El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por rocket1 el Miér Sep 03, 2014 8:13 pm

Eso estuvo muy corto. Son unas bobas lena y yul

rocket1

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Jue Sep 04, 2014 5:14 pm

Aquí esta lo prometido




Una navidad patética para Lena, escuchando a sus tíos pelear por quién había engordado menos, cuando la verdad…”libra, libra y media…” y reía en silencio. Tomaban vino tinto, no tenía un buen sabor, era un “Franzia” de caja, ah, el paladar se le había acostumbrado al Pomerol que tanto le gustaba a Yulia, o a aquel Sauvignon del’96 que se habían tomado el día de su cumpleaños, postradas en aquella cama, desnudas, sonriendo y besándose, viendo HBO y comiendo paninis de queso Gouda, o aquel Bollinger Blanc de Noirs, o de un Dom Perignon o hasta el banal Veuve Clicquot…ah, todo era Yulia, Yulia, Yulia, y Yulia no respondía nada todavía. Habían intentado cocinar medallones de steak con salsa de vino tinto, pero habían usado Franzia y no Pomerol, y no sabía igual, no sabía a como Yulia lo preparada, ah, sí, todo era Yulia. Y Lena no se sentía superior, eso era bueno, simplemente extrañaba a su sofisticada Yulia que, así como ella estaba aprendiendo, Yulia había aprendido y con razón no dejaba esa vida ni de broma.



Yulia cocinó sólo para ella y para su mamá, cocinó canelloni con cangrejo y queso ricotta, acompañado de un Strawberry-Limoncello Cooler y, de postre, un panini con queso brie, chocolate y albahaca, lo suficiente para no poder caber en sus pantalones adolescentes y retirarse a dormir antes de las doce junto con Piccolo, habiendo recibido el regalo de su madre: un marco de fotos para que pusiera una de ella y Lena juntas, Yulia era difícil de regalarle algo.



Sin haber sabido de Lena por más de diez días, su corazón partido por haberse ido de Roma y por no saber nada de Lena, volvía la ansiedad de saber qué tenía el futuro para ella; un futuro con o sin Lena. Recostada en el asiento C81 del vuelo de Lufthansa Roma-JFK en el Boeing 747-400, dejándose llevar por Raul Rincon y su “Dry Martini” mientras ingería el único Pinot Noir que ofrecían y devoraba un Coq Au Vin, pensaba en si buscar a Lena o no, pero tendría que esperar dos horas más porque su vuelo se había atrasado por mal tiempo, dos horas menos sin saber de Lena. Pero tuvo tiempo para ingeniárselas…y hacer que Lena la perdonara por ser tan pomposa y entrometida, después de todo se había pasado, sí, lo estaba considerando, por fin consideraba que Lena tenía razón, pero, aún así, no era razón suficiente para gritarle de la manera que lo hizo, al fin y al cabo, las palabras eran lo que menos importaba, pues era el grito el que la había herido, sí, eso era, el odio a los gritos, tanto odio que no visitó de nuevo a su papá porque, al escuchar su voz, los recuerdos de sus gritos se le materializaban, y no era sano.



Habiendo dormido tan poco pensando en cómo pedirle perdón a Yulia, y en ideándoselas para envolver el regalo de Yulia, se le ocurrió tomar la Vogue Paris, la Vogue USA y la Harper’s Bazaar y empezó a recortar cosas que le recordaban a Yulia, poniéndolas sobre un pliego de papel blanco, pegándolas de tal manera que parecía una cascada de colores, para luego envolver aquellos tres libros primera edición, que la mitad la había pagado ella y la mitad Phillip y, aunque debiera mucho, se sentía feliz y satisfecha de al fin poder pagar algo, más para Yulia. Llegó al apartamento de Yulia a la hora que supuestamente aterrizaba, calculando que le tomaría una hora en llegar, pero quería asegurarse que estuviera ahí para cuando ella llegara.



Usando todo lo que Yulia le había comprado aquella vez en Bergorf’s; una blusa Gucci azul marino, a finas rayas blancas con el cuello y las muñecas en blanco, un jeans Michael Kors amarillo pálido, unas Dardatas café natural de ochenta y cinco milímetros, cinturón del mismo tono de las botas, bufanda Loro Piana rosado pálido y en un short pea cot Altuzarra azul marino, sí, y la Rachel Zoe Tote bag le daba el toque inspirador, hola, Lena fashionista. La esperó ahí, sentada en la silla del pasillo, apoyada de la mesilla de corredor, en donde descansaba el regalo de Yulia más una bota de Navidad llena de Godiva, en la que Lena, con paciencia y valor, había escrito “Yulia” con brillantina, toda una odisea, una tarde entera de manualidades después de haberse despedido de su madre, quien se había quedado en Houston, pues Yulia, a petición de su potencial suegra, había arreglado para que saliera de ahí y no tuviera que esperar mucho.



Pasó una hora, Lena estaba anticipante a la llegada de Yulia, pero Yulia nunca llegaba, esperó media hora más y tampoco, otra media hora y tampoco, se empezó a preocupar, “ Tal vez fue donde Natasha primero…tal vez no va a venir, pero entonces Natasha está en Westport pero entonces tendría que estar aquí, pero no está, entonces ¿qué pasó?”. En ese momento Lena pensó que tal vez darle un regalo no era lo correcto, pues no quería que se sintiera como se sentía con su papá, que intentaba comprar su perdón, pero en realidad era sólo un regalo que, pasara lo que pasara, lo iba a tener, pues era de ella, lo había comprado pensando en ella, y debía dinero a Phillip por ella, y había logrado al fin pagar algo para ella, y al fin se sentía feliz con alguien y consigo misma, alguien con quien podía compartir no sólo un espacio, sino suspiros y besos e ideas y sueños, alguien que la escuchaba. Esperó una hora más y Yulia todavía no aparecía, Lena sintió una aflicción inhumana, una aflicción que no se la deseaba a nadie nunca, y empezó a llorar de la desesperación, “¿Cuánto más tengo que esperar? ¿Vendrá? ¿No vendrá? ¿Dónde estás, mi amor? Ah, qué horror esperar” y hundió su rostro en sus manos, inclinándose hacia el suelo pero todavía sentada, hundida en su aflicción y en su arrepentimiento.



- ¿Por qué lloras? No me gusta que llores…- murmuró Yulia, hincándose ante Lena, que, cuando Lena levantó su mirada roja, Yulia secó sus lágrimas con la punta de un Kleenex que había logrado sacar en silencio en cuanto había logrado terminar de subir las gradas. Lena se quedó sin palabras, justo cuando necesitaba decir algo, no podía, se odiaba. – Ojos así de lindos no deberían llorar…- susurró, limpiando su nariz con el resto del Kleenex. Le dio un beso a los nudillos de Lena, intentando no llorar ella también, no soportaba ver a Lena llorar. - ¿Quieres pasar?¿Quieres algo de tomar?- murmuró Yulia, dándole otro Kleenex a Lena mientras se sentaban en el desayunador. - ¿Algo de comer? Estás muy pálida…¿has comido algo?- acarició su mejilla mientras Lena se negaba con la cabeza. Lena seguía llorando.



Yulia puso un poco de agua a calentar y sacó del congelador un tubo de Buttermilk Biscuits, que golpeó suavemente contra el pantry y lo abrió, sacando una bandeja para poner aquellos Biscuits y meterlos al horno por quince minutos. Lena la veía, sólo veía y lo único que podía pensar era: “¿Por qué está tan amable conmigo cuando no me respondió ninguna llamada? ¿Merezco yo que me trate así de bien después que le grité?” y Yulia le sirvió un té de vainilla, para que se relajara con el olor y calentaba sus manos.



- Tenemos dos opciones, dos puntos: 1. Al grano o 2. Tranquilo y despacio, ¿qué prefieres?- murmuró Yulia, tomando a Lena por las manos y besándole sus nudillos.



- ¿Cómo te sientes?



- Herida, sí…los peores doce días de los últimos seis años debo decir…¿y tú?- y Yulia seguía besando las manos de Lena, besaba sus dedos, sus palmas, sus nudillos, una y otra vez.



- Mal, nunca me he sentido así de mal…ni con este miedo…



- ¿Miedo? ¿A qué le tienes miedo?


- A perderte…¿no te parece suficiente?



- Pero aquí estoy, besando tus manos, sintiéndome mejor sólo con verte… no sé qué me ha matado más, si que me gritaras o no saber nada de ti por tanto tiempo



- ¿No vas a poder perdonarme, verdad?- Lena cerró los ojos, como si la respuesta sería un tiro de gracia.



- Ya lo he hecho ¿cierto?- sonrió Yulia. Ah, si, la madurez juega un papel importante aquí, más la calma y el arrepentimiento.



- En el momento en el que cerraste la puerta…perdóname, por favor…me cuesta entenderte en ese sentido, trato y no puedo, no logro acostumbrarme…perdóname- y Yulia acariciaba sus mejillas y Lena besaba las manos de Yulia, apoyándose en sus manos, acariciando las manos de su todavía-novia con las suyas.



- Cuando me preguntaste qué era lo que a mí me movía…te dije que de qué servía tener dinero si no tenías alguien con quien compartirlo…y no trato de convertirte en algo que no eres, porque me enamoré de una Lena que no quiero cambiar…quiero que dejes de sentir que no encajas en mi mundo, por eso hago lo que hago, quiero darte toda la seguridad que pueda… además, mi amor…- susurró, topando su nariz a la de Lena. – la economía está demasiado mal como para que yo tenga todo mi dinero guardado en el banco, esa es de las principales razones de las fugas de la economía doméstica…y si con dinero puedo hacer que tú te sientas cómoda conmigo y que pases una hermosa navidad a la par de tu mamá, y que viajes cómoda, y que la vida se te haga más fácil, créeme que lo haré…- y Yulia la besó, un beso tierno y desesperado por la ausencia de esos labios por doce mediocres días. – El dinero no compra la felicidad, eso lo sé…pero quita muchas preocupaciones de encima; no quiero que pases hambre, ni frío, ni que te sientas sola, ni que tengas deseos de pasar Navidad con tu mamá y no puedas…



- Yulia…yo…no sé qué decirte…siento que me estás comprando…a un precio muy caro- susurró, con sus ojos cerrados para no ver a Yulia, le daba miedo.



- Lo que menos quiero es que te sientas así, no te quiero comprar, te quiero ganar…quiero complacerte…¿nadie te ha consentido tanto antes, verdad?- Lena se negó con la cabeza.



- ¿Qué te hace tan perfecta? Es ilegal que seas así de perfecta…- murmuró entre besos, tomando a Yulia por el cuello con sus manos.



- No soy perfecta, de serlo no me habrías gritado, no te habrías enojado…pero es un error del que voy a aprender…no me gustó que me gritaras…



- Es estúpido, pero…¿por qué?



- Porque papá solía gritarme antes, mientras y después de que me pegaba…es algo que no me agrada…ni yo grito con frecuencia…es más, sólo a Anatoly le he gritado, a Misha le hablé fuerte pero no le grité…no me gusta gritar, me pone de mal humor



- Lo siento…de verdad lo siento mucho, no tengo palabras…tenía un discurso preparado y no puedo decirlo…no me acuerdo de nada…gracias por traer a mi mamá, y gracias por tu hospitalidad y por tus atenciones con ella…- y se hundieron en un beso apasionado que Yulia tuvo que detener.



- ¿Por qué te enojó tanto? Necesito saber…para no cruzar los límites…por favor, no quiero enojarte… - susurró, pegando su frente contra la de Lena y tomándola de las manos y trayéndolas hacia su pecho mientras el olor de los Biscuits al fin empezaba a manifestarse.



- Creo que me enojó que no me dijeras nada…y de inmediato hice cuentas, digo, cuánto has gastado en mí desde que nos conocemos…y es una barbaridad de dinero…yo no soy una buscadora de oro.



- Puedo dejar de hacerlo…o puedes dejarte llevar, yo acepto lo que tú tengas para darme y tú lo que yo tengo…si tú no quieres que lo haga más…no lo haré, puedo intentarlo…



- Me gusta que me consientas…- se sonrojó.



- Ah, las mujeres…somos tan complicadas- y ambas rieron por primera vez en los doce días que estuvieron separadas.



- Me da miedo, ¿sabes?



-¿Qué te da miedo?



- Dos puntos- sonrió, imitando a Yulia y a Natasha con una sonrisa tímida. – 1. Que todo contigo es como un sueño, es como vivir en una burbuja, 2. Que te gastes todo tu dinero en mí, tú también tienes derecho a ese dinero, tú te lo ganaste y 3. Que la burbuja se reviente y, mientras más alto, más duele el golpe



- Hmm…-tarareó, dándose la vuelta para sacar los Biscuits del horno y ponerlos en un plato. Sacó un tarro de Nutella y un cuchillo para Lena. – Por favor come algo, estás muy pálida- sonrió, cortando un Biscuit por la mitad y esparciéndole Nutella para darle un bocado a Lena. Al fin algo en el estómago. - ¿Por qué habría de reventarse nuestra pequeña burbujita de amor?- Lena se encogió de hombros mientras daba otro bocado de la mano de Yulia. – Si se revienta y nos caemos, me aseguraré de caer yo primero para que no caigas sobre el suelo, mi amor…yo no quiero lastimarte



- Es como un sueño…es como tener el idílico White Knight…que de paso es millonario- sonrió, mientras Yulia limpiaba el ángulo de los labios de Lena, tenía un poco de Nutella.



- No soy millonaria, mi amor, cuando termine con los Hatcher podría serlo, pero el gobierno me quitará mucho por impuestos- rió, chupando su dedo, con el que había limpiado el labio de Lena.



- Sabes…dentro de todo, podrías vivir un poco más…ostentosamente, aunque no conozco tu cuenta bancaria…- rió.



- Mi amor, me gusta vivir con lujos…pero soy Arquitecto…no estrella de cine para comprarme un penthouse en la Quinta Avenida...y también me gusta tomarme una vacación, me hubieras visto en Roma…me metí en mi ropa de la escuela



- Y eso es?- sonrió Lena, embadurnando otro Biscuit con Nutella en exceso.



- No te voy a engañar, yo no vengo de abajo, no de tan abajo…siempre tuve comodidades con las que aprendí a vivir, sin ellas no puedo vivir, a mí si me gusta consentirme- sonrió. – Trabajo un poco duro varios meses al año, me estreso con facilidad, y todo lo que hago es para dejar ir un poco de vapor…sino, imagíname como una olla de presión a la que no le has abierto la salida del vapor…y he dejado de gastar tanto desde que te conocí…porque mi mente se ocupa más en Elena Katina que en “¿Qué tiene de nuevo Emanuel Ungaro?”



- ¿Entonces tu escape es…gastar?- sonrió, con un poco más de ironía.



- No, porque no gasto en lo que sea, no soy una compradora compulsiva…sólo me gusta verme bien…no es lo mismo una blusa de algodón de Wall-Mart a una de Burberry



- Pero te podrías ver bien en algo de Wall-Mart- bromeó Lena, sí, era el momento de molestar a Yulia.



- Amor, no tengo nada en contra de Wall-Mart…pero verás, viviendo en Manhattan…Wall-Mart me queda un poco lejos, Bergdorf’s me queda a tres pasos…y, sin ofender a nadie, la ropa de Wall-Mart no acentúa mi cuerpo como yo quiero que sea acentuado…me hace ver…gorda- murmuró, con cierto aire de “eso es imperdonable”.



- Dejarías de ser mujer si no tuvieras ese complejo, Yulia- guiñó su ojo, devorándose el tercer Biscuit.



- ¿Qué te parece si te consiento dentro de tus estándares?



- ¿A qué te refieres?



- Tú sabes…invitarte a comer a la Pizza Hut, al área de niños si te parece para vivir la experiencia al máximo, llevarte de compras a Gap, comprar zapatos en Nine West, darle de comer a los perros de Central Park…



- Oh, Yulia…está bien, aquí va la confesión que quieres….- suspiró. - ¿Cómo voy a dejar mis Louboutin por unos matadores Nine West? Mis pies jamás han estado tan agradecidos…y me siento diferente, como que no soy Mainstream… pero va de nuevo, mi novia me compró la ropa y no yo- se sonrojó, hundiendo su cabeza entre sus hombros.



- Múdate conmigo, Lena…por favor- dijo Yulia, de la nada, mientras tomaba la mitad de un Biscuit y lo embadurnaba de Nutella, en triple exceso, como si nunca hubiera comido.



- Pero…Yulia…- tartamudeó Lena, viéndola con desconcierto.



- Lena, regálame eso de Navidad, por favor…quiero que te mudes conmigo…o yo mudarme contigo…como sea, pero…doce días fue demasiado sin verte…y ahorita que te veo aquí, proclamo que formas parte de mi vida…y que perteneces a mi espacio y a mi privacidad…



- ¿Qué quieres decir con eso?



- Que no quiero que te vayas…quiero irme a la cama contigo y despertarme contigo…no te estoy pidiendo que te cases conmigo, Lena…eso es un tanto ilegal…aunque aquí es legal…pero sólo te pido que compartamos espacio todos los días, todo el día…



- ¿Estás segura?



- Sí, Lena…hasta donde tengo entendido, eso acaba de salir de aquí- dijo, apuntando a su cerebro. – Y no de aquí- apuntando a su pecho. – Es una decisión totalmente racional…habiendo considerado pros y contras



- ¿Y si sientes que te sofoco?



- Lena…- rió Yulia. – En ese caso, te acostaría a la par mía y te abrazara para no dejarte ir…



- Eso es un poco... Como... Realmente no me dejarás ir?



- Noup, acostúmbrate a la idea…- sonrió, tomándole la mano a Lena y besando sus dedos llenos de Nutella. – Eres un poco sucia para comer, mi amor- susurró, metiendo el dedo índice de Yulia a su boca para limpiar el chocolate.



- Espera…todavía no…vamos a llegar tarde…- sonrió Lena, sonrojada. – Antes de mudarme contigo, antes de decirte el “SI” que me estoy conteniendo, deberíamos hablarlo con Natasha



- What the fuck? ¿Con Natasha?- rió Yulia, un tanto asombrada.



- Amor, no me estás pidiendo que me case contigo, ya lo dijiste, pero es tu mejor amiga…y no sé por qué siento que necesito su permiso…- murmuró, sabiendo por qué sí necesitaba su permiso, porque había herido a Yulia, “no sé, sólo necesito su permiso”.



- Me gusta que te lleves bien con mi mejor amiga…no cualquiera le cae bien a Natasha- sonrió, acariciando la mejilla de Lena y viéndola con ojos de amor.



- Pues…ambas estábamos preocupadas porque tú no aparecías…por cierto, ¿cómo que no supiste nada de mí en estos días? Te llamé hasta el cansancio, te mandé millones de Whatsapp, de iMessage…de todo lo que se me ocurrió



- Amor, no me entró nada…ni tuyo ni de Natasha…- dijo, buscando su teléfono en su bolsillo. - ¿Ves? – y en efecto, ahí no había nada más que un E-mail de Volterra que le acababa de llegar, en el que le decía: “Espero que te haya ido bien. Feliz Navidad. Te veo el cuatro de enero. Feliz Año Nuevo”. - ¿Qué tal pasaste Navidad con tu mamá?



- Bien, un poco aburrido…aunque fue muy bueno ver a mamá…le caíste muy bien, ¿sabes?



- ¿Ah, sí? Cuéntame…- dijo Yulia, retirando el plato vacío y registrando su congelador.



- Me contó cómo fue que la contactaste y la persuadiste para que viniera, me dio mucha risa…puedes ser un tanto insistente, Yulia, te lo aplaudo- sonrió. – Y que eres muy inteligente, encantadora, interesante…blah blah blah…todo lo que ya sabes, y al final…cuando calculó que yo sola me había tomado una caja de Franzia, me preguntó quién eras en mi vida…



- Sabes, eso me cae mal de una mamá…no se le escapa ni un ratón…- rió Yulia, acordándose de su mamá. - ¿Qué te dijo?



- No fue la gran sorpresa…y me dijo que si te habías preocupado tanto por que ella viniera, que te importaba mucho, me dijo “Lena, no cualquiera toma ese riesgo sin conocer a su suegra” y creo que tiene razón…



- Mi mamá ya sabe- dijo Yulia, sacando un paquete de pan congelado y queso Gouda.



- ¿Reaccionó mal?- rió Lena.



- No, Misha le dio un adelanto…no sé si agradecérselo o reprochárselo…¿quieres?- dijo, insinuándole que haría Paninis de Gouda.



- Te puedo invitar a McDonald’s, ¿sabes?



- Queda muy lejos y hay demasiada nieve…quédate aquí, sino pedimos algo de comer



- ¿Tienes algo dañino para tomar?- preguntó Lena poniéndose de pie y caminando hacia la cocina.



- Hay vino en esas puertas- sonrió, poniendo ensamblando los paninis para ponerlos al horno.



- No, me refería a esto- dijo, agachándose y sacando una Coca Cola de litro y medio.



- Lena…- murmuró Yulia un tanto asombrada. – Ponte de pie y déjame verte, por favor- perpleja, paseando su índice por su barbilla con una sonrisa mientras veía el atuendo de Lena. - ¿Eso lo ensamblaste tú sola?- preguntó, refiriéndose a su sentido de la moda.



- ¿Está mal?



- Wow, es preparado, es limpio y es perfecto- murmuró, son una sonrisa de satisfacción. – Te sienta muy bien…de verdad



- Tu tampoco te ves mal- sonrió, alcanzándole la Coca Cola. - ¿Puedo preguntarte algo?- Yulia asintió, diciéndole con la mirada “no me preguntes si puedes preguntarme algo, sólo pregunta.”



- ¿Cómo era tu relación con Misha?



- Tienes que saber, antes que todo, que mi relación con Misha duró año y medio y desde hace un año que quería terminarlo…al principio era gracioso, nos reíamos mucho, escuchábamos los problemas de cada uno…luego, Misha se descuidó de todo y me di cuenta de cómo era en realidad; usaba drogas pesadas a las cuales yo les tenía y les tengo y les tendré pánico siempre, se emborrachaba de lunes a domingo, no iba a trabajar…



- Pero, digo…¿lo amabas?



- Creo que no llegué a eso por todas las decepciones consecutivas que vinieron…preferiría que me gritaras a que te metieras en las drogas, y lo digo en serio…



- No me quiero meter en eso, también les tengo miedo…pero, Misha mencionó nalgadas…



- Y pregúntale cuántas veces, después de esa única nalgada que me dio, lo seguí tolerando…mi problema es que No puedo hacer frente a todo el mundo…soy un tanto selectiva con mis amistades…por cierto, ¿tú tienes amigos?- al fin, una pregunta decente y curiosa por parte de Yulia, una pregunta acertada.



- Amigos así como tú tienes a Natasha…no…pero sí, todavía tengo contacto con el que hice diseño de interiores, Christian…es con la única persona con la que me sentí cómoda siempre, con los demás, no sé…era mucha fiesta, mucha droga, tener sexo…yo sólo no era así en la universidad…y en Rusia, todos eran tan egocéntricos que nadie se abría con nadie en lo más mínimo…



- Te entiendo…sabes, en la universidad sólo tenía a un amigo, igual que tú, porque éramos iguales, el hijo del Arquitecto Perlotta, nos gustaba leer mucho, jugábamos pool…



- ¿Y qué pasó con él?



- No pude darle lo que quería


- No siempre podemos tener todo lo que queremos, ¿no?



- Creo que yo tengo todo lo que quiero…y lo tengo parado en frente…- sonrió, metiendo los paninis al horno.



- Te tengo un regalo de Navidad- susurró Lena, cerrando sus ojos para no sentir la respuesta de Yulia tan dolorosa, creyó que le reclamaría, pues los regalos no eran lo suyo.



- Mírame, por favor- murmuró, peinando a Lena, pasando partes de su cabello atrás de su oreja. Lena abrió los ojos y se relajó, viendo una sonrisa bastante ancha en Yulia. – Yo también tengo algo para ti, ¿cambiamos?- sonrió, con un guiño de ojo. Sacó los paninis del horno para que no se quemaran.



Lena asintió. Yulia se retiró a su habitación a traer aquel paquete, el que había decorado con tanta paciencia y secreto. Lena la esperaba con su paquete sobre el desayunador, con una sonrisa nerviosa, nerviosa por la reacción de Yulia y por lo que Yulia le iba a regalar, pues, por las proporciones, el paquete de Yulia era un tanto grande y, para que lo trajera en ambas manos, pesado. Lena deslizó su paquete al borde del desayunador mientras Yulia le ponía su regalo enfrente. Yulia paseó sus dedos sobre aquella envoltura digna de una diseñadora de interiores, meticulosamente trabajada, eran recortes de revistas de moda que creaban una cascada de colores, sólo la envoltura habría tenido un lugar muy especial en alguna pared de Yulia. Lena deshizo la laza roja, habiendo antes intentado descifrar cómo había hecho Yulia para, con el mismo trozo de lazo, hacer una laza tan perfecta y tan elaborada.



Yulia abrió su regalo con cuidado, notando que había tres bloques envueltos en plástico de burbujas para protegerlos, tomó el primer bloque, un tanto pesado. Lena, por el otro lado, llegó directamente al Attaché rojo, que sus ojos se iluminaron muchísimo antes de haberle visto la marca, simplemente era hermoso, pero había más; sacó su Moleskine y no se explicó cómo Yulia sabía su obsesión con LePetite Prince, sacando su pluma Tibaldi y viéndola con emoción, su set de Prismacolor, esperaba la sonrisa de Yulia con su propia sonrisa.



- Dios…mío…no puede ser…- suspiró Yulia, paseando sus dedos por la portada de “Sense and Sensibility”.



- ¿Te gusta? Hay más…- sonrió Lena, empujándole el resto de los bloques, eran tres en total; Sense and Sensibility, Pride and Prejudice y Emma.



- Son…primeras ediciones… – levantó la mirada con emoción, una sonrisa que valía la pena ver. Lena asintió. Yulia, de un solo movimiento, escaló el desayunador, agarró a Lena de la camisa y la haló hacia ella para darle un beso, sí, esos besos amorosos.



Lena haló a Yulia, haciendo que escalara el desayunador del todo y se pasara a su lado, empujándola, mientras se besaban, hacia su habitación. Ambas cayeron a la cama y dejaron de sentirse tan miserables, haciendo que la perfección entre ellas volviera a renacer, hundiéndose en aquel amor que sólo ellas sabían sentir, que sólo ellas conocían, sin enojos, sin gritos, sin problemas, sólo amor, pasión, esa necesidad de cuidar a la otra y necesidad por estar con la otra. Y ninguna supo si era de felicidad o de catarsis, pero empezaron a llorar, revolcándose en la cama sólo para tener sus labios juntos, para sentirse como tanto extrañaban sentirse, Yulia de Lena y Lena de Yulia, era el “nuestras” al que Yulia se refería cuando hablaba de ellas siendo pareja.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Jue Sep 04, 2014 5:45 pm

- Consiénteme, por favor…- suspiró Lena con su voz quebrada.



Y Yulia, entre lágrimas y oscuridad de invierno, besó a Lena más allá de su piel, reviviendo sus entrañas, limpiando y sanando todo dolor, todo arrepentimiento que podía haber tenido en los últimos doce días. Besó desde su frente, pasando por sus sienes, su entrecejo, su nariz, sus labios, su barbilla, su quijada para desviarse a su cuello, detrás de su oreja, recorriendo su cuello hacia el otro lado, purificando su garganta, que Lena sentía que, con esos besos, nada malo podía salir de su boca nunca más. Lena enterraba sus dedos en el cabello de Yulia, mientras cedía a Yulia su alma, aquel frío para convertirlo calor. Yulia desabrochó cada botón, siguiéndolo con un beso tierno y amoroso, besando el pecho de Lena, concentrándose entre sus senos, exactamente en donde su corazón latía ya no sólo por necesidad biológica, sino por Yulia. Sí, Yulia besó el corazón de Lena, proclamándolo suyo de una buena vez, reafirmándolo por si a Lena no le había quedado claro. Desabrochó el resto de su camisa, llenándola realmente de besos, siguiendo aquella definición de “hacer el amor” de Lena; “cuando aprecias cada milímetro de lo que besas”, acariciándola con sus dedos, adorando cada milímetro de su tersa piel.



- Y ahora aquí esta mi secreto- murmuró Yulia mientras deshacía el cinturón de Lena. – Un secreto muy simple…- continuó, abriendo su pantalón y dándole besos a Lena en su vientre, tomando los bordes de su pantalón en sus manos y deslizándolo lentamente hacia afuera, intentando que no fuera sexo nada más, no un típico “make-up sex”, sino una conversación profunda de sus sentimientos con los de Lena.



-Es sólo con el corazón que se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos-concluyó Lena la cita de Yulia. - Y el amor ... ama no consiste en mirar el uno al otro, sino en mirar juntos en la misma dirección- suspiró, recibiendo los besos de Yulia en sus muslos mientras retiraba sus botas con paciencia en aquel día que era oscuro por el clima, pero que era lleno de luz en aquella habitación.



- Y sólo tal vez, son nuestras imperfecciones que nos hace tan perfectos el uno al otro ... -susurró Yulia subiendo por sus muslos de nuevo, tomándola en sus brazos quedando frente a frente, Yulia hincada y Lena sentada, besándose como si el mundo se acabara. Yulia retiró lentamente la blusa de Lena, Lena perdida en los labios de Yulia en aquellas caricias a sus labios, a su lengua, a sus hombros y a sus brazos.



Lena metió sus manos entre sus Helmut Leggins y su piel, deslizando sus manos por su trasero, bajando lentamente aquel cuasi-pantalón junto con su tanga. Tumbando a Yulia sobre su cama, le quitó sus Reed Krakoff Drivers y sus Leggins, para luego subir con besos por sus muslos, imitándola, deteniéndose sólo para quitarle su cardigan, para besarla en medio de sus senos, para besar aquel lunar y cada milímetro de su esternón, y su cuello, mientras Yulia paseaba sus manos por la espalda de Lena, desabrochando aquel sostén negro, acariciando las marcas de aquel sostén, los costados de Lena, deslizando sus manos hacia su espalda baja y recorrerla hacia arriba, masajeándole cada vértebra, y luego hacia debajo de nuevo para meter sus dedos entre los elásticos de su hipster y acariciar su trasero. Yulia tumbó a Lena, colocándose encima de ella y, mientras retiraba su sostén suavemente con sus dedos, viéndola a los ojos, le murmuró un sincero “Te amo” mientras Lena movía sus piernas para sacarse su hipster.



Le deslizó los tirantes del sostén a Yulia, haciendo que Yulia se irguiera e interrumpiera el beso para quitárselo y poder volver a besarla, es que no quería nada más que besarla, besarla para compensar aquellos doce días de inmadurez. Y se tumbaron de golpe sobre el suelo, Lena encima de Yulia, dolió, pero no lo suficiente como para detenerse, como para detener aquel beso, no había ni dolor de espalda ni dolor de rodillas, ni falta de aire, sólo un abrazo firme. Lena tomó a Yulia por la cintura y la haló hacia ella, arrastrándola encima de ella y quedando ella sobre su espalda en aquella alfombra que le hacía cosquillas en su espalda. Yulia la tomó de la cintura y la levantó para acostarla en la cama.



- Te amo…te amo…- murmuró Yulia de nuevo, recorriendo el cuello de Lena mientras se colocaba entre sus piernas.



- Nunca me voy a cansar de escucharte decirlo…



- Te amo- susurró de nuevo, poniéndole una sonrisa tímida a Lena, una sonrisa sonrojada y rodeada por diminutos camanances.



- Yo más, Arquitecta- murmuró, paseando el dorso de sus manos por el vientre de Yulia, subiendo por sus senos, rozando aquellos rígidos pezones. - ¿Me haces el amor como sólo tú sabes hacerlo?- susurró Lena, tomándola por sus mejillas y viéndola a los ojos.



Yulia sonrió, de la misma manera que había sonreído al rozar sus dedos por la portada de Sense & Sensibility, con emoción, con amor por el arte, sí, el arte del amor. Y se hundió en Lena una vez más, dejándose llevar por sus labios y por sus manos, tomando a Lena de las manos, entrelazando sus dedos y bajando por sus senos, acariciando lentamente sus pezones con sus labios, ahogando a Lena con cada beso húmedo, con cada lengüetazo lento. Bajó con besos sin despegarse de las manos de Lena, mientras Lena le abría sus piernas, sintiendo los pezones de Yulia rozarle en el trayecto, su tibia respiración calentándole su piel. Y llegó a aquella parte en donde sólo Yulia podía imaginarse estar, en donde sólo Yulia tenía derecho a estar, y que prácticamente sólo Yulia había estado, y se entregó una vez más ante los besos seductores de Yulia, ante su lengua que acariciaba su clítoris con lentitud, gozando cada reacción de aquel clítoris que sólo era suyo, la reacción de Lena, que también era suya, desde antes, ahí y para siempre.



Sin soltarse sus manos, Lena había empezado a gemir suavemente, la atmósfera no daba para gemir tan fuerte, eran esas sensaciones abandonadas y retomadas, sólo la ahogaban y le daban placer. Yulia se despegó de su entrepierna y se puso de pie, halando a Lena por las manos hacia el borde de la cama, hacia la esquina, dejando sus piernas reposar sobre el suelo y, junto con otro tirón, la sentó. Se hincó frente a ella y, abriendo nuevamente sus piernas, dejó que Lena viera cómo se adueñaba de sus reacciones y de su cuerpo, como era que podía manipular su respiración, y sin soltarle las manos, clavándole la mirada en la suya por cortos períodos de tiempo, viendo cómo Lena contraía su abdomen y respiraba por la boca, echando su cabeza hacia atrás mientras Yulia aceleraba sus caricias en su clítoris. Yulia se las ideó para succionar su clítoris y luego morderlo suavemente, lo que hizo que Lena, inesperadamente, explotara en un orgasmo sensual, relativamente corto, pero lleno de sensaciones, apretujando las manos de Yulia a ras de la cama. Lena se tiró de espaldas mientras Yulia todavía acariciaba suavemente su clítoris, alargando su orgasmo lo más que se pudiera y, cuando se irguió, despegó sus manos de las de Yulia sólo para tomar la barbilla de su novia y acercarla a la suya para besarla. Se puso de pie, levantando a Yulia entre aquel beso y, moviendo las sábanas revueltas a un lado, la acostó sobre las almohadas, dejándola realmente recostada.



Recorrió el cuerpo de Yulia de tal manera que las sensaciones de Yulia se agudizaban con cada beso, doblemente si era lengüetazo, triplemente si era mordisco. Lena levantó las piernas de Yulia para apoyarlas con sus pies, dejándose llevar por la vista del cuerpo de su novia, de su recién recuperada novia, y se hundió en su vulva mientras detenía a Yulia por sus muslos y Yulia ponía sus manos sobre las de Lena, entrelazando los dedos de nuevo, sintiéndose siempre conectadas. Yulia cerró los ojos cedió a la lengua de Lena, dejó de resistir su coqueteo y le fue imposible dejar de contraer su vagina, era sin intención, era una simple respuesta a lo que Lena le hacía; aquellos círculos con la punta de su lengua en su clítoris, aquellos lengüetazos lentos con la parte ancha de su lengua, presionándolo un poco.



- Lena…- gimió Yulia, ahogándose en la succión que Lena le hacía en ese momento.



Y Lena supo que era momento de poseer a Yulia en todo sentido, aceleró un nivel su lengua, recorriendo a Yulia de arriba abajo en su ranura, recogiendo sus jugos calientes con su lengua y llevándolo hacia su clítoris hasta que Yulia se contrajera involuntariamente y gruñera quebradamente su orgasmo, que no fue tan intenso hasta que Lena mordisqueó suavemente su clítoris, y fue como si a Yulia la habían propulsado hacia el espacio. Lena subió con besos por el abdomen agitado de Yulia, tratando de calmarlo sin despegarse de ella, sin soltarla, llegando hasta sus labios, hasta que ambas sonrieron a ras de los labios de la otra y lograron abrir sus ojos. Lena se despegó de Yulia para arrojarse encima las sábanas, a plenas seis de la tarde, que ya no había luz y estaban totalmente a oscuras, sólo ellas dos en el mundo que compartían y que sólo ellas lograban entender en ese momento. Yulia se colocó entre las piernas de Lena, un poco hacia abajo, y recostó su cabeza en su abdomen, abrazándola por sus costados, escuchando su respiración y sus latidos al fondo mientras Lena sentía el calor y el amor de Yulia, pasaba sus dedos entre su cabello, lo había extrañado.
Lena se despertó por el frío y por la soledad de la cama de Yulia. Buscó a Yulia entre las sábanas frías y no la encontró, se estiró, rozando el nogal del respaldo de la cama, sintiéndolo igual de frío que las sábanas. Se sentó y se sintió como si estuviera ebria, la habitación le daba vueltas aún en lo oscuro. Puso sus pies y sintió fría hasta la alfombra y, en la oscuridad, buscó algo para ponerse encima, su camisa de botones, apenas abotonada era suficiente. Salió de la habitación de Yulia y se dirigió a la cocina a buscarla para no encontrarla, sólo había un lugar en el que podía estar. Contempló, desde la cocina, mientras se servía un vaso con agua, cómo caía la nieve a plenas dos de la madrugada, inundando Nueva York de algo frío pero mágico para muchos. Le preparó a Yulia un vaso con fresas, miel y Pellegrino, y le arrojó una rodaja de lima. Se paró enfrente de la habitación aquella, en donde estaba el piano y, concentrándose, logró ver el rayo de luz que salía por debajo de la puerta. Empujó la puerta para luego halarla y ver a Yulia tocando el piano, quien la volvió a ver con una sonrisa.



- ¿Te desperté?- preguntó, haciéndose a un lado en su banquillo para que Lena se sentara. Lena, un poco más despierta ya, se negó con la cabeza.



- ¿Te sientes bien?- le alcanzó su vaso.



- Sí, ¿por qué?- sonrió, abrazándola por los hombros con su brazo derecho.



- No estás durmiendo- rió, apoyando su cabeza en el hombro de Yulia.



- No quise despertarte, te veías demasiado linda durmiendo…y, pues…después de un rato de estarte viendo dormir, me catalogué como una acosadora y me vine a tocar un rato, tal vez me daba sueño



- ¿Me estuviste viendo dormir?- Lena se sonrojó, abrazándose para no ceder al frío a pesar de la calefacción.



- Sí, pero sólo un rato…me gusta verte dormir- se sonrojó, bebiendo un poco de su Pellegrino. – Sabes…Pellegrino es la estafa más grande del mundo



- Cuéntame…- murmuró Lena, cerrando sus ojos aunque intentaba no ceder.



- Es simplemente agua de grifo, que la ponen en una botella un tanto elegante y te la venden como si viene de la saliva de algún Santo…lo mismo Evian…son estafas



- ¿Por qué la tomas entonces?



- Porque tiene mucho gas, mi amor, y no tiene sabor como la mayoría de las naturales…además, toda mi vida tomé agua de grifo- rió un tanto en silencio. - ¿Quieres que regresemos a la cama?



- No, no ahorita…tócame algo, ¿si?- murmuró, todavía con los ojos cerrados.



Y Yulia, siempre complaciendo a Lena, decidió tocarle la primera pieza que aprendió a tocar sin partitura; una melodía repetitiva pero suave, con notas complementariamente suaves y dulces, quizás no trataba sobre amor, pues no sabía exactamente de qué trataba, pero, guiándose por la melodía, Lena comprendió que ese era el objetivo de Yulia, como si estuvieran flotando, sin preocupaciones, sólo ellas dos. Lena sentía el brazo de Yulia moverse con rapidez, igual que su izquierdo aunque no lo estuviera tocando, y, lo mejor de todo, era que Yulia tarareaba la melodía al compás del piano, como si le trajera buenos recuerdos; porque le traía buenos recuerdos y la utilizaba para empacar los mejores recuerdos, como su himno de felicidad.



- Mendelssohn…Songs Without Words…- murmuró Yulia notando que Lena estaba casi dormida.



- Es hermosa…- balbuceó en aquella voz casi vencida.



- Venga, vamos a llevarte a la cama ... - y Yulia se olvidó por completo de su piano, levanto a una Lena, que era casi peso muerto, y, con un poco de esfuerzo, apago la luz y la llevo hasta la cama, en donde la acosto suavemente y la cobijó con su pecho y las sabanas, abrazándola y dandole besos en su cabello. - Estoy más viva desde que me enamoré de ti ...- susurró Yulia a su dormida novia, que la abrazaba por el abdomen y reposaba su cabeza en su pecho.



Yulia tuvo suficiente tiempo para pensar en lo que ella quería, pues no quería llegar al día de su muerte y morirse sin saber qué quería y, entre lo que quería en el trabajo, en su vida personal, en sus amistades, en sus hobbies…en todo estaba involucrada Lena. Se preguntó cómo había sido posible trabajar sin Lena, sin tener esa chispa distinta en el Estudio, pues desde que Lena había llegado, la atmósfera se había relajado, Yulia reía más, aún cuando todavía estaba Segrate, nunca le dio más placer ir al Estudio, aún amando su profesión, el Diseño sobre la Arquitectura porque podía jugar más con ello y con los clientes, en cambio con Arquitectura, siempre había uno que otro problema. También se preguntó quién era antes de Lena y llegó a la conclusión que era simplemente “Yulia Volkova”, la amiga de Natasha Roberts y la socia de Volterra, pero ahora era “Yulia”, simplemente Yulia, amiga de Natasha-próximamente-Noltenius, socia de Volterra, novia de Lena; que se había convertido en una persona más flexible desde el momento en el que “se dejó llevar”, había cambiado y los cambios no le gustaban, pero este cambio en particular, había sido lo mejor que le había podido pasar.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por rocket1 el Jue Sep 04, 2014 6:21 pm

Aww que buena continuación

rocket1

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Sep 05, 2014 11:45 pm

Continuación




Lena despertó aquella mañana del jueves a eso de las diez y media y vio a Yulia descansar sobre su abdomen, con sus brazos bajo la almohada, haciendo que sus omóplatos se marcaran por debajo de su camisa. Se pudo imaginar despertarse todos los días al lado de Yulia, pues, al igual que Yulia, no había noche que durmiera mejor, sólo cuando estaba con Yulia y Yulia con Lena, era como la seguridad nocturna que no necesitaban, la compañía mientras soñaban, el calor de la otra. Lena se estiró de nuevo y se puso de pie, se vistió en sumo silencio y salió del apartamento de Yulia y se dirigió a Gene’s Coffee Shop para comprarle desayuno a Yulia. Pidió una Mediterranean Omelet y una Cheese Omelet, cuatro English Muffins, una orden de Buttermilk Pancakes, dos Hazelnut Coffees y dos Jugos de Naranja recién exprimidos. Regresó, entrando con manos llenas pero haciendo silencio, sin despertar a Yulia y, desayunando ella primero, arregló todo lo de Yulia para llevárselo a la cama. Justo cuando Lena entraba a la habitación, Yulia despertó, estirándose como una niña pequeña y sonriendo por estar despierta, en realidad viva.



- Buenos días, Sleeping Beauty- saludó Lena, colocándole la Breakfast Tray sobre las piernas mientras se masajeaba la cara para despertar del todo.



- Buenos días, mi amor- oh, esa voz para morirse en ella, era sensual, un tanto áspera por estar adormitada y seca. – Nunca me habían llevado el desayuno a la cama- sonrió un tanto sonrojada, no creyendo del todo que eso estaba pasando.



- Estas son en las cosas en las que puedo consentirte, Yulia…en atenciones así- sonrió Lena, sentándose al lado de Yulia y acariciando su mejilla izquierda con el dorso de su mano derecha. Yulia sonrió, dándole un beso a la mano de Lena y acariciándola con su mejilla y sus manos. – No sabía qué se te antojaba para comer, hay pancakes y omelet con tomate y queso suizo…y café y jugo de naranja



- Whoa…Tenía hambre- sonrió, tomando el tenedor y cortando un poco de su omelet.



- No, así no…- murmuró Lena, viendo la expresión de Yulia, como si no hubiera visto comida en años. – Allow me…- y Lena cortó un pedazo para Yulia, clavándole el tenedor y guiándolo hacia su boca. Sí, Lena le estaba dando de comer a Yulia, y Lena sonreía al ver que Yulia no entendía qué pasaba pero se dejaba llevar. El mejor desayuno de toda la vida de Yulia, sin duda alguna. Se devoró los cuatro pancakes y su omelet de tres huevos, más el café y el jugo de naranja, sí tenía hambre. Cuando terminó, infló su abdomen y materializó una pequeña panza a la que le dio un par de palmadas, haciendo que Lena se riera.



- Gracias, mi amor- dijo Yulia, viendo a Lena brillar como nunca antes la había visto.



- Todo un placer, Yulia- guiñó su ojo, acercándose para darle un beso en sus labios. – Voy a dejar esto a la cocina y regreso para que nos duchemos, ¿si?- y Yulia asintió con una sonrisa, recostándose de nuevo sobre su Smart Pillow y viendo cómo Lena se retiraba, viéndola en aquellos jeans amarillo pálido que no hacían nada más que hacer que su trasero se viera exquisito. – Se me olvidó darte esto ayer, espero que te guste- sonrió, alcanzándole la bota navideña que le había hecho.



- ¿Para mí?- Lena asintió. – Nadie lo había hecho antes…- sonrió, un tanto conmovida y sonrojada. – Oh my…- sonrió, mostrando sus dientes y con la vista abierta, dejando ver esos ojos mejor que nunca. Se puso un chocolate en sus labios y se acercó a Lena, quien mordió el pedazo que salía de los labios de Yulia, dándole luego un beso chocolatoso pero gracioso. – Gracias, Señorita Detallitos- sonrió, atrapando el labio inferior de Lena con sus dientes.



Lena tomó a Yulia de la mano y la llevó al baño, hacía un poco de frío, bueno, tal vez no por la calefacción pero Yulia en realidad no quería bañarse. Lena se desvistió como si fuera la cosa más natural del mundo, porque lo era, mientras Yulia la observaba, “podría observarla todo el día”, y encendió la ducha; eso era lo único que le faltaba a Yulia, una bathtub. Lena se metió a la ducha y probaba la temperatura del agua con sus manos, le preguntaba a Yulia si así le parecía bien y Yulia, extendiendo su brazo y probando el agua, siempre le decía que no, le daba largas porque tenía pereza de bañarse.



- ¿Así está bien?



- Más caliente- Y Lena giraba un poco la llave para calentarla un poco más.



- ¿Y ahora?



- Más fría- Y lo mismo.



- ¿Ahora?



- Más caliente- y pretendió darle vuelta a la llave sólo para comprobar sus sospechas. Le hizo un gesto a Yulia para que la probara. – Más fría



- Eres un caso muy especial- rió, halándola del brazo y metiéndola a la ducha con ropa.



- ¡Ahhhhh! No se vale- sollozó, intentando cubrirse del agua.



- Eres una exagerada- rió Lena un poco más fuerte, empujando a Yulia contra la pared para que el agua la bañara. – Mmm…sabes, estaba pensando…si me voy a mudar…- murmuró, tratando de tener la atención de Yulia, lo cual consiguió, pues Yulia dejó de quejarse, aunque Yulia sabía que lo hacía por bromear.



- ¿Aja?- sí, Yulia estaba interesada.



- Necesito una bathtub- sonrió, paseando sus dedos por su mojado cabello a manera de peinarlo.



- ¿Para qué necesitas una si tengo una ducha en la que cabemos las dos con espacio suficiente?- preguntó con escepticismo.



- ¿Para qué crees?



- ¿Para llenar esa esquina vacía?- rió, escurriendo su suéter, aunque obviamente era inútil si el agua seguía empapándola. Lena se negó con la cabeza. - ¿Entonces?



- Para hacerte el amor…- susurró, haciendo que Yulia sonriera de nervios y sonrojándose al máximo. – Ah, no me digas que te da pena que te diga que quiero…hacerte…- murmuró, escalando sus dedos por el abdomen de Yulia y hacia arriba. – el…amor…- dijo, llegando hasta su pecho para llegar a sus labios.



Yulia la vio por una fracción de segundo, le clavó la mirada y, de un movimiento, la empujó contra la pared, tomando sus manos y poniéndolas contra la pared un tanto arriba de su cabeza, y besándola con deseo. Escurriendo agua por su suéter y su pantalón, haciéndole peso, pero no le importaba, sólo besar a Lena, apuñando sus manos en las suyas, apretándolas con fuerza mientras la apretaba con su cuerpo contra la pared. “This is hot” sonreía Lena internamente. Yulia se retiró para intentar quitarse la ropa, no la soportaba más.



-Lena, uno se mete a la ducha sin ropa porque sino cuesta sacársela- rió, luchando con su suéter, sintiéndose atrapada porque se le había pegado al cuerpo.



Lena reía mientras intentaba ayudarle, pero Yulia se movía demasiado, era realmente gracioso, pero logró quitárselo, igual que aquel pantalón que se había convertido en algo pegado por el agua. Y ahí estaban las dos, desnudas, como les gustaba estar en presencia de la otra aunque no lo admitieran, que Yulia pensaba que ningún diseñador podía igualar la figura de Lena y que ningún vestido de nadie se veía mejor que Lena Katina en su desnudez y Lena, por el otro lado, sólo devoraba a Yulia, no había visto a tantas mujeres desnudas, pero había visto a Natasha y no tenía mal cuerpo, simplemente el de Yulia era perfecto, femenino y frágil y muy, muy, pero muy, a-pe-te-ci-ble.



- Puedo?- murmuró Yulia ante la mirada perdida de Lena en sus senos, enseñándole el Jo Malone en su mano.



Lena asintió y Yulia, colocándose detrás de Lena mientras ella cerraba sus ojos, lavó el cabello de Lena, masajeando su cabeza mientras rozaba disimuladamente su pelvis contra el trasero de Lena, haciendo que Lena no sólo se relajara con el olor a la infusión de mandarina y albahaca, pero también sintiera la suavidad de la piel de Yulia, haciendo que su mente quisiera rogar por que Yulia la tocara más allá que su cabeza. Yulia enjuagó la cabeza de Lena bajo la cascada.



- Me fascina que seas pelirroja…rompes con todos los estereotipos de que las pelirrojas son un tanto… vacía- bromeó, teniendo el eco de Segrate en el fondo, de cuando había osado en decirle a Volterra que “Lena es pelirroja, es una pérdida de dinero para el Estudio, es pelirroja, es vacía”, pero eso era porque no había estado adentro de Lena y tampoco la había conocido, Yulia podía decir con seguridad que Lena tenía más cerebro que Segrate tuvo, tiene y tendrá por las próximas mil vidas de reencarnación.



- ¿De qué ríes? – preguntó Lena, notando que Yulia estaba un tanto perdida en sus pensamientos.



- De lo bien que se siente estar enamorada- sonrió, abrazando a Lena por su abdomen y dándole besos en sus hombros. – Abre tus piernas…- susurró, dándole un beso detrás de su oreja. Lena, como siempre obediente, las abrió un poco para Yulia, apoyándose de la llave del agua caliente y, accidentalmente girándola un poco, calentando el agua y la atmósfera pero sin quemarse. – Me vas a tener que ayudar, mi amor…- volvió a susurrar, haciendo que una corriente recorriera la columna de Lena, provocándole un gemido sin haberla tocado.



Yulia aplaudió, Lena se quedó un tanto confundida por el aplauso pero, después de un segundo, música empezó a salir de las paredes de la ducha, algo bastante nuevo, bastante pop, acelerado como el corazón de Lena, algo no-tan-Yulia pero aceptable. Y Yulia tomó el cabello de Lena, lo retorció con sus dedos y lo levantó para besar su nuca, desviarse por sus hombros y de regreso, quedándose del lado izquierdo, dándole besos a su cuello mientras paseaba sus manos por los senos de Lena, masajeándolos suavemente y aprisionando sus pezones entre sus dedos. Vertió un poco de jabón líquido de toronja en sus manos y las frotó, lavando el cuerpo de Lena, era más liso, “más rico…” según Lena. Los dedos de Yulia se deslizaban con más facilidad, aprisionando sus pezones, deslizándose de ellos, magnífica sensación, más con aquel olor a Toronja, Lena era simplemente la manifestación más clara de “dejarse llevar”. Yulia agarró un tanto fuerte sus senos en sus manos, topando los suyos a la espalda de Lena, aferrándose a ella, causándole un gemido de sorpresa. Fue la primera vez en la que Lena y Yulia vieron la ventaja de que Yulia fuera un poco mas alta que Lena, pues se le hacía más fácil besarla desde atrás, besarla con pasión mientras bajaba sus manos por el abdomen y el vientre de Lena, todavía con restos de jabón.



Con su dedo de en medio de la mano derecha, exploró la vulva de Lena, aquel relieve que ya conocía pero que siempre encontraba algo nuevo, siempre diferente, ahora ya estaba lubricado y caliente, ansioso por su tacto. Con la otra mano acariciaba el vientre de Lena, sus caderas y subía hasta sus senos mientras le daba pausas recreacionales a Lena, es decir, la dejaba de besar para que volviera a ver abajo para que viera lo que le hacía; simples círculos lentos en su clítoris con dos dedos, para presionarlo con mayor precisión, para acariciar ambos lados de su clítoris y para rozar sus labios menores.



- Mmm…Yulia…sí…ahí…oh my…God…- suspiraba Lena mientras Yulia mordía su hombro y su cuello y hacía círculos más rápidos sobre su clítoris.



- ¿Quieres sentirme adentro?- susurró Yulia, en aquel tono sensual y seductor que sólo ella podía emitir. Lena asintió mientras se mordía su labio inferior. “Sólo ella puede hacer que eso suene tan erótico y sensual”.



Y Yulia quitó su mano de la vulva de Lena, dejándola deseando más pero no, Lena quería sentirla adentro suyo, en donde no había estado por trece dolorosos días de espera sexual, doce orgasmos perdidos. Yulia acarició suavemente el trasero de Lena, haciendo que se apoyara de las paredes laterales de la ducha, sintiendo las manos de Yulia acariciar de afuera hacia adentro, de las caderas hacia su ranura, en donde separaban suavemente sus Buttcheeks, dándole cosquillas. Yulia regresó una de sus manos a los senos de Lena y, estando un tanto despegada de Lena, alcanzó su vagina luego de haber recorrido su trasero, presionándola con su dedo del medio, Lena gemía sin cesar y Yulia todavía no estaba dentro suyo.



- Por favor, mi amor…- murmuró en su voz agitada. Echando su cabeza hacia abajo para luego peinarse y quitarse el exceso de agua.



Y Yulia introdujo lentamente su dedo en Lena, tan estrecha y tan caliente, tan mojada, Lena sollozó, sí, placer y erotismo. La penetró despacio hasta que Lena le sollozó un “te lo ruego…” que la hizo penetrarla un tanto más rápido e igual de profundo, para luego meter un segundo dedo, haciendo que Lena se sintiera completa, sintiendo un hormigueo en su interior cuando los dedos de Yulia se movía dentro suyo en direcciones diferentes; uno arriba mientras el otro abajo, alternándose.



- Tócate para mí…por favor- susurró Yulia al oído de Lena, volviéndola loca. – Y no dejes de tocarte…



Y Lena en su inmenso placer, llevó su mano derecha a su vulva y, mientras Yulia empezaba a penetrarla con dos dedos, Lena recorría su vulva, sintiendo los dedos de Yulia al final suyo en cuanto recogía sus jugos para lubricar su clítoris. Yulia la penetró rápido y profundo, haciendo que Lena se elevara momentáneamente en puntillas para luego volver completamente al suelo, excitada al máximo, Yulia sintió aquel vacío típico en Lena, esa succión vaginal y la penetró más rápido, haciendo que Lena se corriera, flexionando sus rodillas, en dirección al suelo mientras obedecía a Yulia; “No dejes de tocarte”, Y Yulia la abrazaba para que no se fuera de bruces, buscando sus labios desde su hombro, que consiguió en cuanto Lena se recuperó un poco, pero habría jurado que su orgasmo no terminaba, largo e intenso.



- Tú ... eres increíble-murmuró Lena en aquella falta de aliento.



- Veo mucha pornografía-sonrió, bromeando, viendo que Lena se confundía por un momento. Las dos rieron, llenas de regocijo terminalmente sano.



- Veo mucha pornografía, también-bromeo Lena, tomándole los dedos a Yulia y succionándolos, probando su propio sabor de primera mano.



- Eres sexy hasta el punto en que no es verdad-sonrió Yulia, dandole la vuelta a Lena para darle un beso en sus labios, un beso sonriente.



- Tú ... tú me debes una!- dijo Lena, empujando a Yulia contra la pared y besándola. – Empieza a contar, pues cuando llegues a setenta y cinco, estarás en la Luna, mi amor…y cuenta en voz alta- sonrió. Oh, Lena, me has dejado sin palabras.



Y sí, Yulia empezó a contar en voz alta mientras Lena se tomaba diez cómodos segundos para atacar su vulva con su lengua que, a partir de ahí, se le dificultaba contar a Yulia, gimiendo los números por el dedo de Lena que entraba hasta el fondo, acariciando su G-Spot y presionándolo un poco, y su lengua, torturando su clítoris at Warp-Speed. No había llegado al segundo treinta y ocho cuando tuvo su primer espasmo, flexionando un poco sus rodillas hacia el suelo, indicándole a Lena que estaba a punto de correrse. Yulia enterró sus dedos en el cabello mojado de Lena, acercándola más a su vulva, era demasiado rico.



- Cincuenta y tre-e-e-e-ssssss…- gimió por fin, realmente pegando la cabeza de Lena a su sexo, sólo para que Lena succionara un tanto fuerte su clítoris y su orgasmo se alargara y se agudizara, tanto que sollozó un sensual “Fuu…ck…”.



Lena se puso de pie, arregló la dirección del agua para sentarse con Yulia contra la pared, entre sus piernas, y que el agua cayera sobre la pared, empapando la espalda de Yulia mientras Lena se movía al compás de las respiraciones todavía agitadas de Yulia. La ducha se inundaba de la agitación de Yulia y de aquella música electrónica, un tanto pop, no sabría decir, un mashup quizás, pero era como música para estar en un Lounge chic, que básicamente lo único que la mujer cantaba era “So enjoy the ride cause we’ll be quickly quickly shooting past the sky where money’s no good, no need to buy”, qué apropiado.



- Asi que…quieres una bathtub, ¿no?



- No, Yulia, sólo era para entrar al tema- sonrió Lena, volviendo a ver a Yulia, sólo girando su cuello para encontrar sus labios.



- Voy a ver los planos…tengo que ver las tuberías…porque tienes razón, esa esquina molesta verla vacía…¿qué piensas de una EAGO, una Whirlpool? ¿O una Neptune Kara? La Neptune se la voy a poner a Meryl…



- La Neptune suena bien…¿cabemos las dos?- sonrió, cediendo a las ocurrencias de su novia, recostándose sobre su hombros izquierdo.



- Creo que sólo cabe una persona…pero mejor, así estamos más juntas- murmuró, abrazándola y alcanzando el acondicionador para pasarlo por el cabello de Lena.



- Mmm…me encanta la idea…y masajeas muy bien, ¿esa es tu profesión secreta?- rió, con los ojos cerrados.



- Mi profesión secreta sólo es consentirte…no soy muy hábil para hacer otras cosas, aunque puedo cortar papel con tijera para zurdos



Lena rió, Yulia siempre tenía algún comentario fuera de lugar que la hacía reír, era de lo que más le gustaba de Yulia.



- Háblame de algo…



- ¿De qué?



- De política



- ¿Quieres que te hable de política?- resopló.



- Sí…inventa algo, me gusta escucharte



- Bueno…hay, en principio, dos tipos de sistemas políticos; el parlamentario y el presidencial- dijo, moviendo a Lena contra la pared para enjuagar su cabello. – Casos especiales y famosos, contrapartes para la sencillez del caso, parlamentarios son Inglaterra, no el Reino Unido en general, sino sólo Inglaterra, Alemania también y es un tanto distinto al de Inglaterra, y, en el presidencial, el caso más famoso es donde residimos, mi amor…- continuó, peinando a Lena con sus dedos mientras la veía maravillada, clavándole sus ojos celestes y dándole una sonrisa sincera. – Y hay un tercer tipo, relativamente nuevo y no sé hasta qué punto funcional, la constitución directorial, que es Suiza y en Noruega creo y en esos países de por allá, en donde no es el Parlamento o el Presidente el que tiene el poder, sino más bien la Oposición que, en el caso de Suiza que, no sé si inteligente o estúpidamente, es la población- sonrió, poniéndose de pie para arreglar la dirección del agua y poder ella lavarse el cabello. – Hay otro tipo, que sigue el principio o la ley de Duverger, que es el sistema semi-presidencial…¿qué significa eso? Es como un sándwich político, el presidente tiene el poder suficiente como para nombrar al jefe del gobierno, Canciller o Primer Ministro, pero para poder nombrarlo tiene que tener la mayoría en el Parlamento y, aún así, el Presidente tiene el poder de forzar nuevas votaciones para el Parlamento, hasta cierto punto cuando se le dé la gana, es teoría nada más, en la práctica funciona diferente…pero te digo, es un vago recuerdo esto- sonrió, enjuagándose el cabello para aplicarse el acondicionador.



- No sé qué me atrae más de ti…si tu físico, tu inteligencia o tus principios morales…es difícil separarlos- rió, poniéndose de pie para enjabonar a Yulia mientras se enjuagaba su cabello. – Me encanta cuando hablas, me encanta tu voz…háblame sobre la casa de Margaret- sonrió, dándole la vuelta a Yulia para enjuagar su espalda.



La construimos en el dos mil diez, es bastante nueva la casa; tiene cinco habitaciones, seis baños, dos escaleras, una cocina convencional, una cocina y una bodega de vinos en el sótano, tres terrazas, dos living-rooms, cuatro espacios para autos, un muelle, dos jardines…- hizo una pausa para escurrir su rostro por el agua. - Son tres plantas si cuentas que una de las habitaciones está en el ático, que para mí es la mejor, tiene la mejor vista al mar, oh, y Margaret tiene un walk-in-closet seis veces más grande que el mío y, aún así, no le cupo toda la ropa- rió, dejando que el agua lavara la espuma del jabón que le había aplicado Lena y apagando la ducha.



- ¿Piensas pasar Año Nuevo ahí?



- Si tú no quieres ir, podemos pasarlo aquí, sólo las dos- sonrió, pasándole una toalla a Lena.



- No, sólo estaba confirmando- guiñó su ojo, sabiendo que si iban, iba a tener que pedirle ayuda a Natasha o a Phillip para su plan maestro, aquel que involucraba la conocida “Bendición del Año Nuevo” de Yulia, si es que se acuerdan cuál es.



- ¿Segura que quieres ir?



- ¿Por qué? ¿Algo que deba saber antes de reconfirmártelo?



- No lo sé…es una fiesta quizás un tanto diferente a lo que estés acostumbrada



- Descripción, por favor- sonrió, abrazando a Yulia por la espalda y viéndose ante el espejo.



- Llegan los papás de Phillip, los hermanos de Romeo y Margaret con sus hijos, o sea los primos de Natasha, unos cuantos amigos…hay música en vivo, a Mrs. Robinson le gusta mucho el Charlestone, pero casi siempre tocan ChillOut…y hay comida, de todo, mucho vino, mucho champán, fuegos artificiales…y muchas personas mayores ebrias, ¿suena interesante?



- Suena un poco aburrido, pero por la comida, por supuesto



- Esa es la actitud correcta, la misma que adopta Natasha…además, construyen una cosa ahí para hacerlo en el jardín pero sin que te de frío…



- ¿Código de vestimenta?



- El año pasado fue en jeans y blusa casual, botas…no es tan elegante, Natasha siempre va en sus Converse, por si te sirve de referencia- guiñó su ojo, poniéndose la toalla a la cabeza.



- Si me invitan, voy- sonrió, tomando de la mano a Yulia para ir al clóset.



Y sí, aquel walk-in-closet ya tenía el primer indicio de que Lena se mudaría tarde o temprano, más temprano que tarde, pues ya había ropa de Lena, y bastante, pero apenas llenaba dos secciones, que había decidido organizarlas diferente a Yulia; por días de trabajo y por días de ocio, pues, antes de la pelea, Lena ya se quedaba a dormir a donde Yulia ocasionalmente en la semana, a veces la semana entera pero, aún así, no lograban despertarse juntas, pues Yulia se despertaba antes y sin despertador y, cuando Lena se despertaba, Yulia ya se había bañado y estaba por terminar su desayuno, todo porque no querían oler a lo mismo, y era un punto bastante razonable.
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 06, 2014 12:11 am

- ¡Yul!- gritó Natasha de la emoción al ver que Yulia le abría la puerta. Se lanzó en un abrazo melancólico, un abrazo fuerte, casi asfixiando a Yulia.



- Nate, feliz Navidad- murmuró Yulia, abrazándola con todas sus fuerzas también.



- ¿Cómo estás? ¿Qué tal la pasaste, amor?- Natasha tenía una sonrisa de suma satisfacción, y eso que todavía no había visto a Lena.



- Bien, estoy bien, ¿y tú?



- Súper…necesito que apartes el quince Junio del otro año- sonrió, imposible contener tanta felicidad.



- ¡No! ¿En el Plaza?- Yulia sonrió, realmente estaba feliz por Natasha, era su sueño de toda la vida, al menos desde que conoció a Phillip, casarse en el Plaza.



- ¡Si!- y se volvió a lanzar a los brazos de Yulia.



- Nate, qué emoción, me alegro mucho por ti- y todo era sonrisas y emociones y, ¡Ah!- ¿No estás embarazada, verdad?



- Oh, claro que no, jaja, qué ocurrencias…el día de mi boda será el último día que Phillip utilice una cosa de esas que les dicen condones- rió, haciendo que Yulia también se riera.



- Nate, de verdad, no sabes lo feliz que estoy por ti- y Yulia la abrazó y la levantó del abrazo.



- Tú serás mi Bridesmaid…desde ya te lo digo…y St. Patrick’s Church, here we go!



- No puede ser…¿A quién torturaste para conseguir St. Patrick’s?



- No, no, eso fue Katherine- sonrió, notando a Yulia un tanto distinta. – Pero basta, vine a ver cómo estabas…¿cómo estás?- y respiró por fin, Yulia alcanzándole una copa de Pomerol.



- Muy bien, creo que nunca he estado mejor- sonrió, apoyándose en el counter opuesto al desayunador, viendo a Natasha con una sonrisa.



- ¿Ah, si? Cuéntame, sabes que no me gusta que me des tantas largas…



- Nate…creo que la vida da demasiadas vueltas y uno se encarga de no llegar al punto al que tiene que llegar…porque uno es…tonto, supongo- sonrió, es que no podía dejar de sonreír.



- Aja…¿qué?- Natasha estaba un tanto confundida, ¿a qué se refería Yulia?



- BOOOOOO!- gritó Lena detrás de Natasha, asustándola, haciendo que derramara la copa de Pomerol sobre el desayunador, atacando a Yulia de la risa, con una carcajada descarada, se reía sin pena en la cara de Natasha, igual que Lena, quien casi estaba sobre el suelo riéndose sin cesar.



-Joder ... tienes miedo a la **** fuera de mí-suspiro, tratando de calmarse.



- Lo sé ... eso fue divertido- rió Lena, caminando hacia Yulia.



- Oh, esperen…¡están juntas!- y Natasha hizo su baile de “Victoria”, un baile ridículo y gracioso, con una sonrisa de oreja a oreja. – ¿De verdad están juntas? ¿O es un espejismo?



Y Yulia sonrió, Lena también y, abrazándose por la cintura, simplemente se dieron un beso cariñoso para luego tomarse de la mano en frente de Natasha. Natasha estaba demasiado feliz, irradiaba hiperactividad y felicidad, era el día perfecto, bueno, uno de sus tantos días perfectos.



- Lena quería preguntarte algo- dijo Yulia, limpiando el Pomerol del desayunador y llenando la copa de Natasha de nuevo.



- ¿Ah, sí?- Lena no sabía exactamente qué tenía que preguntarle. Ah, sí, ya se acordó. – Primero, tengo que pedirte que seas muy sincera, que nos hables con sinceridad, como la Psicóloga que llevas dentro- sonrió.



- Oh, no…¿se piensan casar?- y Yulia y Lena rieron a carcajadas. – Ugh, qué alivio…ya me tenían con el corazón en la boca…prosigue, querida Lena, por favor



- Bueno, ¿qué piensas de que Lena y yo tengamos un hijo?- preguntó, tratando de contenerse la risa, pues era broma. Natasha tenía expresión de haber visto a un fantasma, tuvo un Blackout express, y la dejaron sin palabras.



- Lena, no seas mala, sólo dile la verdad- susurró Yulia, aguantándose la risa.



- Ah…¡Hey! No juegen conmigo, qué malas- Natasha hizo un puchero.



- No, ya, hablando en suma seriedad- dijo Lena, abrazando a Yulia por la cintura. - ¿Qué piensas de que venga a vivir aquí con Yulia?



- Yulia, ¿eso es lo que tú quieres?- y Yulia asintió. – Lena, ¿estás dispuesta a cuidar a mi mejor amiga, a mi hermana y a tolerarle todas sus fobias, manías y fijaciones?- Lena asintió, no muy segura pero se dio cuenta que Natasha bromeaba, - Bueno, no sé por qué me preguntas a mí, Lena, ustedes son dos personas adultas con capacidad de razonar…¿cuándo arreglo transporte para la mudanza de Lena?- y sonrió, dándoles la “bendición” que quería Lena.

*
¿Yulia?- susurró Lena, acariciando la espalda de Yulia, que estaba recostada sobre sus brazos y, sobre ellos, su cabeza, su nariz topando el granito negro del desayunador. - ¿Estás dormida?- volvió a susurrar, considerando la remota posibilidad de que en verdad lo estuviera.



- No…- murmuró, levantando su cabeza con una mirada un tanto evasiva.



- ¿Te sientes bien?- su voz era adormitada y preocupada, era evidente que a Yulia le pasaba algo.



- Sí…sólo estoy un poco cansada…es el jetlag, supongo…- murmuró, forzando una sonrisa que era difícil creerle.



- Ven a la cama, mi amor…intenta dormir- dijo Lena, alcanzándole la mano para que se la tomara, con una sonrisa sencilla y cariñosa.



- No he podido dormir, son las cuatro y algo de la mañana, lo sé…llego en un momento, ¿si?



- ¿Quieres estar sola?- Lena estaba un tanto preocupada, pues creyó que ya la estaba comenzando a sofocar.



- No, Len…sólo estaba matando el tiempo, no quería despertarte de tanto que me movía en la cama- volvió a sonreír, viendo que Lena todavía tenía extendida su mano. “Carajo, Yulia, tómasela”.



- Ven a la cama, ¿si? Me haces falta…- sonrió un tanto sonrojada, agitándole un tanto la mano para que se la tomara, y se la tomó al fin.



Yulia asintió, concediéndole a Lena algo tan fácil como acompañarla a la cama, sólo abrazarla hasta que se quedara dormida mientras seguía dándole vueltas a lo que le incomodaba, más bien lo que le preocupaba. Pero su atormento era quizás estúpido, o no, pero le daba vueltas en la cabeza y, lo único que la desconcentraba de aquella faceta, era ver a Lena dormida a la par suya mientras la abrazaba con su brazo, más bien ponía su mano sobre la cintura de Lena y la movía para acariciar hasta su cadera y de regreso. Lena si era hermosa, dormía con una sonrisa pequeña en sus labios, su flequillo cayéndole sobre la mitad de su frente y apenas agarrado de su oreja izquierda, un flequillo ya más brillante, junto con su cabello rizo y más manejable. Yulia logró conciliar el sueño a eso de las siete y media, cediendo a sus pensamientos, no despertó hasta las tres de la tarde, que Lena la contemplaba con sus ojos verdegrises y una sonrisa brillante de dientes, con un listón en su cabello, viéndose increíblemente joven y tierna, ya duchada y con ropa limpia.



- Buenos días, extraña-murmuró Lena, con la misma sonrisa con la que siempre saludaba a Yulia. Yulia sonrió mientras se estiraba. - Pensé que podríamos ir a tomar algo de comer en la tarde en Per Se-murmuró sin quitarle la mirada de encima.



- ¿Y eso?- sonrió, olvidándose de aquella pregunta que tanto la atormentaba.



- Phillip y Natasha llamaron, pero estabas dormida, querían saber si querías…-dijo, interrumpiéndose con un silencio de corrección y un gesto extraño. – si queríamos ir a un late lunch con ellos- se corrigió.



- Está bien, sólo me iré a bañar- sonrió, otra vez un tanto indiferente, igual que en la madrugada.



-Yulia…¿qué pasa?



- Nada, ¿por qué?



- Estás como…rara…



- No, Lena, estoy un poco cansada nada más…- y volvió a sonreír, esforzándose un poco más por hacerla creíble.



- ¿Tienes sueño todavía? Puedo llamarle a Phillip y a Natasha que no iremos…- sonrió, acariciando a Yulia por su mejilla para luego peinarla y pasar su flequillo detrás de su oreja.



- No, no es sueño…es como estrés…es como raro- y se puso de pie, acomodándose la camisa y peinándose alocadamente con sus dedos.



- ¿Qué puedo hacer para desestresarte?- susurró Lena, arrastrándose con sus rodillas hacia el borde de la cama para abrazar a Yulia por el cuello y sonreírle a aquellos labios dormidos y a aquellos ojos atormentados.



- Me podrías traer un Advil?- susurró Yulia mientras acariciaba la nariz de Lena con la suya.



No era la respuesta que Lena esperaba, hasta se sintió un tanto decepcionada, pues se imaginaba que podía quitarle ese presunto estrés a Yulia con un poco de amor y pasión, agitadas piel contra piel, pero no, ella quería una Advil. Yulia vio a Lena sonreír con decepción, con un suspiro sonriente ahogado que la hizo sentir mal, le tenía que decir algo y pronto, pero era simplemente cobarde para esas cosas. La vio salir de la habitación, vistiendo relativamente sencillo; el jeans amarillo pálido de antes y un cardigan verde de botones y un tanto grueso y holgado. “¿Cómo decirle a Lena; ‘Hey, estoy un poco asustada porque, tal vez, sólo tal vez, te interese tener niños’? No es algo tan sencillo de preguntar, ni de procesar, ni de responder.”. Y Lena no notó que era algo con ella, pues cuando Yulia saludó a Natasha y a Phillip con la mayor de las sonrisas, la más genuina, la más brillante pero, Lena se había sentido mejor, pero le pareció raro que quisiera sentarse a la par de Natasha y no de ella, pero era algo tan banal que no valía la pena pensarlo tan a fondo.



