El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

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El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Mar Ago 05, 2014 9:50 pm

Bueno aquí esta un poco de lo que es la historia no soy buena adaptando pero hice lo que pude espero que les guste este fic estuvo en el foro pero lo quitaron espero que aquí no haya problemas con eso pero bueno mucho bla bla aquí les dejo un primer adelanto de esta historia quiero decirle que en la historia las protagonistas son italianas pero yo le cambie esa parte son rusas que viven en Nueva York


PD: La autora original de esta historia se llama EllaJ








- Tres cosas- comenzo a decir mientras recomponía su compostura y su postura en aquella sala de reuniones. – La primera es que no entiendo cuál es el problema en realidad, no le veo sentido claro a gastar más- continuó, cerrando su pluma estilográfica y repasando el “Bentley” grabado en la tapa con su pulgar derecho. – Segundo, ¿por qué necesitamos a alguien nuevo en el equipo? ¿No le parece que llenamos todas las exigencias de todos los clientes con el equipo? Y, tercero, ¿una diseñadora de muebles? Usted, Volterra, más que nadie, sabe que los clientes tienen fijación por los muebles ya hechos…además, ¿en qué proyecto la introduciría?

- No entiendo por qué se altera tanto, Licenciada Volkova, ¿a caso tiene miedo de dejar de ser la consentida del jefe?- intervino aquel arquitecto novato, Harris.

- Arquitecta, no me ofenda, licenciado- lo corrigió con aquella mirada hiriente mientras hacía énfasis en la ofensa y en el título.

- Harris, habría esperado que con dos semanas en el estudio ya supiera que la Arquitecta Volkova está a cargo del proyecto de Boston y ahora con el de la 5ta. Avenida- interrumpió el engreído Ingeniero Segrate. –Aunque eso no le quita lo consentida…- susurró para si mismo.

- Como sea, el Arquitecto Harris puede compensar su confusión amateur con tan sólo adaptar la oficina él mismo para que tú, Yulia, y Elena estén en tu oficina, ¿verdad?- preguntó el arquitecto Volterra, el Jefe, el Presidente y el dueño del Estudio.

Los nueve presentes salieron de la sala de reuniones, saliendo primero Harris; apenado y cabizbajo por su mala boca porque no se explicaba por qué había llamado “Licenciada” a alguien en un estudio de Arquitectos e Ingenieros, saliendo después la “Trifecta”, como se les conocía en el estudio; los Ingenieros Bellano, Pennington y Segrate, la Arquitecta Ross, Arquitecto Volterra junto con su aprendíz; la Arquitecta Fox y, por último, la Arquitecta Hayek, quien molestaba a susurros a la Arquitecta Volkova.

Yulia Volkova no era considerada “Peso Pesado” hasta que pasó de ser la Asistente de Volterra a tener un puesto de Asociada en el estudio, todavía se convirtió en “Peso Inminente” cuando le ofrecieron el proyecto de Louis Vuitton de la 5ta. Avenida, proyecto al que había aplicado Volterra mismo. Últimamente, en lo que a los últimos dos años se refería, Yulia se había destacado tanto por su pasión por la Arquitectura como por su excelente creatividad única para cada cliente, era una persona de procedencia complicada; su padre era de procedencia rusa que residía en Italia, en donde era un consultor financiero reconocido, su madre era curadora en el Vaticano. Yulia había estudiado arquitectura en la Sapienza y había estudiado un Máster en Diseño de Interiores en la ISAD. A sus cortos veinticuatro años, Yulia había conseguido el puesto por el que la mayoría de Arquitectos novatos matarían, el puesto de Asistenta del inigualable Arquitecto Volterra, más que todo por su sueño de vivir en Nueva York, en donde no veía límites económicos que pudieran frenar todas y cada una de sus locuras creativas y arquitectónicas.

Si bien era cierto, Yulia venía de buena familia, pero ella había buscado la manera de no valerse de ello, más porque tenía un eterno enojo con su padre después de haberle pedido el divorcio a su madre porque alegaba que la vida pública no era ni para ella ni para sus tres hijos. Sí, tenía un hermano mayor, Aleksei, con quien nunca había tenido una buena relación por ser igual a su padre y tenía una hermana menor, Alina, que había sido únicamente capaz de estudiar un año para después decidir que estudiar no era lo suyo, sino la filantropía, o más bien gozar de un sol veraniego en Creta, cuya única filantropía era el “por favor” y el “gracias. Su padre, por el otro lado, siempre se interesó más por Aleksei, por ser parecido a él pero, desde que Aleksei había cometido fraude, o mejor dicho “traspapeló las cuentas de tres clientes”, Oleg, el padre de Yulia había decidido sentirse orgulloso de Yulia y buscar su aceptación, intentando comprarla con dinero o bienes, pero la Arquitecta no era muy fácil de convencer ni de satisfacer.

Quizás dio problemas en la etapa más dura, en la adolescencia, como todo ser humano, pero era inteligente y astuta, tenía una destreza para hundirse perdidamente en los idiomas y en los espacios, hablaba cinco idiomas a la perfección; español, inglés, italiano, francés y griego y un portugués cojo. Había invertido la herencia de su abuela en no tocarla nunca, en someterla a plazo fijo al 4% de interés al año. Vivía básicamente con su salario, que le ajustaba para ir de compras los sábados por la 5ta. Avenida o a Soho, para la vida nocturna neoyorquina de sábado a domingo, para mantener su apartamento de dos habitaciones, walk-in-closet, dos baños completos, cocina, living-room y cuarto de biblioteca (que utilizaba como oficina cuando tenía demasiado trabajo) en Madison y 62nd. east, para mantener compras esporádicas de despilfarro en Soho o en la 5ta. Avenida los sábados o los domingos, “mani y pedi” cada quince días y corte de cabello una vez al mes y, todavía, ahorrar tres mil dólares mensuales, fuera lo que fuera que gastara en sus compras, lograba multiplicar los billetes sin llegar a desangrarse en deudas, menos porque su tarjeta de crédito la mantenía en cero y a veces hasta en positivo. Nadie sabía cómo hacía, sólo ella y Natasha y Volterra.

Yulia llegó a su oficina después de haber escuchado a su compañera susurrarle repetidamente “Licenciada” desde la sala de reuniones hasta allí. Puso su agenda y su pluma sobre su escritorio, caminó un par de veces de ida y vuelta, haciendo el típico taconeo aún sobre alfombrado. Bastó un suspiro de agobio de tipo “UGH” para que Moses, el Handyman, se encargara de llevarle un vaso con hielo, un poco de menta, una rodaja de lima y Pellegrino hasta ¾ del vaso. Lo tomó con sus dos manos, caminó hacia su silla y se dejó caer en ella, cruzando su pierna derecha sobre la izquierda, sintiendo aquellos Pantyhose negros rozarse uno con el otro.

Tenía estilo, aunque su paleta de colores no variaba mucho; gris, azul marino, negro, blanco, beige, rosa cosmético y crema. Era de esas mujeres que quizás no imponían una moda o un estilo pero le fascinaba verse siempre ordenada, pulcra y elegante; todo tenía que estar en su lugar y todo tenía su momento. En aquella ocasión, Yulia veía por la ventana desde su silla, por ahí se asomaba el Empire State. Se acercó un poco más hacia la ventana, vio para abajo y vio a toda la gente, moviéndose como hormigas, por todo Rockefeller Center. ¿A quién le deberá un favor Volterra? pensó, repasando el episodio de su nueva compañera de trabajo y, hasta cierto punto, era algo que no la dejaba apreciar aquella selva de concreto en su complejidad y totalidad.

- ¿Por qué tan pensativa, hermosa?- preguntó Segrate, rompiendo con todo ruido mental que se traía Yulia y proporcionándole un susto que fue tan evidente, que le causó una risita al Ingeniero.

- Anatoly, ¿algo en lo que pueda ayudarte?- preguntó, molesta porque Segrate era la persona a la que menos quería en el estudio.

- Cuidado, sacaste las garras. Sólo quería saber si ya habías decidido aceptar ir conmigo por una copa, digo, ahora vamos con Bellano, para ver si le conseguimos una interesada interesante

- Muy gracioso, Anatoly, pero no, la respuesta siempre es no, ni una copa, ni una carrera de veleros en Central Park, ni un juego de los Yankees, ni de los Knicks, nada, estoy saliendo con Misha

- Vamos, Arquitecta Volkova, tiene veintisiete años, casi veintiocho y no le he conocido a ningún novio, ni pretendiente, empiezo a creer que Misha es su novio imaginario, tal vez le gustan las mujeres- rió, de la manera más curiosa e hiriente posible, arqueando su ceja izquierda y paseándose su dedo índice derecho por su barbilla.

- Con el debido respeto, Anatoly, le pido que se mantenga al margen de mi vida privada

- Yulia, quisiera ser parte de tu vida privada, eres lo único que me hace falta para verme bien; traje Armani, zapatos Dior, una excelente paga, un apartamento en Lexington…

- Estoy ocupada con el proyecto de Louis Vuitton, si no vienes a hablar sobre eso, no tienes nada que hacer en mi oficina, te ruego que me dejes trabajar…- procuró sacarlo de su oficina con la mayor diplomacia posible mientras paseaba sus dedos por el nudo argelino que le colgaba del cuello y volvía a ver hacia el bosquejo de la vitrina de la 5ta. Avenida.

El problema de Yulia era complicadamente simple; no sólo era inteligente y exitosa, no sólo había logrado en menos tiempo más de lo que la Trifecta misma había logrado desde su existencia y en tan sólo dos años, pero también era hermosa, era realmente hermosa. Era alta, alrededor de 1.75 mts., que nunca había superado las tonificadas 115 libras, de piel morena y tersa, cabello negro y lacio con algunos destellos rubios, cortado en capas triangulares hasta por debajo de sus omóplatos, cejas arqueadas a lo más mínimo, ojos azules que eran decorados por unas pestañas largas, nariz recta y un tanto levantada de la punta, rostro delgado, perfilado y expresivo, labio superior delgado y labio inferior mínimamente carnoso; rosado pálido inocente, dentadura blanca y recta; de aquellas cuya sonrisa mata, de cuello largo y esbelto, hombros perfectos, un busto al que Segrate nunca le quitaba la vista de encima, al que siempre pretendía imaginarse de tamaño gigantesco cuando en realidad era un cómodo 34C al que le aplicaban la ley inversa del “push-up” al usar reductores, para mayor comodidad ante Segrate. Era de cintura marcada, de abdomen y vientre planos, con unas diminutas caderas; lo suficientemente acentuadas para que, lo que se pusiera, se le viera bien, un trasero digno de admirar según la Trifecta; apretado y apretable, redondo y demasiado bien formado, piernas largas y delgadas, pantorrillas un tanto tonificadas por la esgrima, en fin, Yulia era el paquete completo.

- Arquitecta Volkova- irrumpió el Licenciado Harris.

- Pase adelante, Marcus, tome asiento, ¿en qué le puedo ayudar?- respondió Yulia al llamado a la puerta.

- Gracias. Bueno, es que… quería disculparme por llamarla Licenciada, tuve un momento de confusión

- No se preocupe, yo sé que usted es nuevo, tal vez no reconoció mi tono de broma- rió.

- Eso me tranquiliza, Arquitecta Volkova

- Llámeme Yulia, por favor, sólo no me confunda con una Licenciada

- Bueno, Yulia- dijo Marcus, con los nervios subiéndole por la garganta.- La licenciada Katina empieza mañana, quería saber en qué parte de su oficina quisiera tenerla, para que no le estorbe

- Todavía no entiendo por qué en mi oficina, ¿usted sabe por qué la contrató Alec?

- Creo que usted y yo sabemos que es porque debe un favor y, por la foto de su hoja de vida, puedo decirle que es una medida de protección- rió

- ¿Protección? No me diga que Volterra quiere ponerme un freno- dijo, como para si misma tras haber bebido de su coctel virgen.

- No es para protección del fondo monetario del estudio, es para la protección de la licenciada- concluyó, poniendo sus manos sobre el escritorio de Yulia y dándole a entender que debía decirle dónde poner el otro escritorio.

- Bueno, licenciado, lo que usted diga, usted pasa más tiempo con Alec que yo…al jefe también se le contagia la locura a veces

- ¿Por qué lo llama Alec?- preguntó aquel hombre, pensando en el abuso de confianza que había de parte de Yulia.

- Alec es el impulsivo, Volterra es el arquitecto

- Entiendo. En fin, ¿dónde la coloco?

- Póngala aquí, a este costado- señaló con su mano, creando una especie de “L” con su plan de escritorios.

- Perfecto, sólo están terminando de pintar el escritorio, usted sabe, para que no desentone- dijo Harris, con expresión de miedo y dolor.

- ¿Desentone? No sé qué le habrá dicho Segrate, pero nada desentona en mi oficina, sólo en su cubículo.

Harris sólo supo agachar su cabeza, no entendiendo bien a Yulia, o a Segrate, o algo en lo absoluto. Yulia terminó de revisar su propuesta de Boston, al que le había hecho más de cuarenta y tres modificaciones en las últimas cuarenta y ocho horas, la Señora Thatcher era un verdadero “pain in the ass”.

- Volkova- respondió Yulia a su teléfono de oficina.

- Uf, qué seria, amiga- escuchó decir burlonamente a Natasha por el teléfono.

- Nate, ¿cómo estás? Tiempos sin saber de ti- rió.

- Me viste hace tres días, dramática. Estoy con Thomas, que acaba de terminar con Nadine, dime que sí nos acompañas a cenar al Burger Joint de ahí entre FAO y Apple

- ¿Y qué tienen pensado para después? ¿Tragos, club, a aquel fabuloso y clandestino lugar de la 8va?- rió Yulia sarcásticamente, sabiendo que la historia del Stripclub había sido un fiasco desde el momento de la concepción de dicho plan.

- Jaja, cuidado que te vuelvo a llevar, yo sé que en el fondo te gustó. En realidad pensaba usurpar tu espacio personal por ahora, hay una fuga en el apartamento y nos han evacuado, ¿puedo quedarme por ahora en tu apartamento?

- Evacuado…- rió.- Claro que sí, tengo que contarte la última, tal vez me puedas ayudar

- Excelente, Babe, ¿entonces a las siete en el BJ?

Si, sólo termino, cruzo la calle para pasar a Barnes a recoger mi nueva adquisición intelectual y llego, me pides una sin mayonesa si me llego a atrasar, por favor

- Perfecto, te amo, Babe, un beso, bye- terminó diciendo aún antes de que Yulia pudiera despedirse.


Última edición por VIVALENZ28 el Mar Nov 04, 2014 11:56 pm, editado 1 vez
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Mar Ago 05, 2014 9:52 pm

Ok aquí le pongo otro capitulo mas , me gustaría saber si quisieran que les colocara dos capitulo en un dia por semana o un capitulo por ejemplo hoy y mañana otro por decirlo asi ?




CONTI

Su iPhone vibró un par de veces sobre la mesa, lo volvió a ver, lo ignoró. Sabía que era Misha y tenía muchas ganas de contestar y decirle que la dejara en paz, todavía se preguntaba en qué momento y en qué estado emocionalmente ebrio tenía que haber estado como para aceptar ser su novia. No sólo fue ese error, sino que después vinieron más errores y más complicados; cinco minutos en el baño del apartamento de Tom, dos noches seguidas en el Plaza, un almuerzo fugaz en su oficina, en fin, varias veces en las que Yulia perdió la cabeza y se dejó llevar por el simple hecho de sentir algo rico, y no necesariamente un steak, como el que estaba a punto de almorzarse.

Pocos segundos después de su llamada fugaz con Natasha, Moses entró con una charola en la que había un plato blanco con un steak a la plancha, tres cuartos, tierno y jugoso, con una porción de puré de patatas hecho como en casa, que un cubo de mantequilla se derretía a su paso, deslizándose por aquella montaña de puré, decorados ambos con cebollino finamente picado y, a un lado, un tarro blanco y pequeño de porcelana que contenía una salsa de vino tinto y especias. Devoró aquel filete como siempre, como si nunca se cansara de aquel magno sabor, y se dispuso a trabajar en el último cambio que Mr. Thatcher había decidido hacer. Se dirigió hacia su mesa de dibujo y encendió la luz del escritorio, desplegó su gaveta con todo su arsenal de Prismacolor; lápices de colores, lápices de distintos grosores, pasteles, sus grafitos y su histórica colección de marcadores, reglas y borradores. Comenzó a trazar líneas sin sentido, viendo a un lado de su pliego de papel dibujo el plano de la habitación principal. El Señor Hatcher, el dueño de la casa que construían en Boston, había tenido lo que Yulia llamaba un “brainwash”, había pasado de querer algo minimalista a querer algo clásico y acogedor, lleno de texturas, colores tierra y, lo más drástico, a querer un mini living-room dentro de la habitación, lo cual era un reto para Yulia, porque la habitación se había pensado y diseñado para ser minimalista.

Alrededor de las seis, Harris se acercó a la oficina de Yulia sólo porque estaba aburrido y creía que Yulia también lo estaría, pero ahí la vio,[url=#37531509] trabajando[/url], esmerándose sin despegar su vista de un papel que ya no sólo tenía colores, sino también texturas. Yulia ni se molestó en volver a verlo, estaba trabajando, pero Harris, al ver que no obtendría ni un insignificante saludo o una pedante sonrisa, decidió apagar la música que Yulia tenía resonando en el fondo, con lo que logró desconcentrarla y hasta enojarla. Encendió su música y se volvió hacia Harris con una mirada despreciativa y hasta con cierto odio.

- ¿Algo que pueda hacer por usted, Licenciado?- dijo Yulia al fin, con una sonrisa que era únicamente para intentar auto-relajarse.

- Disculpe, Yulia. Es que ya me voy, usted es la única que quedaría

- Yo cierro, ya casi me voy

- Bueno, buenas noches, Arquitecta

- Igualmente, Marcus…- repuso, haciendo una pausa y tomando aire. - ¿Licenciado?

- Dígame- se volvió aquel hombre, sólo con la mirada, viéndola de reojo por encima de su hombro.

- No vuelva a apagar mi música mientras trabajo, ¿entendido?

- Sí, discúlpeme, por favor- y en ese momento, sólo hasta entonces, el Licenciado Marcus Harris comprendió que Yulia era intocable en ese estudio, que era más intocable que Volterra mismo y fue entonces cuando empezó a cuestionar la ética de trabajo de Volterra, ¿Tendrían Volterra y Yulia algo entre ellos? Idea que compartió a la salida con el Arquitecto Segrate, quien le dijo que madurara, que Yulia jamás se molestaría en considerar a Volterra como hombre, que simplemente era muy buena en su trabajo y, que además, él era fiel creyente que Yulia no tenía la hormona del sexo ni la hormona del amor, pero que se rumoraba que tenía un novio que no estaba a su altura, ni en altura física, ni en altura mental.

Yulia volvió a ver su reloj y se dio cuenta de la hora, sabía que tenía que terminar, sino, Natasha y Thomas se enojarían de por vida. Se desabotonó un botón de su blusa, se puso su chaqueta, tomó su bolso, apagó todo y cerró el estudio con llave. Cruzó la calle hasta Barnes & Noble, sólo para recoger el fruto de su última inversión de cuarenta dólares; un rompecabezas de tres mil piezas de una imagen de Seychelles. Caminó hasta la 58 para doblar, exactamente frente al Plaza, a su derecha para llegar a POP, el Burger Joint del que habían hablado. Al fondo estaban Natasha, Thomas y James, eran mejores amigos junto con Yulia entre sí. Natasha[url=#41713400] trabajaba[/url] para Project Runway, era de las que buscaba convencer a los jueces invitados, su más reciente éxito había sido Diane von Furstenberg, James tenía alrededor de una vida entera de trabajar para Dean & Deluca, era del staff de Chefs oficiales, Thomas era otra historia. Los papás de Thomas eran de Texas y tenían una petrolera pequeña, por lo tanto, Thomas había estudiado nada y se había dedicado, como hijo único, a vestirse de Bruce Wayne, hasta se creía que tenía su traje de Batman escondido en algún lugar de Nueva York, ciudad a la que le llamaba “Ciudad Gótica”.

James molestaba a Yulia con frecuencia, porque desde el comienzo de su relación idílica con Misha, que nunca supieron si se llamaba Mijail o Misha solamente, Yulia había decidido no hablar nunca sobre ellos; Thomas pronosticaba que había habido cama y que Yulia estaba traumada por el micro-artefacto del tal Misha, Natasha simplemente reía a las bromas de James y Thomas sobre Misha, porque ella sabía la verdad; Yulia tenía más de un año de estar queriendo terminar su relación con Misha, pero se veía en la dificultad de poder concretarlo, no tenía corazón para hacerlo, menos cuando Misha aparecía con unas flores o un cheesecake. Las reuniones de ellos eran para morirse de risa, se molestaban unos a otros con la máxima de las confianzas, a veces de manera grosera pero aún así se reían, del otro y de ellos mismos, comían como si hubieran salido de la correccional, se contaban sus problemas de tal manera que no sonaran a problemas, los camuflaban con risas nerviosas o comentarios pasados, una que otra expresión vulgar o uno que otro gesto o postura adoptada que no era cierta, pero en fin, era más barato que un psicólogo neoyorquino y más catártico que una confesión en Saint Thomas Church.

El problema de aquella ocasión era, en parte, el fracaso amoroso de Thomas, que alegaba que Nadine lo había dejado por haber querido jugar a Batman y a Gatúbela…en la cama. Natasha y Yulia rieron, sabiendo que Nadine tenía razón, quizás sólo había reaccionado de mala manera pero Thomas tenía esa fijación demasiado entre los huesos, Nadine sabía que Thomas era como un niño. Por otra parte, que Yulia tenía una intrusa en su espacio personal. Sus amigos se rieron de su “problema”, hasta le dijeron que mucho habían tardado en aglomerarle su oficina, que esperaban que con la existencia de un “esclavo” que en realidad era un compañero de trabajo, Yulia estuviera de mejor humor más a menudo. Alrededor de las nueve, cuando ya no les cupo más rollos de langosta, papatas fritas y aranciatas o limonatas, cada quien se retiró por su lado: Thomas en busca de una nueva Rachel Dawes, James a recoger a Marie al JFK, quien también era amiga de los de “Popurrí”, como Natasha los denominó una vez, todo por haber un poco de todo, junto y hasta a veces revuelto, como en el caso de Marie y James. Natasha y Yulia caminaron cinco calles y dos avenidas para llegar al apartamento.

Ella era la mejor amiga de Yulia, se habían conocido por medio de Misha, en su cumpleaños hacía cinco años, exactamente cuando Yulia recién llegaba a Nueva York y, desde entonces, Natasha y Yulia tenían la mejor de las conexiones amistosas, eran como hermanas.

Nate, o Natasha, era un par de meses mayor que Yulia, pero eran idénticas, desde el gusto musical, hasta el gusto gastronómico, pasarían por hermanas a no ser por el físico; Natasha era un espécimen: piel blanca, cara larga, ojos café oscuro, pestañas largas, cejas arqueadas a la perfección, facciones finas y cabello apropiadamente teñido a lo California. No era talla cero, ni talla dos, lo que la hacía, junto con Yulia, en absoluto sobrepeso pero Natasha tenía curvas todavía más peligrosas, 38C y un trasero que hacía que cada pantalón se viera bien, quizás la única diferencia entre Yulia y Natasha era que Natasha apenas llegaba al 1.70 y sobrepasaba las 125 libras con sumo desdén y, la otra diferencia no tan trascendental, era que Natasha tenía al novio perfecto, a un consultor financiero bajo el nombre de Phillip Charles Noltenius III, quien poseía un físico asombroso mientras que Misha tenía estómago de felicidad cervecera y podía tejer una peluca para los niños con cáncer sólo con su pecho.

- Presiento que hay algo que no me dices, Yul…¿está todo bien en el estudio?- preguntó Natasha mientras Yulia trituraba un poco de hielo con hierbabuena en un mixer, para luego verterle media parte de vodka, mezclarlo y verterlo en un vaso alto al que luego le puso fresas y un poco de Pellegrino, siempre hasta ¾ partes del vaso.

Necesito un novio- rió, con mera vergüenza

- Oh…¿y Misha qué es?- preguntó, poniéndole la mano en su hombro izquierdo mientras masticaba aquellas fresas.

- Necesito un novio que me proporcione “algo más físico”

- Y…- murmuró, guiando su mirada hacia arriba con cierta peculiaridad, todo para no mencionar la palabra.

- Ya me aburrí de tener una relación carnal con el vibrador que me regaló Julie…

- Y el consolador de Misha?

- Se murió hace bastante tiempo, tiene problemas de DE

- ¿DE?

- Disfunción Eréctil- susurró Yulia, apenada ajenamente. – El sexo era lo único que nos mantenía en sintonía, ahora Misha es un extraño tamaño XL, con síndrome de hombre lobo y complejo de Edipo.

- ¿Edipo? ¿A qué te refieres con eso?- preguntó Natasha un poco preocupada por la respuesta

- La última vez que nos acostamos fue hace exactamente un año, dos semanas y tres días, me acuerdo porque era el concierto de los Stones y fue ahí, estando ebrio hasta de los zapatos, que me dijo que le gustaba reventar la cama conmigo porque tenía un 80% de parecido con su mamá

- FREAK! ¿Qué le dijiste?- Natasha estaba asombrada, boquiabierta.

- Nada, eso no fue nada, lo peor fue cuando me di cuenta que TODAS mis tangas de encaje habían desaparecido, y no fue hasta que casi me vuelvo a acostar con él que le quité el pantalón y ahí las vi, sus COSAS colgando en MI tanga

- Yulia, cariño, ¿qué esperas para terminarlo?

- No quiero que diga que yo lo terminé, ya me imagino la reputación que me haría, estoy esperando al momento perfecto, a que haga algo estúpido, ¿sabes?

- ¿Por qué no me habías contado nada?

- Siempre que intentaba contarte estaba Phillip o James, me daba pena, sería darles material para hacerle la vida homosexual a Misha

- Bueno, sinceramente espero que haga algo estúpido pronto, no soporto verte así, hasta te ves más delgada, se te están saliendo los huesos del cuello, cariño- dijo Natasha, abrazándola por la espalda y pasándole sus brazos por su abdomen.

- Ahora llegó Anatoly…- murmuró, entre cambiando el tema pero manteniéndose dentro de él.

- Anatoly, ¿el que se cree muy guapo y de veinte años?

- Ese mismo…pero me hizo ver algo bastante vergonzoso…

- Que es…

- Me dijo que nunca me había conocido un novio, que tenía casi veintiocho y que no tenía novio…

- No sabía que era obligatorio que presentaras al eslabón perdido ante la sociedad- bromeó, haciendo que Yulia se riera por cómo se había referido a Misha.

- Es que…bueno, ahora Volterra anunció que iba a haber un nuevo miembro en el equipo y, pues, imagínate lo trastornada que está mi mente que con “miembro” me trasladé a “pene” y, por lo tanto, asumí que sería hombre…mi sorpresa fue que la nueva adquisición es una mujer y yo ya había imaginado hasta el quinto beso

- Y… ¿eso te asusta porque…?

- No sé- rió, justo cuando terminaba de lavar su vaso.

- No puedes arrepentirte de algo que no ha pasado, además, quizás es una oportunidad para hacer una nueva amiga…o una nueva esclava

- Dicen que es muy guapa, muy guapa, tanto que la pusieron en mi oficina para protegerla de toda la testosterona del estudio

- Argumento válido. No tienes nada de qué temer- se burló, dándole un beso en la mejilla. – Cuéntame cómo va la vitrina de Halloween de Louis Vuitton mejor

- Pues, puedes esperar un Halloween diferente

- ¿Diferente? ¿No hay brujas ni escobas?- preguntó, asombrada. Caminaban hasta la habitación principal, tenían sueño ya, sólo querían meterse en sus pijamas y perderse en la noche neoyorquina.

- Si, espera pulpos y otras criaturas excéntricas, colores rojos, anaranjados y verdes, mucho vidrio, mucho brillo, nuevos maniquíes y mucha, mucha haute couture- confesó mientras se desabotonaba su blusa y bajaba el zipper de su falda.

- Suena interesantemente excéntrico, amiga. ¿Me prestas algo para dormir?

- Si, en el primer estante del lado izquierdo hay pijamas

Yulia, con Natasha, era cero penas físicas, las dos habían compartido desde el nudismo accidental en unas vacaciones en Punta Cana, hasta los accidentales ronquidos cuando dormían juntas en sus improvisadas “sleepovers”. Las dos se caracterizaban por ser igual de calientes, en temperatura corporal, como un adolescente en plena pubertad, se sofocaban rápido, no podían dormir con tanta ropa a menos que fuera entre noviembre y febrero. Yulia se sacó sus Pantyhose junto con sus seamless panties negros, quedándose prácticamente desnuda frente a Natasha, pero era algo que a ninguna de las dos les importaba. Se metió en un par de bóxers ajustados y en una camiseta desmangada, sólo para sacarse su sostén por el cuello mientras terminaba de exfoliarse la cara y lavarse exhaustivamente los dientes.

Cuando se metió a la cama, Yulia sintió la respiración pesada de Natasha, la había perdido ya. Se quedó pensando todavía unos minutos en la cosa esa de cómo terminar a Misha y de quién sería su Príncipe azul y cuándo llegaría, en lo que el entrometido de Segrate le había dicho. Tomó su iPod, se colocó sus audífonos y se perdió con Seu Jorge y su canción favorita “Amiga da mina mulher”. Todavía, lo último que pensó fue: “espero que no sea complicada, ni muy mimada, que esté lista para asumir el estrés que le voy a proyectar”. Definitivamente, Yulia Volkova era una rareza de mujer, pero era bella y le apasionaba su trabajo.

A eso de las cinco de la mañana, el despertador de Natasha no sólo la despertó a ella, sino también a Yulia y, entre quejidos soñolientos y bostezos madrugadores, Yulia amenazó de muerte amistosa a Natasha si eso volviera a pasar. Nate se despidió de su mejor amiga con un beso en la frente mientras ella intentaba revolcarse entre las sábanas tibias. Nuestra querida Arquitecta se puso de pie, se arrojó a la ducha con el motivo de despertarse cuanto antes, hacía muchas noches que sentía que no dormía lo suficiente, se sentía como eternamente cansada. Salió de la ducha sólo para empezar la lucha contra su cabello mojado, había una manera específica de secarlo, sino, no quedaría estilizado.

Mientras lograba secar su cabello, servía un poco de yogurt simple y un poco de granola sin pasas en un tazón; esto era lo que delataba a Yulia, no era 100% neoyorquina, quizás era de las pocas personas que lograba desayunar en casa, que mantenía Pellegrino, fresas, duraznos, Vodka, yogurt y granola en su congelador. Poco antes de las seis y media, Yulia ya se estaba deslizando en sus skinny pants grises, una blusa blanca desmangada ajustada, una chaqueta rosado claro y en sus Louboutins de gamusa magenta de catorce centímetros. Tomó su bolso y sus llaves, iba decidida a pasar primero por Duane Reade de Madison y la 58 para comprar suplementos de índole femenina y de bolsillo para el estudio. Recorrió aquel pasillo que nunca le había dado pena recorrer con tanta paciencia, buscando con vista de halcón aquel paquete de etiqueta rosada de cuarenta unidades, lo que le suplía por tres-cuatro meses en la oficina. Se colocó sus audífonos y se dedicó a pensar más en la música que en lo que sucedía a su alrededor.

Tomó el único paquete que había en el estante y se dirigió hacia la caja. Había una fila demasiado larga, más que todo por aquellos atletas de corazón que compraban aquella cantidad exagerada de agua vitaminada. Mientras Yulia trataba de mantenerse en sus casillas por el olor y el ambiente húmedo que creaban aquellos seis corredores, logró concentrarse en lo único que le llamó la atención. Había una muchacha atrás suyo, sólo llevaba unas pastillas para las náuseas, realmente se veía mal, pero dentro de su malestar, Yulia pensó que era una mujer bastante atractiva. La música de Yulia sonaba un tanto fuerte y lograba traspasar sus audífonos, a lo que aquella mujer tarareó un par de tonadas de “Your Song” de Elton John, canción a la que Yulia nunca le había dado tanta importancia como desde ese momento. Justo cuando a Yulia le tocó su turno para pasar a pagar, tuvo un gesto de misericordia con aquella mujer que estaba a punto de expulsar su desayuno.

La mujer sólo bajó la cabeza y susurró un “Gracias” junto con una sonrisa que hizo que Yulia se sintiera bien por el resto de su vida. Eso no sólo hizo sentir mejor a aquella mujer, sino también a Yulia, quien desde ese momento se sintió con ganas de darse por vencida y ceder un par de metros en su oficina para su nueva compañera de trabajo. Salió de la tienda como si nada, caminando por Madison hasta la 49 y, justo cuando iba a doblar a su derecha para integrarse a la 5ta Avenida, se reencontró con aquella mujer, ya un poco más repuesta. Hablaba por teléfono un tanto fuerte por el tráfico y las bocinas de los Taxis que intentaban llevar a sus clientes a tiempo, era una voz áspera aunque un tanto mimada, a Yulia le pareció que su físico y su voz tenían sentido, sólo sonrió y pasó de largo.


Última edición por VIVALENZ28 el Dom Ago 23, 2015 11:30 pm, editado 1 vez
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Mar Ago 05, 2014 9:54 pm

CONTI



Yulia se dirigió hasta el “Rockefeller Plaza I” poniendo una y otra vez aquella canción sólo para que el tarareo de aquella guapa mujer le resonara y le hiciera eco en su mente y en sus oídos, de paso le dibujaba una sonrisa bastante sentimental y emocional. Entró al estudio con aquella sonrisa y deseó “Buenos días” a todo aquel que se le cruzara por su camino, hasta a Segrate, lo cual logró extrañarlo y desorientarlo.

- Buenos días, Arquitecta- dijo Gaby, la secretaria. – A las diez y media tiene cita con Mrs. Thatcher

Yulia simplemente asintió y caminó de largo, sólo se detuvo a recoger una taza de té. Abrió la puerta de su oficina y vio ya todo instalado, listo para que la nueva se instalara cuanto antes, sólo se preguntó a qué hora se dignaría a llegar, de por sí ella ya había llegado diez minutos tarde. Tomó su taza de té como todos los días: parada frente a la ventana y admirando cada detalle del horizonte que su oficina le proveía, suspirando y sonriendo por recuerdos vagos, sonriendo para no sentirse triste, para no sentir que extrañaba a su madre. Escuchó ruidos en el pasillo, un ruido inusual, entre murmuraciones y voces, sólo pudo distinguir a Volterra por su manera de arrastrar los pies para caminar. Tocaron a la puerta.

- Yulia mi Arquitecta estrella, ¿tienes un momento?- preguntó el Arquitecto Volterra, asomando su cabeza por entre la puerta

- Buenos días, Alec, pasa adelante, por favor- lo invitó a sentarse.

- Vengo a presentarte a tu compañera de oficina, la Licenciada Katina- anunció, apareciendo detrás de él aquella mujer de Duane & Reade.

Yulia puso su taza vacía sobre su escritorio y extendió su mano a medida que su sonrisa crecía por aparte. La Licenciada Katina estrechó su mano y le sonrió de vuelta, no sólo con los labios sino con ese brillo en sus ojos verdes.

- Mucho gusto, Yulia Volkova- murmuró, hasta cierto punto tartamudeando.

- Gracias por el favor de Duane, Elena Katina- con la misma sonrisa y un guiño de ojo que casi mata a Yulia.

- ¡Ah! Veo que ya se conocen, qué bueno, las dejo para que se conozcan un poco mejor y para que se pongan de acuerdo

- Gracias, tío, eres muy amable- susurró Elena, dándole un abrazo a Volterra.

Y Yulia entendió que el favor era realmente un favor que iba “en contra de toda ética de trabajo pero, qué mujer más guapa, ojalá pudiera tocar otra vez su mano, era tan suave”.

- Volterra, necesito aprobación de presupuesto para el penthouse de Meryl Streep

- Claro, ¿para cuándo lo necesitas?

- Para hace dos semanas- y fue con eso que Lena entendió que entre Yulia y ella no había ninguna diferencia, ella podía ser la sobrina del dueño, pero Yulia era la que hacía que el lugar funcionara.

- Entendido, ahora a las once, buena suerte- se despidió Volterra, cerrando la puerta de golpe.

- ¿Te sientes mejor?- preguntó Yulia, asombrándose de lo humana que se había vuelto, pues no le solían importar tanto las demás personas.

- Sí, muchísimas gracias. No tenía idea de quién eras, mi tío me dijo que me iba a enseñar una foto tuya para que supiera quién eras pero nunca me la enseñó, eres más…- dijo e hizo una pausa, sonrojándose y pretendiendo enmendar la palabra que había utilizado Anatoly para describir a Yulia: “guapísima” – joven de lo que Anatoly me dijo

- No sé si veintisiete sea joven, pero muchas gracias- estaba decepcionada, más porque sabía cómo solía describirla Anatoly. – Tu escritorio es ese de ahí- dijo, señalándolo con la palma de su mano derecha- si necesitas algo le dices a Moses o al Arquitecto Harris y ellos lo conseguirán por ti

- ¿Algo como qué?

- Lo que sea- dijo, sentándose en su mesa de dibujo y extendiendo unos planos sobre ella- si necesitas más papel, otra silla, almuerzo, lo que sea

Lena observó a Yulia por más de dos horas, la observaba mientras ella trabajaba dándole la espalda. Lena sabía lo que ella era, lo tenía muy presente y era lo que le impedía tener un novio, porque nunca ningún hombre le había parecido tan atractivo como Yulia, aunque Yulia estaba fuera de su alcance, una Diosa como ella debía ser heterosexual y probablemente con un novio igual de heterosexual e igual de guapo, más no sabía lo que ocurría en realidad. El iPhone de Yulia sonó y Yulia se levantó sólo para cancelar la llamada y arrojar su teléfono de nueva cuenta en su bolso.

- No tienes nada que hacer, ¿o me equivoco?- llamó Yulia a Lena mientras hacía unos cálculos en una calculadora que tenía aspecto de poder hacerlo todo.

- No, no tengo ningún proyecto todavía- estaba apenada, sonrojada por tener que haberle dicho que estaba ahí, temporal e indefinidamente, de adorno.

- Acércate, podrías aprender algo de arquitectura mientras cae un proyecto del cielo, ven, te explico lo que estoy haciendo- sonrió Yulia, dejando ver su blanca dentadura y arqueando su ceja izquierda, tal y como siempre había sonreído cuando estaba alegre. – Primero que nada, ¿qué haces tú?

- Bueno, estudié Diseño de Interiores en Savanna y luego me especialicé en diseño de muebles, ¿qué es lo que haces tú?

- Soy arquitecta y diseñadora de interiores

- Creo que mi tío se sacó la lotería contigo, eres el paquete perfecto- rió, sonrojada y temblorosa. - ¿Puedo preguntarte algo?

- Adelante, lo que sea, por el momento te enseñaré todo lo que sé

- ¿Cómo es que te volviste tan…trascendental y vital para el estudio?- preguntó Lena, poniendo su mano sobre la de Yulia para que dejara de trazar líneas en el plano y la volviera a ver. – Así está mejor, tienes unos ojos muy bonitos, déjame verlos- dijo, como pensando en voz alta, haciendo que Yulia se sonrojara y sonriera de la pena.

- Bueno, yo vine aquí por casualidad, cuando estaba terminando mi grado, era la niñera de un arquitecto, con él hice mi proyecto de tésis, luego, terminando mi Máster, me pidió que le hiciera una remodelación a su casa y supongo que salió bien porque me dijo que un amigo suyo de la universidad tenía un estudio en Nueva York, que si quería, podía conseguirme una entrevista para una pasantía de seis meses cuando terminara el Máster. No sé si conoces al Arquitecto Perlotta- Lena asintió- pues con él estaba. Luego vine a Nueva York porque sabía que sin práctica no iba a conseguir nada como lo que quería y ya no había plaza de pasantía porque ya tenían a otro, pero Volterra vio mi portafolio y me ofreció un trabajo sin paga como su asistente

- ¿Y dónde vivías por mientras?- preguntó, asombrada y preocupada por Yulia.

- Vivía con la Arquitecta Fox, ella se ofreció a darme su sofá por seis meses, pero le pagaba con favores como hacerle una que otra cosa en Sketch-up. Bueno, como asistente de Volterra…bueno, era de ir a supervisar a los obreros en los proyectos que estaban bajo su cargo; yo medía los cuartos, veía las tuberías, el cableado, la pintura, en fin, todo…el estudio me daba doscientos dólares a la semana para cubrir los gastos inmediatos como de martillos o cosas así, pero como nunca se arruinaba algo y nunca me aceptaban el dinero de regreso, lo usaba para comprarles café a los obreros, me llevaba bien con ellos, a tal punto que me construían andamios en el momento para yo poder ver cómo iba el progreso del techo

- ¿Y cuándo fue que te contrataron?

- Bueno, como a los cuatro meses, Volterra me pagó en retroactiva y, el momento en el que creo que se decidió por contratarme fue cuando me encontró hablando con el dueño de la casa que estaban remodelando en ese momento

- ¿Qué tuvo de especial?

- Aparentemente el Señor Wyatt no hablaba con nadie nunca o trataba mal a sus trabajadores, conmigo hasta reía, entonces al día siguiente Volterra me ofreció tramitarme la visa de trabajo y así fue como me quedé…y a partir del episodio con Wyatt, ofertas llovieron en el estudio, pero no pedían trabajar con la Arquitecta Fox, ni con la Arquitecta Hayek, sino conmigo, entonces supongo que hacía bien mi trabajo. Me dio mi oficina cuando Prada nos contactó para que nos encargáramos del mantenimiento de la fachada en Soho…y desde entonces hemos tenido buenos proyectos, alrededor de treinta y cuatro al año, más de ciento cincuenta millones de dólares de por medio, no sé, de repente floreció el estudio- concluyó, con una sonrisa de satisfacción que Lena pensó que era la sonrisa más hermosa que había visto jamás.

- Entonces, el consejo sería que me lleve bien con los trabajadores- rió, haciendo que Yulia sonriera todavía más.

- No, sólo no te olvides que no eres nada sin los obreros, puedes tener las ideas más acertadas y más locas, pero si los trabajadores no están contentos, no tienen café todo el tiempo, o cigarrillos, o comida de vez en cuando, el resultado será menos de la mitad de lo que esperabas, sólo tómalo en cuenta

- Lo haré, gracias por la explicación, perdona, es que soy muy curiosa- se sonrojó.

- Bueno, te explico este proyecto, quizás puedas trabajar en este, hala una silla y siéntate a la par mía- le dijo, observando cómo Lena se desplazaba por la oficina para hacer lo que le había dicho.

Yulia, por primera vez en su vida, tuvo su primer impulso lésbico y se confesó a sí misma “a Lena si la consideraría para mi aventura lésbica”. Era hermosa, diferente a Yulia pero hermosa; blanca, considerablemente delgada pero no atlética, aún así manteniendo su forma femenina de busto promedio, cintura notable y caderas pequeñas, abdomen plano, Yulia le calculó talla cuatro de pantalón y supo que era perfecta. Tenía los brazos tonificados. Era alta, 1.70 como máximo, pelirroja pero con estilo; cabello largo y rizado, sin peinar mucho casi flojamente colocho. Su rostro era impresionante; un tanto largo, cejas arqueadas, nariz recta y delgada, labios rosado candente y un tanto carnosos, la sonrisa más hermosa de la historia que formaba un par de camanances que, según Yulia, daban ganas de besar. El iPhone de Yulia volvió a sonar, esta vez lo contestó, un tanto enojada porque habían interrumpido su impulso lésbico.

- Misha ¿cómo estás?...no, qué raro, no me ha sonado en todo el día… ¿el otro viernes?...tengo planes con Natasha…¿Que Natasha va?...Qué raro, no me avisó nada…No lo sé, Misha, estoy cansada…Bueno, si salgo temprano de aquí, paso un rato…si, Misha, te veo ahí, adiós.- colgó, enojada porque Misha ya se había convertido una verdadera molestia, a tal grado que no sabía quién causaba más molestias; si los Thatcher o Misha.

Murmuró un “perdón” a Lena y se dedicó a mostrarle los planos y a explicarle el proyecto de Boston. Llegó la hora de la cita con la Señora Thatcher, Yulia decidió que Lena la acompañara, tal vez para plantearle a su cliente la posibilidad de diseñar sus propios muebles y para darle a Lena algo en qué trabajar. Mrs. Thatcher estaba maravillada con los cambios que Yulia había hecho a su cocina, haber reemplazado el mármol por granito y ya tenía el proveedor de granito negro, también estaba maravillada porque Lena había diseñado el diván de Mr. Thatcher y le había dicho que se lo tendría listo en una semana para que lo aprobara, definitivamente Mrs. Thatcher no reparaba en gastos de prueba.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Mar Ago 05, 2014 9:55 pm

Conti

Yulia veía a Natasha y a Phillip besarse con demasiada pasión, la misma pasión con la que ella quisiera besar a alguien. Cuando pensaba en “alguien” ya no pensaba en Ryan Reynolds o en Josh Duhamel, sino más bien sólo el nombre “Elena Katina” le pasaba por la cabeza. Veía cómo Philip se desvivía por Natasha, él era tan guapo por sí sólo que hasta Yulia lo consideraba guapo, primer novio de Natasha al que consideraba “extremedamente out of this world y sensacionalmente guapo”. Era alto y fornido, siempre usaba traje con tal desdén que lo hacía ver sexy y hasta despertaba las curiosidades de los homosexuales ahí presentes. Cabello negro y significativamente largo, lo suficiente como para peinarlo hacia atrás y al lado izquierdo. Piel blanca, ojos café claro como miel, nariz recta y un tanto gruesa del tabique, con barba de tres días que lo hacía ver aún más interesante. Tenía manos grandes y fuertes, parecía que Natasha podía quebrarse entre sus musculosos brazos. Tenían sexo de todo tipo: como bestias y como un par de enamorados. Habían decidido no vivir juntos para permitir la sobrevivencia de la vagina de Natasha y mantener el deseo, mientras decidían casarse, demasiado despierto.

-Te noto pensativa, Yul, ¿todo bien?- gritó Natasha a su oído por el ruido de la música.

-Vamos afuera, hay mucho ruido aquí- gritó de regreso, tomándola de la mano y dirigiéndose hacia afuera.

- Looks like someone needs a hug ( Parece que alguien necesita un abrazo )- Natasha encendió un cigarrillo e inhaló una vez, luego se lo dio a Yulia. Nuestra Arquitecta se dejó abrazar, ya necesitaba uno de esos, uno de los que sólo Natasha sabía darle cuando más lo necesitaba, de esos que sólo su mamá había podido superar, sí, Yulia sufría todo el tiempo de homesickness, Yulia no era de piedra. – Ahora sí, déjame limpiarte esa lágrima y cuéntame lo que pasa, I’ve got your back no matter what (Tengo la espalda pase lo que pase ), ¿entendido?

- Nate, ¿alguna vez has pensado en qué pasaría si Phillip te dejara?

- Oh, we’re talking big leagues here, go on ( Estamos hablando de grandes ligas, vamos )

- O sea, no puedo describir ni imaginarme lo mucho que lo adoras, pero si te llegara a dejar, después de tu depresión, o en medio de tu furia, ¿considerarías reemplazarlo con otra persona?

- ¿Persona? Vamos, Yul, sólo dilo

- No me hagas decirlo, ya sabes a lo que me refiero

- Yul, tienes que estar cómoda con ello, sólo dilo y se te quitará un peso enorme de encima

- ¿Odiarías a los hombres y considerarías una mujer?

- Yulia Olegovna Volkova, ¿quién es la que te está causando esa inseguridad?

- Vamos, no es como que haya alguien, sólo pregunto

- Y yo me chupo el dedo…

- Pues- rió- de que te lo chupas, te lo chupas

- Eres una asquerosa…- rió Natasha, arrojando la colilla de su cigarrillo al suelo y pateándola. – No sé si me estaría pasando de la línea de la confianza aquí, pero me permito opinar al respecto, y digo dos puntos: tu relación con Misha, si es que se le puede llamar relación, es más dañina que el cáncer, presiento que debe ser una mujer muy, pero muy indescriptiblemente despampanante para que te haga considerarlo, ¿sabes si a ella le interesas? No respondas todavía, el punto es que…vivimos en el Siglo XXI, en donde hombres bailan con hombres, mujeres con mujeres, mujer y hombre viven juntos sin haberse casado, sólo el 19% de las mujeres Pop-Culture llegan vírgenes al matrimonio, vamos, Yulia, ya no estamos en la era de piedra, tú y sólo tú puedes juzgar lo que haces, ¿quieres tener un poco de diversión? Para eso existe una fila de machos que conozco que estarían dispuestos a tener una cita contigo, pruébalos. ¿Quieres experimentar otros aspectos de la vida? No te metas en las drogas, métete con otras personas nada más, métete a yoga, a algo, no sé. ¿Quieres tener una aventura? Pues, tu compañera de trabajo está como Dios manda y, por tu expresión, supongo que de ella hablamos, la tal Licenciada Sergéyevna, ¿no?

- Eres la segunda persona que la llama Sergéyevna, ¿qué con eso?

Oh, Yul, mi trabajo es correr perfiles de todo el mundo, para eso hay una cosita muy graciosa que se llama “List-Running-Software” y es lo que utilizamos todos y cada uno de los que hace PR para Project Runaway…ahora, Elena Sergéyevna es la misma Elena Katina, se deshizo del apellido de su papá por no sé qué motivos, pero ambos apellidos me suenan demasiado sensuales y, en su fotografía de CV no se veía nada mal, parecía postre- rió. – Además, Katina…su tatara-tatara-uuuu-tatarabuelo fue el que construyó el puente de Rialto, en Venecia

- Eres una stalker, babe, pero gracias por la información

- Gracias por el cumplido. Entonces, no es como que estarías cometiendo un crimen si decides explorar los labios de una mujer y con labios me refiero a…bueno, tú sabes… sólo asegúrate de que no tenga ninguna ETS…y dejarás de preocuparte por la disfunción eréctil de Misha y su pequeño Fetiche por tus tangas…Have fun, you only live once ( Diviertete, solo se vive una vez)…y si no quieres que se enteren, soy una tumba, babe

- Gracias, Nate, supongo que tienes razón…pero, ¿cómo sé si es o no es o si estamos en la misma página?

- Llevan semana y media trabajando juntas…ya no es la confianza del desconocimiento, ¿la tienes en iMessage o en Whatsapp?

- Y en Spotify y en Facebook y en Twitter, ¡Claro que no!, apenas y tengo su número de teléfono…

- No cabe duda que la tecnología es tu peor enemigo, sólo sabe de Sketch-up y de Indesign y de no sé qué más…pero de algo tan simple como Whatsapp no…irónico, pero por eso te adoro, Yul…

- Tu punto era que….

- LLÁMALA o mándale un mensaje de texto si tanto te da pena llamarla

- ¿Y si no funciona?

- No lo sabrás hasta que lo intentes, hermosa. Ahora, cambia esa cara y ven adentro a tomar un Martini seco conmigo- Nate la tomó de los hombros y la iba empujando hacia adentro, saludando de paso al Bouncer.

- Estoy cansada, en un rato me voy- gritó Yulia ya en contra del abrumador ruido, era algo como una mezcla de Whitney Houston con The Wanted, nada agradable, mal DJ. Natasha pidió los Martinis y los bebieron hasta el fondo, Yulia pidió otro mientras Natasha era secuestrada por los brazos de Phillip.

- Tengo algo para ti- susurró Misha al oído de Yulia.

- Sólo me va a emocionar si comienza con S y termina con A…o si es un cigarrillo- dijo Yulia, dándole un último trago a su Martini.

- No te entiendo, hermosa, pero traje un par de líneas para que tú y yo nos pongamos en sintonía

- Misha, tú no cambias…ya te he dicho que no quiero probar tus líneas de polvos mágicos, inhálalas tú solo, tienes más para ti- y Yulia se fue, sólo haciendo una parada para despedirse de Phillip y de Natasha, quienes bailaban algo que no se podía bailar.

Tomó un Taxi porque no quería caminar y, al llegar a su apartamento, después de abrir la puerta, se sintió, por primera vez, sola y miserable, como si su carrera y su trabajo no fueran nada. Extrañó aquellas veces que tuvo a Misha, a un Misha distinto, con el que podía acostarse y abrazarse toda la noche y despertar junto a él para ver la NBA. Fue ahí, y sólo ahí, que Yulia cometió el primer error del que nunca se iba a arrepentir. “¿Qué hace mi compañera de oficina un viernes por la noche y ya metida en su cama lista para dormirse?” le escribió a Elena, no sabiendo si era cierto.

Elena: Tengo miedo, ¿de qué ventana me estás espiando?

Yulia: No puede ser, ¿de verdad estás acostada ya? Apenas son las dos de la mañana

Elena: Tengo un poco de frío, por eso estoy acostada, ¿tú qué haces ya lavándote los dientes?

Yulia: Ahora la que tiene miedo soy yo, ¿cómo sabías?

Elena: Sonrisa blanca amerita cinco veces al día

Yulia: Bingo. Estoy aburrida

Elena: Creí que tenías una fiesta o algo por el estilo

Yulia: Así de aburrida estaría que aquí sola estoy más entretenida

Elena: Oh, sí que estaba aburrida jaja

Yulia: Indescriptible. ¿Tú qué haces?

Elena: Esperando a que me de un poco de sueño, pero creo que esto de esperar me da hambre

Yulia: Uf, ¿qué se te antoja?

Elena: Un Kebap con extra salsa

Yulia: Ya me diste hambre, ¿en qué calle estás?

Elena: 40 y 8va

Yulia: Te veo en 55 y 6ta en 20

Elena: Perfecto

Y así fue como empezaron sus escapadas nocturnas. Elena se deslizó en lo más chic que encontró en la oscuridad de su apartamento, pues la verdad es que estaba acostada porque no había electricidad y el ascensor no funcionaba, ni loca salía para después subir cuarenta y un pisos con el poder de sus piernas. No se explicaba por qué por ver a Yulia sí. Se encontraron justo en frente del carro de Kebaps y cada una ordenó uno a su gusto, con Mountain Dew y Dr. Pepper y se sentaron a la calle a comer como seguramente comieron en su época de estudiantes.

- ¿Por qué estaba tan aburrida la fiesta?¿De quién era?- preguntó Elena, sabiendo que a Yulia le incomodaría

- Era de Misha, Misha James Weston

- ¿Y ese tono? ¿Qué tiene que ver contigo él?

- Estoy en proceso de terminarlo- a Elena le dolió el pecho y no necesariamente por el bocado de Kebap que había tenido que tragar de improviso.

- No sabía que tenías novio

- Es que no tengo, dejó de serlo hace mucho, ¿tú tienes novio?

- No

- Habría jurado y vuelto a jurar que sí, eres demasiado…guapa como para no tenerlo

- Encontré a la persona que me interesa pero no sé si esa persona ya se dio cuenta que me interesa…creo que yo no le intereso en realidad- confesó, hablando de Yulia, obviamente, aunque Yulia no se percató de ello.

- Pues, disculpa que me entrometa, pero qué tipo más tonto- rió Yulia, imaginándose a un troglodita despótico que no se daba por enterado.

- Es un poco complicado- murmuró, sonrojándose y apartando su vista de Yulia.

- Bueno, no hablemos de eso, ¿qué tal está tu Kebap?

- Muy rico, tenía desde que empecé a trabajar con ustedes de no comerme uno, creo que eso fue lo que no me sentó muy bien el día que empecé, por eso compré las pastillas para las náuseas

- Sólo espero que no tengamos que comprar mañana…- ambas rieron, Yulia pensó que la risa de Elena era un crimen, sintió que casi la mataba, demasiado hermosa. – Oye, ¿puedo preguntarte algo?

- Claro, te debo una respuesta elaborada- rió, refiriéndose a cuando le había preguntado la clave del éxito hace semana y media y sin conocerla.

- El Arquitecto Harris se refirió a ti como “Sergéyevna” pero en tu archivo dice “Katina”…¿puedo saber por qué?

- Pregunta justa- respondió, con la boca llena de aquella carne jugosa.

- No es necesario que contestes

- No, no, vamos, no es tan horrible…

- Bueno, tómate tu tiempo, soy toda oídos- un sorbo de Mountain Dew y limpiándose los labios llenos de tzasiki.

- Sergéyevna es de mi papa, ruso puro, Katina de mi mama, rusa pura. Mis papás se divorciaron el año pasado porque mi papá es congressman del PASOK

- ¿PASOK?- interrumpió Yulia, tenía expresión de no entender nada.

- Partido político en Grecia... el Movimiento Socialista Panhelénico…y bueno, mi mamá era ama de casa porque el Señor no la dejaba trabajar, decía que eso era para la plebe…y bueno, ves cómo son las cosas en Grecia ahorita

- Lígo axiolýpiti, yo sé

- Exactamente, entonces mi mamá se fue de viaje por el báltico el verano pasado y tuvo que regresar antes de tiempo, cuando llegó a casa, encontró a mi papá con alguien menor que yo. Mi mamá le pidió el divorcio y, mi papá, por manipularnos a todos, nos dijo que si se divorciaban, no íbamos a ver ni un centavo de su herencia, yo me cambié el apellido porque desconocía a ese hombre, mi hermana se quedó con él…pero ahora mi mamá trabaja en la Sapienza, en la administración

- Lo siento mucho, de verdad- dijo Yulia, apenada por haber preguntado algo tan personal. - ¿Cómo fue que llegaste al estudio entonces?

- Bueno, yo trabajaba en el equipo de diseñadores de Armani Casa en Milán pero hicieron recorte de personal y, al país al que vayas, es como la quimioterapia para conseguir trabajo. Volterra no es mi tío en realidad…Volterra era el novio de mi mamá cuando eran jóvenes, pero siempre fueron amigos, él se casó, mi mamá se casó, él enviudó y, cuando se enteró que se habían divorciado, no pidió otra oportunidad, sino más bien le preguntó por nosotros, mamá le contó que yo no tenía trabajo, y así fue como él me invitó a trabajar aquí

- ¿Armani Casa, eh? Ten cuidado con la Arquitecta Hayek, siempre se queja del mantenimiento que hay que darle a los muebles de ahí…

- Nosotros sólo diseñábamos la primera etapa, es decir la estructura, luego estaban los “Wood-men” que decidían qué material utilizar, luego estaban los de textiles, era como una burocracia

-Bueno, pues que alegría tenerte en el equipo, sabiendo los clientes que trabajabas ahí, seguramente dejan esa fijación al lado y te llueve trabajo…¿fumas?- preguntó Yulia, sacando un cigarrillo con la boca de la cajetilla.

- No con la frecuencia de un estudiante pero sí, gracias- dijo, agarrando un cigarrillo y atrapándolo con sus labios para que Yulia le acercara la llama para encenderlo.

- Mi época de estudiante fue una chimenea, no soportaba más de tres horas sin un cigarrillo pero ahora, ocasionalmente, no me gusta mucho el olor que deja

- Cuesta quitarlo, sí… ¿puedo preguntarte algo, Yulia?- preguntó Elena, provocando en Yulia una sonrisa pues era la primera vez que la llamaba por su nombre.

- Sólo pregunta, no preguntes antes si puedes preguntar algo- guiñó su ojos derecho, casi mata a Elena.

- El Ingeniero Segrate tiene serios problemas contigo, está como perdidamente enamorado, ¿lo sabías?

- Anatoly- rió, expulsando el humo de su cigarrillo por la nariz y dándole el último bocado a su Kebap. – El día que llegué al estudio, el primer día, me saludó con una rodilla en el suelo, besó mi mano y me dijo “tu futuro esposo, Anatoly Segrate”- Elena rió a carcajadas, no podía creer lo dramático que podía ser. – no hay una tan sola semana que no me invite a algo, ya sea a comer, a correr, a jugar póker, lo que sea, sólo necesita una excusa…y siempre le digo que no

- ¿Por qué le dices que no?

- Anatoly tiene algo que no me agrada…y es que su ego y el mío no pueden vivir juntos, no pueden estar más de cierto tiempo en las mismas cuatro paredes, además, Anatoly no es mi tipo

¿Y cuál es tu tipo?

- Esa es una pregunta engañosa, no lo sé, ¿tú tienes tipo?- preguntó Yulia, terminándose su cigarrillo y apagándolo en la lata vacía de Mountain Dew.

- No tengo tipo, pero como te dije antes, hay alguien que me interesa, primera vez en mucho tiempo que alguien me interesa tanto

- Esperemos que ese se de cuenta pronto, yo sé lo que es estar esperando, créeme…está comenzando a llover, será mejor que regresemos a casa, no quiero resfriarme, sino me durará hasta abril

- Claro, veamos si podemos conseguir un taxi

Yulia hizo la señal para tomar el Taxi y se paró uno en frente de ella y se subió en él. Cuando le indicó al taxista que eran dos direcciones, el taxista se negó y dijo que sólo iba a ir a la más cercana, que era la de Yulia. Yulia aceptó antes de que Elena se diera cuenta de ello, no quería que Elena se mojara o que caminara hasta su casa, más porque a las tres y media de la mañana y lloviendo, era casi imposible conseguir un taxi.

