El precio de un beso.

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Re: El precio de un beso.

Mensaje por flakita volkatina el Dom Jun 07, 2015 9:35 am

Wow genial.. massss pliss
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flakita volkatina

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Re: El precio de un beso.

Mensaje por SweetMess el Mar Jun 09, 2015 10:51 am

CAPITULO 26.

Una vez que llegamos a mi apartamento, Yulia me tomó la mano mientras me llevaba hacia mi puerta. Después de acariciar mi pelo de la manera más amorosa, me encontraba de pie justo en la entrada mientras ella revisaba todo el desván, asegurándose de que ningún ex novio acosador psicópata merodeaba por ahí. Atesoré la dulzura de sus acciones.
Cuando regresó a mí y me volvió a tomar la mano para llevarme a mi habitación, la seguí en un regocijo vertiginoso.
Nos desnudamos por sí solas, una frente a la otra, hasta quedarnos con la ropa interior. Sus ojos se calentaron cuando saqué mi camiseta seca sobre mi cabeza y mis pechos empujaron contra las copas de mi sujetador. Sabía que se encontraba excitada, pero en vez de alcanzarme, se dio la vuelta y deslizó hacia abajo las sábanas de mi cama.

—Después de ti. —Su mirada se hallaba llena de cuidado y devoción—. Te prometo que esta noche me abstendré de acaparar el colchón y las mantas.

Hice una pausa antes de meterme, tan aliviada como decepcionada de que no intentara nada conmigo. Nos merecíamos un poco de conexión física. Necesitaba estar cerca y compartir mi cuerpo con ella en la manera más íntima y emocional posible.

Pero más tarde. Esta noche no.

El sexo no era lo que más necesitaba de mí en este momento. Y tampoco era lo que yo más necesitaba de ella. Por el momento, a las dos nos vendría bien un poco de consuelo emocional. Así que en lugar del sexo, lo que siguió fue lo más dulce y sin embargo, las horas más platónicas de mi vida. Yulia logró convertir la depresión absoluta que había comenzado a sentir en el patio trasero de su vecina a una felicidad sin reservas.
Me envolvió en sus brazos y se acurrucó conmigo, hablando de cosas triviales como Harry Potter, y lattes, y la universidad, y las arañas, y nuestro futuro. Dibujábamos en las manos de la otra con los dedos y adivinábamos qué imágenes habíamos hecho. Tratamos de tener una guerra de pulgares bajo las sábanas... con nuestros dedos. Luego permanecimos acostadas en un silencio tranquilo, tomadas de la mano y escuchando nuestras respiraciones lentas hasta que ambas caímos en un olvido sin sueños.
Tuve un descanso encantador e ininterrumpido. Cuando me desperté, no sentía como si hubiera pasado toda la noche llorando sin cesar hasta que mis ojos casi se habían cerrados por la hinchazón. Me sentía revitalizada y cálida mientras me acurrucaba con mi alma gemela, que cumplió su promesa y no monopolizó el colchón ni las sábanas.
Rodando hacia ella, la vi durmiendo junto a mí. Era como presenciar un milagro. Era hermosa. Por dentro y por fuera. Como si sintiera mi mirada, se movió, tomando una respiración profunda antes de girar la cabeza hacia mí y agitar sus gruesas pestañas hasta abrirlas.
Una sonrisa cansada apareció en su rostro, y la verdad es que ni siquiera puedo describir lo increíble que se sentía al ser la destinataria de la misma.

—Hola, Sweet Pea —dijo con voz ronca.

Si antes no hubiese estado encendida, ciertamente ahora sí. Su voz matutina ponía en vergüenza a su voz normal, toda sexy y recién despierta, agregándole la cantidad perfecta de ronquera a la misma.

—Hola, Sexy —respondí, mis dedos con ganas de alcanzarla y sólo... acariciarla. Cediendo a la tentación, le pregunté—: ¿Puedo tocarte?
Sus pestañas se cerraron, apoyándose en la parte superior de sus mejillas curtidas y esculpidas, mientras su sonrisa se hacía más amplia. —No tienes que preguntarlo.

Extendí la mano de inmediato, pero me detuve a centímetros de tocarla.

Debe de haber percibido mi duda porque volvió a abrir los ojos. —¿Qué pasa?
Tragué saliva, completamente abrumada. —No sé por dónde empezar.

La mirada de Yulia se calentó. Envolvió sus dedos cálidos alrededor de mi muñeca y jaló la palma hacia adelante, llevándome a dónde quería que mi mano la siguiera. Cuando la puso justo sobre su corazón y presionó mi piel sobre la suya como si imprimara mi alma a la suya. Parpadeé para contener las lágrimas de alegrías.

—Comienza aquí. Nunca nadie me ha tocado aquí.

Froté un círculo en el pecho sobre su corazón. Latió fuerte y firme bajo mis dedos, así que me incliné y puse mis labios en el lugar precioso, sellando el momento con un beso.
Recordando a un cierto chupetón de anoche, miré otra vez sin pensar, sólo para descubrir que todos los rastros de la señora Garrison desaparecieron por completo. Su pecho sin marca brillaba, esculpido y magnífico como un borrón y cuenta nueva. Y todo mío para tocarlo como deseaba.

Sin poder dejar de sonreír, levanté la mirada y me mordí el labio antes de dar el paso. —Palabra —dije.
Sus atractivas cejas bajaron con confusión. —¿Qué?
Me reí entre dientes. —Pensé que me dijiste que cuando estuviera lista sólo diga la palabra. Así que... palabra. ¿O debería decir “la palabra”?

Yulia aspiró una bocanada de aire, de repente viéndose desconcertada.

—Lena…

Comenzó a incorporarse, pero le di un empujoncito para que volviera a su lugar. Ya que mi mano todavía cubría su corazón, no tomó mucho esfuerzo aplicar un poco de presión y derribarla de nuevo sobre el colchón.

—Está bien, Yulia —le aseguré—. Te amo, y quiero mostrarte cuánto. Quiero que tengas esa diversión recreativa que nunca has tenido. Quiero complacerte y mimarte como nadie lo ha hecho. —O nunca lo hará—. Y quiero borrar todas tus reglas y restricciones hasta que te sientas libre de hacer lo que quieras conmigo.
Sus ojos se oscurecieron con sentimiento. Levantando la mano, tomó mi cara suavemente. —Dios, no te merezco.
—Y sin embargo, me tienes de todos modos. —Sonreí y seguí tocándola, explorando para la satisfacción de mi corazón, comenzando en su rostroy abriéndome camino. —Por lo tanto, está a punto de dar su primer regalo, Srita. Volkova, la increíble gigoló. —Burlándome, deslicé la punta de la nariz por el lado de su cuello—. ¿Le gustaría hacer una pausa y decir algo para conmemorar la ocasión?
Su expresión brillaba con el calor mientras yacía pasivamente debajo de mí, observando todos mis movimientos. —Oh, pero este no va a ser mi primer regalo.
—¿Qué? —Mi estómago cayó a los pies—. Pero me dijiste…
—Shh —me interrumpió poniendo un dedo sobre mis labios antes de que pudiera sentarme en posición vertical. Me dio un beso tranquilizador en la frente, luego en la mejilla. Luego mi mandíbula... Mmm. Mi cuello—. No va a ser un regalo. Tengo la intención de hacerte pagar. Mucho.
—Oh, voy a pagar, ¿no? —Retrocedí tanto para permitirle verme arquear las cejas. Pero la presión de sus labios contra mi clavícula hizo que todo mi cuerpo se estremeciera con el hambre. Sintiendo que en realidad podría gustarme a dónde se dirigía esto, me lamí los labios—. Voy a recibir el descuento de novia, ¿verdad?
Yulia se limitó a mover la cabeza, la diversión reflejada en su sonrisa. —Nop. Me vas a deber más de lo que nadie nunca me ha debido.
—¿En serio? Hmm. ¿Cuánto me vas a cobrar?
Copiando mi mala costumbre, arrugó la nariz. —Sólo tu cuerpo. Tu corazón. Y toda tu alma.
Dejé escapar un suspiro de felicidad y pasé los dedos por su pelo. —Pero ya te los he dado.
Su sonrisa fue lenta y devastadora. —Bueno, entonces es una primera vez. Una mujer que pre-paga.
Me reí. —En ese caso, nena, recuéstate. No he terminado de investigar mi compra.
Me dio una amplia sonrisa. —¿Necesitas revisar mis dientes?
Levanté una ceja. —No es el lugar que tenía en mente.
—¿Mi axila? —Cuando levantó su brazo, incliné la cabeza hacia atrás y solté una carcajada.
—Pon tu brazo abajo, idiota. —Lo hice por ella—. Tal vez yo hablaba de tu tatuaje.

Tracé mis dedos sobre la palabra “Oblígame”, anonadada de que estuviera tocándola de verdad, que me dejara estar cerca. La piel de gallina brotó en su abdomen mientras corría mi dedo por cada letra.

Su sonrisa se desvaneció cuando miró su tinta. —Me sentía enojada y desafiante después de la primera vez que dejé de aceptar clientes.
—Ya me lo imaginaba. —Me incliné hacia delante y besé la palabra. Los músculos de su estómago se tensaron bajo mis labios y su mano acariciando mi pelo me dijo que le gustaba mucho la atención.

Después de obsesionarme con su ombligo, bajé por su cuerpo, pasando directamente a sus pies.

Se sentó, apoyando su peso sobre los codos para poder verme. Una mueca divertida iluminó sus ojos. —Oye, te olvidaste de un lugar.
La callé. —No te preocupes. Voy a llegar a tus oídos, lo juro.
Negó con la cabeza. —No me refería a eso.

Echando un vistazo a su ropa interior y viendo una marca húmeda extenderse sobre la tela, quedé en blanco por un momento, superada por la necesidad de subirme a su regazo y montarla en ese mismo segundo. Pero no quería hacer nada que le hiciera recordar algo... desagradable.

Indecisa, me encontré con su mirada. —Yo... pensé que tal vez tu... Me preocupaba que un par de clientes excesivamente entusiastas podrían haberte tocado más de lo que querías, así que no quise... molestar. —Quiero decir, si yo le hubiese estado pagando mucho dinero por ello, también exigiría un poco de tiempo de juego con esa parte específica del cuerpo—. No quería…
Echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. —Lena. Jesús, eres demasiado linda. No me importan ellas. Sólo sé que quiero que tú me toques. Quiero tus manos sobre mí. Justo aquí.

Cuando deslizó sus dedos sobre el lugar exacto que discutíamos, me quedé sin aliento, olvidándome de todo sobre quién había estado antes que yo. Pero santos gigolós tatuados, ver a Yulia tocarse era jodidamente sexy.

—Dios mío, Srita. Volkova —susurré, tratando de controlar mi pulso acelerado, por mantenerme muy, muy quieta—. Creo que eso fue lo más sexy que he visto en mi vida.
—Entonces todavía no has visto nada. —Con un guiño, se toco a través de la tela de su ropa interior. Mientras bombeaba lentamente, mi mandíbula latía por la forma en que mi boca se hacía agua—. Te deseo tanto en este momento, Lena, que sólo pensar en ti me... —Cerró los ojos y todo su cuerpo se estremeció mientras gemía.

Creo que podría haber tenido un mini-orgasmo. En serio. Un terremoto de conciencia me iluminó tan fuerte y rápido, que me quedé sin aliento por la sorpresa.

—Bueno, no podemos permitir eso. —Antes de que se diera cuenta de lo que estaba a punto de hacer, agarré su ropa interior y la deslicé por sus piernas.
—Sólo tócame de una vez —suplicó con los dientes apretados.