- Esa cara de preocupación tiende a acabar conmigo- susurró Phillip al lado de Lena, dirigiéndose a ella.



- ¿De qué hablas?- susurró de vuelta, viendo que Natasha y Yulia estaban sumergidas en alguna plática sobre alguna cosa, de algún lugar y refiriéndose a alguien, que no eran ni ella ni Phillip, tan sumergidas estarían que era como si lo demás no existiera.



- Es cierto que no soy mujer, pero sé cuando una mujer se siente inquieta por algo- sonrió entre aquella barba de tres días que ese día se le veía un tanto diferente.



- ¿Por qué crees que me preocupa algo?



- Porque ves a Yulia como si quisieras interrumpirla para preguntarle qué le pasa



- Oh…¿tú también crees que le pasa algo?



- No, pero tú me acabas de confirmar mis sospechas- sonrió. - ¿Algo en lo que pueda ayudar?



- Necesito hacer algo especial para Yulia…tú sabes, para empezar bien el año



- Buen cambio de tema…pero yo también necesito hacer algo especial para Natasha…¿te importaría si unimos fuerzas y combatimos a nuestras mujeres juntos?- sonrió, como si fuera un niño.



- ¿Hablas de cómo una conspiración?



- Sí. Digo, tú averiguas lo que Natasha quiere, yo averiguo lo que Yulia quiere, y nos mantenemos informados para que todos estemos felices, ¿te parece?- volvió a sonreír, con una sonrisa seductora, la que sin duda alguna funcionaba con sus contrapartes femeninos en el trabajo.



- Prométeme discreción, por favor- sonrió, extendiéndole la mano para cerrar aquel trato.



- Aquí hay reciprocidad, cariño- le estrechó la mano con la misma sonrisa. – Ahora, ¿qué habías pensado para Año Nuevo? Puedes tenerme la mayor de las confianzas- y guiñó su ojo, dándole a entender a Lena que él sabía todo lo que pasaba en su relación con Yulia porque Natasha sabía y no podía mantenerse callada.



- Dijo algo de hacer algo con el amanecer de fondo- discreción ante todo, aunque Phillip no era ningún tonto.



- Entiendo, hacer el amor con el amanecer de fondo…tengo una idea- suspiró, como si de verdad hubiera tenido la mejor de las ideas. – Podemos hacerlo los cuatro o sólo ustedes dos



- ¡¿Qué?!- suspiró Lena un tanto escandalizada, tratando de no llamar la atención de Yulia que estaba sumergida en Natasha, contándole algo de Poughkeepsie o un lugar así. - ¿A qué te refieres con los cuatro?



- Ay, Lena- rió Phillip, con esfuerzo por haber tragado un poco de su whisky. – No quiero un cuarteto, ni un trío…me refería a que…agh, cómo te explico…



- Inténtalo, que me tienes un tanto asustada



- Mmm…tengo un bote, no es muy grande…pero cabemos los cuatro sin molestarnos, podría ponerlo en Westport, para salir a eso de las cinco de la mañana, aunque tendría que ver el pronóstico del tiempo y del amanecer, para darte detalles más exactos…- Lena asintió, intentando comprender. – Hace demasiado frío como para hacer algo exhibicionista, Lena…pero estoy seguro que Lady Mia tiene justo lo que necesitas- sonrió.




Quien es Lady Mia?



- El bote- y, por primera vez, Phillip ahogó una sonrisa ingenua en un sonido nasal.



- Okay, a ver, déjame ver si lo entiendo…¿me estás diciendo que después de lo de Margaret, tú y Natasha y Yulia y yo nos subimos a tu Kayak?



- No le llamaría Kayak, pero sí, eso es…¿tienes tiempo mañana? Para ir a verlo, así tienes tiempo de conseguir lo que necesitas, si es que necesitas algo, y lo vas a dejar a mi apartamento para que lo tengan ahí listo para ti, ropa si quieres…aunque te acuerdo que hace mucho frío, más en altamar- y sonrió de nuevo, posando su mano en el hombro de Lena.



- ¿Y yo qué tengo que darte?



-Te diría que nada, pero necesito ayuda…necesito saber qué regalarle a Natasha para nuestra Boda



- ¿No se supone que tú pagas la Honeymoon?- preguntó Lena, un tanto ingenua también y, ante la mirada de “Oh, please” entendió que eso era un tanto obligatorio, así como ella pagaba la fiesta a su gusto, él pagaba la Luna de Miel, pero también le daba un regalo, pero no quería algo común como unos aretes o unas joyas. - ¿Has pensado en si van a mudarse a tu apartamento o al de ella o a uno nuevo?



- Creo que tendría que ser uno nuevo…tengo que conseguir un apartamento en la zona por donde vive Yulia, eso es un “must”, sino Natasha no sobrevive ni la primera semana de realidad



- ¿Por qué no le regalas a Yulia?



- ¿A Yulia?



- Tú sabes, compras, rentas, lo que sea, un apartamento para ustedes dos y le regalas a Yulia para que decore y modifique, etc



- Lena, a veces me sorprendes, es una buena idea…más porque a Natasha no le gusta lo minimalista y a mí sí



- Seguramente Yulia puede encontrarles un balance, algo que les guste a los dos



- ¿Ves? Así de fácil es darme algo a cambio…- sonrió.



- ¿Por qué tenía que darte algo a cambio?- sonrió Natasha, de vuelta a la vida después de haber estado sumergida con Yulia.



- Porque Lena ha accedido a una partida de Esgrima- sonrió, un tanto fuera de lugar.



- Tiene que ser mentira- rió Yulia. – Lena no sabe nada de Esgrima pero seguro te patea el trasero- volvió a ver a Lena, un tanto más tranquila y, ante las cejas hermosas de Lena, no pudo contenerse una caricia que a Lena le dio un tanto de seguridad.



Aquella comida se transformó en risas conjuntas, Phillip molestaba a Natasha, y Yulia a Lena, y entre ellos también, era como si fueran amigos de toda la vida, que probablemente tenían buena química, entre algunos más que entre otros, pero daba gusto verlos así de felices en medio de aquel frío blanco de Manhattan. Phillip realmente consideró como acertado el consejo de Lena y, sabiendo que tenía que vivir cerca de Yulia, tenía que esmerarse para encontrar algo de no más de cinco cuadras a la redonda; pues ahora con la palabra “matrimonio” ejerciendo peso sobre los hombros de ambos y como repelente entre ambos, Natasha necesitaría a Yulia para desahogarse y Phillip necesitaría a Yulia para que se encargara de Natasha, así de simple.

*

- No me digas que estás leyendo porque sé que sólo estás viendo la misma página desde hace rato- irrumpió Lena en la habitación del piano, viendo a Yulia sentada en el sillón con un libro en las manos. Tenía más de quince minutos de estarla observando en silencio desde la puerta, pues estaba entreabierta. - ¿Me vas a decir qué pasa?- preguntó, abrazándose sobre la bata, pues el frío era un poco mayor que la calefacción, o tal vez no, pero que Yulia no amaneciera junto a ella le daba frío, y eso que ni había amanecido.



Yulia cerró su libro y lo colocó en el brazo del sillón, bajando sus piernas para posar sus pies sobre el suelo e indicarle a Lena que se sentara en su regazo.



- ¿Me vas a decir?- volvió a preguntar, y Yulia asintió. - ¿Qué te sofoca? ¿Soy yo?



- Lena…evidentemente no eres tú, ¿por qué crees eso?



- Porque te pregunté ayer en la madrugada qué pasaba y me dijiste que nada y no me has hecho el amor, estás como distante- murmuró preocupada y sonrojada.



- ¿Tú quieres alargar tu estirpe?- sonrió Yulia, levantando su mirada y encontrando la de Lena.



- ¿Mi qué?



- Que si quieres tener hijos, Lena…



- Uhm…no, eso no venía en mi configuración inicial



- ¿Y en el update?



- Tampoco



- ¿Ni en el upgrade?



- No…¿eso es lo que te tiene así?- topó su frente a la de Yulia, rozando las puntas de sus narices, mientras Yulia asentía suavemente, intentando frenar sus ganas de besarla. - ¿Tú quieres alargar tu…tu…tu cosa esa?- sonrió, no recordando la palabra aquella tan complicada.



- ¿Estirpe?



- ¡Eso!- suspiró a ras de sus labios.



- No, estaba asustada pensando que tú sí querías y que yo no- y la besó, por primera vez en el día la besó en los labios, pateando aquel pensamiento en el trasero.



- Son las…- murmuró Lena, levantando su muñeca para ver su Pink Precisionist- Tres veintisiete, ¿Vienes a la cama?- “Quisiera hacerte el amor toda la noche”.



Yulia la vio a los ojos y, agarrándola de la cintura con sus brazos, haciendo una fuerza brutalmente increíble, para levantar a Lena y sentarla sobre la caja de resonancia.



- ****, Yulia…está frío- sollozó Lena en cuanto su trasero se posó sobre la caja fría.



- Lo siento, amor…¿prefieres ir a la cama?- murmuró Yulia mientras se colocaba entre las piernas de Lena.



Y Lena sacudió su cabeza, pasando sus muñecas alrededor del cuello de Yulia y abriendo sus piernas para que Yulia rozara el interior de sus muslos con su cuerpo, cosa que le encantaba a Lena, era muy sensible de sus muslos y, la seda de la bata de Yulia, le sentaba de maravilla. Yulia acariciaba los muslos de Lena mientras se veían a los ojos sin decirse una sola palabra, pero la sonrisa era sincera, cariñosa. Y Yulia hizo el primer movimiento, se dirigió al cuello de Lena, besándolo con besos cortos y paseando su lengua delicadamente a lo largo de él hasta llegar a su lóbulo, abriendo cada sensación en Lena y dejándolas abiertas con esa succión en su lóbulo. Lena tenía sus ojos cerrados, guiándose por la lengua y los labios de Yulia, y por sus manos que acariciaban sus pantorrillas y sus muslos con delicadeza.



- Yulia…- suspiró Lena con su voz un tanto cortada. – Te amo…- susurró entre dientes, ahogándose por le lengua de Yulia en su esternón.



- Elena Katina…no sé qué me haces tú pero creo que no he sentido esto por alguien…nunca- y suspiró en su esternón, aferrándose a Lena y Lena abrazándola con sus manos por su cabeza, paseando sus dedos entre su cabello.



- Quiero sentirme tuya... poseer todos los sentidos que hay ...



- Voy a hacer lo que tu quieras ... sólo dime cómo ... porque yo no sé cómo- murmuró Yulia, despegándose de Lena y dejando que viera más allá de sus ojos, sí, su miedo.



Lena sonrió y la comenzó a besar en sus labios, un beso sincero y cariñoso, en el que al principio todo era superficial, como en algún momento quiso Yulia que fuera todo, pero luego, Lena lo hizo más profundo, saboreando a Yulia, acariciando la suavidad de sus labios, sintiendo aquel remoto sabor de un Vodka difuminado tomado en secreto, las lenguas jugando discretamente entre los labios de las dos, acariciando no sólo la lengua de la otra, sino también los labios, y sintiendo los jalones suaves que Lena hacía en el labio de Yulia, para terminar con un mordisco en su labio inferior, un mordisco sonriente, lo que le devolvió a Yulia un poco de seguridad, opacando su miedo; ese miedo que la poseía de la nada que, hasta cierto punto yo entiendo.



Lena se bajó del piano, pues le parecía un poco difícil que, si ella se recostaba sobre él, Yulia no podría besarla con comodidad, por eso prefirió la cama. Llevó a Yulia a la cama, encendiendo la lámpara de la mesa de noche, para tener el mínimo de luz, que creaba un poco de sensualidad, pero nunca se supo por qué. Y Yulia amó a Lena en cada segundo, en cada milímetro y en cada mililitro. Lena se colocó encima de ella, pero Yulia se irguió y se besaron con la mayor de las comodidades, como si hubieran sido hechas una para la otra, Yulia deslizando la bata de Lena hacia afuera, besando su pecho y acariciando sus antebrazos con sus dedos fríos, dejando a Lena su tanga negra, que sí, ya le había encontrado el poder a la tanga negra, y en una camisa blanca desmangada y un tanto gastada, que hacía que sus pezones se marcaran tanto en relieve como en color, y eso que Lena no era tan oscura de esos lugares, así de desgastada estaría la camisa.



Yulia acariciaba el torso y la espalda de Lena con sus dedos largos, apenas rozando con la punta de sus dedos, viendo cómo Lena se dejaba llevar, se entregaba a ella, pues se movía para donde Yulia la movía con sus manos; tanto que Yulia metió su mano entre la camisa y la piel de Lena y la deslizó lentamente hacia arriba, rozando su torso con las palmas de sus manos y su espalda y sus costados con sus dedos, y Lena levantó los brazos para quedar parcialmente desnuda ante Yulia, dejando sus senos ajustados exactamente frente a su cara, con sus pezones rígidos, a los que Yulia no podía quitarles la mirada de encima. Besó en medio de sus senos, con besos cortos y un lengüetazo que recorrió aquel valle, haciendo que Lena se perdiera entre la lengua de Yulia y se sintiera, sólo con eso, alcanzando el cielo. Lena enredaba sus dedos en el cabello de Yulia, apretaba sus dientes y fruncía su ceño, le encantaba.



Yulia tumbó a Lena sobre la cama con cuidado, para hundirse en un beso picante y sensual que bajó por su cuello y su pecho, concentrándose en sus pezones, excitando a Lena, algo que no siempre funcionaba, pero que, en esa atmósfera, lograba desatar. Se escuchaban los besos y las succiones de Yulia entre las respiraciones de Lena que inundaban la habitación, el jugueteo de las piernas de Lena en las sábanas de la cama. Y fue cuando Yulia bajó por el abdomen de Lena, mordisqueándolo con cariño, hasta llegar a su tanga, que era bastante especial, un tanto transparente hasta que se hacía más densa en el comienzo de sus labios vaginales. Yulia exhaló, causándole cosquillas a Lena en su entrepierna, y lamió y relamió a Lena por encima de la tela, sintiendo el calor de sus jugos mezclarse lentamente con su saliva, sintiendo su dulce olor, empapando a Lena no sólo con ella misma, sino con los labios de Yulia; para luego pasear su dedo índice derecho por su hendidura, para que Lena sintiera la tela rozarle su interior.



Tomó los elásticos y retiró lentamente su tanga hacia afuera, tomando a Lena por sus pies y deteniéndose para verlos una vez más. Eran dedos perfectos, un tanto delgados, un tanto fríos, con las uñas pintadas de un púrpura casi negro, cortadas planamente en corte cuadrado, un pie ruso delgado, el que Yulia besó; dedo por dedo, calentándolos con sus labios mientras calentaba su pie con las palmas de sus manos. Repitió esto con su otro pie, para luego subir hasta su entrepierna, no antes Lena quitándole la camisa, después de que Yulia se saliera de su bata, arrojándola sobre la lámpara, oscureciendo un poco la atmósfera. Y, tomándole las manos a Lena, reviviendo la conexión de hacía dos días; cuando tuvieron aquella reconciliación espontánea y madura, se tomaron de las manos, pues Lena no quería despegarse nunca de Yulia, y Yulia no quería dejarla ir sola, ni a la luna a través de su orgasmo.



Yulia abrió los labios de Lena con su lengua, saboreando sus jugos directamente, le gustaba, a Lena ni se diga. Lena apoyó sus pies sobre los hombros de Yulia, mientras ella halaba a Lena con las manos, para tenerla lo más cerca posible a su lengua, hacerlo profundo y con presión. Yulia recorrió los labios de Lena, haciéndole cosquillas al rozar sus labios menores y bajó, hasta su vagina, haciéndole cosquillas de nuevo con la punta de su lengua, pero no pudo detenerse ahí, sino que tuvo que quitarse los pies de Lena y abrir sus piernas un poco más para acariciar su perineo con su lengua, y Lena se contrajo con un gemido entre dientes, con un respingo con su trasero mientras posaba sus manos sobre las de Yulia y las tomaba fuerte. Yulia todavía no supo detenerse ahí, sino que bajó, con sumo cuidado y delicadeza, hasta aquel agujerito que nunca había pretendido probar hasta ese día, que, por la luz, se le apetecía más de lo normal.



Y paseó su lengua en línea recta por el agujerito, sintiendo cómo Lena se contraía por reflejo y le pedía más entre sus ahogos. Y la lengua de Yulia se paseó en círculos, se puso rígida e intentó penetrar aquel agujerito con cariño, sólo con la punta, y Lena gritó de placer, le pidió más entre un sollozo exquisito, era como música para los oídos de Yulia. Yulia saboreaba aquel agujero, era lleno de sabor, una textura a la que no acostumbraba a probar, pero, no sabía si era raro, le encantaba, más cuando Lena se contraía y la punta de su lengua estaba dentro, haciendo que saliera del agujero.



- Hazlo…por favor…- sollozó, elevando sus piernas y deteniéndolas con sus manos, ortogonalmente a la cama.



Y Yulia sonrió un tanto preocupada, introduciendo su dedo índice derecho en su boca para humedecerlo, así como había hecho con el agujerito que tanto había excitado a Lena. Y lo lamió y lo relamió, calentándolo para que no sintiera tan extraño. Y, volviendo a lamer una tan sola vez su agujerito, hizo círculos con su dedo, presionando un poco, intentando no penetrar bruscamente aquel agujero del que supuestamente sólo debían salir cosas y no entrar. Y empezó a presionar un poco más fuerte hasta que la punta de su dedo estuvo dentro, Lena gimió, Yulia se detuvo. Era aquella sensación extraña, que no necesariamente era de dolor, era una molestia placentera.



- Lo quiero todo adentro…- suspiró, contrayéndose por dentro, no siendo consciente que lo haría también de su ano, apretujando el dedo de Yulia ahí dentro. Y gimió.



- Mi amor…no quiero lastimarte…- susurró Yulia, sacando lentamente su dedo y besando el agujero.



- Please…- dijo Lena, mostrándole un puchero difícil de resistir.



Y Yulia volvió a lubricar su dedo y el agujerito, metiendo su dedo lentamente, abriendo a Lena de aquellos lugares, que le daban una molestia hasta que Yulia lo metió todo y se sintió completa y repleta. Yulia sentía aquella presión en su dedo, una que no había sentido en la vagina de Lena, era una presión extraordinaria, pero se relajaba por segundos, pero luego lo volvía a apretar. Yulia comenzó a masajear los adentro de Lena mientras ella guiaba su mano hacia su clítoris y, aquellas dos sensaciones juntas, eran como el cielo en el infierno; hermosas y placentera, pero también era como el infierno en el cielo, que no era malo; intensas e inmoralmente placenteras. Y Lena gemía de placer puro, con cada penetración de Yulia, sintiendo su aliento bucal calentar sus Buttcheeks, era perfecto.



Lena sintió explotar en menos tiempo del que esperaba, y su clítoris se inflamó, sus labios vaginales se encandecieron, sacaba cantidades exageradas de jugos de su vagina, jugos que se unían a la penetración de Yulia. De un movimiento, Yulia retiró la mano de Lena de su vulva, y la atacó con su lengua en su clítoris, haciendo que Lena quisiera arquearse y no pudo por cómo estaba de rendida ante el placer. Yulia la penetró más rápido, aunque todavía con amabilidad, sintiendo el calor aumentar en el clítoris de Lena y en su ano y, cuando Lena gritó un angelical “Sweet Mother of Jesus!” el dedo de Yulia quedó atrapado en sus adentros y, cuando pudo sacarlo, Lena volvió a gemir un “Oh my fucking God!”, que, Yulia, sin saber, había alargado el orgasmo de su novia, más porque no había dejado de besar su clítoris. Y Lena temblaba, no dejaba de temblar, el más dulce de los orgasmos.



- ¿Estás bien, mi amor?- susurró Yulia, recostándose al lado de Lena, tomándole la mano y besando sus nudillos.



- Wo-ow…todavía siento un hormigueo que no sé dónde lo tengo…- suspiró, abrazando a Yulia por su cintura y recostando su cabeza en su antebrazo.



- ¿Cómo te sientes? ¿Te duele “algo”?- sonrió, abrazando a Lena por su cadera y colocándola sobre ella.



- No me duele lo que crees…me duele el orgullo porque no he hecho que tú te…corras- susurró, sonrojada, como si era la primera vez que decía algo así.



- Mi amor, si no te sientes bien, quisiera quedarme aquí abrazándote…- su sonrisa era más amplia, más sincera, y la apretó un poco más por su espalda, haciendo que Lena reposara su peso sobre ella, colocando su barbilla en el hombro derecho de Yulia.



-Quiero juntar mi co*o contra el tuyo …- susurró, pronunciando aquellas “o” con sensualidad mayúscula, con cierta anteposición de una “h” inglesa imaginaria que a Yulia le provocó un suspiro que se confundió con un gemido.



- ¿Como la vez pasada?- sonrió nerviosamente, sintiendo los besos de Lena en sus hombros.



- Es correcto, Yulia…Volkova..- susurró, paseando sus manos por los senos de Yulia, sintiendo sus pezones rígidos por el frío, rígidos como una roca. – ¿Te gustaría tomar la iniciativa en esta ocasión?- murmuró, bajando con besos por su cuello y su pecho, besando el lunar del yacimiento de su escote mientras deslizaba sus dedos adentro del pantalón de Yulia, acariciando su clítoris con presión y de arriba abajo.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por rocket1 el Sáb Sep 06, 2014 3:43 pm

Woww que caliente

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 06, 2014 11:13 pm

Pues aquí esta lo que le seguía en el capitulo anterior un poco mas de escena HOT




Yulia abrió sus piernas para los dedos de Lena, pues sabía que era cuestión de segundos para que lograra correrse, sentía como si hubieran pasado décadas desde su último orgasmo y, quiera que no, la imagen de su dedo penetrando el agujerito de Lena le revolviera la cordura, haciendo que cediera a la lujuria. Y Lena, succionando con avidez los pezones de su novia, desencadenando aquella explosión que sería enviada desde su clítoris hasta la última célula receptora de su cuerpo, gemía con el único fin de excitar más a Yulia. Y lo logró, pues Yulia apuñó el cabello de Lena, un tanto doloroso para Lena, pero le fascinaba cómo su novia se dejaba llevar, y, justo cuando Lena escuchó la luz verde en el gemido de Yulia, un gemido urgido, introdujo sus dedos en su vagina, con un poco de dificultad, pero la penetró mientras que la palma de su mano chocaba suavemente con su clítoris, elevando a Yulia, junto con la lengua de Lena en su pezón izquierdo, hacia la estratósfera.



Y Lena, en menos de un segundo, ya le había arrancado el pantalón a Yulia, junto con su tanga por supuesto, y se tiró sobre Yulia, besándola con pasión en sus labios mientras Yulia la tomaba de su trasero, que la rodilla de Lena rozaba la entrepierna sensible de Yulia, apretando su clítoris y haciendo que Yulia gimiera en su lengua. Yulia la tumbó para colocarse encima, entre sus piernas con las suyas, viendo el brillo de Lena en sus ojos, no sólo excitada pero emocionada también. Y Yulia puso de costado a Lena, aferrándose a su muslo contra su pecho, entre sus senos, y empezó a embestirla así como el día de su cumpleaños, que las imágenes la llenaban de deseo y la hacían gemir al roce de sus labios vaginales contra los de Lena, quien estaba apuñando las sábanas y gimiendo ahogadamente contra la cama.



Yulia tomó la pierna de Lena con su brazo derecho, para tener la mano izquierda libre y, mientras la embestía suavemente, succionó su dedo del medio para buscar el agujerito de Lena otra vez y, estando empapada con sus jugos vaginales, le fue fácil introducir su dedo, y excitarse a las dos al mismo tiempo, tanto que Yulia logró acelerar el roce y Lena juntar más su entrepierna con la de Yulia, haciendo de ese orgasmo una explosión nivel atómico.



- Sabe demasiado bien, ¿sabes?- susurró Yulia, con su voz entre cortada, todavía en la misma posición pero succionando su dedo, el dedo de oro. Lena se sonrojó, retirando su pierna de Yulia y dándose la vuelta, todavía agitada al igual que Yulia.



- Creo que tenemos que trabajar en dormir temprano- rió, peinándose un poco su cabello agitado.



- Quisiera hacer sólo tres cosas en toda mi vida…- suspiró Yulia, cayendo sobre Lena para abrazarla.



- ¿Tres cosas? ¿Cuáles son?- preguntó, pegando su trasero a la pelvis de Yulia y abrazando sus brazos que Yulia había pasado uno por su cuello y el otro por su cintura.



- Dormir, comer y hacer el amor contigo…los tres placeres más grandes que pueden existir- sonrió, o al menos eso creyó Lena. Yulia haló el cubrecama y unas almohadas para acomodarse y, antes de que cualquiera de las dos pudiera darse cuenta, cada quien había partido en su sueño, aferradas una a la otra, con sus piernas entrelazadas y dándose calor, un calor distinto al de la calefacción, superior a cualquier temperatura negativa.

*
¿Emocionada?- preguntó Yulia, tomándole la mano a Lena mientras veía que se acercaban a la casa de los Robinson, o de los Roberts, como lo prefieran.



- ¿Debería estarlo?- murmuró en un tono bastante a la defensiva, pensando en lo nerviosa que estaba por la conspiración que había concretado con Phillip, ¿qué pasa si a Yulia no le gusta? ¿O si Yulia se desmaya de tanto alcohol? ¿O si yo me desmayo? Pues es que de la ansiedad no puedo estar tan sobria, ¿o si?.



- Señorita Gruñona, ¿qué sucede?- Yulia subió la ventanilla entre ellas y el conductor, algo que no habían necesitado porque parecían realmente unas amigas.



- ¿Estás segura que vine bien vestida?- improvisó, pues no podía arruinar la sorpresa.



- Creo que te verás más elegante que Margaret…¿eso te tiene con ese mal humor?- dijo, y le dio un beso en su mejilla, viendo que cruzaban las puertas de hierro; eran casi las once de la noche.



- Sabes, ahora estaba revisando mi contrato…y tendré que pagar una especie de multa porque me voy de improviso…



- ¿Te diste cuenta ahora o ya lo sabías y no me habías dicho?- Lena sonrió apenada, bajando su mirada y viendo sus dedos entrelazados con los de Yulia. – Bueno, sólo me hubieras dicho antes…ahora no importa, sólo las pagamos- dijo Yulia, levantando la cabeza de Lena con sus manos.



- Me quedo sin comer como dos meses- rió, que de gracioso no tenía nada. Yulia levantó su ceja derecha, frunció sus labios e inclinó un poco su cabeza hacia Lena. – Está bien, pero sólo como préstamo…- murmuró Lena, distanciándose un poco de Yulia con su cabeza. – Yulia inclinó su cabeza un poco más y levantó más su ceja. – Está bien, te daré el número de la cuenta de la Administración, ¿sí?



- La quiero para hace dos semanas,¿entendido?- exhortó, como si la relación fuera entre Jefe y Súbdito. Lena asintió, sonriendo y sin saber por qué, a lo mejor le gustaba eso de Yulia, no le molestaba tanto, después de todo; ¿A quién no le gusta que lo consientan y le resuelvan un problema en tres palabras?- ¿Te parece algo gracioso?- sonrió Yulia, todavía con su ceja levantada.



- Sí…cómo logras quitarme toda la soberanía- rió, dándole un beso a Yulia en esos labios fruncidos que logró aflojar, por sonrisa y por beso.



Yulia y Lena se bajaron del auto, expulsando vapor de sus bocas, estaba haciendo frío. Se abrazaron por el costado, pareciendo todavía un par de amigas sonrientes. Entraron a la casa después de haber dejado sus abrigos con uno de los recibidores en un Closet improvisado que a Yulia le molestó por estar fuera de lugar, tanto obstruyendo el paso, como de una mala mano. Lena, en efecto, se veía más elegante que Margaret dentro de lo casual, aunque Margaret, extrañamente, se había arrojado sólo negro, como si estuviera de luto, aunque quizás eso no era lo impresionante, sino más bien que, desde lejos, se le notaba cansada hasta la muerte, cero maquillaje.



- ¡Yul!- gritó Natasha, corriendo hacia ella en el look más casual que existió jamás y la embistió en un abrazo.



- ¿Borracha tan temprano?- susurró Yulia al oído de su amiga, casi muerta en risa.



-Margarita está enojada y hay mucho alcohol para que bebamos- murmuró, chasqueando sus dedos para que llegara un mesero. - ¿Qué tomarás?- sí, Natasha era potencial ebriedad personificada, se le sentía el humor.



- Dos Martinis, por favor- murmuró Yulia y Natasha sonrió groseramente al mesero, quien agachaba la cabeza para recibir la orden.



- Leni…bienvenida a la familia- sonrió Natasha, abrazándola, sí, estaba ebria, sin duda alguna.



- Nate, un gusto verte de nuevo- sonrió Len, un tanto incómoda, no, tal vez era el momento el incómodo. Y Natasha pellizcó el trasero de Lena, incomodando a Lena, pues ni Yulia había hecho eso, nunca, y sabía que a Yulia no le caería en gracia.



- Nate,¿nos llevas donde tu mamá?, quisiera saludarla antes de que se le olvide que vine- sonrió, un tanto incómoda por la impertinencia de Natasha, aunque la excusó en su ebriedad, tal vez había empezado temprano, alrededor de las diez de la mañana, como era costumbre.



Natasha asintió, tomando a Lena y a Yulia de las manos, halándolas, casi arrastrándolas por el jardín, en donde habían construido algo que a Yulia, por primera vez en tres años de estar yendo, no le molestaba, tal vez tenía mejores cosas en qué fijarse, el trasero de Lena en ese pantalón khaki.



- Yulia, cariño, feliz cumpleaños y feliz navidad- dijo Margaret con una sonrisa un tanto falsa, matando a Natasha con la mirada mientras abrazaba a Yulia.



- Gracias, igualmente, Margaret, gracias por la invitación- sonrió, halando a Lena de la mano para que diera un paso adelante y la saludara.



- Ah, Elena, un gusto verte, siéntete como en tu casa- dijo Margaret, posando su mano sobre el hombro de Lena, ella no era digna de un abrazo, así era Margaret.



Yulia observaba a Margaret con asombro; definitivamente parecía que había muerto en vida, con sus ojos verdes hundidos y decorados con unas ojeras un tanto exageradas, aunque lo único que estaba en su puesto, como siempre, era su cabello; entre rubio y blanco, tirado en un moño medio, centrado y un tanto flojo del resto.



- Madre, llevaré a Yulia y a Lena con la juventud, no sea que les succiones años para rejuvenecerte- interrumpió Natasha, empujando a ambas por los hombros mientras Margaret reía encantada por el mal humor de su hija.



- ¿Qué le pasó a tu mamá?- rió Yulia, tomando el Martini de la charola del mesero.



- Se levantó con dos pies izquierdos…y dijo que a los sesenta años ya había que recibir el Año Nuevo con naturalidad y naturaleza…o algo así, no lo sé, pero parece que está pasando por la peor de las quimioterapias…o algo así dijo papá…como sea, basta…mamá tiene recluida a la juventud en aquella mesa de la esquina, vamos- y, sin dejar que hablaran, las arrastró; Natasha la hiperactiva.



Lena volvió a ver a Yulia con una expresión de “¿Qué está pasando?” y bebió, entre el jalón de Natasha, su Martini hasta el fondo, poniendo su copa en la charola de un mesero que iba pasando y tomando otra en el camino, pero no de Martini, sino un “Adios Motherfucker”, que no sabía lo fiestero que era; Vodka, Ron, Tequila, Gin, Curacao Blue, lo suficiente como para perder la consciencia si se bebían dos, y lo bebió hasta el fondo, sabiendo que con eso sobreviviría por lo menos las primeras tres horas de nervios. Había dos rubios sentados en aquella mesa; Greg y Matt, los primos Casanova de Natasha, aunque en realidad Matt era el más promiscuo/amante de las mujeres o todo lo que encerrara “vagina con piernas” y, habiendo pasado tres años consecutivos por el rechazo de Yulia, decidió fijarse en Lena, que le pareció más guapa y, por ser pelirroja, figuró que un poco más fácil de volverla loca; la proclamó su meta del último día del año para hacerla suya el primero del año nuevo, una hora y media para meterla a la cama y contando.



Yulia se dedicó a ingerir tantos Martini como le fuera desfilado ante sus ojos, todo junto con Natasha, no obviando la presencia de Lena pero, al ver que estaba cómodamente platicando con los gemelos, no quiso interrumpirla y se sumergió en el mundo de Natasha y Phillip y, en cuanto Phillip llegó con Katherine y Phillip, sus padres, faltando Adrienne, su hermana menor, quien también sufría del mismo mal que Alina, la hermana de Yulia, hasta por casualidad filantrópica se conocían y disfrutaban del libertinaje juntas, su sóla presencia dominó a Natasha, como si por arte de magia aquel Acqua di Gio la calmara.



- ¡Beber hasta morir!- brindaron en la mesa “juvenil”, asustando a Lena aunque, con tanto alcohol encima y otro Martini por entrarle a sus sistema, le pareció demasiado gracioso.



- ¿Por qué ese lema tan catastrófico?- preguntó Lena a Yulia al oído.



- Para dejar en este año todos los problemas y poder renacer en pocos minutos- sonrió, conteniéndose las ganas de besarla, pues se veía cansada pero con un brillo inocente en sus ojos. - ¿Tienes alguna idea de lo mucho que me gustas?- susurró Yulia, tomando la rodilla de Lena con su mano mientras inhalaba de su cigarrillo.



- ¿Confías en mí?- Lena topó su frente contra la de Yulia, olvidándose del público, sólo queriendo amar a Yulia sobre todas las cosas.



- Tú sabes que sí…¿por qué lo preguntas?



- Quiero que no me cuestiones, que sólo me sigas…sólo por ahora y mañana, ¿si?



- Lo que mi novia quiera- sonrió, quitando su mano de la rodilla de Lena y retirando su cabeza.



- Ya casi es hora- sonrió Natasha, sacando Davidoff Gold, uno para cada uno.



Fueron inhalados con pasión, como si fuera el último cigarrillo que fumarían en toda su vida. Seguidos por unas risas y unas sonrisas para darle la bienvenida no sólo al nuevo año, sino también a la comida, por fin. Yulia y Lena se dirigieron un poco más a la esquina, en donde no había nadie que pudiera verlas. Y el conteo empezó, con Krug Grand Cuvee rebosando las copas, Natasha en los brazos de Phillip, calentando motores desde ya, rozando su trasero contra la pelvis de su prometido, Lena abrazada de Yulia por el hombro y la cintura y diez, Lena vio a Yulia a los ojos, nueve, Yulia sonrió, ocho, Lena levantó su copa, siete, Yulia la suya, seis, chocaron las copas, cinco, toparon sus frentes, cuatro, toparon sus narices, tres, rozaron sus narices, dos, se besaron en los labios, escuchando el “¡UNO…FELIZ AÑO NUEVO!” en el fondo mientras sonreían entre su beso para luego darle un sorbo al champán.



- Por que sean felices para siempre- brindó Yulia por Natasha y Phillip, quienes sonreían en agradecimiento.



Se abrazaron, como toda costumbre, con sonrisas y besos y alegrías, sólo un guiño de ojos entre Lena y Phillip para asegurar su complicidad, emocionados los dos por la sorpresa que habían planeado en cuestión de un minuto y bajo las narices de sus novias. Y un mar de comida se apresuró a penetrar aquel salón improvisado; desde mariscos hasta one-minute-steaks, los favoritos de Yulia, más si los acompañaba con el marmahón seco con especias y un vaso alto de Mountain Dew, todo un atropello gastronómico en la cuna de la “Food-Culture” herself, pero alguna vez debía romper la dieta de la buena combinación culinaria.


- El amanecer es a las siete y veinte más o menos, lo que significa que a eso de las seis tenemos que irnos para estar a las seis y media en el muelle…- murmuró Phillip al oído de Lena mientras ambos esperaban su steak.



- Me quedan seis horas de nervios- sollozó Lena, alcanzando su plato para que le sirvieran su comida.



- Hey, por eso hay mucho alcohol y la buena música empieza después de la cena…- sonrió Phillip, viendo cómo Lena sonreía en agradecimiento y se dirigía a la mesa, en donde la esperaba otro Martini y una sonrisa de su novia, quien la esperaba para comer.



Cenaron entre la comodidad de una música de violines un tanto baja, sólo para que aquel salón improvisado no se inundara de voces, para que alrededor de doscientas voces no mataran a Margaret, quien aparentemente había regresado a la vida con la llegada del año nuevo. Phillip veía con devoción a Natasha devorarse lo que le pusieran enfrente, pero, entre eso, se daba cuenta de lo que Matt intentaba hacer al estar tan coqueto con Lena, que ella no se daba cuenta porque había creído que tendía a gustar de los hombres, pues era demasiado chic y fashion para ser heterosexual; nadie usaba un pantalón rosado con mocasines violetas con tanta seguridad, era casi imposible.



- ¿Dónde está el baño?



- Al final del pasillo a la izquierda- sonrió Yulia, viendo cómo Lena se ponía de pie y bebía su Martini hasta el fondo, pidiéndole con el dedo que le pidiera otro; estaba en plan de intoxicarse.



Lena se contoneó en aquel pantalón ajustado que hacía que su trasero se viera realmente envidiable y se tambaleó, intentando caminar en línea recta, hasta el baño, en donde se dejó caer, hizo lo que tenía que hacer y, mientras se lavaba las manos, levantó su mirada y se vio en el espejo y tuvo que sonreír, jamás estuvo más feliz, ni con ella misma ni con nadie más, su vida era perfecta y decidió disfrutar la vida que le habían regalado para vivir. Salió del baño con dificultades, pues el sistema de llave de la puerta era un tanto complicado para su gusto, o tal vez era la remota ebriedad, no lo sé y se tropezó, cayendo casi de bruces al suelo.



- ¿Estás bien?- preguntó Matt, el primo de Natasha, tomando a Lena de la mano para que no se cayera, buen reflejo.



- Sí, sí…gracias- sonrió con diplomacia, pues el apretón de manos le pareció un poco fuera de lugar; le paseaba su pulgar sobre sus nudillos.



- Deberías tomar un poco de agua…te ves mal



- ¿Ah, si?- murmuró, preguntándose si Yulia se molestaría por eso y conteniendo la risa, como quien dice “¿y tú quién eres para decirme lo que tengo que hacer?”.



- Digo, te ves espectacular…eres preciosa- y Matt empezó a empujar a Lena lentamente hacia el interior del baño, contra la voluntad de Lena, quien sólo sabía intentar detenerlo por los hombros con sus manos.



- Gracias- sonrió, un tanto cortada. – Tengo que regresar, ya hice lo que vine a hacer- intentó, pero no fue suficiente.



- ¿Por qué te resistes, hermosa?- Matt la arrinconó contra el lavabo, presionando su entrepierna contra la pierna de Lena, haciendo que sintiera aquel bulto un tanto rígido.



- Suéltame, por favor, no quiero- murmuró, intentando sonar casual y calmada, aunque por dentro estaba aterrada y quería gritar y pegarle a aquel torso musculoso.



- Tienes unos ojos hermosos, Lenita- murmuró, topando sus labios al cuello de Lena, enojándola como nunca antes alguien había podido, ni siquiera Yulia aquella vez, y la había llamado “Lenita”, sólo Yulia la había llamado así y sólo ella podía y lo empujó con todas sus fuerzas con sus brazos y sus piernas, apoyándose del lavabo con su trasero.



- Dije que no quiero, soy lesbiana- elevó su voz, lo suficiente para no hacer una escena.



- Eres irresistible resistiéndote…lo lesbiana ahorita te lo quito- y Matt se impulsó contra ella, embistiéndola contra el lavabo mientras la tomaba por sus piernas y la obligaba a posar su trasero sobre el lavabo para colocarse él entre sus piernas, presionando su entrepierna contra la de Lena.



- ¡Suéltame!- gritó de una buena vez, pegándole en los hombros, pues no supo pegarle en sus partes más sensibles, no sabía cómo.



Y Matt le tapó la boca con su mano mientras le empujaba su cabeza contra la pared para que no se moviera y, con su otra mano, se desabotonaba el pantalón, sacándose su miembro erecto a la vista de Lena para rozarlo contra su entrepierna. Lena estaba aterrada, eso era una violación, una cruel violación, y empezó a llorar mientras Matt la embestía al roce de la tela de su pantalón y, aunque no la estuviera penetrando, sentía como si lo estuviera haciendo, pues ese calor indeseado la mataba, no era lo que quería, ni por cerca. Y aquel rubio violento clavó su lengua en el escote del Cardigan de Lena, haciendo que Lena tomara fuerzas para morderle la mano y gritar.

¡Suéltala!- gruñó Phillip, tomándolo del hombro y empujándolo contra la pared lateral. – Len, ¿estás bien?- murmuró Phillip, tomando a Lena entre sus brazos y ayudándola a bajarse del lavabo, arreglándole el cardigan y limpiándole sus lágrimas de rabia y miedo. Lena asintió con esfuerzo, pues…¿estoy bien en realidad?.



- Ella se me ofreció- murmuró Matt, guardándose su fábrica de esperma en el pantalón.



- No lo creo- gruñó Phillip de nuevo, su mirada llena de rabia y de odio. – Te pediré amablemente que te largues de esta casa…y si no es por las buenas, será por las malas- lo tomó por el cuello de la camisa, levantándolo y golpeando su espalda contra la pared; quién diría que Phillip podía ser violento.



- Tú engañas a Natasha con ésta- rió Matt en la cara de ambos, no sabiendo de lo que hablaba. – Mi tía tiene que saberlo- volvió a reír.



- Haz lo que quieras, pero no la vuelvas a tocar…aunque…Licenciada Katina- dijo Phillip, viendo a Lena de reojo mientras mantenía a Matt por el cuello de la camisa. - ¿Quisiera presentar cargos?- preguntó con una sonrisa de satisfacción, esperando a que Lena dijera que sí, pues sabía que era lo único que haría que Matt calmara sus hormonas.



- Lo voy a pensar- murmuró Lena, abrazándose.



- Bien, ahora, largo, imbécil- dijo en un tono de odio, con esa sonrisa, quitándole las manos del cuello y aplanándole las arrugas, pegándole en el pecho con las palmas y dejándolo casi sin aire. – Vamos a traerte algo de tomar, Lena- y Phillip tomó a Lena por el hombro, abrazándola mientras se dirigían a la cocina. - ¿Estás bien? ¿Te hizo algo? – preguntó Phillip, dándole un vaso con Coca Cola, para que el azúcar reaccionara ante el susto.



- No…no…no me hizo nada- murmuró, viendo al suelo, se sentía un poco apenada.



- ¿Estás segura? No te ves muy bien- dijo, levantándole el rostro por la barbilla con su mano, tal y como Yulia solía hacerlo. Lena asintió, llevando el vaso a sus labios para seguir tomando.



- Que Yulia no se entere, por favor…no pasó nada, no tiene que haber un show, ¿si?- murmuró.



- Yulia no se enterará, sólo que no me despegaré de ti por si el imbécil no se ha ido



- ¿Por qué lo haces?



- Lena, ya te lo dije, tú eres mucho para Yulia, Yulia es mucho para Natasha, Natasha es mi vida entera…y te he tomado cariño, eres justo lo que Yulia necesitaba- sonrió, pasando el flequillo desajustado de Lena por detrás de su oreja. – Míralas- sonrió, volviendo la cabeza de Lena por la ventana, haciendo que viera a Yulia y a Natasha bailando una especie de coreografía al compás de una música muy pegajosa; mucha cadera, mucha cintura, mucha actitud, muy sensuales pero sin llegar a ser sexuales. – Son como amigas desde pequeñas, sólo entre ellas entienden el mundo en el que vive la otra…- Phillip hablaba como con nostalgia, así como un padre habla de su hijo, pero no, es que le encantaba ver a Natasha sonriendo y riéndose, así como lo hacía con Yulia.



- Nate se sacó la lotería contigo- sonrió Lena, poniéndose de pie y dándole un beso de agradecimiento a Phillip en su mejilla derecha.



- ¿Lo ves, tía? Te lo dije, Noltenius y esa tienen un amorío, que engaña a Natasha- dijo Matt desde la puerta junto a Margaret.



- Phillip…- suspiró Margaret, haciéndole un gesto a Matt que se retirara. - ¿Es eso cierto?



- No, Margaret, todo tiene explicación y esto no es lo que parece- dijo, notando que esa era la primera frase que utilizaba todo hombre infiel.



- Margaret…- dijo Lena, siendo interrumpida por la mano de Margaret para que callara.



- No te metas- gruñó, viéndola de pies a cabeza en plan despectivo. - ¿Me vas a negar que te dio un beso?



- Margaret, fue en la mejilla, y me estaba agradeciendo por haberle quitado a tu sobrino de encima, que sabes…- dijo, pasando su mano por su cabello, peinándolo hacia atrás. – la estaba atacando y asumo que eso no te lo dijo el muy imbécil…- suspiró, no pudiendo contenerse.



- Madre, ¿qué pasa?- interrumpió Natasha, que había visto con Yulia que Margaret estaba en plan de “Fuera-de-mi-casa” con Phillip y Lena desde donde estaban bailando.



- Natasha...- suspiró Phillip, preocupado, pues no dudaba de Natasha, él sabía que ella sabía, pero significaba delatar a Yulia y a Lena como pareja si había que salir de esa.



- ¿Lena? ¿Qué pasa?- preguntó Yulia, viendo que Lena intentaba esconder su inmenso miedo tras sus temblorosos ojos.



- Sí, Elena, dile a Yulia y a Natasha lo que pasa- dijo Margaret, valiéndose de su cobardía para no lastimar a su hija.



- Mrs. Robinson cree que Phillip y yo tenemos un amorío- dijo, en tono seco y con cierto sarcasmo a la deriva, haciendo que Natasha y Yulia rieran.



- ¿Te parece gracioso que Phillip te engañe con ella?- gruñó Margaret un tanto sorprendida.



- Madre, Phillip no me engaña con Lena…- rió, abrazando a Phillip por el cuello y dándole un beso en los labios.



- Margaret…Lena es amiga de nosotros nada más- murmuró Phillip con una sonrisa, intentando controlar sus reflejos masculinos ante el beso de Natasha.



- Lena no sólo es mi compañera de trabajo…- dijo Yulia, alcanzándole la mano a Lena, que se la tomó. – Es…bueno…será mi compañera de vivienda…y tiene un par de meses de tener un lugar en mi vida- sonrió Yulia, halando a Lena hacia ella para abrazarla.



- ¿Qué?- murmuró Margaret un tanto confundida.



- Lena es de Yulia- sonrió Natasha. – Es imposible que no lo hayas notado, madre- volvió a sonreír.



- Alguien consígame un Whisky, por favor- suspiró Margaret, dejándose caer sobre un banquillo.



Lena se despegó de Yulia y se lo trajo, quería agradar pero quería mostrarle que no estaba diseñada para hacer daño. Para Lena significó mucho que Yulia la tomara como parte de su vida, aunque no pudo decir “es mi novia” pero fue suficiente, iba implícito.



- Pues un brindis- dijo Margaret, poniéndose de pie con una sonrisa extraña. – Por el buen año que tuvimos, porque perdonaremos a los que nos lastimaron, por los problemas del mundo, para tomar con fuerza el nuevo año, por las relaciones que se han hecho- dijo, viendo a Lena y a Yulia abrazadas por la cintura y por el hombro. – Por las relaciones que se concretarán…- refiriéndose a Natasha y a Phillip. -Por un año lleno de sorpresas, de éxitos…y de buena comida- dijo, levantando su vaso de Whisky con la mejor de las sonrisas, como si todo, en ese momento, hubiera tenido sentido aunque no lo tenía. – Salud- y bebió su vaso hasta la última gota, saliendo de la cocina como si nada, aunque gritando internamente un “Yulia es lesbiana”.



- ¿Por qué creyó mamá que ustedes dos tenían un amorío?- rió Natasha, viendo a Phillip y a Lena.



- Le di un beso a Phillip en agradecimiento por haberme salvado en el baño…casi me caigo, había agua y me deslicé- intervino Lena antes de que Phillip pudiera decir el episodio de Matt.



- Vine a darle un poco de Coca Cola para que se le baje el alcohol y me dio un beso bien irrelevante y el resto es historia- sonrió Phillip, completando la explicación improvisada de Lena.



- Ah, mamá y sus delirios- suspiró Natasha, pidiéndole perdón a Yulia con la mirada, perdón por haber tenido que hacer pública su relación con Lena. – Bueno, creo que hay mucho alcohol que necesitamos acabarnos…y una pista de baile que hacer brillar- sonrió, tomando a Phillip de la mano y llevándolo forzadamente a bailar.



Lena volvió a ver su reloj, eran apenas pasadas las tres de la mañana y mostró un poco de impaciencia ante Yulia. Yulia puso su mano sobre el reloj de Lena, tapando la hora y viéndola con una sonrisa.



- ¿Te quieres ir ya? ¿Tienes sueño?- dijo Yulia, levantando el rostro de Lena con su dedo por su barbilla. - Podemos dormir media hora si quieres…la habitación de Natasha es muy cómoda



- No creo que a Margaret le agrade que estemos juntas en una cama…menos después de lo que acaba de saber- rió Lena, notando que empezaba a ver doble.



- No haremos nada malo…no pretendo tocarte aquí



- La vez pasada que estuvimos aquí…me diste el primer beso- murmuró Lena, abrazándose y sonrojándose.



- Es cierto, parece que ha pasado mucho tiempo…pero sólo han pasado tres meses…



- Y ya me estoy mudando contigo…¿Estás segura? ¿No va todo muy rápido? Digo, sólo son tres meses…-susurró Lena, un tanto preocupada, pues poniéndolo en tiempo numérico no sonaba tan buena idea si apenas se acababan de conocer, literalmente.



- Ya es un poco tarde para detenerlo…si, fue muy rápido, pero he sentido estos tres meses eternos, largos…ha pasado mucho…¿Tú estás segura que quieres mudarte?- Lena asintió entre las manos de Yulia, que la habían tomado por las mejillas. - ¿Vamos a dormir una siesta? Al menos, una hora, esto igual no se acaba hasta después de que salga el sol…y con la siesta puede ser que dejes de ver doble- sonrió, como si supiera realmente que Lena estaba un tanto perdida.



Yulia subió con Lena por las escaleras de la mano, despacio por los espacios y la doble visión. Haló la esquina del cobertor de la cama, indicándole a Lena que se sentara al borde de la cama, en donde ya sólo había el cobertor del colchón. Lena se sentó, rascándose los ojos, cuidándose de no correrse el maquillaje y viendo que Yulia se hincaba entre sus piernas y tomaba sus pies para quitarle los zapatos y la metía bajo las sábanas y el cobertor.



- ¿No te quedas conmigo?- murmuró Lena, viendo que Yulia apagaba la luz a la par de la puerta.



- Sólo vine a apagar la luz…¿Por qué tan nerviosa?- dijo, en aquella oscuridad que era iluminada por fuegos artificiales, cuyas luces penetraban la ventana por entre las persianas, mientras se acostaba a la par de Lena, abrazándola por encima del cobertor, colocándola del lado para abrazarla mejor.



- No estoy nerviosa…es sólo que no quiero estar sola- susurró, pensando en el episodio de Matt.



- ¿Te imaginas yendo a la cama así todos los días?- susurró Yulia, dándole besos a Lena en su cabeza.



- ¿Sin hacer el amor por tres días seguidos?



- Ahora los cuentas- rió Yulia, pero suave, al oído de Lena, besándolo. - ¿Quieres hacer el amor todos los días?



- Quizás no todos…sólo cuando nos den ganas…



- O sea…Lunes, Martes, Miércoles, Jueves…y Viernes…y 90% Sábado…y Domingo- rió Yulia, sabiendo que así serían las noches con Lena, vivir de cerca, compartirlo todo con ella, dejar que alguien durmiera en su cama todo el tiempo…era un gran cambio.



No quiero dormir…



- ¿Por qué, mi amor?



- Me siento como de cinco años, que a las doce ya están dormidos…



- No tienes cinco, tienes veintisiete…y no son las doce, son las tres y media…y tienes a tu…- suspiró Yulia, pensando en lo que era ella para Lena. “Novia, Esposa, Compañera de vida…”.



- ¿A mi qué?



- Tienes a tu Yulia que te hace el amor cuando se lo pides…y cuando no también…eso no lo hacen los niños de cinco años, mi amor- Lena pudo sentir la sonrisa que Yulia pegaba a su cuello, dándole calor con su exhalación, tal vez también un poco de cosquillas.



- "Mi Yulia"…me gusta cómo suena eso…- suspiró, cerrando por fin sus ojos y cediendo al sueño, porque, a pesar de haberse levantado a las casi cinco de la tarde en brazos de Yulia, estaba cansada, quizás era el cansancio del invierno.



- Shhh…- susurró, dejando que Lena cayera en su sueño. – Tú me das las cosas que yo quiero cuando menos me lo espero, tú me das el aire que respiro…- susurró un tanto cantado al oído de su ya dormida novia.

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Sep 06, 2014 11:29 pm

Yulia suspiró, embriagándose ahora no de Gin y Vermouth, sino del olor de Lena, entre perfume gastado, un olor lejano a cigarrillo, y un predominante olor a Toronja, el de su shampoo, y se dedicó a pensar cómo controlarse para no despertar a Lena sólo para hacerle el amor ahí, en ese momento, pues tenía demasiadas ganas, había estado controlándose por tres días, casi cuatro porque quería que Lena explotara, quería explotar con ella, darles un descanso a sus fuentes de placer para explotar en ellas en pasión…y se quedó dormida hasta que, repentinamente, despertó por el ruido del salón, parecía Haddaway, y le dio risa mientras intentaba enfocar sus ojos en su reloj para leer la hora, encendió la luz de la lámpara de la mesilla de noche y se quitó su suéter; extrañamente tenía calor y, por si no hubiera sido suficiente, se desabotonó un par de botones de su camisa, pensando en provocar a Lena para un “rapidito”.



- Mi amor…- susurró al oído de Lena, con una voz un tanto pegajosa por la resequedad del ambiente. – Mi amor…despierta- volvió a decir, hundiendo su nariz en el cuello de Lena. – Lenita…- y peinó el flequillo de Lena casi sin ver. – Despierta…son las cinco y media…- y comenzó a darle besos en su cuello y en su hombro.



- Mmmm…cinco minutos más- musitó Lena, tomando las manos de Yulia entre las suyas, abrazándolas.



- No, mi amor, vamos…arriba…- murmuró, acariciando el seno izquierdo de Lena con sus dedos que estaba un poco abultado; saliéndose apenas del Cardigan, pero nada de revelaciones, además, no podía verlo, sólo sentirlo, y era por la posición en la que estaban acostadas.



- No quiero…está muy rico aquí, muy calientito…y te tengo conmigo



- Si no te levantas…te hago el amor aquí y ahora…y te haré gritar para que todos se den cuenta- bromeó Yulia, haciendo que Lena abriera los ojos de una buena vez.



- Quiero un Martini- dijo Lena, sentándose de golpe sobre la cama.



- Creo que por lo visto no quieres hacer el amor conmigo- susurró, haciendo que Lena la volviera a ver, para que viera que había abierto cuatro botones de su camisa y dejaba ver sus senos en plena libertad de sostén.



- ¿A qué hora te quitaste tu suéter?



- Vamos, Lena…¿me estoy insinuando y me preguntas a qué hora me quité mi suéter?- rió Yulia, recorriendo su piel con su dedo índice por entre la abertura de su camisa.


Ah, qué importa- rió Lena, atacando a Yulia a besos adormitados en sus labios mientras se ponía entre las piernas de Yulia y la tomaba por las manos para ponerlas en su espalda baja. - ¿Qué? ¿Ya no aguanta tu clítoris estar sin mi lengua?- sonrió, mientras Yulia metía sus manos en el pantalón de Lena y apretaba un poco su trasero desnudo.



- ¿No te pusiste nada abajo?



- No sé, mi amor…pero eso lo tendrás que averiguar más tarde- dijo, dándole otro beso a Yulia en sus labios.



- Oh, ¿Cómo que más tarde?- Yulia se sorprendió, viendo la sonrisa de Lena de “aquí no me dejo”. – Eres un calentón demasiado…malicioso- rió, tomándola por su cadera y tumbándola sobre la cama, quedando ella sobre Lena. - ¿Segura que no quieres hacer nada con éstos?- murmuró, abriendo su camisa y dejando que Lena viera sus senos con sus pezones erectos mientras paseaba sus dedos para endurecerlos al máximo.



- Eso es trampa…- susurró Lena, tomando los senos de su Arquitecta en sus manos y apretándolos un poco, para, de un movimiento, erguirse y llevar sus labios en medio de ellos mientras la abrazaba por su trasero.



- Mmm…así me gusta…¿me muerdes?- entre un gemido y un suspiro, tomando a Lena por su cabeza mientras Lena, en efecto, se dedicaba a morder los pezones de su novia, paseando su lengua por la areola y succionándolos un tanto fuerte.



- Si gimes, me detengo- dijo Lena con su boca llena del pezón izquierdo de Yulia.



- No estoy gimiendo…shhh…sigue- sonrió. - ¡Ah!- gimió, un tanto fuerte, cuando Lena succionó su pezón mientras pellizcaba el otro.



- Uy…gemiste…qué mala suerte- el tono era juguetón y provocador, con una sonrisa.



- Eso es trampa…- susurró Yulia, imitando a Lena hacía unos momentos. - ¿Hasta qué hora me vas a tener así?



- Confía en mí…- dijo, desabotonando el pantalón de Yulia. – No será por mucho tiempo…- continuó, paseando su dedo por su vientre. – Aunque…- susurró, metiendo su dedo entre los labios mayores de Yulia y rozando su clítoris, haciendo que Yulia gimiera suavemente. – Así de mojada…hasta cinco minutos parecen una eternidad- sonrió, lamiendo de su dedo los jugos de Yulia.



- Estás toda misteriosa…- sonrió nerviosamente, cerrando su pantalón y quitándose de encima de Lena para ponerse los zapatos.



Y salieron de aquella habitación como si nada, como si ninguna de las dos estuviera haciendo el esfuerzo más grande que conocían para no ceder al deseo, a ese deseo que estaba potenciado a los cuatro días sin una tan sola sensación de placer y, pensándolo bien, ni se habían visto sin ropa, tal vez era eso, la falta de una delicia visual. Bajaron a la fiesta, en donde Natasha bailaba demasiado pegada a Phillip, rozando de manera evidente su trasero contra el miembro de Phillip, el que Lena se asustó de ver tan abultado, como si fuera a romper el pantalón, y le acordó al miembro de Matt, y una sensación de asco le recorrió el cuerpo, haciendo que apretujara la mano de Yulia.

*

Amor, ¿qué tienes?- gritó Yulia por la música, paseando su pulgar por los nudillos de Lena, tal y como Matt lo había hecho.



- ¿Dónde está la comida?- improvisó, viendo que de verdad no había comida, evadiendo el tema de Matt.



- No lo sé…vamos a la cocina, seguro hay algo que puedas comer ahí- sonrió, halándola hacia la cocina, en donde encontraron demasiada comida para poder resistirse a devorar lo que estuviera a su paso y, entre sonrisas y dos Martinis para cada una, se les pasó el tiempo.



- Hey, ¿están listas?- dijo Phillip, asomándose de la mano por la puerta de la comida. Eran pasadas las seis y media, estaban atrasados.



- ¿Para qué?- murmuró Yulia, mordiendo un delicioso volován de atún.



- Sí, vamos, amor- dijo Lena. – Llévate un par de volovanes más que están muy ricos- y le extendió la mano mientras Yulia tomaba, sin clase alguna, cinco volovanes con su mano.



- ¿Tú sabes a dónde vamos?- susurró Yulia al oído de Natasha, creyendo que gritaba, pues el ruido de la música lo tenía muy encima todavía.



- No tengo ni la menor idea…Phillip sólo dijo que no me quejara- rió Natasha, juntando su cabeza con la de Yulia.



- ¿A dónde vamos par de cómplices?- bromeó Yulia con Phillip y Lena, que iban sentados adelante en el auto.



- Shhh…no se quejen- rió Phillip mientras conducía con cuidado por la neblina y se acercaban al muelle.



- Lena…mi amor…- murmuró Yulia, pasando sus manos por el asiento de Lena para rozar su cuello con sus dedos. - ¿No me dices a dónde vamos?- y Lena emitió un sonido de “no” con la garganta, besando los dedos de Yulia, que le acordaron cuando Yulia había dejado que le pintara las uñas…y de rojo, y sólo supo sonreír.



- Phillip, ¿a qué carajos venimos al muelle? ¿Nos quieres matar del frío?- rió Natasha, viendo que sólo tenía un suéter un tanto grueso, pero nada como para soportar ese frío de menos diez, con suerte.



- Venimos a pescar ballenas- respondió con un poco de sarcasmo. – Sólo confía en mí…- sonrió, apagando el auto y bajándose, abriendo la puerta de Natasha, quien se congeló en ese instante. – Todo listo- sonrió a Lena.



- Gracias, Phillip- sonrió de regreso, abrazando a Yulia y dirigiéndose hacia Lady Mia.



- Lena, creo que necesitarás esto- gritó, arrojando un par de llaves al cielo para que las atrapara. Lena agachó la cabeza para darle las gracias.



- Ahora, ¿qué hacemos aquí? ¿De qué son esas llaves, mi amor?



- De una sorpresa, mi amor- sonrió, entrando a Lady Mia con ayuda del que había conocido hacía tres días cuando Phillip se lo presentó, pero que no se acordaba del nombre.



Yulia volvió a ver a Phillip y a Natasha, que Phillip se acercaba al yate con Natasha entre brazos, riéndose, como si le murmurara “esto ya no tendrá ninguna gracia el día de nuestra boda”. Y Yulia se sintió feliz de verlos tan felices, sabía que así se veía ella con Lena, con la única diferencia que no podía cargar a Lena, que ganas de no le faltaban. Yulia siguió a Lena de la mano con sus pies descalzos y un tanto fríos, preguntándose qué había que hacer en el yate de Phillip, pues sabía que era de Phillip, o de su familia, porque Natasha hablaba constantemente del amor que le ponía Phillip a su otra novia, una tal “Mia”.



- ¿Gustas de un poco de champán?- murmuró Lena, buscando algo tras el bar, Yulia asumió que era la botella de champán. Asintió. Lena sacó una botella de Dom Perignon Rosé y dos copas altas mientras Yulia la observaba con intriga y una sonrisa. Lena deshizo el corcho con suma destreza, toda una profesional, maravillando a Yulia mientras llenaba las copas con una sonrisa.



- ¿Qué te hice?- sonrió Yulia mientras tomaba la copa que Lena le alcanzaba.



- ¿A qué te refieres?



- Hace tres meses me habrías visto con miedo si te hubiera sacado esa botella de champán…



- Comprendí que, para consentirte, tiene que ser dentro de lo que a ti te gusta, no dentro de lo que a mí me gusta…y en realidad eres fácil de complacer



- ¿Ah, sí?- murmuró, sorprendida, todavía esperando a chocar su copa con la de Lena.



- Sí, siempre y cuando puedas consentirme como tú quieres, estás feliz…que me di cuenta que me encanta que me consientas- sonrió, levantando su copa mientras veía su reloj; 6:59 a.m.



- Pues, salud…por la compresión- sonrió, bebiendo sin parar. Viendo que Lena hacía lo mismo que ella y tomaba sin clase la botella de champán por el tallo.



- Ven…confía en mí, ¿si?- dijo Lena, tomando a Yulia de la mano y dirigiéndola hacia la habitación.



Sacó las llaves que Phillip le había dado de su bolsillo y, buscando la de marca azul, la introdujo en el cerrojo sin dejar de ver a Yulia. Era una habitación de tamaño promedio, lo normal, con una cama grande en el centro, las paredes de madera, con ventanas grandes; justo lo que Lena había deseado para “bendecir el año nuevo haciéndole el amor a su novia con el amanecer de fondo”. Puso la botella de champán sobre una de las mesillas de noche y tomó a Yulia de ambas manos, parándose junto a la cama y la vio a los ojos, con aquella sonrisa decorada por los camanances; en donde el verde se encontró con el celeste y filosofaron sobre el amor, que sólo podían comprenderlo como irracionalidad vuelta perfecta racionalidad. Yulia levantó las manos de Lena entre las suyas y besó sus nudillos, sus dedos y sus manos, Lena terminando por tomar a Yulia por las mejillas y hundiéndose en un beso profundo, tímido y cariñoso, Yulia abrazando a Lena pos su cintura un tanto temblorosa, como si era la primera vez que lo hacían, sonrojadas ambas mientras el beso escalaba, un poco más apasionado pero romántico todavía. Ambas sabían a dónde ese beso las llevaría, pero querían disfrutar de sus labios, no habían tenido la oportunidad de besarse por tantas horas, ya se extrañaban.



- Disfruta del amanecer- murmuró Lena sin despegar sus labios de los de Yulia mientras Yulia tomaba sus manos en sus mejillas.



- Te…acordaste…- sonrió Yulia, hasta cierto punto conmovida porque la Licenciada Detallitos había tomado en serio su delirio momentáneo mientras cenaban aquella noche en su apartamento. Y volvió a ver por la ventana y, en efecto, era un amanecer de invierno, lento pero seguro, apenas coloreándose el cielo de un celeste grisáceo que era interrumpido, a ras del agua, por un destello naranja que se difuminaba entre el gris y que se resumía en el sol, iluminando los ojos de Yulia con una sonrisa.



- Daría lo que fuera porque tu mirada se quedara así siempre…- suspiró, abrazando a Yulia por entre sus brazos, de frente y aferrándose a ella.



- ¿Qué tiene de especial?- abrazó a Lena, apoyando su mejilla sobre la sien de Lena, abrazándola por encima de sus brazos hacia su espalda alta, acariciándola con las palmas abiertas.



- Te ves como…viva…feliz…- y rozaba su cabeza contra el suéter de Yulia, inhalando su olor; cigarrillo, sí, pero era aquel Chanel que siempre predominaba en ella, y que podía usarlo hasta la que estaba en la perfumería de Bergdorf’s pero Yulia le agregaba cierta plusvalía.



- Lenita…yo…te lo pongo así de cursi, dos puntos: soy como el amanecer, al menos así me siento, todo gris, turbio, frío…pero ese puntito que está creciendo con los segundos, esa luz, eso que era un puntito y que en algún momento se va a expandir y va a iluminar todo el cielo y lo va a arreglar, le va a quitar lo gris…eso es lo que tú me haces…y no me di cuenta de lo feliz que era hasta Navidad, que el hecho no sólo de no tenerte físicamente, sino de no tenerte en lo absoluto…es como un agujero negro en mi existencia, un agujero que me puede consumir…



- Y si habría sido lo suficientemente madura e inteligente y demás como para saber que tengo todo para poder lastimarte…y evitarlo…- susurró, con la voz un tanto quebrada, recordando la expresión de Yulia mientras le gritaba. – algo tan sencillo como lo que pides, que es totalmente comprensible…no puedo perdonármelo del todo…en lo absoluto más bien…porque de no haberlo hecho, no tendrías ese agujero negro, no habría complicado las cosas…- y la vio a los ojos, esos ojos azules que tanto le gustaban.



- Lena, para pelear se necesitan dos…olvídalo nada más…no todo puede ser perfecto, alguna pelea teníamos que tener…y de que vamos a pelear, vamos a pelear…sólo perdónate a ti misma, porque no es posible que yo ya lo haya hecho y tú no…



- ¿Y por qué habríamos de pelear?- sonrió, apretando más a Yulia a entre sus brazos y poniéndose un tanto en puntillas para alcanzar la nariz de Yulia.



- No lo sé, pero es natural que una pareja se pelee…y si no nos peleamos, pelearemos estúpidamente por si queremos poner platos blancos o rojos a la mesa…- sonrió luego de haber hecho la expresión Rafael Nadal.



- Pues a mí me gustan los platos negros- y los besos se desviaban hacia el cuello, besos cortos y húmedos.



- Nada de eso…- suspiró, sintiendo los labios de Lena recorrerle, sonriendo por Lena. – Bésame, ¿si?- murmuró, sacudiéndose con la espalda por los escalofríos que Lena había causado al morder suavemente su clavícula sobre su suéter.



Reanudaron aquel beso romántico, todavía abrazadas, entrelazadas en aquel momento; que no sólo empezaban bien un año nuevo, sino que habían terminado uno como un par de mujeres felices a causa de la otra. Y aquel beso romántico y tímido se fue tornando un poco más apasionado en cuanto Yulia aflojó sus brazos y paseó sus manos por la cintura de Lena, introduciendo sus manos lentamente en su abdomen, tocando aquella sensible piel, pero nada más, al menos hasta que Lena mordió el labio inferior de Yulia y el beso se cortó, con una mirada penetrante que duró, para mí, una eternidad, pero era la tensión que habían creado poco a poco con ese beso y, de un momento a otro, Lena abrazó a Yulia con necesidad febril, que digo: candente. Y eran todo respiraciones pesadas y cortadas, un beso arrebatador y arrasador, con sus manos paseándose por el cuerpo de la otra alocadamente, llenas de deseo, perdidas, desubicadas sin saber dónde estaba lo que querían encontrar; pues no había nada que encontrar, lo tenían en frente.



Sólo se despegaban de sus labios, sus hinchados labios, para Yulia quitarse su suéter y Lena para quitarse su abrigo, para no perder el tiempo, y Yulia besaba el cuello de Lena mientras ella deshacía los botones de la camisa de su novia con suma destreza, exhalando por su boca, con los labios rojos, intentando no gemir entre dientes, pero el deseo era extremo. Yulia haló el cardigan de Lena hacia afuera, viéndola en un sostén bastante provocador; de encaje negro casi transparente, denso de la parte baja de la copa, pero revelador del resto, dejando ver sus pezones a través de él, así de transparente sería, pues el color de Lena no era nada oscuro. Lena deslizó la camisa de Yulia, enterrando sus manos en sus hombros y deslizándola hacia afuera, viendo sus senos, perfectos 34C decorados con sus pezones café pálido, ya un tanto erectos, tanto por el leve frío como por los nervios y la excitación. Deshizo el molesto botón del pantalón de la Arquitecta y, mientras besaba su pecho sin llegar a sus senos, metió sus manos entre su trasero y lo apretó un poco, estaba tibio, tomó los elásticos de la tanga de Yulia y, clavándole la mirada, la haló hacia arriba un tanto fuerte.





En el próximo mas escena HOT
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por rocket1 el Dom Sep 07, 2014 10:08 pm

Uff

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Sep 10, 2014 9:43 pm

Aquí tienen la escena hot mas larga jejeje







- ¡Ah!- gimió, un tanto de molestia.



- No me digas que no te gustó- murmuró Lena, volviéndose a los senos de Yulia para besar su sensual lunar, que estaba tan bien estratégicamente colocado, no viendo que Yulia se sonrojaba mientras aceptaba internamente que le había gustado cómo había sentido aquella presión superficial sobre su sexo.



Pretendió deslizar su pantalón hacia afuera junto con su tanga, pero sólo logró bajarlos hasta medio muslo pues ella la detuvo, recorriendo a su paso a Yulia en línea recta, desde su pecho hasta su sexo con su nariz, inhalando cual droga su esencia, haciéndole cosquillas con lo frío de la punta de su nariz al toparla a sus labios mayores, y la recorrió hacia arriba, viendo a Yulia improvisarse un moño sin cinta, suelto y sin estilo, pero resaltando sus facciones finas entre aquel maquillaje un tanto empastado por la noche, por la siesta, por el sudor, por lo que fuera. Yulia le dio la vuelta a Lena, abrazándola por la espalda pero no tan de cerca, sólo para quitarle su pantalón y corroborar sus ideas de que Lena no tenía nada abajo mientras ella se encargaba de su revelador sostén, arrojándolo a ciegas mientras Yulia sonreía y la tomaba por el abdomen, acostándola sobre su abdomen sobre la cama, besando su espalda alta, su nuca y sus hombros mientras se colocaba entre las piernas abiertas de Lena.



Y la besó, siguiendo el trayecto de su columna mientras Lena apuñaba el cobertor, sintiendo cómo Yulia hacía, con cada beso, que su sensibilidad se agudizara. Llegó al yacimiento de su trasero y se detuvo unos segundos para besarlo un par de veces más, exactamente ahí en donde yacían los glúteos perfectos de su perfecta novia. Bajó, clavando suavemente su nariz entre ese par de glúteos, sólo haciéndole cosquillas a Lena, para desviarse hacia la derecha y a la izquierda, besando y mordiendo suavemente ese trasero, paseando su lengua, tenía un par de días de hacerlo. Delicadamente separó los glúteos de Lena, revelando aquel agujerito que había sido suyo hacía no más de cinco días, y era un agujerito hermoso, limpio, pequeñito y bastante provocador para la lengua de Yulia, más cuando vio cómo Lena se contraía al sentir su aliento tibio caerle sobre él y apretó su agujerito; haciendo que Yulia lo atacara cariñosamente en un beso húmedo después de haberse relamido sus labios. Lena ahogó un gemido al hundir su cara en el cobertor, sentía delicioso, pero sintió más todavía cuando la acarició con su lengua, estaba caliente, demasiado rico.



Pero a Yulia eso no le fue suficiente, decidió torturar a Lena, y torturarse a ella misma al recorrer a Lena con su lengua desde su delicioso y ajustado ano, por toda su ranura, subiendo por su columna hasta llegar a su cuello y sólo quitando su lengua, ya un tanto seca, para morder el lóbulo izquierdo de Lena mientras mojaba nuevamente su lengua, escuchando a Lena gemir suavemente al sentir los pezones de Yulia clavándosele en su espalda, sintiendo un poco de su peso, su pelvis contra su trasero, sintiendo el calor de su entrepierna calentarla. Yulia la recorrió hacia abajo con el dorso de su lengua, de nuevo hasta su agujerito, acariciándolo de nuevo con su lengua y con un beso para volver a subir, volver a clavarle sus pezones pero ahora morderle su lóbulo derecho y retirarse con besos por su cuello y luego con su lengua hacia abajo, en donde las manos de Lena ya la esperaban; abriendo su trasero para que Yulia jugara con ella, sonrojada por admitirlo, pero le encantaba, y Yulia sonrió, pues algo así era, para ella, que Lena era suya, toda suya. Y volvió a subir hasta su lóbulo izquierdo de nuevo, haciendo que Lena gimiera y se contrajera internamente al sentir aquellos pezones en su espalda.