- Vamos rápido, no me quiero mojar tanto- dijo Yulia, arrojándole un billete de veinte dólares al taxista y saliendo del taxi sólo para correr hasta el lobby del edificio, empapadas, totalmente empapadas.

- ¿En dónde estamos?

- Aquí vivo yo, no te preocupes, es que es imposible conseguir un taxi para Chelsea, vamos, me muero de frío

- No quiero ser una molestia, cuando baje la lluvia me voy…

- Como quieras pero, hasta que no baje la lluvia, no te dejo ir, tampoco creo que seas una molestia- rió.

Iban en el ascensor, calladas, Yulia sólo pensaba en lo que Natasha le había dicho. Se imaginó un asalto en el ascensor, un asalto improvisado y apasionado en el que Elena quedaba contra la pared y Yulia abusaba de sus labios mientras que, con sus manos, jugaba con ese cabello mojado, con esas ondas. Elena, por el otro lado, prefería no desviar su mirada del panel de botones del ascensor porque había notado que Yulia andaba con una blusa blanca de algodón muy ajustada y, por el hecho de estar empapada, un par de pezones rígidos se asomaban apenas, pero, sabiendo esto, Elena hacía su mayor esfuerzo por no darse por vencida, sabía exactamente lo que quería hacerle a Yulia y cómo y cuándo. Exactamente en el piso ocho, se subió una señora que notó cierta tensión, Yulia pudo notarlo por cómo había sonreído, esa sonrisa sínica, “¿Qué hace despierta a las tres y media de la mañana?”.

- Yulia, querida, tengo un paquete para ti, lo he olvidado en mi apartamento, recógelo mañana entre once y doce, lo recogí del repartidor de DHL la semana pasada, olvidé decirte o dejarte dicho con Abraham…

- Muchas gracias, mañana lo recojo. ¿De visita en el octavo piso, Señora Davis?

- Oh, Yulia, es que el Señor Kramer y yo tuvimos una cita- rió pícaramente la Señora Davis, una señora alrededor de los cuarenta y seis años.

- Buena suerte con eso, pase buenas noches- Yulia salió del ascensor en el piso once, Elena detrás de ella, pero la Señora Davis la tomó por el brazo y le susurró un hiriente “No es la primera vez que veo a alguien desear tanto a Yulia, no lo hagas tan obvio, ella no es para ti”. Y con eso, la entrometida Señora Davis soltó a Elena. Tenía ganas de llorar, ella ya sabía que Yulia estaba fuera de su alcance pero dolía que alguien desconocido se lo recordara.

Yulia abrió la puerta de su apartamento y dejó a Elena boquiabierta, su apartamento estaba decorado a la perfección, no wonder todos querían que Yulia no sólo construyera, sino también diseñara. Tenía la cocina a la izquierda, con suficiente espacio para cocinar cómodamente, no muy típico de Nueva York, a la derecha el living-room con sillones y sofás de cuero correctamente ocre, al fondo, no había pared, sino una ventana del tamaño de todo el apartamento.

- Vamos, entra, te voy a dar ropa seca y una toalla- susurró Yulia, notando el encantamiento por el que pasaba Elena.

Yulia se paseó por el piso de madera y, dejando un par de gotas en el camino, se quitaba su suéter. Sacó ropa seca y caliente para Elena, calculó que todo le quedaría bien pero, acordándose de lo que Natasha le había dicho, no se inclinó por algo de pies a cabeza, sino algo por algo que mostrara un poco de piernas y un poco de brazos. Puso un paquete encima de la toalla y la ropa y se la entregó a Elena, sí, el paquete era una tanga nueva, las que Segrate le mandaba por docenas y las utilizaba para cuando algo así sucedía, aunque según Segrate, la subscripción a Hanes tenía que haber acabado en enero, más no sabía que le había pagada una dotación de una docena mensual de por vida a Yulia.

Justo cuando Yulia se armó de valor para desvestirse en frente de Elena, alguien llamó a la puerta y logró que Yulia se volviera a encasillar en su moralidad. Se extrañó un poco, tal vez era Natasha, aunque, por ser transición de Viernes a Sábado no podía serlo, seguramente estaría con Phillip en su apartamento. Volvieron a tocar, esta vez más fuerte y ahí supo quién era.

- Misha, ¿qué pasa? ¿Por qué tanto escándalo?- se alteró al abrir la puerta.

- Nena, traje la fiesta a tu casa, te fuiste temprano, ven, compartamos un par de líneas juntos- dijo, en aquella voz de ebriedad extrema.

- Misha, tienes que irte, ya es tarde y ya te dije que no quiero de tus líneas

- Nena, ¿por qué tan de mal genio conmigo? ¿No quieres que reviente tu vagina como solíamos hacerlo?- gritó, tan fuerte que Elena escuchó y sintió despedirse del mundo carnal.

- Misha James Weston, ¡estoy harta de ti y de tu déficit de comprensión! ¿No entiendes que esto se acabó hace mucho?

- Vamos, Nena, deja que te arregle ese humor…déjame meterte en la cama y darte nalgaditas como tanto te gusta

- Misha, ¡he dicho no! ¡Se acabó, finito, over!

- Nena, ¿por qué ese cambio de actitud conmigo tan…derrapante?

- Se dice “de repente”…- dijo Yulia, sabiendo que la conversación debía acabar cuanto antes.

- ¿Has estado reventando la cama con otro hombre?

- Misha…

- Está aquí…- murmuró, abriendo la puerta de par en par y viendo a Elena parada en el fondo mientras se secaba su cabello. – Nena, ¿por qué no me dijiste que querías un trío?

- Misha…¡basta ya! Por favor…te lo ruego, vete ya, estás demasiado ebrio y drogado…

- Nena, tenemos que aprovechar la noche, tu elección está muy rica, ven aquí, Nena- dijo, refiriéndose a Elena y llamándole con su mano.

- Misha, ¿verdad?- preguntó Elena, molesta ya.

- Así es, Nena, ¿y tú quién eres?

- ¿Por qué no le mostramos a Misha quién soy, Yulia?- Yulia se quedó petrificada, no entendía a lo que Elena se refería. Ah, pero sí que entendió cuando Elena le plantó un beso en sus labios.

- No puede ser, Yulia, te hice lesbiana…- sollozó Misha, dándose la vuelta, dirigiéndose a la puerta. – Perdóname, Yulia, soy un mal novio, seré mejor ex-novio, lo prometo- concluyó, cerrando la puerta y soltando un gemido de llanto que le partió el corazón a Yulia, después de todo lo quiso alguna vez.

Lena se quedó ahí, estática, pensando únicamente lo tonta que era, seguramente ese era el fin de lo que quisiera que pasara, eso era todo, ya no más fantasías idílicas entre ella y Yulia, cero. Yulia terminó de cerrar la puerta, estaba confundida, sólo podía pensar un educado “what the…just happened?” y apoyó su frente contra la puerta. Soltó la perilla, respiró hondo y volvió a ver a Lena. Era hermosa, sí, pero… ” ¿Qué acaba de pasar, perdón?”. Quiso decir algo, Lena también, pero ninguna de las dos supo exactamente qué decir.

- Me debes una, Yulia- murmuró Lena con una sonrisa avergonzada. – De nada por quitarte al tal Misha de encima- guiñó su ojo.

- Gracias, Elena, creo que al fin se acabó todo con Misha- Yulia estaba un tanto dolida, eso significaba que ese beso, para Lena, había significado tanto como para ella significaba la MLB. – Me iré a dar una ducha, ya regreso, ¿si?

Yulia se retiró a ducharse para evitar un resfriado de los mil demonios, se desvestía con la puerta abierta, esperaba que la curiosidad llamara a Lena, esperaba que llegara intempestivamente a plantarle un beso, uno de verdad, por eso se desvestía despacio, muy despacio, como si no tuviera prisa aunque si la tenía. Lena nunca llegó. Se metió a la ducha, a bañarse con el agua más caliente que pudiera soportar, tarareaba “Your Song”, canción que estaba consciente que nunca olvidaría. Acariciaba su cuerpo con el jabón, lavando hasta el último rincón de su piel, pensando en Lena, sintiendo que Lena era la que la acariciaba con aquel jabón de manzanilla.

Lena estaba al tanto de que Yulia se estaba bañando, escuchaba el agua correr, lo que le permitió asomar su cabeza y ver toda una nube de vapor inundar el baño de Yulia. Ganas no le faltaban para meterse con ella, sabiendo que estaba desnuda, con el agua corriéndole por su piel, relajada, más tibia. Por algo no había cerrado la puerta, Lena quería creer que Yulia quería que la viera, pero no se iba a regalar ni a arriesgar, prefería que Yulia viniera a ella y no al revés, ella ya lo había intentado unos segundos atrás. Se sentó en el sofá y esperó a que Yulia saliera, veía el agua correr por las ventanas, los relámpagos encenderse, sentía el frío meterse por entre la ropa.

Yulia salió de su habitación, arropada con un suéter de cachemira y un pantalón de pijama mientras se peinaba con los dedos cuando vio a Lena ahí sentada, como viendo al vacío. Veía esa espalda delgada, agarrada a esos hombros esbeltos, la recorría de arriba abajo y sabía que había algo que le estorbaba; tal vez era esa cara triste, esa mirada perdida.

- ¿Estás cansada, verdad?- preguntó Yulia, sentándose en el mismo sofá.

- Un poco, se me cierran los ojos ya

- Ven, lo menos que puedo ofrecerte tras haberme librado de Misha es mi cama, es muy cómoda y caliente, vamos, creo que yo me uniré a tu sueño, ya es tarde- la tomó de la mano, una mano fría pero suave.

Se acostaron y apagaron las luces. Yulia le deseó buenas noches a Lena, quien ya había cedido sus fuerzas y su tristeza al sueño.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Ago 06, 2014 4:55 pm

CONTI





Lena se despertó aquella mañana sintiéndose extraña, pero extraña en el buen sentido de la palabra. Abrió los ojos poco a poco porque la luz del sol se escabullía por entre las cortinas de la habitación de Yulia. Respiró hondo y sintió un aroma bastante peculiar, tenía un vago recuerdo de ese aroma en alguna parte, pero no sabía dónde. Entonces movió un poco su cabeza y respiró hondo y lo sintió más cerca. Abrió los ojos y se encontró viendo hacia la ventana, vio a su alrededor sin moverse y levantó la sábana sólo para asegurarse que su sueño había sido sólo eso, un sueño nada más, pero vio algo que no le pertenecía; era el brazo de Yulia que la abrazaba por la cintura. Observó su mano por un momento y llegó a la conclusión que era perfecta; de tamaño mediano, dedos rectos, lo suficientemente flacos como para ser delicados pero sin mostrar más hueso de lo que debería, uñas cortas y en corte cuadrado con un baño de esmalte rosado muy, pero muy pálido, casi blanco. Notó un anillo, posiblemente de oro blanco porque no veía a Yulia usando algo menos que eso, con un rubí incrustado en el medio en forma circular, a los lados del rubí alcanzó a leer una “L” y una “V”.







Cuando Lena bajó la sábana para volver a dormirse, pues calculó que era muy temprano en la mañana todavía, Yulia se movió un poco y la acercó más a ella con su brazo. Sintió la respiración de Yulia en su cuello, cálida y relajada, digna de besar. Simplemente colocó su mano sobre la de ella y sintió unas cuantas venas o arterias saltadas, sí, esas manos eran perfectas. Cerró sus ojos y volvió a perder el conocimiento.






Yulia se despertó de golpe por un ruido muy peculiar, un ataque sin piedad a su puerta principal. “Go away!” pensó una y otra vez. El ataque continuó hasta que Yulia se puso de pie y abrió la puerta.








- ¿Qué ca….- gritó, callándose poco a poco al darse cuenta que era Natasha.






- ¡Amor, qué susto me has dado! Tengo dos horas de estarte llamando y no contestas- dijo Natasha, exaltada hasta el cabello. Entró al apartamento de Yulia, directo a la cocina a sacar un vaso para llenarlo con agua.- llevo media hora tocando tu puerta, Dios, babe, ¡creí que habías muerto!







- Nate, baja la voz, por favor






- ¿Por qué, amor?- gritó, sabía que algo andaba raro y no necesariamente mal.






- ¿Yulia, qué pasa?- preguntó Lena con una voz insuperablemente sensual, adormitada, parada desde la puerta de la habitación de Yulia mientras se rascaba un ojo.







- Yulia, ¿por qué no me dijiste que tenías compañía?- sonrió Natasha, era esa sonrisa pícara.







- Nate… ¿cómo esperas que reaccione si vienes a tocar la puerta como si fuera el fin del mundo?






- Siempre tan exagerada, amor- dijo Natasha, dándole una nalgada a Yulia. – Hola, buenos días…buenas tardes mejor dicho- vio su reloj, era la una de la tarde.- Natasha Roberts, un placer- le alcanzó la mano.






- Elena Katina, el placer es mío




- ¡Ah, Elena! Al fin te conozco, Yulia me ha hablado mucho de ti- sonrió para Yulia, como diciendo “way to go, babe”.



- ¿Ah, si?- corearon Yulia y Lena.



- Elena, perdón, Natasha es mi mejor amiga- dijo Yulia, tratando de enmendar el “amor” que Natasha solía decirle y la nalgada que le había proporcionado, de paso para cambiar el tema.



- Bueno, bueno, al grano…venía para algo importante…y bueno, Elena, como ya tengo el placer de conocerte, al fin, vengo a invitarlas a una cena que tiene mamá en casa ahora en la noche, sé que es un poco muy de repente pero todas las del comité gastronómico vienen y es una cena pomposa y aburrida y James y Marie me dijeron que no, Phillip va porque es su[url=#95094051] trabajo[/url], vamos, no me digan que no



- Nate, háblanos claro, ¿de qué me lucraré?- preguntó Yulia, sabiendo que había algo que Natasha no le estaba diciendo pues si era el comité gastronómico, James jamás se negaría.



- Comida y bebida ilimitada, gente de “Page Six” estará ahí…



- ¿Alcohol? ¿Volovanes de atún? ¿Arroz con leche?



- Yulia, querida, tú si sabes de lo que hablo…ahora la pregunta es, ¿Elena nos acompañará?



- Natasha, muy amable de tu parte pero iría sólo si Yulia va- confesó Lena, no era nada fuera de lo normal, no iría sola a un lugar lleno de personas pertenecientes a la élite social neoyorquina para que la negaran.



- Yul, cariño, el auto las recoge a las seis treinta, ¿entendido?- exhortó aquella mujer, levantando las cejas y arreglando su bufanda.



- Código de vestimenta es lo único que necesito saber, tú sabes, Nate, para no desentonar…mejor dicho para no matar a Margaret Robinson en presencia del comité gastronómico…



- Black tie, iré con un hermoso Valentino que Phillip me regaló justo para la ocasión y Phillip irá de Ottavio Nuccio…mamá quiere presentarnos como pareja, dice que tres años es porque ya pasamos la prueba de fuego…







Lena escuchaba a Natasha hablar “Ottavio Nuccio” y no tenía la menor idea de quién era ese, si era sastre o qué, pero sólo asentía y abría la boca como de asombro cuando Yulia suspiraba un “oh”. No sabía quién era Natasha, ni su procedencia pero, por como hablaba, podía notar que no era cualquier persona, era de aquellas personas que valía la pena conocer. Pero, “Margaret Robinson” se le hacía conocido, más con el “comité gastronómico”, pero fue algo que se le olvidó en cuanto Natasha se despidió efusivamente con dos besos y una nalgada.








- Perdona, Natasha tiene hiperactividad aguda- se disculpó con Lena. – Bueno, creo que es hora de ir de compras, hay que dress to impress (vestir para impresionar)



- ¿De compras?- preguntó Lena, sin saber exactamente qué pasaba.



- Sí, tranquila, no gastarás ni un centavo, lo prometo, ahora… ¿alguna vez has ido a la 5ta. Avenida?



- Si, he ido



- ¿Alguna vez has comprado en la 5ta. Avenida?



- Creo que la respuesta correcta sería “no”- Lena se sonrojó, sabía que Calvin Klein no era a lo que Yulia se refería con “comprar”.



- Bueno, tú sólo sígueme la corriente y verás cómo funciona el mundo de la 5ta. Avenida en shopping mode






Yulia apuró a Lena, no dejándola cambiarse de ropa, sólo ponerse sus sneakers Vans que había llevado la noche anterior y que estaban húmedos todavía. Le dio goma de mascar para revivirla un poco y llamó un Taxi al estilo neoyorquino para que las dejara exactamente en la puerta de Bergdorf Goodman.







- ¿En dónde estamos?- preguntó Lena, con la boca abierta mientras veía el edificio hacia arriba.



- En donde van a hacer maravillas con nosotras, vamos adentro para que te presente a Oskar





Yulia se escabullía entre mujeres en uniforme elegante, con peinados chic y las mejores manicuras de Nueva York, todo para llegar a unas puertas doradas y que se abrieran de par en par en cuanto Yulia le murmuró algo al que “cuidaba” la puerta.






- ¡No puede ser!- gritó una voz masculina que hacía demasiado énfasis en la “s”.



- ¡Oskar, Darling!- tarareó Yulia, tratando de seguirle el juego a aquel hombre que casi logra engañar a Lena pues aparentemente era un hombre heterosexual pero, al verlo y escucharlo hablar; era una mujer femenina atrapada en el cuerpo de un hombre muy guapo.



- Amor, ¿qué te trae por aquí? Todavía no te toca corte de cabello- admiraba aquel hombre a Yulia, como si estuviera enamorado de ella aunque era imposible.



- Oskar, tengo una cena donde Margaret- a lo que Oskar hizo un gesto sumamente gracioso según Lena, pues lanzó un “oh” junto con la palma de su mano cubriendo su boca y con expresión de susto y/o excitación. – Te presento a Elena- dijo Yulia, tomando a Elena de la mano y acercándola hacia aquel espécimen, sólo para que la mirara de pies a cabeza una y otra vez y diera su aprobación junto con un apretón de manos bastante forzado. – Arréglanos.








Y fue cuando empezó aquel escándalo de “código azul Robinson” el cual Lena no entendía, tampoco intentaba comprender. Después de un masaje mientras cortaban cada cabello, limaban cada uña para después pintarla, y rociaban agua Evian comprimida para que no lloraran al ser maquilladas o no sudaran, Yulia se deslizó en un Monique Lhuillier azul marino de manga larga, con un cinturón de cuero negro, y en unos Jimmy Choo negros y, Lena, se deslizó en un Alexander McQueen negro de charmeuse y en unos increíbles y adorables Lanvin d’Orsay. Oskar estaba orgulloso de sus dos obras maestras y que había logrado sacarlas a tiempo, justo para que, cuando salieran a la calle, ya estuviera el auto esperándoles para llevarlas hasta Westport.








- Te ves muy bien- sonrió Yulia a Lena, intentando romper aquel silencio incómodo.



- Tú te ves más que bien…¿por qué no pagamos nada, o te debo algo específicamente a ti y no al señor Goodman?



- No, no debemos nada, te lo puedo asegurar- era de las cosas que su papá se valía para comprarla, pero no funcionaba puesto que sólo un par de veces había utilizado ese recurso, especialmente cuando se trataba de Margaret Robinson.



- ¿Por qué tanto alboroto por la cena de esa señora?- preguntó Lena, dándose cuenta entonces de que no era “cualquier Señora”.



- Celebran que hace cinco años, Mrs. Robinson ganó su quinto Pulitzer- Lena entendió por qué le sonaba familiar, si era la “Food-Culture” en persona, la única del New York Times que había logrado más de tres Pulitzers seguidos. Ahora entendía por qué Natasha no le parecía nada de clase media.



- Wait a second…¿Natasha es hija de Margaret y Romeo Robinson?- antes de que Yulia pudiera contestar con un simple “si”, Lena le robó el impulso. – Y el Phillip del que habla Natasha, ¿es el que se quitó la camisa para que las neoyorquinas donaran un millón de dólares para combatir el hambre en África?



- Si- rió Yulia, con una carcajada como nunca antes. – Creo que ya sabes de quiénes estamos hablando, ahora los conocerás en persona



- ¿Cómo es que los conoces tú?



- Yo le diseñé el apartamento a Natasha, desde entonces somos amigas, a Phillip obviamente lo conozco por Natasha y así también a los demás



- Oh, Dios…entonces ¿Volovanes de Atún?



- No, Elena, eso era una broma, prepárate para comer algo como nunca en tu vida y prepárate para conocer a mucha gente, en caso de que te guste hablar con desconocidos que vale la pena conocer.






Lena tragó duro y, por reflejo, apretujó la mano de Yulia, que si no es porque Yulia se queja, Lena no se habría dado cuenta. Yulia subió la ventanilla que las separaba del chofer, sólo para tener un momento más privado con Lena. Cruzó la pierna y dejó ver parte de su muslo por la abertura de su vestido, a lo que Lena se le quedó viendo por un largo tiempo antes de que Yulia se aclarara la garganta.







- So…tell me about this guy( Así que... dime acerca de este tipo)…- dijo Yulia, bajando un poco la ventana para no inundar la cabina con el humo de su cigarrillo.



- What guy? ( Que tipo)



- El que te gusta pero que no sabe que te gusta



- Llamémosle “persona” mejor, porque es como de otro mundo- rió. A Yulia le pareció raro que hubiera decidido llamarlo así, más porque ella había intentado lo mismo con Natasha. – Es una persona inteligente, bastante humana, muy amable y, ¿sabes qué es lo que más me gusta?- Yulia se encogió de brazos y exhaló humo. – La forma en cómo fuma su cigarrillo…



Yulia se ahogó con el humo de su cigarrillo, algo que nunca antes le había ocurrido. Tosió y tosió. Se puso nerviosa. Arrojó el cigarrillo por la ventana y la subió, se recompuso y sonrió de la peor manera que pudiera existir.



- Creo que ya estamos llegando, es mejor que te prepares para ver lo que nunca antes has visto…o vivido- dijo Yulia, intentando obviar su intuición de que Lena hablaba sobre ella.







El auto se estacionó y se abrió la puerta del lado de Yulia. Le tendieron la mano para ayudarla a bajarse. Ciegamente la tomó y sintió que era la de Phillip. Le parecía raro que hubiera sido él quien la había recibido, más para bajarse del auto y no en la puerta, como cualquier hombre o cualquier anfitrión. Extendió su mano de nuevo para ayudar a Lena a bajarse del auto.








- Yulia, qué bueno que vienes, Natasha está que pierde la cabeza, su mamá no la deja libre ni un segundo, le ha presentado a media fiesta



- Phil, ¿qué pretendes que yo haga?- rió Yulia, sabiendo que Natasha estaba desesperada por estar un momento a solas con Phillip. – Por cierto, ella es Elena Katina, Elena, Phillip, el novio de Natasha- los presentó, sólo para que Lena lo saludara con un apretón de manos.



- Elena, aquí estamos en confianza- río Phillip, dándole un abrazo, apretujándola en su pecho y dejándola sentir aquel abdomen tonificado, rígido como una roca. – Señoritas, hermosas debo decir, acompáñenme a enfrentar por cuarta vez a mi suegra- rió Phillip. Era un hombre carismático, era imposible no encontrarlo como una compañía agradable.








Pasaron por la entrada principal, en donde recogieron copas de champán a su paso, por un pasillo de paredes blancas y piso de madera, en donde los Manolos no ponían resistencia alguna y en donde los Jimmys tampoco. Salieron al jardín, en donde ya era la fiesta verdadera, con carpas blancas y luces, mesas y sillas por doquier, un conjunto de violines, violas y cellos, meseros vestidos de Tuxedo blanco, gente riéndose, fumando y bebiendo algo que seguramente no era lo que Natasha y Yulia bebían de una caja cuando estaban solas. Lo mejor de todo era la comida, parecía que con esa cantidad podía alimentarse un país entero y quizás la mitad del segundo, comida delicatesen; no era de Dean & Deluca, sino de Masa; sushi, sushi y más sushi.








- Un Whisky en las rocas para mí y…un Pomegranate Sour para la Señorita Katina y un Ginger Shiso Mojito para la Señorita Volkova, por favor…- pidió Phillip a uno de los seis Bartenders. – Ahora sí, a saludar a la Agasajada.








Se abrieron camino por entre la gente hasta llegar a donde Mrs. Robinson. Era una señora imponente, que irradiaba autoridad y presencia; era una mezcla entre Glenn Close y Meryl Streep. Era la única en traje formal de pantalón, acosando y analizando a cada invitado con la mirada sólo para fruncir los labios por desaprobación.







- Yulia, Darling, always a pleasure to see you! (Querida, siempre es un placer verte)- exclamó Margaret, tirando besos al aire a cada mejilla de Yulia. – You’re looking marvelous, if I must say, please, let’s take a picture; I promise it won’t be on tomorrow’s Page Six (Te ves maravillosa, si debo decir, por favor, vamos a tomar una foto; Prometo que no será el de mañana Page Six)- bromeó, posando con una sonrisa ensayada mientras abrazaba a Yulia.



- Mrs. Robinson, no me aguanto por leer su nueva columna, escuché que viene con un nuevo sabor a Trinidad Moruga Escorpión- Margaret rió encantada por el humor de Yulia. – Le presento a Elena Katina…



- Natasha dijo que traerías a una amiga, pero no sabía que era una amiga tan…inspiradora y guapamente comestible- bromeó, haciendo que Lena se sonrojara mientras besaba al aire.



- Al fin vinieron, madre, tendré que robarte a mis invitados un momento que tengo algo que compartirles…el sushi está delicioso, por cierto- gritó Natasha mientras halaba de los brazos a Phillip, a Yulia y a Lena. – Gracias por venir, qué guapas…me han dejado sin hablar- sonrió, sacando un cigarrillo de la solapa de Phillip y esperando a que algún mesero misericordioso se lo encendiera.







Se veía radiante, en un Valentino rojo, que combinaba perfectamente con el corbatín de Phillip. Se abrazaban por la cintura y los hombros mientras Yulia y Lena intentaban no imitarlos, aunque obviamente desconocían el deseo de la otra. Natasha se disculpó con Lena y Yulia, llevaba a Phillip a presentárselo al más importante, a su papá.







- Es una casa muy bonita- murmuró Lena, quitándole una micro basura a Yulia de su busto, por encima del vestido.



- Si, ven, te enseño la parte más bonita, seguro te encantará tanto como a mí…







La tomó de la mano y, con el vestido un tanto recogido entre la mano libre, se escabulleron hasta el interior de la casa y, sin que nadie se diera cuenta, subieron hasta el tercer piso, en donde Yulia se agachó a la par de una pecera y sacó una llave, era obvio que Yulia sabía todo sobre la casa y sobre los Robinson. Se dirigió hacia una puerta blanca de madera, introdujo la llave y la abrió, metió a Lena a oscuras y cerró la puerta con llave de nuevo.







- Sólo es para asegurarme que no te me escapas- murmuró Yulia.



- ¿De qué hablas?



- No puedo encender la luz porque los invitados nos verían, pero acércate aquí y verás a lo que me refiero…



Lena caminó un poco en línea recta, siguiendo la voz y la mano de Yulia hasta que llegó a un balcón con vista al mar. No había luna llena pero se veía hermoso, digno para estar a oscuras.



- De verdad que es de otro mundo esto…



- Sí, igual que la mujer que te gusta- susurró Yulia al oído de Lena y le dio un beso en su hombro desnudo.



Lena se estremeció un tanto sorprendida, cerrando sus ojos e intentando despertar de aquello que parecía ser un sueño.



- ¿De qué hablas, Yulia? ¿Cuál mujer?- se atrevió a jugar su carta desesperada por no admitir que era Yulia la que le gustaba.







Yulia le dio la vuelta y le plantó un beso en plena oscuridad, un beso con sabor a jengibre, un beso húmedo y exquisito. La empujaba un poco con su cuerpo hacia el borde del balcón, arrinconándola, queriendo apoderarse de Lena en ese mismo instante, estaba impaciente y deseosa como nunca antes en su vida. La tomó por la cintura, posando las palmas de sus manos en aquella frontera entre la espalda y el trasero de Lena, siguiendo con aquel beso que ni ella, ni Lena, ni ustedes, ni yo queríamos que parara. Era el sonido de las olas el que las había embriagado de tanta pasión, tanta que, de no haber sido por un accidente, habrían sido una de la otra y viceversa.


Última edición por VIVALENZ28 el Lun Ago 24, 2015 1:04 am, editado 1 vez
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Ago 06, 2014 5:13 pm

La puerta de la habitación se abrió de golpe y se escuchó un “ouch” que era notablemente de Natasha. Se movía escandalizada, Yulia creía que la andaba buscando pero, en lo oscuro, no la encontraría. La puerta volvió a cerrarse.





- Cuidado con el peinado, sino mamá va a sospechar- escucharon decir a Natasha, tan agitada como si hubiera corrido una maratón de diez kilómetros. – Luz, necesito luz- repetía Natasha, y se escuchaba que la buscaba.



- Creo que ya se le subieron las copas- susurró Lena.



- No, Lena, creo que estamos en el lugar equivocado- rió Yulia, tapándole los ojos cuando la luz se encendió.



Natasha se salió de su vestido para no ensuciarlo o jalarlo y lo colocó sobre la cama. Yulia y Lena eran invisibles, podían ver todo el panorama pero el panorama no a ellas. Phillip apareció sin su chaqueta, con los pantalones al suelo y con Natasha trabajándole en la zona pélvica. No fue hasta que Philip levantó a Natasha del suelo para colocarla sobre el sillón que Lena vio por primera vez a una mujer desnuda en la vida real y que no fuera ella. Se ruborizó, a lo que Yulia pensó que era demasiado tierno.



- Qué ganas que te tenía con ese vestido rojo, amor- le murmuraba Phillip a Natasha a su oído mientras la embestía cariñosamente, chocando su pelvis contra aquel tonificado trasero.



- Amor, tienes una semana sin tocarme, tócame, por favor…- susurró Natasha, tocándose ella, lo que parecía notarse, desde aquella perspectiva, su clítoris mientras Phillip jugaba con sus pezones y con su abdomen y abusaba de sus labios y de su cuello a mordidas y a besos.



Lena volvía a ver constantemente a Yulia, sonrojada de manera permanente pero con una pincelada de excitación, queriendo decirle a Yulia que así quería estar pero con ella, en ese momento tan personal, que en ese momento era desapercibidamente público, en ese momento tan apasionado y tan…rico. Yulia no sabía si retirar a Lena de la escena al decirle que había manera de salir sin ser vistas, pero tardarían más en salir que Phillip en saciarle las ganas a Natasha. Atrajo a Lena hacia ella, hacia el costado del balcón, en donde no verían directamente a Natasha y a Phillip, sólo a ellas dos. Y la besó, y la besó, y la besó hasta que logró que Lena se recostara en ella y se dejara llevar. Escucharon lo magnífico del clímax que vivieron aquel par de enamorados calenturientos, con las respiraciones pesadas y cansadas.



- Si para las cuatro no nos hemos logrado ir, ¿me traerías de nuevo aquí?- murmuró Natasha, entre aquel beso húmedo que le plantaba a Phillip.



- En dos Whiskys te podría traer de nuevo…te ayudo con tu vestido



- ¿Has visto a Yulia, por casualidad? Tengo desde que se sacó la foto con mamá de no verla…



- Seguramente está conquistando a su “amiga” del trabajo…creo que sólo entre ellas no notan que quieren hacer lo que tú y yo acabamos de…vivir, por así decirlo- rió Phillip, haciendo que Yulia se sonrojara y que Lena sonriera a ras de los labios de Yulia.



- ¿Te he dicho alguna vez que tienes un pene muy lindo pero una cara todavía más linda y un cerebro aún más atractivo? ¿Cómo sabías que a Yulia le gustaba Elena?- cerró la cremallera de su vestido y se arregló el busto dentro del vestido después de haberle acariciado una última vez el miembro a su cuasi esposo.



- Siempre supe que a Yulia un hombre no la puede satisfacer, ella no necesita una mano dura, sino una fina y suave con la que pueda hablar de maquillaje y cositas cursis como de cómo decorar alguna cosa o algún lugar…y cuando saqué a Elena del auto, supe que eran una para la otra, son hasta del mismo estilo…en cambio tú…tú necesitas hablar de la NFL con alguien, una mano dura como la mía para que te de unas cuantas nalgaditas y mi fuerza para subirte cargada en brazos hasta tu apartamento…



- Dios que tienes boca con qué hablar, guapo…se me antoja un poco de sushi, y de actually platicar con Yulia y con su “amiga”, ¿me cargas hasta el primer piso?- se apagaron las luces y se cerró la puerta.



- Phillip no es tonto, ¿verdad?- preguntó Lena mientras entraba a la habitación y sentía aquel olor extraño.



- No, por eso es novio de Natasha…Natasha detesta a los tontos…y a los que no tienen un pene lindo- ambas rieron a carcajadas, Lena hasta lloró de la risa. – Ya te hice reír, ya me siento mejor, tenías una cara muy larga todo el camino



- Es un poco abrumador lo High-Class y Five-Star Lifestyle que tienen tus amigos



- ¿Es eso más abrumador que el haberte dado un beso?



- Eso no fue abrumador, eso fue exquisito…pero, ¿cuándo?



- No sé, sólo sé que tengo ganas de besarte y de abrazarte, claro, si estás de acuerdo



Lena sonrió y se dejó besar. Era como vivir un sueño, un sueño de los que agradaba soñar, más porque era realidad. Bajaron con sumo cuidado de no dejar la dentadura en ninguna grada, pasando antes por un espejo para arreglarse el lápiz labial y salir como si nada hacia la búsqueda de algo de comida. Phillip fumaba un cigarrillo compartido con Natasha, es que tenían que compartir hasta eso.



- Yul, ¿dónde se habían metido? Las anduve buscando por todo el lugar



- Fuimos por ahí a fumar un cigarrillo, tú sabes, en donde el viento es más fuerte que la luna- sonrió Yulia, haciendo que Natasha se sonrojara y se riera de los nervios.



- ¿Qué les parece si comemos algo antes de que los novatos decidan que el sushi es la nueva moda?- comentó Phillip, arreglándose su corbatín con una sonrisa de película.



Los cuatro se sentaron a la mesa a comer una cantidad exorbitante de sushi, probaron uno de cada uno, en total cuarenta y tres rollos y dieciséis nigiri, dos inari y catorce temaki. Lena comenzó a entender la relación que había entre Natasha y Yulia, no era más que de amigas/confidentes, que se contaban todo y se las sabían todas una de la otra, y eran graciosas entre ellas, se molestaban con mucha facilidad y no se enojaban. Phillip y Yulia era una relación más distante pero aún así, se notaba que se llevaban bien y no sólo por Natasha, sino porque podían contar uno con el otro, ahora, Phillip y Natasha era una relación rara, eran demasiado amorosos entre ellos, se veían demasiado enamorados como para tener tres años de ser pareja, y tenían relaciones con tal comodidad y tanto deseo que era raro, era como si esa chispa ahí siguiera, esa chispa que a Natasha le brillaba en los ojos cuando le daba un rollo a Phillip en la boca o como cuando Phillip veía a Natasha hablar y hablar con esa sonrisa, como si estuviera orgulloso de ella, era confuso para Lena, pero era completamente entendible para Yulia, sabía que Phillip tenía a Natasha como trofeo, la había perseguido por más de un año hasta que había logrado que aceptara un pedazo de pizza; y no pensaba dejarla ir porque era la mujer perfecta para él, era la única mujer que tomaba cerveza y comía chicken wings mientras veían a los Giants ganarle a los Patriots para luego hacer el amor, para amanecer con desayuno en la cama preparado por el mismo Phillip.



- Bueno, bueno, disculpen el abuso pero me veo en la dificultad de contenerme y tengo que preguntarles algo- comenzó diciendo Phillip, a lo que las tres levantaron las cejas y dieron su aprobación.- ¿Cuándo van a empezar a “date” ustedes dos?- preguntó, señalando a Yulia y a Lena.



- ¡Phillip!- le pegó Natasha en el hombro junto con una mirada matadora.



- Pues…- rió Lena.- No sé de qué hablas, Phillip



- Yo tampoco- sonrió Yulia, clavándole la mirada a Lena, pidiéndole disculpas.



- Perdón, Nate, pero es que… ¿no lo ves? Las dos desaparecen de la nada, regresan con su excusa de andar fumando cuando aquí se puede fumar abiertamente, regresan con lápiz labial igual cuando no venían así, además, Yulia tiene un ligero roce de lápiz labial en su cuello…lo que quiere decir que…



- Que Phillip no sabe de lo que está hablando porque ya está ebrio, discúlpenlo, por favor- Natasha estaba enojada, queriendo matar a Phillip.



- Creo que es demasiado inteligente- rió Lena apenada- y se fija en los detalles…hasta en los más mínimos.





Una caja de “Her Majesty’s Reserve”, unas cuantas botellas de champán e incontables risas después, la mamá de Natasha se armó de valor para dar el tan anhelado discurso. No fue necesario el típico golpe inocente a una copa, ni un golpe a un micrófono, sólo se paró en donde estaban tocando el grupo de cuerdas y todos hicieron silencio y le pusieron atención.



- Quiero agradecer a todos los que pudieron venir ahora, a los que no pudieron o no quisieron venir, se perdieron del mejor sushi de Nueva York y del mejor Bollinger Blanc de Noirs de los últimos diez años y que no volverán a conseguir tan fácil porque yo lo compré todo. Hace cinco años recibí mi quinto Pulitzer, que no hubiera sido posible si mi hija, Natasha, y su amiga, Yulia, no hubieran insistido tanto en ir a cenar “Per Se”, restaurante que ahora es famoso y está en el apogeo de su existencia. Alguna vez todos tuvimos tres años y nos paramos en el medio del jardín, como lo hago yo ahorita, y todos pensaron qué adorables éramos…pero la verdad es que sólo algunos de nosotros crecemos y nos pagan por eso. Mi nueva columna no tenía nombre hasta que la adorable amiga de mi hija la describió con un término bastante gracioso y, hasta cierto punto, acertado; mi nueva columna se llamará “Trinidad Moruga Escorpión” y brindo por Yulia, por el New York Times y por todos los nuevos restaurantes que quieran tener futuro y que sólo algunos afortunados tendrán. ¡Salud!- concluyó, levantando su copa y bebiéndola hasta el fondo.



La gente se reía de cómo Margaret gozaba de su poder y de su auto convicción, no se reían de ella, se reían por ella. Algunos le llamaban “Martha’s Slaughter”, otros “The Food Butcherer” y, otros no tan malos, “The Chef Stresser”.



- Amor, son las dos treinta, ¿me acompañas a traer a otra caja de Reserve de la caja de papá?- dijo Natasha a Phillip, rozando su nariz con la suya.



Lena volvió a ver a Yulia con una sonrisa vencida, ambas sabían que quizás traerían otra caja de Reserve, pero que en realidad iban a que Natasha pudiera aguantar hasta llegar al apartamento de Phillip y poder tener una madrugada digna de recordar, una madrugada duradera; al menos de media hora y no de cinco minutos y con la libertad del cuerpo.



- ¿Estás bien?- preguntó Yulia a Lena, viéndola un poco distinta, no sabía si triste, confundida o cansada.



- ¿Encajo yo en este mundo?



- ¿Qué tiene de raro o de especial este mundo?



- ¿Comiendo de Masa como si fuera gratis, bebiendo champán de cinco cifras la botella, fumando de una caja que mantienen en una caja fuerte, vestida de Alexander McQueen y besando a quien creo que sabe de esta casa porque ella la diseñó y la remodeló?



- Este mundo no tiene nada de malo, sólo cuando las drogas aparecen, las drogas pesadas, ahí sí debería darte miedo, porque a mí también me da…esto- dijo, señalando a su alrededor con su dedo- no sucede todos los días en mi vida, porque a diferencia del 95% de la gente que está aquí, yo tengo un trabajo y cuentas que pagar a fin de mes en donde si veo la diferencia en mi estado de cuenta, te puedo decir quiénes son humanos y trabajan bajo un horario y bajo una paga injusta sobre lo que hacen, yo también me quedo en mi apartamento, comiendo Paninis de queso gouda y tomando agua mineral mientras veo HBO en mis sábanas…



- Y si entro yo a tu vida, ¿qué tanto cambiaría?



- A mis amigos no los voy a dejar de ver, eso te lo aseguro, a ti te caerán bien los demás, creo que Natasha y Phillip te caen bien…pero no cambiaría en nada, vendría a reírme con Natasha a cualquier evento de su mamá pero también me quedaría en casa, comiendo Paninis de queso gouda, viendo HBO en mis sábanas…contigo, si la idea te parece- Lena sonrió y se sonrojó. Asintió mientras paseaba su mano por su cuello de tal manera que ponía a Yulia un tanto nerviosa.


Señorita Volkova, ¿puede decirle a la Señorita Roberts que el auto ya está listo para cuando quiera retirarse, por favor?- se acercó el mayordomo de la residencia.



- Claro que sí, Hugh, yo le digo cuando regrese- respondió Yulia, con una sonrisa amable. Eso era algo que a Lena le gustaba, lo bien que trataba a los demás, siempre se había imaginado que trataría despreciativamente al servicio o a quienes le sirvieran.



- ¿Roberts, Robinson?- preguntó Lena con suma curiosidad.



- No te has confundido, Natasha Roberts, Margaret Robinson…es sólo que no quisieron tomar sólo un apellido y se refieren a la familia Robinson porque Margaret es la que tiene el control- rió Yulia.



- ¿Qué hace el papá de Natasha?



- Creí que lo sabías por tu reacción en el auto



- No, sólo sabía que Margaret está casada con Romeo, he leído cada una de las críticas de Margaret- sonrió, apenada.



- Pues, es asesor legal, casi nunca trabaja pero, cuando trabaja, no trabaja por largo tiempo después de terminar



- Interesante…¿tus papás qué hacen?



- Mi papá es consultor financiero en Roma, mi mamá es curadora en el Vaticano, también son divorciados…pero desde hace años ya



- ¿Cada cuánto ves a tu mamá?



- Pues, una vez al año con suerte, pero esta Navidad voy a Roma a verla y a pasarla con ella, mis hermanos nunca se han interesado por hacer sentir bien a mamá



- ¿Por qué lo dices?



- Mi hermano es hijo de papá nada más, de mamá no tiene nada, y mi hermana no ha logrado entender que mamá está sola todo el tiempo, siempre se va en un crucero con sus amigos para Navidad y Año Nuevo…- puso su mano sobre el muslo de Lena, dándole a entender que no quería profundizar mucho en ese aspecto. Sí, Yulia tenía dificultades para hablar sobre ese tema en especial.



- Entiendo…¿qué te parece si nos vamos de aquí y…no sé, nos vamos?



Yulia tragó duro y se puso de pie, pasó despidiéndose de Margaret y de Romeo y de uno que otro guapo que se desvivía por ella aunque ella sólo tenía ojos para Lena. Se encontraron a Natasha en el pasillo, siendo atacada por los labios de Phillip de la manera más tierna posible, como si él fuera a irse a la guerra. Se despidieron de ellos, dieron las gracias y quedaron en llamarse en cuanto revivieran. Se metieron al auto y, esta vez, fue Lena quien subió la ventanilla para tener más privacidad. Subió su vestido, su hermoso y caro vestido, hasta sus muslos para colocarse sobre Yulia, para besarla, para continuar aquel episodio en el cuarto de Natasha.




- ¿Qué quieres de mí, Lena?



- Que te dejes llevar, que no pongas resistencia a nada, sólo déjate llevar así como yo lo estoy haciendo- y fue cuando Yulia quedó hasta estúpida de lo inmaduramente madura que era Lena.



Ninguna de las dos se atrevió a pasar a más, más allá del cuello con los labios o más allá de las caderas y cintura con las manos no existía. Terminaron con los labios hinchados y naturalmente rojos de tanto besarse, se cansaron de besarse y Lena se recostó sobre Yulia; entre su brazo y su pecho mientras Yulia la abrazaba y Lena jugaba con la mano de Yulia.



- ¿Qué significa “L” y “V” en tu anillo?- preguntó Lena, repasando el anillo con su dedo.



- Larissa Volkova, me lo regaló mamá cuando cumplí veinte, era de ella, se lo regaló mi abuelo cuando cumplió quince



- Es muy bonito, sencillo pero elegante



-Gracias- dijo Yulia, dándole un beso a la cabeza de Lena. – ¿Te quedas a dormir o te vas a tu apartamento?



- ¿Qué quieres tú?



- Lo que tú quieras



- Yulia, ese es tu problema, nunca antepones lo que tú quieres, sólo dime lo que quieres, ojalá y concuerde con lo que yo quiero.



- Quiero que te quedes conmigo…pero temo que si te quedas, no respondo; te como entera



- Mmm…- tarareó Lena, irguiéndose y acercando sus labios a la oreja de Yulia. – Si me vas a comer…empieza ahorita- susurró.



El corazón de Yulia casi revienta su pecho, sus pulmones casi no agarraban oxígeno. A Yulia, por primera vez, habían logrado excitarla sin tocarla, bastó sólo ese susurro para sentir palpitaciones en su vientre y en lugares que no sabía que podían palpitarle. Yulia sonreía tontamente al vacío, estaba roja; demasiado roja, y demasiado nerviosa.



- ¿Y si me equivoco?- susurró Yulia, parecía que pensaba en voz alta.



- No te vas a equivocar, será mi primera vez también…si quieres empiezo yo, guíame, guía mis manos hacia donde te gusta sentir cosquillas, presiona mis manos, háblame, no hay manera de equivocarse si me dices lo que te gusta y cómo te gusta…dime, ¿te gusta que te bese aquí?- besó su mejilla. -¿y aquí?- su quijada. -¿qué tal aquí?- detrás de su oreja. Yulia se deshacía en placer, en simple y puro placer. - ¿y si hago esto…- susurró muy bajo, mordiéndole suavemente su lóbulo- …te gusta? ¿Por qué no respondes? ¿Tanto le gusta a mi Arquitecta?- susurró mientras desviaba su mano sobre el encaje del vestido de Yulia.



- Lena…me vas a matar- murmuró, con una risa nerviosa, notando las luces de Manhattan ya. – A mi apartamento, por favor- dijo al chofer por el interruptor.



- No me imagino cómo has de estar de aquí…- murmuró Lena entre besos y mordidas en la oreja de Yulia, acariciando con su mano los muslos y el vientre de Yulia. - ¿Qué…se te reventó una tubería?- bromeó Lena, haciendo alusión a la profesión de Yulia. - ¿O no calculaste bien la posición del drenaje?- ambas rieron, era imposible no reírse ante tales comparaciones.



El auto se detuvo frente al edificio, Yulia agradeció al chofer, abrió la puerta y se bajó.



- ¿Vienes?



- No me gusta que me pregunten tanto



- Te ordeno que vengas



- Too bossy ( Demasiado mandona)



- Voy a subir a mi apartamento, me gustaría que me acompañaras, quisiera mostrarte la vista que hay ahí



Lena rió, dio gracias al chofer también y se bajó del auto, siguiendo a Yulia. Veía el trasero de Yulia impecable en aquel vestido ajustado, hasta se llegó a preguntar si andaría algo debajo de él o no, sorpresa sería. Subieron al apartamento de Yulia en silencio, resistiéndose las ganas en el ascensor porque sabían que estaba vigilado con cámara, no querían ser motivo de cotilleos entre los Conserjes, menos entre los vecinos.



- ¿Qué crees que estén haciendo Natasha y Phillip?- preguntó Lena mientras Yulia abría la puerta.



- Han de estar sudando por no poder estar en donde quieren estar, a menos que hayan decidido quedarse a dormir, siempre son impredecibles, tienes que acostumbrarte a eso. Pero seguramente, si siguen sentados en alguna mesa, Natasha le ha sacado a Phillip su “pene lindo” del pantalón y se lo está “acariciando” sin que nadie se de cuenta…y el pobre Phillip conteniéndose las ganas…



- ¿Por qué no están casados?



- Pronto lo estarán, Natasha está esperando para cumplir los veintiocho, porque a esa edad se comprometió su mamá, sólo para respetar la edad, no quiere ocasionarle ningún problema de corazón a su mamá- rió. – Phillip y su familia la adoran, es que Natasha es demasiado buena persona, sólo conmigo, y ahora contigo, es así de “inapropiada”, de lo contrario, con Natasha puedes entablar una conversación sobre cualquier cosa…algún curso que tomó en Brown



- ¿Se graduó de Brown? ¿Qué estudió?



- Psicología, y sí, se graduó de Brown, no parece pero sí, es inteligente… ¿quieres algo de tomar?- ofreció Yulia en cuanto lograron entrar al apartamento.



- Sí, lo que tú te sirvas está bien para mí también- sonrió, pensando en lo complicado pero simple que era Natasha, hasta le gustó la idea de que Yulia tuviera una amiga psicóloga y que no trabajara en la psicología, sino en algo más banal como la moda.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por rocket1 el Miér Ago 06, 2014 6:12 pm

Muy bueno Smile

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Ago 06, 2014 7:06 pm

No me aguante les dejare este pequeño adelanto de lo que se viene estos próximos días jijijijijiji






Yulia se dio la vuelta para servir lo mismo de siempre cuando sintió que Lena quitaba el cinturón de cuero y le bajaba la cremallera de su vestido, recorriendo con su dedo la espalda de Yulia a medida que la tela se abría paso y dejaba ver piel. Bajó la cremallera hasta el fondo, hasta el principio de su trasero, en realidad ya podía verle el comienzo. Yulia había tenido que dejar los vasos a medio servir, no podía dejar de temblar de pensar en lo que estaba a punto de suceder. Lena paseó sus manos por la espalda de Yulia y retiró lentamente el vestido de sus hombros, haciendo que Yulia sacara los brazos de las mangas de encaje. Deslizó el vestido de Yulia hacia abajo, dejándola en sus Jimmy Choo nada más.



Contempló aquella magnífica vista de la que Yulia le había hablado al invitarla a subir con ella, a plenas tres y media de la mañana era como ver el amanecer. Sabía que Yulia estaba nerviosa por cómo respiraba y porque no se había dado la vuelta, le daba la espalda todavía. Tenía unas cuantas pecas en sus hombros que se difuminaban en la parte alta de su espalda. Su espalda era delgada y pequeña, con piel suave, con los omóplatos un tanto saltados y con la hendidura de su columna hasta llegar a ese trasero. Recorría su espalda con sus manos y con su vista, repasando su cintura y sus caderas y repasando una cicatriz que le sentaba sensual. Bajó por su trasero con la mirada, era ajustado y tonificado, que terminaba en unos muslos con cero celulitis y que terminaban en unas pantorrillas tonificadas y relucientes de humectante. Le dio un beso a su cicatriz, lugar en donde Yulia nunca había sido besada, y supo que Lena era a quien debía entregarse, a quien podía entregarse por algo parecido al amor. Lena se acercó a Yulia, pegando su pelvis con su vestido contra su trasero y paseó sus manos por el abdomen de Yulia, recorriendo su vientre y el borde de sus senos, tocando pero no tocando. Yulia había colocado sus manos sobre las de Lena, había cedido hasta la última gota de autocontrol, se estaba dejando llevar, tal y como Lena se lo había recomendado.



Lena besaba el cuello y los hombros de Yulia mientras Yulia se deshacía en pequeños ahogos ciegos, sabiendo que era la primera vez que estaba así de excitada y que había sido así de fácil con alguien. Le encantaba sentir la zona pélvica de Lena hacer círculos a ras de su trasero, se sentía rico y sexy. La piel de Yulia se erizó de nervios, haciendo que cada vello de sus brazos se erizara, sólo para que Lena los calmara al pasar sus manos tibias sobre ellos. Yulia volvió a posar sus manos sobre las de Lena y las guió por su cuerpo, paseó una por en medio de sus senos, rodeándolos con suma delicadeza, apenas rozándolos de la parte inferior, paseó su otra mano por sus muslos y su vientre para irla introduciendo en el interior de sus muslos, en donde el calor aumentaba.



Lena se sentía rara, demasiado caliente, demasiado deseosa. Su corazón dio un vuelco cuando rozó el borde de los senos de Yulia con su mano, no eran tan grandes pero rígidos; no caídos, y eran suaves. Yulia por fin se dio la vuelta y se dejó ver desnuda ante Lena, una mujer a la que le había gustado mostrarse. Lena quedó tonta del cuerpo de Yulia, era perfecto, se puso nerviosa porque sabía que su cuerpo no era ni la octava parte de perfecto como el de Yulia. Tenía un pequeño lunar en el yacimiento de su seno izquierdo que, en un escote, mataba. Sus pezones café muy pálido eran pequeños, también sus areolas, eran perfectos, daban ganas de acariciarlos y de comerlos de inmediato. Tenía el abdomen plano, su vientre también, un ombligo pequeño y sexy. De su entrepierna no pudo notar mucho más que una depilación total, ya un tanto hinchada y un tanto, bastante, empapada, pues cuando Yulia abrió un poco las piernas, se liberó el sonido de sus labios mayores abriéndose, Lena casi cae con crisis nerviosa de la emoción. Yulia le plantó un beso mientras se bajaba de sus quince centímetros y se volvía más accesible. Mientras la besaba, le bajaba la cremallera de su vestido. Notaba cómo Lena se ponía de nerviosa al paso que bajaba la cremallera, estaba demasiado consciente que no le gustaría lo que Yulia estaba a punto de ver, pero se equivocó.



- Déjeme verla, Licenciada, por favor- susurró Yulia a su oído, haciendo que Lena se despegara de ella y diera dos pasos hacia atrás para que Yulia pudiera verla desnuda.



Sí, Yulia casi se la come en ese momento, jamás le había interesado el cuerpo de una mujer, pero ese era el más hermoso, tenía cierto aire de inocencia, pero sólo aumentaba más su interés por comerse aquel par de pezones rosado pálido, casi del mismo color de la piel de Lena, pequeños en todo sentido, decorando aquellos senos de tamaño perfecto; ni muy grandes ni muy pequeños, que caían con tanta elegancia. Le ordenó que se diera la vuelta, sólo para apreciar ese traserito apretado que tanto quería acariciar y pellizcar. Fue entonces cuando Lena cometió el error más rico de todos. Estando de espaldas a Yulia, decidió salirse de su vestido que estaba ya sobre el suelo pero, al estar enredado en su tacón, se agachó sólo con la espalda, dejando toda su entrepierna y más a la vista de Yulia.



- No te muevas, quédate así…- murmuró Yulia.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por Gene22 el Jue Ago 07, 2014 12:33 am

Oh por dios! lo dejaste en la mejor parte D: .. jaja muy bueno :3


Saludos! ^^
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por rocket1 el Vie Ago 08, 2014 4:14 pm

OMG ¿por que lo dejas así? Jajajaja conti Smile

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Ago 08, 2014 11:17 pm

Disfruten  Very Happy 







- No te muevas, quédate así…- murmuró Yulia, acercándose hacia Lena, quien había puesto sus brazos como apoyo al pantry.



Yulia se arrodilló ante el trasero de Lena, poniendo su vestido, aquel Monique Lhuillier sobre el suelo para usarlo de amortiguador, y se acercó lentamente. Lo besó y lo mordió un par de veces con suma pasión y delicadeza mientras lo masajeaba suavemente con sus manos y lo separaba para ver los adentros de Lena.



- Yulia…¿qué haces?- Lena estaba un tanto confundida y preocupada, hasta sorprendida.



- Abre más tus piernas para mí, ¿si? Si no te gusta, me dices y yo me detengo…



Y Lena, muy obediente, abrió sus piernas, dejándole todo lo íntimo y personal a Yulia. Nuestra Arquitecta hundió su cabeza entre aquellas piernas sólo para probar de qué estaba hecha Lena. A medida que acercaba su cara hacia aquellos labios mayores, el calor aumentaba, las ganas que tenía de probar a Lena aumentaban más con cada segundo que pasaba. Besó su zona perianal, un lengüetazo lento y jugoso que recorrió desde esa zona hasta donde alcanzó a llegar; antes de su clítoris desgraciadamente pero, aún así, Lena suspiró un “oh my God” que le dio luz verde a Yulia.



- Yulia, así no, no me gusta verte hincada, no prefieres… ¿acostarte?- sugirió Lena, dándose la vuelta y levantándola gentilmente con sus manos por su barbilla.



- ¿Quieres ir a mi cama?



- Pensaba más en un sofá, algo que esté más cerca que tu cama…no puedo esperar tanto- sonrió, haciendo que se parara y tomándola de la mano mientras caminaban hacia el sofá más cercano.



Lena se dejó caer en el sofá, abriendo sus piernas mientras dejaba caer sus Lanvin de golpe sobre el suelo. Yulia se colocó sobre ella, besándola como nunca había besado a alguien, saboreando aquellos labios y aquella lengua en su cavidad bucal, desviándose por las mejillas hacia su cuello y hacia detrás de sus orejas. Las manos de Lena se paseaban suavemente sobre la espalda de Yulia o sobre su cuello, le encantaba sentir la suavidad de aquella piel, aquella perfección. Yulia bajó lentamente por su cuello hasta su pecho, dándole besos cortos y colocados antes de ocuparse de sus senos. Tomó su seno derecho en su mano y lo acarició suavemente, redondeándolo con sus dedos y rozando su pezón para luego besarlo y rozarlo en círculos con la punta de su lengua. Lo mismo con el otro pezón, Lena se sentía no sólo mujer, sino también sexy y deseada.



El teléfono de Yulia sonó pero no le hizo caso, probablemente era número equivocado, después de todo eran las tres y media de la madrugada. Yulia siguió bajando por el abdomen, el vientre, con besos y caricias, roces con sus dedos y sus uñas, Lena arqueaba su espalda, no podía aguantar mucho tiempo antes de rogarle que le liberara esa presión que sentía en su vientre, que hiciera algo respecto a sus palpitaciones en su clítoris.



- ¿Cómo te gusta?- preguntó Yulia, tomando en cuenta lo que había dicho Lena hacía un par de horas.



- Nunca me han hecho uno…- susurró Lena, paseando sus dedos por entre su cabello, aflojándose su moño.



Yulia se sorprendió y en ese momento tuvo miedo de ser la primera persona que en realidad tocaba a Lena "aunque no puede ser posible, siendo así de hermosa…alguien tiene que haberle robado su inocencia ya, sólo que el muy patán no tuvo dedicación alguna para darle un placer de verdad”. Y Yulia decidió tratarla como entre pétalos de rosa, tratarla de acuerdo a lo que su cuerpo merecía. Abrió las piernas de aquella rusa y besó la parte interna de sus muslos, desde por sus rodillas hasta su vulva.



- Mmm…Licenciada Katina, debo decirle que quien sea que haya diseñado su aparato reproductor…es un genio- murmuró juguetonamente Yulia a ras de su vulva, causándole cosquillas por su tibia exhalación.



A pesar de ser la primera vulva que Yulia tenía en su cara, que no fuera la suya ante el espejo, la proclamó perfecta, más perfecta que la suya, pues estaba consciente que su cuerpo era un tanto envidiable. Era ajustada, sus labios mayores estaban un tanto hinchados y húmedos por la excitación, eran del mismo color del resto de su piel, un tanto encandecidos por lo mismo, su clítoris y sus labios menores, todo del mismo pigmento, aparecían por entre los labios mayores sin mayor dificultad y con suma discreción, pues eran cómodos y cortos, y su clítoris pequeño pero hinchado. Colocó sus labios sobre su clítoris y empezó a masajearlo con su lengua, mientras esporádicamente pasaba de largo y recogía y saboreaba los jugos de Lena con su lengua, trayéndolos hacia su boca para saborearlos mejor. Hacía círculos pequeños y con poca presión sobre el clítoris de su Licenciada, mientras que, con sus dedos, acariciaba su vagina, presionándola un poco, sintiéndola estrecha y muy caliente. Lena no sabía qué hacer con sus manos; se presionaba suavemente sus senos, jugaba con el cabello de Yulia, apuñaban el cuero del sofá, jugaban con su propio cabello, en fin, era la locura, el éxtasis de aquel mar de sensaciones que estaba sintiendo.



- Elena Katina, ¿cómo puedo ayudarle?- contestó Lena el teléfono de Yulia sin que Yulia se diera cuenta o dejara de lamer su clítoris. – Permítame un segundo, ahorita se la comunico…es tu mamá- susurró, tapando el micrófono del teléfono.



- Mamá, ¿qué se te ofrece? Estoy un poco ocupada- contestó, frotando el clítoris de Lena con sus dedos para besarlo en cuanto tuviera la oportunidad de no hablar y sólo escuchar.



- Yulia, ¿estás en la oficina? ¿Qué estás haciendo?¿Qué es ese ruido?



- Mamá, estoy trabajando en un proyecto muy importante y muy delicado, estoy comiendo, ¿qué necesitas?- volvió a preguntar, mientras penetraba a Lena con su dedo y, en cuanto terminó de hablar, succionó suavemente su clítoris, causándole un gemido demasiado fuerte que la mamá de Yulia lo escuchó.



- Yulia, ¿qué fue eso? ¿Quién me contestó tu teléfono?



- Era Lena, mi compañera de trabajo, ella estaba más cerca del teléfono, se le acaba de caer un Binder en el pie, ¿en qué puedo ayudarte?



