EL MILENIO // TENOU HARUKA

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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Jue Dic 04, 2014 3:52 am

Capítulo 24.
Nace una traición


Hacía noches que Setsuna tenía el sueño ligero. Vigilar las Puertas del Tiempo en una época en la que hay alerta roja por guerra no es fácil. No paraba de dar vueltas en el lecho, tapándose y destapándose, con los ojos apretados. Finalmente cayó en un estado de sopor. Notó una sensación fresca sobre la cara y abrió los ojos. Había una sombra encima suyo, el rostro de una mujer de gran belleza. Lo primero que vio de ella fue el largo cabello rojo, del color del fuego y unos ojos llenos de audacia y seguridad en sí misma.

"Siento haberte despertado, Guerrero Plutón", susurró la dama, estirando el brazo para que Setsuna pudiera sentarse en la cama. Sonrió de forma agradable. Los ojos escarlata de la joven princesa de Plutón escrutaron el rostro de su interlocutora. Era joven, demasiado, para lo que transmitía su mirada. Conocía su identidad. Era Beryl, la Soberana del Reino Oscuro. La había visto en sus innumerables visitas a las puertas del pasado y del presente. Todavía no se había atrevido a averiguar lo que el futuro les deparaba, aunque supo de forma instintiva que pronto lo tendría que averiguar.

"Sabes quién soy, ¿verdad?" le preguntó con voz almibarada y sonrisa tentadora. Setsuna asintió, con expresión seria. ¿Cómo había podido Beryl atravesar las Puertas del Tiempo?
Sin duda, su poder debía ser enorme para poder acceder a aquel lugar prohibido para cualquier habitante del Milenio de Plata.

"Pero no sabes qué estoy haciendo aquí" murmuró, sentándose en el borde de la cama, sin dejar de mirarla.

"He venido a ofrecerte un pacto." ¡Qué atrevimiento! ¿Un pacto? ¡¿Acaso había venido a pedirle que traicionara al Milenio de Plata?! Beryl se echó a reir ligeramente ante la mirada de estupor de Setsuna, echándose el rojo cabello hacia atrás.

"¿Y por qué supones que voy a aceptar un pacto contigo?" preguntó la Guardiana del Tiempo con voz ronca.

"Porque tu amiguita Hotaru ya lo ha hecho y porque tus otras amigas, Haruka y Michiru, pronto lo harán, si no lo han hecho ya." no dejó de sonreir, segura de lo que decía.

"Además, puedo ofrecerte algo que estoy segura que no vas a rechazar". Setsuna se puso en pie, alejándose de la mujer de cabello llameante.

"¡NO! Nunca traicionaré a la Reina Serenity, ¿me oyes?" exclamó, haciendo aparecer mentalmente la Vara del Tiempo, aquel bastón con forma de llave, en su mano. Beryl también se puso en pie y se acercó suavemente hacia ella. Llevaba un vestido ceñido, largo, ampliamente escotado. Le cogió la mano que sostenía la Vara del Tiempo y la acarició ligeramente. Levantó la otra mano y en un elegante gesto hizo aparecer una bola de cristal.

"Estoy segura de que ésto te va a hacer cambiar de opinión." susurró, levantando la bola hacia Setsuna. La princesa de Plutón pudo ver que, de la bola, emanaba una energía oscura que lo envolvía todo, haciendo aparecer en su interior una imagen. Se trataba de la figura de un hombre, un joven alto, moreno, de ojos azules, hombros anchos... Endimión. Setsuna contuvo el aliento. Si aquella mujer le había hecho algo al príncipe de la Tierra...

"Endimión puede ser tuyo si te lo propones. No creas que no he notado que estás enamorada de él..." le acarició el brazo, subiendo la mano hacia el hombro. "Sé que sueñas con él, que añoras su abrazo..." acercó el rostro al de Setsuna y le susurró en el oído. "Le amas, querida.. pero la princesa de la Luna te impide que puedas estar con él. Si ella no estuviera enmedio tú podrías quedarte con Endimión." Setsuna contuvo el aliento, el corazón parecía querer salírsele del pecho. La Vara del Tiempo desapareció de su mano.
"Yo no..." balbuceó, con la mirada fija en las penetrantes pupilas de Beryl, que ahora estaban a centímetros de las suyas.

"Usagi es la única que te impide estar con la persona que amas. Es una niña mimada, egoísta... siempre consigue lo que desea. En cambio tú... ¿qué tienes tú tras tantos años de servicio leal al Milenio de Plata? Un puesto en el lugar más perdido del Reino, sola. Piénsalo, Setsuna. Le he propuesto a Hotaru que luche en mi bando y ha aceptado. Unete por una vez en tu vida al bando ganador, querida. Y sé tú quien se quede con el protagonista de la película, no ella." Beryl se separó lentamente de ella, con la mirada fija en ella, atravesándola, llegando a los pensamientos más íntimos que guardaba en su corazón. Setsuna se sintió vulnerable, desnuda, bajo aquella mirada de ave de presa. La soberana del Reino Oscuro esbozó una cortesía ante ella.

"Prométeme almenos que pensarás en lo que te he dicho." susurró, alejándose imperceptiblemente de ella. Setsuna asintió, notando que las piernas le fallaban. Ordenó mentalmente que apareciera una silla detrás suyo y se dejó caer, sintiendo que las fuerzas la abandonaban. Beryl se despidió y desapareció de la misma forma que había aparecido. La Princesa de Plutón escondió el rostro entre las manos, acariciándose las sienes de forma cansada. No podía negar que la oferta de Beryl era sumamente tentadora.

Hacía semanas que no se acercaba al Cristal de Plata. Las pequeñas guerras en los planetas exteriores no eran motivo suficiente como para tener miedo. Pero... hacía escasos minutos que se había enterado de que Hotaru, la princesa de Saturno, una de sus Guerreros, había matado a Titán desobedeciendo una orden directa suya. Aquel acto de rebeldía suponía un cambio inesperado que le hizo temer por el Reino. Se acercó a la urna de cristal que contenía la joya más preciada del Milenio de Plata.

Puso las manos encima de la urna y miró aquella piedra de colores. El Cristal de Plata brillaba con fuerza, con una luz arco iris de inigualable belleza. Era una piedra mágica, capaz de obrar milagros sobre la gente, pero que sólamente era utilizada en ocasiones especiales. La última vez que lo usó fue para recompensar a Lady Venus por el restablecimiento de la paz en el Milenio de Plata. Venus había pedido belleza y el Cristal se la había concedido. Lástima que se hubiera casado con aquel pobre infeliz de Volcano. Venus seguía siendo la misma narcisista de siempre y Volcano cada día se sentía más y más hundido.

De pronto se fijó en un detalle que se le había pasado por alto antes. La luz del Cristal de Plata no tenía la intensidad de siempre, aquella fuerza casi cegadora que te hacía apartar la vista de forma involuntaria. Su luz era intermitente, de gran fuerza pero inferior a lo normal. Una punzada de terror se adueñó de su corazón. Apareció en su mente la muerte de Titán, la muerte de las Guerreros, la sangre y las ruinas del Palacio... el cadáver de su propia hija... ¡El Cristal de Plata le estaba hablando! ¿Acaso era Hotaru la mano ejecutora, el verdugo del Milenio de Plata? Las lágrimas se agolparon en sus ojos al pensar en una lucha contra aquella pequeña joven de aspecto inocente y mirada cándida.

Michiru se encontraba asomada al balcón de la habitación que compartía con Haruka en el Palacio de Urano. La felicidad que derramaba cada poro de su piel contrastaba con el ambiente enrarecido del planeta. El silencio lo cubría todo, como si aquella situación fuera el preludio de un cambio importante. Pero a ella le daba igual que mañana mismo fuera el fin del mundo. Habría muerto satisfecha, con una sonrisa en los labios, abrazada a la persona que la impulsaba a vivir. Suspiró conteniendo la alegría que la embargaba, sintiéndose completa. Escuchó un ligero ruido detrás y vio cómo entraba Haruka en la habitación.

"Ya me he despedido de mi madre", murmuró la guerrero del viento con voz ronca. Michiru asintió con rostro serio, caminando hacia la rubia princesa de Urano. Levantó la mano y le
acarició el rostro.

"¿Se lo has explicado todo?" preguntó jugando con los rubios mechones de cabello que se rebelaban en la frente de su amada.

"No. No es necesario que lo sepa" contestó Haruka dejándose llevar. "¿Estás segura de que ésta es la mejor opción?" Michiru levantó la vista hacia ella y le cogió las manos.
"Aún estás a tiempo de quedarte aquí, Haruka" respondió forzadamente. Si Haruka se quedaba, ella se quedaría, lo sabía... pero también sabía que cuando Haruka se decidía no se echaba atrás fácilmente.

"De eso nada, cariño. 'Anata ga ireba'", enfatizó la rubia princesa, abrazando a la joven de
cabello aguamarina. Michiru se echó a reir a su pesar. 'Anata ga ireba' era el último verso de una canción que había compuesto pensando en Haruka. Le gustaba tocarla con el violín y recordar los versos, que no eran nada sino una velada declaración de amor. Con aquel último verso Michiru le decía a Haruka que pasaría por cualquier cosa siempre que estuvieran juntas. La rubia guerrero se emocionó cuando escuchó la dulce voz de Michiru
recitando aquellos versos, cantando de forma sobrecogedora lo que sentía por ella.

La princesa de Neptuno se puso de puntillas y depositó un cálido beso en sus labios. Haruka sonrió abrazándola con fuerza, convencida de que valía la pena arriesgarse si eso suponía poder estar con la persona que amaba.

Salieron de la habitación cogidas de la mano. Se dirigieron a la estación espacial, donde una nave de reducido tamaño las esperaba. Haruka se colocó ante los mandos de la nave y puso en marcha los motores, marcando el rumbo y el punto de destino en un mapa: Saturno.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Jue Dic 04, 2014 3:54 am

Capítulo 25.
El nacimiento de una traición


Levantó la vista y se fijó en el amasijo de estrellas que aparecían sobre la bóveda celeste. Entre aquel revuelto de puntos brillantes se encontraba la Luna, el centro vital del Milenio de Plata. Un ataque directo por sorpresa y Serenity se vería obligada a rendirse. Escuchó un ligero zumbido y bajó la vista, viendo ante ella cómo aterrizaba una pequeña nave. Haruka y Michiru bajaban con ropa civil. Haruka iba vestida de blanco, con pantalón y camisa. Michiru llevaba un vestido holgado de seda de un rojo tono pastel. Hotaru sonrió y levantó una mano, dándoles la bienvenida. Las recién llegadas parecían sentirse incómodas, pero al ver a su anfitriona sonrieron a su vez y caminaron hacia ella.

"¿Estás segura de lo que te propones?" preguntó Haruka en tono sombrío, tenía cogida la mano de Michiru de forma inconsciente. La morena princesa de Saturno asintió de forma firme y decidida. Levantó un dedo hacia las estrellas que brillaban en el cielo de su planeta natal.

"Allí es donde se encuentra nuestro verdadero enemigo. No debemos preocuparnos por Beryl cuando tenemos la real fuente de los problemas en el seno del Milenio de Plata." murmuró Hotaru con la vista fija en aquellos puntos tililantes, brillantes en el espacio infinito. Con la muerte de Titán la paz llegó al Reino de la Luna, una paz que se sabía que sería momentánea hasta que Beryl encontrara un sustituto. Las princesas de los planetas interiores habían vuelto a la Luna, donde se encontraban disfrutando de la tranquilidad y la calma que aquel descanso les proporcionaba. Makoto solía estar desaparecida la mayor parte del tiempo, escondida en algún lugar de la Luna con Nephrite, uno de los Generales al servicio del príncipe Endimión de la Tierra.

La Reina Serenity se sentía satisfecha de la alianza que el Milenio de Plata estaba trazando con la Tierra. Y viendo la amistad que crecía entre Endimión, el príncipe heredero y su propia hija, un matrimonio sería la mejor forma de dar consistencia a esa alianza. Se asomó al balcón y contempló a Usagi, caminando cogida de la mano de Endimión y mostrándole al moreno joven las maravillas escondidas en los jardines del Palacio. Vio a Rei a pocos metros de la pareja, observándoles con el rostro serio. Era loable la lealtad que sentía la princesa de Marte hacia su hija. Serenity sonrió y volvió al Salón del Trono para leer los informes que le habían llegado de Saturno.

Ami se encontraba en el laboratorio, analizando los datos que habían traído del planeta anillado.

Estaba comprobando los análisis que certificaban la muerte de Titán. No se explicaba cómo había muerto el líder del ejército enemigo cuando todo parecía indicar desde Saturno que había sido capturado ileso. El cadáver estaba completamente destrozado. Alguien le había extraido las vísceras, le había desfigurado el rostro... comenzó a leer los informes y, de repente, se sintió ligeramente mareada. ¡Titán había muerto víctima de un ataque proveniente de una Guerrero! Las marcas sobre la piel, anteriores a la tortura, mostraban restos de lo que parecían ser unas cintas grises y negras cargadas de energía. Sólo conocía a una persona en todo el Milenio de Plata con un poder tan devastador como el que había acabado con Titán y con un ataque consistente en cintas provenientes del mundo de las tinieblas: Hotaru. Se quitó las gafas y se acarició las sienes, con la cabeza hecha un lío. ¿Hotaru había matado a Titán? Pero si se trataba de su propio padre... Fuere como fuere, debía ir a comunicarle la noticia a la Reina Serenity, aunque odiara tener que comunicarle que una de las Guerreros del Milenio había matado a sangre fría a un rehén que gozaba de inmunidad.

Jadeite se encontraba solo, vagando por los jardines del Palacio de la Luna con una botella y una copa de vino en las mano. Hacía varios meses que no pisaba la Tierra y la echaba de menos. La gente de su planeta era más visceral, más apasionada. Los habitantes del Milenio de Plata parecían máquinas a veces, máquinas consumistas inmersas en lo que parecía ser un mundo perfecto. Pero él sabía que hasta incluso la
maquinaria más perfecta puede tener fallos. Los del Milenio de Plata comenzaban a aparecer. A decir verdad, no estaba muy seguro de si el pacto con la Luna iba a ser beneficioso para la Tierra pero por lo menos estarían más cerca del poder.

Había estado buscando a Rei por los pasillos del palacio pero no la encontró. Cuando la princesa de Marte no quería ser encontrada, por Hiperión que nadie podría encontrarla. Jadeite suspiró exhasperado. ¿Cómo podía acercarse a una muchacha tan arisca? Apuró su copa de vino y se sirvió otra. Bah, si Rei no quería estar con él ya encontraría...
Escuchó de repente una voz femenina entonando una canción y se detuvo. Aquella dulce melodía parecía proceder del lago de los jardines. Avanzó hacia la fuente del sonido, una música entonada de forma maravillosa por una voz dulce y sensual, ligeramente ronca y apasionada. Se asomó por entre unos arbustos y vio una figura rubia nadando entre los blancos nenúfares de la inmaculada superficie acuática, cálidamente iluminada por la luz del sol. No pudo separar la mirada de aquella joven, su desnudez intimando con la luz
del astro rey, su cuerpo dejándose llevar por el agua, su voz... entonando una dulce melodía que, como las de las sirenas que habitaban el planeta Neptuno, le atraparon en un halo mágico. Se acabó la copa de vino y avanzó de forma involuntaria, pisando una ramita seca, cuyo ruido le dejó al descubierto cuando la joven rubia se dio media vuelta y le localizó.

Contuvo el aliento al encontrarse con el conocido rostro de la princesa de Venus, Minako. Aquel ángel rubio levantó una mano y, sonriendo, le saludó. Jadeite, esbozando una mueca burlona, salió de entre los arbustos.

Los mapas de la Luna y los planos del Palacio de la Luna se amontonaban sobre la mesa del salón del trono del castillo de Saturno. Hacía rato que las velas que iluminaban la estancia eran insuficientes para descifrar el jeroglífico de letras, números y líneas que se combinaban sobre los papeles. Haruka se echó el cabello hacia atrás, restregándose los ojos. Había caído la noche sobre el planeta de los anillos y el frío comenzaba a apoderarse de las gruesas paredes de piedra que delimitaban la habitación. Escuchó ruido a sus espaldas pero no se inmutó. Concentró la vista en el plano del Palacio de la Luna, forzando a las pupilas a encontrar una entrada que estuviera poco vigilada, un punto débil en la vigilancia del castillo lunar.

"¿Alguna novedad?" sonó una voz dulce, suave, aterciopelada. Haruka sintió un escalofrío en la espalda a pesar de saber perfectamente de quién era aquella voz. Negó con la cabeza y se separó de la mesa, dando dos pasos atrás y dándose media vuelta para enfrentarse a la joven figura de la princesa de Saturno.

"No... he leido más informes e interpretado más mapas en estos dos días que en toda mi carrera militar, Hotaru." se quejó Haruka estirando los brazos para desentumecer los músculos.

"Todavía no he encontrado un hueco por el que infiltrarnos. ¿Por qué no quieres atacar directamente el Palacio? Somos más fuertes que las Inner Senshi y sus hijas." Hotaru sonrió ligeramente y se inclinó sobre la mesa, para estudiar los planos del Palacio del
Reino de la Luna.

"¿Crées que la Reina Serenity se va a cruzar de brazos cuando nos vea atacar a sus queridas guerreros?" murmuró la princesa de Saturno pasando el dedo por encima de los planos, buscando un hueco por el que infiltrarse con sus compañeras. Haruka tenía la certeza de que la Reina las consideraría traidoras y las atacaría pero no había pensado en el poder de la soberana de la Luna.

"Llegaremos a ella directamente. Si la reducimos a ella primero, las guerreros caerán solas. Por cierto" añadió Hotaru en un susurro. "¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar por la victoria?" Haruka levantó la vista de los mapas y se encontró con la mirada penetrante y oscura de Hotaru. No se trataba de una mirada temible, agresiva, sino mansa, inocente... nadie habría pensado jamás que se encontraba una mente endiablada tras aquel rostro infantil.

"Ya sabes hasta dónde estoy dispuesta a llegar, Hotaru."

"Si Michiru decidiera ir en nuestra contra... ¿Serías capaz de matarla?" preguntó de forma casual. Haruka se quedó paralizada, con los ojos extremadamente abiertos ante aquella inesperada pregunta. Cuando recuperó el aliento, sonrió a su pesar.

"No, creo que no sería capaz de hacerlo." murmuró finalmente. Hotaru se echó a reir ligeramente. Tenía una risa entre infantil y adulta, aguda pero sin llegar a ser chillona, grave, sin llegar a parecer temible.

"Sabes, Haruka, un día de estos el amor que sentís la una por la otra acabará con vosotras."

"A mi no me importaría morir por amor" llegó otra voz desde la puerta. Haruka se giró y vio a Michiru sonriendo, entrando en el salón del trono y acercándose a ellas. Hotaru la saludó cariñosamente, devolviendo la atención a los mapas y los planos de la mesa. Se sonrieron
fugazmente y Michiru se puso al lado de Hotaru, mirando mapas, intentando encontrar un punto débil en el sistema de seguridad del Palacio de la Luna. Haruka miró de reojo a su pareja. No había pensado en la posibilidad de tener que sacrificar la vida de Michiru de ninguna manera. Siempre habían luchado juntas pero, aunque la misión que debían cumplir era lo prioritario, si una se encontraba en peligro la otra haría lo indecible para salvarla. Nunca había pensado realmente que Michiru podía morir en la batalla.

Pasaron las horas y el Sol comenzó a despuntar por el horizonte de Saturno. Los primeros rayos de luz atraparon a Haruka y a Michiru acurrucadas en un sofá, rendidas después de horas de estudio. Hotaru dio una última cabezada antes de despertar totalmente. Se restregó los ojos, se echó el pelo hacia atrás y, reprimiendo un bostezo, estiró los brazos para desentumecerse. Se levantó de la silla de la que no se había despegado en más de cinco horas y dio unos pasos por la estancia. Se sorprendió al descubrir a alguien junto a la ventana, contemplando el amanecer.

"¿Cómo has llegado hasta aquí?" susurró Hotaru dando la espalda a aquella presencia.

"Sé cómo entrar en el Palacio de la Luna sin ser vistas", anunció Setsuna ignorando la pregunta de su amiga y abandonando la ventana, avanzando hacia ella.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Dom Dic 14, 2014 3:34 am

Capítulo 26.
El amor es un arma de doble filo


"Maybe you're the same as me
we see things they'll never see
you and I are gonna live forever"
-Oasis "Live Forever"-


Jadeite abrió los ojos y miró al techo de la habitación. Sentía un terrible dolor de cabeza, producido por el exceso de vino de la noche anterior. Había estado en el lago del jardín de la Luna. Recordaba haber bailado con Rei hasta haber caído sobre la hierba húmeda del jardín, entre carcajadas. La besó largamente hasta que la urgencia de las caricias le indujo a jugar con la ropa de aquella morena joven que le quitaba el sueño. Recordaba haberla poseído de forma violenta, llevado por el vino que tanto ella como él habían bebido y también recordó haber caminado abrazados hasta la habitación, donde continuaron con
la orgía de alcohol que habían comenzado en los jardines del Palacio. Se dio media vuelta en la cama intuyendo a Rei, yaciendo a su lado, dormida todavía. Sonrió estirando una mano para acariciar a la joven Guerrero de Marte. Se inclinó ligeramente, luchando contra el lacerante dolor de cabeza y apartó las sábanas para dejar un beso en la mejilla de Rei. Se le heló la sangre en las venas al descubrir una larga cabellera rubia escudando un rostro femenino sobre la cama. La joven se movió, abriendo los ojos y sonriendo ampliamente al General de la Tierra.

"Buenos días, Jadeite", susurró la rubia joven, rodeándole lánguidamente con los brazos.

"Buenos días, Minako", contestó Jadeite, sintiendo que el dolor de cabeza machacaba la poca cordura que le quedaba. Rei y Ami charlaban animadamente en la habitación en la que solían desayunar normalmente cuando entró Makoto, bostezando, visiblemente cansada.

"¿Qué te ocurre, Makoto? ¿Has tenido una noche movida?" le guiñó el ojo Rei, sospechando que el cansancio de la princesa de Júpiter venía provocado por la presencia de Nephrite en el Palacio de la Luna. Makoto le dirigió una gélida mirada y se sirvió una taza de café bien cargado.

"Pues no, precísamente. He estado toda la noche en el Salón del Trono con la Reina Serenity, discutiendo sobre lo que ha pasado en el planeta Saturno" estiró los brazos para sacarse el sueño de encima. "Tendría que haber estado Minako en la reunión pero como nadie sabe nada de ella desde ayer por la tarde, la Reina me llamó a mi."

"Cuando yo me fui a dormir la reunión parecía a punto de acabar" respondió Ami, untando de mantequilla una tostada.

"Al poco rato de marcharte tú vino un mensajero para comunicar que Haruka y Michiru se encuentran en el planeta Saturno. Ojalá cojan a Hotaru y le den su merecido" murmuró Makoto con la mirada fija en el negro café de la taza. Rei las miró sorprendida. Ami le había comentado hacía unos minutos que sabían que Hotaru había matado a Titán pero no sabía que la Reina había enviado a Haruka y a Michiru a Saturno para detenerla.

"¿Por qué no nos han enviado a nosotras?" preguntó.

"La Reina no ha enviado A NADIE a Saturno, Rei. La Reina sospecha que Haruka y Michiru se han añadido a una revolución organizada por Hotaru." respondió Ami con tono sombrío.
Jadeite caminaba lentamente por los jardines del Palacio, dejando que su mente vagara por los últimos acontecimientos ocurridos la noche anterior. ¿Por qué había encontrado a Minako en su cama? ¿Por qué creyó que Minako era Rei? ¿Por qué no podía recordar cómo se había encontrado con la rubia princesa de Venus? Las preguntas se agolpaban en su mente de forma simultánea mientras su cerebro intentaba procesar la información, embotado por la resaca. El vino... Minako... había cometido un error. Tenía que ver a Minako y explicárselo. Y también tendría que hablar con Rei.

"¿Qué vamos a hacer?" preguntó la Reina Serenity, dando vueltas de un lado a otro por la Sala de Reuniones.

"Tendremos que enfrentarnos a ellas cuando ataquen", respondió Lady Venus firmemente.

"Y pensar que hemos sido nosotras quienes las hemos entrenado", murmuró Lady Marte dando un puñetazo sobre la mesa. Lady Mercurio tenía la vista fija en la mesa de caoba que presenciaba la sala. Lady Urano estaba de pie, contemplando el lago del jardín del Palacio por la ventana. Corrió la cortina y se dio media vuelta, dirigiéndose a sus compañeras y a su soberana.

"La culpa de todo es nuestra. Tendríamos que haber alejado a Hotaru de su planeta. Y respecto a Haruka y Michiru..." dirigió una mirada llena de dolor a la Reina. "Ya sabéis lo que tendríamos que haber hecho." La Reina guardó silencio, ignorando el último comentario de Lady Urano. Había dado a aquellas princesas fuerza, poder... las quería como si fuesen hijas suyas, aunque le costase demostrarlo. Jamás pensó que la dulce Hotaru pudiera ser el arma ejecutora que acabó con Titán de una forma tan cruel y sanguinaria. Pero no podía tolerar un acto de traición en el Milenio de Plata. Castigaría a la princesa de
Saturno de forma ejemplar.

