mucho que lo deseo.

Lena cerró los ojos y suspiró.

-Tú me haces sentir tan sexy.
-Porque lo eres.

Eso era lo increíble de estar con la pelinegra. Por primera vez en su vida, creyó en su propia deseabilidad. ¿Cómo no podría?

El timbre del teléfono celular la arrancó del sueño una vez más.

-Déjame en paz -musitó. Pero ella extendió la mano y pasó su pulgar a través de la pantalla para responder de todos modos- ¿Hola?
-Yo siento despertarte -dijo Katya- Pero estoy de pie junto a un cadáver muy reciente que debes examinar.

Elena se quejó.

-¿Josef no está disponible?
-No, Lena. Necesitas examinar éste.

El tono sobrio de Katya la arrancó completamente del sueño.

-¿Por qué? -La mano de Yulia aterrizó en su espalda- ¿Qué es?
-Mujer, aproximadamente a mediados de la treintena, parece apuñalamiento múltiple y heridas de cortes. Dos malas en el cuello, el mismo patrón que la última víctima. Y no estoy exactamente segura, pero creo que los párpados muestran signos de... ¿cómo se llama eso?
-Petequias -murmuró la doctora- ¿Estás diciendo que fue estrangulada, también?
-Bueno, tú eres la experta, pero…
-¿Así que estamos buscando al asesino del Chistye Prudy? -miró como la pelinegra se incorporó en la cama, dándole una mirada de preocupación que envió el miedo rodando a través del estómago de Elena.
-Creo que es definitivamente una posibilidad -la detective se aclaró la garganta- Hay otra cosa.
-Dime.
-Bueno, estoy de pie en un callejón a una cuadra de tu apartamento.

Una astilla fría de temor perforó la garganta de Elena, lo que le dificultó la respiración. Inmediatamente el brazo de Yulia fue alrededor de ella, fuerte y cálido y de algún modo capaz de barrer con su inquietud en una forma que desafiaba la lógica. Se apoyo en la morena, ávida de consuelo.

- Voy para allá.

La detective exhaló.

-¿Quieres que vaya a tu casa y camine contigo?
-No estoy en mi casa.

La detective guardó silencio un momento y luego contesto.

-Entonces, conduce con cuidado, ¿vale?
-Está bien -colgó y exhaló, dejando caer su cara en sus manos. Ahora sólo no se agotó, sino también se asustó, porque probablemente no era una coincidencia. El mismo Modus Operandi que la víctima en el parque, y que sólo se encuentra a una cuadra de su apartamento. Elena era una gran creyente de La navaja de Occam : la explicación más sencilla es probablemente la correcta. * Y el escenario más probable en este caso es que estaban mirando una nueva víctima del mismo asesino del parque Chistye Prudy, que casi sin duda sabía donde Elena vivía.
-¿Él mató a otra? -La voz se ahogó con el temor, Yulia irradió inquietud.
-Parece que sí -encendió la pantalla en su teléfono de nuevo para comprobar la hora. Cuatro de la mañana. Las tres horas de sueño que había logrado tener después de la última llamada telefónica tendría que ser suficiente- Lo siento, yo tengo que ir.
-¿Dónde? -apretó su brazo alrededor de Elena- Deja que te lleve.

Lena trató de guardar su calma en la cara justo cuando sus tripas se arremolinaran.

-Ella fue abandonado a una cuadra de mi casa. Y deberías volver a dormir. Voy a estar bien -esperaba que sonara con más confianza de la que sentía- Katya está allí. El lugar será un hervidero de policías, la verdad. Va a ser el lugar más seguro en la ciudad.

Yulia echó hacia atrás el edredon y se levantó, encendiendo la lámpara en su mesita de noche.

-De ninguna manera. Yo te llevo.
-Terminaré probablemente por ir directamente en a la oficina después…
-Puedo esperarte allí, luego llevarte a trabajar, o bien me puedes llamar para volver a recogerte cuando hayas terminado -agarró la mano de Lena, tirando de ella a sus pies y en un fuerte abrazo de un rápido movimiento- Pero yo no voy a dejarte ir sola.
-Cariño…

La morena se echó hacia atrás y miró a los ojos color jade.

-Tienes miedo. Puedes ocultarlo todo lo que quieras, pero sé que esto te ha asustado. Por favor, déjame estar contigo. Déjame que te proteja.

La idea divertía a Lena. Yulia era muchas cosas, el principal entre ellas una fuente de consuelo, pero la idea de que su amante gentil podría ofrecer protección física era casi cómico. Sin embargo, la determinación en los ojos de ésta le dijo a Elena que ella iba a morir intentándolo.

-Está bien -tocó la mejilla, maravillada por la forma en que su miedo se disipó cuando la morena aceptó la caricia- Gracias.

La pelinegra rizó su mano alrededor de la parte posterior del cuello de Elena, atrayéndola en un beso lento.

-Yo siempre estaré aquí para ti. Te amo.

El corazón de la Lena tartamudeó, y luego se sacudió a toda marcha. Yulia asustada ligeramente, retrocedió a considerar a la bella mujer con ojos serios. Ahora se veía aterrada, como si comprendiera el enorme peso de sus palabras y honestamente no tenía idea de cómo iba a reaccionar la pelirroja.

Elena abrió la boca pero no salió nada. No importa cómo las cosas habían sido de perfectas entre ellas, sin importar cuán intenso sus sentimientos eran, nunca había imaginado oír a Yulia decir esas palabras tan pronto. Con cualquier otra persona, lo habría encontrado ridículo. Después de todo, ¿cómo puede alguien enamorarse en menos de tres semanas?

Improbable como era, Elena lo comprendió, también.

-Es demasiado pronto -obviamente, avergonzada, la pelinegra parecía encontrar de repente sus pies muy interesantes- Lo siento, es demasiado pronto para hablar de esa manera. Yo sólo…

Lena detuvo su boca con la punta de los dedos.

-Yo también te amo.

Yulia levantó la cara, dando a Lena una expresión de alegría pura que casi la tiró a sus pies con su luminosidad.

-¿Sí?

Hace cinco minutos había sido débil, con miedo. Ahora ella le devolvió la sonrisa fácil a Yulia.

-Oh, sí.
-Bien -la morena le dio un rápido beso en los labios, y luego le dio unas palmaditas en el trasero desnudo tímidamente- Ahora vístete.
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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Vie Oct 31, 2014 9:25 pm

Capítulo Quince


En el momento en que llegaron a la fila de vehículos policiales estacionados cerca de un callejón que ni siquiera se hallaba a una cuadra de su departamento, la euforia de la declaración de amor de Yulia se había desvanecido, dejando a la doctora inquieta sobre lo que traería esta escena del crimen. A pesar de que había visto algunas cosas terribles a lo largo de su carrera, especialmente durante la caza del asesino en serie Ivan Dietrich, Elena nunca había experimentado un temor como éste ante la posibilidad de examinar un cuerpo. Muy por el contrario, de hecho, por lo general, profesaba un sentido de propósito, hasta el entusiasmo de que podría ser capaz de ayudar a llevar ante los tribunales a un asesino. Esta noche todo lo que se apoderó de ella era su inquietud.

¿Por qué deshacerse de un cuerpo tan cerca de su apartamento, en una muy transitada calle residencial? ¿Era simplemente casualidad? ¿O es que el asesino lo hizo a propósito? Si él era el hombre que la atacó en el parque, tuvo su cartera. Eso significaba que sabía donde vivía. ¿Estaba enviando un mensaje? ¿La estaba amenazando? Pero si quería hacerle daño, ¿por qué no sólo viene tras ella en su casa? ¿Fue porque no había estado en casa? Si no hubiera estado esta noche en casa de Yulia, ¿Katya estaría de pie sobre su cadáver ahora?

-Todo va a estar bien -Aparcando cerca a la acera, la morena puso una mano sobre la rodilla de Lena- Tu y Katya atraparán a este tipo. Lo sé.

Elena asintió con la cabeza resueltamente.

-Esperemos que antes de que mate a otra. -Lo que no dijo en voz alta era como a mí.
-No sabes si es la misma persona -estaba obviamente intentando, desesperadamente deshacer la ansiedad de la pelirroja- No sabes si él eligió este lugar a propósito.
-Tienes razón -Tomando una respiración profunda, exhaló, centrándose -Es hora de ir a averiguarlo.

Yulia la detuvo con una mano en su muñeca.

-¿Debo esperarte?

Técnicamente, Katya podría llevarla al trabajo. Pero a Lena le gustaba la idea de que tenia cerca a esta increible mujer, sobre todo cuando sospecha que esta sería la escena de un crimen difícil.

-Qué tal si me das unos minutos hasta que sepa qué estamos tratando aquí. Si parece que va a tomar mucho tiempo, Te lo haré saber.
-Puedo esperar tanto tiempo como sea necesario -le dio una cabezada valiente- No te preocupes por mí.

Elena la besó profundamente, luego se retiró con una pequeña sonrisa forzada.

-Deséame suerte.
-Estoy bastante segura de que no la necesitas, pero buena suerte -le indicó fuera- Ve a ser un super-inteligente resuelve crímenes, ¿lo harás?
-Sí, señora -abrió la puerta del acompañante y salió, se encontró con la mirada de Katya al instante. Esta se quedó en la acera con los brazos cruzados sobre el pecho, con una mirada muy poco sutil en su rostro. Ella cambió su enfoque hacia Yulia y frunció el ceño más duro. Irritada, Lena cerró la puerta del vehículo y se acercó a la detective con los hombros echados hacia atrás, pretendiendo proyectar confianza, por lo menos- ¿Te levantaste del lado equivocado de la cama?

La expresión sobria de Katya no decayó.

-Yulia. Qué sorpresa.
-Terminemos con eso.
-¿Ustedes pasan todas las noches juntas ahora? -La detective echó un vistazo sobre el hombro de la doctora, disparando una mirada fría como el hielo en la dirección del automóvil de la morena.

Andando cerca de la detective, Lena bajó la voz por lo que ninguno de los policías alrededor de ellos pudieran escuchar.

-Esta es la última vez que voy a decir esto, así que escucha bien. No te metas en lo que no te importa. ¿Quieres ser mi amiga? Te daré un consejo. El tratar a Yulia como una especie de animal que está meando en tu territorio no es la manera de hacerlo.
-Ese no es mi problema con ella.
-¿En serio? -dijo crusando los brazos sobre el pecho- Acláreme, entonces. ¿Qué ha hecho Yulia para ofenderte, además de acostarse conmigo?

Katya parpadeó rápidamente, claramente sorprendida por su lenguaje crudo.

-Cristo, Lena.

Cansada de la acción celosa de su ex, la doctora pellizcó el puente de su nariz, deseando que ella aún llevara gafas para que pudiera empujar hacia arriba.

-Oye, es temprano, estoy agotada, y francamente estoy muy muy asustada sobre este asesinato. ¿Podemos ir a ver el cuerpo ahora?
-Está bien -Con una última mirada al automóvil de la pelinegra, la detective hizo un gesto para entrar en el callejón donde el personal de la policía se reunieron alrededor de la todavía forma de una mujer que se encontraba cerca de un contenedor de basura de metal- Después de ti.

Tomando una respiración profunda, Elena apartó el miedo persistente. Tenía un trabajo que hacer. Por encima de todo, era una profesional. Le dio a Katya un brusco asentir con la cabeza y abrió la marcha.


*******************************


Incluso a través de la ventanilla del vehículo, Yulia pudo sentir la irritación de Katya rodar sobre ella, la cólera se mezcló con celos y pena aguda, punzante. No podía sentir los sentimientos de la detective a nivel del alma como pudo con Elena, pero no tenía que hacerlo. La mirada asesina lo decía todo.

La morena entendió todas aquellas emociones. Hasta las esperó. Katya había desperdiciado a una mujer bella e increíble, y ahora que ella seguía adelante, pudo darse cuenta de lo idiota que había sido al romperle el corazón. No hacía falta ser empático para darse cuenta de eso. Si Yulia jodiera las cosas con Lena, y luego la viera con alguien nuevo, se sentiría de la misma forma.

Lo que le preocupaba de la detective era que su aversión no se paró en simples celos. Era evidente que sospechaba, sobre qué, no estaba segura. La naturaleza de la sospecha de Katya apenas importaba, siempre y cuando se dedicara a estudiar a la pelinegra en busca de fallos, podría exponerla. Ser descubierta era bastante malo, pero tener a una policía celosa investigándola significaría el fin de su vida como la conocía.

Las observó entrar en el callejón, uniéndose a una multitud de hombres y mujeres que se movían adelante y atrás con un propósito. Casi inmediatamente sintió una oleada de horror oprimir a Lena, tan poderoso que ella tuvo que doblarse y sostener a su estómago para evitar vomitar. Lo que acababa de ver la pelirroja, era malo.

Con náuseas, bajó la ventanilla del automóvil y tomó una profunda respiración. En lugar del aire fresco que ansiaba, se atragantó con el fuerte olor a sangre fresca. El olor espeso y picante colgaba en la noche; no dejando ninguna duda que la víctima se había desangrado. Pero a diferencia de la última vez que había olido la muerte, la pelinegra ahora percibió también otro olor en el aire. Eso congeló su interior de miedo.

Era él. El hombre que había atacado a Elena en el Parque Chistye Prudy.

Yulia sacó la cabeza por la ventana y aspiró otra bocanada. No porque dudaba de su sentido del olfato, sino porque quería determinar qué tan fuertemente era la presencia del hombre que aún persistía. En una mañana húmeda como ésta, sería posible detectar su olor mucho tiempo después de salir de la escena. Pero si él andaba por ahí, ella también debería ser capaz de recogerlo.

Estos fueron los momentos en que no deseaba tener que ocultar su habilidad. Si pudiera cambiar en un perro, estaría en mejores condiciones para encontrar al asesino. Como un pájaro, podría inspeccionar la escena desde arriba y es posible que lo encuentre mirando desde lejos. En forma humana, lo único que podía hacer era rastrear sin éxito para confirmar algo que nunca sería capaz de decirle a nadie: que el hombre que había atacado a Lena también mató a esta mujer.

Por desgracia, no podía utilizar su capacidad para percibir su agenda, para saber si Elena estaba en peligro o si el lugar de abandono era simplemente una broma de mal gusto, o incluso una coincidencia accidental. Sabía sólo eso aunque hubiera estado definitivamente aquí, él ya no estaba. Probablemente se fue muy lejos, pero la morena ardía por tratar de dar con él.

-M.a.l.d.i.t.a sea -murmuró y miró al callejón. Era demasiado arriesgado considerar siquiera la posibilidad de abandonar el vehículo y cambiar. No con tanta gente alrededor, especialmente cuando uno de ellas era Katya.

Otra sacudida de agitación aguda la golpeó en el intestino y cerró los ojos de nuevo, segura de que estaba a punto de comenzar a vomitar en la calle. Lo que Lena estaba pasando, no era bueno. Yulia deseaba poder ir con ella y consolarla, usó la voluntad de acero que había convocado tantas veces en las últimas semanas para calmar los temores de la pelirroja, pero sabía que no era bienvenida en la escena del crimen.

Sólo podía esperar que Lena fuera a verla.



*********************************



Por lo general, Elena era inmune al olor de la muerte. Era repugnante y repulsivo, pero después de años en su presencia, había desarrollado inmunidad a su asquerosa presencia. Sin embargo, estando de pie ante una mujer que se veía no muy diferente de ella, de unos treinta, algo morena cuyas gafas rotas estaba en el suelo en un fondo de color carmesí, el olor opresivo de la sangre derramada por todas partes hizo a la doctora tragar convulsivamente en un esfuerzo por no contaminar la escena del crimen por vomitar en el suelo.

-¿Estás bien? -la detective mantuvo la voz baja y para garantizar que nadie escuchara por casualidad. Su mano encontró la espalda de la patóloga, y a pesar de su confrontación hace unos momentos, Lena no se movió a la caricia.
-No sé -respondió- Es él. Lo presiento.
-Puede muy bien serlo -Acariciándole la espalda ligeramente, habló con voz temblorosa, traicionada por sus nervios- Pero no sabemos lo que significa. Esta ubicación.
-Esto significa que tenemos que trabajar duro -desvío su atención lejos de los ojos vacíos de la mujer, reuniéndose con la mirada interesada de la detective-Tenemos que atrapar a este tipo. Ya.

Asintiendo con la cabeza, Katya contesto.

-Creo que el equipo de recolección de pruebas está a punto de llegar. Deberíamos ser capaces de trasladar el cuerpo a tu laboratorio dentro de una hora.
-Bien -trató de no pensar que tendría que mirar las lesiones de esta mujer bajo una luz brillante. Sería una visión complicada, terrible, incluso en un entorno clínico. Nunca había sido escrupulosa antes. Pero el pensar en encontrarse cara a cara con la obra de este asesino le dio náuseas- ¿No sabemos quién es ella?
-Tenía un teléfono celular con ella. Eso es todo -La mano de la detective se detuvo en la espalda, diciéndole a Lena que no estaba haciendo un trabajo muy bueno ocultando sus emociones- Voy a volver al laboratorio contigo y ver lo que puedo encontrar en él.

No importa qué tan frustrada podría estar con Katya, estaba feliz por la compañía en el laboratorio. Una tarjeta de identificación se requería para entrar en el edificio, pero ni siquiera eso hacía la sentirse completamente segura. Así como estaba empezando a conseguir realmente pasar por alto lo sucedido en el Chistye Prudy, sus viejos temores regresaron multiplicados por diez. Lo que había sido la especulación nerviosa ahora parecía ser la fríay cruel realidad. El hombre que la había atacado era más que un simple ladrón o un violador. Él era un psicópata.

Elena era realmente afortunada por estar viva, y todo lo que había pasado entre ellos aún no podría haber terminado. No si su elección del lugar del asesinato tenía alguna indicación.

-Vamos -dijo en voz baja la detective- Ellos están listos para cargar el cuerpo.
-¿Quién la encontró? -salió del callejón con las piernas temblorosas, agradecida por la oportunidad de escapar por un momento- ¿O es que obtuviste otra denuncia anónima?

Los ojos de la detective se posaron sobre el hombro de Lena al vehículo de la pelinegra.

-Un par de borrachos caminando a casa desde el bar. Uno de ellos se detuvo para orinar en el callejón y prácticamente tropezó con el cuerpo.
-¿Se les interrogó?
-Lo mejor que pude. Eran unos estúpidos borrachos -cambió su foco de nuevo al rostro de la patóloga- Mira, Lena. Me preguntaste que problema tenía con Yulia. Admito que, al principio yo no estaba muy contenta con la idea de que esta misteriosa mujer te seduzca justamente cuando estás tan vulnerable.
-Soy una chica grande, Kat. -contesto, pero podía oír la preocupación genuina en la voz de Kat guardando la reprimenda lo más suave posible- Espero que te des cuenta de eso.
-Después me la encontré en tu casa, sin embargo, algo más me molesta.

Recordando las palabras de Katya en el pasillo de su apartamento, frunció el ceño.

-Algo "de" ella, creo que dijiste.

Por lo menos la detective tuvo el buen gusto de parecer incómoda cuando ella cambió su peso de un pie al otro.

-Sí. Bueno, de todos modos, pensé mucho en ello. Me pregunté a mí misma. ¿Estoy siendo una egoísta gilipollas? ¿Celosa cuando no tengo absolutamente ningún derecho a estarlo?
-Sigue adelante -no estaba segura de si esto llevaría a una disculpa, pero hubo una primera vez para todo.
-Así pues, entonces vino a mí, y escuché otra vez la grabación del informante anónimo que llamó sobre ese primer cuerpo en el Parque Chistye Prudy. La mañana que fueron atacadas. -tragó. Parecía que sabía que esto podría disparar a la doctora, pero estaba decidida a seguir adelante de todos modos- Era ella, Lena. Lo siento. Yulia es el informante anónimo.

Al principio Elena no sabía cómo reaccionar. Era una acusación ridícula. Por supuesto. Completamente fuera de contexto. Y no lo creyó ni por un minuto. Ella no lo podía creer. Yulia se lo habría dicho si hubiera sido quien informó del cuerpo. ¿No es cierto?

-Eso es ridículo -contesto finalmente- Me gustaría que dejaras de agarrarte a un clavo ardiendo.
-Lena, tiene un acento realmente distintivo. ‘Europeo’ creo que dijo -tenía una expresión de honesto y bondadoso arrepentimiento, parecía que casi estaba pidiendo disculpas por tener que dar la noticia- Yo no estoy diciendo esto porque no me importa tanto ella. Te lo aseguro. En realidad, era ella.
-Ella me lo habría dicho -contesto, pero mientras las palabras salían de su boca, ella se preguntó si eso era cierto. Si Yulia había llamado con su hallazgo del cadáver, eso habría sido antes de que se conocieran. Ella lo había hecho anónimamente por una razón y sin duda no se lo hubiera dicho a un nuevo conocido, especialmente una asociada con la policía, acerca de sus actividades por la mañana.

Pero ¿qué pasa en los días y semanas posteriores? ¿Después de todo lo que habían compartido? Elena estaba convencida de que su vínculo, aunque nuevo, era lo suficientemente profundo para que Yulia le hubiera confiado el secreto. De una manera loca, la pelirrja sintió que lo habría sentido.

A menos que la morena fuera una mentirosa muy, muy buena.

El pensamiento la congeló. Katya era una buena mentirosa. Esa era exactamente por qué la deshonestidad era lo único que Elena no podía soportar en una relación. Ni siquiera con alguien que se sentía tan correcto, como lo hizo Yulia.

-Yo no te mentiría sobre esto -dijo en voz baja- Puedo pasarte la cinta.
-No -La voz salió con más fuerza de lo que ella pretendía. Pero se enojó con Katya por presentar dudas en una situación que, hasta ese momento, trajo nada más que pura felicidad. La morena era lo mejor en su vida ahora mismo. Era posible que la única cosa que la mantuvo entera frente a esta debacle del asesino del Parque Chistye Prudy. No podía permitir que Katya destruyera la confianza entre ellas, la forma en que todo se sentía acerca de su relación tan natural como intensa más allá de la razón. Era demasiado valioso- Yo no quiero oírla.

Una sombra cruzó el rostro de la detective.

-Podría saber algo, Lena. Tal vez vio algo, o tal vez... tal vez ella está involucrada de alguna manera.

La doctora dio un respingo, sorprendida sobre que Yulia podría tener más información acerca de su atacante de lo que se dejaba ver. La morena sabía lo asustada que estaba y le había ofrecido nada más que apoyo. No podía comprender que pudiera esconderle algo así a ella. La patóloga se negó a creerlo y odiaba a la detective, incluso sin quererlo.

Bajando la voz a un susurro enfadado, le contesto.

-Jódete. Que se joda tu cinta. Y que se joda tu estupida sospecha.
-Lena…
-No. No voy a escuchar más de esto. Voy a entrar en el automóvil de Yulia y ella me va a conducir hasta el laboratorio. Si quieres verme allí, está bien. Podemos revisar las pruebas juntas -dobló su brazo sobre el vientre, necesitando la ilusión de la auto-protección. Las insinuaciones de la detective la había sacudido- Si no, te veré luego más tarde. Pero no hablaremos de esto otra vez.

La irritación destelló en los ojos de Katya.

-Nos encontraremos allí.
-Estupendo -se volvió y se encontró con la mirada preocupada de Yulia, se calmó al instante cuando su conexión despertó a la vida- Gracias por llamarme.
-Sólo quiero atrapar a este tipo -dijo a su espalda- Eso es todo. Sé que era una perra celosa la otra mañana cuando me presenté en tu casa, pero eso no es de lo que se trata en estos momentos. Era ella, Lena. Sino quieres escuchar la grabación, pregúntale. ¿No me crees? Pregúntaselo. Ve lo que dice. Pero no dejes que tus sentimientos por una mujer que acabas de conocer nuble tu juicio. Hay un asesino ahí fuera, y te garantizo que no ha terminado todavía. Si hay una posibilidad, alguna posibilidad, de que Yulia sepa algo que nos podría ayudar a encontrarle, ¿no vale la pena intentarlo?

Tensándose, Elena vio que la expresión de la morena se endureció y su atención se centró en Katya. Tenía que ser evidente para ella que estaban discutiendo. ¿Tenía alguna idea de qué pasa? ¿Qué pasa si Kat estaba en lo cierto? Durante todo el tiempo la detective había sido deshonesta en su relación, nunca la había conocido ser otra cosa que honesta y ética a la hora de sus investigaciones. Aunque estaba sumamente celosa de Yulia, no sacaría este tipo de acusación del aire.

-Voy a pensar en ello -volvió a encontrarse con los ojos de su ex-pareja- Pero incluso si realizó la llamada, no creo ni por un segundo que ella esta involucrada. No hay manera.

La mandíbula de la detective se tensó.

-Ten cuidado, ¿Vale?
-Siempre -Con un gesto cansado, se dirigió al vehículo de la pelinegra. Abrió la puerta del pasajero y se deslizó en el asiento, descansando atrás contra el reposacabezas con un suspiro de cansancio- ¿Te importa llevarme al laboratorio ahora?
-Por supuesto que no -arrancó el automóvil, dando a Elena un vistazo de reojo. -¿Estás bien?
-Eso no fue divertido.
-Lo sé -La voz de Yulia irradiaba devoción, lavando a Lena como una ola calmante- Fue malo, ¿no?
-Sí -capturó los ojos de Kat por última vez cuando la morena se apartó de la acera, pero bajó la mirada rápidamente, no queriendo dejar ver a su ex cómo de inestable su conversación la había dejado.

De vuelta en el automóvil con la morena, estaba aún menos convencida de lo que Katya dijo podría ser verdad. ¿Cómo podría Yulia, su Yulia, ocultar algo de esa magnitud? Sabiendo que tenía miedo, sabiendo que podría ser el objetivo del asesino, de alguna manera, ¿podría realmente Yulia guardar silencio por haber jugado un papel fundamental en el descubrimiento del cuerpo de Svetlana Mikhaylovich? Simplemente no era posible.

Cerrando los ojos, Elena comento.

-Es el mismo asesino. No tengo que llevar el cuerpo al laboratorio para saberlo con seguridad. Definitivamente es él.
-Entonces, ¿qué ocurre a continuación?

La doctora suspiró.

-Todo lo que puedo hacer es esperar que él nos dejó más para continuar de lo que lo hizo con la primera. Fluidos corporales, muestras de pelo o fibra... algo. De lo contrario, sólo hay que cruzar los dedos para que un testigo se presente con algo importante en esta ocasión.

Si el comentario intencionado perturbó a la pelinegra, ella no lo demostró.

-Parecía como si tú y Katya tenían una discusión. ¿Fue por mi culpa?

Lena negó con la cabeza, apretando el puente de la nariz firmemente.

-Eso no importa.
-Si te molestó. Sí que importa.

Yulia le acababa de dar la apertura perfecta para traer a colación el tema del informante anónimo de Katya, pero no quería hacerlo. Preguntar a Yulia era que acaba de picar el cebo de la detective, admitiendo que una parte de ella aún le resultaba difícil confiar en nadie completamente. Lena no quería sentirse de esa manera con la morena, sobre todo, no por algo que había dicho su ex. Katya fue la que la había hecho tan temerosa de que le mientan en primer lugar. Permitirle sembrar la desconfianza dentro de esta nueva relación le daba demasiado poder sobre su futura felicidad.

-Esta celosa. Viejas noticias -reunió lo que esperaba fuera percibido como un gesto de indiferencia- Ella lo superará.
-Tendrá que hacerlo -su mano aterrizó en el muslo de Lena y se lo apretó suavemente- Tengo la intención de quedarme por un tiempo.
-Más te vale –miró fijamente por la ventanilla del vehículo, las oscuras calles de la ciudad. Podía estar en cualquier lugar en estos momentos. Mirándola, incluso. Consciente de sus movimientos, siguiéndola. La garganta se le apretó con el pensamiento repentino que si un asesino la acechaba, cada uno que conocía también podría estar en peligro. Yendo volando alrededor para contemplar a Yulia, trató de decidir cómo abordar el tema sin causar una alarma innecesaria.
-Voy a estar bien, cariño -la pelinegra le dio una mirada de soslayo- Te lo prometo.

Elena parpadeó y se preguntó por un momento si había estado pensando en voz alta. Pero no lo hizo. La morena tenía un modo misterioso de sentir sus pensamientos.

-¿Puedes leer mi mente o algo así?

Se puso rígida y Lena juraba que podía sentir la culpa que rápidamente cruzó el rostro de la pelinegra. Se había ido en un instante, dejando sólo una expresión divertida que hizo a la doctora preguntarse si estaba en busca de signos de engaño donde no existían. ¿Tuvo Katya éxito sembrando una semilla de duda que sólo crece y enreda su relación en la desconfianza constante?

-Me di cuenta de que estabas preocupada por algo. Ya que acababas de decir que mejor que me quedase... bueno, supuse que tal vez estabas preocupada por mí -Los ojos color zafiro se desviaron del camino por un instante para buscar el rostro de la pelirroja- Yo no estaba segura si estabas preocupada por mí en lo que respecta a Katya o este asesino del parque, sin embargo -cuando Elena no dijo nada, se encogió de hombros y miró de nuevo a la carretera- O tal vez estoy completamente fuera de lugar.
-Nunca estás fuera de lugar cuando se trata de mí, Yulia -frunció el ceño, pensó en qué tan cierto era eso. En realidad no creía que la morena era una adivina, la evidencia científica de la telepatía era incompleta en el mejor de los casos, pero parecía que ésta mujer era una gran empática individual. Apenas había algo siniestro en eso- Estaba preocupada. Si hay alguna posibilidad de que el asesino me está asechando, podría aprender acerca de mi rutina. Eso incluye a donde voy, a quién veo.
-Voy a tener cuidado.
-Simplemente... -se mordió el labio, preocupada por la capacidad de la pelinegra para defenderse a sí misma si algo sucedía. No es que ella en particular había sido una potencia de auto-defensa. Pero la idea de que su pareja sea lastimada por su causa era desgarradora más allá de lo que jamás había sentido antes- Sólo ten en cuenta tus alrededores. Si algo parece sospechoso, confía en tu instinto. ¿De acuerdo? Y me llamas.

Yulia asintió con la cabeza fácilmente.

-Te lo prometo. Realmente voy a estar bien.

Elena exhaló. Ojalá pudiera estar tan segura de su propia seguridad.

Capítulo Dieciséis


Cuando la morena dejó a Elena cerca de las cinco y media en la oficina del médico forense, Katya ya estaba esperando por ella en frente del edificio. El cielo se había aclarado a un gris brumoso, pero la mañana todavía estaba lo suficientemente oscura por lo que la doctora estaba muy contenta de no tener que caminar por el interior del edificio sola. Por el tono de voz que la detective le dio cuando ella se acercó, sabía que estaban a punto de jugar al juego de todo está bien y fingir que no habían discutido en la escena del crimen.

Eso funcionó para Lena.

-¿Cómo es posible que tú me ganaras? -pregunto la doctora a la ligera mientras entraban en el edificio- Te vi de pie en la acera cuando nos alejábamos.
-Conduzco como un policía. -Se rió ligeramente mientras caminaban por el pasillo aún desierto al laboratorio. Sus zapatos chirriaron sobre el suelo de baldosas, tan fuerte que Elena no podía dejar de buscar en cada sombra, en cada puerta que pasaban por temor a que anunciaban su presencia a algún enemigo invisible- ¿Recuerdas?
-También fuimos a algunos bonitos paseos salvajes juntas -Deteniéndose frente su laboratorio, quiso que su mano no temblara cuando ella pasó su tarjeta por el lector, y luego abrió la puerta. Se metió en su santuario con un suspiro de alivio. Por alguna razón, se sentía tan segura en su laboratorio como lo hizo en casa. Probablemente porque, para un adicto al trabajo como ella, el laboratorio era su segundo hogar- ¿Esta el cuerpo en camino?
-Así es –la detective levantó una bolsa de plástico con cremallera de evidencias que contenía un teléfono celular, y otra bolsa más pequeña que contenía joyas de la víctima- Yo traje el resto de las pruebas.
-¿Eso es todo lo que había en ella? –la patóloga se sentó en su escritorio, mirando en silencio cuando la detective acercó una silla para sentarse a su lado. Independientemente de su historia personal y la actual tensión sobre Yulia, ella y Katya habían hecho siempre un buen equipo.

No conocía a nadie que preferiría tener a su lado en este caso, ella no confiaba en nadie más para ayudar a encontrar al asesino antes de que pudiera herir a nadie más.

-Eso es todo. Sin billetera o cartera, por desgracia.
-A él le gusta llevarse sus carteras -contesto en voz baja. Él había tomado la suya, ¿No había?- Tal vez los mantiene como trofeos.
-O está tratando de frenar el proceso de identificación –la detective se encogió de hombros, tirando de dos guantes de látex de una caja de cartón del escritorio de Lena. Se los puso y dejó el teléfono celular fuera de la bolsa- Al menos dejó el teléfono detrás. Tal vez podamos encontrar su nombre aquí.

La patóloga la miró encender el teléfono y moverse por los menús con un movimiento de su dedo pulgar. Lo que le molestó de este asesinato fue donde había ocurrido.

No sólo la proximidad a su apartamento, pero la naturaleza abierta y pública del lugar de la matanza. De su examen superficial del cuerpo, se estima que el asesinato tuvo lugar entre las doce treinta y la una y media de la mañana. Mientras que su calle no era ciertamente las más transitadas de Moscu, estaba lo suficientemente cerca de unos pocos bares populares que atrajo un tráfico peatonal moderado incluso en medio de la semana. Ese tráfico no haría imposible matar a una mujer en ese callejón sin descubrirse, pero arriesgarse indicó a un asesino con verdadera confianza.

¿Fue esa confianza ganada o era tonto simplemente?

La detective jadeó bruscamente, con los ojos disparándose hacia Elena de una manera que revolvió el estómago de la patóloga.

-Esa mujer. ¿La reconoces? ¿La conocias?

Elena había mirado a la cara de la mujer, el tiempo suficiente para conocer la respuesta sin pensar.

-No, por supuesto que no. ¿Por qué?

Mordiéndose con fuerza el labio, la detective sostuvo el teléfono para que Lena pudiera leer el texto de la pantalla. Fue el registro de llamadas. La última llamada saliente grabada estaba en la parte superior de la lista, justo después de una de la mañana.

Hacia el teléfono celular de Elena.

Ella sintió vaciarse la sangre de su rostro, dejándole un ligero mareo y vértigo.

-Oh, Dios mío.
-Ese es tu número, ¿no? Yo no estoy loca.

Se remontó a la primera llamada que la había despertado en casa de Yulia. No había palabras, ni siquiera el sonido de la respiración. Sólo ruido de una calle tranquila, y luego un beep.

-Él me llamó. No dijo nada y sólo pensé que era un número equivocado, pero... -Temblando, se imaginó lo que el asesino podría haber sentido, escuchando su voz soñolienta esperando una respuesta. Totalmente ignorante de lo que acababa de hacer, al parecer con ella en mente- Este asesinato fue por mí, ¿no es así?
-Estoy asignando un equipo de protección para quedarse contigo las veinticuatro horas -informo, marcando con su propio teléfono celular- No hay excusas -la doctora negó con la cabeza, aturdida por la enormidad de la situación que ya no podía negar.

El hombre de la máscara de esquí, el hombre de sus pesadillas, había llamado esta noche desde el celular de una mujer muerta. Una mujer que había matado a menos de una manzana de su apartamento. ¿Por qué? ¿Qué encontró lo suficientemente convincente acerca de ella para arriesgar su anonimato? Si él sabía su número de teléfono celular, eso significaba que definitivamente había tomado su bolso. Lo que significaba que él sabía que trabajaba con la policía, su bolso contenía la identificación y credenciales que lo demuestran. Persiguiéndola, él no sólo estaba haciendo más fácil para vincular sus crímenes, sino también aumentar su riesgo de exposición. ¿Fue su motivación simplemente que se había escapado de su comprensión?

¿Estaba decidido a mantener un record perfecto de asesinatos?

Mientras escuchaba a la detective hablar con su capitán en voz baja, otro pensamiento más siniestro la golpeó. Tal vez su ataque no había sido un asunto de casualidad. Todo este tiempo había asumido que ella había sido asaltada debido a pura mala suerte. Debido a que había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado, la mala suerte de tomar ese camino particular para pasear en esa mañana en particular. Pero ¿y si no era cierto?

¿Y si era intencionalmente su objetivo? Tal vez esto habría sido siempre sobre Elena, incluso antes de que Svetlana Mikhaylovich fuese apuñalada hasta la muerte en la madrugada de ese día fatídico. No era demasiado difícil de pensar que tenía algún tipo de venganza contra ella. O, tal vez más probable es que el hombre del pasamontañas había creado un desafío para él.

Después de todo, en círculos criminales y forenses, la Dra. Elena Katina era algo así como una celebridad. Su libro había pasado ocho semanas en la cima de la lista de best sellers, y desde la detención de Ivan Dietrich y la posterior publicación de su relato sobre el papel de su ciencia había jugado en su captura, había disfrutado de una atención moderada en los principales medios de comunicación. El país se enamoró de un caso jugoso de asesinato en serie, y cuando tuvo un final feliz, estilo CSI, incluso mejor. ¿Y si este hombre había visto todo eso y decidió tomar a Elena bajo su objetivo? ¿O incluso para hacerla su víctima en su propia cadena de asesinatos enfermos? El trofeo final.

-La protección está lista. Van a enviar a un par de detectives más de inmediato. Les he pedido que haya un vehículo en tu apartamento en todo momento y alguien contigo cuando estás fuera -Katya vaciló un momento y luego hizo contacto visual- Sé que esto, va a hacer salir un poco... raro. Pero por favor, cree que no es por eso que lo estoy haciendo.

Lena asintió, demasiado aturdida para preocuparse por el impacto que la supervisión de la detective podría tener en su relación.

-Lo sé.
-Y te ordeno llevar una pistola. Quiero que la lleves escondida.

La doctora se estremeció.

-Yo no tengo permiso- Y ella odiaba las armas.
-Nosotros nos encargaremos de eso. Insisto, Lena. Lleva un arma de fuego, por lo menos hasta que esto termine.

Podía oír por el tono de Katya que no podía ganar este argumento. Dejando caer los hombros con resignación, accedio.

-Está bien.
-Está bien -repitió la detective en voz baja. Levantó una mano como si quisiera tocar la mejilla de la pelirroja, luego la dejó caer a su lado- ¿Qué estás pensando?

Exhalando, la doctora respondio,

-Estoy pensando que tal vez esto ha sido siempre acerca de mí.
-¿En qué sentido?
-Estos asesinatos, mi ataque... tal vez este tipo quiere burlarse de mí. Tratando de demostrar algo.
-¿Pero por qué? -La garganta se le tensó con un fuego familiar y protector quemando en sus ojos- ¿Por qué va tras de ti?
-Tal vez él no le gustó mi libro -logró una risa débil. Si pudiera encontrar el humor en esto, tal vez no se vendría abajo. Era una teoría, por lo menos- O quiere ser parte de la secuela.
-¿Crees que esto es acerca de tu trabajo en el caso Dietrich?
-No lo sé. Es posible que el ataque fuera una coincidencia, y sólo a él no le gusta saber que yo soy "la que se escapó."

La detective se estremeció.

-Si él sabe quién eres, si esto era intencional, es posible que haya tratado de ponerse en contacto contigo en el pasado. ¿Mantienes cartas de los fans y el correo electrónico?

Uno de los aspectos más interesantes de su fama recién descubierta había sido el torrente de interés, la gratitud, y simplemente espeluznantes mensajes del público en general. Elena tenía cientos de e-mails que oscilaba entre la curiosidad coqueta a francamente preocupante. Todos estaban en una carpeta especial en su cuenta de correo electrónico.

-Sí, las tengo.
-Me gustaría copias, por favor -conocía a Lena lo suficiente como para darse cuenta de que estaba tratando desesperadamente de mantener una fachada de calma. Pero el temblor de su voz traicionó su confusión interna- Todo lo que se puede sacar.
-Por supuesto -la doctora se desplomó con la cabeza entre las manos y gimió- Dios, Kat. ¿Por qué yo?

Katya puso una mano en su espalda, frotando círculos sobre su columna.

-Vamos a atraparlo, Lena. Te lo prometo. No te hará daño -En una suave y feroz voz, murmuró- Yo no se lo permitiré.

Conmovida por el amor evidente en la voz de la detective, Elena se volteo y cayó en el abrazo familiar que encontró esperándola. De repente sus argumentos sobre Yulia parecían triviales. Lo importante era que Katya realmente estaba a su espalda. Incluso si no hubiera estado allí para ella como una pareja romántica, siempre iba a ser su amiga.

-Gracias -susurró la pelirroja en el hombro de la chaqueta de cuero de Katya- Y siento haberte dicho "jodete" antes.

La detective la apretó con más fuerza.

-Mejor no hablar de eso ahora.

Sorbiéndose la nariz, se apartó.

-He estado diciendome a mí misma que todo había terminado, lo que pasó esa mañana. Que yo estaba a salvo. Esa ha sido la única cosa que me mantiene en marcha. La idea de que todo había terminado -Eso, y Yulia. No quería admitirlo a Katya- No estoy segura de saber qué hacer ahora. La idea de que pueda verlo de nuevo…
-No en mi guardia -Abrió la boca para decir algo más, pero el fuerte repique de campana de la puerta del laboratorio la cortó. El corazón de Lena se encogió, entonces latió a toda marcha, todo su cuerpo se tensó por instinto como si ella fuera a luchar o huir. Inmediatamente la mano cálida de la detective cubrió la de ella- Estoy segura de que son los técnicos de la entrega del cuerpo. Voy a ir por él.

Normalmente Elena hubiera saltado para ayudar a recibir un nuevo cadáver, pero no confiaba en sus piernas para apoyarla.

-Gracias.

Observó a Katya cruzar el laboratorio y mirar por la ventana hacia el pasillo, exhalando con alivio cuando ella inmediatamente dio un paso atrás para abrir la puerta. Dos técnicos de la policía conocidos giraron con una camilla con ruedas y con cuidado transfirieron una bolsa negra con el cuerpo a la mesa de acero en el centro de la habitación. La doctora observó el proceso, algo que había sido testigo cientos de veces antes, con una sensación de temor creciente.

No sabía cómo iba a decidirse a mirar en esos ojos sin vida de la mujer de nuevo. No cuando se sentía de alguna manera responsable de su muerte. Había afrontado el mismo mal que esta mujer había hecho apartar la vista esta noche y escapó, aunque sólo sea por la aparición anormal de un lobo en el Parque Chistye Prudy. Ella estaba viva y esta mujer no lo estaba.

Elena podría haber terminado tan fácilmente en esa losa de acero. Incluso un pensamiento más horrible era que ella podría terminar allí todavía.

La detective dijo a ambos técnicos adiós, cerrando la puerta del laboratorio detrás de ellos. Luego se volvió hacia Lena y puso las manos en las caderas, con fuego en sus ojos.

-Está bien. ¿Vamos a atrapar a ese hijo de p.u.t.a o no?

La doctora resopló ante la brusquedad característica de la detective.

-Sí.
-Entonces levanta, genio del mal, y trabaja tu magia forense.

Ella sabía perfectamente lo que estaba tratando de hacer Katya, motivarla con halagos, desterrar el miedo con un recordatorio de su propósito. Y trabajar. Ella bien podría vivir en el terror de otro encuentro con el asesino del Parque Chistye Prudy o podría tomar su destino en sus propias manos. Era la Doctora Elena Katina, por amor de Dios. Había ayudado a capturar a un asesino en serie. M.a.l.d.i.t.a sea que podía hacerlo de nuevo.

Elena dio una palmada con las manos sobre la superficie de su escritorio y se puso de pie, Katya le dio una sonrisa decidida.

-Vamos a hacer esto.
-Esa es mi chica.

Lena encerró su inquietud, haciendo retroceder cada emoción no analítica para que pudiera preparar el cuerpo para la autopsia. Era "el cuerpo" ahora, no una mujer. No alguien que había estado caminando y hablando pocas horas atrás, antes de verse obligada a mirar fijamente en los mismos ojos que frecuentaron en las pesadillas de la doctora. Era un cuerpo. Un vaso vacío. Y, potencialmente, su clave para localizar al hombre que truncó a su propietario de la vida. El examen se sentía muy familiar. Múltiples heridas, todos hechos con el mismo tipo de cuchillo usado sobre Svetlana Mikhaylovich. Patrones similares de cortes, incisiones poco profundos y profundos, con dos cuchilladas perfectamente colocadas a través de la garganta que había hecho que sangrara. Como Katya había indicado a través del teléfono, los datos de petequias cubriéndole la cara y los párpados confirmaron que la había estrangulado, también.

-¿Crees que él las asfixia hasta que pasan, luego corta, entonces otra vez las asfixia cuando se despiertan? -la doctora inclinó su cabeza, teniendo en cuenta la cuestión objetiva, tratando de no recordar la sensación de los pulgares clavándose en su propia vulnerable garganta- Eso podría explicar cómo él es capaz de matarlas brutalmente en lugares públicos sin que nadie escuche.
-Si eso es cierto, él es un bastardo enfermo. -Hizo una mueca- Parece mucho esfuerzo que pasar, sobre todo en un escenario en el que el tiempo es limitado y la amenaza de descubrimiento es alta.

Tragando saliva, Lena se dejó recordar al hombre que la había atacado. Sus ojos, la fría certeza en su voz cuando dijo que podía hacer lo que quisiera.

-Él piensa que es invencible. Que nadie puede detenerlo.

La detective vaciló y luego tocó el hombro de Elena.

-¿Eso es lo que te dijo?

La doctora se quitó los guantes ensangrentados, cruzando la habitación para echarlos en la bandeja de desechos médicos.

-Él se excita con el miedo. Definitivamente tuvo mi miedo. Usando ese cuchillo y jugando conmigo. Cortándome…
-¿Él te cortó? -inquirió redondeado la mesa como si Lena estuviera sangrando en ese mismo momento- No me dijiste eso.

Elena se encontró con los ojos de la detective.

-Un corte. En mi pecho.

La expresión de Katya se volvió mortal.

-Voy a matar a ese condenado.
-No, no lo harás. -recogió pruebas de las cuales había reunido del cuerpo, fibras que podrían resultar ser muy bien insignificantes, peinaduras de bello púbico a pesar de ninguna indicación de violencia sexual, y raspaduras de debajo de las uñas de la víctima recortada. Pero si esto era algo como la última pieza, nada de eso llevaría más cerca a su asesino- Vas a arrestarlo.
-Tal vez sólo lo golpearé primero -Al tocarle la mejilla, la detective apretó la mandíbula- Un poco.

Elena se alejó de ella, necesitando el espacio. La protectora Katya agitó sentimientos dentro de ella que ya no tenía un lugar en su vida.

-No te atrevas a hacer nada para poner en peligro tu seguridad o tu carrera. ¿De acuerdo?

La detective la siguió a su escritorio, posándose en el borde de nuevo.

-Quiero decir algo, pero no quiero que te enojes conmigo.

La patóloga sabía exactamente dónde iba la conversación, pero después del cuidado y preocupación que Katya había mostrado durante la hora pasada más o menos, no tenía corazón para pararla.

-Trataré de permanecer tranquila -se obligó a tener expresión neutral, con la esperanza de poner a la detective a gusto.

-Yulia -dijo y levantó una mano cuando Lena se puso tensa- Sé que ella es importante para ti. Y confío en tu juicio. Pero esa llamada de teléfono…
-No se puede probar que era ella. ¿Se puede?
-Era ella. Lo sé en mi interior, Lena. Con todos mis defectos, creo que siempre has confiado en mi instinto. -le dirigió una mirada suplicante, y la pelirroja podía ver que esto realmente no se trataba simplemente de celos. Katya creía que Yulia era su informante anónimo. Y ella siempre había confiado en el instinto de la detective. Por lo general, parecía estar bien.
-Podría tener muchos motivos de querer permanecer anónima -trató de pensar lo que podría impedir a la morena decirle sobre algo tan importante, pero se quedó corta. Pero era Yulia había ciertas razones, legítimas- No esta en contra de la ley hacer una denuncia anónima.

La detective miró a los ojos color jade.

-¿Estás enamorada de ella? -Lena abrió la boca para responder, pero Katya apartó la mirada con una mueca de dolor- No te molestes. Tu cara lo dice todo.
-No puedo explicar lo que pasa con Yulia -agrego- Pero es buena, Kat. Es muy buena.
-Entonces pregúntale -echó un vistazo a la mesa de examen, y luego a Lena- Por favor.

La patóloga exhaló con voz temblorosa. Si Yulia había descubierto el cuerpo, ella quería saber, y no sólo porque podría ayudar a su investigación. Ese era un gran secreto para mantener. La morena podría tener sus razones, pero si no le preguntaba, sólo podía adivinar lo que podría ser. Estaba cansada de relaciones basadas en mentiras. Ella no quería una más, ni siquiera por Yulia.

-Lo haré -murmuró. Quería saber, ¿no es así? Pero, ¿cómo hacerlo sin destruir lo que hasta entonces había sido perfecto en todos los sentidos?- Sólo dame algún tiempo.
-Dos cuerpos en menos de un mes -contesto Katya significativa- No te tomes mucho tiempo.

Elena dio a la detective un gesto a regañadientes.

-No lo haré.
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Vie Oct 31, 2014 9:30 pm

Capítulo Diecisiete


Yulia sabía que algo era diferente en el momento que Lena respondió a su puerta la noche después del segundo asesinato. El rostro de la doctora se suavizó al verla, y todo el cuerpo de la morena zumbó cuando su conexión cobró vida, pero Lena parecía casi reservada, cuando la abrazó. La corriente de emoción que emanaba de ella directamente hacia Yulia era difícil de descifrar, casi abrumador por su complejidad. El amor familiar y el deseo estaban allí, pero nuevos, e inquietantes, sentimientos estaban mezclados.

Ansiedad. Miedo. Lo peor de todo era incertidumbre.

Esas emociones negativas parecían dirigidas a ella, un inesperado giro de los acontecimientos que la sacudió en un silencio aturdidor. Sabía que Katya y Lena habían discutido sobre ella esa mañana en la escena del crimen, pero ahora, se preguntó qué era exactamente lo que la detective había dicho. Fuera lo que fuese, había claramente llegado a Lena.

-¿Está todo bien? -Preguntó la pelinegra mientras se apartó de su abrazo. Con cautela, dio un paso al apartamento y cerró la puerta detrás suyo. Había planeado decirle esta tarde que no estaría cerca durante la noche de la luna llena, así que lo último que necesitaba era una desconfianza tácita entre ellas. Eso haría que mentir sea aún más difícil de lograr- Pareces molesta.
-Estoy molesta -respondio, pero le dio una sonrisa valiente- Un día malo en el laboratorio.
-Supongo. ¿Puedo hacer algo?

Elena sonrió ampliamente, sonrojándose.

-¿Por qué no hablamos un poco primero?

Aliviada por la reacción de Lena, entró más en el apartamento. El coqueteo era una buena señal. Si la bella mujer aún estaba coqueteando, la detective no pudo lograr envenenar su mente totalmente en contra de ella. Al menos, no todavía. Tras un momento de vacilación, se sentó en el sofá. Tenía que actuar casual, hacer a un lado sus nervios. Si quería que confiara en ella, tenía que proyectar tranquila honestidad. Esa era la única manera de hacer creer a la pelirroja que no estaba escondiendo nada.

Lena se puso las manos en las caderas.

-¿Quieres algo de beber?

Yulia negó con la cabeza, acariciando el cojín a su lado.

-Siéntate, cariño. Háblame de tu día. Sobre la mujer de la calle.

La doctora negó con la cabeza, luego se volvió para entrar en la cocina.

-Déjame que consiga una copa de vino primero.
-Por supuesto -la pelinegra se puso de pie y la siguió a la nevera, mirando mientras sacaba una botella de chardonnay. Esperó que Lena huviera sido capaz de establecer científicamente el hecho que su propio atacante era el mismo hombre que mató a la mujer en el callejón. Lo había olido, por supuesto, pero nunca podía decírselo- Así que es el mismo tipo, ¿no? quien mató a la mujer en el Parque Chistye Prudy.

Con un suspiro, Elena se sirvió una generosa copa de vino, y luego tomó un gran sorbo. Después de otro sorbo, se terminó su copa, y tras taponar la botella, la dejó de nuevo en la nevera.

-Sin lugar a dudas -hizo un gesto para que la siguiera de vuelta a la sala de estar- Las mismas heridas exactas. Misma destreza para crear la escena del delito complicada y más limpia que he encontrado -se sentó y tomó otro buen trago, temblando después tragó saliva- Y había algo más.

Yulia se hundió en el cojín al lado de la pelirroja. Su estómago se revolvió cuando Elena luchó con todo lo que tenía la intención de decir a continuación.

-Cuéntame.
-¿Recuerdas la llamada telefónica que recibí ayer por la noche? ¿La que colgaron?

Con la garganta seca, la pelinegra asintió.

-¿Fue él?
-Él hizo la llamada desde el teléfono celular de la víctima, probablemente cuando se puso sobre su cuerpo. Nos apareció la entrada en su registro de llamadas -hipó una carcajada sin humor- Una pista bastante grande lo que no sólo es mi atacante y el mismo asesino, sino claramente se fija en mí por alguna razón. -Bebió otra vez, más como un trago que un sorbo- Kat ha asignado un equipo de protección para cuidar mi apartamento. Probablemente pasaste por delante de ellos en el camino.
-No me di cuenta.
-Bueno, son mis nuevas sombras, por el momento -le dio una sonrisa cansada- Espero que no te importe tener a la policía mirando cuando estás conmigo.

Yulia forzó aplacar su pánico natural a la idea. Elena parpadeó, mirando fijamente su rostro, y esta se preocupó de no haber escondido su reacción lo suficientemente bien.

-Que te mantengas a salvo, cariño. Eso es todo lo que me importa.
-¿En serio? -preguntó luego se sonrojó y rápidamente miró a su copa de vino.
-Por supuesto -frunció el ceño. Podía sentir que la pelirroja estaba luchando con algo, casi como si quisiera hacerle una pregunta, y su corazón latía al considerar todas las posibilidades. ¿Podría Lena haberse enterado de sus capacidades de alguna manera? ¿Fue lo de leer la mente de la otra noche? ¿O es que realmente Lena sabía que ella era un cambia-formas?

Pero, ¿cómo iba a saberlo? había tenido mucho cuidado de no cambiar desde su breve incursión en el Parque Chistye Prudy para encontrar al asesino justo después del ataque, aterrorizada de que ella o Katya de alguna manera lo averiguaran. Si eso no era lo que Lena quería preguntarle acerca de sí, si eso no era la causa de la obvia perdida de confianza por parte de la mujer frente a ella, ¿entonces qué era? ¿Ella simplemente sentía que Yulia estaba guardando secretos?