- Misha me llamó para decirme que habían terminado, que tú lo habías terminado



- Madre, ¿es en serio? No quiero ser grosera contigo, pero no tengo tiempo para hablar de Misha, ahora soy muy feliz, especialmente ahorita que estoy trabajando en el mejor proyecto de toda mi vida… ¿puedo llamarte cuando termine? Te quiero mucho, cuídate, hablamos luego, ciao- colgó, aventando el teléfono a ciegas al otro sofá. - Perdón… ¿en dónde estábamos? Ah, sí…- murmuró, succionando el clítoris de Lena, quien estaba muerta en risa por el episodio con su “suegra”…”Oh, ¿Pensé suegra? ¿Qué me pasa?”.



- Yulia…- suspiró Lena al cabo del tercer lengüetazo de Yulia en su clítoris, aferrándose a ella, tomándola de las manos con tal fuerza que le hizo saber a Yulia que estaba a punto de tener un orgasmo.



Fue como un grito extraño, con un sollozo sin pena, junto con un espasmo lumbar y abdominal que la dejó viendo estrellas por unos segundos. Yulia experimentó, por primera vez, qué era que una mujer tuviera un orgasmo sin estar en “mute”. Lena sentía cómo su vientre se seguía contrayendo, su clítoris palpitando al roce de la barbilla de Yulia, quien sonreía de satisfacción y de emoción al ver a Lena así de descontrolada, respirando agitadamente. Lena se sentó, volviendo a levantar a Yulia con su mano por su barbilla, de manera muy delicada y gentil, y la besó, sintiendo en el fondo un sabor a ella misma.



- ¿Qué tal estuvo, Licenciada?- susurró Yulia a ras de los labios de Lena, dándole besos fugaces pero sin dejar de transmitirle lo mucho que le gustaba besarla.



- No pudo haber estado mejor, Arquitecta…ahora, dígame una cosa… ¿qué le gusta a usted?- preguntó, recostándola sobre el sofá, con una sonrisa juguetona que se confundía con picardía. -¿Le gusta…que le muerdan su pezones?- y antes de que Yulia pudiera desvivirse en un “sí, me encanta”, se derritió en la ausencia de su respuesta al sentir los dientes de Lena aprisionar su pezón izquierdo. - ¿o que le toquen su clítoris mientras le muerden sus pezones?- preguntó, con suma libidinosidad, rozándole su clítoris con sus dedos y haciendo círculos sobre él, tal y como Yulia había hecho en ella.



- Don’t stop…don’t stop- murmuraba Yulia, sintiendo aquel anhelado calor que yacía de su clítoris para cada rincón de su cuerpo. Esa corriente, esa sensación tan…”deliciosa”.



- ¿Le gusta que la penetren con un dedo?- preguntó Lena, de manera maliciosa, introduciendo un dedo en la vagina de Yulia, sintiéndola caliente y haciendo que Yulia se deshiciera en placer. -¿O con dos dedos?- y le introdujo su dedo índice, todo sin dejar de succionarle sus pezones alternadamente o de besar su cuello. – Me muero por saber a qué sabe mi Arquitecta- susurró al oído de Yulia, mordiendo su cuello y bajando directamente a su entrepierna sin sacar sus dedos de su vagina. - ¿O le gusta que se coman su clítoris mientras la penetran con dos dedos?- preguntó e inmediatamente atacó el clítoris de su Arquitecta, penetrándola a tempo medio, provocándole ahogos repentinos a Yulia, gemidos incontenibles y que tenía que expulsarlos en voz alta.



Lena sintió cómo las paredes vaginales de Yulia se contraían y apretujaban sus dedos, cómo su clítoris se ponía más caliente y más hinchado, más rígido. Succionó su clítoris y Yulia gimió de tal manera que Lena se desvivió y le murmuró un tiernísimo “qué lindo te corres” mientras Yulia intentaba estabilizarse.



- Tú tienes algo extraño- dijo Yulia, irguiéndose e inclinándose hacia Lena. – Eres preciosísima pero tienes cierta inocencia que no logro comprender por qué la tienes tan marcada…y tienes unos camanances que dan ganas de comerlos a besos- dijo, atacándola a besos y a abrazos.



- ¿Nos dejamos llevar por el momento?- preguntó Lena sonrojada.



- ¿Por qué prefieres dejarte llevar en lugar de aceptar algo y planearlo y diseñarlo a tu gusto?- murmuró Yulia, colocándose en medio de las piernas de Lena y recostándola para darle besos en su cuello y pasar sus manos por sus muslos; desde su trasero hasta sus rodillas.



- Porque pienso que alguien como tú…si lo acepta y lo planea y lo diseña, como tú dices, se sentirá culpable o mal por haberse metido con una mujer cuando “reventaba la cama con un hombre”, lo cual se oye demasiado heterosexual…mmm, ahí se siente rico- divagó, tomando a Yulia por el cuello y cerrando sus ojos.



- La espontaneidad no es “my thing”(lo mio ) succiono unpoco su cuello– si ser espontánea va a meterme en la cama contigo y me va a dejar darte besos y tenerte desnuda y sentirte mía…adoro la espontaneidad contigo…



- Dame un último beso y mírame- dijo, en un tono que a Yulia le asustó, creyó que quizás no debió haber dicho todo lo anterior, pero no sólo estaba embriagada de Lena, sino también de todo el Bollinger Blanc de Noirs que le corría por las venas. Levantó su mirada. – No tenemos que hacerlo público, será our own dirty little secret (nuestro pequeño sucio secreto ) aunque tengo una mente un poco sucia a veces y quisiera jugar con tu clítoris mientras te tengo acostada sobre tu escritorio en el estudio



- Mmm…Licenciada Katina, qué mente más…maquiavélica- rió, dándole un beso a Lena en sus labios y poniéndose de pie, alcanzándole la mano a Lena para que la acompañara.



Lena le dio la mano a Yulia y ella la dirigió hacia su habitación, en donde, todavía a oscuras cuatro de la mañana, logró calcular dónde estaba su cama para dejarse caer junto con Lena encima. Lena se sentía mejor que nunca, se le había olvidado lo que era sentirse hermosa en los brazos de alguien, se le había olvidado lo que era que alguien le diera placer sexual con tanta delicadeza pues, la única vez que tuvo placer sexual, no hubo placer sexual, sino más bien una brutal borrachera con su único novio; pero esta vez se había sentido diferente, era la reconfirmación de quién era, de que ella estaba hecha para amar a las mujeres y no a todas, sino más bien sólo a la Arquitecta Yulia Volkova, “aunque no la amo, simplemente me trae loca”.



Yulia se despertó hasta que su cuerpo la obligó a despertarse; era la primera vez en años que lograba dormir más de diez horas seguidas, quizás era por el cansancio, por la felicidad o por la cantidad de endorfinas que había liberado en la madrugada. Respiró hondo y se estiró a medida que exhalaba su felicidad, dándole gracias a Dios por haberla hecho descansar tan bien y por tanto tiempo, pues no fue necesario ver el reloj para darse cuenta de ello, simplemente lo sabía. Vio hacia su derecha y vio a Lena dormida, con la expresión más angelical que existió jamás. Tenía el maquillaje un poco corrido pero se veía hermosa, tenía dibujada una leve sonrisa, descansaba en posición fetal, con sus manos juntas entre su cabeza y su almohada. Yulia no tenía nada en contra de las pelirrojas, tampoco le parecían las más atractivas, pero Lena era un caso especial, ver cómo esas ondas caían sobre su hombro de esa desordenada manera, le daban personalidad; era perfecta. Fue entonces cuando Yulia consideró que era talla dos y no talla cuatro de pantalón.



- Good morning, stranger( Buenos dias extraña)- saludó Yulia a Lena en cuanto se despertó.



- Good morning, beautiful (Buenos dias, hermosa)- respondió Lena, en aquella voz adormitada que hizo que Yulia se le lanzara a plantarle un beso. – Eso lo hace una mejor mañana…-sonrió, acercándose a Yulia después del beso para abrazarla.



- ¿Cómo te sientes?- preguntó Yulia, jugando con sus dedos entre el cabello de Lena.



- Demasiado bien, ¿y tú?- jugaba con su dedo en el pecho de Yulia, pues las sábanas tapaban sus senos; repasaba su lunar una y otra vez.



- ¿Cómo defines tú “hacer el amor”?



- ¿Desde un punto de vista heterosexual o desde un punto de vista “tú y yo”?



- Bueno, tenemos que definir primero, ¿somos lesbianas?



- Creo que debes ponerle nombre si necesitas etiquetarlo, Yulia…pero yo lo veo como un simple “Yulia me encanta, así como a Natasha le encanta Phillip”.



- Entonces definamos “hacer el amor”



- Hacer el amor…es una expresión bastante complicada…pero hacer el amor, según mis estándares, empieza con besos como éstos- besó los labios de Yulia y se desvió hacia su cuello, arrancándole de paso las sábanas. – y cuando aprecias cada milímetro de lo que besas…y cada lunar- besó su lunar, era un lunar pequeño y sexy, era pícaro en realidad.- y prestarle atención por igual a ambos pezones…



- Mh…Lena… ¿qué haces?- Yulia estaba nerviosa pero le encantaba cómo Lena había decidido no sólo explicarle, sino mostrarle con hechos qué entendía ella por “hacer el amor”.



- Shhh…no hables, sólo escucha- rió, mordiendo suavemente su areola derecha y provocándole un ligero ahogo interno a Yulia. – Y luego de haber besado ese par de hermosos…¿32C o 34C?...mmm creo que 34C, esos perfectos 34C, bajar con besos como éstos por todo este abdomen…y hacerle cosquillas con mi lengua en su ombligo…- Yulia reía, temblaba por lo sensual que Lena le hablaba. – y que abra sus piernas y le diga “mmm, Yulia Volkova… ¿puedo probar su clítoris?” para que usted me responda…- dijo, esperando una respuesta de Yulia, una respuesta verbal pero no fue lo que consiguió.



Yulia empujó delicadamente la cabeza de Lena hacia su vulva y, Lena, sonriendo, le abrió sus labios mayores para tener un acceso más fácil a su clítoris. Lo atrapó entre sus labios húmedos y lo presionó, a manera de expulsarlo a presión con sus labios para luego lamerlo de arriba abajo, de izquierda a derecha y en círculos.



- Parte de hacer el amor- dijo Lena, mientras recorría la vulva de Yulia con sus dedos, desde su clítoris hasta su vagina. – Es que tienes que gemir, no tienes que frenarte a ti misma, sólo expulsa lo que sientes…- levantó las piernas de Yulia y admiró el divino paisaje.



Le abrió sus piernas y las empujó un poco, topándolas casi a su cadera. Recorrió sus labios mayores con su lengua, despacio; muy despacio, clavándole sus dedos en sus muslos por detener sus piernas, paseó su lengua un poco más profundo y de arriba abajo, arriba y luego abajo, hasta su vagina, en donde, pícaramente, jugueteó un poco con la punta de su lengua, haciéndole círculos pequeños y concentrados en ese agujero que tanto descontrolaba a Yulia. Lena, en su inmensa gula y frenesí, lamió y relamió de nuevo de arriba abajo, llegando, accidentalmente, a un punto en el que ambas tuvieron un corte.



- Perdón- dijo Lena, apenada por haber llegado hasta ese otro agujero, que por culpa de Lena me da pena mencionar.



- ¿Perdón? Fue un accidente, Lena- sonrió Yulia, dejando ver aquella blanca y recta dentadura.



- Pues el accidente no me supo nada mal- rió Lena.



- Tampoco se sintió mal- Yulia se sonrojó y dibujó una sonrisa tierna de pena. Lena hizo lo inimaginable, acercó sus labios al agujerito y le dio un beso apasionado que acompañó con un lujurioso “mmm…”. – Lena, ¿qué haces? ¡Es maloliente y sucio!- se escandalizó Yulia, irguiéndose pero manteniendo sus piernas abiertas y en la misma posición para Lena.



- No huele mal y no sabe sucio…déjate llevar- parecía que eso de “Déjate llevar” era el motto tras el que Lena regía su vida.



Y Yulia volvió a recostar su cabeza sobre aquella Smartpillow, posó su mano derecha sobre la mano izquierda de Lena que estaba deteniendo su muslo y su mano izquierda sobre la cabeza de Lena, enterrando sus dedos en sus ondas rojas, sintiéndolas suaves y sedosas. La lengua de la Licenciada Katina hacía círculos a un lado y hacia el otro, causándole contracciones fugaces a Yulia, quién había decidido aceptar lo rico que se sentía; era la combinación de la lengua y los labios de Lena en esa parte, específicamente en donde nunca se imaginó que podía llegar a darle tanto placer.



Lena se detuvo unos segundos sólo para humedecer los dedos de Yulia con tanta pasión que Yulia sintió ese típico “click” que sentía cuando estaba próxima a tener un orgasmo. Llevó sus dedos húmedos hacia su clítoris y se estimuló ante Lena, quien le clavaba la mirada sólo para decirle a Yulia “¿ves lo que te provoco?” y, ante Yulia estimulándose de tal manera, Lena retiró su mano derecha, dejando flojo el muslo de Yulia pero todavía en la misma posición, y la llevó hacia su entrepierna, siguiendo los movimientos de los dedos de Yulia pero en su propio clítoris.



Lena no era muy experimentada en lo que a la auto-estimulación se refería pero, en ese momento, evolucionó a una profesional y comenzó a gemir al ritmo de Yulia, no porque Yulia la hubiera contagiado, sino porque estaban en la misma página. Yulia dio un pequeño respingo que retiró los labios de Lena de su agujero, dejando sólo sus miradas clavadas una en la otra. Yulia suspiró, Lena besó sus muslos, que ya estaban apoyados por los pies sobre la cama, viendo de reojo cómo Yulia se estimulaba cada vez más y más rápido. Nuestra Arquitecta apretó su quijada, dejando salir un gemido violentamente satisfactorio por entre sus dientes, elevando su trasero, no dejando de acariciar su clítoris, cada vez más lento y más superficial.



Yulia apenas se recuperó, tumbó a Lena sobre su espalda y se propuso proporcionarle un orgasmo en menos de un minuto. Abrió sus piernas y hundió su lengua en su vagina, acariciando su clítoris con sus dedos; penetraba a Lena con la punta de su lengua ya rígida pero suave y húmeda, presionando su clítoris por entre sus dedos, acariciándolo de arriba abajo y presionándolo suavemente, tornándolo increíblemente caliente e hinchado. Lena respiraba alocadamente, Yulia veía cómo ese abdomen plano se inflaba y se desinflaba, con la cabeza de Lena echada hacia atrás, sus manos apuñando las sábanas, gimiendo sensualmente y repetidamente. Y, como propuesto, Yulia hizo que Lena tuviera un orgasmo en menos de un minuto. Yulia dio un beso sensual y húmedo al clítoris irritado de Lena y subió con besos por su abdomen y por en medio de sus senos, sonriendo con cada beso mientras Lena la tomaba cariñosamente por el cuello.



- Entonces…a eso le llamo “hacer el amor”- rió Lena, abrazando fuertemente a Yulia, Yulia le plantó un beso tibio y cariñoso a Lena en sus labios mientras acariciaba sus piernas con la yema de sus dedos. - Parece que no estamos solas, Arquitecta- volvió a reír, viendo que, desde la ventana del edificio que daba a la ventana de la habitación de Yulia, había un espectador bastante concentrado e idiotizado por el episodio. Yulia se sonrojó pero rió con Lena.



- Saludémoslo, es de mala educación no saludar…o agradecer por haber sido público- bromeó Yulia, dándose la vuelta y dijo “hola” con la mano y con una sonrisa, lo que causó que el vecino acosador saliera corriendo de la vergüenza.



- Yulia…qué pena



- Me parece “super cute” que te de pena…es que tú eres “super cute” overall- la besó de nuevo, con un poco de lengua.



Lena se sonrojaba con facilidad, al igual que Yulia, pero era algo que creaban entre ellas, pues con la demás gente no era así de fácil.



- Tengo hambre- se quejó Lena al aire, dándole risa a Yulia. – Tú te ríes por todo, ¿verdad?



- Un poco, sí- rió Yulia. – Está haciendo un poco de frío ahí afuera… ¿qué te parece si pedimos algo de comer?



- ¿Algo como qué?



- Lo que sea, lo van a traer - guiñó su ojo.



- Tengo ganas de un Phillysteak Sandwich con extra onions y unas french fries con curry



- ¿Hablas del lugar que está Rock?- Lena asintió. Yulia tomó su teléfono, que de alguna manera siempre se materializaba cerca suyo. – Permítame un segundo, Licenciada Katina, veré qué puedo hacer- rió. – Bien…buenas tardes puedo hablar con Raphael?...Dile que Yulia Volkova quiere pedir algo de comida para llevar…Si, espero un "escalofrío”…- dijo al teléfono. – ¿Desde cuándo “espera un momento” se convirtió en “espera un escalofrío”?- ambas rieron, criticando indirectamente a la juventud a la que alguna vez habían pertenecido de manera ciega. – Raphael, ¿como estas?...Si, señor, yo quería saber si podía pedir algo de comida para llevar… si en mi casa…Hmmm… Dos Phillies, uno con cebolla adicional, la otra sin tomate, con queso extra, dos ordenas de papas fritas cubiertas con polvo curry, dos Mountain Dews y dos Dr. Peppers, por favor... Sólo cárgalo a mi tarjeta, La propina del chico, por supuesto…20% ya que es domingo y hace frío… Muchas gracias Raphael. Bye-bye- colgó. – Y así es como le consigo los antojos a la Licenciada Katina.



-¿Y cómo puedo pagarte? Nunca me dejas pagar nada, tú siempre invitas, Yulia- rezongó Lena, pellizcándole suavemente la mejilla a Yulia.



- Oh, you’ll pay me ( Oh, me tendras que pagar )…pero no ahorita- rió de nuevo.



En realidad Yulia no reía tanto por nada nunca, era Lena la que le traía esa paz y esa armonía interior, esa felicidad que se difuminaba en el aire.



- ¿Qué voy a hacer ahora en la noche que no esté en estas sábanas tan ricas o abrazada contigo?



- Mañana es lunes, y nos veremos todos los días por diez horas al día como mínimo en el estudio…puedes quedarte ahora si quieres pero van a sospechar si no llevas tu ropa sino la mía



- Creo que necesitas tu espacio también, Yulia, he pasado de parásito aquí por dos días…dos días que han sido demasiado lindos, demasiado memorables



- Si te vas, me tienes que prometer algo



- Lo que sea



- Que no te vas después de comer y que, cuando llegue al estudio mañana, me vas a estar esperando con un beso de “buenos días”



Lena sonrió y se sintió bien; no sabía si era la primera vez, pero era algo raro de sentir, saber que alguien quería algo tan simple y tan sano como un beso, o que no se fuera al terminar de comer. Ninguna sabía pero las dos tenían más en común de lo que se imaginaban, no sólo un gusto parecido para los antojos en la comida, o en el tipo de palabras que utilizaban, o en su procedencia, sino también en el pasado tenían cosas en común de las que en algún momento se darían cuenta



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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Ago 08, 2014 11:39 pm

Mas conti








Yulia se despertó aquel lunes por la mañana, después de un domingo por la tarde con Lena, de dos días llenos de Lena, que todavía no podía creerse. Fue entonces, a partir de ahí que Yulia Volkova decidió cambiar muchas cosas sobre ella, que tal vez no necesitaba cambiar por ser quien era, por tener la autoridad que tenía, pero, por Lena, cambiaría desde su actitud conservadora, hasta su manía por planearlo todo; diseñar, construir, entregar.



Tal vez todo estaba sucediendo muy rápido, Yulia no sabía qué pensar, más porque sabía que Lena tenía razón; si lo pensaba mucho, se sentiría culpable, pero en realidad Lena le gustaba, pero no podía caer de nuevo en un juego amoroso, no podía enamorarse de nuevo, no quería que le volvieran a romper el corazón, le costaría demasiado volver a recoger cada pieza.



Todo lo hizo como siempre; se duchó con agua tan caliente como pudiera soportar, sirvió un poco de Granola en un tazón y le vertió un poco de yogurt simple y unas cuantas fresas, lo devoró mientras se aplicaba la misma cantidad de maquillaje de todos los días; delineador negro en ambos párpados, mascara en las pestañas superiores, un poco de brillo para encandecer un poco sus labios y listo. Llegó a su clóset y decidió dejar de ser aburrida para ir a[url=#7051940] trabajar[/url], entonces, en vez de ponerse gris y negro, decidió arrojarse, por primera vez, una blusa roja manga larga de botones, un blazer blanco, pantalón de denim ajustado a sus piernas y una botas Manolo Blahnik que nunca había tenido el valor de ponerse; de cuero genuino y café oscuro, tacón de aguja y correa a lo largo de la funda que se extendía hasta por debajo de la rodilla. Encima se arrojó su Altuzarra negro y su Hobo Bag de YSL.



- Buenos días, Anatoly- saludó Yulia al entrar al estudio, lo vio coqueteando con la nueva secretaria de la Trifecta.



- Yulia, ¿por qué tan…casual?



- Este estudio necesita un poco más de…playfulness, ¿me explico?



- Arquitecta, ¿qué le hicieron durante el fin de semana?- se acercó Anatoly a Yulia, tomándola por el hombro mientras Yulia revisaba su caja postal. – A caso… ¿le hicieron el amor?- susurró a su oído.


- Anatoly, de verdad que usted sólo tiene la cabeza puesta en el sexo…- rió Yulia, habiendo tenido piel de gallina desde que Anatoly pronunció aquellas tres palabras, pues una película mental de su fin de semana le pasó por su cabeza. – Por cierto…no sé si ya le dijo Volterra, pero…no, olvídelo, no me corresponde a mí decírselo- bromeó Yulia, sabiendo que con eso se lo quitaría de encima y le provocaría estrés por el resto del día hasta que Volterra le dijera que todo estaba bien. – Buenos días, Gaby, ¿alguna novedad?- saludó a su secretaria, pasando a Anatoly por el olvido.



- Buenos días, Arquitecta. A las diez tiene reunión con Miss Roberts, a las tres con Mrs. Hatcher



- Perfecto. ¿Ya vino la Licenciada Katina?



- Sí, hace diez minutos…se ve diferente, Arquitecta



- Gracias, Gaby. Hazme un favor, tengo que planear unas cosas de Boston con la Licenciada, no me pases llamadas ni personas, por favor, te aviso cuando esté libre



Gaby asintió y vio cómo Yulia cerraba la puerta de su oficina con una vibra diferente a la de los años anteriores. Arrojó su bolso y su abrigo en el perchero de la entrada y caminó lentamente hacia Lena, que estaba sentada en su escritorio y dándole la espalda a la puerta.



- Buenos días, Licenciada- susurró Yulia al oído de Lena, abrazándola por sus hombros.



- Mmm…la espera se me estaba haciendo eterna, Arquitecta- giró su cabeza hacia la izquierda, en donde Yulia había posado la suya y le dio su beso de “buenos días”. – ¿Por qué te noto diferente?



- No, no tengo nada distinto



- Sí, te has vestido con diferentes colores, hasta un poco menos formal



- ¿Te molesta?



- No, al contrario, me gusta más que la Yulia seria- dijo, sentándose sobre su escritorio y abrazando a Yulia por su cuello con sus muñecas.



- Tú te ves espectacular, como siempre- murmuró Yulia, dándole besos en el cuello. – Creo que te has abotonado demasiado arriba tu blusa… ¿te parece si la desabotono en dos?- preguntó, halando con su dedo su blusa y desabotonando dos botones, dejando un poco de escote a su vista. – Así está mejor…- besaba el escote de Lena con sumo cariño, abrazándola por la cintura. El teléfono de la oficina sonó y Yulia, con un suspiro de enojo, contestó.



- Gaby, estoy ocupada, ¿qué se te ofrece?



- El Arquitecto Volterra quiere verla, Arquitecta



- Voy en un momento- colgó. – Mmm…Volterra quiere verme, dame otro beso para poder irme tranquila- Lena le dio un beso un tanto feroz, mordiendo su labio inferior con un poco de lujuria, después de todo, Yulia había estado besando su escote y la había empezado a descontrolar. Lena limpió los labios de Yulia con una sonrisa, susurrándole un sensual “aquí te espero”.



- Alec, buenos días- dijo Yulia después de haber tocado la puerta.



- Ah, Yulia pasa adelante, siéntate. Quería verte por tres cosas, la primera, ¿cómo van las cosas con la Licenciada Katina?



- Alec, van muy bien, es muy buena en lo que hace, no estorba como Anatoly, trabaja de lleno y aporta, no como tu adorada Trifecta, que no pueden construir una pared sin que tenga un desperfecto…



- Siempre muy puntual, ¿eh? Como sea, cuando tengamos espacio, te quitaré a la Licenciada de encima, en dos meses aproximadamente



- ¿Habrá recorte de personal?



- No estoy seguro, pero tendrás tu oficina para ti sola de nuevo



- Alec, de verdad, Lena no es ninguna molestia, déjala ahí el tiempo que quieras



- ¿Lena? Ah, ¿ya son amigas?



- Soy una persona muy sociable aunque no lo parezca, Alec…



- Bueno, como tú digas. La segunda cosa es que quiero que vayan a supervisar el proyecto de los Hatcher



- ¿Vayan?



- Sí, Anatoly, Lena, Robert y tú



- Está bien, ¿cuándo nos quieres allá?



- La semana del cinco de noviembre- Yulia asintió, apuntándolo en una nota mental que habría preferido olvidar o que nunca hubiera pasado. - ¿Cuándo te vas para Roma?



- El catorce de diciembre si está bien contigo



-¿Por qué tan temprano?



- Quisiera pasar con mamá el día de su cumpleaños y también Navidad, cumple el dieciséis…



- Por mi esta bien, querida mía



- Bien, era todo?



- Sí, ya te puedes retirar…



- Grazie, architteto Volterra



- Prego…oh, solo una cosa más…- dijo Volterra cuando Yulia ya estaba puesta en pie y lista para retirarse. - Oggi sei bellissima, Yulia- sonrió.



- Grazie, Alec, buona giornata- guiñó su ojo y se abrió camino para retirarse.



Yulia estaba un poco molesta por las fechas de supervisión de Boston, todo porque caía en la semana de su cumpleaños y ya había planeado algo sencillo pero que ya necesitaba; una escapada con Natasha a los Hamptons, sólo ellas dos, sin Phillip, sin Julie, sin James, sin nadie, sólo ellas dos para poder hablar de lo que fuera y sin que nadie se metiera y opinara al respecto cuando no se le preguntaba su opinión.



- ¿Qué quería Volterra, hermosa?- fue lo único que supo decir Lena cuando Yulia cerró la puerta sin una sonrisa y se dejó caer en su silla de golpe, exhalando el típico “UGH” para que Moses le llevara su típica bebida.



- ¿Qué dice si tú y yo nos damos una escapada de[url=#82503944] trabajo[/url] a Boston? Tenemos que ir a supervisar el proyecto en dos semanas…con Anatoly y con Robert



- ¿Quién es Robert?



- Pennington, el otro ingeniero- rió.



- Cuéntame sobre esa escapada de trabajo



- Bueno, nos quedamos en el [url=#91583825] Hotel[/url] Commonwealth”, no sé si en habitaciones dobles o individuales. Es tercer proyecto en Boston que hago y siempre me han metido a mí en la Suite Ejecutiva, pero es primera vez que viene otra mujer conmigo, tal vez estemos juntas, sino tocas la puerta y listo…- dijo Yulia, haciendo una breve pausa para tomar la bebida que Moses le traía. – Y se trata de ir a ver la construcción, hablar con los clientes, responder preguntas, etc. Días de trabajo y noches de ocio…Natasha no estará contenta- murmuró, casi sólo para ella.



- ¿Por qué habría de enojarse?



- Habíamos planeado algo para mi cumpleaños- suspiró, dándole un trago a su Pellegrino.



- ¿Cuándo cumples años, hermosa?



- El ocho de noviembre, her-mo-sa – sonrió, sonrojada por cómo la había llamado.
(N.A: Se sabe que Yulia cumple en febrero pero lo dejaremos asi para no alterar la historia )


- ¿Te gusta cumplir años?



- Si me despierto al día siguiente sí, porque las estadísticas muestran que las personas tienen una mayor tendencia a morir el día de su cumpleaños o antes de cumplir años, entonces si me despierto, claro que sí



- Si sabes que eres muy inteligente, ¿verdad?



- Como dijo Margaret, “sólo a pocos nos pagan por ello”- Lena y Yulia rieron.



La mañana transcurrió como de costumbre, analizando cada detalle de la habitación principal de Boston, pues habiendo entregado la semana anterior Louis Vuitton, Boston era su proyecto principal, era su obra de arte. Yulia y Lena se habían olvidado por un momento de la atracción que sentían una por la otra y hablaban sobre qué tipo de madera usar para la base de la cama, qué tinte darle si no era del color que quería Yulia que fuera, cuánto tiempo llevaría hacer qué, qué textiles, qué cortes, etc. cuando llegó Natasha, Yulia tuvo que dejar sola a Lena por un momento.



- Hello, Darling- saludó Natasha a Yulia de besos al aire.



- ¿Cómo estás?



- Muy bien. Hagamos esto rápido. Necesito rediseñar interiormente los apartamentos de los concursantes, que sea barato, que sea rápido y que sea bonito.



- ¿De cuánto estamos hablando por apartamento y cuántos apartamentos son?



- Cinco apartamentos y alrededor de veinticinco mil por cada uno, si se puede menos, tienes un plus.



- ¿Cuánto tiempo tengo?



- Hasta febrero, sweetheart



- ¿Eso es rápido para la Producción de PR? – rió Yulia, creyendo que querían un “Extreme Makeover: Home Edition”.



- Si, my love. Ahora, cuéntame, ¿por qué te veo diferente?



- No tengo nada diferente, my love- sonrió Yulia, rascándose el cuello, en donde por un momento se acordó que los labios de Lena habían estado.



- Te acostaste con Lena- dijo Natasha abruptamente.



- ¡Shhh! ¿Qué te pasa? ¿Cómo dices algo así de delicado, Nate?



- Ves, eso es lo que pasa, no me lo niegas, sólo me dices que baje la voz…te acostaste con Lena



- Cruzo tu corazón, tu gran tumba



- No diré nada…cuéntame, por favor, quiero detalles- aplaudió suavemente Natasha, con una sonrisa.



- Oh my Gosh, deberías verla desnuda…mmm



- Soy más de poll***, pero tiene bonito cuerpo…cuéntame de cómo fue, no me tires largas



- Lo que pasa es que nos metimos a tu habitación en casa de tu madre, y nos besamos por primera vez…y que fue cuando ustedes llegaron, por eso te di a entender que los habíamos visto



- Ogh, qué pena…pero, ¿sólo se besaron o también terminaron así como yo en ese momento?



- Nate, llegamos a mi casa y me quitó el vestido…terminamos en la cama, demasiado romantic y smooth y passionate, amanecimos juntas- dijo Yulia, jugando con su pluma estilográfica.



- Amanecieron juntas…esto se pone cada vez mejor- interrumpió Natasha, acercándose más a Yulia con sus manos bajo su barbilla, apoyada con sus codos sobre la mesa.



- Amanecimos juntas y lo volvimos a hacer…- Por cómo Yulia entonó las últimas palabras, Natasha notó que algo le pesaba.



- Amor, ¿por qué no te noto feliz?- Natasha se preocupaba por Yulia, porque sabía que la situación sentimental de Yulia era un tanto complicada gracias a un Mr. Bastard que no era Misha, pero dentro de todo; no sabía nada. – ¿Tienes miedo de lo que estás haciendo?



- Tengo miedo de enamorarme



- Amor, ¿qué tiene de malo enamorarse? ¿Quién te rompió el corazón que ahora tienes tanto miedo de intentar ser feliz?



- Se llamaba Marco…me enamoré profunda y perdidamente de él…



- Amor, cuéntame, ¿qué te hizo?- dijo Natasha, poniéndose de pie y sentándose a la par de Yulia, acariciándole el muslo.



- Era como una relación insana…teníamos diecisiete, éramos unos tontos inmaduros…



- Y te le entregaste…



- Ciegamente…



- Amor, Yul, fue hace mucho tiempo, te ha costado recomponerte, pero de no haberte pasado así, no fueras quien eres ahora. ¿Por qué te haces eso a ti misma? No pierdas la cabeza por un pequeño error, olvídate de lo que tengas que hacer para encajar en el molde porque entre más intentas, menos funciona… Esta bien no estar bien y yo sé que a veces cuesta escuchar a lo que tienes aquí dentro- dijo Natasha, dándole una palmada suave en su pecho. – Así como llorar no está mal, dejarse engañar tampoco o creer en tus sueños, lo que hiciste no está mal…you have to let her in. Dime algo, ¿en escala del uno al cinco, qué tanto te gusta Lena?



- Diez



- Follow your heart and be true to who you are…(Sigue a tu corazón y se fiel a lo que eres ...)




- ¿Qué quieres decir con eso? - Yulia estaba un tanto emocional, sentía que se ahogaba por momentos, era la primera vez que hablaba de Marco o de algo tan específico con alguien, aún con Natasha.



- Si quieres meterte en la cama con Lena, métete…si quieres agarrarle la mano, agárrasela…si quieres quererla, quiérela…si quieres amarla, ámala…no te retengas, date la oportunidad de ser feliz al lado de Lena…¿te da miedo porque es mujer?



- Es confuso, no sé qué tiene Lena que me hace desearla tanto, que me da tanta gana de abrazarla y de tenerla siempre conmigo…ayer no quería que se fuera, quería pasar todo el día metida en la cama con ella haciendo nada, ¿puedes creer eso , Nate?



- Yul, paso a paso; Lena te gusta, estás un poco enamorada de ella, te acostaste con ella…no te apresures tanto, pero tampoco te demores, déjate llevar, amor



- Sabes, es gracioso, Lena también me dice constantemente que me deje llevar- rió, aclarándose la garganta.



- Es lo que tienes que hacer, my sexy friend…sé que te vestiste así para verte todavía más hot de lo que usualmente te ves y déjame decirte que te sienta muy bien…Heidi estaría muy orgullosa de ti- dijo Natasha, abrazando a Yulia y dándole un beso en cada mejilla.



- Ella sabe tan bien…- suspiró, causándole una risa nerviosa a Natasha. - Gracias por acordarme de qué tengo que hacer…tú tienes una vida amorosa más estable, debería tomar consejos muchísimo más seguido, más si vienen de tu parte



- Cuando quieras y cuando no también, amor…ahora, ¿iremos siempre a los Hamptons para tu cumpleaños?



- About that…tengo que ir a Boston por trabajo, lo siento mucho, Nate, en verdad lo siento- Yulia estaba preocupada, era la segunda vez en menos de dos meses que tenía que cancelar los Hamptons con Natasha por uno u otro motivo.



- Dime que al menos Lena va contigo… sino me encargaré de llevar la fiesta a Boston- ambas rieron después de que Yulia asintiera sobre Lena viniendo con ella. – Es tarde, ya tengo que estar en el trabajo, pero cuando tengas algún avance sobre los apartamentos me avisas, ¿si?



- Nate, sólo mándame los planos, por favor, que maravillas sin planos no puedo hacer- rió, poniéndose de pie y abrazando a Natasha a manera de despedirse.



- Gosh, claro que te los mandaré, amor, sólo si me prometes algo- Yulia se encogió de hombros. – Que llevarás a Lena a cenar algo romántico ahora en la noche…si no se te ocurre nada, llámame y consigo reservaciones en “The Peninsula” o en “Blue Hill”, salón privado, of course….y hazle sentir lo mucho que te importa…take care, Babe- le dio dos besos a Yulia, esta vez sí en sus mejillas.


Cuídate, buen día en el trabajo, Nate…oh, una pregunta- dijo Yulia, justo cuando Natasha estaba por salir del salón de reuniones. - ¿Cambiaría algo entre nosotras si me enamoro de Lena?



- Amor, desde que Lena apareció en tu vida, todo cambió, pero no para mal…Yo sólo necesito que seas feliz, que regrese mi Yulia de buen humor, de colores vivos como ahora, la que emana ese apetito sexual por cada poro de su piel…hazle el amor de ser posible, ¿entendido?...Yul, me importas demasiado, eres como la hermana que mamá nunca quiso darme- dijo, abrazando a Yulia con todas sus fuerzas y sintiendo un leve nudo en la garganta.



- You’re my sister, too( Eres mi hermana, también)…gracias por venir, gracias por el consejo, gracias por the talk- sonrió Yulia, despegándose de Natasha.



- Le das un beso a Lena de mi parte, ¿si?



Natasha se retiró de aquel estudio con una sonrisa de satisfacción, sabiendo que Lena era lo que Yulia necesitaba para ser feliz, quizás era sólo cuestión de tiempo antes de que Yulia se diera cuenta que enamorarse no estaba mal, tampoco equivocarse pero, de no tomar ningún riesgo, ¿Qué tan altas podían ser las probabilidades de ser feliz? Después de todo, Natasha se había dado una oportunidad con Phillip, aún cuando le parecía que él era un Divo arrogante, para después darse cuenta que no sólo eran compatibles en sus gustos por la NFL o porque les gustaba comer pizza con mucho chile, o hot dogs de la calle con mucha mostaza, el mismo interés por verse física y fashionistamente bien para sobresalir sobre el resto, sino que también compartían la misma pasión por ayudar a sus amigos a ser felices…y otro tipo de pasión pero en la cama.



Lena se quemaba la cabeza con el diván de Mr. Hatcher, quien no era psicólogo pero tenía una obsesión empedernida con tener un diván en alguna parte de la casa, de no ser que quería dos, lo quería inspirado en el mismo Freud, pero todos sabemos que pudo haber tenido gamusa rojo Venecia, o verde olivo, pero a Mrs. Hatcher no le gustaba ninguno de los dos colores porque desentonarían en toda la casa y con todo en la casa. Lena repasaba el muestrario de textiles, con sus gafas puestas; gafas Vogue, con los marcos negros y las extensiones de animal print, repasando cada uno de los textiles, sintiéndolos con los dedos para saber cuál era el correcto. Estaba tan sumergida en su búsqueda que no se dio cuenta cuando Yulia entró a la oficina y, sin cerrar la puerta, fue directo hacia ella sólo para darle un beso tierno y apasionado en sus labios, un beso que duró, si no me equivoco, alrededor de un minuto y trece segundos y, que cuando terminaron de besarse, Yulia atrapó el labio inferior de Lena con sus labios, halándoselo un poco y masajeándolo suave y ligeramente con la punta de su lengua.



- ¿Y eso?



- Nunca te había visto con gafas…te ves tan apetecible- rió, sabiendo que “apetecible” no era exactamente lo que quería decir pero que, después de su plática con Natasha, era lo más verdadero.



- ¿Qué quería Natasha?- apoyó su frente contra la frente de Yulia, topando apenas sus sienes.



- Quiere que decore los apartamentos del “Atlas”



- ¿Qué hay en el “Atlas”? ¿Ahí vive Natasha?- la vio, con un ojo más grande que el otro, haciendo números antes de tiempo.



- No, algún día te llevaré a conocer el apartamento de Natasha, cuando me pida que disfrace su condo de Navidad para cuando llegue su mamá- rió, tapándose los ojos de la pena ajena. – Ahí están los apartamentos de Project



- Creí que “Atlas” los decoraba a su gusto… ¿disfrazar su CONDO?



- Sí, o el de Phillip, no estoy segura si uno, el otro o los dos…Natasha quiere algo bueno, bonito, barato



- Creí que Natasha era una simple trabajadora de Project



- Project Runway funciona como una matriz, preciosa, y pasa que Natasha está en un punto en el que le rinde cuentas a los productores ejecutivos y a los de producción audiovisual



- Oh, ahora hablas de matrices- rió. – No sé qué es eso



- Preciosa, estoy dispuesta a darte una clase de “Economía y Negocios” nivel infrabásico a cambio de que aceptes una invitación a cenar



- Acepto tu invitación, y no es que no quiera escucharte hablar de economía y negocios, porque estoy segura que lo dominas tan bien como tu tarjeta de crédito, pero sabes, quiero conocerte



- Mucho gusto, Yulia Volkova, Arquitecta graduada de la Universidad de Roma, Máster en Diseño de Interiores en la ISAD, en Milán…veintisiete años, casi veintiocho, soltera de manera oficial, comprometida de corazón, es un placer- dijo, alcanzándole la mano a Lena para que se la estrechara. Había dibujado una sonrisa sincera e inocente, brillando no sólo aquellos blancos dientes, sino también sus ojos.



-¿Comprometida de corazón? Perdón, tengo que preguntar eso- expulsó de manera inconsciente, asombrada, con la garganta seca.



- Pon atención- dijo, volteando la silla de Lena y dejándola viendo hacia un tablón de corcho que colgaba de la pared contraria al ventanal. Yulia colgó de pines un pliego de papel blanco. – Pon atención- repitió, destapando su Sharpie negro para empezar a dibujar. – Mil novecientos ochenta y cinco- escribió, en unos números claramente de Arquitecto. – nace el 25 de marzo, en Moscu, la hija de Sergey Sergeevich e Inessa Katina. – Dibujó un hospital, luego una flecha apuntando hacia una mujer embarazada, luego otra fecha apuntando hacia un bebé. Lena la miraba con una sonrisa un tanto de confusión, pero le daba risa interna ver los dibujos ligeros de Yulia y la explicación biográfica. – Luego de haberse graduado con honores en química y en política del Scholi Moriati- dibujó a una mujer curvilínea con una probeta y a un presunto Maquiavelo. – Vino a “América”- dibujó al país.- A estudiar a Savanna…- marcó el lugar. - A estudiar Diseño de Interiores para luego hacer un Máster en Diseño de Muebles- dibujó un diván como el que había diseñado Lena para Mr. Hatcher. – Un par de años después…- dibujó un reloj. – Conoció a una Arquitecta muy, pero muy guapa- rió, dibujándose a la ligera. – La enamoró sin saberlo, tuvieron un fin de semana espectacular- dibujó una cama con un corazón encima.- Y ahora pregunta: “¿Comprometida de corazón?”- escribió su pregunta y volvió a ver a Lena. Tomó su Sharpie rojo y escribió: “Con Elena Katina"


Última edición por VIVALENZ28 el Lun Ago 24, 2015 9:19 pm, editado 1 vez
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por rocket1 el Sáb Ago 09, 2014 8:32 am

Que linda es yul. Asi es que me gustan las contis, largas y consisas Very Happy Muy bueno.

rocket1

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Ago 13, 2014 7:05 pm

Aquí mas continuación




Salud!- corearon las dos, viéndose a los ojos y sonriéndose. Golpearon suavemente sus copas, llenas hasta ¾ de Dom Perignon frío. Bebieron un sorbo de aquella espectacular bebida espumante, sintiendo cómo enfriaba desde su boca hasta su estómago y cómo ese frío lo calentaba la mirada de la otra.



- Sabe muy rico- dijo Lena, tratando de romper el hielo.



- Es especial



- ¿Qué tiene de especial? A parte de ser caro, supongo



- Es un Dom Perignon Vintage…del ochenta y cinco, año en el que tengo entendido que naciste- sonrió, bebiendo otro poco de su copa.



- Eres muy detallista, nunca lo hubiera imaginado, ¿sabes?



- Don’t judge a book by its cover (No juzgues a un libro por su cubierta)




- No te juzgué, sólo no me lo imagine…fue muy lindo lo de ahora por la mañana, en verdad me pusiste una sonrisa crónica



- Sí, esa sonrisa que hace que se me olviden todos mis problemas, esos camanances…- sonrió, apoyando su quijada en su puño mientras se apoyaba de la mesa con su codo, inclinándose hacia Lena, quien se sentaba en frente suyo.



- Basta, me sonrojas…- era algo tan usual en Lena desde hacía un par de días. – Bueno, a lo que vinimos, ¿te parece?



- Si, veamos qué vamos a comer…- murmuró Yulia, abriendo la carta y desviando su mirada de los ojos de Lena.



- ¿Me dejas escoger y pagar?



- Momento, no abuses, sólo puedo dejar que escojas



- ¿Cuándo voy a poder pagar algo yo?- preguntó Lena, un tanto molesta e incómoda, pues desde que había empezado a trabajar con Yulia, nunca había tenido la oportunidad de hacerlo.



- Eso es porque tú pagarás el postre…que no está en “Gilt”



- Yulia, no me puedo comprar como postre, soy gratis, era una pregunta seria- dijo Lena, todavía más molesta.



- Lena, no era broma…- dijo Yulia, un tanto a la defensiva y asustada por habérselo tomado de esa manera. – Se me antoja un poco de chocolate de “François Payard”



- Lo siento, creí que bromeabas



- Me pareció lindo que te consideraras un postre- sonrió, girando con sus dedos la copa de Dom Perignon desde el tallo, viendo cómo las burbujas salían a flote, soltando ese ataque de aroma floral al que Yulia inhalaba como si fuera cocaína.



- ¿Y lo soy?- preguntó Lena, con cierta malicia, paseando su dedo índice lentamente por su cuello, marcando exactamente en dónde Yulia le había dado besos en la mañana.



- No, no te considero un postre, te considero una mujer; enteramente mujer, a la que me gustaría besar todo el día y toda la noche…y tal vez acompañarla a su apartamento y meterla a la cama



-¡Yulia!- exclamó Lena sonrojada, tan roja que hasta el pecho se le tornó un tanto rojizo.



- Digo, con “meterla a la cama” me refiero a acobijarla y esperar a que se duerma para poder yo estar tranquila



- ¿De verdad quieres hacer eso?



- En efecto



- Después de Payard, te llevo a mi cama, her-mo-sa- dijo Lena, recordando cómo había separado Yulia las sílabas por la mañana.



- Disculpen señoritas, que puedo traerles para cenar?- interrumpió el mesero a las adorables Señoritas.



- Vamos a querer langostinos escocés y tomates Harloom y cordero con puré de papa, por favor- ordenó Lena, entregándole la carta en las manos al mesero mientras veía la sonrisa de satisfacción de Yulia.



- Será un placer, si me permiten- se excusa el mesero, llevándose ambas cartas y retirándose.



- Ahora si, Lena, ¿me quieres conocer?



- I’m thrilled (Estoy encantada)- dijo, con una sonrisa después de haber bebido hasta el fondo su copa de champán.



- Bueno, voy a empezar a hablar sin parar, si tienes alguna pregunta, adelante, pregunta, hermosa. ¿Te parece?



- Me parece excelente- respondió, mientras vertía un poco de champán en ambas copas, algo que en “Gilt” no era lo usual, el self-service era mal visto, pero Lena no sabía y tampoco le importaba.



- Nací el ocho de noviembre del ochenta y cuatro, fue un jueves, por si te interesa…nací en Rusia. Mi mamá se llama Larissa…Volkova- comenzó diciendo, dándose cuenta que estaba a punto de abrirse por completo con Lena. – Mi papá es de origen ruso, vivió hasta los doce en Rusia, se llama Oleg Volkov. Mi mamá es, desde que me acuerdo, restauradora y curadora, hace como diez años que trabaja en el Vaticano en el grupo de curadores y restauradores. Tengo dos hermanos; mi hermano, Aleksei, es dos años mayor que yo, es consultor financiero igual que papá, no tenemos una buena relación, nunca la tuvimos…y mi hermana se llama Alina, es tres años menor que yo y ella se dedica al turismo- hizo una pausa.



- ¿En qué tipo de turismo está? Leí algo sobre el turismo tecnológico hace poco, no sabía que había tipos de turismo- interrumpió, bueno, no interrumpió pues Yulia hizo una pausa para beber un poco de Dom Perignon.



- No, hermosa, mi hermana es turista- rió. Lena rió por contagio, pero le gustó cómo Yulia intentaba no hacerlo sonar tan mal. – Sigo: mis papás se divorciaron en el noventa y cinco



- ¿Por qué?- interrumpió Lena, dándose cuenta que era algo sumamente personal y que no debía haber preguntado.



- Papá se metió un poco en la política, a mamá no le gustaba la vida pública, ya no podíamos ir a la escuela tranquilos, o de vacaciones porque se decía que todo lo pagaba Italia, que no era cierto, pero ese no es el tema. Después del divorcio, mi hermano se fue con papá, mi hermana y yo nos quedamos con mamá, desde entonces, Aleksei y yo no nos llevamos bien y no te sabría decir por qué exactamente, pues no fue hasta hace relativamente poco que tuve motivos para estar decepcionada de mi propio hermano, pero ese es otro tema. Bueno, me gradué de la “American School” en Roma en el dos mil dos, sólo llevé siete materias los últimos dos años, que fue en lo que me concentré; matemática, física, economía, inglés, italiano, español y política



- Por eso es que sabes algo de economía, hermosa, ya me había asustado que en Savanna no daban ese minor- rió. – Perdón, sigue



- Sé muchas cosas, como que tu talla de pantalón es dos con sólo verte, 34B, te gustan los Marlboro Gold aunque nunca me has negado uno Rojo, no eres una persona de vino blanco, no te gustan mucho las verduras; quizás sólo el pepino y la zanahoria, pero cruda, las frutas te gustan ácidas, no eres una chica fiestera, tampoco es que lo fueras, y estás sumamente interesada en la relación de Natasha y Phillip- sonrió y guiñó su ojo, callándose en cuanto vio que el mesero se acercaba con sus Entrées.



- Momento, momento… ¿cómo sabías de mis papás y de TODO eso?- preguntó Lena, habiendo agradecido al mesero por su entrada.



- Oye, se ve muy rico, buena elección- dijo Yulia, obviando por un rato la pregunta de Lena, sólo por hacerla esperar, pues la respuesta era sencilla.



- ¡Yulia, me muero por saber!



- Mmmm…Dios, qué buen gusto tienes, Len- saboreó el primer bocado.



- Está bien, no me digas, hazlo a tu manera- rezongó, molesta y cortando un tomate cherry y atravesándolo con sensual furia con el tenedor.



- Lo que diré a continuación es sumamente raro: te ves triplemente hermosa cuando estás molesta…sólo molestaba, claro que te diré cómo lo sé todo- dijo, sincera y cálida.



- Ah, ¿Yulia Volkova bromea?- rió.



- Mi personalidad no sólo grita “trabajo”, hermosa…pero bueno, al grano con la explicación. ¿Nombres de tus padres? Puse en Google “PASOK” y busqué el apellido “Sergeevna” y voilá. Yo soy talla cuatro de pantalón y tú eres más delgada que yo, al menos de las caderas eres más pequeña, por lo tanto un cuatro no te queda, fumas demasiado despacio los Marlboro Rojos y mantienes muy poco tiempo el humo, pepino porque pediste extra pepino en el Kebap la vez pasada, zanahoria por tu bronceado, las frutas ácidas porque te he visto comer uvas verdes, granny Smith apples, fiestera no fuiste porque no te molesta ir a una fiesta, no eres fiestera porque disfrutas una fiesta tranquila como la de Margaret…y te interesa mucho Natasha y Phillip porque cada vez que menciono a alguno de los dos, siempre hay una pregunta que le sucede…



- Eres buena, realmente buena- dijo, casi boquiabierta, pues Yulia no había hecho nada menos que leerla como persona.



- Gracias, hermosa, todo un placer- guiñó de nuevo su ojo derecho. Era algo que solía hacer sólo con Natasha y ahora con Lena, algo que le salía natural cuando su ego se inflaba un poco más de lo normal o cuando quería seducir.



- ¿Qué música te gusta?¿Qué comida te gusta?¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?- atacó Lena a Yulia con preguntas, pues ella no sabía leer a las personas.



- Comenzaré por lo más sencillo, la comida. Como de casi todo, sólo la mayonesa no me gusta mucho, ni el relish o la salsa tártara…me fascina la comida oriental, hay un lugar de comida asiática en Brooklyn que es demasiado para mí, podría comer todos los días de ahí…me gusta el champán, no me gusta la cerveza, me gustan los cocktails; “Masa” tiene los mejores cocktails, de eso las caipirinhas, las margaritas, sex on the beach, Martini, common cocktails…me gusta el Vodka…no puedo vivir sin Pellegrino, y digo Pellegrino porque es la que más gas tiene. ¿En mi tiempo libre? Hago Fencing con Natasha…me gusta dormir, leer, viajar, comer…- terminó de devorar su entrada, viendo que Lena hacía rato se la había terminado y sólo la escuchaba, con una sonrisa idílica. - ¿Música? Hermosa, a mí puedes ponerme a escuchar lo que sea menos eso que conocen en Colombia como el “Choque”, eso es como diez niveles por debajo de lo que es pecado en esta vida, sin ánimos de ofender a nadie…No escucho ni bailo “choque” ni eso del Daddy Yankee o lo que sea, crecí en Italia y en los 90's, entonces me gusta, por costumbre, Britney Spears, Laura Pausini, Spice Girls son mi placer pecaminoso, luego me gusta mucho Beethoven y Chopard, algunas de Mozart- concluyó, dejando a Lena con tanta información en su cabeza, dándole vueltas sin sentido; un verdadero caos.



- Vamos por partes: ¿Qué te gusta leer? ¿A dónde te gusta viajar? ¿Qué es “choque”? ¿Laura Pausini? ¿Spice Girls?



- Leer, bueno, lo que no a todos les gusta porque no lo entienden o porque son demasiadas páginas



- ¿J.R. Tolkien?- rió Lena, alcanzándole la copa al mesero para que la llenara de nuevo con Dom Perignon.



- Jaja, hermosa, me refiero a Vargas Llosa, García Márquez, Orwell, un poco de T.S. Elliot…pero en sus respectivos idiomas, sino no le encuentras el humor



- ¿Será que si me sigo acostando contigo, algo de tu cultura e inteligencia se me pasan?- bromeó Lena, admirando a Yulia cada vez más.



- Podemos intentarlo, hermosa, pero déjame enseñarte. “El Choque”, dícese de un baile que se deriva de una canción, si no me equivoco, que encierra un baila de tipo “Choque”; cadera con cadera, cabeza con cadera, infinitas posibilidades de chocar cualquier parte de tu cuerpo con el de tu “pareja” de baile…ahora, no tengo nada en contra de los que lo bailan o de los que cantan dicha canción, pero YO NO quiero eso para mi vida



- Suena gracioso en realidad



- Pues, yo lo creí gracioso hasta que fui a Colombia y un hombre chocó su cabeza con el trasero de una mujer- Lena rió a carcajadas, tanto que los de la mesa de la par se volvieron a quejar. – Ahora, ¿viajar? Depende de la época del año, con Natasha vamos en el verano a una playa paradisíaca, el año pasado fuimos a las Islas Canarias, este verano fuimos a Cancún



- Ugh, ¿cómo te verás en bikini?- suspiró Lena, sonrojándose pues su pensamiento se había materializado en voz.


Yulia estaba a punto de decir algo, que no me acuerdo qué era, cuando el mesero interrumpió de nuevo para ponerles el plato fuerte en frente.



- Ahora, hermosa, cuéntame sobre ti, yo ya hablé demasiado- sonrió Yulia, hundiendo su tenedor en aquel puré de patatas cocido a la perfección con un toque de queso ricotta.



- De música no estamos muy lejos, sólo que no me agrada la música clásica, de leer no es mi hobby, prefiero diseñar lo que sea, no sé, me gusta diseñar cuando estoy aburrida o estresada, sino sólo me gusta sentarme en un café a leer el periódico, a leer cómo quieren desaparecer el euro de Rusia- rió, como si en verdad fuera gracioso; Yulia asumió que era por su papá. – Sino, sólo me gusta estar tranquila, acostada, descansar, pensar; dormir. Y pues, ¿qué hago en mi tiempo libre? Cocino. Me fascina cocinar.



- ¿Ah, sí? Creo que empezaré a comer caliente – rió Yulia, pensando lo sexy que se vería Lena con un delantal blanco y un poco de harina por aquí y por allá. ¿Qué es lo que más te gusta cocinar?



- Croissants, me encanta el olor de cuando se están horneando



- Eres una cajita llena de sorpresas, Lena- sonrió Yulia, dándole un sorbo a su champán.



- ¿Cuál es tu motivación?- preguntó Lena de la nada. Era una pregunta extraña, Yulia no sabía cómo responder a tan versátil pregunta.



- ¿A qué te refieres?



- ¿Qué te mueve? ¿Qué buscas en tu vida?



- Interesante pregunta, ¿cómo haces para preguntar ese tipo de cosas?



- Creo que tienes una buena respuesta para mis preguntas y creo que tu respuesta sólo va a lograr una cosa



- ¿Ah, sí? ¿Y esa cosa qué es?



- Enamorarme más- sonrió Lena, cortando su cordero.



- ¿Qué me mueve? Me mueve algo diferente a las demás personas



- ¿A qué te refieres?



- Bueno, ¿qué puede mover a una persona? Puedes vivir para hacer tu fortuna, o para hacerte una reputación, una fama; buena o mala, fama es fama, puedes vivir sólo para sentirte poderoso ante alguien que en teoría no es tan “bueno” como tú, hay otros existencialistas que viven porque tienen que vivir, porque así es la ley de la vida y así les tocó vivir su vida, como una obligación



- Y tú, ¿a qué grupo de esas personas perteneces?- preguntó, estando un poco asustada de lo que diría Yulia, pues lo anterior no era lo que esperaba escuchar, pero, al final, no podía cambiar lo que sentía por Yulia fuera lo que fuera, probablemente la respuesta dolería.



- Yo…pues yo soy diferente hasta donde yo tengo entendido- Lena respiró de alivio, aunque luego pensó, fugazmente, que podría ser peor. - ¿Qué es una persona sin amor? Digo, si tienes dinero y no tienes a alguien con quién disfrutarlo, si tienes fama, ¿para quién eres famoso?, si tienes poder, ¿sobre quién? Seguramente al poderoso pocas personas lo quieren desinteresadamente, ¿el existencialismo? La vida esta llena de cosas hermosas, no es la intención de ser burda , no es un castigo, si no te das la oportunidad para gozar la vida, ¿cómo la gozas?



- No estoy siguiendo, podrías ser más..... Especifica?- Lena estaba sumamente interesada en Yulia, perdida en sus palabras, tanto por complicadas como por profundas y como por verdaderas.



- Pienso que mucha gente busca cosas superficiales que de nada sirven en la vida, como las que te mencioné antes…se pierden de muchas cosas por las mismas superficialidades. Sí, a mi me gusta la buena vida, me gusta vestirme bien pero, al final, si no me conoces, no sabes ni con quién estás tratando…Creo que hay mucha gente que cree que las cosas físicas definen lo que pasa por aquí adentro- señaló a su cabeza con su dedo del medio. Lena no entendió si era un simple señalamiento o era realmente algo que estaba destinado a ser de mal gusto. – Digo, ¿de qué te sirve embadurnarte de juventud si no tienes pareja que te diga lo hermosa que te ves sin importar arrugas o flacideces? ¿Necesitamos Valentine’s Day? Ni mil docenas de rosas o chocolates podrían igualarse a lo que pasa aquí adentro- dijo, palpándose el pecho. – Si a nadie le importa lo que haces o lo que eres, ¿de qué te sirve todo lo que haces o lo que eres o quieres ser?



Lena se quedó en silencio un momento, procesando de manera adecuada toda la información que había salido de la boca de Yulia, en aquella voz un tanto aguda y sensual, con cada “s” más sensual que la anterior. Pensó en lo que Yulia le había dicho y, aún así, no encontró respuesta concreta a su pregunta. Volvió a ver a Yulia, quien la miraba fijamente, girando la copa de champán con sus dedos.



- ¿Qué me mueve? Es fácil…lo mismo que te mueve a ti. El amor. ¿Qué sería de una vida sin la idea de un amor? Suena infantil y hasta idealista, pero no hay momento más fulfilling en la vida que cuando uno siente que lo aman, y uno amar a ese que lo ama a uno de regreso…



- El amor…- murmuró Lena, entendiendo por fin a Yulia.



- Sí, Lena, a mí también me rompieron el corazón alguna vez, así como puedo ver que a ti también…pero yo no quiero rompértelo, ni quiero darte razones para que me lo rompas
Háblame de Phillip y Natasha- dijo por fin Lena, cediendo a su curiosidad y quitándose la pena.



-¿Qué quieres saber?



- Primero cómo conoces a Natasha, segundo, cómo se conocieron ellos dos…esas cosas…



- Bueno, a Natasha la conocí por medio de Misha, ¿si te acuerdas de ese verdad?- Lena asintió, tomando un sorbo de su champán. – Bueno, pues conocí a Misha porque su hermano le regaló a su esposa una decoración de su apartamento, para eso contrataron a Volterra, pero yo lo supervisaba; en aquel entonces era la asistente de Volterra…y en eso conocí a Misha y el resto ya te imaginarás cómo fue…conocí, de conocer por primera vez, a Natasha en la fiesta de cumpleaños de Misha, que Natasha trabajaba, en aquel entonces, en una cosa de organizar fiestas, entonces andaba supervisando, y las dos aburridas en la barra de Bungalow 8…bueno, es que yo pedí un Mint Lemonade y Natasha escuchó y se emocionó porque era primera vez que escuchaba que alguien pedía su mismo cocktail y desde entonces nos pusimos a platicar…y next thing I know, Natasha me buscó para que YO le diseñara su apartamento y desde entonces somos amigas



- Me puedo imaginar a Natasha hablándote sin parar- rió, dándole el último bocado a su cordero.



