EL DIABLO TIENE OJOS AZULES

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Re: EL DIABLO TIENE OJOS AZULES

Mensaje por Corsca45 el Dom Dic 28, 2014 11:03 pm

Hola les dejo el final de el diablo , gracias liulibe que me dejo ayudarle a adaptar y a ustedes por que les gusta la manera en que adapto , esperen el epílogo Very Happy



CAPÍTULO 20 
  
Cuando te encuentras repentinamente en una situación peligrosa, tu cerebro se escinde en dos partes: la que se dedica a experimentar la situación, y la que se mantiene en un segundo plano y trata de entender qué está sucediendo. Y esas partes no tienen por qué compartir información. Así que tardé unos segundos en ser consciente de lo que estaba diciendo Sash. 
No puedes ignorarme, zorra. No puedes darme con la puerta en las narices si quiero verte.  Quería dejarme claro que no había nada que estuviera fuera de su alcance. También quería demostrarme que él siempre podría más que yo. 
La boca se me había quedado reseca y el rostro se perlaba de sudor. 
—Sí —dije con voz ahogada—. No cabe duda de que has encontrado una manera de verme. ¿Cómo te las has arreglado? No puedes haber adivinado la combinación de la cerradura. 
—Usé una tarjeta canceladora. 
Cada apartamento del edificio disponía de dos tarjetas canceladoras, por si se producía alguna emergencia, o alguien olvidaba su código del teclado de la cerradura. Una estaba depositada en una habitación detrás del mostrador del conserje; la otra estaba guardada bajo llave en el despacho de la administración. 
—Te la dio Vanessa —dije con incredulidad. Eso era ilegal, algo denunciable ante los 
tribunales. ¿Tanto me odiaba que estaba dispuesta a correr el riesgo de acabar en la cárcel sólo para hacerme pagar que la hubieran despedido? Aparentemente sí. 
—Le dije que necesitaba pasar por aquí para devolverte unas cosas. 
—Bueno, pues ya me las has devuelto —dije con un hilo de voz—. Gracias por la pulsera. Pero no hacía falta que trajeras la pistola, Sash.
—Me has estado ignorando... 
—Lo siento. 
—... tratándome como si yo no significara nada para ti. —El cañón se apretó contra mi sien con fuerza suficiente para dejarme un morado. Permanecí inmóvil, sintiendo que los ojos se me llenaban de lágrimas —. Pero seguro que ahora sí significo algo, ¿verdad? 
—Claro —susurré. Quizá su intención inicial era sólo asustarme, pero ahora se estaba 
cabreando por momentos tal como había hecho siempre, dejando que la ira creciese dentro de él. Cuando Sash empezaba a ponerse furioso, el proceso era como una avalancha. No podías hacer nada para contenerlo. —Me chuleaste a conciencia en el divorcio, y me dejaste tirado en Dallas, con todo el mundo preguntando qué había pasado, dónde estabas... ¿Cómo crees que me sentó eso, Irina? ¿O es que te importaba una mierda lo mal que pudiera estar pasándolo yo? 
Intenté acordarme de lo que me había dicho Susan, que un narcisista necesitaba sentir que se había alzado con la victoria. 
  
  
—Por supuesto que me importaba —dije con voz entrecortada—. Pero todo el mundo sabía que podías aspirar a algo mejor. Todo el mundo sabía que yo no era lo bastante buena para ti. 
—Desde luego. Nunca volverás a tener lo que tuviste cuando estabas conmigo. —Me empujó tan fuerte que choqué contra la pared, y boqueé con jadeos sibilantes. El cañón de la pistola me tocó la cabeza. Oí el chasquido del seguro al ser quitado—. Nunca lo intentaste —masculló Sash, al tiempo que me sobaba el trasero con las caderas. Un acceso de náuseas me revolvió el estómago al notar su abultada erección—. Nunca te esforzaste lo suficiente. Hacen falta dos personas para construir un matrimonio, y tú nunca estuviste por la puta labor, Irina . Deberías haber hecho más. 
—Lo siento —dije mientras tragaba saliva nerviosamente. 
—Me dejaste. Te largaste de ese apartamento para ir descalza por la calle, como una maldita pordiosera, porque pensabas que cuanta más pena dieras mejor. Para dejarme en mal lugar ante la gente. Y luego recurriste al cabrón de tu hermano Vlad  para que te tramitara un divorcio a medida. Creíste que bastaba con arrojarme a la cara un puñado de dinero para que yo desapareciera. Pues entérate de que los documentos legales y toda esa mierda no significan nada para mí. Aún puedo hacer lo que me dé la gana contigo. 
—Sash —conseguí musitar—, iremos a sentarnos y estaremos hablando todo el rato que 
quieras si guardas esa... —Gemí de dolor al recibir un golpe detrás de mi oreja, y luego oí un zumbido. Un hilillo de líquido caliente me corrió por detrás de la oreja y bajó por el cuello. Sash me había golpeado con la culata de la pistola. 
—¿A cuántos hombres te has tirado? —inquirió con voz amenazadora. 
No había ninguna respuesta buena a esa pregunta. Cualquier cosa que le dijera acabaría en el tema Volkova, y entonces la sensación de furia humillada de Sash llegaría al paroxismo. Tenía que tranquilizarlo, aliviar su ego herido. 
—Tú eres el único que me importa —susurré. 
—Y que lo digas. —Me agarró del pelo con la mano libre—. Vas vestida como una puta, haces que te corten el pelo como a una puta. Antes al menos parecías una señora. Una respetable mujer casada. Pero ahora ni siquiera eres capaz de aparentar. Mírate. 
—Sash... 
—¡Cierra el pico! Sólo sabes decir mentiras. Cada vez que te tomabas una de esas píldoras, era una mentira. Yo estaba intentando darte un niño. Quería que tuviéramos una familia, pero tú sólo querías largarte. ¡Perra embustera! 
Me tiró del pelo hasta hacerme tender en el suelo. Su furia había 
alcanzado el punto de ebullición, y me gritaba un insulto tras otro mientras apretaba la pistola contra mi cabeza. Mi mente, mis emociones, se distanciaron de lo que estaba sucediendo, aquel anuncio de la violencia íntima que no iba a tardar en llegar. Igual que antes, sólo que ahora con una pistola apuntándome. Me pregunté confusamente si Sash apretaría el gatillo. Su cuerpo aplastó el mío y me inmovilizó con su peso. El aliento le apestaba a alcohol cuando acercó los labios a mi oreja para musitar: 
—No grites o te mataré. 
 
