El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Publicar nuevo tema   Responder al tema

Página 4 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Nov 19, 2014 8:48 pm

Disfruten





Él la esperaba el miércoles bajo una de las sombrillas del carro de Sabrett frente al Museo de Arte Moderno, o mejor dicho “el MoMA”. El día era particularmente caluroso, 104°F, o 40°C, con un sol que penetraba no sólo la sombrilla amarillo con azul, sino también el saco Ralph Lauren, que por primera vez era beige y no era de lana, sino de lino, igual que el pantalón, y sentía que las suelas de sus zapatos Obrian café también sufrían a consecuencia del hirviente cemento que estaba bajo ellas, la acera, y sentía que se adherían con los segundos, como si se estuvieran derritiendo.

Nunca había sudado tanto en su vida. Y era peor, pues cualquiera diría que podría quitarse el saco para refrescarse un poco, pero no podía porque se avergonzaba de haber escogido la camisa celeste y no la blanca, su sudor era inconfundible y totalmente perceptible. La corbata azul oscuro simplemente la había olvidado adrede en la oficina, y gracias al cielo que se le olvidó, porque de haberla traído al cuello, habría muerto de asfixia. Sudaba tanto, pero tanto como nunca antes, que la cartera, que la guardaba en el bolsillo trasero de su pantalón, empezaba a humedecerse por el sudor. El cabello lo tenía desubicado y un tanto esponjado, pero qué bueno que lo había cortado un poco más de los lados que del centro, así lograba mantenerlo, al menos, en su lugar, y ya nadie sabía si eran las gotas del sudor las que corrían por los rostros o las gotas de las botellas de agua fría que corrían por ellos.





- Perdón… perdón por la tardanza- gimió Lena al llegar a una distancia razonable para no gritar, pero tampoco hablar a volumen promedio.
- No te preocupes, ¿cómo estás?- pretendió abrazarla pero, por el calor, ninguno de los dos tuvo más que la mínima intención.
- Bien, ¿y tú?- llegó hasta él con una sonrisa, y por primera vez lo vio sudado.
- Bien, bien… gracias por venir- sonrió. – Oye, está haciendo demasiado calor, ¿quieres entrar?
- ¿Al museo?- resopló.
- Hay aire acondicionado- sonrió ampliamente.
- No se diga más- rió, y sintió cómo Phillip la abrazaba húmedamente por los hombros, él caminando a su lado izquierdo, ella sintiendo que el lino de su saco le quemaba los hombros semidesnudos a través del algodón blanco de su vestido desmangado. – Espera aquí, iré a comprar nuestro pase a Tierra Santa- sonrió Lena, dándose el lujo de poder invitarlo a tal cosa. ¿Qué tendría que hablar Phillip con ella con tanta urgencia? Aquel hombre sólo asintió y se quedó con sus manos en sus bolsillos del pantalón, viendo al vacío interferido por un grupo de estudiantes. St. Bernadette’s, y sonrió.
- ¿Habrá algún lugar para sentarse en este lugar?- preguntó Phillip, al acercarse a Lena para poder entrar a las exhibiciones.
- Seguramente hay varios- resopló, colocándose el bolso al hombro. – Pero mi banca favorita es frente al “Water Lilies” de Monet
- Ah, Len, ¿frecuentas el Museo?
- No me digas que nunca habías entrado- Phillip simplemente sacudió su cabeza con una sonrisa avergonzada que creyó que lo salvaría de algo que no tenía por qué tener, mucho menos de Lena. – No es tan malo- sonrió. – Es el síndrome del local
- ¿A qué te refieres?
- No estoy generalizando, aclaro- sonrió, llevándolo directamente por las escaleras, que pretendía subir cinco pisos sólo para ir a encontrarse con aquella pintura de la que Yulia tanto hablaba cuando decidía acribillar al Arte, oh gran problema el de Yulia con la definición de “Arte”. – Pero es un poco común que el habitante local, como tú, aproveche al cien por cien las atracciones que sus alrededores le ofrecen
- He estado en Broadway
- Y no sé si diste gracias a Dios por que cerraran “Mary Poppins”- rió Lena en tremenda burla. – Como sea, no puedo creer que nunca habías entrado aquí… ¿has entrado al MET?
- ¿Bromeas? ¡Esa cosa es grandísima!
- Eres un exagerado, Pipe. Nadie dijo que lo tenías que ver todo en un día… es que no puedes
- Len, ahí sólo hay estatuas, momias y quién sabe qué más… todo se reduce a piedras
- ¡Auch!- se quejó ante el comentario. – No sólo son piedras- dijo en tono resentido.
- Ay, tan sensible- bromeó, admirando la habilidad del manejo de los Stilettos de su pelirroja hermana postiza, ¿cómo podía llevar Stilettos de cuero de pitón rojo mandarín y no tener pies al vapor?- Bueno, si me llevas… quizás pueda considerar invertir un poco de mi tiempo en los museos
- ¿En serio?
- Claro. Tengo tres décadas de vivir aquí y no he ido ni al Museo de Historia Natural
- ¿Ni con el colegio?
- Len, iba a un colegio de hombres… en el que sólo teníamos tres opciones: la tríada científica que era química, física y biología, la tríada legal que era historia de los Estados Unidos de América, política estadounidense y sociología tradicional y neo-clásica, o la tríada económica que era economía… o sea micro y macro, matemática, y negocios
- Ay, mi niño, ¿y qué instrumento tocabas?
- Ninguno
- No te creo- suspiró, empezando a sentir las consecuencias de la inactividad física al llegar al tercer piso.
- ¿Y tú?
- Yo jugaba con sodio y agua- sonrió, volviendo a ver a Phillip que necesitaba una explicación. - ¡Boom!
- Un poco extrema, ¿no crees?
- ¿Qué te puedo decir? Creí que era de hierro
- ¿Y cuándo te diste cuenta que no lo eres?
- Pipe, soy inmortal- guiñó su ojo, deteniéndose a media escalera hacia el cuarto piso.
- ¿Nunca te has quebrado, fisurado o qué se yo?
- Uno que otro esguince en el tobillo torpe, por negarme a perder un punto en un juego de Bádminton… y uno que otro dedo del pie, nada que un poco de esparadrapo no arreglara
- Pues, tus dedos aparentan ser naturales- rió, cargándola como a una bebé entre sus brazos.
- ¡Oye! ¡¿Qué te pasa?!- rió entre su queja. – Bájame
- Si espero a que te entre aire, Señorita Sedentarismo, mejor nos sentamos en las escaleras- rió mientras Lena intentaba taparse el interior trasero de sus muslos.
- La gente nos está viendo- resopló sonrojada, intentando esconderse entre el hombro de Phillip mientras intentaba, con toda su elasticidad, pegar su vestido a aquella zona que no era de dominio público.
- Déjalos que vean, que inventen una historia alrededor de lo que ven, que se lo vendan a PageSix si quieren
- Está bien, pero apresúrate que ahora ando en G-String y es transparente y no sé si se me ve
- Demasiada información- rió sonrojado.
- Lo siento
- No hay problema, Len- sonrió, doblando hacia la izquierda para subir las últimas escaleras. – Por cierto, ¿y Yulia?
- Se quedó diseñando… diseñando un edificio de apartamentos…
- ¿Por qué no te escucho muy contenta?
- No, sí lo estoy- sonrió. - ¿Por qué lo dices?
- Como que no estuvieras de acuerdo con eso, no sé
- Eso lo hablaremos luego de que hablemos de lo que tú querías hablar
- Me parece justo- dijo, poniéndola sobre el suelo, ya, al fin en el quinto piso.
- Puedes empezar ya- sonrió, tomándolo por el brazo, caminando lado a lado.
- No sé cómo decirlo- suspiró, siguiendo a Lena por el camino que ella determinaba.
- ¿Problemas con Natasha?- preguntó, sólo porque debía preguntar a pesar de que sabía que no era eso.
- ¿No te ha comentado Yulia nada?
- No desde que se intoxicó antes de que nos fuéramos a Londres, ¿qué ha pasado? ¿Está bien?
- Tengo una pregunta, de índole femenina
- Dime
- Hablando de un promedio- susurró a su oído, como si quisiera que nadie escuchara aquello, como si fuera peor que haberla cargado por las escaleras de un edificio saturado de turistas. - ¿Cuántos tampones usas por vez?
- Wow, esa sí es una pregunta extraña…- resopló, entrando a aquella sala en la que se extendía la enorme creación de Monet. – Pues… supongo que de quince a veinte, no lo sé- murmuró, viendo a Phillip que tenía expresión de querer saber más. – Yo uso cuatro o cinco los primeros dos días, tres o cuatro los siguientes dos y el último, si me dura cinco, uso dos o tres… no lo sé, ¿por qué preguntas?
- Los primeros días del mes pasado, Natasha casi se muere porque la tomó por sorpresa y sólo tenía unos cuantos y no tenía caja de respaldo, me pidió que le comprara unos en Duane… pero la caja nunca la abrió porque le duró poco, y dijo que no era muy normal pero que era quizás porque ya había dejado el tratamiento… o algo así, ojalá y le hubiera prestado atención en vez de estar viendo el partido de los Yankees…
- ¿Y? ¿Cuál es el problema, entonces?
- Len, estamos a mediados de agosto y no ha abierto la caja
- Nunca te creí tan controlador… y sé a lo que quieres llegar… pero, dímelo
- Sé más o menos cuándo está en esas porque es imposible no notarlo… y tengo, desde esa vez, que no lo he vuelto a notar…
- Tal vez sólo ha sabido controlar su estupendo mal humor- guiñó su ojo, y trataba únicamente de azucararle el momento.
- ¿Y cómo explicas que no esté usando tampones?
- ¿Se pasó a toallas?- se encogió de brazos. – Oye, ¿qué esperas que te diga? No soy ginecóloga
- Cuando se supone que se intoxicó, los dos comimos lo mismo, exactamente lo mismo… y no hubo necesidad de llevarla al hospital, no fue intoxicación, al menos eso me dijo Berkowitz, el doctor ese al que Margaret le confía su vida…
- ¿Felicidades?- sonrió Lena, paseando su mano por la hirviente caliente de aquel neoyorquino por aprendizaje, aquel hombre tan duro y seguro de sí mismo que, en ese momento, parecía estar aterrado. - ¿Lo siento?
- No me ha dicho nada… tampoco se lo he preguntado
- ¿Y sería motivo para alegrarte o para infundirte pánico?
- Sonará muy inmaduro… pero me cuesta comprender a las mujeres, ¿te imaginas intentar comprender a una mujer embarazada?- abrió sus ojos al vacío, Lena sólo quería reírse.
- La complejidad no se nos quita, nunca. Tómalo con tranquilidad, ¿qué es lo que te asusta? ¿Natasha embarazada o el “milagro de la vida”?- resopló.
- Es la mezcla mortal, ¿no te parece?
- Creí que querías tener una docena de hijos
- Pues… sí- suspiró, paseando sus manos por su rostro, intentando rascarse donde antes había habido barba. – Pero no sé cambiar un pañal
- Para todas tus inquietudes técnicas… creo que conoces “YouTube”, ¿no?- sonrió, tomándolo de la mano. – Mira- murmuró, materializando su iPhone de su bolso y yéndose directamente a YouTube. – “Como cambiar un pañal”- escribió mientras lo pronunciaba. – Para todo hay solución

- Espera a que mis suegros se enteren…- suspiró.
- ¿Qué te van a hacer tus suegros?
- No lo sé… ya me imagino a Margaret en aquel sermón de “Ella Natasha, ¿cómo se te ocurre? Tu matrimonio no tiene base y ya te embarazaron”- una expresión de asco lo invadió.
- Ustedes dos tienen que cortarse el cordón umbilical de una buena vez, no es posible que sigan pidiendo permiso y perdón por todo lo que hacen… por el amor de Dios, Phillip, son un par de adultos- siseó con un poco de frustración ajena. – No pueden tenerles miedo, ni a sus propios papás ni a sus suegros, es estúpido… te podrás haber casado con Natasha y con su familia, pero hay un límite que deben marcarles. Para ti puede ser que no haya cambiado mucho, o nada, con Natasha, pero tus papás y tus suegros lo ven de otra manera… disfrútate y disfruta a tu esposa, esté embarazada o no, tengan uno o cien hijos, construyan o no una casa en los Hamptons… toma tus propias decisiones

- Facil alli,Tigre…- resopló. – Pero tienes razón
- Lo siento, estoy un poco comprimida
- Bueno, pasemos a lo tuyo, ¿qué con Yulia? ¿Cómo ha estado?
- Mejor, pero ahora regresa de la oficina a las nueve o diez de la noche… sale a las seis y media, casi no duerme, pasa encerrada en el apartamento, trabajando…
- Más despacio, por favor
- No te sabría decir si está enojada, si está triste, o qué… sólo sé que si le preguntas cómo está, te dirá que “bien”, si le preguntas qué le pasa, te dirá “nada”… es llevar la femineidad a otro nivel de complejidad
- Len, explícate, por favor… no entiendo absolutamente nada, yo no hablo su idioma
- Antes de irnos a Londres tomó una casa en Providence, al regresar, exactamente el lunes, tomó otra casa en Newport, y ahora tiene un edificio en Malibú, se está asfixiando en trabajo, no descansa…


- ¿No crees que esté en negación?
- Pues, sí, quizás sí… pero no preguntó qué pasó, cómo pasó, simplemente dijo que lo llevaran a Roma y ya, que ella no tenía tiempo para ir a Roma, ni para nada… ¡ha pasado más de un mes!
- Len, supongo que todos lidiamos diferente con eso...
- Ella no me deja - suspiró, dejando caer su bolso sobre el piso de madera, haciéndolo resonar brutamente.
- Deja de intentar, deja de insistirle… y llegará el momento en el que se abra
- ¿Ha hablado contigo?- Phillip se negó con la cabeza. - ¿Y con Natasha?
- Eso no lo sé, lo que sí sé es que no se han visto, lo cual me parece raro…
- ¿Se habrán peleado?- Phillip se encogió de hombros. – El enojo les dura poco…
- Len… sin ánimos de ofenderte o que se preste a malinterpretación… ¿qué tan feliz eres?
- ¿Ahora?- murmuró, volviéndolo a ver mientras apoyaba su mejilla contra su puño, el cual estaba apoyado, desde el codo, sobre su muslo derecho, y Phillip asintió. – No lo cambiaría por nada
- Pero esa no fue mi pregunta… ¿en escala del uno al diez?
- Siete
- ¿Y qué tanto ha evolucionado?
- De un tres a un siete, es bastante, ¿no crees?
- Pues, sí… verás, Len, el tiempo lo soluciona todo
- Lo mismo te digo- sonrió.
- Ah- suspiró. – Somos un par de incomprendidos- rió.
- Tú serás el incomprendido- rió Lena. – Yo te doy el consejo que yo debería estar siguiendo
- Así funciona siempre- la abrazó por los hombros, dándose cuenta que realmente aquella sala era refrescante, o al menos no tan caliente.
- Sabes…Siempre pense que su muerte seria algo "bueno", por asi decirlo..pero no ha sido.
- Nunca es bueno…- susurró, abrazándola fuertemente y le dio un beso en su cabeza.
- ¿Mañana se van?- preguntó, cambiando el tema abruptamente.
- Si tú me pides que no, no
- ¿Cómo crees que te pediría algo así?
- Pidiéndomelo
- ¿Y por qué habría de hacer yo algo así?
- Porque no sé… pero sabes que nos gusta ayudar- sonrió.
- Jamás, no voy a hacer que falten a su luna de miel… además, tienes que prometerme algo
- Tú dirás
- Pierde el miedo
- Te lo prometo- sonrió, viendo a Lena perderse en aquella pintura. – Sabes…sonaste muy parecido a Natasha con todo eso que me dijiste
- ¿Por qué?
- Muy Psicóloga creo, no sé
- Pero tu esposa no es Clínica- resopló Lena. – Y es más probable que un Psicólogo Clínico te lo diga a que un Psicólogo Industrial
- Quizás… pero no le quita lo Sexy
- ¿Y qué es Sexy? ¿Natasha o la Psicología?- rió, haciendo que Phillip se riera también. - ¿O será que te enamoraste de Natasha porque era Psicóloga?
- ¿Bromeas?- resopló. – Cuando conocí a Natasha, lo que menos pensé fue que era Psicóloga… pensé que era tipo de Administración de Empresas, como mucho… y, sinceramente, el hecho de que sea Psicóloga… la hace todavía más…- hizo un gesto con sus manos, como si la estuviera estrujando en su imaginación, gesto que se traducía a un simple “más cogible”.
- ¿Por qué?
- Len, hablando lo que es- dijo, volviendo a ver a su alrededor, viendo que la sala estaba prácticamente llena de turistas. - ¿Nunca fantaseaste con una psicóloga?- y Lena se carcajeó por un minuto entero, intentó parar pero la risa la invadía de nuevo.
- Nunca fui a una
- Yo tampoco, pero es el cliché del look de una psicóloga…
- ¿A qué te refieres?
- Tú sabes… cabello recogido, seria, autoritaria, gafas quizás, que trabaja demasiadas horas a la semana, con tantos pacientes que están más perdidos que ella… y que lo único que necesita…
- ¿Es una buena cogida?- lo interrumpió Lena, escandalizando a uno que otro turista por su expresión, hasta hubo una señora mayor que se persignó.
- Pues sí- sonrió ampliamente.
- Creí que eras un caballero
- ¡Oye!- resopló, abrazándola divertidamente por los hombros. – Lo soy…
- Creí que te habías enamorado de Natasha porque no es ninguna bruta- sonrió Lena, viendo la hora, y no, no tenía que regresar todavía.
- No puedo dejar de ser un hombre, no puedo negarte que Natasha estaba, ¡uf!- dijo, como si estuviera recordando la primera vez que la vio, y no, no era la primera vez, sino la segunda, aquella noche en aquella fiesta. – Pero la fui conociendo, entre jugando y haciendo chistes, y se volvió triplemente “¡uf!”- murmuró, todavía viendo al vacío, acordándose de que, de no haber sido por Natasha, hubiera quedado semi-en-pelotas en aquel evento por el que recaudaron un millón de dólares para contribuir a la erradicación del hambre en África. – Y, cuando supe que era Psicóloga… todo lo que fantaseé, deseé y soñé, y lo que no, se concentraron en la misma mujer… me dejó pendejo, imbécil, estúpido…
- Ya, ya, tómalo despacio con los auto-insultos, ¿quieres? – rió Lena, dándole unas palmadas en su espalda. – Entonces, ¿Natasha es sexy porque es Psicóloga?- lo molestó, pues ya había entendido que no, que ese no era el punto.
- Y aunque no fuera Psicóloga… la habría hecho, sí o sí, la madre de mis hijos- sonrió, volviendo a ver a Lena.
- Ay, hable con propiedad, Señor Noltenius- resopló Lena en burla, pues aquello sonó a seguridad completa con lo de tener hijos. – Pero voy a disentir con que la Psicología es una profesión sexy
- Len, no puedes… es la profesión más sexy, más caliente, más erótica que existe…- y otros turistas escandalizados.
- Se presta para las fantasías de niños con imaginación convencional- se burló de nuevo, logrando en Phillip una expresión exagerada y dramática de resentimiento, que tal vez habría pasado por homosexual, pero a Lena sólo la hizo reír. – Si de profesiones de ese tipo de trata… te diría que la Arquitectura es la profesión más sexy
- ¿Qué tiene de sexy la Arquitectura, Len? ¿Qué tiene de sexy usar esos programitas raros, dibujar planos, acarrear planos cual mula de carga, supervisar construcciones con un casco amarillo y duro?
- ¿Y qué tiene de sexy la Psicología? ¿Tiene algo de sexy que alguien desconocido hurgue tu inconsciente y tu subconsciente, te analice y te conozca mejor de lo que tú te conoces?- resopló a la defensiva. - ¿Que conozca todos tus oscuros problemas, tus complejos… y que trate con gente conflictuada todo el tiempo?
- ¿Y qué me dices de andar en lugares polvosos y ruidosos?- dijo como argumento final.
- Bueno, bueno… quizás tengas razón… quizás la Arquitectura no es sexy
- ¿Pero?
- Pero tiene su lado sexy- sonrió.
- Y ese lado, del que presiento que hablas con seguridad, ¿cuál es?- Phillip se preparó para una respuesta cualquiera, para nada pensada, y vaya que se equivocó.
- Yulia- resopló, sabiendo que era suficiente respuesta y suficiente argumento, todavía emitió aquella respuesta en tono de “¿Y no es obvio?”.
- Pero Yulia es la excepción…
- Aún así, no le quita que sea el lado Sexy de una profesión nada Sexy
- Entonces la Psicología sí es Sexy
- Está bien, pero sólo si la comparas con la Arquitectura…
- Fuck it- rió Phillip. – Una mujer guapa es una mujer guapa, sea secretaria o sea astronauta
- En eso sí estamos de acuerdo- resopló Lena, recostando su cabeza sobre el hombro de Phillip. - ¿Te das cuenta de las cosas que hablamos?
- Son un poco sin sentido, hasta sin fundamento si quieres… pero, ¿preferirías hablar de la economía mundial?
- Sólo si es buena y me conviene
- Entonces nos apegamos a la agenda de las incoherencias- murmuró, dándole un beso en la cabeza y abrazándola por los hombros nuevamente.




Ahí se quedaron, admirando aquella extensa pintura, quizás ni la admiraban y sólo gozaban del aire acondicionado más caro de la historia: veinticinco dólares por ir a sentarse entre aire frío.
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Nov 19, 2014 9:25 pm

Y sí, era la tercera semana de Agosto, mes en el que los Señores Noltenius se tomarían dos semanas para explotar las Islas Maldivas, dos semanas que tendrían que vivir, a solas, con la incomodidad o con la felicidad de una noticia como la que Phillip intuía ser cierta, y ni se diga de Natasha, que sabía que aquel malestar estomacal no era causado por comida y que no era realmente estomacal, sino por algo extraño que no sabía describir, y estaba en ellos dos decidir si era incómodo o era un pedacito de felicidad. ¿Que si era muy rápido? No lo sé, en realidad Lena tenía razón, y tenía más razón de lo que creía; nadie podía juzgar la rapidez con la que los distintos eventos decidían hacer su aparición y decidían evolucionar en algo menos o más complicado. Esa era la parte de los Noltenius, que Natasha viajaba a Westport y terminaba por quedarse dos días en lo que ayudaba a Margaret a empacar, pues se mudarían de nuevo al apartamento de la Quinta Avenida porque Margaret no podía darse el lujo de estar tan lejos del New York Times, o esa era la excusa, pero en realidad sólo quería estar más cerca de Natasha, o más cerca de Versace y Louis Vuitton.


Yulia era otra cosa, totalmente distinta, pues estaba en una faceta de culpabilidad confusa, o así lo creía Lena. El día en el que se dirigían a Londres, Aleksei tuvo la amabilidad de llamarle a Yulia, llamada que recibió cuando ya estaba sentada en el avión, para hacerle saber que Oleg había sufrido un infarto, y eso era lo único que Yulia sabía, no sabía que había sido cerebral y no cardíaco, porque Aleksei no le dijo y porque Yulia no había preguntado, pues, en cualquiera de los dos casos, ¿qué podía hacer ella? Aleksei tampoco le dijo la magnitud de necrosis que había, y tampoco le dijo por qué, ni cuáles eran las implicaciones de aquello. No duró mucho en ese estado, Yulia en completa ignorancia, nadie sabía si la ignorancia era adrede o no, pero la llamada de un Aleksei agitado cayó en el momento menos adecuado, o quizás en el más adecuado, depende del punto de vista. Yulia y Lena habían decidido descansar de corregir las últimas pruebas de sus respectivos holocaustos estudiantiles de índole académica, y habían ido a caminar por ahí, hasta terminar, sin darse cuenta, en “Queen Mary’s Garden” y sólo caminaban mientras Yulia intentaba evadir el peso de su consciencia, pues tan tranquila no estaba ante las últimas palabras que cruzó con Oleg, y justo se detuvieron frente al lago, Lena se sentó, Yulia tras ella, haciendo que Lena se sentara entre sus piernas, y empezó a besar su cuello mientras le susurraba quién sabía qué en ruso, y, a ciegas, logró abrir la cremallera interna de su bolso, todavía logró tomar la cajita en su mano, y justo cuando iba a empezar a insinuarle aquello, su iPhone sonó, y era Aleksei para darle la noticia. Cinco días había sido hasta demasiado. Y desde entonces, Yulia no era la misma, no sólo según Lena, aunque había mejorado, sí había mejorado, y bastante.



Al principio, Yulia simplemente decidió no hablar, decidió tomar un voto de silencio en el que pudiera pensar, al menos poner su impresión en orden, su innegable dolor en una proyección de tiempo, y sabía que algo así le tomaría tiempo. El dolor era confuso, porque el dolor no era provocado precisamente por la muerte de Oleg, sino por el déficit del dolor socialmente reconocido, la culpa que la falta de aquel dolor le provocaba, y era algo a lo que le daba tantas vueltas como su silencio le durara. No le había quitado el habla a Lena, seguía siendo la misma, con besos, sonrisas cuando el tema se le olvidaba, caricias en el mejor de los casos, pero no quería hablar de lo que tuviera que ver con Oleg, más porque estaba totalmente en guerra con Aleksei, pues Aleksei la culpaba por lo que fuera, le reprochaba que no hubiera llegado, y todos tienen razón, nadie nunca la tuvo absolutamente y nadie dejó de tenerla, y ninguna razón pesaba más que la otra. Y no sé si fue gracioso o no, pero definitivamente la vida da vueltas y sorpresas, pues Yulia no pudo asistir a la lectura del Testamento de Oleg, tampoco le interesaba asistir porque sabía que iría en vano; quizás y lo único que Oleg le había dejado había sido una carta llena de ofensas e insultos, pero no. Con un “Porque no supe nunca cómo lidiar contigo, porque sé que hice, hago y haré mal, y sé que no puedo arreglar las cosas del pasado, del presente y del futuro.” le dejó no sólo dos tercios de la herencia que venía acumulándose desde el abuelo Andrei y la abuela Anastasya, sino también la casa del Lago Como, cuya ubicación se le hacía conocida a pesar de que tenía sabiduría nula sobre la existencia de dicha casa, y era complicado el por qué sabía de esa casa en realidad, y le había dejado el regalo de graduación de Bachelor que nunca le entregó; un maniquí por el que movió cielo, mar y tierra para comprarlo de la diseñadora favorita de Yulia, todo porque, a pesar de desalentarla sobre estudiar Diseño de Modas, nunca la dejó de apoyar. Y Aleksei ardía ante aquella herencia, casi se incendia cuando preguntó cuándo había sido la última modificación, y aquella respuesta tenía fecha exacta: veinticinco de junio de dos mil trece, y había sido para darle dos tercios a Yulia y repartir la parte restante entre Alina y Aleksei. A Aleksei le había quedado el apartamento de Roma y un sexto de la herencia monetaria, más el Aston Martin, unas cuantas generosas acciones en Alitalia y en Trenitalia y toda su ropa Armani aunque no le quedaría ni aunque rebajara veinte libras, a Alina un sexto de la herencia monetaria, una Villa en San Remo y otra en Livorno y la había nombrado beneficiaria del seguro de vida.




Yulia sabía de aquella casa porque una vez, no se acordaba exactamente en qué año ni en qué momento, un cliente le había pagado por diseñarle una Villa en la costa este del Lago Como, y le pagó sobrevaloradamente, por decisión suya, sólo por el diseño, tanto arquitectónico como ambiental. ¿Un maniquí? En fin, la Arquitecta Volkova, con Lena, no había cambiado mucho, sólo no había tenido ganas de hacer el amor, y ya un mes, o más, era demasiado para Lena, pues desde aquella vez que le había dicho que la dejara como nueva, no había vuelto a haber otra vez, ni un indicio, y Lena lo respetaba, y no era eso lo que le dolía, sino que Yulia se iba a la cama con ella, esperaba a que se durmiera y luego se levantaba a lo que fuera menos a dormir, como si no quisiera dormir, y, entre los planos del edificio de apartamentos en Malibú, los planos de la casa de Newport y los de Providence, y la máquina para hacer ejercicio que Yulia había comprado, se había desmejorado significativamente, pues las ojeras eran cada vez más evidentes y los dolores de cabeza eran más intensos y duraderos, las duchas que tomaba, en las que Lena sabía que las usaba más para llorar disimuladamente que para bañarse, el hecho de usar el mismo jeans dos días seguidos, no, no dos, ni tres, sino una semana entera, era como si no le importara, pero estaba trabajando más de la cuenta para poder darse un respiro bien merecido y con Lena.





Y había dos cosas que Lena sabía que no estaban del todo bien, o al menos le parecían extrañas; que Yulia, todos los jueves, saliera un poco antes de las doce de la oficina, desaparecía por cuarenta minutos o una hora, y regresaba con una sonrisa, y, los domingos, salía un poco antes de las siete de la mañana, y regresaba un poco pasadas las ocho y quince, con la misma sonrisa de los jueves, y llegaba con el desayuno, para compartirlo con Lena, y luego de haber leído una hora o dos “March Violets” de la Trilogía “Berlin Noir”, se dedicaba a seguir trabajando en el set de planos que había llevado el viernes. Pero, últimamente, había empezado a ceder al sueño pero sólo por unas horas, pues Lena se despertaba y, algunas veces, no la encontraba en la cama y salía a buscarla, sólo para verla trotando en aquella banda sin fin inclinada, o inclinada sobre un plano en su mesa de dibujo, pero siempre con los audífonos a reventarle los tímpanos. Y no era que Lena no fuera feliz, pues sabía perfectamente que no todo podía estar bien por más que quisiera, pero sabía que, el noventa por ciento del tiempo, todo estaría más que sólo “bien”. La solución podía ser, dejar de poner cara de preocupación o intervenir con mano de hierro, quitarle la botella de Grey Goose o compartirla con ella hasta perder el conocimiento, hacerse a un lado o entrometerse completamente, ¿qué sería? Lena, mientras Yulia trabajaba en sus planos, por no aburrirse, también abusaba de la banda sin fin, y trotaba hasta que Yulia se hacía presente junto con el almuerzo, que últimamente cocinaba; desde colas de langosta hasta simple Mac n’ Cheese de caja, y seguían sin sentarse a la mesa, pues para qué, comían, entre hablando sobre banalidades y vanidades, sobre algún dato curioso de lo que comían en el momento, y luego Yulia se retiraba a seguir trabajando en los planos, Lena lavaba los platos, a mano para gastar el tiempo, luego tomaba una ducha y, cuando el sol ya no era tan molesto, salía al balcón a sentarse con una copa de vino tinto, a veces a simplemente observar, a veces a jugar en su iPhone, el resto de veces a leer “The Art Of Racing In The Rain”, libro que había tomado de la colección de Yulia y luego, cuando ya daban las ocho o nueve de la noche, Lena le preparaba una ensalada de frutas a Yulia; siempre frutos rojos, manzana que tenía que ser verde, la parte menos roja de la sandía, y todo iba salteado, en frío, en limoncello y jugo de granadina, y eso Yulia ya lo comía en la cama mientras Lena buscaba algo interesante para perder el coeficiente intelectual en la televisión.