Minako bajó a desayunar bien entrada la mañana. Encontró a sus amigas charlando y acabando sus desayunos. Sonreía abiertamente y canturreaba para sí mientras se servía una taza de café.

"Estás muy contenta esta mañana", comentó Makoto con sarcasmo. "La Reina Serenity te ha estado buscando toda la noche, ¿dónde te habías metido?"

"He estado ocupada", respondió escuetamente la rubia princesa de Venus. "¿Es que ha pasado algo?"

"¡Las Outer Senshi montan una revolución y la niña se limita a decir que ha estado ocupada!" se exasperó Makoto. "No se te vuelva a ocurrir dejarme tirada con una reunión como la de anoche. Te recuerdo que yo no soy la líder de las Inner Senshi, ¿está claro?"
Minako se echó a reir y comenzó a untar mantequilla en un par de tostadas mientras daba mordiscos a un donut.

"¿En qué has estado ocupada toda la noche, Minako?" preguntó Rei sonriendo de forma
malintencionada. "¿Con ese guapo general de Endimyon... espera, cómo se llamaba... ah, sí, Zoisite?" Minako se echó a reir, sonrojándose ligeramente.

"No... no estuve con Zoisite. Entre él y yo no hay nada. Pero si tanto te interesa saberlo, he pasado la noche con un General al servicio de Endimyon." Minako volvió a echarse a reír y se comió otro donut.

"¿Y no nos vas a decir con quién?" preguntó Ami, súbitamente atraída por la conversación.

"Con Jadeite", respondió Minako dando un largo sorbo a la taza de café. Rei se quedó paralizada, con el rostro blanco por el asombro. ¿Cómo era posible que Jadeite sehubiera acostado con Minako? Ya sabía que Minako era igual a su madre en muchos aspectos. Lady Venus tenía fama de embrujar a los hombres, quizás su hija había heredado también ese don.

"¡Cómo te has atrevido a hacerlo, Minako!" la riñó Ami, sorprendida. La rubia princesa de Venus siguió bebiendo tranquilamente su café, sin alterarse. Cuando acabó, levantó la vista hacia Ami.

"No he hecho nada malo, Ami" contestó sin alterarse.

"No seas hipócrita, hace meses que Jadeite sale con Rei, por Selene, ¿cómo has podido ser tan malvada?" le preguntó Ami con una mirada llameante. Rei se levantó en silencio y salió lentamente de la estancia. Minako se encogió de hombros y siguió desayunando tan tranquila. Ami salió corriendo detrás de Rei y Makoto se quedó con Minako, no sin antes darle un codazo en las costillas.

Rei salió caminando de la sala y pronto comenzó a correr, cuando sintió que le faltaba el aire, que se ahogaba. Escuchó a Ami, gritándole que se detuviera, que la esperara. La ignoró. Siguió corriendo unos cuantos minutos más, hasta salir del Palacio y, una vez en el jardín, al llegar a la fuente, se detuvo. Se agachó, apoyando las manos en el borde de la fuente, en un intento por recuperar el aliento. Se sorprendió de ver que dos gotas calientes y transparentes caían sobre el borde de la fuente. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba llorando. "Rei... ¿te pasa algo? ¿Te encuentras bien?" sonó una dulce voz detrás suyo.

"Déjame, Ami" contestó Rei sin girarse, apretando con fuerza el borde de la fuente. "Sólo déjame en paz, ¿quieres?" Sintió una mano en su hombro y entonces se giró violentamente, echando aquella mano consoladora a un lado.

"Te he dicho que me dej... ¡¿Usagi?!" exclamó, cegada por el llanto. Se secó los ojos con el brazo. Usagi le apartó el brazo de la cara, con rostro preocupado.

"Rei... ¿qué te ha pasado?" La princesa de Marte se separó ligeramente de ella y suspiró, dándole la espalda.

"Minako se ha acostado con Jadeite" murmuró.

"Oh, no..." susurró Usagi, acercándose a ella de forma instintiva. Rei se dio media vuelta y se dejó llevar por el abrazo, sintiendo que las lágrimas volvían a bajar por su rostro.

"No me esperaba algo así de Minako, ¿cómo ha podido hacerlo?" preguntó Usagi, acariciando el oscuro cabello de Rei.

"Eso no me importa", respondió la princesa de Marte, súbitamente consciente de la atención que estaba recibiendo por parte de Usagi. "A mi Jadeite nunca me ha importado".
Se separaron y Usagi la miró con extrañeza, pero sintiendo que su corazón se libraba de una fuerte carga. Se sentó en el borde de la fuente y Rei hizo lo mismo.

"Yo pensaba que estabas muy unida a él..." murmuró, sin saber qué decir. Rei se echó a reír a su pesar, con la vista perdida en el frente.

"En realidad no. Pero cuando Minako dijo que había estado con él me sentí mal de repente. Minako tenía a Jadeite, Makoto a Nephrite, tú a Endimyon... me sentí muy sola."

"No tienes por qué sentirte sola, tienes a tus amigas y me tienes a mi." contestó Usagi, poniéndose de pie y situándose frente a ella.

"Tú estás con Endimyon y si todo va bien te casarás con él." respondió Rei bajando la cabeza. "Dentro de un tiempo te olvidarás de mi."

"¿Y si no es así? ¿Y si yo no quiero casarme?" Rei levantó la vista, confundida. Usagi la miraba con el ceño fruncido, las manos en las caderas. Se echó a reir a su pesar, al encontrar muy divertida la expresión de la Pequeña Dama. Se puso en pie y cruzó los brazos sobre el pecho, con rostro burlón.

"No digas tonterías. Te casarás con Endimyon. Tendrás muchos hijos y serás muy feliz. ¿Y sabes por qué serás muy feliz? Porque yo estaré allí para asegurarme de que así sea". Usagi bajó los brazos y su rostro adquirió tristeza.

"Rei, yo no puedo casarme con Endimyon porque estoy enamorada de otra persona." murmuró. La morena princesa se quedó sorprendida, mirando boquiabierta a su mejor amiga. ¿De quién estaría enamorada Usagi? ¿Cómo es que ella no sabía nada al respecto? Usagi se acercó ligeramente a ella.

"No me había dado cuenta de que me había enamorado de esa otra persona hasta que su vida estuvo en peligro. No sé si amo a Endimyon o..."

"¿Quién es esa otra persona?" preguntó Rei, Usagi levantó la vista para mirarla a los ojos, esbozando una sonrisa.

"Tú, Rei" susurró Usagi. Ami sonrió, desde detrás del árbol desde el que hacía minutos que estaba, dando media vuelta para entrar en el Palacio.

Lady Mercurio se puso en pie, después de horas de no haber dado señales de vida. "Yo no puedo atacar a las Outer Senshi. No atacaré a Hotaru aunque haya sido ella la asesina de
Titán." En ese momento entró corriendo un soldado y, sin aliento, se detuvo ante la Reina, cuadrándose.

"¡Majestad, las tropas del Reino Oscuro están atacando la Luna!" exclamó entre jadeos.

"Las princesas Minako, Makoto y Ami se encuentran luchando en las murallas del Palacio. La Pequeña Dama ha sido escoltada a sus habitaciones por la princesa Rei." La Reina Serenity se cogió a la mesa y se sentó lentamente, sopesando la noticia. Si las tropas de Beryl habían llegado a la Luna sin enfrentarse a las Outer Senshi, que se encontraban en Saturno, eso significaba que Hotaru y las otras se habían aliado al enemigo... que eran ciertos los rumores y que sus pesadillas se estaban haciendo realidad. Le indicó al soldado que saliese de la sala.

Lady Venus, Mercurio y Marte se pusieron en pie. Lady Urano se dirigió a la ventana, para ver qué estaba sucediendo fuera. Vio soldados corriendo de un lado a otro por los jardines y escuchó gritos provenientes de las murallas.

"¿Qué vamos a hacer, majestad?" preguntó Lady Venus. "Podríamos dejar a nuestras hijas luchando aquí, no creo que tengan problemas para ganar. Nosotras podríamos ir a Saturno a buscar a Hotaru y a las demás."

"Eso no será necesario", murmuró una voz opaca desde la puerta de la sala. Las damas se giraron y vieron entrar en la Sala de Reuniones a Hotaru, con la mano derecha ensangrentada. A su lado estaba el cadáver del joven soldado que había entrado antes. A su izquierda estaba Setsuna y ligeramente detrás, aparecieron Haruka y Michiru. Todas estaban vestidas con el uniforme de Guerreros.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Dom Dic 14, 2014 3:41 am

Capítulo 27.
La confrontación


Minako se limpió el sudor, intentando pensar en una forma rápida de impedir que las tropas del Reino Oscuro entrasen en el Palacio. ¿Cómo es que los sensores no habían percibido la presencia enemiga? ¿Por qué los centinelas no habían avisado de la cercanía de los soldados? ¿Y por qué sus madres no habían salido a ayudarlas? No tuvo tiempo de formularse más preguntas porque la espada de un soldado enemigo se cernió sobre ella, dándole escaso tiempo a saltar para esquivarla mientras con un "Crescent Beam" intentaba contraatacar.

El "Suprem Thunder" de Makoto fue más rápido y acabó con el soldado enemigo. Ami formó un muro de hielo para sellar los accesos al Palacio y Makoto se encargó de la retaguardia. Ella pidió refuerzos con el comunicador y en cuestión de minutos se encontró rodeada de guerreros dispuestos a no dejar que los soldados del Reino Oscuro entrasen en las dependencias del Palacio.

"Hotaru..." susurró la Reina Serenity, retrocediendo ligeramente. Lady Mercurio y Marte avanzaron escudándola con el cuerpo y prepararon dos bolas de energía para atacar a las Outer Senshi. Hotaru se echó a reir mientras entraba en la Sala de Reuniones.

"¿Qué os habéis creído? ¿Que con dos bolitas váis a acabar con nosotras?" miró a la Reina de forma desafiante. "Creo que me estábais buscando, majestad."

"¿Qué te propones, Hotaru?" preguntó la soberana de la Luna. Michiru cerró la puerta detrás suyo cuando todas se encontraron dentro de la sala. Hotaru sonrió dulcemente.

"No quiero hacer daño a nadie. Al fin y al cabo soy una Guerrero que lucha por el amor y la justicia" murmuró con voz aterciopelada. "Serenity, ha llegado el fin de tu mandato."
Setsuna avanzó ligeramente y encontró el paso bloqueado por Lady Venus. Lady Urano se dirigió al centro de la estancia, mirando de reojo a su hija, sin llegar a reconocer aquellos endurecidos rasgos. El castigo impuesto por Serenity había transformado a Haruka, lo vio en sus ojos, fríos y amargos.

"¿Por qué lo hacéis, chicas?" preguntó Venus, preparando mentalmente un ataque.

"El Milenio de Plata se basa en unos principios que no tienen razón de ser. Se lucha por el amor y la justicia para mantener la paz en la Luna y un ritmo de vida que lo único que comporta es el hambre, la guerra y la muerte en los demás países del sistema solar." respondió Setsuna, retándola con una mirada llena de odio. "Durante mi larga estancia en las Puertas del Tiempo he visitado el pasado y el presente. Los planetas exteriores nunca han dejado de estar en guerra y la Luna jamás hizo nada por evitarlo, o por poner fin a la situación. La Reina Serenity estaba más preocupada por la salud de su marido, moribundo, que por el bienestar del Milenio de Plata. Nosotras cuatro hemos hablado con Beryl y su sistema nos parece más equitativo... más justo. Rendíos ahora y no recurriremos a la violencia. Ordenaremos a las tropas que se retiren y Beryl será compasiva con vosotras."

"¡Jamás nos rendiremos!" exclamó Guerrero Marte, lanzándose sobre Setsuna. Forcejearon envueltas del silencio durante unos segundos, antes de que Mercurio y Venus corrieran hacia Hotaru.

"Maestra, ¿osáis atacarme?" sonrió Hotaru a Lady Mercurio. Al ver a la dama dudando, le lanzó un ataque que la hizo doblegarse. Marte le alcanzó con un "Mars Flame Snipper" y Hotaru retrocedió, echándose las manos al pecho, tosiendo. Haruka y Michiru aprovecharon la confusión para dirigirse a la Reina Serenity. Se encontraron con Lady Urano en su camino.

"Madre, apartate de nuestro camino", siseó Haruka con un "World Shaking" construido sobre el puño.

"Yo era Outer Senshi muchos años antes de que naciérais. A estas alturas ya debes saber que tendréis que pasar por encima de mi cadáver antes de coger a su majestad." respondió Lady Urano levantando las manos. La Reina Serenity corrió hacia el Cristal de Plata, que emitía destellos intermitentes. Michiru miró momentáneamente a Haruka, que asintió.

"Así sea" murmuró Haruka, disolviendo el "World Shaking" y propinando un puñetazo a su madre en el estómago. Lady Urano cayó de rodillas al suelo, tosiendo. Las puertas de la Sala de Reuniones se rompieron y decenas de soldados del Milenio de Plata entraron con las armas en alto.

Haruka cogió de un brazo a la Reina Serenity y Michiru del otro, llevándoselo a la espalda. El Cristal de Plata estaba a unos metros.

"¡ALTO! ¡¡QUE NADIE SE MUEVA O LA REINA SERENITY MORIRÁ!!" gritó Haruka, atrayendo la atención de todos los presentes en la Sala. Lady Mercurio estaba sangrando en el suelo mientras que Hotaru tenía cogida a Marte, intentando estrangularla. Setsuna todavía estaba forcejeando con Venus. Los soldados ya habían entrado y todos se quedaron quietos. "¡Si bien los motivos por los que Michiru y yo nos hemos añadido a la revuelta son de carácter personal y no político, no dudaremos en matar a su majestad si alguno de vosotros se mueve!" Hotaru sonrió, soltando a Lady Marte, que cayó de rodillas sobre el suelo, echándose las manos al cuello. Lady Venus soltó a Setsuna, que avanzó hasta situarse junto al Cristal de Plata. Un brillo extraño atrajo su atención, del cristal no emanaba la pacífica luz blanca de siempre, sino un brillo rojizo intermitente. Frunció el ceño, preocupada.

"La batalla ha terminado" susurró Hotaru, acercándose a la Reina Serenity, fuertemente cogida por Michiru y Haruka. "Majestad, ¿tenéis algo que decir antes de morir?"

"Vete al infierno", murmuró Serenity. Hotaru se echó a reir ligeramente, guiñándole el ojo a su soberana.

"Allí nos veremos, majestad", concluyó Hotaru, dando cierto énfasis a la palabra 'majestad'. Levantó las manos invocando un "Death Ribbon Revolution".

"Espera" la interrumpió Michiru. "Deja que seamos Haruka y yo quienes acabemos con ella, Hotaru. Al fin y al cabo tenemos más motivos que tú para odiarla". La princesa de Saturno sonrió, bajando las manos y asintiendo con la cabeza. Retrocedió dos pasos.

"Ya sabéis todos lo que siento por Haruka" dijo Michiru, soltando a la Reina Serenity y mirando fugazmente a su rubia compañera. "La amo desde el primer momento en que la vi. Eramos unas niñas todavía pero ella me dio algo de lo que carecía al llegar al Palacio de la Luna: una vida. Bien, la Reina Serenity al ser conocedora de nuestra relación intentó sabotearla y nos separó, enviándonos a diferentes planetas con la esperanza de que quizás Haruka me olvidaría... o que yo la olvidaría a ella." hizo una pausa para coger la mano de Haruka, que la miraba dulcemente. "Pero fracasásteis, majestad. Yo la sigo amando y la seguiré amando mientras viva. No puedo perdonaros por lo que hicísteis, majestad." Michiru levantó una mano, concentrando su energía. Haruka, cogida de la mano de su pareja todavía, hizo lo mismo.

"DEEP SUBMERGE!!"

"WORLD SHAKING!!"

La bola de energía de Michiru se fusionó con la de Haruka dirigiéndose de forma letal hacia...

¡HOTARU!

La morena princesa de Saturno no se esperaba semejante acción y los dos ataques conjuntados le dieron de lleno, enterrándola entre el techo y las paredes de la estancia, que cedieron, y destellos de energía anaranjada y verdeazulada. Haruka y Michiru se quedaron quietas, sin aliento, al haber depositado toda su energía en los ataques dirigidos a la Guerrero de Saturno. El humo cegó a todos momentáneamente. Setsuna miró atónita a las Guerreros de Urano y Neptuno, dispuesta a atacarlas, pero los soldados que habían entrado en la sala se lanzaron sobre ella. Lady Urano se acercó a su hija y a su pareja.
"¿Qué significa todo esto?" preguntó, mirando a la Reina para ver si ella estaba al corriente de lo que sucedía. El rostro de la Reina Serenity era una máscara de estupefacción. Michiru dio un paso al frente hincando una rodilla ante la soberana.

"Majestad, sentimos mucho haber provocado todo este lío, pero era la única forma de detener a Hotaru. La única forma de detenerla era con un ataque sorpresa combinado. Haruka y yo pensamos que la única forma de impedir que Hotaru acabara con el Milenio de Plata era enfrentándonos a ella. Organizamos una estrategia a seguir y no dijimos nada a nadie. Por ello os pedimos perdón, majestad.

"Vuestra forma de..." la voz de Serenity se quebró cuando de entre las ruinas que enterraban a Hotaru aparecieron una serie de cintas negras con energía maligna. Las cintas adoptaron forma de flecha y salieron disparadas hacia Michiru, que, arrodillada y exhausta por el ataque lanzado antes, vio impotente cómo el ataque de la Guerrero de la Destrucción se dirigía a ella.

La sangre comenzó a salir a borbotones de la herida que produjo el ataque de Hotaru, lanzado de entre los escombros. El humo y el pánico trajo lágrimas a los ojos de Haruka, que, gritando, se había lanzado sobre Michiru en un intento por salvarla. Había llegado tarde, sin embargo, Lady Urano no. Al ver la energía oscura saliendo de entre las ruinas dio un salto hacia Michiru para echarla a un lado. Por desgracia el ataque le dio de lleno a ella. Cayó de rodillas al suelo, echándose la mano al estómago, atravesado por las cintas negras. Lady Venus y Marte lanzaron sendos ataques al lugar de procedencia de las cintas negras, cubriéndolo todo de humo. Michiru, al percatarse de que Lady Urano había sido alcanzada por el ataque se levantó, arrancándose un trozo del uniforme para intentar tapar la herida.

"¡¡¡MADRE!!!" gritó Haruka, acudiendo al lado de la dama malherida. "Madre..." Lady Urano, moribunda, levantó la vista, acariciando la mejilla de su hija.

"Haruka... no podía permitir que os separara..." susurró. Michiru miró desesperada a Haruka. La herida era muy grave, Lady Urano estaba muriendo. El trozo de tela que había usado para tapar la herida estaba empapado, ya había dejado de servir. Sintió que Lady Urano le cogía la mano.

"Mich.. Michiru... protege a Haruka... ¿me juras que la... que la protegerás?" le preguntó, cogiendo su mano con una fuerza que Michiru se sorprendió de descubrir en una persona que flirteaba con la muerte.

"Lo juro por mi vida, Lady Urano" susurró con la voz entrecortada, llorando.

"Madre... madre..." sollozó Haruka, enterrando la cabeza en el pecho de la dama.

"Sé valiente, hija... no olvides... nunca que... que te quiero", susurró de forma inaudible Lady Urano. Haruka la miraba consternada. Su madre sonrió débilmente. "No te preocupes... por mi, hija. Yo estaré bien..." La voz de la noble dema se apagó, cediendo finalmente ante la muerte. Haruka levantó la cabeza, aterrada, consciente de que había perdido definitivamente a su madre. Sintió que los brazos de una apenada Michiru la rodeaban delicadamente y enterró la cara en el pecho de su pareja, dejándose llevar por el dolor y el cansancio.

De entre los trozos de techo y pared que habían caído al suelo cubriendo a Hotaru apareció una mano, invocando un "Death and Ribbon Revolution". Guerrero Saturno apareció, aparentemente intacta, de entre los escombros. Un aura maligna la rodeó de forma inminente. Lady Mercurio saltó sobre Hotaru para detenerla pero un escudo transparente la obligó a retroceder. Un frío terrible se adueñó de la estancia y el silencio lo cubrió todo. Dejaron de escuchar los gritos de Minako, Rei, Makoto y Ami, que seguían luchando contra las tropas del Reino Oscuro en las murallas del Palacio de la Luna. Un silencio palpable y una oleada de terror se cernieron sobre la Sala de Reuniones del Palacio. La Reina Serenity unió las manos sobre el pecho, comenzando a rezar. Aquello era el fin.

Pero una fuerza inesperada detuvo el tiempo.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Dom Dic 14, 2014 3:46 am

Capítulo 28.
Visión de futuro


Les vio a todos como si se tratara de una foto. Los soldados al servicio de Serenity estaban tirados por el suelo, algunos muertos, la mayoría heridos de gravedad. Lady Mercurio intentaba ponerse de pie, echándose una mano a un costado, para evitar que saliera más sangre de la herida que tenía. Lady Venus estaba inconsciente en el suelo. Marte se dirigía a la Reina Serenity, que miraba aterrorizada a Hotaru. La joven Guerrero de Saturno parecía la encarnación del mismísimo diablo, de pie en el centro de la sala, sobre las ruinas que la habían enterrado hacía unos minutos. Una sonrisa cruel convertía su dulce rostro en una máscara de odio. Haruka lloraba desconsoladamente sobre el pecho de Michiru y ésta abrazaba con fuerza a Haruka, con gesto protector, mirando furiosa a Hotaru.

En las afueras del Palacio, otra lucha había sido paralizada. Ami estaba lanzando un rayo congelante a una horda de soldados enemigos. Minako había lanzado una cadena de amor a otra docena de soldados y ahora parecía dirigirse a Makoto, que estaba inconsciente en el suelo, a unos metros. El pánico se dibujaba en su rostro. Rei estaba en las puertas del Palacio, luchando con 3 soldados del Reino Oscuro, que habían logrado penetrar las murallas del Palacio. Detrás suyo estaba Usagi, parecía asustada. Ella lo veía todo desde otro plano de existencia. La acción se había paralizado. Necesitaba tiempo para pensar. Había visto una serie de imágenes en el Cristal de Plata y necesitaba identificarlas, saber de dónde provenían.

En un parpadeo se encontró en su segundo hogar, las Puertas del Tiempo. Aquel lugar envuelto en brumas de color rojizo y lleno de puertas ricamente adornadas la reconocían como su dueña y señora y se abrían para cederle el paso. Setsuna se dirigió como una autómata a las puertas del Presente. Las abrió y estudió de forma analítica todo lo que vio.

Vio que Haruka y Michiru -aquellas traidoras-, Hotaru y ella misma atacaban el Palacio. Habían entrado por un viejo foso olvidado. Habían llegado a las mazmorras del Palacio de la Luna. Subiendo por unos pasadizos escondidos llegaron hasta el Salón del Trono. Aquel camino secreto había sido diseñado por un antepasado de Setsuna, por eso conocía el camino como la palma de su mano. Gracias a ella habían entrado sin ser vistas. Luego fueron a la Sala de Reuniones pero pasaron desapercibidas cuando los soldados salieron en dirección a las murallas, al recibir noticias del ataque de las tropas del Reino Oscuro. Tal y como Beryl le había dicho. Sin embargo, el Cristal de Plata le había enseñado algo que Beryl no había pronosticado.

Había visto el cadáver de la Reina Serenity, de sus amigas, el cadáver de Usagi... y el de Endimyon. Beryl le prometió que Endimyon sería suyo... así que, ¿cómo había podido ver su cadáver a través del Cristal de Plata? Como el Cristal era una fuente de poder creíble decidió ir a las Puertas del Tiempo para analizar los hechos.

"Abre la puerta del Futuro" sonó una dulce voz tras ella. Se dio media vuelta y una luz blanca la cegó de forma momentánea. Una mujer alta, de cabellos dorados y mirada azul apareció ante ella, envuelta en un halo virginal. Se trataba de la Reina Serenity. Setsuna se quedó boquiabierta. Había visto a la soberana de la Luna paralizada, con los demás, en el Palacio...

"Sólo soy una imagen, Setsuna" la tranquilizó Serenity. "Mi verdadero yo se encuentra en la Luna, con los demás." sonrió.

"Tenéis un gran poder, alteza" concedió Setsuna, sin dejarse intimidar por la demostración de Serenity.

"Pero ni siquiera yo puedo alterar el futuro" confesó la reina, señalando con la mano derecha hacia la bella puerta del Futuro. "Abrela, conoce y comprende lo que va a acontecer. Sólo así podrás impedir la masacre." Setsuna avanzó de forma titubeante hacia la puerta. Puso la mano en la madera y ésta le transmitió unas fuertes vibraciones. Se detuvo, mirando hacia la semitransparente forma de la Reina Serenity.

"Si conozco el futuro... si intervengo en la línea espacio-temporal... seré castigada..." susurró,asustada.

"¿Debo recordarte que has abandonado las Puertas del Tiempo para sublevarte contra el Milenio de Plata y que has detenido el Tiempo?" sonrió Serenity dulcemente. "No temas, intercederé por ti si tomas la decisión correcta."