Por Dios, está bien. No tenía por qué ser un impaciente y malhumorada al respecto. Extendí la mano y acaricié con dos dedos, como si saludara tímidamente a un animal vivo y rabioso.

El sudor se resbalaba de la frente de Yulia. Se veía torturada, pero parecía amar cada segundo de su sufrimiento. —Eres muy graciosa. Sabes que eso no es lo que quise decir con tocarme.
—Um, no. Ahora, ¿por qué estoy haciendo todo esto de tocar? —Fingiendo un puchero, me senté en cuclillas y golpeé mis manos en mis caderas—. Todavía no has inspeccionado ni una pulgada de mí. ¿No te gusta lo que ves?
—Me encanta todo lo que veo. —Sus ojos lucían vidriosos por la inestabilidad mientras frenéticamente agarraba las sábanas debajo de ella. Me preocupaba que pudiera haberle empujado un poco demasiado lejos. Una pequeña broma sucia estaba bien, pero impulsarla a un homicidio hormonal no. Su frente brillaba como si tuviera fiebre. —Pero si te toco en este momento, eso es todo. No voy a ser capaz de detenerme. Quería asegurarme de que acabaras con tu tiempo de juego antes de que yo empezara.
—Vaya. —Le di unas palmaditas a su vientre—. Pensando primero en mí. Eso es tan dulce. Gracias.
—Sí, soy una maldita santa. Ahora, ¿quieres por favor, tocarme antes de que todo explote?
—Oh, está bien. —Dejé escapar un suspiro de resignación, como si ceder a sus demandas fuera una molestia. Entonces me incliné y la toque—con mi lengua— trazando un camino que la hizo gritar mi nombre y nos arrojó a un par de centímetros fuera de la cama. —¿Qué he hecho mal esta vez? —exigí, volviéndome a sentar para perforarla con una mirada mordaz.
Jadeando, me miró con una apariencia salvaje. —N... nada. Eso fue... eso fue... perfecto.
La expresión aturdida en su rostro me hizo detenerme. —¿Nunca antes te han chupado ahí?
—No —dijo con voz tensa.
—¿En serio? —Arqueé una ceja—. ¿Qué pasa con las mujeres de Waterford?
Negó con la cabeza, sin dejar de verse completamente abrumada. —Eso está más acerca de mi placer, y ninguna de ellas se preocupaba por mi placer así que... ¡Oh!... Dios. Lena. —Su voz sonaba alta y ahogada—. Oh, Dios mío. Oh... —Creo que en realidad escuché a sus ojos rodar atrás de la cabeza—... Mierda.
Sabía que se encontraba justo en el borde, cuando soltó los dos puñados de sábanas que había envuelto en sus dedos y se incorporó. —No puedo esperar más. Necesito... Necesito tocarte. Ahora.

Me recostó sobre mi espalda, y estuvo encima de mí tan rápido que me dejó sin aliento. El beso que siguió fue tan caliente, que desvaneció mis bragas. Literalmente. Bueno, está bien, creo que las arrancó. Pero de cualquier manera, después de terminar de besarnos, me encontraba completamente desnuda, y las cosas se pusieron verdaderamente calientes en este apartamento. Todo mi cuerpo vibraba con el calor y la humedad, ardiendo de necesidad.
Mason agarró mi cadera y colocó mi pierna sobre su hombro. Subiendo la palma de la mano por mis muslos, tomó mi culo y me levantó lo suficiente como para alinear nuestros cuerpos. Mi centro latía con anticipación, endureciendo mis pezones y tensando los nervios en mis muslos. Cuando sumergió un dedo para encontrarme mojada, las dos gemimos. Metió otro dedo. Me acarició hasta que me arqueé y jadeaba debajo de ella. Su boca le hizo cosas pecaminosas a mis pechos. Quería que no se detenga nunca.
La única otra persona con la que tuve relaciones sexuales fue con Andrei, y había sido tan controlador y dominante… que no estaba completamente segura de cuál era el procedimiento normal y mucho menos cual era el procedimiento en este caso. ¿Qué pasa si Yulia quería que esté más o menos involucrada, o...?
Como si sintiera mi inseguridad repentina, Yulia levantó la mirada, con el rostro enrojecido. —¿Lena? ¿Estás segura?

Eso fue todo. Su preocupación por mí derrumbó todos mis temores sobre el procedimiento adecuado. Necesitaba a este mujer ahora, en todas las formas posibles.

Asentí como si fuera uno de esos muñequitos cabezones. —Sí. Sí. Por favor.

Puso su frente contra la mía y se empujó hacia adelante.

Oh.

Dios.

—¡Detente! Espera, espera, espera.

De inmediato cayó inmóvil y movió los hombros hacia atrás para mirarme a los ojos. —¿Qué pasa? ¿Te hice daño? ¿Estás bien?
La callé, necesitando el silencio para poder aclarar mi mente. —Estoy bien. Estoy bien. —Mi mente estaba hecha un lío.Mis pensamientos eran un caos disperso y desorganizado.

Era demasiado abrumador.

—Sólo... necesito un momento. No me esperaba que fuera tan...—Miré su cara preocupada y frenética por encima de mí, y una vez más, eso fue todo lo que necesité. Me sentí más hambrienta—. Mmm.

Mi cuerpo caliente la aceptó. En realidad disfrutaba la forma en que encajábamos perfectamente. De hecho, anhelaba más. Me arqueé debajo de ella, ardiendo por más. —Muévete, muévete, muévete —jadeé.
Yulia lucía indecisa y un poco asustada. —Pero acabas de decirme que me detenga.
Agarré dos puñados de su pelo grueso y negro y los apreté con fuerza. —Bueno, ahora necesito que te muevas. Oh, Dios. Por favor, date prisa. Me siento tan... Estoy tan... Jesús, ¿qué estás haciendo?

Manteniendo la mirada sospechosa en mí, mientras sus mejillas se enrojecían cada vez más y sus pupilas se dilataron. Y ¡oh mis estrellas! La forma en que encajábamos fue igual de perfecto y alucinante como la primera vez. Me arqueé , gimiendo mi éxtasis con un quejido bajo. —Más.
Mirándome mientras se rozaba constantemente mi cuerpo. —Me confundes como nadie—Su voz era cruda y sin aliento—. Pero aun así no puedo tener suficiente de ti.

Me hacía sentir tan feliz que conociera todo y cada parte de mí. No había secretos entre nosotras. Sólo ella y yo, y esto.

Maldita sea, seguro que sabía lo que hacía.

Moví la cabeza de un lado al lado, luchando contra la opresión en mis entrañas tanto como las acogía.

—Te sientes tan bien, tan bien —canté entre mis dientes castañeteando—. Tan bien.

¿Por qué me castañeteaban los dientes? ¿Por qué diablos me temblaba todo el cuerpo?

—Cristo —espetó Yulia. Apretó los dientes y su cuello se tensó—. No digas cosas así cuando ya estoy en el borde. Tú también te sientes tan bien, Lena. Tan... malditamente... bien. Pero no quiero que termine todavía.

Yo tampoco. Pero cuánto más rápido se movía, mejor se sentía. Y cuanto mejor se sentía, más pronto se iba a terminar.

—Oh, al diablo. Podemos tener sexo largo e interminablemente lento más tarde.
Gimió. —¿Me lo prometes?
Asentí. —Sí. Sí. En este momento, sólo ilumíname. Por favor.
—Bien. —Sus caderas golpeaban contra las mías. Y... maldición.

Y, sin embargo, a pesar de lo caliente y sudoroso y primario que era esto, sentí una conexión que se trataba de algo mucho más profundo que lo físico. La corriente eléctrica que nos había atado juntas en el primer momento en que la vi en el campus de la universidad se encendió dentro de mí.
La mirada de Yulia era impresionada y sorprendida mientras nos miraba venirnos juntas. Pero también debe de haber percibido el vínculo, porque levantó la vista y encontró mi mirada. Con una especie de sonrisa aturdida, hundió sus dedos en mi pelo y me sostuvo la cara.

—Me encanta esto —dijo—. Te amo. Eres tan hermosa.
La agarré firmemente. —Yo también te amo.

Y eso fue todo. Por un segundo, pareció derrotada. Luego aplastó su boca en la mía, y me envió en espiral sobre el acantilado. Todo mi sistema se sentía como un pararrayos, absorbiendo el impacto de nuestra unión. Ella gimió y me siguió en el olvido. Hasta ese momento, no me di cuenta de que nunca había tenido un orgasmo autentico, porque lo que le pasó a mi cuerpo poseyó todos los nervios dentro de mí y me impactó desde adentro hacia afuera. Una intensidad que me daba un poco de miedo. Grité y la sostuve con fuerza, excavando medias lunas en su espalda con mis uñas.

—Oh, Dios. Oh, Dios. Oh, Dios.
—Jesús, Lena. —Se arqueó y nos estrellamos.
Sentí que me temblaba hasta la médula. —Oh... Dios... mío… —le dije una vez más, con mi voz débil y agotada.
Desplomada en gran medida sobre mí —lo que me encantaba— Yulia se rió en mi mejilla y me besó en la mandíbula, luego en mi garganta, mi clavícula. —Gracias —dijo—. Siempre me he preguntado cómo se siente al hacer el amor.

Volví la cara hacia un lado y vi a su corazón reflejado a través de los vitrales de sus hermosos ojos azules. Al darme cuenta de que también era la primera vez que había hecho el amor, mis pestañas se humedecieron un poco.

Acunando su mejilla, murmuré—: Es un millón de veces mejor que el sexo asqueroso con las viejas sin sentimientos involucrados, ¿verdad?
Rozó mi oído con la nariz. —Cincuenta millones de veces mejor.
No es que tuviera que vencerla, pero tenía que replicar. —Un billón de veces.
—Un infinito —respondió.
Envolviendo los brazos y piernas alrededor de ella, enterré la cara en su cuello. —Un infinito por dos.

Con eso, prácticamente sólo me desmayé debajo de ella, cayendo en un estupor profundo y pacífico.
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por RosarioCst el Miér Jun 10, 2015 12:14 am

Conti rapido me fascina esta historia

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Re: El precio de un beso.

Mensaje por Aleinads el Miér Jun 10, 2015 6:45 pm

Aaaahhh Me trae enganchada este fic, contii_!! Laughing
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por flakita volkatina el Lun Jun 15, 2015 1:58 am

Ahhhhh va genial como siempre... mas contiiii
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por Monyk el Vie Jul 03, 2015 1:23 am

Y la conti?
Tu trabajo es genial!! Very Happy

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Re: El precio de un beso.

Mensaje por flakita volkatina el Mar Jul 07, 2015 6:59 pm

Ya ansioooo mas contiiiii.. aproposito a mi me encapantaria todaaaaaa q la adaptes todaaa si pueds d verdd me encantaria
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por SweetMess el Lun Ago 17, 2015 10:07 pm

CAPITULO 27.

Nos despertamos algo más tarde por mi teléfono anunciando un texto entrante. Yulia giró un brazo y lo cogió de la mesita de noche.

Era de Eva.

Su jeep está en el camino de entrada otra vez. Espero que esa gigoló te trate mejor que bien.
Esta ex gigoló está tratándome mejor que bien, le respondí y le di el teléfono de vuelta para que lo volviera a poner en la mesilla de noche.

—¿Que fue eso? —preguntó con voz sexy adormilada.
—Nada. —Me acurruqué en su lado cálido y pasé mis uñas suavemente sobre su abdomen—. Sólo presumía un poco ante Eva.
Mi teléfono sonó de nuevo. Empecé a inclinarme sobre ella para recuperarlo, pero Mason atrapó mi cintura, deteniéndome. —No te atrevas a dejar de tocarme así. Yo lo cogeré.
Suspirando con satisfacción, le acaricié un poco más bajo. Gimió con aprobación mientras abría mi mensaje. —Dijo que eres una perra con suerte.
Sonreí. —Bueno, sí. Sí, lo soy.