- Si, fue demasiado de la nada, pero qué bueno que la conocí, somos como hermanas perdidas…nos contamos todo- Lena sonrió, pensando en si Natasha ya sabía lo que había pasado entre ellas dos. – Y Phillip…eso es gracioso. Cuando Natasha entró a trabajar a Project, hubo una reorganización, tanto de personal como de la organización, que fue cuando se convirtió en una matriz, y, en una reunión de reestructuración de presupuesto, Phillip era de los tres que estaban ahí, y una vez la vio; dice que se enamoró de ella, y eso que Natasha sólo entró a dejarle un papel a Heidi…



- ¿Phillip es un acosador entonces?



- Más o menos…Natasha y yo, en aquel entonces, hacíamos demasiadas cosas juntas, porque yo no trabajaba tantas horas al día y porque ella no tenía cuasi esposo…íbamos todas las semanas al Fencing Center…y Phillip supo que íbamos ahí, y se metió a clases de esgrima, era demasiado malo. Un día, me retrasé en Brooklyn, ya no era la asistente de Volterra, y no pude llegar a la clase, Natasha no quiso esperar tanto tiempo porque sino iba a ver a Phillip y en lo que salía, Phillip la interceptó y al fin cruzaron palabras…desde entonces, como una vida entera después, Natasha aceptó comer pizza con él porque estaba lloviendo y no quería mojarse y tenía hambre…Se hicieron novios a los cuatro meses, se acostaron al año y ahora sólo esperan a casarse



- Se ven bien juntos…pero creo que nosotras nos vemos mejor- sonrió, viendo cómo el mesero vertía el último poco de Dom Perignon en ambas copas.



- A simple vista podría decirte que Phillip no es el tipo de Nate, pero cuando conoces a Phillip te das cuenta que está hecho para ella y ella para él…- murmuró, dándole las gracias al mesero. “Quizás así estamos hechas nosotras, tú para mí y yo para ti…pero es demasiado pronto para decirlo"



- Sí, aunque bueno, no sé quién es más bonito entre ellos dos; si Natasha o Phillip…porque Natasha…no puedes negar que es hermosa, y Phillip, tampoco puedes negar que está guapo, más que tiene un six-pack envidiado por los hombres y adorado por las mujeres…



- Ah, ¿te gusta el six-pack? Yo no tengo uno- rió, bebiendo de su copa hasta el fondo.



- Se ven bien, más así como es Phillip, que no tiene tanto músculo, sino que apenas y lo notas…y es bastante heterosexual; físicamente hablando, es macho de pelo en pecho- rió Lena, sabiendo Yulia que Lena se refería indirectamente a que Phillip era un tanto metrosexual…”o esta muy a la moda”.



- Repito: yo no tengo uno- volvió a reír, haciéndole de señas al mesero que quería pagar.



- Me gusta así como eres…aunque no sé qué parásito tendrás que comes y no engordas; si yo comiera tres hot dogs en quince minutos, como tú la vez pasada, seguramente me tendría que pasar la calle rodando



- Así estamos bien las dos, a mí me gusta cómo eres tú- sonrió, tanto al mesero que llevaba el cobrador inalámbrico y una botella de champán con una bolsa de papel como a Lena. – Carga un 20% adicional para ti- ordenó amablemente al mesero mientras introducía el monto a cargar en su American Express Platinum, y fue cuando Lena comprendió por qué Yulia a veces no tenía que pagar ciertas cosas, o tenía ciertos privilegios. – Bueno, espero te haya gustado el lugar y el Dom Perignon, querida Lena. Ahora te toca a ti invitarme a un poco de François Payard, te toca invitarme a cometer un pecado tras otro- y eso, simplemente eso, volvió loca a Lena, era la combinación de “pecado” más el tono sensual de la voz de Yulia, un tanto afectada por tanto champán.



Ambas se disfrazaron de invierno, saliendo de “Gilt” para caminar ocho calles hacia abajo, en dirección a St. Patrick’s Cathedral pero sobre la cuarta avenida. Hacía un poco de frío, aunque no lo suficiente como para andar con bufanda, guantes, o un abrigo de aquellos que bloqueaban todo tipo de frío y/o viento. Caminaron despacio, taconeando por las calles de Manhattan, platicando sobre nada más y nada menos que de los Hatcher. Llegaron a François sólo para darse la sorpresa que serían los últimos clientes de la noche. Habiendo gastado $72 en doce piezas de postre: tres Tout Vanille, dos George V, dos Louvre, tres Blois y dos Doucer Citron, y $55 en seis Macarons de Vainilla, otros seis de chocolate, otros seis de pistacho, seis de café, seis de maracuyá y seis de frambuesa, se sentaron en las gradas de St. Patrick’s Cathedral. Yulia sacó dos copas de la bolsa de papel que le dio el mesero en Gilt y destapó el Veuve Clicquot y lo sirvió en las copas para acompañar aquel postre con champán.



Una botella de tres litros de Dom Perignon, cordero y una plática profunda después, todavía después de una alimentación extraditada de Macarons de François Payard, después de un casi accidente estomacal de parte Yulia; que casi termina con la cabeza en un basurero comunitario de Nueva York por haber comido demasiado, después de un viaje en Taxi, a las once de la noche, Elena Katina abría la puerta de su Studio-Apartment, mostrándole a Yulia en la clase de mundo en el que ella se movía. Al entrar había un clóset en la pared, que llevaba, hacia a la izquierda, a la cocina, de frente la habitación principal, a la derecha el único baño. A la par de la habitación principal y en frente de la cocina, todo se reducía a un living-room que era más pequeño que el baño de Yulia.



- Bueno, aquí vivo yo…- murmuró Lena, un tanto apenada. – No es nada comparado a lo tuyo, obviamente, pero al menos tengo donde dormir.



- ¿Me das un tour?- susurró Yulia, creyendo que gritaba, era todo el champán.



- Claro que sí, hermosa- cerró la puerta y se quitó el abrigo, tomando el de Yulia también, colgándolos en un perchero que probablemente ella había diseñado.



Lena le mostró su apartamento mientras Yulia la abrazaba por la cintura, paseando sus manos por su abdomen. Le sacó la blusa del pantalón y metió sus manos frías debajo de ella, acariciando aquella piel, suave y tibia, haciéndole cosquillas por el roce cerca de su ombligo. Al llegar a su habitación, era como si fuera parte de otro lugar; todo en blanco y verde olivo, madera lisa y brillante, su cama era grande e invitaba a pasar un largo rato entre esas sábanas, más si estaba Lena ahí, tenía un olor a Lemongrass, demasiado pacífico y relajante. Yulia se sentó en aquella cama, que sólo la invitaba ahora a recostarse y a rendirse ante el cansancio de aquel infernal lunes, pero esperó a que Lena sacara su pijama del clóset.



- Déjame ayudarte, ¿sí?- murmuró Yulia, no dejando que Lena moviera ni un dedo para meterse en su pijama.



Lena asintió un tanto sonrojada y se dejó de Yulia. La Arquitecta Volkova metió sus manos debajo de la blusa de Lena y las levantó hasta por sus senos, haciendo que Lena levantara sus brazos para sacársela, y la blusa blanca fuera. Paseó sus manos por la espalda de Lena, repasando su columna, hasta su espalda baja, en donde la tomó por sus caderas y pasó sus manos hacia su vientre, desabotonando aquel pantalón azul marino y bajando la cremallera, metiendo sus manos ya un poco más tibias entre el pantalón y la piel de Lena. Lena respiraba pesadamente, conteniéndose las ganas y no cediendo más fácil de lo que ya lo había hecho. Dejó caer su pantalón hasta el suelo junto con Yulia, quien se agachó para besar desde sus piernas hacia arriba, sus rodillas, sus muslos, sus caderas, su cintura, su abdomen, en medio de sus senos, su pecho y su cuello.



- Mi amor…- suspiró Lena, dando el primer indicio de verdadero “amor” entre ellas dos.



El corazón de Yulia dio un vuelco, le latía fuerte y rápido, se le había calentado el pecho con esas dos mágicas palabras: “MI amor”, no era tanto el “amor”, sino que Lena la había declarado suya. Y esa sensación, ese sentimiento la llevó a darle el beso más sincero de la historia, el más enamorado, el más cálido y el más romántico, tomándola por la cintura con su brazo derecho y por su espalda con el izquierdo, Lena tomándola por el cuello de manera delicada, siguiendo aquel beso con un poco de lengua, respiraciones agitadas y enamoradas, calor corporal. Yulia paseó discretamente sus manos por la espalda de Lena hasta llegar al broche de su sostén, desabrochándoselo lenta y pacientemente, tomando los elásticos de sus hombros y deslizándolos hacia afuera; Lena hizo aquel movimiento con su pecho y sus brazos para dejar caer su sostén sobre las botas de Yulia, sintiendo la diferencia entre ese beso y ese abrazo al del día anterior, y el día antes que el anterior.



Lena bajó por el cuello de Yulia, quien sólo acariciaba los hombros o los brazos de Lena. Yulia, mientras besaba los hombros de Lena, con aquellas pequeñas pecas dispersas, desabotonaba lentamente su blusa, sacándosela de la misma manera como Yulia le había sacado su sostén. Para su fortuna, Yulia llevaba un strapless puesto, lo que facilitó su trabajo, pues sólo lo desabrochó y se dedicó a besar el pecho de Yulia que ya estaba coloreándose de rojo. Lena se despegó de Yulia sólo para deshacerse su moño, para dejar caer su cabello hasta más allá de sus hombros.



- Me fascina que seas pelirroja…te sienta demasiado bien- murmuró Yulia, arrojando una de sus botas hacia un lado para hacer lo mismo con la otra.



- ¿Qué tiene de especial?- preguntó, aventando a Yulia con delicadeza sobre la cama, viendo cómo sus senos se movían de manera natural, volviéndose loca.



- Eres más caliente que en mis fantasías…- Yulia le alzó los brazos, pidiéndole que la abrazara, que se colocara encima suyo.



Lena no lo hizo así, sino que le quitó su pantalón, viendo que Yulia llevaba una tanga negra de encaje; con una laza pequeña en la parte más baja de su vientre, una tanga que le quedaba ajustada pero sin apretarle, contrastando aquella piel a la perfección. Lena acarició los pies de Yulia, dándole cosquillas fugaces, pasando a sus tobillos, abriendo sus piernas y poniendo sus rodillas entre ellas, siguiendo por las rodillas de Yulia, la parte exterior de sus muslos. Todo mientras Yulia la veía, recorriéndola no sólo con sus dedos, sino también con la mirada, no haciendo con sus manos nada más que tenerlas sobre sus senos, resistiéndose a rozar sus pezones con la punta de sus dedos; estaban rígidos, no sólo por lo que Lena le provocaba, sino por lo que el clima hacía. Lena rozó apenas su trasero, recorriendo desde su muslo hacia su parte trasera y rozando apenas, muy apenas su trasero; la piel de Yulia, toda su piel, se erizó al máximo, saltando cada poro de sus piernas y de sus brazos, poniendo sus pezones todavía más rígidos y pequeños.



Lena le dio la vuelta a Yulia, quería ver algo; no sabía si ese trasero con esa tanga o esa tanga con ese trasero; de cualquier forma, el trasero de Yulia se veía perfecto: el encaje apenas se metía, dejando ese triángulo sensual a la vista de Lena. Posó sus manos sobre el trasero de Yulia, sintiendo su piel erizándose al paso de sus dedos, enrojeciéndose de donde quedaban los dedos de Lena marcados al apretarlo un poco. Metió sus dedos índices entre aquel triángulo y el trasero de Yulia y lo sacó de entre él.



- Tienes un trasero espectacular….- murmuró Lena al oído de Yulia, habiéndose inclinado, rozando con sus pezones la espalda de Yulia, acelerando su ritmo cardíaco no sólo por aquel susurro, sino por la rigidez de los pezones de Lena. Volvió a besar los hombros de Yulia, dejando caer un poco su cuerpo sobre el de Yulia, rozando su pelvis con el trasero de Yulia, empujándolo despacio. – Es un poco gracioso…este sentimiento, No soy de los que lo pueden ocultar fácilmente - susurró Lena al oído de Yulia, acordándole de la vez que la había visto en Duane.



Yulia se derritió y bajó totalmente su guardia, sólo quiso dejarse llevar, entregarse como la primera vez de todas las veces; ciega y apasionadamente, sin pensarlo, sólo sintiéndolo, entregándose por algo que confundía, por milisegundos, entre lujuria y amor, mas no sabía que era porque, a partir de ahí, Lena era una sola. Yulia se dio la vuelta y besó a Lena, peinando aquel cabello rojo con sus dedos, pasándolo detrás de sus orejas, recorriéndolo para llegar a su espalda, recorrerla, abrazarla por su cintura mientras Lena dejaba caerse total y completamente en brazos de Yulia; en un estado de irracionalidad deseada.



- Lo maravillosa que es la vida, mientras estés en el mundo- susurró Yulia, contestándole lo anterior, mientras la acostaba sobre la cama, sobre aquella comodidad materializada cama.



Lena sonrió mientras Yulia se ponía de pie para quitarse ella su tanga y quitarle a Lena la suya; que la cubría un poco más pero, por ser Calvin Klein, era 100% Spandex, lo que hacía que los labios mayores de Lena se marcaran levemente; en realidad se marcaba la división entre ambos labios, pero a Yulia simplemente eso no se le ocurrió. Y sí, eso era lo más emocionante, en ese momento ninguna de las dos buscó placer, sólo sentirse como si fueran una, piel contra piel, labios contra labios, piernas enredadas, brazos alocados, sabor a Dom Perignon en el fondo; Veuve Clicquot en el frente, Yulia empujando la entrepierna de Lena con su pelvis. Lena se colocó encima de Yulia, haciendo de su cama un desastre; pero así debía ser, más porque Lena terminó de igual forma debajo de Yulia, fue una vuelta sin sentido.



- Shhh…- dijo Yulia, antes de que Lena dijera algo que probablemente no era necesario, poniendo su dedo índice y su dedo medio de la mano derecha sobre sus labios.



Lena los besó mientras que, con su mano, arreglaba su cabello. Yulia quitó sus dedos y llevó ambas manos hacia su entrepierna, apenas rozándola, recorriendo toda su ranura con sus dedos, dándole escalofríos a Lena, aunque se dejó llevar. Lena tiró su cabello hacia un lado, considerando por fin que, para la próxima vez, se haría un moño o una cola, y se dejó besar de su cuello por Yulia, con mordidas sensuales y suaves a los lados, succiones en sus lóbulos, respiración tibia, excitación al máximo mientras los dedos de Yulia rondaban por sus labios mayores. Empezó a exteriorizar las reacciones internas de su cuerpo al tacto de Yulia.



- Mi amor…- susurró Yulia, lo más bajo y sensual que pudo, cerrando toda puerta y ventana a cualquier migaja de inseguridad que le quedaba. – Sólo mía…mía- repitió Yulia, en el mismo tono y en el mismo volumen, desencadenando lo menos esperado en Lena.



Lena buscó los labios de Yulia con desesperación y los besó, sólo suyos, dejando caer al mismo tiempo, más que lo poco de resistencia emocional que le quedaba, una que otra lágrima que Yulia sintió en cuanto tocaron sus pómulos por el roce y en cuanto Lena empezó a luchar con la congestión nasal.



- Len, ¿qué sucede? ¿Hice algo mal? ¿Dije algo que no debía?- preguntó Yulia, despegándose de Lena, preocupada, aterrada y confundida. Lena negó todas las preguntas con su cabeza y atrajo los labios de Yulia a los suyos de nuevo. La besó un poco incómoda, pues la preocupación no se había ido, sino las lágrimas se alargaban y se multiplicaban. – Mi amor, por favor, te ruego que me digas qué pasa- volvió a despegarse Yulia de los labios de Lena, viendo aquel rostro perfecto bañado en lágrimas emocionales, con una expresión facial de cierto dolor, no físico, sino emocional también. – Lena…por favor…déjame ayudarte- pero Lena no lograba decir algo, sólo podía concentrarse en contener sus sollozos por el mayor tiempo posible.



Yulia se sentó sobre la cama, esperando a que Lena le dijera algo pero, con cada segundo que pasaba, el corazón se le rompía de ver a Lena tan vulnerable y quién sabía si triste.



- Te lo ruego- imploró Yulia una vez más. – Dime qué pasa, por favor…



Y Lena reaccionó, se sentó y abrazó a Yulia, tan fuerte que Yulia se tardó en reaccionar y le tomó un poco de tiempo abrazarla. Se recostó sobre la cama con una Lena hecha pedazos, aferrada a ella, llorando amargamente y sin explicación, tratando demasiado no sollozar, no gritar. Yulia sabía que la explicación podía esperar y ahí encontró dos caminos: levantarse e irse, por no saber qué hacer, por sentirse inútil, o quedarse y consolarla, no sabiendo cómo pero eso. Se levantó. Pero no para irse. Se dirigió al baño sólo para traer un poco de papel higiénico, lo único que pudo encontrar, para limpiar las lágrimas de Lena, acobijándola de paso entre las sábanas desarregladas de la cama, acostándose de nuevo y abrazándola fuertemente con su brazo izquierdo. Lena reposó su cabeza sobre el pecho de Yulia y dejó que le limpiara las lágrimas. Yulia esperó…y esperó hasta que a Lena se le pasara.



- Yulia, perdóname- susurró Lena. Eran alrededor de las tres de la mañana. Lo susurró para que Yulia no la escuchara, que había cedido al cansancio sin intención alguna de abandonar a Lena. – Por favor, perdóname- continuó, creyendo que Yulia no le escuchaba pero, para su mala suerte, cuando Yulia estaba preocupada, padecía de sueño ligero.



- ¿Qué tendría que perdonarte?- murmuró en aquella voz amodorrada. Lena no sabía qué decir, pero tenía que responder, ahora sí.



- Por ponerme a llorar



- ¿Por qué estás triste, mi amor?- Yulia abrió los ojos poco a poco, abrazando a Lena, asegurándose que todavía la tenía entre sus brazos.



- Lo siento, no estoy triste, sólo no sé qué me pasó…me sentía demasiado bien y sólo tuve un giro hormonal y me dieron ganas de llorar…



- Mi amor, ¿segura que no te pasa algo? Puedes contarme, quiero ayudarte, por favor



- Mi amor…eso es lo que pasa, que es demasiado como un sueño, que la persona a la que quería, la que me gustaba, de la nada me toma en cuenta, de la nada se enamora y así, me dice “mi amor”…se sintió demasiado como un sueño…- repitió, sonrojada, aunque en la oscuridad eso no era notable.



- Tú me llamaste así primero, y lo adopté porque sonaba demasiado correcto, demasiado acertado, mi amor- dio un beso a la frente de Lena mientras Lena abrazaba a Yulia por su abdomen, pues había retirado su brazo para guardar calor.



- Te juro que haré lo que sea para que no dejes de llamarme así…



- ¿Me das un beso?



- Te lo doy si me das un cigarrillo



- Lena, son las menos veinte de la mañana… ¿y tú quieres un cigarrillo?



- Sí, vamos, fuma uno conmigo…hoy no hemos fumado



- Tienes razón, pero eso es porque el día apenas comienza, tramposa- rió Yulia, cerrando de nuevo sus ojos.



Lena se acercó para darle el beso que le había pedido, beso que fue seguido por Yulia con sus labios, terminando en un exquisito sonido húmedo. Se volvió a recostar en el pecho de Yulia, sintiéndose mejor, más tranquila, más tibia.



- Perdóname a mí por haberme dormido, mi amor- murmuró Yulia, casi dormida de nuevo.



- No tengo que perdonarte nada…porque…- “no hubiera dicho ‘porque’…”



- ¿Por qué?- bostezó.



- Porque te amo…por eso.


"Don’t wake me up up up up up up” sonó desde el teléfono de Lena, hacienda que ambas se retorcieran de un dolor de desvelo entre aquellas sábanas tibias. “I don’t wanna fall unless I’m falling for you” continuó sonando mientras Lena y Yulia buscaban a ciegas ese iPhone, Lena molesta, Yulia molesta pero divertida porque la canción era totalmente acertada.



- ¡Lo tengo!- gritó Yulia, levantando aquel teléfono como si fuera trofeo o invención.



- Perdón, Arquitecta- murmuró Lena, abrazando a Yulia; estaba tibia, perfecta para las manos de Lena.



- Si esa cosa no suena, creo que no me despierto, Licenciada- rió Yulia, recostándose de nuevo, tratando de ganar tiempo. – Por Dios... Apenas es martes- suspiró, vencida y cansada, tal vez era ese pequeño malestar de esa mini resaca de Dom Perignon.



- Son las cinco y media de la mañana, te puedo prestar ropa si quieres; ropa que todavía no me han visto en el Estudio…y te bañas aquí…conmigo…y te compenso lo de anoche- murmuró Lena, tomando a Yulia de la mano, entrelazando sus dedos y besándolos; uno por uno.



- Tentadora propuesta…pero creo que tus pantalones no me quedan, tus blusas tampoco- rió, peinando a Lena todavía en la oscuridad. – Pasaré comprando algo camino al trabajo



- Momento, ¿comprarás ropa?



- Es correcto, mi amor…ahora, ¿dónde están esos labios?- preguntó Yulia, con hambre de Lena, sólo quería quedarse ahí así, no quería ir a ver a Segrate; con quien iba a revisar el plano de la cocina de los Hatcher.



- Aquí- susurró Lena, llevando la mano de Yulia a su entrepierna. Y le dio sus labios, tanto sus labios vaginales como sus labios bucales.



Yulia se volvió un poco hacia Lena, poniéndose sobre su costado, besando sus labios mientras jugaba con sus labios mayores con sus dedos. A Yulia le costaba concentrarse; era el olor de Lena, un olor a L`Air de Nina Ricci con un poco de sueño, el sabor de sus labios, la textura de su vulva, era demasiado para sus sentidos. Lena abrió sus piernas para los dedos de Yulia, que la recorrían desde su vagina hasta su clítoris; presionando su vagina pero no introduciéndose para luego recorrer aquella cavidad húmeda hasta su clítoris, separando sus dedos para acariciarlo a cada lado y presionarlo entre ellos.
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Ago 13, 2014 7:33 pm

- Hazme tuya…demuéstrame que quieres hacerme lo que quieras- murmuró Lena entre besos y gemidos suaves.



- Súbete- ordenó Yulia, dejando a Lena sin saber qué hacer. – Quiero ese clítoris aquí- dijo, señalando con su mano por encima de su cabeza para tocar sus labios.



- ¿Estás segura?- preguntó Lena, extrañada.



Yulia asintió y se recostó sobre su espalda, quitando un par de almohadas para no quedar muy arriba y que Lena se pudiera hincar sobre su cabeza. Con su clítoris sobre los labios de Yulia, sus muslos abrazando su cabeza y sus manos apoyadas sólo con la punta de sus dedos de la pared que había tras el respaldo de la cama. Yulia abrazó a Lena por sus muslos y la haló un poco hacia abajo para no tener que esforzarse mucho, después de todo eran las cinco y media de la mañana y la pereza era parte del proceso. ¿Lo excitante para Lena? Era sencillo; ver la cara de Yulia mientras se la comía toda, ver cómo le clavaba la mirada en la suya como queriendo decir “¿ves lo que te hago?” y escuchar, de primera mano, aquellos ahogos de Yulia, esos ahogos sensuales que sonaban más bien a gemidos.



Yulia, sin tener experiencia alguna más que la del fin de semana, usó cada uno de los componentes de su boca; sus labios, sus dientes y su lengua, para lograr que su Lena se “corriera” o se “viniera”, verbos que Lena utilizaba y que a Yulia le parecían un tanto obscenos y a veces grotescos pero que tenían cierto aire sensual y juguetón. La lengua de Yulia era especial, un tanto larga y ancha, y aún así, lograba tener la forma óptima para lamer desde la vagina de Lena hasta su clítoris. Primero lamió por encima, sólo sus labios mayores, hinchándolos a su paso, humedeciéndolos con la mezcla de su saliva y sus jugos, que esa mañana en particular sabían al mejor desayuno para la pizca de resaca que había en Yulia.


Lena era otra historia, en su cabeza sólo pasaban las sensaciones más exquisitas y pervertidas que alguna vez le pasaron; era el momento pues estando ella realmente sentada en el rostro de la Arquitecta le parecía obsceno, sucio y de mal gusto, Pero se sintió bastante sexy siendo tan sucia. Sonreía hasta donde podía si no era porque Yulia le provocaba un gemido repentino por una succión de sus labios menores o el roce de la punta de su lengua en la punta de aquel clítoris hinchado. La barbilla de Yulia se había llenado de los jugos de Lena, así de empapada estaría, los alrededores de su boca también, pero Yulia disfrutaba de una Lena así, empapada hasta más allá de su vulva, que Yulia aprovechó para recoger un poco con sus dedos y acariciar el ano de Lena con aquellos jugos tibios, sólo a estimularlo, cobrándose el accidente de Lena durante el fin de semana.



Y sí, Lena ya no sabía dónde sentía qué, sólo sabía que estaba inundada de placer y que, cuando Yulia besaba su clítoris, su necesidad biológica de correrse, se acercaba cada vez más. Y cuando Yulia le clavó sus dientes en su monte de Venus, que debo acordarles que era depilada, que Lena sintió que era algo demasiado bueno lo que se venía; un ataque a “Velocidad” a su clítoris con la punta de su lengua, tan rápido que Lena, automáticamente, llevó sus manos a sus senos y los apretujó con fuerza, echando su cabeza hacia atrás, gimiéndole al techo, mordiéndose su labio inferior por el lado izquierdo, excitación: nivel noventa y nueve.



- Me estoy quemando a través de los cielos, si, 200 grados: es por eso que la llamaría señorita Farenheit, me tienes viajando a la velocidad de la luz- cantó Lena entre gemidos, no sabiendo exactamente de dónde había salido eso, pero a Yulia le dio risa y fue su aliento tibio junto con una última succión en el clítoris de Lena que hizo que Lena diera ese respingo, deteniéndose del respaldo de la cama y sosteniéndose en el aire sobre Yulia mientras Yulia intentaba halarla de regreso por sus muslos para probar ese orgasmo, esos jugos calientes, esas palpitaciones.



“Don’t wake me up up up up up up” sonó de nuevo, ambas rieron, más después de que Lena gritara un hermoso, sensual y malhablado “Siri, you bitch” mientras apagaba su alarma.



- Ugh, ya es tarde, son las seis- se quejó Yulia, tapándose hasta la cabeza con las sábanas.



- Amor, ¿qué has decidido? ¿Te duchas conmigo o vas a tu apartamento a hacerlo?



- Quisiera ducharme contigo, pero se me olvidó que tengo que estar a las ocho a más tardar en el estudio, tengo una reunión a las ocho y media y todas las tiendas las abren hasta las ocho; en media hora no escojo nada…



- Pero te debo una



- Veamos si podemos solucionarlo por la noche…espera, no, hoy en la noche no puedo; me voy a ver con James y Natasha y ellos…



- Bueno, bueno…¿me robarán a mi novia y no me piden permiso? Qué grosero- rió, sabiendo que debía darle su espacio, no podía quererla sólo para ella.



- Puedes venir si quieres, te encantarán todos



- Me voy a sentir fuera de lugar



- Te prometo que no, son gente agradable



- Usted esta impecable hasta el punto de que no es justo- sonrió Lena, dándole un beso a Yulia en sus labios, probablemente de despedida, sí, fue de despedida.



Lena se metió en la ducha, no esperando que Yulia se metiera con ella, Yulia queriendo meterse pero sabiendo que el olfato de Segrate las delataría con un simple: “Huelen al mismo jabón”. Se vistió con la mejor de las sonrisas, le escribió una nota a Lena que decía “No desayunes, yo te llevo desayuno, mi amor. Besos, Y.” Usualmente firmaba “Yulia” o “Yul” pero una letra era suficiente para poner un poco más de cariño en la primera nota que dejaba en toda su vida. Llamó un Taxi, siendo antes vista con picardía por el doorman del edificio de Lena, pero no le importó, después de todo, ¿quién pudiera imaginárselo? Se duchó como siempre, todo como siempre, manteniendo la decisión de dejar a la “Yulia seria” a un lado; pantalón hasta los tobillos ajustado, de cuero azul marino; un Roberto Cavalli que le había regalado Natasha y que nunca había considerado ponerse por ser “muy rockstar” pero ahora, con una Kaftan-blouse de chiffon en leopard print del mismo Cavalli, No Prive Slingback Louboutins negros, el mismo YSL Hobo de ayer, su Akris Punto tweed coat y su bufanda Lanvin ocre, recibió más halagos callejeros que Linda Evangelista en su mejor época.



Hizo una breve parada en “Ess-a-bagel” en Lexington y 54, comprando sándwiches para todos en el estudio, pues sabía que todos tendían a la anorexia: dos sundried tomato cream cheese, dos herb cream cheese, dos cheddar cream cheese, dos american cheese sándwiches, cinco mozzarella sándwiches, un Apple cinamon cream cheese para ella, un eggs and three cheeses para Lena y vació el estante de Snapples, saliendo con ayudante hacia el Taxi que había dejado esperando por ella en la entrada. Deseó “Buenos días” a todos en el Estudio, poniendo la bolsa con sándwiches en el escritorio y anunciando que había para todos, tomando antes el suyo y el de Lena, junto con dos Half n’ Half Snapples y dos Pink Lemonade Snapples para las dos.



- ¿Ahora resulta que traes desayuno?- dijo, incrédulo el Ingeniero Segrate.



- Si no te gusta pues no te lo comas



- Ah, pero a la Licenciada Katina le trae especial- rió.



- Mira, Anatoly, no sé qué intentas decirme…pero estoy al borde de hacer que te despidan sólo para no tener que verte la cara nunca más- Yulia estaba molesta, colapsando en histeria violenta; con ganas infinitas de pegarle.



- No tienes el poder para despedirme- rió cínicamente aquel hombre, dándole una mordida al uno de los sándwiches que había llevado Yulia.



- No me tiente, Ingeniero, que ganas de despedirlo no me faltan…



- Arquitecta, no sea una ilusa, el único que tiene poder para despedirme es Volterra, el dueño de este Estudio



- Ah, ¿entonces usted quiere decirme que el dueño del Estudio puede despedirlo?- estaba a punto de reventar, era como una olla de presión, soltando humo por los oídos; tratando de calmarse para que los demás no se dieran cuenta.



- Así es…y como tú, hermosa fiera, no eres la dueña, no puedes despedirme ni hacer que me despidan- rió a carcajadas. – No seas una ilusa…



- ¿Cómo defines tú ser “dueño” en este Estudio?



- Yulia, vamos, tú y yo sabemos que sólo el que invierte es Volterra, todos sabemos que es un riesgo invertir en este infierno, hasta tú lo sabes



- Y si lo sé, ¿por qué invertí en este “Infierno” que le da de comer, Ingeniero?- Yulia sonrió, sólo le faltaba un tridente y crecer un par de metros para ver muy de menos a Anatoly.



- ¿In…invertiste?- tartamudeó, no creyéndole a Yulia.



- Espero que esté a tiempo y con mejor actitud para revisar los planos, Ingeniero Segrate. Si me disculpa, tengo mejores cosas que hacer a parte de tratar con un…- hizo una pausa, pensando en todo insulto en todo idioma que podía. – Con usted.- concluyó, dándose la vuelta con una sonrisa y dejando a Anatoly al borde del colapso, pues Yulia sí tenía autoridad para despedirlo si era que había invertido más de un cuarto del capital inicial del Estudio en el año. – Gaby, ¿me podrías poner a la asistente de Meryl en la dos por favor? – cerró la puerta de su oficina, esperando ver a Lena ya ahí, pero no, eso la enojó más y no sabía por qué.



El teléfono sonó, que Gaby ya tenía a la asistente de Meryl en la línea. Planearon la reunión para el viernes de esa misma semana, pues aparentemente ella estaría en Nueva York. Eso le gustaba a Yulia de su trabajo, conocía a todo tipo de gente; desde a los congresistas, hasta a Meryl Streep o Glenn Close, en el mejor de los casos, a uno que otro Jeque árabe que quería una decoración en un apartamento en la 5ta. Avenida en el que nunca estaría; y era con los proyectos que más se divertía, pues no tenía un presupuesto tan miserable como cuando se trataba de Project, por ejemplo. Dejó el sándwich de Lena en su escritorio y salió del edificio con el suyo, se dirigió a St. Patrick’s cathedral y se sentó en las gradas a comerse su desayuno, que lo acompañó con un Half n’ Half y, de postre, dos cigarrillos que la lograron calmar. En su camino de regreso, compró una cajetilla de Marlboro Gold, para poder compartirlos a gusto con Lena pero, de alguna manera seguía molesta con ella, pero “es estúpido…no puedo enojarme sólo porque no estaba”, hasta se sintió culpable.



- No, Anatoly, quiero una pared de concreto aquí, y sólo aquí, y hasta aquí- señaló Yulia en el plano, marcándole a los doce metros exactos una pared de concreto ortogonal de ochenta centímetros de ancho, cuatro metros de largo y dos de alto.



- Yulia, vamos, ¿por qué no sólo pones madera ahí y me ahorras medir eso? Es más fácil cortar madera que construir una pared de esas dimensiones



- Creo que no me has entendido, la pared va cubierta de madera de cedro, ¿sabes lo difícil que sería cortar esa dimensión de cedro? ¿O lo enorme que tendría que ser para sacarlo en una sola pieza? Anatoly, quiero mi pared de concreto ahí sí o sí



- Yulia, no voy a levantar una pared de concreto sólo porque quieres, consigue más madera y listo



- Ingeniero Segrate, creo que no ha entendido; el cliente tiene un presupuesto- interrumpió Volterra.



- ¡¿Ahora usted la defiende?! Volterra, ¿qué le ha hecho?



- Anatoly, tranquilícese, sólo quiero que entienda que, por una parte, es más barato recubrir una pared de concreto con madera de cedro que hacer un bloque de madera de cedro y, por otra parte, sería una instalación y no una construcción, que si la madera se…pudre, por así decirlo, no tiene el mismo costo reponerla a que si es recubrimiento



- ¿Entonces qué? ¿Tengo que rendirle cuentas a Yulia también?



- No, Anatoly…yo sólo soy su compañera de trabajo, el jefe es Volterra siempre, y le ruego que considere hacer esa pared, sino le pediré que no haga la pared, que es parte de su trabajo en realidad, y contrataré a alguien que lo haga…y de buen modo- dijo Yulia, molesta. Enrolló los planos y los puso bajo su brazo. – Voy a estar en mi oficina, creo que la “reunión” se acabó, con su permiso- se retiró, con un poco de enojo por la escenita de Segrate, pero feliz de que al fin Segrate iba a respetarla un poco más, aunque le pesara.



- Mi amor, ¿qué pasó?- preguntó Lena, viendo cómo Yulia arrojaba los planos sobre la mesa de dibujo y se dejaba caer sobre su silla. Yulia levantó la mano a manera de decirle “no quiero hablar” y se dio la vuelta, viendo hacia la ventana, viendo aquellas nubes colmar el cielo. – Háblame, no te enojes tú sola, descárgate conmigo, ¿si?- se acercó Lena, poniendo su mano sobre el hombro de Yulia.



- Lena…ahorita no, ¿sí?- suspiró, intentando no sonar mal.



- Bueno, voy al salón de Davidson Avenue que ya llevaron la madera y hoy empiezo a cortar…si quieres buscarme cuando se te pase el mal humor, ya sabes dónde encontrarme, sino, nos vemos mañana…que te vaya bien con tus amigos- dijo Lena desde la puerta, cerrándola y yéndose.



Lena salió del Estudio molesta también, pues no entendía el mal humor de Yulia pero, al entrar al ascensor, se dio cuenta que dos enojadas no servía de nada más que para complicar las cosas y eso era algo para lo que Yulia tendría el día entero para pensarlo a solas. Cuando salió del edificio vio algo bastante curioso, una cabellera bastante peculiar agitándose mientras hablaba por el teléfono. Lena se quedó ahí parada, viendo con sumo interés a aquella mujer, sabía que la conocía de algún lado. La mujer se dio la vuelta y ambas se reconocieron.



- ¡Lena! ¿Cómo estás?- gritó Natasha, colgando su teléfono de una buena vez.



- Natasha- sonrió, sin saber por qué. - ¿Cómo estás?



- Excelente, ¿y tú?- le dio dos besos, uno en cada mejilla.



- Bien, muy bien…¿vienes a ver a Yulia?



- No, sólo vine a dejar los planos que me pidió, tengo día libre ahora…bueno, me tomé un día libre- rió. - ¿tú a dónde vas?



- A carpintería a cortar madera



- ¿Tú cortas madera?



- Sí- rió Lena, pensando en lo poco común que eso era.



- ¿Puedo ver tu trabajo? Bueno, es que no tengo nada que hacer y Yulia ha de estar ocupada



- Ocupada no creo, enojada sí- rió.



- No te preocupes, ya se le pasará, de seguro tuvo algo que ver ese Anatoly, es la única persona que la sabe enojar



- Por un momento me lo tomé un poco personal



- Te acompaño y platicamos- dijo Natasha, sabiendo que eso iba a estar demasiado interesante. – ¿Cigarrillo?- ofreció Natasha, alcanzándole una cajetilla de Marlboro Gold.



- Gracias, ya me hacía falta uno de éstos- sonrió, poniéndolo entre sus labios y poniendo su mano sobre él para romper el viento y que la llama del encendedor de Natasha no se apagara.



- Con Yulia tienes que aprender a fumar de los rojos- sonrió, abriendo la puerta de un auto negro para que Lena se metiera. – Súbete, te llevo donde vayas, después de todo voy de intrusa- guiñó su ojo igual que Yulia.



Gracias, qué amable…Davidson Avenue y 182, por favor- dijo Lena al conductor mientras Natasha se metía al auto y cerraba la puerta. – Oye, nunca te agradecí por haberme invitado a la fiesta de tu mamá…he leído todas sus críticas



- Cuando quieras te la presento detenidamente, seguramente esa noche no le prestó atención a nadie más que a ella misma y al nombre que le puso Yulia a su columna- rió. Pero bueno, cuéntame, ¿cómo te va trabajando con Yulia?



- Bien, es increíble todo lo que sabe y cómo asegura los proyectos y cómo lleva cuatro o cinco proyectos a la vez



- ¿A qué te refieres?



- Pues, la semana pasada, entregó Louis Vuitton antes de tiempo, concretó Meryl Streep, tomó lo tuyo, sigue trabajando en Boston y está trabajando en la restauración de Prada de Soho y está a un pelo de firmar contrato para una casa en los Hamptons



- Sí, Yulia es bastante capaz



- Se sabe todos los tricks de los clientes, qué quieren y qué buscan y cómo hacerlos cambiar de parecer, no sé, tiene mucha experiencia



- Es la primera vez que Yulia trabaja con alguien tan cerca como contigo, ¿sabías?



- Sí, Volterra me lo dijo y, de paso, me dijo que no era de las que trabajaba bien en equipo, que prefería tomar pocos proyectos pero hacerse cargo ella sola a tener a alguien de quién depender para ciertas cosas…y que seguramente que invadiera su oficina no la haría muy feliz



- Pero creo que le agrada tenerte en su oficina, no he tenido ningún comentario negativo en todo lo que llevas trabajando ahí, sólo positivos



- ¿Como cuáles? – preguntó Lena, llena de curiosidad.



- Pues que eres muy buena diseñando muebles, que no estorbas, que eres muy callada…y que dejas que Yulia ponga su música mientras está trabajando



- Ustedes se cuentan todo, ¿verdad?



- Pretty much



- Bueno, entonces la pregunta correcta sería: ¿Qué sabes de Yulia y yo?- Natasha se quedó petrificada, creía que ella estaba guiando la conversación y no Lena.



- Bueno, eso, que se llevan bien en el trabajo



- Necesito saber cómo penetrar la armadura de Yulia- confesó, sabiendo que era arma de doble filo pues Natasha podía contarle o podía decirle cómo.



- Yulia es una persona complicada



- Lo sé y tiene muchas cosas que no comprendo, tal vez tú puedas ayudarme a entender, a saber cómo tengo que tratarla



- Si voy a hacer esto, necesito seguridad, que no me vas a delatar…porque Yulia me cuenta cosas en suma confidencialidad y estoy a punto de abrirte el mundo de Yulia Volkova…



- Lo que sea que me cuentes lo guardaré con mi vida, y lo trataré de la mejor manera posible…



- Necesito seguridad, no puedo perder a mi mejor amiga, ¿me entiendes?



- Le dije que la amaba



- Eso es suficiente, hagamoslo. – se animó Natasha, frotándose las manos y pasándolas por su rostro para relajarse.



- Lo prometo, no la vas a perder, yo tampoco quiero perderla



Natasha tomó aire, profunda y lentamente, llenando sus pulmones, y tronando sus dedos, dejando que Lena viera dos anillos en su dedo anular de la mano derecha que, de haber estado en la mano izquierda, pasarían por anillos de compromiso.



- Bueno, ¿qué quisieras saber? No voy a revelarte más de lo que quieras saber, y “todo” no es una respuesta aceptable, pues no creo que sea sano que yo te cuente de Yulia cuando la tienes que conocer, sino no es una relación, no puedes esperar una relación si ya la conoces y desde mi punto de vista…tienes que formarte una idea propia de Yulia



- Yulia es perfecta



- Eso fue rápido- rió.



- Primero, quiero saber qué hace Yulia aquí en realidad



- ¿Qué hace de qué?



- Digo, tiene mucho dinero aparentemente



- Ah, eso. Bueno, el 25% de donde trabajas…es de Yulia, para empezar, así que Yulia no sólo es tu compañera de trabajo, sino también tu jefe. Pero le ha dejado la administración a Volterra porque administrar el Estudio le da pereza y él tiene más experiencia, por eso es que Yulia no se entera de muchas cosas administrativas; como cuando no se enteró que tú ibas a llegar, pues son decisiones que toma Volterra él solo… bueno básicamente atornilla al jefe - sonrió Natasha, viendo cómo Lena se quedaba un tanto boquiabierta.



- Pero, digo, ¿de dónde sale el dinero? No creo que Yulia tenga un cerdito que defeque billetes- Natasha rió a carcajadas, esa expresión nunca la había escuchado.



- Qué diplomática…pues Yulia ya tenía dinero antes de venir, de la herencia de sus abuelos, su papá consultor financiero del gobierno, su mamá curadora en el Vaticano…bueno, imagínate la cantidad de dinero que tienen como para que Alina esté permanentemente de vacaciones…



- Pero, ¿tanto?



- Digamos que Yulia vive de los intereses de la herencia de sus abuelos, más lo que gana con Volterra…



- ¿Cuánto gana con Volterra?



- Depende del proyecto, pero Project le pagaría veinte, sé que Meryl está invirtiendo doscientos veinticinco en todo, un tercio es para Yulia porque sólo es ella diseñando y decorando, los Hatcher tienen un presupuesto de dieciocho, no sé cuánto exactamente le quedará a Yulia de eso, pero Yulia es muy buena en lo que hace, eso tú ya lo sabes



- Entonces debo asimilar que Yulia gana miles de dólares por cada proyecto nada más, perfecto. Eso explica sus lujos y su ropa de diseñador…



- La compra de ropa si, el gusto es adquirido, Lena… ¿nunca te has preguntado por qué Yulia nunca se ve mal en lo que se pone? Podría ser hasta la blusa más fea que hayas visto en una pasarela pero a Yulia se le ve bien…



- Bueno, me imagino que lee mucho Vogue o Marie Claire o Harper’s…



- Eso o que en la ISAD también hizo diseño de modas pero nunca lo absolvió



- Eso no lo sabía…no lo mencionó nunca



- Yulia piensa que si no lo absolvió es como no haberlo estudiado…Yulia así es, Lena, pero tranquila, es menos complicada de lo que parece, ¿qué más quieres saber?



- ¿Qué le gusta?



- ¿Qué le gusta de qué?



- No sé, de todo- rió, sabiendo que era algo que no debía decir pero que era lo más cercano a lo que quería expresar.



- Le gusta mucho el sushi, los mariscos en general, antes íbamos a un lugar en Brooklyn, casi tres veces por semana sólo a comer sushi o a probar uno de cada uno, probamos el menú entero como cuatro o cinco veces, le gustan las fiestas tranquilas, en las que se puede platicar, pero si va a fiestas neoyorquinas, con música electrónica de fondo, que no le molesta, creo que su iPod tiene bastante música para poner una buena fiesta, le gusta el bossa nova, Britney Spears, Madonna, las Spice Girls, Laura Pausini, le encanta la música, es como una adicta a estos programas que buscan cantantes, le fascinan, sólo tiene música original, si quieres regalarle música, cómprale el CD, ah, le fascinan los masajes…¿quieres contentar a Yulia? Sol, arena y mar…sino, un steak con french fries de Ben & Jack’s…le gusta hacer spinning, le gusta el champán, le gusta ir a Broadway a ver alguna obra de vez en cuando…



- Su cumpleaños es ya casi... ¿qué le puedo regalar?



- Regalarle algo a Yulia…eso sí es complicado, Lena…



- Quiero darle algo que disfrute, algo que lo pueda usar, algo bonito y no tan caro…pues yo no tengo un cerdito que defeca dinero



- Vas con Yulia a Boston, ¿verdad?



- Sí



- Pues de ser así…déjame ayudarte. ¿Qué dices si vamos de compras tú y yo después de que estés en carpintería?



- Natasha, ¿qué planeas?



- Un pequeño viaje al mundo de “La Petite Coquette”…en donde podrás encontrar tu envoltorio, pues no hay mejor regalo que tú misma…te lo digo, yo lo hice con Phillip este año que cumplió treinta e inmediatamente me pidió que nos casáramos…le conté a Yulia y me dijo “ojalá y eso me pasara a mí”



- Perdón, ¿qué es “La Petite Coquette”?



- Ay, amor, es en donde con doscientos dólares vas a lograr verte sexy para Yulia… no hay mejor regalo de cumpleaños que el sexo apasionado, que viendo tu expresión entiendo que lo han intentado pero siempre sucede algo y no han podido disfrutarse…



- Yulia y tú son de otro planeta… ¡no sé cómo hacen para leerme!



- Soy psicóloga, amor… quieres consejos?



- Claro que sí, te sabes a Yulia de todas maneras



- Bueno, quieres darle vida a tu vida sexual… has escuchado del sexo telefónico?
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Ago 15, 2014 3:57 pm

Conti







Bueno, ahora sí, hablemos, ¿qué pasa?- preguntó Volterra mientras Yulia tomaba sus cosas para salir del Estudio a plenas once de la mañana.



- Voy de salida- dijo, agregando un “no te lo dije?” o quizás un “quieres hablar ahora?”.



- ¿Vas a…?



- A “Mood”, Alec, no estoy huyendo, sabes…tomo mi[url=#72618532] trabajo[/url] bastante en serio…y algo en mí se muere cada vez que Segrate me lleva la contraria sólo porque no es él el encargado del proyecto



- ¿Qué es lo que pasa entre él y tú? Yo sé que nunca se han llevado bien, pero de un tiempo acá, es como…Terza Guerra Mondiale



- Segrate está resentido porque no me he querido acostar con él- rió, Volterra también, pero tenía que preguntar.



- No estoy insinuando nada, no me lo tomes a mal, pero quizás sería bueno que te distraigas un poco del[url=#99323076] trabajo[/url]…



- No, no insinúas nada, sólo que me acueste con Segrate, con mi némesis- rió Yulia, divertida por lo entrometido que podía ser Volterra a veces, que digo a veces; todo el tiempo.



- Yulia, suena raro pero eres como mi hija, que por una extraña razón es mi socia también- dijo, haciendo una expresión bastante rara y graciosa con sus cejas y sus ojos. – Pero un poco de amor en tu vida nunca te viene mal



- Alec, Estoy viendo a alguien



- Al fin, un afortunado- bromeó Volterra, dándole unas palmadas suaves a Yulia en la espalda.



Yulia sólo supo sonreír, pues sí, había una afortunada, o dos; ella, Lena o las dos: Egocéntrica pero no lo suficiente para caerme mal. Salió de “RockPlaza I” justo para encender el último cigarrillo rojo que le quedaba y se perdió entre aquel humo, que de alguna manera la hacía sonreír. “¿Lena cortando madera? Qué tan sexy sería eso?”. “Mood” era para Yulia como para mí alguna vez fue “Disneyland”, diversión; yo me metía a toda rollercoaster, Yulia tocaba cada tela y compraba cantidades perfectas, aunque esta vez, Yulia hit the jackpot con una Navy Solid Velvet que era perfecto para las sillas del comedor de la casa de los Hatcher.



- Nate, ¿se te antoja un poco de Cipriani ahora en la noche?- dijo Yulia al teléfono mientras guardaba sus compras en la bodega de Volterra.



- Amor, qué cambio más radical…les avisaré que en el Cipriani, Harry, ¿verdad?



- Sí…por cierto, ¿dónde estás?



- Estoy en el mejor de los lugares- rió.



- Saludos a Phillip entonces, buen provecho. Ahora a las siete, besos, ciao- se despidió, creyendo ciegamente que era con Phillip con quien estaba, aunque estaba con Lena, quien se probaba en ese preciso instante un “Maison Close Suite Fatale” en “La Petite Coquette”, de espalda abierta, con push-up incluído, muy corto y que intoxicaba la atmósfera con sensualidad al estar en Lena.



- ¿Tú crees que le guste?- preguntó Lena, subiéndose a un par de tacones para ver cómo le quedaría en realidad.



- Revisemos parte por parte, ¿te parece?



- Tú dirás…aunque me da pena estar aquí vestida así



- Tranquila, no eres primera mujer que veo así- rió, acordándose de ella y Yulia probándose infinidad de cosas por diversión en ese mismo probador. – Plus, debo decir que tienes un cuerpo envidiable…pero el de Phillip me gusta más, sin ofender- sonrió, aplaudiendo y poniéndose de pie para ponerse atrás de Lena, quien ya estaba frente a un espejo.



- Non taken- rió, porque de alguna manera se había escuchado como si Yulia le estuviera haciendo burla.



- Primero: Yulia adora animal prints, en ese caso estamos más que bien- pues era de leopardo, bastante sensual a decir verdad. – Segundo: ¡Ah! Tienes que arreglarte aquí- dijo, metiendo sus manos por entre los brazos de Lena y agarrando sus senos para empujarlos hacia arriba, para luego meter sus manos entre las copas y los senos de Lena, sólo para resaltar más su busto, pero Lena se sintió un tanto violada, aunque divertida porque Natasha era simplemente…al grano. – Bien, ahora se ve mejor. Asegúrate que te quede así, que no se vea como si va a explotar, pero que se vea que tienes algo bastante jugoso ahí, porque sí lo tienes. Tu trasero se ve bien, senos, también…sólo tenemos que comprarte unos Stilettos que no maten tus pies y que le gusten a Yulia…y estás ready to go- y le dio una nalgada por diversión, fue que siguió entendiendo, so-la-la, la relación entre Yulia y Natasha; era graciosa nada más.- Por último, el consejo más sabio…intenta usar su mismo acento, le fascina que le hablen en acento ruso- y fue cuando Lena realmente se dio cuenta que Yulia realmente hablaba con acento ruso; por eso era tan sensual cuando hablaba.



Lena se vistió de nuevo, pero sin Natasha; hago la aclaración, mientras Natasha pagaba por lo que, en teoría, Lena debía pagar, pero a Natasha le gustaba ayudar y, cuando vio esa oportunidad, ni loca la dejaba ir, era algo que tenía en común con Phillip, les gustaba ayudar a las personas; más que todo a sus amigos, y Yulia nunca necesitaba ayuda, por eso era tan placentero ayudar ahora en algo que tuviera que ver con Yulia, más si se trataba de amor.



- Qué prefieres: ¿Peep toe or punta cerrada? ¿d’Orsay?


Primero voy a pagar y luego te respondo- rió Lena, sacando su tarjeta de crédito de su cartera.



- Cortesía de la casa, amor, ahora respóndeme- dijo Natasha, alcanzándole la bolsa con la caja en la que se encontraba el regalo de Yulia.



- Tú y Yulia son iguales, Dios- se quejó. – No sé, ¿qué me recomiendas tú?



- Vamos a que los veas todos, todos los que pueden ayudarte a verte…apetecible- sonrió Natasha.



Yulia, a unas cuantas calles de ahí y de a donde se dirigían, afinaba los últimos detalles de la cocina de Meryl que, según su asistente, debía ser todo de mármol o de granito; trabajo fácil, pues contrataría a Trevor, el de Soapstone, por un precio bastante bajo y por buena calidad.

Lena, por el otro lado, entre su distracción, se dio cuenta que Yulia no había llamado ni algo parecido, le dolió un poco pero Natasha, sabiendo leerla demasiado bien, le dijo que no se lo tomara personal, que eso sí era cuando estaba ocupada.



- Amor, ¿qué te trae por aquí?- gritó Oskar, aquel espécimen de Bergdorf Goodman, el mismo al que Yulia había recurrido hacía unos cuantos días.



- Darling- dos besos al aire- necesito ayuda. Lena, vístete para que nos pueda ayudar- Lena se metió a la puerta a la que le señaló Natasha mientras aquel afroamericano, aquel ser humano, aquella mujer atrapada en el cuerpo de un hombre flacucho, la examinaba como si nunca la hubiera visto antes. – Necesitamos zapatos



- Amor, ¿Zapatos? Eso no me dice nada



- Ugh, Oskar, Stilettos, d’Orsay, Peep toe… cualquier cosa que te suba, pero sexy



- ¿Quién es esa pelirroja que no sabe cómo vestirse?- rió Oskar, obviando a Natasha.



- Esa pelirroja, Darling, está aprendiendo a vestirse



- Oh, ¿es tu alumna?- volvió a reír, en aquella risa estrepitosa que daban ganas de matarlo.



- Es la sobrina de Volterra- y, aunque no era cierto, la cara de Oskar cambió.



- Sí, cierto, Yulia vino con ella el sábado



- Sí, la estamos introduciendo al mundo NY-Chic- rió Natasha, haciendo que Oskar también se riera.



Lena salió, volteando cuellos y derramando babas de los supuestamente heterosexuales que trabajaban ahí, provocando rumores entre las mujeres, provocándoles una sonrisa a Oskar y a Natasha.



- Tienen que ser negros- sollozó Oskar, con cierta emoción afeminada.



- ¿Qué tienen que ser negros?- preguntó Lena, no entendiendo nada de lo que pasaba.



- Elena, amor- dijo Oskar. – tus pies no pueden estar cubiertos de otro color que no sea negro, ahora, qué prefieres: ¿d’Orsay, slingback, peep toe, punta cerrada?- preguntó, haciendo la misma expresión que Natasha.



- Oskar, ¿qué dices de los cutout Gucci?



- No es lo suficientemente negro, es más café…tengo dos Valentino y dos Loubis que podrían funcionar- chasqueó sus dedos y mandó a que recogieran su orden a la bodega.



- No te dije mi talla- dijo Lena, extrañada.



- Amor, qué bella- rió. – No necesito que me la digas, eres un siete y medio angosto, lo cual facilita la entrada a los Loubis como no tienes idea- dijo Oskar, emocionado. - ¿Qué has pensado hacer con tu cabello, amor? ¿Un moño? ¿Suelto?



- Creo que lo necesito recogido de alguna manera pero no es para ahora que lo necesito



- Duh, yo sé que no, pero para darte algún consejo, por si lo quieres- Oskar levantó su mano en aquella forma que a Natasha le molestaba, como si él fuera mejor que ellas.



- Una cola de caballo alta, estará bien- murmuró Natasha, abrazando a Lena por los hombros.



- Déjame ir a traer los pasos para que te lo hagas tú sola- Oskar se fue por un momento, dejando que al fin respirara Lena.



- Puede ser un poco…molesto, pero es bueno, sólo es de tenerle paciencia y de dejarle saber que tú le pagas y que el obedece- sonaba algo arrogante pero la actitud no le molestaba a Lena, al menos no para tratar a Oskar. – Aunque ahorita yo pago, así que siéntete en la libertad absoluta de decirle lo que quieras



- ¿Por qué nunca puedo pagar algo?- rió Lena pero de enojo



- Porque no puedo dejar que gastes alrededor de mil dólares cuando a mí me hacen el 70% de descuento, luego me reembolsas si quieres, no es necesario- guiñó su ojo de la misma forma que Yulia



Oskar llegó de nuevo con unas páginas recién impresas para Lena, que se las entregó con una sonrisa falsa, pues no era obligación de ninguno agradarse mutuamente. Sonó una especie de timbre y Oskar habría una escotilla y sacó cuatro cajas de zapatos, alineándolas perfectamente en aquel banco, destapándolas para que Natasha sonriera y Lena también, menos en el tercer par.



- ¿Por qué esa cara de asco?- se quejó Oskar, ofendiéndose.



- Esos tenía Yulia puestos hoy, no pueden ser esos- dijo, enorgulleciendo a Natasha y a Oskar, más a Natasha, pues se había dado cuenta de lo que Yulia llevaba puesto. Sólo les vio el precio por curiosidad y sintió cómo su corazón se detuvo, pensando en que probablemente pasaría una semana comiendo pan y tomando agua si se los comprara.



- Éste no, sería demasiado y no buscamos eso- murmuró Natasha, descartando los Valentino de encaje que tenía una laza exagerada.



- Muy bien, pero, si me preguntan a mí- dijo Oskar, dándose importancia. – creo que se te verían mejor los Loubis que los Valentino



- Pero son iguales- rezongó Lena, causándole un ataque al corazón a Oskar.



- Amor, sólo pruébate los Loubis, se te verán mejor, porque necesitas algo de brillo, si te pones los Valentino, es un negro liso y apagado, no le harás a tu hombre tanta impresión, duh



Y sí, se subió a esos Valentino y se vio perfecta, tanto que Natasha silbó obscenamente para halagarla. Lena se vistió de civil virginal de nuevo y se juntó con Natasha, que la esperaba con la bolsa de sus Christian Louboutin en el escritorio de Oskar.



- Ahora en la noche vamos a ir al Cipriani de la 5ta., ¿vienes?



- No lo sé, no quiero interrumpir, Yulia me dijo que podía ir pero no sé, me siento como una intrusa



- No somos unos ogros, además, hay hombres también- dijo Natasha con una sonrisa, dándole a entender que había testosterona que regulaba tanto estrógeno y progesterona



- Está bien, está bien, ¿cómo hay que ir vestido? Es que Yulia siempre me lleva a lugares que tienen código



- Permíteme un segundo- dijo, buscando su teléfono que sonaba al ritmo de “If you love it like I love it and you feel what I feel inside” – Mmm, mi amor- dijo, con aquella voz sensual y un tanto sexual, como si Phillip le estuviera tocando partes sensibles-¿Cómo estás?...estoy con Lena en Bergdorf…no, mi amor, no estoy triste, ella vino a comprar, no yo…ahora en la noche tengo reunión con mis amigos…tú también me haces falta, mi amor…yo también te amo, te veo mañana, te amo…te amo más, un beso, ciao- y Natasha suspiró de amor y perdió su mirada en la foto de Phillip y ella que tenía de fondo de pantalla; abrazados de frente en el Brooklyn Bridge, Phillip dándole un beso en la frente con los ojos cerrados y ella, aferrada a él, viendo a la cámara y sonriendo con esa sonrisa blanca y perfecta…eran una hermosa pareja. – Sólo casual, así como ando yo- dijo Natasha, volviendo a lo que Lena le había preguntado en un principio.



“¿Casual así como ando yo?” y Lena se le quedó viendo a Natasha con ojos de incredulidad y cinismo; de pies a cabeza Natasha se veía espectacularmente hermosa y chic; unos Stiletto Versace que sabía que eran Versace porque los había visto en la página de Vogue que Yulia había dejado abierta en su escritorio, camisa desmangada en tonos rojos, amarillos, negro y blanco, encima un cardigan rojo y un abrigo que no parecía nada como comprado en Macy’s, era como hecho a la medida y, para finalizar, aparte de pantalones de cuero negro, una Birking roja, mientras que ella, entre una “misconception” de pantalón gris y blusa manga larga blanca, con los Lanvin que había usado el sábado, un abrigo gris y un bolso Banana Republic…sí, una misconception.



- Ya verás que Yulia se contenta rápido, llega sin pena, es a las siete, ya sabes dónde…ahora, tengo que irme, querida Lena, ¿necesitas algo más?- preguntó Natasha, encendiendo otro cigarrillo.



- Sólo darte un abrazo de “muchas gracias”- respondió, con una sonrisa mientras agarraba las bolsas del auto.



Natasha le dio un abrazo y fue entonces cuando Lena terminó, por fin, de entender por qué Yulia y Natasha eran amigas, ambas se complementaban pero no deseaban nada de la otra, simplemente era lealtad y apoyo puros. Vio cómo Natasha se metía al auto y se iba por la 5ta. Avenida. Lena subió al Estudio de nuevo para encontrar a Yulia hablando a risas con el Ingeniero Pennington y sintió cómo la vida le regresaba, no había nada mejor que ver a Yulia riendo y sonriendo de esa manera, hasta se veía más sexy, aunque enojada se veía atractiva también. Yulia vio que Lena entraba, sólo la volvió a ver y le sonrió mientras metía las bolsas en su casillero de la entrada. Se dirigió hacia la oficina sólo a recoger sus cosas para ir a su reunión con un cliente que no quería nada más que un escritorio, pensando en lo que Natasha le había dicho, resonándole aquel “…has oído del sexo telefónico?”. Salió de la oficina viendo de nuevo a Yulia, todavía con el Ingeniero Pennington pero ahora revisando unos planos, aunque todavía muerta en risa. Lena le sonrió y bajó su cabeza, mientras que Yulia sólo le sonrió y no supo qué más hacer más que guiñarle el ojo, provocándole a Lena una sonrisa aún más ancha.