-Te amo, Lena. -tomó la mano de la pelirroja entre las suyas, sorprendida por lo fríos y frágiles que sentía los delgados dedos. Desde lo profundo de sí misma, Yulia canalizó cada pedacito de amor y devoción que sentía por ella en su toque, desesperada por envolverla en el calor de su vínculo- Mantenerte segura es más importante que cualquier otra cosa.

Los ojos de Elena se llenaron de lágrimas y parpadeó rápidamente, dejando su vino para tocar su rostro con una mano temblorosa. Con la otra mano alcanzo la de la pelinegra, doblando los dedos alrededor de la palma para dar un suave apretón.

-Estoy muy asustada, Yulia. -Rompiendo el contacto visual, susurró- Y también te amo.

Elena todavía no decía algo. Se contenía, aún asustada por vocalizar la inquietud persistente que todavía colgaba entre ellas. Odiaba ver a la pelirroja tan destrozada, Yulia respiró hondo y rezó de no estar cometiendo un error al sondear más profundo.

-¿Qué otra cosa está mal, cariño? ¿Hay algo de lo que tienes que hablar?

El miedo se disparó desde Lena hacia ella como una puñalada en el estómago. La pelirroja sacudió su cabeza hacia atrás y miró fijamente a los ojos color zafiro, buscando desesperadamente... Algo que la morena no sabía. Esta levantó la mano de Elena a sus labios, obligándose a no temblar, y le besó los nudillos.

-Dime algo -murmuró. Si la doctora supiera sobre ella, no lo negaría. Después de todo, le había permitido entrar su apartamento, así que ¿cómo podía estar disgustada?- No tengas miedo.

Ella tomó un respiro, luego vaciló. Después de un momento, negó con la cabeza.

-No, no es nada. Estoy conmocionada...

Deslizándose más cerca, la morena tiró de Elena para un tierno abrazo. Besó su pelo y le acarició la espalda, enviando tanta energía positiva, la energía de curación que pudo reunir. Eso significaba la supresión de su propia ansiedad por la mentira que todavía no había que contar, sobre todo por lo que Lena no dijo por no sentirse cómoda. Pero la pelinegra sabía que era importante. Aunque se sentía un poco manipuladora por influir en el estado de ánimo de la bella mujer cuando estaba tan claramente indecisa, se dijo que era por su bien. No había nada malo con envolverla en el amor y el deseo en estos momentos, no cuando era para aliviar su evidente malestar.

Lena suspiró, pareciendo fundirse en su abrazo.

-Esto es lo que necesitaba -dijo aferrando sus manos a la camiseta de la morena, sumergió su cara en su pecho e inhaló profundamente- Siempre me haces sentir tan bien.
-Me alegro -cerró los ojos, no dejándose sentir la culpa que cosquilleó en su subconsciente. No estaba abusando de la confianza de su novia por hacerla sentir mejor así. Sólo estaba usando su conexión mutua en su propio beneficio- Lo intento.
-Quiero confiar en ti.

Yulia se tensó un poco ante las palabras entre dientes de la pelirroja, entonces se forzó ella misma a relajarse. El comentario era probablemente más sobre Katya que sobre ella. Sabía que Elena tenía problemas de confianza, lo cual la hizo guardar secretos doblemente dolorosos.

-Por supuesto que puedes confiar en mí. -Retrocediendo, se encontró con la mirada color jade- Siempre voy a hacer todo lo posible para protegerte. Y no te haré daño. No, si puedo evitarlo.

Elena miró profundamente a los ojos de la pelinegra. Su rostro se relajó cuando ella derramó lo último de todo lo que la había estado molestando.

-Sé que no lo harás.
-Bien -besó los labios de la pelirroja, y luego se apartó unos centímetros para ver su reacción. Éxito. Ya no estaba ansiosa, sospechosa o inquieta. Estaba llena de amor, y el pecho de la pelinegra saltó con intensidad por toda esa emoción dirigida hacia ella.
-Quiero que me lleves a la cama -se sonrojó tan pronto como las palabras salieron de su boca, pero no rompió el contacto visual- Necesito hacer que todo lo demás desaparezca, sólo por esta noche.

-Yo puedo hacer eso -musitó. Acariciandole el brazo a Lena, poniéndole la piel de gallina- Has tenido un día largo. Quizás, sólo podamos abrazarnos mutuamente.

La pelirroja negó con la cabeza.

-No. Quiero que me hagas el amor.

Yulia se quedó inmóvil. Ella la deseaba, siempre quería, pero por un momento el cambio repentino de humor la paralizó. Cinco minutos antes Elena había estado llena de dudas, y ahora la miraba con tanta hambre que pensar se le hacia casi imposible.

-¿Estás segura?
-Te necesito dentro de mí. Necesito... -Lena cerró los ojos y exhaló con voz temblorosa- Te necesito.

La morena se levantó, luego puso a Elena junto a sus pies. Podrían hablar más tarde. Justamente ahora tenía que tranquilizarla y no importa lo que pasó, ella era lo más importante en su vida. Tenía que hacer creer a Lena que era leal y era verdad, que a pesar de los secretos que había mantenido, nada se interpondría en el camino de ellas juntas.

Tenía que hacer a Elena confiar en ella otra vez.

Capítulo Dieciocho


Elena no sabía qué pensar sobre el cambio drástico en su estado de ánimo en los últimos veinte minutos. Antes que la morena se acercara, tenía miedo de la vuelta extraña que el caso del asesino del Chistye Prudy había tomado, de la revelación de Katya, sobre que Yulia podría ser el informante anónimo, de la posibilidad de que una vez más había caído en el amor con alguien que podría engañarla tan fácilmente. Pero más que tener miedo, Lena había sido determinante. Se había jurado que iba a preguntarle a Yulia sobre la llamada telefónica anónima directamente, al diablo con las consecuencias. Si ella no había hecho la llamada, en el peor de los casos se avergonzaría a sí misma por haber prestado algún crédito a las sospechas de Katya. Pero si la pelinegra era el informante, necesitaba saberlo. No sólo porque podría tener información útil, sin saberlo, sino también por su propia paz mental.

Si Yulia había descubierto el cuerpo, había estado manteniendo un gran secreto. Y era necesario que saliera a la luz pública si su relación tenía alguna esperanza de sobrevivir. Después de Katya, no podía hacer frente con más mentiras. Ella simplemente no podía. Estaba dispuesta a dar a Yulia el beneficio de la duda de que había ocultado la verdad por una buena razón. Lo que no podía hacer era mirar hacia otro lado.

Pero todo ese miedo y determinación había desaparecido dentro de la morena al abrazarla en el sofá. El simple contacto de sus manos, después sus suaves besos, habían ahuyentado todos los trazos de emoción negativa, dejándola llena de un deseo casi paralizante. Lo único que Lena sentía ahora era un deseo feroz de conectar con Yulia en el nivel más primitivo. No podía encontrar ninguna razón lógica para sus emociones salvajemente vacilantes, pero ella estaba más allá de la preocupación. Quería confiar en ésta increible mujer, necesitaba confiar en Yulia, porque, simple y llanamente, la hacía feliz. Más allá de feliz. Lo era todo para ella, ya que era inexplicable.

Ahora Elena tenía otra clase de determinación. Decidida a restablecer su conexión, para demostrarse a sí misma que ella confiaba en Yulia implícitamente. Y la mejor manera de hacerlo era en la cama. Antes de la morena, nunca había estado segura de su sexualidad. Ella nunca había confiado en nadie lo suficiente para realmente ir y entregar su mente y su cuerpo completamente. Pero Yulia lo hizo tan fácil.

Eso tenía que significar algo. ¿Verdad?

Llevó a la pelinegra a su dormitorio de la mano, nerviosa con la anticipación revoloteando en su estómago. En tan sólo dos semanas, ya habían tenido mucho sexo. Sexo apasionado, sexo amoroso, sexo entre risas, incluso un poco de sexo duro. Esta noche sería algo diferente. Algo especial. Cuando hicieran el amor esta noche, debería probar algo sobre esta relación, sobre la confianza que tenía en Yulia, y acerca de la capacidad de entregarse completamente a otra persona.

No podía soportar la idea de que Katya la había roto para siempre, que el temor y la desconfianza que esa relación introdujo en su vida podrían filtrarse en esto con la morena y destruirla. Yulia no le había dado ninguna razón para no confiar en sus intenciones. Independientemente de lo que había sucedido esos días en el Parque Chistye Prudy, quien quiera hizo esa llamada anónima, creía en ella. Confiaba en que sus crecientes sentimientos eran reales. Llevando a Yulia a la cama ahora mismo, estaba poniendo la confianza en acción.

Elena comenzó a desnudarse en el instante en que entró en su dormitorio, tirando su camisa sobre su cabeza, y luego desabrochó sus pantalones. La pelinegra se detuvo justo dentro de la puerta y miró con los ojos entornados. Elena se desaceleró un poco una vez que se dio cuenta de que tenía un público agradecido, caminando hacia atrás hasta que sus muslos golpearon el colchón. Al llegar a la espalda, desabrochó el sujetador con seductora parsimonia. El deseo que inundó el rostro de la morena mientras ella desnudó su cuerpo la aturdió. Nadie la había hecho nunca sentir tan hermosa. La evidente admiración de Yulia le dio el coraje para realizar un striptease juguetón, algo tan fuera de su zona de confort que ni siquiera lo había considerado antes.

Yulia la hizo sentir que todo era posible. Incluso confiar.

Una vez que ella estaba desnuda, la llamó con una señal del dedo a la morena.

-Estas demasiado abrigada.
-Sólo estoy disfrutando de la vista -cerró la distancia entre ellas, tirando de su camisa mientras caminaba- Trato de saborear cada momento de tu pequeño show.
-¿Te gustó eso? -alentada por el gran amor de los ojos color zafiro, pasó el dedo por el centro del pecho de la pelinegra, entre sus pechos. Luego deslizó una mano alrededor de la espalda para abrir el broche de su sujetador con el pulgar, guiándolo por los hombros con una sonrisa apreciativa.
-Me encantó -sus manos se posaron en las caderas desnudas de la pelirroja, agarrándolas suavemente mientras la acercaba más- ¿Tienes alguna idea de lo mucho que te deseo ahora mismo?
-No. Muéstramelo.

Yulia le dio un gruñido casi animal.

-Con mucho gusto.

Elena miró a su mesita de noche, el cajón de abajo, con apenas pensamiento consciente. Cuando se acordó de lo que había allí, se ruborizó y su estómago se apretó con anticipación nerviosa. No podía pedir eso, ¿verdad? ¿Aún lo quería?

-Dime -murmuró, avanzando a besar el cuello de Lena- ¿Qué hay en el cajón?

La pelirroja se estremeció ante la pregunta perspicaz. No sabía por qué había mirado allí. Su mente inconsciente había hecho probablemente la conexión entre lo que había dentro, y la cuestión de confianza. Sí, quería demostrar cuán real era la seguridad que Yulia había creado en ella. Pero conscientemente no sabía si quería lo que su cuerpo deseaba claramente excitado.

-Dime, Lena -deslizó sus manos para ahuecar el interior de la copa de Lena, agarrando con fuerza. Ésta jadeó y cerró sus ojos, sorprendida por la forma en que el tacto áspero la afectaba. Inmediatamente se fue empapando los muslos sintiéndolos mojados, resbaladizos por la excitación. La pelinegra llevó su boca a la oreja de la bella mujer y le susurró- ¿O es que quieres que mire por mí misma?

Elena se estremeció. Esta era completamente una nueva dinámica, una Yulia contundente, y no podía creer lo que le excitaba. Nunca podría haber previsto disfrutar tanto de algo así. Parte suyo quería a la morena por descubrirse a sí misma, por tomar el control de la situación, dejandola sin más remedio que rendirse a sus deseos.

Como si Yulia supiera exactamente lo que ella estaba pensando, se apartó de su abrazo y abrió el cajón. La cara de Elena se inundó de calor al ver el arnés de cuero, y el nuevo consolador de silicona en el interior. La pelinegra tomó aliento ruidosamente, luego recogió cada objeto.

Levantando una ceja, murmuró.

-¿Quieres que te tome con esto?
-Yo... -cerró la boca, tragando repentinamente contra una seca garganta- Nunca he hecho eso antes.

Yulia le sostuvo la mirada.

-Pero has querido.
-Los compré después de la ruptura -se sonrojó al recordar el día en que se puso en línea e hizo el pedido- Cansada de sentirme convencional, supongo. Pero yo nunca... Nunca ha habido una oportunidad para usarlos.
-¿Convencional? -levantó el consolador en la mano- ¿Katya te llamó asi?
-Ella no tenía que hacerlo.
-Bueno, yo no creo que seas convencional. -Cuando tiró el consolador sobre el colchón, sus ojos se oscurecieron- Creo que eres una chica mala que quiere ser tomada con fuerza y rapidez con ese p.e.n.e grande y grueso. ¿Estoy en lo cierto?

Lena se quedó sin aliento ante el calor que se disparó a través de su cuerpo por las palabras inesperadas de la morena.

-Yo…

Inclinando la cabeza, Yulia hizo un gesto a sus pantalones.

-Me desabrochas.

Era como si Yulia estuviera golpeando en los pensamientos y deseos que la pelirroja podría apenas admitir que tenia, incluso para sí misma. Y ella estaba excitada más allá de lo creíble. Cada palabra de la pelinegra, cada movimiento, evocaba una innegable excitación. Anhelaba ceder el control por completo, confiar en ella para guiarla a través de una experiencia que habría sido inimaginable incluso hace un mes.

Las manos de Lena temblaban cuando tocó el botón para abrir los pantalones. Tiró de la cremallera hacia abajo, luego vaciló, comprobando los ojos color zafiro. De alguna manera sabía que necesitaba la aprobación de Yulia antes de pasar más lejos.

-Quítamelos -la morena parecía estar disfrutando de esta nueva función tanto como Lena. Su expresión se había vuelto depredadora- Ahora.

Empujando los jeans hacia abajo sobre sus caderas, la pelirroja se arriesgó y también enganchó los pulgares en la cinturilla de su prenda interior, dejándola al descubierto completamente. Ella se puso de rodillas delante de Yulia, estabilizándose cuando levantó los pies de la morena fuera de los pantalones, dejándola gloriosamente desnuda. La miró desde su posición sumisa, esperando sus próximas instrucciones.

La pelinegra separó sus pies, enredando una mano en el pelo de Lena. Tiró de ella hacia adelante aproximándola, hasta que la nariz y la boca fueron enterradas en su pubis con los pliegues hinchados entre sus muslos.

-Lámeme.

Elena metió la lengua, ansiosa del sabor dulce de la pelinegra en su boca. Lamer a Yulia era algo de lo que nunca se cansaría, y ser ordenada a hacerlo mientras estaba de rodillas incrementó su entusiasmo a alturas vertiginosas. Deslizándose entre los pliegues, gimió ante el líquido espeso que le recubrió inmediatamente los labios y la lengua. La mano de la morena aferrada en su pelo, sosteniéndola en su lugar.

-Sí, ya sabes cómo me gusta -Con la otra mano, le acarició suavemente la cara a Lena- Justo así, buena chica.

Ella cerró los ojos. El estímulo susurrado debería haberla hecho sentirse degradada de algún modo. Estaba siendo tratada como un objeto sexual, por el amor de Dios. Después de años de ser tímida y reservada en la cama, debería haber sido abrumador. Pero Yulia daba un toque en lo que siempre había querido pero nunca había admitido. Lena moriría antes de entregarle a Katya un control como este, pero con Yulia... en su corazón, sabía que ésta era importante para ella, sus pensamientos, sus sentimientos, sus deseos. La morena no le haría daño a propósito. Lo creia con todo en su interior. Después de tener la capacidad de confiar completamente destrozada, nunca imaginó sentirla tan fuertemente de nuevo.

La revelación de que podía sentir, y lo sentía, era sorprendentemente excitante. Esa confianza le daba ganas de admitir sus más profundas, más oscuras perversiones, las cosas que fantaseaba solo en la ducha, pero nunca pudo haber traído un amante antes de la pelinegra. Se fiaba que ella no la traicionaría, y no había afrodisíaco más poderoso en el mundo.

El cuerpo de la pelinegra se tensó y tembló cuando Lena le sacó un orgasmo con la boca. Entonces ésta enroscó una mano alrededor de la barbilla de la pelirroja, obligándola a apartarse de los dulces jugos que lamia hasta la avidez.

-Te gusta esto, ¿no es así? -Por un momento, la presencia dominante se alejó y sólo su amante tierna, se mantuvo- Esto es algo que necesitas -Su agarre en la barbilla de Lena se apretó ligeramente- ¿No es así?
-Sí -susurró. Aunque esto desafiaba la razón ya que en el mismo mes un asesino en serie había arrancado su control, podía sentirse suficientemente segura para ser la más vulnerable con una mujer a la que acababa de conocer, no dudaba de su elección por un instante- Necesito esto.

Los ojos de Yulia se endurecieron justo cuando sus labios se relajaron en una sonrisa fácil.

-Bien. Porque yo voy a dártelo. -Ella agarró del brazo, tirando para levantarla- Sube a la cama.

Elena se arrastró sobre el agradecido colchón, para no tener que tratar de ponerse de pie. Sentía las piernas sin hueso. Recostada contra la cabecera de la cama, se mordió el labio mientras observaba a Yulia sujetar el arnés alrededor de sus caderas. Llevaba fantaseando sobre el uso de estos juguetes por un largo tiempo, pero siempre dudaba si realmente lo haría alguna vez. La idea de vivir su fantasía secreta con alguien que la hacía sentirse segura era suficiente para hacerla venirse sin siquiera ser tocada.

La pelinegra apretó las correas del arnés, levantando una ceja.

-Puedo oler lo mucho que deseas esto.

El calor inundó las mejillas de Elena, una curiosa mezcla de vergüenza y la emoción. Bajó la mirada hacia el consolador que descansaba sobre el colchón a su lado, luego lo recogió e investigó su longitud y circunferencia con las manos. Cuando le había llegado en el correo unos meses atrás, ella había abierto el paquete y simplemente se quedó en estado de shock. Era más grande de lo que había imaginado. No era demasiado grande, sospechaba, pero más grande que cualquier cosa que un amante jamás le había dado. La idea de permitir a alguien guiar ese falo dentro de su cuerpo, para estirar su abertura en torno a ello, la había puesto inquieta. Eso significaba que realmente se ponía en manos de otra persona, en su misericordia, por lo que se sentía insoportablemente íntima. El potencial de incomodidad o humillación parecía elevado, y Lena simplemente nunca se había encontrado a una mujer en la que confiara lo suficiente como para ser tan vulnerable.

Hasta ahora.

-Dámelo -extendió la mano, deteniéndose a pulgadas del consolador- Si quieres eso dentro de ti, me lo entregaras en este momento.

Se lo entregó sin encontrarse con los ojos color zafiro. Con silenciosa sumisión.

El labio superior de la morena se curvó en una sonrisa, dándole un marcado aire de peligro. No hizo nada para disminuir la confianza de Elena, y todo para que su juego subiera los torrentes de endorfinas enviadas a través de su cuerpo. Lena la miró como encajaba el consolador en el arnés, luego exhaló con timidez cuando Yulia utilizó una delgada mano para acariciarlo desde la base hasta la punta.

-¿Cómo quieres tomar esto? -se arrodilló al lado de la cama, devorando el cuerpo de Lena con los ojos mientras continuaba acariciando el consolador- ¿La posición del misionero? -Observó la mirada de la pelirroja, ladeando la cabeza inquisitivamente- ¿Quieres montarme? -Brillaron sus ojos como si hubiera leído algo en el rostro de la bella mujer- ¿O ser tomada apoyada sobre tus manos y rodillas como la chica mala que ambas sabemos que eres?

La boca de Elena se abrió un poco cuando el ardor del hambre se retorció en sus entrañas.

-Yo…
-Ponte de rodillas y manos. -El tono de la morena desterró cualquier pensamiento de rechazo- Ahora, cariño.

Sonrojándose, Elena se sentó, luego se giró para equilibrarse sobre sus manos y rodillas. Podía sentir el movimiento de la morena en su posición detrás de ella y su aliento, sin saber qué esperar. El suave toque de las manos de Yulia en su trasero la hizo sacudirse de sorpresa, entonces gimió en voz alta cuando esas manos agarraron sus nalgas y la atrajo abierta, exponiendo su abrasadora carne al aire frío.

-Vamos a ver cuan mojada estas -Pudo sentir el aliento de la pelinegra cuando llevó su boca al lado de los labios de Lena, un fuego ardiente y muy cerca- Yo no tenía ni idea, Lena. Ninguna en absoluto.
-¿No tienes idea de qué? -Susurró, tensándose, casi se vino cuando la boca de la morena de repente le cubrió los labios y deslizó su lengua serpenteando su camino con círculos hacia su clítoris hinchado.

Yulia se apartó con un gruñido silencioso.

-No tenía ni idea que querías seguir este camino.
-Yo tampoco. -dejó caer su frente al colchón, meciéndose atrás en sus rodillas, golpeó la boca de Yulia, pero esta se retiró rápidamente, arrancando un grito de decepción de su garganta- Pero yo sí.
-Puedo ver eso.

La lengua de la morena estaba en todas partes, explorando cada pliegue, trazando su apertura, luego metiéndose dentro. Apretando las manos en las nalgas, la sostuvo abierta y pasó un largo rato metiendo su lengua rígida dentro y fuera del sexo. Elena tomó la cabecera con las dos manos, aferrándose con fuerza. Nunca había sido devorada de forma que los muslos le temblaron mientras su clímax se comenzó a construir.

Yulia se apartó.

-No, te vas a venir con mi p.e.n.e, cariño.

Cuando Lena jadeó en la almohada, sin poder creer que la morena la había dejado así como así, la sintió enderezarse, y luego posar una mano en su trasero. Un momento después, el grosor y longitud del consolador de silicona se deslizaba a lo largo de su humedad, lo que la hizo estremecerse de placer.

-Y no antes que lo diga yo. ¿Entiendes?

Lena logró un gruñido evasivo.

-Por favor.

Yulia le golpeó con fuerza el trasero, y luego le dio un duro apretón.

-Lo digo en serio. Vente sin permiso y te prometo que vas a sentirlo.

Levantando la cabeza, la pelirroja asintió rápidamente.

-No hasta que tú lo digas. Lo entiendo.
-Bien. Y -con esto, empujó el consolador hacia delante, con cuidado trabajando la cabeza gruesa en la abertura de Elena- Vamos a tomar esto muy bien y lento.

La frente de Lena golpeó la almohada y su boca se abrió cuando su cuerpo se estiró para acomodarse a la longitud del grueso miembro. Era una sensación increíble: estaba tan húmeda, tan abierta y lista, que la penetración calmó inmediatamente el dolor paralizante entre sus muslos. Yulia la llenó, firme e inflexible, hasta que su vientre estaba al ras del glúteo de la pelirroja. Ambas manos movían sus caderas, agarrandolas con fuerza y manteniéndola empalada.

-Tomaste eso como una buena chica, ¿no? -Los dedos le apretaron las nalgas, entonces aparto una mano para ofrecer una ligera bofetada- ¿Estás segura de que nunca has hecho esto antes?

Mirando hacia atrás por encima del hombro, Lena se encontró con los ojos color zafiro, que se suavizaron al instante.

-Estoy segura.

La morena deslizó una mano por la columna vertebral de Lena para instalarse en la parte posterior de su cuello.

-Gracias por darme esto a mí -Retiró sus caderas, luego se condujo de nuevo hacia delante. Luego, otro empuje, más rápido y más duro- Por darme esta v.a.g.i.n.a dulce y apretada.

Elena gritó cuando Yulia estableció un ritmo constante, llenando luego retirándose, de alguna manera golpeando todos los puntos correctos en su interior. Hundió la cara en la almohada, amortiguando el ruido de sus gemidos que los profundos golpes arrancaban de ella. Las manos de la pelinegra amasaban la delicada piel de su trasero, el manejo brusco intensificó el puro placer que recibía por el movimiento hábil.

-Dime que te gusta -la morena tiró abriéndola, dejando al descubierto su ano al aire fresco- Dime cuánto te gusta ser f.o.l.l.a.d.a.
-Me encanta ser f.o.l.l.a.d.a. - la pelirroja subió en sus manos y arqueó la espalda, meciéndose para encontrar los empujes- Nunca había sentido algo tan bueno.

Unas manos se deslizaron por los costados de Lena y alrededor de sus pechos para acunarlos. La pelinegra tiró bruscamente ambos pezones, luego pellizcó la hinchada carne al compás a la velocidad de sus golpes profundos.

-Eres mía. ¿Lo eres?

Aturdida por la tranquila intensidad de la pregunta, Elena miró por encima del hombro y devolvió la mirada fija caliente de Yulia. La feroz, posesiva mirada en el rostro de la morena sacudió a Elena al clímax repentino, y cuando Yulia apretó los dientes y se estremecía con su propia liberación, las contracciones en el interior de la pelirroja se hicieron tan violentas que lo único que podía hacer era desplomarse sobre su estómago y sobrellevar la ola debajo de la forma sólida, temblorosa de Yulia.

Cuando por fin se bajó de su orgasmo, ya sea minutos u horas más tarde, la pelinegra besó el borde de su oreja y le dijo otra vez, en un gruñido que envió escalofríos por el cuerpo de Lena.

-¿Lo eres?

Le tomó a Elena un momento para recordar la pregunta.

-Yo soy tuya.
-Yo no te di permiso para venirte -mordisqueó el cuello a la pelirroja, agarró sus manos, y luego las depositó sobre la cabeza- ¿No te advertí acerca de eso?
-Sí. -había olvidado por completo la amonestación. Francamente, no podía esperar para saber cómo Yulia pretendía hacerla lamentarlo.

Raspando los dientes afilados por encima del hombro de Lena, murmuró.

-¿Qué clase de castigo crees que te mereces por dicha desobediencia?
-Todo lo que creas será apropiado -gimió cuando la morena bombeó sus caderas contra su trasero. Iba a estar deliciosamente dolorida por la mañana- Me lo merezco.

Yulia se retiró, luego la derribó, separando sus muslos y colocándose entre ellos. Alcanzó entre sus cuerpos y dirigió el consolador atrás en Lena mirando fijamente sus ojos. La pelirroja gimió, segura de cuánta más estimulación podía manejar.

Besando la comisura de la boca de Elena, murmuró.

-Voy a ser suave.

Entrelazó los dedos detrás del cuello de Yulia.

-Confío en ti.

La pelinegra profundizó el beso y apenas movió sus caderas, presionando con una lentitud insoportable. Lena gimió en su boca, luego otra vez cuando apartó sus labios para susurrar al oído.

-Estoy enamorada de ti.
-Dios -mordió el labio mientras de la pelinegra cuando ésta inclinó sus caderas lo justo, hundiéndose en su interior más profundamente. No tenía idea de cómo una pieza de silicona podría hacerla sentir tan conectada, pero casi parecía como si el juguete no era más que una extensión del cuerpo de Yulia, transmitiendo todo su ardiente deseo- Porque yo también estoy enamorada de ti.
-Y haré todo lo que pueda para protegerte -Trazando su lengua sobre el labio superior de la pelirroja, apretó su abrazo- Haré lo que sea para mantenerte a salvo.

Las solemnes palabras la calentó desde adentro hacia afuera, y Elena no podía dejar de pensar en la denuncia anónima. Parecía imposible que la misma mujer que hablaba con tanta pasión guardara un secreto de esa magnitud. De ninguna manera Yulia había hecho esa llamada. De ninguna manera.

La morena juntó sus bocas otra vez en un beso apasionado. Bombeó sus caderas más rápido, pero mantuvo sus golpes superficiales y suaves. La fricción de sus pelvis frotándose juntas fue más que suficiente para llevar a la bella mujer al borde de nuevo. La pelinegra deslizó sus manos por los costados de Lena, a continuación, acurrucada debajo de su trasero, tiró de las piernas sobre su cadera. Entonces gruñó, "Mía", Elena tuvo espasmos y lanzó un grito de liberación una vez más.

Dejando caer la cabeza sobre el hombro de la pelirroja, Yulia tembló y abrió la boca como si hubiera olvidado cómo respirar. Elena puso las manos en su espalda y la acarició calmándola con círculos de arriba abajo por su columna vertebral.

-Tuya -susurró- Cariño, es fácil. Toma una respiración profunda.

El cuerpo de Yulia se levantó bajo los dedos de Elena mientras inhalaba profundamente. Serpenteando las manos debajo de los hombros de la pelirroja, la acerco más sin retirarse, todavía enterrada profundamente en su interior. Lena parpadeó sorprendida cuando la humedad cayó sobre su hombro, estirando la cabeza para mirar al rostro de la morena. Las lágrimas corrieron de los ojos oscuros, penetrantes de Yulia.

-¿Qué esta mal? -podía sentir que a pesar que la emoción de la morena era alegría, aparte tenía otro nivel, dolor, tal vez. O arrepentimiento.
-El próximo jueves por la noche... -levantó la cabeza, pero no completamente para encontrarse con los ojos color jade- Tengo que salir de la ciudad durante la noche. Para un trabajo. Debería volver al día siguiente, pero... -la culpa apretó sus rasgos- No puedo estar contigo el jueves.

Una punzada de decepción amarga dejó sin aliento a Lena. Impresionada por la intensidad de su reacción, ella trató de no demostrarlo.

-Entiendo -Yulia se estremeció y dejó caer su frente de nuevo en su hombro. Sintiéndose culpable, trazó sus dedos hasta la parte inferior de la pelinegra echando hacia atrás el sudor- Está bien, Yulia. En serio. Tienes una vida, y responsabilidades, más allá de mí.
-Me gustaría que pudieras venir conmigo -murmuró- Pero no se puede -Retrocedió, pero parecía tener problemas para encontrarse con los ojos de la pelirroja- Si pudiera cancelarlo, lo haría. Te lo juro. Pero no tengo otra opción.

Lena forzó una sonrisita ocasional, desconcertada por el auto aborrecimiento en la voz de Yulia. Claro, era el momento desafortunado, pero la pelinegra no tenía ninguna razón de sentirse mal por el cumplir las obligaciones profesionales. Como una adicta al trabajo, la comprendió mejor que nadie.

-Cariño, detente. No pasa nada, de verdad. Es sólo una noche -esbozó un tono ligero que ni siquiera ella creía realmente- Soy una niña grande. Voy a estar bien.

La morena finalmente la miró a los ojos.

-No quiero que estés sola por la noche.
-Honestamente, Yulia…
-No -tan contundente como lo había sido en su juego sexual, dejó en claro que el tema no era objeto de debate- No puedes quedarte sola. Si yo estuviera lejos y algo te pasara, Nunca me lo perdonaré -tragó y desvió la mirada- Nunca.
-No voy a estar sola. Kat tiene dos detectives vigilándome todo el tiempo, ¿recuerdas?

Yulia frunció el ceño.

-Aun así, me sentiría mejor si tuvieras a alguien dentro contigo. O incluso si te hospedas en casa de un amigo.

Elena tocó la mandíbula de la morena, forzando su mirada hacia su rostro.

-Está bien.
-Tal vez puedes quedarte con Katya.

Eso era lo último que esperaba que le sugiriera Yulia.

-¿Katya? No estoy segura de que sea una buena idea.

Viéndola como si estuviera tratando de tragar un bocado de mala comida, la morena dijo.

-Ella tiene un arma, puede cuidar de ti.
-Yo también tengo una pistola. -la detective había pasado por la tarde con un permiso de armas ocultas y una pistola. Elena esperaba que nunca tuviera que usarla realmente.
-Por favor, cariño. Por mí.

El vientre de Lena se volcó por el temor muy real que sintió tras la preocupación de Yulia.

-Voy a ver lo que dice Katya.
-¿Estás bromeando? -le besó la punta de la nariz- Ella aún está enamorada de ti, estará de acuerdo. Es probable que salte con la oportunidad de tenerte toda para ella.

Con la cara ardiendo, la pelirroja trató de interpretar el tono de Yulia.

-¿Eso te molesta?
-No. Yo confío en ti.

Lena enredó una mano en el pelo oscuro y tiró de ella hacia abajo para otro beso.

-¿Puedo verte el viernes cuando llegues a casa?
-Sólo trata de mantenerme alejada.



**********************************


Yulia permaneció despierta durante horas después de que Lena se quedó dormida, luchando con la culpa tan intensa, preocupada de que pudiera filtrarse en el inconsciente de la pelirroja y oscurecer sus sueños. Su anterior acto sexual la había sacudido, humillado, e intensamente avergonzado. Había mentido a la mujer que amaba. Peor aún, lo había hecho mientras todavía estaba enterrada profundamente dentro de ella después del sexo más intenso que sospechaba que ninguna de las dos había tenido. En un momento en el que se sentía más conectada a un ser humano que jamás imaginó posible.

Se sentia era un pedazo de basura.

Lo peor de todo era que no tenía elección. Durante dos semanas había tratado infructuosamente de llegar a otras opciones, cualquier cosa para evitar traicionar la confianza de la pelirroja. Pero la única manera de ser honesta sería decirle que era una cambia-formas que se transformaba en algo horrible una vez al mes en la víspera de la luna llena. Y que su solución al problema de seguridad, de la suya propia así como el resto de la ciudad, era ponerse desnuda y hacer que una prostituta la atara a una mesa de acero.

Sí, claro. Eso no sólo pondría fin a su relación, pero podría posiblemente llegar a comprometerla. O peor.

La verdad era que la morena deseó poder decírselo a Elena y que aceptara la verdad. Al eliminar la necesidad de mantener el secreto sólo consolidaría su relación ya sólida. Mejor que eso, si ella supiera lo que era, tal vez podría usar su habilidad para cazar al asesino del Parque Chistye Prudy. Tenía las herramientas a su disposición que todas las investigaciones de la policía y la ciencia forense en el mundo no podría replicarse. Con la libertad de tomar ventaja de su verdadera naturaleza, podía protegerla correctamente.

Desafortunadamente era una cobarde. No importa qué tan intensa era su conexión, no podía creer que Lena pudiera manejar la verdad y aceptarla por lo que era. No tenía a nadie más, así que ¿por qué una mujer que había conocido durante un mes, una mujer de ciencia, seria diferente a cualquiera?

Yulia suspiró y puso una mano sobre su estómago. No quería vomitar, pero estaba tomando todo lo que tenía para mantener su cena. Elena era su compañera, el núcleo indiscutible de su universo, y ella ardía por completo con la necesidad de proteger lo que era suyo. Conociendo que Katya tendría que hacerlo en su lugar, aunque sea por una noche, era insoportable. Confiaba totalmente en la pelirroja, pero odiaba la idea de que la detective tomara la oportunidad para señalar que ella no era lo suficientemente buena. Una vez más.

Sobre todo porque Katya tenía razón.

Lena gimió en su sueño, revolviéndose con inquietud bajo el edredón. Con esfuerzo la morena calmó sus pensamientos y se volvió de lado para envolverla en un cálido abrazo. Inmediatamente Elena se calmó. Ya sea que soñaba con problemas derivados de la amenaza a su vida o los propios pensamientos torturados de Yulia, no lo sabía. Lo que sí sabía era que necesitaba averiguar cómo se podía tener una relación real sin necesidad de mentir cada mes.

Algo tenía que ceder. Mentir no era una estrategia que a largo plazo seria una forma débil y cobarde para ganar algo de tiempo. En algún punto, estaría obligada a poner su relación a prueba, para ver si realmente Lena era la indicada para ella.

Pero no este mes. Todavía no.
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Vie Oct 31, 2014 9:36 pm

Capítulo Diecinueve


Yulia tenía razón, cuando Elena le explicó a Katya que se iba fuera de la ciudad y no quería estar sola, la detective no podía parecer más contenta por haber sido designada su guardaespaldas para la noche. Tan contenta, de hecho, que tomó cada pedazo de fuerza de voluntad de la pelirroja para hacer a un lado la irritación que sentía por el fracaso de Katya por ocultar su petulante alegría.

Pero lo hizo, porque se alegró de la compañía de la detective. Ella no quería pasar la noche en su apartamento preguntándose si el asesino del parque estaba al acecho en las sombras.

Cuando Katya mencionó preparar la cena, Elena sabía que tendría que estar en guardia. Cocinar era una táctica de su ex para cortejar, probablemente utilizada con éxito en muchas más mujeres que la doctora quería imaginar. Había funcionado sin duda en ella, en otro tiempo. Después de rechazar la invitación de la anterior cena, Lena sabía que la detective vio esta noche como una segunda oportunidad.

Katya dijo que la cena era a las cinco y media, lo que significaba que había decidido salir temprano del trabajo para preparar su comida. No dudaba de que la detective quisiera asegurarse de que estarían juntas justo antes del anochecer, pero sospechaba que Katya también estaba simplemente emocionada por finalmente tenerla en su casa de nuevo. Sin embargo, Elena no se quejaba de la cena temprana. Ella particularmente no quería estar fuera tarde de todos modos. Esta noche había luna llena, y, aunque no era supersticiosa, reconoció que el ciclo lunar a veces jugaba en los modelos de los psicópatas. El primer asesinato se había cometido la noche de la luna llena anterior.

La doctora dejó el laboratorio temprano y estaba en la puerta de Katya diez minutos antes de lo acordado. Tenía la intención de pasar la noche discutiendo el caso, por lo que junto con una botella de vino, llevaba una pila de informes forenses. Estudiar minuciosamente sobre los archivos del caso sería el mejor uso de su tiempo juntas y sería mantener las cosas profesionalmente, que era exactamente donde quería que su relación se quedase.

Katya abrió la puerta con un delantal y una sonrisa brillante.

-Hey. Las fajitas estarán listas en unos cinco minutos.
-Estupendo -torpemente, le ofreció la botella acunada contra su lado. Traer vino le había parecido lo que debía hacer hasta el momento en que olió el perfume de su ex y vio que llevaba la camisa púrpura que siempre le había encantado cuando estaban juntas. Al parecer, Katya había decidido ser evidente por estar en modo de seducción completo. El alcohol realmente no era necesario introducirlo en la mezcla, pero era un poco tarde ahora- Traje los informes forenses de nuestras dos víctimas. Supuse los repasaríamos para ver lo que nos hemos perdido.

La detective la acompañó a dentro.

-Por supuesto. Pero vamos a comer primero, tomar un vaso de vino. Relájate un poco. -Miró a Lena de arriba y abajo, luego la besó en la mejilla- Te ves hermosa.

Elena se puso rígida.

-Esto no es una cita, Kat.
-Lo sé -Echando un vistazo a la etiqueta de la botella, silbó- Mi favorito.
-Es un agradecimiento por dar tu noche para hacer de mí niñera -la siguió a la cocina. Se puso junto al mostrador mientras Katya dejaba el vino, luego miró su sartén candente de pimientos y cebollas- No me gustaría saber que metí la pata en tus planes.

La detective negó con la cabeza.

-No hay planes. No hay lugar ni nadie con quien preferiría estar.

A veces Katya era totalmente desesperante. Hace nueve meses Lena habría tomado este cambio radical de postura de manera diferente. No es que ella hubiera necesariamente perdonado a su ex, porque su traición la había mutilado tan profundamente, pero por lo menos entonces habría justificado su creencia de que realmente había estado enamorada. Habría probado que no había estado loca por creer que su relación estaba funcionando bien hasta el momento en que descubrió a Katya en la cama con otra mujer. Pero entrando como lo hizo ahora, después de que Yulia había entrado en el cuadro, sentía como la detective estaba desesperada por recuperar de la morena algo que había ganado legítimamente. Y eso la hizo enojar.

Lo único que podía hacer era mantener las cosas amigables y corteses, y disuadir a Katya de cruzar la línea que le había claramente pedido mantener.

-Huele delicioso.
-No los he hecho en mucho tiempo -se encogió de hombros mientras se agitó- He echado de menos tener a mi público más agradecido a mí alrededor.

Elena forzó un murmullo evasivo, recogiendo un expediente y volteándolo para abrirlo.

-Sabes, he estado pensando en la falta de evidencias de pelo y fibras en las escenas. ¿Y si…?

La detective levantó la cuchara de madera en el aire.

-Lo digo en serio. No se permite hablar de trabajo hasta después de la cena. Entonces puedes dejarme pasmada.
-Está bien -tiró el archivo en la barra y suspiró. Entonces se acercó a la botella de vino y la agarró rápidamente- ¿Dónde está tu sacacorchos?
-El cajón al lado del fregadero.

Lena lo encontró y quitó el corcho de la botella, llenó dos copas hasta la mitad. Puso una al lado de su anfitriona, luego dio un paso atrás, fuera de su alcance. Apoyada en el marco de la puerta, tomó un sorbo y la observó terminar su obra maestra. Sus fajitas eran en realidad parte de la leyenda. Ella en el pasado, las había considerado como un afrodisíaco, y Katya lo sabía.

-Entonces, ¿cómo van las cosas con Yulia? -con la boca congelada en una hipócrita alegría, se las arregló para mantener su voz ligera- ¿Todavía locamente enamorada?
-No lo hagas -murmuró la pelirroja- Por favor.
-¿Qué? -trató de sonar inocente, pero Lena la conocía perfectamente- Estoy tratando de tener una conversación. Ser amable -no cruzo la mirada con los ojos de Elena mientras servía las verduras en un plato- ¿No le preguntaste acerca de la llamada anónima todavía?
-Ella no sabe nada, Kat.
-¿Es eso lo que dijo?

Elena tomó otro sorbo de vino. A decir verdad, no tenía ni idea de por qué no le había preguntado a la morena. Había estado a punto de hacerlo la noche que hicieron el amor intensamente apasionadas, pero cada vez que la tocaba Yulia, perdía todo deseo de remover las aguas. En parte porque no podía soportar la idea de descubrir que la pelinegra había estado guardando secretos, pero ella casi había renunciado a su instinto después de Katya y odiaba imaginar que podría fallarle de nuevo.

No había manera de hacer entender a la detective sin sonar ingenua.

-Kat…
-Sólo estoy preguntando. ¿Te dijo que no sabía nada?

Venir esta noche probablemente había sido un error. Pero andar e irse y volver a casa, o incluso a un hotel, no era especialmente atractivo. Y significaría romper su promesa a Yulia. Ella le había jurado que se quedaría con Katya hasta que regresara, no importa cuán difícil la situación podría ser.

-Ella no tenía que hacerlo. Créeme, si Yulia supiera cualquier cosa que pueda ayudarnos a atrapar al tipo, me lo diría. Yo sé que lo haría.
-¿Porque ella te ama? -podía oír el resentimiento en el tono de la detective.
-Sí -simplemente respondio- Piensa lo que quieras acerca de Yulia, pero nuestros sentimientos mutuos son reales. No sé cómo explicártelo. Me ha sorprendido tanto como a cualquiera. Pero ahí está. Tienes que confiar en mí.
-No es de ti de quien no confío.
-Lo sé -no se molestó en disimular su irritación, esperanzada de que la detective se echaría atrás si presintiera que su espectáculo de celos estuvo a punto de arruinar su noche perfectamente coreografiada- Vamos a dejarlo ahora, ¿de acuerdo?
-Está bien. -le entregó el plato de fajitas y la botella de vino ¿Quieres llevar estos a la mesa? Estaré justo detrás de ti.
-Por supuesto. -Agradecida por escapar del espacio cerrado de la cocina, Lena oyó gruñir el estómago al ver la increíble comida que Kat había preparado. A pesar de sus defectos, la detective realmente sabía cómo expresar el amor a través de su comida. Y a juzgar por la extensión que tenía delante, estaba llena de amor esta noche.

Katya se sentó junto a ella en la mesa, señalando el soporte de tortilla en el centro.

-No seas tímida. Hinca el diente.
-Gracias -escatimó a su anfitriona una genuina expresión de gratitud mientras llenaba su plato- Me muero de hambre.
-Bien, porque probablemente me sobrepase un poco. Espero que estés lista para llevarte a casa algunas sobras.
-Siempre.

La detective comió en silencio, arrastrando la mirada sobre el cuerpo de la doctora sin reaccionar visiblemente. Cuando habló un momento después, su voz salió ronca.

-Estas realmente en buenas condiciones, Lena. Lo digo en serio. Supongo que es por estar enamorada, pero te ves diferente de cómo te he visto alguna vez. Tan... vibrante. Viva.
-Es irónico, teniendo en cuenta que estoy marcada por la muerte -Por mucho que intentó no dejar que su mente fuera allí, el miedo se había convertido en su compañero inseparable. Más aún cuando ella no estaba en la presencia tranquilizadora de Yulia.

Pero ella no tenia duda de que Katya estaba en lo cierto, estar enamorada y confiada sexualmente por primera vez en su vida, se sentía como una mujer nueva. A pesar del terror que este acosador había traído a su vida, se sentía más libre que nunca. Y no estaba sorprendida de que su ex podía verlo, también.

-Gracias, sin embargo. Además del psicópata obsesionado, lo estoy haciendo bien.
-Es evidente, -la miró fijamente con una intensidad que le aceleró el latido del corazón- Yo no voy a dejar que te pase nada, lo sabes. Así que por lo de marcada por la muerte, olvídate de él. Esto es una porqueria de miedo, seguro, pero va a terminar bien. Y pronto.
-Lo sé -la pelirroja logró parecer más valiente de lo que se sintió. De momento tenían una casi total falta de evidencia física, ningún testigo sólido, y ni siquiera una débil ventaja. Sin embargo, la detective haría todo lo posible para atrapar al tipo- Lo que no me deja de preocupar, sin embargo…
-Lo entiendo. Pero sólo sé que no puedo vivir sin ti. Me niego. Ese hijo de perra no va a hacerte daño -De repente Kat habló en un tono intenso que hizo que un escalofrío atravesara a Lena. Independientemente de sus sentimientos por Yulia, no era inmune al deseo de Katya. Tramposa o no, la detective fue una vez el centro de su mundo. Oír verdadero amor en su voz hizo que el corazón de Elena latiera aún más rápido- Lastimarte fue lo peor que he hecho. Voy a pasar todos los días de mi vida expiando, si eso es lo necesario.

Lena tragó un bocado de comida, luego dejó la fajita.

-Kat…
-Tal vez sea injusto de mi parte decir estas cosas ahora que estás con Yulia -tomó un sorbo grande de vino, como reforzando su valor- He cometido algunos errores terribles, lo sé, pero no se puede negar que todavía tenemos algo especial. Algo que puede ser fijo, si me perdonaras.
-Te perdono -contesto- Pero perdonar no es lo mismo que querer estar contigo.

El daño destelló a través de la cara de la detective, pero lo escondió rápidamente.

-Lo merezco. Sé que lo hago. -Tomó otro sorbo, y luego dejó el vaso con una risa fácil- Pero puedo ser persistente y paciente.
-Me gustaría que no lo fueras.

Katya la miró como si estuviera tratando de decidir si debía acotar algo más, pero simplemente se aclaró la garganta.

-¿Lista para el postre?

Llena de las fajitas, la pelirroja dudaba de que hubiera espacio para más.

-¿En serio?
-Mousse de chocolate.

Oh, eso fue bajo. Lena frunció el ceño a su ex.

-Sacando las armas pesadas, ¿lo estás haciendo, verdad?

La detective sonrió con descaro.

-¿Qué, te gusta la mousse de chocolate?
-Hmmph. -se puso de pie y empezó a recoger los platos sucios- Sabes lo que debes hacer.

Agarrando su propio puñado de platos, Katya la siguió a la cocina.

-Conozco un montón de cosas sobre ti. Cosas muy importantes.

Elena no podía negar que era verdad.

-Entonces debes saber que no me meterás en la cama esta noche, no importa lo mucho que utilices tu encanto -raspó los restos de su cena en la basura, a continuación, puso su plato en el fregadero- También debes saber...

Antes de que pudiera decirle a Katya que se necesitaría más que el mousse de chocolate para conseguir que engañara a Yulia, ésta le dio la vuelta y la empujó contra el mostrador, aplastando sus bocas en un hambriento beso. Aturdida, Lena agarró los bíceps de su ex-novia, con la intención de empujarla lejos. Pero vaciló, la familiaridad de la boca de Katya sobre la suya la abrumó. Vagamente consciente de que devolvió el beso hizo que sus rechazos no fueran solamente débil, sino también vacíos, no pudo evitar probar brevemente la boca de la detective antes de volver la cara hacia un lado con un suspiro.

-Te dije que no -Las piernas de Lena parecían derretirse bajo ella- Para.

Inmediatamente Katya retrocedió.

-Lo siento.
-Demonios, Kat. -tocó sus labios con los dedos, sin creer lo que acababa de suceder. No había querido dudar antes de alejarse y esperaba que su ex no lo hubiera notado- No creo que quedó claro. Esto. Nosotras. No va a suceder. Yo no voy a volver contigo. Tuviste tu oportunidad y la arruinaste. Es el momento de aceptarlo y seguir adelante. Yo tuve que hacerlo y no fue fácil. No lo hagas aún más difícil ahora.
-Yo no estoy tratando de hacerte daño -la detective caminó hacia atrás, doblando sus brazos sobre su pecho. No pudo encontrarse con los ojos de Elena- Y tú tienes razón, estaba fuera de lugar. Lo siento. Yo sólo... yo sé que estás enamorada de ella. Ya lo sé. Esto no se trata de ser celosa. Se trata realmente y verdaderamente de darse cuenta de lo que te hice, lo que perdí, y deseo desesperadamente creer que podría tener otra oportunidad.
-No conseguirás otra oportunidad -susurró- Especialmente porque estás haciendo que no me den ganas de estar cerca de ti.

Katya apretó la mandíbula.

-¿Quieres ir a escuchar la grabación de nuestro aviso del asesinato del Parque Chistye Prudy? Vamos a hacer eso ahora mismo. La tengo en mi laptop.

Con el corazón desbocado, la doctora apretó los puños a los costados.

-¿Y qué piensas que vas a lograr? ¿Voy a escuchar una voz que suena como Yulia y decidiré caer en la cama contigo?
-No. Pero por lo menos tendrás toda la información necesaria antes de empezar a tomar decisiones.
-Tengo toda la información que necesito, para saber que no quiero estar contigo nunca más -rodeó a Katya, escapando de la cocina con las piernas temblorosas- Y estás haciendo realmente que me arrepienta de haber venido aquí esta noche.
-Vamos, Lena. No es que tengas una opción. –La detective ni siquiera se molestó en ocultar su frustración mientras seguía la de nuevo en la sala de estar- Aunque Yulia y yo no estamos de acuerdo en todo lo demás, si que no estarás sola mientras el monstruo sigue ahí.

Girándose para hacer frente a Katya, luchó para no levantar la voz. Inmediatamente después de ese beso, oírla invocar el nombre de Yulia bordeó lo ofensivo.

-Dudo que esto es lo que Yulia tenía en mente.
-Probablemente no.
-¿Así que soy un espectadora cautiva, entonces? ¿Eso es todo? -La garganta se le apretó con el aplastante recuerdo de sus bocas y cuerpos juntos.- ¿Crees que puedes tenderme una emboscada?
-Sólo quiero protegerte. Esto incluye asegurarme de que sabes la verdad sobre la mujer de la que te has enamorado. Incluso si hiero tus sentimientos. –La detective hinchó su pecho, desafiante- No me puedes decir que ese beso era totalmente desagradable. Sé que hay una parte de ti que no está segura acerca de Yulia, que me echa de menos.
-No soy una tramposa -le espeto con frialdad- Me tomaste por sorpresa. Pero yo no le haría a Yulia lo que tú me hiciste -El recuerdo la hizo temblar. No podía pensar en nada peor que traicionar la confianza de la morena como una vez la detective había traicionado la suya. Que Katya fuera quien la puso en esta posición la enfureció- Y no me importa lo que diga Yulia o tú. Realmente tengo la opción de estar aquí, y decido irme. Justo ahora.

La alarma brilló en los ojos de la detective.

-No. Tienes razón, no debería haber dicho eso. Eso fue injusto. Prometo dejarlo por el resto de la noche. Pero no vayas a ninguna parte.
-M.a.l.d.i.t.a seas, Kat -caminó hacia la puerta, agarrando su abrigo del gancho en la entrada.- Sí, la tengo. Voy a salir a decirles mis amigos del departamento que conseguiré un cuarto de hotel esta noche. No tengo ninguna duda de que me mantendrán perfectamente segura, sin coquetear conmigo. -Se abrochó el abrigo con las manos temblorosas- Yo no te necesito. No para protegerme, o que me digas con quien debo citarme. Ni siquiera te necesito como una amiga, si me vas a poner en la incómoda posición de tener que rechazarte constantemente.

Katya la agarró de la muñeca, parándola de girar la perilla de la puerta.

-Te dije que lo sentía. Por favor, no te vayas.

Elena se estremeció bajo el toque de su ex-novia. La culpa le revolvió el estómago al recordar que se besaron antes, aunque fue por un instante. No podía quedarse con ella esta noche. Ni siquiera podía imaginar esperar hasta mañana para confesar lo que le pasó a Yulia. Y era probable que ella ya hubiera salido de la ciudad, pero y si no se hubiera ido aún, tenía que ir a verla. Para limpiar su conciencia. Para tranquilizarse sobre que ella no acabara realmente de retorcer las cosas.

Elena tiró de su muñeca y abrió la puerta.

-Gracias por la cena, Kat. Te veré más tarde.

Salió corriendo de la habitación, corriendo por el pasillo antes de que Katya pudiera tratar de convencerla de quedarse.

Tenía que ver a Yulia… y pedir disculpas.

Capítulo Veinte


Yulia apretó los dientes mientras caminaba hacia la puerta principal, las ondas de placer ondulaban por todo su cuerpo por la simple fricción de su bata de seda rozando su piel desnuda. No había esperado que la nueva escolta llegara dentro de otros quince minutos, pero estaba muy emocionada por su puntualidad. La inminente transformación de este mes ya era más intensa que la anterior, incluso sin el perigeo lunar, y sabía que todo tenía que ver con Elena.

Consumida por el olor persistente de la pelirroja en los muebles a su alrededor, por el recuerdo de la última vez que tocó su piel, no podía pensar en nada más que en su deseo de poseerla dura y rápidamente, para hacerla gritar estremeciéndose por la liberación.

Más de una vez hoy había tenido un orgasmo simplemente pensando en lo que iba a hacerle cuando estuvieran juntas. Era probablemente mejor para Lena que no fuera así.

Ahora que tenía una compañera, el frenesí sexual que la luna le provocaba a la morena ardía dentro tan caliente que la dejó apenas capaz de mantenerse en el pensamiento consciente. No tenía idea de cómo iba a contenerse si la bella mujer estuviera cerca. Con las cosas así, seguramente tomaría todo lo que tenía para explicar su ritual a la nueva chica, más aun para no parecer una completa lunática mientras lo hacía. Yulia esperaba que la pronta llegada de la escolta fuera un buen augurio para su capacidad para seguir las instrucciones y atar la cuerda más fuerte que su predecesora.