Maldijo y enganchó un brazo alrededor de mi cintura tirándome encima de ella. Esta vez me senté a horcajadas sobre su regazo e hice un poco de ejercicio cardiovascular. Yulia era lo suficientemente amable para mostrarme cómo funcionaba la posición de vaquera hacia atrás. Bendita sea su alma.
Después de la segunda ronda, tomamos otra siesta. Cuando nos despertamos de nuevo, la comida se convirtió en algo un poco más importante. Sabía que no tenía mucho en mis armarios, pero fuimos a investigar la cocina de todos modos.
Tan pronto como le mandé quedarse sentada en la mesa, me escabullí para recoger toda la comida de desayuno que tenía.
Desde su asiento, tomó un trago del zumo de naranja que le había conseguido y suspiró, refrescada, mientras su mirada seguía cada movimiento que hacía. —Por fin sé por qué a un chico le gusta tanto cuando su chica no lleva nada más que su camiseta puesta.
—¿Por qué? —le pregunté y me contoneé en su camiseta para que el dobladillo se subiera más arriba de mi muslo—. ¿Fácil acceso?
—Bueno, eso también. —Con sus ojos brillando con interés sensual, me observó abriendo la nevera y sacando un par de botes—. Pero creo que es más bien como marcando su territorio. Él sabe lo mucho que ella es suya cuando usa sus cosas.
Hice una pausa y levanté una no-impresionada ceja. —¿Marcar su territorio? Así que... ¿Soy como un neumático de coche al que sientes la necesidad de orinar?
Su sonrisa se hizo lobuna. —Hacer pis en ti no es exactamente lo que tenía en mente.

Arrugué nariz y saqué la lengua.

Se rió y dobló su dedo, haciéndome señas para que me acercara.

Incapaz de negárselo, me acerqué. —Entonces, aquí están tus opciones para el desayuno. —Puse un frasco de mermelada de fresa en la mesa, al lado de la barra de pan y la caja de cereales que ya había sacado.
No miró a la comida. Su mirada vagó sobre la piel desnuda en mis muslos, donde terminaba su camiseta. —Sé exactamente lo que quiero para el desayuno.
Solté un bufido. —Dios mío. Dejas que sacuda tu mundo dos veces y se convierte en una cachonda pervertida.
—Oye, era una cachonda pervertida antes. —Deslizando sus manos para coger mis caderas, me balanceó en su regazo donde aterricé —. Y no tienes ni idea lo difícil que fue para mí ocultar todos los pensamientos calientes y pervertidos que tenía cada vez que te encontrabas cerca.
Lamiendo mis labios, incliné la cabeza hacia atrás, dejando que mi pelo cayera por mi espalda, mientras me movía contra ella. —Oh, confía en mí. Me hago una buena idea de lo difícil que fue.
Se rió y me besó en la garganta. Con un suspiro, pasé mis manos a través de su pelo y me dejé llevar lánguidamente bajo las caricias de su experta boca.
Se abrió camino hacia abajo hasta que se encontró con el cuello de mi camiseta. Con un murmullo irritado, la cogió y la sacó por encima de mi cabeza, arrojándola a un lado.
—Oh, amiga —reprendió al ver mi sostén—. Esta cosa se tiene que ir. —Con tres movimientos diestros, desabrochó mi sujetador y también lo arrojó al otro lado de la habitación. Su mirada se iluminó con aprobación—. Ahora, esto me gusta más.
Me eché a reír. —Eres tan… Maldita sea.

Su boca se aferró a un pezón y me olvidé de lo que iba a decir.

Yulia Volkova era una amante increíble. Me tocó con tanta reverencia, las puntas de sus dedos eran ligeras y curiosas cuando circulaban por mi columna vertebral; mientras que su boca era atrevida y astuta, su lengua era generosa y firme, piel fruncida con una precisión mortal.
Sin previo aviso, me agarró de la cintura con las dos manos y me levantó de su regazo para ponerme en el borde de la mesa. Se puso de pie mientras me apremiaba para que me tumbara. Luego se inclinó sobre mí para darle un poco de atención a mi otro pecho.
Cerrando los ojos ya que estaba siendo muy salvaje, loca y asombrosa, extendí las manos y agarré el borde de la mesa para apoyarme.
Manteniendo las piernas en el borde, Yulia se colocó entre mis muslos y frotó su pierna contra mí mientras comenzó a besar su camino de regreso a la garganta.

—Sabes tan bien —dijo contra mi carne—. Te sientes increíble. Hueles fenomenal.

Suspiré. Su toque hizo polvo mis impresionantes habilidades de comunicación, por lo que toda la respuesta que logré darle fue—: T-tú también.

Sonriendo, levantó su cara para presionar un tierno beso en la punta de mi nariz. Luego me miró a los ojos. —Me encanta estar contigo, Lena. —Bajó la vista a mi cuerpo en mayor parte desnudo y dejó escapar un suspiro—. Me encanta hacer esto contigo. Te amo... te amo, y punto.

Tragué saliva, ahogada por la emoción, no del todo acostumbrada a oírle decir eso.
Quitándole el oscuro cabello de su frente y de sus ojos, le fruncí el ceño suavemente. —Lo dices como si fuera la última oportunidad que tienes para hablar conmigo, como si tuvieras miedo de que desapareciera en cualquier momento.
Su sonrisa tembló. —¿No es así?
—No. —Negué con la cabeza—. No voy a ninguna parte. Esto es real, Yulia. Yo soy real, tú eres real, y esto está sucediendo de verdad.
Inclinándose, me abrazó y hundió el rostro en mi cuello. —Se siente como un sueño del que me voy a despertar en cualquier momento y te habrás ido. No quiero despertar de esto.
—No lo harás. Te lo prometo. —No sabía qué más podía decir para tranquilizarla, así que simplemente le acaricié el pelo y la dejé descansar sobre mí. Cuando enrollé las piernas alrededor de su cintura y enganché los pies en la base de su espina dorsal, ella tarareó en señal de aprobación.
Inesperadamente, dijo—: Oye, pensé que no comías fruta para el desayuno. —Se levantó lo suficiente como para agarrar mi mermelada de fresa y mirarme con cejas arqueadas de “¿te importaría explicarme?”
—Pero eso es mermelada —argumenté—. Cualquier cosa llena de azúcar no cuenta.
Yulia desenroscó la tapa. —¿Es eso cierto? —Metió el dedo meñique completamente en la mermelada y se lo metió en la boca. Cerró los ojos y suspiró profundamente—. Sí, esto es bastante dulce. Pero creo que el sabor seria incluso más dulce... sobre ti.

A medida que sus pestañas se abrieron lentamente, la intención en su mirada hizo que mi cuerpo quemara con todo tipo de hormonas anormales, ya que no podía ser normal que una chica se pusiera a mil por un simple comentario.

—No.—Completamente horrorizada por lo que sugería, mi boca se abrió mientras ella metía la mano de nuevo en el tarro de mermelada.
—Esto puede ser un poco pegajoso. —Su sonrisa parecía perversamente satisfecha.
—Yulia —le advertí con una voz de ni se te ocurra, a pesar de que mi cuerpo se calentaba en todos los lugares correctos, y los profundos músculos en mi vientre se contrajeron y se prepararon para otro orgasmo estremecedor.

Untó uno de mis pezones y me quedé sin aliento ante el frío. Pero casi de inmediato, se inclinó y calentó la zona con un golpe de su lengua. Mi espalda se arqueó fuera de la mesa, y me tuve que agarrar el borde con ambas manos.

—Increíble —gimió mientras lamía el último trozo fresa en mí—. Pero sé dónde esto tendría un sabor aún mejor.
Cuando me quitó las bragas, casi me caí de la mesa. —Yulis, Oh, Dios mío. No puedes.

¿Podría?
Mierda. Pudo.

Me cogió la cadera tan pronto como me senté. —Shh —murmuró contra mi boca sólo antes de que me diera un largo y tierno beso. Sus labios tenían el poder para matar las células del cerebro, eso hizo que no se me ocurriera resistirme después de todo.
Me relajé en mi espalda cuando me apremió para acostarme de nuevo. Entonces abrí los muslos cuando los empujó para separarlos. Se enderezó con indiferencia y se me quedó mirando toda extendida y como si fuera su festín personal. Sin embargo, no tenía ninguna prisa para comenzar su comida. Con una lenta y sensual sonrisa, me observó mientras cogía su vaso de zumo. Me tensé, pensando que lo derramaría sobre mí y también lo lamería. Pero sólo tomó un largo trago, con la garganta trabajando mientras tragaba.
Sus ojos nunca dejaron los míos cuando finalmente bajó el vaso, suspiró, y lamió una gota de naranja de su labio inferior.

—Dios mío —jadeé, incapaz de apartar la mirada.

Su mirada se fue de mis ojos para posarla por encima de mi cuerpo, el cual esperaba completamente expuesto. Me examinó como si estuviera mentalmente planeando todo lo que me iba a hacer. Yo ya estaba a mitad camino hacia la tierra del éxtasis, cuando cogió el frasco de mermelada de nuevo.
Cuando se arrodilló entre mis piernas y me recubrió con húmeda fresa azucarada, me arqueé y me retorcí, golpeando mi cabeza. Luego me acerqué con fuerza contra su boca cuando me lamió una gota de mermelada descontrolada.
No se detuvo allí. Oh, no.
Sacando otro dedo completo, comenzó todo de nuevo, haciéndome retroceder. Esta vez, sacó su boca y los dedos sólo antes de que pudiera correrme.

—Jesús —gimió—, eres tan...
—¿Bonita? —lancé la suposición sin aliento—. ¿Increíble? ¿Divertida? —No pude llegar a una cuarta sugerencia porque en su lugar acabé gritando un orgasmo.
***

Mirando hacia el techo en un aturdido, pegajoso y satisfecho caos, me preguntaba si una de las clientas de Yulia le había enseñado cómo podía ser tan increíble la mermelada de fresa.
Me dije que no importaba dónde había aprendido un truco tan genial. Se sentía tan bien y no debería molestarme. Pero lo hizo. Mi corazón se sentía carbonizado y en carne viva. ¿A cuántas mujeres había dado este tratamiento? ¿Cuánto dinero había obtenido de ello? ¿Fue especial lo que hicimos nosotras?
Odiaba cuánto me corroía esto. Lo que había sido antes de conocerme no era significativo a lo que construíamos aquí y ahora. Pero me sentía tan increíblemente celosa de todas las demás mujeres que alguna vez la habían tocado o querían tocarla. O mirarla.
Se colocó en la mesa junto a mí, manchas de color rosa en la comisura de su boca mientras sonreía con orgullo. Me sentía agradecida de que mis tíos no fueran derrochadores, tenían que comprar lo mejor de todo, por lo que no causamos que la robusta mesa se desplomara bajo nuestro peso. Nos mantenía de forma segura, y Yulia se veía tan feliz y contenta que tenía ganas de llorar.
¿Por qué tengo que tener tales pensamientos tristes cuando ella parecía tan contenta y satisfecha?

—Siempre he querido hacer algo así —dijo, sonando como una niña pequeña a la que finalmente le habían permitido conducir un coche.

Un alivio instantáneo me consumió. Oh, gracias a Dios. No había compartido esta intimidad con otra mujer.
Me di la vuelta hacia ella y lancé los brazos alrededor de su cuello. Se acurrucó junto a mí con un sonido de aprobación y me devolvió el abrazo.
Después de besarle suavemente en la boca, le dije—: ¿Sabes?, tenemos que hacer el desayuno juntas más a menudo.
Sus ojos brillaban. —Sabes, estoy totalmente de acuerdo.