  
 
Yo estaba rígida, todos los músculos tensados al máximo. Lo único que quería era sobrevivir. Sabores salados inundaron mi boca. El contacto horrendamente familiar de la mano de Sash me paralizó cuando empezó a subirme la falda. 
Ambos estábamos tan absortos en nuestra salvaje pugna, uno inclinado sobre el suelo para infligir dolor, el otro resistiéndose en cuerpo y alma, que ninguno de los dos oyó abrirse la puerta. 
Entonces el aire vibró con un sonido inhumano y toda la habitación pareció hacer explosión, como si el caos acabara de ser liberado. Conseguí mirar hacia arriba, pese al dolor del cuello, y vi que una silueta se abalanzaba sobre Sash, y el frío metal dejó de hacer mella en mi cráneo cuando mi ex levantó la pistola y disparó. 
Silencio. 
Mis oídos habían quedado aturdidos temporalmente, mi cuerpo resonaba con el frenético 
palpitar de mi corazón desbocado por e1 terror. El peso que me oprimía había desaparecido. Rodé sobre el costado y abrí los ojos velados por el llanto. Vi a dos personas enfrentados en una brutal pelea a puñetazo limpio, y las gotas de sangre y sudor volaban con cada nuevo impacto de sus puños. 
A horcajadas encima de Sash, Yulia le asestaba un puñetazo tras otro. Mi ex no tardó en dejar de oponer resistencia a medida que quedaba cada vez más maltrecho, y aun así Yulia no dejaba de golpearlo. Había sangre por todas partes, y Yulia tenía el costado izquierdo manchado de rojo. 
—¡Yulia! —grité poniéndome de rodillas en el suelo—.¡¡¡basta!!! 
Pero no me oyó. Había perdido el juicio y sólo quería destruir a Sash, matarlo. La pistola, arrancada de la mano de Sash, había resbalado un par de metros por el suelo. Me arrastré hacia ella y la cogí. 
—Yulia , no le pegues más! ¡Ya está bien! ¡Se acabó! Yul... 
Pero nada de cuanto pudiera decir o hacer serviría de algo. Yulia tenía tanta adrenalina corriéndole por las venas que lo arrasaría todo a su paso. Yo nunca había visto tanta sangre. No podía creer que aún no hubiera perdido el conocimiento. 
—¡Maldita sea, Volkova, te necesito! —grité. 
Se detuvo y me miró, jadeando entrecortadamente. Vi que tenía los ojos un poco desenfocados. 
—Te necesito —repetí, levantándome del suelo. Fui hacia ella con paso tambaleante y le agarré del brazo—. Ven, vamos al sofá. 
Se resistió y bajó la mirada hacia Sash, quien yacía inconsciente en el suelo, con las facciones deformadas por la paliza. 
—Ya no hace falta que sigas —le dije a Yul, sin dejar de tirar de  ella—. Está inconsciente. Se acabó. Ven conmigo. Vamos. —Repetí las palabras varias veces, combinando la persuasión con las órdenes mientras la llevaba lentamente hacia el sofá. 
  
