Chica Geek

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Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Mar Mar 10, 2015 12:15 pm

Sinopsis
Crees que puedo hacer que aquella chica se vuelva mala?
Len, de diecisiete años, vuelve su vida al revés cuando, por puro aburrimiento, hace la apuesta de que puede convertir a la geek de la escuela en alguien como ella.
En lugar de ello, la chica gótica se encuentra sumergida en su mundo de películas de ciencia ficción, obras de caridad, e incluso —¡ugh!— bowling.
Pero para pertenecer realmente con ella —y con su nueva familia adoptiva— ella debe primero lograr conciliarse con su violento pasado.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Mar Mar 10, 2015 12:16 pm

La Apuesta


Creen que puedo hacer que ella se convierta en una chica mala?
Mis dos mejores amigas —mis únicas dos amigas, en realidad— Ella y Beth, siguen mi mirada y se ríen. Estamos sentadas en las afueras de la cafetería, marginadas física y socialmente. Estamos orgullosas de esto. Nos hemos esforzado para ello.
— ¿Yulia volkova? —se burla Beth—. De ninguna manera, Len.
— Apuesto que sí puedo —digo, mordiendo mis uñas pintadas de negro mientras miro a mi objetivo.
— De ninguna manera. —Están de acuerdo ambas.
Miro a Yulia Volkova y mi sonrisa se amplía. Es tan nerd, con su aspecto de niña buena. Algo lindo, en realidad. Pero siempre tiene su camisa abotonada hasta arriba y es una estudiante que sólo obtiene ―A‖ a quien todos los maestros adoran. Es el algo de la clase Junior… no la presidente sino alguno de los otros cargos que lo acompañan. Es algo distinta a los otros geek ya que ella es… una geek genial, supongo. No usa gafas, ni tiene asma. Pero está firmemente arraigada al escuadrón nerd, siendo una nerd hasta la médula ella misma.
— Apuesto que podría —digo, encogiéndome de hombros—. Podría ser divertido.
¿Diversión es algo que necesito desesperadamente. No puedo decírselo a Beth y a Ella, pero mi vida se ha convertido en un aburrido ciclo de tediosa monotonía. Me levanto, voy a la escuela, voy a casa, evito a las personas con las que vivo tanto como es posible, y salgo a hurtadillas los fines de semana para ir de fiesta con mis amigas. Hubo un tiempo en que eso era algo que esperaba con impaciencia. Ahora tengo que tomarlo con calma ya que esta nueva familia bien intencionada a la que me han endosado tiene a un agente de la división antidrogas como padre, quien parece ser capaz de observar todo lo que ocurre a un kilómetro de distancia.
La primera vez que llegué a casa luego de una fiesta, había sido sometida a horas de un sermón sensiblero acerca de los peligros de las drogas y el alcohol, con mucho llanto por parte de la madre y mucha entrega de hechos por parte del padre hasta que quise arrancarme el cabello. Me castigaron, lo que significó pasar más tiempo en su irradiante presencia de caridad.
Hubiera preferido que me gritaran o me golpearan —puedo lidiar con esas cosas. Haré casi cualquier cosa por evitar otro sermón y castigo como ese.
— ¿Por qué ella? —pregunta Beth—. ¿Por qué no uno de los otros nerd sentados con ella?
— Porque —digo lentamente, como si debiera ser obvio para ellas—, ella no es la típica geek del montón. Cualquiera de esos otros idiotas alucinaría inmediatamente si una chica como yo se atreviera a hacer tanto como tocarlo. Pero ella es distinta. Es una geek, ¿verdad? Quiero decir, ninguno de los deportistas saldría con ella porque no es una porrista, pero todos la conocen, hablan con ella, usan su ayuda para sus tareas, lo que sea. Y ella es la… tesorera… o algo así de la clase Junior. Ella sería un poco más difícil de derribar, un reto mayor y más satisfactorio, ¿saben?
Se ríen otra vez. Se miran, silenciosamente accediendo al plan, una extraña habilidad que las dos poseen, probablemente porque son gemelas idénticas, diferenciables a la vista sólo por el pequeño lunar sobre el labio de Ella… amplificado con un lápiz de cejas.
— Si es que puedes hacerlo —dice Ella, pensativa—, nosotras pagaremos para que puedas volver a perforar tu labio.
Eso sí que valdría la pena. Mi actual familia de acogida tiene una regla de ―ningún piercing en el rostro‖, que realmente arruina mi estilo. Al menos hasta ahora no han sido prohibidos mi cabello, maquillaje, o elección de ropas porque, como mi bien intencionada nueva madre de acogida dice, esas cosas no son permanentes. Eso sirve para demostrar lo mucho que sabe.
Tendré que esperar hasta el verano para volverme a perforar ya que será cuando esté lista para mi gran explosión, de forma que logre ser expulsada y pueda mudarme con los siguientes incautos bien intencionados. Ha sido mi modus operati por casi tanto tiempo como he estado circulando, por lo que no veo ninguna razón para detenerme ahora, incluso si con quienes estoy ahora no son tan malos. Aunque comparado con lo que he vivido, eso no es decir demasiado.
— Es un trato —le digo, enganchando los meñiques primero con Ella y luego con Beth en nuestro tradicional gesto de promesa. Vine a esta misma escuela el año pasado, aunque vivía con una familia diferente en ese entonces, así que he tenido oportunidad de conocer a algunas personas bastante bien. Fue pura suerte ser ubicada con una nueva familia dentro de la zona de la misma escuela. Ella y Beth son mis chicas, me incorporaron firmemente en su círculo cuando me reconocieron como un alma gemela por primera vez.
Beth toca mi labio en el punto en que la cicatriz dejada por el piercing anterior se muestra tenuemente.
— ¿Cómo vas a explicárselo a Sombrero de Paja?
Este es el sobrenombre con el que llamamos a la mamá de acogida, en referencia a su afición por los sombreros de paja cuando trabaja en su jardín. Los sombreros son completamente ridículos.
— Mi tiempo se acaba este verano, así que será un buen catalizador.
Ella y Beth conocen mi historia; entienden sin explicación alguna.
— Te extrañaremos —dicen al mismo tiempo.
— Pero no vas a ganar usando a esta como apuesta —dice Ella, indicando a Yulia con un movimiento de su cabeza. Como si confirmara sus palabras, ella pone una cara tonta al resto de sus igualmente tontos amigos, quienes estallan en tontas risas. Y luego dirige sus ojos hacia Marcus , un chico completamente hogareño que se sienta en la mesa.
Competencia, ¿eh? Medito.
Lo observo durante un minuto. Es completamente inconsciente de que la actuación de Yulia fue para él. Él está sentado en silencio, comiendo su almuerzo tímidamente con su cabeza hacia abajo. Tiene el cabello largo, liso, castaño ratonil, gafas, y ropas de nerd sin forma cubriendo su cuerpo igualmente nerd y desprovisto de formas.
Es perfecto para Yulia.
Sonrío. No es competencia para mí. Soy su opuesto en todo sentido, pero cuando haya acabado con ella, reconocerá a Marcus por el Ratón que es.
Me pongo de pie y me giro hacia el lugar donde Beth y Ella se sientan aún.
Un volante colgando sobre sus cabezas llama mi atención. Lo saco con una sonrisa y se los entrego.
— ¿Un baile escolar? —Se hacen eco juntas, horrorizadas.
— Un baile —digo con firmeza—. Esta noche. Vamos a ir.
Vuelvo a mirar hacia el lugar donde Yulia está sentada, erguida y alta, como corresponde a un nerd de su categoría.
— Esta noche, comienzo —les digo, alejándome mientras ellas estallan en carcajadas detrás de mí.

⊕⊗⊕

Nos presentamos en el baile. Tienen que admitirnos a pesar de nuestro abundante delineador negro, labios rojo cereza, cabello negro con mechas rojas, ajustadas camisetas y minifaldas negras complementadas con medias a cuadros hasta el muslo y botas negras. Quieren rechazarnos, estas chicas que parecen animadoras, pero tienen que dejarnos entrar: tenemos identificaciones de estudiante.
Nos dirigimos hacia la esquina donde algunos de nuestra ―clase‖ permanecen de pie, los menos atreviéndose a desafiar algo tan común como un baile escolar. Hay que admitirlo, esto es mayormente porque es un buen lugar para reunirse mientras decidimos a la casa de quién podemos ir de fiesta esta noche. Y esta noche probablemente tiene que ver un poco con el hecho de que conocen mi plan y están aquí para observarme comenzar mi juego.
Busco a Yulia casi de inmediato, no es algo difícil de hacer con toda la manada nerd agrupada en un solo lugar. Diversos grados de nerdosidad se apiñan unos con otros, ninguno de ellos baila.
— Ahí está tu novia —dice Ella con sarcasmo, siguiendo mi mirada.
— Observa —digo, dirigiéndome hacia ella. El baile está en pleno desarrollo, adolescentes sudorosos rebotan con el ritmo.
— ¡Oye! —grito. Ella no mira. Toco su brazo, y se gira, sorprendida cuando me ve a mí frente a ella. Probablemente hubiera esperado más ver una cebra parlante—. ¿Quieres bailar? —pregunto con lo que espero sea una mirada seductora. Ahora, pienso, es cuando su expresión se llenará de desagrado y se dará vuelta, volviendo mi objetivo más difícil… y dándoles a mis amigas un montón de diversión.
Pero no lo hace.
— Seguro —accede, ignorando a sus amigas que sí tienen miradas de disgusto. Estoy sorprendida de que ella accediera, pero logro ocultarlo detrás de una sonrisa destinada a volverla gelatina. No se vuelve gelatina, aunque sí tiene una mirada de vaga perplejidad en sus ojos. Me sigue a la pista de baile, y comenzamos a movernos.
No es una mala bailarina.

Decido dejarla ir luego del primer baile, la antigua estrategia de ―ataque y retirada‖, y doy un paso atrás, dejando claras mis intenciones. Ella se sonroja, insegura de qué hacer.
—Gracias —dice, mientras comienzo a alejarme.
Ella acaba de agradecerme, pienso mordazmente.
Idiota.
Pero me abstengo de poner los ojos en blanco y sonrío otra vez, extendiendo mi mano para darle un apretón a su brazo. Todavía no se vuelve gelatina, pero definitivamente algo cambia en sus ojos.
Mantengo un ojo en ella por un rato, asegurándome de que esté consciente de ello. Estoy siempre en medio de su línea de visión, siempre observándola, asegurándome de que esté al tanto de mi atención. Ella se vuelve primero en cada ocasión, confundida, y tal vez un poquito nerviosa por mi atención inesperada y sin precedentes.
— ¿Cómo va el plan? —pregunta Beth mientras camina hacia mí, observando cómo Yulia, una vez más, mira en mi dirección para ver si todavía estoy mirando.
— La tengo pensando —le digo.
— La tienes asustada —me corrige.
— Tal vez un poquito —le concedo—. Pero principalmente curiosa, creo. Y ya sabes lo que dicen sobre la curiosidad.
— Ella no es un gato —dice ella.
— Seguro que sí. Todos ellos lo son.
Ella me dirige una mirada extraña. Estoy a punto de explicar que un animal sin importar su nombre… pero entonces alguien me llama.
— Hola, Len.
Me doy la vuelta, molesta con quien sea que esté alejando mi atención de mi objetivo, y veo a Sash. Sash es una especie de enigma para mí. Creo que siente algo por mí, pero se niega a actuar. Él es definitivamente mi tipo: largo y grueso cabello negro, ajustados pantalones negros de tiro bajo, delineador negro; orejas, lengua y labios perforados. Es alto, delgado y raro.
Usualmente está colocado. Sash es más que definitivamente mi tipo.
— ¿Qué hay, Sash? —pregunto con desdén, girándome para observar a Yulia otra vez… sólo para ver que ella está mirando en mi dirección, observándome. Le doy una ligera sonrisa; ella se sonroja por haber sido atrapada y se vuelve hacia sus amigos. Noche y día.
Una canción lenta comienza, e intensifico mi mirada, moviéndome hacia él.
Uno de sus seguidores geek mira significativamente en mi dirección.
Obligada, curiosa, Yulia se vuelve hacia mí, y trabo mi mirada con la suya mientras camino hacia ella, dejando a Sash y Beth detrás de mí, una esquina de mi boca se levanta al darme cuenta de cómo riman sus nombres. Tal vez ellos deberían empezar a salir.
Yulia parece insegura cuando continúo mi deliberado camino hacia ella, pero se pone de pie a medida que me acerco. Inclino mi cabeza hacia la pista de baile en una invitación silenciosa, y ella me sigue sin responder. Coloca sus brazos suavemente alrededor de mi cintura, sosteniéndome a una distancia respetable. Estoy sorprendida por la solidez de sus hombros bajo mis manos, no son suaves en absoluto.
Me muevo más cerca. Ella retrocede un poco.
—Buena canción —digo en voz baja.
Sacude su cabeza, indicando que no puede oírme. Me inclino hacia ella y, con miedo de estar siendo grosera, se inclina para escuchar lo que estoy diciendo.
—Me gusta esta canción —digo, aunque nunca antes la he oído y no tengo idea de quién está cantando.
—Sí, a mí también —dice, y me aferro con firmeza, sin permitir que retroceda de nuevo. Una vez más, temerosa de estar siendo descortés, no me aleja, aunque está rígida. Es tan nerd.
Huele bien, limpia.
Tan pronto como la canción termina, sus manos caen. Yo me sostengo un poco más, y luego dejo que mis brazos se alejen lentamente, rozando su pecho, lo que provoca ese cambio en sus ojos otra vez.
—Gracias —le digo con voz ronca, inclinándome en su dirección nuevamente, ganándole en la cortesía, pero mi agradecimiento no es igual al suyo, y ella lo sabe.
Me doy la vuelta y camino hacia mis amigas, oscilando las caderas un poco, y ellas me sonríen.
—¿Todavía está mirando? —pregunto.
—Oh, sí —dice Beth.
—¿Qué le hiciste? —pregunta Ella—. No se ha movido. Parece…
—… una cachorra enferma de amor. —Terminan juntas, rompiendo en carcajadas.
Sash no parece feliz. Oh, bueno… si te duermes, pierdes. Ahora tendrá que esperar su turno porque voy a tener que enfocar toda mi atención en mi nueva meta. Y en el premio, agrego mentalmente, colocando un dedo sobre mi labio desnudo. Me vuelvo a girar para ver a Yulia, quien todavía está mirándome, con la apariencia de estar en shock. Todavía estoy tocando mi labio, y sus ojos se enfocan en esta acción. Le sonrío, dulcemente pero con una pequeña trampa en ello en buena medida.
Esto parece descongelarla, y se gira alejándose rápidamente. Lo observo mientras va donde están sus amigos y dice algo de forma urgente. Todos ellos están sorprendidos y hablan un poco frenéticamente. Pero ella sacude su cabeza con firmeza y se aleja mientras ellos la miran confundidos. Cuando se acerca a la puerta, me mira. No parece feliz. Antes de que yo pueda sonreír, da la vuelta y se va.
Una lenta sonrisa cruza mi rostro.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Miér Mar 11, 2015 5:00 pm

La Casa de los Brady… ¿O es la de los Cleavers?


Me convierto en una acosadora en la escuela, saliendo de mi camino para estar en el suyo, mirándola y sonriéndole. Es insegura, pero amable, así que sonríe en respuesta, un poco indecisa. Sus sonrisas son siempre pequeñas y breves. Si estoy con alguno de mis amigos, parece intimidada y evitará el contacto visual, sin importar cuanto yo lo intente.

Pero si estoy sola, entonces hace contacto visual, y aunque sus sonrisas no son exactamente lo que esperaría que fueran, al menos están ahí. Ella presta atención. Sus ojos reflejan su confusión.

Mis amigos se divierten, excepto Sash, por supuesto.

Luego de un par de semanas de esto, aumento la apuesta y comienzo a saludarla. La primera vez que lo hago, ella en verdad se detiene en seco, sorprendida. Sigo caminando. Pero la vez siguiente no es tan impactante, y la geek me saluda, aunque su voz es insegura y sólo lo dice cuando ya casi estoy lejos de ella. No querría ser descortés, supongo. Aunque, esa sensibilidad es algo que puedo usar en mi misión.

Un viernes por la tarde, luego de haber conseguido que diga hola cuando paso junto a ella y le sonrío; camino directamente hacia ella mientras está de pie frente a su casillero abierto.

Su casillero está, por supuesto, pulcramente organizado y limpio, con sus numerosos libros ordenados en el estante. No hay fotografías o algo que lo haga parecer suyo. Y definitivamente no se parece al caos que es mi casillero.

—Hola —digo. Ella me mira, sorprendida—. ¿Quieres ir a una fiesta el sábado? —le pregunto rápidamente antes de que pueda entrar en pánico—, ¿conmigo?

Ella está sin palabras. Finalmente, luego de largos segundos, hace una pequeña negación con la cabeza, pestañeando lentamente.

—Lo siento, no puedo. —Se vuelve hacia su casillero, descongelada por sus palabras, sacando libros para su fin de semana de tareas—. Invité algunos amigos a mi casa. Películas, comida, ese tipo de cosas —dice como si no pudiera detener las palabras. Sus cejas se juntan en algo parecido a una expresión de perplejidad. Buena excusa, pienso, pero luego me sorprende—. Puedes venir si lo deseas —dice con indiferencia, aún sin mirarme. Sin embargo, su suspiro de desconcierto lo delata.

No, no quiero, absolutamente no. Dame un respiro.

¿Pasar mi única noche libre del fin de semana junto a al Grupo de Geeks?

Sin embargo, no puedo darle una razón para que dude de mis intenciones hacia ella. Me mira —si sus cejas tensas son una indicación— a punto de retirar su invitación.

—Seguro, ¿por qué no? —digo rápidamente. Puedo decir que está sorprendida, pero no se retractará ahora. Es demasiado educada para hacer eso. En cambio, me da su dirección, escribiéndola cuidadosamente en un trozo de papel, claramente dudosa de que apareceré.

—Nos vemos. —Doblo el papel, le sonrío, y comienzo a alejarme.
—Uh, ¿Elena? —Está claramente incómoda diciendo mi nombre.
—Lena—digo.
—¿Qué?
—Mi nombre… prefiero que me digan Lena.
—Oh, está bien. Lena. —Se encoge de hombros, desconcertada, y carraspea—. Quieres… quiero decir, ¿no quieres saber a qué hora tienes que venir?
—Oh sí, por supuesto.
—Um, ¿alrededor de las siete?
—Entonces, te veo a las siete, Yul.
—Yulia —dice—. Prefiero que me llamen Yulia.

Sonrío seductoramente y ella se sonroja, alejándose.

⊕⊗⊕

Beth y Ella se ríen tan fuerte cuando se los cuento que caen lágrimas por sus mejillas.

—Quiero ser una mosca en la pared en esa fiesta —dice Beth.
—Si es que puedes llamarlo fiesta —añade Ella, lo que las hace reír aun más fuerte.
—Diviértete —dicen sarcásticamente, limpiando sus ojos.

Toco mi labio en donde pronto pondrán la perforación y las ignoro.

⊕⊗⊕

El sábado camino hacia la casa de Yulia, una perfecta y pequeña casa de dos niveles con tragaluces, jardineras con flores primaverales, y césped cortado en pequeñas bandas perfectas. Presiono el timbre que está bajo una pequeña placa cursi que dice: Familia Volkov, Establecida en 1980.

Una broma.

La mismísima señora Volkova abre la puerta, fresca como sacada de una antigua comedia. Usa pantalones en vez de un vestido, sí, pero está usando un delantal, está perfectamente maquillada y peinada, tenue, un collar de perlas en su cuello completa la imagen perfecta. No puede esconder el asombro y el disgusto en su rostro cuando ve a la cosa que está de pie en su portal, pero se recompone rápidamente.

—¿Puedo ayudarte? —pregunta con una sonrisa vacilante.
—Sí, ¿está Yul?
—¿Quién? —Se ve realmente confundida.
—¿Yulia?
—Oh. —Está perdida—. Um, bueno. Por favor entra.

Da un paso hacia atrás y deja entrar al lobo en el gallinero.

—¿Te está esperando? —Suena dudosa.

Me encojo de hombros.

—Supongo. Ella me invitó.
—Oh. —Una pausa. Trato de no sonreír ante su incomodidad—. Espera aquí. Iré a buscarla.

Ella se aleja, indecisa sobre dejarme sin vigilancia incluso por algunos segundos. Bien. Una mamá nerviosa se vuelve sobreprotectora, desatando rebelión en un adolescente. Sé esto por experiencia propia y por observación.

Esto definitivamente podría funcionar a mi favor.

Me quedo de pie en el vestíbulo, mirando hacia la pequeña sala de estar junto a mí. La habitación está limpia y ordenada, y está predominada por un piano de media cola que ocupa la mayor parte del espacio.

Junto al piano, hay un gabinete repleto de basura con aspecto antiguo, una estantería, y un pequeño sofá azul con flores con un tapete —un tapete— que cubre su respaldo.

La estantería, por lo que puedo ver, está llena con libros del tipo que leen las personas inteligentes: Hemingway, Chaucer, Shakespeare, Steinbeck. Libros de auto ayuda, psicología, y también sobre filosofía. Esto puede ser más difícil de lo que pensé. O quizás no. Sabía que Yulia era inteligente cuando la escogí, así que supongo que no debería estar sorprendida por el material de lectura en su casa, y la decoración parece perfecta para un nerd.

Yulia aparece en la esquina, un extraño pero bienvenido rostro familiar en medio de toda esta perfección. Pero entonces, supongo que ella es parte de toda esta perfección. Sólo duda un segundo, tan pequeño que es casi imperceptible, cuando me ve.

—Hola —dice, su voz reflejando el hecho de que realmente no pensaba que yo vendría—. No pensé que vendrías —verbaliza mi pensamiento.

Su honestidad es demasiada, y casi pongo mis ojos en blanco.

—Me invitaste. —Le doy una mirada ligeramente lastimada, disgustada—. ¿Debería irme?
—No… no, por supuesto que no. Me alegra que vinieras. —Se recupera muy bien, aunque sus palabras no son sinceras—. Estamos abajo. Ven.
—Está bien. —Me muevo insegura, aunque no lo estoy. Sabía que cedería.

Extiende su mano para colocarla en mi espalda y guiarme, sin pensarlo, muy amable, pero rápidamente la retira como si el contacto conmigo quemara.

Pretendo no notarlo, sonriendo por dentro. Hacer que pierda su equilibro es algo bueno: me ayuda a mantener la ventaja.

Atravesamos la perfecta y limpia cocina, en donde la señora Volkova limpia manchas imaginarias en el mostrador. Ella realmente está espiando a su bebé: conozco ese tipo.

—Mamá, esta es Lena.
—Nos conocimos —dice con una sonrisa falsa, y no menciono que ni siquiera le dije mi nombre, ni ella el suyo. Bajamos las estrechas escaleras escondidas detrás de la pared junto a la estufa de acero inoxidable mientras la señora Volkova me mira abiertamente.

Escaleras abajo están dos de los amigos idiotas de Yulia.

—Conoces a Jen y a Brian, ¿verdad? —me pregunta. Reconozco sus rostros pero nunca he tenido una razón para querer saber sus nombres. Asiento con la cabeza de todas formas. Ambos me miran fijamente, Brian con un nacho levantado a medio camino hacia su boca, el que ahora está goteando salsa en su camiseta, Jen como si un alien de tres cabezas acabara de aparecer frente a ellos. Están sentados en un sofá grande y mullido frente a una enorme televisión de pantalla plana, viendo una especie de dibujo animado de un robot.

Sigo a Yulia hacia el bar detrás del sofá.

Está repleto con golosinas: patatas fritas y salsa, pizza, pretzels, y pequeños hotdogs empapados en salsa de barbacoa.

—Adelante, come lo que quieras —me dice Yulia—. Hay bebidas en la nevera. ¿Puedo traerte algo?
—¿Tienes una coca cola dietética?
—Uh, no. No aquí abajo. Pero apuesto a que mi mamá tiene una arriba. Traeré una.

Antes de que pueda detenerlo, se gira y trota escaleras arriba, dejándome con los dos geeks, quienes aún me están mirando, con las mandíbulas abiertas.

—¿Qué onda? —digo, y se miran entre ellos como si yo hubiese hablado en otro idioma y estuvieran comprobando si el otro puede traducir.

Finalmente, Jen se gira hacia mí.

—No mucho. —Su respuesta suena como una pregunta.

Me dan la espalda, pero no los dejaré ir.

—¿Qué están viendo? —pregunto. De una manera idiota, ellos no pueden ser groseros, por lo que ambos se giran.
—Uh, se llama el Robot Fantasma del siglo XXIII. —Esta vez es Brian quien habla, aunque de mala gana.
—Suena bien —digo, y ellos se miran de nuevo. La mirada de Brian vuelve hacia mí, y finalmente pone el nacho en su boca, masticando muy lentamente, como si al hacer eso evitará que el ruido asuste al alien (yo) y evite que lo ataque. Casi me río.

Dos pares de pasos bajan, y me giro para ver a Yulia, coca cola dietética en mano, seguido por otro geek. Camina directamente hacia mí. Apunta con el pulgar sobre su hombro.

—Ese es Mark.
—Gracias, Yul —digo, tomando la bebida. Ella frunce el ceño, y me corrijo—. Quiero decir, Yulia.

Otros tres llegan poco después, y nos acomodamos para el festival de los geek.

Me siento entre los amigos idiotas de Yulia, como pizza y veo la mierda de películas de ciencia ficción que rentaron.

Al comienzo, están incómodos conmigo ahí, nadie habla mucho. Pero Yulia, como buena anfitrióna, sigue hablando para llenar los extraños silencios, asegurándose de mirar hacia donde yo estoy, así sé que estoy incluida en la conversación. No digo mucho, pero observo a Yulia, sonriéndole secretamente cuando me mira, lo que la sonroja.

Aunque eventualmente, las hormonas nerd toman el control y no pueden moderar su emoción por las películas, por lo que comienzan a hablar, teniendo debates de geek acerca de ciertos aspectos técnicos de las películas y acerca de los personajes, sus significados e intenciones. Después de un tiempo, olvido mi misión de mantener a Yulia fuera de equilibrio y comienzo a mirar, divertida, el espectáculo que es este grupo.

Comienzo a relajarme a pesar de mí misma y en verdad me río de Yulia un par de veces. La chica puede ser realmente bastante divertida. Su mamá baja repetidas veces para reponer los bocadillos aunque no necesite hacerlo.

Puedo decir por las expresiones de los otros, que esto no es normal. Ella mira en mi dirección cada vez que viene. Definitivamente la tengo al borde de sus nervios.

Espero hasta que todos se han ido para irme.

Yulia me acompaña a la puerta, por supuesto. Le doy un apretón a su brazo de nuevo, como la noche del baile.

—Gracias, Yul… ia. —Hace una mueca ante el obvio añadido—. Me divertí.

Mira hacia fuera de la puerta.

—¿Viniste caminando?
—Sí.
—¿Quieres que mi mamá te lleve a casa? —pregunta.
—No. —Mi respuesta es rápida—. Definitivamente no.
—No puedo llevarte yo porque mi papá tiene mi auto esta noche.
—Está bien. Sobreviví en mi camino hasta aquí, y estoy bastante segura de que sobreviviré el camino de regreso.
—Está oscuro —declara lo obvio.

Miro detrás de mí con fingida sorpresa.

—Wow, ¿cuándo ocurrió eso? Espero que no sea luna llena. —Esta es una referencia a la última película que vimos, que trataba de hombres lobos.

Lo miro y ella está sonriendo ante mi —muy— pequeña broma. Tiene hoyuelos, los que no había notado antes. Bastante lindo, aunque no cubren su nivel de idiotez.

—¿Puedo acompañarte a casa entonces?

Me encojo de hombros.

—Seguro. ¿Por qué no?

Asiente con la cabeza y da un paso hacia afuera, cerrando la puerta detrás de ella luego de decirle a su mamá hacia dónde va.

Estoy segura que está emocionada por esto.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —dice , con las manos en sus bolsillos mientras caminamos. La miro y pienso que vestida como está, con esos pantalones y su camiseta, casi puede pasar como no—idiota, excepto que su camiseta muestra uno de los comics extranjeros de la primera película—. ¿Por qué viniste hoy?
—Tú me invitaste —evadí la pregunta, sorprendida por su franqueza.

Supongo que de alguna forma egoísta esperaba que estuviera tan abrumada por mis atenciones —o las atenciones de cualquiera, en realidad— que estaría simplemente agradecida.

—Sí, lo sé. Pero tú me invitaste a ir a otro lugar contigo antes. ¿Por qué hiciste eso?

Me encojo de hombros y dulcifico la verdad.

—Me gustas.
—No me conoces en realidad.
—Bueno, eres linda, supongo. —La miró y puedo jurar que está sonrojada—Y me divertí bailando contigo en el baile. Creí que sería divertido pasar tiempo juntas.

Piensa en esto en silencio por algunos minutos.

—No soy exactamente tu tipo —dice finalmente.

Me detengo y lo enfrento.

—Yulia, ¿crees que quiero tenerte como novia? —El tono de mi voz es coqueto pero de reprimenda, un toque de belleza sureña en buena medida.

Mueve sus pies, avergonzada.

—No, claro que no, eso no es lo que quise decir. Sólo… bueno, quiero decir…
—Relájate —digo, cortando su discurso—. Te estoy tomando el pelo.
—Oh. —Sonríe tímidamente, aliviada.

Ese es el truco: sacarla de sus cuestionamientos. Puedo ver que ahora se está preguntando qué quise decir con mi último comentario. ¿Estaba bromeando acerca de no quererla a ella como novia, o acerca de no, no quererla como novia? Ella no va a preguntar de nuevo.

Me deja en la puerta de mi casa, y sólo para sacarla un poco más de su equilibrio, me inclino y le doy un beso en la mejilla.

—Gracias, de nuevo. Te veo en la escuela el lunes.

Camino dentro y cierro la puerta en su rostro sorprendido.

Todo está yendo bien, pienso.

También estoy sorprendida. La noche en realidad no fue tan horrible.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Vie Mar 13, 2015 5:06 pm

Las Ciruelas Pasas Arrugadas

Tal vez quieres pasar el rato esta noche? —Ella me pregunta tentativamente el viernes después de una semana de mi coqueteo descarado, sorprendiéndome. Pensaba que tendría que ser una perseguidora total. Esto podría llegar a no tardar tanto como había pensado originalmente.
—No puedo. Noche familiar y todo eso —le digo.

Es la verdad. Esta familia de acogida insiste en que pasemos las noches de los viernes juntos, con estúpidos juegos familiares o ir a una descerebrada película apta para todo público o alguna otra patética pérdida de mi tiempo.

Pero tengo que ir porque no estoy lista para ser echada por el momento. Realmente extrañaría a Ella y a Beth. Además, ahora tengo este nuevo proyecto para mantenerme ocupada.

— ¿Quieres ir a una fiesta el sábado? —pregunto.
—No puedo, es el tercer sábado de cada mes. —Como si eso debiera significar algo para mí. Ante mi mirada de confusión, aclara—: Tengo que ir al centro para personas mayores esa noche. Puedes venir si quieres.
—Está bieeen. —Estoy luchando contra el movimiento de náuseas. ¿En serio? ¿El centro para personas mayores? Pero supongo que hay sacrificios que hacer si quiero tener éxito. Entonces digo—: Claro, ¿por qué no?

Sus cejas se levantan con asombro, pero no comenta nada sobre mi obviamente inesperada respuesta.

—Pasaré a recogerte. —Ante mi mirada, dice—: Es demasiado lejos para caminar.

Ella tiene esa mirada en su rostro, la que la gente da cuando quiere decir algo, pero a la vez no quieren decirlo. Mi instinto defensivo sale.