Yulia sabía la verdad sobre Natasha, y por eso no se alarmaba al no verla, pues tenía sus razones. Entonces es aquí cuando la mudanza de los Roberts iba más allá del New York Times, pues la Quinta Avenida tenía más peso que sólo Louis Vuitton y Versace. El Penthouse de los Roberts se situaba en dicha avenida, igual que la de los Noltenius, y Natasha no le estaba ayudando a mudarse, pues ella debía reposar, y no podía hacer eso con Phillip encima, Yulia simplemente le ayudaba a tapar el pequeño gran secreto de su embarazo porque Natasha no quería decirle a Phillip hasta estar segura y asegurada. Margaret y Romeo ya sabían, y ambos estaban que saltaban hasta el techo de la alegría, contrario a lo que Phillip pensaba. ¿Por qué necesitaba tiempo para decírselo a Phillip? Era simple, porque al poco tiempo de darse cuenta, la misión tuvo la intención de ser abortada y no por decisión de la razón quizás irracional, sino por la naturaleza, por lo que Natasha, por intentar darle una buena noticia a Phillip, y sin preocupaciones, había recurrido a las únicas personas que le ayudarían a encubrirla: sus papás. Y con tratamiento prenatal y mucho reposo, Natasha había salido de peligro, según el doctor, y tenía luz verde para irse de viaje siempre y cuando tomara las cosas con suavidad y tranquilidad, pues, más que todo se refería al sexo. Aquel secreto, al que Yulia y Natasha se referían como “El Frijolito” o “The Bean”, pues eso parecía tras un mes de crónica succión de ácido fólico, había sido una de las mejores noticias que Yulia había podido tener entre aquel casi colapso emocional. Y era otra de las razones por las que Yulia se despertaba y se encerraba en la habitación del piano, pues no había día que no hablara con Natasha, no había día que no se preocupara por su salud, o por la del Frijolito, y así, por teléfono, día con día, Natasha jugaba a ser la Psicóloga de Yulia, pues eso era a pesar de ser la violación de los principios éticos del Psicólogo, y Yulia le proveía un poco de contacto civilizado, en el que, para que Natasha se durmiera, le había empezado a leer “The Great Gatsby”; eran como hermanas, no, eso eran. Y cuántas veces no quiso Yulia correr a Westport, o mejor rentar un auto, sólo para ver a Natasha, para asegurarse de que todo estaba bien. Sólo se despidieron por teléfono, que no era que no hablarían, pues toda mujer, en su Luna de Miel, necesitaba quejarse también, y no con su esposo, sino con su mejor amiga. Y, junto con la última Ecografía, Natasha hizo que Yulia prometiera que regresara todo a la normalidad, y así fue, con la poca fuerza que a Yulia le quedaba, pues el cansancio era demasiado, haría que su relación con Lena volviera a ser lo que era.






- Buenas tardes, Arquitecta- sonrió Volterra al ver a Yulia entrar a su oficina.
- Buenas tardes, Alec- intentó sonreír de regreso, pero no pudo, pues no había dormido mucho, por no decir nada. - ¿Para qué me querías ver?
- Para dos cosas- le informó aquel hombre, quitándose las gafas para verlas a contraluz, sólo para saber el grado de suciedad de éstas. – La primera…- suspiró pesadamente, como todo hombre podía hacerlo. – Anatoly vino a pedir trabajo
- ¿Cuál Anatoly?
- ¿Segrate?
- Ah… él- murmuró Yulia indiferentemente. - ¿Y qué tiene eso que ver conmigo?
- Que tú lo despediste… yo no tengo ningún problema con volverlo a contratar, no sé si lo tengas tú
- No tengo nada en contra de Anatoly… pero prefiero darle fuego al salario que recibiría cada mes- dijo, con la misma expresión indiferente.
- ¿Y no tienes nada en contra de Anatoly?
- Es una pérdida de tiempo tener algo en contra de él… prefiero que contrates a un payaso
- ¿Qué?
- No me hagas caso, no he dormido nada… ya no sé lo que digo
- No, eso de que no has dormido nada te lo creo… ¿qué pasa? ¿Es por lo de tu papá?
- No, he estado trabajando en los planos… que me da tranquilidad decirte que ya están terminados, y ya están en el poder de sus respectivos interesados
- Todavía no me has dicho quiénes son los de Malibú- sonrió Volterra, dándole a entender de que esa era la segunda cosa por la que la mandaba a llamar.
- Junior, ¿quién más?
- ¿Y por qué tanto secreto?
- Porque es extracurricular…- se encogió de hombros.
- ¿Cuánto te está pagando?
- El modelo cuesta veintiséis, cada plano cuesta veinte, y son dieciocho verticales centrales, uno horizontal, y multiplícalo por tres, porque me pidieron uno de distribución espacial, uno de distribución de cableado y aire acondicionado y otro de tuberías…
- ¿Y ya terminaste?- resopló entre su sorpresa, más al ver que Yulia asentía. - ¿Y la construcción?
- Cero, de eso no me encargo yo… pero por ambientar lo básico me pagan el cuarenta por ciento del total de diseño arquitectónico, que lo voy invertir en comprar el Penthouse… como te digo, no he dormido nada, y te estás aprovechando de mi falta de conexión neuronal

- Te ves mal, lo digo en serio…
- Quería pedirte un favor… o dos
- Dime, ¿qué puedo hacer por ti?
- Quiero tomarme tres semanas de vacaciones- sonrió, no sabiendo por qué estaba pidiendo permiso.
- Tómatelas… eres dueña de tu tiempo…- sonrió, acordándole lo que le había dicho unas semanas atrás. - ¿Irás a Roma?
- No… iré a disfrutar de un poco de adrenalina y un poco de altamar… ¿quieres mandarle algo a Inessa?
- ¿Cuál es tu fijación con Inessa?
- No sé cuál es mi fijación con la mamá de tu Lena…- resopló. - Como te digo, no he dormido nada… y me siento por los suelos…pero tú sabes que me refería a “hija adoptiva”- Volterra permaneció en silencio, sin quitarle la vista de encima a Yulia. – En fin… quiero que te inventes algo… lo que sea para que Lena vaya conmigo de vacaciones…
- ¿Tres semanas? ¿Sabes lo que eso significa?
- Quince días laborales… y no te preocupes, Gaby ya me hizo el favor de comprar todo para las dos… creo que no te queda otra opción más que inventar algo, y rápido
- ¿Cuándo te vas?
- El sábado- sonrió, sabiendo que era miércoles.
- ¿Cuál es la prisa?
- Es un crucero… y yo no quiero ir a Alaska- rió. – Quiero una playa caribeña… mejor dicho: “varias playas caribeñas”
- ¿Cómo pretendes que me voy a inventar algo así de rápido?
- Eres bueno ocultando las cosas- dijo con sus ojos cerrados y su cabeza recostada sobre el borde del respaldo de la silla. Y se lo dijo en inglés para que entendiera con un mejor contexto.
- ¿Qué estoy escondiendo?- Yulia sólo levantó los brazos. – Bien, Lena tendrá que ir a Roma por cosas legales… ¿te parece creíble?- Yulia levantó su pulgar. – Yulia, estás muerta… ve a descansar, tómate el resto de la semana si quieres…
- No, no… hay algo que quiero preguntarte antes…
- Dime



*
- ¿Yulia?- llamó Lena al abrir la puerta del apartamento el jueves por la tarde, pues vio las luces encendidas.
- ¡En la cocina!- intentó no gritar muy fuerte, pues casi no podía escuchar por el hielo en el que sumergía la ostra que recién abría.
- Viniste temprano- sonrió, notándola distinta, porque estaba distinta.
- Sí
- ¿Está todo bien?
- Ti piace ostriche?- sonrió, mostrándole el recipiente de madera con hielo con, por lo menos, tres docenas de ostras que recién abría.
- Me encantan- sonrió, abrazándola por la cintura, pues tenía la sensación de que podía hacerlo y Yulia no se lo negaría por su extraño humor.
- Tu mamá me lo dijo- murmuró apoyando su cabeza contra la frente de Lena.
- ¿Hablaste con mi mamá?
- No recientemente- lavó sus manos con suficiente jabón como para quitarse el olor. – Hola, mi amor- susurró con una sonrisa, y fue la primera vez que Lena no le prestó atención a las ojeras de su novia, sino a la sonrisa que le parecía que podía estar en el olvido, pues la sintió distinta.
- Hola, mi amor- repuso, no pudiendo tomar aire después de aquellas palabras porque Yulia le robó un beso que no esperaba. – Mmm… qué rico- susurró a ras de sus labios. - ¿Puedo robarte uno yo?
- ¿Te gustaría robármelo o que te lo regale?
- Me gustarían los dos- sonrió, sintiéndose, en escala del uno al diez, un cien, al sentir las manos de Yulia acercarla más a ella, realmente apretarla más contra ella, y, de una mordida, le robó el primer beso. Qué bien se sentía, se sentía diferente a los besos de “buenas noches” y a los besos de “buenos días” de todos los días anteriores. Un poco de lengua mientras Yulia se apoyaba de la encimera con su trasero y Lena también pero con sus manos. – Quiero mi beso regalado- sonrió, mordiendo su labio inferior, intentando disimular la sonrisa entre la mordida, era imposible disimular.
- Tendrá que esperar- susurró.
- ¿Por qué?- sonrió, pues pensó que estaba bromeando, y estaba bromeando, a su modo, que parecía no ser broma.
- Tengo que decirte algo
- ¿Bueno o malo?
- Unas cosas buenas, otras malas- murmuró, manteniendo su posición seria. Pues sí, Yulia padecía un poco de cambios de humor, pero sólo cuando los podía controlar y sólo cuando lo hacía adrede.
- Me imagino que la mala tiene que ver con que no te vi en la oficina en todo el día
- Licenciada Katina- resopló, volviendo a tomarla por la cintura con su mano izquierda y apartándole el cabello del cuello por la parte derecha. – “Bueno” y “malo” es relativo- susurró a ras de su cuello, provocándole cosquillas a Lena. – Puedes ir a la habitación o a mi bolso
- Prefiero que me lo digas tú
- Hablé con Volterra ayer… tienes problemas legales en Italia… pasaporte o algo así
- ¿Sabes lo raro que eso suena?- Yulia sacudió su cabeza. – Yo no tengo ningún problema legal
- Si lo tienes… es para que tú y yo nos podamos ir de vacaciones
- ¿Y cuánto dura mi “problema legal”?- sonrió.
- Tres semanas
- ¿Por qué tanto?
- ¿Te acuerdas de lo que querías hacer para vacaciones?- Lena asintió y Yulia le dio un beso en el cuello. – Lo único que logré fue para salir el otro sábado, y vamos por Labadee, Falmouth y Cozumel… siete noches- sus manos bajaron por su espalda y tomaron los bordes de la falda de Lena.
- ¿Por qué tres semanas si sólo son ocho días?
- Salimos de Fort Lauderdale…- y le soltó una nalgada que a ambas nos sorprendió. – Y pensé que podíamos cambiar el paracaidismo por un poco de adrenalina en uno que otro parque de diversión
- Con lujo de detalle... por favor- sonrió, desabotonándose el primer botón de su camisa roja, que había tenido que recogerse las mangas porque el calor no daba para menos.
- First Class Tickets to Orlando…- tomó los botones en sus dedos, entre sus frío dedos por el hielo. – Salimos a las seis menos cuarto de La Guardia… para llegar a las ocho cincuenta, recogeremos, a las nueve y media, un vehículo, nos dirigimos al hotel a nuestra habitación; con vista al lago…- deshizo el último botón y repasó, todavía con sus dedos fríos, el abdomen plano de Lena, de abajo hacia arriba hasta encontrarse con un sostén blanco que también recorrió por encima del algodón de las copas, más allá hasta llegar a sus hombros para retirar la camisa. – Entradas para Typhoon Lagoon, para Blizzard Beach, ambos para mojarnos- y esa última palabra la dijo con lascivia, tanto que hizo que Lena sintiera aquel punto de partida que gritaba “me estoy mojando”. – A Universal Studios y a Islands of Adventure… - le volvió a dar una nalgada, notando ya cómo las mejillas de Lena se enrojecían y sus ojos se cubrían por la excitación que sus párpados gritaban. – Añadiduras luego- sonrió, bajando la falda de Lena hasta por arriba de su rodilla, en donde tenía que reposar. – Vamos a Fort Lauderdale el viernes por la mañana, abordamos antes de las dos de la tarde a nuestras siete noches en altamar, en que tendremos sexo, we’ll fuck the shit out of ourselves y haremos el amor la una con la otra



- Oh. My. God- ya Lena ya estaba extasiada, imaginándose todo aquello, imaginándose la fricción que se crearía por el frote continuo de sus clítoris.
- Y, cuando desembarquemos- sonrió, bajando la cremallera trasera de la falda de Lena. – Merodearemos por Fort Lauderdale el resto de los días, hasta que regresemos el siete de septiembre… días que serán organizados por mi hermosa…- hizo una pausa y le clavó un beso que tanto le succionó el aliento como le devolvió la vida. – Lena- sonrió, pues quiso decir “para-ese-entonces-oficialmente-futura-esposa” pero no quiso arruinar la sorpresa, si es que era sorpresa en realidad.
- Será un gusto compartir esas vacaciones contigo… ¿cuánto te debo?
- Podríamos hacer un trato- sonrió, bajando la falda hasta el suelo, dejando a Lena en una tanga roja que era totalmente transparente, pues, al agacharse, Yulia pudo ver toda la complexión de su entrepierna. – Un beso por cada dólar, por cada cien, por cada mil o por cada diez mil
- ¿Uno, dos, tres o cuatro?
- Tres
- Todavía me debes un beso
- Más tarde- susurró, tomándola por su trasero hasta levantarla y sentarla sobre la encimera. - ¿Tienes hambre?
- ¿De ostras? Siempre- resopló, dejando caer sus ruidosos Stilettos sobre el suelo de madera de la cocina. Yulia asintió, quitándole la parte superior a cada una de las que estaban en la parte superior. - ¿Será cierto que son afrodisíacas?
- No sé, puede ser que sólo sea un efecto placebo para algunos… pero, contigo, yo no necesito uno de esos…
- ¿Por qué?- preguntó, viendo a Yulia materializar una bufanda de seda, una hermosa bufanda cuadrada pero no tan grande como para ser una bufanda de invierno. Era negra, de seda negra de ciento cuarenta, y tenía, en el centro, el logo de aquella casa, en blanco acuarela.
- “Afrodisíaco” viene de “Afrodita” que, como tú sabrás, es la diosa del amor… Afrodita era un mito, pues, por algo es parte de la mitología griega, pero Lena Katina no es ningún mito, o sea la verdadera Afrodita vive conmigo- sonrió, abriendo las piernas de Lena y colocándose entre ellas. Lena permaneció en silencio, sonrojada como desde que conocía a Yulia, así de potente, así de escarlata. – Posso bendare?- preguntó avergonzadamente, sosteniendo la bufanda con ambas manos, Lena asintió, agachando la cabeza para darle mejor acceso, para brindarle mayor facilidad. Y Yulia, colocando suavemente la bufanda sobre los ojos cerrados de Lena, la amarró suavemente tras su cabeza. - ¿Está bien?- murmuró, haciendo alusión al nudo.
- Confío en ti- susurró, acomodándose la bufanda a sus ojos para no ver.
- No soy un asesino del cual apreciara la confianza - susurró a su oído derecho, tomándola por sorpresa a pesar de que sentía el calor de la proximidad de su cabeza, de sus labios, acercarse a su oído.



Nos vemos el viernes Very Happy
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Nov 21, 2014 5:41 pm

Disfruten Very Happy





Lena asintió, y le gustó sentir las manos de Yulia recorrer sus antebrazos, llegar hasta sus hombros, tomar los elásticos de su sostén y retirarlos hacia los costados exteriores, dibujando un elocuente trayecto mudo sólo con sus dedos sobre sus clavículas, su pecho, el cambio de relieve que el comienzo de sus senos marcaba, y su desplazamiento hacia el centro de su horizontalidad, esa tibia hendidura que formaban sus senos. La piel de Lena se erizó ante ese ligero roce, y Yulia no sólo vio, sino también sintió, con sus labios y con sus dedos, cómo cada poro de aquella perfecta piel se elevaba individualmente a pesar de estar formando una homogeneidad en toda su piel. Y aquel beso que Yulia le plantó en sus labios la tomó por sorpresa, la hizo gemir, y ni se hable del erotismo que se materializó en cuanto Yulia desabrochó el sostén de Lena pero sin despegar sus labios de los suyos. El roce del sostén erizó sus pezones. Eso de no ver y sólo sentir era de otro mundo. Yulia tomó los elásticos de su tanga y Lena, tensando sus brazos, elevó su trasero para que Yulia pudiera desnudarla completamente, y a Yulia cómo le encantaba ver cómo los antebrazos de Lena se definían. Los secretos de la tonificación de Lena, una exquisitez.




- ¿A dónde vas?- susurró Lena, que se había quedado buscando los labios de Yulia, así como sus manos.
- A servirte algo de beber- sonrió, y Lena sabía que Yulia había sonreído a pesar de no haberlo visto. – Sabes- murmuró, abriendo el congelador para sacar una botella de Grey Goose y una de Pellegrino. – Te quiero decir algo
- ¿El qué?- preguntó, escuchando que Yulia abría otra puerta pero no lograba distinguir cuál.
- Hay algo que no quería compartir… porque no me sentía cómoda con la idea…pero tengo que decírtelo
- No tienes que decírmelo… porque sé cómo te sientes- y escuchó que Yulia sacó vasos, o copas, no supo distinguir.
- ¿Ah sí?- se asustó, ¿cómo podría Lena saber lo que había pasado el día anterior si sucedió a puerta cerrada?
- Sí, y aunque no supiera…- dijo, haciendo una pausa para aclararse la garganta al mismo tiempo que Yulia sacaba una botella de champán del congelador especial. – Necesitaba que estuvieras bien, no saber lo que te pasaba…- quizás era una pequeña mentira, pero, al final, había comprendido que el cerebro de Yulia, junto con todos sus pensamientos, eran sólo de Yulia y de nadie más, y era información que Yulia no estaba obligada a compartir. Quizás quería saber, pero no necesitaba saber. – Y, si para que estuvieras bien tenías que pensarlo todo, tenías que procesarlo todo… lo respeto totalmente- escuchó el típico sonido que una botella de champán hacía al disparar el corcho hacia afuera, y se asustó, tanto un respingo sobre su trasero. – ¿Qué estás haciendo?
- Apreciando el paisaje- resopló, pues con “paisaje” se refería a la desnudez de Lena mientras vertía un poco de Dom Pérignon Rosé Vintage Brut en la copa que había sacado. Y respiró de alivio.
- Sabes… no tengo ni idea de lo que estás haciendo, pero me da risa imaginarme lo que haces
- Y según tú, ¿qué hago?- sonrió, abriendo el congelador para llenar un vaso con hielo.
- Creo que estás ahí, parada, sólo viéndome mientras te bebes una copa de quizás un Krug Rosé… y mueves cosas al azar para hacerme creer que estás haciendo algo más…- escuchó un poco de líquido, que era Grey Goose en realidad, caer en el vaso con hielo, y luego, junto con la risa nasal de Yulia, escuchó la salida de gas de la botella de Pellegrino y escuchó el líquido caer, con las burbujas reventándose a su paso, en otro vaso.
- No estás tan lejos de la realidad- rió, volviendo a abrir el congelador para sacar un limón, una lima, un chalote y un par de hojas de menta. – Te ves increíble…
- Pues, encimera con trasero y vagina, ¿por qué no?
- Ah, no te preocupes- rió. – Yo lo voy a lamer luego
- ¡Yulia!- siseó, y luego estalló en una risa.
- ¡Lena!- se burló en el mismo tono mientras se concentraba en no cerrar los ojos ante su risa para no cortarse un dedo al picar el chalote.
- Se supone que no debo decirlo, pero extrañé a esa Yulia
- Tonta Yulia con quien juegas?


- No creo que juegue contigo- rió Lena, concentrándose en el olor que el chalote despedía al ser finamente picado y con suma destreza; no sólo Lena sabía picar con rapidez y con precisión, había cosas que Larissa le había enseñado a Yulia. – Después de que me quites esto- dijo, apuntándose la bufanda a los ojos. – Quiero jugar algo contigo
- Soy toda oídos
- Se llama “Russian Deadshot”- rió mientras Yulia alineaba las primeras diez ostras sobre una tabla de madera, cinco y cinco, una fila con jugo de lima, la otra con jugo de limón, la primera con un poco de sal, la segunda con sal y pimienta negra, la tercera con un poco de chalote picado, la cuarta con menta picada y, la quinta, sólo con el jugo de lima o limón. – Normalmente se juega con Stol, pero con Grey Goose supongo que estará bien
- Nunca has curioseado por el bar, por lo que veo


- ¿Tienes Stol?
- Del clásico tengo tres botellas, creo, y del Elit dos, quizás
- La cosa es que son quince shots contra quince shots, la que se tome más… gana
- ¿Y qué se gana? ¿Experiencia?- rió, colocando otras diez ostras sobre la tabla de madera, estas sin jugo de lima o limón, simplemente con las mismas añadiduras.
- No lo sé, nunca gané- rió, escuchando que Yulia colocaba cosas a su lado.
- ¿Cuándo jugaste eso?
- En la época de la universidad… lo tuve que jugar por presión social, y luego se lo enseñé a mis primas, pero sin Stol… con Ouzo
- Pobre hígado- rió Yulia, tomando la primera ostra en su mano. - ¿Lista?
- ¿Qué me vas a hacer?
- Creí que confiabas en mí- sonrió, dándole un beso en su hombro, y Lena sonrió. – Abre la boca y echa la cabeza un poco hacia atrás- y, suavemente, deslizó la primera ostra. – Mastícala tres veces y deslízala…- Lena emitió un sonido gutural de goloso placer. – A limpiar ese paladar- murmuró Yulia, colocándose entre las piernas de Lena con el vaso de Grey Goose en su mano, el cual, delicadamente, rozó el borde al labio inferior de Lena, y, ante la mezcla con el hielo, el olor se había neutralizado, por lo que fue una sorpresa explosiva en su boca. - ¿Otra?
- Las que quieras- sonrió.
- Abre- y repitió el proceso de nuevo, esta vez limpiando el paladar de Lena con un poco de champán para que los chalotes hicieran el mismo bombástico efecto. Y así repitió el proceso hasta que Lena arrasó con todas las ostras que Yulia había preparado, intercalando Pellegrino, Grey Goose y Champán para limpiar el sabor de la ostra anterior, Yulia cada vez poniéndose más cómoda al quitarse su ropa, no por sexualidad, sino por calor y por incomodidad real.
- ¿Terminaste?
- No exactamente- le dio un beso en su hombro, otro, y otro hasta que se decidió por guiarse hasta su cuello, con mordiscos y besos. – Me queda una curiosidad- susurró, metiendo sus dedos en el vaso en el que todavía quedaba un poco de Grey Goose y sacó un hielo.
- Dime- suspiró, anhelando los labios de Yulia en su cuello, que sólo se habían despegado para introducir el hielo que había sacado del Grey Goose en su boca, sólo para que, lo que iba a hacer, no terminara en malos… en “malos” algo.
- Ya verás- sonrió al sacar el hielo de su boca.




Con “verás” no se refería a la acción literal, sino más bien a “sentirás”, pues sólo se dedicó a jugar con el hielo sobre la piel de Lena, algo muy cliché quizás, muy trillado, hasta quizás explotado por todos los medios, pero Yulia sólo quería saber, sólo quería vivir, lo que era jugar con un cubo de hielo sobre la piel de alguien más, y vaya que era excitante. Lo colocó en el cuello de Lena, exactamente en la hendidura circular de la unión de las clavículas, y obtuvo la primera reacción; no fue un gemido, ni un sollozo, sólo un quejido suspirado entre dientes. Deslizó el cubo de hielo por entre sus senos, por el medio de su abdomen, lo introdujo levemente en su ombligo, en donde le causó cosquillas congeladas, y siguió por su vientre, dejando el rastro del derretimiento, justo para que, cuando Lena creyó que seguiría bajando, Yulia no lo hizo así, y alivió a Lena de lo que su propia mente había estimado por sorpresa, pero ahora pasó el hielo por sus pezones, en círculos sobre la areola, rozando apenas el pezón, y Lena que sentía un extraño placer, quizás porque sus sentidos se habían agudizado al haber atentado contra uno, sin poder leer, de la mirada de Lena, cuál sería la siguiente movida, y seguramente no se esperó recibir besos en sus labios mientras Lena congelaba sus pezones, que se rozaban contra la seda del sostén de Yulia. Lena ya había abrazado a Yulia con sus piernas, y sólo sabía que estaba parcialmente desnuda, pero el hecho de reconstruir la imagen en su cabeza era simplemente matadora. Sabrán ellas cómo lo habrán vivido, con o sin bufanda a los ojos, con qué intensidad o sobre qué superficie, lo que sí sé, porque los vecinos lo escucharon, es que Yulia gritó el primer orgasmo como que si no había tenido uno mejor, y con justa razón, pues Lena le estaba haciendo todo lo que no le había podido hacer por un poco más de un mes, y vaya gusto que se dieron las dos, a tal grado que quedaron tan muertas como John F. Kennedy, que en paz descanse, y no despertaron hasta el viernes por la mañana, Yulia que se había tomado el resto de la semana, así como Volterra le había sugerido, y Lena que no se quiso levantar, y no tenía que levantarse, pues no tenía nada que hacer en el Estudio, todos sus proyectos estaban terminados desde hacía mucho.


Y, bueno, Yulia no había ido a la oficina para preparar todo para el pronto viaje, había decidido asaltar Saks para regalarle a Lena, para empezar, dos piezas de equipaje que, según ella, Lena debía tener, nada muy obvio, sino en negro, y nada muy “demasiado”, apenas un carry-on y una duradera Duffel Bag, y, en dicho equipaje, hizo que empacaran una que otra cosa de La Perla, uno que otro Bikini Cavalli y Lanvin, se tomó el tiempo de escoger cada blusa, cada vestido, cada pantaloncillo, todavía se dio el lujo de hacer una parada en Abercrombie, pues sabía que a Lena no sólo le gustaban ciertas cosas de ahí, sino que también le tallaban de maravilla, y dos pares de TOMS, sandalias , y todo lo necesario para todas las ocasiones que se podían dar, siempre respetando los gustos de Lena, que, según la rusa, Yulia los conocía mejor que ella. Yulia había aprovechado para comprar una que otra cosa para ella también, y no había nada que empacar, pues todo estaba empacado ya. Salieron a tiempo, llegaron a tiempo, recogieron una Cayenne azul metálico y se registraron en el hotel, en una habitación realmente hermosa y espaciosa.




-¿Te gusta?- murmuró Yulia a su oído mientras deslizaba sus manos por debajo de su camiseta azul marino y rodeaba su cintura, rozando su cadera y los bordes de su pantaloncillo de denim con sus dedos, todo hasta que acomodó su torso a la espalda de Lena, quien veía el Lago desde el balcón, apoyada en el borde de la baranda de madera.
- Sabes…- susurró, colocando sus manos sobre las de Yulia, no importándole que había subido su camisa para acariciar su abdomen suavemente. – Cuando me dijiste que ver agua te relajaba... no entendí exactamente por qué, porque para mí eso era irrelevante…- y se empezó a mover lentamente, a crear un vaivén giratorio, a manera de mecerse sobre su eje. – Pero entiendo desde que vi la vista que tienes del Lago Albano… y ni hablar de éste… el East River era una situación decadente- resopló, dándole toda la razón a Yulia.
- ¿Te gusta?- repitió, apoyando su quijada sobre el hombro de Lena, inhalando el típico L’Air del cuello de Lena.
- Me encanta, mi amor… gracias
- ¿Gracias? ¿Por qué?
- Por invitarme… a todo
- No me lo agradezcas… sólo quiero…- susurró, quitando el cabello ondulado de Lena de su cuello.
- ¿Consentirme?- completó Lena la idea de Yulia, y Yulia emitió su típico “mjm”. - ¿Mucho?
- Como al principio
- Suena rico…- susurró, girándose para encarar a Yulia y le pasó las manos por el cuello.
- Pero quieres saber cómo vas a pagarme, ¿no?
- Exactamente
- Mmm… puedes invitarme a almorzar- sonrió Yulia, deslizando sus manos, por debajo de la camisa ya levantada, hasta el broche de su sostén.
- Qué quieres para comer?
- Qué tienes?
- Tengo GPS, comida del Cove Bar… o…- sonrió, acercándose a su oído. – Clítoris… vagina… pezones… - Yulia sólo pudo tragar con dificultad, y casi se ahoga, pero le encantaba cuando Lena hablaba así, y el encanto era mutuo. Yulia gimió un “uf” que fue un ahogo en realidad. - ¿Qué se te antoja?
- Será pedir Room Service… porque no planeo soltarte- dijo, apretujando el glúteo derecho de Lena.
- Desnudame mientras hago la llamada- sonrió, quitando la mano de Yulia de su trasero para pasarla a sus senos.
- Como dije ... me va a encantar the shit out of you…- gruñó, apretujando suavemente su seno por encima de la camisa y del sostén. – Y cero comentarios sobre “shit”- rió, acordándose de cuando Lena hizo algún comentario alusivo sobre esa, u otra parecida expresión, y aquello había terminado en una conversación que supuestamente debía ser incómoda, y no, había terminado haciendo llorar a Yulia de la risa. Vaya, quién hubiera dicho que hablar sobre eso sería tan gracioso que encontraron la verdad sobre la expresión “Rolling on the floor laughing”, y eso era, después de aquella conversación, o concierto de risas y lágrimas ridículas: “ofrecer un sacrificio a los dioses de la Porcelana”, lo que superaba a la referencia de Natasha, que era “perder peso en un abrir y cerrar de esfínter”.
- Ya esa conversación la tuvimos- sonrió mientras caminaba, con Yulia pegada a ella, hacia el teléfono de la habitación. – Déjame ver el menú- rió, tomando el libro en sus manos y hojeándolo sin mayor atención. - ¿Cheeseburger con cheddar y french fries?
- Totalmente de acuerdo… ¿y para tener algún líquido en el esófago para no asfixiarme?- rió, subiendo la camisa de Lena hasta el punto de hacerla levantar los brazos para quitársela.
- De lo que sé que te puede gustar…- resopló, haciendo una pausa para que Yulia quitara su camisa y ella poder arreglar nuevamente su cabello hasta hacerlo reposar sobre su espalda. – Cerveza, Margarita, Tropical Mango Mojito y Cuba Libre
- ¿Qué cervezas hay?- susurró, introduciendo sus manos en el interior del sostén de Lena, removiéndolo de abajo hacia arriba, sólo deslizando las copas hacia su pecho.
- Heineken, Budweiser, Miller, Corona, Bud Light, Foster’s y Stella Artois
- Una Stella y uno de cada uno para mí…- susurró, desabrochando el sostén de Lena y sacándoselo suavemente por los brazos.
- Enseguida, Arquitecta- rió Lena por cosquillas en sus pezones, ¿eran cosquillas? No sabía, pero sentía un hormigueo que le erizaba la piel.