 
  
Yulia estaba líviao, y una serie de espasmos le recorrieron el rostro cuando el instinto 
asesino se disipó y el dolor de la herida empezó a ejercer sus efectos. Trató de sentarse pero el esfuerzo fue demasiado y acabó dejándose caer en el sofá, los puños suspendidos en el aire a mitad de camino. La bala le había dado en el costado, pero había tanta sangre que no podía ver el punto exacto por el que había entrado o la magnitud de la herida. 
Sin soltar la pistola, corrí a la encimera y cogí un puñado de paños de cocina limpios. Dejé la pistola encima de la mesilla del café y le abrí la camisa a Yulia, arrancándole los botones con las prisas. 
—lena —dijo , respirando con visible dificultad—, ¿te ha hecho daño? ¿Te...? 
—No; estoy bien. —Limpié la sangre y dejé al descubierto la herida, un orificio 
sorprendentemente pequeño y redondo. Pero no pude ver ninguna herida de salida, lo que significaba que la bala había entrado y se había desviado para alojarse en el costado, causando 
lesiones en los órganos... Quise llorar, pero contuve las lágrimas y cubrí 
la herida con los paños de cocina—. No te muevas. Voy a apretarte el costado para contener la hemorragia. 
Yulia dejó escapar un gemido cuando apreté los paños. Los labios se le estaban poniendo grises. 
—Tu oreja... 
—No es nada. Sash me pegó con la pistola, pero no fue... —Lo mataré... —Intentó levantarse del sofá. Volví a sentarle de un empujón. 
— ¡Estate quieta! Te han disparado. —Le cogí la mano y se la puse encima de los paños para que siguiera haciendo presión mientras yo iba por el teléfono—. Aguanta así. 
Llamé a la policía, a Dima y a Sergey , todo ello sin dejar de mantener los paños firmemente apretados sobre la herida. 
Sergey fue el primero en llegar. 
—Dios mío —dijo en cuanto vio la escena, mi ex marido que empezaba a recuperarse en el suelo, Yulia y yo en el sofá—. Lena, ¿estás...? 
—Estoy bien. Asegúrate de que Sash no hace nada más. 
Sergey fue hacia mi ex marido y se detuvo junto a él con una expresión que yo nunca le había visto. 
—A la primera ocasión —le dijo en un susurro letal—, te llevaré de vuelta al pozo de mierda del que saliste y te arrancaré las tripas. 
Entonces llegaron los de la ambulancia, seguidos poco después por la policía, mientras los 
guardias de seguridad del edificio se encargaban de impedir que ningún curioso entrara en el apartamento. No me di cuenta del momento exacto en que los policías se llevaron del apartamento a Sash, porque estaba pendiente de Yulia, quien caía en la inconsciencia y salía de ella, respiraba muy deprisa, y la piel se le había cubierto de un sudor frío. Parecía bastante desorientada, porque me preguntó al menos tres veces qué había pasado, y si me encontraba bien. 
  
—Todo va bien —murmuré, acariciándole el pelo alborotado al tiempo que le apretaba la mano mientras un enfermero le inyectaba suero—. No te muevas. 
—lena... quería decirte que... 
—Ya me lo  dirás después. — Cometí un... error... 
—Lo sé. No te preocupes. Ahora estate calladita y no te muevas. Intentó decir algo más, 
pero el otro enfermero le puso la mascarilla de oxígeno y unos parches para un monitor cardíaco, y luego ajustó un tablero estabilizador para transportarlo. Eran rápidos y eficientes. Lo que los profesionales de la atención sanitaria llaman la «hora crítica», que va desde el momento en que una persona recibe un disparo hasta que llega a un centro hospitalario, había empezado a correr. Si transcurren más de sesenta minutos antes de que esa persona sea atendida por un equipo médico, sus probabilidades de sobrevivir disminuyen en picado. 
Acompañé a Yulia en la ambulancia mientras Sergey nos seguía en su coche. Fue sólo por el bien de Yulia que conseguí mantener una apariencia de calma. Por dentro, sentía una angustia demasiado inmensa para que un corazón humano fuera capaz de soportarla. 
Llegamos a la entrada de ambulancias, y los enfermeros pusieron a Yulia encima de una camilla para transportarla. 
Naty y Vlad  ya estaban en urgencias, avisados por Sergey. Supuse que el resto de mi 
familia no tardaría en aparecer. No se me había ocurrido pensar en mi aspecto, con los ojos desorbitados y toda manchada de sangre, pero adiviné por sus expresiones que era muy 
preocupante. Naty se quitó la chaqueta para ponérmela sobre los hombros y me limpió la cara con unos pañitos para bebés que llevaba en su bolso. Cuando descubrió el bulto detrás de mi oreja, ella y Vlad  insistieron en que me examinara un médico, a pesar de mis protestas. 
—No pienso ir a ninguna parte, me quedaré aquí hasta que sepa cómo está Yulia... 
—lena —dijo Vlad , plantado ante mí—, ahora va a pasar un buen rato antes de que tengan algo que decirnos. Están comprobando su grupo sanguíneo, haciéndole radiografías y pasándolo por el escáner... No te perderás nada, confía en mí. Ahora deja que alguien le eche una mirada a esa cabezota tan dura que tienes. Por favor. 
Fui limpiada y vendada, y enviada de regreso a la sala de espera. Como había predicho Vlad , aún no se sabía nada. Yulia estaba en el quirófano, aunque nadie quiso decirnos para qué le habían llevado allí exactamente, o el tiempo que iba a durar la operación. Me quedé sentada en un rincón de la sala y miré la televisión sin verla, preguntándome si debería llamar a la madre de Yulia. Finalmente decidí esperar hasta tener alguna información sobre su estado —ojalá fuese tranquilizadora— para comunicarla junto con la noticia de que le habían disparado. 
Mientras esperaba, la culpa tiró de mí como las arenas movedizas. Nunca habría imaginado que Yulia acabaría cargando con las consecuencias de mis errores pasados. Si yo nunca hubiera tenido nada que ver con Sash... si nunca hubiera iniciado una relación con Yulia... 
—No pienses eso —oí la dulce voz de Naty a mi lado. 
  