— ¿Qué? —pregunto, un poco desafiante.
—Nada, es sólo...
— ¿Sólo qué? —exijo una vez más, después de unos pocos momentos de silencio en los que me evalúa, al parecer tratando de adivinar mi reacción.
—Bueno, solía estar en tu vecindario, bastante; cortando césped. —Bueno, por supuesto, pienso. Qué trabajo de verano perfecto para una geek. Probablemente lo hizo de forma gratuita como una especie de trabajo de caridad—. Y no recuerdo haberte visto alguna vez.
—Tal vez porque he estado allí menos de un año.
—Oh —dice, su rostro aclarándose, misterio resuelto—. ¿Tu familia acaba de mudarse aquí?
—No, hasta donde sé ellos han vivido ahí durante años.
—Pero… —Ahora Yulia se ve muy confundida, sus cejas juntas, y me doy cuenta que no lo sabe. Siempre había asumido que todo el mundo sabía que era una chica de acogida, como si estuviera tatuado en mi frente con brillantes luces de neón.
—Vivo con una familia de acogida, Yulia. ¿No sabías eso?
—No, creo que no lo sabía. —Su frente todavía está fruncida.
—Puedes retractarte si lo deseas. —Trato de hacer que suene frívolo, indiferente, pero la verdad es que siempre duele ser rechazada por esta cosa que está fuera de mi control, incluso si es sólo una geek quien me rechaza.

Rechazarme por mi aspecto o mi actitud, mi comportamiento o incluso mi risa, eso está bien. Pero esto no tengo ninguna forma de cambiarlo.

Sus cejas se juntan con más fuerza.

— ¿Por qué iba a querer retractarme? —Suena realmente curiosa.
—Porque soy, ya sabes, una... chica de acogida. —Trato, mayormente sin éxito, mantener el dolor fuera de mi voz.
— ¿Es contagioso o algo así? —pregunta, y me toma un minuto darme cuenta que me está tomando el pelo.
—Podría ser —digo finalmente con indiferencia.

Se encoge de hombros y su rostro se aclara.

—Voy a arriesgarme.



⊕⊗⊕


— ¿El centro para personas mayores? —Mis amigos se ahogan entre risas—. ¡Vas por encima y más allá!
—Que nunca se diga que no me comprometo —les digo.


⊕⊗⊕


Llega el sábado, y Yulia me pasa a buscar a las seis en punto. Ella llega hasta la puerta para buscarme. Mi madre de acogida está tan feliz de ver a una persona tan educada que me recoja —en lugar de la gentuza de siempre, como la escuché llamarlos cuando piensa que no estoy escuchando— que está absolutamente radiante. Ni siquiera me pregunta a dónde voy o me da una hora para estar en casa. Estoy segura de que sabe que no es necesario.

Todo en Yulia grita ―Seguidora de Reglas‖, así que no hay ninguna duda de que me llevará a casa mucho antes del toque de queda.

Caminamos afuera y ahí en la calzada se encuentra el mejor coche de todos los tiempos.

— ¿Es tuyo? —pregunto, asombrada.
—Sí. Es viejo, lo sé. —Se encoge de hombros—. Lo estoy restaurando, aunque probablemente será tan inútil restaurado como lo es ahora.
— ¿Estás bromeando? Un Chevy Nova 1973 de cuatro puertas, ¿no? —No espero su respuesta—. Sin duda lo haría tener un valor mayor si se tratara de una coupé SS, pero seriamente es genial como es. ¿V—8? —pregunto.
—Siii —deja salir la palabra lentamente, mirando desde el descolorido coche naranja cubierto de manchas de masilla gris que parecen varicela de gran tamaño para mí. —Me sorprendes, Elen… quiero decir, Lena. —Sonríe.

Sólo me encojo de hombros, muy contenta de viajar en su coche. Sé de coches por una de las familias de acogida con las que viví donde tanto el padre como el hijo eran fanáticos de los coches. Como de costumbre, siento un poco de pesar cuando pienso en ellos. Fueron mi tercera familia, y había esperado que fueran la última.

Las dos primeras familias de acogida llegaron antes de que supiera el juego como lo hago ahora. Todavía estaba luchando contra las circunstancias que me habían puesto en el programa de acogida para empezar, y ninguna de las familias resultó ser aficionada a una niña paranoica e insegura que acumulaba alimentos y colocaba una silla debajo de la manija de la puerta por la noche por seguridad. Ambas me habían devuelto, como un auto usado, un juguete roto, o un regalo de bodas no deseado. Fingía que no me importaba, aunque era un rechazo desgarrador.

La tercera familia a la que llegué fue diferente. Consistía de una madre, un padre, y su único hijo, que me acogieron y me trataron como si siempre hubiese sido una parte de su familia. Su hijo se volvió un hermano de inmediato, burlándose y torturándome como a una hermanita real, pero siempre con esos sentimientos subyacentes de amor y seguridad incluidos en las familias reales. No en mi verdadera familia, por supuesto, pero en las familias normales.

Allí fue donde aprendí de autos, pasando horas en el garaje con ellos, escuchando y aprendiendo. La televisión siempre estaba encendida en exposiciones de autos o carreras. Fue el primer lugar en el que había sentido una sensación de seguridad, de pertenencia de verdad.

Pensé que me quedaría ahí para siempre.

Entonces la madre desarrolló un cáncer de rápido crecimiento. Cuando se hizo evidente que no iba a vivir, el estado me sacó de su casa, de mi casa.

Ella murió a los seis meses del diagnóstico, y a pesar de mis súplicas y los esfuerzos de mi padre de acogida, el Estado no estaba dispuesto a poner a una adolescente de nuevo en un hogar con dos hombres y ninguna mujer.

Fue entonces cuando decidí tomar el control de nuevo. A partir de ese momento, convertí en mi decisión cuánto tiempo me quedaría con cualquier familia, y yo causaría las circunstancias que hicieran que las familias me devolvieran. Nunca cometí el error de amar a una familia de nuevo; no hay riesgo de salir herida de esa manera.

Ahora estoy sentada con Yulia en este auto del que veo el valor, que probablemente habría parecido un pedazo de basura de otro modo, conduciendo al centro para personas mayores. Esta vez cuando me toca la espalda a medida que caminamos a través de la puertas, su mano permanece un poco más de lo necesario.

Estoy gratamente aliviada de que el lugar no apesta a orina rancia como me había imaginado que lo haría. Era realmente muy agradable, como un hotel de lujo más que un centro de asistencia.

Entramos en la cafetería, y Yulia me dirige a la cocina. Hay unas pocas personas de pie allí quienes podrían haber nacido antes de los tiempos de los dinosaurios. Ellos —así como aquellos que son relativamente más jóvenes— están claramente sorprendidos por mi apariencia y no tratan de ocultarlo.

Llamados por Yulia en voces felices saltan por la habitación. Podrían no estar felices por verme, pero claramente están más que encantados de verla a ella.

—Esta es mi amiga Lena. —Me presenta en repetidas ocasiones, y al parecer eso era todo lo necesario para obtener su aprobación. Si la Srita. Tonta dice que soy digna de ser aceptada, entonces a sus ojos debería ser verdad. Pronto están conversando conmigo y haciéndome preguntas: ¿A dónde vas a la escuela? ¿Cómo conoces a Yulia? ¿Cuál es tu película favorita?, cosas que no son de su incumbencia. Pero estoy trabajando en mi proyecto, así que sonrío dulcemente y hago el papel, respondiendo con cosas que ellos quieren escuchar en lugar de decir la verdad.

Le servimos a las viejas ciruelas pasas arrugadas la cena que ha sido elaborada por el personal de cocina. La comida parece nauseabunda. Yulia la sirve como si fuera un festín digno de un Rey; la bienhechora en su máximo esplendor. O eso es lo que pienso hasta que nos adentramos en el área común tan pronto como terminan de comer. Estoy agradecida de que no tenemos que lavar los platos hasta que, para mi horror y vergüenza, Yulia va, se sienta en el piano y comienza a tocar.

Toca y canta viejas canciones con ellos. Parece que soy la única avergonzada, sin embargo porque estos centenarios la aman. Ella se sabe casi todas las canciones que le solicitaban a pesar de que eran canciones del principio de los tiempos. Toca realmente bien —no exactamente sorprendente teniendo en cuenta el colosal piano en su sala de estar— y para mi sorpresa, no canta tan mal tampoco.

Esos no son los hechos que voy a compartir con mis chicas, sin embargo. Sólo voy a hablarles de su forma de tocar y cantar viejas canciones mientras los viejos cantan y aplauden. Ellas encontrarán eso infinitamente divertido.

A las siete y media, los viejitos se han agotado, y los asistentes entran para llevarlos de nuevo a sus habitaciones. Yulia se asegura de decirles adiós a todos, llamándolos por sus nombres. O más bien por sus respetuosos nombres, como la geek que es. Sra. Jones, Sr. Anthon, Sra. Green, nunca por su primer nombre. Unos pocos me saludan, y les devuelvo el saludo, porque soy muy consciente del hecho de que Yulia me mira discretamente. La mayoría parece haber superado el shock inicial de mi apariencia, aunque algunos todavía me miran con desagrado. Nada a lo que no esté acostumbrada.

—¿Tienes hambre? —me pregunta.

Miro hacia la cocina y me estremezco ante la idea de comer la misma bazofia que les servimos a estas personas. Parece un poco cruel servírselo a alguien.

—No —le digo. Mi estómago ruge con fuerza, delatándome. Yulia sonríe y esos hoyuelos aparecen de nuevo.
—Sí, puedo escuchar que no tienes hambre. Vamos, salgamos de aquí y consigamos algo de comida.
—Oh, bueno, en ese caso...

Ella me lleva a un restaurante italiano, donde ambas estamos fuera de lugar. Yo soy como una pesadilla para los clientes mientras entro. La anfitriona de la recepción me echaría, si no tuviera miedo de que causara una escena —lo haría—. Y Yulia está demasiado abotonada para el tipo chic de clientela.

Me gusta. Porque ahora ella está tan fuera de su zona de confort como yo. Nos sientan en una mesa del fondo, en una cala parcialmente oculta de la vista por cortinas drapeadas sostenidas por un gancho que sobresale de la pared divisoria. Sé que esto es a propósito para esconderme del resto de sus clientes, pero Yulia actúa como si fuera un honor estar sentada aquí.

Nuestra mesera se acerca, sin duda mirándome por debajo de su nariz. Sus ojos se abren un poco cuando ve a Yulia, y sus ojos se mueven rápidamente de nuevo a mí, y luego a Yulia otra vez en asombro. Somos una extraña pareja.

— ¿Les puedo traer algo de beber? —Ella dirige su pregunta a Yulia, no tan deseosa de ver a mi ofensiva persona otra vez. Me pregunto cuánto tendrá que pagar la anfitriona a esta particular mesera al terminar su turno por habernos sentado en una de sus mesas. Yulia me mira.

—¿Coca—cola dietética? —pregunta con una sonrisa—. Ellos tienen algunos refrescos italianos muy buenos también. Me gusta el de fresa.

Casi golpeo mi cabeza por mi propia estupidez. Por supuesto que ha estado aquí antes. Ella no está fuera de su zona de confort, sólo es ajena a qué tan fuera de lugar está.

—Tomaré lo mismo que tú —le digo.
—Dos refrescos italianos de fresa, por favor.

La camarera no dice nada, sólo escribe en su libreta y se aleja, dándome otro rápido vistazo, su burla es apenas disimulada.

— ¿Has estado aquí antes? —pregunto.
—Oh sí, mi familia viene aquí todo el tiempo. Es bastante bueno. ¿Nunca has estado aquí?
— ¿Me veo como si este fuera el tipo de lugar que normalmente visito?

Se sienta más recta, si es posible.

—Lo siento. ¿No te gusta la comida italiana?

Hago rodar mis ojos.

—La comida italiana está bien, Yul… Yulia. Esto es sólo un poco... lujoso, supongo.

Mira a su alrededor a los otros clientes, como si acabara de darse cuenta de ellos por primera vez, luego otra vez a mí, observando mi pelo negro y rojo, el pesado maquillaje, apretadas ropas negras.

—Oh. Lo siento. Creo que sólo me he acostumbrado... —Ella para, nerviosa, mirando de un lado a otro—. ¿Quieres irte? ¿Ir a otro lugar?

Tengo que admitir que estoy un poco sorprendida. Nunca he estado en una cita donde mi incomodidad fuera considerada.

—No, está bien. Huele bien. Además, les voy a dar a todas estas personas algo acerca de lo que hablar cuando se vayan a casa. El fenómeno que vieron en la cena.
—No eres un fenómeno. —Su negación es inmediata, inesperada.
— ¿Qué te hace pensar que me estoy refiriendo a mí?

Ella se congela, sus mejillas se oscurecen con vergüenza, y le sonrío para sacarla fuera del atolladero.

—Sólo estaba bromeando, Yul. Realmente necesitas relajarte un poco. —Ella se olvida de corregir mi versión abreviada de su nombre. Me inclino hacia delante. Inconscientemente ella hace lo mismo.
—Así que, ¿realmente, Yulia? ¿No crees que soy un fenómeno para nada?
—No. —Ella suena sincera de todos modos.
— ¿Y antes de que me conocieras? ¿Lo creías entonces?

Sacude la cabeza. Levanto una ceja, ella se explica.

—No, no un fenómeno. Quiero decir, obviamente no puedo ir a la escuela y no notarte a ti y a tus amigos, porque todos visten un poco diferente.
— ¿Un poco diferente?

Ella sonríe con sus hoyuelos asesinos, y me encuentro preguntándome por qué no están todos encima de ellos.

—Bueno, muy diferente, sobre todo con… ya sabes, el maquillaje y todo. Y los piercings. Pero tú no tienes ninguno de esos.
—No que tú puedas ver, de todos modos —le digo modesta y seductora. El efecto en ella es inmediato. Sus ojos caen en una rápida lectura por encima de mi cuerpo, y puedo ver a su mente haciendo clic, preguntándose dónde podrían estar los piercings. Decido dejarlo fantasear y no terminar su fantasía diciéndole la verdad, que estoy libre de piercings actualmente, o al menos libre de joyería. Supongo que los agujeros todavía están ahí.

Después de unos minutos, se traga el nudo en la garganta y chilla: —Oh.

No puedo evitarlo. Me río. Sus ojos se cruzan con los míos, y sonríe un poco.

— ¿Me estás tomando el pelo? —Me encojo de hombros y la dejo colgando, contando con su siempre presente cortesía de que no preguntará de nuevo.

La grosera mesera vuelve para tomar nuestra orden. Cambio de opinión tres veces adrede para que ella tenga que seguir tachando en su libreta, sólo para terminar de vuelta en la primera cosa que ordené. Yulia mira, con ojos escrutadores, reconociendo que estoy haciendo esto a propósito. Entonces, para mi asombro, ella hace lo mismo y cambia su pedido cuatro veces. En el momento en que termina, ella está vibrando con irritación. Mientras ella se aleja, Yulia me mira y sonríe.

—Se merecía eso —dice.
—Sí, pero no puedo creer que lo hicieras.

Se encoge de hombros, y luego mira a la mesa, apesadumbrada, dibujando un patrón imaginario con su largo dedo.

—Le voy a dejar una propina extra para compensar —murmura.

Me río de nuevo, y ella sonríe, me mira a escondidas por debajo de lo que noto son unas increíblemente largas pestañas que cubren unos ojos de increíble sombra azul. Huh, pienso. No había notado sus ojos antes. No están mal. Algo lindos, en realidad. Casi matadores.

Después de la cena, la cual insiste en pagar —por suerte para mí ya que estoy corta de dinero— me lleva a casa, caminando conmigo hasta la puerta.

Casi se siente como una cita real, lo que me sienta muy bien. Es importante para mi meta que ella comience a pensar en mí como algo más que una extraña conocida.

— ¿Te divertiste esta noche en el centro para personas mayores?
—Por extraño que parezca, como que sí lo hice —le digo—. Toda la noche fue muy divertida. Tal vez la próxima semana podemos…

Mis palabras se cortan, ya que mi madre de acogida abre la puerta. Ella parece sorprendida de vernos ahí.

—Oh, lo siento. No sabía que las dos estaban aquí afuera. Iba a ir a dar un paseo. —Lo que sé que es verdad, porque va casi todas las noches; sombrero de paja, siempre trata de arrastrarme con ella.

Ejercitándome no es la manera en que quiero pasar mis noches. Tampoco quiero pasar tanto tiempo con ella.

—Hola, señora Grant. ¿Cómo está? —pregunta Yulia.
—Estoy bien, Yulia. ¿Se divirtieron esta noche?

Yulia me mira, como esperando a que yo responda. Me encojo de hombros.

—Sí, lo hicimos —dice.
—Bien, bien —es su estúpida respuesta—. ¿Quieres que espere por ti, Lena? Puedes caminar conmigo.

Le doy mi respuesta normal, que es una mirada que dice: ―Estás bromeando, ¿verdad?‖ Ella lo traduce correctamente.

—Muy bien, estaré de vuelta pronto, entonces. Adiós.
—Adiós, señora Grant —dice Yulia. Me quedo en silencio.

Ella camina hasta el final de la calzada e inicia el estiramiento. ¿Podría ser ella más patética? Pero Yulia no se da cuenta o bien no le importa. Ella está mirándome, con una pregunta en sus ojos, una que no quiero que haga.

—Te veré en la escuela la semana que viene, entonces —le digo, dándome la vuelta para entrar en la casa. Ella duda, pero al ver que no voy a satisfacer su curiosidad, suspira.
—Bueno, nos vemos después —dice—. Y gracias por venir. Estoy muy contenta de que lo hicieras.

Quiero gritar por su cortesía, pero en su lugar me doy vuelta, con una sonrisa secreta firmemente pegada en mi cara que la pone nerviosa.

—Yo también —digo en voz baja, cerrando la puerta en sus oscurecidos ojos.

Todo va bien.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Jue Mar 19, 2015 11:35 am

Boliche, de Todas las Cosas

- Quieres ir a una fiesta este sábado?

Otra semana ha pasado, y aunque ella no ha tenido el coraje de acercarse a mí en la escuela, es muchas veces la primera en decirme hola en los pasillos ahora.

— Tengo una fiesta familiar el sábado en la noche. Apesta, pero tengo que ir.
— Estoy comenzando a sonar como un disco roto aquí, Yul. —Nuevamente, no comenta el uso abreviado que le doy a su nombre.
— Está bien —dice el cerrando su casillero, brazos cargados con libros—. Solo estoy contenta que aún quieras pasar tiempo conmigo. Perpleja, pero contenta.

Esa conversación es territorio peligroso, así que cambio el tema.

— ¿Cómo es que tienes tiempo para hacer algo más que estudiar cuando te llevas tantos libros a casa cada fin de semana?
— Soy buena administrando el tiempo —dice con un encogimiento de hombros—. Si alguna vez necesitas ayuda con el estudio, podría ayudarte.
Miro sus libros, escéptica. Todos son de clases avanzadas y cursos para créditos universitarios.

— De alguna manera no creo que ninguno de mis libros sean iguales a los tuyos.
— Bien, probablemente ya tomé algunas de tus clases, así que podría ayudar.

Esta declaración nerd es un hecho, sin presunciones, solo la verdad. Probablemente se reiría si viera la clase de calificaciones que llevo en mis clases. Por otro lado, su ayuda con mi tarea es otra cosa que puedo usar para alcanzar mi meta. Mando ese pensamiento lejos por el momento.

— Puede que solicite tu ayuda en algún momento —digo.
— Ven conmigo —dice.
— ¿Que vaya contigo adónde? —pregunto confundida, echando un vistazo atrás de ella.
— El sábado. A mi reunión familiar.
— ¿De verdad, Yulia? ¿Quieres aparecer en una reunión familiar conmigo de acompañante?

Le da un vistazo más a fondo a mi vestimenta, notando el rayado, los pantalones negros apretados; las pesadas botas de combate negras; y el sweater rojo apretado cubierto con un chaleco corto negro adornado con cadenas. No podían ser más diferentes de sus prendas, pantalones azul oscuro y camisa de manga larga sin siquiera el botón superior abierto.

— Quisiera hacerla divertida por una vez —dice con una sonrisa, y me río.

Me doy cuenta de cuánto me están gustando sus enormes ojos azules. Pienso acerca de perderme otra fiesta este fin de semana, lo que mis amigos dirían, y todo eso solo para ir a una estúpida reunión familiar con la geek.

Aunque ella se está debilitando. Lo puedo sentir.

— Está bien, seguro. ¿Por qué no? —Comencé a alejarme, entonces añadí después de pensarlo—: ¿Quieres que le baje un poco? —Pasé mi mano sobre mi ropa con una mirada interrogante.
— No —dice, sorprendiéndome nuevamente—. Solo sé tú misma.
— ¿Es más escandalizador de esa manera? —pregunto.
Parece estar lista para argumentar, pero luego sonríe.

— Más interesante, en cualquier caso.

⊕⊗⊕

En la noche del viernes, estamos haciendo la cosa de familia, los padres de acogida y yo. Bolos, de todas las horribles cosas que pudieron haber escogido. Los dos hijos biológicos son libres de venir, así que eso significa que estamos obligados a hacer algo particularmente aburrido.

Su hijo biológico más viejo, Jeff, está casado. Él y su esposa, Kari, son de hecho bastante tolerables. No me ven como un pedazo de basura embarazosa que sus padres recogieron como lo hace la más pequeña, una chica universitaria llamada Tamara, que claramente es una porrista. Incluso su nombre es pronunciado con la inflexión de una porrista… no como indica la ortografía que debe ser pronunciado, sino como Tuh—mahr—uh.

La he oído hablar por teléfono con sus amigos. Está horrorizada con la crisis de mediana edad de sus padres, lo que hizo que aceptaran a una chica problemática como yo. Soy su primera chica de acogida. Si hago mi trabajo correctamente, haré que odien la idea, haciéndome también su última.

Llegamos al cielo—de—la—basura—de—la—familia—blanca, obtenemos nuestros zapatos rentados pasados de moda, y sacamos una bola sucia y grasienta que carga quién sabe cuántas enfermedades de los usuarios anteriores. Solo puedo esperar no ver a nadie de la escuela, aunque no tengo duda acerca de que no veré a alguno de mis amigos. Ellos masticarían sus dedos gordos antes que aparecerse en el Cielo del Boliche. A menos, claro, que supieran que yo estaba aquí. Entonces vendrían a ver, para su propia diversión.

Estoy cambiando mis botas a los adorables zapatos multicolores, lenta y deliberadamente para molestar a la porrista ya que los otros son distinguidamente e infinitamente pacientes conmigo, cuando escucho una voz familiar.

— Hola, Len, no sabía que estarías aquí.

Yulia, sus padres, y hermano, que no sabía que tenía, están metiéndose dentro de la línea a lado de la de nosotros. Yulia se queda ahí cargando su bolsa personalizada de bolos, sonriendo. Alivio y algo de felicidad corre por mí mientras me levanto. ¿Felicidad? ¿De verdad? Me reprendo a mí misma.

Toma el control, Lena.

— Hola, Yulia. ¿Ustedes chicos están seriamente aquí para jugar a los bolos esta noche?
— Si. Fue una cosa de último minuto. Pensé en llamarte pero recordé que los viernes son tus noches familiares. —Dice esto como si fuera una deseable manera de pasar una noche de viernes y no la cosa más tortuosa en el mundo—. ¿Cuáles eran las posibilidades de que viniéramos aquí y termináramos justo a tu lado?—pregunta mientras yo me quito la ultima bota y deslizo mi pie dentro de los horribles zapatos para boliche.
— Una gran coin—ci—den—cia —digo, y ella sonríe por mi floja palabra.

Detrás de ella puedo ver la cara agria de su madre por esta vuelta de mala suerte. Su padre, tiene una sorprendente apariencia masculina y deportista, y no es mal parecido para un tipo viejo, está viéndonos con interés.

— ¿Quieres venir a conocer a mi padre y a mi hermano?

Me encojo de hombros y comienzo a avanzar, solo para casi caer sobre mi cara cuando me tropiezo con una de las agujetas de mis zapatos sin amarrar, evitando la caída sólo gracias a las manos de Yulia. Escucho las carcajadas de burla de la porrista.

—¡Ey! —dice Yulia, estabilizándome—. Tu agujeta no está abrochada.

Gracias, Einstein, pienso cínicamente, reconociendo que mi vergüenza me está haciendo mala. Así que dejo mi boca cerrada, toda esa cosa de ―si no puedes decir nada bueno‖. Entonces ella se agacha para amarrarla por mí.

Empujo hacia atrás este sentimiento borroso y tibio que trata de surgir ante este gesto completamente humilde.

Para este momento, los padres de Yulia han vagado alrededor y se han presentado con mis padres de acogida. Entonces los de acogida presentan a sus hijos biológicos, y todos conocen a todos y somos una gran familia feliz.

Río, me ahogo y vomito.

El hermano de Yulia, Todd resulta ser ocho años mayor que ella y tiene síndrome de Down. Sonríe felizmente y les da a todos un abrazo. Yo estaría horrorizada si él fuera mi hermano abrazando a todos los que ve, pero Yulia y sus padres no parecen notar o pensar que es extraño.

Aparentemente tampoco ninguno de mis padres de acogida, quienes están felizmente regresando sus abrazos. Nunca he estado cómoda con alguien como él alrededor, así que nuevamente guardo mis pensamientos para mí misma.

Aunque la mamá de Yulia no está contenta con su amistad conmigo, está visiblemente aliviada de que mi familia sea normal. No hay mención del hecho que soy una niña de acogida, así que estoy segura que se pregunta cómo vine a ser parte de este grupo de personas brillantes y felices.

El papá de Yulia, Olrg, parece genuinamente contento de conocerme, sin juicio en sus ojos que pueda ver. Me pregunto inútilmente si Mamá la Rígida experimentó una noche de dejar caer su cabello y tuvo una aventura con un geek extraño, o si Yulia fue adoptada ya que ella no se parece en nada físicamente a su madre o a su padre. Entonces Oleg sonríe. Tiene los mismos hoyuelos asesinos que su hija, los mismos ojos azules, lo que no deja dudas de la paternidad de Yulia, al menos.

Yulia y sus padres sacan todos sus zapatos personales —lo que no significa que sean más lindos, pero sí definitivamente mejores que esos zapatos de payaso de tres tonos que tenemos puestos nosotros— y sacan sus bolas de boliche, ajustadas a la medida de sus manos y de mucha mejor apariencia —y definitivamente más limpias— que las bolas de la casa de bolos del pasillo.
Por solo un atolondrado segundo me imagino cómo sería pertenecer a una familia donde ir a jugar boliche no es vergonzoso, tanto que todos tienen su equipo personalizado.

Camino para jugar. Siempre me dan el primer juego, sospecho que es parte de un pacto de buenas acciones que los padres de acogida han hecho. Probablemente argumentaría contra ello, pero molesta a la porrista que me dejen ir primero, así que lo hago solo por ese hecho.

Tomo la bola grasienta, viendo primero hacia los agujeros de los dedos para asegurarme que están al menos limpios, y aventarla sin rumbo por el pasillo. Apenas pega al bolo del final. Volteo para encontrar a Yulia riéndose de mí.

— ¿Qué? ¿Crees que puedes hacerlo mejor? —le pregunto cínicamente.

Ella se encoge de hombros y camina hacia su propio pasillo, toma su bola de DarthVader, se alinea, y arroja una fuerte, rápida y perfecta bola curva, tirando todos los bolos.

— Presumida —murmuro.
— Déjame mostrarte un truco —dice mientras tomo mi bola de nuevo.

Realmente no me importa aprender cómo jugar a los bolos, pero tengo su completa atención, lo que molesta a ambas: su madre y, por alguna razón, a la porrista.

Se queda de pie detrás de mí y envuelve sus brazos a mi alrededor, poniendo sus manos en las mías.

— Mueve tu mano así —dice, manipulando mi mano—. Quédate aquí —me mueve un poco a la izquierda—, y no mires los bolos.
— Si no veo los bolos, ¿cómo les voy a pegar? —Mi tono indica lo que pienso de la falta de inteligencia detrás de sus palabras.
— ¿Ves esas flechas a medio camino del pasillo? —Extiende su mano y las señala. Puedo sentir la dura línea de los músculos en su brazo presionándose contra mi hombro. Esta es otra revelación, una que causa un pequeño fuego en el fondo de mi vientre. Mantén el control Lena, me imploro a mí misma más desesperadamente.
— Apunta justo entre la flecha de en medio y la que está en el lado derecho de esta. Da cuatro pasos, inclínate en el último y arrójala. Pero asegúrate de mantener tú pulgar apuntando hacia adelante.

Se mueve hacia atrás y, extrañamente, como que extraño la sensación de él detrás de mí. Cállate, ¡cálmate!

— ¿Sabes, Yul? Sabes demasiado sobre esto. Tal vez necesitas tener una vida.

Ella sonríe, mostrando los hoyuelos, y de repente quiero mostrarle que puedo hacer esto, puedo hacer lo que ella me enseñó. Me volteo hacia el pasillo y hago todo lo que me dijo, lo mejor de mi habilidad limitada. Tiro casi todos los bolos. Estoy estúpidamente feliz, y me volteo con una risa.

— Buen trabajo —dice, dándome los cinco.
— Para nada —respondo por sobre mi hombro mientras apunto el pasillo.

Ahora es el turno de la porrista. Ella en verdad es una muy buena jugadora de bolos, pero se levanta y la avienta a la canaleta, volteándose con mala cara.

— Soy terrible —gime dramáticamente.
— No te preocupes cariño. La harás bien esta vez —le dice su papá.

Ella sacude su cabeza tristemente y posa sus ojos de cachorro en Yulia.

— ¿Puedes enseñarme lo que le enseñaste a ella? —ruega.
— Claro —dice la nerd, ajeno a su juego obvio. Se ve un poco aturdida, y estoy segura que está aturdida por ella. Es hermosa, supongo, si te gusta esa apariencia de ―chica de al lado Americana‖ con ese cabello rubio, ojos azules… que aparentemente le gusta.

Miro a la mamá de Yulia, y parece un poco más relajada con la atención de Yulia enfocada en la porrista y no en mí.

Yulia la sigue, a esta chica que es más de su tipo que yo, pero en lugar de poner sus brazos alrededor de ella como lo hizo conmigo, se queda de pie a su lado y le da la misma instrucción que me dio a mí. Sé que es solo porque está más cómoda a mí alrededor y ella la aturde, sin embargo, eso me hace feliz. Eso también la hace infeliz a ella… lo que es siempre una cosa buena.

Es incluso mejor cuando Yulia pregunta si quiero una Coca de dieta, mostrando a la porrista que me conoce lo suficientemente bien para saber lo que me gusta tomar. Pero entonces, en una manera completamente geek, se ofrece también a traerles a todos una bebida.

Veo con terror cómo Todd tiene su turno, segura de que se avergonzará a sí mismo. Él camina derecho a la línea de falta, la bola colgando a su lado. Procede a balancear su brazo hacia atrás y adelante, y temo por aquellos sentados detrás de él. Suelta la bola mientras la balancea hacia adelante, y ésta se dirige hacia el centro, tirando todos los bolos.

Él voltea con ánimo y una sonrisa para ser recibido con aplausos de su propia familia y de mis padres de acogida también. Yulia me ve y levanta sus cejas como si fuera a decir: —¿Ves?, es fácil, incluso él puede hacer una chuza. —Le enseño mi lengua.

Juego bolos muy bien, esperando presumir un poco, aunque solo logro hacer una chuza. Por supuesto Yulia juega mucho mejor, perfecta en esto como lo es en todo lo demás. Se acerca en casi todos los turnos para darme señalamientos, siempre permaneciendo en contacto cercano. La porrista intenta atraerla para hacer lo mismo con ella, pero es descaradamente obvio lo que está haciendo, al menos para mí.