Y tomó el teléfono, directamente marcó la opción de “Room Service”, Yulia desabrochándole el pantaloncillo, introduciendo su mano por su vientre hasta llegar con su dedo por en medio de los labios mayores y menores de la única Licenciada que realmente toleraba, y no era menosprecio para los Licenciados, sino que, en su gremio, los Licenciados eran conocidos por complicar y hasta arruinar las cosas. Lena, con la voz temblorosa por el nerviosismo, por lo que el dedo de Yulia hacía en su clítoris; esas caricias verticales, que iban tan despacio como tortuosas, que se detenían al fundir la punta del dedo con la punta del clítoris, y luego bajaba, y subía, y volvía a bajar, y bajó y subió para cambiar de caricia, para hacerla circular pero no concéntrica. Lena intentaba hablar, intentaba pedir dos Cheeseburgers con los vegetales aparte, así como los aderezos, y no quería ver pepinillos en ninguna parte, y, por distracción, ordenó dos de cada bebida que Yulia le había dicho, pues ante esos besos en su cuello, en sus hombros, era imposible concentrarse. Ni escuchó el total, ni que le harían un cargo del dieciocho por ciento, ni un cargo inicial de tres dólares, ella sólo escuchaba la respiración de Yulia que se esparcía por su cuello y envolvía su respiración, ¿qué tenía el aliento de Yulia que siempre olía un poco mentolado? Tal vez eran las láminas de Listerine que deshacía en su boca cada hora y media, y, cuando fumaba, lo hacía cada hora. Y escuchaba los besos secos que poco a poco, al compás del recorrido del cuello, se humedecían. Logró colgar, y dejó que Yulia le bajara el pantaloncillo, que le llegaba a medio muslo, hasta sus tobillos, sólo para darse cuenta que Lena gozaba de la libertad de entrepierna. Sacó el pantaloncillo al mismo tiempo que Lena se descalzaba de sus Converse de cuero café, y Yulia, teniendo a Lena totalmente desnuda, acarició desde los pies, que Natasha alguna vez los había catalogado en la categoría “Kim Kardashian”, que bueno, si debían saber de Yulia, Natasha también se había tomado el trabajo de encontrar la descripción más cercana, sólo para tener una referencia, y le había llamado “Heidi Klum mejorada ”, y Yulia acariciaba sus piernas mientras besaba su camino hacia arriba, las pantorrillas, los muslos, aquel trasero que a Yulia tanto la enloquecía, por perfecto.
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Nov 21, 2014 6:01 pm

Lena se recogió su cabello en un moño rápido, pues se había acostumbrado a andar, en sus muñecas; en la izquierda su Rolex, en la derecha su pulsera Pandora, la que sólo tenía el corazón que Yulia alguna vez le regaló, la vez que Yulia, de manera literal, le confesó una que otra cosa, y, junto con dicha pulsera, llevaba siempre una banda elástica negra, y Yulia subió con besos por su espalda mientras Lena mantenía sus ojos cerrados, pues era como tener aquella bufanda que le evitaba ver, y sus sentidos se agudizaban, le había gustado lo impredecible de aquella sensación, y se detenía de los bordes de la encimera de la supuesta cocina que tenía la Villa, pues eso era según las definiciones arquitectónicas de Yulia, que su primera queja había sido que los gabinetes eran demasiado bajos para ser de cocina, pero fue hasta entonces que comprendió su altura, que quizás no era ese el propósito, pero vaya que Lena lo supo aprovechar, pues flexionó su pierna y colocó su pierna y rodilla sobre lo que pretendía ser granito pero era fibra de vidrio, y quedó apoyada, del suelo, sólo con su pierna izquierda. Y Yulia, abrazándola por la cintura pero tomándola suavemente de sus senos, llevó su mano derecha al hirviente sexo de Lena, teniendo mejor acceso desde atrás, y se dedicó a acariciar, a gozar sus resbaladizos jugos en sus dedos, Yulia excitada por proyección de Lena, pues gemía aliento entre los besos que le daba en el cuello, los mordiscos en los hombros, los ahogos que sufría al escuchar cada gemido intenso, que era liberado entre los dientes de Lena, y en la tensión que provocaba la posición.Yulia pegó su pecho a la espalda de Lena, su pelvis a su trasero, contorsionando su mano para seguir estimulándola mientras estrujaba suavemente su seno izquierdo y atrapaba, por entre sus dedos, su erecto pezón, y rozaba la cachemira de su camiseta contra la espalda de Lena al embestir al roce circular la bermuda khaki, ah, lo que Marni podía hacer con jersey fabric.




- Theé mou!- gimió Lena, que no era nada más que la señal griega de un aviso de desinhibición celestial: “¡Oh, Dios!”, y las puertas del cielo se le abrieron, quizás no del cielo de San Pedro, pero uno paralelo y pagano, pero de que se sintió en el cielo, se sintió en la relajación suprema que un orgasmo le regalaba.
- Me fascina cuando gimes en griego- gimoteó Yulia a su oído, bajando la pierna de Lena de la encimera, pues le pareció que, en ese momento, Lena ya podía darse cuenta de lo incómodo que aquel contorsionismo básico le daba.
- No sabía que gemía en griego- resopló, dándose la vuelta para besar a Yulia, quien la esperaba con la misma intención.
- ¿En qué idioma piensas?
- Normalmente en inglés, cuando me enojo, me frustro, etc., me paso al ruso, es más tosco, más rudo… es más catártico, o al griego, aunque me parece que el griego es un poco flácido
- ¿Cómo puede ser un idioma “flácido”?- resopló Yulia, que Lena se hundió entre sus hombros y se vio obligada a quedar a horcajadas a la altura de la cadera de Yulia mientras la llevaba, sin mucha dificultad, hacia la cama, y, entre aquella acción, en un nanosegundo, Yulia se acordó de las palabras de Natasha: “cuando pienses en volver, aquí están tus amigos, tu lugar y tu mujer, y te abrazarán, dirán que el tiempo no pasó y te amarán con todo el corazón”, todo para que soltara una leve risa, pues aquello se lo había cantado, y por eso nunca se le olvidaría. Qué bueno era estar de regreso, de vacaciones, de buen humor, con Oleg atrás, con Aleksei lejos, pero con Lena, que eso le gustaba a pesar de que estaba consciente de que era emocionalmente dependiente de aquella perlirroja que en ese momento caía sobre la cama, con una hermosa sonrisa envuelta en camanances.
- ¿Tú en qué idioma piensas?
- Mezclo mucho, aplico el darwinismo gramatical y léxico a mis construcciones semánticas… pero sí, cuando me enojo, exploto en italiano…- sonrió, colocándose entre las piernas de Lena y acercándose a ella al inclinarse paralelamente, torso a torso.
- Y ahora, ¿en qué piensas?
- Cosa sto pensando?- sonrió, rozando su nariz con la de Lena.
- Si, cosa stai pensando, Architetta?- susurró, peinando el flequillo de Yulia tras su oreja.
- Penso che tu sia la donna più bella del mondo… e che sono davvero fortunata ad averti- y, antes de que Lena pudiera negar el halago, Yulia la besó, y la besó de una manera única, así como sólo sabía besar a Lena, así como había logrado corromper su misma mente, abrirse un camino extraño sólo para intentar ser feliz a pesar de que no lo supiera. Y Lena que era la única forma de la que disfrutaba ser besada, porque nadie podía besarla así, nadie tenía los labios perfectos, ni en forma, ni en suavidad, ni en habilidad, no tan perfectos para ella.
- Quiero saber algo- dijo en tono bajo y exhalado a ras de los labios de Yulia, que, cuando cerraba una vocal, rozaba abrazadoramente los labios de aquella mujer que se desvivía por ella, y sólo por ella, pues sólo ella valía la pena. – ¿Me puedes decir tus fantasías?
- No- mordisqueó el labio inferior de Lena. – No tengo- sonrió.
- No te creo… tienes que tener alguna
- Mi fantasía era hacerte eyacular… cosa que hice hace mucho, y ya te lo había dicho
- ¿No tienes otra?
- Uy, ¿quieres complacerme mis fantasías? Digo, en el caso hipotético que las tenga- sonrió, mordisqueando la barbilla de Lena.
- Quiero saber qué tan perversa es tu mente…
- No estoy tan arruinada- rió.
- Tú una vez me dijiste que lo que había en tu mente era retorcido… y que lo mío era Kindergarten- dijo falsamente resentida.
- No me digas que no notaste que era para evitar ceder a la tentación desnuda que tenía frente a mí
- Yo sabía que no eras una Santa
- Momento, Licenciada Katina- resopló. – No soy el Diablo, pero tampoco soy una Santa
- Y de Santa no tenías ni la intención- rió Lena, acordándose de aquella conversación tan extraña que habían tenido.
- Jamás… sino, ¿usted cree que estaría aquí, ahora, con mi hermosa Lena en completa desnudez?
- Pues, no es como que sea “completa desnudez”- sonrió Lena, dándole un toque cariñoso a la punta de la nariz de Yulia con su dedo índice.
- Observación acertada, Licenciada- guiñó su ojo, y no tuvo que erguirse para quitarse su camisa, pues Lena le brindó su amable ayuda, pues claro, era la interesada, le arrancó el sostén negro, se deshizo de la bermuda al mismo tiempo que de la típica tanga negra. – Y, sí, es completa desnudez ahora, ¿no le parece, Licenciada?
- Es muy correcto, Arquitecta…
- Ahora, dígame Licenciada… ¿qué tiene ganas de hacer, de hacerme o de que le haga?
- Quiero- dijo, levantando su dedo índice frente a los ojos azules y cristalinos.
- ¿En dónde?
- Ay, ¿en dónde los quiere, Arquitecta?- dijo en tono de broma clara.
- Yo opino, Licenciada… que ese dedo funcionaría golosamente excelente…- se acercó a su oído y mordió su lóbulo. – Tiene tres letras, ¿lo puede adivinar?
- ¿Qué me da si adivino, Arquitecta?- susurró.
- ¿Qué es lo que usted quiere, Licenciada?
- Que me diga el resto de sus fantasías- Yulia rió contra la cama y se irguió con mirada pensativa.
- Está bien
- Tres letras para un agujerito que me fascina- y Yulia se sonrojó de inmediato, dándole risa a Lena, risa de ternura, risa conmovedora. – Usted tiene antojo de mi dedo en su…- haló a Yulia hasta acercar sus labios a su oído. – Ano- suspiró en un susurro matador y Yulia gruñó entre una risa nasal de nerviosismo ruborizado. – Pero, antes de hacerlo… Voy a besar, voy a lamer, voy a chupar… Voy a joder con mi lengua ... y después, te cogeré con el dedo - Lena…- exhaló sonrojada al máximo, llevando su mano, por automaticidad, a la mano de Lena y, sin saberlo de manera consciente, la llevó a su entrepierna y Lena acarició sus labios mayores hinchados y húmedos, un tanto resbaladizos por la hermosa calidad de aquellos jugos.


- Tus fantasías- sonrió.
- Sólo tengo una… y ya la sabes- Lena sacudió su cabeza. – Lo que tú me pediste a mí…- se sonrojó.
- ¿Ves que no es tan fácil pedirlo?- resopló, retirando su mano de la entrepierna de Yulia para succionar su dedo, que se había apenas llenado de lubricante.
- Masturbarsi per me- sonrió confiadamente, logrando una Lena boquiabierta.
- ¿Qué quieres que me haga?- preguntó, tumbando a Yulia sobre las almohadas de la cama. - ¿Quieres que toque mi clítoris? ¿Quieres que me penetre con uno, dos dedos? ¿Quieres que juegue con mis pezones? ¿Quieres que penetre mi ano?- sonrió, y, por primera vez, conoció la libertad de expresión, aquella de la que Natasha gozaba todo el tiempo, tanto por su mala lengua como por su mala filtración, bueno, era a propósito.
- Lo que a mi novia le provoque gemidos…- titubeó, aclarándose la garganta mientras veía a Lena colocarse frente a ella y con sus piernas abiertas.




¿Era difícil? Sí, ¿por qué? Porque la única vez que Lena se había masturbado, de esa manera, frente a alguien, había sido aquella vez de Face-Time-Sex con Yulia, y quizás se había tocado mientras Yulia abusaba de ella de otra manera, pero no era sólo ella, bueno, quizás la vez en enero pero no había sido suficiente como para calificarlo autoestimulación con público. Pero abrió sus piernas, se recostó, apoyándose de su brazo izquierdo, y llevó su mano derecha a donde encendería el nerviosismo en Yulia, pues había que aceptar que ver a Lena tan decidida le emocionaba. A diferencia de Yulia, Lena utilizaba únicamente su dedo del medio, que intentaba recorrer la topografía de aquella parte a la que Yulia no le quitaba la vista de encima, y qué descaro, sí, pero era algo que no podía evitar. Lena se dio el lujo de pasar su mano izquierda, quedándose totalmente sobre las almohadas nada más, por debajo de su muslo izquierdo para que, al estirar su dedo del medio, pudiera acariciar el contorno de su agujerito trasero, cosa que a Yulia le excitaba. El clítoris de Lena se encendía cada vez más, y a Yulia se le antojaba hundirse entre esos labios mayores, sensualmente hinchados, que se veían demasiado bien cuando los periféricos dedos derechos de Lena los presionaban en cuanto el de en medio presionaba ligeramente su clítoris.




Yulia no pudo resistirse y, viendo aquella imagen que cambiaba en tiempo real y que se volvía con una mezcla de sonidos que eran realmente deliciosos: la respiración cortada de Lena, que terminaban siendo gemidos ahogados, esas respiraciones entre dientes que se aceleraban al compás del frote en su clítoris, eso y que, con el frote, los jugos de Lena se escuchaban, la muerte para Yulia, por lo que, sin darse cuenta cómo, llevó su mano a su entrepierna. Y ahí estaban, frente a frente, masturbándose a su manera, entre su propia definición de sensualidad, y no supieron cuándo se empezaron a reír entre gemidos, pues aquello se había convertido en una competencia de quién se corría primero, intentaban no gemir para no excitar a su exquisita y sensual rival, pero tenían que gemir para dejar salir su excitación, para acoger las sensaciones. Aquello era frotes rápidos y tensos, miradas a los ojos, miradas a sus contrarias entrepiernas, pero no, no, no, Yulia no lo soportó más y, de un movimiento torpe pero rápido y efectivo, terminó con su cara en medio de las piernas de Lena, succionando sus labios menores, penetrando su vagina con su dedo índice y medio, acariciando la pared frontal, o sea su GSpot, y no quería que eyaculara, por eso lo hacía suavemente, pero a Lena le faltaba el aliento, se aferraba de lo que podía estrujar de la cama con sus manos, o tomaba la cabeza de Yulia, enterrando sus dedos entre su cabello, presionándola contra su clítoris, intentando no correrse porque aquello era casi como el Nirvana. A Yulia, aquello, le sabía a gloria, y se arrepintió de no haber comido de aquella entrepierna por tanto tiempo pero no podía seguir arrepintiéndose, por lo que sacó sus dedos de Lena, elevó sus piernas y, saboreando aquel agujerito, que había odiado un poco cuando Lena le preguntó si quería que lo penetrara porque le gustaba pensar que ese agujerito era suyo y sólo suyo, Lena llevó su dedo nuevamente a su clítoris y, gimiendo femeninamente en cuanto Yulia introdujo lentamente su dedo en aquel agujerito, que Lena sabía que sólo podía ser de Yulia, Yulia dejó caer las piernas de Lena, pero Lena no dejó que cayeran y, con sus manos, las detuvo en esa posición. Yulia le arrebató su clítoris y abusó de él, realmente abusó de él.





- Sklirótera…grigorótera- gimió, y Yulia cumplió el deseo de aquella pelirroja y excitada mujer, penetrando aquel agujerito, con delicadeza, pero más rápido y más fuerte, llenando aquel espacio con ocho delgados y manicurados centímetros, todo su dedo. Sólo bastó una succión intensa de clítoris y de un poco de labios menores y Lena se deshizo en un “Gamó” que estrujó el dedo de Yulia, que todavía se deslizaba hacia adentro y hacia afuera en cuanto aquel grito quejumbroso se escapó de las entrañas de Lena. – Oh my God!- gimoteó con una risa de aliento cortado, de abdomen intranquilo.

- ¿Ves cómo sí gimes en griego?
- Ay, pero no siempre- sonrió, trayendo a Yulia hasta sus labios para besarla, para saborearse a sí misma, y sabía rico. - ¿Fantasía complacida?
- Mejor, imposible- sonrió, sintiendo la mano de Lena acariciar su completa entrepierna. - ¿Qué se le ofrece, Licenciada?
- Usted tiene una deuda conmigo, Arquitecta Volkova…
- ¿Ah, sí? ¿Cuál?
- Proktó sas…- susurró.
- Mi griego no llega a tanto- resopló Yulia, pues realmente no sabía qué era “Proktó”, pero sabía que “sas” era “tu”, del posesivo.
- L’ano- sonrió, tumbando a Yulia, casi fuera de la cama pero lo supo resolver a tiempo.




Hizo lo prometido: lamió, besó, coqueteó y penetró aquel agujerito con su dedo índice, haciendo que Yulia gimiera como si no hubiera gemido nunca y tuviera ganas de explotar en todos los gemidos acumulados. Lena no tuvo piedad de aquel agujerito, Yulia tampoco quería que tuviera ni la más mínima de las piedades, pero quería compasión orgásmica. Quizás hacía lo mismo que Yulia le acababa de hacer; penetrando aquel agujerito, saboreando su clítoris, provocando su vagina con el roce de su barbilla. Yulia y sus manos eran un espectáculo; consintiéndose a sí misma al masajear placenteramente sus senos, acariciando sus pezones, qué cantidad de estrógeno, o algo parecido poseía a Yulia, pues algo muy femenino le dictaba que se sentía mujer, muy mujer, demasiado mujer a pesar de que nunca era demasiado, y Lena logró doblegar a Yulia, hacerla estallar en un enrojecimiento escarlata, por el esfuerzo que tuvo que hacer para hacer que su orgasmo se desprendiera de sus entrañas para ser externalizado. Pero eso no fue suficiente a pesar de la sonrisa de satisfacción de Lena, pues Yulia no quería dejar de correrse, y así lo pensó, con esa palabra, por lo que, todavía cuando Lena penetraba su agujerito, cada vez más despacio, Yulia introdujo dos de sus dedos dentro de su vagina, con la mirada cercana de Lena, analizando y disfrutando de aquella imagen penetradora. Lena, al tener su dedo estático, por la adoración de aquella imagen de los dedos de Yulia dentro de sí misma, sintió cómo Yulia movía sus dedos dentro de ella, sintiendo la presión en su dedo a pesar de que estaba en el otro agujerito, cosa que nunca había sentido antes, y le pareció una confusión de sensualidad y erotismo.



- Oh, fuck!- jadeó Yulia, sacando sus dedos de su vagina, liberando aquella suculenta y pacífica eyaculación que Lena se apresuró a atraparla con su boca, colocando sus labios alrededor de su vagina, succionando desde sus entrañas para saborear mejor. – Solo arroja chorro a mi alma- rió, deshaciéndose en una carcajada exagerada, contagiando a Lena también.
- “Chorro”?- rió Lena, no pudiendo creer que Yulia había dicho aquella palabra, pues ya era un avance; de “tuve un orgasmo” había pasado a “me corrí” y, ahora, hasta podía darse el lujo de decir, con infinita propiedad, “I squirted”, que sonaba un poco sucio pero era divertido, sexy y verdadero.
- No sé cómo decirlo de otra manera- resopló, encogiéndose de brazos y luego estirándose, haciendo que toda su columna le tronara.
- ¿Me “chorreé”?- rió a carcajadas Lena, sabiendo que eso era demasiado pedir y tampoco quería volverlo a escuchar.
- ¡Ah!- gimió Yulia, tapándose los oídos. – Me van a sangrar los oídos- se carcajeó.
- Ay, ay, ay- canturreó Lena, arrastrándose, por la cama, hasta los brazos de Yulia. – Eres una exagerada- murmuró, colocándose sobre Yulia.
- Ah, exagerada pero así te gusto- sonrió, tumbándola a un lado, casi cayendo al suelo, y colocándose sobre ella.
- No, no me gustas- levantó la ceja derecha con picardía. – Me encantas
- Yo también me encanto- sonrió Yulia, imitando la ceja alta de Lena.
- Te amas a ti misma?- preguntó Lena, intentando adivinar la respuesta con anterioridad.
- Que esto no es amor?- sonrió.
- ¡Ay!- rió Lena. – Doña Ego- dijo, refiriéndose al supuesto Álter ego de Yulia. – Tanto tiempo sin vernos- sonrió.
- Me, My Ego and Myself, una constitución triple que está diseñada para ser abrumadora pero que es, al mismo tiempo, exageradamente atractiva; no hay ni mujer, ni hombre, que se pueda resistir a mí- dijo, exagerando todo, pero sabía que a Lena le daría risa, y así fue. – Pero los tres estamos locamente enamorados de ti
- ¿De verdad me quieres?- sonrió Lena, tumbando a Yulia a su lado para colocarse ella encima.
- No, no te quiero- sonrió, irguiéndose sobre la cama, obligando a Lena a erguirse junto a ella. – Te amo
- Yo también te amo- susurró, sorprendiéndose por el abrazo que Yulia le daba, porque se aferraba a ella como si no quisiera dejarla ir, porque no quería, ni en ese momento, ni nunca, y reposó su rostro contra el pecho de Lena, para escuchar lo que aquellas palabras le habían provocado a su corazón; un bombeo de sangre más rápido. - ¿Estás bien?
- Muy bien, demasiado bien- sonrió, apretándola más en su abrazo, que Lena sólo podía acariciar su cabeza, más bien su cabello, y su cuello desnudo, desnudo por la falta de la cadena que se ponía a veces, que sabía que era Cartier, y porque tenía su cabello recogido en un torniquete redondo y fijo, apretado.
- ¿Qué te pasa?- susurró, pues Yulia no era mucho de dar abrazos, y, si daba uno, era por la espalda, casi nunca, o nunca, frontal, y tampoco eran así de fuertes, de intensos.
- No te quiero soltar…
- No me sueltes…
- Tengo que
- ¿Por qué?
- Porque creo que estás un poquito sorda y no escuchaste que tocaron a la puerta- resopló, dándole un beso a la altura de su esternón.



Nos vemos la próxima semana esta historia ya esta en su capitulo final Very Happy
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Nov 26, 2014 8:05 pm

Disfruten de mas Very Happy



- ¿Yulia?- dijo Volterra, pues su Arquitecta Estrella se había quedado en un silencio vacío y preocupante.
- Perdón… creo que estoy un poco cansada- sonrió, masajeando sus ojos, esa mañana sin maquillaje alguno, pues la motricidad fina no andaba tan bien como quería.
- Apenas terminemos, te vas a descansar, ¿está bien?
- ¿Terminemos qué?
- No sé- se encogió de brazos para luego cruzarlos. – Me querías preguntar algo…
- Ah… sí- murmuró, retirando sus manos de sus ojos y colocándolas sobre su rodilla derecha, que estaba sobre su rodilla izquierda. – Necesito preguntarte algo…- dijo, acordándose de medir sus palabras, así como Natasha le había aconsejado hacerlo, pues era una misión de alto riesgo, y había sido intelectualmente concebida por la Señora Noltenius, ahora futura madre, esposa de un tan-emocionado-futuro-padre que hasta había comprado, para Natasha, una Diaperbag Gucci y la había llenado de aquellas ropas miniaturas, una que otra cobija, uno que otro Bib, un Breast Pump junto con sus respectivos dos almacenadores y un paquete de biberones, pero, volviendo al tema, Yulia era la que debía ejecutar aquella idea, pues sí o sí.
- Dime- sonrió, con aquella sonrisa dulce, que Yulia ya no supo verlo como alguna vez lo vio, pero todavía lo veía con respeto y cariño, pero no con un cariño que alguna vez deseó que fuera diferente, pues, aquel comentario de que ojalá y Oleg fuera como Volterra, porque, al final de todo, Yulia comprendió que Oleg era el papá que le había tocado tener, y que debía quererlo sí o sí.
- Quiero hablar con el Arquitecto Alec Volterra- dijo Yulia. – No con mi socio, no con mi amigo, quiero hablar específicamente con el Arquitecto, aislado de todo lo demás- Volterra asintió con cierta confusión, ¿qué quería preguntarle? – Necesito que me digas, realmente, lo que piensas de lo que tengo con Lena
- ¿Por qué?
- Por favor- murmuró. – Sólo necesito saberlo
- ¿Por qué necesitas saberlo?
- Quiero saber qué piensa el Arquitecto Volterra al respecto- dijo firmemente, tratando de no prestarse a otras intenciones que la sacaran por la indeseada tangente que podía estropear todo el sistematizado plan.
- Bueno…- suspiró pesadamente, como si estuviera reflexionando realmente lo que pensaba al respecto. – No tengo nada en contra de la homosexualidad…
- Alec, no pregunté “¿estás en contra de la homosexualidad?”…- repuso Yulia ante el comentario, según ella, fuera de lugar.
- Está bien, está bien…- suspiró nuevamente. – No sé mucho de su relación, no sé qué tipo de relación tienen exactamente… pero cuesta hacerse a la idea de que Lena y tú estén juntas, que no significa que no lo respete… hasta cierto punto me alegra, porque sé cómo eres, porque sé quién eres, y eso me garantiza que Lena es feliz, pero así como es feliz ahora, puede ser la mujer más desdichada en cuestión de segundos… porque también sé que tú no eres como Lena
- ¿A qué te refieres?
- Tú sabes, homosexual- y la respuesta estaba bien, Yulia trazó una equis mental en su lista, tachando el primer punto: “Conocimiento de las intimidades de Lena”, que podía ser por indiscreción de Inessa o por la propia boca de Lena.
- Pero así como yo estuve con Misha, Lena ha estado con un hombre, eso lo sabes, ¿no?
- Sí- asintió, Yulia tachó doblemente el punto ya mencionado. – Independientemente de eso, también la has introducido a un mundo al que ella no estaba acostumbrada- triplemente tachado.
- ¿Cómo?
- Con tus amigos, los gastos, los gustos…
- Arquitecto, el gusto es adquirido, y Lena tiene buen gusto… los gastos, esos los absorbo yo, no ella, cosa que le molesta… y, en cuanto a mis amigos, simplemente tienen química, y tiene mejor química con Phillip que con Natasha
- Como sea- resopló entre su incomodidad, Yulia tachando el séptimo punto de la primera fase: “Reacción ante ataques defensivos”. – Lena es muy feliz, eso lo sabes, eso lo sé yo… no sé qué le haces tú, qué le ofreces además de un hogar y compañía, pero sé que Lena no podría estar mejor, y te lo agradezco…
- ¿Por qué me lo agradeces?
- Porque me da la impresión de que no estás jugando con ella- y el punto cuatro fue tachado: “Preocupación sentimental”. - ¿Por qué me preguntas todo eso?
- Hay algo que quiero hacer
- ¿Qué quieres hacer?
- Quisiera hablar con el papá de Lena- sonrió Yulia, y Volterra soltó una carcajada genuina. – Es en serio, quiero hablar con el papá de Lena
- ¿Para qué?
- ¿Curioso?- sonrió Yulia nuevamente.
- Un poco… ¿para qué quieres hablar con él?
- Quiero preguntarle algo
- ¿Qué le quieres preguntar, Yulia?
- Algo
- ¿Qué “algo”?
- Algo- repitió, y Volterra sólo se rió. – Realmente, Alec… quiero hablar con el papá de Lena, me urge
- ¿Quieres preguntarle algo o decirle algo?- preguntó, haciendo la distinción del asunto.
- Quiero hablar con él, dejémoslo en un sentido general mejor- sonrió Yulia, y sonrió con picardía.
- Vamos, Yulia, puedes confiar en mí… ¿qué quieres hablar con él?
- Arquitecto Volterra, podré estar muy cansada, casi muerta… pero eso no me convierte en una estúpida
- ¿Perdón?- se escandalizó Volterra.
- Así como escuchaste…
- No te entiendo
- Alec, Alec, Alec… - canturreó mientras reía nasalmente. – Si te lo digo, tienes que jurarme antes, que no vas a decirle nada a Inessa- Volterra se quedó en silencio unos segundos, con su mirada clavada en la de Yulia.
- Te lo juro
- Quiero saber qué piensa el papá de Lena… sobre que le pida a Lena que…
- ¿Qué?- preguntó desesperadamente.
- Que se case conmigo- sonrió Yulia, colocando imponentemente un Cubo Rubik de cuatro por cuatro contra el escritorio de Volterra, Cubo que había materializado de la nada.
- ¿Qué?- preguntó nuevamente Volterra, tornándose blanco, luego verde, luego morado, luego rojo, luego blanco de nuevo.
- Así es- dijo Yulia, empujando el Cubo hacia Volterra, por sobre los documentos que estaban del lado del atónito Arquitecto. – Planeo casarme con tu hija- dijo firmemente, viéndolo a los ojos con mirada de suprema victoria. Volterra se quedó mudo de voz, mudo de mirada, mudo de pensamientos, sólo podía ver a Yulia a los ojos, y empezó a respirar muy rápido.
- ¿De qué estás hablando?- tartamudeó en silencio, como si aquello, en voz alta, fuera un pecado, peor que eso.
- Alec, deja de jugar conmigo… sé que Lena no tiene ni un pelo de Katin, y no tiene por qué tenerlo, porque hay cosas que ni algo aprendido puede opacar a la genética desconocida
- ¿De qué hablas?
- Te diré lo que pasó- sonrió. – Te enteraste hace poco, quisiste vivir de cerca a Lena y tenías la excusa perfecta: necesitabas a otra diseñadora de interiores, mejor aún a alguien como Lena, diseñadora de muebles, pero no necesitábamos a nadie más en el Estudio… te tomaste la molestia de tramitarle la visa de trabajo, cosa que me acuerdo demasiado bien que me dijiste, después de tramitarme la mía, que no lo volverías a hacer, por nadie… y no te bastó, sino que le pagaste el apartamento en Chelsea por varios meses y de tu bolsa, porque esa autorización nunca la firmé yo… la pusiste en mi oficina quizás para protegerla, pero también porque sabías que, al estar en mi oficina, tarde o temprano nos íbamos a volver amigas… peor aún, algo más… y tu comportamiento con Lena, el descaro con el que permites que te llame “tío” y actúes como lo que eres, su papá… por eso supiste que se había ido del apartamento de Chelsea, porque Lena firmó un subcontrato, tú el contrato real… y supiste que se había ido a vivir conmigo porque viste que la transacción había sido desde mi cuenta…- suspiró para tomar aire. – Y, claro, es la única razón por la que Inessa correría a ti, porque necesitaba saber si Lena estaba bien, si no le pasaba algo además de su enojo, y por eso interviniste y de la peor manera, porque, como su papá, tenías que decirle algo, pero se te olvidó que para Lena eres su “tío”…