  
 — ¿Qué es lo que no he de pensar? —pregunté con voz átona, mientras cruzaba las piernas sobre la dura silla de plástico. 
—Lo que sea que ha hecho que se te ponga esa cara. —Me pasó el brazo por los hombros—. Tú no tienes la culpa de nada. Eres lo mejor que le ha ocurrido nunca a Yulia. 
—Oh, evidentemente —musité, lanzando una mirada de soslayo a las puertas que conducían al quirófano. 
Naty me apretó los hombros con el brazo. 
—Cuando os vi juntos en la fiesta de las petroleras la otra noche, al principio no pude creer lo mucho que había cambiado Yulia. Nunca la había visto tan relajada y feliz. Como si por fin se sintiera a gusto consigo misma. Con lo convencida que estaba yo de que nadie podría hacer eso por Volkova . 
—Naty... algo ha ido muy mal durante los últimos dos días. Papá y el tío T.J. se... 
—Sí, ya estoy al corriente de eso. Sergey me lo contó todo. También me habló de algo que había sucedido hoy, algo que realmente necesitas saber. 
— ¿Qué es? 
—Creo que debería ser tu padre quien te lo contara. —Me empujó suavemente los hombros con el codo para que volviera la vista hacia la entrada de visitantes, por la que justo entonces estaban entrando Dima y mi padre. Naty se levantó y le hizo una seña con la mano para que viniera hacia nosotras, y papá se instaló en el asiento contiguo al mío. Y pese a toda mi ira y mi sensación de haber sido traicionada, me apoyé en él y puse la cabeza en su hombro, aspirando aquel olor a cuero que para mí siempre sería olor-de-papá. 
— ¿Qué ha pasado, bichito? —preguntó. 
Mantuve la cabeza apoyada en su hombro mientras se lo contaba. De vez en cuando él 
levantaba la mano y me daba unas palmaditas en el brazo. Parecía asombrado de que Sash hubiera llegado a hacer semejante disparate, y me preguntó qué había pasado para que se le cruzaran los cables de aquella manera. En un primer momento pensé explicarle que Sash siempre había sido así, que eran sus malos tratos los que habían destruido nuestro matrimonio. Pero luego decidí dejar esa conversación para un lugar y un momento más adecuados. Así que me limité a sacudir la cabeza, encogerme de hombros y decir que no tenía ni idea. 
Y entonces papá me sorprendió diciendo: 
—Yo sabía que Yulia iba a ir a verte esta noche. Levanté la cabeza para mirarlo a los ojos. — ¿Lo sabías? ¿Cómo te enteraste? 
—Me llamó a eso de las cinco. Me explicó que sentía haber aceptado el trato para 
arrendar los terrenos, y que ya le había dicho a T. J. que lo dejara correr. Dijo que el sábado no tenía la cabeza del todo clara, y que había sido una equivocación por ambas partes: nuestra por ofrecérselo, y suya por aceptarlo. 
—Tenía razón —me limité a decir. 
   
  
—Así que ya no hay trato —dijo papá. 
—¡Eso es lo que tú crees! Quiero que cumplas con tu parte del trato. 
Asegúrate de que  Yulia consigue el arrendamiento al precio justo que había ofrecido inicialmente, y dile a T. J. que se olvide de la bonificación. Y si haces 1o que te pido, significará que estás dispuesto a hacer otro intento de que tú y yo tengamos una relación padre-hija como es debido. 
Estaba decidida a que por una vez en su vida, Yulia Volkova fuera tratada con un mínimo de decencia. 
— ¿Y tú seguirás viendo a Volkovq? 
-Sí. 
Mi padre sonrió levemente. 
—Probablemente será lo mejor para todos, teniendo en cuenta lo que me contó sobre ti. — ¿Qué te contó? 
Mi padre sacudió la cabeza. 
—Volkova me pidió que lo guardara en secreto. Y he decidido que ya no interferiré. Aunque... Dejé escapar una risita temblorosa. 
— ¿Aunque qué? Maldita sea, papá, ¿por qué tienes que dejar de interferir justo cuando por fin tienes algo que quiero oír? 
—Una cosa sí que puedo decirte. He hablado con dos personas que querían explicarme lo que sentían por mi hija. Uno de ellos era Sash. Y no creí ni una palabra de todo lo que me dijo. No porque tú no merezcas que se te quiera. Sash sencillamente no sentía nada por ti. Pero Yulia Volkova ..., aunque es una sinvergüenza y cateto... hoy creí 1o que me dijo. No estaba tratando de venderme nada. Se limitó a decirme cómo estaban las cosas. Yo respeto eso. Y sea lo que sea lo que decidas hacer acerca de ella, también lo respetaré. 
  