"Beryl y vos no sóis tan diferentes, majestad", contestó Setsuna, dirigiéndose de nuevo a la Puerta. Abrirla fue sencillo. Ser consciente de la importancia de los hechos de los que fue presente después, no lo fue tanto. Vio muchas muertes, sangre, un palacio en ruinas... vio a Beryl, destruida. Vio a Serenity, moribunda, con el Cristal de Plata en alto. Vio a Haruka y a Michiru muertas, junto a los cadáveres de las otras Guerreros. Vio morir a Usagi, delante del cadáver de... Endimypn. Sintió un nudo en la garganta cuando vio que el rostro del atractivo joven había perdido el color y la vida. También vio a Hotaru, convertida en el brazo ejecutor del Milenio de Plata. ¡Estaba acabando con todo!
Y luego, el silencio. Se vio a sí misma velando las Puertas del Tiempo, sola. Nunca la soledad le pareció algo tan miserable como la que presenció entonces. Cerró la puerta, tragándose las lágrimas. Apoyó la cabeza en la madera y tras respirar hondo varias veces, se dio media vuelta, dirigiéndose al holograma de la Reina Serenity.

"¿Hay alguna manera de evitar esto?" preguntó con un hilo de voz. Serenity negó con la cabeza, tristemente.

"Lo que acabas de ver es el fin del Milenio de Plata. Hace unas horas, cuando luchabas contra mi, viste que el Cristal de Plata ya no brilla como antes. Beryl lo sabe, por eso no duda en lavar el cerebro de quien sea necesario para destruirnos. Convenció a Hotaru, te convenció a ti... Tanto si Beryl gana como si pierde, el Milenio de Plata está condenado a la destrucción. Pero si gana Beryl el Milenio de Plata no tendrá ninguna oportunidad de renacer."

"¿Renacer? ¿A qué os referís?" La imagen de la Reina Serenity comenzó a brillar con fuerza y de su mano emergió una luz blanca, pura, tomando la forma del Cristal de Plata.

"Dentro de mil años nacerá en la Tierra la semilla del Milenio de Plata. Germinará con la justicia, el amor, la generosidad y el espíritu de sacrificio de los habitantes del Reino de la Luna. Cuando en la Luna no quede ni rastro del antiguo Milenio de Plata, se instalará allí para florecer, dando lugar a un nuevo Reino. Si Beryl gana la batalla eso no sucederá nunca. Pero si Hotaru y Beryl se salen con la suya..."

"No conocía vuestras dotes de negociante, majestad." se burló Setsuna, sopesando la propuesta.

"Elija el camino que elija todos moriremos."

"Sólamente tu poder es lo suficientemente grande como para detener a Guerrero Saturno."
Setsuna sonrió y levantó la llave del Tiempo.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Dom Dic 14, 2014 3:50 am

Capítulo 29.
El final del conflicto


"¡¡¡NOOO!!!" gritó Setsuna, al mismo tiempo que volvía a dejar que el tiempo fluyera con su normal devenir. Hotaru levantó la vista momentáneamente. Estaba rodeada de guerreros muertos o malheridos, sus amigas estaban en condiciones lamentables y las madres de sus otras amigas no tenían mejor aspecto. La Reina Serenity la miraba fijamente, con tranquilidad. Setsuna tenía la cara descompuesta por el pánico.

"¿Tú también, Setsuna?" le preguntó Hotaru, con sarcasmo. "Estoy rodeada de traidoras. De ellas" dijo, señalando a Haruka, que estaba levantándose del suelo llena de furia y a Michiru, que estaba ligeramente delante de su compañera, escudándola. "me lo podía llegar a esperar, pero de ti... me decepcionas, Setsuna." Hotaru levantó las manos y unas nubes negras comenzaron a rodearla, mientras las cintas provenientes del mundo de los muertos acudían a su llamada. Setsuna caminó hacia ella, ignorando el frío que comenzaba a rodear a su joven compañera. Se situó delante de Hotaru y le cogió las manos, mirándola con tristeza.

"Tú no eres Hotaru" susurró, atravesándola con su mirada color rubí. "No sé qué te hizo Beryl, o qué te hizo Titán para convertirte en lo que eres, pero tú no ya no eres Hotaru, no eres... mi amiga." Hotaru sonrió, con una mueca burlona.

"Yo siempre fui así, Setsuna" respondió. La joven Guerrero de Plutón agachó la cabeza y le dio un beso en la frente. De repente, Hotaru se quedó paralizada y un símbolo de color violeta apareció brillando con fuerza en el lugar donde había sido besada. Hotaru comenzó a convulsionarse, víctima de espasmos violentos.

"Las Puertas del Tiempo me han ofrecido una visión del otro mundo. El mal se ha apoderado de tu corazón, Hotaru. Y Beryl se ha aprovechado de la situación, cegándote a ti y cegándome a mi. Todas pagaremos por nuestro error, incluidas vosotras" entonó, dirigiéndose a Haruka y a Michiru, que la miraban estupefactas. Hotaru dejó de moverse, sumida en lo que parecía ser un profundo sueño. "Ahora sé que no debo inmiscuirme en el fluir del Tiempo. Majestad, he despojado a Hotaru de la parte maligna que se había apoderado de su alma."

"¿Hay alguna forma de que despierte?" preguntó Lady Venus, acercándose a la durmiente princesa de Saturno.

"Sí, crearemos tres Talismanes. Su unión provocará el despertar de Guerrero Saturno. Pero sólo se llevará a cabo en caso de necesidad." contestó Setsuna, dirigiéndose al Cristal de Plata. "Majestad..."

"De acuerdo, Guerrero Plutón" respondió Serenity, asintiendo. Setsuna cerró los ojos y depositó ambas manos sobre el Cristal de Plata, que comenzó a brillar con bastante intensidad. Una luz blanca rodeó a Setsuna y tres objetos aparecieron levitando a varios centímetros del suelo. Se trataban de una espada, un espejo y un aro con forma de corazón y una esfera roja en el centro. Setsuna se alejó del Cristal de Plata, sonriendo para sí y cogió el tercer objeto, depositándolo en un extremo de la Vara que utilizaba como llave en las Puertas del Tiempo.

"Éstos son los tres Talismanes Sagrados. Están vinculados al Cristal de Plata, lo cual significa que en caso de necesidad, su energía les llamará y les incitará a reunirse, para despertar a la Guerrero de la Destrucción. Como Hotaru es una Outer Senshi creo que somos Haruka, Michiru y yo quienes debemos encargarnos de los Talismanes. ¿Qué pensáis, majestad?" La Reina Serenity asintió, mirando repetídamente a las tres Outer Senshi. Se acercó a los Talismanes y cogió la espada, un arma de escasa longitud, con filo ligeramente curvado y piedras preciosas en el mango y la vaina, que era dorada.
"Ésta es la Space Sword y creo que Guerrero Urano debería ser su Guardiana. Tiene un filo muy peligroso, puede cortar cualquier cosa. Consérvala bien, Haruka". Haruka avanzó de forma dubitativa hacia el sagrado objeto, cogiéndolo lentamente y haciendo una reverencia. La Reina Serenity cogió el espejo.

"Este elegante objeto es el Deep Aqua Mirror, un espejo que refleja una imagen que permitirá a su poseedor discernir entre lo que es realidad y lo que es meramente fantasía. Michiru, te hago entrega del Sagrado Espejo." La princesa de Neptuno cogió el espejo, que era de color azul y dorado. En el dorso apareció el símbolo del planeta Neptuno, brillando con fuerza. Serenity sonrió.

"El Deep Aqua Mirror te acepta como Guardiana", dijo solemnemente. Michiru sonrió haciendo una reverencia. Serenity avanzó hacia el Cristal de Plata y cerró los ojos. El cuerpo de Hotaru desapareció de repente, teleportado a su planeta natal, en el que descansaría hasta que llegase el momento de despertar. Serenity informó a las Guerreros de que Hotaru despertaría con la única misión de destruir los restos del Milenio de Plata, en el caso de que el Reino Oscuro ganase la batalla y no hubiera forma de vencerlo.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Dom Dic 14, 2014 4:00 am

Capítulo 30.
Recompensas y castigos


Usagi entró en la Sala del Trono y echó un vistazo a su alrededor. Estaba llena de gente. Habían venido miembros de las realezas de casi todos los planetas miembros del Milenio de Plata. Vio a las Outer Senshi muy cerca de la Reina Serenity. Su madre, en aquel acto, debía comunicar a los súbditos qué había sucedido en el Palacio y las medidas que iba a tomar con los sublevados. Por lo que sabía, Hotaru había sido castigada al exilio. Setsuna había solucionado el conflicto, pero también había sido una de las creadoras del golpe de Estado. Se preguntaba qué haría su madre al respecto. Tampoco sabía cómo iba a
reaccionar la Reina de la Luna con las princesas de Urano y Neptuno, que en un principio habían sido consideradas unas traidoras. Haruka debía partir en unas horas con destino al planeta Urano, en el que permitir que el cadáver de su madre se reencontrara con su elemento guardián. Vio a la princesa de Urano de pie, con rostro serio y circunspecto, delante del trono. A su derecha estaba Michiru, con mirada grave. Setsuna se encontraba ligeramente apartada de ambas, sonriendo. Todavía no se explicaba por qué la princesa de Plutón, que junto con la princesa de Saturno había liderado el ataque sobre la Luna, no había sido castigada por alta traición. Caminó en dirección al trono, donde la estaba esperando su madre, la Reina Serenity, y divisó a su derecha a las Inner Senshi, a Lady Mercurio, a Lady Marte y a Lady Venus. Lady Mercurio tenía mal aspecto, parecía haber enfermado. Ami, su hija, se encontraba a su lado y la miraba con rostro preocupado. Entre unos príncipes venidos de Venus se encontraban Minako y Makoto. La princesa de Júpiter tenía el brazo derecho en cabestrillo, se había lesionado durante la batalla. Y junto al pasillo por el que ella caminaba ahora vio a Rei, que le guiñó el ojo de forma disimulada. Se sonrojó ligeramente, recordando su encuentro con la bella princesa de Marte en los jardines del Palacio, la noche anterior. Llegó al trono y se sentó en su puesto, a la derecha de su madre.

"Sed bienvenidos al Palacio de la Luna." comenzó la Reina Serenity su ensayado discurso, mirando a los allí congregados con confianza y seguridad en sí misma. "Debido a un asalto sorpresa la reunión no puede celebrarse en la Sala de Reuniones, por eso os he citado a todos aquí. Las Outer Senshi del Milenio de Plata, dirigidas por Guerrero Saturno, hicieron efectivo un golpe de estado sobre el Reino de la Luna. Guerrero Urano y Neptuno se hicieron pasar por traidoras para intentar eliminar a Saturno pero fracasaron en el intento. Lady Urano murió en la batalla. Setsuna paralizó el tiempo y usando su poder sobre el
espacio y el tiempo dejó a Hotaru sumida en el Sueño Eterno. Para despertar, Hotaru necesita que los tres Talismanes que han sido creados por el Cristal de Plata, la Space Sword, el Deep Aqua Mirror y el Garnet Orb, se reunan. Y eso se llevará a cabo tan sólo cuando llegue el día del juicio final al Milenio de Plata.

"De hecho, sólo quería informaros de lo sucedido... y de las medidas que voy a tomar al respecto. Guerrero Saturno ya ha sido castigada. Guerrero Plutón" hizo una pausa, dirigiéndose a Setsuna, que tenía la cabeza agachada humildemente ante su soberana.

"No puedo perdonar que te hayas aliado a Beryl y a Hotaru en un acto de suma traición. El castigo por semejante ofensa es la muerte pero... debo reconocer que tú has sido la portadora de la paz al Milenio de Plata y que has reconocido tus errores. Desempeñarás tus tareas en las Puertas del Tiempo y no saldrás de allí hasta el día del juicio final." Setsuna levantó la vista, tristemente, y asintió, aceptando el castigo. "Urano, Neptuno," prosiguió Serenity dirigiéndose a Haruka y a Michiru. "Actuásteis por vuestra cuenta y esa acción casi provoca el final del Milenio de Plata. Debo castigaros por esa temeridad. Debo exiliaros a los planetas exteriores. No podréis abandonarlos bajo ningún
concepto." Haruka sonrió por lo bajo. Serenity no le había prohibido verse con Michiru... quizás la Reina Serenity tenía un corazón más grande de lo que parecía. Serenity se puso en pie de forma solemne, haciendo levantar a las tres Outer Senshi. Se despidió de ellas y abandonó la sala.

Rei se acercó a Usagi, invitándola a salir al jardín, para dar un paseo bajo la luz del planeta Tierra. Usagi sonrió y aceptó. Encontraron por el camino al príncipe Endimyon, que se acercó para saludar a Usagi. Rei le miró con fiereza, cogiendo la mano de la princesa de la Luna con posesividad. Usagi sonrió a Endimyon y se disculpó, diciéndole que tenía cosas que hacer, que ya hablarían otro día. Rei sonrió y las dos dejaron a Endimyon en el pasillo del Palacio, con aspecto pensativo.

"Por qué no has querido hablar con Endimyon, Usagi?" preguntó Rei mientras se dirigían al lago de los jardines del Palacio.

"¿Y por qué tengo que hacerlo?" respondió la rubia princesa de la Luna, echando a correr. "Para eso ya te tengo a ti!" gritó dirigiéndose al lago.

Rei se echó a reir, sintiendo que la felicidad la desbordaba. Salió corriendo tras Usagi, dando las gracias a su planeta guardián, por la suerte que tenía.

El viento se levantó a su alrededor, flirteando con su cabello, acariciando su rostro y meciendo su cuerpo. Encontró a Haruka de pie, apoyada en el tronco de un alto árbol, a las afueras del Palacio de Urano. Tenía la vista fija en el horizonte y el rostro serio, pensativo. Se acercó a ella lentamente y le acarició el brazo. Haruka la miró fugazmente, sonrió y volvió a contemplar el horizonte. Michiru tan sólo quería demostrarle que se encontraría siempre con ella, no importaba lo que pasase. Por eso sonrió y, dejándose llevar por el viento, apoyó la cabeza en el hombro de Haruka.

"Sabías que mi madre estaba enamorada de la tuya?" preguntó Haruka de repente, en voz baja, sin apartar la vista del desértico paisaje que tenían al frente. Michiru abrió los ojos, levantando la vista. Eran las primeras palabras que decía Haruka desde que habían enterrado a Lady Urano, a primera hora de la mañana.

"No, no lo sabía" confesó. Haruka se echó a reir ligeramente.

"Quizás tu planeta y el mío tienen un vínculo especial, que nos hace buscarnos los unos a los otros, no lo sé. Lo que sé es que mi madre se casó con mi padre porque no quería que tu madre se casara con alguien a quien amaba."

"Qué egoísta, no te parece?" respondió Michiru, separándose ligeramente de ella. Dio unos pasos al frente y se dio media vuelta, para mirar a Haruka a los ojos. "Si tú te hubieras enamorado de otra persona yo te habría dejado ir porque para mi lo más importante es tu felicidad."

"Me estás dando permiso para coquetear con otras chicas?" sonrió Haruka cruzando los brazos sobre el pecho.

"De eso nada" respondió Michiru fingiendo enfadarse. Guardó silencio un momento, mirando hacia el enorme Castillo de Urano, que quedaba detrás de Haruka. "Ahora entiendo por qué mi madre estaba siempre triste. No recuerdo haberla visto sonreir de verdad nunca."

"Mi madre siempre se dejó llevar por el sentido del deber y su trabajo. Pero en el fondo me alegro de que se casara con Umbriel" sonrió, avanzando hacia Michiru. "porque eso me ha dado la oportunidad de conocerte." La princesa de Neptuno retrocedió lentamente.

"Eres más malvada que Beryl, Haruka" la riñó Michiru. "Pero tienes razón. Si nuestras madres se hubieran quedado la una con la otra, nosotras no habríamos nacido." El viento sopló con más fuerza y Michiru se pasó las manos por los brazos, en un intento por conservar el calor.

"Tienes frío, Michiru?" preguntó Haruka, avanzando hacia ella.

"Contigo, nunca" contestó Michiru huyendo de su amiga, juguetona. "Oye, qué piensas del castigo de Serenity? No nos ha impedido estar juntas, sólamente nos ha prohibido el acceso a los planetas interiores. Qué extraño". Haruka frunció el ceño un momento, pasándose la mano por el pelo y sonriendo ampliamente después.

"Y qué más da? Quizás va a eliminar esa absurda ley por la que los Guerreros del Milenio de Plata no pueden enamorarse los unos de los otros. No pienses ahora en eso. Cuándo tienes que volver a Neptuno?" Los ojos de Michiru se pusieron tristes de repente.

"Dentro de dos días" contestó y levantó la vista hacia Haruka. "Vendrás a visitarme pronto?"

"En cuanto acabe con unos asuntos que mi madre dejó pendientes aquí." sonrió la rubia Guerrero de Urano. "Entramos en el Palacio? Comienza a hacer algo de frío." Michiru avanzó hacia Haruka y cuando ésta iba a rodearla con el brazo la esquivó, echando a correr hacia el Castillo.

"Atrápame si puedes!" le gritó. Haruka levantó una ceja, burlona.

"Será inocente.. todavía se cree que puede correr más rápido que yo" murmuró. "Ahora verás!" Y salió corriendo en dirección al Palacio de Urano, persiguiendo a Michiru y soltando maldiciones cuando comprobó que la velocidad de la joven de cabello aguamarina había aumentado considerablemente con el paso de los años.

Setsuna paseaba pacíficamente por las inmensidades sin límites de las Puertas del Tiempo, envuelta por la bruma rosada que el fluir espacio-temporal provocaba en aquel lugar sagrado. Había vuelto la paz al Milenio de Plata, aunque en la Luna no se supiera todavía cómo frenar a Beryl y a sus tropas. Se sentía cansada, harta de luchar. Se asomó a las puertas del presente y vio a la Reina Serenity preocupada, paseando de un lado a otro del Salón del Trono y lanzando miradas de soslayo al Cristal de Plata, que brillaba de forma intermitente. No se sintió especialmente preocupada porque tras una batalla de la magnitud de la acontecida en la Luna era normal que el Cristal de Plata hubriera sufrido una pérdida considerable de poder.

Una imagen de Usagi le hizo sonreir, a su pesar. Se encontraba en la Tierra, montando a caballo por primera vez en su vida, con la ayuda del solícito príncipe Endimyon. Sintió celos porque sabía perfectamente que el destino estaba en su contra. Endimyon jamás sería para ella. Estaba claro que el muchacho se había enamorado de la princesa de la Luna.

Al pasar la mano por delante de la imagen ésta desapareció, dando lugar a otra, situada en la Luna. Vio a Jadeite, discutiendo con Rei, que le daba la espalda. Una ruptura, seguramente. También vio a Kunzite y a Zoisite, hablando con una mujer de cabello rojo.... no... ¡se trataba de Beryl! Tendría que avisar a la Reina Serenity de ello, aunque tenía prohibido revelar lo que iba a acontecer ya que el riesgo de provocar una rotura en el espacio y el tiempo era demasiado grande.

Makoto y Nephrite hacían buena pareja aunque últimamente él parecía algo distante. También quiso saber cómo le iba a sus compañeras Outer Senshi. Hotaru dormía tranquilamente en Saturno. Michiru se encontraba sola en su planeta natal, echando un vistazo al Deep Aqua Mirror para asegurarse de que Haruka se encontraba bien. Sonrió, a su pesar. Por lo menos había algo en el Milenio de Plata que iba bien. Vio a Haruka practicando con la espada, concentrada en su entrenamiento. Satisfecha, cerró la Puerta del Presente.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Dom Feb 08, 2015 3:56 am

El exilio
Capítulo 31.

"Seen a million faces
seen a million places die
And I wonder who will walk with me
When I get to Heaven.
I hope I get there"
-Hootie & the Blow Fish "Old Man & Me"-


El tiempo. Seis letras que marcan el devenir de nuestras vidas, nuestro pasado, presente y futuro. Se trata de algo efímero a veces, eterno otras. Quién podría decir que un día es corto o largo? Sólamente el tiempo nos da las respuestas. El tiempo... y nosotros mismos.

Setsuna se encontraba vagando por las Puertas del Tiempo, enfrascada en la lectura de libros, en la adquisición de conocimiento. Qué otra cosa puede hacer si no, alguien que se encuentra encerrado en un espacio con límites invisibles? Había recibido pocas visitas durante su estancia en aquel lugar místico. Michiru o Haruka solían visitarla de vez en cuando para asegurarse de que su mejor amiga no perdía la cordura. También su madre, que parecía haber conseguido la inmortalidad, se pasaba para recordarle que aunque el tiempo era el elemento principal en sus ataques y en su poder, también podía convertirse en su peor enemigo un día. Setsuna ya había dejado de dar valor a aquellas palabras porque su madre, si aquel espectro guardaba algún parecido con la mujer que la alumbró hacía más de 27 años, se había convertido en un ser errante, en un loco fantasma que no paraba de recitar profecías pero a quien nadie hacía caso.

Había pasado tanto tiempo sola en aquel espacio frío que había olvidado lo que sentía por Endimión, si es que aquel capricho momentáneo alguna vez fue importante. Quizás se mentía a sí misma, quizás todavía le amaba... pero ahora no traicionaría a todo un Reino por una sensación lujuriosa. La malvada Reina Beryl también le había hecho una visita, últimamente. La tentaba con imágenes de Endimión y la Princesa Serenity pero ya no sentía nada cuando las veía. Los celos habían dado paso al vacío, símbolo del enfriamiento progresivo que amenazaba a su corazón con convertirlo en una máquina para bombear sangre. Se sentía sola, pero hacía tanto tiempo de eso que ya no le importaba.

Sencillamente, Setsuna había dejado de sentir.

La dulce voz de Michiru entonó una bella melodía que amansó al bebé que llevaba en brazos, hipnotizándola, consiguiendo que los verdes ojos de la niña no quisieran abandonar el contacto con los azules de Michiru. La mujer sonrió, acariciando la mejilla del bebé con delicadeza mientras cogía de una mesa un biberón con el que alimentar a la criatura, una preciosa niña de enormes ojos verdes y cabello aguamarina.

"Preciosa..." susurró una grave voz a sus espaldas, ligeramente por encima de su oreja derecha.
Michiru sonrió, ladeando la cabeza ligeramente para mirar a los ojos a Haruka.
"A quién se lo dices, a ella o a mi?" preguntó.
"Estás celosa?" contestó a su vez Haruka, sonriendo de forma burlona.
"Podría ser" respondió Michiru, echándose a reir.

La niña reconoció a Haruka y levantó los bracitos, intentando llegar hasta ella, esbozando una sonrisa contagiosa.

"Creo que quiere irse contigo, Haruka." dijo Michiru, levantándose para dejar a la pequeña en los brazos de su alta compañera.

La rubia Guerrero de Urano cogió a la niña delicadamente, con miedo a que la más ligera caricia pudiera romper aquella asombrosa belleza reunida en tan pequeño cuerpo.

"Se parece a ti, no puedes negarlo" comentó Haruka mientras acunaba a la niña en un intento por conseguir que aquellos enormes ojos verdes se rindieran al sueño.

"Quizás por eso le caes tan bien" respondió Michiru, rodeando la cintura de Haruka desde detrás. "A mi no me tratas así de bien y eso que ahora apenas nos vemos." ronroneó junto al oído de la muchacha rubia.

Haruka se sonrojó ligeramente, echando la cabeza hacia atrás.

"Si te portas bien... quién sabe? Quizás hoy es tu dia de suerte" contestó Haruka en tono burlón.

Michiru se separó de ella con una mueca de fingido disgusto. Se puso seria de repente y miró a su amada a los ojos.

"Haruka, te gustaría tener un hijo?" le preguntó sin pensar.

La rubia princesa de Urano se quedó quieta, sin saber qué responder. Tardó unos segundos en reaccionar. "Por qué lo preguntas?"

Michiru se dio media vuelta y se dirigió a una ventana. "Se te ve tan a gusto con mi sobrina que a veces deseo poder ser capaz de tener un hijo tuyo" suspiró, entristecida.

"Pero nosotras no... Tú quieres tener un hijo, Michiru?" preguntó Haruka, depositando a la hija de la princesa Nereida de Neptuno sobre su cuna. Caminó después lentamente hacia la joven de cabello aguamarina, situándose a su lado y mirándola de reojo.

"Sí" confesó Michiru, agachando la cabeza y dejando que el denso cabello escudara sus emociones. "A veces, cuando veo a la pequeña Atlantis, deseo que un día nosotras pudiéramos recibir también semejante bendición."

"Michiru, sabes que si yo pudiera..."

"Shhh" la silenció Michiru, dejando un dedo sobre sus labios para impedir que siguiera hablando. "Yo soy feliz tal y como soy y te quiero tal y como eres" dijo, enfatizando cada palabra dulcemente y acabó la frase con un suave beso en la mejilla de su rubia compañera.

"Te buscaré un novio guapo para que cumplas tu deseo" contestó Haruka, separándose de ella y guiñándole un ojo, burlona.

"Y si me enamoro de él locamente y luego no quiero volver contigo?" repuso Michiru, moviendo los párpados de forma sensual.

"Tendría que matarle" respondió Haruka, rodeando lentamente la cintura de la joven de cabello aguamarina.

Michiru se echó a reir. "No sé por qué pero tengo el presentimiento de que serías capaz de hacerlo" susurró, poniéndose de puntillas y besando a Haruka, que no pudo contestarle.

Michiru había desarrollado un fuerte instinto maternal con Atlantis, su sobrina. La pequeña había despertado sensaciones que Michiru se había resignado a no sentir jamás. Sabía que su relación con Haruka no le permitiría nunca ser madre pero su bella pareja la llenaba en tantos otros aspectos que el hecho de tener un hijo le parecía un detalle sin importancia.