- Io sono uno stronzo- exhaló, hundiendo su rostro en sus manos.
- No te preocupes, esa clase de información no me corresponde compartirla con Lena, porque es un secreto tuyo y de Inessa… pero no pueden tapar el sol con un dedo, eventualmente Lena lo sabrá, pero te juro que no por mí, aunque eso me cueste mi relación con ella
- Es más complicado de lo que parece
- No estoy pidiendo razones, Alec… no quiero saberlas tampoco… sé que no me estás pidiendo mi opinión pero tienen que hacer algo, porque todo huele raro en el triángulo de Lena, Inessa y tú… porque si no quieren que Lena se de cuenta, Inessa tiene que dejar de castigarse por no habértelo dicho y por no decírselo a Lena cada vez que hablan por teléfono…
- Te subestimo- rió frustrada pero resignadamente aquel Arquitecto.
- Alec, te repito… yo no diré nada…
- Es que, dime tú, ¿qué puedo hacer?- y, por primera vez, Yulia conoció a un descontrolado y desesperado Volterra. – Lena no me tiene la suficiente confianza como para contarme cosas más allá de las básicas

- No te la tiene porque eres su jefe, su “tío”… y porque sabe que le dirás a Inessa- Alec asintió, comprendiendo lo que Inessa y él no lograban comprender, Inessa sí, pero no tenía corazón para decirle a Volterra aquello que Yulia, de manera tan cruda y directa, le había dicho. – Alec, va a ser la única vez que voy a utilizar este recurso… pero te lo voy a decir así porque te tengo cariño y te respeto, así como respeto a Inessa, así como amo a Lena…- Volterra volvió a asentir, esta vez más despacio mientras llevaba el vaso con agua, para tranquilizarse, a sus labios. – Mi relación con mi papá nunca fue buena, y él sí era mi papá… la relación que Lena tuvo con Sergey, ¿qué tan buena puede haber sido como para que Lena se quitara su apellido y Sergey no le dijera nada? Creo que si ustedes le dijeran a Lena, ella comprendería muchísimas cosas de la relación que tenía con Sergey, de por qué Katya sí y ella no… pero también sé que es arma de doble filo, como puede ser que Lena lo tome bien, puede ser que lo tome mal


- ¿Tú sabes lo difícil que es que, en veinte minutos, la mujer que todavía adoras te diga que “aquella noche” fue casualidad que la fertilidad era alta en porcentaje y que tengo una hija?
- Fácil no es, al menos eso creo… pero, Alec, si tienes a Lena aquí, aprovéchala y no la asfixies…
- Sin ofenderte, Yulia…- suspiró, bebiendo un trago de su agua. – Cuando apareciste tú, la confianza cayó, y cuando aparecieron tus amigos, la confianza cayó casi por completo… no te culpo
- Alec, es más fácil confiarle las cosas a alguien que sabes que no va a decir nada, o que no se lo va a decir a Inessa, que aparentemente es la mamá más abnegada y preocupada del mundo, a confiarle las cosas al hombre que sabes que sigue enamorado de tu mamá- levantó su ceja, pero terminó por levantar ambas cejas y fruncirlas ante su bostezo. – Yo rara vez le pregunto algo a Lena, si le molesta o le disgusta algo, ella viene a mí, yo no le insisto… todos necesitamos tiempo, y también hay un tiempo adecuado para decir las cosas en confianza
- Tienes razón… tienes razón
- Ahora te entiendo un poco mejor, y nada me parece raro- murmuró Yulia, viendo que Volterra le alcanzaba el recipiente con los Ferrero para ofrecerle uno.
- ¿Qué me delató?
- ¿Todo?- sonrió Yulia, sacando un Ferrero con su mano temblorosa.
- Digo, el detonante
- Lo tienes frente a ti
- ¿El Cubo?- resopló, tomándolo entre sus manos, Yulia asintió. - El maldito y desgraciado Cubo…
- Y demasiadas coincidencias… como la forma en la que Lena limpia sus gafas, la manera en la que arregla sus lápices, cuando pasa su mano por su cuello cuando duda de la respuesta, los suspiros pesados para cambiar de tema, la desesperación y la risa nerviosa que la invade cuando tiene que resolver el maldito Cubo en menos de un minuto, el hecho de que tenga Peanut Allergy…
- ¿Qué tiene que ver su alergia?
- Genética, e Inessa no lo es, Sergey tampoco porque Katya me lo dijo… y también me dijo que nadie en la familia tenía una alergia como esa… hasta en Londres lo reconfirmé nuevamente, que pediste la ensalada sin Maní porque te daba alergia y que Lena te preguntó si te gustaban, le dijiste que no, a ella si le gustan… pero no quiero que se muera, ni ella quiere suicidarse… cero Maní en mi cocina
- No sabía que era genético…
- Ahora lo sabes…
- Yulia… ¿de verdad planeas casarte con Lena?
- Bueno, no se lo he preguntado… pero quería pedirte permiso primero…
- ¿Por qué se van a casar? Digo, no tengo nada en contra pero no le veo mucho sentido… además, ¿no es muy rápido?
- Alec, ahora que sé que no eres el “tío” de Lena… no puedo confiarte la profundidad de mi relación con ella… pero puedo decirte que mis intenciones son serias y sanas, que no estoy jugando con ella y que, aunque sólo sea válido en el Estado de Nueva York y en los Estados que sea legal, será el compromiso físico que tengo con ella
- Y, ¿no es muy rápido?- repitió.
- La rapidez es relativa, para ti puede ser muy rápido, para otros puede ser lo contrario- se encogió de brazos.
- Supongo que Lena se merece un poco de convencionalismo- murmuró como para calmar los nervios que aquella idea le daba.
- Sé que probablemente no quieras oírlo… pero tienes que saber que de verdad la amo y la respeto… y no quiero ser la que le niegue el puesto que le corresponde ante la ley…
- ¿Qué beneficio tiene?
- Por ejemplo, según las leyes hospitalarias de cuidados intensivos del Estado de Nueva York, sólo a los familiares se les deja entrar… no tengo familia aquí, no van a dejar entrar a Natasha o a Phillip… Lena es y será mi familia, lo mismo pasaría con ella… si es que acepta
- ¿Cómo y cuándo piensas pedírselo?
- No lo sé- rió Yulia, metiendo por fin el Ferrero a su boca. – Casi lo hago en Londres… pero entre lo de mi papá y lo de que quería pedirte permiso, no lo hice… conciencia limpia, supongo…- dijo con el Ferrero en su mejilla.
- ¿Para eso quieres las vacaciones?- preguntó Volterra, colocando el maldito Cubo sobre la mesa para deslizarlo hasta el lado de Yulia.
- Para eso mismo… creo que ya es tiempo
- Bueno- suspiró. – Como Lena se merece un poco de convencionalidad, y tú también, no le diré a Inessa…porque, según entiendo, o tú le pides permiso a Inessa o Lena le llama extasiada para darle la noticia
- ¿Es eso un “sí”?
- È un “sì”, figlia- sonrió Alec, poniéndose de pie para bordear el escritorio.
- Molto grazie, padre- sonrió Yulia, poniéndose de pie para salir de aquella oficina, pero Volterra la atacó en un abrazo.
- Buona fortuna, Architetta Volkova…- murmuró, soltándola de aquel incómodo pero cariñoso abrazo. – Mi auguro che Lena dirà “sì”
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Nov 26, 2014 8:52 pm

Yulia salió de su reunión con Mr. García, que realmente se llamaba Don, era el día que le sucedía al taller, a la visita al Doctor Thaddeus, el día en el que llevaría a Lena en una cita. Era temprano, apenas las diez de la mañana cuando todo aquello explotó.


- Arquitecta- interrumpió Gaby en la oficina de Yulia. – El Arquitecto Volterra la está esperando en su oficina
- ¿Le puedes decir que iré en cuanto termine de revisar el plano que me mandó?
- Dice que es urgente- dijo sin consultarle a Volterra.
- ¿Urgente?- suspiró Yulia, enrollando sus ojos entre sus párpados en desesperación, ¿qué podía ser más urgente que le revisara el plano que él mismo había catalogado como urgente? – Está bien…- murmuró con pesadez para luego ponerse de pie. - ¿No sabes qué quiere?
- No, Arquitecta, pero sonaba molesto
- ¿Molesto como cuando a la Trifecta se le cayó el techo?- resopló, pues si estaba así de molesto, en dos segundos lo contentaba.
- No- Yulia ya iba por el pasillo, Gaby la acompañaba, pues iba a por unas impresiones de Plotter en el cuarto de impresiones. – Como cuando calcularon mal el presupuesto de Rochelle Porter- y esa sola explicación petrificó a Yulia, una corriente fría la recorrió por el cuerpo, de pies a cabeza y de regreso, y de regreso, y de regreso. - ¿Está usted bien, Arquitecta?
- Sí, sí- balbuceó, viendo que, con cada paso que daba, la puerta de la oficina de Volterra se acercaba cada vez más. – Hazme un favor… uhm…- respiró profundo y se volvió a Gaby. – Dile a Belinda y a Nicole que revisen el plano de Volterra, por favor
- Como usted diga, Arquitecta- sonrió Gaby, y Yulia llamó a la puerta con el típico toque: tres toques cortos, con una pausa entre el segundo toque y el tercero. Y ella sólo escuchó un seco “Arquitecta Volkova, pase adelante”, y la puerta se cerró tras Yulia. Gaby sabía que Volterra no llamaba a nadie así, sólo cuando estaba enojado, extremadamente enojado, y pensar que Lena estaba ahí dentro también.
- Siéntate- le exhortó a Yulia, apuntándole la butaca al lado de una rígida Lena. El “por favor” había huido de aquella oficina. Holy shit. Holy fuck. Sweet Jesus, what did we do? Is it about Lena not taking any calls from Inessa? Shit.
- ¿Qué es tan urgente, Alec?- murmuró Yulia, viendo que Lena no parpadeaba, sólo veía un punto fijo, ¿la había regañado?
- Necesito hablar con ustedes dos- dijo, señalándolas a ambas con una mirada asesina.
- Eso es evidente- resopló Yulia. – La pregunta es, ¿sobre qué?
- ¡¿Sobre qué?!- gritó, y eso fue como si a Lena la empujaran, pues se hizo hacia atrás, como si quisiera eterna distancia de los gritos y de Volterra mismo. - ¡¿Cómo puedes ser tan cínica de preguntarme “por qué”?!- gritó más fuerte, y Yulia estuvo segura que aquellos gritos traspasaban todas las paredes, de vidrio y concreto que aquel Estudio tenía, que el edificio más bien, que se escuchaban por todo Manhattan.Lena tragó con dificultad, un trago grueso y espeso de dificultosa saliva, y sólo supo tomarle la mano a Yulia. - ¡¿Por qué?!- repitió, y le dio un golpe a su escritorio, causando un sobresalto en ambas féminas.
- Alec, sólo era una pregunta, no tengo ni idea de qué hablas- murmuró Yulia, intentando tranquilizar a aquel italiano que estaba a punto de cometer uno de los errores más grandes de su vida.
- ¡Arquitecta Volkova, no me pida que me calme!- pero Yulia no le había pedido que se calmara.
- Tío…- balbuceó Lena.
- ¡No! ¡Nada de tío!- le gritó a Lena, específicamente a ella. – ¡”Arquitecto Volterra” para usted, Licenciada Katina!
- No le hables así- le advirtió Yulia, pero Lena sólo le apretujó la mano, de la misma manera en la que Natasha había apretujado su mano hacía unos años ante la noticia de Margaret.
- ¡Usted no me va a decir a mí cómo trato yo a mis empleados!- volvió a ver a Yulia y se volvió una batalla visual, de ojos celestes cristalinos, los de Volterra, en los ojos azules y oscuros de Yulia.
- ¿Empleada?- resopló Yulia. – Te acuerdo que tengo el setenta y cinco por ciento del Estudio, lo que me da el absoluto derecho de prescindir de tus servicios laborales- Lena volvió a ver a Yulia, ¿Setenta y cinco por ciento? Y sí, se cuestionó la repartición de los porcentajes, pues, si Natasha tenía el veinticinco, ¿cómo podría Yulia  tener el setenta y cinco si Volterra tenía el veinticinco restante?- Y tampoco voy a permitir que le hables así a Lena- gruñó, estando a punto de perder la cordura total, sintiendo sacar humo por los oídos. – Dinos qué carajos pasa y lo resolvemos como personas adultas que somos
- ¿Cómo puedes ser tan cínica?- gritó.
- Me rehúso a gritarte, Alec… - murmuró. – Puedes gritarme todo lo que quieras, pero, por un carajo, dime qué carajos pasa
- ¡¿Qué carajos pasa?!- dio otro golpe a su escritorio, que Yulia suprimió la risa porque notó que le había dolido. - ¡¿Qué carajos pasa?!- repitió. - ¡Esto es lo que pasa!- y, de un manotazo, le dio la vuelta a la pantalla de su iMac, y Yulia y Lena se sorprendieron, ambas se pusieron blancas, blancas, blancas a pesar de sus bronceados.









El auto se detuvo frente al taller de Davidson Avenue, era uno de los tres autos que habían sido contratados por Trump Organization para el uso de Volterra-Vensabene, perdón, de Volterra-Volkova, y eran típicos autos negros, de vidrios polarizados al treinta por ciento, con el típico chofer que venía, casi por nacimiento, junto con el auto. Tony, el chofer de dicho auto, se bajó en su típico traje negro, todavía con la corbata a la altura del cuello, rodeó el auto para abrir la puerta y, muy amablemente, le alcanzó la mano para ayudarla a bajarse. Lena le tomó la mano porque, de no tomársela, terminaría sin uno o dos dientes al caer de bruces, pues no sólo estaba sobre diez centímetros sino que era una SUV que se elevaba más de treinta centímetros sobre el nivel de la acera. Le agradeció con palabras y con la mirada a Tony, quien cerró la puerta tras ella y se apresuró para abrirle la puerta del taller, cosa que Lena volvió a agradecer y le deseó una feliz tarde a Tony, no era agradecimiento sólo por sus atenciones, sino por ser excepcionalmente profesional y educado, pues era el único que no la veía con ojos lascivos por el espejo retrovisor interno mientras la llevaba a su destino, por eso le gustaba reservar a Tony, quizás era igual que ella, o quizás no, pero nunca se había propasado.


El taller no era exactamente la gran cosa, pues, era grande; era como si una bodega y un hangar hubieran tenido un hijo, amplio, de cincuenta por veinticinco lo que era el área de trabajo, eso más una pequeña sala de descanso para que los trabajadores pudieran almorzar, beber café, etc., y el área de admisiones y contabilidad, en donde se marcaba quiénes entraban y a qué hora mientras se les supervisaba por cámaras en el interior del espacio de trabajo, no porque desconfiaran de los trabajadores, sino porque la zona no era la mejor o la más segura y necesitaba vigilancia por la noche. Lena entró como todas las veces que tenía que entrar, con su identificación en mano para que grabara su entrada en el lector de código de barras de la entrada, saludó a Mrs. Andrews, la que estaba tras la ventanilla y estaba encargada de revisar todo lo que entraba y salía del taller, le alcanzó, junto con una sonrisa, un Latte de Starbuck’s, no sé por qué pero Lena siempre le llevaba uno, Mrs. Andrews le alcanzó una hoja impresa, la típica hoja color menta que significaba la entrada de material, Lena la firmó, firmando al mismo tiempo la copia bajo ésta, la blanca, y se retiró con aquellas páginas a revisar el pedido, para luego firmar de completo y entregarle el original a Mrs. Andrews y quedarse ella con la copia, cuestión de procedimiento y transparencia, que era por lo mismo que a Yulia le daba pereza ir al taller, pero lo tenía que hacer.




Caminó nuevamente hacia la izquierda, haló la puerta de vidrio y empezó a bajar las escaleras de aluminio en sus hermosos Pigalle Spikes Louboutin negros, el zapato más peligroso, no por el tacón sino por las púas. Se apoyó del pasamano con su mano izquierda y terminó de bajar las escaleras, taconeó hasta la estación en la que sus materiales estaban; estaba por construir la estructura de una cama, gracias a Dios que era sencilla y cuadrada, nada de curvas, gracias Volterra. Colocó su bolso, un Louis Vuitton rojo, Vintage, que Yulia decía que no era Vintage sino Retro por las simples definiciones cronológicas de cada uno de los términos, a un lado, contra la pared, se arregló el cabello en un moño alto, se quitó su Blazer Saint Laurent, que era igual a uno que Yulia tenía, sólo que el de Yulia era azul marino y rosado vibrante y el de ella era blanco con verde, recogió las mangas de su camisa blanca, que era Gap pero parecía Olatz, se quitó sus Stilettos y sacó sus TOMS, los que estaban manchados por producción y por experiencia en el taller y se dedicó a mover tablón por tablón hacia la plancha metálica en la que empezaría a pegar las piezas más pequeñas, pues la cama la moverían en piezas . Terminó de mover las piezas, que agradeció que se las llevaran ya cortadas a la medida que había pedido y se colocó su iPod, agarrándolo de la solapa de su camisa para que no le estorbara en ningún momento, gracias a Yulia por regalarle un Shuffle, y en negro, y colocó simplemente play para escuchar “Feel” de Robbie Williams.





La tarde se le pasó, pues aquel lugar tenía complejo de casino: el tiempo era inexistente, pues, entre la intensa iluminación y las ventanas polarizadas al cincuenta por ciento, la luz del día, la luz natural, no se sentía. Entre el sudor de las manos al tener guantes puestos para no astillarse, el sudor de la frente, que secaba con el exterior de su brazo, y el sudor de su pecho, que estaba rojo del esfuerzo que hacía al levantar los tablones, y Represent Cuba, Lena utilizaba la pistola de clavos para asegurar cada pieza a cada tablón antes de pintarlo, cómo detestaba pintar de negro, pues primero tenía que pintar de blanco para luego pintar de negro. Fácilmente podía sólo verificar los materiales y dejarlo bajo el poder de Joey, el que solía ayudarle a Lena ensamblar sus muebles, pero a Lena le gustaba hacerlo ella, al menos lo más entretenido, que era ensamblar las piezas principales, pues la parte de pintar no le agradaba porque le aburría y no siempre le quedaba bien, pero era su manera de desesterarse.
Eran las seis de la tarde, los trabajadores habían estado terminando su jornada desde las cuatro y media, y, poco a poco, Lena se fue quedando sola, pues, sólo en la compañía de Black Eyed Peas y Alicia Keys, mientras ensamblaba el respaldo de la cama, que era más complicado que la expresión del carajo y medio de Yulia, gracias Volterra. Yulia, en vista de que Lena no contestaba ni el más insignificante iMessage, supuso que estaría enfrascada en la madera de Roble, por lo que decidió llevarle la cena; Filet Au Poivre, Macaroni & Cheese, una botella de Château Pavillon Rouge del ’06 y, de postre, una porción de White Chocolate Raspberry Truffle Cheesecake, y, acompañada por Tony, porque Hugh la recogería en cuanto le avisara, llegó al taller y tuvo que entrar con la llave maestra. Y, también en Stilettos, se dirigió hacia la estación en la que Lena solía trabajar, y ahí fue cuando la vio, en realidad la escuchó, pues cantaba a todo pulmón una de sus canciones favoritas, lo que hizo sonreír a la rusa, por ternura, porque la canción que cantaba era una de las de su película favorita, aquella que decía “and life is a road and I want to keep going, love is a river I want to keep flowing, life is a road now and forever, a wonderful journey”. ¿Cómo llamar su atención para no asustarla? Y utilizó la técnica que Natasha utilizaba con ella: le clavaba la mirada y gritaba su nombre en su mente para llamar su atención, hasta que lo logró.




- Mi amor- sonrió Lena al arrancarse los audífonos.
- Buenas tardes, Licenciada- levantó Yulia su ceja derecha con una sonrisa, Lena que comenzó a caminar hacia su novia, sí, todavía novia, que estaba de brazos cruzados, abrazando su cárdigan rojo y su blusa blanca, estaba apoyada de la estación de Lena con su trasero, las bolsas de papel, con el logo de Smith & Wollensky en verde, estaban a su lado derecho, la botella y las dos copas que había comprado a un dólar, plus taxes, a su izquierda.
- Buenas tardes, Arquitecta- sonrió, acercándose a ella con su rostro para saludarla correctamente, de beso en los labios. – Qué sorpresa
- Traje cena- sonrió Yulia, escuchando que, por los audífonos de Lena, la canción había cambiado al otro extremo, Lady Gaga, que a Yulia no le importaba, era escuchable, Born This Way.
- ¿Cena?- se sorprendió. - ¿Qué hora es?
- Las…- murmuró, alargando las últimas dos letras mientras lograba descubrir su Patek de entre la manga de su camisa y su cárdigan. – Seis y treinta y cinco
- Ouch- resopló. – Es tarde ya
- Tarde es en Roma- sonrió, acariciando la mejilla izquierda de Lena con el dorso de sus dedos. Lena  rió nasalmente y no supo por qué se sonrojó pero lo hizo, y volvió a ver hacia abajo. - ¿Qué pasa? ¿Está todo bien?
- Se me olvidó por completo que teníamos planes de ir a cenar- ah, a Yulia también se le había olvidado.
- A mí también- se sinceró. – Pero traje cena- repitió.
- Gracias- sonrió, y dibujó los típicos camanances que a Yulia tanto la enloquecían.
- Te propongo algo- murmuró, quitándole los guantes a Lena y materializando un Purell del bolsillo de su jeans y le dejó ir dos veces el gel en sus manos. – Cenamos despacio, disfrutamos de lo mejor del mundo…
- ¿Lo mejor del mundo?
- Sí, la comida- Lena no pudo evitar reírse suavemente mientras Yulia le limpiaba las manos con el Purell. - ¿Qué?
- Creí que lo mejor del mundo era yo
- Oh- rió Yulia. – No, tú no eres lo mejor del mundo
- ¿No?
- Eres lo mejor del Universo- sonrió, soplando las manos de Lena para secar el volátil gel.
- You’re so full of shit- rió Lena ante el comentario improvisado de Yulia.
- Evacué ayer, no puedo estar tan llena- sonrió sarcásticamente, y Lena sabía exactamente a lo que Yulia se refería, y no se contuvo la carcajada.
- Como sea…- dijo entre su risa. - ¿Qué tal estuvo la reunión?
- Rebecca rompió el suelo
- ¿No quieres decir “rompió el hielo”?
- No, porque eso lo hicimos con la botella de Zacapa 23- rió Yulia. – Creo que se enamoró del cliente
- ¿Está guapo?- Yulia sacó los recipientes herméticos desechables más elegantes de las bolsas de papel mientras Lena buscaba su Swiss Army para descorchar la botella.
- Para Rebecca sí- rió nasalmente. – Sólo lo vio y se le cayeron los pantalones junto con los panties, pero se le cayeron tan fuerte que hizo un agujero
- ¿No se supone que Fox es demasiado buena para cualquier hombre?
- Pero Don García no es cualquier hombre, tiene el carisma y el acento de Andy García, tiene la fortuna de Terry Benedict, y coqueteó con Rebecca todo el tiempo, el proyecto terminó siendo suyo y no mío
- Fabricado- murmuró Lena.
- Amén- sonrió Yulia, viendo a Lena verter el vino en las copas que sólo esperaba que el líquido no se saliera de ellas.
- ¿No se supone que Rebecca tiene al mismo novio desde que nació?
- No, terminaron hace un par de semanas
- ¿Ya anda buscando repuesto?- resopló Lena.
- Mark my words, Len… se va a casar con García
- Amén- repitió, como si aquello cerrara el recuerdo. – Por cierto, ¿viste a Natasha?
- No, ¿por qué?
- Creí que a eso habías salido
- No, tenía una reunión aparte- sonrió, y Lena sabía que no debía preguntar nada más al respecto.






En cuanto Gaby terminó por firmar aquel contrato, que era lo que la sentenciaba a dos años más bajo el mando de la Arquitecta Volkova, casi su mamá, y de la Licenciada Katina, la novia de su casi mamá, pero que la sentenciaba de buena manera pues su paga había sido doblada tras Yulia amenazar a Volterra con matarlo si no le doblaba la paga a Gaby, pues, sin Gaby, Yulia estaba perdida, Yulia tomó el último trago a su Pellegrino para intentar quitarse la remota ebriedad que la media botella de Ron Zacapa 23 le había dado al cerrar el contrato con “Mr. García”, sí, aquel hombre había sido el primer hombre que había logrado descomponer a la Arquitecta Rebecca Fox, el magnate cubano, que se había vuelto magnate al vender todas sus tarjetas de colección de beisbol, desde el setenta y cuatro hasta el ochenta y nueve, era el hombre que estaba destinado, entre sus inversiones en Miami y su pasión por el golf, a arrancarle el “Fox” a Rebecca para hacerla “Rebecca García” en cuestión de dos años y tres meses, que sería la pérdida de Fox para el Estudio pero la contratación de Tessa Houston, la que luego sería esposa de Pennington, más o menos al mismo tiempo en que Volterra y Inessa decidieran “cut the crap” y darse una oportunidad sentimental de nuevo. Pero para eso faltaba mucho, casi tres años y cinco meses después.





Volviendo al último trago de Pellegrino, ya sin gas, Yulia sacudió su cabeza ante el turbio y amargo sabor de aquel líquido transparente, que no era insípido, se arregló su Filo Louboutin derecho, pues le molestaba del talón y era porque aquel fino grafito del portaminas con el que trabajaba en los planos de Malibú, pues había habido cambios polares, que en realidad se había rascado la pantorrilla con aquel grafito, se había quebrado y había caído entre la piel y el cuero y le había empezado a molestar más allá de su paciencia y tolerancia física, se abotonó el botón que Lena le había desabotonado a las nueve de la mañana en una fugaz visita que había sido sólo por un beso de treinta y tres segundos, se ajustó su jeans a sus caderas altas, que ya iban por el comienzo de su trasero por haber olvidado ponerse cinturón, se colocó su cárdigan, se colocó su abrigo de otoño, tomó su bolso Zagliani, el mismo que había utilizado, contra sus principios femeninos de cambiante moda, por casi cuatro meses ya, se despidió de Gaby a la una y ocho de la tarde, entró a la oficina de Lena, quien estaba al teléfono con Inessa en ese momento, y entró sólo para darle un beso en sus labios, beso que no sólo Gaby vio, sino también Hayek, Lena se sonrojó y no le preguntó a dónde iba, no le interesaba saber, pues ese beso le robó todo, y Yulia salió del Estudio, atravesando el pasillo con una sonrisa estúpida, por amor y por ebriedad, que era lo mismo en la Antigua Grecia, o quizás sólo en mi mente. Caminó un par de metros, levantó la mano y sucedió el milagro que todo neoyorquino quiere que le suceda: un Taxi se aparcó frente a ella en tiempo récord, y la llevó a la Sesenta y Cuatro y Amsterdam, justo frente a una puerta verde con un catorce dorado en el centro de ésta.




La dejó entrar una mujer que sólo le acordaba a Gaby, pues tenía el mismo aire de gratitud por su jefe, que no era Yulia, y Yulia se detuvo a pensar un momento, todo mientras “Gracie”, la secretaria-pero-no-asistente-del-doctor-Thaddeus le indicaba que pasara a la sala de espera, en donde sólo esperaría ella para que, puntualmente, a la una y treinta de la tarde de aquel primero de octubre, pudiera entrar al consultorio de aquel doctor, que odiaba llamarlo “doctor”, pues le gustaba llamarlo “Oído-Thaddeus” porque eso hacía, él escuchaba.