Pasaron dos horas. Me paseé por la sala de espera, estuve sentada, vi la televisión, y me bebí no sé cuántos cafés que sabían fatal por mucha cantidad de sacarina y leche en polvo que llegara a echarles. Cuando pensaba que iba a estallar por la tensión, la puerta de la entrada se abrió. Un cirujano muy alto de pelo blanco se asomó y escrutó la sala de espera con la mirada. 
— ¿Hay aquí algún familiar de Yulia Volkova ? 
Corrí hacia él. 
—Soy su prometida —dije, pensando que eso podría proporcionarme más información—. Elena Katina . 
—Soy el doctor  Whitfield. Nos dimos la mano. 
—La señorita Volkova se ha gastado todas las reservas de suerte con ésta -dijo el cirujano—. La bala le rozó el bazo, pero ningún otro órgano resultó afectado. Casi un milagro. Lo lógico habría 
sido que la bala le perforara algún órgano vital, pero afortunadamente no fue así. Se la hemos extraído y hemos procedido a una reparación de sutura relativamente simple en el bazo para salvárselo. Dada la edad de la señorita Volkova y su excelente estado de salud, no hay razón para que surjan complicaciones de ninguna clase. Así que yo diría que pasará alrededor de una semana en el hospital, y luego se requerirán entre tres a cuatro semanas de reposo hasta que se encuentre completamente recuperado. 
La nariz y los ojos habían empezado a escocerme. Me pasé la manga por los ojos para secármelos. 
— ¿Así que no tendrá problemas a causa de esto en el futuro? ¿Insuficiencia de bazo o algo así? 
—No. Se recuperará completamente. 
—Oh, Dios mío. —Exhalé un trémulo suspiro. Fue uno de los momentos más gloriosos de mi vida. No, sin lugar a dudas el más glorioso de todos. Me notaba electrizada y débil al mismo tiempo, y noté que me faltaba la respiración—. Siento un alivio tan grande que me duele un poco el estómago. ¿Es posible eso? 
—Es alivio —dijo el doctor Whitfield con una sonrisa de comprensión—, o el café de la sala de espera. Más probablemente el café. 
El hospital permitía que los pacientes ingresados en la unidad de cuidados intensivos 
pudiesen recibir visitas las veinticuatro horas del día. Pero sólo podías quedarte quince minutos por hora, salvo en circunstancias especiales y autorizadas previamente por el personal de enfermería. Pedí a Vlad  que tirara de todos los hilos a su alcance para asegurar que yo pudiera entrar y salir de allí a voluntad. Mi hermano pareció encontrar gracioso que le viniera con ésas, y me recordó que en una ocasión yo había protestado airadamente ante la sugerencia de usar el poder y el dinero para obtener un tratamiento especial. Le dije que cuando uno estaba enamorado, la hipocresía tenía preferencia sobre los principios. Y Vlad  me aseguró que lo entendía, y me consiguió un permiso especial para pasar todo el tiempo que quisiera con Yulia. 
Pasé la mayor parte de aquella noche echando cabezadas en un asiento reclinable en la habitación de Yulia. Un hospital es el peor sitio del mundo si quieres dormir. Las enfermeras entraban cada hora para cambiar las bolsas del suero, comprobar los monitores y tomarle la temperatura y la presión sanguínea. Pero yo encajaba con sumo deleite cada una de aquellas interrupciones, porque me encantaba enterarme una y otra vez de lo bien que se estaba recuperando. 
Vlad fue al hospital en el día y me dijo que me llevaría en coche a mi apartamento 
para que pudiera ducharme y cambiarme de ropa. Yo no quería separarme de Yulia, pero debía de parecer algo sacado del cubo de la basura, y probablemente era una buena idea asearme un poco. 
Yulia había despertado cuando regresé a las siete, y no se mostró nada contenta, por 
decirlo suavemente, cuando se vio en una cama de hospital con una serie de monitores conectados a su cuerpo. Entré justo a tiempo de oírle discutir con una enfermera, a la que exigía que le quitara el suero al tiempo que se negaba en redondo a tomarse el calmante prescrito. No quería que le examinaran y le hicieran ninguna prueba, dijo. Se encontraba perfectamente. Lo único que necesitaba era un vendaje y una bolsa de hielo. 
  