Al abrir la puerta y se quedó inmóvil. Por unos pocos instantes se quedó sin aliento pues esperaba que estuviera viendo cosas, que su mente nublada por el sexo la estuviera engañando imaginando a Lena de pie en el porche viéndose bastante deliciosa para devorarla.

-Oh, bueno. Pensé que ya te habías ido -Los ojos de la pelirroja brillaban con emoción mientras revoloteaba la mirada a lo largo del cuerpo de su novia- ¿Estabas a punto de tomar una ducha?

Apoyando una mano en el marco de la puerta, la pelinegra apretó los dientes y trató de mantenerlos unidos. Respondiendo a la puerta con una bata de seda tenía que parecer extraño cuando Elena creyó que debía estar en su camino fuera ya de la ciudad. Lo menos que podía hacer era tratar de actuar normal.

Trabajando en contra de sí no sólo estaba la influencia enloquecedora de la luna, sino también el conocimiento de que su acompañante estaba por llegar en cualquier momento.

Yulia luchaba por concentrarse en la tarea en cuestión, era absolutamente necesario hacer salir de alli a Lena antes de que quedara atrapada en una mentira. Pero su cuerpo no quería que se fuera. La satisfacción que anhelaba estaba justo delante de ella, mirándola con ojos preocupados. La morena sintió una miríada de emociones que emanaba de la pelirroja, el principal de ellos la culpa. Vagamente, se preguntó qué podía haber pasado para traerla aquí cuando no sabía si iba a estar en casa.

-Estaba a punto de ir -Maldiciendo la respiración dificultosa de su voz, trató de poner un aire casual- ¿Qué estás haciendo aquí? Se supone que tienes que estar con Katya.
-No podía quedarme -el sentimiento de culpa que fluía de ella se intensificó, pero en lugar de atenuar la excitación de la pelinegra, sólo la inflamaba aún más. Justo ahora cada trozo de emoción de Elena sirvió como leña para el fuego de su lujuria, avivando las llamas a alturas peligrosas- Ella me dio un beso, Yulia. Yo no la quiero y le dije que nada podría suceder entre nosotras, pero... -Tragando, ya no parecía mirarla a los ojos- Sé que querías que me quedara con ella esta noche, pero no puedo. Y lo siento mucho de caer justo así cuando estas de camino para salir de la ciudad. Necesitaba decirte lo que pasó... y pedir disculpas.

La morena exhaló por la nariz. Su corazón bombeaba alarmantemente fuerte, cada latido, repiqueteo en su entrepierna y haciéndolo más y más difícil de funcionar. La idea de que Katya tocara a su Elena desató una avalancha de necesidad celosa, estirando su control al punto de ruptura.

La manera más fácil de hacer que Lena se fuera sería acusarla probablemente de engañarla, y repudiarla, pero no podía hacer eso. Ni siquiera para proteger su secreto. Con esfuerzo, le enseñó los dientes en una sonrisa tensa.

-No hay necesidad de pedir disculpas, cariño. Confío en ti. ¿Existe algún otro lugar donde puedas ir esta noche? -se concentró en moderar su respiración, tratando de ignorar el olor de Katya en ella ahora recogido en su piel. El recordatorio visceral de la transgresión de la detective hizo casi imposible resistirse tirar de la pelirroja dentro y replantear su afirmación.

-Odio tener que dejarte, pero ya estoy llegando tarde...
-Por supuesto -murmuró, con la cara caída- Lamento haberte molestado. Yo probablemente no debería haber venido… -se volvió ligeramente y su camisa estirada sobre sus pechos, rompió el último hilo del control de Yulia.

Gruñendo, atrapó el brazo de Lena en un asimiento fuerte, la tiró hacia dentro de la casa, y luego la golpeó contra la pared al lado a la puerta. Atacó la boca de la pelirroja con viciosa pasión, aplastando sus labios en un beso duro. Esta abrió la boca, luego agarró los hombros de la pelinegra, emitiendo una sacudida de placer conmocionado que hizo a Yulia llegar al clímax violentamente contra ella. Removiendo su boca, la morena volvió la cara hacia un lado y cerró los ojos sin retroceder.

-Eres mía -se atragantó. Hundió la cara en el cabello de Lena e inhaló profundamente, temblando cuando una réplica rodó a través de su cuerpo. En vez de saciar su necesidad, cada orgasmo sólo aumentó más- Pero te tienes que irte, Lena. Ahora mismo.

La pelirroja enroscó una mano alrededor de la parte posterior de su cuello, sosteniéndola cerca. No hubiera podido moverse aunque lo hubiera querido, clavada en el lugar por el cuerpo pesado de la morena. Pero alejarse no parecía estar en su orden del día.

-Si tienes cinco minutos, podríamos decirnos adiós apropiadamente.

Demasiado débil para resistir, Yulia se estremeció. El olor de la humedad de Lena saturaba el aire entre ellas, limpiando cada pedacito del pensamiento racional de la mente de la morena. Cuanto más tiempo la dejara quedarse, mayor era la probabilidad de ser atrapada.

Pero su cuerpo simplemente no obedecía a su mente. Ella no podía enviar a Elena lejos cuando cada célula de su ser gritaba con la necesidad de tomarla.

-M.a.l.d.i.t.a sea -gimió. Deslizo su mano entre sus cuerpos y abrió el botón de los pantalones de la pelirroja, abriendo la cremallera, a continuación, hundió su mano en la parte delantera de la ropa interior. Encontrando con sus dedos pliegues resbaladizos, demasiado desesperados para hundirse en la apretada apertura para molestarse en ser suave.

-Yulia… -apretó los hombros y alzó la voz cuando la pelinegra se metió dentro de ella- Oh, demonios.
-¿Te hago daño? -Jadeó. Esperaba como el infierno que no lo hiciera porque no sabía cómo parar.
-No -separo las piernas y se aferró a Yulia como si su vida dependiera de ello- Hazlo, cariño. Tómame.

La puerta principal estaba abierta al lado de ellas, y aunque nadie podía verlas desde la calle, la morena sabía que cualquiera que pasara por allí oiría los sonidos de su frenética unión.

Atontada de que Elena le permitiera tal exposición, el pensamiento de ponerla fuera de sí sólo hizo a la morena tener hambre de más. Más duro. Más rápido. Introdujo sus dedos en la pelirrpja una y otra vez, tan profundamente como fuera posible en esta posición incómoda, y utilizó su pulgar para frotar círculos más agresivos en el clítoris hinchado. Cuando Elena se tensó debajo suyo, justo en el borde del orgasmo, se inclinó hacia su cuello y casi mordió, succionando la tierna carne en su boca lo suficiente para dejar una marca.

Los ojos de Yulia estaban fuertemente cerrados, pero ella vio la liberación de Lena como una ráfaga ardiente de luz amarilla detrás de sus párpados. Su placer explotó en el cuerpo de la morena desencadenando un orgasmo que pareció enviar a la pelirroja a caer otra vez justo cuando su primer clímax disminuyó. Cada orgasmo que ella sufrió desencadenó otro en la pelinegra, no menos intenso que el anterior, y cada vez que Yulia llegó Lena echó la cabeza hacia atrás para iniciar el proceso de nuevo. La morena no tenía idea de cuánto tiempo se quedaron allí de pie juntas mientras sobrellevaron su bucle de realimentación de placer, pero la única cosa que la derribó era el sonido de una garganta aclarándose al lado de ellas.

Luna llena o no, Yulia se puso seria al instante. Su escolta había llegado.



******************


Lena no sabía lo que la golpeó. En un momento ella estaba de pie en el porche de Yulia pensando que no debería haberse pasado, y de repente la morena la tenía aplastada contra la pared dentro del piso, al lado de la puerta abierta, tomándola duro y rápido, haciéndole el amor en cada segundo. Al igual que una mujer poseída, parecía estar actuando por pura pasión y Lena dudaba que ella se diera cuenta de cuán áspera tenía las manos, lo afilado de sus dientes. Cada pedacito de dolor que le infligió Yulia al instante se volvió en placer al rojo vivo. No hubo un solo momento durante su acoplamiento frenético que no quiso exactamente lo que la pelinegra le estaba dando.

Tan rápido como Yulia explotó en necesidad desesperada, se quedó helada con lo que se sentía como miedo silencioso. Arrancada de su increíble orgasmo mutuo por los ojos color zafiro desorbitados con mirada aterrorizada de culpa, Lena luchaba por recuperar el aliento mientras se contrajo ligeramente alrededor de los dedos todavía enterrados profundamente dentro suyo. Cuando la atención de la morena se trasladó a la puerta de al lado, ella giró la cabeza y vio a una rubia hermosa de pie, a menos de un metro.

-Oh -agarró el brazo y tiró de la pelinegra, mortificada de no tener duda de que la mujer fue testigo de la conclusión de su encuentro insensato. Yulia sacó sus dedos de ella rápidamente, sin dejar rastro de ternura. Haciendo una mueca, se abrochó los pantalones con manos temblorosas cuando la pelinegra miró a la rubia como si estuviera viendo un fantasma.

-Lo siento por interrumpir -dijo la desconocida a la ligera.- Estoy aquí ¿a las siete con Yulia?

La mirada en el rostro afligido de la mencionada irradió calor, un desgarrador dolor se disparó a través de Elena. La morena tenía una expresión de puro pánico, vergüenza, de incredulidad a sabiendas de que acababa de ser pillada. Katya una vez le había dado el mismo aspecto después de que la encontro bajando en otra mujer en su cama. Lena cambió su atención de Yulia a la rubia en la puerta, tratando de entender lo que esto significaba.

-Ella es Yulia -dijo con voz espesa, señalandola.

La morena abrió y cerró la boca. Sus ojos estaban desenfocados y Elena de repente se dio cuenta de lo único que parecía. Cuando Yulia había respondido al principio a la puerta, ella había sentido que algo estaba mal, pero lo atribuyó a una simple confusión por el hecho de que no estaba donde la pelinegra había esperado y que fuera. Ahora se daba cuenta de que había estado probablemente preocupada por su visita porque sabía que la rubia debía ser su cita.

Entonces, ¿quién era ella? ¿Y por qué Yulia había tirado de ella dentro para un polvo rápido si estuviera esperando a alguien que claramente no quería que se reuniera?

-Lo siento -Cambió incómodamente la rubia, mirando entre Elena y Yulia cuando se dio cuenta de hasta qué punto esta situación volátil podría llegar a ser- ¿Es este un mal momento?

La pelirroja esperó a oír lo que diría la morena. La alarma cruzó el rostro de ésta.

-No. No es un mal momento. ¿Por qué no me esperas en la sala de estar? -cambió su atención de nuevo a Lena- Voy a acompañarte a tu automóvil.

Cuando la pelinegra tomó su brazo, se apartó bruscamente.

-No, creo que me debes una explicación.

Echando un vistazo a la rubia, Yulia hizo un gesto hacia la sala de estar con una mano visiblemente temblando.

-Es justo ahí dentro.
-Fantástico -La rubia arriesgó una última mirada de disculpa a Elena- Lo siento.

Lena nunca había querido golpear a alguien tan mal en su vida. Ella fulminó con la mirada la espalda de la rubia mientras caminaba en el interior, sólo volvió a centrarse en la morena cuando la mujer desapareció de la vista.

-Realmente no ibas a salir de la ciudad. ¿Es así?

El sudor goteaba la frente de Yulia y la respiración surgió agitada en jadeos.

-Lena, tienes que irte. Puedo explicarlo más adelante.

La morena podría haberle clavado un cuchillo en el pecho. Y no la podría haber herido tanto.

-Yo no quiero que me lo expliques más tarde -Apartándose de la pared, salió cojeando por la puerta principal. Hasta ese momento no se dio cuenta de cómo su centro estaba dolorido. Las lágrimas le picaron los ojos y apretó los dientes en un esfuerzo para no reaccionar. No por el dolor, sino porque lo que debería haber sido el recordatorio de lo salvaje, hacer el amor sin inhibiciones ahora se sentía como las consecuencias de una mentira- No hay necesidad de explicarlo. Está escrito en tu cara.

Yulia la siguió hasta la puerta.

-Te hice daño -agarró la muñeca de la pelirroja, e incluso ese toque sencillo encendió la feroz necesidad y el deseo dentro de ella, que la dejó enfurecida. ¿Con una conexión como la de ellas por qué Yulia se debía liar con alguien más? La morena dejó escapar un ahogado gemido y al instante apartó la mano como si se hubiera quemado- Espera.

Disgustada, Lena se dio la vuelta y extendió una mano para detenerla de que entrara en contacto con ella de nuevo.

-Pensé que querías que me fuera.

Las lágrimas partieron de los ojos color zafiro.

-Yo sí -susurró- pero no por la razón que piensas.
-¿No es porque vas a ir allí a follarte a esa mujer? -nunca pensó que ésta mujer le haría eso a ella. No después de todo lo que habían experimentado juntas. No cuando se había hecho más vulnerable con ella que con cualquier persona- Dime por qué realmente quieres entonces que me vaya.

La pelinegra abrió la boca, pero no salió ningún sonido. Riachuelos de sudor descendian por su rostro, y ella no parecía poder estarse quieta. Elena sintió confusión entre la culpa y el miedo, y tuvo una idea repentina, repugnante.

-¿Estas tomando drogas? -Explorando la expresion de la pelinegra, vio que ahora algo no estaba bien, sin duda- ¿O enferma? -miró por encima del hombro de la morena, dentro de su apartamento. ¿Era posible que la mujer estuviera allí por alguna otra razón? Parecía que tenía una cita. ¿Y si Yulia escondía un problema de salud, no dormiría con otra mujer? Decidida a no dejar que su historia con Katya le impida darle el beneficio de la duda, se obligó a ver la situación con claridad.- Dime lo que está pasando, Yulia. Así no creeré lo peor.
-No voy a tener sexo con ella -Con la mandíbula apretada, parecía atrapada entre la desesperación y la reticencia- Eso es todo lo que puedo decirte. Yo necesito que confíes en mí.

Después de que le había mentido acerca de irse fuera de la ciudad, Elena no sabía cómo ofrecer ese nivel de confianza ciega.

-¿Cómo? ¿Cómo puedo confiar en ti cuando me has mentido, cuando veo que tienes miedo de tu mente y obviamente estas llena de culpa?
-Porque tú me conoces. No soy Katya.

Ella no sabía qué creer. De repente quería preguntarle acerca de la llamada telefónica anónima tanto como Katya lo quería.

-¿Avisaste del cuerpo en el Parque Chistye Prudy a la policía?

La cara de Yulia palideció.

-¿Qué?
-Kat dice que tú estas en la grabación de la llamada. Ella quería que yo la escuchara, pero me negué a creer que me habías ocultado algo así -Cruzando los brazos sobre el pecho, agrego- Pero obviamente yo no te conozco. Por lo menos no tan bien como creía que lo hacia.
-Lena…
-¿Hiciste esa llamada? Sólo dime. La verdad.

La morena miró hacia el cielo que oscurecía rápidamente, y luego miró a Elena con ojos atormentados.

-Sí.

El interior de la pelirroja se convirtió en hielo. Ayer habría jurado que entendía el corazón de Yulia. Ahora no entendía nada.

-¿Quién es esa mujer en tu sala de estar?

Haciendo una mueca, la pelinegra se llevó una mano a la cabeza y apretó los dientes. Elena la miró con recelo, sin saber cómo interpretar el histrionismo. Nada acerca de lo que estaba pasando tenía sentido. ¿Cómo podía haber estado tan equivocada acerca de alguien? Había llegado a confiar en la mujer frente más de lo que había nunca confiado en nadie, en un momento en que su vida estaba llena de miedo e incertidumbre. Eso no ocurrió sin una razón.

Las lágrimas brotaban de los ojos de Yulia. Cada palabra que decía parecía arrancada de ella, como si no quisiera dejarlas ir.

-Fuera de aquí, Lena. Hemos terminado por hoy. Te llamaré mañana.
-No te preocupes -contesto, como sorprendida por las frías palabras de enojo como la pelinegra parecía estar. Hace diez minutos había pensado que ella era el amor de su vida. Ahora se sentía como si estuviera mirando a una extraña, una que se preocupaba más por mantener un secreto que salvar su relación- Tienes razón. Hemos terminado.

El rostro de la morena se disolvió en una angustia tan dolorosa que ella lo sintió, también, profundamente en su pecho. La dejaba vacía, se le hacía difícil respirar. Le dio la espalda, pero eso no disminuyó su angustia.

-Ten cuidado, Lena. -La voz de la pelinegra se rajó con la emoción- Por favor. Vuelve con Katya. Estarás a salvo esta noche.

Elena no sabía a dónde iría. Echó un vistazo a través de la calle, donde vio el vehículo de su equipo protector estacionado. Los detectives observaban la escena, pero centraron su atención lejos rápidamente cuando la pelirroja les hizo apartar la vista. ¿Cuánto tiempo le tomará a Katya oír hablar de esto?

-Lena…
-Adiós, Yulia. -Cada paso lejos de esa mujer requería un esfuerzo pero a medida que caminaba el dolor en su pecho disminuyó ligeramente, así que tomó su ritmo hasta que fue casi corriendo a su automóvil. Una vez que llegó a la puerta del lado del conductor, la abrió y se zambulló en el interior, arrancó el motor y salió a la calle lo más rápido que pudo.

No sabía a dónde iba. Sólo tenía que escapar.

Capítulo Veintiuno


Yulia se tambaleó de vuelta a su casa después de que Lena salió a toda velocidad, obligando a su mente a la tarea en cuestión. Ella podía desmoronarse con lo que acababa de suceder más tarde. Ahora mismo tenía una prostituta para instruir y el tiempo se agotaba. La transformación picaba en su piel. Otros cuarenta y cinco minutos y estaría completamente fuera de sí por la luna. Si la rubia no se fuera antes de entonces, tendría aún más de qué preocuparse que romper el corazón de Elena.

La rubia se puso de pie cuando la morena tropezó en la sala de estar. Ella miró la de arriba abajo con ojos inquietos.

-¿Estás bien?
-Estoy bien. -apretó los dientes e hizo un gesto hacia su habitación de invitados.- ¿Vamos?

Claramente sin saber qué pensar, la escolta ofreció su mano.

-Soy Tanja.

Preparándose para lo inevitable, Yulia estrechó la mano de Tanja, suprimiendo un gemido ante la reacción de su cuerpo a la estimulación táctil.

-Encantada de conocerte -se retiró rápidamente- Tenemos que darnos prisa. Tengo un horario y ya estamos llegando tarde.

La rubia la siguió hasta la habitación de invitados. Al igual que su predecesora, no reaccionó visiblemente a la mesa de acero atornillada al suelo. Tenía los ojos pegados a la cara de la pelinegra.

-Lo siento si he causado algún problema entre usted y su amiga antes. Si desea volver a programar, estoy totalmente de acuerdo.
-Eso no será necesario -tiró del cinturón de su bata, empujando la prenda endeble de sus hombros y dejándola caer en el suelo- Escucha, lo que necesito es muy simple, pero es importante que hagas exactamente lo que te digo.

Le tomó hasta la última gota de concentración para conseguir a través de su discurso acerca de cómo le gustaba ser atada a una mesa con tanta fuerza que apenas podía respirar. Como a ella le gustaba sentirse impotente. Correcto. Se sentía impotente todos los días, y ella estaba harta de ello.

Tanja escuchó con atención cada palabra, no la traicionó ninguna reacción en absoluto, luego la ató tan apretado como nadie se había atrevido alguna vez. En el momento en que fue inmovilizada en la mesa, ya no podía hablar. Mezclado con toda la lujuria y el poder que sentía apenas tímidamente de su cambio estaba el terrible recuerdo de ver a Lena cojeando en lágrimas.

Se alegró de que Tanja no tuviera miedo de llevar las cosas al extremo. Si escapara esta noche, su aflicción, su enfurecida bestia interior podría hacer cualquier cosa, a cualquiera. Uno de sus últimos pensamientos coherentes cuando la rubia apretó el nudo final era que seguramente la daría una buena propina y la pediría otra vez.

-¿A las ocho en punto mañana por la mañana? - dijo Tanja de caminó hacia la puerta de la habitación, sacudiendo el juego de repuesto de llaves de la casa en su mano- Te voy a ver entonces, ¿de acuerdo?

Yulia gruñó de manera afirmativa. Hablar requería demasiado esfuerzo, tomaba más pensamiento consciente de lo que podía convocar.

-Espero que tengas una buena noche, Yulia. Espero que consigas lo que quieres de esto.

La morena esperó hasta que oyó cerrarse la puerta principal antes de que se ahogara con los sollozos que desgarraban sus entrañas. Lo que amaba se había ido. Inclinó la cabeza hacia atrás, aullando de dolor.

Iba a ser una noche larga y oscura.


*******************************


La morena se despertó con un grito ahogado. Trató de incorporarse, pero la cuerda y el metal alrededor de sus miembros la mantenían tumbada en la mesa de acero. Exhalando con voz temblorosa, dejó caer la cabeza hacia atrás. Había pasado a través de otra transformación segura y protegida. Después de un momento levantó la cabeza y contempló la longitud de su cuerpo. La cuerda estaba deshilachada y casi desprendida en algunos lugares. Pero la había sostenido.

Había olvidado lo condenadamente bueno que era sobrevivir otra luna llena sabiendo que no había hecho daño a nadie, incluida a ella misma. Sin embargo, cualquier alivio que había sentido fue efímero. Mientras luchaba por recordar los acontecimientos que condujeron hasta la pérdida de la conciencia humana, los recuerdos terribles y fragmentados la asaltaron. Abrir la puerta para encontrar a Lena en el porche delantero. Tomarla con fuerza, con tanta fuerza que ella se alejó cojeando por el dolor. La furiosa huella roja del mordisco en el cuello de Elena donde ella la había marcado. Lo peor de todo, la traición en los ojos color jade cuando se dio cuenta de que nunca había planeado dejar la ciudad. Cuando la rubia, cuyo nombre no podía recordar, había llegado.

-Demonios -murmuró entrecortadamente. Estiró el cuello, mirando el reloj que había montado cerca de la puerta. La escolta no debería volver hasta dentro de dos horas, por lo que tuvo tiempo de sobra para revivir cada momento angustioso de la noche anterior. En menos de quince minutos, supuso, había logrado destruir lo único que ella más quería.

Casi hizo que su éxito en permanecer contenida pareciera no tener importancia en absoluto.

Cerró los ojos. A pesar de la presencia de Lena durante su frenesí lunar había lanzado a su mente ya nublada a toda marcha, pudo todavía recordar lo bien que se sentía cuando llegaron a su clímax juntas. Cuan terrible fue ver a Elena saltar en su vehículo y alejarse a toda velocidad. Las lágrimas caían por sus mejillas, empapando su pelo. No podía arreglar lo que había sucedido, no sin antes decirle a la pelirroja la verdad. A pesar de que estaba muy lejos de un infalible plan, ella alucinaría completamente posiblemente. ¿Quién quería saber que su novia era un cambia-formas cuyo ciclo mensual involucraba convertirse en un animal vicioso sin conciencia humana?

En ese momento oyó el débil sonido de la apertura de la puerta delantera y cerrarse, pensó que había llorado todo. Sus lágrimas se habían secado por lo menos una media hora antes, en parte porque sus ojos estaban demasiado doloridos para mantener su producción. Deseando que pudiera arreglar su rostro antes que la escolta abriera la puerta de la habitación de invitados, sólo respiró hondo y se dispuso a actuar tan normal como una mujer que le gusta quedar atada a mesas de acero podría esperar parecer.

La puerta de la habitación de invitados se abrió y caminó una atractiva rubia en el interior.

-Levántate y brilla, mi amor.

Yulia reunió un gesto débil.

-Hey. Uh...
-Tanja -le recordo dandole una luminosa sonrisa, inmediatamente yendo a trabajar desatando las cuerdas.- Bueno, parece que te sientes mejor hoy.

La morena sólo podía imaginar lo que debió haberle parecido a Tanja la pasada noche. Entre la luna y su encuentro con Lena, no tenía duda que pensaba se había cruzado con una enferma o una loca. Tal vez ambas cosas.

-Sí, gracias.
-Sin embargo, todavía estás bastante abatida sobre lo que pasó con tu amiga -la rubia la miró a los ojos con cautela antes de volver su atención a las restricciones- Si me estoy sobrepasando, no dudes en decírmelo.

Ella consideró decirle a Tanja que se metiera en sus propios asuntos por sólo un instante antes de desechar la idea. Pagaba un buen dinero por estas escoltas sin pedir mucho en realidad, un oído comprensivo realmente no pareció medio malo ahora mismo.

-Ella no tenía que saber acerca de ti.
-Sí, me he dado cuenta -liberó una de las muñecas de la pelinegra- Lo siento.
-No es su culpa. -Tan pronto como le liberó su otra muñeca, se sentó y se frotó las manos, consiguiendo poner su sangre en movimiento otra vez- Nunca debería haberla invitado a pasar. Yo sabía que ibas a estar aquí en cualquier instante -no podría explicar lo que es un esclavo de la luna y que ella lo había sido, cómo podía haber tenido un lapso tan increíble en el juicio. Tan sólo se encogió de hombros- Cometí un error.

Tanja levantó la vista cuando le desató el tobillo.

-¿Ella es tu novia?
-Era mi novia -A le dolía el pecho al finalizar la declaración, pero no dudaba de que fuera verdad- Sí.
-¿Se acabó?

A Yulia le tembló la barbilla. Al parecer, no se había quedado sin lágrimas que derramar, después de todo.

-Creo que sí, sí.
-Bueno, eso es una vergüenza -levantó una ceja- Porque estoy bastante segura de que interrumpí el sexo más caliente que he visto nunca.

La pelinegra asintió con la cabeza, luego se disolvió en una nueva ronda de sollozos. Avergonzada de que se estaba viniendo abajo delante de una extraña, se cubrió los ojos con las manos y se obligó a detenerlos. Había sabido desde el principio que esto iba a suceder algún día. Mentirle a Lena cada mes nunca habría funcionado, pero eso no aliviaba su dolor. En todo caso, lo hacía peor.

-Hey -La restricción alrededor del otro tobillo de la morena se abrió, entonces los brazos de Tanja estaban alrededor de su cuerpo desnudo, tiritando, juntándola en un cálido abrazo- No era mi intención hacerte llorar.

Cada instinto de Yulia le había gritado para alejarse, para enviar a la rubia a casa y guardar los detalles de su vida personal para sí misma, tal como siempre había hecho. Claramente, no es que sus instintos eran siempre correctos. La morena realmente quería abrazar a Tanja y dejar que tratara de aliviar el dolor de su estómago revuelto al saber que había destruido el amor de su vida.

-La cagué -Los hombros le temblaron y la rubia la apretó con más fuerza- Ella era la única. Ella lo era. Y yo... yo le he mentido. Ella pensó que sabía quién era yo, le dije que sabía quién era yo, pero le he estado mintiendo todo este tiempo.

Tanja le acarició el cabello como si consolara a una niña llorando.

-¿Puedo hacerte una pregunta?

Yulia no tenía nada que perder.

-Por supuesto.
-Te gusta estar atada, ¿verdad? ¿Sentirse fuera de control? -Señaló atrás y escudriñó el rostro de la pelinegra- ¿Sabe esto?

La morena deseaba que fuera tan fácil como tener el valor de compartir inusuales gustos sexuales.

-No.
-¿No crees que te aceptara?
-No, estoy bastante segura de que no lo haría -avergonzada, se liberó de los brazos de la escolta y cruzó la habitación para ponerse la bata- Es más complicado de lo que parece.
-Estoy segura que sí -se sentó en el borde de la mesa, contemplándola pensativamente- Pero si ella es realmente la única, ¿no crees que te aceptará pase lo que pase? Quiero decir, odio tener que decírtelo, pero tú eres apenas el monstruo más pervertido que he conocido -riendo, pasó la mano por el borde de la mesa- De hecho, esto es relativamente manso. Diablos, ni siquiera estás pidiendo sexo. Sólo restricción.

Yulia negó con la cabeza. No podía explicar esto sin derramar sus más profundos secretos. Si no podía decírselo a Lena, ella ciertamente no se lo diría a Tanja.

-Sólo tienes que confiar en mí en esto. No creo que Lena lo entendiera. Si supiera sobre mí, todo lo que he estado escondiendo, habría salido corriendo y gritando.
-¿Algo así como lo que hizo anoche? -se encogió de hombros- Mira, tú no me conoces. Dios sabe que yo no tengo todas las respuestas. Pero no tiene mucho sentido desde donde estoy parada, mentir a alguien por miedo a perderla, sólo para perderla de todos modos debido a las mentiras. Si le dices la verdad, tal vez ella te dejará. No se. Pero tal vez no lo hará. De esta manera, ni siquiera le diste la oportunidad de demostrar que te equivocas.

No era tan sencillo, por supuesto, pero las palabras de Tanja tiraron del estómago de Yulia. ¿Iba Elena realmente haberla expuesto si le hubiera revelado su secreto? Es posible, pero de alguna manera no podía imaginarlo. ¿Lena habría terminado su relación? Es muy probable. Pero, ¿Ella se hubiera sentido peor al respecto que como lo hacia ahora mismo? Al menos de esa manera, habría sido la pelirroja la que tomara una decisión en lugar de que violara su confianza. Si realmente amaba a Lena, debió haberle dado la oportunidad para hacer esa elección. Aun a riesgo de su propia libertad.

La morena negó con la cabeza.

-Es demasiado tarde.
-¿En serio?

Agotada por la difícil noche, no tenía la energía para considerar siquiera la posibilidad de que su relación podría ser salvada. No podía decidir si explicarle la verdad a Elena sin pensar seriamente en la materia y teniendo en cuenta todas las posibles consecuencias. Ella tendría que hacerlo sola. Le hizo un gesto a Tanja para que la siguiera a la sala de estar.

-Déjeme conseguirle el resto de tu pago.

Tomando la indirecta, la rubia no dijo nada hasta que Yulia sacó un fajo de billetes y se los entregó. Ella metió el dinero en su bolsillo con un gesto agradecido.

-Cuídate, ¿de acuerdo?
-Lo haré. ¿Nos vemos el mes que viene?

Tanja dio una sonrisa triste.

-Es una cita.

La acompañó hasta la puerta y se despidió de ella, manteniendo una cara estoica. Pero en cuanto cerró la puerta, se desplomó, total e irremediablemente perdida. Durante años había estado sola, nunca hablaba con nadie, excepto con sus clientes autónomos y varias prostitutas, sin embargo, nunca se había sentido tan desolada como ahora. Elena le había dado una muestra de algo verdaderamente extraordinario, y ahora que se había ido, se sentía como si su alma había sido arrancada de su cuerpo, dejando tras de sí una cáscara vacía.

De repente, el miedo le apuñaló profundamente las entrañas. No tenía ni idea donde la pelirroja había ido la noche anterior después de salir de su casa llorando. ¿Regresó a la de Katya? ¿O había vuelto a casa, sola y vulnerable? Cerró los ojos y se concentró en contactar con su mente, desesperada por sentir el tirón tenue de las emociones de Lena que estaba por lo general a su alcance, incluso cuando estaban a kilómetros de distancia.

La buena noticia era que sentía algo, tenía que significar que ella estaba viva en alguna parte, esperando estuviera fuera de peligro. Por desgracia, toda Yulia podía leer que su dolor era tan espeso y profundo que amenazaba con ahogarla con su intensidad. No podía determinar cuál era la fuente de ese dolor. La pelinegra sospechó, infierno, casi esperó, que fuera debido por su culpa, no porque había caído víctima de su acosador. Pero debido a que ella podría estar en problemas, Yulia no sería capaz de descansar hasta que se asegurara que estaba físicamente ilesa.

La morena consiguió su teléfono celular y escribió en un mensaje de texto.

“Sé que no quieres hablar conmigo ahora mismo. Por favor, hazme saber que estás a salvo, ¿de acuerdo?” Al hacer clic en Enviar, contuvo el aliento, sabiendo que la vista de su nombre en el buzón de entrada de Lena seguramente removería sentimientos muy intensos.

Como loca, sintió el momento exacto en que la pelirroja leyó su mensaje, menos de un minuto después. Una punzada de dolor constreñía su corazón. Las lágrimas le picaban los ojos doloridos. Unos segundos más tarde, su teléfono sonó con una respuesta.

"Estoy a salvo."

Con manos temblorosas, tecleó un último mensaje, a pesar de que sabía que no sería bienvenido.

"Nunca quise hacerte daño. Es complicado y me gustaría tener la valentía de explicártelo. Te amo."

Esta vez ella sintió la reacción de Elena como una mezcla tenue de ira y dolor. Temblando, se anticipó y temía su respuesta.

Una que nunca llegó.



***********************



Elena cerró su teléfono y lo guardó en el cajón de su escritorio. Cualquier sentimiento de obligación que tenía en cuanto a la comunicación con Yulia terminó con su tranquilidad concisa de que estaba a salvo. Más allá de eso, su vida ya no era asunto de la morena. Después de una larga noche llena de lágrimas, ira e incredulidad, había ido a trabajar hoy decidida a mantener su cabeza alta y mantener su dignidad intacta. Así que ¿había sido engañado otra vez? Era una respetada profesional, en su campo y responsable para ayudar a atrapar a un hombre muy malo que había matado a muchas mujeres. Haría falta mucho más que una mujer que había conocido tan sólo un mes para destruirla, aunque la idea de no estar con ella volvió a dejar sus huesos escalofriantemente vacíos.

Josef se sentó en el mostrador al otro lado del laboratorio, los ojos clavados en el microscopio. Durante toda la mañana había ignorado premeditadamente los signos reveladores de que ella estaba teniendo un mal día, y la doctora lo amaba por eso. La idea de tener que explicar cómo dos mujeres que afirmaron amarla la habían hecho pasar una noche de infierno, ambas actuando en concierto para romper su corazón era más de lo que podía soportar. Ella sólo quería enterrarse en el trabajo. Debía testificar en la corte a las dos y era necesario poner al día los hechos del caso anterior. Ahora tenían un cadáver recién entregado para examinar. Mientras mantuviera su mente en su trabajo, tal vez no la dejaría tener tiempo para pensar en el hecho de que una vez que saliera por la noche del laboratorio, no tendría dónde ir.

La doctora se acercó a la bolsa de cadáveres que estaba sobre la mesa de examen de acero en el centro de su laboratorio. Hace un mes, el trabajo había sido la cosa más importante en su vida. No debería ser tan difícil volver a centrar su pasión por una cosa que nunca la había roto el corazón: la ciencia.

-¿Te importa si te ayudo? -Dijo Josef de repente, aparentemente distraído de su silencioso análisis de la muestra la cual había estado examinando- Me encantaría hurgar en un cadáver fresco esta mañana.

Elena frunció la nariz ante su elección de palabras.

-Por supuesto, Dr. Pudovkin. Estaría feliz de tener un segundo par de ojos.

Al acercarse a la mesa con propósito, se encontró con su mirada brevemente.

-¿Cómo estás?
-No estoy mal -Le dio el escalpelo, más que complaciente a dejarle hacer el primer corte. Últimamente ella simplemente no tenía el estómago para eso- Tuve una larga noche.
-¿Pero estás bien, por lo menos? -echó un vistazo a su cuello.

Tímida, Lena trató de no reaccionar a su franco examen. El moretón rojo-púrpura en el cuello era imposible de ocultar. Después de registrarse en su cuarto del hotel la noche antes, había jadeado tan pronto entró en el cuarto de baño y encontró su reflejo en el espejo. La marca posesiva de Yulia destacaba contra su piel pálida, un feo recordatorio de la intensidad de su unión final. El maquillaje no pudo cubrirla. Que el mordisco de amor había sido el resultado de la pasión desenfrenada era obvio. Después de la traición de la morena, también era una señal de vergüenza.

-Estoy bien -le dirigió una mirada que esperaba que dejara en claro que el tema estaba cerrado- Ahora corte.
-Sí, señora. -colocó el bisturí sobre el esternón, preparándose para la primera incisión. Justo cuando cortó la carne gris, el timbre de la puerta del laboratorio sonó.

Cuidadosa instantáneamente, la doctora se puso tensa y echó un vistazo atrás a la puerta. Desde ese ángulo no podía ver quien llamó. Sería Katya para empujar a su suerte en lugar de darle espacio.

-Continua. Voy a ver quién es. -Josef asintió, ella se acercó a la puerta del laboratorio y se asomó por la ventana. Como había temido, Katya estaba de pie en el pasillo con una expresión de perro apaleado. Contra su mejor juicio, abrió un poco la puerta.- ¿Qué quieres?
-Sólo hablar -levantó las manos en señal de súplica- Fui anoche una estupida. Yo lo sé. Por favor, quiero pedirte disculpas.

Demasiado agotada para otra escena emocional, Elena entró en el pasillo y cerró la puerta detrás de ella. Señaló a la detective hacia la salida con una mano temblorosa.

-No puedo hacer esto ahora. Yo simplemente no puedo.

La mandíbula de la detective se tensó mientras examinaba la longitud del cuerpo de la doctora.

-Parece que te encontraste con Yulia anoche. ¿Ese chupetón es porque le dijiste que te besé?

Incluso el sonido del nombre de la pelinegra trajo una nueva ola de dolor a su corazón.

-No quiero hablar contigo acerca de esto. Sólo tienes que irte. ¿De acuerdo? -con la barbilla temblorosa, alcanzó detrás de ella la manija de la puerta, buscándola a tientas en su desesperación por escapar.- Por favor.

El cuerpo de Katya se tensó.

-No -agarró su muñeca, evitando que se fuera- ¿Qué pasa? Dime lo que pasó.

No quería admitirle que había tenido razón acerca de Yulia, ella mantuvo una mirada acusadora.

-Sabes lo que está mal.
-Esto no es sólo acerca de lo que hice -La mano de la detective salió disparada y aparto un mechón de pelo de la nuca de Lena. Sus ojos se estrecharon mientras examinaba lo que la morena había dejado atrás.- Algo pasó con Yulia, ¿no?
-No seas ridícula.
-Puedes ser sincera conmigo -Inspeccionandole el rotro de la doctora, la estudió con la misma audacia inquebrantable que utilizaba con los sospechosos- El detective Myskin me llamó anoche. Me dijo que pensaba que tu y Yulia podrían haber tenido una especie de altercado. Por favor, dime qué te hizo.

Indignada por la violación de su intimidad, Elena se apartó del toque de Katya.

-¿Así que los detectives son tus espías, entonces? ¿Eso es todo? ¿O los Informes de mis movimientos se remontan al jefe?

Ablandándose ligeramente, la detective negó con la cabeza.

-Ellos estaban preocupados por ti, Lena. Lo único que me dijo fue que fuiste a ver a tu novia, otra mujer apareció, y tú y Yulia discutieron en el porche. Y parecía que tal vez habías sido agredida- Apretando su mano en un puño, continuo- Yo sé que no quieres tener nada que ver conmigo, pero tengo que preguntar. ¿Yulia te hizo daño?
-No lo hizo físicamente -La respuesta era escapatoria y no tenía ninguna duda de que Katya leería el subtexto alto y claro. Pero si creyó que la doctora tenía la intención de descargar su dolor emocional con la mujer quien había animado constantemente a fracasar su relación con la morena, ella podría pensárselo de nuevo- No voy a decir nada más al respecto, Kat. No es ningún asunto tuyo.

Los ojos de la detective brillaban con un desprecio apenas contenido.

-Ella es una idiota. Al igual que yo. Ambas somos idiotas completas y totales, por hacerle daño a alguien como tú.

Lena apreció el sentimiento, pero de Katya era demasiado poco y demasiado tarde.

-Sí, bueno. Debo pedirlo de alguna manera, ¿no?
-No. Sólo somos estúpidas.
-Supongo que tengo mal gusto con las mujeres, entonces.
-Supongo que sí -tragó pesadamente- El detective me dijo que te quedaste en un hotel la noche anterior. ¿Qué piensas hacer esta noche?

La idea de una noche en una habitación de hotel, lejos de la familiaridad de su espacio, fue demasiado difícil de manejar para Elena

-Me voy a casa.
-Me gustaría mucho que te quedaras en otro sitio. Hasta que el asesino esté fuera de la calle, por lo menos.

Con su vida viniéndose a pedazos, sólo la idea de estar rodeada por la casa que había hecho para sí trajo a la doctora algún consuelo. Alojarse en un hotel indefinidamente no iba a suceder. Ella era demasiado terca para dejar a su acosador obligarla a tener que estar más triste de lo que ya estaba.

-Voy a estar bien. Los detectives se aseguraran de ello.
-La vigilancia de calle tiene sus límites -respondio, sonando como si hubiera anticipado este argumento- Por lo menos déjame ponerlos en tu puerta.
-No. -¿Qué la acamparan los espías de Katya en el en el pasillo de su edificio de apartamentos? No se le ocurría una idea menos atractiva.- Pueden acompañarme dentro, si eso te hace sentir mejor. Les dejaré hasta barrer el apartamento. Pero luego se van. Voy a cerrar la puerta detrás de ellos.

La detective no se molestó en ocultar su irritación.

-¿Por qué tienes que ser tan difícil? Es de tu vida de lo que estamos hablando. Alguien te está acechando, alguien que se toma su tiempo para matar a sus víctimas en medio de una densa ciudad poblada pero de alguna manera nunca parece atraer la atención. Olvida tu orgullo, olvida que te acaban de pasar por el escurridor. No debes estar sola en estos momentos.

Resoplando, Lena respondio.

-Así es exactamente como estoy, Kat. Sola. Y estoy bien sola. Y no voy a ser estúpida al respecto. Sé que necesito tener cuidado. Estamos haciendo todo lo que podemos. Tengo guardias armados. Los usaré, dentro de lo razonable. Y vamos a atrapar a este tipo, esperemos que antes de que pueda dañar a nadie más -Teniendo cuidado de no sacar toda su ira con la morena sobre Katya, moduló el tono, y luego continuo- Si algo cambia, voy a reconsiderarlo. Pero por el momento, no parece que venga por mí. Me preocupa más a quién matará para enviar su siguiente mensaje que la posibilidad que se acerque a mí directamente. Después de todo, si él está obsesionado conmigo, si se trata todo esto para burlarse de mí, yo diría que hay una buena probabilidad de que él quiere que yo viva para ver su obra.
-Por ahora, tal vez.
-Tal vez - se apartó de la detective- Oye, vamos a hablar de esto más tarde. Tengo uno frío en la mesa y un montón de trabajo por hacer. ¿Por qué no vas a trabajar en la búsqueda del individuo? Hacemos eso y no tendrás que preocuparte acerca de dónde voy a dormir.
-Todavía me preocuparé de ello. -El tono bajo comunicó su sentir alto y claro. Ahora que Yulia le había roto el corazón, no estaba dispuesta a renunciar a la idea de la reconciliación- Pero tenemos un posible testigo que estoy planeando volver a entrevistar hoy. Te haré saber si me entero de algo nuevo.
-Gracias.
-Y tú, hazme saber si pasa algo, ¿de acuerdo? Cualquier cosa que parezca fuera de lo común, no importa cuán trivial sea -levantó una mano como si pudiera tocar el brazo de la doctora luego la dejó caer- Incluso si el barrista te mira raro cuando estás de pie en la cola de algun negocio, házmelo saber. ¿Trato?
-Bien.

La detective dio un paso atrás, pero no se apartó.

-Realmente siento lo de anoche. Nunca debería haberte puesto en esa posición, sobre todo porque yo sé cómo te sientes acerca de la infidelidad.
-Te lo agradezco. -El tono sincero de Katya y su genuino arrepentimiento suavizó la resolución de no dejarla descolgada tan fácilmente. A raíz de la traición aplastante de Yulia, la estúpida escena de seducción de su ex-novia apenas mereció continuar con su ira. Ella no tenía la energía para permanecer enojada con ambas- Y acepto tus disculpas.
-Y si te quedaras en mi casa, sólo hasta que atrapemos a este tipo, lo prometo nada de eso va a suceder de nuevo.

La doctora no consideró la idea ni por un momento.

-Adiós, Kat. Hablaré contigo más tarde.

Avergonzada, la detective dijo.

-No me puedes culpar por intentarlo, ¿no?
-Yo no estoy tan segura de eso -Abriendo la puerta del laboratorio, sonrió al tomar la punzada de sus palabras- Ve a apresar algunos chicos malos.
-Lo haré. -la observó mientras se retiró en el laboratorio. Cuando Lena cerró la puerta detrás de ella, la llamó- ¿Es Yulia mi informante anónimo?

Elena vaciló, debatiendo cómo responder. Técnicamente no era nada malo hacer una denuncia anónima. La confirmación de la sospecha de Katya equivalía a darle permiso para acosar a la morena, conocía a la detective lo suficientemente bien como para estar segura de que no iba a dar marcha atrás, no cuando ella le preocupaba, pero en este momento mentir por Yulia parecía ridículo.

-Sí, -respondio en voz baja- Ella reportó el cuerpo.
-¿Crees que ella sabe algo que no nos ha dicho?

A pesar de todas las mentiras que habían salido a chorros de Yulia durante el mes pasado, seguía creyendo que no habría retenido nada vital, información de vida o muerte. No cuando su seguridad estaba en juego.

-No. Yo no creo que sepa algo.
-Bien. Pero es posible que desee confirmarlo por mí misma.

Volviéndose lejos de la detective, ella cerró los ojos. Agradecida de que Katya no podía ver el dolor que sabía que estaba escrito en su rostro, tomó una respiración profunda y dijo.

-Haz lo que quieras. No es mi preocupación nunca más.

Katya se quedó en silencio un momento.

-Lo siento, Lena.
-Yo también.
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Miér Nov 05, 2014 10:24 pm

Capítulo Veintidós


Kirill se sentó a una mesa fuera de la cafetería local cerca de la esquina del palacio de justicia, leyendo una revista y tratando de mezclarse. El perro que había adoptado del refugio hace una semana daba vueltas a sus pies, su correa, alrededor de la pata de la silla. Kirill nunca pudo imaginar ser dueño de un perro antes, pero le gustaba cómo le hizo tener una apariencia a la vez discreta y no amenazante. Era un pequeño perro callejero, no demasiado lindo como para llamar mucho la atención, y le ofrecía la perfecta excusa para caminar por las calles de la ciudad mientras estudiaba las rutinas de Elena Katina.

Ella debía presentarse en la corte en cuarenta y cinco minutos, y probablemente debería regresar a su laboratorio después de dar su testimonio. Era el lugar donde iría esta noche lo que más le interesaba. Últimamente había estado pasando mucho tiempo con la atractiva mujer de cabello oscuro, pero después de su discusión de ayer por la noche, sus pautas sociales probablemente estaban a punto de cambiar. Kirill no tenía ni idea de donde durmio después de su pelea, había sido demasiado arriesgado seguirla por mucho tiempo mientras conducía sin rumbo por las calles después de dejar la casa de su amiga, pero planeó mirar su edificio de apartamentos esta noche para ver si ella regresaba a su casa.

La presencia de su personal de custodia había complicado sus planes, pero él se adaptaba. Tan pronto como vio a los dos mismos hombres estacionados en la calle en frente de su edificio tres noches seguidas, supo que tenía que elegir cuidadosamente sus momentos de interactuar con Elena. A pesar de que anhelaba conseguir contacto físico con ella otra vez, él había decidido contenerse por ahora. Dejar que su obsesión por la doctora nublara su buen juicio era la mejor manera de ser atrapado.

No podía ser atrapado. Era demasiado malditamente inteligente. Tras todos los problemas que pasó para evadir la identificación, nunca tomar un trofeo no importaba lo mucho que deseara uno, tras mantener todo el pelo del cuerpo afeitado no sea que dejara evidencia útil, tras mantener los fluidos corporales para sí mismo, Kirill no perdería su libertad por una emoción rápida.

Sin embargo, estaba dispuesto a matar de nuevo. Y esta vez, quería que Elena lo supiera antes de completar el acto para que pudiera sentirse aún peor después de que descubrieran donde dejara el cuerpo.

Los policías que la vigilaban pegados a ella todo el día, no estarían vigilando su apartamento mientras ella estaba en la corte. Esta sería la oportunidad perfecta para iniciar la siguiente fase de su plan. Kirill no podía pensar en un mejor lugar para dejar su regalo para ella que en su puerta. Esperaba que decidiera dormir en su casa esta noche para que lo encontrara justo cuando pensaba que había regresado a un lugar seguro. Su miembro se puso duro ante la idea de lo asustada que se sentiría, al saber que él había estado de pie en la puerta de su apartamento solamente horas antes, tan cerca de invadir su santuario privado. Recordándola que no tenía dónde esconderse.

Su perro, quien no tenía un nombre, aunque en el refugio le hubieran llamado Nero, jadeaba alegremente como si percibiera su emoción. Le devolvió la mirada con cara de piedra. Tan buen accesorio como lo era, no estaba seguro de cuánto tiempo se molestaría en mantener al animal. Estaba necesitado y sucio, sin ningún tipo de buenas cualidades excepto tal vez prestarle un poco de legitimidad social.

Si bien era un poco lindo.

Kirill bajó la mano y dejó que el perro lo huela, y luego le arrascó provisionalmente por el cuello. El perro hizo un ruido gruñendo, lamiendo sus dedos con aprecio.

¿Qué podría pensar Elena si un perro muerto se entregara en su laboratorio, envuelto con un lazo y una nota que ella podría ser la próxima?

Era una opción, por lo menos, si toda la cosa de la propiedad del animal doméstico no funcionaba.

Capítulo Veintitrés

La noche después de la luna llena, Yulia luchaba con cual debería ser su siguiente paso. Estaba en otro momento intenso, las noches antes y después de la luna llena no provocaba una transformación, pero el tirón embriagador de la luna hacía que fuera difícil pensar con claridad, sin embargo ella no podía comprender no llegar a Elena de alguna forma.

La parte cínica de la pelinegra le dijo que dejara a su relación ir, para tratar de olvidar la fantasía de tener una verdadera vida de pareja. Que Lena había sido sólo una distracción, aunque una magnífica, pero ella no podía recuperar lo que había perdido. Decirle a la doctora la verdad sobre su naturaleza la estaba metiendo más en la angustia y no podía venderle ninguna otra mentira. Por lo menos no sin presumir una caída mayor cuando, inevitablemente, esa historia se desmoronaría como tuvo la de la salida de la ciudad. Configurar una vida de mentiras y traiciones con la pelirroja no era justo para ninguna de ellas.

No si realmente la amaba.

Pero Yulia no sabía cómo alejarse simplemente. Más que eso, se negó a darle la espalda a Lena ahora. Un loco ahí fuera la había atacado una vez y seguro que volvería a intentarlo. Mientras tanto, él mataría a otras mujeres inocentes al servicio de algún juego enfermizo que sólo él entendía. Dejarla hacer frente a esa amenaza por sí sola no era una opción. Katya sólo podría protegerla. Sin embargo, ella podía hacer cosas que posiblemente podrían significar la diferencia entre localizar al acosador y dejarlo herir lo más preciado en vida su vida.

Aunque la pelirroja ya no le pertenecía, ella nunca dejaría que eso sucediera.

Así que a las cinco de la tarde, una hora antes de que ella imaginó que la doctora podría regresar a casa del trabajo, Yulia fue en su vehículo a su apartamento por si acaso era lo bastante obstinada para decidir pasar la noche allí en vez de quedarse en otra parte. A pesar de que se conocían sólo alrededor de un mes, sintió que en momentos de angustia, Lena confiaba en la comodidad de lo familiar. Tenía un mal presentimiento de que ella insistiera en permanecer en su apartamento a pesar de que era consciente de que su acosador sabía dónde vivía.

Lo menos que podía hacer era ayudar con la seguridad.

Recorrió los automóviles aparcados en la calle en frente del edificio de Elena, tratando de decidir si alguno de ellos pertenecía a los detectives del equipo de su protección. Estaba bastante segura de que nadie estaba vigilando el apartamento cuando ella no estaba allí, en cambio mantenían las veinticuatro horas de vigilancia en la propia doctora. No es lo que la pelinegra habría elegido, aunque por supuesto no tenía ni idea de qué tipo de limitaciones presupuestarias y de recursos se enfrentó Katya al crear la tarea. Honestamente, si la detective habría sido capaz de arrojar más personal en la tarea, no tenía ninguna duda de que ella lo habría hecho. La detective claramente todavía se preocupaba por Lena profundamente y quería genuinamente mantenerla a salvo.

Ahora que ella estaba fuera del cuadro, Katya probablemente pensaría en todo tipo de nuevas formas de proteger a Elena. Los finos vellos que cubrían el cuerpo de Yulia se erizaron ante la idea.

Tecleando el código de cuatro dígitos que la pelirroja le había enseñado en el panel de seguridad, y soltando un suspiro de alivio cuando todavía funcionaba, abrió la puerta y entró. Subió el primer tramo de escalera, pero se detuvo a medio camino. Se le pusieron los pelos de punta, percibió un perfume familiar flotando en el aire que le revolvió las tripas.

El acosador de Lena. Él había estado aquí, en este mismo hueco de la escalera, y no hacía mucho tiempo.

La pelinegra continuó, lentamente, inhalando con intensidad enfocada. Su nariz humana no le podía decir mucho. Tenía que pasar a un perro. Pero eso significaba utilizar su capacidad en un espacio cerrado, y concurrido. Aunque no sentía a nadie en las inmediaciones, incluso tener la idea de tirar de un cambio en el edificio de apartamento de Lena iba en contra de sus instintos de supervivencia todos. Sin embargo, ¿cuál era el punto de tener este don, no solía pensar en ello como un don, pero si podía ayudarla a proteger a Elena, pues, le pareció una palabra adecuada, si nunca se aprovechó de él?

Haciendo una pausa en el rellano del primer piso, trató de decidir qué hacer. Podía esconder su ropa en el hueco de la escalera y continuar su investigación con una nariz mucho más poderosa. Si el asesino estaba en el edificio, acercándose a él como un perro podría muy fácilmente proteger su propia vida. Lo más probable era que no la percibiera como una amenaza a menos que ella lo atacara directamente. Pero como una mujer caminando sola, podría ella misma muy fácilmente meterse en problemas si la encontraba antes de que lo encontrara a él.

La morena corrió a un rincón aislado de la escalera, escondida detrás de una puerta de salida de incendios, se arrancó la ropa, simplemente porque no podía hacer otra cosa cuando Elena podría estar en peligro. Si ese hombre estaba en su apartamento ahora mismo, tenía que averiguarlo antes de que ella llegara a casa. Si no estaba, tal vez podría rastrearlo y descubrir su paradero.