- Señorita Volkova- sonrió aquel hombre, – Pase adelante- dijo, alcanzándole la mano para que Yulia se la estrechara, que así lo hizo.
- Doctor- sonrió. – No sé si decir que es un placer volverlo a ver- estrechó su mano y desapareció en el interior de aquel consultorio.
- No es primera persona que me lo dice- sonrió. – Por favor, tome asiento, o recuéstese si quiere- le apuntó con la mano, así como un año atrás, pero ahora a un sofá negro, de cuero, un sofá que a Yulia le gustaba, y sonrió ante la comodidad psicológica, doblemente psicológica de aquel consultorio. – Debo decirle, me sorprendió que programara una cita conmigo… y de una hora
- Definitivamente estoy perdiendo la cordura, entonces- resopló Yulia, tomando en cuenta de que cada media hora eran doscientos dólares.
- Entonces vino al lugar correcto- resopló, aquel hombre al que Yulia alguna vez había descrito en mayúsculas como LA VERSIÓN DE BRENDAN FRASER EN LA ÉPOCA DE “GEORGE OF THE JUNGLE”, PERO BOHEMIO Y CON RIZOS LARGOS que en aquella época, hacía un año, estaban alocados, y, en ese entonces, estaban meticulosamente peinados hacia atrás con exceso de gel.
- Muy gracioso
- No es primera persona que me lo dice- sonrió de nuevo. – Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?
- He tenido un mes espantoso- suspiró, saliéndose de su abrigo de otoño, sí, aquel Altuzarra negro que había usado el año anterior, y se asustó, pues se dio cuenta de que estaba reciclando abrigos, pero sonrió.
- ¿Por dónde quisiera empezar?
- ¿Le parece bien “por el principio”?- sonrió, doblando el abrigo por la mitad vertical externa, dejando el forro de seda negra a la remota vista por la que las solapas debían unirse, y lo colocó sobre el respaldo del sofá. El hombre asintió con una sonrisa. Había envejecido tres años en uno, vaya cosa, ya no le calculaba cuarenta y cinco, sino sesenta y cinco, y esos no eran tres años, sino diez, sí, diez en un año, tiempo récord que ni Margaret en su peor momento había logrado. Qué cruel, Yulia. – Todo empezó en el momento en el que decidí guardar dos secretos que no eran míos
- Tómelo despacio, ¿cuál es el más relevante?
- No hay ninguno más relevante que el otro… los dos son igual de grandes, los dos pesan en mi conciencia, pesan igual… y no puedo vivir con tanta culpa
- Cuénteme sobre los secretos, tenemos una hora- sonrió, pronosticando que, justamente a la media hora desde ese punto cronológico Yulia le daría las mismas palabras que las otras veces.
- La última vez que estuve aquí, usted me dijo que el tiempo era relativo, que no había sido un error pedirle a Lena que se mudara conmigo, tuve momentos de pánico, sí, y varios…
- Empecemos desde el verdadero principio, Señorita Volkova… ¿qué pasó después de aquel episodio?
- Esa misma mañana que vine aquí, Lena me rechazó la oferta… no me dio ninguna explicación, tampoco se la pedí, quizás porque fue mi propio alivio también… pero, un tiempo después, me enteré de que había sido porque creyó que era demasiado rápido…
- ¿Qué pasó con Lena?
- Al principio, después de lo de que se mudara conmigo, decidí tomarlo a paso lento pero apresurado…- se aclaró la garganta, notando cómo aquello sonaba tan raro, pero cierto. – Rechazó mi oferta, pero decidimos que los fines de semana los pasaríamos juntas, uno en el apartamento de ella, otro en el mío, y así sucesivamente… no fue hasta después que comprendí que yo no sabía cómo perseguir a alguien para que le gustara, siempre había sido al revés, ellos venían a mí y no yo a ellos, y el primer problema era que eran “ellos” y no “ella”, que son tratos distintos… y el segundo problema era que yo creí que necesitaba hacer maravillas para mantenerla conmigo
- ¿Qué fue lo que pasó? Digo, todo apunta a que sigue con Lena, pero, ¿en qué términos está ahora?
- Ese día que me fui de aquí me di cuenta que Lena tenía el potencial poder para lastimarme porque la había dejado entrar, no sólo aquí- dijo, apuntando con su pulgar a su sien. – Sino que aquí también- apuntó a su pecho, exactamente donde la blusa empezaba a cerrársele, o a abrírsele. – Intenté convencerme de que Lena tenía que ser simple diversión física… pero, mientras más intentaba, más la dejaba entrar… empecé por mezclarla con mis amigos, empecé a tratarla como lo que era en mi cabeza pero no en mi vida pública: mi pareja
- ¿Por qué hace la distinción?
- Porque me avergonzaba tener una novia, y no éramos ni novias… es lo que no me explico… yo, desde el principio, incluso desde antes, lo quería todo con ella, todo lo que conocía y lo que no conocía, esos arranques eran tan locos como cuerdos… en mi cabeza era mi novia, pero para mis amigos ella era Lena, simplemente Lena, todo porque yo no me atrevía a pedírselo, tuve que hacer que ella me lo pidiera
- ¿Por qué?
- Porque si yo lo hacía, la cosa se hacía cada vez más seria y más real
- ¿Y fue así?- levantó su ceja con una sonrisa, Yulia sonrió y decidió ver al suelo mejor.
- No, no fue así… porque para mí ya era real, y era serio… pero no era miedo, era temor a lo desconocido a pesar de que quería eso mismo con Lena… y, bueno, Lena verbalizó aquellas palabras y dije que sí porque eso quería… y se sentía incorrecto, pero al mismo tiempo se sentía correcto
- Señorita Volkova, ¿qué tiene de incorrecto?
- Nunca lo supe hasta hace poco… como sea, eso viene después…- el Doctor Thaddeus asintió con una expresión comprensiva y le indicó que continuara. – Le fui enseñando cada una de mis manías, de mis trastornos, hasta le mostré lo obsesivo compulsiva que puedo llegar a ser, aunque a mí me gusta más el término “perfeccionista”- aquel hombre rió nasalmente y asintió, pues había notado que Yulia ya no era tan dura consigo misma, no como antes. – El momento en el que confirmé que todo era inevitable e innegable fue en el momento en el que me abrí por completo con ella, le conté lo más oscuro de mi vida, lo que más me comía la felicidad…
- ¿Su papá?
- Sí, le conté cómo era mi relación con mi papá… y, por primera vez, no me sentí juzgada, ni con la mirada de lástima encima… y no sé si fue eso o que tuve el coraje de decirle lo que realmente sentía por ella…- hizo una pausa y respiró hondo. – Le dije que la amaba… y esas dos palabras, un simple “te amo” me hicieron darme cuenta de que Lena tenía el poder de destrozarme, sin piedad, con crueldad, en menos de un segundo… Lena podía volver mi felicidad en una inmensa miseria
- ¿Por qué?
- Es obvio- resopló. – Me conoció el lado sensible
- ¿Qué tan difícil fue para usted contarle todas esas cosas?
- No fue difícil… quizás porque sabía, muy en el fondo, que Lena no me juzgaba… que no me iba a ver con ojos de lástima… pero nunca imaginé que me vería con ojos de ira, de desprecio
- Creí que todo iba bien, ¿qué fue lo que pasó?


- Bueno… uhm…- Yulia paseó sus dedos por entre su cabello, ¿por qué era tan difícil acordarse de aquella pelea? La respuesta era obvia. – Mi abuela solía decir que ella se moriría feliz porque mi abuelo la había hecho feliz hasta el último día de su vida- aquel Psicólogo realmente estaba interesado en Yulia, no como mujer, sino en historia, pues no era tratar con un tema vacío como con las niñas que llegaban del primer año de NYU, de la carrera que fuera, sólo por comprobar la leyenda urbana de su sensacional atracción, o como los que tenía doce años de tener en terapia porque habían creado una dependencia suicida, con Yulia era distinto, era como una conversación más humana, más centrada, menos incómoda. – Mis abuelos eran dueños de un viñedo en la Toscana, estaban en una posición económica bastante cómoda… mi abuela siempre dijo que mi abuelo decía que el dinero era para gastarse sólo en tres cosas: en joyas, en tranquilidad, y en consentir, pero esas tres cosas sólo en una persona: en la persona que uno amaba. Mi abuelo eso hizo con mi abuela, la llenó de joyas, de risas, de viajes por el mundo, de todo lo que pudieran hacer juntos con el dinero que habían ganado a lo largo de los años, ah, porque mi abuelo decía que el dinero, al final, era papel… y que si él se moría sabiendo que podía hacer feliz a la persona que él más amaba y no lo hacía, ese dinero no valía nada, ni un centavo


- Entonces, así como sus abuelos, me imagino que usted está en una posición bastante cómoda en lo que a sus finanzas se refieren, ¿cierto?
- Mis abuelos murieron, mi mamá era hija única, todo le quedó a ella, pero mi abuela había dividido las cosas en dos partes
- En usted y su hermana o hermano, supongo
- Tengo dos hermanos, que no recibieron nada de mi abuela… porque mi abuela murió por último… y la herencia se dividió entre mi mamá y yo
- Entonces, Señorita Volkova, ese dinero, junto con lo que decía su abuelo, o su abuela, fue lo que usted hizo con Lena
- Lena no estaba en la mejor situación económica en aquel entonces… y, le soy sincera, nunca se me ocurrió rebajarme a un nivel más accesible para ella, sino que mi solución fue invitarla a todo, cubrir todos sus gastos dentro y fuera del Estudio… y todo empezó con este consultorio
- ¿Con mi consultorio?
- Sí… ¿se acuerda de que, en octubre del año pasado, usted ubicó una licitación?- aquel hombre asintió mientras se rascaba su espesa barba, se veía mejor que el año pasado, pero todavía no lo suficiente como para ser tomado en serio y, aún así, Yulia le estaba contando, como hacía un año, sus problemas, sus aflicciones, sus confusiones. – Bueno… primero, me asombró ver la licitación en línea, más cuando usted sabía que yo trabajaba en ambientación… pero luego me puse a pensar de que estaba fuera de su presupuesto, por lo que licité el proyecto a nombre del Estudio para que Lena pudiera trabajarlo… y, segundo, fue la perfecta oportunidad para darle a Lena el empujón que necesitaba para empezara a tener proyectos neoyorquinos en su portafolio, eran dos pájaros con una bala…
- Lena es una mujer muy amable, aunque creo que me odió- resopló, pero Yulia se encogió entre sus hombros, pues realmente ese proyecto no lo había hablado con Lena, en lo absoluto. - Creo que lo tomó más por Lena que porque no le gustara mi consultorio
- Pues, no era fanática del decor de las cuatro paredes en las que pretendía dar terapias o consejerías… pero mi prioridad era ayudar a Lena… por su situación económica
- ¿Qué tan mala era su situación como para que usted tuviera que intervenir?
- Oh, bueno- suspiró. – Fue cuando fuimos al cine, a ver Taken 2, yo compré las entradas, Lena suponía comprar el Pop Corn y las bebidas… y se asombró al ver que la comida era más cara que la función… bueno, es que soy consumista y me gustan las bebidas más grandes porque no son en vaso de cartón, sino plástico… y me hizo el comentario más adorable de la historia: “¿Sabes lo que se puede comprar en Victoria’s Secret con veinticinco dólares? ¡Cinco panties! Y te duran, por lo menos, seis meses y no dos horas como tu Mountain Dew”, fue entonces que comprendí que no podía dejar que Lena gastara tanto en mis gustos… porque eran míos, Lena no conocía mis gustos, el valor monetario de ellos… pero nunca consideré en concentrarme en sus gustos, en que ella era feliz bebiendo Smirnoff Vodka y no Grey Goose, y que le gustaba comer las patatas fritas con las manos porque era más fácil… en vez de eso, de respetar sus gustos, decidí que no iba a dejar que ella pagara por los míos, porque a mí no me gusta un Steak de cualquier lugar, sino de Strip House o de Smith & Wollensky… que una comida ahí serían, por lo menos, veinticinco panties
- Señorita Volkova, no tiene nada de malo que usted haya decidido hacer eso, ¿se acuerda de lo protectora que se sentía de Lena? – Yulia se ruborizó mientras asentía con la sonrisa más tonta de la historia, de mi historia. - ¿En qué mundo le gustaría que su novia estuviera en bancarrota sólo porque usted tiene gustos que no son tan económicos?
- En ninguno- respondió, soltando la ligera risa nasal. – Y por eso empecé a pagar todo, y empecé a comprender lo que mi abuela decía que mi abuelo decía… pagaba los almuerzos en días de trabajo, las cenas después del trabajo, el Taxi que Lena tomaba desde el lugar en el que estábamos hasta su casa… todo porque me gustaba cómo se sentía, porque creí que eso era consentirla, que eso era lo que quería ella… pero era lo que yo quería, pues, siempre que pagaba yo, Lena se ruborizaba y me reclamaba de la manera más adorable que existía, y me gustaba que lo hiciera… pero no sabía que había un límite
- No hay sólo un límite, hay varios… déjeme adivinar, el primer límite que no vio fue que Lena y usted pensaban de distinta manera, ¿cierto?
- Exacto… Lena sintió que mis intenciones eran que quería comprarla… yo quería consentirla, darle todo lo que ella no podía comprarse
- Pero usted nunca pensó que Lena no quería eso… que Lena quería ser parte de algo y no ser de alguien, ¿cierto?
- No, creo que era al revés… yo quería ser suya, volverme indispensable para que no me dejara mientras arreglaba mis pensamientos, porque no había conocido a alguien con quien me sintiera tan bien como con ella…en mi infantil mente, la idea del ciego amor, todavía existía… en fin, llegué a un punto en el que pasé todas las fronteras con una tan sola acción
- ¿Se hizo pasar por un cliente?
- Bueno, esa idea me demuestra que no caí tan bajo con la mía- rió Yulia, pues tenía razón.
- ¿Entonces?
- Navidad se acercaba y, que yo supiera, Lena no tenía amigos en Nueva York… me di cuenta de que yo me iría a Roma con mi mamá y que ella se quedaría sola, cosa que me partía el corazón en mil pedazos, ¡es Navidad! Y, a pesar de que no soy fanática de la Navidad, por primera vez sentí la importancia, no la supe, sólo la sentí… no lo puedo describir….
- ¿Qué hizo?
- Primero necesitaba un plan, necesitaba una mentira convincente… y para eso utilicé a mi mejor amiga, porque dicen que soy pésima mintiendo… y, por muy tonto que suene, funcionó… le llamé a su mamá y le dije que, anualmente, cada uno de los trabajadores escribía las tres cosas que más quería para Navidad, y que, para realizar esos deseos, se rifaban diez mil dólares, que Lena se lo había ganado y que, antes de decirle a Lena, habíamos leído lo que decía su papelito, y que decía que quería que su mamá pasara Navidad con ella, que quería donar la mitad de su salario para la comida de un refugio y que quería que su iMac corriera AutoCad… y fue cuando traje a su mamá a Nueva York, de sorpresa, porque realmente pensé que sería una bonita sorpresa…
- Pero a Lena no le gustó- la interrumpió.
- No, no le gustó… en lo absoluto- sacudió su cabeza ante el recuerdo, ante las palabras de Lena, palabras que ya había olvidado y que sólo podía ponerlas en modo mudo en aquella mirada asesina e iracunda. – Esa vez confirmé, una vez más, que Lena era la persona que tenía el poder absoluto para sumergirme en una depresión… que podía lastimarme y hacerme miserable… porque eso fue lo que pasó a raíz de eso
- ¿Qué pasó después?
- Cuando regresé de Roma… no sé, estaba enojada por lo que me había dicho, porque no había intentado hablar conmigo, estaba enojada conmigo misma por haber cruzado la línea, por ser tan cobarde de no poder hablarle… pero, cuando llegué a mi apartamento, la vi sentada en el pasillo, llorando… y, si hay algo que mi mejor amigo me ha enseñado, es que una mujer llorando es un pecado… no sé qué me pasó en ese momento, pero sólo quise que dejara de llorar, y sabía que lloraba por mí, fuera algo bueno o algo malo, no me gustaba verla llorar…
- Señorita Volkova, ¿usted lloró?
- Como nunca… lloré todo el vuelo de ida, todas las noches, todo momento que estaba a solas, y no lloré en el vuelo de regreso porque me embriagué hasta quedarme dormida… - aquel hombre sólo sonrió. – Después de esa pelea, comprendí que no todo gira alrededor mío, y fue cuando dejé que Lena empezara a pagar cosas, al menos sus cosas… que el tema del dinero era lo que más le incomodaba- Yulia hizo una breve pausa para abrazar el final de aquel momento y volvió a ver al Doctor Thaddeus.
- Pero nunca resolvieron el asunto del dinero, ¿verdad?- sí, sé lo que estarán pensando, el tipo estaba lleno de preguntas.
- En realidad no, nunca lo hablamos… simplemente empezamos a ceder… Lena no protestaba si yo pagaba la cena, yo no me enojaba si pagaba la cena… me dejaba pagar porque sabía que me hacía feliz… y, poco a poco, la dejé empezar a pagar cosas más caras… como las últimas dos cuotas de mi apartamento
- Ah, entonces, Lena y usted sí viven juntas
- Después de aquella pelea, Lena accedió a vivir conmigo… supongo que ese era el momento adecuado y no cuando la acababa de conocer… en fin, me di por vencida, me dediqué simplemente a gozar de mi relación con Lena, fuera homosexualidad o casualidad… no me importaba
- ¿Pero?
- En Springbreak nos fuimos, junto con Phillip y Natasha, a Europa… a un mini EuroTrip
- ¿A qué ciudades fueron?
- Roma, Venecia y Mýkonos
- Venecia es una ciudad tan extraña- murmuró como para sí mismo.
- Voy a ir por partes, porque estoy de acuerdo…
- Antes de que siga, ¿quisiera algo de beber?- sonrió, poniéndose de pie. – Tengo agua, agua con gas, Whisky… Ron
- ¿No va en contra de toda ética profesional ofrecerme algo de beber cuando soy su paciente? Digo, de tipo alcohol- frunció Yulia su ceño.
- Ese es el error, Señorita Volkova, usted no es mi paciente…- sonrió, vertiendo un poco de Whisky desde la jarra de vidrio en un vaso ancho y corto.
- Siempre me dijeron que usted no era un Psicólogo convencional- resopló. – Un Whisky estaría bien
- Yo no soy Freud, tampoco soy un Psicólogo que juega a analizar a sus pacientes… me considero una persona a la que le gusta escuchar y, con lo escuchado, emitir un consejo… un confidente con un verdadero juramento hipocrático- sonrió, alcanzándole el Whisky que ya había servido, como si supiera que Yulia eso elegiría a pesar de que no era una persona de Whisky.
- Supongo que, por doscientos dólares por la media hora… puedo aceptar ésto- sonrió Yulia, tomando el vaso en su mano derecha. – Aunque ahora bebí media botella de Zacapa- rió.
- Seguramente el Zacapa es lo que le ha liberado la lengua, Señorita Volkova- sonrió el Psicólogo raro. – En fin, íbamos por las vacaciones de Springbreak
- Sí… bueno, todos querían conocer a mi mamá, por lo que me estafaron para que nos quedáramos más días en Roma, más días que en Venecia y Mýkonos… y, como cosa rara, todos los lugares tuvieron algo especial y por razones distintas…
- ¿Qué pasó en Roma?
- Bueno, conocieron mi casa, conocieron a mi mamá… supieron quién era la verdadera Yulia Volkova… - suspiró, hizo una pausa mientras veía el líquido en el vaso. Lo llevó a sus labios y, primero oliéndolo, bebió un generoso trago de aquel Whisky. Old Parr según el paladar de Yulia. – Al principio no estaba de acuerdo… porque ir a Roma era mostrarles a todos sobre mí, mi esencia… era poner el suceso histórico en una línea de tiempo, recrearlo en tiempo y lugar con las mismas condiciones…
- ¿Se refiere a su papá?
- Sí y no… expuse mi nostalgia, mis secretos, como mi perro y mi papá… expuse mis intimidades… y no sólo a Lena, sino a mis mejores amigos también
- ¿Eso cómo se sintió?
- En el momento fue abrumador…luego fue liberador… como si ese peso se hubiera esfumado… después de que pensé que Roma sería el más catastrófico, fue quizás el más conmovedor. Fue donde Lena me defendió de mi papá, donde me di cuenta de que mis amigos están siempre conmigo, pase lo que pase, le pase a quien le pase… y fue cuando comprendí por qué creí que lo mío con Lena era incorrecto
- Tómelo despacio, por favor
- Mi papá siempre intentó educarme de cierta manera… quería que fuera perfecta, con los modales y los valores perfectos, quería que fuera inteligente, que fuera exitosa, que fuera importante, que me casara con la imagen que un hombre podía darme, que le diera nietos… y sé que no soy perfecta… no puedo ser perfecta, pero, dentro de mi imperfección soy exitosa a mi modo, soy inteligente a mi modo… y estar con una mujer no era correcto, uy, no… pero ese momento, el momento en el que Lena me defendió, provocó a mi papá y que intentó hacerle saber que no estaba mal querer a una mujer… ese momento fue el que hizo darme cuenta por qué estaba con Lena y no con alguien más, porque nadie tiene el coraje de enfrentarse al papá de su novia de la manera en cómo lo hizo ella, nadie estuvo dispuesto a recibir un golpe impulsivo… saber que no está sólo a mi lado sino que también va a interponerse entre mis miedos y yo, eso me hizo respetarla aún más… - Yulia bebió el Whisky hasta el fondo, a temperatura ambiente le gustaba, bueno, es que no sabía cómo tomarlo, Whisky era Whisky y sabía igual. – Ver que no le tenía miedo a lo que yo sí, me motivó a perderle el miedo…
- Me imagino que no sólo se refiere al miedo a su papá
- No, no sólo a él- murmuró, viendo al hombre ponerse de pie para alcanzar la jarra de Whisky. – Lena no tenía miedo de demostrarme su afecto frente a mis amigos, o frente a mi mamá, o frente a la suya… todo era tan real que parecía imposible
- ¿Más?- Yulia asintió.
- A mí me cuesta expresarme, me cuesta decir lo que siento, me cuesta dar a entender mi gratitud y mi admiración… sé hacerlo con dinero, no conozco otra forma… y, al haber visto que Lena había hecho eso por mí y para mí, regresé un poco de eso… - hizo una pausa para tomar el vaso en su mano. – Decidí usar lo que tenía destinado usar para mi hermana menor… mi hermana menor nunca estudió, decidió que eso no era lo suyo, y la hermana de Lena sí quería estudiar… simplemente desplacé el fondo a nombre de la hermana de Lena
- Por la manera en cómo lo dice, Señorita Volkova- sonrió, haciendo una pausa para conseguir el contacto visual de Yulia después del sorbo de Whisky. – Me suena a que no lo hizo ni por usted ni por Lena- Yulia sacudió su cabeza con una sonrisa pequeña pero avergonzada.
- En fin… Venecia- sonrió. – Invité a la hermana de Lena, más que todo para que Lena la viera porque tenía más de un año de no verla, pero me escudé en que el cumpleaños de Lena se acercaba y en que me gustaría que le dijera que ella le pagaría los estudios… - bebió un poco de Whisky y sonrió. – Debo admitir, Venecia es la peor ciudad del mundo… pero, al mismo tiempo, es la ciudad en la que decidí que le iba a pedir a Lena que se casara conmigo… y Mýkonos, bueno, esa fue en la ciudad en la que conocí los celos
- Suenan a las mejores vacaciones que alguien puede tener
- Dentro de todo, Doctor Thaddeus, fueron unas buenas vacaciones… pero no las mejores- sonrió, dándole a entender que había habido mejores. – Después de eso, exactamente al venir de esas vacaciones, empecé a notar ciertas cosas en Lena que me molestaban
- ¿Como cuáles?
- Cosas que mi jefe hacía... hace
- ¿Por qué le molestaban?- dijo, haciendo énfasis en el pretérito, pues, aparentemente, aquello no le molestaba más a Yulia, y no le molestaba porque sabía por qué era.
- Porque no sé… quizás porque, en algún momento, de tan similares que los vi, me imaginé en una relación con mi jefe, y eso fue terriblemente asqueroso
- Debe serlo- opinó, echando su espalda hacia el respaldo de su sillón, deteniendo su quijada con la “L” que su pulgar y su dedo índice formaban.
- Mis intenciones de pedirle a Lena  que se casara conmigo empezaron por la misma época… y, junto con mis ganas de pedirle que se casara conmigo, la idea de que mi jefe era su papá crecía en mí… lo que me trae al primer secreto
- ¿Su jefe es el papá de su novia?- sonrió con una risa nasal.
- ¡Exacto!
- ¿Lo ha comprobado o es una idea suya nada más?
- Lo comprobé, él mismo me lo dijo…
- Entonces, su primer problema es que no sabe si decirle o no a Lena que su jefe es su papá… ¿cierto?- Yulia asintió. – Usted ya consideró las opciones, en caso de que le diga a Lena; si reaccionará bien o mal, que de reaccionar mal puede ser la misma reacción en caso de que no le diga y ella se entere de que usted ya sabía y hubiera sido mejor decírselo- Yulia volvió a asentir. – La incertidumbre es sólo eso, una incertidumbre… es cierto, no es su secreto, al menos no lo era, no lo era hasta el momento en el que usted se volvió parte de él… pero también es cierto que la confianza que usted le tiene a Lena se ve puesta a prueba
- No me toca a mí decírselo, le toca a sus papás… pero, si yo no fuera hija de mi papá me gustaría saberlo
- Sí, en eso tiene razón, pero Lena no tiene un papá como el suyo, y usted no es Lena
- Entonces, ¿qué me recomienda hacer?
- No hay una respuesta correcta, con cada respuesta posible tiene el más mínimo riesgo de provocar lo que no quiere, Señorita Volkova- sonrió. – Lo ideal sería saber si Lena quisiera saber, pero no hay forma de saber eso sin decirle por qué- Yulia se quedó un momento entre sus pensamientos, aquel Psicólogo tenía razón. - Tal vez la respuesta está en cómo es su relación con Lena hoy en día
- Tenemos casi un año de estar juntas, casi lo mismo de ser novias… más de seis meses de estar viviendo juntas, todo va muy bien
- ¿Usted cree que ese tiempo es el tiempo que necesita para estar segura de querer casarse con ella?
- Como usted alguna vez dijo, nunca es demasiado rápido, nunca es demasiado lento… las cosas pasan al ritmo que deben pasar
- ¿Pero al menos tiene claro el “por qué”?
- Se lo pondré así…- suspiró, viendo su reloj, viendo que sólo habían pasado un poco más de veinte minutos, tal vez lograba la media hora nada más, le dolía pagarle a Brendan Fraser doscientos dólares más. – Yo no sé por qué se casó usted con su esposa, y no le estoy preguntando tampoco...
- Está bien
- Al principio fue como una epifanía… me di cuenta de que, con Lena, no podía engañar a nadie, ni siquiera a mí… me hizo darme cuenta de que puedo ser fuerte aún siendo sensible, que puedo ser independiente aún necesitando de mis amigos, necesitando de ella… cosas que ya sabía pero que no podía aceptar, no sé por qué, no quiero saber, me basta con saber que sé que estaba equivocada…
- ¿Y ahora?
- Eso no ha cambiado, lo tengo muy presente… quizás es mi buena suerte
- Quizás- sonrió el Psicólogo, viendo a Yulia sonreír ante algún recuerdo. – La buena suerte no es exactamente buena suerte, es una serie de decisiones con resultados exitosos
- Prefiero creer en el destino, porque él es el único que controla las variables que mis decisiones no pueden, que yo no puedo… y me gusta no poder controlarlo
- Suena a que Lena le da la seguridad- sonrió. – La seguridad que le faltaba
- En algunos países le llaman “cojones”, pero su término me gusta también
- ¿Qué es lo que la hace sentir especial con Lena?- Yulia suspiró, y no logró encontrar las palabras para describirlo. - ¿Sabe lo que la hace sentir especial?
- No le sabría decir…- susurró, abrazándose con sus manos por sus antebrazos.
- Intente, quizás eso le dé una idea de lo que debe hacer
- Es tan grande, tan complejo, tan… no sé, no lo puedo describir- sonrió, sabiendo que podía describirlo con ejemplos pero no con términos, pero no los quería decir.
- Se lo dije hace un año, se lo repito ahora, se lo repito a la Yulia  nueva y más libre: a veces necesitamos decir las cosas en voz alta para saber que son ciertas, para aceptarlas, para digerirlas- sonrió, ofreciéndole más Whisky con un ademán, pero Yulia sacudió la cabeza.
- Me siento diferente cuando no está
- ¿Y cuándo es que no está?
- No estoy todo el día con ella- se encogió de hombros.
- Creí que compartían oficina… ese era el problema inicial, ¿se acuerda?- sonrió, levantando su ceja como aquel primer sábado que había ido a ese mismo consultorio.
- Ese no era ningún problema, empiezo a creer que nunca lo fue… creo que el problema era yo
- ¿A qué se refiere?
- Tengo mis teorías
- Y tenemos tiempo- sonrió, sabiendo que ya se había embolsado los otros doscientos dólares a cambio de un interesante cotilleo.