  
Pude ver que la enfermera disfrutaba de lo lindo discutiendo con aquella mujer de ojos azules que se hallaba a su merced, y no se lo reproché en lo más mínimo. Yulia parecía perdida y un poco preocupada, y entre una cosa y otra la verdad es que estaba para comérsela. 
Y era mía. 
—Yulia Volkova —dije entrando en la habitación—, pórtate bien o te piso el tubo. La enfermera pareció un poco sorprendida por aquella salida surrealista. 
Pero la mirada de Yulia sostuvo la mía en un instante de alto voltaje y enseguida le vi relajarse, tranquilizado de una forma que nunca estaría al alcance de las muestras de conmiseración expresadas con voz cantarina. 
—Ese truco sólo funciona cuando el tubo sirve para darte oxígeno —dijo. 
Fui hacia la bandeja que había encima de la mesilla y cogí las pastillas de Vicodina que la enfermera había intentado hacerle tomar con un trago de agua. 
—Tómatelas —dije——. Sin rechistar. 
Yulia obedeció, lanzándole una mirada de soslayo a la 
enfermera, que tenía las cejas ligeramente enarcadas. 
—Es menuda —le dijo yulia—, pero tiene muy malas pulgas. 
La enfermera se fue, sin duda preguntándose por qué semejante pedazo de tía no había podido encontrar una amiguita más simpática. Cuando la puerta se hubo cerrado, dediqué unos momentos a ocuparme de Yulia, alisándole las sábanas y ahuecándole la almohada.Su mirada no se apartó de mi cara ni un solo instante. 
—Elena —me dijo en voz baja cuando hube acabado—, sácame de aquí. Nunca había estado en un hospital. No aguanto estar enchufado a todos estos cacharros. Lo único que necesito es... 
—Deja de resistirte —le dije—, y saldrás de aquí mucho antes. — Le besé la frente—. ¿Te portarás bien si me meto ahí contigo? 
Sin ninguna vacilación, Yulia se escurrió hacia un lado de la cama, con un gemido de dolor a causa del esfuerzo. Yo me quité los zapatos y subí a la cama con cuidado, apoyando la cabeza en el hueco del brazo de Yulia. Suspiró profundamente, un sonido de pura satisfacción. 
Rocé su cálido cuello con los labios y aspiré su aroma. Tenía un olor entre antiséptico y 
medicinal, como si le hubieran rociado con alguna colonia de hospital. Pero bajo aquel vacío 
esterilizado enseguida encontré esa fragancia suya que había llegado a resultarme tan familiar.  —Yulia —murmuré, acariciándole la muñeca—, ¿por qué aceptaste ese ridículo trato que te ofrecieron T. J. y papá? ¿Y por qué te echaste atrás después? 
Su mano encontró la mía, y sus largos dedos se cerraron sobre mi palma. 
—Me puse un poco fuera de mí después de ver a mi padre la noche del viernes. — ¿Sí? Pues no me di cuenta. 
  
—Le pagué la fianza y lo dejé en un motel con algo de dinero. Y le dije que se largara con viento fresco. Pero lo que no te conté... debería haberlo hecho.., es que él y yo estuvimos hablando durante unos minutos. Y me dijo... —Yulia me apretó la mano más fuerte. 
Esperé sin decir nada mientras respiraba hondo con inspiraciones entrecortadas. 
—Mi padre se cabreó bastante cuando le dije lo que le haría si volvía a llamar a mamá — 
musitó finalmente—. Dijo que le hacía mucha gracia oírme decir eso, porque yo había sido la razón de que se casaran. Mamá había dejado de salir con mi padre, pero entonces tuvo que volver a juntarse con él porque se había quedado embarazada. Yo tuve la culpa de que acabara teniendo que vivir con ese hijo de perra. Toda su vida ha sido un infierno por mi culpa. Ha sufrido... 
—No, Yulia. —Me incorporé sobre el codo y clavé la mirada en el oscuro azul de sus ojos—. Tú sabes que eso no es cierto. Sabes que no tuviste la culpa. 
—Pero eso no quita que, si no hubiera aparecido yo, mamá nunca se habría casado con él. Y en cuanto mi padre la tuvo a su merced, le arruinó la vida. 
Yo entendía sus sentimientos pese a que discrepara bastante de su lógica. Pero su angustia y esa culpa irracional que sentía no podían ser disipadas con unos tópicos dichos para cubrir el expediente. Yulia necesitaba tiempo y amor para lograr hacer las paces con la verdad. Y yo tenía más que suficiente de ambas cosas para darle. 
Me besó la cabeza. 
—Odio ser su hija —dijo con la voz más profunda y ronca que escuchara últimamente—. Odio la mitad de mí que es él, y puedo sentirla, esa parte que es un sucio hijo de perra que sólo sabe hacer daño a quienes lo rodean, y cuando Sergey y T. J. vinieron a mí con ese trato, pensé que por qué no. Iba a tener que dejarte de todas maneras. Porque te amaba demasiado para arrastrarte al fondo del pozo conmigo. Levanté la mano para acariciarle la rígida mandíbula. — ¿Por qué cambiaste de opinión? —susurré. 
—En cuanto me hube calmado un poco y tuve ocasión de pensar, me dije que... te amaba lo 
suficiente para tratar de merecerte. Yo haría cualquier cosa, sería cualquier cosa, por ti. Anoche fui a tu apartamento para suplicarte que me dieras otra oportunidad. Estaba muerta de miedo, porque pensaba que a lo mejor no me perdonarías lo que pasó la noche del viernes. 
El cuerpo se le había puesto tan caliente que me pregunté si no se estaría sonrojando también. 
—Temía que pudieras pensar que me había pasado de la raya. La verdad es que estuve 
demasiado brutal contigo. Y después de todo lo que habías tenido que aguantar con Sash... Bueno, tenía miedo de que no quisieras volver a hacerme un hueco en tu vida. Así que decidí ir a tu apartamento para decirte lo mucho que lo sentía. Lo delicado que iba a ser de ahora en adelante. E incluso si no querías volver a hacerlo conmigo, pensaba que ojalá me permitieras... aunque sólo fuera estar cerca de ti, al menos. Por si alguna vez te hacía falta para algo. 
Nunca le había oído hablar con semejante humildad, nunca había imaginado que eso fuera posible. Guié su cara hacia la mía hasta que nuestras narices casi se tocaron. 
   