- Amor, ¿dónde estás? ¿Todavía trabajando?- preguntó Natasha a Yulia al nomás contestarle.



- Buenas tardes, Natasha, yo estoy muy bien, ¿y tú?- rió. Era como el mejor de los “mood-swings” pues se sentía demasiado bien, demasiado contenta desde que Pennington había acordado levantar la pared que quería en el lugar que quería.



- Jaja, Yul, estoy de maravilla. ¿Qué haces?



- Masturbándome en la oficina- rió. Ah, le dieron mucha azúcar quizás.



- Muy graciosa- rió a carcajadas Natasha.



- Nate, no lo estoy haciendo pero ganas no me faltan



- Un segundo- suspiró Natasha. – Estamos hablando de sexo en este momento? Qué gracioso…te veo en tu apartamento en media hora, ¿crees que eso alcance para darle una visita fugaz a Phillip en la oficina?



- No te aproveches de mí- rió entre su bostezo. – Te veo ahí- colgó.



Sí, conversación confusa, lo sé.



- Buh, creí que no estabas- gritó Natasha en cuanto Yulia abrió la puerta. – Tendrás un cepillo de dientes nuevo, ¿quizás?



- Natasha Roberts…- suspiró Yulia.



- Vamos, Yul, estuvo rico, no me juzgues…qué tú comes otras cosas- y ambas rieron mientras Yulia cerraba la puerta. - ¿Cómo van las cosas con Lena?



- No lo sé- rió, más nerviosa en realidad. – Ahora por la mañana estaba enojada y no puedo ni acordarme qué le dije o qué no le dije, no lo sé



- Ah, seguro no fue nada- sonrió, sabiendo que no había sido nada, pues Lena estaba perfectamente enterada que a Yulia se le pasaría. – Ahora, al grano, ¿dónde está ese cepillo de dientes?- Yulia se lo alcanzó y vio a Natasha mientras se cepillaba los dientes; sí, “la visita” era sinónimo de: a) felación, b) cunnilingus, c) penetración fugaz, d) todas las anteriores, sí, ahora era quizás entre a) y c).



- Sabes, anoche estaba con Lena…- comenzó a decir Yulia, Natasha levantó la mirada y dejó de cepillarse los dientes por un momento, diciéndole con la mirada que continuara. – Estábamos en su cama, estábamos a punto de…bueno, tú sabes- Natasha emitió un sonido gutural de “no”. – Nate, vamos, tú sabes…- suspiró Yulia, sabiendo que sí sabía. Natasha todavía se volvió a negar.



- No sé si te refieres a, y digo dos puntos: 1. Hacer el amor o 2. Tener sexo- dijo, con espuma en su boca y sacándose el cepillo y haciendo círculos con él.



- Pues no sé porque como que no llegamos ni al uno ni al dos…pero estábamos que no podíamos con nosotras mismas, era vibra piano



- Romántico y apasionado, lo entiendo, hacer el amor calidamente, difícil seguir…- escupió disimuladamente la espuma.



- Bueno, como sea…empezó a llorar y paré, me asusté demasiado, desde entonces estoy un poco como insegura de todo, aunque creo que en mi transición sueño-despertar “me la comí”…pero he estado intentando evitarla todo el día por lo mismo y no me había dado cuenta hasta que llegué del trabajo



- Amor, no hiciste nada malo



- Entonces, ¿por qué lloró?



- Amor, ¿nunca has llorado?



- Sólo cuando estoy triste…cuando no me siento bien



- Y cuando algo o alguien te conmueve, ¿no te dan ganas de llorar?- preguntó Natasha, limpiándose con la toalla y sintiéndose como nueva.

- Quizás…



- Amor, creo que nunca te ha pasado…pero yo sí he llorado…creo que cuatro o cinco veces con Phillip encima de mí…y no es necesariamente algo malo…



-¿A qué te refieres? ¿Algo de tomar?



- Vodka en las roca, por favor…- Yulia asintió con una sonrisa, pues Natasha tenía mucho tiempo sin hablarle el portugués. -… bem, una vez, por ejemplo, Phillip me tenía una cena romántica, después de cenar; que la pasamos demasiado bien, una cosa llevó a la otra junto con las dos botellas de vino tinto y, estando él encima de mí, penetrándome suavemente y besándome, me puse a llorar…y no fue por tristeza o dolor, fue por un chispazo hormonal quizás pero fue como mágica esa vez, tan out of this world…romántico y apasionado…



- Entonces, ¿no es nada malo?- preguntó Yulia, alcanzándole su vodka en las rocas.



- Pues, en mi caso no, simplemente lloro a veces, no así dramáticamente pero si se me salen unas cuantas lágrimas…aunque una vez Phillip se asustó, la primera vez que me pasó, que por cierto fue la primera vez que nos acostamos, y me dejó de hacer el amor y entonces me sentí culpable y entonces si lloré, por pena, por culpa de haber arruinado el momento y porque creí que nunca más me iba a querer tocar de nuevo…y por más que me preguntara qué me pasaba, más lloraba yo y más quería que me siguiera haciendo el amor…a veces es simplemente magico…háblalo con Lena, tal vez no ahora ni en éstos días, pero verás que no es nada de qué preocuparse



- Eso me alivia como no tienes idea- dijo Yulia, sentándose en el sofá de su living-room e inclinándose hacia la mesa de café en donde ya había comenzado a armar su rompecabezas de tres mil piezas y pretendía seguirlo.



- Ahora, cuéntame sobre tu apetito sexual- dijo Natasha, quitándose los Stilettos y subiendo sus pies, con aquel pedi perfecto, al sofá, estirando sus dedos un tanto pintados de rojo por la presión que ejercían aquellos Versace, más en la punta por ser metálica aunque pintada de dorado, algo que no cualquiera se ponía por no correr el riesgo, pero que a Natasha se le veía bien.



- Oh, la psicóloga al ataque- rió Yulia, poniendo varias piezas juntas, era demasiado notorio que no le costaba armar un “rompecabezas” de esos.



- Me gusta hablar de sexo, amor- sonrió, dándole un sorbo a su Vodka.



- Se que es tu hobbie, pero, shhh - murmuró Yulia, dándole risa interna.



- Cuéntame, mira que hace mucho que no tienes mucha actividad sexual…creo que en el fin de semana has tenido más actividad sexual que en los últimos dos años juntos- rió Natasha, sintiendo cómo el Vodka calentaba sus venas.



- No sé qué me pasa, en realidad…antes podía vivir sin eso que llaman “sexo”- rió, acentuando la “s” en sexo con suma picardía, haciendo que Natasha se riera.



- Amor, sí sabes que me fascinas, ¿verdad? Eres como lo que a mí me falta- sonrió, apoyando su cabeza en las piernas de Yulia.



- Por algo somos amigas, ¿no?



- Yeah, I’d do you if I was a lesbian, for sure(Le haría si fuera una lesbiana, seguro)- rió a carcajadas Natasha, sonrojando a Yulia. – Pero bueno, sigue con tu reporte, por favor



- Una vez Lena me tocó, no puedo dejar de sentirme como con esas ganas…es como que…el sábado tuve un orgasmo, el domingo también, ayer no y ahora, hasta esta hora, tampoco y siento esa necesidad espantosa de tener un simple orgasmo, Se que es mucho pedir?



- Amor, deja de decir “orgasmo” por favor…se oye demasiado angelical…¿por qué no le pones un poco más de picante y dices un sensual “quiero correrme” o un obsceno “necesito venirme”?- Sonrió Yulia, jugando con la punta de sus cabellos.



- No puede ser…Lena dice así también… ¿soy yo la única que no habla ese dialecto?



- Tranquila, amor, por eso te estoy introduciendo al dialecto de la sexualidad- rió, tomándole la mano a Yulia y jugando con las venas saltadas.- Repite después de mí: “Quiero correrme…”



- Quiero correrme…



- “En tu boca”



- ¡Nate!- gritó Yulia escandalizada mientras Natasha reía hasta que le doliera el abdomen.



- Amor, lo que te falta a ti no es correrte…lo que te falta es liberarte como persona sexual



- ¿De qué hablas?- Yulia estaba con cara de desconcierto, con una ceja más arriba que la otra.



- Primero debes aceptar que quieres correrte, que quieres que te coj** y que quieres cog**…



- Ah, eso lastima mis oídos- se quejó Yulia. - ¿Por qué no puedes decir “tener relaciones”?



- Porque decir “tener relaciones” es demasiado largo…y “que te coj** y cog**” es más obsceno- rió, no dejando que Yulia siguiera hablando o quejándose.- En segundo lugar, si sientes que quieres correrte, córrete entonces, es por eso que Dios te dio esas hermosas manos con esos impresionantes dedos largos, para que puedas jugar con tu coño…- dijo, repasándole a lo largo el dedo índice y el de enmedio a Yulia.- Lo que intento decirte es que no te quedes con lo convencional…pues ya no eres convencional, amor…desde que decidiste perder tu virginidad a los diecisiete ya no eres parte del Convento. Odio tener que darte la noticia…pero no puedes seguir la tradición porque ya no eres virgen, no llegarás virgen al matrimonio, te acuestas con una mujer que está para chuparse los dedos, en ambos sentidos de la expresión y tampoco vivimos en la Edad Media…



- ¿En resumen?



- Mastúrbate si tienes ganas, toca a Lena en la oficina, llámala en medio de la madrugada para contarle lo caliente que estás, la poca ropa que tienes, ten un poco de sexo telefónico…pro-vó-ca-la…- Yulia estaba muda y un tanto escéptica al respecto, pero no sonaba tan mal, menos en ese momento que estaba “con ganas de correrse”. – Mándale una foto provocadora a media reunión, yo que sé…”tener relaciones sexuales” no sólo involucra la cama como momento único y como lugar único y exclusivo, y con cama incluyo sofá, cocina, etc.…sino que parte del sexo es divertirse, vivirlo al máximo, vivirlo en pareja ya sea estén o no juntas…si el sexo funciona, todo lo demás funcionará, te lo garantizo, sino te devuelvo tu dinero.



- Sabes, eso de decir “me corro” o “me vengo” suena tan, pero tan obsceno…y aún así me encanta cuando Lena lo dice



- Tierra llamando a Yulia Volkova… ¿escuchaste algo de lo que dije? Pues no puedo repetírtelo porque ya se me olvidó- bromeó Natasha, dándole un golpe en su rodilla.



- Sí, amor, si te escuché…sólo espero no asustar a Lena si en algún momento decido hacerlo…



- Bien, excelente…ahora cuéntame algo más, quítate del pecho todas esas cosas que necesitas compartir



- ¿Es normal que sueñe con el aparato reproductor de Lena?



- Amor, sí es normal, yo sueño con el de Phillip, aunque no sólo lo veo, sino que me lo como o me coge…pero por el amor de Dios, no digas “aparato reproductor”, se más sucia y traviesa…dile “pussy”, “vagina”, “vulva”…pero no te vayas al extremo de llamarle “concha”, por favor- suplicó Natasha, uniéndose a Yulia a armar el rompecabezas.



- Concha…ugh, así decía Misha, me parecía grotesco- se quejó, causándole una risa innata a Natasha, que Yulia ya no sabía si era gracioso o si era que no había comido en todo el día y lo único que tenía en el estómago era ese glorioso Vodka en su estómago.



- Ves, está bien hablar sucio pero no tanto… ¿qué sueñas, amor?



- Sueño un eterno “oh la la”



- Ahora si tienes mi atención, cuéntame más- sonrió Natasha, evocando aquellas tardes de Vodka y Champán donde Yulia o donde ella pero que siempre terminaban hablando de algo parecido a lo de esta ocasión.



- Todo con cera, todo rosa, todo apretado…es perfecto



- ¿Apretado de vagina o apretado de labios?



- Apretado de labios



- ¿Y de vagina?



- No he podido- se sonrojó, sabiendo que sí había podido pero por alguna extraña razón o había querido.



- Sabes, no hay nada más rico que un buen sexo oral con un poquito de dedos…adelante o atrás o adelante y atrás…- murmuró Natasha, viendo Yulia que, discretamente, guiaba su mano a su entrepierna.



- ¿Adelante y atrás?- preguntó Yulia, un tanto extrañada, pues era obvio que se refería a anal y vaginal.



- Mmm…es delicioso- dijo Natasha, sintiéndose cada vez más caliente.



- Sabes…Lena se tropezó con MI atrás



- ¿Con sus dedos o con su lengua?



- Con su lengua, obviamente, amor…



- Me muero, es de lo más rico… Tengo que ir a la cama está noche



- Yo también - dijo Yulia, abrazando a Natasha mientras se recostaban en el sofá.

Tres rondas de Bellini después, la bebida de la casa, Natasha y Yulia salieron por un cigarrillo, apasionándose por un Davidoff Magnum que le habían robado a James, todavía se molestaron en encenderlo con un cerillo y no con encendedor de gas, pues arruinaría el sabor.



- ¿Qué dices si vamos a los Hamptons a mediados de noviembre?- preguntó Natasha, conteniendo el humo de aquel Davidoff en sus pulmones para luego expulsarlo despacio por su nariz. – Pero sería con Phillip, si no te importa



- No me importa si puedo invitar a Lena



- Pues claro, eso no es problema, la casa es lo suficientemente grande, Yul- guiñó su ojo, sosteniendo el cigarrillo entre sus labios mientras se volvía sólo con su cabeza hacia atrás para ver su trasero.



- Espero no tener que cancelarte esta vez, Nate…de verdad lo siento



- Oye, yo lo siento más porque después de todo es tu cumpleaños, pero tendremos tiempo para celebrarlo, ya verás...te debo una por mi excelente fiesta de cumpleaños en Bungalow



- Fue idea de Phillip, yo sólo ayudé



- No, Phillip no conoce de Bungalow o de buena música, tú sí…best Disco Party ever, I have to say



- Jaja, gracias, aunque al menos la comida si la escogió Phillip- rió, metiendo su mano en su bolsillo para buscar su teléfono. Sonrió. “Elena K.: debo llevar bragas para la cena?”.



- Ohhhhh, ¡confiesa!- bromeó Natasha, sabiendo que era Lena la que había escrito.



- Nada, nada, no es nada, es un mensaje de esos de AT&T- rió cínicamente Yulia, respondiéndole a Lena con un “Ven como yo vine”, no diciéndole si tenía o no puesta alguna de sus típicas tangas.



- Vamos, cuéntame- inhaló otro poco de su cigarrillo. - ¿Por qué no la invitas?- preguntó, haciéndose la que no sabía nada.



- Estoy demasiado caliente para contarte- rió Yulia, esquivando su pregunta y su comentario.



- Dile eso… se espontánea, mi amor…te imaginas la cara de Lena si le dices “uf, estoy que ardo, ven y cómeme”- rió, entre broma y en serio, riéndose de cómo se escuchaba eso.



- Oye, ¿que no te corriste ahora donde Phillip?



- Estoy orgullosa de ti, has usado bien la expresión “correrse”- aplaudió Natasha. – Y no, comimos un bagel de cebolla y queso crema juntos…eres una mente sucia con piernas, Yulia Volkova- rió, expulsando con su risa el humo.



- ¿De qué ríen?- preguntó Marie, la novia de James, la futura esposa en realidad.



- ¿Te acuerdas de Anatoly?- dijo Yulia, intentando intervenir, improvisar.



- Tú sabes, Marie, el que vive olfateando las pisadas de Yulia- rió Natasha, terminando su cigarrillo. Marie asintió. – Pues Yulia lo asustó ahora, de eso nos reíamos- complementó Natasha la improvisación de Yulia.



- No entiendo por qué ríen…pero bueno…la comida ya está en la mesa



- Ahorita vamos, Marie- dijo Yulia, viendo de nuevo su teléfono. “Elena K.: Te ves hermosa riéndote. Mira hacia tu izquierda” y Yulia se sonrojó y volvió a ver hacia la izquierda para ver a Lena bajarse de un Taxi, sólo ahí se le hizo agua la boca.



Lena vestía impresionantemente sencillo pero la hacía ver demasiado bien; jeans ajustados a sus piernas, con sus Lanvin que había conservado del sábado, abrigo rojo abierto, dejando ver una blusa de lentejuelas negras y, todo eso, junto con la sonrisa blanca adornada por esos camanances, hicieron que Julie expresara un grotesco: “No es justo que esa puta se vea tan guapa”.



- Hey, guapa- saludó Natasha, dándole un abrazo y un beso en cada mejilla.



- Hola, ¿cómo están?- saludó Lena de regreso, notando a Marie un tanto incómoda.



- Bien, ¿y tú, hermosa?- saludó Yulia, dándole un abrazo y dos besos al igual que Natasha, susurrándole un “mmm” febril a su oído mientras la abrazaba. – Ugh, que grosera…Marie, Elena Katina, Lena Marie Marshall- las presentó, Lena, con una sonrisa, estrechó la mano de Marie, mientras Marie, perpleja, se dejaba estrechar la mano, pues le parecía injusto que “TODAS FUERAN MÁS BONITAS QUE ELLA”. – Vamos adentro, hace un poco de frío- dijo Yulia, botando casi ¼ de Davidoff al suelo y pateándolo con su Christian Louboutin Creve Coeur.



- ¿Quién es esa arrogante?- susurró Marie a Natasha mientras seguían a Yulia y a Lena un par de pasos atrás.



- Trabaja con Yulia, es la que usurpó su oficina



- ¿Y ahora Yulia la invita a cenar? ¿Qué le hicieron a nuestra amiga?



- Marie, cálmate…es demasiado buena persona, no la juzgues antes de tiempo



- No la juzgo, es sólo que James no le quitará los ojos de encima, es demasiado…no es justo, ¿sabes?



- Marie, no es problema de ella que sea tan bonita, además…no temas por James, Lena no es de ese tipo de personas…



- Ah, ¿Lena? O sea que ya la conocías y eres su amiga también



- Marie, ¿qué te pasa?- elevó Natasha un tanto la voz, lo suficiente como para que Yulia volviera a ver que Natasha y Marie discutían al final del pasillo.



- Creí que seríamos sólo nosotros cinco- se quejó, con furia en sus ojos, reclamándole no sólo con la voz y con la mirada a Natasha, sino también con un ademán matador.



- Es nueva, Yulia sólo quiere que conozca gente



- Le fui infiel a James



- Bueno, eso estuvo mal, y no tiene nada que ver con Lena, sólo tú eres la responsable de eso, seguramente tuviste tus razones, pero si James no lo sabe, no veo por qué habría de hacer lo mismo él…especialmente con Lena, tranquilízate



- Si, si…¿sabes qué? Despídeme de todos, que tengan una linda cena- y así se fue Marie, dejando a Natasha en pleno desconcierto y confusión.



Yulia ya había presentado a Lena ante Thomas y ante James, que James no le hizo caso, mientras que Thomas la atacó con la pregunta más incómoda de todas.



- ¿Tienes novio?



- No, no tengo novio- dijo Lena, hiriendo levemente a Yulia. – Pero estoy viendo a alguien



- Te sacaron del parque, Tommy- se burló James.



- Marie se tuvo que ir, dejó dicho buen provecho- y todos vieron como James se enojaba y se disculpaba para salir detrás de Marie, con una pesadez histórica, una furia inminente, mientras que Thomas, en su inmensa pena por haber sido rechazado en el tiempo récord, se excusó diciendo que James lo llevaría a su casa de regreso.



- No tengo ni idea de qué acaba de pasar, lo siento mucho, Lena- se disculpó Yulia con una sonrisa un tanto falsa, pues todo había sido realmente confuso y de repente.



- No te preocupes, Yulia- dijo, usando el “Yulia” como un recurso para no delatarse ni delatar a Natasha y para, “según ella”, no delatar a Yulia frente a Natasha.



- El único problema es que ahora tenemos cinco platillos y somos tres, espero que tengan hambre, porque yo sí- rió Natasha, llenando su tenedor de pasta con Ternero en salsa de limón.



Lena se encargó de la langosta termidor mientras que Yulia se devoraba un filete de robalo que acompañaban Sweet Maggies, otra bebida de la casa. La cara de Natasha se iluminaba cada vez que su iPhone se iluminaba con un recuadro de iMessage de Phillip, que hacían dos cosas: o que Natasha se riera en silencio o que bebiera o comiera rápidamente, lo cual Yulia supo identificar como una genuina Sex-Talk.



- No puedo creer que mañana tenga que ir a trabajar de nuevo- se quejó Natasha, cortando un pedazo de Canelloni alla piemontese. – lo peor es que, desde que el imbécil de Seal dijo abiertamente que Heidi había fornicado con el servicio, o sea su guardaespaldas, Heidi se ha vuelto un poco más difícil de trabajar…pero la temporada ya se acabó el jueves, por eso pude tomarme ahora libre, por si a alguna le interesa- dijo, notando que Yulia le sonreía raramente a Lena.



- Y obviamente ustedes están a favor de Heidi, ¿no?- preguntó Lena, teniendo y no teniendo idea, vaga, plena o absoluta, sobre lo que hablaba Natasha.



- Heidi me paga, por supuesto que estoy de su lado, además, ya me ha tocado cuidar a su hija Leni…es mi mejor amiga desde que perdí a Yulia…- bromeó.



- ¿En dónde me perdiste?- dijo Yulia, con una mirada de “ni se te ocurra” pero dándole un bocado de langosta a Lena en la boca; Natasha pensó que había perdido a Yulia en un buen lugar, en ese par de camanances que se formaban en Lena cuando Yulia sonreía .



- Pues, yo tengo un trabajo relativamente serio ahora…y tú…pues también, el tiempo para no perdernos es muy poco



- Natasha, ¿verdad que Yulia es una workaholic?- preguntó Lena, desconcertando a Yulia.



- El que no lo sea en New York, está perdido, amor- rió Natasha, viendo su plato y viendo que se había devorado aquella pasta. – Pero aquí, en su situación, es bueno mezclar los negocios con el placer- dijo, cometiendo uno de los errores más estúpidos según Yulia, pues creía que Lena no sabía que Natasha sabía.- Sólo para que no se pierdan tanto una de la otra



- Creo que voy a necesitar más Sweet Maggies- se ahogó Yulia en pena y en estrés, chasqueando sus dedos y apuntando a su vaso para que lo mantuvieran lleno…sí, Yulia era víctima de la maldición gitana.



Lena hizo como si Natasha no hubiera comentado nada para no darle un paro cardíaco a Yulia pero le divertía ver a Yulia tan incómoda por creer que ella permanecía en la ignorancia. Eran alrededor de las nueve de la noche cuando Yulia, quien bebía de manera promedio y casi nunca se emborrachaba, tenía ese calor y esa sonrisa estúpida de ebriedad y fallaba algunas veces en clavar su tenedor en su Triple Layer chocolate cake, mientras que Natasha y Lena no decían mucho al respecto pero se reían de Yulia con mucha picardía con los ojos.



- Señoritas, hermosas como siempre- saludó Phillip, dándole una sorpresa muy grata a Natasha, pues le puso una sonrisa de oreja a oreja y le cambió el temple.



- Phillip, ¿qué haces aquí?- preguntó Natasha, emocionada de verlo pero extrañada por lo mismo.



- Te extrañaba mucho. ¿Les importa si me quedo?- preguntó, dándole un beso a Natasha en los labios, dejando ebria de amor a Natasha.



- No, Felipe, ¿cómo estás?- dijo Yulia, divertida, dándose cuenta que quizás, probablemente, estaba un tanto ebria, lo acababa de llamar “Felipe”.



- Muy bien y tú, ¿Julia?- bromeó Phillip, dándole unas palmadas en su hombro. Yulia levantó su mano, dibujando un “ok” con sus dedos mientras luchaba con el exagerado bocado de cake. – Ah, Lena, un gusto verte de nuevo, guapa debo decir- halagó a Lena, algo que no le molestaba a Natasha porque Phillip mismo había deducido que Lena era lesbiana y que había “embrujado” a Yulia.



- Gracias, Phillip- agradeció sonrojada Lena pues nunca había tenido tantos halagos concentrados como en los últimos tres días, se sentía bien, se sentía hermosa. Phillip chasqueó sus dedos y levantó su mano, haciéndole una seña extraña al mesero mientras Natasha lo traía a sus labios y le daba un beso que Lena pensó que era potencial sexo en vivo y en directo, pero no sería la primera vez que lo vería. - ¿Cómo te sientes?- preguntó a Yulia, que todavía luchaba con su segundo pedazo de cake.



- Cansada pero excelente, ¿y tú?



- Igual, vine porque no me iba a perder la oportunidad de conocer a tus amigos, no porque me hubiera quedado en mi cama, me siento un poco muerta- dijo, no dándose cuenta que sonaba un poco a queja.



- No sé qué pasó con Julie y James, fue todo muy raro, de Thomas…es otra historia- suspiró. - ¿Qué tienes para mañana?



- Absolutamente nada, ¿y tú?- Natasha y Phillip se seguían besando, quizás ya habían perdido la noción del tiempo y el espacio, pero ni a Yulia ni a Lena les importaba, menos a Yulia porque eran los únicos en el Cipriani y no se explicaba por qué.



- Tengo que bombardear los planos de Natasha, tal vez quieras ayudarme, no puedes diseñar muebles ahí pero puedes ayudarme al decor- sonrió, mientras se hacía a un lado para que el mesero pusiera un Whisky en las rocas para Phillip, que fue cuando Phillip y Natasha reaccionaron por fin.



- Max, lo mismo de siempre, por favor- dijo al mesero, que aparentemente se llamaba Max.- Y otra ronda de Sweet Maggies para las Señoritas, por favor



- Oye, Yulia, tal vez te interese a ti también Lena, pensábamos ir a los Hamptons de viernes a domingo, viernes por la tarde para regresar domingo por la tarde- dijo Natasha, acariciando el cuello de Phillip. Lena volvió a ver a Yulia y supo que irían a los Hamptons.



- Perfecto, ¿qué llevamos?- preguntó Yulia, sonriéndole a Lena y guiñándole su ojo derecho con sumo cansancio.



- La cena del viernes y el desayuno del sábado, ¿te parece bien?- dijo Phillip, lo cual extrañó a Lena, tenía ese estereotipo muy marcado; que el hombre no sabía mucho del manejo de una casa. Yulia asintió. – Nosotros llevamos los juguitos y la cena del sábado y el desayuno del domingo



“¿Juguitos?” le mandó por iMessage a Yulia, no entendiendo tampoco en dónde quedaba el almuerzo de ambos días, no pensaba morir de hambre



“Vino, champán, cervezas…los juguitos, preciosa” respondió Yulia, arrepintiéndose de no haberle mandado un “no sabes las ganas que tengo de comerme tu cuello” adicional.



Un silencio incómodo invadió aquella mesa, todo porque Phillip se moría por dentro por saber el paradero de la relación entre Yulia y Lena, tal vez a Natasha se le había escapado en aquella visita para comer aquel bagel imaginario. Mientras, Yulia intentaba inventarse una excusa para: a) salir de ahí con Lena o b) salir de ahí para ir a tener una velada romántica e infiel con su cama.

Llevaron la ensalada de Phillip, que a Lena le pareció ridículo que cobraran treinta dólares por una alcachofa partida en ocho pedazos, salteada con medio aguacate y dos o tres lascas que queso parmesano, que Phillip se la acabó en no menos de tres minutos.



La cuenta llegó, como nunca había visto Lena, y, en cuanto el mesero la puso en el centro de la mesa, Yulia, Phillip y Natasha pusieron su mano sobre el sobre, peleándose pagarla, halándola en tres diferentes direcciones; algo que en la vida de Lena nunca había sucedido, menos en la Universidad, que siempre había uno que otro que nunca tenía dinero pero era el que más había comido. Fue cuando Lena les cayó bien, de una buena vez y terminalmente a los tres, pues les arrebató el sobre y corrió a donde el mesero a que lo cargara a su tarjeta de crédito, dejando a Phillip con una sonrisa de orgullo, a Yulia con una sonrisa de amor y a Natasha con cara de “esa es mi chica”.



- Sabes, Yulia…Lena vale la pena- susurró Phillip.



- ¡Phillip!- susurró Natasha, tratando de impedir que Phillip cometiera una estupidez.



- No, Natasha, es que es cierto…míralas, son una para la otra. Yulia, es una pregunta personal pero, dime que has concedido mis deseos inconscientes y ya la hiciste tuya- sonrió Phillip.



- ¡Phillip Charles Noltenius III!- gritó Natasha, sonrojada y enojada por la pena que la estaba haciendo pasar Phillip, después de todo, entre él y Yulia no había tanta confianza, que ella supiera claro.



- Felipe, no se te escapa nada, ¿Verdad?- rió Yulia, guiñándole su ojo derecho.



- No te creo nada, Julia- repuso, bromeando. Siempre se llamaban por las traducciones de sus nombres, poniéndoles un tono de telenovela.



- Phillip, basta, por favor- suplicaba Natasha en murmuraciones.



- Nate, tranquila- reía Yulia.



- Listo, ya no se peleen por la cuenta, ya está pagada- dijo Lena, arrojando la factura sobre la mesa.



- Lena, ven aquí- dijo Yulia, invitándola a sentarse a la par suya.



- ¿Qué pasó?



- Siéntate a la par mía un segundo, quiero enseñarle algo a Phillip- dijo, divertida, tanto por los Sweet Maggies como por la cara de incredulidad de Phillip y Natasha que tapaba sus ojos con su mano. Y fue cuando Yulia, en su inmenso cansancio, que no sabía diferenciar lo cuerdo de lo nada cuerdo, le plantó un beso a Lena que la tomó desprevenida; un beso lindo y cariñoso, que hicieron que Lena se olvidara de Natasha, Phillip y hasta el mesero que probablemente los veía, y puso su mano en el cuello de Yulia para seguir besándola, no había nada en el mundo que disfrutara más que un beso de Yulia Volkova. Phillip las miraba perplejo, Yulia de verdad no estaba bromeando. Natasha, después de un rato de silencio, que se sintió eterno, levantó la mirada y vio como se besaban con los ojos cerrados, ahí había algo especial, que ella y Phillip concordaron con una tan sola mirada.



- Yulia…- murmuró Lena con una sonrisa de pena, volviendo sus ojos un tanto hacia su izquierda, señalando a Natasha y a Phillip.



- Bienvenida a la familia, Lena- levantó Phillip su Whisky con una sonrisa.



Lena sonrió de nuevo, sonrojada y hundiendo su rostro en sus manos mientras Yulia, con una sonrisa infinita, acariciaba su espalda.



- ¿Desde cuándo son novias?- preguntó Phillip, provocando en ambas una especie de expresión que era de desconcierto.



- ¿Novias?- repitió Yulia, viendo a Natasha.



- Mi amor, creo que ahorita no es momento para preguntas, sólo tienes que saber que se pueden besar, no, ¿Yulia?- intervino Natasha, disculpándose con Yulia con la mirada en nombre de Phillip.



- Tienes razón- dijo Phillip, con una sonrisa, volviendo a levantar su vaso.



Se necesitó que Phillip terminara su Whisky para que se fueran. Mientras Natasha y Phillip esperaban por el auto de Phillip en la acera, vieron cómo Yulia metía en un Taxi a Lena y se despedía de un beso, para que Lena se metiera y luego saliera del Taxi para un último beso.



- Jamás había visto a Yulia tan feliz y tan cómoda- dijo Phillip, viendo aquella escena de amor.



- Estoy feliz por ella, mi amor



- Yo estoy feliz porque a ti te hace feliz que Yulia esté feliz…no sabes lo mucho que me importa Yulia, sé que es muy importante para ti



- Lo es, mi amor…y no conozco mucho a Lena pero puedo decirte que está dispuesta a todo, igual que Yulia



- Muy buena intervención, Ella Natasha- sonrió Phillip, abrazando a Natasha por la cintura y posando su barbilla en su hombro derecho mientras Natasha ponía sus manos sobre las de Phillip.



- Let’s leave the “Ella” out, se faz favor- y Phillip le dio besos en su cuello, caléntandola, deseando que el auto llegara rápido y llegara rápido a Financial District, donde vivía Phillip, o que el auto llegara rápido y se tardara en llegar a Financial District para poder empezar y terminar la primera ronda cómodamente.



- Gracias por la noche, Noltenius- dijo Yulia, refiriéndose a ellos como un matrimonio.



- Me alegro por ti, Julia- dijo Phillip, viéndola con esos ojos que a Natasha volvían loca. A Natasha le encantaba que se llevara bien con su mejor amiga, algo que nunca había sucedido, más porque a Phillip le caía mal Marie, por efervescente, y Thomas por inmaduro, James le resultaba igual, pues no tenía nada en común con él, más que el afán por molestar a Thomas en su cara.



- Gracias, Felipe. Ahora, si me disculpan, me voy a mi cama a dormir



- ¿A dormir?- se sorprendió Natasha. – La noche es joven, amor…si es que sabes a lo que me refiero



Phillip rió, pues él si entendía aunque no había sido parte de las conversaciones anteriores y creyó que su novia se refería a ellos y no al “phone-sex” que Natasha le había recomendado a Yulia hacía un par de horas, igual a Lena. Yulia caminó hasta su apartamento, en donde la Señora Davis le acordó a Yulia del paquete que tenía en su apartamento para ella, pero Yulia le dijo que lo recogería mañana, que sólo quería descansar, había tenido un día terrible. Entró a su apartamento, aventó su bolso y su abrigo en el sofá y caminó, con los pies pesados, hacia su habitación sin encender una tan sola luz, sólo guiándose por instinto y memoria. Su teléfono sonó, era llamada de facetime, probablemente Natasha, y aceptó la llamada, dejando su teléfono en su cama.


Última edición por VIVALENZ28 el Jue Ago 27, 2015 12:25 am, editado 1 vez
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Ago 15, 2014 5:24 pm


- Hey, guapa- saludó Yulia, no viendo que decía “Elena K.” en la pantalla.



- Mmm…hola, mi amor- murmuró Lena.



- Len- sonrió, tomando su teléfono.



- Ahí estás- sonrió Lena. Estaba con la luz apagada, sólo una pequeña lámpara encendida. -¿Me ves bien?



- Si, hermosa…qué sorpresa- sonrió de nuevo, viendo la sonrisa de Lena.



- Quería darte las buenas noches…pero por iMessage me pareció muy…que el tono no sería el mismo- sonrió, dibujando aquellos camanances un tanto más profundos.



- ¿Ya te vas a dormir?



- No, todavía no, se me quitó el sueño con verte y escucharte- respondió, mordiendo su lengua en una expresión graciosa e inocente.



- Ugh, qué cursi- guiñó Yulia su ojo, con una sonrisa un tanto estúpida.



- ¿Qué haces?



- Iba a desvestirme para meterme a la cama



- Yulia…déjame ver cómo te desvistes- dijo Lena, con una picardía que a Yulia sólo le provocaba darle gusto, pues, bajo otra circunstancia, o sea otra persona, se habría negado enseguida. Yulia encendió la luz de su habitación y colocó su teléfono sobre un mueble para que Lena pudiera ver bien.



- ¿Ves bien?- dijo Yulia, alejándose del teléfono para que Lena pudiera verla.



- Veo mucha ropa- rió.



Yulia tomó los lazos de su blusa, la misma de la mañana, y deshizo la laza que con tanto cuidado había arreglado en la mañana, dejando aquella Kaftan-blouse aflojarse. Llevó las manos a su moño, un moño bastante elaborado para habérselo hecho ella sola; una trenza que iba por su lado derecho, bordeando su oreja y uniéndose con el resto del cabello en un moño verdadero, no como los que Lena improvisaba. Soltó su cabello, dejando aquellos lisos caer sobre sus hombros. Cruzó sus brazos para tomar la blusa por las costuras y la levantó, sacándosela, quedando en un sostén negro, sencillamente negro que saltaba sus senos de una manera espectacular, dejando que en medio de aquellos senos ajustados cayera el nudo Argelino, que ahora que lo veía bien, era muchísimo más pequeño de lo que lo recordaba.



- Quiero ver ese nudo de cerca- dijo Lena, mordiendo su labio inferior por la parte derecha. Yulia se acercó y colocó sus senos frente a la cámara, inclinándose un poco, apretándolos con sus brazos un poco más, haciéndolos ver un poco más grandes. – Es muy bonito, Yulia- murmuró, deseando estar ahí para poder morder suavemente esos senos. Yulia pasó sus brazos hacia atrás, manteniendo esa posición, y desabrochó su sostén, sacándoselo pero sin dejar que Lena viera más de lo que ya veía, pues se tapó con su brazo. – No es justo…déjame ver esos pezones, mi amor- suplicó Lena, con un puchero que derritió a Yulia, pero no lo suficiente para darle gusto.



Se volvió a alejar y arregló su cabello, más largo de lo usual, para que tapara exactamente sus pezones. Yulia decidió aprovecharse de la situación, calentar a Lena, aunque sabía que probablemente caería dormida en cualquier momento. Llevó su dedo índice a su boca y lo succionó sensualmente, sacándolo, rozando su labio inferior, rozando su cuello, en medio de sus senos, su abdomen, su vientre…metiendo su mano en su pantalón de cuero. Lena estaba que se moría por estar ahí, pero quería seguir viendo. Yulia se acortó quince centímetros en cuanto se quitó sus Stilettos, dándole una mejor vista a Lena, aunque no tan buena porque, cuando Yulia se desabrochó el pantalón, Lena no podía ver más allá de su vientre cuando se había vuelto a erguir, ni podía apreciar el color de su tanga, que Yulia sólo usaba tangas, o no usaba nada.



Yulia se acercó a su teléfono y lo tomó, dejando ver sólo su cara mientras arreglaba su cama para acostarse; era la primera vez que no se lavaría los dientes, o se lavaría la cara, prefería estar con Lena, aunque tuviera que levantarse a media madrugada a lavarse los dientes. Se acostó y volvió a ver a Lena, con los ojos cerrados, mordiéndose su labio inferior y pensó lo sensual que era Lena.



- ¿Te dormiste?- susurró Yulia, porque si se había dormido, no quería despertarla.



- No…- suspiró, abriendo sus ojos, con un brillo diferente.



- Cuéntame, ¿estás acostada en tu cama?



- Sip…está muy rico- y Yulia lo tomó como un reto.



- ¿Qué está rico, mi amor? ¿Tu cama?



- Si, mi cama está muy rica, muy calientita, pero todavía tengo frío…y tú no estás para abrazarme y calentarme- se quejó, en aquella voz áspera y sexy.



- ¿Quién te ha dicho que no puedo calentarte?



- Uy, quiero ver eso, ¿te vas a materializar en mi cama?



- Algo así…- susurró Yulia, moviéndose ante la cámara, se estaba quitando su tanga.



- ¿Más cómoda?- se burló Lena, pues parecía que Yulia había dado mil cien vueltas.



- Uy, sí…ahora, cuéntame algo- suspiró Yulia, cerrando sus ojos lentamente y llevando su mano a sus senos, rozando sus pezones con sus dedos fríos, erizándolos y haciendo que se encogieran.



- Todas mis pijamas están sucias, no he llevado mi ropa a la lavandería



- Mi amor, llévala al Estudio mañana para que llame al servicio de lavandería, yo invito- sonrió Yulia, tanto por placer como por cariño.



- Muchas gracias, Arquitecta Volkova, siempre tiene una solución para todo- sacó su lengua.



- Oye, pero no estarás usando una pijama sucia, ¿o si?- interrumpió Yulia, acertando con el comentario.



- No, para nada, mi amor…



- Creí que todas estaban sucias- enrolló sus ojos, pues había pellizcado su pezón izquierdo de la manera más placentera posible. Llevó su dedo índice a su boca para humedecerlo un poco.



- ¿Qué haces, Yulia?



- Me molesta el dedo, creo que necesito mani urgente, hermosa- mintió, una mentirita blanca, pues su dedo estaba bien, y su pezón ahora más por lo húmedo de su dedo. – Pero bueno, si todas tus pijamas están sucias y no estás usando una sucia… ¿qué usas? ¿Ropa del trabajo?- rió, sabiendo que la respuesta era un tanto obvia: ropa deportiva.



- No, mi amor…I’m naked- Yulia rió de nervios, haciendo que Lena sacara aquel arsenal de sonrisas eróticas que sólo ella sabía ocupar.



- No te creo- suspiró Yulia, guiando su mano hacia su entrepierna, sintiéndola tibia e hinchada.



- ¿No? Te enseño- dijo Lena, dándole “flip” a la cámara para que Yulia viera que, cuando se quitara las sábanas, estaba desnuda.



Y Yulia vio cómo la mano de Lena, todavía con el reloj puesto, quitó las sábanas y le mostró lo que tanto había querido ver en todo el día; nada de muebles, nada de medidas, sólo los senos de Lena y su vulva.



- Qué coincidencia, mi amor- dijo Yulia, sonriendo.



- ¿A qué te refieres?



- Yo también estoy desnuda- sacó su lengua, lengua que Lena sólo quería que pasara por su cuerpo.



- Enséñame que tampoco te creo- dijo, levantando la ceja aunque Yulia no viera su cara, sólo su cuerpo. Yulia le dio “flip” a la cámara de su iPhone también y dejó que Lena la viera; piernas abiertas, con sus pies apoyados en la cama, rodillas elevadas, pezones rígidos y que su pezón derecho estaba siendo atacado por dos dedos sensuales. Ambas viendo el cuerpo de la otra. Yulia viendo cómo Lena se acomodaba y abría sus piernas también, paseando su dedo índice por su ranura. – Estoy mojadita, ¿sabes?- murmuró Lena entre dientes, haciendo que ese simple “mojadita” se escuchara tan sensual que Yulia también se mojó.



- Mmm…mi amor, ¿qué sugieres?
Cuéntame algo rico- murmuró Lena mientras quitaba su mano de su vulva y la sacaba de la pantalla, para que cuando la volviera a meter en escena se notara que su dedo índice iba brillante de saliva; directo a su vulva de nuevo.



- Sabes…tienes unos pezones hermosos, por si no te lo había dicho ya- dijo Yulia, sin pensarlo mucho; ni en gramática, ni en morfología, ni en semántica, sólo lo dijo como le salió.



- ¿Y qué le harías a mis pezones, mi amor?



- Primero les diera besos, besos suaves…que los sientas en tu areola, en tu pezón, que sientas lo tibio de mis labios- comenzó diciendo mientras veía que Lena llevaba su mano a sus senos, primero acariciándolos, por el contorno, levantándolos un poco, acariciando sus pezones con la palma de sus manos. – Tomaría tus senos en mis manos así como tú lo estás haciendo y mordiera suavemente tu pezón izquierdo, acariciándolo con mi lengua y con mis labios, sintiendo su textura mientras muevo tu pezoncito de un lado a otro, que tu pezoncito cede a mi lengua, humedeciéndolo, acariciándolo- Y Lena, ante las murmuraciones de Yulia, hacía lo que Yulia le decía aunque no era ninguna orden, empezaba a respirar un poco más pesado, más profundo. – Pero no me olvido de tu otro pezoncito, mi amor…- dijo, haciendo del diminutivo algo relativamente de masa, pues no eran pequeños y “pezón” le empezaba a sonar como si tuvieran un kilómetro de radio. -…los acariciaría con mis dedos húmedos mientras me desocupo para darle la misma atención a tus senos, mordidas…mmm…me muero por succionarlos un tanto fuerte, halarlos hacia mí entre mis labios- Y, ¡Uf! Tengo que decir que hasta a mí me acalora cómo Yulia le hablaba a Lena. Veía que Lena halaba ligeramente sus pezones son sus dedos, lubricados con su saliva, imaginándose que era la de Yulia.



Fue cuando Lena logró abrir los ojos de nuevo, con el mayor de los esfuerzos, pues estaba perdida en la voz de Yulia, dejando que Yulia guiara sus manos con su voz, que hicieran lo que Yulia decía, y vio a Yulia, con su mano en su vulva, acariciándola con la punta de sus dedos, dividiendo su mano en dos: dedo índice y dedo del medio hacia la izquierda para acariciar su labio mayor izquierdo y dedo anular y meñique hacia la derecha para acariciar su labio mayor derecho; acariciando sus labios, obviando su clítoris. Fue cuando Lena se levantó de su cama y se dirigió hacia su living-room.



- ¿Mi amor? ¿Estás bien? – murmuró Yulia, reviviendo su inseguridad por lo que había pasado la noche anterior.



- Si, mi amor, sólo quiero que veas bien y yo poder verte bien- Y Yulia no supo a qué se refería Lena hasta que colocó su teléfono sobre la mesa del living-room y se sentó en frente de él con las piernas abiertas, apoyando sus pies en la mesa misma en la que estaba apoyado, sobre unos libros, su teléfono.



- Mi amor…déjame compensártelo- susurró Yulia, haciendo lo mismo, no quitándole la mirada de encima a la pantalla.



Lena tenía algo muy especial en su cuerpo, Yulia no sabía qué era, tal vez era lo que yo conozco como “perfección”. Pero se le quedó viendo mientras se acomodaba en su sofá de cuero, en donde había tenido su arranque con Lena el domingo por la madrugada, y la vio sí, perfecta, aquella cabellera roja que la sostenía un moño improvisado y flojo, dejando el cuello de Lena libre a los besos imaginarios de Yulia, sus hombros delgados junto con su pecho y sus senos, cayendo de la forma más elegante que pudiera existir, con esos pezones rosado pálido que eran casi del mismo color de su piel, encogidos y deliciosos, seguidos por una hendidura estomacal de la delgadez de Lena, siendo únicamente interrumpida por su ombligo, en donde se formaban dos pequeños pliegues, para luego dividirse en esas esbeltas piernas que ya no podía apreciar del todo, pero su vulva sí, estaba un tanto mojada de sus labios, como si estuviera inundada y sus jugos buscaban salir de aquella inundación y había embadurnado con gracia sus labios mayores que ya estaban un tanto hinchados, que las manos de Lena ni siquiera presentían, pues Lena había colocado un brazo tras su nuca y el otro, con su mano, acariciaba lenta y sensualmente sus senos y su abdomen mientras veía cómo Yulia plagiaba su postura.



Pero Yulia era diferente, igualmente perfecta ante los ojos de Lena, pues el cabello suelto le daba un aire sensual, un tanto desordenado y salvaje pero todavía con clase que dejaba ver, por partes, viendo a Yulia todavía maquillada, aquel maquillaje perfectamente conservado que resaltaban sus ojos. El lunar que adornaba su escote, el escote que apretaba aquel nudo argelino que a veces llevaba y a veces no, pequeño y discreto, nada como el de Casino Royale, pues Lena creía que Yulia no era Mainstream y lo había utilizado desde antes, más porque tenía escrito “Peccorini” en el reverso y era de oro blanco. Que sus senos también tenían una forma redonda y ajustada a pesar de ser considerablemente grandes, no lo suficiente para ahogar, pero lo suficiente para encontrarlos jugosos y mordisqueables a toda hora. Aquel par de pezones café pálido, pequeños también pero ahora rígidos como una roca, y saltados de la excitación, de la estimulación de Yulia, volvían loca a Lena con sólo verlos. Luego su excelente línea de cuerpo, su cintura marcada, su abdomen plano, con un tan sólo pliegue un tanto arriba de su ombligo, un vientre un poco más blanco que el resto de su piel y, para finalizar, por cómo estaba Yulia sentada, una magnífica vista de su vulva, también ajustada y depilada, rosado candente por dentro, pues no tenía mucho que ocultar, hinchada pero sin indicios de sus jugos, dejando ver su zona perianal y hasta aquel agujero que, en ese momento, Lena decidió que iba a comerse de nuevo sin pensarlo dos veces sino era que de primero, pues había desatado en Yulia lo que no podía ser desatado con sólo coquetear con su clítoris.



- Mi amor…eres perfecta…- suspiró Lena, llevando de nuevo su mano hacia su vulva, rompiendo el hielo.



-Len…- se sonrojó, algo que pudo ver Lena a pesar de no tener sus gafas puestas, lo cual le acordó que, al alcance de su brazo, estaba su bolso; metió su mano y sacó sus gafas, se las colocó y mató a Yulia con su intelectualidad. – Mi amor…eso es trampa, me vas a matar…



- Tengo que ver bien cómo te tocas, mi amor- susurró de regreso, viendo que Yulia, sin darse cuenta, estaba acariciando sus labios menores y su clítoris con su dedo del medio de la mano derecha. – Ábrete un poco más para mí, ¿si?



Y Yulia no sólo acercó un poco más su iPhone hacia el borde de la mesa, sino también ella, y abrió sus labios para que Lena pudiera ver lo lubricada que estaba, para que ese rosado candente se estrellara contra la imagen, que pudiera ver aquella manicura perfecta; aquellos dedos delgados, con las uñas perfectamente cortadas y esmaltadas, jugar sus jugos; líquidos, calientes y probablemente con un sabor indescriptible. “¿Cómo es posible que alguien sea como tú? ¿Qué poder superior diseñó esa unión perfecta de genes? ¿Quién decidió que merecías tanta perfección concentrada en tu cuerpo?” pensó Lena, viendo que Yulia se había movido un poco, no necesariamente se había alejado, pero dejaba ver sus labios, sus senos y su vulva a la perfección.



- ¿Quieres que me toque?- preguntó Yulia en aquel acento ruso sensual que sólo gritaba “Estoy muy caliente”.



- Por supuesto... Pero quiero que te imagines que te estoy lamiendo el c***, mientras tanto- susurró Lena, comenzando a tocarse precisamente su clítoris en círculos; no moviendo sus dedos en círculos, solo lo masajeaba en el mismo punto pero en círculos con su dedo del medio, poniendo el resto de sus dedos sobre sus labios mayores para acariciarlos de vez en cuando.



Y, Yulia, como todo S-Factor (Factor Sorpresa), se dio la vuelta y se colocó en cuatro, apoyando su cara y cabeza en el asiento del sofá y dándole una vista plena y de “zoom-in” al 100% de su vulva y de su agujero adicional; calculando, como lo buena arquitecta que era, que las dimensiones y distancias jugaban tanto a su favor como a favor de Lena; Lena podía ver no sólo cómo se masturbaba Yulia, sino también su cara. Llevó sus manos hacia su trasero y lentamente separándolo, sólo para que Lena emitiera un sonido gutural que no significaba otra cosa más que “quisiera tener mi cara en ese paraíso”. Yulia veía de reojo a Lena que había empezado a tocarse más rápido, a respirar más pesado, más agitado, que su abdomen se contraía y se liberaba a un ritmo impresionante.



- Quisiera estar ahí…para cogerte con mi dedo y sentirte estrecha, hacerte gemir- gimió Yulia, pues su clítoris estaba tan hinchado que no podía creer lo rico que se sentía. No podía ser, acababa de hablar demasiado sucio, gracias Natasha, aunque no sabía que esa simple palabra “cogerte” había provocado en Lena lo inimaginable.



Y Lena, dejándose llevar por Yulia sus gemidos y sus pornográficas ideas, abrió más sus piernas mientras veía cómo Yulia, con su mano izquierda; dedo del medio acariciaba su agujerito en círculo, lo que era una sensación un tanto nueva y no sabía si le gustaba o no pero lo disfrutaba en ese momento, y con su mano derecha; dedo del medio y anular, estimulaba su clítoris haciendo círculos, frotándolo con un tanto de presión, que a veces se detenía sólo para separar sus dedos y poner uno a cada lado de su clítoris para presionarlo por sus lados y acariciarlo de arriba abajo y presionarlo de nuevo, jugando de paso con sus labios menores, con todas sus sensibilidades en realidad. Lena llevó su otra mano a la acción también, bajando su dedo derecho hacia su vagina y su dedo izquierdo del medio hacia su clítoris, una doble estimulación; igual que Yulia, improvisada pero acertada.



Y justo cuando Yulia guió sus dedos hacia su vagina y los introdujo suave y lentamente en ella, Lena lo hizo sin haberlo planeado, provocando en las dos un gemido sensual que emanaba nada más y nada menos que “placer” en la atmósfera. Yulia veía cómo Lena penetraba su vagina lentamente, la volvía loca, pues nunca la había penetrado, pero ahora era lo único que quería, sentir esa fiebre húmeda en su dedo, repasando sus paredes vaginales, quizás encontrar su G-spot en el camino para acariciarlo y hacer que Lena gritara, pero todo esto era en la cabeza de Yulia, quien mientras tanto se penetraba un tanto más rápido y más fuerte, alternando una penetración con una estimulación de arriba abajo para acariciar su G-spot que apenas podía alcanzar por su posición.



- Oh my God… Estoy tan húmeda- expulsó Yulia entre un gemido y un grito ahogado que hicieron que Lena hiciera silencio sólo para escuchar a los dedos de Yulia romper aquella barrera de jugos, emitiendo aquellos sonidos húmedos entre aquel par de labios hinchados y sensuales mientras que Yulia no había dejado de estimularse su hermoso y pequeño ano.



- Mi amor…cógete más rápido, ¿si?- susurró Lena, en aquel tono como si hubiera puesto una “H” imaginaria al final de cada palabra, matando a Yulia con su sensualidad, exhortándole inconscientemente que así debía hacerlo. – Estás como para cogerte… y comer tu pequeño trasero al mismo tiempo - suspiró Lena en aquel ambiente lujurioso, en el que no casi no había palabras sino que más bien los gemidos y los pujidos reinaban con desdén.



Lena había abierto más sus piernas y se penetraba con facilidad mientras estimulaba su clítoris y se perdía en los gemidos de Yulia, que a veces se convertían en un “Lena” epicúreo.



- Arqui…tecta- gimió Lena de manera extraña, haciendo que la curiosidad de Yulia pudiera más que seguir con el placer, para que dejara de estimularse y se diera la vuelta para pegarse a la pantalla y ver cómo Lena se descontrolaba; jugando con su cabellera roja con una mano, frunciendo su ceño de manera celestial, mordiendo su labio inferior por el lado derecho mientras gemía, con sus piernas abiertas a más no poder, moviendo sus caderas en forma circular sin despegar su trasero del asiento, contrayendo y liberando sus adentros; dejando que Yulia viera, por su postura y su descontrol, aquel tight Little hole de Lena, que lo único que pudo pensar fue un “ese pequeño trasero es totalmente sexy…y comible”.



- ¿Te corres en mi boca, mi amor?- expulsó Yulia contra todos sus principios, haciendo un magno esfuerzo por transformar las palabras de Natasha y ponerlas en su boca y reformularlas en una pregunta obscenamente sensual y erótica que hizo que el corazón de Lena diera un vuelco, su trasero un respingo; que hizo que sus senos dieran un salto lascivo. Lena gimió cuatro veces mientras frotaba su clítoris muy rápido en círculos, para que al final dejara de morder su labio y abriera su boca para lanzar aquel proyectil orgásmico:



- Me corro, me corro, me corro, mi amor…- de tal rápida manera que los ojos de Yulia se iluminaron de erotismo y deseó poder estar ahí para que Lena realmente se corriera en su boca, para introducir su lengua en su vagina y sentir sus contracciones, sentir el calor de aquel orgasmo en sus labios y sentir los espasmos de Lena en su piel.



Un gemido un tanto fuerte y que Lena tomara su seno derecho y lo apretara mientras elevaba su trasero sobre el asiento, revelaron aquel orgasmo que tanto anticipaba Yulia, viendo cómo Lena quedaba exhausta, respirando profunda y agitadamente como toda mujer después de una bestial embestida viril, pero no, Lena sólo necesitaba la voz de Yulia y su imaginación para alcanzar algo así de potente. No crean que me he olvidado de Yulia, pues Lena tampoco lo hizo. Una vez Lena regresó a la Tierra, por lo menos su cabeza, sonrió para la cámara, perdón, para Yulia e hizo unos últimos círculos en su clítoris, sólo para terminar lo que en teoría ya había terminado.



- Ojalá pudiera estar ahí para limpiarte, mi Len- murmuró Yulia, adoptando la posición inicial sobre el sofá, la misma que tenía Lena.



- ¿Ah, sí? ¿Cómo lo harías?- sonrió Lena, abriendo sus ojos para ver que Yulia se estimulaba rápidamente su clítoris.



- Fantasía y digo dos puntos: te pusiera en cuatro y te lamía el clítoris hasta el c***…



- Yulia…- rió Lena nerviosa, pensando en que si Yulia seguía así, uno no sería suficiente, aunque, hasta la fecha, Lena sólo había conseguido tener un orgasmo por vez…aunque no lo había intentado tantas veces, en cambio, Yulia era diferente por la práctica y la experiencia misma.



Yulia sonrió ya con sus ojos cerrados, frotando su clítoris pensando en la lengua y los labios de Lena por todo su cuello, que recorrían sus labios y sus dientes que mordían sus pezones; para lo que utilizaba su otra mano, para pellizcar ligeramente sus pezones entre sus dedos, no halarlos, sólo presionarlos por los lados. Lena se volvió loca cuando vio y escuchó lo empapada que Yulia estaba, pues sin penetrarse, podía escuchar el jugueteo de sus jugos.



- ¿Qué necesitas para correrte, mi amor?- murmuró Lena, padeciendo del mismo mal que Yulia; pegándose a la imagen sin poder dejar de tocarse aunque ya no le diera placer, al menos por ahora.



- Me gustaría que me cogieras…- gimió Yulia. Oh, no. Pero sí. Hablando sucio y con propiedad, Arquitecta, Natasha y yo estaríamos muy orgullosas de usted si en realidad supiéramos, aunque al menos yo sí sé.



- Mmm…- tarareó Lena, viendo que Yulia separaba sus labios mayores con sus dedos de la mano izquierda y frotaba únicamente la punta de su clítoris; coloreado con un rosado fuera de este mundo, con sus dedos, haciendo que Yulia tuviera espasmos visibles. – Cogería tu c*** con mi lengua y tu vagina con mis dedos…- susurró, reviviendo y matando a Yulia con cada palabra.



Yulia sintió aquella típica corriente en ella, la que la recorría desde su clítoris hacia todas las partes de su cuerpo y era peor, o bien dicho mejor, porque sentía que el calor no tenía principio ni fin, pero sus espasmos vaginales sí, que al fin habían empezado. Nuestra Arquitecta gimió una sonrisa asesina y dejó de frotarse su clítoris por uno o dos segundos, para luego volver a frotarlo más rápido y luego toda su vulva.



- Déjame ver tu corrida, mi amor- susurró Lena, haciendo que Yulia abriera sus labios mayores y menores para que Lena viera cómo se contraía su vagina levemente y cómo los jugos de Yulia habían logrado hacerse camino no sólo a su otro agujero, sino también a sus mordisqueables buttcheeks. – No sabes las ganas que tengo de probarte ahorita



- ¿Por qué, mi amor?- preguntó Yulia en aquel tono de fatiga, aunque se refería a un “¿Por qué sólo ahorita? ¿No te parezco lo suficientemente saboreable todo el tiempo?” pero en tono de broma.



- Porque esa corrida estuvo un diez…y quisiera probarla…ha de saber demasiado rico- suspiró, dejando de tocarse pues su clítoris se había irritado un poco y, en vez de darle placer o no darle nada, le molestaba.



-¿Tú crees?- preguntó Yulia, recomponiéndose un poco en el sofá.



- Como no tienes idea, mi amor- guiñó su ojo, tal y como Yulia se lo guiñaba a ella, lo cual Yulia encontró demasiado lindo, a ella se le veía lindo junto con esos camanances y esos ojos verde-grises cansados.



- Está bien, te creo- sonrió Yulia, frotando sus dedos una vez más, pero ahora en la entrada de su vagina y llevándolos a su boca con suma sensualidad.



- Gosh…si tan sólo supieras lo sexy que eso se ve- suspiró Lena, dándose cuenta de la hora, casi media noche, pero notando que el desvelo había valido la pena.



- Imagino que son tus dedos- y los succionó con lujuria, primero su dedo del medio, hasta el fondo, como un deepthroat inocente, luego su dedo anular hasta la mitad, pues hasta ahí tenía jugos.



- Yulia…- se calentó de nuevo Lena, aunque sabía que, de tener otro orgasmo, no reviviría nunca más y eso era algo de lo que no podía darse lujo.



- Sabes…idea totalmente de la nada- comentó Yulia, cerrando sus piernas, tomando su teléfono y poniéndose de pie. – Yo creo que debemos darnos como un tiempo de prueba…digamos un mes o dos meses- caminó hacia su habitación y, apagando la luz del living-room a su paso, se dirigió al baño.



- ¿A qué te refieres?- preguntó Lena, haciendo lo mismo que Yulia, pues las dos necesitaban limpiar sus manos y sus respectivas armas de placer físico-sensitivo y seducción visual.



- Digo, sigamos esto por uno o dos meses…así como ahorita, será divertido, vamos a hacer lo que queramos…luego, puedes mudarte a mi apartamento porque yo necesito, como toda buena mujer, abrazar y que me abracen después de una velada de romántico placer- sonrió, lavándose las manos.



Fue algo que a Lena la tomó por sorpresa, pues no entendía del todo bien, “¿será que después de ese mes o dos ya no podremos hacer lo que sea que queramos?”. Pero no, Yulia sólo se refería a dejarla entrar a su atmósfera privada de por vida, algo que nunca había hecho con alguien, ni siquiera con Natasha pero que ahora consideraba óptimo y apropiado con Lena.