El único problema sería entonces explicar cómo sabía que era el hombre que buscaban, sin revelar su método para cazarle.

Yulia cambió a su fiel forma de sabueso y puso su nariz en el suelo, tomando una bocanada de aire profunda. El olor del hombre llenó sus fosas nasales, oscuras y picantes, y la piel en su espalda se elevó en respuesta. Expuso sus dientes mientras seguía su camino hasta el tercer piso del apartamento, consternada cuando su olor se hizo más fuerte. Trotando por el pasillo, vio un sobre apoyado contra la puerta. Tomó velocidad, derrapando hasta detenerse sobre la alfombra de bienvenida de Lena, que olía a goma y a hojas mojadas.

Bajando la nariz al sobre, olfateó frenéticamente. Bloqueó todos los otros olores que flotaban alrededor de sus fosas nasales, más interesada en el extrañamente familiar que destacó entre el resto. El olor del hombre impregnado en el sobre de papel manila y su contenido, pero detectó algo más. Un olor a tierra que reconoció al instante, pero que parecía extrañamente fuera de lugar en este entorno.

Olía a escremento. Literalmente.

Yulia inhaló profundamente, perpleja. El hedor inconfundible ciertamente llegó desde el interior del sobre, por lo que no era más que un recuerdo de la suela del zapato de alguien. Extrañada.

Alzó la cabeza y olfateó alrededor del pomo de la puerta. El olor de la pelirroja estaba allí, pero débil. No había estado aquí por un tiempo. La pelinegra adivinó que no había regresado a casa después de su pelea de anoche. Ella casi esperaba que no volviera a casa esta noche.

La esencia del hombre no estaba en la puerta, lo que significaba que no la tocó. Por lo visto forzar la entrada no había estado en su agenda. ¿Pero pronto lo intentaría? A pesar del equipo protector de Lena, había sido capaz de dejar algo en la puerta de su apartamento desapercibidamente. Podría haberla roto tan fácilmente para encontrarse a la espera de su regreso.

Sus orejas se movieron nerviosamente, se retiró en dirección a la escalera. Sus sentidos caninos recogieron el sonido de la puerta del edificio abriéndose abajo, y luego una voz masculina, y, finalmente, el olor de dos hombres y una mujer. Una mujer cuyo olor único ella reconocería en cualquier parte.

Lena estaba en casa.

No queriendo que la pelirroja al volver a casa viera un gran sabueso sentado en su puerta, Yulia rápidamente cambió en la criatura menos notable que se le ocurrió: una mosca común. Era apenas la segunda vez que había probado esta forma, y todavía no le gustaba. La realidad de ocupar tan poco espacio físico la inquietaba, así como la mecánica involucrada en el uso de sus alas y antenas. Emular a un mamífero era mucho más fácil que un insecto o arácnido, probablemente debido que la fisiología básica era relativamente similar. Tal vez si practicara más sería más fácil, pero había pasado siempre mucho más tiempo maldiciendo su capacidad que tratar de dominar sus complejidades.

Volando torpemente en el aire, se encaramó en lo alto del marco de la puerta y esperó a que Elena y los hombres que la acompañaban aparecieran. Hasta donde sabía, tenía dos opciones. Podría zumbar sobre sus cabezas e ir de nuevo al hueco de la escalera, coger su ropa, y escapar del edificio sin ser detectada. O podría quedarse, una mosca literal en la pared, y averiguar lo que había dentro de ese sobre.

Pensándolo bien, realmente no había mucho donde elegir.

El hombre a la izquierda de la doctora estaba hablando cuando apareció a la vista.

-Vamos a hacer un barrido rápido y estaremos fuera de su vista en tan sólo unos minutos. Tienes mi número de móvil en la lista de contactos, ¿no?

Elena suspiró. Parecía agotada.

-Sí, detective Myskin. Al igual que usted tiene el número de la detective Bodarenko. Si sabe lo que quiero decir.

El detective de pelo oscuro miró sobre la cabeza de la doctora a su compañero, ambos compartieron una mueca avergonzada.

-Estamos a cargo de hacer que nada le suceda, doc. Lo que pasó anoche fue sin duda relevante para nuestra tarea. Katya es la encargada de esa tarea, así que tuvimos que informar que sus movimientos se habían vuelto erráticos. Sobre todo después de que se negó a contestar su teléfono celular cuando llamé por primera vez.

Claramente la relación de Lena con su equipo protector se había vuelto polémica. Yulia esperaba que se diera cuenta de que los necesita ahora más que nunca. Agachada pacientemente en el borde del marco de la puerta, sostuvo el desafío de usar el intelecto humano para interpretar lo que vio y escuchó con los sentidos de mosca. A pesar de que mantuvo su intelecto y personalidad básica a pesar de la forma de su cuerpo tomó, el sentido del yo de la pelingra se filtraba a través de los puntos fuertes y debilidades de cualquier animal que imitaba. Sólo otra razón por la que no le gustaba el cambio en los insectos. La forma en que experimentaba la realidad extrañamente no entrara en conflicto con sus sensibilidades humanas. Francamente, la drenaba.

-Muy bien -respondió la doctora, descongelándose ligeramente- Voy a contestar a mi teléfono la próxima vez. O, mejor aún, llame usted primero. Pero por favor no reporte todos mis movimientos a Katya, si puede evitarlo. Ustedes conocen nuestra historia. Es sólo un poco incómodo.

Al que ella llamaba Myskin asintió.

-Lo entiendo. La parte importante es que estás a salvo.

Ella se detuvo bruscamente en el pasillo, mirando el sobre en su puerta. La morena contuvo la respiración y esperó una reacción. Le dolió el corazón por el temor que cruzó el rostro de Lena mientras luchaba por hablar.

-Tenemos algo.

El detective a la derecha de la pelirroja puso un brazo, conteniéndola mientras que Myskin se apresuró a agacharse delante de la puerta. Tiró de un par de guantes de látex del bolsillo, luego se cubrió la boca y ventanas de la nariz con la mano mientras se asomaba en el interior del sobre. Dejando caer su mano, dijo.

-Se ve como una fotografía. Tal vez algún tipo de nota.

Elena caminó alrededor del brazo del otro detective y se unió a Myskin en la puerta. Era evidente que luchaba por mantener su calma, se erizó con tanto miedo y rabia que casi derribó a la morena con su intensidad.

-Vamos a entrar y echar un vistazo.

Myskin miró por encima del hombro a su compañero.

-Está bien, pero usted debe quedarse atrás. Vamos a ir primero.

Cuando la doctora entregó las llaves al detective, Yulia tomó una respiración profunda, preparándose a sí misma para una maniobra arriesgada. Si quería ver lo que había en ese sobre, se tendría que arrojar de la puerta y seguir a los tres. El vuelo requeriría cierta delicadeza, pero la pelinegra estaba más preocupada por la posibilidad de obtener un manotazo en pleno vuelo. Había que hacer esto rápidamente, atrayendo tan poca atención como sea posible.

Cuando Myskin abrió la puerta del apartamento, Yulia saltó desde su percha y se dirigió directamente al apartamento. La curva cerrada, ejecutada con un estallido de velocidad, la dejó desorientada por un momento y borracha sonó demasiado cerca de la cabeza de Myskin. Él agitó la mano distraídamente, fallando por unos centímetros pero lo suficientemente cerca para conseguir que su sangre bombeara. Tomó un momento para orientarse en el espacio, cambió de dirección, luego aterrizó en la lámpara sobre la mesa del comedor, justo encima de donde probablemente sería vaciado el contenido del sobre para examinarlo.

Los detectives entraron primero en el apartamento, armas en mano, y metódicamente en cada habitación. La pelinegra se quedó a la vista de la puerta, mirando a Lena caer pesadamente contra la pared y cerrar los ojos. Era un revoltijo de emociones, y Yulia no pudo evitar el envío de una onda de energía sanadora, su disparo típico de fuerza tranquilizadora que siempre le había calmado los nervios. Los ojos de la doctora se abrieron de golpe y ella inhaló bruscamente, mirando a su alrededor como si esperara ver a un fantasma.

Era evidente que sintió su presencia. Sabiendo que era imprudente utilizar su conexión cuando la pelirroja no podía entender el origen, la morena empujó hacia atrás su deseo de consolarla, cerrando el flujo positivo de energía. Inmediatamente los hombros de Lena se hundieron. Su mano pasó por su frente y Yulia podía sentir su torrente de confusión. Esperando que ella simplemente lo asumiera como un dolor fuera de lugar, un síntoma lamentable de pérdida. Ella no podía adivinar la verdadera razón por la que su conexión cobró vida en una habitación aparentemente vacía.

-Todo despejado -llamando el detective sin nombre mientras caminaban de vuelta en la sala.- Entre.

Elena cerró la puerta detrás de si.

Ahora la morena estaba bien y verdaderamente atrapada, por lo menos hasta que los detectives se fueran.

-¿Tiene un par de guantes de repuesto, detective Savchenko?

El otro detective sacó un par de guantes de látex de su bolsillo.

-Claro que sí, doc.

La doctora se puso los guantes, luego tomó el sobre del detective Myskin. Abrió la tapa, derramando el contenido sobre la mesa. Era una fotografía 8x10 en negro y blanco de una mujer atractiva, similares estructura y rasgos de Elena. Alguien había cambiado, obviamente la imagen, pues el fondo estaba borroso, por lo que era casi imposible reconocer dónde fue tomada. La mujer de la foto era claramente inconsciente de que estaba siendo fotografiada, media vuelta fuera de la cámara, con la cabeza inclinada hacia atrás de la risa. Yulia se estremeció ante la cándida naturaleza de la fotografía y la posibilidad de que esta mujer podría todavía no saber que había atraído la atención de un psicópata. Recogiendo la fotografía, Lena entrecerró los ojos ante las palabras escritas a mano garabateada en la parte inferior de la imagen. "Me pregunto si ella va a estar tan asustada como tú", leyó en voz alta. Giró la fotografía, observando la parte de atrás, y luego poniéndola boca arriba sobre la mesa con una exhalación temblorosa.

-¿Crees que todavía está viva? -preguntó Savchenko.
-Tenemos que asumir que si -la doctora tomó la fotografía de nuevo, sosteniéndola con cautela por un extremo- Desafortunadamente no puedo decir donde hicieron la foto. O cuando.
-Yo tampoco -contesto Myskin- Parece Photoshop para mí.
-Muy probable -Dejando la fotografía, Lena contesto- Dame unos minutos, luego nos dirigiremos al departamento. Voy a llamar a Katya y decirle que nos encontraremos allí.

Myskin asintió.

-Sí, señora.
-Sigan adelante y esperen en el automóvil. Voy a estar lista en diez minutos. -En sus expresiones inmediatas de protesta, la doctora levantó la mano para que se callaran- Ustedes han barrido el piso. No hay nadie aquí. He tenido un día largo y me gustaría cambiarme de ropa en privado. Así que voy a estar bien, señores, si no les importa.

El detective le hizo un gesto conciso.

-Va a contestar el teléfono si llamamos, y llámenos si necesita algo. Incluso si siente algo extraño.
-Por supuesto -sonó impaciente.
-Háganos saber cuando esté lista para salir. Vendremos a su puerta y la acompañaremos -Habló Savchenko en un tono práctico.
-El juego ha cambiado, Dra. Katina. Este tipo ha estado en su casa ahora. Se ha vuelto más audaz. Katya no desea que la dejemos fuera de nuestra vista en absoluto. Ella está ejecutando esta operación y su seguridad es lo más importante que cualquier otra cosa, por lo que sólo tendrá que tener paciencia con nosotros. -La voz de Myskin se suavizó- No queremos que le pase nada a usted. Este tipo es un hijo de perra enfermo, ¿no?

Elena asintió.

-Vamos a ser sobreprotectores, entonces. Es nuestro trabajo.

Relajándose ligeramente, la doctora contesto.

-Lo entiendo. Y aprecio que ustedes sean sobreprotectores en el automóvil durante los próximos quince minutos.

Mientras los tres caminaban hacia la puerta principal, Yulia debatía internamente. Podía salir con los detectives, que era probablemente la cosa más sabia que hacer, o podía quedarse en el interior con Lena sólo un poco más. No estaba segura de lo que esperaba lograr al quedarse. Simplemente no estaba lista para decir adiós todavía.


Al cerrar la puerta, la pelirroja echó la cerradura y puso la cadena. Entonces suspiró, girando para mirar a la mesa con una expresión de puro pavor.

-M.a.l.d.i.t.a sea.

Más que nada, quería salir de su escondite, cambiar de nuevo en forma humana, y sostenerla apretada para asegurarle que todo estaría bien. Por un momento el deseo de hacer precisamente eso era tan fuerte, que la morena no podía recordar todas las razones por las cuales el cambio de vuelta era una mala idea. Como darle a Lena un ataque al corazón, por ejemplo.

Por debajo de ella, la pelirroja se estremeció y cerró los ojos. Yulia podía sentir su lucha contra una oleada de emoción: dolor, pérdida y pena enorme con el rostro desencajado y un sollozo silencioso escapó de sus labios, que sofocó con la palma de su mano sobre su boca. Su dolor cortaba a la morena, despertando una nueva oleada de dolor. Rompiéndole el corazón, dejó su escondite en la lámpara, volando hacia abajo en la pared al lado de la mesa del comedor. Desde este punto de vista, podía ver toda la confusión de Elena.

-M.a.l.d.i.t.a seas, Yulia -susurró. La pelinegra consternada, la vio tocar la contusión púrpura en el cuello con una mano temblorosa- Fuera de mi cabeza.

Sobresaltada, no se movió. Estaba muy claro que su presencia sólo estaba causando tormento a la pelirroja. Tendría que irse. No importaba lo mucho que quería asegurarse que estaba a salvo, no era correcto quedarse. Ella no la quería aquí. Su vínculo empático ya no le traia consuelo. Después de lo que había pasado entre ellas, cualquier indicio de conexión tenía que ser confuso y traumático, que sin duda no quería nada más que olvidar que Yulia había existido alguna vez.

Exhalando, Lena dejó caer las manos a los costados y las sacudió. Luego enderezó sus hombros, caminando rápidamente a su dormitorio. Tiró de su camisa sobre su cabeza mientras caminaba, ofreciendole a la pelinegra una visión seductora de su estómago desnudo y pechos revestidos del sujetador.

Ahora estaba definitivamente mal quedarse. Sin dudarlo, se lanzó a través del cuarto, volando por la puerta principal lo más rápido que pudo. No estaba del todo segura de cómo iba a escapar del apartamento, pero seguro como el infierno que tenía que tratar, por el amor de Elena y como si fuera suyo. Fue insoportable ver a la mujer que amaba con tal angustia, especialmente cuando ella era la causa.

Aterrizó en la alfombra del piso justo en entrada, examinando el estrecho espacio entre la parte inferior de la puerta y el suelo de madera. Aunque parecía ser más que suficiente espacio para pasar a través de ella, la idea de acuñar su cuerpo en un espacio tan reducido le repugnó. Ella no podía dejar de lado su sentido humano de precaución que le dijo que meterse en un agujero de una pulgada de ancho no era una muy buena idea.

Desafortunadamente no tenía elección. Tenía que alejarse de Lena, de la abrumadora evidencia de que la había perdido para siempre. Más importante, tenía que seguir el rastro del acosador cuando todavía estaba fresco. Esta podría ser su mejor oportunidad de seguirle la pista.

Tomando una respiración profunda, la pelinegra se aclaró la mente del miedo y se arrastró bajo el marco de la puerta. Como predijo, lo hizo fácilmente, aunque la sensación de la gruesa puerta cerniéndose cerca de su cabeza y el suelo inflexible bajo sus pies fue suficiente para que se detuviera y tomara aire tan pronto como salió del otro lado.

En la parte final de su pánico, sintió que su sangre se levantaba con euforia. Desde el encuentro con Elena, se había puesto a prueba y se estiraron sus habilidades en formas que nunca pudo haber imaginado. La protección de la pelirroja fue la mejor razón para abrazar a su naturaleza y el cambio, y ahora que estaba más cómoda con ello, una parte suya realmente disfrutó experimentando el mundo desde diferentes perspectivas. Que su capacidad realmente podría darle una ventaja sobre la gente normal cuando se trata de cazar al acosador obligándola a apreciarla por vez primera en su vida.

Y demonios, eso se sintió bien.

Rápidamente zumbando por el pasillo y volviendo la esquina, aterrizó en la alfombra y cambió, asegurándose que nadie estaba mirando. Luego se armó de fuerza y cambió de nuevo en forma de sabueso. Cada cambio era más difícil que el anterior, y estaría agotada cuando llegara a casa esta noche. Regresaría más tarde por la ropa, una vez que hubiera seguido su rastro.

Esperaba que tuviera algo que mostrar por sus esfuerzos. De cualquier manera, ella estaba dispuesta a hacer la protección de Lena su nuevo trabajo a tiempo completo. El acosador estaba trabajando.

Capítulo Veinticuatro


Cuando Elena llegó a la división de homicidios flanqueada por los detectives Myskin y Savchenko, Katya ya estaba en su escritorio. Dio un salto tan pronto como la vio y la preocupación grabada en su cara.

-¿Estás bien?

Avergonzada por la preocupación obvia de la detective, la doctora agitó la mano.

-Estoy bien. Es en la mujer que salía en la foto no en mí de quien hay que preocuparse -Poniendo el sobre en el escritorio, esperó a que Katya rodara una silla de oficina adicional más para que pudieran examinar su contenido juntas- Desafortunadamente, no estoy segura de que él nos diera mucho para trabajar.
-Vamos a echar un vistazo -miró a los detectives, que permanecieron en silencio, como esperando a ser abordados- ¿Quieren tomar un descanso? ¿Quieren comer algo?

Savchenko asintió.

-Eso estaría bien.
-¿Estás segura de que no nos necesitan? -preguntó Myskin, siempre profesional. Aunque la doctora le había dado muchos dolores de cabeza, el hombre estaba dedicado claramente a su trabajo y a Katya.
-Vamos a estar bien -le indicó a Lena para sentarse y, una vez que lo hubo hecho, se dejó caer en la silla a su lado- Sigan adelante y relájense. Vamos a intercambiar impresiones, a ver si podemos llegar a algo.

Los detectives las dejaron murmurando gracias, y la doctora se alegró de verlos partir. Sabía que estaban simplemente velando por ella, pero estaba empezando a sentir que su vida ya no era la suya. En un mundo perfecto no tendría que pasar la noche con Katya, tampoco. Podría sumergirse en la bañera y concentrarse en no pensar en Yulia.

¿A quién quería engañar? Eso era claramente imposible. Durante casi la totalidad de los quince minutos que había pasado en su apartamento esa misma tarde, La presencia de la morena había persistido con tanta fuerza que ella podría haber jurado que estaba en la habitación contigua. No importa lo mucho que quería anularla y seguir adelante. No se permitiría llorar por una mujer que había conocido tan sólo un mes, estaba irremediablemente, desesperadamente triste de que las cosas hubieran terminado de la manera en que lo habían hecho. Romper era bastante malo, pero no haberlo visto venir era aún peor.

-¿Estás bien? -Murmuró la detective cuando se puso un par de guantes- No te culpo por estar afectada, sabiendo que este tipo ha estado en tu casa y realmente te das cuenta ahora.
-No es eso -se encogió. Esto era probablemente ridículo, ¿no? ¿Qué clase de persona era cuando su vida amorosa la molestaba más que la idea de que su acosador había elevado las apuestas en su juego enfermizo?- Quiero decir, lo estoy. Estoy molesta, por supuesto.
-Acerca de Yulia, también -sacudió el contenido del sobre en la mesa, evitando la mirada de Lena- Has tenido unas pasadas treinta y seis horas increíblemente malas. Te mereces desmoronarte un poco, creo.
-No me estoy desmoronando -se puso sus guantes- Me niego. -la detective cautelosamente tomó la foto de su víctima potencial. La doctora la vio escanear la nota en la parte inferior, "Me pregunto si ella estará tan asustada como tú", la recordaba, como si pudiera olvidarla, fascinada por la forma en que se tensó la mandíbula de Katya de ira visceral.

La detective echó un vistazo aparentemente para comprobar la reacción de Lena.

-No estoy convencida de que no nos ha dado nada para trabajar -Con voz cargada de rabia, señaló con la cabeza la foto- Se está divirtiendo mucho con esto. Se cree que es invencible, que sólo está jugando contigo. Él te dijo que podía hacer lo que quiera y que nadie podía detenerlo. ¿Cierto?
-Eso es lo que dijo -dejó desviar la mirada a la imagen de la mujer que muy bien podría estar frente al mismo terror que ella había sufrido incluso mientras estaban sentadas allí mirando su foto- Definitivamente quiere que creamos que él es imparable.
-¿Y por eso no resiste la tentación de darte una especie de rompecabezas para descifrar? -miró la foto, primero al frente, luego la parte posterior.
-Él no quiere ser atrapado. Y hasta ahora ha sido muy inteligente. ¿Por qué nos da algo para seguir ahora?
-Porque está controlando la situación -respondió la detective, frunciendo las cejas mientras estudiaba la parte posterior de la foto- Dejando evidencias sobre un cuerpo, bueno, eso es descuidado. Pero dar a su adversario algún tipo de indicio o desafío... -Dejando a un lado la foto, hablo- ¿Qué te parece a ti?

La doctora se concentró en unas manchas espesas y oscuras en la esquina inferior del papel.

-No tengo ni idea. Suciedad.

La detective desabrochó una bolsa que estaba depositada en la esquina de su escritorio, sacando un plato llano de plástico y un instrumento de metal.

-Deberíamos analizar sólo por si acaso.
-¿Realmente crees que esto es un rompecabezas de algún tipo?
-Bueno, eso creo -raspó una muestra de la mancha con una pequeña cuchilla y la depositó sobre el plato. Luego enrosca una tapa de plástico transparente y puso la evidencia a un lado- Es mejor que la alternativa, y es que todo esto no nos llevará a ninguna parte excepto sentirse culpable cuando nos encontremos con esta chica muerta.
-Ya me siento culpable -respondió Lena en voz baja.
-No lo hagas. Estás involucrada en sus crímenes, pero no eres la razón de que esté matando. El psicópata obviamente se excita con el acto de asesinar -sacó su kit de huellas digitales y espolvoreó diligentemente el sobre, aunque Elena sospechaba que ella sabía que era una posibilidad remota de que el tipo hubiera dejado una huella utilizable- Este o no obsesionado contigo, estaría hiriendo a las personas -levantando la vista, y se encontró con los ojos color jade- Confía en mí en esto.
-Estoy segura de que tienes razón. -Por supuesto que la tenía. Este hombre no estaría sentado en casa viendo el fútbol o jugando con sus hijos en vez de asesinar a mujeres. Pero saber que había estado aparentemente matando con ella en mente desde el principio fue demasiado para asimilar.- No me hace sentir mejor.
-Lo sé. -Con el ceño fruncido, examinó el sobre- Nada.
-No te esperabas que fuera descuidado, ¿verdad?
-Tal vez estaba esperando que él quisiera ser atrapado. -La detective esbozó una sonrisa forzada- Él debe, para meterse contigo.

Sin saber qué responder, Elena agrego.

-Espolvorea la foto. Voy a cruzar los dedos.

Espolvoreó en silencio y la doctora la miró, agradecida por la momentánea pausa en la conversación. Su mente seguía escapando para pensar en lo que Yulia podría estar haciendo. ¿Estaba sola en casa? ¿O con otra mujer? El estómago se le revolvió con la idea de la morena estuviera con otra persona.

-Realmente pensé que esta cosa con Yulia era de verdad -no hubiera querido decir nada en voz alta, sobre todo no a su ex, pero no pudo mantener esto para sí misma. Estaba enojada y confundida, no sólo con Yulia, sino también con Katya, de nuevo. Aunque pensaba que le había perdonado por su traición, esta cosa con la pelinegra sacaba a relucir todos sus viejos resentimientos. Debido a que carecía de la fuerza necesaria para hacer frente a la morena, la detective se hizo un blanco ideal para la rabia- Pensé que esta vez había encontrado a alguien que no me mentiría. ¿Cómo no entiende que lo único que quiero de una relación es la honestidad?

Katya parpadeó, respiró profundamente y luego exhaló. En voz baja, dijo.

-Sólo la conocías de un mes. Eso no es tiempo suficiente para obtener una lectura real de alguien.
-No pareció sólo un mes -contesto en un susurro. No podía explicarle cómo se había sentido conectada a la pelinegra desde casi el momento en que se conocieron. Cómo ella la había hecho sentirse más fuerte, más hermosa, más segura y centrada de lo que nunca lo había sido. Todo sonaba ilógico, estúpido, dos cosas de las que Lena se enorgullecía de no ser- Tú me conoces, Kat. No confío fácilmente. No soy el tipo para enamorarme de alguien tan rápidamente.
-Sé que no lo eres -Con un suspiro de disgusto, recogió su kit de huellas dactilares, después de no haber llegado a nada- Me sorprendió que lo estuvieras.
-Sólo se sentía correcto -la doctora se mordió el labio con fuerza, apartando la mirada de la detective como si se esforzara por llevar su emoción bajo control- Soy una idiota.
-No, no lo eres -Quitándose los guantes, se derrumbó de nuevo en su silla y cruzó las manos sobre su estómago- Puedo darle la foto a nuestros chicos de tecnología, a ver si se puede limpiar el fondo e identificar cualquier punto de referencia. Y podemos obtener un analista de escritura para ayudarnos a construir un perfil de este tipo. Aparte de eso...
-Si -tomo la foto y se obligó a estudiar la cara de la mujer por primera vez. Su obvia felicidad era contagiosa, lo que la hizo sentirse peor- No estoy acostumbrada a tratar con alguien tan cuidadoso, tan meticuloso. Ivan Dietrich no era así.
-No en última instancia, no. Pero pasamos un montón de noches sin descanso persiguiéndolo, también -le dio un golpe al tobillo de Lena con la punta de su zapato- Ahora lo haremos con este tipo. Quién sabe, tal vez la suciedad de la foto nos lleve a alguna parte.
-Eso espero.

Katya se aclaró la garganta.

-Y espero que pienses de nuevo sobre quedarte en mi casa. Teniendo en cuenta.
-¿Teniendo en cuenta que tengo un asesino en serie obsesionado conmigo? -Reuniendo una sonrisa valiente, negó con la cabeza- Eso no es nuevo, Kat. Ya sabíamos que estaba obsesionado conmigo, que tenía mi dirección y número de teléfono. Así que, en realidad, nada ha cambiado.
-Sólo que ahora él nos ha mostrado cómo de audaz puede ser. Fue a tu apartamento. A plena luz del día.
-Él me atacó en el Parque Chistye Prudy, también, que parece aún más audaz, al menos desde mi punto de vista. -Aunque la detective obviamente pensó que era insensato, ella se negó a ceder a la tentación de huir.- Mira, permaneciendo justo donde estoy, le he dado un objetivo específico, un lugar donde puede asomar la cabeza de nuevo. Podría ser nuestra mejor oportunidad de pescarlo, realmente. Si me retiro a un lugar seguro, podemos perder nuestra única oportunidad de sacarlo.

Con el ceño fruncido de la detective respondió.

-¿Cómo sabía que me llegarías con una razón semi-lógica para ser una obstinado?
-Supongo que sólo me conoces bien.
-Supongo que sí -Katya parecía contenta por eso- ¿has cenado ya?
-No.
-¿Por qué no me dejas pedir algo? Es decir, si no te importa pasar un poco mas de tiempo aquí.

Veinticuatro horas antes, Lena nunca hubiera imaginado cenar con Katya de nuevo tan pronto. Pero ella tenía hambre, estaba afectada, y realmente no quería estar sola. Como estaba determinada a no ser expulsada de su apartamento, no podía imaginar volver allí todavía. Sobre todo con la forma como la afectaba tan gravemente su señorita Yulia. No es que ella lo admitiría en voz alta.

-No me importa pasar el rato.
-Estupendo. ¿Cómo suena chino?
-Delicioso -no se dejó reaccionar por la familiaridad de esta escena. Ella y Katya se habían enamorado de la comida china cuando trabajaron en el caso de Ivan Dietrich. De hecho, había estado comiendo Kung Pao de pollo de su lugar favorito de comida china la noche que descubrió la evidencia que resolvió el caso. Por más que no quería volver a ese lugar romántico con la detective, apegarse a lo que había funcionado para sus investigaciones en el pasado probablemente no era una mala idea.- Yo pediré lo de siempre.
-Lo supuse -no ocultó su placer.
-Mientras tanto, voy a llamar a Josef y le invitaré a empezar con esta muestra que has recopilado -la doctora levantó el plato de evidencias y miró detenidamente dentro las escasas muestra. Esperando que hubiera lo suficiente para analizar. Si resultaba ser nada más que insignificante suciedad, estaría extremadamente decepcionada- Voy a hacerla su única prioridad. Nosotras debemos saberlo dentro de setenta y dos horas.
-Está bien. Me aseguraré de que comience a trabajar en el análisis de la fotografía esta noche -recogió su teléfono del escritorio, pero no marcó- Ahora que tenemos una víctima potencial que todavía puede estar viva, este caso acaba de convertirse en la única prioridad del departamento. Y sobre esa nota, Estoy asignando una ronda de vigilancia permanente en tu apartamento. No más de eso de dejar presentes en tu puerta sin que nadie sepa una ****.
-Muy bien -dijo. Por mucho que odiaba la pérdida de su privacidad, la nueva táctica de su acosador la dejó más que feliz de estar bajo vigilancia constante. Su encuentro en el Parque Chistye Prudy seguía siendo la experiencia más aterradora de su vida, y no tenía ningún deseo de revivirla. Ella no tenía ningún problema en reunir la baraja a su favor.
-Tengo la intención de participar por lo menos en parte de ese equipo de seguridad -Katya comento en voz baja. La precaución en su cara indicaba que esperaba que Lena discutiera.- No tiene nada que ver con espiarte. Ni siquiera sabrás que estoy allí. Voy a... sentirme mejor sabiendo que estás bien.

No sería para siempre. Y no importaba lo incómodo que podía ser tener a su tramposa ex-novia secretamente a su sombra, Lena no se fiaba de nadie más para vigilar su espalda. Entonces, con un movimiento de cabeza determinado, respondió.

-Parece un buen plan.

Sólo podía esperar que funcionara
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Miér Nov 05, 2014 10:27 pm

Capítulo Veinticinco


Después de pasar toda la noche en un intento fallido de seguir al acosador de Lena a través de las calles de la ciudad, Yulia se agotó y frustró hasta el punto de las lágrimas. A pesar de que había sido capaz de seguir el olor del hombre desde el edificio de la pelirroja hasta una esquina a varias manzanas de distancia, una vez más su rastro había desaparecido de repente. Ahora estaba segura de que él poseía un automóvil o viajaba en taxi, pero eso no le trajo más cerca a descubrir su identidad y mantener a salvo a Elena. Las horas que acababa de desperdiciar vagando al azar por los distintos barrios con la esperanza de coger una bocanada de su olor no había llegado a ninguna parte. Desafortunadamente, no parecía probable que fuera a encontrar al tipo por accidente. Para Yulia todos sabían que, ni siquiera vivía en Moscu.

Eso significaba que tenía que llegar a una nueva estrategia. Aunque no tenía idea de lo que pensaba hacer cuando se encontrara con el acosador, la morena no tenía más remedio que tratar de darle caza. La policía no tenia ni un poco de suerte, y si podía hacer algo para ayudar, ella lo pensó, incluso si eso significaba correr el riesgo de ser descubierta.

El mejor escenario posible para Yulia consistiría en uno de los intentos del tipo de acercarse a Lena. Entonces podría seguirlo cuando él huyera y esperar averiguar dónde vivía. Para hacer eso, probablemente necesitaba mantener una vigilancia constante sobre la doctora. El hecho de que la pelirroja ya tenía la policía vigilándola significaba que ella tendría que ser creativa en sus intentos de proporcionar un segundo nivel de seguridad sin notarse.

Por desgracia, la creatividad tendría que esperar hasta después de que hubiera tenido una siesta. Había sido una larga y agotadora noche y su cerebro no estaba cooperando. En este momento no podía llegar a un plan de ataque si su vida dependiera de ello.

Cuando llegó con su automóvil hasta su apartamento, con cara de sueño y lista para conseguir un sueño muy necesario, la visión de la detective Katya Bodarenko de pie en el porche delantero le envió a sus intestinos un agrio pánico, retorciéndola. La detective se giró con el sonido del motor, asintiendo secamente cuando Yulia se detuvo en su lugar de estacionamiento, apagó el motor. Con el corazón desbocado, se dispuso por lo que era seguro que sería una conversación desagradable con la celosa ex-novia de Elena. Sin saber si Katya estaba allí de forma oficial o simplemente como defensora de la pelirroja, ella ni siquiera estaba segura por lo que debería estar nerviosa.

De todo. En este momento estaba nerviosa por absolutamente todo.

Tomando una respiración profunda, Yulia abrió la puerta del vehículo y salió. Forzó una sonrisa cortés inclinando la cabeza y se giró hacia la detective.

-Hola.
-Buenos días -la detective juntó las manos detrás de la espalda, estudiando el rostro de la morena mientras se acercaba. Cada centímetro de la policía sospechaba- ¿Una larga noche?

La pelinegra no se permitió reaccionar por la burla sutil de Katya. No tenía ni idea de lo que Lena le había dicho sobre lo que pasó entre ellas, pero no iba a morder el anzuelo.

-¿Puedo ayudarla en algo?
-Eso espero. Quería hablar con usted acerca de esa llamada telefónica que hizo el mes pasado. Ya sabe, aquel en el que reportó el hallazgo de un cuerpo en el Parque Chistye Prudy.

Yulia mantuvo su expresión neutral e indicó a Katya que debería hacerse a un lado para que pudiera abrir la puerta. La detective lo hizo con otro gesto brusco. Invitarla a su santuario no era su primera opción, pero se negó a tener esta discusión en el porche, donde cualquiera podía escuchar. Ella abrió la puerta y dio paso al interior, haciendo un gesto para que Katya la siguiera.

-¿Quiere algo de beber?
-No, gracias -La detective entró en su hall de entrada, echando un vistazo no muy sutil a su alrededor- Un bonito lugar.
-Gracias. -la llevó a la sala de estar y señaló hacia el sofá- Tome asiento.

Volviendo su atención intensa a la cara de Yulia, la detective se sentó con cuidado en un extremo del sofá.

-Lo siento por dejarme caer tan temprano esta mañana.
-Está bien -se sentó en el otro extremo del sofá, cuidando de no dejar que la cara o la voz traicionaran su ansiedad. Es cierto que no tenía nada que ocultar sobre lo que sabia de los asesinatos de lo que aparentaba. Pero gran parte de su participación en este caso estaba atado a su capacidad, así que hablar de nada de eso con la detective significaba pisar un terreno peligroso- Este es un caso importante, lo sé. Pero la última vez que lo comprobé, las llamadas anónimas a la policía no eran ilegales.
-No es ilegal, no -le dio un vistazo lento una vez más- Yo no estoy aquí para detenerla, señorita Volkova.
-Yulia.
-Está bien. No estoy aquí para arrestarte, Yulia. Sólo quiero saber si sabes algo que podría ayudarnos a encontrar al hombre que está matando a estas mujeres. Por el bien de Lena dado que parece estar obsesionado con arrastrarla hasta el centro de su psicosis.

Le devolvió la mirada seria a la detective, con la mandíbula tan tensa que la cara le dolía.

-Si supiera algo que pudiera ayudar, se lo diría. Créame. Lo último que quiero es que Lena salga herida.

Con la boca crispada, la detective contesto.

-Eso no es lo que he oído.

Le tomó toda su fuerza de voluntad a la pelinegra no golpear la mirada satisfecha de la cara de Katya.

-Tiene mucho valor, ya sabe. Me parece que eres la última persona que debe emitir un juicio cuando se trata de lastimar a Lena.
-Tienes razón, cometí un error. Un terrible error. -Los ojos le brillaban de horrible satisfacción- Pero he aprendido de mis errores. Francamente, No estoy totalmente destruida por que te hayas ido por el mismo camino que yo. No es que yo quisiera angustiar a Lena nunca más, porque no se lo merece. Pero me alegro de que descubriera que no eras buena para ella ahora, antes de que estuviera demasiado apegada.
-¿Estás aquí para hablar de tu ex-novia, o lo que deseas es discutir algo con carácter oficial? -La ira hacía difícil pronunciar las palabras. Estando tan cansada se le hacía difícil controlar sus emociones, y eso era un estado extremadamente peligroso para estar. En pocas ocasiones, aunque ninguna en los últimos diez años, Yulia se había desplazado contra su voluntad debido a la angustia emocional extrema. Eso la llevó a tratar de mantener la calma en todo momento, pero escuchando a Katya comparó los dos, y sabiendo que la detective vio su separación como una oportunidad para ganar de nuevo a la pelirroja, amenazó con empujarla en territorio peligroso.
-¿Cómo te las arreglas para toparte con ese cuerpo tan temprano por la mañana? -inclinó la cabeza, observando el rostro de la pelinegra- Ella fue arrojada bastante lejos de la ruta marcada. No es un lugar donde me imagine a una mujer hermosa estar explorando por su cuenta al salir el sol.

Encogiéndose de hombros, la morena contesto.

-Yo estaba dando un paseo. Decidí tomar un atajo a través de los árboles. Me gusta la naturaleza, y, a veces quiero pretender que no estoy en medio de una de las ciudades más grandes del país. Así que me desvío de la ruta marcada.
-¿No te preocupa acerca de quién podría estar a tu acecho en el bosque?
-Tengo entrenamiento en artes marciales -mintió. En realidad, no solía preocuparse por su seguridad personal por dos simples razones. Una, ella no salía mucho. Pero lo más importante, si el caso se daba, podría cambiar en algo que aterrorizaría hasta al más vicioso atracador o violador- Yo puedo cuidar de mí misma. No estaba preocupada.
-Sin embargo, me imagino que te agitaste bastante cuando encontraste el cadáver -le dirigió una mirada expectante- ¿Cierto?
-Por supuesto. ¿Quién no lo estaría?
-Así que ayúdame a entender algo. De lo que Lena me ha dicho, está claro que nos llamaste por la ubicación del cuerpo antes de encontrarla después del ataque. Entonces, ¿por qué te fuiste de nuevo al parque?

Yulia vaciló, tratando de ignorar la forma en que se torció la boca de la detective de alegría evidente por su incertidumbre momentánea. Brevemente, consideró mentir y decirle que había tenido que atravesar el parque para llegar a casa después de hacer la llamada, pero desechó la idea al darse cuenta de que la detective sabía exactamente qué teléfono público había utilizado. Aunque habría sido imposible para ella escuchar los gritos de ayuda de Lena desde ese lugar, era la única explicación que podía ofrecer.

-Pensé que había oído algo, así que fui a verlo.

La detective levantó una ceja.

-Con formación de artes marciales o no, se me hace difícil creer que alguien que sólo había visto unos minutos antes una víctima de homicidio se sentiría obligada a ir persiguiendo un ruido misterioso que la llevara a cualquier lugar cerca de la escena.
-Lo que escuché sonaba como una mujer gritando. Por suerte no estaba pensando en mí en ese momento. Cuando encontré a Lena, estaba aterrorizada, traumatizada. Yo hice lo correcto, volvería allí, no importa que tan afectada estuviera.

Katya la miró en silencio durante un minuto largo, incómodo. Entonces contesto.

-Lena está en grave peligro, Yulia. Ahora mismo no podría importarme menos hasta donde es tu participación real en este caso. Yo sé que no has matado a esas mujeres, ¿de acuerdo? Pero si tienes información sobre quién lo hizo, si has visto algo…
-Yo se lo diría -miró a los ojos a la detective, deseando que viera la sinceridad en sus palabras- Nada es más importante para mí que hacer que Lena se mantenga a salvo. Si no crees nada de lo que te dije, por favor, cree esto. Mírame a los ojos y veras que estoy diciendo la verdad. La seguridad de Lena significa todo para mí. Haré todo lo que pueda para protegerla. Te lo prometo.

A pesar de que no parecía particularmente satisfecha por las palabras de Yulia, el asentimiento con la cabeza la detective señaló que el interrogatorio había terminado.

-En ese caso, tengo que regresar al trabajo. Gracias por tu tiempo.

Cuando Katya se puso de pie, la pelinegra se levantó con ella.

-Yo realmente no creo que Lena debiera permanecer en su apartamento ahora mismo. No es seguro.
-¿Lo estás diciendo porque sabes algo? ¿O quieres que yo pase esto junto a Lena? -la detective podría haber decidido dejarla descolgada con la llamada anónima, pero estaba claro que no tenía intención de hacerlo agradable.
-Antes, yo estaba con ella. Ahora está sola. Y él sabe dónde vive.

La preocupación suavizó momentáneamente la cara de la detctive.

-No te preocupes. Yo puedo cuidar de Lena.

No sabía leer a la detective lo suficientemente bien como para decidir si quería decir que la pelirroja planeaba ir a su apartamento o no. Sin embargo, que la detective la presionara no era lo suficientemente importante como para que ella la siguiera escuchando. Si fuera necesario, podía seguir a la doctora después de que dejara su trabajo para averiguar dónde se estaba quedando.

Eso sonaba espeluznante. La pelinegra no quería sentirse como cualquier otro acosador en la vida de Lena, pero haría lo que fuera para mantenerla a salvo. Tanto como Katya.

-Si te acuerdas de algo que creas que puede ayudar a nuestra investigación, por favor, dame una llamada -le entregó una tarjeta de visita- Estoy más que feliz de ser discreta. A menos que sea un hecho relevante en el caso, puedo mantener todo lo que me digas entre nosotras dos -Sonriendo con satisfacción, le dio la espalda a la morena y caminó hacia la puerta principal- No hay necesidad de hacer que Lena sufra más.

A medida que la detective se perdía hacia la puerta, Yulia se aferró firmemente a su control de hierro, decidida a no dar rienda suelta a su ira hasta que su visita se hubiera ido. Sino la soberbia arrogante que irradiaba de la detective la forzaría a defenderse, no importaba que tan inútil supiera que sería.

-No tonteaba con Lena, por cierto. Aunque nadie me crea, esa es la verdad. Yo no soy perfecta, y tengo secretos, pero yo nunca habría engañado a Lena. No después de cómo la destrozaste.

Katya se dio la vuelta, encarandola.

-Recuérdame, ¿ustedes dos se hablan en este momento? ¿De verdad crees que no la has destrozado? No eres mejor que yo. Ni por asomo. Por lo menos ella está hablando conmigo. Demonios, pasó la última noche conmigo -Entrecerrando los ojos, agrego- Si. Toda la noche.

Ella no tenía idea donde Lena se había ido, ni qué había hecho, después de dirigirse a la estación de policía la noche anterior. La última vez que la había visto, ella se lamentaba de su vínculo empático y amamantaba a un corazón roto. ¿Había encontrado consuelo en los brazos de Katya? No parecía algo que la doctora hiciera.

Pero, ¿Quién podría explicar las acciones de un corazón roto?

Apretando los dientes con tanta fuerza que su mandíbula le dolía, la pelinegra respondió.

-Te llamaré si recuerdo algo.
-Excelente. -El tono de la detective rezumaba condescendencia.- Que tengas una maravillosa mañana, Yulia.
-Tú también. -cerró la puerta con fuerza tan pronto como la detective pasó fuera.

No tenía sentido fingir que no estaba molesta. No le había gustado a Katya desde el principio, pero por lo menos cuando Elena estaba a su lado, tratar con su ex-novia detective lo consideró necesario. Ahora no tenía sentido torturarse. Peor que eso, le recordaba exactamente por qué todo el cambio y el engaño del mes pasado eran tan peligrosos.

Usando su capacidad aumentó el riesgo de ser descubierta. Hasta Lena, nunca había tenido una razón para correr ese riesgo. El acosador era la mejor razón que podía imaginar, pero las amenazas a su propia seguridad eran tan reales como siempre lo habían sido. La detective era un recordatorio visceral de ese simple hecho.

Pero al final, eso no cambiaría nada. Elena estaba en problemas y ella estaba decidida a mantenerla a salvo, sin importar las consecuencias.

Capítulo Veintiséis


-Son heces y micro algas.

Elena dejó la pluma, parpadeando, y miró a Josef elevándose por encima de su escritorio. Por la emoción en su rostro, ella sabía que él hablaba de la sustancia misteriosa de la fotografía dejada en su puerta. Se había especulado acerca de un número de diferentes posibilidades de los resultados del análisis de Josef en los últimos días, pero ella honestamente podía decir que el excremento no era una de ellas.

-¿En serio?
-Oh, sí. No es humano. -Él rebotó en la punta de sus pies, claramente emocionado por todo lo que tenía que compartir. Él siempre parecía tener la mayor carga de las cosas más repugnantes.
-Bueno, eso es... asqueroso. ¿Pensamos que la plantó allí a propósito, o que el perro del asesino acababa de decidir a hacer sus necesidades en su obra maestra?
-Es canino, y yo diría que definitivamente que lo había dejado allí a propósito. -Josef hizo una pausa, probablemente por efecto dramático, pero la doctora no picó el cebo y preguntó. Con un suspiro, dijo.- Creo que es muy poco probable que el sospechoso lograra accidentalmente manchar su mensaje con heces de perro, tierra con microalgas.

La conciencia de Lena se desaceleró del tiempo aun cuando sus latidos tronaban a toda marcha. Ella sabía dónde la estaba guiando.

-Nos está enviando de vuelta al Parque.
-Esa es una suposición muy razonable.

En la presencia de excrementos de perro, tierra con microalgas en ese sobre había un mensaje tan obvio, el se habia tomado el tiempo de tomar tierra del estanque del parque, ademas de la pequeñas muestra del escremento canino, Lena maldijo haberles tomado tanto tiempo para identificar la sustancia.

-Voy a llamar a Kat. Hay que sondear el área dentro y alrededor del parque para ver qué podemos encontrar -temía la posibilidad de estar buscando un cuerpo, pero su instinto le decía que eso era exactamente lo que iban a encontrar. Por desgracia, el análisis de la fotografía no les había dado cualquier cosa para seguir, así que había tenido que pasar el tiempo necesario para analizar científicamente la evidencia. Que el asesino al parecer les había dado tan claramente, una dirección tan clara y habían sido tan lentos para reconocerla que resultaba frustrante, por decir lo menos.
-¿Te vas con ella a la escena? -preguntó Josef. No hacían a menudo lo de unirse a la policía en el campo, sobre todo cuando el cuerpo no había aparecido todavía. Sin embargo, la doctora no podía imaginar estar detrás en el laboratorio para éste.
-Si voy -recogió su teléfono del escritorio- Voy a estar de vuelta pronto, espero.
-Voy a cruzar los dedos para que no traigas un cuerpo contigo.
-Eso es un cambio -Josef no era insensible, pero su amor por su trabajo a veces superaba su simpatía por las personas que sus cadáveres habían sido una vez. A decir verdad, era probablemente parte de la razón por la que era tan bueno en su trabajo. Nunca dejaba que las emociones entraran en el camino de la lógica y el hecho científico.
-Y que lo digas -Cambiando incómodamente, miró casi dolorosamente sincero cuando dijo- Yo sé cómo te sentirás si no la encontramos a tiempo. Sólo recuerda que no es tu culpa, ¿de acuerdo? Incluso si llegamos demasiado tarde.

Elena le hizo un gesto débil.

-Lo sé. Es culpa suya.

Si sólo fuera así de simple.



**********************************



Encontraron el cuerpo al cuarto de hora de su búsqueda. Con doce hombres y mujeres que barrían el área, no tardó mucho en descubrirse el cadáver desnudo de una mujer de unos treinta y cinco años escondida entre los árboles cerca del estanque. El asesino la había sacrificado en un área que probablemente no tuvo mucho tráfico peatonal y estaba fuera de la vista de los caminos muy transitados cercanos, pero todavía estaba lo suficientemente cerca de la civilización para que Elena fuera golpeada una vez más por su puro nervio.

Su víctima parecía haber estado muerta por lo menos hace doce horas. Ella había muerto en el lugar donde yacía. Su asesino no pareció tratar de transportar el cadáver. Eso significaba que tenía la confianza suficiente en el manejo de sus víctimas que, al parecer, no tuvo reparos en forzarlas para que lo acompañaran a los lugares donde les quitaba la vida. Había planeado claramente matar a esta mujer aquí mismo días antes del asesinato, por lo que Lena se imaginó que él la había agarrado en otro lugar, entonces la condujo aquí. De alguna manera se las había arreglado para llevarla a este apartado lugar sin levantar grandes sospechas, cuando no hubiera testigos que indicaran alguna actividad inusual, entonces la mataría sin ser descubierto. No hay duda de que el asesino había traído a la víctima aquí tarde por la noche.

Me pregunto si estará tan asustada como tú. La doctora imaginó que debía haber estado aterrorizada.

Una mano le tocó el hombro y saltó, arrancando su mirada lejos de la sangre, de la dura lividez del cadáver al pie de un gran árbol se encontró con los ojos de Katya. Haciendo una mueca de disculpa, la detective dijo.

-¿Estás bien?

Elena no tenía ni idea de cómo responder a esa pregunta nunca más.

-Esto no es lo que quería encontrar.
-Yo tampoco -consideró el cuerpo con cuidado- ¿Cuánto tiempo lleva muerta?
-Supongo que ella murió en algún momento entre la medianoche y las tres de la madrugada. Es probable que esperara a que el parque estuviera desierto antes de traerla aquí -señaló en la sangre seca, pegajosa pintando la suciedad y la vegetación bajo su cuerpo- Él la mató justo aquí. Y hay evidencia de estrangulamiento de nuevo, pero supongo que, como las demás, ella murió por la pérdida de sangre. La asfixia es la forma en que él obtuvo sus patadas antes de dejarla en el suelo.

Sombríamente, la detective murmuró.

-No me gusta este tipo.
-Estoy de acuerdo -el teléfono celular de Lena sonó en su bolso. Frunciendo el ceño, lo sacó esperando ver el número del laboratorio en la pantalla. No podía pensar en nadie más que pudiera llamarla, especialmente ahora que estaba soltera. No reconoció el número, lo dejó pasar al buzón de voz- Necesitamos su bolso y llevarla al laboratorio. Si nuestro hombre se está volviendo lo suficientemente audaz para dejarnos pistas en sobres, tal vez ha decidido ofrecer alguna evidencia sobre su última víctima. Ya sabes, para ponerme a prueba.

Katya le tocó la espalda.

-Esperemos que así sea -dio un paso adelante y, señalando a un detective que se arrodilló en el suelo tomando fotos del cuerpo, hablo- Vamos a documentar esta escena rápidamente para que podamos llevarnos el cadáver al laboratorio.
-Sí, señora. -El jefe del equipo de investigación de la escena del crimen se puso en cuclillas junto al cuerpo, marcando una prueba con una etiqueta amarilla numerada- Estamos en ello.

El teléfono de Lena sonó de nuevo. Suspirando, ella levantó la mano y echó un vistazo a la pantalla. El mismo número. Frunciendo el ceño, contestó la llamada.

-¿Hola?
-¿Es la Dra. Elena Katina?

Algo en la desconocida voz masculina pusieron los nervios de la doctora de punta. Inmediatamente supo quien estaba en el otro extremo de la línea.

-¿Puedo preguntar quién llama?
-¿La Dra. Elena Katina?

Lena tragó.

-Sí. ¿Quién es?
-Bueno, esto es emocionante. Soy un gran fan de su trabajo.

Tropezando, se apresuró hacia Katya, agarrando fuertemente su brazo. Esta abrió la boca para hablar, pero echó un vistazo a su cara y se detuvo. Articuló, ¿Es él?Ante el asentimiento de la doctora, acerco su cabeza cerca del teléfono para poder escuchar.

El hombre se echó a reír.

-Estás hiriendo mis sentimientos, Elena. ¿Es usted una fan de mi trabajo?
-Miro un poco de su trabajo ahora mismo -contesto, dispuesta a que su voz no temblara. Cuanto más hablaba su acosador, más claro el recuerdo de sus palabras en el día de su ataque se realizo. Sus ojos azul hielo. La sensación de su cuerpo encima de ella, sujetándola hacia abajo. El filo de su cuchillo. Temblando, agrego- Yo no diría que soy una fan, no.

Katya envolvió su brazo alrededor de la cintura de Lena, tirandola hacia sí. Agradecida por su calidez, la dejó abrazarla.

-¿No es una fan? ¿En serio? -Sonaba realmente decepcionado.- Sin duda, tienes que apreciar lo ordenado que dejo las cosas. Como soy consciente de lo que los científicos necesitan para localizar a las personas como yo.
-¿Está matando a estas mujeres para impresionarme? Porque yo puedo decir ahora mismo, que hay mejores maneras.

Él soltó un bufido.

-No te hagas ilusiones. No, yo voy a matar a estas mujeres, en tu territorio, porque quiero que sepas que aunque fuiste capaz de usar tu ciencia para localizar a Ivan Dietrich, no tiene valor cuando se tiene a un adversario con dos dedos de frente.
-¿Y este adversario con dos dedos de frente... eres tú?

El silencio más absoluto encontró el comentario de la doctora, y por un momento le preocupó que él hubiera colgado o tal vez ella había dejado caer la llamada. Luego inhaló, claramente irritado, y escupió.

-Lástima que la ciencia pueda ser tan ineficiente, ¿no es así? Has tenido un verdadero mapa de esta ubicación durante días. Mucho antes de que esa hermosa mujer a tus pies muriera. Si tan sólo hubieras sido capaz de completar tu análisis de una manera más oportuna... bueno, ¿quién sabe?

La detective se tensó y apartó un poco de Lena, barriendo el área a su alrededor con atención. Aunque hablaba como si pudiera verlas, la doctora no estaba convencida.

-¿Está aquí en este momento? Tal vez deberíamos hablar de esto cara a cara.
-Tú, sin embargo, realmente no disfrutaste de nuestra última charla cara a cara, o ¿Lo hiciste, Elena?

Un escalofrío recorrió la espalda de Lena. Miró el rostro de Katya, manteniéndose centrada en el presente. Estaba a salvo ahora.

-Ser asaltada y amenazada no es muy divertido, no.
-Por cierto, no estaba tan asustada como tú -hablo con voz baja, casi en tono seductor- Ninguna mujer ha estado nunca tan asustada para mí como tú, Elena. Estabas deliciosa.

Su cara debió haber reflejado la repugnancia visceral de las palabras obtenidas, porque la detective inmediatamente regresó a su lado.

-Entonces, ¿cómo terminará esto? ¿Seguiras matando hasta que ayude a la policía a identificarlo?
-No. Seguiré matando hasta que yo decida que eres la siguiente. Entonces mataré algunas más.