- Te amo, Lena…- susurró Yulia al oído de la Licenciada.



Y, ¡ah!, Lena se perdió en Yulia sólo para encontrarse en ese momento, sintiéndolo todo como un sueño, la mujer de sus sueños la amaba, no sólo lo decía, no sólo eran palabras vacías, sino también eran acciones como esas, pues sólo con decirle un simple “te amo”, Lena sabía que venía desde lo más sincero del corazón de Yulia, era una expresión que tenía peso y valor.



Te amo, mi amor…- volvió a susurrar Yulia pero al otro oído, siguiendo con besos aquel proceso candente y pasional que se traía entre lengua y labios.



Que Lena no pudo responderle porque las palabras no le salían entre aquellos gemidos inexplicables, Yulia lo entendía, pues sabía lo que ocasionaba en aquella Afrodita, con esa espalda perfecta y delgada, levemente bronceada aunque un tanto apagada por la falta de sol, pero todavía perfecta. Yulia volvió a encontrarse con el agujerito de Lena, húmedo por las dos veces anteriores y, cuando volvió a subir, exactamente cuando clavó sus pezones en la espalda de Lena, ella gimió.



- Yulia…por favor…- gimió, apretando su mandíbula, gimiendo entre dientes con sus ojos desorbitados. Pero Yulia pareció no escucharla y bajó a su agujerito de nuevo. – Yulia, por favor- gimió, contrayéndose bajo la lengua de Yulia, pero a Yulia no parecía importarle. – Te lo ruego…- sollozó, sintiendo de nuevo los pezones de su novia en su espalda, que su columna le ardía, en el buen sentido. – Hazme tuya- murmuró, sintiendo la pelvis de Yulia empujar su trasero con la fuerza de su pelvis.



Suficiente sufrimiento para las dos. Lena se dio la vuelta entre los brazos y las piernas de Yulia, viendo a Yulia a gatas sobre ella, viéndola a los ojos con el mismo brillo de aquella vez, con aquella mirada perdida en la suya, así como la había visto al despertar de su cumpleaños, con amor sincero, como si se desviviera por ella, con esa sonrisa blanca y ebria. Y se volvieron a hundir en un beso apasionado que resonaba en toda la habitación, traspasando los gemidos de Natasha que provenían de algún lugar del yate, pero ellas no la escuchaban, sólo estaban ellas dos. Entonces Yulia tomó las manos de Lena y las colocó extendidas sobre su cabeza, balanceándose un poco sobre ella, dejando sus senos sobre la cara de Lena.



- No te muevas…- murmuró, deshaciendo sus manos de las de Yulia y llevándolas a los senos de su novia, elevando su cabeza un poco y tomando sus senos entre sus manos, hundiendo entre ellos su cara mientras pellizcaba lentamente sus pezones. – Eso quería hacer con éstos- murmuró, apretujándolos gentilmente mientras Yulia contenía un gemido y lograba sonreír un tanto divertida.



Pero volvió a besar a Lena, retirándose para encontrar sus labios, y desviarse por su cuello mientras que Lena, intentando en cuerpo, mente y alma, lograba sacarle el pantalón a Yulia con sus pies; misión cumplida, sólo se escuchó el peso de aquel bulto caer sobre el suelo mientras Yulia se apoyaba de sus brazos a los costados de Lena y acomodaba sus labios al pezón izquierdo de su Afrodita. Lena clavó sus dedos entre el cabello de Yulia, acercando su rostro a su seno, sintiendo los labios de Yulia humedecerle todo su pezón, excitándolo al máximo, sintiendo cómo se movía hacia donde la lengua de Yulia lo llevara, rígido como sólo Yulia podía ponerlo. Y lo atrapó entre sus dientes con delicadeza, halándolo un poco, haciendo que Lena gimiera un tanto de placer, un hormigueo de delicioso y excitante dolor, pero Yulia supo borrar ese dolor con un beso y un lengüetazo, para luego succionarlo mientras acariciaba la cintura derecha de Lena con sus dedos.



- Mmm…me gusta cuando se pone rojito- murmuró Lena, viendo el color de su pezón y cómo Yulia lo besaba lentamente, sólo su erecto pezón.



- Falta el otro- sonrió, haciendo lo mismo con su pezón derecho, apoyándose ahora con su brazo derecho y acariciando la cintura izquierda de Lena.



Lena tomó la mano izquierda de Yulia y la llevó a sus labios, introduciendo su dedo índice y dedo medio en su boca, succionándolos suavemente, lubricándolos, calentándolos mientras ahogaba sus gemidos en los dedos de Yulia, le gustaba sentir la lengua de Yulia jugando con ella. Dio un beso a sus dedos y los colocó sobre su otro pezón.



- Quiero que se quede rojito…- y Yulia, muy obediente, lo pellizcó con sus dedos húmedos, tomando todo su seno pero todavía jugando a excitar a Lena. Yulia pasó su brazo derecho por debajo de la espalda de Lena y se aferró a ella, topando su nariz al pecho de Lena, sólo quería sentirla cerca, a veces todavía le parecía un sueño.



Y Lena, aquella hermosa pelirroja en un moño desarreglado, tumbó a Yulia sobre la cama, notando que el sol brillaba un poco más fuerte y empezaba a absorber el gris del cielo y, con todo y pezones rojitos, los rozó contra los de Yulia mientras se hundía en su cuello, una posición incómoda pero bastante sensual. Bajando por su pecho para volver a besar su lunar, que tanto le fascinaba y succionó dos o tres veces cada pezón, haciendo aquel ruido gracioso pero agradable, mientras tanto, Yulia recogía los mechones de cabello que a Lena se le caían de su moño, sintiendo la suavidad de aquellas ondas. Que cuando Lena bajó por el abdomen plano y mordió un par de veces lo que era todo menos grasa, y se irguió en cuanto Yulia tapó su vulva con sus dos manos, sonrojada.



- Mi amor…¿no me vas a dejar hacerte el amor?- murmuró Lena, acariciando las pantorrillas de Yulia con sus dedos. Y la veía con una sonrisa, ¿por qué se sonrojaba?



Yulia sacudió su cabeza con una mirada apenada que hizo que Lena besara sus piernas, desde sus pies hasta sus rodillas, acariciando sus pantorrillas con ambas manos mientras estaba hincada entre sus piernas y, siguiendo por sus muslos, Yulia se excitaba cada vez más, era el foreplay más largo de la historia, el más tortuoso, el más…y Lena dio un beso en sus manos, pero Yulia aún así no las quitó.



- Lena…- murmuró, sonrojada hasta del pecho.



- Mi amor, no es primera vez que la voy a ver…déjame besarte, ¿si?-



En ese momento Yulia se consideró afortunada, pues Natasha gimió como si la estuvieran matando mientras ella tenía a su Afrodita ahí, rogándole un beso nada más con la mayor de las ternuras. Volvió a besar sus manos y Yulia las retiró sin mayor duda, gracias, Natasha, o mejor dicho: gracias, Phillip. Y Lena se acercó a la vulva de su novia, quien abría un tanto más sus piernas para darle la bienvenida a los labios de su Licenciada. Pero no, Lena no se dedicó bruscamente a succionar y a todo eso, sino que la examinó lentamente, apreciando su forma, su tamaño, su complexión…y la abrió con sus dos dedos, viendo sus adentros; aquel clítoris rosadito enfurecido, brilloso por los jugos de Yulia, aquellos discretos labios menores que iban siempre cómodamente empacados dentro de los labios mayores, de guardias de un pequeño agujerito que alguna vez pasó por virgen, que Lena sabía que le cabían dos dedos y no más y luego, aquella división, ese perineo brilloso y liso, para luego hundirse en el agujerito de Yulia, que Lena no dejaba de preguntarse qué carajos tenía de especial como para antojársele tanto.



- Me gusta mucho esto- murmuró Lena, dándole un beso directamente a su clítoris, ahogando a Yulia entre sus manos y en un gemido. – Esto es muy bonito también- dijo, lamiendo con la punta de su lengua la entrada de su vagina. – Y…esto…es hermoso- murmuró, besando aquel agujerito que había descubierto con ayuda de sus manos.



- Ven aquí…- susurró Yulia, haciéndole un gesto a Lena para que la dejara verla también.



Muy obediente también, Lena se dio la vuelta sobre sus rodillas y se colocó encima de Yulia mientras Yulia ponía una almohada bajo su cabeza. Y besó su dedo índice, pasándolo por su muslo y lo introdujo en la vagina de Yulia, haciendo que Yulia jadeara entre dientes; por la sorpresa y por el placer. Pero la sonrisa de autoridad de Lena no duró mucho, pues Yulia abrazó a Lena por su trasero y la haló hacia ella, por comodidad, y respirándole exactamente sobre su vagina, se dedicó a lamer, sin piedad alguna, el clítoris hinchado de su novia, haciendo que Lena comenzara a gemir y sin poder probar el clítoris de su novia. Sí…ese era el problema del famoso, sesenta y nueve, que siempre hay una que no puede dar lo que recibe, es que simplemente no es humano jadear y comer al mismo tiempo; no quedaba tiempo para el aire. Pero Yulia, todavía rehusándose a ceder a todo tipo de cuestión sexual, se apegaba a lo menos sucio en apariencia, le gustaba el orden hasta para darle un excelente sexo oral a su novia; muy “lady-like”.



- ¡Yulia!- gritó Lena, sintiendo los dientes de Yulia clavársele en su monte de Venus y agilizar su lengua de arriba abajo, que Lena la sentía de abajo hacia arriba, empujando su clítoris hacia arriba, causándole un ardor, o un calor que quemaba su clítoris, pero que se expandía por todo su cuerpo, dejándola inhabilitada para concentrarse en otra cosa que no fuera la respiración de Yulia resoplarle en sus agujeritos, o la lengua de Yulia, haciendo esos ruiditos en el fondo, ruiditos que llenaban la habitación al compás de los jadeos de Lena, que había tenido que sacar su dedo de Yulia para poder detenerse con seguridad de la cama, para no irse de bruces. - ¡Mi amor!- volvió a gritar, contrayendo todo su cuerpo mientras Yulia expulsaba un “mmm” de placer gastronómico.



Y aquel movimiento del trasero de Lena, un impulso repentino hacia abajo, empujó la cabeza de Yulia, pero, al estar abrazada de su trasero, lo trajo con ella sin despegar su lengua del clítoris de Lena, que no sólo gritaba incoherencias, sino cosas en un ruso anticuado que a Yulia ni le interesaban, sólo intentar calmar a Lena, pero no la quería calmar en realidad. Lena respiraba con dificultades, respiraba por la boca, sintiendo aquel orgasmo un tanto fuerte e intenso, ¿habrá sido la anticipación o la abstinencia o ambas? Y Yulia reía un tanto bajo, saboreando el orgasmo de Lena en su cavidad bucal, succionando ferozmente, pero todavía con cariño, sus labios menores y toda su vulva en realidad. Lena se irguió, todavía con sus rodillas temblando y Yulia la tumbó a su lado con sus brazos, volviéndose a ella para besarla. Pero eso no acababa ahí. Y un “¡Lo quiero adentro, dije!-¡No!- ¡Que sí!- ¡Ya no aguanto!- Adentro o en mi boca- ¡Adentro! Aghhhhh” de lo que parecía ser un sexo extraño entre Phillip y Natasha, ambas tuvieron que interrumpir su momento romántico para reírse y sacudir sus cabezas, y no duró mucho, pues Lena se volvió a colocar sobre Yulia, poniéndole una almohada bajo su trasero, Yulia a la expectativa.



Bajó por todo el torso de Yulia mientras Yulia se estimulaba por sus pezones, viendo a Lena bajar con besos hasta su vientre. Apretó los dedos de sus pies, algo que solía hacer cuando estaba demasiado excitada, era raro, pero la relajaba un poco. Y ahora sí, Lena se sumergió en la vulva de su novia, pasando uno de sus brazos alrededor de su muslo para tirar un poco de su monte de Venus hacia arriba, para estirar aquella fuente de placer, sensibilizar su clítoris al roce de su mojada lengua, que no hacía tanta diferencia porque Yulia estaba que rebalsaba de lo excitada que estaba, más después de ver los agujeros de Lena contraerse ante ella; ambos al mismo tiempo. Con su otra mano, Lena separó los labios mayores de Yulia y facilitó sus besos y sus lengüetazos por un tiempo, haciendo que Yulia apretujara sus senos en sus manos de vez en cuando por reflejo, un hermoso reflejo que dejaba marcados sus dedos en aquella blanca piel. Y, por lo mismo de que Yulia estaba rebalsando, sus jugos se hacían camino por su ranura hasta aquel agujerito que Lena gustaba de probar cada vez que lo veía así de cerca, así de deseoso por su lengua.



Y se desvió unos segundos hacia aquel agujerito y lo estimuló con su lengua, penetrándolo un poco con su lengua rígida, moviendo la punta de su lengua cuando estaba dentro de él, que no era nada, pero seguía estimulando el clítoris de Yulia con sus dedos de la otra mano mientras escuchaba aquella sinfonía de gemidos, gritos, sollozos y jadeos, altos y bajos, prolongados y cortos, agudos y graves de parte de su Yulia. Volvió a subir con su lengua a su clítoris, retirando su mano de su monte de Venus e introdujo aquel dedo índice en la vagina de Yulia de golpe, y un ¡Mh! agudo y fuerte invadió aquellas cuatro paredes, con la firma de Yulia, con la dedicación de Lena. Y la penetró una, dos, tres veces, profundo, golpeado, y presionando su G-Spot, haciendo de Yulia un descontrol con piernas y senos, y una sonrisa matadora por si fuera poco, que, aún en ese momento, a Lena le pareció sumamente hermoso que Yulia sonriera con su ceño fruncido y sus ojos cerrados, haciendo con sus manos cierto gesto de que parase, o que quería aferrarse de ella pero estaba muy lejos. Sintió en Yulia aquel cambio incorregible e irreversible, aquel calor que recorrió su boca, y Lena dejó de penetrarla para migrar su dedo a su ano, estimulándolo en círculos pequeños y continuos, inocentes y suaves, incrementando en Yulia todo tipo de sensaciones.



Pues, sin dejar de succionar y lamer el clítoris hinchado de la Arquitecta Volkova, la Licenciada Katina presionó su agujerito con su dedo, su dedo ya totalmente lubricado, y, junto con esa presión, succionó su clítoris y le paseó su lengua estando succionado e hizo que Yulia explotara en un grito sensual y fiero, un grito que la hizo sentirse orgullosa de sí misma, pero, sin distraerse, Lena, viendo que su novia estaba explotando en placer, introdujo su dedo en aquel agujerito, causándole otro sollozo a Yulia, y la penetró lenta y suavemente, con suficiente lubricante, alargando su orgasmo y multiplicando sus sensaciones, aumentando su placer. Y su dedo se sentía bien dentro suyo, llenaba aquella cavidad prohibida que le gustaba que Lena llenara, le gustaba el momento en cuanto el dedo volvía a entrar en ella, más por el efecto que esa almohada bajo su trasero hacía, pero le gustó todavía más cuando Lena lo dejó ahí dentro sin moverlo mientras besaba sus labios mayores en lo que se lograba calmar. Y lo sacó lentamente, haciendo que Yulia se sintiera vacía pero satisfecha. Lena gateando sobre Yulia para llegar a sus labios para darle su amor y, acariciando su mejilla derecha con sus nudillos, vio cómo Yulia abría los ojos de nuevo, con un brillo inolvidable en aquellos ojos azules, y topó su frente contra la de Yulia, rozando sus narices mientras Lena peinaba el flequillo de Yulia y lo colocaba tras su oreja.



- Te amo…- susurró Lena, tomándola por la mejilla con su mano derecha y besándola en sus labios, un beso muy amoroso, de aquellos que desnudaban cualquier sentimiento.



- Yo más… musitó Yulia, haciendo que Lena sonriera, pues era como música para sus oídos: “Yulia de no querer sentimientos, a no decirme ‘te amo’, ahora resulta que me ama más” y sonrió más ancho, para luego plantarle un beso corto en sus labios.



Se acomodaron en aquella cama bajo las sábanas, Yulia abrazando a Lena entre su brazo, Lena recostada un tanto sobre su costado mientras apoyaba su cabeza sobre el pecho de Yulia y pasaba su brazo sobre el abdomen de Yulia, Yulia posando su mano libre sobre el brazo de Lena mientras la tomaba por el hombro con la otra. Y se quedaron ahí un momento, sonriendo en silencio, Lena escuchando la respiración de Yulia, escuchando sus latidos. Yulia sintió el peso de la cabeza de Lena después de un momento, mi bella durmiente, pero ella no había pensado en dormir hasta ese momento, tal vez era la felicidad tan grande que sentía que no la dejaba descansar, otra la felicidad sinónimo de descanso, todo lo pensaba mientras veía el amanecer que ya no era amanecer, ya el sol había salido y estaba, como cosa rara, un tanto radiante para ser invierno, y así se sentía en ese momento, no, en todo momento desde que Lena había decidido meterse en su vida, desde el momento en el que había decidido darse la oportunidad con Elena Katina. Y sonrió con un suspiro, saboreando aquel momento de felicidad mientras apretujaba más a Lena entre sus brazos, acercándola a ella y se dejó llevar por el cansancio, cediendo al sueño, a un sueño que ya no le daba pereza tener, pues Lena hacía de su sueño algo mejor; desde mejor descanso hasta más seguridad
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Sep 10, 2014 10:03 pm

Yulia, ¿Boston?- preguntó Volterra.

- La casa está literalmente lista, la estructura con sus alteraciones, sólo falta el jardín y los muebles, aunque no estoy segura, creo que la Licenciada Katina ya los mandó- respondió, cruzando su pierna sobre su rodilla y cruzándose de brazos.

- ¿Qué dicen los Hatcher al respecto?

- Están conscientes de que, si les instalo el jardín ahorita, sería un poco…- dijo, pensando en las palabras que podían describir tal decisión. – irracional…- continuó, con una sonrisa divertida mientras veía a Lena sonreírle al otro lado de la mesa de reuniones.”Licenciada Katina” rió Lena en sus adentros. – Les dije desde un principio que la casa estaría lista a principios de marzo, estuvieron de acuerdo…porque no les urge mudarse, revisa el contrato de nuevo, está en las clausulas- dijo sin quitarle la mirada a Lena.

- Lena, ¿los muebles para cuándo?- Volterra estaba un poco molesto por la actitud de Yulia, aunque era estúpido, pues le gustaba más la Yulia sonriente y relajada que la “bitchy” Yulia.

- Ya están allá, los mandé el dieciocho si no me equivoco- respondió, volviendo a verlo con una sonrisa que lo desarmó.

- Bueno, perfecto.- dijo, poniéndose de pie y paseándose por la alfombra. – Tenemos cuatro proyectos nuevos…Pennington, en vista de que Segrate ya no es parte del equipo y era el jefe de los Ingenieros- dijo, volviendo a ver a Yulia con cara de “ya no está porque tú lo despediste”, a lo que Yulia sonrió bajando la mirada.

- Yo creo que Pennington sería buen jefe de Ingenieros- interrumpió Yulia.

- Gracias por quitarme las palabras de la boca, Arquitecta- rió Volterra. – Como te decía, quieren demoler y levantar una casa en los Hamptons, la quieren lista para pasar ahí el verano, pero ya tienen los planos- Pennington asintió, sonriéndole a Yulia en agradecimiento. – Ahora, Hayek y Ross, el mantenimiento de Prada en Soho les queda a ustedes y la remodelación de la fachada del Bank of America de la 5ta. … Yulia, si no puedes por Meryl y los Hatcher, no hay problema, me encargo yo, pero me gustaría que tomaras West Hampton Dunes, al menos eso quieren los van De Laar…- Yulia asintió con una sonrisa. – Para eso te puede socorrer Pennington o Bellano, aunque Bellano ya tiene el edificio, es de platicarlo con él. – Bellano era el único ausente, y Yulia prefería trabajar con Pennington, mil veces, todo porque Bellano era el “Wannabe-Anatoly-Segrate”. – Ahora, Yulia y Lena, pueden trabajar juntas en éste último, o sólo Lena, pero han pedido que Lena tome parte- dijo, encogiéndose de hombros. – Es en el Archstone de Chelsea

- Alec…- murmuró Yulia. - ¿En qué piso?- su mirada era escéptica, como si supiera quiénes vivían ahí, y de verdad sabía.

- En el treinta y seis- dijo, con mirada confusa, viendo que Yulia se relajaba, o no tanto. – En el transcurso del día les hago llegar la información.- concluyó la reunión. – Yulia, ¿me permites un momento?- dijo, viendo que todos tomaban sus cosas y se retiraban, Yulia se volvió a sentar, dándole una sonrisa de “te veo luego” a Lena, que salía un tanto indiferente de aquel salón. – Te noto distinta- sonrió, juntando sus manos sobre su estómago y entrelazando sus dedos.

- ¿Distinta en el buen sentido o en el mal sentido?- preguntó, cruzando la pierna de nuevo y apoyando sus codos en los brazos de la silla, apoyando su quijada entre su pulgar y su índice derechos, rozándose el labio superior con su dedo del medio.

- No lo sé, eres más…persona- sonrió, empujándose las gafas por el tabique hacia arriba. Yulia sonrió, dándole la razón pero sin darle explicación. - Tu secreto está a salvo conmigo, hija mía- sonrió. “¿Por qué no me diste un papá como Alec, Dios?”.

- No sé de que hablas- repuso, a la defensiva, intentando no vomitar el corazón.

- Yo guardo tu secreto, sano y salvo, pero no te des a conocer en frente de los demás en el Estudio, ¿de acuerdo? Por el bien tuyo, de Lena…y del Estudio…- susurró, tomándola de la rodilla.

- Tú…- resopló Yulia, con la mirada cuadrada de la impresión. - ¿Cómo sabes?

- Inessa me lo dijo…me hizo muchas, demasiadas preguntas sobre ti…

- Debí haberlo previsto- rió Yulia, diciéndose “tonta” una y otra vez. - ¿No me vas a despedir?- dijo, tomando en cuenta que era lo que venía, probablemente, pero sonrió.

- ¿Bromeas? Si tú te vas, esto va a la quiebra antes de que salgas por esa puerta, ni loco dejo ir a mi Arquitecta estrella- sonrió. – No sólo porque me sirves, sino porque te tengo cariño, Yulia, eres como la hija que nunca tuve…

- Alec…- murmuró Yulia, poniéndose de pie y poniendo su mano en el hombro de Volterra.

- Ya, ya…no nos pongamos sentimentales que los dos sabemos que no es nuestra fachada. No la lastimes, ¿entendido?- rió con una mirada seria, dándole unas palmadas a la mano de Yulia. Ella asintió y recogió sus cosas. – Una cosa más…- dijo, haciendo que Yulia se volviera hacia él desde la puerta. – Architectural Digest quiere hacer un artículo sobre ti, piénsalo- sonrió.

- Que se comuniquen con Gaby- guiñó su ojo y salió de ahí con una sonrisa un tanto extraña.

Taconeó hasta su oficina, de alguna manera sentía rico estar en el trabajo de nuevo, de un tiempo acá le gustaba ir a trabajar, corrección: desde que Lena llegó, le gustaba ir a trabajar. Se acordó del día que le dijeron que Lena iba a llegar a trabajar, la pesadez con la que había empezado el día, lo mal que se sentía, lo poco que había dormido, lo mal que había dormido toda su vida; y el giro que dio su vida con la presencia de aquella mujer en Duane & Reade aquella mañana, que le dio su espacio para pagar porque no quería que le vomitara sus Christian Louboutin, que, cuando volvió a ver a sus pies, eran los mismos de aquel día y sólo quiso sonreír. Lena estaba de espaldas a la puerta, trabajaba en la caja de luz. Yulia se detuvo en la puerta y apoyó su sien al marco, se cruzó de brazos con una sonrisa y vio trabajar a Lena; era delicada y frágil en lo que a su físico se refería, aunque tenía curvas; a Yulia le gustaba observarla. Se acordó de esa mañana, que se habían despertado juntas al compás del reloj biológico de Yulia, revolcándose en las sábanas tibias con sonrisas y besos madrugadores, con un beso que a Yulia la tenía tan sonriente y se trasladó a cuando se habían duchado entre risas y bromas, y la hacía sonreír y sonrojarse. Entre aquella sonrisa suspiró para tomar el momento y guardarlo en su cerebro como de los pocos momentos buenos, realmente buenos, al menos que lograban opacar a aquellos malos momentos. Caminó en puntillas, todo un esfuerzo en quince centímetros, sólo para tomar por sorpresa a Lena; abrazándola por la espalda y pasando sus brazos por su cintura.

- Mi amor…- murmuró Lena, poniendo su lápiz sobre la caja de luz y cerrando los ojos. – Te extrañé…

- Sólo no estuve por cinco minutos…- susurró Yulia a su oído y luego mordió su lóbulo. Hizo que Lena se acordara de aquella deliciosa tortura el primer día del año y gimió casi mudamente, lo que un recuerdo puede hacer.

- Compórtate, Yulia- sonrió, poniendo sus manos sobre las de Yulia en su abdomen y echando su cabeza un poco hacia atrás mientras Yulia se inclinaba un poco para posar su barbilla sobre su hombro. Le empezó a besar el cuello, era para lo que servía el moño de Lena en ese momento. – Me tienes malacostumbrada…me tienes sin poder despegarme un segundo de ti- sonrió Lena, sonrojada por los besos de Yulia.

- Odio estar en mis días- susurró Yulia y apretujándola más hacia ella.

- Por favor, no hablemos de eso- rió, nerviosa, porque sabía que la conversación le iba a afectar más a ella que a Yulia, como siempre. - ¿Qué quería Volterra?

- ¿Quieres saberlo todo o sólo lo importante?- Lena se despegó de ella y se dio la vuelta, viendo si alguien venía y no, le dio un beso fugaz en sus labios. – Volterra ya lo sabe- rió Yulia.

- ¿Qué sabe?- y otro beso, esta vez un poco más largo.

- Que tú y yo tenemos algo

- Qué cara…- murmuró, con la misma mirada cuadrada que tenía Yulia cuando hablaba con Volterra, pero ella no sonrió. Yulia asintió mientras la tomaba por la cintura y la traía a ella para darle otro beso. - ¿Mamá?- susurró, y Yulia asintiendo mientras intentaba besar a Lena, quien todavía estaba un tanto estúpida.

- Pero tranquila- murmuró Yulia pegajosamente después del beso y peinando el flequillo de Lena. – Le da igual…sólo que…literalmente me sacó una AK-47 y me amenazó de muerte si te lastimaba- rió, dándole un beso en la frente a su novia.

- ¿AK-77?

- Cuarenta y siete, una metralleta- rió, tomando sus manos y besándolas. “¿Qué me pasa ahora que sólo quiero besarla?”

- No voy a preguntar lo obvio…- murmuró, despegándose de Yulia como si estuviera molesta y pretendiendo no preguntar de dónde sabía Yulia el nombre de un arma de fuego. - ¿Qué más te dijo?

- Que hay unas personas que quieren entrevistarme- frunció su ceño. - ¿Por qué te enojas?- preguntó, encogiéndose de hombros y cruzando sus brazos mientras veía a Lena pasearse de ida y de vuelta enfrente de ella.

- Nada personal- dijo, simplemente a secas.

- Lo que te pase a ti se me hace personal a mí- repuso, arreglándose los botones de su camisa que, hasta ese momento, se dio cuenta que se había corrido un botón en uno.

- Yulia, esto es serio ... Deja de molestar, no va a funcionar- y lanzó una mano para detenerla.

- Sólo me la arreglaba, ¿crees que me voy a desvestir a media oficina? Lena, por favor- rió, abotonándose bien la camisa.

- Si tan sólo no hubieras contactado a mamá, Volterra no supiera nada- y ahí estaba de nuevo, aquel problema que según Yulia ya habían dejado en el pasado.

- Lena, ya me disculpé una y mil veces por lo que hice- dijo Yulia, ya un poco molesta y cruzada de brazos mientras comenzaba a rozarse su uña del dedo de en medio de la mano derecha con su pulgar, la seña de la desesperación.

- Está más allá de tu alcance- sonrió, pero no con alegría, sino con pesadez, como diciendo “lo hubieras pensado antes”, esa sonrisa fruncida con dientes apretados y una ceja arriba.

- Pensé que era a mí a la que me iba a costar aceptar que estoy con una mujer, claramente me equivoqué- dijo, paseando su pulgar ya por todos sus dedos, Lena la volvió a ver con asombro. – “A mí no me importa lo que piensen los demás de mí…me preocupa que a ti sí”- le acordó sus exactas palabras de algún día. – Y veme a los ojos al menos cuando te estoy hablando- murmuró, como si estuviera realmente calmada, haciendo que Lena levantara su mirada. – Una vez me dijiste que no tenía que avergonzarme…y mírame, no lo hago, es más, con una sonrisa le tomé la noticia y con la misma desgraciada sonrisa le acepté lo nuestro- dijo, haciendo con su dedo ese gesto de “tú y yo”.

- Yulia…yo…- tartamudeó Lena, boquiabierta de lo que salía de la boca de Yulia. ¿Cuándo se había vuelto tan “libre” para hablar del tema?

- ¿Tú qué? ¿Será que te avergüenza aceptar que sales conmigo?- preguntó, con una sonrisa que confundió a Lena, pero todavía rozaba sus dedos con su pulgar.

- A ti te debería dar vergüenza salir conmigo- murmuró, agachando la mirada y hundiéndola en el suelo. “Que tengo miedo por mí…y por ti…que profesionalmente todo por lo que has trabajado se te caiga…por mí…o por tus ideas desproporcionadas e impulsivas como traer a mamá”.

- ¿De qué carajo estas hablando?- Yulia se acercó y levantó el rostro de Lena con su dedo. – Yo no me avergüenzo de ti…¿o te parece lo contrario?- Lena sacudió su cabeza, no siendo capaz de ver a Yulia a los ojos. – Mírame al menos cuando te hablo, por favor, que me enoja que me reclames por algo y no me veas a los ojos, es como si supieras que lo que dices no tiene fundamentos desde un principio, te pediría que me vieras a los ojos, pero ni mirarme puedes- y Lena la veía sonreír con pena.

- ¿Cómo puedes estar enojada y sonreír al mismo tiempo? Eso es imposible…

- Te presento a Imposible, Lena…habemos personas que no nos gusta sacar la furia que tenemos dentro…con las personas que amamos, que en mi caso se reducen a tres que cuatro- guiñó su ojo y le dio un beso en los labios.

- ¿Qué tan enojada estás?- preguntó sonrojada y cerrando sus ojos como si le fuera a pegar. Eso era, Lena lo había descifrado…según ella.

- Del uno al diez, no mucho, un quince…

- ¿Por qué?- seguía sin abrir sus ojos.

- Dos puntos: primero, ya te pedí dos veces que me veas a los ojos, ni siquiera me miras, segundo, me tienes miedo y no sé por qué, por algo cierras los ojos, tercero, me reclamas por algo que yo no le veo tanta relevancia dado que Volterra dijo que no le diría a nadie y tú sabes que Volterra es un hombre correcto- murmuró, dándole otro beso en sus labios, esta vez succionó los labios de su novia que no respondieron el beso.

- Tienes ganas de pegarme, por estúpida, ¿verdad?- vomitó Lena, mucho antes de que se diera cuenta de lo que estaba diciendo, dándose cuenta que eso era compararla con su papá.

- ¿Te parezco violenta a caso?- sonrió.

- Ves, sonríes cuando estás enojada, ¿cómo debo tomar eso si no es como que no dejas salir la furia que llevas dentro? Cuando no la sacas, lo natural es ser violento, y pegar es una de esas…y me das besos y sonríes, te enojas raro- al fin vio a Yulia a los ojos, y vio que esto es serio ... Deja de molestar, no va a funcionar- si tenía “enojada” escrito en la frente, y que se borraba poco a poco mientras aparecía la palabra “iracunda”- Es un poco…twisted..que sonrías cuando estás que tiras el escritorio por la ventana

- Si te das cuenta de lo que me estás diciendo, ¿verdad?- soltó la barbilla de Lena y se alejó, con mirada de susto.

- Perdóname, por favor…- susurró, estaba sensible, como si le tuviera miedo a Lena. Y tuvo un flashback: “Sí, eso dijo papá la primera vez que me pidió perdón, pero dejé que se acercara y me volvió a pegar porque tuvo que pedirme perdón, como si fuera mi culpa.”- Tú no eres como tu papá…

- Insinuaste lo contrario hace menos de un diez segundos…- se dio la vuelta y se sentó a su escritorio. – Creíste que te iba a pegar…aunque eso no me molesta tanto como lo demás- dijo, escribiendo algo en su ordenador.

- Sé que no me pegarías…que primero te suicidas antes de pegarme…o pegarle a quien sea- se acercó al escritorio, tratando de medir la distancia en términos de tensión; si pasarse del lado de Yulia o no.

- Pues, para que sepas…le pegué a Segrate- sonrió, como si estuviera orgullosa de eso, pero todavía no veía a Lena. – Y, para que sepas otra cosa…yo no me hago novia de personas que se ven de menos o que se autodestruyen al menospreciarse- su sonrisa se hizo más ancha. Golpe bajo, cosa que a Yulia le dio risa interna, esa pelea no iba a ningún lado más que a su propia risa.

- Eras novia de Misha- respondió, con un golpe bajo también, pero Lena sonrió, no tomándoselo personal y no sabía por qué. Yulia lanzó una carcajada al aire. - ¿Te parece gracioso que te pelee de regreso?

- Creo que acabo la pelea…no?- rió.

- Por algo teníamos que pelear, mi amor- sonrió Lena, acordándose de cuando Yulia le dijo de los platos blancos o rojos.

- ¿Tú de verdad crees que tengo ganas de pegarte?

- No, la verdad no…y no sé qué me poseyó que te lo dije, te suicidarías antes de pegarme…- Yulia asentía mientras la volvía a ver a los ojos, buscando sus ojos verdes. - ¿Qué sentiste al pegarle a Segrate?

- Fue la vez que comprobé que no estoy diseñada para pegarle a alguien sólo porque hirió mi ego…creí que se sentiría bien defendiéndome a mí misma con una dulce bofetada, pero en realidad sólo me enojó más porque…pues…Tengo mierd* en mi mano…- murmuró, dándole a entender a Lena que, para ella, pegarle a Segrate había sido rebajarse a su nivel.

- ¿Con qué mano le pegaste?- caminó hacia el lado de Yulia.

- Con ésta- dijo, levantando su mano derecha. Lena se apoyó del borde del escritorio de Yulia con su trasero y tomó su mano; la besó, dedo por dedo, su palma, toda su mano y luego succionó cada dedo, desde la base hasta las puntas. - ¿Qué haces?- murmuró, asombrada y un tanto extrañada.

- Tratando de limpiar la mierd* de tu mano- elevó su ceja y besó su anillo. Yulia sonrió y la haló hacia ella por la cadera y la sentó en su regazo con una sonrisa. – Yulia…nos van a ver- susurró, pasándole los brazos por el cuello e importándole poco lo que ella misma había dicho, le dio un beso en sus labios, pidiéndole perdón en labios, lengua, dientes y saliva, un perdón que Yulia aceptó mientras le respondía con uno igual, acariciando su espalda baja.

- Te amo, Lenita… - dijo a ras de los labios de su novia.

- Yo también- y le dio un beso fugaz, más rápido que un abrir y cerrar de ojos, se puso de pie para evitar levantar sospechas, pues la puerta seguía abierta. – Ahora, dos preguntas- sonrió viendo de reojo a Yulia mientras se dirigía a la caja de luz para seguir trabajando. - ¿Entrevistarte?

- Sí, Alec dijo que Architectural Digest quiere una entrevista conmigo…y como pocos leen la revista, quizás se las dé- rió, poniéndose de pie y buscando, entre los tubos, el plano del apartamento de Meryl.

- ¿Quién vive en el Archstone?- disparó, la pregunta que venía teniendo desde que Yulia preguntó en qué piso. – Sé que Natasha vive en un Archstone pero en el de Kips Bay

- Misha, pero no vive en el piso ese…

- Te pusiste nerviosa- murmuró, volviendo a verla.

- ¿Estás celosa?- rió, extendiendo los planos en la mesa de dibujo.

- ¿Celosa? ¿Yo?- resopló. - ¿De quién?- se volvió a Yulia, considerando la remota posibilidad.

- Ve cómo te pones, preciosa

- ¿Qué habría pasado si era Misha?- preguntó, probando a Yulia con la respuesta.

- Lo acuso de acoso sexual- sonrió, haciéndose un moño alto y sin volverla a ver. – No, en realidad Misha sólo me incomoda con su presencia…y no tomaría el proyecto, hay personas que quiero que salgan de mi vida…y Misha es una de ellas…pero no es Misha, es otra persona- sonrió, lanzándole un beso por el aire a Lena y volviéndose al plano para corroborar las dimensiones de uno de los baños.

- ¿Sabes quién es?

- Tengo mis sospechas…y si es quien creo que es, no tomaré el proyecto y te pediría que no lo tomaras

- ¿Por qué?

- Confía en mí, Lena…no digo que sea quien creo que es, pero si lo es, es para protegerte

- Si vive en el Archstone dudo que sea un lunático sociópata, mi amor- sonrió un tanto incrédula para luego beber de su café.

- Oh, créeme…es algo parecido- rió, pensando en la clase de estereotipo que tenía Lena “comenzando por Misha…siguiéndole Natasha, que sólo es una lunática”. – Sabes…necesito decirte algo- susurró, haciéndose camino a la puerta y cerrándola en silencio. – Siéntate- exhortó cariñosamente apuntando a su silla.

- Me asustas…- murmuró. - ¿Mi amor?- volvió a murmurar, viendo que Yulia se ponía frente a ella y empezaba a hincarse en una rodilla. - ¿Qué haces?- Lena estaba nerviosa.

- Lena…sé que no es el momento ni el lugar adecuado- murmuró, tomando las manos de Lena en las suyas, viendo a Lena a los ojos, clavándole la mirada y entendiendo que estaba malinterpretándolo todo: la rodilla, las manos, las palabras.

- Yulia, por favor…no lo hagas…no estoy lista…

- Lena, sólo quiero…- murmuró, besando sus manos y poniendo ambas rodillas sobre la alfombra. – Pedirte perdón de la única forma que no te lo he pedido…perdóname, por favor, mi amor- dijo con una voz cortada que era tanto por la desesperación de pedir perdón como del dolor de quitarse su atuendo de orgullo y ego y rendirse a los pies de Lena, arrodillada y pidiendo perdón.

- Yulia, párate, por favor- la voz de Lena era de sorpresa, y no de la buena, pero Yulia no se paraba, sólo seguía besando sus manos. – Yulia, por favor…te perdono, ¿está bien?- murmuró, levantando el rostro de Yulia por su barbilla, así como típicamente lo hacía Yulia con ella. – Ponte de pie…- y Yulia le hizo caso. – No vuelvas a hacer eso- exhortó un tanto molesta.

- ¿Pedirte perdón?- Yulia extrañada.

- No, ponerte de rodillas…no lo vuelvas a hacer, es una orden- dijo, en tono seco y plano en aquella voz ronca y mimada. Yulia, como niña recién regañada por sus padres, asintió y bajó la cabeza. – Hey…tu me dijiste que te mirara, mírame también tu a mi- susurró, haciendo que Yulia la viera directamente a los ojos.

- ¿Me perdonas?

- Si me vuelves a pedir perdón por eso…te juro que me enojo…y te voy a castigar por eso- sonrió, paseando su mano por la mejilla de Yulia.

- Arquitecta Volkova- interrumpió Gaby, la secretaria de Yulia, justo cuando Lena le acariciaba la mejilla. Lena retiró su mano lo más rápido que pudo. Ahora sí estaban a mano, Lena las delató frente a Gaby, Yulia frente a Volterra, aunque con Gaby corrían el peligro de que la voz se corriera.

- ¿Qué me traes, Gaby?- dijo Yulia con naturalidad, como si nada hubiera pasado, aunque Gaby la miraba con escepticismo, pues jamás había visto a alguien poder tocar a Yulia, menos en la cara.

- La información sobre sus proyectos- sonrió, viendo de reojo a Lena y alcanzándole las carpetas a Yulia. – Y tengo a alguien de Architectural Digest en la línea para usted

- Bien, pásame la llamada, por favor- sonrió, y fue algo que desconcertó a Gaby, había dejado de creer que había algo sospechoso por lo “fresca” que estaba Yulia, se olvidó del asunto en cuanto se retiró y Yulia todavía pensó en reprenderla con decirle “Hazme el favor de tocar la puerta, para la próxima, por favor” pero fue inteligente y no se lo dijo, como si no tuviera nada que ocultar, y se la creyó. – Revisa el que te dieron mientras atiendo esto- sonrió Yulia dirigiéndose a una petrificada Lena mientras le alcanzaba las carpetas.

Interior Designer D: Katina, Elena.


Addt.: +

Archstone Chelsea

800 6th Ave., New York, NY 10001

Building 01, Apt. 36E (1,229 sq. ft.)

Mr. M. Blair

Bedrooms: 2

Bathrooms: 2

Budget: ˃$25,000.00

Lena veía el bosquejo, en realidad un plano miniatura en aquella carpeta y no le molestaba trabajar. Era un apartamento pequeño y relativamente fácil de encontrarle lógica; pisos de bambú, paredes tristemente blancas, cerámica/granito/aplicaciones en blanco, “me pregunto por qué quiere que lo decoremos” rió Lena internamente con un toque de sarcasmo, mientras levantaba su vista para ver a Yulia sonreír al teléfono y asentir sin cesar.

Architect D: Volkova, Yulia.

Addt.: Volterra, Alec.

Interior Designer D: Volkova, Yulia.

Addt.: -

West Hampton Dunes (0.3 Acres)

NY 11978

Mr. Falco/Mrs. Denisse van De Laar

Type: House

Process:

I. Demolition- 2,745 sq. ft. 3 Stories.

II. Deisgn- 4 Bedrooms, 5 Bathrooms, 2 Living-Rooms, Pool, Sauna, Min . 4 Parking-spaces, Basement, Min. 2 Balconies, Eat-in Kitchen, Dining-Room, Playroom, Veranda

III. Construction: Promptly-June, 15th 2013

V. Décor: A.S.A.P

Budget:

a) Demolition: Granted

b) Construction: ≥$3,000,000.00

c) Décor: ≥$500,000.00 (T.B.Dl/h)

d) Additional: $850,000.00 (T.B.Dh)

- Sabes, es de mala educación leer correspondencia ajena- sonrió Yulia mientras le cerraba la carpeta a Lena frente a sus ojos con suma delicadeza.

- Sólo quería saber qué tipo de proyectos te llegaban- sacó su lengua, ah, Lena infantil al ataque.

- ¿Te pareció interesante?- preguntó, tomando sus carpetas y poniéndolas sobre su escritorio.

- No soy arquitecto…y por lo mismo veo que tu documento está redactado de manera distinta al mío, ¿qué es “T.B.D”?

- “To be discussed” y la “h” es para “higher” y la “l” para “lower”- sonrió, sabiendo a dónde iba a llegar Lena con eso.

- ¿Y “Additional?”? Supongo que en este caso no es quién más podría hacer el trabajo, ¿verdad?

- Mira, te explico- dijo, abriendo la carpeta y sacando la primera página, sosteniéndola frente a las dos. – La casa ya existe, pero hay que demolerla, lo que significa que pagarán lo que se deba pagar, usualmente conocen a alguien que puede demolerlo, tú sabes, de sus amiguitos- sonrió, pasando su dedo índice, todavía rojamente manicurado por Lena, al siguiente punto de desglose. – Tres millones o menos para la construcción en sí, ahí se incluye no sólo materiales, sino que gastos inmediatos, trabajadores, etc., para montar la casa, medio millón- sonrió, retirando la página de la vista de Lena.

- Sigues sin responderme- dijo, Lena, deteniendo a Yulia por su brazo para que no retirara la página.

- Piensa qué es lo único que falta en todo eso…- murmuró, dándole un beso a Lena en su frente y saliendo de la oficina hacia donde Pennington.

Lena se acercó hacia el teléfono de la oficina que estaba sonando. – Dime, Gaby…Hazlo pasar- dijo confundida y frunciendo su ceño para luego colgar el teléfono y pasear su mano por su rostro. Se retiró a la caja de luz a seguir trabajando y escuchó un golpeteo juguetón en la puerta.

- Buenos días- dijo aquella voz lasciva; ronca, profunda y un tanto porosa, como si naciera desde la más oscura de las entrañas y se deteriorara a su paso en cuanto salía por entre los labios, Lena se congeló y se rehusó a darse la vuelta, el miedo la invadió; esa voz… .
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Sep 12, 2014 6:12 pm

Disfruten mas continuación






- Buenos días, tome asiento por favor- dijo Lena con una voz fría y distante. - ¿Qué puedo hacer por usted?

- Soy tu nuevo cliente- sonrió, con su amplia sonrisa burlona y altanera, admirando a Lena de espaldas, pensando en todo lo que podía hacerle a ese trasero.

- De eso no estoy segura- Lena se dio la vuelta, encontrando la mirada de aquel rubio, aquella mirada lasciva y violenta, con sed de sexo por venganza o de venganza por sexo. - ¿Qué haces aquí?- caminó hacia Matt, aquel primo ***** de Natasha (censurado).

- Soy tu nuevo cliente, ya te lo dije, y espero que hagamos muchas compras juntos- sonrió, pasando su lengua por su labio inferior mientras desnudaba a Lena de aquel atuendo Armani azul marino. Yulia estaba parada frente a la puerta, observando la escena, se le había olvidado el plano de Meryl, observó el odio con el que Lena miraba a aquel hombre, ella creyó que sólo ella lo veía así, pero Lena la superaba.

- Lamento decirle, Mr. Blair, que no puedo realizar su proyecto- dijo Lena, abrazándose por reflejo al recuerdo de aquel hombre presionando su miembro contra ella.

- Ya el estudio me dijo que el proyecto había sido tomado

- No he firmado ningún contrato, Mr. Blair- Lena estaba repuesta, enojada, sí, llena de rabia.

- El estudio sí, si no lo haces, reclamo el rompimiento del contrato, y tú no quieres eso, ¿verdad?- se levantó, tomando a Lena por los brazos mientras Lena, indefensa y nerviosa, cerraba sus ojos aparentando dolor, un dolor mental y emocional mientras sacudía su cabeza. – Aquella noche me dejaste deseándote…- murmuró, casi inentendible para Yulia, pero lo alcanzó a escuchar. – Sueño con el calor de tu escote- dijo, halándole el escote a Lena con su dedo índice.

- No me toques- gruñó.

- Me gustas difícil, ya te lo dije…- dijo, acariciando el cuello de Lena con sus dedos mientras Lena intentaba detenerlo pero Matt le ganaba en fuerza y detenía sus manos que trataban de defenderla con su otra mano. – Eres un desperdicio si es cierto que eres lesbiana…pero te voy a quitar eso- gruñó, poniendo las manos de Lena contra su bulto, Lena sollozó. Yulia no estaba segura de lo que estaba viendo, necesitaba verlo bien para acusarlo de algo, se estaría echando encima a los Blair y a los Roberts, que no sería nada bueno, tenía que verlo bien, aunque su enojo era, por primera vez, más grande que su autocontrol y que su ego juntos. – Voy a follarte hasta que me pidas perdón por haberme dejado deseándote aquella noche…y lo haré por aquí- y le dio una nalgada a Lena, haciendo que cerrara los ojos por dolor, y eso, peor que lo de las manos de Lena sobre su bulto, lograron sacar a Yulia de todo autocontrol. Ni Yulia era capaz de darle una nalgada a Lena, ni la más suave y cariñosa de la historia y ahí estaba ese ***** creyéndose con el derecho de hacerlo.

- Suéltala- gruñó, cerrando la puerta de golpe. “¡Nadie toca a mi novia…!”.

- Yulia- suspiró, soltando a Lena. – No es lo que parece- dijo, con una sonrisa. – Dile que no es cierto, Lena- exhortó, con una mirada obligada. Lena bajó su mirada, no sabía por qué no podía ver a Yulia. – Dile, lesbiana estúpida- gruñó, empujando a Lena por su delicado hombro, haciendo que se tambaleara.

Suficiente. Yulia canalizó todo lo negro, lo oscuro, todo el enojo, toda su frustración, todo su dolor y lo convirtió en aquella violencia de la que Lena hablaba hacía un rato. Caminó con autoridad hacia Matt, Lena le tuvo miedo, miedo verdadero a Yulia, esa mirada negra, ya no azul, ya no era Yulia, se hizo a un lado, de verdad le daba pavor.

- ¿Cómo la llamaste?- susurró, entrecerrando sus ojos del enojo.

- Lesbiana estúpida…porque eso es lo que es, una lesbiana estúpida que me buscó para probarse a sí misma que no lo era- rió, poniendo su mano sobre el hombro de Yulia, ensuciando de “mierd*” su blusa Carolina Herrera de seda y, antes de que Matt pudiera decir algo más, Yulia tomó la mano de Matt y la torció, acordándose de lo que Luca Perlotta, el hijo de aquel Arquitecto, alguna vez le había enseñado en la universidad para cuando tuviera que defenderse de algún delincuente de Roma, pasándola por detrás de su espalda. – Suéltame, perra- gruñó.

- Llámame “perra” de nuevo y te vas a arrepentir- gruñó a su oído.

- Yulia, cálmate- siseó Lena, intentando de separarla.

- Hazle caso a la lesbiana ofrecida, es lo primero inteligente que ha dicho, perra- sonrió, sintiendo el dolor en su brazo, que luego dejó de sentir, pues se le trasladó a un calor inexplicable en su rodilla después de que Yulia la pateara con todas sus fuerzas concentradas en su Stiletto, haciendo que cayera con su rostro sobre la alfombra. - ¡Perra!- gritó ahogadamente, tomando su rodilla, no fue suficiente para alarmar al resto del estudio. Yulia le soltó la patada de gracia, en aquel miembro que intentó matar en nombre del ultraje que había cometido con Lena. Ah, sí, Lena veía a Yulia con ojos resecos, mirada perdida y con asombro, con miedo. Matt se lamentó mientras no sabía qué tomarse ni cómo, le dolía su entrepierna y su rodilla.

- La próxima vez, piensa antes de hablar, ok, Pumpkin?- sonrió Yulia, agachándose para darle unas palmadas fúricas en la frente. – Deberías considerar no presentar cargos…sabes que te llevo abajo si lo haces

- Esto no se va a quedar así- murmuró entre dientes por el ardor en su entrepierna y aquella sensación de quemadura en su rodilla.

- Sé dónde vives, sé dónde trabajas, sé quién eres, ya veremos a quién prefiere defender Romeo después de que le cuente y le demuestre la clase de sobrino que tiene…y si te le acercas a Lena, si la vuelves siquiera a mirar, escúchame bien- dijo, con una sonrisa, tomando en su puño el cabello rubio de Matt y halándolo hacia arriba para que la viera. – No te voy a matar…pero te voy a hacer sufrir, eso te lo juro, y lo voy a disfrutar- sonrió, volviendo a poner su cabeza en la alfombra.

Se puso de pie y volvió a ver a Lena en su muerto silencio, tragándose sus palabras y sin poder ponerle atención a sus propios pensamientos, viendo alternadamente al ahora minusválido y a su irreconocible novia.

- Arriba- dijo, cruzándose de brazos y viendo a Matt desde casi diez centímetros para ser dos metros. – Dije, “arriba”- repitió, poniendo la punta de su tacón en la rodilla de Matt. – Ugh…inútil de paso- suspiró, tomándolo por la chaqueta y, haciendo no tantas fuerzas por la adrenalina, lo puso de pie. – Vas a caminar como si tuvieras un calambre, si no lo haces, ya lo sabes- sonrió, tomando a aquella basura de hombre por la cintura y poniendo su brazo sobre su hombro.

Salieron de aquella oficina, Lena tratando de procesarlo todo. Estaba asustada, Yulia si tenía la capacidad de ser violenta, muy violenta, le había pegado, ¡Le pegó! ¡Le pegó con sus manos, con sus pies, como si fuera la rata más sucia de todas! Pero no, ella no pega, ella no es así, ¿qué le pasó?” y sólo Lena no podía comprender lo que había pasado, Yulia simplemente estaba defendiendo lo que era suyo, pero Lena tenía demasiado presente los ojos de Yulia, el placer con el que le pegó, un placer que confundió. Hundió su rostro en sus manos, intentando pensar coherentemente, pues siempre aparecía el “¡pero le pegó!”, y todo se hizo negro, un negro distinto al de cuando se tienen los ojos cerrados.

“Lena…Lena…Lena…Lena…despierta, Lena…por favor…Lena, despierta, por favor…”. Eso es lo que poco a poco puedo escuchar, todo me pesa, me pesan los párpados, escucho que me hablan, pero no sé si son muchas voces o sólo es una, mi nombre rebota en mi interior, sin tener sentido, sólo sé que así me llamo. Ah, ¿qué es ese olor tan molesto? Huele demasiado fuerte…y feo. Muevo un poco mi cabeza y escucho un “tranquila, Lena, despacio” que hasta cierto punto me parece sonriente. Hablando de mi cabeza, como me duele. Empiezo a abrir los ojos y todo va de negro a gris a una gran luz que no logro distinguir ni definir las formas que se mueven. Ahí está ese olor otra vez, siento que me penetra hasta el alma, qué fuerte, me duelen los ojos. Muevo mis brazos y están un poco torpes. Muevo mis pies y no los siento normal, auch, me golpeo un talón con el suelo, bajo el otro pie un tanto más despacio aunque igual cae de golpe. ¿Dónde están mis zapatos? ¿Qué zapatos me puse ahora? “Lena, ¿me escuchas?” dice aquella voz plana y preocupada, esa voz que me hace sonreír aunque no sé si mis labios sonríen, pero yo sí estoy sonriendo. Vuelvo a abrir los ojos y trato de enfocar bien. “Esta bien, estoy enfrente de ti” dice aquella voz que me ha estado hablando. Duh, es la voz de Yulia. La puerta se cierra y sólo queda su respiración un tanto subida de tono. Se me abren y se me cierran los ojos involuntariamente, pero siento su mano tomarme por la nuca y levantar mi cabeza y…mmmm…qué rico, tus labios están calientitos y humectados, sabes a preocupación y un poco salado.

- ¿Por qué lloras?- logró decir Lena con la garganta seca y pegajosa, tratando de aclararse la garganta.

- Tienes miedo de la mierd* que salió de mi…- susurró, abrazándola, sin soltarle su nuca, simplemente se echó encima de ella. – Te prohíbo que te desmayes de nuevo…es una orden- sonrió, dándole besos por todos lados a Lena. Lena sólo sonrió, todo le daba vueltas todavía. - ¿Puedes ponerte de pie?- murmuró, viéndola a los ojos, notando que todavía estaba un tanto desubicada. Lena asintió.

Yulia pujó del esfuerzo para levantar a su casi-peso-muerto por novia que tenía en sus brazos, pero la logró sentar en su silla, la comodísima silla negra que abrazaba. Yulia acariciaba las mejillas de Lena y paseaba sus dedos por su flequillo. Colocó sus dedos en la carótida de su novia y, sabiendo “no shit” de eso, calculo que su pulso no estaba tan mal como hacía diez minutos, que a ella le parecieron una eternidad. Yulia se levantó sólo para alcanzarle un vaso con agua y una vil aspirina, pero Lena no estaba en condiciones de hacer fuerza alguna.

- ¿Qué pasó?- murmuró Lena, rascándose los ojos para enfocar mejor.

- No lo sé, salgo de la oficina un momento y lo siguiente que veo, es que no te veo y, cuando voy a buscar mi teléfono a tu escritorio, estás cual muerto en el suelo- murmuró Yulia, poniéndole los Jason Wu a su novia en los pies, que rezó, en ese momento, por que no se le ocurriera pararse.

- Le pegaste a Matt- susurró, todavía sin despegar sus ojos de sus dedos.

- Hasta donde tengo entendido, sí- sonrió, poniéndose de pie y tomando el vaso en su mano y la aspirina en la otra. – Abre…- dijo, colocando la aspirina en la lengua de Lena y poniendo el vaso en sus labios, inclinándolo poco a poco para no derramar agua sobre su novia. – Tenemos que hablar sobre él, ¿no te parece?- murmuró, retirando el vaso de los labios de Lena y acariciando su mejilla con sus nudillos.

- Le pegaste…- repitió. -¿Por qué?

- Sólo protegía lo que era mío…- sonrió, dándole besos a Lena en su mano mientras Lena al fin se dignaba, más bien, era capaz de abrir sus ojos sin marearse.

- Yo puedo protegerme- dijo, con un poco de humor.

- No, Lena…tú te puedes defender, yo te puedo proteger, y bueno, no es como que tú te sepas defender ante Mr. Sex- sonrió. - ¿Por qué no me dijiste que se te había insinuado en Año Nuevo?

- Porque no lo hizo…-suspiró. Momento de decir la verdad. – Casi me…- dijo, con una pesadez en su garganta.

- Si lo hubiera sabido, lo hubiera matado…

- ¿Estás enojada?

- ¿Contigo? No…con ese filho da puta…- rió. – Sólo que algo así, Lena…- dijo, enseriándose, y viéndola a los ojos con la mayor de las seriedades. – Me lo tienes que decir, no puedes ocultarme algo así de grave, ¿entendido?

- Lo siento…- murmuró, sonrojada por el regaño, pero tenía razón. ¿En qué momento se le ocurrió no decirle? ¿Qué hubiera pasado si Yulia no hubiera llegado? ¿Esa llave de dónde se la sabía Yulia?

- Ya, mi amor- su tono era dulce y consentidor. - ¿Estás bien?- Lena asintió, sentándose recta. - ¿Quieres ir al doctor?- Lena sacudió la cabeza. – Llamaré a uno para que venga, entonces

- Estoy bien, Yulia…no es necesario- sonrió, apoyando su cabeza entre sus manos sobre el escritorio.

- No era pregunta, preciosa…- dijo, en aquel tono “se hace lo que yo digo y fin de la discusión”.

Lena no terminaba de sentirse bien, físicamente, y se sintió incómoda cuando el Doctor Cole llegó sólo para hacerle el “standard procedure”, sólo para que le dijera lo que ya sabía; que tenía que descansar, pero que antes comiera algo, no sólo para tener comida en el estómago, sino para alegrar el espíritu. Yulia hizo que Lena comiera con ella, por primera vez, su steak con ella.

- ¿Tienes un momento?- tocó Yulia a la puerta de Volterra, hablaba por teléfono. Era un hombre grande, alto y ancho sin llegar a gordo, simplemente como si hubiera sido muy, demasiado, atlético en su vida pasada; calvo, de ojos grises, con una sonrisa un tanto torcida y, lo único que le molestaba a Yulia, era su afán por pretender verse más joven al usar jeans, camisa polo y una chaqueta deportiva, siempre con coderas de cuero y, lo peor de todo, unas zapatillas deportivas blancas con beige, al menos eran Ferragamo.

- ¿Cómo está Lena?- preguntó al instante de colgar el teléfono, viendo a Yulia pensativa, un tanto perdida en sus pensamientos.

- Gracias por Maxwell- comenzó, agradeciendo por la atención médica, que Volterra había insistido que corriera por su cuenta. Él sólo asintió. – Le dijo que tiene que descansar, ahora y mañana de ser posible

- ¿Y por qué te noto tan preocupada?- murmuró, sacando un pañuelo y limpiando sus gafas. Yulia rió un tanto incómoda. – Entiendo…- suspiró, volviendo a ponerse sus gafas. - ¿Puedes trabajar en el proyecto de Meryl y en el de los van De Laar desde casa?

- ¿A qué te refieres?

- A que te estoy mandando a que cuides a Lena…

- ¿No te parece un poco evidente si mandas a Lena a casa y, de repente, yo me voy y desaparezco por el mismo tiempo que ella?

- No si se hace con cautela- sonrió. – Le diré a Gaby que me urge que vayas a una reunión fantasma hoy por la tarde y que tienes que ir a revisar mi proyecto del Mandarin Oriental

- Tú me estás cubriendo tal cual adolescente- rió Yulia, hundiendo su rostro en sus manos.

- No estaría tan tranquilo si no hubiera visto cómo casi te mueres a la par de una Lena simplemente desmayada…eres una dramática- rió, con esa risa grave. – Además…me acabo de enterar que Lena se fue del apartamento que le había conseguido, que me parece extraño porque tuvo que pagar una multa de siete mil dólares por irse de improviso…- dijo, levantando su ceja y viendo a Yulia sonreír con pena. – No voy a juzgar la rapidez con la que manejan lo que sea que tengan…pero gracias- sonrió.

- ¿Gracias?

- Tú no lo ves, ¿verdad?- se inclinó hacia ella, ofreciéndole un Ferrero de un recipiente de vidrio. Yulia tomó uno con una sonrisa, como si su niña interna hubiera salido a flote, frunció sus labios para darle a entender a Volterra que no, no entendía. – Tú viniste aquí, a esta ciudad, con dos cosas: nostalgia y ambición, pero viniste aquí sin tener tres cosas: un lugar donde vivir, amigos y éxito. De alguna manera, extraordinaria debo decir, te las arreglaste, no creí que duraras ni tres meses durmiendo en un sofá, más cuando sabía que eras un tanto consentida, al menos así te noté el día que te entrevisté; tus ropitas de diseñador que sólo tú conoces, tu cabello, todo perfecto, y aún así, durmiendo en un sofá…

- Alec…¿tu punto es?

- Que Lena vino sin más cosas, la ambición no la tenía, vino aquí para poder sobrevivir, te conoce a ti y ahora quiere apoderarse de Manhattan- rió. – Pero la nostalgia, Yulia…si tú crees que tú te veías destrozada tres veces por semana, Lena estaba peor…hasta que creo que encontró todo lo que buscaba en una persona…

- ¿Que es qué?- sonrió, tomando otro Ferrero.

- Una amiga, la cura para la nostalgia, la ventana para la ambición, el trampolín para el éxito y, lo mejor de todo, la comodidad de un hogar…porque, según el conserje, Lena no dormía ahí más de tres noches a la semana

- Sabes, eso se llama acoso- bromeó. – Lo que tú haces averiguando todo eso…y lo de tu conserje también…

- En fin, al grano, llévate a Lena a donde sea que estén viviendo, hazla descansar que se veía ridículamente mal…si necesitas algo, por favor, házmelo saber, ¿de acuerdo?- dijo, en un tono imperativo que le devolvió a Yulia la noción de jefe-empleado, que no era tan cierta.

- Eres un jefe demasiado extraño- sonrió con escepticismo pero poniéndose de pie antes de que se retractara de su decisión. Volterra rió. - Si tú juegas a Cupido conmigo…te juro que yo jugaré a Cupido contigo- bromeó,

- ¿Yulia?- preguntó un tanto confundido, viendo que Yulia se ponía de pie y salía de la oficina. - ¿De qué hablas?- gritó, haciendo que Yulia se riera silenciosamente a lo largo del pasillo y sin responderle.
Mi amor…- susurró Yulia al oído de Lena. – Vamos a casa- dio un beso a la cabeza de Lena y arregló su cabello en cuanto Lena se erguía para volver a la vida de manera parcial.



- ¿Qué hora es?- murmuró, deteniéndose la cabeza entre sus manos, qué dolor más molesto el que sentía.



- Hora de que te lleve a casa, necesitas descansar- dijo Yulia mientras recogía el abrigo de Lena del perchero y le ponía su bolso en su escritorio.



- Estoy bien, sólo estaba descansando la vista- suspiró, intentando no quedarse dormida de nuevo.



- Vamos, amor, de pie…



Lena se puso de pie, tambaleándose en sus Stilettos, Yulia la detuvo por sus brazos, cayendo Lena en un abrazo sobre el hombro de su novia, de esa novia que la detenía con preocupación, no era normal que un simple desmayo la desgastara tanto, además, no podía estar cansada; se habían dormido temprano; relativamente temprano los días anteriores, habían descansado bastante porque Yulia estaba en sus cuatro-cinco días en los que se comprobaba que era una mujer mortal, literalmente sólo se habían levantado de la cama para cuando la gente de Natasha había llevado, sorpresivamente, todas las cosas de Lena al apartamento de Yulia; todas empacadas en cajas rotuladas, cajas que, la mayoría, seguían sin ser desempacadas y estorbaban en el pasillo principal.



- Arquitecta, ¿todo bien?- interrumpió Gaby, viendo aquella escena de Lena reposando su cabeza en el hombro de Yulia y Yulia abrazándola con fuerzas. Yulia: modo improvisación: encendido.



- Gaby, qué bueno que vienes, no me puedo mover, alcánzame un Prismacolor de esa gaveta, por favor- dijo, apuntándole con los labios y la mirada la gaveta a la que se refería. – Rápido que la Licenciada pesa- rió, sabiendo que no era cierto y, mientras Gaby, con manos temblorosas, buscaba un Prismacolor, Yulia inhaló el L’Air del cuello de Lena, y lo acompañó con un beso pequeño e inocente, discreto. – Desenróscale la parte gruesa- exhortó, con tono de estarla apurando. – Dale la vuelta y pásaselo cerca de la nariz- Gaby la vio con cara de desconcierto. – Hazlo, que de verdad pesa- y Gaby paseó el dispensador de tinta cerca de su nariz. Yulia rogó al cielo y a todos los Santos y a todos los equivalentes de Dios en todas las religiones e idiomas habidos y por haber por que Lena no reaccionara con un “mi amor” o algo parecido.



- A qué apesta esa cosa- murmuró, despegándose lentamente de Yulia.



- Licenciada, creo que la llevaré a su casa, voy de salida- dijo Yulia, dándole gracias a toda entidad espiritual superior y dándole gracias hasta al Papa por lo que sea que hubiera hecho.



- Prefiero ir al doctor, Arquitecta- musitó, irguiéndose e intentando enfocar bien la distancia entre ella y su abrigo.



- Gaby, consígueme un Taxi para hace cinco minutos, por favor- Gaby asintió pero, en su intento de salir de la oficina, el teléfono sonó y ella se detuvo a contestarlo. – Gaby, ¡el taxi, por Dios!- ordenó Yulia, pensando “¿qué tan difícil puede ser llamar a recepción y decir que paren un Taxi?”. Yulia le puso el abrigo a Lena, se quitó su bufanda y se la enrolló alrededor del cuello mientras tomaba su bolso y el de ella, los planos de Meryl y la carpeta de los van De Laar en su brazo izquierdo y a Lena por el hombro con su brazo derecho. – Llama a Mr. Noltenius que me he atrasado quince minutos- dijo el primer nombre que se le ocurrió, después de todo, Gaby no tenía idea de quién era Noltenius y eso le daría una buena coartada, y Phillip la cubriría.



- No tengo su teléfono, Arquitecta- murmuró Gaby, asustada porque temió que su trabajo estuviera colgando de un hilo.



- Nueve-Diecisiete-Veinticinco-Cuarenta-Cero-Doce, ahorita- Gaby asintió, tratando de pulsar los números en el teléfono tan rápido como Yulia los dictaba, pero se atrasó y no alcanzó a escuchar si era un “Dos” o un “Doce”, lo cual para cualquiera, en otra circunstancia de relación total, hubiera sido fácil deducir que era un Doce por la cantidad de números.



Salieron del edificio en aquel frío que a Yulia le congeló el alma por entrar de golpe y mal abrigada, pero, gracias a Gaby, un taxi las esperaba y fueron directo, a unas cuantas calles, al apartamento de Yulia, que, cuando el Taxi se detuvo, Yulia arrojó un billete de $20 a pesar de haber sido $8.65 y salió del brazo con una Lena casi desmayada de nuevo.



- ¡Deténgalo!- gritó aquella voz aguda. “Lo último que me faltaba”.



- Señora Davis, un gusto en verla- saludó Yulia, con la sonrisa más falsa que nunca.



- Yulia, buenas tardes- sonrió, igualmente de falsa, viendo que Lena estaba, desde su punto de vista, drogada. - ¿Todo bien con tu amiga?



- ¿Conoce a algún buen doctor que pueda venir de emergencia?- preguntó, implorándole una respuesta positiva.



- ¿Qué tiene?- dijo, volviéndose y retirando el flequillo de Lena de su cara. Lena movió su brazo para quitarle su mano, emitió un quejido.



- No sé, se desmayó en la oficina y no se ha repuesto del todo- dijo Yulia, poniendo su mano sobre la mejilla de Lena.



El ascensor se detuvo en el onceavo piso y la Señora Davis, viendo que Yulia arrastraba a Lena por el pasillo, le ayudó a meterla al apartamento hasta acostarla en su cama. Yulia, por primera vez, dio gracias a Dios por esa mujer, más después de que le dijo que buscaría el número de un doctor y que se lo pasaría dejando en cuanto lo tuviera, aunque nunca lo hizo porque se entretuvo en su visita fugaz con Mr. Kramer, el del octavo piso.

Yulia regresó a ver a Lena, estaba un tanto consciente, se tapaba los ojos con su brazo, como si la poca luz que había le molestaba. Pasó de largo hacia el closet a buscar ropa para Lena y, mientras lo hacía, hacía su llamada 911.



- ¡Nate!- suspiró Yulia mientras buscaba una camisa manga larga para Lena.



- Amor, ¿qué tienes?



- Creo que Lena está enferma



- ¿Qué tiene?- dijo, levantando sus gafas y viendo su reloj: 4:24 p.m.



- A decir verdad…ni put* idea



- ¿Estás en tu apartamento?



- Sí



- Llego en media hora, te enviaré al doctor de mamá, tenemos que hablar



- Lo sé, aquí te espero, gracias- colgó, tomando la ropa y dirigiéndose a la habitación, para ver a Lena moverse un poco, que le bajó la preocupación en un 1%. – Mi amor, necesito que me ayudes con esto, ¿si?- susurró, besando la mano de Lena mientras ella asentía y trataba de sentarse. - ¿Qué sientes?- le quitó el abrigo y le bajó la cremallera de su chaqueta.



- Me duele la cabeza y los ojos…



- ¿Tienes náuseas?- deslizó la chaqueta hacia afuera y le desabrochó su sostén, quitándoselo sin la más mínima de intención de propasarse.



- No, no creo…Me siento débil, aunque…- murmuró, mientras Yulia le metía la camisa por la cabeza e intentaba meterle los brazos en las mangas para luego hacer lo mismo con el suéter.



- ¿Te duele algo?- preguntó, recostándola sobre la cama y metiendo sus manos por su trasero para bajar la cremallera y deslizarle la falda hacia afuera, deteniéndose para quitarle los zapatos y luego terminar.



- Mi integridad como mujer- intentó reír.



- Lenita…- susurró Yulia mientras le deslizaba un pantalón. – Necesito saber qué tienes, estoy preocupada- la besó en sus labios mientras la acomodaba sobre las almohadas.



- Abrázame, ¿si?- y algo tan sencillo como eso se le dificultaba a Yulia negarle.



Se acostó a la par de su novia, abrazándola con una cobija que había comprado, sin saber por qué, en aquella aventura de locura en “Bed, Bath and Beyond”, pero ahora sabía por qué la había comprado. Lena se enrolló en aquella cobija y abrazó a Yulia como una niña pequeña, Yulia, todavía en su atuendo de oficina, logró quitarse su Stilettos sin hacer ruido, pues no sabía si Lena estaba dormida o sólo con los ojos cerrados, pero no quería despertarla. Después de un rato, en el que Yulia sólo había abrazado a Lena y le había dado besos en su cabeza, tocaron a la puerta y, con el mayor de los esfuerzos por no incomodar a Lena, se levantó y fue a abrir.



- ¿Yulia Volkova?- preguntó aquel hombre de cabello blanco, tenía un parecido a David Lynch, pero un poco más joven, no bajaba de los cincuenta y cinco, tampoco pasaba de los sesenta, vestido en un traje mal tallado pero llevando un maletín de cuero negro como los que a Yulia le gustaban. Yulia asintió. – Leo Berkowtiz- se presentó, alcanzándole la mano para saludarla.



- Mucho gusto, por aquí- dijo, pasándolo al interior de su apartamento mientras él se veía a su alrededor y se daba cuenta que no estaba en cualquier lugar. – Lena…- murmuró, acariciando el brazo de Lena. – El Doctor Berkowitz está aquí- y Lena abrió los ojos, con demasiado esfuerzo. – Lo espero afuera- sonrió para el doctor, saliendo de la habitación y cerrando la puerta detrás de ella.



Se dirigió a la cocina a servirse una copa de Newton del 2005 y, mientras bebía aquello que la relajaba un poco, revisaba el proyecto de los van De Laar, que en realidad le gustó, al parecer le daban mucha libertad. Analizó las notas de los clientes sobre lo que querían de la casa nueva y, la verdad, no era nada de otro mundo, y le daban demasiado dinero para jugar con él, claro, no lo gastaría todo, siempre le gustaba dejar ese factor con un plus, a los clientes les gustaba.



- Yul- saludó Natasha con una sonrisa, Yulia no se explicaba por qué la sola presencia de Natasha la tranquilizaba tanto. - ¿Cómo estás?



- Bien, un poco preocupada, pero bien…¿qué traes ahí?- dijo, señalando a las manos de Natasha que traía dos bolsas.



- ¿Qué tal está Lena?- preguntó, obviando la pregunta de Yulia mientras le daba un sorbo a la copa de Yulia y viendo los papeles regados sobre el desayunador.



- Está con tu doctor ahorita…llevan como quince minutos ahí



- Estará bien, está en buenas manos, sino mamá no le tuviera tanta confianza- sonrió, tomando a Yulia de la mano. – Tenemos que hablar…- respiró hondo.



- Lo sé…¿tú sabías?- preguntó Yulia viendo a Natasha a los ojos.



- Phillip me contó y me hizo prometer que no te diría nada…como que sabía que lo ibas a matar, lo siento mucho



- Conmigo no te disculpes, hazlo con Lena que es la víctima aquí…aunque no te corresponde a ti disculparte en nombre de…de ese…- suspiró, pensando en todos los insultos que cabían en aquella ocasión.



- Me avergüenza esa rama de mi familia…más porque sé que ha estado sobre ti cada vez que te ve…- Natasha sintió la cabeza de Yulia reposar sobre su hombro, y ella la abrazó por el costado. – Phillip me llamó extasiado dos veces en el día- rió, apretujando a su mejor amiga.