- Y yo necesito besos, mi amor, besos y calor…y ese Chanel no. 5 que te pones para dormir mejor- sonrió, dibujando aquellos camanances que mataron a Yulia.


¿Estás diciendo que “sí”?



- Estas jugando? ¿Cómo negarme a vivir contigo? Lo considero un honor en realidad- sacó su lengua en forma de broma, aunque no era ninguna broma. – Te imaginas: dormir y despertar juntas, te podría cocinar, hacer el amor cuando se nos antoje…es demasiado perfecto…tú eres perfecta, mi amor- concluyó, regresando a su cama para meterse en aquellas sábanas que en algún momento, hacía no más de media hora, estaban tibias y ahora no, que fue cuando se convenció de que vivir con Yulia era lo que quería…porque no podía imaginarse no vivir con ella; era como preguntarse “¿Crees en la vida después del amor?” para contestar con un “No” rotundo y no sujeto a cambios de opinión.



- Mmm…sabes, tengo frío…y mis pies están fríos también, eso es algo que me desagrada del otoño, ya no se diga del invierno



- Podrías meterlos entre mis piernas para calentarlos, mi amor



- ¿Sabes qué?



- ¿Qué?



- Pensándolo bien…no necesito dos meses…pero sí necesito tiempo para reacomodarme, es primera vez que compartiría un espacio con alguien por tanto tiempo al día… ¿qué te parece un mes? Digamos…el veinte de noviembre…- dijo Yulia un tanto pensativa aunque sabiendo que tenía razón, que era mejor así. Lena sonrió.



- Pues el veintiuno de noviembre me tendrás ahí, hermosa



- No, no el veintiuno, el veinte- ordenó, como si fuera su jefa. Haciendo que Lena sonriera todavía más y sus camanances se dibujaran todavía un poco más profundo.



- Sólo si prometes que dormiremos temprano ese día…es martes, creo



- Sí, dormiremos temprano porque saldremos temprano de la oficina…para inaugurar mi apartamento como “nuestro” apartamento- para Lena eso sonaba tan surrealista y tan lejos, pero para Yulia no, hasta cierto punto ya no podía contener sus ganas por que pasara un mes, pero necesitaba ese tiempo, tanto como para asimilarlo, mental y emocionalmente, pues no sólo abriría las puertas de su privacidad a Lena, sino que también le daría entrada sin cargos a su corazón y a su vida, como para comentarlo con Natasha, quien seguramente estaba siendo embestida por Phillip contra la ventana fría de la habitación de Phillip en el Financial District, perdón, quien seguramente estaría demasiado contenta por ella. Lena sonrió con sus ojos cerrados, dejándose vencer por el sueño, contagiando a Yulia con un bostezo angelical.



- Mi amor…me estoy durmiendo- murmuró Lena ya con sus ojos cerrados, tratando de no murmurar pero el sueño la hacía murmurar.



- Yo también, mi amor…¿qué dices si sueñas conmigo y te dejo descansar?



- Sólo si tú prometes soñar con que te hago el amor una y otra vez- dijo Lena, era algo sin sentido y que era el sueño hablando por ella.



- Eres demasiado hermosa- susurró Yulia, pensando en que Lena ya debía estar soñando.



Dio un beso suave a la pantalla, exactamente en los labios de Lena, algo un tanto cursi, pero que no podía contener, y terminó la llamada de FaceTime. Puso a cargar la batería de su teléfono y se dejó caer de nuevo en sus almohadas, fue la primera vez que Yulia tomó una almohada entre sus brazos y la abrazó hasta quedarse dormida mientras daba sinceras gracias a Dios por haber puesto a Elena Katina en su camino y en su corazón y a Natasha por nunca dejar que algo tan social la privara de las mejores cosas de la vida.
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Ago 20, 2014 5:34 pm

Cómo te sientes, mi amor?- susurró Yulia al oído de Lena, dándole un beso en su cabeza mientras Lena pretendía estar muerta, sobre su estómago, en aquella gigantesca cama del “Hotel Commonwealth”.



- Un poco mejor, pero todavía…- murmuró Lena, aparentando dolor y molestia.



- Siento mucho que tenga que irme, regreso en cuanto pueda, ¿si?- se disculpó Yulia, con un inmenso pesar por dejar a Lena, medio muerta, medio deshidratada y sola.



- Mi amor…sólo dame un beso, si no te da asco, ¿si?



- ¿Cómo me daría asco?- repuso, con una sonrisa cariñosa, agachándose a la par de la cama, poniendo su rodilla sobre la alfombra, apretando su falda gris oscuro entre sus muslos y su trasero, quedando un poco alto todavía por sus Stilettos Alexander McQueen café oscuro, que no lastimaban sus pies gracias a que dominaba el arte de los quince centímetros mejor que muchas modelos rusas. No le importó que su abrigo blanco Armani, que le llegaba a la misma altura que su falda, limpiara aquella alfombra mientras que, con sus manos, acariciaba la cabeza de Lena mientras le daba un beso de despedida. – Trata de descansar…te llamo cuando venga de regreso por si necesitas algo- susurró Yulia, acariciando la nariz de Lena con su dedo índice, haciendo que cerrara los ojos. – No dudes en llamarme, por favor, Lena…si necesitas atención médica, dímelo, por favor- suplicó, haciendo que Lena se sintiera extraña.



- Gracias, Yul…que tengas un buen día, te voy a extrañar- murmuró Lena, con sus ojos cerrados, pretendiendo estar a punto de dormirse.



Yulia se puso de pie, saliendo de la habitación, colocando el rótulo de “Do Not Disturb” en la perilla de la puerta por la parte de afuera y cerró la puerta con sumo cuidado de no molestar a Lena. Era el cumpleaños número veintiocho de Yulia Olegovgna Volkova, día que ni la cumpleañera misma había sido capaz de recordar ser suyo por su inmensa preocupación por Lena, quien la noche anterior había comido lo mismo que Segrate; un tipo de pollo al gratín y Lena, al no tener una coartada para preparar todo para la sorpresa de Yulia, se valió del malestar de Anatoly, fingiendo lo mismo pero no previniendo el nivel de preocupación de su…¿novia?...y ahora se sentía un tanto, si no es porque muy, culpable, por lo tanto tenía que esforzarse por esa velada.



Lena se puso de pie en cuanto calculó que Yulia había salido, con seguridad, del hotel, pues podría ser que regresara a la habitación por haber olvidado A o B. Nunca mencioné el problema de Lena, aparte de haber tenido una relación fallida, una única relación en la que emocionalmente dolorosa perdió su virginidad, pero su problema no era ese; eso era cosa del pasado, el problema es que le faltaba aquel gen primordial que la mayoría de mujeres tenían, el gen fantasma del par número veinticuatro: “necesito un novio”, que se complementaba con “necesito ir a muchas fiestas”, por lo tanto, deduciblemente era lesbiana aunque tampoco tenía el gen socialmente masculino de: “necesito una novia”, que se complementaba con “necesito mucho sexo”, sino más bien padecía de una trisomía y no en el par veintiuno, sino en el par imaginario número veinticuatro: “quiero ser feliz” y “no importa si la gente me ve mal en el camino para serlo” y “quiero a Yulia”.



Se vio en el espejo y por primera vez se dijo a sí misma: “Lena, no estás nada mal para Yulia; el epítome de la perfección.” Y se dirigió a la ducha, en donde se tomó el tiempo necesario para sentirse limpia, lavando su cabello exhaustivamente, aquella cabellera roja, que últimamente, desde que había conocido a Yulia, había tenido la decencia de comportarse, de no caerse tanto y de recuperar el brillo que alguna vez tuvo, encandeciendo sus rizos rojos, dejando un poco de cabello café claro en las capas inferiores, un color intensamente raro pero que sólo a Lena, naturalmente, se le veía bien…por lo mismo, porque era natural. Tomó su teléfono y, notando que ya era hora de estar en el trabajo, llamó a Natasha.



- Oh, pero si es mi cuñada fa-vo-ri-ta – cantó Natasha con una sonrisa percibible a través del teléfono.



- Nate, ¿cómo estás? Buenos días- saludó Lena, sonriendo mientras quitaba el vapor del espejo con su mano, viéndose desnuda, sólo con una toalla en la cabeza para quitar el exceso de agua de su cabello.



- Buenos días, preciosa, yo estoy muy bien, ¿y tú? ¿Cómo va todo con Yulia?



- Oh, Nate, me siento tan mal…- suspiró, con el fantasma de la culpa parado atrás suyo, zapateando con los brazos cruzados y lanzándole una mirada de "no debería haber hecho esto”.



- ¿Qué tienes, Lena? ¿Estás mal de salud? ¿Te peleaste con Yulia?- atacó Natasha, levantando sus gafas sobre su cabeza y dejando de leer las críticas de la final de Project.



- No, estoy bien…estamos bien…



- Vamos, Lena, confía en mí…por favor- ¿Qué era con el tal “por favor”? ¿Por qué no se podía resistir a un simple “por favor”?



- Fingí estar enferma para quedarme en el hotel y poder preparar todo- confesó, como si hubiera cometido un crimen, bueno, en sus ojos eso era; la preocupación de Yulia, esa mirada de aflicción no tenía perdón.



- Ay, preciosa, me asustaste…- suspiró Natasha. - ¿Yulia está preocupada y eso te está matando?



- Si…



- Oye, Lena…no te sientas culpable, se lo compensarás…ni tienes que decirle la verdad, eventualmente ella lo sabrá y no te dirá nada…



- Nate, está demasiado preocupada…creo que no ha dormido nada en toda la noche…



- ¿De qué se supone que estás enferma?- dijo, sacando su psicólogo incógnito.



- Segrate y yo comimos un pollo al gratín anoche…y Segrate se enfermó, pero está como nuevo aparentemente porque ya puso una smiley en su Whatsapp…- Natasha explotó en una risa.



- No me digas que tuviste una **** diarrea!



- No, porque pensé que si decía eso, Yulia no querría ni verme- rió Lena por primera vez en la mañana. – Sólo vómito…que sí vomité dos veces, pero no sé si por el pollo o porque Yulia me intoxicó con media botella de Grey Goose…



- Amor, no es malo lo que has hecho…apunta esta dirección…-dijo Natasha, buscando algo en su escritorio y murmurando alguna cosa en francés; algo que Lena no podía entender ni aunque quisiera. – 71 Newbury Street, ve ahí… deberías llamar. ¿A qué hora regresa Yulia?



- Está instalando el piso donde los Hatcher…calculo que como a las cuatro



- Bueno, Te diré que haremos…estaré en contacto con Yulia, tú vas a la dirección que te di…prepárate para que te consientan…sólo llegas y dices la palabra “Naphi” y sabrán que llegas por mi referencia…y disfrútalo…quítate esa culpa…



- Espera, soy un tanto idiota…no le dije “feliz cumpleaños” a Yulia- dijo Lena, horrorizada.



- Somos dos…pero yo más, tú más tarde le dices…por cierto, ¿tienes todo? Si te falta algo, puedo hacer que te lo lleven o puedo averiguar dónde puedes conseguirlo



- Ayúdame, ¿si?



- Repasemos, Lena…respira, por favor- sonrió Natasha, recibiendo un paquete de Phillip y firmando de recibido. – Pantyhose



- Check



- Louboutins



- Check



- Suit



- Check



- Playlist



- Check



- Hornyness



- ¡Natasha!- sollozó Lena, escandalizada y sonrojándose.



- Yup…estas lista. Ve a donde te dije…te hará bien…ahora, mantenme al tanto de cualquier cosa…te aviso cualquier cosa, llamada o iMessage, ¿tratarás de relajarte?



- Eres un ángel, Natasha Roberts…



- No, amor, no soy un ángel- suspiró, con una sonrisa mientras abría el paquete de Phillip y sacaba una peek-a-boo thong roja y leía una nota que decía: usa esto esta noche...iremos donde mis padres



- Nate, gracias…gracias por confiar en mí- murmuró Lena.



- No, gracias a ti por confiar en mí…ahora ve y consientete- dijo, colgando su teléfono y guardando el “regalo” de Phillip.



Lena respiró hondo y dejó de sentirse atormentada por haberle mentido a Yulia…aunque no era una mentira dolorosa en realidad, pero a ella le dolía ver cómo Yulia se preocupaba tanto. Había pasado toda la noche despierta, de eso estaba segura, pues la había abrazado toda la noche y había calentado sus pies y sus piernas con los suyos mientras peinaba, sin parar un segundo en toda la noche, su cabello, dándole besos en su cabeza. “La necesito…” pensó Lena, refiriéndose a esos diez días sin un roce sexual entre ella y Yulia, no habían siquiera tocado el tema; todo en el estudio estaba hecho un caos, tanto por los Hatcher como porque habían despedido al Licenciado Harris tras haberlo encontrado abusando de los labios de una de las secretarias.



Mientras Lena se preparaba en el Spa al que Natasha le había ordenado ir, Yulia sufría de un ataque de histeria en la que sería la casa de los Hatcher.



- Vete a la ****, Anatoly! Sabes la jodida diferencia entre tu y yo?!



- Yulia, ¿por qué tanto alboroto por eso?- gritó de regreso Anatoly.



- Anatoly…eres un ingeniero, preocúpate por terminar lo que debas terminar…pero si te digo “hagan el techo antes de que pongan el piso” me refiero a que el techo tendría que haber estado no sólo asegurado, sino unido, también refinado y pintado…¿qué haces tú? Tú decides darle otra capa de blanco al desgraciado techo…¿y ahora qué tengo? Un jodido piso de madera curada …con unas manchas de pintura blanca en todo.!



- Que coño quieres que haga?! Me quieres ver pintando el pu** techo?!



- Esos son los pu*** trabajadores… Si digo que no, es NO!… No pudiste esperar hasta que el jodido piso estuviera acabado?!- Yulia era una explosión de palabras soeces y gritos, y palabras soeces gritadas, con los típicos ademanes rusos; exagerados y vibrantes, más el tono ruso que tanto intimidaba a Anatoly.



- Y cual es el **** problema?! Sólo lo pules de nuevo y eso es ****. Te freiría pe** loca sin corazón!- gritó Segrate, dejando a Yulia perpleja.



- Cómo me llamaste?- preguntó Yulia, hirviendo por dentro, que en tres…dos…uno…explotaría en una mezcla de Hiroshima y Nagasaki juntos.



- Nada, Yulia…solo olvídalo…



- Oh, hombre, eres un gran marica! Dimelo en la pu** cara!- gritó, poniéndose roja y convirtiéndose en la peor pesadilla de Anatoly…y de cualquiera, hasta la mía.



- Tu eres una **** pe** sin corazón.- dijo, pausando después de cada palabra.



- Eso es todo **** sea! Estas despedido!- gritó, dejando salir a aquel demonio de su boca.



- Así que ahora que no estoy. Quiero qué sepas que quiero foll**** el c*** tan profundo hasta que te concentres y te comportes como una **** dama- dijo, con una sonrisa cínica.



- Oh, tu quisieras fo**** mi cu**?- dijo Yulia, acercándose a él y halándolo de su corbata.



- Joder, si, demasiado fuerte…- saboreó Anatoly, no dándose cuenta de la mano de Yulia que estaba a punto de…y sí, Yulia lo golpeó, le dio una gloriosa bofetada que le dolió, pero qué bueno que tenía el anillo puesto, dejándoselo marcado en el pómulo, dejándole la mano marcada, sus dedos definidos.



- Vete a la **** antes de que te acuse de acoso sexual



Anatoly arrojó los planos al suelo como un niño caprichoso y se fue, arrastrando su dignidad hasta que se dio cuenta que Yulia la tenía enterrada bajo su Aguja, profundo en la tierra. Yulia vio cómo Segrate se subía al auto y era transportado al hotel de regreso. Pennington veía a Yulia con miedo, veía que esa furia no terminaba de cesar. Él no era como Segrate, Yulia le había ayudado muchas veces, no tenía nada en contra de ella y él estaba muy al tanto de que Yulia no era una simple “empleada” en el estudio, sabía que era parte de las decisiones y le tenía respeto y estaba agradecido con ella por haberlo metido al proyecto, pues temía que lo despidieran por no tener ningún proyecto. Justo a tiempo. Habían terminado de instalar la cocina cuando llegó con un vaso con agua a donde estaba Yulia, con su cara enterrada en sus manos.



- Estas bien?- preguntó en voz baja el Ingeniero Pennington, alcanzándole el vaso con agua. Yulia levantó la mirada y Pennington sintió una puñalada al corazón, por primera vez veía que Yulia era vulnerable, las lágrimas de furia corrían por sus mejillas, sus ojos rojos del esfuerzo por no llorar y las venas de su cuello venían más a la superficie; o tal vez sólo se dilataban por el flujo sensible de sangre. – Hey…- murmuró, sentándose a la par de ella sobre las gradas de piedra. – No dejes que te afecte ... - puso su mano, un tanto temeroso, sobre el cardigan verde esmeralda de Yulia, acariciando lentamente su espalda alta. – Bebe un poco de agua… te hará sentir mejor…- se puso de pie y recogió los planos de Segrate. – Me encargare de esto, esta bien?- Yulia asintió en agradecimiento. – Voy a sacar esos lugares fuera de su piso ... lo prometo ... pero estará fresco, ok?- Yulia volvió a asentir, bebiendo sin parar su agua.



Yulia se puso de pie y le murmuró a Pennington que estaría de regreso en diez minutos, que no tardaría. Se metió a otro auto y la llevaron a un Starbuck’s. Pidió veinticuatro cafés, de diferentes tipos, compró diez cajetillas de cigarrillos y ordenó paninis; cincuenta en total, mientras el chofer recogía bebidas en el supermercado, todo para que los trabajadores pudieran comer a gusto. Cuando Yulia llegó, Pennington le ayudó con las bolsas de Starbuck’s y las metieron a la cocina, en donde los once trabajadores estaban reunidos con un pequeño vanilla cake y una candelita encendida para Yulia, cantándole un sencillo pero alegre “Happy Birthday to You”; Yulia logró sonreír y apagó su candelita; deseando que Lena se recuperara pronto.



Mientras Yulia se alegraba un poco más al ver que la pared que había levantado Pennington era perfecta en sus dimensiones y marcaba personalmente en qué partes debía ser taladrada para recubrirla de su precioso cedro, todo con una sonrisa, la sonrisa que a la mayoría de trabajadores les gustaba verle; no era la primera vez que trabajaban con ella: trece eran de su confianza, contratados uno por uno por referencias de proyectos anteriores, diez de ellos habían estado desde que era la asistente de Volterra; eran incondicionales, Lena se deleitaba de un paquete de cuatro horas que Natasha le había regalado. “Otra vez sin pagar”. Consistía en un irresistible facial, un masaje de piedras calientes, todo muy zen, un tratado de manicura y pedicura deluxe y un peinado; sí, aquella sensual “ponytail” que Oskar había sugerido.



Julie Marshall: Gracias por decirme que estás fuera de Manhattan…felicidades. Te quiero mucho, un abrazo, call me.

Phillip Noltenius: Happy Birthday! Tengo un día un tanto ocupado, pero llamo en cuanto me desocupe. Te deseo lo mejor. Felices en-dos-años-treinta. Tenemos que celebrarlo a lo grande. =)

Thomas “Bruce Wayne” Mayer: Feliz cumpleaños. No sé cómo desear feliz cumpleaños. Take care. Work hard. Best wishes!

Alina: SUORA YULIA…buen compleanno. Hai desiderio di un ragazzo? Baci. James Doherty: Happy birthday, babe Enjoy yourself, see you soon.

Mamma: Yulia, tesoro, buon compleanno. Ti ama, mamma.

Robinson, Margaret: Yulia, darling. Just to wish you happy birthday. We love you like a daughter. Best wishes, darling.

Natasha: HAPPY. FUCKING. BIRTHDAY. I’ll be raising too many glasses on your behalf. Miss you so much. TTYL, baby.



Yulia leyó sus felicitaciones con una sonrisa demasiado grande, más después de la efusiva felicitación de Natasha, aunque su sonrisa se apagó en cuanto decidió buscar un mensaje de Lena y no había ninguno. Se preocupó, sintiéndose culpable por haberse distraído tanto en el trabajo y, bajando las mangas de su cardigan hasta sus muñecas, sintió un frío preocupante; oh, Yulia está paranoica. Estaba lista para llamar a Lena pero pensó que estaría descansando, después de todo, Lena la llamaría si necesitaba algo.



Yulia: Happy Birthday to me

Natasha: Sweetie, ¿cómo la estás pasando?

Yulia: Despedí a Segrate (Glory dance)

Natasha: DDDD

Yulia: Too many smileys

Natasha: I agree, ¿cómo estás?

Yulia: Muy bien, un poco cansada…Lena está enferma

Natasha: Oh, no… ¿qué tiene?

Yulia: Creo que la cena de ayer no le sentó muy bien…

Natasha: ¿Visitó el baño toda la noche?

Yulia: No, amor, pero estoy preocupada por ella…se veía pálida anoche…no dormí nada

Natasha: Jeez, debes estar muy cansada

Yulia: Demasiado…pero bueno, detesto ver a la gente enferma

Natasha: Ahora duerme, seguro Lena ya se siente mejor

Yulia: Llamaré a un médico si no se siente mejor

Natasha: Overprotective?

Yulia: I know…anyway, ¿qué haces?

Natasha: Jugando con una bolita de papel sobre un papel, como un deslizadero…

Yulia: Suena divertido

Natasha: Estoy podrida en la oficina, ¿tú?

Yulia: Guardando mis cosas… regresare al hotel ahora

Natasha: Good, rest, ok?

Yulia: You’re off-ing me?

Natasha: Claro que no, amor, sólo quiero que descanses tus ojos, debes estar exhausta y con una posible migraña, te conozco

Yulia: No me había dado cuenta de la migraña hasta que la mencionaste. Thank you. TTYL

Natasha: Happy birthday, babe, TTYL



Natasha R.: Yulia va en camino

Elena K.: Oh nooooooo

Natasha R.: Respira….inhala…exhala…inhala…exhala…eso eso…estarás bien…solo recuerda que estarás sexy

Elena K.: Estoy nerviosa

Natasha R.: No deberías.... Por favor, eres hermosa!

Natasha R.: Champagne already there?

Elena K.: What Champagne?

Natasha R.: Enjoy yourselves. Take care. Me cuentas luego



“¿Champán? Ah, claro…quince minutos y contando.” suspiró Lena, ya vestida en su atuendo sensual, viéndose en el espejo mientras terminaba de arreglar su busto entre sus copas, tal y como Natasha lo había hecho en “La Petite Coquette”: no explotando, no escondiendo. Perfecto. Lena se ve relajada en cuerpo, pero en mente se debilita; tiemblan sus manos y el nerviosismo la supera. Tocan a la puerta y Lena, envolviéndose cuidadosamente en una bata de seda negra, abre la puerta y entra un mesero con un carro de servicio con cobertor blanco; que encima no sólo hay una cubeta con hielo con una botella de Perrier-Jouët, “Blason Rosé…pero por supuesto”, sino dos copas perfectamente talladas con un “You’re mine” un tanto cursi y de mal gusto, pero en el fondo Lena lo quiere decir, también un bouquet con dos Kadupul flowers que sobresalen de una serie de flores de Vainilla; llenando aquella habitación con ese estupendo olor mientras el mesero encendía las dos candelas blancas y altas, liberando todavía más olor a vainilla. Lena quiso darle propina al mesero, pero se negó con la cabeza y con las manos; diciéndole: “Todo está pagado ya, con su permiso, Señorita Katina”. “Natasha…claro.”.



Lena se deshizo de su bata y la colgó, taconeando con sus Christian Louboutin que ha estado acomodando en secreto por las noches, detrás de la puerta del baño. Vio la habitación, la contempló y estaba tal y como se la había imaginado: cero pétalos de rosa- “no es Valentine’s y tampoco entonces, subutilizado. “, cama perfectamente arreglada, persianas abajo; oscureciendo la habitación que, con la luz de las llamas y de la luz baja, inspiraba romanticismo, champán- “trillado también…pero a Yulia le gusta un buen champán. Seguramente le gustará, Natasha lo escogió”. Colocó su iPod en el sistema central de sonido de la habitación y colocó la playlist a la que Natasha se había referido por la mañana:



Una Mattina – Ludovico Einaudi

Fly – Ludovico Einaudi

The Flower Duet – Léo Delibes

Étude Op. 10, No. 3 – Frédéric Chopin

Prélude Nr. 4 E Minor op.28 – Frédéric Chopin

Nocturne No. 2, Op. 9 in E-Flat Major – Frédéric Chopin

Clair de Lune – Claude Debussy

Divenire – Ludovico Einaudi

Nuvole Bianche – Ludovico Einaudi



“¿Por qué no lo hago más intenso y le bailo ‘Paris (Oh la la)’?...If I was from Paris… would say Oh-lala-lala-lalala…No, concéntrate, Lena. You’re about to tell her how you feel…¿Sexy y Elegante? Estoy en una cosa de leopard, por Dios…y con música clásica, ¿cómo se categoriza esto? Lena, cálmate. Respira. Inhala. Exhala. Inhala. No voy a poder. Exhala. Sí, sí puedo. Champán, sí. Hay que servirlo. ¿Dónde está mi regalo? Sé que es tonto en ambos sentidos: tonto darle un regalo y el regalo en sí es tonto pero, ¿dónde diablos están? Ah, aquí…”. Lena era un nudo de nervios, calculaba cada minuto a la perfección, haciendo de su nerviosismo algo todavía más grande. Encendió su iPod y reguló el volumen, sonaba Einaudi, suave y lento, romántico y apasionado, seductor, entibiando la habitación. Lena escuchó aquel reconocible taconeo que traspasaba cualquier alfombra, aquellos Miu Miu en los pies de Yulia, era la autoridad y la seguridad y confianza con la que caminaba, con la que dominaba sus pasos, su contoneo. Lena respiró hondo, tomó las dos copas de Champán en sus delicadas y recién manicuradas manos y esperó aquel sonido, sí, el de la llave entrando por la ranura. Respiró, escuchando la puerta abrirse.



- ¿Lena?- dijo Yulia, sin ver, pues la tarjeta, su llave, de la habitación se le había caído de las manos y fue cuando Lena caminó hacia Yulia a la distancia del carro, apoyándose en la pared, sosteniendo las dos copas a la altura de su busto y apoyando su tacón contra la pared con su espalda un tanto recostada y viendo hacia la puerta, sí, me roba el aliento.



-Charoúmena genéthlia sas, charoúmena genéthlia sas, charoúmena genéthlia agapi̱té Yulia, charoúmena genéthlia sas…- susurró Lena, cantándole un sensual “Feliz Cumpleaños” mientras Yulia levantaba lentamente la mirada y veía a Lena parada a la par del carro servidos, casi en lo oscuro pero todavía visible. Boquiabierta, sí, así como yo.



- Sas ef̱charistó̱…- murmuró Yulia, perpleja, idiotizada.



Yulia reaccionó un poco tarde, es que Lena era su asesina. Con su cabello recogido en una cola alta y estilizada, con mucho volumen, hacía que su rostro se viera espectacularmente hermoso. Maquillaje: impecable; Smokey eyes, pestañas largas, ojos verdegrises resaltados, mejillas un tanto rosadas; por maquillaje y por estar sonrojada. Una sonrisa sensual y ardiente dibujada en aquellos labios rosado brilloso, apenas esos leves camanances, levantando una ceja, viendo a Yulia con intensidad, con lujuria intensa. Y sí, Yulia se desocupó de su rostro y bajó con la mirada por su cuello esbelto, limpio y suave, que de sus hombros colgaban unos tirantes de patrón de leopardo, fino, desembocando en un bustier sensualmente dividido en negro y en patrón de leopardo, aprisionando aquellos senos que en aquel momento se veían más grandes de lo normal; jugosos y apetecibles. Spandex rozando la cintura de Lena, spandex negro, debajo panties con el mismo patrón, no sabía si tanga, hilo o bikini, pero le estaba faltando el aire; más que de costumbre. Y luego, para ponerle una cereza a todo, medias negras ajustadas a sus piernas desde su bustier, desembocando en unos hermosos Christian Louboutin negros.



Lena causó una mejor reacción de lo que esperaba, realmente demasiado, far beyond, mejor. Caminó lentamente hacia Yulia, no eran más de siete pasos, cruzando sus piernas, caminando como Natasha le había enseñado, seductora y deseosamente, con personalidad, con sexualidad y sensualidad, con autoridad y seguridad; confianza. El corazón de Yulia sufrió un fugaz ataque, bajando sus pulsaciones, oh, divinas pulsaciones.



- Mi amor…¿te comió la lengua el gato?- susurró Lena, alcanzándole la copa a Yulia, con una sonrisa realmente hermosa, dejando ver sus dientes blancos y rectos.



- Ah…uh…mh…- Yulia luchaba contra su percepción, intentaba volver al funcionamiento total de su cerebro y no lo lograba.



Lena siguió caminando, empujando a Yulia hacia atrás, cerrando la puerta de la entrada y arrinconando a Yulia, teniéndola entre ella y la puerta. Qué autoridad sentía Lena, control.



- Por tus hermosos y exitosos veintiocho sensuales años…s….alud- brindó Lena, acentuando aquella “s” tan sensual que Yulia dejó que su bolso cayera al suelo de golpe para tomar su copa con las dos manos y no chocarla tan fuerte contra la de Lena. – Te deseo sólo…- susurró Lena, acercándose al cuello de Yulia. – éxitosss…- susurró a su oído, muy, pero muy bajo, mordisqueando el lóbulo de la oreja de Yulia, provocando en Yulia un gemido inesperado. – Mmm…Yulia…Volkova…Olegovgna… no planeo beber sola- sonrió, bebiendo un trago largo de aquel divino Champán, sintiendo las burbujas reventarse en su paladar. Yulia la imitó, cerrando sus ojos, intentando reaccionar, no se sentía ella; Lena le había robado toda claridad mental.



Lena le alcanzó su mano a Yulia. Yulia se la dio, dejándose llevar en silencio y en completa estupidez visual por Lena hasta la cama. Lena se dio la vuelta y guió a Yulia hasta el borde de la cama, sentándola delicadamente mientras Yulia, poco a poco, recuperaba un poco de claridad mental a sus ojos. Lena bebió su copa hasta el fondo y la colocó a un lado, hincándose ante Yulia mientras juntaba sus brazos por sus muñecas, haciendo que sus senos se volvieran visualmente todavía más deliciosos y apetecibles. Se hincó entre las piernas de Yulia, que había tenido que abrir ella misma, pues Yulia parecía no responder.



- Tómate tu champán…tal vez un poco de alcohol te hace hablar…mi amor….- ouch, es que todo lo que decía era demasiado sensual. Yulia asintió y rápidamente llevó la copa a sus labios y la bebió hasta dejarla vacía. Lena sonrió y tomó la copa, poniéndola junto con la suya.



Se quedó ahí, hincada, rozando con sus dedos las piernas de Yulia sobre aquellas medias negras, suaves… . Llegó a sus pies y le quitó lentamente los Stilettos a Yulia, acariciando sus dedos para relajarlos después de un día de tortura y de trabajo, los masajeó lenta y suavemente, con sumo cariño. Acarició los pies de Yulia, un tanto cosquillosos, sonrió por su espasmo nervioso. Guió sus manos hasta sus muslos por debajo de su falda y tomó el elástico de su media izquierda, halándola lentamente hacia afuera, liberando aquella perfecta y humectada piel a su tacto y a su vista. Lo mismo con la otra media, dejando a Yulia con sus perfectos pies desnudos y cansados ante ella. Tomó su pie derecho y lo levantó ligeramente hasta la altura de sus ojos, haciendo que Yulia se recostara un poco y, sorpresivamente, besó cada uno de sus dedos, una y otra vez, y otra vez.



“Esto es demasiado caliente” pensó Yulia, notando que al fin volvía a tener pensamientos, no lo suficiente, pero era un progreso. Lena hizo lo mismo con su otro pie, para luego, cariñosamente, subir con el roce de sus manos por sus piernas, acariciando sus rodillas y sus muslos. Lena introdujo sus manos bajo la falda de Yulia, esperando Yulia que la tocara pero no, Lena sólo buscó los elásticos de su tanga negra, la que había visto que se había puesto en la mañana, negra y de encaje; sensual, muy Yulia, y la deslizó hacia afuera sólo con sus dedos mientras rozaba con las palmas de sus manos, los muslos y las piernas de Yulia.



- Lena…- suspiró Yulia. Sí, al fin.



- Estás más allá de la perfección, mi amor- murmuró Lena, tomando los bordes de la falda de Yulia, Yulia a la expectativa.



Comenzó a doblar en pequeños pliegues aquella falda gris Burberry, demorándose lo más que podía para crear en Yulia lo que quería, después de todo, había sido una eternidad esperar ese momento; era la primera vez que la tocaba así en tantos días, la deseaba como nunca.



- Lena…por favor…- suspiró Yulia ante el roce de los dedos de Lena en la parte interior de sus muslos.



- Dime, Yulia…



- Lena…



- ¿Qué quieres que te haga?



- Por favor, Lena…- rogó entre otro suspiro, Lena seguía doblando, llegando cada vez más cerca a aquella parte del cuerpo de Yulia que se moría por besar.



- Dime, Yulia…¿Qué quieres que te haga?



- Hazme el amor, Lena, te lo suplico- y Lena sonrió con picardía.



- ¿Cómo quieres que te lo haga?



- Por favor, Lena…bésame- gimió Yulia, Lena había, accidentalmente, rozado sus labios mayores con su dedo del medio.



- ¿Dónde?- oh, esto era difícil para Lena también, tenía demasiadas ganas de besarla toda, de sentirla suya, toda suya.



- Toda- murmuró, llevando su mano a su entrepierna.



Lena detuvo su mano. Hizo que se pusiera de pie y, con una sonrisa, deslizó lentamente a Yulia fuera de su abrigo blanco, fuera de su cardigan verde. Le desdobló su falda para poder bajar su cremallera pero, oh, estaba en la parte trasera. “Suerte para mi” suspiró Lena.



- Lena…no soy cebolla, por favor- rió Yulia.



Sí, Lena había recuperado a Yulia. Y Yulia sacó su blusa de botones con la mayor de las facilidades, quedándose en un sostén extraño, pues no era realmente un sostén, sino sólo un sticky-bra para mantener todo en su puesto. Lena la besó cariñosamente mientras Delibes trabajaba su magia con aquellas dos voces femeninas. Esos labios, sí, los sentían deliciosos, era como si les hubieran prohibido tocarse o besarse, se besaban con deseo, con pasión, no bruscamente, pero si buscando sus lenguas, presionando sus labios, halándolos, mordiéndolos suavemente, mientras, Lena bajaba la cremallera de Yulia. Lena bajó por el cuello de Yulia y besó aquel lugar que nunca fallaba, detrás de su oreja, mientras que con sus manos acariciaba su espalda y su cintura y sus caderas. Yulia se quedó quieta, dejándose llevar por Lena; sí, se entregó totalmente, sin restricciones y sin pensamientos complicados, simplemente lo hizo, “se dejó llevar”.



Lena besó aquellos hombros con aquellas pocas pecas sensuales mientras apretaba el trasero de Yulia entre sus manos, clavando mínimamente sus uñas en cada uno, levantándolos y sintiéndolos suyos, sólo suyos. Lena bajó por su pecho, besando su esternón sobre la cruz que colgaba de una fina cadena de oro blanco, una cruz pequeña y delgada con un diamante en el medio. Se desvió a sus senos, besándolos despacio, besando antes su lunar, su sensual lunar, y, quitando aquella cosa rara, se encontró con los pezones de Yulia, ya rígidos y erectos, perfectos para su lengua y sus labios. Yulia gimió. Lena la acostó en la cama, colocándose ella encima de Yulia, volviendo a besar sus pezones, sus gloriosos pezones, eran suaves y tiernos, les gustaba que Lena los halara suavemente con sus labios para luego pasarles su lengua en círculo y luego una fugaz y suave mordida. Yulia gemía, sentía demasiado placer, dulce y sano placer. Lena abrió las piernas de Yulia y bajó por su abdomen, mordiendo levemente la falta de grasa que tenía Yulia, dándole cosquillas a aquella hermosa y monumental cumpleañera.



Lena se colocó entre sus piernas y bajo con besos hasta su monte de Venus, soplando levemente y luego besando y mordiendo. Yulia gimió, esta vez un poco más fuerte, no iba a aguantar mucho antes del primer orgasmo. Sí, ahora sentía poder tener dos…o tres…aunque Lena tenía una meta: cinco, no menos. Colocó su nariz sobre sus labios mayores y respiró profundamente.



- Mmm…huele tan dulce- susurró Lena en aquel tono. Yulia se sonrojó pero no podía negarse, necesitaba los besos de Lena en sus labios mayores, su lengua recorriéndola como nadie nunca la había recorrido, sus dientes, sus labios, la necesitaba a ella.

Lena besó sus labios mayores de manera provocativa, haciendo aquel ruidito sensual y cariñoso en cada beso, haciendo que Yulia perdiera la cabeza. Sí, y al llegar a donde ese divino trasero comenzaba, sacó su húmeda lengua y recorrió los labios mayores de Yulia; desde su vagina hasta su monte de Venus y de regreso, pero con el reverso liso de su lengua, haciendo que Yulia temblara y sintiera aquella contracción prematura en su vientre. La recorrió de nuevo, desde su zona perianal hasta su clítoris pero, esta vez, al llegar a la altura de su clítoris, realmente introdujo la punta de su lengua y lo sintió hirviendo e hinchado y, justamente cuando Lena lo rozó con la punta de su lengua, Yulia gimió, apuñando las sábanas en sus manos y elevando sus caderas, apretando sus dientes y cerrando sus ojos, sintiendo aquel orgasmo, que no pudo avisar, correr por todo su cuerpo, llenándola de vida y de calor, de feminidad y de placer.



- Mi amor…estás que ardes…me fascinas así…- murmuró Lena, apreciando aquella imagen con una sonrisa.



- Len…- suspiró Yulia, liberando sus senos de su mano, dejando sus dedos izquierdos marcados en su seno derecho y liberando las sábanas. – Otro…por favor- suplicó, reposando su trasero nuevamente sobre la cama y abriendo sus ojos para ver a Lena sonriendo mientras se acercaba de nuevo a su vulva.



Pero no, besó lentamente el pliegue entre sus muslos y su trasero, llevando a Yulia a un mundo libre; parecido a los principios de la Arquitectura Lecorbusiana: Construir sobre pilares-excitarla, Planta libre-cinco niveles, cinco orgasmos, estimularla en diferentes zonas, Fachada libre-desvestirla a su gusto, Ventana longitudinal-sus gemidos y, por último, Terraza-tomando control de la Planta libre, poseyendo el control su cuerpo y teniendo una vista inhumanamente amplia del paisaje, de Yulia. Lena volvió a besar lentamente los labios mayores de Yulia, sintiéndolos vibrando e hinchados, ya no tibios ni calientes, sino ardiendo, húmedos por su lengua pero, al abrirlos, sus jugos se desencadenaron e inundaron la boca de Lena.



Acariciando sus labios menores con su lengua, desencadenando un gemido cada tres segundos, Yulia sonreía y, de manera interna, se abrazada a sí misma, no podría ser mejor, gemido fuerte; Lena atrapó su clítoris entre sus labios y lo expulsó aplicándole presión, repitiéndolo dos veces más mientras sonreía sin darse cuenta que empezaba a gemir ella también. Escuchar a Lena gemir mientras hacía círculos pequeños lentamente en su clítoris, no pudiendo moverlo de lo rígido que estaba, pero saboreando aquella rigidez, candente rigidez, Lena paseó sus manos por los muslos de Yulia, haciéndole cosquillas suaves con sus uñas, retirando su cara mientras que, con su lengua, se limpiaba los jugos de Yulia de sus propios labios y juntaba las piernas de Yulia y las levantaba.



Los labios mayores de Yulia se habían unido y, en su nivel de hinchazón, se veían más apetecibles de lo normal. Lena, manteniendo las piernas de Yulia elevadas, viendo que Yulia acariciaba su trasero con sus delicadas manos, paseó su dedo índice por toda su hendidura, desde por encima de su clítoris hasta su zona perianal, haciendo que Yulia dejara de gemir tan bajo y se liberara en un gemidos un tanto más fuertes. Introdujo lentamente su dedo en Yulia, haciendo que Yulia gritara. “Please, fuck me…fuck me hard…”. El dedo de Lena hacía círculos dentro de Yulia, construyendo en Yulia cierto vacío, una presión que Yulia no podía contener por mucho tiempo, que no pudo avisar pero que Lena notó por cómo clavaba sus dedos en su trasero. Sacó su dedo y lo saboreó y luego lo metió de golpe, hasta el fondo, librando a Yulia de aquella presión y llevándola a la inconsciencia temporal. El dedo de Lena se rodeaba del orgasmo de Yulia, más jugos y más calientes, menos densos.



Yulia jadeaba, trataba de regular su respiración, de encontrar un poco de saliva que tragar. Sonriendo. Lena sacó su dedo y lo llevó a su boca mientras Yulia dejaba caer sus piernas de nuevo sobre la cama, viendo cómo Lena devoraba that mine-salty flavor. Y justo cuando Frédéric Chopin decidió tocar su piano en aquellos Surround Sound Speakers que inundaban de lujuria aquella habitación, se volvió todo romántico, haciendo que Lena se colocara encima de Yulia y la besara apasionadamente en sus labios, tomándola por su mejilla y dejándose hundir en los labios, en la lengua de Yulia, en la mano de Yulia que había colocado sobre la mano de Lena, su mano que tomaba a Lena por el cuello, y sí, aquella lujuria se disipó gracias a Chopin.



- Que intentas hacerme?- murmuró Yulia, suspirando entre aquel beso que no quería terminar.



- Trato de besarte…



No era la respuesta que Yulia esperaba, ni yo tampoco, pero Yulia bajó la guardia por un momento, pues, muy de la nada; sin principio ni fin, sin origen y sin terminación, pensó que lo que estaba haciendo estaba mal y era un pensamiento que la había atacado un par de veces en los últimos días, pero quería a Lena con ella, ah, qué dilema. Reanudaron su beso, Lena dejando caer su peso sobre Yulia, Yulia paseando sus manos por su espalda, por sus hombros y su cuello, sintiendo las medias de Lena rozarle sus muslos. Y en ese momento sintió lo que probablemente Lena había sentido aquella vez en su apartamento; un nudo en la garganta, era la culpa de Chopin y su Prelude en E-Minor. Pero continuó besando a Lena, intentando no llorar, pero no pudo. Una lágrima salió de cada lagrimal, Lena no se asustó, simplemente comprendió lo vulnerable que era Yulia también, adiós armadura, no, en realidad sólo había logrado quitarle el casco. Y Lena dejó de besarla, Yulia no abrió sus ojos por vergüenza, al fin se había visto débil. Lena simplemente besó sus lágrimas y las secó suavemente con sus pulgares.



- Eres hermosa, Yulia…¿de qué te avergüenzas?- susurró, recorriendo las mejillas de Yulia con sus nudillos. Yulia no respondió, no sabía qué responder, no sabía cómo. – Estoy aquí por ti…así por ti…contigo no existe el término “commitment issues” en mí, sólo quiero verte feliz…¿te hago feliz?- Yulia asintió, abriendo sus ojos y encontrándose con una Lena preocupada. – Sólo somos dos personas que encontraron el amor ... en nosostros ... no está mal no lo ESTAMOS HACIENDO, mi amor ... - murmuró, dandole un beso en la frente. - Dime ... ¿QUÉ QUIERES HACER? Quiero complacerte ... es tu cumpleaños ... Eres Lo Que me interesa de un Tiempo acá, mi afición ... mi amor-murmuró, viendo a Yulia a los ojos, notando Una leve sonrisa en Ellos. - ¿Confías en mí?- Yulia asintió, cerrando sus ojos. – Lo que te voy a decir ahorita ha perdido valor a nivel mundial…pero es primera vez que lo voy a decir, te pregunto de nuevo, ¿confías en mí?



- Sí, mi amor…- murmuró, en aquella voz quebradiza y llena de sentimientos encontrados.



- Te amo, ¿entiendes?- Yulia la vio como si le hubieran dado la peor de las noticias, no sabía cómo responder. – Esto demuestra lo que siento ... Tu me puedes decir cómo te sientes, cuando estás lista, entendido?- Yulia no podía articular ningún pensamiento. – En diez minutos, en un mes, en un año, en una vida…algún día me lo vas a decir…y voy a esperar ese día sin presionarte, pero necesito que sepas que lo que siento por ti no es nada más que amor…- confesó, dándole otro beso a Yulia en su frente y luego en su nariz. - ¿Qué quieres hacer? ¿Tienes hambre? ¿Quieres ver un poco de crappy TV? ¿Un baño?



- Primero…Me gustaría un poco más de champán si se me permite, por favor ...


Lena sonrió, dándole un beso a Yulia en sus labios y luego retirándose para recoger las copas del suelo para llenarlas de champán. Yulia se sentó sobre la cama, enterrando su rostro en sus manos, deshaciendo su moño para volver a hacerlo y ver que Lena regresaba con ambas copas en una mano y la botella en la otra. Lena tenía gracia y elegancia, más en ese atuendo que no se había quitado, se veía despampanante, era perfecta, tanto que Yulia se cuestionó si era digna de Lena.



- ¿Te gusta Chopin?- preguntó Yulia mientras sostenía su copa para que Lena la llenara.



- Sé que a ti te gusta…y creo saber por qué



- ¿Por qué?- levantó su ceja, chocando su copa suavemente con la de Lena.



- Porque describe cómo te sientes en el fondo- Yulia casi se ahoga en su sorbo de champán, sintiendo sus ojos y su nariz arderle por las burbujas. Lena se hincó ante Yulia y acarició su mejilla con sus nudillos, haciendo que Yulia se inclinara hacia su mano. – Sé que para entrar aquí…- susurró, tocando el corazón de Yulia con su dedo índice. – para que me dejes entrar…vas a necesitar tiempo…y no planeo quitarte tu armadura…eres libre de quitártela cuando lo desees- dijo, dándole un beso a su pecho, exactamente donde había paseado su dedo.



- ¿Qué pasa si te aburres de esperar?



- Yulia, si estuvieras lista, créeme que me mudaría contigo cuando habíamos acordado…pero necesitas tiempo, tiempo para pensarlo bien todo



- Por eso rechazaste mi oferta…



- Sí, amor…pero confío en que pronto voy a encontrar la manera, effortlessly, de entrar…- sonrió, bebiendo de su copa hasta el fondo. – Ahora…¿qué quieres hacer?- Yulia sonrió, sonrojándose. - ¿Mi amor?



- Quiero que hagamos el amor, tú y yo, no sólo tú a mí…- susurró, tomando la botella de champán de la mano de Lena y bebiendo directamente de la botella.



- Yulia Volkova…qué gesto más vulgar- sonrió Lena, refiriéndose a la botella. –¿Debo quitarme esto - Pregunto, poniéndose de pie, refiriéndose a su atuendo sensual.



- ¿Quieres quitártelo?



- Quiero complacerte



- No tan complaciente por favor...


- Quítamelo- susurró Lena entre dientes, bebiendo directamente de la botella también, acabándose aquel Champán de una buena vez.



Yulia se hincó ante Lena y destrabó los elásticos que mantenían las medias en su lugar. Besando la parte de los muslos desnudos de Lena, comenzó a bajar lentamente las medias, besando a su paso le piel de Lena. Lena veía la espalda desnuda de Yulia, apenas el comienzo de su trasero, ese hermoso y formado trasero. Levantó sus pies para quitarle sus Christian Louboutin, que Yulia tuvo que sonreír, pues había acertado; cuero negro y brilloso, originales por la suela roja, cuatro pulgadas si no se equivocaba, pointed toe, sensuales y elegantes. Yulia se puso de pie, encontrándose con los camanances irresistibles de Lena y la atacó con un beso mientras, al fin, la música da un giro de ciento ochenta grados: Into My Soul – Gabin, una de las favoritas de Yulia.



Lena movía sus caderas y sus hombros con ritmo, porque el ritmo era contagioso, haciendo que Yulia sonriera entre aquel beso e hiciera que buscara el broche de su bustier para deshacerse de él. Yulia quebraba su cadera al tempo justo, cantaba al oído de Lena un sensual “I say leap into my arms, babe, come on dive into my soul, come on and jump into my heart, babe, come on dice into my soul” a su oído mientras tomaba los tirantes del bustier y los deslizaba hacia afuera por los brazos de Lena, bajando al mismo tiempo por Lena, todavía con ritmo, delighted, amused, Lena: arroused de ver a Yulia tan poseída por la música. Liberó sus senos, dejándolos caer naturalmente, con pezones pequeños pero dilatados, retirando completamente el bustier, dejando a Lena en aquella tanga de leopardo. Yulia sonrió, subiendo por Lena, chasqueando sus dedos al compás de la música.



Y la guitarra eléctrica empezó junto con un grito. Wow, she likes Grace Potter and The Nocturnals. Lena sonrió, contoneándose al ritmo de una de sus canciones favoritas, cantando el seductor “And if I was from Paris, I would say Ohlala-lalala-lala”, derritiendo a Yulia con cada “la”. Lena se acercó a ella con suma actitud imponente, fiera, a Yulia le gustaba y la divertía. La tumbó con su mano sobre la cama, la empujó más bien, colocándose encima de ella y besándola calientemente. “We’re kinda bipolar” pensó Lena. Yulia abrió sus piernas y Lena se colocó entre ellas, rozando y empujando el sexo de Yulia con su pelvis mientras besaba su cuello y sostenía los brazos de Yulia sobre su cabeza, elevando sus senos y sintiendo sus pezones rígidos rozarle en su pecho, rozando en Lena los suyos.



Lena besó los pezones de su Arquitecta, introduciendo su dedo en su hendidura, haciendo círculos rápidos; frotando su clítoris con su dedo, haciendo que Yulia gimiera sin poder moverse, tampoco quería moverse, sino interrumpiría la construcción de su hermoso tercer orgasmo. Lena la frotó at warp speed de izquierda a derecha y Yulia gimió al compás del último “Ohlala-lalala-lala” de la canción y arqueó su espalda, elevando su trasero, pegándolo a la pelvis de Lena. Yulia jadeaba, pero a Lena parecía no importarle, aunque si le importaba, y, mientras empezaba algo de Madonna, muy funky y muy contagioso, el corazón de Yulia empezó a latir al ritmo de la música mientras que Lena introducía su dedo del medio en Yulia, y penetraba a Yulia a un tiempo normal, promedio y delicioso.



- Grande…Grande es mejor- gimió Yulia entre dientes, sintiendo de nuevo cómo Lena era capaz de provocarle esa presión en su vientre, ese calor, esas palpitaciones.



- Grande?- preguntó Lena, un tanto confundida, pues no tenía algo más grande. – Oh…- suspiró Lena, entendiendo que quería otro dedo y así lo hizo, complaciendo a su Yulia, quien para ese momento ya estaba empezando a ver borroso mientras Yulia liberaba sus brazos para bajar con besos sobre su abdomen y su vientre. – Tócate para mí, ¿si?- murmuró Lena, llegando a su vulva de nuevo, dándole un beso a su clítoris, enseñándole a Yulia a dónde quería que se tocara.



Yulia llevó su mano a su clítoris y, con sus dedos del medio, comenzó a estimularse de manera sensual, en círculos pequeños, frotando y acariciando su clítoris con lujuria mientras Lena penetraba su vagina con sus dedos y, con su lengua, coqueteaba con su perineo.



- Oh, fuck…- gimió Yulia. Lena se asustó. – Rápido…Rápido…- y Lena la penetró lo más rápido que su inexperiencia le permitió. – Fuck…shit…I’m gonna cum, I’m gonna cum…- y, Ah!, Yulia liberó aquel magno orgasmo que la dejó temblando. “Holy shit, that was so sexy”, Lena boquiabierta.



Lena hizo cuentas y contó cuatro orgasmos: Yulia 0- Lena 4. Lena tomó los dedos de Yulia, que descansaban fatigados sobre su clítoris, y los succionó, los limpió con su lengua y sus labios y luego los besó, subiendo de nuevo con besos por el vientre de Yulia hasta llegar a sus labios. Yulia se saboreó en la boca de Lena, más que todo mientras Lena introducía su lengua en su boca.



- Confías en mi?- susurró Lena sin despegar sus labios de Yulia pero dejando de besarla.



- Porque no lo haría?



Lena sonrió. Se retiró, levantando la pierna de Yulia y la apoyó en su delicado hombro, pero así no iba a funcionar. Haló una almohada y la colocó bajo el trasero de Yulia, ahora sí. Volvió a levantar su pierna y la colocó sobre su hombro, más bien su pie en su hombro, mientras Take That invadía el eco con “The Flood”. “I couldn’t be more stupid” pensó Lena, viendo que todavía tenía su tanga puesta y volvió a bajar la pierna de Yulia, haciendo que Yulia se riera. Ahora sí, por fin, sí, el pie de Yulia, que estando ahí arriba, abría un tanto sus labios mayores, ya empapados hasta casi sus muslos y fue cuando Lena hizo lo que más placer le ha dado a Yulia en toda su vida: llevó su mano a sus labios y lamió sus dedos para lubricarlos, llevó su mano hacia su vulva, sólo por si las dudas.



Se acomodó y dejó posar su vulva contra la de Yulia, metiendo su mano en medio para lubricar a Yulia con sus jugos y a ella misma con los de Yulia. “Oh, fuck, Lena” a Yulia ya se le estaban dando más fáciles las palabras soeces. Y Lena comenzó, lentamente, a frotar su vulva contra la de Yulia, dándole una imagen a Yulia demasiado erótica y sensual. Lo tomó como el equivalente a una embestida viril, pues de igual manera Lena la embestía pero suavemente y de manera superficial, pero, Oh boy.. Esta tremenda su coño contra la mía, Yulia gemía pellizcando sus pezones con sus dedos, mordiendo su labio inferior con fuerzas para no gritarle al hotel entero la calidad de placer que Lena le estaba dando.



Lena, por el otro lado, sentía el desarrollo fisiológico de su orgasmo, y no quería parar hasta correrse encima de Yulia, Suena feo,pero..lo que sea ,es lo que quiero. Y Lena aumentó el ritmo de su roce, sintiendo como su clítoris y el de Yulia se rozaban entre ellos, como sus jugos se mezclaban y como sus temperaturas llegaban a más de cien grados centígrados bajo aquel efecto de Crazy-Britney Spears. So 90’s. Yulia estaba a punto de explotar cuando Lena gimió, abriendo su boca y cerrando sus ojos, arqueando sus cejas y frunciendo su ceño, expulsando aquellos gemidos casi gritándolos, era demasiado sensual para Yulia.



- Me voy…a…venir- gritó Lena, haciendo de sus embestidas más rápidas y más presionadas, presionando ambos clítoris contra ellos.



Yulia le pidió al dios del sexo que la hiciera correrse al mismo tiempo que Lena, y así lo hizo. Las dos se hundieron en un gemido al compás de “I’m so excited, I’m in too deep, oh…crazy, but it feels alright, Baby thinking of you keeps me up all night”. Lena bajó el pie de Yulia y se dejó caer, exhausta, al lado de Yulia, ambas jadeando, Yulia con su clítoris hipersensible, Lena pensando que un orgasmo era más que suficiente, era un orgasmo por día que no había tocado a Yulia, eran alrededor de diez orgasmos concentrados en uno solo, intenso, sí.



- Tengo un presente para ti, guapa- dijo Lena, recuperándose antes que Yulia y poniéndose de pie para ir a buscar un sobre.



- Sabes que no deberías…- dijo Yulia, un tanto molesta, pues no sabía exactamente por qué le molestaban tanto los regalos; tal vez porque la mayor parte del tiempo no le gustaban, pues ¿qué se le puede regalar a una Arquitecta que lo tiene todo? ¿Una agenda, una pluma? No.



- No es mucho ... pero pensé que te gustaría ... si no, yo siempre puedo devolverlos- murmuró, tomando la mano de Yulia y dándole besos con una sonrisa, estando segura de que le gustaría.



Yulia abrió el sobre, sólo había un ticket dentro. Lo sacó y era un ticket para “Totem” un Cirque du Soleil pasante que llegaría a Nueva York. Yulia sonrió, esa sonrisa que no sólo era con sus labios, sino también con sus dientes y sus ojos. Volvió a ver a Lena con esa sonrisa.



- Oh, es que no vas a ir sola, mi amor- sonrió Lena. – Yo tengo el otro, sólo que me pareció raro poner el mío ahí también, es tuyo, tu cumpleaños y, para que sepas, es el asiento de en medio de la tercera fila, el más codiciado en el Radio City- guiñó su ojo. Oh, Lena aprendía rápido.
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Ago 20, 2014 6:20 pm

Sólo tengo que hacer una pequeña parada- dijo Yulia, no despegando la vista de su iPhone.

- ¿A dónde vamos?- preguntó Lena, un tanto molesta por ver que Yulia sonreía a su teléfono, tal vez se sintió un poco celosa.

- A recoger el bendito paquete donde la señora Davis, me tiene harta con que lo llegue a traer, lo peor es que sube a mi apartamento a acordarme que lo llegue a traer- rió, con cinismo sensual.

- ¿Alguna idea de qué contiene el paquete? Lleva ahí como un mes…o más…no te urge por lo visto- rió Lena, acomodando su bolso.

- Tú lo dijiste, no me urge, no sé ni qué es, no he pedido nada por internet…que yo me acuerde…si quieres subes a mi apartamento y yo llego en cuanto termine, ¿si?

- Sí, ella no me cae bien- dijo Lena, acordándose de lo que le había dicho aquella vez, que ella no era digna de Yulia. Tomó las llaves de las manos de Yulia y, dejando a Yulia en el camino, subió a aquel hermoso, amplio y caro apartamento.

Entró y dejó su bolso y su abrigo sobre el sofá del living-room y notó algo distinto, ah, sí, las paredes; las habían pintado de blanco. Tenía desde el fin de semana de no llegar, usualmente sólo llegaba los fines de semana, de viernes a domingo porque Yulia y ella habían acordado dormir juntas, dormir del verbo dormir, no del verbo tener relaciones sexuales; un fin de semana donde Yulia, el siguiente donde Lena, aunque dormir y “dormir” iban de la mano, ahora había sido una excepción, era un miércoles que jueves sería feriado y Yulia tenía una especie de necesidad extracurricular, simplemente no quería estar sola, quería dormir con Lena en la comodidad de su cama. Se dirigió a la cocina y, sintiéndose como en su casa pero no del todo, sacó dos vasos altos y se dispuso a prepararle a Yulia algo de tomar; viendo que tenía Pellegrino, fresas, gelato de limoncello que olía a aquel licor cítrico y hojas de menta, decidió ceder a sus “Childian skills” refiriéndose a la inigualable, y que en paz descanse, Julia Child. Era ácido y refrescante, perfecto para Yulia. Yulia subió, con un paquete realmente de tamaño risible y lo puso sobre el suelo a la entrada.

- ¿Qué haces, mi amor?- dijo, acercándose a Lena por su espalda y abrazándola por la cintura, posando su barbilla en su hombro izquierdo.

- Pruébalo, si no te gusta, por favor no te lo tomes- sonrió, apoyando su frente en la de Yulia y alcanzándole el vaso.

- Voy a asumir que es una receta improvisada…¿te parece si vamos a la oficina de patentes y patentamos esta orgásmica bebida?- sonrió, sintiéndose realmente fresca, tanto en su temperatura corporal, a pesar del frío, como una bebida bastante liviana.

- Sabes…desde que Anatoly se fue, estás más relajada todo el tiempo- murmuró Lena, viendo a Yulia a los ojos.

- No me había dado cuenta de ello ... pero- sonrió, guiñando su ojo y bebiendo hasta el fondo aquella fría bebida, que aún así sintió más tibia que el clima. – ¿Oye, alguna vez te he dado un tour por mi apartamento?- murmuró, un tanto confundida y a la vez sorprendida, pues Lena sólo conocía, hasta donde ella sabía, la cocina, el clóset principal, el living-room, su habitación y su baño.

- No te habías dado cuenta…me lo enseñarás?- sonrió Lena, tomando la mano de Yulia y caminando tras ella.

- Bueno, la cocina la tienes muy familiar- sonrió. – Ya sabes dónde están los vasos y el Grey Goose, que es lo más importante

- Y la granola y el yogurt también…- sonrió, dándole a entender a Yulia que eso también era importante.

- Sí, sí, eso también, jaja…bueno, my living-room…oh, no sé si ya te he enseñado esto- dijo, emocionada y sonriente, presionando un botón en la pared, justo al lado de una escultura de piedra de una mujer desnuda pero de terminaciones toscas y gruesas, que posaba con una pierna flexionada, un brazo tras su cabeza y el otro apoyado de su cadera, todo como si estuviera recostada sobre la pared, era una escultura muy interesante, a Lena le gustaba, más porque no era una estatua cualquiera…Yulia la había hecho, y era perfecta, le gustaba imaginar que era Yulia misma la mujer de la escultura. Un panel, en medio de la pared, se hundió y se escondió detrás de la pared, revelando una chimenea.

- ¿Tienes una chimenea en tu apartamento? ¿Es legal?- rió, pensando en que jamás se lo hubiera imaginado, no parecía como si hubiera algo ahí.