***
Al día siguiente, hicimos juntas el desayuno. Yulia se quedó todo el sábado. Sí, le hizo saber a su madre que no iba a estar en casa.

Ya que había sido suspendida de su trabajo y no se le permitía acercarse al Country Club durante una semana, se quedó en mi apartamento, y fuimos inseparables por el resto de la relajada tarde. Tomando prestado mi libro de cálculo, hizo su tarea de matemáticas mientras yo trabajaba en virología. Y déjame decirte, nuestras sesiones de estudio desnudas son una pasada. Me senté en uno de los extremos del sofá y ella se sentó en el otro mientras pateábamos al aire y los dejamos descansar en los estómagos de la otra...

Pero como todas las lunas de miel llegan a su fin, la nuestra también lo hizo. El domingo por la mañana, Yulia me despertó con un masaje de cuerpo completo. Después de masajear cada centímetro de mi cuerpo hasta que fui un montón de gelatina, se puso de un modo pervertido. Y tengo que admitir que, me gustaron mucho sus modos pervertidos.

Besándome mientras me iba a la deriva en una bruma de semiconsciencia y felicidad post-coital, dijo—: Vamos a hacer un trato. Si me prometes que no te moverás de aquí y permanecerás tal y como estás hasta que vuelva, voy a salir corriendo y conseguir unos lattes.
Gemí de placer. —Hecho.

Salió de la cama, pareciendo demasiado excitada para mi gusto. Una vez que se puso la ropa —lo sé, le silbé y abucheé, ropas malas— ella sonrió y se inclinó para darme un beso de despedida.
Estoy bastante segura de que ella quería que fuera un beso rápido de despedida, pero... no pude evitarlo. Hundí los dedos en su pelo —porque ahora podía tocarle, ¡aah!— y abrí la boca, mis dientes mordiendo su labio inferior. Gimiendo, Yulia se arrastró de vuelta a la cama y me inmovilizó bajo la manta por lo que tomó el relevo.

Sus ojos brillaron mientras se detuvo de besarme para sonreír. —Así que quieres provocarme, ¿eh?
Tardamos veinte minutos haciéndonos bromas hasta que finalmente salió de la cama otra vez. —No te muevas —advirtió una última vez antes de desaparecer de mi habitación.

Pasos, el tintineo de las llaves y el cierre de la puerta marcaron su salida.

Suspiré, sintiéndome un poco perdida sin su cercanía.

Fue triste, de verdad. No tenía idea de que una chica pudiera llegar a ser tan adicta, completamente, y tan rápidamente. Con Andrei…

Oh, ¿por qué sigo comparando? No había comparación. Siempre había estado un poco recelosa de Andrei, en el fondo, como si mi alma reconociera que no era bueno.
Sintiéndome excitada y agradablemente dolorida en todos los lugares correctos, me estiré lánguidamente bajo las sábanas cuando un pitido vino de la mesita de noche.
Fruncí el ceño, porque mi móvil no tenía ese tipo de tono aburrido. Con una rápida mirada a la izquierda, descubrí que Yulia se había dejado el móvil.

Preocupada de que pudiera ser Larissa intentando comunicarse con ella, comprobé quien era. Cuando vi que la persona que llamaba era la casera, se me heló la sangre.
Me sentí culpable por abrirlo y leer su mensaje privado. Pero, nah, no estaba totalmente arrepentida de hacerlo.

Tengo el número de Andrei registrado en mi teléfono. Necesito que
vengas a las diez esta noche para impedir que le dé a enviar.

Con un suspiro, se me cayó el teléfono de Yulia.

¡Esa puta!

Debería haber sabido que había seguido intentando utilizarme como cebo para chantajearla hasta que se acostara con ella. Quiero decir, ¿por qué nadie en el mundo sospechaba de su maldad, esa casera asalta cunas?

Caliente rabia ardía dentro de mí. ¿Cómo se atreve? ¿Cómo se atreve a herirle con eso?

Conocía a Yulia. Y cada visita que pasó en su habitación le hizo daño. Desnudó una parte de ella y la transformó en alguien que despreciaba. Bueno, esa mierda se acabó. Nadie le va a hacer daño y se saldrá con la suya. Yulia no era el juguete de ninguna mujer. No por más tiempo.

Tampoco era la único que podía sacrificarse para proteger a la gente que quería.
Entonces, es más o menos cuando perdí por completo la cabeza. Se me ocurrió un plan y no podía deshacerme de él. Sería arriesgado, poniendo en peligro mi propia seguridad. Sería algo ilegal, pero diablos, siempre había querido saber que se sentía al quebrantar la ley.

Posiblemente el plan me podría estallar en la cara, pero para liberar a Yulia de esa mujer para siempre, tenía que intentarlo. Y no tuve ni un ápice de arrepentimiento de la manera en que lo hice en mi mente.

Poniendo en movimiento el primer paso de la Operación Salvar a Yulia, envié una respuesta y escribí: Voy a estar allí.

Después de que “Yulia” enviara la respuesta, borré los mensajes de ella y mi respuesta de su teléfono.

***

En el momento que Yulia regresó con las dos manos llenas de lattes, me había vestido y trasladado a la habitación de en frente, haciendo caso omiso de su petición de quedarme donde estaba. Después de ese texto, no había sido capaz de relajarme o de permanecer desnuda ni un segundo más.

Sabía que algo andaba mal en cuanto me vio. Su rostro parecía lleno de inquietud. —¿Qué ha pasado?

No quería mentirle, pero de cualquier manera, no podía decirle la verdad, o habría parado mis planes antes de que los empezara.
Decidí a ir con la táctica que ella había usado en Larissa.

—Una de tus clientas te envió un mensaje de texto. Lo leí. Entonces lo borré.

Lo ves, la verdad total.

Se me quedó mirando un momento antes de venir hacia mí. —Bien. Me alegro que lo hayas borrado. —Sentándose a mi lado, puso los lattes en la mesa de café antes de girarse y coger mis manos—. Pero no me gusta la expresión de tu cara, Lena. Háblame.

Negué con la cabeza, sin saber qué decir. Estaba todavía muy inquieta por el mensaje y por los planes que había hecho. Demasiado inquieta por todo.

Lamiendo mis labios, lo intenté. —¿C-on qué frecuencia te mandan mensajes como esos?
Hizo una mueca y bajó la mirada hacia nuestros dedos entrelazados. —Va a costar un tiempo para que se divulguen las palabras “he terminado”.
Asentí. —¿Y cuánto tiempo necesitas después para convencer a todas tus clientas de que esta vez vas en serio?

No sé de donde vinieron estas palabras, o por qué usé un tono tan mordaz al pronunciarlas. No quería pelear con Yula. Sólo quería abrazarle y decirle que me encantaría protegerle siempre.
Pero la idea de que recibiera mensajes de texto en su móvil durante días y semanas, quizá meses, de mujeres con ganas de sexo, me molestaba. Así que las palabras seguían arrojándose de mi boca.

—¿Hasta cuándo van a seguir deslizándote sus tarjetas de visita y decirte que las llames tan pronto como las cosas entre tú y yo se pongan un poco difícil? Quiero decir, ¿hasta qué punto voy a tener que vigilar lo que digo? Porque la primera vez que te moleste, podrías retroceder…
—Ya basta —exigió bruscamente y me dio un tirón para darme un fuerte abrazo—. No voy a engañarte, Lena. Nunca voy a hacer eso. He probado el otro lado. Hace dos años. No me gustó. No voy a volver. Sólo te quiero a ti. —Un temblor le agitó e hizo eco en mí—. No rompas conmigo ya. Sólo ha pasado un día. No es suficiente, ni de lejos es suficiente. Por favor, no te des por vencida con nosotras.
—No lo hago. —Estallando en lágrimas, sollocé—: Lo siento. No sé por qué sigo diciendo estas cosas. —Mierda, ¿por qué me sentía tan emocional? No estaba ni siquiera cerca de mi momento emotivo del mes. Pero me metí en su regazo y me acurruqué cerca—. Sólo te quiero a ti también, Yulia. No quiero romper contigo. No quiero perderte en absoluto.
—Shh. —Me abrazó y me besó en el pelo, meciéndome suavemente hacia atrás y adelante. —No me vas a perder. Está bien.

Se balanceó conmigo, dejándome llorar. Cuando terminé, me limpió la humedad de mis mejillas y me besó en la nariz, marcando el piercing de diamante con sus labios.

—Sé que tiene que ser malditamente casi imposible para cualquier mujer lidiar con alguien que tiene una historia como la mía —admitió—, especialmente siendo que es una historia muy reciente para mí. Y no es justo pedirte que lo hagas. Pero necesito que lo hagas. Si alguien puede superar lo que fui, esa eres tú. Eres tan fuerte. Eres tan increíble. Tú lo eres... todo.

Ves, ¿era de extrañar que estuviera tan obsesionada con esta chica?

Levanté la cara de su cuello y me encontré con su mirada preocupada. —Lo superaré —le aseguré con la máxima confianza.

No me importaba lo difícil que sería, sólo sabía que iba a superar sus antecedentes. Porque la alternativa —perderle para siempre— sería insoportable.

Asintió y me besó, pero no noté nada de pasión. Este beso era desesperado e interesado; necesitaba la seguridad de que no iba a dejarla. Devolviéndole el beso, puse mi corazón en él, y eso pareció calmarla.

Nos abrazamos en el sofá durante mucho tiempo, pero el resto del día, sentí una distancia entre nosotras. Sabía que era la tensión de mi parte — preocupación sobre lo que ocurriría por la noche— y sospechaba que a ella le preocupaba perderme a la más mínima.

En un intento de aliviar un poco la incomodidad, le sugerí que terminemos nuestra maratón de películas de Harry Potter. Vimos tres vídeos antes de que se acercara la noche. Fue entonces cuando me estiré, fingí un bostezo y la eché —cortésmente, por supuesto— diciéndole que necesitaba ir a casa en algún momento antes de que Larissa me etiquetara como Corruptora de hijas del año.

Hablando en serio, necesitaba que se fuera para que pudiera prepararme para la segunda fase de la Operación Salvar a Yulia.

Parecía un perrito pateado mientras la acompañé hasta la puerta, pero no me rogó para quedarse. Supongo que no quería parecer machacada o cualquier cosa de ese tipo. Puse un poco de empuje extra en mi beso de despedida, intentando convencerla de lo mucho que la amaba. Pero toda la angustia detrás de la mirada que me envió antes de bajar por las escaleras y se acercarse a su jeep, me había golpeado en el pecho y me dieron ganas de confesarle todo. Miraba desde la puerta abierta de mi ático mientras montaba en el coche y desaparecía por la calle.

Luego dejé escapar un suspiro, me puse mis bragas de chica grande, y me puse a trabajar.



Me vestí de negro. Al recordar que había dejado mi coche aparcado todo el fin de semana en la calle de la casa de Yulia, caminé a mi destino y llegué sin un minuto que perder.

Pensé que la puerta que separa el patio trasero de Yulia con el de la señora Garrison estaría abierta para permitirle la entrada a su cita de diez en punto. Y tenía razón. Mi corazón latía con fuerza mientras me acerqué a su césped bien cortado y a su puerta trasera, que también se había dejado abierta para ella.

Medio asustada en mi mente, y sin embargo emocionada porque era el momento —me volvía loca hacer esto—, me tranquilicé cuando la puerta trasera se cerró detrás mío, esperando que no me hubiese oído entrar.