La detective abrió la boca como si ella planeara interponerse, pero Elena levantó una mano para detenerla. Si lo hubiera hecho perdería una pequeña posibilidad de obtener una ventaja concreta de esta llamada telefónica, estaba dispuesta a seguir el juego si esto significara escuchar las amenazas enfermizas.

-No suena como si hubiera mucho en esto para mí.
-Me temo que no. -Él tomó una respiración profunda y luego exhaló como si recordara un poco de placer nebuloso.- Sin embargo, No te preocupes. No he terminado contigo todavía.
-¿No?
-Espero que pronto podamos pasar más tiempo juntos. Echo de menos ver el miedo en sus ojos.

La doctora se puso tensa. Esto podría ser exactamente lo que necesitaba para sacarlo a la luz pública. ¿No le había dicho a Katya que quería quedarse en su apartamento exactamente por esa razón? Pero la idea de que este hombre podía estar cerca de ella otra vez la envió un sudor frío.

-Quiero encontrarte en la comisaría. Incluso te prometo escuchar lo que quieras decir, de mí, de la ciencia.

Él hizo un sonido de disgusto.

-Yo estaba pensando en algo más íntimo. Ahora dime, Elena, ¿qué te asusta más, ser violada o se cortada? O tal vez ambas cosas, ¿eh? Podría f.o.l.l.a.r.t.e, luego tallar mi nombre en tu cara.

Dispuesta a mantener su voz estable, pregunto.

-¿Qué nombre escribirías?
-Kir. Pero eso no le ayudará a encontrarme.

El teléfono de Lena sonó, señalando que había desconectado. Sacudiendo la mano, comprobó la pantalla para estar segura. Él se había ido. Próxima a ella, Katya estaba temblando.

-Voy a matar a ese hijo de p.u.t.a primero -habló en un murmullo, la intensidad de su tono creó unas pocas miradas extrañas de los detectives y técnicos que se habían desacelerado en su documentación de la escena del crimen cuando quedó claro que el sospechoso estaba al teléfono.

La doctora la agarró del brazo y la apartó del cadáver, dando la espalda a sus colegas.

-No, no lo harás. Si viene por mi, vamos a agarrarlo, luego dejar que el sistema de justicia se ocupe de él.

El pecho de Katya subía y bajaba con la fuerza de su respiración profunda, enojada.

-A ver el número de su teléfono. Vamos a tratar de localizar el origen de la llamada.
-Buena suerte. Tengo la sensación de que no vas a encontrarlo de esa manera.
-¿Y qué? -espetó con rabia, volviéndose al teléfono de la doctora y marcando el número de su última llamada entrante en su propio teléfono- ¿La única forma de encontrarlo es para ti colgar por ahí como cebo?
-Tal vez.

La detective marcó su número y levantó el teléfono a la oreja. Después de un momento maldijo y colgó.

-Él lo apagó.
-¿Te sorprende?
-No. Simplemente estoy cabreada -guardó su teléfono y se volvió hacia Lena con un profundo suspiro- No recuerdo haberme sentido tan impotente. No importa cuántas veces repase las evidencias o las declaraciones de los testigos. No puedo encontrar nada. No hay nada que seguir, excepto las burlas estupidas que van cayendo como migas de pan. Mientras tanto, el número de muertos sigue en aumento, y es sólo una cuestión de tiempo antes de que los medios de comunicación enganchen que tenemos un asesino en serie en la ciudad. Estoy desesperada por una m.a.l.d.i.t.a debilidad, Lena. Eso es todo lo que quiero, un paso en falso.
-Vamos a atrapar a este tipo, Kat. Es sólo una cuestión de tiempo antes de que meta la pata -apretó el codo de la detective, hablando con un nivel de confianza que no sentía- Puede pensar que es invencible, pero seguro que no lo es.
-Yo tampoco -exhalando, chocó ligeramente con el hombro de Lena- Tenemos que hablar acerca de la seguridad de tu nuevo equipo de vigilancia constante de tu edificio, los oficiales estarán contigo en todo momento. Y quiero que uses un dispositivo, un botón de pánico.
-Está bien -podría ser terca, pero no era estúpida- Cualquier cosa que pienses que sea lo mejor.

Eso provocó una satisfacción genuina en la detective.

-Me gusta como suena eso.
-Bueno, no te acostumbres a ello. -golpeó la espalda de la detective- Digo estas cosas sólo durante situaciones de emergencia con asesinos en serie acosadores.
-Bueno. Mi intención es que este sea el último de aquellos a los que tengas que hacer frente.
-Yo también -Tomando una respiración profunda, sacudió su persistente malestar de la llamada telefónica. Ahora no era el momento de dejar que el miedo la arrasara. Se negó a que Kir ganara. Ella le ganaría por hacer lo que hacia mejor- Vamos a regresar al laboratorio y preparar la autopsia. Tal vez es el momento en que cometió un error.

Katya hizo un gesto sombrío.

-Voy a cruzar los dedos.

Capítulo Veintisiete


Armado con un nuevo cuchillo, un kit de ganzúas, y un puñado de condones metidos a salvo dentro de su mochila, Kirill cogió la correa de su perro y se preparó para lo que él sabía que iba a ser un día difícil. Ir tras Elena Katina era un riesgo, no importaba lo bueno que era. En ese momento tenía tanta vigilancia sobre ella como el departamento de Policía de Moscu seguramente podría permitirse. Kirill tendría que ser muy cuidadoso si quería acercarse a ella sin ser atrapado.

Había establecido el plan de esta noche en marcha, el día en que salió con su pequeño presente en su puerta. Antes de abandonar el edificio de apartamentos de la doctora había subido la escalera hasta el último piso y encontró la puerta de acceso a la azotea. Como es lógico, cerrada desde el interior para evitar que los intrusos irrumpieran en el edificio. Como él esperaba, el viejo edificio de tenía igualmente una vieja seguridad, una cerradura mecánica simple y ninguna alarma. Él había ido a su casa ese día seguro de que sus ganzúas harían el trabajo y conseguiría entrar al interior. No había problema.

Esta noche lo descubriría.

Probablemente era sólo cuestión de tiempo antes de que la policía de Moscu llamara solicitara la intervención de mas especialistas para ayudarles en el caso, de hecho, Kirill se sorprendió que no lo hicieran ya, así que era un momento tan bueno como cualquier otro para hacer su siguiente movimiento. En el fondo, él estaba seguro de que podría deslizarse más allá de las capas del equipo protector de la doctora y abordarla sola. Lo único que le preocupaba sobre la operación de esta noche era que él pudiera perder el control y acabar con su juego antes de que estuviera listo para que se acabara.

En este momento se dijo que lo único que quería era más del miedo de Elena, ya que era embriagador, el recuerdo de su rostro y su agitada voz suplicando por su vida lo había mantenido por semanas. Pero ya no era suficiente.

El reto sería él mismo impidiéndose poner fin a su vida hoy. Había fantaseado sobre ello tantas veces hasta ahora, tendido en la cama por la noche imaginando el flujo cálido, rojo de su sangre, el terror en sus ojos cuando se diera cuenta de que su tiempo había terminado. Follarla esa noche era un beneficio más para él. No se preocupaba mucho por el sexo pero sintió que violarla de esa manera sería aplastar su espíritu. Tallar su nombre en su rostro sería el verdadero placer. Haría falta todo lo que tenía para mantener las heridas lo suficientemente superficiales como para que no se desangrara.

Cuando empezó esta cosa, la motivación había sido el de ser el asesino que Elena Katina no pudo atrapar, el que podría ser más astuto que ella tanto como de la policía. Todo esto se hubiera convertido en una obsesión con la mujer misma era inquietante pero Kirill había pasado tiempo tratando de reprimir su deseo de llevar las cosas cada vez más lejos.

Hoy era un día importante. Y no fracasaría.
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Miér Nov 05, 2014 10:31 pm

Capítulo Veintiocho


Yulia nunca se había sentido tan agotada. Después de casi dos semanas de casi constante vigilancia de todos los movimientos de Lena, ella se mantenía con sólo algunas horas de sueño y cuestionaba su cordura. Técnicamente lo que estaba haciendo la hacia sentirse al acecho, aunque sus motivos eran más puros que simplemente querer estar cerca de ella a pesar de ya no ser bienvenida en su vida. Sin embargo, había interrumpido por completo su programa, dejando los proyectos de trabajo a medias y acaparando siestas sólo cuando era absolutamente cierto que la pelirroja estaba a salvo, todo para que pudiera permanecer oculta a plena vista en la periferia de su vida: ya sea fuera de su apartamento, en la morgue, donde quiera que ella estuviera. Como no quería que sintiera su presencia, Yulia había conseguido un lugar para mantenerse lo suficientemente lejos como para no provocar la conciencia de Elena durante su estancia dentro de los límites que sería capaz de detectar un peligro inminente. Lo que no significaba que no confiara en el equipo protector de Katya para realizar su trabajo. La morena sólo estaba en una posición única para observar sin ser vista y, si fuera necesario, para atacar con una fuerza increíble. Si fuera posible que el acosador burlara a la policía, tenía que estar allí como la última línea de defensa. No sería capaz de vivir consigo misma si algo le sucediera a Lena y pudiera haberlo detenido.

Esta noche, acurrucada como un gran Rottweiler en la alfombra de bienvenida delante de la puerta del apartamento de la pelirroja, luchaba por mantener los ojos abiertos. Quedarse dormida sería desastroso. Despertaría casi seguramente desnuda y humana, y si Lena aparecía como que no iba a ser capaz de explicarlo salvo diciendo la verdad. Estaba trabajando el valor suficiente para hacer precisamente eso. La echaba de menos. Si la verdad pudiera ayudar a suavizar las cosas entre ellas, tal vez valía la pena correr ese riesgo. Teniendo este secreto no traería de vuelta a la pelirroja. Tras su tiempo miserable separadas, eso era todo lo que le realmente le importaba, incluso más que protegerse a sí misma de ser descubierta.

Yulia abrió la boca y bostezó, dejando escapar un gemido que fue más fuerte de lo que ella hubiera querido. Apoyó la cabeza en sus patas y se quedó inmóvil, parpadeando adormilada mientras escuchaba los sonidos suaves del edificio por la noche, el zumbido de un aire acondicionado, el suave el parpadeo de la luz al final del pasillo. Sólo había silencio desde el interior del apartamento de Lena, lo que no sorprendió a las dos de la mañana. Estaría profundamente dormida ya. Si era capaz de dormir. Todos los días vio, que la pelirroja parecía cada vez más cansada. Si estaba agotada o deprimida, no estaba segura.

Si Elena estaba pasando por la mitad del dolor que sentía ella por su separación, era probablemente un poco de ambas. Por mucho que odiaba verla sufrir, la pelinegra tomó su obvio tormento como un signo de esperanza. Claramente la confusión emocional de Lena no fue el resultado de tener un asesino en serie tras de sí, como si eso no fuera suficiente, sino que se debía a la pérdida de su conexión. Sólo podía esperar que si la pelirroja la echaba bastante de menos, tal vez no la rechazaría si supiera la verdad.

Exhalando, Yulia cerró los ojos por el espacio de dos respiraciones antes de forzarlos a abrirse de nuevo. Tenía que permanecer despierta. Se sentó y olfateó, sacudiendo la cabeza en un intento de ahuyentar la tentación de conciliar el sueño. A mitad del movimiento se congeló, animándose las orejas mientras recogía un chirrido inusual en algún lugar por encima de su cabeza. Después de tantas largas noches en el pasillo de Lena, sabía que ruidos esperar, y éste estaba definitivamente fuera de lugar.

Inhaló profundamente, sabiendo que su nariz se haría cargo del olor del problema si verdaderamente estaba en uno. En este momento era difícil confiar en sus instintos. Era muy posible que su mente privada de sueño la jugara malas pasadas.

Ya está. Levantó la nariz y olfateó rápidamente. Allí estaba, el aroma inconfundible del hombre que estaba acechando a Elena. Puso las orejas hacia arriba, rotando mientras se esforzaba por oír su aproximación. Las lámparas del techo iluminaban el pasillo por lo que seguramente lo vería venir, a menos que se las arreglara para entrar al apartamento de otra manera, a través de una ventana, tal vez, o el sistema de ventilación.

Su olor se hizo más fuerte. De pie cerca de la puerta, apretó la oreja a la madera y escuchó por cualquier señal de que era en el interior. Justo cuando empezó a entrar en pánico, oyó el sonido de suaves pisadas que se acercaban al final del pasillo. Era él. De alguna manera había logrado entrar en el edificio, al parecer sin despertar sospecha, y ahora ella era lo único que se interponía entre un psicópata y la mujer que amaba.

De repente despierta, Yulia le enseñó los dientes en un gruñido silencioso. Ella estaba preparada para esto, dispuesta a matar a este hombre si todo se reducía a eso, aunque honestamente esperaba no hacerlo. No era una asesina, incluso cuando la mayor parte de su instinto la conducía a ello. Esta noche su misión era proteger a la pelirroja y ayudar a la policía en la captura de este hombre para que pudiera ser castigado.

Dio la vuelta a la esquina tan sigilosamente que la morena no lo hubiera oído con los oídos humanos. Estaba tirando de un pasamontañas al entrar al pasillo, así que su cara estaba cubierta al tiempo que ella tuvo su primera buena mirada. La decepcionó que todavía no supiera qué aspecto tenía, avanzó un paso y lanzó el gruñido más amenazador que pudo reunir. La piel en la espalda se le erizó, una inconsciente reacción fisiológica a la amenaza que el hombre representaba.

El hombre se detuvo, claramente sorprendido al encontrar un perro de guardia en la puerta de la doctora. Yulia podía ver su mente trabajando, y por un momento ella se preguntó si él acabaría por darse la vuelta y marcharse. Desafortunadamente, tenía la sensación de que estaba demasiado decidido a no dejar que un perro agresivo lo detuviera tan fácilmente.

Moviéndose lentamente, el hombre se quitó la mochila de los hombros y la abrió. La idea de que podía tener un arma cruzó por la mente de la pelinegra y corrió hacia él, con la esperanza de atacar antes de que pudiera sacar un arma. Cuando él sacó un cuchillo en vez de la pistola que había estado esperando, ella patinó hasta detenerse. Cuanto más se acercara, mayor seria la probabilidad que él la rebanara con su cuchillo. A pesar de que sanaría rápidamente de la mayoría de las heridas, no era invencible. La precaución era importante.

-Así es, cachorro. Retrocede.

Volvió a gruñir. Bajo el olor agrio del miedo podía recoger el olor persistente de su emoción. Su adrenalina fluía, al igual que la suya. La saliva goteaba de su boca, una primitiva respuesta provocada por su impulso a hacerlo pedazos. Ella sabía que se veía intimidante y así se la jugó, rompiendo su mandíbula en él cuando se lanzó hacia adelante y luego se le enfrentó de nuevo.

-M.a.l.d.i.t.a sea. -El hombre hizo una mueca, tropezando hacia atrás. Estaba obviamente nervioso, sin duda recordando la última vez que había hundido sus dientes en él, la pelinegra no tuvo reparos en hacerlo de nuevo, y causando daños esta vez- En primer lugar un lobo, ahora esto.

Tirando de sus labios, ladró con fuerza. Eso despertaría a algunas personas. Tal vez hasta conseguiría que los policías vinieran. Claramente alarmado, el hombre se acercó a ella blandiendo su cuchillo. Desprevenida por la rapidez de su reacción, gritó cuando el borde de su cuchillo cortó en su espalda. La herida era superficial y se curaría antes que la noche acabara, pero ella se apartó unos pasos para alejarse. Luego volvió a ladrar. Le gritó idiota en su cabeza.

-Deminios. -Dejándola con una mirada asesina, el hombre echó a correr cuando escuchó una puerta abrirse detrás de ella.

La morena se volvió para ver a Lena sacar la cabeza hacia el pasillo, tentativa y confusa. Horrorizada de que la pelirroja no fuera a dejar la seguridad de su apartamento ni por un instante, gruñó y ladró otra vez, contenta cuando ella desapareció en el interior rápidamente.

Sabiendo que Lena seguramente alertaría a la policía de la perturbación en el pasillo, corrió en la dirección que el asesino había tomado, siguiendo su rastro fresco con facilidad.

Corrió escaleras arriba, hasta que llegó a una puerta que decía acceso a la azotea. La puerta estaba cerrada, así que cambió a su forma humana sólo el tiempo suficiente para girar la perilla, luego se transformó en un pájaro mientras se lanzaba fuera. Tan cansada como estaba, cada cambio tomó un esfuerzo enorme. Pero estaba decidida a no perder este momento. Aunque tuviera que ir a través de su repertorio entero de fauna para asegurarse de que pudiera seguirle a casa, lo haría.

Necesitaba saber dónde vivía este enfermo hijo de p.u.t.a.

Volando alto en el cielo, vio al asesino corriendo a lo largo de la azotea del edificio de al lado de Elena. Saltó de ese al edificio contiguo, abriéndose paso más allá de la manzana. La calle estaba bordeada de edificios que estaban tan juntos que casi se tocaba. Tenía sentido que él elegiría utilizar la atestada arquitectura a su favor. Los policías estaban vigilando el área en el nivel de la calle, y sólo en el bloque de Lena. No es de extrañar que fuera capaz de entrar en su edificio sin ser detectado.

Yulia lo siguió hasta la azotea del edificio de la esquina, donde escapó por la puerta de acceso al interior. En lugar de seguirle dentro donde podría quedar atrapada, se abalanzó a la calle, tomando nota de las dos puertas de las que podría surgir. Ella supuso que tomaría la puerta lateral, ya que no se podía ver desde la calle de Lena. Encaramada en un cable de alimentación del tranvía eléctrico contuvo la respiración mientras esperaba a que apareciera. Se le ocurrió que podría haber otra forma de salir del edificio que no era capaz de ver, pero cuando comenzó a preocuparse de que lo había perdido, la puerta se abrió y se tambaleó afuera.

El pasamontañas se había ido. Lo primero que sorprendió a la morena de su apariencia era su total falta de pelo. Su calva brillaba bajo la luz de la luna, por lo que le daba un aspecto siniestro de una manera que le heló la sangre. Estimaba que estaba en sus treinta y cinco años y supuso que la pérdida del pelo no era natural. La ligera barba delataba su cabeza rapada.

Batió sus alas y despegó del cable, bajando en picado lo suficientemente bajo como para estar cerca. No quería correr el riesgo de perderlo si de pronto bajado en una estación subterránea. Se ajustó la mochila, miró a su alrededor, luego se puso una gorra en la cabeza. Él Mantuvo sus pasos tranquilos y mesurados, como si simplemente estuviera tomando un paseo nocturno en vez de escapar de la escena de un intento de delito.

El asesino cruzó la calle en la esquina, desviándose a un pequeño parque de barrio. Esperaba que atravesara a la otra orilla, en cambio se detuvo en una estructura de juegos y se agachó. Impresionada, se dio cuenta de que estaba desatando un pequeño perro que movía la cola de emoción. Él tiró con fuerza de la correa, prácticamente arrastrando al pobre cachorro de nuevo a la acera.

Inteligente. Él había entrado en ese parque como un hombre que estaba fuera sospechosamente tarde, destacando enormemente, llevando una mochila. Y ahora estaba quedando como un dueño responsable que se había llevado a su perro a dar un respiro para ir al baño de madrugada. Incluso si la policía pasara ahora, no necesariamente decidirían que parecía fuera de lugar. Lo único fuera de lo común en él era la ira que ella prácticamente podía sentir que emanaba de su gran cuerpo.

Desafortunadamente su perro se llevó la peor parte de esa rabia. De vez en cuando el hombre tiraba duro de la correa, aparentemente por ninguna otra razón que hacer gemir al perro de malestar. Ella mantuvo su vigilancia silenciosa, preocupada un poco por el perro callejero. El hombre estaba obviamente furioso de que sus planes hubieran sido frustrados, por un perro de compañía, nada menos.

La mente de la pelinegra se aceleró cuando giró en una calle residencial. Ella supuso que había estacionado en algún lugar cercano y se preocupó por su capacidad para seguirlo una vez se metiera en un vehículo. A esta hora de la noche, el tráfico sería ligero, y si se decidía apresurarse, podría tener problemas para continuar.

Inmediatamente se le ocurrió una idea, tan loca que sabía que tenía mérito. Si funcionaba, iba a resolver dos problemas a la vez: descubrir donde vivía el asesino y rescatar al perrito desafortunado del hombre de lo que se imaginó sería un horrible destino una vez que llegaran allí. Sin cuestionar a posteriori sus instintos, bajó a la acera justo detrás del hombre y, al ver que no reaccionaba a su presencia, cambió al más grande, más fiero perro que podía imaginar.

Envió una disculpa silenciosa al pequeño cachorro que estaba a punto de aterrorizar, salió corriendo tras el hombre y su perro con un gruñido bajo. De inmediato, el pequeño perro se puso a la defensiva, ladrando estrepitosamente cuando se acercó. El hombre la miró con los ojos muy abiertos, ya que él no entendía o no creía lo que estaba viendo. Preparada para arrancar la correa de la mano con los dientes, se emocionó cuando él simplemente la dejó caer y el perrito arrancó a correr por la calle. Se dio a la persecución, sintiéndose culpable y al mismo tiempo llena de alegría por haber podido ceder a su impulso natural a seguirlo.

Tan pronto como ella y el perro corrieron alrededor de una esquina fuera de la vista del hombre, se obligó a detenerse. Respirando pesadamente, comprobó para asegurarse que la calle seguía desierta, y luego se metió en un callejón estrecho para cambiar a otra nueva forma, la del perrito del hombre. Ella salió trotando rápidamente, temiendo que el hombre fuera a llegar a su coche antes de que pudiera hacer su camino de regreso hacia él.

Sus patas eran más cortas ahora por lo que tuvo que correr a toda velocidad para atraparlo, pero por suerte fue capaz de acortar la distancia entre ella y el asesino sin un problema. Totalmente agotada rodeó en frente del hombre, lloriqueó para ser recogida. No llevaba correa y esperaba que el hombre aceptara la idea de que había escapado de su cuello durante el altercado con el perro más grande.

El hombre la miró, claramente sorprendido de que su perro hubiera vuelto. Echó un vistazo por encima del hombro, sin duda, comprobando para ver si el perro grande se encontraba todavía en su persecución. La acera estaba vacía. La morena se quejó de nuevo y bailó alrededor, esperando que no acabara por decidir abandonarla aquí.

-Estúpido cachorro -murmuró, inclinándose para agarrar más o menos la piel del cuello y levantarla en sus brazos- Pensé que ahora serías la cena.

Yulia apartó el deseo de vomitar ante la sensación de estar llevada bajo el brazo, rodeada por su olor penetrante. Se quedó muy quieta y no se meneó, temerosa de que su paciencia estaba demasiado desgastada para permitirle soportar una mascota difícil. Ella lo necesitaba para llevar a su casa, por lo menos. Una vez que estuviera allí encontraría la manera de escaparse, asegurándose de que ella pudiera volver sobre sus pasos y llevar a Lena y a la policía a su puerta.

Él llevaba dos manzanas más antes de caminar hacia la puerta del lado del conductor de un anodino Toyota, utilizando un mando para abrir el coche, y luego prácticamente sacudiéndola en el asiento de pasajeros. Tiró su mochila encima de ella, desabrochando el bolsillo más grande para colocar su gorra en el interior. Luego arrancó el automóvil con una m.a.l.d.i.c.i.ó.n silenciosa.

-Debería estar violándola ahora mismo. -Echó el vehículo a la circulación con un tirón furioso de la muñeca.- Yo debería estar torturando a esa perra, pero en su lugar un estúpido perro arruinó todo -A medida que se alejaba de la acera, él cubrió al cachorro con una mirada asesina- Estúpidos perros.

Ella evitó su mirada y se quedó muy quieta, fingiendo ser una estatua. Tenía la sensación de que un movimiento en falso podría provocar la violencia, y sus opciones para evadir daños eran limitados dentro de un automóvil cerrado. Con la esperanza que se daría por satisfecho con despotricar, por lo menos hasta que llegaran a casa, la pelinegra lo miraba por el rabillo del ojo mientras él apretaba los dientes.

Pescando con la cabeza para poder mirar en su mochila, vio su cuchillo y un paquete de aluminio que le revolvió el estómago. De sus palabras y los objetos que llevaba, tenía una buena idea de lo que había previsto hacer esta noche en el apartamento de Lena. Sus músculos se debilitaron y se dejó caer contra el respaldo del asiento, presa de la intensa gratitud de haber sido capaz de detenerlo.

El hombre pasó el resto del viaje en silencio. Yulia miraba por la ventana, prestando atención a su recorrido por la ciudad. Él parecía dirigirse al sur, y al llegar a la 101, se dio cuenta de que los estaba conduciendo fuera de la ciudad. No era de extrañar que ella nunca hubiera sido capaz de rastrearlo con éxito en el pasado.

Golpeando su mano contra el volante, el hombre rugió.

"¡Demonios!"

En ese momento la morena comprendió cuán precaria era su situación. No había pensado realmente en absoluto antes de decidir disfrazarse como el perro del asesino para que pudiera ir a casa con él. Atrapada en el interior de un automóvil con un psicópata furioso, podría estar en verdadero peligro. Aunque rara vez temía por su seguridad personal, confiaba que sus habilidades físicas le permitirían escapar de un daño grave, una muy verdadera sensación de miedo subió sigilosamente por su espalda. Quería hacer dos cosas: antes de escapar, saber el nombre del asesino y memorizar su dirección. Cómo iba a convencer a Elena de que la información era buena era un problema para otro momento. Ella esperaba poder encontrar lo que fuera necesario, a continuación, escapar de una pieza.

A pocos kilómetros de la salida al aeropuerto regional, el hombre salió de la carretera y entró en el bien iluminado estacionamiento de un complejo de apartamentos de aspecto caro. Sin moverse, mentalmente se preparó para lo que iba a suceder. Esperaba que la llevara escaleras arriba a su casa, y luego dejarla en el suelo y dejarla explorar. De la cólera y la adrenalina que obviamente seguía surgiendo a través de sus venas, podría quitar algo de su deseo de hacer daño en ella. Tenía que estar preparada para reaccionar a lo que sucediera.

El hombre aparcó su automóvil entonces metió sus llaves en el bolsillo. Cerró la cremallera de su mochila, agarrándola mientras abría la puerta del conductor y se bajó. La pelinegra esperaba en el asiento del pasajero, sin saber si debía seguirlo. Hizo un gesto impaciente.

-Vamos, hijo de p.u.t.a. -Mientras se revolvía en el asiento del conductor y extendió la mano y tiró de ella hacia arriba por la piel del cuello, moviéndola con fuerza- Tengo planes para ti.

Le enseñó los dientes por instinto, sacudida por la malicia en su voz. Sabía que iba a tener que luchar por su vida y templar sus nervios. Pero ella no cambió, ni siquiera, intentó huir. Tenía que saber más para que tuviera algo sólido para Lena.

La sacudió de nuevo.

-No me gruñas así a mí. Yo soy más grande. Voy a ganar.

Con esfuerzo relajó su boca. Si ella lo empujaba a romperla el cuello aquí mismo, en el estacionamiento, todo lo que había hecho esta noche sería un desperdicio. Si se las arreglaba para matarla ella cambiaría de nuevo en forma humana, asumió, y con un inexplicable cadáver de una mujer desnuda en sus manos, quien sabía si el hombre se retiraría para ocultarse. Necesitaba eliminarlo para que él pudiera ser capturado, no enviarlo corriendo asustado.

Él la llevó bajo el brazo como si fuera un objeto inanimado, sin ningún tipo de sensibilidad. Al subir las escaleras hasta el tercer piso, él se movió en silencio. Para un hombre de su altura, ella lo pondría en poco más de metro ochenta, era increíblemente ligero sobre sus pies. Era evidente que el sigilo era una fuerza real para él.

Cuando llegaron a una puerta marcada como 12C, el hombre se detuvo y sacó las llaves de su mochila. Abrió la puerta y, literalmente, la tiró en la oscuridad de su apartamento. Un objeto duro se le clavó en la cadera y la envió a caer al suelo. Gimiendo de dolor, se obligó a ponerse de pie y corretear detrás del sofá. Ella quería estar fuera de la vista antes de que él encendiera las luces. Tal vez eso también la pondría fuera de su mente.

La lámpara del techo llegó a la vida, iluminando el apartamento. Desde detrás del sofá, no podía ver mucho, salvo una desgastada alfombra marrón y un par de enormes bolas de polvo. Ella se agachó y escuchó, esperando que simplemente decidiera irse a la cama. En el mejor de los casos, él le daría un poco de tiempo a solas para reunir información para que pudiera escabullirse y regresar a casa con Lena. Si era capaz de descubrir su nombre y dirección, todo habría terminado. Elena estaría a salvo.

Yulia no se movió cuando él pisó fuertemente fuera de la habitación. El sonido de su mochila golpeando el suelo la sobresaltó, y luego una puerta se cerró de golpe. Un momento más tarde oyó el agua correr. Eso quería decir probablemente que estaba en el baño. Esta podría ser su oportunidad de buscar pruebas.

Asomando la cabeza por detrás del sofá, dio una tentativa para alejarse con seguridad. Recorrió la habitación frenéticamente mientras buscaba alguna pista sobre lo que debía hacer a continuación. Se había llevado a cabo esta misión sin pensar muy poco sobre la mejor manera de conseguir lo que necesitaba.

Un ruido de explosión vino de una habitación distante, seguido por un enojado maldecir. El ruido sordo, borroso tranquilizó a Yulia asegurándola que se había encerrado en otra habitación. Vio la esquina de una revista colgando sobre el borde de una mesa de café y corrió otra vez, dispuesta a explorar. Podría haber una etiqueta con la dirección en la revista. Si no, tal vez ella tenga suerte y encuentre una pila de correo.

Demasiado baja para ver lo que había en la superficie, ella saltó y apoyó las patas en el borde de la mesa. La revista había sido descartada la cubierta hacia abajo, ocultando cualquier prueba posible de una suscripción. Consciente de que tenía muy poco tiempo para actuar, sopesó sus opciones. Era mucho más difícil de llevar a cabo esta búsqueda como una mezcla de terrier pequeño. Ella no tenía la altura, pero, lo más importante, no tenía manos. Claramente tendría que mover las cosas y realmente cavar a través de las pertenencias del tipo, y rápido si quería conseguir algo útil antes de que regresara a la sala principal.

Tomando una respiración profunda, pasó rápidamente de nuevo en forma humana. Incluso sin sentidos afilados caninos, ella debería ser capaz de escuchar cuando saliera del cuarto de baño. Tan pronto como la puerta se abriera, simplemente tendría que cambiar. Si fuera necesario volvería a intentarlo más tarde, después de que él se hubiera ido a la cama. Ser descubierta en su apartamento, desnuda, nada menos, no era una opción. Ella no tenía ninguna duda de que él sabía quién era, ya que obviamente había estado vigilando a Lena. Incluso si escapara ilesa, su presencia seguramente le alertaría sobre el peligro y él echaría a correr.

Demasiado consciente de que esta oportunidad estaba pasando apresuradamente, rápidamente volcó la revista. Ninguna etiqueta. Probablemente comprada de una librería. No debería estar sorprendida, se trataba de un hombre con un gran interés en permanecer fuera de la red. Pero eso no significaba que no habría algún otro pedazo de prueba escondida en su apartamento. Difícilmente parecía posible que cualquier persona podía divorciarse completamente de la sociedad moderna, hasta el punto de no recibir al menos una factura de servicios públicos, o algo así.

Corriendo alrededor de su apartamento, hojeaba velozmente diversos documentos apilados aquí y allá. Por alguna razón, había esperado que él mantuviera una casa más ordenada también demasiadas películas de asesinos en serie que ofrecen los psicópatas meticulosos, suponía, pero en realidad él tenía una increíble variedad de libros, revistas y papeles sueltos apilados precariamente en casi cada superficie plana. Incluso había una copia del libro que Elena había escrito, Escuchar a los muertos. Ya que estaba manoseado y gastado, tenía obviamente que haberlo leído una y otra vez. Tomó una tremenda fuerza de voluntad no recogerlo y destruirlo, aunque sólo fuera porque sabía que alimentaba su obsesión. Pero seguramente lo echaría de menos, y ella no quería alertarlo.

Al ver una pequeña ventana sobre el fregadero de la cocina, se tomó un descanso en su búsqueda y corrió a abrirla unos centímetros. Es mejor asegurarse que tendría una clara ruta de escape antes de dejar este importante detalle al azar.

Finalmente encontró exactamente lo que buscaba, una factura de electricidad que había abierto y dejado de lado en el mostrador de la cocina. Lo cogió con manos temblorosas, gimiendo cuando vio que había vuelto a incluir la factura en el sobre de manera incorrecta haciendo imposible ver la dirección a través de la ventana de plástico. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo tranquilo que el apartamento estaba de repente. El sonido del agua se había detenido.

Sacudiendo la cabeza, buscó el pasillo por donde asumió que el hombre había desaparecido. Vacío. Seguramente habría oído la puerta del baño abrirse si hubiera salido. Que no quería decir que ella podría tener un poco más de tiempo. Los nervios se dispararon, forcejeó con el sobre, rasgando la hoja doblada de papel del interior y torpemente lo manipuló hasta que pudo leer el texto.

Se abrió una puerta en algún lugar más allá del pasillo vacío. Pesados pasos se acercaban. Yulia buscó números y letras que parecían extrañamente como un galimatías, desesperada por encontrar la información que necesitaba antes de que se viera obligada a cambiar de forma humana. Sin aliento, lo vio justo cuando alcanzó a ver la sombra del hombre en movimiento a través del umbral de la habitación que estaba a punto de salir.

Kirill Savransky. 106 Ultisa Oparinskaya. Apartamento 12C, de Byokovo. La morena se lo repetía a sí misma mientras se transformaba en el pobre perro. Kirill Savransky. 106 Ultisa Oparinskaya. Apartamento 12C. Byokovo. ¿Quién sabía si era su verdadero nombre o un alias? Ella no estaba segura de que importara. Tenía un lugar para llevar a la policía. Pronto Lena no iba a tener que vivir con miedo.

-Perro -La voz del hombre cortó el silencio del apartamento, enviando a su ya acelerado latido del corazón casi pararse. Habló con un ligero tono monótono, pero ella leyó fácilmente la maldad dentro de esa sola palabra- Sal, sal de ahí. Tengo algo para ti.

La pelinegra maldijo su impulsiva decisión de cambiar de nuevo a su perro. Convertirse en un insecto podría haber sido mejor. A pesar de que la forma era difícil de controlar, funcionó bien para permanecer oculta. Consciente de que su oportunidad de huir se le escapaba, convocó mentalmente la imagen de una mosca doméstica y envió el cuerpo una orden silenciosa para imitar su forma. Por lo general, la transformación ocurría automáticamente. Todo lo que tenía que hacer era pensar en él para que así fuera.

Usualmente, pero no en esta ocasión.

Horrorizada, cuando su cuerpo se negaba a obedecer a su mente, ella se deslizó hacia atrás a través de los azulejos de la cocina. Aún atrapada en el cuerpo de un perro pequeño, poco podía hacer para protegerse. Ella podía morder, seguro, pero probablemente no lo suficientemente fuerte para disuadirlo de hacerla daño. Ciertamente, no lo suficiente para detenerlo. Su única opción real para escapar era cambiar. Ya sea porque estaba agotada o el universo había decidido volverse contra sí, parecía haber quedado sin fuerza.

Cerró los ojos y volvió a intentarlo. Cuando cambiaba, su cuerpo podía sentir un hormigueo, como si alguien le pasara una corriente a través de sus huesos, a veces su estómago le tironeaba de una manera que no era del todo desagradable. Había descubierto cómo hacerlo por accidente cuando tenía ocho años de edad. Viendo al perro de la familia lanzarse en torno a su granja persiguiendo mariposas pareciendo la criatura más feliz en la tierra, ella sólo tuvo que desear esa felicidad para transformarse en un perro. Encantada, había pasado casi una hora jugando con Daisy el border collie de una forma totalmente nueva. Desde ese día supo cambiar, si quería como si no. Nunca le había fallado antes.

Hasta ahora. No importaba lo mucho que quería ser una mosca, sus patas peludas se mantuvieron obstinadamente plantadas en el suelo de la fría cocina.

Es irónico que la capacidad que siempre había anhelado perder desapareciera cuando más lo necesitaba. Tal vez la primera vez que ella lo había realmente necesitado. Corrió bajo la mesa de la cocina, consiguiendo para sí tal vez sólo unos segundos más. Cerró los ojos con fuerza. Mosca. Una mosca. Tenía que ser una mosca.

-Ahí estás -Atrapó una de sus patas traseras, barriendo hacia adelante a través del suelo de la cocina. La pelinergra aprovechó el impulso para propulsarse por el pasillo a una habitación oscura. Se arrastró por debajo de la cama, el corazón desbocado contra la alfombra maloliente. Temblando, escuchaba bramar a Kirill Savransky dirigiéndose hacia el dormitorio- Vamos a ver cómo de rápido corres cuando te fije a la puerta con este cuchillo.

No era así como se suponía que debía suceder. Yulia se trasladó al centro de la cama y se acurrucó en un ovillo, con la esperanza de que no sería capaz de alcanzarla y agarrarla. Ser atrapada pondría la seguridad de Lena en peligro. Y la idea de no volver a verla de nuevo era muy dolorosa de soportar. Finalmente tenía algo por qué vivir, justo cuando estaba más cercana a la muerte.

Con ese pensamiento en mente, se centró en la imagen de lo que ella quería ser. Una mosca doméstica: ojos rojos, piezas bucales de esponja, alas translúcidas. Diminuta. Capaz de evitar la pesadilla en la que estaba actualmente.

Una sacudida emocionante de electricidad derribó hasta la punta de sus patas y su percepción del mundo cambió. La alfombra se acercó corriendo a su encuentro, la parte inferior del colchón de repente estaba muy por encima de su cabeza. Una forma oscura apareció a su izquierda, y una mano terriblemente grande llegó a ella.

La morena despegó, volando de debajo de la cama al lado opuesto de donde Kirill Savransky se agachó, buscando a su perro. Voló hasta el techo, animada por salvarse por los pelos. Debajo suyo, Kirill gruñó de frustración, golpeando su cabeza contra el marco de la cama con una blasfemia enojado. Buscó la lámpara de la mesilla de noche en un esfuerzo para encenderla. Con la habitación poco iluminada, se dejó caer de nuevo al suelo y buscó debajo de la cama.

-¿Dónde estás, pequeño idiota?

Eso fue suficiente para Yulia. No quería permanecer en el interior de su apartamento ni un minuto más de lo imperioso. Tenía lo que necesitaba. Kirill Savransky. 106 Ultisa Oprinskaya. Apartamento 12C, de Byokovo.

Cuando salió volando por la ventana de la cocina, oyó un fuerte ruido en el dormitorio. No podía estar segura, pero apostaría que él estaba destrozando el lugar en busca de ese pobre perrito. Satisfecha con saber que había salvado una vida esta noche, usó su última gota de energía para cambiar a un pájaro y señaló hacia Moscu, lista para salvar a otra.

Capítulo Veintinueve


Todavía en pijama a las diez de la mañana, Lena se estiró en el sofá con un tazón grande de cereal y una cuchara de gran tamaño de, lista para un largo y patético sábado en casa. Salir apenas valía el esfuerzo. No quería hacer nada fuera de sus propias cuatro paredes lo suficiente como para justificar arrastrar a los mejores de Moscu a lo largo de la ciudad. Además, en su apartamento no tenía que preocuparse por vigilar su espalda. Afuera, en las calles de la ciudad, todo parecía siniestro en estos días.

Recogiendo el mando a distancia, hizo clic en el televisor justo cuando su teléfono celular sonó su camino hacia el borde de la mesa de café. Suspiró, silenció el sonido de la película en blanco y negro que salía en pantalla. Cuándo miró a la pantalla del teléfono celular y vio parpadear el número de Yulia, su estómago se retorció. Dos semanas habían pasado desde su discusión y esta fue la primera vez que había llamado. Su única comunicación con la pelinegra había sido el mensaje de texto enviado a la mañana siguiente, diciendo que la amaba y que le hubiera gustado tener el coraje de explicarse. Lena lo había tomado como un adiós. No había esperado oír de la morena otra vez, ella se debatía sobre lo que debía hacer.

Una parte suya quería ignorar la llamada. Si su relación no había sido lo suficientemente importante para Yulia como para luchar hace dos semanas, no sabia lo que ella podría decir para arreglar las cosas ahora. Pero la mayor parte de sí, la parte que desesperadamente perdió lo que sentía cuando estaban juntas, quería darle la oportunidad de probarlo.

Tragando el nudo en la garganta, Elena contestó el teléfono.

-Hola.
-Lena -Ante el sonido de la voz de Yulia, tan llena de emoción, el bulto se hizo más grande, estuvo a punto de ahogarse- Gracias por tomar mi llamada.
-¿Qué quieres?
-Necesito hablar contigo.
-Está bien -puso abajo su plato de cereal, ya no tenía hambre- Hablemos.
-No por teléfono. ¿Puedo ir?

La pelirroja cerró los ojos. Deseaba que ella hiciera precisamente eso más que nada. Pero no ésta Yulia, ella anhelaba la Yulia en la que podía confiar, la que de alguna manera podía hacer que todos sus problemas se desvanecieran. Quién redujo el mundo de las dos, tan conectados en la seguridad de su pequeña burbuja que nada más parecía importar. No tenía la energía para hacer frente a Yulia la mentirosa, la cobarde que se negó a asumir la responsabilidad de sus acciones.

Lena negó con la cabeza.

-No puedo hacer esto, Yulia. Yo realmente no puedo. Hay demasiada locura en mi vida en este momento para hacer frente a lo que sucedió entre nosotras. Tal vez más tarde. Pero no en este momento.

Un silencio largo e incómodo se extendió antes de que la morena hablara.

-Me lo merezco, lo sé. Pero tengo que decirte algo importante sobre el hombre que te está acosando.
-¿Qué?
-Déjame ir y te lo voy a explicar… todo. Te lo prometo.

Sorprendida, trató de imaginar qué información posiblemente podría tener. Incluso sabiendo que ella había llamado a la policía por el cuerpo de la primera víctima, nunca antes realmente había creído que sabía más de lo que aparentaba. Parecía imposible que pudiera retenerla de nuevo, sabiendo su seguridad estaba en juego.

Era evidente que nunca había conocido a la pelinegra en absoluto.

Cautelosa, Elena respondio.

-Si tienes información sobre el caso, puedo establecer una entrevista para ti con la detective Bodarenko. Puedes decir cualquier cosa a Kat que crees que debería saber.
-No, no puedo -dijo con la voz impregnada de urgencia- Esto es algo que tengo que decirte. Entonces me puedes ayudar a decidir cómo, y qué, decir a Katya.
-¿Y me hablaras con Kat presente en la sala?
-Parte de lo que tengo que decirte, Katya no puede saberlo -consciente de lo mucho que le estaba pidiendo, suspiró profundamente. Cuando ella volvió a hablar, su voz sonaba al borde de las lágrimas- Por favor, confía en mí, Lena. Sabes que no te haría daño. ¿Cierto?

Lo curioso era que la pelirroja confió en ella, aunque no quería hacerlo.

-Está bien. ¿Por qué no nos reunimos en algún lugar para tomar un café?
-Prefiero tener un poco de intimidad. Puede ser en tu casa o la mía.

Exhalando, Elena contesto.

-Yulia no estas haciendo esto fácil.
-Lo sé. Pero algo de lo que tengo que decirte realmente necesita mantenerse entre tú y yo. Es que... hay algo que no he dicho a nadie, sobre mí. Algo que necesitas saber. Espero... espero que te ayude a entender.

Lena no podía ignorar la seriedad en la voz de la pelinegra. Sonaba decidida y apasionada, desmoronando su determinación de mantener la distancia. Se dijo que no quería decir que era una tonta. Esta fue una mujer de la que se había enamorado, con fuerza, inusualmente rápido. Había sido algo real entre ellas. Tal vez todavía lo estaba.

-Yo estaba pensando en pasar hoy el día en el sofá -comento- viendo películas antiguas. Ven cuando quieras.
-Genial. Gracias. -Bajo el alivio de la morena, Elena sintió una corriente subterránea de miedo- Voy a terminar pronto.
-Voy a tener que decirle a Kat y a los demás que vas a venir -dijo, antes colgar- Así te dejaran pasar.
-Está bien.
-No voy a dejar que Kat sepa que tienes nueva información. Tú y yo podemos hablar primero. Entonces vamos a decidir qué decirle.
-Eso es todo lo que pido -exhaló con voz temblorosa- Gracias, Lena.

La pelirroja esperó que no acabara de estar de acuerdo con algo que lamentaría. Debía hacer cualquier cosa para obtener más información acerca de su acosador, pero no estaba exactamente dispuesta a dejar que su corazón fuera pisoteado de nuevo. Cualquiera, lo que fuera, lo que Yulia necesitaba decirle, esperaba que valiera la pena el riesgo.

-De nada. Nos vemos más tarde.

Desconectando su llamada, respiró hondo antes de detenerse en el número de Katya y hacer clic en el botón Enviar. La detective respondió en el segundo toque.

-¿Todo bien?
-Todo está bien -contesto- Quería hacerte saber que voy a tener una visita.
-Está bien. ¿Quién?

Ella vaciló.

-Yulia.

No tuvo que ver la cara de la detective para saber que fruncía el ceño.

-Oh, de verdad.
-Ella quiere hablar -se mordió el labio, se comprometió a mantener su promesa de no decirle todo a Katya Todavía no.- No me juzgues.
-Yo no lo hago.

Sabía que era una mentira. Si la detective supiera la verdadera razón para la visita de Yulia, no le gustaba que la detective pensara que ella era una tonta.

-Lo haces. Y te pido que no lo hagas.
-Está bien -respondió con voz tensa- Me preocupo por ti. No necesitas estas chorradas ahora mismo.
-Voy a estar bien. Sólo quería asegurarme de que supieras que estoy esperándola.
-Por supuesto. Si necesitas algo, sabes cómo llamarme.

Lena soltó una carcajada sin humor.

-Vamos, Kat. Hablar con Yulia es difícilmente material para el botón de pánico.
-Nunca se sabe.

Haciendo rodar sus ojos, la pelirroja contesto.

-Te veré más tarde, Kat. Disfruta de tu Sábado.
-Tú también.

Elena colgó la llamada, lanzando su teléfono a un lado. Miró a su cereal, pero su apetito había desaparecido. Iba a ver a Yulia de nuevo. Gimiendo, se dejó caer en el sofá y subió el sonido de la televisión, con la esperanza de ahogar sus pensamientos.

Ella no sabía lo que quería que sucediera. En realidad, era una mentira. Aunque la parte estrictamente racional de su cerebro se rebelaba ante la niña, con ideas de cuento de hadas, la pelirroja quería algún tipo de felices para siempre, no importaba lo improbable que pareciera.



*****************************



Menos de una hora después de que terminara su llamado con Yulia, oyó un golpe en su puerta. No tenía que observar por la mirilla para saber quién era. Podía sentir la presencia de la morena en su vientre, un ondeo de extraña electricidad que no había estado allí desde la noche que ella le mintió acerca de estar fuera de la ciudad, la última vez que estuvieron juntas. Elena había imaginado sentir la misma chispa de conexión en numerosas ocasiones desde su ruptura, pero había sido un patético anhelo. Esta era la cosa real.

Se acercó a la puerta con piernas de goma, armándose de valor para la visión de la cara de la pelinegra. Sabía que la iba a golpear con fuerza, verla de nuevo, y le preocupaba que fuera a perder la cabeza y saltara a la espera de sus brazos. En dos semanas no había habido tiempo suficiente para construir un muro alrededor de su corazón lo suficientemente fuerte como para mantenerla fuera. A pesar del dolor que le había causado, todavía la echaba de menos desesperadamente. Haría falta entregar todo cuanto tuvo a su rabia de su deseo de ser envuelta en el abrazo cálido de Yulia.

Accediendo a una imagen de la mujer rubia que había aparecido en su casa la noche en que supuestamente estaba saliendo de la ciudad, dio una honda respiración y observo por la mirilla, por si acaso. Incluso distorsionada por la lente del ojo de pez, la morena parecía impresionante. El corazón de Elena tronó mientras deshizo la cadena y abrió la puerta. Sus ojos de inmediato se encontraron con unos de color zafiro, cada trozo de su fuerza de voluntad se disolvió.

-Lena… -dio un paso hacia adelante y luego bruscamente se detuvo. Empuñó sus manos a los costados, claramente reteniéndose- Te ves hermosa.

Maldiciendo el temblor de sus dedos, Lena le susurró.

-Tú también -se hizo a un lado y le indicó a la morena que entrara- Adelante.

Cuando la pelinegra pasó a su lado en la sala de estar, Elena inhaló profundamente, saboreando su olor. La siguió al interior, trabajando duro para mantener una expresión neutral. A juzgar por la subida rápida y caída del pecho de la morena, esta vio el deseo en cada movimiento de Lena. Para su crédito, ella parecía no tomar esto como una invitación para iniciar el contacto físico.

La pelirroja casi deseaba que lo hiciera.

-Siéntate -Apresurándose a tomar asiento en el otro extremo del sofá, suspiró de alivio tan pronto como se quitó de sus pies. Cobarde y mareada en presencia de Yulia, se sentía como una ridícula colegiala, enferma de amor. Esto era lo que la metió en problemas en primer lugar hacer caso omiso de un sano sentido de la precaución. Ella ya sabía que esa mujer era una mentirosa. No podía olvidarlo sólo porque olíera muy bien.

La morena se sentó en el otro extremo del sofá, dandole a Lena una mirada nerviosa.

-Te he echado de menos.

Elena reprimió el impulso de confesar lo mucho que había echado de menos también.

-Dijiste que tenías información sobre el asesino del Parque Chistye Prudy.

Tragando saliva, respondio

-Sí. -se retorció las manos en el regazo, parecía tan ansiosa que el estómago de la pelirroja se enturbió por simpatía.- Tengo un montón que decirte, pero no sé por dónde empezar.
-¿Por qué no empiezas desde el principio?

La morena abrió la boca y sacudió la cabeza.

-Lo siento. Estoy... Estoy muy nerviosa.
-Está bien. -Tenerla tan cerca, y desearla tanto, estaba comenzando a llevarse su paciencia. Especialmente cuando parecía cada vez más que a lo mejor su participación en este caso era más profunda de lo que ella quería creer- ¿Por qué no me dices lo que sabes de este tipo? Podemos empezar por ahí.

Exhalando, Yulia metió la mano en su bolsillo y sacó una hoja plegada de papel. Se lo pasó a Lena, observando su rostro por una reacción cuando esta lo desplegó y leyó las letras elegantes en el interior. Kirill Savransky, 106 Ultisa Oparinskaya, Apartamento 12C, Byokovo. La pelirroja se quedó sin aliento cuando certificó la enormidad de lo que acababa de recibir. Lo último que habría esperado era un nombre y dirección.

Elena levantó la vista y se encontró con unos preocupados ojos color zafiro.

-¿Qué es esto?
-El nombre del hombre que está detrás de ti -su acento parecía más pronunciado de lo habitual, sus palabras salían frágiles y entrecortadas- La dirección es un edificio de apartamentos en Byokovo, cerca del aeropuerto regional.

El estómago de la pelirroja le dio un vuelco. El hombre en el teléfono había dicho que se llamaba Kir, y ahora la morena le estaba dando el nombre y la dirección de un Kirill. No siendo alguien que creyera en las coincidencias, aceptó de inmediato que le estaba diciendo la verdad. Asqueada por el pensamiento de que Yulia había sabido algo que podría haber dado lugar a la captura hace semanas de este hombre y que se había guardado la información que podría haber salvado vidas, la miró con enojo.

-Kat te entrevistó hace casi dos semanas. ¿Por qué no le diste a ella esta información entonces? -No pudo aplacar su ira, su voz levantó- Otra mujer murió, Yulia. Si hubieras confesado cuando nos dijiste que hiciste la llamada telefónica, ella todavía estaría viva.

La morena se estremeció.

-Yo no sabía quién era entonces.
-¿En serio? ¿Qué, así que esto es el resultado de un trabajo de detective de tu parte? ¿Fuiste capaz de resolver el caso que todo una división de homicidio de Moscu no ha sido capaz de resolver? -Consciente de que estaba perdiendo rápidamente el control de su temperamento, vociferó- ¡¿Ese es tu gran secreto, Yulia?! ¡¿Eres un superhéroe para combatir el crimen?!

Yulia no la miro a los ojos.

-Tal vez debería irme.
-No. -tocó el collar que llevaba alrededor de su cuello, el Botón de pánico de Kat- Si estás involucrada en este lío, vas a tener que rendir de cuentas. Lo siento, así son las cosas.

Finalmente la miró a la cara, con los ojos llameantes.

-¿Participar? ¿Crees que tengo algo que ver con tu ataque? ¿Con esos asesinatos?
-Yo no sé qué pensar -agitó el trozo de papel en el aire- ¿Si no estás involucrada, cómo demonios conseguiste esto?
-Yo lo seguí.
-¿Lo seguiste cuando? ¿Cómo?
-Ayer por la noche llegó a tu apartamento alrededor de las dos de la mañana. Un perro lo asustó de tu puerta -tragó convulsivamente- Los detectives no lo vieron porque él entró por la azotea del edificio, y luego escapó de la misma manera.

El aliento de Lena quedó atrapado. Había oído un perro ladrando en el pasillo a las dos de la mañana, la noche anterior, pero no había visto a nadie más. Cuando llamó a los detectives que montaban guardia en el vestíbulo, le aseguraron que nadie había entrado o salido del edificio. En la barrida posterior de los pasillos no había aparecido ninguna señal del perro, tampoco. No entendía cómo ella podía saber esto. Más importante, no podía entender cómo la pelinegra podría haber entrado en el edificio sin alertar a nadie de su presencia. O por qué lo hubiera hecho en primer lugar.

-Yo quería asegurarme de que estabas a salvo -continuo en voz baja- Cuando me di cuenta que tenía la oportunidad de seguirlo y tal vez descubrir dónde vivía, lo tuve que hacer.

Aunque algunos aspectos de la historia sonaban a verdad, la pelirroja no podía creer que Yulia había sido capaz no sólo de colarse a través de su equipo protector, sino también seguir a su acosador todo el camino a Byokovo sin ser atrapada. Parecía imposible.

Sacudiendo la cabeza, Lena contesto.

-Lo siento, esto simplemente no tiene ningún sentido. Digamos que te las arreglaste para entrar en mi edificio sin que ninguno de los policías en la calle o en el vestíbulo se diera cuenta. Y digamos que este tipo forzó la puerta de acceso de la azotea, que se supone que está cerrada desde el interior, a propósito, sin que nadie se diera cuenta. Incluso si yo creyera todo eso, no puedo imaginar cómo podrías haber logrado seguirlo, no sólo a través de la azotea, sino luego todo el camino a Byokovo ¿Sin que se enterara?