 
—Me haces falta para muchas cosas, Yulia. Para una vida entera de cosas, me besó con un vigor sorprendente, su boca cálida y exigente. 
— ¿Sabes? —dije, arqueándome un poco mientras me besaba el cuello—, les he dicho a las enfermeras que estábamos comprometidos, para que me dejaran quedarme aquí contigo. 
—Odiaría hacerte quedar como una mentirosa —repuso mientras me alisaba los cabellos—. Pero después de lo que sucedió anoche, te sientes enormemente agradecida y no quiero aprovecharme de ello. Así que mañana, cuando la gratitud se haya disipado... probablemente te pediré que te cases conmigo. 
—Y yo probablemente te responderé que sí. 
Yulia atrajo mi frente hacia la suya, y me sumergí en las brillantes profundidades azules de sus ojos. — ¿Pronto? —susurró ella contra mis labios. — 
Cuando tú quieras. 
Cuando me puse a pensar en ello después, se me ocurrió que probablemente debería haber estado nerviosa ante la perspectiva de volver a casarme, vista mi experiencia anterior. Pero todo era diferente con Yulia. Su amor carecía completamente de condiciones, lo que me parecía el regalo más grande que un ser humano puede hacerle a otro. 

— ¿Sabes? —le dije en nuestra noche de bodas—, soy igual cuando estoy contigo que cuando estoy sin ti. 
Y porque yuli entendía lo que yo quería decir con eso, me tomó en sus brazos, muy cerca de su corazón. 

Corsca45

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Re: EL DIABLO TIENE OJOS AZULES

Mensaje por Anonymus el Lun Dic 29, 2014 3:59 pm

Se merecia la cagada de su vida Sash ojala y pasara en la vida real Twisted Evil Twisted Evil Twisted Evil ajajja muy buena historia me encanto!

Anonymus

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Re: EL DIABLO TIENE OJOS AZULES

Mensaje por Corsca45 el Mar Dic 30, 2014 10:37 pm

 
  EPÍLOGO 
  
—Está hablando por teléfono, señora Volkova —dice la secretaria de Yulia—. Pero me ha dicho que la hiciera pasar en cuanto llegara usted. 
Estoy en las oficinas que Yulia tiene en el Fannin, un rascacielos de aluminio y cristal que parece dos piezas de rompecabezas ensambladas. 
—Gracias —le digo a la secretaria, y me encamino hacia el despacho de mi mujer y entro.  Yulia está sentado detrás de su escritorio, la chaqueta tirada de cualquier manera encima de un asiento. Se ha aflojado el nudo de la corbata y su camisa arremangada revela unos antebrazos musculosos, como si no acabara de sentirse cómodo en su atuendo de negocios. «Final ente mia>>, pienso, con una punzada de placer posesivo. 
Pronto llevaremos un año casadas, y todavía no he acabado de acostumbrarme a que Yulia sea mía. Lo de ahora no se parece en nada al matrimonio que tuve con Sash. Mi ex ya no representa una amenaza para mí ni para nadie, pues fue hallado culpable de dos agresiones con agravantes y enviado a la penitenciaría de Texarkana. Y Vanessa Flint acabó yéndose de Houston. Lo último que supe de ella fue que había encontrado trabajo como ayudante de dirección en una compañía de fertilizantes en Marfa. 
No dedico mucho rato a pensar en el pasado. Una bendición del cielo que los seres humanos damos por descontada es que podemos recordar el dolor sin que el hacerlo suponga tener que experimentarlo de nuevo. El dolor de las heridas físicas se desvaneció hace mucho tanto para Yul como para mí. Y la otra clase de dolor, el daño que nos hicieron en el alma, también se ha curado. Ambas procuramos mantenernos a una prudente distancia de las viejas cicatrices de la otra. Y nos deleitamos en este matrimonio que estamos creando, profundizando, un poco más cada día. 
-… quiero que te expliquen con pelos y señales cuál es la clase de fluido que planean inyectar dentro de esa grieta —está diciendo Yulia. 
Reprimo una sonrisa, mientras pienso que a estas alturas ya debería estar acostumbrada a que la jerga que utilizan los magnates del petróleo suene a chiste de viejo verde. 
-… lo que me interesa no es tanto el ritmo de extracción como los aditivos que utilizan en el proceso. —Yulia hace una pausa para escuchar —. Sí, de acuerdo, pero los secretos de la tecnología de estimulación me la traen floja. Será mi cabeza la que la Agencia de Medio Ambiente querrá clavar en una estaca si se les ocurre contaminar Los acuíferos, y... 
Se calla en cuanto me ve, y la cara se le ilumina con una sonrisa deslumbrante que, como me sucede cada vez que la veo, me deja un poco mareada. 
—Oye, ya acabaremos de aclararlo más tarde —dice al teléfono—. Me ha surgido algo. Vale. 
Deja el teléfono a un lado y rodea e1 escritorio. Medio se sienta, medio se inclina sobre el borde, y extiende los brazos hacia mí para ponerme entre sus muslos. 
—La chica de los ojos verdes —murmura, al tiempo que me da un beso. 
— ¿Estabais hablando del último grito en tecnología estimuladora? —pregunto mientras le echo los brazos al cuello. 
—Formas de extraer el petróleo acumulado en los estratos de baja permeabilidad que 
resultan inaccesibles para los métodos convencionales —explica —. Inyectas fluido en el agujero de perforación hasta que ese fluido agranda las grietas subterráneas, permitiendo que el petróleo fluya a través de ellas. —Sus manos me recorren la cintura y las caderas—. Estamos trabajando con un nuevo grupo de fracturación hidráulica. 
—Podrías haber acabado tu conversación —le digo. —No quería que te aburrieras. 
—Qué va. Me encanta oírte hablar de negocios. Siempre suena un poco picante. 
—No acabo de tener claro en qué estás pensando —sonríe Yulia, y su mano desciende hacia mi trasero—, pero me parece que debo de haberlo hecho unas cuantas veces. 
Amoldo mi cuerpo al suyo. 
—Oh, admito que tenía ciertas connotaciones sexuales —le 
explico—. Digamos que desde que eres adulto toda tu vida ha sido un poco subida de tono. 
Una chispa de diversión brilla en sus ojos azules. 
—Pero ahora únicamente contigo. —Me besa muy despacio, como si quisiera hacerme una demostración práctica de lo que quiere decir—. Len, cariño... ¿cómo ha ido la visita? 
Últimamente hemos empezado a hablar de tener hijos. Yulia parece dispuesta pero no muy entusiasmada, mientras que yo comienzo a sentir lo que tiene que ser un imperativo biológico. Quiero tener un hijo con Yul . Quiero que tengamos nuestra propia familia. Ignoro lo que pueda depararnos la vida, pero sé que sea lo que sea lo afrontaremos juntas. 
—El ginecólogo dice que estoy sanísima y que por mí no hay problema —le digo—. Ahora lo demás depende de ti. Yulia ríe y me estrecha contra su pecho. — ¿ Cuándo empezamos? 
— ¿Esta noche? —Inclino la cabeza hacia atrás con una sonrisita indolente mientras los labios de Yulia bajan por mi cuello. — ¿ Qué te parecería adelantarlo a la hora de comer? —sugiere. —Ni hablar. Quiero música romántica y un rato de preliminares. 
Siento la curva de su sonrisa en mi piel. Pero cuando levanta la cabeza y me mira a los ojos, la sonrisa se desvanece. 
—lena... no sé si seré capaz de ser un buena madre. ¿Y si no lo hago bien? 
Me conmueve su preocupación, su constante deseo de ser la pareja que ella cree que me merezco. Incluso cuando discrepamos acerca de algo, no me cabe duda de que soy adorada. Y respetada. Y sé que ninguno de las dos da por sentado que tenga derecho a contar con la otra. 
 