Música sonaba desde algún lugar en el segundo piso. Hice una pausa, escuchando la melodía de jazz amortiguado que apenas podía oír por encima de mi propia respiración. No podía creer que estaba dentro de la guarida del diablo. El aire era cálido y pegajoso, y me hizo sentir un poco sofocada en mi ropa oscura.

Con mi mente en marcha, miré a mí alrededor, sin estar segura en dónde empezar mi búsqueda.

Vamos, Lena, piensa. Si fueras el ordenador de una asalta cunas cachonda de mediana edad a la que le gusta chantajear a su vecina para tener relaciones sexuales con ella, ¿en dónde te esconderías todo el día?

Mi primera conjetura sería el dormitorio —obviamente— pero ella probablemente estaba allí justo ahora, preparándose. Para Yulia.

Me atraganté con el pensamiento.
Ella no estaría en cualquier posición cerca de esto de nuevo.
Motivada por la idea, di un paso adelante y miré con cautela a través del umbral de la parte trasera del cuarto de lavado y en una cocina débilmente iluminada. Casi me desmayé cuando vi un portátil colocado en su bar.

De ninguna manera. No podía tener tanta suerte.

Oh, bien. No era nadie para mirarle los dientes a un caballo regalado.

Me lancé a la cocina y senté mi trasero en un taburete frente a su Dell.

Después de tronar mis nudillos y rodar mis hombros como si fuera a estallar mi cuello, contuve mi respiración y alcé la tapa. No sonó ninguna alarma. Ninguna barra de metal destelló a mí alrededor. No se abrió ninguna trampa escondida en el suelo y me dejó caer en su calabozo. Me encontraba en la computadora de la bruja. Y la bruja idiota ni siquiera había puesto una contraseña. Punto para mí.

Miré sin ver la pantalla un buen minuto, escuchando y prácticamente a la espera de los pasos de cierta señora Garrison que llegaría y me asesinaría. Pero el primer piso de la casa permaneció en silencio.

Finalmente, exhalando un suspiro me centré en el paso tres de la Operación Salvar a Yulia.

Al hacer clic en el ícono de correo electrónico, rodé los ojos cuando me envió directamente a su bandeja de entrada. Jesús, ¿la mujer no protegía nada con contraseña? Se podría pensar que era un poco más paranoica desde que ella misma era tan sombría.

Me encogí de hombros otra vez. Su pérdida. Mi ganancia.
Redactando una nueva carta, en el “Para” tecleé el correo de Andrei: A_walden@ymail.net.

En la línea de asunto, escribí: ¿En busca de Teresa Nolan?

Y en el cuerpo del mensaje, escribí mi nuevo nombre y dirección postal. Ingresaba la ciudad y el estado cuando escuché el sonido de tacones en las escaleras.

Mis venas se sacudieron con una oleada de adrenalina.

Pero, en serio. Esto era muy impresionante. No podría haber programado mejor su llegada si le hubiera mandado un itinerario. Introduzca a una casera guarra, a la izquierda del escenario.

Terminaba hasta el código postal cuando ella entró en la cocina, llevando una copa de vino vacía y usando una sensual camisola verde y negro. La cual Yulia nunca volvería a verla usando.

Se detuvo en seco cuando me vio, sus tacones haciéndola tropezar. Fue cómico, así que sonreí abiertamente cuando saludé con la mano de la manera más amable posible.

—Hola, lindo camisón. Victoria´s Secret, ¿me equivoco?

Entonces me reí mientras deliberadamente presioné el botón enviar justo enfrente de ella.
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por flakita volkatina el Mar Ago 18, 2015 1:53 am

Ohhhhh diosssss al fin la conti ya extrañaba eato... debo decir q esa maldita vieja si es una verdadera joda en la vida d julia y lena ojala n sufran much x ella... gracias x la conti aunq ansio q subas mas seguido saludos...
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por Aleinads el Mar Ago 18, 2015 8:25 am

Que hermoso :') gracias por la conti, recordé lo mucho que me encanta esta historia. Las cosas se ponen cada vez mejor!! Me gusta el rumbo que va tomando y ahora quedo con la intriga de que pasara. Por fa no tardes ! cheers
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por SweetMess el Mar Ago 18, 2015 8:12 pm

Les dejo una conti chiquitita para hoy para no volver a perder la costumbre :9 que la disfruten y gracias por leerlo


CAPITULO 28.



—¿Qué demonios estás haciendo? —Irrumpió hacia delante tirando su portátil de mis manos y girándolo para ver lo que había hecho.
—Oh, sólo pensé en venir a hacerle saber que Yulia no será capaz de venir esta noche. —Encogiéndome de hombros y rodando los ojos con culpa, confesé—: Intercepté el texto que le envió esta mañana. —Arrugando la nariz, le envié una disculpa encogiéndome—. Lo siento, pero ella nunca lo vio.
—Qué… —La señora Garrison estaba muy ocupada mirando fijamente su pantalla y demasiado confundida para escucharme—. ¿Qué hiciste en mi computadora?
—Le envié un correo a Andrei. Diciéndole dónde me encontraba y el nuevo nombre. Quiero decir, ¿no era esa la amenaza si Yulia no seguía sirviéndole? —Esta vez clavé una expresión de sorpresa como una profesional—. Dios mío, no bromeaba, ¿verdad?
La señora Garrison hizo clic en su historial de envío y su boca cayó abierta mientras leía el mensaje que acababa de enviar.—¿Qué… qué…? —Sacudió la cabeza, sin saber qué decir.
—Está bien, tengo que saber —dije de una manera conversacional cuando su cara se puso roja con la confusión y la ira—. ¿Son esos zapatos genuinos de Christian Louboutin o una imitación barata? Porque siempre he querido ser dueña de un autentico tacón Louboutin. Y estaría verde de envidia si hubiera sabido que usted es dueña de un par. ¿Son muy cómodos? No es que la comodidad importe, cuando los pies están envueltos en un par de…
—¿Estás completamente loca? ¿Por qué… por qué le dirías dónde estás? Deberías estar asustada a muerte de este psicópata.
—Oh, créame, lo estoy. Pero, ¿loca? —Solté un bufido y agité una mano indiferente—. Qué término tan subjetivo. Quiero decir, lo que una persona podría considerar totalmente normal… como, no sé… obligar a su joven y reacia vecina a tener sexo con ella en varias ocasiones… otra persona podría pensar que es totalmente repugnante. Así que, desde su punto de vista, sí, probablemente es muy loco ahora mismo sacrificar mi propia seguridad por salvar a la mujer que amo de ser chantajeada por una vieja enferma, vengativa y solterona.
La mandíbula de la señora Garrison se tensó. —Eres tan molesta como loca.
Pretendí pensar sobre eso por un momento. —Mmm, quizás. Mis padres siguen tratando de enviarme a un terapeuta. Por la parte loca, no la molesta. Y creo que puedo ver de dónde viene. Quiero decir, ser clavada en una pared con un cuchillo en la garganta por alguien que pensé que me amaba, hizo un lio en mi cabeza por un tiempo. Pero, ¿sabe qué? Estoy contenta de haberle enviado el correo… ups. —Me tapé la boca y reí—. Quiero decir, me alegro que usted le enviara el correo electrónico y le dijera dónde estoy. Estaba seriamente cansada de siempre tener miedo, de estar siempre mirando por encima del hombro y esperarlo escondido en cada sombra. —Dejé escapar un suspiro renovado—. Me alegro de que esto esté casi terminado. Y oiga, si él me mata en este momento, usted tendría algo de culpa por decirle dónde vivía.
Vibrando con furia, la señora Garrison siseó—: Fuera de mi casa.
Estreché los ojos. —Con mucho gusto. —Sacudiendo mi cabello, me deslicé fuera de su taburete del bar—. Oh, pero una cosa más. —Levanté la mano y le di una bofetada tan fuerte como pude, desgarrando su cara a un lado con la fuerza de mi golpe—. Nunca vuelva a tocar a Yulia. O le juro por Dios, seré todavía más psicópata.

Se enderezó y se limpió la cara justo debajo de la nariz con una mano temblorosa. Cuando quedó con sangre en sus dedos, me quedé boquiabierta. Santas palmas temblorosas, Batman; le había sacado sangre.
Genial.

—Espero que Walden te mate lentamente —gruñó, sus ojos color avellana brillando intensamente con odio.
Sonreí amablemente. —Si lo hace, me aseguraré de volver como un espíritu ruidoso sólo para cazarla brutalmente. —Tomando distancia, salí de su casa.

La señora Garrison me había decepcionado un poco. Dejarme ir sin luchar. Mmm. Gallina. Había estado un poco excitada por darle una patada en ese culo de puma. Oh, bueno, así era la vida. C’est la vie.

Volví a casa sintiéndome verdaderamente poderosa por primera vez en mucho tiempo. Todas esas mujeres le habían quitado un pedazo de control a Yulia y la habían hecho sentir barata y usada. Andrei me había quitado lo mismo.

Luchar y tomar el control de nuevo se sentía bien. Se sentía genial. Me sentí como si de alguna manera tuviera que celebrar. Pues tenía suerte, un familiar Jeep estaba estacionado en mi lugar cuando me metí en la calzada de los Mercer. Cuando vi a la sexy propietaria de dicho Jeep sentada en el escalón más alto frente a mi apartamento, esperándome, sonreí.

Colocando mi auto detrás del suyo, apagué el motor y salté desde el asiento del conductor, llena de sonrisas.

—¡Yulia! —grité, mientras corría los quince pasos—. ¿Qué haces aquí?
—Me arrastré a su regazo y envolví los brazos alrededor de ella—. Oh, Dios mío. No tienes idea de lo feliz que estoy de verte.

La besé antes de que pudiera responder, tomando el control de su boca, de la misma manera que acababa de tomar el control de la señora Garrison. Les mostré quién era la jefa.

Oh, sí, lo hice.

A Yulia no parecía importarle mientras me besaba, empujando su lengua de buena gana y entrelazándose con la mía. Entonces, agarrándome por el culo, me alzó.
Ves, te dije que tenía algunos músculos impresionantes.

Sin romper el beso, nos dirigió hacia mi puerta. —No podía mantenerme lejos. —Se las arregló para explicar sin aliento entre besos—. No podía dejar las cosas como estaban. Jesús, ¿dónde demonios has estado?
—Te explicaré luego.
—Mm. —Parecía estar bien con eso y cerró la puerta detrás de nosotras tan pronto como logramos entrar.

Nos atacamos la una a la otra. Justo allí contra la puerta de mi apartamento. Creo que necesitaba liberar algo de la adrenalina que todavía zumbabaen mi sistema después de mi primera y única temporada de allanamiento de morada tanto como ella necesitaba la seguridad de que yo no seguía asustada por el mensaje que había leído antes.

—Guau —dije, tan pronto como mi lengua me permitió decir palabras inteligibles de nuevo—. No tenía idea de que romper la ley podría volver a una chica tan locamente cachonda.

Fui cayendo por la superficie de la puerta hasta que me senté en la alfombra de bienvenida, gratamente aturdida por lo increíble que resultó la noche.

Yulia se dejó caer a mi lado. —¿Quiero saber lo quieres decir con eso?

Sonreí. Y le conté todo.

Su boca se abrió. —¿Hiciste qué? Pero, tú… ella… ¿cómo pudiste enviarle tu nueva identidad? ¿Estás loca?

Sonaba un poco demasiado parecida a su casera, así que fruncí el ceño. Entonces, recordé que había enviado ese correo electrónico, ¿no?

—Oh, eso me recuerda. Sería mejor revisar la bandeja de entrada de esa nueva cuenta que creé esta mañana.