Describir la mirada en el rostro de Yulia como la de un ciervo cegado por los faros sería injusta para los ciervos. Elena nunca antes había visto tal pánico atroz en su mirada. La pelinegra se dobló por la cintura, meciéndose como si pudiera estar enferma, y exhaló con voz temblorosa. Entonces ella saltó a sus pies, tirando de su camisa sobre su cabeza y la arrojó al suelo.

Sobresaltada, Lena levantó las manos.

-Whoa. ¿Qué estás haciendo?

La morena se acercó a la ventana y corrió las cortinas, alcanzó entonces detrás de su espalda para desabrochar su sostén. Se volvió hacia la pelirroja, con la boca en una línea sombría.

-Tengo que mostrarte algo. Porque si sólo te lo digo, no me vas a creer.

Elena se cubrió los ojos, irritada por la reacción instantánea de su cuerpo a la vista de los pechos desnudos de la morena.

-¿Es realmente necesario quitarte la ropa?
-Bueno, sí. Más o menos -se aclaró la garganta.- Lena. Mírame.

Suspirando pesadamente, ella bajó la mano y tragó saliva a la vista de las curvas gloriosamente desnudas de esta mujer.

-Será mejor que no estés jugando conmigo, Yulia. Lo digo en serio.

La pelinegra la miró intensamente seria. Sosteniendo los brazos a los costados, volvió a respirar hondo, claramente reuniendo su coraje.

-Tuve la oportunidad de seguir los pasos de Kirill Savransky esa noche porque nunca me vio. Bueno, lo hizo, pero no se dio cuenta que era yo.
-No lo entiendo.
-Lo sé -respondió en voz baja- Tan sólo un momento. Sólo... prométeme una cosa.
-¿Qué?
-Por favor no te asustes. Te juro que te lo voy a explicar lo mejor que puedo, pero... -sacudió las manos- Pero no te preocupes.

Cansada de la dramaturgia, Lena apoyó la cabeza en su mano y fingió aburrimiento.

-Te prometo que no voy a flipar.

Y entonces sucedió lo imposible. Yulia simplemente desapareció como si su cuerpo parecía derretirse en una forma diferente. En un momento ella estaba allí, y al siguiente, no lo estaba. En su lugar había un perro marrón con ojos tristes y serios.

Elena se asustó. Gritando, saltó del sofá y revolviéndose hacia atrás, casi perdiendo el equilibrio en su prisa por poner alguna distancia entre ella y el perro que solía ser la pelinegra. Con el corazón retumbando, LLena sacudió la cabeza con incredulidad. Eso simplemente no pudo haber sucedido.

El perro se asustó, y luego suavemente hacia arriba creció y se transformó en la morena. El proceso de transformación fue tan extraño de presenciar que el grito de la pelirroja murió en su garganta mientras su mente científica lo asumía. ¿Cómo tenía el sistema esquelético Yulia para manejar ese tipo de cambio dramático? ¿Qué pasó con la masa corporal extra cuando se convirtió en el perro, que era mucho más pequeño que su forma humana? ¿Fue su habilidad el resultado de una anomalía genética o algún agente ambiental? ¿Qué diablos era ella?

Un pesado golpe sacudió la puerta del apartamento de sus goznes.

-¡Lena! -La voz de Katya retumbó, profunda y dominante, pero apretada de miedo- Abre la puerta o la abriré yo misma.

De pie desnuda en medio de su sala de estar, Yulia pareció aterrorizada. Miró su cuerpo, luego a Lena, como si imaginara exactamente lo que la detective pensaría de esta situación.

Arrancada de su estupor por el sentido de que la morena estaba a punto de desaparecer de nuevo, tal vez para siempre, Elena tomó sus pantalones y los arrojó a sus brazos.

-Estoy bien, Kat Sólo dame un momento -vociferó hacia la puerta. En voz baja, le hablo a la pelinegra- Vístete. Ve a mi habitación y quédate allí. Tenemos que hablar, pero antes voy a deshacerme de Kat.

El miedo cruzó el rostro de Yulia

-¿No le vas a decir?

El terror en las palabras pronunciadas en susurros le sacudió el corazón a la pelirroja. La morena claramente esperaba su odio, no su lealtad.

-No voy a decirle nada hasta que tú y yo tengamos la oportunidad de discutir esto. Ahora vete Yulia.
-Lena -golpeó la puerta- Si no abres esta puerta inmediatamente, voy a usar mi llave.

Aturdida por la persistencia de la detective, Elena hizo un gesto hacia sujetador desechado.

-Recoge tu ropa.

La pelinegra recogió su ropa y salió corriendo de la habitación sin decir nada, cerrando la puerta del dormitorio detrás de sí.

Lena corrió hacia la puerta del apartamento y la abrió, sorprendida de encontrar a Katya con la llave en la mano.

-Estoy segura que los vecinos apreciaron eso -dijo, poniendo una sonrisa tensa- ¿Qué pasa, Kat?
-Dímelo tú -respondió abriéndose paso camino al interior del apartamento. Su barrido visual de la sala de estar era cualquier cosa menos sutil. Se dirigió a la cocina y miró en el interior, cuando la pelirroja cerró la puerta detrás suyo- Yulia llega y cinco minutos más tarde estás gritando asesinato sangriento. ¿Dónde está esa perra?
-Espera un segundo, ¿estabas haciendo guardia afuera de mi puerta?
-¿Dónde está ella?

Esperó hasta que la detective se volvió a mirarla. Luego dobló sus los brazos sobre su pecho y trató de actuar casual pero molesta.

-Está en el baño. Grité porque una rata pasó corriendo por el suelo.
-¿Una rata? -le dio una mirada escéptica de arriba abajo- ¿Desde cuándo eres el tipo de chica que grita por ratas?
-Cuando está en mi apartamento, grito. Me sorprendió.

La detective estudió su rostro con cuidado. Luego se relajó, mientras su mirada se mantenía extraviada por encima del hombro de la pelirroja, hacia el dormitorio principal. Acercándose, bajó la voz a un susurro.

-Sólo dime. ¿Te hizo daño?
-No -puso las manos en las caderas- Yulia y yo tenemos cosas que resolver, sin duda, pero nunca me pondría una mano encima -Era evidente que tenía mucho que aprender acerca de ella, pero se sentía segura sobre eso- En serio, Kat. Estoy bien. Y tienes que irte.

Katya la estudió por unos momentos más, asintió con la cabeza y se acercó rígidamente a la puerta.

-Siento haberte molestado.
-Está bien -forzó una sonrisa ligera.- Tienes razón. Yo no soy realmente una gran gritona. Estoy segura de que sonaba bastante loca.

La detective no se unió a su risa.

-Sonaba terrible.

La verdadera preocupación en la voz de Katya la conmovió y suavizando su tono.

-Lo siento -le dio unas palmaditas en la espalda cuando ella salió por la puerta- Sin embargo, me agrada saber que puedes llegar a mí rápidamente en caso de que algo realmente ocurra.

Dándole una expresión de tristeza resignada, Katya contesto.

-Está bien. Utiliza tu collar si es necesario.
-Lo haré. Gracias. -cerró la puerta, y luego se volvió cayendo contra la madera fría. Se llevó una mano a la frente, sorprendida por este repentino giro de los acontecimientos. Sabiendo que la estaban esperando, con una reacción más allá de pura sorpresa ruidosa, caminó a la habitación con piernas temblorosas.

Yulia estaba sentada en el pie de su cama completamente vestida, con la cabeza en sus manos. Ella levantó la vista cuando Lena entró en la habitación, inmediatamente después, se puso de pie.

-Te debería haber preparado mejor. Lo siento tanto... No quise asustarte.

Elena la callo con una sacudida de su cabeza.

-Yulia, aunque me hubieras dicho: "Me voy a convertir en un perro ahora", aún habría gritado. Eso fue... increíble.
-Lo sé -La tristeza en su voz era palpable.
-¿Quieres hacerlo de nuevo?

Con los ojos muy abiertos, la pelinegra abrió y cerró la boca antes de susurrar.

-¿En serio?
-Tengo que ver eso otra vez -dio una sonrisa tímida.- En aras de la curiosidad científica.

Una lágrima rodó de los ojos color zafiro.

-¿Así que no estas disgustada?
-No -odiando el pánico que antes la había llevado a la incertidumbre y que ahora atormentaba tensando la imagen de la morena, dio un paso adelante y le tocó el brazo- Estoy sorprendida. Atónita. Intelectualmente desafiada. Pero no estoy disgustada. Yo veo cosas horribles todos los días, Yulia. La inhumanidad del hombre hacia el hombre. Lo que eres no es desagradable. Eres increíble.

El labio inferior de la pelinegra le tembló.

-¿Sí?
-Por supuesto -se sentó en la cama, centrándose en ella. Ahora que sabía qué esperar, quiso prestar más atención a exactamente a cómo cambiaba de forma- Ahora lo volverás a hacer.

Sonrojándose, Yulia se desnudó en silencio. A pesar del intento de la pelirroja en tranquilizarla, parecía tener problemas para hacer contacto visual.

-¿Me quieres ver de un perro de nuevo, o algo más?

Un escalofrío de excitación recorrió la longitud de la columna vertebral de Elena.

-¿Tu puedes... puedes cambiar en todo lo que quieres?
-Supongo que sí -se encogió de hombros con timidez- No he probado muchas cosas diferentes, pero he sido capaz de convertirme en lo que he querido hasta ahora.
-Cuando... cuando tú cambias, ¿conservas la conciencia y el instinto humano?

Incapaz de evitarlo, Elena barrió su mirada sobre la desnudez de la mujer que tenia frente a ella. Ahora que la anticipación había remplazado a la ira, era difícil no dejar a sus viejos sentimientos hacerse cargo. Todavía la amaba mucho.

La morena se estremeció.

-Sí.
-¿Qué tal un tigre?
-Está bien. -respondió, luego suavemente se transformó en un gran gato rayado de colores naranja y negro. El tigre, Yulia, se sentó en sus patas traseras, mirando a la pelirroja expectante.

Elena baló una carcajada sorprendida. Incluso la segunda vez, el pequeño truco de la pelinegra era asombroso.

-Ven aquí.

El tigre-Yulia se levantó y se estiró como un gato doméstico, luego caminó hacia ella. Temblando, Lena se acercó y dejó a su mano flotar en el aire sobre una espesa, peluda oreja. Cuando la oreja se torció, la pelirroja abrió la boca y se echó hacia atrás, temerosa del poder y la fuerza en el enorme cuerpo de la morena. Esta levantó la cabeza y la miró a los ojos, como pidiendo su confianza. Elena exhaló y luego hundió sus dedos en la gruesa piel que cubría el cráneo, cerrando los ojos cuando el gran felino apoyó la pesada cabeza sobre el muslo de la pelirroja.

-Gracias por enseñarme -susurró- Tenemos mucho que hablar, ¿no?

Yulia parecía ondular bajo la mano de Lena. La vista de la piel del tigre naranja convertirse en el cabello negro y sedoso entre sus dedos se llevó el aliento de la pelirroja. Ella miraba, absorta, como la transformación se completaba, dejando una mujer desnuda descansando su rostro sobre su muslo vestido. Elena luchó contra una oleada de deseo que se estrelló sobre ella en la comprension de que las cosas con la morena ciertamente no eran como parecían, y tal vez lo que pasó esa noche con la rubia fue igualmente complejo. Tal vez el secreto tenía algo que ver con su habilidad. Eso tendría sentido, por lo que ella no fue capaz de explicarse. Esto era un gran problema. No confiaría en nadie con un bombazo de esta magnitud.

Yulia levantó la cabeza y la miró. Todo su cuerpo temblaba.

-Tenemos más de que hablar de lo que siquiera te das cuenta.

Acariciandole la mejilla, la pelirroja le pregunto.

-¿Estás bien? Estás temblando.
-Simplemente no puedo creer que te lo dije -estaba, balanceándose ligeramente volviendo a reunir la ropa- Estoy en una especie de estado de shock.

Lena cogió el brazo de Yulia, deteniéndola de irse. La tiró bajándola sobre la cama, junto a ella, luego la tomó en un apretado abrazo. A pesar de que la suave presión de las curvas desnudas de la morena envió un escalofrío de excitación a través de su estructura, el abrazo no era sexual. Intuyó que ella necesitaba un toque de desahogo en estos momentos. Necesitaba saber que no la había asustado.

Yulia se aferró a sus hombros, respirando pesadamente.

-Eres tan sólo la tercera persona a quien se lo he dicho.
-¿Acaso las dos primeras veces no fueron bien?
-No, no lo hicieron -Acurrucándose profundamente en el círculo de los brazos de la pelirroja, se estremeció incluso con más fuerza- Le dije a mi novia cuando tenia dieciséis años. Estaba enamorada de ella. Quería huir conmigo hasta que le mostré lo que era. Entonces se aterrorizó y me dijo que me fuera. Es por eso que no pude decírtelo, Lena. Ya te amaba tanto y no podía soportar pasar por eso otra vez. No quería que me mirases como si fuera un monstruo.

Elena se echó hacia atrás para poder mirar seriamente a los ojos color zafiro, queriendo aliviar su vuelta a la calma. La emoción tumultuosa de la pelinegra se vertió sobre sí, dificultándole la respiración.

-Bueno, no me has ahuyentado. Todavía estoy aquí.

La morena asintió con la cabeza, luego se apartó, con el color aumentando en sus mejillas.

-Voy a ponerme la ropa, a menos que quieras quitarte la tuya -le dio un guiño juguetón- Sólo me siento rara al ser la única desnuda después de dos semanas de no hablar.
-Vístete -respondio en voz baja. Las palabras de la pelinegra la golpearon en la parte baja del vientre. El dulce placer de ser deseada era una sensación agradable después de dos semanas de depresión y ansiedad. Aun así, necesitaban hablar antes de que pudiera decidir dónde quedó su relación romántica.

Yulia hizo lo que le pidió, rápidamente, mirando de vez en cuando a la pelirroja, que estaba sentada en la cama observandola.

-No te puedes imaginar lo agradecida que estoy de que no acabaras huyendo a gritos. Pero no sabes todo todavía.
-¿Todo acerca de ti, o todo acerca de cómo te las arreglaste para seguir los pasos de Kirill Savransky? -le hizo un gesto para que se sentara a su lado. Ella quería mantener esta conversación en el dormitorio, donde tenían menos posibilidades de ser oídos si Katya había decidido quedarse.

-Acerca de mí.

Elena pasó el brazo alrededor de la cintura de la pelinegra cuando se sentó, queriendo permanecer conectada. No sólo para tranquilizarla sobre que ella tenía una mente abierta acerca de lo que estaba a punto de escuchar, sino también para calmarse a sí misma a pesar de que claramente no había empezado aún a descubrirla durante su mes de noviazgo, tenía una conexión real con esta mujer. La morena la hacía sentir cosas que no podía negar, y si era posible iniciar esta relación de nuevo, quería probar.

Sintiendo que Yulia estaba teniendo problemas para encontrar las palabras para empezar, le preguntó.

-El día en que fui atacada en el Parque Chistye Prudy, un lobo me salvó, aunque parecía una locura en ese momento. Sé que Kat pensó que estaba equivocada. Ese lobo eras tú, ¿no es así?

La pelinegra le dirigió una mirada de soslayo.

-Sí.
-Me salvaste la vida -susurró. Parpadeando en el recuerdo de Kirill Savransky sujetándola y amenazándola con un cuchillo, se estremeció de miedo sintiendo cada pedacito tan poderosamente como ocurrió ese día. La morena le apretó las manos, apartando las imágenes y trayéndola de vuelta al presente. Sin pensarlo, le dio un beso a Yulia suavemente en la boca- Gracias.

Cuando se retiró, la morena le tocó los labios.

-De nada.
-Soy increíblemente afortunada de que una hermosa superhéroe cambia-forma por casualidad estaba en la misma área del parque que yo, cuando la necesité -Las probabilidades de que la situación que acababa de ser descrita incluso siendo posible, y mucho menos que ocurriera en realidad, eran infinitesimales. Se echo a reír- Es una locura.
-Sí.

El temor enfermo que brotaba de Yulia no pasó desapercibido para ella. Era obvio que había algo más en la historia de que simplemente estaba en el lugar correcto en el momento adecuado. Le apretó la mano a la pelinegra tratando de serenarla.

-Dime lo que sucedió esa mañana. Todo.

La pelinegra miró a sus pies.

-En primer lugar tengo que decir más sobre mí... capacidad.
-Está bien. Dime.

Sin mirarla a los ojos, comenzó.

-La mañana que fuiste atacada, me desperté en el Parque Chistye Prudy. Así fue como me encontré con el cuerpo de la mujer. No estaba lejos de donde volví en sí, y podía oler la sangre en el aire, así que seguí su rastro -escudriñó el rostro de Lena, como si comprobara una reacción- Incluso en forma humana, tengo aumentado los sentidos. Rastrear funciona mejor con un sentido del olfato de perro, por supuesto, pero esa mañana el olor de la muerte fue suficientemente fuerte, y con facilidad pude recogerlo con mi nariz humana.
-¿Qué quieres decir cuando dices "volví en sí" en el parque? -sintió que este detalle era el centro de la gran revelación- ¿Cómo llegaste ahí?
-No sé si lo recuerdas, o siquiera lo sabías, pero fuiste atacada a la mañana siguiente de la luna llena -se lamió los labios nerviosamente- La noche que viniste a mi casa, cuando yo te dije que estaría fuera de la ciudad, también había luna llena.
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Miér Nov 05, 2014 10:34 pm

Recordando el extraño comportamiento de Yulia, la lujuria desenfrenada y los lapsos aparentemente dolorosos, sintió un pedazo del rompecabezas caer en su lugar.

-La luna llena te afecta. ¿Qué hace? -la expresión la pelinegra parecía de vergüenza nerviosa, la velocidad cardiaca de la pelirroja se aceleró. Estaba en un territorio desconocido, la morena posiblemente no podía decirle nada. Desesperadamente esperaba que fuera algo que pudiera manejar- No me digas que eres un hombre lobo.

El parpadeo de mortificación de Yulia no lo pudo ocultar, parecía confirmar su peor temor.

-Yo no sé si esa es la palabra adecuada para ello. Pero, sí, la luna me obliga a cambiar. No estoy del todo segura en qué, pero es grande y más fuerte de lo que puedes imaginar. Es probable que sea parecido al lobo, pero yo nunca he visto una foto y he intentado fervientemente permanecer oculta en esos momentos. Cuando me despierto por la mañana después de la luna llena, no me acuerdo de nada de lo que sucedió la noche anterior.
-¿Alguna vez has hecho algo... malo? -Tan difícil como trató de puntillas el tema, era casi imposible de sonar casual cuando preguntas a alguien si era peligroso.
-Sí, la primera vez que paso. Cuando tenía dieciséis años. Yo no me lo esperaba, pero un mes, la luna me atrapó. Me desperté afuera, cubierta en la sangre y en el tejido de las ovejas que teníamos en nuestra granja familiar. Al parecer, los había matado, al igual que lo haría un lobo, por lo que supongo que en lo que me convierto, es parecido al lobo -sus ojos se habían ido muy lejos, con el dolor grabado en su rostro mientras revivía un acontecimiento que claramente todavía tenía el poder de hacerla daño.

Elena pasó los dedos por sus cabellos, trayendola de vuelta, sentadas juntas en la cama.

-Entonces, ¿qué pasó?
-Mis padres fueron los que me despertaron. Mi padre estaba gritando, mi madre estaba llorando. Traté de explicarles, pero revelarles lo que yo podía hacer sólo lo hizo peor. Había estado manteniendo mi capacidad en secreto desde que averigüé que podía convertirme en el perro de la familia cuando tenía ocho años.

Una sonrisa desnuda fantasmal cruzó sus labios.

-Ni siquiera puedo imaginar lo que debes haber sentido al descubrir que puedes hacer algo que nadie más puede. Qué emocionante.
-Fue emocionante, en un principio, pero tenía miedo de decírselo a alguien. Yo estaba en un orfanato hasta que tuve cuatro años de edad y mis padres me adoptaron. Sabiendo que yo era diferente, tenía miedo de hacer cualquier cosa que pudiera hacerme enviar de vuelta. Así que fue mi pequeño secreto. Ni siquiera se lo dije a mi novia, habíamos estado cerca de un año cuando la primera luna llena me tuvo -cubriéndose la cara con la mano, ella emanaba dolor. Era como si una presa hubiera reventado, y Lena sospechaba que había descorchado sólo recuerdos que había reprimido durante años- Mis padres me repudiaron. Mi padre amenazó con llamar a la policía, en realidad, así que decidí huir. Pero yo no podía irme sin decirle a Carla adiós.
-Y fue entonces cuando ella te rechazó.
-No podía culparla -murmuró- Le hablé de las ovejas. Era la primera vez que había perdido el control y que no podía recordar nada. Tenía miedo de mi mente. Podía ver eso. ¿Quién podría culparla por no querer formar parte de un monstruo asesino?
-Bueno, yo puedo -esta nueva revelación fue un gran cambio, ciertamente, pero por alguna razón ella no sentía la obligación de cortar los lazos con Yulia. Incluso si fuera una especie de hombre lobo, tenía un buen corazón y un carácter amable. Cómo respondía con el ciclo lunar era poca culpa suya- La amabas, y tú estabas asustada y sola. Tendría que haber estado a tu lado cuando necesitabas a alguien. En lugar de eso te convenció de que nadie jamás podría amar a un monstruo como tú. ¿No es así?

Yulia se ruborizó.

-Te conocí y no podía tener una relación real si te estaba ocultando algo tan grande. Pero no sabía cómo decírtelo. Estaba convencida de que iba a salir mal. Por supuesto, mintiéndote no funcionó exactamente mejor, ¿verdad? -bajando la voz, continuo- Traté de no enamorarme de ti en absoluto, pero tenemos una conexión. Y no pude evitarlo.

Elena se animó ante la mención de su conexión, la cual siempre había sido tan palpable sin embargo inverosímil para una pragmática como ella. Si una explicación sobrenatural existía para la química instantánea y la cercanía que sentía con la morena, por no hablar de su vínculo emocional inconfundible, ella estaba feliz después de oír eso. De alguna manera demente, le permitía más fácilmente aceptarlo como real.

-Háblame de nuestra conexión -le pidió- Yo también lo siento, siempre. ¿Qué quiere decir?
-No lo sé -respondió con suavidad, acariciando la mejilla de la pelirroja con una mano vacilante- Yo nunca lo había sentido antes de aquella mañana en el parque. Eso es lo que me atrajo a ti, cómo te encontré cuando estabas siendo atacada. Ni siquiera estaba en el parque cuando sentí que clamaban ayuda, Lena. Corrí durante unos tres minutos para llegar a ti.

Incluso sentada, Elena sintió que sus piernas se debilitaban por la confesión. Si no fuera por su extraño vínculo, Yulia nunca podría haber sabido que estaba en problemas. Ella tuvo más suerte de lo que quería pensar.

-Dime más sobre el despertar en el parque. ¿Ocurre cada luna llena?
-No -Avergonzada, murmuró- Tres salidas nocturnas de cada mes, la luna llena me afecta. La noche antes y después de forzarme a cambiar, tengo un deseo sexual muy acentuado, ligera pérdida de autocontrol, y eso es todo. En la noche, cuando la luna esta más completa, tengo una cita permanente con una prostituta. No para tener relaciones sexuales -se apresuró a decir, como si le preocupara que la pelirroja lo hubiera tomado como una confesión de infidelidad- Le pido que me espose a una mesa de acero y me ate con cuerdas. Lo interpreta como si fuera algún tipo de juego sexual, pero en realidad, sólo necesito de alguien que me pueda frenar, me deje por la noche, y me libere la mañana siguiente. Los servicios de escolta son bastante conocidos por su discreción.

Así que eso era la mujer en la casa de Yulia. Eso para ella tenía que resultar imposible de explicar, había parecido tan culpable, tenía perfecto sentido. Elena asintió.

-Entiendo.
-La noche que me escapé yo tenía una cita con una chica nueva. La que yo había estado usando antes se había graduado de la universidad y no fue más escolta -Ahora que la verdad estaba al descubierto, se relajó visiblemente- Ella no quería atarme lo suficientemente apretado. Ese fue el mes del perigeo lunar el más grande del año. Yo sabía que iba a escapar antes de que saliera de mi casa. Pero ¿cómo podría explicarle por qué tenía que atarme con más fuerza, a pesar de que tenía miedo de hacerme daño?

Elena asintió.

-Cuando te despertaste a la mañana siguiente y te encontraste el cuerpo, ¿creías que la habías matado?
-Sí -contesto con sencillez- Yo no sabía qué hacer. He tenido más de mi parte de olvidar, desplazamientos incontrolados, sobre todo cuando era más joven, pero nunca he hecho daño a un ser humano -hizo una pausa- No que yo sepa, de todos modos.

Lena se tocó la frente. Esto era una sobrecarga de información. Trató de tener una idea de lo que acababa de aprender y lo que aún necesitaba que le explicara.

-Así que dime cómo encontraste a Kirill Savransky. Sé que estuviste cuidándome cuando llegó aquí anoche. Pero, ¿cómo lo hiciste para seguirlo hasta Byokovo?

Bajo la tenue sonrisa que Yulia le dio, ella podía ver tanto orgullo y descontento. Estaba al parecer a punto de escuchar un buen cuento.

Tomando un aliento, la morena comenzó.

-Después de que lo echara de tu puerta…

Un pensamiento se le ocurrió a Elena.

-Y me ladraste para que volviera dentro.

Yulia se río entre dientes.

-Sí, y eso, lo seguí por las escaleras hasta la puerta de acceso a la azota. Tuve que cambiar de nuevo en forma humana para salir a la calle, pero entonces me convertí en un pájaro. Eso hizo muy fácil seguirlo a través de las azoteas de los edificios hasta que llegó al final de la manzana. Después de conseguir llegar lejos se fue a este parque a pocas manzanas de distancia.
-Sé cual me quieres decir.
-Él tenía un pequeño perro atado allí. Lo desató y comenzó de nuevo a caminar a su automóvil. Supongo que usó al perro para tratar de parecer menos visible Allí en medio de la noche, porque no parecía cuidarlo mucho -su boca formó una línea sombría- Él estaba muy enojado de que sus planes habían sido arruinados, eso era obvio. Percibí que iba a desquitarse con el perro, y también comencé a temer que si se metía en un vehículo podría perderlo, dependiendo de la distancia que tenía que recorrer. Así que vi mi oportunidad y la tomé.

Lena contuvo la respiración, esperando saber qué pasó después.

-¿Qué has hecho?
-Me pasé a un perro grande y asusté al pobrecito cachorro. Dejó caer la correa y perseguí a su perro fuera de la vista. Entonces me convertí en su perro.

Tensándose, la pelirroja se dio cuenta de lo lejos que había ido la morena para protegerla. Para tomar esa clase de riesgo por una mujer que ni siquiera te habla mostró el verdadero carácter, y demostró que los sentimientos de Yulia para con ella eran muy verdaderos.

Atrapada entre el terror y la gratitud, Elena le susurró.

-Dejaste que él te llevará de vuelta a su casa.
-Fue la mejor manera de averiguar quién era y dónde vivía -jugaba con su pelo, buscando los ojos color jade- Hubiera matado a su perro si no hubiera cambiado de lugar con él. Yo lo sé.
-¿Cómo te escapaste?
-Fue arriesgado. -Desde el vacilar audible en su voz, la pelirroja supuso que arriesgado sólo arañaba la superficie de lo que en realidad había pasado- Me enteré de que mi capacidad tiene límites. Cuando vino después por mí, pensando que era su perro, me escondí debajo de la cama y traté de convertirme en una mosca para que pudiera escapar. Pero estaba agotada y había hecho ya siete diferentes cambios a lo largo de la noche, y al principio no pude. Sólo... no funcionó.
-¿Esta es la primera vez que has sido incapaz de cambiar cuando querías? -Ansiosa de más detalles, quería saberlo todo sobre su don. Le excitaba la mente científica más de lo que nunca habría anticipado- ¿Cómo puedes cambiar?
-Sólo pienso en algo y me convierto en ello -se encogió de hombros- Honestamente, hasta que te conocí esa misma mañana en el parque, rara vez pasó por elección. Es demasiado peligroso. De vez en cuando me gustaba hacer excursiones al campo para poder satisfacer mi necesidad de ir un poco salvaje, pero en su mayor parte estaba demasiado asustada de que alguien pudiera averiguar lo que era.
-Es una lástima.
-Supongo que sí. -exhalando en un apuro, se derrumbó de nuevo en el colchón. Se quedó mirando el techo mientras Lena se tendia a su lado- Yo creo que eso es todo. Ahora sólo tenemos que averiguar qué hacer con el nombre y la dirección.

Esa fue la verdadera cuestión, ¿no? Sin ninguna prueba o hecho para realizar un arresto, no podían tomar a Kirill Savransky en custodia. Lo mejor que Katya podía hacer era poner un equipo de vigilancia sobre él y ver sus movimientos. Si él se equivocaba, podrían hacerle preguntas. De otra manera tendrían que excavar en busca de alguna manera de vincular al hombre a sus víctimas o sus escenas del crimen. Tan meticuloso como había sido hasta ahora, no sería tan fácil.

Pero la cuestión más inmediata era cómo decirle a la detective que ahora tenía el nombre y la dirección de su acosador sin levantar sospechas de que Yulia estaba involucrada de alguna manera. Obviamente no podía decirle exactamente a Katya cómo la morena se las había arreglado para encontrar información específica. Dado que su ex-novia ya sospechaba que la pelinegra tenía motivos siniestros para estar involucrada con ella, no podría convencerla de que Yulia había proporcionado buena información sin saber más de lo que había alegado.

Elena suspiró.

-No tengo ni idea de qué decirle a Kat. Ella tendrá que conseguir una pareja de detectives para vigilar a Kirill Savransky, pero no va a ser fácil de explicar como sé quién es.
-Ella sabrá que te di su nombre.

En realidad no era una pregunta. Más bien era como una declaración, mezclada con derrota.

-Sí, lo hará, no es estúpida.
-Pero necesitan saber lo que sé. Es la única manera de mantenerte segura -sus párpados se cayeron y bostezó, levantando los brazos por encima de la cabeza- Honestamente, apenas puedo pensar en este momento. Estoy muy cansada.

Apartando un mechón de pelo de la frente de Yulia, susurró.

-¿Has estado vigilando mi casa todas las noches?
-Sí.

Se le ocurrió a Lena que tal vez la sensación de estar cerca de ella no había sido por su deprimida imaginación.

-Has estado vigilando casi todo el tiempo, ¿verdad? Te he sentido casi todos los días. Pensé que era porque te había perdido, pero eso no es cierto, ¿verdad? estabas aquí.

La morena le dirigió una inclinación de cabeza soñolienta.

-Lo siento. Yo no estaba tratando de espiarte. Yo Sólo... necesitaba saber que estabas bien.

Lena negó con la cabeza. La vigilancia de Yulia no parecía una invasión de la privacidad, sino más bien una declaración de amor.

-¿Por qué no te echas una siesta? -murmuró- Voy a pensar qué decirle a Kat. Sea cual sea lo que se me ocurra, Te prometo que te protegeré.

Cerrando los ojos lentamente, murmuró.

-Confío en ti.

La pelirroja se acercó, rozando sus labios sobre la mejilla de la pelinegra.

-Confío en ti también.

Yulia se quedó dormida con la más ligera insinuación de una sonrisa en sus labios. Vencida por la vista, y al darse cuenta de repente de que su relación con la morena no había terminado, ni por asomo, Elena se tumbó de espaldas y se puso la mano sobre su corazón. Estaba finalmente latiendo de nuevo.

Capítulo Treinta


Media hora después de que Yulia se quedara dormida en su cama, Lena volvió a su sala de estar, cerrando la puerta de la habitación detrás de sí. Por mucho que no tenía ganas de llamar a Katya. Cuanto más pronto pasara el nombre de Kirill Savransky y la dirección a la policía, seria mejor. A pesar de que todavía no tenía una estrategia sólida para introducir la informacion, y explicar la parte de la morena en la entrega, posponer hablar con la detective no era una opción. Cada momento que esperaba le daba a su acosador la oportunidad de herir a otra mujer.

Elena agarro el teléfono y marcó el número de Katya. Esta respondió después del primer timbre, sin aliento.

-Sí, ¿Lena?
-¿Te importaría volver por unos minutos? Tengo que hablar de algo.
-Por supuesto -la pelirroja podía oírla ya caminar- Estoy en camino.

Cuando llamaron a la puerta unos segundos más tarde, Elena rodó sus ojos. Al parecer, la detective había decidido quedarse cerca después de lo que pasó antes.

Abrió la puerta.

-Eso fue rápido.

La detective sonrió.

-A su servicio -dio un paso adentro, mirando no tan sutilmente a su alrededor- ¿Dónde está Yulia?
-Durmiendo.

Katya no se molestó en ocultar su disgusto por la respuesta.

-¿Eso quiere decir que las cosas se arreglaron entre ambas?
-No tuvimos relaciones sexuales, si eso es lo que estás preguntando.
-Técnicamente no lo era, pero me alegro de oír eso, supongo -Plegando los brazos sobre su pecho, dijo- ¿De qué quieres que hablemos?

Elena hizo un gesto hacia el sofá.

-Vamos a sentarnos.
-Uh-oh. Algo fuerte.
-Se podría decir eso. -Cuando Katya se sentó en un extremo del sofá, sacó el trozo de papel que Yulia le había dado de su bolsillo. Se encontró con la mirada de Katya y exhaló.- Tengo el nombre y la dirección del hombre que creo que es el asesino del Parque Chistye Prudy.

La detective parpadeó lentamente. Ninguna emoción traicionó su rostro.

-¿Cómo lo lograste?
-No puedo entrar en detalles contigo -cruzó la habitación y se sentó junto a la detective, entregándole el papel con la escritura de la morena en él. No tenía ningún sentido real en tratar de ocultar de donde provenía de la información- En este momento necesito que confíes en mí. Sé que no tenemos nada de este tipo. A menos que tengas una orden de arresto, no podemos arrestarlo. Pero por lo menos ahora que sabemos quién es, podemos establecer una vigilancia, estate pendiente de él.

La detective tomó el papel, explorando el nombre y la dirección.

-Vas a tener que decirme cómo Yulia obtuvo esta información, Lena. Primero informa del cuerpo de nuestra víctima inicial, y ahora nuevamente revolotea dentro de tu vida con el nombre y la dirección de la casa de un hombre que ha amenazado con matarte. Quién ha matado a por lo menos otras tres mujeres -Doblando el papel por el medio, lo guardó en el bolsillo interior de su chaqueta- No puedo entender cómo Yulia sabe algo sobre el hombre si no estuviera involucrada de alguna manera.
-Sé que esto es difícil de entender, y entiendo por qué sospechas. No puedo explicar cómo esta información llegó a mí sin traicionar la confianza de Yulia, así que ni siquiera voy a intentarlo. Sólo te estoy pidiendo que recuerdes quién soy y cuáles son mis valores. Pregúntate a ti misma si me gustaría proteger a alguien que fuera responsable en modo alguno de la muerte de tres mujeres. Por no hablar de mí propio acecho -brevemente tocó la rodilla de Katya- Ya sabes el mucho daño que Yulia me hizo. Por favor cree que hizo falta una explicación genuina, honesta acerca de su papel en todo esto, una que me convenció de que es totalmente inocente de cualquier delito, que me puso de su parte.
-¿Has vuelto a su lado? -le preguntó en voz baja la detective. Era obvio que ya sabía la respuesta y que la perturbaba profundamente- Sé honesta conmigo.

Elena no habría tenido en cuenta nada más que la honestidad.

-Sí. Nosotras hablamos y me di cuenta de que habíamos tenido un serio malentendido. Creo que estamos planeando resolver las cosas.
-¿Eso crees?
-Ella estaba exhausta. Se quedó dormida antes de llegar a una verdadera conclusión.

Derrumbándose en el respaldo del sofá, Katya exhaló ásperamente.

-No estoy segura de saber qué hacer con esto. Quiero decir, incluso si te tomo la palabra, creo que el dato es de fiar, no sé exactamente qué decirle a mi capitán cuando solicite que le asignen recursos de vigilancia para un tipo al azar que puede o no estar conectado a este caso.
-Él está conectado -frustrada pero no sorprendida por la resistencia de la detective, se devanó los sesos para actuar de la mejor manera con la informacion de la pelinegra- Vas a hacerlo bien, Kat. Sé que lo harás -juntando un guiño juguetón, agrego- Tú eres la mejor en lo que haces, después de todo.

La detective parecía inconmovible.

-La adulación no funcionará esta vez.
-¿Qué quieres?

Con un gruñido bajo, la detective se puso de pie y caminó hacia la puerta. Sorprendida por la repentina partida, Lena se puso de pie y la siguió. Katya puso la mano en el pomo de la puerta, entonces enfrentó a la pelirroja.

-Voy a poner vigilancia a este tipo. No puedo prometer por cuánto tiempo. Obviamente, si podemos cogerle en el acto agarrando a una mujer o acosándote, seremos de oro. Pero si no... -negó con la cabeza- Esperemos que se resbale antes de que mi capitán decida que debemos perseguir pistas más fiables.
-Esta es fiable -se encogió de hombros con impotencia- Me gustaría poder decirte cómo lo sé. Sólo tienes que confiar en mí, éste es el hombre.
-Yo confío en ti -Su mirada parpadeó por encima del hombro de Lena en dirección a su dormitorio, hizo una mueca de disgusto- Yo sólo no confiaría en ella.
-Lo sé -murmuró- Pero yo sí. Espero que cuente para algo.

La detective la miró en silencio, como si estuviera tratando de decidir qué decir. Luego abriendo la puerta con un movimiento de su cabeza.

-Da por supuesto que cuenta. Sólo... prométeme que me mantendrás en el circuito lo más que puedas. Tu seguridad y la seguridad de las mujeres en esta ciudad, son más importantes que mantener la confianza de Yulia.
-Si creyera que tiene información adicional sobre este caso, te lo diría -por la expresión fugaz de escepticismo de la detective, se puso rígida- Lo juro.
-Está bien -palmeó el bolsillo- Me pondré a trabajar en esto de inmediato.
-Gracias -aliviada de que la detective había aceptado su falta de explicación tan fácilmente, sentía que tanto ella como la morena necesitarían ser cautelosas en torno a ella. Katya estaba claramente sospechando, y el hecho de que ella guardara rencor personal contra Yulia por haber capturado su corazón no facilitaba exactamente las cosas- Quiero saber lo que encuentres ahí fuera, hasta si tienes cualquier orden de detención.
-Por supuesto -inclinando la cabeza, salió del apartamento luego cerró la puerta detrás de sí.

Lena suspiró con alivio. Eso no había ido tan mal como había pensado. Ahora que el problema inmediato de decirle a la detective sobre Kirill Savransky había terminado. Aturdida derivó de nuevo a todo lo que había aprendido en la pasada hora más o menos.

Era increíble, por decir poco. Excepto que ella lo creía. Lo había visto con sus propios ojos. Lo que podía hacer Yulia no tenía sentido, demonios, violó las leyes de la física y la biología, pero fue cierto. Una vez más, silenciosamente agradeció a sus padres por el don de ser capaz de aceptar incluso las cosas que no podía explicar. Elena vagó de vuelta a su habitación, ansiosa por estar cerca de la pelinegra mientras procesaba la inexplicable verdad de su novia.

Ella era una cambia-formas, una honesta por Dios cambia-formas, con un toque de hombre lobo incluido. Abriendo la puerta de la habitación, era también preciosa y todavía la mujer de la que se había enamorado, aunque mucho más complicada de lo que se había dado cuenta. Y ella no había sido infiel. No la había traicionado de ninguna manera.

La pelirroja se arrastró hasta la cama y se puso sobre la pelinegra, velando su sueño. ¿Era Yulia siquiera humano? ¿La respuesta a la pregunta cambiaria algo entre ellas?

Sorprendentemente, Elena decidió que no lo haría. Lo que importaba eran las acciones de Yulia, su corazón. Cuando llegó el momento de la verdad, la cuestión de su ADN, aunque era un fascinante rompecabezas, no tenía ninguna relación con lo que Elena sentía. Ella estaba enamorada.

Anhelando estar más cerca, se quitó los pantalones y se metió en la cama junto a ella. Tentativamente, para no despertarla, apoyó la cabeza en su pecho y se acurrucó contra su costado. El calor del cuerpo de la pelinegra a la vez la aliviaba e inflamaba. La morena siempre había parecido ser caliente, ahora especuló que tal vez un metabolismo más rápido era responsable del intenso calor que irradiaba de su cuerpo. Sin duda, la transformación de toda una forma completa requería una reserva extra de energía.

Divertida, Lena cerró los ojos y forzó a su mente analítica a apagarse. En este momento sólo quería disfrutar del simple placer de estar cerca de la pelinegra de nuevo. La científica quién era podía esperar para otro día.

Yulia se movió en su sueño, envolviendo un brazo en la cintura de Elena y tirando de ella más cerca. Contenta por primera vez en semanas, la pelirroja disfrutaba de la sensación de seguridad que la morena creaba simplemente por estar allí. No tenía ninguna duda de que ella haría todo lo posible para protegerla si la situación lo exigía. Y si podía convertirse en un tigre, Lena dudaba de que Kirill Savransky lo tuviera fácil a la hora de pasar sobre ella para causarle daño.

La vida acababa de hacerse mucho más complicada, pero mucho mejor, también.

Capítulo Treinta y uno


Cuando Yulia despertó de su profundo descanso, sin sueños, Lo primero que vio fue la luna nueva, empezando a llenarse, en ciernes frente a una ventana encortinada. Por instinto calculó el tiempo hasta la próxima luna llena, un poco menos de dos semanas. Siempre el primer pensamiento al despertar, hacer el seguimiento de su ciclo era un instinto inconsciente. Quedarse atrapada desprevenida era una preocupación irracional, pero esto no aliviaba el temor de la morena o la desconfianza de su propio cuerpo.

Desorientada hasta que se dio cuenta de que Lena estaba recostada en sus brazos, recordó lo que le había traído a su casa y lo que había pasado entre ellas, y su respiración se aceleró. A pesar de la reacción inicial instintiva de Elena, en su salida había ido mejor de lo que podría haber imaginado. La pelirroja no la había rechazado, aun sabiendo toda la verdad. Al parecer, incluso había le permitido dormir en su cama, aunque no podía recordar cómo había llegado hasta allí.

-Estabas agotada. -Elena respondió a la pregunta tácita de la morena, con la voz ronca por el sueño- Después de que hablamos, prácticamente te desmayaste.

Yulia no tenía ningún recuerdo anterior de cambiar a un tigre después dando una larga, divagación del pasado mes y medio. Haber despertado con Lena a su lado parecía una buena señal.

-¿Cuanto tiempo estuve ausente?

La pelirroja se dio la vuelta para comprobar su reloj despertador.

-Alrededor de ocho horas.
-¿Qué? -se sentó bruscamente, sorprendida y avergonzada de haber estado en la cama de Lena de prestado durante casi todo el día. Habían hablado tal vez media hora antes de que se hubiera quedado dormida. Después de estar básicamente separadas en las últimas dos semanas, la reconciliación era apenas suficiente para justificar el tratar su casa como un hotel- Lo siento mucho. No he dormido mucho y me…
-Porque has estado demasiado ocupada vigilándome -Tirando suavemente de la muñeca de la pelinegra, la animó a tumbarse- Lo sé. Proporcionarte una cama es lo menos que puedo hacer para darte las gracias.

La morena se ruborizó. La protección de Lena no fue un acto totalmente desinteresado. Ahora que se habían encontrado la una a la otra, su seguridad era la única cosa que importaba. Instintivamente ella sabía que la pérdida de la pelirroja significaría perder una parte de sí misma, la parte que la hizo humana. No sólo era Elena su conexión más real al mundo de los humanos pero ella sin ayuda había borrado su soledad y la convenció de que podía tener las mismas cosas que la gente normal. Amor. Felicidad. Un futuro.

Acariciando la cara de Elena con el dorso de la mano, murmuró.

-Hasta que Kirill Savransky se encuentre bajo custodia, quiero estar contigo todo el tiempo. Si no te sientes cómoda teniendo que trabajar conmigo, puedo vigilar en una forma diferente. Es sólo que no quiero salir de tu lado.
-¿Puedes dormir cuando estás cambiada sin volver de nuevo a tu forma humana?
-No -luchó para poner sus pensamientos en palabras. Explicar algo que apenas entendía era, difícil- Mi cuerpo parece tener una tendencia o un impulso para retener su forma natural. Si pierdo la conciencia cuando estoy cambiada, por lo general me despierto. Desnuda. Lo que es vergonzoso -hizo una pausa, luego se rio con timidez- Sabes, ahora que estoy hablando de esto, me doy cuenta de que no sé tanto sobre lo que puedo hacer como debería. Nunca me he probado a mí misma. Más que nada he tratado de evitar todo el asunto.
-No más -murmuró- Y por mucho que aprecie tu protección, si vas a mirar por mí durante el día, es necesario empezar a dormir por la noche. Si estás encerrada con llave en mi apartamento y estás en la cama conmigo, no veo ninguna razón para que te mantengas donde estabas.

El aliento de Yulia se quedó atrapado por la implicación tácita.

-¿Esto significa que estamos de nuevo juntas? -Indignada por el temblor en su voz, se tensó mientras esperaba respuesta de la pelirroja. Desde la noche de la última luna llena, todos los días había soñado con tenerla de nuevo. Hasta ayer, no lo había creído posible. De una manera extraña, casi se alegró por Kirill Savransky. Ella no estaba segura de que hubiera tenido el valor de confiar en Lena si no se hubiera planteado una amenaza tan increíble a la persona que consideraba lo más amado.

Debido a Kirill Savransky, podría tener una segunda oportunidad.

-Eso espero -cerró la distancia entre ellas para besarla ligeramente- Yo entiendo por qué no podías decirme la verdad, Yulia. Mientras estés dispuesta a ser honesta de aquí en adelante, sabiendo que siempre voy a mantener una mente abierta. Me gustaría probar esto entre nosotras otra vez -profundizó el beso, luego se retiró, corriendo la lengua por el labio inferior de la pelinegra- Debido a que era muy, muy bueno antes. Y tengo la sensación de que sólo va a ser mejor.

La falta total de incertidumbre de Lena agarró el corazón de Yulia y lo exprimió. Ella había esperado ver algún indicio de duda o inquietud, incluso sobre la posibilidad de reavivar un romance con alguien que no era muy humano, pero ella no la miró de manera diferente a antes. O tal vez sí, pero con un interés al borde de la admiración, no de sospecha o repugnancia. La pelinegra parpadeó para contener las lágrimas de alivio y alegría en silencio, sin palabras.

La mano de Elena cayó su pecho.

-¿Es mi imaginación o puedo sentir eso?
-¿Mi felicidad?

Tragando saliva, la pelirroja le susurró.

-Sí.
-Creo que sí.

El juego de emociones a través de la cara de Lena le encantó, que trató de desenredar la fiebre del complejo revoltijo de sentimientos que fluían de su nuevamente pareja. Sin duda, el concepto de un lazo empático desafió todo lo que pensaba la pelirroja que sabía, pero sobre todo parecía excitada del mismo.

-Me he preguntado desde que nos conocimos, pero antes me parecía ridículo especular incluso que de alguna manera podría experimentar tus emociones. Ahora me doy cuenta de que todo es posible contigo.
-Es más que posible -contesto delineando la forma de las cejas de la pelirroja, saboreando la libertad de tocarla de nuevo. La pérdida de esta intimidad había sido desgarradora para su alma. No había, hasta ahora, apreciado cuán vacía la había dejado la ausencia de la bella mujer- Siento lo que sientes. Yo no veo por qué no iba a funcionar a la inversa.
-¿Lo tuviste con Carla cuando eras joven? ¿Esta empatía compartida?
-No -dijo en voz baja- No sabía que esto podía ocurrir hasta conocerte.
-Me pregunto lo que significa. -buscó los ojos color zafiro.
-Creo que significa que encajamos.
-Por supuesto. -le dio un pellizco juguetón en la cadera, entregando un cálido estallido de alegría al centro de la morena- Es por eso que el sexo es tan increíble, ¿no es cierto? Ser capaz de sentir lo que la otra siente.
-Tal vez. O tal vez soy así de buena -incluso la mera sugerencia de sexo echó a correr su pulso. Incapaz de mantener sus manos lejos, le hizo cosquillas en el costado a Lena, deleitándose con la risita que suscitó.
-Tal vez lo eres.
-Bueno, eso es verdad -escabulléndose más cerca, la pelirroja se quedó inmóvil cuando los dedos de Yulia tiraron de su mano para cubrirle su pecho. La pelinegra se puso seria ante la sensación de acunar la sensible carne de Elena en su palma. Vio con asombro como los ojos de ésta se oscurecieron, lo que indicó un cambio en el estado de ánimo entre ellas.

Elena llevó su boca a su oreja y le susurró.

-Pero yo estoy un poco fuera de práctica. Tal vez me puedas ayudar con eso.

Yulia contuvo el aliento sorprendida cuando la mano de Lena se arrastró entre sus muslos y pasó rozando la entrepierna de los pantalones que todavía llevaba. El dolor roedor que había estado creciendo más profundo en su vientre durante las últimas dos semanas explotó, obligando a sus caderas para cumplir con el toque de Eve.

-Eso estaría bien.

La pelirroja besó el lóbulo de su oreja, luego lo tomó suavemente entre sus dientes.

-Te he echado de menos.
-También te he echado de menos. -Las palabras dispararon un flash del recuerdo de su última vez juntas. La morena se puso rígida cuando una culpa familiar se hizo presente. Ella había estado fuera de su mente con la luna y su sexo había sido duro. La vista de Elena cojeando lejos de su casa la había frecuentado a diario, y la idea de que había cruzado la línea era casi demasiado para soportar- Siento lo de la última vez, si te lastimé.

Lena negó con la cabeza, apartando el pelo oscuro de la frente de Yulia.

-Fue un dolor bueno. Quería que doliera. -Riendo con tristeza, dijo- Si no hubiera tenido un serio dolor emocional después, es probable que lo hubiera considerado como el mejor sexo que he tenido.
-Masoquista -murmuró, besandole el hombro.
-¿Y? -empujó a la pelinegra sobre su espalda y se sentó a horcajadas sobre sus caderas- Pero esta noche quiero que nos tomemos nuestro tiempo. No tenemos prisa -se incorporó y tiró de su camisa sobre su cabeza sin prisa, haciendo un espectáculo seductor- Haremos el amor.

Absorta al ver la piel desnuda, la morena arrastró las manos por los lados de la Elena. Ella parecía más pálida de lo normal, y más delgada. Era evidente que su tiempo de separación había cobrado su precio, aunque no era menos bella de lo que recordaba.

-Realmente te amo.

La felicidad de Lena iluminó a Yulia por dentro.

-Lo sé. Te amo, también.

La morena movió sus manos para cubrirle sus pechos. Sus pezones se endurecieron contra el centro de las palmas, y la pelirroja se inclinó hacia adelante, rozando sus labios con los de la morena. Levantando la cabeza, barrió su lengua en la boca de Elena mientras acariciaba con los pulgares suavemente a lo largo de la parte inferior de sus pechos. Gimió por la forma en que la pelirroja se movió contra ella en una búsqueda poco sutil de fricción.

Lena se apartó.

-Tenemos que quitarnos la ropa.
-¿Qué pasó con tomar las cosas con calma?
-Podemos ir despacio después de que estés desnuda.

Yulia se rio cuando la pelirroja trepó apartándose y tiró de ella hasta quedar sentada, sacandole su camisa y el sujetador con eficiencia hábil. Ella la ayudó a desabrocharlo y a arrastrarla fuera de sus pantalones, entonces ambas trabajaron en despojar del resto de su ropa a Lena. Tan pronto como estaban desnudas, Elena se fundió en un abrazo. Ésta hizo eco del jadeo de la morena por la electricidad de piel sobre piel, apretando sus brazos alrededor de Yulia y abrazándola.

-Se siente tan bien tocarte -susurró la pelirroja con una voz llena de sobrecogimiento silencioso- Sabía que había algo especial entre nosotras, pero nunca me di cuenta de lo especial que era en realidad.

La morena le hizo cosquillas en una línea por el centro de la columna vertebral, deleitándose en el temblor que provocó el contacto. Lena se estremeció en sus brazos, dando tal intensa sacudida de placer que el sexo de Yulia se tensó, luego contrayéndose, enviando un orgasmo rodando a través de su cuerpo. Gimiendo, ella arrastró sus dedos hacia abajo hasta la parte inferior de la pelirroja, atrayendo su propio orgasmo acariciandola ligeramente con las uñas, desencadenando otra ráfaga de sensación que parecía fluir a través de ambas.

Elena se estremeció.

-Acabas de llegar.
-Sí.
-Eso es genial -dejó caer una mano entre los muslos de la pelinegra, cayendo en sus pliegues. El toque suave provocó otro orgasmo, más fuerte que el anterior. La morena dejó caer la cabeza hacia su hombro y se presionó contra su cuerpo mientras se rindió a su clímax- Haces realmente fácil sentirse como una especie de diosa del sexo -murmuró.

Vencida por el movimiento continuo de la mano de la pelirroja acariciando sus labios hinchados, ella sólo podía apretar los dientes y asentir. Haría falta mucho mas para desgastarla sexualmente, la resistencia de la morena siempre parecía superar la de Lena, pero si el objetivo de la pelirroja era demostrarle que ella también era buena en el sexo, era un comienzo excelente.

Después de bajar de su tercer orgasmo, Yulia calmó la mano de Elena con una sonrisa trémula.

-Necesito respirar.
-La respiración está sobrevalorada -murmuró, pero se retiró de los brazos de la morena. Derrumbándose en el colchón, hizo una seña a ésta para que subiera encima suyo- Me comprometo a ir lento en ti.
-Nunca dije que tenías que ir lento -separandole las piernas con la rodilla, se colocó sobre su cuerpo con su muslo presionado firmemente contra su centro. El calor que brotaba del sexo de Elena la quemó inflamando su lujuria. Necesitando más, presionó más fuerte en la pelirroja, moliendo con la firmeza de su muslo contra el clítoris sensible- Es tu turno ahora.