Finalmente Jeff, el más grande de los hijos biológicos de los padres de acogida, susurra algo en su oreja, lo que la hace poner mala cara, y deja de tratar de atraer a Yulia después de eso, procediendo a jugar bolos casi tan bien como lo hace Yulia.

Yulia no nota su juego.

Para el final del tercer juego, mis padres de acogida y los padres de Yulia se han hecho rápidamente amigos, y Todd nos está dando abrazos constantemente a todos nosotros, sus ―nuevos amigos‖. Esto es un mal progreso. No puedo influenciar exactamente a Yulia hacia el lado oscuro si las familias van a intercambiar números y socializar.

De hecho sí puedo, me corrijo a mí misma. Solo será más difícil, tomará un poco más de tiempo. Eso no me incomoda exactamente. El hecho de que no me incomode, me incomoda.


⊕⊗⊕

El Sábado Yulia me recoge para ir a su fiesta familiar. Mi apariencia causa conmoción.

Esto horroriza a la Sra. Volkova pero divierte al papá de Yulia —lo que es lo suficientemente extraño— y parece no tener efecto en Yulia. Ella actúa como si se hubiera presentado con un fenómeno en cada reunión familiar.

Lo gracioso es, que dado que ella actúa de esa manera, para el fin de la noche, casi todos parecen estar lo suficientemente cómodos a mí alrededor y me tratan como si yo no fuera completamente diferente del resto de su íntegro clan. Hay algunos que tratan de mantenerme en mi lugar como la visitante de un espectáculo de fenómenos, y me encuentro pasando un buen momento.

— No la veo transformándose —dicen mis amigos en la escuela el lunes después de que me han molestado por perderme otra fiesta.
— Es un proceso —explico. Les digo acerca del boliche y acerca de la ñoña fiesta familiar, convirtiendo su enojo en diversión. Me siento un poco culpable por amplificar la verdad para hacerlo más indignante y utilizar a la familia de Yulia para hacerlos reír, pero se deben hacer sacrificios en el camino del éxito.

Nunca me he retractado en una apuesta o en un desafío —aunque este está comenzando a hacerme sentir como una idiota.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Sáb Mar 21, 2015 2:51 pm

Una Cita Estelar y la Chica Spock


Otro no—puedo—salir—de—fiesta—contigo—porque—tengo—planes.

El sábado por la noche me encuentro con Yulia y el resto del Escuadrón de Geeks en la casa de su amigo Brian. Esta vez hay tres chicas, además de mí y de Yulia, las tres confirmadas geeks con su absolutamente nada en común conmigo. Ellas se mantienen a sí mismas, coqueteando con ineptitud con los chicos allí. Supongo que les doy un poco de miedo a ellos. Ellas mantienen su distancia de Yulia, aunque puedo ver a una chica mirándola cada vez que cree que nadie está mirando. Me alegro de que el pequeño Ratón no esté aquí.

Los padres de Brian han hecho una sala de grabación en el garaje separado detrás de su casa, con un televisor de pantalla plana, mesa de billar, nevera y microondas. Hay un montón de sofás y sillones puff repartidos para dar cabida a grandes fiestas. Su madre, que es uno de los pocos adultos que parece tomarme con calma y no es demasiado crítica conmigo, ya ha llenado la sala con más alimentos de los que un pequeño ejército podría comer y llena la nevera con refrescos. Incluso puso algunos artículos de alimentos saludables que a una chica podría gustarle comer en lugar de todos los alimentos habituales para los chicos.

Acabamos de finalizar la más reciente película de StarTrek, que yo realmente veía. Era bastante buena, mucha acción, el actor principal, ardiente. Sin embargo, no tenía ideas preconcebidas. Nunca he visto un solo episodio de la original en la televisión. Sin embargo, al igual que cualquier otra persona en este planeta, soy consciente de la premisa básica y tengo un conocimiento muy rudimentario de la misma. Así que he estado con tanta diversión que he observado a Jim garabateando notas furiosamente en toda la película, chasqueando la lengua y gruñendo mientras escribía. Eso es más divertido para mí que la película en sí, especialmente mientras Yulia se mantiene mirando a la escritura de Jim con una sonrisa, a continuación, poniendo los ojos en mí, como para indicar lo ridículo que es esto.

La razón de su concentración en la toma de notas de pronto se vuelve clara, como sea.

— Bueno, aquí están los problemas —anuncia tan pronto como el crédito final rueda—, que es porque nosotros debemos mirar cada letra hasta el final de cada película. —Yulia se lamenta, sonrisas de Brian y los otros consiguen un brillo fanático en sus ojos, excepto las chicas. Deambulan en un rincón para hablar, al parecer después de haber sido testigos de esto antes—. Vamos a empezar con las fechas estelares usadas en la película.

Salto un poco mientras su comentario incita un motín, todo el mundo hablando sobre los demás, incluso dos de las chicas. Yulia se ríe de mi reacción a medida que comienzan a escupir los números el uno al otro, discutiendo sobre la posibilidad, y la imposibilidad, de las fechas. Estoy completamente confundida. ¿Desde cuándo las fechas tienen tantos números y decimales en ellas? ¿Dónde están los meses? Y, eh, es sólo una película. De ficción, ¿verdad?

— Es incorrecto —Jim está discutiendo—, a menos que tengamos algún inexplicable salto en el tiempo aquí.

Este comentario da lugar a otra explosión de insensible discusión.

— ¿Quieres ir a dar un paseo? —Yulia me pregunta inesperadamente, hablando en voz alta para hacerse oír por encima de la conmoción. Miro a todos los demás, metidos en su discusión. Me siento bastante segura de que nadie se dará cuenta de nuestra ausencia.
— Claro, ¿por qué no? —digo, levantándome y siguiéndola por la puerta.

Una vez que estemos fuera, aún puedo escuchar sus argumentos, y Yulia señala vagamente en esa dirección, un poco avergonzada de que fui testigo de la extraña escena.

— Lo siento por eso. —Se encoge de hombros, metiendo sus manos en los bolsillos a medida que comenzamos a caminar—. Sin embargo, una vez que empiezan, no se sabe cuánto tiempo pueden seguir así. Pueden llegar a ser muy calientes, un poco ruidosos y…
— ¿Aburridos? —interpongo.
— Correcto. —Ella sonríe. Luego ladea la cabeza, mirándome de manera extraña—. Aunque, ése no es realmente tu tipo de película, ¿no?
— No normalmente, no —la evado—. Pero estaba bien. Como que me gustó.
— ¿En serio? —Ella suena incrédulo.
— Bueno —le digo, sintiendo que estamos a punto una vez más, la peligrosa explicación del territorio—, ya sabes, el actor principal…
— Kirk. —Proporciona.
— Correcto, Kirk. Él era muy lindo. El otro hombre, él único que no sonreía… ¿Spark? —La miro, y sonríe, moviendo la cabeza.
— Spock.
— Oh. Spock. Lo que sea. Era un poco extraño, pero podía relacionarme con él.
— ¿Podrías relacionarte con Spock?
— Bueno, sí. Quiero decir, aquí hay un tipo que realmente no tiene un lugar en el mundo en el cual encajar. No es humano, y no es… —Lo miro para proporcionarme la palabra y lo encuentro mirándome con una expresión indescifrable.
— Vulcano —dice.
— Sí, eso. Ahí no hay nadie que quiera al hombre. Ni los seres humanos ni su propia gente. Es decir, cada uno lo tolera, ¿no? Pero tal vez no lo aceptan plenamente. O eso es lo que parece, de todos modos. Todo el mundo lo considera una rareza, ¿no? —Indico mi propio manto negro sobre leotardos de color rojo sangre, brillantes botas negras, corsé de rayas sobre la camisa de malla negra, y la cara hecha aún más pálida por los ojos muy enrojecidos y los labios ennegrecidos—. Un poco como yo. Extraño. Pero creo que tengo un pulgar para arriba en él, al menos hay otros como yo. No hay otros como él, sin embargo, ¿están ahí?

Yulia se para en seco, y me detengo con ella.

— ¿Qué? —le pregunto a la defensiva, no me gusta la forma en que me está mirando. Está peligrosamente cerca al borde de la piedad, y si hay una cosa que no tolero, es su compasión.
— Tú eres rara, ¿no? —murmura, y me río. Esto en cuanto a pensar que me compadece.
— No tienes ni idea —le digo al comenzar a movernos de nuevo.
— Entonces, ¿qué piensan tus amigos de ti, porque estés saliendo con nosotros en lugar de ellos en una noche de sábado?

Lanzo un suspiro interno. Yulia es demasiado perspicaz para mi propio bien, para mi juego.

— No piensan nada. Vivo mi propia vida, y ellos viven la suya. No son mis padres.
— Hablando de padres —comienza.
— ¿Tenemos que hacerlo? —me lamento, y ella se ríe. Es un sonido profundo y rico que asoma sus hoyuelos en pleno vigor y hace que mis entrañas se calienten un poco. No es exactamente el tipo de reacción que espero tener con respecto a ella.
— Supongo que no —bromea.
— Vamos a hablar de los padres de Spock en su lugar. Su madre era un ser humano, ¿no?

Yulia me sonríe. Miro para otro lado, no queriendo ser perturbada por sus hoyuelos de nuevo.

— Si quieres, podemos volver a entrar y probablemente puedas conseguir todo el linaje de Spock, tanto de humanos, como de Vulcanos —bromea.
— Uh, no, gracias. No tengo esa clase de tiempo. O paciencia. —Agrego con una sonrisa.
— Sí, su madre es humana.
— Pero, ¿cómo esto tiene algún sentido? Si los vulcanos no tienen emociones, ¿cómo fue que su padre Vulcano pudo caer tan enamorado de una mujer humana?
— No son las emociones, sólo son realmente lógicos. Supongo que a veces el amor no es lógico.
— Bueno, esa es una observación muy romántica allí, Yul —le digo con sorna. La miro a los ojos y veo un ligero rubor en sus mejillas al oír mis palabras. Sé cuándo empujar mi ventaja, por lo que me paso un poco más, enganchando el brazo a través del suyo. Se endurece con mi tacto—. Pero entonces, ¿qué es esa cosa que la gente dice? ¿Los opuestos se atraen? —Me le quedo mirando hasta que ella se siente obligado a mirarme—. Supongo que hay algo de eso, ¿eh? —le pregunto en voz baja, presionándome aún más cerca.

Ella continúa mirándome en silencio, intensamente, y algo cambia dentro de mí. De alguna manera, en ese momento, pierdo el agarre de su mano, y no me importa siquiera. Una brisa cálida entre nosotras, hace que la piel se ponga de gallina en mis brazos, y me estremezco. Eso saca a Yulia del hechizo, y ella da un paso atrás, pequeño, casi imperceptible, pero lo puedo sentir, sentir el espacio de repente entre nosotras.

— ¿Tienes frío? —pregunta cortés y formalmente.
— No, estoy bien —le digo, liberándola de mi control sobre su brazo.
— ¿Quieres entrar de nuevo?

Miro detrás de mí y me doy cuenta de que hemos caminado un buen trayecto desde la casa de Brian.

— No, no creo que tenga la fuerza para caminar de regreso a la discusión.

Sonrío. Ella se ríe suavemente, relajando los hombros.

— Te acompaño el resto del camino a casa.
— Pero dejaste tu coche con Brian —protesto.
— Está bien. Estamos más cerca de tu casa que de la suya. Voy a volver y conseguirlo después. Eso me da una excusa para evitar un poco más de su "discusión". ―Ella hace pequeñas comillas en el aire con los dedos, una cosa muy geek para hacer.

No se necesita mucho más tiempo para llegar a mi casa. Yulia acorta un poco el paso y mantiene la conversación sobre temas de seguridad, como mi falta de destreza matemática y la repetición de su buena voluntad para ayudarme con mi tarea. Ella se detiene al final de mi camino.

— Bueno —dice, metiendo sus manos de nuevo en los bolsillos de sus jeans—. Gracias por venir. —Como de costumbre, suena interrogante, preguntándose por qué lo hice.
— Gracias por invitarme. Fue… interesante —le digo, y ella se ríe.
— Supongo que nos veremos en la escuela. —Se encoge de hombros, todavía perpleja por mi presencia en su vida.
— Adiós, Yul —ronroneo, arrastrando los dedos por encima de su hombro, queriendo dejarla un poco fuera de equilibrio. Me doy la vuelta y camino hasta mi puerta. Cuando me vuelvo hacia atrás, ella está parado en el mismo lugar, mirándome. Camino adentro, por lo que la aparición obligatoria fomenta la manera de que puedan ver que estoy en casa de una sola pieza.

Me acerco a mi cuarto, cierro la puerta sin encender la luz, y cruzo a la ventana, levantando un listón de las persianas de madera para mirar afuera para ver que Yulia todavía está allí, viendo a mi casa, su cara está a la sombra, pero su lenguaje corporal es tenso.

Sé que debo sentirme victoriosa, feliz de que la tengo tan nerviosa. Curiosamente, sin embargo, quiero abrir mi ventana y llamarla para hablar un poco más, a ver si puedo conseguir los hoyuelos sólo una vez más. Se mueve como si fuera a alejarse, pero alcanza a ver un vistazo de mí observándola y se congela.

Me tiro hacia atrás, dejando caer y cerrando la persiana y presionando mi espalda contra la pared junto a la ventana, escondiéndome. Mira quién está nerviosa ahora, pienso. Me río con sorna de mí misma y vuelvo a la ventana con el corazón hundiéndose sólo un poco en el espacio —ahora vacío— donde había estado. - Contrólate, Lena —murmuro para mis adentros, palabras que rápidamente se están convirtiendo en mi lema. Me acuesto en la cama, ignorando el divertido efecto en mi estómago.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Lun Mar 30, 2015 4:38 pm

El Baile Comienza de Verdad.

Deberías ir al Morp conmigo —dice ella sin darle importancia, como si mi respuesta en realidad no
importara. Tengo mejor criterio.

Estamos sentadas juntas en el almuerzo como lo hemos estado casi todos los días desde el fin de semana del incidente de la stardate. Nos sentamos solas ya que no pertenezco a su grupo y ella definitivamente no pertenece al mío.

Cada uno de estos grupos nos mira con atención, el mío con humor y el suyo con confusión.

— ¿Es esa tu manera de pedirme que salgamos? —Trato de sonar herida por el modo informal de preguntar, y fallo.

Me mira y luego rápidamente aparta sus hermosos ojos azules.

Definitivamente está nerviosa sobre mi reacción a su pregunta. Mientras que a sus ojos nos hemos convertido en algo así como amigas, aunque del tipo raro, sigue sin estar clara sobre los límites de dicha amistad.

Morp es lo opuesto a la fiesta de graduación, casual pero para parejas, la mayoría de las parejas vienen ya sea vestidos igual o con algún tipo de ―tema‖ en sus trajes. Tengo una idea.

— Iré si te vistes como yo.
— No voy a usar una minifalda —bromea, finalmente encontrando mis ojos, algo como alivio reflejado en los suyos.
— Aguafiestas —murmuro—. Qué tal sólo un poco… rockera—le digo.


— Está bien. —Está de acuerdo, inclinándose hacia adelante, sonriendo—. Pero entonces tú vienes un poco nerd, como yo.
— Vamos, Yul. ¿Crees que eres nerd?

Rueda sus ojos en mí dirección.

— Dime que tú no lo haces.

Me encojo de hombros, luego río.

— Bueno, vamos a recapitular, Yul. Obtienes solo ―A‖, perteneces a todos los clubes de chicos inteligentes, y siempre usas tus camisas abotonadas completamente hasta arriba. —Alcanza la parte de arriba y toquetea su botón superior tímidamente—. Apostaría a que también te sabes StarWars completamente. —Deja caer su mano y se encoge de hombros, un gesto es su respuesta afirmativa—. Tal vez sólo un poco nerd —me río.
— Lo cual no explica por qué quieres ser vista conmigo.
— Somos una pareja extraña. —Estoy de acuerdo ligeramente, andando con cuidado.
— ¿Lo somos? —Está repentinamente seria.
— ¿Qué? ¿Extrañas?
— No, tú sabes, lo otro… —se calla, insegura.

Sonrío por dentro, muy consciente de su confusión con respecto a mí.

— Bueno, si individual es uno, y triple es tres, entonces pareja debe ser dos. Y estamos dos personas sentadas aquí. Incluso yo sé eso, y eres la que se supone que es la genio de las matemáticas aquí, Yul.
— Yulia —contradice de forma automática, en voz baja, sin saber que incluso ha dicho la palabra. Me mira, pareciendo decidir si presionarme por una respuesta real por una vez, en lugar de mis habituales comentarios crípticos destinados a mantenerla adivinando.

Retrocede, y suspiro de alivio por dentro.

— Así que, ¿qué dices? ¿Quieres ir?
— ¿No es la elección de la chica?
— ¿En serio? —Sé que sabe que lo es. Es un OCE, Oficial del Cuerpo Estudiantil, y ellos planean todas estas actividades inútiles. Me mira disimuladamente por debajo de aquellas largas pestañas, y sé que está bromeando.
— Claro, ¿por qué no?
— Las famosas últimas palabras de Lena —murmura.

Me inclino hacia adelante y cubro su mano con la mía, metiendo mis dedos bajo su palma. Su cuerpo entero se calma. Mira nuestras manos, y luego, lentamente, sus ojos se elevan hacia los míos.

— Sí, Yulia, me encantaría ir al Morp contigo —le digo, lanzando el tono ronco—sexi, ahora que está fuera de balance. Retiro mi mano y me inclino hacia atrás, mordiendo mi manzana, rompiendo el hechizo. Ella da una risita.

Suena en cierto modo como tipo de alivio.

— Además —digo—, si piensas que la gente se sorprende por nosotras ahora, imagínate lo que pensarán si aparecemos allí la una como la otra.

Yulia sonríe ante esto.

— Podría ser divertido —está de acuerdo.
— Definitivamente.

⊕⊗⊕

Este acuerdo le da a mis amigas un sin fin de diversión. Quieren fotos.

⊕⊗⊕

El baile cae un viernes, lo cual es totalmente impresionante porque me saca de la estúpida noche familiar, por una vez. Cuando Yulia viene a recogerme, encuentro que en realidad no me gusta en pantalones de cuero negro y una chaqueta, guantes de cuero negro, cabello de punta, cadenas colgando de su cintura, labios negros y delineador, a pesar de que hizo un buen trabajo y que fácilmente podría encajar con mis amigos, exceptuando por su postura perfecta y ojos claros, por supuesto. Aunque no es necesariamente mi objetivo conseguir que se vista así, sigue siendo mi objetivo conseguir que se vuelva mala, que sea como yo.

Estoy usando ropa prestada del armario de la porrista. Ella no apreciaría que esté utilizando su ropa para verme nerd. Me gustaría que estuviera aquí para saberlo en lugar de regreso en la universidad. Estoy usando un suéter con una letra estampada, ¿de verdad, estampado de letras para estar de pie delante de una multitud y actuar como una idiota mientras los guías en ovaciones?, con una falda de tweed rosa y amarillo a cuadros, y zapatos que parecen como sacados de los años cincuenta. Tengo mi cabello torcido en dos trenzas, aunque incluso eso no disfraza su coloración rojo y negro.

— Vaya —dice mirándome, aunque sólo a mi cara y no el usual examen corporal de arriba a abajo que recibo de los chicos con los que normalmente salgo—. Te ves muy bien sin todo ese maquillaje. —Entonces dándose cuenta de que podría dar la impresión de ser descortés, balbucea—: Quiero decir, siempre te ves bien, todos los días, pero debajo de todo eso, eres realmente hermosa.
— Espero que ninguno de mis amigos me vea —digo para cubrir el hecho de que su comentario en realidad me halaga un poco.

Pat y Sue, también conocidos como los de acogida, están ahí con su cámara. Sonrío y me comporto bien porque no quiero ofender a Yulia, no a causa de algo tan noble como los buenos modales, sino porque la necesito maleable esta noche.

Beth y Ella están en el baile, con sus propias cámaras. No les digo nada, aunque paso frente a ellas dos veces antes de que me vean. Les toma un tiempo comprender qué insulsa chica soy.

Entretiene a Yulia que no me reconozcan.

Por supuesto, sus amigos tampoco la reconocen, por lo que juega mi juego, un perfil bajo hasta que alguien lo nota. Beth y Ella tienen una ventaja en esto, ya que son conscientes de nuestra estratagema. Toman algunas futuras fotos de chantaje de nosotros antes de irse. Tienen mejores fiestas en las que colarse.

Es el tímido Marcus quien reconoce a Yulia.

—¿Yulia, eres tú? —pregunta, mientras estamos sentadas en el banquillo bebiendo ponche ultra dulce, un complemento perfecto para mi traje y uno natural para quien Yulia es.
—Hola, Marcus. — ¿Oí un poco de nostalgia en su voz, una mayor atención en sus ojos a su apariencia? Me arrimo un poco más a ella, presionándome contra su brazo.
— ¿Por qué estás vestida así? —Su disgusto es evidente. El me mira, no hay reconocimiento en sus ojos.
—Lena y yo cambiamos lugares —le dice.
— ¿Lena?

Yulia me señala.

—Lena Katina. Te acuerdas de ella de la escuela, ¿verdad?
—Oh. —Es claro que no lo hace—. Sí, claro. Hola, Lena.

Deslizo mi brazo deliberadamente bajo el de Yulia, enlazando mis dedos con los suyos. El se da cuenta, al igual que ella.

—Hola —mi respuesta es frívola, una ligera amenaza felina allí que el reconoce instintivamente. Los ratones siempre lo hacen.
— ¿Con quién viniste? —Yulia siempre es amable, y solo yo noto el temblor en su voz. ¿Está nervioso por mi tacto, o es alguna otra cosa?
—Brian. Nos está consiguiendo algo de ponche. —Brian de los amigos geek de ciencia ficción de Yulia, aquel a cuya casa fuimos para el gran argumento de StarTrek. El agita vagamente su mano detrás de el, sus ojos lanzándose nerviosamente entre mi cara, la cara de Yulia, y nuestras manos entrelazadas. Mantengo mi sonrisa felina en su lugar, acercándome a Yulia.
—Siéntate. —Yulia señala el lugar vacío junto a ella. El Ratón lenta, y vacilantemente se sienta, agraciado de una manera que nunca hubiera sospechado. Me enfada que esté manteniéndolo cerca, recordando su postura hacia el el día que decidí hacerla mi proyecto principal.
—No te ves tan bien vestida así —le dice sin malicia. La honestidad y la franqueza son aparentemente innatas en los geeks y los dorks por igual.
Yulia mira hacia abajo a sí misma y por primera vez esta noche parece avergonzada de su apariencia. Me molesta que esté avergonzada de verse cómo normalmente luzco.

—Es sólo un disfraz —dice, encogiéndose de hombros.
—Sí, pero yo me veo bien, ¿no? —interrumpo. Estoy irritada y lo demuestro—. Quiero decir, esta noche de todos modos, esta noche me veo bien. ¿Cuál es tu disfraz, Mark?
—Mi nombre es Marcus—corrige—. No estoy usando un disfraz.
—Huh. —Me las arreglo para infundir la palabra con sarcasmo. Yulia está mirándome y algo que no he visto antes destella a través de sus ojos, ira.
—Hola, chicos.

Brian nos encuentra y se deja caer al lado del Ratón. Lleva una camiseta con el cartel de la película de Starman, y le entrega una taza de ponche que está amargo en comparación con su usual dulzura natural. Esto es demasiado. No puedo soportarlo más.

—Vamos a bailar, Yul—ordeno, no exactamente de modo agradable. No me rechaza, sus buenos modales de crianza no la dejan.
—Yulia —corrige con dureza, poniéndose de pie y jalándome con ella, un poco más bruscamente de lo que espero. La sigo a la pista de baile, realmente no tengo opción ya que mi mano todavía está enredada con la suya. Es sorprendentemente fuerte.

Puedo sentir la tensión en su cuerpo mientras envuelve sus brazos a mí alrededor. Todavía me sostiene a una distancia respetable, aunque quizá no tan distante como la primera vez que bailamos.

Su cuerpo está rígido, y mantiene la mirada fija sobre mi cabeza, sin mirarme. No puede permanecer en silencio por mucho tiempo, no es el estilo de Yulia permanecer en silencio cuando algo le molesta.

—¿Qué fue todo eso? —exige.
—¿Qué? —Trato de aparentar inocencia, pero la mirada que me da me deja saber que ve a través de eso—. Está bien. Quiero decir, vamos,Yul… Yulia. El se te estaba lanzando. De mal gusto cuando estás con una cita.

De repente me jala cerca, apretada contra ella, sugerente, y me siento humillada de que me está dando exactamente a lo que le he estado apuntando.

— ¿Él se me estaba lanzando? —Su voz es baja, su boca junto a mi oreja—. ¿Fue Marcus quien estaba de repente envuelto sobre mí, sosteniendo mi mano, disparando dagas hacia ti con sus ojos? ¿Qué es este juego que estás jugando conmigo, Lena?

Una nueva sensación me lava, una con la que estoy familiarizada, vergüenza. Me aparto y me alejo rápidamente de ella, fuera de las puertas hacia el aire fresco de la noche. Simplemente llamaré a Beth y haré que venga a recogerme, necesito una fiesta real en estos momentos. Saco mi teléfono celular y airadamente empiezo a apretar botones antes de cerrarlo de golpe. No puedo llamarla cuando tengo lágrimas corriendo por mi cara.

—Lena. —Está detrás de mí, tan cerca que puedo sentir la tensión irradiando de ella.
—Lo siento, Yulia. No sé qué está mal conmigo. —Sueno patética para mis propios oídos, y lo odio.
—Lena —repite más suave, poniendo una mano sobre mi hombro—. Mírame.

Niego con la cabeza. No puedo decirle la verdad. No puedo.

Da un paso delante de mí, inclinando mi rostro hacia arriba. Airadamente seco las lágrimas.

—Lena… —Esta vez la compasión llena mi nombre, lo cual casi me deshace, así que le cuento una parte de la verdad, aliviando la tensión.
—Lo siento, fui grosera con tu amigo. Pero la verdad es… —Tomo una respiración profunda y la dejo escapar—. La verdad es que estoy celosa de él.
—¿De Marcus? —Luce escéptica.
—Sí. Pero te juro que no lo admitiré si me preguntas de nuevo, incluso bajo amenaza de tortura o muerte. —Cruzo mis brazos malhumorada.

Yulia se ríe.

— ¿Por qué?
— ¿Por qué estoy celosa o por qué no voy a admitirlo? —Me detengo. Ella sólo levanta sus cejas. Realmente me gustan sus ojos.
—Porque no estoy acostumbrada a que me quiten la atención de mi cita, especialmente por alguien como él. Porque es obviamente perfecto para ti, Yulia. —Levanto mi mano hacia la puerta por la que acabamos de salir—. Es con quien deberías estar, lo sabe y tú lo sabes.
—¿Alguien como él? Te refieres a alguien como yo.

No tengo una respuesta, así que miro hacia otro lado.

—Estoy aquí contigo.

Una afirmación obvia y simple, que en realidad no significa nada, así que ¿por qué mi corazón se eleva por las palabras? Estúpida.

—Te gusta —la acuso.
—Sí, supongo que sí. —Mi corazón se desploma de nuevo—. O lo hacía. Tal vez todavía lo hago. No sé. Pero no la traje al baile. Te traje a ti. Parece que paso todo mi tiempo contigo.
— ¿Por qué es eso? —Estoy realmente curiosa pero consciente de que puedo estar abriendo una puerta que no quiero abrir. Rápidamente reformulo—. Quiero decir, ¿por qué quieres hacerlo?

Luce pensativa.

—Eres divertida —dice finalmente—. Me río mucho cuando estoy contigo. Siempre me divierto cuando estoy contigo. Y tratas de ocultarlo, pero eres realmente muy dulce.
—Eso es una cosa horrible para decir —le digo con petulancia, cruzando los brazos con fuerza de nuevo. Ella se ríe.
—Y eres muy inteligente.
—Ahora sé que estás mintiendo.
—Lo eres. Pero tratas de ocultar eso también. Y eres bonita.
—De mal en peor —gimo. Ella sonríe.
—Y cuando estoy contigo, no quiero estar en otro lugar o con cualquier otra persona.

Mi corazón salta, y gimo. La culpa no se suponía que iba a ser parte de esto.

Debo renunciar ahora, dejarla libre de culpa.

—Sé que no soy exactamente tu tipo —dice—. Pero me gustas. No estoy segura de por qué quieres estar cerca de mí en lo absoluto, pero ya ni siquiera me importa, siempre y cuando consiga mantenerme saliendo contigo.

Gimo de nuevo y me inclino hacia adelante, dándome cabezazos contra su pecho. Ella pone sus manos sobre mis hombros, frotándolas suavemente sobre ellos.

—¿Por qué tienes que ser tan buena? —gimo, entrelazando mis manos en las cadenas que no debería estar usando.
—Puedo ser más mala, si quieres.
—No, no puedes. Quiero decir, mírate ahora. Soy la única siendo una idiota total, y vienes aquí para asegurarte de que estoy bien.

Me inclino hacia atrás y levanto la mirada hacia ella, tirando de las cadenas ligeramente.

— ¿Quieres entrar de nuevo y bailar un poco más? —pregunta.
— ¿Vas a hacerme pasar el rato con él?

Piensa en ello durante un minuto. Gruño, tirando de las cadenas de nuevo, y los hoyuelos aparecen.

—Bueno, no, no esta noche.
—Gracias, mi caballero de brillante armadura.

Ella toquetea las cadenas.

—Bueno, tal vez la parte brillante de todos modos.
—Eres una chica graciosa, Yul… quiero decir, Yulia —digo mientras caminamos hacia la escuela, Yulia sosteniendo mi mano, la cual aprieta por mi comentario.
—Realmente no me importa qué me llames Yul. —Antes de que pueda comentar sobre este inesperado acontecimiento, cambia a una extraña voz de científica loca—. Debes saber que tengo talentos que ni siquiera he empezado a mostrarte, mi joven aprendiz.
—No puedo esperar para verlos —murmuro mientras se ríe—. Sólo por curiosidad, sin embargo, Yul. ¿De dónde sacaste la ropa que llevas?
—Uh… —Su voz se desvanece.
—¿Sí? No he oído hablar de una tienda llamada ―Uh‖. —Cuando no dice nada, ni siquiera me da una sonrisa, tengo sospechas. Me detengo, forzándola a detenerse conmigo.
—Muy bien, Yul, confiesa. No puede ser tan malo, ¿verdad? ¿A quién se las pediste prestadas?
—No las pedí prestadas.
—¿Las robaste o algo así? —Me río.
—No… —Su respuesta es vacilante. Ahora estoy realmente curiosa. Por último, murmura—: Los alquilé.

Estoy sorprendida.

— ¿Puedes alquilar ropa? —Me mira y algo en su expresión me detiene en frío—. ¿Yul?
—Está bien. Las conseguí en una tienda de disfraces, ¿de acuerdo?
— ¿Una tienda de disfraces?

Su mandíbula se aprieta, y empiezo a caminar de nuevo, Yulia siguiéndome lentamente.

—¿Soy un disfraz de Halloween?

Está silenciosa, esperando mi reacción.

—No sé si debería sentirme divertida o… ¡o insultada!
—No te sientas insultada —dice en voz baja—, porque lo que llevas puesto también puede provenir de una tienda de disfraces. Todos usan algún tipo de disfraz, ¿verdad?

Hago una mueca a su sesgada lógica, pero ella sólo sonríe y se detiene bruscamente.