Me arrastré hasta mi bolso que se me había caído al lado de la alfombra de bienvenida y hurgué en el interior hasta que encontré mi celular.

—La he creado bajo el nombre de Andrei W. Necesito comprobar si tengo algún mensaje entrante. —Cuando hice clic en mi bandeja de entrada, le guiñé un ojo a Yulia—. Y para que sepas, sí hay un mensaje.

Di vuelta a la pantalla para mostrarle el correo electrónico de Patricia Garrison.

Abrió la boca antes de darme una mirada atónita. —La engañaste.
Tiré de mi pelo y me pavoneé. —Sip. Ahora, ¿cómo respondería Andrei a esta carta? —Tocando mi barbilla, la contemplé—. Si fueras un ex novio acosador psicópata, ¿qué le dirías?
Yulia se unió a ser parte del proceso de planificación. —¿Gracias? —sugirió.
—Perfecto. —Le besé la mejilla y me distraje un poco, necesitando besar su nariz y luego su boca. Antes de que perdiera totalmente mi objetivo, me aparté, me mordí el labio y empecé a escribir.

Gracias. Te debo una.

—Listo. —Pulsé enviar y miré hacia arriba—. Eso es algo que él diría. Voy a eliminar la cuenta más tarde, para asegurarme que no responde.
Yulia parecía asustada. —Esto fue peligroso, Lena. No puedo creer que te arriesgaras tanto sólo para librarme de ella.
—Oye. —Tomando su rostro en mis manos, admití—: Me arriesgaría una y mil veces para ayudarte en cualquier cosa que pueda.
Presionó su frente contra la mía. —Todavía no te merezco.
—Pero estoy aquí —bromeé, inclinando mi rostro para poder aletear las pestañas en su mejilla como un beso mariposa—. ¿Qué es lo que harás ahora conmigo?
Acercándome más, selló mi cuerpo contra el suyo y apartó el pelo de mi cara. —Supongo que tendré que amarte con cada aliento que tengo.

Yulia no apareció en mi puerta con mucha planificación. Olvidó totalmente traer ropa limpia, o los útiles escolares, de otra forma podríamos habernos bañado juntas —algo así como apretujarnos en mi pequeño baño el sábado y el domingo para divertimos con el jabón— y fuimos a clases juntas el lunes en la mañana.

Pero, tenía la sensación que había sólo una cosa en su mente cuando vino anoche.
Típico.

Salió de la cama y me dejó con un largo beso, diciéndome que se sentaría conmigo en el almuerzo. Luego se fue.

Me apresuré con mi rutina mañanera, esperando verla antes de nuestra primera clase. Pero no. Me escabullí en literatura británica, deprimida porque la extrañaba. Ni siquiera me di cuenta de que Eva no se encontraba en su típico asiento a mi lado hasta la mitad de la hora.

¡Ay! Espero que su ruptura con Alec no la golpeara con demasiada fuerza. Tenía suficiente en su vida tal como estaba. También esperaba que todavía no les hubiera dicho a sus padres sobre el bebé. Quería estar con ella, sosteniendo su mano cuando lo hiciera, y no es que haya estado exactamente disponible todo el fin de semana para sostener su mano.

Dios, debo ser la peor amiga que existe. Le envié un mensaje de texto durante mi hora libre, pero no respondió.

Me encogí, esperando que sólo sean nauseas matutinas lo que evitaba que viniera y no la ira por el hecho de que la dejé plantada los pasados dos días.

Pensé en Yulia toda la clase de cálculo. Finalmente terminamos nuestra asignación de matemática el sábado, pero no estaba segura de que fuera capaz de concentrarse mucho en sus ecuaciones. Esperaba que el estar conmigo no la hiciera reprobar.

Sí, esta mañana empezaba a preocuparme por todo. Pero algo raro me tenía al límite. Una sensación en el aire, un presentimiento extraño de que la vida iba demasiado bien. No estaba segura de lo que era. Sólo quería que de verdad saliera así podría volver a la euforia en la que estuve viviendo por las últimas cuarenta y ocho horas.

Cuando salí de clases, automáticamente busqué a Yuilia. A veces, nos cruzábamos yendo y viniendo porque tenía clases en este salón justo después que yo. Hoy, realmente esperaba encontrarla —guiño.

Pero un rostro familiar sentado en un banco no muy lejos de la puerta me detuvo en seco. Un grupo de estudiantes pasaron por allí, tapándome la vista, haciéndome entrar en pánico, porque estaba segura de que la visión se habría ido cuando siguieran caminando. Me dije que hoy la paranoia me estaba superando. Pero después que los estudiantes se movieron, seguía sentado ahí, esperando.

Por mí.

Mis rodillas se doblaron y me tuve que agarrar a la pared para sostenerme. Me congelé, insegura de qué hacer. Podía gritar y correr. Podía acercarme a él con audacia. Podía intentar huir silenciosamente, escondiéndome detrás de grupos de personas. Pero me quedé de pie, mirando a mi ex novio acosador psicópata mientras me miraba de reojo con una de sus infames sonrisas de regodeo.

—Te encontré —gesticuló las palabras tan claramente que pude leer lo que dijo.
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por Aleinads el Miér Ago 19, 2015 9:22 am

Ohhh quedo en lo mejor, gracias gracias gracias! No tardes en continuar que ahora si que quede picada ! Idea
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por flakita volkatina el Dom Ago 23, 2015 10:49 pm

Hay x dios y yul dnd esta?? Pero como llego el hast ahi... necesitamos la conti urgent
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por Monyk el Mar Sep 29, 2015 12:13 am

Aún no hay conti? Saludos!

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Re: El precio de un beso.

Mensaje por montsejade0847@gmail.com el Mar Oct 06, 2015 2:20 pm

Hola aun no hay continucion

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Re: El precio de un beso.

Mensaje por flakita volkatina el Miér Oct 14, 2015 2:24 pm

SweetMess no t pierdas y regalanos la conti
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t.A.T.u

Mensaje por Katy el Vie Ene 08, 2016 6:17 am

Fic recomendadísimo :v

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Taquicardiaa!!

Mensaje por One4ever el Vie Ene 08, 2016 12:05 pm

o mi Diossss!! como li dejhaste ahuu... esto esta ardiendoo. ..el maldito andreii aparecioo eb el peorr mimentooo .... PORFAVIRR!!! TE pido solennente autora vella k lo mate con arto sufrimienti como se lo merece para k ellos puedan casarse y tener babyzz y un final feliz!!! @@.hhh esprro conocer a sys bebes tambien xD

One4ever
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por SweetMess el Lun Abr 18, 2016 3:40 pm

CAPITULO 29


Me alejé de él, planeando huir a grandes zancadas, incluso aunque sabía que no me llevaría muy lejos. Pero entonces, pasó lo peor posible.

Apareció Yulia, con la bolsa de mensajero colgada al hombro mientras se acercaba a su siguiente clase. Sonrió cuando me vio, una sonrisa cálida y privada que contenía todos los secretos de nuestro fin de semana de pasión.
Oh, Dios. La amaba tanto. No podía dejar que Andrei se le acerque.

Andrei la mataría si supiera cuán importante es Yulia para mí.

Pero nada iba a detener que se acerquen.

Cuando Andrei se puso de pie, reaccioné antes de que mi cerebro pudiera procesar completamente lo que planeaba. Me apresuré hacia Yulia.

—Profesora McGonagall —jadeé—. Gracias a Dios, me encontré con usted.

Sí, sé que usé a un personaje de Harry Potter. Pero no fue como si tuviera un montón de tiempo para inventar una estrategia infalible. Trabajaba con lo justo. Y lo hacía muy bien si me lo preguntas.

Además, Andrei nunca se interesó en mi locura por Harry Potter. No sabría la diferencia. Ese Muggle ignorante.

Apurándome en abrir mi mochila, dije—: Sé que esto era para el viernes pasado, pero terminé mi trabajo y apreciaría si reconsidera aceptarlo tarde.  
Mientras sacaba mi trabajo calificado de Wife of Bath de mi mochila —el cual recibió una A; ¡oh, sí!— me atreví a levantar la mirada hacia la cara de Yulia.

Mordiendo el interior de mi labio, recé para que me siguiera el juego.

Parpadeó una vez más, bien, dos veces. Luego dijo—: Le dije que no más entregas tarde, señorita Katina.

Dios, la amo. Se incorporó a mi actuación perfectamente. De nuevo, por el brillo divertido en sus ojos, probablemente pensó que era algún tipo de juego previo perverso de colegiala traviesa.

—Pero trabajé en él todo el fin de semana. —El pequeño tirón en mi voz, porque estaba con los nervios de punta por ver a Andrei, sonó típico. Mm.

Quizás debería abandonar completamente virología y tomar actuación.

Yulia levantó una no impresionada ceja. —¿Todo el fin de semana, mm? —La mueca en sus labios me dijo que sabía lo contrario—. ¿En un trabajo en el que se suponía que tenía que trabajar durante todo el semestre?

Dios, ¿tenía que representarlo tan bien?

Casi le fruncí el ceño. Pero todavía me sentía demasiado asustada por mi ex psicópata acosador, merodeando a tan sólo tres metros de distancia, escuchando cada palabra que decíamos.

—Por favor —chillé, el miedo filtrándose de mí, hasta que su expresión finalmente chispeó con preocupación—. ¿Podría darle una mirada?
Asintió, con un suspiro resignado. —Bueno, está bien. Pero esta es la última vez le doy concesiones.
Cuando intentó tomar el trabajo, lo jalé hacia atrás. —Espere. Yo… necesito ponerle mi nombre.

Mis manos temblaban tanto que, cuando rebusqué torpemente en mi mochila, una lágrima cayó por mi mejilla.

Yulia me tuvo piedad. —Toma —dijo, sosteniendo su propia lapicera, arrugando las cejas como si estuviera descubriendo que esto no era un juego.
—Gracias. —La tomé y levanté mi rodilla para garabatear “Andrei está aquí”, justo al lado de donde se encontraba mi nombre ya escrito en la hoja.

Se lo tendí y apenas miró lo que escribí.

—Ya veo. —Sus ojos parpadearon hacia mí—. Sabes, quizás deberíamos ir a mi oficina y discutir esto en más detalle. Tengo una idea de cómo puedes hacer puntos extra.
—No. —Sacudí la cabeza. Necesitaba hacer que se alejara de mí —y por lo tanto lo más lejos de Andrei— tanto como pueda antes de que Andrei se dé cuenta quién es Yulia en realidad. Di un paso atrás—. No, necesito llegar a mi próxima clase.  
Yulia —maldita sea por preocuparse demasiado— no iba a dejarme ir a ningún lado sola. —Elena. —Agarró mi brazo—. ¿Dónde? —preguntó en voz tan baja que sólo yo pude oírla. Ni siquiera movió los labios mientras hablaba.
Antes de que pudiera responder —no era como si fuera a decirle dónde se encontraba Andrei— un familiar y súper espeluznante brazo, se deslizó alrededor de mi cintura.

La potente loción para después de afeitar de Andrei me provocó náuseas mientras tensaba su agarre.

—Ahí está mi Elena Katina —murmuró en mi oído, acercándome más—. Te he estado buscando por todos lados, cariño.

Todo mi cuerpo se tensó contra el suyo y sólo podía imaginar cuán pálida se puso mi cara mientras miraba boquiabierta a Yulia.
Decidí en ese momento, que nunca antes la vi verdaderamente enojada.

Su mandíbula se contrajo, antes de que volviera su atención hacia Andrei  y miró mordazmente el brazo del otro hombre envuelto a mí alrededor.

Andrei levantó la barbilla en señal de saludo. —Entonces, eres una de las profesoras de Lena, ¿eh? Luces algo joven para ser profesora.