Nos vemos el viernes Very Happy


Última edición por VIVALENZ28 el Vie Jul 17, 2015 10:09 pm, editado 1 vez
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Nov 28, 2014 10:54 pm

Aquí mas continuación




- Mi primera teoría es que mi jefe metió a Lena a mi oficina para que le ayudara a arrancar en el Estudio, la segunda es que mi jefe metió a Lena a mi oficina para evitarle estragos con los calenturientos de los ingenieros, la tercera es que la metió allí porque mi oficina era la más grande, la cuarta, y última, es que la metió allí sabiendo que Lena era lesbiana, y sabía que conmigo no corría peligro alguno- y lanzó la carcajada irónica que no había logrado contenerse.
- ¿No le ha preguntado?- Yulia sacudió la cabeza. – Le preguntaré algo sobre su jefe…- Yulia le dio luz verde con un ademán bastante universal, el de bajar la cabeza. – Cuando supo que usted sabía que Lena era su hija, ¿qué hizo?
- ¿Aparte de evacuar el intestino grueso en su silla de cuero?- el Doctor Thaddeus asintió divertido. – Me culpó de que la confianza entre él y Lena cayera… y, antes de que me diga algo, no creo que sea mi culpa- se excusó. – Lena piensa que Volterra es sólo el novio que tuvo su mamá hace más de treinta años, lo llama “tío”
- Señorita Volkova- resopló aquel Psicólogo. – Su novia podrá ser pelirroja, pero no tiene ni un pelo de estúpida
- ¿De qué habla?
- ¿Usted realmente cree que su novia no se ha preguntado lo mismo?- Yulia lo vio con escepticismo. – Quizás ya lo sepa
- ¿Por qué no dice nada?
- Si de la noche a la mañana, a sus veintiocho años, le dice su mamá que su papá no era su papá, ¿qué hace? ¿Sigue llamando “papá” al hombre al que llamó “papá” por veintiocho años o al hombre que la concibió?
- Sabe, esa pregunta es engañosa- resopló Yulia, volviendo a ver al suelo mientras se inclinaba sobre la mesa que la separaba del Psicólogo, todo porque iba a tomar un Kleenex, sí, era marca Kleenex. – Siempre quise que alguien me dijera que mi papá no era mi papá
- Pero eso es entendible, Señorita Volkova, su relación con su papá no era la mejor
- Aún de grande, de adulta, deseé que ese hombre no fuera mi papá- sus ojos se llenaron de lo que parecían ser lágrimas. – Era cruel, violento… pero sé que en el fondo, muy en el fondo, enterrado en lo más duro y grueso de su ego y su orgullo, me quería, y me quería bastante por el simple hecho de ser su hija, y punto… dentro de todo, no puedo odiarlo, simplemente no puedo… la culpa fue de los dos; la primera vez fue su culpa, la segunda y las siguientes fueron mi culpa porque yo no dije nada…nunca fui capaz de decirle que lo odiaba, porque no lo odiaba- se limpió las mejillas con el Kleenex. – Pero era mi papá, que yo sabía que entre sus golpes y entre sus gritos, siempre había un lugar para mí, que me llamaba “hija” y me abrazaba, y me daba un beso, e intentó disculparse… pero seguía siendo mi papá- el Psicólogo permaneció en silencio, viendo cómo Yulia se quebraba en dos o tres pedazos, que tenían nombre, y ninguno se llamaba Ego u Orgullo. – El papá de Lena no le pegó, no le gritó, no era así… pero nunca estaba para darle un abrazo, ni forzado ni por voluntad, nunca la llamó “hija”… eso no es un papá, y es eso lo que me impulsa a decirle a Lena que él no es su papá, pero él tampoco ayuda, deja que los días pasen y no le dice nada, cada día que pasa es un día más que Lena no tiene una explicación de por qué su papá era así con ella

- Él no tenía por qué darle afecto, no es obligación
- Pero tampoco era culpa de Lena que su mamá… usted sabe- las lágrimas se le habían consumido, sólo había sido cuando había hablado de Oleg.
- ¿Lena le resiente cosas a su papá?
- Sólo le resiente que le haya sido infiel a su mamá, lo demás creo que no le afecta tanto
- Yo creo que su punto es válido, pero creo que todo estaría más claro si Lena le resintiera cosas a su papá, cosas más personales como lo que usted mencionaba; los abrazos, la presencia, esas cosas
- Sí, creo que tiene razón…- suspiró, arrojando el Kleenex hecho bola compacta hacia el interior del basurero.
- Ahora, hay algo que me llamó mucho la atención, ¿por qué se refería a su papá en tiempo pasado?
- ¿Porque ya murió?- se encogió de hombros, como si aquella respuesta fuera públicamente sabida por todo el mundo.
- Lo siento mucho, Señorita Volkova, no tenía idea
- No me gustan las condolencias
- ¿Por qué?
- No lo sé, nunca me gustaron- sonrió, intentando esconder su incomodidad ante el tema.
- ¿No le gusta que se las den, no le gusta darlas o en general?
- Que me las den
- ¿Cuál es la diferencia entre darlas y que se las den?
- No lo sé, me incomoda que me den las condolencias, nada más
- Está bien- sonrió. - ¿Quisiera agregar algo al tema de su papá?
- En realidad sí
- Usted maneja el tiempo, Señorita Volkova- sonrió de nuevo, poniéndose de pie para servirle un vaso con agua.
- Mi papá trabajaba para el gobierno italiano, asesoraba a uno que otro Ministerio, pero, más que todo, daba consultorías para el parlamento, consultorías financieras… fue a Atenas, en un viaje oficial, hubo un tiroteo que nadie se explicó nunca, pues la investigación nunca prosiguió, mi papá terminó con un disparo en la pantorrilla y con otro en la columna. Mi hermana vive en Creta y, junto con mi hermano, que llegó desde Livorno, decidieron que lo trataran en Creta


- Su tono
- ¿Qué pasa con mi tono?
- Cambia cuando habla de sus hermanos
- No lo sé… el punto es que me pareció tonto que estuviera en Creta cuando lo habían podido trasladar a Roma, ¿o por qué no dejarlo en Atenas? Supongo que la incompetencia es una de las cosas que emergen con las malas noticias…- suspiró, y el Psicólogo supo que no sólo se refería a sus hermanos, sino a ella misma también. – Hice que trasladaran a mi papá a Nueva York, traje a mis hermanos… tenía un viaje de trabajo, mi papá murió mientras estaba en el viaje
- ¿Usted regresó?
- No
- ¿Por qué?
- La última vez que hablé con mi papá me di cuenta de muchas cosas- tomó el vaso con agua que el hombre le alcanzaba. – Mi papá no iba a cambiar nunca, al menos no a la vista pública… y yo no iba a complicarle la existencia con seguir insistiéndole que lo hiciera, en vez de seguir intentando, le dije que lo quería mucho y que le perdonaba todas las veces que me había hecho algo… quizás hasta me burlé de él
- ¿Quisiera explicarse, por favor?


- Los doctores le dijeron a mi hermano que, de haberlo dejado en Creta, mi papá se habría muerto por una infección en una de las heridas de bala, pero que habían logrado detener la infección, con la única negativa que había quedado parapléjico… mi hermano le contó a mi papá, mi papá me reclamó su paraplejia. Yo estaba feliz de verlo con vida, pero no podía estar feliz por él… tengo veintinueve, no estaba lista para quedarme sin papá… pero no podía hacer nada, y tampoco quería después de que me dijo que habría preferido morirse a quedar parapléjico
- ¿En qué momento se burló de él?
- Sabía que estaba enojado, reconocí la mirada y los puños apretados de cuando quería pegarme… le ofrecí zapatos para correr, para perseguirme y luego pegarme… lo que me faltó fue decirle que me nombraba voluntaria para una turbo paliza en cuanto me alcanzara
- ¿Cómo se sintió en ese momento?
- Me sentí grande, más grande que él… omnipotente… saboreé el momento, porque siempre me pregunté qué se sentía algo así, cómo se sentía él al agredirme… y no me gustó. No me arrepiento pero no lo volvería a hacer
- ¿Quisiera hablar de sus hermanos?
- ¿Qué quisiera saber de ellos?
- No, Señorita Volkova, no es lo que yo quiero saber de ellos… es lo que usted necesita decir- sonrió, viendo a Yulia beber el agua, con tranquilidad, de tres tragos.
- A mi hermana la comprendo, a mi hermano no
- Empecemos por su hermana, entonces- sonrió, alcanzándole la botella de agua para que siguiera bebiendo.
- Es menor que yo, siempre tuvo lo que quiso, si no lo tenía de mi mamá, lo tenía de mi papá… no era la persona más brillante en el colegio, pero se graduó. Intentó estudiar en la universidad y decidió que eso no era lo suyo. Se casó con un griego, han vivido en lugares que ni me imagino… pero hay algo que le admiro a mi hermana, y es que nunca se dejó llevar por lo que la gente decía


- ¿Que era qué?
- De todo; que era mimada, un poco bruta, enamoradiza, que no tenía futuro… y quizás no tenía el futuro que todos definimos como futuro, pero está felizmente casada, está intentando tener hijos… es feliz con lo que tiene, no le falta nada
- ¿Y su hermano?
- Sabe, tiene el mismo carácter violento de mi papá… pero mi hermano nunca me pegó, aunque creo que ganas no le faltaban… y hay algo que va en contra de toda relación de hermanos
- ¿Qué es eso?
- Mi hermano, por salvar su trasero, prefirió dar el mío en bandeja de plata, y es literal… después de ese episodio, mi hermano ha tenido estragos para volver a ser quien era… pero Italia no es un país sin memoria… es difícil que olviden las cosas malas, como todo el mundo, pero cuando tiene que ver con el gobierno es todavía peor… pero, después de todo, sigue siendo mi hermano… y fui yo quien le dio el arranque de nuevo, pero no lo sabe, y, aunque lo sepa, no cambiaría conmigo
- ¿Por qué?
- Cree que mi mamá me quiere más a mí que a él
- ¿Y es eso cierto?
- Mi mamá nos quiere a los tres por igual… pero mi hermano no habla con ella porque la dio por muerta hace más de seis años, mi hermana raras veces habla con ella, pues, es que mi hermana no se termina de ubicar… pero, por lo menos, cada conversación la cierra con un “La quiero mucho, mamá”.
- Creo que, con su hermano, aplica la misma regla que con su papá
- Yo siempre estaré abierta a tener una relación de hermanos con él, y tengo tiempo y paciencia para esperarlo, pero no tengo fuerzas para perseguirlo y persuadirlo… todavía me queda dignidad- sonrió Yulia, sirviéndose un poco más de agua en el vaso. – Lena dice que el tiempo es con lo único que debería contar porque es el único que puede arreglar las cosas
- Y tiene razón… sólo que hay a personas a las que les toma más tiempo que a otras- Yulia sólo supo asentir, pues aquello eran tan cierto para ella como tan imposible para Aleksei. – En fin, volvamos a Lena… ¿le parece?- Yulia volvió a sentir, pues hablar de Lena la tranquilizaba, hablar de Aleksei le incomodaba. - ¿Cómo se siente cuando Lena no está?
- Incompleta
- Esa no es una respuesta- sonrió.
- El momento decisivo fue cuando me pregunté cómo era antes de Lena, qué hacía antes de que Lena apareciera, por qué hacía lo que hacía y por qué lo hacía de esa manera… y no pude responderme, no pude encontrar una explicación, es como si no me acordara de cuando Lena no estaba…
- ¿Cómo se siente cuando Lena está con usted?
- Me siento yo, me siento bien, más que bien… el problema es cuando no está… como que si su ausencia me doliera, como si todo fuera gris y amargo, el tiempo es eterno y complejo… siento que no tengo sentido
- Pero, ¿qué es lo que más nota en usted desde que está con Lena?
- Puede sonar muy raro, pero creo que todo lo que no me había permitido vivir antes de Lena, lo he vivido con Lena en menos de un año
- ¿Por qué cree que no se lo había permitido vivir?
- Porque hay cosas que no se pueden hacer uno solo… y, le soy sincera, nadie quiere estar solo… creo que es simplemente encontrar con quién hacer todo eso que se quiere hacer, hasta lo que no se sabe que se quiere hacer
- Y, Lena, ¿cómo es con usted?
- Nunca me ha presionado para hacer algo o para sentir algo, me tiene mucha paciencia…
- La paciencia no puede ser el único factor, porque tiene que tener muchas cosas más como para que usted siga tan enamorada como al principio, tan enamorada que hasta está pensando en casarse con ella
- Hay dos cosas que me dice… que son las dos cosas que hacen que me falte el aire…
- ¿Cuáles son esas dos cosas?
- “Mi amor” y “te amo”- el Psicólogo simplemente sonrió, y le conmovió el rubor que invadió las mejillas de Yulia. – No es tanto el cómo es ella conmigo, sino cómo es ella en general
- ¿Y cómo es ella?
- Es perfecta
- Señorita Volkova, nadie es perfecto, tiene que tener imperfecciones, ¿no le parece?- murmuró, poniéndose de pie para traer un vaso con agua para él.
- Error- sonrió. – Todos definen “perfección” como algo óptimo, sin ningún problema, sin ningún defecto… pero la perfección, para mí, es el conjunto de perfecciones e imperfecciones que hacen que algo funcione
- Entonces, usted me está diciendo que usted está consciente de las imperfecciones de Lena, ¿cierto?- Yulia asintió. – ¿Le molestaría nombrar cinco?
- Es impuntual, siempre llega tarde… a todo, ya sea porque no está bien organizada con su tiempo o porque se ha quedado dormida, le encanta dormir, porque puede dormir, y demasiado… puede disimular todo, desde el dolor hasta su alegría, pero no puede disimular cuando algo no le gusta
- Entonces, es impuntual, dormilona, desorganizada y no puede disimular su disgusto- Yulia asintió. – Le falta una
- Se preocupa más por los demás que por sí misma
- Explíqueme algo, ¿por qué las imperfecciones la hacen perfecta?
- Porque Lena es humana, y me gusta que sea así… sus defectos son perfectos para mí porque son cosas que yo no puedo hacer, y admiro que Lena pueda hacerlas y no tenga ningún problema siendo así… porque, a mí, hay veces en las que me enoja ser tan egocéntrica y egoísta, me enoja enojarme, si es que eso tiene sentido…
- ¿Lena sabe cómo enojarla?
- No ha podido enojarme, todavía- sonrió Yulia.
- ¿Qué tanto tiempo a solas han estado?
- El suficiente como para saber que no puede sacarme de mi Zen
- ¿Han estado aisladas de todo?
- Sí, hace poco regresamos de nuestras vacaciones… tomamos un crucero por el Caribe, nos divertimos unos cuantos días en Florida… pero tuvimos que regresar antes de lo previsto…
- ¿Por qué?
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Vie Nov 28, 2014 11:21 pm

El momento que llegaron de viaje de vacaciones....




Lena se despertó sintiendo el olor hogareño que tenían aquellas sábanas blancas en las que estaba envuelta tan a la ligera, como si no se acordaba de la noche anterior por haber sufrido de un tremendo ataque de alcohol y su memoria estaba incompleta, pero no, no estaba incompleta, simplemente había regresado muy cansada, ni siquiera se acordaba de la hora a la que Yulia había regresado del Estudio. Se regresaron antes de lo previsto, antes del siete de Septiembre, el cuatro para ser precisa, todo porque Yulia no sólo tenía que firmar un pago, que no debía entrar hasta el doce del presente mes, y era un cobro que debían firmar los tres Socios por ser mayor de “x” cantidad de dinero, viva T.O., sino que también tenía que revisar, de manera urgente, los cambios a la propuesta de Malibú. Abrió los ojos lentamente, y se encontró del lado del que Yulia solía dormir, con el despertador encarándola cruelmente: las siete y media. ¿Había dormido dieciséis horas seguidas? Algo que, según Yulia, sólo Lena podía lograr. Y sí, por eso estaba así, y tan descansada, ni había logrado desvestirse, todavía estaba en el jeans con el que había llegado, con la camisa manga larga a rayas rojas y azules que se ajustaba a su torso. Agradeció a Yulia por haber encendido el aire acondicionado, sino estaría a punto de evaporarse. Lena respiró hondo y, suavemente, se estiró hasta tocar, con sus puños, el respaldo de la cama, que estaba muy frío, y, con sus pies, alcanzó a tocar, en puntillas, el borde vacío de la cama, arrojando al suelo el edredón que Yulia insistía en sólo doblar y arrinconar al borde de la cama, pues su Trastorno Obsesivo-Compulsivo no la dejaba quitarlo.



Lentamente, en su velocidad amodorrada, se dio la vuelta y vio a Yulia todavía dormida. Estaba sobre su costado izquierdo, con la mano izquierda entre su mejilla y la almohada, con su otra mano tomándose, como si se estuviera deteniendo fuertemente, de su hombro izquierdo. Armaba una perfecta posición fetal, con el hematoma en la rodilla derecha, que se lo había hecho con la cama del crucero, pobre cama, y estaba dormida con su cabello recogido, dejando su durmiente rostro a la libertad visual de Lena; se veía tan tranquila, tan relajada, que no mataba ni a una mosca, porque se rehusaba a matarlas, por asco y por respeto, que Natasha la molestaba con la diplomacia animal que la invadía cuando una mosca, o varias, invadían el espacio en el que Yulia estaba en dicho momento: “Señoras Moscas, de manera muy amable me dirijo a ustedes, ¿podrían retirarse?” y lo coronaría con una sonrisa. Y, más allá de la banda elástica que probablemente detenía su cabello en el moño, pues podría ser sólo un nudo con el mismo cabello, no tenía nada de ropa encima, ni la sábana, nada. Lo que sí tenía era ese bronceado cognac, del color de un Hennessy, que brillaba alrededor de los vacíos, ligeramente bronceados y no blancos, de lo que su bikini había protegido de la luz directa del sol, que eran, impresionantemente, la forma meticulosa del bikini Lanvin negro.



Lena se levantó de la cama, pues, primero se sentó, luego se puso de pie, y no le pareció humano dejar a aquella hermosa mujer sola, menos después de la experiencia de dos semanas y media que habían tenido en conjunto; llena de risas y sonrisas, de un poco de alcohol que desataba un poco de llanto, romance, uno que otro percance estomacal de denominación bucal en un basurero de algún parque de diversiones, muchos gritos, mucha adrenalina, todo eso concentrado en los primeros días, para luego, en el crucero, tuvieran el placer de hacer el amor en altamar, que sólo se bajaban de la cama cuando habían llegado a un destino temporal, para conocer, no porque habrían preferido quedarse en la cama, haciendo el amor todo el día, durmiendo, descansando de verdad, aunque se levantaban y se nutrían como niño en plan de recuperación de peso inmediato, aunque nunca faltaba la dosis de orgasmos al despertarse, ni la dosis de orgasmos, o eyaculaciones, antes de irse a la cama… para dormir. Se quitó el jeans, se quedó sólo en su camisa y en su bikini de seda roja, y se volvió a acostar en la cama, al lado de Yulia y sobre su costado derecho para encararla, y la contempló por un momento, analizó su estructura física, la manera en cómo podía ser tan perfecta; debía ser ilegal. Las ojeras habían desaparecido, y era el único momento, así, cuando a Yulia se le notaban aquellas leves y superficiales arrugas a los lados de su boca, esas marcas que se hacían y se cavaban por la sonrisa y las risas, que a Yulia no le molestaban esas arrugas, pues no las contaba como tal, porque eran sinónimo de felicidad, no como las que se hacen por seriedad o enojo en la frente al fruncir el ceño, que no tenía. Pero eran mínimas, en ancho, profundidad y largo.





Cómo le gustaba a Lena ver a Yulia, independientemente si estaba dormida o despierta, simplemente se deleitaba de su composición física, de lo pacífica que era su respiración, de lo suave que era, como si no estuviera respirando. Se acordó de lo bien que la habían pasado, de todo lo que aquellos labios habían besado, lo que sus manos habían tocado, cómo habían tocado ese “qué”, y sonrió ante el recuerdo de Yulia cantando “I’m Coming Out” a todo pulmón, que sabía hasta la parte que Lena detestaba, sí, toda la canción, o de la hermosa ebriedad que se habían inducido un día en altamar, que se la lograron quitar a base de agua y sexo. Quién sabe cómo esos clítoris aguantaron casi setenta orgasmos vacacionales cada uno, aún Yulia estando en sus días más sanguinarios, que no le importó por primera vez, que se dejó de Lena; desde quitarle y ponerle aquellos utensilios de absorción interna, hasta asumir la tarea de degustar a Yulia en ese período, kinda messy and irony, pero para Yulia había sido lo más íntimo, después de un beso, que le había dado a Lena. Yulia se movió entre su mal sueño, que no reflejaba con su rostro relajado, pero era sombrío, a mí me daba cierta incomodidad, cierto miedo, pues pasaba las barreras de lo normal de suspenso y miedo, volviéndose sobrenatural y confuso. Se volvió sobre su espalda, abrazándose por su abdomen, por debajo de sus senos, mostrándole sus pezones dilatados a Lena, dilatados pero suaves y pequeños, de ese café pálido que tenía una pizca de rosado cosmético, la circunferencia era del mismo tamaño de Pi, dilatado.
Lena se quedó ahí, abrazando visualmente cada momento de paz de aquel perfil, la nariz recta y un tanto respingada, y notó que Yulia también sólo se había aventado en la cama, pues todavía tenía rastros de mascara en sus largas pestañas. Era de las pocas veces que la veía con tanto detenimiento, que podía aprovechar a inspeccionarla y sin que Yulia se incomodara, porque le incomodaba que la vieran tanto y tan penetrantemente, no sabía por qué, quizás sólo era la pizca de vergüenza que, por ser mujer, traía más honestamente consigo, y se dio cuenta de cómo eran las manos de Yulia sin la típica laca YSL, las veía un poco extrañas, eran igualmente perfectas, pero supuso que se había acostumbrado a verlas con laca, y ahora podía apreciar exactamente la división de cada parte de sus uñas, de borde libre corto, cuerpo ungeal del típico tono rosado, la lúnula era mínima. Llevaba el anillo en su dedo índice derecho, que siempre estaba en el anular menos cuando tenía que acordarse de algo, que se lo pasaba a su dedo índice, y tenía que acordarse de no enojarse al acordarse de que “Junior” quería dos edificios y no uno, en el que se tomara en cuenta el sol del día o el sol de la tarde, a lo que Yulia había pensado “That little Fucker”. Los huesos de su cadera se saltaban un poco, que era lo único que sobresalía por la planicie de aquella coordenada, pues su pubis era plano, de la misma altura de su vientre. Se arrancó la camisa por el calor psicológico que aquel cuerpo le daba, y no le fue suficiente, pues terminó por arrancarse todo lo que no fuera piel y, por no levantarse, porque no quería despegarse ni un segundo de Yulia y no sabía por qué, se quitó su ropa ahí acostada, tomó su iPhone y se dispuso a leer, a seguir leyendo “The Art Of Racing In The Rain”, que sólo bastaron tres páginas para dormirla de nuevo.





Yulia no tardó mucho en despertarse, quizás una hora bien descansada más, y, luego de estirarse como siempre que se despertaba, ubicó a una durmiente pelirroja a su lado que tras la promesa que le había hecho, no podía dejarla sin despertarla. El problema era que, para Yulia, la cama sólo se utilizaba para dos o tres cosas: dormir, coger y ver televisión, aunque “coger” se podía en otra superficie, y ver televisión no era una de sus pasiones, por eso disfrutaba de una mala película, porque siempre la habían llevado a la razón principal del uso de la cama: dormir. Vio la hora, las nueve menos cinco, y le pareció una hora prudente para despertar a Lena, quien sabía que se había despertado por estar ya en completa desnudez, y se le ocurrió algo que nunca hubiera hecho si no era para despertar sensualmente a Lena, pues tenía que relajarse. En el silencio más quieto y sepulcral, Yulia llevó sus dedos a su entrepierna, a estimularse hasta mojarse, usaba, de incentivo visual, el cuerpo de la pelirroja Licenciada que dormía con inocencia a su lado, todo lo que quería hacerle y por el resto de su vida, aún diez años después de ese día, veinte años después, y se preguntó cómo su vida sexual, de pedirle a Lena que se casara con ella, evolucionaría; ¿sería igual hasta que se aburrieran? ¿Sería cada vez más intenso? ¿Cada vez menos intenso? ¿Cómo sería? Y se dio cuenta de que no era lo que quería, no era lo que le importaba más, sino mantener a Lena a su lado, tuvieran sexo o no, tuvieran veinte dólares o veinte millones, y sonrió por dos cosas, porque le gustó cómo su dedo había abusado de su clítoris y porque se acordó de las risas, las carcajadas, que Lena sacaba desde sus entrañas con el chiste, que no era chiste, de su profesor de física tres, “cada vez que alguien no aprobaba el examen, el hombre adjuntaba una aplicación para trabajar en McDonald’s a cada examen”, eso o cuando Yulia se había enojado porque le habían dado un McFlurry equivocado y ella, en su ebriedad, había gritado: “You McFucked Up!”



Ya no aguantaba, y no era el orgasmo, sino las ganas de pedirle a Lena que la dejara ser su esposa, porque no era tanto como que Lena fuera suya como que ella fuera de Lena, porque nunca hubo algo o alguien que la hiciera sentir parte de algo tan grande que no podía ponerle nombre, no a la sensación, a la emoción, sólo podía describirlo como “Lena Katina”, pero todavía no se le había presentado aquel momento al que Natasha se refería, aquel momento que debía ser perfecto, ese en el que Yulia se decidiría finalmente, porque no podía simplemente decirle “Lena, cásate conmigo”, porque no, no, no, se podía decir, que se corría el riesgo de sonar un tanto exhortativo, pero se podía preguntar, ¿cómo hacerlo? No quería que sonara como que le pedía un favor, ni quería sonar como que le estaba rogando, pues eso implicaba lástima, y a Yulia no había algo que la matara más rápido que la lástima. Y, como ven, la cabeza de Yulia siempre estaba llena de algo, no era como Lena, que aunque pensara y pensara todo el día, Lena tenía la habilidad de hacer que su mente se quedara en blanco, y Yulia sólo podía lograr aquello en dos momentos: cuando Lena estaba haciéndole el amor y cuando no sabía que estaba pensando, o sea cuando estaba ebria o dormida. Quizás por eso le gustaba que Lena le hiciera el amor, porque podía dejar de pensar y podía sólo sentir, sólo sentir a Lena. Y eso quería en ese momento, sólo quería dejarse llevar para no pensar, porque las cosas que no planeaba eran las que mejor le salían, y era así como pensaba proponerle las cosas a Lena, por eso fue que quitó su dedo de su clítoris, porque quería tocar el de Lena, y así lo hizo, dándole gracias a Dios, porque con él había crecido, dentro de un catolicismo bastante fuerte en fe pero no en religión, y le dio gracias a Él porque Lena tenía abiertas sus piernas, no abiertas de par en par pero sí lo suficiente como para que, con su dedo lubricado, pudiera acariciar la intimidad de Lena, y así lo hizo.




Acarició circularmente aquel pálido clítoris entre aquellos pálidos labios mayores y menores, que los rozaba con su dedo índice y anular de su mano derecha, y fue que Lena se estremeció hasta que se despertó, pero no supo abrir los ojos, sólo supo abrir sus piernas para que Yulia la siguiera tocando. Yulia supo que estaba despierta al Lena abrir sus piernas, y no pudo contenerse a sus pezones, menos a su pezón izquierdo, el que tenía a su inmediata disposición, y lo tomó entre sus labios; lo succionó suavemente, y sintió a Lena tomarla por la cabeza, hundiendo sus dedos entre su cabello, que era señal de que le gustaba, y mucho.




- Buenos días, Arquitecta- suspiró Lena entre un gemido al Yulia introducir su dedo en ella.
- Buenos días, Licenciada- sonrió sin volverla a ver, sólo para succionar fuertemente su pezón. - ¿Dormiste bien?
- No mejor de lo que me desperté- resopló, alcanzando su iPhone, pues vibraba la llamada sobre el molesto olmo de la mesa lateral.
- Who is it?- gruñó Yulia, mordiendo luego aquel pezoncito erecto y estimulando su otro pezón con el dedo lubricado.
- Mi mamá- pero devolvió aquel iPhone a la mesa, sólo apretando “hold” para silenciarlo. – But you’re not my mother- sonrió, llevando el rostro de Yulia hacia el suyo, porque quería besarla, besarla de verdaderos “buenos días”.
- I sure am not- sonrió, llevándola sobre ella, a horcajadas sobre sus caderas, Lena callando nuevamente su iPhone, van dos.



Sus labios se unieron nuevamente, se succionaban suavemente, Lena el labio superior de Yulia, Yulia el labio inferior de Lena, se succionaban y se acariciaban suavemente con sus lenguas, con sus dientes, Yulia abrazaba con sus piernas a Lena por la cadera, halándola hacia abajo hasta hacerla reposar completamente sobre ella, clavándose sus pezones mutuamente, a Lena aquello le encantaba, más sentir cómo se apretujaban contra los de Yulia, y empezó aquel vaivén; adelante, atrás, un roce de pubis contra pubis, y Yulia que sólo sabía colocar sus manos en la espalda y en la cabeza de la pelirroja y hermosa mujer que la besaba, así como habían sido los días y las noches anteriores, todas, sin excepción, y sí, se habían vuelto más unidas, al punto en el que habían sobrepasado el nivel físico, que Lena sabía cosas de Yulia que nadie más sabía, y Yulia de Lena; Yulia sabía lo que a Lena toda la vida le molestó, cosas que no había comprendido nunca, más que todo a nivel familiar, y, por primera vez, Lena le contó a Yulia aquello que tanto le perturbaba, que había crecido con ella desde hacía un par de años, algo con lo que Yulia terminó por identificarse con Lena, quizás porque tenían las mismas confusiones, o quizás porque había comprensión profunda de las cosas.



Inessa ya llevaba seis llamadas, ¿cuál era la urgencia? Bueno, la urgencia era que Volterra, en su inmensa desesperación y sorpresa de que Yulia lo había descubierto, no creyó que Yulia guardaría el secreto y corrió a Inessa como todo hombre asustado, como si Inessa tuviera todas las respuestas, y no logró nada más que alterar a Inessa, hasta le hizo creer, entre su inmensa ingenuidad, que seguramente Lena ya sabía, porque no podía concebir que algo así era algo que Yulia podía guardarse, pero Yulia le había dicho bien, que no era suyo compartir ese secreto, aunque lo correcto, para su relación honesta con Lena, sería decirle. Siete llamadas perdidas, aquel iPhone ya estaba sobre la alfombra, y seguía vibrando. Ay, Inessa. Yulia deslizó a Lena hasta su rostro, pues, su entrepierna hasta su rostro, y Yulia, muy diligentemente, se encargó de devorar aquel clítoris para quitarse el ayuno, tomando a Lena por sus senos, apretujándolos suavemente, aquella rusa que sabía hablar griego por convicción y aprendizaje, porque de griega no tenía nada, ni un tan sólo gen, pero seguía siendo Afrodita, porque Yulia era Venus, y no podía haber dos porque la mitología no lo permitía, más porque Lena decía que ella no era griega porque había nacido de un griego, que no era italiana por haber nacido de una italiana, que era griega porque Grecia era gran parte de su vida, pero también era italiana, nacida de ambos padres italianos a pesar de que no lo supiera y Yulia sí, ella sólo lo intuía, y, en ese momento, que Inessa llevaba once urgentes llamadas perdidas, Lena no contestaba porque estaba ocupada gimiendo mientras se mecía sobre los labios bucales de Yulia, que no quería correrse, no todavía, porque estaba demasiado rico. El iPhone de Yulia empezó a vibrar también, y Lena espetó al ver que era “Katina, Inessa”.




- Te juro que me enojo si te detienes- le advirtió a Yulia, quien acató la orden a la perfección, pues no se detuvo ni un segundo.