He llegado a comprender que nunca puedes ser realmente feliz a menos que antes hayas 
conocido algo de pena. Yulia y yo hemos tenido que pasar por cosas terribles en nuestras vidas, pero fueron precisamente esas cosas las que crearon estos nuevos espacios interiores en los que puede morar la felicidad. Por no hablar del amor, claro. Tantísimo amor que parece como si la amargura no tuviera cabida en ninguno de los dos. 
—Creo que el hecho de que estés tan preocupada por eso —le digo— significa que probablemente serás una madre maravillosa. 
Yulia sonríe y me atrae hacia su cuerpo, ese cálido refugio en el que siempre me siento segura y a salvo. Me estrecha entre sus brazos, y la sensación es maravillosa. Es todo lo que me hace falta en la vida. 
—Decidido —dice, su voz amortiguada por mi pelo—. Tendrás derecho a la hora del 
almuerzo, cariño. Coge tu bolso. Disponemos de tiempo para unos cuantos preliminares, pero me temo que no habrá música romántica. A menos que consigas encontrar algo en la radio del coche mientras vamos de camino al apartamento. 
Giro la cabeza y encuentro sus labios, y descubro que es prácticamente imposible sonreír y besar al mismo tiempo. No tengo ninguna intención de discutir. 
— ¿Quién necesita música romántica? —digo. 
Y unos minutos después estamos camino de casa. 
  
  

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Re: EL DIABLO TIENE OJOS AZULES

Mensaje por xlaudik el Miér Dic 31, 2014 11:45 am

Gracias x adaptarlo, te quedó excelente :-D

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Re: EL DIABLO TIENE OJOS AZULES

Mensaje por Admin el Lun Ene 05, 2015 12:11 am

Gracias Corsaca45 por ayudarme con la ardua tarea de adaptar así mismo invito a quienes quieran ayudarme a adaptar otras historias, tengo bastantes en mi colección y sigue aumentando por si les interesa...
Gracias por tomarte tu valioso tiempo en adaptar.

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Re: EL DIABLO TIENE OJOS AZULES

Mensaje por flakita volkatina el Vie Sep 04, 2015 1:56 pm

Muy buena la adaptacion momentos dolorosos incluso d la vida real pero genial como queda la trama... aunq seria aun mejor q hubiera una segunda part.. pero en muy buen sentido me ah gustado much

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Re: EL DIABLO TIENE OJOS AZULES

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