—Tengo una idea.
—¿Va a doler? —pregunto, vacilante.
—Tal vez. —Se encoge de hombros, dando vuelta y llevándome fuera hacia el estacionamiento, hacia su automóvil. Esta nunca ha sido una buena señal para mí en el pasado. Con los chicos con los que he salido, llevarme a sus autos fue siempre algo malo. Significaba que o bien estaban hartos de mí y querían llevarme a casa, o sólo querían besuquearse o más. Mi estómago se aprieta, pero Yulia solamente se apoya en el interior, girando la llave hasta que la radio se enciende. Hojea un par de estaciones hasta que encuentra una canción, y luego se vuelve hacia mí.

—Allí, ahora podemos tener nuestro propio baile, sin nadie que nos moleste o nos juzgue —dice, tomando mi mano y jalándome hacia ella. Empezamos bailando lentamente, y mi estómago finalmente se da cuenta que él no pretende hacerme ningún daño y se relaja. Le sonrío.
—¿Qué? —pregunta.
—Me sorprendes, Yul—digo, devolviéndole sus propias palabras. Ella se ríe y me jala un poco más cerca, todavía adecuado, pero no tanto como su usual postura formal.

Más tarde, en casa, acostada en la cama y recordando la forma en que me había mantenido un poco más cerca durante los bailes lentos después de nuestra pelea, me doy cuenta de que no logré el objetivo que me había propuesto para la noche: convencer a Yulia de ir a la fiesta conmigo después del baile. De alguna manera, no estoy realmente tan molesta.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Vie Abr 10, 2015 9:40 pm

Viejitos y Canciones


Para el lunes, todavía llevaba el maquillaje negro, pero tal vez un poco menos pesado con el delineador, y no delineo mis labios rojo rubí con negro. No es un cambio drástico, y por eso ninguno de mis amigos lo comenta, pero Yulia lo nota, puedo verlo por la mirada en sus ojos.

Tampoco me dice nada.

No tiene que hacerlo.

El tercer sábado del mes voy de acá para allá de nuevo, y me encuentro en el Centro para personas mayores, esta vez vistiendo un poco más conservadora para no asustar tanto a los viejitos. Muchos de ellos parecen genuinamente encantados de verme otra vez —al igual que el número que no me recuerda de la última vez no porque sea culpa suya sino como resultado de sus edades. Por supuesto, todavía hay unos pocos que me encuentran desagradable incluso en mi estado suavizado, pero sus números son completamente pequeños en comparación con el resto.

Algunos me cuentan las historias de sus vidas, las cuales son extrañamente interesantes. Muchos de ellos han vivido durante el tiempo cuando las cosas avanzaron dramáticamente. La televisión y los teléfonos eran algo con lo que no podían soñar, ni digamos de cosas como el Internet y los teléfonos celulares. Vivieron durante la Segunda Guerra Mundial —muchos de ellos prestaron servicio en ella— enviaron a sus hijos a Corea o Vietnam, y ahora tienen nietos o nietos de los nietos en el Medio Oriente. Vivieron durante la Depresión, y sobrevivieron a la pérdida de miembros de sus familias, cónyuges e hijos incluso —muchas veces debido a circunstancias trágicas.

Pienso en mi propia pequeña historia de vida insustancial, la cual parece sin importancia ante los desafíos que enfrentaron en sus vidas. Mi historia es lo que me ha ayudado a sostener mi enojo, ayudado a justificar tantas cosas, y estoy un poco disgustada que sus historias hayan atenuado mis excusas.

Yulia está haciendo de tonta en el piano, como siempre, tocando canciones que ponen felices a estos viejitos. Luego se detiene y empieza a tocar una canción lenta mientras estoy ayudando a una viejita a acomodarse su frazada de ganchillo —tejida por su madre que hace tiempo que ha muerto, me dice. Estoy sorprendida por la melodía, lenta y ñoña. Alzo la mirada hacia Yulia , y me mira mientras está tocando. La balada es todo lo que profeso odiar, con su fluyente romanticismo derramándose. Me gusta en cierto modo.

Solo la toca un minuto o dos y luego martilla una interpretación entusiasta de ―Great Balls of Fire‖ con mucha teatralidad exagerada que complace a las ciruelas pasas. Sacudo mi cabeza ante su completa falta de inhibición.

Nos dirigimos al Pizza Palace luego de eso, y estoy contenta de que no sea otra noche de meseras italianas estiradas. Todos van al Pizza Palace, así que el hecho de que una geek y una freak aparezcan juntas causa un pequeño revuelo.

Un grupo de mis amigos se sienta en la esquina del fondo, esperando por un lugar para ir de fiesta. Ellos me saludan con sus manos, y miro a Yulia. Ella sacude la cabeza.

—Ve —dice, más cortés que nunca—. Voy a sentarme allí. —Señala la esquina opuesta, donde un grupo de sus amigos se sienta, incluyendo el ratoncito de Marcus.
—Vinimos juntas, ¿verdad? —le pregunto. Ella asiente con la cabeza—. Entonces nos quedaremos juntas. Sólo iré a saludar, y tú también puedes hacerlo, y luego encontraremos nuestra propia esquina para sentarnos.
—Bien… —Parece convencida que la abandonaré para comer una pizza grande sola—. Voy a agarrar la pizza cuando digan nuestro número.
—Yul, lo prometo, solo saludaré. Volveré. —Todavía parece escéptica—. Pero si traes a Mark a nuestra mesa, juro que… —Dejo que la amenaza en forma de gruñido cuelgue, y ella sonríe.

Se acerca un poco.

—Es Marcus. —No sé si estar divertida o enfadada por defender su nombre, pero se aleja caminando antes de tener la oportunidad de estar alguna de las dos cosas. Me doy la vuelta hacia mis propios amigos.
—Entonces, ¿esa es? —pregunta una chica llamada Gina. No la conozco bien ya que falta a la escuela casi todos los días. Ni siquiera sé con seguridad si sigue inscrita. Mi único contacto con ella suele ser en fiestas y es limitado en el mejor de los casos.
— ¿Ella, quién? —pregunto, lanzándole una mirada a Beth y Ella.
—A la que estás engañando… ya sabes, la chica… la apuesta que hiciste.
—No la estoy engañando —digo—, sólo estoy tratando de llevarla al lado oscuro. —Esto les parece a todos como algo gracioso, y ríen ruidosamente.
—Quizás deberías dejar de malgastar tu tiempo y venir a sentarte con alguien que está firmemente en el lado oscuro. —Este es Kyle. Ya no está en la secundaria, aunque eso es más de una cosa de edad y no una cosa de graduación. Mueve sus cejas en una ridícula sugerencia.
— ¿Dónde está la diversión en eso? —río.
— ¿De eso se trata? ¿Divertirse? —Sash es el único que no está divirtiéndose.

Apunto a mi labio elocuentemente mientras miro a Beth.

—No es sólo diversión.
—Oh, sí —suena amargado—. Lo olvidé. Un piercing labial está en juego. Eso hace que valga la pena.

Dejo caer mi mano. Se levanta furioso y se acerca rápidamente a mi rostro, con los ojos vidriosos y lívidos. Puedo oler la marihuana sobre él e inconscientemente lo comparo mentalmente con Yulia, quien siempre huele tan bien, tan limpia.

—Si te llevo ahora mismo y consigues perforar tu labio, ¿dejarás esta estupidez y comenzarás a actuar como tú otra vez?
—No puede —Ella sale a mi rescate—. No es tiempo para que arruine todo con sus padres de acogida todavía, ¿verdad, Lena?
—Además de eso —intercede Kyle—, estoy interesado en ver cómo se desarrolla esto, ver si pude hacerlo. Es un juego intrigante.

Todos estuvieron de acuerdo con esto.

— ¿Por qué estás haciendo esto? —pregunta Sash, gimiendo un poco pero todavía parado en su pose amenazante.
— ¿Lena? —Eché una ojeada, y Yulia está parada allí, mirándome. Por un segundo mi corazón se desploma. ¿Cuánto escuchó? — ¿Estás bien? —Entrecierra sus ojos significativamente hacia Sash. Sashresopla en un sonido que es tanto disgustado como divertido de que una geek podría pensar que puede protegerme de él, y luego camina alejándose.
—Preséntanos —grita Kyle, fingiendo que no está pasando nada extraño.

Yulia y yo miramos a Seth lanzar de golpe la puerta del frente. Me giro hacia Kyle.

—Esta es Yulia —digo, con culpa residual en mi voz—. Yulia, este, es todo el mundo.
—Soy Kyle —dice Kyle, levantando su mano. Yulia, la Educada, ni siquiera duda en estrecharla, y me siento miserable de saber que se están burlando de ella mientras no lo sabe—. Has estado saliendo con nuestra chica desde hace un tiempo. Deberías salir con nosotros en algún momento.
—Seguro, tal vez dentro de poco. — Yulia está rígida, sintiendo que algo está mal. Se gira hacia mí—. Nuestra pizza está allí si ya estás lista.
—Lo estoy —digo, alejándome sin mirar atrás. Yulia no tiene que hacerlo, pero se despide de ellos.
—Un placer conocerlos —dice, mirándome extrañamente cuando todos estallan en risas.
—Ignóralos… son unos idiotas —digo cuando nos sentamos en nuestra mesa.
— ¿Crees que tus amigos son unos idiotas? —Está perpleja.
—Pueden serlo.
—¿Sash estaba molestándote?
—¿Sabes quién es Sash?
—Voy a la escuela todos los días, sabes. No lo conozco personalmente, pero sé quién es.
—Oh.
— ¿Es, como, un viejo novio o algo así?

Me río.

—Difícilmente. Es algo así como tu Mark. Podría haberlo querido en algún momento, pero ya no tanto. Es prácticamente un freak.
—Marcus no es un freak —niega automáticamente. Entonces, digiriendo el resto de mis palabras, se inclina hacia adelante—. ¿Crees que quería a Marcus?
—No soy completamente distraída.
—Huh. —Súbitamente sonríe y se inclina más cerca—. ¿Qué te hace pensar que quizás ya no lo quiera, entonces?

Su burla no funciona porque me encuentro en la miseria ante ciertas verdades que están tratando de salir a la superficie dentro de mí.

—Deberías estar con él. Sería un novio perfecto para ti.
—No estoy buscando un novio.
— ¿No?
—Nop.

La miro entrecerrando mis ojos. ¿Está diciendo eso porque no quiere un novio o porque piensa que tiene una? Entonces sonrío. Ha convertido mi jueguecito de medias respuestas en mi contra.

La chica está aprendiendo. Podría tener éxito todavía.

⊕⊗⊕

Yulia me lleva a casa y como de costumbre camina conmigo hasta la puerta. Una nueva experiencia para mí, tener a alguien haciendo eso cada vez que me trae a casa y no solamente la primera vez cuando está tratando de causar una buena impresión. Estoy acostumbrada a ser dejada en el bordillo de la acera.

—¿Quieres entrar por un rato? —pregunto repentinamente antes de poder acobardarme.
—Seguro. —Nunca se lo he preguntado antes, y su voz transporta sorpresa.

Entramos, y los padres de acogida están sentados en la sala de estar, enroscados juntos mirando alguna tonta película vieja. Se enderezan cuando entramos, poniéndose de pie cuando ven a Yulia detrás de mí.

—¡Yulia! Qué bueno verte de nuevo. —La mamá suena emocionada, como si fuera un pariente largo tiempo perdido que súbitamente ha aparecido.
—Es agradable verlos también, señor y señora Grant.
—¿Se han divertido esta noche?
Realmente no quiero jugar a este juego de ―somos una familia real‖, por lo que digo:
—Vamos a ir a mi habitación.
—Está bien, cariño —dice la mamá, fallando en su prueba tácita. Si fuera cualquier persona de mi círculo habitual, no habría un ―está bien‖ siguiendo a mi declaración. Me doy la vuelta para dirigirme a las escaleras, y Yulia me sigue.
—Deja tu puerta abierta —dice el papá, y sonrío, sólo un poco. Él sabe… los chicos son chicos.

Entramos en mi habitación, y Yulia mira con interés. La habitación está adornada con volados y es femenina, toda llena de encajes blancos y cursis pinturas de paisajes y mariposas colgando en las paredes, una habitación sacada de una revista.

—No se parece en nada a como me imaginaba que iba a verse tu habitación.
—Sí, bueno, así es como estaba cuando llegué aquí. Nada es mío, obviamente.

Me mira de manera extraña.

— ¿Cuánto tiempo has vivido aquí?
—Casi un año.
— ¿Y todavía no la has personalizado?
— ¿Por qué lo haría? —pregunto con curiosidad.

Levanta sus manos como si debiera ser algo obvio.

—Porque vives aquí.
—Temporalmente. —Mi respuesta la conmociona, me doy cuenta.
— ¿En cuántos lugares has vivido? —pregunta.
—Muchos.
— ¿A qué se debe?
—Las personas no me aguantan por mucho tiempo, Yul.
—No lo creo. No estoy harta de estar cerca de ti.
—Sí, bueno, dale algo de tiempo. No has estado cerca por mucho tiempo.
—No te das mucho crédito.
—Tú me das demasiado. ¿Podemos hablar de algo diferente? —Esta conversación en particular me perturba.

Me mira por un minuto, como decidiendo algo. Luego se sienta en mi cama, y tengo que contenerme para evitar estallar en carcajadas. Su mamá se habría asfixiado si supiera donde está su bebé en este momento.

— ¿De qué deberíamos hablar? —pregunta.

Me acerco y me tumbo en la cama junto a ella, dejándome caer por lo que estoy acostada, curiosa sobre lo que hará. Solo se da la vuelta un poco para que no lo esté hablando a su espalda pero no hace ningún otro movimiento. Huh.

—Oye, ¿qué pasó con la canción ñoña que estabas tocando esta noche? —pregunto.

Me da la espalda.

— ¿Pensaste que era ñoña? —Suena un poco decepcionada. Me siento y me muevo al borde de la cama para poder ver su rostro.
—Sí, supongo que sí. Pero una ñoña buena.

Me mira sardónicamente.

— ¿Qué es, exactamente, una ñoña buena?

Me encojo de hombros.

—Bueno, ya sabes, realmente romántica. Esa clase de cosas.

— ¿No te gusta lo romántico?
— ¿Te parezco como alguien a quien le gusta lo romántico?

Ahora, ella se encoge de hombros.

—Creo que hay muchas capas que ocultas.
—Yul, realmente tienes que dejar de pensar que hay más en mí de lo que salta a la vista.
—Lo hay. —Rezongo ante sus palabras, y ella ríe—. Para serte sincera, esa canción era algo en lo que he estado trabajando.

Extiendo mi mano y agarro la suya con un jadeo entrecortado.

— ¿Esa es una canción que estás escribiendo? —Ella asiente—. Y yo la destrocé. —Mi tono indica mi angustia.
—Está bien. No es importante.
—Es importante. No quiero hacerte daño.

Incluso mientras digo las palabras que son verdad, sé también que son una mentira porque todo lo que hago ahora con el tiempo la lastimará, o al menos a quién es.

Me da una sonrisa irónica y se encoge de hombros, tímidamente.

—La escribí para ti.
— ¿Para mí? —Me niego a reconocer los sentimientos que tratan de empujarse en dirección a la superficie ante esto.
—Sí, ya sabes, me inspiré por ti. Tonto, ¿eh?

Apoyo mi cabeza sobre su hombro y pongo mi mano sobre la suya, pero en vez de ponerse rígida como he llegado a esperar cada vez que la toco, se relaja y apoya su cabeza contra la mía.

—Nada de tonto —digo—. Increíblemente dulce. Nunca nadie ha hecho algo así por mí antes.

No dice nada, sólo da vuelta su mano y entrelaza sus dedos con los míos.

— ¿La terminarás? ¿Para mí?
—Aunque sea ñoña —dice.

Levanto mi cabeza y lo miro a sus grandes ojos.

—Un poco de ñoñez no le hace mal a nadie.

Así que está escribiendo una canción para mí, pienso más tarde.

Geek.

Estoy bastante contenta por eso.






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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Jue Abr 23, 2015 5:25 pm

Más Tiempo.


El fin de año llega, y Beth y Ella me acorralan.

— ¿Tienes escuela de verano? —pregunta Beth.
—No, apenas pasé. ¿Ustedes?
—No, estamos bien —responde Ella.
—Así que Yulia no ha estado en una fiesta todavía, y apostaré a que obtuvo un 10 de promedio—dice Beth.
—Está progresando —les digo—. Sólo necesito un poco más de tiempo. Es más fuerte de lo que pensaba. Pero ya la tuve en mi cama.

Ambas jadean en estado de shock, y me río.

—¡Estoy bromeando! Relájense. Sólo estuvo sentada en el borde de mi cama, pero eso es probablemente más de lo que ha hecho nunca antes.
—Tienes un calendario, ya sabes —dice Beth.
—Sí, lo sé. A decir verdad, esta familia de acogida no es la peor todavía, así que podría quedarme la mayor parte del verano con ellos.
—¡Te estás ablandando! —me acusa Beth.
—Muérdete la lengua, señorita. Soy tan dura como siempre. Siéntelo. —Extiendo mi brazo, apretando mis bíceps.

Ella da un paso adelante y aprieta.

—Sí, definitivamente más blanda.

Bajo mi brazo.

—Tal vez un poco más blanda, pero no es lo que están pensando. —Señalo mi labio—. No voy a dejarlas librarse tan fácilmente. Todos los planes siguen en marcha. Antes de que el verano haya terminado, verán a una nueva Yulia. Y probablemente tendrán que encargarse de ella por mí el año que viene ya que las posibilidades de que consiga otra familia en esta escuela son nulas.
— ¿Cuál de nosotras? —preguntan a la vez.
—Tal vez esto requerirá de las dos —digo, mi estómago apretándose ante la idea de Yulia a merced de cualquiera de ellas, por no hablar de ambas.

⊕⊗⊕

— ¿Quieres ir a nadar? —pregunta Yulia unas tres semanas después, y me imagino que esta es una buena oportunidad para realmente cambiarla a mi manera. Mi cuerpo es uno de mis puntos fuertes.

Me recoge y me deja conducir su fantástico auto, el cual estoy acelerando casi al máximo. Me gustan los autos. No estoy usando maquillaje porque el agua en el tipo de maquillaje que uso da lugar a unas rayas negras ridículamente largas en la cara. Tengo puestas una camiseta y una falda encima de mi traje de baño porque planeo aprovechar al máximo el quitármelas.

Yulia lleva nuestras cosas y nos encuentra un lugar en el césped bajo el sol.
— ¿Esto está bien? —pregunta.
—Genial.

Una vez que tiene la manta extendida y se sienta, me pongo casualmente delante de ella y me quito lentamente la camiseta. Ella está reclinada sobre sus manos, con lentes de sol, pero está muy quieta. Tengo toda su atención ahora, a pesar de que pretende lo contrario. No es de buenos modales mirar, después de todo. Deliberadamente desato la falda envolvente y la dejó caer al suelo. Todavía no se ha movido. Reprimo mi sonrisa.

—¿Vas a sentarte allí todo el día o vamos a nadar? —pregunto, con las manos en las caderas.
—Uh, na... nadar. Yo... yo creo que nadar.

Sonrío y extiendo mi mano. La mira por un minuto, y luego coloca su mano en la mía, y lo levanto. Arroja sus lentes de sol a la manta, y me complace ver que sus ojos están un poco desenfocados. Yulia se quita su propia camiseta; ahora es mi turno de estar aturdida.

Yulia realmente un muy buen físico. En absoluto la prodigio flaco, pálido y sin forma que esperaba que fuera. Su traje de baño amarillo brillante es justo lo que habría esperado. Todo lo que necesita es un estampado de Spiderman para estar completo.

Caminamos hacia la piscina, y me meto diestramente de una zambullida.

Salgo a la superficie y miro a Yulia, quien entonces salta como una bala de cañón a mi lado, empapándome.

—Bonito —le digo cuando sale a tomar aire.
—Uno de esos talentos de los que te hablé —dice—. Te reto hasta el otro lado.

Me deja ganar. Es una nadadora buena y fuerte. Le digo que me di cuenta.

—Clases de natación desde los tres a los trece —confiesa.
—Autodidacta. —Estoy orgullosa de mí misma. Ella se ve impresionada.

Después de nadar un rato y tener una guerra de agua que ella gana fácilmente, salimos y caminamos de vuelta a nuestra manta. No estoy acostumbrada a la falta de atención que estoy recibiendo de los demás nadadores. A pesar de que mi traje de baño está cubierto de cráneos negros, sin mi ropa y maquillaje extravagantes, no destaco particularmente. El anonimato es algo bueno porque me puedo relajar y no preocuparme por mantener el acto.

Yulia va a la cafetería y nos compra botellas de agua y Popsicles, los alimentos oficiales de los geeks nadadores en todas partes. Cuando vuelve, saca el protector solar de su mochila y me lo ofrece.

Empiezo a frotarlo en mis brazos y piernas, pero cuando llego a mi vientre se me ocurre echar un vistazo y veo que Yulia se ha vuelto a poner sus lentes de sol, congelada en el acto de verme, ni siquiera dándose cuenta de que su Popsicle está derritiéndose en vetas bajando por su brazo. Así que lo hago más despacio, haciendo un espectáculo de ello.

—¿Puedes frotarme un poco en la espalda? —pregunto. Ella no contesta, sólo arroja su Popsicle sobre el césped.
—Vuelvo enseguida —dice, y luego se levanta de un salto y corre hacia el vestidor. Vuelve casi de inmediato, y su brazo está goteando, pero ahora con agua en lugar del jugo de su Popsicle, aunque su brazo todavía está surcado de manchas rojas. Se apresura y se sienta detrás de mí. Se echa loción en las manos, frotándolas entre sí para calentar la loción antes de ponérmela, tomándose más tiempo del necesario en frotármela. Está definitivamente afectada por tocarme.

Así como yo lo estoy.

—Ya está. —Su voz es temblorosa.
—Muy bien. Aquí, te lo haré.
—¿Qu…? —Su voz se entrecorta.

Levanto la loción.

—Oh. Sí. Muy bien. —Se da la vuelta, y echo la loción fría directamente sobre su espalda. Salta un poco y se le pone la piel de gallina. La froto, sorprendida de nuevo ante el duro músculo bajo su piel caliente.
—¿Te ejercitas, Yul?
—No. ¿No es evidente?
—No, no realmente. Pensé que serías más delgada de lo que eres.

Se ríe.

—Estoy confundido. ¿Es eso un cumplido o un insulto?
—Sí —digo, y está sonriendo cuando se vuelve para mirarme.
—Es natural —dice con voz de Schwarzenegger, flexionando los brazos y el pecho.
—Lindos —digo con una sonrisa, pero mis ojos le dicen que hablo en serio.

Ella deja caer su postura.

—Jugué básquetbol y fútbol por mucho tiempo —dice encogiéndose de hombros.
— ¿Por qué ya no lo haces? —pregunto, tratando de imaginar a Yulia como deportista.
—Mis clases en la escuela. Tengo un montón de tareas. Y ya que estoy bastante seguro de que no voy a entrar a la universidad con una beca deportiva... o por mí apariencia —añade en tono de burla—. Tengo que depender de mis calificaciones.
—No critiques tu apariencia, Arnold. La combinación asesina de tus ojos y hoyuelos probablemente podría hacerte entrar en un lugar o dos.
— ¿Dos cumplidos en un día? Eso tiene que ser un récord.
—Está en mi naturaleza ser amable con los pobres y oprimidos. —Suspiro de forma dramática.
—No soy ninguna de las dos, así que vas a necesitar una nueva historia —dice.
—No tengo una. Esa es la mejor que puedo idear. Así que dime, chica universitaria, ¿qué quieres ser cuando seas grande?
—Escritora.

Mis cejas se alzan ante esto.

—¿De qué? ¿Libros de historietas? ¿Malas películas de ciencia ficción?
—Novelas.
—Podría contarte historias que te enroscarían los dedos de los pies —murmuro, pero me escucha claramente.
—Cuéntame.
—No, no lo creo. Me gusta que tengas ésta visión limpia de mí.
—¿Limpia?
—Sí. No conoces mi suciedad.
—¿No me vas a contar?
—Algún día podría —digo, pensando en el día que se vuelva como yo y me vea en mi vida real. Conocerá la mayor parte de mi suciedad entonces, pero no toda. Algunas cosas nunca se las diré. Me acuesto en la manta al lado de donde está sentada.
—¿Te puedo preguntar algo? —dice.
—No te voy a contar mi suciedad, Yul, con o sin hoyuelos.

Se reclina sobre sus codos, volviéndose para mirarme a la cara.

—No es eso. Me contarás cuando quieras. Es otra cosa.
—Suena serio —bromeo.
—Un poco. —Desliza su mano debajo de la mía, frotando ligeramente mis nudillos—. Sigues emitiendo todas estas vibraciones contradictorias.

Levanto la vista hacia ella, y luego me apoyo en mi propio codo para que estemos cara a cara.

— ¿Qué quieres decir?
—Somos amigas, ¿verdad? —pregunta. Asiento con la cabeza—. Y eso es bueno. Inesperado, pero bueno. Sin embargo, pasamos mucho tiempo juntas. Un montón de tiempo. Estoy contigo más de lo que estoy con todos mis otros amigos juntos. Y me imagino que es lo mismo para ti.
—Me gusta pasar el rato contigo, Yul —digo vacilantemente, sin saber a dónde va con esto—. Pero no pretendo acaparar todo tu tiempo. No tienes que estar conmigo tanto si prefieres estar con tus amigos.
—Eso no es lo que estoy diciendo. Prefiero estar contigo. También me gusta pasar tiempo contigo. Me gusta mucho. Tú me gustas mucho. —Baja su mirada, viendo nuestras manos que aún están unidas.
—Lo mismo —digo, confusa. Ella se ve frustrada. No estoy segura de lo que quiere.
—Pero luego haces cosas que emiten la vibración de que quieres ser más que amigas. —Me está mirando directamente ahora, negándose a dejar que me esconda de ella.
— ¿Cómo qué? —pregunto con ligereza. Estoy tratando de darle la vuelta a esta conversación, ponerlo incómoda. No funciona.
—Como hoy. Tu pequeño acto de desvestirte para mí.

Abro la boca para negarlo, pero al final no lo hago. No puedo cuando está mirándome a los ojos de esa manera, exigiendo honestidad. Bajo la mirada, abochornada.

—Te diste cuenta de eso, ¿eh?
— ¿Cómo no iba a hacerlo? —Se ríe ásperamente—. Y me dices que estás celosa de Marcus, me tocas todo el tiempo cuando sabes lo que eso me hace.

Quiero ser impertinente y exigir que me diga lo que eso le hace, pero me temo que me lo dirá. Después de todo, Yulia no es más que honesta.

— ¿Qué estás diciendo, Yulia? —pregunto finalmente.
—Quiero estar contigo.
—Lo estás.
—Sabes a que me refiero. Quiero saber cómo te sientes por mí.

Sinceramente.

Miro nuestras manos sostenidas sobre la manta. Y sólo por ahora, quiero abandonar el juego. Por sólo un rato quiero ser lo que quiere de mí. Sólo por un rato.

—Estamos tomadas de la mano —digo, volviendo a mirar sus preciosos ojos azules.
—Sí, ¿y qué?
—No me tomo de la mano con mis amigas, Yul.

Sus ojos cambian, oscureciéndose un poco ante eso. Me besa entonces, inclinándose hacia mí mientras estamos en la manta tomadas de la mano.

Un beso dulce, sin pedir nada. En nada parecido a los exigentes besos llenos de expectativas a los que estoy acostumbrada. No puedo evitar sonreírle cuando se separa. Su sonrisa en respuesta es deslumbrante, quitándome el aliento.

—Aunque tengo que decirte algo... —digo—. No te ofendas, pero, eh...

Es paciente, esperando que encuentre las palabras. Su pulgar frotando el dorso de mi mano es una sensación tan agradable que casi no quiero decir las palabras. Pero las digo, tengo que hacerlo.

—También me gustas mucho, Yul. Completamente inesperado, pero ahí está. No estoy lo bastante lista para, ya sabes, hacerlo público. No con tus amigos y definitivamente no con los míos, ¿sabes?

Espero la ira, pero ella vuelve a ir contra la corriente normal y me sonríe.

—Tienes una rep que proteger, ¿eh?
— ¿Una rep? —pregunto—. ¿Qué, una noche en cuero y de repente ya eres toda moderna y cool? Realmente no usas palabras como esa, ¿verdad?
—Por supuesto que no. No encajaría con mi geeksidad.
—Yul, eso no es lo que quise decir…
—Está bien. Sé lo que soy, y estoy bien con ello. Tal vez algún día también tú lo estarás. —Me aprieta la mano—. Estoy de acuerdo en no hacerlo público. No creo que mis amigos estarían más contentos que los tuyos. Así que hasta que veamos a dónde va esto...
—Bésame otra vez —digo en voz baja.
—Pero, ¿esto no es público?
—No conocemos a nadie aquí, no de lo que vi.

Me complace, siempre cortés.

La freak y la geek.

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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Dom Abr 26, 2015 2:09 pm

Tiendas de Campana y Ampollas

- Voy a ir a un viaje de campamento con mi familia.

Estábamos tendidas una al lado de la otra en el trampolín detrás de la casa de Yulia, tomadas de la mano entre nuestros cuerpos seguramente distanciados. Su mamá todavía no está emocionada porque estoy saliendo con Yulia, especialmente ahora que la ve agarrando mi mano y poniendo su brazo alrededor de mí. Eso definitivamente la asusta. Pero después de nuestro paseo a los bolos, los padres de Yulia y los míos se han vuelto un poco sociables, por lo que está apenas aceptándome. Su padre lo está aceptando y siempre parece un poco divertido por nosotros. Todd, por supuesto, siempre está feliz de verme, y encuentro que mientras más tiempo paso con él, menos incómoda estoy.

Medio me está empezando a agradar.

— ¿Qué? ¿Cuándo? —pregunto.
—En un par de semanas.
— ¿Como, por, el fin de semana?
—No, vamos a ir una semana.
— ¿Una semana? —me siento, ella me sigue—. Pero… —me detengo y miro alrededor de su patio como si en éste de pronto fueran a brotar unas pequeñas señales respondiendo a todas mis preguntas—. ¿Qué se supone que voy a hacer sin ti por toda una semana?

Me siento un poco nerviosa por el pensamiento y me digo a mí misma que sólo es porque voy a tener un mal rato continuando mi campaña mientras ella está lejos.

—No lo sé. ¿Cómo sobreviviste antes sin mí?

Le doy una mirada asesina y la empujo en el pecho. Rueda lejos de mí dramáticamente, haciendo una voltereta hacia atrás. Trato de no reírme, pero es tan geek que no puedo evitarlo.

—Auch —gruñe—. No hagas eso. No conoces tu propia fuerza.
—Eres tan idiota —le digo, poniendo en blanco mis ojos.
—Sí, es por eso que me amas.
—En tus sueños, mi pequeño Goldum.

Ahora es su momento de reírse.

—Quieres decir Gollum.
—Lo que sea.

Ha estado tratando de convertirme en una geek de ciencia ficción, pero parece que soy un caso perdido. Su madre, la señora Larisa viene caminando hacia el trampolín, cargando dos limonadas. Casi gruño ante todo el americanismo de esto. Hace su presencia muy abierta cada vez que estoy por aquí, siempre trayéndonos golosinas o de repente tareas que hacer donde sea que estemos. Supondrías que la mujer no confía en mí, pienso irónicamente.

— ¿Cómo están tus padres, Elena? —Siempre me llama por mi nombre completo incluso aunque Yulia le ha dicho repetidamente que prefiero Lena.

Casi creo que lo hace para molestarme —y lo hace— lo cual puede explicar mi frívola respuesta automática que he perfeccionado con los años para diversión de mis amigos.