- Oh, tengo muchas sorpresas, mi amor…y legales- frunció su ceño. ¿A qué se refiere con “legal”?- Ven…- siguió caminando. – Mi habitación ya la conoces, hermosa- guiñó su ojo.

- ¿Qué con tu clóset? ¿No tiene otro panel movible?- sonrió.

- Ven, te muestro lo que sí tiene- y Yulia, tomándole la mano a Lena, la guió a su walk-in-closet, en donde Lena había estado quizás una vez y no había entrado porque tuvo la sensación de que no debía entrar, era como el lugar zen de Yulia, pues una vez se había enojado después de una llamada acalorada y temperamental con Anatoly que había terminado en su walk-in-closet paseándose de un lado a otro, y esa fue la única vez que estuvo ahí y que no se atrevió a entrar.

Yulia encendió la luz de su walk-in-closet y abrumó a Lena, era del tamaño de su habitación, rectangular, con built-in closets blancos en toda la pared, alfombra ocre, en medio un diván, blanco como lo demás, con tapiz ocre también. Yulia la hizo pasar, mostrándole cada sección: Pantalones y faldas; cincuenta faldas de todo color colgando arriba de cincuenta pantalones de todo color también, sí, Yulia daba números exactos, blusas; ciento veinte, ordenadas por textiles, camisas y camisetas; cuarenta y tres, estaban en las gavetas debajo de las blusas, jeans; blancos y negros, veintidós, vestidos; treinta y seis, vestidos de noche; catorce, ropa interior; tres gavetas repletas de paquetes de medias negras, sostenes de todos los colores que estaban ordenados a la perfección, tangas de todos los colores, calcetines al tobillo negros y blancos, la gaveta de arriba era la más accesible pues era la que Yulia más utilizaba, sólo tenía sostenes negros, de todas formas y texturas y para diferentes escotes, y tangas negras, la mayoría de encaje, pues era como no andarlas, luego una gaveta de ropa deportiva; shorts, camisas y suéters. Otro built-in-closet con blazers, chaquetas y suéteres, abajo una superficie de gavetas desplegables con maquillaje y joyas.

- Eres una compradora compulsiva, mi amor- bromeó Lena, dándose cuenta que, exactamente a la mitad del clóset, la ropa dejaba de existir, estaba vacío. - ¿Y eso? ¿Planeas comprar más ropa?

- ¿Por qué lo dices?- dijo Yulia, abrazándola por la cintura y besándole su cabeza.

- Digo, la mitad está vacía

- Sí, estos días hice una filtración fashionista y la mitad de mi clóset se fue

- ¿Donaste la ropa? ¿Vas a comprar más?

- No la doné exactamente, aunque sí, puedes decir que sí la doné…planeo comprar ropa…pero creo que la pregunta correcta es la que no me estás haciendo- guiñó su ojo, sonriéndole a Lena mientras daban la vuelta para salir, viendo todos los zapatos de Yulia, sí, eso era lo extraño en ese clóset, que no había visto zapatos, pero ahora sí, de un lado sólo Stilettos y del otro botas, flats/ballerinas, loafers, mocs y, sorpresivamente, cinco pares deportivos, puestos en un dos estantes del lado derecho, en esta perspectiva, de la puerta, que Yulia, al ver su asombro, giró una especie de botón y las repisas empezaron a moverse, revelando más zapatos; como una banda sin fin llena de zapatos.

- ¿Por qué vaciaste tu clóset, Yulia? ¿Se pasó la temporada?

- Simplemente estoy haciéndote espacio, mi amor- sonrió.

- ¿A qué te refieres?

- Lena…poco a poco estoy intentando hacerme a la idea que puedo compartir mi espacio contigo. Pensé comenzar por lo más importante.- se encogió de hombros, como disculpándose. ¿Disculpándose por qué? pensó Lena.

- No hubieras tirado tanta ropa, mi amor…toda mi ropa cabe en una división nada más- sonrió, sonrojada y cabizbaja.

- Eso es porque no te he llevado de compras, hermosa, pronto necesitarás más espacio- rió fuertemente, apagando la luz de su clóset y llevándola de nuevo al pasillo. Lena se incomodaba cuando Yulia le decía esas cosas, le molestaba no pagar nada nunca. – Y aquí está donde la magia se hace- sonrió Yulia, abriendo la puerta al cielo de lavandería.

Era una habitación un tanto espaciosa, con una lavadora y una secadora por aparte, tres percheros para planchar con vapor, la plancha de vapor y los ordinarios utensilios de limpieza, más una aspiradora.

- ¿Lavas tu ropa, Yulia?- preguntó Lena en tono sarcástico.

- ¿Tú qué crees?- sonrió Yulia un tanto desafiante, Lena se encogió de hombros. – Sólo las toallas y todo eso…lo demás lo recogen en el Lobby dos veces por semana…ahora, esto no se lo enseño a cualquiera…- suspiró, apoyando su mano en la pared, que hasta ese momento Lena se daba cuenta que era una puerta invisible en realidad, como el panel de la chimenea.

Lena se quedó boquiabierta, era simplemente hermoso. Era una habitación espaciosa, con estantes, muchos estantes repletos de libros y, cuando Yulia abrió del todo la puerta, Lena notó un piano de media cola, un hermoso y brillante Steinway negro, con su respectivo banco. Lena entró a la habitación, era como la habitación de escape de Yulia, o así se la imaginó Lena. Repasó los libros, divididos en literatura inglesa, literatura española, literatura latinoamericana, literatura alemana, literatura italiana, arquitectura, economía, historia del arte, historia universal, diseño de interiores, paisajismo, política, corte, confección, las monarquías y la literatura light; desde Harry Potter hasta El Alquimista. Paseó su mano suavemente sobre la mesa de dibujo de Yulia y sobre un sillón que tenía ahí, supuso que para leer su divina colección de literatura pesada, luego se quedó viendo al piano.

- ¿Tocas piano, mi amor?- murmuró, levantando la cajuela de las teclas y tocando las ochenta y ocho teclas con sus dedos.

- Siéntate conmigo- sonrió Yulia, sentándose en el banquillo y colocando sus pies en los pedales. - ¿Qué se te antoja escuchar?

- Algo que me diga quién eres- se sonrojó, sabiendo que sonaba cursi, pero era la mejor oportunidad de saberlo.

Yulia colocó sus dedos sobre el teclado, se irguió, tomando la postura adecuada, cerró sus ojos y comenzó; una melodía tranquila y hermosa, como de ensueño, le ponía una sonrisa a Lena en la cara, “si, así es mi Yulia” y sonreía más “romántica e intensa, apasionada” y se la imaginaba haciendo el amor en ese estilo, tan tranquila, tan sin preocupaciones, amando. Luego se apresuró la melodía y escaló, como en un caos, en una tristeza, en una confusión, en furia, aquella tranquilidad no existía, como si la vida fuera roja y negra con manchas grises, “¿izquierda o derecha? ¿Bien o mal? ¿Acorralada?” y no era lástima, parecía más bien una pesadilla repetitiva pero, luego de un par de notas repetitivas, como si estuviera convenciéndose de algo, la melodía se calmó de nuevo, llegando a un tono verde menta de nuevo, como si la melodía se hubiera tomado un momento para respirar hondo, “Sí, confundida pero al final sigue a lo que más le gusta” pues eran los mismos acordes violentos pero los hacía sonar sutiles y tranquilos, luego un poco de escalamiento y violencia, pero se calmó de inmediato y terminó en unas tonadas suaves y rendidas, como si estuviera de rodillas, implorando perdón o una emoción más fuerte. Yulia abrió lentamente sus ojos, saliendo de ese trance musical, de esa emoción.

- Esa soy yo- suspiró, frotando sus manos una con la otra, calentándolas. - ¿Qué más quieres que toque?- preguntó, volviendo a ver a Lena, quien la veía con un brillo extraño en sus ojos. Sólo tenía ganas de besarla y de decirle que era sensualmente complicada pero que haría lo que fuera por ella.

- ¿Qué era?- murmuró, parpadeando un par de veces para evitar que le salieran lágrimas.

- Chopin…Tristesse…

- ¿Puedo…decirte lo que pienso?

- ¿Te refieres a…bombardearme con una terapia psicológica no certificada?- Lena asintió. – Cuando estés lista…

- Agh…-suspiró, poniendo en orden sus palabras, escogiendo las menos hirientes, pues el riesgo siempre existe. – Eres una persona hermosa, dentro y fuera…eres como de otro planeta; tienes valor, tienes el respeto de los demás, tienes autoridad…sabes que puedes lograr cosas increíbles, no tienes preocupaciones económicas, buscas satisfacerme aún cuando tú y yo no somos nada, cuando lo único que nos mantiene unidas, a parte del trabajo, es un lazo imaginario que me gusta llamarle “amor”…así como tú quieres complacerme, darme gustos, comprarme Haute Couture, no me dejas ni pagar la comida…lo haces porque puedes y porque quieres, nadie te dice qué hacer…eres dueña de tu mundo y de tus pensamientos y de tus acciones…eres tan jodidamente perfecta que debería ser ilegal,…dime, ¿tienes miedo?

- Lena…yo…- hizo una pausa, agachando la cabeza, hundiéndola entre sus hombros y entrelazando sus dedos, rozando con la punta de sus dedos su manicura rosado nácar– Sí…en parte sí…

- Aquí sólo pueden jugar dos tipos de miedo, mi amor…el primero es el miedo al “qué van a pensar de mí” y el segundo es el miedo a fallar…mi amor, siendo tú quien eres creo que no tienes que rendirle cuentas a nadie, lo que tú hagas o dejes de hacer es tu problema, ¿tienes miedo que te juzguen?

- Lena…sé que estamos en el Siglo XXI…pero poco ha cambiado, aparentemente todos son liberales y sí “apoyemos a los homosexuales” y todo eso pero te ven con asco, como si tuvieras sida…no estoy lista para dejar que abusen de mi integridad emocional por ser homosexual…

- ¿Eso te consideras? ¿Homosexual?- Yulia se quedó en silencio. – Yulia, mírame…- murmuró Lena, intentando hacerle ver a Yulia uno que otro punto importante. – Yulia…mírame, por favor- exhortó, en un tono preocupante y cariñoso, levantando su barbilla con sus dedos y girando su cabeza hacia ella.– Yulia…¿cuántas mujeres te han gustado en tu vida? – Se encogió de hombros. – Te diré algo…si vas por la calle y ves a una mujer hermosa, ¿tienes pensamientos acelerados?

- No…- Yulia se sentía como cuando su madre la regañaba por haber dejado la ventana abierta en invierno y tener la calefacción encendida.

- ¿Con cuántas mujeres has querido hacer el amor en tu vida?

- Contigo, sólo contigo…

- ¿Eso te hace lesbiana?

- Pues, me atraes tú…y tú eres del mismo sexo…por lo tanto lo soy, ¿no?

- Yulia, basta de silogismos…¿no entiendes que no está mal lo que sientes? Yo no necesito una relación pública…necesito comodidad y privacidad para darte todo lo que tengo para darte, que no es mucho, pero es demasiado difícil…

- Lena…¿qué va a pensar mi mamá?

- Ah, tu mamá es la que te agobia…Yulia, que trabaje en el Vaticano no significa que sea el Papa…no le digas a tu mamá y punto…- Yulia permaneció en silencio, ah, eso no se le había ocurrido. – Por otro lado, ¿miedo a fallar? Yulia, te aseguro que no hay decisión sin riesgos…¿cómo me fallarías a mí? No se puede, mi amor…estoy totalmente cegada, no me muevo si tú no me dices que me mueva, tu me diriges a solo un rumbo…tu miedo es lastimarme, sé que no lo harás porque te han lastimado también, no quieres eso para mí, así como yo no lo quiero para ti, para nadie…

- Sólo he estado en una relación romántica y apasionada…como la que esperas tú que yo te de…y fue cuando más me dolió…

- ¿Prefieres que sea algo físico?

- No es eso…porque siendo tú como eres…lo físico me ha llevado a los sentimientos y ya no los puedo desenredar, y eso me atormenta…- suspiró, llevando sus manos a su cara, o su cara a sus manos.

- Oh, Yulia…no necesitas clasificarlo todo…¿qué te dice esto?- murmuró Lena, poniendo su mano en el pecho de Yulia.

- Que te lleve conmigo a Roma para navidad…

- Amor, hay una diferencia entre impulso y deseo…

- Lena…ya me dejé llevar una vez, te pedí que te mudaras conmigo, aceptaste y luego, sin darme una explicación detallada, me rechazaste la oferta…

- ¿Entonces todo esto es porque te dije que no?¿Estás enojada por eso?- dijo Lena, tratando de ocultar su frustración y su enojo.

- No estoy enojada Estoy confundida…mierda…si me dejo llevar, está mal y si no me dejo llevar, está mal porque debería estarme dejando llevar…

- ¿Quieres que me mude contigo?- Yulia la volvió a ver con sus ojos un tanto resistentes al llanto, a un llanto por sentirse acorralada, sin saber qué decir. – Ves, tu silencio habla por sí solo…dime, ¿qué quieres?

- Eso es lo que me enoja, que tengo veintiocho años y que no sé lo que quiero…

- Yulia, hay gente que llega a los cien y nunca supo qué quería…si tanto se te dificulta, ¿qué te parece si te pregunto algunas cosas? Son preguntas de sólo “si” o “no”…

- Está bien…no puede ser tan malo, ¿verdad?- sonrió, un tanto cohibida por Lena, le acordaba un poco a Natasha cuando sabía que algo andaba mal y ella no quería decírselo.

- Toca el piano para mientras…por favor- murmuró. Era para que Yulia se distrajera y que contestara con el corazón y no con la mente, pues su concentración estaría en el piano y no en las respuestas.

- ¿Qué quieres que toque?

- Sorpréndeme…

- Sólo pregunta, esta canción te la sabes…- suspiró Yulia, tratando de relajarse para poder tocar, de igual forma, prefería ocuparse en el piano, le estaba gustando tocarlo de nuevo. Lena suspiró también. Yulia empezó a tocar, sí, la canción se le hacía conocida, nada más y nada menos que “The Scientist”.

- ¿Te gusta besarme?

- Si

- ¿Te gusta tocarme?

- Si

- ¿Te gusta complacerme?

- Si

- ¿Te gusta estar conmigo?

- Si

- ¿Te gusta mi compañía?

- Si

- ¿Te gusta hacer el amor conmigo?- preguntó, sonrojada, manteniendo su vista fija en las manos de Yulia.

- Me encanta

- ¿Te gustaría hacer el amor con un hombre?

- No

- ¿Quieres estar con alguien más que no sea yo?

- No

- ¿Quieres que me mude contigo?

- Si

- ¿Quieres que lo haga este mes?

- Si, si tú quieres…mis puertas están abiertas para ti

- ¿Quieres llevarme de compras y gastar una fortuna en moldearme?

- Si

- Mi amor…¿puedo darte un beso y un abrazo?- murmuró Lena, viendo las manos de Yulia reposar sobre el teclado. Yulia volvió a verla y asintió. – No quiero lastimarte, te amo- susurró, dándole un beso en su frente y abrazándola con su brazo por sus hombros. – No tendre miedo, si tu no tienes miedo... - murmuró Lena, sonrojada y dándole un beso a Yulia en el ángulo de sus labios.

- Tampoco quiero hacerte daño, hermosa- sonrió un momento un tanto falso. – No puedo dejarte ir…- sonrió, mostrando su dentadura y regresando su tranquilidad a sus ojos.

– Me gusta verte tocar piano…pareciera que no tienes ninguna preocupación

- Sabes…me lo regaló Margaret

- Se ve un poco caro…

- Sí, no lo quise tomar al principio…pero insistió…y lo toqué un par de veces para ver la salud de las cuerdas…y no lo había vuelto a tocar hasta ahora…algo bueno me estás haciendo- sonrió, poniéndose de pie y viendo la hora, le incomodaba un poco estar con alguien en más en donde casi nunca estaba.

- ¿Me enseñas?- murmuró Lena, un tanto apenada, y colocando su mano izquierda sobre la de Yulia.

- Siéntate en mis piernas- sonrió. Ah, al fin, la Yulia de siempre. Lena se sentó en sus piernas un tanto del lado para que Yulia pudiera ver el teclado. – Tiene tres pedales…el de la derecha se llama “Tre Corda” y sirve para que suene un tanto más fluido, lo amplía…escucha la diferencia en el Do común- y tocó el Do sin y con pedal. Lena sonreía. – Luego, el del centro se llama “Sostenuto” y sirve para mantener una nota o un acorde por un poco más de tiempo- Tocó el Do y después un Mi sin y con pedal. La sonrisa de Lena creía cada vez más. – Luego el de la izquierda…si no me equivoco se llama “Una Corda” y hace lo contrario al Tre Corda, acorta la nota o el acorde- volvió a mostrarle con un Do. – Tiene ochenta y ocho teclas…Treinta y seis negras y cincuenta y dos blancas…y el peso de las teclas es importante, porque de eso va a depender qué tan fuerte puedes apretarla…

- ¿Cómo sabes qué pedal usar en qué parte de la canción?

- Sinceramente no lo sé, sólo puedo notar la diferencia cuando lo escucho…por ejemplo con Chopin, se usa bastante el Tre Corda…usualmente no leo las partituras, mi amor- sonrió, apoyando su frente en el antebrazo de Lena – Pon tus manos sobre las mías, vamos a tocar algo no tan complicado…no sé si la estaré tocando bien, sólo de oído me la puedo- sonrió.

Comenzó a mover sus manos a lo largo del piano, apretando teclas que parecían estar dispersas para Lena pero, una vez entendió qué canción era, se dejó llevar por las manos de Yulia, que su mano izquierda se movía demasiado y demasiado rápido.

- Honey I’m on fire, I feel it everywhere, nothing scares me anymore…- cantó Yulia. – Kiss me hard before you go, Summer time Sadness, I just wanted you to know that baby you’re the best…- cerrando sus ojos y apoyando su frente en el hombro de Lena.

- Ningún miedo?- interrumpió Lena, tomando las manos de Yulia y retirándolas del piano.

- No ahorita que estoy contigo

Lena sonrió y se puso de pie. Le alcanzó la mano a Yulia, viendo cómo era quizás menor de lo que aparentaba. La observó por un momento mientras Yulia cerraba el piano y metía el banquillo debajo del teclado; tenía su cabello suelto y un tanto alocado, pero nada se le salía de lugar bajo una diadema, más bien un listón amarillo pálido que contrastaba con su cabello, un listón de no más de media pulgada, en canaletas, perfectamente ajustado a Yulia, dejando que su flequillo cayera fuera de él con gracia; nunca había visto a Yulia con un listón, se veía bien, se veía dulce. Vestía una blusa blanca formal y de manga larga, encima de ella un suéter de cachemira de corte en V, delgado pero tibio y sobrio en un tono beige-café y encima un blazer de dos botones, aunque desabotonados, en gris medio, pantalón blanco hasta sus tobillos, en donde empezaban aquellos pies perfectos, sin medias, en unos Stiletto con plataforma, piel de pitón y con una laza café en la punta.

- Ferragamo- interrumpió Yulia los pensamientos de Lena.

- ¿Ferragamo?

- Sí, mis zapatos…son Ferragamo, ¿quieres probártelos? Son muy cómodos aunque no lo parezcan…- Lena se sonrojó y hundió su cabeza entre sus hombros. Yulia se quitó sus Ferragamo y apoyó a Lena contra el borde del brazo del sillón. Se hincó y le quitó los Louboutin que había usado en su cumpleaños, haciéndole un masaje en sus dedos por unos segundos, pues era normal tenerlos un tanto rojos; eran altos para alguien que no estaba del todo acostumbrado a andar en esas alturas, le puso sus zapatos a Lena, sintiéndose Lena, extraña y cursimente, como Cenicienta. – Se te ven bien…me gusta- murmuró Yulia, dándole un beso a las rodillas desnudas de Lena.

- ¿Crees que tengo salvación?- susurró Lena, cerrando sus ojos y conteniéndose un gemido suave por el beso sensual de Yulia en su rótula, le hacía cosquillas, cosquillas ricas.

- ¿A qué te refieres?- dijo Yulia entre dientes mientras seguía besando las rodillas de Lena y acariciaba sus pantorrillas.

- Tú sabes…dejar de usar Banana Republic y Gap…encontrar algo cómodo en lo Haute Couture…

- Mi amor… ¿me estás diciendo que quieres que te enseñe cómo vestirte?- sus manos subían por detrás de las rodillas de Lena hasta el comienzo de sus muslos. Lena estaba en problemas, deliciosos problemas.

- Sí, quiero convertirme en una compradora compulsiva con high-standards- sonrió, echando su cabeza hacia atrás y sintiendo las manos de Yulia llegar a medio muslo, subiendo un poco su falda negra con sus pulgares.

- Es una propuesta que no puedo rechazar…- suspiró Yulia, subiendo con besos por las piernas de Lena, besando cada parte que se revelaba.

- ¿Cuándo quieres empezar?- dijo, con su voz un tanto quebrada, pues Yulia ya la había vuelto loca.

Talla dos, 34B, siete y medio angosto…- murmuró un tanto pensativa. – El sábado, mi amor- dijo, clavando sus dientes en los muslos de Lena, levantando su falta casi del todo, acariciando el comienzo de su trasero con sus dedos. – Vamos- dijo Yulia, deteniéndose de golpe y poniéndose de pie, tomando a Lena de las manos.

- ¿A dónde me llevas?- jugueteó Lena, asumiendo que a la cama.

- Tocaron a la puerta, ¿no escuchaste?- sonrió.

Frustración para Lena. Yulia abrió la puerta y había un hombre muy joven, no muy alto y no muy bajo, con gafas densas y en uniforme anaranjado con blanco y un jeans, de cabello largo. Reposaba sus brazos sobre una carretilla que contenía muchas cajas.

- ¿Miss Volkova?- preguntó aquel muchacho nervioso. Yulia sonrió. – Serían $98.74- murmuró. Yulia le hizo una señal de dónde podía dejar las cajas, le apuntó encima del desayunador. El muchacho puso las cajas, eran cuatro en total. Yulia sacó un billete de $100 y otro de $50 y se los dio al muchacho. – Solo son 98.74, Miss Volkova

- Oh, Lo se, puedes quedarte con el cambio- sonrió. – Tenga un lindo dia- murmuró, cerrando la puerta después de que el muchacho bajara su cabeza para darle las gracias.

- ¿Das cincuenta dólares de propina?- Yulia asintió con una sonrisa. - ¿Por qué?

- Lena…es mi pedido de Food Emporium, el que está aquí cerca…y entonces tienen que hacerlo manual, no hay auto que los traiga, el esfuerzo se paga, mi amor

- Pero son cincuenta dólares…¿por qué tanto?

- Porque estoy segura que su trabajo no le gusta, es sólo para alegrarle el día- dijo, un tanto incómoda, mientras desempacaba la comida de las cajas.

- No entiendo tu economía de bolsillo, Yulia- rió Lena, ayudando a Yulia, notando que el tema le incomodaba un poco, no le gustaba que le discutieran en qué gastaba su dinero.

- Mi economía no está en mi bolsillo…está en el Citi, monitoreado por Phillip- sonrió, dándole a entender que ya no quería hablar del tema.

- Mi novia es bastante pudiente- murmuró.

- ¿Tu novia?- dijo Yulia un tanto sorprendida, tanto que se le cayó el paquete de Gnocci que tenía en la mano.

- Perdón, Yulia…- murmuró Lena, sabiendo que esa palabra no la habían establecido todavía. – Perdóname…no te enojes conmigo, por favor- murmuró de nuevo, cerrando sus ojos y bajando su cabeza.

- Hey…mírame- Lena no levantó su mirada, estaba apenada y tenía miedo de que Yulia explotara en discernimiento y lo que “tenían”, que no tenían nada establecido, se terminara. – Lena…¿por qué me pides perdón?

- Crucé tus límites…tú no eres mi novia…- Y Lena se sintió acorralada, con ganas de llorar.

- Hey…no llores, por favor…- susurró, abrazando a Lena, acariciando su cabello y dándole besos en su cabeza. – No soy tu novia, pero si soy tuya…¿quieres que sea tu novia?- murmuró, despegando a Lena de su pecho y viéndola a esos ojos verdegrises Lena asintió sonrojada, derramando una lágrima por su mejilla izquierda. – Pregúntamelo- sonrió Yulia, limpiando aquella lágrima con su pulgar, Lena se confundió. – Si no me dices o me preguntas lo que quieres de mí, no lo voy a saber…- dio un beso a su frente y luego a su nariz.

- ¿Quieres ser mi novia?- preguntó Lena en aquella voz temblorosa.

- No, la pregunta está mal formulada, Lena- susurró, rozando su nariz con la de Lena.

- ¿Quieres que sea tu novia?- intentó de nuevo.

- Todavía le falta- sonrió, dándole un beso a la punta de su nariz, volviendo a rozarla con la punta de la suya, aferrándose a Lena con sus brazos por su espalda.

- ¿Quieres que seamos novias?- murmuró, con miedo de equivocarse de nuevo, cerrando sus ojos y contribuyendo al roce de su nariz con la de Yulia.

Yulia sonrió y le dio un beso en sus labios, un beso cariñoso, que le dio a entender a Lena la respuesta.

- ¿Ves la diferencia entre sólo “mía”, “tuya” y “nuestras”?- murmuró Yulia entre besos, con su aliento agitado. Lena sonrió y abrazó a Yulia, hundiéndose y perdiéndose en los labios de su Arquitecta, la única mujer que podía hacer que la palabra “****” sonara tan sensual y tan pura e inocente.

- Pero tú eres mía- susurró Lena, desviándose por el cuello de Yulia, apartando su cabello y besándolo. - ¿Qué te pasó aquí?- preguntó, poniendo sus labios en un rasguño lineal y delgado a lo largo de su cuello.

- Me rasguñé con mi pluma

- ¿Todavía te duele? Se ve un poco inflamado- susurró a su oído.

- Un poco, arde un poco, es de ahora- dijo, sonriente y aferrada a Lena, sintiéndola al fin de su tamaño, tal vez un poco más alta por estar ella en sus Stilettos y ella sobre el suelo, a nivel del suelo. Lena besó el rasguño de Yulia, medía aproximadamente tres pulgadas, era largo y fino, y luego pasó su lengua suavemente sobre él. – Creo que eso me ayudará mucho- sonrió, notándose en plena confianza con Lena, sonrió más todavía.

- Me alegra- sonrió Lena, despegándose de Yulia. – Ahora, tú no ordenas comida al supermercado…si nunca tienes nada en tu congelador- rió, mostrando sus dientes y formando sus camanances. - ¿Vas a cocinar?- preguntó, perpleja y boquiabierta. Yulia asintió. – Mmm…¿qué vas a hacer?

- Es una sorpresa…es mi especialidad- sonrió. – ¿Te puedo pedir un favor? Si no quieres hacerlo, no te preocupes, sólo dímelo- Lena asintió. – Puedes traerme ropa cómoda, ¿por favor?

- Mi amor, sabes que sí…- Lena se dio la vuelta con una sonrisa. ¿Por qué habría de negarse?

- Ponte algo cómodo tú también, Len- gritó Yulia desde la cocina.

Ahora, ¿dónde está su ropa cómoda? ¿Qué es ropa cómoda para Yulia? Oh, holy shitty crap. Sí, el walk-in-closet. Lena entró a aquella habitación, encendiendo la luz y volviendo a admirarlo, todo tan perfecto, ordenado, clasificado, todo tan Yulia. Se paseó lentamente por la ropa de Yulia; Prada, Louis Vuitton, Versace, Dolce, Miu Miu, Alexander McQueen, Cavalli, Stella McCartney, Donna Karan, Carolina Herrera, Marc Jacobs, Hermes, Kenzo, Armani, Ellie Saab, Monique Lhuillier, Emilio Pucci, Narciso Rodríguez, Marchesa, Valentino, y otras marcas que no podía pronunciar o que nunca había escuchado. Paseó sus dedos por las secciones vacías mientras un silencioso “quiere mi ropa aquí” le hacía eco en su cabeza. Eran siete secciones, ¿cómo llenaría siete secciones y una de zapatos? Sólo que pusiera diez prendas en cada sección, y Lena rió, acordándose que Yulia no le había mostrado donde estaban sus pijamas. Deslizó un panel y se sorprendió; había fotos de Yulia, de Yulia y Natasha, de Yulia y su mamá pero, sobre todo, había una foto que no tenía marco; una foto de Yulia de pequeña, era tierna, sonriente y sin preocupaciones, abrazada por un señor bronceado y de cabello gris oscuro, vestido en traje formal, debía ser su papá. La foto cayó al suelo por accidente, cayendo sobre la impresión y fue cuando Lena se dio cuenta de una escritura un tanto difícil de comprender: “Le persone commettono errori. Spero che tu possa perdonarmi. Ti ama, Papà.” Lena se preguntó qué había pasado entre ellos dos, pero no era nadie para meterse.

Abriendo la única gaveta que Yulia no había abierto, ahí estaban sus pijamas. Sacó un pantalón gris con una laza blanca, una camisa negra de algodón manga ¾ para Yulia y descolgó su bata roja cuadriculada, Burberry quizás. Para ella, sacó un camisón violeta a rayas blancas de botones. Tuvo quizás la mejor de las ideas, se quitó su ropa, tomó unos ganchos de una de las divisiones vacías y colgó su falda, su blazer y dobló su blusa para ponerla debajo de lo colgado. Se quitó su sostén y su bikini para sorprender, tal vez, a Yulia, pero después de cenar. Se envolvió en una bata negra que encontró en las puertas del baño y se dirigió a la cocina. Vio a Yulia de espaldas, cortando algo, mientras cantaba “Your Song” de Elton John, evocando en Lena aquella vez en Duane, cuando Yulia le cedió su puesto.

- No sabía que cocinaras- bromeó Lena.

- Soy una cajita llena de sorpresas- guiñó su ojo mientras se lavaba las manos para cambiarse de ropa.

- ¿Me dejas?- murmuró Lena, refiriéndose a que si podía quitarle ella la ropa. Yulia asintió, estando frente a frente.

Tomó el blazer de Yulia por las solapas, rozando apenas sus senos, y lo retiró por sus brazos, rozándolos con sus nudillos, doblándola por la mitad y colocándola en el desayunador. Tomó el suéter de Yuli por los bordes y lo subió, rozando con sus dedos su cadera y su cintura, subiéndolo por sus senos, por el borde de ellos y deslizándolo hacia afuera, dándole la vuelta para doblarlo y ponerlo de igual manera sobre el desayunador. Yulia simplemente se dejaba llevar, se dejaba manipular para dejarse desvestir. Le quitó el cinturón a Yulia, un cinturón café y pesado, de hebilla pesada, lo enrolló y lo arrojó con lo demás. Le desabrochó el pantalón a Yulia y se hincó ante ella, tomando el pantalón por la cadera, en donde le quedaba perfecto, se veía sexy, y deslizó, accidentalmente, su tanga junto con su pantalón hacia el suelo, haciendo que Yulia levantara sus pies para levantarlo y doblarlo. Lena tomó el pantalón que le había llevado y lo puso a sus pies, haciendo que Yulia metiera sus pies en cada pierna y lo subió lentamente, acariciando sus piernas con sus dedos y con la mirada.

Justo cuando iba a dejarlo reposar en las caderas de Yulia, le dio un beso húmedo y cariñoso en su monte de Venus, haciendo que Yulia diera un respingo inocente y se agarrara de los bordes del counter que estaba atrás de ella. Lena lo subió como si nada hubiera pasado. Desabrochó las mangas de la camisa de Yulia, así como la camisa en sí, colocando sus manos entre la camisa y la piel de Yulia, por sus hombros y deslizándola hacia afuera mientras acariciaba sus brazos hasta sus manos, tomándola para doblarla y hacer que se uniera al resto. Le desabrochó el sostén a Yulia y también se lo quitó, dándole besos en su cuello y en su hombro derecho. Le puso la camisa y luego la bata encima, sellando aquel momento, en el que Yulia se dejó dominar por Lena, con un beso romántico en sus labios. Yulia sonrió con dificultad, pues todavía estaba un tanto en aquel beso prohibido e inesperado.

Lena se retiró a dejar la ropa de Yulia a su bolsa de lavandería y, cuando regresó, vio que Yulia había cortado champiñones en rodajas, había picado un ajo, y un poco de alguna plantita verde, quizás romero o albahaca. Estaba abriendo una botella de Petrus Pomerol 1998 y tenía una sartén en la que estaba esperando a que un poco de mantequilla se derritiera. Arrojó el ajo y los champiñones a la mantequilla y, habiéndolos salteado, agregó el romero, un chorro generoso de Pomerol, un chorro de otra cosa, y un manojo de granos de pimienta negra. Sacó otra sartén y la puso en la hornilla de la par, Lena la observaba maravillada, viendo cómo movía sus caderas y su trasero, bailaba algo que sólo en su mente cantaba o recordaba, le gustaba ver a Yulia así de despreocupada. Arrojó un poco de aceite y mantequilla en el sartén y, cuando estuvo caliente, colocó suavemente cuatro medallones de steak. Para mientras, se movió hacia una esquina, a una olla de presión, una que no había visto Lena y la apagó, se puso unos guantes un tanto extraños y metía sus manos en el agua de la olla y sacaba papas perfectamente redondas y las cortaba en sus manos con un cuchillo, arrojándolas en un recipiente blanco. Terminó las papas y les vertió un poco de buttermilk y sal y pimienta, les dio la vuelta a los medallones y los sazonó con pimienta y sal, regresando a lo que sería un puré de papas que mataría a Lena con sólo ver cómo Yulia lo hacía.

Revisó la primera sartén y la volvió a tapar. Sacó una tercera sartén y arrojó un poco de mantequilla y, cuando estuvo caliente, arrojó un paquete de zanahorias cortadas en juliana, largas y un tanto delgadas, y chauchas, salteándolas en mantequilla, sal y pimienta y un poco de almendras en lascas. Sacó dos platos y sirvió una cantidad generosa de puré de papas, la mitad de los vegatales, dos medallones y los bañó en la salsa, alcanzándoselo a Lena, quien había logrado poner dos copas del mismo Pomerol, servilletas y un tenedor y un cuchillo. Yulia se sentó a la par de Lena una vez había servido su plato, igual que el de Lena, la misma cantidad de comida.

- Se ve delicioso, mi amor- murmuró Lena, con una sonrisa tímida mientras chocaba suavemente su copa con la de Yulia.

- Buen provecho, Len…- y empezaron a comer.

Comieron en silencio. Lena pensaba en lo llena de sorpresas que era Yulia, en lo mucho que podía hacer, cuántas cosas podía hacer al mismo tiempo sin estropear una de esas cosas; había trabajado cuatro cosas al mismo tiempo en cuestión de quince o veinte minutos. Yulia pensaba en su miedo a la relación que Lena quería, pero le provocó sonreír cuando se acordó que era la “novia” de Lena.

- ¿Qué es tan divertido, Yulia?

- ¿Verás a tu mamá en navidad? Digo, ¿Vas a Roma?- improvisó.

- No, no tengo el dinero…pasaré la Navidad en Houston con mis tíos

- Oye, si es por dinero y quieres ir a Roma…puedo invitarte, ¿sabes?

- Yulia, alguna vez quiero pagarme algo yo, puedo dejar que me compres ropa, pero sólo eso, ropa y comida…un viaje…seguro es en primera clase, conociéndote…no puedo aceptarlo, menos si es para que no pasemos juntas

- Oye, no es ninguna molestia…sólo pensé que quizás te gustaría ver a tu mamá en Navidad…no es necesario que te quedes conmigo, dije que si querías ir a Roma, no a mi casa en Roma…- dijo, un tanto a la defensiva, molesta por el tono áspero de Lena.

- Perdóname, mi amor…es sólo que me cuesta aceptar que me consientas, yo no puedo consentirte así en reciprocidad- hundió su cabeza y se terminó sus vegetales.

- ¿No extrañas a tu mamá a veces?- preguntó, un tanto fuera del tema, pero Yulia siempre lo calcula todo, no era en vano.

- Pues, claro que sí…tengo más de un año de no verla…pero no puedo ir por cuatro o cinco días en Navidad, es demasiado caro, lejos y no vale la pena…- suspiró, tratando de sonar casual.

- Sí, tienes razón- sonrió Yulia, cortando su jugoso medallón de steak bañado en aquella salsa de vino y pimienta que no estaba nada mal para ser la primera vez que la hacía. Se va a enojar conmigo, pero ya lo decidí.

- ¿Tú cuándo te vas?

- El dieciséis…regreso el veintiséis, quiero pasar con mamá su cumpleaños

- ¿Cuántos años cumple?

- Cintuenta y seis, Señorita- sonrió, tragando por fin,

- Te voy a extrañar, ¿sabes?

- Oye, yo creí que era un poco atrasada en lo de la tecnología…pero mi teléfono funcionará, y a Italia ya llegó el Skype, ¿sabes?- bromeó, haciendo que Lena sonriera después de su mal humor de su invitación a Roma.

- Lo sé…pero es el no poder tocarte…ahorita no me haces falta entre la semana porque te veo todos los días frente a mí, y te acaricio las manos, y te doy besos mientras estás toda intelectual tomando nota de los correos de Mrs. Hatcher…pero son diez días que no te tocaré…

- Hey…¿qué te parece si pasamos Año Nuevo juntas?

- ¿Qué haces en Año Nuevo?

- Me emborracho hasta el amanecer, bailo en mesas, fumo marihuana y grito lo mal que me cae Berlusconi- bromeó, estallando en risas, haciendo que Lena se riera de ella y no con ella. – No, pues…Natasha me invita donde su mamá, ahí pasamos la noche…si nos emborrachamos, pero no bailamos en las mesas ni fumamos marihuana…y este año quisiera bendecirlo de una manera muy especial- sonrió, quitándose el listón de su cabeza y aflojando y alocando su cabello para recogerlo en un moño improvisado para el que no necesitó una banda, simplemente se quedó ahí. Yulia se levantó y puso los platos y los sartenes fríos en la lavadora de platos.

- ¿Cómo quisieras “bendecirlo”?- dijo Lena después de un rato, tratando de deducir por ella misma a qué se refería, pero no lo logró.

- Haciéndole el amor a mi novia con el amanecer de fondo- sonrió, como si fuera un simple “Buenos Días” el que estaba diciendo.

- ¡Yulia!- gritó Lena, escandalizada y sonrojada hasta del pecho.

- ¿Qué? Tú preguntaste…no preguntes cosas de las que no quieres saber la respuesta- bromeó, sacando su lengua y sirviéndose un poco más de Pomerol.

- Me diste calor de la nada- sonrió, quitándose su bata. Nada muy provocador, simplemente realmente tenía calor. – Oye, nunca me dijiste qué tenía el paquete de la Señora Davis- sonrió, tratando de cambiar el tema.

- Mmm…no lo sé, abrámoslo- dijo, poniéndose de pie para ir a traerlo pero Lena fue más rápido y se lo alcanzó. - ¿Qué te parece si inauguramos mi chimenea con este Pomerol que está un diez?- preguntó, antes de abrir el paquete. Lena asintió y ambas se movieron al Living-Room, Lena sentándose en el sofá frente a la chimenea y viendo cómo Yulia, con sólo botones encendía aquellos troncos de madera que despedían un aroma bastante relajante. Yulia se sentó con Lena, dándole un trago a su Pomerol para luego abrir el paquete.

- ¿Quién te lo manda?- murmuró Lena, bebiendo.

- Ugh…- suspiró. – Misha…no lo voy a abrir, no sé qué estupidez me habrá enviado- murmuró, bebiendo toda su copa.

- ¿Por qué no? Igual…tiene más de un mes de estar ahí, todavía eran algo, por así decirlo…¿qué tan malo puede ser?- sonrió Lena, sosteniendo la copa entre sus manos y dándole aquella mirada a Yulia para convencerla.

- Está bien…Señorita Curiosidad- rió. Yulia abrió aquel indeseable paquete con sumo cuidado de que no saltara un payaso y la asustara, pues ya le había pasado. Pero no. No era un payaso. Era otra cosa.

- ¿Qué es?- preguntó Lena, no pudiendo contener su curiosidad.

- Jaja…nada, nada- rió Yulia, nervios hasta Boston, quería salir corriendo, o aventar el paquete en la chimenea.

- ¿Tienes pena?

- Jaja no, no es nada, Lena- sonrió.

- Eres una mala mentirosa, Yulia…dame el paquete- y Yulia no tuvo más remedio que dárselo.




que regalo le habrán mandado a Yulia ?
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Ago 22, 2014 4:26 pm

Disfruten





Oh, holy shit. Lena levantó la tapa del paquete y había una nota con las iniciales “MW”, “Misha Weston”. Le dio la vuelta: “Lo podrías usar para tu mal humor, Nena. MW”. Y No entendió. Levantó el nivel del paquete y ahí estaba, una caja negra, muy elegante, pensó que era algún tipo de Cigarrillo de Marihuana caro, pero no, leía “LELO” en letras negras sobre el negro de la caja. Sacó la caja negra del paquete, examinándolo, todo mientras Yulia se terminaba la botella de Pomerol. Oh, Yulia, tan anticipante. Levantó la tapa de la caja negra y se encontró con un óvalo de silicón negro por fuera y de material sólido, con aluminio plateado por dentro. Tenía tres botones: un “+”, un “-“ y un “o”.

- Lena… podrías guardarlo, por favor- murmuró Yulia, tratando de sonar casual, pero no podía esconder su nerviosismo.

Lena no le hizo caso y apretó el “o” y aquel óvalo, pequeño, de no más de tres pulgadas y media de largo, empezó a vibrar. Lena sonrió con gracia internamente, le divertía ver a Yulia querer suicidarse de la vergüenza. Apretó el “+” y la vibración escaló un poco, otra vez y ahora era por lapsos de tres o cuatro segundos, una vibración fuerte e intensa, otra vez y era una vibración fuerte pero pausada, de no más de un segundo. Volvió a apretar el “o” para apagarlo. Bebió su copa hasta el fondo y se recostó sobre su espalda, poniendo sus pies sobre las piernas de Yulia.

- Lena…dámelo, por favor- ordenó Yulia. – Lo voy a botar…- suspiró, alcanzándole la mano extendida para que se lo diera.

Pero no, Lena no quería dárselo. Abrió sus piernas de manera juguetona, su camisón tapaba su sexo, pero Lena desabotonó los últimos tres botones de su camisón, del camisón de Yulia en realidad, y dejó que Yulia viera su vulva. Oh Sorpresa. Y Lena volvió a presionar el “o”, luego dos veces el “+” y lo puso directamente, con mucha delicadeza, sobre sus labios mayores, exactamente donde se encontraba su clítoris pero no directamente sobre su clítoris. Cerró los ojos y empezó a acariciar sus labios mayores con aquel óvalo, al que Yulia no le quitaba la vista de encima. Yulia quitó las copas de la mesa, viendo aquel fuego arder ante Lena, viendo a Lena entrando en la dimensión del placer en frente de ella, eso era caliente.

Puso sus manos sobre las de Lena y tomó el vibrador en sus manos, todavía vibrando en su dedo, y tomó a Lena de sus caderas, moviéndola, acostándola sobre la mesa de café del Living-Room, directamente frente al fuego de la chimenea. Abrió sus piernas y las apoyo de sus pies, haciendo que sus rodillas quedaran elevadas. Se colocó entre las piernas de Lena y le plantó un beso en sus labios, con aquel sonido de aquella vibración de fondo, aquella vibración sobre la mesa de vidrio, un ruido molesto pero sensual, que levantaba el erotismo entre ellas dos. Yulia deshizo los botones de Lena y abrió su camisón, besando su cuello y sus hombros, no quitándoselo. Tomó el vibrador de nuevo y lo lamió, lo humedeció con su lengua frente a los ojos de Lena. Era algo bastante sexy, no se veía sucio, sino sexy, era porque Yulia tomaba aquel vibrador entre sus dedos y paseaba lentamente su lengua. Y recorrió el cuello de Lena con aquella vibración húmeda y con su mirada mientras Lena se aferraba a los bordes de la mesa, sí, estaba excitada.

Yulia paseó el vibrador, un elegante vibrador debo decir, por los senos de Lena, haciendo que sus pezones se erizaran y se pusieran rígidos, tal y como a los labios de Yulia le gustaban; besando su pezón izquierdo, mordisqueándolo y lamiéndolo, halándolo un poco entre sus dientes y succionándolo suave y sexymente mientras que el vibrador paseaba por el otro pezón de Lena, haciendo que respirara no sólo con sus pulmones sino también con su estómago y su vientre. Yulia cambió de pezón, estimulando aquel húmedo pezón con el vibrador, haciendo que Lena jadeara y moviera sus caderas.

- Yulia…vas a hacer que me corra- gimió, sintiendo imposible un orgasmo sin haberse tocado su clítoris, sólo Yulia coqueteando con sus pezones no podía ser suficiente.

- ¿No te quieres correr?- preguntó Yulia luego de haber succionado su pezón y jugueteando con la punta de su lengua..

- Haz que me corra, por favor- dijo Lena entre sus respiraciones cortadas.

Yulia mordió un tanto fuerte su pezón sensible y Lena gritó, no de dolor, sino de no poder contenerse más y hundió la cara de Yulia entre sus senos, abrazándola fuertemente mientras se corría, mientras Yulia besaba los yacimientos de sus senos y los mordía suavemente. Lena la soltó, todavía con su corazón en la boca, el que Yulia escuchaba acelerado, y escuchaba perfectamente cómo Lena tenía dificultades para respirar, elevando y hundiendo su cabeza en su abdomen. Yulia tomó los senos de Lena en sus manos y, delicadamente, posicionando sus pulgares en sus pezones, presionándolos un poco, levantó los senos de Lena, besando por debajo de ellos, besos cortos y húmedos, todo mientras Lena terminaba de relajarse. Bajó por su abdomen con su lengua, trazando la ruta por la que seguiría también el vibrador. Llegó a su ombligo e introdujo su lengua, haciéndole cosquillas a Lena y haciendo que se riera y contrajera su abdomen.

- Me fascina cómo hueles…- suspiró Yulia, clavando su nariz contra los labios mayores de Lena, aquellos labios húmedos por su orgasmo e hinchados por la anticipación y la excitación, e inhaló, haciendo que Lena se sonrojara.

- Yulia…- se estremeció Lena, sonrojándose por cómo Yulia había inhalado de sus partes-ya-no-tan-íntimas.

- Y sabes mucho mejor…- murmuró, paseando su lengua entre los labios mayores de Lena, desde su vagina hasta su monte de Venus, acariciando no sólo su vagina, sino sus labios menores y su clítoris también.

Lena tuvo una contracción fuerte, que no podía creer que en tan poco tiempo podía generar aquella no-tan-vieja sensación de estarse formando una bomba orgásmica en su vientre. Yulia colocó el vibrador en el clítoris de Lena, haciendo que Lena gritara un sensual “Ah” que probablemente se oyó en todo Manhattan, mientras succionaba sus labios menores y los acariciaba con su lengua mientras los tenía entre sus labios. Hacía círculos pequeños con aquel óvalo, presionando un poco, no mucho porque sino Lena perdería la sensibilidad y se irritaría rápido y a Yulia simplemente le gustaba ver cómo Lena se corría. Comenzó a acariciar la vagina de Lena con su lengua mientras abría sus piernas lo más que podía, jugando con sus jugos, haciendo ruidos sensuales con ellos, saboreándolos al compás de los gemidos de Lena.

- Haz que me corra de nuevo, please!- jadeó, elevando sus caderas y despegando su trasero del vidrio.

- Duro o suave?- Yulia mordió suavemente sus labios menores.

- Que sea duro!- gritó por esa mordida, aprisionando la cabeza de Yulia con sus muslos.

- Agárrate fuerte, mi amor…- murmuró Yulia, abriendo las piernas de Lena y colocándose a un lado de Lena, metiendo su pulgar en el agujero del vibrador para poder meter dos dedos en Lena y aún así, estimular su clítoris mientras Yulia se encargaba de Lena, de esos hermosos labios rosados, de recibir el aliento excitado de Lena en su boca.

Yulia presionó la vibración contra el clítoris hinchado de Lena, penetrándola con sus dedos, pero no entrando y saliendo, sino más bien de arriba abajo, haciendo que sus jugos se escucharan en todo el living-room, a través de la vibración, a través de la madera quemándose. Sus dedos de arriba abajo, sus lengua en los labios de Lena, Yulia presionando constantemente su G-Spot, toda sensación humana concentrada en Lena, que jadeaba sin cesar en los labios de Yulia, arqueó su espalda, despegó su trasero del vidrio y expulsó los dedos de Yulia de su vagina, eyaculando suavemente, empapando los dedos de Yulia que presionaban su vagina, mordiendo el labio inferior de Yulia con fuerza y aferrándose a los bordes de la mesa con impaciencia. Yulia intentaba calmarla con besos, con caricias, había apagado el vibrador para no poner más nerviosa a Lena, besaba lenta y cariñosamente sus labios, abrazándola por su abdomen, su intranquilo abdomen que no lograba recuperar el aliento.

- ¿Por qué te sonrojas, Len?- murmuró Yulia al ras de la barbilla de Lena. – Estás hecha un rojo comunismo total…de tus mejillas…- y acarició sus mejillas. – De tu cuello- y paseó sus labios por su cuello. – Y de tu pecho- paseó sus dedos ligeramente sobre él.

- ¿Es algo obvio no crees?- dijo, todavía con su aliento cortado, por fin desprendiéndose de la mesa y paseando sus manos entre el cabello de Yulia.

- ¿Te da pena estar desnuda frente a mí? ¿O te da pena correrte en frente de mí?

- Yo... Me orine- murmuró, apenada de aquí hasta su muerte. Yulia rió descaradamente en sus labios. – ¿Te parece gracioso que haya ensuciado tu mesa y tu piso?

- Es sólo por que hiciste pipí- dijo, con una sonrisa burlona.

- Bueno, ESO fue…¿o no?- murmuró, hundiendo su nariz en el cabello de Yulia y cerrando sus ojos. Oh, se siente bien tenerla cerca.

- No, mi amor…eso se llama eyacular, no hacer pis…y es lubricante lo que expulsaste…- sonrió, apartándose de sus labios y volviendo a colocarse entre las piernas de Lena. – Si fuera lo que tú piensas…créeme que no te limpiaría como lo voy a hacer ahorita- y paseó su lengua por los labios mayores de Lena, por el yacimiento de su trasero, la unión entre sus muslos y su trasero, inclusive clavó su lengua en aquella hendidura “prohibida”, pero acarició aquel agujerito con su lengua, sabía bien cubierto en el orgasmo de Lena.

- Quiero hacer que te corras tú también- dijo Lena, cerrando sus piernas y aprisionando la cabeza de Yulia entre ellas para que no siguiera, estaba un tanto sensible de toda esa área.

- Di el lugar y la hora y la apuntaré en mi agenda…o le diré a Gaby que la apunte por mí- rió, bromeando como siempre. – Sabes, deberías dejar que Gaby lleve el récord de tus reuniones…ya van dos veces que no llegas a tiempo por estar sumergida en otra- sonrió. – Le diré a Gaby que te la lleve- guiñó su ojo, halando a Lena de los brazos, haciendo que se sentara en el vidrio y la tomó por la cintura, completamente abrazándola, pegada a ella y, con el más o menos máximo esfuerzo, la trajo hacia ella y la levantó para llevarla con ella al sofá que estaba a la par.

- ¿Te masturbas seguido?- preguntó Lena mientras se salía de su camisón, le estorbaba para estar sentada con Yulia, en realidad estaba sentada encima de Yulia, con sus muslos encerrando los de ella.

- No, la última vez que me masturbé…- rió.

- Eso fue Face-Time-Sex, mi amor…aunque cuenta como masturbarse.

- No lo hago muy seguido…me da pereza…porque a mí sola me cuesta…tú sabes…- se sonrojó y Lena sabía pero le dijo que “no” con la cabeza. – Me cuesta mojarme…

- ¿Estás mojadita ahorita?- sonrió, dándose cuenta de lo extraño que sonaban dos “ita” seguidos.

- ¿Tú qué crees?

- Hey, No soy Sherlock Holmes…

- Y yo no soy Watson- sonrió Yulia.

- Eres imposible, mi amor- rió, recostándola en el sofá y sacándole sus pantalones lentamente mientras veía cada milímetro de piel, viendo cómo los labios mayores de Yulia estaban tan juntos como separados y tan hinchados como húmedos.

Lena se puso de pie, Yulia no comprendía mucho, pero ¿cuándo había comprendido del todo a Lena? Nunca. Lena tomó el vibrador en su mano y se acercó al brazo del sofá. Yulia la veía con ojos de admiración, es que siempre lograba impresionarla con su belleza. Tomó a Yulia de sus tobillos y la haló hasta el brazo del sofá, halándola hacia arriba para que su trasero quedara exactamente rozando el brazo completamente, habiendo subido su bata y su camisa por el arrastre.

- ¿Estás cómoda?- murmuró Lena, encendiendo aquel vibrador del que había sido víctima.

- No sé qué me vas a hacer…no te sabría decir- sonrió Yulia, rozando sus pezones con sus dedos índice.

Lena sonrió y sacó su lengua, rozando la parte negra del vibrador en su lengua, una y otra vez, probándose indirectamente, y no sabía mal, pero le gustaba más cómo sabía Yulia. Abrió las piernas de Yulia y hundió sus labios en su entrepierna, probando aquellos jugos dulces y salados a la vez, le fascinaba lo líquido que era el lubricante de Yulia, lo hacía todo más fácil, desde saborearlo y tragarlo, hasta para penetrarla. Coqueteó unos momentos con el clítoris de Yulia, hinchándolo más, enardeciéndolo y haciendo que se coloreara de un poco más intenso, de un rosado candente y excitado. Luego bajó por toda su hendidura, succionando intensamente sus labios menores, causándole a Yulia un ahogo y un respingo instantáneo, del que no había vuelta atrás, de ahí en adelante sólo podía empeorar, podía escalar su deseo. Introdujo su lengua lentamente en su vagina, sólo la punta de ella, una, otra y otra vez mientras Yulia se resistía a gritar o a sollozar, prefería ahogar sus gemidos, no les sabría decir por qué, y luego, terminó en aquel agujero con el que accidentalmente una vez se tropezó y que ahora era más un antojo que un accidente, o era un accidente a propósito.


Yulia se descontroló, eran demasiadas sensaciones al mismo tiempo, o tal vez en muy poco tiempo. Oh, pero no eran “demasiadas” de verdad hasta que Lena paseó el vibrador, en el nivel más intenso, desde su clítoris hasta su vagina mientras disfrutaba del sabor de los lugares prohibidos de toda persona en un nivel social y no sexual, arriba y abajo y de abajo hacia arriba, no sólo placer en clítoris y vagina, sino sintiendo aquel hormigueo en sus labios menores y mayores en cuanto el vibrador pasaba. Haló a Yulia de los brazos y la sentó en el brazo del sofá, dejando su trasero en el aire, sosteniéndose sólo con sus muslos. Yulia la abrazó por el cuello, dándole un beso en los labios a Lena mientras ella introducía sus dedos en Yulia, manteniendo apretado el vibrador con su pulgar en su clítoris, tal y como Yulia lo había hecho con ella. Pero ahora era diferente, Lena pasó su brazo por la espalda de Yulia y agarró su trasero mientras la penetraba un tanto fuerte y rápido. Introdujo su dedo en su hendidura y empezó a acariciar aquel agujerito, sólo haciendo círculos con su dedo, presionándolo pero no penetrándolo, sólo quería enloquecer a su Yulia.

- Fuck…- suspiró Yulia, sintiéndose al borde de un desmayo orgásmico. – Soy tuya, Lena- gruñó, entre su voz y su aliento cortado, estando a punto de correrse. Nunca se sintió propiedad de nadie, sólo con ella.

- ¿Qué tan mía?- preguntó, acariciando su labio inferior con la punta de su lengua mientras lo tenía entre sus dientes.

Y Yulia no respondió, simplemente llevó su mano hacia su trasero, en donde estaba la de Lena y posó su dedo del medio sobre el de Lena y, lentamente, con cuidado y discreción, empujó en contra de aquel estrecho agujero, introduciendo el dedo de Lena hasta la mitad mientras intentaba no alarmarse por el dolor, aunque no era dolor, era la molestia de lo desconocido. Lena enloqueció en su cuello, mordiéndolo suavemente y succionándolo, penetrando a Yulia más fuerte y más rápido. Yulia se quedó sin aire entre aquel mar de sensación, entregándole su integridad física y moral a Lena, lo que un dedo podía significar para aquella mujer.


Y se aferró a Lena, contrayendo sus adentros tan fuerte como nunca, descansando su frente en el hombro de Lena, jadeando y temblando ante su exquisito orgasmo. Lena dejó caer el vibrador sobre el sofá y salió de Yulia, de ambos lados, con suma delicadeza de no lastimarla y se quedó ahí, parada, rodeada de las piernas y los brazos de Yulia. Acarició su cabello mientras se relajaba, de paso acariciaba su espalda suavemente, sintiendo cada vértebra, cada costilla. Sintiendo su cicatriz, que en ese momento se preguntaba cómo se la había hecho, tal vez mas tarde le preguntaría, si es que no se le olvidaba.

- Déjame ayudarte, por favor- murmuró Lena en cuanto Yulia intentaba ponerse de pie. - ¿Baño?- Yulia asintió.

Lena la tomó por la cintura, y Yulia pasó su brazo por el hombro de Lena, caminando en ese modo post-coital. Yulia no sabía si era el sueño, el cansancio o la bomba de orgasmo que había tenido no hacía más de cinco minutos. Encendió la luz de su habitación y fueron directo al baño, habiéndose quitado su bata y su camisa en el camino. Yulia encendió la ducha y el vapor comenzó a salir, tomó de la mano a Lena y se metieron bajo la cascada de agua caliente; en un principio ardía, pero luego relajaba. Le pidió las manos a Lena y las lavó junto con las suyas, tiernamente les quitó el jabón y luego besó sus dedos, especialmente el dedo de en medio de la mano izquierda. Lena lavó la espalda y las partes previamente victimizadas con sumo cuidado, deteniéndose para darle un beso a Yulia en su cicatriz; una cicatriz un tanto violenta y larga, tenía forma cuadrada, como si hubieran tenido que suturarla, era la única imperfección en toda su piel. Salieron de la ducha y, Lena, sabiendo que Yulia estaba un tanto sentimental en ese momento, más después de que besara su cicatriz, decidió secarla lentamente, con cuidado y con cariño, sólo absorbiendo el agua con la toalla seca. Yulia le tomó la mano y la dirigió hacia su walk-in-closet.

- ¿Y eso?- preguntó Yulia. Ah, al fin habla. Lena sonrió.

- ¿El qué, mi amor?- murmuró Lena, viendo a Yulia ver perdidamente su ropa colgada en una de las divisiones.

- Tu ropa está colgada en mi closet- sonrió.

- Sí…supuse que…pues…

- ¿Qué, Lena?

- Que si va a ser mi closet…al menos tiene que tener algo de ropa, ¿no crees?- sonrió.

- Espero que sepas que entrar a mi closet es como entrar aquí- murmuró con una leve sonrisa, tocando su pecho.

- Lo sé…y ya entré a tu closet, ahora poco a poco voy a entrar aquí- repuso, apoyando su cabeza entre los senos desnudos de Yulia.

Yulia sonrió sonrojada, pero abrazó a Lena. El frío empezaba a sentirse. Yulia le dio a Lena una pijama caliente, más un paquete con ropa interior. Lena abrió el paquete y sacó un Hipster negro, viendo la etiqueta: “$152.00 …¿de qué está hecho? ¿de cuero algodón del Olimpo?”.

- No, Lena, sólo póntelo- murmuró Yulia, halando la etiqueta del Hipster. – Acostúmbrate…

- ¿Qué pasó con los marca pollo que me diste la vez pasada? Esos definitivamente costaban menos de tres dólares…

- ¿Y tú crees que yo voy a dejar que mi novia se ponga una tanga de tres dólares? ¿Tienes idea del valor neto de lo que son tres dólares? Tu vagina necesita los mejores materiales, Lena… y necesita de mi- dijo, mostrándole su bikini con la etiqueta. “$190.00…mi novia es la compradora compulsiva más cara”.

Lena hizo caso y se vistió con lo que Yulia le alcanzó. Se dirigieron de nuevo hacia el living-room, haciendo antes una breve parada a un built-in-closet en la habitación de Yulia; en donde tenía la ropa de cama y las sábanas, y sacó una cobija térmica lo suficientemente grande y gruesa como para protegerlas del frío ante el fuego de la chimenea de Yulia, la primera vez que la utilizaba. Aquel sofá en el que habían practicado el arte del coito, ahora era post-coital, y era cómodo, sólo cuando Lena estaba ahí, Lena y otra botella de Pomerol, ¿qué podía ser mejor?
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Ago 22, 2014 5:41 pm

- ¿No me vas a decir?- Yulia frunció su ceño.



- No sé si fuiste tú o Natasha quien dijo “la información es un flujo cíclico…no lineal”…entonces creo que si tú no compartes información conmigo, no tendrás tus respuestas- sonrió, acariciando la mejilla de Yulia.



- Tengo que admitir…la manera en la que me sacas información personal es excepcional- rió, intentando no enojarse. – Pregunta lo que quieras- dio un sorbo a su taza de té.