Dentro de pocos días haría nueve años que Haruka daba sentido a su vida. Apenas era una niña cuando encontró el amor y ahora, que ya era una mujer, a pesar de que no podían verse todo lo que deseaban, se sentía tan enamorada como el primer día. Tendría que pensar en algo que convirtiese el día de su aniversario en algo inolvidable.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Dom Feb 08, 2015 4:02 am

Capítulo 32.
El reino de la Luna


Ami estaba en el jardín sentada a la sombra de un árbol, leyendo. Acababa de recibir una carta de Michiru, desde Neptuno, y no podía esperar a leerla a la hora de la comida, así que buscó un sitio tranquilo en el que disfrutar de lo que le contara su amiga desde el exilio.

La joven princesa de Mercurio siempre se había llevado bien con la princesa de Neptuno, porque tenían un carácter parecido y porque las dos dominaban el agua, aunque Mercurio tenía más poder sobre la lluvia y los ríos y Neptuno sobre los mares y los océanos. Abrió el sobre y comenzó a leer.

"Querida Ami, Cómo estás? Yo ahora mismo me encuentro en la playa, a las afueras del Palacio de Neptuno. El enemigo no da señales de vida y la paz parece haber llegado por fin a los planetas exteriores. Ayer fui a las Puertas del Tiempo a ver a Setsuna y todo parece indicar que el Reino Oscuro no va a atacar en algún tiempo.

Haruka ha llegado hoy a Neptuno. Va a pasar unos días conmigo. Como no nos vemos con mucha frecuencia hemos decidido pasar unos días juntas, aprovechando la paz de la que disfrutamos. Sabes que la semana que viene es nuestro aniversario? Quién iba a pensar que Haruka y yo duraríamos tanto tiempo juntas, verdad? Has encontrado tú una pareja ya?"

Ami sonrió, a su pesar, levantando la vista fugazmente al cielo. Una pareja... alguien con quien compartir tu vida... no, Ami todavía no había encontrado a nadie. Quizás es porque, al ver el tipo de relación que había entre Haruka y Michiru, o entre Makoto y Nephrite, apostaba por un amor verdadero, por una sensación que hiciera brincar su corazón cada vez que veía a la persona adecuada. Y por culpa de esa apuesta se encontraba sola todavía. Aún no había conocido a nadie que la hiciera sentirse como Michiru le describía en alguna de sus cartas. Pero un día encontraría a alguien definitivo, estaba segura.

"Yo no sé qué hacer para nuestro aniversario..." siguió leyendo. "No sé, quizás alguna cena a la luz de las velas, o una excursión por las playas de Neptuno. Se te ocurre algo a ti? Por qué no contactas conmigo más a menudo con los intercomunicadores? Estamos exiliadas, pero eso no quiere decir que no podamos seguir manteniendo el contacto, no? Ah, por cierto, antes de que se me olvide... lo que hay en el paquete, junto con la carta es una piedra de Urano. Haruka la encontró hace unas semanas en una de sus excursiones y no sabe qué es. Seguramente te gustará, tiene unos colores vistosos y brilla mucho. Cuando sepas lo que es nos lo dices y quédatela, Haruka dice que es un regalo por tu cumpleaños. Como el regalo que te envió se extravió en su viaje a la Luna..." Ami siguió leyendo reposadamente, disfrutando de cada palabra que leía, teniendo la certeza de que sus amigas se encontraban bien, y que eran felices.

Cuando acabó de leer la carta metió el papel en un sobre y se puso en pie, paseando por los suntuosos jardines del Palacio de la Luna, con una sonrisa en el rostro, provocada por la felicidad que destilaban las letras que acababa de leer. Vio a Makoto junto a la fuente y se acercó lentamente a ella. Parecía triste, aunque supuso que se debía a que Nephrite estaba en la Tierra, a muchos kilómetros de distancia.

"Hola, Makoto, acabo de recibir una carta de Michiru" sonrió Ami, sentándose a su lado.

"Cómo se encuentra? Y Haruka? Están bien?" preguntó Makoto, estirando los brazos y dejándolos detrás de la cabeza.

Ami le contó que Michiru estaba ligeramente preocupada porque no sabía qué preparar para su aniversario y Makoto se echó a reir a carcajadas, sorprendida porque a pesar del castigo sufrido, ni Haruka ni Michiru habían cambiado. Prometió llamar a Haruka aquella noche con el intercomunicador y se puso seria. Ami la miró con preocupación, preguntándole si se encontraba bien.

"No te preocupes, ya se me pasará" respondió Makoto, sonriendo débilmente. "Las penas de amor, tan pronto como vienen se van, sabes?"

"Cuándo vuelve Nephrite?" preguntó Ami.

"Nunca. Nephrite no va a volver" respondió Makoto, suspirando de nuevo. Se metió la mano en un bolsillo y sacó un papel, que tendió a Ami. "Me ha escrito una carta. Dice que nuestra relación está basada en una sarta de mentiras, que no me quiere y que nunca me ha querido." hizo una pausa, levantando la vista al cielo, donde la Tierra brillaba con todo su esplendor. Fijó sus verdes ojos en el planeta azul, con añoranza. "Sabes una cosa? No me creo una palabra de lo que dice. Estoy segura de que intenta alejarse de mi por algún motivo."

"Me niego a seguir viéndote a escondidas" se quejó una masculina voz, en las afueras del Palacio de la Luna.

"Mira, bastantes problemas he tenido como para que encima ahora me vengas con quejas, Jadeite." contestó su femenina acompañante.

Minako paseaba cogida del brazo de Jadeite por los bosques que circundaban el Palacio, bosques frondosos llenos de pájaros que cantaban y suave brisa que refrescaba la piel. El rubio General de la Tierra caminaba pensativo, odiaba tener que encontrarse con su amante a espaldas de todo el mundo. Si se amaban, por qué no demostrárselo a todo el mundo? Ya había hablado con Rei, habían aclarado los malentendidos y, aunque él seguía enamorado de la morena princesa de Marte, se sentía atraído por la rubia princesa de Venus, no podía negarlo. Y le enfurecía no poder decírselo a nadie.

Minako, por otro lado, era feliz manteniendo en secreto su relación con el rubio caballero. Le gustaba mantener el misterio y correr el peligro de que alguien les descubriera. La única persona que sabía que estaba viéndose con Jadeite era Rei, y a decir de su comportamiento con Usagi, no creía que le importase en absoluto. Se echó a reir cuando pensó en Usagi. Qué chica tan lista... Mantenía una relación con Rei y se veía con Endimión al mismo tiempo, si señor. Parecía que la joven princesa de la Luna hubiera nacido en Venus. Al sentir los brazos de Jadeite rodeando su cintura se olvidó de tales elucubraciones y cedió al cálido encanto del rubio general de la Tierra.

Usagi se dejó llevar por el abrazo masculino, sumergiéndose en la esencia de Endimión hasta enloquecer. Buscaba con ansia los labios del príncipe de la Tierra, el brillo de aquellos ojos azules que le prometían el Sol, el calor de aquellas manos que buscaban en las suyas la chispa que encendía sus corazones. Exclamó su nombre una y otra vez, sintiendo que el mundo podía acabarse y ella moriría feliz, al lado de la persona que amaba...

De repente despertó, aturdida, asustada. Había vuelto a soñar con Endimión... no podía ser. Se incorporó y se deshizo suavemente de los brazos de Rei, que, dormida, la rodeaba con ternura. Ya hacía tres noches que soñaba con el príncipe Endimión, aquello no era buena señal. Si sentía por él algo más profundo e intenso que lo que sentía por Rei tendría que hablar seriamente con su morena amante y aclarar la situación. Sintió un nudo en la boca del estómago al pensar en la idea de perder a Rei pero... añoraba a Endimión cada segundo que pasaba lejos de él. Volvió a tumbarse en la cama y miró al techo, desvelada.

Rei era el peligro, el subidón de adrenalina que tan pronto viene como se va, el fuego, la fuerza y la irracionalidad. Podía notar claramente la salvaje pasión que la quemaba por dentro cuando se reflejaba en los oscuros ojos de la princesa de Marte. No podía dejar a Rei, no cuando era capaz de perder la razón al mirarla a los ojos y sentir aquella voz susurrándole tiernas palabras al oído.

Endimión, por otro lado, era la paz y la serenidad. Era la ternura y la suavidad de un pétalo de rosa, la tranquila sensación de bienestar que te vence y te aturde, dejándote desorientada. Era como la brisa que llega y juega contigo.

No podía dejar de pensar en él. Suspiró, cerrando los ojos momentáneamente. Estaba metida en un buen lío porque no quería elegir y sabía perfectamente que, tarde o temprano, tendría que hacerlo.

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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Dom Feb 08, 2015 4:08 am

Capítulo 33.
Aniversario


"I don't know where you go,
do you climb into space
to the world where you live?
the world where you live"
-Crowded House "World where you live"-


El Sol brillaba con fuerza en el cielo de Neptuno. El Palacio recibía el gentil calor del astro Rey mientras la niebla provocada por el mar comenzaba a disiparse. Las sirenas habían comenzado a cantar. Aquellas voces irresistibles despertaron a Michiru, que sonrió en cuanto abrió los ojos. Tenía todo preparado para aquel día, el día en el que Haruka y ella conmemoraban su noveno aniversario. No se habían casado y tampoco tenían planeado hacerlo en un futuro cercano, pero les gustaba celebrar de forma especial el día en que su amistad se convirtió en algo mucho más profundo.

Decidieron celebrar la velada en Neptuno, ya que no había señales del enemigo en ninguna parte. El Deep Aqua Mirror estaba mostrando a Michiru desde hacía unos días imágenes llenas de destrucción y sangre, pero la joven no sabía determinar si se refería a un futuro cercano o lejano. Setsuna le dijo que no se preocupara, que el enemigo aún tardaría en realizar un movimiento, y eso la tranquilizó. A Haruka le encantaba el mar, disfrutaba nadando y dejándose llevar por la corriente y, por ese motivo, habían decidido celebrar su aniversario en el planeta de los océanos.

Michiru se levantó y fue al cuarto de baño a preparar un relajante baño de burbujas. Dejó las sales en el agua caliente y fue a buscar un elegante vestido de seda de color turquesa al armario. Un brusco golpe en la puerta atrajo su atención. Se puso encima del camisón una bata blanca y abrió la puerta. Ante ella se encontraba uno de los guardias del palacio, mirándola con rostro aterrado.

"Alteza, el mar!!" exclamó, sin llegar a decir nada, en realidad.

Michiru hizo pasar al asustado centinela, dejándole una silla en la que acomodarse. "Qué ocurre?" preguntó sin perder la calma, transmitiendo seguridad al nervioso guardia.

"El mar está rugiendo, alteza! Se ha levantado un tifón, vedlo vos misma!" dijo el joven, señalando al balcón.

Michiru se puso en pie y salió al balcón, mirando al frente con el ceño fruncido. Ante ella se veía el mar, como siempre, pero algo extraño atrajo su atención. El agua aparecía con una tonalidad rojiza. Levantó la vista ligeramente y entonces lo vio. Había un tornado en el centro del océano, devorando la niebla marina y creando sombras multicolores a su alrededor. Sintió el silbido del viento arremolinado sobre las olas y el frío le hizo atarse la bata a la cintura con firmeza. Le dijo al centinela que se fuera y se puso un vestido menos ceremonioso que el que pensaba lucir, dirigiéndose al exterior, para ver más de cerca lo que estaba ocurriendo en el planeta.

Caminó lentamente por la playa, sintiendo el calor de la arena jugando con sus pies. Tenía la vista clavada en el remolino que se había originado en el océano, sin llegar a encontrar una explicación al fenómeno. No notó energía hostil en el tornado, así que decidió no transformarse y contemplar lo que tenía ante sí. Era un espectáculo bellísimo, el tornado giraba de forma rápida creando arco iris que surcaban las olas y salpicaban a Michiru. Vio fascinada que el remolino avanzaba hacia ella y retrocedió ligeramente. Del tornado vio aparecer una figura y, sin poder moverse, contempló como, lo que parecía ser una persona, volaba hacia ella. Aquella silueta se situó frente a ella, dejando los pies en el suelo.

Era Guerrero Urano. Michiru sonrió. "No esperaba que hicieras una aparición circense, Haruka" comentó, avanzando hacia su rubia amada.

Guerrero Urano levantó una mano, con el ceño fruncido, haciendo que Michiru dejara de caminar hacia ella. "No. No entres en mi dominio sin transformarte, Michiru, o el viento se te llevará de forma descontrolada." murmuró y algo en su voz indicó a Michiru que Haruka no bromeaba.

Asintió y, haciendo aparecer la vara transformadora, se convirtió en Guerrero Neptuno. Se quedó quieta y miró fijamente a Urano, en espera de más instrucciones.

"Michiru, desde que te conozco siempre he intentado estar a tu lado, consolarte si estabas triste o compartir tu alegría si sonreías. Hace nueve años que te dije que te amaba y ahora, después de todo este tiempo y a pesar de las adversidades, te sigo amando. Creo que te seguiré amando aún después de muerta" hizo una pausa, pensando detenidamente cada palabra antes de decirla. Michiru guardó silencio, visiblemente emocionada. "Y, aunque hace nueve años te entregué mi corazón y mi cuerpo, hay algo que todavía no tienes: mi alma."

Neptuno la miró confundida y Urano levantó una mano, indicándole que no dijera nada todavía.

"Yo soy Guerrero Urano y estoy protegida por el planeta del viento. Éste es mi regalo, Michiru, el vínculo que tengo con el viento y que nunca has llegado a conocer." le ofreció una enguantada mano a Michiru. "Ven, quiero que veas lo que yo veo cuando me convierto en Guerrero Urano. Por eso te he pedido que te transformases tú también. Michiru no habría soportado la fuerza del viento que me hace volar, en cambio Neptuno sí. Confías en mi, verdad?" sonrió de forma irresistible.

Michiru sintió una cálida lágrima bajando por la mejilla derecha. Quiso impedir el llanto pero no fue capaz de hacerlo. También quiso contestarle a Haruka, pero la voz se había quedado escondida en su garganta y se negaba a salir. Así que asintió y, caminando hacia ella, cogió aquella mano que se le ofrecía.

Urano sonrió satisfecha y pasó el otro brazo por la espalda de Neptuno, abrazándola con fuerza. Se miraron a los ojos durante una eternidad, dejándose llevar por el calor del abrazo, por el lenguaje de aquellos ojos que tanto se conocían. Finalmente, Urano habló. "Mira a tus pies, Neptuno" susurró.

Guerrero Neptuno bajó la vista y dio un grito ahogado, abrazándose con más fuerza, de forma inconsciente, a Urano. Estaban levitando, a más de 10 metros de la arena de la playa. Se sentía ligera como una pluma, levantándose hacia las nubes abrazada a Guerrero Urano y, aunque la mirada de la rubia guerrero era más fría y seria que la de Haruka, supo que bajo aquel uniforme era el corazón de la princesa de Urano el que se encontraba compartiendo aquel momento con ella. "No me dejes caer" murmuró visiblemente asustada.

"Te he preguntado si confiabas en mi, Neptuno" respondió Urano, echándose a reir ligeramente. "Ahora mira hacia arriba, por favor."

Michiru obedeció y vio cómo el blanco puro y virginal de las nubes se acercaba a ellas, o, mejor dicho, cómo ellas eran quienes subían hacia las nubes. Se echó a reir cuando la dulce caricia del algodón de las nubes le hizo cosquillas en la cara. Quiso tocar con las manos aquellas formas voluptuosas que flotaban a su alrededor pero Urano la retuvo a su lado. "No intentes separarte de mi, Neptuno, o caerás al suelo." le advirtió.

Michiru asintió, disfrutando de cada segundo que pasaba en aquel espacio cubierto de nubes. Hacía rato que había dejado de saber dónde estaba el norte o el sur. Todo lo que veía cuando movía la cabeza eran las nubes, bailando a su alrededor, y la picardía esmeralda de los ojos de Guerrero Urano. La rubia dama del viento sonrió.

"Bien, ahora comienza el espectáculo", susurró abrazando con fuerza a Guerrero Neptuno. Michiru sintió de repente que la cabeza le daba vueltas, que se perdía en aquel cielo azul de su planeta natal. Levantó la vista fugazmente para consultar a Haruka pero ésta había cerrado los ojos, concentrándose.

Sintió un familiar silbido a su alrededor y un viento huracanado rugió tras ella, queriendo apartarla de Guerrero Urano. Haruka la soltó ligeramente y Michiru sintió miedo por un momento. Jamás pensó que el indómito elemento que controlaba su amada pudiera ser tan violento, tan fuerte, tan salvaje. Pero, una vez más, no tenía de qué sorprenderse. El viento era exactamente igual que Haruka. Y si Haruka la amaba... por qué no iba a hacerlo el viento?

Guerrero Urano la tenía cogida tan sólo de la mano, aunque lo suficientemente fuerte como para no dejarla ir. Una fina capa de sudor bañaba su frente, el ceño fruncido ligeramente, el rostro serio. Guerrero Urano estaba concentrada al máximo. De hecho, la vida de Michiru dependía en aquellos momentos del grado de concentración de la Guerrero del Viento. Si algo salía mal, Michiru sería llevada por el viento y la caída al suelo sería mortal. Pero Michiru confiaba ciegamente en Haruka y tan sólo se estremeció ligeramente cuando sintió que el fuerte viento se debilitaba hasta desaparecer.

Haruka abrió los ojos, finalmente. "Estamos en el ojo del huracán que he creado esta mañana. Por eso ha desaparecido el viento en esta zona. Mira hacia abajo" susurró Guerrero Urano, su agresiva mirada había perdido la salvaje ira del principio.

Guerrero Neptuno bajó la vista y vio el mar, su hogar. Pero la visión aérea de su elemento le confería una belleza sobrenatural que le hizo estremecerse. Desde las alturas el mar le parecía temible. Un enorme remolino le dejaba ver las profundidades del océano, los arrecifes de coral, temblando bajo el contacto del viento. Sonrió de forma pérfida y levantó la vista, para mirar a su compañera.

"Ahora me toca a mi" susurró, rodeando con los brazos la cintura de Guerrero Urano.

Una ola marina se levantó desde el remolino, subiendo hacia ellas y abrazándolas, envolviéndolas en un haz de luz azul, verde y gris. Comenzaron a descender, lentamente al principio, a más velocidad después. Haruka, ligeramente cansada por el despliegue de energía realizado antes, se dejó llevar por Michiru.

Cerró los ojos movida por un impulso y contuvo la respiración cuando se sumergieron en el océano. El silbido del viento a su alrededor desapareció y una enorme paz la invadió, una paz cálida, suave, dulce, como los brazos de Michiru que rodeaban su cintura guiándola, conduciéndola hacia la intimidad del mar.

"Puedes respirar, no va a pasarte nada." susurró Michiru acariciando su mejilla con el cálido aliento marino y la confianza de su aterciopelada voz. "Yo estoy contigo."

Guerrero Urano, indefensa en las profundidades del mar, abrió los ojos. El agua las rodeaba, la vida submarina se abría como una flor ante sus ojos. Asintió brevemente inhalando aire, notando que, a pesar de estar bajo el agua, podía respirar como si se encontrase en la superficie del planeta.

Miró a su alrededor y un escalofrío de placer traspasó su cuerpo. Un arrecife de coral de color escarlata y turquesa les abría el paso; los peces, de todo color y tamaño, acudían a saludarlas, comunicándose con Michiru como si fuera su hermana. Se fijó entonces en su compañera. Estaba sobrenaturalmente bella en su elemento. El mar dulcificaba sus rasgos, aunque los ojos ya no eran los de Michiru, sino los de Guerrero Neptuno, fríos y duros. Tenía el cabello agitado, en sintonía con las olas del mar. Sus brazos la sujetaban con fuerza, la inducían a un baile submarino. Sintió que el corazón le dolía. La mera visión de Michiru envuelta por el agua del mar bien valía el destierro. Ella era como una diosa rodeada de un séquito de súbditos que la adoraban, que la amaban. La sentía lejos.

De repente Michiru, como si leyera su mente, levantó la vista hacia ella y, sonriendo, la besó en los labios, asegurandole con aquel gesto que no solamente estaba con ella, sino que jamás podría estar con otra persona. Haruka se dejó llevar por el beso, a merced de la Guerrero de los Océanos, vulnerable, agotada por el esfuerzo anterior e inmensamente feliz por el torbellino de emociones que Michiru le estaba regalando con cada pequeño gesto que hacía.

Las sirenas, aquellos peces con torso de mujer, vinieron a saludarlas y coquetearon con ellas, guiándolas por el mundo submarino hasta la superficie. Al entrar en contacto con el calor del sol del atardecer y la brisa marina se separaron. Guerrero Neptuno se tumbó boca arriba en la superficie del agua, respirando con dificultad, visiblemente cansada. Urano sonrió dulcemente y se acercó a su amada, intentando contener en su memoria el recuerdo de aquella celestial imagen.

Era casi de noche cuando nadaron hacia la playa. Se detransformaron y entraron en el Palacio de Neptuno. Tenían hambre, Michiru sólo esperaba que la cena a la luz de las velas que había pedido para aquella noche no se hubiera enfriado demasiado.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Mar Mar 03, 2015 1:28 pm

Capítulo 34.
Toma de decisiones


"Before you go, please remember
I need you so
And this love that I have for you
will never grow cold"

-"Good night my love"
versionada por Gloria Estefan-


"Has nacido para esto" comentó Endimión a su rubia acompañante, guiándola en un paseo a caballo por los bosques. "Nadie diría que has aprendido a montar esta mañana."

"No es difícil montar, una vez te haces amiga del caballo," contestó Usagi acariciando el lomo del corcel.

La joven princesa de la Luna iba montada en un elegante caballo blanco, del mismo color que el vestido que llevaba. Endimión, el moreno príncipe de la Tierra, iba montado en un distinguido caballo marrón, dotado de crin negra y ojos azabache y brillantes.

"Entonces no te importará que te rete a una carrera" exclamó el joven mientras espoleaba a su montura y echaba a correr.

"Eh!" gritó Usagi, persiguiendo a Endimión.

Pronto dejó de ver el caballo del joven y se sintió ligeramente preocupada al encontrarse sola en aquel bosque, pero al llegar a un claro vio la silueta del muchacho, de pie delante de un lago, y a su brioso corcel pastanto dócilmente al lado.

"Me dejaste sola en el bosque" le riñó cuando bajó de la montura. "Y si me hubiera perdido?"

Él no la miró, pero se echó a reir. "Eso no habría ocurrido. Tu caballo conoce el camino, puedes estar tranquila."

Usagi negó con la cabeza y miró a su alrededor, fascinada por la abundancia de olores y colores que había en el planeta Tierra. Se encontraba en el planeta de Endimión debido a unos asuntos que debía tratar con su padre, el Rey Hiperión, referentes al tratado de paz que estaban todavía en trámites de establecer. La Tierra era tan diferente a la Luna... Tenía el cielo azul, bosques repletos de árboles y vida en cada rincón. Pájaros, ardillas, conejos... la Tierra rezumaba frescura, vida y sus habitantes eran agradables, abiertos con la gente. Le gustaba el carácter de los habitantes de la Tierra, que siempre estaban de fiesta y dispuestos a invitarte a una copa de vino.

Se estremeció, ligeramente sorprendida, cuando Endimión le cogió la mano. "Te gusta lo que ves?" preguntó al mirarla a los ojos, maravillado ante la belleza de aquella diosa salida de la Luna.

La princesa asintió, con los ojos brillantes. "Tienes un planeta excepcionalmente bello, Endimión. Me gusta venir aquí y descubrir en cada visita algo nuevo y sorprendente. Todo tiene tanto color y es tan diferente a la Luna..." suspiró. "Por no decir que de noche veo cómo es la Luna. Creo que me he vuelto a enamorar de ella."

Endimión hizo que Usagi se girara hacia él. Deslizó una mano por su cintura mientras con la otra acariciaba la pálida mejilla de la princesa. "Y de mi? Estás enamorada de mi?" preguntó Endimión con voz ronca. Usagi se sonrojó, bajando la vista. "Yo sí lo estoy de ti, Serenity."

Endimión había usado el verdadero nombre de Usagi. La joven levantó la vista, aturdida, encontrándose con los azules ojos del príncipe de la Tierra, que la miraban arrobados. "Me enamoré de ti cuando te vi por primera vez en el Palacio de la Luna. Cómo no iba a enamorarme de un ángel que había bajado del cielo a socorrerme? Cuando coincidieron nuestras miradas supe que estábamos destinados a estar juntos. Serenity," repitió Endimión, hincando una rodilla en el suelo de forma ceremoniosa. "Quieres casarte conmigo?"

Usagi contuvo el aliento y miró a Endimión presa de la confusión.

No le costó demasiado localizar a Makoto, sentada en el jardín del Palacio de la Luna, mirando de forma pensativa al lago.

"Makoto" murmuró. La joven ni se inmutó al sentir su voz. "Tenemos que hablar." La princesa de Júpiter se puso en pie, sin apartar la vista del lago.

"Ya me dijiste todo lo que tenías que decirme, Nephrite. Por qué sigues atormentándome?" le miró a los ojos y el joven general de la Tierra vio que brillaban con esa fuerza que sólo las lágrimas sin verter podían aportarles.