—Muerto y en prisión, gracias por preguntar. —Sólo cuando se congela en la acción de entregar la limonada es que me doy cuenta de lo que he dicho.

Miro a Yulia y veo una mirada adolorida en su rostro.

—Oh, perdón, quiere decir los de acogida. —Me río nerviosamente.

Todavía me está mirando, afligida, y la expresión de Yulia no es muy diferente. Decido que es un buen momento para una retirada.

—Tengo que irme, Yul. Gracias por la bebida, Sra…. Volkova.

Me levanto del trampolín, metiendo mis pies en mis sandalias, y haciendo una salida rápida por la puerta.

—Lena, espera.

Yulia me alcanza al final del camino de entrada.

—Déjame llevarte a casa.
—Está bien. Es lindo día. Puedo caminar.
— ¿Puedo caminar contigo entonces?
—Es un país libre —digo, caminando lejos, dejando que ella me siga.
— ¿Estás bien? —pregunta unos silenciosos minutos después. Tiene esa mirada preocupada de nuevo.
—Mira, Yul, si vas a caminar conmigo, entonces no vamos a tener conversaciones pesadas, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —concuerda, pero el ánimo se ha desalentado y es una caminata silenciosa a casa. Me deja en mi puerta con un beso rápido.

⊕⊗⊕

Estoy tendida en mi cama, deambulando sobre cuán mal ha resultado este día cuando la de acogida, Sue, entra; usando su sombrero de paja. Obviamente ha estado trabajando en el jardín. Está tratando de ser un poco más interactiva últimamente pero no muy entrometida, lo cual hace más difícil para mí estar resentida sobre eso.

—No te ves feliz —dice lo obvio.
—Sí, Yulia acaba de decirme que se irá en un par de semanas. —Decido omitir toda la otra cosa que me tiene deprimida—. Estoy ansiosa por una larga y aburrida semana estando aquí mientras ella no está.
— ¿Te has vuelto muy amiga de ella, eh?
—Supongo.
—Larissa llamó.
— ¿Quién?
—Larissa… la mamá de Yulia.
Curioso, nunca había pensado en ella realmente teniendo un nombre. Era de algún modo irónico que compartiera un nombre con la señora Brady. Ociosamente especulo que si segundo nombre es June.

— ¿Qué quería? —me pregunto si llamó para acusarme de mi ligereza.
—Llamó para invitarnos a acampar con ellos.

Doy un grito ahogado, sentándome y volteándome para mirarla a la cara.

— ¿Qué piensas? —pregunta ella.
— ¿Me estás preguntando?
—Bueno, Sergey y yo creemos que suena divertido, pero decidimos que debería ser tu decisión. No sé cómo te sientes respecto a acampar pero pensé que podría gustarte ir si Yulia va a ir.

Esto es un desarrollo impresionante: un adulto que pregunta mi opinión en vez de decirme lo que debería querer. Pienso en decir no sólo para ver si en verdad puedo ejercer esa clase de poder, pero no quiero arruinar la oportunidad de no pasar una semana esperando a que Yulia regrese a casa.

—Claro, ¿por qué no? —digo, pensando que Yulia apreciaría esa respuesta.

⊕⊗⊕

— ¿Una tienda de campaña? —Estoy horrorizada.
— ¿Qué esperabas? ¿Un hotel de parque natural? — Inessa extendió su mano hacia mí por una de las estacas de la tienda que estoy sosteniendo.
—No. —Sé que estoy haciendo un mohín, pero definitivamente no estoy feliz—. Pero al menos quizás un remolque o algo por el estilo. Cualquier cosa con un techo sólido y paredes.

Inessa me mira y me da una mirada sardónica.

—Siento que seguramente sobrevivirás ésta experiencia.
—Sí, es fácil para ti decirlo. No eres tú la que comparte una tienda con la porrista —murmuro.
— ¿Qué fue eso? —pregunta distraídamente mientras golpea la estaca contra el suelo.
—Dije que estará en tu cabeza si no. Probablemente lanzan a las personas a prisión cuando dejan que sus hijos adoptivos sean comidos vivos por un oso porque sólo tienen tiendas de campaña para acampar.

Inessa se ríe de eso. No creo que estará riéndose cuando tomen su insignia por poner a su hijo en peligro.

—Está bien, agarra el otro lado de ese tubo y ayúdame a poner esto.

Una vez que tuvimos las tiendas listas y todo nuestro equipo guardado y organizado, nos reunimos en el campamento de los Volkovpara cocinar la cena juntos. Yulia puede ver que estoy de muy mal humor y trata de animarme. Ni siquiera un animado abrazo de mi amigo Todd ayuda.
Yulia incluso hace su imitación de Schwarzenegger porque usualmente me hace reír. Para ser honesta, incluso ahora tengo que morder mi mejilla para retener la sonrisa tratando de surgir.

—No va a funcionar hoy, Yul. Tengo que dormir en una tienda con la porrista. Doble golpe.
— ¿Tienes que dormir con quién?
—La porrista.

Luce perdida.

—Tamara.
— ¿Va a venir? —Se anima con la noticia, y le disparo una mirada asesina.

Sólo se ríe.

—Me encantan tus celos —dice ella.
—No estoy celosa de ella.
—Claaaro. —La palabra es extensa y cínica.
—Oye, Yulia, ¿por qué Elena y tú no vienen y nos ayudan con las papas? —grita la Sra. Brady/Volkov alegremente, luciendo perfectamente en campamento con sus botas de escalar y chaleco a cuadros escoceses.
—Le gusta que la llamen Lena —escucho a Inessa decirle desde dentro de lo que animadamente llaman ―la tienda de víveres‖, y mis cejas se alzan un poco ante su defensa.
—Oh, claro. Yulia me lo dijo. Sigo olvidándolo.

Apuesto a que lo haces.

Pelamos papas hasta que quiero gritar y luego tengo que esperar eones hasta que finalmente como mi primera comida holandesa en la vida. Es la mejor cosa que he probado. Lo único agrio es la llegada de la porrista justo cuando estamos terminando. Debería haber estado en casa desde la escuela más temprano pero estaba en alguna clase de mini vacaciones con algunos amigos. Deseé que se hubiera quedado sólo una semana más… o dos meses, dos años, lo que sea.
Yulia entra a la tienda de campaña que está compartiendo con Todd y regresa con una guitarra. Estoy impactada; no sabía que tocaba la guitarra. Viene y se sienta cerca de mí, y veo a la porrista ponerse de pie con el pretexto de estirarse, sólo para volverse a sentar mucho más cerca al otro lado de Yulia.
Comienza a tontear, saltando de canción a canción, no tocando en verdad, sólo perdiendo el tiempo. Luego con una sonrisa de soslayo hacia mí, comienza a tocar ―Great Balls of Fire.‖ Ni siquiera sabía que era posible tocar eso en guitarra.
Su padre entra, y los dos cantan fuertemente con gangosidad en su voz, Todd se les une en las palabras ―Great Balls of Fire.‖ Son medio asombrosos.
Cuando terminan, todos los demás aplauden, la porrista es la más fuerte, pero sólo le hago mi sonrisa secreta a Yulia cuando me mira para medir mi reacción.

—Yulia ahora estará tomando peticiones —su padre anuncia en su mejor voz de imitación de DJ. Por supuesto, la porrista es la primera en saltar con eso.
—Oh, Yuia, ¿conoces ―Father Abraham?

Pongo mis ojos en blanco con lo geek de su petición, pero como Yulia es toda una verdadera geek en verdad, por supuesto la conoce, y todos se le unen, excepto yo. Luego su padre salta a la canción del oso, la cual Yulia inmediatamente inicia.

—El otro día. —Su padre retumba en barítono y señala a la Sra. Volkova, quien inmediatamente le hace eco.
—Vi un oso. —Ahora señala a la porrista quien felizmente hace eco en un tono perfectamente alto.
—Fuera en los bosques. —Ahora me señala a mí, y todos de repente hacen silencio, incluso Yulia. La miró, y me da una mirada desafiante, con las cejas alzadas, retándome.

Miro a la porrista, y está triunfante en su seguridad de que haré esto miserable para todos, así que miró al papá de Yulia y le hago eco insípidamente. Él se ríe junto con mis padres de acogida y se mueve a la siguiente persona.

No canto más que eso, pero cuando miro a Yulia, me sonríe felizmente. La porrista está resentida… ambas son buenas cosas.

⊕⊗⊕
A la mañana siguiente cuando me arrastro fuera de la fría y empapada trampa mortal, es para ver a Yulia y su padre trotando. Ella me ve y se detiene. Su padre disminuye el paso un poco, volteándose para trotar hacia atrás por unos cuantos pasos.

—Las veo a las dos en el desayuno.

Yulia me ayuda a levantarme del suelo, y me siento consciente de mi sudadera gris y mi estilo de cabello de recién levantada.

—No dejes que interrumpa tu trote —digo.
—Hemos terminado. Sólo estábamos dirigiéndonos de nuevo al campamento.
—¿Trotas mucho?
—Casi todas las mañanas con mi papá.
—Huh. Eso es algo que no sabía sobre ti.
—Sólo es otro de mis talentos secretos. —Sonríe, moviendo sus cejas cómicamente.

Extiendo mi mano y suavizo mi cabello.

—Estoy hecha un desastre —me quejo.

Yulia se quita la gorra de su cabeza, la pone en mi cabeza y mete el cabello detrás de mis orejas.

—Creo que luces linda —dice, yo resoplo.
— ¿Por qué me dices cosas tan malvadas? —pregunto.
—Vamos, vayamos a desayunar —se ríe.

Dos horas después, la porrista emerge, luciendo como si se estuviera quedando en un hotel en medio de la naturaleza con los aditamentos como espejos y productos para el cabello, y el maquillaje perfectamente en su lugar. Estoy sin maquillaje ya que no tengo como mantenerlo mientras vivo primitivamente.

—Déjame mostrarte un truco de acampada que aprendí cuando tuve el cabello largo —me dice Inessa después.

Pone mi cabello hacia atrás en dos trenzas, luego pone un pañuelo triangular encima. Me pasa un espejo, y estoy sorprendida. No es para nada mi tipo de look, pero definitivamente no es malo, medio chica motociclista. Puedo lidiar con eso.
Después del almuerzo, todos deciden ir a una caminata. Incluso la porrista, aunque por la reacción de sus padres, puedo notar que esto es inusual. Inessame llevó hace una semana a comprar botas para caminar, mostrándome como adaptarlas. Aparentemente no funcionan muy bien; termino con tres ampollas para el momento que llegamos al pico.

—Ten —dice Yulia, arrodillándose frente a mí mientras me siento en una roca. Retira mis botas, cubriendo las ampollas con alguna clase de vendaje y crema.
—Pensé que se suponía que debías explotarlas —gruño miserablemente.
—No, la piel forma una clase de protección natural. ¿Puedes lograr bajar?
— ¿Tengo opción?

Su padre me encuentra una vara para caminar, y la porrista hace pucheros por la atención que estoy recibiendo. Está en muy buena condición física, así que no tiene nada de lo que quejarse, como puede evidenciarse por el brillo saludable emanando de ella. Incluso Todd lo está haciendo mejor que yo, sin estar sin aire en absoluto y conversando felizmente. Él se había preocupado por mis ampollas, acariciando mi mano hasta que estuvieron cubiertas con vendaje. Luego prontamente se olvidó de ellas.
Les estoy restando velocidad al bajar de nuevo al campamento, así que les digo que se adelanten y que los alcanzaré. Yulia elige quedarse conmigo, como sabía —esperaba— que haría.
Desafortunadamente, también lo hace la porrista. Debido a la vara, Yulia no puede caminar realmente junto a mí, así que usa ésta oportunidad para ponerse al lado de ella, la estreches del camino forzando la cercanía.
Seriamente considero apuñalarla con la vara.

—Así que, Yulia, ¿has tocado la guitarra por mucho tiempo? —rezuma ella.
—Sólo por dos años o algo así.
—Vaya, eres realmente buena para haber tocado ese tiempo.
—He tocado piano desde que puedo recordar. No hay mucha diferencia entre los dos, así que fue bastante fácil tomar el ritmo.
—Amaría escucharte tocando el piano.

Asqueroso.

—Bueno, no lo traje conmigo así que… —Deja la frase sin continuar, y ella se ríe por lo bajo como si fuera la cosa más graciosa que ha escuchado. Calculo la probabilidad de causarle un verdadero daño por hacerla tropezar con la vara. Desafortunadamente no es un camino inclinado.

Luego pasa su brazo por el de ella, y mi mandíbula se tensa. Yulia mira hacia atrás a donde estoy con el gesto y deja de caminar, volteándose hacia mí, lo cual efectivamente rompe su agarre.

— ¿Estás bien, Lena? ¿Necesitas descansar por un rato?
—Estoy bien —gruño—. No quiero detenerme. Sólo regresemos al campamento. —No quiero pasar otro minuto más del necesario con la porrista.
—Está bien, déjame ayudarte entonces. —Toma la vara para caminar y se la entrega a Tamara. Ella no está segura de lo que ella está tramando y la toma sin pensar mucho. Ella camina frente a mí, orientándose, y pone mis brazos alrededor de sus hombros. —Salta —dice.
— ¿Qué? —Tamara lo dice al mismo tiempo que yo.
—Voy a cargarte.
—De ninguna manera, Yul. Soy muy pesada.
—No pesas nada. Es bastante plano desde aquí de todos modos.
—Yul, no creo que…

Ella se voltea para enfrentarme, dándome una mirada significativa.

—Éste es el trato, Lena. Puedes subirte a mi espalda, o puedo lanzarte encima de mi hombro y cargarte de esa manera. Tú decides.
—Te matará.
—He cargado paquetes más pesado que tú en peores terrenos que éste. No soy tan débil como crees.
—No creo que seas débil.

La porrista suspira fuertemente, y miro encima del hombro de Yulia para verla mirando este intercambio infelizmente. Definitivamente no quiere que Yul me cargue.

—Está bien. Entonces vamos —le digo.

Yulia es una fuerte caminante. No se queda sin aliento o disminuye el paso, incluso con mi peso en su espalda. Tamara camina justo frente a nosotras, mirando hacia atrás frecuentemente. Decido darle un poco de miseria. Me abrazo más de cerca a Yulia, manteniendo mi rostro cerca al de ella, susurrándole cosas en su oreja para hacerla sonreír.

Está enojada al momento que llegamos al campamento.

Sé que Yulia adivina lo que estoy haciendo. No creo que le importe.

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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Lun Abr 27, 2015 4:42 pm

Malvaviscos y Competencia


Pruebo mi primer malvavisco asado, cocinado por Yulia después de haber quemado cinco. Está delicioso. La porrista le pide que le cocine uno, y porque ella sigue siendo Yulia la Cortés, lo hace. No tengo que preguntar. Me hace otro, luego tantos como quiero, sin siquiera tener que pedirlo. Eso le molesta a ella.

Yaciendo en la tienda con ella esa noche, miro a través de la pantalla del techo abierto al impresionante despliegue de estrellas sobre nuestras cabezas. Nunca he visto tantas estrellas, pero Yulia me explicó que siempre están ahí, solo que no podemos verlas por todas las luces de la ciudad. Trato de encontrar las constelaciones que me señaló.

—¿Lena? —Mi nombre susurrado viene del saco de dormir de la porrista.
—¿Qué? —Espero que mi tono transmita efectivamente mi irritación por la interrupción de mi satisfacción.
—Así que, ¿estas, como, tras Yulia?
—Tras ella, ¿cómo?
—Quiero decir, ¿te gusta?
—Por supuesto que me gusta.
—No, ¿te gusta, gusta?
—Es mi amiga. Por supuesto que me gusta.
—¿Estás siendo deliberadamente densa? —Suena frustrada, y sonrío, porque lo estoy siendo. Dejo caer la sonrisa, me giro para enfrentarla, apoyándome en mi codo.
—¿Qué estas preguntando, Tamara? ¿Qué quieres?
—Es bastante linda —dice.
—Supongo. Si te gustan lo nerd.
—Es muy agradable también. Fuerte. Te cargo como si fueras nada. Es divertida. Y tiene una gran voz. —Hay un ligero fuego en mi estómago ante sus palabras, así que las mías son duras.
—¿Hay un punto para esta estúpida conversación sobre las características superiores de Yulia?
—Creo que como que me gusta. Así que si no estás interesada en ella de esa manera, entonces pensé, ya sabes, que yo podría…
—¿No eres un poco mayor para ella? —la interrumpo.
—No, solo tengo dieciocho años. Y ella tiene diecisiete, ¿verdad?
—Estás en la universidad.
—Me gradué antes. Probablemente soy sólo un año mayor que ella, si acaso.

No me había dado cuenta de que está tan cerca de mi edad. Está dos años por delante de mí en sabiduría escolar, así que me imaginé que era algo parecido en sabiduría de años también.

—Si no tienes un problema con ello, creo que podría ir por ella.

Sus palabras me hacen querer estrangularla, pero ¿qué puedo decir? ¿No, ella es mi proyecto favorito, quien me gusta aunque no lo planee así y quien cree que soy algo que no soy, así que mantente alejada hasta que termine con ella?

—Haz lo que quieras —le digo irritada, rodando sobre mi espalda para mirar hacia afuera otra vez. No creo que Yulia se aleje. Se ha enganchado muy bien en mi trampa. Creo. Espero.

Esto podría ser divertido de ver, de todos modos.

Pretendo que no hay lágrimas corriendo por mis mejillas.

⊕⊗⊕

Ella se levanta temprano y se convierte en una linda corredora, apresurándose para cronometrar su salida de la tienda de campaña mientras que Yulia y su padre están calentando. Está obviamente vestida para ir a correr, ¿así que, que podía hacer la amable pareja más que invitarla a unírseles?

Para crédito de Yulia, asoma la cabeza en mi tienda y me pregunta si quiero ir.

—Ampollas —le digo, señalando mis pies.

Ella la sigue sin tregua durante todo el día, coqueteando descaradamente, riendo estúpidamente por todo lo que dice. Más tarde en el día, se las arregla para deshacerse de ella, no es tarea fácil, y tira de mí rápidamente lejos a los densos árboles que rodean el campamento, caminando rápidamente hasta que estamos fuera del alcance del oído de los demás.

—¿Podemos bajar la velocidad, JarJarBlinky? Los pies están protestando —me quejo.

Se vuelve hacia mí con una disculpa.

—Lo siento. Y es JarJarBinks.
—Sí, claro, lo sabía. ¿Cuál es la prisa?
—Escapar.
—¿Escapar? —Bajo el tono de mi voz de forma conspiradora—. ¿De quién? ¿O es quiénes? Nunca puedo recordar.
—De tu hermana. —Suena acechada.
—No tengo una hermana —le digo con firmeza, el tono burlón se ha ido de mi voz.
—Está bien. Tú hermana de acogida. Lo que sea. Me está volviendo loca.

Esta pequeña noticia me hace feliz.

—¿Sí? ¿Qué está haciendo?
—Dondequiera que voy, ahí está. Está constantemente siguiendo mis pasos, haciéndome toda clase de preguntas y riéndose de todo lo que digo, incluso cuando ni siquiera es gracioso. ¿Cuál es su problema?

Asiento seriamente, considerando su cuenta su dilema.

—Creo que puedo ayudarte, mi joven pad—a—man.
—Padawan —me corrige.
—No me corrijas —continúo, jugando mi papel de detective, paseándome y acariciando mi barbilla con la mano en la cadera—. Estoy en algo. La miro en silencio hasta que su paciencia se termina—lo que es un total de unos cinco segundos.
—¿Qué? —explota. Me encojo de hombros y vuelvo a ser sólo yo.
—Le gustas. —Me mira fijamente, aturdida.
—¿Le gusto? ¿No es un poco mayor para que le guste?
—No, ella tiene sólo dieciocho años, se graduó antes. Debería ser de último año, yendo a la escuela con nosotras. ¿No sería una alegría?
—¿Por qué le gustaría yo?

Levanto una mano, destacando las palabras que ella dijo con mis dedos.

—Dice que eres linda, divertida, tienes una gran voz, eres fuerte... —Mi voz se va apagando y dejo caer mis manos, encogiéndome de hombros—. Lo más probable es que pueda sentir que me gustas, y ella es extremadamente competitiva.

Me mira sospechosamente.

—¿Cómo sabes todo esto?
—Ella me lo dijo.
—¿Ella qué? —Está incrédula.
—Anoche me preguntó si pensaba que debería ir tras de ti.
—¿Y qué dijiste?
—Le dije que hiciera lo que quisiera.
—¿Qué? —Su tono indica su indecisión sobre si debe estar más enfadada o sorprendida por esto.
—Nunca dejes que se diga que limité tus opciones —digo, levantando un dedo para enfatizar mis palabras.

Ella me mira por unos minutos. Finalmente camina hacia mí, deliberadamente, de una manera que me pone a la defensiva.

—Vas a pagar por esto —dice.
—Ah, ¿sí? ¿Cómo?

No responde, sólo tira sus labios hacia atrás sobre sus dientes en una mueca amenazante. Me mantengo firme en mi terreno.

—No te tengo miedo.
—Deberías tenerlo —dice mientras se abalanza y me tira encima de su hombro como un saco de patatas.
—Bájame, imbécil —grito, riendo, golpeando su espalda.

Me ignora, caminando con propósito. No puedo ver a dónde vamos desde que estoy colgando en su espalda, pero no pasa mucho tiempo hasta que escucho la corriente del río. Me pongo rígida.

—No te atrevas, Yul.
—Tienes que aprender una lección, Cassandra.
—¡Viaje a las estrellas! Sé de donde es eso. ¡Eso tiene que ser mi tarjeta para salida gratis de la cárcel!
—Lo siento, pero no esta vez —dice, pero no suena como que si lo sintiera en absoluto.

Entra en el río hasta la cintura, dejándome caer completamente, agua helada me zambulle. Salgo escupiendo y riendo, y ella está de pie, piernas extendidas, la cabeza de perfil, con los brazos cruzados sobre su pecho en señal de victoria, luciendo feroz. Me río porque conozco esta postura.

—Vas a caer, Hércules —le digo mientras lo tacleo alrededor de las rodillas.

Ella cae fácilmente, ni siquiera tratando de mantenerse parada, saliendo resoplando y salpicando como si se estuviera ahogando. Así que empujo un puñado de agua hacia ella, y la lucha continúa.

Finalmente, me toma por la cintura y me jala tan cerca que no puedo salpicarlo de nuevo.

—Tus labios están azules —me dice.
—Los tuyos también —digo, envolviendo mis brazos alrededor de sus hombros.
—Sé como calentarlos —dice.

A pesar del agua fría que nos rodea y humedece nuestros cuerpos, este beso tiene más calor en el que cualquier otro que me haya dado antes. Mientras caminamos de vuelta al campamento, entrelazadas y temblando, pregunta:

—¿Podrías por favor calmar a tu hermana?

Dejo que use el término, sabiendo que está tratando de irritarme.

—Por supuesto que no. Esto va a ser demasiado divertido de ver.
—Sólo recuerda que dijiste eso —amenaza—. Porque el cambio de sentido es juego limpio, ¿verdad?
—¿Qué significa eso? —pregunto con desconfianza. Ella sólo sonríe en señal de mal auguro en respuesta.

Yulia se vuelve hacia Tamara, siendo demasiado encantadora y cortés con ella. Por supuesto, esto la anima, y presiona su propio traje más fuerte, lo que sólo termina fastidiando a Yulia. Muy divertido. Después de apenas un día se da cuenta que sólo está cavando su propia tumba, por lo que regresa a abandonarla cada vez que puede, llevandome con ella.

Cuando ella no entiende sus intenciones, canta una cursi canción de amor en la fogata, mirándome directamente, claramente cantándome. Ella todavía no lo entiende. Yulia decide que tiene que ser aún más descarada.

Estoy apoyada contra un árbol, viéndola tratar de maniobrar lejos de ella mientras ella se sienta a su lado, ayudándola a pelar maíz. Me había pedido que les ayudara con una mirada suplicante en sus ojos, pero ella rápidamente se negó a eso. Así que simplemente estoy viendo, controlando mi sonrisa ante su desconcierto. Yulia termina su pila en un tiempo récord y se acerca a mí. Pone una mano en el árbol, inclinándose hacia mí.

—Por favor, ayúdame —suplica. Su plegaria es genuina, y decido darle un poco de misericordia.
—Ella va a la tienda —le digo—. Bésame.
— ¿Cómo es que eso va a ayudar si no puede ver?
— ¿Necesitas una razón para besarme?

Piensa acerca de esto por medio segundo completo.

—Buen punto.

Se inclina, labios sobre los míos, colocando su otra mano contra el árbol en el lado opuesto de mí, sin tocarme de otra manera. Unos segundos más tarde, escucho el grito revelador, y sé que ella ha visto. Yulia lo escucha también si su sonrisa contra mi boca es indicación de ello. Tamara se va pisoteando ruidosamente

—Gracias —dice, apoyando su frente contra la mía—. Es implacable. —Un pequeño gusano de culpa se retuerce a través de mí. Ella no es la única que es implacable. Mi objetivo está más cerca con cada beso.
—Por cierto, ha sido agradable ver tu cara durante toda la semana.
—Ves mi cara todos los días—le digo, confundida.

Toca mi mejilla.

—Me refiero a tu verdadera cara, la que no está oculta detrás de todo ese maquillaje. Eres tan hermosa.
—Eres una idiota, Yul —le digo, apartando la mirada, avergonzada por el cumplido.
—No, no lo soy. Soy Hércules. Me dijiste eso tú misma. —Me río y la empujo.

Esa noche ella pone su brazo a mí alrededor cuando nos sentamos alrededor del fuego, y me burlo del estúpido gesto en mi mente, para asegurarles a mis amigos que lo hice. Debajo me siento cálida y difusa.Toma mi mano, y sé que lo estoy tambaleando, incluso si mi corazón repiquetea un poco cada vez que lo hace. Ella me besa, y finjo no darme cuenta de que mis dedos se encogen un poco cada vez que lo hace.
Decido que realmente me gusta acampar.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Jue Abr 30, 2015 8:40 am

El Sr. Green en el Estudio con el Candelabro



La vida en casa con la porrista no es agradable. Está bastante molesta por toda la cosa con Yulia. Creo que está bajo la impresión de que hice un movimiento luego que me informara de sus intenciones. No tengo deseos de iluminarla con el hecho de que Yulia y yo ya teníamos un tipo de arreglo.
El año pasado, la primera vez que vine a quedarme con la familia adoptiva, la porrista acababa de irse a la universidad. Se había mudado la semana antes de mi llegada, así que aparte de las vacaciones, no habíamos tenido que vivir bajo el mismo techo. Probablemente agraviarla no es el mejor plan ya que pasaremos todo el verano aquí, pero nunca he sido conocida por saber hacer lo que es mejor.
Los terceros sábados se han vuelto una gran parte del juego. Hace feliz a Yulia que esté deseando ir con ella cada mes para ayudar. Nunca lo admitiría en voz alta, pero he llegado a darme cuenta que realmente me agradan los vejestorios. Algunos más que otros, mayormente los que han aceptado mi presencia desde el principio, sin importar cuán extraño los mire.
La Sra. Green se ha convertido en una de mis favoritas, sobre todo porque sostiene con firmeza que estuvo casada con el famoso Sr. Green del juego Clue, y que él lo hizo en el estudio con el candelabro. Generalmente no puede recordar qué almorzó o algunos de los nombres de sus nietos, pero siempre recuerda su historia de Clue con perfecta claridad y un brillo en sus ojos.
Ella y yo somos almas gemelas. Ella lo reconoció de inmediato y me ha contado numerosas historias de sus salvajes días adolescentes. Lo que es gracioso porque siempre me he imaginado que cuando alguien de su edad hubiese tenido mi edad, todos los adolescentes hubieran sido formales y correctos. No le digo demasiado sobre mí porque no quiero atenuar nuestra extraña amistad aunque ella olvide las cosas fácilmente. Siempre nos recuerda a Yulia y a mí sin embargo, llamándola mi ―jovencito‖.
Me siento junto a ella, tejiendo a crochet, de todas las cosas. Me dijo una vez que su nieta nunca viene a verla. Nadie jamás viene a verla. Yo no tengo una abuela, y ya que ella parece haber sido abandonada por su nieta, nos hemos adoptado mutuamente. Es por eso que me siento y tejo a crochet.

— ¿Estás siendo agradable con tu familia de acogida? —Siempre me hace esta pregunta, cada semana.
— Era más fácil antes de que su hija regresara a casa, ¿sabes? Realmente no le gusto, y a mí no me gusta ella, así que me está costando ser agradable.
— Está celosa.
— ¿Qué? —Mis manos se quedan quietas, y la miro.
— Bueno. —Hace una pausa, girando el afgano en su regazo para comenzar una nueva fila—. Has tomado su lugar como la hija menor.
Sacudo mi cabeza.
— No soy su hija. Solo soy una niña de acogida.
— ¿Ellos no te tratan como parte de la familia? —Se ve molesta.
— Sí, lo hacen. Incluso tengo tareas domésticas estúpidas. Eso no me hace una hija.
— Aj, sí, tareas domésticas. Me quejé sobre ellas sin final, resentida por tener que hacerlas, y resentida con mi madre por dármelas. Eso es, hasta que tuve mi propio hogar donde cada tarea era mía. Entonces deseé poder volver a tener simplemente el par de tareas que mi madre me daba. ¿Alguna vez te dije que fui adoptada?
La miré, sorprendida.
— No, no lo hiciste. —Miro el desastre desigual que había imaginado presentarle a Yulia como una bufanda cuando terminara. Creo que se la presentaré al bote de la basura en su lugar.
— Mis propios padres murieron en un accidente vehicular cuando solo tenía trece años, una edad muy crítica para una jovencita. —Sus ojos nunca dejan sus manos nudosas, que continúan torciendo el hilo con gracia para convertirlo en un afgano. —Estaba enojada —continúa—. Por eso sobre—reaccioné tanto. Mi madre y padre adoptivos nunca habían tenido hijos, y yo no fui fácil para ellos. Pero siempre me amaron, sin importar lo que hiciera. —Sus desteñidos ojos azules se levantaron hacia los míos—. Lo que más lamento en esta vida es haberlos tratado tan mal cuando ellos solo estaban intentando hacer lo correcto para mí. Gracias al cielo vivieron lo suficiente para enmendar las cosas y agradecerles, para devolverles algo del amor que ellos tan profusamente me habían dado.
Vuelve a bajar la mirada al trabajo que está realizando.
— Lo otro que lamento es nunca haber tenido una hermana.
— Ella no es mi hermana. —Sé que sueno petulante, pero no puedo imaginar estar agradecida por tener a la porrista en mi vida jamás.
— Es la cosa más cercana que tienes —dice mientras se inclina para sacar una nueva madeja de hilo de su bolsa.
Me quedo en silencio, pensando en sus palabras. Pienso en todas las familias por las que he pasado y me pregunto cuántas de ella habían tenido buenas intenciones que yo había lanzado a la basura.