—Eso es porque no lo soy —respondió Yulia, su voz dura y tensa.

Cuando tiró el bolso de su hombro y la arrojó al suelo junto a sus pies, ambos,  Andrei y yo, bajamos la mirada confundidos.
Ninguno vio el puño que salió de la nada.

Pero, en serio, que Yulia golpeara a Andrei en la mandíbula fue completamente sorprendente. Se movió tan rápido que no tuve ninguna advertencia hasta que el golpe en la carne y el crujido de los cartílagos de la nariz me hicieron gritar. El agarré de Andrei se liberó, y colapsó hacia atrás, aterrizando sobre su trasero en medio del pasillo.

—Lo golpeaste —dije en total conmoción, parpadeando hacia Andrei  en el suelo antes de mirar a Yulia con la misma mirada atónita—. No puedo creer que acabes de golpearlo.

Eso no estuvo en mis planes para nada. Pero me gustó el nuevo giro de los acontecimientos. Mucho.

—Intentó matarte —discutió Yulia, como si pensara que mi conmoción fuera de desaprobación—. Diablos, sí, lo golpeé.
Me quedé boquiabierta un largo rato antes de sacudir la cabeza. —Pero, eso fue tan… genial.

La sonrisa orgullosa de Yulia fue instantánea. Sus ojos brillaron con calor y dio un paso hacia mí, como si quisiera celebrar besándome.

Pero, por supuesto, simplemente golpear a los chicos malos no los mantenían en el suelo.  

Un segundo, mi asombrosa, asesina-arañas, golpea-acosadores, ex gigoló y alma gemela, caminaba hacia mí, luciendo como si quisiera tomarme contra la pared del pasillo de la escuela. Al siguiente, notó algo en el suelo. Su cara se contrajo en terror y me empujó —sí, me empujó— a un lado y se lanzó encima de Andrei.

Me tropecé contra la pared, desconcertada. Cuando me estabilicé lo suficiente para enfocarme en los dos rodando en el suelo en un lío de brazos y piernas, estaba tan sorprendida de verlos luchando que no vi por lo que luchaban hasta que alguien gritó—: ¡Un arma!

El caos reinó. Las chicas gritaban. Las personas se dispersaron. Y una estampida se produjo. Fui empujada contra la pared, mientras una horda de estudiantes pasó corriendo delante de mí. Llorando el nombre de Yulia temiendo por su vida, luché contra el flujo de gente huyendo para llegar hasta ella.

Dios, fui tan estúpida. Debería haber sabido que Andrei estaría armado y sería peligroso. Y desde que su cuchillo no funcionó la última vez que vino tras de mí, esta vez sacó las grandes armas —literalmente. Bien, honestamente, era más un arma pequeña por la que peleaban él y Yulia. Pero estoy segura de que de todas formas tiene la capacidad de matar a una persona tanto como un arma grande.

Tan pronto como un camino se liberó para empujarme lejos de la pared, me apresuré hacia los dos  en el suelo luchando, gruñendo y maldiciendo.

Nadie más saltó para ayudar a Yulia, así que decidí hacerlo, incluso aunque mi corazón latía con fuerza en mi pecho.
Pero ellos se movían tanto, luchando constantemente para ser mejor que el otro, que no tenía idea de cómo ayudar sin meterme en el medio.

A punto de tener un ataque de histeria, grité el nombre deYulia.

Gran error.

Mi voz histérica alejó su atención del psicópata debajo de ella, y me miró... justo cuando se disparó el arma.
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por Aleinads el Lun Abr 18, 2016 5:56 pm

Cielo Santo!!! Después de tanto tiempo has regresado #Sweet Me alegro mucho, el cap estuvo genial! Very Happy Very Happy Very Happy cheers cheers
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por SweetMess el Miér Abr 20, 2016 10:29 pm

Jajajaja era lo justo el karma me vino, asi que era hora de que termine la historia.

CAPITULO 30


Me paseaba por el pasillo del hospital, lista para escurrirme de mi propia piel. Odiaba esperar.

¿Por qué está tomando tanto tiempo?

¿Coser los agujeros de bala realmente toma tanto maldito tiempo? ¿O es que la lesión había sido peor de lo que la gente me decía?

Me froté los brazos, muy nerviosa y llena de temor reprimido, queriendo quitarme la sensación aterradora y malvada con mis garras desnudas.

—Señorita eh…
Me volví hacia el oficial de policía que se acercaba. —Sólo Elena—le aseguré con una sonrisa tensa—. ¿Ya interrogó a Andrei? ¿Sabe cómo me encontró?
Hice esta misma pregunta antes, cuando él había tomado mi declaración inicial, pero en ese momento, todavía nadie había hablado con Andrei.

El oficial, Mikrut, creo que ese era su nombre, asintió. —El señor Walden confesó que la rastreó por las facturas de teléfono que encontró en la casa de sus padres cuando irrumpió en ella recientemente. Le tomó unos días conseguir un amigo especialista en computadoras para rastrear la línea extra a usted en Florida, y luego le tomó un par de días conducir hasta aquí. De los recibos de las gasolineras que encontramos en su coche, creo que ha estado en Waterford durante al menos setenta y dos horas.

Me estremecí. Eso significaba que ya se encontraba aquí cuando la señora Garrison chantajeó a Yulia. Y estuvo aquí cuando Yulia y yo habíamos conectado.

Sacudiendo la cabeza, enterré la cara en mis manos. —Así que, no importó que me mudara al otro lado del país, que cambiara mí…
Una mano reconfortante aterrizó en mi hombro. —No tendrá que preocuparse por él. No por mucho tiempo.
Con un bufido, levanté la cara y le envié una mueca de incredulidad. —Sí, hasta que su papi también consiga que este juicio se venga abajo.
El oficial negó con la cabeza. —No después de todo lo que hizo hoy.
Solté un suspiro. —¿Así que eso me da qué...?
—Vamos a ver. Dos cargos de intento de asesinato. Disparar un arma en una escuela pública. Allanamiento de morada. Resistencia a la autoridad. Yo diría que... ¿veinte o treinta años? —El policía se encogió de hombros.
Me gustó esa suposición. —Gracias a Dios.
Sonrió. —¿Los médicos todavía no han salido con alguna noticia? Tengo que preguntar…
—No. —Sacudí la cabeza violentamente, sin querer pensar acerca de por qué podría estar tomándole tanto tiempo al médico o enfermera, o cualquier persona, en volver con alguna noticia—. Todavía no.
—No te preocupes tanto —me dijo con una sonrisa suave—. He visto a gente salir adelante con heridas mucho peores que ésta. Estoy seguro de que todo irá bien.
—Gracias. —Asentí, pero no me sentía convencida.

El oficial se alejó para hablar con una enfermera. Esperaba que consiguiera más información que la que había estado recibiendo. Sintiéndome agotada, me dejé caer en el banco más cercano del tranquilo pasillo del hospital, afuera de la sala de espera sofocante y apoyé la cabeza contra la pared.

Cuando cerré los ojos, alguien se sentó a mi lado. —Conseguí tu espresso moca de chocolate blanco.
Las lágrimas llenaron mis pestañas y mi garganta quemaba. Negué con la cabeza. —No creo que pueda tomar nada en este momento. Pero gracias.

Extendí la mano a ciegas y al instante encontré una mano cálida.

—Ven aquí —murmuró Yulia y me atrajo a su regazo.

Me acurruqué en posición fetal y descansé la mejilla en su hombro.
Mientras empapaba su blusa de lágrimas, ella besaba mi cabello.

—Eva estará bien. Lo sé.
Me tapé la boca. —Todavía no puedo creer que le disparara. Le disparó a mi prima.
—Lo sé. Pero ella es pariente tuyo, es fuerte. Saldrá adelante.

Me aferré a ella con fuerza. Todo era demasiado para procesar.

Después de que Andrei disparó dos veces al techo de la Universidad Comunitaria del Condado de Waterford, Yulia logró darle un codazo en la cara y quitarle el arma momentos antes de que un enjambre de policías apareciera. Gracias a Eva.

Al parecer, Andrei había irrumpido en mi apartamento esta mañana después de que ya salí para clases. Eva, al atrasarse, lo interceptó. Le disparó a ella —lo sé, lo sé, todavía no puedo creer que haya dicho eso—, y luego dejó su cuerpo sangrante tendido en el suelo fuera del garaje de cuatro espacios de los Mercer, así él podría buscarme en la escuela.

Según el Oficial Mikrut, Eva estuvo lo suficientemente lúcida como para sacar su celular del bolso, llamar a emergencias y advertirles que Andrei probablemente estaría en la universidad buscándome justo antes de perder la conciencia. Es por eso que ya estaban en la escuela cuando el primer tiro errante fue disparado fuera de mi clase de cálculo.

—¿Pudiste localizar a sus padres? —preguntó Yulia, besando mi cabello.
—Sí. Están en camino. —Tía Mads y tío Shaw anoche habían partido a una de las conferencias de trabajo del tío Shaw—. Acababan de bajar del avión en Phoenix cuando los contacté.
—¿Y qué pasa con Alec? Si de verdad está embarazada de él, ¿no crees que querría saber acerca de esto?

Me tensé, un poco molesta de que ella no estuviera muy segura de que el bebé fuera de Alec como afirmó Eva. Pero, yo sabía que ella no era precisamente un fan de Eva.

—Es su bebé —le susurré—, y no. Rompió con ella después de enterarse de eso. No voy a llamar a ese idiota a menos que E. me lo pida.
—Está bien, está bien —me aseguró Yulia con voz apaciguadora—. Lo siento. Es que…
—Está bien. —Me acurruqué más cerca ella y apoyé la cabeza en su hombro.

Esperaba que E. no me odiara por haberle dicho impulsivamente su secreto a Yulia, pero en ese momento enloquecí, preocupada por su vida y la de su hijo. Ella me había asegurado que guardaría silencio hasta que ella quisiera que la noticia se hiciera pública. Pero no estaba tan segura de si habría alguna noticia después de hoy. Aunque Eva sobreviviera, ¿cuáles eran las posibilidades de que su bebé también lo hiciera?—. Sólo espero que los dos estén bien.
—Lo estarán. El policía dijo que recibió un disparo en el hombro. Eso está lejos del feto.
—Pero…
—Shh. —Me acarició la espalda con la mano.

Cerré los ojos, absorbiendo su apoyo incondicional. No sabía cuánto tiempo nos abrazamos así, conmigo envuelta en su regazo y nuestros rostros muy juntos.

Cuando oí pasos acercándose, levanté la cabeza para ver a una doctora aproximándose. —Oh, gracias a Dios.
Pero Yulia se tensó. —Mierda.
La observé, alarmada. —¿Qué pasa?
Justo cuando hablé, la doctora echó un vistazo a la sala de espera más cercana. —¿Familia Mercer?
—Aquí. —Salté del regazo de Yulia, olvidando su comportamiento extraño, hasta que extendió la mano y agarró mis dedos como si quisiera jalarme de nuevo hacia ella.
La doctora se volvió hacia nosotras y vaciló en su paso cuando la vio. —¿Y…Yulia? Sus dedos se apretaron alrededor de los míos mientras la mirada de la mujer saltaba interrogante de Ella a mí y de nuevo a Yulia.

Y de repente, entendí.

Me volví hacia ella y le pegué en el brazo. —Tienes que estar bromeando.

¿Una doctora? ¿Una maldita doctora?

Parecía como si fuera a ser golpeado con un látigo mientras se intimidaba de nuevo, con el rostro pálido y petrificado. —Yo... lo siento.

La doctora retrocedió bruscamente, como si fuera a salir corriendo.