"Te quiero, Makoto" contestó Nephrite, enfrentándose a la mirada esmeralda de su amante. "Pero la situación política de nuestros planetas me obliga a dejarte." Makoto se echó a reir amargamente, a su pesar.

"No decías eso en tu carta. A dónde han ido las frases en las que decías que nunca me quisiste?" le miraba directamente a los ojos, sin ira, sin rencor. Pero aquella mirada ya no era la misma de antes, y Nephrite lo sabía.

El joven general desvió la mirada hacia el lago, sumergiéndose en recuerdos amargos del pasado reciente, recuerdos en los que una mujer de cabello pelirrojo había acudido a él y a sus compañeros para proponerles que se unieran al ejército del Reino Oscuro. Aquella mujer les había hechizado a todos con su magia y sus encantos, con sus palabras. Luchó por mantener la serenidad cuando volvió a hablar.

"No puedo responderte a eso, yo sólo he venido a avisarte de una cosa. La Reina Beryl planea atacar el Reino de la Luna dentro de poco tiempo y ha lavado el cerebro a mis compañeros, Kunzite, Zoisite y Jadeite. Lo intentó conmigo también, pero a mi había algo que me retenía en la Luna" Makoto le miró sorprendida fugazmente, antes de devolver la atención al lago que tenían delante. "Pero eso ahora no importa. Makoto, yo confío en ti, debes hablar con la Reina Serenity y preparar vuestras defensas antes del ataque."

Nephrite dio media vuelta, dispuesto a marcharse, pero tras un momento de duda, se detuvo y se dirigió de nuevo a ella, dejando una mano en su hombro. "Makoto, puede que la próxima vez que nos veamos, tengamos que luchar el uno contra el otro." murmuró, entristecido. "No..." se detuvo, acariciándose las sienes, con rostro cansado. "No dudes en atacarme, si me ves en el bando contrario."

Makoto no se movió. Tenía la vista perdida en el horizonte. Nephrite se inclinó ligeramente sobre ella con la intención de darle un beso en la mejilla, pero se arrepintió y, dando media vuelta, salió del jardín. Una solitaria lágrima atravesó la mejilla izquierda de la joven princesa de Júpiter.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Mar Mar 03, 2015 1:31 pm

Capítulo 35.
Adiós a la Paz


"When I'm by her side,
where I long to be,
I will see blue eyes laughing in the Sun,
laughing in the rain.

-Elton John "Blue Eyes"-

La dulce melodía del piano surcaba el fresco aire nocturno que se filtraba por el balcón de la habitación de la princesa de Neptuno. Una joven rubia, ataviada con un ceñido vestido azul, se encontraba frente al instrumento, dejando que los dedos, largos, finos y delicados, se movieran con destreza y suavidad por encima del teclado. Las notas de la canción hablaban de tristeza, de alegría, de amor, de llanto... de emociones descubiertas y corazones esperanzados.

La pianista sintió la carne de gallina al escuchar los primeros compases de un violín, superponiéndose a la melodía que tocaba. Primero sonó de forma triste, parecía el llanto de una amante despechada. Luego fue adquiriendo ritmo, a medida que el piano se animaba, convirtiéndose en una declaración de amor. La violinista era una joven bellísima, de cabello largo, rizado, de color aguamarina y vestido turquesa, de seda. Sus azules ojos estaban cerrados y una sonrisa irresistible surcaba sus labios, apetitosos para su acompañante, a través de la fina capa de carmín que les daba color.

Los ojos de la pianista brillaron al mirar fijamente a su atractiva acompañante. La música comenzó a absorverlo todo, creando un vacío a su alrededor. La rubia pianista y la violinista eran lo único que había en aquel espacio limitado por los compases de aquella rítmica melodía. La música fue in crescendo a medida que el viento y las olas del mar aparecían en la ensoñación creada por las mentes de las dos jóvenes. Una imagen apareció en aquel círculo creado por los poderes de aquellas dos mujeres. Una imagen oscura, rodeada de sombras. Se trataba de la figura de una mujer de cabello llameante y pelirrojo. Se reía... aquellas carcajadas les eran familiares.

Michiru abrió los ojos de repente y la música se detuvo. Haruka también había dejado de tocar y tenía la vista fija en ella. Michiru se encontró con la mirada esmeralda de su amante y frunció el ceño.

En aquel momento alguien llamó a la puerta. Se trataba de un soldado de Neptuno, notificando que se había recibido una llamada procedente de Plutón: Setsuna.

Haruka tapó el teclado del piano y se puso en pie, respirando hondo. Si Setsuna las había llamado en aquellos momentos entonces la situación debía ser grave. Michiru susurró una maldición casi inaudible y guardó el violín en su estuche.

Las dos intercambiaron una mirada preocupada antes de dirigirse a la Sala de Comunicaciones.

"Endimión me ha pedido que me case con él".

Rei se echó a reir a carcajadas. Qué atrevimiento el de aquel príncipe de la Tierra... cómo osaba hacer semejante proposición a SU amante? Pero un repentino destello en los azules ojos de Usagi le susurró que no se trataba de una broma, que la princesa de la Luna se estaba tomando aquella proposición en serio. El rostro de Rei se endureció y la miró fijamente, el ceño fruncido.

"Qué intentas decirme, Usagi?" preguntó, con la terrible sospecha de que su rubia amada iba a darle una mala noticia.

"Le he dicho que sí." susurró Usagi, bajando la vista al suelo. "La boda se celebrará dentro de seis meses."

Rei retrocedió dos pasos, con el rostro desencajado. Ella habría dado su vida gustosa por la de Usagi, aquel rubio ángel lo era todo para ella. La vida no tenía sentido si no podía compartirla con aquella bella princesa de la Luna. Usagi le estaba anunciando el fin de su relación y ella no era lo suficientemente fuerte como para aceptarlo. Siempre tuvo la sospecha de que no llegaba al fondo del corazón de Usagi. A veces, en medio de la noche, al despertar en la cama a su lado, la encontraba suspirando, con la vista perdida, melancólica. Sabía que no podía llegar a Usagi pero no le había importado siempre que ella estuviera a su lado. Ahora la estaba abandonando. No podía consentirlo!

"No puedo permitirlo, Usagi" murmuró Rei con los ojos cubiertos de lágrimas. "Tú no le quieres a él, me quieres a mi, no es cierto?"

Usagi levantó la vista. Las lágrimas corrían por su rostro, aquellos dulces ojos azules la miraban con una tristeza infinita, con compasión. 'No quiero tu compasión, Usagi' gritó interiormente Rei, luchando contra el dolor.

"Te quiero, Rei" susurró Usagi. "Pero también le quiero a él y una boda con el príncipe de la Tierra beneficiaría al Reino."

"QUE ME ESTAS DICIENDO, USAGI?" exclamó Rei, aterrada. "Te casarías con Endimión por interés? Renunciarás al amor verdadero tan sólo por el bien del Milenio de Plata?"

"No se trata de eso, Rei" contestó Usagi. "Yo amo a Endimión. No me casaría con él si lo que sintiera no fuera lo suficientemente fuerte. Creo... creo que lo que siento por él es más fuerte que lo que siento por ti" su voz se hizo casi inaudible en este punto.

Rei sintió un puñetazo en la boca del estómago. Le faltaba el aliento y estaba a punto de desmayarse pero resistió. No debía mostrarse débil ante ella. No podía permitir que Usagi la encontrara vulnerable.

"No lo permitiré" susurró. "NO LO PERMITIRE!" exclamó, presa de la ira. "Antes la muerte que verte casada con él, me oyes?"

Usagi se echó a llorar en silencio. Sabía que había hecho mucho daño a Rei, pero mejor hacerlo ahora, antes de que fuese demasiado tarde. Ya había tardado demasiado en decidirse, ahora no podía echarse atrás. Se casaría con Endimión e intentaría olvidar a Rei... aunque le costase tanto hacerlo.

"Es lo mejor, Rei, para el reino y para nosotras"

Usagi sentía que debía alejarse de la Guerrero de Marte porque sufría cuando la veía entrenando, le partía el alma verla malherida en la batalla. Se moría cuando captaba el dolor en los oscuros ojos de Rei. Debía alejarse de ella, aún a riesgo de hacerle daño, antes de que fuera demasiado tarde. Amaba a Endimión, y le amaría más a medida que fuera pasando el tiempo, estaba segura. No podía aguantar la angustia de tener a la persona que más amaba en el mundo corriendo peligro constantemente. Necesitaba a alguien a quien poder abrazar cada noche, alguien que le transmitiese seguridad. Rei no podía darle eso porque no sabía si cada beso que daba a la atractiva princesa de Marte era el último.

Rei se dio media vuelta bruscamente, la ira desencadenada. Comenzó a caminar hacia el lago de los jardines del palacio de la Luna.

"A dónde vas, Rei?" preguntó Usagi asustada.

"Al infierno!" le gritó Rei, sin volver la vista atrás.

La Guardiana del Tiempo apagó el comunicador con un lánguido gesto. Respiró hondo varias veces antes de darse media vuelta y dirigirse a la puerta del Futuro. Había pasado las dos últimas horas hablando con Haruka y Michiru, contándoles lo que había visto a través de la maldita puerta del Futuro. Sabía que era cruel por su parte dar tal información a las princesas de Urano y Neptuno pero la carga era demasiado grande para sus hombros, ya no podía soportarlo más. Las pesadillas acudían a ella con demasiada frecuencia, le recordaban que el final del Milenio de Plata estaba más cerca de lo que todos pensaban.

Tan sólo temía el día en el que tuviera que reunirse con Haruka y Michiru para que sus Talismanes despertaran a Guerrero Saturno del Sueño Eterno. La Vara del Silencio caería sobre el Reino de la Luna como la Guadaña de la Muerte y el Silencio lo cubriría todo. El futuro estaba predeterminado.

Creyó que era mejor que sus dos mejores amigas lo supieran, para que pudieran tener tiempo suficiente de despedirse la una de la otra. Haruka había dicho que no iba a permitir que el Milenio de Plata fuera destruido y que iría a la Luna a luchar. Michiru la retuvo, diciéndole con sus azules ojos cubiertos de lágrimas, que ellas ya no podían hacer nada por el Reino de la Luna, que su castigo se lo impedía. Haruka dijo que no tenía miedo a la Reina Serenity... Setsuna sabía qué era lo que verdaderamente daba miedo a la rubia Guerrero de Urano, y no se trataba de la batalla, de Beryl o de la muerte. Haruka tenía miedo de perder a Michiru y las tres lo sabían. Setsuna se despidió de ellas y les dijo que intentaría encontrar una solución. Pero no era tan sencillo. Como Guardiana del Tiempo le estaba prohibido alterar los YLS temporales. Estaba condenada a saber lo que iba a pasar y a no poder hacer nada por impedirlo.

Abrió una vez más la puerta del Futuro y entró en la dimensión temporal que estaba por venir. No se sorprendió al encontrar la fantasmagórica presencia de su madre, al otro lado.

Se miraron durante unos segundos, quizás durante horas, y contemplaron juntas, una vez más, cómo un velo de sangre cubría las ruinas de lo que una vez fue un Reino próspero y pacífico.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Mar Mar 03, 2015 1:33 pm

Capítulo 36.
El principio del fin


"I'm so in love with you, yeah
I'm so in love with you
wether it's right or it's wrong
I'm too weak to be strong
I'm so in love with you"

-Texas "So in love with you"-


Nadie supo cómo, envueltos en el manto de oscuridad que proporcionaba la noche, los soldados al servicio de Beryl traspasaron las murallas del Palacio de la Luna. Beryl se encontraba al mando de las tropas y, tras ella, cuatro hombres uniformados dirigían a los soldados hacia los jardines.

Minako se encontraba en el lago del jardín, mirando al horizonte, inmersa en ensoñaciones románticas. Acababa de pasar la tarde con el comandante de la Guardia de la Luna y el rubor todavía daba color a sus mejillas. Su cuerpo se quedó rígido de repente al escuchar un ruido tras ella. Se puso en guardia movida por un impulso y se dio media vuelta, pero la presencia que encontró ante ella la relajó de inmediato y una sonrisa repleta de picardía y restos de lujuria surcó su rostro.

"Jadeite..." ronroneó la rubia princesa de Venus. "Cuánto hace que no vienes a verme?"

Avanzó contoneándose hacia el rubio General de la Tierra y rodeó su cuello con los brazos, dejando que su aliento sobre la mejilla del joven creara el hechizo que solía volver locos a los hombres con los que había estado.

Jadeite la miró de arriba a abajo, esbozando una sonrisa. "Lo siento mucho, pero he estado algo ocupado últimamente."

Minako sonrió y le besó en el cuello. "Bueno, ahora eso no importa. Me alegro de verte" susurró levantando la cabeza para encontrarse con los labios de Jadeite.

El general rodeó la delicada cintura de Minako con los brazos y la acercó hacia sí, besándola apasionadamente. Cerró los ojos por un momento, dejándose llevar por el deseo. "Lástima que sea la última vez que nos vemos" murmuró, mordiendo la oreja de Minako y mirándola a los ojos.

La rubia princesa de Venus levantó la vista, embriagada por la pasión. "Qué...?" No llegó a acabar la pregunta porque la espada de Jadeite ya le había atravesado el estómago. Sintió que las piernas le fallaban a medida que la sangre manaba profusamente de la herida y Jadeite la sostuvo, evitando que cayera al suelo.

"Pobre Minako" murmuró Jadeite, burlándose de la moribunda Guerrero Venus. "Vas a perderte la batalla".

Las carcajadas de Jadeite evitaron que Minako perdiera la consciencia. Le miraba con el rostro desencajado por el dolor y la confusión. Jadeite... cómo podía hacerle esto a ella?

"Jadeite..." balbuceó, mientras el joven la dejaba dulcemente sobre la hierba del jardín.

"Siento no poder estar mucho tiempo contigo, cielo" sonrió Jadeite. "Pero tengo ahora mismo asuntos importantes de los que encargarme. No me eches mucho de menos."

Minako intentó incorporarse pero las fuerzas le fallaron. Levantó las manos, con los ojos fuera de sus órbitas, en un intento de llegar al rubio general de la Tierra, pero era ya demasiado tarde. La vida se escapó de sus manos. Jadeite se echó a reir.

"No creo que me vayas a echar de menos," murmuró besando al cadáver en los labios antes de guardar su espada en la vaina y dirigirse con paso rápido hacia el Palacio de la Luna.

Las princesas de Júpiter, Mercurio y Marte se encontraban cenando descansadamente en uno de los salones más pequeños del Palacio. Un guardia, con el rostro desencajado por el terror, entró corriendo, presa de un ataque de histeria.

"Necesito ayuda! Acabo de encontrar a la Princesa de Venus en el jardín!" exclamó.

Makoto se echó a reir. "Vamos, Minako es algo atrevida, pero no pasa nada, soldado. Si le decís que no, os dejará en paz."

El joven miró confundido a Makoto. "Está muerta, alteza!" gritó. "La Princesa de Venus ha sido asesinada!"

Makoto escupió el café que estaba bebiendo. Ami se puso en pie inmediatamente y se acercó al joven, intentando tranquilizarlo. "Explícanos que ha pasado, soldado" le pidió mientras Rei servía una taza de té para el joven.

El guardia explicó que había encontrado a la Princesa de Venus en el jardín, con una herida en el estómago. Cuando quiso comprobar su pulso se dio cuenta de que Minako ya había muerto. Rei le dijo al joven que podía salir si así lo deseaba.

En ese momento sonó la alarma de seguridad. Alguien había accedido a los jardines!

Ami se transformó en Guerrero Mercurio y se hizo con el mando de la situación.

"Transformáos, tenemos que enterarnos de lo que está ocurriendo. Makoto, ve al jardín y comprueba qué ha sucedido. Rei..."

"Usagi está con Endimión cerca del lago!" exclamó la morena Princesa de Marte. "Voy a buscarla!"

Transformándose, salió corriendo en búsqueda de la Princesa de la Luna. Ami sonrió tristemente. Se dirigió a la puerta pero se dio cuenta de que Makoto estaba de pie, con la mirada perdida, temblando descontroladamente.

"Makoto" Ami acudió a su lado y le pasó un brazo por encima. "Makoto..."

"Ha muerto, Ami" susurró la alta princesa de Júpiter. "Minako era una hermana para mi..." balbuceó.

Ami dio un abrazo a Makoto, en un intento por consolarla.

"Sé que es muy duro, Makoto, pero... el asesino de Minako se encuentra en los jardines del Palacio y podría matar a Usagi. Makoto... Makoto, mírame".

Ami levantó la barbilla de la princesa de Júpiter en un intento por hacer que sus miradas coincidiesen "Ya no puedes hacer nada por Minako, pero aún puedes salvar la vida de mucha gente. Transfórmate en Guerrero y llama a los soldados. Debemos encargarnos del enemigo."

Otro soldado entró en el salón, presa del nerviosismo. "El Reino Oscuro ha atravesado las murallas!! Guerrero Mercurio, las tropas no están listas todavía y el enemigo está entrando. Qué hacemos?"

Ami se separó de Makoto y se acercó al joven soldado, con el ceño fruncido. "Quiero a todos los soldados preparados en menos de tres minutos! Guerrero Júpiter y yo nos encargaremos de evitar que las tropas del Reino Oscuro accedan al Palacio!"

El soldado asintió y fue a buscar a sus camaradas. Ami se dio media vuelta y se dirigió a Makoto. "Ayúdame a vengar la muerte de Minako" murmuró.

La Princesa de Júpiter levantó la vista y el fuego brilló en su mirada esmeralda. Asintió firmemente. Se puso en pie y se transformó en Guerrero. Ami sonrió y, juntas, salieron corriendo a los jardines del Palacio.

Guerrero Mercurio sintió miedo. No era la primera vez que tenía esa sensación de pánico atenazando los sentidos, nublando la racionalidad que imperaba en su espíritu. Lo había sentido muchas veces pero siempre le resultaba novedoso, sorprendente. Analizó la situación en cuanto comenzó a apretar las primeras teclas del mini-ordenador que siempre llevaba encima. El Reino Oscuro había enviado un ejército, se proponía asestar un golpe letal al Reino de la Luna. La energía maligna estaba dispersándose como la niebla por los jardines del Palacio. Escuchó los metálicos choques de las espadas, gritos de dolor... Las tropas del Milenio de Plata no lo hacían mal pero eran inferiores en número. Mercurio tuvo la certeza de que iban a perder. Buscó con la mirada a Makoto o a Rei pero no las vio en ninguna parte. La noche era un factor que beneficiaba al enemigo. Sintió el siseo de la espada que caía sobre ella y la esquivó en el último momento.

"Mercury Aqua Rhapsody!" gritó más por impulso que por saber dónde se encontraba su agresor.

Vio una figura caer inerte al suelo, víctima del ataque congelante de Guerrero Mercurio. Temblando, se acercó al agresor y tras una larga maraña de cabello rubio descubrió un rostro que le resultaba familiar. "Zoisite!" exclamó, sorprendida.

Se trataba de un General de la Tierra, uno de los cuatro hombres encargados de proteger al Príncipe Endimión. Qué significaba aquéllo? Acaso la Tierra había decidido dar un golpe de estado en la Luna y unirse al Reino Oscuro? Si Endimión se había pasado al bando enemigo entonces Usagi estaba en peligro! Se arrodilló para comprobar si Zoisite había muerto con su ataque pero sintió un pequeño pinchazo en la espalda.

"Levántate, Ami" sonó una profunda voz detrás suyo. Guerrero Mercurio obedeció, reconociendo en aquel tono ronco al líder de los Generales de la Tierra: Kunzite.

El alto joven, de largo cabello blanco la miraba con odio. Mercurio sabía que aquellos dos jóvenes eran amantes, pero no vio en los ojos de Kunzite el típico odio de un amante que ha perdido al ser amado. Vio en aquellos fríos ojos azules el odio en estado puro, la maldad alejada de cualquier otro sentimiento. El espectro de la muerte asomaba a los ojos de Kunzite. El joven bajó la vista hacia el cadáver de su joven amante. Mercurio sintió pavor al no encontrar rastros de afecto en aquella mirada. No necesitaba su ordenador para sospechar que la energía maligna se había apoderado de los Generales de la Tierra. Quizás la Reina Beryl había hechizado a los habitantes de la Tierra. Usagi corría peligro si se encontraba con Endimión. Mercurio rezó porque Rei pudiera encontrar a Usagi antes de que fuera demasiado tarde.

Kunzite levantó la vista y sonrió pérfidamente a Guerrero Mercurio. "Has hecho un buen trabajo, Ami" murmuró, señalando al rubio general, que yacía en el suelo. "Zoisite no era de los que se dejaba sorprender."

"Qué os ha ocurrido, Kunzite? Qué os proponéis?" preguntó Guerrero Mercurio, intentando pensar en un ataque que pudiera acabar con Kunzite.

El joven se echó a reir. Mercurio analizó la fuerza de aquel hombre corrompido por el mal y no encontró ningún punto débil. Kunzite la miró de arriba a abajo y la hizo sonrojar.

"De momento acabar con quien se interponga en nuestro camino." murmuró, levantando ligeramente la espada y avanzando hacia ella.

"SPARKLING WIDE PRESSURE!" tronó un rayo, cayendo sobre el malvado General.

Kunzite cayó al suelo y Guerrero Mercurio le dio el golpe de gracia antes de levantar la vista y encontrarse con Guerrero Júpiter.

"Makoto!" exclamó, agradecida, Guerrero Mercurio.

"Creo que ha sido uno de los Generales quien ha asesinado a Minako. Parece que se han unido a las fuerzas de Beryl" murmuró Júpiter, mirando de soslayo los cadáveres de Zoisite y Kunzite.

Guerrero Mercurio y Júpiter salieron corriendo en dirección a las puertas principales del Palacio, con la certeza de que los líderes de la revuelta se dirigían a la Sala del Trono, donde se encontraba el Cristal de Plata.

Una oscura sombra se interpuso entre el Palacio y ellas. Se trataba de un alto joven de larga melena castaña y ojos claros. Su uniforme azul oscuro le delataba como uno de los Generales de la Tierra. Su capa azul y roja ondulaba bajo la brisa nocturna de la Luna.

"Ami, sal corriendo en cuanto te de la señal" susurró Guerrero Júpiter a su compañera.

Guerrero Mercurio asintió sin mirar a su amiga y preparó mentalmente un ataque, por si era necesario.

"Cuánto tiempo hacía que no nos veíamos, Nephrite?" preguntó Júpiter, abandonando la postura ofensiva.

El General, que blandía una espada, sonrió y guardó el arma. "Demasiado, Makoto, te he echado de menos." contestó, y su voz sonaba sincera.

Guerrero Mercurio se sintió confusa. Si los Generales habían caído en un hechizo que les había convertido en seres malvados, por qué no parecía afectarle a Nephrite?

"Vas a dejar marchar a Guerrero Mercurio, verdad, Nephrite?" preguntó Júpiter, avanzando hacia el que una vez fue su amante.

El joven vio a Guerrero Mercurio por primera vez y sonrió afablemente. "Sabes que no puedo hacerlo, Makoto. Mi deber es acabar con vosotras" contestó, levantando una mano, invocando la magia del Reino Oscuro.

"SUPREM THUNDER!!" gritó Makoto, haciendo un gesto con una mano a Guerrero Mercurio.

Ami captó la señal y salió corriendo en dirección al Palacio, esquivando a los dos combatientes.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Mar Mar 03, 2015 1:38 pm

Capítulo 37.
Haciendo frente al destino


La imagen del Palacio de la Luna era clara. La luz de la Tierra iluminaba de forma apagada las paredes, los jardines. Nada hacía pensar que en aquel lugar bohemio estaba teniendo lugar una batalla decisiva. Michiru se quedó sin aliento cuando vio en el suelo el cadáver de Minako. Las lágrimas fluyeron silenciosas por su rostro cuando vio el enfrentamiento entre Ami y dos de los Generales de la Tierra. Esta vez la Reina Beryl había ido demasiado lejos. Había conseguido la ayuda de los Generales de la Tierra y quién sabe si el resto del planeta. Dejó de llorar cuando se vio a sí misma en la Luna, junto a Haruka, transformadas en Guerreros y luchando contra los demoníacos soldados de Beryl.

Sintió un agudo pinchazo en el pecho cuando vio a Haruka caer a manos del enemigo pero en ese momento el Deep Aqua Mirror dejó de darle imágenes. Michiru sintió que las piernas le fallaban y se sentó en la cama. Su Talismán tenía el don de ofrecerle imágenes de la realidad, tanto pasadas como presentes o futuras. El Espejo Sagrado no se equivocaba nunca con las imágenes que ofrecía, Setsuna le dijo que los Talismanes habían sido creados en las Puertas del Tiempo. Cogió el comunicador. Al cabo de unos segundos, el encantador rostro de Haruka apareció en la pantalla. Parecía sorprendida de encontrar a Michiru al otro lado, tan sólo hacía unas horas que había dejado el planeta Neptuno para ir a su Palacio a comprobar cómo estaban las cosas en los planetas exteriores, ya que el ataque sobre la Luna sería inminente. Sonrió con una ternura que rompió el corazón de Michiru. La princesa de Neptuno conocía el futuro, sabía que iban a perder la guerra y... que iban a morir.

"Michiru, que agradable sorpresa. Estaba pensando en ti".

La joven de cabello aguamarina sonrió tristemente. "Yo también estaba pensando en ti, Haruka" contestó en un susurro.