— Háblame de tus padres —dice, y sé instantáneamente que se refiere a mis padres biológicos y no los de acogida. Nunca le he dicho a nadie toda la verdad, solo verdades parciales y únicamente para servir a mis propios propósitos. Sé que puedo decirle a la Sra. Green y que jamás dirá una palabra de lo que diga a nadie más, que hay una posibilidad de que ni siquiera recuerde la mayoría de lo que diga.
Espera pacientemente, y ya sea que le diga o no, no me juzgará. Bajo mi tejido, miro alrededor para asegurarme que nadie esté por ahí y me inclinó más cerca de ella.
— Desearía que mis padres hubieran muerto en un accidente automovilístico. Eso hubiera sido mucho mejor que su realidad. —Me mira, sus cejas levantadas con curiosidad. Me encojo de hombros—. Mi papá tenía mi custodia cuando él y mi mamá se divorciaron porque ella no me quería. Yo era realmente pequeña, probablemente solo tenía dos o tres años. —Hasta que tuve seis, mi papá me utilizó como su saco de boxeo personal. Ni siquiera me matriculó en la escuela, por lo que nadie lo supo. Cuando tenía seis, sacó su pistola y me ordenó permanecer de pie en una esquina para así poder dispararme. Tenía miedo de él, y era lo suficientemente joven para no saber que podía negarme, así que lo hice. Era un juego para él. Estaba disparando a mí alrededor, queriendo asustarme, lo que hizo como no puedes imaginar. Alguien escuchó y llamó a la policía. Murió cuando la policía vino y disparó porque se negó a bajar su arma. —Tomo una profunda inspiración. Incluso después de todos estos años, el recuerdo me aterra.—Así que fui a vivir con mi mamá, quien no podía haberse molestado mucho conmigo ya que ella estaba intentando sobrevivir a su violentamente abusivo nuevo marido. Creo que ella se puso firme con él, porque mayormente él me dejó tranquila, golpeándome solo algunas veces. Hasta el día que vino a visitarme en la noche. —Me detengo, estremeciéndome con el recuerdo. Tengo que recordarme que él ya no está, que nunca me lastimará otra vez.
— Fue solo una vez, pero ella escuchó mis gritos incluso a pesar de que él tenía mi boca cubierta. Ella entró, deteniéndolo. El día siguiente, lo apuñaló hasta matarlo mientras estaba inconsciente por la borrachera. —Me encojo de hombros—. Ahora está en prisión.

Levanto mi mirada, los ojos de la Sra. Green están en mí, llenos de empatía.

— ¿Has tenido un camino difícil, no?

Sonrío ante su simple descripción del infierno que es mi historia.

— Podría ser peor, supongo.
— Siempre puede serlo, ¿no? Aunque estimo que ese parece ser lo suficientemente malo —dice, fanfarroneando y dándome una palmadita en el brazo, como si pudiera sentir que cualquier otra cosa me derrumbaría. Ese es el por qué me gusta tanto, porque sencillamente sabe.

Me estoy sintiendo un poco emocional en el interior, viviendo una pequeña fiesta de autocompasión, lo que no sería el fin del mundo, excepto que escucho un ruido detrás de mí y me giro para ver a Yulia de pie ahí, observándome fijamente.
Ella lo oyó… puedo verlo en su rostro. Leo la simpatía evidente ahí, la que sé es genuina porque así es como funcionan los geek. Escapo de su simpatía, empujándola para pasar y salir por las puertas delanteras del centro para personas mayores, buscando algún lugar para ocultarme. Entonces ella está ahí. Me jala hasta sus brazos y me sostiene, solo me sostiene, nada más, sin falsas palabras de consuelo, sin andar a tientas, sin pedir nada de mí, simplemente dándome su fuerza.
Y me derrumbo.

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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Vie Mayo 01, 2015 7:49 pm

Nueva Resolucion de la Chica Perdida


Yulia no intenta hablar conmigo acerca de lo que oyó por casualidad, y estoy muy agradecida. Hay unos pocos trabajadores sociales que conocen la historia completa, pero no creo que se la hayan dicho a ninguna de mis familias de acogida. Si lo han hecho, ninguno de ellos se ha preocupado por mencionármelo.
Cuando vuelvo a casa después de que tenemos una cena en su mayoría en silencio en el restaurante local, un término medio entre el lugar italiano y el lugar de pizza, que se está convirtiendo en un lugar de reunión regular para nosotras dos, para encontrar a la porrista sentada en mi habitación. Está en el tocador mirando la foto de Yulia y yo del viaje de campamento que está colgada en mi espejo, justo encima de la que fue tomada por Beth en Morp.
Dejo escapar un gruñido poco acogedor.
— ¿Qué quieres? No estoy de humor —digo, entrando a la habitación y lanzando mi chaqueta sobre la cama. Ella no dice nada durante un minuto, sólo mira la foto. Entonces da la vuelta y asimila el resto de la habitación lentamente, sus ojos finalmente llegan a descansar en mí donde estoy sentada en la cama.
— ¿Por qué no tienes otras fotos colgadas aquí, o cualquier otra cosa en absoluto que sea tuya?
— ¿Qué te importa? —le respondo.
— Simplemente me parece extraño —murmura.
— Bueno, si tienes que saber, no tengo exactamente un montón de cosas personales.

Me mira, un poco sorprendida de que sea tan sincera. También estoy un poco sorprendida. No pretendía serlo, no con ella.
— No creo que a mamá o papá les importaría si quisieras conseguir algunas cosas que conservar. Esta habitación se siente tan... no sé, como una vitrina o algo así.
Me encojo de hombros.
— No importa, no planeo estar aquí tanto tiempo de todos modos.
Me mira inquisitivamente, pero sorprendentemente no prosigue por esa línea de interrogatorio. Tiene otra cosa en su mente.
— ¿Lo hiciste sólo para burlarte de mí? —pregunta, y me cuesta entender.
¿Qué tiene que ver mudarse o colgar una foto con ella? Supongo que me veo confundida porque aclara.
— Con Yulia, ¿cuando estábamos acampando? ¿Te la robaste sólo para hacerme parecer estúpida? ¿O era una especie de cosa en la que querías demostrar que eras... no sé, mejor, o más sexy, o más atractiva, o lo que sea, que yo?
Pienso en decirle que sí y dejarla vivir con eso. No parece enojada o molesta, sin embargo, sólo curiosa, y después de las emociones de esta noche, me encuentro con que no me importa si ella sabe la verdad. No estoy de humor para juegos en este momento.
— No, no lo hice. No lo hicimos. Honestamente. Yulia y yo ya estábamos de cierto modo... juntas, supongo. Sólo estábamos tratando de mantenerlo en secreto, ¿sabes? Y cuando me preguntaste... supongo que sólo quería ver qué podrías hacer, ver si podrías hacerla cambiar de opinión. —Pienso en mis palabras, lo que implican, y me acobardo por la idea. —Lo siento, fue una cosa malvada para hacerte —le digo. Por extraño que parezca, las palabras son la verdad.
Ella asiente con la cabeza, creyéndome.
— Creo que realmente debes gustarle, ¿eh? —Entonces se ríe—. Supongo que eso suena muy vanidoso, como si fuera tan deseable que en realidad debes gustarle para que se me resista. No quise decirlo de esa manera.
La miro, tratando de entender esta extraña ausencia de tensión entre nosotras.
— Está bien. No estarías muy equivocada. Si estoy siendo sincera, Yulia definitivamente debe estar con alguien como tú y no como yo.
— ¿Sí? ¿Por qué? —Parece realmente interesada.
— Vamos —le digo sarcásticamente—. Soy toda oscura y dura, problemas. Tú eres luz y burbujas, la... bueno, de tipo porrista. —Mentalmente me estremezco ante el apodo con el que siempre la llamo.
— He oído que me llamas así —dice. Miro hacia el suelo, sin querer mirarla a los ojos—. Sin embargo, está bien.
Levanto mis cejas ante eso, y ella se encoge de hombros.
— Era una porrista en la escuela secundaria. Probablemente aún lo sería en la universidad si tuviera tiempo.
— ¿Por qué estás aquí siendo agradable conmigo? —le pregunto bruscamente—. No he hecho mucho precisamente para hacerme querer por ti.
Se encoge de hombros y se levanta, caminando hacia la puerta.
— Deberías traer algunas cosas personales aquí —dice ella en la puerta—. Creo que a mis padres realmente les gustaría que te quedes.
Sale por la puerta, pero da vuelta y vuelve a asomar su cabeza en la habitación para un comentario de despedida.
— No creo que seas tan mala como te gusta pretender que eres. Tampoco me importaría si te quedas.

Me tambaleo hacia atrás en la cama, sintiéndome fracasada. Ruedo a mi lado, acurrucándome como una pelota, presionando mis puños contra mi corazón, demasiadas emociones como de montaña rusa en un día para mí.

— No me estoy volviendo suave, no me estoy volviendo suave —repito en voz baja, una y otra vez, una letanía. Estiro la mano hacia atrás de mí y me tiro el edredón encima, demasiado cansada para levantarme y prepararme para la cama. —No me estoy volviendo suave —vuelvo a decir. De alguna manera, las palabras parecen vacías.

⊕⊗⊕

Me despierto en la mañana, cansada. Me miro en el espejo, sorprendida por la cara que me devuelve la mirada. Estoy perdida en algún lugar bajo este rostro que muestra una complacencia desconocida.
Todo este acuerdo con Yulia se supone que es para que yo la cambie a ella y no al revés. No hay verdaderos sentimientos involucrados. Fortalezco mi decisión, tomo una respiración profunda, y endurezco mi espina dorsal. No estoy aquí para ser amiga de una porrista o para convertirme en algo parecido a una verdadera hija, y definitivamente no estoy aquí para enamorarme de una geek.

— Yul —le digo más tarde, cuando estamos en mi habitación, yo paseándome por el piso y Yulia sentada en el borde de la cama. Está un poco decepcionada de mí hoy, que puedo decir. Estoy de vuelta, la verdadera yo, la misma que al principio se acercó a ella hace tantos meses, hace toda una vida, eso parece. Lo vio de inmediato por el retorno a pleno poder de mi aspecto con el maquillaje intenso, usando el suéter más apretado y la falda más corta que tengo. Estoy vestida para el éxito.
— ¿Sí? —pregunta, claramente incómoda con mi tono áspero.
— Mira, pasamos mucho tiempo haciendo lo que quieres. He visto más películas de ciencia ficción de las que siquiera sabía que estaban disponibles, paso tiempo con tus amigos que definitivamente no son mi tipo, voy contigo a hacer caridad, acampe en una tienda de campaña por ti, fui a tu reunión familiar…
— ¿Qué te pasa hoy? —interrumpe mi diatriba—. Has estado al borde todo el día.
— ¿Qué, quieres decir con que no soy mi yo usual alegre y dulce? —le pregunto sarcásticamente.
— Algo así —murmura. Luego más fuerte—. Si esto es por lo que sucedió ayer... —Ella se desvanece, y sé que está pensando en mi confesión desprevenida a la Sra. Green. Pero no quiero hablar de eso.
— En realidad, Yul. —Se sobresalta por la forma en que escupo su nombre—Todo esto se siente un poco de un solo lado.
— ¿Qué? ¿Qué estás diciendo? —Está desconcertada, las palmas hacia arriba en actitud de súplica.
— ¿Cuántas veces te he pedido que vengas conmigo, salir con mis amigos?
— Sueles preguntar todo el tiempo, pero no lo has hecho en mucho tiempo.
Su afirmación es cierta, pero no voy a admitirlo.
— Bueno, lo estoy pidiendo ahora. ¿O tengo que renunciar a mis amigos encima de todo lo demás a lo que he renunciado por ti?
— Esto es increíblemente injusto, Len. No te he pedido que renuncies a nada.
— ¿En serio? ¿Es eso lo que piensas? Entonces ¿por qué me has estado mirando de esa manera todo el día?
— ¿De qué manera?
— Disgustada porque tengo el mismo aspecto como el que tenía cuando nos conocimos al principio, en lugar de la versión diluida en la que me he convertido últimamente.

Se levanta, acercándose para quedar justo frente a mí, efectivamente cortando mi ritmo. Está justo en mi cara y, aunque puedo ver la tormenta rugiendo en sus ojos, no grita o trata de intimidarme.

— Me sentí atraída por ti desde el primer minuto en que te me acercaste, y lo sabes. Te aseguraste de ello. No me importaría si ahora estuvieras calva y cubierta de verrugas. Como luces no es por lo que me gustas, por lo qué quiero estar contigo. —Su mandíbula se aprieta mientras me mira—. Hablaré contigo más tarde —deja salir.

Veo, asombrada, como se va. Yulia nunca se ha alejado de mí. Mis velas se desinflan, y me hundo en mi cama. Esto no es como me imaginaba que iba ser. Quería que se humillara, que hiciera lo que yo quería para mantenerme feliz.
Quince minutos más tarde mi teléfono suena. Es Yulia.
— ¿Sí? —gruño toscamente, queriendo que sepa que todavía estoy enojada.
— ¿Cuándo? —pregunta. Esto me tira.
— ¿Cuando qué? —Es difícil sonar enojada cuando estás confundida.
— ¿Cuándo quieres que salgamos con tus amigos?
— Sábado —le disparo en respuesta, sabiendo que habrá una fiesta en alguna parte.
— Está bien. Te recogeré a las siete.
— Bien.
— ¿Y Lena?
— ¿Sí?
— Tienes razón… sólo hemos hecho las cosas que he querido. Lo siento si te hice sentir que lo que quieres no es importante para mí. Lo es.

Suspiro. ¿Por qué tiene que ser una idiota, haciendo a mi interior todo sensiblero diciendo esas cosas?

— También lo siento. No quiero pelear contigo.
— Así que, ¿a dónde vamos el sábado?

Me ando un poco con rodeos, con miedo de que se eche para atrás si le digo que es a una fiesta.

— No lo sé. Tendré que averiguar qué va a pasar y hacértelo saber.
— Está bien.

Siento ese gusanito de la culpa tratando de empujar su camino de nuevo a su fácil aceptación y confianza en mí, así que lo empujo hacia abajo y le ofrezco una pequeña rama de olivo.

— ¿Qué tal si vienes a eso de las seis, y te haré algo de comer primero?
— ¿Cocinas? —pregunta con incredulidad.
— No eres la única que tiene talentos ocultos, Scully.—le digo y cuelgo con el sonido de su risa.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Miér Mayo 06, 2015 3:09 pm

Pollo, Soda sin Gas y Enredaderas



El sábado por la mañana, mi madre de acogida me lleva de compras de comida, cuando le digo mi plan de preparar la cena para Yulia. Estoy segura de que tiene grandes esperanzas de que la nerd tenga influencia sobre mí y me vaya a transformar en la ideal hija adoptiva que puede mostrar al mundo con orgullo.
Una de las cosas que hago es un asesino plato de pollo, a pesar que es un talento que atesoro. Dejo que Inesa me de consejos sobre cómo cocinar, ya que ella no es consciente de mi capacidad. Le digo que quiero hacer pollo y papas y dejarla parlotear acerca de la preparación. Después de todo, está pagando la cuenta.
Podría conseguir un trabajo, pero la experiencia me ha enseñado que hacer eso sólo da a los padres de acogida la idea de obligarme a cubrir todas mis necesidades personales en lugar de obtenerlas de ellos. Me imagino que ya están recibiendo dinero del Estado por el dudoso honor de tenerme viviendo en sus hogares, deben pagar por todo.
Cuando regresamos a la casa, ella oscila un poco, pero muy pronto observo para verla sonriendo hacia mí como el gato que se comió al canario.

—¿Qué? —pregunto.
—Has estado guardando un secreto, ¿no?

Mi mente inmediatamente corre para descubrir cuál de mis muchos secretos podría haber descubierto. Muevo la cabeza en negación, esperando a que me dijera cuál ha descubierto.

—Creo que has estado en una cocina antes. Casi luces como una profesional.
—Sí, claro. —Me encojo de hombros, aliviada de que este es su descubrimiento.
—En serio, estás cocinando con una facilidad natural, y te ves muy feliz de hacerlo.

Me apresuro y pongo una mueca en mi cara, pero esto sólo la hace reír.

—¿Alguna vez pensaste en convertirte en una chef? ¿Tal vez abrir tu propio restaurante algún día? —pregunta mientras me inclino en la nevera para sacar algunas cosas.

Instruyo a mi cara antes de mirar hacia ella, no quiero que vea en mi cara lo cerca que ha estado de adivinar mi único sueño, el que me aplasta con su imposibilidad.

—Tal vez pueda ser una cocinera en el restaurante. Ser una chef requiere de escolarización. De alguna manera, no veo la universidad en mi futuro —le digo.
—¿Por qué no? Eres lo suficientemente inteligente.
—Has visto mis notas, ¿cierto?
—Lo he hecho, sí. También sé que no son un fiel reflejo de lo que eres capaz.

Mi enojo chispea.

—¿Y lo sabes, después de conocerme por menos de un año? —pregunto enérgicamente.
—Sí. —Su respuesta es simple, directa. Ruedo mis ojos. Ella es casi tan imposiblemente agradable como Yulia.
—¿Puedo ver y aprender? —Su pregunta me sorprende y me agrada un poco. Nunca he tenido a nadie que quiera aprender de mí, si descartas algunas de las cosas que he enseñado a mis amigos que eran ilegales o al menos no aptas para compañías educadas, como dice el refrán.

Cuando Yulia se presenta —trayéndome un gran ramo de disculpa de flores silvestres al más puro estilo geek— me hace el día con su genuino elogio por mis habilidades culinarias. También estoy feliz que haya venido casual, en una camiseta gris lisa y pantalones vaqueros, manteniendo el estilo nerd al mínimo y luciendo bastante caliente en el proceso, tengo que admitir.

—Te ves bien, Yul —le digo y recibo un beso por mi elogio.

⊕⊗⊕

La fiesta se llevará a cabo en una casa con la que no estoy familiarizada. Pertenece a un chico nuevo que se mudó después del final del año escolar. Beth lo conoció y descubrió que tenían muchos de los mismos intereses, de los cuales eran principalmente ser fiesteros, faltar a la escuela y añadir perforaciones a sus cuerpos, todas las cosas que alguna vez habían sido mi centro de interés también.

—Sus padres lo bautizaron Adama después de algún personaje en una película, una de la que nunca he oído hablar. Una especie de película de guerra o algo así. —Beth me lo había dicho antes, cuando llamé para decirle que estaba finalmente llevando a Yulia a una fiesta.
—Battlestar Galáctica —digo.
—¿Qué? —Su tono me sugiriere que he hablado en un idioma extranjero, y me doy cuenta que sabía esto sin ni siquiera preguntarle a Yulia. Espera a que le cuente, pienso.
—Ese es el nombre de la película.
—¿Y lo sabes porque…?
—Es una larga historia. —Cambio el tema, no queriendo que sepa la magnitud de conocimiento geek que he absorbido—. Escucha, Beth, esta es la primera fiesta de Yulia. Trata de correr la voz de tomarlo con calma con ella, ¿lo harás? No va a ayudar a mi caso si la sumergimos totalmente a la fuerza.
—¿Nos abandonas durante todo el verano y quieres nuestra ayuda?
—Te lo dije, es un proceso. Dile a Kyle. Él se ocupará de ello.

No hace ninguna promesa, pero a medida que Yulia y yo llegamos a la fiesta y caminamos por la puerta de entrada, puedo ver que ha hablado con Kyle. La casa está oscura, con música a todo volumen, los jóvenes están bebiendo, y muchos de ellos son altos, pero no está sucediendo ningún obvio consumo de drogas, todo está siendo mantenido a puerta cerrada.
Beth y Ella se reúnen con nosotros en la puerta, Beth tiene a cuestas un chico alto y delgado con un fracaso de cabello rubio, ojos inyectados en sangre delineados con negro, muchas perforaciones faciales en marcha, vestido de negro sólido. Es exactamente su tipo, y el mío también. Entonces miro hacia la pulcra Yulia, comparándola con Adama, y pienso que tal vez mi tipo está cambiando un poco, porque Yulia se ve mucho mejor para mí de lo que Adama lo hace.
Extraño.

—Adama, esta es Lena y Yulia.
Yulia me mira con las cejas levantadas y vocalizo: —Battlestar Galáctica. —Sonríe en respuesta.

Nos llevan a la casa, y a pesar que Yulia y yo todavía tenemos algo de un acuerdo tácito sobre mantener nuestra cubierta ―sólo amigas‖, agarra mi mano con fuerza. La miro, preguntándome si está haciendo que se ponga nerviosa el estar aquí. Entonces hace una cosa extraña y tira de mí más cerca y un poco detrás de ella, y entiendo que está nerviosa acerca de mí estando aquí, está protegiéndome.

Me río y me aparto de ella, dando un paso al frente.

Este es mí territorio.

Kyle sale de una habitación, seguido por una nube de humo acre y dulce.

—¡Hey!, hola, mira quién ha decidido honrarnos una vez más con su presencia —habla lentamente, con voz aguda demasiado ruidosa y demasiado alta. Se inclina y planta un beso baboso en mi mejilla, entonces, se da cuenta de Yulia.
—Hey Yulia, hermana —llama, dándole a Yulia un descoordinado choque de palmas—. Cuánto tiempo sin verte.
—Sí, ¿cómo estás, eh…? —Yulia mira hacia mí en busca de ayuda.
—Kyle —le informo.
—Bien, Kyle.
—Estoy apacible y feliz. ¿Te puedo traer algo de beber? —Él la arrastra, guiándola a trompicones a la cocina con un brazo colgando alrededor de su hombro. Los sigo, preguntándome si voy a tener que recordarle a Kyle tomarlo con calma.
—¿Una Coca—Cola, supongo? —Ella dice.
—Una Coca—Cola viniendo.

Kyle sirve una copa de Coca—Cola sin gas de una botella de dos litros. Señala con un gesto a una serie de botellas detrás de él.

—¿Qué le agrego, mi amiga?

Para su crédito, Yulia mantiene el asombro y disgusto fuera de su rostro mientras observa y ve que las botellas son todas las variedades de alcohol. Ella alcanza y agarra la copa de Kyle.

—Simple funciona para mí —dice, y Kyle se ríe, dándole una palmada en la espalda, causando que un poco de Coca—Cola se derrame de la copa y sobre la mano de Yulia.
—Alguien tiene que ser la conductora designada, ¿eh?

Yulia sólo sonríe sin humor, pero ya Kyle se está girando en mi camino.

—¿Y qué puedo conseguirte magnifica lindura? —Hago una mueca ante el cariño no deseado.

Yulia me mira, y puedo ver que está tratando desesperadamente de mantener su mirada neutra a pesar de estar curiosa acerca de mi respuesta.

—Coca—Cola Light —digo, sonriéndole a Yulia.
—¿Sola? —El tono de Kyle indica que este es un pedido inusual.
—Por supuesto —le digo con firmeza.

Kyle mira de Yulia hacia mí y viceversa. La bombilla se enciende.

—Ah, claro.

Quiero patear a Kyle por ser un idiota cuando veo la sombra que pasa a través de los ojos de Yulia. Kyle me entrega la copa llena, y Ella viene a mi rescate.

—Adama tiene un gran patio atrás. Vamos, yo te mostraré.

La seguimos saliendo del caliente y espeso aire en el interior de la casa hacia el oxígeno limpio y claro de afuera. Hay algunos chicos pasando el rato aquí, hablando o besuqueándose. Extrañamente los chicos besuqueándose ponen a Yulia más incómoda que los chicos bebiendo. El patio es un patrón complejo de ladrillos, con muebles de exterior en torno a una fogata apagada. Este está cubierto por cajas de madera de flores que conducen a una alfombra de hierba de color verde oscuro. Realmente es un bonito patio.

—¿A tus padres no les importa que tengas esta cantidad de gente aquí? —Yulia le pregunta a Adama casualmente, situando su intacta copa de refresco sin gas abajo en el borde de la caja de flores.

Adama sonríe maliciosamente y da una risa ahogada.

—Supongo que es probable si lo supieran. Pero ya que están en París, dudo que aparezcan de repente.
—¿No te preocupa que vayan a encontrar algo al llegar a casa que indique… — Ella agita su mano hacia la ruidosa dirección de la casa— …Todo esto?
—Amiga, tengo años de práctica. Ellos viajan mucho. —Adama se ríe de su broma, junto con Ella y Beth. Yulia me mira como diciendo:¿Esto es divertido para ti?
—Ya regreso —dice Yulia hacia mí.
—El baño está a través de la puerta y el pasillo a la izquierda —le dice Adama. Yulia asiente con la cabeza como si esa fuera su intención, pero la conozco. Está retirándose, tomando un descanso de lo que es completamente diferente a cualquier cosa que ha hecho antes.
A medida que avanza en la casa, Beth y Adama comienzan a besarse. Ella rueda sus ojos y se escabulle más a mi lado.

—La tienes aquí, pero todavía parece como la misma vieja Yulia —dice. Me encojo de hombros, y mira pensativa hacia el lugar donde desapareció—. Bueno, quizás no exactamente la misma. Se viste de manera diferente. Se ve un poco más floja. Tal vez tu plan está funcionando.
—Tal vez —digo, no queriendo realmente hablar sobre Yulia con ella.
—Es realmente muy linda, ¿no te parece?

Mi conversación en la tienda de campaña con la porrista surge en mi cabeza. Esto suena como una repetición.

—Supongo. —Me encojo de hombros.
—No has conectado con ella, ¿verdad? —Su pregunta, en lugar de horrorizada como habría sido un par de meses atrás, surge sonando esperanzadora. No quiero jugar a este juego de nuevo, no con ella.
—Todavía no —digo y sonrío provocativamente.
—¿Pensando en eso, entonces? —Está decepcionada.
—Tal vez —digo, sabiendo que la mantendrá lejos de ella, al menos por un rato.
—Bueno, creo que siempre está el próximo año después de que te hayas ido. —Se ríe, y sonrío con los dientes apretados. Se levanta cuando Yulia camina de vuelta al exterior, y mientras ella pasa junto a ella, arrastra una mano sobre su pecho.
—Nos vemos más tarde, Yul —ronronea.
—Es Yulia —dice, y mi corazón salta un poco por su corrección.
—Lo que sea —dice con una sonrisa seductora.

Yulia se sienta junto a mí, rígida por la tensión. Ella mira a Beth y Adama, que aún van por ello, y deja escapar un suspiro suave que está lleno de disgusto.

—¿Te diviertes? —bromeo.

Ella me da una leve sonrisa.

—Lo siento, Lena. Estoy tratando. Esto simplemente no es lo mío, ¿sabes?
—Sí, lo sé.

Coge mi mano y entrelaza sus dedos a través de los míos. Lo dejo a pesar de que de alguna manera deshace toda la cosa del secretismo. Me imagino que lo necesita. Tal vez yo también, un poco.

—Supongo que esto debe ser cómo te sientes cuando estamos con mis amigos, ¿eh?
—No están tan mal. Me estoy acostumbrando un poco a ellos.
—Acostumbrando a ellos —repite en voz baja. Me mira, los ojos tristes—. Supongo que esto se remonta a esa extraña cosa de pareja, ¿eh? Parece no existir algún lugar donde las dos estemos cómodas.
—Hay un montón de lugares donde ambas estamos cómodas —afirmo—. Sólo tenemos amigos muy diferentes.
—E intereses —añade, mirando hacia atrás a través de la puerta de entrada a la casa.
—Vamos a salir de aquí —digo.
—No, está bien. Estos son tus amigos, y si puedes acostumbrarte los míos, me puedo acostumbrar a los tuyos. —Sus palabras son valientes, pero mezcladas con duda.
—Yo quiero irme. —Aprieto su mano, y ella me mira para ver si estoy diciendo la verdad o simplemente tratando de dejarla fuera de culpa. Yulia no pertenece aquí, todavía no. De pronto, con urgencia, quiero sacarla de aquí.
—¿Estás segura?
—Sí, vámonos. —La conduzco alrededor del lado de la casa, ni siquiera deteniéndome para decirle a Beth que nos vamos.
—¿No quieres entrar y decir adiós?

Le sonrío. Sólo una verdaderamente educada geek pensaría que este tipo de chicos se preocupan por las sutilezas de la sociedad.

—No, realmente no.

Estamos alrededor del lado de la casa, donde las enredaderas cuelgan tanto contra la casa como a lo largo de la valla por encima de los arbustos recortados con precisión. Las plantas tienen el efecto de silenciar el ruido, dando al patio lateral la sensación de un refugio privado. Yulia se detiene de repente y tira de mí en sus brazos, me besa hasta que mi cabeza da vueltas.

—Gracias —dice, inclinándose hacia atrás—. Sé que te vas sólo por mí.

Tiro de ella de nuevo, y se rinde fácilmente, besándome otra vez.

—Gracias —le digo, mientras se endereza—, por haber venido conmigo en primer lugar.

Se inclina hacia mí otra vez.

—Está bien —dice, sonriendo—. Está resultando ser bastante divertido después de todo.

Yo no sabía que era posible besar mientras se sonreía, pero me doy cuenta de que lo es.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Vie Mayo 15, 2015 6:36 pm

Klaatu Viene en Paz


Mi teléfono vibra a las seis de la mañana, y ni siquiera me molesto en abrir mis ojos para ver quién me está llamando tan temprano.

— ¿Sí? —me quejo en el teléfono.
—Así que, ¿dijiste que no te habías besado con ella?
— ¿Qué? —Me sentí como si hubiera llegado en la mitad de una conversación—. ¿Eres tú, Ella? —Acerqué mi despertador, entrecerrando los ojos, como si eso cambiara la hora que se mostraba—. ¿Por qué estás levantada tan temprano?
—No estoy levantada. Aún no he ido a la cama.

Pienso en las veces que había llegado a esta misma hora a casa en el pasado. Gimo en el teléfono.

—Bueno, yo sí. Me despertaste.
—Lo siento —dice ella, sin sonar como si lo estuviera—. Me dijiste que aún no te besabas con tu pequeña mascota. Pero eso no es lo que vi.

Sus palabras me despiertan del todo, y me siento.

—¿De qué estás hablando, Ella? Es demasiado temprano para adivinanzas.
—Tú y Yulia. Las vi anoche. Estaba buscándote, y Ben me dijo que te habías ido, pasando por el jardín lateral. Te vi a ti y a Yulia ahí, viéndose bastante calientes e involucrados.

Suena molesta, y froto mi cara intentando leer su profundo silencio.

—Bueno, el, ya sabes... —Tropiezo con las palabras, tratando de encontrar igualdad en esta extraña conversación—. Algunas veces debes convencer de otras formas.
— ¿No habías estado con ella de esa forma antes? —Aún suena indignada.
—No —miento—. Quiero decir, tú me diste la idea anoche.
— ¿Lo hice? —Ahora suena molesta consigo misma, lo que es mejor.
—Sí, quiero decir… ella estaba un poco molesta por la fiesta. Ponte en sus zapatos. Nunca ha sido expuesta a algo así antes.
—Sí, supongo que es verdad.
—Entonces, si no quiero que se aleje, con el rabo entre las piernas, tengo que hacer algo para que vuelva, ¿verdad? —Me estremezco al hablar así de Yulia con Ella.

Ella se ríe.

—Sabes, Lens, eres mucho más astuta de lo que sospeché. —Me avergüenzo de su apreciación, sobre todo porque es verdad—. Bueno, mantenla así, chica. Voy a dormir. ¿Te veo el próximo sábado?
—Ya veremos —digo, colgando. Me recuesto, pero ya no habrá más dormir para mí ahora. Sus palabras siguen corriendo en mi cabeza, y vuelvo a sentarme. En alguna parte durante mi juego, comencé a respetar a Yulia, respetar quien es e incluso sus valores geek: mi objetivo es alejarla de esa respetabilidad, hacerla más como yo.

Debería dejarla ir, creo. No es demasiado tarde.
Puedo detenerme ahora, salirme de su vida. Eso sería fácil para mí. Una nueva familia de acogida signifique probablemente una nueva escuela, y ella puede avanzar, olvidarme. Estoy segura queel timido ratoncito estará encantado de volver a ser el objeto de su afecto. Mi estómago se aprieta ante el pensamiento de Yulia con él.
Incluso mientras pienso en eso, sé que soy demasiado egoísta para realmente avanzar. He estado considerando quedarme, al menos hasta la graduación al final del próximo año. Si soy honesta, debo admitir que me gustan un poco. Luego está Yulia. Sé que no hay ninguna posibilidad de algo real entre nosotras, pero me he divertido mucho más con ella en los últimos meses que en cualquier otro momento de mi vida. Dejo caer mi cabeza en mis manos, restregrando mi cara como si ayudara a resolver el problema. Me levanto y camino hasta el espejo, y noto una tercera fotografía de Yulia y yo pegada bajo la primera. ¿De dónde había salido?