—¡Oiga! —La observé con una mirada asesina—. ¿No va a decirnos cómo está Eva?
Hizo una pausa y se aclaró la garganta, sonrojándose ligeramente. —Por supuesto. Lo siento... —Nerviosamente se quitó el cabello rubio platino del rostro, haciendo que las mangas de su bata blanca se inclinaran lo suficiente para revelar el reloj Michael Kors atado a su muñeca.

Maldita sea, ¿por qué todas las ex clientes de Yulia tenían que tener tan buen gusto en la moda?

—La señorita Mercer está estable —dijo—. Sus signos vitales son fuertes y está despierta y lúcida.
—¿Y el bebé? —espeté.
La doctora Zorra asintió. —Todavía le late el corazón.

Me desplomé contra Yulia, y me acercó, besándome la frente.

Su ex clienta nos observaba con curiosidad antes de recuperar la seriedad. —Puede verla en un par de minutos. Una vez que la tengan en una habitación privada, haré que venga una enfermera y la lleve con ella.
—Gracias —dijo Yulia, ya que parecía obvio que yo no iba a hablar con ella de nuevo.
Asintió y nos dio una sonrisa tensa. —Por lo menos ahora sé por qué mi llamada nunca fue devuelta. —Fijando su mirada en mí, agregó—: Lindo aro de nariz.
Me volví para observar con el ceño fruncido a Yulia mientras ella se apresuró a irse. —¿Por qué todas tus ex clientas comentan mi aro en la nariz? —Incluso la Dra. Janison había dicho algo después de clases un día en que salía de una conferencia de literatura británica.
Yulia sonrió ligeramente mientras me dio un golpecito en la nariz. —Porque les recuerda lo jóvenes que ya no son.
Fruncí el ceño, desconcertada. Eso no tenía sentido. —Las personas más jóvenes no tienen el monopolio de los aros en la nariz. He visto un montón en las mujeres —y los hombres—, de todas las edades.
—Ahh, pero se ve caliente en ti. —Hizo una pausa para asentir después de que la doctora se fue—. Eso las hace lucir avaras y viejas.
Aunque sus palabras me tranquilizaron un poco, todavía quería estar enojada. Le pegué en el brazo de nuevo. —Y pensé que dijiste que todas tus clientas eran amas de casa ricas y aburridas. Doctoras exitosas, profesoras universitarias y caseras no encajan exactamente en esa categoría.

Yulia se sonrojó y miró a su alrededor como si hubiera gritado la acusación.

—Dije que la mayoría lo eran —murmuró en voz baja—. No todas.

Al darme cuenta de que éste no era el lugar para hacer una escena, me quedé malhumorada y silenciosa.

Pensé en el pasado oscuro de Yulia y cuántas mujeres cachondas enloquecidas había en Waterford jadeando tras ella y pensando que les pertenecía. Entonces pensé en Eva y su bebé, Andrei y su pena de prisión, Alec y su inminente paternidad. En realidad, no creo que hubiera un pensamiento que no girara en mi cabeza ocupada y confusa.

Yulia se quedó callada a mi lado, sosteniendo mi mano y pasando el pulgar sobre mis nudillos. Permaneció conmigo constante. A pesar de lo que acababa de suceder, me calmó la seguridad de su amor, y para el momento en que llegó la enfermera para guiarnos hacia Eva, yo estaba bien, respirando con facilidad y lista para ver a mi prima.

Eva estaba despierta y sentada en la cama, consciente y haciendo bromas desde el momento en que entramos a la habitación.

Después de ver a mi acompañante, puso su mano sobre su corazón. —Ah. ¿Ya un regalo de “que te mejores pronto”? Len, no debiste hacerlo. ¿Va a desnudarse y bailar un poco para nosotras, o qué?
La mano de Yulia apretó la mía, pero sólo me acerqué más a ella. —Lo siento, E. pero Yul se retiró de todo eso.
—¿Sí? —Sus ojos azules se estrecharon sobre ella con sospecha—. Bueno, mejor que se mantenga de esa manera si va a seguir saliendo contigo. No conseguí un balazo por ti de un idiota sólo para que otra te rompa el corazón.
—Es una lástima que el primer idiota no le disparara a tu personalidad risueña para sacarla de ti —murmuró Yulia.
—Está bien, está bien. —Levanté las manos, jugando de árbitro—. No más insultos. Cualquier otro día, podría ser capaz de manejar que dos personas que amo se odien completamente... pero hoy no. ¿De acuerdo? ¿Tregua?
Yulia se estremeció y tuvo la decencia de parecer arrepentida. —Tregua —gruñó, alejando la mirada.
Eva, por otro lado, levantó las cejas. —¿Acabas de decir la palabra con a... refiriéndote a la gigoló?
—Sí. —Yulia le envió una mirada desafiante y dura—. Y para tu información, seré mejor para ella que el último idiota. Preferiría morir antes que herir a Lena.
Eva lo miró durante un largo momento, examinándolo, antes de que suspirara y se relajara contra la almohada. —Si mientes, pondré un agujero de bala en ti, amiga. Y confía en mí, no es divertido. —Hizo una mueca de dolor, atrayéndome repentinamente por lo pálida que estaba—. Lo juro por Dios, este analgésico que me dieron no funciona en absoluto —gritó las dos últimas palabras hacia la puerta como si quisiera que todos en el hospital oyeran lo mal que se sentía.
Entré en pánico. —¿Quieres que busque una enfermera? Estoy segura de que te pueden dar algo más….
—No. —E. puso la mano protectora sobre su estómago—. Entre menos drogas me den, será mejor para el bebé. —Entonces miró a Yulia con los ojos muy abiertos y estrechó su mirada amenazadoramente—. No oíste eso.
Yulia solo se encogió de hombros. —Oír, ¿qué?
La mención de su bebé me hizo pensar en su padre imbécil. —No llamé a Alec. No sabía que querías hacer al respecto.
—No lo hagas. —Tomó mi mano—. No lo quiero aquí. —Sus dedos fríos se envolvieron alrededor de los míos—. Sólo te quiero a ti... y supongo que tu novia gigoló también puede quedarse, si se comporta.

Le sonreí y rodé los ojos. Iba a ser inútil decirle que dejara de llamarla así, ¿no?

—Lo digo en serio, Lena. Sé que puedo ser una completa perra, y... y bastante egocéntrica.

Yulia resopló; las dos la ignoramos.

—Y probablemente deberías odiarme por la forma en que me acerqué a tu novia, a pesar de que lo hice para mostrarte que sería un bastardo infiel. Pero sigues siendo la mejor amiga que he tenido. —Las lágrimas brotaron de sus ojos—. Gracias por estar aquí para mí. Te amo.

Guau, las experiencias cercanas a la muerte sacan lo mejor de mi prima.

Con eso, me convertí en la regadera número dos. —Yo también te amo, E. Siempre. —Nos abrazamos y chillamos una encima de la otra. Yulia salió de la habitación, pretendiendo usar el baño.

Cuando regresó, Eva y yo nos habíamos calmado un poco, pero todavía seguíamos limpiándonos los ojos húmedos con los pañuelos de papel y luego riéndonos de la otra.

Yulia y yo estuvimos con ella hasta que llegaron la tía Mads y el tío Shaw.

Cuando Eva me dio una mirada, haciéndome saber que iba a lanzar la bomba del bebé y quería hacerlo sola, tomé el brazo de Yulia y la saqué de la habitación.

Al salir del hospital, de la mano, ella estaba silenciosa. Contemplativa.
Pero ver a Eva y, de hecho llegar a hablar con ella me dio un cierto alivio, y estaba lista para hablar.

Golpeé mi hombre en el suyo. Cuando me miró, levanté una mano en una señal universal de “¿Qué es lo que pasa?”

—Lo siento —dijo de nuevo, soltando mi mano para envolver su brazo alrededor de mi hombro y jalarme con fuerza hacia ella.
Puse los dedos sobre su corazón, tratando de calmarla. —¿Por qué?
Desvió la mirada. —No tenía ni idea que la Dra. Masterson era la que se encargaba de Eva.
—Yulia —la interrumpí cuando abrió la boca para decir algo más. Lucía tan harta y arrepentida que me incliné y la besé en la barbilla—. Tengo que confesar algo.
Hizo una pausa y frunció el ceño con expresión confundida. —Está bien.
La llevé a un banco cerca de un pequeño árbol ornamental frente al hospital y ambas nos sentamos. Tomando sus manos, la miré a los ojos. —Cuando derribaste a Andrei y se disparó el arma, mi corazón se detuvo. Te lo juro, literalmente se detuvo en mi pecho. Pensé... pensé que te había disparado y estaba dispuesta a morir junto a ti. Haciendo una pausa para limpiar mi cara seca, solté una respiración profunda y sacudí la cabeza. —Luego disparó de nuevo, y estaba segura de que habías muerto.

Yulia no dijo nada, sino que simplemente me apretó las manos.

Le envié una sonrisa llorosa. —No te imaginas el alivio que sentí de verte rodar lejos de él y tomar el control de su arma. No podía creer que estuvieras realmente viva, que fuera tan afortunada. Incluso después de que me enteré de lo de Eva y me paseaba por los pasillos del hospital, preguntándome si lo iba a lograr o no, todavía me sentía... con suerte. Simplemente estoy tan contenta de que no fueras tú.

Con ojos brillantes de amor, exhaló un sonido tranquilizado y me acercó para darme un abrazo fuerte.

—¿Entiendes lo que digo? —le pregunté sobre su cuello—. No importa cuántas mujeres te hayan pagado por sexo. No te voy a dejar por ellas. Creo que jamás podría dejarte por ningún motivo.

Me besó, sabiendo a alivio y devoción. Sus labios me dijeron que ella tampoco creía que podría dejarme nunca.

—Pero seguir encontrándome con tus viejas —y quiero decir, como, cinco años menor que Dios—, viejas clientes está empezando a ser molesto. Podríamos tener que alejarnos del Condado de Waterford, donde nadie sabe lo mucho que solías cobrar.
Yulia levantó las cejas ante mi sugerencia. —¿Exactamente a dónde tienes en mente?
—Bueno —me mordí el labio—, he estado extrañando Ellamore. Mucho. Tienen un gran programa de medicina en su universidad, y estoy segura de que su departamento de ingeniería también es muy bueno. Además, no importó lo lejos que hui, aun así Andrei me encontró. Así que no voy a huir más. Quiero ir a casa.
Hizo una mueca. —¿Pero Illinois? ¿Qué pasa con Sarah y mi mamá?
Sólo tuve que pensarlo durante medio segundo. Crujiendo mis dedos, sonreí. —Lo entiendo. Podríamos llevarlas con nosotras. Mi mamá administra un hotel. Siempre está buscando empleados buenos y confiables. Podría conseguirle a Larisa un trabajo sin problema.
Yulia sacudió la cabeza, con los ojos radiantes con un brillo reverente.
—Tienes una solución para todo, ¿no es así?
Cuando se trataba de mantenernos juntas, sin duda encontraría una solución. Agité mis pestañas hacia ella. —Entonces, ¿qué me dices? Si podemos convencer a tu mamá, ¿quieres considerar inscribirte en Ellamore en la primavera?
Su boca me interrumpió. —Sí. —Sus labios se presionaron contra mi cuello después—. Sí. Si te hace feliz y nos mantiene juntas, mi respuesta siempre será sí.
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por Aleinads el Jue Abr 21, 2016 7:14 pm

Ooh todo mejora!! Smile Smile Smile sunny
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Re: El precio de un beso.

Mensaje por flakita volkatina el Mar Mayo 17, 2016 1:15 pm

Awwwww al fin la conti.. y todo marcha bien.. pero quiero massss
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