Haruka se percató de que Michiru no era la de siempre. Su rostro se puso serio de repente. "Te encuentras bien, amor mío?" preguntó, intentando leer en su rostro lo que le sucedía.

"Haruka... Minako ha muerto" murmuró, decidiendo no irse por las ramas. Su rubia amada no soportaba los titubeos.

Haruka se quedó boquiabierta. Levantó una ceja intentando asimilar la información y Michiru vio que se sentaba en una silla. "Cómo ha sido?" preguntó Haruka, haciendo una señal a uno de los guardas.

"Las tropas de Beryl, tal y como nos dijo Setsuna, ya están en la Luna. Todo parece indicar que van a ganar, Haruka" respondió. Haruka se puso en pie y, disculpándose ante Michiru, mantuvo una breve charla con el guardia que había llamado. Le hizo partir y volvió a sentarse, dirigiéndose a ella con rostro grave.

"Tenemos que ir a la Luna, Michiru. He ordenado que preparen una nave. Si quieres acompañarme, iré a recogerte cuando estés lista."

Michiru sonrió. Ella sabía que Haruka querría ir a luchar a la Luna y no sólamente porque lo hubiera visto en el Deep Aqua Mirror sino porque conocía el impetuoso carácter de su amante mejor que ella misma.

"Y el castigo que nos impuso la Reina Serenity?" preguntó, sabedora de cuál iba a ser la respuesta. Haruka no contestó, se limitó a sonreir. Sabía que Michiru lo había preguntado por obligación. Michiru también sonrió.

"Iré contigo, Haruka, no lo dudes" repuso Michiru poniéndose en pie. Se quedó un momento callada "Haruka... hay algo que quiero contarte".

"Te escucho." contestó Haruka, apoyando la cabeza sobre una mano, mirándola con interés.

"He consultado el Deep Aqua Mirror..." comenzó Michiru, pero se lo pensó mejor. "Creo que será mejor que hablemos cuando vengas a buscarme".

Se despidieron y Michiru apagó el comunicador. Cómo decirle a Haruka que aquella batalla estaba perdida? Cómo le iba a decir que iba a morir.. no, que IBAN a morir...? Pero lo que le mortificaba era no saber cómo iba a reaccionar cuando lo que más quería en el mundo le fuera arrebatado. Respiró hondo y, enterrando el rostro entre las manos, se echó a llorar desconsoladamente.

"Majestad, las tropas de Beryl están atacando el Palacio" le comunicó una joven de largo cabello negro y rizado y una media luna tatuada en la frente.

"Qué me aconsejas, Luna?" preguntó la Reina, confiando en aquella joven, su consejera, que durante todos aquellos años tan bien le había servido.

La joven agachó la cabeza, entristecida. "Creo que esta vez el enemigo es demasiado poderoso. La Guardiana del Tiempo ya os ha comunicado que el fin está cerca."

"Entonces... debo...?" balbuceó Serenity, asustada

"No queda otro remedio, majestad" contestó Luna firmemente.

Michiru entró sola en la nave y no se sorprendió al descubrir que tan sólo viajaba Haruka en ella. No había ningún soldado de Urano en la nave. "Estás segura de lo que vamos a hacer, Haruka?" le preguntó a la rubia princesa de Urano, tomando un asiento a su izquierda.

Haruka la miró de reojo y, sin soltar los mandos, asintió. "Vamos a morir, lo sabes?" susurró Michiru, con la vista fija en el Deep Aqua Mirror, que sostenía fuertemente sobre el regazo.

"Ése es un riesgo que hemos corrido siempre, cariño," respondió Haruka en voz baja, sonriendo. "Acaso no te gusta vivir de forma peligrosa?" Michiru cogió la mano de Haruka, temblando.

"Esta vez lo he visto en el Deep Aqua Mirror. No saldremos con vida de ésta", la voz le falló. Haruka puso el piloto automático y se giró ligeramente para tener frente a ella a Michiru.

"Lucharemos contra el futuro también, Michiru. Nosotras somos quienes llevamos las riendas de nuestra vida, mi abuela me lo enseñó." Haruka puso las manos sobre los hombros de Michiru, intentando transmitirle confianza. "Nuestra vida siempre ha corrido peligro pero hemos sobrevivido. Ahora iremos a la Luna, lucharemos al lado de nuestras compañeras y haremos lo posible por devolver a Beryl al oscuro lugar del que nunca debió salir."

Michiru asintió. Haruka sonrió, con un destello de ternura en los ojos. "Sabes una cosa? Si en la Luna las cosas salen mal, no me importará morir... porque estoy convencida de que moriré entre tus brazos." las lágrimas aparecieron en los ojos de la princesa de Neptuno. "Yo no aprendí a vivir hasta que te conocí, Michiru. Y no aprendí a soportar la dureza de mi trabajo hasta que tú no me enseñaste lo divertido que podía ser. No te das cuenta de que, tanto si ganamos como si perdemos la guerra, tú y yo ya hemos ganado?"

En un impulso inconsciente, Michiru abrazó con fuerza a Haruka, presa del llanto. "Pero no quiero perderte!" exclamó entre sollozos.

"Nunca me perderás, tonta", se echó a reir Haruka, levantando con una mano el húmedo rostro de su amada. "Pero quiero que sepas que si las cosas salen mal en la Luna, moriré feliz... porque te quiero."

Haruka besó a Michiru y ésta rodeó el cuello de la princesa de Urano fuertemente con los brazos, sintiendo que aquélla era la última vez que se besaban. Quiso que el tiempo se detuviera y saborear el torbellino de sensaciones que había experimentado cada vez que probaba los labios de Haruka. Retuvo en la memoria aquellos sentimientos y cuando su rubia compañera se separó de ella, le limpió las lágrimas, besándole los párpados y las mejillas.

"Yo también te quiero, Haruka." susurró Michiru apoyando la frente en la de la rubia guerrero y cerrando los ojos.

"Cambiaremos el futuro y venceremos, ya lo verás" le aseguró Haruka, haciéndose de nuevo con los mandos de la nave. Michiru recuperó la posición y, por un momento, creyó verdaderamente que tenían posibilidades de ganar.

Cuando el Suprem Thunder de Guerrero Júpiter resonó en los jardines del Palacio de la Luna, a Nephrite tan sólo le quedó una opción. Esquivarlo como fuera, olvidándose de que el ataque tan sólo tenía la intención de mantenerle ocupado y proporcionar una forma de escapar a Guerrero Mercurio. Se pasó la mano por el uniforme, con parsimonia, quitándose el polvo que el ataque de su ex-amante había levantado.

"Has mejorado, Makoto" confesó, sonriendo satisfecho

"Nephrite, no veo en tus ojos la influencia de Beryl. Por qué te has unido al bando del enemigo?" preguntó Guerrero Júpiter, sin bajar la guardia, recordando bien las últimas palabras que le dijo Nephrite, hacía unos días.

"Porque no podía traicionar a mis compañeros" contestó el joven, señalando los cadáveres de Kunzite y Zoisite, que yacían el uno junto al otro.

"Y preferías traicionarme a mi..." murmuró Júpiter, desviando la vista.

La chica escuchó unos pasos acercarse a ella. No se sorprendió cuando unos fuertes brazos rodearon su cintura.

"No quieres unirte a nosotros? La Reina Beryl va a ganar la guerra, Makoto, no te engañes. Tu soberana ni siquiera se ha enterado del ataque. Creo que ella quiere perder la batalla."

Guerrero Júpiter miró a los ojos a Nephrite. Qué estaba insinuando? Cómo iba a querer perder Serenity?

"Tenéis una Guerrero que conoce el futuro. Por qué nadie os ha avisado del peligro que corríais? Me consta que Guerrero Plutón ha avisado a la Reina Serenity del ataque de Beryl y que tu querida reina no ha movido ni un sólo dedo por vosotros."

La joven contuvo el aliento, impresionada. La Reina Serenity siempre había tenido una forma extraña de actuar, pero no creía que fuera capaz de acabar con el Milenio de Plata por... por qué motivo?

"Se trata del Cristal de Plata, Makoto" le aclaró Nephrite; parecía que el general de la Tierra había leído la mente de la joven. "La Reina Serenity prefiere salvar el Cristal de Plata antes que el Reino... antes que a su propia hija" concluyó el joven, sonriendo a Guerrero Júpiter con el encanto que a la joven una vez le causó escalofríos.

"No te creo, Nephrite" respondió Júpiter, separándose bruscamente del joven y tomando una posición ofensiva.

"Guerrero Saturno fue la única persona del Milenio de Plata que se dio cuenta de quién es verdaderamente la Reina Serenity... y fue castigada duramente. Créete lo que quieras, Makoto, pero no voy a permitir que llegues al Palacio." murmuró Nephrite desenvainando su espada.

El "Jupiter Oak Evolution" sonó como un trueno en la noche, iluminando brevemente el jardín del Palacio. Nephrite se lanzó sobre Guerrero Júpiter en un intento por bloquear el ataque y contraatacar.

La sangre tiñó la fresca hierba del jardín, que adquirió una suave tonalidad escarlata. Guerrero Júpiter se detransformó y fue Makoto quien, secándose el sudor, vio cómo caía el cuerpo de Nephrite sobre la hierba. El ataque de Júpiter había alcanzado de forma letal al general de la Tierra. El rostro de Makoto no se inmutó al ver cadáver del que fuera su amante. En los últimos años la joven había perdido toda inocencia, convirtiéndose en una dura coraza capaz de enfrentarse a la muerte, a la enfermedad... al desamor.

Levantó la vista, ligeramente mareada, hacia el Palacio. Sería verdad lo que le había contado Nephrite? Y si lo era, por qué un mero cristal era más importante que el propio Reino? Sintió un agudo dolor en un costado y en ese momento fue consciente de que la espada de Nephrite le había ocasionado una herida, que sangraba abundantemente. Soltó una maldición por lo bajo y, quitándose un guante para utilizarlo a modo de venda, tapó la herida como pudo, caminando lentamente hacia el Palacio de la Luna.

Su rubio cabello se levantó debido al despliegue de energía realizado. Con los ojos fuertemente cerrados, la Reina Serenity puso las dos manos sobre el Cristal de Plata y se concentró, intentando despertar la mágica fuente de poder que residía en la sagrada joya del Milenio de Plata.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Mar Mar 03, 2015 1:42 pm

Capítulo 38.
Haciendo frente a dolor


"I never wanted the stars,
never shot for the moon.
All I wanted to say
is that all I wanted was you"

-Bon Jovi "I want you"-


Endimión abrazó feliz a la princesa Serenity. La joven le había dicho que sí, que accedería a casarse con él y él se sentía el hombre más feliz del Milenio de Plata. Sintió una oleada de calor acumulándose en su pecho, pugnando por salir al exterior. Notó la camisa húmeda en el pecho y bajó la vista, encontrando a Usagi llorando. Levantó su rostro con una mano gentilmente, preocupado.

"Qué te ocurre, amor mío?" preguntó, acariciando el suave rostro de su princesa.

Usagi se apartó de él y se secó las lágrimas, riendo débilmente. "Nada... es que soy muy feliz, eso es todo." contestó, evitando mirar a Endimión a los ojos.

El joven sonrió, ligeramente apenado porque sabía que Usagi estaba mintiendo, pero era incapaz de seguir preguntando. Si la princesa de la Luna se sentía desgraciada por algún motivo, cuando confiase en él lo suficiente, se lo contaría. Sólo le dolía no ser todavía lo suficientemente importante para Usagi como para compartir sus penas también.

Se acercó a ella y la abrazó por detrás, susurrándole al oído que la quería. Usagi se estremeció ligeramente y se dio media vuelta, mirándole a los ojos.

"Endimión, yo..." comenzó Usagi, pero en ese momento se escucharon unos gritos cerca de donde estaba la pareja.

Apareció entre los árboles la figura de una joven de cabello oscuro, jadeando por la carrera, visiblemente alterada. "Usagi!" gritó la muchacha, al divisar a la pareja.

"Rei!" contestó Usagi, sorprendida.

Endimión frunció el ceño, visiblemente molesto. Nunca le había gustado la forma en que le miraba la princesa de Marte.

"Usagi, estás en peligro! El Reino Oscuro está atacando la Luna, lo mejor será que entres en el Palacio!" exclamó Rei, transformada en Guerrero Marte, una vez llegó junto a la pareja.

Usagi se llevó la mano al pecho, asustada, y asintió a Rei. Endimión rodeó su cintura, presto a acompañarla, pero Rei se interpuso en medio de la pareja.

"Tú no. Ya habéis hecho bastante por nosotros hasta ahora, será mejor que te vayas antes de que me vea obligada a matarte" murmuró Marte con llamas en la mirada.

Endimión retrocedió, consciente de que la Guerrero no estaba jugando. Usagi se detuvo, enfadada. "Rei, éste no es el momento de discutir.." comenzó a decir.

"Usagi, Endimión y los cuatro generales que están a su servicio son unos traidores. Se han aliado a Beryl para acabar con el Reino de la Luna. No esperes que tenga piedad con los traidores" contestó Guerrero Marte, creando con su poder una flecha de fuego.

Endimión parecía sorprendido. "Qué estás diciendo, Marte? Ni mis hombres ni yo..." comenzó a protestar el joven.

"Cállate, traidor. Uno de tus amigotes ha asesinado a sangre fría a Minako. Ahora llevaré a Usagi al Palacio pero ten por seguro que la próxima vez que te cruces en mi camino, morirás." contestó Guerrero Marte, cogiendo una mano de Usagi y caminando hacia el Palacio.

"Eso es mentira, Marte. Mis hombres se encuentran en la Tierra. Ni ellos ni yo somos unos traidores, tienes que creerme." se quejó Endimión, reteniendo a Guerrero Marte.

Rei se dio media vuelta y miró a los ojos al príncipe de la Tierra. Odiaba confesarlo, pero aquel muchacho parecía sincero. Seguramente no sabía que sus amigos eran unos traidores. "Te creo. Pero debes saber que tus generales sí son unos traidores. Uno de ellos ha matado a la princesa de Venus y no se lo perdonaré. Si tú fueras un traidor habrías matado ya a Usagi... de acuerdo, ven con nosotras." concedió Guerrero Marte, avanzando hacia el Palacio.

Usagi abrazó a Endimión y sonrió a Guerrero Marte. "Gracias, Rei."

"Cállate... por favor" contestó Marte, avanzando con paso rápido al Palacio y dando la espalda a la pareja.

Guerrero Mercurio llegó a las puertas del Palacio y vio, satisfecha, que las tropas de Beryl todavía no habían accedido al castillo. Distribuyó a los soldados de la Luna de forma estratégica y, utilizando su mini-ordenador, comprobó la situación del enemigo. Entre las tropas del Reino Oscuro no parecía figurar la Reina Beryl, pero sí uno de los generales de la Tierra. Kunzite y Zoisite habían muerto así que no podía tratarse de ellos. Nephrite estaba luchando contra Guerrero Júpiter... Mercurio rezó en silencio porque Makoto se encontrase bien. Por los datos que recibió comprobó que se trataba de Jadeite, y que se estaba acercando a ella. Respiró hondo y se preparó para recibir a su visitante como merecía.

Jadeite llegó a las puertas del Palacio y vio que no había soldados de la Luna por ninguna parte. Sonrió, pensando que era muy fácil entrar en el Palacio sin ser visto. Dio un paso al frente pero de repente, sintió que los pies le pesaban como si fueran de piedra. Comenzó a sentir frío y bajó la vista, descubriendo que tenía los pies congelados. Notó algo afilado rozando su garganta y una voz aterciopelada le saludó, haciéndole cosquillas con el aliento en la oreja.

"Bienvenido, Jadeite. Te estaba esperando" susurró Guerrero Mercurio, atenazando uno de los brazos del malvado general contra su espalda. "Veo que tienes manchado el uniforme de sangre. No será de Minako, verdad?"

Jadeite estaba atrapado. Maldijo la mala suerte que había tenido pues pensaba que sus compañeros ya habrían acabado con las Guerreros. Mercurio le tenía contra las cuerdas. Intentó zafarse de la joven pero ella le tenía atrapado con una llave y amenazaba con diseccionarle el cuello si hacía el menor movimiento. Vio que la puntiaguda arma de Guerrero Mercurio no era nada sino una daga creada con hielo.

"Dónde puedo encontrar a la Reina Beryl?" preguntó Mercurio, pinchando ligeramente el cuello de Jadeite con su daga de hielo.

"Beryl ya está dentro del castillo" respondió Jadeite, riendo por lo bajo. "Si yo estoy aquí eso significa que Beryl ya está dentro. Ella llevaba la avanzadilla del ejército."

El rostro de Mercurio palideció de repente. Acaso era ya demasiado tarde? El instante de vacilación de Guerrero Mercurio fue aprovechado por Jadeite, que, ignorando el puntiagudo filo de la daga de la guerrero de los hielos, se deshizo de la llave que atenazaba su brazo y proyectó a la Guerrero de la Luna por los aires, tirándola al suelo.

Jadeite sonrió y desenvainó la espada.

"JUPITER OAK EVOLUTION!!!"

El malvado General de la Tierra cayó sobre Guerrero Mercurio con el rostro desencajado y un agujero en el abdómen. Ami se quitó el cadáver de Jadeite de encima y se puso en pie, viendo que, lentamente, se acercaba Makoto. Sonrió jubilosa, corriendo al lado de su compañera.

"Makoto! Estás bien!" gritó.

Guerrero Júpiter sonrió débilmente y, con una mueca de dolor, sintió que las fuerzas le fallaban y las piernas cedían. Mercurio evitó que cayera al suelo y fue en ese momento cuando se percató de que su amiga estaba muy malherida.

"Ami, tienes que entrar en el Palacio y detener a Beryl" susurró Makoto, apoyando la espalda en un árbol, gracias a Guerrero Mercurio.

"Tengo que comprobar cómo te encuentras, Makoto, hay qu..."

"No tenemos tiempo, Ami!" exclamó Makoto, su voz denotaba angustia, dolor y urgencia. "Yo me encuentro bien, vete."

Guerrero Mercurio quiso protestar pero su compañera la obligó a callarse y señaló al Palacio. "Entra y acaba con Beryl" murmuró Guerrero Júpiter.

Mercurio se puso en pie, retrocediendo lentamente. Se despidió de Júpiter, prometiendo volver a buscarla, y, dando media vuelta, echó a correr en dirección al Palacio. Júpiter suspiró, mirando a su alrededor. Sentía los ecos de la lucha que estaba teniendo lugar en las murallas y en los alrededores del Palacio. Rezó porque los soldados de la Luna pudieran retener a las tropas del Reino Oscuro.

De repente, el Palacio le pareció que se alejaba. La vista comenzó a nublársele y le sobrevino un acceso de tos. Al echarse una mano a la boca descubrió sangre y fue consciente de que no le quedaba mucho tiempo de vida. Nephrite había conseguido propinarle un golpe mortal. Era gracias a su enorme fortaleza física que había conseguido sobrevivir hasta ahora. Miró entristecida a su alrededor una vez más.

Echaría de menos las risas que escuchaba cada día, el canto de los pájaros, el murmullo del agua... también echaría de menos a sus amigas. Minako, sus padres... podría volver a verles? Cerró los ojos, ajena a la batalla que estaba teniendo a pocos metros de donde estaba sentada y se dejó llevar por los recuerdos de su infancia, por las felices visiones que la acompañaron durante toda su vida.

Guerrero Marte se situó a los pies de las escaleras y creó un arco y una flecha con su poder de dominar el fuego. Tras unos segundos de reflexión, se dirigió a la asustada pareja que intentaba proteger.

"Usagi, hay un pasadizo secreto que cruza todo el Palacio y va a dar al exterior de las murallas. Si llegáis allí encontraréis una nave dispuesta a partir. Salid de aquí y salvad vuestras vidas, ahora que todavía estáis a tiempo."

"Tú no vienes con nosotros, Rei?" preguntó la princesa Serenity.

"No, yo debo quedarme y proteger a la Reina Serenity" contestó Guerrero Marte.

"Yo cuidaré de la princesa, Rei. La llevaré a un lugar seguro." le dijo Endimión, desenvainando su espada.

Guerrero Marte asintió, apagando la flecha y el arco de fuego que había creado.

"Endimión, te confío lo que más quiero en el mundo. Sé que amas a Usagi y que la protegerías con tu vida si fuera preciso... por eso os dejo marchar. Prométeme que la cuidarás" murmuró Guerrero Marte, estirando la mano hacia Endimión, en un intento por estrechar la del joven.

Endimión captó el gesto y estrechó la mano de la guerrero, sonriendo afablemente.

"Te lo prometo, Rei." contestó.

"Rei, no puedo dejarte aquí" se quejó Usagi. "Endimión... podrías dejarnos un momento a solas?"

Endimión asintió y se asomó a la puerta para cerciorarse de que nadie les había seguido.

"No hay tiempo que perder, Usagi, éste no es el momento de..." comenzó a quejarse Rei.

"No quiero dejarte, Rei" la interrumpió la princesa de la Luna, cogiéndole ligeramente de un brazo.

Guerrero Marte sintió escalofríos subiendo por la mano, el brazo, y llegando al pecho. "Tú eres la princesa de la Luna. Debes ir a refugiarte a un lugar seguro. Las Guerreros debemos protegeros a ti y a tu madre. Por eso debo quedarme" contestó Rei, cogiendo la mano de Usagi, acariciándola dulcemente, recordando cómo aquella mano había recorrido su cuerpo en un pasado demasiado reciente.

"Si eres una Guerrero y debes protegerme, te ordeno que vengas conmigo" susurró firmemente Usagi, con lágrimas en los ojos.

Rei negó con la cabeza, rodeando la cintura de Usagi con los brazos, sintiendo que la batalla que se estaba produciendo fuera del Palacio era semejante a la lucha de sentimientos que estaba ocurriendo en su interior.

"No puedo irme con vosotros. Debo quedarme con las demás y luchar." acarició la mejilla de Usagi y secó las lágrimas que comenzaban a fluir libremente. "Pero me lo estás poniendo difícil."

"Ésta podría ser la última vez que nos vemos, Rei" susurró Usagi, apoyando el rostro, vencida, sobre el pecho de la joven Guerrero de Marte.

La muchacha de larga melena negra suspiró resignada. Ella sabía que Usagi tenía razón. Las cosas se habían puesto muy difíciles en la Luna. Usagi y Endimión tenían una posibilidad de salvarse... si huían en aquel momento.

"Debes marcharte ya, Usagi" murmuró Rei junto al oído de la princesa de la Luna.

La rubia muchacha levantó la cabeza y miró a los ojos a la princesa de Marte. Movida por un remolino de emociones se inclinó hacia ella y la besó en los labios. Guerrero Marte, cogida por sorpresa, se rindió al beso y rememoró felices momentos pasados en los que un simple beso significaba la mayor de las conquistas. Se separaron lentamente, intentando asimilar cada segundo que les quedaba. Rei besó a Usagi en la mejilla y volvió a crear un arco y una flecha de fuego.

"Se hace tarde, será mejor que os marchéis." Guerrero Marte llamó a Endimión y les señaló la dirección que debían tomar.

Usagi se giró un momento y, conteniendo el llanto, le dijo que la quería. Rei levantó la mano a modo de despedida y sonrió tristemente.

"Yo también te quiero, Usagi" susurró Rei, cuando vio que la pareja desaparecía por los pasillos.

En ese momento sintió ruido en las escaleras y avanzó, preparándose para recibir al enemigo como merecía.

Unos pasos rápidos se hicieron eco por los pasillos. Apareció una figura a contraluz en las escaleras, frente a Rei. La Guerrero de Marte preparó su flecha de fuego y se disponía a disparar cuando una familiar voz la hizo detenerse.

"Rei, eres tú?"

Guerrero Marte iluminó con su arma a la figura que le había hablado y se encontró de frente a Guerrero Mercurio, con el traje ensangrentado.

"Ami! Qué estás haciendo aquí? Y los demás? Tienes el traje lleno de sangre, te encuentras bien?" preguntó Guerrero Marte, deshaciendo la flecha y el arco de fuego que había creado.

Guerrero Mercurio se apoyó en una pared, jadeando por el cansancio. "Haces demasiadas preguntas. Los Generales de la Tierra fueron hechizados por la Reina Beryl. Hemos acabado con todos. Makoto está en el jardín, muy malherida." Mercurio se detuvo un momento y miró asustada a Rei, al darse cuenta de que la joven guerrero de Marte estaba sola. "Dónde está Usagi? Yo pensaba que estaba contigo."

Guerrero Marte respiró hondo antes de contestar. "Usagi se ha ido con su prometido, el príncipe Endimión." hizo una breve pausa. Mercurio, al escuchar la palabra 'prometido' contuvo el aliento. "Les he enviado hacia la nave que hay preparada a las afueras del castillo. Es la única forma de escapar que tienen."

"REI! Les has dejado solos?!" exclamó Mercurio llevándose las manos a la cabeza. Guerrero Marte la miró aturdida, sin comprender. "Beryl se encuentra DENTRO del Palacio, me lo ha dicho Jadeite!!"
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Mar Mar 03, 2015 1:45 pm

Capítulo 39.
Destrucción: Primera Fase


"Ya falta poco para la salida, Usagi" susurró Endimión, apretando suavemente la mano de la joven, mientras la guiaba por los oscuros pasillos del Palacio de la Luna.