- ¿Ah, si?



- La primera fue antes de almuerzo, que Patrick, el amigo que trabaja en Lenox, había atendido a Matt y dijo que “una perra sexy” lo había maltratado, y dice Phillip que hasta ahora entiende por qué no lo mató, que era para que tú le partieras el culo a tu gusto…- ambas rieron por la expresión vulgar de Natasha. – Me llamó muerto en risa porque sabía que habías sido tú…y la segunda vez, hace rato, que tu secretaria le había llamado con los nervios a flor de piel, desviviéndose en perdones y no sé qué más porque te habías atrasado quince minutos…y quiere saber por qué, pero ya entendí por qué…



- Pobre de Gaby, es que yo también estaba nerviosa, más porque…ugh…ahora Volterra me dijo que ya sabe que Lena y yo tenemos “algo” y sabe que vivimos juntas…es un acosador- rió. – Y caminó sobre nosotros dos veces ahora, casi dejo el corazón en la primera, en la segunda peor…



- ¿Por qué? Cuéntame bien que andas por todos lados



- Es que tuvimos una pequeña discusión- rió. – No logra captar que, cuando me enojo, sonrío…



- Es un poco raro, en eso tiene razón…pero acuérdate que te conoció hace poco, es cuestión de que se acostumbre…pero, ¿por qué te enojaste?



- Sacó el tema de su mamá cuando le dije que Volterra ya sabía…porque Inessa le dijo…y bueno, pelea sin sentido, le pedí perdón…de rodillas- murmuró, como si se avergonzara de ello, porque era vergonzoso, Yulia Volkova jamás pidiendo perdón, menos de rodillas. Natasha se quedó boquiabierta. – Cierra el hocico que se te está secando- bromeó, cerrándole la boca a Natasha.



- ¿Hocico?- se carcajeó Natasha.



- Shhh…te estoy contando- rió. – Y me estaba acariciando la mejilla- suspiró, paseando su mano por su mejilla, como si estuviera recordando su tacto. – ¡Bam! Gaby que entra en ese momento- Natasha no pudo evitar reírse. – Le jugué ahí la carta de “aquí no pasa nada”, así como la que le haces a tu mamá…y luego, ya nos íbamos cuando Lena, no sé qué le pasó, pero estaba como tirada sobre mi hombro y yo la tenía abrazada y ¡Bam! Gaby de nuevo…- Natasha era una risa de abdomen adolorido, llorando a lágrimas.



- Yulia Volkova infraganti- rió. - Definitivamente hoy no ha sido día para ninguna de las dos, de las tres…



- Ha habido cosas buenas- sonrió, guiñando su ojo.



- Batir la **** de mi primo, supongo- rió, haciendo silencio rápidamente viendo que el doctor salía de la habitación y retirándose hacia la alacena.



- ¿Qué tiene?- preguntó Yulia, bebiendo luego toda su copa de vino, como preparándose para la peor de las noticias.



- Tiene baja la presión, nada de qué preocuparse- sonrió, pero Yulia lo veía sin comprender mucho sobre el “nada de qué preocuparse”. - Su hermana estará bien, Señorita Volkova- volvió a sonreír. – Ahorita lo más probable es que duerma un par de horas, si pasa algo, no dude en llamarme, a la hora que sea- dijo, alcanzándole una tarjeta de contacto que, como cosa extraña, era blanca y rectangular.



- ¿Sus honorarios?- interrumpió Yulia, esperando a que le diera por lo menos cuatro cifras.



- Ha sido un placer atender a su hermana- dijo, con una sonrisa. Yulia lo acompañó hasta la puerta y le volvió a agradecer.



- Acabo de sentir un poco de lo que siente Lena- rió.



- ¿Por qué?- Natasha registraba la alacena de Yulia.



- Tú pagaste- dijo en un tono de “obviamente”.



- No, yo no le pagué…- volvió a verla. – Te ganaron, amor- sonrió. – No le des importancia…no necesita que le reclames por algo así- le advirtió, con un dedo al aire. Yulia asintió en resignación. – Bueno, cariño, Lena está dormida, la vas a ver en un rato. Care for dinner?- sonrió, alcanzando una botella de Piña Colada Bacardi un tanto empolvada.



- Esa cosa tiene dos años de estar ahí- rió.



- Mejor, añeja y más dañina de lo que ya es- sacó su lengua.



Natasha sacó varios empaques herméticos de una de las bolsas de papel que llevaba; sacando comfort-food, la que alguna vez comió con Yulia cuando la habían despedido de aquella empresa de RRPP: Buffalo Wings, Mozzarella Sticks, French Fries y una Cheeseburger sólo con lechuga y cebolla salteada que estaba cortada a la mitad, sí, por eso buscaba algo tan “de mal gusto” como una botella de Ready-to-Serve Piña Colada, peor aún, Bacardi, que a Natasha eso la ponía en los cielos en menos de dos copas por ser el equivalente al Gorbachev en el Vodka; para eso mejor beberse una botella de Alcohol Antiséptico. Y, cierto, Natasha estaba, después de 500ml, tan ebria como después de dos botellas de Dom Perignon.



- La otra bolsa- dijo, en ese tono de ebriedad eminente y falló al tomar la bolsa por los agarraderos, no una ni dos veces, sino tres, para que luego la tomara como pudiera y se la alcanzara a Yulia.



- Nate, estás mal- rió, tomando la bolsa y dándose cuenta que era de Saks.



- Tuve un día, que si tuviera que clasificarlo en el mundo de la pornografía… no te sabría decir si anal o hardcore…o gangbang…ábrela- dijo, viendo que Yulia metía la mano, con un poco de miedo pero divertida por su comparación. – Ponme atención, amor- Yulia la volvió a ver mientras sacaba una caja un tanto pesada. – Vienen cuatro, enciéndelas, las pones en las mesas de noche y apagas la luz- dijo mientras Yulia abría la caja y sacaba los cuatro tarros de Jo Malone, candelas, sí, con olor a pino y a eucalipto. – Ese es aceite corporal para relajarse…te traje dos por cualquier cosa- “Natasha, ¿qué insinúas?”. – Y esas…son Frette…las toallas más suaves que me he puesto en mi cuerpo desnudo- sonrió, como si las palabras “cuerpo desnudo” le recordaran algo, o le hicieran sentir algo.



- ¿Qué hago con todo esto?- dijo Yulia, llena de las cosas de Natasha en sus manos y sosteniéndolas al aire.



- Con las toallas puedes arropar a los patos de Central Park, y con el aceite Clarins puedes freír papas- la volvió a ver con una mirada de querer matarla. – Dale un masaje a Lena, seguramente está estresada y/o tensa por haber visto al desgraciado de mi primo…- sonrió, sentándose a la par de Yulia.- Mañana a las once en punto vienen de Tricomi para hacerles mani y pedi- murmuró, alcanzando el vaso de Piña Colada de Yulia para beberlo hasta el fondo.



- Eres una alcohólica- rió, dándole gracias a Dios que Natasha se había tomado prácticamente toda la botella y ella podía estar sobria a las casi ocho de la noche, en las condiciones óptimas para cuidar a Lena toda la noche, así fuera que no durmiera.



- Quizás, pero soy tu mejor amiga y así me adoras- guiñó su ojo, sabiendo tanto ella como Yulia que era cierto. – Además, el alcohol me ayuda a dormir…dormir bien- suspiró, paseando su mano por su rostro.



- ¿Mal humor?- murmuró, abrazando a Natasha, pues sabía que eso era lo que necesitaba. Natasha no asintió, pero tampoco lo negó, simplemente tragó como si le costara mucho trabajo. – Ven aquí, dame un abrazo- susurró Yulia, halando a Natasha por su ahora delgada y raquítica cintura y la sentó en su regazo, abrazándola por su cintura, mientras que Natasha se aferraba a la Arquitecta y dejaba descansar su frente sobre su hombro. - ¿Phillip ya lo sabe?- Natasha emitió un “no” desde lo más profundo de su consciencia. – Amor…mírame, por favor- murmuró, peinando aquel ondulado cabello castaño con sus dedos. – Puedes dormir aquí si así lo quieres…



- No quiero incomodarte- intentó sonreír mientras Yulia limpiaba sus lágrimas.



- No serás una incomodidad, nunca lo has sido…sabes que este es tu Panic-Room, ¿verdad?



- Lo sé…es sólo que…ahora está Lena…



- Ella tendrá que entender o acostumbrarse…si quieres dormir con nosotras, adelante, Nate…la cama es lo suficientemente grande…



- Suena tentador…pero es que extraño a Phillip…



- Amor, hora de despertar y ponerse los zapatos de la realidad…en exactamente cinco meses y cuatro días se va a firmar un papel en el que dice que, ante la ley del Estado de Nueva York y de los Estados Unidos de América, Phillip Charles Noltenius III y Ella Natasha Roberts, serán un matrimonio y, una semana después, lo serán ante la Iglesia Católica…y, desde ese momento, tendrán el permiso de Dios y del Papa para compartir una cama…y no podrás salir huyendo cada vez que eso te suceda…yo te recibiré, pero creo que tienes que decirle a Phillip…



- ¿Cómo le digo a Phillip?



- Ponme atención…llegas a su apartamento, o lo citas en el tuyo…si quieres te regalo la otra botella de Bacardi que hay ahí y te la tomas antes, despacio y pensando bien…pero básicamente le dices: “Mi amor, tengo que decirte algo…” y él te dirá, muy nervioso, que se lo digas…y tú simplemente le dices: “Soy una mujer normal y Belcebú me posee cuatro días al mes…”- Natasha rió, soltando su aliento ebrio sobre el cuello de Yulia, haciéndole cosquillas.



- ¿Cómo haces para sacarme una risa cuando estoy así?- sonrió, dándole otro abrazo de agradecimiento. – No sabes, no hay día en el que no le agradezca a Dios por haberte puesto en aquella fiesta en Bungalow



- No me cambies el tema, prométeme que se lo dirás



- Ahorita mismo se lo diré, creo que, por primera vez, quiero que Phillip me sobe el vientre



- Y estoy segura de que hará un magnífico trabajo- rió Yulia, dándole un beso a Natasha en su hombro. – Tu problema le pasa a todas las mujeres…no es como que Phillip no lo sepa



- Somos los mismos de veintitrés años de edad, las niñas estúpidas…



- Nadie dijo que uno madura con la edad- y ambas lanzaron una carcajada que callaron pronto para no despertar a Lena. - ¿Vas a estar bien?- preguntó Yulia, aferrándose de nuevo a Natasha.



- Sí, amor- sonrió, dándole un beso en su cabeza.



- Tú sabes que te adoro, ¿verdad?- y aquella declaración de amor amistoso les demostró a ambas que Yulia era, realmente, más persona, así como Volterra lo había planteado.



- Y yo a tí- sonrió, dándole un cabezazo suave. – Vas a estar bien, ¿verdad? Sabes que puedes llamarme a toda hora- murmuró, levantándose del regazo de Yulia y, entre tambaleos en zig-zag, logró ponerse sus Fendi negras hasta el tobillo, todavía logró ponerse su abrigo encima mientras que, con su bolso en su codo, intentaba ponerse sus guantes y su bufanda al mismo tiempo. – Que descanses- dijo, para luego darle dos besos a Yulia y un abrazo repentino, de aquellos abrazos melancólicos que a veces necesitaban una de la otra.



- Buenas noches, Nate- lanzó un par de besos al aire. – Saludos a Phillip



- Un abrazo a Lena y me disculpas en nombre de ya-tu-sabes- gritó desde el ascensor mientras lo esperaba.



Yulia esperó a que Natasha se arrojara hacia el interior del ascensor, de verdad que el Bacardi le caía peor que la sobredosis de Año Nuevo. “Natasha y sus problemas existenciales” rió Yulia mientras cerraba la puerta, pensando en que no le había dicho a Phillip que se ponía de malas cuando estaba en aquellos días reglamentariamente femeninos, algo que Phillip ya debía saber. Se asomó por la puerta de la habitación y ahí seguía Lena, dormida como una bebé, enrollada en la cobija, con sus cabellos rojos recogidos en un moño ya casi inexistente, con sus manos bajo su mejilla; se veía mejor, demasiado mejor. Yulia se dirigió a la cocina a guardar los papeles de los van De Laar y a pensar qué podía hacerle de comer a Lena, algo que no fuera caliente por si no estaba despierta, algo que se pudiera comer frío, pero algo que la hiciera sentir mejor. Registró su congelador y no encontró más que lo típico: Mozzarella, Ricotta, Parmesano y Romano y una ziploc con Albahaca rescatablemente fresca, nada como un poco de Farfalle con, “ni modo”, salsa marinara de un bote, y cuatro quesos.



- Lenita, mi vida…despierta- susurró, peinando a Lena y acariciando su mejilla. Lena emitió un quejido de querer seguir durmiendo. – Te voy a dejar dormir, sólo necesito que comas, por favor- murmuró, en aquel tono cariñoso que hasta a mí me derrite. Lena abrió lentamente sus ojos, dándose cuenta que podía enfocar los ojos azules de su Yulia casi al 100% y, con una sonrisa, se sentó sobre la cama. – Despacio…- murmuró Yulia, indicándole que eso de acostarse, sentarse y pararse muy rápido no era bueno.


¿Cuánto tiempo dormí?- preguntó, en aquella voz amodorrada mientras se deshacía su moño y aflojaba alocadamente su cabello.



- No lo suficiente, sólo quiero que comas algo, aunque sea un poquito…- sonrió, dándole un beso a Lena en su hombro y sentándose más al centro de la cama. – Lo hice para ti- sonrió, alcanzándole el plato negro a Lena, causándole una sonrisa, tanto por la atención como por el plato negro. – Aquí viene el avioncito…- jugueteó, haciendo aquella jugada maternal que alguna vez hicieron con todos nosotros. – Yum…- rió, Lena también, pero tuvo que abrir un poco la boca porque estaba un tanto caliente, aunque no se quemó.



- ¿Hay algo que no puedas hacer?- preguntó, viendo cómo Yulia soplaba suavemente el siguiente bocado.



- Sí…- dijo, dándole el bocado a Lena, un hermoso bocado que Lena sintió cómo esa comida la devolvía a la vida y viendo a Yulia, esperó por una respuesta.– No puedo silbar - sonrió, haciendo que Lena se riera mientras masticaba.



- Cómo sobrevives sin poder hacer eso, no lo sé- rió, pidiéndole más.



- Tampoco puedo estornudar con los ojos abiertos…



- Nunca te he escuchado estornudar- sonrió, tomando el siguiente bocado.



- No puedo creer que te hayas perdido de ese increíble evento- rió, lanzándole un beso ajustado por el aire. – Tampoco puedo hacerme cosquillas yo sola



- ¿Yulia Volkova tiene cosquillas?- Yulia asintió, dándole otro bocado a Lena, esta vez un poco más lleno. - Wo-ow…- murmuró con la boca llena.



- Te ves mejor, ¿cómo te sientes?



- Realmente muchísimo mejor, ¿qué tan mal me veía?



- Lo suficiente como para que yo no te haya podido traer sola a la cama…



- ¿Cómo hiciste?- preguntó, asombrada, pues no se acordaba de eso.



- Tu mejor amiga, la Señora Davis me ayudó- sonrió, metiéndole otro poco de comida en la boca en cuanto abrió la boca para decir algo. – Natasha vino…te dejó un gran abrazo y una gran disculpa en nombre de…tú sabes



- Qué linda- sonrió, una sonrisa sincera. – Tengo sed- dijo, aclarándose la garganta mientras Yulia le alcanzaba un vaso con, sorpresivamente, Coca Cola.



Lena se terminó aquel plato como si nunca hubiera comido para que luego Yulia se retirara un segundo hacia la cocina, luego pasar de largo al baño y traerse un vaso con agua, un recipiente y su cepillo de dientes.



- ¿Quieres que me lave los dientes así? Vamos, Yulia…puedo caminar hasta el baño- murmuró, con una mirada un tanto aburrida.



- No, necesitas descansar, vamos…- le puso el cepillo en la mano mientras le sostenía el recipiente con ambas manos a la altura de su pecho. Yulia levantó su ceja y Lena accedió, no muy contenta, pero riéndose por dentro.



Yulia, al igual que unos minutos atrás, se dirigió al baño y, lavándose los dientes ella, se paseó por el closet mientras se desabotonaba su blusa y se quitaba el pantalón, dejando un boyshort azul marino a la vista de Lena y un sostén a juego. Se volvió a pasear hasta el baño para cambiar de lavarse los dientes a desmaquillarse, para volver al clóset y ponerse su pijama. Lena la observaba con una sonrisa pero, no fue hasta que Yulia salió en pantalón negro y una camisa blanca que más bien podía llevarla a la oficina y se vería en un lugar adecuado, pero era una camisa por debajo de la cadera, con las mangas hasta por encima de los codos, de cuello y con un cuello en V que terminaba exactamente más allá del escote natural de Yulia, que Lena tuvo ganas de comerse a Yulia entera, de pies a cabeza y quitarle prenda por prenda. La vio salir de la habitación y, apagando las luces del apartamento, volvió a entrar a la habitación, cerrando la puerta delicadamente con su talón, pues traía las manos llenas de lo que Natasha le había llevado.



- ¿Y eso?- preguntó Lena, haciéndole saber a Yulia que estaba ahí todavía.



- Natasha lo trajo- sonrió, sin dar mayor explicación y colocándolo en el cajón debajo de uno de los lavabos del baño



Sí, tenía dos, y nunca se explicó para qué quería dos hasta que Lena era quien debía apoderarse del otro, y eran tan distintos: el de Yulia estaba rodeado de recipientes con suplementos para el cuidado del rostro, de su perfecta dentadura, sus típicas fragancias; su típico e inagotable Chanel no. 5, el casual de todos los días, el CH, el de no salir de casa y el Guerlain Insolence, el de Black Tie, y el de Lena era básicamente su set para desmaquillarse, su cepillo de dientes y su perfume L’Air de Nina Ricci, pero eso no quiere decir que Lena no le robe a Yulia sus cosas. Yulia apagó la luz del baño y del clóset y cerró las respectivas puertas, pues le molestaba que estuvieran abiertas y no sabía exactamente por qué. Deshizo la cama, haciendo que Lena se moviera lo menos posible y se acostó a la par suya, abrazándola por la espalda y tomando sus manos mientras Lena las tomaba en las suyas y las acercaba a su pecho.



- Día duro, huh?- murmuró Lena, dándole besos a las manos de Yulia.



- Duro?- rió, acordándose de la expresión de Natasha. – Rough sería softcore porn, esto fue hardcore- y ambas rieron, Lena sintiendo el abdomen de Yulia vibrar en su espalda cuando se reía.



- Me encanta tu risa- murmuró un tanto sonrojada, dándose la vuelta para quedar frente a frente con Yulia y encontrar su mirada que hechizaba



- Lenita…me fascinan tus ojos, más cuando me ves así, con esa pena…que no sólo tú te sonrojas, sino tus ojos también…son tan sinceros…siempre sé lo que estás pensando, cómo te sientes…- Lena se sonrojó aún más, ahogando una sonrisa nerviosa, sabiendo que era cierto, que Yulia sabía leerla y cerró sus ojos para sentir sus dedos hundirse entre su cabello. – Sabes, en Roma…hice que mamá comprara el terreno en ese lugar porque las noches ahí eran con el cielo limpio, casi sin una nube, y podías ver las estrellas y era realmente relajante sentarte en la terraza por las noches y quedarte dormida ahí, en un chaise lounge, o aún, en la noche más fría del invierno, podías ver las estrellas…y esa misma perfección la podías apreciar en el amanecer, con esos colores tan puros, tan perfectos…y nunca había vuelto a ver algo así de perfecto hasta que te vi a los ojos…son como la puerta a lo que hay aquí- murmuró, poniendo su mano en el pecho de su novia.



- Tú quizás no lo ves…-susurró, viendo a Yulia a los ojos y tomando su mano en la suya, entrelazó sus dedos. – Pero tus ojos son rígidos, los has entrenado para que no te delaten, pero yo puedo ver también así como tú conmigo… sé que han visto muchas cosas, malas y feas como también hermosas y buenas…y, cuando me ves…- dijo, besando sus nudillos y repasando con su dedo cada dedo de Yulia. – Sé que han pasado por mucho, por demasiado, para que estés aquí y ahora…y, ahorita que los veo, sé que, por esa barbaridad de cosas que han visto y vivido, no tienen veintiocho años…- Yulia intentó no cerrar sus ojos y tragó con dificultad, cosa que Lena no pudo ver pero si pudo sentir. – Representan a una mujer perfecta de veintiocho años que, sin saberlo, tiene la madurez de alguien mayor pero, detrás de esos ojos, hubo alguien con mucho miedo alguna vez…ese miedo que brilló se vio tan vivo la noche que me contaste lo de tu cicatriz y, ahora que los veo, ese brillo se ha ido apagando, ya no tienes miedo…



- Ya no tanto- susurró, pegando su frente a la de Lena y cerrando sus ojos, abrazando no sólo a Lena sino también al momento más cursi de toda su existencia, que alguna vez creyó que lo cursi no iba con ella pero, ahora, con Lena, era simplemente perfecto.



- ¿He sido de ayuda alguna?



- ¿Bromeas? Es obra tuya- sonrió, todavía sin abrir los ojos, pero sintiendo que Lena se acomodaba a ella y se recostaba sobre su pecho, trazando líneas sin sentido sobre su abdomen.



- Me alegra estar ayudando y no estorbando- susurró, levantando su mirada para encontrar aquellos ojos azules, un tanto cansados y sufriendo de una pizca de Bacardi.



- ¿Estorbando?- rió. – Eso creí que ibas a hacer en mi oficina…fuiste una Bitch Slap del destino, mi amor- rozó su nariz con la de Lena y se fundieron en un beso estático, en el que sólo hicieron que sus labios encajaran entre sí, beso que dejaron así, respirándose suavemente una sobre la otra, hasta quedarse dormidas.



Los sueños de aquellas mujeres hermosas y perfectas, en su propio sentido, eran tan diferentes como los colores de sus ojos; mientras Yulia soñaba algo diferente a lo de las demás veces que se acordaba de lo que soñaba, ahora sobre una recreación de aquel concierto en el O2-Arena, en el que había cantado, en realidad gritado, todas las canciones con Natasha, no en primera fila, pero sí en tercera, viendo aquel espectáculo del que sólo supo enamorarse, no sólo de la música sino también de una Natasha más ebria que una botella de Gran Centenario Leyenda, no se diga de ella misma, lo que se resumía en una buena noche, en un buen recuerdo (hasta donde el alcohol la dejaba acordarse), Lena simplemente soñaba absolutamente nada: blanco y plano, crónico y eterno.
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Sep 12, 2014 6:57 pm

- Lena, ¿qué haces?- preguntó Yulia, sentándose de golpe sobre la cama y viendo a Lena correr mientras intentaba meterse en sus botines Jimmy Choo.



- Es muy tarde!- gritó desde el closet.



- Lena, ¿a dónde vas?- dijo Yulia, molesta mientras veía su reloj y eran apenas las seis de la mañana, exactamente las seis y trece.



- A darle de comer a los patos de Central Park- “¡Sarcasmo!”.



- Lena, regresa a la cama



- La diferencia entre tú y yo es que tú eres dueña del Estudio, yo soy una empleada más…tengo que avanzar en lo de Petrovsky si quiero comer este mes



- Lena, no lo voy a repetir…- exhortó, halando el cobertor de la cama para que Lena se volviera a acostar. – Tienes que descansar



- ¿Y tú no piensas ir a trabajar?



- Tú lo dijiste, soy la dueña- sonrió, dándole unas palmadas a la cama para que Lena se acostara de una buena vez. Lena respiró hondo.



- ¿Feliz? – murmuró, sentándose al borde de la cama mientras se quitaba sus botines. Yulia sonrió, bajando su cabeza para que se metiera del todo. - ¿Y ahora?- suspiró, acomodándose entre las sábanas. Yulia tambaleó su cabeza. - ¿Qué?



- Hay algo que me molesta- susurró, inclinándose hacia Lena y viéndola a los ojos. “Vete a la ****, ella está enojada?” pensó Lena. Preguntó un “¿Qué te molesta?” con la mirada. – La ropa del trabajo es para el trabajo- murmuró, desabotonando la blusa de Lena mientras ella intentaba controlarse. Al abrir la camisa, Yulia se encontró con un Sticky-Bra, como el que ella había usado el día de su cumpleaños. Lena llevó sus manos a los bordes de aquel material y lo despegó lentamente. - ¿Qué haces, mi amor?



- Te necesito…- suspiró, viendo a Yulia a los ojos, sonrojándose hasta por el pecho mientras jugaba con sus pezones.



- No, mi amor, no se puede- dijo Yulia, besando su frente y cerrándole su camisa.



- Tu periodo?- susurró Lena, rozando sus clavículas con sus dedos, haciendo que Yulia se detuviera y dudara por un segundo. – Porque si es eso, tienes un hermoso bidet en tu baño…que en la Universidad alguna vez sirvió para enfriar cervezas, pero ahorita sirve para que tú te sientes ahí y, con mi ayuda, sacarte tu tampón, limpiarte y comerte por la Santa inanición sexual que tengo…



- Lena…- suspiró un tanto nerviosa. “Ella no dijo eso”. – No es eso, es que estás…con-va-le-cien-te- sonrió, dándole un beso sobre su camisa.



- Yulia, te lo ruego…o me voy a trabajar- sonrió, ajustándose sus senos para volver a ponerse su Sticky-Bra, para presionar.



- ¿Me estás chantajeando?



- Puedes llamarlo así- rió, intentando pegarse de nuevo aquellos silicones y alistándose para salir de la cama.



- Está bien- murmuró, viendo la sonrisa de Lena dibujarse y, alrededor de ella, el par de asesinos camanances. – Pero juguemos a algo…si yo gano, te quedas en cama y descansas, si tú ganas…- dijo, acercándose a su oído. – Haré que te corras hasta elevarte hasta el techo- susurró con lascivia, haciendo que Lena riera de nervios y se mojara en ese instante.



- Estoy dentro…- sonrió, acobijándose bien y pensando en la clase de juego retorcido que Yulia había pensado y se arrepintió, pues no sabía del juego y había aceptado, seguramente perdería y “Fuck my life”. - ¿De qué trata tu jueguito?



- Eso es algo que se pregunta antes, ¿no crees?- rió burlonamente mientras se ponía de pie y se dirigía a su clóset. – Me voy a vestir, tienes tres intentos para descifrar la marca de cada prenda…



- ¡Eso es injusto!- se quejó, sabiendo desde ese momento que no tendría ni la “s” de la palabra “sexo” en todo el día.



- Lo sé y, por lo mismo, necesito que descanses…por las buenas o por las obligadas- dijo, perdida en el clóset mientras se desvestía y se arrojaba cualquier cosa encima.



- Te voy a ganar y te vas a arrepentir…te voy a…- calló, pensando en toda clase de perversiones románticas que podía ejercer sobre su novia, tal vez un poquito de control le vendría bien, sonrió.



- Cómo digas, Lena…esta es la ronda de titanes- rió a carcajadas mientras se ponía el par de zapatos más rebuscados, sabiendo que los zapatos eran lo más fácil de descifrar.



- ¿Cuántas vidas tengo?



- Si tienes tres intentos para cada prenda…¿crees que te daré “vidas”?- rió, saliendo del clóset mientras se ponía una bufanda.



- Tienes más ropa puesta que el armario de abrigos en la fiesta de Año Nuevo donde Margaret- rió Lena. – Es injusto- Yulia sólo asintió, pues si lo era. Lena se irguió, sentándose sobre la cama. – El abrigo…- dijo, viéndolo bien, tweed beige y de cuello negro adornado por un botón, bolsas escondidas, ajustado a la cintura- Burberry- dijo, estando más que segura. Yulia sacudió su cabeza, Lena empezó a sentir los nervios. – Donna Karan- otro intento fallido mientras que la sonrisa de Yulia se dibujaba más ancha.



- Piensa, no adivines- dijo, metiendo las manos a los bolsillos, algo que no debió hacer, pues fue su primer comentario cuando lo vio en Bergdorf’s.



- Armani- y las sonrisas se cambiaron; Lena sonreía y Yulia se quitaba el abrigo con derrota. – La bufanda…- esa era fácil. – Missoni- y Yulia se la quitó, arrojándola a la cama junto con el abrigo. – El pantalón, date la vuelta- ordenó, viendo las costuras de las bolsas trasera pero, oops, no tenía bolsas traseras.



- El pantalón, Lena…- sonrió Yulia, sabiendo que le costaría.



- No, mejor tu blazer…



- No, Lena, aquí como en el ajedrez “pieza tocada, pieza movida”- sonrió, volviendo a tener el control del juego.



- Tory- suspiró, sabiendo que tenía que ganar, sus panties ya no soportaban tanto lubricante. Yulia sacudió la cabeza. – Belstaff- y tampoco. – Vamos, Lena- se animó a sí misma, dándole risa a Yulia, quien cruzaba sus brazos y empezaba a hacer que su pierna temblara. – Stella McCartney- sonrió, Yulia frustrada, “No puede ser que me gane” pensó mientras se quitaba el pantalón sin quitarse los zapatos. – El blazer…es Burberry porque es Burberry- y Yulia, con más peso, se lo quitó, quedándole sólo su blusa y sus zapatos, pues no tenía sostén con el cual combatir y sus panties gritaban “Carine Gilson”.



- Te cuidado con lo que queda, Lena, se puso difícil- sonrió, sabiendo que la blusa era relativamente fácil, pero los zapatos eran su salvación.



- Emilio…Pucci- dijo, con una sonrisa victoriosa, acordándose de cuando Yulia había gritado un "Oh, Dios mío, ¿no es precioso!” en cuanto Oskar se la había mostrado como lo último. – Estoy a un paso de que Yulia Volkova me coja - una sonrisa maléfica salió de sus entrañas, imaginándose lo que le haría, en el instante que saliera el nombre del diseñador de los zapatos de Yulia, a esos pezones rígidos y erectos por la frustración. ¿O era excitación? – Ferragamo- vomitó, con una sonrisa que creyó que había ganado.



- Te quedan dos- “No me puede ganar”.



- Prada- dijo, diciéndose “tonta” porque Ferragamo nunca trabajaría con cian, amarillo y púrpura en el mismo zapato, menos en gamusa.



- Uy, Lena, cuidado y pierdes- rió, aflojando su cuello con sus manos.



- ¿Atwood?- murmuró, cerrando los ojos de los nervios. Yulia se quitó sus tacones y caminó hacia Lena con ellos en las manos, se los alcanzó.



- Me voy a meter a la ducha y si no estás descansando para cuando salga, juro que te doy tres días más de incapacidad- dijo, en tono serio y dándole un beso en la cabeza a Lena.



Lena volvió a ver el interior de uno de los zapatos y vio, escrito en plateado, un diminuto “Giuseppe Zanotti” y volvió a ver a Yulia, que cerraba la puerta del baño tras ella y la dejaba con la peor de las calenturas, no una por enfermedad, sino una de simple excitación. **** sea Zanotti. Yulia retiró aquella barrera que se interponía entre ella y Lena en cuanto al sexo se refería y, viendo que había salido inmaculado, se metió a la ducha, como siempre con agua casi hirviendo, era lo único que podía quitarle cualquier dolor o quitar cualquier pensamiento, así fuera le ardieran los pies o la espalda, o las rodillas al salirse de la ducha. Lena, por el otro lado, caprichosamente frustrada, guardó la ropa con la que Yulia había logrado derrotarla y, con mala cara, guardó los Stilettos que habían sido los decisivos.



Yulia procuró tomarse el menor tiempo posible, pues tenía que vigilar a su inquieta novia, pero se dejó llevar por la relajación del agua más de lo planeado; dándole tiempo a Lena para arreglar la cama y “descansar”, todavía con su camisa negra abierta, sin el Sticky-Bra y con la falda ajustada, con las medias puestas. Lena tomó el iPod de Yulia, se colocó los audífonos y así, con música de fondo, se recostó de nuevo en la cama mientras desabotonaba sus muñecas y las enrollaba hasta por debajo de sus codos. Y, al ritmo de Mary J. Blige y la canción más adecuada para lo que Lena estaba a punto de hacer “I’m Goin’ Down”, la Licenciada Katina cerró sus ojos, olvidándose del mundo y de su novia que no había querido complacerla pero no le resentía nada. Comenzó a pasear sus delgados dedos por su cuello, siguiendo el contorno de la abertura de su camisa por en medio de sus senos y, abriendo su camisa de par en par, tomó suavemente sus senos, firmes y de tamaño respetable, y los acarició por un momento, para luego bajar con su mano por el centro de su verticalidad, desviándola hacia su cadera izquierda para bajar la cremallera y regresarla hacia el centro pero debajo de su G-String de seda amarilla.



Y con el primer “I’m goin’ down, I’m goin’ down, ‘cause you ain’t around baby” Lena introdujo su dedo entre sus labios mayores y rozó su clítoris mientras que, con los dedos de su otra mano, jugaba con sus pezones, haciéndoles círculos, excitándolos más de lo que ya estaban. Y no gemía, simplemente ahogaba uno que otro pujido, pero sus caderas se empezaban a mover por el deseo de sentir placer, un deseo que nunca antes había sentido. Yulia pasó de largo a su clóset, no dándose cuenta de lo que hacía Lena, simplemente se dio cuenta que estaba acostada y, sumergida en sus pensamientos, en un bombardeo fugaz de un diseño para los van De Laar, se vistió y no fue hasta que apagó la luz del clóset que escuchó un gemido de Lena y la volvió a ver ahí, en su cama, dándose placer ella sola, que no supo si enojarse por no estar descansando o por hacerlo sola o excitarse de ver a su novia mordiendo su labio inferior mientras contraía su abdomen y movía sus cadera sin control alguno. La mejor de las ideas.



- ¿Qué crees que estás haciendo?- murmuró Yulia quitándole el audífono a Lena, asustándola.



- Ah…uh…mmm…hola- sonrió, sonrojada y nerviosa, sacando su mano de su G-String y retirando su mano de sus senos.



- Hola, preciosa…¿qué haces?- repitió, sonriéndole a Lena con picardía.



- Yo…bueno…



- Tú…¿qué?- Yulia simplemente estaba dándole una difícil.



- ¿Perdón?- sonrió, tratando de librarse de esa.



- Ponte de pie- dijo y, Lena, para evitarse problemas, se puso de pie lo más rápido que pudo mientras apagaba el iPod de Yulia.



Yulia colocó la toalla Frette más grande sobre la cama, extendiéndola verticalmente, luego poniendo dos candelas Jo Malone en cada mesa de noche, encendiéndolas a su paso, cerró las cortinas y las puertas, dejando aquella habitación únicamente iluminada por la luz de las candelas. Se acercó a Lena y le deslizó la camisa hacia afuera, bajó su falda y sus medias, dejándole en el G-String que sería la tortura de Yulia, pues el trasero de Lena se veía mejor que nunca.



- Acuéstate sobre tu abdomen- murmuró. Lena se acostó tal y como Yulia le indicó y, abrazando una almohada bajo su cabeza, se recostó sobre ella. - ¿Qué hacías?



- Me estaba masturbando…- susurró, apenada hasta cierto punto.



- ¿Por qué?



- Porque quería correrme- sonrió, sabiendo que la palabra “correr” era, para Yulia, un tanto incómoda aunque intentara utilizarla…aunque a Yulia le parecía sexy cuando Lena era así de “libre” para decir esas cosas.



Yulia se colocó encima de Lena sin pantalón, pues no quería ensuciarlo, abrazando su trasero con sus muslos desnudos y, tomando un poco del aceite, lo frotó entre sus manos para calentarlo; recorrió la espalda de Lena, desde casi por su trasero hasta sus omóplatos, retirando sus manos por sus hombros. Lena emitió un gemido, no de placer, o quizás sí, pero las manos de Yulia, deslizándose de esa manera, se sentían demasiado bien, más el calor de su entrepierna frotar su trasero, Lena estaba en el cielo, o al menos en un lugar parecido. Los dedos de Yulia se hundían en su piel, a veces dolía, pero era por los espasmos musculares que tenía, con el tiempo dejó de doler y se empezó a sentir realmente relajante con su espalda embadurnada de aceite. Recorría también sus antebrazos, notando el relieve que tenían sus músculos antagónicos, terminando en sus brazos y por tomar sus dedos, apretujándolos entre los suyos.



- ¿Cómo te sientes?- murmuró Yulia, masajeando suavemente la nuca de su novia.



- Mmmm…- expulsó Lena, deshecha en relajación, pues no sé si era un gemido, un pujido o qué.



Yulia se corrió un tanto hacia atrás, abrazando los pies de Lena con sus muslos, Lena ya no podía sentir el calor de la entrepierna de su novia. Yulia volvió a frotar sus manos y comenzó a masajear sus pantorrillas en círculos y luego a lo largo, de arriba abajo para, estar abajo, masajear sus pies y eso se sentía tan bien, que deshicieran la tensión de los no menos de ocho centímetros, y hacía cosquillas, pero cosquillas raras. Trabajó su camino hacia sus muslos, masajeando primordialmente aquella parte en la que sus muslos y su trasero se fusionaban, subiendo a su trasero, masajeándolo al pasar sus manos por debajo de los elásticos amarillos, separando los glúteos de su novia, viendo que la única desgraciada y tortuosa barrera entre ella y el agujerito de su novia era esa angosta franja de seda amarilla; la que tapaba exactamente el agujerito, pero Yulia paseaba sus dedos de manera provocadora en el interior de los glúteos, rozando, “accidentalmente”, los bordes de aquel agujerito que hacía salivar a nuestra Arquitecta; de Lena qué decir, había optado por apuñar la almohada en ambas manos y por morderla, a bocado lleno, sintiendo aquellas oleadas de excitación recorrerle como radiación, viendo cómo Yulia la castigaba…”



Date la vuelta- susurró Yulia, cortando las respiraciones agitadas de Lena y viendo ese rostro lleno de deseo, de excitación incontenible, esos ojos que gritaban “hazme tuya”.



Ahora Lena no tenía dónde ahogar sus gemidos y, peor, intentó pasar sus manos por detrás de su cabeza, debajo de la almohada, para no verse tentada a tocarse, pero Yulia no la dejó, le indicó que los brazos relajados y a sus costados. La mezcla de los olores jugaba a favor de Yulia, también de Lena, era como si estuviera high en la más sana de las drogas, las relajaba a ambas, la luz, era lo que más excitaba a Lena pues, a esa baja luz, pudo apreciar y entender por qué era que la entrepierna de Yulia la sentía tan caliente y era, nada más y nada menos, porque se había puesto un Hipster Kiki de Montparnasse, éste era negro, al menos sus elásticos, porque a lo que el cuerpo de la tanga se refería, era 100% transparente, probablemente tul del Olimpo, en el que se veía no sólo los labios mayores de Yulia, sino que se veía cómo el lubricante natural de Yulia era detenido por aquella tela.



Yulia subió, igualmente masajeando, como si no se hubiera dado cuenta que Lena le había hecho el amor en tres segundos, desde sus pies hasta sus rodillas, luego a sus muslos y, cuidadosamente, y de manera escabrosa, el pliegue entre su órgano reproductor exterior y sus muslos, haciendo que Lena tosiera para disimular su excitación, que ya era un tanto visible pues, cuando Yulia masajeaba aquella frontera, su G-String tenía a moverse un poco y podía notarse lo empapados que estaban sus labios mayores. Subió por sus caderas, masajeando alrededor de sus huesos con sus pulgares, calentaba otro poco de aceite entre sus manos y seguía por su abdomen, sin presionar muy fuerte para no lastimarla, subiendo, peligrosamente, hasta sus senos, a los que les dio atención especial, pues tuvo que correrse hacia adelante para abrazar a Lena por sus caderas de nuevo, acercando aquella imagen visual de la tela transparente que pretendía esconder los labios de aquella vulva que volvía loca a Lena. Los masajeó con sus palmas del centro hacia afuera, en círculo, tomándose el tiempo de masajear suavemente el costado de sus senos, por debajo de sus brazos, donde un leve dolor siempre aparece. Volvió a sus senos y, masajeándolos de abajo hacia arriba, levantándolos delicadamente, pasó presionando sus pezones entre sus aceitosos dedos, logrando en Lena el primer gemido sin poder esconder.



Yulia, por reflejo, encontró la mirada de Lena, quien, de un movimiento un tanto brusco, tomó a su novia por las mangas de su camisa, apuñándolas, halándola hacia ella para devorar sus labios que, en el acto, saltaron los senos de Yulia en plena libertad, haciendo que Yulia, también por reflejo, apretujara un tanto fuerte su senos que hizo que recibiera un gemido en su garganta mientras Lena sacaba su deseo desde lo más profundo de su libido. Lena flexionó sus piernas, dándole soporte al trasero de Yulia, sintiéndolo ardiente mientras ella también tomaba fuertemente los senos de su Arquitecta y, sin piedad, los llevó a su boca, sacándole un gemido musical a Yulia. Mordía un tanto fuerte sus senos mientras pellizcaba sus pezones con sus dedos, haciendo que Yulia se detuviera del respaldo de la cama con una mano y tomando la cabeza del amor de su vida con la otra, presionándola contra su seno izquierdo, sintiendo esa mordida gloriosa como una cosquilla de placer.



- Acepto los tres días de incapacidad si te quedas conmigo- murmuró Lena, ahogada entre los senos de Yulia, no sabiendo qué hacer con tanta delicia, no sabiendo a dónde ir con tanto que degustar. Yulia simplemente se detuvo y se despegó de los labios de Lena para verla a los ojos.



- Tú…no me tientes…



Y, con una sonrisa enamorada, besó a Lena como aquella noche que la recuperó después de su Faux-Pas, como si la hubiera perdido; acariciando sus labios con los suyos mientras Lena tomaba su trasero en ambas manos, por debajo de la tela, apretujándolo sin pasarse de doloroso, separándolo y luego juntándolo, recorriendo su espalda con leves aruñones, sus labios se entrelazaban entre sí, se succionaban entre respiraciones pesadas, entre risas ahogadas en gemidos, las manos de Lena volvieron a tomar su tanga y, tomándola por los elásticos de los glúteos y, con todas sus fuerzas, tiró en direcciones opuestas aquel tul.



- Oops!- gimió Lena con sarcasmo entre los labios de Yulia, que, por venganza, introdujo su lengua y la hizo callar; estaba molesta, pues había roto algo que sólo esa vez se había puesto, pero estaba excitada, así que se opacaba.



Lena acercó a Yulia con esfuerzo hasta que quedara con su entrepierna sobre su rostro y sí, en ese momento, Lena tuvo el control total de la situación por primera vez desde Octubre y era precisamente eso, las ganas de robarle todo control a Yulia, físico, emocional y material, hacerla que cayera en la corriente de la lujuria y del placer y sin ninguna orilla de la cual agarrarse…hasta que Yulia se ahogó en aquella corriente, más bien se dejó ahogar, pues Lena tuvo un romance con sus labios mayores, los besó como si fueran los bucales; entrelazándolos, acariciando su yacimiento con la punta de su lengua, tragando la excitación de Yulia así como le fascinaba consumir su saliva. Yulia se detuvo del respaldo de la cama, cediéndole el control a Lena, dejándose llevar por la lengua de Lena que se rehusaba a darle atención a su clítoris. La Arquitecta se sacó su hipster por los hombros, así de destrozado lo habrá dejado Lena y, al haber hecho eso, Lena dirigió sus manos al trasero de Yulia y empezó a estimular aquel agujerito mientras se decidía, por fin, a comerse aquel botoncito que era capaz de hacer metástasis en Yulia.



Yulia se inclinó un poco hacia atrás con el único objetivo de estimular a Lena mientras ella la estimulaba y, metiendo su mano en aquella tela amarilla, se dio cuenta de lo mucho que podía excitar a Lena; sus jugos simplemente rodearon sus dedos, rebalsaban su sexo, empapaban todo el satín y, explorando un poco con sus dedos, se dio cuenta que no sólo su agujerito, sino también el comienzo de su trasero y hasta la Frette. Yulia resolvió estimularla en círculos, de la misma manera que Lena abusaba de ella pero con su lengua.



- Córrete en mi boca, por favor- dijo Lena, dándole besos torpes a su clítoris. Yulia gimió como si nunca antes hubiera conocido ese placer.



- Hazlo- jadeó como retándola, sintiendo que estaba a punto de empezar a construir aquella pirámide de sensaciones.



Lena se tomó en serio el reto y, sintiendo que los dedos de Yulia la iban a hacer llegar al clímax en demasiado poco tiempo, apresuró su lengua y, presionando un poco su otro agujerito, entre gemidos y jadeos, Yulia gritó mientras sus caderas se salían de control y ese grito, junto con sus dedos, ahogaron a Lena en una succión involuntaria, alargando el orgasmo de su novia y viviendo el suyo al mismo tiempo que su Arquitecta.



– Eres hermosa- susurró, viendo a Yulia acostarse sobre su costado y viendo a Lena.



- Y tú eres una paciente muy difícil- rió, dándole un beso inestable en su frente, Lena sonrió sonrojada, pues era cierto. - ¿Suficiente o la princesa quiere otro?- murmuró, acariciando los senos de Lena con sus nudillos y, cuando atrapó uno de sus pezones entre sus nudillos, Lena gimió. – ¿Cómo quieres que lo haga?



- Sorpréndeme- sonrió, viendo los dedos de Yulia caminar provocadoramente hacia su G-String.



Yulia se levantó, sacándole aquel estorbo y, tomándolo por los delgados elásticos, lo rompió en venganza por su Kiki de Montparnasse con una mirada de “oops”, haciendo que Lena se retorciera de disgusto burlón, de igual manera Yulia había pagado por él. Le indicó a Lena que se diera la vuelta y la haló por los tobillos hasta el borde de la cama, haciendo que se pusiera a gatas pero con los pies sobre el suelo. Lena atrapó sus senos en sus manos, tal vez era para que no estuviera simplemente presionados contra la cama y Yulia, oh, Yulia. Jugó unos segundos con sus jugos, embadurnando sus largos dedos con ellos y, sin más ni menos, introdujo lentamente su dedo del medio adentro de Lena, sacándole un gemido entre dientes, volviendo a calentarla de manera sobre natural.



Sin sacar su dedo, le indicó que se diera la vuelta y, apoyando sus pies al borde de la cama, abierta para Yulia y casi corriéndose de la sensación de haber rodeado el dedo de Yulia mientras se giraba, Yulia comenzó a penetrarla despacio, no sacando mucho su dedo, haciéndolo profundo. Retorció su dedo para tener la palma de su mano viendo hacia el suelo, para no estar tan incómodo a la hora de empezar a comerse su clítoris; ya estaba hinchado y, junto con sus labios mayores, hacían de las succiones de Yulia un efecto de gritos, no de gemidos, en Lena, quien se había logrado detener por sus tobillos para que no se deslizaran por la cama.



Sin sacar su dedo del agujerito de Lena, Yulia introdujo el dedo medio de su otra mano en la vagina de Lena, haciendo que Lena jadeara un sobrevalorado y excitado “gamó”, nada más y nada menos que un fuck en ruso, y, junto con ese jadeo, una contracción interna de hizo cargo de apretujar los dedos de Yulia dentro de Lena, elevando a Lena en un grito indiscreto a plenas siete y cuatro de la mañana, justo para que todo el edificio escuchara. Todavía no les fue suficiente, Yulia aceleró sus succiones en los labios menores de Lena, mordiendo suavemente sus labios mayores y succionándolo todo, mientras introducía un segundo dedo en la vagina de Lena que, con la mayor de las dificultades,pero sabía que iba a pagar, la penetró en ambos agujeros hasta que su novia sollozara una “skatá” que llenó no sólo la habitación sino también el apartamento, sobrepasando la barrera del sonido, mientras elevaba sus caderas y hacía que los dientes de Yulia, accidentalmente, se deslizaran de su clítoris y sus dedos se salieran de ella.



Mientras terminaba de reponerse, soltándose sus tobillos, Yulia acariciándolos al ver que había dejado sus dedos marcados en ellos, más por el esfuerzo de no soltarse cuando se estaba corriendo, porque de hacerlo habría sido Nagasaki. Lena todavía intentaba regular su respiración cuando Yulia bajó sus pies y los hizo tocar el suelo y ella se recostó sobre Lena, más bien sobre su pecho con su oído, escuchando lo rápido que latía su corazón mientras Lena la abrazaba.



- Con que eso es “elevarme hasta el techo”- suspiró Lena, entrando en un ataque de risa que hacía que Yulia se riera junto a ella.



- ¿Lo logré?- tomó a Lena por su cintura con su brazo y la empujó hasta el centro de la cama.



- Traspasé el Penthouse de Mrs. Davis- rió, volviendo a ver a Yulia que estaba recostada sobre su costado, apoyando su cabeza con su puño. - ¿Qué me ves?- preguntó, sonrojada y bajando la mirada.



- ¿Cómo te verás saliendo del mar en un bikini?- divagó, pensando en sus próximas vacaciones, en el famoso Spring-Break, ¿a dónde irían? ¿Irían con Natasha y Phillip como de costumbre?



- Supongo que igual que como me veo en panties y sostén- rió, acercándose más a Yulia y recostándose sobre su brazo para que la abrazara.



- Es diferente…tiene otro tono- murmuró, abrazando a Lena y dándole besos en su cabeza. – Qué prefieres, ¿Europa o América?



- Depende…¿para qué?



- Tenemos que empezar a planear las vacaciones de primavera, mi amor…- sonrió, halando una almohada y colocándola bajo sus cabezas.



- No sé- besó su pecho con una sonrisa, colocándose encima de Yulia.



- Dime a dónde quieres ir, quiero complacerte



- Te digo a dónde si me dejas pagar algo



- Mmmm…- pensó por unos momentos. – el 10% del gasto del hotel



- Más- exigió, besando el lunar de su escote.



- 15%



- 30%- sonrió.



- 20%, no más, Lena



- 25% o me voy a trabajar



- 25% será, chantajista- dijo, halando a Lena por el cuello para dirigirla a sus labios. - ¿A dónde quieres ir?



- Al mejor lugar del mundo



- Ya estamos en mi cama- rió entre broma y en serio.



- Será el Paraíso si estamos en la cama y en ese lugar



- Por favor no digas Ibiza…o Marbella- suplicó.



- Mýkonos- y se volvieron a fundir en un beso que las dejó exhaustas hasta que tuvieron que levantarse porque habían llegado de Tricomi a hacerles “mani” y “pedi”, cortesía de Miss Roberts, quien había tenido la plática más humana con Phillip en cuanto a su problema de mal humor a causa de sus días femeninos, que habían terminado en la ducha disfrutando de un nuevo placer
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Sep 17, 2014 7:36 pm

Mas conti





Yo no sé hablar griego- rió Natasha ante la propuesta de Yulia y Lena de pasar Springbreak en Mýkonos.



- Yo no hablo tailandés y me llevaste a Tailandia- sonrió Yulia, tratando de defender el lugar, todo por querer complacer a Lena.



- Ya, ya, no se peleen- intervino Phillip, ofreciéndoles un Martini. – La solución es simple- ambas los volvieron a ver con expresión de confusión, ¿desde cuándo Phillip tenía voz y voto en ese tipo de planes?- Yulia y Lena tienen dos semanas de vacaciones, yo tengo diez días laborales, que es lo mismo, y tú, pues...- dijo, viendo a Natasha.- Depende de lo que decidas hacer con tu trabajo, creo que podrías pedir para completar y, en ese caso, creo que más de una semana postrados en Grecia…



- Phillip tiene razón- dijo Lena mientras se secaba las manos en su falda, viendo que Yulia la veía con sorpresa, pero no supo si era por su intervención o por darle la razón a Phillip o por estarse secando las manos en su falda. – Mýkonos basta con tres o cuatro días- sonrió, tomando el Martini que quedaba en el desayunador de la cocina de Yulia.



- Yul, es un sabotaje- rió Natasha a carcajadas, chiste que sólo Yulia y ella entendieron. – Está bien, pero yo no voy a volar quince horas a Europa para estar tres días nada más



- Nate, a lo que se refieren es a algo que se llama “múltiples destinos”- Yulia volvió a verla con expresión “no cabe duda que eres especial”.



- ¡Exacto!- exclamó Phillip. – Hagámoslo en múltiplos de tres porque somos cuatro



- Eres tan inteligente, Phillip- rió Yulia con sarcasmo. – Entonces qué, ¿cada quien escoge una ciudad o pueblo o lo que sea?



- Yo quiero ir a Venecia- dijo Natasha, haciendo que todas las miradas se volvieran a ella. - ¿Qué?



- Se nota que Hollywood te lo sembró y te crecieron raíces- sonrió Yulia. – Es…feo y lleno de turistas- murmuró.



- Entonces vamos a Islandia, ahí no hay ni un fucking turista- rió Natasha. A Lena le pareció que la conversación se estaba volviendo un tanto intensa y acalorada, que terminaría en una “bitch fight” pero no, esa era la naturaleza de discutir las cosas.



- ¿De verdad quieres ir a Venecia?- preguntó Lena, viendo de reojo a Phillip, algo que hasta ahorita comprendo que estaba planeado.



- Sí, además... tu tatara-tatara-tatara-uuuu-buelo construyó el puente de Rialto, ¿no?- preguntó Natasha.



- No- rió Lena. – Se llama así por la zona en la que está, pero lo construyó Barattieri y lo reconstruyó no-sé-quién…pero ese ancestro, que tú mencionas, era el dueño del Comercio de Katina



- Oh…- suspiró Natasha, sabiendo que la ficha de Project decía otra cosa, aunque claro, podía estar equivocada, después de todo, era sólo un nombre, quizás por asociación errada.



- Yulia, ¿a dónde quieres ir tú?- preguntó Phillip, haciendo más Martinis para sus mujeres, las únicas a las que amaba, pasaría por otra cosa de no ser un semental comprometido con Natasha.



- Responde tú primero- le dijo, con una mirada divertida.



- Pues, yo quiero ir a Roma, sería una bonita oportunidad de conocer a tu mamá y a la mamá de Lena- dijo, sonriente, y sí, Lena y Phillip lo habían hablado en secreto, al igual que como Lena le había sacado a Yulia en qué auto quería Natasha que la llevaran a la Iglesia.



-¡Amor, eres un genio!- gritó Natasha, considerándolo como tal, pues la idea era realmente interesante, menos para Yulia, pues en Roma no sólo estaba su mamá, sino Oleg…erm…perdón, su papá.



- Roma, Venecia y Mýkonos- hizo Lena el recuento, anotándolos en un pedazo de servilleta. - ¿Yulia?



- ¿No puedo agregar mis tres días en una de las ciudades que ya escogieron?- preguntó, intentando agregar su tiempo a Mýkonos, la idea de una playa y sol veraniego le apetecía más que Venecia; el olor a agua estancada y a turistas asiáticos tomando fotos, las atrocidades Haute Couture que vendían los africanos en los puentes y en las calles más oscuras, que sólo estaba la Plaza San Marcos, los cuatro puentes importantes y Murano, Burano y Torcello, y ¡Roma! Por Dios, eso le daba escalofríos de sólo pensarlo y no era que se avergonzara de su mamá, pues mamá era la mejor, pero era ya darles paso a que conocieran los antecedentes de la personalidad y el carácter de Yulia, y cómo olvidarse de con qué cara ver a Larissa, a su suegra.



- Yo creo que sí- dijo Phillip, llenando las copas de nuevo. – Pero tendrían que ser al azar, ¿verdad?- preguntó, viendo a Natasha y a Lena, que Lena sabía exactamente a qué se refería Phillip y, en ese momento, escribió tres papeles que decían “Roma”, era fraude, pero Yulia no tenía por qué enterarse, más cuando Lena ya estaba emocionada de que hubiera aceptado Roma.



- Eso no es justo- murmuró Yulia.



- Nada, al azar o nos dices qué lugar quieres tú, pero no puedes sólo alargar la estadía en un lugar que ya escogimos- sonrió Natasha, captando el juego de los otros dos y volviéndose su cómplice sin que se lo hubieran pedido.



- Si les digo que quiero ir a Jericoacora no vale, ¿verdad?



- ¿Dónde carajos queda eso?- rió Phillip.



- En Brasil- corearon las tres.



- Pues no, quedémonos en Europa, por cuestiones financieras también…podemos hacer un Southamerican tour en Summer- sonrió Phillip sin quitarle la mirada a Lena mientras le daba la copa en su mano, preguntándole con la mirada si ya había cometido el fraude, a lo que Lena parpadeó para decirle que sí.



- Creí que en Summer ustedes tendrían su luna de miel- dijo, un tanto asombrada.



- Sí, pero no podemos romper con la tradición de pasar el verano juntos, ¿o sí, Julia?- bromeó Phillip mientras se servía un Whisky en las rocas.



- No es como que necesitemos tanto de luna de miel, si hemos pasado de luna de miel desde que nos acostamos- irrumpió Natasha, haciendo que Phillip, por primera vez, se sonrojara y riera de los nervios, haciendo que Yulia y Lena estallaran en una risa infalible.



- Entonces, mi amor- dijo Lena, llamándola así, por primera vez, en frente de otras personas, y a ambas les gustó. - ¿Al azar o nos dices algo en Europa?- sonrió, empezando a cortar los pedazos de servilleta y a hacerlos una bolita mientras Yulia lo pensaba.



- Bueno…confiando en que la probabilidad de que salga Mýkonos es del 33.33%, al azar- dijo, no estando tan segura, pero el destino ya se lo habían dictado sin que ella lo supiera.



- Bueno, bueno…saca una bolita entonces- sonrió Phillip mientras Lena le extendía la mano con las tres bolitas, teniendo en la otra los nombres completos “Mýkonos”, “Roma” y “Venecia”.



- No, Lena, tómala tú- dijo, mostrándole a Lena la confianza que le tenía y Lena se sintió mal y sabía que, en algún momento, tendría que decirle a Yulia la jugarreta que le estaban jugando.



- Toma la del centro- dijo Lena, haciendo que Yulia la tomara y la empezara a desdoblar. – Me lleva…- suspiró un tanto molesta.



- ¿En dónde moraremos seis días?- preguntó Phillip mientras se dirigía a la puerta para abrirla y recibir la comida. Yulia levantó la mirada como si hubiera visto un fantasma, una mirada vacía e incómoda.



- Roma…- murmuró Natasha.



- Son $170.25- dijo aquel chico de Blockheads que, mientras Phillip tomaba la comida y la ponía en la cocina, Lena saltaba para pagarle, teniendo éxito por primera vez. ¿Qué tan incómoda habrá estado Yulia que no le hizo ninguna cara a Lena?



- Phillip, te juro que me va a matar- susurró Lena mientras ayudaba a Phillip a desempacar aquellas barbaridades de comida.



- Si no es así, no es de ninguna manera, Lena, tranquila…- susurró, viendo que Natasha se acercaba a Yulia y le susurraba algo, pero no sabía qué porque estaba de espaldas a él y tampoco podía ver la reacción de Yulia porque Natasha la tapaba.



- Háblame- dijo Natasha.- No estás nada contenta



- No, no lo estoy…pero sorpresivamente tampoco estoy enojada- dijo, levantando una ceja como para sí misma.



- Oye, si no quieres ir a Roma, sólo lo hablamos y ya- como si eso fuera una opción.



- No, es sólo que intento imaginarme a mamá lidiando con Lena, no creo que le haga gracia



- No es que nos vamos a quedar en tu casa, amor- sonrió comprensivamente mientras la tomaba por el hombro.



- Me gustaría que se quedaran en casa



- Entonces aguántate- rió, y Yulia también, pues ya qué, al final era lo mismo, al menos les daría un tour exclusivo por Roma, que lo conocía mejor que cualquier guía turístico.



La tomó de la mano y la arrastró a la cocina, en donde, como muchas veces, habían devorado algo sin sentarse; en esta ocasión era un plato de quesadillas variadas con una que otra guarnición y, para coronarlo, cervezas frías, cometiendo todos los pecados habidos y por haber de una buena vez y, entre el chile, las cervezas y la comida mexicana, se vieron como amigos todos, como una compañía más que agradable, algo que nunca habían podido hacer con James o Thomas, pues entre ellos siempre se terminaban peleando o siempre traían algún problema a la mesa que era posible evitar.



- ¿Cuál será nuestro primer destino?- preguntó Natasha.



- Pues tenemos dos opciones, o empezamos o terminamos en Roma, no vamos a ir de Italia a Grecia para regresar a Italia- sonrió aquella Testosterona sin barba, limpiándole un poco de guacamol a Natasha de los labios con su pulgar.



- Yo creo que Roma al principio mejor, así me relajo en Mýkonos- rió Yulia, sabiendo que así debía ser, hasta se preguntó por qué Roma, dudó de la ética de elección y asumió fraude, pero no le importó, después le preguntaría a Lena para confirmar sus sospechas y la “castigaría” con un orgasmo “violento” a media noche…o quizás no.



- Roma será- sonrió Phillip viendo a Lena en un tono de “Misión cumplida.” – Ahora, Yulia, ¿no nos quieres contar algo?- sonrió maquiavélicamente.



- Aparte de los números…- murmuró, extrañada porque no tenía nada que contar. – No, nada



- ¿Estás segura?- preguntó, caminando hacia su Attaché. Yulia emitió un “no” mientras bebía su cerveza hasta el fondo. - ¿Architectural Digest?- rió, Yulia se sonrojó.



- ¿De qué hablas, mi amor?- susurró Natasha.



- Déjame leer- dijo, aclarándose la garganta. Yulia supo que Lena la había delatado, pero le daba igual, sólo supo sonrojarse.



“Hay muchas maneras de vivir en Manhattan. Se puede vivir a lo grande, en la 5ta. Avenida como una estrella de cine, en la Avenida más cara del mundo, en edificios lujosos pre-Segunda Guerra Mundial, edificios cuyas fachadas han sido declaradas patrimonio cultural, pinturas originales de Picaso o de Matisse y muebles demasiado caros, importantes y antiguos como para sentarse en ellos. O se puede vivir como Yulia Volkova, cómodamente en el onceavo piso de un edificio construido en 1968, de alguna forma modesta y grandiosamente en Madison con vista a Central Park desde la sala de estar, en donde nos invita a sentarnos, a un café que ella misma prepara en el momento al estilo italiano, en su sofá de cuero ocre; con un chaise lounge incorporado, y enfrente una mesa vidrio grueso y de base de piedra; enfrente una chimenea y fotos y un florero en una repisa sobre ésta.



Trabajando para el Estudio “Volterra-Pensabene”, se espera, en un futuro, que haya un cambio de nombre a “Volterra-Volkova” según Alec Volterra, Presidente y dueño del Estudio, socio y compañero de trabajo de la Arquitecta Volkova. Habiendo trabajado para una que otra estrella de cine; Meryl Streep, Glenn Close y Jack Nicholson, entre otros, y para personalidades como Eike Batista, de quien se ha convertido no sólo su Arquitecta de confianza sino también su decoradora personal, pues Yulia Volkova no sólo es Arquitecta, sino también diseñadora de interiores; profesiones y pasiones que se dan a conocer con facilidad en cuanto se cruza la puerta de su apartamento, logra abrirse camino en el negocio de la Arquitectura y Diseño número cuatro.



“El apartamento tenía fluidez lógica en cuanto a la distribución”, dice la Arquitecta, “Pero tuve que darle fluidez espacial, es decir, un cierto tipo de accesibilidad”.



Con estas palabras, la Arquitecto desnuda la estética de su Apartamento en una fusión sobria de Minimalismo y Loft en colores principalmente tierra para hacerle énfasis a las distintas decoraciones tímidas en lo que al tamaño se refiere. Fuera de lo común, para una vida ajetreada en Manhattan, más alrededor de la agobiante 5ta. Avenida, incluye una cocina con encimeras de granito blanco, probablemente del tamaño de un Studio-Apartment, lo que da a conocer la importancia que la Arquitecta le da a lo que un Neoyorquino usualmente no. La propiedad consta de una sala de estar, dos clósets, cocina, dos dormitorios, un cuarto de lavandería, walk-in-closet, dos baños completos y una habitación extra en la que se define como una biblioteca acompañada por un Steinway A.

“Tengo mi propio estilo y eso se lo planteo siempre a mis clientes, pero siempre me acomodo a sus gustos,” dice la Arquitecta. “El cliente tiene una visión relativamente clara de lo que quiere, tiene una idea que es, a veces, incorruptible, y es cuando intento darle otro punto de vista si pienso que, lo que el cliente quiere, no funcionaría, pero siempre respeto la decisión del cliente. He trabajado con todo tipo de clientes.”



“La ética de trabajo siempre es la misma, es un principio que cualquier profesional debe seguir, lo que cambia es el proceso”, dice en cuanto se le pregunta qué la diferencia de los demás Arquitectos, “amo mi trabajo, me apasiona, y me gusta más cuando el cliente tiene una visión distinta a la mía; es como un reto para mí, pero pienso que con profesionalidad, respeto y responsabilidad, todo se puede lograr”.



Nacida y criada en la cuna de la arquitectura, se graduó con honores de ambas profesiones, considerando que eran complementarias entre sí, tras el sueño de diseñar, en todo sentido, su propia casa, que logró en Roma pero ahora, residiendo en Nueva York, ha modificado su sueño y le ha diseñado y entregado a sus clientes las casas de sus sueños.

“La clave es sencilla: si tú no conoces a tu cliente, es prácticamente imposible entregarle algo que se le acomode, es por eso que me gusta sumergirme en cada cliente y hacerle hasta la pregunta más molesta sobre el color de la madera; que a algunos les da igual”, dice Yulia, en cuanto entra más en confianza a través de un café en la sala de estar de su apartamento después de haberle preguntado qué piensa de tratar con los asistentes de los clientes.



- ¿Qué tan lejos crees que tus diseños te han llevado?

Mis diseños no son fuera de este mundo, lo más extravagante que he tenido que diseñar ha sido la vitrina de Halloween de Louis Vuitton, pero es entendible. Busco siempre diseños simples dentro de cada estilo, me siento más cómoda entre el Minimalismo y el Clásico, aunque ya he tenido que verme envuelta en el Retro, con el que me divertí mucho, y también con el Lounge. No hay mejor manera de aprender que involucrarse en lo desconocido. En mi caso, el diseño inicial es una visión borrosa de la final, pues el diseño inicial sale de mí para el cliente, pero el cliente siempre pide ajustes, que a veces le sientan mejor, a veces no, pero siempre busco la manera de hacer que esos ajustes se vean bien, para eso me pagan.



- ¿Has considerado alguna corriente alternativa?

He tenido uno que otro proyecto que se sale de lo rutinario, en los que me han pedido hacerlo de materiales reciclados o con fuentes de energía natural, y eso sí ha sido un reto. Aquí en Manhattan no me han pedido que haga algo así, creo que es por lo mismo del caos en el que vivimos, que todo lo queremos rápido, que no me molesta.



- ¿Por qué crees que te deberían contratar a ti siendo tan joven y no a otros siendo mayores?

En este negocio puedes ver la edad como sinónimo de experiencia, eso es algo que pienso yo que juega en mi contra, pero creo que cada cliente tiene que tomar en cuenta qué tipo de experiencia es la que busca. Habrá muchos arquitectos que ofrezcan diseños mucho mejores que los míos, pero pienso que, por lo mismo de la edad, tengo la posibilidad de dar una propuesta más fresca, pues puedo tomar algo de la historia y proponer algo más conservador y anticuado, o puedo pararme en el presente y proponer lo actual, que es algo que a la mayoría nos cuesta comprender, cosa que pueden hacer muchos arquitectos, no digo que sea la única, pero creo que la mayoría de mis clientes quedan satisfechos, sino no me recomendarían.



- ¿Qué papel juegas tú y qué papel juega tu equipo en un proyecto?

Me gusta reunir mi propio equipo dependiendo del proyecto; si es arquitectónico, tengo a mi equipo de constructores de siempre, trabajamos bien juntos, si es para decorar un espacio, puedo hacerlo yo sola o le pregunto al cliente si quiere a otro diseñador en el proceso o sólo a mí. Pero, de un tiempo acá, tengo la posibilidad de ofrecerles a mis clientes algo “nuevo”, por así decirlo; trabajo de la mano con otra diseñadora de interiores, que tiene un enfoque distinto al mío, pero también es diseñadora de muebles, que es algo que a mis clientes les llama la atención. Volviendo a tu pregunta, creo que si tengo la mejor de las ideas, la más fantástica, no la puedo hacer sin mi equipo. Yo les planteo el marco de trabajo, cómo se van a hacer las cosas, ellos hacen que las cosas sucedan, los dos somos importantes, igualmente importantes.



- ¿Has tenido que sacrificar algo para ser quien eres ahora?

El que no sacrifica algo es porque no lo quiere, ¿no crees? De igual forma, cada sacrificio es compensado de alguna manera si sabes lidiar con la palabra “sacrificio”.



- ¿Qué has tenido que sacrificar y cómo te lo han recompensado?

Tuve que sacrificar Roma, me lo compensaron con Nueva York, tuve que sacrificar a mi familia, me lo compensaron con mis amigos; tengo buenas personas a mi alrededor, muy especiales para mí, que me ayudan a mi crecimiento profesional también.



Si caminan por el apartamento de la Arquitecto, no apreciarán ningún Picaso ni ningún Matisse, más bien esculturas de pared, o instalaciones que la misma Arquitecto ha creado a su gusto para decorar su hogar. De lo más impresionante es, sin duda alguna, su walk-in-closet, el sueño de cualquier mujer; diseñado y acomodado por ella misma, hace de la pieza más sobria y cómoda del apartamento junto con su baño y su habitación; en donde claramente la Arquitecto se siente más cómoda. “Es fácil hacer que algo se vea bien, incluso elegante”, dice Yulia, “el reto es darle lógica estética al espacio total, de darle un uso correcto a cada habitación”. “



- Siento como si Carolina Herrera estuviera dando una entrevista…aunque dudo que ella haga café- bromeó Phillip mientras cerraba la revista y la ponía sobre el desayunador para que le quedara una copia a Yulia, que seguramente ya tenía.



- ¿Por qué no me habías contado?- molestó Natasha, dándole unas palmadas en su espalda, exactamente sobre su cicatriz, haciendo que Yulia se sintiera incómoda.



- La dio porque nadie lee la revista- dijo Lena, halando a Yulia para librarla de la mano de Natasha, cosa que Yulia agradeció.



- ¿Tú crees que esta Arquitecto pueda decorar nuestro nuevo hogar?- preguntó Phillip a Natasha. – Se ve que es muy capaz- sonrió.



- ¿Nuevo…ho-hogar?- tartamudeó.



- Ah, no me digas que no sabías que vas a vivir aquí a la vuelta- rió Yulia, clavándole el cuchillo de regreso a Phillip, quien lo aceptó como una venganza pasiva.



En ese momento, Natasha gritó de la emoción y se aventó encima de Phillip a besarlo sin cesar, subiéndose a sus caderas y besándolo con lujuria. No era el hecho de que Yulia decorara el apartamento, al fin y al cabo era obligación de Yulia hacerlo, o iba por voluntad propia o la contrataba, así de fácil, pero su hombre era perfecto.


*
- ¿Qué tienes para mañana?- preguntó Lena mientras se metía a la cama.



- Sólo trabajar en lo de los van De Laar, los planos ya los tengo listos para enseñárselos pero me gustaría darles un avance en el concepto de la casa- dijo, estirándose para apagar la lámpara de su mesa de noche. - ¿Y tú?- la abrazó por su abdomen y puso su nariz para inhalar su perfume de todo el día.



- Mañana entrego los muebles que me habían pedido, por lo demás…nada- suspiró, aferrándose a Yulia.



- Todos los papeles decían “Roma”, ¿verdad?



- Sí…¿estás enojada?- murmuró, dándose la vuelta y tomando a Yulia por sus mejillas con ambas manos para encontrar su mirada en la oscuridad.



- No, sólo quisiera saber por qué no me dijiste que querías conocer a mamá- dijo, besando las manos de Lena y acercándose más hacia su novia.



- Quizás decías que no



- ¿Quieres conocer a Papá también?- susurró, dejando de besarle las manos.



- Mmm…



- La verdad, por favor, nada de rifas manipuladas



- No, me daría rabia- susurró, despegándose de Yulia y encendiendo la luz de la lámpara. – Siéntate, por favor- y Yulia la miro con confusión pero hizo lo que le pidió.



Lena se arrodilló detrás de Yulia y levantó lentamente su suéter hasta casi su cuello. Se inclinó hacia su espalda baja y besó aquella cicatriz, que no era saltada ni nada por el estilo, sólo era una marca blanca. Al contacto con los labios de Lena, Yulia se sacudió de nervios, pero Lena intentó calmarla al pasear su dedo; dibujando el trayecto de aquella cicatriz para luego darle besos pequeños y cortos.



- Sé qué no te gustó que Natasha te tocara ahí…¿te molesta que yo lo haga?- susurró, bajando su suéter y sentándose a la par de Yulia.



- No…¿podrías volverlo a hacer, por favor?- murmuró, volviendo a ver a Lena con los ojos un tanto brillosos, algo a lo que Lena no podía negarse y, levantando de nuevo su suéter, volvió a besar, así como hacía unos segundos, así como antes, así como la primera vez que la vio y sin saber su historia la había besado.



- ¿Tienes más?- preguntó, esperando tener un “no” por respuesta, sino pediría la historia de cada una, aunque se acordó que Yulia le dijo que era la única que tenía, pero, ¿y las que no se veían a simple vista? Eso destrozó a Lena.



- No, sólo esa me dejó- dijo, quebrando su voz y acordándose por qué se había entregado a Lena de la manera que lo había hecho, pues nadie le había besado nunca su cicatriz.



- No digas nada, sólo intenta entender- murmuró, retirando el suéter de Yulia de la escena y tomando el cabello liso de en su mano y retorciéndolo para librar su cuello de cabello.



Besó sus hombros, desviviéndose con los ojos cerrados en aquellas sensuales pecas que se esparcían con elegancia, siguiendo su memoria geográfica con sus labios, marcando cada beso como un nuevo comienzo, al menos esa era la intención. Y besó de sus hombros hacia su cuello, deteniéndose en la nuca y subiendo por su cabeza, llenándola de besos; no hubo ni un tan sólo rincón que dejara sin besar y bajó por su rostro, por su cuello, por su pecho, deteniéndose en dónde latía aceleradamente su corazón, y ahí se detuvo unos minutos, besando, sólo eso, besando. Le quitó su pantalón junto con su tanga y la colocó sobre su abdomen.