Era viernes por la noche, después de magia, colores y gritos en la ducha de Yulia, bebían un poco de té de manzanilla. Al fin Lena sentía un poco de ordinario en Yulia, ¿un té de manzanilla? Sí, a Yulia se le antojaba un vil té de manzanilla con miel, y no sólo una taza, sino una jarra de dos litros. La vibra entre ellas había cambiado para bien desde el miércoles por la noche, desde aquel episodio con el vibrador y que no habían emitido ni una palabra más frente a la chimenea, sólo abrazos y besos inundados de Pomerol hasta que Yulia había cedido sus fuerzas y había quedado rendida en los brazos de Lena, quien la había observado dormida hasta que su cansancio se apoderó de ella; se veía tranquila, como si no tuviera preocupaciones, como si su cerebro y su corazón fueran una sola cosa, sin confusiones, sin categorías, con una leve sonrisa en sus labios.



- ¿Lo que quiera? Ten cuidado, Yulia- bromeó Lena, aunque no bromeaba del todo. Desde aquella foto en su walk-in-closet, preguntas sobre su familia habían surgido, habían bombardeado su curiosidad, eran preguntas personales, muy íntimas.



- Sí, Lena…me puedes preguntar lo que quieras, pero me tienes que responder mis preguntas…y sólo una pregunta a la vez, así me aseguro de tener lo que necesito y tú también- sonrió, destapando su pluma y abriendo su agenda mientras daba otro trago a su té.



- Quiero saber de tu familia- murmuró, viendo aquel líquido amarillento en su taza que exhalaba vapor.



- Esa no es una pregunta. Pierdes tu turno- sonrió. Lena se hundió en sus manos arrepentida. - ¿Qué colores te gusta usar?



- Me gustan los colores Yulia, tú sabes, gris, negro, blanco, azul marino, beige, café, ese rosado que te pones que se te ve tan bien…y me gusta el rojo, el amarillo y el verde, y el violeta…me gustan todos los colores, Yulia…- Yulia asintió, escribiendo algo en su agenda. - ¿Por qué eres tan cerrada en cuanto a tu relación con tus papás?- Yulia subió su mirada un tanto nerviosa, oh, tema incómodo.



- Tengo dos hermanos, soy la de en medio…es un principio psicológico, el de en medio no es el más ventajoso…al mayor lo admiran por lograr todas las “primeras veces” y porque no tienen una referencia, al menor lo adoran por ser el menor… ¿al de en medio? Tiene la presión del mayor, la sombra del menor, de alguna manera busca sobresalir y no siempre lo hace de manera correcta- fue una respuesta un tanto evasiva, pero algo decía, más cuando Lena sabía que hablar de algo tan personal no era fácil para Yulia, prefería hablar de por qué los patos de Central Park eran tan gordos. - ¿Largo de falda?



- Lo más corto medio muslo, lo más largo por debajo de la rodilla, no soy una monja- sonrió, dándole un trago a su té mientras Yulia apuntaba. ¿Para qué quiere saber todo eso?. - ¿Por qué te llevas mejor con tu mamá que con tu papá?- Oh, esa es una pregunta profunda.



- Porque mamá nunca me ha puesto una mano encima más que para abrazarme o acariciarme- suspiró. “Holy shit” pensó Lena. - ¿Prefieres straight skirt, A-line skirt, sheath, sarong o wrap-around skirt?



- Me gustan todas, mi amor- sonrió, mordiendo su labio inferior, tratando de no preguntar lo inevitable. – ¿Me estás diciendo que tu papá si te ha…pegado?



- Lena…porque vale la pena compartir mi vida contigo te estoy dando el feedback más completo de toda mi vida…sí, papá si me ha pegado…y no sólo una vez- se levantó y buscó la botella de Grey Goose en su congelador, sacando un vaso y poniéndole tres cubos de hielo, lo llenó hasta casi el borde. - ¿Pantalones?



- No me gusta cómo se me ven los wide-leg, ni los rugged…¿cuándo dejó de pegarte?- Yulia suspiró y dio un trago grande a su Grey Goose, calentándose la garganta, intentando que las palabras salieran y no tan dolorosas.



- La última vez…tenía diecisiete…¿blusas?



- De cualquier tipo, no muy flojas de preferencia, ni muy transparentes- Lena destapó el Grey Goose y se sirvió un poco también, pero le volvió a llenar el vaso a Yulia, cosa que fue agradecida. - ¿Por qué te pegaba?



- De los cuatro a los doce te podría decir que porque existía, simplemente por eso, porque era diferente…pero la última vez que me pegó fue porque se dio cuenta que me iba a quedar en Roma estudiando y que no iba a venirme aquí como él quería…¿altura de zapatos?



- Trece centímetros de preferencia, uno que otro de quince no me hace daño, y te ahorraré la siguiente pregunta; Stilettos, me han gustado gracias a ti, closed toe o peep toe de preferencia, por favor, d’Orsay también, pero con plataforma no, por favor…o esos diseños alternativos que no sé cómo haces para que se te vean bien…- Yulia tomó nota con una sonrisa un tanto forzada y falsa. - ¿Te pegaba con la mano?



- O con lo que encontrara a su paso, no sé cuántas veces me pegó, pero sólo tengo una marca…¿talla de panties?



- Small, y bikini, hipsters, tangas e hilos nada más, por favor…de cualquier tela menos de cuero- bebió de su vodka, preguntándose cómo Yulia podía aguantarlo puro y sin hacer caras. - ¿La cicatriz de tu espalda?



- Esa fue de la última vez y fue porque me empujó contra un archivero que tenía la manija quebrada…yo ya terminé, pero tú puedes continuar, estoy de buen humor- guiñó su ojo y sonrió pero con una pesadez que a Lena le partió el alma.



- Tu papá se disculpó contigo, ¿no?- Yulia asintió. - ¿Lo perdonaste?



- Lena…el perdón es algo difícil creo yo…lo que ya pasó, ya pasó y no quiero entender por qué es así de violento, no me interesa, porque a mis hermanos nunca les pegó, y no quiero ser la víctima…y simplemente decidí empacar eso y guardarlo en el lugar más remoto y oscuro de mi cerebro y, como resultado, lo evado y él lo sabe, el perdón lo tiene automáticamente por ser mi papá, pero al mismo tiempo no lo tiene porque yo soy humana…hay una línea muy fina entre “educar” y “abusar”…



- ¿Tu mamá sabe?



- Se dio cuenta una vez, la de la espalda…pero era tan calculador que me pegaba en lugares que sabía que no se me notarían por la ropa…



- ¿Le tienes miedo a tu papá?



- Miedo, no…hasta cierto punto creo que me pegaba porque yo no me sometía a lo que él decía, sé que le enoja que logre ciertas cosas por mi cuenta…- suspiró, terminándose su vaso de Grey Goose y volvió a su té, más relajada y más cómoda con el tema, era la primera vez que lo hablaba así con alguien y no le estaba molestando tanto. – Mi mamá, por el otro lado, nunca me pegó, tampoco me daba mucha atención pero no le resiento nada, más porque se dio cuenta que mi hermano es del mismo planeta que mi papá y mi hermana no es como que la persona más humana…de mis hermanos soy la única que paso pendiente de mi mamá



- ¿Quieres mucho a tu mamá, verdad?



- Incondicionalmente, Lena…pero es el apoyo que siempre me ha dado, sin importar lo que sea, es como el mejor apoyo de todos y a veces la extraño y quisiera que estuviera aquí conmigo para mostrarle lo bien que estoy aquí, pero se rehúsa a venir, por eso voy yo, también porque sabe que es bueno que me de una vacación de mi estrés permanente por vivir en Manhattan…y le gusta que venga a casa



- Gracias, Yulia- susurró Lena, levantándose y abrazándola por la espalda. - ¿Te sientes bien?



- Sí, nunca lo había dicho en voz alta



- ¿Algo más que quieras decir? Estamos en confianza, mi amor



- Jamás me he sentido tan bien alrededor de alguien como lo hago contigo…- se sonrojó, poniendo sus manos sobre las de Lena. - ¿algo más que quieras saber?



- ¿Me enseñas tu marca? Me gustaría convertir tu dolor en amor…- Yulia rió. - ¿Le parece gracioso, Arquitecta?- preguntó Lena, levantando su ceja.



- Sólo sonó un poco cursi…pero ven…ven al clóset



- ¿Al clóset?- Lena estaba confundida.



- Hay más luz- sonrió, tomándola de la mano y dirigiéndose hacia el clóset, en donde Yulia ya había puesto un par de cosas para Lena; pijamas, batas, pantuflas y ropa interior, sólo mientras atacaban Bergdorf’s. Yulia se quitó el suéter, quedando desnuda de la cadera para arriba y dándose la vuelta y mostrándole una vez más aquella cicatriz. – Fue viernes en la noche, ya era tarde, y fui a la oficina de papá para decirle que me habían aceptado en la Sapienza…todavía había un poco de sol, pero era tarde, eran como las ocho de la noche…y estaba solo, estaba hablando por teléfono, un poco alterado, era mi hermano…y me sonrió, se alegró de verme en su oficina, porque raras veces lo visitaba aún viviendo en la misma ciudad, la excusa era la escuela o un dolor de estómago, siempre lo evitaba…pero lo hablé con mamá y me aconsejó que debía decirle, pues papá tenía un College-Fund para mí y pues…al no venirme, lo iba a perder



- ¿Te pegó por dinero o por desobediencia?- Los dedos de Lena rozaban suavemente aquella cicatriz.



- Las dos cosas, Lena…primero estaba tranquilo, estaba sentada en una silla, él estaba parado frente a mí y le dije que me habían aceptado en la Sapienza, no le importó, pero le dije que prefería la Sapienza a Yale…estaba apuntando demasiado alto, además, mi famoso GPA era incorrecto para Yale- rió, dándole a entender que su GPA estaba más que bien, probablemente un cuatro o un cinco, oh, Yulia inteligencia. – Y cuando le dije eso…me agarró de los hombros- murmuró, paseando sus manos por sus hombros, como si estuviera recordando. – No sé qué me gritó, creo que mis oídos se cerraron y decidieron no escuchar, verle la expresión de ira me dio miedo y empecé a llorar…- suspiró, tragando pesado e intentando no dejar que un simple recuerdo le robara todo su control.



- Hey…no tienes que contármelo, mi amor- susurró Lena, dándole un beso a aquella cicatriz y abrazándola por su cintura, apoyando su barbilla en su cuello, parada en puntillas.



- Sólo quiero contártelo…- Lena la abrazó más fuerte.

FLASHBACK

- ¡Deja de llorar! ¡Yo no soy idiota!- gritó, lleno de ira- Eres igual de manipuladora que tu madre…- y la empujó con todas sus fuerzas contra el archivero gris, no dándose cuenta que la manija estaba quebrada.



- ¡Ah!- gritó Yulia, sintiendo cómo aquel metal frío penetraba su camisa y su piel, lo sentía casi como si la estuviera atravesando por completo. Oleg caminó con pesadez hacia Yulia, volviendo a tomarla por los brazos y viéndola a los ojos, a esos aterrados ojos.



- Eres una desgracia- murmuró entre dientes, empujándola más, clavándole más aquel aluminio en su espalda. Yulia gritó.



- La desgracia la tengo de mi papá- gruñó, empujándolo por los hombros y despegándose del archivero, sintiendo aquel dolor; caliente y después frío, ese ardor y esa humedad invadirle la camisa. – Tú no eres mi dueño, grábatelo- gruñó, tomando su bolso y saliendo, con la camisa coloreándose de sangre.



“Nunca más” afirmó Yulia en su silencio mientras conducía hasta la casa de su madre, manchando el asiento de aquel Alfa Romeo GTA negro, llorando de dolor físico y de furia, ¿cómo podía tratarla así? “Claro, es que no estoy estudiando donde quiere lo que él quiere, no soy una marioneta.”



- Madre, ¿me llevas a la clínica?- murmuró Yulia. Había limpiado el asiento del auto y había intentado cambiarse la camisa sin que su madre se diera cuenta, pero no pudo, le dolía demasiado, sentía que se arrancaba la piel.



- Tesoro, ¿qué ha pasado? ¿Está todo bien?- Larissa ensamblaba su famosa lasagna de carne.



- Alina, por favor, llévame a la clínica- se incomodó Yulia. Sí, la había llamado Alina y no Larissa, fue cuando su madre entendió que había que llevarla a la clínica.



Yulia se había puesto un suéter estudiantil negro, decía “Falcons” en letras rojas delineadas de blanco, la sudadera oficial del equipo de Atletismo aunque Yulia nunca había participado en el Atletismo, se lo había puesto para tapar la mancha de sangre. En cuestión de quince minutos estaban en el Policlinico Umberto, esperando en una habitación, sentada sobre una camilla, su madre la miraba con escepticismo y preocupación.



- ¿Me vas a decir qué pasa?- murmuró Larissa, poniendo su mano en la espalda encorvada de Yulia, acariciando exactamente ese punto. Yulia emitió un quejido de dolor. – Quítate la sudadera



- No puedo- murmuró Yulia, no quería mover sus brazos, le dolían, le dolía la espalda.



- Yulia, haz lo que te digo- ordenó. Y Yulia, llevando sus manos a la cremallera de la sudadera, la bajó y no pudo quitársela. Larissa se acercó y se la deslizó mientras Yulia se quejaba. - ¿Él te hizo esto?- preguntó, asombrada de tanta sangre. Yulia asintió, tratando de contener las lágrimas de dolor.



- ¿Qué tenemos aquí?- entró una interna, vestida en verde, el típico uniforme. – Oh, quítate la camisa- ordenó.



- No puedo- murmuró Yulia. La interna levantó la camisa, habiendo pedido el consentimiento previo de Yulia, pero Yulia se quejó, la tela de su camisa se había pegado a su herida.



- Voy a cortar la camisa, ¿está bien?- dijo, en un tono suave y calmante, viendo que Yulia la veía con una mirada de “No creo que haya otra opción.”



Después de una serie de quejidos de Yulia al despegarle la tela de la piel, la sangre empezó a brotar de nuevo, ardiendo de nuevo, evocándole las palabras de su padre. Cinco suturas después, después de un poco de agua oxigenada y cicatrizante, Yulia salía de la clínica con una venda en su espalda, abrigada por su sudadera, abrazada de su madre, quien no sabía qué decir, más que preguntarle un vacío y preocupante: “¿Estás segura que estás bien?” para luego disculparse por haberle dado un padre así, para luego decirle que ella era dueña de su vida, que no le rindiera cuentas a nadie.

FIN DE FLASHBACK

- Lo siento mucho, Yulia- murmuró Lena, aferrándose a Yulia en aquel clóset, sintiendo su piel tibia en sus manos.



- No soporto que me peguen, de ninguna manera…y odio ver que le peguen a alguien más…simplemente está…mal…- suspiró, como si de verdad no entendiera la naturaleza humana.



- ¿Por eso te molesta que Natasha te de nalgadas, verdad?- Yulia asintió. – Deberías decirle…es tu amiga, seguro entenderá



- De un tiempo acá ya no lo hace…tenía meses de no darme una cuando me dio la que tu viste- dijo, dándose la vuelta para encontrar los labios de Lena, un beso cariñoso. – Me gusta tenerte conmigo…puedo ser yo misma…toleras mi ego- susurró, apenada y sonrojada.



- No creo que seas egocéntrica, tal vez un poco…pero es sexy…más bien es que sabes quién eres y qué eres capaz de hacer…la confianza que nos falta a muchos- susurró, rozando su nariz con la de Yulia. – Tú toleras mi curiosidad…y mi ingenuidad e ignorancia…



- ¿Ingenua? ¿Ignorante? Estoy segura que no, al menos no en la cama…y no en el estudio…eres brillante…- paseó su nariz por la frente de Lena, abrazándola.



- Estoy segura que tu GPA es más alto que el mío- bromeó.



- ¿Ah, sí? ¿Cuánto es tu GPA?



- Un hermoso cuatro



- Estamos igual, entonces…Estaba pensando…¿quieres ir a caminar un rato y a cenar a un lugar tranquilo? Nada elegante, lo prometo- sonrió, dándole un beso a Lena en su frente.



- No estoy segura…no sé si tengas ropa “nada elegante”- bromeó Lena, sonriendo como una niña.



Yulia la volvió a ver con colores desafiantes y sonrió, apartándose de Lena se desvistió, indicándole que se pusiera algo encima. Se metió en un jeans azul oscuro un tanto holgado, seguido por el primer sostén que encontrara en su gaveta, unas calcetas hasta por encima del tobillo, negras, una camiseta negra con el logo de los Rolling Stones, una sudadera gris y, sorpresivamente, después de haber girado el cilindro de sus zapatos, unos Converse clásicos blancos, el must-have de cualquier adolescente estaba ahí, sucio, descuidado y subutilizado y explotado en el pulcro clóset de Yulia.



- Esto es una revelación…Yulia Volkova en Converse- rió Lena a carcajadas mientras se metía en un suéter Ralph Lauren hibiscus que había tomado de Yulia.



- Para que veas que tu novia no es todo Louboutin todo el tiempo- sonrió, alcanzándole la mano a Lena para irse.



- ¿A dónde me llevas?



- Por ahí, se me antoja algo- sonrió, poniéndose un abrigo no-el-estilo-de-Yulia, verde olivo, un tanto holgado y con fur en la capucha, alcanzándole una parka parecida, verde olivo también y con fur de todos lados.



Yulia sacó un poco de dinero de su bolso y su identificación y lo metió en los bolsillos de su pantalón, algo que Lena nunca había visto, pues Yulia siempre era muy lady-like, bolso siempre con ella, ahora era una revelación, era como una Yulia más joven, más inmadura, más real. La tomó de la mano y se metieron al ascensor, todavía agarradas de la mano, a esperar hasta que bajara hasta el Lobby. Yulia se inclinó hacia Lena e intentó darle un beso, Lena se apartó, guiándola con la mirada que había cámara, Yulia se encogió de hombros y, de todas formas, se inclinó para darle un beso, un beso completo; con lengua y halones de labios. El elevador sonó, cuando se besaban el tiempo pasaba muy lento, pero no, es que había sido rápido, se habían detenido antes de tiempo y era la Señora Davis la que esperaba a entrar cuando vio a Yulia sumergida en cuerpo y alma en ese beso lésbico. En realidad no las vio en el momento, simplemente lo notó por los labios hinchados de las dos y por sus respiraciones agitadas.



- Bonita noche, ¿no, Señora Davis?- saludó Yulia.



- Ya no tanto- respondió secamente y escandalizada.



- ¿Algo que me quiera decir?- preguntó Yulia, sabiendo lo que estaba pensando.



- No es muy digno de una persona hacer muestras de afección en público- refunfuñó.



- Lo tomaré en cuenta- guiñó su ojo. – Ya conoce a mi novia, ¿no?- dijo, sorprendiendo tanto a Lena como a la Señora Davis, quien casi se ahoga.



- Sí, sí…- murmuró, queriendo salir corriendo del ascensor, sentía como que si fuera contagioso.



El ascensor llegó al Lobby, y Yulia y Lena salieron rápido, dejando atrás, aterrorizada, a la Señora Davis y, Yulia, por incomodarla más, abrazó a Lena por su hombro y le plantó un beso de lengua. Caminaron de la mano por aquellas calles frías de Manhattan, charlando sobre los patos gordos de Central Park, tema que al parecer a Yulia le gustaba tratar con frecuencia, siempre terminaba en el argumento “Es que ya no son patos, son perros”.



- Dos Kebaps, uno con extra pepino, el otro sin cebolla y con extra picante, y una orden de french fries…y dos Mountain y dos Dr. Pepper- ordenó Yulia, alcanzándole un billete de veinte al Turco.



Se sentaron en unas gradas, en aquel frío sí, pero era soportable entre sonrisas y tzatziki. Lena limpiaba los labios de Yulia cuando no se daba cuenta que tenía tzatziki, Yulia sonreía, realmente disfrutaba estar con Lena.



- ¿Cuándo te pidió perdón tu papá?



- Justo cuando Volterra me dio la plaza en el Estudio…



- Está orgulloso, por eso te busca- opinó, no sabiendo exactamente en qué se estaba metiendo.



- Me pidió perdón en ese momento porque le gusta presumir de lo buen padre que ha sido…así fue con mi hermano, antes del fraude, era el niño de sus ojos, después del fraude, casi que lo mató, lo desconoció…cuando tuve éxito, le interesó



- ¿Fraude? ¿No es tu familia bastante algo?- bromeó Lena, poniéndole una sonrisa a Yulia



- Tu mamá es una persona muy simpática- sonrió Yulia, dándose cuenta que no era algo que debía decir.



- ¿Y tú cómo sabes que mi mamá es simpática?- frunció su ceño.



- Volterra habla mucho de tu mamá- improvisó, habiendo contemplado decirle la verdad: “Es que verás, Lena…tú no quisiste ir a Roma, pero tu mamá está encantada de pasar navidad contigo” pero no, se enojaría.



- Bueno, sí…mamá no me ha dejado de querer por quién soy- suspiró, haciendo que el mundo de Yulia se detuviera por una fracción de segundo. – Sí, Yulia…mamá sabe que tengo una tendencia a buscar el amor en una mujer y ella está bien con eso…- murmuró. “Oh, con razón no fue sorpresa que aceptara. Oh, no.”.



- ¿Cuándo le dijiste y cómo?



- No le tuve que decir mucho…en realidad ella me dijo- rió, envolviendo la servilleta en el papel del Kebap y bebiendo un poco de su Dr. Pepper. – Le caerás muy bien



- ¿Sabe que tú y yo…?



- No, obviamente no, todavía no…no creo que le diga, probablemente le comente algo a Alec y eso no va a ser muy bueno para ninguna de las dos



- Oh…- suspiró, aliviada.



- Cambiando el tema…que veo que te pone tensa eso…le importas mucho a Natasha, ¿sabes?



- ¿Eso a qué viene, mi amor?



- Comentario al azar…



- Bueno, sí, lo sé…yo también por ella…tanto que cedí a que su novio me persuadiera para asesorarlo con el anillo



- ¿Phillip se lo va a proponer?



- Si, con un Winston bastante…humilde- sonrió, era obviamente sarcástico. - ¿Lista para mañana?



- ¿Para que despilfarres tu dinero en mi?



- No lo veas como un despilfarro…llamémosle “inversión”- sonrió.



- ¿Qué planeas comprarme?



- Todo lo que te guste- dijo, levantándose a comprar una cajetilla de cigarrillos al carro de Kebaps.



-¿Y si quiero cien blusas y cien pantalones?



- Cien blusas y cien pantalones voy a pagar, mi amor…



- Bueno, bueno, pero sólo esta vez, cuando tenga mi dinero yo me compraré mis cosas, ¿de acuerdo?- dijo, subiendo su ceja y jugando con su cabello mientras tomaba un Gold de la cajetilla que Yulia le alcanzaba. Yulia asintió. – Fumas menos que antes- susurró, inhalando un poco de su cigarrillo. Yulia sonrió. - ¿Qué quieres hacer al llegar a tu apartamento?



- ¿Qué quieres hacer tú?- preguntó, haciendo aros con el humo de su cigarrillo.



- Quiero que me cuentes de ti…me gusta escucharte, ¿sabes?



- Podemos empezar aquí, ¿qué quieres saber?



- Tu fijación por las tangas negras- sonrió. Ah, qué pregunta más curiosa.



- Creo que la ropa se compone de dos cosas; exterior e interior…el interior es el que dice realmente quién eres…te lo pongo así: ¿qué pensarías de mí si me ves toda casual/formal y me desvistes y tengo un bikini de conejitos?- Lena se tuvo que reír. – Ves, no puedo permitir que te rías de mí- bromeó, haciéndole saber a Lena que no tenía nada con conejitos. – Siento que una tanga negra es más conservadora, más seria, más elegante y más cómoda…si te has dado cuenta, todas mis tangas son diferentes



- Me encanta la que es un tanto transparente…la que deja ver apenas tus labios…



- Lena…- suspiró Yulia, apagando el cigarrillo en la calle y arrojando la colilla en la lata de Mountain Dew. Sintió, de repente, ganas de estar en su cama con Lena, besándola y tocándola.



- ¿Puedo preguntarte algo?



- Lena…sólo pregunta, estoy de buen humor, ahora



- ¿Qué tan buena fue tu primera vez?



- ¿Contigo o en general?


- General


- Bueno…uhm…mi primera vez, en general…fue extraña, ni el eyaculó ni yo tuve un orgasmo, éramos amigos, teníamos curiosidad…me penetró y nunca terminó porque nos detuvimos…y contigo fue…no tengo palabras, de todas las veces que he estado con alguien, contigo he tenido las más profundas, por así decirlo, ¿y tú?



- Estaba borrachísima, él también, creímos que eso era lo que queríamos, me dolió…y desde entonces no había tenido algo que ver con alguien hasta usted, Arquitecta…y aunque no tengo mucho con qué compararlo, como usted, no creo que haya algo mejor…



- ¿Por qué?



- Porque siento que con cada beso y cada caricia…siento que me estás gritando que me…- su voz bajó, creyó que era algo que no debía estar diciendo.



- ¿Qué te qué?



- Que me amas…- se encogió de hombros, como queriendo desaparecer de la tierra. – Perdóname, Yulia, por favor- dijo inmediatamente.



- Dos cosas, y digo dos puntos: tienes que dejar de pedirme perdón, no me gusta…y segundo, tienes razón



- ¿Razón?



- Sí…no soy una persona muy sexual, mi apetito es bastante extraño en ese sentido…pero no me interesa reventar una cama contigo, contigo quisiera pasar todo el día en las sábanas, besándote y haciendo tierno y pasional el amor contigo



- ¿Esa es tu manera de decirme que me amas?- dijo Lena, con la boca abierta y los ojos de sorpresa.



- Te lo puedo decir de otra forma también, mi amor



- ¿Cómo?



- Te amo- suspiró, dándole un beso a Lena, un beso cálido y con sabor a cigarrillo con Kebap, pero qué importaba, Lena tenía el mismo sabor. – Te amo…te amo…te amo…- dijo entre dientes y entre besos.



- Te he…desarmado…-susurró Lena a ras de los labios de Yulia.



- Te di mi apartamento, mi oficina, mi trasero…y ahora te doy esto- dijo, sacando del bolsillo de su abrigo una cajita blanca. – Sé que no es lo que debería estarte dando…pero no tuve tiempo para buscarlo tan a fondo…por el momento es barato y quizás feo…



- Yulia, sólo dámelo…la intención es la que cuenta- sonrió, con el corazón en la boca.



Yulia se lo alcanzó. Era una simple cajita blanca con una laza color granate. La abrió y había una tarjeta minúscula que decía “Cuidalo bien, porque yo me haré cargo de ti. Love, Yulia.” Y la ansiedad de Lena creció al punto de tener miedo de levantar la tarjeta. Respiró hondo y la levantó y ahí abajo, había una simple pulsera, una Pandora de cuero rosado pálido, con espacio para un tan sólo Charm, sí, un corazón dorado con un pequeño y redondo diamante en el centro. Lena la levantó con una sonrisa tímida.



- ¿A esto le llamas barato y feo? ¿Qué pensabas comprarme?



- Una Tiffany…o un Chopard…si no te gusta no te la pongas- murmuró, un tanto resignada.



- Yulia…- susurró Lena, levantando la cara de Yulia por su barbilla con sus dedos. – Me dijiste que me amabas….- sonrió, paseando su nariz por la de Yulia, hablándole en susurros y muy cerca. - ¿Me estás abriendo las puertas de…aquí?- puso su mano en el pecho de Yulia mientras Yulia asentía sonrojada. - ¿Tienes miedo?



- No, sé que lo tratarás como yo trataré el tuyo…



- Eres bastante romántica, ¿sabes?- murmuró, dándole un beso, olvidándose del mundo, del público nocturno, no le importo ni a ella ni a Yulia que estuvieran en plena 5ta. Avenida, ni que estuvieran en frente de St. Patrick’s Church. - ¿Me la pones?- Yulia tomó la mano de Lena, la besó, besó sus dedos y sus nudillos hasta su muñeca y luego deslizó, lentamente, la pulsera en la mano de Lena, ajustándosela suavemente a la medida. – Vamos a casa para que pueda besar a tu corazón, ¿de acuerdo?
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por Hollsteinvanman el Mar Ago 26, 2014 12:54 am

Wow que genial este Fan Fic, es muy erotico, bien podria ser un libro! conti pronto! Very Happy
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por Anonymus el Mar Sep 02, 2014 5:17 pm

Y la conti?
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Sep 03, 2014 5:46 pm

Aquí la continuación



Oh, oh, problemas....

- Para los gustos, Lena, están los colores- dijo, con furia incómoda, tratando de no elevar su voz para no lastimarla.



- Pues para el color del ego está Yulia- repuso, arrojando su bolso sobre suelo. – Todo tiene su límite y tú sobrepasaste los míos- gruñó, oh, Lena estaba furiosa, por primera vez furiosa. .



- ¡Ah! ¡Eso es entonces! ¿Qué carajo tiene de malo que te de un puto detalle, Lena, por Dios?



- ¡¿Llamas a eso un puto detalle?!- repuso, elevándole el tono a Yulia.



- Licenciada Katina, no me grite que yo no le estoy gritando- murmuró, haciendo un gesto con su mano para intentar calmarla; orgullo oficialmente herido.

¡Ah! ¡Y de repente soy “Licenciada Katina”! ¡Y me pide que no le grite! ¡Qué descaro!- gritó, como para que todo el edificio escuchara, para que todo Manhattan se diera cuenta que estaba gritándole a Yulia.



- Lena, por favor…no me grites, te lo suplico- murmuró, intentando no llorar. No quería victimizarse, pero le dolía mucho, las palabras de Lena eran como una muerte lenta y dolorosa, como una tortura.



- ¡No me pidas que no te grite! ¡¿No ves que estoy con el diablo adentro y es por tu culpa?!



- Creí que sería una bonita sorpresa, Lena…no tenía idea de que no te gustaría- se encogió de hombros, hundiendo su cabeza entre ellos e intentando no llorar; las únicas veces que alguien quien amaba mucho le gritó, fueron las veces que su papá le había pegado; gritar y pegar iban de la mano.



- Cuando dije que yo NO quería ir a Roma, creo que implícitamente dije que NO quería que mamá viniera, ¡¿en qué puto mundo vives Yulia?! ¡¿A caso no tienes la glándula del respeto en ese cerebro?!



- Perdóname, no sabía que estaba cruzando la línea…¿qué puedo hacer para compensártelo? Haré lo que sea, Lena, por favor- susurró, en un tono de voz de dolor, de tener heridas por todos lados, una voz quebrada, llena de tristeza.



- ¡Yulia, comprende que no quiero que hagas algo, no quiero que me compres algo para compensármelo! ¡Yo no soy un árbol de navidad al que puedes adornar a tu gusto!- oh, Lena se estaba pasando también, ya no encontraba la forma de frenar su enojo, de frenar y quedarse sus palabras para ella sola.- Vete…ahorita no quiero verte…ni mañana…no quiero verte…



Yulia asintió en silencio y, llena de sumisión confundido con sometimiento, salió de aquel infierno en vida, de aquella hoguera que había quemado más allá que su piel. Cerró la puerta detrás suyo y, sin dar un paso más, estalló en lágrimas, en las lágrimas más emocionales, las que dejaban ver su estado; sus heridas. Lena también estalló en lágrimas y se sintió demasiado mal en cuanto escuchó el primer sollozo de Yulia que se deseó la muerte en ese momento, no sabía qué demonio la había poseído en ese momento. En cuestión de segundos, Lena había recapacitado lo que no había podido recapacitar durante toda la cena, llena de enojo porque Yulia había llegado a su apartamento con la mejor de las sorpresas; Inessa, su mamá. Era una bonita sorpresa, pero no era la obligación de Yulia, ¿agh, Yulia, cuándo vas a entender? Y lo peor de todo, según Lena, era que Yulia había pagado no sólo su estadía por un par de días en Manhattan, sino que tenía el servicio de auto cubierto, y había cubierto el viaje a Houston, todo lo había planeado con las mejores de las intenciones, pero era demasiado, Lena se sentía mal, barata.



¿Y ver la química que tenía su mamá con Yulia? Era excepcional, habían hablado casi toda la cena sobre la Sapienza, de lo que había cambiado y de lo que debería cambiar. Inessa estaba maravillada con la elocuencia de Yulia, la hacía reír y, muy en el fondo, sabía que Yulia pondría el mundo a los pies de Lena con tal de tenerla, pero ya la tenía y sin tantas cosas. “…Vete… ahorita no quiero verte…ni mañana…no quiero verte…” era lo único que tenía eco en Yulia, eso y el sonido de sus sollozos, de su congestión nasal. Tomó su teléfono sólo para llamar a Emergencias: “Nate, te necesito, ven a mi apartamento por favor, te necesito” y sí, le temblaban los dedos, eran demasiadas emociones de una vez, concentradas en los gritos de Lena, quien la había visto no sólo con odio y con enojo, sino también con asco. Y sí, Yulia había decidido traer a su mamá antes de que ella se fuera para conocerla, era algo que no se podía perder, más porque sabía que, para que Lena se la presentara, pasarían siglos amargos de espera. Yulia entró a su apartamento con la peor de las ganas.

- Bienvenida, Señora Soledad, tiempos sin vernos- susurró Yulia, pensando en voz alta. – Sabía que no podía haberse ido tan lejos…- sacudió su cabeza, arrojando sus botas sobre el suelo de madera, que por primera vez no le importó cuidarlo, arrojó su abrigo y su bolso con odio a sí misma, como si su ropa le diera asco.



Abrió las puertas de su pantry y contempló su colección de bebidas alcohólicas y, sin pensarlo dos veces, alcanzó una botella de Vodka, aquella botella que tenía el año y medio de vivir ahí, empolvada por el olvido y por el daño que hacía, sí, era como tomar del que vendían en la farmacia. Y le dio un trago y no sintió alivio. Otro y tampoco. Otro, otro y otro y empezó a sentir aquel calor, aquella calma temporal, pero no dejaba de llorar. Arrastró la botella hasta la habitación de la biblioteca, dio otros tres tragos seguidos, ardía pero no ayudaba, abrió el piano y se sentó mientras llegaba a la mitad de la botella. “No quiero verte…¡ah, joder, qué dolor!”. Y la primera tonada; negra y tenebrosa, de miedo, de dolor, nada peor que “Lacrimosa” de Mozart, más unos cuantos golpes repentinos de frustración y enojo al teclado, haciendo retumbar el apartamento entero por no haber cerrado la puerta, es que no le importaba. Bebió a fondo aquella botella y sin vomitar, sin tener aquel reflejo, sólo quería perder la consciencia, despertar de esa pesadilla, de las palabras de Lena.



- ¡Yulia!- gritó Natasha desde la cocina, la estaba buscando. Se guió por el sonido violento del piano, de los golpes hostiles de Yulia y la encontró, en la peor de las vidas, con la botella acostada sobre el suelo y ella apoyando su cabeza con su brazo sobre la caja, rozando las teclas con sus dedos de la mano derecha, no teniendo más fuerzas para apretar una tan sola tecla más. – Háblame- murmuró, sentándose en el banquillo con ella y tomándole su mano, calentándola. - ¿Te peleaste con Lena?- Yulia asintió, dejando salir más lágrimas de las que creyó haber tenido. - ¿Qué pasó?- Natasha le acariciaba su mano mientras intentaba verla a los ojos pero su mirada analizaba el entorno, la botella de vodka barato.



- Se enojó por lo de su mamá…y me gritó, me gritó fuerte y feo…no sabía que se iba a enojar tanto, sabía que no le iba a gustar pero creí que le daría más gusto ver a su mamá…- murmuró entre sollozos y ahogos, tratando de lidiar con la congestión nasal. – Me dijo que no me quería volver a ver…no ahora…ni mañana…que no quería verme…- y se dejó caer en los hombros de Natasha, quien no sabía qué decir, sintiendo el aliento pesado de Vodka en Yulia, nunca la había visto así de descompuesta, así de herida.



Natasha la levantó, abrazada todavía y la llevó hacia su habitación, metiéndola en la cama, abrazándola para no dejarla ir, dándole su hombro para que llorara todo lo que quisiera, para que ajara su blusa en su puño, sí, ahí estaba Natasha, por primera vez sin saber qué decir al respecto, sin poder darle una palabra que la calmara, pero ahí estaba para no dejarla sola, aún cuando había tenido que salir corriendo de la cama de Phillip.



- ¿Por qué no te vas?- murmuró Natasha mientras le limpiaba las lágrimas a Yulia. Yulia la volvió a ver con incomprensión. – Es trece, te vas el dieciséis…vete mañana, date un respiro, te podría servir- murmuró, sabiendo que huirle al problema no era la solución y, como psicóloga, estaba faltando a sus principios. – Puedo hacer que te vayas a primera hora mañana si así lo decides- y Yulia, sin pensarlo dos veces, asintió.



Yulia respiró hondo y, con aquella tristeza reprimida, revisó su teléfono para ver si había noticias de Lena…y no. Se subió a un Taxi y, con la peor de las voces, le dijo que la llevara a la Castel Gandolfo, necesitaba un abrazo de su madre. Habría querido tener aunque fuera la mínima de las resacas, para no tener que pensar en Lena y en sus palabras, sino en su malestar, pero no, el cuerpo había decidido abandonarla y dejarla pensar en su novia, en su enojada e hiriente novia. Y no esperaba una disculpa, sólo que le hablara, que pudieran olvidar el episodio…pero no, no, no y no. Era domingo de invierno, un invierno distinto que, aunque tuviera luz, era oscuro, frío, muy frío, desolado, el dolor adolescente.



- ¡Natasha! ¿Dónde está Yulia?- atacó Lena a Natasha en cuanto le abrió la puerta, todavía despeinada y en pijamas, más dormida que despierta.



- Lena…- suspiró Natasha, no sabiendo qué decirle. No estaba enojada, o quizás sí, pero no sabía bien qué había pasado. – Pasa adelante, por favor…- murmuró, diciéndole a Phillip con la mirada que se metiera a su habitación.



- Natasha…por favor, dime dónde está…- su tono era evidentemente de preocupación. – Fui a su apartamento a las seis de la mañana, ya no podía aguantar más…y nadie me abrió, esperé y esperé y ya es medio día y nadie me abría…¿dónde está?- y Lena se reventó en lágrimas.



- ¿Quieres un té?- preguntó Natasha, un tanto indiferente, pero sabía que el té no solucionaba las cosas, pero sí relajaba cuando era de jazmín. Lena asintió. – ¿Has intentado llamarle a su teléfono?



- Como cien veces y me remite al buzón de voz…¿dónde está?- repitió, notando que Natasha estaba molesta con ella por lo de Yulia, sí, Natasha tenía que saber.



- Lena…- suspiró Natasha, alcanzándole una taza vacía. – Yulia se fue a las cuatro para Roma…



- Pero no se iba hasta el domingo…



- Podría traumarte de por vida…pero así lo decidió- sonrió, disculpándose y mordiendo su lengua por no decir “la hubieras visto, estaba descompuesta, de verdad la lastimaste”.



- Soy tan estúpida…- murmuró Lena, hundiendo su rostro en sus manos mientras cedía a la deshidratación por tristeza.



- No eres estúpida Lena…no te digas así…¿quieres contarme lo que pasó?- oh, no, Psicóloga al ataque.



- Yulia llevó a mi mamá a donde íbamos a cenar, la llevó a Per Se, ¿sabes el choque cultural que es para mi mamá Per Se? Todavía lo es para mí…y no sólo la llevó, sino que fue al JFK a recogerla, la instaló en Pennsylvania y luego a cenar…y estoy enojada…



- ¿Te enoja que Yulia haya traído a tu mamá?- sonrió, aunque tratando de ocultarlo, era un bonito detalle en realidad.



- Es que no es el que la haya traído…es que odio que no me deja pagar nada, odio que me consienta tanto, odio que me de todo y yo no puedo darle nada…



- Lena, Lena, Lena…no me digas que no te gusta que te consienta…no voy a tratar de hacerte sentir mal…es bueno que te sientas así, y no sé qué le dijiste a Yulia, pero fue suficiente para que no fuera a trabajar…¡****! ¡TRABAJAR!- gritó, preguntándose qué carajos hacía si era viernes. – Diablos…me van a regañar…pero no importa, Yulia y tú son más importantes…-suspiró, tratando de olvidarse de su trabajo.



- Le dije que no me gustaban muchas cosas de ella…y me dijo que para los gustos había colores, y sentí como si me había dado a entender un hiriente “si no te gusta, ahí está la puerta”…y le dije que ella tenía el color del ego, el color Yulia…y me dijo que no le gritara, que ella no me estaba gritando…y realmente no me estaba gritando ahora que lo pienso, pero era ese tono con el que le hablaba a Anatoly…y me enojó más, le empecé a gritar, me llamó “Licenciada” y todavía me enojó más, me empezó a tratar de calmar…y en mi momento de furia le dije que si le faltaba la glándula del respeto, que no sé qué es eso, que por qué no captaba que lo que había hecho no me había gustado y que tampoco se lo había pedido…y le dije que no tratara de hacerme a su gusto, que yo no estaba tratando de hacerla a mi gusto, que no era un árbol de navidad para que decorara a su gusto…y no me respondió…y le dije que se fuera…- y Lena era un mar de lágrimas, calentando sus manos con la taza de té caliente que le acababa de servir Natasha. Natasha tenía expresión de espanto. Whoa!



- En efecto…no es tan malo como pensé- sonrió, tratando de no preocupar a Lena, aunque era peor de lo que pensaba. – No sé qué aconsejarte en realidad…no sé qué decirte…pero tienes dos opciones; llamar o no llamar…



- ¿Tú qué harías si fuera Phillip?



- Es distinto, Lena…Phillip es un hombre que no conoce las peleas…pero, no sé, supongo que llamaría, pero antes pensaría bien mis palabras, hasta las escribiera supongo…



- ¿Con qué voz, con qué cara le digo a Yulia que lo siento?- murmuró, limpiándose las lágrimas.



- Escríbele entonces…Lena, todo en esta vida tiene solución, eso te lo puedo asegurar…y tal vez no es un “lo siento” lo que ustedes necesitan, sino algo más complicado que se llama “comunicación”- murmuró, viendo que Phillip quería salir de la habitación pero, con la mirada, le dijo que no. – Después de todo…te dijo que te amaba, Lena…eso ya es algo, y muy grande, el amor no se mata por una pelea, no es sujeto de suicidio ni de estudio, es empírico- sonrió, abrazándola por los hombros, recordando lo emocionada que estaba Yulia hacía dos días por la llegada de su potencial suegra y porque le había comprado a Lena el regalo perfecto; algo que había averiguado mientras Lena dormía un día y le preguntó qué quería de Navidad, le dijo “Quiero unos Prismacolor nuevos”, y Yulia, no conociendo los límites, o no conociendo qué Prismacolor quería, le compró uno de cada uno, más una pluma estilográfica Tibaldi, parecida a la suya, Bentley también, pero en Dark Sapphire, más un Moleskine de “Le Petit Prince” y un hermoso Attaché rojo de Prada, más una tarjeta que decía “Feliz Navidad, mi amor. Porque no hay nadie que sepa usar todo esto mejor que tú, con todo mi amor, Yulia.”, y todo iba envuelto en lona blanca que Yulia había pintado abstractamente con tanto cuidado y amor y había logrado asegurar con un listón rojo de pulgada y media, le había puesto esfuerzo y amor .

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Sep 03, 2014 6:11 pm

- ¡Tesoro! Creí que venías hasta el lunes, qué sorpresa- saludó Larissa a Yulia, con un abrazo fuerte y tibio, justo lo que necesitaba.



- Mami…- murmuró Yulia, pasando sus brazos por la espalda de su mamá y apretándola fuerte contra ella, no pudiendo contenerse las lágrimas que había logrado retener y esconder con sus gafas oscuras.



- Yulia…¿Por qué lloras?



- Te he extrañado- murmuró Yulia de nuevo, sabiendo que era cierto, pero que en realidad era Lena, algo que no podía compartirle.



Larissa era una señora clásica de casi cincuenta y seis años, un poco más baja que Yulia, de cabello corto y liso, rubio y de facciones finas, no era delgada, tenía cuerpo europeo, curvilíneo y añejo. Llevó a Yulia a su habitación, intacta, tal y como la había dejado el año anterior; una habitación relativamente pequeña y en forma de “U”, teniendo como isla el baño, teniendo el closet en la pared de la entrada, al lado izquierdo, el baño al lado derecho, para luego encontrar una mesa de dibujo y una silla frente a la ventana, seguido por la pared paralela al clóset, con repisas llenas de marcos con fotos, libros de arquitectura y uno que otro libro que le acordaba de su niñez y adolescencia, luego una cama pequeña, una cama de 90x200; arreglada a la perfección en sábanas beige de algodón, como de camiseta deportiva y una tan sola almohada que recordaba que era cómoda, al lado su mesa de noche con una lámpara y una foto con “Piccolo”, el Werimaraner, quien al llamado de Yulia, corrió desde el jardín hasta la habitación para tumbar a Yulia en lengüetazos. “Se me olvida lo bueno que es estar en casa”.



Yulia se desvistió en frente de Piccolo, quien la observaba desde la esquina de la habitación con suma paciencia y con la bola de tennis al alcance. Se metió a la ducha, dispuesta a relajarse, a sentirse limpia, pero no, lo único que pudo hacer fue echarse a llorar, disimular su tristeza con el agua caliente, dejando que el agua caliente le corriera sin cesar, cayéndole exactamente sobre la nuca, viendo cómo caía sobre la base de la ducha que quemaba sus pies, pero en cierto modo era bueno, pues si sentía dolor era sinónimo de no haber muerto en vida.



Lena intentaba llamarle a Yulia, pero la llamada simplemente era desviada, el teléfono de Yulia todavía no había captado el cambio de país y, aunque le saldría una fortuna por tenerlo en transacción de datos, no le importaba con tal que Lena llamara o diera señales de todavía quererla. Yulia salió de la ducha después de media hora de estar sometida al vacío y, a pesar de no sentirse emocionalmente mejor después de aquella catártica desolación, se metió en la Yulia civil y normal, cero Haute Couture, cero Arquitectura, cero Manhattan, simplemente un jeans holgado y viejo, hasta manchado de pintura, una camiseta y su viejo suéter de la escuela, un suéter amarillo con letras rojas, un atentado, pero a Yulia le gustaba, más cuando se ponía sus viejos Converse blancos.



- Yulia…¿quieres un poco de tiramisú y un café?- preguntó su madre en cuanto Yulia se sentó en la silla de la cocina, en donde normalmente comía, pues arreglar el comedor para dos personas era demasiado trabajo y, en el comedor, Piccolo no tenía permiso de estar. Piccolo a sus pies como siempre, lo había cuidado los primeros dos años en Milán, luego migró a Roma, ya adiestrado por Yulia, para luego abandonarlo, pero la emoción del can era simplemente notable.



- ¿Tienes bourbon?- su mamá asintió. – Entonces sí, un café estaría bien…y doble porción de Tiramisú, por favor…¿tienes crema batida? Quisiera mucha encima, por favor…y salsa de chocolate si tienes…



- Es esa muchacha, ¿verdad?- oh, no. El mundo de Yulia se detuvo por lo que pareció una vida entera. Yulia la volvió a ver con cara de desconcierto. – Misha llamó para disculparse por haber hecho que mi hija se fuera en la otra dirección, ¿sabes?



- Madre…- murmuró Yulia, apenada y con miedo.



- ¿Eres feliz así?



- Desde hace no-sé-cuántas-horas no…pero sí, lo soy, ¿no estás molesta?



- Eres mi hija…la única que no me ha dado la espalda…¿qué esperas, que te dé la espalda por algo así?- dijo, con una sonrisa y alcanzándole el Tiramisú tal y como lo había pedido. Yulia se encogió de brazos. – Cuéntame…o es esa chica…¿Natasha?



- No, mami…Natasha es mi mejor amiga…



- Ah, pero es muy guapa- sonrió, alcanzándole el café y poniéndole la botella de bourbon a la par. – Ponle lo que creas necesario



- Se llama Elena…Katina…- y cuando dijo su nombre le dieron ganas de llorar otra vez.



- ¿La que trabaja contigo?



- Sí…mami, yo sé, no tengo que mezclar los negocios con el placer…sólo pasó…



- ¿Negocios y placer? Yulia…ya estás grande, y no pretendo mantenerme en negación, sería inmaduro de mi parte…¿tú y Lena…?



- Madre, por Dios…¿quieres que discuta mi vida sexual contigo?- dijo, escandalizada y con espanto. Su madre asintió. - ¿Estás segura que quieres saberlo? Digo, puede ser que sea crudo y cruel…



- Yulia, crudo y cruel sólo lo conozco en el hombre que se supone que es tu papá…puedes confiar en mí- sonrió, poniendo su mano sobre la de Yulia para evitar que llevara un bocado de Tiramisú a su boca.



- Si, mami…la respuesta es sí…



- No tiene ninguna enfermedad venérea, ¿verdad?



- No, mamá…¿quieres verla?- preguntó, sonriendo por primera vez desde que había llegado a casa, creyendo que la respuesta sería no.



Larissa asintió con una sonrisa, preparándose para ver quién era la persona que tenía sufriendo a Yulia de tal delirio mental, pero no le molestaba, le molestaba verla incómoda y triste. Yulia sacó su teléfono, notando que no había señales de Lena y se apresuró a meterse a “Photos” y presionar la primera foto, sí, una foto de sólo Lena. Estaba en la oficina, viendo el plano de un proyecto que le había surgido, era un proyecto bueno, ahí mismo en Manhattan, para decorar el apartamento de una pareja que iba a contraer matrimonio. Estaba apoyada en el escritorio, con sus brazos tensos, sus hombros empujados un tanto hacia arriba, sonriéndole a la cámara, mostrando sus dientes y sus camanances, con sus gafas puestas, vistiendo una camisa blanca manga larga y de botones, con las mangas recogidas hasta antes de sus codos, deteniendo un lápiz entre sus dedos.



Pasó la foto y era otra vez Lena, esta vez bebiendo vino tinto, sonriéndole a la cámara, con su cabello suelto y un tanto desordenado, pero estaba en la cocina de Yulia, en un suéter rojo, mostrando la manicura que dejaba que Yulia le pagara, pues habían empezado a ir juntas, y, de su muñeca derecha, colgaba su pulsera Pandora, la que Yulia le había regalado.



- Es muy bonita, Yulia- murmuró su mamá, viendo cómo Yulia veía con amor a Lena a pesar de ser una foto, le dio un beso en su cabeza y se retiró. – Date tiempo, llámala después…- gritó desde las escaleras.



“¿Cómo carajos sabe mamá lo que pasa? Se me olvida…es mamá. Punto.” Yulia se terminó aquel Tiramisú y su café, que la calentó en el buen sentido de la palabra, dándole ganas de recorrer su primera construcción, su casa, su obra de arte, con Piccolo a su lado, por supuesto, a quien le otorgaba esporádicas palmadas en su cabeza. Saliendo a la terraza, respirando aire puro y sacando un cigarrillo para relajarse, el primero en una semana, admiró la vista del Lago Albano, y sintió lo mismo que la primera vez que se paró en el terreno, cuando tomó medidas personalmente de las dimensiones del terreno para poder levantar la casa de sus sueños, aunque por momentos se detenía a pensar: “¿En qué rayos pensaba al no poner esquina ahí? La vida hubiera sido menos complicada…pero, bueno…la vida es complicada, con esquinas o con curvaturas…es más fácil limpiar, pero cuesta encontrar un mueble que quepa ahí…quizás Lena podría aconsejarme” y ahí estaba, Lena otra vez en sus pensamientos.



- ¡Yulia!- llamó aquella voz ronca desde el interior de la casa. “Excelente…lo único que faltaba”. – Aquí estás…- sonrió, abriéndole los brazos a su hija para que le diera un abrazo. Yulia, sin soltar su cigarrillo, le dio un abrazo incómodo y distante que habría preferido no darle, más porque paseó sus manos sobre su cicatriz, reviviendo ese desprecio que se negaba a sentir por su padre. - ¿Cómo estás? Tu madre me dijo que no vendrías hasta el lunes, qué sorpresa, ma chérie- sonrió entre aquella barba de una vida entera.



- Te ves viejo, papá…- repuso Yulia, a la defensiva y tratando de mantener distancia.



- Te ves muy bien Yulia, estás delgada…¿cómo van las cosas en el trabajo?



- Excelente, estoy construyendo una casa en Boston, una en los Hamptons…y adivina qué, estoy remodelando la casa de los Van der Bilt, oh, sí…y también decoré Rockefeller Plaza- sonrió, con burla escondida, se sentía bien sacar su furia con el hombre que no quería que la tocara nunca más.



- ¿En serio?- dijo, boquiabierto.



- No, papá…- “facepalm, Papá”



- Siempre humor filoso, hija…te traje esto, por tu cumpleaños- murmuró, sacando un sobre del interior de su chaqueta. – Pensé que te podía gustar…ahora, creo que debo irme, sólo venía realmente a saludar, sé que no estás muy cómoda alrededor mío…lo siento- dijo, dándole un beso a Yulia en su frente mientras Yulia expulsaba el humo de su cigarrillo por la nariz, tomando el sobre de la mano de su padre.



- Piccolo, vai a prenderla!- gritó, arrojando la pelota de tennis lo más lejos que pudo al jardín. – Oleg…Anatoly…Quizás llegue a verte a casa…llamaré a tu secretaria para confirmarte- sonrió, un tanto forzada, tratando de anteponer el lazo sanguíneo ante su desprecio.



El papá de Yulia salió de la casa con el mismo pesar de todas las veces, Yulia siempre lo rechazaba de alguna manera, era como si le tuviera asco, como si no lo quisiera. Abrió el sobre y era una foto de Yulia cuando estaba pequeña, con el abuelo Félix. Se sintió pequeña de nuevo, pero feliz, no sabía que tenía fotos con él. Fue a la cocina y encontró cerveza, lo único con alcohol en esa casa, bourbon sólo no era su favorito. Yulia se hundió en el Chaise Longue de la terraza, decidida a terminarse las dos cervezas de un litro y a terminarse su cajetilla de cigarrillos en lo que contemplaba la oscuridad de la tarde, a veces le tiraba sin ver la pelota de tennis a Piccolo, la estaba pasando relativamente bien.



Llegó el día del cumpleaños de su mamá, y todavía no había tenido noticias de Lena, se conectaba por horas interminables a Skype y Lena nunca la llamaba, nunca se conectaba, nunca le llamaba, o un mensaje de texto, ni whatsapp, tanta fue la decepción que Yulia decidió apagar su teléfono, al menos por el día de su mamá. Le había comprado una cartera Béarn de Hermès, nada muy grande ni escandaloso, y a su madre le tomaría tiempo averiguar qué marca era, o bueno, tal vez no tanto tiempo como esperaba. La había llevado a almorzar a Roma Sparita, en donde la había invitado a la mejor botella de Pinot Noir, sabor que le acordaba a Lena, todo tenía que ver con Lena, y Lena ni sus señas.



Del otro lado del océano atlántico, Lena pasaba horas enteras, entre el trabajo y revisando su teléfono, escribiéndole mensajes de texto a Yulia, sabiendo que le saldría caro, pero estaba dispuesta a pagarlo, así como las llamadas y los interminables mensajes de voz que le había dejado: “Yulia, por favor, contéstame…estoy arrepentida, por favor, perdóname. Sólo necesito saber que estás bien. Te amo, mi amor. “ o “Yulia, te ruego que me contestes, estoy al borde del colapso, no he sabido nada de ti en más de cuatro días, no has dado señales de vida, por favor, mi amor, aparece, no ignores mis llamadas, necesito hablarte”.



- Ahora en la noche me voy a Houston con mamá, está empacando en el hotel todavía, ¿tú qué harás?- preguntó Lena mientras tomaba el cigarrillo de los dedos de Natasha.



- Voy a Westport, los papás de Phillip y mis papás y unos cuantos amigos…me habría gustado que vinieras- dijo Natasha, sonriéndole sobre la copa de vino.



- Me habría encantado…- suspiró, temblando de frío en la terraza de Natasha.



- ¿Todavía no ha dado señales, verdad?



- No…estoy abatida…jamás he tenido una preocupación así de grande, Natasha- murmuró, dándole el cigarrillo a Natasha.



- A mí tampoco me ha respondido mis e-mails…no me ha respondido nada…pero, hey…tranquila- susurró, poniendo su mano en el hombro de Lena. – Regresa en tres días - murmuró Natasha, con mirada comprensiva, partiéndose en mil pedazos por ver la desesperación de Lena, que en ese momento le pareció que a Lena le parecía que diecisiete pisos era una altura considerable para no sentir el golpe.



- Mi amor, ¿me consigues un Whisky?- interrumpió Phillip. Natasha asintió. – Yo no sé mucho de mujeres porque casi sólo con Natasha he tratado…y no me estás pidiendo mi consejo- dijo Phillip, apoyándose de la baranda de la terraza y encendiendo su Ashton. – Pero estoy dispuesto a ayudarte, si me dejas- continuó, exhalando el humo por su nariz.



- ¿Ayudarme? ¿Por qué me quieres ayudar?- preguntó Lena sorprendida, pues con Phillip no tenía tanta confianza, no tenía confianza, punto.



- Porque cuando Yulia es feliz, Natasha es feliz…y Natasha tiene días de estar preocupada por Yulia…y si en mis manos está, que Yulia sea feliz, créeme que lo haré…no sé lo que pasó, sobra decirte que si le rompes el corazón a Yulia, se lo rompes a Natasha y de paso a mí…pero, quiero ayudarte, si me dejas…¿aceptas?



- ¿Y qué esperas a cambio?



- Oh, Lena…yo no espero nada a cambio…espero que hagas feliz a Yulia así como he escuchado repetidas veces que ella quiere hacerlo contigo…¿aceptas mi ayuda?- recalcó, extendiéndole la mano para cerrar el trato.



- Toda la ayuda es bienvenida, Phllip, gracias- estrechó su mano.



- ¿Cuándo regresas de Houston?



- El veintiséis en la mañana, a eso de las nueve



- Bien, Yulia no viene hasta en la tarde, eso nos da tiempo, ¿a qué hora te vas a Houston?



- A las once de la noche sale el vuelo



- Dios, ¿vuelas con American?- dijo Phillip, un tanto confuso. Lena asintió. – Tenemos tiempo, tenemos ocho horas para encontrarle a Yulia el regalo de navidad perfecto



- ¿De qué hablas? ¿Tú me vas a ayudar a escoger un regalo para Yulia?- preguntó, un tanto en voz baja porque escuchaba a Natasha abriendo la botella de Whisky, había tenido que ir al cuarto de bodega a buscar la última botella de Whisky, compraban treinta y seis botellas de Whisky para Phillip al año, ajustaban a la perfección.



- Sí, ¿dudas de mis conocimientos sobre Yulia?- Lena tambaleó su cabeza. – Bueno, ¿quieres que Natasha nos acompañe o tomarás el riesgo?



- No, no…tú, confío en tus conocimientos- Phillip sonrió, apagando el Ashton en el cenicero y cortándolo para más tarde.



- Amor, llevaré a Lena a dar un paseo a donde Rowena- dijo Phillip a Natasha en cuanto le alcanzaba su Whisky.



- ¿Estarás de regreso para la cena? Así pido algo de comer, mi amor- sonrió Natasha, no preguntando ni a dónde iban, ni por qué, ni nada.



-Perfecto, asegúrate de que Lena y su mamá coman algo antes o durante el vuelo, por favor, mi amor- sonrió Natasha, con una sonrisa que a Lena le dio esperanzas.



Yulia jamás se había sentido tan mal y tan descansada a la vez, se dormía a las cuatro de la mañana, hora local, y se despertaba a las cuatro de la tarde. Pasaba la madrugada sentada en la cocina, acariciando a Piccolo ya dormido. A veces ponía una olla pequeña en la hornilla, un poco de leche, canela, nuez moscada, azúcar de vainilla y un poco de Brown sugar, y la calentaba para luego tomársela y sentirse levemente menos mal. Todos los días sacaba a Piccolo a dar un paseo al lago, sin correa, sólo caminando los dos, y Yulia le hablaba, le hablaba todo el camino, de cómo era su vida, de su trabajo, de lo bien que se sentía estar en casa…y le hablaba de Lena, por supuesto.



- ¿Natasha no te cuestiona nada, verdad?- murmuró Lena en el ascensor.



- Sabe que voy a donde Rowena, ahí no hay nada malo…y no, Natasha no me interroga así como yo a ella tampoco, es parte de la confianza, Lena…



- ¿Qué hay donde tu amiga?



- Rowena no es mi amiga, es una persona con la que solía trabajar y que logro sacar su negocio un par de veces al año…es el lugar perfecto para Yulia, ya lo verás



- ¿Cómo sabes qué comprarle a Yulia? Eso ni yo lo sé…



- Yulia tiene muchas manías, Lena, no debería asombrarte- sonrió. – Además, no es nada nuevo que le guste leer…y Yulia no es de las que comprará un libro para leerlo en su iPad



- ¿Hablas de un original?



- Todos son originales, Lena…pero no todos son primeras ediciones- Ah!
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VIVALENZ28

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