La princesa de la Luna suspiró. Acababa de dejar atrás, definitivamente, a Rei. Tenía la impresión de que nunca más volvería a verla. Se encontraba enfrascada en sus pensamientos cuando, Endimión, al detenerse bruscamente, casi la hace caer.

"Cariño, qué p...?" Usagi se calló de repente, al darse cuenta de la oscura y fría presencia que había aparecido en el pasillo, delante de ellos.

No tuvo que preguntar para saber quién era aquella persona. Se trataba de una mujer, de larga y leonina cabellera roja que caía de forma sensual sobre unos hombros semidesnudos, apenas cubiertos por un sedoso vestido negro que le llegaba hasta los tobillos. Sintió un escalofrío de terror cuando la salvaje mirada de la mujer se posó sobre ella, acompañada de una mueca burlona.

"Así que tú eres la princesa Serenity?" preguntó una aterciopelada voz, tan engañosamente dulce como peligrosa.

Endimión se puso delante de su prometida, levantando la espada en actitud amenazadora hacia la mujer.

"Beryl!!" exclamó, furioso. "Será mejor que te apartes de nuestro camino!"

La malvada mujer se echó a reir a carcajadas, mirando con expresión seductora al joven príncipe de la Tierra.

"Y si no lo hago? Me matarás? Si tus cuatro amigos no pudieron hacerlo en su momento, dudo que tú seas capaz de conseguirlo."

Endimión contuvo el aliento. Así que lo que Rei les había contado sobre Kunzite, Zoisite, Nephrite y Jadeite era cierto... Maldijo a Beryl por arrebatarle a sus amigos, a sus confidentes, a sus mejores soldados.

"Te mataré, bruja!" gritó Endimión dando un paso al frente.

"Tu padre dijo lo mismo momentos antes de morir" murmuró Beryl, riendo por lo bajo.

El joven príncipe de la Tierra estalló en aquel mismo momento. Se avalanzó hecho una furia sobre Beryl con la espada en alto. La malvada soberana del Reino Oscuro no se inmutó. Se limitó a levantar un dedo. Endimión se encontró con un muro eléctrico invisible en su camino. Cayó al suelo ligeramente atontado por el impacto y la descarga eléctrica. La princesa de la Luna corrió a su lado y se arrodilló, ayudando a su prometido a incorporarse.

"Por qué estás haciendo esto, Beryl?" preguntó Usagi, con lágrimas en los ojos. "Qué pretendes?"

"Recuperar lo que es mío" contestó Beryl, levantando una mano, con la intención de acabar con la pareja. Usagi la miró confundida. Beryl sonrió. "No sabes de qué estoy hablando, verdad?"

Usagi negó con la cabeza, ayudando a Endimión a ponerse en pie.

"El Cristal de Plata perteneció a mi familia al principio de su creación" le dijo Beryl, con la mirada clavada en ella. "Tu familia se la arrebató a la mía durante una Guerra Civil que tuvo lugar hace casi 100 años. La verdadera familia real del Reino de la Luna pertenece a mi estirpe. Un antepasado tuyo le quitó el trono y el Cristal de Plata a uno mío. Mis antepasados no pudieron vencer al Reino de la Luna. He tardado mucho tiempo en reunir un ejército y un poder mágico lo suficientemente grande como para enfrentarme a la Reina Serenity y ni tú, ni nadie, váis a arrebatarme la victoria!" exclamó Beryl, lanzando un rayo hacia Usagi.

Endimión, interponiéndose con su espada, bloqueó el ataque y se lanzó sobre Beryl de nuevo. Forcejearon unos momentos y Endimión cayó al suelo pesadamente. Beryl se llevó una mano a un hombro. Usagi se arrodilló junto a su prometido y vio, horrorizada, una enorme herida en el pecho, sangrando profusamente.

"USAGI!!!" se oyó un grito desde la entrada del pasillo y la joven princesa de la Luna se giró a tiempo de ver el destello de una flecha de fuego saliendo disparada hacia Beryl.

La flecha llegó a su destino y Beryl cayó de rodillas sobre el suelo. Guerrero Marte corrió hacia Usagi y vio que su prometido estaba herido de gravedad. Cogiéndole por el hombro y la cintura, ayudó a Endimión a ponerse en pie y le indicó a Usagi por dónde debían seguir.

Beryl se puso en pie de forma inesperada y, reuniendo la poca energía que le quedaba, lanzó un ataque letal hacia los tres. Rei se percató del despliegue de energía y, dejando a Endimión en el suelo, se echó sobre Usagi para protegerla. El ataque de Beryl les alcanzó de pleno. La malvada Reina se echó a reir a carcajadas y, viendo entre el humo y las paredes destruidas, que los tres estaban en el suelo inmóviles, desapareció de la misma forma en que había aparecido.

La espada de hielo de Guerrero Mercurio comenzaba a derretirse. Sus poderes comenzaban a ser más débiles y su cuerpo notaba la fatiga. Escuchó un estallido en el interior del Palacio y rezó porque Rei hubiera podido detener a la Reina Beryl. Los soldados del Reino Oscuro eran demasiados para retenerlos y los guerreros de la Luna no serían suficientes.

Vio una nave surcando el oscuro cielo lunar cuando sintió un aguijonazo en la espalda. Al girarse y ver la desagradable mueca triunfal de la criatura oscura que la había herido lanzó un "Mercury Aqua Rhapsody" sin pensarlo dos veces. Al ver al demonio congelado en el suelo volvió a levantar la vista al cielo y creyó ver que la nave se acercaba al puerto espacial con la intención de aterrizar. Vio que en un lateral de la nave brillaba el símbolo del planeta Urano y sonrió. Aunque la nave era pequeña, los soldados de los planetas exteriores eran extremadamente fuertes. Estaba convencida de que Haruka, Michiru y Setsuna les enviaban refuerzos.

Apoyó la espalda contra la pared, víctima del cansancio y el dolor provocado por la herida, que le hacía perder fuerzas rápidamente.

Usagi se despertó y se encontró rodeada de rocas y humo. Las paredes y el techo habían cedido sobre ellos. A un lado vio a Endimión, tosiendo débilmente. A su derecha estaba Rei, inmóvil. Se levantó lentamente y comprobó que Endimión estaba muy débil. La herida en el pecho era grave. Se rasgó el vestido para crear una venda con la que tapar la herida de Endimión y se dirigió a Rei, que parecía estar inconsciente. Buscó su pulso y comenzó a temblar cuando no fue capaz de encontrarlo. Rei no respiraba. Las lágrimas comenzaron a fluir suavemente al mismo tiempo que la consciencia le gritaba que Rei estaba muerta.

"Rei..." susurró apartando unos morenos mechones de cabello de la cara de la Guerrero del Fuego.

Usagi se acercó a Endimión y le ayudó a ponerse en pie. Estaba decidida a escapar, tal y como Rei le había dicho antes. Debía hacerlo para que la muerte de su mejor amiga no hubiera sido en vano. También debía hacerlo por Endimión.

La Reina Serenity creó un escudo mágico alrededor del Cristal de Plata mientras pronunciaba en voz alta las arcanas palabras que daban forma a un hechizo de importancia capital. Luna y Artemis, sus dos consejeros, se habían apostado a la puerta y vigilaban los pasillos. El silencio se creó alrededor del Cristal de Plata mientras las palabras de Serenity traspasaban la mágica joya como si fueran el filo de una espada. Había una forma de salvar el Milenio de Plata... aunque fuera a costa de tener que acabar con su actual reino. El hechizo y la magia del Cristal de Plata se encargarían de hacer renacer al Milenio de Plata aunque se requería una enorme cantidad de energía y poder arcano. La Reina Serenity era la única persona del Milenio de Plata con un poder lo suficientemente grande como para conseguir crear el hechizo.

Una sombra se materializó en el centro de la estancia. La sombra, envuelta en humo negro, fue tomando la forma de la Reina Beryl. Luna y Artemis, los dos consejeros de la Reina Serenity, se lanzaron sobre Beryl con espadas en alto. La soberana del Reino Oscuro levantó el brazo que no tenía malherido y creó un muro protector a su alrededor. Invocó unas palabras mágicas y los dos consejeros cayeron al suelo empujados por una fuerza oscura sobrenatural.

"Al fin te encuentro, Serenity" susurró Beryl, sonriendo.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Miér Mar 04, 2015 1:38 pm

Capítulo 40.
Destrucción: Segunda Fase


"In you I see dirty
in you I count stars
in you I feel so pretty
in you I taste good
in you I feel so hungry
in you I crash cars
we must never be apart"

-Smashing Pumpkins "Ava Adore"-


"Beryl" murmuró la Reina Serenity, concentrada en acabar el hechizo que estaba depositando sobre el Cristal de Plata.

"He venido a buscar algo que tu abuela le arrebató a la mía." contestó Beryl, caminando lentamente hacia la rubia soberana de la Luna.

Artemis, el joven consejero de la Luna, cogió su espada del suelo y se puso en pie. Se lanzó sobre Beryl, dispuesto a atravesarla con su arma. Beryl se dio media vuelta y cogió al joven del cuello. Su largo cabello blanco le tapaba ligeramente el rostro, joven y terso. Los azules ojos del muchacho brillaban de furia e impotencia. Beryl apretó hasta sentir el ligero crujir de los pequeños huesos del cuello del muchacho y cuando aquella mirada furiosa dejó de tener vida tiró al suelo el cadáver.

"NOOO!!" gritó Serenity, con los ojos llenos de lágrimas.

"Majestad, debéis acabar con el hechizo" le dijo Luna, la compañera de Artemis, poniéndose en pie y lanzando una bola de energía blanca hacia la malvada soberana del Reino Oscuro.

"Serenity, por qué no devuelves a mi familia lo que la tuya le arrebató hace un siglo?" preguntó Beryl, con el rostro afligido. "Tú puedes acabar con esta guerra si quieres" le ofreció.

"No dejaremos que el Milenio de Plata caiga en tus manos!" gritó Luna, enarbolando una espada.

El golpe de Luna dio a Beryl que, debilitada, retrocedió ligeramente, lo suficiente para crear una bola de energía negra. Lanzó su ataque a la consejera de la Luna, una joven de cabello oscuro. La media luna tatuada en su frente brilló por última vez cuando la energía oscura le arrebató la vida.

"Dejémonos de juegos, Serenity!" gritó Beryl, levantando las manos. "Quiero el Cristal de Plata!"

Los dos soldados del Reino Oscuro se miraron, sonriendo. Habían saboteado una nave de huída que había preparada en las afueras del palacio y ahora tenían ante ellos una presa demasiado fácil. Un joven moribundo y una frágil dama. Desenvainaron sus espadas y avanzaron lentamente hacia la pareja.

La joven cerró los ojos y de su frente surgió una media luna dorada que cobró vida de repente. La luz que desprendía la frente de la muchacha cegó a los soldados. Endimión no tuvo problemas en acabar con uno de ellos. El otro, escudando sus ojos, corrió hacia Usagi con la espada en alto. Endimión, en un último esfuerzo, lanzó una pequeña daga que guardaba debajo de la camisa, hacia el soldado enemigo. Cuando Usagi abrió los ojos su mirada había cambiado. Era serena, tranquila. El malvado soldado del Reino Oscuro se sintió tan indefenso ante aquella mirada que ni siquiera fue consciente de que la daga de Endimión había atravesado su pecho. Miró de reojo al príncipe de la Tierra que, jadeando por el esfuerzo, se dejó caer lentamente. El guerrero de la Reina Beryl cayó inerte al suelo. Usagi, recuperando los sentidos, corrió hacia su prometido.

"Endimión, te encuentras bien?" preguntó, acariciándole el rostro suavemente.

"La nave está inutilizada, Usagi. No podremos salir de aquí" murmuró Endimión, dejando que las dulces manos de su prometida aliviaran el dolor psíquico.

Usagi respiró hondo. "Lo sé" concedió, echándose junto a Endimión. "Pero yo no quiero seguir viviendo si eso significa estar sola, sin mis amigas... o sin ti".

El joven sonrió ligeramente, superando el dolor. "Me alegro de haberte conocido, Usagi. Tu luz ha vencido las oscuridades de mi propia alma, me has hecho apreciar la vida." susurró Endimión, sintiendo que el dolor estaba ganando la batalla. "Te voy a echar tanto de menos..."

Usagi se incorporó ligeramente, percatándose del sentido de aquellas palabras. "No! Estoy segura de que las Guerreros ganaran la batalla. Te pondrás bien... nos casaremos... y seremos felices, ya lo verás" balbuceó, sintiendo un nudo en la garganta cuando fue consciente de que la mirada de Endimión iba perdiendo luz poco a poco.

"Estoy convencido de que tienes razón, amor mío" respondió Endimión, sonriendo ligeramente cuando Usagi se inclinó sobre él y le besó.

La princesa de la Luna notó que Endimión había cedido ante la muerte y se echó a llorar.

Cuando entraron en los jardines de la Luna no encontraron ni rastro de vida. Sólamente había cadáveres esparcidos por el suelo. Vieron los cuerpos sin vida de los soldados de Beryl junto a los de los soldados del Reino de la Luna. La batalla había acabado y no había dejado detrás ni vencedores ni vencidos.

"Hemos llegado tarde" murmuró Michiru, intentando no pisar ningún cuerpo. "Parece que el Deep Aqua Mirror se equivocó en sus predicciones."

"Ojalá no tuvieras que ver todo esto" respondió Haruka, acariciando ligeramente la mano de Michiru, sin soltarla.

Bajo un árbol vieron un cuerpo familiar. Se trataba de Guerrero Júpiter. También había muerto, su cuerpo ya estaba frío.

Siguieron caminando, en dirección al Palacio, esperando encontrar a alguien con vida. El silencio casi era sólido, palpable. Les ponía la carne de gallina. Michiru rodeó la cintura de Haruka en busca de apoyo, no sólo por la horrible visión que tenían delante, un palacio semiderruido, cuerpos esparcidos por todas partes, naturaleza muerta en definitiva, ofreciendo un espectáculo decadente, sino para percibir el contacto de una persona viva a su lado. Haruka la abrazó instintívamente. Entraron en el Palacio y en uno de los pasillos encontraron a Guerrero Mercurio, bañada en un charco de sangre.

"Está viva, Haruka" susurró Michiru, incorporando a la Guerrero del Hielo. La joven parecía volver en sí.

"Michiru... Haruka... sabía que... vendríais" murmuró Guerrero Mercurio, bailando con la muerte.

Haruka sonrió ligeramente, cogiendo su mano. Notó que la vida desaparecía por los poros de aquella joven piel cubierta de sangre y heridas.

"Parece que la batalla ha terminado ya, Ami" le aseguró Michiru, consciente de que todo lo que podían hacer por su amiga era dejarla morir en paz. "Habéis acabado con el enemigo".

Guerrero Mercurio sonrió. Recordando algo de repente, levantó la vista hacia las dos. "Usagi... Rei... la nave de emergencia..."

La princesa de Mercurio no pudo acabar la frase. Tampoco hizo falta, las dos habían comprendido a qué se refería. Michiru cerró los ojos con fuerza, asimilando el dolor, y Haruka la ayudó a dejar el cuerpo de Ami sobre el suelo, cerrando sus ojos por última vez.

Caminaron hacia la puerta secreta que daba al exterior del Palacio, al lugar en el que había una nave espacial dispuesta a partir en el momento que fuera necesario.

El paso se les cerraba ligeramente, debido a las rocas y a los restos de las paredes de aquellos pasillos, que habían cedido ante los ataques. Encontraron el cadáver de varios soldados del Reino Oscuro antes de llegar al de Guerrero Marte. Guerrero Neptuno contuvo el aliento y levantó la vista hacia su pareja, temiéndose lo peor. Urano la miró de reojo fugazmente antes de arrodillarse al lado de Guerrero Marte y comprobar que había muerto. Si Rei había muerto, Usagi no podía encontrarse lejos.

Echaron a correr hacia el final del pasillo y encontraron a dos personas, cerca de la salida, que parecía bloqueada por los pilares caídos y las paredes y techos derrumbados.

Usagi estaba de pie, en el centro del pasillo, cerca de una figura que yacía inmóvil en el suelo. Estaba de espaldas a ellas y sus hombros temblaban; seguramente estaba llorando.

"Princesa Serenity!" la llamó Guerrero Urano.

Usagi se giró lentamente y las dos Outer Senshi se estremecieron al encontrar tanto dolor acumulado en aquella mirada, antaño inocente y pura. Usagi bajó la vista hacia un objeto brillante que tenía entre las manos. Guerrero Neptuno descubrió que se trataba de una espada ensangrentada.

"Urano..." susurró a su compañera que, siguiendo la mirada de Neptuno, también se percató de la espada.

La tristeza y la desesperación se dibujaron en el rostro de Usagi cuando ésta levantó la espada, dirigiéndola hacia su propio pecho.

Urano tan sólo pensó que estaban demasiado lejos de ella como para impedir que la princesa tomara la decisión que estaba tomando.

Neptuno vio que el cuerpo que yacía al lado de Usagi era el de Endimión que, por lo que sabían, era el príncipe heredero de la Tierra y futuro marido de su princesa. Se imaginó qué haría ella si fuera Usagi y el cadáver de Endimión fuera el de Haruka. También se imaginó qué haría ella si supiera que sus amigas, las guerreros, han muerto, que el palacio está destruido y que seguramente Beryl esté en algún aposento del castillo, regocijándose en su victoria. Comprendió en aquel momento a Usagi y retuvo a Guerrero Urano a su lado cuando ésta quiso echar a correr al ver a la princesa de la Luna provocándose una herida mortal con la espada de Endimión.

Urano la miró fijamente, sin llegar a comprender. Neptuno negó con la cabeza y, soltando su brazo, avanzó lentamente hacia Usagi, que había caído al suelo llorando desconsoladamente y con una profunda herida en el pecho, seguramente no superior a la que ya tenía en el corazón.

Le quitó a Usagi la espada de la mano y la tiró a un lado. Ayudó a la Princesa de la Luna a ponerse en pie y la recostó suavemente al lado de Endimión.

"Michiru..." susurró Usagi con voz ronca.

"No pasa nada, Princesa" contestó Guerrero Neptuno, apartándole el pelo de la cara. "Id con Endimión, os está esperando."

Usagi le dio las gracias y cerró los ojos, suspirando aliviada. Neptuno se puso en pie y se apartó las lágrimas de los ojos. Caminó hacia Guerrero Urano y, cogiéndola de la mano, salieron del pasillo, en dirección a la Sala del Trono.

"Por qué lo has hecho, Michiru?" preguntó Urano en voz baja. "Nuestro deber es proteger a la princesa, no ayudarla a morir."

"Qué habría sido de ella si hubiera sobrevivido, Haruka? No puedes culparla por querer estar al lado de la persona que ama." contestó Guerrero Neptuno, sonriendo débilmente. Ella tenía la certeza de que Haruka habría hecho lo mismo que Usagi en una situación así. Y ella también lo habría hecho.

Caminaron hacia las estancias principales del Palacio con la certeza de que, para bien o para mal, la guerra había terminado. Tan sólo era extraño que no hubiera ni vencedores ni vencidos por ninguna parte.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Miér Mar 04, 2015 1:41 pm

Capítulo 41.
El Cristal de Plata


La Reina Beryl levantó las manos y creó un enorme torbellino de energía oscura. Cuando la concentración de fuerza maligna fue lo suficientemente poderosa, la lanzó hacia la Reina Serenity, que aún no había acabado el hechizo.

La Reina de la Luna se abrazó al Cristal de Plata y cerró los ojos, intentando proteger la sagrada joya con su propio cuerpo. El impacto le dio de lleno y Serenity notó que las fuerzas le fallaban. Escuchó la risa de Beryl, acercándose lentamente hacia ella. El siseo del terciopelo de su vestido le hizo consciente de que Beryl se encontraba a su lado. Unas suaves manos se posaron sobre las suyas y notó que alguien la apartaba del Cristal de Plata. No tenía fuerzas para impedirlo y las lágrimas se acumularon sobre sus ojos, unos ojos que habían perdido la luz para siempre a causa de la fuerza del ataque de Beryl.

"Gracias, Serenity" susurró Beryl en su oído. "Yo sabía que llegaríamos al entendimiento".

Su risa burlona le provocó escalofríos y las heridas que tenía en el cuerpo, convulsiones. Le quedaba poco de vida.

"SPACE SWORD BLASTER!"

"SUBMARINE REFLECTION!"

Serenity escuchó el familiar siseo que provocaba la espada de Urano. Beryl gritó al ser alcanzada por el ataque de la Guerrero del Viento. El ataque de Neptuno le alcanzó algo más tarde y fue letal, debilitada como estaba por el anterior ataque de su pareja. Pudo oler el salitre marino que desprendía el ataque de Neptuno.

Urano y Neptuno se arrodillaron a su lado y ella intentó sonreir, a pesar del dolor y la ceguera.

"Gracias por venir" susurró lentamente. Notó unos fuertes brazos que la sostenían, y una fragancia ligeramente masculina. Debía ser Urano la que estaba ayudándola a sentarse. "No os preocupéis por mi... me queda poco tiempo..."

"Eso no es cierto, majestad" susurró delicadamente Neptuno, comprobando las constantes de su soberana.

Guerrero Neptuno miró tristemente a Urano y negó con la cabeza.

"Tengo que acabar el hechizo..." murmuró Serenity, palpando a su alrededor. "Dadme el Cristal de Plata... debo acabar..."

"Tenéis que descansar, majestad" le aconsejó Urano, ayudándola a tumbarse de nuevo.

"Aún soy vuestra Reina, Urano. No me digas..." se estremeció ligeramente al notar una nueva punzada de dolor "no me digas lo que tengo que hacer y dame el Cristal de Plata."

Guerrero Urano obedeció y la Reina cogió la joya, reuniendo toda la energía que le quedaba para cerrar el hechizo en el que tan concentrada había estado trabajando.

"Majestad, tenéis que descansar..." dijo Neptuno.

"Cuando acabe con esto tendré todo el tiempo del universo para descansar." respondió Serenity, intentando no echarse a toser. "Tendréis que darle el Cristal a Guerrero Plutón vosotras... yo no creo que pueda verla..."

La tos le impidió acabar la frase y unos esputos sanguinolentos le mancharon el vestido. Neptuno contuvo el aliento y levantó la vista, asustada, hacia su compañera.

Guerrero Urano caminó hacia el lugar en el que todavía yacía la Reina Beryl. Le tomó el pulso y comprobó que había muerto a causa de las múltiples heridas que sufría desde hacía horas.

El Cristal de Plata emitió una serie de destellos arco iris y flotó hasta las manos de Guerrero Neptuno.

"Serenity ha dicho que se lo entreguemos a Setsuna" murmuró Guerrero Urano, caminando hacia su compañera y ayudándola a ponerse en pie.

"Quién ha ganado la batalla, Haruka?" preguntó Neptuno, con la vista fija en la mágica joya del Milenio de Plata.

Urano caminó hacia la ventana y comprobó que el jardín estaba destrozado. Los árboles estaban partidos en dos, la fuente estaba destruida, las flores marchitas. Había cadáveres de soldados del Milenio de Plata y del Reino Oscuro. No parecía haber sobrevivido nadie al ataque de la Reina Beryl, ni siquiera ella misma. Qué importancia podía tener ahora el Cristal de Plata si el Reino de la Luna había muerto?

Guerrero Urano se dio media vuelta, enfrentándose a los interrogantes de su joven amada.

"No lo sé, Michiru" admitió, apesadumbrada. "Parece que nosotras somos las únicas supervivientes. Vamos a la nave, tenemos que viajar hasta las Puertas del Tiempo".

"Eso no será necesario, Guerrero Urano" sonó una femenina y monótona voz a sus espaldas.

Urano y Neptuno se dieron media vuelta y se encontraron con la imponente figura de la Guardiana del Tiempo.
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Miér Mar 04, 2015 1:42 pm

Capítulo 42.
El Santo Grial


Guerrero Plutón caminó solemnemente hacia la joven pareja, deteniéndose frente a Guerrero Neptuno y cogiendo suavemente el Cristal de Plata, que brillaba con la fuerza del Sol en sus manos.

"Así que lo ha conseguido" sonrió, levantando la vista hacia sus compañeras. "Hemos ganado".

Urano arqueó una ceja.

"La Reina ha muerto. Usagi ha muerto. Las Inner Senshi han muerto. Hay miles de soldados muertos en los jardines, en las murallas, en los alrededores del Palacio. Urano y yo hemos llegado tarde y no hemos podido luchar con nuestras compañeras. Luna y Artemis han muerto. El prometido de Usagi ha muerto" Setsuna contuvo ligeramente el aliento, pero no mostró sus emociones ante la pareja. "Cómo puedes decirnos que hemos ganado? Qué hemos ganado, Setsuna?"

"Beryl ha muerto y todos sus siervos también. Y Serenity ha conseguido acabar el hechizo sobre el Cristal de Plata." contestó Plutón. "Hemos ganado la batalla contra el destino."

Levantó el Cristal de Plata y éste emitió unos destellos de colores cálidos.

"La Reina Serenity ha dado su vida en el empeño pero lo ha conseguido" sonrió. "El Milenio de Plata está salvado."

"No ha sobrevivido nadie a la batalla, Plutón" contestó Urano, sin comprender nada de lo que decía su compañera. 'La soledad debe haberla trastocado', pensó.

"Me encuentro perfectamente, Haruka" respondió Plutón, como si le hubiera leído la mente. "Serenity ha creado un hechizo mediante el cual, el Cristal de Plata hará renacer el Milenio de Plata."