- ¿Cuántas veces?- murmuró Lena.



- Una por cada sílaba- gimoteó, cerrando sus ojos ante el recuerdo de la Piazza Vittorio cuando tenía ocho años y su bola de gelato cayó al suelo. Oleg le dio una nalgada por cada diez centavos que valía la bola pero a Yulia se le ocurrió preguntarle “Papi, ¿por qué me pegas? A eso de la tercera nalgada, sabiendo que le faltaban tres más, y Papá respondió “Por.que.te.es.toy.e.du.can.do” y fue una nalgada por el resto de los treinta centavos más una nalgada por sílaba de aquella frase, y a Yulia le arde el recuerdo, tan vivo lo tenía que era un ardor físico también.



- Te- murmuró Lena, dándole un beso en su glúteo izquierdo. – A- un beso exactamente a la par. – Mo- concluyó, creando una línea de besos mientras repetía aquel mantra “Te.A.Mo” hasta llenar el trasero de Yulia con sus besos. - ¿En dónde más?- preguntó, viendo el reloj, apenas las diez y siete. Yulia sacudió su cabeza. – Date la vuelta, por favor- su voz era suave, cariñosa y consternada, más cuando notó que Yulia pasaba la palma de su mano por su rostro, todavía el doble cuando vio aquellas pupilas azules rodeadas de rojo.



Yulia se irguió y besó a Lena, transmitiéndole su agradecimiento en aquel beso que sustituía las palabras que no lograba emitir. Fue como una fusión; se hicieron una sola, y la ropa de Lena voló por la habitación sin el mayor de los frenesíes, quebrando, con el arrojamiento olímpico de su suéter, la lámpara de la mesa de noche de su lado, dejando la habitación completamente a oscuras. Elena Katina y Yulia Volkova no tuvieron ningún tipo de sexo, ni oral, ni vaginal, ni anal, simplemente se besaban con pasión en la mayor expresión de su desnudez, rozando piel con piel, expresándose su amor entre gemidos que iban más allá del placer, quizás esa era la definición de “hacer el amor” que sólo aquellas dos mujeres lograban comprender.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Sep 17, 2014 7:44 pm

Se que es cortito pero espero que la disfruten


-¡Dios, mátame!- se quejó Yulia, hundiendo su cara entre sus brazos sobre su escritorio.



- ¿Por qué?- murmuró Lena mientras jugaba con su bebida, es decir, había ensamblado un popote muy largo; de tres en realidad, y, recostada su cabeza sobre la mesa, así como Yulia, jugaba a contar en cuántos tragos sus ojos le empezaban a llorar.



- Necesito que me caiga algo del cielo, estoy aburrida- dijo, casi inentendible por la acústica que creaban sus brazos alrededor de su voz.



- ¿Sabes qué es lo mejor?- sonrió Lena entre dientes para no soltar su popote. Yulia pregunté “¿qué?” con la garganta mientras hundía sus dedos en su cabello. – Que apenas son las dos de la tarde- rió Lena con sarcasmo, haciendo que Yulia se hundiera en un quejido lloroso.



- No debí haber venido tan temprano- se regañó a ella misma.



- Sí, no debiste haberme dejado sola…tú qué sabes lo que pude haber hecho- sonrió, haciendo que Yulia levantara la mirada.



- Eres una ninfómana- rió, viendo que Gaby se asomaba a la puerta y la tocaba. – Dime, Gaby- dijo con una sonrisa por su comentario previo.



- Volterra nos ha sacado temprano, si no se les ofrece nada, me retiro



- No, yo estoy esperando una llamada, yo cierro- dijo Lena. - ¿Volterra ya se fue?- Gaby asintió. – Bueno, nos vemos mañana entonces- sonrió, y Yulia también, aunque ella se puso de pie y caminó al perchero a empezar a tapizarse de invierno. - ¿A dónde vas?- le preguntó a Yulia.



- Pues, a dormir a mi cama, a comer un poco de comida chatarra y a ver alguna película mala- rió, enrollándose la bufanda alrededor del cuello.



- Espérate a que Gaby se vaya, quiero mostrarte algo



- ¿Qué tiene que esperar a que Gaby se vaya?- sonrió, acercándose a Lena y viéndola a los ojos.



- Espérame un segundo, lo iré a traer- dijo, levantándose y saliendo de la oficina de Yulia, sólo para ir a revisar que de verdad la oficina estuviera vacía, más porque Gaby había salido más rápido que una bala de aquel Estudio.



- ¿Qué me querías enseñar?- preguntó Yulia viendo que Lena cerraba la puerta.



- Esto- sonrió, levantando su falda para mostrarle que no llevaba panties.



- Ugh…Lena- suspiró nerviosamente, caminando hacia ella, empujándola contra la puerta con sus pasos. – Siempre me sacas algo nuevo- sonrió, topándola a la puerta y robándole un beso feroz, con mordiscos incluidos, mientras sus dedos se encargaban de acariciar el clítoris de aquella provocadora pelirroja con su dedo.



Lena le arrancó la bufanda, arrojándola sobre la alfombra para luego quitarle su blazer y abrir su camisa mientras Yulia abusaba de su cuello y de su clítoris con sus dedos; recorriéndolos en círculos y de arriba abajo, cada vez más llenos de sus jugos. Yulia, con su camisa abierta y mostrando aquel sostén blanco de encaje que la hacía ver inmaculada e inocentemente pura, se arrodilló ante Lena y, abriendo sus piernas, probó sus jugos mientras Lena intentaba mantenerse de pie en sus Manolos azul marino e intentaba, al mismo tiempo, mantener su falda arrugada a la altura de su cadera para no molestar a Yulia, todo esto mientras deshacía cada botón de su camisa con suma dificultad.



- ****! Me voy a correr!- jadeó Lena, flexionando un poco sus rodillas y presionando la cabeza de Yulia contra su clítoris hinchado.



Yulia tomó a Lena por su trasero y lo acarició mientras sus labios hacían lo que nunca fallaba: succionar el clítoris de su novia para que ésta alcanzara un glorioso clímax y así fue, en realidad la tomó por su trasero para evitar que se fuera de bruces al suelo, y mantuvo sus labios en posición durante los trece segundos de orgasmo al estilo Katina para seguir perturbando a su Lenita. Yulia se puso de pie y Lena la atacó con un beso, limpiándole con sus labios los restos de sus propios jugos, que le encantaban cuando venían de las entrañas de aquella impecable Arquitecta. La empujó contra su escritorio y, a ciegas, literalmente a ciegas, movió todo lo del lado izquierdo hacia más a la izquierda; que algunas cosas quedaron suspendidas, otras en el escritorio de Lena y otras en el suelo, como el teléfono. Yulia movió el teclado de su ordenador para que Lena, de un movimiento, deshiciera el botón de su pantalón y, halándolo hacia afuera, junto con su típica tanga negra, pero sin quitarlos del todo, se logró escabullir entre las piernas de Lena al sentarla sobre su escritorio de olmo.



Fue directo al grano, perdón, directo al clítoris y, sin lubricar sus dedos, los introdujo en Yulia, dos de una vez, provocando en Yulia un gemido y no de dolor, pues sus jugos abrazaron los dedos de Lena, más bien gimió de sorpresa. Y ahí estaban, Yulia sin sus pantalones al suelo, con las piernas al aire, apoyada del borde del escritorio con sus codos mientras jugaba con sus pezones y echaba hacia atrás la cabeza, gimiendo de una excitación extrema, tal vez porque era en la oficina. Lena penetró rápidamente a Yulia, pudiendo escuchar aquellos exquisitos y perfectos sonidos de la penetración en aquel ambiente tan agradable, Yulia sintiéndose sensual por todavía tener puestos sus Louboutin color granate. Y Lena, siguiendo el ejemplo de su jefa, porque técnicamente "Ella estaba arruinando su jefe”, mordió a Yulia, pero no su clítoris, sino sus labios mayores, ocasionando en Yulia el espasmo previo al orgasmo, cuando ese ardor se junta con cada latido del corazón que recorre a una mujer de cabeza a pies, y, con una avidez lingüística, Lena elevó a Yulia hasta el piso setenta y uno de aquel edificio, el Helipuerto. Lena se recostó unos segundos entre las piernas de Yulia, sintiendo el peso muerto de sus zapatos y su pantalón en su espalda.



- Así que eres ninfómana…- rió Yulia, pidiéndole a Lena que se retirara para poder vestirse.



- No creo, sólo tengo mis días- guiñó su ojo mientras le alcanzaba una caja de Kleenex a Yulia aunque Yulia sólo intentaba destrabar su pantalón del tacón. – Tranquila- murmuró, agachándose para destrabarlo y, cuando subió, limpió el sexo de su hermosa Arquitecta, quien la veía confundida. – Sé que no te gusta andar mojada, menos cuando tienes que caminar- sonrió, pasándole otro Kleenex por sus labios mayores para asegurarse que estuviera seca.



- Me conoces bien- sonrió, haciendo que Lena se pusiera de pie y bajando su falda.



- Te quería pedir algo…si no quieres no lo hagas, sólo quiero saber…y sé que si lo pido corro el riesgo de hacerte sentir mal o de enojarte…



- Quieres conocer a Papá, ¿verdad?



- No- sonrió un tanto sonrojada, deteniendo la mano de Yulia en su trasero. - ¿Me podrías dar una nalgadita cariñosa?- murmuró, bajando la mirada para evitar ver la reacción de Yulia.



- Nalgadita cariñosa…- se repitió a sí misma, como si estuviera analizando qué parte de cariñoso tenía una nalgada.



- No me voy a morir si no me la das, mi amor- dijo, levantando su mirada y viendo que Yulia tenía una sonrisa que la confundió. Yulia retiró su mano del trasero de Lena y, tomando un poco de impulso, le dio la “nalgadita cariñosa” en su glúteo izquierdo con su mano derecha, acercándola más hacia ella y dándole un beso en sus labios mientras sacaba un Kleenex con su mano izquierda. – Ves…no todas las nalgadas duelen, ni son malas…pero ya mi gusto está cumplido, no me tienes que dar otra- murmuró entre los labios de Yulia.



- ¿Te gustan las nalgadas?- dijo en voz baja, paseando el Kleenex por la entrepierna de Lena.



- Sólo las cariñosas y pequeñas y que me las des tú…- sonrió un tanto nerviosa, pues había rozado su clítoris con sus jugos.



- Del uno al diez, ¿qué tanto te gustan?



- Cinco, no es como que me gusta que me den nalgadas todas las veces, ¿sabes?



- Si de complacerte se trata, te daré una, pero sólo una, y sólo cuando me la pidas…porque tienes un trasero de los dioses que no puede deformarse- rió, abrazándola, Lena acomodándose entre sus brazos mientras veía por la ventana aquella nube gris colmar el cielo.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Sep 19, 2014 10:58 pm

Capitulo HOT




Chelsea no sería nada sin aquel no-tan-remoto lugar de la décima, entre la 26 y la 27. “Marquee” es el nombre del único lugar en donde el drama para entrar, con o sin pagar, vale totalmente la pena, más después de que “Bungalow 8” fue cerrado como todo club fugaz. Usualmente se requiere de paciencia y buena apariencia para entrar con o sin pagar, para luego esperar otra eterna fila pero este no es el caso, no ahora que es ocho de febrero, uno de los días más importantes en el año para la futura Señora Noltenius, Natasha ella es, día en el que celebra el trigésimo primer año de vida de su futuro esposo, para lo que ha reservado todo “Marquee” y se ha asegurado de que nadie entre, ningún vil “crasher” que pueda gozar de las fuentes imparables de Crystal y/o cualquier bebida que fluya gratis por entre la gente. El lugar estaba repleto de los amigos y no-tan-amigos de Phillip, que él siempre prefería celebrar su cumpleaños con una cena tranquila en “Harry Cipriani” pero su madre, Katherine, quería que todos los años saliera en PageSix entre las diez mejores fiestas del año y, por lo mismo, siempre insistía en que se Natasha se lo celebrara a lo grande, y era parte de la táctica de Natasha y Phillip por consagrar a Natasha como la que debía ser para Phillip y no aquella Brunette que intentó e intentó y nunca pudo. Entre sus llamémosles-“conocidos=amigos”, estaban no sólo sus compañeros de trabajo, sino también los del equipo de Polo, sus pocos amigos del Lehman Manhattan, la escuela a la que Phillip había ido toda su vida, como también uno que otro sobreviviente de Princeton Economics, en donde Phillip había estudiado su Máster en Finanzas también, y uno que otro amigo que jugaba a ser Soltero-Codiciado, amigos en común con Misha pero que, por respeto a Yulia, Misha no se atrevía a dar la cara cuando sabía que estaría ella presente, pues se había jurado ser mejor ex-novio.



Por otro lado, formando la minoría de aquellas trescientas personas, estaban los amigos de Natasha, en los que se delimitaban a Thomas y a su nueva conquista, Rachel, que era como su sueño por llamarse igual que Rachel Dawes, el amor platónico de Bruce Wayne, James y Julie, que habían logrado superar la infidelidad de Julie al Julie quedándose callada y olvidando el asunto como si nada hubiese sucedido y, las joyas: Yulia y Lena, quienes ante los ojos de los otros tres, y del resto, no eran más que amigas; aparentemente muy buenas amigas. Era la primera fiesta que no parecía ser planeada por la mano de Baco, pues no había mujeres afroamericanas, con afros debo decir, en jumpsuits de lentejuelas doradas y en patines repartiendo bebidas, o mujeres en toga y coronas de laurel, o mujeres y hombres animando como si fuera un circo; quizás era la edad atacando, el cansancio de disfrutar algo así de “infantil”, pero era nada más que se empezaba a notar que esa fiesta era por hacerla, que ni el cumpleañero mismo la disfrutaba por ver que Natasha se la pasaba con sus amigos, lejos de él, cuando lo único que quería era estar con ella, besándola y haciéndola gemir en su cama, o, si no era tan paradisíaco como eso, al menos en una cena tranquila en el Cipriani con Yulia y Lena, que, de un tiempo acá, era cuando mejor se la pasaba, quizás porque veía a Natasha sonreír con más frecuencia y se había logrado acercar a Yulia más que antes, tanto que bromeaban pesadamente y se hacían favores, con Lena ni se diga, a veces se juntaban a almorzar sólo para hablar de cualquier cosa; cosa que ni a Natasha ni a Yulia les importaba, pues Phillip realmente actuaba, alrededor de ella, como un hermano mayor así como Lena como hermana menor.



¿Qué se iba a hacer sino ingerir cualquier cantidad de alcohol que desfilara enfrente de uno? Pues eso hicieron todos, incluyendo Yulia y Lena, y el cumpleañero mismo, cuya paciencia se agotaba cada minuto y sus ganas por estar a solas con Natasha eran proporcionales a su impaciencia, a su deseo por salir huyendo de aquel lugar, más que Natasha, en sus curvas peligrosas, había decidido meterse en un David Meister strapless, que no sólo acentuaba su escote de una manera impresionante, sino que era a medio muslo, dejando ver sus tonificadas y humectadas piernas en aquellos perfecta y negramente manicurados pies atrapados en unos Boulimia Louboutin de escasos doce centímetros. Para ese entonces, a la hora que aquello que descompuso a Yulia pasó, James, Julie y Thomas ya se habían ido, que eran los que importaban. ¿Qué fue lo que pasó? Bueno, se los cuento a continuación:



Natasha se había levantado de aquel sillón blanco para ir a decirle a algún mesero, completamente vestido en el típico uniforme, que llevara bebidas a la mesa de Phillip y que le sirviera "A.S.A.P" un Champagne Cooler, cuando Lena y Yulia tuvieron un encontrón lujurioso de miradas, Lena analizó a Yulia y resolvió la receta para la perfección:

- Un par de ojos azules ebrios y cansados con un maquillaje nocturnamente denso

- Un Monique Lhuillier cerulean asimétrico, manga ¾ y hasta medio muslo

- Espalda triangularmente invertida al descubierto

- Un par de Sexy Strass 100mm Christian Louboutin

- Cabello recogido en un moño improvisado y flojo pero, de alguna manera, con estilo

- Sensualidad al gusto

- 1500 cc de Cerebro

- Una sonrisa blanca

Instrucciones: Vista a una mujer de 1.74 metros de altura, 115 libras, 34C, 86-61-86, en el Moniquie Lhuillier y métala en los Louboutin, maquille sus ojos y hágala sudar un poco, fume 4 cigarrillos con ella por aburrimiento. Agregue una sonrisa alcohólica, un toque de cerebro y sensualidad al gusto. Obsérvela a lo largo de cinco a seis horas hasta que empiece a morder su labio inferior y esté inquieta cruzando una pierna sobre la otra alternadamente hasta que suspire y pasee su dedo por su pecho desnudo y lo vuelva a ver con expresión de: “vámonos de aquí y tengamos sexo”.



Considerando Yulia que Lena era la máxima expresión de la belleza en su Maison Rabih Kayrouz gris de un hombro, holgado del torso y de los muslos porque era hasta medio muslo, se puso de pie y, ajustando su vestido a sus muslos a la altura que debía estar, caminó cruzando sus piernas seductoramente, cual modelo de pasarela, hasta Lena y le alcanzó su mano. Lena, que estaba sentada con sus piernas recogidas sobre el sofá blanco, vio a Yulia de pies a cabeza y de regreso, saboreándola, más sabiendo que no llevaba ni sostén ni panties porque se le marcaban a través del drapeado del ajustado vestido. Lena le tomó la mano y, Yulia, haciéndose camino por entre la multitud, encontró un espacio diminuto en el que cupieran las dos para bailar juntas por primera vez, más interesante por estar bajo los efectos del alcohol. Lena y Yulia eran todo sonrisas ebrias, sonrisas blancas; una con camanances y la otra sin, pero igualmente hermosas y, dado a que, en estos tiempos y en esa multitud (porque ya habían entrado los “crashers”) todo era posible, Lena pegó su trasero a la pelvis de Yulia y le gritó un “Feel me, baby” al oído que sólo Yulia pudo escuchar por la música, que estaba muy buena, muy encendida, y muy fuerte.



Y, al ritmo de un Mashup “Hung Up/Gimme Gimme”, así es; Madonna y ABBA de la manera más extraña posible, Lena se dejaba llevar, encajando su trasero con aquella pelvis y deteniéndose en su puesto con sus manos clavadas en los muslos de Yulia y Yulia manteniéndola en su puesto de la misma manera pero por su cintura. Se dejaban llevar por el ritmo de aquella invención de aquel DJ que para Yulia pasaba por genio y Yulia, clavándole la nariz a Lena en su moño, inhalando aquel olor de chocolate opacado por el del cigarrillo, la atrajo hacia ella por el abdomen con sus brazos, sí, un abrazo amoroso en público, un abrazo y un baile sensual del que nadie se dio cuenta, o al menos eso creyeron, pues Natasha y Phillip, que pretendían discutir por algo sólo para estar a solas un momento, las veían de reojo un tanto divertidos.



Las manos de Yulia habían cobrado vida, más bien tenían vida propia, pues acariciaban los muslos de Lena y subían un poco su holgado micro-vestido gris, intentando, con la mayor voluntad humana, no hacerle el amor ahí y en ese momento, más porque la actitud de Lena gritaba y sudaba “¡LUJURIA! (Grrr)” a la atmósfera. Hubo un cambio de canción, una que no estaba tan encendida como la anterior pero Lena se la sabía y, despegándose de Yulia, la tomó por la cintura estando frente a frente, sonriendo y exhalando alcohol, intentando establecer un ritmo pero era imposible. Se las arreglaron para despegarse entre tanto deseo y, justamente en el estribillo, Lena elevó sus brazos al aire y coreó, con aquella voz:



- All I wanna do is fuck your body, thonight’s your lucky night, I know you want it- y apuntaba a Yulia con su dedo índice derecho mientras lo cantaba, más bien gritaba y rodeaba, más bien acariciaba, su cuerpo con sus manos de manera seductora.



Sí, Yulia jamás se imaginó que Christina Aguilera tuviera tal efecto en ella, en realidad Lena, pues, después de ese estribillo, le urgía estar con Lena, sí, primera vez que a Yulia le excitaba algo así. La tomó de la mano y la arrastró hasta donde Phillip y Natasha, quienes todavía seguían en su plan de “discusión”, con ademanes violentos, a pesar de estar diciendo lo mucho que se amaban.



- ¿Ya se van?- gritó Phillip, sabiendo que la respuesta era obvia, pues había visto toda la escena.



- Creo que ya se me subieron las copas- le respondió Yulia, que era cierto, pero más cierta era la teoría de Phillip.



Se dieron un abrazo y un par de besos en las mejillas, como era costumbre, y, despidiéndose de la misma forma de Natasha, salieron de Marquee de la mano, para sentir el choque del aire frío de febrero a unos ya-no-tan-fríos 3ºC. Yulia logró convencer a un taxista que la llevara al Upper East Side, $20 fue la oferta. Se subieron al taxi y Yulia, importándole poco lo que el taxista pensara, se arrojó contra Lena en un beso que se había contenido por más de cinco horas, un beso lleno de lujuria y deseo pero todavía con elegancia.



- Hey, que están haciendo ahí atrás?!- gruñó el taxista, aquel que era la experiencia total para un turista en Nueva York, sí, un Musulmán de nombre Muhammad.



- Sólo llevanos a casa - gruñó Yulia de regreso, arrojándole un billete de $50 y volviendo a los labios de Lena, quien, por el beso, recostaba su cabeza de manera incómoda sobre la ventana mientras Yulia la empujaba con su deseo y su mano derecha se abría paso hacia su desnuda entrepierna. – Quiero cog*r tu cuerpo- dijo entre dientes, a manera de susurro para que el Musulmán no entendiera aunque si lo hizo, aunque no se imaginó que sería literal y en ese momento.



Lena, en ese momento, sintió los dedos de Yulia introducirse en su vagina, que su gemido, tanto por placer como por sorpresa, fueron ahogados en un beso con lengua incluida, un beso con sabor a Martini. Lena simplemente le pedía más a Yulia, se lo pedía con la manera en cómo la besaba y por cómo abría sus piernas para que Yulia la penetrara. Estando a cuatro calles del 680, edificio en el que vivía Yulia, Yulia le siseó un “Shhh…” a Lena a ras de sus labios y, estando a una calle, Lena ahogó un gemido que convirtió en un suspiro agitado mientras se corría alrededor de los dedos de Yulia. El taxi se detuvo a la entrada y, Yulia, en agradecimiento a aquel hombre, por haberla llevado sana y salva a casa y no haberla bajado del taxi, le arrojó otro billete de $50, cosa con la que “Muhammad” quedó relativamente satisfecho por compensación.



Yulia arrastró a Lena por el Lobby del edificio, saludando antes, con una sonrisa, a Józef, el portero y, una vez estando en el ascensor, Yulia le cayó encima a Lena, tal y como aquella noche de lluvia se lo imaginó, antes de que todo pasara; Lena contra la pared lateral del ascensor pero, en vista que no había cabello mojado, Yulia acarició sus muslos, subiendo su vestido hasta poder tomarla por su trasero mientras Lena, al borde de otro orgasmo por reflejo, abrazaba a Yulia por el cuello. Salieron victoriosas de aquel ascensor, sin importarles las cámaras de seguridad y sin la interrupción de alguien, pues, ¿quién estaría despierto a las cuatro de la mañana?



Y fue entonces cuando no supieron aguantarse y Yulia sentó a Lena en la mesa lateral que estaba en el pasillo que dividía el 11A del 11B, abriendo sus piernas y frotando su clítoris mientras besaba su cuello, y lo mordisqueaba también, embriagándose del sabor de Lena. Aquella pelirroja Licenciada simplemente intentaba mantenerse en silencio, que le resultaba un tanto difícil, y clavaba sus dedos entre el moño de Yulia mientras aquella hermosa mujer y que era su novia y su amante, atrapaba su clítoris entre sus dedos y lo acariciaba por sus lados con un poco de presión, sintiendo cómo se alistaba para otro orgasmo. Yulia volvió a besar los enrojecidos labios de la Licenciada Katina mientras frotaba su clítoris de izquierda a derecha rápidamente. Lena frunció su ceño y mordió un tanto fuerte el labio inferior de Yulia, abrió sus piernas, y se sacudió de adelante hacia atrás mientras levantaba su trasero de aquella mesa, sosteniéndose por el cuello de Yulia y meciéndose contra sus dedos que todavía la acariciaban. Lena soltó el labio de Yulia y luego lo besó rápidamente para sanar su dolor. Yulia llevó sus dedos, llenos de Lena, a su boca y los succionó frente a sus ojos.



- ¿Te gusta?- murmuró Lena en una voz pegajosa, quizás el gemir en silencio la ponía así. Yulia asintió, terminando de succionar el primer dedo, el de en medio. – Pues comparte, no te lo quedes todo para ti- sonrió, tomándole su dedo anular y metiéndolo a su boca, envolviéndolo con sus labios y acariciándolo con su lengua.



- Mmm…- suspiró Yulia viendo a Lena tragar su dedo. – Vamos adentro, necesito comerte- dijo, con una voz cortada ante la succión que Lena ejercía en su dedo y Lena, ante esa enunciación, casi vuelve a correrse.



Vio cómo Yulia la ayudaba a ponerse de pie y arreglaba su vestido para girar noventa grados para dirigirse hacia la puerta mientras buscaba a ciegas la llave en su Bottega Veneta, para que, cuando se inclinó para introducir la llave, pues tenía mala puntería cuando estaba ebria, Lena levantó su vestido, descubriendo su desnudo trasero, Yulia cerró los ojos con una sonrisa que sustituía un gemido mientras Lena rozaba, contra él, su pelvis desnuda.



- Fuck…entremos y me haces eso la noche entera- gimió Yulia ante los dedos de Lena clavándosele en sus caderas.



- Pues apresúrate que no pienso detenerme- suspiró, chocando su pelvis contra el trasero de Yulia, muy a lo heterosexual, pero le gustaba sentir su trasero, más ahí.



Yulia ya estaba nerviosa pero eso la puso más nerviosa y nervios y alcohol no se llevan muy bien porque se pelearon en el Kindergarten. Lena realmente no paró de embestirla hasta que Yulia logró abrir la puerta y empujarla, que fue cuando se irguió para no despegarse de Lena y pasó sus brazos por la cabeza de Lena, tomándola por el cuello, mientras Lena recorría a Yulia desde sus muslos hacia su abdomen por la parte delantera de su vestido, levantándolo casi completamente; gracias a Dios que era ajustado y no la dejó ir más allá.



Yulia le tomó la mano a Lena en cuanto ya se hacía camino hacia abajo, hacia su entrepierna, qué bueno que aquella noche medían lo mismo, pues Yulia en diez centímetros y Lena en quince, estaban al mismo nivel; de eso se aprovechó Yulia para no sobre esforzarse en cuanto a flexionar las rodillas por mucho tiempo, doloroso en Stilettos, y, halando a Lena hacia el interior del apartamento, todavía con sus vestidos mal puestos, es decir, subidos, la atrapó nuevamente contra la primera pared que vio al cerrar la puerta. Y así rebotaron, de pared en pared cual Pinball, hasta que Yulia la arrinconó contra el frío ventanal, por el que se apreciaba Central Park, haciendo que Lena gimiera de un quemón por frío. Qué hermoso se ha de haber visto por fuera, un trasero perfecto pegado a una ventana, más cuando Lena abrazó a Yulia con sus piernas por su cadera y se detenía, con sus brazos estirados, de la barra de las cortinas.



Después de unos momentos, Yulia se cansó de sostenerla y se aburrió de no poder tenerla desnuda frente a ella para hacerla suya, la hizo ponerse de pie y, de un movimiento, deslizó el hombro del vestido de Lena hacia afuera, dejando que cayera de golpe sobre el suelo, dejándola únicamente en sus Stuart Weitzman Gloso negros, con sus pantorrillas tonificadas. Lena le dio la vuelta a Yulia, deslizándole, lentamente, la cremallera de su vestido hacia abajo, deslizando las mangas hacia afuera y dejando que éste cayera también sobre el suelo; ahora estaban en las mismas condiciones: ambas sólo en sus Stilettos. Aquel taconeo sobre el piso de madera probablemente molestó a Mr. Smith y a Mrs. Brock, los respectivos dueños de los apartamentos que estaban bajo el de Yulia, pero, sin que eso las detuviera, sustituyeron el taconeo por los gemidos y los gritos que, proviniendo del comedor, se escuchaban hasta el pasillo.



Y todo era que Lena había logrado tener el control sobre Yulia en cuanto la había acostado sobre la mesa del comedor; había abierto sus piernas y se había aventurado en una delicia para su paladar en su entrepierna mientras ella, muy cómodamente, permanecía sentada en una de las sillas, todavía se daba el lujo de cruzar sus piernas cual Señorita. La manera en cómo se comía a Yulia mientras le clavaba la mirada en la suya, las veces que Yulia lograba abrir los ojos, no tenía palabras, era penetrante y lujuriosa, demostrándole que podía comérsela a su gusto y provocarle tantos gemidos como se le antojaran. Claro, Yulia se encargaba de jugar un poco con sus senos, agudizando su sensibilidad al roce de sus pezones y, cuando Lena clavó sus dientes en su monte de Venus y paseó su lengua rápidamente de arriba abajo, empujando levemente hacia arriba su clítoris, Yulia logró explotar en un orgasmo de película; elevando su trasero, temblando sus piernas, apretujando sus senos y jadeando entre dientes con su abdomen agitado mientras atrapaba la cabeza de Lena entre sus muslos, haciendo que Lena riera entre su mayúscula ebriedad, ahogándose entre el calor de Yulia



- Tu…dijiste…que…esperabas…cog*r…mi cuerpo- acezó entre respiraciones cortadas con una sonrisa. Lena la veía confundida. Abrió sus muslos para liberar la cabeza de Lena y recibir un beso en sus labios, labios que desataban un leve hormigueo por los besos anteriores y gemidos que desembocaban en los labios de Lena al roce de su vientre contra su sensible entrepierna.



Lena besó el cuello largo y esbelto de aquella rusa, devorándose su Guerlain Insolence con sus sentidos. Bajó por su pecho, y se concentró unos momentos en aquellos senos de buen tamaño y de buena complexión; masajeándolos delicadamente con sus manos mientras sus labios se encargaban de besar aquellos rígidos pezones que se deslizaban entre sus dientes.



- Vas a hacer que me venga de nuevo- jadeó Yulia, sosteniendo a Lena en su seno izquierdo, presionándola para sentir más directo el mordisco en su areola.



Y Lena sonrió, halando su pezón entre sus dientes para volver a atraparlo con sus labios y succionarlo tal y como a su lengua le fascinaba, todo porque sentía aquella lisa textura rozarle sus papilas, y le sabían dulces, tal vez era por el olor difuminado a aceite de coco que tenía, “tan rico…tan Yulia”, pues era la única fragancia que no opacaba ni distraía el perfume que estuviera utilizando. Cambió de pezón y Yulia, entre dientes, sintiendo la intención de Lena por el roce de su abdomen contra su entrepierna, se dejó llevar como las otras veces, sintiendo sus sentidos aflorarse sólo para estallar en un gemido tembloroso que se esparció por todo su cuerpo.



- Gimes demasiado…hasta podría ser mentira- rió Lena a carcajadas, haciendo que Yulia se riera también y estuviera al borde de un colapso pulmonar pues exhaló más aire del que podía.



- Tú no eres muy callada tampoco, no te quejes…- murmuró, peinando el flequillo suelto de Lena tras su oreja. – Además…eres la primera persona que me hace gemir, es involuntario…- sonrió, volviendo a recostarse sobre la mesa, el cuello ya le dolía un poco.



Lena sonrió, besándola en donde sus besos esporádicos cayeran, nada planeado, simplemente estaba pasando, así como lo de ellas, a ellas les había tocado enamorarse por muy “malo” que eso fuera, el que lo catalogue así es porque no lo ha vivido. Lena recordó el estribillo de la canción de Christina Aguilera y, como la canción decía, se propuso “fuck” a Yulia, algo que Yulia misma había, entre una insinuación clara, pedido también. Se despegó de Yulia, volviendo a sentarse, sólo para apreciar aquella imagen estática de Yulia y sus piernas abiertas, rodillas más alto de lo normal por todavía tener puestos sus Louboutin, cosa que encendía aún más a Lena. Se acercó de nuevo, cruzando sus piernas por debajo de la mesa y, recorriendo la delicada vulva de su novia con su dedo del medio, de arriba abajo, le hizo a Yulia más que unas simples cosquillitas. Introdujo su dedo en su vagina y la penetró suavemente, para luego acompañar a ese solitario y complaciente dedo con el dedo índice, arqueándose al entrar de golpe en su vagina; penetración a fondo pero suave, que cada vez escalaba y, Lena, succionando los labios menores de Yulia y bromeando con su clítoris con su lengua y, a veces, con sus labios, logró que Yulia pujara con fuerza, expulsando sus dedos fuera de ella y gritando un “Mierd*!” agudo mientras jugaba con su ahora alocado cabello, su rostro complacido, adornado por una sonrisa sonrojada y esos ojos cerrados, cuyos párpados estaban maquillados de negro difuminado por el sudor que ahora se materializaba sobre aquella piel morena, sobre aquel pecho coloreado de un rojo escarlata.



“Nunca creí que el sudor fuera tan sexy” sonrió Lena, dándole exactamente veinte segundos a su jefa para recuperarse de aquel rápida-y-jodidamente-intenso-alcanzado-orgasmo. Volvió a pasar su dedo de en medio por su vulva, de arriba abajo, haciendo que Yulia se sacudiera levemente al roce de su excitado y sensible clítoris. Bajó un poco más hasta su perineo y lo acarició de izquierda a derecha en aquella diminuta dimensión, sólo para bajar un poco más y llegar al agujerito que realmente le interesaba acariciar y, con círculos concéntricos y presiones alternadamente suaves y un poco más profundas, se las arregló para meter su dedo lentamente, tan lento que Yulia imploró piedad; era como una tortura que Lena disfrutaba.



Mientras Lena reía maléficamente a carcajadas en su interior por ver la calidad de lujuria que poseía a su novia, decidió subirlo un nivel más en cuanto, con su dedo índice, empezó a burlar su vagina con la punta de su dedo, apenas penetrándolo con la punta de su dedo, haciéndole círculos presionados al compás de su otro dedo. Yulia exhalaba divertida, porque el alcohol le había dicho que reírse estaba bien cuando jugaban así de grosero con ella, más con su placer, cosa que a Lena le daba risa también, exteriorizando sus carcajadas al ver que Yulia simplemente reía tras todo “Oh, my God” o después de cualquier “Fuck”. Los jugos de Yulia simplemente se habían desplazado hasta la mesa, en donde empezaba a sentir un tanto más fácil deslizarse con su trasero, lo que le apenó y se ruborizó, actitud que olvidó en cuanto Lena dejó de burlarse de su vagina y empezó a presionar también, con ese dedo, la entrada de su ano.



- Shhh…- le dio un beso a su dedo índice antes de que empezara a empujar. – Relax…- susurró, besando la parte interna de sus muslos, en cuanto notó que Yulia se contraía por la sensación.



Y Yulia apreció la molesta sensación del dedo de Lena adentrarse en aquella zona angosta, una molestia que daba calor, que quemaba, pero que, a medida que el dedo avanzaba en su canal, el calor se disipaba y se tornaba en un cosquilleo placentero, todavía febril, pero era una sensación que agudizaba su estado físico, como si ese placer, que se confunde a menudo con dolor, activara no sólo sus terminaciones nerviosas en aquellos puntos sexuales, sino cada célula receptora de su piel, haciendo de los besos de Lena en sus muslos, que eran húmedos y un tanto ruidosos y sensuales, se sintieran como balas de amor y pasión. Yulia sentía aquellos dedos colmarla, ejercer presión en todo su interior que, cuando Lena introdujo su dedo índice izquierdo en su vagina, sintió cómo su G-Spot era víctima de un roce celestial que, después de veintisiete segundos de penetración vaginal y silencio funesto de parte de Yulia, gritó como si proclamara su propia independencia, expulsando en aquel aliento candente el alivio de aquella presión, que también se liberaba por medio de una eyaculación minúscula que Lena intentaba frenar, aunque más bien jugaba con ella al pasear sus tres dedos de lado a lado, rozando el clítoris de aquella descontrolada mujer que gemía como si estuviera en el cielo viendo el mundo venirse abajo.



Aquello de “fuck your body” estaba siendo cumplido de manera literal, ah, pero la que le esperaba a Lena. Retiró sus dedos de la cavidad anal de Yulia para llevarlos a sus labios y saborearlos mientras aquella tumbada mujer reposaba ahora sus piernas colgando de los bordes de la mesa. Yulia intentó erguirse una vez y cayó recostada de nuevo sobre la mesa, era como si sus músculos todavía no se recuperaban de aquel excelso orgasmo. Intentó de nuevo y, lográndolo sin emitir un quejido, se puso de pie, cosa que habría preferido no hacer, pues sintió como si millones de alfileres se le clavaran en las plantas de los pies, quizás por el orgasmo, quizás por los Stilettos, quizás por la combinación de ambas. Arrojó sus Louboutins como si les tuviera odio, porque en realidad les tenía odio en ese momento.



-¡Los voy a incinerar, artificios del demonio!- rió, señalando a los Louboutins tirados en el suelo mientras daba unos pasitos bajo el dolor de sus Falanges y sus Metatarsianos. Lena rió suavemente a través de su nariz ante la actitud imperativa de Yulia, como si estuviera regañando a los Stilettos.



- Si te das cuenta que les estás hablando a tus zapatos, ¿verdad? – rió Lena a carcajadas.



- Joder…en escala del uno al diez, estoy “The Hangover” de ebria- se carcajeó, deteniendo su abdomen entre sus manos.



- Sí, ya cuando hablas con los muebles y con los zapatos es porque ya te convertiste en San Martini- Lena era una carcajada con piernas, cosa que demostraba que estaba en la misma categoría de ebriedad de Yulia.



Lena se puso de pie, todavía riéndose y, quitándose sus Weitzman, caminó hacia Yulia para ponerse un tanto en puntillas, abrazándola con sus codos por el cuello, para plantarle un beso risible y ridículo, con el que trató de decirle, literalmente a su garganta con la suya, cuánto la amaba.



- Llévame a la cama- susurró Yulia mientras intentaba morder el labio inferior de su pelirroja. – No me funcionan las piernas- dijo, tan bajo que sólo Lena podía escuchar, casi ni ella misma se escuchaba. – Y es tu culpa…- sonrió, atrapando el labio de Lena entre sus dientes.



Lena se dio la vuelta, le tomó los brazos a Yulia y los colocó rectos sobre sus hombros y, acercándola a ella con sus manos por sus caderas, la tomó por los muslos mientras Yulia daba el típico saltito para subirse en su espalda; por supuesto que iba muerta en risa mientras Lena, la pobre de Lena, daba los veintiún pasos necesarios para darse la vuelta y tumbar a Yulia sobre la cama, cayendo ella encima de su novia, apretujándole el abdomen y vaciándole el oxígeno mientras Yulia reía y la aprisionaba con sus piernas y sus brazos.



- Pesas como un efelante- rió.



- Repite conmigo…E-LE-FAN-TE- y ambas se carcajearon de nuevo.

– Lena, Lena, Lena…- suspiró Yulia. - ¿Qué voy a hacer contigo?



- Repite mi nombre- murmuró, cerrando sus ojos mientras, entre sus piernas juntas y aprisionadas entre las de Yulia, sentía los dedos de su violadora introducirse entre su empacado sexo, haciendo de sus caricias algo realmente distinto, como si fuera mil veces más intenso. – Me gusta cuando lo dices…- dijo, con su voz mimada entrecortada y suspendida por un suspiro.



- Elena…- susurró Yulia al oído de la dueña de aquel nombre, una “E” lasciva, una “le” que parecía tener una “h” imaginaria a continuación, una “n” cruda pero larga, y una “a” que terminaba en un suspiro.



Y Lena, ante la sexualidad que Yulia derramaba sobre su nombre, junto con el dedo de Yulia que recorría su clítoris en distancia de milímetros de arriba abajo y sus dedos de la mano izquierda que jugaban con sus senos y sus pezones, Lena estalló en un orgasmo intenso mientras rozaba su hermoso trasero contra la pelvis de Yulia. Esperó a que Lena recuperara un poco el aliento y, cobrándose sus cuatro-seguidos-orgasmo-que-la-mataron, tumbó a Lena a un lado, halándola de las piernas y abriéndola a su gusto, tanto vertical como horizontalmente.



- Te voy a comer sin piedad- sonrió, con esa sonrisa de venganza, la que la hacía sonreír más por su lado derecho y que mostraba levemente su dentadura brillante mientras su ceja derecha se elevaba y se arqueaba con cierta peculiaridad.



La Licenciada Katina, ante aquella enunciación directa, cruda y cruel, gimió como si Yulia realmente se la estuviera comiendo, pero sólo clavaba la mirada en la suya…y tal vez porque había topado su pelvis contra su sexo. Yulia recorrió el cuerpo de Lena, entre su torso recostado y sus piernas abiertas, con deseo, con inanición, como si por donde pasara la mirada era el equivalente a un lametón en el clítoris de Lena; una respiración cortada, la miraba con placer y deleite; un gemido suave, recorriendo sus pezones rosado pálido, respingados y perfectamente rígidos por la excitación; tragando duro y amplio. Y Yulia comenzó a besar a Lena desde sus pies hacia su interior, hacia su centro, y era como si sonara “Libertango” en el fondo, besos suaves y lentos seguidos por besos y mordidas agudas y rápidas, deslices con la lengua, cortos y largos, Lena que no creía lo que aquella mujer la ponía a temblar.



Sí, definitivamente era Piazzolla el que mejor describía esa escena, aquellos roces con su lengua, con sus dedos, las miradas penetrantes, la tensión, la temblorosa Lena, la reafirmante Yulia Llegando a su sexo, después de la parte más aguda que cesaba antes de los dos minutos de aquella pieza y en la que Lena imploraba piedad, se desataban las notas dulces en cuanto Yulia besaba y lamía sus labios mayores, besaba de arriba abajo con locura, pero luego volvía a acelerarse y a reforzarse; Yulia atacaba a Lena con su lengua y sus dientes al ritmo mental de aquella melodía, encargándose del placer de su mujer: clítoris, vagina y ano, sin pena y sin prejuicios, sólo antojos para los sabores más exquisitos del mundo. Lena que ya no sabía por qué gemir, si por el erotismo de su mujer, por el placer, por todo junto, ¡ah!, sólo gemir, eso era lo que quería, exteriorizar sus temblores internos, sus contracciones. Escaló, tanto el sexo como la melodía, en cuanto Yulia penetró su ano con un dedo, sintiendo su calor rodearlo y, penetrándola un tanto rápido pero suave, más su lengua por su clítoris a tal extraordinaria velocidad, Lena respirando más rápido y cada vez menos, Yulia metió su dedo índice en su vagina y, en cuestión de cuatro penetraciones en ambos agujeros, una descarga orgásmica del tamaño de la explosión del 6 de Agosto de 1945 en Hiroshima se volvió a vivir en el edificio 680, en la calle 62 sobre Madison Avenue, Nueva York, y en el 2013. Yulia, al igual que “Libertango” en vivo, por su intachable ebriedad, aplaudió de la emoción ante la proeza de orgasmo que vivía Lena en carne y hueso frente a su mundo coloreado de verde.
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Sep 19, 2014 11:36 pm

- ¡Yulia!- gritaba Natasha. – Espera!- gritaba, tratando de mantener el paso apresurado de Yulia, el que iba contra la marea de gente en el Fumicio. Yulia se detuvo de golpe y Natasha y Phillip se tropezaron con aquella menuda espalda. – Parece que te vas haciendo pis- suspiró Natasha, tratando de recuperar el aliento, para darse cuenta de lo que había dicho y estalló en una carcajada junto con Yulia y Phillip.



- No me voy “haciendo pis”, Ella Natasha, simplemente me estresa toda la gente, me sofoca- dijo, afianzando, a la manija de su carry-on, el agarradero de su bolso negro. - ¿Dónde está Lena?



- Aquí estoy- dijo, emergiendo atrás de Yulia con una sonrisa con camanances.



- Bien- exhaló la Arquitecta, sonriéndole y reanudando el paso.



Yulia realmente estaba nerviosa, sentía que hiperventilaría en el momento en el que su mamá conociera a Lena, el momento en el que inhalaran el mismo oxígeno, que compartieran el mismo espacio, aunque también se preocupaba por las demostraciones de afecto entre Natasha y Phillip en público que, de un tiempo acá, parecía que no les importaba, como si la palabra “compromiso” les viniera en gracia y les diera libertad para no disimular su deseo. Lograron llegar a migración, en donde sólo Natasha y Phillip fueron retenidos por una fila de quince minutos mientras a Yulia y a Lena simplemente les marcaban la entrada a la Unión Europea, puerto Roma, en sus respectivas Identificaciones. Recogieron el equipaje, risible para Yulia pues, a pesar de ser mujer y lo que eso estereotípicamente implicaba, viajaba relativamente ligero, pues sólo llevaba su carry-on, igual que Lena, mientras que Natasha, como que si había llevado su clóset entero: un carry-on de cabina, un Duffel y un carry-on de equipaje, mientras Phillip, como todo buen hombre, se encargaba de lo que Natasha no podía manejar y todavía se encargaba de su propio Duffel. Salieron de la Terminal y se quedaron parados unos momentos.



- Sabes, ahí están los Taxis- sonrió Phillip al oído de Yulia mientras ella veía con escepticismo el panorama.



- Yo sé qué es un Taxi y cómo se ve…más en mi ciudad- su tono era como de enojo, de desesperación.



- ¿Qué esperamos entonces?- preguntó Don Testosterona.



- Dame un minuto para respirar, ¿quieres?- murmuró, levantando su mano y colocándose sus Walnut Aviatior a los ojos para distraer a sus acompañantes de su mirada de querer matarlos a todos por igual, o tal vez sólo se quería matar ella.



Phillip dio un paso hacia atrás y se dirigió de hombros encogidos hacia Lena que fumaba un cigarrillo con Natasha a la par de un basurero. ¿El encendedor? Pues Lena se había extraviado en el aeropuerto en busca de una cajetilla de cigarrillos y un simple encendedor que le había costado casi un riñón. Una X3 vermilion metálico se aparcó frente a Yulia mientras ella, distraída, buscaba su teléfono en su infinito y profundo bolso Balenciaga negro, y, Phillip, viendo la escena de reojo mientras sacaba un cigarrillo de la cajetilla, vio salir a una mujer un tanto baja, alrededor del 1.60, de cabello rubio claro y liso hasta un poco por arriba de los hombros, vestida en una blusa negra ajustada de las mangas y holgada del torso; estilo murciélago, pantalón beige un tanto ajustado hasta los tobillos, Mocasines café oscuro de cuero; una señora en forma pero ya acorde a su edad, que no se podía describir su rostro por sus oversized sunglasses que dejaban ver, claramente, el encaje de las “F” que eran para Fendi. Yulia levantó la mirada y, quitándose sus gafas, se arrojó a su mamá con alegría, como si tuviera una vida de no verla.



- ¡Mami!- gritó, riendo mientras la abrazaba por los hombros y la mecía de lado a lado en aquel fuerte abrazo.



- Tesoro- sonrió, enseñando la misma sonrisa perfecta de Yulia al aire sin notar a los tres recluidos ahogarse en el humo de sus cigarrillos de la impresión, de ver cómo Yulia se le arrojaba a su “mami” para abrazarla. – Perdón el retraso, tuve un problemita que ya solucioné- sonrió, tomando a Yulia por su mejilla derecha entre sus nudillos para luego darle un beso en ambas mejillas. Yulia, ante la felicidad de ver a su mamá, sólo podía sonreír. La volvió a abrazar, para luego, con una sonrisa, apartarse y llamar a los ahogados recluidos.



- Mamá…- suspiró. – Ella es Natasha, mi mejor amiga- y Natasha le cayó con un abrazo, al fin conocía a la mujer de la que había salido aquella perfecta amiga. Larissa le respondió el abrazo. – Él es Phillip, el novio de Natasha y creo que mi mejor amigo también- dijo, volviendo a ver a Phillip con una sonrisa mientras Phillip le daba un beso en su cabeza y luego abrazaba a Larissa así como Natasha. – Y…ella, mamá…-dijo, tomando a Lena de la mano y, Lena, coloreada de rojo comunismo por la pena y el nerviosismo, dio un paso hacia adelante con una sonrisa tímida. – Es Elena…mi novia- y, aquellas palabras salieron tan fácil como había sido el parto de Yulia, iluminándole el rostro a Larissa, que fue ella quien abrazó a Lena.



Phillip y Natasha veían aquella escena con una sonrisa de éxito, viendo que Larissa aceptaba a Lena, en un principio la sexualidad de Yulia, pero al mismo tiempo les daban celos porque ellos no habían recibido un abrazo así de caluroso, pero les alegraba lo otro.



- Es un gusto, Elena- murmuró Larissa al oído de Lena mientras le paseaba su mano por su espalda.



Larissa se despegó de Lena y le dio un beso en cada mejilla, luego, abrió la cajuela del auto para que Phillip, como todo un caballero y no sólo en frente de Larissa, metiera el equipaje. Yulia le arrebató las llaves a su mamá de la mano y, metiendo a Phillip en el asiento del copiloto, metió a Larissa entre Natasha y Lena mientras ella se dedicaba a llevarlos hasta Castel Gandolfo, pues Yulia acostumbraba a conducir más rápido y más intrépido, lo cual le serviría para: o ahorrarse el silencio incómodo, o acortar la incomodidad de la conversación en caso de que hubiera una.



En realidad mamá tiene que llevarse un Oscar, si es que estaba actuando, porque le preguntó a Phillip qué hacía en su trabajo, a Natasha cómo iban los preparativos de la boda, a Lena sobre su vida, creo que sólo se esforzó por socializar con mis amigos y con mi novia. Lo más gracioso fue cuando mamá les preguntó a los tres si comían de todo, y ellos dijeron que sí; cosa que tienen que aprender: primero preguntar antes de responder, pues mamá les jugó la broma de que había hecho lasagna de hígado de cabra, que tuvieron que haberle visto la cara de Phillip, como si hubiera visto a la Calaca, la de Natasha se tornó verde, y, Lena, sólo por agradar, le respondió con un “suena delicioso”, que fue cuando mamá ya no pudo más, yo tampoco, y tuvimos que reírnos. El color le regresó a Natasha en cuanto mamá les dijo que esperaba que tuviéramos hambre porque nos esperaba un poco de rodaballo al limón y a la mantequilla y un poco de risotto con langosta, y, de postre, unas empanadas de Mascarpone y crema de avellanas.



Yulia se aparcó sobre aquella grava gris, exactamente frente a la puerta principal, una puerta doble y café que estaba abierta de par en par. Era una casa que, a ese nivel, tenía dos pisos pero tenía dos más hacia abajo, con una fachada muy a lo italiana; arbustos verdes rodeando aquella estructura un tanto naranja, un ciprés verde oscuro guardando la puerta a cada lado. Cruzaron la puerta entre sonrisas y cargando cada quién con su equipaje, Larissa se dirigió a la cocina, diciéndole a Yulia que los acomodara en las habitaciones que habían acordado. Los tres veían de arriba abajo la casa, examinándola con cuidado y con cero-disimulo, paseándose por los pisos de roble rojizo y viendo que, desde la puerta principal, se alcanzaba a ver el lago Albano a través de un ventanal inclinado que recorría las escaleras hacia abajo en el mismo ángulo. Pasaron viendo la cocina, que se resumía en una enorme cocina de gabinetes de roble rojizo, igual que el piso, con encimeras de mármol negro. De largo hacia la derecha, vieron varias puertas, asumiendo un clóset, un baño y algo más.



- Bueno, decidí dejarlos en la habitación de huéspedes porque mamá duerme arriba y así pueden tener sexo tranquilos- rió Yulia, sonrojando a los futuros Señor y Señora Noltenius. – Sólo dejen las cosas, les voy a dar un tour por la casa para hacerle tiempo a mamá- y esperó, junto con Lena, quien admiraba aquella habitación sin oxígeno de la impresión. Era la única habitación del lado izquierdo del pasillo.



Era una habitación no muy grande, ni muy pequeña, pero tenía la cama al centro, a los lados unas puertas corredizas que daban salida a una pequeña terraza para admirar el lago Albano, un built-in-clóset al lado izquierdo, todo de madera, a la derecha una puerta que daba a un baño y, a nivel de la puerta, había una pequeña sala de estar: dos sillones de suelo, un sofá, todos en negro a juego con la coherencia de la habitación y una pequeña mesa de café a suelo. Subieron las escaleras de madera para llegar a un pasillo nada más, que todo se deslizaba hacia la derecha, que únicamente tenía un espacio con aire de oficina; un par de libreras, archiveros, un escritorio, una silla, ventanas hacia el Lago Albano. El techo era ahí un poco más bajo, pero seguía siendo alto. Pasaron la primera puerta izquierda, que Yulia indicó que era un medio baño y abrió la siguiente puerta, pasando la oficina, a la derecha: su habitación, que era más grande que su habitación en Manhattan, pero por obvias razones y por el tipo de distribución. Phillip se encargó del equipaje de Lena, quien juró que se quedaría con Yulia, y así era pero, en vista pública, dormirían separadas; qué dolor. Yulia indicó que la otra puerta del lado izquierdo era una bodega que estaba destinada a ser la habitación de Aleksei, su hermano.



Abrió la siguiente puerta del lado izquierdo, la habitación de Alina, su hermana, en donde Lena se estaría quedando, sin vista al Lago Albano, pero era por lo mismo, porque Alina nunca llegaba a casa. Una habitación un tanto femenina, risible y ridícula, pues era la única en la que Yulia no había tenido ni voz ni voto para decorar: todo en blanco liso y un lavanda más pálido que las camisas de Phillip, todavía con la cantidad exuberantes de libros de Enfermería que sólo estaban ahí para que Alina pudiera decir que había estudiado “algo”. Yulia le guiñó el ojo a Lena mientras Phillip dejaba su equipaje allí y salía a reunirse con sus mujeres.



- Y, bueno, ésta es la habitación de mamá- dijo, abriendo la puerta, la última puerta que era la que daba finalidad al pasillo y se concentraba en medio de él, abriendo al mundo una habitación espaciosa, del ancho de pared a pared para colocar un walk-in-closet al lado izquierdo por la falta de vista del lago Albano, una división de puertas corredizas para llevar a una enorme cama, a una sala de estar, a otro escritorio, a un par de máquinas para hacer ejercicios, a la derecha un tanto escondido, un baño completo; más que completo, y, a la derecha, puertas corredizas de vidrio para salir a una terraza que daba la mejor vista del lago, con una mesa y un par de sillas para que Larissa se sentara a tomar su café de la mañana junto con algún libro que escogía de alguno de los estantes por debajo del televisor.



Bajaron a la cocina, viendo que Larissa seguía cocinando el rodaballo en una sartén de cobre. Yulia los llevó hacia la primera planta baja, en donde, del lado derecho, había una sala de estar espaciosa junto con un bar en una esquina, a la izquierda la mesa del comedor que nunca utilizaban, más que Larissa para fin de Año cuando tenía invitados. Salieron por una puerta lateral que estaba detrás de uno de los sillones de la sala de estar y llegaron a otra terraza en forma de “L”, la misma en donde Yulia había tenido aquel encuentro “amoroso” con su papá, y se apreciaba el color de agua azul del lago; una terraza que rodeaba un pequeño jardín.



- Piccolo!- llamó Yulia, esperando a que llegara su Weimaraner, y llegó, tumbándola como la vez pasada y lamiéndole la cara sin cesar.



- Tú…¡tienes un perro!- exclamó Natasha, sorprendida porque nunca se imaginó a Yulia con una mascota que no fuera un pez Beta que nunca había tenido.



- Y se llama Piccolo, ¿Verdad? ¿Verdad?- reía, acariciándolo detrás de las orejas mientras Lena tomaba la bola de tennis con la que había llegado a por Yulia. Piccolo se detuvo y miró penetrantemente a Lena, pues era la bola de Yulia y de él. Empezó a gruñirle. – Piccolo, no!- demandó, levantándose y haciendo algo que para todos fue extraño: acarició la cabeza de Lena, luego la suya, luego la de Piccolo, luego le tomó la mano a Lena y la paseó por la cabeza de Piccolo tal y como Yulia lo había hecho, cosa que aquel Weimaraner tomó como una muestra de cariño, sabiendo que Lena era de fiar. Yulia tomó la bola de la mano de Lena y se la regresó a Lena para que Piccolo notara que estaba bien que ella la tomara, para que luego Lena la arrojara hacia el jardín.



- Yulia habla Canino- rió Natasha mientras abrazaba a Phillip por el costado.



- Algo así- sonrió Yulia, recibiendo la bola de Tennis de la boca de Piccolo para decirle con el dedo que ya no más y, sin un comando más, Piccolo se sentó. – Buen chico…- sonrió, palpándole la cabeza. – Ahora, abajo- dijo, entrando de nuevo a la casa, tomando a Lena de la mano, halándola hacia ella para tomarla por el costado mientras bajaban el último par de gradas que estaban pegadas a una pared, pues del otro lado había un estanque al que piedras le daban forma y una fuente movimiento.



Yulia corrió la puerta de madera hacia la izquierda y salieron a una pérgola, en donde había otro bar al lado derecho, una built-in-barbecue y, justo fuera de la pérgola, estaban un par de Chaise Lounges que estaban dirigidos a la piscina infinita que, en términos de vista, se unía con el lago. Yulia abrazó a Lena desde atrás por la cintura, y posó su mentón sobre su hombro izquierdo, inhalando su perfume hasta llenar cada rincón de sus pulmones.



- ¿Te gusta?- susurró, dándole besos en el cuello y apretujándola por su abdomen.



- Ahora veo a qué te referías con la vista…es impresionante- sonrió, posando sus manos encima de las de Yulia.



- ¿En dónde acaba el terreno?- preguntó Phillip mientras veía idiotizado a Natasha que estaba idiotizada por la vista.



- El terreno sigue hasta llegar al lago…si quieres más tarde podemos ir- sonrió, viendo a Phillip asentir.



- ¿Dormiré solita?- murmuró Lena mientras se despegaba de Yulia y la tomaba por su cuello con sus codos.



- Mi cama es un poco pequeña, yo me pasaré a dormir contigo, mi amor- sonrió, dándole un beso fugaz en sus labios.



- Me gusta más la cama pequeña…así estamos más juntas- sonrió, sonrojándose y viendo hacia arriba cual angelito y luego plantándole un beso a Yulia que duró lo suficiente como para que Larissa apareciera y las interrumpiera al aclararse la garganta.



- Ya está el almuerzo- sonrió Larissa, haciendo que Lena y Yulia se sonrojaran; el primer infraganti de muchos por venir.



Tomadas de la mano subieron hasta la cocina, en donde almorzaron por dos horas, entre risas y pláticas, devorándose lo que les pusieran enfrente como si no hubieran comido nunca antes. Phillip era el que menos participaba en la conversación y el que más comía, todo por estar pensando más allá de las cosas: “Yulia lo tenía todo aquí, allá vive en la miseria si lo compara con esto…esto es un paraíso en la Tierra. ¿Por qué dejarlo todo abandonado? ¿Por qué algo así? Más esta comida…” y sonreía ante sus pensamientos de lo deliciosa que estaba la comida, que casi le dice a Larissa que él buscaba una madre adoptiva que le cocinara así de rico como ella.



- Tesoro, ¿me ayudas con la alacena?- dijo Larissa mientras Yulia recogía los platos y los colocaba en la lavadora. Yulia asintió y se metió a la alacena con su mamá, sabiendo un tanto ya a lo que iba.



- ¿Quién va a decir algo primero?- susurró Natasha mientras veía a Phillip y a Lena. – Porque a mí me ha dejado sin palabras…



- Aparentemente tienes una novia bastante pudiente- rió Phillip viendo a Lena. – Y te quejas que lleva vida ostentosa en Manhattan- rió más fuerte, bromeando a Lena. – Lena…eso es un chiste con lo que tiene aquí



- ¿Chiste?- siseó Natasha. – Chiste se queda corto…ni siquiera la casa de mamá en Westport es así de grande…y eso que le costó quince millones más o menos…



- Bueno, bueno, pero esto es Roma, no es consumismo norteamericano- dijo Phillip, notando que Lena no decía nada.



- Tiene un perro…- dijo Lena viendo al vacío, como si eso fuera lo que más le había impresionado, que era realmente lo que más le había impresionado. – De nombre Piccolo…que de pequeño no tiene mucho…y lo hace para donde quiere…- Phillip y Natasha la veían divertidos. – Y mi suegra nos vio besándonos….- murmuró, empinándose su Mimosa de fresa, limón y albahaca.



- Ah, pero, ¿quién habla de suegra?- sonrió Phillip, haciendo que Lena se sonrojara.



- Él sabe que estás aquí- dijo Larissa, viendo a Yulia a los ojos en aquella alacena.



- ¿Cómo sabe?- el corazón de Yulia dejó de funcionar por un segundo.



- No sé, pero sé que no le dijiste tú…quería venir ahora a recibirte, le dije que estarías cansada



- ¿Sabe que vine con mis amigos?



- No sé- sonrió, acariciándole la mejilla. – Te lo digo para que lo sepas, porque de ser por mí, que no lo dejen entrar a la casa, puedo llamar a portería



- No vamos a pasar mucho tiempo en casa de todas maneras…- sonrió para no preocupar a Larissa, y no sabía por qué pero eso iba a pasar sí o sí y todo iba a terminar siendo una catástrofe.



- Bueno, Tesoro…- murmuró, abrazándola. – Es bueno verte después de tan poco tiempo- sonrió. – Por cierto, quiero decirte un par de cosas, no son malas, no te preocupes- rió, viendo que Yulia empezaba a colapsar de los nervios. – El Jaguar está lavado y listo para que lo uses, compré un par de botellas de vino tinto y de Champán, hice reservaciones en Roma Sparita para pasado mañana, para seis personas y ahora debo irme porque voy a tomar un café con Carmen, así descansan un rato y los llevas a cenar o nos juntamos en Vascello, yo ahí estaré a eso de las siete u ocho- concluyó, dándole un beso a Yulia en su frente. – Es más bonita en persona- sonrió, saliendo de la alacena para despedirse de los tres indiscretos.



- Son las tres de la tarde…- dijo Yulia, ajustando la hora en su Patek Complications café. – Yo digo que una siesta bien puesta y los llevo a conocer un poco la ciudad por la noche- sonrió. - ¿Qué quieren ver en Roma?- rió, dándose cuenta que era algo que no habían discutido antes.



- A mí no me vean…yo Roma lo conozco…- dijo Lena, limpiándose el problema de las manos y dejándolo en manos de Natasha y Phillip.



- ¿El Coliseo, el Coloso, el Vaticano, Piazza di Spagna; Trevi para que tiren la monedita hacia atrás?- rió Yulia.



- En realidad sólo queremos conocer el lado no turístico de Roma, todo eso ya lo conocemos- sonrió Natasha, inclinando su cabeza contra la de Phillip. – Venimos de vacaciones, no a caminar por la ciudad hasta dejar los pies en el adoquinado- murmuró, cerrando sus ojos. – Aunque la monedita suena bien- rió.



- Bueno, bueno, entonces sedentarismo será- sonrió Yulia, tomando a Lena de la mano. – Si quieren hacer uso de la piscina, adelante- dijo ya saliendo al pasillo.



- ¿Qué te dijo tu mamá?- preguntó Lena un tanto apenada.



- Que eres más bonita en persona…y que ya hizo reservaciones para los seis…¿estás nerviosa?



- No, tú ya conoces a mi mamá…te pareces a tu mamá, ¿sabes?



- No es primera vez que lo escucho, y me gusta parecerme a ella



- Y cocina muy rico- sonrió, un tanto sin aliento después de haber subido las escaleras.



- Y tú dudas de mi vocación de Chef, mi amor- rió. – Ahora…me voy a dar una ducha…- murmuró, abrazando a Lena por la cintura y acercándola a ella. – ¿Te duchas conmigo?- sonrió, dándole un beso en la frente mientras Lena asentía.



La haló hacia su habitación y, encontrándose con Piccolo dormido debajo de la mesa de dibujo, se metió al baño. Encendió el agua caliente, como siempre, y besó a Lena, tomándola por la cintura. Tenían cinco días de no tener ningún tipo de roce sexual debido a que la feminidad había decidido atacar a Lena y la había hecho desangrarse sin morirse, cosa que Yulia respetaba por motivos de sensibilidad. Además, Yulia recién entregaba la casa de los Hatcher en Boston y ya tenía construido el segundo piso de la casa de los Van de Laar en los Hamptons, el Penthouse de Meryl lo había entregado antes de tiempo para poder irse de vacaciones y había tomado Project nuevamente porque querían otro apartamento; cosa que a Yulia le molestaba porque ya no sería tan igual. Lena, por el otro lado, había terminado sus tres proyectos satisfactoriamente y había tomado el de la oficina de Phillip, que era cuestión de dos días para terminarlo. Se metieron a la ducha entre besos y caricias, masajeándose las espaldas por la tensión del viaje. Salieron de la ducha y, con las toallas enrolladas a sus pechos, se acostaron en la diminuta cama de Yulia, no sintiendo antes que la iban a quebrar por un ruido extraño que hizo el armazón.
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Sep 24, 2014 10:17 pm

Disfruten Very Happy





Sabes, hay algo que me dificulta mi existencia- rió Philip a través de su nariz mientras se metía a la ducha con Natasha luego de un asalto fugaz al congelador para comer un poco más.



- Quieres decir…que te mueres por saber algo y te pica por no saberlo, ¿verdad?



- Sé que los papás de Yulia son divorciados, pero nunca habla de ellos- dijo, obviando el comentario acertado de Natasha.



- Amor, tú no hablas mucho de tus papás, ni yo, ni Lena…es que no es tema de interés- rió.



- Sí, eso es cierto…- tomó el jabón en sus manos y lo frotó contra la espalda desnuda de su novia.



- Te imaginas, dos puntos: tú y yo, en la cama, teniendo sexo, y de la nada te cuento, inception-dos puntos: “Mi amor, sabes que mamá se hizo un Facelift?”



- Ya, ya- rió Phillip, pensando en que eso no había necesidad de decirlo porque se le notaba; que no quería decir que se viera mal. – Pero a veces, cuando sale sobre la mesa, es que su mamá aquí y allá…pero, ¿y su papá?



- Oye, mi amor- dijo Natasha, tomándolo por su flácida adjunción y halándolo un poco a manera de masturbarlo. – El señor es tema sensible…no vayas a ir ahí a menos que sea algo superficial, no le preguntes por qué no habla de él, nada más…



- ¿Por qué? ¿A caso es Voldemort o Saruman o Darth Vader?- rió, reaccionando fisiológicamente a las caricias de su prometida.



- Ay, Phillip, no preguntes que yo tampoco sé, cállate y cógeme rico- rió, halándolo un tanto más duro, haciendo que gruñera risiblemente. “Esos villanos son ficticios…ese es de carne y hueso”.



Y, como todo buen hombre, que le había prestado las pelotas en el momento en el que la besó por primera vez, y se las regaló comprimidas en ese Harry Winston que llevaba en su dedo anular izquierdo, hizo lo que su mujer le exigía: cogerla.

*

Yulia se despertó a eso de las cinco de la tarde, todavía había un poco de luz, pero ya no tanta. Volvió a ver a Lena que dormía todavía y, con mucho cuidado, se despegó de ella para vestirse a oscuras. Logró sacar una tanga de su clóset, pues no había llevado ropa para Roma sabiendo que ahí tendría, y, volviendo a deslizarse en su skinny jeans Cucinelli, en sus TOMS de cordellate marfil, su sostén blanco y una camisa celeste de cuello y botones a rayas rosadas y blancas, bajó a ver si Phillip y Natasha ya estaban despiertos, que no lo estaban. Encendió las luces, también la de la puerta principal, y, viendo que no había movimiento, aplaudió tres veces de una peculiar manera sólo para llamar a Piccolo y sacarlo al jardín a jugar un rato con él. Esperó a que Natasha reviviera, saliendo con su cabellera, ahora completamente cafe oscuro pues se preparaba para la boda, alborotada, la cual intentaba aplacarse con sus dedos, y un tanto congestionada de la nariz; así se despertaba siempre.



- ¿Phillip sigue muerto?



- No entiendo cómo puede dormir tan tranquilo y yo con el relajo de la boda en la cabeza 24/7- sonrió, sentándose a la par de Yulia y apoyando su cabeza sobre su hombro mientras Yulia tomaba la bola de tennis del suelo y la volvía a arrojar.



- ¿Qué te preocupa, amor?



- No quiero una boda convencional- suspiró, paseando sus dedos por sus párpados inferiores.



- Eso lo sé…pero, ¿qué te preocupa en realidad?



- Tengo cita para ver mi vestido al regresar, estoy entre dos, ¿te acuerdas?- Yulia asintió- Quiero que me acompañes…porque mamá insiste en que quiere el pomposo…pero me siento…gorda- suspiró, haciendo que las últimas palabras se desvanecieran con el viento. – No creo que Vera quiera que alguien se vea gorda en su diseño



- ¿Bromeas, verdad?- sonrió, abrazándola por sus hombros. – Has rebajado como quince libras, estás más flaquita que cuando te conocí…estás raquítica- rió, dándole la mirada a Piccolo de “ya no más” para que se sentara. – Serás la novia más hermosa de la historia- susurró Yulia, dándole un beso en el ángulo de sus labios, cosa con buenas intenciones. – Harás que el vestido de Vera se vea precioso en ti, me gusta que la has llevado a usar el encaje hasta el cansancio, no muy Vera Wang



- Aquí están- irrumpió Phillip. – Tengo hambre



- ¿Eso es novedad?- rió Natasha, haciendo que Yulia se carcajeara mientras acariciaba a Piccolo entre sus piernas.



- ¿Y Lena?- preguntó Yulia. - ¿No sabes si ya revivió?



- Sí, está en la cocina, a punto de asaltar el congelador- rió, cargando a Natasha como a un bebé entre sus brazos. – No me gusta que estés así de anoréxica…- susurró, cosa que Yulia todavía pudo escuchar.



Yulia se levantó y, pasando antes al baño para lavarse las manos, recogió sus cosas y avisó que se podían ir ya. Se subieron a aquel Jaguar XF color champán del 2010, con el interior en el mismo tono y se hicieron camino hacia la ciudad, en donde se juntaron con Larissa para cenar. Después de aquella magna cena, a la que Larissa invitó aunque Phillip quería suicidarse por ello, regresaron a casa sólo para caer rendidos, nuevamente, en un abrazo de Morfeo.

Se levantaron relativamente temprano y, a eso de las once de la mañana, ya estaban listos para regresar a la ciudad, sólo a arrojar la moneda, de espaldas, en la fuente de Trevi e ir a sentarse a las escaleras de la Plaza. Yulia hacía fila todavía para comprar su gelato favorito: una de fresa y una de limón, aunque sabía que regresaría por uno de Tiramisú y Stracciatella.



- Señorita, posso invitarti a un gelato; ¿una fragola, un limone?- dijo aquella voz típica de fumador empedernido. Yulia se petrificó. – Tesoro, no me dijiste que venías- sonrió aquella voz. Yulia sintió el tacto de aquella mano posarse en su nuca.



- Oleg…- suspiró. - ¿Qué haces aquí?



- Aquí vivo- rió.



- ¿No deberías estar trabajando, Papá?- dijo, a secas, sin volverlo a ver, haciendo de aquel “papá” como un puñal.



- Mi oficina queda ahí por si no te acuerdas- dijo, señalando hacia arriba, a una de las ventanas, aunque Yulia no quiso darse la vuelta. - ¿No me das un abrazo?- “Exactamente, papá, no te lo doy.”



- Yul, otro de avellana y crema, ¿me haces el favor?- dijo Phillip, alcanzándole dos euros a Yulia sin darse cuenta que tenía compañía. La mirada de Oleg se iluminó, “por fin un novio decente”.



- ¿No nos presentas, Yulia?- sonrió Oleg, ejerciendo presión con sus dedos en la nuca de Yulia, que a Yulia le dolía.



- Phillip, él es mi papá, Oleg…- murmuró incómodamente mientras Oleg le estrechaba la mano con una sonrisa idílica a Phillip.



- Phillip Noltenius- se presentó, con la misma sonrisa, pues al fin conocía al hombre que había concebido, junto con aquella graciosa y excelente mujer, a Yulia.



- ¿En qué trabajas?- preguntó Oleg, algo que probablemente, o al menos yo, no pregunto de buenas a primeras.



- Soy consultor financiero, hago consultorías para el CitiBank, el BNP y para el Banco de Santander en Nueva York- mientras la fila avanzaba, Yulia sólo quería que esto se acabara. La sonrisa de Oleg crecía cada vez más. - ¿Y usted?- por educación se pregunta.



- Asesor financiero del gobierno



- Yulia, no me dijiste que estábamos en el mismo gremio- bromeó Phillip, no sabiendo cómo eso sonaba. – Aunque, claro, yo soy apolítico- sonrió.



- Es lo mejor que puedes hacer, a Yulia no le agradó que me metiera en la política, ¿verdad, Tesoro?- y la vena de la cabeza de Yulia, esa que tiende a saltarse, estaba a punto de explotar del enojo. Yulia al fin pudo ordenar los gelatos mientras de reojo veía a Lena y a Natasha reírse y sin darse cuenta de lo que pasaba. – Bueno, yo me retiro que debo regresar a la oficina- dijo Oleg, dándole un beso a Yulia en la cabeza. – Un piacere, Filippo- le estrechó la mano y caminó en dirección opuesta. Vio de reojo cuando Yulia tomaba del brazo a Phillip, así como solía hacerlo siempre, aunque, para Oleg, eso significara otra cosa: no cabe duda que el ignorante vive más contento.