Saco la fotografía y la miro. Estamos sentados en su trampolín, y estoy riéndome ante la cámara, viéndome para nada como yo, mientras los ojos de ella están en mí, pestañas ensombreciendo sus ojos, hoyuelos a la vista. No he visto esta fotografía antes, pero recuerdo este día. Todd la tomó con su nueva cámara, lo que explica que estemos fuera de foco e inclinadas hasta la esquina de la fotografía. La presiono contra mi pecho.

Hay una forma para que estemos juntas, pienso. Nunca podré ser lo suficientemente buena para ella, no como es ella ahora. Aunque si puedo lograr mi objetivo original, si la hago caer, entonces ella estará a mi nivel. Entonces Marcus no la querrá. Entonces podremos estar realmente juntas.

⊕⊗⊕

Puedo oír a Yulia en el jardín trasero, animanda. Camino alrededor con una sonrisa y veo como Todd, saltando en el brincolín, cae hacia abajo, rebotando unas cuantas veces antes de volver a descansar sobre sus pies. Yulia lo anima como si él estuviera haciendo un trabajo increíble y se inclina en el borde para chocar palmas con Todd. Todd está sonriendo de oreja a oreja a su hermana pequeña. Entonces me ve tras de su hermana y grita.
—¡Len—Len! —Siempre dice mi nombre dos veces.
—¡Hey, Todder! —respondo, y se ríe de cómo le digo. Él baja para correr hasta donde estoy yo y me da un abrazo. Veo todo esto desde el rabillo de mi ojo ya que mi mirada está en Yulia, quien se giró tan pronto como Todd dijo mi nombre. Me está sonriendo y no se ve molesta o disgustada conmigo como pensé que estaría.
—¡Todd! —llama Carol desde la puerta de entrada—. Ven adentro, bebe algo y ponte algo de bloqueador solar. —Todd se deshidrata y se quema fácilmente bajo el sol y el calor.
—Hola, Lena, ¿cómo estás hoy? —me pregunta ella. Me dice Lena desde que mi madre de acogida defendió mi nombre, lo que es personalmente incómodo.

Casi preferiría que volviera a llamarme Elena.

Camino hasta Yulia mientras Todd y Carol desaparecen dentro de la casa, sosteniendo un Dvd frente a mí como escudo.
—Klaatu viene en paz —digo monótonamente.
—¿Eso es…?
—¿La versión de 1951? Sip. —Muevo el Dvd de lado a lado—. No te traería la… ¿cómo la llamaste?… ¿la ―poco inspirada‖ nueva versión? ¿Entendí bien eso?
—No fue tan malo, supongo. Al menos no cuando la vi en Dvd. —Levanta las cejas en mi dirección en una insinuación divertida, y yo me río, recordando.
Cuando la vimos en Dvd para que yo pudiera apreciar —mientras ella explicaba— las diferencias entre las dos versiones, creo recordar gastar buena parte de la nueva versión entre besos junto con un poco de ciencia ficción geek.
—¿Eso significa que estoy perdonada? —pregunto, sonriéndole vacilante.
—¿Debes estarlo? —pregunta.
—Bueno, no has llamado desde el sábado en la noche, así que pensé que quizás…
—Oh, sí, lo siento por eso. Todd estaba teniendo un mal día ayer. Para cuando terminamos con eso, era bastante tarde.
A veces, Todd tenía lo que Yulia y sus padres llamaban ―días malos, cuando pasaba el día con problemas de conductas que iban desde llorar a rabietas al negarse a salir de la cama.
—Entonces, ¿no estás enfadada? Ya sabes, por la fiesta.

Yulia camina hacia mí y pone sus brazos alrededor de mi cintura, acercándome.

—¿Por qué debería estarlo? Son tus amigos, y si es eso lo que te gusta hacer, entonces… —Se inclina hacia adelante y me besa—. No estoy interesada en cambiarte, Lena. Me gustas tal como eres. —Culpa se desliza dentro de mí.

Mal interpretando la expresión que cruza mi cara, ella pregunta:

—¿Quieres que esté enojada contigo?

Me encojo de hombros y aparto la mirada para que no pueda ver la vergüenza en mis ojos.

—Quizás sería divertido para compensarlo —dijo despreocupadamente. Ella se ríe ante esto.
—Está bien, entonces, estoy realmente molesta contigo. —Miro sus cándidos ojos azules y suspiro, rindiéndome ante su calma contagiosa.
—Dejaré que me perdones si me besas de nuevo —bromeo.

Los hoyuelos aparecen, y suspira melodramáticamente, mirando hacia el cielo mientras me acerca con una sonrisa.

—Hombre, las cosas que tengo que hacer…

Luego me besa de nuevo, quizás no tan suavemente como antes pero aun mucho más agradable que cualquier cosa que he experimentado.

⊕⊗⊕

—¿Quieres decirle a los chicos que vengan para ver una película esta noche? —pregunto.

La culpa aún mueve mis acciones. Estamos de pie junto al trampolín, y Yulia está leyendo la reseña en la caja del Dvd, como si no la hubiese rentado y visto un millón de veces.

—Es lunes, ¿recuerdas?

Yulia tiene un misterioso compromiso los lunes cada semana, y se niega a contarme qué es. Al comienzo, era un problema ya que mis anteriores experiencias con novias que guardaban secretos, generalmente terminaban conmigo siendo lastimada. Pero ahora sé que sea lo que sea, es completamente inocente, porque así es como ella trabaja.

—Oh sí. Olvidé lo mucho que odiaba los lunes.
—¿Cuándo debe devolverse? Podemos verla mañana por la noche.
—No debe devolverse. La compré para ti.
—¿De verdad? —Sonríe como una niña en navidad, luego me da un beso de agradecimiento, que vale al menos 10 Dvds.
—Sabía que me amabas —dice bromeando, luego se gira y salta al trampolín antes de que pueda decir algo. Hace un salto hacia atrás sin ningún esfuerzo.
—Presumida —murmuro, y ella se ríe.
—Ven a intentarlo —dice, tirándome hacia el trampolín, poniendo el Dvd en la almohadilla junto al borde.
—De ninguna forma. Probablemente aterrizaré sobre mi cabeza y romperé mi cuello.
—No lo harás. No dejaré que suceda. Te observaré.

Porque sigo llena de culpa, acepto.

—Simplemente salta muy alto, suave y agradable. —Me enseña—. Cuando estés lista, sólo empújate hacia atrás, brazos sobre la cabeza, y te ayudaré.
—Está bien, pero si muero, estará en tu conciencia —refunfuño.

Yulia solo ríe. Cierro mis ojos e inhalo profundamente. Cuando salto, me inclino, sintiendo sus manos en mi espalda y estómago, empujando mis pies sobre mi cabeza, y luego, de pronto, estoy sobre mis pies. Mis ojos se abren con sorpresa, y me río.
Yulia sólo me sonríe.

—Ves, te dije que podías hacerlo. ¿Quieres intentarlo de nuevo?
—No. —Caigo sobre mi trasero—. No quiero tentar al destino.

Se sienta junto a mi justo cuando Todd llega corriendo desde la puerta trasera, seguido de cerca por Carol.

—Lo siento —dice ella—. Vio tu salto y no pude mantenerlo dentro.
—Está bien —decimos Yulia y yo al mismo tiempo, mirándonos y riendo.

Carol sólo saluda y vuelve adentro. Todd sube al trampolín y me abraza riendo.

—Len—Len, increíble —grita.
—Está bien, Todd —dice Yulia, sacándomelo de encima y llevándolo hacia su propio pecho, envolviendo fuertemente a su hermano con sus brazos—. No queremos apretar a Len, ¿verdad, hermano?
—¿Puedo preguntarle? —Todd está emocionado.
—¿Preguntarme qué? —digo sospechosamente, mirando a Yulia quien aún sostiene a su hermano en sus brazos.
—Es idea de Todd. Ha estado esperando para preguntarte, pero si no quieres, no hay problema.
—¿Si no quiero qué? —pregunto.

Todd mira a Yulia sobre su hombro, esperando el permiso. Ella suspira.

—Adelante, pregunta Todd.
—¿Quieres venir a bolear con nosotros? —Todd esta vibrando con anticipación.
—¿Bolear? ¿Cómo en los bolos?
—Está bien —ella me asegura—. Le dije a Todd que no eres aficionada a…
—Me encantaría ir. ¿Cuándo? –la corto, y sus cejas se levantan con asombro.
—Lunes. Siempre boleamos los lunes —me dice Todd, como si yo debiera saber esto.
—Entonces, ¿esto es lo que haces en tus misteriosos lunes?
—No tan misteriosos. Sólo, ya sabes, es lo que hacemos. —Yulia se encoge de hombros—. Jugamos en dos ligas diferentes, la verdad.
—¿Ligas? —me burlo.

Ella sonríe apesadumbrada, aunque Todd asiente con la cabeza felizmente, rodeado por los brazos de su hermana.

—Lo mantiene activo —explica.

La miro, tratando de entenderla.

—Temías que me burlara de ti, esa es la razón de que no me dijeras. —Ella sonríe.
—Bueno, como que lo hiciste.

Ahora es mi turno de estar apesadumbrada.

—Tienes razón. Lo siento. Pero si estás en una liga, ¿cómo puedo yo…?
—Terminamos con nuestra última liga hace un par de semanas. Tenemos un par de semanas más antes de empezar de nuevo, así que estas son solo prácticas.
—La práctica hace la perfección —dice Todd, obviamente repitiendo una frase que le han dicho.
—Eso es verdad. —Yulia le da un apretón.
—¿Quieres ver mi truco? —me pregunta Todd.
—Sí, claro —digo, cortando a Yulia antes de que diga no‖ por mí cuando comienza a hacerlo.

Ella y yo nos deslizamos sobre el borde en la zona acolchada, y Yulia me mira, como diciendo que no necesito hacer esto.

—Eres realmente una buena hermana —le digo, besándola suavemente.
—¡Asco! sin besos —dice Todd, rebotando para separarnos—. ¡Mírame!

Yulia sonríe disculpándose, y sonrío de vuelta, preguntándome que tan rápido puedo bajarla hasta mi nivel, para que así pueda realmente pertenecerle.

⊕⊗⊕

Caminamos hasta la bolera, la misma en la que estuvimos antes, Refugio del Boliche. Todos aquí parecen conocerlos, diciéndoles hola y recibiendo abrazos de Todd.
Yulia y Todd realmente tienen un casillero que arriendan para sus bolas. Ella me consigue unos zapatos mientras intento encontrar la bola menos repugnante que puedo. Sin la distracción de mis padres de acogida y sin ser observada por la mamá de Yulia y la porrista, soy capaz de ver interactuar a Yulia y a Todd. Cuando Todd consigue un strike o su bola se va hasta la cuneta, obtiene los mismos aplausos y choques de palmas de ella, y de mi parte también, ya que estoy en su equipo, como dice Todd. Se acerca, la mano levantada en cada tiro.
Nunca se lo admitiría a nadie, incluso bajo tortura, pero me estoy divirtiendo. Admiro la forma en que Yulia se comporta con su hermano, más joven en edad pero mucho mayor en todos los otros sentidos.
Desearía tener una hermana como ella. Quizás entonces no estaría en donde estoy, no sería necesario rebajarla a mi nivel porque quizás yo estaría en el suyo.
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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Miér Mayo 20, 2015 10:19 am

El Dinero Es Mío.


- He notado que esta habitación no se ajusta particularmente a tu estilo.

Estoy sentada en mi habitación, viendo otra foto que ha sido agregada al marco del espejo. Esta es también del viaje de campamento, solo que soy yo a lado de Inessa, pelando papas, con la chica de la bicicleta pasando, y viéndonos raramente feliz. No creo haberme visto nunca feliz.

—¿Tú estás haciendo esto? —Volteé a mirar a Inessa.
—¿Haciendo qué? —Su respuesta es demasiado informal para ser forzada, ella ni siquiera mira las fotos. Decido que probablemente ella no las está poniendo.
—No importa. ¿Qué estabas diciendo?

Se sienta en el borde de mi cama y recorre con una mano a través de la colcha blanca con volantes, casi con nostalgia. Algo extraño, pienso.

—Yo decoré esta habitación para que se viera como yo siempre quise que mi habitación se viera cuando era una niña. Supongo que nunca se me ocurrió, que quien sea que viva aquí debe querer decorarla con su propio estilo. —Ella me ve. —¿Realmente no te viene en absoluto, verdad?
—Eso no importa —le digo, un poco confusa con esta extraña conversación.
—Claro que importa. Esta es tú casa. Esta es tú habitación. Debería ser un lugar que te dé la bienvenida, un lugar que es tuyo, lleno con tus propias pertenencias.
—Bien —le digo, tratando de ignorar ese estúpido sentimiento cálido que trataba de salir a la superficie con sus palabras—. Probablemente no esperabas que alguien como yo apareciera en tu puerta.
—No, creo que no —ella admite, y aún estoy tratando de decidir si sus palabras deberían ofenderme cuando ella añade—: Pero estoy muy contenta que lo hayas hecho.

Estoy completamente aturdida por sus palabras porque suena tan genuina.

—¿Qué si hubiera sido un chico el que hubiera venido aquí?
—Probablemente habría sido tan incomodo para él estar aquí, como lo es para ti.

Me reí pero miré alrededor de la habitación.

—No está mal —le dije.
—Pero tampoco es tan bueno. —Ella me sonríe—. ¿No tienes cosas propias que te gustaría tener aquí? No lo sé, ¿Posters, fotografías o algo?
—No tengo mucho —admito—. Cuando te estás mudando tanto como yo lo hago, aprendes a viajar ligero.

Una mirada de dolor atraviesa su rostro ante mis palabras, y se estira a través del espacio vacío para poner su mano sobre la mía.

—Entonces es momento de comenzar a acumular. Este fin de semana quiero llevarte de compras, dejarte elegir algunas cosas para que las coloques aquí y lo hagas tuyo.

La examino, preguntándome qué juego está jugando. He aprendido que nada es gratis; todo tiene un precio. ¿Entonces cuál es su precio?

—¿Qué pasa si no me quedo por mucho tiempo aquí? —pregunto. Ella parpadea con esto, viéndose un poco dolida.
—¿No te gusta aquí? —Suspiro y pongo los ojos en blanco.
—No dije que no me gusta. Pero… tú sabes, una familia de acogida no es una familia real. No es permanente. Tendré dieciocho en unos pocos meses. Creo que el Estado seguirá pagándote mientras esté en la secundaria, pero la graduación está a menos de un año. Si, tú sabes… si quisieras quedarte conmigo ese tiempo de cualquier manera.

Ella levanta su cabeza y me estudia en silencio. Esto me hace sentir más incomoda y me retuerzo un poco.

—¿Crees que te tomamos por el dinero?
—Bueno. ¿Qué más hay? Quiero decir, no es como si me conocieras ¿verdad?
—No, no lo hicimos. Pero nunca se trató de dinero. Estábamos a punto de darle a alguien un hogar y una familia.
—Ah, claro. El lado bueno de hacer el bien de todo.
—Quiero mostrarte algo —ella dice de repente, poniéndose de pie—. Ven conmigo.

Ella no me espera pero camina fuera de mi habitación. Estoy un poco indecisa después del intercambio extraño que tuvimos, pero la curiosidad saca lo mejor de mí, así que la sigo.
Ella baja las escaleras y entra al estudio. Nunca he estado realmente en esta habitación, más que asomando mi cabeza una vez por curiosidad. Parece ser un lugar muy aburrido, nada para mí aquí, así que nunca tuve razón para merodear.
Ella camina hacia el escritorio y abre un cajón. Saca un pequeño libro azul y me lo da.

—¿Qué es esto? —pregunto, mirándolo como si pudiera estar envenenado.
—Ábrelo —dice ella. Cruzando sus brazos y viéndome.

Abro la portada, en la primera página está impreso en letras claras de bloque: Ahorros de Elena. La miro, y ella hace un movimiento con sus dedos para decirme que prosiga. Doy vuelta a la siguiente página y veo lo que parece un registro de chequera, con fechas y números, registrados en la parte inferior de la página.

—No lo entiendo. —Sostengo la libreta hacia ella, esperando una explicación.
—Debimos haberte dicho de esto antes, creo. Queríamos que fuera un regalo de graduación. Cada mes que recibimos el cheque del Estado, se deposita directamente en esta cuenta. Así como dinero de nosotros que depositamos ahí cada mes.

Me quedo mirándola sin comprender.

—Es tuyo —dice ella.

Empujo la libreta hacia mí y le doy vuelta por más páginas. La suma continua creciendo en cada página, y mi pulso incrementa su paso un poco. Tiene que haber un alto precio por esto, pero no puedo descifrar qué es.

—¿Por qué? ¿Qué quieres de mí? —Mi voz sale con un sonido un poco estrangulado.
—Cariño, no queremos nada. El dinero es tuyo. Puedes hacer todo lo que quieras con él. Siempre hemos tenido cuentas de ahorro para nuestros hijos para cuando ellos vayan a la universidad. Claro, nosotros pagaremos tu matricula y libros, igual que lo hicimos por Jeff y Tamara.

Levanto una ceja con el pensamiento de mí yendo a la universidad pero decido evadir esa conversación ahora. Abrazo la libreta contra mi pecho como si me la fuera a quitar de repente.

—¿Es mío? —pregunto escépticamente.
—Sí.
—¿Podría ir al banco ahora mismo y retirar todo el dinero?
—Sí, claro. Mira. —Ella tiende la mano, y de mala gana se la entrego. Abre en la primera página otra vez y señala: Elena Jones o Inesa Katina. —Eso significa que el dinero puede ser depositado o retirado por cualquiera de nosotras —ella explica, regresándomelo—. Así que sí, puedes ir y retirarlo todo. Hoy, si lo quieres. El número de cuenta está anotado ahí.
—¿Puedo poner esta libreta en mi habitación, y después mañana ir al banco y retirar todo? —le pregunto nuevamente, aún insegura de que tiene que haber una trampa.
—Claro. Si quieres quedarte con la libreta, es tuya. Solo te diré cada vez que haga un depósito y tú puedes darle seguimiento.
—¿Por qué haces esto?
—Porque pensamos en ti como una hija ahora.

Su declaración es simple, directa, esto me lastima profundamente.

—Tengo una mamá —digo desafiante. Un destello de dolor cruza sus ojos.
—Lo sé. Y no estoy tratando de remplazarla.
—Pero me estás dando todo este dinero, y quieres que cambie mi habitación.—Escucho la sospecha en mi voz, pero no lo puedo evitar. Inesa lanza un suspiro, y es el mismo sonido que he escuchado que otras madres hacen cuando están tratando con sus propios adolescentes, exasperada, pero no enojada.
—Aquí no hay cadenas, Lena. Nadie está tratando de… no lo sé, lastimarte o hacerte el tonto, lo que sea que sospeches. Solo estamos tratando de ser…
—¿Buenos? —Mi palabra se desliza en la de ella, llena de burla. No dice nada, solo me ve. De repente me siento abrumada, y me volteo de su mirada firme y escapo de regreso a la habitación con volantes que realmente nunca me ha molestado antes. Ahora se siente extraña como un alíen.
Cierro la puerta y colapso en la cama.

Abro la pequeña libreta otra vez, viendo el total de la cuenta, es más dinero del que he visto alguna vez en mi vida. Claro, pienso, si puedo ir al banco en cualquier momento y sacar el dinero, entonces ella también puede. Después de mi algo extraña actuación ella probablemente se está arrepintiendo de haberme contado y está decidiendo que no soy digna de él después de todo. Decido que no hay tiempo como el presente para probar sus palabras.
Salto de la cama y corro escaleras abajo agradecida de ver que ella aún está ahí. Me llama mientras paso junto a ella y salgo por la puerta principal, ella tiene la ventaja de un carro así que tengo que ser rápida.
El banco no está tan lejos de la casa. Nerviosamente, camino hacia el mostrador y le entrego la libreta a la cajera, quien me mira de manera extraña.

—Quiero retirar este dinero —le digo, tratando de sonar convincente pero más que nada sueno nerviosa.
—¿Tienes tu identificación? —pregunta ella, aburrida.

Muestro mi licencia de conducir que raramente utilizo, y la mira detenidamente, viendo hacia mí como para ver si mi cara y la cara en la licencia son la misma, comparando el nombre en él y mi nombre en la libreta.

—¿Cuánto quieres?
—Todo.

Ella me mira más cerca, el estrechamiento de sus ojos muy diminutos. Probablemente yo no lo habría notado si no hubiera visto la misma expresión en tantas otras caras a través de mi vida.

—¿Quieres cerrar la cuenta entonces?
—Uh, no. —No pienso que quiero cerrarla, no estando segura que siquiera tengo la autoridad.
—Hay un mínimo de veinte cinco dólares que necesitan quedarse en la cuenta para dejarla abierta —dice ella, y prácticamente puedo escuchar que pone sus ojos en blanco.
—Bueno, está bien. —Trato de no sentirme como una ladrona, que estoy segura que soy. Inesa dijo que era mío.
—¿Cómo lo quieres? —pregunta la Cajera.

No estoy segura de lo que ella quiere decir, así que me encojo. Ella suspira y comienza a contar el dinero, dejándolo sobre el mostrador mientras continua, así que puedo ver que ella no me está timando. Luego lo desliza en una gran pila y la pone en un sobre.

—Gracias —digo insegura. Esto ha sido demasiado fácil. Algo no está bien.
—Que tengas un buen día —ella gorjea.

Mientras camino hacia afuera del banco, veo al guardia de seguridad con cautela, segura que me va a atacar y forzarme a regresar el dinero. Él ni siquiera mira mi camino, y de repente estoy fuera, con un sobre lleno de dinero que nunca pudiera haber imaginado en mis manos.
Regreso a casa, a escondidas hacia mi habitación. Entierro el sobre en mi cajón de calcetines, cerrándolo en silencio como si alguien pudiera escuchar venir y asaltarlo para llevárselo. Entonces me doy cuenta que es el primer lugar en el que buscarían, y rápidamente lo retiro. Abro mi armario y saco mi pequeña caja. Aquí es donde guardo todo lo que es importante para mí, es la única cosa que llevo de casa en casa. Pongo el sobre en la caja y después regreso la caja dentro del armario, enterrándola debajo de una pila de ropa sucia. Espero que nadie se ponga lo suficientemente curioso como para buscarla. Con culpa en el corazón, me meto debajo de mis cobijas.

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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Miér Mayo 20, 2015 10:31 pm

El Ladrón Confiesa

—¿Qué te pasa esta semana? —pregunta Yulia. Estamos en mi habitación, yo acostada sobre la cama y ella sentada en el suelo cerca de mí.
—¿Qué quieres decir?
—Has estado un poco… insolente —dice.
—¿Insolente? —me burlo—. ¿Qué eres, mi abuela?
—¿Ves lo que quiero decir? —Alza la vista hacia mí—. ¿Pasa algo?

Miro culpablemente hacia mi armario. Ni Inesa ni Sergey han dicho algo sobre el dinero robado. Mañana se supone que voy a ir de compras con ella para ―remodelar‖ mi habitación, como ella dice. Me pregunto si me planteará lo del dinero, diciéndome que pague por las compras.

—Está bien, voy a decirte un secreto —le digo—. Pero sólo porque me siento realmente culpable, y si no se lo digo a alguien, voy a explotar.

Tiro de la caja de mi armario y la abro. Puedo ver a Yulia viendo curiosamente el contenido, pero en su siempre correcta forma, no pregunta. Simplemente espera. Saco el sobre y se lo entrego, dejándolo caer en el suelo junto a ella. Cuando mira adentro, sus ojos se amplían tanto que me preocupa que puedan salirse de su cabeza.

—Eso es mucho dinero —dice, sólo en caso de que ya no lo supiera. Entonces me mira con desconfianza—. ¿Dónde lo conseguiste?
—Es mío —le digo desafiantemente. Confiada como de costumbre, se relaja.
—Entonces ¿por qué te sientes culpable? Deberías ponerlo en el banco para que no lo pierdas o te lo roben. Podría llevarte y puedes abrir una cuenta.

Puse los ojos en blanco hacia ella.

—No necesito abrir una cuenta. El dinero viene de mi cuenta.

Ella luce confundida, así que le cuento la historia, pasando por alto ciertas partes, esas partes que principalmente son mis propios pensamientos.

—Espera, ¿piensas que Inesa podría decirte acerca de esto, decirte que es tuyo, luego quitártelo?
—Bueno, cuando lo pones de esa manera, suena tonto pensarlo —le digo desafiantemente.
—Eso es porque es tonto. Inesa y Sergey parecen buenas personas. Estoy bastante seguro que ella no está tratando de hacerte algún tipo de broma cruel.

Le arranco el sobre de las manos.

—¡Lo sé!
—Entonces ¿qué está pasando, Lena? ¿Qué está pasando realmente? Porque no creo que esto sea por el dinero.

Sus palabras traen reprimidos sentimientos que salen a la superficie, y miro hacia otro lado mientras rebosan las lágrimas, tratando de fluir. Las cepillo furiosamente.

—No sabes —le digo con irritación—. No sabes nada. Tu mundo es todo sobre felicidad, sol y seguridad. Yo no tengo ese lujo. Nunca lo he tenido.

Ella no dice nada, sólo me tira con fuerza contra ella así estoy sentada con mi espalda contra su pecho. Me envuelve con sus brazos, y en ese silencio me demuestra apoyo, encuentro seguridad.

—Cuéntame —dice en voz baja, dándome la oportunidad de pretender que no la escuché si es que no quiero decirle.
—Tú no sabes sobre mis… verdaderos padres —tartamudeo con las palabras, y me da un suave apretón—. Pero después de ellos, ha habido muchos padres de acogida. No hay muchas personas ahí afuera como Inesa y Sergey. Muchos padres de acogida están ahí por el dinero y por el trabajo gratis que es tener a los niños de acogida, o al menos con los que he tenido experiencia. ¿Qué puedo hacer, verdad? Ellos te tienen por la garganta. Tienes que hacer lo que te dicen, tratar de quedarte el mayor tiempo posible porque es mejor que el refugio. Te sorprendería encontrar que no hay muchas familias buscando a una rebelde adolescente de pelo rojo, con perforaciones para tener en sus casas. —Traté de sonar frívola, pero no fluye muy bien.
—Sí, lo sé, ay de mí —digo con desdén como si él me contradijera—. No me quejo, porque no he tenido que pasar mucho tiempo en el refugio. Pero he aprendido algunas cosas. Pero una de las más importantes es que nada es gratis, Yul. Siempre hay un costo. Simplemente no veo cuál es el precio de Inesa. Éste es un juego nuevo para mí.

Yulia está en silencio por tanto tiempo que finalmente la miro. Está mirando mi espejo, en el que parece surgir una nueva foto cada pocos días —y en el cual ella reclama no estar—. Ahora casi está cubierto por todos lados hasta en los bordes. Finalmente, mira hacia mí, y estoy agradecida de que sus ojos no están llenos de simpatía, eso no lo podría aguantar.

—¿Alguna vez se te ha ocurrido que ella no está tratando de jugar un juego contigo?

La miro. ¿Ningún juego? Siempre hay un juego. A pesar de que lo pienso, me doy cuenta de que nunca ha sido un juego para Yuliar. No puedo decir lo mismo de mí misma, pero para ella esto siempre ha sido genuino, sin expectativas, sin esperar nada a cambio. Si ella puede ser de esta manera, supongo que es posible que quizás otros también puedan serlo. Inesa y Sergey parecen ser cortados de la misma tela que Yulia.

Mientras mi mente se vacía de sospecha y se llena con algo parecido a la esperanza, le sonrío.

—¿Qué? —Suena suspicaz, pero está sonriendo y sus ojos están claros.
—¿Quieres llevarme al banco?

⊕⊗⊕

Le confieso el robo a Inesa, quien se ríe de mí. Por supuesto, no esperaba esa reacción. Decepción por lo menos, una llamada para que me sacaran inmediatamente de su casa como mucho. Le entrego la libreta dócilmente.

Ella me la devuelve.

—¿Por qué no la guardas en tu habitación? Puedes ir agregándole como yo también puedo. —Miro la libreta que me ofrece, pero mi nueva resolución de confiar en mis padres de acogida, quiero decir, los Katin, hace que niegue con la cabeza.
—No, confió en ti. Guárdalo por mí hasta que lo necesite.

Se encoge de hombros, sin darse cuenta de lo transcendental que es mi decisión, y casualmente lo guarda en su bolsillo trasero.

—¿Estás lista para ir de compras mañana? —pregunta.
—¿Todavía quieres llevarme, después de que robé el dinero?
—No puedes robar lo que es tuyo. —Se ríe.

Así como así, mi semana de estresarme y preocuparme por la cuenta de ahorros se hace nula y sin efecto. Es raro, este sentimiento de confianza, esta sensación de casi pertenencia.

⊕⊗⊕

Una cosa voy a decir de Inesa, es que ella sabe cómo ir de compras. Estoy agotada mucho antes que ella. Me deja elegir todo, sutilmente guiándome en los tonos y los colores que terminan luciendo bien juntos. No sé cómo lo hace, pero una vez que volvemos a casa y arreglamos mi habitación, es exactamente la habitación que siempre he querido pero nunca me atreví a esperar.
Mi habitación se transforma en rojo y negro, completamente opuesto del brillante blanco. Ahora es más oscuro, como yo. A diferencia de mí también es elegante y acogedora, no es algo que hubiese esperado de estos colores. Lo sencillo se ha ido, y está simple y llanamente bajo la elegancia.
Incluso compró marcos para mis multiplicadas fotos, y ahora cuelgan en un genial collage encima de mi cama, remplazando el paisaje soso y optimista que había colgado allí. En las otras paredes cuelgan un par de copias de las pinturas de Dalí. Las pinturas surrealistas y oscuras atraen algo en mí, aunque sospecho que Inesa no está tan impresionada con ellas. De todos modos, me las compró.

De repente, esto se siente como un hogar.
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Re: Chica Geek

Mensaje por Lamg1912 el Mar Jun 02, 2015 4:26 pm

La historia está genial contii

Lamg1912

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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Miér Jun 03, 2015 5:48 pm

Ofertas y Problemas

Ahora estoy pasando la mayor parte de mi tiempo con Yulia.

Aparte de Beth y Ella, no me he tomado el tiempo de hacer ningún amiga de verdad. Hacer amigos requiere mucho esfuerzo cuando tu estancia es temporal. Quizás originalmente habría puesto más esfuerzo si hubiera sabido que tendría la buena suerte de terminar con dos familias distintas en la misma zona de la escuela. Para el momento en que me vine a quedar con los Katin, estaba lista para tener una estancia de menos de un año… o eso había pensado. Ahora que estoy planeando hacerlo un poco más permanente, me siento arrepentida de no haber hecho el esfuerzo.

Principalmente porque Beth y Ella están bastante enojadas conmigo sobre todo el asunto de Yulia y no me están hablando mucho.
Era tan honesta con ellas como podía serlo, dejando a un lado mis sentimientos por ella. Les dije que había decidido que me gustaba pasar el rato con ella, así que se habían desentendido de la apuesta. Ellas totalmente no lo entendían. Creen que me vendí, lo que supongo es verdad en algún grado.

Estoy bien con eso porque me está gustando más, tanto mi vida como yo misma estos días.