No sé qué habrá creído Inessa, no sé si creyó que Lena, en caso de que Yulia le hubiera dicho todo, la hubiera saludado con un “Mamá, ya sé que Alec es mi papá”, pero no. Para Lena aquello parecía Emergencia, pues, ¿por qué llamaría hasta a Yulia? ¿Estaría todo bien con ella y con Katya? Pero algo, dentro de su sensación de emergencia, no la dejó contestar, quizás era Yulia y la manera en cómo succionaba sus labios mayores, intercalándolos con sus labios menores, y con su clítoris. Aquella intención era recíproca, pues ninguna de las dos quería que hubiera un orgasmo, Lena porque quería alargar su estadía en los labios de Yulia, Yulia porque no quería que aquel grito explotara todavía, sólo quería que Lena enterrara sus dedos entre su cabello y la ahogara contra su clítoris para no sólo saborear, sino también suspirar aquel olor y sabor, y así lo hizo Lena sin que Yulia se lo dijera, frotaba a Yulia contra su fuente de placer, pero aquello era imposible mantenerse, por lo que Lena se dejó llevar y, meciéndose cada vez más rápido e intenso contra Yulia, Yulia tomándola por su trasero, ambas gimiendo por placer, Yulia por ósmosis y porque le parecía excitante que Lena se corriera en su boca, no había nada más rico que hacer que Lena se corriera. Lena gimió, en aquel tono agudo y suspirado, el triple “mi amor” al que le seguía, por evidentes razones, un hermoso y jadeante “me voy a correr”, y así lo hizo, se dejó ir sobre Yulia mientras ella succionaba su orgasmo y le sacaba una risa orgásmicamente nerviosa desde el punto en el que se había originado su orgasmo.





Nos vemos la semana que viene esta historia ya esta llegando a sus capítulos finales Wink
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Dic 03, 2014 9:45 pm

Mas continuación



- Buenos días, Arquitecta- sonrió, reafirmando los “buenos días” mientras se quitaba de sobre Yulia y se tumbaba a su lado.
- Buenos días, Licenciada- repuso Yulia, volviéndose hacia Lena para recibir su beso de agradecimiento cariñoso.
- Arquitecta…- susurró. – Mejor no pudo despertarme… ¿cómo puedo devolverle el favor?
- ¿Cómo quisiera devolvérmelo?
- Abra sus piernas para mí- y así lo hizo, las abrió de par en par, así como Lena quería, tan abiertas que sus labios mayores se despegaron de sí, hasta sus ajustados labios menores, dejando a la vista de Lena cada división, cada parte de su vulva, que estaba tan empapada que Lena creyó que no podía estarlo más, y se equivocó.
- ¿Me vas a tocar?
- ¿Qué se te antoja?- sonrió, paseando sus uñas por el interior de sus muslos.
- Quiero que me toques- suspiró, Lena llevando sus dedos al clítoris ya rígido de Yulia, en donde empezó a ejercer sus caricias circulares.
- ¿Qué más?- susurró, admirando aquel rígido y definido clítoris, le gustaba verlo, era tan femenino y tan perfecto que sólo podía tocarlo suavemente, con cariño.
- Hazme lo que quieras- y Lena sólo supo sonreír, porque tenía planes grandes para Yulia, que iría improvisando poco a poco.



Yulia se rindió ante el cariño de Lena, ante el tacto de aquella pelirroja que sabía lo que hacía, que no tocaba su clítoris en sí, sino aquel rígido y definido capuchón, que no sabía que era tan sensible hasta ese día, que no sabía que era tan poderoso e intenso tocarlo, no hasta ese día, no hasta que, con su dedo lleno de lubricante, lo acarició hasta que hizo que Yulia pujara, y pujara tanto y tan fuerte, por reflejo de placer, que eyaculó, poco y tranquilo pero eyaculó, todo mientras Lena veía aquel ligero y minúsculo chorro de lubricante femenino. Fue la eyaculación más tranquila y callada que Yulia había tenido, pero la que más había enrojecido aquel área, y Yulia que había quedado muda, con una leve sonrisa y su ceño fruncido. Lena besó sus pezones, los mordisqueó y los succionó, intentaba que se relajara, pero intentaba que se excitara y le pidiera más, porque tenía antojo de su clítoris, tenía ganas de penetrarla con su lengua y con sus dedos, en su vagina y en su ano, uno primero y el otro después, o al mismo tiempo. Bajó por su abdomen hasta llegar a su entrepierna, y fue directo a penetrarla, con sus piernas en lo alto, deteniéndolas con sus manos, la penetró con su lengua, Yulia jugaba con sus pezones, más porque sabía que a Lena le gustaba que lo hiciera, sí, sí, Lena era un poco pornográfica en ese sentido, pero le parecía demasiado excitante que Yulia pellizcara sus pezones, apretujara sus senos, jugara con ellos. Introdujo sus dedos en Yulia, y Yulia casi se corre en ese momento, también cuando Lena atrapó su clítoris entre sus labios, pero aguantó, y sus jugos se salían de su vagina en leves eyaculaciones que la empujaron hasta el borde de la cama. Aquellos cortos y cortantes orgasmos, o eyaculaciones, lograron hacerse uno sólo en cuanto Lena mordisqueó suavemente su clítoris, y la hizo gritar hasta que a Lena se le salió de las manos y se irguió en una carcajada orgásmica para no caerse de la cama.





- Hola, mi amor- sonrió a ras de su nariz, volviéndola a acostar por acercamiento.
- Ciao, Principessa- sonrió Yulia, abrazándola completamente para besarla. – No me quiero levantar
- ¿Por qué deberíamos levantarnos?- sonrió aquella mujer de la roja melena alborotada, que era alborotada por el sexo, que en ese momento se cuestionaban si había sido sexo, o amor, o sexo con amor.
- Me gustaría ir a ver a Natasha…
- Sólo si le llevamos algo que la haga sentir mejor
- Me gusta cómo piensas- sonrió, y le soltó una nalgada cariñosa para luego peinarla suavemente, para devolverle el flequillo a su lugar. - ¿Qué tienes pensado llevarle?
- ¿Qué te hace sentir mejor cuando estás de bajos ánimos?
- Tú
- That’s quite romantic- resopló, sabiendo que no era exactamente broma aunque había parecido.
- No hay mejor medicina que tú y una copa de Pomerol
- Pero Natasha no puede beber… y no creo que yo sea la mejor medicina para Natasha
- Bueno, es que tú preguntaste qué me hacía sentir bien a mí, no a Natasha- bromeó, robándole un beso corto de sólo roce de labios.
- ¿Qué hace sentir mejor a Natasha cuando está de bajos ánimos?- se corrigió, reposando su cabeza sobre el hombro de Yulia, inhalando el difuminado L’Eau de su cuello, un olor que le sentaba mejor que el Chanel, y tenía coherencia su nuevo olor, le gustaba, quizás el Chanel se lo había olido a Inessa por demasiado tiempo, sí, quizás era por eso que, desde que Yulia había dejado de usar aquella fragancia, Lena le hacía el amor con más desenfreno, con más pasión.
- Cinnamon Buns de Ben & Jerry’s
- ¿Hay en el congelador?- Yulia tambaleó su cabeza. – Vamos a ver, así vamos cuanto antes
- Dame un beso y te hago un Latte- sonrió, y Lena la atacó con varios besos.
- Nunca me va a quedar un Latte como te quedan a ti
- Pues vamos por ese Latte- la tomó de la mano y se fueron, al mismo paso, hasta la cocina, en donde Lena se iba a dedicar a revisar si tenían de aquel Ben & Jerry’s o no, y Yulia que iba a prepararle el Latte a Lena.
- Sabes, creo que tenemos que hacer algo en cuanto al congelador
- ¿Por qué?
- Porque no comemos tanto helado como crees- rió. – Todavía tenemos ediciones navideñas
- ¿Hay Cinnamon Buns?- aquel Espresso ya salía y caía en la taza mientras Yulia intentaba vaporizar la leche.
- Edición Valentine’s- rió, viendo que la pinta estaba llena de corazones por la ocasión. – Supongo que es el que menos comes, porque Peach Cobbler no hay
- ¿Ni edición Valentine’s?
- Ni edición Valentine’s…sabes, todavía no entiendo por qué tienen tantas ediciones para un mismo producto
- ¿A qué te refieres, mi amor?- la leche estaba lista, y Yulia tomó la taza en su mano y la jarra de leche en su otra mano.
- Si es Navidad, sacan una edición navideña, si es Valentine’s, sacan una edición acorde… ¿qué tanto ayuda para el consumismo?
- No lo sé… pero, ¿tú sabes la esencia de todas esas ocasiones?
- Tal vez por eso no lo entiendo- sonrió, viendo a Yulia hacer una especie de corazón con la leche en el Espresso y tomaba un palillo de dientes.
- Verás…- suspiró con una sonrisa.
- ¿Nota cultural?
- Es correcto, mi amor- rió Yulia, haciendo fugazmente un recuento de cuántas veces le había dado alguna cátedra cultural; desde curiosidades sobre animales hasta las formas en las que copulan, desde la economía mundial hasta un término tan trillado como “shit”. – Se supone que en el Siglo III, bajo Claudio II, se prohibieron los matrimonios entre jóvenes, supuestamente porque se creía que los hombres servían más en el Ejército si no tenían ataduras familiares, pues, de índole amorosa, como una esposa…- mojó el palillo en el café y empezó a dibujar una especie de curvatura alocada por el centro del corazón. – Entonces es cuando aparece el Sacerdote rebelde y decide que puede celebrar matrimonios, pero en secreto... el resto es otra historia, pero es por eso que celebran… aunque seguramente hay otras teorías…o “leyendas”, si así lo prefieres- le alcanzó su Latte, y eran dos personas besándose, muy dibujo de Kindergarten pero era alusivo al tema, como todas las veces anteriores, como todas las veces que le daba uno que otro punto cultural.



- ¿Cómo sabes todas esas cosas?
- Cuando te interesa algo, es más fácil entender y acordarte de ello- le dio un beso en la frente y se dirigió a la mesa de la entrada, en donde estaba su bolso.
- Creí que, de Historia, lo que te interesaba era de la Primera Guerra Mundial en adelante
- No es exactamente la Historia la que me interesa- sonrió, abriendo la cremallera interna de su bolso para meter su mano en el interior de éste. Y pensar que había llevado el mismo bolso por tantos meses, algo que no era normal en Yulia, quien cada una semana, o dos, o menos, cambiaba su bolso, porque se aburría de tener el mismo. Pero no sacó la cajita. No era el momento.
- No creo que te interese San Valentín… no lo celebras- dio un sorbo a su Latte, intentando no destruir aquella imagen que le había sacado una sonrisa, y relamió su labio superior para quitar la espuma que se le había adherido.





Esta parte es cuando en capitulo anterior Yulia estaba con el psicólogo


- Porque tuve que atender cosas del trabajo, aunque nadie me quita de la cabeza que mi jefe boicoteó mis vacaciones
- ¿Por qué?- preguntó el Doctor Thaddeus.
- Porque le dije que necesitaba ese tiempo para pedirle a Lena que se casara conmigo, y no pude
- Entonces, ¿no se lo ha pedido todavía?
- No, no he podido
- ¿Por qué?
- Porque no he encontrado el momento perfecto para preguntárselo- sonrió, viendo su reloj, dándose cuenta de que le faltaban quince minutos para completar la hora entera.
- ¿No lo encontró en sus vacaciones?- Yulia sacudió la cabeza al ritmo de su bostezo que atrapaba en su puño. - ¿Por qué?
- No le sabría decir- resopló. – Quizás porque estuvimos demasiado ocupadas gritando en cada Rollercoaster, teniendo ataques de adrenalina que Dios sabe cómo no nos dio un infarto al corazón, o quizás porque estuvimos conociéndonos más allá de lo que ya nos conocíamos… o quizás…- Yulia resopló, y se ruborizó en vergüenza eterna. – No, sólo quizás
- Vamos, Señorita Volkova, dígalo- Yulia sacudió su cabeza. – No puede ser tan malo- levantó su ceja.
- O quizás porque tuvimos tanto sexo que casi concebimos- se carcajeó, y eso le dio una idea al Doctor Thaddeus de qué tanto habían pasado en la cama.
- Supongo que el sexo no ha bajado de nivel
- Ni de nivel ni de cantidad, eso sólo va para arriba
- Le voy a preguntar algo, si no quiere responderlo, no lo responda- sonrió el Psicólogo, y Yulia asintió. - ¿Usted se considera lesbiana?
- No sé lo que soy… pero no me importa si la gente me ve como lesbiana, como bisexual, como confundida… Lena es mujer, y si eso cabe bajo la categoría de lesbiana, entonces sí, soy lesbiana… pero, sino, sólo soy una mujer enamorada de otra mujer… ¿es una respuesta válida?
- Totalmente- suspiró. – Ahora, después de que ha dicho todo esto, ¿considera usted que debería compartir con Lena el secreto?
- Esperaba que usted me lo dijera
- No, yo le estoy preguntando a usted, Señorita Volkova- sonrió. - ¿Qué le parece lo más correcto?
- Lo correcto es ser honesta con Lena
- Entonces, dígale- sonrió ampliamente. Yulia se quedó en silencio unos segundos, contemplando su propia respuesta, ¿era correcta su respuesta?- Ahora, le tengo que preguntar, ¿el otro secreto va por la misma línea?
- Tengo que irme- murmuró al regresar a sus sentidos.
- ¿La veré la otra semana?
- Ya lo veremos- sonrió Yulia, repitiendo las mismas palabras que las veces anteriores. Se puso de pie y se colocó su abrigo. – Ha sido de mucha ayuda- dijo, alcanzándole la mano.
- Es un placer para mí poder ayudarle, Señorita Volkova- se puso de pie y le estrechó la mano. – Espero haber podido darle la respuesta que buscaba
- Le tengo fe, Doctor Thaddeus- sonrió Yulia, tomando su bolso. – Gracias por el Whisky, tenga bonita tarde- salió del consultorio sólo para pagar lo que costaban las dos medias horas, y se sintió diferente.






Y esta es la escena que vio Volterra cuando las mando a llamar a la oficina que estaba furioso ya verán el porque léanlo






- ¿En qué piensa, Arquitecta?- sonrió Lena al terminar de masticar el bocado de Steak.
- Hay algo que quiero preguntarte- murmuró, volviendo a ver a Lena mientras cortaba, a ciegas, un trozo de su Steak.
- Soy toda oídos
- Si tuvieras un secreto, que no es tuyo, ¿lo compartirías con la parte afectada que no está al tanto de lo que pasa?
- Depende de qué tan grave sea, supongo- respondió. - ¿Quieres hablar sobre el secreto?- Yulia se quedó pensativa unos momentos, ¿quería ella hablar sobre eso?
- No lo sé…
- Te diré algo que me ha servido a mí toda la vida- Yulia asintió. – Sólo porque quieres decirlo no significa que necesita ser dicho- esa era la respuesta que Yulia necesitaba, y, si colocaba las dos cosas que Lena le había dicho, el hecho de que Volterra fuera su papá no era grave, no para ella, pues, de igual forma, Lena había crecido sin papá, pero aquello sí aplicaba para el otro secreto, que sí era grave ocultarlo, quizás no tanto de vida o muerte, aunque sí, si implicaba vida y/o muerte. Pero, primero, tenía que razonar con Natasha.
- Gracias- sonrió, tanto con los labios como con la mirada y llevó el trozo de Steak a su boca.
- ¿Por qué?
- Por ser como eres- sonrió, y, por más que Lena se riera de la respuesta, Yulia realmente lo decía en serio, pero Lena no se rió, sino que sólo se sonrojó. – Me gusta cuando te sonrojas
- Es incómodo
- ¿Por qué?- Lena se encogió de hombros y Yulia le lanzó un beso aéreo, cosa que la sonrojó aún más. – I’d like to take you on a date- sonrió.
- ¿Cuándo?
- Ah, Licenciada Katina, ¿tiene agenda ajetreada?
- Es sólo que mi novia quizás tenga planes para las dos- guiñó su ojo mientras llevaba la copa de vino a sus labios.
- ¿Su novia?- Lena asintió. – No sabía que tenía novia
- Sí, tengo… pero creo que a mi novia no le importará cancelar los planes si es para salir con usted, Arquitecta Volkova
- Dígame- sonrió. - ¿A dónde le gustaría ir?
- Quiero que me lleve a cenar al mejor restaurante de Nueva York, con la mejor botella de Champán… y quiero que luego me haga el amor
- ¿Por qué esperar hasta mañana?- murmuró Yulia, tomándola por la cintura para acercarla hacia ella. - ¿Por qué no hacer hoy lo que se puede hacer mañana también?
- ¿Quiere hacerme el amor aquí, ahora?- susurró, llevando sus dedos a sus botones mientras Yulia asentía. - ¿Qué quiere hacerme?
- Quiero ir al mejor restaurante de Nueva York, beber la mejor botella de Champán… y escuchar la mejor música del mundo- susurró, deslizando sus manos por el interior de la blusa de Lena, paseándolas por su cadera hasta su cintura mientras su vista se desviaba hacia el sostén blanco que decoraba aquella bronceada piel. - ¿Usted sabe qué restaurante es ese?
- Creo que sí- sonrió, y le plantó un beso en sus labios mientras tomaba una de las manos de Yulia y la colocaba entre sus piernas. – Creo que éste es- susurró, y continuó el beso.







Pequeño detalle: las cámaras de seguridad se activaban, en caso de que no las hubieran activado manualmente, a las cinco de la tarde, lo que significaba que todo aquello estaba siendo grabado. Y lo que aquellas cámaras grabaron no fue más que una demostración de amor y pasión sobre una plancha fría de metal, en la que Lena se recostó para alojar a Yulia entre sus piernas, para recibir la lengua y los dedos en su vulva, para mostrarles a las cámaras las expresiones faciales que Yulia sabía ponerle cuando le hacía el amor, todo mientras ella, con su blusa abierta de par en par, apretujaba sus senos por encima de su sostén. Y luego fue el turno de Yulia, que se subió a la plancha de metal para que Lena la tocara, la tocara sin piedad hasta repetir aquella eyaculación pausada y repetitiva que habían logrado al regresar de sus vacaciones, todo mientras la besaba sin cesar, mostrándole su trasero a una de las cámaras, los besos a Yulia a otra, el roce a otra. Todo aquello duró menos de diez minutos, pues también se demoraron por quitarse la ropa y por besarse. Nada de todo aquello habría sido motivo de inspeccionar el video de vigilancia si no hubiera sido porque, al decidir irse para continuar aquello en casa, pues la plancha de metal era demasiado fría, ordenaron todo de manera apresurada y dejaron las dos copas sucias sobre el suelo.


avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Miér Dic 03, 2014 9:50 pm



- Alec…- balbuceó Yulia
- ¡¿Alec?! ¡¿Eso es todo lo que puedes decir?!
- ¿Qué quieres que te diga?- se encogió de brazos.
- ¡¿En qué estaban pensando?! ¡No! ¡Es que claramente no estaban pensando!- gritó de nuevo.
- ¿Qué quieres que hagamos? Lo hecho, hecho está- dijo Lena, poniéndose de pie con paso y espalda firme.
- ¡A mí las palabras de Duncan me importan un bledo, Licenciada Katina!
- Deberían, porque fueron de Macbeth- lo corrigió, Yulia la volvió a ver, estaba asombrada de que Lena le contestara a Volterra, esa no era Lena, pero, de alguna forma, le gustaba. Volterra permaneció en silencio de sorpresa por unos segundos. – No podemos arreglar eso, simplemente no se puede, lo único que podemos hacer es pedirte una sincera disculpa y prometerte que no volverá a pasar

- ¡Eso no arregla nada!- gritó de regreso, y Yulia le iba a responder pero Lena la detuvo.
- ¿Sabes qué?- resopló, sacudiendo su cabeza con los ojos cerrados, estaba decepcionada de Volterra. – No sé quién te crees para gritarme así, ni siquiera mi papá me gritó así, ¡nunca!- y soltó el primer grito. Lena enojada: hola, Mundo. - ¡Cometí un error! ¡Como si tú nunca cometiste los tuyos! ¿Mis disculpas no arreglan nada? ¡Pues no pienso trabajar para usted, Arquitecto Volterra, no pienso aguantarlo! No pienso aguantar que usted insista en meterse en mi vida privada- sí, Lena le estaba echando en cara todo lo que no soportaba de él. – Usted no es nada mío, no le da derecho, ¡a nada!- el argumento se había salido de proporción y de coherencia, pero, a este punto, ¿qué importaba?
- ¡No mezcles las cosas!- Lena respiró hondo, cerró los ojos y exhaló el aire.
- Renuncio- dijo a secas, y Yulia casi vomita de la impresión.
- ¡¿Cómo dijiste?!
- ¡Re-nun-cio!- gritó Lena. - ¡Renuncio, renuncio, renuncio!- sonrió, se sintió más calmada.



Se volvió a Yulia y le plantó un beso en los labios que tenía, por único propósito, transmitirle “cojones”. Desprendió su gafete del bolsillo de su pantalón y lo colocó sobre el escritorio de Volterra, le sonrió a Yulia y soltó su mano, comprendiendo que Yulia no tenía los mismos motivos para renunciar, porque no podía renunciar, era dueña de todo aquello, ¿setenta y cinco por ciento? Abrió la puerta para encontrarse con las miradas acosadoras que habían escuchado todo aquello, podría haber sido lo que conozco como “The Walk of Shame” pero no, Lena se sentía orgullosa, y caminó con la frente en alto, la espalda erguida, taconeó sobre los Zanotti por los que había perdido aquel juego en enero, los que eran de gamuza y de distintos colores, eran tan radiantes como su sonrisa. Al mismo tiempo que Lena abría la puerta de su oficina, y la dejaba abierta, Volterra caía de golpe sobre su silla de cuero en completo silencio, Yulia también pero sobre la butaca frente al impulsivo y gritón hombre. Permanecieron en silencio unos momentos. Lena volcó una de las cajas en las que tenía el proyecto de Versace, arrojando todos los documentos sobre su escritorio y, en dicha caja, arrojó todas su pertenencias, tomó su bolso y, con la misma sonrisa con la que había entrado, le agradeció a Gaby y, con un saludo de manos distantes, se despidió de las Arquitectas Ross, Fox y Hayek.






- Tres cosas- comenzó a decir mientras recomponía su compostura y su postura en aquella oficina. – La primera es que debes saber que realmente lo siento mucho- continuó, repasando sus uñas con su dedo pulgar. – Reconozco que no era ni el lugar ni el momento para hacer algo así, hicimos mal, pero no hay nada que pueda hacer para borrar eso- paseó su pulgar por sus dedos. – Segundo, ese video es copia única y sólo lo revisa Mrs. Andrews y tú en caso de que necesite ser revisado… lo hiciste más grande de lo que era, pues si me hubieras dicho, el dinero es un fantástico silenciador, y ese video se destruía y todos tranquilos, no es primera vez que algo así pasa, ¿te acuerdas de Nicole? Y, tercero, ¿te das cuenta de cómo trataste a Lena? Tú, Volterra, más que nadie, deberías tener más cuidado con Lena… ¿o ya se te olvidó que uno de los atractivos del convenio con Trump era que teníamos a una diseñadora de muebles con el prestigio de Armani?
- Yulia…- suspiró.
- No, “Arquitecta Volkova” para ti, Alec- y sólo eso necesitó para hacerle entender que ella estaba por encima de él, que ella era la jefa y le debía respeto, respeto que Yulia a él le había perdido por la recién señora gritada. – Conmigo no pasa mayor cosa, yo soy una más en el Estudio… no tienes que hacer mayor cosa para contentarme, porque créeme que estoy furiosa- sonrió, y Volterra casi evacuó de nuevo. – Pero yo soy eso, una compañera de trabajo, tu Socia… a mí me puedes exigir lo que quieras, que te llame como quieras, aunque no, espera, no puedes- resopló, poniéndose de pie. – Pero a tu hija le acabas de marcar la barrera más grande y gruesa que pueda existir- suspiró. – Nunca dejarás de ser el Arquitecto Volterra para ella, el hombre que le gritó y que se interesaba demasiado en su vida privada… ningún papá hace eso, ni siquiera el mío me exigió que lo tratara de “Doctor Volkova”… el título de “papá” se gana, Alec… y tú lo empezaste a perder desde que no tienes el valor para decirle la verdad a Lena… ¿sabes qué es lo peor?- resopló de nuevo. – Si no hubieras gritado, nadie en el Estudio se hubiera enterado que Lena y yo estábamos en el mismo problema y que estabas enojado con las dos… será cuestión de meses y de preguntarle a todos qué fue lo que pasó- volvió a sonreír. Volterra estaba sin habla, pues claro. – Cero resentimientos, Alec, realmente cero resentimientos, te ofrezco nuevamente mi disculpa- se dirigió a la puerta, giró la perilla y haló la puerta. – Si necesitas ayuda para deshacerte de ese video, en el que se ve la mitad de lo que era, búscame…- se paró bajo el marco de la puerta y lo vio con su vista periférica extensa. – Estaré en mi casa- y cerró la puerta, caminó por el pasillo, las miradas se volvieron hacia ella así como habían sido con Lena. – Gaby


- Arquitecta, ¿está todo bien?
- Necesito que me hagas un par de favores, por favor
- Dígame- materializó la libreta en sus manos y un bolígrafo.
- Quiero que le preguntes a Don García si estaría de acuerdo con que la Arquitecta Fox se haga cargo del diseño de su edificio- entró a la oficina y sólo buscó su bolso y su abrigo. – Si dice que sí, dile a Rebecca que es todo suyo, sino, me llamas y no le dices nada a Rebecca- se colocó su abrigo y salió de su oficina. – Segundo, averigua todo sobre la visa de trabajo de Lena, si se termina porque renunció o le dan tiempo para buscar trabajo, quiero su estatus, por favor… no llames a Romeo Roberts, llama a Leigh Chestwick, está en la agenda de contactos del Estudio, es el que me tramitó a mí la renovación de la visa de trabajo, pregúntale todo, hasta lo más mínimo- Yulia salió del Estudio, Gaby todavía tomaba nota. – Tercero, llama a Zoe, la de la floristería, y dile que necesito que me mande una flor de azafrán a mi apartamento, para hace cinco minutos- apretó el botón para llamar al ascensor. – Necesito que saques todos los proyectos de Lena, en forma digital, por favor… mételos en algún CD o en lo que sea y, por último, que la oficina de Lena quede intacta, por favor
- ¿Algo más?
- Nada más- sonrió. – Llámame si tienes preguntas- se metió en el ascensor y presionó el botón del Lobby mientras mantuvo apretado el botón para cerrar las puertas.




Yulia salió en el Lobby y no ubicó a Lena, se había tardado demasiado. Cruzó las puertas del edificio y una ráfaga de viento frío la golpeó de frente. Vio a su alrededor y, contra las masas de gente que cruzaban la plaza, se dirigió, en pasos largos y apresurados, pues iba corriendo, hasta la transitada acera, teniendo fe en que algún Taxi se aparcaría frente a ella con sólo levantar la mano. Y esperó diecisiete segundos hasta que alguien tuvo piedad de ella. Se subió al Taxi, y aquellos segundos se le hicieron tan largos como intensos, se incorporaron a Madison Avenue, pero los jodidos semáforos, Yulia sólo quería botarlos. Detuvo el Taxi en la sesenta y dos, no tuvo paciencia para que se incorporara a la sesenta y tres para regresar a la sesenta y dos por la Quinta Avenida, le arrojó un billete de veinte dólares y cerró la puerta tan fuerte que obtuvo un grito del Taxista “Softer, Bitch!”, pero no le importó, “Because this Bitch is worried”, y corrió nuevamente, saludando rápidamente a Sergei a la entrada, quien se asombró de verla tan temprano. Llamó al ascensor, que se tardó una eternidad en llegar, pero llegó, y, al salir en el onceavo piso, respiró hondo, buscó sus llaves en su bolso.




- ¡Lena!- llamó desde la puerta, viendo que su bolso estaba en el sillón que le daba la espalda a la puerta principal, y, contra el reverso del respaldo, estaba la caja. - ¡Lena!- volvió a llamar, pero Lena no respondió, y fue cuando Yulia casi pierde la cabeza, quién sabe qué se imaginó, y la buscó en la habitación, en el clóset, y nada.
- Shit!- rió Lena al Yulia abrir la puerta del baño, la había asustado. .
- Aquí estás- sonrió, entrando al baño, no importándole que Lena estaba en proceso de evacuar la vejiga con su pantalón sobre el suelo.
- Sí, aquí estoy- resopló, todavía con el corazón acelerado, viendo que Yulia se hincaba a su lado y la abrazaba por el cuello.
- ¿Estás bien?- susurró, dándole besos en sus labios, evitando que Lena pudiera responder.
- Sí, ¿por qué?
- Renunciaste
- Hasta donde tengo entendido, sí, renuncié- sonrió.
- ¿Estás bien?
- Sí…
- ¿Pero?
- I really need to pee- susurró, y Yulia rió, se despegó de ella y se dio la vuelta, escuchando cómo caía aquel líquido en el agua del lugar de sacrificios.
- Perdón- murmuró Yulia al escuchar que Lena dejaba ir el agua y subía su pantalón.
- ¿Por qué?
- Porque nada de esto hubiera pasado si yo no hubiera llegado ayer
- Y nada de esto hubiera pasado si no se hubiera cometido el pecado original- levantó su ceja, trayendo a Yulia a una carcajada.
- ¿Estás bien?- susurró, tomándola suavemente por el cuello y viéndola con ternura. Lena asintió. - ¿Estás segura?
- Sí, creo que necesitaba hacer eso
- ¿Por qué?
- Volterra me asfixia- sonrió. – Es todo lo que voy a decir al respecto





Yulia supo, por la mirada que Lena le dio, que ese “Volterra me asfixia” era que Lena ya sabía que Volterra no era su jefe, ni el novio de hace mil años de su mamá, ni su tío, ni su amigo, ni nada de todo eso, que ya sabía que era su papá y punto. Del tema no se habló más, al menos no en ese momento. Yulia no insistió en preguntarle nada tampoco, simplemente dejó que las cosas fluyeran como si nada había pasado, y, en vez de insistirle, le preparó un reconfortante Brunch, nada que tostadas a la francesa y una mimosa no pudieran arreglar.