El episodio no se le olvidó a Yulia, pues se había quedado con esa inquietud, aunque al menos creyó que Phillip era su novio, hasta que se juntaron a un almuerzo tardío con Larissa y Carmen, la mejor amiga de Larissa, que era casi como su hermana, Yulia la llamaba “tía”, sólo cuando le convenía. Carmen descifró, en menos de tres segundos, que Yulia y Lena eran algo más que amigas, pues, muy disimuladas ellas, se habían tomado la mano por debajo de la mesa y, cuando Carmen botó el salero, a propósito, Yulia levantó su mano derecha, que estaba entrelazada con la de Lena, para recogerlo, pero no alcanzó a librarse de los dedos de su hermosa pelirroja; se pusieron en evidencia. Carmen era quince años menor que Larissa, pero trabajaban juntas, si es que trabajaban, venía de Petrer, Alicante; una “Señora” agradable y graciosa, a quien Yulia solía molesta con un “Doña Carmen”; que tenía un humor de espinas que a Phillip le costaba entender; más cuando era de burlarse, por la cantidad de comida que ingería, y él ni por enterado que era burla de él, aunque Yulia y Natasha se morían de la risa, pues aparentemente ellas sí comprendían.



Caminaron unas horas por la ciudad hasta el anochecer, Phillip comiéndose un gelato en cada gelatería que veía en su camino: que eran demasiadas, y era sólo porque estaba nervioso por la boda; era su manera de lidiar con los nervios; hasta pasaba por mujer en ese sentido. Lena y Yulia caminaban tomadas de la mano, a veces, mientras esperaban a Phillip pedir, con dificultad inmensa, como si fuera curso básico de “Ciao, Italia!”, un gelato, se besaban cortamente frente a Natasha, a quien le iluminaban la mirada con cada beso, con cada muestra de cariño, pues nunca se imaginó a Yulia enamorada; al menos no así, y tampoco se imaginó la persona que podía enamorarla, bendito sea el momento en el que, ebria, le dijo a Yulia que lo intentara con Lena la noche aquella de la fiesta de Misha.



Se dirigieron a “Fortunato al Pantheon”, uno de los lugares más chic para comer en Roma, en donde Yulia siempre había pedido lo mismo desde que tenía memoria: Gnocci ai pomodoro e quattro Formaggi. Después de dos horas de risas, burlándose de Phillip por el episodio de Doña Carmen, unas cuantas botellas de vino, mucha comida y un tiramisú, se dirigieron a casa, no sin antes Yulia preguntar: “¿No quieren conocer la vida nocturna romana?”, para que todos dijeran que “NO”, pues la edad ya les había entrado antes de tiempo; ¿qué hacen unos ancianos de casi treinta en un club?, mas no sabían que Europa funciona un tanto distinto a América, pero no habían viajado a Roma para ir a hacer lo que podían hacer en Marquee, o en Masa. Se sentaron a la piscina, metiendo los pies en el agua tibia, y tomando vino, se les pasó la noche, llegando hasta el amanecer despiertos y, con cinco botellas de Brunello di Montalcino repartidas en aquellos cuatro sistemas circulatorios, se metieron a la cama en la menor de las habilidades motoras de tener alguna clase de sexo. Larissa, a eso de las nueve, salió directo al Vaticano un tanto nerviosa, pues conocería a su consuegra, pero, antes de salir, se dirigió a la habitación de Yulia para no encontrarla y fue cuando supo dónde estaría; en la habitación de Alina, que, entrando, vio a su hija y a su nuera, en las ropas del día anterior, con los labios un tanto rojizos, hasta púrpuras por el vino, Yulia descansaba sobre su costado y Lena la abrazaba por encima de sus brazos, encajando perfectamente a su posición fetal entre aquella mezcla de cabello rojizo y negro alborotado.



Lena se despertó alrededor de las cuatro de la tarde, todavía con Yulia entre sus brazos. Respiraba ligeramente a través de su nariz, tenía sus manos tomadas entre ellas como en un torniquete y pegadas al pecho, su camisa se había subido un poco y su jeans se había bajado un poco por falta de cinturón; daba una perfecta vista de ¼ de trasero y media espalda. Lena paseó su mano izquierda por la desnuda piel de Yulia, rozándola con sus dedos y acariciándola, su mano tomando la forma de cada curvatura, de cada hueso saltado de su cadera. Yulia se alborotó ante este roce, pero no se despertó, simplemente se movió y se colocó sobre su espalda, pasando su brazo izquierdo por encima de su cabeza y su brazo derecho sobre su pecho. Lena se arregló su cabello y se lo recogió en uno de aquellos moños que Yulia le había enseñado, de aquellos que no necesitaban una banda, y viendo el abdomen de su mujer, estirándose y encogiéndose por la respiración, la recorrió con la mirada, admirando su ombligo; pequeño, bajando por su vientre hasta los comienzos de su monte de Venus, pues hasta ahí se le había bajado el jeans, sólo la tapaba aquella tanga de spandex de PINK color piel.



La Licenciada Katina se colocó sobre Yulia, a la altura de sus pantorrillas, y, apoyándose con sus manos, se acercó a su tibia piel con su nariz y sus labios, recorriéndola de arriba abajo, inhalando aquella fragancia de su típica aceite de coco ya absorbida y difuminada, llegó hasta su monte de Venus e inhaló profundamente aquella deliciosa fragancia, única en su especie; si había que ponerle un color habría sido el naranja transitivo a amarillo, con pinceladas blancas, si es que saben lo que esos colores significan. Tomó el jeans de Yulia y lo haló lentamente hacia abajo, intentando que no se despertara, pues Yulia era de sueño ligero, aunque, en esta ocasión, la resaca del vino estaba a su favor; hacía el sueño de Yulia totalmente pesado, bueno, un poco. Logró quitarle el pantalón sin muchos estragos, sólo deteniéndose una vez porque Yulia se movió pero no se despertó. Desabotonó la camisa blanca de Yulia y acaricio sus clavículas con sus dedos, rodeó sus senos en aquel sostén blanco, y subió de nuevo, inclinándose para plantarle un beso “mañanero” en sus labios color tinto difuminado, atrapando ambos labios entre los suyos y succionándolos un poco, probando aquel Brunello con cigarrillo, era como volver a beberlo.



Recorrió con besos cortos sus mejillas, su barbilla, succionó su mentón; paseando su lengua por él, cosa que no supo por qué lo había hecho, simplemente se le había antojado, y bajó a la parte derecha de su cuello, pues la izquierda era inaccesible, y la besó, con unos cuantos lengüetazos a su paso, bajando por su pecho con la misma calidad de besos, besando sus senos, aquel diminuto lunar que era apenas una pequita café claro, bajó por su abdomen, haciéndole cosquillas a Yulia, lo notó por cómo se sacudía levemente pero sin despertarse. Llegó a su vientre y la llenó de besos, empujando con su barbilla el elástico de aquella tanga para hacerle cosquillas en su monte de Venus. Se acercó a la entrepierna de Yulia y la vio de frente; en aquella tanga se le marcaba la hendidura de sus labios mayores, se veía muy sensual, más que, cuando abrió un poco más sus piernas, reveló gran parte de su vulva, pues la tanga era muy, pero muy angosta de esa parte, que se introducía entre sus glúteos y tapaba lo más mínimo de sus labios mayores.



Lena no pudo resistirse y, en lugar de apartar aquella diminuta composición de spandex, introdujo su dedo a su boca y, empapado, lo paseó por en medio de los labios de Yulia sobre aquella sintética tela. Acercó su rostro y, sacando su lengua, la paseó una y otra, y otra vez, mojando aquella tela hasta el punto de que, cuando paseó nuevamente su dedo, su dedo se deslizaba; Yulia ya estaba lista, con sus jugos calientes y un tanto viscosos. Tiró hacia un lado aquella tela elástica y ahí los vio; sus labios mayores hinchados y un tanto mojados con aquel líquido brillante que sólo la invitaban a degustarse de tal exquisito banquete. Yulia se comenzó a mover con sus caderas, despertando poco a poco por el roce de la lengua de Lena en su clítoris, con aquel ruidito de fondo, y, suspirando, se despertó del todo, irguiendo sus piernas para apoyarse con sus pies sobre la cama y, abriendo los ojos, sonrió ante aquella melena roja en moño.




- Hmm…- ahogó su primer intento de decir “buenos días” en un trago duro y profundo de saliva. – Mi amor…¡ah!- gimió, mejor que un “buenos días” para Lena.



Lena pareció no importarle en lo absoluto, más que una sonrisa se dibujó entre los labios mayores de Yulia, que estaban abrazando los labios de Lena mientras se encargaba de su clítoris. Introdujo su dedo índice derecho en la cavidad vaginal de la Arquitecta, haciéndola temblar en un leve gemido.



- Juega con tus tet*s- exhortó Lena con la boca llena del clítoris rosado candente de Yulia mientras detenía, como podía, la tela a un lado.



“Tet*s? Sonaba tan sucio…pero tan sexy” rió Yulia, retorciéndose para desabrochar su sostén y, sin quitárselo, sólo pasarlo detrás de su cabeza, quedando un tanto atrapada entre los elásticos, pero con sus senos en plena libertad. Lena le tomó las manos antes de que empezara a jugar con ellos y las besó pero, eso no fue todo, también paseó sus dedos de en medio, es decir su dedo del medio y su anular, por su hendidura, haciendo que se sacudiera de placer provocado por ella misma, por su mismo roce y, con sus jugos esparcidos por sus dedos, le indicó que jugara con sus pezones con esos dedos. Lena volvió a introducir su dedo en la vagina de aquella excitada mujer, para luego meter su dedo del medio también, y, rozando su penetración contra su mentón mientras halaba los labios menores de Yulia entre sus labios, sintió la textura con su lengua.



Yulia apuñaba sus senos cada cierto tiempo, pero jugaba con sus pezones; atrapándolos entre sus húmedos dedos, burlándolos con las yemas de aquellos dedos, presionándolos un poco, en fin, ella sabía cómo darse placer, en realidad acompañar el placer de Lena y unirlo con el suyo, haciéndolo uno sólo. Los gemidos de Yulia se hicieron más cortos, más agudos y más constantes, que, a la penetración rápida y los lengüetazos sin piedad de Lena, se convirtieron en un gemido extenso de doce segundos exactos, en los que Yulia estrujó, con su vagina, los dedos de Lena, los cuales, al salir de aquella cavidad, todavía con dificultades Yulia para respirar, sacaron un orgasmo precioso que Lena no supo más que devorar ávidamente.



- Ciao, Principessa- saludó Yulia a Lena, con una sonrisa de oreja a oreja, estado de la resaca: inexistente.



- Tú brillas después de que te corres- sonrió, subiendo con besos hasta sus labios para darle su beso de “hola”, pues era más apropiado dado a que no sabían la hora. Yulia se sonrojó. Lena fundió a Yulia en un beso, en el que no sólo succionaban vacíamente sus cavidades bucales, sino que apretujaban una nariz contra la otra, introducían una lengua para que la otra la acariciara con la suya, hasta hubo un momento en el que Yulia pretendió introducir su lengua en la boca de Lena pero ella se retiró un poco y atrapó la lengua de su novia entre sus labios; algo que a muchos les podría dar asco pero que a Yulia y a Lena les pareció sexy y hasta juguetón.



- ¿Me ayudas a salir de este desastre?- rió Yulia, refiriéndose a los elásticos y tirantes de su sostén y a su camisa.



- Dios, a veces eres una desesperada- sonrió Lena, sacándola de aquel desastre. – Ahora sí…



- Ah-ah-aah- dijo, como para detener lo que Lena estaba a punto de decir, poniendo su dedo índice sobre sus labios. – En cuatro…pero sin ropa- sonrió, sonrojando a Lena y ahogándola en un quejido sexual causado por aquellas palabras exhortativas.



- Sólo déjame probar tus pezones, ¿sí? – sonrió, sólo para que un halo se le dibujara sobre su cabeza. Yulia: corrompida.



Lena bajó a sus pezones para probar aquel lubricante esparcido ya seco, halando un tanto fuerte entre sus dientes cada pezón, haciendo que Yulia jadeara entre dientes un “more” una y otra vez hasta que logró recuperar la claridad mental y le acordó a Lena lo que debía hacer. Le quitó su camisa roja desmangada, dejando en libertad aquellos senos con ese par de pezones rosado claro. Yulia la tumbó de espaldas a la cama, a aquella diminuta cama, quedando Lena casi al borde de ella mientras Yulia le quitaba sus leggings negros junto con esa tanga roja que, a pesar de que estaba muy sexy, le molestaba. Lena se colocó en cuatro, dándole su trasero a Yulia mientras Yulia se quitaba aquel retazo de tela elástica; que un pañuelo tenía mayor dimensión..



- ¿Sabes lo que me encanta tu trasero?- murmuró Yulia, acariciándolo con sus manos mientras se colocaba entre sus piernas y rozaba su pelvis contra su trasero.



- Muéstrame que tanto te gusta- sonrió Lena, provocándola, haciéndose hacia atrás para chocar con su pelvis. Era como un juego, un juego sensual y divertido. Yulia gimió. Siguió acariciando su trasero con sus tibias manos, apretándolo un poco cada glúteo, clavándole sus cortas y manicuradas uñas un poquito. – Hmmm…- ronroneaba Lena a cada choque que daba contra la pelvis de su mujer. – Una nalgadita cariñosa- susurró, acordándose de que Yulia había accedido a dársela. Y se la dio, como con top spin, acariciando luego donde había dado la nalgada y se inclinó para besarlo. – Una nalgadita sexy- dijo entre dientes, sintiendo sus jugos inundarle su cavidad.



Y la nalgadita sexy fue, con la mano derecha al glúteo izquierdo, de arriba abajo para tomar el glúteo en su mano, haciendo que Lena gimiera más. Yulia sintió los jugos de Lena esparcirse por su entrepierna, ese calor que emanaba, ese brillo que la embadurnaba a ella también. Yulia se recostó suavemente sobre la espalda esbelta de Lena, clavándole sus pezones, abrazándola por los costados y tomando sus senos, todavía no se despegaba de su trasero. Le besaba y le mordía los hombros mientras hacía un movimiento circular contra su trasero, ambas gemían calladamente por el roce, era como una conversación sensual entre los gemidos; Yulia gemía para Lena a su oído y Lena se rendía ante la combinación de los suyos y los de su mujer. Yulia se irguió y, de un golpe, embistió a Lena un tanto fuerte, era como una embestida viril y excitada pero sin penetración, que sólo el sonido del choque de aquellas pieles, hizo a Lena gemir y agachar su cabeza con ojos cerrados.



- Me estás torturando, mi amor- murmuró, sentándose sobre la cama y viendo a Yulia en su esplendor, erguida sobre sus rodillas, con sus senos reposando perfectamente en su pecho, sus pezones encogidos al máximo y erectos, sus curvas femeninas en su tersa piel. – Tú eres una tortura- rió, comiéndosela con la mirada mientras Yulia mordía su dedo índice derecho con picardía.



- Quiero intentar algo- dijo, con aquella sonrisa infantil y divertida. Tomó a Lena de los brazos y la puso de pie, viendo hacia la ventana, de espaldas a la cama, con las piernas abiertas. Yulia se acostó y sacó su cabeza por entre las piernas de Lena, viendo la entrepierna de su novia en completo zoom-in. – Flexiona un poco, siéntate sobre mi pecho si quieres- dijo, tomándola por las caderas con sus manos y trayéndola hacia ella, clavándole su lengua de sorpresa en su hendidura, la cual estaba inundada de lubricante a la Katina; tanto que la barbilla de Yulia se empapó enseguida.



Lena, que se apoyaba del suelo con sus pies, sentía sus piernas debilitarse cada vez más con cada lametón de Yulia, y es que era esa eternidad sin sexo; todo tan intenso, con ese deseo que era capaz de poseerla para correrse en cuestión de nada. Yulia, intentando torturarla, mordió sus labios mayores como pudo, provocando un grito en Lena, un grito que casi hace que Yulia se corriera repentinamente. Haló más a Lena hasta sentarla sobre su pecho y parte de su cuello. A Yulia le dolía un poco el cuello, pero su orgullo no la dejaba, tenía que hacer que Lena se corriera sí…o sí. Escabullendo su dedo por entre su cuello y el muslo de Lena, consiguió meter su dedo del medio, recto y hasta el fondo, en su vagina, haciendo de Lena un orgasmo tembloroso con piernas que se aferró de la cabeza de Yulia mientras se corría, de manera literal, en su boca.



- Ven aquí, que quiero torturarte- dijo entre jadeos de intentar recuperar su respiración.



- Será un hermoso y literal placer- rió mientras Lena se retiraba y esperaba a que Yulia se colocara en cuatro sobre la cama, viendo, de igual manera, hacia la ventana.



Lena acaricio la minúscula espalda de Yulia con sus uñas, recorriéndola desde media espalda hasta su trasero, tomándola rígidamente por las caderas y embistiéndola un tan sola vez, que Yulia gimió falsa y exageradamente para hacer reír a Lena. Las siguientes embestidas fueron iguales, con gemidos graciosos, pero, después de unas cuantas embestidas, aquellos gemidos, jadeos y respiraciones cortadas y pesadas no eran de chiste, eran de placer y lujuria.



- Voy a hacer que te corras- rió Lena, notando a Yulia rendirse ante el placer de aquellas embestidas. Fue cuando sucedió lo que a Lena más le impresionó en Yulia.



- Nalgadita cariñosa, por favor…- suspiró al contacto de una embestida. Lena no sabía si dársela o no, simplemente no despegaba sus manos de sus caderas. – Por favor…- gimió con la siguiente embestida lésbica que le daba más placer que aquellas veces que Misha o Marco la habían embestido de esa manera.



Y Lena despegó su mano derecha de la cadera de Yulia para darle una palmadita a su trasero; a su glúteo izquierdo, que hizo que Yuli balbuceara, sorpresivamente, un “harder”. Lena despegó nuevamente su mano y la dejó caer con más fuerza. Yulia gimió.



- Harder, baby…- murmuró, tomando su seno izquierdo con su mano derecha, sosteniéndose sólo con sus rodillas y su brazo izquierdo.



Lena la embistió unos momentos más, Yulia estaba al borde del orgasmo creado puramente a base de erotismo y sensaciones perdidas. Lena le soltó una nalgadita sexy, así como la que Yulia le había dado unos momentos atrás. Yulia cayó con su cara sobre la cama, apretando fuertemente sus senos en sus manos, gruñendo con cada embestida sensualmente agresiva de Lena. Enterró su cara en las sábanas flojas y, mordiéndolas con fuerza, gimió entre sus blancos dientes, deteniéndose de los bordes de madera de la cama, mientras Lena la embestía por última vez de un movimiento plano y recto, directo a encajar su pelvis con el trasero de Yulia, haciendo, de la fuerza, que aquel músculo tonificado temblara por primera vez en su existencia.



- Mi amor, voy al baño, ¿vas a ver si Yulia y Lena ya están despiertas?- murmuró Natasha, bajándose de Phillip después de una cabalgada sensual, tal y como a Phillip le gustaba ver a su mujer; meciéndose de adelante hacia atrás mientras rozaba su G-Spot con su adjunción erecta, para que luego lo cabalgara y viera cómo su rostro gritaba placer y sus senos subían y bajaban de una sensual y elegante manera hasta fundirse en un orgasmo conjunto, agotador y placentero.



- Natasha…la última vez que me mandaste a ver si estaban despiertas fue después de Año Nuevo en el bote…y estaban desnudas…yo no quiero volver a ver eso- se sonrojó, sentándose sobre la cama todavía con espasmos en su miembro que trataba de aplacar.



-Me estoy orinando!!- gritó Natasha, haciéndole saber a Phillip que debía ir: sí, o sí.



- Ya voy, mujer!- rió, subiendo sus pantalones de pijama para ir en busca de aquel par de mujeres.



Lena se despegó para besar aquel trasero, al que le había pegado tres veces a petición de Yulia. Y besó exactamente por donde su mano había aterrizado, podía notar levemente la marca de lo rojo contrastando la piel morena de su novia, la mujer que todavía jadeaba en intimidad con el colchón de aquella cama universitaria.



- Dios mío, que no me las encuentre en pelotas…ten piedad de mí, Señor, oh Dios mío- rezó para sí mismo mientras subía los últimos escalones y se incorporaba al pasillo. No escuchaba nada proviniendo de la habitación. Abrió la puerta en silencio por si todavía estaban dormidas y caminó lentamente para doblar en “U” hasta la cama.



Yulia se irguió poco a poco, siendo recorrida por las manos de Lena, quien la abrazaba por su espalda y paseaba sus manos por su torso, acariciando sus senos y su vulva mientras ella se ladeaba un poco con su torso para recibir un beso de Lena mientras ahogaba un suspiro en sus labios por el roce de sus dedos en su clítoris. La mano de Yulia detenía el rostro de Lena por su mejilla para no despegarse de sus labios, la posición era incómoda.



Phillip, ante aquella erótica escena, no sólo sintió la necesidad de violar a Natasha, sino de reventarle en un enojo impotente, porque era imposible enojarse con su perfecta prometida. Y la imagen de Lena besando a Yulia y recorriendo su cuerpo, dándole placer, ver cómo su hermanita de corazón/adoptiva estaba abusando del cuerpo desnudo de Yulia, que debía aceptar que era no-apto-para-cardíacos, aunque el de Natasha le gustaba más, tenía más, era excitante. Pero la escena le perturbaba, no le daba asco, simplemente sentía como si hubiera descubierto a sus papás en eso, cosa que si le daba asco; simplemente le daba pena, y no ajena.



- ¿Estaban despiertas?- preguntó Natasha al ver que Phillip entraba rascándose la barba.



- No, siguen dormidas- sonrió, tapando el sol con un dedo y tomando a Natasha por la cintura. - ¿Cómo se van a llamar, Señora Noltenius?- murmuró, dándole besos al vientre de Natasha.



- No te adelantes, guapo- sonrió Natasha, peinando aquella cabellera negra y sedosa con sus dedos. – ¿Te gustaría honrar a tus papás con los nombres de nuestros hijos?



- ¿Y que haya un Phillip Charles Noltenius III? No, gracias…menos mal no me llamaron “Junior”- rió, paseando su mano por aquel vientre plano que respondía cosquillosamente ante su tacto.



- Bien, a mí tampoco me interesa- rió, pensando más en sus suegros que en sus papás. – Me gusta el nombre “Yulia”- sonrió, sonrojada y obteniendo la mirada gris de Phillip en la suya. – Y “Elena” también…- Ambos sonrieron, estando de acuerdo y se levantaron para meterse a la ducha, en donde Natasha no se salvaría de la evidente erección repentina de Phillip, cosa que pasaba por primera vez: Phillip apto para dos eyaculaciones seguidas y en cuestión de menos de cinco minutos.



- Ahora sí has abusado de mí- rió Yulia, abrazando a Lena por su abdomen después de aquel magno y erótico orgasmo que había sido sólo por roce.



- La que te espera en la noche, mi amor- bromeó Lena, besando a Yulia en sus labios.



- No puedo esperar- rió, rozando su nariz contra la de Lena. - ¿Me acompañas a la ducha?



- ¿Siesta de quince minutos?- rió a través de su nariz, aferrándose a Yulia, tomándola por sus senos. – Vamos…besaré tus pezones si te quedas- sonrió, qué chantaje.



- Suena tentador, pero me tengo que levantar, ya casi no hay sol y quizás Natasha y Phillip ya se despertaron y están sin hacer nada, seré una mala anfitriona



- Está bien…sólo déjame morderlos dos segunditos- y Yulia pasó sus brazos por detrás de su cabeza, ofreciéndole sus pezones a Lena, quien los acariciaba con cariño con su lengua y sus dientes, mordiéndolos tal y como a Yulia le gustaba. – Bien…yo dormiré en lo que tú te duchas



Y así fue, Yulia se dio una ducha de cinco minutos, no dejando que Lena durmiera tanto, pues sino no la podría despertar. Se deslizó en los mismos jeans, habiéndose antes metido en una tanga Benetton, se colocó su cinturón Prada café, su sostén blanco y se abotonó su blusa khaki de lino para meterla dentro de su jeans y luego deslizarse en unas Ballerinas Lanvin de gamusa beige y de piel de lagartija en tonos beige y café en la punta. Bajó mientras Lena se metía a la ducha y, escuchando que el agua corría en el baño de la habitación de huéspedes, se dirigió a la terraza a jugar con Piccolo. Lanzaba la bola, a veces no la lanzaba pero engañaba a aquel Weimaraner que se emocionaba sólo con verla. Escuchó un auto correr por sobre la grava de la entrada de la casa y, acompañada por Piccolo, se asomó a la puerta para recibir a Larissa porque habían quedado de que Natasha y Phillip se irían con ella para que ella y Lena fueran a por Inessa; la mamá de Lena.



- Yulia, Tesoro!- dijo la voz grave de Oleg mientras se bajaba del auto.



- ¿Qué haces aquí?- murmuró con mirada escéptica.



- He venido a saludarte- dijo, abriendo sus brazos para abrazar a su hija, dándose cuenta que Piccolo le gruñía. Aquel Weimaraner no era el “Perro de Volkov”, el de aquel experimento de condicionamiento clásico en la Psicología, sino era el “Perro de Volkova”, una versión más moderna y con múltiples aspectos a los que lo había condicionado y adiestrado.



- Pasa adelante- dijo, muy molesta y dándose la vuelta para evadir el abrazo. Piccolo dejó que Oleg pasara adelante, siguiéndolo por la espalda para cuidar de Yulia, un verdadero protector. - ¿Cómo supiste que venía?- preguntó, haciéndolo pasar a la cocina.



- Yulia, yo lo sé todo- sonrió, con aquella sonrisa un tanto retorcida y abriendo sus brazos como diciendo “Yo, Todopoderoso…Sabelotodo”.



- ¿Quieres algo de tomar?- “La educación ante todo, YuliA.” Chasqueó sus dedos para que Piccolo no se moviera, vigilando a Oleg desde un costado de los gabinetes, atento a cada movimiento.


- Sí, un café estaría bien- se sentó en la silla pegada a la ventana, la que daba al parqueo, frente a la mesa del comedor dentro de aquella hermosa cocina, la parte que no se veía desde la puerta. Piccolo se sentó.



- ¿Cómo supiste que venía?- repitió, dándole la espalda y tomando la cafetera del agarradero con fuerzas mientras la desenroscaba para verterle agua y luego colmarla del café que molería a continuación. Oleg suspiró. – Me enoja que me acoses…no, no es enojo…me pone furiosa…- dijo, encendiendo de golpe el molino del café, que sonaba tan fuerte como lo que Yulia sentía correrle por las venas. - ¿Quieres que crea que lo de la Plaza fue coincidencia?



- Nunca me dices nada, no me dices si vienes o cuándo vienes, no te comunicas conmigo…necesito saber que estás bien, eres mi hija- dijo en cuanto Yulia terminó de moler el café.



- ¿Entonces me tienes vigilada? ¿Quién me vigila?- preguntó. – Voy a ponerte una demanda, y a esa persona también…



- Yulia, tranquila, sólo veo los movimientos de tus tarjetas de crédito y de débito, y vi que habías comprado boletos para Roma, nadie te vigila- dijo, sacando la cajetilla de Marlboro clásicos, sabiendo que eran los que a Yulia le gustaban aunque a él le gustaran los Camel Silver.



- Tienes que dejar de hacer eso, me incomoda, no es tu dinero, es mío…además, ¿cómo las vigilas?



- Tengo contactos- sonrió, abriendo la cajetilla y ofreciéndole uno a Yulia, a lo que Yulia se negó con la cabeza y se volvió a la cafetera, como si con la mirada la calentara más rápido. - ¿Ya no fumas?



- Fumo Light…- dijo, respirando hondo, contando hasta cinco entre cada respiración.



- Entiendo…- “A su novio le gustan los Light…no es tan hombrecito entonces”.- ¿Por qué eres tan cortante conmigo? Sólo te he venido a saludar…



- Ay, por favor, no seas tan cínico- siseó, viéndolo de reojo sobre su hombro izquierdo, viendo que llevaba el encendedor hacia el cigarrillo. – No fumes aquí adentro, odio el olor impregnado en un lugar tan sagrado como la cocina.



- Eres igual a tu madre- dijo, retirando el encendedor y despegando el cigarrillo de sus labios para guardarlo en el bolsillo de su chaqueta. – Todos los detallitos, que el olor aquí, la textura allá, la barba muy larga, toda llena de cosas que sólo te estresan- se aflojó el cuello de la camisa y la corbata.



- Gracias a Dios soy como ella, “llena de cosas que me estresan”…no como tú…



- ¿Qué se supone que significa eso?- rió, con una carcajada cínica. Y al fin, la cafetera estaba hirviendo, así como el temperamento de Yulia, quien se repetía el mantra de “no entres en su juego…inhala, exhala”.



- Vamos, tú sabes lo que eso significa…- murmuró, abriendo un gabinete superior para sacar una taza negra, “como tu consciencia si es que tienes una”.



- Cambiando el tema- sonrió, peinándose hacia atrás, mostrando sus entradas calvas. – ¿Algún novio del que yo no sepa?



- ¿Por qué tengo que darte explicaciones?



- Compraste dos boletos para múltiples destinos, ¿a caso Phillip está en bancarrota que no puede comprarse él sus boletos?



- Te repito, ¿por qué tengo que darte explicaciones?



- Porque soy tu papá- gruñó, dándole un golpe a la mesa con su puño, evocando en Yulia aquella sensación inquietante, aflorando aquel miedo que tenía más de diez años de no sentir, derramando un poco de café sobre la encimera, cosa que a Oleg le molestaba; la torpeza en las mujeres, más en su descendencia, en la niña de sus ojos que siempre quiso que fuera perfecta, o, bueno, lo que él creía que era perfecto. Piccolo se irguió en cuatro patas y se posicionó.



- Ya no soy una niña- gruñó Yulia de regreso, tomando valor a partir de lo que los dividía; la mesa del comedor, un espacio vacío, y los gabinetes, más Piccolo, a quien lo había detenido con otro chasquido.



- Tampoco actúas como una adulta, Yulia- sus ojos eran profundos y llenos de rabia.



- Y tú sí sabes qué es actuar como un adulto…- rió, provocándolo con toda la intención del mundo.



- Tú crees que por tener veinticinco años eres toda una adulta que toma sus propias decisiones- dijo, poniéndose de pie, intimidando a Yulia. Piccolo gruñó, mostrándole los afilados dientes que podían hacer daño, cuando en realidad hacían cosquillas.



- Error número uno, dos puntos: tengo veintiocho, Señor Papá- dijo, poniéndole énfasis al parentesco, como si fuera automáticamente que, por ser su papá, sabría su edad. – Error número dos, dos puntos: tomo mis propias decisiones, error número tres, dos puntos: venir aquí cuando sabes que no tenemos nada que hablar, desde nunca y para siempre y, error número cuatro, dos puntos: para que veas que tomo mis propias decisiones – dijo, retomando su valor y la taza de café caliente en su mano. – No cuestiones mi libre albedrío- sonrió, vertiendo el café por toda la encimera. – Que prefiero ser hija de Tío Salvatore y tener un papá alcohólico a un papá…- dijo, apoyándose con sus manos tiradas hacia los lados sobre la encimera llena de café y viéndolo a los ojos con mirada penetrante.



- ¿A un papá qué?- gruñó, dando un paso hacia adelante pero manteniendo sus manos en sus bolsillos pero apuñándolas. Se detuvo porque Piccolo le volvió a gruñir. Yulia suspiró y agachó la mirada para calmarse, en realidad agachó la cabeza, sacudiéndola de lado a lado, como aflojando su cuello. Chasqueó sus dedos.



- Mi amor, aquí estás- interrumpió Lena, no viendo que ahí estaba Oleg, pues desde afuera de la puerta no se veía. Yulia la volvió a ver sin color en su rostro, con los ojos casi blancos, a punto de desmayarse.



- ¿Mi amor?- se repitió Oleg en aquella voz de ultratumba, haciendo que Lena diera un respingo del susto. - ¡¿Mi amor?!- gritó para Yulia, buscando su mirada transparente y vulnerable. Piccolo ladró ante aquel grito.



- Suegro, diría “mucho gusto”, pero mis papás me enseñaron a no decir mentiras- gruñó Lena, sabiendo quién era él en el momento en el que lo había visto. Caminó hacia Yulia y la tomó por los hombros, sintiendo su piel cubierta de un sudor frío. Yulia murmuró un “stare” casi mudo para Piccolo, quien dejó de ladrar pero continuó gruñendo, siguiendo con la mirada a aquel hombre.



- ¡¿Quién coño eres tú?!- gritó, haciendo que Yulia cerrara los ojos como de un dolor penetrante.



- ¿Quién coño pregunta?- gruñó Lena, dándole un latigazo con su mirada verde: “Dos pueden jugar”. Oleg caminó hacia ellas, Yulia lo veía como en cámara lenta. – Ni se le ocurra…- murmuró, en un tono exhortativo y abrazando a Yulia. Piccolo se interpuso entre él y los gabinetes. Lena tomó el rostro de Yulia en sus manos y le plantó un beso en sus labios, cosa que Yulia creyó que estaba totalmente mal, pero la hizo sentir tan bien en aquel momento; Lena la estaba protegiendo, igual que Piccolo. La respiración de Oleg era pesada y profunda, como la de un toro justo antes de un encierro.



- ¿A qué hora nos vamos?- irrumpió Phillip en la cocina, sintiendo la tensión entre aquellas tres personas; dos lados, y el Can. – Oleg- sonrió, alcanzándole la mano a Oleg para estrechársela. Mientras, Lena le susurraba a Yulia un “todo va a estar bien, tranquila”.



- Phillip- balbuceó, tomando la mano de Phillip con fuerza bruta, haciendo que Phillip se quejara mudamente de aquella fuerza. – Me voy.- dijo, a secas, tomando la cajetilla de cigarrillos y encendiendo un cigarrillo en la cocina. – El libre albedrío- rió cínicamente cerrando la puerta principal de golpe. Piccolo lo siguió, cerciorándose de que realmente saliera de la casa, luego se dirigió a la cocina sólo para ver si Yulia estaba bien, para pasar de largo e ir a echarse nuevamente al jardín.



- ¿Estás bien?- murmuró Lena, abrazando a Yulia en puntillas. Yulia sólo suspiró y asintió. - ¿Dónde hay para limpiar eso? – susurró, tratando de evitar sus manos pasar por la cicatriz de su espalda.



- Ya lo tengo- murmuró Phillip, paseando ya un paño absorbente por el café para escurrirlo en el lavabo y de nuevo. Vio que Lena se llevó a Yulia hacia el jardín, pero no preguntó nada, simplemente se ahogó en su sinfín de preguntas, que a la larga pudo contestarse un poco. “El Señor es un violento verbal y físico, con razón no habla de él, su relación con él…es que no tienen una relación”.



- Mi amor…- murmuró Lena, siendo seguida por Piccolo, quien agitaba su cola de lado a lado mientras Yulia tomaba la bola de tennis en su mano. – Háblame…por favor…



- No sé si enojarme por lo que hiciste o arrodillarme y pedirte que te cases conmigo- sonrió, tirando aquella bola babeada por lo infinito del jardín, que en algún momento se convertía en pared de hiedra que subía hasta el parqueo de grava. Lena tragó duro pero pudo sonreír.



- Si algún día lo haces…sólo no te arrodilles, que tú y yo no estamos para convencionalismos- sonrió, tomando a Yulia por la cintura y metiendo sus manos por debajo de su camisa. Yulia rió por su nariz; ese sonido angelical que a Lena le encantaba en Yulia. – Por cierto…nunca te imaginé así de…relajada- dijo, refiriéndose a su vestimenta.



- Vacaciones son vacaciones…del trabajo, de la ropa, de los zapatos…¿no te gusta?



- Si me gusta…te ves más civil, más normal…- y la soltó únicamente para que recogiera la bola y la arrojara esta vez hacia abajo; hacia la piscina, realmente cayó en la piscina, haciendo que Piccolo corriera y saltara el murillo de piedra, cayendo en la pérgola y luego zambulléndose en la piscina.



- ¿Te parezco anormal?



- Sólo intimidante…al menos esa fue la impresión que me diste en Duane & Reade la primera vez que te vi…



- ¿Intimidante?- rió, nuevamente a través de su nariz, recostándose un poco en Lena; su espalda contra su pecho, estrujándole sus senos que, al tacto, supo que no llevaba sostén.



- Sofisticada, sin rastro de una sonrisa, con temple de autoridad suprema…como si pudieras tener el control de todo lo que pasaba alrededor tuyo, te vi como si fueras la versión femenina de Donald Trump



- Si fuera Donald Trump…te daré la respuesta de Doña Carmen- rió, como acordándose de algo realmente gracioso. – Tomaría todo su dinero y lo donaría a los resentidos, a los despechados y a los inconformes- rió, abrazando a Lena con su brazo desde atrás, haciendo metamorfosis en la posición. Lena sólo rió por las ocurrencias de la amiga de su suegra. - ¿Vamos por tu mamá?
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Sep 24, 2014 10:36 pm

Justo cuando Yulia le abría la puerta del copiloto a Lena, para que subiera al auto, Larissa llegó, se notaba como si tuviera prisa. Detuvo el auto y, sin apagarlo, se bajó de él, dejando las luces encendidas. Caminó frenéticamente hacia Yulia con expresión de preocupación y, Yulia, escéptica, la vio abrazarla de golpe.



- Tesoro, ¿estás bien?- susurró, viendo que Phillip y Natasha estaban parados a la puerta tratando de no espiar la conversación. Yulia asintió. – Vi el Alfa en el camino…¿Te…hizo algo?



- No, no hizo nada, no te preocupes- sonrió, tomando la mano de Larissa que estaba acariciando su mejilla y en la suya. – Te veo en Sparita en cuarenta y cinco, ¿si?- murmuró, dándole un abrazo.



- Ahorita salgo para allá. Te ves muy guapa- sonrió, con esos ojos maternales que sólo con Yulia había podido utilizar.



Larissa se dirigió hacia sus invitados, que debía aceptar que le caían muy bien, en especial Natasha; era muy parecida a Yulia, pero Phillip no se quedaba atrás; tenía, más o menos, la edad de Aleksei, y era todo lo que habría querido de su hijo: misma profesión, buenos modales, cariñoso, educado, atento, gracioso y transpiraba respeto hacia Natasha, hacia cualquier mujer en realidad.



- ¿Por qué tu hermana no vive aquí?- preguntó Lena mientras Yulia conducía, un tanto con cautela, por Castel Gandolfo, pues no había mucha iluminación todavía.



- Se casó a principios del año pasado con un Platón- rió fuertemente, cosa que Lena no entendió. – Sí, mi amor, mi hermana se fue en un crucero por el Mediterráneo para Navidad, conoció a un griego de nombre Stavros, y no Niarchos, estudiante de Filosofía Griega…un Platón- y ambas se rieron. – Viven en Trípoli



- ¿Por qué no la invitas? De igual forma, es por cortesía…



- Sí, le voy a decir, por cortesía…- murmuró, viendo hacia los lados para incorporarse a la vía principal. – Oye…por cierto…”¿quién coño pregunta?”- rió a carcajadas.



- Me salió de la nada…lo siento- se disculpó, bajando la mirada mientras peinaba su flequillo detrás de su oreja.



- No lo sientas…me encanta cómo te defiendes- sonrió, acercándose a Lena, sin quitar los ojos de la vía, y dándole un beso a Lena en el ángulo de sus labios. – Tu hermana vive en Atenas, ¿no?



- Sí- susurró con una leve sonrisa, ladeada hacia el lado izquierdo. - ¿Por qué?



- Sé que tu cumpleaños es hasta que regresemos pero quizás podríamos celebrarlo en Grecia…con tu hermana



- ¿Qué me vas a regalar para mi cumpleaños?- preguntó, pensando en que Yulia no se regalaría porque sería “plagio”.



- ¿Qué quieres que te regale? Así me aseguro de que te guste- sonrió, aumentando la velocidad para acortar el tiempo.



- Quiero una botella de Bollinger y unos Ravioli hechos por tí- murmuró, desvaneciendo su voz.



- ¿Algo más?



- Sí…quiero que me des nalgaditas ricas como las que me diste hace rato…- se sonrojó, sintiendo que el asiento la hacía hundirse en él. Yulia emitió un “mjm” con la garganta mientras hacía una nota mental. – Y quiero un striptease con “Let’s Get it On” de fondo- rió.



- ¿Es en serio?- Yulia estaba boquiabierta.



- ¿Te parece broma?



- Pues, te reíste…



- Pues no, quiero un Striptease… con ropa de trabajo…que me bailes sexy… que me bañes en Bollinger…y luego… bebas de mi cuerpo…- el tono era sexy, fiero, hasta cierto punto gracioso pero serio, mientras, Lena caminaba con sus dedos, paso a paso, por el brazo de Yulia, que se aferraba más al volante. – Y luego me das de comer de los Ravioli- rió.



- Tienes una mente muy retorcida…¿eso quieres?- rió, nerviosa por los dedos de Lena. Lena rió nerviosamente, quedándose en silencio un momento. – Amor…



- No, sólo quiero una cena tranquila en tu apartamento, con tus Ravioli de Ricotta al burro con Parmigiano Reggiano y aroma a limón…- murmuró, sabiendo que Yulia no le haría lo otro, así fuera por complacerlo, más no sabía lo equivocada que estaba.



- Tus deseos son órdenes, mi amor- sonrió Yulia, pensando ya en qué se pondría ese día para hacerlo sexy. – Y es “nuestro” apartamento…- le tomó la mano a Lena.



Hablaron sobre Katya, la hermana de Lena, quien era nueve años menor que ella, apenas empezaba a estudiar Economía en la Universidad de Atenas. Cuando sus papás se divorciaron hacía sólo un año, Sergey había ganado la Patria Potestad de Katya contra Inessa, pues Inessa no tenía trabajo y él sí, a Katya le faltaba medio semestre en la escuela y no dieron explicaciones de por qué Sergey no podía pagar manutención a Inessa; Lena alegaba que había sobornado al juez, que era probable. Luego, Inessa apeló la decisión del juez, pero Sergey usó el arma mortal: el dinero, y le dijo a Katya que, si se iba con Inessa, la dejaría sin un centavo, lo mismo cuando Lena le dijo que se quitaría su apellido, a Lena no le importó, pues ya había estudiado y, aunque no tenía trabajo, podía trabajar de algo mientras tanto, pero Katya vio los estudios como algo primordial y decidió quedarse con Sergey y, esperando poder estudiar Farmacia, la obligó a estudiar Economía mientras dependiera de él. Justo en ese momento, Yulia le iba a decir a Lena que por qué no llegaba Katya a Mýkonos, de paso se le había ocurrido, tras escuchar lo de sus estudios, que, con mucho cuidado, abordaría el tema de un financiamiento.



Saludaron a Inessa con un abrazo y Yulia, no sabiendo exactamente cómo solucionar lo de los asientos dentro del auto, le dio las llaves a Lena para que Inessa se sentara al copiloto y ella atrás. Yulia confiaba en Lena, sino ahí estaba la prueba; le había dado las llaves del Jaguar y había dejado que condujera aquella menuda máquina tecnológica que, aún para ser de hacía 3 años, iba más allá de lo que Lena lograba entender en un auto. Yulia sólo interrumpía la plática para indicarle por dónde irse: Via Cavour, incorporarse a la Via dei Fori Imperiali, tomar la rotonda, tomar la Via di San Gregorio, para luego doblar a la derecha a la Via del Circo Massimo, tomando el Ponte Palatino, Porto di Ripa Grande hasta Via del Porto y aparcar el auto.



Lena le entregó las llaves de aquella nave espacial a Yulia y, en lo que su mamá se bajaba del auto, le plantó un beso corto en sus labios en agradecimiento por la confianza, pues, el día anterior, Phillip le había preguntado a Yulia si lo dejaría manejarlo, Yulia se negó; dijo que no le tenía fe a un “americano” conduciendo por las calles de Roma, que el mundo era distinto a como él se lo imaginaba en una vía romana. Lena tomó a Yulia de la mano y, dándole la mirada de “no te preocupes, todo estará bien”, escoltaron a Inessa al interior de “Roma Sparita”, en donde Larissa, hecha una lágrima de risa con aquellos futuros esposos, admiró que Phillip, al ver que las féminas entraban, se ponía de pie para recibirlas.



- Estoy segura de que los conozco- sonrió Inessa, apuntando a Phillip y a Natasha, pues ellos las habían ido a dejar al JFK en diciembre. Los abrazó con una sonrisa, pues eran los amigos de Lena y más a Phillip, que Lena le contaba la clase de buen hombre que era, que era como su hermano, un muy buen amigo. De Natasha no se diga, Inessa sólo tenía sus reservas con ella en cuanto a su excéntrico guardarropa pues, aquel día, Natasha vestía un suéter de estampado de cebra, unos jeans ajustados que se escondían entre sus zapatillas blancas deportivas y de invierno Gucci, encima un abrigo café con aplicaciones de cuero; toda una extravagancia, pero era sólo que Natasha había sido sacada de la cama en modo post-coital, con Phillip apresurándola para que bajaran al auto para ir a traer a Lena y a su mamá, que se le acababa de ocurrir; pues no pagarían los $70 de Taxi por ser Navidad: se puso lo primero que vio. Ahora vestía una camisa, literalmente Polo, gris con coderas de cuero café y los botones abiertos revelando sólo lo suficiente de escote, pantaloncillos khaki hasta por arriba de la rodilla y zapatillas azul marino a rayas blancas horizontales; estilo alpargatas, las favoritas de la tía Carmen. - E io ti conosco- dijo, viendo a Larissa a los ojos con una sonrisa luego de haber abrazado a Natasha en aprobación por su vestimenta, “al fin algo normal”.



- ¿Se conocen?- corearon Lena y Yulia, viéndolas sonreírse mutuamente y dándose un beso en cada mejilla.



- Estuvimos en la creación del seminario de organización de espacios- sonrió Larissa. Yulia y Lena respiraron de alivio. – El Vaticano es de los mayores promotores de curación- dijo, acoplándose al asentimiento de Inessa.



Aquella cena, que estaba destinada a ser un dolor de parto sin epidural, como Yulia y Lena la habían esperado, fue rara en el sentido de que Larissa e Inessa conversaban entre ellas y los cuatro jóvenes entre ellos, como si fuera de aquellos almuerzos a los que acompañaban a sus madres. Todavía quedaban tres días en aquella histórica ciudad y los tragos más duros de pasar ya habían sido superados, pues aquella cena, durante el postre y el café, hablaron entre los seis, riéndose sobre historias penosas de Lena y Yulia; esas que sólo sirven para avergonzar en público. Y, a costillas de las dignidades rotas ahí presentes, la cena concluyó sin ningún estrago, más que el broche de oro: Llevaron la cuenta a la mesa y Phillip y Yulia se vieron a los ojos y ambos tomaron la carpeta al mismo tiempo, arrebatándosela, dando un espectáculo; nunca nadie en “Roma Sparita” se había peleado por pagar, cosa que le dio mucha risa a los demás clientes y a los meseros. Aquella riña por pagar fue, nuevamente, aplacada por Lena, quien se puso de pie y les arrebató la carpeta.



- Tenemos que dejar de pelear, siempre nos gana la cuenta- rió Phillip. – La próxima, te ruego, que me dejes pagar- dijo, juntando sus manos a manera de plegaria religiosa.



- Si me hubieras dejado pagar, eso no hubiera pasado- dijo, sacando su lengua y dándose actitud pública de niña pequeña.



Larissa e Inessa sólo se reían; la habían pasado alegre y tampoco había sido tan difícil para ellas pasar vivas la noche; no era fácil ver cómo Yulia y Lena se tomaban de la mano, o cómo se veían a los ojos; con esa ternura, ese cariño, unas ganas incontenibles de besarse pero que, por respeto a ellas mismas y al resto, no lo hacían. Ver cómo Lena veía a Yulia, con esa sonrisa imborrable, o cómo Yulia le daba bocados a Lena, cosa que Yulia nunca había hecho con alguien, no era de las que compartía su comida, menos de su mismo tenedor; cuestiones higiénicas ante todo, tal vez era sólo que Oleg tenía la mala costumbre de tomar su tenedor y comer un poco de su comida sin pedirle permiso o preguntarle si podía tomar un poco. Y Larissa no podía notar lo que Inessa sí, el cambio en su hija, tanto físico como mental y emocional.



Lena estaba un tanto más delgada, sus ojos brillaban al igual que su cabello y su piel, su sonrisa era sin esfuerzos, se veía sin preocupaciones, perfectamente manicurada, con sus muñecas adornadas por los regalos de Yulia; en la muñeca derecha la pulsera Pandora con la que Yulia le había notificado la entrega de su corazón y una Harry Winston de platino que encerraba treinta y seis diamantes en fila, en la izquierda un Rolex color plateado, no sabía si acero inoxidable, oro blanco o platino, pero se veía sencillo, bueno, “sencillo”. Su vestimenta no había cambiado mucho, bueno, sólo en estilo no mucho, porque seguramente la misma camisa que alguna vez se había comprado en Banana Republic se la podía comprar por diez veces su precio, en una tela más fina y con un ajustado casi personalizado, en Carolina Herrera, pero todavía era su look relajado; de cardigan verde, mangas recogidas hasta los codos, jeans azul estándar y sus Converse de cuero café.



Se despidieron de Larissa, Phillip y Natasha, pues debían ir a dejar a Inessa a su apartamento, en el centro histórico; pagaba novecientos euros mensuales por dos habitaciones, un baño y medio, sala de estar, cocina y terraza, ni hablar de lavadora y secadora, aire acondicionado y ascensor. Inessa quiso y pretendió invitarlas a pasar a su cómodo apartamento pero ya eran casi las diez de la noche y ellas tenían que regresar hasta Gandolfo, por lo que se despidió de ellas en el auto, quedando de juntarse el sábado para almorzar y caminar por la ciudad. A Inessa no le molestaba que Lena no se quedara con ella, le alegraba en realidad que hiciera su vida a su antojo, no como Katya.



- Lenita…quiero comentarte algo- dijo Yulia mientras ajustaba el asiento del conductor a su comodidad pues Lena lo había movido. Lena se abrochaba el cinturón de seguridad. – Sobre tu hermana…no me lo tomes a mal, si me dices que no, no lo haré…



- Al grano, ¿si?- Yulia arrancó el auto.



- Quisiera invitar a tu hermana a pasar el fin de semana con nosotros en Mýkonos- sonrió, retrocediendo lentamente para luego salir en marcha hacia delante de aquel incómodo y diminuto parqueo, si es que así podía llamársele.



- Mejor en Venecia…es aburrido, sé que a ti no te gusta y podría entretenernos



- Está bien, habla con ella, le dices, llamo al Cipriani y le compras un ticket de avión



- Está bien…tú lo pagas- rió, dándole gusto a Yulia, haciéndola sonreír y haciendo que cerrara su puño y siseara un “Yes!” eterno.



- Y…otra cosa- murmuró, haciendo como si le doliera porque sabía que Lena no la dejaría. – Tu hermana quería estudiar Farmacia, ¿verdad?



- Así es, mi amor…pero mi papá sólo Economía le iba a pagar…¿En qué piensas, Yulia?- dijo, volviendo a verla con ojos de sorpresa.



- Bueno, ya que accediste a que tu hermana nos acompañe…podrías plantearle la idea de pagarle su carrera



- Pero no sólo sería eso, sería auspiciarle la vida también…no creo que a papá le siente en gracia que, de la nada, yo le pague los estudios, seguro la corre de la casa y la deja sin cinco…



- Que la corra de la casa entonces…tú le pagas la carrera y yo la vida…y puede ser aquí en Roma para que tu mamá no esté sola…pues, por lo que me cuentas, tu hermana si se arrepiente y extraña a tu mamá, ¿no?



- Si…pero no logro entender…



- Sólo le dices que tienes el dinero para pagarle la carrera que ella quiere en Roma, lo hablas antes con tu mamá, le dices que tienes el dinero; porque lo tienes…yo le pago la carrera y tú la vida, o al revés…- dijo, como si se tratara de cualquier cosa, en ese tono de “podemos hacer esto o lo otro” porque así era. – Ustedes son rusas también, que aplique para el próximo semestre, está a tiempo…sólo piénsalo y me dices tu respuesta…



- Sí- dijo, tan rápido como pudo. – Sí, es buena idea…y factible- la sonrisa de Lena no cabía en su rostro, la de Yulia muchísimo menos. – Pero mamá sabe que yo no tengo esa cantidad de dinero…o le preguntará a Volterra sobre mis proyectos



- Eso me lo dejas a mí con Volterra, tú preocúpate por tu mamá y tu hermana…que me muero por conocerla- rió a través de su nariz mientras era atacada por los labios de Lena en su mejilla. - ¿Y eso?



- Gracias, amor- susurró, volviendo a acomodarse a su asiento.



Lena, quien nunca se imaginó acceder a tal cosa, sonrió no sólo por la idea de Yulia, sino porque a Yulia se le había ocurrido y de buen corazón. Yulia lo hacía porque sabía la injusticia que era aquello de estudiar lo que dictaban y no lo que se quería, más cuando Lena había tenido la oportunidad de escoger tanto la carrera como el lugar, además, todos tenían derecho a equivocarse, Katya se había equivocado y era entendible y, si ella tenía las posibilidades económicas para intervenir, lo haría.



Llegaron a casa después de media hora, pues Yulia no era exactamente lo que se conocía como un conductor tranquilo, más bien le sofocaba ir lento. Yulia sólo se bajó del auto para recurrir a un Marlboro light, no sabía por qué la necesidad de uno, pero lo encendió. Lena se acercó y le plantó un beso, recostándola contra la puerta del copiloto, pues le había abierto la puerta para que se bajara. Lena le robó un cigarrillo a Yulia y, juntas, entre besos y caricias; besos en sus labios y en el cuello, exhalando el humo por la nariz mientras se besaban o se transferían un poco del humo entre besos. Larissa, que se ponía su pijama, las veía desde la ventana del walk-in-closet; veía aquella demostración de amor de Yulia, besando las manos de Lena, abrazándola por la cintura y sonriendo. Se conmovió un poco en cuanto Lena, sentada sobre la cajuela del auto, abrazó a Yulia y ésta posó su cabeza contra su pecho, Lena le daba besos en su cabeza y peinaba su cabello, la sonrisa de Yulia era sin palabras. Yulia besaba el cuello de Lena mientras ella estiraba su cuello para darle mayor acceso, dándole el último inhale a su cigarrillo para que Yulia se lo quitara y lo apagara con su pie.



Yulia regresó a besar a Lena, abrazándola por entre sus brazos mientras ella por su cuello, un beso sonriente que se desvió de los labios de Lena a su cuello, que Lena sonreía por las cosquillas y por, quizás, algo que le susurraba Yulia a su oído para luego morderlo. Lena se apoyó con sus brazos, estirados hacia atrás, sobre la cajuela del Jaguar, dejando que Yulia se colocara entre sus piernas y, tomándola por la cintura, besó su pecho. Hasta ese momento todo estaba bien para Larissa, sólo sonreía…pero el que mira demasiado, se lleva las perturbaciones más grandes. Yulia bajó hasta su pecho, con besos y lametones que Larissa no podía ver. De un movimiento, Yulia estiró el cardigan de Lena hacia abajo hacia los lados, liberando sus senos, haciendo que saltaran aquellos pezones rosados y dilatados a la noche. Larissa no fue lo suficientemente rápida para retirarse de aquella escena y alcanzó a ver cómo su hija tomaba los senos de aquella pelirroja, de rostro excitado, en sus manos, seguido ésto por una succión lujuriosa que hizo que Larissa se sonrojara y se retirara, mejor, a dormir.



- Dos minutos más y ese vino que me prometiste- murmuró Lena, sintiendo su vagina expulsar cantidades exuberantes de lubricante y empapar su tanga.



Yulia devoró aquellos pezones por un poco más de dos minutos, sintiendo cómo se endurecían en sus labios, acariciando aquella areola con sus labios y sus dientes que se deslizaban y terminaban por atrapar el pequeño y corto pezón de Lena, tirándolo un poco hacia ella hasta que sus dientes se deslizaran y lo dejaran libre. El beso que le seguía a aquello, un beso corto y húmedo, cariñoso. Luego el jugueteo con la nariz. Yulia le compuso el cardigan a su novia y, tomándola por la cintura, la ayudó a bajarse de la cajuela, agachándose para recoger las dos colillas para ponerlas en su lugar: el basurero.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Sep 26, 2014 7:16 pm

- Déjame ir!- se quejó Yulia, pataleando y tratando de librarse de Phillip.



- No, no y no- reía. – Y quédate quieta porque te puedes lastimar- reía más fuerte mientras la llevaba con su pelvis a su hombro derecho, tomándola por la parte trasera de las rodillas mientras Yulia se reía sin sentido. – Yulia, ¡sí que hueles a mujer!- se burlaba, por el olor a sexo que Yulia llevaba consigo.



Bajaban por las escaleras, Yulia se seguía quejando, atrás de ellos iba Natasha muerta en risa, más porque Phillip corría con Yulia y veía el rostro de Yulia de “me voy a morir”. Phillip había irrumpido en aquella habitación, haciéndose notar con el portazo, despertando a Yulia y a Lena a las exactas doce del medio día. Lena, que estaba desnuda, le arrancó las sábanas a Yulia para taparse, pues estaba contra la pared, Yulia sólo en tanga y en la camisa de botones de la noche anterior, fue abusada por la fuerza bruta de Phillip al rehusarse a levantarse: causa de la escena. Y era que Yulia estaba muerta después de esa ida a Nápoles el día anterior, pero se debían reunir con Inessa.



- Idiota!- gimió Yulia saliendo a la superficie de la piscina. Phillip y Natasha se reían a carcajadas de una Yulia divertidamente enfurecida.



- Pero soy tu idiota- rió Phillip, rascándose el pecho desnudo.



Lena corrió desde las escaleras hacia abajo directo a Phillip y, embistiéndolo con todas sus fuerzas, pues era alto y fornido, lo empujó a la piscina también, no tomando en cuenta que ella también iría a parar a la piscina por el impulso.



- Ahora quiero ver que salgas, desgraciado, con ese tu bóxer blanco a ver qué no nos dejas a la imaginación- rió Yulia a carcajadas mientras se apoyaba de la orilla con sus brazos y se impulsaba hacia arriba mientras dejaba que Phillip viera su trasero literalmente desnudo y la camisa pegada al torso, marcándosele sus senos y sus pezones, pero no era algo que Phillip no había visto ya.



Lena siguió a Yulia, dejando a Phillip solo en la piscina. Al salir apretujó sus senos y dejó que se escurriera su camisa. Natasha las veía con miedo, sabía a lo que habían salido y, por justicia manipuladamente divina, aquellas empleadas de Volterra-Pensabene tomaron a Natasha, quien sólo llevaba su sostén y unos cacheteros de encaje negro que no dejaban mucho a la imaginación, y, de un empujón, la tiraron a la piscina junto con su prometido. Natasha salió a la superficie mientras Phillip se acercaba más a la orilla, intentando tardarse lo más que pudo, pues era cierto; de que se le marcaría, se le marcaría. Natasha sonrió y, ante las manos tendidas de Lena y Yulia, salió de la piscina, escurriendo su cabello y su sostén para luego arreglarse la parte trasera de su cachetero.



- ¿Qué esperas? Sal- sonrió Yulia. Oh, eso era venganza y de la tortuosa: impotencia contra vergüenza.



- Yo, aquí, como Suiza…- dijo Natasha, levantando las manos y diciendo que ella no participaría en esa disputa al ver que Phillip la veía con ojos de “dile que no sea mala”.



- Me voy a sentar aquí- dijo, sentándose en un Chaise Lounge. – Y no me voy a mover hasta que salgas, Don Penoso, Duque de mierda- rió, deteniéndose el abdomen de la risa y haciendo que Natasha y Lena se rieran después del estado boquiabierto por el uso del “de ****” por parte de Yulia. – Y tengo tooooodo el día- concluyó, cruzando la pierna y apoyando su codo en ellas para apoyar su quijada en su mano, sin quitarle la mirada de encima.



Phillip respiró hondo y, peinándose hacia atrás aquella cabellera negra y marcando sus músculos mientras lo hacía, se empezó a acercar a la orilla de la piscina para salir. Lena estaba sonrojada y todavía no había visto aquel menudo artefacto, de aquellos que no se le apetecían ni a palos, se tapaba con una mano los ojos, intentando su incómoda y penosa curiosidad y la luz de aquel penetrante sol del medio día. Natasha simplemente sonreía de brazos cruzados mientras su cuerpo goteaba no sólo agua, sino también lubricante femeninamente natural, pues sabía que, con sólo verlo, se le antojaría un poco de aquello. Phillip sacudió su cabeza, como en negación, pero aún así se impulsó de la orilla hacia arriba, haciendo que su bóxer, de por sí ya ajustado, se ajustara todavía más y se hiciera transparente, para que, cuando se pusiera de pie, dejara ver de lo que estaba hecho. Se dejó caer de nuevo a la piscina.



- Ugh…- suspiró Yulia, poniéndose de pie y acercándose a Phillip, agachándose; poniendo una mano entre sus piernas abiertas para taparse del prometido de su amiga, que no era que no confiaba en él, era que lo respetaba, más a Natasha. – Era una broma…cuidado me punzas el ojo, Tigre- rió, dándole unas palmadas en la cabeza como las que le daba a Piccolo. – Quedamos a las cuatro…si van a hacer algo, es para salir a las tres- sonrió Yulia para aquella pareja. – Sólo respeten a mi mamá



- ¿Tu mamá sigue en casa?- volvió a ver Natasha con mirada de sorpresa. Se esperaba otro perro.



- Sí, los miércoles no trabaja



Y Yulia tomó de la mano a Lena para que se dirigieran a la ducha. Se metieron a la ducha con ropa, de igual forma ya estaban mojadas, Lena besaba a Yulia mientras la tomaba por su trasero, clavándole sus uñas blancas y cuadradas, masajeándolo y acariciando su hendidura suavemente mientras Yulia la aprisionaba contra la pared, en donde les llovía una cascada, por primera vez, fría, demasiado fría. Yulia enterraba sus labios en el cuello de Lena, tomándola por su trasero también, subiendo por su espalda, clavándole las uñas. Lena tomó a Yulia por el cuello de aquella camisa que le evocaban tantas cosas del día anterior.



Habían ido a Nápoles, un viaje de más o menos dos horas de camino en el que Yulia dejó que Phillip condujera en carretera nada más para poder estar con Lena en el asiento de atrás, donde la tomaba de la mano y dejaba que Laura Pausini, lo único que sonaba en el iPod de Yulia, hiciera efecto en la atmósfera de los besos y las caricias que no tenían pena o vergüenza de hacerlo frente a Phillip y a Natasha, que a veces las miraban por el espejo, o las escuchaban besarse, pero, dentro de todo, fueron platicando sobre cosas relativamente banales, en donde Lena se encargó de crear una lista de lo que había que hacer en Nápoles:

- Entrenar el paladar con una buena pizza napolitana, original y única en su clase

- Merodear sin mapa como todo buen turista

- Comer gelato de Chalet Ciro, uno de cada uno si se puede

-Regresar vivos



Yulia tarareaba, y a veces cantaba apenada en voz baja, “La Cose Che Vivi”, pensando en Lena, a quien le tomaba la mano, cosa que pasó todo el día, durante la pizza; que terminaron siendo cuatro pizzas, mientras la atacaba a besos en un callejón mientras Phillip y Natasha veían las tiendas de souvenirs, mientras caminaban sin destino por la ciudad para intentar digerir todo el gelato que se habían comido, mientras abrazaba a Lena en el asiento trasero y jugaba a peinar su cabello hasta que se durmiera en sus brazos mientras Phillip tomaba la SS7 para tener vista al mar todo el camino aunque el viaje tomara una hora más. Al llegar, despertando a Lena a besos, se retiraron a la cama todos por igual, pues entre la caminata por la ciudad y el adoquinado y la cantidad de comida, todos estaban exhaustos.



Alrededor de las dos de la mañana, Yulia se despertó de golpe tras haber tenido un sueño no tan ameno para su tranquilidad emocional. Se encontró abrazada de Lena, que apoyaba su cabeza entre su pecho y su brazo y la abrazaba por su abdomen. Yulia sudaba a causa de sus palpitaciones agitadas por el sueño, que ni ella misma quería repasar el sueño, quería sólo obviarlo así como yo, sólo quería intentar respirar tranquila. Lena se despertó ante aquella agitación repentina pero no estaba segura de qué decir; si decir algo o no decir nada.



- Shhh…aquí estoy yo, mi amor- susurró, abrazándola y acomodándose hasta llegar a su cuello y besarlo, tomando su mano con la suya. – Respira conmigo…- le puso su mano sobre su abdomen para que sintiera su respiración y ella pudiera imitarla. - ¿Estás bien?- susurró, viéndola a los ojos que, aun en aquella oscuridad, podía encontrar. Yulia asintió, tocando el cuello húmedo de su camisa. – Estás ardiendo, mi amor…¿te quito la camisa?- preguntó, dándole besos en su mano. Yulia sacudió la cabeza. - ¿El pantalón entonces?- Yulia tambaleó la cabeza, o al menos así sintió Lena.



Quitó aquellas sábanas de encima suyo, desarropando a Yulia mientras, al mismo tiempo, se quitaba ella sus leggings, y, a gatas en la oscuridad, exploró aquella diminuta cama hasta llegar a su cadera, de donde se detenían sus jeans y, deshaciendo el cinturón y desabrochando el jeans, lo haló hacia afuera, gateando hasta sus pies. Lena masajeó rápidamente los pies hirvientes de Yulia, acariciando sus pantorrillas y sus muslos hasta llegar a su camisa, que desabrochó dos botones más y acarició su pecho húmedo y caliente con sus manos mientras, a horcajadas sobre la cama, la abrazaba con sus muslos por sus caderas, y besaba su frente, bajando por su nariz con besos hasta llegar a sus labios.



- ¿Sigo?- murmuró, dándole besos en su labio superior.



Yulia emitió un “sí” gutural mientras la abrazaba por su cintura, metiendo sus manos bajo aquella camisa desmangada Polo hasta llegar a su espalda baja y subió, subiendo la camisa en el camino hasta llegar a sacar sus manos por la curvatura de las mangas, haciendo que Lena se irguiera y, cruzando sus brazos, se sacara aquella camisa que, según ella, Yulia quería sentir fuera, y así era. Reanudaron sus besos que no pasaban de sus labios, haciendo que Lena cayera totalmente sobre ella al traerla con sus brazos contra sí, sintiendo la piel de Lena rozarle sus caderas por el arrastre hacia arriba de su camisa, el roce de sus piernas. Lena levantó su trasero para que, entre Yulia y ella, sacaran su tanga y, así, Yulia consiguió tenerla totalmente desnuda sólo para ella.



- ¿Quieres hacer el amor?- murmuró Lena, pues cuando Yulia no estaba emocionalmente estable por algo, no había manera de encenderla.



- Quiero tenerte así- respondió, besando la barbilla de Lena. - ¿Quieres tú?



- No importa lo que yo quiera, mi amor…- sabía que Yulia no quería y ella no estaba ardiendo tampoco, bueno, quizás si haya estado un poco mojada y tenía la respiración agitada, pero no, no quería.



- En mi cara- exhortó en aquel concierto de susurros.



Y Lena, muy obediente, a horcajadas sobre la cabeza de Yulia, fue atraída hacia la lengua de Yulia con sus brazos por sus muslos, sacando un leve pujido al que intentó ahogar sin éxito. Se detenía de la repisa que estaba sobre la cama de Yulia; la que tenía atestada de Vogue Italia.



- Pegame…- susurró Lena entre sus respiraciones cortadas causadas por la lengua de Yulia, que se paseaba con minuciosidad por su clítoris, endureciéndolo, hinchándolo y encandeciéndolo.



Yulia, con su mano derecha, le dio una nalgada suave, luego otra, otra, y otra, haciendo del placer de Lena un enorme placer que no conocía el silencio. Le dio otra nalgada suave para corroborar sus sospechas, pues Lena volvió a gemir. Yulia llevó su mano por el vientre de Lena, recorriéndola hacia arriba, apretujando suavemente sus senos para sentir sus pezones ya erectos, recorriendo su cuello hasta llegar, a ciegas, a sus labios, en donde le introdujo su dedo índice en la cavidad bucal de Lena, quien sabía por qué lo hacía: para calmar sus gemidos, aunque eso sólo le excitara más. Lena introdujo el dedo anular de Yulia también, atrapándolos con sus labios, succionándolos de arriba abajo como a manera de felación, previendo que tal vez esos largos y delgados dedos irían a penetrar su ano, algo que se le antojaba desde hacía algunos días. Imitaba a la lengua de Yulia con la suya, trazando los mismos círculos, las mismas líneas, las mismas succiones.



La Arquitecta sintió a Lena hacerse hacia abajo, señal de su próximo orgasmo que no avisaría por tener la boca llena. Lena tomó la cabeza de Yulia con sus dos manos, ahogándola entre su entrepierna, creándole dificultades para respirar; por lo que Yulia exhaló fuertemente mientras Lena mordía sus dedos con fuerza, haciendo un gemido colectivo muy sensual mientras Lena se mecía de adelante hacia atrás y en círculos sobre la lengua de Yulia mientras la tomaba por el cabello. Lena logró quitarse de encima de Yulia para dejarla respirar y se dedicó a limpiar el contorno de los labios de Yulia, con besos y lengüetazos suaves, probándose no sólo su sabor; un tanto salado pero dulce sabor, con aquel olor característicamente dulce y aquella textura propia de la feminidad, sino también los labios tristes de su novia. Yulia la abrazó, acomodándose en la posición inicial y, para la sorpresa de Lena, Yulia movió un tanto sus piernas para que le fuera más fácil penetrarla, sí, en su ano con su dedo del medio, el que Lena había lubricado.



- Agh…- gruñó entre dientes, siendo tomada un tanto por sorpresa. Al fin, no sabía por qué pero necesitaba a Yulia ahí.



- ¿Te duele?- susurró Yulia, preocupada y lista para sacar su dedo y besar aquel ano en compensación. Lena sacudió su cabeza mientras se derretía ante un beso de Yulia en sus labios, que ella la detenía con su dedo índice por su barbilla. – Relájate…- murmuró, haciendo que Lena supiera exactamente lo que venía. Movió un poco más su pierna para abrir sus glúteos.



Lena respiró hondo mientras soltaba un quejido sensual y caluroso que era causado por el dedo anular de Yulia, el que se introducía lentamente en su cavidad anal, haciendo de Lena una contracción corporal enorme que trituraba sus dedos, sus quejidos que eran tragados por la garganta de Yulia.



- ¿Duele?- volvió a preguntar Yulia.



- No, pero no me penetres, por favor- susurró, recostando su cabeza sobre el hombro de Yulia, tomándolo como almohada, apretujando sus dientes por el dolor, intentando no quejarse, sólo respirando agitadamente.



- Perdóname- murmuró, sacando lentamente sus dedos de Lena, quien emitió el quejido que quería contenerse.



- Está bien, mi amor- Yulia encendió la lámpara de su mesa de noche, sólo quería cerciorarse que no le había hecho daño. Lena no lloraba pero se notaba la memoria de su molestia. – Mi amor, estoy bien, de verdad…- sonrió un tanto cegada por la luz. Yulia se puso de pie y se dirigió al baño. - ¿A dónde vas?- Lena se sentó sobre la cama, sintiendo aquella molestia todavía más. Yulia no le respondió. Escuchó a Yulia buscar algo mientras el agua corría con fuerza en el lavabo. - ¿Para qué es eso?- preguntó, viendo que Yulia traía una toalla, un sobre, un recipiente con agua, algodones y un recipiente con gotero; era transparente y se hacía púrpura, con letras negras.



- ¿Confías en mí?- murmuró, colocando la toalla en el suelo, a la par de la cama.



Lena asintió y se colocó en cuatro sobre la toalla, apoyándose de la cama con su cabeza mientras separaba sus glúteos con sus manos, sin que Yulia se lo dijera. Yulia colocó el recipiente con agua y le vació un sobre que contenía un polvo blanco y de relativamente mal olor, olía entre a hospital y a azufre, un olor que invadía el olfato y daban ganas de vomitar. Yulia sumergió un poco de algodón en aquel agua turbia, removiendo el olor y el estómago de Lena, lo escurrió un poco, le dio un beso al convaleciente agujerito, colocó el algodón sobre la hendidura del trasero de su novia, lo terminó de escurrir, haciendo que Lena se quejara.



- Está caliente…- susurró, hundiendo su cara en las sábanas.



Yulia se acercó a su ano y lo sopló para calmarle la temperatura. Volvió a hundir el algodón en el agua, lo sopló un momento y lo volvió a escurrir sobre su ano, posando luego el algodón en aquel agujerito. Lena no sabía cómo sentirse; si consentida porque su novia le estaba intentando quitar esa molestia, si apenada por lo mismo, si mal por haberse quejado cuando podía haber aguantado un poco más el dolor o si enojada con Yulia por haberla lastimado. Yulia retiró el algodón y repitió el proceso cinco veces más mientras le tarareaba suavemente “La Cose Che Vivi”, acompañada por caricias y besos mientras el algodón reposaba sobre el agujerito. Lo retiró y sopló hasta dejarlo seco.



- Más tarde ya no te va a doler…- murmuró Yulia mientras preparaba el gotero.



- No me dolía…- bostezó Lena contra las sábanas.



- Te conozco, Lena…- bostezó por contagio y vertió dos o tres gotas con el gotero por su agujerito, tenía un olor agradable, como a hierba de limón, que opacaba totalmente aquel olor molesto de lo anterior. Se lo esparció por su agujerito, masajeándolo suavemente en círculos, luego introdujo la punta de su dedo para esparcir el aceite por dentro. – No te preocupes, no te va a dar una infección...listo- dijo, dándole un beso en su trasero por seña que podía tomar otra posición.



Lena se volvió a acostar sobre la cama, sintiendo un leve hormigueo en su trasero, como si hubiera sido un analgésico lo que Yulia le hubiera aplicado, porque eso era, y resolvió acostarse sobre su costado mientras Yulia ordenaba y se deshacía de aquel olor molesto. Escuchó a Yulia gruñir y dar un golpe, y era porque Yulia se estaba reprendiendo a sí misma por lastimar a Lena, se había pegado en la mano derecha, con la que había pretendido penetrarla. Lena la esperaba, todavía desnuda, y, cuando la vio acercarse, le clavó la mirada en aquellos ojos azules rodeados por blanco a grietas rojas, cosa que no pudo apreciar bien porque Yulia apagó la luz, precisamente para eso, para que no la viera.



- Me gusta que me cuides…- murmuró Lena, aferrándose a Yulia como cuando se habían despertado.