Entonces suceden dos cosas que alteran mi nuevo equilibrio. Primero, una conversación con Inesa y Sergey, y segundo, un improvisado comentario que hizo Yulia inmediatamente después de esa conversación, que había solidificado una idea en mi mente.

Inesa y Sergey me habían sentado y preguntado qué pensaba sobre la idea de la adopción. Por mi mirada afectada, me habían asegurado que no estaban tratando de tomar el lugar de mis padres biológicos, que simplemente me querían como parte de su familia. Incluso me habían dicho que podía mantener mi apellido… como si el apellido significara algo para mí.

No les podía decir que mi duda no era por ninguna de esas razones. Mi duda venía de esa cruda herida llamada esperanza. Lo he estado mirando de todos los ángulos desde que me dijeron, y no puedo encontrar qué posible motivo oculto podrían tener. Eso me está haciendo pensar que tal vez no haya otra razón. Tal vez de verdad les gusto lo suficiente como para que me quieran como parte de su familia como dijeron.

Entonces pienso sobre el compromiso implicado en decir sí. Es un compromiso de por vida, sin vuelta atrás.

También significa conseguir el permiso de mi madre biológica encarcelada, mi madre, quien me ha escrito sólo una vez, al poco tiempo después de que fue condenada, y quien no se ha vuelto a poner en contacto conmigo otra vez a pesar de los cientos de cartas que le he escrito. No le he escrito por más de tres años ya.

Es mientras todo esto da vueltas, nublando mi cabeza, que Yulia hace su comentario.

Estamos en mi habitación escuchando un poco de música en la nueva radio que Sergey trajo a casa para mí el día después que Inesa y yo remodelamos mi habitación. Mi caja misteriosa terminó estando puesta sobre mi tocador porque limpié mi armario más temprano y simplemente no la había puesto de regreso en él todavía. Yulia ocasionalmente le da un vistazo, y estoy consciente de su intensa curiosidad. También estoy contando con sus buenos modales para que no pregunte sobre eso.

—No hablas mucho sobre tus padres —dice sin advertencia.
—Estás aquí casi todos los días, Yul. Sabes tanto sobre ellos como yo.

Me mira por debajo de esas hermosas pestañas largas, efecto dado que está sentada en el piso al lado de la cama, y yo estoy acostada en ella, con la cabeza apoyada en una mano, y la otra colgando al borde de la cama, con los dedos entrelazados con los suyos. Intento no derretirme por su mirada. Ella no tiene idea lo atractivos que son sus ojos.

—No estoy hablando sobre Sergey e Inessa —dice en voz baja, y porque estoy un poco perdida en el azul de sus ojos, toma un minuto para que las palabras hagan eco en mi mente. Siente cuando mi mirada cambia, su mano se tensa instintivamente sobre la mía para evitar que la aleje. —No estoy tratando de entrometerme. —Empieza, su ultra cortesía batallando con su curiosidad—. Es sólo que…

Se da la vuelta, sin abandonar su agarre sobre mi mano, sentándose sobre sus rodillas de forma que está a mi mismo nivel de visión.

—Hemos estado… juntas… por un tiempo ya. Tú más o menos sabes todo sobre mí. Pero hay un pedazo entero de tu vida que es un gran vacío para mí. —Se encoge de hombros, bajando la vista hacia nuestras manos entrelazadas. Levanta su mano libre, metiendo mi pelo detrás de mi oreja, luego acaricia mi mandíbula con su pulgar, poniéndome la piel de gallina.
—No estás jugando limpio —digo entre dientes. Se inclina y me besa hasta que mi estómago está ardiendo y mis dedos de los pies se curvan.
—Lo siento, no puedo evitarlo —dice, sin sonar nada arrepentida—. Cuéntame sobre ellos —me urge suavemente, y tiene el efecto de un cubo de agua fría vertida sobre mi cabeza. Me alejo de un tirón y me siento.
—No hay nada que decir. —Sé que sueno agresiva, pero no es algo que me guste hablar, con nadie.
—¿Dónde naciste? ¿Dónde creciste? ¿Con cuántas familias de acogida has vivido? ¿Por qué vives en casas de acogida? —Está contando con sus dedos por cada pregunta—. Eso es un montón que no sé. Cosas sobre ti que me gustaría saber. Cosas que te han hecho ser lo que eres.
—Cosas sobre las que no hablo —le digo con enfado.

Inmediatamente está sobre la cama a mi lado, con un brazo alrededor de mis hombros.

—Vaya, Len, no quiero molestarte. Sin presiones, cariño. No tienes que decirme nada.

Me apoyo contra ella, relajándome.

—Lo siento, tema sensible —digo. Ella simplemente se sienta en silencio conmigo, frotando mi espalda con su mano de arriba hacia abajo. Conozco a Yulia, puede todavía estar curiosa, pero no sacará el tema a colación otra vez. No estará enfadada o decepcionada si no le digo. Mi absoluta seguridad de eso es lo que hace que me decida. —Escuchaste lo que le dije a la Sra. Green —empiezo, y se pone tensa por un breve segundo antes de volver a frotar mi espalda—. Mis únicos recuerdos de mi padre son sombras moradas y negras, montones de violencia. No me acuerdo de muchos detalles específicos de mi vida con él más que esas impresiones. La mayor parte de lo que sé viene de los que he leído de los informes escritos sobre mi vida. No tengo ningún sentimiento real con respecto a él, ¿sabes? Además de miedo. Ese es un sentimiento que asocio con él —digo. Yulia me empuja un poco más cerca.
—Fue asesinado por la policía cuando fueron llamados a la casa. Uno de los vecinos escuchó los disparos. Estaba disparándome.

No le digo a Yulia, pero ese es un recuerdo cristalizado, siempre ahí, siempre claro. El miedo a mi padre que experimenté ese día y la total desesperanza de saber que no había nadie para protegerme estaban grabados para siempre en mi mente.

—La policía vino —continúo—, y él no bajaría su arma, reclamando que tenía el derecho a dispararme si quería. Me apuntó, ellos le dispararon, y murió.

Me estremezco con el recuerdo de toda la sangre de ese día, y Yulia envuelve ambos brazos a mi alrededor, recordándome cuán segura estoy ahora.

—Entonces me enviaron a vivir con mi mamá. Ella no me había querido al principio, la cual es la razón por la que terminé viviendo con mi papá. Ella tenía… —me detuve, buscando una palabra que pueda describir su vida—. Problemas, supongo… —Por último me decido por esa descripción que lo abarca todo, aunque sea inadecuada. —Para el momento que fui a vivir con ella, estaba viviendo con su segundo marido, sólo otro modelo de mi padre, otro delincuente abusivo. No fui realmente una adición bienvenida a la casa, pero ella tenía que tenerme. No había nadie más.
—Tengo que reconocerle —digo, encogiéndome de hombros—. Al menos lo intentó un poco. Viví con ella hasta que tuve doce. No era exactamente como vivir aquí con los Katin, o como fue para ti cuando creciste. Fue mejor de lo que había sido vivir con mi padre porque su esposo sólo me pegaba ocasionalmente, y sólo si hacía algo que llamaba su atención. Pero al menos ella no me pegaba. De hecho trataba de protegerme un poco. No que hubiera ganado algún premio por madre del año porque que estaba demasiado envuelta en su propia miseria y me ignoraba tanto como era posible. Y la mayor parte del tiempo él no era consciente de mí.
—Pero cuando cumplí doce comencé a… —me detuve abruptamente, levantando la vista hacia Yulia, avergonzada. Como es normal, instintivamente está haciendo lo correcto, es decir que no me está mirando. Me aclaro la garganta y continúo—: Comencé a cambiar. —Hago énfasis en la palabra, rehusándome a decir que empecé a desarrollarme, ya no me veía como una niñita—. Y porque él era un cerdo, notó eso, y entonces era difícil evitarlo. —Me detuve, odiando recordar la parte siguiente, la parte donde había entrado a mi habitación y tratado de forzarme. Recuerdo claramente el abrumador olor enfermamente dulce de su sudor mientras me aplastaba debajo de su largo y pesado cuerpo, el repugnante olor de su aliento contra mi rostro, sus ásperas manos exploraban y demandaban. Me estremezco otra vez por el recuerdo, y Yulia me pone sobre su regazo, bajando mi cabeza contra su cuello, sus brazos firmemente a mi alrededor, sosteniéndome.

Inhalo profundamente el limpio olor de Yulia, de su bondad y pureza, y los recuerdos que tengo de ella remplazan esos de esa horrible noche.

Yulia a menudo me ha sostenido, nunca con nada incluso ligeramente parecido demandante o expectante. Enrollo mis brazos a su alrededor, manteniéndolo cerca, agradecida de cualquier giro del destino que la había puesto en mi camino.

Tomo una profunda, vigorizante inhalación y continúo.

—No me violó —digo tranquilamente, con firmeza—. Probablemente lo hubiera hecho, pero mi mamá entró y lo vio. Todavía no sé si estaba enfadada porque él estaba tratando de lastimarme o si estaba celosa de que hubiera volcado su atención en otra persona que no fuera ella, pero de cualquier modo, lo mató. Así que ahora está en prisión.

Señalé la caja.

—Esa caja, sobre la que estás tan curiosa —le gruñí, luego la besé en la mandíbula para que supiera que no estaba realmente molesta—, contiene todas mis posesiones materiales. No mucho para mostrar por diecisiete años.

Me alejo de ella pero no me muevo de su regazo. Levanto la caja y se la paso.

Me mira inquisitivamente.

—Ábrela.

Abre la tapa con sus pulgares y mira el interior. Mi certificado de nacimiento está en el fondo. El anillo de matrimonio de mi madre con mi padre —una barata y delgada banda de oro— está ahí. Hay una arrugada foto instantánea de mis padres —mi madre apenas más que una adolescente— y yo misma cuando era un bebé. A primera vista, parecería que eran felices, pero si mirabas más de cerca, podías ver la tensión y el estrés mostrándose alrededor de sus ojos y en las esquinas de sus sonrisas forzadas. Una llave de un Camaro del ‘69 de mi casi hermano, quien me la dio como un regalo de despedida y me dijo que algún día podía regresar y él habría arreglado un coche para la llave para mí. Unos pequeños trozos de mis varias familias de acogida, nada de verdadero valor. Mayormente estaba llena de cartas. Yulia pasa a través de ellas, sin mirarlas realmente. Entonces se da cuenta lo que son, y vuelve al principio, mirándolas cada una individualmente. Cuando comprende lo que son, sus ojos encuentran los míos, horrorizada.

—¿Te envió todas tus cartas de regreso?
—Sin abrir —digo, girando una para mostrarle.
—Tal vez deberías ir a verla. Para preguntarle porqué —murmura, haciendo el comentario que pone la idea en mi cabeza, una que nunca esperé —o quise— tener.
—No. —Mi respuesta suena firme, terminante. Sin embargo, realmente no significa nada.

Tira las cartas de regreso a la caja, y sus ojos se suavizan con simpatía.

—No me compadezcas —ordeno, reconociendo esa mirada.

Ella sólo niega con su cabeza.

—No puedo evitarlo. Me mata pensar cuán difícil ha sido para ti.
—No lo hagas Yul. No lo puedo aceptar. No quiero que te compadezcas de mí —repito.

Me da una sonrisa torcida, pero incluso ésa está cargada con pesar.

—No puedo evitarlo. Es como estoy hecha. —Su excusa es lamentable, pero mala o no, reconozco que es la pura verdad.
—Eres una geek, Yul —suspiro resignadamente.
—Lo sé. —Estira un brazo para acariciar mi mejilla con su cálida mano, su sonrisa es menos triste ahora—. Pero esa es la razón de que me ames.
—Sí. —Me inclino y la beso—. Lo es.

Nos sentamos en silencio por unos minutos.

—Oye, ¿Yul? —pregunto suavemente.
—¿Sí?
—¿Me llamaste ―cariño - antes?

Ríe entre dientes suavemente contra mi cuello, y no puedo evitar sonreír. Es tan tonta.
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Re: Chica Geek

Mensaje por Lamg1912 el Sáb Jun 06, 2015 4:32 pm

la historia esta genial.. Me tiene enganchada desde el principio... Contii

Lamg1912

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Re: Chica Geek

Mensaje por SweetMess el Lun Jun 08, 2015 3:26 pm

¿Podría la Mama Verdadera Ponerse de Pie?


Así que decidí que es tiempo de ir y verla. La decisión no es tomada a la ligera. El deseo de los Katin de adoptarme, así como el comentario de Yulia, la pena por las cartas devueltas, han plantado la semilla… no puedo evitar que crezca.
Le pido a Sergey que me lleve. No parece justo pedirle a la mujer que quiere ser mi nueva madre que me lleve a ver a mi vieja madre. No se lo pido a Yulia porque ha estado tratándome como un cristal frágil desde nuestra conversación. Sé que les dijo a sus padres porque su madre de repente está siendo realmente amable conmigo. Su papá me dio un abrazo fuerte y rápido, luego despeinó mi cabello y me retó a una lucha de brazos.
Sergey ni siquiera pestañeó cuando le pedí que me llevara aunque es un viaje de dos horas, a la ida y al regreso. Cree que es una buena idea, ni siquiera preguntó por qué repentinamente quiero verla. Creo que lo sabe. Incluso se toma el día libre del trabajo, un gesto que significa más para mí que lo que probablemente significa para él.

Decidir qué usar me toma dos días.

Quiero vestir natural, con maquillaje suave y cabello peinado para mostrarle a ella que soy una chica buena, que he resultado bien, que no tiene un impacto negativo en mí. Quiero vestirme tan duro como puedo, con el maquillaje más severo y oscuro que pueda lograr, la falda más corta y apretada, labios negros, cabello abombado, para que pueda ver exactamente lo que su negligencia ha costado.

Finalmente decido ir justo como me veo en estos días, una especie de compromiso entre los dos extremos.

Vamos el miércoles. Tengo mi iPod metido en mis orejas, música resonando. Es grosero, lo sé, algo que no me habría importado antes de que Yulia la educada estuviera conmigo. Soy un nudo de nervios con escalofríos a lo largo de mi piel, y no tengo el ánimo para una pequeña charla.
Cierro mis ojos y pretendo estar dormida, sólo en caso de que Sergey trate de hablarme de todos modos, deseando que en verdad pudiera dormir. Afortunadamente, Sergey me deja en paz, ni siquiera mirando en mi dirección, ignorándome completamente como yo lo hago con él.
El viaje de dos horas parece tardar para siempre, y sin embargo demasiado pronto estamos pasando por la puerta de seguridad de la penitenciaria. Mis temblores se aumentan a doble tiempo, mi estómago se aprieta.
En orden para entrar al sagrario interno, tienes que jugar una especie de juego con los guardias en diferentes puestos. Montones de miradas sospechosas hacia nosotros, una caminata a través de un detector de metal, y un registro, el mío por un guardia mujer que podría patear mi trasero con su dedo meñique y Sergey por un chico grande y corpulento con el cual no querría enredarme. Sospecho que estamos saliendo fácilmente cuando Sergey muestra su bolso de la DEA.
Finalmente, demasiado pronto, sólo hay una puerta de metal que resta entre ella y nosotros. Me siento mareada, preguntándome si vomitaré en el limpio piso blanco. Sergey se pone a mi lado y me da un apretón en un brazo.

—Estaré aquí afuera—dice significativamente—. Tomate tanto tiempo como necesites. Tengo mucho material de lectura del cual escoger.

Me da una sonrisa de un lado mientras indica a las tres revistas pasadas de fechas en la pequeña mesa junto a un sofá de vinilo naranja con aspecto incomodo. Trato de sonreír en respuesta pero fallo miserablemente. Él despeina mi cabello y me besa en la cima de mi cabeza.

—Estarás bien —murmura—. Ella no puede herirte ahora. Estás a salvo.

Asiento tensamente, luego me volteó hacia el guardia, que observa simpáticamente. Probablemente no soy la única semi huérfana que adorna ésta sala de espera viniendo a ver a su madre díscola.

—¿Lista?—pregunta él, luego sin esperar una respuesta, o tal vez sin darme la oportunidad de acobardarme, gira una llave de su llavero repleto y la puerta se abre. Entra y espera que lo siga, lo cual hago rápidamente porque acobardarme suena bastante atractivo en este momento.

Hay alrededor de doce mesas esparcidas por la habitación. Estoy sorprendida; había estado esperando separaciones por un cristal con un teléfono.

Esto se siente demasiado íntimo.

Hay tres mesas ocupadas. En una mesa está sentada una mujer grande y un hombre con dos niños pequeños, probablemente su familia. Me pregunto momentáneamente qué la alejó de ellos y si se arrepiente de la distancia. Otra mesa tiene una vieja mujer que luce como una dulce abuela, aunque está usando el overol blanco de carcelaria. Está siendo visitada por otra mujer que podría ser su hija o una nieta. La tercera mesa está ocupada por una mujer flacucha con largo cabello rojizo. Medio se pone de pie cuando entro pero mueve sus ojos detrás de mí hacia el guardia y rápidamente regresa a su asiento. También miro hacia el guardia, y él me asiente hacia esta extraña. Tomo un paso tentativo hacia adelante, luego me detengo de nuevo.

— Tienes un visitante —dice el guardia hoscamente, retirándose por la puerta y azotándola con un reverberante sonido.
—¿Elena?—la mujer delgada, que no parece familiar en absoluto, pregunta.

El miedo me ahoga… no un miedo de que ella pueda herirme físicamente, sino un miedo psicológico a esta persona a la que ni siquiera le puedo poner un nombre. Estoy congelada, mirando a ésta pequeña persona. Mi madre no había sido pequeña, ¿verdad? La recuerdo como alguien mucho más grande que yo, más ruda. ¿Cómo ésta mujer, que es delgada, arrugada y no más alta que yo, puede ser la misma mujer?
Ella extiende una de sus manos que ha estado descansando en su regazo debajo de la mesa, y la cadena conectada a las esposas en sus muñecas se arrastra fuertemente por la mesa. Como si la acción y el sonido fueran un cambio, puedo sentirme descongelarme y mi miedo se aleja. Asiento y me muevo para sentarme en la silla frente a ella.
Sonríe vacilante, volteando la palma de su mano hacia arriba en un gesto inútil.

—Hola —comienzo, pero me abstengo de llamarla ―mamá.‖

Ella suspira mientras sus hombros caen un poco.

—Elena, has crecido mucho.
—Bueno, eso le ha pasado a la mejor de nosotras —digo, usando mi sarcasmo como defensa.

Ella mueve su cabeza, sus ojos mirando a todas partes… mis ojos, mejillas, labios, cabello, cuello, brazos que están descansando en la mesa, como si estuviera tratando de tomar cientos de diminutas fotos para almacenar.

—Yo… —Se detiene, luego suspira de nuevo—. Esto es un poco incomodo, ¿huh? —pregunta con una risa sin humor.
—No te conozco —espeto. Ella salta un poco en respuesta a mis palabras—. Quiero decir, sé quién eres, por supuesto, pero eres una…
—¿Extraña? —pregunta cuando fallo en completar mi oración.
—Sí. —Asiento, mirando a la parte superior de la mesa marcada y trazando un grabado con mi dedo. Aparentemente, JS ama a HM, si la mesa es creíble.

Ella suspira y se recuesta en su silla. Relajándose fraccionadamente cuando ya no está inclinándose tan intensamente hacia mí.

—¿Alguna vez te dije cómo conocí a tu padre? —pregunta de improviso. Por un breve momento, estoy confundida, ¿conoce a Sergey? Con un oleada de culpabilidad y algo más profundo, me doy cuenta de que no está hablando de Sergey en absoluto; está hablando sobre el hombre que trató de matarme cuando tenía seis.
—No, no creo que esa historia particular saliera alguna vez en una conversación honesta de madre a hija—digo, y ella se estremece un poco con el cinismo. No comenta, dejándolo ir, inclinándose hacia adelante y trayendo ambas manos encadenadas fuertemente hacia arriba para descansar en la mesa.
—Es una historia con moraleja, eso es claro. Tenía dieciséis. Era una chica buena, aunque encontrarías eso duro de creer. —Se ríe sardónicamente, como si dudara de sí misma—. Tuve buenos padres, una buena vida. No quería nada. Pero era impaciente, ¿sabes?—No hace una pausa, no espera una respuesta, pero podría haber respondido sí. Conozco ese sentimiento demasiado bien—. Lo que sea que tuve, nunca fue suficiente. Siempre quise algo más, aunque nunca supe muy bien qué era lo que quería.
—Comencé a salir con algunos chicos que no eran la mejor influencia, ¿sabes? —De nuevo, no necesita respuesta, pero la historia está comenzando a sonar familiar—. Fue emocionante. Siempre estábamos haciendo cosas para tener adrenalina. Y siempre de noche, después de que había ido a cama y me escapaba por mi ventana. Eso añadió un elemento más alto a la euforia de lo que sea que hiciéramos. Encontramos a alguien que nos pudiera hacer identificaciones falsas. —Aquí ella me mira por primera vez, sus ojos brillando para medir mi reacción. ¿Cómo puedo juzgar cuando yo misma tenía una? Cuando no parezco demasiado impactada, mira detrás de mí, perdida en sus recuerdos de nuevo.
—Siempre estábamos yendo a bares. En ese entonces no se preocupaban tanto por servirles a menores. Apenas miraban las identificaciones. De cualquier manera, una noche conocí a un hombre que era extremadamente apuesto. —Sonríe con el recuerdo—. Estaba flirteando demasiado conmigo, bailando conmigo, comprándome bebidas. Me hizo sentir muy adulta, muy deseable.
—Comencé a encontrarme con él regularmente. Algunas veces nos quedábamos en el bar bailando, pero principalmente regresaríamos a su apartamento para… —Se interrumpe, sus mejillas se vuelven rosa, y me muevo incómodamente, no porque está dejándome saber que ellos habían estado teniendo sexo, eso no es sorpresa, sino por la manera en que su vergüenza la hace lucir más joven, un poco más como la mujer que recuerdo. —Bueno, de cualquier manera. —Ella agita su mano, saltando lo que cree que mis oídos son muy inocentes para escuchar. —Descubrí que estaba embarazada un mes después. Mis padres no tuvieron otra opción que permitirme casarme con él aunque era un poco mayor que yo. También, mirando hacia atrás, sospecho que podían ver cosas sobre él que yo no. Nunca les gustó. —Se encoge de hombros, descartando la preocupación de sus padres—. Y creo que estaban agradecidos de deshacerse de mí ya que había sido mucho problema por un largo tiempo.
—Nos mudamos lejos dos semanas después cuando Kerry tuvo una llamada de su amigo Tom, quien dijo que tenía un trabajo aquí para él. Nunca volví a hablar con mi familia de nuevo, incluso cuando las cosas se pusieron… mal. No quería que supieran, no quería que vieran que habían estado en lo cierto. Naciste no mucho después de eso. —Ella aprieta sus dedos y me mira, encogiéndose como si es historia debiera responder todas mis preguntas. En cambio, hay cientos de nuevas haciendo zoom en mi cabeza.
—Conmovedor —es la primera palabra mordaz que sale de mi boca. Ella se eriza, y su boca se tensa de manera desaprobatoria—. En verdad no explica cómo llegaste a la decisión de dejarme con un maníaco abusivo asesino para ser criada, ¿verdad?

Sus dedos se blanquean mientras tensa su agarre. Sus hombros se mueven hacia atrás. Odio brilla en sus ojos.

—No tienes idea de lo que fue, Elena. —Sus palabras son breves.
—Tienes razón, no lo sé. ¿Por qué no me lo explicas?
—Si no lo hubiera dejado, él eventualmente me hubiera matado.
—¿Bueno, mejor tu inocente hija indefensa que tu, huh?
—No tenía manera de cuidar un bebé, ni siquiera a mí. No tenía dónde vivir, ni trabajo, y no tenía familia. ¿Qué se suponía que hiciera?
—Qué te parece regresar y rescatarme tan pronto como tuvieras esas cosas. O mejor todavía, llevarme contigo y resolverlo como cualquier madre normal. ¿Cuánto tiempo viviste con tu siguiente marido, Stan se llamaba, antes de que no tuvieras otra opción que tomarme cuando mi padre fue arrestado por intentar asesinarme? Tú sabes, después de que él pasó todo el resto del tiempo golpeándome hasta que fuera una pulpa sangrante casi diario. —Aprieto mi mandíbula, rehusándome a dejar que las lágrimas vengan.

Su mandíbula se tensa en respuesta. Sus ojos, desconcertados como los míos, avecinan una tormenta. Puedo ver cientos de palabras tratando de salir, pero las retiene. En un movimiento repentino, sus manos se alzan para cubrir su rostro, el movimiento me asombra mientras las pesadas cadenas se arrastran ruidosamente por el lado de la mesa. Sus hombros se relajan de su anterior posición abatida. Cuando deja caer sus manos, veo lágrimas y arrepentimiento inundando sus ojos.

—Nunca jamás podré explicártelo porque hasta que no lo hayas vivido, no puedes saberlo. Tienes razón, sin embargo. Tenía una responsabilidad contigo. No debería haberte dejado allí. Nadie sabía tan bien como yo de lo que él era capaz. —Se encoge de hombros, pero ésta vez es auto recriminación en vez de despreocupación—. Comencé a odiarte incluso antes de que hubieras nacido porque eras la cosa que me ataba a él, al monstruo que había resultado ser. Quería salir. Eso fue de lo que mi vida se trató por mucho tiempo, querer salir. Y luego naciste, y lloraste y él me golpeó por eso. Querías comer, y él me pegaba por eso. Necesitabas pañales y ropa, y él me pegaba por eso. Cada vez que te miraba, todo lo que podía ver era el golpe que venía, y te culpé, mi hermosa e inocente bebé. Y te odié por eso cada día más. —Sus ojos sostienen los míos, rehusándose a dejarme ir mientras derrama la triste realidad. Puedo sentir las lágrimas en mis mejillas, pero no las limpio. Hacerlo sería reconocerlas y no puedo hacer eso.

—Así que me fui. Y luego él murió… lo mataron… y te trajeron a mí. Al principio, no te quería. Pero Stan me hizo quedar contigo porque éramos capaces de tener más prestaciones por ti. —Miré lejos, enferma hasta mi mismo centro. ¿Ella me quiso por dinero? ¿Cuánto podría ser, cincuenta, tal vez cien dólares al mes?

Ella se mueve hacia adelante para alcanzar mi mano y yo me muevo hacia atrás. Mira por encima de mi cabeza a donde los guardias miran por una ventana, luego suspira y se inclina hacia atrás, arrastrando sus propias manos debajo de la mesa.

—Por supuesto que debes odiarme, incluso más ahora que sabes la verdad. Pero te lo juro, Elena, te amé, cada pequeña parte como una madre debería amar a su hija. Incluso aunque las cosas estaban mal con Stan, estaba trabajando duro y guardando dinero así algún día podríamos escapar, tú y yo, e irnos lejos adonde ningún hombre pudiera tocarnos. Y luego Stan… cuando él… cuando entré y vi… —Tropieza con las palabras, sus ojos fuertemente fijos en la parte superior de la mesa.
—Recuerdo claramente lo que viste. Estaba ahí, ¿recuerdas? —Quiero que mis palabras salgan mordaces, pero son un susurro torturado. Ella encuentra mi mirada con su propia angustia reflejada ahí.
—Tuve que matarlo, Elena. Si no lo hubiera hecho, no se hubiera detenido. Él habría vuelto a ti de nuevo, y yo no siempre estaba ahí, no podía estar contigo siempre para protegerte. —Sus ojos son suplicantes.

Trato de resistir la mirada, pero no puedo porque sus palabras son la verdad; puedo sentirlo.

—Entonces, aquí estamos —digo, mi voz resignada mientras indico la sala de visitas.
—Aquí estamos—está de acuerdo ella, tristemente—. Pero estoy bien con eso, Elena. Tengo que estarlo. Porque te alejó de él, te puso en un lugar seguro, y eso es lo importante.

Pienso sobre decirle cuán ―segura‖ ha sido mi vida, pero estoy exhausta. No parece haber importancia en herirla.


—Devolviste todas mis cartas, sin abrir—acuso suavemente, pensando que si las hubiera abierto, sabría que su sacrificio había sido en vano.
—Quise que te olvidaras de mí, que siguieras adelante con tu nueva vida. —Quiero preguntar cómo ella cree que yo posiblemente me habría olvidado de la madre que convirtió a mi vida en tal tormento, pero es otra pregunta innecesaria que solo será hiriente. —¿Vives con una buena familia?—pregunta, sonando como si en verdad quisiera saber mientras a la vez no quiere.

Me encojo de hombros, mirando sus ojos y sostengo su mirada mientras ella sostiene la mía.

—Quieren adoptarme —digo. Dolor pasa por su rostro, pero lo cubre y sonríe ligeramente.
—¿Quieren? ¿Pero no tienes casi dieciocho? ¿Por qué esperarían hasta ahora? —Luego tiene la mirada de ―ajá‖—. Supongo que los fondos Estales se acaban pronto, ¿huh?
—No se trata del dinero con ellos —defiendo. Vergüenza llena sus ojos—. Me quieren.
—¿El papá? ¿Te trata bien?

Quiero decirle que no es su asunto, pero quiero estar en buenos términos porque ahora más que en cualquier otro momento quiero convertirme en su hija de verdad, y no puedo hacerlo sin su permiso.

—Él es genial. Se tomó el día libre para traerme aquí.
—Y la… ¿mamá? —Vacila, reacia porque otra sea nombrada así.
—Es realmente agradable. —Me detengo, luego decido continuar. No puedo ver la necesidad de herirla con los detalles sobre la mujer que quiere convertirse en lo que ella debería haber sido—. Tienen un hijo que está casado y una hija no mucho mayor que yo. Tendría un hermano y una hermana. Pero no pueden adoptarme a menos que firmes el documento. Una vez que tenga dieciocho, puedo tomar la decisión por mí misma. En verdad quiero que pase antes de los dieciocho. Quiero pertenecer a una familia verdadera. —Incluso mientras digo las palabras, me siento más ligera porque es la verdad.

Ella aparta la mirada, sus ojos llenándose con lágrimas. Permanezco callada, esperándola.

—Probablemente es lo mejor —dice, tan bajo que casi no escucho—. Es lo mínimo que puedo darte. —Vuelve a mirarme, y puedo ver dolor—. Envía los documentos. Los firmaré. —Ella se empuja hacia atrás y se pone de pie.

Inmediatamente un guardia aparece en la habitación.

—Una cosa más —digo mientras se voltea, tomando una decisión repentina, una de la que espero no me arrepienta. Se detiene mientras el guardia pone una mano alrededor de la parte superior de su brazo—. Me gustaría que leyeras las cartas que te envíe y no las devuelvas sin abrir.

Con mis palabras, ella se voltea, asombro escrito en sus facciones.

—¿Envíe? ¿Me escribirás? —Asombro llena su voz.
—Si eso está bien —digo.
Una brillante sonrisa sale, y ella se transforma de la abatida y vagamente familiar extraña a la madre que había conocido por un periodo tan corto, y recuerdo que ella si me quiso.

—Eso está definitivamente bien—dice mientras es guiada fuera de la habitación.

Otro guardia me guía hacia donde Sergey espera. Pretende que no ha estado esperando ansiosamente, pero cuando baja sus revistas, los bordes se quedan arrugados por su tenso agarre. No dice nada, pero mientras avanzo hacia adelante, abre sus brazos, y colapso en ellos, dejando que las lágrimas fluyan.

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Re: Chica Geek

Mensaje por Lamg1912 el Mar Jun 09, 2015 4:36 pm

Contii!!

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Re: Chica Geek

Mensaje por Lamg1912 el Sáb Sep 05, 2015 8:07 pm

Me encanta esta historia.. no la dejes Sad

Lamg1912

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Re: Chica Geek

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