- Creí que podías tener hambre- sonrió Yulia al entrar a su habitación, en donde Lena estaba recostada sobre las almohadas mientras veía el comienzo de una serie de películas de mala calidad en lo que a la trama se refería.
- No tenía hambre, pero ahora sí- murmuró Lena con una sonrisa, irguiéndose al oler la fusión de canela y azúcar de vainilla con las que Yulia había preparado las tostadas a la francesa. - ¿Tú no vas a comer?
- Desayuné durante la reunión con García- dijo, colocándole la mesa del típico “breakfast in bed” sobre las piernas.
- ¿Qué comiste?
- Llevaron pan con mantequilla y café- rió Yulia.
- ¿Y eso comiste?- Lena levantó su copa mientras Yulia tomaba la suya, eso sí bebería.
- Me alimenté únicamente de pan con mantequilla- sonrió, chocando suavemente el borde de su copa con la de Lena, se vieron a los ojos, pues la leyenda urbana decía que, de no hacerlo, eran siete años de mal sexo, pero siempre les daba risa y terminaban por cerrar los ojos antes de chocar las copas. – Si quieres más, puedo hacerte más
- Creo que cuatro son suficientes, mi amor- sonrió, dándole un beso en los labios. – Gracias
- My pleasure- murmuró, viendo a Lena mientras ella vertía la leche condensada sobre las cuatro rodajas, sin orillas, de aquel pan blanco que a Lena le gustaba comer con mantequilla, azúcar y canela. ¿Leche condensada? Sí, no era algo usual, pero a Lena le gustaba porque mataba la pincelada del sabor a huevo batido que llevaba absorbido aquel pan. – Buen provecho
- Gracias, ¿segura que no quieres?- le ofreció al estar apilando una tostada sobre la otra para, psicológicamente, comerse una y no cuatro, o algo así.
- Era pan de papa- sonrió Yulia, dándose unos golpes en el abdomen, que sonaban a que todavía estaban llenos. – Pero gracias- Lena asintió mientras masticaba, y un silencio corto pero incómodo invadió aquella habitación, que ni siquiera las peleas de Ethan Hunt tenían lugar en esa habitación. - ¿Quieres más mimosa?
- Sí, gracias- murmuró, viendo a Yulia salir de la habitación para traer la jarra. Tenían que hablar. Sí, tenían que hablar, al menos eso pensaba Lena. - ¿Con qué la hiciste?- preguntó Lena al Yulia entrar nuevamente a la habitación.
- ¿No te gusta?
- Sí, sí me gusta… sabe un poco diferente, y no es por lo dulce de esto- dijo, apuntando a su pila de tostadas a la francesa. – Creo que me gusta más que la mimosa convencional- y lo dijo en serio.
- Es jugo de naranja, Bollinger y un poco de sirope de Hibiscus
- Sí, lo zesty la hace más refrescante- frunció su ceño, preguntándose cómo no se le había ocurrido esa combinación a ella.
- Glad you like it- sonrió, y le dio un beso en su cabeza para luego verter un poco más de mimosa en su copa y en la de Lena desde la jarra.
- Yulia…- suspiró, sabiendo que esa plática la quería tener, y cuanto antes. Yulia la volvió a ver y supo, por la mirada de Lena, que algo le abrumaba, y no precisamente era el acoso de Volterra, que tal vez la palabra era fuerte, pero eso aparentaba ser al ojo público. – Tenemos que hablar- Yulia bebió su copa hasta el fondo y se preguntó por qué no había sido más Bollinger que lo demás. Odiaba esas tres palabras, eran las palabras que la descomponían, pues no tenía buenas experiencias basadas en esas tres palabras, pues las había escuchado de Oleg cuando su abuela había fallecido, de su primer novio cuando la fecha de expiración de aquella relación había llegado, del mismo imbécil, el que acabo de mencionar, cuando la chantajeó, las mismas palabras que Oleg utilizaba para reprenderla por sus calificaciones, que por qué tenía A y no A+, o B y no A+, esas palabras no eran nada bueno en la vida de Yulia, en la vida de nadie creo yo.





- De lo que quieras, mi amor- sonrió falsamente.
- ¿Qué va a pasar ahora? ¿Qué sigue?
- Bueno, hay muchas opciones
- ¿Como cuáles?
- Puedes tomarte tu tiempo para buscar un trabajo o simplemente empiezas enseguida, como tú quieras- sonrió. – O puedes tomar nuevamente la plaza
- ¿La plaza a la que acabo de renunciar?
- Sinceramente, no creo que hayas renunciado a la plaza, sino a lo que dijiste, a seguir soportando a Volterra… la plaza es tuya si la quieres
- You have no regrets whatsoever, ¿verdad?- resopló, refiriéndose al episodio del taller.
- Sé que estuvo mal, que no era el lugar… todavía no sé cómo se me olvidaron las cámaras, si Nicole sufrió del mismo mal…
- What?
- Si Nicole tuviera que nombrar a su hijo tras el nombre en el que concibió al hijo que espera… se llamaría “V&P Workshop”- Lena soltó la carcajada.
- Entonces, ¿no te arrepientes porque no eres a la primera a la que le pasa?
- No, no me arrepiento porque no podría arrepentirme de hacer esas cosas contigo- Lena se sonrojó. – No me importa si los del Estudio se dan cuenta que soy lesbiana, o que hice lo que hice… igual, todo sería una leyenda urbana, como la de Nicole
- ¿A qué te refieres?
- El video sólo se reproduce una única vez, si lo quieres reproducir otra vez necesitas la contraseña de Volterra… igual si quieres sacar una copia del video, necesitas la contraseña… el video ya no existe, como el de Nicole… Poof! Gone.
- Las maravillas que se pueden hacer por teléfono, supongo
- Eso y lo que mil dólares significan para Mrs. Andrews- sonrió. – Pero, volviendo al tema… si quieres la plaza, tómala…
- No puedo, acabo de renunciar
- ¿Sabes lo difícil que es encontrar a alguien que sea minúsculamente compatible con tu perfil?
- Eso es porque soy única- sonrió con su ceja levantada, bueno, al menos tenían buen humor las dos.
- Regresa a trabajar conmigo
- Yulia, acabo de renunciar- dijo de nuevo.
- ¿Es por la paga? ¿Por el horario?
- No, es sólo que no quiero soportar a Volterra
- Por eso, trabaja conmigo… no trabajes para él
- ¿Cómo piensas hacer eso?
- Lena, Lena, Lena…- tarareó. – Yo soy tu jefe, no él- rió.
- ¿Desde cuándo?- se carcajeó.
- Desde principios del año fiscal con la reestructuración, ¿no estabas en la reunión?
- ¿En cuál de todas?
- En la que dijimos que Volterra era el encargado de la parte de Arquitectos e Ingenieros y yo de la parte de Diseño de Interiores- se rió.
- Pero de esa parte sólo estábamos tú y yo
- Sí, y, hasta donde tengo entendido, y sin ofenderte- sonrió. – No eres Arquitecta
- Primera vez que eso no suena mal, Arquitecta- rió Lena.
- Yo decido con quién quiero trabajar… y ya busqué demasiado tiempo, no encontré a nadie con tu perfil ni con tu experiencia… y yo sé que I’m full of shit… pero Volterra no está en la posición de pelear conmigo, ni en mi área, ni en nada…
- ¿Tiene eso algo que ver con el setenta y cinco por ciento?
- Natasha sólo es Socio oficial, no es material ni intelectual… pero eso es algo que nunca escuchaste de mí
- ¿No es fraude eso?
- Sí y no… es fraude pero no es ilegal…
- Ese tipo de fraude es nuevo para mí… pero confío en que estás haciendo las cosas bien
- Todo es legal, mi amor- se volvió a las tostadas a la francesa y comenzó a cortar la pila en pedazos. – Mientras decides qué hacer, tienes a donde vivir y me tienes a mí
- Me gusta trabajar ahí… de verdad
- Entonces, ¿quieres regresar?
- Sí- se sonrojó.
- Sólo quiero que entiendas algo…- clavó el tenedor en múltiples pedazos de tostada a la francesa. – Renunciar no fue un error, no tienes que avergonzarte por querer la plaza, tampoco porque, eventualmente, después de esa gritada que se dieron entre tú y Volterra, te verán en el Estudio de nuevo… - llevó el tenedor a la boca de Lena. – Si la vergüenza es grande… yo me encargaré de que no sientas vergüenza


- You’re too nice- sonrió entre su bocado mientras Yulia clavaba más pedazos en el tenedor.
- Dame dos semanas para arreglarlo todo, tu nuevo contrato, todo…
- Está bien
- ¿Te sientes mejor?- llevó nuevamente el tenedor a la boca de Lena. Ella asintió y se tomó el tiempo para masticar y tragar. - ¿Qué quieres hacer ahora?
- Creo que me consientes demasiado
- Creo que te consiento demasiado poco- sonrió Yulia, clavando los últimos pedazos de comida en el tenedor y llevándolos a la boca de Lena. - ¿Qué quieres hacer?- preguntó de nuevo, colocando el tenedor sobre el plato.
- Lo que tú quieras
- Iré a dejar esto a la cocina, porque Ania ya va a venir… así lo limpia- sonrió. – Cuando regrese, quiero que me digas qué quieres hacer. Lena sonrió, dándose cuenta de que lo que Yulia quería hacer era lo que ella quería, qué difícil, ¿qué hacer para que Yulia no se aburriera? - ¿Ya lo pensaste?- dijo Yulia al entrar a la habitación nuevamente, que cerró la puerta tras ella y se acostó al lado de Lena.
- ¿Es legal si te digo que quiero quedarme así, contigo?- murmuró, enrollándose contra el costado de Yulia, apoyando su cabeza entre el brazo y el pecho de Yulia, paseando su mano por el abdomen de su técnicamente-jefa hasta que logró introducir su mano entre los botones de la camisa para acariciar su piel.
- Totalmente legal y válido- sonrió, abrazándola, ambas viendo aquella película que ya no me acuerdo cuál era, pero estaba aburrida, tanto que ambas cayeron en un sueño.




Nos vemos el viernes bay!!
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Dic 06, 2014 1:18 am

Bueno y aquí tienen el final de esta historia sexy espero que les haya gustado y espero pronto traerles otra historia que vea por ahí





Pero a Yulia, como siempre, no le duró mucho. Apenas media hora de sueño, lo suficiente para darse cuenta, de una buena vez, que su relación con Lena trascendía más allá de una relación de trabajo, de jefe-empleada, de compañeras de trabajo, y que no era una locura por muy loco que le pareciera a cualquiera. Era lo que quería, tal vez eso estaba esperando, ese día, que nada había estado bien; Volterra le gritó a Lena, Lena le gritó a Volterra, Lena renunció, Lena sabía que Volterra era su papá pero no quería hablar del tema, Volterra asfixiaba a Lena, sí, todo había estado mal, lo único que prevalecía sobre todo aquello era que habían podido hablar civilizadamente, que se tenían una a la otra, que Lena se iba a apoyar en Yulia y Yulia la iba a apoyar, en lo que decidiera y en lo que no, dentro de todo, lo único bueno, eran ellas dos. Y fue cuando a Yulia se le ocurrió lo que se le ocurrió. Lena había trasnochado, algo que no era proporcional a las horas de sueño que había obtenido en la noche, pues no sólo se habían embriagado lo suficiente como para entrar en modo estúpido y ridículo, sino que se habían desvelado haciendo el amor. Lena necesitaba dormir, y eso iba a hacer, Yulia le calculó seis horas de sueño. Seis horas le alcanzaron para definir la cita que tenía con Lena. No fue fácil. ¿Cuál era el mejor restaurante de Nueva York? Era el que servía la comida que Lena podía comer todos los días y que nunca se aburriría, en el que estaba el ambiente y la música que a Lena le gustaba. ¿La mejor botella de Champán? A Lena le gustaba el Bollinger Blanc de Noirs. No tenía sentido para nadie más que para Yulia. Recibió lo que Gaby le había pedido a la floristería, la flor de azafrán y un pedido de tres docenas de color rojo. Pidió la comida, todo aparte porque era demasiado temprano, sólo la calentaría y la arreglaría cuando Lena se despertara, y metió la última botella de Bollinger que tenía al congelador, calculando que, en dos horas, estaría listo.







- ¿Qué haces aquí?- dijo Yulia, que lo esperaba con la puerta abierta para que Lena no se despertara al él tocar el timbre de la puerta.
- Vengo a disculparme con Lena- dijo en su voz vencida y resignada.
- Está dormida
- Despiértala- la miró con ojos de súplica, pero eso, con Yulia, no funcionaba en ese momento.
- No
- Por favor
- Alec…- suspiró. – Deja de asfixiarla, por favor… te lo digo con buenas intenciones, dale su espacio…
- ¿Ella está bien?
- Sí, está bien…
- Me equivoqué feo, ¿verdad?
- Es de humanos equivocarse- sonrió, dándole unas palmadas en su hombro. – Todos tenemos la culpa
- Perdí la cabeza cuando la vi así, en esas cosas…
- Alec, lo siento, no puedo hacer nada para quitar esas imágenes de tu cabeza… no me acordé que había cámaras, tampoco supe actuar racionalmente
- Lo sé, Yulia, lo sé…
- Pero tienes que decirle, porque se ve mal…
- ¿Qué es lo que se ve mal?
- Que actúes como su papá cuando, oficialmente, no lo eres, que la humilles así siendo ella tu hija… simplemente se ve mal, cualquier otra persona te habría demandado por acoso sexual… o le dices todo o tomas distancia, no hay un punto medio para pretender
- No tengo el coraje suficiente para decirle, no es tan fácil
- Lena no es tonta, Alec… tarde o temprano, se dará cuenta… no es el secreto mejor guardado
- Ni siquiera sé cómo decirle a Inessa que Lena renunció
- No se lo digas, porque Lena no me ha renunciado a mí, y te acuerdo que yo soy su jefa, no tú
- Creo que estoy demasiado estresado con lo de Washington
- Tómate unos días para relajarte, te vendrían bien… te harían olvidar- sonrió.
- Tal vez tengas razón… - susurró. – Olvidaste tu iPhone en la oficina, ha estado sonando toda la tarde dice Gaby
- Gracias- dijo, tomando el iPhone de la mano de Volterra. – Oye… todo va a estar bien
- ¿Qué pasa si nunca me perdona?
- Eventualmente lo hará… como te digo, los tres tenemos la culpa… no seas tan duro contigo mismo
- ¿Cómo puedes estar tan fresca después de lo que pasó?
- No me tomo las cosas tan en serio- sonrió.
- ¿Yulia?- murmuró Lena a sus espaldas, todavía se rascaba los ojos con sus dedos ante la cegadora luz del pasillo.
- Lena- susurró Volterra.
- Ah, hola- sonrió, olvidando que estaba sólo en la camisa en la que había renunciado y en los panties que llevaba bajo el pantalón que había perdido antes de quedar dormida. - ¿Qué haces aquí?
- Alec ya se iba… vino a dejarme mi iPhone- dijo, mostrándole el teléfono en su mano.
- Sí… bueno- balbuceó Volterra. – Tengo mucho trabajo, debo irme…- sonrió, y se rascó la calvicie con la palma de su mano. – Nos vemos mañana, Arquitecta
- Buenas noches, Alec- sonrió, abrazando a Lena por su hombro mientras veían a Alec retirarse por el pasillo para luego cerrar la puerta. - ¿Qué tal dormiste?
- Rico… ¿qué hacía Alec aquí?
- Vino a dejarme mi iPhone- dijo nuevamente.
- Digamos que te creo- sonrió, dándole un beso en sus labios. – Tengo hambre
- ¿Quieres comer?
- Por favor- sonrió.
- No creas que se me ha olvidado
- ¿Qué cosa?
- Lo que me dijiste ayer- sonrió Yulia, dándole un beso en su frente. - ¿Quieres ir?
- Sólo me voy a vestir
- No
- ¿No?
- Así estás bien- murmuró, tomándola de la mano, dándole gracias a Dios que no había tenido que despertarla, bueno, gracias a Volterra mejor, gracias por haber aparecido antes y no después de aquello, gracias por no haber sido durante.
- ¿Estás segura?- bostezó.
- Totalmente- caminó por el pasillo interno y se paró justo enfrente de la habitación del piano. – Cierra los ojos- susurró, y Lena obedeció. Se dejó guiar por Yulia hasta notar que salían al balcón y Yulia la sentaba en una de las sillas de la pequeña mesa de café parisino para luego envolverla en una cobija por el frío, tomó la cajita de gamuza cian y sacó el anillo del interior para ponérselo en su dedo anular pero con el diamante apuntando hacia el interior de la palma de su mano. – Abre los ojos- Lena los abrió y vio alrededor suyo, no era nada más que la noche neoyorquina, más bien el atardecer neoyorquino, algo que le gustaba, y mucho.
- ¿Qué es esto?- murmuró, refiriéndose a la cúpula de metal que estaba frente a ella.
- Ábrelo- sonrió, acariciando la pulcritud del anillo que tenía en su dedo anular, más bien la pulcritud del diamante amarillo. Lena quitó el cobertor y se encontró con un florero corto y cuadrado, lleno de pétalos de rosas rojas.
- ¿Dieta nueva?- sonrió, sabiendo que Yulia tenía algo preparado para ella, quizás para levantarle el ánimo.
- Hay ciento noventa y seis pétalos
- ¿Qué significan?
- Este año se vendieron ciento noventa y seis millones de rosas rojas para el día de San Valentín… tú me dijiste que no me interesaba San Valentín porque no lo celebraba- sonrió. – Y no, no lo celebro, pero no porque no me interese, o porque sea anti amor… sino porque no entiendo por qué sólo un día te deban regalar rosas

- ¿Porque se supone que es un día especial?- resopló, acobijándose porque el frío era demasiado, pues sólo estaba en panties y camisa.
- ¿Por qué es más especial ese día que el resto de los días del año?- murmuró Yulia, poniendo su mano izquierda sobre la mesa, sobre su dorso para que Lena se la tomara. - ¿No te gustaría que te mandara flores sólo porque me dieron ganas y no porque todo el mundo lo está haciendo?
- Nunca me has mandado flores… supongo que nunca te han dado ganas- sonrió, y Lena sólo bromeaba, pero era cierto, y no era algo que le reprochaba a Yulia, pues, es que las flores no era algo que le fascinara; de flores sabía lo mínimo, sabía lo poco de flora que había llevado en Biología hacía más de diez años en el colegio, sabía lo de su clase de Botánica I y II, lo de su Seminario de Paisajismo, todo en el primer año de su Bachelor, hacía demasiado tiempo, y no era un tema que le apasionara; nada como experimentar con Magnesio y un mechero de Bunsen, o Sodio y agua en una caja Petri, o aquello de concebir y concretar sus muebles, no había nada mejor que eso, ni las flores, ni los chocolates, que los chocolates no eran sus favoritos, no era un “sweet tooth”.

- Hoy me dieron ganas- sonrió Yulia, indicándole con la mirada que debía remover los pétalos de rosa. Lena introdujo su mano en el florero y removió los pétalos hasta encontrar la flor de azafrán.
- ¿Cuál es la ocasión?
- Que es dos de octubre- sonrió.
- ¿Qué tiene de especial el dos de octubre?
- Por ahora, nada- sonrió Yulia. – Tengo una pregunta para ti
- Dime
- ¿Qué te hace sentir especial?
- No lo sé- se encogió de brazos. – Tengo mucho tiempo de estarme sintiendo especial… ya no sé qué es no sentirme especial
- ¿Qué te hizo sentir especial?- volvió a verla, entrelazando sus dedos de la mano izquierda con los de la mano derecha de Lena.
- La buena suerte me hace sentir especial, supongo- Yulia se puso de pie, obligando a Lena a que se pusiera de pie también.
- ¿Qué es la buena suerte para ti?- murmuró, llevando a Lena a la baranda del balcón.
- Nunca creí en la buena suerte per se- sonrió, intentando mantener la cobija alrededor de ella. – Pero es cuando te pasa algo que no precisamente buscas…
- ¿No entraría la mala suerte en esa definición también?
- Pues, yo no te busqué, simplemente apareciste- sonrió de nuevo.
- ¿Y estás segura de que yo soy la buena suerte y no la mala suerte?
- Mala suerte sería si te hubiera buscado toda mi vida, sin descansar un tan solo segundo, y nunca te hubiera encontrado
- Entonces, ¿por qué soy yo tu buena suerte?


- Diré dos puntos- se aclaró la garganta. – Primero, porque yo no buscaba a nadie, nunca lo busqué- dio un respiro de la brisa fresca, de aquellos que purificaban no sólo los pulmones, sino el alma también. – Segundo, porque, ¿cuáles son las probabilidades, dentro de no buscar, que encuentres a alguien tan diferente pero tan igual a ti? Tercero, ¿en qué dimensión perdida haces que una persona heterosexual se fije en ti? Cuarto, ¿en qué mundo logro que Yulia Volkova se fije en mi?- Yulia sólo se carcajeó, casi se ahoga con su propia saliva. - ¿Le parece algo gracioso, Arquitecta?
- Licenciada, usted sí se da cuenta de que usted es la principal causa de que mi Ego sea tan grande como para que esté considerando comprar una cama más grande, ¿verdad?- rió.
- ¿Lo dice por lo último que dije?- Yulia asintió y Lena sacudió su cabeza mientras reía nasalmente. – No estaba bromeando, mi amor… mi buena suerte es que te fijaste en mí
- Interesante definición- levantó su ceja.
- Ah- rió nasalmente, apoyando su frente contra la de Yulia. – Creo que usted, Arquitecta, tiene una definición distinta para “buena suerte”- murmuró entre los ruidos urbanos de Nueva York, aquellos que se fundían con los ruidos de la naturaleza de Central Park, que estaba al lado izquierdo de aquel balcón, posó sus manos sobre el pecho de Yulia y las deslizó por debajo de las solapas de la bata negra que traía encima pero abierta, y descubrió, sin quitarle la bata, el babydoll blanco, a impresión de florecillas azules, que le llegaba hasta más arriba de medio muslo.
- Bueno- suspiró, tomando la mano derecha de Lena en la suya para besar sus nudillos, empujando el anillo con su pulgar hacia el interior de su dedo, asegurándolo. No despegó su frente de la de Lena – No es tan distinta
- Ilumíneme- se cruzó de brazos por el frío y reposó su cabeza sobre el hombro de Yulia, y Yulia terminó por decidirse.
- Sí, buena suerte es encontrar lo que no se busca…- deshizo el nudo en el que se encontraban los brazos de Lena, sólo con sus dedos, con la punta de ellos para no rozarla con el anillo. – Pero también es entrar en la dimensión de lo que te hace cambiar- tomó las manos de Lena, descansando sus dedos a lo largo de su dedo índice y tomándolos con sus pulgares. Lena levantó su rostro.
- El cambio no siempre es bueno
- Si hablas del cambio que promete cualquier político- sonrió, acariciando los dedos de Lena con su pulgar. – No es siempre bueno…
- ¿Pero?
- Mi buena suerte es que me has hecho cambiar…- Lena la vio con confusión, como si necesitara una explicación más allá de una simple “iluminación”. – Yo no sólo era egocéntrica, era egoísta también… era una compilación de opiniones, comentarios, recuerdos, planes y dudas… - entrelazó sus dedos con los de Lena, y Lena sintió el interior del dedo anular de Yulia, le incomodó el tamaño de la roca, no se acordaba que el anillo del rubí tuviera una roca tan grande, no, el rubí no era así de grande, tampoco tenía puntas, ¿o sí? ¿Por qué lo estaba utilizando al revés?- Buena suerte fue encontrar a esa persona que pudiera sacar lo mejor de mí… - soltó su mano izquierda de la derecha de Lena y la llevó a su mano derecha, posándola sobre los dedos de la pelirroja que escuchaba en silencio, viendo la reluciente banda de oro blanco, que era más delgada que la del anillo que siempre solía utilizar. – La persona que me obligara, sin obligarme, a sacar, desde la raíz, todas mis inquietudes, que me inspirara decirle lo que pensaba por muy crudo y cruel que fuera, la persona que me hiciera enfrentarme a mis recuerdos, hasta al más sombrío y autodestructivo por mantenerlo en secreto… la persona que aclarara mis dudas, la que asegurara y cambiara mis planes… esa sería la misma persona que me enseñaría un poco de humildad, la misma que me enseñaría a compartir- colocó el pulgar de Lena sobre la roca, el índice y medio sobre la banda, y extendió su dedo anular. – Buena suerte es saber que puedo confiar en alguien que no sólo me va a escuchar, sino que también me va a entender, buena suerte es saber que puedo ser quien soy, sin ninguna máscara, sin ninguna fachada, buena suerte es saber que todo lo mío es tuyo- llevó sus dedos a los de Lena y, lentamente, deslizó el anillo hacia afuera, Lena sólo permaneció en silencio. – Buena suerte es saber que puedo llamar “hogar” a un simple apartamento, buena suerte es saber que puedo tener el coraje para estar aquí y ahora- tomó el anillo, que todavía la roca apuntaba hacia el suelo y no se veía mayor cosa de lo que lo componía, y lo llevó a su dedo índice, deslizándolo, horizontalmente, desde el dedo índice de Lena hasta el anular de la mano izquierda. – Buena suerte es saber que tengo todo lo que quiero, y lo que nunca supe que quise, concentrado en un lugar, en una persona…- deslizó el anillo a lo largo de aquel dedo, y sólo supo entender que, por la respiración agitada de Lena, estaba nerviosa, pues la pelirroja tonta no era. – Me di cuenta de que no soy egocéntrica, simplemente tengo un Ego muy grande… porque no quiero que todo gire alrededor mío… - y justo cuando pronunció aquel verbo conjugado, “gire”, giró el anillo, llevando el diamante amarillo, y los diamantes blancos que yacían lateralmente de aquel céntrico diamante, hacia la vista de Lena.
- Mi amor…- susurró en tono casi mudo y la vio a los ojos con nerviosismo, sí, las dos estaban nerviosas.
- Marry me- susurró, entrando al segundo más eterno de toda su vida, al segundo que duró, según Yulia, dos horas y treinta y siete minutos con doce segundos, el segundo que Lena se tomó para responder.
-Acepto!!-le dio el primer beso como prometida de Yulia


FIN
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por Anonymus el Miér Dic 10, 2014 6:28 pm

Lo mejor que lei en mi vida, lo ame cheers
avatar
Anonymus

Mensajes : 345
Fecha de inscripción : 02/09/2014
Edad : 30
Localización : Argentina - Buenos Aires

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por Kano chan el Lun Jul 06, 2015 2:34 am

Sin palabras absolutamente una obra de arte, la mejor adaptación que he leído de la novela de Ellaj excelente nose con que otras palabras elogiarte. Saludos y éxitos !! Ojalá y actualices y adaptes lo que sería la segunda parte ! Desde ya gracias !
avatar
Kano chan

Mensajes : 280
Fecha de inscripción : 08/05/2015
Edad : 25

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Lun Jul 06, 2015 6:27 pm

Kano chan escribió:Sin palabras absolutamente una obra de arte,  la mejor adaptación que he leído de la novela de Ellaj excelente nose con que otras palabras elogiarte. Saludos y éxitos !! Ojalá y actualices y adaptes lo que sería la segunda parte ! Desde ya gracias !
Hola que tal? Very Happy una pregunta donde te viste la 2da parte de El Lado Sexy de la Arquitectura? para leerla y asi adaptarla a nuestras chicas Smile
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por flakita volkatina el Mar Jul 07, 2015 6:39 pm

Eso si seria genial una segunda parte d ello xq queda picadisima y hasta deseando mas y si hay oportunidad espero lo puedas hacer
avatar
flakita volkatina

Mensajes : 183
Fecha de inscripción : 07/06/2015
Edad : 23
Localización : Costa Rica

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por Kano chan el Vie Jul 10, 2015 11:44 pm

Hola por ahí !!! He he he bueno la verdad es que quede tan enganchada con la adaptación que no pare hasta saber si había más Smile y por ahí lo encontré la página es si tiene publicidad demasiado explícita pero sacando eso se puede leer la novela ahora que como aun no la he terminado asique no se si esta terminada. Desde ya saludos
Todorelatos.com/perfil/1405155
Sí no te sale la dirección avisame Smile
avatar
Kano chan

Mensajes : 280
Fecha de inscripción : 08/05/2015
Edad : 25

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por VIVALENZ28 el Sáb Jul 11, 2015 1:44 am

Kano chan escribió:Hola por ahí !!! He he he bueno la verdad es que quede tan enganchada con la adaptación que no pare hasta saber si había más Smile y por ahí lo encontré la página es si tiene publicidad demasiado explícita pero sacando eso se puede leer la novela ahora que como aun no la he terminado asique no se si esta terminada. Desde ya saludos
Todorelatos.com/perfil/1405155
Sí no te sale la dirección avisame Smile
 oh gracias ya lo chequee y si es la segunda parte con otro nombre..lo voy a copiar y leerlo para poder adaptarlo y al parecer todavía no lo ha terminado..Pero lo voy a ir leyendo para ir adaptándola y cuando este terminada pues la publico completa ..Gracias por el dato y eso que lo había visto pero no había caído en cuenta que era la segunda parte.. De verdad gracias por decirme ..Saludos Smile
avatar
VIVALENZ28

Mensajes : 802
Fecha de inscripción : 03/08/2014

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por Kano chan el Sáb Jul 11, 2015 3:00 pm

Embarassed hehe de nada y no te creas a mi tambien me costo Very Happy cuando lo encontré solo lo empece a leer porque era de EllaJ y como ya habia leido El lado sexy de la Arquitectura (en este foro) y lo ame, no dude en leer este tambien y bueno a medida que lo vas leyendo te das cuante de que es la segunda parte Very Happy yo entre nosotras ya voy por el cap 16 pero me he abstenido de continuar la lectura porque nose si la ha terminado hehe bueno ya escribi mucho Wink asique saludos y estare esperando !!!
avatar
Kano chan

Mensajes : 280
Fecha de inscripción : 08/05/2015
Edad : 25

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por vivian el Sáb Feb 13, 2016 8:47 am

Hola, esta historia me encanto, espero que pronto este la segunda parte adaptada.

vivian

Mensajes : 1
Fecha de inscripción : 21/11/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por lcp0204 el Dom Mar 13, 2016 3:14 pm

HOLA AQUI EN EL 2016.. ESPERANDO LA ADAPTACION DE LA SEGUNDA PARTE JEJEJJE. Me cuentan porfa si la postearon con otro nombre. Gracias. Very Happy

lcp0204

Mensajes : 1
Fecha de inscripción : 13/03/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Lado Sexy de la Arquitectura - Adaptacion

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 4 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
Puedes responder a temas en este foro.