- No tendría que cuidarte si no te lastimara- repuso, abrazándola fuertemente y dándole besos en su cabeza.



- Son cosas que pasan, que ni tú ni yo podemos prever…y que no quiero prevenir tampoco- sonrió, paseando su mano dentro de la camisa de Yulia, sintiendo el yacimiento de sus senos y retirándose de ellos porque sabía que Yulia no se sentiría cómoda. – Se latrévo…- susurró para Yulia, haciendo que sonriera y se riera por su nariz.



- Yo también te adoro, mi amor- y se fundieron en un abrazo hasta que Lena se durmió, siendo protegida por Yulia.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Sep 26, 2014 7:55 pm


Yulia no logró conciliar el sueño hasta cuando el sol ya había salido, tiempo que utilizó para pensar en lo de Katya, quien había aceptado ir a Venecia y eso la ponía nerviosa, pues dormiría con ella y con Lena en la misma habitación en vista de que ya no tenían habitaciones individuales vacías, cosa que la llevaba a preguntarse cada tres minutos o menos si ella sabía de las preferencias sexuales de Lena, si sabía algo de ella, algo en general, pero lo hecho, hecho estaba y ni modo. Alina, por el otro lado, se había negado a ir a Mýkonos porque tenía una cena muy importante, Yulia se habría enojado cuando supo que era de la AGFP “Asociación Griega de Filósofos Post-modernos”, pero no, porque sabía que su hermana era incapaz de pensar más allá de las cuatro paredes y la melena rubia que la tenía en casa.



- ¿Excitada?- murmuró Lena con una sonrisa mientras tiraba de aquella camisa de botones hacia los lados y reventaba las costuras que sostenían los botones, liberando sus senos. Yulia se rió por la nariz. – Oops…¿era cara?- sonrió pícaramente, mordiendo su labio inferior por el lado derecho.


- Benetton- rió, embistiéndola contra la pared mientras la tomaba por sus muslos y la cargaba contra la pared, enterraba sus labios en el cuello de Lena.



- Castígame por cuarenta y cinco euros- rió Lena entre su respiración cortada mientras se quitaba su camisa desmangada con dificultades, sólo para que Yulia se hundiera entre sus senos mientras Lena buscaba de qué detenerse, y no vio nada aparte de la ducha en sí, tomándola con las dos manos y estirando, por consiguiente, sus senos hacia arriba; levantándolos.



- Puedes quebrar, romper, arruinar cualquier cosa…- murmuró, viéndola a los ojos. – Pero no lo más caro y preciado que tengo… ¿entendido?- dijo, levantando su ceja.



- ¿Y eso qué es? ¿Tu Patek de noventa mil?- sonrió, no entendiendo y acordándose de cuando Yulia casi muere de un infarto cuando su reloj cayó al suelo y creyó que lo había rasguñado, fue cuando le preguntó el precio y la marca, pues no era el único reloj que Yulia tenía, pero era el único que cuidaba de esa manera.



- Ese lo puedes quebrar si quieres…pero no es lo más caro que tengo, ni lo más preciado- aquel contacto visual era intenso, todavía Yulia cargaba a Lena, pero sus miradas eran dulces, como si una flauta traversa tocara en el fondo. Lena levantó sus cejas, como diciéndole “dime, por favor”. Yulia bajó a Lena, respiró hondo y se aclaró la garganta. – Son dos cosas que no puedo separar…- bajó su mirada y tomó la mano de Lena en la suya.



- ¿Mi amor?- murmuró, levantando el rostro de Yulia con su dedo índice libre.



Yulia suspiró y puso su mano, junto con la de Lena, entre sus senos y, al mismo tiempo, puso su mano izquierda en medio de los de Lena. Y es por eso que la atmósfera entre ellas dos cambiaba totalmente de un momento a otro, pues pasó de aquel salvajismo erótico a algo más romántico y apasionado. Lena sonrió sonrojada y se acercó lentamente a Yulia, sólo para besar en donde estaban sus manos. Retiró lentamente la camisa de Yulia hacia afuera, haciendo que cayera ruidosamente sobre el suelo mojado de la ducha mientras empujaba a Yulia con besos por su pecho, bajando por su abdomen con su corazón a mil y no por excitación, sino por lo que Yulia le había dicho, más bien insinuado. Bajó su tanga y volvió a subir por sus muslos con besos hasta llegar a su cuello; no sin antes haberse quitado ella su tanga mientras estaba agachada.



- ¿Excitada?- repitió Lena al oído de Yulia, haciendo que gimiera. – Creo que sí- sonrió, devorándose sus labios mientras sus manos recorrían aquella piel levemente bronceada por el sol romano, imaginándose lo que un poco de sol despiadado veneciano le haría para que luego un sol mykoniano afianzara su bronceado.



Lena bajó directamente a su clítoris, abriendo las piernas de Yulia, cargando con su pierna izquierda sobre su hombro mientras el agua fría le resbalaba a Yulia por el abdomen. Yulia estiró los brazos, deteniéndose de la pared y de la puerta de vidrio mientras sentía la lengua de Lena coquetear con su clítoris, echaba la cabeza hacia atrás, el agua fría le daba cierta inestabilidad, era como si quisiera enfriar lo caliente de su vientre, pero Lena era más poderosa que el agua fría, haciendo del clítoris de Yulia un punto hinchado y sabroso. Introdujo su dedo índice y medio de golpe en Yulia, moviéndolos de adelante hacia atrás mientras Yulia se apoyaba con ambos pies sobre el suelo y se abría todavía más; topando sus pies contra la pared y contra la puerta. Lena recorrió su labio inferior desde por donde sus dedos causaban espasmos precoces hasta su clítoris, en donde succionó con fuerza y, mientras lo tenía succionado, paseó rápidamente la punta de su lengua por el hinchado y rosado clítoris de Yulia al mismo ritmo que sus dedos presionaban su G-Spot.



Tres segundos de incertidumbre en el mundo fisiológico de Yulia y expulsó los dedos de Lena hacia afuera junto con una prominente eyaculación que llenaba los labios sonrientes de Lena que tragaban lo poco que aterrizaba en su cavidad bucal. Yulia era un nudo de convulsiones corporales y mentales, que no sabía ni el día, ni la hora, ni el lugar, sus piernas se flexionaban inconscientemente, jadeaba sin poder cesar, deseaba que hubiera algo de qué poderse sostener con sus manos, algo que pudiera apuñar a ciegas, pues su habilidad de abrir los ojos era realmente nula mientras apretaba su mandíbula entre aquella evacuación de placer que hacía de su piel la sensibilidad en persona. Lena abrazó a Yulia mientras aquella hermosa mujer temblaba desparramada en los brazos de aquel otro despampanante espécimen, sintiendo su G-Spot invadirle su vagina entera, su clítoris del tamaño del mundo, que el aire no era suficiente, que los besos de Lena en su cuello eran quinientas mil veces más profundos y potentes, que su mano frotando su clítoris, presionándolo, de izquierda a derecha y de adelante hacia atrás, eran como una dulce y feliz perdición.



- ¿Cómo se siente mi Arquitecta?- murmuró Lena, volviendo a recorrer el cuerpo espasmódico de Yulia. Yulia intentó balbucear alguna respuesta que no pudo, emitiendo únicamente un sonido gutural y gracioso para Lena, una respuesta digna de un orgasmo así de explosivo. – Mi amor…- susurró Lena, rozando su nariz contra la de Yulia, sintiendo su respiración todavía cortada rozarle sus labios. – Literalmente te corriste en mi boca- Y Yulia era la personificación del color rojo. – Sabes delicioso…- suspiró sonriente, atrapando el labio inferior de Yulia entre sus dientes y acariciándolo con su lengua. - ¿Ducha?- sonrió, sintiendo el agua más fría que antes.



Yulia reguló el agua, tornándola tibia para que la temperatura no causara tanto impacto, se lavó su cabello para luego asistir la espalda de Lena con la esponja, esparciéndole aquella fragancia de almendra, inundando la ducha mientras Lena trataba su cabello con el acondicionador de aquel mismo olor. Le encantaba ver a Lena peinarse con sus dedos para luego tomar su cabello en una mano y retorcerlo, y retorcerlo hasta hacerlo un moño, que se detenía él sólo, mientras se daba la vuelta para enjuagar a Yulia de la misma manera.



- Buenos días, ¿qué tal amanecieron?- saludó Larissa a Phillip y a Natasha en cuanto entraron a la cocina.



- Buenas tardes, Larissa- sonrió Phillip, dándole un beso en ambas mejillas. Natasha un abrazo. – Muy bien, ¿y usted?



- Muy bien, también. Les hice unos biscotti de chocolate y almendras para que coman algo antes de irse- sonrió, alcanzándoles un plato con aquellos biscotti perfectamente horneados y todavía tibios. - ¿Qué quieren de tomar? ¿Café americano? ¿Latte? ¿Latte Macchiato? ¿Lo que suele tomarse Yulia?



- Yo un Latte- sonrió Phillip, llevándose un biscotti a la boca y mordiendo a través de esa perfección de punto medio entre suave y crujiente.



- Probaré lo de Yulia, gracias- agregó Natasha con una sonrisa, viendo a Larissa darse la vuelta y caminar hacia la cafetera, depositó agua en la parte inferior, el café recién molido y lo colocó sobre la hornilla KitchenAid, la que calentaba más rápido.



- ¿Leche descremada, semidescremada o entera?- preguntó Larissa mientras abría el congelador y veía las tres botellas de leche.



- Semidescremada para los dos- sonrió Phillip, metiendo el segundo biscotti entre sus dientes.



Larissa vertió toda la leche en una jarra de aluminio y sacó dos tazas; una verde y una roja. Se dirigió a la máquina de vapor y la dejó por treinta segundos, mientras sacaba una tableta de chocolate blanco con turrón de almendras y cortó dos trozos, depositándolos en la taza roja. Retiró la jarra metálica, le dio unos golpes contra la encimera, la sacudió levemente en forma circular y la dejó reposar. Sacó una botella de extracto de almendra y vertió menos de un segundo en la taza roja. Tomó la cafetera y la vació en la taza verde, seguido por llenarla con parte de la leche vaporizada de la jarra de aluminio y se la alcanzó a Phillip. Vertió un poco de la leche en la taza roja, derritiendo de inmediato el chocolate; dejó un poco para vaporizarlo en frío, para luego ponérsela encima junto con un poco de nuez moscada para alcanzársela a Natasha.



- Bon appetit- sonrió Larissa mientras le alcanzaba una cuchara. Escuchó las llantas de aquel coche rodar por la grava. – Discúlpenme un momento, coman lo que quieran- volvió a sonreír con aquella calidez maternal que sonrojaba a Phillip, Katherine no era así con él, ni por cerca.



- Ciao, Larissa- saludó Oleg en un cantadito ridículo, apoyado con un brazo al marco de la puerta, viendo sobre sus gafas Armani. – Bellisima, come sempre- halagó a la única esposa que alguna vez tuvo. Nunca le había dejado de gustar su físico, menos su sentido de la moda; siempre de pantalón a un tanto ajustado y hasta los tobillos, mocasines Prada de cuero y blusas hasta por debajo de los codos; ya fuera el corte o el doblado.



- Non so che cosa dobbiamo parlare…- suspiró, con aquella mirada hastiada de un verdadero y profundo “ya sé de qué vienes a hablar pero sé que no vas a dejar en paz a Yulia hasta que te aburras del tema”.



- Siempre fuiste tan cariñosa- rió, entrando a la casa, viendo que Natasha y Phillip estaban en la cocina. - ¿Quién es esa?- preguntó, bajando las escaleras, se dirigían a la terraza; la conversación iba destinada a ser corta, intensa y subida de tono.



-Oleg, ¿de qué quieres hablar?- Larissa estaba molesta por la insistencia, pero no quería que molestara directamente a Yulia, quiso evitarle una escena frente a Lena y a sus amigos, que no sabía lo previamente ocurrido, oh, ese mal rato inevitable.



- ¿Me puedes explicar quiénes son esos?- repitió, sacando un cigarrillo y encendiéndolo, exhalándole el humo a Larissa sobre el rostro, cosa que hacía explotar a cualquiera.



- Son amigos de Yulia



- Yulia tiene amigos- rió sarcásticamente. - ¿Desde cuándo los homosexuales pueden tener amigos? Bueno, amigas- dijo, enfatizando el género femenino de la situación.



- Eso no nos incumba ni a ti ni a mí, Yulia nunca ha estado tan feliz, tu hija nunca ha estado tan feliz



- Yulia no es mi hija, yo no tengo hijos homosexuales



- Oh, Oleg, per favore!- rió Larissa cínicamente, viendo la mirada de Oleg tornarse violenta, no le gustaba que se rieran de él, menos en su cara. – De tus tres hijos, Yulia es la única que no te ha decepcionado: Aleksei, el fraude y dos veces porque le asolapaste el primero, Alina, le asolapaste una vida sedentaria e idílica y luego vienes a juzgar a Yulia…tienes razón, no tienes hijos homosexuales, tienes un fraudulento, una sedentaria y una exitosa, ¿dónde cabe la homosexualidad en esto?



- Tú fuiste quien los arruinó- gruñó, inhalando profundamente su cigarrillo.



- ¿Yo?- volvió a reír. – Eduqué de igual manera a mis hijos, les di la misma cantidad de amor y atención a los tres y, ¿qué pasó? A Aleksei y a Alina los has consentido, Yulia…que no te quiere ni ver pintado ¡y mira lo exitosa que es!



- Eso es porque mi manera de educarla fue fuerte y dio resultados…



- Tú mismo te contradices…como siempre- rió, viéndolo con mirada penetrante. – Y esa no es manera de educar, poco hombre- fue el reclamo más liberador para Larissa. – Deberías estar rendido a sus pies, de rodillas, pidiéndole perdón, regalándole tu dignidad en una caja, no depositándole quince mil euros al mes para que no los use nunca, el dinero no compra el perdón….el perdón no se compra, y con Yulia llevas las de perder…- continuó, sacudiendo su cabeza en desaprobación. – Déjala en paz



- Larissa, ¿no lo ves? ¡Está con una mujer! ¡Eso no es normal, por Dios!- se exaltó, botando su cigarrillo y pateándolo con fuerza, como un niño caprichoso.



-¿Normal? ¿Y qué sabes tú de normalidades? Déjala en paz, Oleg…te lo advierto, Yulia ya no es una niña, es dueña de su vida, de ser feliz…



- ¿Vas a dejar que esté con una mujer? ¡No es su amiga!- gritó, tan fuerte que Yulia, desde su habitación, escuchó aquella profunda voz penetrar las paredes mientras se ponía sus TOMS. Yulia, sólo en sostén del torso, tomó la camisa en sus manos y, corriendo hacia la terraza, se la puso en el camino mientras llamaba a Piccolo. - ¿A caso no las has visto besarse? Eso no es de amigas, ni aquí, ni allá, ni en la China



- ¿Y a ti qué? – se encogió de hombros, con esa sonrisa desafiante, pues Oleg no había visto un beso de aquellos, como los de la cajuela del Jaguar. Lo estaba provocando con el mayor de los placeres, sabiendo que no podía ponerle una mano encima. Lena salió tras de Yulia mientras abotonaba su camisa en el camino, parándose de repente por miedo.



- Tú me reprochas a mí por asolaparle a Aleksei lo del fraude…tú le asolapas la homosexualidad sin sentido a nuestra hija- gruñó. Se sentía impotente, tan impotente como nunca; por no poder descargar su enojo a través de la violencia, pues a Larissa nunca había podido ponerle la mano encima, sólo a Yulia porque la veía de menos, más inocente, más ingenua, sin poder.



- Yo no soy nadie para juzgar a mi hija, la amo…y, ¿sabes qué? Adoro a su novia- rió.



- ¿Su novia? ¡Eso no existe, Larissa, por favor! ¡Esa es…- gritó.



- ¿Esa es qué?- interrumpió Yulia, con Piccolo a su lado. Caminó hacia Oleg en tono determinado, espalda erguida, frente en alto, irradiando valor.



- Yulia, Tesorino- sonrió hipócritamente Oleg. – Dale un abrazo a papá- abrió sus brazos, acordándose de la vez que con un abrazo la había educado, presionándola contra su pecho varias veces, de golpe, hasta dejarla casi sin respirar y con los bordes de su reloj marcados en la espalda.



- Ni un abrazo ni un carajo- gruñó. - ¿Tienes algún jodido problema conmigo? ¡Por un carajo y medio, dímelo a la cara!- siseó, pero era con enojo, con desprecio.



- Yulia, tu papá ya se iba, no, ¿Oleg?- intentó intervenir Larissa, viendo aquel duelo de miradas, igualmente fuertes, turbulentas e iracundas.



- Larissa, por una vez, cállate- dijo, Oleg, levantando su mano con mirada aburrida.



- Respeta a mi mamá- exigió Yulia. – Respétame, respeta mi vida, respétate- gruñó, empujándolo con ambos brazos por sus hombros hacia atrás.



-¡¿Cómo puedo respetar a una lesbiana?!- gritó, levantándole la mano, listo para soltarle una bofetada.



- Ni se le ocurra pegarle- gruñó Lena desde la puerta, con una mirada que atravesó a Oleg, por primera vez una mujer lo había detenido, cosa que no le gustó. Phillip estaba detrás de Lena, Oleg caminó hacia Lena, apartando a Yulia al empujarla hacia un lado, haciendo que cayera sentada sobre la grama. Piccolo ladró.



- “Coño” te pregunta quién eres- dijo Oleg, con aquel tono seco y rabioso, remontándose al episodio de la cocina.



- Acuérdese de mi nombre y de quién soy: Elena Katina, la novia de Yulia, quien algún día será mi esposa, le guste o no- gruñó, creando en Oleg un ahogo de odio, Lena no se movió ni le apartó la vista de la suya.



- Piccolo!- gritó Yulia, haciendo que fuera directo a morderle el tobillo, no podía dejar que le pegara a Lena, pero falló, pues Oleg le soltó una patada en el hocico que lo dejó inconsciente.



– Pégueme si es tan hombre como se cree- lo desafió. Levantó su brazo y Lena sin inmutarse, se preparó para el golpe.



- Ni se le ocurra pegarle a mi hermana- gruñó Phillip, pasando su brazo por encima del hombro de Lena y deteniéndole la bofetada. – Ni a ninguna otra mujer- dijo, apartando a Lena con su otro brazo.



Yulia estaba petrificada, todavía sentada sobre la grama, con el corazón que iba a reventarle el pecho de ver a aquel hombre, que alguna vez le pegó, renacer, era como enfrentar todas y cada una de las veces que le había pegado, el cuerpo le ardía en dolor psicológico, todos aquellos puntos que fueron alguna vez lastimados, ahora el doble, viendo a Piccolo tirado e inconsciente sobre el hormigón, a Larissa abrazar a Lena, Phillip interviniendo, una pálida Natasha en el fondo contemplando la escena.



- Métase con alguien de su tamaño- dijo Phillip mientras le soltaba la mano a Oleg, más bien se la retiraba con fuerza, como si se la estuviera tirando. – Lena, ¿estás bien?- murmuró calmadamente mientras se giraba hacia Lena y no veía el puñetazo de Oleg, directo al estómago, más bien a la cadera, encontrándose con un hueso, algo un tanto más rígido de lo que esperaba. Natasha casi se muere, pero no se iba a meter en aquella escena, ni loca salía golpeada, nadie la había golpeado nunca, no veía por qué ese viejo patético y ridículo, con el perdón de Yulia, le pegaría.



Phillip sintió un leve dolor y la falta de aire, pero el enojo lo poseyó como nunca antes. Giró su cabeza y, de un movimiento, le devolvió el puñetazo a Oleg pero en la cara. Yulia simplemente cedió a la impresión y sintió la paz y el mareo invadirla hasta que cayó acostada sobre la grama al mismo tiempo que Oleg caía de espaldas, sobre aquel inerte Weimaraner, al suelo. Phillip lo tomó por el cuello de la camisa, levantándolo mientras éste se sobaba la quijada. Lo arrastró hasta el auto con odio, profundo desprecio e ira.



- No se le acerque a Yulia, ni a Lena…que lo voy a emparejar, se lo advierto- dijo, con aquella sonrisa victoriosa.



Natasha y Lena corrieron a Yulia para levantarle los pies y desabrocharle lo que le apretara mientras Larissa buscaba alcohol, un vaso con agua y un biscotti. No costó mucho que Yulia reaccionara, tardó más Phillip en llegar que Yulia en reaccionar. Tomó un poco de agua, estabilizó sus sentidos, comió el biscotti mientras notaba a Phillip en el fondo, a gatas y con la cabeza casi por el suelo, no entendiendo nada, Natasha y Larissa le tapaban el panorama. “Piccolo”. Yulia gateó hasta Piccolo, viéndolo ahí tirado, estático, sin mover un tan sólo músculo. Acarició su dorso y su inerte tórax, su pecho y su cruz, rascándolo detrás de su oreja, pero no tuvo ninguna respuesta. Le susurró su nombre mientras acercaba su oído a su hocico, para escuchar nada. Delicadamente tomó sus patas y lo colocó sobre su lomo, localizó la arteria femoral y colocó la palma de su mano en la parte interna de su Weimaraner para sentir nada. Tragó duro y profundo, devolviéndolo a la posición en la que estaba, acarició su stop siempre en dirección a la húmeda nariz una y otra vez mientras le acariciaba su cuello; todavía estaba tibio, como siempre.



- ¿Me ayudas?- susurró a Phillip, volviéndolo a ver con sus ojos saturados de agua a punto de estallar en lágrimas.



Phillip metió sus manos bajo aquel cuerpo sin vida y lo levantó entre sus brazos, siguiendo a Yulia mientras se limpiaba los ojos con los puños; se le notaba triste, pero más que triste, irritada, colérica, indignada. Caminaron escaleras abajo, haciendo una parada en la caseta de Donatello, el Handyman, para recoger una pala y una excavadora manual, llegaron, por el borde de la piscina, a un sendero marcado en grava marrón, rodeado por grama y luego árboles, hasta llegar a la orilla del lago, un poco menos de cinco minutos caminando. Yulia, con el primer hundimiento de la pala, que hundió con su pie, derramó la primera lágrima de despedida. Phillip recostó a Piccolo debajo del último árbol, tomó la excavadora y, en silencio, ayudó a Yulia a hacer un agujero de buen tamaño y buena profundidad para luego depositar cuidadosamente a Piccolo en él. Yulia le acomodó las patas, lo acarició por última vez y comenzó a rellenar el agujero.



- Lo siento- suspiró Yulia mientras se lavaba las manos y los brazos con el agua del lago.



-¿Por qué te disculpas?- murmuró Phillip, agachándose a la par suya e imitándola.



- Porque presenciaste esa escena…



- Hey…- susurró, tomándole las manos mojadas en las suyas. – El es tu familia… yo debería pedirte una disculpa- murmuró, irguiendo a Yulia y poniéndola de pie. – Le pegué a tu papá, lo siento…



- No te disculpes por eso…



- Sólo acepta mis disculpas, y mis condolencias por Piccolo…- la abrazó, sintiendo a Yulia hundir su rostro en su hombro mientras se aferraba. – Ayudaría un Cigarrillo?- susurró, paseando sus manos por su espalda. Yulia asintió.



Fumaron el cigarrillo de regreso a la casa, sin volver a ver atrás. Larissa se había disculpado con Lena, y no sólo eso, también le había confesado su admiración por el valor que tenía al enfrentar a un violento como Oleg, más porque le daba la impresión que sabía, muy a fondo, lo que para Yulia significaba Oleg. También se disculpó con Natasha, por la escena, quien le dijo que no se preocupara, que ahora entendía a Yulia perfectamente, que la escena sería olvidada por su parte y nada que disculpar. Yulia regresó más repuesta después de aquel Marlboro rojo y, con una leve sonrisa, abrazó a Lena y la besó frente a su mamá y a Natasha, un beso de agradecimiento y de amor.



- ¿Estás bien?- susurró Yulia, deteniendo a Lena con sus manos por sus mejillas y viéndola a los ojos.



- Estoy más que bien- sonrió. – Siento mucho lo de Piccolo-susurró, dándole un abrazo febril que la reconfortó.



- Voy a cambiarme y nos vamos, ¿si?- murmuró, como si en aquella cocina sólo existiera Lena y nadie más. Yulia se dio la vuelta y, dándole una sonrisa a Larissa, salió de aquella cocina para cambiarse totalmente, pues llena de tierra: nadie, menos Yulia Volkova.



Volvió a bajar como nueva, con un jeans ajustado pero sin ser skinny, sus TOMS, que ya no eran blancos, y una blusa de encaje rosado pálido, “del mismo tono de los pezones de mi novia”, mangas hasta por debajo de los codos, un tanto transparente, por lo que tuvo que ponerse una camisa blanca abajo. Su cabello se lo arreglaba en agarrarse el flequillo por ambos lado hacia atrás para detenérselo con uno o dos pins, su cabello negro con algunos lados aclarandose



- Tía Carmen viene a cenar, tráeme un manojo de cebollines, por favor- sonrió Larissa después de que Yulia y el resto se despidieran de ella.

*


Se reunieron con Inessa en la puerta del edificio donde vivía. Vivía entre los primeros diseños de Lena y los diseños que Lena dejó en cuanto se fue a Nueva York, una decoración sobria y sencilla que invitaba cómodamente a sentirse como en casa; paredes blancas, piso de madera, todo muy acorde y los muebles que Lena misma había diseñado y construido, ya fuera a prueba y error o a diseño concreto, pero no estaba mal según Yulia y eso que era bastante exigente en lo que al ambiente de una casa se refería. En un momento en el que todos estaban en la terraza, alistándose para salir a caminar un poco y comprar los cebollines que Larissa le había pedido a Yulia, Lena atacó a su mamá con la situación de Katya; tanto como que iba a llegar a Venecia como que le gustaría que Katya viviera con ella y que estudiara en Roma, que ella se lo pagaría. Inessa no hizo muchas preguntas al respecto, en el fondo sabía que Yulia estaba detrás de todo, tanto en lo económico como en la idea en sí. Por Inessa no había ningún problema, de igual manera, la habitación que Lena había utilizado tres meses en ese apartamento, después que la despidieran de Armani Casa, seguía habitable, sino, Lena, o mejor dicho Yulia, compraría lo necesario, pues habían acordado que Lena pagaba los estudios y Yulia los gastos colaterales. Lena se despidió de su mamá, igual que todos los demás, pues era una pena que no pudiera acompañarlos a cenar donde Yulia, tenía una cena que no podía perderse.



Llegaron a eso de las siete de la noche a Castel Gandolfo, sólo para encontrarse con una suculenta cena que necesitaba el último toque: los cebollines. Comieron en sentido de “despedida”; chuletas de cordero a la parrilla al ajo, limón y mantequilla, potato skins porque Phillip dijo que le encantaban, puré de patatas porque a Yulia le gustaba, un buen Petrus Pomerol y, de postre, un tiramisú de chocolate. En esa ocasión, Doña Carmen no se rió a expensas de Phillip, sino más bien de Natasha en cuanto Yulia contó, muy elegantemente durante el postre, la vez que Natasha y ella habían ido con Phillip a Universal Studios por unos días, para que, justamente antes de “The Hulk”, Natasha se comiera tres pedazos de pizza y una Coca-Cola gigante y, al sentarse en la primera fila del vagón, su vomitó fue repartido equitativamente por las nueve filas de asientos más.



- El tren sale a las diez y cuarenta, con que salgamos a las nueve de aquí, llegamos perfectamente- dijo Yulia antes de que Larissa, Phillip y Natasha se retiraran a dormir.



- A las nueve- repitió Larissa como para sí misma. – Buenas noches



- Boa noite- repuso Natasha, guiñándole el ojo y no sabiendo por qué, se sonrojó. – Yo también ya tengo sueño, creo que me voy a dormir- balbuceó entre un bostezo que le contagió a Phillip.



- Que tengan buena noche- sonrió Lena, sacándole la lengua a Phillip.



Phillip se acercó sonriente a Lena y le dio un beso en la cabeza, luego abrazó a Yulia y, esperando a Natasha que daba las buenas noches con besos y abrazos, se retiraron de la mano hacia su habitación.



- ¿Cómo estás?- murmuró Lena, ayudando a Yulia a poner los platos en la lavadora.



- Bien, mi amor, ¿y tú?



- Bien también…- sonrió, viendo a su Yulia, por primera vez, como si Oleg no le importara en lo absoluto.



- Gracias por lo que has hecho por mí frente a mi papá…- dijo Yulia, colocando la última copa en la lavadora y abriendo el gabinete de la par para sacar una pastilla de jabón.



- Haría lo que fuera, no iba a dejar que reviviera en ti todo lo que ya superaste- Yulia cerró la compuerta y apretó unos cuantos botones.



- Si te hubiera pegado, no me lo hubiera perdonado...- tomó las manos de Lena y las besó.



- Así como me cuidaste por la madrugada, así me habrías cuidado…no habría sido tu culpa tampoco, no pasó, despreocúpate, ¿si?- Yulia sólo asintió, tomando a Lena por la cintura y levantándola para sentarla en la encimera.



- Hay dos botellas de Grand Cuvee, ¿brindamos?- sonrió Yulia.



- ¿Por qué brindamos?- murmuró Lena, volviendo a ver a Yulia que le alcanzaba una botella para ella abrir una.



- Ábrela- sonrió, quitándole el seguro y empujando un poco el corcho para escuchar aquel sonido celestial de un champán recién abierto, seguido por el de Lena. – Brindemos por…por el amor- titubeó, queriendo decir “Brindemos porque algún día serás mi esposa”, pero no se atrevió.



- Por el amor- sonrió Lena, chocando su botella con la de Yulia y haciendo lo imperdonable: empinarse la botella y tomar directamente de ella. – Sabes…- murmuró, desvaneciendo su intención de decir algo con los segundos.



- Dime- repuso Yulia, dándole un trago, o dos, o tres a su botella.



- El Grand Cuvee es rico- sonrió, dándole ella un trago, o dos a la suya.



- ¿Pero?



- Pero sabría mejor si la bebo de tu cuerpo- y, ¡ah!, eso había sonado demasiado sexy. – Ven- sonrió, bajándose de la encimera y tomándole la mano a Yulia, dirigiéndose hacia la piscina.



Hacía un poco de frío, el champán estaba frío, muy frío, pero no les importó y, ante las estrellas y la media luna, se desvistieron una a la otra entre besos y caricias, entre tragos y ahogos de Grand Cuvee, Y estando ahí, desnudas una para la otra, se metieron entre quejidos al agua fría de la piscina, que la dejaron de sentir fría en cuanto el calor de la tensión sexual subió mil niveles. Las botellas a medio beber reposaban sobre el hormigón, a la par de un Chais Lounge, en donde la ropa estaba regada. Yulia se sentó a la orilla de la piscina para alcanzarle a Lena una de las botellas; volviendo a chocarlas para beber otros tres o cuatro tragos seguidos, sintiendo ese hormigueo bajarles por la garganta; ese sabor amargamente dulce, esa picazón en la nariz, esa esencia única del champán. Lena le abrió las piernas a Yulia, Yulia se recostó sobre el hormigón con sus codos, subiendo sus pies a la orilla también, quedando un tanto inclinada con su abdomen.



Lena vertió un poco de champán en su abdomen y, con un impulso de brazos, salió un poco del agua para lamer aquel trazo etílico. Le indicó a Yulia que se recostara totalmente y, vertiéndole aquel líquido frío y burbujeante a Yulia sobre su entrepierna, haciendo que emitiera un quejido por la temperatura y las cosquillas de las burbujas el reventarse sobre su piel, observó cómo aquel líquido se resbalaba por los labios mayores de Yulia, por entre ellos también, llegando hasta hacerle cosquillas a su ano. Yulia se irguió un poco para dar otros tragos, quedaba un poco más de un cuarto de botella. Lena volvió a verterle un poco sobre su entrepierna, posicionando su lengua en su ano, esperando la llegada del champán; todo para lamer desde aquel agujerito hacia arriba, provocando en Yulia un quejido lascivo de placer que por poco arrastra a Lena al orgasmo. Lena bebió un poco de su champán, dejando un poco para verterlo todo sobre el vientre y la entrepierna de Yulia, creando la misma sensación.



- Fuck…- jadeó Yulia al sentir que aquel líquido se adentraba por entre sus labios menores mientras Lena introducía su dedo de golpe en su vagina ya mojada por la anticipación.



Y Yulia, bebiendo hasta terminarse su Grand Cuvee, se dejó llevar por la salvaje lengua de Lena y sus sensuales dactilares embestidas, siendo acompañadas por un hermoso e indescriptible placer que le proveía su novia con su dedo índice izquierdo en su ano, penetrándola en ambos agujeros y abusando descaradamente de su clítoris. Yulia arqueaba su espalda, se aferraba del Chaise Lounge o de la ropa que tenía cerca, pero no le servía de nada, era como si el orgasmo eyaculatorio de la mañana la hubiera dejado inestablemente sensible, lo que hizo que, de un segundo a otro, se elevara en un orgasmo que anunció al viento y al Lago Albano y a toda la comunidad de Castel Gandolfo, un orgasmo bajo el nombre de ”Lena”, cuyo nombre inundó no sólo el ambiente y el viento, sino las entrañas de Yulia, haciendo que Lena se sintiera la dueña de su placer y de su mundo, porque lo era.
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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Oct 01, 2014 9:00 pm

Ok aquí sigo con mas






- Amor, ¿tu hermana sabe de…?- susurró Yulia para no despertar a Phillip y a Natasha, quienes dormían frente a ellas. Iban en el tren camino hacia Venecia, sentados los cuatro a una mesa del Frecciargento 9416, para llegar a Venezia Santa Lucia a las dos y veinte de la tarde.



- ¿De que me gustan las mujeres?- sonrió, haciéndolo sonar tan natural y tan…público.



- Pues, ¿te gustan las mujeres?- rió Yulia un tanto dolida del corazón.



- Me gusta una mujer- apoyó su frente contra la de Yulia mientras le tomaba la mano. – No es que cada mujer que me pase por los ojos me guste…en realidad soy un poco asexual- rió. – Pues, no, tampoco…mmm…cuesta que alguien me llame la atención



- Qué privilegio, mi amor- sonrió, viendo cómo a Lena también le gustaba jugar con sus venas saltadas de las manos, empujándolas delicadamente hacia los lados.



- Privilegio el mío…porque, hasta donde sé, tú eras heterosexual



- Sólo alguien como Elena Katina podía hacerlo- guiñó su ojo, con su sonrisa ladeada hacia la derecha, levantando su delgada mejilla. Lena se sonrojó. – Volviendo al tema, ¿lo sabe?



- Sí, lo sabe, mi amor…y sabe que tengo novia, pero no sabe ni cómo es, ni como se llama, ni nada



- ¿Por qué?- sólo había una explicación para eso: que a Katya no le gustara que su hermana fuera lesbiana.



- Porque quiero que te conozca como persona, no como mi novia…créeme, mi hermana no me comparte muy fácilmente



- ¿Me la tengo que ganar?- rió Yulia por su nariz, cerrando sus cansados ojos azules.



- Tiene diecinueve, no creo que ese sea un obstáculo…además, te la vas a ganar sólo con la suite, sino con las cinco GiftCards de Zara que le compraste, exagerada- rió un tanto fuerte, haciendo que Phillip se moviera.



- De Navidad y Cumpleaños, ¿no me dijiste que cumplía el quince de febrero?- Lena asintió, sonriente ante los nervios eminentes de su novia. - ¿Qué?- rió.



- Estás un nudo de nervios, relájate…jamás creí que una niña te pusiera así de nerviosa- enrolló sus ojos. – Cambiando el tema…Natasha no va a sobrevivir Venecia con eso- señaló la vestimenta de Natasha, un vestido de encaje negro, manga larga y flojo, hasta por arriba de los muslos y unas zapatillas Dolce & Gabbana de tweed rosado cosmético con rhinestones incrustadas.



- Yo, lo siento mucho, pero Venecia es…



- Lo sé, lo sé, a mí tampoco me gusta, y no lo sientas- rió, dándole un beso en el ángulo de sus labios.



Anunciaron la llegada a la terminal, despertaron a Phillip para que despertara a su novia con besos que fueron subiendo de tono, pues Natasha, aparentemente, se había olvidado que estaban en espacio público y casi se sienta sobre el regazo de Phillip para comérselo a besos. Natasha salió de la mano de Phillip, emocionada por ver aquella fantástica ciudad rodeada por agua, la que Hollywood le había vendido con películas como “The Tourist”, “Casino Royale” y “The Italian Job”. ¿Cuál Glamour? Si eran mares de gente cruzando de aquí allá, tráfico acuático que removía el olor pestilente del agua, sacando la más estancada del fondo, aquella sustancia turbulenta, densamente turquesa, hacia la superficie. Eso, y el sol abrazador que rostizaba la piel de todo ser humano víctima de Hollywood, así como Natasha, quien sólo salió de Santa Lucia y sintió derretirse.



- Boo!- gritó una voz aguda, asustándolos a todos, más a Lena, pues la atacante enterraba suavemente sus dedos en su cintura.



- ¡Katya!- sonrió Lena todavía con el corazón a punto de reventarle el pecho del susto. - ¡Hermanita!- se deshizo en un abrazo para su hermanita, realmente hermanita, aunque de hermanita nada.



Era una adulta joven, relativamente alta, quizás del tamaño de Yulia, 1.74, con razón a Lena no se le dificultaban ciertas cosas con alguien más alto. Era bronceada, un bronceado dorado y parejo, uniforme y sin exagerar, hombros cuadrados, no era delgada a lo raquítico, tampoco era gorda, ni rellenita, simplemente estaba normal y mortalmente distribuida; poco busto, poco trasero, caderas y cintura marcadas, pero con una sensualidad increíblemente rara; su rostro era largo, cejas pobladas pero depiladas de una manera tan perfecta que cualquiera quisiera tener unas cejas así, ojos verdes como en tono esmeralda, nariz pequeña, recta y corta, sonrisa larga, amplia y grande, labios carnosos y rosado pálido; rostro decorado por un cuello esbelto y largo y una abundante y larga melena rojizo que caía en ondas, que llegando a las puntas se acolochaba con gracia, y se dividía por la izquierda, por entre sus gafas de sol, dejando que su flequillo hiciera una onda que le daba estilo. Estaba vestida de negro, en camiseta desmangada común y corriente estilo henley, con los tirantes de su sostén saliéndosele por los omóplatos sin ser vulgar, una mini falda de encaje que le cubría lo suficiente y, dejando ver sus largas y bronceadas y tonificadas piernas; tenía cuerpo de tenista, unas sandalias de cuero de piso que adornaban unos pies de tamaño promedio, limpios y sin pedicurar; muy natural.



- Len, qué alegría verte- sonrió, con una blancura tan Katina que todos se impresionaron, la sonrisa era la misma; la de Lena, la de Katya y la de Inessa.



Lena se acordó, soltando a Katya y viendo a los tres estupefactos sonreír y se los presentó a Katya, comenzando por Yulia y terminando por Phillip. Hasta ese momento, Katya supo que la relación de Natasha y Phillip le intrigaba, no sabía por qué pero le daba curiosidad; los dos muy guapos, se tomaban de la mano, Phillip era muy guapo, tenía buen cuerpo, y Yulia, que creyó que era una amiga de Lena, de esas que acaban de terminar con su pareja y deciden irse de viaje, pues no le pareció mayor cosa. El conserje del Cipriani los esperaba justo a las escaleras húmedas que daban salida, o bien entrada, ficticia a Santa Lucia. Gio, por Giovanni, el conserje, se encargó del equipaje y de ayudar a las Señoritas a subir al bote. Era un hombre que se deshacía en amabilidades, de relativo buen parecido, alrededor de los cuarenta y cinco, bronceado y con cabello plateado y justamente largo, aplacado por una gorra de capitán blanca, en camisa tipo polo azul marino y pantalón blanco, de zapatos café. Llegaron al muelle privado y fueron recibidos por Roberto, quien los llamó por, literalmente, nombre y apellido y con una reverencia de cabeza para darles la bienvenida. Se acomodaron en las habitaciones, Phillip y Natasha en la Palladio Suite, que estaba conectada a la Suite de Yulia, Lena y Katya con vista al agua.



- Quiero caminar desde la Plaza San Marco hasta Piazzale Roma- dijo Natasha ante los planes para la tarde.



- Estas bromeando cierto?- dijo Yulia boquiabierta, incrédula.



- Eso es…como que un montón- rió Lena.



-No seas tan marica- rió Natasha. – Iré a pedir un buen mapa, porque aquí si nos vamos a perder, y nos vamos



- Yo que tú…- intervino Katya- Considero cambiarme zapatos



- ¿Qué tienen de malo mis zapatos?- frunció su ceño y vio hacia abajo, viendo sus hermosas ballerinas Dolce & Gabbana.



- Afuera está caliente, el suelo está caliente, creo que tus pies morirán en esos mini-hornos- sonrió Katya, enseñándole sus pies prácticamente desnudos en sus sandalias de cuero, que ahora se notaban ser Abercrombie.



- Yo creo que Katya tiene razón- sonrió Yulia, haciendo que Natasha viera sus pies, en una sandalias de cuero Gucci y a Lena en unos TOMS de lona beige.



- Así me voy, si entro a la habitación ya no salgo



- Sólo llama a Phillip que te baje unas sandalias- Phillip estaba en la habitación cambiándose el jeans por unos shorts blancos hasta por arriba de la rodilla, su camisa manga larga por una camisa Polo celeste ajustada al torso y sus zapatos “casuales”, que para Yulia eran formales, por unos Mocasines Prada café. Katya casi sufre de un infarto cuando lo vio, arreglando su cabello hacia atrás, viendo sus músculos casi reventar las mangas de la camisa, en exageración alla Katya, y que luego se ponía sus gafas de sol Tom Ford con aquellos brazos masculinos y fuertes que estaban decorados, en las muñecas, el izquierdo por un hilo rojo y el derecho por un Rolex Daytona negro, sí, Phillip era zurdo.



- Te traje unas sandalias- le dijo a Natasha, sacándolas del bolsillo trasero de sus pantaloncillos y sosteniéndolas al aire, unas Gucci parecidas a las de Yulia.



- Gracias, mi amor- le dio un beso fugaz en los labios. – Pero no me caben en el bolso, así estoy bien- dijo, con una sonrisa de necedad. – Adelántense, ya llego



Phillip se encogió de hombres y abrazó a Yulia y a Lena, dejando a Katya deseando ese trato, todavía más cuando atacó a besos a Lena y a cosquillas frente a Gio. Yulia, Yulia, Yulia, me daba risa el esfuerzo sobrehumano que hacía para acercarse a Katya. Cuando habían subido a la suite, Katya había estallado entre tanto lujo, diciendo “wow” a cada pequeñez. Pero lo gracioso era que Lena dormiría en aquella enorme cama, mientras Katya se enamoraba del sofá y Yulia del diván frente al sofá; como para que compartieran la atmósfera. Katya casi enloquece cuando, por estar conectada la Suite a la Palladio, tenían una terraza con muchas plantas que no sólo llevaba al Jacuzzi de la Suite de los futuros Señor y Señora Noltenius, sino también a la piscina del hotel; para lo que a Katya le encantaban las piscinas. Y, bueno, era un poco difícil intentar establecer conversación con Katya porque se le notaba que se desvivía por Phillip, aunque Lena ya le había advertido que él estaba comprometido con Natasha, y nada peor que un Harry Winston, de ciento veinticuatro diamantes de 1.30 quilates cada uno, coronados por un diamante de 2.01 quilates en una armazón de platino, para que a Katya le cohibiera Natasha, más por cómo exudaba seguridad a través de aquel rostro inmaculado, para afianzar a su prometido.



Gio los dejó en la Plaza San Marco junto con el mapa en las manos de Natasha, quien se encargó de tomar fotos mentales de cada detallito de aquella enorme, vacía, llena de palomas y turistas, grisácea y aburrida plaza. Yulia y Lena, aún Phillip, que ya habían estado en Venecia, no se explicaban cómo Natasha podía estar tan maravillada, pero les daba risa, era como ver a una niña con una Barbie nueva, en la época en la que las Barbies eran lo mejor, claro. Yulia y Lena, quienes no toleraban aquella ciudad, menos Yulia, quien siempre quiso, desde que fue la primera vez, hundir o incendiar la ciudad…pero es gusto de cada quien. Lena hacía un esfuerzo sobrenatural para no tomarle la mano a Yulia, pues sabía que Yulia y Katya debían llevarse un poquito más para conocerse, luego bombardear a Katya con la noticia, aunque Katya, después de que Yulia le comprara un gelato de “vaniglia, fior di latte e crema” y le enrollara una servilleta alrededor del pequeño recipiente verde traslúcido, todavía más después de que Yulia le limpiara a Lena una gota de gelato del ángulo de sus labios y luego llevara su dedo a su boca, ya lo sospechaba.



- ¡Al fin!- sollozó Lena, dejándose caer en unas gradas que tenían contacto directo con el agua.



- ¿Para esto caminé dos horas sin parar?- se preguntó Natasha.



- ¿Caminaste? Eso me suena a que tú sola lo hiciste…nosotros veníamos detrás- gimió Yulia, dejándose caer a la par de Lena. El sol los había rostizado sin piedad, los había hecho sudar a pesar de estar en la sombra, el olor era increíblemente molesto, las cantidades de gente, la gente que, de la nada, decidía detenerse y tomar una fotografía y chocaban contra ellos en aquellas calles angostas, los recolectores de firmas que atacaban en cualquier idioma, que Lena y Katya se libraban al hablar en ruso, Yulia en portugués, Natasha los escuchaba…era hasta imposible que hubieran caminado de punta a punta en dos horas, las réplicas Haute Couture, los acosadores vendedores ambulantes que salían corriendo a cada luz de la policía…



- Aquí tienen- dijo Phillip, repartiendo botellas de agua fría.



- Venecia es una farsa- se quejó Natasha, dejándose caer a la par de Yulia y reposando su cabeza en el hombro de Yulia.



Los demás rieron suavemente pero con descaro. Lena se quitó sus zapatos, dejando ver las plantas de sus pies enrojecidas por el calor. Yulia se quitó sus sandalias y se las alcanzó a Lena para que cambiaran de zapatos, Lena no tuvo valor de negarse, pues realmente lo necesitaba; Katya se conmovió ante aquello y supo lo indudable, más bien lo corroboró. Un bote de carga de equipaje pasó de largo por el canal y remató, de alguna manera totalmente típica, el agua contra las escaleras, mojándole los zapatos sólo a Natasha.



- ¡Por el coño de Atenea! ¡Esta ciudad es una ****! Lo he dicho!- gritó, quitándose su zapato derecho, gritándole al conductor del bote y arrojándole con odio su precioso Dolce & Gabbana de más de mil dólares, pegándole en la espalda.



- Pazza!- le gritó el conductor.



Vio el zapato cayendo sobre el canal, flotando con gracia y siendo el hazmerreír del resto de turistas…y de sus acompañantes, quienes intentaron ahogar sus risas, pero Yulia soltó esa risita que obligó a los demás estallar, hasta a Natasha, quien no tuvo más remedio que reírse a carcajadas.



– Qué ciudad más mierda- suspiró, buscando su par de sandalias en su bolso para acordarse de que las había dejado en la recepción del hotel. - ¿Dónde mierdas puedo comprar un par de sandalias?- preguntó al aire, con una sonrisa de “Je-Je yo sé que me lo dijeron pero no hice caso”.



- Puedes comprar unas marca “Carnaval de Venecia”- rió Lena a carcajadas, haciendo que los demás se rieran también.



- Very funny…- estaba indignada, pero le daba risa su propia indignación.



- She is indeed- Phillip sólo le arrojaba más leña al fuego.



- Había un Prada en la Plaza San Marco- dijo Katya, observando a Phillip estirarse con sus brazos amarrados a sus manos y hacia arriba, poniéndose de puntillas en sus mocasines, haciendo que sus pantorrillas se marcaran y sus brazos también.



- Alguien amable entre el grupo, gracias Katya- sonrió Natasha.



Yulia consiguió un Taxi con la ayuda de Lena, sí, un Taxi acuático, y Phillip cargó a Natasha en sus brazos, lo mismo del muelle a Prada, en donde no tuvo más remedio que comprarse unas ballerinas verdes que parecían un mero atropello de la ebriedad de Miuccia Prada misma. Mientras Natasha se medía aquellos zapatos, Katya se enamoraba de una cartera naranja.



- ¿Te gusta?- se acercó Yulia a Katya.



- Sí, es preciosa



- ¿Por qué te gusta?



- Bueno…- rió, un poco extrañada por la pregunta. – No es el típico color café, negro o gris para una cartera…es funcional…y no es tan llamativa como ésta- dijo, señalando una cartera de piel de pitón. – Pero es muy cara



- ¿Cuánto vale?



- Doscientos setenta- suspiró, cosa que a Yulia le acordó a Lena, la vez que habían ido a Bergdorf’s y Lena se había escandalizado por el precio de una chaqueta Jil Sander que, con impuestos, llegaba a los mil dólares.



- A mí me gusta ésta- sonrió Yulia, señalándole una cartera roja y de distinto diseño.



- Diría que eres como que la Máster de los Consumistas, pero tu amiga te gana- se carcajeó, señalando hacia atrás con su pulgar, a una Natasha que firmaba, en ese momento, el voucher de su nueva compra, dejándoles, de recuerdo, su zapato Dolce & Gabbana, ¿pues de qué le servía sólo uno?



Salieron de la tienda, respirando un poco de sombra y ausencia de sol por primera vez, esperando a Yulia, quien se había quedado atrás, comprando probablemente la cartera que le había gustado pero no, Lena sabía que no, sino era la cartera que le había gustado a Katya. Comieron, la primera vez, en uno de esos cafés en la Plaza San Marco, en donde tocaban un poco de música en vivo. Entre eso, y la segunda cena, otro gelato, para que Yulia calentara a Lena sólo con la manera en cómo paseaba su lengua por sus labios a manera de limpiar los restos de la mezcla de Limone e Fragola. La segunda cena la hicieron cada quien en su habitación, pues estaban muertos de la maratón que Natasha Roberts había decidido hacer sin saber que había tomado la ruta menos adecuada.



- Yo voy a ir un rato a la piscina- suspiró Katya, saliendo del baño con la misma ropa pero con un bikini negro amarrado al cuello.



- Si quieres algo de tomar o de comer lo cargas a la habitación- sonrió Yulia mientras intentaba pasar un nivel de “Angry Birds”.



- ¿Comer? Quieres que explote- rió a carcajadas Katya mientras salía por la terraza, se iría por el sendero hacia la piscina. “Sendero”.



- ¿Ya se fue?- gimió Lena desde la habitación.



- Aja…- y, bingo! Tres estrellitas para el nivel en Angry Birds.



- ¿Puedes venir?- volvió a gemir con cierta risa.



Yulia se puso de pie y, cerrando bien la puerta de la terraza, que daba de frente al arco de la habitación principal, no había puerta, vio a Lena acostada a lo ancho de la cama, exactamente a la mitad de la cama, con sus pies colgando y su cabeza hundida en el colchón de aquella enorme cama, su melena roja alocada esparcida sobre sus hombros. Vestía una camisa blanca a puntos azules, casi transparente, que, a través de ella, se podía ver un sostén blanco, de un escote flojo que dejaba ver el comienzo de la hendidura de entre sus senos, unos pantaloncillos de denim oscuro. Yulia se acostó a la par suya en su vestido azul marino que era ajustado a sus curvas, con un escote amplio y triangular, por el que, en cuanto se acostó sobre su abdomen, dejo ver esos perfectos senos que se mantenían en su lugar por un sostén amarillo.



- ¿Qué te pasa?- preguntó Yulia, con su cara entre el colchón, así como Lena.



- Quería platicar contigo…- dijo, levantando su cara del colchón. Yulia se irguió, eso le gustaba escuchar. - ¿Qué te parece mi hermana?



- Es muy linda, me cae bien- sonrió Yulia, pasando el flequillo de Lena tras su oreja para luego acomodarse sobre sus codos, viendo su prominente escote a merced de la pared blanca. – Y es muy graciosa



- Es imposible no reírse entre Natasha y tú…sólo a ustedes se les ocurren unas cosas que…



- Que, ¿qué? Yo no aventé un zapato…- sonrió, acercándosele un poco, paseando su lengua como cuando quitaba los restos del gelato de sus labios.



- No me refiero a eso…



- Lena, no estoy haciendo nada- se quejó, frunciendo su ceño.



- ¡Agh!- gimió, atacando a Yulia con un beso que se había aguantado todo el día.



Acostó a Yulia sobre su espalda, bordeando la línea de almohadas, estando ella de rodillas besándola, manteniéndola abajo con la presión que ejercía con sus labios mientras los acariciaba con desesperación entre los suyo. Yulia paseaba su mano derecha sobre la espalda de Lena, sintiendo lo rico de aquel beso cálido que se daban a ojos cerrados, su mano izquierda tomaba a Lena por la mejilla, acariciaba su pómulo con el pulgar. Lena tomó a Yulia por el cuello, delicadamente debo decir, y elevó su quijada hasta que su cuello quedara casi recto, sólo para pasear su lengua desde su laringe hasta su mentón, el cual mordió luego succionó, y lamió hasta su labio inferior, empujándolo un poco hasta introducir lenta y delicadamente su lengua en la cavidad bucal de Lena. Le había sabido un tanto extraño, era quizás por el sudor que esa caminata sin sentido había provocado, pero le gustaba Lena, todos sus sabores le gustaban, hasta el de sus labios con sabor a Fruti de Bosco, el gelato que se acababa de comer; base de yogurt con frutas del bosque, valga la redundancia.



Pues, para que la suerte no cambie y su amor con público tampoco, Katya regresó a la habitación porque se le había olvidado su iPod pero, al ver aquella escena; porque desde la puerta de vidrio de la terraza se veía directamente la cama: el trasero de su hermana aprisionado en aquellos pantaloncillos de denim, que en esa posición se marcaba su entrepierna igualmente aprisionada pero sin llegar a ser vulgar, y veía la mano de Yulia merodear por ese trasero, meterse lentamente por detrás, decidió, por curiosidad jovial, observar un ratito. Contempló cuando Yulia tumbó a Lena sobre la cama y se dedicaba a degustar los labios de su hermana mientras le tomaba las manos en las suyas y las apretaba con sus dedos entrelazados, y bajaba con sus labios al cuello esbelto de Lena. Soltó sus manos para acariciar los muslos de Lena, y ella levantaba su vestido, hasta el punto en el que se lo sacó y aquel vestido voló por los cielos ciegamente, dejándola en ese sostén de seda amarillo y su típica tanga negra. Ambas se irguieron y, mientras Lena se quitaba su blusa, Yulia le desabrochaba los pantaloncillos y halaba las piernas sus piernas para sacárselo, dejándola en un Culotte azul grisáceo.



Katya, que sólo iba a sacar su iPod, encontró algo mejor que hacer que tomar un sol inexistente a la orilla de la piscina y se quedó de espectadora aún sabiendo lo perturbador que aquello era, en permanencia voluntaria, pero era simplemente amoroso, apasionado, con ansias una de la otra, no como en las películas, que era una necesidad salvaje; esto era como si hubiera sido la primera vez que estaban juntas, con una sed romántica que saciaban al roce de sus labios. Yulia besaba a Lena lentamente por su cuello, deteniéndose por su pecho mientras repasaba el contorno de sus senos con sus dedos, deslizando los elásticos hacia los lados y recorriendo nuevamente sus manos por sus hombros hacia su cuello. Yulia rozaba su pelvis contra la de Lena, dos hirvientes intimidades que empezaban a empaparse y empezaban a esparcir ese calor alrededor del cuerpo. Lena le incrustaba sus dedos en aquellas ondas, sintiendo los reanudados besos de Yulia bordeado sus senos y besando la hendidura entre ellos hasta subir nuevamente a su cuello, en línea recta, hasta sus labios. Katya alcanzó a notar cómo Lena acariciaba cierto punto en la espalda de Yulia, como en una rutina: izquierda, abajo, derecha. Y sus dedos permanecían ahí, en esa rutina, acariciando aquella única cicatriz que tenía Yulia, que Lena creía que, con mucho amor, ese recuerdo se volvería en polvo en algún momento.



Yulia se irguió y se sentó sobre la cama, más bien estaba hincada, Lena se apoyó sobre sus codos sobre la cama, viendo a Yulia a los ojos, Katya viendo el cuerpo perfecto de Yulia; que aquel sostén amarillo era nada más y nada menos que algo que cubría y no reacomodaba, ni levantaba, ni aumentaba, simplemente las mantenía en su lugar y cubría las ahora ya más clara señales de aquellos pezones erectos; que apenas se lograban ver como una ligera y diminuta montaña. La Arquitecta acarició el abdomen de Lena con sus manos, recorriéndolo desde por debajo de sus senos hasta su vientre, bordeando sus caderas hasta llegar a sus muslos, dibujando una sonrisa que reflejaba lo que pensaba del cuerpo de Lena: perfección. Tomó su pierna izquierda y besó su rodilla, saltándose directamente a su tobillo, no sin antes ver la planta del pie de Lena, una piel roja de tanto caminar sobre aquellos callejones. Besó su pantorrilla, Lena echó la cabeza hacia atrás en signo de obvia excitación, Katya sintió un vuelco en su corazón cuando vio que Yulia tomaba a Lena, suavemente, por la espalda y la volvía a recostar completamente sobre la cama mientras besaba su cuello, era como un abrazo que tenía apéndice en el cuello de su naturalmente pelirroja hermana, quien había reanudado sus caricias, con una mano en el cabello de Yulia y, con la otra, en su cicatriz.



Vio aquella mirada sonriente que le dio Yulia a Lena, que terminó en un beso suave de lengua en el que Yulia frunció su ceño, cosa que confundió a Katya, pero si hubiera sabido el gemido que ahogó en Lena, no se habría confundido. Esos besos en el cuello de Lena mientras Yulia rozaba su pelvis contra la suya, los ojos cerrados de Lena mientras Yulia veía cómo le cedía el control, las manos de Lena se deslizaban por la espalda de Yulia hasta su trasero, tomándolo suavemente, para luego subir y tomar su cabello, encajando sus senos con los de la otra, rozándose. Yulia se deslizó hacia atrás y empezó a besar desde el borde del Culotte de Lena hacia arriba, tomando delicadamente sus senos, atrapados todavía por el sostén, entre sus manos, juntándolos hacia el centro y besando aquella hermosa unión, viendo, tanto Yulia como Katya, cómo Lena se arqueaba sin referencia para no despegarse de los labios ni del amor de Yulia. Lena tumbó delicadamente a Yulia sobre la cama, recuperando su control y, abrazando el muslo derecho de Yulia con sus piernas, inclinándose sobre el torso de Yulia para besar su cuello y sus labios, un beso despacio y amoroso en el que las puntas de sus narices jugaban una con la otra, en el que un sonidito sensual y sabroso se producía cada vez que sus labios cesaban una leve succión.



Lena se irguió sólo para ver a Yulia en estado de excitación suprema y, tirando la copa izquierda de su sostén hacia abajo, liberó aquel seno de hermoso y jugoso tamaño para deleitarse, recorriéndolo con su mano, pellizcando su pezón erecto de manera juguetona con sus dedos mientras sonreía y Yulia también. Lena le dio la vuelta a Yulia y, con una mano, desabrochó su sostén mientras besaba lentamente el trasero de su novia, creando en Katya una mirada de asombro, pero eso no era nada, al menos empezó a asombrarse más en cuanto Lena haló aquella parte que se perdía entre sus glúteos con sus dientes y paseaba su dedo del medio por entre ellos mientras Yulia, con la mirada perdidamente cerrada, encaraba la puerta de la terraza en aquella perdición de placer táctil. Lena subió con besos por la columna de Yulia, desviándose únicamente para besar su cicatriz, cosa que Yulia siempre agradecía, y llegó a su cuello, apartándole el cabello para lamer exactamente debajo de su lóbulo para después morderlo, dejando que Katya presenciara el verdadero placer que proyectaba Yulia con su expresión facial; dibujando una “o” con su boca para luego apretar su mandíbula mientras Lena repetía el proceso. Pero Katya no había visto la mano de Lena que se metía por el vientre de Yulia hasta acariciar sus labios mayores y, tal vez, su clítoris.



Se volvieron a dar la vuelta, Yulia irguiéndose y dándole la espalda a la puerta, dejando que Katya viera aquella casi-inexistente cicatriz, que sólo se notaba por estar delineada de un blanco que se difuminaba al resto de su piel. Yulia desabrochó el sostén de Lena mientras besaba su cuello y, bajando hasta su abdomen mientras se tiraba hacia atrás, dejaba a vista de su cuñada los senos de su hermana mayor, algo que nunca había visto antes, que fue cuando Katya declaró que Lena era un desperdicio para el mundo heterosexual, pues estaba demasiado bien para estarse entregando a otra mujer, aunque en realidad las dos eran un desperdicio, tan guapas y, aún así, tan lesbianas.



- Oh my God…- suspiró Yulia mientras se alimentaba de aquellos pezones al tratar de recostar a Lena sobre la cama. – Eres perfecta…- y mordía aquellos pezones, los atrapaba entre sus labios, los tiraba con sus dientes y los enduraba como nunca con su lengua.



Lena, cuando Yulia lamía su gelato, se remontaba siempre a las veces que lamía sus pezones, con esa curvatura, con ese retiro paulatino con su lengua, algo que a Lena le encantaba recordar mientras Yulia lo hacía con sus pezones. Yulia, quien había abierto sus piernas para mayor comodidad, dejaba realmente al descubierto sus labios mayores, justo para que Katya los viera empapados de sus jugos, brillosos, que vio cuando la mano de Lena se introdujo bajo aquella tela y, saliendo sus dedos índice y meñique por fuera, repasaba una y otra vez, de adelante hacia atrás, la intimidad de Yulia, dejando que la experiencia de su hermana impresionara a Katya. Yulia se detuvo para sentir aquel sencillo, pero hermoso, placer y gimió agudamente mientras Lena gemía sólo porque sí para acompañar aquel sensual gemido y provocarle muchos más. Lena llevó sus dedos, recorriendo el vientre de Yulia hacia arriba, a su boca mientras Yulia empezaba a rozar, con su pulgar, su clítoris a través del encaje del Culotte, que fue removido con la mayor de las rapideces para dejar aquel cuerpo desnudo y sin rastro de vellos a la merced de Venecia.



La Licenciada Katina intentó hacerse la difícil, pues se dio la vuelta y quedó sobre su abdomen, enseñando su hermoso y bien compuesto trasero, sólo para que Yulia lo acariciara con su mano y recorriera aquella hendidura, sin hundirse, su dedo, a lo largo; desde el yacimiento hasta su terminación: monte de Venus, provocando en Lena un gemido diminuto pero lujurioso que cesó por la sorpresa de un mordisco en su glúteo derecho. Lena flexionó su pierna derecha para que, sin saberlo, su hermanita viera aquella perfección de obra de arte, obra de arte que Yulia examinaba con su vista y su deseo mientras separaba sus glúteos con sus manos. Acercó su rostro para inhalar aquella esencia, notando en Lena su respiración cortada y que llevaba su dedo de en medio hacia su ano, sólo para posarlo ahí pero, en cuanto Yulia recorrió dolorosamente lento desde su perineo hasta su monte de Venus con sus dedos medio y anular, Lena lo retiró para estrujar sus rosados pezones, liberando un “Oh my God” entre dientes, tan agudo que hace que Yulia casi se corriera.



Yulia volvió a acariciar la intimidad de Lena, esta vez desde su ano hasta su monte de Venus, para luego lubricar rápidamente sus dedos y volverlo a hacer, dejando un tanto brillante aquel agujerito que tanto se le antojaba comerse. Separó los labios mayores de Lena mientras acercaba más su rostro, inspeccionando aquella candente y rosada cavidad, aprisionando su clítoris entre sus dedos y haciendo gemir a Lena en cuestiones de erotismo.



- Shhh…- sonrió Yulia a través de su nariz, haciendo que su tibia exhalación accionara como un lengüetazo en el clítoris de aquella pelirroja, haciéndola gemir no tan fuerte, pero si lo suficiente como para que Katya escuchara. – Tú eres escandalosa también- suspiró, dándole besos en la parte interna de sus muslos mientras mantenía su clítoris atrapado.



Volvió a poner a Lena sobre su espalda, abriendo sus piernas lo más que pudiera, viendo aquel área hinchado como pocas veces, realmente Lena necesitaba a Yulia, más porque el día anterior sólo Yulia había obtenido placer, ella se lo había proporcionado, pero ahora, su ano ya no le dolía como ayer, necesitaba que Yulia la hiciera suya con pasión, hasta con lujuria, como en esos días que lo único que se antoja es un poco de sexo que dure muchos orgasmos durante todo el día. Yulia le clavó la mirada a Lena, dándole a entender que no le apartara la vista de la suya y, lamiendo su pulgar, lo paseó desde su vagina hasta su clítoris, creando en Lena un leve temblor y un gemido agudo, cómo le encantaban a Yulia esos gemidos. Y, apuñando el cubrecama entre sus manos, Lena vio a Yulia en aquella tortura, metafóricamente, lingüística, tal habrá sido el efecto de eso en Lena, que la obligó a morder la almohada y a retirar la vista de la de Yulia, pues abrir los ojos había dejado de ser una opción.



Y, de repente, sin previo aviso, Lena cerró las piernas, dejando aquella noción Volkova en plena confusión, pues había bastado cuatro lengüetazos para hacerla correrse, que sólo era claro por la sonrisa y la respiración cortada junto con la reacción de erguirse para abrazar a Yulia y caer sobre sus costados mientras reían nerviosamente y Yulia se desvivía entre los senos de Lena.



- ¿Disfrutando del show?- preguntó Phillip, pillando a Katya en el papel de público.



- Ah…yo…yo…yo…yo…



- ¿Tú…tú…tú?- sonrió burlonamente.



- Venía a traer mi iPod para ir a la piscina- menos mal que no había mucha luz en aquella terraza, sino Phillip habría visto a una Katya excitada y con antojo de Noltenius en sus ojos.



- La piscina es muy aburrida y creo que lo que ves no deberías estar viéndolo- susurró, tomándola de la mano. – Ven con nosotros, ahí está el Jacuzzi- dijo, apuntando hacia la par en donde Natasha la saludaba con su blanca sonrisa y una copa de champán en lo alto.



- Sí, sí, tienes razón…- sonrió de la pena. - ¿Te puedo pedir un favor?



- Oye, yo no diré nada- rió, trayéndola hacia el otro lado por entre una escotilla sin seguro para pasarse a la terraza de la Palladio.



Lena se irguió ante Yulia y, besando la parte interna de sus muslos, quitó un tanto violenta la mano de Yulia de su entrepierna, pues ya se empezaba a tocar.



- No, no…- sonrió, mientras Yulia se retorcía ante los besos de Lena y ante el tacto ligero de sus uñas por el ápice de sus muslos, haciendo de Yulia un ahogo en persona que lubricaba sus dedos para jugar con sus pezones…si es que Lena se lo permitía.



Y se ahogó aún más cuando Lena besó aquella unión entre su labia y su muslo, haciendo que Yulia se mordiera su dedo anular mientras se ahogaba en un sollozo por los labios de Lena que atacaban su clítoris sobre el algodón de su tanga, haciendo que fuera difícil no sólo respirar, sino también tragar. Y, aplicándole la misma técnica tortuosa, habiendo sacado ya la tanga de su camino, acarició lentamente sus labios mayores con su lengua para luego darle besos ruidosos y húmedos en su clítoris, besos que sonaban por ser succiones, ruidos húmedos que explotaban en aquella Suite al Lena penetrar la vagina de Yulia con su lengua, para luego subir, atrapar su clítoris entre sus labios, acariciarlo con su lengua y mover su cabeza de lado a lado, como devorándola. Yulia se detenía de los bordes de la cama mientras veía a Lena literalmente comérsela.



- No respires- exhortó Lena para luego acelerar el trazo de su lengua sobre su clítoris.



Y Yulia respiró hondo ante esa orden, sintiendo su vagina contraerse y tirándola hacia un erguimiento sonriente: or-gas-mo, que sacudía su pelvis de arriba abajo, rozando los labios de Lena que sonreía.



- Ya, ****, Yulia, respira- rió Lena, viendo que Yulia todavía no relajaba su abdomen.



Yulia estalló en risa temblorosa por estar viviendo todavía sus diez segundos orgásmicos y exhalaba con fuerza todo aquel aire que no había expulsado desde pequeña. Se abrazaron, todavía Yulia jadeando y tragando a paso duro y grueso mientras Lena besaba sus pezones.



- Rico, ¿no?- susurró Lena, paseando su dedo por los hombros de Yulia.



- Tengo antojo- sonrió, restregándose la cara con sus manos.



- ¿De qué?- susurró, dándole besos a su clavícula.



- Your behind



- ¿Mi espalda?- jugueteó Lena, sabiendo exactamente a qué se refería.



- Your asshole- sonrió, jugando con el cabello de Lena.



- No hablo inglés…



- Tu trasero- dijo Yulia, creyendo que ya había terminado el juego.



- Más…específico, por favor- suspiró Lena a ras del cuello esbelto de su novia.



- Tu…ano- totalmente sonrojada, Lena notando cómo de un segundo a otro se coloreaba de rojo y sintiendo no sólo su vagina contrayéndose por aquellas palabras, sino secretando jugos y un micro espasmo en su ano, como si él también tuviera antojo de Yulia.



- Más sucio- mordió su cuello.



- Tu culo, Lena- gruñó entre dientes, entre desesperada y sabroso dolor por el mordisco.



- Más cariñoso- rió sólo para no gemir por aquellas palabras tan simples pero que tenían tanta poca educación detrás.



- Mujer- se quejó Yulia. –Tu culito, ¿está bien?- sonrió, tomándola por los hombros y clavándole la mirada en la suya.



- Pues, ven a mí- sonrió, echándose hacia atrás, cayendo sobre su espalda sobre la cama y, con sus manos, tomó sus muslos, abriendo sus piernas y dejando que Yulia viera todo el delicioso panorama.



- I'm gonna make you cum so hard…that you don't even know your name- murmuró con lascivia extrema, sonrojando a Lena y haciendo que tragara con dificultades.



- Te dije que no hablo inglés- y eso fue el acabose.



- Lena, querida Lena, mi amor, guapísima Licenciada…ahorita me voy a comer su “culito” y voy a follarla hasta que eyacule tantas veces y tan fuerte que ni va a saber cómo carajos se llama- sonrió, viéndole la cara a Lena, una cara plana y sorprendida, la mejor definición del asombro; expulsó cantidades industriales de jugos ante aquellas sucias palabras que, por haber salido de la educada boca de Yulia, sonaban diez veces más eróticas.



Y Yulia, hundiéndose en aquel empapado sexo, recorriéndolo con la punta de su nariz, que se llenó de los jugos de Lena, para luego clavarle su lengua en su ano, haciéndola gemir, quitándole toda fortaleza muscular, haciéndola un jadeo con piernas, con pinceladas de sollozos y quejidos deliciosos. La lengua de Yulia rodeaba aquel agujerito con presión, sentía cómo emanaba calor y antojo por ser complacido, sus dedos merodeaban por su vagina. Hizo que Lena tirara más sus piernas hacia ella, despegando su trasero de la cama para darle más espacio a la lengua de Yulia. La lengua Volkova se puso rígida y penetró aquel agujerito hasta donde él cediera espacio, dilatándolo y relajándolo entre los jadeos incesantes de Lena. Yulia ladeó un poco su cabeza e introdujo de golpe sus dedos del centro en la vagina de Lena, todavía sin dejar de morder y besar sus glúteos para luego seguirse deleitando de aquel agujerito prohibido. Yulia no penetró a Lena, simplemente dejó dentro sus dedos y buscó su G-Spot, lo que encontró cuando introdujo sus dedos hasta el fondo y, manteniéndolo presionado, movió ágilmente sus dedos de izquierda a derecha para luego atraparlo entre ellos y volver a lo anterior. Lena intentó erguirse, pero su abdomen se contrajo, la dejó sin respirar y no la dejó recostarse de nuevo, su mandíbula se endureció, sus dientes se presionaron entre ellos, sintió aquella contracción ardiente dentro de sí y logró gritar de placer puro, expulsando de su feminidad una cantidad considerable de jugos que Yulia intentó atrapar en su boca, tragando sin cesar mientras Lena dejaba caer sus piernas de golpe sobre la cama y sus caderas enloquecían junto con sus gritos, gritos que se escucharon hasta el Jacuzzi.



- ¿Cómo te llamas?- preguntó Yulia, viendo a Lena temblar y sin poder abrir los ojos.



- Le…Lena…Katina- gimió.



Yulia sonrió e introdujo nuevamente sus dedos en la vagina de Lena y, lubricando su dedo del medio de su otra mano, lo introdujo lentamente en su ano, haciendo que Lena volviera a gemir y, sin fuerzas, intentara apuñar el cubrecama. Yulia acercó su lengua a su clítoris y lo lamió sin piedad, así como movía sus dedos igual que hacía unos segundos. Lena volvió a cerrar los ojos entre sus gritos y no pudo poner resistencia alguna, simplemente dejó que sus espasmos se adueñaran de ella, así como ese calor y ese ardor que inundaban su cuerpo, que tenían origen por ahí por donde estaba Yulia, pues no sabía exactamente dónde se originaban.



- Fuuuuuuuuck!- sollozó Lena entre dientes mientras volvía a eyacular, esta vez menos pero empapaba la barbilla y parte del cuello de Yulia, empapando la cama.



- ¿Cómo te llamas?- preguntó de nuevo la Arquitecta Volkova.



- Lena…- murmuró entre gemidos temblorosos y caderas descontroladas, sintiendo los labios o los dedos o la lengua de Yulia recorrerle sus labios mayores, es que ya no sabía qué sentía ni dónde, ni qué la hacía sentir lo que sentía, sólo sabía que Yulia cumplía sus amenazas, esas dulces amenazas.



Soplando suavemente sus labios mayores para torturar a Lena, Yulia siguió aquella acción con besos sobre sus hinchados e hipersensibles labios mayores, introduciendo el reverso de su lengua para recorrer aquella palpitante e hirviente, estremeciendo a Lena, haciendo que sus dedos apuñaran tensamente su cabello en cuanto se detuvo en su ano de nuevo. Introdujo nuevamente sus dedos del centro en Lena, cada vez entraban más fácil, más a fondo, se quemaban al entrar. Succionó su pulgar y lo introdujo en aquel agujerito que deseaba ser follado, pero a dos dedos, pero se complació con el pulgar, llenándolo hasta medio canal, pero al menos llenándolo. Y aquel movimiento de arriba hacia abajo, febril e intencionalmente malintencionado, no sólo se hacía en su vagina, sino que Yulia había decidido mover su muñeca, moviendo sus dedos hacia arriba y hacia abajo con igualdad de apasionada ferocidad.