Lena echó la cabeza hacia atrás y gimió, agarrándose a los hombros de Yulia mientras montaba en su muslo. Plantando las manos al lado de la cabeza de la pelirroja, se movió contra ella lentamente, marcando un ritmo constante. Miró fijamente a los ojos color jade cuando se mecían juntas, emocionada por los ruidos inconscientes que salían de los labios de la bella mujer en un flujo constante. No podía haber nada más sexy como podía ser la voz de Lena cuando hacían el amor. La morena vivía por la oportunidad de sacar adelante los lloriqueos, los lánguidos sonidos. Sabiendo que ella hacia a la bella mujer sentirse tan bien fue casi suficiente para hacer que llegara a la cumbre una vez más.

Pero Yulia se contuvo, enfocada solamente al ardor creciente de Elena. Lo que más quería sobre todo era sentir su liberación debajo de ella, experimentar las secuelas psíquicas del orgasmo de la pelirroja y unirse con suerte en un crescendo mutuo de la sensación con ella. Venirse con Lena en el pasado siempre había forjado una poderosa conexión, íntima y la morena estaba desesperada por recuperar la singular experiencia de perderse en su autocontenido mundo de éxtasis compartido.

Un rizo caliente de placer estalló entre las piernas de la pelinegra mientras Lena murmuró.

-Me voy a venir.
-Vente por mí -dijo besandola profundamente, bajando una mano para exprimir la cadera mientras ella mantenía sus duros, guiados empujes. Arqueándose hacia atrás, Elena dio un gran grito y lo hizo, agarrando el trasero de Yulia con ambas manos mientras se sacudía impotente contra su muslo. Entonces, de repente, ésta culminó también, y ella podía decir por la forma en que se originó en el vientre que lo que realmente sentía era todo de la bella mujer.

Fue impresionante.

Rompiendo el beso, la pelinegra se apoyó en la frente de la pelirroja y detuvo el movimiento de sus caderas cuando sintió que las dos estaban a punto de perder el conocimiento. Deslizó sus manos por debajo de la espalda de la mujer debajo suyo, reuniendolas en un fuerte abrazo.

-Te he echado mucho de menos -murmuró la morena. Ahora que la tensión sexual se había aliviado, la emoción turbulenta que su liberación había suscitado amenazó con tomar el relevo. Había estado tan cerca de perderla, de perder la cosa más asombrosa en una vida llena de sorpresas constantes. Pero no lo había hecho- Nunca pensé que me querrías así de nuevo.
-Sigues siendo la mujer que me enamoró -corrió sus dedos arriba y abajo por la columna de la pelinegra, pero ahora el toque calmaba y no inflamaba- Lo que puedes hacer no cambia eso. Y aunque la honestidad es la cosa más importante que puedes darme, no te culpo por tener miedo. Todo eso se acabó. Yo sé lo que eres, Yulia y todavía te amo. Aún te necesito.

Avergonzada por las lágrimas que se levantaron y amenazaron gotear sobre el rostro de Elena, rodó hacia un lado, lanzando su brazo alrededor de la cintura de la bella mujer para mantenerse cerca. No quería perder el contacto ni por un momento.

-No tengo ni idea de lo que hice para merecerte, pero estoy agradecida -echó un vistazo por la ventana a la luna nueva, y un problemita de ansiedad se enraizó en su vientre.

Como si percibiera donde sus pensamientos se habían ido, Elena comento.

-Quiero ayudarte este mes. En la noche de luna llena.

Alarmada, consideró la expresión solemne de Lena, no estaba bromeando.

-¿Qué?
-En lugar de utilizar una prostituta este mes, me gustaría hacer lo que hacen por ti. Atarte, todo lo que necesites.

Yulia negó con la cabeza.

-De ninguna manera. Yo no te quiero cerca de mí esa noche.

Frunciendo el ceño, la pelirroja respondio.

-Mira, yo no soy una delicada flor. Y aunque sé por qué has utilizado un servicio de acompañantes en el pasado, y a pesar del hecho de que yo confío en ti para ser fiel. No me agrada exactamente la idea de que continúes teniendo que llevar prostitutas a tu casa una vez al mes.
-Y no me gusta la idea de que tengas nada que ver con lo que me sucede durante la luna llena. Si estás ahí, sólo me vas a despertar más. Me volverás loca.
-¿Cómo sabes eso? -corrió sus dedos por la mandíbula de la pelinegra, dándole un reconfortante beso en la mejilla- Mira, puedo hacer lo que hay que hacer. Y ya sé tu secreto. Yo sé por qué es tan importante que te ate muy apretado. ¿No sería mejor tener a alguien en quien realmente se puede confiar que te pueda ayudar? ¿Alguien a quien realmente le importas?

Yulia no podía argumentar que la idea tenía un atractivo definido. Más de una vez había sido decepcionada por una escolta que no lo había hecho exactamente como le había pedido, en parte porque no tenían forma de saber por qué era tan importante seguir sus instrucciones con precisión. Además, el pensamiento de nunca más tener que ver la confusión o la sospecha en los ojos de un desconocido la alegró.

-Si vamos a estar juntas, voy a tener que experimentar la luna llena contigo con el tiempo. No voy a tener una relación a medias. Te estoy diciendo que estoy en ello, para bien o para mal -aspiró para continuar su discurso, pero la morena la interrumpió con un beso en los labios.

Cuando la pelinegra se echó hacia atrás, le susurró.

-Está bien.
-¿Está bien?
-Sí, está bien. Entiendo lo que dices, y te lo agradezco. Además, si tengo que estar súper caliente alrededor de una mujer hermosa esa noche, prefiero que sea mi hermosa mujer.

Los ojos de Lena brillaban mientras le daba una mirada juguetona a Yulia.

-Yo, también.
-No estoy segura de este mes, sin embargo… -levantó una mano cuando la pelirroja abrió la boca para protestar- No, si Kirill Savransky todavía está suelto. Tienes a la policía que te está vigilando, Lena. Incluso si ellos cambian más su enfoque a Savransky, sospecho que van a mantener por lo menos un equipo contigo. No puedo permitir a la policía fuera de mi apartamento esa noche. Si algo sucediera, ellos me reventarían con seguridad.
-Nada va a suceder -le acarició la mejilla- Deja de preocuparte.
-No puedo, Lena. Nunca podré dejar de preocuparme. Me paso la mitad de mi vida planificando y previniendo la próxima luna llena. Que me pidas que te deje participar es un gran problema, pero permitiéndote hacerlo cuando eso significa que la policía estará pendiente está fuera de mi zona de confort -odiando la decepción que arrugó el ceño de la pelirroja, agrego- Lo siento. Yo realmente lo siento.
-Está bien, entonces -Exhalando dijo- Voy a escaparme esa noche. Ahora que van a estar vigilando a Kirill Savransky, no va a ser tan gran cosa para mí deslizarme del equipo de protección por sólo una noche.
-No. -tomó las manos de Elena en las suyas, besando sus nudillos- Katya te mataría. Diablos, me mataría, si ella descubriera que te fuiste. Es demasiado peligroso. No puedo dejar que lo hagas.
-Desafortunadamente no tenemos otra opción -de la determinada rigidez de su mandíbula, Yulia podía ver que estaba diciendo la verdad.- Me voy a quedar contigo esa noche. Nadie necesita saberlo. Prometo que Kat no se enterará.

Era una promesa imposible de mantener, pero la pelinegra sabía que no iba a ganar esta discusión. Incluso sin su vínculo empático, podría escuchar en la voz de Lena lo mucho que significaba para ella. Le hizo la oferta como una muestra de confianza y compromiso, y no importa lo nerviosa que la morena estaba por aceptarlo, no podía rechazarla.

-Está bien -contesto en voz baja- ¿Pero me prometes una cosa?
-¿Qué?
-Quiero que te vayas después de atarme. Puedes hacerlo antes de oscurecer, y luego volver a tu equipo protector. Entiendo y aprecio lo que estás tratando de mostrarme al permanecer conmigo durante la luna llena, pero no voy a ser capaz de protegerte de mí misma, por no hablar de Kirill Savransky -acunó el rostro de Elena en sus manos- Necesito saber que estás a salvo. ¿De acuerdo?
-Está bien. -sonrió ampliamente, cerrando la discusión con un rápido beso en la barbilla de la pelinegra- Gracias.
-No, gracias a ti. -Acarreandola de nuevo a la parte superior de su cuerpo, lista para otro intento. -En ese caso, ¿cómo te gustaría que te diera las gracias?

Lena le dio una sonrisa malvada, luego se puso de rodillas y se volvió en torno a Yulia para tener una atractiva vista de su centro resbaladizo.

-¿Y si nos agradecemos la una a la otra? -dijo, justo antes de que bajara la cabeza para deslizar la parte plana de la lengua por los labios de la morena.

Gimiendo, Yulia agarró las caderas de Lena y la tiró hacia abajo en su boca, succionando lánguidamente. Ella tenía un montón de gratitud para expresar y tenían toda la noche para ello.
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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Miér Nov 05, 2014 10:38 pm

Capítulo Treinta y dos


Elena se sentó en su escritorio en el laboratorio, tratando de distraer su errante mente trabajando a través de la montaña de papeleo que nunca disminuía. Desde que se había reconciliado con Yulia la semana anterior, la vida había sido buena. Si no estuviera Kirill Savransky todavía caminando libre, ella incluso habría dicho que era completamente feliz. La experiencia de estar con la pelirroja en una relación de confianza era más maravillosa de lo que nunca podría haber esperado. Y tenerla constantemente a su lado, lista para salir en su defensa, alivió su mente acerca de la amenaza de su acosador de una manera que todos los oficiales de policía en el mundo no podían.

Un quejido atrajo su atención hacia el suelo, donde el gran Rottweiler que yacía junto a su silla miró directamente a sus ojos. Incluso en forma canina, el amor feroz de Yulia por ella brillaba en su mirada. Tumbada sobre una almohada de perro, oculta a la vista, le daba a la doctora un apoyo silencioso que la hacia sentir como si pudiera conquistar cualquier reto. Dejando caer la mano para acariciarle a la cabeza, Lena la miró pero no dijo nada. Con Josef trabajando en su propio escritorio al otro lado del laboratorio, charlar con el perro no sería prudente.

La puerta del laboratorio se abrió y Katya pasó dentro. Asintió con la cabeza a Josef sin apartar los ojos de Elena, la boca en una línea sombría. Como una profesional, ella suavizó su expresión ligeramente cuando la doctora la saludó con un gesto amistoso.

-Buenas tardes, Lena.

Yulia levantó la cabeza, pero no se puso de pie. Esta no era la primera vez que Katya se había encontrado con el nuevo amigo canino de la doctora, pero hoy ella vino trayendo un regalo. Agachándose delante de la Rottweiler, la detective le ofreció una galleta de perro con un tranquilo.

-Aquí tienes, chica.

Elena se cubrió la boca con la mano, tratando de no reírse de la de vista del gran Rottweiler tomando la galleta delicadamente entre sus dientes. No tenía ninguna duda de que lo último que quería yulia era tragarse un convite de perro, pero al parecer ella se había comprometido a permanecer en el papel.

-Galletas. Perfecto.
-¿He mencionado cómo me alegro de que te las arreglaras para encontrar un perro de aspecto tan rudo? -la detective acarició el pecho al canino, lo que provocó que la boca de la morena se estirara inconscientemente de placer perruno- Yo no sé por qué no pensé en esto. Un perro es un elemento de disuasión excelente.
-Bueno, no estoy convencida de que un perro vaya a disuadir a Kirill Savransky, pero me siento mejor con Luna alrededor -miró a la pelinegra, sabiendo que no era una gran fan del nombre que le había dado a su forma de Rottweiler. Sin embargo, ambas habían convenido en que era una pequeña broma intima- Estoy muy agradecida de que Yulia fuese capaz de convencer a su amigo para que me lo dejara prestado.

Katya rodó los ojos.

-Por lo menos Yulia es buena para algo -se sorprendió cuando el canino gruñó bajo desde la parte posterior de la garganta, luego retiró su mano y rápidamente se puso de pie. Echando un vistazo a Lena, dijo- ¿La entrenaste para que haga eso?

Elena le dio una mirada fingida a la morena de que esperaba no traicionara su diversión ante la situación.

-Tal vez Yulia lo hizo.
-Estupendo -dio un paso atrás, introduciendo las manos en los bolsillos- Así que Kirill Savransky es oficialmente el hombre más aburrido en la faz de la tierra. Una semana observando todos sus movimientos y no tenemos nada. Le gusta ir a la ciudad y pasar el rato en cafeterías, una cerca de la morgue, la otra relativamente cerca de su apartamento. Pero hasta ahora no ha hecho nada para despertar sospechas. Seguramente no podremos atraparlo.
-¿Crees que se ha vuelto inactivo, o que se ha dado cuenta de la vigilancia?

Gruñendo, katya contesto.

-Mis chicos no son unos completos aficionados. Yo no veo cómo podría habernos descubierto tan rápido.
-Él es un tipo inteligente. Meticuloso -empujando a un lado sus papeles, descansó su mano sobre la cabeza de Luna. Alentada por su fuerza tranquila, no se dejó arrastrar por el miedo familiar que siempre salía cuando recordaba su encuentro con su acosador. Cinco minutos debajo de él apenas la hizo una experta, pero se sentía como si lo conociera a través de la forma en que abandonó sus escenas del crimen- Él es observador. Yo no creo que sea una exageración pensar que él podría sentir que está siendo vigilado. Tal vez sólo es generalmente paranoico.
-O tal vez no es nuestro hombre -se sentó en una esquina del escritorio, la Rottweiler la miro con recelo- Mira, el jefe me ha dado mucha libertad de acción en este caso. Poner los recursos del departamento a un tipo que pensamos podría ser un asesino en serie porque hemos conseguido alguna información anónima no tiene verdadero peso…
-El soplo es bueno -dijo. Tocando una de las gruesas, orejas peludas de Yulia, con la esperanza de calmar la frustración que sentía construirse por las palabras de Katya- Kirill Savransky no es descuidado. La construcción de un caso en su contra no será fácil. Pero nadie es perfecto. Sólo tenemos que esperar a que meta la pata.

La detective suspiró.

-Bueno, espero que podamos tener una falla pronto. Precisamente no puedo atar al departamento de recursos para siempre cuando no tenemos ninguna prueba real que apunte a este tipo. He peinado a través de sus antecedentes y no he encontrado nada sospechoso. No tiene antecedentes penales, ni siquiera una multa de aparcamiento. A simple vista, el tipo parece completamente carente de interés. Más limpio que limpio.

Lena escuchó el subtexto implícito en la declaración de Katya.

-Tal vez un poco demasiado limpio.
-Tal vez -la expresión de la detective se ablandó y se inclinó, bajando la voz- Lo vi el otro día durante casi diez horas. Él no hizo nada sospechoso, ni una cosa. Nada en él sugiere que es nuestro hombre.
-Dijiste que está completamente calvo, Kat. Sin cejas. Suena como alguien que no quiere dejar evidencia forense atrás.
-La calvicie no es un crimen -a pesar de su intento de jugar al abogado del diablo, la frustración en los ojos de la detective señaló que en el fondo ella también creía que Kirill Savransky era su asesino- ¿No es un poco extraño? Claro. ¿Tiene un montón de otras razones para estar sin pelo, además de ser un asesino en serie? Por supuesto.

Elena negó con la cabeza.

-Él es nuestro hombre. Lo sé.
-¿La verdad? Yo también lo creo -contesto en voz baja- Él no puede haber hecho nada malo todavía, pero lo siento malo. Por desgracia, mi instinto no es exactamente admisible en la corte.
-Es una pena, eso.
-Y que lo digas -vaciló y luego le tocó el hombro de la doctora- Confía en mí, nada me hace más feliz que la idea de que Kirill Savransky sea nuestro hombre. Me siento mucho mejor sabiendo que tenemos los ojos puestos en nuestro asesino ahora. Si lo estamos vigilando, no puede llegar a ti.

Lena estuvo de acuerdo, lo que llevó a la siguiente solicitud, impulsada por la inminente luna llena. Toda la semana había sido una lluvia de ideas acerca de cómo eludir su equipo de seguridad lo suficiente para ayudar a Yulia a través de esa noche, sin llamar la atención hacia su pareja justificadamente recluida.

-En ese caso, ¿qué piensas sobre bajar mi equipo de seguridad sólo un poco? Mientras que sepamos donde esta Kirill Savransky, no hay realmente ninguna razón para vigilarme las veinticuatro horas del día. Prefiero que pasemos mi protección a la vigilancia de él, si los recursos son un problema.

El ceño de Katya dejó claro que la cuestión no era objeto de debate.

-De ninguna manera. Tu seguridad se queda. Si se deshace de nuestra vigilancia, no quiero tener que preocuparme por él por llegar a ti.

La doctora sabía que no debía empujar su suerte. Ella no quería despertar la sospecha de la detective cuando Yulia tenía un secreto tan importante que conservar. Insistir en hacer algo potencialmente estúpido como despojarse de su protección policial cuando estaba bajo amenaza de lesión o muerte casi sin duda ciertamente llevaría a Katya cuestionar sus motivos.

-Está bien -respondio- Sólo trataba de ahorrar recursos del departamento.
-Te lo agradezco, pero tu protección no es donde he decidido escatimar. ¿Entiendes?
-Entendido.
-Bueno.

Josef se aclaró la garganta al otro lado del laboratorio.

-Estaré por el tribunal en una hora, Dra. Katina. ¿Necesita algo de mí antes de que me vaya?

Elena lo despidió con un gesto.

-Nop. Conduzca con cuidado. Y buena suerte.
-Gracias -Él le dirigió una mirada escrutadora, como si tratara de determinar la forma en que se sentía por dejarla sola con Katya. Siempre protector- Te veré más tarde.
-Que se divierta, Frisi -Claramente contenta de verlo irse, la detective sonrió abiertamente y saludó- Trate de no asquear tanto al jurado tanto.
-No puedo prometer nada -contesto Josef mientras se dirigía a la puerta del laboratorio- Llámame si necesitas algo, Dra. Katina.
-Gracias, Dr. Pudovkin. Adiós -volvió su atención a Katya, poniendo los ojos en la expresión de satisfacción que tenia cuando Josef dejó la habitación. Dando un toque en la rodilla, pregunto- ¿Tienes algo más que informar?
-En realidad no -cambió el tono de todo, ahora que Josef se había ido. Más cálido y más personal, estaba siendo ya sea coqueta o simplemente cariñosa. La doctora no sabía cuál- ¿Quieres comer algo? Te lo compraré.

Yulia no tuvo que gruñir de nuevo para que Lena sintiera su descontento en la invitación. Al parecer ella había decidido que la detective estaba coqueteando. La dotora puso su mejor cara de disculpa.

-Lo siento, tengo mucho papeleo por terminar hoy. Tenía sinceramente la intención de comer en mi escritorio.
-Yo podría ir por un par de bocadillos para nosotras. Podríamos comer en tu escritorio juntas.

Sin permitir que su tono amable fallara, la doctora respondio.

-Eso es muy dulce, Kat, ¿pero puedo dejarlo para después? Las cosas han sido tan locas últimamente he estado dejando que las cosas de lado aquí. Me prometí a mí misma que hoy me gustaría ponerse al día.

Obviamente decepcionada, Katya le dio un ligero golpecito en la rodilla.

-Por supuesto. Lo entiendo -se puso de pie, pasándose una mano por el pelo.- ¿Vas a llamarme si necesitas cualquier cosa?
-Siempre -la verdad era que, ahora tenía a la pelinegra a su espalda, y más importante, sabía lo que era capaz de hacer, no dependía del apoyo de Katya casi tanto como lo había hecho antes. La detective se preocupaba por ella, pero cuando se contaba con una fuerza sobrenatural a tu lado, un todo-demasiado humano, aunque sólo talentosa la detective no inspiraba la misma confianza- Gracias por venir. Agradezco la actualización.
-Estoy segura de que tienes razón. Él va a caer tarde o temprano. -su tono transmitió cansada experiencia- Siempre lo hacen, ¿no?
-Eso espero.

Katya inclinó la cabeza y se dirigió a la puerta del laboratorio.

-Yo te lo haré saber en cuanto algo cambie.
-Gracias -Tan pronto como Katya salió de la habitación, miró a Yulia- Gruñendo, ¿eh? -la morena miró fijamente con ojos tristes de cachorro. Riendo, le alborotó el pelo en la parte superior de su cabeza- Ella sólo se preocupa por mí, eso es todo. Tiene buenas intenciones.

La morena bostezó. No podía haber mirado más desinteresadamente en la idea de que Katya tenía buenas intenciones si lo hubiera intentado.

Elena la acarició otra vez.

-Esperemos que algún día ustedes dos se lleven bien. Aunque yo no confío mi corazón a Kat, realmente le confío mi vida. Ustedes tienen eso en común -Yulia se dejó caer de nuevo sobre la almohada y suspiró profundamente. Lena exhaló, también, consciente de que la resolución de las tensiones entre la detective y la morena no llegaría tan fácilmente. No cuando Katya habló mal de Yulia con regularidad, totalmente inconsciente de que ella estaba allí para escuchar cada dura palabra- Algún día, tal vez. Más tarde -ante la mirada escéptica de su guardiana, la doctora dijo- Mucho más tarde.

Capítulo Treinta y tres


Despertar la mañana de luna llena era siempre lo mismo. Tan pronto como Yulia estuvo consciente, una explosión de sensaciones la golpeó con toda su fuerza, comenzando entre los muslos y explotando hacia fuera. Lo que había sido sólo una libido aumentada cuando se fue a dormir había evolucionado durante la noche en un sufrimiento tan doloroso e intenso que la morena gimió de impotencia. Lo único que sabía era la necesidad de tener sexo.

En su primera mañana de luna llena con Lena, sabía exactamente lo que esperar y aún todavía dormía a su lado desnuda, la presencia de un cálido cuerpo apretado contra ella introdujo un flamante tormento en un ritual de la mañana ya difícil. El olor tenue, ligero del sexo de la pelirroja lleno sus fosas nasales, tan dulcemente fragante que le hizo la boca agua y aumentar su pulso. Ella cerró las manos en puños a los lados, totalmente consciente de que actuar por sus instintos no era una opción.

Después de su acoplamiento frenético la última vez que había estado bajo el influjo de la luna llena, ella se había jurado a sí misma que no iba a permitir que su necesidad aplastara su sentido de cautela hacia Lena. No le importa que hubiera conseguido placer de su sexo duro. Ella era más fuerte de lo normal en días de luna llena y estaba menos conectada con la realidad. Esa era una combinación peligrosa.

Una mano cálida cayó sobre el muslo de la morena.

-¿Estás bien, cariño?

Yulia se puso de lado lejos de Elena, poniendo sus rodillas cerca de su pecho. Cerró los ojos y trató de controlar el temblor de sus manos. El suave toque de la pelirroja había estado a punto de romper lo que conservaba de su tenue control.

-Duele -gimió. Ahora que Lena sabía todo, no veía ninguna razón para no ser honesta.
-Lo siento -se acercó, haciendola temblar por la suave presión de los desnudos pechos contra su espalda- Deja que te ayude.
-No deberías tocarme -tuvo problemas para forzar las palabras fuera- Yo no quiero hacerte daño.
-No me harás daño -murmuró, tirando de los hombros de la pelinegra- Confío en ti.

Pero Yulai no confiaba en sí misma.

-Tal vez debería tocarme primero. Llevarme al borde.
-No seas ridícula -arrancó el edredón del cuerpo de la morena, exponiendo su piel sensibilizada al aire fresco- Sientes dolor. Déjame tratar de aliviarte.

La morena gimió otra vez y rodó sobre su espalda. Sus piernas se abrieron y dejó caer su mano para rozar su clítoris, haciendo una mueca por el placer tan afilado que le dolía. La masturbación solía ayudarla, pero ahora era difícil concentrarse en lo que estaba haciendo. Ella se quedó sin aliento cuando Elena se acomodo entre lsus piernas y aparto su mano de en medio. Entonces gritó con voz ronca cuando el calor suave y húmedo de la boca de la pelirroja cubrió su sexo palpitante, provocando un orgasmo que se extendió instantáneamente hasta la punta de los dedos de los pies.

-Oh -exclamó, enredando sus manos en el pelo de Lena para mantenerla cerca. El movimiento lento y suave de la lengua de contra sus labios mantuvo su clímax en marcha, cada contracción y ola de placer disminuía más el dolor de la excitación. Haciendo apartar la vista de la longitud de su cuerpo en la mirada de amor que le brindaban los ojos color jade, apretó los dedos en el pelo de Elena, llena de gratitud- Justo así, cariño. No te detengas.

Los ojos color jade brillaron mientras negaba con la cabeza, deslizando su lengua alrededor del clítoris. Ella no separó su boca para contestar.

Le tomó casi veinte minutos de las atenciones de la pelirroja antes de que se sintiera capaz de pensar racionalmente. Consciente de que ambas necesitaban un descanso, tocó a Elena en el hombro.

-Ven aquí y dame un beso.

La pelirroja subió la longitud del cuerpo, con una sonrisa fabulosa en su rostro y la besó con fuerza. La morena envolvió un brazo alrededor de la espalda de Lena y deslizó la otra mano entre los muslos, empujando sus dedos entre los resbaladizos pliegues. Ella ladeó un solo dedo dentro, luego presionó su pulgar contra el clítoris, frotando círculos rápidos. Sin romper el beso, rápidamente llevo a Lena al orgasmo con algunos expertos golpes de la mano.

Alejándose con un gemido, la pelirroja dejó caer la frente sobre el hombro de Yulia y apretó sus muslos cerrándolos.

-Buenos días.
-Buenos días - puso sus brazos alrededor de Elena, saboreando la manera en que sus cuerpos encajan entre sí- Gracias por eso.
-¿Te ayudó?
-No tienes ni idea. -El deseo no había desaparecido, pero había disminuido, lo que le permitía centrarse en el día por delante. Esta tarde debía ser la prueba definitiva de su relación. La pelinegra quería ser capaz de enfrentarlo con una mente tan clara como fuera posible- Podría acostumbrarme a tenerte cerca.
-Eso espero -levantó la cabeza para poder mirar directamente a los ojos color zafiro- No deberías tener que sufrir sola.

La morena rascó con las uñas a lo largo de los lados desnudos de Lena, encantada por el temblor que causó su toque. El amor que brotaba de la pelirroja fluía en su pecho, llenándola hasta que pensó que podría explotar. Ella no volveria a estar sola. La noción misma de que alguien estaba a su espalda trajo las lágrimas a sus ojos.

-¿Qué tal si nos preparo el desayuno? -Musitó, acariciándo con los nudillos la mejilla de la pelinegra- Podemos hablar de la forma en que me voy a escabullir de los detectives esta noche.

Yulia frunció el ceño. Por mucho que apreciara que Lena quisiera ayudarla a través de la luna llena, no le gustaba la idea de ayudarla intencionalmente a eludir su equipo de protección mientras que Kirill Savransky estaba todavía caminando libre. Pero ya había accedido a dejar que ella la atara, lo único que podía hacer era hacer esta noche lo más segura posible para su hermosa mujer.

-Está bien -Cambiando bajo el peso de la pelirroja, ya podía sentir su ardor subir de nuevo- Déjame tomar una ducha rápida y me reuniré contigo.

Una ducha fría y un orgasmo autoinducido más tarde, Yulia se envolvió en una bata y se arrastró hasta el comedor. Hasta la transformación de esta noche, los efectos de la luna sólo se hacían más fuertes. Los último meses había logrado mantenerse alejada de Elena por la mayor parte del día, así que esta era la primera vez que la pelirroja realmente vería la magnitud de la influencia de la Luna en su comportamiento. Avergonzada por la forma en que la embrutecía y la reducía al instinto básico, evitó los ojos de la pelirroja cuando se sentó a la mesa y trató de no retorcerse en la silla.

Elena puso un plato de panqueques sobre la mesa delante suyo, a continuación, le entregó una botella de jarabe.

-¿Tienes hambre?

Asintió vigorosamente. Cogió la botella y roció una gran piscina en el plato, luego agarró el tenedor y cortó a la pila de panqueques con su borde. Empujando un bocado en su boca, ella se esforzó por no parecer tan voraz como se sentía.

-¿Delicioso? tragó su propio bocado, observando a la pelinegra palear su desayuno con evidente buen humor- ¿Debo hacer más?

Yulia negó con la cabeza y tragó el último bocado. Podría comer otra pila, sin duda, pero su verdadero hambre se hizo cargo de la vista de diversión de Lena. Su tenedor resonó contra su plato mientras lo posaba abajo, torpe por el deseo. Menos de una hora había pasado y ya la deseaba de nuevo.
-Lo siento -lloriqueó, pero Lena ya había deslizado su silla más cerca, deshaciendo la faja de la bata con un tirón firme. Pasó la mano por el pico endurecido su pecho desnudo, luego, bajó entre los muslos de la morena.

-Abre las piernas -le dio un beso comprensivo en la mejilla.
-No tienes que hacer esto otra vez.

La pelirroja se rió.

-Es apenas un sacrificio. Ahora extiéndelas.

Ella obedeció y Lena inmediatamente la premió con la sensación deliciosa de dos dedos que se deslizaban profundamente dentro suyo. Inclinándose atrás en la silla, movió sus manos a sus propios pechos, pellizcando y retorciendo sus pezones erectos mientras la pelirroja establecía un ritmo rápido, con fuerza. El torrente de placer comenzó casi de inmediato, construyéndose un crescendo en el lapso de minutos sin aliento. Elena la tomo enérgicamente, masturbando su interior exactamente de la manera que ella más amaba. Yulia se contrajo alrededor de Lena, viniéndose una y otra vez, hasta que el rugido sordo dentro de su cabeza se había calmado a un zumbido manejable.

Envolviendo sus dedos alrededor de la muñeca de la pelirroja, la calmó con una súplica silenciosa. Ella se retiró lentamente, buscando los ojos color zafiro.

-¿Mejor?
-Sí. -Avergonzada, apartó un mechón de pelo húmedo de sudor de su rostro- Lo siento.
-No hay más disculpas. -se puso de pie y recogió sus platos, llevándolos a la cocina. Alzó la voz para que Yulia pudiera oírla desde la otra habitación- Me encanta hacerte venir, sobre todo cuando sé eso te trae literalmente el alivio.

La morena se ató la bata.

-Eso es.

Lena volvió al comedor con una expresión sexy.

-Hay peores cosas que ser tu máquina sexual a tiempo completo, confía en mí.

Resoplando, la pelinegra contesto.

-Si tú lo dices.
-Lo digo -se sentó a la mesa y exhaló- Así que esta noche... si quiero salir de mi apartamento sin que lo sepan los detectives, vamos a necesitar una distracción.

Perspicaz por el momento, Yulia sonrió como si el plan perfecto se le ocurrió. Desde el encuentro con Lena, se había visto obligada a empezar a pensar acerca de sus habilidades únicas en formas creativas. Era tan satisfactorio resolver los problemas que se basaban en el uso de su capacidad de ocultarse a la vista. Después de años de temor a su propia naturaleza, ella finalmente vio su potencial cuando llegó a salir de situaciones imposibles.

-Yo sé exactamente cómo lo podemos hacer -agarró la mano de la pelirroja, apreciando la atadura a sus inquietudes humanas- Sólo tenemos que obtener el momento adecuado. Si lo hacemos, estaremos en buen camino.
-Cuéntame más.



*****************************************


Estuvieron de acuerdo en que lo mejor era esperar el tiempo que les fuera posible antes de que pudieran escapar a la casa de Yulia. Cuanto más tarde Lena se marchase, las personas más probablemente se darían cuenta. Queriendo darle suficiente tiempo para volver a su apartamento antes de que oscurezca, la morena planeó para ellas salir a las seis de la tarde. Eso les permitiría escabullirse del apartamento inadvertidas, desplazarse a su casa, y luego hacer su ritual mensual. No quería que Elena se quedara fuera de protección policial por más tiempo de lo necesario en la noche que ella no podía protegerla.

Antes de las seis menos cuarto, Yulia había descendido una vez más al pleno proceso de la agonía, el deseo inducido por la luna. Alcanzó su punto máximo cada hora más o menos, y cada vez que lo hizo la pelirroja sació su necesidad apasionada y sin vacilación, transmitiendo amor puro e incondicional en cada golpe de sus dedos y la lengua. Cuanto más avanzaba el día, más primaria su conexión comenzó a sentirse. En sus momentos de lucidez la pelinegra estaba avergonzada por el estado instintivo, totalmente físico en que la luna la había reducido, pero era también por temor de cómo Elena manejaría la situación. En lugar de sentirse reducida a una especie de sirviente sexual, ella parecía disfrutar la oportunidad de darle algo a Yulia que nadie lo había hecho antes.

Es por eso que cuando Lena se puso de rodillas delante del sofá y aparto le los muslos quince minutos antes de que tuvieran que salir a la puerta, la morena no le dijo que no la ayudara o le pidió disculpas por la traición de su cuerpo. En cambio, acunó la parte posterior de la cabeza de la pelirroja y gimió cuando su lengua caliente se deslizó sobre los hinchados, hipersensibles labios. El contacto de Elena era lo único que alguna vez la había aliviado del dolor de la luna, y ella se entregó a él con gratitud.

Lena levantó la cara y miró el centro de Yulia, obviamente extasiada por su permanente estado húmedo, hinchado de excitación.

-Oh, cariño, se ve doloroso.

La morena apretó los dedos en el pelo de Elena, moviendo su boca de nuevo a donde más la necesitaba.

-No cuando lo lames, cariño -se estremeció cuando la primera oleada de placer rodó por su cuerpo, relajando sus músculos. Envolviendo los suaves labios alrededor del increíblemente hinchado clítoris, Lena ordeñaba su longitud con atención deliberada. Gruñendo su aprobación, la pelinegra empujó sus caderas contra la boca tibia con avidez- Buena chica. Eso es tan bueno.

Elena estaba radiante cuando Yulia la apartó.

-Probablemente lo mejor es que esto sólo pasa una vez al mes, por el bien de ambas, pero estaría mintiendo si dijera que no estoy disfrutando de cada segundo de esto.

Riendo ligeramente, la pelinegra se puso en pie. Este fue el mejor día de luna llena que jamás había tenido.

-Vamos a ver cómo te sientes en un año o así.

Una risita brillante de Lena precedió a una explosión de cálida felicidad que la golpeó en el centro de su pecho.

-¿Sexo loco, sobrenatural una vez al mes? ¿Con orgasmos que ambas podemos sentir? Estoy bastante segura de que va a tomar más de un año para arrugarme.
-Eso es un alivio -dio un rápido beso a la pelirroja. Había llegado el momento de poner su plan en acción. Esto era lo más lúcida que se sentiría el resto de la noche, por lo que era necesario actuar con rapidez- ¿Preparada para partir?
-Por supuesto.

Yulia le dio la mochila que contenía su ropa, así como las llaves y la cartera. Habían decidido que ella crearía una diversión, pero eso significaba que tenía que dejar el apartamento desnuda. Se reunirían después de que Lena se escabullera alrededor de la manzana, luego a pie hasta su automóvil, que lo había aparcado fuera de la vista casi a tres manzanas de distancia. Si todo salía según lo previsto, llegarían a su casa con más de una hora libre antes de que ella cambiara. Los policías que vigilaban el apartamento de Elena ni siquiera se darían cuenta de que se había ido hasta que regresara con su vehículo.

La morena había llegado a este plan porque sabía que Kirill Savransky estaba siendo vigilado. Si hacía algo sospechoso, si se acercaba a Lena en modo alguno, la policía lo arrestaría. Permitirle a la pelirroja escaparse esta noche era un riesgo, pero uno calculado. Y era claramente importante por razones que ninguna de ellas necesitaba vocalizar.

Yulia se acercó a la ventana que daba a la calle y la abrió, mirando hacia abajo en el sedán negro aparcado junto a la acera. No podía ver a los detectives desde esta planta, por lo que era imposible saber cómo de cerca estaban observando la situación. Yendo a lo seguro, se apartó de la ventana y encontró la mirada emocionada de Lena.

-Está bien. Tan pronto como vuele por la ventana, quiero que dejes tu apartamento. No te olvides de cerrarlo. Baja las escaleras hasta el vestíbulo, pero no salgas a la calle hasta mi señal.
-¿Qué será?
-Tú lo sabrás. Mi objetivo es conseguir que los detectives me miren para que puedas deslizarte fuera a la puerta y llegar al final de la manzana sin que lo noten. Sal cuando estés segura de que no están prestando atención a la puerta principal.
-Está bien -asintió con determinación, tirando la oscura capucha de la sudadera por encima de su cabeza. Completó su atuendo, metiendo su cabello bajo una gorra. La ropa inusual dio en el clavo; de un vistazo, ella no se parecía en nada a su aspecto normal, estaba impecable- Nos reuniremos allí.
-Sí -tiró de la pelirroja en un abrazo rápido, gimiendo impotente de lo bien que se sentía al tenerla cerca- Te veré en unos minutos. Se cuidadosa.

Yulia odiaba que Lena se fuera de su vista y sólo lo hizo porque sentiría si ella se metía en problemas. Mientras tenía su conciencia humana, estaba en sintonía con ella en una frecuencia cósmica. Que tendría que ser suficiente.

Asegurándose de que estaba fuera de la línea de visión de la ventana abierta, pasó a un pequeño gorrión. No sería capaz de crear mucha distracción en esta forma, pero era la mejor manera y más disimulado para bajar a la calle. Echando un vistazo a la pelirroja y se sintió complacida más que insegura ante la mirada boquiabierta de asombro en su rostro.

Elena había intentado explicarle lo alucinante que era su habilidad, desde un punto de vista científico, algo que ver con la masa y las leyes de la física, pero no había entendido ni la mitad de lo que estaba diciendo. Lo único que le importaba a ella era que la pelirroja parecía genuinamente emocionada acerca de lo que era. Después de sus padres y de que Carla la acusó de ser un monstruo, la aceptación entusiasta de la bella mujer fue más allá de sus más salvajes esperanzas y sueños.

Le pió a Lena, luego agitó sus alas para despegar, lanzándose por la ventana para bucear hasta el suelo. Trató de imaginar los movimientos de Elena en el interior del edificio, desesperada por conseguir la correcta sincronización. Sobrevolando a la barandilla fuera de la entrada principal, miró y esperó la llegada de la pelirroja al vestíbulo. Tenían suerte de que Katya había acordado eliminar los oficiales estacionados dentro ahora que los policías estaban vigilando a Kiril Savransky. La detective había dejado en claro que los oficiales volverían si perdían la pista de Savransky, pero el desprendimiento leve de seguridad sin duda hizo esta noche más fácil lograrlo.

Elena salió del ascensor y se dirigió a la puerta principal. Ella estaba junto a la ventana, fuera de la vista de los detectives en la calle. Satisfecha por la posición, la morena cruzó la calle a un callejón, aterrizando detrás de un contenedor para que pudiera pasar a la segunda parte de su plan. Quería llamar la atención de los agentes de policía sin causar pánico, así que hacer algo como desatar un tigre en medio de la calle de la ciudad estaba descartado. Del mismo modo, no quería convertirse en una criatura contra la que era probable que abrieran fuego si temían por su seguridad.

Eso es lo que hizo que un águila fuera la elección perfecta. Suficientemente inusual ya que la gente no los ve todos los días, como un pájaro espectacular estaba segura de captar la atención de los detectives. Y seguro como el infierno que no los haría decidirse disparar contra ella, incluso si les asustara. Su segundo cambio, de gorrión al águila, requería más esfuerzo que el primero, y la llevó un poco más lejos de su yo humano. Pero era emocionante ocupar el gran cuerpo de la majestuosa ave.

Yulia batió sus alas y se elevó en el aire, precipitándose fuera del callejón y al otro lado de la calle en el capó del vehículo negro. Ella miró al detective en el asiento del conductor derramar el café sobre su regazo, mientras que su compañero se agarró a su pecho, dando vueltas con los ojos con sorpresa. Extendiendo sus alas a su anchura, inclinó la cabeza hacia atrás y gritó tres veces. Era su señal para Lena y también un salvaje sonido triunfal de alegría desenfrenada.

Nunca antes había cambiado voluntariamente en un día de luna llena, y fue glorioso. Casi tan bueno como el sexo. Saltando alrededor del capó del automóvil, agitó sus alas y saltó de un lado a otro, mirando a la parte delantera del edificio. Ahora era el momento de Lena para escapar, su actuación había cautivado por completo a los detectives. La pelirroja probablemente podría aprovechar bailar por la calle sin ser vista.

Cuando Elena salió por la puerta principal y se escondió manzana abajo, Yulia se lanzó al gran final. Ella se levantó en el aire, luego vino abajo con fuerza en su parabrisas, dando gritos hacia el interior el vehículo. El detective en el lado del conductor, se puso sobre la bocina, sobresaltandola hacia atrás. Miró manzana abajo justo a tiempo para ver a la pelirroja dar la vuelta de la esquina y desaparecer de la vista.

Satisfecha de que había cumplido su misión, y cautelosa con la atención que estaba sacando de los espectadores que se reunieron en la calle, batió sus alas y se fue. Ella se deslizó a través del edificio de Lena al lugar al que habían accedido a reunirse. Aterrizando en el estrecho pasaje entre dos edificios, hizo otro cambio, esta vez a la rottweiler Luna, el perro protector de la doctora. Salió trotando hacia la acera, parando en seco tras localizarla inmediatamente. Atraída por su compañera, arrancó calle abajo para encontrarse con ella.

Elena la saludó con una suave palmada en el pecho.

-Buena chica.

Yulia caminaba a su lado, con la esperanza de no llamar la atención con su falta a la ley por no llevar correa. La pelirroja apoyó la mano sobre la cabeza del canino, enviando una oleada de placer satisfecho a través de todo su cuerpo.

-Eso fue algo bastante impresionante -murmuró en voz baja, revolviendole el pelo- No hay manera de que vieran marcharme. No con el espectáculo que diste.

El teléfono celular de la pelirroja sonó dentro de su bolsillo. Lo sacó y echó un vistazo a la pantalla.

-Bueno, creo que estamos a punto de averiguarlo -respondió con voz casual- Soy Lena. -la morena escuchó al detective de la entrada intentar explicar lo muy extraño que acababa de pasar. La doctora hizo un trabajo perfecto de interpretar hasta falsa sorpresa- Estas bromeando. Me pareció oír un alboroto allá abajo, pero nunca habría adivinado -escuchó y luego se echó a reír- Bueno, buena suerte con eso. Me alegro de que estoy a salvo aquí y no a merced de un pájaro loco. Bien. Adios.

Al hacer clic en el teléfono, murmuró en voz baja.

-¿No te encanta que los planes salgan bien?

La rottweiler se quejó de acuerdo. Su piel se estremeció de emoción y su cerebro animal amenazaba con hacerse cargo mientras luchaba por prestar atención a su entorno. Era tan difícil concentrarse, ella ahora era la última línea de defensa entre Elena y Kirill Savransky. Sin la policía como reserva, tenía que estar en la cima de su juego.

La pelirroja abrió el vehículo de Yulia a medida que se acercaban, abriendo la puerta del lado del conductor para permitirle saltar adentro primero. Habían decidido que la morena no iba a cambiar de nuevo en su yo humano hasta que llegara a su apartamento, reduciendo su riesgo de exposición lo más posible. La morena se acurrucó en el asiento del pasajero y exhaló profundamente, tratando de relajarse. Tres cambios habían disparado su adrenalina. Ella quería ir a casa, conseguir ser atada, y pasar el resto de la noche en la seguridad de su apartamento.

Claramente sintiendo la urgencia tácita de la pelinegra, Lena pasó el límite de velocidad de camino a su casa. Tan pronto como se detuvo en la acera lanzó el automóvil al aparcamiento, y luego abrió la puerta del lado del conductor rápidamente y dejó que Yulia saltara fuera del vehículo detrás de ella. Corrieron por la calle juntas, la pelirroja a la cabeza. La morena circulaba sus pies con entusiasmo mientras abría la puerta y corrió hacia adentro, cambiando de nuevo en su ser humano en cuanto Elena cerró la puerta detrás de ellas.

En el momento que Yulia regresó a su cuerpo, la caliente lujuria se apoderó de sus venas. Pensar se hizo imposible cuando las moléculas de aire que la rodeaban le hicieron cosquillas en la piel como un millar de lenguas lamiendo su clítoris. Gimió en agonía, enfocándose en la forma hermosa y fragante de la bella mujer no lejos de pie a un metro y medio.

Lena debió de ver la lucha en sus ojos.

-Está bien, cariño -dijo, dando un paso más cerca- Haz lo que tengas que hacer.

La morena cerró la distancia entre ellas y la agarró por los hombros, caminando hacia atrás en la sala de estar. Un desesperado, recurrente pensamiento cortó el ruido en su cabeza. No le hagas daño. Asustada por su inquebrantable necesidad, giró a la pelirroja alrededor, y luego la inclinó sobre el brazo del sofá. Con manos temblorosas, le desabrochó y abrió la cremallera de los jeans, tirando de ellos hacia abajo alrededor de sus tobillos. Entonces agarró la cintura de la ropa interior con ambas manos y bajó el material sedoso para exponer la carne firme y desnuda de sus gluteos.

La pelirroja miró hacia atrás por encima del hombro, mirandola a los ojos.

-Te deseo, Yulia. Tómame.

Animada por las palabras de Lena, utilizó ambas manos para abrirla, gimiendo ante la visión de su resbaladizo sexo rosado, el delicado fruncir de su ano. Dando un paso adelante, Yulia se apretó contra el suave calor del centro de la pelirroja. Usó sus dedos para exponer su clítoris hinchado, gruñendo mientras se frotaba contra ella y la empujó en una sin sentido, pantomima animal de sexo por detrás. Una vez que se instaló en un ritmo satisfactorio, el clítoris perfectamente posicionado contra la calida humedad, sus manos fue bajo la sudadera de Lena y acunó un pecho con los pezones duros en cada mano.

-Pellízcamelos -jadeó. A pesar de la falta de estimulación interna y del clítoris sonaba como si estuviera hacia la construcción de un crescendo- Retuerce mis pezones. No tengas miedo de ponerte dura.

Yulia obedeció por instinto, tirando y apretando sus pezones mientras ella continuó impulsando sus caderas en el trasero desnudo de Lena. Arqueando la espalda, la pelirroja gimió en voz alta, y luego se sacudió cuando un orgasmo rasgó inconfundible a través de su cuerpo. Su clímax envió la liberación a la pelinegra gritando, entregando placer al rojo vivo hasta la punta de los dedos del pie. Cuanto más se venia, más fácil se volvía pensar, hasta que finalmente la morena se derrumbó sobre la espalda de Elena, agotada pero felizmente lúcida.

Lena se rió débilmente, acariciandole el muslo.

-Bueno, eso fue una nueva experiencia para mí.

Avergonzada, la morena estaba con las piernas temblorosas.

-Lo siento. Yo no tenía la intención de... -se aclaró la garganta, sin saber cómo etiquetar lo que acababa de hacer. La pelirroja podía haber estado dispuesta a su servicio a favor de mantenerla cómoda y concentrada, pero le preocupaba que hubiera cruzado una línea. Permitir a Lena usar sus dedos y la lengua era una cosa, degradarla era algo completamente distinto- El cambio realmente me exaltó. Pero no debería haber hecho eso.

La pelirroja se puso en pie, dando a Yulia una risa aturdida.

-¿Estás bromeando? Acabo de venirme por tocarme los pezones.
-Sí, bueno... -le subió los pantalones la pelirroja, abrochándoselos torpemente- Yo podría haberlo hecho probablemente más cómodo para ti.
-Eso fue increíblemente caliente, Yulia -le tocó la cara- Estoy bastante segura de tener una fantasía en ese sentido una vez.

La pelinegra esbozó una sonrisa que era muy parecida a una mueca. Podía sentir la avanzada hora en los huesos, pronto sería totalmente inseguro para Elena estar a su lado.

-Se acerca, cariño. Tenemos que repasar las instrucciones ahora.
-Está bien -se arregló la ropa casualmente como si no hubiera sido simplemente montada sin sentido- ¿En serio nunca lo has hecho con esas prostitutas? Pregunto sin juzgarte. Es sólo que no puedo imaginar cómo te podías haber frenado cuando te sentías así.
-Honestamente, es posible que tú intensificaras los sentimientos un poco.
-¿En serio? -la miró extrañamente halagada.
-Por supuesto. Y no, no lo he hecho nada con las escoltas. No quería apegarme. Pero, créeme, es necesaria mucha fuerza de voluntad -agarró la mano de Lena y la llevó a la habitación de invitados, donde su fiel mesa de acero esperaba- Algo que me parece perder cuando estás cerca.
-Me lo tomaré como un cumplido -acarició con su pulgar el lado de la mano de la morena, enviando otro orgasmo rodando a través de su cuerpo. Por el gemido atormentado de ésta, murmuró- Lo siento.

Sacudiendo la cabeza, Yulia saltó sobre la mesa de acero y se acostó en el centro.

-Supongo que tengo un poco más de una hora antes de cambiar. Tenemos que empezar, para que seas capaz de salir antes de oscurecer.

Elena asintió solemnemente.

-Dime qué debo hacer.

Tener a alguien que conocía los riesgos era completamente una nueva experiencia. Por primera vez, Yulia se enfrentó a la perspectiva de la transformación de la luna llena con una sensación de comodidad. Había alguien que velaba por sus intereses. Alguien en quien podía confiar. Alguien que no quería que escapara y que haría lo que fuera necesario para asegurar de que no lo haría.

La morena tenía una socia en el verdadero sentido de la palabra.

Las aletas de la nariz se elevaron de la emoción, le dio a Lena un amoroso y prolongado beso en los labios. Se llevó todo lo que tenía para no profundizar. Alejándose, susurró.

-Eso sí, no tengas miedo de lastimarme, ¿de acuerdo? No lo harás. Te lo prometo.
-No tengo miedo -respondió la pelirroja con valentía. Y, de hecho, no tenía miedo en sus ojos- Te lo prometo.

Ojalá Yulia pudiera decir lo mismo.

Capítulo Treinta y cuatro


La policía lo había estado observando durante al menos once días hasta ahora, tal vez más. Kirill los vio por primera vez mientras estaba sentado en la cafetería cerca del apartamento de Elena Katina, dos hombres en el sedán oscuro que estaba sentado estacionado cerca. Ellos lo miraban discretamente, era obvio su aspecto de policías. Ellos claramente subestimaban su inteligencia, porque después de que él los descubrió la primera vez, fueron siempre fáciles de detectar.

Kirill no demostró que lo sabía. Puesto que ya lo habían visto visitar la cafetería, continuó sus viajes diarios. Se mantuvo fiel a los hábitos que no le incriminaban, sin querer cambiar el comportamiento para no levantar ninguna alarma. Era mejor para él si no sabían que él se había dado cuenta de que estaban vigilándolo. Pensó que si ellos pensaban que él estaba ignorante sin hacer nada malo, tal vez buscarían en otro lugar.

Tenían que tener una razón para ponerlo bajo vigilancia. Sin importar cuántas veces volvió sobre sus movimientos y acciones sobre el último par de meses, no podía entender cómo sabían que era él. Le había dado a Elena, su nombre de pila, pero no podía imaginar que sería suficiente para encontrarlo. Él no estaba en el radar de nadie. Sin antecedentes penales, Nada indica cualquier cosa acerca de él.

El momento fue sospechoso, había descubierto su equipo de vigilancia no mucho después de que ese estúpido perro lo había expulsado del apartamento de la doctora. No había dejado ninguna evidencia. No había visto ningún testigo potencial durante su huida. A pesar de su fracaso para llegar a ella, la misión no había sido un desastre total. Había salido sin ser visto.

Pero su cabeza no había estado en lo cierto desde aquella noche, y él estaba empezando a dudar de sus instintos, tal vez incluso su cordura. Porque tan enojado como estaba, seguía sin entender adonde su perrito había desaparecido.
Se acordó que se enfureció, sabiendo que se desahogaría con el, que corría debajo de la cama y se escondió. Y entonces el perro había desaparecido.

Ahora, los policías lo estaban siguiendo. Eso significaba que había hecho algo mal, incluso si él no podía entender qué. Tal vez los estaba perdiendo, tal vez había cometido un error con uno de los cuerpos, o con el teléfono al llamar a la Elena Katina. Su regalo. La pista. Se había crecido. Exceso de confianza. Con todo su pesar, se había obsesionado.

Estaba seguro de que no había dejado atrás cualquier evidencia utilizable en sus escenas o sobre sus víctimas. Sus mayores riesgos fueron cuando intentó contactar con la doctora. Fue entonces cuando rompió sus propias normas, la base de los principios que había jurado cumplir para no ser atrapado. Ser pulcro acerca de la ciencia forense. No dejar pruebas de cabello disponibles, por lo que se afeitó la cabeza, las cejas y el cuerpo. No tomar trofeos. No esconder evidencias. Usar un arma nueva cada vez. Por encima de todo, no hacer nada estúpido. Actuar con el cerebro y no con el corazón.

Con Elena había tirado por la ventana el no ser estúpido. Cuando se había imaginado este juego antes de que empezara, fantaseaba acerca de dejar un reguero de víctimas a sus espaldas, perpetuamente desconocido, deslizándose fuera de las sombras sólo para matar antes de desaparecer en ellas una vez más. Tan pronto como él atacó a la doctora la mañana de su primer asesinato, había cambiado el juego. Había permitido que su deseo de infligir miedo y dolor a la Dra. Elena Katina abrumara su sentido de la prudencia y su inteligencia.

Ya no sería así.

Kirill no tenía intención de ser atrapado. Esta noche dos detectives estaban estacionados frente a su edificio, pero mañana era un nuevo día. Había que salir esta noche, iría a otro sitio. Haría lo que amaba hacer pero lo haría por él la próxima vez, no se trataría de alguna p.u.t.a autora de best seller / patóloga forense. Prácticamente él y las mujeres que eligió, el ritual, el placer que le daba.

Había de volver a lo básico.

Tan pronto como terminara aquí.

Kirill no podía dejar a Elena Katina sin algún tipo de clausura. Él no era un suicida, marchándose directamente después de que la doctora ya no fuera una opción. Era demasiado peligroso cuando la policía tenía sus ojos puestos en los dos. Así que su juego final original estaba, trágicamente, abortado.

Pero eso no significaba que no podría llevar a cabo un movimiento de cierre con broche de oro.

Un par de días antes de descubrir la presencia de los policías, Kirill había estado haciendo su propia vigilancia del bloque de Elena, observando las idas y venidas en su apartamento. Para su sorpresa, su vieja amiga apareció. Yulia, de acuerdo con el correo que había interceptado un día a su casa. Kirill había descartado su relación después de sus gritos un par de semanas previas, pero parecía que habían reavivado la cosa. Yulia había entrado en el apartamento por la mañana y todavía no había salido cuando él dejó su vigilancia.