"Explícate mejor, Setsuna, por favor" murmuró Neptuno.

Guerrero Plutón sonrió, guardando la sagrada joya del Milenio de Plata en un bolsillo dimensional de su uniforme.

"La Reina Serenity ha creado un hechizo mediante el cual, todos aquéllos que han muerto, renacerán, creando con su nuevo nacimiento, el Milenio de Plata del futuro." sonrió. "Mi misión es llevar el Cristal de Plata a un lugar seguro. Cuando llegue el momento, del cristal saldrán las energías de todos los habitantes del Milenio de Plata. Esas energías irán a parar a una serie de bebés, que cuando crezcan se convertirán en lo que una vez fueron. Las princesas de los planetas interiores se convertirán en guerreros, la princesa de la luna renacerá... no es maravilloso?" se echó a reir.

"El hechizo de la Reina Serenity ha puesto el alma de los habitantes de la Luna dentro del Cristal de Plata?" preguntó Neptuno.

Guerrero Plutón asintió. "Desde las Puertas del Tiempo vi que la Guerra estaba perdida, así que la única salida que teníamos, si queríamos mantener el Milenio de Plata con vida, era concentrar su esencia misma en el Cristal de Plata." respondió.

"Pero la Luna está destruida, al igual que los planetas Interiores y los Exteriores. A dónde llevarás el Cristal?" preguntó Urano, contemplando desde la ventana lo que una vez fue un reino lleno de esplendor.

"A la Tierra" respondió Plutón. "Es el único planeta del sistema solar que no ha sido destruido por las tropas de Beryl. Pero antes hay una cosa que tenemos que hacer".

"Tenemos...?" preguntó tímidamente Neptuno, viendo que Plutón levantaba la Vara del Tiempo y que su sagrado Talismán, el Garnet Orb, cobraba vida.

"Levantad vuestros Talismanes, chicas" pidió Plutón, concentrándose.

Urano desenvainó la Space Sword y la levantó, junto al Garnet Orb. Neptuno levantó el Deep Aqua Mirror y cuando los tres sagrados objetos se encontraron comenzaron a emitir unos destellos de color arcoiris. Se creó un viento en la sala que levantó los cabellos de las tres. Encima de los tres objetos una luz blanca dio forma a un cuarto objeto. Cuando la luz se disipó Urano y Neptuno vieron que se trataba de una copa dorada. Miraron significativamente a Plutón, que sonrió.

"El Santo Grial. La unión de los Tres Talismanes ha dado vida al Santo Grial, una copa con un líquido mágico. Si Guerrero Saturno bebe el contenido del Grial, despertará."

"Pero..." comenzó a objetar Urano, cuando vio que Setsuna levantaba una mano y señalaba a un rincón de la sala.

En aquel punto se materializó una urna de cristal y en su interior vieron la durmiente figura de Guerrero Saturno, tan joven y bella como cuando vivía con ellas en la Luna.

Plutón cogió el Santo Grial y lo acercó a los labios de Hotaru. Cuando el sagrado líquido entró en contacto con los labios de Guerrero Saturno, su rostro adquirió un ligero tono rosáceo y su cuerpo comenzó a moverse. En cuestión de segundos sus ojos se abrieron. Guerrero Neptuno se cogió al brazo de su pareja, con miedo a desmayarse. Urano la abrazó de forma protectora.

Guerrero Saturno se sentó en la urna y miró a su alrededor. Reconoció a Setsuna y asintió con la cabeza. Plutón sonrió ligeramente y le correspondió con el mismo gesto. Saturno se levantó y vio a Urano y a Neptuno. Levantó una mano y las saludó, sonriendo.

"Por qué me has despertado, Setsuna?" preguntó Saturno, con su aterciopelada voz. "Se supone que debo dormir eternamente, ya que mi poder es demasiado peligroso" añadió con amargura.

Plutón señaló a su alrededor. "El Milenio de Plata ha sido destruido. Todos sus habitantes han muerto." contestó la morena guerrero de Plutón.

Saturno contuvo el aliento y vio el cadáver de la Reina Serenity, junto al de Beryl, en un rincón de la estancia.

"Beryl también ha muerto" indicó Saturno. "Eso significa que hemos ganado?"

Plutón asintió y extrajo el Cristal de Plata del bolsillo dimensional. "Sí, así es. Serenity ha creado un hechizo mediante el cual todos los habitantes de la Luna renacerán cuando llegue el momento."

Saturno asintió, asimilando la información.

"Por qué me has despertado?" repitió dulcemente.

"Debes destruir lo que queda del Reino de la Luna. Realiza el mejor ataque que tengas, sin miedo. Acaba con todo el sistema solar" le ordenó Plutón. "Pero no toques el planeta Tierra. Voy a llevar allí el Cristal de Plata."

"Setsuna... mi ataque no alcanzará a la Tierra, pero sí afectará a sus habitantes."

"Eso es exáctamente lo que quiero. Que no recuerden nada de lo que ha sucedido."

Saturno asintió y cogió la Vara del Silencio. Hacía muchos años que no actuaba, pero no había perdido ni un ápice de su poder destructor. Levantó su arma pero se detuvo antes de comenzar el ataque. Miró fugazmente a Urano y a Neptuno y luego a Plutón, de forma interrogativa.

Guerrero Plutón no dijo nada. Guardó el Cristal de Plata y levantó a su vez la Vara del Tiempo, murmurando las arcanas palabras que debían trasladarla de vuelta a las Puertas del Tiempo.

"UN MOMENTO!" exclamó Urano. "Qué pasará con nosotras? Y contigo? Acaso no vamos a renacer nosotras? Moriremos aquí?"

Setsuna agachó la Vara del Tiempo y la luz del hechizo que había creado se disipó rápidamente.

"No te preocupes, Haruka. Vosotras también renaceréis en la Tierra, junto a los demás. Moriréis a causa del ataque de Saturno, pero volveréis a encontraros, si el destino así lo tiene decidido."

"No has respondido a todas las preguntas de Urano" señaló Neptuno. "Qué va a pasar contigo?"

Setsuna sonrió tristemente y volvió a levantar la Vara del Tiempo.

"Yo soy Guerrero Plutón, la Guardiana del Tiempo. Debo velar porque el futuro no corra peligro. Llevaré el Cristal de Plata a la Tierra y me aseguraré de que todo va según lo previsto." una luz ultravioleta rodeó la solitaria figura de Guerrero Plutón. "Quizás volvamos a encontrarnos" la luz comenzó a absorverla pero aún tuvo tiempo de murmurar algo antes de desaparecer por completo. "Os echaré de menos, amigas."
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Miér Mar 04, 2015 1:44 pm

Capítulo 43.
El Fin


touch my tears
with your lips
touch my love (?)
with your fingertips
and we can help (?) forever
and we can love forever
...
who wants to live forever
who wants to live forever

-Queen "Live Forever"-


La luz que envolvía a Guerrero Plutón se hizo más densa y la conocida figura de la Outer Senshi desapareció. Urano y Neptuno se miraron mientras Saturno levantaba la Vara del Silencio, dispuesta a reunir toda la energía que tenía.

"Esto es el fin" susurró Urano, bajando la vista hacia Guerrero Neptuno.

La joven de cabello aguamarina levantó la vista a su vez hacia su alta compañera y asintió con la cabeza. Dejaron de mirarse al notar que la energía de Saturno se hacía menor y desaparecía. Miraron a su compañera y ésta sonrió ligeramente.

"Quiero despedirme del Reino antes de acabar con todo y morir", confesó en un murmullo.

Urano y Neptuno asintieron y, cogidas de la mano, acompañaron a su amiga por los destruidos pasillos. Se encontraron con los cadáveres de compañeros de batalla, de amigos, de amigas, de las otras Guerreros. Saturno se arrodilló ante el cuerpo sin vida de la Princesa de la Luna y de su prometido.

"Vuestras muertes no han sido en vano" susurró al ponerse en pie. Se dio media vuelta y se dirigió a la pareja que la acompañaba por aquel paseo macabro. "Ya estoy lista".

Salieron al jardín y Saturno se colocó frente a la puerta principal del Palacio. Levantó la Vara del Silencio y comenzó a invocar de nuevo la energía que acabaría con el Milenio de Plata y con sus vidas definitivamente.

Haruka y Michiru dieron unos pasos atrás, alejándose de la pequeña joven que tenía que llevar a cabo tan cruel misión.

La joven de cabello aguamarina dirigió sus profundos ojos azules hacia su pareja. La joven rubia miraba al frente con la vista fija en el Palacio de la Luna. No podía averiguar qué corría por su mente en aquel momento. Hacía tantos años que se conocían que Michiru pensaba que conocía a su pareja mejor de lo que ella misma se conocía pero en aquel momento no sabía qué podía estar pensando Haruka. Tan sólo les quedaban unos minutos de vida. Setsuna les había dicho que volverían a verse. Y si no era cierto? Y si no renacían? Y si, aún renaciendo, ella no podía encontrar a Haruka o ésta no la encontraba a ella?

Pensó en lo que supondría vivir sin Haruka y sintió un nudo en la garganta. Hacía demasiados años que se había acostumbrado a su callada presencia, a sus brazos rodeándola amorosamente cuando más lo necesitaba, su respiración lenta, su corazón, grande y fuerte, su voz grave y sensual...

"Michiru..." escuchó enmedio de sus pensamientos. Salió de sus ensoñaciones y se encontró con la mirada preocupada y dulce de Haruka, con aquel verde bosque repleto de sentimientos. "Tenías razón."

"Qué?" preguntó, desconcertada.

"Ésta es nuestra última batalla. Sabes una cosa? Me ha encantado compartir mi vida contigo." dijo Haruka, midiendo sus palabras, con una sonrisa ladeada. "Si Setsuna tiene razón y renacemos en la Tierra yo..." la voz se le quebró y sus ojos comenzaron a brillar.

Michiru se puso de puntillas frente a su rubia compañera y la hizo callar.

"Shhh... no digas nada. Setsuna nunca se ha equivocado. Es la Guardiana del Tiempo y conoce el futuro, no? Renaceremos en la Tierra" sonrió, acariciando con una mano los duros rasgos de la joven rubia. "Te buscaré, Haruka. Y no dejaré de hacerlo hasta que te encuentre."

"Y si no recordamos quiénes somos?" preguntó Haruka, evitando encontrarse con la azul mirada de Michiru.

"No hay ningún poder lo suficientemente fuerte como para conseguir que te olvide." susurró Michiru, obligando a Haruka a que la mirara a los ojos.

Haruka se echó a reir a su pesar. "Siempre fuiste una tozuda."

"Tú me enseñaste a serlo, amor" respondió Michiru besando a Haruka, tomándose tiempo en saborear sus dulces labios, aquel néctar que tan bien conocía y que sabía que echaría de menos.

Se separaron cuando notaron que la energía de Guerrero Saturno llegó al clímax. Su morena compañera comenzó a pronunciar las palabras del ataque final.

"Te quiero, Michiru" susurró Haruka abrazando con fuerza a su amada.

"Yo también te quiero" contestó la joven de cabello aguamarina, sintiendo los acelerados latidos del corazón de Haruka.

"DEATH AND REBIRTH REVOLUTION!!!"

Michiru cerró con fuerza los ojos y notó que el abrazo de Haruka se estrechaba. La rubia guerrero de Urano se despidió mentalmente del Palacio, de sus habitantes... de la sirena que temblaba entre sus brazos... y vio cómo el mundo que había aprendido a querer se desmoronaba definitivamente...
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Miér Mar 04, 2015 1:45 pm

Capítulo 44.
Desde las puertas del tiempo


"what's the use of being young if u ain't gonna get old
even at the center of fire there is cold and
all that glitters ain't gold".

-Prince "Gold"-


Desde su puesto de vigilancia fue testigo de cómo las paredes del Palacio de la Luna cedían finalmente ante el ataque más demoledor del universo. La Luna había quedado destruida. Al igual que los demás planetas del sistema solar. Los habitantes de la Tierra presenciaron la lluvia de estrellas fugaces y pensaron que se trataba de una bendición divina. Nadie sabía que un milenio cargado de historia y un reino repleto de amor y justicia estaba despidiéndose de la galaxia.

Setsuna suspiró, apenada. Sacó el Cristal de Plata del bolsillo dimensional y vio cómo la sagrada joya absorvía tres haces de luz, uno violeta, otro dorado y otro azul verdoso. Sonrió. Serenity también se había acordado de sus amigas. Ella sería la única que quedara en pie. Velaría porque todo saliera según lo establecido. Su misión era la más difícil de todas pero Serenity se la había confiado y tenía el presentimiento de que se lo debía.

"Bueno" se dijo. "Ahora debo bajar a la Tierra y buscar un buen sitio donde esconder el Cristal de Plata."

Cerró la puerta del Presente y cogió la Vara del Tiempo. Una fuerza le impidió levantarla. Bajó la vista y se encontró con una mano, cogiendo firmemente el bastón. Su mirada rubí descubrió una figura femenina tras ella. Se giró y contuvo el aliento al reconocer a la fantasmal silueta que se definía frente a ella.

Unos ojos grises brillaron de forma sobrenatural, escondidos tras una maraña de cabello oscuro que bailaba al son del fluir del tiempo.

"M..madre?" murmuró Setsuna, incapaz de moverse bajo el influjo de aquella mirada de cuervo.

Lady Plutón asintió con el rostro impávido, sin dar muestras de vida. Setsuna retrocedió y su madre se quedó con la Vara del Tiempo. La acarició con melancolía, como si echara de menos su puesto en las Puertas del Tiempo.

"Acabo de hablar con la Reina Serenity" sonó por primera vez la voz de Lady Plutón, suave y dulce como antaño. "Me ha encargado una misión".

Setsuna parpadeó incrédula. La Reina Serenity estaba muerta... cómo podía su madre...?

"Dead Scream".

Setsuna no tuvo tiempo de reaccionar. El susurrante ataque de su madre se apoderó de su sistema nervioso, trasladándola rápidamente al reino de los muertos. Tan sólo tuvo tiempo de mirar a los ojos a Lady Plutón antes de ceder.

La madura Dama del Tiempo caminó hasta el cuerpo exánime de su hija y sonrió.

"Serenity, ahora sí que estamos preparadas para hacer que el Reino de la Luna vuelva a nacer" murmuró.

"Encárgate de ello" sonó una voz femenina, desde algún recóndito lugar de las Puertas del Tiempo.

Lady Plutón se puso en pie y recogió el Cristal de Plata de las manos de Setsuna. Vio que una familiar energía entraba en la sagrada joya y que ésta comenzaba a brillar de forma cegadora. Sonrió una vez más y, levantando la Vara del Tiempo, se teleportó al planeta Tierra.

FIN
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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

Mensaje por Admin el Miér Mar 04, 2015 1:47 pm

Epílogo


Tokyo

"OH, NOOOO!!! LLEGO TARDE! LLEGO TARDE! LLEGO TARDEEEE!!!" tronó una chillona voz femenina por las anchas calles del distrito de Juuban.

Una chica de largas coletas rubias recogidas en lo que parecían ser dos moños, corría desesperada con rumbo al colegio. En su loca carrera se tropezó con alguien al dar la vuelta a una esquina. El joven con el que había tropezado, un alto muchacho de cabello corto y negro y mirada azul, cayó al suelo sin tener la oportunidad de evitarlo.

"Eh! Mira por dónde vas, Odango!" exclamó.

La joven se levantó enfadada y miró al muchacho a los ojos.

"No me llamo Odango, me llamo Usagi, idiota!" respondió, reemprendiendo la carrera.

El joven se puso en pie y se quedó quieto, observando con atención cómo la muchacha se alejaba.

"Usagi... qué nombre tan estúpido" rezongó, recogiendo sus libros del suelo.

Templo Hikawa

Una alta joven de larga cabellera negra barría los escalones del templo en el que trabajaba como sacerdotisa. Su abuelo, el monje del templo, le había encargado la tarea y, aunque de mala gana, comenzó a barrer. Un graznido atrajo su atención. Levantó la cabeza y sonrió, reconociendo a los dos cuervos que solían visitarla cada mañana, posados sobre la rama de un árbol.

La joven se detuvo al escuchar pasos. Parecía que alguien subía al templo. Se asomó y vio que una chica subía las escaleras de acceso. No era muy alta, tenía el pelo corto, aunque lo que le atrajo de ella era el extraño color de su pelo; parecía azul. La joven llegó hasta ella y, jadeando, le sonrió afablemente.

"Tienen muchas escaleras" se quejó, agachando la cabeza de formalmente.

La sacerdotisa correspondió al saludo. "Quizás por eso no tenemos muchas visitas" respondió. "Has venido a rezar por alguien?"

La joven negó con la cabeza, todavía sin aliento. "No... bueno, sí. En realidad, he venido a pedirle a los dioses que consigan que saque buenas notas".

"De acuerdo, acompáñame." contestó la sacerdotisa, guiándola hasta el interior del templo.

En una de las salas vieron una pira ardiendo. Las llamas eran altas, daban mucho calor. La joven estudiante se mostró reticente a entrar.

"Me da un poco de miedo el fuego" confesó.

"No te preocupes, el fuego nunca te haría daño" respondió la sacerdotisa, riendo confiada. "Pero si tanto miedo tienes, dime cómo te llamas y yo misma oraré por ti."

La joven sonrió agradecida. "Ami. Me llamo Ami Mizuno".

La joven sacerdotisa se echó a reir. "Ami 'de agua*'? Con razón no te gusta el fuego" comentó.

(*Mizu no= del japonés, 'de agua')

La joven estudiante sonrió, ligeramente sonrojada. La sacerdotisa se arrodilló delante del fuego y comenzó a entonar la oración.

Afueras de Tokyo

Un rayo iluminó el cielo, oscurecido de repente. Aún quedaba horas para la puesta del sol pero la bóveda celeste ya estaba acogiendo en su seno a la noche. Las primeras gotas de lluvia la sorprendieron. Pero a pesar de no llevar paraguas, dejó que el agua la mojase, recordando al chico que acababa de dejarla. La pena era demasiado grande como para que unas gotas de agua le preocupasen. Levantó la cabeza para preguntarle al rayo por qué tenía tan mala suerte en la vida y éste le respondió mediante un trueno. La tormenta comenzó a moverse, a indicarle un camino. Ella se sentía tan sola y desamparada, tan triste y abandonada... le preguntó al rayo qué camino debía tomar, qué rumbo seguir. El rayo le contestó. Señalaba al distrito de Juuban. Makoto cerró con fuerza los ojos, dejando que la lluvia se llevara las lágrimas vertidas, las que aún no había vertido y las que vertiría en los días venideros. Se juró a sí misma que nunca más se dejaría vencer, que sería fuerte como el rayo. Sonrió y abrió los ojos, gritándole al rayo y a la tormenta que resistiría. Miró al horizonte y encaminó sus pasos lentamente hacia Juuban. Había visto un arco iris en aquella zona y pensó que le convenía recibir un poco de luz después de caminar entre las sombras.

Inglaterra

Estudió su cara reflejada en un charco de agua con detenimiento. No estaba acostumbrado a aquellos rasgos... aunque eran los más adecuados para comenzar su búsqueda. Orejas puntiagudas, largos bigotes, pelo suave y blanco... ser un gato le vendría bien para buscar sin despertar sospechas. Tan sólo la media luna tatuada en su frente indicaba que él no era un gato normal y corriente. Pero no esperaba que nadie se diera cuenta.

"Eh, mira qué tenemos aquí. Te has perdido, amiguito?" sonó una voz encima suyo.

Levantó la cabeza lentamente y se encontró con una joven bellísima, de largos cabellos de oro y brillante mirada azul. Una sonrisa bondadosa surcaba su rostro y una cinta roja en el pelo era el único adorno que se había permitido llevar. Una divinidad del cielo había bajado a recibirle a la Tierra. Y si aquella chica era la persona que estaba buscando?"

"Meow" respondió. Todavía no tenía confianza con ella como para preguntarle si era la chica que debía encontrar.

Se asustó ligeramente cuando la joven le cogió en brazos, mas el calor de sus manos era tan agradable que no pudo evitar ronronear de placer. Quizás aquella joven diosa de la belleza era la princesa que él buscaba.

Hospital General de Tokyo. Distrito Delta

Algo no iba bien y lo sabía. Las cosas no marchaban como debían. El dolor era demasiado fuerte, demasiado intenso. Aunque se había acostumbrado a sufrir, no podía evitar querer morir, desearlo con tantas fuerzas que hasta le daba miedo pensarlo. Notó una cálida mano posada sobre la suya.

"Papá", pensó. Una presencia en su interior se removió al notar el cariño con la que el hombre apretaba la mano de su hija, que yacía gravemente enferma en la cama del hospital. También notó que la puerta de la habitación se abría. Y que una voz femenina, una enfermera seguramente, hablaba con su padre.

"Será mejor que deje a su hija sola, señor Tomoe. Necesita mucho descanso."

De repente dejó de notar la mano que la confortaba y la soledad se añadió al sufrimiento. Estaba acostumbrada al sufrimiento... pero no soportaba la soledad. Tan sólo deseó que la presencia interior que la atormentaba fuera lo suficientemente fuerte como para acabar con su vida de una vez por todas.

Circuito de Fórmula 1 de Twin Ring Motegi

El ruido de los motores era ensordecedor. El calor la asfixiaba. El sol brillaba con fuerza y el sudor comenzaba a aparecer en su frente. Los gritos del público comenzaban a marearla. Pero... debía asegurarse de que se trataba de la misma persona.

La había visto por primera vez en una carrera de atletismo y se sintió hechizada por ella en aquel mismo instante. Aquellas piernas largas, fibradas, creadas para la velocidad. Las caderas estrechas, los hombros anchos. Tenía el cabello corto y rubio, con un flequillo juguetón que solía tapar buena parte de sus ojos, afilados, verdes, fríos y duros. Ancha cintura, poco pecho (pero el suficiente para delatar que era una chica), manos grandes y fuertes.

Michiru se dedicaba a la pintura y un cuerpo como aquél le atrajo de inmediato. Aquella chica rubia quedaría perfecta en un retrato que llevaba imaginando desde hacía unas semanas. En el momento en que vio a aquella joven por primera vez, la inspiración llegó a ella. Un ángel rubio, cubierto por unas gasas semitransparentes, dejándose llevar por el viento, en comunión con él. Al ver a aquella chica alta corriendo por la pista sintió que ella podía ser el ángel que buscaba. No le pasó por alto que la chica parecía tener algún tipo de conexión con el viento. Ella siempre había creído que la tenía con el mar así que... por qué aquella rubia joven no iba a tenerla con el viento?

Sintió que una brisa se levantaba y bajó la vista, encontrándose con aquella joven (ahora disfrazada de muchacho), saliendo de los boxes y metiéndose en un coche de carreras.

Haruka se metió en su coche y bajó la visera del casco. Estaba preparada para el despliegue de adrenalina, para la velocidad, para intentar alcanzar al viento y ser una con él.

"Venga, Tenoh, tío, debes darles una patada en el culo a todos!"

"Tenoh!! Debes llegar el primero!"

"Haruka, estamos contigo!"

"Haruka, te queremos!!"

Escuchó los gritos de sus admiradores y admiradoras y se echó a reir por lo bajo. Si aquellas quinceañeras supieran que el corredor por el que estaban locas era una chica... Suspiró resignada. Correr era su sueño. Ella quería desafiar al viento, domarle. Y si tenía que sacrificar su vida femenina (ja! como si alguna vez la hubiera tenido), lo haría. Levantó la vista y saludó con la mano a sus fans, siguiéndoles el juego.

Vio de reojo una conocida cabellera larga, rizada, de color aguamarina. Otra vez aquella chica. Le parecía familiar, aunque no lograba recordar el por qué. La había visto en las últimas carreras, siempre en la primera fila, con una enorme carpeta de dibujo en el regazo. Mirándola fijamente, observándola... estudiándola. Le ponía nerviosa su presencia.

Respiró hondo y colocó el volante en el salpicadero del coche. Ya pensaría en aquella chica más tarde; ahora tenía una carrera que ganar.

Tokyo

"Por fin estoy en Tokyo" pensó.

Llevaba semanas viajando de un lado a otro, vagando sin rumbo fijo, tan sólo guiada por imágenes que, como un recuerdo forjado con fuego en su cerebro, le indicaban qué debía hacer.

Flashes con retales de una vida pasada circulaban por su mente. Había visto un Palacio enorme, de cristal, de marfil, brillante bajo un cielo plagado de estrellas tililantes. También recordaba la presencia de tres chicas. Una de ellas alta, rubia, corriendo siempre en compañía de una con el cabello largo y de color aguamarina. La tercera siempre estaba algo más alejada de las otras dos, se solía quedar con ella, en silencio. Sentía un deseo irrefrenable de averiguar la procedencia de esas imágenes, de esos recuerdos... de esos sentimientos. Levantó la vista al cielo y sonrió. La imagen de una joven de cabello largo, rubio, recogido en dos colas enormes llegó a su cerebro como una visión premonitoria. Los azules ojos de la muchacha le sonreían. Algo en su interior le dijo que debía proteger la inocencia de aquellos ojos azules como fuera. Consultó su reloj. Aún tenía tiempo de averiguar de dónde procedían todas aquellas imágenes. Se echó a reir y dio las gracias a los Dioses, por estar viva... aunque no sabía muy bien qué le había impulsado a hacerlo.

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Re: EL MILENIO // TENOU HARUKA

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