Lena, quien tenía una leve capa de sudor que se materializaba sobre toda su piel sin excepción de rincón, su rostro, su cuello, su pecho; todos coloreados de un rojo comunismo que se difuminaba en sus hombros y en sus senos, no tenía fuerzas para detenerse, ni siquiera para mantener sus piernas flexionadas; que habían caído con las rodillas sobre la cama pero aún abierta para Yulia, quien se había erguido para ver a Lena totalmente perdida entre tanta eyaculación, frunciendo tiernamente su ceño y alocando su pelirroja melena. Yulia sacó su pulgar de aquel agujerito, agilizó su muñeca y, inclinándose sobre Lena y recorriéndole su enrojecida piel con sus labios hasta llegar a sus labios para besarlos, hizo que abriera los ojos para ver aquella lujuria verde.



- Ti amo, Principessa- susurró, admirando a Lena cerrar lentamente sus ojos para expulsar sus dedos de su vagina y temblar, con un gemido casi mudo por el cansancio, ante la última gota de lubricante que salió de su cavidad vaginal, dejándola intentando respirar, recuperar el oxígeno, hasta creyó que necesitaría una máscara. - ¿Cómo te llamas?



- Señora Volkova- jadeó, acomodándose entre los brazos de Yulia que la abrazaban.



- Bien, te olvidaste de tu nombre; misión cumplida- suspiró Yulia, sabiendo lo que Lena insinuaba y sonrió, pues las ideas se le comenzaban a apilar una sobre otra; algo complejo pero original, que la tomara por sorpresa. – Te amo- murmuró, dándole un beso en aquella sudorosa frente, probando ese sabor a inmenso placer.



- Mmm…- balbuceó, cerrando sus ojos y sintiéndose morir.



- Lena, hay que ponerse ropa, tu hermana ya va a regresar…



- Mmm…



- Licenciada Katina…arriba- sonrió, dándole unas palmadas cariñosas en la cabeza.



- Joder, Yulia…si el cuerpo no me responde- se quejó, riéndose y echándole la culpa por lo obvio.



Yulia se levantó y buscó algo que ponerle encima a Lena, que sólo pudo encontrar una bata de baño, lo más cerca, pues no podía darse el lujo de que Lena cediera al poder de Morfeo. Le puso la bata y la acostó sobre las almohadas, retirando el cubrecama y apilándolo en una esquina, pues estaba lleno de los jugos, tibios ahora, de Lena.



- Te amo, Lenita…descansa- susurró, dándole un beso en su frente y apagando las luces de aquella habitación, caminando hacia la sala de estar de la Suite, en donde buscó algo que ponerse mientras, a través de la puerta de la terraza, veía al resto de los viajantes reírse con champán en la mano. Sonrió y se lanzó de espaldas a un sofá, entregándose también a Morfeo para cuidar a Lena de aquel dios, doliéndole la distancia, el no poder dormir junto a ella, abrazarla, abrir los ojos y que fuera lo primero que viera y sí, antes de darle permiso a Morfeo de secuestrarla, volvió a pensar en aquel “Señora Volkova”, que en mejor momento no pudo haber sido dicho, ni de mejor manera, dándole la mejor de las ideas para el mejor de los tiempos.
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Oct 01, 2014 9:30 pm



- ¿ Lena y Katya?- preguntó Natasha, haciéndose un moño rápido por segunda vez, pues la primera vez había tomado los elásticos de su bikini también.



- Se estaban bañando cuando salí, de seguro ya vienen



- Sí, sí, estoy en vacaciones, pero cualquier cosa me avisan- sonrió Phillip, poniéndose de pie para recibir a Natasha y a Yulia que se acercaban a la mesa para sentarse. – Buenos días, Julia- sonrió, dándole un beso en la frente



- Buenos días, Felipe… ¿tan temprano y fumando y tomando? Te va a dar algo algún día



- A ti te va a dar algo de tanto estar con Lena en la cama- rió, tentando la línea de la confianza tras una mirada matadora de Natasha que le advertía un regaño.



- ¿Celoso?- lanzó la carcajada más ruidosa y descarada de la historia, haciendo que Phillip se sonrojada y aceptara la derrota. – Como sea- dijo, respirando después de haberse reído hasta llorar, haciendo reír a Natasha también; que sólo se habían calmado porque el mesero había llegado a tomarles la orden. – Un tazón de fresas, durazno y manzana verde, granola aparte sin pasas y yogurt simple, y una taza grande de té de manzanilla, por favor- le dictó, colocándose sus gafas a los ojos. – Ah, y unos huevos benedictinos con salmón y con la salsa aparte, y un batido de naranja y fresa, por favor- sonrió, viendo la cara del mesero que la tachaba de “golosa”, aunque lo segundo era para Lena.



- Un americano de huevos fritos y, en vez de pancetta, tocino, si pudiera ponerle patatas fritas, mejor y un café grande, por favor- sonrió Natasha, viendo que Phillip recorría el menú con desconcierto.



- Un omelette de jamón y queso cheddar, por favor, asegúrese que sea cheddar, patatas fritas si se puede, tocino y el panini de milanesa picante, y un café, por favor- rió Phillip ante los ojos anchos de Yulia y Natasha.



- Aquí como que te murieras de hambre, ciento ochenta libras…- bromeó Yulia, notando que Lena y Katya venían a lo lejos, riéndose como las hermanas que eran; físicamente distintas, muy distintas, pero eran parecidas en el carácter.



- Buenos días- saludó Phillip, volviendo a ponerse de pie para saludar a Lena con un abrazo y un beso en la frente, luego a Katya con un abrazo que la dejó un tanto ida en sus deseos.



- Buenos días- sonrió Lena, dándole a Yulia un beso en su cabeza mientras le acariciaba sus hombros sobre su Kaftan de Les Copains.



- Buenos días, Licenciada- sonrió, levantando sus gafas y guiñándole el ojo derecho, se le escapó una leve risa por el recuerdo de la noche anterior. - ¿Qué tal durmió?- rió nuevamente por su nariz.



- Como una roca, aunque me siento un poco débil- se sonrojó, viendo que Yulia le daba los “buenos días” a Katya también.



- Te pedí unos benedictinos con salmón, salsa aparte y un batido de naranja y fresa…no sabía qué querías Katya, cuando venga el mesero se lo pides



- Len, ¿por qué te sientes débil?- bromeó Phillip con una sonrisa mientras se quitaba sus gafas oscuras y tomaba su camisa por los bordes y la subía para sacarla, dejando su torso a la vista de sus tres acompañantes. - ¿Qué?- preguntó ante las miradas acosadoras de aquellas féminas.



- Bonitos pechos- rió Yulia para molestarlo, sabiendo que le dolería, en realidad sólo quería olvidar el tema de la “debilidad” de Lena.



- Igualmente- rió, recibiendo un golpe de Natasha en el hombro mientras el mesero llegaba con las bebidas. - ¿Y mi café?- preguntó Phillip, viendo una taza muy pequeña frente a él. – No, yo pedí un café grande- dijo, haciendo un gesto de “grande” con sus manos.



- Esa es una taza grande, Felipe- murmuró Yulia, bajando sus gafas oscuras y abriendo “Angry Birds” en su iPhone.



- En América esto es un espresso- se quejó. – Quiero una taza más grande, por favor- ordenó, haciendo que el mesero tomara la taza y la retirara con una reverencia de disculpa.



- ¿Para qué necesitas más café que eso?- preguntó Lena un tanto extrañada, viendo que Natasha tenía una taza un poco grande y no se quejaba.



- Pedí una taza “grande” de café, esperaba una taza “grande”, no esa tacita…me gusta el café, y tiene que ser más grande que la de Natasha



- Ah, ese es tu error, pediste un café “grande”, hubieras pedido sólo un café, como Natasha, y te dan uno normal- intervino Yulia, sin volverlo a ver, paseando su dedo por sus muslos, recogiendo los cordones del Kaftan, halándolos suavemente; como si pensara algo profundamente o recordara algo no tan de buen gusto. Natasha la observó.



- Pero todos los días me tomo un Venti en Starbuck’s antes de irme al trabajo, bueno, en el camino al trabajo



- ¿Venti?- rió Yulia a través de su nariz. – “Venti” es “veinte” en italiano…o sea, ¿veinte onzas de café?



- Y también el número de venas que se te colorean en los ojos después de tomarte veinte onzas de café- rió Katya, tapándose la boca ante la broma, haciendo que Natasha intentara contenerse la risa.



- Dios, si yo me tomara uno de esos…me sirve desde el desayuno hasta diciembre- se carcajeó Yulia, dando una palmada graciosa a la mesa, riéndose de su propio chiste.



- Mi amor, diles la verdad, tienes como dos meses de estarte comprando el “Trenta”- sonrió Natasha, poniéndole más leña al fuego.



- ¿Trenta? Supongo que son treinta onzas de café… ¿cuánto cuesta eso?- preguntó Lena, asombrada que alguien pudiera tomar tanto café.



- Cuatro dólares o algo así- respondió Phillip, viendo que el mesero le traía una taza como la de Natasha y una jarra de café, sonrió.



- Es un bajo precio para no volver a pestañear en tu vida- se carcajeó Lena, contagiando la carcajada entre las féminas alrededor.



Desayunaron a gusto, entre risas y burlas para Phillip por ingerir tanto café como le fuera servido, pues se había acabado la jarra de café cuando al principio se había “quejado” que era demasiado. El desayuno se hizo almuerzo, al menos hora de almuerzo, lo que le sirvió a Phillip para tener una excusa para pedir una pizza funghi y su bendito segundo Whisky.



- Qué **** de ciudad…- suspiró Natasha, viendo hacia la laguna, viendo los vaporettos navegar por ahí y por allá, el agua turbia, que le habían vendido como cristalina, se revolvía entre ondas que chocaban con frecuencia, la Plaza San Marco al fondo, nada despampanante.



- Deja de quejarte y disfruta del sol- rió Yulia mientras se quitaba sus Walnut Aviatior y los ponía sobre el Chaise Lounge para quitarse su Kaftan y revelar un simple bikini negro que se amarraba al cuello y que cubría sus senos de una manera decente. – Ven aquí, ¿me pones?- le dijo, golpeando suavemente su hombro con el bote de aceite bronceadora.



- Wo-ow, Arqui…- rió, echando su cabeza hacia atrás por la risa fingidamente exagerada. – Lena sí que tiene buena mano- se carcajeó, tomando el bote de Hawaiian Tropic y, abriéndolo, vertió un poco del aceite en su mano.



- ¿A qué te refieres, Psico?- sonrió, tomando su cabello en un moño mientras Natasha le esparcía el aceite por la espalda. Con “Psico” se refería tanto al título como a las múltiples enfermedades que la palabra pudiera implicar.



- Estás guapísima, seguro dejarás a muchos con esguinces de cuello por aquí- rió, vertiendo un poco más de aceite en su mano para esparcirlo por su espalda baja. Yulia se sonrojó, aunque fue algo que Natasha no pudo ver. – Yul, te noto más relajada- murmuró, intentando llevar la conversación a su gusto. – Pero hay algo que te está atormentando, ¿verdad?



- No me atormenta…- dijo, dándose la vuelta mientras Natasha la volvía a ver a los ojos a través de aquellos Lanvin, cuya estructura estaba forrada de piel de pitón cristalizada y dejaba los vidrios al desprotegido. – Estoy pensando en…- disminuyó el tono de su voz, viendo alrededor suyo para ubicar a Phillip fumando un cigarrillo con un Whisky en las rocas en la mano y hablando por teléfono mientras leía el periódico, a Lena y a Katya platicando en una esquina de la piscina.



- ¿En?- una sonrisa se dibujó de par en par en el rostro de Natasha. Yulia asintió. – No. Puede. Ser- suspiró boquiabierta. – ¿Tú?- sonrió incrédula, viendo a Yulia sonrojarse como nunca antes. – Oye, yo no me he casado todavía…pero supongo que es un paso bastante grande e importante



- Sí, y para nosotras no es lo mejor quizás…pero, ¿tiene algo de malo?



- Pues, ya viven juntas…- sonrió, esparciendo el aceite sobre el abdomen de su mejor amiga. – Sólo quiero preguntarte algo, y no quiere decir que no te apoye, sólo quiero que lo pienses bien y todo eso…



- Dime, Nate- suspiró, sintiendo una corriente de nervios que la ahogaban, de esos nervios malos, pero las manos de Natasha la relajaban.



- Conoces a Lena desde, ¿qué? ¿Octubre?- Yulia asintió. – Eso significa que la conociste hace cinco meses, tres meses de vivir junto a ella… ¿estás segura?



- A mí no me concibieron para casarme, no es algo con lo que siempre soñé, no como tú…yo nunca planeé mi boda desde los cinco, ni con quién, ni nada...y…bueno, antes que nada, sólo quería preguntarte por qué te estás casando con Phillip



- Porque Phillip y yo tenemos algo especial juntos, no cada quien por aparte que resulta que tienen unas cuantas cosas en común…por una parte, porque sé que no hay mejor hombre que él por ahí para mí, al menos es el único que me soporta- sonrió, divertida aunque apenada, pues sabía, como toda mujer, lo insoportables que podemos llegar a ser. – También quiero que me den “permiso” de poder dormir con él, así como lo pusiste tú la vez pasada, que no tendrá nada de “malo”…y, por otra parte, quiero poder tener sexo despreocupado sin condón o sin la **** inyección…y, hablando más en serio, Phillip y yo nos entendemos, casi no peleamos- Yulia levantó su ceja. – Tienes razón, no peleamos en lo absoluto…y sé que cuando peleemos lo vamos a resolver fácilmente. Confianza, tolerancia y comunicación, la mejor de las combinaciones, la clave para el éxito en la cama y fuera de ella…y he cambiado desde que estoy con Phillip



- Eso lo transpiras, amor- sonrió Yulia ante las manos de Natasha pasearse por su pecho, con respeto.



- ¿Tú sientes que has cambiado desde que estás con Lena?- Yulia asintió sonrojada. – Lo sabes, más bien… ¿en qué has cambiado o cómo te ha cambiado Lena?- Yulia levantó su ceja y se colocó los Balenciaga a los ojos. – Vamos, vomita las cursilerías, no me reiré- sonrió, quitándose su túnica JPG.



- Odio lo que me haces decir…- Yulia respiró hondo, tronó sus nudillos y sus muñecas y vertió aceite en la espalda de Natasha mientras ella se arreglaba la parte de abajo de su Bikini Shoshanna. – Creí que ser fuerte era ser dura, creí que ser independiente era no necesitar a alguien…- y su voz se empezaba a quebrar mientras esparcía el aceite sobre los hombros de Natasha. – Dios…- suspiró, tratando de calmarse, era doloroso darse a conocer sin tantas evasivas. – Sólo me ha enseñado a que entre más vulnerable y más suave seas, más permites que las personas entren en tu vida…y sólo así eres feliz, tienes más valor para las demás personas porque las dejas entrar…no sé, es sólo que Lena me ha puesto el mundo de cabeza, mostrándome que no me debe importar lo que la gente piensa, que estoy trabajando en eso todavía; soy honesta, pero me ha demostrado que la persona que soy…es perfectamente suficiente y que no tengo que pretender ser alguien que no soy


- Yul…- murmuró Natasha, dándose la vuelta y abrazándola como a Yulia le gustaba; brazo derecho por la cintura y brazo izquierdo sobre el hombro derecho. – Bienvenida al amor- sonrió, dándole un beso en la cabeza. – Bueno, bueno, basta ya…mucho amor tampoco- ambas rieron y se despegaron. Natasha vio a Lena de reojo, viéndolas con desconcierto, pues sabía que algo estaba pasando, pero prefirió asumir que era cosa de Natasha y no de Yulia.



- Lena, ¿por qué nace esto?- preguntó Katya de nuevo a Lena, salpicándole un poco de agua sobre el rostro.



- Porque ahora estoy en la disposición económica de dártelo, tómalo o déjalo; así de fácil- sonrió, viendo que Yulia venía, por la orilla de la piscina, hacia ellas.



- Lo tomo



- ¿Estás segura? Porque le tendrás que decir a papá, y pronto, mamá ya sabe, sólo espera que le des una respuesta



- Lena, ¿qué te pasa? Es como ver la luz al final del túnel… sabes que papá me ha preguntado mil veces que de dónde había sacado el dinero para venir a Venecia



- ¿Qué le dijiste?- preguntó, viendo a Yulia cada vez más cerca, antojándosele los cigarrillos que llevaba en la mano.



- Que tú lo habías pagado, le hubieras visto la cara…en fin, sí lo tomo- sonrió Katya, viendo la mirada perdida de Lena que seguía las infinitas piernas de Yulia, que las recorría de abajo hacia arriba para luego admirar aquellas curvas que terminaban en aquellas pecas que coronaban una inmaculada sonrisa. – Cierra la boca, Lena…qué descaro- rió Katya



- Señoritas Sergeyvegna- sonrió Yulia, sentándose a la orilla de la piscina, metiendo sus pies al agua y dándole la espalda al sol.



- Katina- la corrigió Katya, guiñándole el ojo a Lena.



- Excelente noticia- sonrió Yulia, sacando un cigarrillo y ofreciéndoles uno a las hermanas.



- No, gracias, no fumo…y ustedes tampoco deberían fumar- dijo Katya, viéndolas alternadamente a los ojos mientras encendían sus cigarrillos.



- Creí que si fumabas- le dijo Lena, acariciando disimuladamente el pie de Yulia bajo el agua.



- No desde que supe que las cosas saben mejor cuando no se fuma- sonrió. – Tomen mi consejo, les irá mejor en la cama- rió, hundiéndose inmediatamente bajo el agua para evitar el imparable “¡Katya!” de Lena, más sólo las había dejado con mirada cuadrada mientras la veían nadar bajo el agua y salir al otro extremo de la piscina, justo a la par de la escalera para salir, no sin antes volviéndose para guiñarles su ojo izquierdo en burlona aprobación.



- Coño- murmuró Lena, volviendo a ver a Yulia, viendo que Yulia apagaba el cigarrillo sin dudarlo. – No tengo idea de cómo se dio cuenta, lo juro



- Dame eso- siseó, arrebatándole el cigarrillo a Lena y apagándolo también. – Ahóguense, malditos mata-sabores- condenó a la cajetilla casi completa de Marlboro Light, ahogándola de manera literal en la piscina.



- Amor, ¿qué haces?- murmuró Natasha, viéndola desde arriba. Levantaba sus gafas de sol, la veía con desconcierto, como si le hubieran matado una parte de su corazón, más bien ahogado.



- Recuperando la salud de mi paladar- sonrió, viendo a Lena ver atónita a Natasha.



- ¿Qué?- Natasha se encogió de hombros ante la respuesta de Yulia y ante la mirada acosadora de Lena.



- ¿Qué tienes ahí?- sonrió Lena, acercándose mientras Natasha se sentaba a la par de Yulia y Lena se colocaba entre sus piernas. – Aquí- señaló una marca en su vientre que apenas se salía de lo que tapaba la tela del bikini.



- Ah, es un “infinito”- dijo, halando hacia abajo el bikini, tal vez un poco demasiado, pues Lena pudo apreciar la franja delgada de vellos cortos que tenía Natasha, le sentaba muy sensual. – Phillip me lo dibujó después de su proposal- sonrió. Era un símbolo en tinta blanca, muy discreto y, hasta cierto punto, bonito. – Tengo otro, aquí- dijo, metiéndose a la piscina y enseñándole detrás de su oreja izquierda; también en tinta blanca, Mary Poppins. – Me lo pidió durante “Mary Poppins”- rió sonrojada, pues nunca había contado cómo había sido eso.



- Si tu mamá se entera, te quita esos pedazos de piel- sonrió Yulia, metiéndose a la piscina, pues el sol ya estaba insoportable sobre su espalda.



- Ya los vio- rió, viendo a Phillip cargar a Katya y tirarla a la piscina para luego tirarse él. – Casi se muere, pero me aplaudió que no se vieran tanto



- Katya ya sabe, ¿ustedes le dijeron algo?- Yulia frunció sus labios.



- No, es sólo que ustedes juran que no se les nota



- Cu.ña.di.ta- rió Katya, abrazando a Yulia por la espalda y abrazándola con las piernas por su abdomen mientras la tomaba por los hombros, haciendo que Yulia se incomodara pero la tolerara. Yulia agradeció a Dios por Phillip, quien interrumpió antes de que tuviera que contestarle algo a Katya, pues no sabía cómo contestar a eso.



- ¿Planes para ahora en un rato?- preguntó Phillip, tomando a Natasha por la cintura y besando sus hombros. Lena le lanzó una mirada, no de celos, sino de “bájate” a Katya, que ella comprendió y Yulia respiró de alivio.



- No creo que hayamos venido a Venecia para estar en una piscina y tirados en esas deliciosas camas- rió Lena, dándole un poco de positivismo a la situación.



- ¿Murano?- propuso Katya en tono desinteresado, pues sabía que ni Yulia ni Natasha eran de comprar en Murano, al menos no Natasha con ese anillo con el que podrían alimentar a Namibia.



- Murano suena bien, ¿y mañana?- Natasha sentía esos besos de Phillip en donde realmente no los estaba dando.



- Yo voy a salir ahora en la noche con unas amigas- interrumpió Katya. – Con Pippa y Nicola, mis amigas de….como sea, conmigo quizás cuenten hasta mañana por la tarde



- Podríamos ir a un poco de vida nocturna- sonrió Lena, sólo por molestar a Katya, típico de hermana mayor. – Te acompañamos



- No seas mala, Len- rió Phillip, salpicándole un poco de agua. – Tú ve tranquila, nosotros iremos a cenar a “Do Leoni”



Y, después de un rato bajo el sol abrazador de Venecia, salieron de la piscina, Phillip nuevamente con hambre, pidiendo que le llevaran un platillo de penne a la albahaca y al limón con una generosa porción de salmón ahumado. Yulia, que no se había mojado el cabello, simplemente se dedicó a embadurnarse de crema humectante para que el sol no tuviera efectos secundarios y, deslizándose en un vestido Akris Punto anaranjado que se complementaba deliciosamente con sus Gucci de cuero y sus respectivos accesorios para parecer de película junto a su perfecta y hermosa novia en un vestido blanco que resaltaba el bronceado acelerado de Lena, el cual coronaba una cabellera roja.



- Feliz navidad y feliz cumpleaños, de parte de las dos- sonrió Yulia, alcanzándole a Katya una caja envuelta en un papel que tenía una impresión de piel de pitón negra y una laza blanca. – Esperamos que te guste- y Yulia abrazaba a Lena por su cintura, viendo a una frenética Katya abrir su regalo. – Ábrelo bien- Lena se mecía de lado a lado, al compás de Yulia, con una sonrisa, viendo a su hermanita abrir un regalo como si nunca le hubieran dado uno.



- ¡Gracias!- saltó hacia Lena, abrazando, a través de ella, a Yulia también al ver la cartera Prada junto con los cinco vales de cien euros cada uno en Zara, para que reabasteciera su jovial vestimenta ahora que empezaba una nueva vida en Roma y al lado de su madre, todo para convertirse en una intachable Katina.



- Me alegra que te guste- murmuró Lena, intentando librarse de aquel sándwich entre Yulia y su hermana, que sentía no respirar y no en el mejor de los sentidos.



- No, no me gusta- rió, despegándose y dándole aire a Lena, todo para buscar su cartera y hacer el cambio inmediato, pasando tus identificaciones y demás, y los veinte euros que tenía. – ¡Me encanta!- gritó de emoción.


- Ya, ya…tranquila- rió Lena, intentando que no gritara más porque sentía en la atmósfera la incomodidad de Yulia; sacó dos billetes; uno morado y otro amarillo. – Ten, no quiero que andes sólo con veinte- dijo, alcanzándole los billetes y viendo los ojos de su hermana cambiar. – Tómalos, para tu gelato



- Espera- intervino Yulia, sacando billetes azules, anaranjados y verdes. – Cien…Doscientos…Trescientos- en billetes anaranjados. – Trescientos…Cuatrocientos- en billetes verdes. - Quinientos…- concluyó, en billetes azules, quitándole el billete morado. – Es más fácil que te acepten uno de esos, además, no quieras llamar mucho la atención, cu-ña-di-ta – sonrió Yulia, sintiendo la aprobación de Lena, tanto como ella la había sentido por ella en el momento en el que había sacado dinero para darle a Katya.



- Ni voy a preguntar en qué clase de narcotráfico te has metido- bromeó Katya en voz baja mientras Yulia atendía el teléfono de la habitación, era Natasha para saber si ya estaban listas para ir a Murano.



- Se llama trabajo honesto, arduo y complicado- sonrió, viéndola a través del espejo mientras se maquillaba; más bien como Yulia: mascara, delineador y brillo labial.



- ¿Y Yulia? Ella sí debe ser narcotraficante- rió, viendo a Yulia de reojo verse las manos, los dedos, de manera extraña.



- Tampoco, Yulia trabaja más del triple de lo que yo, Sirenita…



- ¿Sirenita?- rió, volviendo a verla a través del espejo. – Tienes años de no llamarme así



- Eso es porque no habías dicho nada incoherente- sonrió, volviéndose a Katya para darle una sonrisa de frente. – Te acostumbras- guiñó su ojo, dándole a entender a Katya que era “todo un proceso por el cual ambas partes debían ceder eventualmente.”


*

El sol de las cuatro y media ya no era tan abrazador, habían llegado a la lejana isla de “Murano”, en donde, lo primero que hizo Phillip y Lena, fue asaltar la gelatería de enfrente de la parada del Vaporetto, saliendo ambos contentos mientras lamían sus refrescantes gelatos. Caminaron por la principal de la isla, viendo, tanto a izquierda como a derecha, la misma tienda repetida sinfín de veces, que vendían lo mismo; en los mismos colores, en el mismo diseño, en donde Yulia encontró algo perfecto: un lugar donde sentarse en la sombra mientras Natasha veía cada vitrina sin comprar nada y Phillip, siempre con una sonrisa, preguntándole “¿lo quieres?”, y la historia se repetía.



- ¿Quién es Pippa y Nicola?- preguntó Yulia a Katya mientras esperaban a que un alma bondadosa les sirviera su gelato y veía a Lena esperar su turno para ir al baño. “Le dije que fuera al baño antes de salir”.



- ¿Me estás controlando?- sonrió Katya, respondiendo de mala gana, como si no le gustara, pues a quién le gusta.



- Sólo trato de entablar conversación, no soy tu mamá…God…- suspiró, viendo con una sonrisa al alma bondadosamente “LENTO” para servir gelatos.



- No estás acostumbrada a lidiar con menores, ¿verdad?



- No



- Se nota que te desespero, a veces



- No me desesperas…



- ¿No te desespero porque no lo hago o porque soy la hermana de tu novia?- preguntó, realmente desesperando a Yulia.



- Así soy con la gente nueva, sino pregúntale a tu hermana- sonrió, intentando escabullirse de la pregunta con la mayor de las cautelas.



- ¿Tiendes a estar siempre tan a la defensiva? Digo, ¿no te gusta la gente o qué?- Y Yulia se sentía acosada de la manera más tortuosa que conoció jamás, teniendo ganas de gritarle al que servía los gelatos para poder meterle a Katya el suyo a la boca y callarla.



- Dudo que no me guste la gente, sino no tuviera amigos, ni novia- sonrió de nuevo, dándole un billete de cinco euros al alma lenta y tomando su gelato de fresa y limón para atacarlo con odio.



- ¿Cuándo supiste que eras lesbiana?- preguntó, casi gritando y ocasionándole un ahogo al muchacho que cobrara los dos gelatos, incomodando a Yulia, pues la etiqueta nunca le gustó, pero aceptaba que, por Lena, era lesbiana.



- Cuando tu hermana casi me vomita los zapatos- rió, recordando aquel día.



- Asumo que eran unas chanclas- rió a carcajadas, viendo a Yulia fruncir el ceño con incomodidad, decidió dejar de molestarla. - ¿Nunca has estado con otra mujer entonces?- Yulia sacudió la cabeza ante la inhabilidad educativa de hablar con la boca llena. – ¿Cuántos novios has tenido?



- Dos- murmuró, pensando en que ni Lena le había preguntado eso, jamás. - ¿Tú tienes novio?- preguntó Yulia, intentando recuperar el control de la conversación, pues no veía cómo o por qué cedérselo a Katya.



- No- sonrió de aquella manera que gritaba “si”.



- Linda sonrisa, ¿cómo se llama?



- No te diré porque le dirás a mi hermana- dijo, sacándole la lengua. Dios, a Yulia le desesperaba ciertas cosas, pero en ese momento sí estaba desesperada. –Alex



- ¿Alexandre o Alejandro o Alessandro?- sonrió Yulia, sabiendo que algo no estaba del todo bien.



- Pero también me gusta Adrianos, es compañero mío en economía- dijo, evadiendo la pregunta de Yulia; venganza.



- ¿Y Alex de dónde es?



- Es de Roma pero la veré ahora en la noche tam…- y se quedó callada, con la mirada cuadrada, viendo a Yulia a los ojos con miedo, como diciéndole “no digas nada”.



- Lena no sabe, ¿o me equivoco?- levantó su ceja y abrió sus ojos azules. Katya sacudió su cabeza sonrojada. - ¿De verdad te gusta Adrianos?



- Sí, me gustan los dos…hay que mantener las opciones abiertas, soy al revés que tú- respondió sin poder verla a los ojos. – Pero Alex…



- ¿Cómo se llama? ¿Cuántos años tiene? Vamos, dame información…- sonrió Yulia ante su posición de poder y control, hasta le daba risa ver cómo se apenaba.



- Alessandra, tiene diecinueve, estudia economía y derecho, la conocí cuando llegó de intercambio a la escuela hace cuatro años, yo le gusto…eso me dijo…no le digas a mi hermana, por favor



- ¿Te apena?



- No…es sólo que la molestaba porque le gustaban las mujeres



- A tu hermana no le gustan las mujeres- sonrió Yulia, guiñándole el ojo y viendo que Lena venía por la salida.



- Esto de evacuar el sistema es placentero- suspiró, buscando algo en su bolso.



- Seguro que hay cosas más placenteras- rió Katya, tomando marcha rápida para evitar comentarios.



- Tu hermana es de decirlas corto punzante- rió Yulia en derrota y abrazando a Lena por el hombro mientras le ofrecía de su gelato y ella felizmente lo lamía. – Lena…- murmuró, tomándola de la mano y devolviendo el gelato hacia su boca para devorarlo mientras el sol ya penetraba las gafas oscuras. – Te amo- y apretó su mano.



- Es la primera vez que me lo dices así- sonrió, tapándose del sol con la mano sobre su frente y volviéndola a ver con su ceño fruncido, el sol molestaba a pesar de tener gafas oscuras puestas.



- ¿Así…cómo?



- De la nada- y pasó su mano por la cintura de Yulia para tomarla por ahí, Yulia la tomó por su hombro. – Te amo- y la abrazó con una sonrisa.



Natasha les hizo el milagro de por fin rendirse y regresar al hotel, aunque sólo Katya regresó, pues ellos tenían reservaciones en el restaurante a las seis y media. Después de una indignación de cantidad de comida por un alto precio pero de degustación de un buen vino, se fueron en busca de una comida de verdad, llenadora y relativamente barata, pues tampoco iban a caminar tanto por comida, no quedó más que atrás de la Plaza San Marco en el único lugar que tenía el milagro del aire acondicionado: eran los únicos turistas que querían comer adentro y no afuera. Y después de más vino, más pizza y un “todo lo que puedas comer” de rigatoni al pomodoro con cantidades exageradas de queso y albahaca, tal y como a Doña Carmen le gustaban si bien Yulia recordaba, todavía después de una degustación de Zeppole, de todas las formas, colores y sabores que tenían en aquel minúsculo restaurante en aquel callejón, fueron a parar a “Bar Ducale”, en donde siguieron la gula por los Martini para las damas y el Whisky para el caballero, que en algún momento se convirtieron en Lemon Champagne Cocktails, luego en Sgroppinos y, por último, en nada más y nada menos que chupitos de tequila.



- Ay- rió Lena, tropezando con todo a su paso mientras intentaba llegar a su cama al menos, tropezaba hasta con ella misma. Se tambaleaba de lado a lado mientras halaba a Yulia de la mano y hacía que se riera también.



- Lena… ¿a dónde me llevas?- preguntaba Yulia cada dos segundos en aquella voz amodorrada, tranquilizada por el alcohol, ridículamente risible.



- Shhh…- la callaba, tropezándose con algo imaginario y riéndose al mismo tiempo, tocando la pared para calcular el arco. – Bienvenida… al paraíso- dijo Lena en extrema ebriedad, encendiendo la luz y abriendo sus brazos, abrazando a Yulia con torpeza y tirándose de espaldas sobre la cama.



- ¿Más alcohol? – rió Yulia, cayendo en el cuello de Lena, escuchando el torpe “no-o” que emitía Lena con su garganta. Yulia bajó la cremallera del vestido de Lena, por suerte estaba al frente, hasta por su abdomen, en donde la cremallera terminaba; para encontrarse con aquel sticky-bra, debía ser su noche de suerte. – Ah…Lena…estás tan…rica- rió Yulia, por lo mismo del alcohol, mientras arrancaba lentamente el silicón de los senos de Lena, para luego hundirse entre ellos y besar sus pezones.



Lena bajó la cremallera de Yulia mientras acariciaba su espalda que, cuando Yulia se irguió, ambas lucharon contra el alcohol para poder quitarse aquellos vestidos ajustados a sus esculturales cuerpos, pero lo lograron. Yulia siguió besando sus pezones, mordiendo la areola; cerrando la mordida hasta llegar a su pezón, para luego deslizar sus dientes a lo largo, tirando un poco de él, para, por último, succionarlo y besarlo, paseándole su lengua para sentir la rigidez de aquel ahora enrojecido pezoncito.



- Estoy fría…- murmuró Lena, haciendo que Yulia la empujara con su brazo, ayudada por las piernas de Lena, hasta el extremo de la cama para acostarla sobre las almohadas y así poder cubrirla con las sábanas que permanecían dobladas al extremo contrario de la cama.



Yulia se recostó, bajo las sábanas, junto a Lena, notando que la habitación ya empezaba a girar y a distorsionarse. Se estiró para apagar la luz, que dio gracias al arquitecto de aquel hermoso hotel por haber puesto un interruptor a la par de la cama, y se devolvió a abrazar a Lena, colocándose entre su brazo y su pecho, acariciándole sus enrojecidos pezones con sus dedos, no dándose cuenta en qué no-tan-erótico-momento habían caído ambas como para quedar muertas antes de poder siquiera propiciarse un orgasmo mutuamente.
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VIVALENZ28

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Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Oct 04, 2014 12:50 am

Disculpen la tardanza aquí mas capitulo




La luz era imparable ya, se manifestaba en cada rincón de la Suite, molestando, por fin, a Yulia, quien comenzaba a despertarse en medio de aquel dolor de cabeza y malestar estomacal, de aquellos que realmente molestaban. Abrió los ojos y decidió cerrarlos mejor, la luz la enfermaba y la habitación le daba vueltas aún más rápidas que las de la madrugada. Intentó dormirse de nuevo y no pudo, era ese dolor de cabeza que atravesaba sus sienes y aniquilaba sus ojos, y esas patadas al estómago, aquella acidez. Abrió de nuevo los ojos y se vio en una posición bastante incómoda, pues Lena la abrazaba por la espalda, se aferraba a ella con su brazo por su cintura, tomándola por su seno derecho, el que estaba en contacto con la cama, y, su brazo derecho, era lo que Yulia utilizaba para tener algo en su cuello. Le incomodaba porque no le agradaba que la abrazaran, los abrazos no le gustaban mucho, pero prefería abrazar a que la abrazaran y, en esa ocasión, permitió ceder a que Lena la abrazara, después de todo era su novia, y se acomodó a ella un poco más, sintiendo la respiración alcohólica de Lena mezclarse con la suya.



Pero no pudo más, por más rico que eso se sintiera dentro de toda su incomodidad, se tuvo que levantar. Se dirigió al bar de la Suite y tomó un vaso y los sobres de sal que había en un recipiente. Se dirigió al baño, vació casi todos los sobres de sal en el vaso, le vertió agua del lavabo, lo mezcló, se hincó ante el inodoro, se hizo rápidamente un moño, respiró hondo y pretendió beber aquella solución salina hasta el fondo, mas no pudo, se quedó a medio camino y evacuó oralmente aquel malestar estomacal en dos tantos, causando un tercero por asco propio. Con una risa de “no puedo creer que a los veintiocho esto me esté pasando todavía” dejó ir la cadena junto con el resto de aquella maravillosa solución salina. Todavía quedaba el dolor de cabeza, pero había disminuido con gracia y, parada frente al lavabo se vio al espejo, viéndose burlonamente a sí misma mientras se lavaba los dientes de manera exhaustiva. Vio su muñeca y la hora; las dos y cuarenta y tres, y le dio más risa. Se arrojó a la ducha, desviando el agua hacia la pared para poder sentarse contra ella y que el agua le bajara el dolor de cabeza, las únicas veces que Yulia dejaba el agua fría. Levantó la mirada ante el abrir de Lena de la puerta y le sonrió, con el cabello mojado y pegado a su espalda, peinado hacia atrás, totalmente mojada, con sus codos apoyados de sus rodillas, piernas flexionadas. Lena se bajó su tanga marrón y se metió a la ducha con Yulia, sentándose entre sus piernas, no sin antes recibir un regaderazo más frío que el agua de los Alpes.



- Esto si que está helado…co…ñoooo- se quejó Lena, queriendo levantarse de aquella ducha, que sentía congelarse, tanto por la piel fría de Yulia contra su espalda como por el agua que corría por el suelo, congelándole sus partes más sensibles.



- ¿Cómo estás de las consecuencias?- rió Yulia en una voz pegajosa, eran las primeras palabras que emitía.



- Del alcohol, todo bien- y recostó su cabeza sobre el hombro de Yulia, apoyando sus brazos sobre las rodillas de Yulia, Yulia pasando sus brazos por la cintura de Lena para abrazarla. – Quiero pedirte un favor- susurró, encontrando su sonrisa con la quijada de Yulia y sus ojos con su cuello.



- Si es de retomar el cigarrillo, olvídalo, mi amor- dijo Yulia en tono serio, meneando su dedo índice derecho de izquierda a derecha en negación rotunda.



- Eso lo dejaste muy claro ya…



- ¿Entonces?- susurró, viendo las manos de Lena posarse sobre las suyas, descansando sobre su abdomen, moviéndolas, la izquierda hacia sus senos y la derecha hacia su entrepierna.



- Finger me- suspiró ante el roce de los dedos de Yulia en sus labios mayores.



- Yo sí hablo inglés- sonrió Yulia, yendo directamente a su clítoris con sus dedos del medio para trazar círculos con presión, no eran círculos anchos, eran básicamente sobre el mismo punto, sobre el mismo sabroso punto, más bien la punta de su clítoris, trayendo a Lena, en cuestión de segundos, a unos gemidos suaves al oído de Yulia.



- Espera, no



- ¿Qué pasó?- Yulia dejó de trazar aquellos sabrosos círculos sobre su clítoris.



- Tengo ganas de ir al baño



- Estamos en el baño- rió Yulia, jugando a lo que Lena solía jugar.



- Digo, ganas de ir al inodoro, pues…



- ¿Tienes ganas de vomitar?



- No…mmm…de evacuar la vejiga- sonrió sonrojada, que Yulia nunca había sentido lo caliente del rostro de Lena al sonrojarse.



- No te voy a dejar ir por eso



- Yulia, te juro que me estoy haciendo, siento que tu tacto me afloja- rió Yulia por sus palabras, que según ella no tenían sentido.



- No quiero soltarte



- ¡Yulia!- siseó, apoyándose de sus rodillas para impulsarse hacia arriba.



- Hazlo aquí- sonrió Yulia, deteniéndola por la cintura para que no se levantara.



- No lo voy a hacer frente a ti - rió, como si Yulia realmente bromeara.



- A mí no me molesta…igual, el agua fluye hacia allá- dijo, sin borrar su sonrisa y apuntando con su dedo al desagüe en la esquina izquierda que estaba al otro extremo.



- No, ya te dije que no lo voy a hacer frente a ti…



- ¿Y si lo haces conmigo?- rió Yulia a carcajadas, sabiendo que no tenía ni las más mínimas ganas.



- ¿Es en serio?- se sonrojó Lena, casi ahogándose por el agua que caía.



- No tengo ganas, pero no quiero que te vayas…al menos no saldrás de esta ducha hasta que te corras



- De verdad necesito hacer pipí- susurró, viéndola a los ojos con plegaria.



- ¿Por qué no has salido? No tengo un arma de fuego apuntando a tu cabeza…eso lo tomaré como que quieres y no quieres hacerlo- Yulia sólo estaba jugando con fuego pero sin pasarse de lista.



- Temo que si salgo…no me dejes volver a entrar



- No soy un ogro, mi amor, me cubriré los ojos- dijo, señalando al inodoro que estaba a la par de la ducha, que de igual manera la iba a ver.



Lena se puso de pie y abrió la puerta de vidrio, notando a Yulia quedarse ahí sentada, volviendo a apoyar sus codos sobre sus rodillas y entrelazar sus brazos para apoyar su frente sobre ellos. Escuchó a Lena levantar la tapa pero, por el agua de la ducha, no escuchó a Lena hacer lo que quería hacer. Lena le tocó el vidrio con sus nudillos y Yulia levantó la mirada y se volvió hacia la izquierda, viendo a su novia sentada, de piernas cruzadas, quizás “evacuando” o quizás no, pero era el beso que daba al vidrio. Yulia se irguió completamente y, sobre sus rodillas, le correspondió el beso a través del vidrio, algo ridículo y risible, tal vez era que ambas todavía tenían alcohol en sus respectivos sistemas. Abrió los ojos para ver a Lena sonreír de placer, sí, al fin estaba evacuando, qué risa, y le pareció lindo que lo hiciera con sus piernas cruzadas, como intentando mantener lo “señorita”. Lena cortó aquel beso indirecto y, poniéndose de pie tras haberse limpiado, se metió de nuevo a la ducha, redirigiendo el agua y poniéndola un poco más tibia.



- ¿Más tranquila?- murmuró Yulia con una sonrisa.



Lena se sentó bajo el agua, encarándola y abriendo sus piernas, enseñándole aquella apetecible vulva, de la que podía apreciar sus labios menores y su clítoris a simple vista porque sus labios mayores no llegaban a rozarse, y estaban al natural, nada hinchados. Lena asintió, no viéndola a los ojos, sino alcanzando el jabón de la jabonera y se lo alcanzó con una sonrisa. Yulia tomó el jabón en sus manos e imitó a Lena, abriendo sus piernas, encarándola; verdegrisasceo contra celeste . Paseó el jabón sobre sus labios mayores una y otra vez, subiendo el jabón en línea recta por en medio de ese par de 34C que ya tenían una ligera delineación de bronceado que era moldeado por el bikini al cuello. Y Lena supo qué era lo quería realmente para su cumpleaños, nada interesantemente caro, nada más y nada menos que ver a Yulia masturbándose. “Eso sería muy perverso”.



- Era para que me lo hicieras a mí- sonrió, no dándose cuenta que ella también se tocaba. – Y no lo pienses que mi hermana se va a despertar en cualquier momento



Yulia enjuagó el jabón de su cuerpo y se lanzó sobre sus rodillas hasta tumbar suavemente a Lena sobre la baldosa fría, haciendo de un quejido colectivo por la frialdad de la atmósfera. La Arquitecta Volkova, orgullosa del Arquitecto desconocido, agradeció por las dimensiones de la ducha al estirar su brazo para aumentar la cantidad de agua pero no la temperatura, hasta la puso más fría mientras veía y sentía a Lena tocarle los senos con ambas manos, sus pezones ya rígidos, lograron superarse en rigidez ante las manos congeladas de aquella pelirroja; cuya melena empezaba a desprenderse del moño de la ajetreada noche anterior. Yulia llevó la barra de jabón, tamaño hotel, y la deslizó delicadamente a lo largo de su vulva, deteniéndose con su brazo izquierdo al lado de la cabeza de Lena, manteniéndose elevada sobre Lena, clavándole la mirada mientras Lena enrollaba su cabello con su dedo y lo fijaba en un moño que le costó más de un gemido.



- Nunca me imaginé estar acostada en una ducha- rió Lena, notando que el alcohol todavía estaba presente, pues había hablado más rápido de lo que había pensado.



- Le quitas todo el erotismo a esto- rió Yulia de regreso, enjuagando a Lena de su entre pierna y soltando el jabón, tirándolo hacia un costado a ciegas.



- Quiero que te corras al mismo tiempo que yo- y la mirada de Yulia se hizo plana, de asombro.



Lena acostó a Yulia sobre la baldosa fría, haciéndola sufrir tal y como a ella la había hecho sufrir, pues a Yulia la mataba lo frío en la espalda. Colocó la pierna derecha de Yulia sobre su hombro y se acomodó para rozar sus fuentes de placer, pues aparatos reproductores no lo eran, menos en ese momento. Lena acomodó los relieves de ambas con delicadeza, no sin antes revisar si Yulia estaba, redundante y distintamente mojada al agua, y en efecto, lo que le sirvió para lubricar totalmente no sólo a Yulia sino a ella también. Agradeciendo la flexibilidad y lubricación de Yulia, Lena respiró hondamente con excitación, rozando su rosado pezón contra la pierna levantada de Yulia, y la empezó a embestir sensual, lenta y apasionadamente. Aquella ducha se inundó de respiraciones pesadas y cortadas, como si era competencia, pues no podían gemir por el eco que despertaría, eventualmente, no sólo a Katya, sino también se escucharían en el baño de la par, pues en cierto momento habían escuchado lo del otro baño.



Yulia adoraba aquella escena de Lena embistiéndola, sintiendo sus senos ir de arriba hacia abajo con cada embestida que cada vez era más marcada y tajante, adoraba ver el agua caer sobre la nuca de Lena, esparciéndose por sus hombros y bajando por sus senos, sintiendo el agua en su pie también, viendo el rostro de Lena, con ojos cerrados y quijada apretada por la lujuria, respirando por entre su blanca dentadura, que se aferraba con ambas manos de su pie sobre su hombro. Yulia decidió dejarse llevar, quedándose con aquella imagen mental de su excitada futura esposa, si es que aceptaba.



Sintió un cambio en Lena, así como en ella, que el agua fría ya se calentaba al llegar a sus intimidades, hervía, se evaporaba. Y Lena, de un movimiento, soltó la pantorrilla de Yulia y se aferró fuertemente a los senos de aquella rusa sobre la que tenía el control, las pocas veces habían sido triunfantes para Lena y muy, muy ricas. Yulia gimió un tanto fuerte, pues le había gustado la ferocidad de aquel tacto, que la estrujaba sin piedad, con emoción, clavándole levemente sus uñas, erizando sus pezones contra las palmas de sus manos. Yulia se detuvo de la pared tras ella, pues con cada embestida se acercaban más. Y sintió aquel orgasmo inesperadamente esperado empezar a hervirle en la sangre, aquella ola de calor que tenía, por epicentro, su clítoris.



- ¡Me voy a correr!- gimió Yulia agudamente, creando en Lena una sonrisa de ojos cerrados, una ternura con sus camanances.



- Shhh…- rió Lena, acelerando las embestidas, haciendo de aquel roce como el momento antes de una erupción volcánica.



Estrujó más sus senos, ayudada por Yulia y dejó salir un gruño junto con Yulia mientras las caderas de Yulia iban de arriba abajo y rebotaban entre la baldosa y el clítoris de Lena, Lena de lado a lado, rebotando entre el aire y la pierna de Yulia. En ese momento, Lena no pudo dejarse caer sobre Yulia como cuando estaban en una cama, sino que se dejó caer sobre su trasero, descansando su espalda sobre la pared del otro extremo, viendo a Yulia todavía sobre su espalda sobre la baldosa, con sus rodillas contra sí mismas, todavía respirando agitadamente. Lena se puso de pie y le alcanzó sus manos para ayudarla a ponerse de pie.



- ¿Habrá algún lugar en el que no hemos hecho cosas placenteras?- sonrió Lena, levantando su ceja y dándole un beso tierno a Yulia en sus manos. – Digo, la ducha, la cama, el sofá, la mesa del comedor, la mesa de la sala…



- No te olvides de la oficina, mi amor- sonrió Yulia, tomándola por la cintura y empujándola hacia el agua y estirándose para alcanzar la manija de la temperatura y, paulatinamente, hacerla tibia y luego caliente, tal y como solía ser el agua en la ducha.



- Falta la cocina y una piscina o un jacuzzi o una bañera



Se hundieron en un beso sonriente que les aceleró el corazón a ambas, y así, abrazadas, estuvieron bajo el agua unos minutos, besándose de la manera más sincera que conocían, a ojos cerrados, Lena con sus brazos entre su pecho y el de Yulia, apenas tomando a Yulia con sus manos por su cuello de manera delicada y Yulia la mantenía presionada contra ella. Se despegaron para lavarse el cabello, tenía aquel típico e irresistible olor a cigarrillo que ya no querían sentir cerca nunca más.



- Dime que ahora no haremos nada



- Quizás sólo postrarnos en la piscina o en el jacuzzi…comer…y dormir, porque tenemos que estar en el aeropuerto a las diez- sonrió Yulia, dándole una nalgada cariñosa a Lena



- Qué rica nalgadita- le sonrió, guiñándole el ojo. – Al fin nos vamos de este inundado infierno…

Mykonos

-¿Segura?- susurró Natasha a ojos cerrados mientras tomaban el sol de la manera más placentera y sedentaria posible sobre un par de chaise lounge en la playa de Elia.



- Sí, Natasha, no me voy a arrodillar- contestó Yulia, viendo aquel paradisíaco panorama como pocos en su vida.



- ¿Por qué?

- Explicación y digo dos puntos- se aclaró la garganta, viendo a Lena y a Phillip platicar en el agua del mar, se salpicaban agua cada ciertos minutos junto con risas. – Yulia Volkova no se arrodilla ante nadie- dijo, en aquel tono egocéntrico del que probablemente sólo ella podía abusar y quizás no estaba tan mal. – Pero cuando lo hizo, Elena Katina lo odió- rió, viendo a Lena sumergirse en el agua y emerger de ella con tanta gracia, juguetonería y sensualidad que Yulia se sintió orgullosa de ser su novia, pues escuchaba al grupo de muchachos franceses de la sombrilla de abajo hablar sobre lo atractiva que era Lena. – Y creo que no estamos para convencionalidades



- ¿Cómo piensas hacerlo entonces?- Natasha quería toda la información posible, le picaba por saber, saberlo todo.



- Nate, no lo voy a hacer todavía, y no es porque no quiera, sino porque es parte del plan



- Evasivas, **** de evasivas- rió Natasha, apagando la alarma de su iPhone y dándose la vuelta para quedar sobre su abdomen y broncearse la espalda. – Vamos, Yul…por favor- sonrió, encarando a su mejor amiga, quien tenía los ojos cerrados y se empezaba a deshacer los nudos del bikini para no dejar marca sobre su espalda, o al menos la menor marca posible.



- Quiero algo diferente, no llegar y proponérselo, sino que hacerlo sin que se de cuenta



- ¿Cómo no se va a dar cuenta?- rió Natasha, jugando con la arena con sus dedos.



- Pues, digo, eventualmente se lo voy a proponer…pero quiero que sea de romántico y divertido, lo que hay en medio y los extremos…y eso es todo lo que voy a decir, pregúntame el otro mes por más información- sonrió, sintiendo el sol griego calentarle la espalda más de lo debido.



- Está bien- suspiró, enterrando sus manos en aquella arena tibia, como si eso la relajara aún más. - ¿Qué haremos ahora?



- Sedentarismo playero y piscinero desde nuestra Suite, mañana iremos a caminar por ahí…oh, y comer, comer y comer…no sé por qué últimamente tengo más hambre de la normal, ya me parezco a Phillip…



- Jamás lo había visto comer tanto como estos días…seguro está nervioso por la boda



- Hablando de la boda- dijo Yulia, abriendo los ojos y viendo a Natasha a los ojos. – ¿Cómo va la civil?



- Bien, hasta donde la dejé todo bien; ríos de Krug del ochenta y cuatro y del ochenta y dos para que los mortales invitados se llenen los riñones con lo mejor de nuestros nacimientos y una caja del setenta y nueve para las mesas de las familias, Dalmore Cromartie para Phillip y sus amigos amantes del Whisky... es una ensalada de frutas cítricas, muy rica, un poco de Krug con granada y jengibre, una sopa de tomate asado con un Sangiovese que mi suegra insiste en ponerlo, luego chuletas de cordero a las hierbas italianas y no me acuerdo qué más y, por último, crepas de no sé qué de frutas del bosque y otra cosa de mascarpone y vainilla, helado si bien me acuerdo



- Me regaña mi estómago, me diste hambre- rió la Arquitecta, intentando disimular aquellos ruidos. - ¿Te decidiste por el blanco o por el violeta?



- Donna accedió a ajustar el violeta hasta la rodilla- rió Natasha, como si fuera gran ganancia, y sí que lo era. - ¿Tú que te pondrás?



- El J. Mendel blanco que te enseñé, el que tiene encaje arriba y se traslapa con el lino…



- Hermoso, ahora sólo tenemos que ver cómo quedan sus vestidos con Donna, seguro hace un buen trabajo



- No lo dudo, Señora Noltenius- rió Yulia ayudándole a deshacer el nudo de su espalda.



- Estoy tan caliente- suspiró, dejando caer sus manos sobre la arena de nuevo, excavando con ellas.



- ¿Vamos al agua?



- No, Yul…el otro tipo de caliente



- Oh… ¿Phillip?



- Sí, pero no es suficiente- rió sonrojada, aunque Yulia no la pudo ver lo sintió. – Estoy golosa- dijo en un tono lascivo, marcando cada “s” en aquel tono que parecía el de Oskar, el asesor de imagen personal de Bergdorf’s.



- Ya somos dos



- ¿No pudieron por Katya?



- Katya no fue un obstáculo- rió Yulia, acordándose de lo gracioso que fue encontrar a Katya la mañana anterior, abrazada del inodoro, desmayada de sueño alcoholizado, acordándole de su vida estudiantil; más de la noche en la que perdió su virginidad y se había emborrachado por una enorme y profunda culpa, la cara de Katya, desmayada, le había acordado aquella aventura sin sentido. – Júrame que no dirás nada



- Jurado- abrió los ojos de la emoción y se irguió, olvidándose de su bikini suelto, mostrando su par de, para algunos, enormes pero sabrosos complementos delanteros totalmente al desnudo, mostrándole a medio público presente sus pequeños pezones café muy pálido. – Oops…- rió, ajustando de nuevo el bikini a sus senos.



- El punto es que…Katya es bisexual- así, sólo así, en seco y crudo, dejó caer la bomba; ¡boom!



- Dijo que?- Natasha sacudió su cabeza como si no hubiera escuchado bien y terminó de amarrarse su bikini.



- Como lo oyes…Lena no sabe, aunque no es tonta, seguramente lo sabe y se hace la que no lo sabe, o no sé…pero no es de mi incumbencia



- No toques el tema, no te corresponde - sonrió Natasha, dándole la lección de vida a Yulia.



- Exacto…en fin, Ella Natasha, ¿ya decidiste qué le vas a regalar a Phillip?



- Le voy a dar dos cosas



- ¿Las mancuernillas Winston?



- En la boda civil para que las use en la religiosa- y se sonrojó, Yulia no se explicó por qué pero sólo le hizo el gesto que se traducía a “¿Y en la religiosa?”. – Uhm…estoy sentada en él- sonrió con una cierta inocencia y pena, con pudor, como si realmente lo tuviera, bueno, lo poco que le quedaba.



- Amor, a mí ya me asaltaron con dos dedos…buena suerte y que Dios te ampare- sonrió Yulia, irguiéndose con cuidado para no hacer un Natasha. – Pero te estaré esperando con un par de Ben & Jerry’s: Cookie Dough, Peach Cobbler y Cinnamon Buns, todo para consentirte, y consideraré “Glitter” o “Coyote Ugly”…o “Selena”- sonrió, acordándose de las veces que han estado conjuntamente deprimidas o adoloridas por alguna riña en esgrima que se pasó de tono y se amarró su bikini por la espalda.



- A lo mejor y Phillip se asusta, no sé, pero se me antoja desde ya ratos…y dejemos de hablar de sexo que no me está ayudando- sonrió, poniéndose de pie y poniéndose sus gafas. - ¿Agua?

Yulia se puso de pie con ella y, tomándola de la mano, tal y como solían hacer, colocó su mano sobre su hombro para poner la de Natasha alrededor de su cintura, contoneándose en completa sincronización, sonriéndoles a sus respectivas parejas desde la orilla, quienes los esperaban de la siguiente manera: ansiosos por salpicarles agua. Lena se contuvo ante la imagen de Yulia arreglándose el bikini entre aquellas pequitas brillantes por el bronceador, su cabello en un moño alto, literalmente sobre su cabeza, su sonrisa imborrable mientras tomaba un poco de agua entre sus manos y la esparcía por su abdomen. Phillip se arrojó contra Natasha, hundiéndola a la par de Yulia, Yulia simplemente siguió caminando, con el agua hasta su cadera, hacia donde Lena.



- Arquitecta, en paños menores en vista pública- sonrió Lena, tomándola por la cintura y trayéndola hacia ella. Yulia abrazó su cadera con sus muslos.



- Estamos en la cuna de la homosexualidad sin compromiso y que era aceptada por la sociedad, Licenciada Katina- rió Yulia, subiendo sus gafas a su cabeza, plantándole un beso público a Lena, un beso como nunca antes, tomándola por sus mejillas y dejándose llevar por el sabor de sus labios.



- Tenía sus pros y sus contras- murmuró Lena al compás de las pequeñas olas que se desencadenaban, mordiendo al final el labio inferior de Yulia pero volviéndola a besar.



- ¡Dios mío!- exhaló Phillip con un falso y divertido pudor. – Nate, no vamos a poder dormir- rió, haciendo alusión a que, cuando llegaron al hotel, que estaba a veinte metros de la playa en la que estaban, se dieron cuenta de que Gaby, la secretaria de Yulia, había reservado una habitación familiar, pues había confundido la información y los había metido, a los cuatro, en una sola habitación, cosa que no les molestaba, hasta mejor para compartir más, básicamente en todo el sentido de la palabra. Lena no dejó de besar a Yulia pero, ante el comentario, dejó salir su vulgaridad interna, aquello que su primo Adonis, que de “Adonis” no tenía nada; y si no entendieron pueden preguntar, le había enseñado; le mostró su hermoso, mediano y delgado dedo de en medio a Phillip: estirado, manicurado a la perfección, con ese pequeño y típico bulto a un lado por la presión que se ejerce sobre una pluma y un pequeño lunar, muy pequeño, a medio falange y encarando al dedo índice. – Fina, Señorita- guiñó su ojo, tomando a Natasha por la cintura, haciéndola adoptar la misma posición de Yulia con Lena y llevándosela un par de metros lejos.



- ¿Cómo te sientes?- preguntó Yulia, rozando su nariz con la de Lena.



- Se siente bien hablar el idioma con el que crecí, ¿tú cómo estás?



- Entre tus brazos no podría estar mejor- sonrió, besando su frente y bajándose de Lena.



- Cursi…- rió sonrojada, bajándole las gafas oscuras a Yulia. – Sabes, me encantan tus hombros- sonrió, paseando sus manos por sus todavía aceitados hombros.



Yulia rió sensualmente, como una de aquellas sonrisas que sólo una diva podía otorgarle a un momento tan públicamente fuera de lugar. - ¿Qué pasa, mi amor?- susurró, viendo la mirada pensativa de Lena, bajándose de su cadera y levantando su rostro con su dedo por su barbilla. - ¿En qué piensas?



- Extraño dormir contigo- sonrió, hundiéndose en el agua y resurgiendo con su cabello tirado hacia atrás, muy ordenado, todo para retorcerlo en su dedo y fijarlo en un moño con una banda elástica.



- Hemos estado durmiendo juntas, ¿no?



- Digo, es que…- bajó la mirada, remojando su rostro ardiente por el sol con un poco de agua salada. – Así como en tu apartamento- sonrió, paseando la punta de su dedo sobre el agua, revolviendo el agua cristalina.



- Lena, mírame, por favor- Yulia se refrescó los hombros con lo que sus manos podían recoger del agua. – Nuestro apartamento- sonrió, asintiendo.



- Nuestro apartamento…por el que no he pagado un céntimo- sonrió Lena, provocándola, sólo jugando con fuego de nuevo. – Te faltan, ¿qué? ¿Tres cuotas para que sea completamente tuyo?- Yulia asintió. – Déjame pagar la última, al menos



- No, las últimas dos cuotas las pagaremos como pareja: fifty-fifty



- A-ay, ¿pero quién está cediendo?- rió Lena un tanto cantado, salpicándole un poco de agua.



- Lo estoy tomando con calma…paso a paso, ok?- Lena asintió con una sonrisa victoriosa. – Y, ¿qué quieres decir con "como cuando estamos en casa"?



- Bueno, tu sabes …desnudas…y abrazadas…y realmente no hemos tenido la oportunidad de hacer eso ... Dos semanas es demasiado- se quejó, sacudiendo su cabeza en desaprobación rotunda.



- ¿Qué te hace pensar que no lo podemos hacer aquí?- Yulia la trajo con sus manos, bajo el agua, hacia ella por su cintura, haciendo que Lena la abrazara con sus piernas por su cadera.



- ¿Porque Phillip y Natasha duermen literalmente en la misma habitación?



- Lenita, ¿y tú crees que eso me detiene a mí? Te haría el amor enfrente de ellos y no me importaría, aunque prefiero que sea muy privado e íntimo, que creo que hemos logrado mantenerlo así- sonrió, no tomando en cuenta a Phillip en Roma, a Larissa desde la ventana o a Katya por la terraza.



- ¿Lo harías?- Lena tragó con dificultades, pensando en lo erótico que eso sería, pero no le gustaba la idea de que Phillip las viera desnudas, mas no sabía que ya había pasado, pues él era hombre y Yulia era mujer y Yulia estaba muy guapa y Phillip seguía siendo hombre y el hecho de estar con Natasha no le prohibía ver a una monumental desnuda mujer como Yulia…en fin, eso.



- Le daría clases a Phillip: “Cómo hacer que tu novia eyacule tres veces en menos de cinco minutos”- guiñó su ojo, causando en Lena un ligero espasmo interno que liberó lubricante natural.



- ¡Yulia!- siseó nerviosamente a través de una risa nasal. – Dormiremos…desnudas- pronunció aquellas palabras con tanto erotismo que ahora Yulia también estaba lubricando.



- Que si tienen hambre, par de sordas- Phillip les salpicó agua, cargando a Natasha en su espalda



- Tú sabes que conmigo siempre tendrás con quién comer a toda hora, Felipe Carlos- sonrió Yulia, viendo a Natasha asomarse por encima de su cabeza mientras le daba besos en la cabeza a aquel hombre de una libra por centímetro de altura.



Salieron de aquella natural y magna solución salina para esperar, con ayuda del sol y el calor, a secarse. Se dirigieron al restaurante más cercano para no obviar la brisa marina, cosa que le daba vida a Yulia, le ponía una sonrisa demasiado enamorada según Lena, y no necesariamente de ella. Phillip en el paraíso por el cordero, “la carne es de machos”, se devoró, luego de unos bocadillos de filo rellenos de queso ricotta y feta y espinaca junto con las féminas, una doble porción de Rogan Josh con una pincelada griega sobre una cama de arroz inmaculado mientras que las Señoritas cuidaban su figura; Natasha y su salmón al vapor, Lena un cordero a las especias con couscous, pero, Yulia, disfrutaba de una generosa porción de Tandoori Spicy Lamb en una generosa cama de arroz blanco, cosa que no esperaban encontrar en Grecia.



- Len, Natasha y yo queremos saber si está bien ir a Santorini por el día- dijo Phillip, arrojando una especie de doughnut-hole en su boca; como si le hubieran derramado un poco de miel y lo hubieran polveado con canela: una delicia para el paladar, más cuando se contaba con una orden de cuarenta y cuatro Lokmas.



- No veo por qué no- sonrió, mordiendo aquella bolita frita, sintiendo cómo el aceite se salía de ella al paso que la mordía, de igual forma, muy rico.



- ¿Nos acompañarán a Natasha y a mí?



- Una pregunta, ¿por qué le dices Natasha?- preguntó Lena, extrañándose que no le decía “Nate” como Yulia.



- Porque una vez, estando al teléfono, la llamé “Nate” y todos en mi oficina creyeron que estaba hablando con mi novio Nathaniel- reventó en una risa.



- Gracias por proteger mi transexualidad- bromeó Natasha, dándole un beso en la mejilla. – Entonces, ¿nos acompañan?- Yulia y Lena se volvieron a ver y supieron la respuesta.



- Está bien- suspiró Yulia, arrebatándole el recipiente a Phillip para comer un poco de dulce también.



- Cómo quieran, par de tórtolos- sonrió Lena, viendo que Yulia se llevaba dos o tres Lokmas por vez. – Dios, Yulia…cálmate…no se van a acabar



- Están buenísimos- sonrió apenada, hablando casi inentendiblemente por lo llena que estaba, y cerraba sus ojos diciendo “yummy” con su compostura, como si realmente le estuvieran dando cierto tipo de placer sexual. – Yo pago, pídanme otra orden, por favor, y si le pueden poner helado de vainilla mil veces mejor, ahorita no hablo griego- y acaparó el recipiente de cerámica con sus manos mientras Lena le hacía una señal al mesero que querían dos órdenes más.



- ¿Qué vamos a hacer ahora?- preguntó Phillip al aire, asombrándose de la voracidad con la que Yulia engullía aquellas bolitas y con qué placer las saboreaba.



- Yo voto por pasar como iguanas- dijo Yulia entre su amorío hambriento con los Lokmas.



- Opino lo mismo- murmuró Natasha.



- El Hotel tiene piscina, pues, es el mismo sol, es más privado y hay bar- rió Lena para Phillip, con esa sonrisa cómplice.



- El almuerzo lo paga la Arquitecta- guiñó el ojo Phillip para Yulia, quien tomaba otro recipiente de las manos del mesero y masticaba rápidamente. – The check, please- le murmuró Phillip al mesero en un inglés básico, pues era acompañado por el ademán universal.



Yulia le guiñó el ojo a Lena con una sonrisa de “tengo un plan para no ir a Santorini, no tengo ganas de ir” y le alcanzó un billete amarillo al mesero para recibir un billete anaranjado y otro gris, las monedas las burló para que quedaran como propina adicional.



- Comiste como si no hubieras comido una mierda- susurró Lena entre una risa que ridiculizaba a Yulia.



-Oh, podrás ver lo que tengo en mente ... vamos a estar salteando Santorini mañana porque tengo un terrible dolor de estómago- rió Yulia, dándose unas palmadas en su sonoro abdomen sobre el lino ocre de su vestido playero Tory Burch.



- Entonces... No tenías más hambre?- rió Lena a carcajadas mientras la tomaba de la mano y acariciaba con sus dedos el contorno de su único anillo, aquel que tenía el rubí incrustado que le había regalado Larissa.



-No tenía... pero me gustaría quedarme en la cama contigo , o junto a la piscina y tomar un baño desnudo y bla-bla-bla, tu sabes- guiñó su ojo para Lena, quien le lanzó un beso aéreo sonrojado.



- Phillip- llamó Lena, intentando detenerlos. – En la playa también hay bar, y el sol va para abajo, no habrá tanta diferencia- sonrió, a lo que aquellos futuros esposos sonrieron también y emprendieron marcha hacia la playa de nuevo. – Sabes, mi amor…nunca me han gustado los hombres en flip flops- susurró Lena.



- Yo tampoco, pero al menos tiene pies bonitos, y son Gucci



- Gucci, Havaiana o Adidas, son lo que son…como sea, quieren algo de tomar?- sonrió, entrando ya a la arena, quitándose sus Tory Burch de sus pies, haciendo Yulia lo mismo con las suyas; que no era pena que fueran matching con las de Lena.



- Bebidas? No lo sé, tipsy maybe- y caminaban hacia el bar para encontrar un par de chaise lounge cerca, que pensaron que no encontrarían, pero sí lo hicieron, aunque no los cuatro juntos como antes.



Después de una siesta bajo el sol, de la que sufriría la piel de Yulia con un hermoso y dorado bronceado, se unió a Lena con un Greek Sex on the Beach; dos partes de vodka, una y media de lemon rum, dos partes de sirope de granadina, dos partes y media de jugo de naranja, una parte de tequila y una de licor de durazno. Y después de una ronda de Mini Dakos, Mini Lamb Souvlaki y unas Mini Haloumi Toasts, acompañados por una botella de Ouzo, que la diluyeron con una simple coca cola, se metieron al mar a nada más que a platicar sobre lo sabroso que era estar en aquel modo de vida que se regía bajo: Dolce far niente. Era alrededor de las seis de la tarde, el sol ya empezaba aacercarse a la infinidad del mediterráneo, haciendo de aquella brisa marina un tanto más fría, al menos el agua sí se enfriaba, por lo que se salieron, Phillip y Natasha a tirarse a sus chaise lounge para admirar el atardecer junto a un Martini y un Whisky, de manera respectiva, y para afinar detalles sobre la boda religiosa, pues había muchos invitados por los que todavía existían dudas. Yulia se sentó sobre la arena, que el agua todavía le llegaba, en minúsculas olas, a los pies y, a veces hasta a su trasero, pues tenía las piernas flexionadas y, entre ellas, a Lena mientras la abrazaba por la cintura y hablaban a susurros sobre la resaca marítima.



- Me gusta esto…- suspiró Lena, limpiándose las gotas de agua que le corrían por la frente mientras Yulia le hacía un moño.



- ¿El qué?- Yulia apretujó el moño de Lena para escurrirlo y luego reanudar el abrazo.



- Esto…sol, playa, arena, tú y yo…



- Te amo…- susurró a su oído, apretujándola por el abdomen y dándole besos en sus salados y húmedos hombros que en algún momento se secarían por la brisa.



- Otra vez- sonrió, posando sus manos sobre las de Yulia y recostándose más sobre su pecho.



- Te amo



- Otra vez- entrelazó sus dedos con los de Yulia.



- Te amo…te amo, te amo, te amo…mucho…mucho, mucho mucho- susurró nuevamente a su oído con una sonrisa, para luego, con un pequeño impulso innecesario, besar su cuello mientras el sol ya comenzaba a fundirse con el horizonte.



- Se te escucha tan bonito…- suspiró sonrientemente, recostando su cabeza sobre el hombro derecho de Yulia. – Te amo- y Yulia la deslizó suavemente para cargarla con su brazo y la besó nuevamente en público, un beso sensual y romántico, a ojos cerrados, goteante de agua salada y congestionado de ambas narices, pero amoroso y cálido, que se contrastaba con el agua que les seguía mojando la arena bajo sus pieles.



- No es tan increíble?- suspiró Natasha, viendo aquella escena de amor entre Lena y Yulia.



- ¿Cuándo se van a casar?- rió Phillip con objetivo de broma.



- ¿Cómo sabes?- volvió a verlo Natasha con mirada de sorpresa, casi ahogándose con su segundo Martini.



- ****…lo harán?- se irguió Phillip, derramando su Whisky sobre su pecho, ardiéndole por la mezcla del sol y del alcohol.



- Fuck- murmuró Natasha, pegándose suavemente en la boca, “No debí decir eso”. – Olvídalo, ¿quieres?- suplicó, con expresión de sufrimiento.



- Oye, yo no diré nada, amor…pero cuéntame, ¿si?- sonrió, limpiándose el pecho con una servilleta y buscando sus cigarrillos con la otra mano.



- No, sólo es una idea que tiene Yulia en la cabeza, olvídalo



- Oye, es bueno que lo piense pero, ¿no es muy rápido?



- Sí, pero es que no te adelantes, Yulia no se lo está proponiendo ahorita…según entendí quiere esperar hasta después del verano, quiere vivir un poco más con Lena y planear su proposal, lo que me parece justo y necesario…



- Bueno, queda esperar…- sonrió, inhalando de su cigarrillo para encenderlo, alcanzándoselo a Natasha para que tomara un poco de él. - ¿Cuándo tendrá Yulia listo el apartamento?



- En un mes, más o menos



- ¿Te gusta cómo está quedando?



- Si, me encanta, ¿por qué no has querido verlo?- preguntó, encarando la situación, pues no sólo ella viviría ahí, sino Phillip también.



- Porque sé que entre ustedes dos, o tres porque no dudo que Lena se meta, tienen muy buen gusto y pueden hacer de nuestro hogar algo de tu fascinación y de mi comodidad también, con tal de que tenga espacio para mis cosas para hacer ejercicio, soy muy feliz, eso y una Panasonic de cincuenta pulgadas, por favor, lo demás…al gusto de mi esposa- sonrió, inclinándose sobre Natasha para besarla y recibir el humo de su cigarrillo en su garganta.



Natasha sonrió ante el beso gentil que Phillip le ofrecía mientras ella tenía la oportunidad de tomarlo por la espalda y arañarlo suavemente, deslizando sus uñas desde lo alto de su espalda hasta lo más bajo, casi por su trasero, el cual le encantaba agarrar entre sus manos y apretarlo gentilmente mientras hacían el amor, pero, en vista que no lo hacían, optó por no tomárselo, ni por encima de sus pantaloncillos impermeables. Después de unos minutos, ya cuando el sol se había ocultado del todo y el cigarrillo había visto su muerte terminal al ser apagado en la arena y arrojado en la copa vacía de Natasha, tomaron sus cosas y dijeron, desde lejos, antes con un grito, que se regresarían al hotel, pues la brisa empezaba a darles frío, más que todo a Natasha, quien era muy friolenta. La gente se empezaba a retirar de la playa, el bar permanecía abierto, y Lena y Yulia seguían abrazadas, viendo hacia el horizonte que cada vez se coloreaba de un azul más oscuro.
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