Lamentablemente Kirill no había sido capaz de controlar a la doctora en absoluto desde que hizo su retirada, pero sospechaba que Yulia era todavía lo suficientemente importante para ella para que su asesinato fuera devastador. Si tenía suerte, Yulia podría estar esta noche sola en su apartamento. Incluso si ella no estaba, debía ser capaz de forzar la entrada y estar al acecho. Cuando la doctora fuera a trabajar mañana por la mañana y ella regresara a su casa, Kirill entregaría su remate de despedida. Le daría a Elena algo para recordarlo.

Entonces desaparecería. Él ganaría.

Este plan era incluso mejor que el original, así que no mataría a la doctora. Él destruiría su espíritu, pero su cuerpo seguiría vivo. Un nuevo concepto para él, es cierto, pero apreció la naturaleza poética de este final. Un interminable tormento para Elena Katina. Por su causa.

Y ¿quién sabe? Tal vez volvería por ella algún día.
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Corsca45

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Corsca45 el Miér Nov 05, 2014 10:41 pm

Capítulo Treinta y Cinco


Todo el día Lena se dijo que cumpliría su promesa y dejaría a Yulia antes de que oscurezca. Quería demostrar que era digna de la confianza de la morena. La mejor manera de hacerlo era seguir sus instrucciones exactamente. Este ritual mensual era algo que ella tenía perfeccionado con el tiempo. Los años de experiencia le habían enseñado lo que era necesario para mantener a todos a salvo. Sin embargo, cuando llegó el momento y Yulia le dijo que se fuera a casa, no pudo.

Al verla atada, retorciéndose de dolor mientras la noche se acercaba, alejarse se hizo más fácil de decir que de hacer. Entendía por qué la morena no quería que asistiera a la transformación, pero después del día que acababan de pasar, construyendo una conexión primaria que Lena podía sentir en sus huesos, no podía soportar abandonar a Yulia al tormento de la Luna.

Quería quedarse. Para ayudarla, de alguna manera.

-No. Accediste a irte -el pánico en la voz de la pelinegra desgarraba su corazón- Ya es hora. ¡Ya!

Las lágrimas brotaron de los ojos color jade y no trató de ocultarlas. Ella sabía que la morena podía sentir su angustia.

-No me gusta verte así. No quiero dejarte sola.

La pelinegra apretó los dientes y su rostro se puso rojo.

-Escúchame. En unos quince minutos, no sabré quién eres. No vas a estar a salvo a mi lado.
-No me harás daño -no tenía ni idea de dónde sacó su confianza para esa declaración, pero ella lo creyó hasta el fondo de su alma. Sobre todo después de hoy, después de haber compartido lo que sentía a veces como algún tipo de apareamiento primitivo y ritual de unión, no podía imaginar a Yulia causándole daño- Puede que mi presencia te ayude con la transformación, también. Al igual que lo hizo hoy, con la excitación.

Sacudiendo la cabeza con furia, la pelinegra cerró los ojos contra las lágrimas que habían comenzado a caer.

-Me lo prometiste, Lena. No rompas tu promesa.
-Pero yo…
-Podemos hablar de eso mañana -abrió los ojos, que estaban tan atormentados que la pelirroja se estremeció tan pronto como se clavaron en los suyos- Yo no puedo protegerte esta noche, ni siquiera de mí misma. Y necesito saber que estás a salvo. Esto será mucho más fácil para mí si sé que estás fuera de peligro.

Estaba claro que ella no sería capaz de convencer a la morena para que la dejara quedarse. Rompiendo su promesa podría dañar su relación irreparablemente. No importa que tan intensamente se conectaran, su relación era todavía nueva. Elena esperaba que Yulia fuera honesta con ella, así que ella necesitaba demostrar lealtad y honestidad a cambio.

-Está bien -se limpió las lágrimas de su rostro rápidamente, poniendo un frente valiente- Lo siento. Yo sólo te quiero. Esto es tan... difícil.

Los ojos color zafiro se habían vuelto salvajes. Ella se deslizaba más y más lejos.

-Te amo. Ahora vete.

Con un gesto lloroso, Lena se inclinó y la besó en su húmeda mejilla, luego se volvió y se dirigió rápidamente hacia fuera de la habitación de invitados. Cerró la puerta detrás de sí, luego, puso la llave de las esposas en su bolsillo como la pelinegra le había indicado. Se dirigió al salón, mirando por la ventana al cielo oscuro. Según la morena, la transformación ocurriría en cualquier momento. Ella esperaba que esta noche fuera según lo planeado, y que Yulia estuviera a salvo hasta que regresara por la mañana.

Su teléfono sonó en el interior de su mochila, que seguía donde lo había dejado caer justo al entrar por la puerta principal. Con el corazón desbocado, corrió a través de la habitación para abrir la bolsa y buscar el teléfono. Rezaba para que no se viera el nombre de Katya en su identificador de llamadas, temía que alguien había descubrió su ausencia. Cuando miró el teléfono y confirmó que la detective la llamaba, suspiró y contestó tan casual como pudo expresarse.

-Hey, Kat. ¿Qué pasa?
-Tú no estás en casa. Eso es lo que pasa. -Sonaba como si estuviera tratando de mantener un tono neutral, lo que significaba que estaba muy enojada. No hubiera esperado nada menos- Estoy de pie en tu sala de estar y no estás aquí. Entonces, ¿dónde diablos estás?
-Me voy a casa ahora.
-Eso no es lo que pregunté. ¿Qué te poseyó para escabullirte de tu equipo de protección?

Un grito de agonía gutural sacudió las paredes a su alrededor, cortando su respuesta. Elena giró, enfocándose en la puerta cerrada de la habitación de invitados. Su estómago se dejó caer inquieto, Yulia debía estar en marcha.

-¡Lena! ¿Estás bien?

La alarma en la voz de Katya la trajo de nuevo a la conversación.

-Estoy bien -el escándalo creciente en la habitación de invitados la envió corriendo a la puerta, temiendo que Katya sería capaz de oír los gruñidos, gemidos y quejumbrosos llantos agónicos. Cada sonido de angustia desatada una ola de dolor en respuesta en su propio cuerpo- Lo siento, es sólo la televisión.
-¿Estás en casa de Yulia? Dímelo y te enviaré a alguien para recogerte.

A la pelirroja se le puso el estómago en la garganta.

-Eso no será necesario. Te lo dije, me voy a casa ahora mismo. Estaré allí en quince minutos. No hay razón para preocuparse.
-¿Te convenció Yulia de hacer esto? ¿Qué razón tenía que dar para que debas ponerte en riesgo? -ya no trató de ocultar su furia- ¿No se preocupa por ti en absoluto?
-Hey -la detuvo bruscamente- No es así. Deja de hacer supuestos, cálmate, y vamos a hablar de esto cuando vuelva. No es para tanto. A menos que hayas olvidado de decirme que Kirill Savransky está por algún lado.

Katya se quejó en voz baja.

-De acuerdo con mi gente, subió a su apartamento hace dos horas y apagó las luces. Ningún movimiento desde entonces.
-¿Tomando una siesta, tal vez? -a pesar de sus nervios, se forzó una ligera risita- Explícame ¿por qué estás tan asustada de nuevo?
-Porque no quiero que te pase nada. Porque no me gusta que hagas algo tan estúpido.

Elena se dio cuenta de que el ruido de la habitación de huéspedes de repente había cesado, dejando a la casa casi anormalmente tranquila. Justo cuando se preguntó si debería estar preocupada, un aullido penetrante surgió de detrás de la puerta, tan triste que envió escalofríos por su espalda.

-¿La televisión otra vez? -No había humor en la voz de la detective.

La pelirroja agarro su mochila, cerrando la cremallera de su cierre, a continuación, la arrojó por encima del hombro. Tenía que salir ahora. Katya sabía dónde estaba, y ella ya había abusado de su hospitalidad. Estaba patinando peligrosamente cerca de la exposición del secreto de Yulia, era un riesgo que no podía tomar. Tenía la certeza de que la detective no creía en lo sobrenatural, y si se encontrara con la evidencia de su existencia, su reacción no sería buena.

-Puede que no suela hacer cosas estúpidas, pero lo hice. Yo. Yo decidí salir por una hora porque quería algo de privacidad. Es lo que es, y lo siento. Hablaremos de eso cuando llegue a casa. ¿De acuerdo?

Suspirando, la detective dijo.

-Bien.

Lena tomo las llaves de la casa y abrió la puerta principal. Su breve adiós a murió en su garganta. De pie en el porche había un hombre cuya cara nunca había visto antes, sin embargo, ella lo reconoció inmediatamente.

Kirill Sanvransky.

Rápidamente dio un paso atrás y se dispuso a cerrar la puerta, pero él se abrió paso en el interior, empujándola hacia atrás lo suficientemente fuerte para derribarla al suelo. Su teléfono celular se le disparó de las manos y se deslizó al otro lado del pasillo, llegando a descansar debajo de una mesita pequeña.

Por un instante terrible no podía respirar. No pudo abrir la boca, no podía forzar la salida de sonido. Luego sus pulmones comenzaron a trabajar y ella gritó,

-¡Kat!

Kirill pateó la puerta de golpe y se lanzó sobre ella, golpeándola con fuerza en el rostro con el puño. Aturdida momentáneamente en silencio, gimió de dolor cuando él trepó hasta el teléfono celular y lo desconectó. Se lo metió en el bolsillo del pantalón y se encaramó de nuevo sobre su cuerpo, sujetándola hacia abajo antes de que pudiera reunir su ingenio y tratar de escapar.

-No esperaba encontrarte aquí -sus pupilas estaban dilatadas por lo que hizo que sus ojos se vieran negros. El sudor perlaba su frente. La expresión de su rostro era una curiosa mezcla de miedo y excitación- Vine por tu novia. Ella iba a ser mi último regalo para ti.
-No está aquí -respondio. Justo cuando la mentira rodara de su lengua, un gruñido desde la habitación de invitados y puso de punta los pelos de su nuca.

Kirill miró fijamente a la puerta cerrada, y luego a Elena.

-¿Es tu nuevo perro? Lo vi paseando a tu derecha antes de descubrir que la policía me estaba vigilando.
-Sí, ese es mi perro. -El corazón le martilleó en su pecho. A Katya le tomaría por lo menos quince minutos llegar hasta aquí, suponiendo que el tráfico se moviera. Kirill Savransky no podría mantenerla con vida tanto tiempo, sobre todo cuando sabía que alguien había oído su entrada- Por favor, no le hagas daño.
-¿De qué sirve tener un perro de protección, si lo vas a dejar encerrado en una habitación? -la diversión transformó su rostro en algo casi humano- Quiero decir, es un poco trágico ser asesinada justo después de que ha guardado en su sitio tu única arma. Perra estúpida.

Las palabras de Kirill despertó la memoria de Lena. Había puesto la pistola que Katya había insistido en que llevara en su mochila antes de salir de su apartamento. A pesar de que no había imaginado honestamente que su acosador podría escapar de su vigilancia y venir en pos de ella en una noche que estaba sin protección, a ella le había gustado la tranquilidad que la pistola le proporcionaba. No es que estaba haciendo mucho bien, oculta en una mochila que yacía de espaldas a ella, fuera de su alcance.

Un gruñido feroz estalló en la habitación de invitados, a continuación, una serie de aullidos cada vez más frustrados. Yulia podía sentir que estaba en peligro. Incluso ahora, con su mente completamente separada de sus sensibilidades humanas, su conexión permaneció. La emoción procedente de la morena en carne viva e inconexa, era difícil de discernir. Pero Lena sabía que ella se enfureció. Mientras el terror de la pelirroja crecía, los ruidos de la habitación de huéspedes aumentaban en volumen.

-¿Qué demonios le pasa a tu perro? -la confusión pasó a través de la cara de Kirill y la miró a los ojos por primera vez, realmente estudiándola- ¿Qué pasa contigo y con los perros? Cada vez que me acerco a ti hay algún m.a.l.d.i.t.o perro que me ahuyenta.
-Me gustan los perros -luchó para no dejar que su mirada se perdiera a su mochila, no quería anticipar a su acosador su próximo movimiento- La policía está en camino. Debería salir ahora si no quiere quedar atrapado.

Kirill se rió.

-Aténgase a la patología forense, doctora. Su psicología necesita un poco de refinamiento -sentándose un poco, llegó detrás de si y sacó un cuchillo de grandes dimensiones, de aspecto terriblemente afilado- No estaba esperando estar cerca de ti de nuevo. No voy a perder esta oportunidad. No después de todo lo que hemos pasado.

El estómago de Elena se revolvió. Habló de ella casi con cariño, como si tuvieran una relación verdaderamente valiosa.

-¿Vas a matarme? ¿Es tu juego final? Pensé que esto era acerca de cómo obtener lo mejor de mí.
-Oh, voy a sacar lo mejor de ti -acarició con el dorso de la mano su mejilla con ternura- Confía en mí, cuando la policía te encuentre, van a saber quién ganó nuestro pequeño juego -dejó caer la mano a la garganta, paralizándola con el temor que le cortaría la fuente de aire, y luego le tocó el pecho a través de su camisa- Cuando vine a verte por última vez, tenia la intención de violarte y cortarte la cara. Lástima que no tengo el tiempo o el condón para hacer eso esta noche.

El estómago de Lena se dejó caer en sus pies cuando él levantó el cuchillo, colocando el borde de la cuchilla contra su mejilla.

-Por favor -susurró.
-Bueno, la parte de violarte por lo menos -Él pasó la hoja por su mejilla en un corte rápido y brutal, abriendo la piel con precisión abrasadora.

Ella se estremeció cuando la sangre caliente brotó de la herida y salió corriendo por su rostro. Eso dejaría una cicatriz.

Un rugido absolutamente salvaje sacudió las paredes a su alrededor, tirando de la atención de Kirill fuera el tiempo suficiente para que Lena condujera su puño en su cuello. Ahogándose, se llevó las manos a la garganta reflexivamente. La pelirroja empujó contra su pecho tan fuerte como pudo, luchando para salir de debajo de él mientras cayó de lado.

Ella se arrastró hasta su mochila y la abrió, metiendo la mano en el fondo en una búsqueda loca por la pistola. Al tiempo que sus dedos rozaron contra el frío metal, Kirill le agarró las piernas y tiró de ella hacia él. Perdió su agarre de la pistola con un gemido derrotado, jurando en frustración cuando Kirill subió por encima de ella para tirar la mochila más lejos.

Volteándose debajo de él, Lena salvajemente, primero golpeó la espinilla, después consiguió un golpe sólido entre las piernas. Se quedó sin aliento y rodó lejos, manteniéndose protectoramente. Aprovechando su momentáneo lapso, ella se levantó de un salto y corrió hacia la habitación de invitados. El ir por la pistola no funcionó la primera vez, por lo que abandonó ese plan en favor de ir directamente a su arma más letal: una ferozmente, cabreada protectora mujer lobo.

O por lo menos eso es lo que la pelirroja esperaba encontrar detrás de esa puerta. En lo profundo de su corazón ella creía que Yulia la reconocería incluso en su cambiado estado, pero eso no impidió que un leve trino de aprehensión se arrastrase por su espalda. La morena estaba haciendo todo tipo de ruidos diferentes que ella nunca había escuchado. Gruñidos viciosos, roncos de intención asesina.

Sin embargo, prefería tomar sus posibilidades con la Yulia de la luna llena que con Kirill Savransky.

Tomando una respiración profunda, Elena abrió la puerta de la habitación de invitados, a continuación, rápidamente la cerró detrás. La puerta no cerraba desde el interior, la pelinegra probablemente imaginó que eso no era de mucha utilidad, así que el cierre sólo podría ralentizar brevemente a Kirill. Pero cada segundo contaba, especialmente cuando ella pensó en cuán estrechamente había ligado con Yulia.

Ante el sonido de su entrada, la criatura descomunal atada a la mesa levantó la cabeza y la miró con verdes ojos malévolos. Las manos de Elena se quedaron entumecidas ante la visión de su novia, ahora totalmente irreconocible, más grande que cualquier lobo en la tierra, pero claramente cánido y desprovista de cualquier humanidad. Su piel plateada captó la poca luz, reluciente, mientras ella le enseñó los colmillos imposiblemente afilados en un gruñido agresivo clásico.

No había ninguna señal de reconocimiento en los ojos de Yulia, pero Lena todavía sentía su conexión en su intestino. La morena estaba reaccionando a su miedo y dolor, incluso si no podía ver a Yulia allí, podía sentirla. Corriendo hacia la mesa, miró profundamente a los fríos ojos verdes mientras buscaba las llaves de las esposas que salieron de su bolsillo.

-Sé que estás ahí, Yulia -murmuró- Confío en ti. No me harás daño, ¿de acuerdo? te voy a desatar, porque te necesito ahora mismo…

La puerta de la habitación de invitados se abrió de golpe y Elena saltó, casi dejando caer las llaves de las esposas. Negándose a distraerse, hurgó para abrir la primera banda en la muñeca. Ya que sabía que no tendría tiempo para desbloquear los otros tres, y mucho menos desatar la cuerda que la sujetaba abajo, pero ella se negó a darse por vencida hasta el último segundo posible.

-¿Qué deminios es eso?

Lena vio el terror en la voz de Kirill, justo a tiempo para ver traer su arma y apuntarle a Yulia. Le soltó la muñeca, ella saltó fuera del camino cuando la morena abrió su enorme brazo en el aire, tratando de usar su nuevo apalancamiento para liberarse. El fuerte ruido de los disparos sacó un grito de su garganta, que se convirtió en un sollozo cuando vio florecer una vivida mancha roja en el pelaje plateado sobre el pecho del lobo.

-¡No! -sin preocuparse por su propia seguridad, corrió hacia Kirill Savransky y lo derribó hacia la mitad. Se cayó de espaldas en el pasillo aun cuando otro disparo sonó. Echó hacia atrás su puño y lanzó un puñetazo en la garganta de Kirill, pero estuvo a punto porque él movió su cabeza hacia un lado. Su mano golpeó inútilmente contra el duro suelo de baldosas, enviándole un disparo de impresionante agonía a través de su cuerpo. Aprovechó su dolor haciendo rodar sobre ellos por lo que estaba encima.

-Eres una jodida p.u.t.a loca -él envolvió sus manos alrededor de su cuello, apretando duro. Al parecer estaba jugando un poco, se terminó jugar con ella, se terminó las cosas fuera de lugar. El fin estaba aquí- No sé qué demonios te pasa a ti y tu estrafalario amigo animal, pero he acabado. Tú estas acabada.

Ella abrió la boca para gritar a Yulia, pero no podía emitir el aire suficiente como para hacer algo más que gimotear. Echó un pie, golpeando débilmente contra el marco de la puerta de la habitación de invitados. Se estaba haciendo más difícil luchar sin su oxígeno, su percepción se hizo distorsionada de la manera más extraña. Un gemido terrible, llenó sus oídos, luego un escalofriante aullido de rabia de Yulia.

Por fin, toda la presión alrededor de su garganta se alivió y podía respirar de nuevo. Tomando una bocanada de aire fresco, dulce, se sentó torpemente, lista para moverse. Recorrió su entorno, evaluando la situación, y luego se quedó inmóvil cuando vio el cuerpo de Kirill justo dentro de la habitación. Se quedó mirando sin ver hacia el techo, su cuerpo convulsionándose mientras la sangre brotaba de la gubia salvaje en la garganta. Un lobo increíblemente grande se cernía sobre él a cuatro patas, su pelaje plateado de punta en una línea en su parte posterior.

-Yulia.

En la exclamación de Lena el lobo volvió la cabeza y fijó su mirada en su rostro. Yulia, recordó la pelirroja. Ese lobo era Yulia. Obligándose a abrirse paso entre su cautela instintiva, le tendió la mano al lobo y la miró a los ojos.

-Yulia, estoy a salvo ahora. Todo está bien

Con los labios todavía retirados en un gruñido, el lobo se alejó un paso del cuerpo sin vida de Kirill. Luego su rostro se relajó poco a poco, transformando de bestia feroz a criatura majestuosa en un santiamén. Bajando la cabeza y mirando a los ojos color jade, mirando casi sumisa, trotó hacia Lena y golpeó la cabeza contra su pecho.

Elena inhaló bruscamente ante el gesto inequívoco de cariño.

-Me salvaste la vida -levantó una mano cuidadosa, pasando sus dedos a través de la gruesa piel que cubría el amplio cráneo- Gracias. Te amo.

La loba levantó la cabeza y rozó la cara contra la de la pelirroja. A continuación, una lengua grande, caliente lamió suavemente la sangre que cubría el rostro de Lena del corte que Kirill le había hecho. Ella podía sentir la preocupación y cólera persistente de la morena, incluso en este estado primitivo.

-Kat estará aquí en cualquier momento -dijo en voz baja- Tenemos que esconderte hasta después de tratar con la policía. ¿Lo entiendes? El cuerpo está en la habitación de invitados, así que voy a necesitar que permanezcas en el dormitorio -no tenía idea de cómo iba a explicarle la cuerda y la mesa a Katya, pero sabía que mover el cuerpo a otro lugar no era una buena idea. Sería obvio que trataba de ocultar algo, y sabía que la sospecha de la detective caería sobre la pelinegra.

Yulia se quejó y puso una pata grande en el muslo de Lena. Era obvio que quería estar cerca.

-Lo sé, cariño. Tan pronto como pueda conseguir que Kat salga, tengo que mirar tu herida -tocó el agujero de bala en el pecho de de la loba, haciendo una mueca al ver la sangre que manaba de la abertura entre los dedos- Voy a tratar de que sea rápido.

Como desencadenada por sus palabras, la puerta principal de la casa se estrelló abriéndose. El sonido de unos pasos que se acercaban rápidamente levantó los pelos del cuello de la pelinegra y saltó delante de Elena, asumiendo una postura protectora. Esta se puso de rodillas y gritó.

-¿Kat? Quédate donde estás.

Ella no esperaba que la detective hiciera lo que le pedía, así que no fue una sorpresa cuando Katya escoró alrededor de la esquina en el pasillo. Su arma estaba en sus manos y al instante lo había encarado hacia el lobo.

-Lena, ponte lejos de eso. Yo me ocuparé de esto.

Yulia dejó al descubierto sus colmillos y gruñó bajo su garganta. Ella dió un paso más cerca de Katya, claramente sin miedo a su arma.

Elena podía ver los dedos de la detective apretar la pistola y el estómago tocó fondo en la inminente violencia que amenazaba con estallar entre las dos personas que más le importaba.

-Kat, baja el arma. Sólo dame unos pocos minutos para llevarla al dormitorio y podemos hablar. Kiril Savransky esta muerto. El lobo me salvó.

Los ojos de la detctive se entrecerraron y se lamió los labios, ajustando su objetivo.

-Eso no es un lobo. Es un m.a.l.d.i.t.o monstruo.

Yulia se agachó y se quedó inmóvil, con las orejas retenidas contra su cabeza. Ella estaba a punto de saltar, lo que era casi seguro que le dispararía. Aterrorizada de que la situación podría tornarse mortal en cualquier momento, la boca la pelirroja se le secó cuando el lobo se deslizó un poco más cerca de la detective. Ella pudo ver el instante en que Katya decidió disparar su arma e inmediatamente abrió la boca.

-Yulia, no. Ella vino a ayudar -frenética, miró los ojos de la detective- Eso es Yulia, Kat. Me comprometo a explicártelo, pero simplemente no le dispares. Ella me salvó la vida.

Lanzando su mirada entre Lena y Yulia, la detective vaciló, luego bajó su arma.

El lobo no tenía marcha atrás, sacando un paso más. Katya dio un paso atrás nerviosa.

-Llámala, Lena. Si no quieres que le dispare, es necesario que me respaldes de una p.u.t.a vez.
-Yulia -habló en un tono firme- Ven aquí ahora -la loba se congeló en su lugar, luego se dio la vuelta, bajando la cabeza mientras corría hacia ella. Cuando llegó se sentó a su lado, era suficiente alta como para que la cabeza llegara fácilmente a su hombro.

Al final del pasillo, Katya estaba boquiabierta.

-No puedes estar hablando en serio -dijo sorprendida- Acerca de lo que es Yulia.
-Estoy hablando muy en serio -descansó su mano en la espalda de la criatura a su lado, acariciando su piel suavemente. Yulia se apoyó en ella, lo que la hizo casi perder su equilibrio- Esta noche hay luna llena.
-Tienes que estar bromeando.

Elena negó con la cabeza y luego hizo un gesto hacia la enorme criatura junto a ella.

-¿Tienes una explicación más razonable para esto?

La detective tragó.

-Estás sangrando bastante mal. ¿Quién te cortó?
-Kirill Savransky. Yulia lo mató para protegerme -señaló la habitación detrás de ellas- Él está ahí.

Exhalando, Katya asintio con la cabeza.

-Vamos. Están enviando los vehículos aquí en estos momentos. Ocúltala antes de que este lugar esté lleno de policías. Y asegúrate de que se mantiene oculta- levantó una mano temblorosa, palmeándose el pelo nerviosamente- Una vez que se hayan ido, tú y yo vamos a tener una larga, y seria conversación.
-Está bien -A pesar de su malestar evidente sobre Yulia, sabía que Katya haría todo lo posible para proteger su secreto esta noche, aunque sólo sea porque podía ver lo importante que era para ella- Gracias, Kat.
-No me lo agradezcas todavía. Sólo tienes que irte.
-Vamos, Yulia -se volvió y corrió por el pasillo, aliviada cuando la morena la siguió sin prestar atención a la detective. Se la llevó al dormitorio principal, mientras el sonido de las sirenas de la policía aumento desde el exterior. Entonces cerró la puerta detrás de ellas, total y absolutamente agotada. Yulia acechaba por la habitación, olfateando un rastro en el suelo- Tienes que estar muy tranquila, ¿me entiendes?

La loba inclinó la cabeza hacia un lado, luego tomó carrera y saltó sobre la cama, que crujió bajo su peso. Gotitas de sangre salpicaron el edredón.

Lena determinante avanzó para chasquear los dedos y apuntó en el suelo.

-Abajo.

Obedeciendo inmediatamente, la criatura cruzó la habitación para sentarse con atención en la alfombra a sus pies. La pelirroja tuvo que reír. Después de toda la preocupación de Yulia que su encarnación de lobo en luna llena era una bestia asesina, sanguinaria, realmente parecía bastante dócil. Cuando no estaba en modo de protección, al menos. La teoría de la pelirroja era que su matanza de las ovejas había sido el instinto integrado de un lobo salvaje, juvenil y no un indicador de puramente mala intención.

-Necesito ver tu herida -dijo poniéndose de rodillas delante del enorme cuerpo. Confiada ahora, sintió en torno a la gruesa piel, sólo un poco vacilante acerca de cómo podría reaccionar al dolor. A pesar del tamaño de la morena y obviamente desconectada de la humanidad, ella se sentía tan segura como siempre en su presencia. Moviéndose para inspeccionar su espalda, suspiró con alivio- Hay un orificiode salida. Salió limpio.

Esa fue una señal muy buena por el hecho de que Yulia no actuó cuando ella estaba sufriendo. También que la hemorragia ya había disminuido a un goteo. Consideró que se recuperaría de la herida sin problema, pero necesitaba limpiar el área para asegurarse de que no se infectara. Vendarla de forma adecuada sería un reto.

Entró en el baño para encontrar toallas limpias y desinfectantes. También encontró algunas gasas y cinta adhesiva, lo que tendría que servir. Sacudiendo la cabeza mientras empezaba a limpiar la sangre empapada de la piel con un paño húmedo Lena murmuró.

-Nunca vas a creer esto cuando te despiertes mañana, cariño. Pero si estás ahí en este momento, entonces escúchame, no eres un monstruo. Eres mi héroe. ¿De acuerdo?

La morena se estremeció cuando Elena le puso desinfectante en la herida, gruñendo bajo en la parte posterior de la garganta. Pero se quedó completamente inmóvil, bajando la cabeza en sumisión.

Abrumada por el cálido afecto, la pelirroja le echó los brazos alrededor del cuello del lobo y hundió la cara en la piel sedosa de plata.

-Te amo, Yulia.

No hubo respuesta, por supuesto, al menos no con palabras.

Capítulo Treinta y seis


Elena se quedó en la habitación de Yulia durante al menos una hora y media, escuchando los sonidos de policías y técnicos vagando por la casa. Se sentía extraña por esconderse mientras la escena fue documentada y el cuerpo preparado para el transporte al depósito de cadáveres, pero ella estaba segura de que Katya había ofrecido una explicación razonable par su ausencia. Probablemente el trauma, que ella había sufrido mucho.

Yulia roncaba ruidosamente a su lado. Se había quedado dormida al pie del colchón casi inmediatamente después de que le vendó la herida. Hecha una bola, su enorme cuerpo todavía ocupaba la mayor parte de la cama. Lena la acarició distraídamente, agradecida por su presencia. A pesar de ver el cadáver de Kirill Savransky con sus propios ojos, ella se mantuvo en el borde, como si fuera a estallar a través de la puerta de la habitación en cualquier momento.

Cuando Katya finalmente llamó a la puerta poco después de que la casa se tranquilizó, el ruido repentino la hizo sacudirse por la sorpresa. Yulia levantó la cabeza y parpadeó adormilada hacia la puerta, pero cuando la detective hablo.

-Soy yo Katya -la criatura suspiró y se dejó caer sobre la cama, cerrando sus ojos de nuevo.
-Voy a estar aquí mismo -la pelirroja se desenredó de la morena, levantando una pata enorme de su muslo y suavemente la puso en el colchón. La loba entreabrió los ojos y ella mostró su palma de la mano, esperando que lo entendiera- Quédate aquí, Yulia. Voy a hablar con Kat por unos minutos.

Pero cuando se acercó a la puerta, la loba saltó de la cama y la seguía de cerca. La pelirroja levantó una ceja, pero no dijo nada. Tenía la sensación de que se trataba de una discusión que no podía ganar.

Katya dio un paso atrás instintivamente cuando Lena abrió la puerta con la criatura a su lado. Levantó la mano, sin llegar a tocar la mejilla de la pelirroja.

-Lena, tu rostro.
-Oh -acerco las yemas de sus dedos a su línea de la mandíbula, haciendo una mueca en la pegajosa, seca sangre que se había olvidado de quitar. Ahora que había tenido tiempo para recobrar el aliento, su mano herida empezaba a palpitar también. Ella había estado tan preocupada por las lesiones de Yulia, y preocupada acerca de lo que haría Katya con su secreto, que sus propios dolores y malestares habían tomado un segundo plano, hasta ahora- Estaba tan ocupada atendiendo la herida de bala de Yulia que me olvidé de todo.

A regañadientes bajando la mirada a Yulia, por primera vez, la detective pregunto.

-¿Se encuentra bien?
-Ella va a estar bien. La bala la atravesó.
-¿No tiene que ir al hospital?
-Yo no lo creo. -tocó la espalda de la morena, con cuidado para evitar el recién limpiado orificio de salida- Vamos a ver lo que sucede cuando se convierte en humano de nuevo, pero ella parece realmente fuerte.
-Eso es bueno -se aclaró la garganta e hizo un gesto a la mejilla de la pelirroja- Creo que necesitas puntos de sutura. ¿Por qué no dejas a Yulia aquí y te llevo al hospital?

De ninguna manera dejaría a Yulia esta noche, sentía que ella era lo único que la mantenía dentro de la casa. Incluso con su mano herida, debía ser capaz de manejar su propio cuidado.

-Eso no será necesario. Acabo de encontrar una aguja e hilo y me coseré yo misma.

Katya le dirigió una inquieta mirada familiar de admiración, algo que generalmente se reservaba para cuando la pelirroja hacia increíbles pasos forenses basados en evidencias que ella encontrada repugnante.

-Tú eres dura, Elena Katina. Nunca dejes que nadie te diga lo contrario.
-No me siento todo lo dura en este momento. Sólo cansada.

Echando un vistazo rápido a Yulia, lentamente extendió la mano para tomar la mano de Lena.

-Deja que te ayude a limpiar tu cara. Entonces puedes jugar a Frankenstein contigo misma.

Satisfecha de que la enorme criatura aceptara el contacto amistoso de Katya sin ni siquiera un gruñido, dejó a la detective tirar de ella hacia el baño de visitas. Se acomodó contra el mostrador mientras Katya humedecía un paño con agua tibia, luego limpió suavemente su cara. Tensándose cuando Lena silbó en el malestar, dijo.

-Él realmense se empleó en ti.
-Me golpeó un par de veces, me cortó, y finalmente intentó estrangularme. Fue entonces cuando Yulia se escapó.

Resoplando, la detective comento.

-Apuesto a que nunca supo qué lo golpeó.

Recuperada por el afecto en la voz renuente de Katya, contesto.

-El momento lo es todo. No puedo creer que llegó por Yulia esta noche, de todas las noches. ¿Cómo lo hizo para deslizarse de los detectives, de todos modos?
La detective apretó su mandíbula, claramente molesta.

-Savransky debe haber sabido que le estaban observando. Supongo que él subió a su apartamento, apagó las luces, y los detectives supusieron que se fue a dormir. En su lugar, irrumpió en un apartamento vecino y bajó una cuerda por la parte posterior del edificio. Estamos asumiendo que tomó un taxi a la ciudad.

Elena no tenía ni idea de lo que había obligado a Kirill Savransky a elegir esta noche para tomar tal decisión audaz, pero las consecuencias de su decisión fueron asombrosas. No sólo firmó su propia sentencia de muerte, sino que permitió a Lena descubrir que la morena no era la mitad del asesino, bestia sin sentido que ella pensaba que era. Y, por supuesto, la había expuesto a Katya, por lo menos.

Sacudiendo la cabeza, la pelirroja murmuró.

-Supongo que intentó entrar en mi apartamento hace dos semanas. Dijo que había planeado para mí, violarme y cortarme la cara. Al parecer, él vino aquí esta noche en busca de Yulia, pero cuando me encontró a mí en cambio… -hizo un gesto con la mano en la mejilla- Supongo que tengo suerte que no trajo un preservativo.

El rostro de la detective se ensombreció mientras seguía limpiando la sangre seca.

-Si Yulia no lo hubiera matado, lo habría hecho yo.

Haciendo retroceder la ola de repugnancia ante la idea de todas las formas en las que la noche podría haber acabado mal, la pelirroja respiró hondo y se concentró en el hecho de que ella estaba a salvo.

-Así que esa noche, hace dos semanas, fue cuando llamé después de las dos de la mañana para decirle a tus detectives que había un perro ladrando en mi pasillo.
-Sí, lo recuerdo.
-Bueno, resulta que era Yulia. Ella había estado moviéndose sigilosamente en mi edificio para proteger mi puerta y por casualidad estaba allí cuando él rompió aquella noche por la puerta de acceso a la azotea. Después de que ella lo persiguiera, ella fue capaz de seguirlo a su casa. Así es como ella supo quién era.

La mano de Katya se desaceleró con la comprensión en su rostro.

-¿Así que esto no es estrictamente un asunto de luna llena?
-Ella... -miró a Yulia, deseando tener su permiso para compartir sus secretos. No es que importara mucho, en este caso, Katya ya sabía lo peor de todo, y si iba a pedirle que lo mantenga en secreto, pensó que ella merecía la verdad- Ella es un cambia-formas, supongo. Puede convertirse en cualquier animal que quiera. Normalmente conserva su conciencia humana, no importa la forma que tome, pero no cuando la luna está llena. La obliga a transformarse a este lobo, y no recuerda nada al día siguiente. Está convencida de que es una asesina en estas noches, por lo que siempre las pasó atada a una mesa de acero.

La detective rió entre dientes.

-Bueno, eso explica la configuración en el cuarto de huéspedes. -levantando una ceja, tiró la toalla manchada de sangre- Les dije a los oficiales que respondieron que Yulia probablemente estaba dentro del sexo pervertido.

Sonrojándose, la pelirroja miró su cara en el espejo. Definitivamente necesitaba puntos de sutura, y antiséptico.

-El mes pasado, cuando yo creía que me estaba engañando. Tenía una cita permanente con un servicio de acompañamiento para que alguien viniera en la noche de la luna llena y atarla. Entonces ellas salían y volvían por la mañana a soltarla. Eso es por qué me mintió acerca de estar fuera de la ciudad. Eso es lo que la rubia en la puerta era.
-Así que todo fue un gran malentendido.
-Ella no sentía poder decirme la verdad -se volvió a Katya, consciente de que la morena estaba sentada en la puerta del baño escuchando. Ella sabía que no recordaría nada de esta conversación mañana, pero seguía siendo extraño tener esta discusión en frente de ella- Lo creas o no, su primer par de experiencias con gente enterándose de lo que es no fue bien.
-No es sorprendente -dejo la toalla a un lado, mirando atrás considerando a la morena, que la observaba con intensos ojos- Bueno, la parte más difícil de cubrir esto será tratar de explicar que mató exactamente a Kirill Sanvransky. Llámame loca, pero no creo que Josef, o quien examine su cuerpo, creerá que usaste un cuchillo para hacer la herida que lo mató. Parecía bastante obvio para mí que la garganta había sido arrancada.

Elena se estremeció. No tenía idea de cómo iba a reaccionar Yulia a la noticia de que ella había hecho por fin lo que más temía. Sea o no que había estado actuando en defensa propia, para protegerla, la morena había matado a un ser humano. Y ella nunca recordaría haberlo hecho.

-Voy a decir que he tenido a Luna la Rottweiler aquí conmigo. Ella vino en mi defensa cuando Kirill irrumpió -un patólogo forense cualificado sin duda determinaría que la criatura que había causado las heridas a Kirill Savransky era más grande que una Rottweiler, pero no seria de suponer que estaba encubriendo algo. Esperaba que el examinador médico aceptara su historia y la sondara no demasiado profundamente- Eso es lo mejor que tengo para ofrecer. Esperemos que sea aceptado sin demasiado escrutinio.
-Luna la… -rió y negó con la cabeza- Oh, no. Esa era Yulia, también, ¿no?
-Así es.
-Por Dios, comía galletas para perros. ¡Le di de comer galletas para perros!
-Ella no quería ser grosera y no aceptar.

Esto hizo resaltar a Katya en un ataque largo, fuerte de risa. Lena se unió, agradecida por el momento de frivolidad. La capacidad de la detective para encontrar humor en la situación le aseguró que todo iba a estar bien.

Finalmente aleccionada, la detective dijo.

-Demonios, estoy segura que no fui tímida al hablar justo en su cara, ¿Lo fui?
-No es como que sabías que podía oír lo que decías.

Katya suspiró profundamente, pasándose la mano por el pelo. Ella consideró a Yulia, que yacía tendida delante de la puerta, con ojos cautelosos.

-¿Cuanto tiempo se quedara así?
-Hasta mañana por la mañana, supongo. Probablemente hasta la salida del sol -salió del cuarto de baño y llevó a Katya a la sala de estar. Seguidas por la morena- Voy a coser mi cara en unos minutos. ¿Por qué no nos sentamos?

Tan pronto como Elena entró en la sala de estar corrió las cortinas, asegurándose de que nadie sería capaz de ver el interior. Con más del doble del tamaño de un lobo normal, Yulia no seria confundida con una mascota de la familia. Ya era bastante malo que la detective supiera la verdad, ella quería contener el daño de la noche tanto como sea posible.

La detective lentamente se sentó en una silla de cuero de respaldo alto, mientras que la pelirroja se sentó en un extremo del sofá. Yulia se levantó para estirarse a lo largo del resto del sillom, apoyando la cabeza en el regazo de Elena.

Aparentemente incapaz de apartar sus ojos de la lobo-Yulia, Katya pregunto.

-¿De verdad quieres dejarla subir a los muebles?
-Teniendo en cuenta que es ella la que pagó el mobiliario, no estoy segura de que es mi lugar decir que no -suspiró y se desplomó contra los cojines- No puedes decirle a nadie sobre esto, Kat. En serio. Ha pasado escondida la vida entera y finalmente confió en mí lo suficiente para compartir este secreto. Si termino siendo responsable de su pérdida de libertad y anonimato, nunca me lo perdonaré.

Ella negó con la cabeza, buscando los ojos de la pelirroja.

-Dime la verdad. ¿Crees que es peligrosa?

La morena eligió ese momento para estirar sus patas delanteras y bostezar en voz alta, y luego lanzó un suspiro de satisfacción y se arrimó más en el regazo de Lena. Resoplando, éstacontesto.

-¿En serio?
-Tal vez no ahora, pero cuando llegué por primera vez aquí…
-Ella acababa de parar a Kiril Sanvransky de ahogarme hasta la muerte. La adrenalina estaba fluyendo, para todos -le dio a la detective una mirada mordaz- Tú estabas apuntandole con un arma, ¿recuerdas?
-Me parece justo .Husmeando, miraba alrededor del salón como si ya no podía mantener contacto visual- Sabes Yulia no es mi persona favorita, pero te salvó la vida esta noche. Y tus sentimientos por ella, bueno, vamos a decir que es bastante obvio que no precisamente te conquistaré de nuevo por hacer algo para herir a Yulia. Así que...
-Gracias, Kat -después de la noche que había tenido, no pudo detener las lágrimas derramarse por sus mejillas al consuelo de la detective. Yulia levanto su cabeza y la miró, si ella no lo supiera, pensaría que la morena estaba experimentando un momento de lucidez. Acariciando la cabeza de la morena, dijo- Sé que Yulia te lo agradecerá, también.
-Eso no quiere decir que no vaya a mantener mis ojos en ella. -aclarándose la garganta, se puso de pie y se alisó la ropa- Sé que esta relación es importante para ti, así que me comprometo a tratar de conocer a Yulia mejor, pero te lo digo ahora mismo... si ella te hiere, ella responderá ante mí.
-No me esperaba nada menos.
-Está bien -con un gesto decidido, se acercó al sofá y tendió los brazos- Ahora, de pie y dame un abrazo. Si no crees que a Fido le importe.

Elena maniobró su camino desde debajo del cuerpo de Yulia y se puso de pie, moviéndose en el abrazo de Katya con un suspiro agradecido.

-Eres una buena amiga -podía sentir la tristeza de Katya en la declaración, no literalmente, pero la conocia lo suficiente para saber que el sentimiento desencadenó un verdadero lamento.
-Ve a coserte la herida. Hablaré con ustedes dos mañana y conseguiré su declaración oficial.
-Me parece bien -rozó sus labios contra la mejilla de la detective antes de retirarse- Te debo una.

La detective negó con la cabeza.

-Nah. Yulia me la debe -cuando Lena ladeó la cabeza con curiosidad, agrego- Obviamente podríamos poner sus talentos especiales para buen uso en ciertas situaciones de investigación. Si surge algo…
-Bueno, eso es entre tú y Yulia -después de pasar toda una vida negando su don, ella podría no estar lista para usarlo para resolver crímenes con regularidad. Por otra parte, parecía tener un talento natural para vigilancia y el seguimiento- Dale un poco de tiempo para adaptarse al hecho de que alguien más lo sabe, sobre todo alguien que no está bien familiarizado con todo.
-Por supuesto -le dio una amplia sonrisa- Las veré mañana a las dos.

Lena la vio salir, suspirando de alivio cuando ella y Yulia estaban solas de nuevo. Después se dirigió a tratar sus heridas, planeaba descansar un poco. Mañana seria un día interesante.

Capítulo Treinta y siete



Yulia despertó sobresaltada, abriendo los ojos para mirar a un techo pintado de blanco. El calor familiar de Lena a su lado proveyó una yuxtaposición extraña con la resaca lunar que dejó sus sentidos ligeramente desconectados de la realidad. Todo su cuerpo le dolía. Estaba desnuda. Volvió la cabeza hacia un lado, exhaló temblorosamente mientras procesaba lo que significaba que estuviera en la cama con Elena y no anclada a la mesa de acero de su habitación. La confusión se convirtió en horror cuando la pelirroja rodó para revelar un rostro maltratado y el cuello magullado. Yulia jadeó en voz alta por el corte largo y feo en la mejilla de la pelirroja unido por puntos de sutura.

Incorporándose rápidamente, tiró de las cubiertas de Lena, el pijama que vestía y la escaneó por otras lesiones. Anoche ella habría sido capaz de tremenda violencia. Si la pelirroja había salido tan solo con algunos cortes y magulladuras, las dos estaban de suerte. Pero por qué se había quedado después de haberla atacado estaba más allá de su comprensión.

-No lo hiciste -de repente despierta, Lena se sentó y le agarró el brazo a la morena, mirando fijamente a los ojos color zafiro- No te asustes. Esto no lo hiciste tú.

Eso no ayudaba precisamente a que Yulia se sintiera mejor. Pero se detuvo la hiperventilación, que había amenazado con enviarla a una emotiva caída en picada que sin duda terminaría en un cambio incontrolado. Ese fue lo último que quería después de la noche que ella imaginaba que acababa de tener.

-¿Qué pasó? ¿Estuve suelta?
-Por decirlo de alguna manera -dio unas palmaditas en el colchón a su lado, proyectando una fuerza tranquila que puso al tumultuoso humor de la morena más bajo control- Kirill Savransky llegó aquí buscándote cuando me estaba preparando para irme. Él... tenia la intención de matarte, para castigarme, supongo. Se abrió paso dentro y nosotros luchamos, y en un punto logré liberarme y correr hacia el cuarto de huéspedes. Empecé a quitarte las esposas pero sólo pude liberar uno de tus brazos antes de que te disparara. Entonces le abordé y comenzó a estrangularme. Ahí es cuando te liberaste. Justo a tiempo para salvarme.

Yulia tragó saliva. Por un lado, estaba encantada de que su bestia había actuado instintivamente para proteger a Lena, especialmente cuando había confiado en ella lo suficiente para tratar intencionalmente de liberarla. Pero en cambio, tenía la sensación de que la pelirroja había sido testigo de la brutalidad desenfrenada la pasada noche. Debe haber sido un espectáculo terrible, lo que había hecho sin duda al hombre que estaba haciendo daño a la mujer que amaba. Pero aún asi Elena dormía a su lado, incluso cuando ella había sido su bestia.

-¿Lo he matado?
-Sí -respondió claramente- No creo que tuvieras muchas opciones. Él estaba a punto de matarme. Ya te había disparado. Actuaste en legítima defensa, para protegerme, y no tienes razón para sentirte avergonzada de nada de eso.

A decir verdad, la morena no se sentía ni la mitad de culpable como habría esperado. Tal vez la golpearía después. En estos momentos se sintió aliviada tan sólo de que su bestia había sido consciente de su conexión lo suficiente para proteger a Lena, para no hacerle daño. Escaneó el cuerpo de la pelirroja otra vez, menos frenéticamente esta vez. Además del horrible corte en su mejilla, su cuello estaba cubierto de hematomas en forma de dedos, la piel debajo de un ojo estaba hinchada y morada, y su mano derecha estaba vendada.

-¿Yo no hice nada de eso? -encontró los ojos color jade- ¿Lo juras?
-Todo eso fue Kirill, confía en mí -una pequeña sonrisa rompió a través de su rostro golpeado, aparentemente genuina- cariño, te has juzgado muy mal tu misma. Anoche eras una gigante, muy celosa cachorro de lobo que me seguía a todas partes donde iba.

Yulia se sonrojó por la caracterización, extrañamente avergonzada de que lo que ella siempre había dado por sentado que era una criatura feroz, asesina era realmente tan dócil. Parecía demasiado bueno para ser verdad.

-Yo no lo creo.
-Bueno... -su buen humor vaciló y exhaló, claramente nerviosa por lo que estaba a punto de decir- Pregúntale a Kat. Ella puede confirmar que la única vez que hubo algo parecido a una amenaza era cuando pensaste que estaba en peligro.

Las rodillas de Yulia se doblaron ante el comentario de Lena y aceptó finalmente la invitación tácita a volver a la cama. Dejando caer la cabeza en sus manos, cerró los ojos, deseando poder recordar lo que había pasado exactamente.

-¿Katya me vio?
-Se dio cuenta de que no estaba en mi apartamento y llamó para ver cómo estaba justo cuando me iba. Estábamos justamente al teléfono cuando abrí la puerta y me encontré a Kirill Savransky en el porche delantero. Lo oyó atacarme y corrió directamente. Naturalmente en el momento en que llegó aquí ya te habías encargado de Savransky, pero yo no había tenido la oportunidad de ocultarte todavía. Así que entró y nos encontró en el pasillo fuera del cuarto de huéspedes.

Fue una buena cosa que la morena ya estaba sentada.

-Tiene suerte de que no la matara. Para caminar directamente después de algo así…

La pelirroja pasó un brazo por medio de la morena, atrayéndola hacia sí.

-Tuvimos un poco de enfrentamiento cuando Kat te apuntó con su arma y te sentiste amenazada, pero tuve la oportunidad de ser capaz de reducir la cosa. Desafortunadamente, era necesario contarle a Kat que el lobo gigante eras en realidad tú. Y que te me salvaste la vida”.

Enterrando su cara en el cuello de Lena, cerró los ojos. La idea de que la detective sabía su secreto, Katya, a quien rotundamente no le gustaba y tenía todas las razones del mundo para quererla fuera de la vida de Elena, se le revolvió el estómago. Ya estaba mentalmente haciendo las maletas, recogiendo y dejando atrás Moscu. Quizás Lena vendría con ella. Ya que no sabía cómo podía irse de otra manera.

La pelirroja apretó la mano sana entre los hombros de Yulia, abrazándola.

-Deja de entrar en pánico. Kat no se lo dirá a nadie. Ella y yo tuvimos una conversación seria, y te puedo prometer eso. Tu secreto está a salvo.
-¿Por qué? Katya me odia. ¿Por qué iba a estar de acuerdo para ocultar algo de esta manera?
-Porque ella sabe que decírselo a alguien pondría fin a nuestra amistad. -retrocediendo, le acarició el rostro a la pelinegra tiernamente- Ella sabe lo que significas para mí, y que tú eres la única razón por la que estoy viva ahora mismo.

Yulia parpadeó para alejar la emoción que se levantó al oír las palabras solemnes de Elena. Nunca había imaginado a la bestia haciendo algo heroico. En las últimas veinticuatro horas su visión del mundo había cambiado completamente. Después de años de honrar la misma rutina paranoica, aterrada de lo que podría suceder si cometía un solo error, ahora ya no tenía que temer lo peor. Y no tenia que afrontar el futuro sola.

-No sé qué decir -dijo en voz baja- Estoy en territorio inexplorado ahora.
-¿No es maravilloso?

Ella no tenía que pensar en eso.

-Sí.

La pelirroja le dio un suave beso en la sien.

-Déjame ver tus heridas. Traté de limpiar y vendarlas tanto como fue posible anoche, pero la piel complicaba las cosas.

Riéndose, la morena se retiró y bajó la mirada hacia su pecho.

-Voy a apostar -la gasa y cinta que cubría un área pequeña justo encima de su pecho era claramente el resultado de un trabajo de parche improvisado. Se quitó el apósito, curiosa de lo que iba a encontrar, debajo la herida casi se había curado, dejando sólo una pequeña marca, rosa furiosa- Oh, no se ve tan mal.

La mandíbula de Lena se abrió. Agarró el hombro de la morena y tiró de ella hacia adelante, luego quitó otra venda de su espalda.

-Es increíble -murmuró- Te dispararon anoche. Herida de entrada y de salida. Hoy, parece que tienes un par de severos cortes de papel, tal vez.

Yulia se encogió de hombros, a la vez tímida y orgullosa de la reacción asombrada de la pelirroja.

-Yo me curo rápido.
-Eso es un eufemismo -Tocando su mejilla, claramente consciente de la suya, comento- Me gustaría poder decir lo mismo. Estoy bastante segura de que él me dejó con una bonita cicatriz.
-No te hace menos hermosa.

La pelirroja levantó la mano lesionada, frunciendo el ceño ante las vendas.

-Y por desgracia, mi mano dominante está fuera de servicio por un tiempo.
-Es una pena. Vamos a resolver esto, lo prometo -con mucho cuidado puso sus brazos alrededor de lena y la abrazó tan fuerte como se atrevió- Pero por lo demás, ¿estás bien?
-Estoy bien. Kirill Savransky está muerto, nuestro caso del asesino del Parque Chistye Prudy está cerrado, y yo estoy en la cama con la mujer que amo -le dio a un pellizco juguetón a la morena en la cadera, guiándola hacia atrás contra las almohadas y tirando de la colcha sobre sus cuerpos entrelazados- Tengo que ser honesta, Estoy más que bien.
-¿Estamos de acuerdo?
-Estamos perfectamente -lamiendo suavemente en el labio inferior de Yulia, dijo- Bueno, excepto por el hecho de que estoy demasiado golpeada para hacer el amor contigo esta mañana.

La pelinegra negó con la cabeza.

-Honestamente, no hay nada que prefiera hacer ahora que estar aquí. Sólo sosteniéndote, amándote.
-Bien. Yo también. -después de una breve vacilación, comento- Debo advertirte que Kat viene más tarde. Ella tiene que conseguir mi declaración sobre anoche, acerca de cómo Luna la Rottweiler atacó a Kirill Savransky después de que irrumpiera en la casa de mi novia.
-Katya, ¿eh? -podía pensar en mejores formas de gastar su tarde, pero suponía que ella no podía evitar a la detective por el resto de su vida. Ahora que su relación se había convertido inconmensurablemente más íntima, lo más conveniente sería probablemente mejorarla más pronto que tarde- Súper.
-¿Quién sabe? Tal vez algún día ustedes serán amigas. Diablos, incluso trabajaran juntas.
Podía decir por la boyante cadencia de la voz de Lena, así como la energía cautelosa, nerviosa derramándose por cada uno de sus poros, que su curioso deseo era más que sólo inactiva esperanza. Claramente Katya tenía sus propias ideas acerca de donde este círculo de confianza las dejó.

-Ya veremos.
-Mientras tanto, tienes toda la mañana para besar mis golpes y contusiones -se quitó su camiseta y la arrojó al suelo. Señalando la suave pendiente de su pecho desnudo con una tímida sonrisa- Puedes empezar aquí mismo.

Obediente y con ganas, Yulia no perdió el tiempo haciendo exactamente lo que Elena pidió.

-Sí, señora.
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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por xlaudik el Vie Nov 07, 2014 9:05 pm

Pensé q aun faltaba para el final :-p
Gracias x compartirla :-D
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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Monyk el Sáb Nov 21, 2015 2:13 am

siii, muy buena, gracias por el trabajo!

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por piscis2889 el Miér Nov 25, 2015 10:43 am

así acaba???

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por andyvolkatin el Sáb Nov 28, 2015 6:21 pm

Hola Very Happy
hay termina la historia
estuvo muy buena
me atrapo desde el principio
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andyvolkatin

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

Mensaje por Kano chan el Sáb Dic 05, 2015 11:21 am

Wow excelente historia me gustaría leer más de este estilo !!!.
Gracias por adaptar.
Saludos !!! Smile Smile
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Kano chan

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Re: Wild adaptado por Natalia (completo)

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